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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de Afrocolombianidad | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>Centenario de Jacobo Pérez Escobar, con @fcarrilloflorez y @amylkaracosta en Día de la Afrocolombianidad por @elespectador, hoy 6pm</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/centenario-de-jacobo-perez-escobar-con-fcarrilloflorez-y-amylkaracosta-en-dia-de-la-afrocolombianidad-por-elespectador-hoy-6pm/</link>
        <description><![CDATA[<p>El afrocolombiano vivo más notable en el servicio al Estado y a la sociedad cumplirá 100 años el próximo 4 de junio. Este miércoles 21 de mayo, de 6:00 pm a 6:30 pm, el exministro y delegatario de 1991 Fernando Carrillo Flórez recordará a Jacobo Pérez Escobar en su rol de Secretario General de la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El afrocolombiano vivo más notable en el servicio al Estado y a la sociedad cumplirá 100 años el próximo 4 de junio. Este miércoles 21 de mayo, de 6:00 pm a 6:30 pm, el exministro y delegatario de 1991 <strong>Fernando Carrillo Flórez</strong> recordará a <strong>Jacobo Pérez Escobar</strong> en su rol de Secretario General de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, y el exministro y expresidente del Congreso <strong>Amylkar Acosta Medina</strong> repasará la trayectoria pública de medio siglo del ilustre magdalenense. En <strong>Revista Colombia Afro TV</strong>, streaming por el portal web y el canal de YouTube de <strong>El Espectador</strong>. </p>



<p>En <strong>diferido</strong>, <strong>viernes </strong>04, por <strong>UniValle TV</strong> (Une 117 y Claro 104),  7:00 pm.</p>



<p>Esta es la emisión 155 de <strong>«Revista Colombia Afro TV», </strong>en décima temporada (sexto año), un programa de la <strong>Fundación Color de Colombia</strong> en alianza con <strong>El Espectador.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Jacobo Pérez Escobar, 1925-</h2>



<p>Por Daniel Mera Villamizar, en <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/daniel-mera-villamizar/jacobo-perez-escobar-90-anos-column-587191/">El Espectador</a></p>



<p>Vive, y lúcido, el constitucionalista y secretario general de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.</p>



<p>&#8220;El último de su especie&#8221;, puede decirse de Jacobo Pérez Escobar. La especie de los constitucionalistas que representaron la dignidad del servicio público en el siglo XX. De los que alternaron entre el poder judicial y el poder ejecutivo sin una tacha -cuando era impensable hacer méritos en el poder judicial para buscar el poder ejecutivo por las urnas-. Otra época, otra especie.</p>



<p>(&#8230;) Jacobo Pérez Escobar había sido miembro del comité de la reforma constitucional de 1968 -Carlos Lleras Restrepo lo conocía desde que había sido jurado de su tesis en la Universidad Nacional-, secretario general del Ministerio de Gobierno y ministro encargado en ese periodo, secretario jurídico de la Presidencia de la República con Misael Pastrana, Consejero de Estado, magistrado de la Corte Suprema de Justicia y gobernador del Magdalena. Cuando el Partido Liberal lo nominó para la secretaría general de la Asamblea Constituyente estaba poniendo a un jurista reconocido y entrenado en funciones ejecutivas en un cargo delicado.</p>



<p>(..) El Partido Liberal le había deparado ese honor, 40 años después de haber presidido la Gran Convención Nacional de Juventudes Liberales, en Bogotá, sentado en medio del expresidente Eduardo Santos y de Carlos Lleras. Él, nacido en Aracataca, sin más recursos que su espíritu y su inteligencia, estaba ahí por su liderazgo y su palmarés de un promedio de calificaciones de 4,9 sobre 5.</p>



<p>Un espíritu que lo llevó a comenzar la biografía de Luis Antonio &#8220;El Negro&#8221; Robles siendo estudiante del Liceo Celedón de Santa Marta y que lo tiene hoy en la vigésima revisión de su opúsculo &#8220;Aracataca, terruño de mi condiscípulo Gabriel García Márquez&#8221;, con quien compartió salón de clase en 1947 en la Nacional. Jacobo en primera fila tomando apuntes y Gabo en la última fila, leyendo otras cosas, seguro de que su paisano le prestaría los apuntes. Gabo, agradecido, lo llamó su “condiscípulo eterno”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La conversación con Fernando Carrillo Flórez y Amylkar Acosta sobre Jacobo Pérez Escobar</h2>



<p>La conductora del episodio,&nbsp;<strong>Carolina Cortés</strong>, les hará estas&nbsp;<strong>preguntas orientadoras&nbsp;</strong>a los panelistas invitados.</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>1) Jacobo Pérez Escobar y Gabriel García Márquez nacieron en Aracataca, Magdalena, con dos años de diferencia. ¿Por qué, entonces, ahora Jacobo Pérez Escobar es el hijo más ilustre de El Retén, Magdalena?</p>



<ol class="wp-block-list"></ol>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p><strong>2) </strong>Usted estudió Derecho en la Javeriana. ¿Recuerda si vio introducción al Derecho Constitucional con el tratado de Jacobo Pérez Escobar o con otro libro ¿Su recuerdo más antiguo de Jacobo Pérez Escobar de cuándo es?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>3)¿Dónde se conocieron Jacobo Pérez Escobar y Gabriel García Márquez, y por qué Gabo llamó a Jacobo &#8220;mi condiscípulo eterno&#8221;?</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>4) Para contextualizar a los espectadores, brevemente, ¿cómo llegó el país a una Asamblea Constituyente en 1991?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>5) Usted fue líder estudiantil en la Universidad de Antioquia y Jacobo Pérez Escobar en la Universidad Nacional de Colombia. ¿Qué diferencias básicas encuentra entre esos dos liderazgos? (Jacobo fue líder de los estudiantes del Partido Liberal)</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>6) Jacobo Pérez Escobar fue elegido Secretario General de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. ¿Cómo ocurrió eso?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>7) Jacobo Pérez Escobar se graduó de abogado con un promedio de 4.9 sobre 5, y se ganó una beca para estudiar en Francia. A partir de su regreso, ¿qué destaca de la trayectoria de Jacobo?</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>8) ¿Qué era lo que hacía el Secretario General de la Asamblea Constituyente de 1991?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>9) Jacobo Pérez Escobar comenzó a escribir la biografía de Luis Antonio Robles desde el colegio. ¿Qué nos puede contar de esa empresa intelectual?</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>10) ¿Cómo fue su relación con Jacobo Pérez Escobar durante las sesiones de la Asamblea Constituyente, cómo lo recuerda?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>11) Jacobo Pérez Escobar fue magistrado de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo de Estado. ¿Cómo se escogían en ese tiempo los magistrados? ¿De dónde provenía ese respeto como jurista que tenía Jacobo?</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>12) ¿Cómo fue que la proclamación de la Constitución de 1991, el 4 de julio, se hizo firmando sobre hojas en blanco y sin la presencia del Secretario General de la Constituyente?</p>



