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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de ascenso | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Sierra Morena, el puerto de montaña que emergió durante la cuarentena</title>
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        <description><![CDATA[<p>Sierra Morena es uno de los lugares descubiertos por los ciclistas aficionados, durante las restricciones de la cuarentena.&nbsp; Los deportistas están diseminados por lugares que antes eran inconcebibles como El Codito, Boquerón, 20 de Julio, Los Laches y La Conejera, entre otros sitios de arraigo popular. Bogotá, junio 19 de 2020. “Una mañana, me levanté [&hellip;]</p>
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<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Curva-Las-chicherias.jpg" alt="" class="wp-image-76375" /></figure>



<p><em>Sierra Morena es uno de los lugares descubiertos por los ciclistas aficionados, durante las restricciones de la cuarentena.&nbsp; Los deportistas están diseminados por lugares que antes eran inconcebibles como El Codito, Boquerón, 20 de Julio, Los Laches y La Conejera, entre otros sitios de arraigo popular.</em></p>



<span id="more-76373"></span>



<p><strong>Bogotá, junio 19 de 2020</strong>. “Una mañana, me levanté muy temprano y vi una cantidad de ciclistas y pensé en montar una venta de jugos”, relata Ignacio Amador, mientras atiende a su naciente clientela en el mirador de Sierra Morena, un balcón en el sur de Bogotá, donde la mirada abarca un inmenso mar de barrios disparejos.</p>



<p>En ese balcón sin materas, ni flores, pero lleno de aire fresco, Ignacio instaló una carpa, dos mesas y cinco sillas. Sobre la mesa tiene las vasijas con jugo de naranja y zanahoria y una docena de empanadas de carne. Los termos del tinto están al lado del exprimidor y una caja de vitacerebrina.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76379"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/DSC08293.jpg" alt="" class="wp-image-76379" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Ignacio Amador, empresario y habitante del barrio Santa Viviana</em></figcaption></figure>



<p>Como lo había previsto Ignacio, sus clientes son mayoritariamente ciclistas que en medio de las restricciones de la cuarentena empezaron a aparecer como aves extraviadas. “A la gente le gusta venir aquí a ejercitarse y pues tenemos una muy buena panorámica al estilo Calera y una muy buena seguridad”, explica Ignacio.</p>



<p><strong>5 kilómetros para entrenar</strong></p>



<p>Sierra Morena, un barrio nacido legalmente a principios de los 80s, sobrevivió al estigma de ser uno de los lugares más peligrosos de Ciudad Bolívar, pues era un territorio en constante dispuesta entre las pandillas del sector. Y a pesar de que el progreso ha sido real en términos de seguridad, vías, acceso a servicios públicos y oportunidades de toda clase, en el imaginario colectivo persiste el rótulo de ‘lugar peligroso’.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76378"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Sinfonía-en-SM.jpg" alt="" class="wp-image-76378" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>En el mirador de Sierra Morena los ciclistas tienen la panorámica más amplia de Bogotá</em></figcaption></figure>



<p>Por eso es tan llamativa la aparición de los ciclistas sobre la vía principal que serpentea, desde la avenida Villavicencio, hasta el barrio Santo Domingo, donde los buses terminan sus recorridos y la altitud llega a 2818.</p>



<p>“El terreno se presta para entrenar y la policía está para arriba y para abajo haciendo controles. Son 5 kilómetros buenos para templar la pata”, dice Jairo Sánchez, quien vive en el sector y pedalea esta cuesta, entre semana y los fines de semana, desde que el gobierno autorizó el deporte y la actividad física cerca a la casa.</p>



<p>Al igual que Jairo, muchos habitantes del sector descubrieron que tenían un buen lugar donde entrenar y empezaron a explorar su propia localidad, como una salida a las restricciones que les impedía salir de la ciudad y entrenar en los concurridos puertos de Patios y el Verjón.</p>



<p>“Así es como empezamos a entrenar dentro de la misma ciudad ya que no podemos salir y es muy agradable ver tantos deportistas. Además del buen entrenamiento y el aire que se respira, el tema del paisaje es increíble”, comenta Camilo Salamanca, instructor físico.</p>



<p>“Uno ve todo tipo de ciclistas, desde personas que hasta ahora están empezando a montar en bicicleta, hasta aficionados curtidos y profesionales. Igualmente, hay gente trotando y otras haciendo su caminata. Incluso, algunos habitantes de la zona nos motivan diciéndonos ¡vamos! ¡Ya falta poco!”, detalla David Triana, quien combina trabajos de esfuerzo y cadencia.</p>



<p><strong>El ‘Patios’ del sur</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76376"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/DSC08299.jpg" alt="" class="wp-image-76376" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Entrada a Sierra Morena por la sede tecnológica de la Universidad Distrital</em></figcaption></figure>



