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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 04:23:42 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de t | Blogs El Espectador</title>
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        <title>DE VOTOS, CAMPAÑAS, GOLES Y AUTOGOLES</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/de-votos-campanas-goles-y-autogoles/</link>
        <description><![CDATA[<p>Todos los candidatos y jugadores saben que una vez culmina el escrutinio electoral y suena el pitazo final, ya no hay vuelta atrás. La victoria será inobjetable y nadie creerá en las denuncias de los derrotados, que serán consideradas falsas y solo calumnias de la oposición</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, sección AMÉRICA-COLOMBIA, abril 12 de 2026)</p>



<p>Como estamos en “modo electoral y mundial”, va este paralelo entre la política nacional e internacional con el mundial de fútbol. Para ganar en ambos campos, todo dependerá del número de votos obtenidos, de las bajas causadas al equipo contrario y de los goles anotados. Por eso las candidaturas presidenciales harán hasta lo imposible en busca de más votos y los jugadores de cada selección en el mundial para anotar más goles. Poco les importará los medios que utilicen para ello. Al final, lo que cuenta es la victoria. Vale denigrar al contrario y llamarlo terrorista o fascista, guerrillo o paraco, también las jugaditas sucias para lesionarlo y sacarlo del campo. Lo crucial es contar con una hinchada de fanáticos incondicionales, de barras bravas leales dispuestas al combate, incorruptibles y combativas, que vayan a las urnas sin dudarlo. Pero lo más importantes es contar con financiadores generosos, sin importar el origen de sus recursos y los compromisos que adquieran con ellos tras bambalinas, asegurándoles futuras contrataciones públicas, nombramientos, decisiones y políticas contra el resto de los adversarios y sus mayorías en las tribunas y fuera del estadio. De nada sirve jugar bien, lucirse y respetar todas las reglas si al final se pierde. Hay que contar con el mayor número de aliados e incluso aparecer como un outsider independiente, arrepentido de su pasado pecaminoso por no ser creyente y así cautivar a los miles de<strong><em>votos</em></strong> de iglesias cristianas que obedecen ciegamente a sus pastores, como lo hace Abelardo, el converso.</p>



<p>&nbsp;<strong>Las victorias son irreversibles</strong></p>



<p>Todos los candidatos y jugadores saben que una vez culmina el escrutinio electoral y suena el pitazo final, ya no hay vuelta atrás. La victoria será inobjetable y nadie creerá en las denuncias de los derrotados, que serán consideradas falsas y solo calumnias de la oposición. Así sucedió con el robo de las elecciones a la ANAPO en 1970, que irónicamente dio origen al M-19 y llevaría al actual presidente Petro a la Casa de Nariño después de 52 años, pero esta vez con el pueblo y sus votos en las urnas, no con las armas, como pretendieron sus fundadores en respuesta al fraude electoral. Se repetiría la historia en 1994, pero al revés, pues los votos llevaron a Samper a la presidencia, gracias al generoso auxilio del narcotráfico en la segunda vuelta, ya que nadie creyó en las denuncias tardías de Andrés Pastrana. Tanto la victoria electoral de un candidato como el triunfo de un equipo de fútbol, una vez terminados los escrutinios y sonado el silbato del árbitro, son hechos irreversibles y concluyentes. De nada valen los cuestionamientos y las airadas protestas de los hinchas. Solo con el paso de los años nos enteraremos que algunas victorias no fueron legales y justas, pero de nada sirve. Basta recordar la “mano de dios” de Maradona y el triunfo espurio de Maduro que hoy tiene gobernando a Delcy Rodríguez y a su equipo de cacócratas auspiciados por MAGA.</p>



<p><strong>Falta el VAR en la política</strong></p>



<p>Claro que en el mundial con el VAR los recursos y reclamos son más oportunos y eficaces que aquellos legales con los que cuentan los candidatos durante el escrutinio y sus posteriores litigios ante el Consejo Nacional Electoral. Bien lo sabe María Corina Machado, que ni siquiera regalándole a Trump su medalla del nobel de Paz le sirvió de algo. Por el contrario, el VAR actúa de inmediato y anula el gol fuera de lugar, resuelve una falta o decide la pena máxima. De haber existido el VAR en el mundial de 1986, la “mano de dios” de Maradona contra Inglaterra no hubiese valido y ese gol celestial no habría eliminado a los ingleses. Así Argentina cobró revancha en el campo de fútbol por la derrota militar en las Malvinas en 1982. Pero las diferencias entre el juego del poder de la política en las elecciones y de la copa mundial en los estadios son sustanciales. Aunque ambos certámenes comprometen y afectan la vida de todos, desde las alegrías hasta las desdichas y definen la mayor o menor autoestima nacional, solo la política pone en juego de manera masiva e irreversible la vida o muerte de miles y millones de personas. Es verdad que algunos resultados de partidos de fútbol cobran con frecuencia víctimas mortales entre fanáticos. Pero nunca alcanzan la innumerable mortandad de las guerras internacionales y de algunos conflictos armados internos como el nuestro, que desconocen todas las reglas para la protección de los Derechos Humanos y la vigencia del Derecho Internacional Humanitario. Hoy se impone en el campo internacional el juego sucio y sangriento de la guerra, cuyos resultados en ocasiones son más inciertos que los del fútbol. Lo estamos viendo en la brutal asimetría militar de Trump y Netanyahu contra la resistencia sostenida de Irán, Palestina y Beirut, que no se doblegan. De hecho, tanto Estados Unidos como Israel ya perdieron política y legalmente ante la comunidad internacional y la conciencia moral universal, así se impongan militarmente.</p>



<p><strong>La política, un juego letal</strong></p>



<p>Ello se debe, me dirán, a que en el fútbol no está en juego el poder geopolítico, cuya esencia es disponer de nuestras vidas, con o sin nuestro consentimiento, desde la cuna hasta la tumba. Que es una frivolidad y ligereza inadmisible cualquier comparación con el fútbol, que nunca pone en riesgo la vida de sus jugadores, pues es una disputa agonal, cuyas reglas protegen la integridad y vida de todos en la cancha y hasta fuera de ella. Además, si bien es cierto que la FIFA hace parte del orden internacional y está afectada por el juego sucio del dinero en sus instancias directivas, al menos garantiza el juego limpio en la cancha de fútbol. Todo lo contrario de lo que suelen hacer muchos Estados en sus disputas internacionales. Pero resulta que este mundial enfrenta precisamente ese como su mayor desafío. Para Trump las únicas reglas válidas son las letales que está utilizando en su guerra contra Irán y ya desprecia incluso las del campo de fútbol, la organización del mundial y la competencia supraestatal de la FIFA. Sus reglas preferidas son las impuestas por las amenazas, los aranceles, los bombardeos y sus colosales mentiras, que están a punto de anotarle un autogol en el terreno y arco de su amada MAGA. Así lo indica su naufragio bélico en el estrecho de Ormuz y la opinión cada vez mayor de estadounidenses contra esa guerra, cuyo costo están pagando con el precio de la gasolina al alza y el aumento de la inflación. Todo parece indicar que las sombras de la guerra se proyectan cada día más sobre los campos de fútbol del mundial.</p>



<p><strong>¿Se jugará el mundial de fútbol?</strong></p>



<p>Por eso bajo el arbitrio criminal de gánsteres como Trump, Netanyahu y Putin, la política internacional se ha convertido en un juego mortal cuyas reglas decisorias las dicta el poder de fuego de sus misiles y el uso intensivo de la IA como táctica militar en manos de sicarios informáticos. Sicarios que no distinguen entre población civil y combatientes, de una parte, y objetivos militares y civiles de la otra. Un poder militar genocida que desconoce de tajo el Derecho Internacional Humanitario y ha convertido a la ONU en un anfiteatro donde se lee e invoca, con la voz meliflua de su Secretario General, tratados y resoluciones en la ceremonia fúnebre e inhumación del actual orden internacional en los escombros de Gaza, Líbano, Cisjordania, Irán y Ucrania. Y de ese orden internacional hace parte la FIFA, también sometida a la férula belicista de Trump, pues ya incluso amenazó con no garantizar la seguridad de la selección de fútbol de Irán, como lo escribió en su Truth Social: &#8220;<em>La selección de </em>fútbol<em> de Irán es bienvenida al Mundial, pero <strong>realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia seguridad</strong>&#8220;. </em>Con semejante bienvenida lo que pone en juego es el propio mundial, ya que como anfitrión no se compromete con la seguridad de uno de sus invitados, Irán, cuya población hoy está siendo bombardeada e incluso amenazó con destruir en una noche. De allí la pertinencia de la pregunta sobre si se realizará con seguridad y normalidad el próximo mundial de fútbol. Sus estadios, canchas de fútbol, centros comerciales y lugares públicos de sus ciudades pueden convertirse en objetivos militares como el mismo Trump y Netanyahu lo hacen en el Medio Oriente contra civiles, solo que en este caso sería con armas propias de un terror anónimo, ubicuo y personal, no por menor menos letal. Ese terrorismo que Trump denomina doméstico, consecuencia de su terrorismo internacional.</p>



<p><strong>Todos contra MAGA</strong></p>



<p>Lo anterior puede parecer una exageración casi apocalíptica, pero no está muy lejana de una aspiración deportiva cercana a la animadversión mundial que acompañará a la selección de fútbol estadounidense en sus encuentros. Todos los seleccionados jugarán contra MAGA y buscarán su rápida eliminación, sin provocar una lesión mortal en la cancha contra algún jugador estadounidense. Sin producirse ni una baja grave por causa deportiva, si acaso alguna expulsión por juego sucio. No me cabe la menor duda que la selección de las barras y las estrellas solo contará con el apoyo de su afición local, excluyendo obviamente la de millones de migrantes que han sido humillados y menospreciados en campos y ciudades y no la acompañarán, pues MAGA les niega sus derechos para jugar en esa cancha xenófoba e imperial. Es probable, entonces, que asistamos a un acto de justicia futbolística mundial y MAGA sea eliminada en la primera ronda en su propia casa. Entre tanto, esperemos que en noviembre la mayoría de su ciudadanía cobre revancha y dejé en minoría en el Congreso el partido republicano y castigue con una merecida tarjeta amarilla a su presidente, Trump, ese jugador sucio, grotesco y totalmente desleal con las reglas del juego democrático.</p>



