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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de América | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Uta Hagen (1919-2004)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/uta-hagen-1919-2004/</link>
        <description><![CDATA[<p>Se recuerda desde muy pequeña imitando las conductas de los demás, imaginando situaciones y creando personajes, y así sería esa mañana en la que un Mercedes Benz descapotable la llevaría al puerto donde la esperaba el barco con destino a los Estados Unidos: “Al pasar por los pueblos, yo saludaba desde el coche a los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se recuerda desde muy pequeña imitando las conductas de los demás, imaginando situaciones y creando personajes, y así sería esa mañana en la que un Mercedes Benz descapotable la llevaría al puerto donde la esperaba el barco con destino a los Estados Unidos: “Al pasar por los pueblos, yo saludaba desde el coche a los paseantes, emulando a una princesa, actuando como si lo hubiera hecho toda mi vida.” Seis años tenía Uta cuando se despidió de Alemania, y lo cierto es que no lloró porque se sintiera triste, sino por esa manía de andar imitando a todos: “Lloré ese día, pero solamente porque los adultos lloraban.”</p>
<p>Su padre era un historiador y su madre una cantante de ópera, por lo que Uta recibió una amplia formación cultural que perfilaría su vocación artística. Comentaba que “en casa, leer era tan importante como comer.” Al llegar a América la familia se estableció en Madison, Wisconsin, y para 1937 Uta se mudaría a New York para dar inicio a su carrera como actriz.</p>
<p>Ese mismo año, integrando la compañía de Eva Gallienne, Uta debutaría con notoriedad interpretando a Ofelia, en la obra de <em>Hamlet, </em>seguida por el papel de Nina en <em>La gaviota, </em>de Antón Chejov, y así también le dio vida a Santa Juana en la obra de George Bernard Shaw. Y sería en las tablas, encarnando a Desdémona, de <em>Otelo,</em> donde conocería al actor José Ferrer, y con él entablaría una relación que los llevaría a los tablados del altar. Y a pesar de reconocer que la maternidad fue un asunto que la angustió hasta la edad de los 40 años, Uta se convertiría en madre de una niña a la que llamó Leticia. “La lucha entre la profesión y la maternidad no me preocupaba. Lo que me preocupaba era mi formación.”</p>
<p>Pero entonces la prometedora carrera de Uta, que esperaba despegar de los tablados para alcanzar la gran pantalla, y en donde ya comenzaba a cosechar sus primeros frutos, tuvo que verse truncada por un asunto que no tendría por qué limitar el arte: la política. Eran los años en que el macartismo se empeñó en su persecución en todos los frentes, y por sus relaciones con algunos colegas Uta sería incluida en la lista negra de Hollywood, y de esta forma se le excluiría para que no pudiera participar de ninguna forma en la industria cinematográfica. “Logré sobrevivir a los teléfonos pinchados, al FBI, a tener que andar de puntillas, a mirar de soslayo en los cafés para comprobar que no me escucharan. Sobreviví en un estado mental más sano que muchos otros. No tuve que luchar contra la culpa ya que no traicioné a nadie. Ni guardé rencor por haber sido ‘acusada’”.</p>
<p>Hagen sorprendió a su marido manteniendo una relación con un actor, lo que en medio de aquella sociedad tan conservadora consolidaría a la pareja como una relación definitivamente digna de figurar en la penosa lista negra de Hollywood. El matrimonio se divorció para el año de 1948, y un año antes ya Uta estaba buscando la forma de no declinar en su sueño de consagrarse como actriz, y se le ocurrió que tal vez su bagaje y su experiencia fueran ya suficientes como para aventurarse en la labor de dar clases y enseñar.</p>
<p>Ante las puertas que se le cerraron en el cine, Uta concentró su talento en sobresalir como una destacada actriz de los tablados, pero en especial por empezar a ser conocida como una mentora de nuevos actores. Fue tal su don para la pedagogía y la formación actoral, que su carrera como profesora de actores y actrices la mantuvo en vigencia hasta el día de su muerte. “No fui a la cárcel, no me suicidé y, en cuanto a la lista negra que me impidió trabajar en televisión y en el cine, en realidad me salvó de la tentación de entrar en el mundo comercial y de tener que transigir respecto a mis ideales más de lo que ya lo había hecho en Broadway.”</p>
<p>Y sería en Broadway donde conoció en 1957 a su segundo marido, el también actor Herbert Berghof, quien sería su compañero hasta la muerte de él en 1990. En adelante Hagen no pararía de deslumbrar en los tablados, destacándose su papel de Blanche De Bois junto a Anthony Quinn y también junto a Marlon Brando, en la obra <em>Un tranvía llamado deseo</em>, y cuya crítica en el <em>New York Times </em>mencionó lo siguiente<em>: </em>“Uta Hagen carga con el peso de la obra.”</p>
<p>En 1951 sería condecorada con el Premio Tony por su interpretación en <em>The country girl, </em>pero el papel con el que conseguiría demostrar al mundo la gran actriz que era Uta Hagen vendría en 1963 cuando interpretó a Martha en la obra teatral presentada también en Broadway: <em>Who’s afraid of Virginia Woolf?</em>, y que luego sería representada en los teatros londinenses. Esta interpretación le sería reconocida nuevamente con el Premio Tony, y casi cuatro décadas después, para 1999, se le reconocería su larga trayectoria y sería también homenajeada con este premio. En el 2002 fue condecorada con la Medalla de las Artes por el presidente George W. Bush en la mismísima Casa Blanca, y así son muchos los honores y títulos que le han sido otorgados por ser durante décadas una verdadera institución y una maestra en el mundo de la actuación.</p>
<p>Son determinantes en la carrera de todo actor enfrentarse en cualquier momento de su formación con la lectura del par de libros que escribió Hagen: <em>Respect for acting </em>y <em>A challenge for the actor</em>, y si de paso se quieren ampliar los conocimientos a otros campos, también leer el libro que escribió sobre cocina. “No estoy de acuerdo con el famoso dicho de Bernard Shaw: ‘Aquel que puede, hace. El que no puede, enseña.’ A esto yo añadiría: ‘¡Sólo el que puede debe enseñar!’”, opinaba quien se convirtió así en la más grande maestra de todos los tiempos.</p>
<p>Basándose principalmente en el método fundamental del ruso Stanislavski, Uta desarrolló su método propio con sus técnicas personales, y aunque en principio partirá de la dificultad que implicaba cómo educar para convertirse en una buena pedagoga: “Nadie nunca aprende realmente cómo se hace. El estudio de la conducta humana es infinito. Nunca lo vas a entender completamente y eso es lo maravilloso.”</p>
<p>“Entendí perfectamente que debía aprender a ampliar el concepto que tenía de mí, y ahondar en la idea de quién era yo en realidad si lo que deseaba era implicar a mi alma y ponerla al alcance de los distintos personajes.<em>”</em> Uta propone un grado de conocimiento supremo de la propia persona, así como del personaje que se pretende encarnar. “No olvides que en tu vida cotidiana, en todas las formas posibles de dramatización espontánea, tu propio ser es siempre el eje central.”</p>
<p>Quiere que el actor indague en la profundidad de su alma, es decir, que interrogue sus emociones, su psique y la conciencia de su aspecto físico: “Los componentes básicos de los personajes que encarnaremos residen en algún lugar de nuestro ser.” Es por esto que insiste en que el actor debe practicar una continua y vigilante “auto-observación”, práctica que llamó “ejercicios de estiramiento de la identidad”, y en donde se pretende almacenar un amplio registro de situaciones y comportamientos que eventualmente pudieran ser útiles para la construcción de un personaje. La idea sin embargo no es copiar estas maneras y comportamientos sino ahondar en las facetas del alma para poder asumir esos mismos comportamientos en el personaje encarnado.</p>
<p>En su método plantea unos cuestionamientos que el actor deberá responderse para afrontar el papel dramático, y esto es principalmente considerar qué quiero conseguir y qué tengo que hacer para conseguirlo, y así también los obstáculos que se lo impiden. El actor se interrogará permanentemente, en primera persona y en tiempo presente: ¿Qué me está sucediendo ahora? ¿Quién soy? ¿En qué circunstancias estoy? ¿Cuáles son mis relaciones? ¿Qué hago para conseguir lo que quiero? El estudiante no debe entonces dejar de percibirse en todo momento y no únicamente en los espacios académicos. Destaca la importancia de que el actor esté comprometido con el latinismo: <em>Hic et nunc</em> (“Aquí y ahora”), siempre presente y acoplándose a lo que ocurre en escena, y así mismo llevar esa consciencia a las calles.</p>
<p>Hagen propone una técnica humana y otra externa, teniendo ésta tres aspectos a considerar: el cuerpo como instrumento del movimiento, que “en el caso de un pianista es el piano, en el caso del actor es él mismo”<em>;</em> la voz que debe expresarse espontánea y natural, haciéndola parte integral del personaje; y la dicción que no puede estar afectada de superficialidades. Respecto a las técnicas humanas la idea es llevar la actuación al mayor grado de realismo: “La realidad es teatral”, dice, entendiendo este realismo como la posibilidad para que el actor capte y asuma los comportamientos ajenos y los haga suyos dándole vida a su personaje.</p>
