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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Angola | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Diana Spencer “Princesa de Gales” (1968-1997)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental. Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“La Honorable”, título nobiliario de cuna de Diana Spencer, una aristócrata británica que nació muy cerca de la familia real inglesa, y de la cual años más tarde pasaría a ser una pieza fundamental.</p>
<p>Tras la muerte de uno de sus hermanos, el matrimonio de sus padres empieza a deteriorarse y para 1967 la pareja decide divorciarse. Cada quien encontraría otra pareja y fue así como Diana tendría una infancia en donde a momentos la pasó con su madre y su padrastro, y en otras ocasiones con su padre y su madrastra. Ella misma diría que recuerda su infancia como “muy infeliz”, y “muy inestable, todo.”</p>
<p><em>Lady Di</em>, es así como sería conocida luego de que a su padre se le concedió el título de noble, y de esta misma forma el mundo la conocería después. Sus estudios básicos quedarán a cargo de una institutriz, y a los 9 años sería internada en el instituto femenino Riddlesworth Hall School, y a los 14 años se uniría a sus hermanas en el West Heath Girls’ School.</p>
<p>No se destacó por ser una estudiante ejemplar. De calificaciones promedio, los intereses de Diana estarían más abocados al deporte y al arte, destacándose por sus interpretaciones al piano, sus dotes para el baile y sus buenas condiciones físicas para la natación y el buceo.</p>
<p>Para 1978 la niña acostumbrada a los privilegios se confrontaría ante un mundo más realista, mudándose a la capital inglesa, donde compartiría un departamento con su madre y algunos amigos. Por esta época la noble princesita estaría dedicada a ejercer algunos oficios que no figuraban antes en el prontuario de las reinas, más allá de los cuentos de hadas en donde la princesa, como es el caso, trabajará en labores de limpieza, anfitriona de fiestas, niñera, profesora de piano y asistente de guardería. Un accidente en esquí haría que Diana se alejara de una de sus grandes pasiones que era la de bailar. También tomaría algún curso de cocina, pese a lo cual no solía tomarse el tiempo para poner en práctica lo aprendido.</p>
<p>Para 1979 la madre de Diana premiaría la dedicación de su hija comprándole un departamento en el Coleherne Court en Earls Court con motivo de la celebración de sus 18 años.</p>
<p>Diana y Carlos se conocieron en 1977, cuando ella tenía 16 años y él estaba por cumplir los 30. Para ese momento era a su hermana a quien el príncipe pretendía, pero el destino terminaría por hacerlo mirar de soslayo y reparar en la joven doncella a la que parecía lucirle mejor la corona real.</p>
<p>La invitó a que lo viera jugar al polo, la llevó de paseo en sus yates de lujo, y le presentó sus mansiones y las otras posesiones que esperaban por ella si es que se decidía a darle el sí.</p>
<p>El príncipe la llevó ante sus padres, y los reyes quedarían encantados con aquella cándida rubiecita que llevaba en su sangre la estirpe de lejanos parientes reales de la Casa de los Estuardo por medio de Carlos II de Inglaterra, además que Carlos y Diana descendían de la Casa de los Tudor a través de Enrique VII de Inglaterra.</p>
<p>El noviazgo fue corto. Para comienzos de 1981, en el castillo de Windsor, el príncipe le propuso a Lady Di que fuera su esposa, y dos semanas después el mundo entero conoció a esa joven y simpática aristócrata que había conquistado al príncipe de Gales, legítimo sucesor y heredero al trono de Inglaterra, hijo de Isabel II, y a quien presentaba como a la futura reina de la Corona británica.</p>
<p>Diana abandonó su trabajo como asistente de guardería (siendo así la única novia real que hubiera tenido un trabajo) y se mudó a Clarence House, lugar de residencia de la Reina Madre, pero al poco tiempo se trasladaría al palacio de Buckingham para ponerse al frente con los preparativos de una boda de ensueño, y tras lo cual se convertiría en la primera mujer inglesa en casarse con el próximo sucesor al trono desde que Jacobo II y Anne Hyde contrajeron nupcias unos 300 años atrás.</p>
<p>Ella misma eligió su anillo de compromiso. Lucía esplendorosa, con un vestido de casi 8 metros de largo que hoy estaría valorado en unas 35.000 libras esterlinas. La boda, debido a la gran cantidad de asistentes, se realizó en la catedral de San Pablo de Londres, en cuyas puertas esperaban más de 600.000 espectadores para ver desfilar a los recién casados, y que a través de las pantallas sería presenciada por más de 750.000 televidentes alrededor del mundo. Al momento de los votos, Diana equivocó el orden de los nombres de su futuro marido, pero más revuelo causaría el que no asumiera el acostumbrado “voto de obediencia” que tradicionalmente la reina rinde ante su rey.</p>
