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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Alcaldía de Bogotá | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Bogotá se derrumba y el alcalde de rumba (hasta las 5:00 a.m.)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-se-derrumba-y-el-alcalde-de-rumba-hasta-las-500-a-m/</link>
        <description><![CDATA[<p>Al extender el horario de rumba hasta las 5:00 de la mañana, se podrían ampliar también los problemas de inseguridad de la ciudad. ¿Qué necesidad? Bogotá necesita orden, no más relajo. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Theatron es uno de los iconos de la rumba bogotana. Foto: Theatron.co</em></p>



<p>Esta alcaldía resultó peor que un guayabo. Y pensar que faltan dos años para pasar este trago amargo.</p>



<p>Cuando las encuestas no favorecen, los alcaldes y sus asesores siempre tienen un plan B para que su imagen suba, literalmente, como la espuma (de cerveza). Titula <strong><a href="https://www.elespectador.com/bogota/alcaldia-de-bogota-ampliaria-horario-de-rumba-ahora-ira-hasta-las-500-am-bogota-noticias-hoy">El Espectador:</a></strong> “Alcaldía de Bogotá ampliaría el horario de rumba: ahora irá hasta las 5:00 a.m.”, con el argumento de frenar las fiestas ilegales.</p>



<p>Es decir, a la hora en que una parte de la ciudad madruga a ponerse overol y delantal —esa población a la que el sueldo no alcanza para incluir la diversión en la canasta familiar—, otra parte estará ebria y <em>atajando pollos</em> con los primero rayos de sol… o las primeras gotas de lluvia; nunca se sabe, porque el clima de la ciudad es tan impredecible como el burgomaestre.  </p>



<p>Suspendió el racionamiento, a pesar de&nbsp;los embalses no estar todavía a tope, ni siquiera con los diluvios de estos días. Pero nos querrá embriagados –y a otros <em>enviagrados y moteliando</em>&#8211; para así no tener que pensar ni chistar sobre los problemas reales de la ciudad.</p>



<p>Ampliar la rumba no es una buena idea. Todo lo contrario, me parece una medida peligrosa teniendo en cuenta los graves problemas de criminalidad que afronta la capital, que dentro de poco estará 2.600 metros más cerca viendo estrellas, por  las lagunas mentales que traerán las borracheras prolongadas. </p>



<p>Extender el horario de la rumba, bajo la premisa, por ejemplo, de que habrá más empleo y dinamismo de la economía capitalina, también equivale a aumentar el horario de trabajo a los ladrones, a quienes viven del microtráfico y a todos aquellos malhechores que se lucran en complicidad con la Bogotá noctámbula.</p>



<p>Con formalizar la rumba hasta las 5:00 de la mañana vía decreto, no se van a acabar los <em>amanecederos,</em> como ingenuamente cree el alcalde; esos sitios clandestinos existen desde siempre y sobre ellos nunca ha habido control efectivo por parte de las autoridades. En ese mundo subrepticio no todo es rumba sana. De alguna manera, se les legaliza en vez de desmantelarlos, que es lo que toca, en lugar de darles la razón.</p>



<p>Preocupa que no hay un proyecto de ciudad para estos cuatros años que corren, salvo el afán de inaugurar el metro elevado de Bogotá, como si fuera la panacea,  cura milagrosa para todos los males, aunque ahora entiendo que se hizo elevado porque hay que mostrarlo para ganar réditos políticos en el futuro.</p>



<p>Se improvisa sobre la marcha y al son que toquen las encuestas. Cuando el señor alcalde quiere desviar la atención, entonces caza peleas con el señor presidente, y <em>Juan Pueblo</em>, como pelota de tenis, toma partido por el uno o por el otro, olvidando que lo que pasa o no pasa en la ciudad también es culpa es de nosotros los ciudadanos, que pudiendo hacer uso de los mecanismos de participación para protestar, preferimos ahorrarnos la fatiga, como Jaimito, el cartero. Y mientras tanto, la prensa se muestra más complaciente con el alcalde que con el presidente.  </p>