<p>Le pide al actor flexibilidad, saber reconocer las tonalidades de las emociones cuando viajan de un extremo a otro. Dice: “Si un intolerante expresa sus opiniones racistas, me comporto con arrogancia; puedo comportarme como una snob, aunque me considere la más liberal entra las liberales y la más humanista entre las humanistas. Me considero una persona valiente a pesar de que cuando veo un ratón me pongo histérica.”</p>
<p>Para que el proyecto por entero cobre vida, es necesario que el actor sea consciente de la relación que se establece con los demás actores, así como darle un cambio continuo a sus interpretaciones según la relación con el otro: “Si estás durante un tiempo con otro actor y tu interpretación no varía, eres un mal actor.”</p>
<p>Uta será recordada además por el cuidado y el respeto por los actores, sus instituciones y el gremio en general. Mantuvo un trato cariñoso y no permitía que recibieran abusos de ninguna clase, y así mismo sería reconocida activista en favor de la lucha por los derechos de los actores. “Desesperados por actuar, los actores estaban tan confundidos que se permitieron las atrocidades más indignas. En una ocasión, dos jóvenes me preguntaron qué tenían que haber hecho cuando el director de escena les pidió en una audición que se colocaran en fila para medir la longitud de sus penes.” La maestra instó siempre a sus actores para que no permitieran afectar su propia estima y su dignidad y no ceder ante propuestas de este tipo, y así también no tenía reparos al momento de sugerir otros caminos para quien no tuviera ese potencial artístico, como el caso de aquella chica que estaba dubitativa y no sabía si ingresar a la universidad o dedicarse a la actuación. Luego de una prueba Hagen se sinceró: “Querida, ve a la universidad. Lo que el mundo no necesita es otra actriz estúpida.”</p>
<p>En el caso de las mujeres hablaba de un concepto al que llamó “modelo pedagógico feminista”, donde la mentora se presentará como eso, una compañera en el trayecto del conocimiento propio, y por lo cual no gustaba que le llamaran con términos rimbombantes como “gurú” u otro tipo de superlativos.</p>
<p>También fue directora y productora, y junto a Lee Strasberg y Stella Adler, Uta Hagen es considerada sin duda como una de las maestras de formación actoral estadounidenses más representativas. En el Estudio HB, en Greenwich Village, New York, donde Uta ha tenido su academia, han desfilado los nombres de Lizza Minelli, Robert de Niro, Al Pacino, Sigourney Weaver, Whoopi Goldberg, Jack Lemon, entre muchos otros, y ese Hollywood que empezó a destacar en los 70 y que mucho le debe a esa mujer que dio clases hasta el último de sus días, que sería un día de enero de 2004.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 06 Apr 2024 12:18:45 +0000</pubDate>
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        <title>La Malinche (1500-1551)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/la-malinche-1500-1551/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué camino tomar? Esto se preguntó Hernán Cortés ante la bifurcación que le ofrecían los caminos de su expedición a tierras mesoamericanas. Ante el desconcierto de no saber si quiera cómo manifestar su incógnita a los indígenas, y obligado a hacerse entender más allá de los monigotes y las gesticulaciones, sería primordial valerse de un traductor que pudiera interpretar ambas lenguas y facilitar su conquista.</p>
<p>Que la pluma vence a la espada, y es cierto. El conocimiento del lenguaje le serviría a Cortés para acometer sus propósitos, mucho más de lo que hubiera representado un arsenal de cañones. Sería por medio de un intérprete que el español pudo enterarse de todo lo concerniente respecto a los lugares que visitaba: políticas, ejércitos, cantidad de población, costumbres, y cada detalle que permitiera conocer mejor a un futuro enemigo o a un posible aliado.</p>
<p>Y este primer encuentro tendría entonces el arma más poderosa: la palabra. Para servirse de este don, Cortés se valió de una indígena nahua llamada Malinalli, que en su lengua náhuatl significa “hierba”, y que sería llamada así en honor a la diosa de los campos.</p>
<p>También conocida como Malintzin, y cuya mala pronunciación por parte de los españoles la llevaría a ser conocida como “Malinche”, esta indígena era oriunda del sureste del Imperio Azteca, una región llamada Oluta, cerca de Coatzacoalcos, antigua capital olmeca, y que hoy sería el estado mexicano de Veracruz.</p>
<p>Debido al sufijo de su nombre (“zin”), es posible que se tratara de una mujer de clase alta, ya que dicha terminación podría emparentarse con el “doña”; y es que según se cree Malintzin habría sido la hija del cacique del pueblo de Copainalá, y su madre llamada Cimatl sería una “joven y preciosa” noble de familia poderosa.</p>
<p>Sus orígenes son inciertos pero se calcula su nacimiento entre el año 1496 y 1501. Como sea, se sabe que su padre murió, y que al poco tiempo ya su madre estaba de nuevo casada, teniendo un hijo varón que acababa desplazando a Malintzin de la línea sucesoria al trono. Algunas versiones cuentan que la niña sería secuestrada, pero todo apunta a que fue su propia madre quien la entregó o la dio en venta como esclava a un grupo de comerciantes mexicas provenientes de Xicalango, al sureste de México.</p>
<p>Los dueños de la pequeña librarían una batalla perdida contra los mayas de Potonchán, dueños de un territorio que colindaba con el Imperio Azteca, y luego Tabscoob, cacique de Tabasco, se quedaría a Malintzin como su esclava. Tan solo unos meses después los mayas habrían sido derrotados por las tropas de Cortés en la Batalla de Centla, y Tabscoob le ofrecería al español diecinueve jóvenes indias, además de otros obsequios de orfebrería, bordados, tejidos, plumas y demás agasajos.</p>
<p>Entre las jóvenes se encontraba Malintzin, quien igual que las demás tuvo que ser bautizada en la fe católica, y desde entonces su nombre sería “Marina”. Al comienzo Cortés no reparó en lo que podría ofrecerle aquella joven, entregándole a su aliado, el capitán expedicionario Alonso Hernández de Puertocarrero, aquella pequeña que ya para ese entonces contaba con un bagaje apreciable de diversas costumbres y dialectos al interior del Imperio Azteca, hablando con fluidez la lengua maya-yucateca de sus captores, y así también como el náhuatl, su idioma materno.</p>
<p>Pero es entonces cuando Cortés decide enviar un emisario a España para que rinda cuentas a Carlos V, considerando a Portocarrero como el más idóneo, y quedándose con esta indígena que en principio no prometía ser distinta de las demás.</p>
<p>Hasta ese momento Cortés se valía de la traducción que Jerónimo de Aguilar hacía del maya al español, ya que este había naufragado, encontrando refugio en una tribu maya con la que pasaría ocho años, y quien después sería encontrado por Cortés en la isla de Cozumel. Sin embargo el inconveniente se presentaría cuando llegaron a San Juan de Ulúa, y el idioma azteca de los emisarios enviados por Moctezuma II resultó incomprensible para el traductor. Fue entonces cuando Malintzin se prestó para hacer la traducción del azteca al maya, y de esta forma Aguilar podría traducirlo al español.</p>
<p>De inmediato Cortés comprendió el valor de su nueva intérprete de cabecera, quien durante un tiempo estaría traduciendo del maya al azteca, pero que pasado unos meses ya estaría hablando con fluidez el idioma castellano. Y aunque en algunas ocasiones -dado la multiplicidad de dialectos- hubieran tenido que valerse de un tercer intérprete, la presencia de Aguilar sería prescindible, y ya no tendría que improvisar gestos y actuaciones para hacerse comprender, ya que contaba con su leal intérprete a la que sus soldados comenzarían a llamar como “Doña”. Doña Marina sería pues el arma decisiva con la que el expedicionario pudo abrir trochas y ampliar la conquista de sus terrenos.</p>
<p>La Malinche era ya vista por todos como una pieza fundamental en los propósitos de Cortés y una aliada confiable del español. Su estatus la elevó de ser una simple esclava, a convertirse en la acompañante imprescindible del expedicionario, y así como su consejera. Portadora del conocimiento, Cortés le consultaba todo lo concerniente a la cultura de una región que estaba por visitar. Era de ella de quien dependía llevar con éxito las expediciones; era su lengua la que iluminaba un camino oscuro que sin su aporte hubieran tenido que trasegar a ciegas.</p>
<p>Es así como los códices aztecas como el <em>Lienzo de Tlaxcala </em>suelen representar a Cortés y al lado suyo a su infaltable traductora. La Malinche brindaba datos y la mayor cantidad de información que pudiera aportar al servicio de su señor, quien confiaba en esta carta de la diplomacia americana para que fuera ella quien portara su voz española a los territorios del Nuevo Mundo.</p>