<p>Una vez oficiada la boda, y con tan solo 20 años, Lady Di adquiría el título oficial de “Princesa de Gales”, convirtiéndose en la tercera mujer con más poder dentro de la Corona, luego de la Reina Isabel II y de la Reina Madre. Unos años después Isabel mostró la inclusión plena de Diana a su familia legándole la dinástica reliquia conocida como la “Tiara del nudo del amante de la reina María”, o también como la “Tiara de los enamorados de Cambridge”, además de concederle la insignia de la Orden de la Familia Real de la Reina Isabel II.</p>
<p>En 1982 la princesa anuncia que en su vientre anida el segundo en la sucesión al trono después de su padre, un varón al que ella misma eligió el nombre de William de Sussex, y que estuvo a punto de interrumpir esta línea sucesoria luego de que Diana sufriera un accidente al caer por unas escaleras. Para ese entonces ya la princesa comenzaba a mostrar su descontento con ese estilo de vida que parecía haberle sido impuesto. Años más tarde confesó que ella misma había provocado el accidente en un intento por generarse un aborto, ya que se sentía “tan inadecuada” para la responsabilidad de ser hija del futuro rey de los ingleses.</p>
<p>Por aquellos años Diana Spencer comenzaba a ser uno de los focos más apetecidos de los lentes de los paparazis y su vida parecía ser narrada por la prensa mundial como si se tratara de un reality show. Los fotógrafos la asediaban a donde fuera, siendo retratada infraganti en una playa mientras lucía un bikini en estado de gravidez, y por lo cual Isabel se pronunciaría llamándolo “el día más negro en la historia del periodismo británico.”</p>
<p>Antes de que llegara su segundo hijo, Lady Di tuvo que reponerse de una tremenda depresión, para finalmente dar a luz al príncipe Harry, que nacería en 1984, y cuya presencia en la vida de sus padres haría que la pareja fortaleciera sus lazos.</p>
<p>La princesa quiso encargarse con dedicación a la tarea de educar a sus hijos, para lo cual eligió el modelo que creyó lo más conveniente para su formación intelectual, social y cultural: la normalidad. Diana procuró que los privilegiados herederos del trono conocieran de primera mano las necesidades de su pueblo y se confrontaran ante la enfermedad y la vejez, para lo cual solía llevarlos a visitar hospitales, orfanatos, hogares geriátricos y centros de rehabilitación, educándolos en valores humanistas y despertando en ellos una filosofía filantrópica.</p>
<p>Así mismo quiso que su educación académica no gozara de mayores privilegios, por lo cual William y Harry asistieron a escuelas secundarias de Londres, luego de que en su infancia hubieran sido formados por institutrices escogidas por su propia madre. Diana llevaba a sus príncipes al colegio como lo haría cualquier otra madre en todas partes del mundo.</p>
<p>Ella misma se encargaba de vestirlos con las prendas que cualquier niño inglés del común portaba según la moda del momento, los llevaba a comer a restaurantes de comida popular o a pasear por parques públicos, y planeaba salidas y vacaciones a lugares concurridos donde sus hijos pudieran también sentirse como un turista más y llevar la infancia de un niño común y corriente, una vida normal.</p>
<p>La princesa de Gales comenzaría sus labores al interior de la Corona representando a la reina en sus viajes internacionales, visitando los reinos de la Mancomunidad y ganándose el cariño de las personas a las que saludaba, así como el de la prensa que la seguía a donde fuera y sabía contar su historia como si de una princesa encantada se tratara.</p>
<p>Muy pronto sus intereses filantrópicos comenzarían a romper con el molde tradicional de la princesa alejada de la realidad social de su pueblo, y es así como la veríamos emprendiendo campañas de todo tipo y definitivamente poco convencionales al tratarse de tan distinguido personaje.</p>
<p>Es por esto que el mundo la vio abrazando a un paciente con SIDA en un intento por demostrar que no hay una amenaza de contagio de la enfermedad por un simple contacto físico, ayudando de esta forma en la desestigmatización de estos pacientes. Luego de haberse reunido en Sudáfrica con Nelson Mandela diría: “El VIH no hace que sea peligroso conocer a las personas. Puedes estrecharles la mano y darles un abrazo. Dios sabe que lo necesitan.” Así también apoyó a las personas infectadas con lepra y, sin escrúpulos, y pese a que su suegra mostrara su disgusto y le recomendara dedicarse a “algo más placentero”, Lady Di declaró: “Siempre ha sido mi preocupación tocar a las personas con lepra, tratando de mostrar con un simple acto que no se les vilipendia, ni se les repugna.”</p>
<p>La caridad de la princesa era llevada a distintas problemáticas: creó centros de asistencia y rehabilitación para drogadictos y albergues para personas sin hogar, porque “merecen un comienzo decente en la vida”, acusaría. De la misma forma apoyó las causas benéficas para discapacitados físicos y enfermos de cáncer, y prestó un interés particular en la salud mental y en las enfermedades psicológicas: “Se necesita profesionalismo para convencer a un público que duda de que debe aceptar entre ellos a muchos de los diagnosticados como psicóticos, neuróticos y otros enfermos que las comunidades victorianas decidieron que debían mantenerse fuera de la vista en la seguridad de las instituciones mentales.”</p>
