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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for trabajo artistico | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Patrimonio, arquitectura y progreso en la Bienal de artes plásticas Fuga</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/patrimonio-arquitectura-y-progreso-en-la-bienal-de-artes-plasticas-fuga/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mirada al centro de Bogotá como territorio vivo, sus memorias, así como las ruinas y la apropiación del espacio público son la fuente de inspiración la VIII Bienal de Artes Plásticas y Visuales de Fuga, que hasta el 5 de septiembre exhibe el segundo ciclo. Cuatro de los cinco proyectos artísticos están inspirados en [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Una mirada al <strong>centro de Bogotá</strong> como territorio vivo, sus memorias, así como las ruinas y la apropiación del espacio público son la fuente de inspiración la <strong><strong>VIII Bienal de Artes Plásticas y Visuales de Fuga</strong></strong>, que hasta el 5 de septiembre exhibe el segundo ciclo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuatro de los cinco proyectos artísticos están inspirados en conceptos como patrimonio, arquitectura y progreso; y tres revisan el legado del arquitecto <strong>Gastón Lelarge</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lucas Gallego y Carolina Borrero</strong> exhiben en “Lo que soporta la montaña” las consecuencias de la explotación que sufrieron los cerros orientales desde el siglo XVI hasta el XX, época en las que piedras y madera fueron llevadas al centro de la ciudad para la construcción del Capitolio Nacional. La majestuosidad de la edificación contrasta con la erosión de las montañas y el deterioro de la calidad de vida de sus habitantes. Mientras recorremos la sala nos rodeamos de columnas elaboradas con materiales restantes.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="VIII Bienal de Artes Plásticas y Visuales Fuga 2026" width="422" height="750" src="https://www.youtube.com/embed/37fGim2njJw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Muy parecida es la propuesta de <strong>Sebastián Sandoval</strong>, quien en “Studio GL” presenta su visión de cómo la arquitectura deja de preservar para dar paso a la transformación urbana. Toma como ejemplo la casa Nemesio Camacho y por medio de esculturas y un video refleja cómo rápidamente la tecnología genera planos que fácilmente nos permiten olvidar el patrimonio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y <strong>María Luisa Sanin</strong> presenta “Metrópolis 2027” en referencia del trabajo del arquitecto Gastón Lelarge al insertar imágenes de sus edificios icónicos en escenarios de ciencia ficción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguiendo con el tema de la urbanización, el progreso y el futuro, en “Armas de negación aérea” <strong>Lina Henao</strong> plantea la complejidad de la violencia que generan la renovación de un barrio o un territorio. La pala de una retroexcavadora, tierra y cemento, un letrero que recuerda la propiedad privada y audios de los años 50 recuerdan que desde siempre se advierte la necesidad de la transformación ciudadana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, en “Fábrica” <strong>César Faustino</strong> de recurre a los lenguajes teatrales que han sido adoptados por las artes plásticas y la sala oscura recuerda a los teatros del mundo del Renacimiento Italiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo ciclo de la <strong>VIII Bienal de Artes Plásticas y Visuales de Fuga</strong> está abierto hasta el 5 de septiembre.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132632</guid>
        <pubDate>Tue, 01 Sep 2026 19:06:21 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Patrimonio, arquitectura y progreso en la Bienal de artes plásticas Fuga]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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        <title>En el día mundial de la caligrafía, una nota con mala letra.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/en-el-dia-mundial-de-la-caligrafia-una-nota-con-mala-letra/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este artículo se publicó previamente en “El Correo del Golfo”, con los apellidos de pila de su autor. Hoy 12 de agosto, es el día internacional de la caligrafía y es oportuno revivirlo.</p>
<p>Este espacio en los blogs de El Espectador no quiere ser ajeno a la tragedia sufrida en Colombia por el terrible terremoto que nos estremeció el lunes pasado. Si alguien tiene desaparecido a un familiar o amigo en Colombia por el terremoto, la Cruz Roja Colombiana ha habilitado el siguiente canal: Localizaciones: rcf@cruzrojacolombiana.org y WhatsApp +57 3212139525      De igual manera, quien quiera colaborar con la Cruz Roja Colombiana, lo puede hacer en la siguiente página: https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto</p>
<p>Es más, como la lectura de esta nota es totalmente gratis, apreciado lector, si al final le gusta, lo animo a colaborar con la buena causa. ¡Muchas gracias!</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota:</strong> <em>Este artículo se publicó previamente en “El Correo del Golfo”, con los apellidos de pila de su autor. El 12 de agosto, se celebró el día internacional de la caligrafía y es oportuno revivirlo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Este espacio en los <strong>blogs de El Espectador</strong> no quiere ser ajeno a la tragedia sufrida en Colombia por el terrible terremoto que nos estremeció el lunes 10 de agosto. Si alguien tiene desaparecido a un familiar o amigo en Colombia por el terremoto, la <strong>Cruz Roja Colombiana</strong> ha habilitado el siguiente canal:</em> <strong><em>Localizaciones</em></strong><em>: <a href="mailto:rcf@cruzrojacolombiana.org" target="_blank" rel="noreferrer noopener">rcf@cruzrojacolombiana.org</a> y WhatsApp +57 3212139525</em>      <em>De igual manera, quien quiera colaborar con la <strong>Cruz Roja Colombiana</strong>, lo puede hacer en la siguiente página:</em> <a href="https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto">https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es más, como la lectura de esta nota es totalmente gratis, apreciado lector, si al final le gusta, lo animo a colaborar con la buena causa. ¡Muchas gracias!</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="829" height="1000" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg" alt="" class="wp-image-132083" style="aspect-ratio:0.8290155440414507;width:590px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg 829w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg?resize=249,300 249w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg?resize=768,926 768w" sizes="(max-width: 829px) 100vw, 829px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Joven mujer escribiendo una carta (1874), pintura de Federico Zandomeneghi, pintor impresionista italiano</em>.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre he tenido una pésima caligrafía, quizás por ello mi querida madre Carmen, pensaba durante mi niñez que yo sería médico en el futuro, hipótesis que alimenté durante algunos años, hasta el día en que descubrí que prefería diseccionar a las palabras y no a los seres humanos, además de reconocer que no soy capaz de asumir la responsabilidad por la vida de otros, a duras penas alcanzo con la mía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que hasta hace algún tiempo era una verdad casi estadística que los médicos tenían “mala letra”. Ignoro si era algo casual o premeditado, pero entre más complicada era la caligrafía del galeno, su prestigio como especialista parecía ser mayor. Es lo mismo que ocurre con la jerga utilizada por algunos expertos en cualquier rama del conocimiento humano, al usar términos incomprensibles para la mayoría creen que ganan un prestigio de sabiduría y no de pedantería, como suele suceder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, esa anécdota parece que tuvo un efecto por demás alarmante. Al parecer, en el pasado se presentó más de una muerte, accidental por supuesto, porque pacientes o dependientes de farmacias no entendieron las recetas escritas de los facultativos y se equivocaron en las medicinas prescritas, o en las posologías ordenadas. Tragedias absurdas que me hacen recordar un malo y viejo chiste sobre un viejito aferrado a un poste en la calle, quien había acudido a una farmacia para tratar su tos crónica y le dieron un laxante, que le hizo efecto positivo para su mal, pues no se atrevía a toser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Afortunadamente lo de la mala letra de los galenos se trata de algo superado, aparte de caer en generalizaciones perversas y estereotipos gratuitos. Hoy en día, los médicos no suelen escribir de manera enrevesada, al contrario, debo reconocer que los especialistas que han atendido mis males reales e imaginarios se esmeran con buena caligrafía para que yo con mi prematura presbicia les pueda leer sus diagnósticos y recomendaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Actualmente lo normal es que las prescripciones médicas, sean elegantemente impresas en computador. Allí nace otro riesgo ajeno a los médicos, cuando hay errores en sistemas automáticos, como lo que ocurrió en Estados Unidos a unas señoras que demandaron a una compañía de pastillas anticonceptivas, cuya fecha de vencimiento fue variada por un error de impresión y cuando ellas las tomaron, su efecto se había desvanecido en el tiempo, dejándoles varios hijos que no deseaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas formas y como expliqué al comienzo, no tengo autoridad moral para criticar la mala letra de los demás, pues la mía sería finalista en cualquier concurso internacional de la caligrafía más fea. Caso contrario de lo que ocurre con Patricia, mi esposa, quien hace maravillas con su bella letra, incluso su sola firma suele ser objeto de halagos. Un efecto de las miles de planas que las monjas le hicieron repetir en sus años de colegio en Pamplona (Colombia), en donde imagino casi todas las señoras y señoritas deben tener muy buena letra, de cuenta de la criticada educación religiosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante mi experiencia de trabajo en Abu Dhabi, uno de los aspectos que más admiré fue la caligrafía del idioma árabe que suele convertirse en obra de arte, pues al estar prohibidas en el islam las reproducciones gráficas de personas y animales, la letra se convierte no solo en elemento de comunicación sino en objeto de tratamiento artístico.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final y volviendo al argumento inicial, es preciso decir que, en el caso de un escritor, no necesariamente la calidad de su letra es proporcional a la calidad de sus textos. En cuanto a mis especulaciones escritas, eso lo juzgarán los lectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribo afortunadamente en letra de computador en lo que sigo llamando Twitter como @dixonmedellin y en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?quality=60&amp;w=1024" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?resize=768,576 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132078</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Aug 2026 11:33:09 +0000</pubDate>
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        <title>Larry Shiner y la invención del arte</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/larry-shiner-y-la-invencion-del-arte/</link>
        <description><![CDATA[<p>Larry Shiner es un filósofo del arte de la Universidad de Illinois, en Springfield. Desde 1980, sus intereses se han centrado en cuestiones de filosofía del arte y la estética. Su enfoque es interdisciplinario, en lugar de puramente filosófico, y hace énfasis en una perspectiva analítica influenciada por el pragmatismo. Shiner escribió un libro extraordinario, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Larry Shiner es un filósofo del arte de la Universidad de Illinois, en Springfield. Desde 1980, sus intereses se han centrado en cuestiones de filosofía del arte y la estética. Su enfoque es interdisciplinario, en lugar de puramente filosófico, y hace énfasis en una perspectiva analítica influenciada por el pragmatismo. Shiner escribió un libro extraordinario, en el que trabajó más de diez años, titulado <em>La invención del arte: Una historia cultural</em> (<em>The Invention of Art: A Cultural History</em>, Chicago: University of Chicago Press, 2001)<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>. En este libro hace un recuento de cómo se ha entendido en distintas épocas el concepto de «arte» para llegar a varias conclusiones. Comparto con él la siguiente: la «idea de arte» que tenemos cada uno de nosotros <strong>es otra invención más</strong>, probablemente equivocada, porque la idea que prevalece en la cultura occidental es la que nos dejaron los filósofos occidentales del siglo XVIII; una definición caprichosa —tan caprichosa como lo han sido las anteriores—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aclaro que mis ideas alrededor del tema del arte (su definición, razón de ser y sentido) —aunque consideran seriamente algunas propuestas del libro se Shiner— son distintas de las suyas. Aquí, en este texto, hablaré de las ideas de Shiner. Haré una lista de supuestos sobre el arte que la mayoría de la gente da por ciertos, pero que no son verdad en todos los casos y, a veces, en ninguno (y en los que coincido con él):</p>