<p><strong>Tarjetas rojas para Trump y Netanyahu</strong></p>



<p>Un jugador gansteril que ya tiene tarjeta roja, junto a su cómplice Netanyahu, en el campo del Derecho Internacional y la conciencia de toda la humanidad por las innumerables víctimas mortales de su criminalidad compartida, consecuencia de una codicia imperial sin límite, un fanatismo religioso genocida y una fanfarronería y falsedad que todos los días exhiben ambos en sus jugadas letales. Para muchos, ese desenlace solo sucede en películas dirigidas por Martin Scorsese y está muy lejano del Hollywood imperial, donde casi siempre ganan los buenos del norte con sus legiones de vaqueros inmortales y héroes impunes en nombre del “bien, la libertad y la democracia de America First”. Esa MAGA triunfal que combate a muerte los bárbaros orientales y ahora con su “Escudo de las Américas” defenderá a sus indefensos hijos de las hordas invasoras de migrantes del sur y sus supuestas capilares redes delincuenciales. Pero estoy seguro que ese libreto no será el del mundial y la final se disputará entre una selección del Sur global contra otra de la Europa latina, la cual contará en sus filas con más de un jugador hijo de migrantes africanos, como las selecciones de España y Francia, si lo permite el delirio nuclear de Trump azuzado por la criminalidad de Netanyahu y los desvaríos de sionistas cristianos como Pete Hegseth y la legión de fanáticos que los respaldan.</p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127870</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Apr 2026 04:20:47 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>¿Dónde está Sergio Fajardo?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/donde-esta-sergio-fajardo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay trayectorias políticas que, por insistencia, terminan siendo más una pregunta que una respuesta. La de Sergio Fajardo parece estar entrando en ese terreno. Varias campañas presidenciales después, el país aún no tiene claro si su apuesta es la de construir poder o la de preservar una identidad que, en su afán de no incomodar, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hay trayectorias políticas que, por insistencia, terminan siendo más una pregunta que una respuesta. La de Sergio Fajardo parece estar entrando en ese terreno. Varias campañas presidenciales después, el país aún no tiene claro si su apuesta es la de construir poder o la de preservar una identidad que, en su afán de no incomodar, termina diluyéndose. Vale la pena recordar que Belisario Betancur necesitó varias candidaturas antes de llegar a la Presidencia, pero también que en algún momento logró encarnar un proyecto político nítido, reconocible y, sobre todo, convocante.</p>



<p>Colombia sigue necesitando un centro político. Pero no cualquier centro: uno que no esté obsesionado con caerle bien a todos. El país requiere un centro que convoque desde la diversidad, que represente de verdad una pluralidad de voces y visiones, y que no tema enfrentarse —con la misma claridad— a los extremos. Porque hay un problema evidente en querer quedar bien con todo el mundo: en el intento de no perder un electorado, se puede terminar perdiéndolos todos. Experiencias internacionales del siglo XX lo muestran con claridad: liderazgos como el de Adolfo Suárez en la transición española o el de Helmut Kohl en la reunificación alemana consolidaron proyectos de centro con vocación de poder porque asumieron posiciones definidas, mientras otros intentos centristas naufragaron precisamente por su ambigüedad.</p>



<p>Convocar implica tomar riesgos. Implica medirse, pero también construir con los cercanos antes de intentar seducir a los lejanos. En ese sentido, la consulta con Claudia López no solo era conveniente: era necesaria. No únicamente para contar votos, sino para consolidar un liderazgo dentro de un sector que hoy luce disperso, casi huérfano. Ese liderazgo —claro, firme, reconocible— es precisamente lo que más urge.</p>



<p>Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿dónde están los otros nombres? ¿Dónde está Alejandro Gaviria? ¿Dónde está Luis Gilberto Murillo? incluso en el centro izquierda ¿Dónde está Roy? ¿Dónde están quienes, en distintos momentos, parecían llamados a estructurar una alternativa de centro con vocación de poder? El vacío no es solo de candidaturas; es de dirección, de narrativa, de propósito.</p>



<p>Porque el centro que Colombia necesita no puede ser tímido. Tiene que ser intenso, incluso agresivo en términos electorales. Debe estar dispuesto a meterse en el fango de las preguntas difíciles: defender sin ambigüedades la Jurisdicción Especial para la Paz y el sistema integral de justicia, insistir en que la desigualdad y la falta de creación de riqueza son problemas estructurales —no narrativas ideológicas—, y rechazar la tentación de normalizar un país partido en dos. Ese tipo de firmeza, en contextos complejos, también se vio en liderazgos como los de Franklin D. Roosevelt, que enfrentó la desigualdad con reformas profundas, o Konrad Adenauer, que entendió que la reconstrucción exigía decisiones difíciles y sostenidas.</p>



<p>No hay excusas para que la mitad de Colombia siga atrapada en la pobreza y la informalidad. Y decir esto no es una consigna contra la riqueza; al contrario. Ojalá haya más riqueza y más ricos, más empresas, más inversión. Pero también más responsabilidad. Porque un país menos desigual no solo es éticamente superior: es, también, un mejor negocio para todos.</p>



<p>Ese centro debe ser capaz de sostener posiciones incómodas: enfrentarse a veces a los grandes capitales, a veces a los gremios, a veces a los sindicatos, y sí, también a ciertas demandas de las propias comunidades. No es una tarea sencilla, ni una sociedad fácil. Pero es precisamente ahí donde aparece la necesidad de un liderazgo con carácter, con método, con ética y con una comprensión clara de que el cambio es necesario, pero debe ser posible. Lo que el país necesita no es una gran sociabilidad ni una gran empatía; lo que se necesita es una enorme responsabilidad y la fuerza para enfrentar lo que se avecina.</p>



<p>Y ahí es donde surge la duda y la oportunidad de fondo de Fajardo. No sobre su integridad, ni sobre su discurso, sino sobre una virtud esencial para el momento político que vive Colombia: la capacidad de liderar y convocar su propio sector. De ordenar, de representar con claridad la pluralidad del centro, de construir una fuerza que no solo exista en el plano moral, sino también en el electoral.</p>



