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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Alemania | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Alemanes en Colombia, a propósito de la partida de un amigo.</title>
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        <description><![CDATA[<p>Resulta muy interesante, estudiar las diferentes migraciones desde Alemania a Colombia.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right"><strong>Con mi abrazo para Yolanda, Carlos Enrique, Juan Camilo y Lorna.</strong></p>



<p><strong><em>Nota preliminar:</em></strong>&nbsp;El presente texto se publica de forma simultánea en el periódico <em>El Correo del Golfo</em>, en donde el autor firma con su nombre de pila.</p>



<p>Resulta muy interesante, estudiar las diferentes migraciones desde Alemania a Colombia. A diferencia de los desplazamientos poblaciones europeos que se dieron en países de América Latina como Argentina, Brasil, Chile o Venezuela, en el caso de Colombia, no fueron masivos ni desde un país en concreto, pero dentro de las corrientes migratorias que tuvimos en nuestra historia, como las del Medio Oriente, o aquella romántica de japoneses que llegaron atraídos por un libro (<em>María</em>&nbsp;de Jorge Isaacs), se destacan las alemanas.</p>



<p>No mencionamos España, porque lógicamente los colombianos somos el resultado del mestizaje humano y cultural de españoles con los indígenas de las culturas precolombinas y los africanos, que fueron traídos a la fuerza a nuestro país, lo que ha resultado en una combinación muy rica en las artes, la música y la literatura.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El caso alemán resulta notable, porque ha tenido varios momentos en nuestra historia que se inició durante el reinado de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, cuando al Virreinato de la Nueva Granada (hoy Colombia), arribaron exploradores como Ambrosio Alfinger o Nicolás de Federmán. Hubo toda una región entre Colombia y Venezuela denominada Klein-Venedig, arrendada por España a la compañía germana de banqueros Welser, quienes se involucraron en la búsqueda del mítico&nbsp;<em>El Dorado</em>&nbsp;durante el siglo XVI. Lo interesante es que algunos de aquellos aventureros se radicaron en los Santanderes y Boyacá.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="587" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054532/leo-kopp.jpg" alt="" class="wp-image-105741" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054532/leo-kopp.jpg 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054532/leo-kopp-300x220.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054532/leo-kopp-768x564.jpg 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p>Luego de la fundación de la República de Colombia, durante el S XIX comenzaron a llegar empresarios alemanes que se vincularon con el transporte fluvial, como la navegación a vapor del río Magdalena, minería y diversas empresas. Algunos nombres legendarios como el de Geo von Lengerke, vinculado al tabaco y al café en Santander o Leo Siegfried Kopp con la&nbsp;<em>Cervecería Bavaria</em>&nbsp;(la cual sigue siendo líder en su ramo) en Cundinamarca. Como dato curioso, la tumba de Leo Kopp en el Cementerio Central de Bogotá se ha convertido en objeto de peregrinación, pues muchos van a contarle secretos al oído de su dorada escultura.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054548/Avion-Scadta.jpg" alt="" class="wp-image-105742" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054548/Avion-Scadta.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054548/Avion-Scadta-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p>Como saben los lectores de esta columna, Colombia fue uno de los primeros países a nivel mundial en que desarrolló la aviación comercial,&nbsp;<em>Avianca</em>&nbsp;es la segunda aerolínea más antigua del mundo y eso se dio, porque su primer nombre fue&nbsp;<em>SCADTA</em>,&nbsp;<em>Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos,</em>&nbsp;cuando unos barranquilleros se asociaron con alemanes en 1919, anticipándose a las aerolíneas estadounidenses en el continente.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="186" height="270" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054610/Distantes-y-distintos.jpeg" alt="" class="wp-image-105743" /></figure>



<p>Sin duda, el ascenso del régimen nazi en Alemania y los años previos a la Segunda Guerra Mundial, provocaron otro movimiento migratorio alemán hacia Colombia. Recuerdo este tema, a propósito de la partida del querido profesor y amigo Enrique Biermann Stolle, colombiano de origen alemán, quien publicó en 2001 un libro muy interesante titulado&nbsp;<em>Distantes y Distintos</em>.&nbsp;<em>Los emigrantes alemanes en Colombia, 1939 – 1945,&nbsp;</em>en el cual analiza los pormenores de esta comunidad alemana que él estimaba en unos 5000 expatriados en Colombia para 1940.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="552" height="872" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054811/Los-informantes.jpg" alt="" class="wp-image-105744" style="width:271px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054811/Los-informantes.jpg 552w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23054811/Los-informantes-190x300.jpg 190w" sizes="auto, (max-width: 552px) 100vw, 552px" /></figure>



<p>La mayoría de los alemanes residentes en Colombia eran judíos, pero también hubo simpatizantes del régimen nazi, lo que llevó al gobierno colombiano a confiscar propiedades y recluir a los sospechosos alemanes de ser simpatizantes nazis en un campo de concentración que se constituyó en los predios de un hotel en la población de Fusagasugá. El gran escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez se refiere a este hecho en su novela&nbsp;<em>Los Informantes</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="645" height="1000" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055018/Hitler-en-Colombia.jpg" alt="" class="wp-image-105745" style="width:263px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055018/Hitler-en-Colombia.jpg 645w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055018/Hitler-en-Colombia-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 645px) 100vw, 645px" /></figure>



<p>En los últimos años aparece la teoría del periodista argentino Abel Basti, que algunos tachan de descabellada y para otros resulta creíble, sobre la presencia de Adolf Hitler en Boyacá, incluso aportando fotografías, en una investigación histórica que de resultar cierta, sería el acontecimiento noticioso del siglo, pues desmontaría la versión oficial del suicidio de Hitler en Berlín.&nbsp;</p>



<p>En cualquier caso, que los alemanes han sido fundamentales para Colombia, lo demuestra un solo ejemplo, la presencia del acordeón en el género musical del vallenato. Una columna reciente la dedicamos a Helmut Bellingrodt, primer medallista olímpico colombiano, barranquillero con antepasados teutones. Uno de mis mejores amigos, a quien conocí en la Universidad Distrital y luego compartimos en&nbsp;<em>Editorial Norma</em>&nbsp;de&nbsp;<em>Carvajal</em>, fue Hans Uarquin Hernández, un querido y recordado mono (como le decimos a los rubios en Colombia).</p>



<p>El profesor Enrique Biermann fue un hombre entrañable, casado con Yolanda López, investigadora quien es referente de la docencia universitaria y del feminismo en Colombia, quienes conformaron una querida familia, a la cual, le envío un abrazo sincero de sentido pésame, así como a colegas y allegados en general. Ojalá&nbsp;<em>Distintos y Distantes</em>&nbsp;pueda ser reeditado por la Universidad Nacional, pensando en la próxima feria del libro de Bogotá, como forma de tributo a un profesor que dejó huella en el Alma Mater.</p>



<p>Enrique afirma que las migraciones han coexistido con el ser humano y en buena forma, lo han definido. Lo dice luego de compartir un diálogo íntimo con su padre, siendo él un niño que le pregunta cómo era Bogotá cuando los migrantes alemanes llegaron y Werner Biermann le dice que, en el sur de la ciudad, había muchos árboles. La migración, ese trasegar que no se detiene. Notarán los lectores que hablo en presente, pues a pesar de que Enrique emprendió su último viaje migrante, para los que lo conocimos, siempre estará presente, deleitándonos con su grata compañía.&nbsp;</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter me encuentran a la hora del recreo como @dixonmedellin&nbsp;</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="545" height="389" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055302/Enrique-Biermann-en-Senal-Memoria.png" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055302/Enrique-Biermann-en-Senal-Memoria.png 545w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/23055302/Enrique-Biermann-en-Senal-Memoria-300x214.png 300w" sizes="auto, (max-width: 545px) 100vw, 545px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 11:52:15 +0000</pubDate>
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        <title>Cixí (1835-1908)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/cixi-1835-1908/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cixí tuvo varios nombres, pero se cree que el primero sería “Orquídea”. Fue hija de un militar mandarín de bajo rango que se había casado con una pekinesa de familia acomodada, y nadie hubiera creído que de esta unión habría de nacer la mujer que gobernaría China durante varias décadas. El destino la llevaría a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Cixí tuvo varios nombres, pero se cree que el primero sería “Orquídea”. Fue hija de un militar mandarín de bajo rango que se había casado con una pekinesa de familia acomodada, y nadie hubiera creído que de esta unión habría de nacer la mujer que gobernaría China durante varias décadas.</p>
<p>El destino la llevaría a lo más alto, y un primer paso sería la de presentarse a la corte del emperador Xianfeng, para que junto a su hermana participaran como aspirantes a esposas consorte del monarca.</p>
<p>Debido a su belleza e inteligencia, la joven manchú sería una de las elegidas, obteniendo su entrada a la corte con una categoría de consorte de “sexto rango”, siendo la de menor categoría, y la encargada de servir a las esposas de más alto nivel, y a partir de ese momento se conocerá como “Noble Dama Lan”.</p>
<p>Cixí se destacaba de las demás por sus conocimientos del chino y del manchú, y por haberse hecho a un amplio bagaje de los conocimientos de Confucio y Mengzi, y a cuyas lecturas se dedicó en su juventud mientras moraba en los magnánimos aposentos de la Ciudad Prohibida, hasta el punto de memorizar varios pasajes con los que supo deslumbrar a los eruditos de la corte. Así mismo aprovecharía aquellos años para ganarse el cariño y respeto de los eunucos y consejeros del palacio, y todo esto sumado a su belleza, su encanto y su gracia, hicieron que en el año de 1854 recibiera un ascenso inédito en la categoría de una esposa consorte, elevándole al “quinto rango” y otorgándole el título de “Concubina Imperial Yi”.</p>
<p>La decisión de elevarle la categoría a Cixí obedeció sin embargo a un interés mucho más ambicioso. La esposa de Xianfeng, la emperatriz Ci’an, y así como su concubina principal, no habían logrado quedar embarazadas, por lo cual se recurrió a esta fértil opción que para 1856 tendría al primogénito del emperador y futuro sucesor del trono, y que sería conocido como Tongzhi.</p>
<p>Convertida en madre, Cixí adquiere la categoría de “cuarto rango”, con el título de “Consorte Yi”, y una vez su hijo cumplió el primer año, esta pasó a ocupar el “tercer rango”, y sería conocida como “Noble Consorte Yi”, ubicándose en importancia apenas por debajo de la emperatriz Ci’an, siendo así que su protagonismo dentro de la corte comenzaría a hacerse notorio, y tejiendo una red de espías y colaboradores, e involucrándose cada vez más en los asuntos de Estado.</p>
<p>En 1860, durante la Segunda Guerra del Opio, los ejércitos enemigos invaden la Ciudad Prohibida y el emperador decide refugiarse con su familia al norte de Pekín, donde moriría al año siguiente, a causa de lo que muchos creen tendría que ver paradójicamente con su adicción al opio.</p>
<p>A partir de ese momento Cixí adquirió el rango de “Emperatriz viuda”, y sería conocida como T’zu-Hsi, que en chino significa “Emperatriz del Palacio Occidental”, y que era esa ala de la Ciudad Prohibida en la que moraba la consorte.</p>
<p>Antes de morir el emperador había sido convencido por Cixí para que se estableciera un consejo conformado por los ocho principales regentes y ministros de mayor rango. Ni Ci’an ni Cixí podían gobernar, y tampoco se le permitía al hermano del fallecido emperador, el príncipe Kung, y a la larga el trono quedaría por derecho en manos del pequeño Tongzhi, hijo legítimo de Xianfeng, y cuya madre empezaría a ejercer el poder a través de su hijo imberbe e inexperto, quien según la legislación solo podría empezar su mandato en 1873, cuando entonces alcanzara su mayoría edad. Mientras tanto serían Ci’an y especialmente Cixí quienes tomarían las riendas de China, y empezarían por erradicar a sus principales oponentes, y así mismo a quienes amenazaran con arrebatarles el poderío, siendo así que mandó a ejecutar a uno de sus ministros y obligó a dos más a que se suicidaran, nombrando finalmente al príncipe Kung como consejero real y afianzándose de esta manera en el trono imperial.</p>
<p>Los primeros años de su mandato fueron conocidos como la “Era de la Regeneración” o la “Restauración de Tongzhi”, y que comprendió un periodo entre los años de 1861 a 1898. Al comienzo de su regencia, Cixí logró finiquitar la “Rebelión de Taiping”, y con ayuda de países occidentales consiguió cesar una guerra que duraría más de 15 años, y que ocasionó la muerte de unas 30 millones de personas. Así mismo, y bajo la veeduría y el actuar del príncipe Kung, China lograría legalizar el opio y dar fin a la fatigante guerra, afianzando sus relaciones con las principales potencias como Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Rusia, todas ellas interesadas en establecer relaciones comerciales con un país que para ese entonces contaba con unas 400 millones de personas.</p>
<p>Cixí le daría solidez y apoyo a la clase alta y estaría siempre en búsqueda de perpetuarse en el poder y de incrementar sus propias riquezas. Y a pesar de que en un principio la emperatriz se mostraría como una reformista, lo cierto es que su ideología era fundamentalmente conservadora y tradicionalista, representando los preceptos del confucionismo, y su largo gobierno sería caracterizado por tareas infructuosas de modernización, al tiempo que se ejecutaban medidas en donde el sistema económico y social se vería anquilosado y retrasado frente a los demás países.</p>
<p>Y pese a que entendía la importancia de aprender e importar conocimiento y tecnología occidental, se vería siempre reacia a introducir el telégrafo como pieza fundamental en las comunicaciones modernas, y así también como a instaurar una ruta de ferrocarriles que pudieran comunicar los distintos puntos comerciales de las regiones más distantes.</p>
<p>Sin embargo, y queriendo ampliar un poco las fronteras del conocimiento, permitiría a varios estudiantes chinos que viajaran a Estados Unidos para completar sus tareas académicas, y permitió la entrada de profesores cristianos que enseñaran matemáticas, astronomía e idiomas.</p>
<p>Una vez el emperador Tongzhi alcanzó la mayoría de edad, Cixí y Ci’an le eligieron como esposa a la hija de uno de los ministros que habían sido ejecutados años atrás, y de la misma forma las dos mujeres seguirían manipulando al joven Tongzhi para que fueran ellas dos quienes continuaran manteniendo el control del Imperio. Por otra parte, las pocas veces que Tongzhi quiso pronunciarse, alzar su voz y tomar alguna decisión, estas intervenciones resultaron desacertadas e importunas, revelando una evidente ignorancia en los asuntos de Estado y ganándose la enemistad y el descontento de consejeros, ministros y otros miembros de la corte.</p>
<p>Viéndose poco querido, Tongzhi decide hacerse a un lado y permitir que sea su madre y la emperatriz viuda quienes continúen al mando del país, y apenas unos meses después de haberse apartado del poder, el joven e inútil emperador moriría a causa de lo que unos piensan pudo haber sido sífilis y otros creen se trató de la viruela. Para beneficio de los intereses de Cixí, la joven esposa de Tongzhi también moriría unos meses después.</p>
<p>Nuevamente Cixí tendría que hacer un llamado para que el gran consejo decidiera un nuevo monarca, y una vez más la hábil emperatriz superaría todos los escollos que se le presentaban, para que finalmente el cuerpo de consejeros se decantara por nombrar a Guangxu, sobrino de Cixí, como el nuevo emperador de China, y dejando de esta forma que fueran Cixí y Ci’an quienes evidentemente se conservaran en el trono.</p>
