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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Alaska | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Sylvia Plath (1932-1963)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/ella-es-la-historia/sylvia-plath-1932-1963/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Morir es un arte, como cualquier otra cosa. Yo lo hago excepcionalmente bien. Lo hago para sentirme hasta las heces. Lo ejecuto para sentirlo real. Podemos decir que poseo el don. Las voces de la soledad, las voces de la tristeza golpean mi espalda inevitablemente. Soy un jardín de agonías rojas y negras. Las bebo, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>“Morir es un arte, como cualquier otra cosa. Yo lo hago excepcionalmente bien. Lo hago para sentirme hasta las heces. Lo ejecuto para sentirlo real. Podemos decir que poseo el don. Las voces de la soledad, las voces de la tristeza golpean mi espalda inevitablemente. Soy un jardín de agonías rojas y negras. Las bebo, odiándome a mí misma, odiándome y temiéndome.”</p>
<p>A los 8 años publicó su primer poema. Una niña aventajada, con vocación artística, facilidades para la pintura, el piano y la escritura, estudiante ejemplar con calificaciones sobresalientes. Aquella niña quedaría marcada por la muerte de su padre, un hombre que era experto y autoridad en el asunto de los bichos e insectos, y quien murió luego de padecer una penosa agonía. Lo más destacado de esta muerte no sería propiamente la ausencia paterna, sino la frialdad con la que la esposa asumió la pérdida, dejando una fuerte impresión en la pequeña el hecho de que su madre no hubiera llorado ni siquiera durante el velorio.</p>
<p>Nunca cesó en su actividad de escribir, iniciándose con el hábito de un diario que no pararía de contarnos sus desventuras y logros hasta el día de su muerte. Ya en la adolescencia sabía lo que era un corazón roto debido a una infidelidad, cuestionándose por el rol que como mujer parecía corresponderle, que era el de su misma madre, quien había renunciado a sus sueños para dedicarse a la crianza de los hijos, pero que ciertamente no parecía se tratara del destino poético que esperaba por Sylvia: “Mi gran tragedia es haber nacido mujer.”</p>
<p>De aquella época se destacan el poema <em>Papi, </em>además de un relato corto que publicó en el instituto en la revista <em>Seventeen, </em>y que tituló <em>And summer will not come again, </em>y años después, en la universidad, publicado en la revista <em>Mademoiselle, </em>la historia que bautizó <em>Sunday at the mintons </em>le valdría su primer reconocimiento.</p>
<p>Estudió en la Smith College de Massachusetts, y sus buenos resultados académicos le valieron ganar una Beca Fullbright, beca que permite estudiar en universidades extranjeras, matriculándose finalmente en la Newnham College de Cambridge. Sus trabajos estudiantiles los combinaba con la escritura, interesándose particularmente en la poesía, y publicando algunos de sus escritos en la revista universitaria <em>Varsity.</em></p>
<p>Apenas comenzar la universidad, con tan solo 20 años (diez años antes de su suicidio), Sylvia intentó quitarse la vida por primera vez, episodio que más tarde describiría en su única novela publicada. Ingerir un frasco entero de barbitúricos no fue suficiente para que Plath pudiera quitarse la vida. Como tratamiento, la joven fue internada en el Hospital McLean, institución psiquiátrica que ofrecía como antídoto al estado de permanente congoja aquella revolucionaria terapia electroconvulsiva (TEC) a base de electrochoques.</p>
<p>La depresión maníaca que padecía Sylvia, además de su indudable cuadro clínico de paciente con trastorno bipolar, no era para aquel momento una condición psiquiátrica para la cual se contara aún con medicamentos bien desarrollados, y ni siquiera existía el diagnóstico clínico. Sin embargo la descripción honesta y profunda de lo que sentía ya podía advertirnos de su condición: “Es como si mi vida estuviese mágicamente manejada por dos corrientes eléctricas: alegre, positiva, y desesperadamente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda.”</p>
<p>Plath empezó su carrera de profesora dictando clases en su alma mater, y sería allí mismo en Cambridge donde conocería a un poeta que en cuestión de pocos meses lograría convertirla en su esposa. Ted Hughes trabajaba también en Cambridge, y durante casi tres años la pareja sostuvo en el campus universitario su relación y sus empleos, hasta que en 1959 se mudaron a Boston.</p>
