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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 20 Sep 2026 14:36:49 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for valle de tenza | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Contagiar la poesía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-peaton/contagiar-la-poesia/</link>
        <description><![CDATA[<p>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela». Bien decía Charles Simic que Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>«Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela».</strong></p>
<figure id="attachment_82432" aria-describedby="caption-attachment-82432" style="width: 830px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-82432" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/02/escuela_radiofonica_en_la_costa_atlantica.jpg" alt="" width="830" height="576" /><figcaption id="caption-attachment-82432" class="wp-caption-text">Foto: Archivo Radio Sutatenza, Biblioteca Luis Ángel Arango (1967).</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Bien decía Charles Simic que <em><strong>Lo único para lo que siempre ha sido buena la poesía es para hacer que los niños odien la escuela</strong></em>. Y no se equivocaba. Los profesores suelen mostrar, en algunos casos, a la poesía como una horrible herramienta del amor —o del desamor—, como si tuviera una finalidad única y fuera conseguir favores íntimos de las demás personas, o mostrar de qué modo puede explayarse la libido gracias a sus efectos. La muestran, por otro lado, como una invocación al pasado y no hay nada más ajeno para la infancia que el pasado, nada más extraño para ella que las palabras de los eruditos, nada más desagradable que las metáforas que no son vivas, que no se palpan en el aire o no se ven triscar, sin que se conozcan sus nombres, con los animales. <strong>Un niño que se acerque así al </strong><em><strong>arte de robar el fuego </strong></em><strong>no va a ver el dios que lo habita</strong>, como decía Cervantes citando a Juvenal, ni va a ver este oficio como un aspecto valioso de la cultura, sino que encontrará a los poetas como personas aburridas a quienes de ningún modo se pueden imitar. Y no los culpo.</p>
<p style="text-align: justify">Con estas ideas he ido en varias oportunidades a la <strong>Institución Educativa Nueva Granada, sede Simón Bolívar del corregimiento de Modín, en Cartago, Valle del Cauca</strong>, a compartir parte de mi experiencia de lectura (¿y escritura?) de poesía.</p>
<p style="text-align: justify">Encontrarme con niños y niñas que como yo crecieron entre cafetales, cuyos abuelos les han enseñado la secreta oración para espantar los perros bravos; capaces de subir a la rama más alta para bajar la guayaba deseada o contemplar la primera vez que el sol da sobre la delicada piel del afrechero, niños y niñas que entienden el juego como aprendizaje sin que venga algún profesor a pervertirles la percepción de la naturaleza, encontrarme con ellos, digo, ha sido encontrarme conmigo mismo. <strong>Verlos era entender que la poesía me salvó no porque me haya llevado por el camino de su escritura y de la docencia, sino porque nunca me dejó apartar de lo que fui</strong>: un pequeño ingenuo a rabiar que creía con ceguedad e incomparable obstinación en el ser humano. Un contador de estrellas, un echador del agua.</p>
<p style="text-align: justify">Este encuentro, de tal modo, me hizo pensar en la tarea del profesor como tal, y recordar a <strong>Dino Seguro Robayo</strong>, un hombre que ha dispuesto su vida para desandar la pedagogía, como me decía, no sin cierta burla, en su maravillosa e idílica Escuela Pedagógica Experimental (EPE) donde trabajé, «<strong>los niños aprenden a pesar de sus profesores</strong>». Y en este caso afirmé la idea de que pretender enseñar a escribir poesía es absurdo e inútil —quizá alguien aquí se pregunte sobre mis razones de haber estudiado una maestría en escritura creativa, y le diría entonces que todo se debió al azar o a un impulso ciego o a mi declarada avidez por morirme de hambre—. Absurdo e inútil, sí, al querer enseñarla, pero es indispensable no dejar de contagiarla nunca. <strong>La poesía debe pasar de mano en mano como la antorcha de los dioses</strong>, debe estar en la cotidianidad de los seres humanos. La poesía no es un castigo de los profesores de español: es una ética, o un <em>pathos</em> necesario, un modo de vida responsable con el entorno, un contexto dinámico de creación y de reconocimiento de los demás.</p>
