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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Aristóteles | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¡No más salud, amor y prosperidad!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/no-mas-salud-amor-y-prosperidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 31 de diciembre, como lorita amaestrada, repetí el mantra trillado de la fecha: deseé salud, amor y prosperidad para el 2025, en casi todos mis saludos de fin de año. Y, por supuesto, recibí de vuelta esas tres palabras convertidas en buenos deseos. Salud, amor y prosperidad: en esa trinidad simplista resumimos lo que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El 31 de diciembre, como lorita amaestrada, repetí el mantra trillado de la fecha: deseé salud, amor y prosperidad para el 2025, en casi todos mis saludos de fin de año. Y, por supuesto, recibí de vuelta esas tres palabras convertidas en buenos deseos.</p>
<p>Salud, amor y prosperidad: en esa trinidad simplista resumimos lo que creemos necesitar en la vida.</p>
<p>Si Aristóteles estuviera vivo, fuéramos amigos y le hubiera enviado por WhatsApp un mensaje deseándole un “¡Feliz año nuevo lleno de salud, amor y prosperidad!”, seguramente me retiraría la amistad y me bloquea, después de leer eso, frunciría el ceño, aterrado por la simplificación que hice de la vida.</p>
<p>Para Aristóteles, buscar (y encontrar) la eudaimonia es el último fin de la vida humana ¿Qué es la eudaimonia? Es una palabra griega que, en una traducción simple, significa felicidad. Pero, en realidad, es un concepto amplio que abarca la búsqueda de una vida plena y virtuosa.</p>
<p>Quizás así debería redactar mi deseo de fin de año para Aristóteles: “¡Feliz 2025! Te deseo una vida plena, vivida de acuerdo con la virtud”. ¿Qué diablos es la virtud para Aristóteles? Es cumplir nuestra propia naturaleza con excelencia o, en palabras que suenen menos acartonadas, ser nosotros mismos a plenitud (Aunque ahora suena a frase de coach hippie de superación personal). Sin embargo, creo que la idea se entiende. Y, pensándolo mejor, comprendo que no es la búsqueda de la eudaimonia, sino vivir en eudaimonia.</p>
<p>Que millones de personas repitamos esos tres deseos como un guion universal en fin de año no es coincidencia: es el reflejo de lo banal que son nuestras aspiraciones y de lo genérica que se ha convertido la naturaleza humana. Alguien me dijo: “Esos son los deseos universales”. Yo le respondí: “Esos son los deseos genéricos de las masas”.</p>
<p>Pensamos, incluso con convicción, que estas tres palabras encapsulan todo lo que los humanos necesitamos para enfrentar la vida y ese cronómetro en cero que colocamos cada año.</p>
<p>¿Por qué salud? Alguien podría responderme: “Es el pilar del bienestar”. Aristóteles, en su obra “Ética a Nicomaco”, argumentaba que la salud es una de las condiciones necesarias para alcanzar la eudaimonia. Y, pues sí, si se piensa con el deseo idealista sin salud es difícil disfrutar de muchos aspectos de la vida, se necesita el bienestar físico y mental para ello. Eso es lo que nos enseñan que debemos creer.</p>
<p>Pero, es inevitable que enfermemos de algo. Aunque cuidemos nuestra salud al máximo, el funcionamiento de nuestro organismo depende de múltiples variables que no controlamos, así que en algún momento enfermaremos. Si nos visualizamos como una máquina biológica, en algún momento uno de nuestros mecanismos fallará. Así que desear salud, en el fondo, es una ironía y una tontería, porque, con el debido respeto a la biología, es una batalla perdida de antemano. Deseamos salud como si fuera un mantra mágico que nos mantendrá a salvo durante los 365 días del año.</p>
<p>A veces pienso que desear salud es casi como desear buen clima. Es algo que no podemos controlar. Solamente podemos prevenir desastres en caso de que el clima sea malo. Igual pasa con la salud.</p>
<p>Y si aplicamos el cinismo en sentido filosófico, Diógenes —un cínico antiguo que, entre otras muchas cosas, rechazaba las convenciones sociales— me susurra al oído que quizás sea más honesto y valioso desearnos fortaleza para afrontar el dolor y la adversidad, en lugar de desear una salud perpetua, que a fin de cuentas es solo una ilusión.</p>
<p>Mejor desearnos resiliencia para enfrentar las inevitables enfermedades que la vida nos lanzará, ya sea como confeti o como granadas. Eso depende de nuestra genética, estilo de vida, situación económica y sistema de salud. También deberíamos desear fuerza de voluntad y disciplina para evitar esas conductas que pueden deteriorar nuestra salud.</p>
<p>¿Por qué amor? Aquí la cosa se complica. Para mí, es el deseo más universalmente genérico que existe. “Te deseo amor”, ¿De qué tipo de amor estamos hablando exactamente? Porque, siendo honestos, hay amores que no se les desean ni a nuestro peor enemigo, como el amor de Frida Kahlo con Diego Rivera o el de Diana de Gales y el hoy Rey Carlos. Recordé una frase de Jean-Paul Sartre: “<em>el infierno son los otros</em>”. Esos “otros” y el amor se pueden convertir en un campo minado de desamor o en una sublime bendición. Pero ojo: ni eterno ni para siempre. Según mi muy citado y apreciado Erich Fromm, el amor real necesita esfuerzo, disciplina y compromiso.</p>
