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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de artista plástico | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Capera: El joven pintor colombiano que venció la muerte y pinta a famosos del mundo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/un-blog-para-colorear/capera-el-joven-pintor-colombiano-que-vencio-la-muerte-y-pinta-a-famosos-del-mundo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una historia de lucha, fe y arte que está conmoviendo a miles de personas en redes sociales. En un mundo donde los sueños suelen morir antes de nacer, Camilo Capera, más conocido como &#8220;Capera&#8221;, ha decidido hacer de los suyos una obra de arte. Con tan solo 25 años, este joven oriundo de Ataco (Tolima), [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Una historia de lucha, fe y arte que está conmoviendo a miles de personas en redes sociales</strong>.</p>



<p>En un mundo donde los sueños suelen morir antes de nacer, <strong>Camilo Capera</strong>, más conocido como <em>&#8220;<strong>Capera&#8221;</strong></em>, ha decidido hacer de los suyos una obra de arte. Con tan solo 25 años, este joven oriundo de Ataco (Tolima), ha pasado de pintar murales escolares en un pueblo olvidado, a retratar a celebridades como <em>Carin León, Karina Garcia, Christian Nodal, Cristiano Ronaldo, Maluma, Karol G, David Escobar, (Dim de Piso 21); entre muchos otros.</em></p>



<p>Pero lo que realmente conmueve no son sus retratos, sino la historia que hay detrás de cada pincelada.</p>



<p><em>Capera</em> creció en una familia humilde, rodeado de paisajes hermosos y deseos profundos, de hacer algo que impactara no solo su vida, si no también la de sus seres queridos. Su madre quien le enseñó a no rendirse, le mostró que el talento sin perseverancia no llega lejos, y que el amor por lo que uno hace puede abrir puertas que el dinero no puede tocar.</p>



<p>A pesar de los retos a nivel económico, su familia apostó por su talento. Su padre incluso llegó a endeudarse para que su hijo tuviera una oportunidad en la vida militar, sin saber que el arte ya lo había elegido mucho años atrás. No fue admitido, y así empezó una etapa dura: trabajos mal pagados, sueños en pausa, arte escondido.</p>



<p><strong><em>Del anonimato al óleo de Frida Kahlo</em></strong></p>



<p>La pandemia lo dejó sin opciones. Fue entonces cuando, sin formación profesional y con un celular prestado, abrió su cuenta de Instagram<strong> (@_capera) </strong>empezó a subir sus obras a redes sociales, sin likes, sin vistas, pero con fe, hasta que el algoritmo lo conecto con una persona que le pidió algo que cambiaria su vida:  una pintura de <strong>Frida Kahlo</strong>. Un pedido en óleo; el cual no sabía cómo hacerlo, pero aceptó el reto, y lo logró. Esa fue su primera venta real, y el inicio de su carrera como artista.</p>



<p>Desde entonces, no ha parado. Pintando rostros conocidos, de sus seguidores y clientes y , ha hecho del color su voz, y del pincel su mejor aliado.</p>



<p><strong><em>Una segunda oportunidad: el milagro en Bogotá</em></strong></p>



<p>Pero como en toda historia que vale la pena contar, la oscuridad volvió a tocar su puerta. En 2023, buscando oportunidades en Bogotá, fue víctima de un brutal ataque que lo dejó al borde de la muerte. Días de hospital, cirugías, lágrimas, oraciones. Y contra todo pronóstico, vivió.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong>“Dios me devolvió la vida con un propósito”, dice hoy con la voz entrecortada. “Y ese propósito es inspirar a través de mi arte”.</strong></p>
</blockquote>



<p>Hoy,<em> Capera</em> vive de su talento. Trabaja junto a su esposa, su compañera fiel desde los comienzos. Su historia ya ha tocado el corazón de más de <strong>100,000 mil seguidores en redes sociales</strong>, y ahora sueña con llegar a todos los rincones del mundo. Espera con su arte tocar las almas que necesiten recordar que todo es posible si uno cree y sigue lo que Dios va poniendo en su camino.</p>



<p>En su camino, se cruzo con<em> Julian Cabezas Triana,</em> quien se convirtió en su liado y Project Manager para llevar su arte al mundo entero. Juntos crearon el portal web <strong>capera.art</strong>, una nueva propuesta en línea donde personas de cualquier parte del planeta pueden adquirir las obras del artista. Una apuesta donde las personas pueden hacer a través de inteligencia artificial una imagen próxima de cómo va quedar su pieza de arte una vez finalizada y que ha generado una facturación de más de $10.000 USD en sus primeros 6 meses. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong>“Con Dios por delante, esfuerzo y disposición… siempre es posible llegar a la cima”</strong><br></p>
</blockquote>