<p>Para 1880 China era un país que había frustrado todo intento de industrialización, siendo dependiente de países occidentales y mostrándose poco competitivo en el plano de la producción, y así mismo las medidas tomadas en adelante no lograrían revertir el rumbo del país.</p>
<p>Al comienzo del mandato de Guangxu, Cixí tuvo que estar más atenta de su propia salud, por lo que sería Ci’an quien se encargaría de tomar las decisiones más relevantes -que hasta ese momento había preferido mantener una buena amistad con Cixí y dejar que fuera ella quien gobernara-, pero que a partir de ese momento también se presentaría para algunos como una oponente, permitiéndose tomar decisiones importantes como el nombramiento de ministros y otros funcionarios de altos cargos, e incluso ganándose la simpatía del pequeño emperador, quien consideraba a Ci’an como una mujer más afectuosa y tranquila. Sin embargo, para 1881 la viuda oficial moriría, dejando el camino libre para que en adelante Cixí pudiera gobernar a su antojo, y en solitario.</p>
<p>Guangxu alcanzaría en 1887 la mayoría de edad, momento en el cual debería asumir el trono, y sin embargo los oficiales de la corte decretaron que su ascenso debería postergarse por dos años más, para finalmente posesionarse como otro gobernante que estaría sujeto a las decisiones y voluntades de las dos mujeres que desde siempre habían venido manejando los hilos del poder. Fue por esto que la misma Cixí eligió a su esposa, siendo la destinada su sobrina Jingfen, conocida como la emperatriz Longyu, y que sería prima del mismo monarca. Así también se permitió ser ella quien eligiera a las esposas consortes, y de esta manera se aseguraba el pleno control sobre la vida del joven emperador.</p>
<p>Con el tiempo Cixí comenzaría a delegar tareas importantes a Guangxu, e incluso se mudó al ala de la Ciudad Prohibida destinada para las viudas, y más tarde por invitación del emperador ocuparía el Palacio de Verano, a las afueras de Pekín. Sin embargo Cixí no desatendería nunca los asuntos políticos, y así sería cuando su país se vio amenazado por distintas invasiones extranjeras.</p>
<p>Fue así como Japón invadió Corea, territorio que China mantenía bajo su control, y por lo cual se libraría una guerra que daría inicio justo el día en que Cixí se disponía a celebrar por lo alto su cumpleaños números 60.</p>
<p>China no solo tuvo que vérselas con los japoneses, teniendo que luchar por los territorios de Formosa (Taiwán), Vietnam y Birmania (Myanmar) contra los franceses, y cuyos territorios acabarían siendo borrados del mapa chino.</p>
<p>Estas derrotas hicieron que Guangxu y su séquito de consejeros lo llevaran a replantear los destinos de su nación, proponiendo para ello una reforma sustancial en donde China adoptara un sistema monárquico constitucional, similar al empleado en Japón o Alemania. Fue así como en 1898 propuso lo que se conocería como la “Reforma de los Cien Días”, donde se pretendía principalmente cambiar el modelo imperial hacia una monarquía parlamentaria.</p>
<p>Cixí actúo de inmediato como mejor sabía hacerlo. Convenció a la corte de que Guangxu no estaba en capacidad de regentar el imperio chino, y además señaló que al interior de su gobierno se estaba fraguando un Golpe de Estado, por lo que mandó a algunos reformistas a ser enjuiciados y ejecutados, confinando a Guangxu en una prisión.</p>
<p>Sea como fuera, la emperatriz viuda continuaría en adelante gobernando en solitario, y hasta el día de su muerte no hubo quien le hiciera frente ni la moviera de su trono, cada vez serían menos sus detractores y más sus aduladores, y con el tiempo Cixí fue atornillándose en el poder y rodeándose de funcionarios corruptos que favorecían su permanencia en el gobierno.</p>
<p>Persuadida por los burócratas, Cixí accedió a la explotación de minas de carbón, así como a impulsar el desarrollo textil y a la instauración del telégrafo, concentrando la mayor parte de sus reformas en la modernización militar y en las empresas del sector naval.</p>
<p>En ninguna de estas empresas obtendría una ganancia considerable para su país, ya que su interés real no era el de modernizar a China, sino la de mantenerse en sus posturas conservadoras, que le permitieran morir arraigada a su corona. Es por esto que siempre estuvo pendiente de quiénes le rodeaban, deshaciéndose de reformistas, opositores e inconformes.</p>
<p>La emperatriz procuró que la educación también mantuviera sus viejas costumbres y poco se actualizara, garantizando de esta manera el retraso y manteniendo también el control ideológico de su pueblo.</p>
<p>Cada día la gran monarca se aislaba más de su gente y de la realidad de su país, siendo enterada por sus consejeros de unas situaciones amañadas para agradarle, de informes en donde todo andaba de maravilla, comunicados que afirmaban su postura férrea en el poder y el control total de todos los problemas y asuntos de Estado, y de esta forma desde un rincón de la enorme Ciudad Prohibida la ineluctable monarca gobernaba un mundo compuesto de mentiras y falsedades. Recibiendo regalos y sobornos, y desinteresada del bienestar social, su fortuna personal la convertían en una de las mujeres más ricas, y ya para ella esto sería más que suficiente.</p>
<p>En 1899 se desata la “Rebelión de los Bóxers”, una revuelta de conservadores que Cixí decide apoyar, y que acabaría disputándose Pekín contra tropas extranjeras, en una contienda que luego de 55 días terminaría dándole la victoria a las fuerzas defensoras de la ciudad, e incluso amenazando con hacer una avanzada hasta la Ciudad Prohibida.</p>
<p>Cixí se refugió con su corte y su familia en el interior del país, pero aprovecharía la situación para presentarla como una visita que realizaría por las distintas provincias, y como parte de sus tareas de una monarca comprometida. Y aunque en principio hubiera servido como excusa, lo cierto es que a través de este viaje por las distintas regiones de su imperio, la emperatriz pudo enterarse ciertamente del contexto real social, de la pobreza que acosaba a su pueblo, y de cómo durante años sus más fieles consejeros y ministros le habían estado mintiendo respecto a las verdaderas condiciones que padecían millones de chinos.</p>
<p>Desde su nuevo fortín, Cixí decide pactar con las fuerzas enemigas, para lo cual se firmó el llamado “Protocolo Bóxer”, y por el cual la emperatriz conservaría su puesto de monarca, a cambio de pagar las indemnizaciones y otras peticiones que debió cumplirle a los vencedores.</p>
<p>En 1902 regresa a la Ciudad Prohibida, y aunque su poder se vería afectado luego de tantas pérdidas y desaciertos, y el tesoro nacional podría declararse en bancarrota, su vigencia en el poder perduró hasta el día en que finalmente fallecería.</p>
<p>En sus últimos años se mostraría más permeable al cambio, más consciente de las necesidades de un país y de su gente, y fue por esto que retomó muchas medidas que habían sido contempladas años atrás en la “Reforma de los Cien Días” propuesta por Guangxu, creando un ministerio de educación y promulgando para 1906 los principios de una constitución que consiguiera cambiar el sistema político de China, e instaurando un modelo de monarquía constitucional parlamentaria que finalmente lograría concretarse para 1917, once años después de su muerte.</p>
<p>Cixí fue la gobernante que condujo la dinastía Qing entre los años de 1861 y hasta 1908, y en un intento por preservarla con su obsoleto proceder tradicional, lo que finalmente consiguió fue llevarla a su declive. A pesar de llevar a cabo algunas propuestas de modernización, la verdad es que su mandato se caracterizó por una negación a estructurar nuevas reformas y soluciones que dieran con las necesidades reales de la sociedad. Durante su gobierno la enemistad entre las distintas clases sociales se haría más grande, siendo que siempre favoreció a la nobleza manchú y dejó en el olvidó a las clases más sufridas y necesitadas, generando de esta manera una brecha divisoria entre una sociedad inconforme.</p>
<p>Sus años postreros los dedicó a ser anfitriona de grandes convites que celebraba en los suntuosos salones de la Ciudad Prohibida, recibiendo la visita de diplomáticos extranjeros y dejándose retratar por pintores europeos, y convirtiéndose en una vieja un poco más carismática que se mostraba perpleja ante los nuevos avances tecnológicos, como la luz eléctrica y el teléfono.</p>
<p>En 1908 el emperador Guangxu moriría por causas que no quedarían del todo claras, y que muchos suponen sería envenenado por Cixí. Sea como fuera, la emperatriz ajustó en tiempo récord las medidas para decretar un nuevo gobierno, eligiendo a Puyi, sobrino del difunto, como nuevo sucesor, y dejando a Longyu como la nueva “Emperatriz viuda”. Quizás todo esto lo tenía pensado desde mucho antes, y su estrategia logró concretarse a tiempo, ya que al día siguiente ella también moriría.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 22 Mar 2024 06:10:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cixí (1835-1908)]]></media:description>
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        <title>Juliane Köepcke (1954)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/juliane-koepcke-1954/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Señores pasajeros, les informamos que la zona de turbulencias que estamos atravesando se debe a una importante tormenta sobre la selva amazónica. Abróchense los cinturones.” Juliane, que tenía el cinturón desabrochado, obedeció las instrucciones de una azafata que, sin saberlo, le estaba salvando la vida. En la víspera de Nochebuena de 1971, en Lima, un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Señores pasajeros, les informamos que la zona de turbulencias que estamos atravesando se debe a una importante tormenta sobre la selva amazónica. Abróchense los cinturones.” Juliane, que tenía el cinturón desabrochado, obedeció las instrucciones de una azafata que, sin saberlo, le estaba salvando la vida.</p>
<p>En la víspera de Nochebuena de 1971, en Lima, un cuatrimotor Lockheed 188 Electra conocido como <em>Mateo Pamacahua, </em>del vuelo 508 de la empresa de aviación peruana LANSA, esperaba para partir en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, faltando entre los pasajeros el reconocido (y al parecer impuntual) Werner Herzog, director de cine alemán, pero en vista de que este no llegaba decidieron emprender vuelo con destino hacia Pucallpa.</p>
<p>Al interior del <em>Mateo Pamacahua </em>se encontraban 92 personas incluyendo a la tripulación, y entre ellas una chiquilla de 17 años llamada Juliane, que viajaba con su madre y que esperaban reunirse con su padre para festejar la Navidad. Pero el destino no quiso a Herzog volando a esa hora sobre el Amazonas, ni tampoco que la familia entera se reuniera, ya que el avión, sobrevolando la espesura de la selva a unos casi 4.000 metros de altura, tenía otro destino que era el de un rayo que impactaría a uno de sus motores externos a las 12:36, y ante la incapacidad del piloto para maniobrar el imprevisto, la aeronave acabaría precipitándose a tierra.</p>
<p>Así lo narró Juliane años más tarde: “Yo fijaba la vista en el motor derecho como recurso virtual a mi falta de apoyo físico. La fría humedad de la mano de mi madre delataba su consabido sufrimiento. En ese punto, el viaje se tornó en la aventura de mi vida cuando una inmensa y cegadora luz atravesó la hélice que yo contemplaba. El avión se escoró rápidamente y comenzó a caer picado gobernado ahora únicamente por la fuerza de gravedad.”</p>
<p>En ese momento postrero, mirando de cara a la muerte, Juliane recuerda haberse sujetado de la mano de su madre, y que ambas permanecieron mudas ante una situación de pánico generalizado, un caos absoluto de personas que proferían alaridos, y las sacudidas del avión que hacían caer las maletas de sus cubículos. Las últimas palabras de su madre serían: “Esto es el fin, se acabó”.</p>
<p>Lo siguiente fue estar volando adherida a su asiento a una gran velocidad, cayendo entre nubes y esperando estrellarse contra el suelo. Parece que perdió la conciencia, y al despertar unas tres horas más tarde, se dio cuenta que la copa de los árboles y el asiento en el que todavía se encontraba sentada, habían logrado amortiguar la caída hasta el punto de que sus heridas podrían contarse como insignificantes: cortes superficiales en un hombro y otro más profundo en uno de sus brazos, algún par de rasguños en sus piernas y el ligamento de una de sus rodillas ligeramente afectado por el golpe, además de un ojo morado y la clavícula fracturada. Todas estas calamidades menores cuando entendió de que al parecer se trataba de la única sobreviviente de una catástrofe aérea.</p>
<p>Así lo describió ella misma: “Me desperté sentada en el mismo asiento, como iniciando otro viaje pero, esta vez, al infierno. Había tres cuerpos desmembrados a mi alrededor, creía que se trataba de una pesadilla y me volví a dormir por unos instantes. Cuando creí volver en mí me atraganté de realidad. Cuerpos inertes colgaban de los árboles, hierros, asientos, ropas y maletas desparramadas por la selva, humo, mucho humo y crepitar de combustiones desperdigadas hasta donde la espesura de la jungla dejaba distinguir.”</p>
<p>Juliane llamó a su madre, pero nadie respondió. Solamente los retorcidos destrozos de una tragedia. Luego tuvo las agallas de hurgar entre los vestidos chamuscados de los cuerpos incinerados tratando de identificar entre ellos a su mamá, encontrándose como único consuelo un par de golosinas que endulzarían la larga trayectoria que la esperaba hacia el interior del Amazonas.</p>
<p>En adelante se trataba de una cuestión, literal, de supervivencia. Hablamos de una adolescente que le estaba haciendo frente a la selva más grande este planeta, pero cuya crianza estuvo acompañada de una relación intensa con las plantas y los animales, pasando parte de su tiempo en los bosques tropicales lluviosos de la estación biológica de Panguana, por lo que su contacto con este universo selvático no le sería del todo desconocido.</p>
<p>No quiso sentir que se encontraba en un “infierno verde”, y contrario a esto prefirió sentir el cuidado de la madre naturaleza, que tenía en abundancia todo lo necesario para sobrevivir. Tuvo confianza en los consejos de su padre y en sus conocimientos, e inició una caminata de dos días en la cual se tropezaría eventualmente con alguna pieza de chatarra de los trozos del avión y otros cadáveres desperdigados entre la maleza.</p>
<p>La tupida selva impedía a los aviones de rescate dar con el paradero de los restos del avión, a pesar de que Juliane podía escuchar que pasaban justo por sobre su cabeza, pero de nada servía malgastar energía gritando desde lo profundo de la densa selva. Lo importante era no desistir, y continuar su marcha valiéndose de un único zapato y un vestido minúsculo que escasamente la protegía del clima frío. Tampoco contaba con sus lentes. Pero estaba entonces su instinto, de manera que avanzó persiguiendo el agua de un arroyo en espera de que en algún punto desembocara en un río.</p>
<p>Se espantó los incesantes mosquitos que nunca dan tregua. Soportó la humedad y el calor abrasante, y se alimentó de los frutos conocidos, dejando de lado aquellos que por su experiencia podían tratarse de frutas venenosas. Tenía que cuidarse sobre todo de dónde pisar porque sabía que entre la hojarasca se ocultaban serpientes, y así mismo estar precavida de otros animales peligrosos que merodeaban a su alrededor como algunos felinos, e incluso las aguas representaban un riesgo por los tantos buitres acechando, y ni siquiera en el agua podría sentirse segura ante la presencia de los caimanes.</p>
<p>Juliane evadió estas amenazas, y sorteando todos los riesgos consiguió orientarse hasta alcanzar la orilla de un río caudaloso y profundo que atravesó nadando. Aprovecharía la temperatura de las aguas para calentarse y bebería de la fuente más pura de este mundo, sin saber que se encontraba a más de 600 kilómetros de distancia del lugar poblado más cercano. El corte en su brazo se infectaría al punto de tener que estar continuamente retirándose los gusanos que iban dejando sus larvas parasitarias sobre la herida.</p>
<p>Y fue así como después de casi once días, la travesía de Juliane acabó cuando vio a la orilla del río una canoa a motor que flotaba cerca a los manglares, y una choza deshabitada que parecía servir de refugio precario para los ocasionales cazadores de la zona. Finalmente, a la mañana siguiente la despertaron las voces humanas de los trabajadores del sector, los cuales entendieron en un español perfecto la historia de la única sobreviviente del vuelo 508.</p>
