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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Apolo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Hestia (Vesta) </title>
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        <description><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para los antiguos la fogata representaba no solamente el calor del fuego y el método de cocinar los alimentos, sino también el punto de encuentro alrededor del cual se convocaban para compartir, orar y realizar sus rituales y sacrificios, siendo la hoguera el entretenimiento cotidiano que hoy podría asemejarse al hábito de ver la televisión.</p>
<p>De allí la importancia de no dejar apagar la hoguera, avivar permanente el fuego y no dejar morir la llama. Para velar por el fuego era preciso que alguien lo controlara, estuviera vigilante y lo mantuviera encendido, y sin embargo un poco de intervención divina no vendría nada mal. Para ayudar en la custodia del fuego, los griegos invocaban a la deidad olímpica conocida como Vesta, quien tenía a cargo la encomienda divina de velar para que las llamas al interior de los hogares permanecieran encendidas.</p>
<p>El fuego era pues el centro; alrededor del fuego se constituía el hogar, y es así como Vesta será también la diosa protectora del hogar y de la cocina. El fuego era el elemento fundador, siendo así que cuando se quería fundar una ciudad, los antiguos transportaban una antorcha encendida con el fuego que daría inicio a un reciente proyecto de polis. De igual forma a los extranjeros se les daba la bienvenida invitándolos a acercarse al calor de las llamas y de esta manera manifestarles una grata acogida.</p>
<p>Hestia es una de las más antiguas diosas mitológica, hija primogénita de Cronos y Rea, hermana de Zeus, Poseidón, Hades, Hera y Deméter, y la primera que sería devorada por su padre luego de que un vaticinio le advirtiera de que uno de sus hijos acabaría por arrebatarle el trono. Así mismo sería la última en ser vomitada por Cronos, una vez y Zeus consiguió cumplir a la profecía y rescatar a sus hermanos del vientre de su padre.</p>
<p>Y pese a que es una de las diosas principales, su protagonismo es más bien discreto, siendo una deidad que poco trato tendría con los humanos, y por lo que escasean los relatos que narren sobre sus hechos y hazañas. Su personalidad es la de una diosa pacífica, que raras veces abandonaba sus aposentos celestiales para inmiscuirse con los asuntos terrenales o meterse en discusiones con los demás dioses.</p>
<p>Apenas acabó la contienda contra los Titanes, el gran Apolo y Poseidón se presentaron ante ella y le propusieron matrimonio. Aquí pudo haber surgido el primer combate entre dos dioses olímpicos, de no ser porque la diosa se decantaría por la virginidad, y así se lo hizo saber no solo a sus pretendientes sino también a su hermano y dios supremo, el magnánimo Zeus, quien para preservar esta virginidad la convertiría en una abstracción, el fuego, y así podría mantenerse siempre limpia y purificadora.</p>
<p>En adelante los griegos se dedicarían a ofrecerle en sacrificio las primeras presas de sus banquetes, y que eran asadas bajo las llamas ígneas de la diosa protectora del fuego. Y tal es su dedicación a la custodia de este elemento, y tan notorio sus ánimos pacifistas, que cuando Dionisos fue admitido para ocupar un puesto entre los doce dioses del Olimpo, Hestia prefirió hacerse a un costado y ceder su lugar para consagrarse en contante devoción a velar por el fuego.</p>
<p>Pocos referentes se tienen pues sobre esta diosa. En <em>El Fedro, </em>uno de los <em>Diálogos </em>de Platón, el filósofo cuenta de una diosa solitaria que suele pasar a solas en los recintos del Olimpo, distanciada del proceder humano, sin tomar partido entre las divisiones que eran comunes entre los dioses, quienes solían inclinar su voluntad y pasiones inmiscuyéndose en las guerras y en los pleitos humanos. Será por esto que Homero no la presenta en ninguna oportunidad dentro de sus dos obras más importantes, ambas con un prontuario de dioses que intervienen constantemente a favor o en contra de los asuntos humanos. Sin embargo en algunos himnos el poeta griego dedicará algunas palabras, invocándola junto a Hermes o contándonos de cómo la diosa Afrodita nunca lograría seducir a Hestia para que desistiera de su promesa virginal. Así también Homero recalca en la importancia de mantener encendido el fuego sagrado en el templo de Delfos dedicado al dios Apolo. En algún pasaje Diodoro Sículo cuenta que Hestia es quien enseñó a los humanos la manera de construir sus casas, y de allí que sea también la diosa de la arquitectura.</p>
<p>Pero tal vez el suceso más conocido sobre esta diosa lo sabemos gracias a Ovidio, quien cuenta que luego de que Rea celebrara un banquete en el que finalmente todos caerían dormidos, Príapo aprovecharía para acercarse a la diosa y en un estado total de ebriedad intentaría violarla, pero justo antes de que el malhechor se abalanzara sobre su presa el rebuzno del asno de Sileno despertó a Hestia, quien en medio del letargo pudo sorprender a su atacante. Príapo huyó, y desde ese momento el asno se convirtió en el animal preferido de Hestia, y conocedores del mito es por esto que los antiguos solían sacrificar los asnos adornados con guirnaldas y hogazas de pan y así contentar a su diosa.</p>