<p>El amor como lo pintan en las comedias románticas gringas es puro marketing. El amor real requiere trabajo y construcción. Es como un Lego infinito con el que, vamos construyendo en equipo las formas de nuestro corazón. (Ese verso fue poesía post-pandémica efervescente, jajaja).</p>
<p>Quizás, sería mejor nos deseamos paciencia y autoconocimiento como motores para navegar por las caóticas y turbulentas aguas del amor.</p>
<p>¿Por qué prosperidad? Desear prosperidad para ti mismo y para los demás es un eufemismo para pedir dinero, sin sentirte y parecer interesado y avaricioso. Ante todo, queremos parecer buenas personas sin codicia y desinteresadas. Cada vez que alguien desea prosperidad, Karl Marx se revuelca en su tumba, al ver cómo ese deseo perpetúa la rueda de consumo desenfrenado y de desigualdad. Rueda en la que estamos, como el hámsters obedientes.</p>
<p>Quizás, si se entiende la prosperidad no como la riqueza material ni el mero bienestar económico, sino como seguridad, estabilidad, logro y progreso en nuestros objetivos, eso sería lo que deberíamos desearnos.</p>
<p>Hay una psicóloga que se llama Carol Ryff, ella creó un modelo de bienestar psicológico que tiene seis dimensiones, la cuarta es “dominio del entorno”, que en síntesis es la capacidad de manejar los aspectos controlables de nuestra realidad, y con ello, aprovechar las oportunidades.</p>
<p>Si tenemos estabilidad económica, logramos dominar la parte de nuestro entorno que nos ayuda a desarrollar nuestro propósito en la vida… o por lo menos encontrarlo. Aunque, siendo honesta, no estoy segura de que cada individuo tenga un propósito de vida que buscar y cumplir. Eso es algo que aún estoy escudriñando. Así que cambiaría eso de “propósito de vida” por “un sentido de dirección de nuestra vida”.</p>
<p>Si vemos la existencia como un camino que estamos recorriendo —a pie, en patines, en velero o como queramos y podamos—, entonces, por decisión consciente, buscamos un sentido de dirección. A lo largo de la vida, este tiene muchas rutas distintas y destinos variados. Si tenemos control de nuestro entorno económico, podemos escoger en qué recorrer el camino, seleccionar la ruta y a qué destinos llegar primero.</p>
<p>Sin embargo, todo lo anterior, si se simplifica, se reduce a prosperidad y al deseo de dinero, con o sin avaricia, pero de dinero, al fin y al cabo. No está mal pedir dinero, ¿eh? Que no estoy diciendo eso. Pero, podemos desear algo más significativo, podemos buscar algo más trascendente.</p>
<p>¿Qué tal si nos deseamos tiempo? Tiempo para disfrutar todo aquello que ya tenemos, tiempo para cuidar y cultivar nuestras relaciones de amistad, familia y amor, tiempo para vivir significativos momentos de no hacer nada, del placer de mirar el techo, el cielo, las nubes o el mar y perdernos en nuestras reflexiones y pensamientos.</p>
<p>Desear “feliz año nuevo con salud, amor y prosperidad” es un ritual vacío, una fórmula de convención social que repetimos como loritos. Cuando expresamos estos deseos, participamos en este simulacro festivo para mantener las apariencias, agradar y encajar.</p>
<p>Jean Baudrillard diría que vivimos en una sociedad de simulacros afectivos, sociales, familiares… no más simulacros de esperanza que disfrazan la vacuidad en la que vivimos.</p>
<p>¿Y sí cambiamos el repertorio de deseos? ¿Qué deberíamos desearnos? Nietzsche afirmó una vez: “el que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. Inspirándome en esta idea, propongo deseos más significativos que nos lleven a ese “porqué”, deseos que nos impulsen a crear, a crecer y conectarnos con nosotros y con los demás de maneras más profundas.</p>
<p>Propongo desearnos curiosidad, porque, como dijo Aristóteles, el asombro es el principio de la filosofía. Desearnos curiosidad es desear una vida llena de descubrimientos y aprendizajes. Pero no podemos desear curiosidad sin desearnos creatividad, la vida es demasiado corta para vivirla sin música, arte, historias e Inspiración.</p>
<p>Que el sentido del humor esté entre nuestros deseos, porque incluso en los momentos y circunstancias difíciles, el humor puede llegar a ser una herramienta de supervivencia, es el flotador que no dejará que nos hundamos.</p>
<p>Deberíamos desearnos aceptación, no como un sinónimo de resignación, sino como esa capacidad de hacer las paces con nosotros mismos, nuestras imperfecciones y las de los demás. Y de la mano de la aceptación, propongo que nos deseemos valentía, no sólo para enfrentar las granadas que la vida nos lance, sino para vivir nuestra vulnerabilidad sin miedo y para tener el valor de ser auténticos en un mundo de clones.</p>
