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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Anécdotas universitarias Archives | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Carta de un matemático a una novia que lo despreció</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/carta-de-un-matematico-a-una-novia-que-lo-desprecio/</link>
        <description><![CDATA[<p>En un número de la revista estudiantil «Apex», de la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional, apareció hace casi un siglo un curioso poema de amor escrito en clave matemática. Esta es su historia</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Las revistas estudiantiles universitarias han sido un importante medio de comunicación de las universidades. Antes de la aparición de internet, cumplían un papel esencial como único medio interno para destacar las noticias de interés; dar a conocer las actividades culturales y deportivas de la universidad; anunciar becas y pasantías; e intercambiar avisos clasificados para conseguir cupos en residencias estudiantiles o comprar libros, nuevos y usados, entre otras tantas cosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin ser medios académicos de divulgación, estas revistas y periódicos, editados por los mismos estudiantes, se convertían en lectura obligada tanto de profesores como de estudiantes en cada facultad. Casi siempre incluían un editorial crítico de las directivas de la universidad, y evaluaban y clasificaban a los profesores para recomendar la inscripción de asignaturas con los mejores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las revistas eran reconocidas por las autoridades académicas y, en algunos casos, recibían apoyo para su sostenimiento, tal como se puede comprobar en la siguiente resolución, expedida por el Consejo Directivo de la Universidad Nacional hace cerca de ocho décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>RESOLUCIÓN 49 DE 1944</strong><br><em>(Acta 44 de agosto 22)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">«Por la cual se concede un auxilio a la Revista &#8216;Apex&#8217; de la Facultad de Matemáticas e Ingeniería.»</p>



<p class="wp-block-paragraph">EL CONSEJO DIRECTIVO DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL</p>



<p class="wp-block-paragraph">En uso de sus facultades legales,</p>



<p class="wp-block-paragraph">RESUELVE:</p>



<p class="wp-block-paragraph">ARTÍCULO 1. Auxiliar con CINCUENTA PESOS ($50.00) cada uno de los números que aparezcan, a partir de esta fecha, de la revista estudiantil «Apex», editada por los estudiantes de la Facultad de Matemáticas e Ingeniería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">ARTÍCULO 2. La Universidad dispondrá en cada número de una página para informaciones o avisos sobre sus actividades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">ARTÍCULO 3. Los redactores de la revista enviarán a la Universidad algunos ejemplares de cada edición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">COMUNÍQUESE</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dada en Bogotá, a veintidós de agosto de mil novecientos cuarenta y cuatro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">OTTO DE GREIFF<br><em>Secretario</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La revista estudiantil «Apex», a la que hace referencia la resolución anterior, circulaba en la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional, y era costumbre incluir en ella también cartas que enviaban los estudiantes de la facultad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue justamente en la década de los treinta del siglo pasado cuando se publicó, en uno de los números de la revista, un curioso poema con el mismo título de este artículo: «Carta de un matemático a una novia que lo despreció».</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con esa publicación, su autor es Santiago Restrepo, presentado como «un distinguido ingeniero que falleció el año de 1917 muy joven, y entre otros productos de su viva inteligencia dejó esta carta, escrita en sus épocas de estudiante en la Facultad de Ingeniería».</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="266" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Captura-de-pantalla-2026-10-21-a-las-5.46.44-p.m.png" alt="" class="wp-image-134315" style="aspect-ratio:2.887485250225585;width:420px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Captura-de-pantalla-2026-10-21-a-las-5.46.44-p.m.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Captura-de-pantalla-2026-10-21-a-las-5.46.44-p.m.png?resize=300,104 300w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">«Señora: eres la fórmula en que vivo,<br>ambigüedad de un signo inescrutable<br>que va de positivo a negativo,<br>y mi alma es función de la variable<br>de tu ser caprichoso y siempre esquivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre mi corazón hay una herida<br>cuyo eterno sangrar aún no está extinto.<br>Señora: es que hay una x escondida,<br>que no puedo extraer del laberinto<br>de la ecuación rebelde de mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tu rubia cabecita es una esfera<br>orlada por el haz de tus cabellos,<br>que en helicoide lánguida y ligera<br>desciende por tu faz noble y austera<br>hasta el albo cilindro de tu cuello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tus grandes ojos negros iluminan<br>la noche, mientras trémulas guedejas<br>sobre tu frente pálida se inclinan<br>adornando la nieve en que combinan<br>en ligero paréntesis tus cejas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es formada la serie convergente<br>de mi vida, de términos complejos,<br>y en mi pasión fatídica y ardiente<br>pugnan por alcanzar eternamente<br>el límite que siempre está muy lejos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Señora: ya he bebido hasta las heces<br>el desprecio fatal en que te empeñas.<br>Y al dormir tus extrañas esquiveces<br>si te digo de amores m veces<br>m+1 veces me desdeñas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No puedo ambicionar, señora, el claro<br>resplandor de tus ojos, y ya expuestas<br>se hallan mis esperanzas sin amparo;<br>eres un radical ambiguo y raro<br>que siempre nos ofrece dos respuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Oh señora gentil! Me he convencido,<br>para abatir esta ansia que me abruma,<br>que es mejor entregar eso al olvido:<br>dos logaritmos no hacen nunca nido<br>porque en esta teoría no existe suma».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este bello poema, compuesto hace más de un siglo por un estudiante, me lo compartió mi colega, la profesora Clara Helena Sánchez, quien lo conserva en su archivo personal. Ella ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a recuperar la historia de las matemáticas en Colombia, y su trabajo tiene un gran reconocimiento en la comunidad académica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de su valor anecdótico, esta carta es un recordatorio entrañable de que las matemáticas, aun en su rigor y su exactitud, nunca han estado reñidas con la sensibilidad y el humor. Aquel estudiante de ingeniería, capaz de convertir una fórmula en una declaración de amor, nos deja ver que detrás de cada ecuación hay también una persona con inquietudes, afectos y desengaños. Hoy, cuando las revistas estudiantiles impresas han sido desplazadas por las redes sociales y los medios digitales, vale la pena recordar que estas publicaciones también fueron un espacio donde los estudiantes se atrevían a mostrar su lado más humano. Casi un siglo después, la carta de aquel joven ingeniero, perdida y recuperada gracias al archivo de la profesora Sánchez, sigue siendo prueba de que el rigor de las matemáticas nunca ha estado reñido con la ternura ni con el ingenio de quienes las estudian.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>
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        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134313</guid>
        <pubDate>Sun, 01 Nov 2026 15:03:41 +0000</pubDate>
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