<p>Su representación antropomórfica se deduce de algunas monedas en las que aparece su supuesta efigie, y la suposición de su representación es debido a que figura al lado de uno de sus templos: se trata de una mujer bellísima que portaba en una de sus manos un cuenco y en la otra enarbolaba una antorcha encendida.</p>
<p>No solo era adorada al interior de las casas, sino también dentro de los recintos sagrados que eran dedicados a otros dioses, siendo pocos los templos que eran consagrados a su exclusiva veneración, como el famoso santuario de Hermíone que describe Pausinas, y otros tantos en Esparta, Ténedos, Naxos y Larisa.</p>
<p>Una vez los romanos se apropiaron de la cultura y el conocimiento griego, la diosa pasó a formar también parte de sus creencias, y a partir de ese momento sería más conocida como “Vesta”, constituyendo una deidad de relevante importancia dado que en su nombre se estableció el sagrado culto de las vírgenes vestales.</p>
<p>Eran conocidas como las vestales aquel séquito de sacerdotisas encargadas de cuidar que el fuego de los templos no se apagara nunca, y cuya peculiaridad sería la de haberse mantenido vírgenes. Es así como desde principios de la formación de Roma Vesta es adorada por colegios sacerdotales dedicados al culto y veneración de la diosa, e incluso se dice que Rea Silva, también conocida como Ilia, madre de Rómulo y Remo (quienes según el mito habrían fundado Roma), era según parece una sacerdotisa vestal.</p>
<p>Se cree que sería el hijo de Rómulo, Numa Pompilio, quien instauraría en Roma las festividades conocidas como la “Vestalia”, y en donde las principales sacerdotisas se reunían en uno de los templos dedicados a la diosa, ofreciéndole como tributo un burro coronado de flores, seguido por una procesión donde alzaban estatuas de la diosa. Y así también el infaltable fuego.</p>
<p>Es por esto que Vesta iría convirtiéndose en una deidad importante en toda Roma, considerándosele también como una protectora indiscutida del Imperio. Hestia es a veces emparentada o confundida o entremezclada con otras deidades de otras latitudes y territorios, comparándosele a veces con Tabiti y también con la diosa Fornax.</p>
<p><img decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89837" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/05/244.-HESTIA-VESTA-160x300.jpg" alt="HESTIA VESTA" width="160" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 06 Oct 2023 08:54:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Hestia (Vesta) ]]></media:description>
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        <title>Musas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Esos espíritus o presencias etéreas a los que acude el poeta en busca de inspiración, esas figuras divinas con las que quiere toparse la mano creativa del pintor, las ninfas por las que espera ser abordado el músico que compone una melodía, esas fuerzas poderosas que como representaciones femeninas asisten a los artistas dotándolos de magia y creatividad, esos son los seres mitológicos a los que se les conoce como musas. La palabra musa significa “canción” o “poema”, y según parece la devoción por estos seres es originaria de Pieria, en Tracia, muy cerca de donde se ubicaba el monte Olimpo. La versión que más prolifera cuenta que fueron engendradas después de nueve noches de amor ininterrumpidas entre Zeus, gran dios del Olimpo, y la titánide Mnemósine, diosa de la memoria, y que solían acompañar al dios de las artes, el mítico Apolo, con quien tendrían casi todas algún amorío y una que otra descendencia divina, además de aprender de él los distintos oficios artísticos. Su primera aparición, luego de su nacimiento, fue cantar en coro el triunfo de los dioses olímpicos sobre los titanes, celebrando la victoria que eternizaría a su padre en el poder de los cielos. Hacia el siglo VIII antes de Cristo la creencia en las musas se extendía por todo el territorio de la Hélade, siendo una creencia que ciertamente inspiraría el arte de la Antigua Grecia, ya que toda suerte de artistas de distintas latitudes estaban convencidos de la existencia de las musas, por lo que el culto y adoración por estas figuras era común entre los poetas, escultores y músicos de la época. Desde Esparta y hasta Roma, y para rendirle tributos a las musas, se erigieron templos, altares, estatuas y toda clase de monumentos donde solían ofrecerse en sacrificio libaciones de agua, leche y miel. En el siglo IV la ya dominante iglesia romana prohibió el culto y la adoración a las musas, considerándoles rituales paganos que eran contrarios a los preceptos cristianos, y durante el Oscurantismo la invocación a estas presencias míticas podría llegar a ser condenado con la pena capital. Unos dicen que al principio fueron tres musas, otros señalan que fueron cuatro, pero la versión más difundida sería la propuesta por Hesíodo y luego respaldada por Plutarco, quienes distinguieron a nueve musas y las catalogaron según las distintas corrientes artísticas: <strong>Calíope </strong>(Καλλιόπη), “la de la bella voz”, musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica, amante de Apolo y con quien tendría al poeta Orfeo, asesinado por el dios Dionisio, y a quien se le representa coronada con un ramillete de laureles, portando una tabla de escritura y sujetando una lira. Es la mayor de todas y según Homero sería ella la que inspiraría sus epopeyas de <em>La ilíada </em>y <em>La odisea</em>; y también sería la encargada de mediar en la disputa entre Afrodita y Perséfone cuando ambas codiciaban al bello Adonis. Tras la muerte de su hijo y su esposo, esta ninfa acabaría parando en los sótanos del Hades.