<p>Porque al final, un centro sin liderazgo no es un punto de equilibrio: es un espacio vacío.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127863</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Apr 2026 02:04:15 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>El Silencio de Luis Antonio Calvo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-silencio-de-luis-antonio-calvo/</link>
        <description><![CDATA[<p>El silencio. Curioso nombre para una serie sobre un compositor. Sobre uno de los más grandes compositores de la música clásica en Colombia: Luis Antonio Calvo. El silencio. ¿Por qué el silencio? No lo sé todavía. O sí. O medio. Creo que uno empieza a entenderlo… apenas la serie comienza a moverse. Esta columna, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El silencio.</p>
<p>Curioso nombre para una serie sobre un compositor. Sobre uno de los más grandes compositores de la música clásica en Colombia: Luis Antonio Calvo.</p>
<p>El silencio.</p>
<p>¿Por qué el silencio?</p>
<p>No lo sé todavía. O sí. O medio.<br />
Creo que uno empieza a entenderlo… apenas la serie comienza a moverse.</p>
<p>Esta columna, de hecho, la escribí antes de ayer. Y no la publiqué.<br />
Algo me frenó.<br />
Quise verla primero. El primer capítulo.<br />
Quería entender —o intuir— por qué ese nombre.</p>
<p>Y empieza raro. O bonito. O impactante.</p>
<p>No empieza donde uno cree.</p>
<p>Empieza con Calvo.<br />
Frente al piano.<br />
Con esa manera de tocar que no pide permiso. En un auditorio que se siente contenido, casi suspendido.</p>
<p>Esa primera escena —la del auditorio— donde Juan Carlos Vargas, interpretando a Calvo en su edad madura, se sienta frente al piano…</p>
<p>y empieza.</p>
<p>Magistralmente, sí.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Y luego… un nacimiento.<br />
Un niño que no llora.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Desde ahí, el título empieza a insinuarse.</p>
<p>Pero no quiero quedarme ahí.<br />
No quiero hablar solo de la serie.</p>
<p>Quiero hablar de lo que suena.</p>
<p>De lo que sostiene todo eso sin que uno siempre lo vea.</p>
<p>La banda sonora.</p>
<p>La escena inicial, esa ejecución impecable al piano, no es solo un recurso dramático. Es parte de la banda sonora de la serie.</p>
<p>Y esa banda sonora viene de un proceso mucho más largo.</p>
<p>Eso que suena… tiene historia.</p>
<p>Tiene manos.</p>
<p>Tiene obsesión.</p>
<p>De años.</p>
<p>De archivo.</p>
<p>Esa música fue interpretada por uno de los pianistas más rigurosos y, sí, más virtuosos que tiene este país. Lezlye Berrío.<br />
Pero decir virtuoso se queda corto.</p>
<p>Pianista. Investigador.<br />
Creador de un trabajo que, con un nombre casi sencillo —<em>Historias del Piano Colombiano</em>—, ha venido haciendo algo que este país no hace con facilidad: escuchar su propia memoria.</p>
<p>La labor de Lezlye Berrío trasciende el escenario. Su trabajo no se limita a la interpretación: ha dedicado años a investigar, recuperar y grabar obras de compositores colombianos cuyos nombres y partituras habían quedado relegados al olvido.</p>
<p>Siglos XIX y XX.<br />
Decenas de compositores y compositoras.<br />
Un archivo disperso, silencioso, prácticamente inexistente para el público.</p>
<p>Ese trabajo —paciente, meticuloso— ha permitido que esa música vuelva a sonar. No como pieza de museo, sino como repertorio vivo, disponible, escuchable.</p>
<p>En el trabajo de Berrío hay años metido entre partituras olvidadas, papeles viejos, nombres que ya nadie pronunciaba. Hace 10 años comenzó Calvo a sonar para las nuevas generaciones. A sonar en las manos del maestro Berrío.</p>
<p>Alguien que decidió no dejar que esa música se muriera en silencio.</p>
<p>Que la buscó.<br />
Que la reconstruyó.<br />
Que la tocó.<br />
Que la grabó.<br />
Que la subió al mundo.</p>
<p>Para que existiera otra vez.</p>
<p>Décadas de música colombiana —siglos XIX y XX— que estaban ahí, quietas, esperando a alguien.</p>
<p>Compositoras.<br />
Compositores.<br />
Hombres.<br />
Mujeres.</p>
<p>Nombres que dejaron de circular.<br />
Todos empujados hacia un borde raro del olvido.</p>
<p>Berrío decidió hacer lo contrario: traerlos de vuelta.</p>
<p>Y todo… empezó con Calvo.</p>
<p>(Qué ironía, ¿no?)</p>
<p>Desde allí comenzó un proyecto más amplio de rescate del piano colombiano, que hoy constituye uno de los archivos más importantes del país en este campo.</p>
<p>Que una serie que se llama <em>El silencio</em> empiece justamente por alguien que se ha dedicado a que la música deje de estar en silencio.</p>
<p>Entonces tal vez la pregunta no es por qué el silencio.</p>
<p>Tal vez la pregunta es otra.</p>
<p>Qué cosas —en este país— solo existen cuando alguien decide escucharlas.</p>
<p>Y qué pasa cuando nadie lo hace.</p>
<p>Por eso hay una tensión interesante en el título de la serie.</p>
<p>Porque mientras <em>El silencio</em> intenta narrar una vida atravesada por ausencias, enfermedad, aislamiento y contexto histórico, la música que la acompaña proviene de un proceso que ha hecho exactamente lo contrario: romper el silencio.</p>
<p>Tal vez ahí está la clave.</p>
<p>En entender que el silencio no siempre es ausencia de sonido.<br />
A veces es ausencia de escucha.</p>
<p>Y en Colombia, muchas veces, lo que no se escucha… desaparece.</p>
<p>Hace tiempo dejé de ver producciones colombianas.<br />
No por desinterés. Por cansancio.</p>
<p>Me cansé de las historias que giran siempre alrededor de lo mismo.<br />
Droga. Violencia.<br />
Ese país reducido a sus peores versiones.</p>
<p>Como si la ficción necesitara insistir, una y otra vez, en la misma herida.</p>
<p>Y uno termina sabiendo qué va a pasar antes de que pase.<br />
No por intuición… por costumbre.</p>
<p>Me cansé también de esos personajes que parecen diseñados, no vividos.<br />
Cuerpos perfectos. Vidas irreales.<br />
Como si la ficción necesitara olvidar que aquí la gente respira distinto.</p>
<p>También por eso dejé de verlas.<br />
Porque dejé de reconocerme ahí.</p>
<p>Hace poco vi —o intenté ver— una de esas series nuevas.<br />
Empieza con una mujer masturbándose en un yate.<br />
Y luego lo de siempre: desapariciones, policías, tensión prefabricada… Ya sabe uno el tono, el ritmo, hasta el tipo de personaje.</p>
<p>Y uno siente que ya vio esa trama.<br />
Aunque nunca la haya terminado.</p>
<p>Y de pronto aparece una historia que se queda en otra parte: <em>El Silencio.</em></p>
<p>Por eso <em>El silencio</em> se siente distinto.</p>
<p>(No sé si “distinto” alcanza… pero bueno.)</p>
<p>Hay algo ahí que no está intentando impresionar todo el tiempo.<br />
Que no necesita gritar para existir.</p>
<p>Una historia difícil.<br />
En una vida.</p>
<p>Que no está construido desde el escándalo ni desde la caricatura.<br />
Que está lleno de matices, de dolor, de belleza, de silencios, de decisiones que no se explican en una línea de esta columna.</p>
<p>Luis Antonio Calvo.</p>
<p>Y ahí pasa algo extraordinario.</p>
<p>Porque uno no está viendo simplemente a “un personaje importante”. Está viendo una vida que respiró distinto.</p>
<p>Una vida con todos sus bordes.</p>
<p>Con lo que duele.<br />
Con lo que persiste.</p>
<p>Con un corazón que sana con música, aunque el cuerpo siga enfermo.</p>
<p>Y entonces la pregunta cambia.</p>
<p>¿Qué historia están contando?</p>
<p>Por qué estas vidas aparecen tan poco en las pantallas colombianas.<br />
Por qué no circulan.<br />
Por qué no las tenemos más cerca.</p>
<p>Por qué no se nombran en la pantalla.</p>
<p>Qué lugar ocupan —si es que ocupan alguno— en lo que decidimos recordar como país.</p>
<p>Qué decide este país poner en primer plano<br />
y qué deja quieto, como si no importara.</p>
<p>Tal vez por eso esta serie se siente distinta.</p>
<p>No hace ruido para sostenerse.<br />
Se queda.</p>
<p>Y en ese quedarse… algo empieza a moverse.</p>
<p>(Paradójico ¿No? Quedarse para hacer que todo alrededor se mueva)</p>
<p>La televisión en Colombia ha contado muchas veces la música.<br />
Ha construido historias alrededor de cantantes, de géneros, de figuras que ya hacen parte de la memoria colectiva.</p>
<p>Vallenato.<br />
Salsa.<br />
Música popular.</p>
<p>Hemos visto esas vidas narradas una y otra vez.<br />
Hemos aprendido a reconocerlas.</p>
<p>Pero esta historia se detiene en otro lugar.</p>
<p>En una tradición que también existe.<br />
Que fue escrita aquí. Que forma parte de lo que somos.</p>
<p>La música clásica hecha en Colombia.</p>
<p>Compositores que trabajaron desde el rigor, desde la escritura y una relación profunda con el sonido.<br />
Y, sin embargo, esa parte ha tenido nula presencia en lo que vemos.</p>
<p>Hay algo importante en que esa historia aparezca. En que alguien pueda verse ahí.</p>
<p>Un niño que estudia piano.<br />
Una niña que se sienta horas frente a un instrumento.<br />
Alguien que escucha, que insiste, que duda.</p>
<p>Y que, de pronto, encuentra una vida que dialoga con la suya.<br />
No lejana.<br />
No importada.</p>
<p>De aquí.</p>
<p>El Silencio cambia la idea de lo que entendemos por música colombiana.</p>
<p>Porque durante mucho tiempo esa idea ha venido con formas muy precisas.<br />
Con ritmos que reconocemos de inmediato.<br />
Con territorios claros.</p>
<p>Durante años, cuando se habla de música clásica, la referencia viaja lejos.<br />
Europa.<br />
Nombres que todos reconocen.<br />
Beethoven, por ejemplo.<br />
Ese tipo de grandeza que parece tener un lugar fijo en la memoria. Pero muy lejos de este territorio tricolor.</p>
<p>Aquí también se escribió música con esa misma vocación de permanencia.<br />
También hubo quienes pensaron el sonido con disciplina, profundidad y una relación íntima con el tiempo.</p>
<p>Compositores que no necesitan comparación para sostenerse.<br />
Que construyeron obra. Dejaron lenguaje.</p>
<p>Colombia suena de muchas formas.</p>
<p>Suena a tambor, a viento, a fiesta abierta.<br />
Suena a calle, a Caribe, a montaña.</p>
<p>Y también suena a piano.</p>
<p>A vals.<br />
A pasillo.<br />
A formas que fueron escritas, trabajadas, pensadas desde el instrumento.</p>
<p>Todo eso también es Colombia.</p>
<p>Esperando, quizá, a que alguien vuelva a escucharlo. Y a escribirlo para televisión.</p>
<p>Ver una serie que se detiene en esa historia —y que la deja sonar— mueve algo.</p>
<p>Amplía el mapa.</p>
<p>Hace visible una zona que siempre estuvo ahí, pero que no siempre tuvo lugar.</p>
<p>También está el territorio. Santander y Cundinamarca.</p>
<p>Una sensibilidad que nace en un lugar específico, que recoge una manera de estar en el mundo.<br />
Que lleva consigo una historia, una cultura, una forma de habitar el tiempo.</p>
<p>Y en medio de todo eso, hay una continuidad que no empezó ahora.</p>
<p>Durante años, Lezlye Berrío ha estado haciendo ese trabajo silencioso:<br />
volver a tocar, grabar y poner a circular la obra de Luis Antonio Calvo.</p>
<p>Llevarla a las plataformas.<br />
Dejarla disponible.<br />
Abrirla.</p>
<p>Un archivo que existía… pero en silencio.</p>
<p>Y alguien decidió que no.</p>
<p>Que eso tenía que volver a sonar.</p>
<p>Que esa música no podía quedarse ahí, como si nunca hubiera importado. Ese alguien fue el maestro Berrío.</p>
<p>Y ahora, esa misma música entra en otro espacio.</p>
<p>La imagen.<br />
La narración.<br />
La serie.</p>
<p>Y algo se conecta.</p>
<p>Como si lo que llevaba tiempo sonando por un lado…<br />
encontrara otra forma de existir, ahora en televisión.</p>
<p>Posdata:</p>
<p>Todos a verla: sábados y domingos a las 8:30 de la noche por CanalTRO.</p>
<p>Ahhh… Por ahí en redes sociales ya circulan los comentarios de los musicólogos y los investigadores musicales eruditos… que no sonaba Beethoven en esa época, que Calvo no usaba bastón… Vayan al Museo Calvo, salgan de los libros, que su erudición no se vuelva en una toxica criticadera para destruir. Por cierto, ahí les dejo la fótico… Calvo si usó bastón.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-127859" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40-241x300.jpeg" alt="" width="241" height="300" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40-241x300.jpeg 241w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40-824x1024.jpeg 824w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40-768x955.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40-1236x1536.jpeg 1236w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12183533/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-11.12.40.jpeg 1287w" sizes="(max-width: 241px) 100vw, 241px" /></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127857</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 23:42:10 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12184126/images-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Silencio de Luis Antonio Calvo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Iván Cepeda: ¿Propuestas de futuro o un espejo retrovisor eterno?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/ivan-cepeda-propuestas-de-futuro-o-un-espejo-retrovisor-eterno/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Propuestas de futuro o un espejo retrovisor eterno?<br />
¿Es la política una competencia para ver quién cometió los crímenes más atroces o un espacio para proponer un país posible? En esta carta abierta al candidato Iván Cepeda, Mar Candela Castilla confronta la superioridad moral y el silencio sistemático que hoy secuestra el debate público. Desde la interculturalidad crítica, la autora cuestiona la ética de quienes alcanzan el poder partidista sin la voluntad de forjarse profesionalmente, enviando un mensaje devastador a la ciudadanía: que la educación no importa para gobernar.</p>
<p>En un escenario donde el centro permanece huérfano de representación y el espectáculo reemplaza a la coherencia, este texto es un llamado urgente a abandonar el &#8220;espejo retrovisor&#8221; y exigir líderes capaces de transformar las bases con herramientas idóneas. Una interpelación necesaria sobre la responsabilidad, el deber ético de la formación y el derecho a elegir a conciencia sin sesgos de confirmación.</p>
<p>&#8220;No pusimos líderes para que nos gobiernen desde la ignorancia. Queremos transformación con procesos idóneos&#8221;</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por: Mar Candela Castilla</strong></p>