<p>Entre sus tantas causas altruistas se le recordará principalmente por haber sido una abanderada en la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona, y cuya participación sirvió para la aprobación del Tratado de Ottawa, y así también para que dicho emprendimiento ganara luego de su muerte el Premio Nobel de la Paz. A Diana la vimos con un chaleco antibalas caminando por los territorios minados en Angola, y ante las dificultades que acarreaba la extrema protección de tan aventurada princesa, el Ministerio de Defensa británico declararía que Lady Di se trataba de una “bala perdida”.</p>
<p>En algún momento confesó: “Me resulta difícil hacer frente a las presiones de ser princesa de Gales, pero estoy aprendiendo a sobrellevarlo.” Pero nada de eso. El pueblo creía en su princesa y adoraba como venía encarando su propuesta de renovar la Corona de los ingleses. Diana había cautivado a todo el mundo. Su sencillez, carisma y una timidez que no dejaba de lado, harían que el pueblo inglés estuviera encantado con la futura reina; su popularidad lograba el tope, y para entonces también se había consagrado como una agraciada figura pública internacional.</p>
<p>Sin embargo en su vida personal, al interior de los palacios, en la intimidad de su alma de princesa, las cosas no parecían contar la misma historia de cuento de hadas. Todo el mundo lo sabía: la relación entre Diana y Carlos nunca marchó del todo bien, y las discrepancias y disconformidades irían acentuándose con el pasar de los años.</p>
<p>La diferencia de edad generó un distanciamiento natural, y aparte de que Carlos nunca dejaría de querer a su exnovia, Camilla Parker Bowles. Fue así como después de cinco años de casados la pareja decide distanciarse. El príncipe reanudó su relación con Camilla, a quien en alguna ocasión Diana encararía personalmente para señalarla de haber sido la causante de que su matrimonio se viniera a pique. “Bueno, éramos tres en este matrimonio, así que estaba abarrotado”, diría años más tarde. Por su parte, la princesa se involucraría en una relación amorosa con un antiguo profesor de equitación de quien se sentía enamorada.</p>
<p>En adelante sería pelear por la custodia de los hijos, incriminar al otro de infidencias y deslices, como el que se le achacaba a Diana con uno de sus guardaespaldas, con un jugador de rugby, con un coleccionista de arte, con un inversor privado, y cualquier otra excusa para justificar de parte y parte la inevitable separación.</p>
<p>Las familias intentaron reconciliarlos pero fue inútil. El mundo empezó a conocer los detalles íntimos de la Corona y que serían develados a través de entrevistas. Diana declaró para la BBC que Carlos “me hizo sentir tan inadecuada en todas las formas posibles, que cada vez que salía a tomar aire, él me empujaba hacia debajo de nuevo.” La princesa aprovecharía para denunciar la discordia subrepticia que existía entre ella y la familia real, e incluso se atrevió a manifestar que Carlos no era una persona idónea para encarar un día los asuntos de un rey, proponiendo sin temor una monarquía que intimara más con la gente, por lo que en adelante muchos la conocerían como “La princesa del pueblo”.</p>
<p>Todos conocimos entonces la historia de una princesa solitaria encerrada en su jaula dorada, atormentada por la depresión y la bulimia, realizándose cortes en la piel, por lo que muchos han coincidido en que la princesa sufría un cuadro de trastorno límite de la personalidad.</p>
<p>Para ese momento ya Diana había denunciado el acoso permanente que sentía por parte de la prensa y los paparazzis. Sin embargo sus revelaciones, y el tema que se avecinaba con el complicado divorcio de dos futuros monarcas, harían que su imagen se convirtiera en la comidilla diaria de la prensa nacional e internacional. La princesa se había rebelado y ahora parecía emprender una batalla a solas contra uno de los más poderosos imperios de la historia.</p>
<p>Ya nadie quería insistir, y absolutamente todos recomendaban el definitivo divorcio legal, siendo así que para 1996 la pareja finalmente concreta su separación oficial. Firmaron un acuerdo en el que pactaban no dar a conocer detalles de su divorcio ni hacer públicas sus historias matrimoniales. La princesa recibió lo que hoy representarían unos 33 millones de libras esterlinas, y una dote anual de 400.000.</p>
<p>La princesa conservó sus dominios y siguió viviendo en el Palacio de Kensington. Mantuvo las mejores relaciones con la familia real, tratando de que sus hijos no se distanciaran de sus abuelos ni de las responsabilidades que como príncipes les competían. En todo caso la princesa tendría que regresar la “Tiara de los enamorados de Cambridge” a Isabel, gesto que realizó sin presentar objeción alguna.</p>