<strong> Clío </strong>(Κλειώ), “la que ofrece la gloria”, madre de Jacinto, el fiel amigo de Apolo, musa de la Historia y que suele ser representada portando un libro abierto o un rollo de pergamino mientras toca la trompeta. Se dice que fue ella quien enseñó en Grecia el alfabeto de los fenicios. <strong>Erató </strong>(Ἐρατώ), “la amorosa”, musa de la poesía lírica, amante de Apolo, y que suele aparecer con una antorcha encendida, acompañada de un arco y de flechas doradas, tal como Eros, dios del amor, con una corona de rosas ceñida a su cabeza y sosteniendo el instrumento de la cítara mientras un par de tórtolas le picotean los pies. <strong>Euterpe </strong>(Εὐτέρπη), “la muy placentera”, musa de la música, inventora del aulos (flauta doble) y que suele estar acompañada junto a otros instrumentos como el laúd y la guitarra, coronada de rosas y hojas de mirto y que funge como representante del buen ánimo. <strong>Melpóneme </strong>(Μελπομένη), “la melodiosa” era la musa de la tragedia, del ingenio y la imaginación. Su cabeza está encumbrada por una corona de pámpanos y alguna joya que la adorna, siempre cubierta de coloridas prendas, calzado alto, llevando una máscara de aspecto triste en una de sus manos, y en la otra un puñal ensangrentado (en otras versiones empuña un cetro), mientras reposa sobre una maza como símbolo de que el oficio del teatro requiere un compromiso para nada sencillo, así como de un gran talento. Triste, solitaria, descontenta a pesar de sus privilegios, y representante consumada del drama. <strong>Talía </strong>(Θάλεια), “la festiva”, musa de la comedia, anfitriona en festejos, sinónimo de abundancia, será la contraparte de su hermana Melpóneme. Con una mirada inquietante, pícara y divertida, Talía es representada con guirnaldas, calzando sandalias o borceguíes, y portando en su mano una máscara con una sonrisa dibujada. También fue amante de Apolo, y es asociada con los campos, los sembrados y la agricultura. <strong>Terpsícore </strong>(Τερψιχόρη), “la que deleita en la danza”, es la musa del baile, también la que vela por la educación, y suele representársele bailando y tocando el arpa. Es además la madre de las sirenas. Siempre vestida con prendas color blanco, <strong>Polimnia </strong>(Πολυμνία), “la de muchos himnos”, es la musa del canto. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio, reposando su brazo sobre una roca en actitud reflexiva, mientras un velo le cubre parte del rostro y su mirada profunda se posa en los cielos. Lleva algunas cadenas sujetas a su cuerpo, y a veces aparece con un dedo en los labios como señal de silencio y prudencia. Es la creadora de la geometría, la gramática y la lira. Finalmente la menor de las musas, <strong>Urania </strong>(Οὐρανία), “la celestial”, musa de las ciencias y especialmente de la astronomía, otra amante de Apolo que figura portando un ramillete de espigas en su mano derecha y en la izquierda un globo terráqueo, y a sus pies distintos instrumentos de medición como la brújula o el compás. El poder principal de las musas consiste en susurrar al poeta las palabras justas, medidas, mezcla de su conocimiento y sus ideas, otorgándole el disparador necesario para relatar sus pensamientos con elegancia y belleza. Así también aconsejaban a los reyes en el arte de gobernar y socorrían a los oradores en el arte de la retórica, como fuera el caso de Aristeo. La profecía era también un atributo por el que eran conocidas dado su cercanía con el dios profético de Delfos, su amado Apolo. Las musas figuran en los distintos mitos como personajes secundarios, compañeras del dios Dionisio en sus banquetes y con entrada disponible al Olimpo, haciendo apariciones eventuales, como cuando sirvieron de juezas en el duelo musical que tuvo Apolo contra su retador Masias, o cuando las nueve hijas del rey Píero, las Piérides, se atrevieron a desafiarlas en una competencia de canto, terminando convertidas en urracas y sus voces transformadas en graznidos. Otras que no salieron bien libradas después de encarar a las musas fueron las temidas sirenas, que recibieron como castigo el ser desplumadas de sus colas, plumas con las que luego se adornarían las musas con el fin de humillar a las ninfas oceánicas. El cantor Tamiris, hijo de Filamón y de la ninfa Argíope, fue otro personaje al que no le fue bien luego de retarlas y de perder en la contienda. Tamiris había propuesto a las musas acostarse con ellas si salía vencedor en un duelo de canto, pero finamente sería castigado con la ceguera por su <em>hibris, </em>que es como se conoce a la ambición desmedida<em>. </em>Al comienzo de una tarea artística es el momento preciso en que es debido evocarlas, nombrándoles y requiriendo de su consuelo, su gracia y profecía, para que acudan en auxilio de la empresa artística. Es así como a lo largo de la Historia han sido varios los filósofos y poetas que han invocado la asistencia inspiradora de las musas. El ilustre Heródoto nombró a cada uno de sus nueve libros de <em>Historias </em>con el nombre de cada musa. Para impulsar la “armonía cívica y el aprendizaje”, Pitágoras recomendó a