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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for textos | Blogs El Espectador</title>
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        <title>James Robinson: “No veo a nadie, ni en la izquierda ni en la derecha, con una estrategia real para crear una sociedad diferente en Colombia”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/colombia-sigue-sin-una-estrategia-de-pais-james-robinson/</link>
        <description><![CDATA[<p>James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en presidentes, académicos y líderes de todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero más allá de las teorías sobre instituciones inclusivas y extractivas, Robinson se ha convertido en un observador privilegiado de América Latina y, particularmente, de Colombia. Ha recorrido el país durante años, ha estudiado sus regiones y ha seguido de cerca sus transformaciones políticas. Desde esa perspectiva ofrece una mirada incómoda: considera que buena parte de los problemas colombianos siguen sin comprenderse adecuadamente, que ni la derecha ni la izquierda han logrado construir una estrategia duradera para transformar el país y que el acuerdo de paz, aunque histórico, fue tratado como si fuera el final de una historia cuando apenas representaba el comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación habla sobre Colombia, la crisis de la democracia liberal, el ascenso de liderazgos autoritarios, la influencia de la cultura política en el desarrollo y los riesgos que plantea la inteligencia artificial. También reflexiona sobre la pregunta que hoy más le interesa: por qué las sociedades persisten en determinados equilibrios institucionales incluso cuando esos equilibrios parecen perjudicar a la mayoría de sus ciudadanos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las élites cambian; las instituciones son las que permanecen”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Gran parte de su trabajo ha explorado por qué algunas sociedades construyen instituciones inclusivas mientras otras permanecen atrapadas en sistemas extractivos. Después de décadas estudiando estos procesos, ¿qué es lo más difícil de cambiar: las instituciones, las élites o la imaginación colectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Los datos sugieren que lo más difícil de transformar son las instituciones. Si observamos América Latina vemos que las élites sí cambian. Los grandes grupos económicos de hoy no son necesariamente los mismos de hace siglos. Hay rotación de élites, aparecen nuevas familias empresariales, inmigrantes que ascienden económicamente y nuevos actores con poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las instituciones permanecen. Las reglas fundamentales del juego, las formas de organización del Estado y las relaciones entre poder político y poder económico suelen ser mucho más resistentes al cambio. Por eso las sociedades pueden experimentar transformaciones importantes en sus élites sin modificar realmente los resultados que producen sus instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la imaginación colectiva soy más cauteloso. No estoy seguro de tener una respuesta clara sobre ese tema.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Colombia ha vuelto al punto donde estaba hace 25 años”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Colombia acaba de atravesar una transición política significativa. Pasó de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de su historia reciente, a un liderazgo que reivindica más el orden, la seguridad y la autoridad. ¿Qué nos dice este cambio sobre la democracia colombiana?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No estoy seguro de que sea un cambio tan dramático como suele presentarse. Veo más continuidades que rupturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pensamos en Álvaro Uribe, gran parte de su proyecto político estaba centrado en el orden, la seguridad y la disciplina. Hay diferencias evidentes entre los distintos liderazgos, pero también existen similitudes importantes que a veces se ignoran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos llevan décadas buscando una salida a problemas estructurales muy profundos. El problema es que ninguna de las alternativas ofrecidas ha logrado consolidarse plenamente. Uribe tuvo una característica particular: hizo buena parte de lo que prometió. Eso generó resultados concretos y abrió la posibilidad de que la sociedad explorara otros caminos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después vino la expectativa de transformaciones profundas con Petro. Sin embargo, muchas de las promesas que hizo no se tradujeron en resultados. Y cuando eso ocurre, la ciudadanía suele volver a buscar respuestas en proyectos políticos anteriores o en propuestas que le resultan familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el asunto central es otro. Lo que se logró mediante la estrategia militar fue transitorio. Lo que se logró mediante el acuerdo de paz también fue transitorio. Ninguna de las dos experiencias se convirtió en un proyecto social de largo plazo. Y por eso tengo la impresión de que Colombia ha terminado regresando al punto donde estaba hace 25 años.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las FARC nunca fueron el problema central”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted ha estudiado Colombia durante mucho tiempo. ¿Qué determina que el uso de la fuerza por parte del Estado construya capacidades institucionales y no simplemente produzca otro ciclo de violencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Colombia sigue enfrentando un problema fundamental: amplias zonas del territorio continúan sin estar gobernadas efectivamente por el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años se pensó que el problema central eran las FARC. Yo nunca compartí esa visión. Las FARC eran un síntoma de problemas más profundos. Por supuesto que su desmovilización fue positiva. Fue un logro político enorme y muy importante para el país. Pero representaba apenas el comienzo de una solución, no el final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de que bastaba con negociar con las FARC para resolver los problemas históricos de Colombia me parecía equivocada. Los problemas estructurales estaban allí antes de las FARC y continúan después de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acuerdo de paz incluía algunos elementos muy importantes relacionados con la transformación territorial y la presencia estatal. Pero esas dimensiones nunca fueron implementadas de manera suficiente. Y sin esa transformación institucional más profunda, los problemas tienden a reproducirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso seguimos viendo ciclos de violencia. Cambian los actores, cambian los nombres de los grupos armados, pero persisten las condiciones que permiten su aparición.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Ni la izquierda ni la derecha entienden completamente el problema”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted parece sugerir que distintos gobiernos terminan repitiendo errores similares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe un patrón recurrente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No creo que los distintos gobiernos hayan comprendido plenamente la naturaleza del problema colombiano. Se concentran en síntomas específicos y no en las estructuras que producen esos síntomas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunos casos se piensa que el problema es exclusivamente militar. En otros, que puede resolverse mediante una reforma específica o una negociación determinada. Pero los problemas colombianos tienen raíces mucho más profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, existe una tendencia hacia las grandes promesas y las soluciones grandilocuentes. Hay un componente teatral en la política colombiana. Se anuncian transformaciones enormes, pero luego resulta muy difícil construir las capacidades estatales necesarias para implementarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que las personas carezcan de buenas intenciones. Al contrario. Muchas veces hay líderes sinceramente comprometidos con el cambio. El problema es que las instituciones necesarias para materializar esas transformaciones no existen o son demasiado débiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso no veo actualmente una estrategia clara para sacar a Colombia del equilibrio en el que se encuentra.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Hay personas que se benefician del equilibrio actual”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué ha aprendido sobre la naturaleza humana estudiando el ascenso y la caída de las naciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No creo que las diferencias fundamentales entre sociedades se expliquen por una naturaleza humana distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pienso que los seres humanos en América Latina sean esencialmente diferentes de los estadounidenses o los europeos. Lo que cambia son las instituciones, las relaciones de poder y las trayectorias históricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, por ejemplo, algunas personas obtienen enormes beneficios del equilibrio existente. Hay sectores que pueden protegerse de muchos de los problemas que afectan al resto de la población. Pueden acceder a seguridad privada, mejores sistemas educativos, mejores servicios de salud y múltiples mecanismos de protección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando eso ocurre, la presión para transformar el sistema disminuye. Quienes se benefician del equilibrio existente tienen pocos incentivos para modificarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa dimensión del poder es fundamental para comprender por qué ciertas instituciones persisten incluso cuando generan resultados insatisfactorios para la mayoría.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La crisis de la democracia liberal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hoy muchas personas sienten que las instituciones democráticas continúan funcionando formalmente, pero ya no las representan. ¿Puede sobrevivir una democracia cuando sus ciudadanos pierden la confianza en ella?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Estamos viviendo precisamente ese fenómeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Samuel Huntington hablaba de olas de democratización y de olas inversas. Durante las décadas de 1980 y 1990 vimos una gran expansión democrática en América Latina, África y otras regiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia prometía transformar la vida de las personas. Pero cuando opera en contextos donde existen instituciones débiles, clientelismo y baja capacidad estatal, sus resultados suelen ser más limitados de lo que la ciudadanía espera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece la decepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas comienzan a buscar alternativas porque sienten que las instituciones democráticas no resolvieron sus problemas. Eso es visible en muchos países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, la prosperidad dejó de distribuirse de manera amplia. Aunque la economía siguió creciendo, los beneficios se concentraron cada vez más en sectores específicos. Muchas personas sienten que trabajaron durante décadas sin experimentar mejoras significativas en sus condiciones de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frustración acumulada erosiona la confianza en las instituciones democráticas.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La gente está buscando algo que funcione”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Por eso vemos el auge de liderazgos fuertes o autoritarios?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Exactamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si observamos casos como El Salvador, encontramos ciudadanos que experimentaron durante años niveles extremos de inseguridad. En ese contexto, muchos terminan apoyando soluciones que les ofrecen resultados inmediatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente está buscando algo que funcione.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa necesariamente que esas soluciones vayan a resolver los problemas de fondo. Pero sí explica por qué resultan políticamente atractivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las instituciones tradicionales dejan de generar confianza, aumenta la disposición de los ciudadanos a experimentar con alternativas que anteriormente habrían considerado inaceptables.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“No creo que estos modelos tengan soluciones duraderas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Este ciclo puede revertirse?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Claro que puede. La historia muestra que estos procesos suelen desarrollarse en oleadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, no creo que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas para los problemas que enfrentan las sociedades contemporáneas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pueden producir resultados temporales. Pueden generar estabilidad durante ciertos períodos. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que ocurre hoy es que muchas personas están desencantadas con aspectos importantes del modelo liberal. Cuestionan la meritocracia, cuestionan el funcionamiento del Estado y cuestionan los beneficios distribuidos por la globalización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos viviendo un período de búsqueda. Todavía no está claro qué tipo de equilibrio político surgirá de esta etapa.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>América Latina y la obsesión con las utopías</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué contradicción explica que América Latina siga siendo una región de enorme potencial y frustración permanente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Cada vez me interesa más explorar una explicación cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una tendencia persistente al idealismo y al utopismo. Con frecuencia aparecen propuestas extraordinariamente ambiciosas para resolver problemas complejos, pero esas propuestas suelen estar desconectadas de las capacidades reales de implementación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una tensión permanente entre lo ideal y lo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El intelectual uruguayo Ángel Rama reflexionó sobre esta distancia entre la ciudad ideal y la ciudad real. Creo que esa tensión sigue presente en buena parte de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una confianza recurrente en soluciones grandiosas y una menor valoración del pragmatismo institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo evidente es la tendencia a reescribir constituciones. A menudo se actúa como si una nueva constitución pudiera resolver problemas históricos profundamente arraigados, a pesar de que la evidencia acumulada durante dos siglos sugiere que las transformaciones son mucho más complejas.