<p><strong>Para el exministro y expresidente del Congreso Amylkar Acosta Medina.</strong></p>



<p>13) Jacobo Pérez Escobar fue gobernador del Magdalena, como Robles fue presidente del Estado Soberano del Magdalena. ¿Cómo reaccionaron las élites a estos hechos?</p>



<p><strong>Para el constituyente de 1991 Fernando Carrillo Flórez</strong></p>



<p>14) Antes de la Constitución de 1991, el libro de Derecho Constitucional de Jacobo Pérez Escobar era de referencia obligada; después del 91, eso cambió. ¿Cómo lo explicaría en términos sencillos?</p>



<h2 class="wp-block-heading">Revista Colombia Afro TV</h2>



<p>Este es un espacio de amplia difusión para tratar temas de interés estratégico de la población afrocolombiana, con expertos y líderes de opinión.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="932" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/05/21074557/Centenario-de-Jacobo-Perez-Escobar-21-de-mayo-932x1024.jpg" alt="" class="wp-image-116108" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/05/21074557/Centenario-de-Jacobo-Perez-Escobar-21-de-mayo-932x1024.jpg 932w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/05/21074557/Centenario-de-Jacobo-Perez-Escobar-21-de-mayo-273x300.jpg 273w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/05/21074557/Centenario-de-Jacobo-Perez-Escobar-21-de-mayo-768x843.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/05/21074557/Centenario-de-Jacobo-Perez-Escobar-21-de-mayo.jpg 1080w" sizes="(max-width: 932px) 100vw, 932px" /></figure>



<p><strong>Temas de 2025:</strong> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/riohacha-2035-en-vivo-por-el-espectador-19feb/">Riohacha 2035 (19feb)</a>, <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/quibdo-urbanismo-y-pot-en-vivo-por-el-espectador-05marzo/">Quibdó<strong>:</strong> urbanismo y POT</a> (05marzo), <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/tumaco-2040-en-streaming-el-espectador/">Tumaco 2040</a> (19marzo), <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/william-klinger-sobre-biodiversidad-y-desarrollo-sostenible-en-el-choco-en-streaming-en-el-espectador/">William Klinger y Biodiversidad y desarrollo sostenible en el Chocó</a> (19marzo); <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/arreglar-ciudades-y-pot-urbam_eafit-cideruniandes-y-upbcolombia-en-streaming-el-espectador/">Arreglar ciudades y POT</a>, con @urbam_EAFIT, @CiderUniandes y @upbcolombia (02abril).</p>



<p>La producción técnica está a cargo de AXTV Producciones , y la producción y dirección general en cabeza de&nbsp;<strong>Fundación Color de Colombia.</strong></p>



<p>*Trazador misional de esta publicación de <strong>Fundación Color de Colombia</strong>: <strong>Línea estratégica 1:</strong> <em>Reconocimiento, cultura e integración. </em><strong>Programa:</strong> <em>memoria histórica.</em></p>



<p></p>
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        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
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        <pubDate>Wed, 21 May 2025 13:01:00 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Las estrellas son negras de Arnoldo Palacios, recepción temprana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/las-estrellas-son-negras-de-arnoldo-palacios-recepcion-temprana/</link>
        <description><![CDATA[<p>En mayo de 1949 Arnoldo Palacios publicaba su novela “Las estrellas son negras”, anotando que los originales fueron a parar a la nube de cenizas que se levantó el 9 de abril de 1948 en Bogotá, de tal manera que el autor debió recomponerla de memoria y publicarla, para después abandonar el país y radicarse [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En mayo de 1949 Arnoldo Palacios publicaba su novela “Las estrellas son negras”, anotando que los originales fueron a parar a la nube de cenizas que se levantó el 9 de abril de 1948 en Bogotá, de tal manera que el autor debió recomponerla de memoria y publicarla, para después abandonar el país y radicarse en Francia. Considerada por muchos la primera novela afrocolombiana, no ingresó tan pronto al canon literario nacional, pese a la amistad que Palacios tenía con influyentes personajes de la cultura bogotana, como anota Gustavo Vasco en la edición de 2010, (Palacios, 2010) sin embargo, es de anotar que ésta tuvo una recepción temprana importante, y que el autor fue ampliamente querido por ese pequeño grupo de escritores y escritoras que animaban su reducido círculo en Bogotá, como el mismo Palacios lo reconocerá en posteriores escritos y entrevistas (Zapata, 2006).</p>



<p>La novela encierra una profunda voz de denuncia frente al aislamiento y abandono del Chocó, y en general del Pacífico colombiano, dado un centralismo rampante que no permitió ni ha permitido el reconocimiento real y verdadero de las otras colombias que habitan dentro de un mismo país. Irra, el protagonista, parece encarnar en parte al propio Arnoldo, el deseo de abandonar la ciudad que pareciera enmarcar toda la desigualdad de una nación, el desasosiego al no saber vislumbrar un futuro promisorio para él y para lo suyos, el rio Quito, que es el mismo Atrato, donde van y vienen penumbras en medio de soles candentes que parecieran alumbrar a unos pocos, no sin razón el protagonista cuestiona ese destino, afirmando que los hombres están determinados por las estrellas al momento de nacer, por eso afirma con marcada desesperanza: “<em>Las de ellos titilan eternamente y tienen el precio del diamante. Y la mía, Señor, es una estrella negra… ¡Negra como mi cara, Señor!” </em>(Palacios, 1949). <em>&nbsp;</em></p>



<p>Aunque “Las estrellas son negras” no ingresó pronto al canon literario nacional, es importante resaltar que esos importantes lectores formaban parte del mundo literario colombiano de entonces y que la novela tuvo una acogida temprana por parte de un grupo intelectual, si se quiere, tal y como sucedió con otros autores, cuyas obras quedaron en grupos reducidos. Quizá la primera apreciación critica la hace el maestro José María Restrepo Millán, rector del Externado Camilo Torres, donde Palacios culminó el bachillerato, parte de este texto es incluido en la solapa de la edición príncipe: “<em>Un libro que nos ha dejado temblorosos y anhelantes, por la hondura y la acumulación de su dramatismo; por el galopante interés de su narración; por la inmediatez de su materia prima; por sus terribles implicaciones sociales y políticas; por la modernidad y pungencia de su técnica; por la fuerte libertad expresiva de su idioma. En suma, por una congregación de seis cualidades muy marcadas y no previsibles, a lo menos algunas en grado igual, y mucho menos todas juntas, dentro del repertorio de la novela colombiana</em>.” (en Palacios, 1949).&nbsp;</p>



