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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Álvaro Vargas Llosa | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La dañina filosofía del más vivo</title>
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        <description><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa: “Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Ayer una señora se coló y me quitó el puesto en la fila del supermercado. Este incidente me recordó una historia que escuché hace días, una historia con una moraleja dudosa:</p>
<p>“Había un señor dueño de una finca. Una mañana temprano, llegó un jornalero a pedirle trabajo y le ofreció trabajar 8 horas por 10 pesos. Al mediodía, llegó otro jornalero pidiendo trabajo y le dijo que le trabajaría 3 horas por 50 pesos. El dueño de la finca aceptó.</p>
<p>El primer jornalero le reclamó al terrateniente porque le parecía injusto que le pagara 50 pesos por 3 horas de trabajo al otro jornalero. El dueño de la finca le contestó que la culpa fue de él por no ser más &#8216;vivo&#8217; y cobrar más dinero por menos tiempo de trabajo”.</p>
<p>Según quien contó la historia, la moraleja es que hay que ser más &#8220;vivos&#8221; y cobrar más para que no aparezca otro más vivo que tú.</p>
<p>Sin embargo, me parece que esa no es la moraleja correcta. El primer jornalero pidió trabajo y cobró lo que honestamente costaba su labor. El segundo jornalero, aprovechado y avivato, cobró más dinero por menos tiempo de trabajo, estafando al dueño de la finca, quien al parecer es un tonto al que le gusta regalar su dinero.</p>
<p>En esta historia se premia la viveza y la estafa, y se castiga la honestidad. Esta situación no es solo una anécdota, sino que refleja nuestro diario vivir.</p>
<p>Cuando la señora me quitó el puesto en la fila, no me quedé callada. Le dije que no fuera tan irrespetuosa, que tuviera un mínimo de educación y me devolviera mi lugar. También le pedí a la cajera que no la atendiera, porque quien seguía era yo. La cajera se hizo la sorda y atendió a la señora maleducada. No discutí más porque estaba en modo namasté y no quería confrontaciones.</p>
<p>Cuando la mujer que me robó el puesto se iba, me dijo cínicamente: &#8220;De malas, eso te pasa por estar distraída y no andar pilas&#8221;.</p>
<p>¿Distraída? Estaba haciendo normalmente una fila. Hasta ahora me entero de que, haciendo cola, tengo que estar alerta para que no me roben el puesto.</p>
<p>Lo peor de todo es que estos comportamientos son festejados, y ser un &#8220;vivo&#8221; es considerado una cualidad y no un defecto.</p>
<p>Álvaro Vargas Llosa, en su libro &#8220;La fauna política latinoamericana: neopopulistas, reyes pasmados e insoportables&#8221;, habla sobre la &#8220;cultura de la viveza&#8221;, manifestando que es una característica social muy arraigada en Latinoamérica. Para él, es un síntoma de sociedades donde existe desconfianza en las instituciones y una debilidad legal. Vargas Llosa explica que cuando los ciudadanos perciben que las &#8220;reglas del juego&#8221; (sean legales o convenciones sociales) son injustas e ineficaces, la tentación de &#8220;ser vivo&#8221; se convierte en una estrategia de supervivencia.</p>
<p>Vargas Llosa manifiesta en su libro que la astucia y la viveza se consideran como una respuesta adaptativa a un entorno hostil. Sin embargo, también hace énfasis sobre los peligros de la corrupción y la falta de ética en esta cultura de la viveza.</p>
<p>Al analizar lo expuesto por Vargas Llosa, la &#8220;cultura de la viveza&#8221; sí puede ser una capacidad de adaptación y supervivencia dentro de una sociedad sistemáticamente injusta y sin equidad; pero, por otro lado, arraiga en la población una inclinación hacia la deshonestidad y la corrupción, que transciende el entorno de la supervivencia y comienza a considerarse un &#8220;hábito útil&#8221; para buscar el beneficio propio pasando por encima de los demás, sin ningún principio ético y moral.</p>
<p>He escuchado siempre que dicen &#8220;tienes que ser el más vivo&#8221; o &#8220;mi hijo es el más vivo del colegio&#8221;. Pero, ¿quién es “el más vivo”?</p>