<p>Doña Marina recogería información crucial para que los españoles lograran conquistar la capital del Imperio Azteca, Tenochtitlán, y sirvió para que Moctezuma no opusiera resistencia ante la presencia de los españoles, prometiéndole que se le respetaría su vida si sabía hacerse a un lado de manera pacífica. Otras historias contarán de una Malinche manipuladora que engatusó en Cholula a una anciana, convenciéndola de que se casaría con su hijo, y aprovechándose de que esta contaba con información relevante que sugería una sublevación indígena contra los españoles. Y es que al parecer fue la Malinche quien alertó a Cortés de que sus tropas debían ocuparse de una avanzada de cholultecas que pretendían sorprenderlo, y cuya información sería determinante para seguir abriéndose paso rumbo a la conquista de Tenochtitlán.</p>
<p>Bernal Días del Castillo, un soldado de Cortés, escribiría en la <em>Historia verdadera de la conquista de la Nueva España </em>sobre la “gran mujer” que era Doña Marina, destacando que sin su ayuda “no hubiéramos entendido los idiomas de la Nueva España y de México.” Así también Rodríguez de Ocaña, expedicionario de aquella época, testimonia que después de Dios, el éxito de la conquista es debido en primer término a la asistencia de la Malinche.</p>
<p>Sería determinante cuando anunció a su señor que los tlaxcaltecas estaban divididos en cuatro señoríos que no acordaban una manera de enfrentarse a los españoles, sirviendo como intermediaria para concordar un encuentro pacífico, literalmente dialogado, y en donde los indígenas acabarían por ofrecer a sus nuevos amigos unas 300 mujeres, y a lo cual Cortés quiso negarse y rechazar, pero que acabó aceptándolo cuando su asesora intercultural le recomendaría no ofender el tributo que le ofrecían.</p>
<p>En varias representaciones la Malinche aparece a solas, en una aparente dirección de un grupo, lo que sugiere su potestad como autoridad independiente, y su prestancia y poderío dentro del círculo personal del conquistador. Es así como una crónica la describe “dura” y “mandona”, refiriéndose al momento en que instó a Cuauhtémoc -último de los emperadores aztecas-, para que finalmente revelara el escondite donde mantenía oculto el codiciado oro, luego de que los españoles lo vencieran en la Noche Triste. De igual forma la vieron imponer su valentía animando a las tropas españolas a que no se rindieran durante las batallas, testimoniándose las palabras que le diría a un noble de Cempoala llamado Teuch, y que al parecer estaba por abandonar la lucha, recomendándole no desistir, ya que “el Dios destos cristianos es muy poderoso.”</p>
<p>A Malinche se le reconocerá forzosamente por haber sido, sin proponérselo, una de las primeras catequistas mexicanas. Su labor como intérprete incluía el encuentro de dos religiones, y asistida por fray Bartolomé Olmedo, la indígena tendría que compartir a los suyos con pelos y señales los aventuras y los mandamientos de un dios que había sido clavado en una cruz. Para los cristianos se trataba en definitiva de una conversión que garantizaría la salvación de estas almas irredentas desconocedoras de Jesús.</p>
<p>La conquista de Cortés sería llevada más allá, y en la batalla del corazón el español y la azteca librarían una contienda que acabaría con el nacimiento de uno de los primeros mestizos de América, el criollo llamado Martín, en honor a su abuelo paterno. Una vez establecido su dominio en Tenochtitlán, Cortés mandó a construir una casona cercana al sur de la capital, en la región de Coyoacán, donde instaló a su mujer y a su hijo, y por los que velaría con cariño, consintiendo a la madre con joyas y collares, y obsequiándole ese raro artilugio en el que por primera vez la indígena vería su propio rostro reflejado.</p>
<p>Martín Cortés, primer hijo ilegítimo del conquistador español, sería legitimado en 1527, cuando el Papa Clemente VII así lo declaró mediante una de sus bulas. El niño sería criado en las costumbres españolas y en medio de un mundo de privilegios, querido por su padre por tratarse de su único hijo varón, y al mismo tiempo alejado de su madre y de la cultura y tradiciones de su pueblo. Y pese a sus afectos por el hijo, el encanto por su madre y por esas tierras que ya había conquistado, para Cortés no sería suficiente, motivos por los que regresaría a su país a reunirse con su esposa Catalina de Juárez, de quien luego enviudaría para volver a casarse con una mujer llamada Juana Ramírez, y con quien tendría un hijo al que bautizó también Martín, quien finalmente heredaría el título de marquesado de su padre además de la fortuna de sus conquistas.</p>
<p>Por su parte Malinche volvería a casarse en Huiloapan, esta vez con un hombre llamado Juan de Jaramillo, con quien tendría una hija llamada María, y con quien se establecería en la capital del Imperio Azteca, dejando a Martín al cuidado de Juan Altamirano, primo de Hernán Cortés, y a quien este había legado su protección y cuidados.</p>
<p>Así describe esta situación el Premio Nobel de Literatura Octavio Paz en su libro <em>El laberinto de la soledad: </em>“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida… Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.”</p>
<p>Se sabe que hacia 1524 Cortés emprendió una nueva expedición hacia América Central, específicamente en la actual Honduras, y que una vez más contaría con el servicio de su infaltable traductora, quien ayudaría aplacando los ánimos convulsos de los habitantes de la zona.</p>
<p>Poco se sabe de sus últimos años y de su fallecimiento. Unos sugieren que el mismo Cortés pudo haberla asesinado para así evitar su testimonio ante la historia que juzgaría sus abusos y desmanes, pero la teoría más plausible es que moriría alrededor de 1528, debido a la epidemia de viruela que azotó a gran parte de una población indígena vulnerable y para nada preparada a combatir estas luchas.</p>
<p>Su figura ha sido controversial, polémica, y ha venido modificándose a través de los años, pareciendo contradictoria, y suscitando en unos la imagen de una prócer fundadora del país mexicano, mientras que para otros constituye la personificación misma de la traición.</p>
<p>Algunos se atreven a endilgarle la muerte de miles de indígenas que serían derrotados gracias a la información que Malinche le habría proporcionado a Cortés, pero bien es cierto que sin su asistencia a la causa española la conquista expansionista podría haber sido más violenta. Evitando complicaciones e inexactitudes y facilitando el diálogo real, contar con la herramienta de “Tenepal” (como también sería conocida, y cuyo significado es “quien habla con vivacidad”), constituyó para Cortés uno de sus más fuertes bastiones y así lograr sus cometidos.</p>
<p>Algunos la defenderán considerándola una víctima entre dos culturas, alguien que se vio forzada a prestar sus servicios de políglota, permitiéndose así una mejor condición de vida para ella, y que acabaría transformada como en un agente doble o en una maestra del contraespionaje, alguien que prestaba sus labores de inteligencia para favorecer a ambas partes, o finalmente una pacifista que pretendía poner orden a través del diálogo.</p>
<p>Unos dirán que la Malinche inclinó la balanza a favor de los españoles, y que fue debido a ella que la derrota de los pueblos indígenas se habría precipitado, permitiendo a los españoles conocer estrategias, métodos y tecnologías que les darían ventaja sobre sus rivales. Otros saldrán en defensa suya advirtiendo de una intérprete que supo aconsejar a su señor para entablar tratos cordiales y pacíficos en cada región a la que lograba acceder.</p>
<p>En su defensa también podría decirse que el llamado “malinchismo” podría ser otra forma de misoginia, un término machista, fruto de una sociedad patriarcal. La palabra “malinchismo” se emplea vulgarmente en México para referirse de forma peyorativa a los mexicanos que padecen de un exotismo cultural y pretenden imitar un estilo de vida distinto de su cultura, y a los traidores suele llamárseles como “malinches”. El Diccionario de Mexicanismo de la Academia Mexicana de la Lengua ofrece el siguiente significado: “que tiene complejo de apego a lo extranjero”. Y la RAE tiene una acepción parecida para definir este término: “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.</p>
<p>Hacia 1960 el feminismo empezó a cuestionar la figura de la Malinche como mujer, abocando en su mayoría por una mujer entre la encrucijada de un choque cultural, madre de la nueva raza y víctima de los propósitos de los colonizadores.</p>
<p>Se le ha comparado con la Virgen María, se le emparenta con la leyenda de La Llorona, y las soldaderas de la Revolución mexicana que destacaban por su valentía serían conocidas como “malinches”. Son varios los poemas, novelas, libros, canciones, pinturas, documentales y películas que han contado la vida y las hazañas de la Malinche, siendo sin duda una imagen representativa del folklor y la cultura nacional mexicanas, que pasados cinco siglos todavía se presenta como contradictoria y polémica.</p>
<p>Una reflexión más de Octavio Paz nos cuestiona respecto al rol que por destino debió vivir la Malinche: “Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias.”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 29 Dec 2023 05:43:51 +0000</pubDate>
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        <title>Brujas</title>
