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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 23 May 2026 14:00:00 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Blogs de afrocolombianas | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¡Pido perdón!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/pido-perdon/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el día de la Afrocolombianidad 2026. Pido perdón por los trece, catorce, quince millones, uno, dos, diez, de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron arrancados de África para ser vendidos como esclavos en las costas de los imperios europeos. Pido perdón por los dos, tres millones, uno, dos, diez, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el día de la Afrocolombianidad 2026.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los trece, catorce, quince millones, uno, dos, diez, de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron arrancados de África para ser vendidos como esclavos en las costas de los imperios europeos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los dos, tres millones, uno, dos, diez, niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que murieron en los barcos esclavistas —el <em>Brookes</em>, el <em>Clotilda</em>, el <em>Zong</em>, el <em>Henrietta Marie</em>, el <em>Guerrero</em>, <em>La Pinta</em>, <em>La Niña</em>, <em>La Santa María</em> y <em>La Santa Mano de Dios</em>—, cuyos cuerpos moribundos fueron pasto de los tiburones del Atlántico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los dos, tres, millones, uno, dos, diez, niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron obligados a levantar las huelgas de hambre y a comer mediante el <em>speculum oris</em>, abriéndoles la boca como a gansos y llenándolos de inmundicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los cuatrocientos ochenta y dos, seiscientos, quinientos, uno, dos, diez esclavos “bien estibados”, que sufrieron el horror de sus captores, “acomodados” como mejor se pudiera para el comercio en cada viaje que surcaba las aguas y llegaba a puertos desconocidos donde eran vendidos como ganado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por las mujeres y hombres bañados en aceite de palma para cubrir las llagas del viaje, cubiertas sus canas y sus heridas con ceniza y brea, para ser vendidos en Bahía, Cartagena, La Habana, Veracruz, Kingston, Charleston y Chagres, Babeles impuestas donde reinaba la confusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los curas y frailes cristianos, apostólicos y romanos; por los pastores bautistas, episcopalianos, metodistas y presbiterianos, que bendecían a los esclavistas, a sus barcos, a sus grilletes, a sus armas y a sus compradores; que levantaron iglesias y templos con las limosnas de éstos; y que se enriquecieron con la trata de personas durante más de trescientos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por la madre o el padre que prefirió asfixiar con sus propias manos a los recién paridos para librarlos de la pesada carga de la vida como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes vencieron el miedo a la muerte y se arrojaron temerarios por los costados de los barcos, muriendo libres entre ondinas y nácares, lejos de sus tierras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres y mujeres que vencieron el miedo al látigo y mataron a sus captores, a los asesinos de sus hijos, de sus padres, de sus parejas, de sus hermanos, de sus amigos, de los otros reconocidos en la fraternidad del dolor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres esclavizados obligados a levantar el látigo contra sus hijos, sus esposas, sus padres, sus hermanos y sus amigos, por miedo a la venganza de sus amos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres y mujeres que tramaron su venganza incendiando las habitaciones, los graneros y los locales del amo, donde este violentaba a las mujeres para satisfacer su falsa hombría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los indiferentes, por aquellos que no hicieron nada y se tragaron sus propios miedos cuando el amo levantaba el látigo y castigaba, cuando prendía el hierro y marcaba, cuando se bajaba los pantalones y violaba, cuando asesinaba por placer, cuando mataba por capricho, cuando levantaba las manos y los puños contra niños y niñas, jóvenes y ancianos, contra hombres y mujeres para quienes la esperanza parecía una quimera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes denunciaron los planes de escape —por miedo, por terror, por envidia— e impidieron que