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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:22 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Albeiro Montoya Guiral | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Escribir</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/escribir/</link>
        <description><![CDATA[<p>Permanecer en el amor por las palabras.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right"><em>Imagen: </em>Marcel Proust<em> escribiendo en la cama</em>.</p>



<p>Con el paso del tiempo dejé de lamentarme por la desazón que me proporcionaba la escritura. Tomé una posición diferente frente al hecho de escribir, de gratitud más que de resignación, porque entendí que alrededor de los libros que uno construye con el fin de que, al menos, no avergüencen a los amigos ni decepcionen, en parte, a esos espíritus de luz que son los lectores, a pesar de fracasar en ese propósito, subsiste la esperanza de ver la vida, con los años, encontrar el puerto que con tanta obstinación uno cree que está oculto más allá de la oscura bruma del naufragio.</p>



<p><strong>Ese puerto anhelado no sería más que la permanencia en el amor por las palabras</strong>, pues estas son lo único que tenemos para llegar a las cosas, aunque, bella paradoja, nunca nos vayan a llevar a ellas. Pues los artistas entienden que sólo les quedan signos como constancia de lo vivido, esa indefinible materia de los sueños. Y los escritores, que también trabajan con signos, con imágenes, también entienden que las palabras, propias, y las de otros, son faros que rielan en su inmensa soledad.</p>



<p><strong>Baudelaire, faro que se alcanza a ver desde todos los confines de la noche</strong>.</p>



<p>Al creer, en algún momento, que no tenemos lo tangible, sino que nos pertenecen tan sólo las palabras, decidí celebrar el lenguaje, tan misterioso y diáfano a la vez, porque en él encontraba el fuego inicial de <strong>la poesía como materia de toda sólida escritura</strong>.</p>



<p>Sin embargo, al emprender esta celebración, supe que había perdido el hogar y había ganado los caminos. Nada de lo que pensaba que había sido mío se encontraba ahora a mi lado. Al intentar erigir mi propia casa, lejos de los cafetales donde mi padre me paseara de niño dentro de un canasto, supe que sus cimientos eran endebles, que los vientos del sueño y de la inquietud la derribaban: quería volver, quería entrar en la primera noche de mi vida, oler el cielo azul oscuro de la montaña. Y desaparecer.</p>



<p>En ese instante, en que se desvaneció en su totalidad el camino de regreso, me recordé parado por primera vez frente a la puerta de la poesía, cuando aún se percibía la tibieza del cuerpo muerto de la niñez.</p>



<p>Y hoy, que me sorprendo persistiendo en la literatura después del éxodo, de nuevo en casa, reconozco que escribo, más que para buscar reconocimiento, sí para homenajear esta vida sencilla, atiborrada de libros, de viejos periódicos y de café, porque escribir me ha llevado por un cauce dificultoso, sí, pero ha sido para desembocar en lo que ahora soy, el hombre que se mantiene en pie para vencer su propio dolor. Escribo para no derrumbarme. Y esto ha valido ya la pena. Vale la pena vivir, ha valido la pena vivir.</p>