<p><em><strong>Capera</strong> </em>es un testimonio de grandeza y victoria que, a pesar de las adversidades, el talento, la imaginación, la lucha, pero sobre todo el amor por lo que hacemos puede abrir puertas inimaginables. Su historia es una fuente de inspiración para todos aquellos que como meta principal esta alcanzar sus sueños, demostrando que, con Dios por delante, esfuerzo y disposición siempre es posible llegar a la cima. Desea además que su contenido<strong> </strong>transformador y emotivo, llegue a miles de usuarios motivándolos así ha ser personas capaces de dar una milla extra para cumplir sus sueños.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alvaro J Tirado</author>
                    <category>Un Blog para colorear</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124165</guid>
        <pubDate>Mon, 29 Dec 2025 15:36:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Capera: El joven pintor colombiano que venció la muerte y pinta a famosos del mundo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alvaro J Tirado</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>UNA HERENCIA CON SABOR A ARTE Por: Claudia Patricia Romero Velásquez</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/una-herencia-sabor-arte-claudia-patricia-romero-velasquez/</link>
        <description><![CDATA[<p>En ocasiones “el arte utiliza la historia para volverla una creación subjetiva, en la cual el artista maneja dos relatos paralelos: el que le aporta la historia y el que él construye con su obra”. En esta ocasión, el arte se funde en una historia con sabor a memoria, a tradición e identidad. Claudia Patricia [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>En ocasiones “el arte utiliza la historia para volverla una creación subjetiva, en la cual el artista maneja dos relatos paralelos: el que le aporta la historia y el que él construye con su obra”. En esta ocasión, el arte se funde en una historia con sabor a memoria, a tradición e identidad. Claudia Patricia Romero, Comunicadora Social y Periodista, especialista en divulgación del patrimonio cultural, quien en muchos artículos de este espacio nos ha acompañado, nos deleita con su pluma conduciéndonos en un relato muy propio para ella y generador de apropiación cultural para toda la comunidad, pues nos muestra la esencia de la puesta en valor de la tradición hecha arte. Nos lleva a un camino intergeneracional lleno de posibilidades y eventos familiares que permanecen vigentes, que crecen y se fortalecen como luz que permite conspirar contra el olvido. &nbsp;</em></p>



<p><em>Ramón García Piment</em></p>
</blockquote>



<figure class="wp-block-image alignleft size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="828" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-828x1024.jpg" alt="" class="wp-image-105436" style="width:288px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-828x1024.jpg 828w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-243x300.jpg 243w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-768x950.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-1242x1536.jpg 1242w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1-1656x2048.jpg 1656w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15205921/1.jpg 1920w" sizes="(max-width: 828px) 100vw, 828px" /></figure>



<p>&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Por: Claudia Patricia Romero Velásquez</p>



<p>Mi primer acercamiento de lo que significa el arte y la cultura lo vivencié en los relatos expresados por mi Abuela Rosa María Rojas, que con orgullo buscaba en nuestra niñez conectarnos con la cultura y el arte, y el mejor exponente de ello era su propio hermano el talentoso artista Dídimo Rojas y su imponente trabajo que podíamos ver a lo largo del camino de la Región del Guavio (Cundinamarca) en el trayecto que nos conducía a la finca de mis abuelos. Mi madre Fanny me mostraba las imágenes delicadas en representación de vírgenes y ángeles que estaban a lo largo de la travesía.</p>



