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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Blogs de Afroamericano | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¡Pido perdón!</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/pido-perdon/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el día de la Afrocolombianidad 2026. Pido perdón por los trece, catorce, quince millones, uno, dos, diez, de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron arrancados de África para ser vendidos como esclavos en las costas de los imperios europeos. Pido perdón por los dos, tres millones, uno, dos, diez, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el día de la Afrocolombianidad 2026.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los trece, catorce, quince millones, uno, dos, diez, de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron arrancados de África para ser vendidos como esclavos en las costas de los imperios europeos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los dos, tres millones, uno, dos, diez, niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que murieron en los barcos esclavistas —el <em>Brookes</em>, el <em>Clotilda</em>, el <em>Zong</em>, el <em>Henrietta Marie</em>, el <em>Guerrero</em>, <em>La Pinta</em>, <em>La Niña</em>, <em>La Santa María</em> y <em>La Santa Mano de Dios</em>—, cuyos cuerpos moribundos fueron pasto de los tiburones del Atlántico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los dos, tres, millones, uno, dos, diez, niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, que fueron obligados a levantar las huelgas de hambre y a comer mediante el <em>speculum oris</em>, abriéndoles la boca como a gansos y llenándolos de inmundicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los cuatrocientos ochenta y dos, seiscientos, quinientos, uno, dos, diez esclavos “bien estibados”, que sufrieron el horror de sus captores, “acomodados” como mejor se pudiera para el comercio en cada viaje que surcaba las aguas y llegaba a puertos desconocidos donde eran vendidos como ganado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por las mujeres y hombres bañados en aceite de palma para cubrir las llagas del viaje, cubiertas sus canas y sus heridas con ceniza y brea, para ser vendidos en Bahía, Cartagena, La Habana, Veracruz, Kingston, Charleston y Chagres, Babeles impuestas donde reinaba la confusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los curas y frailes cristianos, apostólicos y romanos; por los pastores bautistas, episcopalianos, metodistas y presbiterianos, que bendecían a los esclavistas, a sus barcos, a sus grilletes, a sus armas y a sus compradores; que levantaron iglesias y templos con las limosnas de éstos; y que se enriquecieron con la trata de personas durante más de trescientos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por la madre o el padre que prefirió asfixiar con sus propias manos a los recién paridos para librarlos de la pesada carga de la vida como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes vencieron el miedo a la muerte y se arrojaron temerarios por los costados de los barcos, muriendo libres entre ondinas y nácares, lejos de sus tierras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres y mujeres que vencieron el miedo al látigo y mataron a sus captores, a los asesinos de sus hijos, de sus padres, de sus parejas, de sus hermanos, de sus amigos, de los otros reconocidos en la fraternidad del dolor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres esclavizados obligados a levantar el látigo contra sus hijos, sus esposas, sus padres, sus hermanos y sus amigos, por miedo a la venganza de sus amos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hombres y mujeres que tramaron su venganza incendiando las habitaciones, los graneros y los locales del amo, donde este violentaba a las mujeres para satisfacer su falsa hombría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los indiferentes, por aquellos que no hicieron nada y se tragaron sus propios miedos cuando el amo levantaba el látigo y castigaba, cuando prendía el hierro y marcaba, cuando se bajaba los pantalones y violaba, cuando asesinaba por placer, cuando mataba por capricho, cuando levantaba las manos y los puños contra niños y niñas, jóvenes y ancianos, contra hombres y mujeres para quienes la esperanza parecía una quimera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes denunciaron los planes de escape —por miedo, por terror, por envidia— e impidieron que trece, catorce, quince millones, uno, dos o diez alcanzaran la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el dios hebreo, por el dios