<ol start="1" class="wp-block-list">
<li>Que el arte es una esencia que poseen algunos objetos y no otros.</li>



<li>Que el arte se encuentra en cierto tipo de actividades, pero no en otras; por ejemplo: bailar, cantar, esculpir, pintar o tocar un instrumento, pero no jugar yoyó, saltar la cuerda, hacer zapatos, la jardinería, la cerámica o la física y las matemáticas.</li>



<li>Que el arte demanda una contemplación desinteresada.</li>



<li>Que el arte no debe tener ninguna función; o sea, que no debe servir para nada.</li>



<li>Que el arte debe estar relacionado con la belleza.</li>



<li>Que es normal que el arte exista en un mundo elitista.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro, Shiner dice que la definición del arte y lo que esto implica ha variado en el tiempo y en las culturas; nunca ha sido un concepto universal. Sostiene que se trata de un concepto en constante transformación, pues cada momento histórico específico lo ha definido según sus necesidades y convenciones y, por lo tanto, debe ser reinventado para ajustarse a nuevos contextos, inventos y necesidades. Según él, el «sistema moderno del arte» es una construcción histórica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Menciona que los museos y las élites del arte (como galerías, revistas y marchantes) han mantenido los productos artísticos fuera del alcance de la gente común, y se han encargado de que las personas sientan que «no lo entienden»; y, añado yo, de hacer que los precios sean tan astronómicos que solo los ricos los puedan adquirir. El mundo del comercio ha influenciado muchísimo el cómo se ven y cómo se manejan las artes para sacarles el máximo provecho económico posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Shiner muestra que la separación entre arte, artesanía y artes populares solo existe desde hace doscientos años. Nos presenta registros históricos que demuestran cómo antes del siglo XVIII el arte y la artesanía estaban unidos en un solo concepto: el del saber hacer (<em>ars</em> / <em>techné</em>), orientado al uso, la devoción o el ritual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice que a pesar de que movimientos como el Dadaísmo, el <em>Pop Art</em> o el Arte Conceptual intentaron disolver la frontera entre el arte y la vida cotidiana, el mercado del arte, los museos y la crítica profesional terminaron absorbiendo e institucionalizando estas rupturas, convirtiendo la mismísima rebelión contra el «objeto de arte» en nuevas mercancías y piezas de exhibición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que Shiner nos propone romper con las falsas dicotomías: la de artista y artesano; la de contemplación desinteresada versus utilidad o funcionalidad; y la de arte culto versus arte popular. Sobre todo, a Shiner le molesta que las artes domésticas, las músicas populares y los oficios tradicionales sean relegados a categorías de «artes inferiores» (su sueño de que cambien de estatus se está haciendo realidad en Instagram, en mi opinión).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Comparto con Shiner la idea de que la categoría de arte, tal como la entendemos hoy, es una invención cultural. No obstante, hay algo que nos ocurre a todos los humanos, lo nombremos o no: nos sorprendemos, encantamos, apegamos y exaltamos frente a cualquier objeto o comportamiento que alcance un óptimo dirigido hacia una función o característica, o un óptimo respecto a otros elementos de su misma categoría (no comparamos una sonata con un edificio). Esto no es cultural; todos los humanos —del pasado y del presente— estamos programados para sentir dicha, asombro y apego ante las cosas excelsas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El techo de la mezquita Isfahan, en Irán.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="640" height="780" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/image.png" alt="" class="wp-image-131996" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/image.png 640w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/image.png?resize=246,300 246w" sizes="auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px" /></figure>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a>En un segundo libro escrito por Shiner, <em>Art Scents: Exploring the Aesthetics of Smell and the Olfactory Arts</em>, él explica a profundidad por qué debe existir un arte para apreciar con el sentido del olfato y no solo con la vista y el oído. Shiner abre aún más las puertas del mundo del arte, lo cual es interesante.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131995</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Aug 2026 15:37:42 +0000</pubDate>
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        <title>Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/un-suave-contrapunto-entre-los-libros-que-hace-el-arte-una-teoria-en-proceso-y-el-arte-al-desnudo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte I de II El famoso músico Brian Eno (n. 1948), en compañía de Bette Adriaanse[i] (más conocida como Bette A.), escritora y artista visual holandesa (n. 1984), publicaron conjuntamente en 2005 un libro titulado Qué hace el arte. Una teoría inacabada (What art does. An unfinished Theory). En el 2005 P&amp;P Editores me publicó [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Parte I de II</p>