<p>Todavía podemos desear y brindar por anhelos distintos en este nuevo año, no podemos olvidar que el 31 de diciembre es una convención social. Astronómica,  geológica y biológicamente no sucede nada diferente cuando nuestro planeta pasa frente al sol en ese día y mes del año, que nosotros mismos decidimos contar y nombrar de esa manera: 31 de diciembre. El próximo 29 de enero comienza el nuevo año chino, el año de la serpiente, aprovecharé esa fecha y cambiaré mis deseos, haré un brindis distinto por el nuevo año chino.</p>
<p>El 29 de enero brindaré por la ambigüedad, por nuestra compleja existencia, porque seamos capaces de abrazar tanto la alegría como el dolor con aceptación y comprensión. Brindaré por la incertidumbre, puede llegar a ser mágico desconocer lo que viene. Brindaré por la impermanencia, la extraña belleza de lo efímero y liberarnos de la pesadilla que pueden ser algunos “para siempre”.</p>
<p>Y, sobre todo, brindaré para tener la sabiduría para aceptar que la existencia no se reduce a una fórmula simplista, a esa trinidad genérica de salud, amor y prosperidad. La existencia es un viaje lleno de matices, sorpresas y contradicciones, porque, al fin y al cabo, como dijo Woody Allen: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Sun, 05 Jan 2025 02:25:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡No más salud, amor y prosperidad!]]></media:description>
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        <title>Florence Nightingale (1820-1910)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/florence-nightingale-1820-1910/</link>
        <description><![CDATA[<p>Criada en la fe anglicana, Florence testimoniaba desde niña que Dios le había hecho un llamado claro y desde entonces mantendría en firme su vocación: se convertiría en enfermera. Cuenta que a sus 17 años, mientras se encontraba en Embley Park, escuchó con claridad ese llamado divino que signaba su misión y su destino. Es [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Criada en la fe anglicana, Florence testimoniaba desde niña que Dios le había hecho un llamado claro y desde entonces mantendría en firme su vocación: se convertiría en enfermera. Cuenta que a sus 17 años, mientras se encontraba en Embley Park, escuchó con claridad ese llamado divino que signaba su misión y su destino. Es así como contrariando la voluntad de sus padres y de las costumbres del momento, donde la mujer estaba consagrada a la crianza de los hijos y al cuidado de su marido, Florence consigue estudiar enfermería, y antes de cumplir sus 25 años ya es una capacitada en su campo. Dado su condición de clase alta, y gozando de un dote mensual de 500 libras que le proveía su padre, Florence no prestó importancia a dos propuestas matrimoniales que tuvo por aquella época, y prefirió dedicarse al cultivo de su propio intelecto, por lo que en busca de experiencias y conocimientos realizó viajes por Francia, Italia, Suiza, Grecia, siendo muy significativa su experiencia en tierra de los faraones. De este viaje escribirá algunas memorias acerca de la riqueza cultural egipcia, además de testimoniar ese llamado divino, cuando relata que estando en Tebas había sido “llamada a Dios”, y cinco días más tarde en El Cairo nos cuenta: “Dios me llamó en la mañana y me preguntó si haría el bien en su nombre, sin buscar reputación.” En 1851 se interesó por los tratamientos de asistencia que los luteranos adelantaban con la Institución Kaiserswerth del Rin para el Entrenamiento Práctico de Diaconisas. Allí permaneció durante cuatro meses recibiendo un entrenamiento que inspiraría y fortalecería su vocación de enfermera, y luego se acercaría a las Hermanas de la Caridad del hospital Saint Germain, cerca de París, donde continuaría sus prácticas como voluntaria. En 1853 es nombrada como superintendente del Instituto para el Cuidado de Señoras Enfermas con sede en Londres. En octubre de 1854 Nightingale y un grupo de treinta ocho enfermeras voluntarias a las que ella había entrenado, y entre las que se contaba su tía Mai Smith, partieron con destino hacia el Imperio Otomano, concretamente donde se llevaba a cabo la conocida Guerra de Crimea. Las heroínas atravesaron más de quinientos kilómetros del mar Negro, desde Balklava, en Crimea, y hasta llegar a la base de operaciones británicas del cuartel de Selimiye, en Scutari, actualmente el distrito de Üsküdar, en Estambul. Florence denunció las pésimas condiciones en las que estaban siendo atendidos los heridos, muchos de ellos muriendo por la falta de higiene y la propagación de enfermedades infecciosas como el tifus, la fiebre tifoidea, la cólera y la disentería. Resaltó la falta de ventilación y la precariedad de los sistemas de desagüe sanitarios como otro causante que afectaba el buen desempeño. Un sistema carente de recursos, equipamiento y medicamentos, instalaciones hacinadas de pacientes, y un tratamiento que la experimentada enfermera consideraba inadecuado. La enfermera tomó cartas en el asunto, y luego de su estancia en Crimea el índice de mortalidad disminuyó considerablemente de un 42% a un 2%, y todo gracias a su gestión médica. Apenas llevaba poco más de un año y ya su labor, destacada por