<p>La ilusa en el amor, deslumbrada por Ted, escribió en su intimidad los temores que representaban enamorarse: “Aunque el amor llegue un día, me da miedo que tan solo sea esto; y, aunque el amor llegue un día, también me da miedo que sea mucho más.” Para su desgracia, la relación comenzó a deteriorarse muy pronto, toda vez que Sylvia sorprendía a su marido coqueteándole a las alumnas, y desde ese momento los lazos nunca volverían a estrecharse.</p>
<p>En Boston Sylvia tuvo la oportunidad de entablar una breve amistad con la poetisa Anne Sexton, quien no solo compartió su interés literario, sino también sus mismos padecimientos mentales, e incluso la misma manera suicida de acabar con su vida.</p>
<p>La estancia en Boston fue breve, y la pareja decidiría mudarse e iniciar un proyecto familiar en North Twaton, un pequeño pueblo en Devon, cercano a la capital inglesa, y sería allí donde Sylvia daría a luz a su hija llamada Frieda.</p>
<p>Un año más tarde sufrió un aborto que le dejaría secuelas psicológicas pero que finalmente superaría con terapias, y en donde además lograría reconciliarse con su madre. La experiencia del aborto será un tema que aparecerá una y otra vez como recurrente dentro de su poesía.</p>
<p>En 1960 da a conocer su primera recopilación de poesía titulado <em>The colossus (El coloso), </em>un escrito que tuvo el visto bueno de la crítica, pero que entre el público no cobró mayor trascendencia, y un año después le vimos recitar en la BBC el poema en el que tres voces distintas de la feminidad cantan a la maternidad, y que tituló <em>Tres mujeres. </em>A partir de ese momento Plath concibe al poema como a una plegaria, un rezo, una oración que debe declamarse y recitarse siempre en voz alta.</p>
<p>Un año más tarde Sylvia dará a luz a Nicholas, pero esto no consiguió unir a la familia y, todo lo contrario, la pareja terminó por distanciarse a los pocos meses. Ted había comenzado una aventura con la poetisa Assia Wevill, aventura de la que Plath se enteraría, y que acabaría por exacerbar su depresión y su delicada condición psiquiátrica.</p>
<p>Para 1963, cuatro meses antes de su suicidio, Sylvia publicaría su primera y única novela, <em>The bell jar (La campana de cristal)</em>, un relato mitad ficción, mitad autobiografía, y en donde la autora describe su primera confrontación fallida ante la muerte, cuando intentó en vano quitarse la vida a la edad de los 20 años. Por medio del monólogo y de un estilo inevitablemente poético, la novela nos va introduciendo en el vértigo de la locura que padecerá el personaje principal, y sus intentos por sobrevivir a un mundo en el que no encuentra su hábitat y alimento. La primera publicación figuró bajo el seudónimo de “Victoria Lucas”, pero las ediciones póstumas aparecerían ya con el nombre real de la autora.</p>
<p>Sylvia se mudaría con sus dos hijos a Londres, justamente a un departamento que años antes había sido habitado por el poeta y dramaturgo irlandés W.B. Yeats, y por lo que en un comienzo lo consideró como un buen augurio, un símbolo premonitorio de un brillante porvenir como escritora y una mujer decidida a encarar su separación. Sin embargo no sería así, y pese a la determinación de la mujer fuerte que era Sylvia Plath, su estado mental y sus padecimientos psicológicos serían mucho más fuertes, y acabarían por doblegarla. Años antes ya había manifestado su inconformismo ante un destino prefabricado: “Así que empecé a pensar que tal vez fuera cierto que casarse y tener niños equivalía a someterse a un lavado de cerebro, y después una iba por ahí idiotizada como una esclava en un estado totalitario privado.”</p>
<p>Una semana antes de morir, ya Sylvia se notaba confundida, trastornada, deprimida como pocas veces, y así lo testimonia una de sus amigas más cercanas y que estuvo cuidando de ella y de sus hijos durante su última semana de vida.</p>
<p>Sylvia la había llamado para pedirle si podía visitarla y quedarse un par de días en su casa. Al parecer no solo ella sino también sus hijos necesitaban cuidados, por lo que su amiga le brindó posada y se encargó de atender las necesidades de los tres. Dice que por esos días se le veía dormilona, cansada, totalmente descuidada de sus hijos, que para ese momento tenían uno y tres años. “Prefiero no volver a casa”, sería lo que le dijo Sylvia a su amiga luego de haber pasado esa primera noche en el calor de un hogar, y bajo los cuidados de una amiga protectora y de toda su familia. “He intentado no pensar demasiado. He intentado ser natural”, escribió en sus diarios aquella mujer trastornada y que ahora necesitaba reposo.</p>