<p class="wp-block-paragraph">El famoso músico Brian Eno (n. 1948), en compañía de Bette Adriaanse<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> (más conocida como Bette A.), escritora y artista visual holandesa (n. 1984), publicaron conjuntamente en 2005 un libro titulado <em>Qué hace el arte. Una teoría inacabada</em> (<em>What art does. An unfinished Theory</em>). En el 2005 P&amp;P Editores me publicó <em>El arte al desnudo</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="606" height="811" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png" alt="" class="wp-image-131586" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png 606w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png?resize=224,300 224w" sizes="auto, (max-width: 606px) 100vw, 606px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ambos autores sospechan que el arte es un instinto debido a su universalidad, ya que existen formas de arte en todas las culturas. Por mi parte, creo que no se trata de un instinto, tal como lo explico en mi libro <em>El arte al desnudo</em>: «La universalidad de algunas prácticas artísticas no implica que estén programadas genéticamente, ya que pueden ser subproducto de otros instintos que tenemos. Por universal que sea la música, no hay un gen responsable de que la hagamos. Neurológicamente, las habilidades que se necesitan para la música son distintas de las que se requieren para dibujar, esculpir, actuar o contar historias; y todas estas habilidades, que funcionan en módulos distintos en el cerebro, están en el reino de las artes. Por tanto, no hay una adaptación, sino un conjunto grande de adaptaciones responsables de que hagamos las actividades que entran en este reino».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eno y A. afirman también que gastamos mucho tiempo en actividades que no son «útiles» o «funcionales». A esto les contesto que sí lo son, aunque no de forma evidente. Por ejemplo, en sus orígenes, realizar representaciones pictóricas debió de ser muy valioso. Si bien el acto de pintar se convirtió después en un asunto aparentemente sin función, no fue así en sus inicios; y existen muy buenas razones para creerlo, aunque no se pueda demostrar. Recordemos que «el arte por el arte» es un fenómeno muy reciente. En las culturas más periféricas no se hace arte por el arte, pero se baila, se canta, se teje y se cuentan historias con finalidades muy claras, muchas veces para realzar situaciones importantes de la vida social como el nacimiento, la muerte, el paso a la adultez o los enlaces matrimoniales. Mi teoría —que se puede leer en detalle en <em>El arte al desnudo</em>— explica el porqué gastamos tantas horas perfeccionando las actividades que hacemos. Por eso en cada una de ellas encontramos expertos y virtuosos y, además, por qué hacer las cosas cada vez mejor trae consigo muchas ventajas evolutivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los autores ofrecen una lista gigantesca de productos que son susceptibles de convertirse en artísticos (de hecho, el libro está lleno de estas listas extensas y divertidas, lo cual es una de sus características, sumado a un diseño bello, juvenil y alegre). En dicha lista aparecen: espejos, calaveras, anécdotas, macramé, frescos, collares, trucos de magia, vampiros, corsés, colchas de retazos y cien cosas más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro muestro que toda actividad humana puede transformarse en artística y sus productos pueden llegar a ser arte (ellos con sus listas lo confirman). Lo que convierte algo en arte es nuestro juicio: aquel que formulamos cuando notamos que ciertos comportamientos y objetos sobrepasan los estándares de la normalidad. Es en ese momento cuando usamos el calificativo de «arte». Por eso, un dibujo puede ser una obra de arte, mientras que otro puede ser un mamarracho y uno más resultar meramente informativo. Lo mismo ocurre con cualquier otra manifestación: una persona puede cantar un villancico de manera extraordinaria y conmovernos hasta las lágrimas, mientras que otra puede hacer que nos tapemos los oídos, salgamos corriendo o nos muramos de risa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, ellos sostienen que invertimos mucho tiempo en estas actividades porque nos ayudan a relajarnos, a ver el mundo con mejores ojos, a imaginar mundos nuevos, a escapar, a resistir, a recordar, a evocar, a reconocer, a perdonar, a cambiar y a aceptar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi respuesta es que, aunque realizamos muchas actividades para escapar, imaginar, recordar, perdonar, involucrar a otros o compartir experiencias, lo hacemos usando las herramientas de nuestro equipaje cerebral, porque el cerebro humano recrea el mundo —y crea mundos ficticios— también para pensar, entender, divertirse o sentir emociones y sensaciones. El cerebro es una máquina de simulación. Todo esto puede hacerse mediante recursos artísticos o a través de otros medios: el sexo, el rock and roll, el alcohol o los videos. Las actividades que hoy llamamos artísticas, antes de serlo, fueron herramientas para recrear mundos ficticios porque nos es muy útil hacerlo: nos permite ver el panorama con distancia y ensayar lo que puede pasar sin ejecutarlo directamente ni pagar el precio. El hecho de ser artísticas -o no- ocurre después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, los autores señalan que a través del arte podemos llegar a experimentar miedo, felicidad, tristeza o desolación de forma ficticia, y que luego podemos salir de ahí simplemente cerrando el libro o apagando la serie; es decir, que no nos cuesta nada porque las recreaciones son seguras. Yo no sé qué tan seguras sean. Es inevitable recordar lo que ocurrió en Alemania en 1774 tras la publicación de <em>Las desventuras del joven Werther</em> de Johann Wolfgang von Goethe. Esta obra no solo convirtió al autor de 24 años en una celebridad internacional, sino que también desató una tragedia en el mundo real: se encontraron varios muchachos muertos por suicidio con el libro de Goethe en sus bolsillos o abierto sobre sus escritorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte es simulación o simulacro, dicen ellos; yo digo: hacemos simulaciones y, a veces, son tan maravillosas que las llamamos arte; otras veces, son solo simulaciones. El arte está también en objetos que no simulan nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eno y Adriaanse afirman que cuando estás mirando algo, estás apreciando diferencias. Estoy totalmente de acuerdo con ellos. Sin apreciar diferencias, sin establecer categorías y sin sentir que una cosa es mejor que las otras, no habría progreso ni se perfeccionarían las acciones y los objetos. Para que el arte se dé necesitamos que esas diferencias sean importantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro <em>Qué hace el arte</em>, usan las aretas como ejemplo para hacernos reflexionar sobre este asunto, porque siempre que escoges unas aretas, evalúas y comparas muchos aspectos mentalmente. Para ilustrarlo, mencionaré algunos de los ejemplos que ellos dan. Uno compara si son más largas o más cortas que el promedio; si cuelgan o no; si se bambolean; si son simétricas o asimétricas; si tienen forma figurativa o geométrica; si son brillantes u opacas; si están hechas de acrílico, plástico o metal; si se ven ordinarias o finas; si muestran la oreja o la tapan; si son angulares o curvas. También evalúas si poseen una asociación romántica; si tienen algún elemento simbólico; si lucen cómodas, peligrosas o agresivas; si son delicadas o robustas; si transmiten un mensaje; si pertenecieron a tu madre, a tu abuela o a una reina del pasado (o si son copias de estas últimas); si tienen un significado emocional; si se parecen a las de una amiga; si son heredadas o compradas; si costaron mucho o poco. Consideras si se pueden usar mientras nadas o corres; si son propias de un grupo o de una etnia; si son para cualquiera o solo para cierta edad; si son juveniles, señoriales, graciosas, serias o elegantes; si absorben la luz o la rebotan. Analizas si se pueden confundir con un alimento u otra cosa (como un confite o un caramelo); si parecen de cristal o de piedra; si están compuestas por varios elementos o son de una sola pieza; si tienen elementos escondidos o si se abren y se cierran. Te preguntas si son el tipo de objeto que puede despertar una conversación con un extraño, si te ponen en peligro, si son amistosas con el medio ambiente o contaminantes, si te darán alergia o si son apropiadas para una entrevista de trabajo. Y así, nos topamos con infinitas preguntas…</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Bette A<strong>:</strong> además de su faceta como novelista y creadora de instalaciones artísticas, enseña escritura creativa y es cofundadora de proyectos con impacto social, como la Fundación TRQSE (que vincula a artistas y científicos) y el movimiento global de narrativas <em>¡Heroínas!</em></p>
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        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131585</guid>
        <pubDate>Sun, 26 Jul 2026 16:34:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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        <item>
        <title>Guggenheim Pop en Nueva York</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/guggenheim-pop-en-nueva-york/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Museo Guggenheim de Nueva York rinde homenaje al pop con una exposición que recuerda cómo este movimiento artístico tomó elementos de la publicidad, la reproducción o la copia y los medios de comunicación, algo terrible en ese entonces para los puristas, para convertir lo banal en extraño y espectacular. Como dato curioso, el Guggenheim [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>Museo Guggenheim</strong> de <strong>Nueva York</strong> rinde homenaje al pop con una exposición que recuerda cómo este movimiento artístico tomó elementos de la publicidad, la reproducción o la copia y los medios de comunicación, algo terrible en ese entonces para los puristas, para convertir lo banal en extraño y espectacular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dato curioso, el Guggenheim fue el encargado de presentar al público estadounidense el <strong>arte pop</strong> en 1963 con la exposición “Seis pintores y el objeto”. Fue la primera muestra del arte pop en Nueva York.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, este 2026 este museo retoma parte de su colección para exhibir obras realizadas de 1960 hasta la actualidad, y se puede el trabajo de legendarios como Andy Warhol o Richard Hamilton, y más actuales como Lucia Hierro o Maurizio Cattelan, famoso por su banano en la pared.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición <strong>Guggenheim Pop</strong>, que estará hasta enero de <strong>2027 </strong>le permite al espectador ofrece perspectivas de identidad, la cultura de internet y la vida cotidiana en la cultura popular.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Guggenheim Pop exposición" width="422" height="750" src="https://www.youtube.com/embed/cPCd-wS-ahw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131483</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Jul 2026 21:39:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Guggenheim Pop en Nueva York]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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        <item>
        <title>Gaudí, un libro y una obra para el centenario</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/gaudi-un-libro-y-una-obra-para-el-centenario/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Cien años después de la muerte del arquitecto catalán, el 3 de junio la Lumsa acogió la presentación de la nueva biografía firmada por Armand Puig i Tàrrech y del proyecto artístico destinado a la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Un doble recorrido que nos descubre al hombre y al creyente que hay [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“Cien años después de la muerte del arquitecto catalán, el 3 de junio la Lumsa acogió la presentación de la nueva biografía firmada por Armand Puig i Tàrrech y del proyecto artístico destinado a la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Un doble recorrido que nos descubre al hombre y al creyente que hay detrás de la obra maestra de Barcelona y que mira hacia la inauguración de la nueva torre durante la visita de León XIV a Barcelona…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos lo cuenta nuestra prestigiosa colega MARÍA MILVIA MORCIANO desde la  ciudad del Vaticano…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro para volver a las fuentes, una obra contemporánea para recoger el rastro dejado por Antoni Gaudí. En la Lumsa de Roma, la presentación del volumen, publicado por San Paolo,&nbsp;<em>Antoni Gaudí. Vida y obra&nbsp;</em>de&nbsp;<strong>Armand Puig i Tàrrech</strong>, biblista y presidente de la Agencia de la Santa Sede para la Evaluación y la Promoción de la Calidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas (AVEPRO), ha brindado la oportunidad de releer la figura del arquitecto catalán en el centenario de su muerte. El encuentro permitió también conocer el proyecto&nbsp;<em>del Agnus Dei</em>, obra situada en el interior de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. En el diálogo participaron junto al autor, el director editorial de los Medios de Comunicación del Vaticano Andrea Tornielli; la estudiosa María Elena Catelli, traductora del volumen; el historiador del arte Alessandro Zuccari, miembro de la Academia dei Lincei; y el artista&nbsp;<strong>Andrea Mastrovito</strong>, autor de la instalación destinada a la Torre de Cristo<strong>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La conmemoración adquiere un significado especial también a la luz del viaje apostólico de León XIV a España. El 10 de junio, exactamente cien años después de la muerte de Gaudí, el Pontífice celebrará la misa en la Sagrada Familia e inaugurará la nueva y más alta torre de la basílica, la dedicada a Jesucristo, completada por&nbsp;<em>el Agnus Dei&nbsp;</em>diseñado por Mastrovito.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/maggio/06/WhatsApp-Image-2026-05-06-at-11.33.08.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="La Sagrada Familia." title="La Sagrada Familia." /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Sagrada Familia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un hombre más allá del mito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antoni Gaudí sigue ejerciendo un encanto que va mucho más allá del ámbito de la arquitectura. Precisamente por eso, explica Puig i Tàrrech, es necesario distinguir la realidad de las narraciones construidas a lo largo del tiempo. El volumen es fruto de un largo trabajo sobre las fuentes, llevado a cabo para restituir la figura del arquitecto en su dimensión histórica y humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Es imposible conocer a un personaje sin que las fuentes hablen de él y sobre él», observa el autor en la entrevista concedida a Vatican News. En el caso de Gaudí, la tarea se complica aún más por el hecho de que escribió relativamente poco y de que gran parte de la documentación conservada en su estudio fue destruida durante la Guerra Civil española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La publicación se inscribe en un momento de renovado interés por la figura del arquitecto catalán, marcado también por la declaración de venerabilidad de Antoni Gaudí por parte del Papa Francisco el año pasado. Un reconocimiento que ha contribuido a volver a centrar la atención en la coherencia entre su obra y su experiencia de fe. El libro recorre así el camino del hombre antes incluso que el del genio: la formación, los encuentros, las amistades, el trabajo, la progresiva maduración espiritual y artística. Un enfoque que, como ha subrayado María Elena Catelli, evita tanto la construcción del mito como la hagiografía. La estudiosa, que ha supervisado la traducción al italiano, ha destacado el rigor con el que Puig i Tàrrech selecciona las fuentes y aborda aspectos a menudo poco conocidos de la vida del arquitecto. Un trabajo que también ha requerido acompañar al lector italiano a través de términos, referencias y realidades profundamente arraigadas en la cultura catalana, haciendo accesible un universo histórico y cultural que no siempre resulta inmediatamente familiar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La naturaleza, maestra de un creador</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender a Gaudí, según Puig i Tàrrech, hay que partir de la naturaleza. No como repertorio de formas decorativas, sino como principio generativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«La naturaleza creada por Dios es su maestra», afirma. De ella, el arquitecto extrae inspiración para estructuras, soluciones constructivas y lenguajes formales. No se trata, sin embargo, de imitación. «Participa en la creación de Dios», explica el autor, transformando lo que observa en algo nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su arquitectura escapa a las clasificaciones habituales. «No es gótica, no es neogótica. Es Gaudí». Un lenguaje personal, reconocible, que nace del encuentro entre la fe, la observación de la naturaleza y la búsqueda artística.