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        <description><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que tenían la misión de guardar los sapos con los que las “maestras” preparan los ungüentos que las hacen volar. A los seis años son seducidas con golosinas y promesas para que abjuren de la fe de Cristo, luego de lo cual se realizará una ceremonia que celebrará la apostasía y que será presidida por el demonio en su figura de macho cabrío: un hombre barbado con aspecto de cabra, de ojos saltones color azabache, garras corvas como de ave de rapiña, con cola de asno y coronado con un par de cuernos. La “maestra” presenta a su “novicia” al macho cabrío con el siguiente rezo: “Señor, ésta os traigo y presento.” La niña se hinca de rodillas ante el diablo, acepta a Satán como su Señor Dios y rechaza su antigua fe con la siguiente oración: “Reniego de Dios, de la Virgen, de todos los santos, del bautismo y confirmación, de ambas crismas, de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos.” La nueva bruja besa la mano izquierda del diablo, así como su boca y su pecho, encima del corazón, y a continuación besará sus genitales para rematar con el “ósculo infame”, el acto de besarle puntualmente en el ano. Acto seguido, Satán la marcará con sus uñas del lado izquierdo de su cuerpo con una señal que le dejará una cicatriz imborrable y cuyo dolor perdurará durante mucho tiempo. La conmemoración acabará con un festejo en compañía de otras brujas que bailarán al son del tamborino y la flauta, y finalmente la nueva bruja es ungida por todo su cuerpo con un menjurje hediondo de color verdinegro antes de ser llevada a dar un paseo por los aires. La <em>notchnitsa</em>, que así las llamaban antaño en los Balcanes, eran las brujitas que atormentaban a los niños en sus habitaciones durante las noches, y a quienes bastaba la presencia de un adulto para que se esfumaran mágicamente. Y es así como en adelante la pequeña bruja tendrá que ganarse un prestigio, realizando todo tipo de maldades como atacar a las personas y a los ganados, destruir las cosechas y proferir blasfemias y otra clase de fechorías, hasta el momento en que obtendrá licencia para ser ella misma quien preparará sus propias pócimas, ponzoñas y polvos, podrá volar y también compartir de tú a tú con el mismísimo demonio, a través de una consigna que dice: “Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonios.” La categoría más alta la adquieren las más ancianas y expertas que gozan de los afectos y cariños de Satanás, y que servirá como un órgano consultivo que actúa en compañía de media docena de diablillos que rodean siempre a su Dios. Adivinas, pitonisas, hechiceras, clarividentes, expertas en la nigromancia y en el arte del ocultismo, la imagen de las brujas varía según la época y la cultura. Las encontramos retratadas y sus historias están descritas en cuentos, novelas, películas, e incluso en quienes testimonian haberse cruzado con una de ellas. Acompañadas de sapos, serpientes, ratas, arañas, búhos y cuervos, liebres y el infaltable gato negro, una cohorte de mujeres se convoca en un aquelarre celebrado en cementerios o en la profundidad de los bosques, junto al fragor de una hoguera, gozando de un festejo pagano por medio de rituales satánicos, reunidas en conciliábulos donde a través de magia negra invocan al maligno. Ancianas decrépitas que viven aisladas junto a pantanos y lagos fangosos, de aspecto cadavérico y con la piel de un color verdoso, con narices prominentes en las que realza una abultada verruga, desdentadas y de risas agudas, burleteras y macabras, vistiendo una toga negra y portando sobre sus cabezas un sombrero puntiagudo, trepadas en sus escobas mientras surcan los cielos durante la luna llena o agregando un par de alas de murciélago a su pócima mágica, conjurando un hechizo maléfico junto a una caldera donde se cocina la medicina siniestra, el encantamiento diabólico, el mal de ojo, el brebaje demoníaco capaz de corromper y pervertir. Se dice que podían volar y que tenían el poder de metamorfosearse en cualquier animal, virtudes que les servirían para ocultarse y llevar a cabo sus propósitos funestos. Quizás por el culto a Artemisa (Diana para los romanos), diosa griega emparentada con la luna, las brujas eran asociadas a la luna llena y se dice que es durante el plenilunio cuando alcanzarían su máximo poder. La palabra en latín para denominar a la bruja es <em>maleficae, </em>término con el que fueron conocidas en Europa durante toda la época del Oscurantismo y hasta entrada la Edad Moderna. En inglés se les conoce <em>“withc”, </em>en italiano <em>“strega”, </em>en alemán <em>“hexe”, </em>en francés <em>“sorcière”, </em>y decir que la palabra en español, “bruja”, es de una etimología incierta y desconocida. En la Biblia la aparición de la bruja será ocasional, condenadas por Moisés y presentes en la historia de Saúl, quien consultó a una bruja en En-Dor para que le ayudara a comunicarse con el difunto Samuel. En la antigua Grecia la mítica diosa <strong>Hécate</strong>, asociada a la brujería, era invocada a través de ceremonias para que auxiliara a sus devotas en todos sus encantamientos. En la mitología Tesalia era el lugar oscuro donde moraban las brujas, destacándose tres como las más reconocidas: la desgarbada y horripilante <strong>Erictho </strong>con cabellos de serpientes, que habita junto a las tumbas y que sólo sale en noches lluviosas para comunicarse con los muertos; <strong>Pamphile </strong>que aparece descrita por Lucio Apuleyo en <em>El asno de Oro, </em>y quien tiene el poder de metamorfosear a los jóvenes en piedras o animales; y la bruja <strong>Canidia</strong> que se entera de todo lo que sucede al interior de los infiernos. Lo cierto es que la brujería ya era temida y condenada desde tiempos lejanos, remontándonos a la <em>Lex Cornelia </em>que prohibía las prácticas brujeriles castigándolas con la muerte. Hacia comienzos del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al 511, promulgaría otra fuerte ley en contra de las brujas y brujos y que sería conocida como <em>Lex Salica, </em>y hacia el 780 el mismo Carlomagno tipificaría en sus códigos de leyes una condena de prisión a quien fuera juzgado de brujería, además de severos castigos físicos. A lo largo de estos siglos el mundo se vería inundado de relatos verbales y cuentos escritos que describían a las brujas como personajes maléficos, ligadas al demonio, y en donde empezaba a detallarse toda clase de conjuros y reuniones, siendo la más común la ceremonia conocida como <em>Sabbat. </em>Dicho ritual consistía en abjurar <em>in totum </em>de los dogmas cristianos para ser rebautizadas en la fe de Satán, quien finalmente las estigmatizaría con su marca, sellando así un pacto en el que ambas partes se prometían y obligaban: el diablo concedería toda clase de riquezas y poderes mientras que la bruja se mantuviera siempre sumisa a cumplir sus órdenes, además de entregarle su alma para que dispusiera de ella después de morir. El <em>Sabbat </em>pudo haberse derivado de las antiguas fiestas dionisiacas consagradas al dios romano Baco, dios cornudo que se asociaba al festejo, a lo orgiástico y a la ebriedad, a todo lo carnavalesco y especialmente al vino, y también encarnado en otras figuras míticas como Pan o Mithra. Fue a comienzos de la Edad Media que el dios cornudo sería considerado como el propio diablo y sería conocido como Satanás o Lucifer. Tiempo después el ritual pagano del <em>Sabbat </em>pasaría a ser como una especie de “misa negra”, versión renovada del <em>Sabbat</em> y cuyo culto era consagrado a la devoción de demonios como Diane o Hérodiade. En un principio las mujeres acusadas de brujería serían conminadas a confesar sus culpas bajo torturas, logrando que de esta manera la sociedad se convenciera cada vez más de la existencia real de las brujas, y haciendo que su temida fama se difundiera por toda Europa. Para el siglo XIII el papa Inocencio VIII en contubernio con los sacerdotes dominicos daría inicio a una naciente persecución inquisitorial contra las brujas, castigándolas por el cargo específico de herejía. Sin embargo la persecución acérrima contra las brujas, y que se prolongaría durante cuatro siglos, empezaría en 1326 cuando el papa Juan XXIII promulgara una bula pontificia. La cacería se concentraría principalmente en mujeres, ya que la iglesia consideraba al hombre como un servidor elegido por Cristo, siendo así que la mujer, más débil e inferior que el hombre, estaría más propensa a inclinarse por el adversario maligno, y por lo cual en su momento se calculaba un millar de condenadas por cada hombre castigado por el cargo de brujería. El estereotipo de la bruja se reafirmó después de los juicios de la década de los veinte del siglo XV, y ese mismo año con los tantos tratados demonológicos como el escrito por un par de dominicos y conocido como el <em>Malleus maleficarum </em>(Martillo de las brujas), y del cual se imprimirían más de treinta mil ejemplares a lo largo de los siguientes dos siglos. También los predicamentos teológicos de San Bernardino de Siena y las aseveraciones de varios tribunales de justicia acabarían formando una imagen más definida de la bruja, todos estos consolidando su existencia y describiendo con detalle los rituales satánicos que solían celebrarse en lugares alejados del centro urbano o en cementerios donde profanarían