<p>Poco después de haber publicado la novela, Palacios emprende viaje a París, buscando quizá un futuro promisorio para un afrocolombiano enfermo de poliomielitis. En agosto de 1949, la escritora Elisa Mujica escribe una columna de despedida, anotando lo siguiente: “<em>Arnoldo Palacios se va a París. El hermano de Irra, el chocoano, recibe su oportunidad. Bien por Arnoldo”</em> (Mujica, 1949)<em>, </em>y después de anotar la importancia del viaje a una ciudad eminentemente cosmopolita, y de recordar el drama de la publicación y de la pobreza en que vivió en Bogotá, anota que el libro tuvo un éxito inmediato, que la edición se agotó en las librerías, que<em> “el país la recibía como algo que había estado esperando y que necesitaba para conocerse mejor</em>” (Mujica, 1949), sobre todo porque narra, según la escritora, con crudeza la realidad que habita en Colombia, un país hastiado de formulismos, reconociendo la fuerza de los personajes y de la forma como el autor logra retratar esas pulsiones.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="300" height="182" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco-300x182.jpg" alt="" class="wp-image-112833" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco-300x182.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13165236/arnoldo-palacios-con-zapata-certegui-choco.jpg 750w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p>El 31 de diciembre de 1949, en el Balance Crítico realizado por Interim (seudónimo), se lee: “<em>En la novela nueva debemos registrar el nombre y la obra de Arnoldo Palacios con su admirable “Las estrellas son negras”. Hay en Arnoldo Palacios una sorprendente capacidad de novelista. Movido y variado estilo, cualidades de observación, y sobre todo un poderoso sentido de lo humano, de lo cordialmente vivido, de lo visto y observado en un arduo caminar de dolor y de lucha. Arnoldo Palacios no es un aprendiz de novelista. Es un novelista en pleno dominio de sus capacidades intelectuales, y con una intensa vocación de escritor</em>.” (Interim, 1949).</p>



<p>En el Suplemento Literario de El Tiempo, dirigido por Jaime Posada, del 8 de enero de 1950, en la sección el mundo de los libros, se entrevista a varios de estos personajes preguntando acerca de cuáles consideran son los mejores libros publicados en Colombia en 1949, anotando que consideran la mejor novela la de Palacios, nada más ni nada menos que Hernando Téllez, Jorge Rojas, Guillermo Payán Archer, León de Greiff, Eduardo Carranza anota de la novela como “<em>una revelación</em>” (El Tiempo, 1950). Además, el 15 de noviembre de 1950, en la sección de Novedades literarias de El Tiempo, se anota que circulaba el número 39 de la revista Vida, en donde aparece publicado “La piedra del amor” de Arnoldo Palacios, lo que implica que hubo un seguimiento a la producción del autor chocoano.</p>



<p>En el periódico El Tiempo del 26 de junio de 1951 se anota que se está organizando una colecta en beneficio del autor residente en París, iniciativa del jurista Luis Carlos Pérez, esposo de la poeta Matilde Espinosa, amiga y mecenas de Palacios durante su estadía en Bogotá, se leí ahí: “<em>Las Estrellas Son Negras, una de las novelas más originales y vigorosas que últimamente han aparecido en Colombia</em>”, (El Tiempo, 1951) de donde se deduce que la novela tuvo importantes lectores.</p>



<p>Curiosamente, en 1954 se anuncia para octubre la edición de esta novela por parte de la editorial argentina “Nuestra América”, y se anuncia de esta manera: “<em>Una nueva edición. La 3ª de este jugoso libro de juventud. Una novela que pinta la desesperanza de la juventud negra de nuestro rico y ajeno Chocó, y describe en términos de un realismo apasionante el anhelo siempre inalcanzable de una raza que lucha para redimirse de los prejuicios sociales y de la explotación a la que es sometida</em>” (El Tiempo, 1954). Parece que no llegó a concretarse y al anunciar que es la 3ª edición pareciera un error de los editores, las 6 ediciones de la novela son las siguientes: <a>1949, Bogotá, Iqueima; 1971, Bogotá, Revista Colombiana; 1998, Bogotá, Ministerio de Cultura; 2007, Bogotá, Intermedio; 2010, Bogotá, Ministerio de Cultura; 2021, Bogotá, Editorial Planeta.</a></p>



<p>En la Francia de la postguerra, Palacios encontró lo que no encontró en su propia patria, un espacio y un lugar para encontrarse con quienes debatían ya el aporte del África al mundo moderno, de tal manera que inscrito en la Sorbona, tiene la posibilidad de codearse con autores europeos, africanos y antillanos que hacían esa meditación, sin dejar de sentir nunca en su piel, casi que espiritualmente, esa lluvia y esa agua tan propias de su tierra, de ese Chocó biodiverso y rico, en donde las voces viejas le narraban su propia herencia, donde los dioses primigenios negros, disfrazados en mantos de vírgenes y en estatuas de santos, seguían conduciendo su propio destino. Como lo menciona Oscar Collazos (en Palacios, 2010), es en París donde descubre sus raíces latinoamericanas, afroamericanas siendo más específicos.</p>



<figure class="wp-block-image size-medium"><img decoding="async" width="300" height="225" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-300x225.jpeg" alt="" class="wp-image-112839" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-1024x768.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1-768x576.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/13170429/arnoldo-1-1.jpeg 1200w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p></p>



<p>De París fue a Polonia, como una coincidencia el barco que lo condujo de Cartagena de Indias a Europa era polaco, ahí en 1950 fue el vocero de Colombia en el Congreso de la Paz, empapándose de las ideas socialistas y siendo un activista, lo cual le costó la beca en la Sorbona. Sin embargo, vuelve a Francia, y con esas coincidencias que marcarían su vida, en una calle lo detiene un hombre que había descendido de un coche, era un médico que dirigía <a>el Instituto de Poliomielitis de París,</a> enfermedad que aquejó al autor desde los dos años, sería sometido a una serie de cirugías que mejorarían en algo su movilidad.</p>



<p>Algunos de sus biógrafos anotan que en Francia se casó con una mujer de la vieja nobleza francesa venida a menos económicamente. Tuvo cuatro hijos. Recorrió gran parte de los países de la entonces llamada Cortina de Hierro. Hizo importantes amistades en Francia, y en 1975, junto con su esposa Beatriz creó la “Fundación Palacios”, que en 1988 entregó el Primer Premio Omar Khayyam a la escritora rusa Katia Kranoff, premio que según nota de prensa de El Tiempo del 8 de octubre de 1988 se entregaba “<em>a una personalidad abierta al mundo, que haya consagrado su vida al arte, al respeto de la naturaleza, a cultivar la amistad</em>”, y del autor chocoano anota: “<em>Arnoldo Palacios es un andariego. Quizá la rápida y vigorosa corriente del río Atrato le abrió los caminos del mundo. Desde sus orillas trepó a la altiplanicie bogotana; fue a las soledades de Islandia; estuvo en el atosigante Nueva York; fue a Roma y Moscú</em>” (El Tiempo, 1988).</p>