los habitantes de Crotona que levantaran un templo en honor a las musas. Platón y Hesíodo también se refieren a las musas en algunos pasajes de sus escritos, y de este mundo antiguo nos queda la biblioteca de Alejandría, la cual se construyó alrededor de un <em>mouseîon </em>(museo), que es como se le llama al “altar de las musas”, y que estaba ubicado muy cerca de la tumba de Alejandro Magno. En tiempos modernos Dante clamará el auxilio de las musas en repetidas ocasiones, como en el caso de <em>La divina comedia, </em>cuando canta desde el Infierno: “¡Oh musas, oh altos genios, ayudadme! ¡Oh memoria que apunta lo que vi, ahora se verá tu auténtica nobleza!” O en el caso de Shakespeare con su obra <em>Enrique V, </em>y en cuyo prólogo podemos leer: “Quién me diera una musa de fuego que os transporte al cielo más brillante de la imaginación; príncipes por actores, un reino por teatro, y reyes que contemplen esta escena pomposa.” John Milton, Góngora, e incontables son los artistas que expresaron sus ansias de convocarlas para que alumbraran sus obras. Hicieron presencia en el antiguo arte romano y luego tuvieron que esperar para reaparecer en el Renacimiento y cobrar mayor fuerza con el Neoclásico, siendo notoria la figura de las musas en los relieves de los monumentos, o en las esculturas que suelen adornar las fuentes. En la Ilustración la mítica presencia de la musa se manifiesta en el arte, y hacia el siglo XVIII volverán a ser símbolo de inspiración divina, como el caso de una logia compuesta por intelectuales y célebres de la época como Voltaire, Franklin y Danton, que era conocida como <em>Les neuf sœurs </em>(Las nueve hermanas). A partir de ese momento la palabra “museo” servirá además para nombrar al lugar donde se recoge historia y conocimiento que quiere compartirse con todos. Safo de Lesbos y más tarde otra poetisa, Sor Juana Inés de la Cruz, fueron llamadas como la “Décima Musa”. Los nombres de las musas aparecen bautizando plantas, árboles, ríos y mariposas, y de diferentes formas se les ha representado en los cuentos, películas, animaciones y videojuegos, y en donde seguirán su tarea de alertar el asombro del artista y servir como un gatillo en su quehacer creativo.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 23 Jun 2023 22:58:35 +0000</pubDate>
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        <title>Hebe (Juventas)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Eternamente joven, Hebe pertenece a la segunda generación de los dioses olímpicos, y representa a sí misma la juventud eterna. Es cierto que entre las divinas y destacadas divinidades no era la más notable, opacada por la belleza de Afrodita o Atenea, o de la misma Hera y de Artemisia, la figura de Hebe no tendría tanta relevancia y a pesar de ser una de las diosas más veneradas en la antigüedad. Hija de Zeus y Hera, aunque algunos relatos sugieren que en su concepción no estaría involucrado el gran dios, ya que a Hera le bastó con comerse unas cuantas lechugas en compañía de Apolo para quedar preñada de la diosa. <em>La Ilíada </em>nos cuenta que la labor principal de Hebe en el Olimpo era la de escanciar el néctar en las copas de los dioses y asistirlos con la ambrosía y todos los demás platos de sus banquetes. Que no pasaran nunca incomodidades y estuvieran permanentemente asistidos en todos sus placeres. Homero señala que además asistía a Hera al momento de preparar los caballos de su carroza y tenía la tarea de bañar y vestir a su hermano Ares. Sus otros dos hermanos serían Ilitía y Hefesto. Pero su labor como copera llegaría a su fin luego de que Zeus no le perdonara su torpeza, y tras tropezar y derramar el néctar el dios Apolo decide relegarla de sus labores. Sería el príncipe troyano Ganímedes quien, raptado por Zeuz convertido en águila, pasaría a ocupar el puesto de copero oficial del Olimpo, y así como amante del gran dios. En <em>La Odisea </em>el poeta griego nos cuenta que Herácles, luego de haber sido envenendo por su esposa Deyanira y de haber limado sus rencillas con Hera, es consagrado a divinidad y pasará a formar parte del panteón olímpico. Así mismo, luego de su apoteosis, Herácles contraerá nupcias con la hija consentida de Zeus, y en especial de Hera, la intocable y virginal diosa Hebe, con quien tendría a los gemelos Alexiares y Aniceto, quienes gozaban de un atributo legado por su madre: quedarse niños para siempre. Juventas, como sería conocida luego por los romanos, constituye de esta manera un modelo de mujer casta que espera la edad adecuada para contraer nupcias. Mirada candorosa de ojos grises, pelo castaño, descomplicada, la diosa disfrutaba acompañando en sus bailes a las Musas y a las Horas que danzaban al son de la lira tocada por Apolo. Se reconoce como una presencia alegre entre los adustos dioses olímpicos, a veces torpe, inocente, de una personalidad curiosa, también rebelde y solitaria, y consentida por los cariños de sus padres. Se le representa vistiendo una toga sin mangas y portando una vasija dorada rebosando la bebida predilecta de los dioses. Hacia el año 430 a.C. Eurípides aportará otra leyenda relatándonos en su obra <em>Heracleidae, </em>sobre una Hebe que se inclinó por Iolaus (Yolao) favoreciendo a sus súplicas. Iolaus era un anciano que había sido amigo de Herácles, y que pidió el auxilio de la diosa para vengar el ataque a los heráclidos perpetrado