<p>La amiga leal instaló a Sylvia y a sus hijos destinando la habitación de una de sus hijas para que todos pudieran acomodarse, y por petición de Sylvia fue hasta su casa para traer algunas cosas de uso cotidiano como cepillos de dientes y prendas, además de un libro que la poetisa había comenzado a leer recientemente.</p>
<p>Unos días estuvo Sylvia con sus hijos en la casa de esta mujer, durante los cuales según testimonia, Sylvia se encontraba como perdida, errabunda, hablantinosa, enérgica… En alguna ocasión le enseñó a su amiga las píldoras que empleaba para dormir, y las otras que le servían para reactivarse, siendo así que su comportamiento fuera errático, como un delirante ir y venir entre el gozo y la desdicha. “Si ser neurótica es decir dos cosas mutuamente excluyentes en el mismo momento, entonces soy endemoniadamente neurótica. Estaré volando de una a otra cosa mutuamente excluyente durante el resto de mi vida”, escribió en su momento.</p>
<p>Una tarde la vieron aparecer vestida con un traje azul plateado, maquillada, peinada, sonriente, expectante, y solamente diría muy emocionada que tenía una cita, pero no dio detalles, y antes de salir le dijo a la pequeña Frieda: “¡Te amo!” Parecía una chiquilla ilusionada con el amor, esa que escribió en sus diarios: “He intentado ser ciega en el amor, como las otras mujeres, ciega en la cama, con mi amante ciego, sin buscar, en la densa oscuridad, un rostro ajeno.”</p>
<p>Al día siguiente decidió regresar a casa con sus hijos, y el marido de su amiga se prestó para acompañarla. Será él quien testimonia sobre la terrible congoja que embargaba a la poetisa, quien no paraba de llorar, y así también lo hacían sus dos hijos. Él le pidió que mejor regresara y se estuviera unos días más con ellos en casa, pero Sylvia se rehusó, y aunque no parecía lo más recomendable. “El suelo parecía maravillosamente sólido. Era consolador saber que me había caído y que no podía caer más bajo”, escribiría años atrás.</p>
<p>Al regresar a casa el marido de su amiga le diría a su esposa que no había quedado tranquilo por el estado en el que se encontraba Sylvia, y que le había prometido regresar mañana temprano para saber cómo se encontraba. No hubo necesidad de eso. Antes de las ocho de la mañana el doctor de Sylvia se comunicó con su amiga para enterarla de que ese 11 de febrero de 1963, después de haber preparado el desayuno para sus dos hijos, la poetisa había metido la cabeza dentro del horno y había girado la perilla del gas hasta morir.</p>
<p>Luego su amiga y el mundo se enterarían de que aquella cita era precisamente con Ted, a quien Sylvia le había escrito un comunicado que durante un tiempo se creyó se trataba de una carta de suicidio, pero que el mismo Ted aclaró en el 2010 en un poema titulado precisamente <em>Última carta, </em>y en donde se permite describir los últimos tres días antes de la muerte de su esposa, aclarando que se trataba más bien de una petición de divorcio oficial, donde ella le expresaba su voluntad de mudarse a París, y que Plath calculaba sería recibida por él el día sábado, pero en realidad el correo llegó el viernes, y por lo que algunos creían se trataba entonces de esa nota de suicidio que no esperaba ser todavía leída o que pedía con urgencia un llamado desesperado de auxilio. Apenas leyó la carta, Ted visitó a Plath, y parece ser que la pareja se enfrascó en una discusión, donde finalmente ella acabaría arrojando al fuego la misteriosa nota.</p>
<p>También parece que la noche previa a su suicidio, Plath llamó a casa de Ted y quien contestó sería su amante, y en los diarios de esta amante quedaron evidenciadas las palabras de Ted cuando le habló a Sylvia: <em>“Take it easy, Sylvia”</em>.</p>
<p>Sylvia Plath admiró siempre a Ted Hughes, y aunque distanciada de su estilo, no puede negarse la influencia que su marido tuvo en su escritura, y así también como en los motivos, razones y sentimientos que la volcaban a escribir. A él dedicaría por ejemplo su poema titulado <em>Pursuit.</em></p>
<p>Luego de su muerte, sería el propio Ted quien confesaría algunos otros detalles con su pareja en el libro <em>Birthday letters (Cartas de cumpleaños)</em>, y sería quien estaría a cargo de los escritos de su difunta esposa, y en la edición de estos textos quedará la duda de si intervendría, censuraría o suprimiría algunos pasajes, tal como lo quiso la madre de Plath con varios de sus escritos que le parecían bastante íntimos, personales y reveladores.</p>