<h1 class="wp-block-heading has-text-align-center has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"><strong>Contexto </strong></h1>



<p>Senador y candidato Iván Cepeda: le escribo desde mi lugar como ciudadana y educomunicadora que se niega a aceptar la decadencia del diálogo público y la ilusión de la autocrítica que hoy parece inexistente en su sector. Usted invita al centro a votar por su propuesta; sin embargo, resulta difícil confiar en una alternativa política que se niega a reconocer sus propias fallas. Recientemente, usted utilizó sus redes para tildar de &#8220;hipócritas&#8221; a quienes se escandalizan por las fiestas en las cárceles, recordándonos las tierras compradas y las masacres ordenadas por otros en el pasado. Ese mensaje es la confirmación de una metodología que el país ya no tolera: la evasión sistemática mediante el señalamiento de las atrocidades ajenas para justificar las indignidades del presente.</p>



<p>¿Acaso esto es una competencia para ver quién cometió los crímenes más atroces? Como sostiene la politóloga <strong>Chantal Mouffe</strong> en su obra <strong><em>La paradoja democrática</em></strong>: <em>&#8220;La política se desnaturaliza cuando el conflicto de ideas se desplaza hacia un registro moralista de &#8216;buenos contra malos'&#8221;</em>. Reducir la política a un show moral donde solo se exponen las culpas históricas del otro es destruir el tejido democrático y anular la figura del adversario legítimo.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="737" height="1024" data-id="127855" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12182402/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-12.48.50-PM-737x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-127855" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12182402/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-12.48.50-PM-737x1024.jpeg 737w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12182402/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-12.48.50-PM-216x300.jpeg 216w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12182402/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-12.48.50-PM-768x1067.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12182402/WhatsApp-Image-2026-04-12-at-12.48.50-PM.jpeg 1080w" sizes="(max-width: 737px) 100vw, 737px" /></figure>
</figure>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">La investidura no es un refugio: El secuestro de la izquierda colombiana</h2>



<p>Usted <strong>debería, por ética</strong>, responder como el candidato que es a las preguntas que se le hacen. Existe una obligación moral y política de dar su opinión sobre la fiestecita en la cárcel, idéntica en su simbología de burla institucional a la época de Pablo Escobar. Me genera profunda tristeza que usted le haya entregado su marca personal al petrismo, imitando la metodología de Gustavo Petro de mencionar los crímenes y delitos ajenos cada vez que se le cuestiona a él. Ya no vemos al candidato de rigor con pensamiento propio; ahora muestra una absoluta tibieza que hoy es evidente en su propia candidatura.</p>



<p>A mi juicio, Gustavo Petro logró secuestrar la izquierda colombiana de la mano de aliados que históricamente trabajaron a la derecha. Gustavo Bolívar afirmó en su momento que para ganar había que hacer pactos con <em>&#8220;Dios y con el diablo&#8221;</em>, confirmando que Petro tuvo que ceder mínimos no negociables para llegar al poder. La historia reciente reafirma que ni la derecha ni la izquierda están libres de esos pactos. Como argumenta la politóloga <strong>Nadia Urbinati</strong> en <strong><em>Democracia discursiva</em></strong>, la representación exige una rendición de cuentas constante. Resulta inadmisible que ante cada pregunta se siga la táctica de Gustavo Petro de hablar de los delitos de los otros para omitir las responsabilidades propias.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Inclusión frente a No exclusión: El compromiso con la formación</h2>



<p>Dentro de este escenario, es imperativo hablar de su propuesta de fórmula vicepresidencial. Reconozco la grandeza de la senadora <strong>Aída Quilcué</strong>, su liderazgo histórico y su admirable recorrido. Inclusión es que una indígena tenga la posibilidad de entrar al poder. La <strong>No exclusión</strong> significa garantizar que esa persona reciba las herramientas para alcanzar <strong>el nivel profesional, intelectual y cognitivo que exige ese cargo</strong>.</p>



<p>Desde la <strong>interculturalidad crítica</strong>, le hablo a usted y le hablo a ella; lo hago justamente por respeto a su trasegar, a la mujer que es y a lo que representa. Nadie debería ejercer el poder partidista sin haberse esforzado por salir del empirismo y fortalecerse desde lo estructural. Durante todos estos años en el legislativo, ella ha recibido la paga de su honorable trabajo con dinero de los contribuyentes; ese recurso público le dio la posibilidad de estudiar y trabajar simultáneamente, tal como lo hacen cientos de mujeres y miles de obreros en Colombia para sacar adelante sus propios proyectos de vida y los de sus familias. Cosa que no ha hecho.</p>



<p>Me angustia una vicepresidenta que no esté a la altura de las necesidades de la nación en caso de tener que ejercer como presidenta. La función de esa figura es quedar a cargo cuando quien preside se ausenta; cosa que no ha sucedido en este gobierno, donde Francia Márquez nunca fue delegada para esa función. Deseo dejar claro que no estoy en contra de que alguien sin estudios previos acceda a su derecho de ser elegido; tampoco pretendo que no se validen sus activismos, sus trabajos endógenos o su trascendencia en la ciudadanía. Lo que sostengo es que, una vez se ha llegado al poder, <strong>el deber ético es capacitarse e instruirse</strong>.</p>



<p>No hay una ley que obligue a ningún político a estudiar una vez llega al cargo. Qué tristeza que tenga que ser por ley; ojalá existiera un artículo que obligue a quienes llegan al poder a formarse para responder a la confianza del pueblo. No pusimos líderes para que nos gobiernen desde la ignorancia. Queremos que nuestros líderes, hombres y mujeres que conocen las realidades de las bases, lleguen a transformar el poder con herramientas y procesos idóneos. Esto se lo diría a cualquier persona de cualquier etnia, color o raza; hablo desde la interculturalidad crítica como activista y como mujer que proviene de las desventajas sociales. La formación es fundamental. El mensaje que se da cuando los líderes no se educan es que la mejora en la educación no importa. ¿Para qué fortalecer la educación en un país si no se necesita para gobernar?</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">El centro: huérfano de representación y cansado del espectáculo</h2>



<p>Resulta profundamente hipócrita de su parte dedicarse a señalar los crímenes de otros en plena campaña mientras continúa en el ejercicio del poder partidista dentro del senado. Allí usted no solo debe estar ejerciendo su trabajo, sino abriendo diálogos de fondo más allá de las atrocidades históricas; el poder también debe ser la capacidad de accionar coherentemente. Es contradictorio que critique a los políticos de oficio por no ofrecer mucho, mientras usted imita esa misma conducta: se niega a dar debates, se dedica a pontificar sobre lo humano y lo divino, y no nos permite entender qué quiere hacer como presidente de manera diferenciada.</p>



<p>Usted <strong>debería</strong> darnos la altura que lo caracterizaba antes de ser petrista y alejarse de esa superioridad moral desde la cual parece negarse a dialogar con quienes considera inferiores intelectuales. Al evadir el debate, nos niega la oportunidad de elegir a conciencia y de saber si usted defenderá todos los procesos ejecutivos de este gobierno. El centro siempre ha tomado decisiones responsables; algunos han votado hacia la izquierda, otros a la derecha, y siempre nos han mantenido <strong>huérfanos de representación partidista</strong>. Quieren nuestros votos, mas no quieren nuestra veeduría y control político. Colombia no necesita un show de superioridad ni un espejo retrovisor eterno; necesita propuestas nuevas para un futuro en democracia.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p>A todas las personas: la derecha y la izquierda quieren que la gran mayoría no salga a votar o que lo hagamos movidos por el enojo. Sin información veraz y contrastada, no podemos darles ese gusto. Salgan a votar a conciencia; revisen trayectorias en esta era de sobreinformación donde no podemos dar nada por sentado.</p>



<p><strong>¿Estamos dispuestos a permitir que el silencio entregue el poder a quienes solo saben responder mirando hacia atrás?</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"><strong>Colofón:</strong> <em>Cartas a las candidaturas: Un ejercicio de veeduría ciudadana.</em> Esta es mi primera entrega de un especial de cartas que haré a diferentes candidaturas presidenciales, aunque será imposible escribirle a cada una de ellas. Aclaro que esta serie de textos nace de mi lugar de enunciación como mujer demócrata, a título personal, desde la interculturalidad crítica y la educomunicación. Durante la semana estaré confrontando las posturas éticas de quienes aspiran al poder desde la razón y la responsabilidad civil.</p>
</blockquote>



<p><strong>Colombia y su futuro.</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127854</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 23:31:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Iván Cepeda: ¿Propuestas de futuro o un espejo retrovisor eterno?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La culpa es de los taxistas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/la-culpa-es-de-los-taxistas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los mismos taxistas se han encargado de crearse mala fama. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>No sé lo que podrá estar ocurriendo en ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, entre otras, pero lo que sí es cierto —y nadie puede negarlo— es que en <strong><a href="https://bogota.gov.co/">Bogotá </a></strong>existe desconfianza y prevención hacia el transporte en taxi. Esto no solo se debe a los hechos de inseguridad en los que se han visto involucrados conductores de este servicio de transporte urbano, sino también a los constantes abusos en el cobro de las carreras.</p>