<p>Al momento de la separación Diana renuncia a su título de “Su Alteza Real”, quedándose con el que el mundo prefería: “Princesa de Gales”. Ya Diana había sido advertida por el rey consorte, Felipe, el esposo de Isabel, quien la amenazó diciéndole: “Si no te portas, mi niña, te quitaremos el título.” Y a lo que ella respondió: “Mi título es más antiguo que el tuyo, Felipe.” Y es que su hijo seguía conservando su derecho legítimo como aspirante al trono, por lo que la madre pudo seguir disfrutando de las prebendas conferidas a los demás miembros de la familia. Diana comenta que siendo un niño su hijo William le diría respecto a la pérdida de su título: “No te preocupes, mamá, te lo devolveré algún día cuando sea rey.” De esta manera Lady Di se convertía en la primera princesa no real de la historia de la Corona inglesa.</p>
<p>Luego de su divorcio la princesa dejó de lado su participación en más de cien instituciones benéficas, lo que no significaba que abandonara sus tareas filantrópicas. Su figura llena de esplendor era noticia de rutina, toda vez que le veíamos en orfanatos y asilos para ancianos, en hospitales y centros de rehabilitación, en la inauguración de una biblioteca o de una academia artística, y como imagen de decenas de campañas que apoyaran cualquier iniciativa por hacer de este mundo un mundo más llevadero.</p>
<p>Ella por sí misma se había convertido en un referente de la belleza femenina, y así también un ícono de la moda, el glamur, la sofisticación, y una delicada y sencilla elegancia que deslumbraba a cualquiera. Muchos se atreven a destacarla como la mujer más famosa y la más fotografiada en la década que comprende entre 1980 y 1990.</p>
<p>En 1983 el Ejército de Liberación Nacional de Escocia atentó contra su vida por medio de una carta bomba que por fortuna sería descubierta. Para 1987 sería condecorada con la Libertad Honoraria de la Ciudad de Londres, y un año más tarde se convertiría en patrona de la Cruz Roja Británica. Ese mismo año de 1988 la inagotable y enérgica princesa asistió a casi doscientos eventos, superando esa cifra con el doble de compromisos para el año de 1991.</p>
<p>Con Carlos tendría que viajar por los cinco continentes, donde visitaron figuras notables como el Papa, el Dalai Lama y a varios gobernantes, jeques árabes, presidentes y primeros ministros. En 1992, en India, se recuerda el encuentro que tuvo con la monjita de Calcuta que se convertiría también en su amiga, la conocida ya en todo el mundo como la Madre Teresa. Ese mismo año se entrevistó en Francia con François Mitterrand, y un año más tarde, cansada de trasegar, anunció que desistía de tanto ir y venir porque anhelaba “hacer un regreso parcial”. Sin embargo un año después la veríamos saludando al emperador japonés Akihito y a su esposa Michiko mientras inauguraban en Tokio el Hospital Nacional de Niños, y más tarde continuaría su peregrinaje a solas por Rusia, Bélgica, Suiza, Italia, Nepal, Zimbabue, Argentina…</p>
<p>La princesa fue galardonada y condecorada de premios alrededor del mundo. Unos días antes de su fatal accidente, había estado visitando Bosnia y Herzegovina, y así se la hubiera pasado de no haber sido por ese encuentro fatídico.</p>
<p>Hacia 1996 Diana habría estado involucrada en una relación con el británico de origen pakistaní, el cirujano cardiaco Hasnat Khan, con quien tuvo una relación de casi dos años y que supieron ocultar a los medios. Se desconoce el porqué de su final, pero muchos sugieren que este corto romance con quien Diana llamaba <em>“Mr. Wonderful”</em> habría representado para la princesa el “amor de su vida”.</p>
<p>Muy pronto comenzaría un romance con Dodi Al-Fayed, un millonario que la invitaría a visitar a su familia en el sur de Francia, y en donde a través de paseos en su yate Jonikal de 60 metros e invitaciones de todo tipo, no solo sabría ganarse el cariño de la princesa sino también el afecto de sus hijos.</p>
<p>El 31 de agosto de 1997, en París, en la costa norte del río Sena, Dodi Al-Fayed y la Princesa del pueblo atravesaban en coche el túnel del Pont de l’Alma. El conductor conducía a alta velocidad tratando de escabullirse y dejar de largo la multitudinaria y asfixiante caravana de paparazzis, que en un intento por captar alguna fotografía de la pareja acosaban sin tregua persiguiendo al coche. El conductor dejó atrás la caravana pero no pudo esquivar una bifurcación al interior del túnel y el automóvil impactó de frente contra el concreto. Al accidente solamente sobrevivió el guardaespaldas de Diana, quien en esta oportunidad no pudo hacer nada para custodiarla.</p>
<p>Millones de personas en todo el mundo siguieron a través de las pantallas el funeral de una princesa, y el rating de audiencia televisiva alcanzó un pico inédito logrando una cifra récord de espectadores.</p>
<p>En adelante Lady Di cobraría un aura mítica, y su muerte se vería envuelta en una serie de escándalos y controversias que sugerían un asesinato planeado por parte de la Corona, conspiraciones de todo tipo, y toda clase de teorías como la de cortar los frenos del coche para ocasionar el accidente.</p>