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/giugno/04/1780573830aem.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="La portada del libro" title="La portada del libro" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La portada del libro</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un arte total</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Alessandro Zuccari se ha detenido en este aspecto, definiendo a Gaudí como un autor de «arte total». Aunque profundamente arraigado en la tradición cristiana, el arquitecto fue un incansable estudioso de la historia del arte, la arquitectura y las técnicas del pasado. Absorbía diversas influencias, las elaboraba y las transformaba en una síntesis original.<br>Para Zuccari, el gótico representa una referencia fundamental, pero no exclusiva. Gaudí también se fija en el románico, en el clasicismo, en el barroco y en las grandes tradiciones figurativas europeas. Nada se reproduce simplemente: todo se reinterpreta y se conduce hacia una forma nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El historiador del arte recordó también una famosa intuición de Salvador Dalí, uno de los primeros en captar la naturaleza radicalmente innovadora de su obra. En la lectura del artista surrealista, todo en Gaudí es metamorfosis. La Sagrada Familia nace de un riguroso esquema geométrico, pero parece casi un organismo natural, una construcción que parece generada por la misma energía creativa. Una imagen que ayuda a comprender la capacidad del arquitecto para aunar precisión proyectual y vitalidad orgánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, Zuccari también ha recordado el carácter profundamente colectivo de la empresa. El templo expiatorio, sostenido por las donaciones de los fieles, nace, de hecho, de la idea de que la casa de Dios debe ser la casa de todos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una catequesis construida en piedra</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si hay un lugar en el que esta visión encuentra su expresión más plena, ese es la Sagrada Familia.&nbsp;<strong>Andrea Tornielli</strong>&nbsp;ha señalado cómo la basílica sigue hablando incluso a quienes carecen de formación religiosa. A través de la piedra, la luz, las imágenes y el espacio, presenta de hecho lo esencial de la fe cristiana a millones de visitantes procedentes de todo el mundo.&nbsp;Tornielli ha destacado además la capacidad de la obra de Gaudí para llevar más allá de la superficie de las cosas, introduciendo una dimensión de profundidad que sigue interpelando a creyentes y no creyentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Sagrada Familia no es solo una obra maestra arquitectónica. Es una narración construida en el espacio, una síntesis de teología, símbolo y arte. En ella, recordó Puig, cada elemento encuentra su significado dentro de una visión unitaria que conduce la mirada hacia Cristo.&nbsp;Aún hoy, la basílica sigue creciendo y transformándose sin interrumpir el diálogo con el proyecto original de Gaudí. Es esta vitalidad la que le permite dialogar con diferentes generaciones y acoger nuevas aportaciones sin perder su identidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El «Agnus Dei» de Andrea Mastrovito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El diálogo con Gaudí continúa hoy a través de la obra de Andrea Mastrovito. Su obra&nbsp;<em>Gv 1,29&nbsp;</em>se colocará en el interior de la cruz situada en la Torre de Jesucristo, a 172 metros de altura, en el punto más elevado de la basílica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artista de Bérgamo ha ganado el concurso internacional convocado por la Junta Constructora de la Sagrada Familia para realizar&nbsp;<em>el Agnus Dei&nbsp;</em>previsto por el propio Gaudí en los proyectos originales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El reto consistía en transmitir el mensaje divino con un lenguaje comprensible para el mayor número de personas, sin caer en lo didáctico o lo banal», explica Mastrovito. Para afrontarlo, se sumergió en los escritos del arquitecto, en sus proyectos y en la observación directa de sus obras, tratando de mantenerse fiel a las indicaciones dejadas por Gaudí sin renunciar a su propia voz artística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La instalación representa al Cordero de Dios evocado por el versículo del Evangelio de Juan que le da título. Realizado en vidrio y rodeado de rayos luminosos dorados, el cordero está cubierto por miles de fragmentos que poseen un doble significado. En el plano cristológico, remiten a las heridas infligidas a Cristo por el mal del mundo; en el plano simbólico, evocan esa trama luminosa que la cosmología contemporánea remonta a los orígenes del universo.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/giugno/04/GV1-29_testAEM.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="Proyecto del Agnus Dei." title="Proyecto del Agnus Dei." /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Proyecto del Agnus Dei.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una luz sobre Barcelona</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La luz constituye el principio mismo de la obra. Gaudí deseaba que la cruz de la Torre de Jesucristo fuera un punto luminoso visible desde toda la ciudad y que el Cordero encontrara su lugar en su interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«He llevado la luz directamente sobre el cordero», explica Mastrovito. El vidrio, la luz natural de Barcelona, los veinticuatro rayos dorados que rodean la escultura y los sistemas de iluminación e integrados transformarán la obra en una fuente luminosa suspendida en el cielo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La basílica sigue creciendo como edificio, como imaginario y como palabra visible de la fe. No solo memoria de un genio, sino obra aún en camino, capaz de pedir a la mirada contemporánea que se eleve hacia la luz.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si como hiciera FALTA una imágenes &amp; palabras para resumir…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Lo que esconde la torre de la Sagrada Familia que bendecirá León: la imposición de Gaudí (III)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/CWegER3NECU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="620" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_1062-620x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130130" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062-620x1024.jpeg 620w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062-182x300.jpeg 182w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062-768x1267.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062-931x1536.jpeg 931w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062-1241x2048.jpeg 1241w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/IMG_1062.jpeg 1290w" sizes="auto, (max-width: 620px) 100vw, 620px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="866" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_0816-866x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130102" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="aspect-ratio:1.785760806224934;width:811px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130091</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 20:22:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Gaudí, un libro y una obra para el centenario]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
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        <item>
        <title>Entre las ruinas del teatro, Heiner Goebbels busca otra forma de mirar el mundo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/entre-las-ruinas-del-teatro-heiner-goebbels-busca-otra-forma-de-mirar-el-mundo/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;La historia es una ruina desde la que se puede mirar hacia adelante&#8221;. La frase del dramaturgo alemán Heiner Müller parece haber encontrado un hogar inesperado en el centro histórico de Bogotá. Entre las columnas y balcones del Teatro Colón, uno de los escenarios más emblemáticos del país, el compositor y director Heiner Goebbels presenta [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;La historia es una ruina desde la que se puede mirar hacia adelante&#8221;.</em> La frase del dramaturgo alemán Heiner Müller parece haber encontrado un hogar inesperado en el centro histórico de Bogotá. Entre las columnas y balcones del Teatro Colón, uno de los escenarios más emblemáticos del país, el compositor y director Heiner Goebbels presenta el estreno mundial de <em>Do You Remember Do You No I Don&#8217;t</em>, una obra creada especialmente para este espacio y para el contexto del festival <em>Lo Sagrado Universal</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pieza tendrá únicamente dos funciones, el 4 y el 5 de junio de 2026, como una coproducción entre el Centro Nacional de las Artes y Nova et Vetera. No se trata de una gira internacional que hace escala en Colombia. Tampoco de un espectáculo importado que llega terminado. Es una creación construida durante semanas de ensayos en Bogotá, junto a ocho performers y seis músicos vinculados al país, en un proceso donde el director alemán decidió, una vez más, renunciar a las certezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos donde todo parece exigir una opinión inmediata, Goebbels propone exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;No intento hacer un teatro que le diga a la gente qué pensar&#8221;, me dice durante una conversación realizada mientras el montaje entra en sus últimos ajustes. &#8220;Lo que me interesa es compartir preguntas.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A sus 74 años, Goebbels es una de las figuras más influyentes de las artes escénicas contemporáneas. Sus obras, presentadas en más de cincuenta países, han desmontado las fronteras entre música, teatro, instalación, literatura y performance. Producciones como <em>Stifters Dinge</em>, <em>Hashirigaki</em> o <em>Eraritjaritjaka</em> transformaron la escena internacional precisamente porque dejaron de entender el teatro como un lugar de representación para convertirlo en un espacio de pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando se le pregunta por el origen de esa búsqueda, vuelve a una imagen de juventud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Desde el principio intenté construir un nombre diferente. Ya en la universidad, cuando estudiaba sociología, fundé mi primera orquesta y la llamé la banda de prensa radical de izquierda. Así no había malentendidos sobre quién eras.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia, para él, nunca fue una cuestión de estilo. Fue una necesidad política y existencial. Una forma de responder a la pregunta sobre cómo hacer arte en la Alemania de la posguerra, cuando el peso de la historia obligaba a desconfiar de los grandes relatos y de cualquier verdad demasiado cómoda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sorprende entonces que el título de la nueva obra provenga de un texto de Heiner Müller, el dramaturgo con quien colaboró durante años y cuya influencia atraviesa todo el montaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Müller tenía una relación antididáctica con el teatro&#8221;, explica Goebbels. &#8220;Confiaba en el poder de la sintaxis, no de la semántica. Sus textos no te entregan un mensaje. Te obligan a pensar.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Do You Remember Do You No I Don&#8217;t</em> esa filosofía toma forma a través de una serie de acciones, imágenes, sonidos y objetos que nunca terminan de fijar un significado. El espectador no recibe una historia cerrada; debe construirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso uno de los comentarios que más le gusta escuchar después de una función es: &#8220;No entendí nada&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Para mí eso es casi un cumplido&#8221;, admite. &#8220;La pieza no está hecha para ser entendida de la manera correcta, ni desde la izquierda ni desde la derecha. Intentamos plantear preguntas más allá de esas categorías.&#8221;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="773" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/gob-2-773x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129967" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El propio proceso de creación fue una apuesta por la incertidumbre. Goebbels no llegó a Bogotá con una partitura definitiva ni con una coreografía establecida. Trabajó con los intérpretes colombianos desde la improvisación y el diálogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;No intento crear algo que responda a las expectativas habituales del teatro. Ellos traen su propia energía, sus sonidos, sus movimientos, y juntos aparece otra cosa.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habla de los artistas colombianos con una mezcla de admiración y prudencia. Ha visitado el país varias veces desde los años ochenta, pero evita cualquier lectura simplista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Sería extraño hacer afirmaciones generales sobre Colombia a partir de visitas cortas. Lo verdaderamente importante es la experiencia que estoy teniendo ahora con los bailarines y los músicos. Su humor, su creatividad y su energía me inspiran genuinamente.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa colaboración también se expresa en los materiales que ocupan el escenario. Toda la escenografía ha sido construida a partir de elementos reciclados: antiguos telones, fragmentos de vestuario, objetos provenientes de archivos teatrales y operísticos locales. Lo que alguna vez sirvió para representar héroes, princesas o paisajes europeos vuelve a escena convertido en otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Esos objetos fueron creados para simbolizar algo&#8221;, dice Goebbels. &#8220;Nuestra tarea es permitirles otro valor. ¿Cómo conviertes un telón hecho para una ópera o un cuento infantil en una herramienta que active la imaginación hoy?