<p>Iniciamos en la transversal 33 o Avenida Gaitán Cortés, que tras sobrepasar la Avenida Boyacá, se convierte en carrera 51, para luego transformarse en la Diagonal 68D sur, una vez se pasa la Avenida Villavicencio. En la pata de la subida encontramos la sede tecnológica de la Universidad Distrital y la Estación de Carabineros de la Policía.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76380"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Inicio-Subida.jpg" alt="" class="wp-image-76380" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Inicio de la subida, frente a la Estación de Carabineros. Foto: Google</em></figcaption></figure>



<p>El primer tramo tiene 1.1 kms y una media del 7% de dificultad, es el segmento más duro de todos. El latigazo es suficiente para obligar al uso de una relación suave y pararse en pedales, pues hay unas cuantas losas del 10%, antes de llegar al ‘Monumento’, donde podemos regular la respiración.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76381"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Monumento.jpg" alt="" class="wp-image-76381" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>El Monumento en Sierra Morena. A la derecha está la mega estación de policía de Ciudad Bolívar. Foto: Google</em></figcaption></figure>



<p>El segundo tramo trasiega por los barrios San Antonio, Sierra Morena III sector y Santa Viviana, una sección de 3.4 kms al 6% de dificultad en promedio, con descansos, curvas y contracurvas que por instantes marcan 10% de gradiente.</p>



<p>A medida que se avanza, el color rojizo de los ladrillos pelados de las casas impregna el paisaje, que contrapuntea con espacios verdes y una zona de ‘camping’ en la que pernoctan algunos desalojados de Altos de la Estancia.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76382"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Curva-Altos-de-la-Estancia.jpg" alt="" class="wp-image-76382" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Curva, Altos de la Estancia</em></figcaption></figure>



<p>En el mirador de los tanques o Colegio Sierra Morena, inicia la última parte de 400 metros al 5% promedio, fragmentado en dos repechos muy cortos con porcentajes de doble dígito.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76385"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Final.jpg" alt="" class="wp-image-76385" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Últimos repechos antes de llegar al barrio Santo Domingo</em></figcaption></figure>



<p>El ascenso termina en el barrio Santo Domingo, un lugar donde los perros todavía callejean con un libertinaje ya extinto en los caninos de la Bogotá que hemos dejado abajo.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76402"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Final-subida-Sierra-Morena.jpg" alt="" class="wp-image-76402" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Cima del ascenso en el barrio Santo Domingo</em></figcaption></figure>



<p>“Lo mejor de esa subida fue la vista casi total de la ciudad, desde una perspectiva que pocos ciclistas solemos buscar. También fue interesante conocer el barrio, hablar con los vecinos y ver cómo el ciclismo aficionado, en medio de esta crisis tenaz, está llevando oportunidades a varias familias de comerciantes”, destacó el periodista y aficionado de las bielas, Sinar Alvarado.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76383"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Sinar.jpg" alt="" class="wp-image-76383" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>El periodista Sinar Alvarado surte el último repecho antes de llegar al mirador</em></figcaption></figure>



<p>Para quienes no se conforman con estos 5 kilómetros, hacen repeticiones o siguen de largo por Tres Reyes, hasta conectar con la Autopista Sur, en Protabacos y regresar por el mismo camino, escalando paredes hasta del 20%.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76384"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Durísimo.jpg" alt="" class="wp-image-76384" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>El duro ascenso desde Protabacos</em></figcaption></figure>



<p>“Desde Bosa La Estación, la subida a Sierra Morena es un verdadero reto de 2 kms, que pone el corazón a tope y que requiere de técnica para coronarlo sin bajarse de la bici”, recuerda Sebastián Tabares uno de los pocos aficionados que sube por ambos lados.</p>



<p><strong>El ciclismo transforma vidas</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Subiendo-con-David.jpg" alt="" class="wp-image-76386" /></figure>



<p></p>



<p>Desde su aparición, la bicicleta no ha dejado de transformar al mundo. Recordemos que en sus orígenes la bicicleta, además de ser una revolución en sí, ayudó a la emancipación de la mujer, a la vez que estuvo al servicio de la comunidad afrodescendiente.&nbsp; Hoy, la bicicleta está reconquistando el dominio que le perteneció a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.</p>



<p>Para una muestra podemos mirar los nacientes y actuales ríos de ciclistas que fluyen por las calles de Bogotá, metrópoli en la que los pedalistas se han multiplicado sin distingo de sexo, edad o estrato social, durante el periodo de confinamiento.</p>