<p>Podrán decir los taxistas y las empresas que no todos son así, que, así como hay conductores abusivos, también los hay honrados, y que estos son muchos más. No dudo que sea cierto. El problema es que hay un viejo y conocido refrán que dice: “Cría fama y acuéstate a dormir”.</p>



<p>Si el uso del servicio de transporte urbano individual a través de plataformas ha aumentado de manera exponencial, mucha responsabilidad recae en los propios taxistas.</p>



<p>Hablemos las cosas como son: de cada diez taxis que circulan en Bogotá, ocho son conducidos por personas que no son sus dueños. En la capital del país se ha vuelto común el alquiler de estos vehículos, por los que se debe pagar una cuota bastante alta como producido, quedando el resto para el conductor del turno.</p>



<p>De esta manera, el propietario del taxi pone el vehículo, muchas veces, en manos de un desconocido, de quien poco sabe y sobre quien desconoce si realmente prestará un buen servicio o si, por el contrario, utilizará el carro para cometer alguna fechoría.</p>



<p>Lo anterior, sumado a los cobros abusivos por parte de algunos conductores que alteran el taxímetro, ha provocado una desconfianza en la ciudadanía que, lejos de disminuir, aumenta cada vez que se conoce un caso de “paseo millonario” en el que está involucrado un taxi.</p>



<p>Por supuesto, la consecuencia de esta situación es que gran parte de los bogotanos prefiera utilizar servicios de transporte a través de plataformas, no necesariamente porque sean más económicos, sino porque ofrecen una mayor percepción de seguridad y transparencia en las tarifas.</p>



<p>Si los bogotanos se inclinan por este tipo de servicios —llámense Didi, Uber u otros—, en buena medida es porque los mismos taxistas, con ciertas prácticas reiteradas, han contribuido a generar la desconfianza ciudadana y el consecuente traslado de los usuarios hacia estas alternativas.</p>



<p>Lo más llamativo de este panorama es que, aun con la evidente pérdida de usuarios, no se percibe una intención real de cambio dentro del gremio. Es como si a las empresas que los agrupan poco les importara la situación, y tampoco se observa en muchos conductores una voluntad clara de mejorar y corregir. Se asemejan, en cierta forma, a aquellos políticos que, aun sabiendo que las dinámicas de comunicación han cambiado radicalmente desde los años 80, se resisten a modernizarse.</p>



<p>En este contexto, resulta urgente que tanto las autoridades como los gremios del sector asuman un papel más activo en la regulación, supervisión y transformación del servicio. No basta con defender la legalidad del taxi tradicional; es necesario garantizar condiciones reales de seguridad, transparencia y calidad que permitan recuperar la confianza de los usuarios.</p>



<p>De lo contrario, el desplazamiento hacia las plataformas digitales continuará siendo inevitable. En un entorno donde el ciudadano prioriza su seguridad y su bolsillo, el servicio que no evoluciona está condenado a quedarse atrás. La pregunta no es si el cambio debe ocurrir, sino si quienes hoy integran el gremio de taxistas están dispuestos a hacerlo antes de que sea demasiado tarde.</p>



<p><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/en-el-uribismo-se-averguenzan-de-su-expresidente-ivan-duque/">Nota recomendada: ¿En el uribismo se avergüenzan de su expresidente Iván Duque?</a></strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127851</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 21:37:04 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/12163634/taxis-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La culpa es de los taxistas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Lágrimas y llanto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/lagrimas-y-llanto/</link>
        <description><![CDATA[<p>El llanto no es una exclusividad humana. Los animales sociales producen sonidos para comunicar dolor, miedo, angustia y tristeza. Para aquellas especies que no viven en grupos, no tendría sentido llorar, gemir o gritar, pues estas son formas de comunicación; si estos mecanismos existen, es porque hay receptores que reaccionan ante quien emite la señal. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>El llanto no es una exclusividad humana. Los animales sociales producen sonidos para comunicar dolor, miedo, angustia y tristeza. Para aquellas especies que no viven en grupos, no tendría sentido llorar, gemir o gritar, pues estas son formas de comunicación; si estos mecanismos existen, es porque hay receptores que reaccionan ante quien emite la señal.</p>



<p>Los toros, por ejemplo, no tienen vida social; son solitarios y, por ello, no gritan ni lloran. Al igual que la mayoría de los herbívoros que son presas en la naturaleza, han evolucionado para enmascarar el dolor. Mostrar debilidad ante un depredador sería una sentencia de muerte. Por esta razón han perdurado las corridas (esperemos que no por mucho tiempo): el espectador cree ver una &#8220;danza de muerte&#8221; que califica de elegante, simplemente porque el toro no emite señales de sufrimiento claras para nosotros; de hacerlo, ¡sería grotesco! Si lo que ocurre allí le sucediera a un perro, la gente se sentiría indignada, pues el perro llora, gime y demuestra su dolor.</p>



<p>Las lágrimas como producto del llanto son escasas en el reino animal; las más comunes son las basales, que limpian y protegen el ojo. No obstante, Charles Darwin, en su libro <em>La expresión de las emociones en el hombre y los animales</em> (1872), señala que los elefantes (<em>Elephas indicus</em>) y ciertas especies de monos —especialmente macacos y capuchinos— también lloran. Para Darwin, el llanto no era un &#8220;don divino&#8221; exclusivo del hombre, sino una respuesta biológica de raíces evolutivas que en nuestra especie se perfeccionó como una señal social compleja.<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> &nbsp;</p>



<p>En nuestra cultura, las mujeres lloramos más que los hombres, mucho más, y aunque a ellos se les permite llorar, no está bien visto que lloren en ciertas circunstancias. Está bien que lloren por la muerte de un familiar, o por la derrota de su equipo de futbol, pero no por “que les han estropeado su manto favorito al espolvorearlo con harina.”<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a> También se espera que aguanten mucho dolor físico antes de derramar lágrimas.</p>



<p>Pero esto es muy cultural. Darwin consideraba, acertadamente, que la capacidad biológica de llorar es la misma en todos los seres humanos, pero que la frecuencia y el motivo están moldeados por las convenciones sociales y la educación.</p>



<p>Estudios recientes reportan que las lágrimas reducen la testosterona en los hombres que las huelen o ven a alguien llorar. Aunque son inodoras, generan este efecto químico, funcionando como un escudo protector ante las respuestas violentas, que son sin duda, más comunes en los machos que en las hembras humanas. En este caso, el llanto busca disuadir al contendor de causar más daño. Pero tiene otras funciones: despierta compasión, pesar, e invita a la ayuda. Para quien llora, es un mecanismo que libera estrés y mitiga la tristeza. Una gran llorada deja al llorón livianito.</p>



<p>Sin embargo, no es fácil enfrentarse a las lágrimas ajenas; a veces resulta embarazoso y no siempre sabemos cómo reaccionar. Curiosamente, un estudio reciente concluyó que un pequeño detalle o regalo puede ser más reconfortante que una larga conversación para alguien que se siente triste, preocupado o estresado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/8/85/Workshop_of_Dirk_Bouts_-_Mater_Dolorosa_NG_711.jpg/500px-Workshop_of_Dirk_Bouts_-_Mater_Dolorosa_NG_711.jpg" alt="" /></figure>



<p>Dieric Bouts (Holanda, 1415–1475).</p>



<p>En mi experiencia personal, he notado algo sorprendente: son los objetos más pequeños e insulsos los que desencadenan la tristeza y la nostalgia por mi padre. Encontrar su navaja verde o la cajita de pastillas para el mareo, lo traen a la realidad. Veo sus manos fuertes y rápidas, sus brazos largos y poderosos, y oigo su voz que me habla. Tengo que contenerme para no decir en voz alta: ¡papá!</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Darwin observó personalmente y recopiló informes sobre cómo algunos primates, como el <em>Macacus maurus</em> (ahora Macaco de las Celebes), lloraban de forma visible. Describió cómo sus ojos se llenaban de lágrimas y estas rodaban por sus mejillas cuando estaban frustrados o sentían dolor.</p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Dice Darwin en el libro citado que Los salvajes lloran por causas mínimas, y cita el ejemplo que le dio sir J. Lubbock contándole de un jefe de Nueva Zelanda.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127848</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 13:01:21 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Lágrimas y llanto]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Si Cepeda no seduce a la clase media, la izquierda pierde la presidencia de la República</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/si-cepeda-no-seduce-a-la-clase-media-la-izquierda-pierde-la-presidencia-de-la-republica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con 35% de intención de voto, sin el apoyo de la clase media, la presidencia para Iván Cepeda resulta una quimera. Porque en un país indolente con las víctimas del conflicto armado, los ciudadanos votan sin pesares: con la mano puesta en el bolsillo, no en el corazón.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2b427a06d4a2aa700695c5dd3dd13874"><em><strong>“Ser de clase media es querer ascender individualmente”: </strong></em>Antonio Gómez Villar, filósofo español. </p>



<p>Ese cuento de que toca conquistar al centro puede ser un sofisma: la falacia de distracción. </p>



<p>El otro día la portera me dijo: —<em>&#8220;Usted es de los poquitos en este edificio que habla bien de Petro&#8221;.</em> La frase me dio mucho qué pensar, porque sé cómo piensan esos otros residentes y cuáles son sus preocupaciones reales. </p>



<p>Más de 17 millones de colombianos pertenecen a eso que llaman la clase media, aquella franja de la población ubicada por lo general en los estratos 3 y 4: Hogares que sumando el ingreso <em>per cápita</em> (por persona), ganan hasta $4.835.315 al mes, según el Dane.</p>



<p>Quienes devengan más de $5 millones de pesos mensuales pueden considerarse clase alta. Por debajo están la clase baja (con ingresos inferiores a $420.676) y la clase vulnerable (con ingresos por debajo de $781.000), de acuerdo con la clasificación que hace la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF).</p>