<p>Antes de emprender viaje a Francia, Collazos (en Palacios, 2010) anota que regresó a Quibdó, donde escribió relatos y una obra de teatro sobre Manuel Saturio Valencia, un abogado e intelectual chocoano, el último colombiano condenado a pena de muerte, por lo menos oficialmente, sin embargo, &nbsp;por las amenazas de bomba en el teatro por parte de los “blancos” de la ciudad, la función y la obra fueron suspendidas. Enrique Buenaventura (Mendoza, 1961), recordaría que en la pensión “Gandhi”, donde vivió, entre otros con Palacios, y bautizada así con sorna por las condiciones de pobreza, tuvo extensas y largas charlas con el autor chocoano, hasta el punto que decidió abandonar sus estudios en Bogotá e irse para Istmina, “<em>La Chocó Pacífico lo recibe como aceitero de una draga</em>” (Mendoza, 1961), esta característica de Palacios, de ser tan fluido verbalmente, obedece quizá a la herencia oral existente en el Pacífico, ya que al no haber modelos educativos formales durante tanto tiempo, su propia historia, sus mitos, sus leyendas, se transmitían oralmente, perviviendo aún la “décima cimarrona”, como un claro ejemplo de esa heredad oral.</p>



<p>Parece que pese al distanciamiento de Arnoldo al vivir en Europa, tuvo cercanía con sus amigos intelectuales colombianos, hasta el punto que Carlos Medellín (1961) al describir lo que el considera son los cuatro problemas de la cultura colombiana de entonces -desarticulación, inautenticidad, insularidad e impopularidad -, y al entrar al análisis de la literatura, anota: “<em>Una cultura literaria que los colombianos estimamos apegada a la tradición nacional y parte de nuestra idiosincrasia</em>”, y señala nombres reconocidos de poetas, novelistas y ensayistas, anotando al final: “<em>Ellos son y sus obras representan una cultura literaria, un compromiso actual, ¿respondemos a este?”,</em>&nbsp; y él mismo anota que se respondería que sí, anotando nuevamente nuevos nombres, entre otros: “<em>Osorio Lizarazo, Eduardo Zalamea, Arnoldo Palacios, García Márquez, Elisa Mujica, Delgado Nieto, Zapata Olivella y Eduardo Santa</em>” (Medellín, 1961).</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>El Tiempo (1950, 15 de noviembre). Noticiero Cultural, p. 3.</p>



<p>El Tiempo (1950, 8 de enero). Arte y literatura en 1949. El mundo de los libros, p. 5.</p>



<p>El Tiempo (1951, 26 de julio). Se está organizando colecta en beneficio de Arnoldo Palacios, p. 2.</p>



<p>El Tiempo (1954, 24 de febrero). Editorial Nuestra América (anuncio publicitario).</p>



<p>Interim (1949, 31 de diciembre). Balance crítico. Perspectiva literaria de 1949, p. 3.</p>



<p>Medellín, C. (1961, 21 de mayo). Cuatro problemas actuales de la de la cultura colombiana: desarticulación, inautenticidad, insularidad, impopularidad. <em>El Tiempo, Lectura Dominicales, </em>p. 1-2.</p>



<p>Mendoza, P. (1961, 7 de octubre). El teatro en Colombia tiene un nombre: Enrique Buenaventura. <em>El Tiempo, </em>p. 11.</p>



<p>Mujica, E. (1949, 6 de agosto). El joven novelista. Despedida a Arnoldo Palacios. <em>El Tiempo, </em>p. 17.</p>



<p>Palacios, A. (2016). El señor Ecce Homo. Cali: Litocolor.</p>



<p>Palacios, A. (2010). Las estrellas son negras. Bogotá: Ministerio de Cultura.</p>



<p>Palacios, A. (1949). Las estrellas son negras. Bogotá: Editorial Iqueima.</p>



<p>Zapata, S. (2006, junio). Retrato de Arnoldo Palacios, <em>Revista Arcadia, </em>9.&nbsp;</p>



<p></p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112831</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Mar 2025 21:59:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las estrellas son negras de Arnoldo Palacios, recepción temprana]]></media:description>
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                            </item>
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        <title>Acercamiento a la literatura afronariñense</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/acercamiento-a-la-literatura-afronarinense/</link>
        <description><![CDATA[<p>1ª entrega: una posible génesis. El objetivo de estos artículos es hacer un acercamiento a la literatura afronariñense, para lo cual se recurrirá a hacer un paneo general de la manera como ha sido tratada por los cánones tradicionales, teniendo como punto de vista el marco sociopolítico desde el cual se ha hecho. Este trabajo [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><strong>1ª entrega: una posible génesis</strong>. </h2>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex"></figure>



<p>El objetivo de estos artículos es hacer un acercamiento a la literatura afronariñense, para lo cual se recurrirá a hacer un paneo general de la manera como ha sido tratada por los cánones tradicionales, teniendo como punto de vista el marco sociopolítico desde el cual se ha hecho. Este trabajo lo que menos quiere es racializar un tema que a todas luces es universal, sin embargo, se hace necesario enmarcar las concepciones creativas en los territorios desde sus propios hacedores, de tal manera que las cosmogonías pasen de ser un mero ente abstracto especulativo, para comprenderlos desde el puesto del ser humano en el mundo que habita, ya que a todas luces resulta importante la mirada que tiene el afro, el indígena o el mestizo de ese mundo, que no puede ser igual, ya que tras de sí hay una ancestralidad que demarca esos derroteros. La visión de los vencedore jamás será la misma que la de los vencidos, aunque aquí, como en toda dialéctica, el vencedor puede ser mañana un vencido más y el vencido ser mañana un vencedor más. O lo más importante, lograr llegar a consensos para poder reconocer un territorio como algo común, respetando las diferencias y buscando el bien común. Mera utopía, quizá.</p>