por Euristeo. Hebe le concedió el don de volver a ser joven durante un día (algunos dicen que se trató de una hora), tiempo que le sería suficiente a Iolaus para poder lograr su venganza y asesinar a Euristeo. Tenía pues el poder de rejuvenecer, retardar el tiempo y también envejecer a su antojo, como lo haría con los hijos pequeños de Alcmeón, a quienes les concedería en un instante la edad adulta para que pudieran vengarse de Arsíone. Juventas hacía presencia en un ritual de iniciación a la edad adulta que solía celebrarse entre los romanos, y que sucedía cuando los mancebos llegaban a la pubertad y eran investidos con la toga viril como símbolo de su entrada en la adultez, sellando el ritual con la ofrenda y el tributo de una moneda de la época. A Hebe se le conferían otros poderes como aquel de transformarse en cualquier animal o persona, así como el don de la profecía. Velevaba por los jóvenes en el tránsito a la madurez, protegiéndolos de entidades oscuras como el dios Senectus (Geras para los romanos), personoficación de la vejez. Hebes tenía un altar cerca al de su esposo Herácles, en el Cinosargo, Atenas, y luego este altar pasaría a formar parte del templo consagrado a Minerva, Juno y Júpiter, restándole importancia a su figura pero indicándonos que su adoración antecede el culto al mismísimo Zeus. En la época del Imperio Romano las tradiciones y creencias en torno a ella seguían incólumes, convirtiéndose en la patrona de los colegios de jóvenes y de las instituciones militares. Puede llegar a confundírsele con una ninfa que lleva su nombre, y la cual según Higino sería convertida en una fuente por obra y gracia del dios Zeus, y cuyas aguas tenían la propiedad de rejuvenecer. Los artistas europeos del siglo XIX rescataron la figura de esta divinidad retratándola en sus cuadros y en muchas esculturas que se aprecian hoy día en distintos países. Estas representaciones suelen acompañar las fuentes de los jardines como una forma de darle al agua la connotación de la eterna juventud.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 14 Apr 2023 11:06:36 +0000</pubDate>
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        <title>Deméter</title>
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        <description><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Una de las doce deidades principales del Olimpo, “Diosa madre” o “Diosa distribuidora”, Deméter es la protectora divina de la agricultura y así mismo de la civilización y de la fecundidad. Su abuela fue Gea, la primera divinidad, y su madre Rea, y de ambas heredaría la tarea de custodiar la Tierra, y de allí deriva su nombre: <em>da </em>(tierra) y <em>mitir </em>(madre). Siendo hija del titán Crono, Deméter se convertirá así en la tercera generación femenina encargada de velar por los sembradíos y las cosechas y de guardar a los pastores y campesinos. Deméter simboliza entonces el ciclo de la vida, por lo que se le reconoce como la “portadora de las estaciones”. Los romanos la llamaron “Ceres”, y a veces su mito puede confundirse con la diosa Cibeles, venerada en la antigüedad en Asia Menor. Hermana mayor de Zeus, esta diosa fue una de las primeras divinidades a las que se les rindió culto, y su adoración data del siglo VII a.C., cuando Homero la citó en alguna de sus epopeyas, y algunas figuras de cerámica corroboran que ya en la Era Neolítica se le rendía devoción, siendo durante siglos la diosa más popular entre los campesinos, y su adoración se extendió por toda Grecia desde mucho antes de que apareciera el panteón olímpico. Se dice que fue la misma Deméter quien ordenó levantar en Eleusis un templo en su nombre y en donde se llevarían a cabo los rituales de iniciación conocidos como los misterios eleusinos, donde se homenajeaba a la diosa y a su hija ofreciéndole ciertos sacrificios. Los secretos del templo debían permanecer guardados, destacándose la historia de Melisa, quien se negaría a revelar el conocimiento de Deméter y por lo que sería torturada hasta morir. Deméter castigó a sus asesinos enviando una plaga de abejas que brotaron del cuerpo de Melisa, y como premio a su valentía y fidelidad las sacerdotisas que presidían las ceremonias serían conocidas como “melisas”. A Deméter solía representársele con la cabeza y el pelo de un caballo, y un cuerpo de mujer del que brotaban serpientes y otras bestias míticas que se asomaban por sus trajes de lujo. Montada sobre su carruaje, muchas veces acompañada de su hija Perséfone, también conocida como Core “la doncella”, y quien en los textos prehelénicos aparece invocada junto a su madre como <em>to theo </em>(las dos diosas). La cabeza de Deméter está adornada por una corona de espigas y en sus manos porta una antorcha y una hoz. La acompañaba un delfín, una paloma, la flor de la amapola y una cornucopia (aquel cuerno rebosante de frutos, granos, flores y toda clase de manjares que simbolizan la riqueza, la abundancia y la prosperidad). Sería esta diosa quien instruyó a los seres humanos en el oficio de la agricultura, enseñándoles a arar, recolectar semillas, sembrar los campos y cuidar de los cultivos. Tal vez el mito más conocido sobre Deméter es en el que aparecerá como protagonista junto a su hija Perséfone, apoyando esa figura maternal que cuidará de sus hijos sin importar el costo ni los sacrificios. Y así tuvo que sacrificarse la diosa cuando Hades, dios