<p>Según Portafolio, <a href="https://www.portafolio.co/economia/regiones/estratos-y-clases-sociales-en-colombia-que-son-y-en-que-se-diferencian-642683">“en 2024, <strong>el 34,4% de la población en Colombia se ubicó en la clase media</strong></a>, lo que corresponde a cerca de 17,7 millones de personas en un país con una población aproximada de 51,5 millones”. &nbsp;Diecisiete millones de almas representan un caudal atractivo para ganar una elección presidencial, sí, pero el asunto es cómo seducir a una población que anhela continuar en ascenso.</p>



<p>Con el 35% de intención de voto que le otorgan las encuestas a Iván Cepeda —una cifra bastante alejada de la mitad más uno para ganar en primera vuelta—, esa clase media puede ser hoy el mayor obstáculo para la izquierda o, al mismo tiempo, representar una oportunidad para buscar dentro de ella los votos que le faltan al Pacto Histórico para siquiera soñar con renovar por otros cuatro años su contrato con la Casa de Nariño.</p>



<p>La clase media son una especie de <em>Ninis</em>: Ni pobres, ni ricos, pero con la ambición lícita de saltar hacia el siguiente estrato (no descender en todo caso). En ese orden de ideas, de manera consciente o inconsciente, podría estar evaluando cuál es ese candidato o programa de gobierno que no se interpone en su lógica aspiracional. Porque la clase media quiere algo más que el pan que reclaman los pobres.&nbsp;</p>



<p>Quienes se mueven en esa franja, no piensan en términos de derecha, izquierda o centro. Una encuesta callejera sería suficiente para determinar que el ciudadano común no comprende el significado de esas palabras desde una perspectiva ideológica, como no sea asociándolas a un rostro. El colombiano corriente entiende la política en términos de amores y odios, porque eso han implantado en su mente los propios políticos. Por eso, ningún argumento por fuera de esos dos sentimientos convencerá a un convencido de lo contrario.</p>



<p>La clase media piensa en términos monetarios; es decir, en quién sería la persona que mejor les cuide el bolsillo o, dicho de otra forma, quién tiene el remedio menos perjudicial para los privilegios conquistados. Así es como la gente —más pragmática que los políticos— entiende una campaña presidencial. ¿¡Para qué buscarle la quinta pata al gato!?</p>



<p>Es decir, las personas clase media piensan en asegurar su discreto tren de vida —los ingresos suficientes para cubrir ciertas comodidades, léase calidad de vida—: propiedades, colegio medianamente bueno para los hijos, recreación y una vida social activa, viajes y, muy importante, contar con empleada doméstica del estrato 1 y 2 (o al menos con <em>la señora de por días</em>, así las llaman), que en eso la clase media se parece a la clase alta, con marcadas diferencias, claro está.</p>



<p>La clase media colombiana goza de ciertos privilegios pero desea más, y en virtud de ello son personas con una conciencia social más teórica que auténtica. <em><a href="https://elpais.com/ideas/2026-03-27/antonio-gomez-villar-filosofo-ser-de-clase-media-es-querer-ascender-individualmente.html">&#8220;No tiene conciencia de clase, tiene conciencia de estatus&#8221;</a></em>, dice el filósofo español Antonio Gómez Villar. A mi modo de ver, les puede sonar muy bonito el discurso sobre la justicia social, pero a la hora aplicarlo se muestran reticentes a <em>meterse la mano al dril</em>, precisamente por su condición de <em>Ninis</em>.</p>



<p>Primero está su confort, ganado a pulso, con sacrificio y deudas en los bancos -nadie dice lo contrario-, que las necesidades ajenas. Al fin de cuentas, el capitalismo y el poder adquisitivo se rigen bajó la misma lógica: la del sálvese quien pueda. Es una mirada bastante egoísta en un mundo cercado por la miseria, pero es lo que hay. Por supuesto, los <em>Ninis</em> no tienen la culpa de los millones de desarrapados que pueblan la Tierra. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Estrato versus sensibilidad social</strong></p>



<p>Mientras la clase alta se protege en su hermética burbuja, viviendo a sus anchas y sin afugias, la clase media considera la paz como algo importante más no urgente, porque la guerra no está en sus narices, ni la pobreza respirándoles en la nuca. Lo que ocurre en los territorios apenas les alcanza para santiguarse a la hora del noticiero, porque luego viene la telenovela y el <em>reality show</em> qué son los más efectivos anestésicos contra la realidad nacional, tan cruda y dura pero siempre ajena, distante. &nbsp;</p>



<p>Son los pobres (los estratos 1 y 2 o clase obrera que llaman), los que ponen sus esperanzas en el progresismo, en que un día alguien los sacará de pobres como prometía la propaganda de cierta lotería. Los ricos, pero sobre todo los superricos colombianos —aquellos a los que Petro quiere imponerles más impuestos sin&nbsp;conseguirlo— tienen dinero de sobra y saben que necesitan muchas vidas para gastarlo,&nbsp;y aun así no están dispuestos a compartir sus tesoros con nadie. Hay pruebas de ello.</p>



<p>El discurso sobre la redistribución de la riqueza es ese vals que nadie quiere que le toquen. Prefieren poner a salvo su capital en paraísos fiscales, donde cada centavo esté a salvo de gravámenes o cargas impositivas onerosas. &nbsp;Según el diario El País,<a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-07-18/asi-es-como-los-superricos-colombianos-evaden-eluden-y-pagan-menos-impuestos-que-los-pobres.html"> <strong>el 40% de las personas que hacen parte del 0,01 % con más riqueza de Colombia, admitió que evadió impuestos. </strong></a>No entiendo por qué nadie se ha escandalizado.</p>



<p>En una sociedad tan desigual como la colombiana, la falta de sensibilidad social debe verse como un problema grave que profundiza las injusticias. Veámoslo a la luz de las estadísticas reales. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), <strong><a href="https://www.defensoria.gov.co/web/guest/-/conmemoraci%C3%B3n-dia-de-las-victimas?redirect=%2F">en Colombia hay más de 10 millones de personas afectadas por el conflicto armado</a></strong>, de las cuales más de 7,8 millones son sujeto de atención y reparación.</p>



<p>Si Colombia fuera un país con conciencia social sobre su tragedia histórica, diez millones de personas y sus familias serían suficientes para elegir a un candidato que ponga la paz como eje central de su plan de gobierno. Pero insisto: la paz no hace parte de la canasta familiar de los colombianos y por eso estamos condenados a la sinrazón de los conflictos no resueltos que continuarán sin nosotros cuando hayamos desalojado este mundo, porque tristemente llegamos a un nivel de polarización tal, que estar a favor de la paz da votos, lo mismo que oponerse a ella.</p>



<p>¿La prueba? &nbsp;Llevamos diez años y tres gobiernos sin que se implemente debidamente lo acordado con las FARC en 2016. Y peor que eso: si la derecha y la extrema derecha ganan la presidencia, (en cabeza de Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella), figuras como el tribunal de la JEP, creado para buscar verdad, justicia y reparación, podrían desaparecer, y podrían truncarse otros avances significativos.</p>



<p>A tal nivel de inconciencia colectiva hemos llegado, que los propios <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/congreso-no-mostro-compromiso-con-las-victimas/"><strong>congresistas&nbsp;que aprobaron la <em>Ley de Víctimas y Restitución de tierras</em> dejaron plantadas a las víctimas el 9 de abril</strong>,</a> día escogido para honrar cada año su memoria. Cuando un país pierde el rubor y la vergüenza, ¡qué importa lo demás! A veces pienso que si esta nación se mueve es por osmosis, por una fuerza superior distinta a la humana, porque hace rato se perdió toda voluntad política que permita enderezar nuestro destino común. Y no habrá redención, sin una clase política dispuesta a construir un legado que perdure en el tiempo. Que distinto sería si en 50 años alguien pudiera hablar algo bueno, aunque sea una sola cosa, de alguno de los políticos de hoy. Es pedir demasiado. </p>



<p>Iván Cepeda, doblemente víctima del conflicto colombiano —luego de que asesinaron a su padre en 1994, él huyó por su vida a otro continente— tiene la conciencia social del país perseguido y despojado, pero esa no es una carta suficiente en una nación donde el dinero se ha impuesto sobre la sangre derramada.</p>



<p>Por encima de la paz, e incluso de la seguridad, el colombiano promedio vota con la manos puestas en el bolsillo, no en el corazón. Y la clase media tiene claro que los empresarios (clase alta) generan el empleo que da estabilidad a sus familias, pero no ha entendido que hay una población trabajadora —clase baja y clase media— que está ayudando a generar esa riqueza, que está bien pero mal distribuida. Porque de la clase media hacia abajo todos son clase trabajadora o asalariada, sin importar qué tantos ingresos tengan unos y otros según las odiosas etiquetas de la estratificación socioeconómica. </p>



<p>El candidato que sea capaz de seducir a esa clase media con un discurso que reconcilie lo económico con lo social —es decir, que tenga la virtud de reconciliar a pobres y ricos, a empresarios y clase trabajadora—, podría inclinar la balanza a su favor de aquí a las elecciones del 31 de mayo.</p>



<p>Me gustaría tener la certeza de que un político y filósofo como Iván Cepeda puede ser esa persona. Pero veo a la izquierda muy triunfalista, alérgica a la autocrítica y demasiado confiada en su liderazgo en las encuestas. En la siguiente columna me referiré a los pecados que podrían arruinar a fiesta.&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127753</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 12:36:19 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Si Cepeda no seduce a la clase media, la izquierda pierde la presidencia de la República]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>El ocaso de las Naciones Unidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-ocaso-de-las-naciones-unidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sin transformaciones reales, el debilitamiento del multilateralismo solo abrirá nuevamente espacio a formas aun más pronunciadas de unilateralidad, cuyos costos históricos para la vida, la paz y la estabilidad de la humanidad, tristemente, conocemos bastante bien.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El proyecto civilizatorio de las Naciones Unidas parece haber fracasado. La coyuntura internacional, marcada por uno de los periodos de mayor inestabilidad desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, lo confirma. Basta con pensar en los 61 conflictos armados estatales activos en 36 países registrados en 2024, la cifra más alta desde 1946. Y aunque la ONU conserva cierta utilidad en labores de observación, acompañamiento y asistencia, el balance general evidencia una incongruencia cada vez mayor entre la arquitectura institucional heredada de la posguerra y las características del mundo contemporáneo.</p>