todos, le valió el reconocimiento de una asamblea convocada con el ánimo de homenajearla, y en la cual se recogerían fondos para el entrenamiento de nuevas auxiliares de enfermería. Por esos días el diario <em>The Times </em>le dedicó un artículo en el cual se refería a ella como a un “ángel guardián”, y cómo su presencia había contribuido enormemente en la salud y el cuidado de los enfermos. Florence adquirió una fama a nivel mundial, conocida como “La dama de la lámpara” (apodo que surge del poema <em>Santa Filomena </em>que Henry Wadsworth Longfellow le dedicaría), por ser su costumbre la de salir con una lámpara para dar sus rondas nocturnas y vigilar a sus pacientes enfermos. Sin embargo Florence no gustaba de adulaciones y prefirió siempre mantenerse anónima, en una labor clandestina, y fue así como queriendo evadir la prensa que la ensalzaba, regresó a Inglaterra bajo el nombre falso de Miss Smith. Una vez en Londres, Nightingale presenta un detallado informe a la Comisión Real para la Salud en el Ejército, justificando las razones de tanta mortandad en los campos de asistencia y evaluando un listado de reformas que sería pertinente ejecutar. Hacia 1857 Florence comenzará a sufrir un trastorno depresivo que fue acrecentándose con el pasar de los años, y a pesar de que en varias ocasiones se vio en la obligación de guardar reposo, nunca desaprovecharía su vitalidad, y su condición psicológica no le impidió continuar con sus tantas empresas. En 1858 presentó una serie de informes detallados respecto a la condición sanitaria en las zonas campestres de la India, proponiendo varias iniciativas ante la Comisión Real, y que luego de haber sido tomadas en consideración y haber sido aplicadas, redujo la mortandad de los soldados y luego de una década pasaron de reportar de 69 a 19 muertos por cada mil hombres. Disponiendo de un fondo de 45.000 libras, para 1859 Florence inaugura en el hospital Saint Thomas la Escuela de Entrenamiento Nightingale, y que en la actualidad se llama Escuela Florence Nightingale de Enfermería y Partería, haciendo parte del King’s College de Londres. Seis años más tarde las primeras enfermeras egresadas comenzarían a trabajar en la Enfermería Liverpool Workhouse, y pasado un tiempo ya se habían dispersado por toda Gran Bretaña. Además ayudaría en la construcción del hospital Real Buckinghamshire de Aylesbury, y no solamente recogiendo fondos sino también en la planeación del mismo, proponiendo un modelo moderno con sistema de ventilación, corredores amplios, escaleras y armarios, y la dotación más completa que permitiera operar en las mejores condiciones. Para ese año de 1859 da a conocer sus <em>Notas sobre enfermería: qué es y qué no es, </em>un libelo pionero en cuanto a su contenido, y que sirvió como una pieza fundamental en la enseñanza de la enfermería, convirtiéndose en un texto obligatorio en las escuelas de formación. En algunas de sus notas se lee: “La observación indica cómo está el paciente, la reflexión indica qué hay qué hacer, la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observar; cómo pensar y qué pensar.” Este escrito no sólo sustenta el pensamiento y la filosofía del oficio de auxiliar de enfermería, sino que además reivindicó la figura de la enfermera, a quien solía tratársele como a una subalterna ignorante y desconocedora de la ciencia médica, y en adelante la imagen de la enfermera empezó a ser vista con gran respeto, dándole a su oficio el puesto digno que merece en nuestra historia, y no en vano se le conoce como la “fundadora” de la enfermería. También escribió <em>Notas sobre hospitales </em>y <em>Notas que afectan la salud, la eficiencia y la administración hospitalaria del Ejército Británico. </em>Nightingale tendría la fortuna de tener un padre educado en Cambridge que la instruyó en filosofía e historia, la llevó a descubrir a Euclides y a Aristóteles y a interesarse por asuntos políticos, además de enseñarle algunos idiomas como el italiano, el griego y el latín, pero lo que resultó más inusual es que también haya interesado a su hija por el mundo de las ciencias exactas, especialmente la aritmética, la geometría y el álgebra. De niña, Florence coleccionaba conchas marinas y llevaba registros minuciosos, anotaciones y un sistema organizado de listas y tablas y que un día la llevarían a calcular con precisión los fenómenos sociales a partir de mediciones de análisis estadísticos. Aficionada a las matemáticas, a Florence se le reconoce haber presentado sus informes estadísticos por medio de representaciones visuales y gráficos que expliquen la información. Para presentar sus datos se valió del método práctico de un gráfico circular, que hoy es conocido como diagrama de área polar o como “Diagrama de la rosa de Nightingale”. Por medio de estos diagramas Florence ilustró a los miembros del parlamento británico respecto a la mortandad de los soldados en las instalaciones que dirigía durante la Guerra de Crimea, facilitando la comprensión de los tradicionales reportes estadísticos que muchos no