del inframundo, se enamorara de la hermosa Perséfone, y tras abrir un gran cráter en la tierra raptara a la hija consentida de Deméter. Leucipe, la oceánide que jugaba con Perséfone y que no intervino para evitar el secuestro de la niña, sería castigada por la diosa que la convertiría en sirena. La melancólica diosa de la fertilidad se sumergió en la congoja y estuvo deambulando nueve días sin comer ni beber, mientras intentaba dar con el paradero de su hija y la lloraba sobre la piedra Agelasta. Durante este tiempo la tierra fue invadida por la desolación y la esterilidad de sus campos. Hécate, diosa de la brujería, presentó a Deméter el dios sol, Helios, aquel que todo lo veía y que seguramente fue testigo del rapto de Perséfone, y quien efecto le confirmaría a la madre que su hija había sido casada con el mismísimo Hades, que ahora la mantenía retenida en el fondo de la tierra y la había convertido en la reina del infierno. Deméter abandonó el Olimpo tratando de encontrar las puertas del inframundo, descendió a los confines de la Tierra y asumió la figura de una anciana llamada Doso, y estando reposando junto a un pozo fue abordada por las hijas del rey de Eleusis, en Ática, el rey Celeo, a quienes mintió diciéndoles que provenía de Creta y que había sido liberada por un grupo de piratas que la habían tenido cautiva. El rey Celeo y su esposa Metarina acogieron con agrado a la anciana, e incluso Celeo le ofreció a Doso ser mentora de sus dos hijos varones: Demofonte y Triptólemo. En retribución a la generosidad demostrada por la familia real, Deméter quiso concederle a Demofonte la gracia de la divinidad, para lo cual lo embadurnó de ambrosía y sopló su milagro sobre el cuerpo del niño mientras lo sostenía en sus brazos. Para sellar el ritual de inmortalidad el pequeño tenía que ser quemado cada noche sobre carbones ardientes, ritual que Deméter seguía en secreto y hasta que finalmente fue sorprendida por Metanira. La madre se horrorizó al ver a su hijo ardiendo sobre las brasas al rojo vivo, y decepcionada porque los humanos ignoraran el valor del ritual, Deméter dejó a medio terminar su tarea de convertir a Demofonte en un ser inmortal y, en un gesto menos macabro, decidió enseñar a Triptólemo los oficios del agricultor. Se dice que fue por medio de Triptólemo que toda Grecia se enteraría del arte de la agricultura, cuando Deméter lo llevaría a todos los rincones a bordo de su carruaje alado y amparándolo como su madrina, y así lo demostró cuando castigó a Linco, rey de Escitia, quien atentó contra la vida de Triptólemo negándose además a enseñar el cultivo del trigo en su reino, y recibiendo como pena divina la transformación en lince. Deméter no logró encontrar a su hija, y fue entonces cuando Zeus, padre de Perséfone, decidió intervenir pidiéndole a Hermes que descendiera al Hades y rescatara a su hija. La misión de Hermes parecía haber tenido éxito, pero antes de abandonar el subsuelo Hades engaña a Perséfone y la invita a probar seis semillas de granada, aunque algunos sugieren que la doncella las comería sin que hubiera sido tentada por el mismo demonio, pero sea como sea las seis semillas servirían como un conjuro para que Perséfone tuviera que retornar cada seis meses al Tártaro y pasar junto a Hades el resto del año. Es así como cada seis meses Perséfone alegra con su presencia a Deméter, siendo las estaciones alegres, coloridas y florecidas del verano y la primavera, y luego seis meses de ausencia donde su madre se mostrará triste, mustia, marchita y fría como lo demuestran el invierno y el otoño. Deméter también tuvo otros amoríos y otros hijos, como Pluto y Filomelo, cuyo padre sería el mortal Yasión, hijo de Zeus y Electra, y que sería asesinado luego de que su celoso padre se enterara de la aventura con su tía. Así mismo sería asediada por el dios de los océanos, Poseidón, quien no se dejaría engañar cuando la diosa en su forma vacuna intentó ocultarse entre una manada de caballos del rey Oncos, y trasformado en toro Poseidón tomó a Deméter por la fuerza y le dio dos hijos: Despena, la innombrable, y un corcel de crines color azabache al que bautizó Arión. Aparece bendiciendo a Fítalo con el regalo de una higuera y como recompensa por haber cuidado de ella durante la búsqueda de su hija, y así también figura en el relato en el que Limos, dios de la hambruna, recibió el castigo de morar en las tripas de Erisictón para mantenerse siempre hambriento y esto porque el dios había talado un árbol. Se le emparenta con la diosa egipcia Isis, asociada con el cambio estacional y quien también buscaría en el inframundo a un ser amado, en su caso se trataría de su esposo Osiris, y en algún momento el mito grecorromano de Deméter empezaría absorbiendo a la figura de Isis, siendo así que las sacerdotisas egipcias debían también instruirse en las enseñanzas de la diosa griega de la agricultura. El Museo Británico de Londres conserva una vieja estatua de mármol que fue encontrada en la ciudad de Cnido, y decir por último a modo de dato que la palabra “cereal” deriva del latín “cerealis”, y esto como referencia a esta diosa llamada Ceres.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Feb 2023 00:41:34 +0000</pubDate>