<p>Le proporcionaron alimentos y limpiaron sus heridas con gasolina, y un día después viajó diez horas en canoa, para luego tomar desde el pueblo de Tournavista un avión hasta llegar al hospital de Pucallpa, y en donde la esperaba su padre para que contara en detalle cómo fue la historia que en cuestión de horas ya le estaría dando la vuelta al mundo.</p>
<p>Juliane aportó las pistas para desandar sus pasos y conducir a los rescatistas al lugar del siniestro. No había indicios de ningún otro sobreviviente, y aunque luego se supo de al menos unas trece personas que consiguieron sobrevivir al impacto, pero que no lograrían sobreponerse a las heridas o vencer a la impenetrable selva. Y así ocurrió con la madre de Juliane, cuyo cadáver fue hallado casi veinte días después de sucedido el accidente.</p>
<p>Años después Juliane Köepcke relatará su historia inverosímil en un libro que sería también llevado al cine y que tituló: <em>Cuando caí del cielo. </em>Confiesa que las pesadillas la persiguieron durante años, las imágenes últimas de su madre aferrada a su mano, y la pregunta que no la dejará descansar nunca: “¿Fui yo la única sobreviviente?” resuena todavía en su cabeza, y lo hará para siempre.</p>
<p>“Esto es el fin, se acabó”, esa fue la sentencia lapidaria de su madre, pero no sucedió así para ella. Su vida siguió. Juliane se instaló en Munich y durante años los periodistas, reporteros y cronistas la acecharon más que las fieras de la selva. Ella quiso mantenerse reservada, estudió zoología y biología, especializándose en mamología y en murciélagos, y en la actualidad se desempeña como bibliotecaria de la Colección zoológica del Estado de Baviera. También busca financiación para la protección de la reserva natural y las investigaciones de la Fundación Panguana.</p>
<p>En el año 2000 Werner Herzog realizó una película inspirada en estos sucesos, y que tituló <em>Wings of hope, </em>película que no hubiera existido o al menos no hubiera sido contada por él, de no haber sido por esa costumbre de llegarle siempre impuntual a su cita con la muerte.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-90803" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/07/253.-JULIANE-KOEPCKE.jpg" alt="JULIANE KOEPCKE" width="267" height="189" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 08 Dec 2023 13:41:35 +0000</pubDate>
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        <title>Charlotte “Chattie” Reinagle Cooper (1870-1966)</title>
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        <description><![CDATA[<p>“Chattie”, como se le conocía cariñosamente, sería la primera mujer campeona olímpica de tenis de la historia. La hija menor de un molinero se interesó desde pequeña por los deportes, y en especial por aquel que se compone básicamente de una raqueta y una pelota, y una red que divide el terreno en dos mitades [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Chattie”, como se le conocía cariñosamente, sería la primera mujer campeona olímpica de tenis de la historia. La hija menor de un molinero se interesó desde pequeña por los deportes, y en especial por aquel que se compone básicamente de una raqueta y una pelota, y una red que divide el terreno en dos mitades rivales. Y pese a considerársele impropio de una mujer, Charlotte recibió el apoyo de su familia, y fue por esto que muy pronto se dieron a conocer los frutos de su esmerada dedicación. En la época invernal, y dado que el césped del campo de juego se cubría de nieve, Chattie se mantenía en plena condición física entrenándose en el hockey en el equipo de Surrey. Su talento y su pasión la llevó a integrar el Ealing Lawn Tennis Club, y a sus 14 años se vinculó al Club de Ilkley, al norte de Inglaterra, y donde se alzaría con el que sería el primero de muchos trofeos. No sabía Charlotte que un día se coronaría como una leyenda del tenis, y sin embargo esa final de adolescente no dejó de ser una de las más importantes de su carrera. “Recuerdo que mi madre me vistió con el mejor de mis vestidos. Me fui al club el sábado por la tarde para jugar la final muy tranquila, sin nervios. Ganar fue algo que me marcó porque nunca había jugado un partido de esa importancia.” En su primer debut en Wimbledon, Charlotte consiguió llegar hasta semifinales, pero un año después, para 1895 y con 25 años de edad, conquistaría su primer podio en dicho certamen, y al año siguiente repetiría la hazaña. El día de su primera final la tenista llegó al campo de juego como lo hacía siempre que iba a entrenar, en bicicleta y con dos raquetas sujetas a la parte delantera. Una de sus raquetas, más liviana, la empleaba cuando el terreno estaba en condiciones más óptimas, y la otra la usaba cuando el campo estaba más agreste. Charlotte compitió junto a sus compañeras del club en campeonatos internacionales, siendo especialmente admirada tras su paso por Alemania. Para 1896, y debido a una infección, Charlotte quedó sorda, perdió su plena capacidad auditiva, y aunque esto pudiera parecer en principio como un gran obstáculo en su juego, la habilidosa deportista se enfocaría en desarrollar al máximo sus otros sentidos, y en especial su carácter y su concentración. Porque si por algo se distinguía y por esto destacaba, era por su gran potencial de concentración. Se le describe como una jugadora de estilo ofensivo, oportunista, rígido. Prefería responder desde el fondo y acercarse lo menos posible a la red. Se dice que podía recorrer con velocidad los diferentes resquicios del campo y hasta impactar con desmedida fuerza la bola, y que su potente servicio representaba una contundente iniciativa de ataque. Para finales del siglo XIX los franceses pretenden retomar la competencia deportiva internacional, dándole vida al comité olímpico que se encargaría de celebrar los juegos de 1896. Sin embargo, dichos juegos no contaron con la presencia femenina, ya que “los Juegos Olímpicos constituyen una exaltación solemne y periódica del atletismo masculino con el aplauso femenino como recompensa.” La mujer no pasaba de ser, pues, una simple animadora, una porrista que hacía también parte del premio, un trofeo o una pasiva e incapaz espectadora. Sin embargo para las olimpiadas siguientes de 1900, celebradas al tiempo que se daban a conocer los recientes avances, invenciones y descubrimientos científicos, artísticos e industriales en la Exposición Universal, de los 997 atletas que participaron, 22 serían mujeres. No obstante, los deportes en los que podían participar se limitarían al golf, la equitación, el tenis, el cricket y la vela, todas estas actividades que serían permitidas practicar a las damas, pues según explicaron se trataba de deportes “compatibles con la feminidad”. Y sería en estos Juegos Olímpicos de París donde Charlotte haría historia, consiguiendo a la edad de los 30 años la conquista de dos preciadas de oro, y aunque tuviera que esperar hasta las siguientes olimpiadas para que le fueran conferidas y se las pudiera colgar al cuello. La final en competencia individual de París la ganó contra la mítica y temible francesa, Hélenè Prévost, y la otra victoria la obtendría en competición dobles mixto junto a su compañero Reginald Doherty. En plena época victoriana, la espigada y elegante Reinagle debía portar como todas las demás mujeres un atuendo que correspondiera al sofisticado y púdico estilo imperante. No era usual, e incluso se trataba de algo contestatario, casi prohibido, eso de que una dama estuviera con raqueta en mano persiguiendo una pelotica, sudorosa, desaliñada, agitada. Es por esto que Charlotte guardaba sus formas y solía llevar corbata y portar un vestido de cuello alto y que de largo llegaba a los pies, cubriendo incluso sus tobillos. Para 1898 Charlotte Reinagle se convierte ya en leyenda, al conseguir su tercer triunfo en la final de Wimbledon, y sumándose después un triunfo más, cuando en 1901 volvió por su cuarto podio. Ese mismo año contrae matrimonio en la iglesia de San Marcos de Surbiton con el extenista y abogado Alfred Sterry, quien no lograría destacarse tanto en la cancha como sí en el escritorio, logrando ser presidente de la Lawn Tennis Association (LTA). La pareja tuvo dos hijos que se dedicarían a recorrer los mismos caminos del tenis, siendo su hija una destacada tenista que jugó en el equipo de la Wightman Cup del Reino Unido y que tuvo ocho participaciones en Wimbledon; y por su parte el hijo se convertiría en vicepresidente del prestigioso club de tenis de All England. Charlotte se ausentó del campo de juego durante varios años y en 1908 regresará a Wimbledon para batir un récord que se conserva invicto hasta hoy: el de ser la mujer más veterana en ganar la competición a la edad de 37 años y 282 días, además de ser la segunda mujer en la historia en ganar el certamen siendo madre. Para 1912, y con 41 años, Reinagle vuelve para apostarle a un nuevo triunfo en Wimbledon, pero perdería en la final, y hasta allí llegaría su actuación en la legendaria competición británica. A lo largo de su carrera fue protagonista en Wimbledon en veintiún ocasiones, disputando once finales, ocho de las cuales, entre los años 1895 y 1902, serían consecutivas. Hasta pasados los 50 años, Charlotte seguía dedicada al tenis competitivo, y no dejaría nunca de asistir a los eventos como una espectadora, y así fue hasta tres meses antes de cumplir 90 años, cuando viajó sola desde Escocia para visitar Wimbledon por última vez, luego de haber sido invitada por la mismísima duquesa de Kent para conmemorar los 75 años de la creación del torneo. Cinco años después, en 1966, la múltiple ganadora de uno de los campeonatos de tenis más importantes, y portadora de dos medallas de oro olímpicas, se despedía de los terrenos de juego y de esta vida, y a sus 95 años moriría en Helensburg, Dunbartonshire, Escocia. La familia no encontró los trofeos con los que la tenista había sido homenajeada a lo largo de su historial de victorias, y alguno de sus nietos sugiere que bien pudo habérselos regalado al jardinero. Y es que poco le importaría a Charlotte conservar una estatuilla cuando lo suyo era la pasión por el juego. Ella sería una de las pioneras que allanarían el camino para que otras mujeres se animaran a practicar deportes competitivos y a participar de torneos y competencias que cada vez cobrarían mayor fuerza. Para Atenas 2004 la participación femenina en los Juegos Olímpicos era casi de un 50%, y para Londres 2012 se incorporó al boxeo la sección femenina. En el 2013 Charlote “Chattie” Reinagle Cooper tendría su merecido lugar en el Salón Internacional de la Fama del Tenis.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-88396" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/02/241.-CHARLOTTE-REINAGLE-COOPER-215x300.jpg" alt="CHARLOTTE REINAGLE COOPER" width="215" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 07:19:43 +0000</pubDate>
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        <title>Grace Kelly (1929-1982)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/grace-kelly-1929-1982/</link>
        <description><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el Rover P6 B-3500 S modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Derrapó en la curva “envenenada”, le fallaron los frenos, perdió el control sobre el volante, sufrió un ligero desmayo, todas estas hipótesis, pero lo cierto es que el <em>Rover P6 B-3500 S </em>modelo 72, que conducía Su Alteza la Serenísima Princesa de Mónaco, se estrelló contra la barricada y se precipitó casi cuarenta metros hasta el fondo del barranco. Sucedió antes del mediodía. Aquel día la princesa había insistido en prescindir de su chofer. Y a pesar de no ser una diestra al volante, conducía por una carretera rutinaria del principado, de regreso de su residencia veraniega de La Turbie, en Roc Agel. La acompañaba su hija de 17 años, Estefanía, y ninguna de las dos llevaba puesto su cinturón de seguridad. La banca de atrás iba repleta de prendas, las mismas que salieron disparadas por las ventanas, igual que ocurrió con Estefanía, antes de que el carro diera varias vueltas de campana y terminara volcado sobre el techo. El carro comenzó a arder, y sería un horticultor que presenció el accidente quien apagaría el fuego con un extintor. Estefanía sufrió un fuerte choque emocional, pero ninguna herida considerable, mientras que su madre, la princesa de un cuento, padecía la fractura del fémur derecho, de la clavícula y de varias costillas, aparte de una fuerte contusión cerebral. Nunca recobró el conocimiento. Esa misma noche sería trasladada al Centro Hospitalario Princesa, donde sufriría una hemorragia cerebral que, junto a sus irreparables heridas en la médula, la condenaban a una vida vegetativa. Su esposo y sus tres hijos tomaron la decisión de desconectarla, siendo así que el martes 14 de septiembre, a sus 52 años, terminaba el cuento fatídico de la Princesa de Mónaco. Mezcla de sangre alemana e irlandesa, Grace Kelly nació en Filadelfia. Su madre, una exatleta y profesora de gimnasia, mujer estricta, rigurosa, disciplinada. Su padre ganador olímpico de remo, con dos medallas doradas en los juegos de Amberes y otra más en los de París. Un hombre levantado a pulso, el genuino <em>self-made man </em>que a base de esfuerzo y constancia había edificado un emporio dentro de la industria ladrillera, y por lo que la familia gozaba de cierta prestancia, teniendo como cabeza del hogar al varias veces campeón olímpico y ahora el reconocido “rey del ladrillo”. En 1934 asiste a la Academy of the Assumption, en Ravenhill, donde recibirá una crianza basada en los estrictos deberes católicos, además de empaparse del mundo actoral y del ballet, interpretando algunos personajes en piezas teatrales, entre las que se recuerda su rol de la Virgen María en una obra navideña. Su gracia y su belleza, a pesar de su miopía y su timidez y de su contextura enclenque, prometían un diamante por relucir, y para pulir su brillante talento sería determinante la figura de su tío, George Kelly, escritor ganador del Premio Pulitzer en 1926 por su obra teatral <em>Craig’s wife. </em>En 1943 estudia en la Old Academy Players, donde se interesará particularmente en el baile y en la actuación, decidiendo ya a la edad de los 14 años que eran esos los oficios a los que le gustaría dedicar su vida entera. Grace integra el grupo de teatro de la escuela y realiza algunas presentaciones para fundaciones benéficas, y cuatro años más tarde concluirá sus estudios de secundaria en la Stevens School. Quiso continuar con su formación en el Academy of Dramatic Arts de New York, y pese a no presentar a tiempo su solicitud de ingreso, la futura estrella sería aceptada por una recomendación de su prestigioso tío. Una vez instalada en New York, Grace conseguiría trabajar como modelo para distintas marcas publicitarias de cervezas y cigarrillos, productos de limpieza, lencería e incluso máquinas de escribir. En 1948 da inicio a su carrera como actriz profesional, haciendo parte del reparto en la obra teatral escrita por su propio tío, <em>The torch bearers, </em>y estrenada en New Hope, Pensilvania. Un año más tarde actuaría finalmente en Broadway con la obra titulada <em>The father, </em>luego de la cual su nombre y su imagen cobrarían cierta prestancia entre la crítica y el público, presentándosele un sinfín de propuestas para actuar en teatro y televisión. Los dos años siguientes Grace no pararía de actuar, llegando a interpretar más de sesenta papeles en las tablas y en los sets de televisión, pero no sería sino hasta el año de 1951 cuando finalmente logró dar el salto a la gran pantalla. En un papel de poca importancia, Grace Kelly figurará como integrante del reparto de su primera película, <em>Fourteen hours. </em>Ese mismo año trabaja por vez primera con el reconocido actor Gary Cooper en la película <em>Solo ante el peligro, </em>y sería tras este film que el célebre director John Ford se interesaría en ella para que junto a Clark Gable y Ava Gardner protagonizara su próximo film, <em>Mogambo</em>, y que a la postre le valdría su primera nominación al Premio Oscar, así como el Globo de Oro a mejor actriz secundaria. Grace firma un contrato por siete años con la prestigiosa empresa MGM, pidiendo como única condición el que se le permitiera residenciarse en New York, y que sólo rodaría tres películas por año. Para 1953 la Warner Bros. le ofrece trabajar en la película del ya consagrado director Alfred Hitchcock, <em>El crimen perfecto, </em>y cuya interpretación la consagraría en lo más alto de la industria cinematográfica. Un año después Paramount Pictures la contrata para un nuevo film del rey del suspenso, <em>La ventana indiscreta, </em>protagonizada por James Stewart. Ese mismo año participó en una película que no tuvo gran resonancia, <em>Los puentes de Toko-Ri, </em>seguida de una película notable y por la que Kelly sería nuevamente postulada a los premios de la Academia, <em>Country girl (La angustia de vivir). </em>En esta ocasión se alzaría con la codiciada estatuilla y nuevamente sería ganadora de un