<p>Los corredores exclusivos habilitados por la Avenida Carrera 68, Avenida Primero de Mayo, Avenida Caracas, Calle 68 y Carrera Séptima, entre otras arterias viales, han dado un impulso potente a esa manera sencilla, divertida y eficiente de transportarse.</p>



<p>En cuanto a la práctica del ciclismo aficionado, los deportistas están diseminados por lugares que antes eran inconcebibles: Sierra Morena, El Codito, Boquerón, 20 de Julio, Los Laches, Parque Nacional y La Conejera, entre otros sitios de arraigo popular.</p>



<p><strong>¿Una nueva oportunidad?</strong></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full wp-image-76374"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/DSC08297.jpg" alt="" class="wp-image-76374" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Mirador de Sierra Morena</em></figcaption></figure>



<p>A Ignacio Amador ya le salió competencia, pues hace pocos días otra venta de jugos fue instalada a pocos metros de su puesto. No obstante, Ignacio considera que las oportunidades deben ser para todos y pronostica que esto contribuirá a mejorar la atención y la calidad de los productos.</p>



<p>“Los ciclistas le están dando un ambiente de seguridad y un ambiente turístico a la zona, podría decirse que es una etapa nueva de Ciudad Bolívar, que muestra que es segura, que hay gente buena, emprendedora, deportistas y que aquí nos cuidamos entre todos”, concluyó.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter wp-image-76377 size-full"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/DSC08295.jpg" alt="" class="wp-image-76377" /><figcaption class="wp-element-caption">Ciclistas escampan en la venta de jugos de Ignacio</figcaption></figure>



<p>Tal vez, el deporte y la cultura logren lo que no ha podido la política a lo largo de 40 años: resignificar la vida de cientos de miles de personas que viven invisibilizados como lo describió el escritor Arturo Alape en su libro <strong>Ciudad Bolívar, hoguera de las ilusiones</strong>: <em>“Bogotá es una trama de espacios incomunicados, cada cual le ha puesto cerrojo al suyo, cada cual se sumerge en el suyo como en una cueva”.</em></p>



<p>Por: César Augusto Penagos Collazos</p>



<p>e-mail: lasinfoniadelpedal@gmail.com</p>



<p>Facebook: @LaSinfoniaDelPedal</p>



<p>Instagram: la_sinfonia_del_pedal</p>
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        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
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        <pubDate>Sat, 20 Jun 2020 02:48:28 +0000</pubDate>
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        <title>Letras, un puerto para graduarse como ciclista aficionado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/letras-puerto-graduarse-ciclista-aficionado/</link>
        <description><![CDATA[<p>El páramo de Letras es el puerto de montaña mítico por excelencia en Colombia y uno de los más largos del mundo. Su trazado inicia en Mariquita a 495 msnm y termina en el límite entre los departamentos del Tolima y Caldas, a 3679 msnm. Dicho ascenso es una prueba decisiva para los ciclistas aficionados, [&hellip;]</p>
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<p></p>



<p>El páramo de Letras es el puerto de montaña mítico por excelencia en Colombia y uno de los más largos del mundo. Su trazado inicia en Mariquita a 495 msnm y termina en el límite entre los departamentos del Tolima y Caldas, a 3679 msnm. Dicho ascenso es una prueba decisiva para los ciclistas aficionados, que siempre estamos en la búsqueda de nuevos y más exigentes retos.</p>



<span id="more-56154"></span>



<p><strong>Bogotá, 2 de mayo de 2017. </strong>Puedo decir que el ascenso en bicicleta al Alto de Letras es un ensayo contra la renuncia. Los extenuantes 80 kilómetros de carretera serpentina son el examen más difícil para todo ciclista aficionado que le guste ostentar de sus proezas sobre la bicicleta. Pasar la prueba, no es más que dominar los crecientes deseos de renuncia que suelen atacar los ánimos de los escarabajos.</p>



<p>Recibí el ‘diploma’ de ciclista aficionado en la tarde del domingo 30 de abril 2017, fecha en la que una espesa neblina cubrió la cordillera, llevando consigo lluvias inesperadas y frío. Inicié el reto en San Sebastián de Mariquita (495 msnm), pueblo de tierra ardiente, dónde había llegado el día anterior en bicicleta, desde Bogotá.</p>



<p>Ese domingo, encaré con mucha paciencia esos primeros 25 kilómetros, hasta el empinado municipio de Fresno, un tramo para calentar el cuerpo. En ese empinado segmento, sobresalían árboles de guanábana, aguacates, y cultivos de café, entremezclados con matas de plátano.</p>



<p>El calentado de fríjoles y el tinto que tomé en aquel pueblo tolimense de acento paisa, me sirvieron de ‘combustible’, hasta el final de recorrido y, dicha parada fue la única de ese &nbsp;riguroso examen para ciclistas aficionados. Tal vez, ‘examen’ es una palabra presumida, más para ese campesino que al verme pasar, comentó socarronamente: “No hay que meterse con los bobos, porque ellos se matan solos”.</p>