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La inteligencia artificial me parece aterradora”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quisiera preguntarle por la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Me parece profundamente preocupante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos entrando en una transformación tecnológica gigantesca sin comprender plenamente sus consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La humanidad ya ha vivido procesos similares. Ocurrió con la agricultura, ocurrió con la Revolución Industrial y ahora está ocurriendo con la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia es que hoy sí contamos con instituciones capaces de regular estos cambios. Sin embargo, esas instituciones parecen incapaces o poco dispuestas a actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya observamos efectos importantes en los mercados laborales. La automatización ha contribuido durante décadas al desplazamiento de trabajadores y al aumento de la desigualdad. Y ahora nos dirigimos hacia una transformación aún más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hemos resuelto las consecuencias sociales de la revolución tecnológica anterior y ya estamos entrando en una nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso me parece aterrador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La democracia decepciona cuando promete más de lo que puede cumplir”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Cuando uno escucha sus respuestas sobre Colombia, América Latina y Estados Unidos, parece haber una preocupación común: la distancia entre las expectativas que generan los sistemas políticos y los resultados que finalmente entregan. ¿Es esa una de las razones por las cuales estamos viendo tanta desconfianza hacia las instituciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que esa es una parte importante de la explicación. Si pensamos en las grandes olas de democratización de las décadas de 1980 y 1990, mucha gente vio la democracia como una solución transformadora. La democracia prometía cambiar la vida de las personas, prometía prosperidad, representación y mejores oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que en sociedades donde las instituciones estatales son débiles o donde la política funciona a través de mecanismos clientelistas, la democracia tiene una capacidad limitada para producir transformaciones profundas. Entonces surge una brecha entre las expectativas y la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente esperaba cambios mucho más grandes de los que realmente ocurrieron. Y cuando esa decepción se acumula durante décadas, las personas empiezan a buscar alternativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Esa decepción ayuda a explicar fenómenos tan distintos como Trump en Estados Unidos, Bukele en El Salvador o el crecimiento de movimientos antisistema en otras partes del mundo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe una conexión. Las personas están buscando algo que funcione. En muchos países la sensación es que las instituciones tradicionales ya no están resolviendo los problemas que preocupan a los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, durante décadas hubo crecimiento económico, pero los beneficios se concentraron cada vez más en los sectores más ricos. Para muchas personas la experiencia cotidiana fue completamente distinta a la narrativa del éxito económico nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno no tiene educación universitaria, los salarios reales son inferiores a los que existían hace varias décadas. Ese fenómeno tiene múltiples causas: cambios tecnológicos, automatización, debilitamiento de los sindicatos y transformaciones profundas en el mercado laboral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso genera frustración y termina erosionando la confianza en las instituciones democráticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Sin embargo, tampoco parece convencido de que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No, no lo estoy. Creo que algunas de estas experiencias pueden producir resultados temporales. Pueden generar una sensación de eficacia durante un período determinado. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que estamos viendo es una búsqueda de nuevas fórmulas políticas. Hay mucha desilusión con aspectos importantes del modelo liberal contemporáneo, pero todavía no está claro qué alternativa va a surgir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, distintos sectores políticos están tratando de reconstruir coaliciones sociales capaces de volver a conectar con amplios grupos de la población. Pero creo que todavía estamos en una etapa de experimentación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en Colombia veo algo parecido. Hay muchas propuestas, pero sigo sin ver una agenda práctica y coherente capaz de construir una salida duradera para los problemas estructurales del país.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La lección de toda una vida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Si pudiera dejar una sola lección a los líderes políticos del mundo, ¿cuál sería?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Que comprendan la importancia de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando viajo y hablo con personas de distintos países encuentro una fascinación enorme por los líderes individuales. Existe la idea de que los problemas pueden resolverse simplemente encontrando al dirigente adecuado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia no apunta en esa dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sociedades prosperan cuando construyen instituciones capaces de generar oportunidades amplias, distribuir poder y sostener reglas estables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las instituciones son mucho más importantes que cualquier individuo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Todavía no entendemos el papel de las ideas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Y cuál es la gran pregunta que todavía no sabe responder?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Creo que las ciencias sociales siguen siendo demasiado materialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La economía, la ciencia política y muchas disciplinas han puesto un enorme énfasis en los incentivos materiales. Pero los seres humanos también se mueven por ideas, valores, creencias y aspiraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía comprendemos muy poco sobre los fundamentos culturales de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué determinadas sociedades desarrollan ciertas formas de organización política y otras no? ¿Por qué algunas ideas persisten durante siglos? ¿Cómo influyen las creencias colectivas en la construcción institucional?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas son preguntas extraordinariamente difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sospecho que allí están algunas de las respuestas más importantes para comprender el desarrollo y la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Fri, 18 Sep 2026 21:12:03 +0000</pubDate>
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        <title>Trama, nueva galería de arte en Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/trama-nueva-galeria-de-arte-en-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá tiene una nueva galería de arte: se trata de Trama Gallery, un espacio de arte contemporáneo enfocado en la promoción de artistas tanto consolidados como emergentes, nacionales e internacionales. “Sujeto a cambios” es la exposición inaugural, que convoca a los artistas Gonzalo García, Alejandro Sánchez, Javier Vanegas y Jerónimo Villa, artistas con proyectos consolidados [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bogotá</strong> tiene una nueva galería de arte: se trata de <strong>Trama Gallery</strong>, un espacio de arte contemporáneo enfocado en la promoción de artistas tanto consolidados como emergentes, nacionales e internacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Sujeto a cambios</strong>” es la exposición inaugural, que convoca a los artistas <strong>Gonzalo García</strong>, <strong>Alejandro Sánchez</strong>, <strong>Javier Vanegas</strong> y <strong>Jerónimo Villa</strong>, artistas con proyectos consolidados que, aunque con distintos puntos de vista y materiales, exploran la superficie, los medios y las formas múltiples de construir imagen.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Bogotá tiene nueva galería de arte: Trama Gallery" width="422" height="750" src="https://www.youtube.com/embed/gWAFy1XqX_Q?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Trama Gallery</strong> está ubicada en una casa de Quinta Camacho, en la Calle 69 # 10ª, donde funcionó en los años 70 y 80 la Galería Belarca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así se retoma un nuevo <strong>espacio cultural y artístico</strong>, aunque con otro punto de vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trama tiene como objetivo funcionar como una red que conecta a artistas con curadores, instituciones, coleccionistas y otros agentes culturales, apoyando la circulación y el desarrollo de obra en Colombia y el extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través de un programa expositivo enfocado e iniciativas colaborativas, la galería busca construir relaciones sostenidas entre las prácticas artísticas contemporáneas, las personas y los contextos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133135</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Sep 2026 23:21:58 +0000</pubDate>
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        <title>Matemáticas e inteligencia artificial: entre el temor y la oportunidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/matematicas-e-inteligencia-artificial-entre-el-temor-y-la-oportunidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En estos días se ha generado un gran revuelo ante la sorprendente capacidad que ha demostrado la IA para transformar el trabajo de los matemáticos</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La reciente noticia sobre la presunta solución —gracias al uso de la IA— del problema relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete «problemas del milenio», que se cuentan entre los desafíos matemáticos más célebres y cuya resolución está premiada con un millón de dólares cada uno, ha desatado un intenso debate sobre el papel de los matemáticos y su futuro frente a esta poderosa herramienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mi modo de ver, la mayoría de estas preocupaciones proviene de la idea de que los matemáticos dejarán de ser valiosos. Hay un aparente temor a que se pierda la utilidad de su labor, a que su capacidad para resolver problemas sea superada por la indiscutible superioridad de la IA en el procesamiento de la información.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante lo anotado anteriormente, creo que ese tipo de preocupaciones ha existido siempre, y no solo entre los matemáticos. La aparición de la imprenta de Gutenberg, por ejemplo, suscitó numerosas inquietudes debido a la difusión masiva de textos que antes estaban reservados a unos pocos. Además, provocó la gradual desaparición de algunos oficios, como el de los amanuenses o copistas, encargados de transcribir manuscritos a mano, labor que generalmente se realizaba en monasterios y talleres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la evolución de las herramientas utilizadas para efectuar cálculos y resolver problemas ha habido siempre, por supuesto, un efecto sobre la manera de hacer matemáticas. Desde los ábacos utilizados por numerosas culturas se llegó a inventos de enorme importancia, como las calculadoras mecánicas: la pascalina, diseñada por Blaise Pascal en 1642, o la extraordinaria máquina de Leibniz, presentada en 1673, con la que ya podían realizarse las cuatro operaciones aritméticas básicas, incluida la división. Cada uno de estos avances generó temores y contribuyó gradualmente a la desaparición de oficios ya tradicionales que dependían de la habilidad para efectuar cálculos manuales de forma rápida y precisa, como los de los calculistas que realizaban complejos cómputos numéricos para la astronomía, la navegación, la ingeniería o la administración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente gran salto se produjo con la aparición de las calculadoras electrónicas hacia mediados del siglo XX. Estas máquinas, inicialmente costosas y reservadas a instituciones científicas, militares y empresariales, realizaban en segundos operaciones que antes requerían largos cálculos manuales. Ya en la década de 1970 se popularizaron, y los estudiantes universitarios podían adquirirlas para reemplazar las reglas de cálculo y las tablas logarítmicas en la ejecución de sus tareas en las asignaturas de matemáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces hemos ido abandonando algoritmos y procedimientos que antes aprendíamos tras dedicarles mucho tiempo. Pensemos, por ejemplo, en el cálculo manual de una raíz cuadrada, tarea que estoy seguro de que la mayoría de los lectores no podría realizar hoy sin detenerse primero a recordar el procedimiento. Sería prácticamente imposible, por ejemplo, determinar en pocos minutos el valor de √17,3 sin la ayuda de una calculadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como había ocurrido con innovaciones anteriores, la llegada de estos instrumentos de cálculo despertó inquietudes entre quienes temían que las nuevas tecnologías sustituyeran habilidades que durante siglos habían sido altamente valoradas. Sin embargo, lejos de hacer innecesarias las matemáticas, las calculadoras electrónicas permitieron abordar problemas cada vez más complejos y liberaron a los investigadores de numerosas tareas rutinarias, permitiéndoles concentrarse en los aspectos conceptuales de su trabajo. Del mismo modo, los profesores de matemáticas pudieron dedicar menos tiempo a la ejecución mecánica de los cálculos y más a la comprensión de los conceptos y a sus aplicaciones. Como era de esperar, esta transformación introdujo cambios importantes y exigió nuevas formas de adaptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la verdadera transformación llegó con la aparición de los computadores. A diferencia de las calculadoras electrónicas, que estaban concebidas principalmente para realizar operaciones numéricas, los computadores podían ejecutar secuencias de instrucciones y resolver una gran variedad de tareas. Surgió así la programación, es decir, el arte de describir mediante algoritmos precisos los pasos necesarios para resolver un problema. Durante décadas, aprender a programar se convirtió en una habilidad fundamental para científicos, ingenieros y matemáticos, del mismo modo que antes lo había sido dominar las técnicas de cálculo manual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los computadores no eliminaron la necesidad de pensar; por el contrario, exigieron nuevas formas de razonamiento y obligaron a expresar con claridad procedimientos que hasta entonces muchas personas realizaban de manera intuitiva. Surgieron así nuevos problemas matemáticos y computacionales: fue necesario desarrollar algoritmos y métodos numéricos eficientes, que requirieran poca memoria, ejecutaran los cálculos en tiempos razonables y produjeran resultados fiables a pesar de los errores de redondeo propios de la aritmética de máquina.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, una vez más, la historia se repitió: aparecieron nuevas profesiones y nuevas áreas de especialización, mientras algunos oficios tradicionales fueron perdiendo relevancia o desaparecieron por completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desarrollo de computadores cada vez más veloces y capaces permitió, como está ocurriendo ahora, resolver problemas matemáticos que habían permanecido abiertos durante siglos. Un ejemplo particularmente interesante del impacto de los computadores en las matemáticas ocurrió en 1966, cuando L. J. Lander y T. R. Parkin utilizaron un computador CDC 6600 para encontrar un contraejemplo a la conjetura de Euler, formulada en 1769. Este computador, diseñado por Seymour Cray, pertenecía a una línea de máquinas que daría origen posteriormente a los famosos supercomputadores Cray. Considerado el computador más rápido del mundo en su época, el CDC 6600 podía ejecutar aproximadamente tres millones de operaciones de coma flotante por segundo, una cifra extraordinaria para mediados de la década de 1960. El resultado obtenido por Lander y Parkin mostró que cuatro quintas potencias pueden sumar otra quinta potencia, contradiciendo una creencia que había permanecido vigente durante casi dos siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie podía imaginar entonces que llegaría un momento en el que las máquinas no solo ejecutarían instrucciones escritas por los seres humanos, sino que comenzarían también a generar respuestas, textos e incluso programas a partir de simples indicaciones formuladas en lenguaje natural. Así surgió la inteligencia artificial generativa, una herramienta que, al igual que la imprenta, las calculadoras electrónicas o los computadores, ha despertado entusiasmo y preocupación a partes iguales. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, su impacto va más allá de la automatización de tareas rutinarias. Apenas la semana pasada se anunció una posible solución a uno de los Problemas del Milenio, el relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes, obtenida con ayuda de un sistema de inteligencia artificial que coordinó miles de agentes computacionales trabajando de manera simultánea. Si este resultado resiste el escrutinio de los especialistas, podría convertirse en uno de los hitos más importantes de la historia reciente de las matemáticas y en una muestra de cómo las nuevas herramientas, lejos de eliminar la actividad matemática, están transformando profundamente la forma en que se produce el conocimiento matemático.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ante los nuevos temores sobre una eventual pérdida de relevancia de la labor matemática debido a la inteligencia artificial, merece la pena considerar la posición de Terence Tao, uno de los matemáticos más influyentes y reconocidos de nuestro tiempo. En diversas ocasiones ha defendido el uso de estas herramientas, aunque con matices: ha llegado a compararlas con un asistente de posgrado «mediocre, pero no del todo incompetente», capaz de colaborar en tareas rutinarias, pero sin la capacidad de aprender de sus errores que sí tienen los estudiantes humanos. Sin embargo, también ha señalado un posible riesgo: que la obtención demasiado rápida de la solución de un problema pueda privar a la comunidad matemática de algunos de los beneficios que tradicionalmente han surgido durante la búsqueda de esa solución. En efecto, el esfuerzo por resolver un problema no solo conduce a una respuesta, sino que suele dar origen a nuevas áreas de estudio, estructuras matemáticas, teorías, métodos y preguntas que terminan siendo tan valiosos como la solución misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, es importante resaltar que, de acuerdo con lo que ha expresado Tao, las tareas que realizan los matemáticos no se reducen a resolver problemas difíciles. Entre ellas se encuentran la aplicación de las teorías matemáticas a otros campos del conocimiento, la búsqueda de soluciones a problemas abiertos, tanto puros como aplicados, y la investigación que conduce al desarrollo de nuevas teorías, estructuras, métodos y técnicas. Los matemáticos también contribuyen a una mejor comprensión del mundo que nos rodea, sostienen una comunidad científica que se transmite y renueva de generación en generación, forman a nuevos investigadores y señalan posibles caminos para el desarrollo futuro de la disciplina. A ello se suman la divulgación, la docencia y la formación matemática de profesionales de muy diversos campos. En última instancia, las matemáticas son también una actividad profundamente creativa, capaz de producir construcciones intelectuales de extraordinaria belleza y de un valor cultural que trasciende su utilidad inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vista desde esta perspectiva, la inteligencia artificial no parece una amenaza para la existencia de las matemáticas, sino una nueva herramienta que, como tantas otras a lo largo de la historia, obligará a redefinir algunas destrezas, transformará ciertos oficios y abrirá oportunidades cuya magnitud todavía no alcanzamos a comprender plenamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, como cierre, quiero compartir un pronunciamiento de especial relevancia. El pasado 11 de septiembre, veinticinco ganadores de la Medalla Fields, el máximo reconocimiento en matemáticas, publicaron una declaración encabezada por Terence Tao acerca de los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial para el futuro de la investigación matemática. Lejos de rechazar estas nuevas herramientas, los firmantes reconocen su enorme potencial, pero advierten también sobre los riesgos que podrían derivarse de privilegiar la obtención rápida de resultados por encima de la comprensión profunda, la formación de nuevos matemáticos y el desarrollo de ideas que constituyen la esencia misma de la actividad matemática.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Una grave falta de alineación entre la IA y las matemáticas</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>11 de septiembre de 2026</em></strong> <em>en publicidad, opinión | Etiquetas: IA, Medallas Fields | por</em> <strong><em>Terence Tao</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Me enorgullece figurar entre los 25 firmantes iniciales, todos ellos galardonados con la Medalla Fields, de la declaración que aparece a continuación, surgida de las conversaciones mantenidas entre nosotros durante la última semana. También hemos publicado nuestra declaración en una página web e invitamos a nuevas adhesiones, de manera similar a la Declaración de Leiden. Es una lástima que no hayamos tenido tiempo para un proceso más participativo, como ocurrió con Leiden; sin embargo, consideramos que la situación era lo suficientemente urgente como para publicar una declaración cuanto antes.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Véase también un reciente artículo de The Economist sobre nuestra declaración.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Durante los últimos meses, las capacidades matemáticas de los grandes modelos de lenguaje (LLM) han mejorado de forma espectacular, hasta el punto de que pueden resolver importantes problemas abiertos en numerosos campos de las matemáticas. Sin embargo, el empeño de las empresas de IA por resolver problemas matemáticos como criterio de referencia resulta perjudicial para la ciencia matemática y para la comunidad matemática. Los objetivos de las empresas de IA y los objetivos de la comunidad matemática están gravemente desalineados. Consideramos que esto forma parte de problemas más amplios de alineamiento que afectan también a otras profesiones científicas y creativas, así como al conjunto de la sociedad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La investigación matemática se ocupa de comprender las estructuras fundamentales de las formas, los números y los fenómenos naturales. A lo largo de generaciones, ha construido un vasto corpus de ideas sofisticadas, métodos, abstracciones y otras herramientas para comprender el paisaje matemático. A su vez, las tecnologías y ciencias modernas se fundamentan en herramientas matemáticas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los problemas famosos han servido a menudo como hitos y faros que permiten medir una comprensión más profunda de ese paisaje. Resolver uno de estos problemas ha sido siempre una señal inequívoca de nuevas intuiciones y métodos interesantes, que posteriormente eran estudiados por una comunidad de matemáticos mediante un largo y arduo proceso de conferencias, discusiones y simplificaciones. Idealmente, al final de ese proceso se obtiene una presentación de los resultados apta para un libro de texto, accesible para cualquier estudiante de máster o incluso de grado. Algunas de estas ideas matemáticas continúan su recorrido y, décadas o siglos después, llegan a convertirse en herramientas comprendidas y utilizadas por toda la población.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La comunidad matemática funciona, en muchos sentidos, como una versión en miniatura de la humanidad. Está formada por individuos que emplean una amplia variedad de enfoques distintos, unidos por valores fundamentales compartidos. Los recursos más valiosos de nuestra profesión son los estudiantes y las ideas, y los cultivamos con enorme cuidado. Nos sentimos responsables de permitirles desarrollarse hasta alcanzar todo su potencial, para que puedan llevar una vida propia dentro del mundo matemático. A los estudiantes solemos proponerles problemas con la intención principal de desarrollar capacidades que los sitúen en una buena posición para realizar avances en investigación y en otros ámbitos. Nuestras ideas las difundimos mediante conferencias, conversaciones privadas y exposiciones escritas cuidadosamente elaboradas, conectándolas con las ideas previas de otras personas. Estos procesos requieren invariablemente tiempo y se basan en la interacción humana.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En los últimos meses, el éxito de la IA al resolver importantes problemas matemáticos ha ocupado titulares incluso fuera de los círculos matemáticos. Pero resolver problemas es únicamente una herramienta y un indicador indirecto para alcanzar el objetivo principal: la comprensión conceptual y la generación de intuiciones profundas. Olvidar esto en el contexto de la IA puede convertir la herramienta en un obstáculo para ese objetivo. De hecho, la producción masiva y cada vez más acelerada de proposiciones «verdaderas o falsas» podría destruir un terreno fértil en lugar de insuflar vida a nuevas ideas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Con frecuencia, estas soluciones se anuncian precipitadamente, sin dejar tiempo para una redacción adecuada, para identificar y aislar los nuevos métodos e ideas, ni para citar debidamente los trabajos previos relevantes de otros investigadores. Como ocurre en todas las profesiones creativas, esto plantea graves cuestiones de atribución y plagio. Además, sin los matemáticos dispuestos a encargarse de su desarrollo e integración en el canon matemático, las ideas concebidas por la IA nunca llegarían a cobrar plenamente vida y se perdería la crucial cadena humana de transmisión del conocimiento entre matemáticos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estamos siendo testigos de una amenaza general para el trabajo intelectual, derivada del desalineamiento entre los resultados producidos mediante el uso de la IA y los fines originales de dicho trabajo. En muchos campos y actividades, los años de formación no han servido únicamente para producir una respuesta final o un producto terminado, sino también para desarrollar comprensión y capacidad para formular nuevas preguntas e ideas. Sin embargo, apoyándose en un inmenso cuerpo de trabajo humano previo, los sistemas de IA son cada vez más capaces de producir directamente los resultados de dicho trabajo, y los objetivos dejan de coincidir. Los problemas a los que se enfrenta hoy la comunidad matemática son similares a los que ya experimentan otras profesiones científicas y creativas, y apuntan a cuestiones que podrían afectar a toda la humanidad: cómo garantizar que, a medida que la IA transforma la manera de trabajar, no perdamos de vista aquello que ese trabajo pretendía alcanzar en primer lugar.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La IA ofrece el potencial de mejorar y acelerar el estudio y la comprensión auténticamente matemáticos. Como profesión, las matemáticas deberán adaptarse a estos cambios de diversas maneras. Sin embargo, que esos cambios beneficien finalmente al campo o tengan un efecto destructivo dependerá en gran medida de las decisiones que tomen los seres humanos que controlan esta nueva tecnología.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estos problemas deben abordarse con urgencia, tanto en la comunidad matemática como por parte de las empresas que desarrollan estas tecnologías y, de forma más amplia, por una sociedad que se enfrentará a cuestiones similares en muchas otras formas de trabajo intelectual.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Firmantes iniciales</em></strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Artur Avila (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>Manjul Bhargava (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>Caucher Birkar (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Pierre Deligne (Medalla Fields 1978)</em></li>



<li><em>Yu Deng (Medalla Fields 2026)</em></li>



<li><em>Simon Donaldson (Medalla Fields 1986)</em></li>



<li><em>Hugo Duminil-Copin (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Alessio Figalli (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Martin Hairer (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>June Huh (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Maxim Kontsevich (Medalla Fields 1998)</em></li>



<li><em>Elon Lindenstrauss (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Pierre-Louis Lions (Medalla Fields 1994)</em></li>



<li><em>James Maynard (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Curt McMullen (Medalla Fields 1998)</em></li>



<li><em>Shigefumi Mori (Medalla Fields 1990)</em></li>



<li><em>Ngô Bảo Châu (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Andrei Okounkov (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Peter Scholze (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Stanislav Smirnov (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Terence Tao (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Maryna Viazovska (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Cédric Villani (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Wendelin Werner (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Efim Zelmanov (Medalla Fields 1994)</em></li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133114</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Sep 2026 19:33:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-17-a-las-12.51.33-p.m.png?w=930" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Matemáticas e inteligencia artificial: entre el temor y la oportunidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133114</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ideal-la-revista-para-aristocratas-del-heredero-de-gabo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una revista de papel será siempre motivo de alegría en un mundo cada vez más irreal. Sin embargo, les diré lo que me gustó y no me gustó de Ideal, la revista de Gonzalo García Barcha, el hijo de Gabriel García Márquez y su socio, Felipe Restrepo Pombo, como editor.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Gonzalo García Barcha, uno de los creadores de la revista Ideal. Imagen creada con ayuda de IA. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una puerta, pero suena como tal: chirría, para ser más precisos. O cruje como una ventana de madera y eso me encanta, porque vuelvo a ser el niño que hojea y ojea por el simple placer de ver cómo suena esta publicación de 150 páginas. Desconozco la razón, pero mi ejemplar cruje más a partir de las últimas páginas. Cuestión de la encuadernación, imagino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​¿Vale la pena? Ciertamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo donde lo tangible tiende a desaparecer, celebremos el alumbramiento de una revista en papel. Sin embargo, su precio resulta obsceno para una región tercermundista: 75 mil pesos. Un capricho al alcance de pocos; demasiado pocos. El envío a domicilio no tiene costo adicional si usted vive en Bogotá. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me pregunto si la imponente publicidad de Rolex al inicio y la de un automóvil de alta gama al final no bastaron para hacer de la publicación algo asequible. Si se queda en mero objeto de deseo, terminará por morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Percibo cierto afán mercantilista, acaso un tufillo burgués en la propuesta. Dudo que ese fuera el espíritu que alentaba a Gabriel García Márquez. Paréntesis: En realidad, el Nobel colombiano soñó con un periódico que se llamara <em><a href="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy" data-type="link" data-id="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy">“El Otro”</a></em>. <em>Ideal </em>es algo distinto, empezando porque es revista, no diario, y circulará trimestralmente, según la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Considero también que sus hijos han sabido rentabilizar muy bien el apellido y la herencia del padre. Están en todo su derecho, ni bobos que fueran. Me encantaría saber, por ejemplo, cuánto cobraron por cederle los derechos de <em>Cien años de soledad</em> a Netflix, y si esa cifra, sumada a la pauta publicitaria, no alcanzaba para crear una revista de mayor alcance, como tal vez lo habría deseado el genio de Aracataca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Resulta chocante que la publicidad esté reservada a productos de tanto lujo. Da la impresión de que la revista fue concebida para gente pudiente y no para quienes, pudiendo leer, no tienen con qué. Sería un verdadero gesto altruista distribuirla en todas las bibliotecas públicas. Gabito estaría feliz, me atrevo a decir; perdón por lo confianzudo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Respecto al contenido, la revista cumple sin llegar a sorprender. Es una mezcla entre ficción, no ficción y crítica sobre diversos temas del panorama cultural latinoamericano, más mexicana que colombiana; tuve esa impresión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Nunca había leído nada del nieto de Gabo, hijo de Gonzalo García Barcha, el creador de este proyecto editorial. Mateo García Elizondo firma el cuento <em>Ángeles y otros demonios</em>, sobre una mujer con el talento pa’llorarle a los muertos. Es un texto con cierta resonancia rulfiana. También está publicado en la edición digital de <em>Granta.