cristiano, por el dios musulmán, por el dios del hogar, por el dios de la aldea, por los dioses y las diosas que no escucharon los ruegos para salvarse del dolor de la esclavitud; por no concederles la muerte cuando la desearon, por prolongar el dolor cuando la angustia los consumía, por no favorecer el escape propio o el de los suyos, por no arrancarles la vida a la hija y al hijo, a la madre y al padre, al esposo y a la esposa, a la amiga o al amigo, al vecino, al conocido, cuando levantaron la mirada al cielo pidiendo su intervención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien sembró, por quien taló y perfiló los maderos, por quien construyó los barcos para atravesar el mar llevando como carga los llantos y lamentos de niños y niñas, de jóvenes y ancianos, de mujeres y hombres que fueron cazados y luego vendidos como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el herrero que forjó el hierro para hacer las cadenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien curtió el cuero y por quien hizo los látigos para afrentar los cuerpos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien extrajo el oro, por quien acuñó las monedas, por quien extendió el crédito sobre un papel para pagar los cuerpos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien compró, por quien se antojó de una piel negra, por quien deseó unas caderas negras, por quien quiso cubrir sus manchas de pecado con cuerpos femeninos y masculinos negros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los asentistas que monopolizaron la venta de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres arrancados de sus casas, de sus hogares, de sus pueblos, de sus naciones, de sus patrias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los agentes de factoría, representantes de las compañías europeas, que compraban niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres de África.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los tratantes que transportaban como bestias a niños y niñas, a jóvenes y ancianos, a mujeres y hombres, desde sus hogares hasta costas desconocidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los capitanes y grumetes que transportaban en sucios barcos a niños y niñas, a jóvenes y ancianos, a mujeres y hombres arrancados de sus hogares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por las autoridades fiscales que autorizaban las licencias de niños y niñas, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres esclavizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los veedores que se hicieron ciegos y sordos cuando debían certificar el estado en que llegaban los niños y las niñas, los jóvenes y los ancianos, las mujeres y los hombres traídos como animales desde África.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien no les ofreció una voz de consuelo, un pan como alimento, una oración como alivio, una mano amiga, a quienes llegaban martirizados desde lejanas tierras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el Papa, por los cardenales, arzobispos y obispos que se taparon los ojos para favorecer su simonía con la trata de esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los hijos e hijas que desconocieron a sus progenitores negros para justificar su limpieza de sangre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien tuvo en sus manos la posibilidad de concederles la libertad y no lo hizo, negándoles el más importante de los derechos divinos y humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien los condujo a las minas, a las haciendas y a las mansiones para convertirlos en esclavos y torturarlos con el trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quienes han contado la historia a su antojo para justificar el holocausto africano en tierras europeas y americanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por la xenofobia y el racismo imperantes en la sociedad actual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, ahorcó y descuartizó a Benkos Biohó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, denunció, atrapó y degolló a Zumbi dos Palmares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien traicionó, atrapó y quemó vivo a François Makandal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el carcelero que negó la atención médica a Toussaint Louverture, dejándolo morir en medio del padecimiento, el dolor y el frío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien ordenó, por quien ahorcó y por quien desmembró a siete mujeres y a veintiocho hombres esclavizados en México el 2 de mayo de 1612.