<p><strong>Albeiro Guiral</strong><a href="https://twitter.com/amguiral"><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124618</guid>
        <pubDate>Tue, 13 Jan 2026 13:43:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Escribir]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La luz del regreso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/la-luz-del-regreso/</link>
        <description><![CDATA[<p>Uno es, en definitiva, lo que ha leído. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_96044" aria-describedby="caption-attachment-96044" style="width: 2100px" class="wp-caption alignright"><a href="https://www.instagram.com/amguiral/"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-96044" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg" alt="" width="2100" height="1400" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2.jpg 2100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/Writer-1-2-1200x800.jpg 1200w" sizes="(max-width: 2100px) 100vw, 2100px" /></a><figcaption id="caption-attachment-96044" class="wp-caption-text">Foto por <a href="https://www.instagram.com/amguiral/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">el autor</a>.</figcaption></figure></p>
<p style="text-align: justify"><strong>Uno es, en definitiva, lo que ha leído</strong>. Uno es la suma de los autores con quienes ha conversado de manera atemporal, con quienes ha construido una amistad verdadera a pesar de que cada uno está muerto para el otro. Y, asimismo, uno es lo que ha caminado, uno es todos los caminos por los que ha derivado sobre la tierra. La historia de los caminos es la nuestra; así como se divaga por un libro que no fue escrito para uno, sino <em>para todos y para nadie</em>, como sentenciara <strong>Nietzsche</strong> como epígrafe de su Zaratustra, también se va por caminos que otrora se trazaron para gentes que ya no están; caminamos por páginas y caminos reescribiendo con nuestras huellas, vamos haciendo un palimpsesto para otros, que aún no son.</p>
<p style="text-align: justify">En mi caso, apenas me fui de mi tierra, empecé a construir, sin saberlo, una poética del regreso. Para paliar el dolor de estar lejos de lo que amo, y de quienes amo, me fui acercando a autores que intentaron regresar por la vía de la escritura. El primer autor en conmoverme, en ese sentido, fue <strong>Robert Walser</strong>, como todo lector de este blog sabrá, como toda amiga mía bien sabe. El autor de <em>El Paseo</em> celebraba el hecho de caminar con tanta claridad, amor y luz, que me contagiaba en cierto grado de esperanza, me hacía creer que una literatura feliz era posible, a pesar del dolor que era germen de la obra de este autor entrañable.</p>
<p style="text-align: justify">Luego llegó a mis manos <em>Amapola y memoria</em>. <strong>Paul Celan</strong> de entrada se convirtió para mí en un poeta esencial. Su dolor, con creces mayor, se me figuró hermano del mío. Él lo había perdido todo por culpa del nazismo; yo empezaba a perderlo por el asedio de los paramilitares. Su dictamen <em>la poesía es una forma de regreso a casa</em> se convirtió para mí en la premisa de mi vida. Creí por esa época que la poesía era la salvación, el regreso verdadero, la fe, pero cayó sobre mí al fin la aclaración de <strong>Adorno</strong>: <em>No se puede escribir poesía después de Auschwitz</em>.</p>
<p style="text-align: justify">Caminando más por la vida, me embarqué, atónito, en el redescubrimiento de <em>La Odisea</em>. De joven, no había sido amigo de la literatura griega -me repele hasta la náusea el helenismo-, pero esta vez me dejé llevar por las olas que hacían a Ulises prisionero. En su tenacidad y artilugios, en su voluntad inquebrantable, en su amor por los suyos, creí yo encontrar las claves del regreso, <em>la luz del regreso</em>, a la que tan bellamente <strong>Homero</strong> se refiere en los primeros cantos. La luz, a la que queremos regresar, y la misma que nos guía mientras volvemos.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, hoy que vuelvo a casa después de once años, me doy cuenta de que regresar siempre había sido imposible para mí. Me había sido negado desde el principio. Ítaca ya no es lo que era pues, aunque <strong>Penélope</strong> viajó y volvió conmigo, mi madre ya no está. Mi madre, por quien me sentía vivo, el ser más bello sobre la tierra, la persona que me lo dio todo, incluso la escritura&#8230; Ha vuelto a ser ángel. En aquel abril de 2012 me había ido para siempre. Nunca se vuelve, porque como tan bien lamentó <strong>Lorca</strong>, otro autor adorado de mi poética truncada: <em>yo ya no soy yo, / ni mi casa es ya mi casa.</em></p>
<p style="text-align: justify">¿No ves la herida que tengo<br />
desde el pecho a la garganta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="entry-content">