<p>Resulta epistémicamente complicado en este caso separar el territorio y la población de un marco geográfico determinado: el Pacífico nariñense. Sin embargo, debe hacerse esta aclaración en razón a dos puntos concretos: el primero, a que este territorio está ocupado mayoritariamente por afros, en un departamento en donde el 66,5 % son mestizos, 17,8 % son afrodescendientes y el 15,7 % son indígenas (Censo Colombia 2018); y el segundo, en razón a que durante buena parte de la historia regional, fueron los blancos quienes impusieron no solamente los procesos educativos, mayoritariamente excluyentes para los no blancos, así mismo como aquellos que difundieron sus obras o la de los suyos, no sin razón una de las primeras imprentas que llegó a la entonces Nueva Granada fue la de Barbacoas, en 1825, creando para entonces el primer periódico del sur-occidente de la actual Colombia, El Pezcador, y de ahí un sinnúmero de publicaciones periódicas, tanto en Barbacoas como en Tumaco, donde lo que se puede apreciar son los escritos de blancos y mestizos, entre estos los migrantes europeos que llegaron al territorio atraídos por la riqueza, tales como italianos, alemanes, franceses, polacos, entre otros, sumándose a una élite blanca excluyente que aprovechó siempre la mano de obra negra o indígena para fomentar y sostener sus fortunas económicas.</p>



<p>De tal manera que por más de 450 años tanto afronariñenses como indígenas no fueron contemplados dentro de los cánones literarios del departamento de Nariño, por lo menos desde el autorreconocimiento a estos dos grupos sociales, ya que si bien se habla de su lugar de origen, en ningún momento se reconoce este importante acento dentro de las concepciones escriturales que de una u otra manera permiten comprender la manera cómo se narra un territorio común con perspectivas diversas. En muchos casos, lo que hay es un “blanqueamiento” de los autores literarios, obedeciendo al canon bogotano -replicado en el pastuso- de que para poder ingresar a ese canon debía seguir demostrándose una pureza de sangre, teóricamente abolida después de la Independencia, es lo que he llamado el “pastocentrismo”, concepto que se desarrollará más adelante.</p>



<p>El ingreso del pastuso a la república fue traumático, ya que una pequeña casta, beneficiada durante más de tres siglos por las prebendas heredadas por los mal llamados conquistadores, y anquilosada en un aislamiento geográfico y social, terminarían por generar un endemismo que buscaba garantizar esa pureza de sangre, por ello no más de 5 familias marcaron el derrotero de una ciudad durante un largo periodo de tiempo. Desde luego que no se puede generalizar, hubo habitantes de la propia ciudad que se sumaron a la causa de la Independencia, movimiento americano que era imparable a inicios del siglo XIX, como aquellos que comprendieron los cambios de una modernidad, incipiente desde luego, que implicaba abrir la ciudad y romper ideológicamente los cercos del Juanambú y del Guáitara.</p>



<p>El territorio de Barbacoas, hoy los 10 municipios que conforman el Pacífico nariñense, perteneció a diferentes entes administrativos durante la colonia: Virreinato del Perú, Virreinato de la Nueva Granada y Presidencia de Quito, dentro de esta última existieron el Partido de Barbacoas y el Partido de Iscuandé, cada uno con teniente de gobernador a cargo. Durante la república, perteneció un breve periodo a Ecuador, luego a la provincia de Popayán, al Estado Soberano del Cauca, al Departamento del Cauca, al Departamento de Nariño, durante un breve periodo al Departamento de Tumaco y finalmente al Departamento de Nariño, sin dejar de mencionar que durante varios periodos fue una Provincia con cierta autonomía política y administrativa. Sin embargo, es también importante reconocer que este territorio ha sentido profundamente el influjo de Quito, Popayán y Pasto, sobre todo por la riqueza aurífera que permitía generar muchas riquezas y enriquecer a las élites de estas ciudades.&nbsp; Esto, que pareciera trivial, es importante demarcarlo, ya que así permite un acercamiento al influjo que ha tenido el territorio ya que el poder económico y político marcarán el derrotero cultural del mismo.</p>



<p>La “Imprenta de Mariano Rodríguez” llegó a Barbacoas en 1825, ahí se publicó “El Pezcador”, del cual no se conocen sino las referencias que hacen tanto Gustavo Arboleda como Sergio Elías Ortiz, de tal manera que se desconoce el contenido del mismo; las imprentas que funcionaron en la ciudad durante el siglo XIX tienen como propietarios a personajes que descollaron tanto en la política como en la economía regionales: Pérez, Díaz del Castillo, Márquez, Hurtado y Ponce, Córdova y Bravo. El contenido de los periódicos y publicaciones era generalmente de carácter comercial y político, ahí se defendían candidaturas y se anunciaban productos, compra y venta de oro, así como uno que otro chisme de corrillo que buscaba hacerse público.&nbsp;</p>



<p>La imprenta en Pasto aparece en 1837, es decir 12 años después que en Barbacoas, el puerto sobre el Telembí donde se asienta una tradición tipográfica importante, en medio de lo descrito en el párrafo anterior, se encuentran también poemas, los más románticos, algunos breves cuentos y algunas descripciones sobre el territorio y las costumbres que ahí se vivencian. La novela aparece tardíamente en lo que es el actual departamento de Nariño, “La expiación de una madre” de Rafael Sañudo, publicada en 1894, quizá el clima de Barbacoas y del territorio del Pacífico nariñense nos privaron de conocer algunas obras literarias, quizá por entregas, como se acostumbraba a hacerla por entonces en los países de habla hispana.</p>



<p>En Tumaco la imprenta aparece en 1878, al igual que en Barbacoas, los apellidos de sus propietarios rememoran a extranjeros que llegaron al territorio y tuvieron buena ventura: Acevedo, Escrucería, Manzi, Ortiz. El contenido igualmente obedece a noticias comerciales, políticas o religiosas. Algunos casos jurídicos son ventilados en sus páginas, y aparecen poemas, cuentos cortos y descripciones del territorio.</p>



<p>Como conclusión de esta primera entrega, en la literatura del periodo no aparecen escritores afronariñenses e indígenas, por lo menos publicados en las páginas de revistas y periódicos de la época, creando así un canon blanqueado, siguiendo los modelos occidentales, que será visibilizado en las primeras décadas del siglo XX en las antologías y estudios de autores publicados en Pasto, Quito, Popayán o Bogotá. Aparecen en este periodo referencias al espacio geográfico, al modo de vida de afros e indígenas, a sus costumbres y algunas tradiciones, inclusive se recogen algunas décimas y cantos que algunos viajeros tuvieron la oportunidad de escuchar, tema en el cual nos detendremos en la siguiente entrega.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 14:50:45 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>125 años de la muerte  de Luis A. Robles, primer ministro negro de Colombia. @mincultura en deuda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/125-anos-de-la-muerte-de-luis-a-robles-primer-ministro-negro-de-colombia-mincultura-en-deuda/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 22 de septiembre de 1899 murió el ilustre guajiro (nacido en Camarones, corregimiento de Riohacha), abogado rosarista, líder del liberalismo en el Congreso de la República. Su Casa-Museo está en ruinas, pese a Ley 570 de 2000. Un hecho que ilustra la importancia política de Luis Antonio &#8220;El Negro&#8221; Robles Suárez en las últimas [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El 22 de septiembre de 1899 murió el ilustre guajiro (nacido en Camarones, corregimiento de Riohacha), abogado rosarista, líder del liberalismo en el Congreso de la República. Su Casa-Museo está en ruinas, pese a Ley 570 de 2000.</p>