<p style="text-align: justify"><strong>Los niños y las niñas, lo sabemos bien, son poetas en estado puro</strong>. No crecer sería la premisa, jugar con las palabras como se juega a las escondidas, con el trompo, las canicas, las muñecas o el balón. Contagiar la poesía y no enseñarla. <strong>Y los profesores de esta escuela de Modín entienden muy bien que la verdadera educación de calidad parte de la no prohibición, de pensar en las necesidades que los niños tienen en sus casas</strong>, de pensar, por ejemplo, en cómo solucionar la escasez de agua de la región, de ponerse tenis rotos para jugar con ellos en la cancha de polvo. Entienden que el lenguaje es mucho más que las palabras, por lo que han creado clubes de teatro y cine, danza y manualidades, y teniendo en cuenta la radio como el verdadero medio de la democracia, les demuestran a los niños que la autonomía es el camino, la creatividad tanto como la matemática. Al estar allí me enseñaron que la calidad del saber no está en seguir lo que dice el Ministerio de Educación (perito en burocracia, pero no en cultura) ni en taxonomizar el mundo. Por esta razón, creo que hay docentes más comprometidos en las instituciones con menos recursos y subestimadas tristemente por sus entes rectores, como esta, tal vez porque no alcanzan a concebirse como centros comerciales o porque sus profesores entienden que la paz no se puede dejar arrebatar por manos ambiciosas.</p>
<p style="text-align: justify">Contagiar la poesía, pues, fue lo que aprendí. De modo que les puse en las manos un cúmulo de palabras tristes y les pedí, con su perdón, que las vieran como a la naturaleza que los rodeaba y escribieran lo que les viniera a la cabeza. Intenté recordarles lo que ya sabían: que todo se trataba de crear imágenes, de apelar a la imaginación. <strong>Y los niños y las niñas de Modín, cuya sonrisa llevo por doquiera y a quienes les tengo la misma gratitud que a mis más grandes maestros de la universidad</strong>, después de escucharme leer con voz temblorosa algunos versos de Celan, escribieron los poemas más hermosos que he leído en mi vida.</p>
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<p>— Albeiro Montoya Guiral (@amguiral) <a href="https://twitter.com/amguiral/status/894631304540692480?ref_src=twsrc%5Etfw">August 7, 2017</a></p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: right"><em>Entrada publicada originalmente en </em><a href="https://literariedad.co/2017/02/26/contagiar-la-poesia/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">literariedad.co</a></p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sun, 21 Feb 2021 17:04:39 +0000</pubDate>
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        <title>El País de las Maravillas 1: Tierra de maravillas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/gastronomia/coma-cuento-cocina-sin-enredos/el-pais-de-las-maravillas-1-tierra-de-maravillas/</link>
        <description><![CDATA[<p>En algunas zonas de Boyacá crecen, salvajes, las maravillas. Como la mayoría de iridáceas (iris, gladiolos, etc), la tigridia pavonia es originaria de América y más específicamente de ciertas zonas montañosas de Centro y Sudamérica. Su flor, increíblemente llamativa, viene en muchos colores: blanca, roja y anaranjada con manchas atigradas o jaspeadas. Llamada también tulipán, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">En algunas zonas de Boyacá crecen, salvajes, las maravillas. Como la mayoría de iridáceas (iris, gladiolos, etc), la <i>tigridia pavonia</i> es originaria de América y más específicamente de ciertas zonas montañosas de Centro y Sudamérica. Su flor, increíblemente llamativa, viene en muchos colores: blanca, roja y anaranjada con manchas atigradas o jaspeadas. Llamada también tulipán, flor de tigre o flor de un día, la maravilla es apreciada por los más expertos horticultores por su belleza, aunque la corta duración de su floración, aunado al hecho de que estas plantas prefieren la feracidad y los campos incultos a la tierra fértil y los jardines esmeradamente cuidados, la han ido relegando al olvido. Antaño hacia parte del paisaje campesino de Moniquirá y Villa de Leyva y era común verla en los campos del Valle de Tenza; muchas huertas de Cundinamarca también se adornaban con maravillas… no en vano es la flor del municipio de Gachetá.</p>
<figure id="attachment_559" aria-describedby="caption-attachment-559" style="width: 499px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" class=" wp-image-559 " alt="La flor de la maravilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-356.jpg" width="499" height="590" /></a><figcaption id="caption-attachment-559" class="wp-caption-text">La flor de la maravilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Pero la maravilla no adquirió semejante nombre únicamente por la belleza de su flor y su efímera duración. La maravilla adquirió su nombre porque sus bulbos son un manjar y han hecho parte de las tradiciones gastronómicas de muchos pueblos y sociedades de América Latina desde tiempos prehispánicos, y Colombia no es la excepción. Colombia es el país de las maravillas. Por muchos siglos fueron parte de la dieta básica de muchos de nuestros pueblos, habiéndose convertido en patrimonio culinario y cultural de las zonas donde aún se puede conseguir. Su sabor, textura y manejo son tan únicos y es un producto tan rico en historia, que es uno de tan sólo 36 productos colombianos referenciados por el Arca del Gusto de Slow Food.</p>