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“</em></strong><strong><em>Podrida y llena de moscas, as</em></strong><strong><em>í</em></strong> <strong><em>deb</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a estar esa carne a la que alguna vez le hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a hecho el amor</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Para quienes no disponen de los 75 mil pesos, pueden leer esa historia de forma gratuita <a href="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ" data-type="link" data-id="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ">aquí:</a></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="708" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132840" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg 885w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=207,300 207w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=768,1111 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=708,1024 708w" sizes="(max-width: 708px) 100vw, 708px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​De admirar el proyecto Péndola, liderado por Malva Flores y su esposo, quienes están digitalizando revistas culturales de México y Latinoamérica, haciéndonos el inmenso favor de alojar numerosos artículos en línea para su lectura libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Este es su sitio web:&nbsp;<a href="https://pendola.mx/" target="_blank" rel="noopener">https://pendola.mx/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ojalá en Colombia se emprendiera una quijotada semejante.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>quiz</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s el obst</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>culo m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s delicado ha sido el de los derechos de autor. Digitalizar una revista no basta: se necesita autorizaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n para digitalizar sus contenidos. Flores ha resuelto este asunto mediante un trabajo paciente de contactos y negociaciones con editores y colaboradores</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La crítica de María Múnera sobre la Semana del Arte en Ciudad de México me llamó la atención por el siguiente pasaje:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Lo</em></strong> <strong><em>ú</em></strong><strong><em>nico que cambia es la bebida que meseros entusiastas reparten por los pasillos, alentando la embriaguez general -estado que puede llevar a m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s de uno a adquirir obras por motivos bastante m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s et</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>licos que est</em></strong><strong><em>é</em></strong><strong><em>ticos</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En consecuencia, me digo, habrá que beber en demasía antes de adquirir el próximo número de Ideal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En la sección dedicada al <a href="https://www.aena.es/es/premio-narrativa" data-type="link" data-id="https://www.aena.es/es/premio-narrativa">Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana </a>me sorprendió la afirmación de su autora, Alejandra González Romo:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El Premio Nobel de Literatura, con una dotaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n actual de alrededor de 950.000 euros, sigue siendo el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s conocido, aunque ya no es precisamente el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s respetado</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En el mismo artículo, aparece esta declaración de Rosa Montero que bien podría ser el principio de un debate interesante:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Hay algo que llevo tiempo notando en la literatura mundial y que me parece preocupante: una tenencia hacia la autoficci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n y lo real. Para m</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>, es prueba de la falta de verdadero m</em></strong><strong><em>ú</em></strong><strong><em>sculo creativo de nuestra sociedad, que parece vieja y fatigada</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Creo que la escritora española exagera. Prometo escribir sobre el tema. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="681" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg 851w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=199,300 199w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=768,1155 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=681,1024 681w" sizes="(max-width: 681px) 100vw, 681px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​Un buen gancho es el título de la crónica de Sinar Alvarado: “El excremento del diablo”, en alusión a una advertencia premonitoria de Arturo Uslar Pietri. Parece ficción, pero es la tragedia de una Venezuela que en otros tiempos nadaba en abundancia y petróleo; tanto así que allá fue a parar el autor y su familia cuando él apenas gateaba:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Ese mecanismo de ascenso social expedito produjo milagros que eran inconcebibles en Colombia: padre alba</em></strong><strong><em>ñ</em></strong><strong><em>il, hijo cardi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>logo (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Y entre la poblaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n comenzó a germinar un complejo de superioridad que separó a los venezolanos de sus vecinos menos favorecidos”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​“Recuerda que eres humano”, el ensayo de Juan Esteban Constaín sobre la Roma de distintas épocas —extraído de un libro ya publicado—, resulta demasiado enciclopédico para mi gusto. Acumula nombres y fechas que se olvidan pronto. Me quedo con este apunte:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>nada impresiona ni conmueve m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s al peregrino en Roma que esa fusi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n desmesurada entre el cristianismo y el paganismo que es la definici</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n perfecta del catolicismo</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pronto me agotó la lectura de <em>El equilibrista</em>, de Jazmina Varela, sin lograr dilucidar si se trataba de ficción o no ficción; quizá porque resulta pesado leer bloques de texto a lo ancho de la página, cuando lo ideal habría sido, quizás, la diagramación en columnas. O tal vez la autora no logró seducirme. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me entusiasmé con un relato de ciencia ficción sobre Marte, firmado por Michel Nieva, aunque la ilusión duró poco. Una mujer que solicita una visa alienígena tipo 4 tendría que aportar algo más allá de lo que parece casi obvio, pensé:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El feto, entre humano y porcino, era un amasijo de carne peluda, que se arrastraba dejando a su paso una estela viscosa de blanco aceite</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La protagonista se llama Leonora K, imagino que como tributo a Ursula K. Le Guin (1929-2018), la autora estadounidense referente de la ficción especulativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​De los cinco poemas del poeta dominicano Frank Báez (<em>Desarmando la biblioteca de mi padre</em>), me cautivaron dos líneas del primero.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“Mi mujer dice que un poema  tiene poesía cuando la hace llorar”.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>La poes</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a es un gato que viene cuando le da la gana</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Merece mención aparte, por su fuerza reveladora, la crónica de la peruana Gabriela Wiener: “Las casas se limpian solas”. Aborda la tortura del desarraigo que arrastra a tantos migrantes a tocar fondo; la paradoja de sentirse forastero hasta en su patria:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Me di cuenta de que, si quer</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a construir una carrera de periodista y escritora, ten</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a que ser fuera. En Lima me ningunearon, la misoginia y el racismo del medio cultural, su elitismo irremediable, hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>an terminado por expulsarme de ah</em></strong><strong><em>í”</em></strong><strong><em>. (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Ahora estamos escondidas, pero de las redadas del ICE”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hay más textos en las páginas restantes, pero no voy a abrumarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hacia el final, la revista muta en una galería de arte (fotografías sublimes en blanco y negro junto a cuadros de autores poco conocidos). Al volver al incómodo asunto de los costos, uno se pregunta, abstraído, cuántos salarios mínimos se requerirían para adquirir una sola de esas pinturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​No estoy seguro de comprar la segunda edición de Ideal. Definitivamente, no es una revista ideal para el bolsillo de un humilde reseñista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132837</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 13:57:55 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/FOTO-REVISTA-IDEAL.jpg?w=681" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132837</post-id>    </item>
        <item>
        <title>UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &amp;#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&amp;#8221; O &amp;#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&amp;#8221; *</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/una-buena-noticia-entra-en-vigor-para-colombia-la-convencion-de-las-naciones-unidas-sobre-acuerdos-de-solucion-de-controversias-resultantes-de-la-mediacion-o-convencion-de-singapur/</link>
        <description><![CDATA[<p>La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos de solución de controversias mediadas internacionalmente para resolver disputas comerciales</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien, existen varios mecanismos alternativos sobre Solución de controversias (como el arbitraje y la conciliación), tales como la Convención sobre el&nbsp;Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras o Convención de Nueva York (1958); la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (1966); la Ley Modelo sobre Conciliación Comercial Internacional (2002), entre otros; es una muy buena noticia, que la Convención de Singapur entre en vigor para Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención fue aprobada mediante la Ley 2309 del 02 de agosto de 2023 y declarada exequible mediante la Sentencia C-418 del 3 de octubre de 2024. En virtud de lo previsto en el artículo 14 de la Convención, la misma entra en vigor seis meses después de la fecha del depósito del instrumento de ratificación, vale decir, que Colombia lo depositó en la Secretaría General de las Naciones Unidas el 12 de marzo del 2026 y, por lo tanto, <strong>hoy 12 de septiembre de 2026, entra en vigor para nuestro país, lo que nos convierte en el número 21 de los Estados Parte</strong><a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, como su nombre lo indica, promueve la Mediación como un método alternativo para la solución de las controversias (MASC), brindando carácter vinculante a acuerdos privados que alcancen las partes mediante lo que podemos llamar un pacto o transacción.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuál es entonces el valor agregado de la Convención frente a otros mecanismos existentes de solución de controversias?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la Mediación como la Conciliación son mecanismos para la resolución de controversias que recaen sobre derechos discutibles y transigibles. La Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, que es el órgano legal principal del sistema de las Naciones Unidas en el campo del derecho comercial, ha considerado que Mediación y Conciliación son conceptos similares o intercambiables<a href="#_ftn3" id="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>. En el ordenamiento jurídico colombiano son mecanismos que han tenido diferente desarrollo normativo. La conciliación ha sido ampliamente desarrollada desde el año 1991, y a la mediación se le han otorgado efectos jurídicos en normas como la Ley 1801 de 2016<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> (Código Nacional de Policía); la Ley 906 de 2004<a href="#_ftn5" id="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> (Código de Procedimiento Penal) y el Decreto 915 de 2017<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> (Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, que según su artículo primero, es aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las Partes con el fin de resolver una controversia comercial (“transacción”) y que al momento de celebrarse sea internacional, resalta en el preámbulo que el uso de la mediación produce beneficios importantes, como disminuir los casos en que una controversia lleva a la terminación de una relación comercial, facilitar la administración de las operaciones internacionales por las partes de una relación comercial y dar lugar a economías en la administración de justicia por los Estados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo en el cual las transacciones comerciales internacionales son diarias es de la mayor importancia reafirmar la ventaja de contar con un sistema comercial intencional basado en reglas, entre ellas, procedimientos adicionales al litigio y al arbitraje, como la mediación, que siendo ágil permite tramitar las controversias. El efecto positivo es doble, pues cuando se brinda seguridad jurídica en Estados (con sistemas económicos y ordenamientos jurídicos diferentes), se fomentan a la vez las inversiones privadas de capital y precisamente, la Convención procura la armonización legislativa de las reglas sobre comercio internacional en un aspecto definitivo como es el de la resolución pacífica de los conflictos que de allí surgen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención conlleva ventajas que desde su entrada en vigor internacional son evidentes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Permite que un acuerdo de conciliación internacional alcanzado por las partes comerciales pueda aplicarse o invocarse con un procedimiento simplificado y ágil. Sin ello, los acuerdos de conciliación tendrían que hacerse cumplir como contratos ordinarios a través de procesos judiciales onerosos y largos.</li>



<li>Promueve el comercio internacional, ya que las partes saben que cuentan con mayor seguridad al tener la mediación como una opción adicional a la del arbitraje o el litigio, para resolver sus disputas comerciales.</li>



<li>Se fortalece el acceso a la justicia y la certeza jurídica.</li>