<p>Un hecho que ilustra la importancia política de Luis Antonio &#8220;El Negro&#8221; Robles Suárez en las últimas dos décadas del siglo XIX.</p>



<p>&#8220;En septiembre de 1894 muere Rafael Núñez, presidente titular ausente. Gobierna el vicepresidente Miguel Antonio Caro. Luis Antonio Robles —primer ministro negro, en 1876— es el único representante del liberalismo en el Congreso.</p>



<p>Un representante hace el elogio de Núñez y ataca al régimen liberal. Robles sustenta “la tesis radical sobre la traición de Núñez”, según Tomás Rueda Vargas, y anuncia su voto negativo al proyecto de honores.</p>



<p>Fidel Cano, pese al riesgo de suspensión y multa a El Espectador, editorializó que Robles interpretó con “su habitual fidelidad el deber y el sentimiento de sus copartidarios, al no suscribir las expresiones de duelo (…) estamos seguros de que su voto ha sido tan firme cuanto moderada y respetuosamente dado”. </p>



<p>Indalecio Liévano acusó a Robles de diatriba y calumnia, pero <strong>Jacobo Pérez Escobar, </strong>su biógrafo, encontró evidencia que dio la razón a Fidel Cano&#8221;. (Tomado de <a href="https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/historia-para-la-afrocolombianidad-article-347959/">Daniel Mera Villamizar</a>).</p>



<p>Había sido colegial del Colegio Mayor del Rosario en 1871, la máxima distinción, que requiere ser buen estudiante, líder e íntegro. </p>



<p>Desde 2010 hay una placa de mármol en el Rosario que le rinde honores, al lado de la de Rafael Uribe Uribe (gestionada por la Fundación Color de Colombia). </p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;<strong>Luis A. Robles</strong>, 1849-1899<br>colegial, doctor en jurisprudencia<br>catedrático y servidor de la república<br>su vida y obra ejemplares<br>enseñan que la sangre afrocolombiana<br>nutre las raíces de la patria&#8221;.</p><cite>Epígrafe en la placa de honor en la Universidad del Rosario, en Bogotá, redactada por <strong>Luis Enrique Nieto</strong>, entonces secretario general del Claustro. </cite></blockquote></figure>



<p>La inscripción en mármol en el Rosario hace alusión a uno de los discursos más citados del Congreso de la República. Un representante le gritó “negro” como insulto a Luis Antonio Robles, mientras este intervenía. Hubo un silencio.</p>



<p><em>“Esta sangre, la misma de mi raza, sirvió también en la guerra magna para fecundar el árbol de la libertad. </em></p>



<p><em>En la obra de la independencia ni la sangre de los negros escaseó, ni los blancos la hubieran repudiado como innecesaria. </em></p>



<p><em>Sí, pertenezco a la raza redimida por la República, y mi deber es servirle a la que volvió pedazos el yugo secular”</em>, respondió, arrancando atronadores aplausos, un hecho relevante. </p>



<p>Sirva esta introducción para generar interés en la figura de Luis A. Robles y su significado en la historia política y social de Colombia.  Secretario del Tesoro (ministro) de Aquileo Parra en 1876. </p>



<h2 class="wp-block-heading">La Casa-Museo Robles, en ruinas</h2>



<p>El estado de la Casa Robles, en su natal Camarones, es una afrenta a la memoria de uno de los dos héroes afrocolombianos más importantes del siglo XIX. El otro es <strong>José Padilla</strong>, héroe naval de la guerra de independencia, también guajiro. Para colmo, el busto de Robles en bronce fue robado hace 18 meses.</p>



<p>La Casa está lejos de cumplir lo ordenado por el artículo segundo de la Ley 570 de 2000:</p>



<p><em>“Autorízase al Gobierno Nacional, para que, en justicia a su obra rinda honores a su memoria, convirtiendo en monumento nacional la casa que vio su nacimiento, la que funcionará como Casa de la Cultura, Biblioteca y Centro de Capacitación, financiado y administrado por el Ministerio de Cultura o por la institución que el Ministerio asigne en coordinación con las autoridades departamentales y locales”.</em></p>



<p>Y también está lejos de ser una Casa-Museo como corresponde.</p>



<p>El expresidente del Congreso y exministro <strong>Amylkar Acosta Medina</strong>, proponente de la Ley 570 de 2000, ha hecho un llamado a las autoridades:</p>



<p>&#8220;Es deplorable el estado en el que está hoy, que cumple 125 años de su deceso, la casa-museo en donde nació Luis Antonio, el Negro Robles, en su natal Camarones, en medio del olvido, la dejadez y la desidia.</p>



<p>Está a punto de caerse, no hay quien la vigile, por ello se robaron su busto, nadie le da mantenimiento, no cuenta con batería de baño y aseo. El desgreño es total. </p>



<p>Quiero llamar la atención, para evitar que lo que amenaza ruina se convierta en la crónica del colapso anunciado de la que fue declarada Monumento Nacional por mi Ley 570 de 2000, mediante la cual se le rindieron honores. No hay derecho!&#8221;</p>