&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta tiene una dimensión ecológica, pero también una histórica. En lugar de ocultar las capas del pasado, la obra las expone. Las deja dialogar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una imagen que atraviesa silenciosamente toda la producción: la de un teatro que se mira a sí mismo. En lugar de construir una escenografía nueva, brillante y perfectamente acabada, Goebbels y su equipo decidieron trabajar con los restos. Telones olvidados, piezas de antiguas producciones, vestuarios descartados y objetos almacenados durante décadas reaparecen bajo otra luz. No son reliquias exhibidas con nostalgia, sino materiales vivos, capaces todavía de producir preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La decisión tiene una resonancia particular en el Teatro Colón. Inaugurado en 1892, el edificio ha sobrevivido a cambios políticos, guerras, restauraciones y transformaciones culturales. Sus paredes han visto desfilar las grandes narrativas nacionales, desde las óperas europeas que marcaron la vida republicana hasta las búsquedas más experimentales del presente. En ese sentido, la nueva obra de Goebbels parece conversar con el propio edificio: ambos están hechos de capas de tiempo que nunca terminan de desaparecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El director alemán habla de esas capas utilizando una palabra tomada de la historia del arte: &#8220;anacrónico&#8221;. No se trata de algo fuera de lugar, sino de la posibilidad de que distintas épocas se encuentren simultáneamente. Un texto de hace tres siglos puede dialogar con un músico colombiano de hoy; un viejo telón pintado para representar un bosque europeo puede convertirse en un paisaje completamente distinto cuando un performer lo desplaza sobre el escenario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso la experiencia de asistir a <em>Do You Remember Do You No I Don&#8217;t</em> se parece menos a seguir una historia que a recorrer una excavación arqueológica. El espectador no recibe una narración lineal. Va encontrando fragmentos, voces, imágenes y sonidos que parecen venir de tiempos diferentes, y es él quien debe establecer relaciones entre ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una época gobernada por algoritmos que prometen interpretar nuestros gustos, anticipar nuestras decisiones y entregarnos respuestas inmediatas, esa invitación a la incertidumbre adquiere una dimensión inesperadamente política. Goebbels no busca que el público salga pensando lo mismo. Aspira a que cada persona salga pensando por sí misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez ahí radique la importancia de que el estreno mundial ocurra en Bogotá. No como una escala periférica dentro del circuito internacional, sino como el lugar donde una obra sobre la memoria, el archivo y las ruinas encuentra una conversación urgente con un país que todavía discute qué hacer con su propio pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso las funciones del 4 y 5 de junio no son simplemente un acontecimiento para los aficionados al teatro contemporáneo. Son una oportunidad excepcional para encontrarse con uno de los artistas que más profundamente ha transformado la escena mundial y, al mismo tiempo, para experimentar una obra concebida desde Colombia y para Colombia, en el espacio simbólico del Teatro Colón, donde la historia y el presente parecen hablar el mismo idioma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Santiago Gardeázabal, curador y productor artístico de la obra y director de Nova et Vetera, cree que allí reside una de las razones por las que este estreno adquiere un significado especial en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;En un país como Colombia, el olvido nunca es neutral. Cada vez que la memoria es reemplazada por el miedo, las simplificaciones radicales comienzan a volverse seductoras. Precisamente por eso Heiner Müller sigue importando. Para Müller, toda amnesia histórica es una preparación silenciosa para la repetición de aquello que una sociedad no quiso comprender.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reflexión no se queda en el pasado europeo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;El auge de los imaginarios de derecha radical está siempre arraigado en una amnesia colectiva. Cuando las sociedades dejan de confrontar sus propias fracturas, se vuelven vulnerables a promesas autoritarias disfrazadas de orden. Para nosotros, estrenar esta obra en Colombia es un gesto político: defender la complejidad frente a la simplificación, la memoria y el archivo frente al olvido, y el pensamiento frente a la seducción de las certezas autoritarias.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es casual que Goebbels hable de &#8220;anacronismo&#8221; para definir su trabajo. No como aquello que está fuera de época, sino como la posibilidad de que tiempos distintos convivan en un mismo presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;En mis obras hay un diálogo entre temporalidades diferentes: un texto de hace trescientos años, un compositor que murió hace poco, una técnica instrumental contemporánea. Todo sucede como si fuera ahora.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación deriva inevitablemente hacia la inteligencia artificial y el futuro del arte. Mientras muchos anuncian la desaparición del teatro, Goebbels parece pensar exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;El rol del individuo y su falta de conformismo se vuelve cada vez más crucial. La pregunta es cómo nos diferenciamos los unos de los otros, y también de aquello que los medios nos dicen que debemos ser.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea, finalmente, la invitación de <em>Do You Remember Do You No I Don&#8217;t</em>: entrar a una sala de teatro sin esperar una respuesta definitiva, aceptar la incertidumbre y permitir que los objetos, los cuerpos y las memorias hagan preguntas que todavía no sabemos formular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá tendrá apenas dos oportunidades para verlo, los días 4 y 5 de junio en el Teatro Colón. Tal vez esa brevedad sea parte de la experiencia. En una época saturada de explicaciones, Goebbels viene a recordar que el arte, a veces, sirve para algo mucho más difícil: conservar abierto el misterio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de despedirnos una mañana brumosa de Bogotá, surge una última pregunta, casi un juego.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si la cultura contemporánea pudiera representarse con un único objeto encontrado entre los restos de un mundo viejo, ¿cuál sería?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Goebbels guarda silencio apenas un instante, luego me dice algo simple, extraño y profundamente contemporáneo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Agua.</p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129965</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 19:40:44 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/gob-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
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        <item>
        <title>Serie “Artescopio” presenta a Bogotá a través de la mirada de diez artistas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/serie-artescopio-presenta-a-bogota-a-traves-de-la-mirada-de-diez-artistas/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 4 de junio a las 7:00 p.m. Canal Capital estrena “Artescopio”, una serie documental que explora la relación entre el arte y Bogotá, a través de la mirada de cineastas, músicos, artistas urbanos y visuales, fotógrafos, paisajistas, muralistas, ilustradores y hasta cirqueros. Cucharita de Palo, Manu Mojito, Pablo Watusi, 1280 Almas, John Gaitán, May [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>4 de junio</strong> a las <strong>7:00 p.m.</strong> Canal Capital estrena “<strong>Artescopio</strong>”, una serie documental que explora la relación entre el arte y Bogotá, a través de la mirada de cineastas, músicos, artistas urbanos y visuales, fotógrafos, paisajistas, muralistas, ilustradores y hasta cirqueros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cucharita de Palo, Manu Mojito, Pablo Watusi, 1280 Almas, John Gaitán, May Rojas, Carmen Gil Vrolijk, Natalia Santa, Diana Wiesner y La Gata Cirko son los artistas que en “Artescopio” narran su forma de mirar y plasmar a Bogotá en su estética artística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque parece obvio, muchas veces se olvida que una ciudad o un barrio no significa lo mismo para todos porque cada vivencia está ligada al sentimiento, y por eso es que los lugares están más ligados a la memoria que a la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la fachada de una casa que pasa desapercibida para muchos es la inspiración para las ilustraciones de <strong>Cucharita de Palo</strong>; o los charcos que tanto nos incomodan son la materia prima de las “charcografías” del artista visual <strong>John Gaitán</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Justamente, “<strong>Artescopio</strong>” se estrena con el capítulo protagonizado por John Gaitán y es perfecto porque los televidentes podemos darnos cuenta de cómo a través de su mirada Bogotá deja de ser solamente una ciudad acelerada para convertirse en un territorio lleno de detalles invisibles que cuentan historias silenciosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con diez episodios, ocho videocasts y tres especiales “<strong>Artescopio</strong>” nos permite a los televidentes redescubrir Bogotá a través del arte que transforma el paisaje cotidiano.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="¡Las &amp;apos;charcografías&amp;apos; de John Gaitán llegan a #Artescopio!" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/6r7l7eM3HCs?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los episodios</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Artescopio</strong>” propone un recorrido por una Bogotá múltiple y cambiante: desde los cerros del sur y el oriente hasta el centro, Chapinero y las periferias; una ciudad atravesada por acentos, colores, noches, sonidos y formas distintas de habitarla. Una ciudad que no puede verse ni entenderse como un solo lugar, porque está hecha de muchas ciudades que conviven al mismo tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sonero <strong>Pablo Watusi</strong> aparece como una figura clave para comprender la riqueza ‘afrocachaca’ presente en Colombia. Su voz y su trayectoria celebra la mezcla de las raíces afro y la experiencia bogotana contemporánea. Una tradición que emociona a varias generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, <strong>Manu Mojito</strong>, artista queer de Bogotá que a través de su obra ha logrado darles voz, rostro y visibilidad a las personas trans de la ciudad; habla sobre su trabajo que rompe estereotipos y prejuicios, convirtiéndose en una apuesta artística y política profundamente transformadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La serie también dedica un espacio importante al arte urbano y a las expresiones que nacen en la calle. Allí aparece <strong>May Rojas</strong>, un joven artista que viene de la periferia y del street art. Su proyecto Bogotá Colors ha logrado transformar no solo los imaginarios sobre Ciudad Bolívar y sus habitantes, sino también la relación que la propia comunidad tiene con su territorio. Actualmente, Bogotá Colors y El Paraíso se han convertido en nuevos referentes turísticos y culturales de Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro de los nombres destacados son los de Carmen <strong>Gil Vrolijk</strong>, y La Quinta del Lobo, que conforman una compañía de altísimo nivel artístico. A través de las artes vivas y las nuevas tecnologías crean obras de una potencia estética única. Aunque sus propuestas parten de lo local, su calidad y lenguaje escénico les permiten dialogar con el mundo y conectar con audiencias internacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido creativo continúa con <strong>La Gata Cirko</strong>, la compañía precursora del circo contemporáneo en Colombia. Gracias a su trayectoria y trabajo artístico, hoy Bogotá es un referente latinoamericano y mundial del circo contemporáneo. Durante más de veinte años han construido espectáculos que mezclan acrobacia, teatro físico y poesía visual, demostrando que el cuerpo también puede narrar historias profundas y conmovedoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1280 Almas</strong>, banda fundamental del rock colombiano, recuerda que desde los años 90 han retratado en sus canciones la vida urbana, las contradicciones de Bogotá y las emociones de varias generaciones. Su presencia en la serie permite entender cómo el rock también hace parte de la memoria cultural de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El universo íntimo y emocional de la ilustradora <strong>Lizeth León</strong>, conocida como Cucharita de Palo, ha construido uno de los retratos más bellos y sensibles de Bogotá. A través de sus ilustraciones y de su libro Fachadas Bogotanas, le rinde un homenaje amoroso a la ciudad autoconstruida, a los barrios populares y a sus habitantes. Su obra nos recuerda que la historia de Bogotá no solo habita en los grandes edificios o centros patrimoniales, sino también en las fachadas diversas, cotidianas y vivas de los barrios populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo dedicado a <strong>Natalia Santa</strong>, el cine aparece como una herramienta para explorar los vínculos familiares, los silencios y las emociones cotidianas. La directora colombiana comparte una mirada profundamente humana sobre las historias que construye y sobre la manera en que la memoria influye en su obra audiovisual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Artescopio</strong>” cierra con <strong>Diana Wiesner</strong>, una de las paisajistas más importantes del país. Su trabajo demuestra que el paisaje también puede ser una forma de arte y de transformación social. A través de proyectos ecológicos y urbanos, Wiesner propone una relación más armónica entre la ciudad, la naturaleza y las comunidades.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" height="771" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/Artescopio-Cucharita-de-Palo-1024x771.jpg" alt="" class="wp-image-129959" style="width:1024px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La artista Cucharita de Palo, una de las protagonistas de la serie &#8220;Artescopio&#8221;.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a> </p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129957</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 16:38:14 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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        <item>
        <title>Sobre una pintura de Gauguin</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/sobre-una-pintura-de-gauguin/</link>
        <description><![CDATA[<p>El análisis de una obra de arte se puede enfocar desde posiciones muy distintas, sea: entendiendo el proceso cognitivo, o la obra como producto socio-económico, o la obra en relación con su época, buscando su significado simbólico, iconológico o, encontrando meramente los aspectos formales de su construcción. El análisis se puede enfocar comparativamente con otras [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El análisis de una obra de arte se puede enfocar desde posiciones muy distintas, sea: entendiendo el proceso cognitivo, o la obra como producto socio-económico, o la obra en relación con su época, buscando su significado simbólico, iconológico o, encontrando meramente los aspectos formales de su construcción. El análisis se puede enfocar comparativamente con otras obras del mismo autor a fin de encontrar los aspectos comunes que conforman la categoría que llamamos <em>estilo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los juicios sobre una obra de arte dependen en gran medida de la experiencia y expectativa del observador. Analizaré aquí de la obra titulada: <em>Dos tahitianas al borde del agua.</em> Una pintura pequeña de 67 x 90 centímetros, que en la actualidad se encuentra en el museo del Louvre, y fue pintada en 1899, durante la segunda estancia de Gauguin en Tahití.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los críticos y conocedores de arte miran el cuadro, no solo buscando patrones temáticos en los elementos de la composición —además de hacer análisis de la simetría, el equilibrio, el color, la luz, la textura, el contraste, la composición—, sino también haciendo relaciones de la obra escogida con otras de épocas distintas o de la misma época. Usan la información que tienen sobre la obra y el artista, y hacen conexiones con el resto de la información general y particular que tienen previamente. Entendamos que esta información crece y cambia constantemente, por lo que los juicios personales también podrían cambiar con el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para empezar, el conocedor de arte necesita identificar al artista, conocer el título y la fecha en que fue pintada la obra, pues dan datos importantes.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Se sabe por las cartas y escritos que dejó Gauguin que desde 1887 había dejado de seguir la moda pictórica del <em>Impresionismo</em>.</li>