<p>Para mí, estos relatos tenían su propia mística y orgullo, saber que esta presencia física del arte colombiano era inspiración de alguien de la familia que ni siquiera conocía y que anhelaba conocer, ya que Él venía de la cuna de mis bisabuelos que tampoco conocí, pero que amé en medio de los cuentos de familia. Lo más cercano que estuve de conocerlos fue cuando visité la tumba viendo el rostro tallado de mi bisabuela, hecha por el tío abuelo Dídimo Rojas, el conocer el rostro de alguien que nunca abracé, pero que sentía cerca de mí. Este rostro tallado y moldeado me impresionó, ya que empecé a descubrir infinidad de rasgos que persisten entre generaciones y la impresionante forma en la que el artista plasmó con tanta precisión en la piedra. Ese rostro moldeado me permitió no solo descubrir la genética en los rasgos, sino también mi gran inspiración por la letra y la escultura, pues esto venía de la cuna artística que era herencia del siglo XIX, por parte de la línea materna.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="657" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-1024x657.jpg" alt="" class="wp-image-105425" style="width:625px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-1024x657.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-300x192.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1-768x492.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204347/San-Miguel67254-1.jpg 1377w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La memoria e identidad son la fuente que todos los seres humanos anhelamos, pues al conocer nuestros antepasados, encontramos la razón de identificar lo que somos, así, aunque en ocasiones no entendamos, nos permite explicar un poco la esencia sobrenatural que hay en nosotros, la razón de nuestras preferencias, de nuestros talentos innatos, en fin un numero de simbologías que hay en nuestro interior y que hacen parte de nuestra identidad familiar y cultural, pues todos deseamos tener el privilegio de conocer de dónde venimos, para estructurar para donde vamos.</p>



<p>Es por eso por lo que a través de estas líneas me permito poner en valor al maestro Dídimo Antonio Rojas Rodríguez, el artista empírico y anónimo en el arte religioso de nuestro país, oriundo de Gama (Cundinamarca), quien se formó con la técnica italiana del arte religioso a través de un artista de descendencia italiana, de apellido Calvo, aunque a la fecha no conozco su nombre. Tuvieron su primer encuentro en Bogotá en medio de la construcción de la escultura de la Virgen del Cerro de Guadalupe. Con su eterna acogida de brazos abiertos que acobija nuestra ciudad capitalina. Se dice que su misión fue la de perfeccionar los brazos del monumento, tarea que en ese tiempo no fue fácil, representó una de sus primeras victorias artísticas, que aún nos acompaña.</p>



<p>&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="720" height="540" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1.jpg" alt="" class="wp-image-105426" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1.jpg 720w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204529/tio-Didimo67252-1-300x225.jpg 300w" sizes="(max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p></p>



<p>Este hombre cuya impronta quedó plasmada a través de sus obras, fue todo un interrogante, un andariego, nómada e incomprendido para su época. Luego de la muerte de sus padres, cada uno de sus tres hijos tomaron caminos diferentes. Rosa, mi abuela, de la forma tradicional para la época, tuvo un matrimonio con diez hijos, dedicando su vida a la formación en valores y el cuidado del hogar. Miguel, cruzó las fronteras junto con su pasión por la medicina llegando a tierras venezolanas. Dídimo salió con su arte por rumbos desconocidos, alejándose tanto que cincuenta años después, sólo su sobrina pudo descubrir su paradero a través del envió de una carta al aire a un posible destino en la Plata (Huila), buscando un reencuentro familiar con su hermana Rosa.</p>



<p>Mas allá del reencuentro, del que retomaré más adelante, la expectativa estaba puesta en el imaginario de ese reconocido artista alto, de ojos negros y profundos, con piel trigueña, destacándose por su presencia elegante, siempre con mancornas de oro que le daban un toque especial a su vestir, brillando con su buen hablar, con sus poemas y escritos y contando historias de sus aventuras por los círculos sociales de la ciudad capitalina en sus épocas doradas. Su impresión por el arte se enlazaba con la evocación constante a la belleza de la figura femenina y sus consecuentes conquistas, se llegó a decir que pretendió incluso a la que fuera la única miss universo colombiana para ese entonces, Luz Marina Zuluaga. También me enteré de su legado escultórico disperso por el territorio colombiano, entre sus más destacados logros encontré a, Los ángeles que se encuentran en Choachí (Cundinamarca), la Virgen del Carmen ubicada en la Catedral Primada de Bogotá, los ángeles y rostro de su madre Edelmira ubicados en &nbsp;el cementerio de Gama (Cundinamarca), las vírgenes de algunas iglesias, cementerios y en las vías de la región del Guavio (Cundinamarca), los murales religiosos y esculturas encontradas en los departamentos del Tolima y del Huila.</p>



<p>Dídimo destruía el rostro de las obras al no encontrar la perfección de la figura femenina que buscaba, quizás su obsesión por lo inmaculado en la mujer lo llevó a expresar la belleza en el arte y a comulgar con diversas formas estigmatizadas en su realidad, encontrando en su otro mundo a Belarmina Martínez, llena de sencillez en sus estándares, con quien formó su familia. &nbsp;&nbsp;El reencuentro con el tío nos llevó a hablar de identidad y de memoria transgeneracional, pero sobretodo de conectarnos con su mayor legado: su hija Yolanda Rojas Martínez, quien, desde su primera edad, tuvo la fantástica experiencia de convivir con el arte, y de ver como su padre tallaba la madera, esculpía el mármol y moldeaba el yeso para transformar la piedra en destreza forjando figuras religiosas. Yolanda vivió esta experiencia con decoro, pues él se convirtió en su gran maestro.</p>