<p>*Trazador misional de esta publicación de <strong>Fundación Color de Colombia:</strong> <strong>Línea estratégica 1:</strong>  <em>Reconocimiento, cultura e integración.</em> <strong>Programa:</strong> <em> Memoria histórica de los afrocolombianos en la modernidad nacional. </em></p>
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        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105729</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Sep 2024 22:16:55 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Afrocolombianidad.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/afrocolombianidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En la niñez celebrábamos con gran pompa el l2 de octubre, entonces se llamaba el Día de la raza, nos hacían preparar actos académicos y los curas y monjes hacían gala de la herencia hispánica: la religión y el idioma; no faltaba también aquel muchacho, influenciado quizá por lo que escuchaba en casa, que ostentaba [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En la niñez celebrábamos con gran pompa el l2 de octubre, entonces se llamaba el Día de la raza, nos hacían preparar actos académicos y los curas y monjes hacían gala de la herencia hispánica: la religión y el idioma; no faltaba también aquel muchacho, influenciado quizá por lo que escuchaba en casa, que ostentaba con orgullo sus ilustres ancestros supuestamente españoles. Nunca tuve compañeros negros en las aulas, y los pocos indígenas que estudiaban eran casi tratados como parias, se los excluía disimuladamente, provenían estos del Putumayo, donde los monjes tenían también algunos colegios-misiones.<br>Escuchaba a los viejos que a mi abuelo, un ilustre abogado y hombre sabio, lo llamaban “El negro”, así como llamaban a Jorge Eliecer Gaitán en Bogotá, en alusión al color de su piel oscura; supe, por lo que leía en viejos periódicos de los años 40 y 50, que a mi abuelo lo llamaban así con respeto, era “El negro” por su postura intachable, por la fuerza de su convencimiento en sus ideales, por el color de su piel que les recordaba a esos grandes hombres que luchaban por las causas sociales y que finalmente eran invisibilizados.<br>Mi padre y mi madre, recién casados, vivieron en el Chocó, allá pasaron su luna de miel, ahí se amaron, ahí vivieron y soñaron. Entonces ese territorio me parecía idílico por lo que escuchaba, mi padre decía que Bahía Solano era un verdadero paraíso, y mi madre recordaba con humor cómo en una ocasión, acompañando a la caravana que escoltaba al carro que trasportaba el oro, se volcó, y ella, junto con mi padre y otras personas tuvieron que sacar los lingotes del barro, apilarlo y después hacer una rigurosa contabilidad. Entonces la honestidad tenía unos basamentos mucho más profundos.<br>A mi casa llegaba a veces gente negra, amigos de mi padre, era una alegría recibirlos, porque sus voces estridentes alcanzaban casi a sacudir las paredes de calicanto conque estaba hecha; en la huerta se soltaban las jaibas y cangrejos, en la cocina se disponían los cocos y chontaduros, y luego, en el patio solariego, ellos y mi padre tenían charlas que se podían prolongar por días. En una ocasión padecí una enfermedad, la fiebre no bajaba y empecé casi que a delirar, teniendo dos tíos médicos, mi padre le confió mi salud a un curandero negro, quien me dio algo de beber, hizo unos cuantos rezos, y al otro día estaba ya jugando en las calles de la gélida ciudad.<br>Ya un poco más grande, mi hermano mayor fue nombrado Juez en el municipio de Barbacoas, tuvo él la entereza de llevar a una niña y a dos cuasi adolescentes a pasar vacaciones a ese hermoso municipio. El viaje duró más de 15 horas, apilados en un bus donde los únicos mestizos éramos los 4, el resto eran todos negros, y en cada varada, en cada trancón, sus voces alcanzaban a estremecer a la propia selva, algunos maldecían, algunas mujeres cantaban, y para nosotros fue un duro regocijo. Ese fue el primer gran acercamiento al mundo afrocolombiano, allá nos engolosinamos con el pusandao, con los ciruelos y otros frutos que nunca habíamos ni siquiera visto. Estuvimos en la fiesta de la virgen de Atocha, en una procesión donde parecía que el oro que recogieron mis padres había llegado en forma de collares, gargantillas, prendedores, sarcillos y hasta un mondadientes y un cortaúñas que ostentaba vanidoso un negro de más de dos metros de alto.<br>Me gradúe de bachiller, y en el colegio jamás hubo estudiantes negros. Luego ingresé a la Universidad Nacional de Colombia, en la facultad únicamente tenía un compañero negro, era de Roberto Payán, es decir nariñense, y por ende cuando lo veía yo le decía paisano. Así fue el trato, siempre cordial, nos ayudábamos en lo que podíamos y siempre nos despedíamos con un hasta luego paisano. Entonces, muchos de los compañeros no entendían por qué yo le decía paisano a un negro, si sabían que yo era pastuso, como nos dicen a los nariñenses de la sierra cruzando El Mayo. Tenía que explicarles que en Nariño había costa Pacífica, que allá también había negros, que su cultura era maravillosa, que tenían las décimas, que sus cantos eran asombrosos y que la marimba encantaba hasta al más incrédulo.<br>Comprendí entonces lo que quiso decir Aurelio Arturo cuando dijo “Los vientos que cantaron por los países de Colombia”. Lo dicho antes, es para mostrar cómo en un mismo país, en un mismo departamento, y hasta en una misma ciudad, conviven los varios países: uno, el del centralismo y el de las periferias, que se replica también en los departamentos y en las regiones, otro el de las élites que se aprovechan y excluyen a las otredades. A Gaitán lo llamaban las élites negro para ofenderlo, pero el pueblo engrandeció ese nombre; Candelario Obeso, el poeta políglota, no soportó la pobreza y terminó por pegarse un tiro en el estómago; Arnoldo Palacios debió salir al exilio en Paris y tuvieron que pasar décadas para descubrir la importancia de su novela Las estrellas son negras.<br>El 21 de mayo de 1851 el presidente José Hilario López firmó la ley sobre Libertad de Esclavos en el país, la cual entró en vigencia el 1 de enero del siguiente año, pero pasaron décadas para que la libertad fuese una realidad. La ley, tan importante desde luego, dedica 17 de los 19 artículos a regular los fondos de manumisión para los antiguos esclavistas y ninguno para el bienestar de los nuevos colombianos libres. Con cierta vergüenza debo decir que en Nariño era normal ver a muchas familias tener lo que llamaban “sirvientes”, que eran verdaderos esclavos, trabajadores de sol a sol sin devengar un salario, eso es esclavitud, así quiera disfrazarse esta situación con el pomposo nombre de filantropía.<br>En 1511 llegan los primeros 50 negros esclavizados a las Antillas, iniciando un proceso esclavista donde competían portugueses e ingleses, quienes a su vez negociaban con la corona española para introducirlos a los territorios que llamaban conquistados. El primer registro formal aparece en 1518 en las Antillas y el último data de 1873 en Cuba, es decir 355 años ininterrumpidos de africanos esclavizados traídos a América, utilizando la Licencia, el Asiento y, el más común, el Contrabando. De África salieron 90 millones de personas que fueron esclavizadas por europeos, de los cuales 10 millones llegaron a América y de éstos 3 millones a Hispanoamérica desde el siglo XVI, aunque con Colón viajaba el negro Pietro Alonso, quien venía en La Niña en condición de libertad.