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien asesinó y descuartizó a Carlota y por quien fusiló a Fermina, esclavas en un ingenio de Cuba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a trabajos perpetuos a las cuatro reinas de las Islas Vírgenes: Mary Thomas, Axeline Elizabeth Salomon, Mathilda McBean y Susanna Abramson.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a trabajos forzados a la líder Zeferina en Salvador de Bahía, Brasil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien condenó a doscientos latigazos y ordenó el destierro de Juana; por quien condenó y asesinó a su esposo Domingo; por quien capturó, latigó y revendió como esclavos a los doscientos cincuenta hombres y mujeres de Matudere, entre ellos los hijos de Juana y Domingo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por quien apresó y desterró de Tumaco a Cartagena de Indias al negro liberto Vicente de la Cruz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los jesuitas, por tener un Papa negro y no jesuitas negros, y por todas las órdenes menores y mayores que los excluyeron o aún los excluyen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los ejércitos, las marinas, las aviaciones y las policías que han demorado en poner sobre los hombros de mujeres y hombres negros las estrellas del generalato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por Robert Baden-Powell, invasor inglés que se inspiró en los guerreros africanos para fundar el movimiento scout y que durante tantas décadas no integró a niños y niñas negros en sus filas; por haber ordenado asesinar, en un juicio injusto, al líder y divinidad makalaka Uwini.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los reyes y reinas europeos que invadieron África e hicieron del continente el deleite de sus riquezas y el escenario de sus propios oprobios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por Leopoldo II, quien mutiló a niños y niñas, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres; pido perdón por “el Carnicero del Congo”, quien ordenó asesinar a quince millones de personas; pido perdón por los doscientos hombres y mujeres expuestos en un zoológico humano por este “rey constructor” durante la Exposición Universal de Bruselas de 1897.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el olvido estructural de miles de mujeres y hombres que lucharon por su libertad y cuyos nombres se diluyeron en su propia sangre, en sus cuerpos sacrificados, convertidos en abono para la tierra de sus descendientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por el racismo latente, por el pan de cada día de hombres y mujeres que siguen siendo excluidos de trabajos, de clubes, de profesiones, de iglesias, de templos y de conglomerados por el color de su piel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron esclavizados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron esclavizados y asesinados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que fueron golpeados, mutilados y marcados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que vivieron y murieron como esclavos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres esclavizados cuyos nombres han sido olvidados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón por los millones de mujeres y hombres que se opusieron a la esclavitud, lucharon por la libertad y cuyos nombres han sido olvidados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón, yo, uno más entre muchos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pido perdón en nombre de toda la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">J. Mauricio Chaves-Bustos</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129336</guid>
        <pubDate>Thu, 21 May 2026 12:17:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Pido perdón!]]></media:description>
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        <item>
        <title>Nueva edición de “Litoral Recóndito&amp;#8221;, libro de Sofonías Yacup Caicedo.</title>
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        <description><![CDATA[<p>&nbsp; La primera edición de este importante libro fue publicada por el autor en 1934, Bogotá: Editorial Renacimiento; la segunda edición apareció en 1976, Buenaventura, : Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales y del Patrimonio Sociocultural del Litoral Pacífico, prólogo de A. Libreros; la tercera edición apareció en 1990, editorial y prólogo igual [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_93772" aria-describedby="caption-attachment-93772" style="width: 207px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-93772" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-207x300.jpg" alt="Edición Unicauca, 2022. " width="207" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-207x300.jpg 207w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-103x150.jpg 103w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO.jpg 346w" sizes="(max-width: 207px) 100vw, 207px" /><figcaption id="caption-attachment-93772" class="wp-caption-text">Edición Unicauca, 2022.