entendían. En 1859 Florence Nightingale es la primera mujer en ser elegida como miembro de la Royal Statiscal Society, así como miembro honorario de la American Statiscal Association. Para 1860 Florence introduce el servicio de enfermería a domicilio en Inglaterra e Irlanda, logrando de esta manera llegar a cada rincón donde hiciera falta la presencia de una enfermera. Esta iniciativa fue el fundamento para que cuatro décadas después de su muerte se constituyera el Servicio Nacional de Salud Británico. En 1860 saca a la luz una obra de 829 páginas dividida en tres volúmenes, <em>Suggestions for thought to searchers after religious truth, </em>un escrito que es considerado como su propia “teodicea”, y en donde se permite preguntarse cómo es posible la existencia de un Dios que condena a sus hijos a una eternidad de castigos infernales, mostrando su inclinación a ese pensamiento de la época al que se llamó “reconciliación universal”. De dicho libro se destaca el ensayo titulado <em>Cassandra, </em>donde se permite interrogar a la mujer que pese a tener una buena formación educativa básica, finalmente se somete a perpetuar la tradición de dedicar su vida a las labores del hogar. Tampoco quiso ser monja, pero su entrega al servicio desinteresado por el prójimo fue plena; y ya sea por una fuerte convicción religiosa, ya sea por la moral imperante, varios historiadores se atreven a afirmar que Florence se mantuvo casta durante toda su vida. Se entregó a un destino en el que creyó siempre con convicción férrea, el destino de amparar a los débiles, preguntándose además si su labor habrá sido en vano y su voz desoída, tal como le sucedía al personaje mítico de la princesa troyana Casandra. Solía rodearse de hombres y preferir la compañía masculina, siendo notable su amistad con Charles Dickens y con John Stuart Mill, e incluso se refería a sí misma como a un “hombre de acción” o un “hombre de negocios”. Sin que fuera su propósito, Nightingale sentó las bases para el naciente movimiento feminista, sirviendo como un ejemplo de la mujer que responde con autodeterminación, rebelándose a cumplir con sumisión un destino que otros eligen por ella y sin que le importara fallar a las más arraigadas costumbres patriarcales. Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja, dice haberse inspirado en el trabajo de Nightingale durante la Guerra de Crimea: “A pesar de que soy conocido como el fundador de la Cruz Roja y el promotor de la Convención de Ginebra, es a una dama que todo el honor de esa convención es debido.” Para 1870 se encargó de instruir a Linda Richards, quien sería enviada a Estados Unidos y en donde sería conocida como la “Primera enfermera entrenada de América”, consiguiendo difundir el legado de Nightingale a territorio norteamericano y hasta llegar a tierras japonesas. Adelantada a su época, y antes de la aparición de Louis Pasteur, para 1880 ya Florence había redactado un par de escritos donde examinaba a fondo la necesidad de tomar medidas higiénicas y de sanidad para combatir y eliminar los gérmenes. Hacia 1882 la reputación de las “ruiseñores” (término con el que se les conocía a las enfermeras educadas en la Escuela de Entrenamiento Nightingale, dado que Nightingale significa “ruiseñor”) gozaban de gran prestigio por su alto grado de conocimiento, su dedicación y compromiso, además de la pasión que les fue inculcada por su labor, y muchas de estas enfermeras terminaron dirigiendo centros hospitalarios en Gran Bretaña y Australia. En 1883 Florence recibe la Real Cruz Roja de manos de la reina Victoria, y una década más tarde se creará el Juramento Nightingale, que es el que deben rendir los graduandos de enfermería. Para 1887 ya su escuela contaba con más de quinientas enfermeras graduadas y más de cuarenta se habían convertido en directoras de hospitales. En 1907 recibe la Orden de Mérito del Reino Unido, convirtiéndose en la primera mujer en recibir dicha distinción, y un año más tarde le serían otorgadas las Llaves de la Ciudad de Londres. Dicen que en sus labores había sido contagiada por la fiebre tifoidea, que había contraído brucelosis, y aparte de un trastorno depresivo con el que tuvo que lidiar durante toda su vida; pero finalmente su trabajo como enfermera llegaría a su fin, y esto sólo podría ser posible si le visitara la muerte. Sucedió en agosto de 1910, a la edad de 90 años. Discreta como fue en vida, después de muerta la familia impidió que le enterraran en el prestigioso cementerio de Westminster, al lado de figuras notables como Isaac Newton o Rudyard Kipling. En 1912 el Comité Internacional de la Cruz Roja reconocerá cada año a los más destacados auxiliares de enfermería con la Medalla Florence Nightingale. En 1915 se erigió en Waterloo Place, en Londres, el Monumento de Crimea, y en donde podemos apreciar su figura esculpida. En el Hospital Saint Thomas de Londres se encuentra el Museo de Florence Nightingale, donde actualmente funciona la primera escuela de enfermería fundada por esta pionera, además de otro museo en la casa de su