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        <title>Ninfas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Escondidas en lo profundo de los bosques, algún desventurado podría llegar a cruzárselas, permitiéndose gozar de su encanto y de su belleza, pero sufriendo la desgracia de padecer algún mal, locura o enamoramiento, ceguera e, incluso, la muerte. No son seres malignos, todo lo contrario. Se tratan de presencias femeninas con potestad divina y que son las encargadas de dar vida, velar y animar las distintas manifestaciones de la naturaleza: ríos, lagos, mares, montañas, árboles, valles, cavernas… La cuestión es que son ellas quienes acuden en auxilio de animales y humanos, y no gustan ser sorprendidas de improviso por los hombres que, obnubilados por la tanta belleza, no podrán evitar reparar en ellas, mereciendo de esta forma un castigo por su indiscreción. Son representaciones de fertilidad y gracia, encargadas de la crianza de hombres y de la protección de animales, enfermeras solícitas capaces de curar toda suerte de dolencias, y dotadas de una hermosura impactante y divina. Suelen ser caracterizadas como bellas doncellas que aparecen casi siempre desnudas, luciendo una corona perlada sobre una larga cabellera color marina, de cuerpos esbeltos y lívidos que les permiten flotar y fluir con un desenvolvimiento supremo, así como transmutar y adquirir varias formas y figuras. Las ninfas solían estar presentes en las reuniones de los dioses olímpicos, y varias de estas eran incluso las hijas de algunos dioses, por lo que suele conferírseles el grado de deidad. Lo cierto es que si bien estos espíritus divinos gozaban de una prolongada juventud, no se trataba de seres inmortales, y el hecho de que pudieran morir las convierte en personajes que no corresponden ciertamente con los atributos de los dioses sempiternos. La palabra griega νύμφη (ninfa) significa “novia”, y aunque existen otras acepciones distintas, todas hacen referencia a un estado en el que la mujer está en edad de recibirse en matrimonio. Las primeras ninfas fueron concebidas por los primeros dioses, Gea y Urano, son hermanas de Afrodita, de las Furias y de los Gigantes, y a éstas se les conoce como las <em>melias</em> o <em>melíades</em>. Con ellas nace la Edad de Bronce, y a partir de allí las ninfas adquieren distintos nombres según el lugar del que se ocupan. Tenemos así en los cielos a las <em>auras, </em>las aladas hijas del viento; las <em>néfelas, </em>las nubes de las lluvias; las <em>auriae, </em>las encargadas de las brisas y también las <em>asteriae </em>que eran las ninfas de las estrellas. Las ninfas marinas son muchísimas, destacándose las <em>oceánides</em>, hijas de Océano y Tetis, las <em>náyades </em>y las <em>hidríades </em>que estaban presentes en las aguas dulces, y además de las cincuenta <em>nereidas </em>que habitaban en el Mar Mediterráneo<em>, </em>hijas de Nereo y de la oceánide Doris, y que se reconocen por portar un tridente y acompañar en sus empresas al dios de los mares, Poseidón. En los océanos también encontramos a las <em>sirenas</em>, únicas de las ninfas que tienen propósitos siniestros, ya que suelen encantar a los marineros con su melodioso canto, atrayéndolos al agua y en donde finalmente acabarán ahogándolos. Es por esto que algunos expertos toman medidas al respecto taponándose los oídos con cera caliente. En tierra encontramos a las <em>oréades, </em>guardianas de grutas y montañas; las <em>dríades, </em>protectoras de los árboles, las <em>atlántides </em>o <em>hespérides, </em>hijas del titán Atlas y custodias de la cordillera del Atlas, en África de norte; también son hijas de Atlas y de Pléyone las siete <em>pléyades</em>, famosas por ser parte de la corte de ninfas que acompañaban a la diosa Artemisa en todas sus empresas. En el inframundo nos encontramos con decenas de ninfas, destacándose las <em>lampadas </em>que portan antorchas y acompañan a Hécate, diosa de la brujería, y a quien Zeus le obsequiaría este séquito de ninfas por tratarse de una fiel aliada del Olimpo. Por último resaltar la presencia de las <em>musas</em>, que según las categorías de Hesíodo y Plutarco se trataban de nueve ninfas dotadas del poder de la profecía, y que eran quienes inspiraban la creatividad artística en sus distintas vertientes: la danza, el teatro, la música, la poesía. Las ninfas no aparecen como protagonistas de los mitos griegos, y sin embargo suelen rodear algunos de los principales seres olímpicos o emparentarse con reyes y dioses. Artemisa por ejemplo tenía por costumbre salir a cazar en compañía de unas sesenta oceánides; Poseidón se ve siempre rodeado de las nereidas<em>;</em> las <em>ménades</em> eran aquellas ninfas que solían servir a Dioniso en sus festejos; las hidríades asistían a la diosa Deméter y las <em>lamusideas</em> aparecen frecuentemente en los relatos del sátiro dios Pan; una ninfa llamada <strong>Maya</strong> tendría con Zeus al dios mensajero Hermes y también la nereide <strong>Tetis</strong> sería la madre de Aquiles y Temries, e incluso fueron las <em>thías </em>(ninfas abejas) quienes se ocuparon de la crianza del gran Apolo. En uno de los relatos de Herácles las náyades se manifiestan para frustrar los intereses del héroe, quien padeció la muerte de su amante Hylas, luego de que éste fuera engañado por las ninfas y acabara ahogándose en una fuente. <strong>Anfitrite</strong> es una nereida de las más antiguas, reconocida por sus celos desmesurados y acechada por el dios Poseidón, quien se enamoraría de ella cuando la vio