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera edición de este importante libro fue publicada por el autor en 1934, Bogotá: Editorial Renacimiento; la segunda edición apareció en 1976, Buenaventura, : Asociación para la Defensa de los Recursos Naturales y del Patrimonio Sociocultural del Litoral Pacífico, prólogo de A. Libreros; la tercera edición apareció en 1990, editorial y prólogo igual a la anterior.</p>
<p>El sello editorial de la Universidad del Cauca publicó en 2022 la cuarta edición, la cual forma parte de la colección <em>Posteris Lvmen</em>, con la cual se busca conmemorar los 200 años de la fundación de la Universidad en 2027, fecha para la cual se espera publicar cien títulos, siendo este uno de los escogidos para iniciar la colección. El libro lleva un prólogo del profesor caucano Alfredo Vanín, donde resalta el significativo aporte de Yacup al pensamiento afrocolombiano.</p>
<p>Con el paso de los años, donde los derechos han sido conquistados por las comunidades tradicionalmente excluidas en un país mestizo que posa por blanco, el libro ha ido teniendo cada vez más lectores y más estudios que tratan de comprender -tarea no siempre fácil- el proceso de aislamiento de una gran parte del país, donde la riqueza natural y humana aparecen en abundancia extrema, lo cual vislumbró ya Yacup en un periodo de entreguerras en donde la República Liberal buscaba poner a un país conservador y católico al día en los derechos humanos, pese a lo cual los verdaderos cambios no llegaban a esos territorios recónditos.</p>
<p>Son varios los pensadores y escritores que ven en este libro la génesis de los estudios sociopolíticos que permiten comprender como se ha desarrollado el pensamiento afrocolombiano, por ello Alfredo Vanín, en prólogo al libro de Martán Góngora (2010), anotaba: “ <em>Helcías Martán… pasará a formar parte de la elite de la intelectualidad del Pacífico que descollará a finales de la primera mitad del siglo XX, con Sofonías Yacup, el primero en proponer una voz propia del Pacífico con Litoral recóndito (1934). Martán Góngora siguió a Yacup con Evangelios del hombre y el paisaje (1944), al lado de Guillermo Payán Archer y su poemario La bahía iluminada (1944), Arnoldo Palacios y Las estrellas son negras (1948), y todos los escritores que continuarían el trabajo de ampliar la naciente escritura del Pacífico</em>”.</p>
<p>Y Fabio Martínez, en prólogo al libro <em>Antología Íntima</em> (2010) de Hugo Salazar Valdez, anota: “<em>Solo es a partir de la década del treinta que el Chocó vuelve a ser tema de discusión en el Congreso de la República, a través de dos insignes hijos de esta tierra, que utilizando el estrado de la política vuelven a poner en el centro del debate a esta región ignorada por el Gobierno Central: me refiero a los parlamentarios Sofonías Yacup y Diego Luis Córdoba. El primero lo hizo a través de sus propuestas legislativas como parlamentario, las cuales quedaron consignadas en el libro canónico, Litoral recóndito, publicado por primera vez en 1934. La obra es un interesante estudio socioeconómico del Chocó escrito desde el fondo de sus raíces</em>.”</p>
<p>Y Darío Henao Restrepo iría aún más allá, al encontrar las raíces sociales de <em>Changó, el gran putas¸</em> obra de Zapata Olivella, al afirmar: “<em>Una  novela  de  las  dimensiones  de  Changó,  el  gran  putas,  sin  lugar  a  dudas  una  de  las  más  importantes  en  su  género  en  América  Latina,  no  se  explicaría  sin  todo  el  periplo  intelectual  y  las  preocupaciones  que  movieron  en  su  vida  a  Manuel  Zapata  Olivella, inquietudes que trascendieron hasta los problemas actuales de las negritudes en Colombia. En 1943, junto con Aquiles Escalante, Sofonías Yacup, Rogerio Velásquez y Natanael Díaz hizo la primera  manifestación  en  Bogotá  de  la  presencia  africana  organizando  el  Día  del  Negro</em>.”</p>