las tumbas. Para 1484 la Iglesia Católica reconoce la existencia de la brujería por medio de la bula apostólica <em>Summis desiderantes affectibus. </em>la asociación de la brujería como un crimen de carácter sexual cobraría rigor hacia el siglo XVI, momento en el que ya eran comunes los distintos suplicios a los que eran sometidas las condenadas, y que puede apreciarse en varios grabados alemanes de comienzos de siglo en los que se representan ahorcamientos y decapitaciones, mutilaciones de miembros y brujas ardiendo en las hogueras. En todo tiempo también se contaría con un puñado de personas racionales que se atrevieron a pronunciarse en contra de semejante delirio colectivo, como el caso del valiente y muy cuerdo barón Michel de Montaigne, quien para 1563 escribiría que muchas de estas mujeres pudieran tratarse de mujeres afectadas de “locura”. Para 1571 el Santo Oficio establece por decreto real un tribunal inquisitorial en la Nueva España que le permitiera proceder con legalidad en su persecución de brujas por territorios americanos. En un comienzo los procesos eran dirigidos por el clero, pero tiempo después cualquier laico podía encargarse de llevar a cabo una persecución propia. En 1599 el rey Jacobo I de Inglaterra estableció la vil práctica de pinchar en el ojo a la mujer sindicada de brujería, y en caso de que sangrara quedaría comprobada su indiscutida culpabilidad. Los siglos XVI y XVII las brujas sufrieron la más intensa, terrorífica y sanguinaria persecución, en lo que muchos calculan cobró la vida de unas cien mil almas. La mayoría de víctimas de la Inquisición eran provenientes de familias rurales de bajos recursos. No sólo las mujeres eran condenadas a muerte, ya que era común el castigar con la misma pena a sus hijos, y en especial si se trataba de niñas. Se empleaban jugarretas innobles para determinar la culpabilidad de las sindicadas, como aquella conocida como <em>Hekseenwag </em>(“balanza de las brujas”), y que consistía en echar a la sindicada a un río con los pies y manos atados, y si flotaba es porque ciertamente se trataba de una bruja (ya que estas desalmadas poseían un peso liviano como un pájaro), y en cuyo caso sería rescatada para quemarla viva en una hoguera. Difícil demostrar su inocencia, ya que de igual manera, y en caso de no flotar, la condenada acabaría ahogándose, demostrándose de esta forma su lamentada y tardía inocencia comprobada. Pero no sería sino hasta fines del siglo XVII cuando comenzó a cuestionarse a nivel de sociedad esta práctica que cada vez perdía más su sentido. Para 1602 el pastor reformista Anton Praetorius saldría en defensa de las brujas condenando la tortura a través de un texto titulado <em>Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas. </em>En Francia Louis XVI derogó la condena de pena de muerte y dejó como máximo castigo por brujería el destierro o el exilio; en 1692 en Estados Unidos un jurado de Massachusetts pidió perdón por los Juicios de Salem firmando un arrepentimiento público y comprometiéndose a nunca volver a repetir tan deleznables sucesos; Inglaterra abolió la legislación respecto a la brujería en el año de 1736 y aunque en 1808 se reportaría el último ahorcamiento de una bruja en territorio inglés. Jules Michelet, en 1862, tendría la iniciativa de redimir la figura de la bruja por medio de un libro donde pretendía componer un “himno a la mujer benefactora y a la vez víctima”, una rebelde y una revolucionaria de todos los tiempos, atreviéndose a señalar a la Iglesia Católica como la promotora de la “caza de brujas”, y defendiendo su obra como un escrito de contenido histórico y no un producto de la ciencia ficción. Un verdadero genocidio, una histeria o esquizofrenia colectiva, un feminicidio masivo, un machismo exacerbado que se prolongaría durante siglos, un crimen contra la humanidad que costó la vida de figuras notables como la de <strong>Juana de Arco</strong>. Y así también destacar otras brujas que han tenido un amplio reconocimiento a lo largo de la historia. En 1324 encontramos a <strong>Alice Kyteler, </strong>quien poco pudo hacer para defenderse ante el obispo de Ossory, convirtiéndose en la primera irlandesa en ser condenada por brujería. Una de sus sirvientas atestiguó que Alice solía sacrificar animales vivos en una suerte de ritual demoniaco. Se le inculpaba luego de haber enviudado en cuatro ocasiones bajo sospecha de envenenamiento, pero finalmente conseguiría escapar de su país. En 1593<strong> Maria Holl</strong>, conocida como la “Bruja de Nördlingen”, fue una de las primeras mujeres en lograr defenderse y hasta conseguir ser absuelta de sus acusaciones de brujería. En 1657, en Escocia, <strong>Maggie Wall</strong> sería quemada en una hoguera sobre la que hoy se impone un monumento de roca de más de seis metros coronado de una cruz, y que es un lugar de alto atractivo turístico, pese a que poco se sabe de la vida de Maggie y menos de su juicio, y por lo que muchos la consideran como una simple leyenda. Para 1751 <strong>Anna Schindenwind </strong>sería una de las últimas en ser ajusticiada en la hoguera en una plaza pública alemana. <strong>Joan Wytte, </strong>conocida como el “Hada de Bodmin”, nació en Inglaterra en 1775, y se decía que era vidente y curandera, de una fuerza descomunal, y que estaba poseída por el maligno. Se le recuerda por fea, desdentada y agresiva, y precisamente por revoltosa pararía en la cárcel donde moriría a la edad de los 38 años. Su cadáver fue disecado y años después sus restos fueron profanados para una sesión de espiritismo, tras lo cual dice la leyenda la bruja se manifestaría desde el más allá. <strong>Anna Göldin </strong>será una de las últimas mujeres ejecutadas en Europa, sucedió en Suiza durante el verano de 1782. Hacia finales del siglo XVIII <strong>Marie Catherine Laveau</strong>, una viuda negra que trabajaba como peluquera de las mujeres blancas y adineradas de New Orleans, conocida como la “Bruja peluquera” o la “Reina bruja”, era famosa por sus prácticas de vudú que solía realizar en compañía de su serpiente de nombre “zombi”. Finalmente <strong>Violet Mary Firth Evans</strong><strong>, </strong>nacida hacia finales del siglo XIX, y quien fuera una de las brujas más reconocidas de su tiempo por haberse interesado desde temprana edad en el arte del ocultismo y hasta llegar a convertirse en una experta. Se hacía llamar “Dion Fortune”, y junto a su esposo fundó “Fraternidad de la luz interior”. También se le recuerda por haber apoyado fuertemente a Inglaterra durante los intentos de la ocupación alemana. Sería ya entrado el siglo XX, hacia la década de los setenta, cuando los movimientos feministas se apropiaron de la imagen de la bruja como un emblema de culto y un símbolo de la resistencia femenina. Surge la revista <em>Brujas, </em>de Xavière Gauthier, que exponía en detalle “las prácticas subversivas de los movimientos feministas”, y surgen también los cultos y rituales modernos como la <em>Wicca, </em>que es como hoy se conoce al encuentro de varias mujeres que se reúnen a manera de un antiguo aquelarre. Lo cierto es que gran número de estas mujeres que fueron asesinadas por considerárseles brujas no eran otra cosa que mujeres de ciencia, estudiosas, investigadoras. Muchas de ellas eran parteras y curanderas, cocineras o consejeras, sabias en el conocimiento de plantas e hierbas con los que solían preparar brebajes y remedios, conocedoras de enfermedades que lograban tratar de manera precaria por medio de pócimas basadas en la farmacopea tradicional, y que muchos citadinos y médicos señalaron como prácticas paganas o brujeriles. Les prohibieron legar sus nuevos conocimientos y sus enseñanzas ancestrales y prefirieron silenciarlas en medio de una pira encendida. La escoba sigue siendo hoy símbolo que nos remite a la bruja voladora, así también como a un objeto ligado a la mujer consagrada a las labores del hogar. Tanzania, República Democrática del Congo, Kenia, Ghana, Angola, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Arabia Saudita, Nepal e India son algunos de los más de cincuenta países donde la brujería sigue siendo perseguida y penalizada con castigos de tortura y muerte. Se calcula que en la última década más de veinte mil mujeres han sido condenadas por el cargo de brujería, y en el 2020, por motivos de la pandemia, el creciente número de rezanderas de todas las especies se ha venido multiplicando, por lo que también aumentó la persecución y una nueva cacería.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Mar 2023 00:35:49 +0000</pubDate>
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        <title>Gabriela Mistral (1889-1957)</title>