<br>La esclavitud de hombres y mujeres, niños y ancianos, provenientes del África, constituye, junto con el exterminio de los nativos americanos, el primer y gran holocausto de la humanidad. Un médico de entonces anotaba lo siguiente: “Los negros llegan a la costa con todos los elementos de la enfermedad. Retenidos por grillos y bozales por muchos meses, bebiendo poco, comiendo raíces, frutos silvestres y toda sabandija, desfallecidos por el calor y las fatigas de las marchas, expuestos a todas las intemperies, llegan de Mozambique casi exhaustos”, más de la mitad perecía en el recorrido por los maltratos físicos, el descuido y, por sobre todo, el daño psicológico causado a hombres libres puestos en las más execrables condiciones inhumanas.<br>Los países americanos abolieron la esclavitud en el siguiente orden: Haití (1803), Santo Domingo (1822), Chile (1823), Provincias Unidad de Centroamérica &#8211; Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala – (1824), Bolivia (1826), México (1829), Canadá (1833), Uruguay (1842), Colombia, Panamá y Ecuador (1851), Argentina (1853), Venezuela y Perú (1854), Estados Unidos (1865), Paraguay (1869), Cuba (1886) y Brasil (1888), aunque, como hemos dicho, las condiciones civiles, económicas y culturales fueron difíciles para los nuevos hombres libres, y las formas de esclavitud fueron mudando disfrazadas de servilismo, patronazgo y laboralismo.<br>Mucho antes, cientos de negros esclavizados buscaron su libertad a costa de lo que sea; huían de las ciudades y villas y se internaban en los bosques y guandales para fundar sus propias repúblicas cimarronas y vivir bajo sus propias costumbres, sin ocultar a sus Dioses y pidiéndoles y alabándolos en sus propias lenguas. Miles fueron los Benkos Biohó que se regaron por las marañas de esteros buscando la libertad, muchos fueron capturados nuevamente, otros fueron traicionados y asesinados como él, y muchos otros más lograron huir y morir con la dignidad de pronunciar soy libre con el último aliento de vida.<br>Durante muchos años, negros como José Prudencio Padilla, Manuel Piar o Juan José Nieto, fueron blanqueados para que sus retratos fueran colgados en los museos, para que aparecieran en las cartillas de historia sin causar estupor, y miles de familias en toda Colombia seguían desconociendo sus raíces negras, como las del propio Bolívar, a quien aún tratan de negarle sus ancestros africanos, como si esto fuese un oprobio. Queremos olvidar los nombres de Pedro Luis Mina, Ambrosio Mondongo, Juan José Márquez, Vicente de La Cruz, hombres negros de esta América Latina que dieron sus vidas buscando la libertad para los suyos.<br>Es por ello que los héroes de Tomás Carrasquilla son paisas blancos retratados como titanes homéricos y en los murales de Martínez Delgado o de Pedro Nel Gómez, negros e indios siempre aparecen en posición subyugada y nunca como protagonistas. Y pensar que departamentos como Antioquia, la República Paisa, se han nutrido y enriquecido a costa de los negros del Chocó y de otros territorios, no deberían olvidar que en la colonización paisa muchos negros forjaron con su sudor las armas y los carruajes que los llevaba a invadir los otros países de Colombia, como aun hoy se hace.<br>Nada raro a esto pasa en Popayán o Pasto, ahí las rancias aristocracias tratan de negar las desavenencias de sus abuelos cuando, en Barbacoas o Iscuandé, dejaban regados hijos suyos con las esclavas de las minas, negando toda clase de derechos a sus descendencias; Cartagena sigue siendo la ciudad auto excluyente, ahí los Hay Festival y toda clase de festivales excluyen al negro, la muralla es más que un símbolo que les recuerda a los afrodescendientes los límites que esa sociedad pacata ha impuesto y mantiene.<br>Tanta ignorancia venida de una educación a medias y castrante que hemos recibido. Un racismo que aún se impone sobre la etnicidad, desconociendo los importantes aportes que han hecho hombres y mujeres como Helcías Martán Góngora, Candelario Obeso, Sofonías Yacup, Arnoldo Palacios, Manuel Zapata Olivella, Ana Fabricia Córdoba, Casilda Cundumí, Delia Zapata, Doris Hinestroza, entre muchos otros que han forjado a Colombia, que le han dejado un legado científico, cultural y literario inmenso a la humanidad, hechos y sucesos que nadie jamás podrá negar.<br>No hay que ser experto para darse cuenta que las cifras de la situación de la población afrocolombiana están por debajo de todos los niveles; en muchas regiones aún no hay acueductos ni alcantarillados; los puestos de salud y los hospitales son en la mayoría de los casos un homenaje a la desidia de los gobernantes; la educación obedece a viejos modelos fracasados en otras latitudes y la cátedra de la Afrocolombianidad un bonito título en un libro que nadie lee; la pobreza y la miseria imperan en territorios tratados tradicionalmente con desigualdad e inequidad.<br>José Vasconcelos propuso el concepto de la raza cósmica para poder definir al latinoamericano, es la suma de los sustratos culturales venidos de todos los continentes de la tierra, inicialmente fue una propuesta académica, pero tiene también un contexto de trascendencia hacia un destino común humano. El problema es que en esos sustratos también hemos olvidado sumar partes del todo, crecimos en la escuela y en el colegio como blancos, rezando a un Dios blanco y pensando en el desarrollo y el capital blancos; lo indio era un ideal pasado por el que a veces se suspiraba y lo negro un simple color de unas personas ajenas a nuestra realidad, el mestizaje una realidad que a toda costa trataba de negarse.<br>Hoy, cuando sueño, bien despierto o dormido, me veo atravesando los ríos y las playas donde también crecí con mis ancestros; veo palacios incrustados en lejanos promontorios que me permiten divisar el origen de la humanidad; corro para no ser atrapado por extraños seres venidos de lejos con aliento de odio y manos para esclavizar; siento el estupor y el tedio en los barcos donde me veo también apiñado como los demás; soy un cimarrón más huyendo de los perros blancos de caza; me veo en los palenques fundando ciudades donde la libertad y el miedo fluyen parejos; soy uno más en medio de los arrullos y los alabaos, y a veces los chigualos se elevan también por mí; y vuelvo nuevamente al mundo, recibido por las manos tibias de las parteras sabias; trepo por entre palmas de naidi y veo como los ríos confluyen en el verde océano, trayendo por entre los esteros los caballetes cargados de peces y frutos de esperanzas y sueños.<br>Aparezco en el poema de Aurelio Arturo, y no soy el sueño que le alarga los cabellos, si no la nodriza que, como Jenny Tenorio dice:</p>



<p>Me gritaron negra como un insulto<br>como si eso fuera para mí una ofensa.<br>Me dijeron negra remedando mi acento,<br>como si la burla me hiciera perder<br>el honor que tengo.</p>



<p>Me gritaron negra, para despreciarme<br>por mi piel oscura quieren castigarme.</p>



<p>Me gritaron negra, luego se rieron,<br>pero fueron risas que ignoró hasta el viento.</p>



<p>Y vi la pobreza de esos corazones,<br>que solo reían porque estaban presos<br>en sus propios miedos.</p>



<p>Desconocen ellos<br>que soy, lo que soy.</p>



<p>¡Soy una mujer negra!<br>que lleva orgullosa<br>la herencia africana por todo sus ser.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
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        <pubDate>Tue, 21 May 2024 14:43:46 +0000</pubDate>
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