<li>A Francia llegaban grabados japoneses, desde 1860, importados y también papel de envolver con llamativos y hermosos estampados. El grabado japonés era supremamente interesante y novedoso pues gráficamente mostraba una clara división entre la línea y la mancha. Por otro lado, los grabados japoneses tenían un manejo de la perspectiva poco usual y unos puntos de vista del observador originales y novedosos (aprovechados y explorados al máximo por Gauguin).</li>



<li>El cloisonismo estaba de moda. Viene de la palabra francesa <em>cloison, </em>que significa partición: un tipo de decoración para los utensilios de hierro, en que la superficie esmaltada iba fraccionada entre líneas finas de metal.</li>



<li>La influencia inglesa estaba presente en el ambiente con su movimiento <em>Arts and Crafts</em>, que ponía su fuerza e interés en las artes menores, artesanales y decorativas.</li>



<li>La fotografía ya se había inventado, hacía cuarenta años, por lo que el deseo de hacer pinturas “realistas” se había perdido y predominaba una nueva preocupación: la exaltación de los medios artísticos en sí mismos.</li>



<li>En la cultura literaria estaba de moda la tendencia simbolista encarnada en la imaginación, lo sobrenatural y las grandes alegorías del destino humano.</li>



<li>Los artistas se consideraban a sí mismos profetas del arte para cuyo propósito usaban un discurso visual.</li>



<li>Los artistas de fines del siglo 19 estaban interesados también en todo lo arcaico y sacramental, y obsesionados por averiguar los profundos instintos del ser.</li>



<li>Muchos artistas buscaron inspiración y originalidad en otros reinos étnicos. En palabras del crítico de arte Robert Huges: “El deseo de ser primitivo estaba muy en función del imperialismo <em>fin-de-siecle</em>; resultaba atractivo para las personalidades fuertes y las mentes dominantes.”<a id="_ednref1" href="#_edn1">[i]</a></li>



<li>Respecto al arte Moderno, Paul Valèry dijo que “Tiende a explotar casi exclusivamente la sensibilidad <em>sensorial</em> a expensas de la sensibilidad general o afectiva y de nuestras facultades de construcción, de adición de duraciones y de transformación de nuestro espíritu. Sabe de maravilla cómo excitar la atención y usa cualquier medio para lograrlo: intensidad, contraste, enigma, sorpresa.”<a id="_ednref2" href="#_edn2">[ii]</a></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Lo anterior era una referencia rápida a la época y sus ideales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que sabemos del artista</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Paul Gauguin nació en París en 1848.</li>



<li>Consideró al pintor Pissarro su auténtico maestro.</li>



<li>En el proceso de su pintura prefirió usar la memoria y desdeñar la observación directa que era en ese entonces el método de los impresionistas.</li>



<li>El pintor Degas fue repetidas veces su punto de referencia en las composiciones y en las perspectivas inusitadas.</li>



<li>De la herencia japonesa tomó el antinaturalismo en la acentuación del dibujo y el uso del color.</li>



<li>Gauguin fue un admirador del sincretismo —fusión y coexistencia de técnicas, estilos, iconografías o creencias de diferentes culturas o períodos históricos en una única obra.</li>



<li>No temió ni evitó ser decorativo.</li>



<li>Su ambición como artista fue reconciliar al arte con los sueños y las ambiciones humanas. Para simbolizar esto utilizó el color y la forma.</li>



<li>Creyó en las palabras de Baudelaire cuando dijo que “El arte debía ser lujo, calma y voluptuosidad.”</li>



<li>Quiso, cómo pintor, liberarse de todas las convenciones del color y la línea. Quiso poseer la materia, y tratar de reconocer en la naturaleza el paisaje que había visto con el pensamiento.</li>



<li>Dijo: “He tratado de hablar del color y de explicarlo como materia viva; como el cuerpo de un ser animado. Me queda su espíritu, su fluido inaferrable (&#8230;) hablar del color que estimula la imaginación enriqueciendo nuestro sueño y abriendo nuevos horizontes hacia el infinito y lo ignoto.”<a id="_ednref3" href="#_edn3">[iii]</a></li>



<li>Dejó Francia en 1891 y se fue a vivir a Tahití; tenía cuarenta y tres años.</li>



<li>Émile Bernard (1868–1941), que era veinte años menor que él, influenció su trabajo enormemente. Lo empujó a decidirse de una vez y para siempre por el uso simbólico y violento del color, por una paleta de colores puros y cálidos y por la demarcación decidida de los contornos por medio de la línea.</li>



<li>Gauguin fue intransigente, individualista, anarquista y un defensor acérrimo de su libertad personal.</li>



<li>En 1891 pintó en Tahití <em>Dos tahitianas al borde del agua</em>.</li>



<li>En 1897, a causa de su pobreza, decidió suicidarse en Tahití; ingirió arsénico, pero no murió.</li>



<li>El 8 de mayo de 1903 murió agotado en Hiva Hoa, pequeña isla de las Marquesas.</li>