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        <description><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>De maestra de escuela a Premio Nobel de Literatura, ese fue el recorrido de Lucila María Godoy Alcayaga, conocida en todo el mundo por su seudónimo de Gabriela Mistral. Nació en una familia de clase media, “entre treinta cerros”, como ella misma mencionó en más de una ocasión. Su padre abandonó el hogar cuando Lucila tenía tres años, pese a lo cual la escritora dice no guardar mayores resentimientos, e incluso confiesa que “revolviendo papeles” hallaría unos versos “muy bonitos” escritos por su padre, y que fueron cruciales para su aventura literaria: “Esos versos de mi padre, los primeros que leí, despertaron mi pasión poética.” Precoz, autodidacta, aprendía de lo que veía, y fue así como a los 15 años ya servía como ayudante de profesora en la Escuela de la Compañía Baja, en La Serena, donde aprovecharía para aportar con notas que fueron publicadas por el periódico <em>El Coquimbo, </em>y un año más tarde colaboraría con algunas columnas para <em>La voz de Elqui, </em>de Vicuña. De estos años se recuerdan escritos como <em>El perdón de una víctima, La muerte del poeta, Las lágrimas de la huérfana, Amor imposible </em>y <em>Horas sombrías. </em>En 1908 fue profesora en La Cantera y luego en Los Cerrillos, camino a Ovalle, y fue ese año con la publicación del poema <em>Del pasado </em>donde Lucila asumiría el seudónimo con el que firmaría en adelante sus escritos y con el que sería reconocida en el mundo entero: “Gabriela Mistral”, el nombre que eligió por sus dos poetas predilectos: Gabriele D’Annunzio y Frédéric Mistral. Sus notas y apuntes ya mostraban una preocupación política, interesada por las obras y proyectos sociales que pudieran lograr una equidad económica para Chile. Siempre se mostró curiosa por aprender, y a pesar de que siempre se le impidió cursar formalmente estudios académicos, fuera por motivos económicos, o como aquella vez que fue discriminada para estudiar en la Escuela Normal por la ideología religiosa que profesaba. Para 1910 convalidó sus estudios y obtuvo el título de Profesora de Estado en la Escuela Normal No. 1 de Santiago, por lo que ya podría ejercer como profesora, y aunque siempre fuera subvalorada por muchos de sus colegas egresados del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Ese mismo año se traslada a Traiguén, en la Araucanía, y con apenas 21 años es encargada de remplazar a la directora del Liceo de Niñas, además de oficiar como maestra interina de labores, dibujo, higiene y economía doméstica. Para ese momento de su vida Gabriela empezará a descubrir las comunidades indígenas de los <em>mapuches</em>, interesándose en su cultura y así también como en sus problemáticas, “estos saben amar sus tierras”, diría años más tarde. Gabriela continúa explorando la poesía y en 1911 publica en el diario <em>El Colono </em>su poema titulado <em>Tristeza, </em>en el que decanta los sentimientos generados a partir de quien fue su amante y que se habría suicidado un año antes. Semejante a este poema surge ese mismo año el que tituló <em>Rimas, </em>donde se puede apreciar la impotencia y angustia que se experimenta después del adiós. Y será a finales de ese año en Los Andes cuando empieza a dar vida a lo que después sería compendiado bajo el título de <em>Sonetos de la muerte, </em>obra que le valió su primer reconocimiento, luego de alzarse con el primer premio en los Juegos Florales. “Ignoraba yo por aquellos años lo que llaman los franceses el <em>metier de côté</em>, o sea, el oficio lateral; pero un buen día él saltó de mí misma, pues me puse a escribir prosa mala, y hasta pésima, saltando, casi en seguida, desde ella a la poesía, quien, por la sangre paterna, no era jugo ajeno a mi cuerpo. En el descubrimiento del segundo oficio había comenzado la fiesta de mi vida”, confesaba así la mujer que se había descubierto en el arrobo poético y, plenamente identificada con la poesía, se empeñaría en consagrarse a ella. De aquellos años se destacan poemas como <em>Ensoñaciones, Junto al mar </em>y <em>Carta íntima. </em>Para 1917 se publicó una de las más representativas y estudiadas antologías poéticas chilenas, y en donde figuraba Gabriela como una de las más destacadas figuras, y aunque sus poemas conservaran todavía su nombre de pila. Gabriela se muda a Antofagasta, al norte del país, y un tiempo después viajará hasta el sur, a Punta Arenas, donde estará encargada de la dirección del Liceo de Niñas Sara Brown, y especialmente de la encomienda personal del Ministro de Justicia e Instrucción Pública: “La chilenización de un territorio donde el extranjero superabundaba.” Gabriela lamentaba sin embargo el exterminio de poblaciones indígenas que estaban siendo víctimas de estas políticas, como el caso de los <em>selknam </em>que casi fueron exterminados por completo. Continúa recorriendo el territorio chileno y es así como llega a Temuco para dirigir el Liceo de Niñas, y en donde permaneció poco tiempo debido al insoportable clima polar que afectaba su salud, por lo que un año después regresará a Santiago. En Temuco tuvo la oportunidad de conocer y compartir con un joven poeta llamado Neftalí Reyes, y que años más tarde sería reconocido por todos como Pablo Neruda. El poeta comentó años después la importancia de esos encuentros con Mistral en sus inicios poéticos: “Ella me hizo leer los primeros grandes nombres de la literatura rusa que tanta influencia tuvieron sobre mí.” Ya en la capital Gabriela aplica para el cargo de directora en el prestigioso Liceo No. 6 de Santiago. Contaba con una carrera en la que ya se había desempeñado como directora en otros liceos, y pese a no contar con los créditos académicos que los profesores del instituto le reclamaban, la hábil poetisa conseguiría ganarse el puesto y encargarse en adelante del liceo. En 1922 publica en New York lo que es considerada su primera obra maestra, <em>Desolación, </em>un poemario compuesto por escritos que había acumulado desde hacía diez años y que apenas ahora verían la luz. Durante la década de los veinte Mistral se desempeñaría en cargos diplomáticos y como representante de organismos internacionales en América y Europa. Invitada por el Ministro de Educación, comienza su periplo abordo del <em>Orcoma </em>con destino a México, donde haría parte de la Reforma Educacional, presentando un novedoso sistema educativo que se mantiene hasta hoy, y apoyando la educación popular y los lineamientos de la Educación Nueva y la Escuela Activa, que luego compartiría en la Liga de las Naciones Unidas. Sugería una educación lúdica, práctica, creativa y activa, creyendo posible convertir la escuela en “el corazón de la sociedad.” Dos años permanece en México sirviendo como profesora en distintas escuelas y relacionándose con los más célebres intelectuales del momento, y sería allí mismo donde se publicaría su libro <em>Lectura para mujeres. </em>En Chile aparece también su poemario <em>Desolación </em>con una tirada de veinte mil ejemplares<em>, </em>y en España se publica una primera antología de la poetisa, titulada <em>Las mejores poesías</em>; y también en Madrid para 1924 verá la luz el libro titulado <em>Ternura, </em>el cual se compone de una “poesía escolar”, una renovada poesía infantil compuesta de canciones de cuna, rondas y arrullos con un estilo escueto y depurado<em>. </em>Antes de regresar a Chile Mistral pasará por Estados Unidos, donde será invitada en algunas universidades para dictar conferencias respecto al sistema educativo que proponía, y con los mismos propósitos realizó un corto viaje por Europa. Sin embargo, de regreso a su país, Gabriela encontró un ambiente de agitación política del que quiso evadirse, y para 1926 se mudaría a Ginebra asumiendo el cargo de secretaria del Instituto de Cooperación Internacional de la Liga de Naciones. A comienzos de la década de los treinta viajará por Puerto Rico, Cuba y otros países del Caribe, y en Nicaragua el general Augusto Sandino la nombraría “Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”. Los próximos veinte años ejercerá una carrera de cónsul que la llevará a recorrer distintos países de Europa, y donde no desaprovechará para continuar su prolífica colección de poemas que serían traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, sueco, entre otros. En 1942, residiendo en Petrópolis, Brasil, Gabriela quedó devastada al enterarse del suicidio de una pareja de amigos judíos que huían de la persecución de los nazis, y un año más tarde cuando su amado sobrino que había criado con el afecto y cariño de una madre, Juan Miguel (al que llamaba “Yin-Yin”), y con tan solo 17 años, tomaría la misma fatídica decisión de la pareja judía. Al año siguiente, todavía morando en Brasil, Gabriela Mistral recibiría la noticia por parte de la Academia Sueca de que se había convertido en la primera mujer iberoamericana y el segundo latinoamericano en ser galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Literatura. Se le reconoce “su obra lírica que, inspirada en poderosas emociones, ha convertido su nombre en un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano”. En su discurso pronunció: “Por una venturanza que me sobrepasa, soy en este momento la voz directa de los poetas de mi raza.” Ese mismo año regresa por cuarta vez a Estados Unidos, en esta ocasión para oficiar como cónsul en Los Ángeles, donde invertiría el dinero del premio en la compra de una hacienda en Santa Bárbara, California. En 1946 conocerá a Doris Dana, una mujer que se convertirá en una figura fundamental en su vida, y que aportará en la historia de la consagrada escritora a un nivel más que profesional, y cuya relación persistiría hasta la muerte de Mistral. Doris Dana era una joven escritora estadounidense de 28 años que había despertado una cierta admiración por la escritora chilena, y por lo que un día quiso