<p>Repito como loro <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/">lo que escribí en 2023:</a> <em>“La gente es fea por su mal comportamiento, su falta de empatía y civilidad (ese sentimiento fraterno que nace de mi hacia el otro y nos permite cambiar el entorno). Se necesita una cátedra urgente de bogotanismo en barrios y colegios. (…) Bogotá carece de amor propio y eso explica tantos males. Antanas Mockus, bogotano con sangre lituana, entendía nuestro desequilibrio colectivo pero rechazamos su cura. (…) el turista valora más la ciudad que los propios lugareños”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="WqLrJxmpRA"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/">El alcalde para mi feíta Bogotá empieza por G</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El alcalde para mi feíta Bogotá empieza por G&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alcalde-feita-bogota-empieza-g/embed/#?secret=aAikYbFRHA#?secret=WqLrJxmpRA" data-secret="WqLrJxmpRA" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Sin civilidad no hay convivencia, y sin convivencia no hay solidaridad: Una ciudad <em>desfraternizada</em> se convierte en la ciudad del “¡sálvese quien pueda!”. Y así estamos: cada cual cuidándose como puede.</p>



<p>Aun así, el alcalde se empecina en patrocinar el relajo con horario de rumba extendido, incentivando de paso que se abran nuevos negocios de estos donde hoy no los hay. Es decir, la diversión nocturna –con amanecida incluida- y los excesos que se derivan de aquella-, tienen mayor prioridad en la agenda oficial que la propia seguridad ciudadana. Por excesos me refiero también al ruido, ese factor de contaminación ambiental que se suma a la contaminación lumínica, en contra de la recién aprobada “ley del ruido”, (<a href="https://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=175161">Ley 2450 de 2025</a>).</p>



<p>Sí, yo también <em>tuve 20 años y un corazón vagabundo</em>, pero no tenía problema en rumbear hasta la 3:00 de la mañana, incluso hasta la 1:00 a.m., cuando nos adaptamos  a la <em>ley zanahoria</em> del alcalde Mockus; ah, si mal no recuerdo, en pandemia los borrachitos se iban a dormir a las 11:00 de la noche. Y aquí estamos: quizás con menos licor en el hígado y menos aspirinas en la cabeza.  </p>



<p>Pero es entendible que el alcalde quiera imponer una medida populista, pues así se <em>echa al bolsillo</em>, por decirlo coloquialmente, a la industria del entretenimiento nocturno; es decir, a un sector amplísimo de la población y el comercio: gastrobares, hoteles y moteles, taxistas y, obviamente, a los rumberos, los propios y extraños, que aquí encuentran una variadísima oferta para pasarla <em>very nice.</em></p>



<p>Los problemas de Bogotá no son pocos –en una <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/">entrada anterior del blog</a> me referí a varios de ellos- e igual diagnóstico hizo <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cristina-nicholls/bogota-en-crisis">Cristina Nicholls Ocampo</a>, a través de una columna que tituló “Bogotá en crisis”: <em>“No hay una cuadra de Bogotá que no esté adornada por desechos de todo tipo, ni hablar de las inundaciones por el taponamiento de las alcantarillas”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="I2tLfxUc9u"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/">¿Hay alcalde en Bogotá?</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;¿Hay alcalde en Bogotá?&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hay-alcalde-en-bogota/embed/#?secret=xNTIJsGKOr#?secret=I2tLfxUc9u" data-secret="I2tLfxUc9u" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Pero al parecer, las preocupaciones de la Alcaldía Mayor son otras. Parece ser que el alcalde y quienes le hablan al oído están más angustiados con las decisiones que tome su hermano, Juan Manuel, hoy precandidato a presidente de la República. Lo dice <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/galan-coquetea-con-una-candidatura-dispersa-que-rine-con-su-hermano/">La Silla Vacía</a><strong>, </strong>no yo: <em>“… en Bogotá, donde su hermano Carlos Fernando Galán es el alcalde, la aspiración es vista como inconveniente.</em> <em>(…) No nos parece conveniente que sea candidato. Como tampoco es conveniente que sea precandidato y director del partido al mismo tiempo”, dice una fuente de la Alcaldía de Bogotá a condición de no ser citada. El mensaje es repetido por otras tres fuentes de alto nivel cercanas al alcalde. Carlos Fernando Galán le dijo a La Silla que no puede pronunciarse por la prohibición de participar en política de funcionarios electos”.</em> </p>



<p>No se pronuncia él pero sí sus funcionarios. ¿Cómo se llama eso?</p>



<p>Ese portal político reproduce también una declaración de cuando todavía Carlos Fernando Galán no era alcalde: “No sería fácil en términos de opinión. Si él toma esa decisión, la gente vigilará al centímetro lo que hace la Alcaldía, y con razón, para garantizar que esta no se ponga al servicio de nadie”, dijo.</p>