<p>La Reina Isabel se tomó un par de días para pronunciarse en público, acompañando de cerca al par de príncipes huérfanos, mientras preparaba un funeral discreto, y que tendría que cambiar por reclamo del pueblo a un verdadero funeral de Estado, celebrado en el Palacio de Buckingham y con todos los honores que merecía cualquier reina. Personalidades de todo el mundo asistieron a su funeral y muchos otros emitieron sus comunicados de pésame a los seres más cercanos a la difunta. Le pusieron entre sus manos un rosario que le había dado la Madre Teresa. Fue velada en la Abadía de Westminster y en todo momento el féretro permaneció cerrado, el cual había sido escoltado por la marcha penosa de sus dos hijos que lo secundaban junto a su padre, el Duque de Edimburgo y el hermano de Diana.</p>
<p>Uno de los momentos más emotivos sería cuando el amigo personal de Diana, el afamado músico británico Elton John, interpretaría por primera vez en vivo la famosa canción que dedicaría a la princesa: <em>Candle in the wind 1997. </em>El éxito de la canción logró un impacto en ventas, y las utilidades fueron destinadas a impulsar las causas benéficas que defendía Diana. Así también muchos de sus vestidos y varias de sus pertenencias serían subastados en Londres y New York, y el dinero recogido de las ganancias tendría el mismo propósito.</p>
<p>Su entierro sería finalmente en privado, y hoy sus restos descansan en alguna isla cercana al continente europeo. La herencia que en su momento dejaría a sus hijos sería un poco más de 20 millones de libras esterlinas. Muchos serían los homenajes, condecoraciones, títulos y distinciones que le serían conferidos de manera póstuma. Son varias las películas, series, libros y documentales que nos cuentan sobre su historia. Su presencia en el mundo parecería aún latente, su cuento de princesa real, del pueblo, una princesa que rompió los cánones y tradiciones milenarios, ha servido como fuente de inspiración para millones de mujeres en el mundo que no nacieron para ser reinas, pero que entienden de gobernarse.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 12 Apr 2024 06:53:26 +0000</pubDate>
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        <title>Brujas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que tenían la misión de guardar los sapos con los que las “maestras” preparan los ungüentos que las hacen volar. A los seis años son seducidas con golosinas y promesas para que abjuren de la fe de Cristo, luego de lo cual se realizará una ceremonia que celebrará la apostasía y que será presidida por el demonio en su figura de macho cabrío: un hombre barbado con aspecto de cabra, de ojos saltones color azabache, garras corvas como de ave de rapiña, con cola de asno y coronado con un par de cuernos. La “maestra” presenta a su “novicia” al macho cabrío con el siguiente rezo: “Señor, ésta os traigo y presento.” La niña se hinca de rodillas ante el diablo, acepta a Satán como su Señor Dios y rechaza su antigua fe con la siguiente oración: “Reniego de Dios, de la Virgen, de todos los santos, del bautismo y confirmación, de ambas crismas, de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos.” La nueva bruja besa la mano izquierda del diablo, así como su boca y su pecho, encima del corazón, y a continuación besará sus genitales para rematar con el “ósculo infame”, el acto de besarle puntualmente en el ano. Acto seguido, Satán la marcará con sus uñas del lado izquierdo de su cuerpo con una señal que le dejará una cicatriz imborrable y cuyo dolor perdurará durante mucho tiempo. La conmemoración acabará con un festejo en compañía de otras brujas que bailarán al son del tamborino y la flauta, y finalmente la nueva bruja es ungida por todo su cuerpo con un menjurje hediondo de color verdinegro antes de ser llevada a dar un paseo por los aires. La <em>notchnitsa</em>, que así las llamaban antaño en los Balcanes, eran las brujitas que atormentaban a los niños en sus habitaciones durante las noches, y a quienes bastaba la presencia de un adulto para que se esfumaran mágicamente. Y es así como en adelante la pequeña bruja tendrá que ganarse un prestigio, realizando todo tipo de maldades como atacar a las personas y a los ganados, destruir las cosechas y proferir blasfemias y otra clase de fechorías, hasta el momento en que obtendrá licencia para ser ella misma quien preparará sus propias pócimas, ponzoñas y polvos, podrá volar y también compartir de tú a tú con el mismísimo demonio, a través de una consigna que dice: “Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonios.” La categoría más alta la adquieren las más ancianas y expertas que gozan de los afectos y cariños de Satanás, y que servirá como un órgano consultivo que actúa en compañía de media docena de diablillos que rodean siempre a su Dios. Adivinas, pitonisas, hechiceras, clarividentes, expertas en la nigromancia y en el arte del ocultismo, la imagen de las brujas varía según la época y la cultura. Las encontramos retratadas y sus historias están descritas en cuentos, novelas, películas, e