<p>En particular, el sistema de seguridad colectiva que dio origen a la ONU en 1945 representó una apuesta ambiciosa y, en su momento, indispensable. Su promesa consistía en reemplazar la fuerza por el derecho, la guerra por la diplomacia y la unilateralidad por la cooperación internacional. Durante décadas, ese diseño otorgó legitimidad al multilateralismo y permitió consolidar un marco normativo sin precedentes, sostenido en la premisa de que el sistema internacional podía regirse por reglas relativamente claras. Esa promesa, sin embargo, dependía de un tipo de orden histórico que ya no existe.</p>



<p>Hoy el mundo está atravesado por conflictos híbridos, actores no estatales, ciberamenazas, riesgos nucleares y crisis localizadas que producen efectos energéticos, financieros y humanitarios de alcance global. Basta con mirar la prolongación de la guerra en Ucrania, la devastación humanitaria en Gaza, la persistencia de situaciones críticas en Sudán y en el Sahel, así como la escalada en torno a Irán y al estrecho de Ormuz, para advertir no solo la magnitud de los desafíos actuales, sino también la dificultad de la comunidad internacional para articular respuestas efectivas.</p>



<p>Ahora, si hay un lugar donde la ineficacia de esa arquitectura institucional se hace especialmente visible, es en el Consejo de Seguridad. Por ejemplo, en 2024 se registraron siete proyectos de resolución vetados, la cifra más alta desde 1986 para este tipo de bloqueos. Lejos de tratarse de un episodio excepcional, la tendencia se mantuvo en 2025, cuando el Consejo volvió a registrar nuevos vetos en asuntos críticos como Gaza y Ucrania, lo que confirma la persistencia de una &nbsp;estructura dentro del sistema. Más recientemente, Rusia y China vetaron una resolución orientada a coordinar esfuerzos para proteger la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, pese al respaldo mayoritario del resto de los miembros del Consejo. Así, cuando el principal órgano encargado de preservar la paz y la seguridad internacionales queda una y otra vez condicionado por los intereses de las grandes potencias, la seguridad colectiva deja de operar como un principio efectivo y empieza a desgastarse también como promesa política.</p>



<p>No se trata, entonces, de una falla coyuntural ni de un problema meramente procedimental o de gestión. La ineficacia del modelo de seguridad colectiva de las Naciones Unidas se debe a factores estructurales. Los intentos de reforma del Consejo de Seguridad y del sistema multilateral tropiezan desde hace décadas con obstáculos reiterados. Las potencias con derecho de veto, justamente porque ese privilegio garantiza su influencia en el diseño institucional, suelen bloquear cualquier propuesta que pueda limitarlo.</p>



<p>A ello se suman las tensiones geopolíticas, la competencia estratégica y la defensa cerrada de intereses nacionales, que han impedido avances sustantivos en asuntos como la ampliación del Consejo o la regulación del uso del veto. En otras palabras, los mecanismos de poder preestablecidos siguen priorizando un <em>statu quo</em>, a todas luces indefendible, por encima de la adaptación a las nuevas condiciones del sistema internacional.</p>



<p>Reconocer esta crisis no implica negar el papel que Naciones Unidas ha desempeñado en ámbitos como la asistencia humanitaria, la cooperación internacional para el desarrollo o la atención a poblaciones especialmente vulnerables. Pero también sería ingenuo suponer que ese saldo parcial compensa el deterioro de sus funciones centrales. Incluso esos programas, valiosos en muchos contextos, requieren hoy una revisión profunda, no para desmantelarlos, sino para hacerlos más eficientes, más pertinentes y más visibles en sus resultados. La ONU ha acumulado durante décadas una burocratización excesiva y una distancia cada vez mayor respecto de su espíritu fundacional. Y esa distancia resulta especialmente preocupante para la prevención de conflictos y la respuesta institucional cuando la seguridad internacional entra en crisis.</p>



<p>Por otra parte, también existe un desgaste moral y simbólico que merece tomarse en serio. La organización surgió de la convicción de que, tras la devastación de las guerras mundiales, era necesario construir un marco normativo capaz de limitar la soberanía estatal absoluta y de situar la paz, los derechos y la cooperación por encima de los intereses unilaterales de los Estados. Esa era, en el fondo, su ambición civilizatoria. </p>



<p>El panorama actual, sin embargo, deja ver hasta qué punto ese horizonte se ha erosionado. El Estado nación mantiene plena vigencia y la unilateralidad estatal —precisamente aquello que el multilateralismo buscaba contener— ha recuperado una centralidad evidente en el sistema internacional. Los marcos multilaterales subsisten, por supuesto, pero con mucha frecuencia operan más como escenarios de disputa entre intereses nacionales que como límites reales a su ejercicio. Por eso, parte de la crisis actual de Naciones Unidas es también la crisis del ideal político y moral que le dio origen.</p>



<p>Ahora bien, más allá del caso del Consejo de Seguridad, resulta claro que la actual crisis del multilateralismo no puede entenderse únicamente como un problema de gestión institucional. Las discusiones recientes sobre la reforma de la gobernanza global apuntan, cada vez con mayor claridad, a algo mucho más profundo. No basta con hacer más eficientes los mecanismos existentes; es necesario repensar la manera misma en que se distribuyen responsabilidades, capacidades de respuesta y la fuente misma de legitimidad dentro del sistema internacional. Ello exige avanzar hacia una gobernanza mejor articulada entre los niveles nacional, regional y global, con una mayor capacidad de respuesta en los ámbitos más cercanos a cada crisis y con redes de rendición de cuentas más sólidas allí donde todavía sea posible construirlas o preservarlas.</p>



<p>En este orden de ideas, uno de los errores más persistentes del enfoque tradicional ha sido asumir que la respuesta a las crisis internacionales debe centrarse casi exclusivamente en los grandes organismos de alcance global. Sin embargo, la experiencia reciente sugiere que la contención de una deriva autoritaria, de una ruptura institucional o de una escalada bélica depende también de otros planos de acción: de la capacidad de mediación de los entornos regionales, de los instrumentos de rendición de cuentas que puedan agenciarse desde la sociedad civil y, cuando todavía existen, de las instituciones internas que conservan algún grado de autonomía. </p>



<p>Desde luego, estos contrapesos no están disponibles en todos los contextos; en muchos países han sido capturados, debilitados o simplemente no existen. Esto obliga a abandonar la idea de que las crisis internacionales pueden seguir gestionándose exclusivamente desde estructuras globales y, en cambio, a avanzar hacia mecanismos más realistas de articulación entre niveles nacionales, regionales y multilaterales.</p>



<p>Lo que hoy está en entredicho no es la necesidad del multilateralismo, sino la pretensión de que sus viejas estructuras sigan ofreciendo respuestas pertinentes. Insistir en fórmulas institucionales heredadas equivale, en el fondo, a una lectura del mundo que ya no corresponde a la realidad. Sin una reforma profunda, la ONU, particularmente, seguirá debilitándose hasta perder paulatinamente su relevancia internacional. Y es precisamente en ese punto donde se juega algo mucho más profundo que el destino de una organización. Lo que está en juego es la capacidad del orden multilateral para seguir ofreciendo respuestas legítimas y eficaces a desafíos que ninguna sociedad puede enfrentar por sí sola. Sin transformaciones reales, el debilitamiento del multilateralismo solo abrirá nuevamente espacio a formas aun más pronunciadas de unilateralidad, cuyos costos históricos para la vida, la paz y la estabilidad de la humanidad, tristemente, conocemos bastante bien.</p>
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        <author>Eduardo Perafán</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127801</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Apr 2026 21:11:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El ocaso de las Naciones Unidas]]></media:description>
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        <title>PIZZA, VINILOS, CDs… a RODAR… CAPÍTULO de HOY: MÚSICA de PELIS…</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/pizza-vinilos-cds-a-rodar-capitulo-de-hoy-musica-de-pelis/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En la ENTRAÑAS de RETRO LOUNGE TRATTORIA;  en la BOGOTÁ de los 2600 mts mas cerca de las ESTRELLAS; bajo la BATUTA de la MAESTRA PIZZERA la REGINA; LADY DIANA; de la masa MADRE que la PARIÓ… una JOYITA del MUNDO MUNDIAL de la REDONDA mas solicitada  del  PLANETA TIERRA anque la ARTEMIS II… la célebre..:PIZZA marca la tendencia TIKTOKEANA y pone las noches MÚSICALES de otros redondos de VINILOS &amp; CDs que hacen las delicias del público presente y el mas alli del SET, penetrando pantallas y el ciberespacio…</p>



<p>La magistral VELADA producida por MAURICIO; DIRECTOR de CINE devenido a DJ empedernido que nos brinda una NOCHE de PELIS… </p>



<p>De la que rescatamos este CUARTETO para RESUMIR las DOS HORAS de frenética. PLAY LIST..:</p>



<p>EASY RIDER..:</p>



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<p>PULP FICTION..:</p>



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<p></p>



<p>GOLDMEMBER..:</p>



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<p></p>



<p>BOND JAMES BOND 007..:</p>



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<p>NO se PIERDA… los PRÓXIMOS CAPÍTULOS que prometen ser verdaderas SAGAS de ANTOLOGIAS de CULTO…s &amp; NEOFITOS.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11090659/IMG_0642-1024x768.jpeg" alt="" class="wp-image-127777" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11090659/IMG_0642-1024x768.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11090659/IMG_0642-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11090659/IMG_0642-768x576.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11090659/IMG_0642.jpeg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>CONTINUARÁ…</p>