<li>Nunca tuvo éxito comercial.</li>
</ul>



<h1 class="wp-block-heading">Mi percepción de la obra <em>Dos tahitianas al borde del agua</em></h1>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/73/Paul_Gauguin_056.jpg/960px-Paul_Gauguin_056.jpg" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Una pintura de 67 x 90 centímetros se puede considerar pequeña. <em>Grosso modo</em> se ven dos mujeres jóvenes sentadas en una playa. En el fondo y ocupando una cuarta parte del cuadro se ve el mar. El mar es de color verde y en medio de éste se encuentra una franja de verde más claro, nítidamente diferenciada en sus contornos por una línea amarilla. Podemos deducir cuatro insinuaciones de crestas de olas por las delgadas franjas ondulantes de color más claro, casi blanco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la playa como el mar están tratados sin cualidades atmosféricas. Los colores no sólo no se desvanecen con la distancia, sino que además en el fondo, donde debería el color ser claro y azulado, el verde del mar es más intenso y oscuro que el amarillo de la playa, lo que hace que la escena se aplane. El observador está situado a la izquierda del cuadro. Ve la espalda y el pelo de la mujer de la izquierda y la cara de frente y el cuerpo entero de la mujer de la derecha. La línea de horizonte está más arriba del límite del cuadro. El observador mira a las mujeres desde arriba. El pintor se ha acercado tanto a la imagen que algunos pedazos se salen del marco. El centro del cuadro tiene poca información, pues está ocupado por las flores blancas del vestido de una de las muchachas y un pie enorme en el que no se han aplicado las leyes de la reducción del tamaño por la distancia. Esto muestra su anarquismo. La forma del pie está simplificada hasta lucir primitiva. De las pocas sombras se puede concluir que la luz viene del lado derecho. La cara de la mujer de vestido rosa proyecta sobre este una sombra de color rosa-azul más intenso. Las sombras que proyectan los cuerpos sobre la playa son verdes y también contienen un poco de azul. Han dejado de ser solo sombras y adquieren valor como color.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tratamiento de las superficies de color no es del todo consistente. El mar, la playa, la cola de caballo, la cara, el pie y la falda de la mujer de rojo son de colores planos sin gradaciones ni texturas. Los bordes están marcados por líneas nítidas. Esto produce un efecto muy distinto al de los cuadros impresionistas, pues inmoviliza la imagen y deja de ser una impresión visual para convertirse, si se puede decir, en una imagen mental. El vestido rosa, las manos, la cara y los pies de la mujer que mira de reojo están tratados con manchas que iluminan y dan sombra a los volúmenes. En un primer plano, el brazo grueso posee un burdo sombreado de carácter gráfico. Las sombras de la cara de la mujer que está de frente son verdes y no están matizadas. Aunque es un cuadro muy plano, se puede tener una sensación de espacio por efecto de la superposición de unos planos sobre otros, como el brazo de la mujer de cabello largo que se superpone a ella o el vestido rosa que tapa una pequeña parte del vestido rojo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las figuras, vestido rosa, pie, mano y cabeza invaden el cuadro y se salen del marco. Este sangrado de las figuras era muy común en los grabados japoneses que llegaban a Francia. Amarillo cálido, rojo intenso, negro azulado, blanco azulado, rosa y verde son los colores de esta paleta irreal y cálida escogida por Gauguin. Son bellos los pocos toques de luz blanco-azulado sobre el cabello, acompañado de unas pequeñas manchas rojas, en el caso de la mujer que está a la izquierda. Sobre la frente de la otra muchacha hay una pincelada de tono marrón naranja que da algo de volumen a la cara muy plana de por sí. La luz no es intensa pues no hay contrastes de color; no obstante, el color es intenso y bello. El color azul remplaza al blanco cuando está en la sombra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estado sicológico que expresan los dos rostros es de desesperanza. Los cuerpos están relajados, sin dinamismo. La mujer de la izquierda tiene los ojos casi cerrados o parece estar ensimismada. La mujer de la derecha mira de reojo, tiene entre sus manos unas fibras de color naranja pero no se dispone a trabajar con ellas. Parece desolada, es la expresión del que ha recibido una mala noticia y no reacciona pues no tiene esperanza de cambiar la realidad. El tiempo parece detenido, y no brisa el mar. Sobre la arena hay desdibujados, aparentemente, una caja de cerillas, una flor sin color, un gancho y una fibra enroscada que se la traga la arena.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Lo que nos dice el título</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las claves semánticas más importantes para analizar una obra nos la da el título. Su importancia es enorme, no sólo para ayudar a fijar la obra en la memoria, sino que incide en el tiempo que la vamos a recordar. La percepción va ligada obligatoriamente a la memoria y a la expectativa. Estamos condicionados a interpretar lo que vemos, aunque se trate de una mancha informe de tinta. La percepción es una transacción entre nosotros y el mundo. El título y la imagen interactúan, ponen en acción una sucesión de asociaciones. Sabemos que los simbolistas usaban el título no para particularizar, sino por lo contrario, para generalizar. Todo esto con el fin de darle solemnidad a la imagen. Por eso del título, <em>Dos tahitianas al borde del agua,</em> podemos inferir que no se trata de “Noa” y “Ptan”, sino de todas y al mismo tiempo de ninguna mujer de Tahití. Son dos mujeres escogidas al azar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi opinión, Gauguin es uno de los artistas más interesantes que ha dado este mundo. Las paletas de colores que usó, que inventó, desafiaban en su momento todas las convenciones, así también los encuadres y el punto de vista del observador llegaron a ser prodigiosos. El pintor nos pone a descifrar desde dónde se están mirando las escenas. Las escenas mismas son entre misteriosas, simbólicas y realistas. Uno sabe que está viendo una realidad, pero en esa realidad entra la magia. Y no son realidades oníricas ni surrealistas, pero a veces son situaciones casi inverosímiles. Los combinados de colores, las sustituciones que hizo para crear algo de volumen y sombras fueron innovadoras y únicas. Esto no quiere decir que las veamos solo en él. Se debe a que ha sido copiado por una variedad enorme de artistas y de diseñadores gráficos. En Colombia, en muchas de las obras de Beatriz González es evidente la influencia y copia de las paletas colorísticas de Gauguin. Las composiciones pictóricas de Gauguin son, una por una, de lo más extraordinario que ha existido jamás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Continuará la próxima semana.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Huges Robert. <em>A toda crítica: ensayos sobre arte y artistas</em>. Barcelona. Anagrama. 1992. Pág. 20.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Valery, Paul. <em>Piezas sobre arte</em>. Madrid. Visor Dis. 1999. Pág. 68</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a>Bertone, Virginia. <em>Gauguin</em> En: Pockets Electa. Sociedad Editorial Electa España. 1995. Pág. 59 (Gauguin, Paul, <em>Escritos de un salvaje</em> -1884-1903-, Milán 1893)</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129798</guid>
        <pubDate>Sun, 31 May 2026 12:13:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Sobre una pintura de Gauguin]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">129798</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La memoria petrificada de un pensamiento titánico: Roberto Pizano Restrepo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-memoria-petrificada-de-un-pensamiento-titanico-roberto-pizano-restrepo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre yesos petrificados, archivos olvidados y travesías transatlánticas, emerge la figura casi mítica de Roberto Pizano Restrepo: el artista que soñó con traer la memoria estética de Europa al corazón de Colombia. Este artículo recorre su vida, su legado y la sorprendente red genealógica que une arte, política, espiritualidad y nación, en una historia donde el pasado se resiste a morir y el arte conspira contra el olvido.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por Ramón García Piment y Claudia Patricia Romero</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuántas historias pueden contarse?, ¿cuántas merecen la pena ser recordadas?… Creemos que todas poseen valor. La humanidad es como una gigantesca biblioteca en la que cada ser es un libro único, con recorridos, perspectivas y trasegares distintos. Hay quienes pretenden encasillarnos en estigmas regionales, nacionales o culturales; sin embargo, algunos sentimos más cercanía con seres del otro lado del planeta que con aquellos con quienes convivimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos han logrado trascender su historia, publicar el libro de su vida y conspirar contra el olvido; mientras otros la han perdido en el gabinete del tiempo, hasta que los arqueólogos de la memoria se atreven a contemplar aquello interesante que, por alguna razón, fue desechado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un recorrido por algunos edificios centenarios colombianos podemos encontrar obras de arte de una talla extraordinaria, capaces de llamar la atención de quienes perciben el aura o la “densidad luminosa” que atrae, de manera hipnotizante y sensorial, hacia esos yesos petrificados ante el paso de los años. Con ellos permanece encostrada la historia de su creador: un personaje místico, oculto y extraño, dotado de visión y arrojo; altamente reconocido en el medio artístico, pero casi desconocido para los nacionales: Roberto de las Mercedes Pizano Restrepo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="381" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260515_035718000_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129275" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260515_035718000_iOS.jpg 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260515_035718000_iOS.jpg?resize=300,143 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260515_035718000_iOS.jpg?resize=768,366 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este retratista, pintor y amante de los paisajes logró trascender en su época con paso firme y voluntad avasalladora, superando los estándares del arte incipiente colombiano que se esforzaba por alcanzar frutos de talla mundial. Sin embargo, sus luchas por amar el arte por encima de su propia vida, así como su inclinación por los lujos de la sociedad bogotana de la posguerra del siglo XIX, fueron deteriorándolo hasta extinguirlo prematuramente, antes de alcanzar el culmen de sus sueños. Murió a los 32 años, en 1929, en su casa de campo “Servitá”, al norte de Bogotá. Su tránsito por la vida estuvo guiado por una mirada inovadora con la que escribió un legado indeleble para la historia del arte de un país que, con demasiada frecuencia, parece empeñado en olvidar su pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inserción de Pizano en la memoria colectiva se consolidó a partir de un proyecto concebido desde la exploración de la visión artística mundial, su introducción en círculos sociales y políticos determinantes para la toma de decisiones nacionales, y la audacia de proponer ideas al gobierno en un momento crucial. Con tal propósito, viajó a los 21 años a España para estudiar artes en la Academia de San Fernando, y recorrió Francia e Italia en busca del perfeccionamiento de su identidad artística. El hilo que lo mantenía unido al país lo trajo de regreso en 1921: se casó con María de Brigard Ortiz, fue profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional y recopiló como ninguno, su información sobre el artista colonial Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="600" height="362" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260515_034951000_iOS-1.jpg" alt="" class="wp-image-129274" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260515_034951000_iOS-1.jpg 600w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260515_034951000_iOS-1.jpg?resize=300,181 300w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En 1923 regresó a Europa, donde se concentró en concluir y publicar el libro sobre Vásquez de Arce, mientras trabajaba en el taller del director del Museo del Prado en España, Fernando Álvarez de Sotomayor, y fortalecía su enfoque artístico en París, en L’École Nationale Supérieure des Beaux-Arts. Fue precisamente en aquellos recorridos por edificaciones parisinas dedicadas al arte, como el palacio de estudios construido por Félix Duban, conocido como “La Cour vitrée”, &nbsp;donde se produjo un punto de inflexión: una luz que permitió vislumbrar el destino de su trabajo terrenal. Lo expresó él mismo:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>“Para adquirir un carácter nacional definido y fuerte, es preciso mirar al pasado, enseñar a los jóvenes a estudiar y conocer la obra de sus predecesores, para transmitirles así la energía y el pensamiento de estos, condición indispensable para que pueda proseguirse”.</p></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Así surgió la idea pedagógica de llevar las obras clásicas de Europa a los estudiantes de la incipiente escuela de artes bogotana. Pizano se preguntaba cómo concretar sus aspiraciones en un país que apenas salía de convulsiones y tormentos políticos. Al mismo tiempo, fortalecía una mirada conservadora del arte académico en un mundo que respiraba nuevos aires de vanguardia, revolución social e industrial, negando los cánones clásicos de belleza. Su perspectiva, joven y aguda, lo llevó a inclinarse por lo definido y a no zambullirse en un universo aún inexplorado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="676" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/La-Cour-Vitree-676x1024.png" alt="" class="wp-image-129250" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos imaginar las tertulias parisinas de Pizano con amigos como José Medina y el antioqueño Roberto Pinto Valderrama, director de <em>Le Journal des Nations Américaines</em> y jefe de la oficina de información colombiana en Francia, donde se confabularon las estrategias para traer el arte clásico a Colombia. Fue entonces cuando Roberto Pizano lanzó un dardo intelectual a la sociedad capitalina, al publicar un artículo en un diario bogotano denunciando la necesidad de espacios dignos para la enseñanza de las artes, semejantes a los que había conocido en España y Francia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dardo dio en el blanco. En el Congreso de la República se debatía la precaria y humillante manera en que estudiaban los futuros artistas colombianos, al aire libre, en el Parque de la Independencia. La presión de la élite colombiana ante la publicación de Pizano, miembro de la Academia Colombiana de Historia y artista reconocido, fue tan contundente que el ministro de Instrucción Pública le envió un telegrama ofreciéndole la rectoría de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su intrépida respuesta no se hizo esperar. Puso dos condiciones al gobierno: apoyo irrestricto para adecuar un espacio digno y suficiente para albergar la Escuela de Bellas Artes del país, y la dotación de los “materiales esenciales” para su correcto funcionamiento. Posiblemente los dirigentes vieron con desfachatez la firmeza de sus exigencias y no alcanzaron a dimensionar que aquello significaría la conformación de bienes artísticos de valor centenario para la nación, destinados a convertirse en patrimonio cultural nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gobierno, encabezado por Miguel Abadía Méndez, plasmó su decisión mediante el Decreto 898 de mayo de 1927, por medio del cual se le asignaban 23.827 pesos para la compra de materiales que Pizano considerara convenientes y 600 pesos de viáticos para su retorno al país. Era dinero proveniente de la indemnización por el canal de Panamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los documentos históricos se transforman en experiencias sensoriales que transmiten la pasión desbordada de esta lúcida fábrica del conocimiento orquestada en la mente de Pizano, al solicitarle al Estado colombiano que le permitiera “<em>permanecer en Europa hasta terminar de elegir la totalidad de las obras, haberlas comprado y despachado él mismo para Bogotá con el fin de impedir cualquier demora o error perjudicial</em>”.