trece, catorce, quince millones, uno, dos o diez alcanzaran la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el dios hebreo, por el dios cristiano, por el dios musulmán, por el dios del hogar, por el dios de la aldea, por los dioses y las diosas que no escucharon los ruegos para salvarse del dolor de la esclavitud; por no concederles la muerte cuando la desearon, por prolongar el dolor cuando la angustia los consumía, por no favorecer el escape propio o el de los suyos, por no arrancarles la vida a la hija y al hijo, a la madre y al padre, al esposo y a la esposa, a la amiga o al amigo, al vecino, al conocido, cuando levantaron la mirada al cielo pidiendo su intervención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien sembró, por quien taló y perfiló los maderos, por quien construyó los barcos para atravesar el mar llevando como carga los llantos y lamentos de niños y niñas, de jóvenes y ancianos, de mujeres y hombres que fueron cazados y luego vendidos como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el herrero que forjó el hierro para hacer las cadenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien curtió el cuero y por quien hizo los látigos para afrentar los cuerpos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien extrajo el oro, por quien acuñó las monedas, por quien extendió el crédito sobre un papel para pagar los cuerpos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien compró, por quien se antojó de una piel negra, por quien deseó unas caderas negras, por quien quiso cubrir sus manchas de pecado con cuerpos femeninos y masculinos negros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los asentistas que monopolizaron la venta de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres arrancados de sus casas, de sus hogares, de sus pueblos, de sus naciones, de sus patrias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los agentes de factoría, representantes de las compañías europeas, que compraban niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres de África.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los tratantes que transportaban como bestias a niños y niñas, a jóvenes y ancianos, a mujeres y hombres, desde sus hogares hasta costas desconocidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los capitanes y grumetes que transportaban en sucios barcos a niños y niñas, a jóvenes y ancianos, a mujeres y hombres arrancados de sus hogares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por las autoridades fiscales que autorizaban las licencias de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres esclavizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los veedores que se hicieron ciegos y sordos cuando debían certificar el estado en que llegaban los niños y las niñas, los jóvenes y los ancianos, las mujeres y los hombres traídos como animales desde África.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien no les ofreció una voz de consuelo, un pan como alimento, una oración como alivio, una mano amiga, a quienes llegaban martirizados desde lejanas tierras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el Papa, por los cardenales, arzobispos y obispos que se taparon los ojos para favorecer su simonía con la trata de esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hijos e hijas que desconocieron a sus progenitores negros para justificar su limpieza de sangre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien tuvo en sus manos la posibilidad de concederles la libertad y no lo hizo, negándoles el más importante de los derechos divinos y humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien los condujo a las minas, a las haciendas y a las mansiones para convertirlos en esclavos y torturarlos con el trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes han contado la historia a su antojo para justificar el holocausto africano en tierras europeas y americanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por la xenofobia y el racismo imperantes en la sociedad actual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, ahorcó y descuartizó a Benkos Biohó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, denunció, atrapó y degolló a Zumbi dos Palmares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, atrapó y quemó vivo a François Makandal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el carcelero que negó la atención médica a Toussaint Louverture, dejándolo morir en medio del padecimiento, el dolor y el frío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien ordenó, por quien ahorcó y por quien desmembró a siete mujeres y a veintiocho hombres esclavizados en México el 2 de mayo de 1612.