<p>El desalentador comentario me recordó el viaje en bici a la Guajira, a principios de 2016, cuando pinché subiendo el alto de Las Pavas, en la vía a Medellín. Allí, con mi cara llena de sudor y grasa, mientras solucionaba el percance mecánico, un niño se me acercó y con la más pasmosa curiosidad me preguntó: “¿Usted es un ciclista de verdad?”. En esa ocasión, sonreí y muy contrariado le pedí al infante que me ayudara con la llanta para que dejara de preguntar.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/IMG_20170430_120751.jpg" alt="img_20170430_120751" class="wp-image-56160" title="últimos kilómetros del ascenso a Letras " /></figure>



<p></p>



<p>A pesar de mis atuendos de ciclista y de los exigentes retos que me impongo, yo no compito, ni me preparo para la Vuelta a Colombia, ni el Tour de Francia, ni el Giro de Italia, pues para eso están los más jóvenes con capacidades extraordinarias, cuyos registros dejan a cualquiera con la boca abierta. Por ejemplo, el mejor tiempo en el Alto de Letras es de 3 horas 34 minutos.</p>



<p>A cambio de eso, en los tres años que llevo de aficionado activo, he desarrollado un gusto por viajar, explorar pueblos, ciudades y conocer rutas &nbsp;en bicicleta. Por ejemplo, dos semanas antes, había escalado 63 kilómetros en mi máquina de aluminio, entre Apulo y Bogotá. A principios de 2016, había recorrido 1600 kilómetros entre la capital colombiana y la Guajira, y a finales de 2014, me había enfrentado al gigantesco reto de pasar los Andes, a través de la ruta que comunica a Argentina con Chile.</p>



<p>Volviendo al ‘examen’, pasé por La Aguadita y luego por Padua, otro pueblo tolimense de acento paisa, donde los campesinos hacían sus remesas, vendían patos, tomaban cerveza y bajaban las cargas de los tradicionales <em>jeeps</em>.&nbsp; Padua es el mejor punto para tomar un descanso, pues luego de ese corregimiento, siguen Las Degaditas, lugar en el que inicia la parte más dura.</p>



<p>Mis ánimos se trastocaron en Mesones, al escuchar que aún me faltaba lo más duro y que por lo menos, en una hora llegaría a la meta. No llevaba ningún aparato para medir la velocidad, ni los kilómetros andados, iba a puro corazón, como se dice en el bajo mundo ciclístico.</p>



<p>Esos últimos kilómetros de curvas sinuosas, fueron una conexión con la naturaleza, el silencio y el agua, pues abundaban las cascadas a lado y lado de la vía. También, fueron una conexión con lo más profundo de mí ser, toda vez que salieron a flote algunas preguntas incómodas como: ¿soy un ciclista de verdad? ¿Quién me mandó a sufrir? ¿Por qué preferí el ciclismo en vez de la natación?</p>



<p>Según los registros, la primera vez que alguien pasó en bicicleta por esa vía, fue a finales de 1950, tiempos en los que se exploraban las vías para la Primera Vuelta a Colombia. “No escuchaba sino el sonido de los sapos y los grillos”, recuerda Efraín Forero, el Indomable Zipa, el primer ciclista en pasar el páramo.</p>



<p>El último tramo lo transité bajo la lluvia y acompañado de un viento tan frío como el de un congelador. Tras seis horas y 27 minutos de lucha, aparecieron los bosques enanos típicos del páramo y me parecía estar concluyendo la jornada. Un verdadero éxtasis de alegría y de dolor.</p>



<p>Pedalazo tras pedalazo, había abierto camino entre la niebla. Curva tras curva, había domado mis demonios. Allá, a 3.679 msnm, a la una de la tarde, luego de siete horas de pedaleo, una mujer del restaurante Sopa de Letras me preguntó desprevenidamente: “¿ustedes por qué hacen eso?”. Hubo un corto silencio. “Por gusto”, le respondí, mientras temblaba como un frailejón.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/IMG-20170430-WA0006.jpg" alt="img-20170430-wa0006" class="wp-image-56159" /></figure>



<p>Por: César Augusto Penagos Collazos</p>



<p>Información y Contacto:</p>



<p>Facebook: @LaSinfoniaDelPedal</p>



<p>Instagram: @La_Sinfonia_Del_Pedal</p>



<p>mail: lasinfoniadelpedal@gmail.com</p>
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        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
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        <pubDate>Tue, 02 May 2017 21:31:38 +0000</pubDate>
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