<p>Por ahora necesitamos con urgencia que el alcalde se ponga al servicio de Bogotá, que para eso le dieron el puesto. Los medios deberían ser menos complacientes y los ciudadanos más exigentes. Porque mientras la ciudad se derrumba, el alcalde promueve la rumba, parodiando el famoso grafiti. ¿Qué necesidad de crearnos más problemas?  </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114830</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Apr 2025 13:51:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá se derrumba y el alcalde de rumba (hasta las 5:00 a.m.)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>¡Hablemos mal de Bogotá!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/hablemos-mal-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escribo esta columna a medida que recorro la ciudad. ¡Ay, Bogotá! Me haces pasar unas vergüenzas. Tan fácil que es amarte, tan fácil que es odiarte.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El día comenzó espléndido. ¡Hoy no llueve!, me doy ánimos. Porque hay días que amanezco como el poema de José Asunción Silva: quejoso de todo y de todos. Debe ser que tengo, como el título del mismo, <em>El mal del siglo</em>. Y dice así:</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b66b7e94742ba97b581fb0d25a5deb73"><em>El paciente:</em><br>Doctor, un desaliento de la vida<br>que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,<br>el mal del siglo… el mismo mal de Werther,<br>de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.<br>Un cansancio de todo, un absoluto<br>desprecio por lo humano… un incesante<br>renegar de lo vil de la existencia<br>digno de mi maestro Schopenhauer;<br>un malestar profundo que se aumenta<br>con todas las torturas del análisis…</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06ab2169ab8ec0cbe205d29be733a41e"><em>El médico:</em><br>—Eso es cuestión de régimen: camine<br>de mañanita; duerma largo, báñese;<br>beba bien; coma bien; cuídese mucho,<br>¡lo que usted tiene es hambre!…</p>



<p>Le hice caso a mi doctor. Me gusta caminar la ciudad bajo mi propio riesgo. Obvio no lo hago de noche. Tendría que estar loco. O borracho. Porque borracho cualquiera se despoja de sus cobardías o mea en cualquier pared.</p>



<p>Dicen que cuando Manuelita Sáenz llegó a Bogotá, esta ciudad le pareció poca cosa.&nbsp;En una corta convalecencia, vi por Netflix los 60 capítulos de la serie sobre Bolívar que hizo Caracol y en el episodio 49, ella dice: <em>“Yo nunca me imaginé Bogotá así.</em> (Se la imaginaba) <em>más imponente, elegante</em>, (…) <em>porque si la han nombrado capital debería ser por su grandeza”.</em></p>



<p>Pues, querida <em>Libertadora del Libertador</em>, la ciudad es lo que es y estamos de acuerdo en que, tanto ayer como hoy, le falta señorío. &nbsp;</p>



<p>Veo está ciudad desde el quinto piso de mis 53 marzos. La veo y no lo creo. Porque veo lo bonito y veo lo feo, lo tremebundo y lo bondadoso.  Lo tremebundo aparece cada día en la primera página del <em>Q´Hubo.</em> ¿Y lo bondadoso? Intento buscar agujas en un pajar.</p>



<p>Veo basura arrumada en cada esquina. La gente cochina en la calle es gente cochina en la casa. ¿Será por eso que ya nadie invita ni a onces santafereñas? Hablar mal de Bogotá es hablar de nosotros y nuestros malos comportamientos. </p>



<p>Bogotá es el basureo de todos y el cagadero de las mascotas. Me pregunto si hay más animales que habitantes. Sumen perros, gatos y ratas. Ah, y los pajaritos enjaulados. ¿Qué crimen cometerían esos pobres? Tener alas y no poder usarlas: una desgracia. Como el que tiene piernas pero le pide permiso a un pie para mover el otro. La pereza nos habita. Y la pereza es un pecado capital.</p>



<figure class="wp-block-pullquote has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-96d85454be2752ecd1261894fa72c918"><blockquote><p><strong>&#8220;&#8230; lo que soy sería insoportable si no pudiera acordarme de lo que fui&#8221;:</strong> Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. </p></blockquote></figure>



<p>Recuerdo que de niño me gustaban los animales, incluidos las tortugas, las babosas y los pollitos de colores. Recogía perritos de la calle y los escondía debajo de la cama; cuando la abuela los descubría, a regañadientes los aceptaba para evitar mis berrinches. El problema fue crecer. </p>



<p>De adulto, me siento incapacitado hasta para cuidar una planta. Debo decir con vergüenza que varias murieron deshidratadas en la sala, victimas no del cambio climático si no de mis olvidos. Me recrimino e incrimino como <em>El asesino de matas</em>. Estoy escribiendo un cuento a manera de descargos.  </p>