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien asesinó y descuartizó a Carlota y por quien fusiló a Fermina, esclavas en un ingenio de Cuba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a trabajos perpetuos a las cuatro reinas de las Islas Vírgenes: Mary Thomas, Axeline Elizabeth Salomon, Mathilda McBean y Susanna Abramson.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a trabajos forzados a la líder Zeferina en Salvador de Bahía, Brasil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a doscientos latigazos y ordenó el destierro de Juana; por quien condenó y asesinó a su esposo Domingo; por quien capturó, latigó y revendió como esclavos a los doscientos cincuenta hombres y mujeres de Matudere, entre ellos los hijos de Juana y Domingo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien apresó y desterró de Tumaco a Cartagena de Indias al negro liberto Vicente de la Cruz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los jesuitas, por tener un Papa negro y no jesuitas negros, y por todas las órdenes menores y mayores que los excluyeron o aún los excluyen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los ejércitos, las marinas, las aviaciones y las policías que han demorado en poner sobre los hombros de mujeres y hombres negros las estrellas del generalato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por Robert Baden-Powell, invasor inglés que se inspiró en los guerreros africanos para fundar el movimiento scout y que durante tantas décadas no integró a niños y niñas negros en sus filas; por haber ordenado asesinar, en un juicio injusto, al líder y divinidad makalaka Uwini.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los reyes y reinas europeos que invadieron África e hicieron del continente el deleite de sus riquezas y el escenario de sus propios oprobios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por Leopoldo II, quien mutiló a niños y niñas, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres; pido perdón por “el Carnicero del Congo”, quien ordenó asesinar a quince millones de personas; pido perdón por los doscientos hombres y mujeres expuestos en un zoológico humano por este “rey constructor” durante la Exposición Universal de Bruselas de 1897.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el olvido estructural de miles de mujeres y hombres que lucharon por su libertad y cuyos nombres se diluyeron en su propia sangre, en sus cuerpos sacrificados, convertidos en abono para la tierra de sus descendientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el racismo latente, por el pan de cada día de hombres y mujeres que siguen siendo excluidos de trabajos, de clubes, de profesiones, de iglesias, de templos y de conglomerados por el color de su piel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron esclavizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron esclavizados y asesinados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron golpeados, mutilados y marcados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que vivieron y murieron como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres esclavizados cuyos nombres han sido olvidados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que se opusieron a la esclavitud, lucharon por la libertad y cuyos nombres han sido olvidados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón, yo, uno más entre muchos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón en nombre de toda la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Mauricio Chaves-Bustos</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129336</guid>
        <pubDate>Thu, 21 May 2026 12:17:28 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Marta Quiñónez, entre paredes y ríos.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/marta-quinonez-entre-paredes-y-rios/</link>