hermana, Claydon House, propiedad de National Trust, y otro museo más en Estambul, en la torre más al norte de las Barracas de Selimiye. La antigua Constantinopla también la honrará en 1954 con una placa de bronce suscrita en el pedestal del Memorial a la Guerra de Crimea en el cementerio Haydar Pashá, y que dice lo siguiente: “A Florence Nightingale, cuyo trabajo cerca de este cementerio un siglo atrás trajo alivio al sufrimiento humano y sentó las bases de la enfermería como profesión.” También en Estambul encontramos cuatro hospitales que llevan su nombre, y entre ellos el hospital privado más grande de Turquía. Los luteranos la consideran una “Renovadora de la sociedad”, su nombre figura en entre las celebraciones del Calendario de Santos luterano, y en la comunión anglicana se la homenajea con un día festivo de su año litúrgico. Así también son varias las fundaciones a nivel mundial que llevan su nombre. En Anápolis, Brasil, se destaca la escuela de enfermería Florence Nightingale, y su leyenda ha quedado plasmada en novelas, obras teatrales, documentales, biografías, películas, cómics y series televisivas. Una nave espacial de la serie <em>Star Trek </em>lleva su nombre, también tiene su <em>servant </em>en el juego para <em>Smartphones, Fate Grand Order, </em>y cuyo personaje figura como alguien con el poder de curar a los enfermos. A pesar de que no le gustaba ser fotografiada, y menos retratada en pintura, su imagen portando una lámpara entre los heridos de la Guerra de Crimea se ha vuelto icónica y han sido varios los pintores que han evocado a Florence Nightingale a través de este cuadro. Su efigie también apareció en los billetes que circularon en el Reino Unido desde 1975 y hasta 1994. Queriendo mantener vivo su legado, el Día Internacional de la Enfermería se celebra el día de su cumpleaños, y en el aniversario de su natalicio, dado un trastorno neurológico que pudo afectarla a lo largo de su vida, se instauró el Día Internacional de la Concienciación de las Enfermedades Neurológicas e Inmunológicas Crónicas. Queda un recuerdo de su voz, cuando fue registrada en una grabación fonográfica de 1890 y que es conservada por la British Library Sound Archive. La escuchamos decir: “Cuando ya no sea siquiera una memoria, tan sólo un nombre, confío en que mi voz podrá perpetuar la gran obra de mi vida.”</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-87036" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/11/206.-FLORENCE-NIGHTINGALE-300x300.jpg" alt="FLORENCE NIGHTINGALE" width="300" height="300" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 06 Jan 2023 07:03:19 +0000</pubDate>
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        <title>Olimpia de Epiro (375 a. C-315 a. C.)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Tuvo su historia propia, pero se le recordará principalmente por haber dado a luz a Alejandro Magno. Es más, sería ella quien haría de su hijo un grande. Bruja, mística, supersticiosa, el día antes de su boda tuvo el sueño premonitorio de que un poderoso rayo le atravesaba el vientre y le encendía con fuego [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Tuvo su historia propia, pero se le recordará principalmente por haber dado a luz a Alejandro Magno. Es más, sería ella quien haría de su hijo un grande. Bruja, mística, supersticiosa, el día antes de su boda tuvo el sueño premonitorio de que un poderoso rayo le atravesaba el vientre y le encendía con fuego sus entrañas. Su esposo Filipo II dice también haber soñado con que le grababa a su esposa en el vientre la figura monárquica del león. El oráculo no tendría mayores inconvenientes al momento de interpretar estos sueños como un augurio del nacimiento premonitorio de un rey jamás visto. Alentó a su hijo para que desde muy niño se convenciera de que los dioses mismos lo habían señalado para que su porvenir fuera la grandeza. Encargó su formación intelectual a los más avezados maestros de la época, como es el caso de Aristóteles, y sería su padre quien se hiciera cargo de su instrucción física y militar, haciendo de su hijo un guerrero formado en todas las disciplinas de la lucha y del intelecto. De esta forma el niño crecería como creyéndose de que se trataba de una especie de semidios, y su voluntad y disciplina lograrían formar un carácter que estuviera acorde con este destino. Olimpia era hija del rey de Molosia, en la región balcánica de Epiro, al noroeste de la actual Grecia, y antes de contraer matrimonio llevaba el nombre de Políxena en honor a la hija de Príamo que había sido sacrificada sobre la tumbad de Aquiles. Pero muy pronto quedó huérfana y sería su tío quien estaría a cargo de velar por su sobrina, y lo primordial era conseguirle un esposo que resultara conveniente a los intereses de la familia. Fue así como la mejor alianza sería con Felipe II de Macedonia, quien a lo largo de su vida tendría otras seis esposas, pero cuya unión con Políxena resultaba conveniente para su nación, ya que Macedonia no contaba con el acceso al mar que