<p>¿Oyen ladrar los perros? A toda hora los escucha uno ladrar. En serio: ¿Cuántos perros hay en Bogotá? Yo veo perros por doquier. Uno mordió a mi hermana. </p>



<p>—<em>Que no se preocupe, que el animalito está vacunado contra la rabia</em>, fue la única razón que le mandaron con un vecino. ¿No les parece que urge un censo animal? Hacia 1.856 había en la ciudad 7.350 animales entre vacas, ovejas, cabras, caballos, mulas, burros y marranos, sin contar perros, gatos, gallinas u otras aves.</p>



<p>Deberían enseñarles a ser educados. Estoy hablando de los dueños, por supuesto. ¡Pero no! Ahí está la dama del perrito que lo saca a pasear por la zona verde y nunca recoge sus porquerías (las del perrito), porque ella va entretenida con su cháchara telefónica. ¡Tan de buenas que no le han robado ese aparato!</p>



<p>Deseo que nazca otro Mockus destinado a la política –no importa que también se baje los pantalones para que le paren bolas- y suba de Alcalde para terminar lo que aquel empezó. En cultura y civismo perdimos el año desde antes de que llegaran los chapetones. Si le hubiéramos hecho caso a Antanas, esa gente sacaría la basura el día que toca, y los otros desadaptados usarían el puente en lugar de hacerle fieros a la muerte.&nbsp;</p>



<p>Los excrementos animales se están convirtiendo en un problema de salud pública. De domingo a domingo hay miércoles por donde uno camine, en las calles, incluso en las zonas comunes de ciertos edificios. ¿Cuánto excremento animal produce esta ciudad al día porque del otro ni hablemos?</p>



<p>Lo siento mucho por las señoras del aseo. La gente cree que ellas son sus criadas y las de sus mascotas. Hay cierto tipo de esclavitud en esto que llaman “vida moderna”: sucede ante los ojos de todos y nadie dice nada. Las señoras del aseo son las esclavas de la dejadez ajena. —<em>Para eso les pagan</em> —dice la gente indolente. Indolente y cochina, ya se dijo.</p>



<p>Hay mucho ruido en la ciudad. Hacen ruido el señor de los aguacates con su megáfono, las motos y las bicicletas eléctricas, los bici-taxis con sus motores y sus bafles a todo volumen, -se adueñaron además de los carriles para bicicletas-, y la señora del quinto que le taconea a la del cuarto a las 6:30 de la mañana, y en la asamblea anual todos nos enteramos del chisme. Las mismas quejas cada año, como disco rayado, hacen más tediosas esas asambleas de copropietarios, y nada cambia; así somos ¿y qué? Nos gusta malvivir. Dichosos los que todavía viven en casas con zaguán y patio. A esos los envidio.</p>



<p>Figúrense: Anoche llegó un nuevo inquilino al 503. Y se puso a romper la pared a las 10:00 de la noche. En la asamblea de año entrante propondré que repartan copias del manual de convivencia… o tapones para los oídos, lo que sea más efectivo contra esta falta de consideración.</p>



<p>Hasta los perros hacen ruido y no me dejan leer. Odio las dictaduras pero apoyo el uso del bozal.</p>



<p>Atravesé toda la ciudad para escribir esta columna, montado en uno de los articulados de Transmilenio. Somos el sándwich entre el tranvía de los tatarabuelos y el Metro que, ¡si están de buenas!, verán nuestros tataranietos.</p>



<p>En mi barrio construyeron un colegio más alto que mi edificio. Los niños tienen derecho a estudiar pero a mí me quitaron el derecho a contemplar los cerros orientales. Ver tanto ladrillo me enferma. De viejito me tocará vivir en un potrero. El ladrillo nos roba la alegría de la contemplación. Creo que a partir de esta idea (los cerros sepultados por el acero y el hormigón) podría escribirse una novela distópica sobre la Bogotá del año 2100. O una “ficción especulativa”, como llama Margareth Atwood a la ciencia ficción.</p>



<p>¿Vieron? Ya no hay que ir al Salto del Tequendama para quitarse la vida, como antaño. La ciudad se llenó de deportistas extremos: llevan casco y conducen a mil mientras leen algo en el smartphone. Como siga aumentando la venta de motocicletas, aumentará el número de suicidas y potenciales asesinos.</p>



<p>En el centro un loco amenaza con sacar su cosa delante de todos si no le dan monedas. Acudan a la “ficción especulativa” para imaginar el final.</p>