        <description><![CDATA[<p>Existe el debate de si es necesario separar la obra del autor, irremediable si nos atenemos a los cánones occidentales; en un mundo contemporáneo donde lo sintiente constituye también parte del legado humano, que junto al intelectual permite comprender el mundo en un contexto más amplio, es posible no separar jamás la obra del autor. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe el debate de si es necesario separar la obra del autor, irremediable si nos atenemos a los cánones occidentales; en un mundo contemporáneo donde lo sintiente constituye también parte del legado humano, que junto al intelectual permite comprender el mundo en un contexto más amplio, es posible no separar jamás la obra del autor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto, para hablar de Marta Quiñónez, la mujer y la autora. Quizá en ella se resume esa bella expresión de la filósofa y escritora española María Zambrano cuando afirma: “La razón poética es el pensamiento que no renuncia a la vida”, porque es lo que siento y presiento cuando evoco a Marta, la mujer extrovertida, la mujer que se vuelve huracán con su presencia, la mujer irreverente que es capaz de romper todos los convencionalismos sociales para expresar sus pensamientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es también la Marta que se pone contemplativa, cuando escucha al universo, absorta en sus pensamientos, de tal manera que, frente a ese huracán que emerge súbitamente, puede aparecer Marta meditativa que pareciera pensar detenidamente lo que va a decir, no para decir una sarta de palabras sin sentido, sino para desprender la palabra como si fuese filigrana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conocí cuando tuve la fortuna de dirigir una de las versiones del Festival de Poesía Aurelio Arturo, en La Unión, Nariño. Era, además, un territorio atravesado por la presencia del poeta, romantizado casi hasta la exacerbación —como puede atestiguarlo la propia Marta—, un lugar donde sus habitantes han permanecido repitiendo, como una consigna íntima, que allí “el verde es de todos los colores”. Jamás habían llevado voces afrocolombianas, y menos aún voces de mujeres. Por eso, aquella fue la oportunidad de que, en medio de esa geografía poética ya consagrada, irrumpieran otras voces: que en la voz de mujeres afro se recuperara toda la interioridad que puede sustraerse de lo que significa la <em>Morada al Sur</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, la morada que es sinónimo de casa. Fue ahí donde recibí de sus propias manos ese poemario construido, literalmente, con sus manos y con su pensamiento poético: la necesidad de tener un refugio, un lugar donde ser, amar, dejar de ser y desamar… Casa es una evocación también literal a la forma como Marta busca honestamente conseguir sus propias cosas, construida poco a poco en la palabra y en la existencia real:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Ese espejismo en gris ocre</em><br><em>esa necesidad de morada</em><br><em>ese anclarse a la tierra</em><br><em>como árbol</em><br><em>La casa.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1003" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083103/MARTA-QUINONEZ-CASA-1024x1003.jpg" alt="" class="wp-image-128738" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083103/MARTA-QUINONEZ-CASA-1024x1003.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083103/MARTA-QUINONEZ-CASA-300x294.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083103/MARTA-QUINONEZ-CASA-768x752.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083103/MARTA-QUINONEZ-CASA.jpg 1357w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Casa es una invocación al espacio para habitar, ¿acaso la patria y sus despojadores, que privan a muchos de esos sueños, lugar donde habitan nuestros muertos, lugar de deseo de los despojados y empache de los despojadores? De todas formas, lugar, porque “El alma necesita un lugar donde recogerse”, vuelve a anunciar María Zambrano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Agua Prieta</em>, Marta hace una perpetua metáfora de este país de ríos, de serpientes que reptan por la memoria de quienes lo habitamos. Para ella es el Atrato, para mí es el pedregoso Guáitara, pero también el Telembí —esmeralda desleída—, que desemboca en el Mira, para unirse en los mares de Colombia sin olvidar el camino, memoria líquida que es vena y arteria en un país que olvida fácilmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Agua Prieta</em> no es la descripción romántica del agua en vertiente. Al contrario, es la voz de Marta que se vuelve denuncia ante la impotencia de una guerra fratricida que arrastra muertos como peces, evocación de cuerpos no reclamados y siempre llorados por los suyos ante la indiferencia de muchos. Es un recorrido por la memoria negra de un país blanqueado y rezandero:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>con el cuerpo gestuado</em><br><em>quiso saber del vocablo guerra</em><br><em>venía de tan lejos</em><br><em>aprendió geografía en sus sonidos</em><br><em>supo de la existencia de largos ríos</em><br><em>que atraviesan el mundo</em><br><em>y van al mar.