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<p>&nbsp;</p>
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<p>— Albeiro Guiral (@amguiral) <a href="https://twitter.com/amguiral/status/894631304540692480?ref_src=twsrc%5Etfw">August 7, 2017</a></p></blockquote>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96043</guid>
        <pubDate>Sat, 26 Aug 2023 13:48:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La luz del regreso]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Un almuerzo familiar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/un-almuerzo-familiar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un cuento de Albeiro Guiral &nbsp; Antón llegó a la casa de su hermana antes del mediodía. Mientras ella preparaba café, ojeó la biblioteca, sacó algunos libros y, poniéndolos en el suelo, se sentó a pasar sus páginas, las olía, las ponía a contraluz, las acariciaba. Cuando la mujer llegó con el café, le dio [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>Un cuento de Albeiro Guiral</strong></p>
<p><figure id="attachment_95773" aria-describedby="caption-attachment-95773" style="width: 619px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-95773 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia.jpg" alt="" width="619" height="349" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia.jpg 619w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia-150x85.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/08/chejov-familia-300x169.jpg 300w" sizes="(max-width: 619px) 100vw, 619px" /><figcaption id="caption-attachment-95773" class="wp-caption-text">Familia Chéjov.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Antón llegó a la casa de su hermana antes del mediodía. Mientras ella preparaba café, ojeó la biblioteca, sacó algunos libros y, poniéndolos en el suelo, se sentó a pasar sus páginas, las olía, las ponía a contraluz, las acariciaba. Cuando la mujer llegó con el café, le dio la impresión de que su hermano parecía un niño rodeado de juguetes.</p>
<p style="text-align: justify">—No cambias —le dijo, sonriendo.</p>
<p style="text-align: justify">—Ya sabes, no puedo evitarlo.</p>
<p style="text-align: justify">—Oíste, ¿y cómo es eso de que no vas a publicar más?</p>
<p style="text-align: justify">Antón bajó la mirada. Lo tenía decidido, pero se avergonzaba cuando alguien lo cuestionaba, y sentía que aquel día tendría que enfrentarse a los más feroces cuestionamientos. Dio un sorbo al café, y le dijo a su hermana:</p>
<p style="text-align: justify">—No es tanto publicar, sabes… Es escribir lo que no me satisface.</p>
<p style="text-align: justify">—¡Pero tus cuentos son geniales!</p>
<p style="text-align: justify">—Creo que no es justo conmigo todo lo que he tenido que hacer para escribirlos. Quiero una vida tranquila.</p>
<p style="text-align: justify">Cada vez que Antón hablaba de su oficio se volvía sombrío, a la gente le parecía que hablaba como un sepulturero o un embalsamador. Fueron al comedor y se sentaron. Cambiaron de tema, hablaron de cómo le iba a ella en esta nueva etapa de casada, de cómo se iba a llamar el bebé que esperaban; Antón, mirando el vientre inmenso de su hermana, sugirió un nombre.</p>
<p style="text-align: justify">—¡Ni de riesgos! —dijo ella, a carcajadas.</p>
<p style="text-align: justify">—Acéptalo —repuso él, confiado—, Vladimir es un buen nombre.</p>
<p style="text-align: justify">—Lo es, pero no le voy a poner a mi hijo el nombre de un político.</p>
<p style="text-align: justify">—Bah… él no es político.</p>
<p style="text-align: justify">Ella se quedó en silencio, adoptando la actitud sombría de su hermano.</p>
<p style="text-align: justify">—Volviendo al tema —dijo—, si quieres ahora que venga Iván, yo le cuento tu decisión. Se va a poner histérico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Antón y su hermana fueron a la cocina. Él insistió tanto en que lo dejara ayudarle que ella no pudo evitarlo. Se remangó la camisa y se puso un delantal viejo que encontró en la alacena. Ella se burló de él, quien comenzó a imitarla y así, entre juegos, fueron preparando el almuerzo. Un bistec como el que les preparaba la mamá antes de la cuarentena. Antes de que no la volvieran a ver.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando sonó el timbre y vieron al hermano mayor por la ventana con una bolsa de pan en la mano, ya tenían todo listo, puesta la mesa e, incluso, hecho el café de la sobremesa. Sólo tenían que servir. Iván les saludó de abrazo, con una sonrisa ancha y una voz estrepitosa. Les contó que el tráfico estaba insufrible, que la policía lo había interrogado apenas entró a la comuna, que había estado de mal humor hasta que parqueó frente a la casa, cuando vio el jardín.</p>