<p>Veo gente contenta porque muchos venezolanos se están devolviendo para su tierra. Desde Caracas, me dice un amigo que de Colombia hacia abajo ningún país quiere a sus compatriotas. Se están yendo para Estados Unidos o España, donde nos odian a los <em>sudacas</em>.  </p>



<p>Me regreso en Transmilenio. Un perrito sube con su ama. Todos se enternecen. El perrito orina los zapatos de una pasajera. Las caras de ternura se evaporan con la orina del perrito.&nbsp;Ya no es tan lindo.</p>



<p><em>—&#8221;Señor, señor: lleva la maleta abierta&#8221;.</em> Todavía hay almas caritativas. El <em>señor señor</em> era yo, siempre despistado, creyendo que en esta ciudad no hay ladrones, como en el cuento de Gabo. &nbsp;</p>



<p>Se sube un muchacho tan flaco, tan flaco, que se me olvidó el chiste. Dice que hace magia y que es el sobrino del Mago Lorgia. Cuenta que su tío cobra 18 millones de pesos por función. Hace un truco: le entrega la baraja a un pasajero, le dice que escoja una carta y la hace aparecer en la pantalla de su celular. Casi nadie le presta atención. Pide aplausos. <em>“El que no aplauda lo desaparezco. Lo pongo al lado de Petro”. </em>Nos paraliza la inseguridad y nos polariza el mago con sus chistes flojos.</p>



<p>¿Por qué permitimos que haya niños vendedores en la calle? Otro crimen sin castigo. ¿Hasta cuándo?</p>



<p>Un bici-taxi se volcó a dos cuadras de mi casa. La señora grita por su pierna. El marido le cayó encima. Semanas atrás, también en mi barrio, otro armatoste de esos mató a un viejito. La barbarie salió en el <em>Q´hubo.</em> ¿Quién responde? ¿Por qué ni el Concejo ni el alcalde han reglamentado ese servicio de transporte? Señor burgomaestre Galán: ¿Está esperando una tragedia mayor?</p>



<p>La gente se arremolina alrededor de los accidentados. <em>“Bogotá era un poblacho chismoso”,</em> dice Vallejo en la biografía de José Asunción Silva, refiriéndose a la aldea que éramos a finales del siglo XIX. Pues, querido escritor, la costumbre de comer prójimo está en los genes.  </p>



<p>A propósito del poeta bogotano, cada niño que nazca en Bogotá debería ser arrullado por sus padres con <em>“Los maderos de San Juan”,</em> y no con el <em>“Arrurú mi niño, duérmete ya, que tengo qué hacer, lavar los pañales y hacer de comer”, </em>entre otras cosas porque la gente ya no lava pañales, y en vez de tener hijos, quieren tener perros y gatos. Poetas y poetisas: hay que escribir canciones de cuna para las mascotas: según Fenalco, en Bogotá hay alrededor de 7.275.000 y 3.564.750 son perros y perras. ¿Habrá <em>perres</em>?</p>



<p class="has-text-align-center has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-99b6535d69bdfdb09ee43114b7b0a31a"><em>¡Aserrín!<br>¡Aserrán!<br>Los maderos de San Juan<br>piden queso, piden pan,<br>los de Roque<br>alfandoque<br>los de Rique<br>alfeñique<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!<br>¡triqui, triqui, triqui, tran!</em></p>



<p>Observo la capital desde el mirador de la Avenida Circunvalar (la misma que lleva a Monserrate, adonde Manuelita debió encaramarse para admirar no su grandeza pero si lo mucho que ha crecido) y me pregunto si en esta Metrópoli los bogotanos albergamos nuestras 7 maravillas antiguas y modernas. </p>



<p>Me aviento con un listado exprés: El Chorro de Quevedo, La Quinta de Bolívar, Monserrate, el barrio Teusaquillo, la iglesia de San Francisco –la más antigua de Bogotá, data de 1.575, cuando éramos la capital del Nuevo Reino de Granada-; el TransMiCable de Ciudad Bolívar, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Museo Nacional, la Estación de la Sabana, el centro cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Virgilio Barco. ¡Perdón, hice trampa! Bogotá es una maravilla por donde se le mire, pues yo como digo una cosa, digo la otra. Invito a los lectores a dejar su propio listado en los comentarios.  </p>



<p>Pensé mal, porque otra vez se largó a llover. No tengo paraguas. Perdí tantos que les perdí el afecto a esos artefactos; prefiero guarecerme por ahí, que para eso llevo siempre conmigo un buen libro. ¡Y un buen libro lo salva a uno de lo que sea: hasta del mal del siglo! </p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101706</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Jun 2024 16:02:50 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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