Follamos, luego existimos

Publicado el Alejandra Garavito

Nacemos con hambre, morimos con hambre.

¿Se ha imaginado a sus papás follando? o ¿a sus abuelos? O, lo que sería peor ¿los ha descubierto en plena acción? 

Existe la falsa creencia de que ningún viejo en el mundo (hombre, mujer o intersexual) tiene derecho a tener sexo porque es algo raro o inmoral. Porque en teoría, con los años todo se nos viene abajo, incluyendo las ganas de seguir follando.

Sí, con el tiempo sufrimos cambios físicos que no podemos controlar. Nos aparecen cosas con las que no contábamos antes, como las arrugas, los kilos demás. Se caen los senos, las tetillas, las nalgas, las erecciones y hace falta mucha motivación y compromiso para volver a levantar al menos un ítem de la lista.

Pero no todo lo bueno está perdido. Hay cosas que a pesar del tiempo nunca expiran, como el deseo sexual.

Sufrimos una presión social absurda a causa de la mala información y la doble moral, que le impide a los casados, arrejuntados y solteros entrados en años, continuar disfrutando de su sexualidad; porque hasta masturbarse se ha catalogado como un acto exclusivo para jóvenes.

Pero ese erotismo que nos produce un cuerpo ajeno o el propio, el hambre por el otro y las ganas de querer llegar a un orgasmo, siguen allí hasta el final de nuestros días.

No todo es nacer, crecer, reproducirse y morir. Por eso, a esas mujeres que dan por terminada su vida sexual porque “cumplireron la tarea” de tener hijos, criarlos y verlos partir de casa y a esos hombres a los que se les ha impedido demostrar sus deseos porque están viejos, les tenemos una gran noticia: es normal que tengan tantas ganas de follar como cuando tenían veinte.

Además, están en la mejor etapa de todas. ¡Precisamente ya no tienen hijos en la casa! Cada rincón del hogar está libre para sus fantasías. No hay ninguna excusa, ni siquiera el ciclo menstrual. Tienen el tiempo del mundo para ustedes, para sus cuerpos, su vagina, su pene, sus vibradores, sus amantes, esposos o esposas.

Contamos con miles de terminaciones nerviosas y órganos muy sensibles que siguen reaccionando a las caricias, a las palabras y a las vibraciones, además de nuestros órganos sexuales. De hecho, aunque los orgasmos no sean tan intensos como antes, debido a que el músculo del suelo pélvico de las mujeres se adelgaza, la sensibilidad en esta zona aumenta. De la misma manera, el hombre ni siquiera tiene la necesidad de eyacular para sentirse realmente feliz; haciendo que se disfrute mucho más toda la relación sexual y no solo el final.

Hoy nuestra voz es en nombre de la población mayor; para que respetemos su intimidad. Para que cuente con los espacios que merece para seguir follando o autofollándose. Si usted es nieto o hijo, deje que su abuelo, abuela, papá y/o mamá gocen. Si usted es una persona mayor, déjese llevar por sus impulsos más naturales.

Ya no más. O mejor dicho, sí. Más placer, más amor, más sexo, más diversión.

Nacemos con hambre de comernos el mundo y no perdemos ese sentimiento hasta que nos morimos, ¿o sí?

Escrito por Alejandra Garavito, en colaboración con Sandra Silva.

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