</em></p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="685" data-id="128739" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-1024x685.jpg" alt="" class="wp-image-128739" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-1024x685.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-300x201.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-768x514.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-1536x1027.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/05083209/MARTA-QUINONEZ-CUENTOS-ENTRE-EL-BOSQUE-Y-LA-LUNA.-PARA-SUBIR-AL-CIELO-2048x1370.jpg 2048w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos volvimos a encontrar con Marta en Tumaco, físicamente distante de su Apartadó, pero espiritualmente unidos por los mismos orishas que siguen habitando el espacio: Ochún en los ríos y anunciándose con los truenos como Shangó. Su voz hizo gala de irreverencia como en un estuario donde se combinan el agua dulce con la salada. Ahí puso a pensar a las niñas que la escuchaban en los colegios, a los adultos que la acogieron como una suya más, en ese Pacífico que es sinónimo y antónimo a la vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiñónez, M. (2019). <em>Casa. </em>Medellín: Edición Independiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiñónez, M. (2025). <em>Agua Prieta. </em>Medellín: Edición Independiente.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128736</guid>
        <pubDate>Tue, 05 May 2026 13:36:00 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>La muñeca negra, Mary Grueso Romero.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/la-muneca-negra-mary-grueso-romero/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp; En diciembre de hace algún tiempo me encontraba en Tumaco, afanado para llevar un regalo a mi nieta, pensé en una muñeca negra, de tal manera que me fui al centro de la ciudad, donde pensé con seguridad encontrarla. Fui primero a los almacenes más grandes, donde venden ropa y juguetes de todo tipo, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_86970" aria-describedby="caption-attachment-86970" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-86970" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/10/MARY-GRUESO-CON-NIÑAS-Y-MUÑECAS-NEGRAS-300x117.jpg" alt="" width="300" height="117" /><figcaption id="caption-attachment-86970" class="wp-caption-text">Poeta Mary Grueso Romero (Fuente: Cinep).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En diciembre de hace algún tiempo me encontraba en Tumaco, afanado para llevar un regalo a mi nieta, pensé en una muñeca negra, de tal manera que me fui al centro de la ciudad, donde pensé con seguridad encontrarla. Fui primero a los almacenes más grandes, donde venden ropa y juguetes de todo tipo, sin embargo las mismas dependientes, todas afrocolombianas, se asombraban ante mi requerimiento. Algunas hasta soltaban sonoras carcajadas, tal vez por el asombro o por la solicitud que a ellas mismas les parecía curioso. Así recorrí todo el Tumaco comercial, sin encontrar más que muñecas blancas, la mayoría rubias, estilizadas algunas, otras hechas rechonchos bebes, algunas barbies en sus ostentosas cajas, pero ninguna muñeca negra, como la buscaba yo. Lo más parecido fue una Moana, que por entonces estaba en pleno furor, inclusive traía su propio remo, que en el Pacífico se conoce como canalete, de tal manera que después de buscar por horas, me contenté con la Moana para mi nieta, qué más podía hacer.</p>
<p>A mi hija en su niñez también buscamos darle su muñeca negra, en Bogotá es más fácil conseguirla, de tal manera que aunque no era lo que buscábamos con mi esposa, ya que con lo que dimos era un bebé negro al que popularmente se conocía como Cuco Valoy, debido a la prominente calva con que fueron hechos, en alusión al célebre cantante dominicano; así mismo, mi hermana le trajo de Cuba una linda muñeca negra elaborada en trapo, la cual aún conserva mi hija como un recuerdo imperecedero.</p>
<p>Pero, ¿cuál era nuestro interés verdadero para regalarles muñecas negras? No encuentro un motivo real, sinceramente, quizá la pretensión nuestra fue mostrarles a nuestros hijos, desde su infancia, que no existen diferencias por motivos de color, que el racismo es una secuela absurda de un pensamiento fundado en las pretensiones de una supuesta superioridad blanca, que en el respeto a las diferencias radica el reconocimiento propio como sujetos. Quizá, también salía a flote mi creencia en que tengo ancestros afros, no por nada a mi abuelo paterno, quien se destacó por su inteligencia y ocupó diferentes dignidades públicas, se lo conocía como “el negro Chaves Chaves”, al igual que como se conocía a “el negro Gaitán”, aunque militaron en orillas políticas diferentes. Tal vez con ello he buscado llenar un vacío genealógico que aún sigo rastreando y que se vuelve tan dificultoso debido a la falta de fuentes y de documentos que así lo demuestren.</p>