Globo de Oro, esta vez como actriz principal. A MGM le preocupaba que los grandes éxitos de su actriz hubieran sido a través de otras compañías, por lo que obligó a Grace a filmar <em>Green fire, </em>una película rodada en Colombia y que pasó sin pena ni gloria por este mundo. En cuestión de ocho meses Grace filmó ocho películas, antes de que Hitchcock, quien ya la tenía como a una de sus “rubias” predilectas, le propusiera trabajara con él en un tercer filme consecutivo, <em>To catch a thief, </em>donde compartiría el plató con Gary Grant, y donde tendría la oportunidad de conocer el principado francés de Mónaco, lugar que cambiaría su vida. Kelly permaneció en la Costa Azul francesa para el rodaje de la película <em>El cisne</em>, y más adelante para la cinta titulada <em>Alta sociedad. </em>Sería durante estos días que Grace Kelly conocería al príncipe Raniero III, quien deslumbrado por la belleza de la actriz, la invitaría a que pasearan juntos por los jardines de su palacio. Rainiero III, de 32 años, llevaba ya casi cinco como príncipe, ostentando 24 títulos nobiliarios y deseoso de un heredero que pudiera garantizar la independencia de su pequeña república. Fue así como sin demoras comenzaría un amorío que desde el principio dejó muy claras sus intenciones: Raniero III viajaría de inmediato a Filadelfia para reunirse con los padres de Grace y pedir formalmente su mano. Así describió Grace aquel encuentro: “De pronto, el príncipe era uno más del clan Kelly. Él y mi padre tenían el mismo apretón de manos. Compartían los mismos gustos deportivos. Durante cuatro años, el príncipe había luchado porque su pequeño reino fuera algo más que un casino. Ambos luchamos por nuestra cuenta y eso es lo que nos unió.” Grace Kelly tenía fama de ser una mujer recorrida no sólo en los estudios de grabación sino también en el interior de las alcobas, e incluso su madre se atrevió a comentar respecto a este listado que contaba con actores, directores, productores y guionistas. Gary Cooper, indelicado, diría respecto a su intimidad con la futura princesa: “Da la impresión de que se va a comportar con un hombre como un témpano de hielo hasta que le bajas las bragas, entonces es un volcán en erupción.” Y el mismo Hitchcock comentaría: “¡Esa Grace! ¡Se acuesta con todos!” Muchos no creían que esta unión pudiera pelechar. Estas fueron las palabras de Hitchcock al sentirse rechazado por su diva: “Casarse con un príncipe está en el camino de éxito de Grace. Lo ha hecho con la facilidad de un trapecista. Pero no sé si la plataforma donde debe aterrizar será demasiado estrecha.” Y el primer novio de Kelly tampoco vacilaría al expresarle con recelo: “Una de las razones por las que creo que te estás casando con este hombre es porque este es el mejor guion que hayas recibido en tu vida.” Pero Grace estaba decidida a cambiar las tribunas del cine de Hollywood por los tronos de la alta realeza europea, y a pesar de que pocos dieran crédito a la estabilidad del matrimonio, Grace dejó atrás su vida licenciosa para entregarse en cuerpo y alma a ser la princesa consorte de Mónaco, así como una madre abnegada y esposa fiel. “De joven siempre me estaba enamorando de hombres que me daban mucho más de lo que yo les daba a cambio”, declaró en su momento. Renunció a su contrato con la productora y rechazó una cantidad de propuestas para regresar al cine, ya que la Corona quería su exclusividad, y para nada estaba bien visto que la princesa de su pueblo anduviera besuqueándose con otros a la vista de cualquiera y aparte en pantalla gigante. Es así como en el pico de su carrera Grace Kelly abandona el plató para oficiar en adelante como princesa real. Hasta entonces había realizado once películas, ganado dos Globos de Oro y un Premio Oscar. La celebración de la boda, un cuento de hadas, acapararía la atención internacional. El matrimonio se llevó a cabo en el Salón del Trono del Palacio de Mónaco, y posteriormente una liturgia religiosa celebrada en la catedral principal. La novia lucía, literalmente, de película. Para rematar, la princesa consorte recibiría una dote de dos millones de dólares luego del casamiento. Para conmemorar su luna de miel, la pareja se embarcó en un viaje de ocho días por los distintos paraísos de la Riviera francesa, acompañados por docenas de periodistas que no querían perder ningún detalle de los recién casados, asaltando de puerto en puerto y en donde eran bien recibidos por multitudinarias comitivas. En una entrevista para <em>The Philadelphia Princess </em>la princesa respondió sentenciosa a la pregunta respecto a lo que le deparaba a la pareja: “Les puedo decir que tendremos muchos hijos.” La primera sería Carolina, y más adelante vendrían Alberto y Estefanía. El más exquisito glamur de Hollywood se mudaba a las costas francesas para hacer gala de un estilo estelar, sofisticado, brillante. La princesa se destacó de inmediato, ganándose el cariño de los moganeses a través de obras de caridad, como el baile anual de la Cruz Roja, a donde cada año asisten cientos de actores, empresarios y políticos reunidos con el ánimo de recaudar fondos para causas benéficas. Promovió reformas hospitalarias y revitalizó el emporio económico de los casinos de Montecarlo, atrayendo con su sola presencia a millares de turistas que se dejaban seducir por los encantos del reino y de su princesa. Embajadora de su imperio, celebraba constantes eventos sociales en los que la filantropía se confundía con la farándula, como es el caso del Baile de la Rosa, y cuyo evento arroja anualmente fortunas de dinero que son hoy destinadas a la Fundación Princesa Grace. Esta presencia monárquica que conquistó al mundo por entero, sumado a las políticas fiscales y a las prebendas tributarias determinadas por Raniero III, hicieron que a Mónaco acudieran inversionistas extranjeros y se instalaran multinacionales, representando para la Corona su consolidación y permanencia. La familia real había conseguido establecerse en su principado, y a los ojos del mundo la historia de Grace Kelly, hasta entonces, parecía el cuento verídico de una princesa de carne y hueso, y sin embargo de cuento. Mucho se especuló con respecto al accidente: se dice que la mafia pudo haberla envenenado y que debido a esto sufrió un desmayo durante el trayecto; que era su hija Estefanía quien conducía al momento del accidente (versión que ella misma ha desmentido en repetidas oportunidades); que todo se trató de una conspiración contra el principado y que alguien habría intervenido el sistema de frenos del carro. Curiosamente aquella curva endiablada sería la misma en la que se sentaría a compartir un picnic con Cary Grant, años antes, durante una escena de la película <em>Atrapa al ladrón. </em>Sea como sea, su vida y su muerte es hoy una leyenda. Su muerte causó conmoción mundial. Su funeral fue seguido palmo a palmo por los medios, y la transmisión televisiva se calcula que tuvo una acogida de más de cien millones de curiosos. A despedirla asistieron reyes, jefes de gobierno y lo más prestante de la política, el <em>jet-set</em> y la realeza europea. Raniero III no pudo reponerse de su pérdida. Murió en el 2005, y pidió que fuera enterrado junto a su esposa en la Catedral de San Nicolás. Referente de la moda y el glamur, su influencia artística llega hasta nuestros días. Ícono de la elegancia, con su melena rubia y brillante, su carita delicada y sus ojos claros, carita picarona, portando un estilo propio con sus vestidos diseñados exclusivamente por las marcas más prestigiosas como <em>Dior, Balenciaga </em>e <em>Yves Saint Laurent, </em>Grace Kelly es eterna<em>. </em>Son muchos los artistas que se han visto seducidos por su imagen y su talento, rescatando su historia o rindiéndole algún tipo de homenaje: Madonna la nombra en su famosa canción <em>Vogue, </em>y mucho antes Andy Warhol ya le había rendido un tributo retratando su rostro en una serigrafía; uno de los bolsos más famosos de la colección diseñada por <em>Gucci </em>lleva su nombre: <em>Kelly de Hermès</em>; y Nicole Kidman le dio vida en el cine en la película del 2004, <em>Grace de Mónaco. </em>A pesar de su corta carrera, es considerada por muchos como uno de los rostros más emblemáticos, bellos y reconocidos de la industria cinematográfica de todos los tiempos. Es por esto que su nombre figura grabado para el recuerdo en una de las estrellas del Paseo de la Fama, en el 6329 de Hollywood Boulevard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:41:26 +0000</pubDate>
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        <title>Elizabeth &amp;#8220;Lee&amp;#8221; Miller (1907-1977)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Aventurera y desafiante, así podríamos definir a una mujer que no vaciló ante el peligro, y, antes bien, lo encaraba con la ferocidad de un soldado experto, no temiendo entrometerse en el lugar más prohibido. Su fascinación por rebelarse sería según parece una cuestión de temperamento. A los 7 años, embelesada con los trencitos de juguete de su hermano, decidió escapar de la custodia de sus padres para comprobar con sus propios ojos cómo operaban los trenes de verdad, luego de lo cual sus padres tuvieron que rescatar a su extraviada pequeña en la estación ferroviaria. Elizabeth, más conocida como “Lee”, nació a las laderas del río Hudson, a unos 140 kilómetros de New York, en una familia que había heredado el interés por las manualidades y las artesanías. A su abuelo se le recuerda por haber enladrillado el centro educativo de artes, el Antioch College, colocando cada día un promedio de unos siete mil ladrillos. Su tío oficiaba como editor de <em>American Machinist, </em>una revista dedicada a la mecánica, y así también su padre, Theodore, de ascendencia alemana, y quien ostentaba un título en ingeniería mecánica y era un aficionado a la fotografía, además de un experto apasionado en el diseño de curiosos artilugios. De pensamiento liberal, el padre inculcó a sus hijos una vida sin mayores principios, siendo su ejemplo el de un hombre infiel y poco creyente en las religiones. Les decía: “Pueden hacer lo que les apetezca, siempre que no hagan daño a nadie.” Elizabeth creció en un entorno campestre, disfrutando con sus dos hermanos de la casita del árbol que su padre les había diseñado, imitando las técnicas de fotografía e intentando ella misma inventar nuevos e ingeniosos adminículos. Y aunque se confesara poco hábil para las manualidades, lo cierto es que Lee desde muy pequeña desestimaría las muñecas y el bordado y se vería cautivada y familiarizada con las cámaras y la fotografía. “No soy muy hábil con las manos. Soy buena con un destornillador, puedo desmontar una cámara. Pero, ¿coser un botón? Podría ponerme a gritar”, comentaría años más tarde. Su madre, Florence, temía que su hija era un poco “masculina” y que pudiera convertirse en un “chicazo”, siendo que ella quería precisamente a una muñeca, a una niña ejemplar, e incluso sería por ello que cortó el pelo de uno de sus hijos con el estilo de peinado clásico de mujer. Por su parte el padre respondió cortándole el cabello a Lee con un corte varonil. Aproximadamente a los 8 años, Lee quedó una tarde bajo el cuidado de un tipo cercano a la familia y que acabaría abusando sexualmente de la pequeña, contagiándola de gonorrea, y generándole un trauma del que según parece no se pudo reponer nunca. Desde entonces no dejó de sentirse sucia y solía bañarse varias veces al día, se convirtió en una niña irritable, avergonzada, temerosa, solitaria. Padecía ataques de ira en los que destrozaba sus pertenencias, y debido a su conducta rebelde, sería varias veces expulsada de la escuela. Lee recibió tratamiento psicológico, pero sería tal vez la práctica inusual de su padre lo que logró mitigar un poco la vergüenza de su hija, y explorar con libertad su propio cuerpo. Tan liberal era su padre, que utilizó a Lee como modelo para fotografiarla desnuda empleando la técnica estereoscópica, conservándose una de tantas fotos en la que podemos apreciar a la pequeña Lee posando sobre la nieve y vistiendo apenas su par de botas, mientras recoge sus brazos en un intento por apaciguar el frío. Tal vez estas experiencias de exposición lograron destrabar en parte los complejos de Lee, ayudarla a superar sus traumas, desnudar sus temores, y de paso revelar en ella su vocación predestinada: la de fotógrafa. Pese a lo inquietante que pueda parecer esta práctica con su hija, Theodore sería siempre para ella “el hombre más querido y en el que más confiaba”, confesó muchos años después. En adelante comenzaría un proceso de recuperación. Empezó a interactuar con otras niñas, se interesó por la cocina, el piano, la danza, y en general por el mundo de las artes escénicas. La fotografía pudo haberla salvado. A sus 10 años visitó el teatro con su madre, y fue entonces cuando entendió que lo suyo era el protagonismo, destacarse, ser reconocida, consagrarse como el centro de atención. A los 17 años mostraba un cierto descontento por su vida y confiesa haber tenido algunos pensamientos suicidas, pero justo coincidió con un viaje que la familia decide realizar por Europa. Sería en París donde Lee podría respirar el ambiente bohemio que tanto la sedujo por sentirse identificada. Disfrutó ver la cotidianidad de las prostitutas y quedó impregnada del ambiente artístico de la capital francesa, por lo que sus padres decidieron matricularla en una escuela de teatro, ya que lo de ella no parecía ser la academia formal. Pero poco tiempo después de iniciado el curso teatral, la joven Lee se dejó conquistar por el consumado mujeriego que era el director de la escuela, y una vez enterado del amorío, el padre mandaría traer de regreso a la díscola de su hija. Para 1927, a sus 20 años, ya Lee se había convertido en un mujerón de esas que impactan por su belleza. Alta y alargada, de un pelo rubio y abundante, de ojos vibrantes, claros y saltones, nariz ancha, arquetipo del ideal de los años veinte, y con ese rostro expresivo que cautivaría cualquier día a un hombre que, según la leyenda, la salvaría de sufrir un accidente de tránsito. “¿Te interesaría trabajar como modelo?” Fue lo que atinó a preguntar aquel ángel guardián, Condé Nast, y quien también fuera editor de <em>Vanity Fair </em>y de <em>New Yorker, </em>además del fundador de la prestigiosa revista <em>Vogue. </em>Ese mismo año Elizabeth Lee Miller aparecería en la portada de la revista <em>Vogue, </em>y durante los siguientes dos años su imagen sería una de las más cotizadas y requeridas por fotógrafos, publicistas y por todo el entorno del modelaje, trabajando junto a los más prestantes y reconocidos del gremio. Pero su carrera como modelo llegaría a su fin luego de que se valieran de su imagen para publicitar unas compresas para la higiene menstrual, lo cual era inédito en los medios propagandísticos, y por lo cual la modelo sería condenada como una desvergonzada. De cualquier forma Lee supo reponerse y emprender un nuevo rumbo, y esos caminos la llevarían de nuevo a mudarse a territorios galos, con el firme interés de hacerse conocer entre los artistas de vanguardia y especialmente dentro del movimiento surrealista. “Prefiero tomar una foto que ser fotografiada”, decía Lee, convencida de su propósito de convertirse en fotógrafa profesional. Corría el año de 1929 cuando la intrépida Lee se le presentó al afamado Man Ray en el cafetín <em>Le bateau ivre. </em>Así lo recuerda su protagonista: “En aquel tiempo estaba en París, así que me acerqué a él y le dije: ‘Hola, soy tu nueva alumna y aprendiz.’ Él respondió: ‘Yo no tengo alumnos ni aprendices.’ Y yo le dije: ‘Ahora sí.’” Ella tenía 24 años y él 40, y a partir de ese saludo el pintor haría parte de su vida a esa joven mujer por la que entonces abandonaría a su esposa. “Me marcho de vacaciones a Biarritz”, le dijo Man Ray. “Yo también”, le respondió su amante. Fue entonces cuando comenzó una relación en la que Miller serviría como fuente de inspiración artística: musa y pupila, el cuerpo y la imagen toda de Lee quedaría retratada en pinturas y en fotografías que hicieron parte de una obra de tinte surrealista. Se recuerda la foto que captura el <em>derriere </em>desnudo de la modelo y que tituló <em>La prière </em>(La que reza). Debido a una casualidad, Miller descubrió la técnica conocida como “solarización”, donde las zonas oscuras se revelan como zonas iluminadas y viceversa, con un borde luminoso que define las zonas de contraste, y que el afamado artista ayudaría a desarrollar, y aunque poco crédito le haya dado a su compañera. Lo cierto es que parte de la producción fotográfica atribuida a Ray, fue realmente el trabajo clandestino de Miller, y quien estaba más interesada en aprender de su mentor y darle un espacio para que éste pudiera dedicarse más tiempo a la pintura. Una vez logrado cierto renombre, Miller abre su propio estudio, y es a partir de entonces cuando empezará a codearse con los más célebres del momento, como es el caso de Dora Maar, Salvador Dalí, Joan Miró, Max Ernst, Pablo Picasso (quien la retrataría por lo menos siete veces), y también Jean Cocteau, quien apenas la conoció le propuso interpretara a una estatua que cobra vida en su película de 1930 titulada <em>La sangre de un poeta</em>. Lee pasa a formar parte del movimiento surrealista, y su propuesta es la fotografía de imágenes simbólicas e hilarantes y en donde solía valerse de la técnica de la “solarización”. En 1932 pone un punto final a su relación con Man Ray y regresa a New York para establecer un estudio junto a su hermano Erik. Para ese año la veremos exponiendo en la Galería Julien Levy de New York, y un año después realizará otra exposición en la misma galería, pero esta vez con una presentación en solitario. En 1934 contrajo matrimonio con el ingeniero egipcio Aziz Eloui Bey, a quien conoció cuando éste realizaba un viaje de negocios a New York, y por quien acabó dejando todas sus empresas y proyectos personales para mudarse junto a él a la ciudad de El Cairo. La consumada fotógrafa no desaprovecharía su tiempo para tirar una que otra fotografía del contexto social cairota, o para captar la esencia de un paisaje, como es el caso de la fotografía que sacó desde lo alto de una pirámide, y que pareciera una composición cubista a base de sombras; u otra foto que tomó cerca al desierto de Siwa, a la que tituló <em>Portraits of space, </em>y que inspiraría a René Magritte para su pintura <em>Le baiser. </em>Y aunque tendría la oportunidad de escandalizar un poco a la sociedad musulmana, siendo la única mujer que se permitía pasearse en las playas vistiendo diminutos trajes de baño, la vida apaciguada y cómoda que le brindaba Egipto acabaría por aburrirla, y necesitada de aventura, desafío y adrenalina, volvería a París, y para 1937 comenzaría un idilio con el coleccionista de arte, Roland Penrose. “Siempre he buscado una combinación utópica de libertad y seguridad y emocionalmente necesito estar completamente absorta en algún trabajo o en el hombre que amo”, diría Lee en su momento. En 1939 Miller intentó trabajar como fotógrafa de <em>Vogue, </em>pero apenas logró conseguir un puesto como asistente; sin embargo con el inicio de la Segunda Guerra Mundial algunos fotógrafos dedicados al oficio de la moda serían reclutados para disparar sus lentes hacia el frente de batalla, y en cuestión de pocos meses Elizabeth quedaría ocupando el cargo al que en un principio aspiraba. “Me parece que las mujeres tienen más probabilidades de éxito en la fotografía que los hombres… Las mujeres son más rápidas y más adaptables. Y creo que tienen una intuición que les ayuda a comprender las personalidades más rápido que los hombres”, dijo en su momento; y sí que sabría demostrar su punto, consagrándose como uno de los ojos más especiales del mundo de la fotografía. Sin embargo para 1942, y pese a la insistente desaprobación de sus familiares y amigos, contrariando a quienes se le oponían y en un desafío mortal, Lee acepta formar parte del London War Correspondents Corps y alistarse como fotoperiodista y corresponsal de guerra de la revista <em>Vogue, </em>en un cubrimiento del escenario bélico que la llevaría a batallar en distintos frentes. Se hizo a un uniforme diseñado a su medida en Savile Row y navegó el océano hasta dar con el Canal de la Mancha, para luego internarse en Francia y testimoniar con su cámara todo el horror de la guerra. Así, pues, la modelo se vistió de soldado y ofició durante años los estragos de la guerra, siendo una de las cuatro fotógrafas acreditadas por las fuerzas armadas estadounidenses. Si es cierto que para captar buenas fotografías el fotógrafo debería acercarse a su objetivo lo máximo posible, Lee conseguiría las mejores imágenes, ya que ubicaría su lente justo al frente de los cañones. Así sucedió en un episodio en el que la intrépida fotorreportera quedaría a merced de una confrontación armada, siendo ella la única en el terreno que contaba con el armamento peculiar de una simple cámara fotográfica. Así recuerda dicho suceso: “Era la única fotógrafa en kilómetros a la redonda y tenía una guerra para mí sola. Fue un impacto letal… Luego todo se lo tragó el humo… Me refugié en un puesto alemán, en cuclillas bajo las murallas. Mi talón pisó una mano inerte y arrancada y maldije a los alemanes por la sórdida y terrible destrucción que habían provocado en esta hermosa ciudad.” Al comienzo se le encomendó la discreta misión de fotografiar la cotidianidad de las mujeres abocadas al servicio de la guerra, pero con el paso de los días su interés se vio volcado hacia el lado más excitante del conflicto, testimoniando con sus fotografías la devastación luego de la Batalla de Alsacia, así como los destrozos provocados por el ataque <em>Blitz </em>de los alemanes. “Ser una buena fotorreportera es cuestión de arriesgarse y cortarlo detrás de ti”, decía. No se resistía ante el peligro, e incluso iba tras él, persiguiéndolo con sevicia. Y fue así como un mes después de que los aliados consiguieran reconquistar las playas de Normandía, Miller llegaría con la intensión de cubrir el trabajo de las enfermeras en el hospital de campaña en Omaha. Entonces no desaprovecharía el momento, y aunque le estuviera prohibido, la atrevida fotorreportera sería la única en conseguir hacer presencia en la liberación de Saint Melo, para dejar un registro de los horrores perpetrados por el uso indiscriminado de napalm, y por lo que sería enviada a prisión durante un par de días, para luego ser expulsada del primer frente de batalla. A pesar de esto, la escurridiza reportera se escabulliría de todo impedimento y acompañaría a los soldados aliados que acabarían retomando sus territorios en la Liberación de París, y de la cual nos dejó un registro icónico, gracias a la foto que capturó de una Torre Eiffel cubierta por el manto de la niebla, otorgándole un aspecto de dramatismo que bien podría simbolizar el emblema de una ciudad fantasmal. Para darle mayor profundidad a su trabajo, las fotografías de Lee vendrían acompañadas de la palabra, redactando ella misma los textos que explicaban el contexto de la imagen, ganando prestigio y reputación por la agudeza de sus descripciones y la manera sensible como lograba interrogar a los espectadores. Uno de los momentos que más parece haberla signado sería cuando fotografió a un soldado que había sido casi incinerado, y que estaba cubierto de cuerpo entero por los vendajes. El malherido le pidió en un gesto cómico y esperanzador que le tomara un retrato para ver “qué pinta tan graciosa tengo”, imponiendo el humor al dolor, y muriendo unas horas después. Sin embargo, Lee también se dio a la tarea de retratar imágenes más ligeras y que también daban cuenta del contexto social, como aquella foto que tituló <em>The way things are in Paris, </em>y en la que vemos a una joven aparcada junto a los escombros de un cafetín destrozado por los bombardeos; o las fotos de los secadores de una peluquería y que acompañaría con el siguiente texto: “De muchos reportajes publicados en Reino Unido podrías pensar que las parisinas han tenido todo lo que las inglesas anhelan, excepto pequeños detalles como la libertad y la seguridad.” La mirada con ese toque de experta en asuntos de moda estuvo siempre presente en sus composiciones, y a pesar de lo escabrosas que pudieran ser. El ojo artístico de Miller no se ausentó nunca al momento de captar lo más terrible del ser humano. Se decantaba más por destacar lo simbólico de cada imagen para dejar de lado el sensacionalismo amarillista, y de allí que sus fotos no sean una composición vacía, evidentemente cruel, para en cambio aportar una estética más representativa, y así mismo cruda, real, sujeta a la interpretación de un ojo periodístico y documental, o a la de un incauto espectador que quedará seducido por tratarse de una inconfundible pieza de arte. Varias de sus fotografías fueron expuestas en 1940 en la exhibición <em>Surrealismo hoy,</em> en la Galería Zwemmer de Londres, y un año más tarde sus fotografías participarían de la exposición <em>Gran Bretaña en guerra</em> en el Museo de Arte Moderno (MOMA) de New York. Se recuerdan fotografías como la del soldado caído que flota sobre las aguas marinas, o la que titularía <em>La capilla inconformista </em>y en la que se aprecia la imagen surrealista de una inverosímil iglesia consumida absolutamente por los impactos de las bombas. Una de sus fotos más celebradas sería la serie que tituló <em>Máscaras de fuego, </em>en la que se contemplan varios rostros cubiertos por máscaras antigás, y en ocasiones acompañadas por algunas muñecas que se vislumbran entre los escombros. Lee Miller también sería la primera en llegar a los campos de concentración de Buchenwald y Dasau en el momento en que fueran liberados por las tropas aliadas, dejando para la memoria histórica el registro del escenario siniestro que los nazis habían perpetrado al interior de estos macabros recintos. Miller asegura que el pueblo alemán no desconocía el horror que se vivía en los campos de concentración, y su denuncia tal cual lo temía fue también desconocida por la revista para la que trabajaba. “No suelo sacar fotografías de horrores. Pero no creo que aquí haya una ciudad o una zona que no estén repletas de ellos. Espero que en <em>Vogue </em>piensen que estas fotografías son publicables”, le confesaba la fotógrafa a uno de sus colegas por medio de un telegrama. Y en efecto <em>Vogue </em>no quiso comprometerse a publicar las fotos, pero no así sucedió con la revista <em>Vogue </em>americana, que no vaciló ante el escándalo que las fuertes imágenes pudieran ocasionar, y se limitó a publicarlas. “¡Créanselo!” Ese fue el texto que Miller redactó para acompañar las imágenes que aparecieron con el título de <em>Fotografías en los campos de concentración de Buchenwald y Dasau. </em>Pero por lo que sin duda será más recordada es por la mítica y retadora fotografía que <em>Vogue </em>publicaría con el siguiente texto:<em> El apartamento de Múnich de Hitler: Lee Miller, que recoge la historia, disfruta del baño de Hitler. </em>Como solía hacerlo, Miller consiguió salirse con la suya y disuadir a los soldados para que le permitieran acceder al interior de la vivienda donde moraba el líder máximo y protagonista de este lado de la guerra. “Durante años he llevado la dirección de Hitler en Múnich en el bolsillo y por fin he tenido la oportunidad de usarla. <em>Mein host was not home </em>(Pero mi anfitrión no estaba en casa). Tomé algunas fotos del lugar y dormí bastante bien en la cama de Hitler. Incluso me quité el polvo de Dachau en su bañera.” Estas fueron las confesiones de Miller luego de haber sido fotografiada tomando un baño en la bañera de Adolf Hitler, ubicada en el 16 de Prinzregentenplatz de Múnich. El encargado de fotografiarla fue su aliado y colega, el corresponsal de la revista <em>Life</em>, David E. Sherman, componiendo un cuadro sugestivo y de cualquier manera provocador. Ensuciando la alfombra, bajo la bañera, descansan un par de botas enlodadas, y que recogen el terruño de su paso reciente por Dachau. A un costado de la bañera, junto a la pasta de jabón, un retrato del <em>Führer </em>contempla el desafío de una mujer que nunca temió a nada y que gozó de ese baño como si se tratara de una venganza de limpieza. “Naturalmente, tomé fotos. ¿Qué se supone que debe hacer una chica cuando una batalla aterriza en su regazo?”, decía emocionada luego de su acto de rebeldía, y que curiosamente ocurrió ese mismo 30 de abril en el que Hitler se suicidaría en compañía de su esposa Eva Braun entre las cobardes paredes de un decadente búnker. En definitiva, tras sus experiencias de guerra, evidenciar que sus fotos permiten revelarnos lo que la autora tuvo que presenciar también con sus propios ojos. Miller sería testigo de los presos que rogaban cesaran las torturas, de las pilas de cadáveres que se amontonaban en los campos de concentración, niños famélicos, soldados con heridas de muerte, y todo tipo de ejecuciones que acabarían por hacer mella en su espíritu. Durante su estancia en Francia, Miller estuvo realizando una serie de autorretratos, y en los que paulatinamente podemos apreciar un deterioro en su rostro, en sus ojos cansinos, en su boca apagada y en sus labios resquebrajados, en su piel desgastada y en esa expresión atónita, desconcertada, ausente, sin brillo y melancólica, reflejo de un alma que pareciera desengañada del mundo. “Yo lucía como un ángel, pero por dentro era un demonio”, decía. Es así como después de la guerra la aventurera fotógrafa nunca más podría reponerse, y como si se tratara de un soldado a quien le costara retomar su condición de civil, Miller se refugió en el alcohol, y ya nunca más volvería a ser la misma. Una vez acabada la guerra viajaría a Viena para capturar las imágenes de huérfanos moribundos, y luego en Hungría retrató la vida campestre, y así también tomó fotografías de las ejecuciones de algunos integrantes del nazismo que habían sido castigados con la pena capital, siendo el más recordado el del líder del gobierno húngaro, el primer ministro Laszlo Bardossy. Pero es que lo que Lee parecía disfrutar y lo que la hacía sentir viva era creer que estaba siendo parte de una película de acción. Y es que ciertamente durante unos años así fue su cotidianidad, y era ella la protagonista de una trama acelerada y cargada de adrenalina y que no dejaría de extrañar. Nostálgica de guerra, Lee se recordaría a sí misma infundiendo respeto entre las tropas, hablando el mismo lenguaje soez del soldado, y experimentando un cambio en una voz que pasó de ser acaramelada para convertirse en el vozarrón autoritario de un general. La antigua modelo se había convertido en un soldado consumado. Convencida de su potencial e interesada en que todos se enteraran de sus capacidades artísticas, Miller continuó un tiempo más como fotógrafa, y a pesar de interesarse cada vez menos por el oficio y declinar de algunas propuestas de trabajo, la famosa fotorreportera no tenía reparos en reconocerse como un espécimen único en su especie: “No seré la única reportera en París, pero sí la única dama fotógrafa, a no ser que llegue otra en paracaídas.” En 1947 se divorcia de Aziz Eloui Bey y se casa con Roland Penrose, estableciéndose de nuevo en Inglaterra, y convirtiéndose a la edad de los 40 años en madre de un niño llamado Anthony, experimentando un estrés posparto que acabaría sumiéndola en episodios depresivos, así como ataques de ira provocados principalmente por las infidelidades de su marido. Lee confesaría que jamás pudo superar en definitiva el trastorno producido por la violación de la que fue víctima en su infancia, y esto sumado a su estrés de posguerra, a sus tendencias suicidas y al consumo excesivo de alcohol, y que sería lo que le impediría sobrellevar con tranquilidad sus restantes años de vida. “Perdida es una buena forma de describirla”, fue como lo expresó su nieta, Ami Bouhassane. Por su parte, su hijo la recuerda como a una ebria a la que poco veía, deslenguada, y desentendida en todo momento de su labor de madre, y a quien incluso miraba con cierta vergüenza. “Lee tenía problemas a la hora de querer a alguien”, comentó su hijo a <em>The New York Times. </em>En 1949 la familia se muda a Farley Farm House, en Sussex, y a partir de entonces la reconocida fotógrafa casi abandonará el oficio por el que será siempre recordada. Sus últimas fotografías profesionales datan de 1953, y para 1955 elige una selección de su trabajo que exhibe en el MOMA de New York con el título de <em>The family of man. </em>Con el pasar de los años sería su esposo quien iría cobrando prestancia y reconocimiento como artista de vanguardia, siendo incluso nombrado como caballero en 1966, lo que oficialmente convirtió a Elizabeth en Lady Penrose, y a lo cual ella se burlaba con su característica mordacidad, bautizándose a sí misma como “Lady Lee”. Sus últimos años los pasó en el mismo hogar, donde solía recibir a conocidos y amigos para celebrar tertulias en las que además participaba su esposo. En la cocina también encontraría un refugio. Tomó clases de gastronomía en el Cordon Bleu de París y compiló sus propias recetas en un libro que pretendió publicar, y que cien años después de su natalicio su nieta daría a conocer bajo el título de <em>Lee Miller: a life with food, friends, and recipes. </em>Finalmente, Elizabeth Lee Miller muere a la edad de los 70 años. Después de su muerte su hijo Anthony descubrió en el ático de su casa un material fotográfico que su madre quiso mantener siempre oculto, permitiéndole comprender mucho mejor quién fue esa madre de la que apenas si sabía un par de anécdotas, y hasta el punto de comenzar un estudio de su vida y obra, y que acabó siendo la más completa biografía sobre la fotorreportera: <em>Las vidas de Lee Miller</em><em>. </em>Un año antes de su muerte asiste como invitada de honor a los Encuentros Internacionales de Fotografía celebrados en Árles. <em>The New York Times </em>anunció su muerte y eligió nombrarla con el apodo que no merecía: “Lady Penrose”. Anthony, quien confiesa no haber llorado cuando murió su madre, dice haberse conmovido toda vez se enteraba de las andanzas de mamá, derivando en ese relato de vida que un diario neoyorquino reseñó como “una especie de canto de amor a la mujer que nunca llegó a conocer”, y entonces por fin lloró. “Me di cuenta de todo lo que me había perdido, tantas cosas que querría haber sabido de ella y haber entendido”, comenta Anthony, quien desde hace años transformó la antigua casa de sus padres (y en la cual él se crio) en un museo consagrado a la memoria de sus progenitores. Además de dictar toda clase de talleres, en la actualidad el museo mantiene una exposición permanente de algunas pinturas de Roland Penrose, un par de valijas que abandonaría Man Ray en algún descuido, azulejos pintados por la mano de Picasso, y algunas fotografías de nuestra protagonista. En 1989 se llevó a cabo una exposición ambulante que dio una gira por Estados Unidos y en la que se presentaba una colección de fotos de la aclamada Lee. En el 2012 varias de sus fotografías fueron incluidas en la décimo tercera edición de la Documenta de Kassel. La vida y obra de esta mujer de muchas vidas ha sido narrada a través de libros y relatos, y en los próximos meses se espera el estreno de la película <em>Lee, </em>protagonizada por Kate Winslet en el papel de Elizabeth, y acompañada por Jude Law y Marion Cottilard.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Mon, 24 Jul 2023 07:22:21 +0000</pubDate>