<p>* El que es capaz de quitarle el puesto a otro, colarse en la fila, irrespetando el tiempo y el derecho de los demás.</p>
<p>* El que estafa, cobrando más de lo que cuesta, engañando, o vendiendo que probablemente no esté en un óptimo estado y tú no lo sabes.</p>
<p>* El trepador que, para alcanzar una posición, pasa y pisa a todo el que puede sin ningún dolor moral.</p>
<p>* El adulador que, a punta de hipocresía, se gana a las personas solo por el mero interés de obtener algo.</p>
<p>* El más bravucón o bravucona que, a punta de gritos, agresividad y mala actitud, se quiere imponer porque &#8220;tiene carácter&#8221;.</p>
<p>* El oportunista que vive del &#8220;papayazo&#8221; para obtener algo &#8220;gratis&#8221; o más barato cuando no lo es.</p>
<p>Este tipo de comportamientos los vemos a diario. Por ejemplo: cuando el taxista le cobra más al turista porque no conoce las tarifas, cuando en Cartagena le cobran un almuerzo a un turista cinco veces más de lo que realmente vale, o cuando una mujer sin educación te quita tu lugar en la fila.</p>
<p>Por fortuna, yo no soy &#8220;la más viva&#8221; ni lo quiero ser. Todos los días trabajo e intento ser respetuosa y decente, sin dejarme de nadie, pero sin pasar sobre nadie para obtener algo.</p>
<p>En una sociedad que se premia la “cultura del más vivo”, se desincentiva la honestidad. Desmontar esta percepción cultural no es sencilla. Necesitamos una educación que promueva valores éticos y un compromiso colectivo por parte de la sociedad para rechazar estos comportamientos.</p>
<p>Debemos redefinir lo que consideramos como habilidades de “éxito”, comenzando con nosotros mismos, crear en nuestras vidas una cultura de integridad y respeto mutuo.</p>
<p>Ser “el más vivo” también es una forma de violencia.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101667</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Jun 2024 20:03:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La dañina filosofía del más vivo]]></media:description>
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        <title>Quispe Sisa (1518-1559)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Cuando Francisco Pizarro desembarcó en las costas de América, el imperio inca ya había logrado ensanchar sus dominios hasta la actual Bolivia, así como abarcar el norte de lo que es hoy Chile y también de Argentina. Para ese momento lideraba el sapa Huayna Capac, que a su vez continuaría la campaña expansionista de su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Francisco Pizarro desembarcó en las costas de América, el imperio inca ya había logrado ensanchar sus dominios hasta la actual Bolivia, así como abarcar el norte de lo que es hoy Chile y también de Argentina. Para ese momento lideraba el <em>sapa</em> Huayna Capac, que a su vez continuaría la campaña expansionista de su imperio, anexándole parte de los territorios que hoy comprenden los países de Ecuador y Colombia. Huayna Capac tenía dos hijos, Huáscar y Atahualpa (éste último quien lo sucedería al trono y que sería también el último del imperio) cuando visitó la zona dominada por la poderosa etnia de los <em>huaylas,</em> y en donde el <em>sapa </em>inca se entrevistaría con el <em>curaca </em>(señor del lugar), y quien decide dar a su hija Contarhuacho en matrimonio para así estrechar los vínculos de amistad con los incas. Los incas no tenían reparos para permitirse la poligamia, y fue así como Quispe Sisa nacería para ostentar el título de <em>ñusca </em>(noble del imperio), producto de la unión de un rey poderoso y de una distinguida princesa. La cortesana pasó su infancia en Cuzco, sede principal del imperio, para luego mudarse con su madre a Tocash, en la región de los <em>huaylas, </em>ya que Contarhuancho no se encontraba del todo conforme con ser tratada como la segunda esposa. Pero a la muerte del <em>sapa, </em>Quispe prefiere retornar a la corte, para reunir un grupo de nobles incas que la acompañen al norte de Perú, a la ciudad de Cajamarca, donde los españoles mantenían cautivo a su