<p>Yolanda Rojas Martínez empezó a moldear con sus manos figuras de arte espiritual y religioso, saboreando en medio de lo celestial, la pulcritud y el trabajo de un artista que crecía en la perfección en medio del arte empírico.</p>



<p>Esa niña de ojos grandes, de cabellos oscuros ondulados y sonrisa ingenua, de trato sincero y de una vocación magistral, creció en medio de un taller, lleno de polvillo, de mármol, madera, pinturas y yeso. Descubrió que en medio de sus manos pequeñas podría realizar sus primeros bosquejos artísticos, buscando la perfección que su padre le exigía. Las aulas de clase y estudio no eran prioridad para el crecer de esta pequeña, pues, aunque con estudios básicos y con grado de educación primaria a distancia logró un eslabón académico, los viajes de su padre para darse a conocer como artista, impidieron una constancia académica en Yolanda pues mantenían una maleta de viaje siempre lista con destinos a Tesalia, Paicol, La Yagura, Gigante, Garzón, Lagrado, el Pital, Timaná, Altamira, y otros tantos lugares de la Región del Huila. Yolanda se convirtió en la alumna por excelencia de su padre, en lugar de lápices y colores, exploró con pinceles y cinceles el talento que quizás sus congéneres nunca tuvieron, fue así como esta pequeña cambió las aulas por talleres y espacios que, aunque empíricos son esencia y decoro de su vida artística, en otras palabras, su mejor título, el de verdadera maestra.</p>



<p>Muchos de los artistas aprenden las técnicas, pero llevan consigo en su intelecto, la esencia de lo que quieren trasmitir, para lo cual lo que requieren es perfeccionar su técnica. Otros tantos, han recibido junto a la técnica, la misma esencia de las obras, uno de los casos çes el de Yolanda Rojas quien nunca estado en una escuela de arte, pero sus manos y su técnica aprendida por generaciones anteriores, llegó de una herencia clavada en su mente evocando lo divino desde la piedra y transformándola en una obra de arte.</p>



<p>Ella no solo descubrió su vocación, sino que sus obras hablasen por ella, con el verdadero significado de ser artista, pues lleva ese don en su sangre, es la herencia que no la abandona y al contrario la cultiva y enriquece y que, hoy por hoy, lleva su alma y espíritu en cada obra como parte de ella y de su verdadera identidad.</p>



<p>Yolanda Rojas vive en su propio taller ubicado en la entrada de La Plata Huila, ella plasma figuras de más de cinco metros y estas hacen parte de su día a día. Sus obras están mayormente instaladas en espacios de la región huilense, embelleciendo esos municipios. Entre otras, se destacan las esculturas de San Miguel Arcángel de cinco metros de altura, en Garzón (Huila) que le llevó seis meses su realización; El Cristo Rey de tres metros, ubicado en Pitalito (Huila); La Virgen Inmaculada realizada en fibra de vidrio con una medida de 3.80 metros, ubicada en Santa Leticia (Cauca); San Miguel Arcángel de tres metros en el Departamento del Cauca. Todas estas imágenes de representación gigante han sido obras de una mujer de 1.55 metros de altura que como reto expone su majestuosidad artística.</p>



<p>&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="459" height="816" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1.jpg" alt="" class="wp-image-105427" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1.jpg 459w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2023/05/15204544/Yolanda-San-Miguel67257-1-169x300.jpg 169w" sizes="auto, (max-width: 459px) 100vw, 459px" /></figure>



<p></p>



<p>Sus escenarios de arte también están resguardados en los templos, que han sido valorados por muchos sacerdotes de la región Huilense; su trabajo le ha permitido dar a conocer su talento. hoy en día hace parte de Artesanías de Colombia. &nbsp;Es hora de que su anonimato artístico sea reconocido a nivel nacional e internacional, a pesar de que haya tenido en los últimos años una difusión en medios periodísticos locales, se hace vital darles mérito y empoderamiento a sus obras. Pues Yolanda es una verdadera vocación y ejemplo para seguir.</p>