<p><figure id="attachment_93773" aria-describedby="caption-attachment-93773" style="width: 128px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-full wp-image-93773" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-SOFONÍAS-YACUP.jpg" alt="Edición príncipe, 1934. " width="128" height="208" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-SOFONÍAS-YACUP.jpg 128w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/LITORAL-RECÓNDITO-SOFONÍAS-YACUP-92x150.jpg 92w" sizes="(max-width: 128px) 100vw, 128px" /><figcaption id="caption-attachment-93773" class="wp-caption-text">Edición príncipe, 1934.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que en el país estamos en mora de tener un estudio completo sobre la vida y obra de Yacup, para no quedarnos en el mero dato o en la anécdota, esta labor contribuiría perfectamente al desarrollo del pensamiento afrocolombiano, entendiendo así sus diferentes matices y evitaría el hacer juicios apresurados sobre obras que de una u otra manera han marcado el desarrollo intelectual colombiano.</p>
<p>Un colegio del municipio de La Tola en el pacífico nariñense lleva su nombre, con seguridad los consagrados profesores que ahí trabajan mantendrán vivo el pensamiento de Yacup desde las entrañas mismas de ese litoral recóndito. Por nuestra parte, en 2021 publicamos el libro “En el litoral recóndito”, cuyas primeras líneas evocan un homenaje al autor: “En 1934, Sofonías Yacup denunciaba la situación de abandono y de desidia centralista frente a una realidad que no es diferente a la actual; lo recóndito se reconoce como lo alejado, lo olvidado y lo distante; por su parte, el litoral siempre será visto desde el enfoque de frontera, un límite puesto o impuesto”.  Aquí, la preposición “en” permite avizorar el camino seguido por un sencillo lector frente a la propuesta del escritor caucano, esa fue nuestra intención y creemos haber logrado el propósito.</p>
<p>Sofonías Yacup Caicedo (Guapi, 1895 ​- Santiago de Cali, 1947), fue hijo de un inmigrante libanés llegado al Cauca, Juan Yacup, próspero comerciante que tenía negocios en Chocó, Valle, Cauca y Nariño, su madre fue Felisa Caicedo de la más profunda estirpe guapireña. Creció como un privilegiado, estudiando en Pasto con los jesuitas y los filipenses. Prosiguió sus estudios de derecho en la Universidad del Cauca y los culminó en Bogotá en la Universidad Libre. Un incendio en Guapi arrasó con la fortuna familiar y le obligó a empezar de cero.</p>
<p>Reconocía que gracias a los negocios de su padre llegó a ser Representante y Diputado por los departamentos de Valle, Cauca y Nariño. Pero gracias a su inteligencia destacada y a su hondo sentido humano alcanzó a ser un reconocido líder afrocolombiano. Fue intendente del Chocó, magistrado del Tribunal Superior de Aduanas, juez del Circuito de Guapi, director de la Escuela Comercial y Carrera Administrativa de Cali. Publicó también el libro “La institución del Jurado” Quibdó: Imprenta Oficial, 1936; así como artículos en diferentes revistas y periódicos del país, particularmente en Bogotá, Cali, Pasto y Popayán. Dejó inéditos los libros “Historia sobre la costa del Pacífico” y “Cartas y Discursos Políticos y Sociológicos”, los cuales quizá reposan en manos de sus herederos, los cuales, al ser publicados, contribuirían al estudio de su pensamiento.</p>
<p><figure id="attachment_93774" aria-describedby="caption-attachment-93774" style="width: 171px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" class="size-medium wp-image-93774" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP-171x300.jpg" alt="Don Quijote, Pasto, 1924. " width="171" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP-171x300.jpg 171w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP-86x150.jpg 86w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP-768x1346.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP-584x1024.jpg 584w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/SOFONIAS-YACUP.jpg 1003w" sizes="(max-width: 171px) 100vw, 171px" /><figcaption id="caption-attachment-93774" class="wp-caption-text">Don Quijote, Pasto, 1924.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El 15 de junio de 1924, la revista Don Quijote, Órgano de la Federación de Maestros de Nariño, incluía esta breve nota, con la cual cerramos este artículo:</p>
<p>“<em>Dr. Sofonías Yacup. Una de las mentalidades más altas entre la juventud colombiana. Su voluntad indomable unida a sus grandes dotes de parlamentario, lo han llevado de triunfo en triunfo en su corta pero muy fecunda carrera política. La intensa labor que ha hecho en estos dos últimos años como Diputado a las Asambleas del Valle y Nariño y como Representante al Congreso acreditan sus títulos a la gratitud de los pueblos que le confiaron su representación. El Magisterio primario de Nariño le atributa, de modo especial, en esta ocasión, sus agradecimientos por la defensa que hizo a los Normalistas en la Asamblea que acaba de clausurarse</em>”.</p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93771</guid>
        <pubDate>Fri, 03 Mar 2023 13:32:17 +0000</pubDate>
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