los griegos podrían ofrecerle. A los 19 años no había salido todavía de los dominios de su familia, y su primer viaje sería con destino a Macedonia para contraer matrimonio con el rey y engendrar a su grande sucesor. Al casarse volvió a rebautizarse, esta vez con el nombre de Myrtale, y años más tarde se decidiría por Olimpia, toda vez que su marido hubiera vencido en las olimpiadas justo el día en que nació Alejandro. Todo parecía predispuesto para que el heredero gozara de un prolífero futuro; por esos tiempos fueron varias las batallas y conquistas alcanzadas por los ejércitos macedonios, y la nación se encontraba en un esplendor nunca antes visto. Alejandro tuvo a su hermana, Cleopatra, y juntos recibieron clases y fueron formados con otros hijos y sobrinos de Filipo II. Por su ambición y sagacidad política, por sus mañas arteras y su capacidad de seducir, Olimpia se diferenciaría de las esposas pasadas del rey, a quien además acabaría por hechizar a través de sus conocidos rituales celebrados en honor a la deidad tracia llamado Sabazio, dios de la fertilidad y la vida eterna. Se decía que era de un temperamento violento, que su comportamiento era el de una persona bastante neurótica, y que su vida estaba ambientada en las alucinaciones místicas generadas por su tanta superstición. Dicen que sus aposentos estaban plagados de serpientes domesticadas que simbolizaban una continua ofrenda a Sabazio. Y a pesar de que su comportamiento con el rey fue leal, las tantas blasfemias y rumores que hablaban mal de la reina, llevaron a Filipo II a tomar la decisión de expulsarla y despojarla plenamente de sus títulos de monarca. Para el año 337 a.C. la madre del futuro conquistador de medio mundo se exilia en su ciudad natal, pero tendrá la oportunidad de regresar al año siguiente apenas muera Filipo II, y a punto de cumplir los 40 años la reina retomará su trono y se posesionará en su silla sin la estorbosa compañía de un rey. En adelante se trataría de engrandecer la figura de su hijo, quien hacia el 334 a.C. parte con destino a Asia y ya nunca más se volverán a ver. Sin embargo la relación se mantuvo con insistencia por medio de misivas que venían desde rincones remotos a donde llegaban los ejércitos macedonios, y luego viajaban con una respuesta materna a otro resquicio insospechado de este mundo. Común en la política de aquel momento, los opositores solían quitarse del camino de la manera más práctica, y fue así como Olimpia mandaría a asesinar a una exesposa de Filipo II, la inocente Eurídice, dando un motivo para que Casandro, su más acérrimo enemigo, se alzara en su contra y consiguiera que una buena parte del pueblo se uniera a él en su empeño por destronar a Olimpia. Finalmente Alejandro no sería inmortal, ni tampoco invencible y, una vez asesinado, Olimpia perderá el respaldo y la protección que la mantenían viva en este mundo. Encomendó a su hija el cuidado de Alejandro VI, el hijo que su gran Alejandro había tenido con una mujer llamada Roxana. Depuesto el rey, Casandro intentaría empañar la imagen del grande conquistador macedonio, e incluso mandó a los ejércitos a que ejecutaran a Olimpia, pero nada de esto consiguió, ya que los soldados se mantenían fieles a la gran figura que fue su grande general. De haberse tratado de un hombre, la historia la hubiera juzgado distinto. Para el macho es una virtud eliminar a sus rivales sea cual sea el método que empleara, pero a la mujer se le condena por utilizar las mismas armas masculinas, siendo que en aquella época era corriente valerse de asesinatos y traiciones para abrirse campo en la vida política. Eran las reglas del juego de quien quisiera gobernar, y Olimpia jugó sus cartas como más le convino. Al final Casandro consigue que sean los familiares de Eurídice quienes se encarguen de ajusticiar a la culpable, y en el año 315 a.C. la que fuera una de las más influyentes reinas políticas del mundo helenístico, la madre del más grande conquistador de todos los tiempos, recibiría la condena de la lapidación y moriría apedreada. Logró concretar el material onírico de sus visiones, logró hacer de su hijo un rey, y un grande, y definitivamente una de las leyendas más épicas de la historia humana.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-80447" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/11/114.-OLIMPIA-DE-EPIRO.jpg" alt="OLIMPIA DE EPIRO" width="152" height="212" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 09 Apr 2021 07:58:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Olimpia de Epiro (375 a. C-315 a. C.)]]></media:description>
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        <title>El Concepto de Mimesis en Aristóteles</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-magazin/el-concepto-de-mimesis-en-aristoteles/</link>