bailando en Naxos junto a otras ninfas, y no vaciló para raptarla y procrear con ella al famoso dios Tritón, mensajero de los océanos. <strong>Galatea</strong> era otra nereida que habitaba en Sicilia, hija de Nereo y de la ninfa Toosa, y que debido a su encantadora belleza dejaría al cíclope Polifemo perdidamente enloquecido. Sin embargo Galatea no correspondía al cíclope ya que su corazón estaba con un pastor llamado Acis, hijo también de una ninfa y del dios Pan. El cíclope descubriría a estos amantes a orillas del mar y le daría muerte a Acis propinándole un golpe en la cabeza con una enorme piedra. Los dioses se apiadaron del dolor de la ninfa y convirtieron la sangre derramada de su amante en un río que hasta el día de hoy conserva el nombre de Acis. Otra ninfa reconocida por su historia con el dios del sol y de las artes, Apolo, es la dríade llamada <strong>Dafne</strong>, hija de la diosa Gea y del dios del río Ladón, de Arcadia. La leyenda cuenta que Eros, siendo burlado por Apolo, decidió vengarse de éste clavándole una de sus flechas de oro y enamorándolo de esta manera de Dafne, quien a su vez recibiría su herida con una flecha de plomo, lo que ocasionaba en la víctima el total desprecio por el amor. Apolo intentó de mil formas seducir a Dafne, y ante el acoso la dríade pidió el auxilio de los dioses, quienes la convertirían en un laurel para así evitar una acechanza continua del dios de las artes. Apolo arrancó algunas hojas del árbol y se fabricó una corona como un homenaje de su amor eterno, y de allí que la corona de laurel sea un símbolo del triunfo. <strong>Eco</strong> sería una oréade que fue criada por las musas, distinguida por su retórica y que se ensoberbecía de oír su melodiosa voz, y quien tendría la desventura de enamorarse del más apático y egoísta de los hombres, Narciso, un tipo vanidoso en exceso y que solía despreciar a cada una de sus pretendientes. Eco entretenía con su charla a Hera mientras Zeus se escapaba con sus amantes, y tras enterarse del engaño la diosa castigaría a la ninfa privándola de hablar, y limitándola a repetir únicamente la última palabra de su interlocutor. Eco logró encarar a su amado Narciso y éste le preguntó si era mujer, a lo que la ninfa solamente pudo replicar la palabra “mujer”. El pretensioso Narciso se burlaría de ella, y fue así como, desdichada, Eco se refugió en una cueva donde sería finalmente olvidada. <strong>Calipso </strong>fue la ninfa que hospedó en su isla a Odiseo luego de que el barco que lo llevara a casa naufragara, agasajándolo con todo tipo de banquetes y ropajes de lujo, esperando que éste desistiera de su campaña de retorno y se quedara a su lado. Fue así como consiguió que Odiseo retrasara su periplo y durante este tiempo tuvo con él dos hijos: Nausítoo y Nausínoo. Odiseo comenzó a extrañar a Penélope, su esposa, pero no conseguía desprenderse de las mieles de su amante, por lo que tendría que intervenir la diosa Afrodita quien le ofrecería a Odiseo la dotación de madera para que construyera una barca, así como los víveres suficientes para lanzarse de nuevo a la aventura marina. Se cree que la ninfa Calipso moriría de pena y desolación cuando fue abandonada por el héroe. <strong>Oenone </strong>era la ninfa que estaba casada con Paris, príncipe de Troya, y que vaticinó un desenlace fatal para su reino si Paris emprendía su viaje hacia Grecia, donde efectivamente conocería a Helena y, después de escaparse con ella, se desataría la mítica guerra contra los espartanos. Otra famosa ninfa es la dríade <strong>Eurídice</strong>, de quien el músico y poeta Orfeo se enamoró, siendo éste uno de los hombres más perseguidos y apetecidos por todas las ninfas. Eurídice muere luego de ser mordida por una serpiente, y Orfeo descenderá al Hades en su búsqueda, logrando rescatarla pero perdiéndola para siempre durante la huida, luego de que el poeta desacatara la instrucción de no mirar a su amada al rostro hasta tanto no abandonaran los infiernos, y tras lo cual Eurídice sería nuevamente arrebatada por los avernos. La palabra “ninfomanía” deriva de este mito, dado que Orfeo enloquecía a las ninfas con su canto, y en psicología hace referencia al desenfreno incontenible del apetito sexual, y aunque en la actualidad a dicha condición se le quiera cambiar el nombre por el de “hipersexualidad”. La palabra “nínfula” hace referencia a la niña precoz y avezada, tomando como referente a la <em>Lolita </em>de Nabokov, y en cuya novela el personaje mayor de Humbert Humbert suele llamar de esta manera a su amante adolescente. El encanto de las ninfas contrasta con el de la mujer sumisa, sirviendo como un modelo de libertad femenina que ejerció una grande influencia en el pensamiento del mundo antiguo. El culto de adoración incluía sacrificios de cabras y corderos, así como leche, vino y aceite. Su tributo se difundió a lo largo y ancho del territorio griego, y son decenas de estatuas y esculturas que pueden apreciarse casi siempre decorando las fuentes de las plazas. Incluso hoy día las ninfas hacen parte del folklor mitológico griego, y hay quienes aseguran haber sido testigos de un encuentro cara a cara con una de ellas. Por último mencionar que la palabra “nenúfar” proviene de la palabra “ninfa”.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 20 Jan 2023 22:54:35 +0000</pubDate>
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