hermano, el legendario guerrero Atahualpa. Pese a su condición de recluso, el líder inca mantenía una relación cordial con sus enemigos, quienes le tenían permitido ser visitado por familiares y hasta por sus propios generales. En una de estas visitas Pizarro conocería a la agraciada media hermana de Atahualpa, y en un gesto de amistad, queriendo revertir su suerte de condenado y establecer un parentesco que disuadiera a Pizarro de mantenerlo encadenado, el prisionero, tal cual rezaba la costumbre, le ofrecería a Quispe para que la desposara. Estas fueron sus palabras: “Cata ay mi hermana, hija de mi padre, que la quiero mucho.” Quispe tenía 18 años cuando pasó a convertirse en la esposa de un español aventurero, un conquistador de tierras que aprovechó el paso por este nuevo mundo para colonizar el corazón de una nativa. Para consumar una boda formal que avalara la iglesia cristiana, era preciso que la indígena fuera bautizada por medio del ritual católico, en una ceremonia luego de la cual adoptaría el nombre de Inés, como una manera de honrar el nombre de la hermana de su esposo. Según se dice la <em>ñusta </em>gozaba de un encanto y una belleza que destacaba entre las demás mujeres. El español no la tenía avasallada como cualquiera podría esperar, y antes bien, la presentaba como a su esposa acompañándolo en los distintos espacios, fuera en la mesa o en el cuartel general. De cariño le llamaba “Pizpita”, por lo simpática y coqueta que le resultaba su feminidad. Con ella tendría una niña llamada Francisca, y un niño llamado Gonzalo y que moriría antes de cumplir los 11 años. Ambos hijos fueron reconocidos años más tarde como legítimos por parte del rey Carlos I en Real Cédula expedida en Monzón, Huesca. Pero en 1536 la relación se vería atacada, cuando Manco Inca Yupanqui se rebela contra los españoles y asedia la ciudad de Lima. Algunas versiones dicen que Quispe envió un comunicado a su madre pidiéndole el apoyo de los ejércitos para auxiliar a Pizarro, y otra versión asegura que la Pizpita haría parte de la conspiración y que incluso tenía planes de fugarse con un cargamento repleto de tesoros. Sea cual sea la versión que corresponde a la realidad, su esposo sospechaba de la lealtad de su mujer, y de esta forma se inclinaba más por la segunda. Aludiendo a estos motivos, el conquistador se separa de Quispe y muy pronto se une en matrimonio a Angelina Yupanqui (hermana de Huáscar y Atahualpa), con quien tendría un tercer hijo americano llamado Francisco. Así mismo, en 1538 la indígena encontraría a un nuevo marido con quien se casó por la iglesia cristiana, también español y tocayo de su exesposo, un joven siete años menor que ella de apellido de Ampuero, y con quien tendría tres hijos. En 1541 muere el mítico conquistador Francisco Pizarro, y aunque deja parte de su herencia a su hija Francisca, se olvida de mencionar a su madre, y es así como omite legar algo a su antigua mujer, y la que en un principio le robaría su corazón aventurero. Para 1547 su relación matrimonial estaba yéndose a pique, y más cuando fuera sindicada por su esposo de estar perpetrando rituales de hechicería y celebrando conjuros para perjudicar su salud. Sin embargo Quispe morirá antes de que se iniciara algún juicio en contra suya o de que sus maleficios tuvieran algún efecto sobre el esposo que bien le sobreviviría. Fue el propio padre de sus hijos quien colaboró en gran parte a la extinción de una civilización milenaria, dejando un mundo distinto, perturbado por las ideologías del progreso europeo. Álvaro Vargas Llosa, hijo del Premio Nobel de Literatura, dedicó un libro a Quispe Sisa publicado en el 2003, y que tituló <em>La mestiza de Pizarro: una mestiza entre dos mundos. </em>Sus hijos, los criollos, gozarían de riquezas y de alto prestigio; en su línea sanguínea se cuentan reyes y mandatarios y figuras notables de las noblezas argentinas y bolivianas, así también como dominicanas y españolas, y desde luego peruanas.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 01 Jul 2022 09:49:16 +0000</pubDate>
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