<p style="text-align: justify">Antón amaba a sus hermanos, sentía que por ellos sería capaz de lo inimaginable, hasta de volverse un criminal si fuera necesario. El almuerzo transcurrió en esa bella calma que sólo interrumpen las risas y las anécdotas, los elogios a la sazón del anfitrión, las invitaciones a almorzar de nuevo en la casa de otro de los comensales.</p>
<p style="text-align: justify">En el momento del café, Antón y la hermana se pusieron serios e Iván lo notó.</p>
<p style="text-align: justify">—¿Qué pasa? —preguntó, preocupado.</p>
<p style="text-align: justify">—Nada grave, esperamos —dijo ella.</p>
<p style="text-align: justify">Antón los miró con una mueca y no fue capaz de decir nada.</p>
<p style="text-align: justify">—Te pido el favor de que lo veas por el lado amable, si lo piensas bien, no es tan grave —siguió diciendo la mujer.</p>
<p style="text-align: justify">Antón bajó la mirada, avergonzado por segunda vez en el día. Iván miró a la hermana a los ojos e insistió. Entonces ella dijo:</p>
<p style="text-align: justify">—Antón no va a volver a escribir, ya lo decidió, se va a dedicar a la fotografía.</p>
<p style="text-align: justify">Iván se sonrió, y con esa voz explosiva tan característica suya, dijo:</p>
<p style="text-align: justify">—¿Al fin y al cabo qué es un cuentista sino un retratista?</p>
<p style="padding-left: 40px"><a href="https://instagram.com/amguiral" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>@amguiral</em></a></p>
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<p>— Albeiro Guiral (@amguiral) <a href="https://twitter.com/amguiral/status/894631304540692480?ref_src=twsrc%5Etfw">August 7, 2017</a></p></blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=95772</guid>
        <pubDate>Thu, 03 Aug 2023 13:12:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un almuerzo familiar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Descarga: «Un animal enamorado», un libro de Albeiro Montoya Guiral</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/descarga-animal-enamorado-libro-albeiro-montoya-guiral/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Grupo Rostros libera la antología que contiene poemas publicados e inéditos del poeta colombiano &nbsp; La antología que acaba de publicar el Grupo Rostros Latinoamérica contiene poemas de la obra publicada e inédita de Albeiro Montoya Guiral. Se puede descagar en el siguiente enlace: Descarga: Un animal enamorado, o haciendo clic en la portada. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>El Grupo Rostros libera la antología que contiene poemas publicados e inéditos del poeta colombiano</strong></p>
<p><figure id="attachment_76189" aria-describedby="caption-attachment-76189" style="width: 1064px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://a388bf13-85a7-464b-ba57-7e40edf6f3b3.filesusr.com/ugd/8b597e_d82f23685a644f4ab25d5136caec95db.pdf"><img decoding="async" class="size-full wp-image-76189" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/06/Un-animal-enamorado.jpg" alt="" width="1064" height="1576" /></a><figcaption id="caption-attachment-76189" class="wp-caption-text"><em><strong>Un animal enamorado</strong></em>, de <strong>Albeiro Montoya Guiral</strong> (<a href="https://a388bf13-85a7-464b-ba57-7e40edf6f3b3.filesusr.com/ugd/8b597e_d82f23685a644f4ab25d5136caec95db.pdf">descárgalo aquí</a> o haciendo clic en la imagen)</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La antología que acaba de publicar el <a href="https://gruporostros.wixsite.com/inicio/trozos"><em>Grupo Rostros Latinoamérica</em></a> contiene poemas de la obra publicada e inédita de <strong>Albeiro Montoya Guiral</strong>. Se puede descagar en el siguiente enlace: <a href="https://a388bf13-85a7-464b-ba57-7e40edf6f3b3.filesusr.com/ugd/8b597e_d82f23685a644f4ab25d5136caec95db.pdf">Descarga: <em>Un animal enamorado</em></a>, o haciendo clic en la portada.</p>
<p>A continuación, un fragmento del prólogo:</p>
<p style="padding-left: 40px"><em>&#8230;intuyo en sus versos (y en su prosa, aunque aquí no se recoja) el anuncio de lo verdadero, de lo que nace limpio y sin prisas del hoy y para el hoy. Por lo que espero que, así como lo conté, de manera fortuita, llegue hoy a las manos de quien no haya sido tocado por su hálito indómito. Sean bienvenidos a la poesía de alguien que, como el mar, siempre regresará para quedarse en nosotros. Y acariciará nuestro lomo milenario.</em></p>
<p style="padding-left: 80px"><strong>Clímaco Borges</strong>, Buenos Aires, junio de 2020</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=76188</guid>
        <pubDate>Sat, 13 Jun 2020 17:27:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Descarga: «Un animal enamorado», un libro de Albeiro Montoya Guiral]]></media:description>
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