<p>El tema de la muñeca, no es tan sencillo como parece, habla de como el país creció bajo los postulados de un desarrollo moderno amparado en la razón occidental, en donde el prototipo de lo bello, lo hermoso y lo bueno era lo blanco, no en vano el célebre poema hecho bolero, “angelitos negros”, del poeta venezolano Andrés Eloy Blanco y musicalizado por el mexicano Manuel Álvarez, una de cuyas estrofas dice: “que cuando pintas tus Vírgenes / pintas angelitos bellos, / pero nunca te acordaste / de pintar un ángel negro”, es como un grito que reclama a una sociedad que desconoce todo aquello que no estuviera dentro del marco de lo que muchos denominaron por tanto tiempo “lo normal”, así se blanquearon próceres y presidentes, así se desconoció, bajo el amparo de constituciones excluyentes, la pluralidad étnica y cultural que conviven bajo un mismo cielo.</p>
<p>Es por ello que en el imaginario colectivo el negro no fue considerado como ese supuesto modelo escogido para formar la patria, así lo recuerda la poeta guapireña Mary Grueso Romero, quien da cuenta de como en las cartillas escolares con las que ella misma se educó, nunca aparecía un afrodescendiente en el papel de padre, madre o hijo modelo, escasamente, recuerda, el 12 de octubre se escogía a una pareja de negros para que bailaran con taparrabo, sosteniendo de esta manera un estereotipo que permaneció en el colectivo colombiano durante tanto tiempo.</p>
<p>Se debe en gran parte a la poeta Mary Grueso un proceso de inclusión y de denuncia de todo acto racista y excluyente que se haga en cualquier lugar, por eso ella, desde la literatura, parte del presupuesto básico de que es mediante la educación que esta sociedad puede transformarse, para evitar así que se discrimine por el color de la piel o por la posición social o el dinero que se tenga. Fundada en sus propios recuerdos, la poeta evoca esos momentos cuando debió enfrentarse a sí misma e identificarse con su propio color, reconociendo en ello la belleza que ahí existe, desde la diferencia, como insistentemente lo recalca, de tal manera que el proceso identitario arranca por uno mismo, para desde ahí ejercer un papel pedagógico de constante enseñanza y aprendizaje, por eso levanta su voz como un verdadero grito y exclama:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NEGRA SOY</p>
<p>¿Por qué me dicen morena?</p>
<p>Si moreno no es color</p>
<p>Yo tengo una raza que es negra,</p>
<p>Y negra me hizo Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y otros arreglan el cuento</p>
<p>Diciéndome de color</p>
<p>Dizque pa` endulzarme la cosa</p>
<p>Y que no me ofenda yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo tengo una raza pura</p>
<p>Y de ella orgullosa estoy</p>
<p>De mis ancestros africanos</p>
<p>Y del sonar del tambó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo vengo de una raza que tiene</p>
<p>Una historia pa´contá</p>
<p>Que rompiendo sus cadenas</p>
<p>Alcanzó la libertá.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sangre y fuego rompieron,</p>
<p>Las cadenas de opresión</p>
<p>Y ese yugo esclavista</p>
<p>Que por siglos nos aplastó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sangre en mi cuerpo</p>
<p>Se empieza a desbocá</p>
<p>Se me sube a la cabeza</p>
<p>Y comienzo a protestá</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo soy negra como la noche,</p>
<p>Como el carbón mineral,</p>
<p>Como las entrañas de la tierra</p>
<p>Y como el oscuro pedernal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así que no disimulen</p>
<p>Llamándome de color</p>
<p>Diciéndome morena</p>
<p>Porque negra es que soy yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_86971" aria-describedby="caption-attachment-86971" style="width: 249px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-86971" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/10/niños--249x300.jpg" alt="Niñas de Candelilla La Mar, Tumaco. (Foto: JMCHB). " width="249" height="300" /><figcaption id="caption-attachment-86971" class="wp-caption-text">Niñas de Candelilla La Mar, Tumaco. (Foto: JMCHB).</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay en sus libros una invitación constante para la reafirmación de esa identidad afrocolombiana, rompiendo con ello estereotipos y fundando desde la palabra escrita un escenario en donde la poesía, el cuento y el ensayo le dicen a esa Colombia excluyente que hay una literatura afrocolombiana que se afianza en su cultura, tan amplia como el Pacífico y el Atlántico, que por ambos lados nos conecta con el África originaria.</p>