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        <title>Brujas</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Para consagrase como bruja es preciso un estudio de años donde la iniciada comenzará a una edad temprana, cuando las “maestras” raptan a las niñas mientras sus padres dormitan, llevándolas en vuelo al lugar de celebración del aquelarre. Las niñas serán castigadas en caso de que comunicaran a sus padres su secreta formación, además que tenían la misión de guardar los sapos con los que las “maestras” preparan los ungüentos que las hacen volar. A los seis años son seducidas con golosinas y promesas para que abjuren de la fe de Cristo, luego de lo cual se realizará una ceremonia que celebrará la apostasía y que será presidida por el demonio en su figura de macho cabrío: un hombre barbado con aspecto de cabra, de ojos saltones color azabache, garras corvas como de ave de rapiña, con cola de asno y coronado con un par de cuernos. La “maestra” presenta a su “novicia” al macho cabrío con el siguiente rezo: “Señor, ésta os traigo y presento.” La niña se hinca de rodillas ante el diablo, acepta a Satán como su Señor Dios y rechaza su antigua fe con la siguiente oración: “Reniego de Dios, de la Virgen, de todos los santos, del bautismo y confirmación, de ambas crismas, de sus padrinos y padres, de la fe y de todos los cristianos.” La nueva bruja besa la mano izquierda del diablo, así como su boca y su pecho, encima del corazón, y a continuación besará sus genitales para rematar con el “ósculo infame”, el acto de besarle puntualmente en el ano. Acto seguido, Satán la marcará con sus uñas del lado izquierdo de su cuerpo con una señal que le dejará una cicatriz imborrable y cuyo dolor perdurará durante mucho tiempo. La conmemoración acabará con un festejo en compañía de otras brujas que bailarán al son del tamborino y la flauta, y finalmente la nueva bruja es ungida por todo su cuerpo con un menjurje hediondo de color verdinegro antes de ser llevada a dar un paseo por los aires. La <em>notchnitsa</em>, que así las llamaban antaño en los Balcanes, eran las brujitas que atormentaban a los niños en sus habitaciones durante las noches, y a quienes bastaba la presencia de un adulto para que se esfumaran mágicamente. Y es así como en adelante la pequeña bruja tendrá que ganarse un prestigio, realizando todo tipo de maldades como atacar a las personas y a los ganados, destruir las cosechas y proferir blasfemias y otra clase de fechorías, hasta el momento en que obtendrá licencia para ser ella misma quien preparará sus propias pócimas, ponzoñas y polvos, podrá volar y también compartir de tú a tú con el mismísimo demonio, a través de una consigna que dice: “Señor, en tu nombre me unto; de aquí en adelante yo he de ser una misma cosa contigo, yo he de ser demonios.” La categoría más alta la adquieren las más ancianas y expertas que gozan de los afectos y cariños de Satanás, y que servirá como un órgano consultivo que actúa en compañía de media docena de diablillos que rodean siempre a su Dios. Adivinas, pitonisas, hechiceras, clarividentes, expertas en la nigromancia y en el arte del ocultismo, la imagen de las brujas varía según la época y la cultura. Las encontramos retratadas y sus historias están descritas en cuentos, novelas, películas, e incluso en quienes testimonian haberse cruzado con una de ellas. Acompañadas de sapos, serpientes, ratas, arañas, búhos y cuervos, liebres y el infaltable gato negro, una cohorte de mujeres se convoca en un aquelarre celebrado en cementerios o en la profundidad de los bosques, junto al fragor de una hoguera, gozando de un festejo pagano por medio de rituales satánicos, reunidas en conciliábulos donde a través de magia negra invocan al maligno. Ancianas decrépitas que viven aisladas junto a pantanos y lagos fangosos, de aspecto cadavérico y con la piel de un color verdoso, con narices prominentes en las que realza una abultada verruga, desdentadas y de risas agudas, burleteras y macabras, vistiendo una toga negra y portando sobre sus cabezas un sombrero puntiagudo, trepadas en sus escobas mientras surcan los cielos durante la luna llena o agregando un par de alas de murciélago a su pócima mágica, conjurando un hechizo maléfico junto a una caldera donde se cocina la medicina siniestra, el encantamiento diabólico, el mal de ojo, el brebaje demoníaco capaz de corromper y pervertir. Se dice que podían volar y que tenían el poder de metamorfosearse en cualquier animal, virtudes que les servirían para ocultarse y llevar a cabo sus propósitos funestos. Quizás por el culto a Artemisa (Diana para los romanos), diosa griega emparentada con la luna, las brujas eran asociadas a la luna llena y se dice que es durante el plenilunio cuando alcanzarían su máximo poder. La palabra en latín para denominar a la bruja es <em>maleficae, </em>término con el que fueron conocidas en Europa durante toda la época del Oscurantismo y hasta entrada la Edad Moderna. En inglés se les conoce <em>“withc”, </em>en italiano <em>“strega”, </em>en alemán <em>“hexe”, </em>en francés <em>“sorcière”, </em>y decir que la palabra en español, “bruja”, es de una etimología incierta y desconocida. En la Biblia la aparición de la bruja será ocasional, condenadas por Moisés y presentes en la historia de Saúl, quien consultó a una bruja en En-Dor para que le ayudara a comunicarse con el difunto Samuel. En la antigua Grecia la mítica diosa <strong>Hécate</strong>, asociada a la brujería, era invocada a través de ceremonias para que auxiliara a sus devotas en todos sus encantamientos. En la mitología Tesalia era el lugar oscuro donde moraban las brujas, destacándose tres como las más reconocidas: la desgarbada y horripilante <strong>Erictho </strong>con cabellos de serpientes, que habita junto a las tumbas y que sólo sale en noches lluviosas para comunicarse con los muertos; <strong>Pamphile </strong>que aparece descrita por Lucio Apuleyo en <em>El asno de Oro, </em>y quien tiene el poder de metamorfosear a los jóvenes en piedras o animales; y la bruja <strong>Canidia</strong> que se entera de todo lo que sucede al interior de los infiernos. Lo cierto es que la brujería ya era temida y condenada desde tiempos lejanos, remontándonos a la <em>Lex Cornelia </em>que prohibía las prácticas brujeriles castigándolas con la muerte. Hacia comienzos del Medioevo, Clodoveo I, rey de los francos del año 481 al 511, promulgaría otra fuerte ley en contra de las brujas y brujos y que sería conocida como <em>Lex Salica, </em>y hacia el 780 el mismo Carlomagno tipificaría en sus códigos de leyes una condena de prisión a quien fuera juzgado de brujería, además de severos castigos físicos. A lo largo de estos siglos el mundo se vería inundado de relatos verbales y cuentos escritos que describían a las brujas como personajes maléficos, ligadas al demonio, y en donde empezaba a detallarse toda clase de conjuros y reuniones, siendo la más común la ceremonia conocida como <em>Sabbat. </em>Dicho ritual consistía en abjurar <em>in totum </em>de los dogmas cristianos para ser rebautizadas en la fe de Satán, quien finalmente las estigmatizaría con su marca, sellando así un pacto en el que ambas partes se prometían y obligaban: el diablo concedería toda clase de riquezas y poderes mientras que la bruja se mantuviera siempre sumisa a cumplir sus órdenes, además de entregarle su alma para que dispusiera de ella después de morir. El <em>Sabbat </em>pudo haberse derivado de las antiguas fiestas dionisiacas consagradas al dios romano Baco, dios cornudo que se asociaba al festejo, a lo orgiástico y a la ebriedad, a todo lo carnavalesco y especialmente al vino, y también encarnado en otras figuras míticas como Pan o Mithra. Fue a comienzos de la Edad Media que el dios cornudo sería considerado como el propio diablo y sería conocido como Satanás o Lucifer. Tiempo después el ritual pagano del <em>Sabbat </em>pasaría a ser como una especie de “misa negra”, versión renovada del <em>Sabbat</em> y cuyo culto era consagrado a la devoción de demonios como Diane o Hérodiade. En un principio las mujeres acusadas de brujería serían conminadas a confesar sus culpas bajo torturas, logrando que de esta manera la sociedad se convenciera cada vez más de la existencia real de las brujas, y haciendo que su temida fama se difundiera por toda Europa. Para el siglo XIII el papa Inocencio VIII en contubernio con los sacerdotes dominicos daría inicio a una naciente persecución inquisitorial contra las brujas, castigándolas por el cargo específico de herejía. Sin embargo la persecución acérrima contra las brujas, y que se prolongaría durante cuatro siglos, empezaría en 1326 cuando el papa Juan XXIII promulgara una bula pontificia. La cacería se concentraría principalmente en mujeres, ya que la iglesia consideraba al hombre como un servidor elegido por Cristo, siendo así que la mujer, más débil e inferior que el hombre, estaría más propensa a inclinarse por el adversario maligno, y por lo cual en su momento se calculaba un millar de condenadas por cada hombre castigado por el cargo de brujería. El estereotipo de la bruja se reafirmó después de los juicios de la década de los veinte del siglo XV, y ese mismo año con los tantos tratados demonológicos como el escrito por un par de dominicos y conocido como el <em>Malleus maleficarum </em>(Martillo de las brujas), y del cual se imprimirían más de treinta mil ejemplares a lo largo de los siguientes dos siglos. También los predicamentos teológicos de San Bernardino de Siena y las aseveraciones de varios tribunales de justicia acabarían formando una imagen más definida de la bruja, todos estos consolidando su existencia y describiendo con detalle los rituales satánicos que solían celebrarse en lugares alejados del centro urbano o en cementerios donde profanarían las tumbas. Para 1484 la Iglesia Católica reconoce la existencia de la brujería por medio de la bula apostólica <em>Summis desiderantes affectibus. </em>la asociación de la brujería como un crimen de carácter sexual cobraría rigor hacia el siglo XVI, momento en el que ya eran comunes los distintos suplicios a los que eran sometidas las condenadas, y que puede apreciarse en varios grabados alemanes de comienzos de siglo en los que se representan ahorcamientos y decapitaciones, mutilaciones de miembros y brujas ardiendo en las hogueras. En todo tiempo también se contaría con un puñado de personas racionales que se atrevieron a pronunciarse en contra de semejante delirio colectivo, como el caso del valiente y muy cuerdo barón Michel de Montaigne, quien para 1563 escribiría que muchas de estas mujeres pudieran tratarse de mujeres afectadas de “locura”. Para 1571 el Santo Oficio establece por decreto real un tribunal inquisitorial en la Nueva España que le permitiera proceder con legalidad en su persecución de brujas por territorios americanos. En un comienzo los procesos eran dirigidos por el clero, pero tiempo después cualquier laico podía encargarse de llevar a cabo una persecución propia. En 1599 el rey Jacobo I de Inglaterra estableció la vil práctica de pinchar en el ojo a la mujer sindicada de brujería, y en caso de que sangrara quedaría comprobada su indiscutida culpabilidad. Los siglos XVI y XVII las brujas sufrieron la más intensa, terrorífica y sanguinaria persecución, en lo que muchos calculan cobró la vida de unas cien mil almas. La mayoría de víctimas de la Inquisición eran provenientes de familias rurales de bajos recursos. No sólo las mujeres eran condenadas a muerte, ya que era común el castigar con la misma pena a sus hijos, y en especial si se trataba de niñas. Se empleaban jugarretas innobles para determinar la culpabilidad de las sindicadas, como aquella conocida como <em>Hekseenwag </em>(“balanza de las brujas”), y que consistía en echar a la sindicada a un río con los pies y manos atados, y si flotaba es porque ciertamente se trataba de una bruja (ya que estas desalmadas poseían un peso liviano como un pájaro), y en cuyo caso sería rescatada para quemarla viva en una hoguera. Difícil demostrar su inocencia, ya que de igual manera, y en caso de no flotar, la condenada acabaría ahogándose, demostrándose de esta forma su lamentada y tardía inocencia comprobada. Pero no sería sino hasta fines del siglo XVII cuando comenzó a cuestionarse a nivel de sociedad esta práctica que cada vez perdía más su sentido. Para 1602 el pastor reformista Anton Praetorius saldría en defensa de las brujas condenando la tortura a través de un texto titulado <em>Sobre el estudio en profundidad de la brujería y de las brujas. </em>En Francia Louis XVI derogó la condena de pena de muerte y dejó como máximo castigo por brujería el destierro o el exilio; en 1692 en Estados Unidos un jurado de Massachusetts pidió perdón por los Juicios de Salem firmando un arrepentimiento público y comprometiéndose a nunca volver a repetir tan deleznables sucesos; Inglaterra abolió la legislación respecto a la brujería en el año de 1736 y aunque en 1808 se reportaría el último ahorcamiento de una bruja en territorio inglés. Jules Michelet, en 1862, tendría la iniciativa de redimir la figura de la bruja por medio de un libro donde pretendía componer un “himno a la mujer benefactora y a la vez víctima”, una rebelde y una revolucionaria de todos los tiempos, atreviéndose a señalar a la Iglesia Católica como la promotora de la “caza de brujas”, y defendiendo su obra como un escrito de contenido histórico y no un producto de la ciencia ficción. Un verdadero genocidio, una histeria o esquizofrenia colectiva, un feminicidio masivo, un machismo exacerbado que se prolongaría durante siglos, un crimen contra la humanidad que costó la vida de figuras notables como la de <strong>Juana de Arco</strong>. Y así también destacar otras brujas que han tenido un amplio reconocimiento a lo largo de la historia. En 1324 encontramos a <strong>Alice Kyteler, </strong>quien poco pudo hacer para defenderse ante el obispo de Ossory, convirtiéndose en la primera irlandesa en ser condenada por brujería. Una de sus sirvientas atestiguó que Alice solía sacrificar animales vivos en una suerte de ritual demoniaco. Se le inculpaba luego de haber enviudado en cuatro ocasiones bajo sospecha de envenenamiento, pero finalmente conseguiría escapar de su país. En 1593<strong> Maria Holl</strong>, conocida como la “Bruja de Nördlingen”, fue una de las primeras mujeres en lograr defenderse y hasta conseguir ser absuelta de sus acusaciones de brujería. En 1657, en Escocia, <strong>Maggie Wall</strong> sería quemada en una hoguera sobre la que hoy se impone un monumento de roca de más de seis metros coronado de una cruz, y que es un lugar de alto atractivo turístico, pese a que poco se sabe de la vida de Maggie y menos de su juicio, y por lo que muchos la consideran como una simple leyenda. Para 1751 <strong>Anna Schindenwind </strong>sería una de las últimas en ser ajusticiada en la hoguera en una plaza pública alemana. <strong>Joan Wytte, </strong>conocida como el “Hada de Bodmin”, nació en Inglaterra en 1775, y se decía que era vidente y curandera, de una fuerza descomunal, y que estaba poseída por el maligno. Se le recuerda por fea, desdentada y agresiva, y precisamente por revoltosa pararía en la cárcel donde moriría a la edad de los 38 años. Su cadáver fue