        <description><![CDATA[<p>Henry Forero (*) “He aquí un extraño mimo que compone y construye aquello mismo que imita”. P. Ricoeur. Indagar el concepto de mimesis es indagar por la poética, y ¿qué otra cosa es la poética? La tarea de este escrito será compartir una idea, una extravagancia, una breve (jamás concluyente) caracterización del bello (pero no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_2668" aria-describedby="caption-attachment-2668" style="width: 512px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="recurso_post size-full wp-image-2668 " src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2011/07/thinker-Flickr-Martin-Fisch.jpg" alt="thinker, Flickr, Martin Fisch" width="512" height="317" /><figcaption id="caption-attachment-2668" class="wp-caption-text">thinker, Flickr, Martin Fisch</figcaption></figure>
<p style="text-align: left"><strong>Henry Forero (*)</strong></p>
<p style="text-align: left">“He aquí un extraño mimo que compone y construye aquello mismo que imita”. P. Ricoeur.</p>
<p style="text-align: left">Indagar el concepto de<em> mimesis</em> es indagar por la <em>poética</em>, y ¿qué otra cosa es la <em>poética</em>?</p>
<p style="text-align: left">La tarea de este escrito será compartir una idea, una extravagancia, una breve (jamás concluyente) caracterización del bello (pero no simple) fenómeno literario de la <em>mimesis</em> y su alcance en la <em>poética</em>.</p>
<p style="text-align: left">Iser –el estudioso-  examina el origen de la palabra y expone que proviene del griego <em>mimeistkai</em>, asumido, disciplinadamente, como imitar o representar. Me dirán que no soy amable ni justo con el lector por presentar una etimología fría, mineral y casi muda. Y es cierto. Y en gracia de buscar aprobación y entendimiento (ojalá comprensión), reiniciaré mi disertación con la original acepción, pensada, rumiada, discutida, presentada y planteada por el diletante y rebelde Aristóteles.</p>
<p>	<span id="more-7044"></span></p>
<p>	Antes, conviene indicar un escarceo, un momento del enfrentamiento, que muchos consideran fundacional de la civilización occidental. Platón creía, o alguna idea le hizo creer, que la poesía corrompía, deformaba, era falsa e inmoral, y así se puede leer en el <em>Critias </em>o en el libro <em>X </em>de la <em>República</em>, donde incluso se atreve a proponer el destierro de los poetas por imitadores y mediocres. La verdad es que Platón profesaba una idolatría por lo que consideraba único, cierto y necesario, y que sólo se hallaba en la filosofía, curiosamente la disciplina que él practicaba y por la que adelantaba un fervoroso proselitismo, por lo que, al parecer, no se sentía muy conforme su adelantado alumno.</p>
<p>	Juzgaba Aristóteles que existía una función, que era además muy placentera y edificante, en el ejercicio de la imitación, por el cual era posible representar la actividad humana, y decidió llamarla <em>mimesis.</em> Observaba que no se trataba de  escuetas duplicaciones de ideas o fantasmagóricas multiplicaciones de imágenes, sino producción de actos singulares de un muy especial significado para los hombres. De esta forma, respondió (quizás) categóricamente (y como señal de emancipación) a los etéreos cuestionamientos de su ideal instructor. La índole práctica de tales actos fue sugerida por Aristóteles en el resultado de una deliberación que anhela o busca un fin elevado. Este fin lo trabajó Aristóteles en la <em>Poética, </em>estableciendo su concepto primordial de <em>poiesis </em>como el acto de creación y construcción poética, afín, íntimamente, con la <em>mimesis, </em>como (principio) disposición preliminar.</p>
<p>	En este sentido, sus estudios (observaciones) avanzaron y llegó a proponer las formas en que se produce y expresa el arte según los medios de imitación, <em>el ritmo, el verso</em> y <em>el canto </em>(melopeya, elocución), los modos, <em>narración </em>y<em> representación, </em>y los objetos, <em>caracteres, fábula </em>y <em>pensamiento. </em>De suerte que crea todo un estatuto con normas dirigidas a salvaguardar la <em>Unidad </em>y<em> la proporción,</em> ajustadas a unas restricciones de <em>Necesidad </em>y<em> verosimilitud. </em>Resultando esta <em>poiesis, </em>basada en la <em>mimesis,</em> un propósito estético y educativo, que busca la purificación  de las pasiones por medio del reconocimiento.</p>
<p>	Nos encontramos, entonces, ante la revelación de una naturaleza singular, de verdades metafóricas y enigmáticas. Una verdad construida, mostrada, no argumentada, de lo esencial y más profundo del hombre.</p>
<p>	La necesidad de ese <em>ir más allá</em>, de esa estrafalaria inutilidad ética, de esa infatigable riqueza del mudo y del hombre, justifican el arte, y tal vez este escrito. A propósito, no sé si de manera lamentable o provocadora. A mi ver, el lector juzgará.</p>
<p>	&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<br />
	<em>(*) Colaborador.</em></p>
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        <author>elmagazin</author>
                    <category>El Magazín</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/elmagazin/?p=2666</guid>
        <pubDate>Fri, 15 Jul 2011 11:00:59 +0000</pubDate>
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