<li>La mediación no se contrapone al arbitraje, e incluso se complementan, ya que las partes pueden intentar la mediación dentro de un proceso de arbitraje, es decir, el proceso puede dar como resultado un acuerdo mediado que se ejecute bajo la Convención de Singapur o un laudo arbitral que se ejecute bajo la Convención de Nueva York.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las partes podían resolver disputas mediante la mediación, no se tenía una manera uniforme de hacer cumplir el resultado en diferentes jurisdicciones por lo que en muchas ocasiones no se optaba por la mediación para resolver disputas internacionales, con la Convención ese obstáculo se disipa y además por la Convención, los acuerdos que resulten de la mediación son ejecutables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, en el mundo de las transacciones comerciales cada vez más se utilizan acuerdos de mediación independientes o se encuentra la mediación en las cláusulas de resolución de disputas, (antes de llegar al arbitraje o al litigio) y la Convención de Singapur les da a estas cláusulas un valor práctico.&nbsp; La aplicación de la Convención resulta crucial en la promoción de una cultura, en el mundo del comercio y la economía internacional, que favorezca la resolución amistosa de los conflictos lo que a su vez contribuye a preservar las relaciones, los socios y los negocios internacionales, así como a fomentar la inversión extranjera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">* <strong>Margarita Eliana Manjarrez Herrera</strong> es abogada egresada de la Universidad de los Andes en Bogotá, con maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia. Funcionaria de la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, ha sido directora de Asuntos Migratorios y Consulares, directora de Control Interno, jefe de Tratados, coordinadora en Derechos Humanos, cónsul en Nueva York, cónsul en Berlín, consejera en la Misión de Colombia ante la OEA, embajadora de Colombia en Israel, directora de Organismos Regionales y actualmente, es la embajadora de Colombia en la República de Singapur.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> <a href="https://www.singaporeconvention.org/jurisdictions">Jurisdiction Profiles | Singapore Convention on Mediation</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Convención de las Naciones Unidas sobre los Acuerdos de Transacción Internacionales Resultantes de la Mediación. Artículo 1. Ámbito de aplicación 1. La presente Convención será aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las partes con el fin de resolver una controversia comercial (“acuerdo de transacción”) y que, en el momento de celebrarse, sea internacional debido a que:</p>



<p class="wp-block-paragraph">a) Al menos dos de las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos en Estados diferentes; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">b) El Estado en que las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos no es:</p>



<p class="wp-block-paragraph">i) El Estado en que se cumple una parte sustancial de las obligaciones derivadas del acuerdo de transacción; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">ii) El Estado que está más estrechamente vinculado al objeto del acuerdo de transacción.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3"><strong>[3]</strong></a> ‘Mediación’ es un término que se utiliza ampliamente para hacer referencia a un proceso en que las partes solicitan a un tercero o terceros que les presten asistencia en su intento de llegar a un arreglo amistoso de una controversia derivada de una relación contractual u otro tipo de relación jurídica o vinculada a ellas. En los textos ya aprobados y demás documentos pertinentes, la CNUDMI utilizó el término “conciliación” en el entendido de que los términos “conciliación” y “mediación” eran intercambiables. Al preparar el texto modificado de la Ley Modelo, la Comisión decidió utilizar en cambio el término “mediación” para tratar de adaptarse al uso que efectivamente se hace de estos términos en la práctica y con la expectativa de que el cambio facilite la promoción de la Ley Modelo y aumente su visibilidad. Este cambio en la terminología no tiene consecuencias de fondo ni conceptuales”. <a href="https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205">https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> “ARTÍCULO 231. MECANISMOS ALTERNATIVOS DE SOLUCIÓN DE DESACUERDOS Y CONFLICTOS DE CONVIVENCIA. Los desacuerdos y los conflictos relacionados con la convivencia pueden ser objeto de conciliación y de mediación, sólo en relación con derechos renunciables y transigibles y cuando no se trate de situaciones de violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> “ARTÍCULO 523. CONCEPTO. Mediación es un mecanismo por medio del cual un tercero neutral, particular o servidor público designado por el Fiscal General de la Nación o su delegado, conforme con el manual que se expida para la materia, trata de permitir el intercambio de opiniones entre víctima y el imputado o acusado para que confronten sus puntos de vista y, con su ayuda, logren solucionar el conflicto que les enfrenta. La mediación podrá referirse a la reparación, restitución o resarcimiento de los perjuicios causados; realización o abstención de determinada conducta; prestación de servicios a la comunidad; o pedimento de disculpas o perdón”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> “ARTÍCULO 1 numeral (xii) Participar en los Comités de Conciliación de las entidades u organismos del orden nacional, cuando lo estime conveniente, con derecho a voz y voto y actuar como mediador en los conflictos que se originen entre entidades y organismos del orden nacional”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132663</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 04:37:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/singapore-convention-.jpg?w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&#8221; O &#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&#8221; *]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132663</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Para una aproximación reflexiva al terremoto del 10 de agosto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/para-una-aproximacion-reflexiva-al-terremoto-del-10-de-agosto/</link>
        <description><![CDATA[<p>El filósofo Alberto Beron Ospina nos recuerda en este artículo algunas de las maneras como distintos filósofos abordaron el problema de los terremotos.  Recuerda desde el debate Rousseau-Voltaire en torno al terremoto de Lisboa de 1755 hasta las apreciaciones de Walter Benjamin.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por: Alberto Berón Ospina, Universidad Tecnológica de Pereira. Ph.D.</em></strong><em><strong> Miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía. </strong></em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Cuando la tierra paró de temblar, según caminaba colina abajo, comprendí la magnitud de los daños. No había palabras para expresar aquel horror. El polvo y el humo de los incencios me rodeaban y apenas podía respirar. Me envolvía la oscuridad y me encontré inmerso en una ciudad que se derrumbaba, con multitudes de personas gritando y clamando piedad. ¡Está ciudad nunca podrá recuperarse¡</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Un comerciante alemán residente en Lisboa</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta crónica de sustrato filosófico recupero lo planteado por algunos pensadores respecto al&nbsp; terremoto que asoló la ciudad de Lisboa en 1755. A partir de ese acontecimiento &nbsp;propongo &nbsp;una reflexión preliminar acerca de lo que vivimos en varias regiones de Colombia&nbsp; el pasado 10 de agosto de 2026. Se trata de una invitación a pensar en la fragilidad humana ante la naturaleza, para desde ahí invocar el papel de la filosofía ante temas como son el desastre y el riesgo, así como las consecuencias que esté evento tendrá en la vida social, cultural, política de los espacios afectados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto acontecido en Lisboa propició entre filósofos como Leibniz, Voltaire, Rousseau, &nbsp;Kant, Benjamin una serie de inquietudes. Una de ellas tuvo que ver con la siguiente cuestión: si Dios es bueno y omnipotente, ¿por qué existe el mal? Este fue un problema central de la teodicea, concepto asociado a Gottfried Wilhelm Leibniz. El filósofo había defendido que Dios, siendo perfecto y omnisciente, podía crear el mejor de todos los mundos posibles. (Leibniz, 2014, p. 125)&nbsp; Esto no significaba que el mundo careciera de sufrimiento, sino que incluso aquello que nos parece malo podía formar parte de un orden universal que, considerado en su totalidad, era el mejor posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de Lisboa cuestionó esa argumentación e introdujo otras preguntas más concretas: ¿puede decirse que este es el mejor de los mundos cuando miles de personas mueren bajo los escombros sin que exista una relación evidente entre su sufrimiento y sus acciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir del terremoto comenzó a producirse un desplazamiento: de atribuir los desastres a la voluntad divina se formularon interrogantes acerca de lo que podía ocurrir en el interior de la tierra para que se produjeran los sismos. La tragedia de Lisboa ocurrió durante una festividad católica, precisamente en un momento en que muchos habitantes de la ciudad se encontraban en las iglesias. Varios templos fueron destruidos y numerosas personas que habían acudido a ellos perdieron la vida. Esto favoreció la interpretación de la catástrofe como un “castigo divino” motivado por los pecados humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, la filosofía occidental recurrió a la imagen del fundamento, del suelo firme, de aquello sobre lo cual podemos construir el conocimiento. Descartes perseguía un fundamento sólido para el conocimiento; los pensadores buscaban principios, bases y cimientos. Sin embargo, el terremoto fractura la experiencia de estabilidad y aquello que considerábamos más firme —la tierra bajo nuestros pies— puede convertirse súbitamente en aquello que más nos amenaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo el impacto de las noticias del terremoto de Lisboa, Voltaire escribió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Mortales desdichados! ¡Tierra oscura y de luto!<br>¡Asombrada reunión de humanidad! ¡Eterna persistencia de dolor inútil!<br>Venid, filósofos, que clamáis: “todo está bien”,<br>y contempláis esta ruina de un mundo.<br>Contemplad estos jirones y cenizas de vuestra raza,<br>este niño y esta madre amontonados en la ruina común,<br>estos miembros dispersos bajo las columnas de mármol… (Voltaire, 1912,p.255)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Rousseau (2007) no acepta la conclusión de Voltaire de que el desastre refuta la providencia divina. El autor de <em>El contrato social</em> se pregunta cuánto del sufrimiento producido por el terremoto fue realmente “natural” y cuánto había sido agravado por la propia organización humana. Rousseau sugiere, en esencia, una pregunta decisiva: la tierra tiembla, pero ¿quién construyó la ciudad? La naturaleza produce el terremoto, pero los seres humanos construyen edificios, concentran poblaciones, levantan ciudades densamente habitadas y crean condiciones que pueden multiplicar las consecuencias de un fenómeno natural. Lo anterior lleva a Rousseau a otra pregunta: ¿por qué los seres humanos organizamos nuestra existencia de una manera que nos hace tan vulnerables ante la naturaleza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, el joven Kant&nbsp; (Hernández Marcos, 2005), a sus veinticuatro años, recopiló información sobre el terremoto e intentó construir una explicación geológica basada en procesos físicos subterráneos. Su teoría se orientaba a explicar el fenómeno desde la propia naturaleza, sin recurrir necesariamente a una intervención sobrenatural. El terremoto comenzaba así a convertirse en un objeto de investigación y no únicamente en un acontecimiento susceptible de una interpretación religiosa. Entre los textos escritos por Kant a propósito del acontecimiento se encuentra <em>Sobre las causas de los terremotos, con ocasión de la calamidad que padecieron los países occidentales de Europa a finales del último año</em>. En este desplazamiento desde la explicación providencial hacia la investigación de las causas naturales aparece uno de los cambios fundamentales que el terremoto de Lisboa produjo en la conciencia europea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su vez, Walter Benjamin (2014) escribió acerca del terremoto de Lisboa un guion radiofónico destinado a una audiencia infantil (<em>Das Erdbeben von Lissabon</em>), correspondiente a una emisión del 31 de octubre de 1931. En él, Benjamin utiliza el terremoto de 1755 para narrar no solamente la catástrofe, sino también la manera en que un acontecimiento natural pudo incidir en la transformación de la conciencia histórica, científica y filosófica de una época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin no se concentra exclusivamente en la destrucción de Lisboa. Le interesa, particularmente, la circulación de la noticia del desastre por Europa. Señala que el terremoto tuvo una repercusión extraordinaria porque coincidió con un momento de expansión de la prensa y de las posibilidades de comunicación. El acontecimiento pudo ser conocido, narrado y representado rápidamente en distintos lugares del continente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, el autor berlinés recupera la figura de Immanuel Kant quien, siendo muy joven, escribió sobre el terremoto. Benjamin hace una afirmación particularmente significativa: considera que la reacción de Kant ante Lisboa se encuentra asociada al surgimiento de la geografía científica en Alemania y al comienzo de la sismología. Es decir,<em> Benjamin recupera el terremoto como un momento en que una catástrofe que tradicionalmente podía interpretarse como un castigo divino empieza a convertirse en objeto de investigación científica.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, a partir de lo vivido en ciertas regiones de Colombia el 10 de agosto del 2026 me atrevo a considerar la posibilidad de una dialéctica en la que, en un primer momento, el sujeto pleno de dominio fue la naturaleza, la <em>physis</em>: esa fuerza originaria que domina, envuelve e invade el ser del mundo. De su seno emergieron innumerables entes y, entre ellos, aquel que un día se irguió sobre sus extremidades inferiores y comenzó a caminar sobre la tierra. Con él se abrió un segundo momento de antítesis, que consistió en la aparición del <em>titán humano</em> y, con él, del reino de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La llegada de los titanes implicó una distancia respecto de la naturaleza, bajo la rúbrica del lenguaje. Ese titán se acerca al mundo que lo precede con una mezcla de asombro y espanto. Frente a las fuerzas que lo desbordan, intenta comprenderlas y conjurarlas. Por medio de imágenes, símbolos y sonidos, deja plasmado su temor ante la inmensidad de la <em>physis</em>, pero también su reverencia ante aquello que no puede dominar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así comienza la larga tensión entre naturaleza y ser humano, civilización y naturaleza. La naturaleza que se expresó en el terremoto parece indicar, a través de sus magmas más recónditos, la capacidad devastadora de remover los proyectos de progreso que albergamos los seres humanos. El suelo sobre el que construimos nuestras ciudades,&nbsp; certezas e ideales &nbsp;de futuro, puede en un instante, dejar de ser fundamento para convertirse en amenaza. Y es quizá allí, en esa fractura amenazante, donde el terremoto deja de ser un fenómeno geológico para convertirse también en un acontecimiento para pensar en términos filosóficos lo que obliga a considerar una síntesis, donde <em>physis</em> y titanes puedan convivir sobre la tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras del terremoto quedan las secuelas fenoménicas que en los más diversos grupos sociales develan la condición humana en toda su intensidad: miedo, egoísmo, sacrificio; emociones que ponen a prueba a&nbsp; quienes habitamos los entornos afectados por el desastre. Por lo tanto más allá de una filosofía del consuelo se necesita una filosofía de la esperanza, que estimule pensar en tiempos de peligro y de riesgo, por encima de los muros caídos y los poblados fracturados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Referencias. </em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin. El terremoto de Lisboa en: Walter Benjamin Radio Benjmin. Edición Lecia Rosenthal. Akal. 2014</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin, W. (2014). El terremoto de Lisboa. En L. Rosenthal (Ed.), <em>Radio Benjamin</em> (pp. xx-xx). Akal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voltaire. (1912). <em>Toleration and other essays</em> (J. McCabe, Trans.). &nbsp;G. P. Putnam&#8217;s Sons.