<p>Tal parece que Ted sí destruyo algunas piezas valiosas de los diarios personales de la poetisa. Pese a esto, luego de su muerte fueron publicados algunos libros de poemas como <em>Cruzando el agua,</em> <em>Árboles invernales, </em>y uno de sus libros de poemas más conocidos, <em>Ariel, </em>un poemario visceral donde la poetisa se permite confesarse con desgarro pleno, sin pudor, exhibiéndonos la desnudez de su alma atormentada. Y así también se publicaría un libro de cuentos titulado <em>La caja de los deseos.</em></p>
<p>En 1982, casi 20 años después de su muerte, Sylvia Plath se convierte en la primera poetisa en ser homenajeada con el Premio Pulitzer póstumo por el compendio de su obra recogida en el libro titulado: <em>The collected poems (Poemas completos). </em>Un año más tarde serían publicados sus diarios y un tiempo después aparecería otro libro: <em>Johnny Panic y la biblia de sueños.</em></p>
<p>Hoy los avances en la ciencia podrían diagnosticar a Plath dentro del cuadro de trastorno bipolar, pero en vida Plath no pasó de ser una depresiva incomprendida que se creía había sido principalmente afectada por la muerte de su padre, cuando lo cierto es que esta condición mental es también una enfermedad patológica, y de alguna forma así lo revelan los genes de su descendencia: Frieda es una periodista que padece depresión, anorexia y esclerosis múltiple, y por su parte Nicholas se convertiría en un ermitaño que se refugió en la soledad de Alaska, para acabar colgándose de una soga. Curiosa y trágicamente la amante de Ted también se suicidaría para el año de 1969.</p>
<p>Al final, no la escuchó nadie: “Le hablo a dios, pero el cielo está vacío.” Ella solo quería, como todo poeta, contemplar lo bello: “Para mí es más natural estar tendida. Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad, y así seré útil cuando al fin me tienda: entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.” Treinta años tenía Sylvia Plath cuando decidió meter la cabeza en el horno. Sus restos reposan en West Yorkshire, en el cementerio de Heptonstall.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 19 Jan 2024 06:12:31 +0000</pubDate>
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        <title>Lolita (1955)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Es todavía una niña, pero ya despierta el encanto, la fascinación y el poderío atrayente de toda una mujer. Será la ingenuidad de su mirada pícara, o sus senos ya desarrollados, o tal vez la agudeza de su intelecto, pero todo en ella la hace parecer una mujer íntegra, adulta… Sin embargo no es así, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Es todavía una niña, pero ya despierta el encanto, la fascinación y el poderío atrayente de toda una mujer. Será la ingenuidad de su mirada pícara, o sus senos ya desarrollados, o tal vez la agudeza de su intelecto, pero todo en ella la hace parecer una mujer íntegra, adulta… Sin embargo no es así, y de muchas formas Lolita no dejará tampoco de ser una niñita, y es quizás esta mezcla genuina de inocencia y sensualidad la que enloquece a algunos hombres mayores que no pueden resistirse a su embrujo. Es el caso de Humbert Humbert, seudónimo empleado por un profesor inglés de literatura francesa de 40 años, que desde la prisión redacta sus memorias para explicar cómo fue que llegó a estar en esa cárcel, y antes de morir de una trombosis coronaria le compartirá a su psicólogo John Ray, Jr. aquel escrito que detalla sus tribulaciones y que tituló <em>Lolita o la confesión de un viudo blanco. </em>Humbert alquila una habitación a la viuda Charlotte Haze, quien vive de rentar algunos cuartos disponibles en su casa, y que vela por la crianza de su hija Dolores, una mujercita exultante de gracia y belleza que apenas llega a la edad de los 12 años. Humbert es proclive por naturaleza a desatar una pasión sexual por las menores, una pedofilia a la que no podrá evadirse toda vez conozca a la intrépida y coqueta muchachita que será entonces su perdición, su obsesión y delirio. Tanto es así que el profesor se las arreglará para enamorar a la madre y hasta casarse con ella, únicamente con el afán de permanecer lo más cerca posible de aquello que fuera su verdadero deseo: poseer a Dolores. Durante