enviarle una misiva. Expresándole sus respetos y compartiéndole un texto que había escrito sobre Thomas Mann, valiéndose de algunos textos que Mistral había publicado años atrás, le escribió: “En la profunda ternura contemplativa y la fuerza de sus obras, el mundo ha encontrado en usted una maestra de sentido y una llama viva del arte más puro.” Las palabras con las que Gabriela había conquistado al mundo, serían las mismas con las que fuera seducida por una mujer treinta años menor, y teniendo el efecto previsto la escritora chilena se puso en contacto con Dana. La estadounidense sugerirá sin embargo un encuentro: “De haber sido posible hubiera preferido, desde luego, gozar del privilegio de poner este libro personalmente en sus propias manos.” En adelante y durante nueve años sería un ir y venir de cartas, que décadas más tarde serán una pieza fundamental en el estudio de la vida personal de Gabriela Mistral y que se recogieron bajo el título de <em>Niña errante. </em>El compendio se compone de una veintena de cartas de Doris Dana, y más de doscientas misivas que Mistral le habría enviado a quien, al parecer, sería mucho más que una amiga, una colega y, a la postre, su albacea. En las misivas se entrevé una discreta atracción que se va pronunciando con el paso del tiempo y de las palabras, y a momentos Mistral parece obsesionada con Doris, identificándose a sí misma como una figura más bien masculina dentro de la relación. A menos de un año empieza a llamarla “amor”, y le escribe: “Tú no me conoces todavía bien, amor. Tú ignoras la profundidad de mi vínculo contigo. Dame tiempo, dámelo, para hacerte un poco feliz… Duerme, mi amor, descansa. Yo procuraré ser menos brutal y necio. Yo te debo el lavarme de estos defectos. Yo te debo felicidad por cuanto he recibido de ti.” En algunos pasajes puede leerse el apego que sentía Gabriela por Doris y cómo extrañaba su presencia en su vida: “Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación.” Las cartas permiten revelar desilusiones, pasión, reproches, todo como si se tratara de una auténtica relación de pareja. “Yo me pongo en el viento y en la lluvia tierna, para que estos, viento y lluvia, puedan abrazarte y besarte para mí”, le contesta Doris en una de sus pocas respuestas. Doris siempre negó que entre las dos se hubiera dado un encuentro íntimo, y que a pesar del afecto evidente que las unía nunca hubo un trato que excediera el límite de la amistad. La sociedad conservadora de Chile tildó a Gabriela de “lesbiana de armario”, por lo que no se le conoció tampoco una relación sentimental con ningún hombre. Poco le preocupó lo que pudiera pensarse respecto a su sexualidad. “De Chile, ni decir. Si hasta me han colgado ese tono lesbianismo, y que me hiere de un cauterio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad? Yo soy una mujer como cualquier otra chilena.” Lo cierto es que se mantuvo soltera a lo largo de toda su vida y, sin importar si era heterosexual o no, tal parece que no sólo se consagró a sus escritos y a su trabajo pedagógico sino también al celibato. Sus amoríos parecieron ser todos epistolares, platónicos, casi prohibidos, y en donde raras veces se concretó un encuentro. Era mujer, una gran mujer, no exenta de pasiones, y de allí que sus versos no solamente fueran las rondas infantiles por las que se le conoce, ya que podemos encontrar a lo largo de su obra muchos versos cargados de erotismo. Lo cierto es que Gabriela no gozaba de una gran autoestima, se consideraba a sí misma una mujer de rasgos indígenas, más alta de lo normal, fea, algo deforme, y que se acentuaba con una personalidad desafiante y conflictiva. Solía vestir trajes de dos piezas y sujetar su pelo recogido en moño, además de llevar el ceño fruncido y los labios apretados. “Yo nací mala, dura de carácter, egoísta enormemente y la vida exacerbó esos vicios y me hizo diez veces dura y cruel”, confesaba en alguna de sus cartas. A su amada Doris le escribía: “Tú no me pudiste querer mi vejez, mi fealdad… Tu orgullo, muy visible, te alejó de mí.” En 1949 muere su madre y ese mismo año publicará uno de sus libros más conocidos y admirados: <em>Tala. </em>En 1953, ejerciendo aún como cónsul, se trasladará a New York, acompañada en muchas ocasiones por Doris, quien sería reconocida como su asistente, y con quien un año más tarde viajaría a Chile para recibir varios homenajes y condecoraciones que esperaban desde hacia años para celebrar su vida y conmemorar su obra. En Santiago se declaró día festivo. Las calles fueron bloqueadas para que la poetisa pudiera saludar desde una carroza jalada por caballos a una multitud de personas que anhelaban conocerla mientras le arrojaba flores y besos. Al día siguiente el presidente Ibáñez la recibió en el palacio de La Moneda y en la tarde la Universidad de Chile le concedió el Doctor Honoris Causa. Sería la última vez que saludaría a su patria. Regresa a Estados Unidos, “país sin nombre”, así se refería a este país, donde confesaba no sentirse del todo a gusto con el clima frío de New York, y por lo que estuvo buscando su sitio en Florida o New Orleans y mudarse junto a su amiga, para finalmente irse a vivir a la mansión heredada por Doris en Long Island. “Pero si tú no quieres dejar tu casa, cómprame, repito, un calentador y quedamos aquí”, le escribía Gabriela en torno burlesco. Por esos años Doris fue consciente de la presencia grande que había hallado en su camino, y lo mucho que ella como su amiga más cercana podría aportar para quienes querían conocer de fondo la historia de la gran escritora chilena, y por lo que iniciaría un registro detallado de las conversaciones y experiencias que mantenía con Mistral, además de miles de ensayos literarios que consiguió conservar y que luego legó a su propia sobrina, Doris Atkinson. En 1954 da a conocer el poemario <em>Lagar I, </em>poemas que había redactado una década atrás con toda la carga emocional provocada a partir de la Segunda Guerra Mundial. Gabriela padecía diabetes desde hacía varios años y había sufrido un par de complicaciones cardiacas, y sin embargo sería un cáncer de páncreas lo que le daría un final a su vida. En 1957, a sus 67 años, en el Hospital de Hempstead de New York, Lucila María Godoy Alcayaga se despedía de este mundo acompañada de su infaltable Doris, quien se convertiría en delante en la guardiana de sus escritos y en la encargada de hacer cumplir de manera póstuma la voluntad de la difunta. Sus restos fueron trasladados a su país y su cuerpo velado en la Casa Central de la Universidad de Chile, para después ser inhumada en Montegrande, como fuera su deseo, por ser ese el lugar que le recordaba su infancia feliz, y en donde años después, y cumpliéndole también a uno de sus deseos, el cerro conocido como Fraile pasaría a llamarse Gabriela Mistral. Además en su testamento Gabriela dejó estipulado que los fondos recaudados por la venta de sus libros en Suramérica fueran destinados a los niños pobres de Montegrande. En vida recibió toda clase de halagos y homenajes, premios, condecoraciones y títulos, y tras su muerte y para perpetuar su memoria y honrar su nombre, son varias las calles y avenidas, museos y academias, estaciones, parques y plazas, bibliotecas y centros culturales que han sido bautizados “Gabriela Mistral”. Sobre ella se han escrito cantidad de libros y biografías. Años más tarde se darían a conocer algunos textos inéditos que recogen su legado de cantos, rondas y prosas en <em>Motivos de San Francisco, </em>publicado en 1965, y en 1967 <em>Poema de Chile </em>y <em>Lagar II. </em>Traducida a más de veinte idiomas, “La divina”, “La santa”, como fue llamada, Gabriela Mistral constituye una de las poetisas más relevantes de la literatura española, así como un referente de la poesía femenina y una puerta para que las mujeres se aventuraran por estos caminos, y así su obra serviría para inspirar a otros grandes poetas que le sucedieron, como el caso de su compatriota Pablo Neruda o del mexicano Octavio Paz. Durante algunos años Doris conservó los manuscritos de Mistral y no los haría llegar a Chile hasta pasados cincuenta años, cuando sería su sobrina Doris Atkinson quien donaría al gobierno chileno una herencia poética compuesta de más de 40.000 documentos y 563 piezas que incluyen fotografías, elementos personales, documentos privados y epistolarios, y que hoy permanecen en el Archivo del Escritor de la Biblioteca Nacional de Chile. La figura de Mistral aparece desde 1981 en el billete de 5.000 pesos chilenos, y para 2015 se recuerda la intervención de la presidenta Michelle Bachelet al momento de promulgar la ley que posibilita a parejas del mismo sexo formalizar la unión civil, y donde se refirió a Gabriela Mistral como un apoyo a dicha ley: “Nuestra Gabriela mistral escribió a su querida Doris Dana; ‘Hay que cuidar esto, Doris, es una cosa delicada el amor’”. Recordamos por último un par de líneas de su poema <em>Yo no tengo soledad: </em>“Es la noche desamparo de las sierras hasta el mar. Pero yo, la que te mece, ¡yo no tengo soledad! Es el cielo desamparo si la luna cae al mar. Pero yo, la que te estrecha, ¡yo no tengo soledad! Es el mundo desamparo y la carne triste va. Pero yo, la que te oprime, ¡yo no tengo soledad!”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-85285" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/07/210.-GABRIELA-MISTRAL-212x300.jpg" alt="GABRIELA MISTRAL" width="212" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 03 Feb 2023 23:51:12 +0000</pubDate>