incluso en quienes testimonian haberse cruzado con una de ellas. Acompañadas de sapos, serpientes, ratas, arañas, búhos y cuervos, liebres y el infaltable gato negro, una cohorte de mujeres se convoca en un aquelarre celebrado en cementerios o en la profundidad de los bosques, junto al fragor de una hoguera, gozando de un festejo pagano por medio de rituales satánicos, reunidas en conciliábulos donde a través de magia negra invocan al maligno. Ancianas decrépitas que viven aisladas junto a pantanos y lagos fangosos, de aspecto cadavérico y con la piel de un color verdoso, con narices prominentes en las que realza una abultada verruga, desdentadas y de risas agudas, burleteras y macabras, vistiendo una toga negra y portando sobre sus cabezas un sombrero puntiagudo, trepadas en sus escobas mientras surcan los cielos durante la luna llena o agregando un par de alas de murciélago a su pócima mágica, conjurando un hechizo maléfico junto a una caldera donde se cocina la medicina siniestra, el encantamiento diabólico, el mal de ojo, el brebaje demoníaco capaz de corromper y pervertir. Se dice que podían volar y que tenían el poder de metamorfosearse en cualquier animal, virtudes que les servirían para ocultarse y llevar a cabo sus propósitos funestos. Quizás por el culto a Artemisa (Diana para los romanos), diosa griega emparentada con la luna, las brujas eran asociadas a la luna llena y se dice que es durante el plenilunio cuando alcanzarían su máximo poder. La palabra en latín para denominar a la bruja es <em>maleficae, </em>término con el que fueron conocidas en Europa durante toda la época del Oscurantismo y hasta entrada la Edad Moderna. En inglés se les conoce <em>“withc”, </em>en italiano <em>“strega”, </em>en alemán <em>“hexe”, </em>en francés <em>“sorcière”, </em>y decir que la palabra en español, “bruja”, es de una etimología incierta y desconocida. En la Biblia la aparición de la bruja será ocasional, condenadas por Moisés y presentes en la historia de Saúl, quien consultó a una bruja en En-Dor para que le ayudara a comunicarse con el difunto Samuel. En la antigua Grecia la mítica diosa <strong>Hécate</strong>, asociada a la brujería, era invocada a través de ceremonias para que auxiliara a sus devotas en todos sus encantamientos. En la mitología Tesalia era el lugar oscuro donde moraban las brujas, destacándose tres como las más reconocidas: la desgarbada y horripilante <strong>Erictho </strong>con cabellos de serpientes, que habita junto a las tumbas y que sólo sale en noches lluviosas para comunicarse con los muertos; <strong>Pamphile </strong>que aparece descrita por Lucio Apuleyo en <em>El asno de Oro, </em>y quien tiene el poder de metamorfosear a los jóvenes en piedras o animales; y la bruja <strong>Canidia</strong> que se entera de todo lo que sucede al interior de los infiernos. Lo cierto es que la brujería ya era temida y condenada desde tiempos lejanos, remontándonos a la <em>Lex Cornelia </em>que prohibía las prácticas brujeriles castigándolas con la muerte. Hacia comienzos del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al 511, promulgaría otra fuerte ley en contra de las brujas y brujos y que sería conocida como <em>Lex Salica, </em>y hacia el 780 el mismo Carlomagno tipificaría en sus códigos de leyes una condena de prisión a quien fuera juzgado de brujería, además de severos castigos físicos. A lo largo de estos siglos el mundo se vería inundado de relatos verbales y cuentos escritos que describían a las brujas como personajes maléficos, ligadas al demonio, y en donde empezaba a detallarse toda clase de conjuros y reuniones, siendo la más común la ceremonia conocida como <em>Sabbat. </em>Dicho ritual consistía en abjurar <em>in totum </em>de los dogmas cristianos para ser rebautizadas en la fe de Satán, quien finalmente las estigmatizaría con su marca, sellando así un pacto en el que ambas partes se prometían y obligaban: el diablo concedería toda clase de riquezas y poderes mientras que la bruja se mantuviera siempre sumisa a cumplir sus órdenes, además de entregarle su alma para que dispusiera de ella después de morir. El <em>Sabbat </em>pudo haberse derivado de las antiguas fiestas dionisiacas consagradas al dios romano Baco, dios cornudo que se asociaba al festejo, a lo orgiástico y a la ebriedad, a todo lo carnavalesco y especialmente al vino, y también encarnado en otras figuras míticas como Pan o Mithra. Fue a comienzos de la Edad Media que el dios cornudo sería considerado como el propio diablo y sería conocido como Satanás o Lucifer. Tiempo después el ritual pagano del <em>Sabbat </em>pasaría a ser como una especie de “misa negra”, versión renovada del <em>Sabbat</em> y cuyo culto era consagrado a la devoción de demonios como Diane o Hérodiade. En un principio las mujeres acusadas de brujería serían conminadas a confesar sus culpas bajo torturas, logrando que de esta manera la sociedad se convenciera cada vez más de la existencia real de las brujas, y haciendo que su temida fama se difundiera por toda Europa. Para el siglo