<p>Yolanda Rojas, una mujer de espíritu luchador, hecha arte, su taller y sus obras demuestran su tesón y trascendencia, su experiencia es su vida entera, su historia de vida resalta los valores y el alcance que puede tener una mujer que se hace con vocación y esfuerzo.</p>



<p>Con esta historia reconozco su talento, busco dar a conocer su esencia, su inspiración nos llena, ella es arte que nos une a la temporalidad celestial en este plano terrenal; Yolanda Rojas, la mujer que con sus manos construye país, la mujer que con sus herramientas da forma a lo bello, ella para mí, es una herencia viviente, es la memoria de mis bisuabuelos, de mis abuelos y en fin de un árbol genealógico que aun aprendo a conocer, para encontrar la memoria y la identidad de mi familia.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94618</guid>
        <pubDate>Tue, 16 May 2023 07:01:33 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Signos y símbolos en la pintura de Manuel Hernández</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-magazin/signos-y-simbolos-en-la-pintura-de-manuel-hernandez/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por Eduardo Márceles Daconte* eduardomarceles@yahoo.com Así como Marino Marini, el pintor y escultor italiano, dedicó un buen trecho de su vida al tema del jinete sobre su caballo, de igual modo Manuel Hernández (Bogotá, 1928-2014), después de una primera etapa figurativa, hacia la década del 60 se dedicó a investigar las ilimitadas posibilidades visuales de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_6392" aria-describedby="caption-attachment-6392" style="width: 573px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-6392 " alt="Manuel hernández" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2014/10/Manuel-hernández.jpg" width="573" height="384" /></a><figcaption id="caption-attachment-6392" class="wp-caption-text">&#8216;Piña cortada&#8217; (1960) por Manuel Hernández. Colección del Banco de la República.</figcaption></figure></p>
<p>	<strong>Por Eduardo Márceles Daconte*</strong></p>
<p>	<a href="mailto:eduardomarceles@yahoo.com" target="_blank">eduardomarceles@yahoo.com</a></p>
<p>	Así como Marino Marini, el pintor y escultor italiano, dedicó un buen trecho de su vida al tema del jinete sobre su caballo, de igual modo Manuel Hernández (Bogotá, 1928-2014), después de una primera etapa figurativa, hacia la década del 60 se dedicó a investigar las ilimitadas posibilidades visuales de sus signos y símbolos personales.</p>
<p>	La aparente simplicidad de sus formas y grafismos son en realidad el fruto de una larga meditación sobre los valores del silencio, la quietud o el equilibrio, con los que propone una simplificación o depuración de sus enunciados visuales exentos de cualquier alusión naturalista.</p>
<p>	Su obra resume una experiencia que se alimenta de numerosas fuentes —conscientes o inconscientes— que remiten a las pictografías indígenas, la caligrafía ideográfica oriental con sus numerosos estilos en China y Japón, el grafiti de los artistas vanguardistas en las principales ciudades del mundo e incluso el expresionismo abstracto de pintores como Mark Rothko y sus campos de color o las manchas contrastantes de Robert Motherwell en su Elegía a la guerra civil española. De primera impresión, su pintura parecería monótona; sólo introduciéndose en sus connotaciones técnicas y conceptuales puede el observador llegar a una comprensión más acertada de su propuesta visual.</p>
<p>	Su pintura se construye con base en capas superpuestas de acrílico o técnicas mixtas aprovechando todo tipo de medios, sobre papel o lienzo, de colores mesurados que saturan la superficie hasta conseguir esa profundidad atmosférica y monocromática sobre la cual imprime esas familiares formas de bordes difusos como si flotaran sobre la tela. Hernández prefería las combinaciones de figuras ovaladas y rectangulares para proyectar una energía de relajada consistencia que recuerda la obra del italiano Giorgio Morandi, el pintor que a través de su vida se dedicó, como Marini, de manera casi exclusiva, a pintar bodegones intimistas despojados de contenidos literarios o simbólicos, con una calidad poética derivada de su reducida gama de tonos. La pintura de Hernández reúne esas cualidades para catalogarla entre las más sobrias y líricas de la pintura abstracta del siglo XX en Colombia.</p>
<p>	*Escritor e investigador cultural, licenciado en humanidades de la Universidad de Nueva York.</p>
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        <author>elmagazin</author>
                    <category>El Magazín</category>
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        <pubDate>Tue, 07 Oct 2014 21:04:33 +0000</pubDate>
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