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="770" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260515_035826000_iOS-770x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129270" style="aspect-ratio:0.7519612450742923;width:454px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta fácil imaginar la satisfacción y el enorme trabajo que debió representar para este artista la posibilidad real de adquirir réplicas de las obras de arte más representativas y seleccionar la colección que habrían de contemplar sus conciudadanos. Escogió piezas provenientes del Louvre, el Museo Británico, gliptotecas y otras instituciones de Grecia e Italia. Sabemos, gracias a los registros de archivo, que entre mayo y septiembre de 1927 Roberto Pizano seleccionó y compró cuidadosamente 242 yesos de alta calidad y precisión respecto a los originales, relacionados con el arte egipcio, asirio, persa, caldeo, griego y romano; así como con el arte gótico, renacentista, barroco, manierista, neoclásico, romántico y moderno.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="474" height="800" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260518_170252267_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129272" style="aspect-ratio:0.5925107088572613;width:345px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_170252267_iOS.jpg 474w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_170252267_iOS.jpg?resize=178,300 178w" sizes="auto, (max-width: 474px) 100vw, 474px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, reunió una colección de grabados y calcografías provenientes de museos de Berlín, París, Londres y Madrid, conformada por 1.653 piezas de artistas como Jacques Callot, Rembrandt, Giovanni Battista Piranesi, Hyacinthe Rigaud y Alberto Durero.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="936" height="892" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/salida-puerto-1.png" alt="" class="wp-image-129268" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/salida-puerto-1.png 936w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/salida-puerto-1.png?resize=300,286 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/salida-puerto-1.png?resize=768,732 768w" sizes="auto, (max-width: 936px) 100vw, 936px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La travesía de esta experiencia artística única comenzó en los muelles del Port Autonome du Havre, en la desembocadura del río Sena, en Normandía; también en los puertos de Hamburgo, desde donde partía el vapor <em>Venezuela</em> por el río Elba con cargamentos de la casa E. A. Seemann, desde Leipzig; y en otros muelles de Italia y Liverpool, con el vapor <em>P. de Latouche</em>. Los vapores coincidían en un viaje de tres meses hasta el muelle de Puerto Colombia, en Barranquilla, considerado en 1888 como el segundo más largo del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto, el maestro Pizano, quien para ese entonces fungía sin posesionarse, como director de la Escuela de Bellas Artes, enfrentó dificultades administrativas derivadas de los engorrosos trámites impuestos por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público a través de la sección de encomiendas postales del exterior, especialmente en lo relativo a la exención de paquetes postales. Otro suplicio surgió con el transporte fluvial por el río Magdalena, donde champanes y vapores como el <em>Atlántico</em>, el <em>Bomboná</em> o el <em>Amazonas</em> trasladaban las enormes cajas de madera hasta Honda, Beltrán y Girardot. Allí eran revisadas nuevamente por inspectores fluviales antes de ser cargadas en los vagones del tren que finalmente las conducirían hasta la Estación de la Sabana, en Bogotá. Los cargamentos arribaron de manera escalonada durante todo 1928, e incluso algunos llegaron tardíamente en 1929.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="600" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/Rio-magdalena.png" alt="" class="wp-image-129276" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Rio-magdalena.png 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Rio-magdalena.png?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Rio-magdalena.png?resize=768,576 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En uno de aquellos vapores viajó Pizano junto con su esposa y sus dos hijos, uno de ellos sería años después cofundador de la Universidad de los Andes y gestor del plan urbano de Bogotá ideado por Le Corbusier. Tocaron suelo colombiano el 26 de diciembre de 1927 y siguieron la misma travesía hasta el interior del país, donde logró posesionarse como director el 5 de enero de 1928.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="403" height="800" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260518_165959782_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129271" style="aspect-ratio:0.5037678131761546;width:354px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_165959782_iOS.jpg 403w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_165959782_iOS.jpg?resize=151,300 151w" sizes="auto, (max-width: 403px) 100vw, 403px" /></figure>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-f56f613f wp-block-group-is-layout-flex">
<p class="wp-block-paragraph">Con el entusiasmo intacto, Roberto Pizano instaló las oficinas y salones de la Escuela de Bellas Artes en la antigua casona de Miguel Antonio Caro, fundador de la Academia Colombiana de la Lengua, ubicada en la estratégica esquina de la carrera séptima con calle 19. La construcción, diseñada por Pietro Cantini y Carlos Camargo Quiñónez, contaba temporalmente con las condiciones espaciales necesarias para el estudio de las bellas artes. Entre tanto, la colección mundial llegaba al Colegio de San Bartolomé, donde era ubicada en el salón de grados para su revisión y restauración, a cargo del español nacionalizado en Colombia Ramón Barba.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
</div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de los propósitos de Roberto Pizano no estaba previsto que el destino, en ocasiones, juega con la fragilidad de la vida. De manera repentina apareció una extraña enfermedad que apagó rápidamente su vigor y, con él, la esperanza de sus discípulos, de los intelectuales y de toda una sociedad que creyó en un palacio inundado de arte y terminó enfrentándose al dolor de un sarcófago aquel 9 de abril.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="567" height="480" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/Roberto-Pizano-low.jpg" alt="" class="wp-image-129267" style="aspect-ratio:1.185287277112585;width:610px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Roberto-Pizano-low.jpg 567w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Roberto-Pizano-low.jpg?resize=300,254 300w" sizes="auto, (max-width: 567px) 100vw, 567px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Fue necesario un año entero para que la nación asimilara la derrota ante su muerte. El 9 de abril de 1930 se abrió finalmente la anhelada sala de exposiciones artísticas en Bogotá. Entretanto, seguían llegando comunicaciones de agentes de aduana reclamando innumerables encomiendas que, al parecer, continuaban arribando desde el Olimpo, resonando como campanas en los deudos oficiales de la titánica labor del maestro. Los años transcurrieron sin que esfuerzo posterior alguno lograra completar el sueño que Roberto Pizano alcanzó apenas a rozar con las manos: su edificación digna aún está por verse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, casi un siglo después de su partida, los bajorrelieves y esculturas de la “Colección Pizano”, dispersos en espacios prestados, llenan de una pasión casi sacra a quienes hemos tenido el privilegio de contemplarlos en la biblioteca, el Museo de Arte Moderno y la hemeroteca de la Universidad Nacional de Colombia. Cada pieza pétrea, inmóvil pero vibrante, narra no solo la labor de su creador desde una mirada pedagógica e histórica, sino también el pasado estético de la humanidad. Sin embargo, la memoria colectiva parece desvanecerse cuando no conspira contra el olvido. Roberto Pizano lo sabía; por ello escribió lapidariamente en el prólogo de su libro sobre Vásquez de Arce y Ceballos:</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Con razón debería gloriarse nuestra patria de los artistas que han florecido en su suelo, y, sin embargo, no son en general apreciados como lo merecen. Si se trata de los que en antaño vivieron, su historia está aún por escribir, y sus nombres se van desvaneciendo&#8221;</p><cite>Roberto Pizano Restrepo</cite></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el destino, y también la gracia divina, suele transitar por caminos insospechados, tejiendo artilugios invisibles para mantener viva la llama del pasado, esa que jamás debería extinguirse. Así, en medio de una búsqueda genealógica que parecía apenas un ejercicio de fechas, nombres y parentescos, las familias Pizano y De Brigard comenzaron a escudriñar los pliegues de un árbol familiar vasto y frondoso, poblado de personajes cuya sola evocación parece recorrer la historia republicana de Colombia: religiosos de hondura espiritual, artistas, políticos, intelectuales y empresarios que dejaron huella en la construcción del país.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="493" height="800" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260518_170441161_iOS.jpg" alt="" class="wp-image-129273" style="aspect-ratio:0.6162570888468809;width:306px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_170441161_iOS.jpg 493w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/20260518_170441161_iOS.jpg?resize=185,300 185w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De esa búsqueda del pasado podemos encontrar que, en los albores de la República, cuando la Sabana de Bogotá aún conservaba el aliento de la colonia y el eco de las guerras de independencia, la estirpe Sordo, de origen peninsular y arraigada entre comerciantes y hacendados, se entrelazó con la sangre de los Girardot, de ascendencia francesa. De aquellas uniones surgirían alianzas destinadas a prolongarse a través de generaciones como un río de memoria que nunca deja de correr. <em>(De la familia Sordo Girardot, hemos escrito el articulo: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/el-nacimiento-del-sistema-financiero-y-economico-colombiano/">El nacimiento del sistema financiero y económico colombiano</a> )</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue entonces cuando apareció la figura casi novelesca de Juan de Brigard y Dombrowsky, militar nacido en Varsovia, sobreviviente de las guerras napoleónicas, quien llegó a Colombia cargando consigo el polvo de Europa y el espíritu errante de los viejos imperios. Su unión, en 1824, con Benita María Josefa Sordo García, descendiente de una poderosa familia de comerciantes bogotanos, dio origen a la estirpe De Brigard Sordo, una rama familiar en la que se amalgamaron el rigor europeo, la sensibilidad intelectual y el arraigo criollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De aquella casa solariega nació, entre otros, Luis de Brigard Sordo, quien al unirse con María Josefa Ortiz daría paso a una generación profundamente ligada al destino cultural y espiritual del país. Entre sus hijos estuvieron María de Brigard Ortiz, destinada a cruzar su vida con la del artista Roberto Pizano Restrepo, y Monseñor Emilio de Brigard Ortiz, una de las figuras eclesiásticas más queridas e influyentes de Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La unión entre Roberto Pizano Restrepo y María de Brigard Ortiz representó mucho más que un matrimonio: fue el encuentro simbólico entre la sensibilidad artística y una genealogía moldeada por la política, la fe y la educación republicana. De ese cruce nacieron herederos que prolongaron la vocación intelectual de la familia, de quien mencionamos anteriormente, Francisco Pizano de Brigard, arquitecto, político y cofundador de la Universidad de los Andes, institución de la que también fue rector y decano; o Helena Pizano de Brigard, cuya descendencia enlazaría con figuras determinantes de la vida nacional como Daniel Samper Pizano y el expresidente de Colombia Ernesto Samper Pizano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las ramas de este árbol familiar continúan extendiéndose hasta el presente, como raíces antiguas que se niegan a morir bajo la tierra del olvido. Allí aparece Carmen Pizano, heredera contemporánea de este linaje, depositaria no solo de un apellido, sino también de una memoria cultural, arquitectónica y espiritual que atraviesa generaciones enteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y fue precisamente a través de un encuentro furtivo en este año con Carmen Pizano, casi como si la historia hubiese decidido abrir discretamente una puerta olvidada, que volvió a encender el llamado de la memoria. Aquel diálogo nos permitió comprender que el pasado no desaparece: permanece latente, aguardando a quienes estén dispuestos a escucharlo. Gracias a ese inesperado cruce de caminos, la figura titánica del maestro Roberto Pizano Restrepo volvió a levantarse sobre el pedestal de la memoria pétrea, reclamando el lugar que merece en la historia nacional: una historia que debe ser contada, recordada y profundamente apropiada por quienes aún creemos que el arte también puede salvar del olvido a nuestra nación.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129242</guid>
        <pubDate>Mon, 18 May 2026 18:43:28 +0000</pubDate>
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