XIII el papa Inocencio VIII en contubernio con los sacerdotes dominicos daría inicio a una naciente persecución inquisitorial contra las brujas, castigándolas por el cargo específico de herejía. Sin embargo la persecución acérrima contra las brujas, y que se prolongaría durante cuatro siglos, empezaría en 1326 cuando el papa Juan XXIII promulgara una bula pontificia. La cacería se concentraría principalmente en mujeres, ya que la iglesia consideraba al hombre como un servidor elegido por Cristo, siendo así que la mujer, más débil e inferior que el hombre, estaría más propensa a inclinarse por el adversario maligno, y por lo cual en su momento se calculaba un millar de condenadas por cada hombre castigado por el cargo de brujería. El estereotipo de la bruja se reafirmó después de los juicios de la década de los veinte del siglo XV, y ese mismo año con los tantos tratados demonológicos como el escrito por un par de dominicos y conocido como el <em>Malleus maleficarum </em>(Martillo de las brujas), y del cual se imprimirían más de treinta mil ejemplares a lo largo de los siguientes dos siglos. También los predicamentos teológicos de San Bernardino de Siena y las aseveraciones de varios tribunales de justicia acabarían formando una imagen más definida de la bruja, todos estos consolidando su existencia y describiendo con detalle los rituales satánicos que solían celebrarse en lugares alejados del centro urbano o en cementerios donde profanarían las tumbas. Para 1484 la Iglesia Católica reconoce la existencia de la brujería por medio de la bula apostólica <em>Summis desiderantes affectibus. </em>la asociación de la brujería como un crimen de carácter sexual cobraría rigor hacia el siglo XVI, momento en el que ya eran comunes los distintos suplicios a los que eran sometidas las condenadas, y que puede apreciarse en varios grabados alemanes de comienzos de siglo en los que se representan ahorcamientos y decapitaciones, mutilaciones de miembros y brujas ardiendo en las hogueras. En todo tiempo también se contaría con un puñado de personas racionales que se atrevieron a pronunciarse en contra de semejante delirio colectivo, como el caso del valiente y muy cuerdo barón Michel de Montaigne, quien para 1563 escribiría que muchas de estas mujeres pudieran tratarse de mujeres afectadas de “locura”. Para 1571 el Santo Oficio establece por decreto real un tribunal inquisitorial en la Nueva España que le permitiera proceder con legalidad en su persecución de brujas por territorios americanos. En un comienzo los procesos eran dirigidos por el clero, pero tiempo después cualquier laico podía encargarse de llevar a cabo una persecución propia. En 1599 el rey Jacobo I de Inglaterra estableció la vil práctica de pinchar en el ojo a la mujer sindicada de brujería, y en caso de que sangrara quedaría comprobada su indiscutida culpabilidad. Los siglos XVI y XVII las brujas sufrieron la más intensa, terrorífica y sanguinaria persecución, en lo que muchos calculan cobró la vida de unas cien mil almas. La mayoría de víctimas de la Inquisición eran provenientes de familias rurales de bajos recursos. No sólo las mujeres eran condenadas a muerte, ya que era común el castigar con la misma pena a sus hijos, y en especial si se trataba de niñas. Se empleaban jugarretas innobles para determinar la culpabilidad de las sindicadas, como aquella conocida como <em>Hekseenwag </em>(“balanza de las brujas”), y que consistía en echar a la sindicada a un río con los pies y manos atados, y si flotaba es porque ciertamente se trataba de una bruja (ya que estas desalmadas poseían un peso liviano como un pájaro), y en cuyo caso sería rescatada para quemarla viva en una hoguera. Difícil demostrar su inocencia, ya que de igual manera, y en caso de no flotar, la condenada acabaría ahogándose, demostrándose de esta forma su lamentada y tardía inocencia comprobada. Pero no sería sino hasta fines del siglo XVII cuando comenzó a cuestionarse a nivel de sociedad esta práctica que cada vez perdía más su sentido. Para 1602 el pastor reformista Anton Praetorius saldría en defensa de las brujas condenando la tortura a través de un texto titulado <em>Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas. </em>En Francia Louis XVI derogó la condena de pena de muerte y dejó como máximo castigo por brujería el destierro o el exilio; en 1692 en Estados Unidos un jurado de Massachusetts pidió perdón por los Juicios de Salem firmando un arrepentimiento público y comprometiéndose a nunca volver a repetir tan deleznables sucesos; Inglaterra abolió la legislación respecto a la brujería en el año de 1736 y aunque en 1808 se reportaría el último ahorcamiento de una bruja en territorio inglés. Jules Michelet, en 1862, tendría la iniciativa de redimir la figura de la bruja por medio de un libro donde pretendía componer un “himno a la mujer benefactora y a la vez víctima”, una rebelde y una revolucionaria de todos los tiempos, atreviéndose a señalar a la Iglesia Católica como la promotora de la “caza de brujas”, y defendiendo su obra