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        <title>Quispe Sisa (1518-1559)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Francisco Pizarro desembarcó en las costas de América, el imperio inca ya había logrado ensanchar sus dominios hasta la actual Bolivia, así como abarcar el norte de lo que es hoy Chile y también de Argentina. Para ese momento lideraba el <em>sapa</em> Huayna Capac, que a su vez continuaría la campaña expansionista de su imperio, anexándole parte de los territorios que hoy comprenden los países de Ecuador y Colombia. Huayna Capac tenía dos hijos, Huáscar y Atahualpa (éste último quien lo sucedería al trono y que sería también el último del imperio) cuando visitó la zona dominada por la poderosa etnia de los <em>huaylas,</em> y en donde el <em>sapa </em>inca se entrevistaría con el <em>curaca </em>(señor del lugar), y quien decide dar a su hija Contarhuacho en matrimonio para así estrechar los vínculos de amistad con los incas. Los incas no tenían reparos para permitirse la poligamia, y fue así como Quispe Sisa nacería para ostentar el título de <em>ñusca </em>(noble del imperio), producto de la unión de un rey poderoso y de una distinguida princesa. La cortesana pasó su infancia en Cuzco, sede principal del imperio, para luego mudarse con su madre a Tocash, en la región de los <em>huaylas, </em>ya que Contarhuancho no se encontraba del todo conforme con ser tratada como la segunda esposa. Pero a la muerte del <em>sapa, </em>Quispe prefiere retornar a la corte, para reunir un grupo de nobles incas que la acompañen al norte de Perú, a la ciudad de Cajamarca, donde los españoles mantenían cautivo a su hermano, el legendario guerrero Atahualpa. Pese a su condición de recluso, el líder inca mantenía una relación cordial con sus enemigos, quienes le tenían permitido ser visitado por familiares y hasta por sus propios generales. En una de estas visitas Pizarro conocería a la agraciada media hermana de Atahualpa, y en un gesto de amistad, queriendo revertir su suerte de condenado y establecer un parentesco que disuadiera a Pizarro de mantenerlo encadenado, el prisionero, tal cual rezaba la costumbre, le ofrecería a Quispe para que la desposara. Estas fueron sus palabras: “Cata ay mi hermana, hija de mi padre, que la quiero mucho.” Quispe tenía 18 años cuando pasó a convertirse en la esposa de un español aventurero, un conquistador de tierras que aprovechó el paso por este nuevo mundo para colonizar el corazón de una nativa. Para consumar una boda formal que avalara la iglesia cristiana, era preciso que la indígena fuera bautizada por medio del ritual católico, en una ceremonia luego de la cual adoptaría el nombre de Inés, como una manera de honrar el nombre de la hermana de su esposo. Según se dice la <em>ñusta </em>gozaba de un encanto y una belleza que destacaba entre las demás mujeres. El español no la tenía avasallada como cualquiera podría esperar, y antes bien, la presentaba como a su esposa acompañándolo en los distintos espacios, fuera en la mesa o en el cuartel general. De cariño le llamaba “Pizpita”, por lo simpática y coqueta que le resultaba su feminidad. Con ella tendría una niña llamada Francisca, y un niño llamado Gonzalo y que moriría antes de cumplir los 11 años. Ambos hijos fueron reconocidos años más tarde como legítimos por parte del rey Carlos I en Real Cédula expedida en Monzón, Huesca. Pero en 1536 la relación se vería atacada, cuando Manco Inca Yupanqui se rebela contra los españoles y asedia la ciudad de Lima. Algunas versiones dicen que Quispe envió un comunicado a su madre pidiéndole el apoyo de los ejércitos para auxiliar a Pizarro, y otra versión asegura que la Pizpita haría parte de la conspiración y que incluso tenía planes de fugarse con un cargamento repleto de tesoros. Sea cual sea la versión que corresponde a la realidad, su esposo sospechaba de la lealtad de su mujer, y de esta forma se inclinaba más por la segunda. Aludiendo a estos motivos, el conquistador se separa de Quispe y muy pronto se une en matrimonio a Angelina Yupanqui (hermana de Huáscar y Atahualpa), con quien tendría un tercer hijo americano llamado Francisco. Así mismo, en 1538 la indígena encontraría a un nuevo marido con quien se casó por la iglesia cristiana, también español y tocayo de su exesposo, un joven siete años menor que ella de apellido de Ampuero, y con quien tendría tres hijos. En 1541 muere el mítico conquistador Francisco Pizarro, y aunque deja parte de su herencia a su hija Francisca, se olvida de mencionar a su madre, y es así como omite legar algo a su antigua mujer, y la que en un principio le robaría su corazón aventurero. Para 1547 su relación matrimonial estaba yéndose a pique, y más cuando fuera sindicada por su esposo de estar perpetrando rituales de hechicería y celebrando conjuros para perjudicar su salud. Sin embargo Quispe morirá antes de que se iniciara algún juicio en contra suya o de que sus maleficios tuvieran algún efecto sobre el esposo que bien le sobreviviría. Fue el propio padre de sus hijos quien colaboró en gran parte a la extinción de una civilización milenaria, dejando un mundo distinto, perturbado por las ideologías del progreso europeo. Álvaro Vargas Llosa, hijo del Premio Nobel de Literatura, dedicó un libro a Quispe Sisa publicado en el 2003, y que tituló <em>La mestiza de Pizarro: una mestiza entre dos mundos. </em>Sus hijos, los criollos, gozarían de riquezas y de alto prestigio; en su línea sanguínea se cuentan reyes y mandatarios y figuras notables de las noblezas argentinas y bolivianas, así también como dominicanas y españolas, y desde luego peruanas.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-83202" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/04/178.-QUISPE-SISA-180x300.jpg" alt="QUISPE SISA" width="180" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Jul 2022 09:49:16 +0000</pubDate>
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        <title>Inventario de mares</title>
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        <description><![CDATA[<p>La dimensión espacial del agua oceánica es más comprensible si lo dividimos por mares. Aquí un recuento de los principales mares de nuestro mundo y su ubicación geográfica. Sobre los dominios del Océano Pacífico el Mar de la China Meridional abarca la más grande extensión entre los mares, con casi tres millones de kilómetros cuadrados, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La dimensión espacial del agua oceánica es más comprensible si lo dividimos por mares. Aquí un recuento de los principales mares de nuestro mundo y su ubicación geográfica.</p>
<p>Sobre los dominios del Océano Pacífico el Mar de la <strong>China Meridional</strong> abarca la más grande extensión entre los mares, con casi tres millones de kilómetros cuadrados, seguido por la vastedad de las aguas cálidas del Mar <strong>Caribe</strong>, en el Océano Atlántico, el cual comprende una extensión de más de dos millones y medio de kilómetros cuadrados.</p>
<p>También en el Atlántico, y adentrándonos en territorios europeos, africanos y asiáticos, el Mar <strong>Mediterráneo</strong> es apenas un poco más pequeño que el Caribe.</p>
<p>Entre Alaska y Siberia se extienden dos millones de kilómetros cuadrados de lo que conocemos como el Mar de <strong>Bering</strong>. Y compartido entre EE.UU. y México el Mar del <strong>Golfo de México</strong> tiene una extensión de un millón y medio de metros cuadrados, semejante al área que constituye en el Océano Índico el prominente Mar <strong>Arábigo,</strong> situado en la costa suroccidental de Asia, entre las penínsulas Arábiga y del Indostán.</p>
<p>Entre Asía y Europa se extiende el Mar <strong>Caspio</strong>, y entre el sureste de Europa y Asía Menor está situado el Mar <strong>Negro</strong>, y muy cerca de allí, aunque no tan grande, entre Grecia y Turquía, se abren paso los dominios del Mar <strong>Egeo</strong>. Entre las costas de Noruega y Dinamarca se encuentra el Mar del <strong>Norte</strong>, conectado al amplio mar de la península escandinava, el Mar <strong>Báltico</strong>. Al sur del continente europeo el Mar <strong>Adriático</strong> separa las penínsulas Itálica y de los Balcanes, y al sur del Adriático, como un brazo del Mediterráneo, encontramos la principal ruta naviera de los antiguos romanos, el Mar <strong>Jónico</strong>.</p>
<p>Entre África y Asia el legendario Mar <strong>Rojo</strong> alcanza casi medio millón de kilómetros cuadrados.</p>
<p>Fuente: elpuntosobralai.com / saberespractico.com</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-56642" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2017/05/mares-300x151.jpg" alt=" Fotografía: mapasdecostarica.blogspot.com.ar" width="300" height="151" /></p>
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        <author>Bastián Baena</author>
                    <category>300 GOTAS</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=56641</guid>
        <pubDate>Thu, 25 May 2017 03:30:52 +0000</pubDate>
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