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leibniz, G. W. (2014). <em>Teodicea: Ensayos sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal</em> (J. Muñoz, Ed. e introd.). Biblioteca Nueva</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rousseau, J.-J. (2007). Carta a Voltaire sobre la Providencia. En <em>Profesión de fe del vicario saboyano y otros escritos complementarios</em> (A. Pintor-Ramos, Trad.). Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hernández Marcos, M. (2005). Un texto de Immanuel Kant sobre las causas de los terremotos (1756). <em>Cuadernos Dieciochistas, 6</em>, 215–224.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132559</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Aug 2026 14:24:18 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Para una aproximación reflexiva al terremoto del 10 de agosto]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132559</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Matemáticas contra el fraude</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/matematicas-contra-el-fraude/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una ley matemática sorprendente revela patrones ocultos en los números y ayuda a detectar fraudes donde menos se esperan.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Al profesor de estadística de la Universidad de Chicago, <strong>Stephen Stigler</strong>, se le reconoce como autor de la llamada <em>Ley de Stigler</em>, formulada en 1980, según la cual «ningún descubrimiento científico recibe el nombre de quien lo hizo en primer lugar».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es precisamente el caso de la conocida <em>Ley de Benford</em>, a la que me referiré a continuación. Aunque lleva el nombre de Benford, fue descubierta varias décadas antes por el matemático y astrónomo canadiense <strong>Simon Newcomb</strong> (1835‑1909).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia es bastante interesante y surgió a partir de una observación que hizo Newcomb. En 1881, mientras consultaba una de esas tablas de logaritmos —los pequeños libros que se usaban antes de la aparición de las reglas de cálculo y, más tarde, de las calculadoras— notó algo curioso: las primeras páginas de la tabla que tenía entre las manos estaban mucho más usadas, sucias y desgastadas que las últimas. ¿A qué se debía aquello?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras un análisis cuidadoso, Newcomb concluyó que los dígitos iniciales de los números que empleaba para estudiar las observaciones astronómicas no aparecían con la misma frecuencia. El dígito <strong>1</strong> surgía con mayor frecuencia, seguido del <strong>2</strong>, mientras que el <strong>9</strong> era el que menos aparecía al comienzo de los números. Así llegó a la sorprendente conclusión de que la posición de los dígitos iniciales no era equiprobable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta que se formuló Newcomb fue sencilla pero profunda: ¿es más probable que un número empiece por el dígito <strong>1</strong> que por otro dígito, como el <strong>7</strong>, por ejemplo? En principio, parecería lógico suponer que todos los dígitos tienen la misma probabilidad de ocupar la primera posición en un número elegido al azar. Sin embargo, Newcomb dedujo —sin ofrecer aún una explicación matemática formal— que el dígito inicial no nulo más frecuente es el <strong>1</strong>, seguido del <strong>2</strong>, luego del <strong>3</strong>, y así sucesivamente hasta el <strong>9</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con base en esta observación, expresó que la probabilidad de que un número tenga como primera cifra no nula un dígito <math data-latex="C"><semantics><mi>C</mi><annotation encoding="application/x-tex">C</annotation></semantics></math> puede calcularse mediante la siguiente fórmula:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="P = \log(1 + 1/C)"><semantics><mrow><mi>P</mi><mo>=</mo><mrow><mi>log</mi><mo>⁡</mo></mrow><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mn>1</mn><mo>+</mo><mn>1</mn><mi>/</mi><mi>C</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">P = \log(1 + 1/C)</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">Décadas después, en 1938, el físico <strong>Frank Benford</strong> retomó las observaciones de Newcomb y amplió notablemente su alcance. Reunió más de 20 000 datos provenientes de fuentes muy diversas —longitudes de ríos, constantes físicas, números de artículos periodísticos, direcciones, valores bursátiles— y comprobó que el patrón descrito por Newcomb se mantenía de manera sorprendente en múltiples contextos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta curiosa propiedad se verifica para cualquier lista de números que se obtenga como resultado de datos tomados en forma aleatoria, por ejemplo se ha verificado con estadísticas deportivas, valores de impuestos, constantes y magnitudes físicas, longitudes de ríos y carreteras, poblaciones de países y ciudades, cifras económicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de ese estudio sistemático, Benford publicó la propiedad que hoy lleva su nombre: la <strong>Ley de Benford</strong>, según la cual los dígitos iniciales de muchos conjuntos de datos reales no se distribuyen de forma uniforme, sino que siguen la pauta logarítmica descubierta por Newcomb.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paradójicamente, y en perfecta sintonía con la Ley de Stigler, el crédito histórico terminó asociado al segundo investigador, no al primero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los conjuntos de datos que <strong>no</strong> se ajustan a la Ley de Benford suelen ser aquellos que provienen de distribuciones <strong>uniformes</strong> o <strong>normales</strong>, en los que los dígitos iniciales están determinados por reglas externas. Tal es el caso de los números de loterías, las listas telefónicas, los números de identidad y, en general, cualquier secuencia numérica construida artificialmente o restringida por formatos fijos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, de manera sorprendente, se han descubierto aplicaciones insospechadas de la Ley de Benford que han motivado una intensa actividad investigativa en las ciencias de la computación, un campo particularmente dinámico en la actualidad y, en especial, en áreas como la <strong>criptografía</strong> y el análisis algorítmico de datos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, la ley ha encontrado usos muy efectivos en la <strong>detección de fraudes</strong>, tanto en datos electorales como en auditorías fiscales, donde las desviaciones respecto del patrón de Benford pueden revelar manipulaciones o irregularidades en los registros numéricos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los usos más frecuentes consiste en aplicar la ley a través de <strong>pruebas repetidas</strong> sobre conjuntos de datos similares, con el fin de verificar si su distribución de dígitos iniciales se ajusta al patrón esperado. Cuando la ley <strong>no se cumple</strong> o aparece una <strong>desviación significativa</strong>, es razonable sospechar que existe alguna anomalía o que ciertas cifras han sido manipuladas, lo que permite identificar rápidamente los datos que requieren una revisión rigurosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo ilustrativo aparece en el ámbito electoral: si en los resultados de unos comicios la distribución de los primeros dígitos se aparta de manera notable de la Ley de Benford, resulta prudente realizar un <strong>reconteo de votos</strong> o una auditoría detallada para confirmar la validez de los resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las aplicaciones más importantes de la Ley de Benford se encuentra en la <strong>detección de fraudes financieros</strong>. En 1992 se demostró que los datos contables y tributarios reales se ajustan notablemente bien al patrón de Benford, lo que permite identificar cambios, alteraciones o inconsistencias en declaraciones de impuestos y en las cifras que las empresas reportan periódicamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La presencia de dígitos iniciales con frecuencias que <strong>violan</strong> la Ley de Benford no implica necesariamente la existencia de fraude, pero sí constituye un <strong>indicio sólido</strong> de que algo no encaja y de que conviene realizar una investigación más detallada. En auditorías modernas, esta desviación funciona como una señal temprana que orienta al revisor hacia los segmentos de datos que requieren especial atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos recientes, la <strong>Ley de Benford</strong> ha encontrado una aplicación especialmente relevante en el análisis de las cifras asociadas al comportamiento del <strong>COVID‑19</strong>. Diversos estudios han mostrado que tanto el número de contagios como el de muertes atribuidas a la pandemia siguen una distribución tal que las frecuencias de los dígitos iniciales reportados por distintos países se ajustan de manera sorprendentemente precisa al patrón previsto por esta ley.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la página web <a href="https://coronavirus.app/map?utm_source=copilot.com">coronavirus.app/map</a> puede consultarse, entre otros ejemplos, el ajuste entre las frecuencias de los casos de contagio y de las muertes reportadas por <strong>COVID‑19 en Colombia</strong> y las distribuciones esperadas según la Ley de Benford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este tipo de análisis resulta útil para evaluar la <strong>consistencia estadística</strong> de los datos epidemiológicos y para detectar posibles irregularidades en los reportes oficiales. Cuando las cifras se alinean con la distribución de Benford, ello sugiere que reflejan un comportamiento natural del fenómeno; por el contrario, desviaciones significativas pueden señalar errores de registro o incluso manipulación, y constituyen un indicio que amerita una revisión más detallada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la <strong>Ley de Benford</strong> se convierte en una herramienta estadística de gran utilidad para analizar la evolución de una epidemia y anticipar comportamientos anómalos en los datos. Su capacidad para detectar desviaciones en las cifras reportadas permite identificar a tiempo inconsistencias que podrían afectar la interpretación del avance del coronavirus en una población. De este modo, el uso adecuado de la ley contribuye tanto a <strong>predecir tendencias</strong> como a <strong>tomar medidas de control oportunas</strong>, apoyando la toma de decisiones en contextos donde la calidad y fiabilidad de la información son esenciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de la Ley de Benford, desde la observación casual de Newcomb hasta sus aplicaciones contemporáneas en la detección de fraudes y el análisis epidemiológico, revela cómo una simple curiosidad matemática puede transformarse en una herramienta poderosa para comprender la realidad. Más allá de su aparente sencillez, esta ley nos recuerda que los números —cuando se observan con atención— pueden revelar patrones ocultos y advertirnos sobre irregularidades que escapan a la mirada superficial. En última instancia, la Ley de Benford es una prueba de que las matemáticas no solo describen el mundo, sino que también lo protegen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131544</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Aug 2026 22:21:45 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Benford-scaled.jpg?w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Matemáticas contra el fraude]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131544</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ladrón de libros</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ladron-de-libros/</link>
        <description><![CDATA[<p>A la IA podrán acusarla de muchas cosas, menos de que haya acabado con el oficio de ladrón de libros; ese empezó a morir cuando nació la internet. Hubo un escritor que confesó sus fechorías. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Robar o no robar libros. Esa es la cuestión.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy miope y, por lo tanto, demasiado torpe como para meterme a ladrón; me moriría de hambre, es seguro. Así que los honrados lo son más por falta de pericia que de ganas, intuyo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Roberto Bolaño solía provocar con la soltura de quien conoce los pliegues de la necesidad:<em> “Robar libros no es un delito”,</em> sentenció el escritor chileno. Con todo, su biografía es fascinante. En sus años mozos, hurtar tomos de las estanterías era una forma radical de resistencia cultural practicada por jóvenes hambrientos de literatura. Pero lo que ayer era un hábito de alto riesgo y romántica osadía, hoy es un oficio en vía de extinción. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cristian Vásquez (1978), periodista y escritor argentino, piensa todo lo contrario. “Robar libros sí es robar”, dice <a href="https://letraslibres.com/revista-espana/robar-libros-si-es-robar/" id="https://letraslibres.com/revista-espana/robar-libros-si-es-robar/">en este breve ensayo </a>de Letras Libres. Igual de grave, sugiere el autor, que robar un collar, una consola de videojuegos o una bicicleta. En defensa de los ladrones diré que nadie sabe con la sed (de literatura) que otros viven, y sin embargo a mí que me esculquen porque cada libro que tengo en mi modesta biblioteca lo pagué de contado. Bueno, todos menos <em>Entrevista con la historia</em>, de Oriana Fallaci, (¡tremenda preguntadora ella!); ese me lo prestó mi amiga Juanita cuando decidí independizarme, y prestado se quedó: la periodista italiana fue compañía por la época en que, por berrinche, me ausenté del <em>Hotel mama.</em> Nótese que préstamo y robo son verbos distintos. Si ella lee esto, espero que se haga la loca, como Juana. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En la época del joven Bolaño, los libros reinaban sin contrapeso. No existía la dictadura del algoritmo ni la tiranía de las pantallas. Hoy, la ecuación se invirtió y el mundo cambió para mal: ya no somos nosotros quienes robamos libros; ahora son las redes sociales las que nos roban a nosotros. Se adueñan con impunidad de nuestra atención, descuartizan nuestra capacidad de concentración y se quedan con lo más valioso que poseemos: el tiempo. Es decir, las redes sociales nos están robando los libros que podríamos haber leído.