un paseo de campo Lolita conocerá a Clare Quilty, con quien tendrá su primer encuentro sexual, y que luego reaparecerá en su vida cuando más lo necesite. Al regresar a casa su madre ha muerto, y en adelante será el profesor quien se hará cargo de la menor, emprendiendo un largo peregrinar por distintos rincones de Estados Unidos, pasando las noches en albergues de mala muerte y sin permitirle a la joven la posibilidad de ingresar a una escuela. En una situación de extrema necesidad, Lolita no tendrá más remedio que obedecerle a ese hombre mayor que no sólo parece su padre sino también su amante, como en una especie de relación incestuosa de la que no puede escapar. Durante dos años Humbert mantendrá un vínculo emocional con su Lolita, y así también llevarán una intensa vida sexual a la que Lolita no encuentra cómo negársele. Cada vez que ella intenta dejar a Humbert, éste la amenaza con enviarla a una correccional en donde según él pasará hasta el último de sus días. Finalmente Clare Quilty regresará para ayudarla a escapar, y juntos se mudarán a Alaska, para establecerse en una nueva vida donde nadie conozca de su pasado. La joven Dolores comienza a trabajar como mesera de un restaurante, y es allí en donde conoce a quien se convertirá en su esposo, el señor Richard Schiller. A sus 17 años Lolita tendrá un reencuentro con Humbert. Éste venía buscándola desde hacía un tiempo porque tenía planes de recuperarla en su vida, reiniciar su aventura de amor, pero ella se encuentra embarazada y lo que menos le interesa es volver a su vida pasada al lado de ese hombre. Humbert desea saber de todas formas quién fue la persona con la que huyó años atrás, y Lolita no tiene reparos en afirmarle que en efecto se trató de Clare Quilty. Cegado por los celos, Humbert asesina al amante de su idílica musa, y es así como acabará confinado tras las rejas. La historia de Lolita acabará en tragedia cuando ésta dé a luz un niño que no pudo alumbrar, el día en que celebramos la Navidad, y unas horas después también a ella se le apagará la vida. Para 1953, tras cinco años de estar escribiendo las desventuras de la joven seductora, Vladimir Nabokov presentó su novela bajo un seudónimo, pero sus manuscritos serían rechazados una y otra vez. Después de varias negativas el autor consigue que en 1955 una casa editorial parisina de literatura erótica le publicara su novela. La editorial tenía una reputación de publicar contenidos pornográficos, y la novela <em>Lolita </em>sería calificada como la relación sexual de un “depravado” con su hijastra. El mismo Nabokov describe a su personaje principal como “una persona odiosa”. El nombre del autor apareció en la portada, y el libro contaría con la censura de ingleses y franceses que prohibieron su difusión y venta. Para 1958 aparece por primera vez en Estados Unidos, y nueve años más tarde el propio autor traduce su obra al ruso para publicarla en el idioma de su país de origen. Nacionalizado estadounidense, Nabokov describió una trama que para muchos se trata de una obra maestra de la literatura universal contemporánea, atreviéndose a encarnar el romanticismo y el erotismo en medio de una relación pecaminosa, indagando en los valores morales de la sociedad y en las patologías humanas de todos los tiempos. A pesar de que <em>Lolita </em>es su obra más conocida, Nabokov publicó diecinueve novelas, en las cuales seis de ellas tendrán cierta relación con el asunto de la sexualidad manifestada a temprana edad. Podría ser que esta historia de Dolores Haze se vio influenciada por el secuestro de una niña de unos 11 años, de la cual el escritor habría tenido noticia; un hombre de mediana edad que se enamoró de esta niña hasta el punto de llegar a secuestrarla. Fuera como sea, Lolita empezaría a tomar protagonismo en la cultura universal como aquella niña imposible de evadir. En 1962 la novela fue adaptada al cine por el propio Nabokov, y su realizador Stanley Kubrick tendría que rodar su película eligiendo a una niña un poco mayor que la sugerida por el libro, evitando así los esperados escándalos. Así mismo fue y sigue siendo escandalosa la novela de este autor, que por medio de las palabras construyó un personaje que existe en cada sitio, una niña que, sin dejar de serlo, cuenta desde su adolescencia con las facultades propias de una mujer letal.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 16 Jul 2021 08:03:00 +0000</pubDate>
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