<figure id="attachment_565" aria-describedby="caption-attachment-565" style="width: 558px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" class=" wp-image-565   " alt="El bulbo de la maravilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-216.jpg" width="558" height="746" /></a><figcaption id="caption-attachment-565" class="wp-caption-text">El bulbo de la maravilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Perdida ya para la memoria popular, atada únicamente a vagas referencias en archivos poco consultados, tesis académicas y alguna que otra receta olvidada en algún anaquel, el uso de la maravilla como parte del patrimonio gastronómico del altiplano Cundiboyacense se está perdiendo. Tan sólo perdura, aislado y remoto, en las tradiciones más íntimas y cotidianas de ciertas familias campesinas cuyas costumbres aún giran alrededor de sus mayores. Las abuelas y los abuelos, los viejos, preservan los hábitos alimenticios con los que crecieron, son guardianes del patrimonio culinario y gracias a ellos aún podemos conocer la maravilla. A pesar del escaso valor que se le da hoy en día, afortunadamente aún existen algunos jardines campesinos salpicados de maravillas. Jardines como el de don Hernando Suárez, en la vereda Llano Blanco, entre Villa de Leyva y Gachantiva. Fue don Hernando quien generosamente nos mostró primero los campos de maravillas.</p>
<figure id="attachment_563" aria-describedby="caption-attachment-563" style="width: 538px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-563 " alt="Don Hernando Suárez" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-360.jpg" width="538" height="717" /></a><figcaption id="caption-attachment-563" class="wp-caption-text">Don Hernando Suárez</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Don Hernando aún las conserva – a pesar de que sus sobrinos y otros vecinos la consideran maleza inservible – pues fue criado con maravillas y hoy en día las prefiere a la yuca, la papa y demás bulbos, raíces y tubérculos andinos. Al enviudar hace unos años, por necesidad, don Hernando tuvo que aprender a cocinar para él mismo. Entonces recordó la comida de su infancia y las maravillas con las que las mujeres de su casa alimentaban a la familia. Sopas, potajes y huevos revueltos hacen parte de su recetario con maravillas.</p>
<figure id="attachment_560" aria-describedby="caption-attachment-560" style="width: 506px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-560 " alt="Los bulbos desenterrados" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-357.jpg" width="506" height="782" /></a><figcaption id="caption-attachment-560" class="wp-caption-text">Los bulbos desenterrados</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify">Por estas razones, a partir de esta semana y con la presente entrada, en Coma Cuento abrimos una sección dedicada a la maravilla como forma de ayudar a su difusión, para aportar con su rescate y posible reintroducción. Por lo tanto, todos los martes compartiremos los avances de la investigación que desde el mes de junio estamos realizando con este extraordinario producto. <span style="text-decoration: underline">#Paisdelasmaravillas</span></p>
<figure id="attachment_568" aria-describedby="caption-attachment-568" style="width: 512px" class="wp-caption alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-568 " alt="Maravillas y morcilla" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2015/06/Juni-2015-264.jpg" width="512" height="512" /></a><figcaption id="caption-attachment-568" class="wp-caption-text">Maravillas y morcilla</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify"><em>**(En Coma Cuento trabajamos open source, por lo que toda nuestra información es pública y sin ningún tipo de restricción para quien la quiera y la necesite. Toda colaboración por parte de nuestros lectores también es más que bienvenida)**.</em></p>
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        <author>@ComíCuento</author>
                    <category>Coma Cuento: cocina sin enredos</category>
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        <pubDate>Tue, 30 Jun 2015 22:00:51 +0000</pubDate>
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