como un escrito de contenido histórico y no un producto de la ciencia ficción. Un verdadero genocidio, una histeria o esquizofrenia colectiva, un feminicidio masivo, un machismo exacerbado que se prolongaría durante siglos, un crimen contra la humanidad que costó la vida de figuras notables como la de <strong>Juana de Arco</strong>. Y así también destacar otras brujas que han tenido un amplio reconocimiento a lo largo de la historia. En 1324 encontramos a <strong>Alice Kyteler, </strong>quien poco pudo hacer para defenderse ante el obispo de Ossory, convirtiéndose en la primera irlandesa en ser condenada por brujería. Una de sus sirvientas atestiguó que Alice solía sacrificar animales vivos en una suerte de ritual demoniaco. Se le inculpaba luego de haber enviudado en cuatro ocasiones bajo sospecha de envenenamiento, pero finalmente conseguiría escapar de su país. En 1593<strong> Maria Holl</strong>, conocida como la “Bruja de Nördlingen”, fue una de las primeras mujeres en lograr defenderse y hasta conseguir ser absuelta de sus acusaciones de brujería. En 1657, en Escocia, <strong>Maggie Wall</strong> sería quemada en una hoguera sobre la que hoy se impone un monumento de roca de más de seis metros coronado de una cruz, y que es un lugar de alto atractivo turístico, pese a que poco se sabe de la vida de Maggie y menos de su juicio, y por lo que muchos la consideran como una simple leyenda. Para 1751 <strong>Anna Schindenwind </strong>sería una de las últimas en ser ajusticiada en la hoguera en una plaza pública alemana. <strong>Joan Wytte, </strong>conocida como el “Hada de Bodmin”, nació en Inglaterra en 1775, y se decía que era vidente y curandera, de una fuerza descomunal, y que estaba poseída por el maligno. Se le recuerda por fea, desdentada y agresiva, y precisamente por revoltosa pararía en la cárcel donde moriría a la edad de los 38 años. Su cadáver fue disecado y años después sus restos fueron profanados para una sesión de espiritismo, tras lo cual dice la leyenda la bruja se manifestaría desde el más allá. <strong>Anna Göldin </strong>será una de las últimas mujeres ejecutadas en Europa, sucedió en Suiza durante el verano de 1782. Hacia finales del siglo XVIII <strong>Marie Catherine Laveau</strong>, una viuda negra que trabajaba como peluquera de las mujeres blancas y adineradas de New Orleans, conocida como la “Bruja peluquera” o la “Reina bruja”, era famosa por sus prácticas de vudú que solía realizar en compañía de su serpiente de nombre “zombi”. Finalmente <strong>Violet Mary Firth Evans</strong><strong>, </strong>nacida hacia finales del siglo XIX, y quien fuera una de las brujas más reconocidas de su tiempo por haberse interesado desde temprana edad en el arte del ocultismo y hasta llegar a convertirse en una experta. Se hacía llamar “Dion Fortune”, y junto a su esposo fundó “Fraternidad de la luz interior”. También se le recuerda por haber apoyado fuertemente a Inglaterra durante los intentos de la ocupación alemana. Sería ya entrado el siglo XX, hacia la década de los setenta, cuando los movimientos feministas se apropiaron de la imagen de la bruja como un emblema de culto y un símbolo de la resistencia femenina. Surge la revista <em>Brujas, </em>de Xavière Gauthier, que exponía en detalle “las prácticas subversivas de los movimientos feministas”, y surgen también los cultos y rituales modernos como la <em>Wicca, </em>que es como hoy se conoce al encuentro de varias mujeres que se reúnen a manera de un antiguo aquelarre. Lo cierto es que gran número de estas mujeres que fueron asesinadas por considerárseles brujas no eran otra cosa que mujeres de ciencia, estudiosas, investigadoras. Muchas de ellas eran parteras y curanderas, cocineras o consejeras, sabias en el conocimiento de plantas e hierbas con los que solían preparar brebajes y remedios, conocedoras de enfermedades que lograban tratar de manera precaria por medio de pócimas basadas en la farmacopea tradicional, y que muchos citadinos y médicos señalaron como prácticas paganas o brujeriles. Les prohibieron legar sus nuevos conocimientos y sus enseñanzas ancestrales y prefirieron silenciarlas en medio de una pira encendida. La escoba sigue siendo hoy símbolo que nos remite a la bruja voladora, así también como a un objeto ligado a la mujer consagrada a las labores del hogar. Tanzania, República Democrática del Congo, Kenia, Ghana, Angola, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Arabia Saudita, Nepal e India son algunos de los más de cincuenta países donde la brujería sigue siendo perseguida y penalizada con castigos de tortura y muerte. Se calcula que en la última década más de veinte mil mujeres han sido condenadas por el cargo de brujería, y en el 2020, por motivos de la pandemia, el creciente número de rezanderas de todas las especies se ha venido multiplicando, por lo que también aumentó la persecución y una nueva cacería.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Sat, 18 Mar 2023 00:35:49 +0000</pubDate>
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