disecado y años después sus restos fueron profanados para una sesión de espiritismo, tras lo cual dice la leyenda la bruja se manifestaría desde el más allá. <strong>Anna Göldin </strong>será una de las últimas mujeres ejecutadas en Europa, sucedió en Suiza durante el verano de 1782. Hacia finales del siglo XVIII <strong>Marie Catherine Laveau</strong>, una viuda negra que trabajaba como peluquera de las mujeres blancas y adineradas de New Orleans, conocida como la “Bruja peluquera” o la “Reina bruja”, era famosa por sus prácticas de vudú que solía realizar en compañía de su serpiente de nombre “zombi”. Finalmente <strong>Violet Mary Firth Evans</strong><strong>, </strong>nacida hacia finales del siglo XIX, y quien fuera una de las brujas más reconocidas de su tiempo por haberse interesado desde temprana edad en el arte del ocultismo y hasta llegar a convertirse en una experta. Se hacía llamar “Dion Fortune”, y junto a su esposo fundó “Fraternidad de la luz interior”. También se le recuerda por haber apoyado fuertemente a Inglaterra durante los intentos de la ocupación alemana. Sería ya entrado el siglo XX, hacia la década de los setenta, cuando los movimientos feministas se apropiaron de la imagen de la bruja como un emblema de culto y un símbolo de la resistencia femenina. Surge la revista <em>Brujas, </em>de Xavière Gauthier, que exponía en detalle “las prácticas subversivas de los movimientos feministas”, y surgen también los cultos y rituales modernos como la <em>Wicca, </em>que es como hoy se conoce al encuentro de varias mujeres que se reúnen a manera de un antiguo aquelarre. Lo cierto es que gran número de estas mujeres que fueron asesinadas por considerárseles brujas no eran otra cosa que mujeres de ciencia, estudiosas, investigadoras. Muchas de ellas eran parteras y curanderas, cocineras o consejeras, sabias en el conocimiento de plantas e hierbas con los que solían preparar brebajes y remedios, conocedoras de enfermedades que lograban tratar de manera precaria por medio de pócimas basadas en la farmacopea tradicional, y que muchos citadinos y médicos señalaron como prácticas paganas o brujeriles. Les prohibieron legar sus nuevos conocimientos y sus enseñanzas ancestrales y prefirieron silenciarlas en medio de una pira encendida. La escoba sigue siendo hoy símbolo que nos remite a la bruja voladora, así también como a un objeto ligado a la mujer consagrada a las labores del hogar. Tanzania, República Democrática del Congo, Kenia, Ghana, Angola, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, Arabia Saudita, Nepal e India son algunos de los más de cincuenta países donde la brujería sigue siendo perseguida y penalizada con castigos de tortura y muerte. Se calcula que en la última década más de veinte mil mujeres han sido condenadas por el cargo de brujería, y en el 2020, por motivos de la pandemia, el creciente número de rezanderas de todas las especies se ha venido multiplicando, por lo que también aumentó la persecución y una nueva cacería.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Mar 2023 00:35:49 +0000</pubDate>
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        <title>Para recordar a Paul Celan</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_93248" aria-describedby="caption-attachment-93248" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93248" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral.jpg" alt="Un retrato del poeta rumano Paul Celan." width="1200" height="675" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-150x84.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-300x169.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-768x432.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Paul-Celan-Albeiro-Guiral-1024x576.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a><figcaption id="caption-attachment-93248" class="wp-caption-text">El poeta rumano Paul Celan. Foto: Editorial Herder.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify"><strong>Es el lenguaje la espada y la pared del poeta</strong>. Lo persigue y lo espera a la vez, animal enloquecido, y antes de que regrese la luz, lo hiere de muerte. La agonía puede tener la duración de la paloma o de la piedra; el aire, lo sabemos bien, lo intuimos como si nos perteneciera aquel desasosiego, se ofrece como tumba. Y el humo sube: la reducción del día. Todo se ha acabado sin dejar líquenes en los naranjos.</p>
<p style="text-align: justify">Aunque quisiera mezclar su ceniza con la de su padre, la sequedad de la tierra lamida por el viento se lo impediría. ¿Hay una esperanza para quien vio la muerte a sus ojos azules? ¿Hay algún consuelo para quien aborrece entrar a la tierra que lo escupió a la existencia?</p>
<p style="text-align: justify">Una amapola florece en la boca de su madre.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Se fugó de la muerte</strong>, se fugó del lenguaje. Lo arrastra lejos de nuestros ojos miserables la corriente del sueño.</p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 14 Jan 2023 19:45:10 +0000</pubDate>
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        <title>Neferneferuatón Nefertiti (1370 a.C.-1331 a.C.)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Piel dorada, de un cuello largo y esbelto que sostiene su cabecita ovalada, labios pulidos simulando una sonrisa, delineados con un elegante trazo, pómulos angulares, mentón fino y estrecho, nariz recta y ojos color almendra apostados con una simetría calculada, un cánon de belleza femenina de todas las épocas, y que hoy podemos reconocer gracias [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Piel dorada, de un cuello largo y esbelto que sostiene su cabecita ovalada, labios pulidos simulando una sonrisa, delineados con un elegante trazo, pómulos angulares, mentón fino y estrecho, nariz recta y ojos color almendra apostados con una simetría calculada, un cánon de belleza femenina de todas las épocas, y que hoy podemos reconocer gracias a varios bustos que habrían sido esculpidos durante su mandato. En 1912 el egiptólogo alemán Ludwing Borchardt descubrió las ruinas de la ciudad de Ajtatón (actualmente Amarna), siendo de especial interés un cuarto que parecería fue el antiguo taller del escultor Tutmose, quien replicó varias veces la figura de la faraona. Se destaca un busto hecho de piedra caliza de metro y medio de altura, y que es el más conocido en el mundo, ya que conserva sorprendentemente sus colores y apenas tiene partida una oreja, además de tener una peculiaridad distintiva: la ausencia de su almendrado ojo izquierdo. “Teníamos en nuestras manos la obra de arte egipcio más llena de vida”, fue la constancia que dejó aquel día Borchardt en sus diarios. Poco sabemos de su historia, apenas lo que podemos intuir de los hallazgos arqueológicos y las otras leyendas que se tejen alrededor de la suya. Que fue una princesa nubia, dicen algunos, sin que esta hipótesis goce de mucha aceptación; otros sugieren que fue la princesa de Taduhepa, en el país de Matani, y esto principalmente por la forma ovalada de su cráneo, que sería moldeada cuando Nefertiti era una niña, siendo ésta una costumbre de la alta sociedad de Mitani y de ninguna forma una práctica egipcia. Sabemos sí que Nefertiti, que significa “la bella ha llegado”, era huérfana de madre, y que su padre fue Ay, quien sucedió en el trono de faraón al mítico Tut-anj-Amón (Tutankamón), que estaba casado con una mujer llamada Tey (que portaba el título de “Gobernanta”) y quien se encargaría de la crianza de Nefertiti. Tuvo también una media hermana llamada Mutnedymet que fue casada con Horemheb (último faraón de esta diinastía), y así mismo a sus 15 años Nefertiti sería desposada por el joven faraón Amunhotep IV, quien pese a no ser el sucesor directo de su padre, Amunhotep III (Amenofis), ascendería al trono luego de que su hermano menor, Tutmosis, muriera de manera prematura. En adelante el rey pasaría a diseñar un cambio rotundo del adorado Dios Amón, para empezar a darle realce a la figura de Atón, comenzando por cambiar su nombre de Amunhotep (“Amón está complacido”), para empezar a conocerse como Ajnatón (“útil a Atón”), y así también Nefertiti recibiría un nuevo nombre de reina, Neferneferuaton, que significa “maravillosa es la belleza de Atón”. La pareja se consolidó desde un principio en el poder, y a lo largo de su relación tendrían una descendencia compuesta por seis hijas. Corrían tiempos de paz y prosperidad, Egipto se consolidaba como la principal potencia del Mediterráneo oriental, y durante varios años habían mantenido las paces con sus enemigos históricos, los hititas. La pareja de faraones, representantes de la XVIII Dinastía de Egipto, se valdría de la tanta abundancia para dejar un legado artístico, arquitectónico y cultural, patentado en las pinturas, templos y esculturas que saturaban las plazas y muros de las ciudades. Akenatón instó a los artistas a la búsqueda de una creación mas libre y emocional, cambiando sustancialmente la iconografía que veneraba a dioses y faraones y otorgándole de esta forma una mayor cercanía con la sociedad. A manera de propaganda, la familia real solía ser retratada en cada resquicio de la ciudad. Nefertiti aparece representada siempre junto a su marido, en condición de iguales, coronada y vistiendo los atuendos propios de una faraona, emulando a una antigua mujer que ya había gobernado antes que ella, la legendaria Hatshepsut. Las pinturas propagandísticas exhibían la cotidianidad de lo que parecía una familia modelo, feliz y afectuosa, una pareja que juguetea con sus seis hijas en gestos de cariño como abrazos y besos, Nefertiti sobre las piernas de Akenatón o tomados de las manos, y por lo que la sociedad egipcia tendría en un principio la aceptación de la nueva pareja de faraones. Los canónes estéticos cambiaron y los cuerpos adquirieron formas estilizadas, aunque de caderas y muslos anchos y vientres abultados. El rostro cobró una difinición angulosa, los ojos rasgados, pómulos prominentes, mentón puntiagudo y labios más carnosos. Se alargaron los cuellos así también como los cráneos, y a la familia real solía dibujársele con sus cabezas ovaladas, a excepción de la cabeza del faraón que siempre conservó su forma, mas no así sus otros atributos físicos, cuyas representaciones se confunden a momentos con una figura femenina, casi como una amalgama con el cuerpo de Nefertiti, e incluso su vestimenta mostraba mucho de esta mezcla de feminidad. Iniciando su reinado, Akenatón construyó cuatro templos fortificados en honor al dios Atón, rodeando el emblemático recinto sagrado del Gran Templo de Amón en el complejo religioso de la ciudad de Karnak. Apenas un lustro en el poder Ajnatón empezará a ser conocido como Akenatón, y es entonces cuando decide hacer una restructuración de fondo que ya había comenzado su difunto padre: convertiría a la sociedad egipcia en monoteista. Fundaría, tal vez por primera vez en nuestra historia, una institución religiosa. Trataría de alguna manera de fusionar o remplazar al dominante dios Amón, consagrando una nueva deidad conocida como Atón, y cuya figura representaba al sol como la fuente de la vida en este mundo. Desplazó la capital de Tebas y a unos 300 kilómetros de allí, en las laderas del río Nilo, Akenatón hizo contruir una nueva capital llamada Ajtatón (Aketatón), que signigica “Horizonte de Atón”. Akenatón concibió otros rituales, cultos y formas de adoración, desapareció la veneración a Osiris y dejó de lado las ideas de un inframundo y un mundo de los cielos. Atón era la presencia encarnada en el sol como deidad única. De esta manera no sólo restó poder a los sacerdotes de Amón, sino que además él y su esposa se proclamaban así como intermediarios entre el nuevo Dios y el resto de los mortales, elevándolos a una categoría de casi divinidades, y nombrando a su consorte con el título de “Reina-Diosa”. Se discute así de cuál fue finalmente el desempeño de Nefertiti en el llamado “Cisma de Amarna” y en este período que bien puede tildarla de haber sido una reina hereje. Más allá de ser una especie de primera dama, Nefertiti parece haber tenido una influencia fuerte en su esposo y en las decisiones que marcaron las políticas de su gobierno. Asumió tareas, funciones y competencias que eran propias del faraón, y por los que muchos le atribuyen ser el motor principal de esta revolución teológica. Sea como sea, títulos no le faltaron, y las pinturas la muestran siempre en la misma condición del faraón. Incluso se especula si pudo haber sido ella quien después de casi dos décadas de gobierno, tras la muerte de Akenatón, asumiría el mandato bajo el nombre de Semenejkara, personaje indescifrable y enigmático que gobernó durante un corto período, antes de que el último faraón de la XVIII Dinastía de Egipto llegara a ocupar el trono, y con éste la restitución de Tebas como capital del imperio y del dios Amón como deidad principal de un politeismo renovado. Lo cierto es que no hay una evidencia concreta de cómo sería el final de una de las mujeres más poderosas de la Edad Antigua. En años recientes los arqueólogos hallaron un templo donde se conservan los restos de la familia real, y entre los cuales se especulaba uno de ellos se trataría del cuerpo momíficado de la mismísima Nefertiti; sin embargo la mayoría de los estudios parecen revelar que no es este el cadáver de la faraona, y hoy se le conoce a esta momia como <em>The younger lady, </em>y la tumba donde se esconden los restos de la esposa de Akenatón siguen siendo un misterio desconocido. El busto de Nefertiti puede contemplarse en el Museo Egipcio de Berlín, y apreciar una figura modelada hace más de tres milenios y que, según parece, no fue que se perdiera su ojo izquierdo, sino que nunca lo tuvo, y esto también carece de explicación.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-85542" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/207.-NEFERTITI.jpg" alt="NEFERTITI" width="275" height="183" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85541</guid>
        <pubDate>Fri, 13 Jan 2023 11:08:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Neferneferuatón Nefertiti (1370 a.C.-1331 a.C.)]]></media:description>
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        <title>Kathrine Switzer (1947)</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Kathy” comprendió que a la larga se trata de disfrutar del viaje, sin esperar por un final compensatorio. Que, tal vez, no llegar nunca, es lo que te hace grande, y que, en suma, como reza el latinajo: “<em>Vita via est.” </em>Su familia no es una familia de atletas, sin embargo supieron alentar su espíritu competitivo, y fue por esto que su padre la cuestionó cuando a la edad de los 12 años Kathrine le confesó que quería convertirse en porrista del equipo de hockey sobre hierba. “Tú no tienes que animar a los demás; los demás tienen que animarte a ti… Eso es lo que deberías hacer, porque en la vida hay que participar, no sólo mirar”, fue el consejo de su padre, quien le propuso que comenzara por correr “un kilómetro al día”. La niña no se creyó capaz, pero su padre insistió diciéndole que “no se trata de ir rápido, sino de terminar.” “Haz creer a los jóvenes que son capaces de todo y dales la oportunidad de intentarlo, porque es fundamental para que se empoderen… un niño que crece con esa seguridad es capaz de cualquier cosa”, recomienda Switzer, según su propia experiencia. La joven Kathrine no se dejó amedrentar por los hombres (todos ellos mayores) que conformaban el equipo de hockey del instituto académico ubicado a las afueras de Washington D,C., y fue así como en cuestión de pocos meses la tímida Kathrine se había desafiado a sí misma y ahora formaba parte del equipo de hockey, y hasta el punto de convertirse en una de las jugadoras más destacadas. “Aprendí que algunos días son fáciles, y otros imposibles. Lo cierto es que era una de las mejores jugadoras porque nunca me cansaba. Pero no fue pertenecer al equipo lo que me hacía sentir bien, sino correr todos los días. No en sí por correr, sino por la realización personal que yo sentía al hacerlo; me sentía poderosa. Después de aquello, nada parecía tan difícil.” Motivada por superarse a sí misma, Kathrine quiso exigirse al límite. <strong>“Tenía curiosidad acerca de lo que mi cuerpo podía hacer y, a medida que mejoraba, la sensación de mejorar mi propia marca se volvía cada vez más embriagadora”. A los 19 años, estando en perfectas condiciones físicas, interrumpe lo que hasta entonces era su pasión pero que no prometía ser más que un hobby, y se matricula en la Universidad de Siracusa para cumplir su anhelo profesional de convertirse en periodista deportiva. Sin embargo su alma de atleta quería seguir persistiendo en correr, por lo que buscó inscribirse en el grupo de atletismo femenino de la universidad. No sería una sorpresa encontrarse con que en el mundo deportivo tampoco parecía haber espacio para