<p>Conocí a la poeta Mary Grueso hace algunos años en Pasto, nos habían invitado a un recital, y en el hotel, me sorprendió ver a una mujer inmensa, que a medida que la fui conociendo se fue haciendo más gigante, soportando ese frio serrano que baja desde el Galeras y cala hasta los huesos. Pero ella, con el embate propio de las mujeres, me decía que ese frio se vence desde adentro, y salió entonces su voz poética para ahuyentar las gélidas sensaciones. En los escenarios donde nos presentamos, quienes la conocían reafirmaron su talento prodigioso para llegarle al público, y quienes la veían y escuchaban por primera vez, quedaron atrapados en su red de encantos poéticos afrocolombianos.</p>
<p>Su ejercicio pedagógico está ligado a su ejercicio literario, es maestra por vocación pero es un alma negra que llegó del África con sus ancestros y que exige los rituales del reconocimiento de su propia estirpe, por eso evoca esa ancestralidad que les permite a los afrocolombianos de hoy resignificar su propia grandeza, el legado cultural que le van dejando al mundo, por eso, más allá de su justo reclamo, se ancla en la grandeza de un pueblo desde su propia manera de hablar y de sentir, asentando con toda propiedad que hay ahí una literatura que permite resignificar lo negro, durante tanto tiempo excluido de pénsums y programas académicos.</p>
<p>Las mamás negras les hacen a sus hijas las muñecas negras, forma parte de sus ritualidades, así lo recoge la poeta Mary en sus conversas, eso permite un acercamiento simbólico y lúdico con lo que es la propia identidad. Pero la anécdota narrada, sobre la muñeca negra en Tumaco, no deja de ser preocupante para quienes creemos en los fundamentos sinceros de una sociedad democrática y pluralista, ¿qué pasa con aquellos que en los almacenes, los libros, la televisión, la publicidad, textos escolares, únicamente ven un prototipo de personas, generalmente blancas, como prototipo del ser nacional o latinoamericano?  No encontrar una muñeca negra en un territorio de afrocolombianos habla de la forma como nos imaginamos a nosotros mismos como nación. Es por ello por lo que las voces como las de Mary Grueso deben ser escuchadas, pero más que eso, deben ser asimiladas también por las administraciones, que haya verdadera injerencia en las políticas públicas que permitan realmente vivir en un Estado social y de derecho. La muñeca negra, quizá es solo un pretexto para mostrar que seguimos siendo un país excluyente, centralizado y formado bajo los postulados de la “normalización”, cuando lo que hay es una realidad que excluye y encasilla dependiendo del color de la piel o de la posición social que se ocupe.</p>
<p>Yo, por lo pronto, seguiré insistiendo y quedaré feliz cuando vaya a un territorio afro y pueda conseguir en cualquier tienda una muñeca negra, como bien lo canta nuestra maravillosa poeta colombiana, Mary Grueso Romero:</p>
<p>Le pedí a Dios una muñeca</p>
<p>pero no me la mandó;</p>
<p>se la pedí tanto, tanto,</p>
<p>pero de mí no se acordó.</p>
<p>Se la pedí a mi mamá</p>
<p>y me dijo: “pedísela duro a Dios”,</p>
<p>y me jinqué de rodillas</p>
<p>pero a mí no me escuchó.</p>
<p>Se la pedía de mañanita</p>
<p>antes de rayar el sol</p>
<p>para que así tempranito</p>
<p>me oyera primero a yo.</p>
<p>Quería una muñeca</p>
<p>que fuera como yo:</p>
<p>con ojos de chocolate</p>
<p>y la piel como un carbón.</p>
<p>Y cuando le dije a mi taita</p>
<p>lo que estaba pidiendo yo</p>
<p>me dijo que muñeca negra</p>
<p>del cielo no manda Dios;</p>
<p>“buscáte un pedazo’e trapo</p>
<p>y hacé tu muñeca vo”.</p>
<p>Yo muy tristecita</p>
<p>me fui a llorá a un rincón</p>
<p>porque quería una muñeca</p>
<p>que fuera de mi color.</p>
<p>Mi mamá muy angustiada,</p>
<p>de mí se apiadó</p>
<p>y me hizo una muñeca</p>
<p>oscurita como yo.</p>
<p><figure id="attachment_86972" aria-describedby="caption-attachment-86972" style="width: 300px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-86972" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/10/MARY-GRUESO-LA-MUÑEA-NEGRA-LIBRO-300x296.jpg" alt="" width="300" height="296" /><figcaption id="caption-attachment-86972" class="wp-caption-text">Libro La muñeca negra. Bogotá: Apidama Ediciones , 2018.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=86969</guid>
        <pubDate>Thu, 28 Oct 2021 12:21:38 +0000</pubDate>
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