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás recuperemos el tiempo perdido si un día vamos a prisión, como Gary Gilmore, el protagonista de <em>La canción del verdugo</em>, la novela de Norman Mailer, cuyas 572 páginas devoré con qué hambre, como si fuera preso en mi propia casa. &nbsp;El asesino pasa el encierro escribiendo cartas de amor y leyendo filosofía (Nietzsche); literatura (Dostoievski); orientalismo y ocultismo, además de textos sobre reencarnación y karma, producto de una personalidad ambivalente en la que se mezclan rasgos intelectuales, sensibilidad artística e impulsos violentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un prisionero colombiano célebre fue Álvaro Mutis. Preso en Ciudad de México entre 1959 y 1960, sus amigos se encargaron de enviarle libros. Y qué lujo de amigos: Octavio Paz, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes y Luis Buñuel, entre ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el autor de <em>Maqroll el gaviero</em> e <em>Ilona llega con la lluvia</em>, <a href="https://revista-liber.org/articulo/el-poeta-que-se-convirtio-en-novelista-tras-pasar-15-meses-en-la-carcel-de-lecumberri" id="https://revista-liber.org/articulo/el-poeta-que-se-convirtio-en-novelista-tras-pasar-15-meses-en-la-carcel-de-lecumberri">la revista Liber dijo lo siguiente</a>: <em>“No obstante, tres años después de su llegada a México, fue detenido por la Interpol, que lo recluyó durante 15 meses en la cárcel de Lecumberri, el centro penitenciario más siniestro de la Ciudad de México. Esta experiencia lo marcó para el resto de su vida. No solamente cambió su visión del dolor y del sufrimiento humano, sino que su vocación de poeta se transformó en la de narrador. El propio Mutis lo cuenta en su libro Diario de Lecumberri”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El valor sagrado del objeto impreso atraviesa la historia. Basta recordar <em>La ladrona de libros</em>, la novela de Markus Zusak llevada con acierto al cine. En medio del horror de la Alemania nazi, la joven Liesel Meminger descubre en los libros un refugio y una razón para subsistir. Su primer rescate —un manual de sepultureros recogido en la nieve— inicia una cadena de pequeños hurtos literarios que no responden a la codicia, sino a la urgente necesidad humana de aferrarse a la belleza y a la verdad cuando el mundo a su alrededor se derrumba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Porque la verdad es que los libros siguen siendo un bien suntuoso, y la tentación de tomarlos sin pedir permiso permanece intacta cuando uno ama la literatura por encima de Dios y todas las cosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace pocos días fui a recorrer las librerías de segunda mano aquí en el centro de Bogotá. Iba con la ilusión de encontrar la colección de biografías escritas por Stefan Zweig. Una joya absoluta. No leer a Zweig debería ser pecado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En edición de lujo y recién salida de imprenta, rozaba los $600 mil pesos, mientras que en los escaparates de la Avenida Jiménez rondaba los $185 mil. No los tenía en ese momento en el bolsillo y sigo sin tenerlos, aunque parezca una cifra modesta por semejante tesoro. Varias veces me he parado ahí, al lado de alguna estantería, contemplando aquel monumento libresco: sueño despierto, cual huerfanito, que llega el buen samaritano a decirme: —¿<em>Lo quieres? Te lo regalo. Tómalo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no pasa ni en los sueños. Porque tampoco uno tiene derecho a soñar lo que quiere o que le gustaría soñar. Salí aburrido y cabizbajo, masticando la frustración. Pensaba por qué no habré nacido con la destreza narrativa de Bolaño para crear buena literatura y, sobre todo, con esa habilidad suya y la de sus amigos para saquear librería sin dejar rastro. Lo que daría por saber cuántos volúmenes logró sustraer y qué títulos descansan en su historial de contrabandista de letras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Por ahora, falto de agilidad, pero terco en el empeño, me conformaré con la ficción: voy a escribir el cuento de un hombre que decide convertirse en ladrón de libros para recuperar lo que el mundo moderno le arrebató.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Veamos qué puede salir mal en esta incursión fascinadora, nunca facinerosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi personaje irrumpe en una casa y queda atolondrado al ver tantas maravillas, entre el piso y el techo, divinamente ordenadas. Cuando se alista para empacar el botín, un hombre de voz recia -no muy alto él, de bigote y cejas pobladas, piel morena clara-, pone su mano sobre su hombro. Orinado, el inexperto ladrón voltea a ver y no lo creerán ustedes, queridos lectores. El dueño de casa resulta ser el mismísimo Gabriel García Márquez. Dirán que ese nombre lo han escuchado en alguna parte; yo también. En el sueño recordé, -porque era yo el protagonista-, aquel día de 2015 en que <a href="https://www.dw.com/es/colombia-roban-primera-edici%C3%B3n-de-cien-a%C3%B1os-de-soledad/a-18426218" id="https://www.dw.com/es/colombia-roban-primera-edici%C3%B3n-de-cien-a%C3%B1os-de-soledad/a-18426218">robaron en Bogotá la primera edición de &#8220;Cien años de soledad&#8221;. </a> No fui yo, en todo caso. Me habrían atrapado en el acto, como ya dije. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tendrán que esperar a que concluya el sueño para saber en qué parará la vaina. Quizás, termine yo preso y hasta me convierta en un celebrado escritor como Mutis&#8230; porque como Gabo no creo. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132380</guid>
        <pubDate>Sun, 23 Aug 2026 14:07:45 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Ladron.jpg?w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ladrón de libros]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132380</post-id>    </item>
        <item>
        <title>En el día mundial de la caligrafía, una nota con mala letra.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/en-el-dia-mundial-de-la-caligrafia-una-nota-con-mala-letra/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este artículo se publicó previamente en “El Correo del Golfo”, con los apellidos de pila de su autor. Hoy 12 de agosto, es el día internacional de la caligrafía y es oportuno revivirlo.</p>
<p>Este espacio en los blogs de El Espectador no quiere ser ajeno a la tragedia sufrida en Colombia por el terrible terremoto que nos estremeció el lunes pasado. Si alguien tiene desaparecido a un familiar o amigo en Colombia por el terremoto, la Cruz Roja Colombiana ha habilitado el siguiente canal: Localizaciones: rcf@cruzrojacolombiana.org y WhatsApp +57 3212139525      De igual manera, quien quiera colaborar con la Cruz Roja Colombiana, lo puede hacer en la siguiente página: https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto</p>
<p>Es más, como la lectura de esta nota es totalmente gratis, apreciado lector, si al final le gusta, lo animo a colaborar con la buena causa. ¡Muchas gracias!</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota:</strong> <em>Este artículo se publicó previamente en “El Correo del Golfo”, con los apellidos de pila de su autor. El 12 de agosto, se celebró el día internacional de la caligrafía y es oportuno revivirlo.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Este espacio en los <strong>blogs de El Espectador</strong> no quiere ser ajeno a la tragedia sufrida en Colombia por el terrible terremoto que nos estremeció el lunes 10 de agosto. Si alguien tiene desaparecido a un familiar o amigo en Colombia por el terremoto, la <strong>Cruz Roja Colombiana</strong> ha habilitado el siguiente canal:</em> <strong><em>Localizaciones</em></strong><em>: <a href="mailto:rcf@cruzrojacolombiana.org" target="_blank" rel="noreferrer noopener">rcf@cruzrojacolombiana.org</a> y WhatsApp +57 3212139525</em>      <em>De igual manera, quien quiera colaborar con la <strong>Cruz Roja Colombiana</strong>, lo puede hacer en la siguiente página:</em> <a href="https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto">https://ayuda.cruzrojacolombiana.org/emergencia-colombia-terremoto</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es más, como la lectura de esta nota es totalmente gratis, apreciado lector, si al final le gusta, lo animo a colaborar con la buena causa. ¡Muchas gracias!</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="829" height="1000" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg" alt="" class="wp-image-132083" style="aspect-ratio:0.8290155440414507;width:590px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg 829w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg?resize=249,300 249w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Young_woman_writing_a_letter_1874_by_Federico_Zandomeneghi.jpg?resize=768,926 768w" sizes="auto, (max-width: 829px) 100vw, 829px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Joven mujer escribiendo una carta (1874), pintura de Federico Zandomeneghi, pintor impresionista italiano</em>.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre he tenido una pésima caligrafía, quizás por ello mi querida madre Carmen, pensaba durante mi niñez que yo sería médico en el futuro, hipótesis que alimenté durante algunos años, hasta el día en que descubrí que prefería diseccionar a las palabras y no a los seres humanos, además de reconocer que no soy capaz de asumir la responsabilidad por la vida de otros, a duras penas alcanzo con la mía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que hasta hace algún tiempo era una verdad casi estadística que los médicos tenían “mala letra”. Ignoro si era algo casual o premeditado, pero entre más complicada era la caligrafía del galeno, su prestigio como especialista parecía ser mayor. Es lo mismo que ocurre con la jerga utilizada por algunos expertos en cualquier rama del conocimiento humano, al usar términos incomprensibles para la mayoría creen que ganan un prestigio de sabiduría y no de pedantería, como suele suceder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, esa anécdota parece que tuvo un efecto por demás alarmante. Al parecer, en el pasado se presentó más de una muerte, accidental por supuesto, porque pacientes o dependientes de farmacias no entendieron las recetas escritas de los facultativos y se equivocaron en las medicinas prescritas, o en las posologías ordenadas. Tragedias absurdas que me hacen recordar un malo y viejo chiste sobre un viejito aferrado a un poste en la calle, quien había acudido a una farmacia para tratar su tos crónica y le dieron un laxante, que le hizo efecto positivo para su mal, pues no se atrevía a toser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Afortunadamente lo de la mala letra de los galenos se trata de algo superado, aparte de caer en generalizaciones perversas y estereotipos gratuitos. Hoy en día, los médicos no suelen escribir de manera enrevesada, al contrario, debo reconocer que los especialistas que han atendido mis males reales e imaginarios se esmeran con buena caligrafía para que yo con mi prematura presbicia les pueda leer sus diagnósticos y recomendaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Actualmente lo normal es que las prescripciones médicas, sean elegantemente impresas en computador. Allí nace otro riesgo ajeno a los médicos, cuando hay errores en sistemas automáticos, como lo que ocurrió en Estados Unidos a unas señoras que demandaron a una compañía de pastillas anticonceptivas, cuya fecha de vencimiento fue variada por un error de impresión y cuando ellas las tomaron, su efecto se había desvanecido en el tiempo, dejándoles varios hijos que no deseaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas formas y como expliqué al comienzo, no tengo autoridad moral para criticar la mala letra de los demás, pues la mía sería finalista en cualquier concurso internacional de la caligrafía más fea. Caso contrario de lo que ocurre con Patricia, mi esposa, quien hace maravillas con su bella letra, incluso su sola firma suele ser objeto de halagos. Un efecto de las miles de planas que las monjas le hicieron repetir en sus años de colegio en Pamplona (Colombia), en donde imagino casi todas las señoras y señoritas deben tener muy buena letra, de cuenta de la criticada educación religiosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante mi experiencia de trabajo en Abu Dhabi, uno de los aspectos que más admiré fue la caligrafía del idioma árabe que suele convertirse en obra de arte, pues al estar prohibidas en el islam las reproducciones gráficas de personas y animales, la letra se convierte no solo en elemento de comunicación sino en objeto de tratamiento artístico.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final y volviendo al argumento inicial, es preciso decir que, en el caso de un escritor, no necesariamente la calidad de su letra es proporcional a la calidad de sus textos. En cuanto a mis especulaciones escritas, eso lo juzgarán los lectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribo afortunadamente en letra de computador en lo que sigo llamando Twitter como @dixonmedellin y en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?w=1024" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?resize=768,576 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132078</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Aug 2026 11:33:09 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Learning_Arabic_calligraphy.jpg?w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[En el día mundial de la caligrafía, una nota con mala letra.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132078</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La filosofía académica y sus vicios III:  Neolatrismo filosófico, tradición intelectual y eurocentrismo congénito</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/la-filosofia-academica-y-sus-vicios-iii-neolatrismo-filosofico-tradicion-intelectual-y-eurocentrismo-congenito/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ofrecemos la tercera y última parte en torno a los vicios de la filosofía académica. Nos centramos en el neolatrismo filosófico, la falta de tradición o el culto a la misma, y el eurocentrismo congénito de nuestra academia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En su corto ensayo&nbsp;<em>Notas sobre la inteligencia americana&nbsp;</em>(1936) sostuvo, en la primera mitad del siglo pasado, el escritor mexicano Alfonso Reyes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“América vive saltando etapas, apresurando el paso y corriendo de una forma en otra,&nbsp;<em>sin haber dado tiempo a que madure del todo la forma precedente.</em>&nbsp;A veces, el salto es osado y la nueva forma tiene un aire de un alimento retirado del fuego antes de alcanzar su plena cocción.<em>&nbsp;La tradición ha pesado menos y esto explica la audacia”.&nbsp;</em>En el mismo texto asevera que hay por eso entre nosotros una&nbsp;<em>“consigna de improvisación” </em>(1996, p.91).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ensayo, una de las primeras “sociologías del saber” entre nosotros, pone de presente, para nuestro interés aquí,&nbsp;varios aspectos: la falta de tradición filosófica y la improvisación intelectual en el continente. Ambos fenómenos interrelacionados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de la tradición es fundamental. En América Latina, sólo hasta comienzos del siglo pasado tras la proclamada normalidad filosófica empezó un interés creciente por nuestra propia producción filosófica: no solo del pensamiento amerindio, sino de la filosofía colonial y republicana. Ese proceso se inició en México y acompañó el naciente debate en torno a la filosofía latinoamericana. Eso ha remediado desde entonces el problema de la tradición intelectual entre nosotros, a la vez que ha alumbrado ese ejercicio necesario de escrutar los caminos, los procesos y los difíciles retos que ha vivido la inteligencia americana para surgir y abrirse al mundo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el problema no termina ahí. La falta de tradición también se refiere a la débil recepción del pensamiento europeo entre nosotros. Aquí llegó la fenomenología de Heidegger con Gaos sin haberse siquiera pasado por el idealismo alemán; se recibía a Marx sin haber leído y asimilado a Feuerbach, Hegel o Kant. Es decir, como dice Reyes, dábamos grandes saltos en el vacío, sin digerir bien la tradición filosófica europea, sin criticarla (pues no había armas para la crítica) y sin tener un pilar fuerte desde donde enfrentarse con la cantidad de corrientes que vendrían posteriormente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos defectos llevaron a la adulación ingenua y acrítica de las “modas filosóficas”. Aspecto este que tanto denunció entre nosotros Rafael Gutiérrez Girardot. La falta de tradición mostró su debilidad correlativa: la asunción acrítica de lo nuevo, su culto. Esto es lo que llamo “<em>Neolatrismo filosófico</em>”. Una práctica generalizada en Nuestra América desde sus orígenes y evidente en el mundo de la filosofía en el siglo XX.&nbsp;Sencillamente se adula lo nuevo por ser nuevo; se confunde la novedad con la calidad. Esta actitud, reforzada por algunos de los principios del pensamiento posmoderno, como la relajación, la moda, y el desprecio por la historia, han provocado una estampida de aduladores que sólo esperan en las librerías las últimas traducciones de las supuestas vanguardias intelectuales europeas. Así calman sus delirios y su “afán de novedad”&nbsp;para decirlo con Heidegger. Eso sucedió con la obra de Fukuyama, Jhon Rawls, Habermas y Foucault. En los dos últimos casos, son contadas las recepciones serias en Colombia de estos autores, entre ellas, las de Guillermo Hoyos Vásquez, Oscar Mejía Quintana, Santiago Castro-Gómez y Renán Silva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>neolatrismo filosófico</em> se promociona, en muchos casos, en las mismas universidades. A los estudiantes se les enseña lo nuevo, la moda, mostrándolo como una superación de lo viejo. Ellos, sin leer la tradición, sin enfrentarse críticamente con ella, sin digerirla, creen encontrarse viviendo el pensamiento actual. Sin darse cuenta que están descubriendo mediterráneos, pues como no han hecho la tarea de estudiar seriamente filosofía, nunca podrán determinar qué es viejo y qué es nuevo, que es un refrito, etc., del pensamiento que están adulando como a una reliquia. Este problema es altamente preocupante. Hoy, para decirlo sin ambages, es tanta la adulación por las modas filosóficas, que basta ir a Europa, Inglaterra o Estados Unidos, estudiar la filosofía de algún filósofo, aprender su vocabulario, copiar sus frases y metáforas (sin citarlo regularmente), regresar a cualquier universidad Latinoamérica, abrir la boca, convertirse en ventrículo de algún “filósofo actual”, dar la misa, regurgitar, e inmediatamente estallarán los aplausos. Ser buen filósofo es, entre nosotros, a menudo, ser buen imitador y buen repetidor. Eso ha pasado exactamente <em>con parte</em> de la filosofía posmoderna, la cual viene adornada con su floripondio arsenal de palabras y conceptos nuevos, con su exuberancia verbal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que aclarar que se trata de alimentarse críticamente de la tradición, de renovar, de aceptar lo nuevo pero mediándolo críticamente. <em><strong>No se trata de una apología de la tradición ni de un misoneísmo filosófico, sino de hacer la tarea, el ejercicio crítico, de trabajar con esfuerzo y pasión con ese pensamiento.