las mujeres (contando los varones con más de veinticinco modalidades deportivas distintas además de becas de estudio), por lo que se dirigió al entrenador del equipo masculino pidiéndole la dejara participar en las pr</strong><strong>á</strong><strong>cticas. El entrenador se burló de ella creyéndola incapaz, pero le daría la oportunidad</strong><strong>,</strong><strong> convencido de que Switzer no se presentaría. </strong>“Correr nos transforma, tanto a hombres como a mujeres. Te hace creer que eres capaz de todo. Te da una sensación de estrés añadida, pero te aporta endorfinas y posibilidades. Como joven en edad de crecimiento que corría un kilómetro diario, me dije: ‘¿podría hacer dos? ¿Serías capaz de hacer tres kilómetros diarios’?” Los miembros del equipo le dieron la bienvenida y la hicieron sentir siempre acogida durante los entrenamientos, y en donde tendría la suerte de cruzarse con Arnie, un cincuentón retirado de las pistas, que percibió el talento de Switzer y quiso convertirse en su entrenador personal. A su lado comenzaría a correr distancias cada vez más largas, hasta un día en que a Switzer se le ocurriría el disparate de proponerle correr la maratón de Boston. Se trataba de una idea descabellada no sólo porque a las mujeres se les tenía prohibido la participación en el certamen competitivo, sino porque se creía que las damas eran incapaces de soportar la maratón de 42 kilómetros, ya que este trajín podría traerles problemas de salud tales como la caída del útero, o mitos que vaticinaban la aparición de vello, bigote y pelo en pecho para la mujer que se aventuraran a una empresa que sólo competía a los machos. Arnie le pidió demostrarle que era capaz de superar la prueba de atletismo, a lo que Switzer lo retó a emprender una maratón juntos a manera de ejercicio. La prometedora maratonista no tuvo dificultad en completar la travesía, tras lo que le pediría entusiasmada a su entrenador que siguieran todavía unos cinco o seis kilómetros más. Unos kilómetros más adelante su entrenador padeció un desmayo, y al despertar, tuvo que reconocer que “las mujeres tienen un potencial oculto para el aguante y la resistencia”. Switzer ya tenía madera suficiente para poder cuestionar a qué se referían cuando le llamaban a su género el “sexo débil”. Hasta el momento ninguna mujer había corrido oficialmente la maratón, esto es, portando el dorsal con un número que la acreditara como participante admitida. El formulario de inscripción obviaba preguntar el género sexual, y dada la admiración que Kathrine sentía por el escritor J.D. Salinger, su firma consistía también en sus iniciales seguidas de su apellido: K.V. Switzer, siendo así que consiguió ingresar al evento deportivo del año 1967 sin despertar ninguna sospecha. Por aquel entonces el movimiento feminista andaba en su pleno furor. La mujer comenzaba a destacarse en los ámbitos científicos, artísticos, intelectuales, y era este el momento para que también se pronunciara exponiendo su fortaleza y sus destrezas físicas. Switzer se presentó con sus labios pintados de rojo y sus mejillas maquilladas. Se le asignó un dorsal con un número que, sin saberlo, pasaría a la historia como un símbolo de la lucha por la igualdad de géneros: 261. Se recuerda calentando sus músculos toda rodeada de hombres que la halagaban diciéndole que ya hubieran querido tenerla como su pareja. Un año antes una mujer había corrido la maratón, cuando consiguió infiltrarse a hurtadillas en la competencia luego de saltar una valla de seguridad. Ese mismo año de 1967 otra mujer también participaría del certamen, e incluso llegaría a la meta antes que Switzer, pero contrario a Katherine, ésta no portaba el dorsal que la oficializaba como la primera mujer en participar en la competencia más exigente del atletismo. Al oír el disparo de partida Switzer comenzó a hacer lo que mejor sabía, y se echó a correr. Los primeros tres kilómetros fueron un camino de rosas, hasta que un carro de la prensa se percató de que entre la multitud había un ser que no correspondía con el género. De allí en adelante no pararon en documentar su hazaña o su atrevimiento, interrumpiendo su marcha con preguntas de todo tipo. Le sacaban fotos, la saludaban por donde pasaba, sorprendidos todos de ver a aquella entrometida que no tardaría en ser sancionada. El evento que pasaría a la historia sucedería cuando Jock Semple, codirector de la carrera, se bajó de un carro para empezar a perseguir a la infiltrada, logrando sujetarla de su camisa y casi arrancándole el dorsal, mientras le imploraba: “¡Sal de mi carrera y devuélveme esos números!” El novio de Kathrine, que acompañaba de cerca a su protegida, no vaciló en darle un empellón al desconsiderado comisario. De aquel suceso quedará el recuerdo fotográfico que fue considerado por la Revista <em>Times </em>como una de las “100 fotos que cambiaron el mundo”. En ese momento Arnie le gritó: “¡Corre como nunca!” Es así como, escoltada por un cuerpo de varones que la custodiaban, Switzer continúo su carrera, mientras los reporteros la atosigaban preguntándole qué es lo que pretendía, por qué hacía lo que hacía, qué intentaba demostrar, y ella pensaba: “Sólo quiero correr y ahora me siento humillada, avergonzada y tengo miedo, mucho miedo”. Pero entonces tomó un nuevo impulso y le dijo a Arnie: “Voy a terminar esta carrera arrastrándome o a gatas si es necesario; porque si no la acabo, nadie creerá que las mujeres pueden hacerlo.” Confiesa que durante el trayecto siguiente pasó de la niñez a la edad adulta. “Yo sabía que correr me había hecho sentir tan bien que debía transmitírselo a todas las mujeres que conociera… tengo que crear esas oportunidades.” Finalmente consiguió cruzar la meta con un registro de 4 horas y 20 minutos. Al llegar no sería vituperada ni mucho menos, y por supuesto tendría que encarar a los periodistas que no dejaban de asediarla con extrema curiosidad. Sin embargo dice haber sentido un apoyo en general, y en especial de mujeres que decían haberse inspirado en su historia. Kathrine sería expulsada de la Unión Atlética Amateur, pero en adelante no dejarían de lloverle propuestas e invitaciones para que participara de maratones alrededor del mundo. Switzer dice que ese mismo día, acabada la carrera, vio la emblemática foto, y tal vez comprendió que este episodio podría tratarse de un suceso grande. Así fue. “Mi objetivo era crear oportunidades para las mujeres, así como justicia social en el deporte y en la educación… Vi cómo muchas mujeres podían lograr mejores resultados si contaban con la oportunidad o la ambición”. De manera que su empeño consistió en que el comité olímpico integrara en sus juegos la categoría femenina para el evento de la gran maratón. Durante los siguientes tres años se llevaron a cabo más de cuatrocientas carreras que permitían participar a las mujeres en más de una veintena de países, y cuya concurrencia femenina se cuenta por encima del millón. Para 1972 la maratón de Boston permite oficialmente la participación de mujeres dentro de la corrida. En 1974 Switzer gana la maratón de New York y mejora notablemente su marca en Boston con un tiempo de 2 horas y 51 minutos, obteniendo un segundo lugar en el podio. <strong>“Cuando conseguí el tercer mejor tiempo de los Estados Unidos y el sexto mejor de todo el mundo</strong><strong>,</strong><strong> me di cuenta de que si yo podia hacer eso, ¿qué podría hacer el talento que nunca había tenido una oportunidad? Si yo ayudaba a crear esas oportunidades para otras mujeres, podríamos conseguir cosas enormes.”</strong> Kathrine aprovecharía sus destrezas periodísticas para redactar notas y artículos que apoyaran a las mujeres dentro del comité olímpico. Recorrió distintas federaciones y consiguió la aprobación de casi treinta países que estaban dispuestos a permitir que sus mujeres participaran de una maratón competitiva. Organizó carreras en diferentes ciudades, recordando aquella anécdota en la que ya tenía dispuesta la convocatoria para una maratón, y las autoridades, pese a haberle concedido los permisos, auguraban que si acaso se presentarían un centenar de mujeres. La asistencia contó con más de cien mil. Pidió el apoyo de la reconocida marca cosmética <em>Avon </em>para que promoviera este tipo de eventos como una estrategia publicitaria que reflejara a la mujer empoderada y dueña de sí misma. Y fue así como después de quince años de recorrer federaciones y organismos y de contar con el aval médico que consideraba a la mujer físicamente idónea para el desafío atlético -de una resistencia y un aguante orgánico extraordinarios-, Switzer logró conseguir que el comité olímpico aprobara su propuesta, y para el año de 1984, durante los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, su sueño se haría, justamente, una realidad. “Para mí. Ese momento fue tan importante como el sufragio femenino, porque el voto suponía nuestra aceptación social e intelectual y esto, nuestra aceptación física… y ahí estaban las mujeres en igualdad de condiciones… corriendo con fuerza, elegancia y coraje.” Fue así como un público conformado por 90.000 personas se ponía de pie y ovacionaba a las competidoras que hacían historia en la gran competencia del atletismo olímpico. El impacto fue mucho mayor cuando más de dos millones de personas tuvieron la oportunidad de presenciar el evento a través de las pantallas. Kathrine considera que hace falta más cobertura e interés por parte de los medios, visualizar más el deporte femenino para que esto sirva como un incentivo tanto a las niñas como a sus padres. “Claro que hay suficientes referentes femeninos, sólo que hay que darles más publicidad”. Cree que hay un vacío considerable dentro del sistema educativo de casi todos los países: “No creo que se esté fomentando lo suficiente el deporte en los colegios… Para mí la educación es crucial, pero en muchos países educar a las mujeres es considerado una amenaza por la clase dirigente.” A partir de ese momento el número 261 y la historia de quien había promovido y llevado a cabo esta iniciativa incluyente en el deporte, se convertiría en ese símbolo que más de una llegaría a tatuarse en la piel como un recordatorio del empoderamiento femenino. Switzer no quiso hacer de este número un negocio, y antes bien fundó la organización <em>261 Fearless</em>, encargada de promover carreras y eventos deportivos, además de la creación de grupos de mujeres dedicadas a alguna labor física, sea en el terreno del arte o del deporte. Su fundación ha llegado a África, Arabia Saudí e Irán, demostrando un impacto relevante en las mujeres de comunidades vulnerables y con un bajo o nulo acceso a la educación. Resalta el ejemplo de una mujer que invirtió las ganancias de un premio de atletismo en la mejora de su aldea, fabricando un sistema de agua potable y ayudando en las mejoras de la escuela pública. “Es así como las sociedades cambian, concediendo a las personas una pequeña oportunidad… Estamos creando un programa educativo enorme… es el espíritu de las mujeres unidas haciéndote saber que no estás sola.” Considera que la educación en el deporte puede aportar en la disciplina laboral, en el éxito sentimental y en la satisfacción y el bienestar emocional. “Te da el valor para hacer lo que sea”, señala.<strong> Considera que a través del deporte pueden superarse barreras sociales y aspirar a un espacio común donde todos gocen de igualdad, valiéndose precisamente de las cosas que nos diferencian. Para ejemplarizar, explica cómo el tenis femenino puede ser más estratégico, requiere de más cálculo y suspicacia, mientras que en los hombres cuenta más la fuerza, la potencia y la velocidad. </strong><strong>“Sabemos que no disponemos de la velocidad, potencia, complexión y fuerza de los hombres, pero te</strong><strong>nem</strong><strong>os más aguante, resistencia, flexibilidad y equilibrio. Por eso es necesario que el deporte abrace la diversidad, dando igualitariamente a todas las personas la oportunidad de participar.”</strong> Ve en una maratón el ejemplo perfecto donde comulgan todos por igual. “Son de todas las razas, géneros, colores y religiones. Gordos, viejos, grandes, lentos, flacos, profesionales. Es increíble. Son personas distintas pero están corriendo juntas y se están apoyando y motivando entre ellas… la unión de la maratón, de correr y el deporte son ejemplos maravillosos de diversidad, inclusión, respeto e igualdad. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo? Todos corremos juntos y nos da igual el género, como nos da igual si corre un abogado o un fontanero. Esto derriba una gran cantidad de barreras sociales y otras limitaciones. El deporte consiste en motivar y respetar a los demás: esa es la mayor lección que he aprendido.” Respecto al comisario Semple, la maratonista no le guarda ningún recelo, e incluso pasados cinco años del histórico episodio se reencontraron para hacer las paces. Nunca le pidió perdón, confiesa Switzer, y sin embargo Semple acabó reconociendo su actuar como un equívoco, y terminaría apoyando los eventos deportivos mixtos. El encuentro dejó otra fotografía memorable en donde Semple le besa la mejilla a la mujer que años atrás había agredido. “De algún modo, él fue la fuente de inspiración que necesitaba.” Kathrine Switzer está feliz con lo que ha sido su vida. “Mi deporte es correr, y lo que más me gusta es que es sencillo, barato, no cuesta nada y es completamente accesible. La gente dice: ‘Bueno, necesitas unos zapatos’. Pues te informo de que millones de africanos corren sin usar zapatos, y, además, son muy buenos, están en lo más alto… He aprendido mucho corriendo, ha sido la mejor educación que he tenido… También he aprendido que el talento está en todas partes, sólo precisa de una oportunidad… La gente siempre me dijo que no era una buena atleta, pero me enfrenté a fondo y lo conseguí.” Los años siguientes Kathrine se dedicó a cumplir con su sueño de ser comentarista deportiva, brindando cobertura informativa para la cadena televisiva ABC respecto a los mundiales, olímpicos y distintos campeonatos y certámenes de atletismo. Ha escrito algunos libros donde describe sus experiencias personales y alienta al lector a que crea en sus capacidades propias. Dos de estos títulos son <em>Marathon woman: running the race to revolutionize women’s sport </em>y <em>26.2 Marathon stories. </em>En el 2017, luego de haber corrido casi 40 maratones por todo el mundo, Kathrine Switzer celebra sus 70 años repitiendo la proeza realizada medio siglo atrás. Portando su distintivo dorsal con el número que la haría célebre, el 261, Switzer corrió en 4 horas y 44 minutos la maratón de Boston (con un tiempo de apenas 24 minutos por debajo de lo que registró siendo una joven maratonista rebelde). En esta ocasión correría junto a casi 14.000 mujeres, y al concluir el certamen, y como un homenaje a su contribución histórica, el dorsal con el número 261 fue retirado para los próximos eventos. El número figura como símbolo en carteles de manifestaciones y en murales de todo el mundo. <strong>“El mejor momento de una maratón es cuando no tienes que ganar y puedes disfrutar de los primeros momentos de alegría… ¿Sabes? Ese fue el día más feliz de mi vida. Fue la carrera más fácil de todas: paré trece veces, hice ocho entrevistas, abracé a niñas pequeñas en el camino y miles de personas me gritaban: ‘¡Vamos, Kathrine!’” Al final de la maratón también la esperaba la primera mujer president</strong><strong>a</strong><strong> de la Asociación de Atletismo de Boston para condecorarla con una medalla, y un beso merecido de su infaltable marido Roger, “el gran amor de mi vida… ¡Fue un sueño!” </strong>En el 2018 Kathrine recibiría dos reconocimientos: por un lado el Doctorado Honorario de Letras Humanas de la Universidad de Siracusa, y otra distinción otorgada por la Universidad de Deusto, el primer Premio Deusto a los Valores en el Deporte, por tratarse de un “referente del deporte, de la igualdad y de la justicia social.” “Correr ha dado sentido a mi vida”, dice hoy día, todavía enérgica y sin detenerse. Y de esta manera continuará Kathrine Switzer corriendo por las calles del mundo con el número 261 clavado en el pecho y esa determinación que la llevó a insistir sin importar la opinión ajena. “A todo el mundo, incluso a ti, nos han dicho que no estamos a la altura, que esto no es lo nuestro; que no somos del sexo adecuado, de la raza adecuada, el color o la religión correcta. ‘No nos sirves’. Todos reciben esos comentarios. Hasta que echan a correr y pierden el miedo.”</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-83838" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/05/122.-KATHRINE-SWITZER-300x202.jpg" alt="KATHRINE SWITZER" width="300" height="202" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=83837</guid>
        <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 19:05:14 +0000</pubDate>
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