</strong></em> Al respecto, termino con un aparte de mi libro <em>Estudios sobre el pensamiento colombiano:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“el problema de la falta de tradición, su desconocimiento, la falta de conciencia de ella, es que no se cuenta con una base fuerte, sólida, desde la cual confrontar críticamente el pensamiento extranjero, en el caso particular de los latinoamericanos, la filosofía europea. Ese “vacío de tradición”, que implica un desarraigo del pasado, hace que las modas intelectuales entren y salgan, que se sustituyan unas por otras, tal como sucede hoy en Colombia con algunos pensadores&nbsp;fashion.&nbsp;Este problema impide un debate serio, que confronte, discuta críticamente si esas modas aportan algo a la cultura o de lo contrario, sino lo hacen”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiendo, el “vacío de tradición” imposibilita una&nbsp;asimilación&nbsp;crítica de los aportes de otra cultura, de otro pensamiento, de otro autor. Y en este sentido, se fomenta la improvisación, lo que Gutiérrez Girardot llamó el aventurerismo teórico, el rastacuerismo intelectual y, por ende, la promoción del&nbsp;mencionado “neolatrismo filosófico”, el “colonialismo intelectual” y “la colonialidad del saber”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;<em>Eurocentrismo y retorno incesante de lo mismo</em></strong><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro&nbsp;<em>La fuerza de existir. Manifiesto hedonista,&nbsp;</em>el filósofo francés Michel Onfray se pregunta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“¿Quién escribe la historia de la filosofía? ¿Según qué principios? ¿Con qué objetivos? ¿Para demostrar qué? ¿A quién? ¿Desde qué perspectiva? ¿Cuándo comienza la practica de la historia, de la Enciclopedia, del Léxico, del Manual? ¿Quién edita, distribuye, difunde? ¿Dónde? Para qué público, qué lectores?” (2008, p. 56)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este conjunto de preguntas tienen hoy un valor innegable para la Historia social de la filosofía, pues permite cuestionarnos sobre la práctica filosófica, una práctica donde la “historiografía de la filosofía” se empezó a revisar hace muy poco. Tiene importancia además, no sólo porque discute la historiografía tradicional que hemos recibido de manuales o de historias de la filosofía que siempre repiten lo mismo, los mismos autores excluyendo a las mujeres, repiten los mismos tópicos, sino porque nos permiten cuestionar la práctica académica de la filosofía hoy: por ejemplo, el ensalzamiento de pensadores por medio de las editoriales que sólo los interesa vender libros, o la práctica misma autista de los filósofos, su elitismo, su autismo, etc., que con la pretensión de darse un puesto en el mundo de la filosofía inventan y crean jergas por deporte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha sido este conjunto de inquietudes que, desde América Latina, ya hace cerca de 40, años empezó a manifestar el filósofo argentino-mejicano Enrique Dussel. Para el mayor representante de la llamada “Filosofía de la liberación”, uno de sus creadores y su mayor exponente, <em>la historiografía es constitutiva de la forma como entendemos la filosofía hoy.</em> <em><strong>No hay una determinada mirada de la filosofía sin tener en cuenta la forma como esta ha llegado a nosotros, cómo nos la han contado, cómo la hemos estudiado, desde qué perspectivas.</strong></em> En este sentido, las preocupaciones que tuvo Dussel, un autor de la periferia de Europa, encajan perfectamente con las preocupaciones epistemológicas en torno a la filosofía de un autor del centro, de Europa, como Michel Onfray. En este sentido Dussel ha dicho en el prólogo a su libro <em>Política de la liberación. Historia mundial y crítica: </em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Desearíamos que no se leyera esta historia simplemente como un relato más, informativo de muchas posiciones teóricas innovadoramente interpretadas.<em> Sería necesario leerla más bien como un contra-relato, como un relato de una tradición anti-tradicional” </em>(2007, p.13).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Desde América Latina Dussel se ha propuesto una re-valuación de la historia misma, de la historia de la filosofía, de la historia de la filosofía política, con el fin de superar la mirada tradicional que se ha tenido sobre estos tópicos. Dussel se propuso superar específicamente lo siguiente: El helenocentrismo, el occidentalismo, el eurocentrismo y la visión tradicional de la modernidad (Pachón, p. 245 – 260), entre otros aspectos. Hay que decir, además, que estos intentos no sólo tienen un fin epistemológico, sino también político, pues <em>una vez desenmascarado el velo ideológico de la forma tradicional como se ha visto la historia, se abre el camino para la autocomprensión de los pueblos, para la emergencia de su pensamiento aplastado por una historiografía dominante tradicional apoyada en el colonialismo de Europa sobre el resto del orbe.</em> </p>



<p class="wp-block-paragraph">Así las cosas, la destrucción de la historiografía tradicional posibilita una nueva mirada no eurocéntrica que permitiría plantear un nuevo proyecto: “Un dialogo mundial entre tradiciones filosóficas”, donde la filosofía no es exclusiva de Europa, donde esta, además, puede salir de su ensimismamiento y entrar en diálogo con otras tradiciones: así se enriquece la filosofía misma y se crea una nueva edad no eurocéntrica: la <em>“Transmodernidad filosófica</em>” (Dussel, 2009, p. 15-28).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que poner de presente, por ejemplo, que Dussel y Onfray confluyen en la crítica al helenocentrismo. Michel Onfray comparte las mismas apreciaciones. Por eso ha propuesto, contra la historiografía tradicional de la filosofía, una “Contra-historia de la filosofía”. Entre otras cosas, Onfray ha sostenido:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Entre las fábulas que se han convertido en certezas, se encuentra la siguiente: la filosofía nace en el siglo VII A.C en Grecia, con los presocráticos. Esta frase contiene por lo menos tres errores. La fecha, el lugar y el nombre. Porque mucho antes de esa fecha ya se pensaba en Sumeria, Asiria, Babilonia, Egipto, en la India, en la China y en otros lugares bárbaros desde el punto de vista de los griegos”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Continúa Onfray:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Otro lugar común: ¡los griegos inventores de la democracia! Ellos, que alababan el linaje&nbsp;puro, única legitimación de cualquier participación en la vida de la ciudad. Las mujeres, los metecos, los extranjeros residentes y los blancos no nacidos de raza pura eran excluidos de esa famosa democracia, existente solo en la ciudad de Atenas- El Logos cae del cielo, milagro griego…¿Qué pensar de los viajes de Pitágoras a Egipto y de los saberes y sabidurías allí descubiertos? ¿Qué pensar de las expediciones del mismo Demócrito a Persia, entre los Indios, los etíopes y los egipcios?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso Onfray concluye: “En el reino de la filosofía oficial, triunfan las fábulas. No se ponen en tela de juicio las producciones de la historiografía dominante” (2008, p. 54-55).&nbsp;Ahora, ¿qué objetivo tiene poner de presente todo esto? Lo que se busca es desanquilosar la práctica filosófica, revitalizarla, acabar con la esclerosis que corroe la disciplina misma desde adentro, sugerir nuevas lecturas que den cuenta de las complejidades de la sociedad y el mundo actual, ampliar las miradas y las perspectivas. En este sentido, <strong><em>los programas deben actualizarse, buscar un equilibro feliz entre la tradición, los clásicos y el pensamiento nuevo.</em></strong> Por eso es necesario primero enfrentarse a las modas académicas, para poder determinar qué de lo nuevo se incluye en los programas, en la enseñanza de la filosofía. No más repetición de lo mismo, no más repeticiones de anécdotas, fechas, citas famosas, incidentes casuales. No más el “retorno incesante de lo mismo” en las facultades de filosofía. No a esas prácticas donde:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“el plagio, la cita encubierta, la regurgitación conceptual del caldo ajeno y otras jocosidades de la corporación controlan el mundo de los redactores de enciclopedia, los creadores de vocabulario y demás autores de la historia de la filosofía […] las mismas referencias, los mismos textos de los mismos autores, los mismos contenidos en las reseñas biográficas de los manuales, a veces la misma iconografía” (Onfray, 2008, p.53).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto nos lleva a decir que la superación del eurocentrismo implica una renovación en sí misma de la práctica filosófica en la academia y en las aulas, a la vez que permite a acceder a otros saberes, a filosofías no occidentales. El resultado es un fructífero enriquecimiento del pensamiento. Hay que resaltar aquí también que, a la crítica de ese eurocentrismo, de esa miopía deliberada y la arrogancia narcisista de Europa que sólo se mira a sí misma, se ha sumado el heterodoxo filósofo alemán actual Peter Sloterdijk. En su libro&nbsp;<em>El sol y la muerte&nbsp;</em>ha sostenido:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Es de lamentar que la mayoría de los intelectuales alemanes, sobre todo los profesores de filosofía, no se interesen en absoluto por las culturas extraeuropeas, que reaccionen con acritud y arrogancia cuando se recuerda que existe un universo tan complejo como el pensamiento la meditación hindú, un pensamiento que en no pocos aspectos ha sido tan importante como el viejo pensamiento europeo y, en otros, incluso superior, y con el que uno probablemente está obligado a confrontarse si se toma en serio su trabajo” (</strong>2004, p.17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta critica a las prácticas filosóficas enclaustradas en el mundo filosófico actual, latinoamericano y europeo, la superación de esos vicios, la crítica del eurocentrismo filosófico y la apertura a otros pensamientos, a otras culturas, es lo que aquí llamo “éxodo” o más bien, en plural, éxodos, esto es, las “huidas”, los “alejamientos”, las salidas hacia otros lugares, otros “claros del bosque”, etc., de la filosofía; la ampliación del pensamiento, su enriquecimiento. Ya no se trata de ocultar lo que hay en el mundo, de humillar restos de lo humano, de negar realidades, sino de, desprejuiciadamente, emprender la reflexión sobre lo que nos rodea, sobre los pensamientos mismos, sobre la complejidad del mundo en el que vivimos, pues como ha dicho el mismo Sloterdijk: <em>“En la actualidad la filosofía es el arte de encontrarse directamente&nbsp;ante lo hipercomplejo”</em> (Ibíd., p. 32.)&nbsp;Ninguna realidad puede ser humillada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya el sistema filosófico no puede desconocer otras culturas, otros pensamientos; tampoco puede la filosofía desinteresarse de las entrañas, como decía María Zambrano, de ocuparse de ellas, de las formas íntimas de la vida, del amor, el deseo, el placer. Por lo demás, la superación del eurocentrismo permite&nbsp;<em>reconocer</em>, como lo pone de presente Sloterdijk, lo que otros han legado, han aportado. Para terminar esta parte, quiero recordar que María Zambrano ha sostenido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Lo que normalmente sucede con todos los vencidos, en cualquier historia de que se trate: se toma de los vencidos lo que hace falta sin nombrarlos; se les concede la razón ineludible, más apoderándose de ella, y trasladándola al campo del vencedor, que lo hace con tranquilidad de conciencia, tanto que bien puede no darse cuenta de lo que hace. <strong>Todos los vencidos son plagiados en el sentido amplio de la palabra “plagio”, que puede llegar a ser hasta el desenvolvimiento, el desarrollo de un tema inicial; hasta el rapto de una figura representativa. La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor. </strong>La semilla, toda semilla, ¿no está vencida cuando es enterrada? Y cuando revive de entre los muertos, donde se la arrojó, es porque se ha vencido enteramente a sí misma” (</em>2007, p. 96-97)<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las páginas anteriores se ha realizado una crítica a la práctica filosófica. No sólo se ha hablado de los demonios que acechan al filósofo, sino a su quehacer dentro de la comunidad filosófica, la universidad, las aulas. Se ha puesto de presente, igualmente, su miopía al rechazar otras formas de filosofar, al ocultar la tradición heterodoxa y a su incapacidad congénita de superar la tradición eurocéntrica, incapacidad que le permite a la vez permanecer cómodo en sus dominios de conocimiento, sin arriesgar nada, sin aventurar. Este tipo de filósofo cree que basta con citar&nbsp;a Kant para impresionar, para demostrar que está dentro de la disciplina, pero tal vez no se ha asomado por la ventana para descubrir otras culturas, otros pensamientos, otros autores aún dentro de la misma tradición que lo abriga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas cuestiones constituyen todos los males de la filosofía actual, males que Onfray ha resumido como egotismo, solipsismo, elitismo, bandidaje (autores aduladores del liberalismo) y&nbsp;el culto a la repetición: “Repito, luego existo” (2009, p. 25-26).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, Enrique, (2009) “Una nueva edad en la historia de la filosofía: el diálogo mundial entre tradiciones filosóficas”, en:&nbsp;<em>Revista Cuadernos de Filosofía latinoamericana,&nbsp;</em>Vol., 29, No. 99, Bogotá, Universidad Santo Tomás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">_________________ (2007).&nbsp;<em>Política de la liberación. Historia mundial y crítica,&nbsp;</em>Madrid, Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Onfray, Michel.  (2008). <em>La fuerza de existir</em>, Barcelona, Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">______________. (2009).&nbsp;<em>La inocencia del devenir. La vida de Friedrich Nietzsche,&nbsp;</em>Barcelona, Gedisa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">_______________(2011).  <em>Política rebelde, </em>Barcelona, Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián, (2010). “Enrique Dussel: crítica del eurocentrismo y la modernidad”, en&nbsp;“<em>Esbozos filosóficos I.Trasegares</em>, Bogotá, 2ª edición, Universidad Santo Tomás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián. (2011). <em>Estudios sobre el pensamiento colombiano. </em>Bogotá, Desde abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reyes, Alfonso. (1996). “Notas sobre la inteligencia americana”, en:&nbsp;<em>Filosofía de la cultura latinoamericana,&nbsp;</em>Bogotá, El Búho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sloterdijk, Peter. &nbsp;(2004). &nbsp;<em>El sol y la muerte,&nbsp;</em>Madrid, Siruela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zambrano, María. (2007).&nbsp;<em>El hombre y lo divino,&nbsp;</em>México, Fondo de Cultura Económica.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132037</guid>
        <pubDate>Mon, 10 Aug 2026 22:45:13 +0000</pubDate>
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