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<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="800" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091443/4cc7667f-0827-42bd-aede-c18793d2716b.jpeg" alt="" class="wp-image-127779" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091443/4cc7667f-0827-42bd-aede-c18793d2716b.jpeg 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091443/4cc7667f-0827-42bd-aede-c18793d2716b-300x300.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091443/4cc7667f-0827-42bd-aede-c18793d2716b-150x150.jpeg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091443/4cc7667f-0827-42bd-aede-c18793d2716b-768x768.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p><strong>Y no se olvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="682" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091504/8d3641d3-0424-4d2f-b6b4-309185918fb4-682x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-127780" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091504/8d3641d3-0424-4d2f-b6b4-309185918fb4-682x1024.jpeg 682w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091504/8d3641d3-0424-4d2f-b6b4-309185918fb4-200x300.jpeg 200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091504/8d3641d3-0424-4d2f-b6b4-309185918fb4-768x1154.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11091504/8d3641d3-0424-4d2f-b6b4-309185918fb4.jpeg 852w" sizes="auto, (max-width: 682px) 100vw, 682px" /></figure>



<p><strong>CONTINUARÁ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127766</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Apr 2026 14:15:59 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[PIZZA, VINILOS, CDs… a RODAR… CAPÍTULO de HOY: MÚSICA de PELIS…]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>“En mi época, uno como periodista no figuraba”: Lucy Nieto de Samper. (Entrevista inédita)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/en-mi-epoca-uno-como-periodista-no-figuraba-lucy-nieto-de-samper-entrevista-inedita/</link>
        <description><![CDATA[<p>Doña Lucy Nieto de Samper tenía 97 años cuando me concedió esta entrevista en plena pandemia y 99 años cuando escribió su última columna para El Tiempo.  La tituló “Punto final” y ese fue su obituario. “Si las cosas están peor es por culpa de Uribe”, me dijo en 2020. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Lucy Nieto de Samper, periodista colombiana (1923-2026). <strong>Fotografías:</strong> Alexánder Velásquez. </p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-300ddea9a0d59f3bb4976048f0cb2f66"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c80a3fa4178d4c26e2bf68135fce58af"><strong><em>“La vida se va acabando y no hay tiempo para hacer más. Hago un recuento de casi un siglo de vida, y veo que es hora de hacer como los boxeadores: colgar los guantes”: </em></strong><em>Lucy Nieto de Samper, en su última columna (2022).</em></p>



<p>Creció en una época en que las mujeres estaban destinadas a criar hijos y atender a sus maridos, pero enviudó joven y su destino cambió.</p>



<p>Lucy Nieto de Samper, la periodista más longeva de Colombia, nació en Bogotá, el 21 de agosto de 1923 y murió en esta ciudad el 23 de marzo de 2026, con 102 años a cuestas. Durante ese siglo, Colombia ha tenido 31 presidentes y una dictadura.</p>



<p>Esta bogotana vio al mundo y a Colombia transformarse.&nbsp; Tenía nueve años cuando ocurrió la Guerra de Colombia con Perú (1932); 16 cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial (1939) y 22 cuando terminó (1945); 25 cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán (El Bogotazo, 1948), 30 &nbsp;cuando comenzó&nbsp; &nbsp;la dictadura del General Gustavo Rojas Pinilla (1953); que al año siguiente trajo &nbsp;la televisión a Colombia (1954); 34 cuando las mujeres&nbsp;ejercieron por primera vez&nbsp;el derecho al voto (1957); 46 cuando el hombre llegó a la Luna (1969); 59 cuando le dieron &nbsp;Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez (1982); 63 cuando ocurrió &nbsp;la toma al Palacio de Justicia (1985); 64 cuando apareció el Sida (1986); 78 cuando derribaron las Torres Gemelas (2001); 93 cuando Colombia firmó la paz con las FARC (2016); 96 cuando el mundo entró en pandemia por Covid (2020) y <a href="https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/lucy-nieto-de-samper/punto-final-columna-de-lucy-nieto-de-samper-718835">tenía 99 años cuando escribió su última columna para El Tiempo.</a></p>



<p>Comenzó su carrera en la revista Cromos en 1952 y tras enviudar crió a sus cinco hijos sin más ayuda que su máquina de escribir Olivetti. Su único arrepentimiento:  no haber ido a la universidad. &nbsp;</p>



<p>En el año de la pandemia, cuando tuve el privilegio de entrevistarla, doña Lucy me confesó que estaba cansada de vivir. (Escuche <a href="https://go.ivoox.com/rf/57470643">aquí</a> el audio de la entrevista)</p>



<p>Desde principios de 2020, vivía en un hogar para personas de la tercera edad, al norte de Bogotá. <em>“Prefería estar en mi casa,&nbsp;independiente, pero en este lugar tengo la tranquilidad de estar atendida por enfermeras todo el tiempo. Menos mal la pandemia me cogió aquí”.</em></p>



<p>En este sitio pasaba el confinamiento leyendo y viendo televisión, especialmente Netflix, en compañía de su hermana Clara, quien hoy tiene 100 años. Por esos días leía <em>El Sari Rojo</em>, la novela de Javier Moro, y la biografía sobre la escritora Simone de Beauvoir. “Uno a esta edad ya no es que tenga mucha actividad que hacer y estar encerrado es terrible”.</p>



<p>Tampoco había perdido la costumbre de leer periódicos en papel, El Tiempo y <strong>El Espectador</strong>, porque detestaba leer noticias en computador.</p>



<p>Hija del periodista Luis Eduardo Nieto Caballero, comenzó en este oficio en 1952. “Yo estaba recién casada, feliz con mi marido, tenía dos hijos en ese momento. Me llamó Jaime Restrepo, su familia acababa de comprar <em>Cromos </em>y me invitó a escribir en la revista sobre la vida social de la época, que era sobre lo que escribíamos entonces las mujeres. Se perdía mucho tiempo haciendo la lista de invitados que asistían a los matrimonios y también las listas de regalos, era muy aburrido pero se hacía”.</p>



<p>Sin más ayuda que su máquina de escribir Olivetti, sola sacó adelante a sus cinco hijos, tras la muerte en 1961 de su esposo, Alejandro Samper Gómez. Tenía entonces 38 años y el menor de los niños apenas un año.</p>



<p>No se casó otra vez porque, como me dijo, “¿Qué tipo se aguanta cinco hijos y que hijos se aguantan otro tipo? Yo tenía la cosa absolutamente clara. Pero tuve mis romances, por supuesto”.</p>



<p>Todos fueron a la universidad, incluida María Elvira, la única que siguió sus pasos y los del abuelo&nbsp;en el periodismo. &nbsp;“Ella está mucho más preparada que yo, porque no fui a la Universidad y ella sí, estudió Filosofía y Letras”.</p>



<p>María Elvira recuerda la vida austera de su familia —“Mi papá no era un hombre de fortuna, mi mamá tampoco heredó nada”—,&nbsp;y las dos ocasiones en que la acompañó a empeñar el juego de té para llegar a fin de mes.</p>



<p>Durante 70 años de carrera, Lucy Nieto de Samper hizo de todo: en prensa escrita (El Tiempo y las revistas Cromos, Credencial y Vanidades, de la que fue corresponsal en Miami); en radio (”Contrapunto Femenino”, un programa en Caracol); y en televisión (“Algo para recordar”, un programa de variedades que hacía con su mamá y con Inés Gutiérrez, experta en alta costura, y “En blanco y negro”, programa semanal de entrevistas).</p>



<p>Ingresó a El Tiempo en 1963, siendo una de las pioneras del llamado periodismo femenino. Se convirtió en columnista literalmente por accidente: una vez le tocó ir a las oficinas del Tránsito porque un bus estrelló&nbsp;su Volkswagen y se encontró con tal desorden administrativo que le pidió permiso al director, Enrique Santos Castillo, para opinar sobre el tema. La columna se publicó en las páginas sociales, con tan buenos comentarios que se volvió permanente y pasó después a las páginas editoriales. &nbsp;La columna “Cosas que pasan” sólo dejó de aparecer durante los años en que fue secretaria de Prensa de los presidentes Alfonso López Michelsen y Virgilio Barco, quienes la nombraron además cónsul en Milán.</p>



<p>Desde el periodismo, defendió los derechos de las mujeres <a>y abogó por distintas&nbsp;causas como el derecho a morir dignamente.</a> En los años 60, cuando se fundó Profamilia, respaldó &nbsp;el uso de los métodos anticonceptivos, <em>“lo que hizo que &nbsp;monseñor Solano la insultara desde el púlpito, señalándole con el dedo de hereje, por lo que no volvimos a misa &nbsp;en la iglesia de El Chicó”</em>, recuerda María Elvira.</p>



<p>En otra ocasión quisieron&nbsp;demandarla por​ denunciar a unos tipos que usaban los garajes de sus casas para ofrecer &nbsp;muchachas del servicio &nbsp;a las señoras de la época. “A ella les cobraban por sentarlas ahí y a las señoras por contratarlas. Lucas Caballero, Klim, que era mi primo, se burlaba&nbsp;diciendo que yo iba a dejar sin servicio doméstico a los bogotanos”. (Risas).</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e3e8966684e5653d340f23d4fcd9fe8"><strong>“Algo se hizo, pero tal vez no lo suficiente. Se habría podido hacer mucho más”: </strong><em>Lucy Nieto de Samper en su última columna.</em><strong></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="271" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11102109/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-COLUMNA-271x1024.jpg" alt="" class="wp-image-127795" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11102109/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-COLUMNA-271x1024.jpg 271w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11102109/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-COLUMNA-79x300.jpg 79w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/11102109/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-COLUMNA-406x1536.jpg 406w" sizes="auto, (max-width: 271px) 100vw, 271px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>“A veces los periodistas juzgan más que lo que informan”</strong></p>



<p>La reportera, amante de la música clásica, la samba y los boleros, criticaba a esos periodistas que se las dan de jueces –“a veces juzgan más que lo que informan y hace falta más periodismo investigativo”. En su lista de mejores periodistas hay cuatro nombres: Enrique Santos Calderón, Germán Castro Caycedo, Elvira Mendoza y María Jimena Duzán.</p>



<p>“En mi época no había divas. No había estrellas, éramos mucho más modestas. Uno como persona no figuraba. &nbsp;Me parece que a veces hay demasiada ostentación, demasiado protagonismo, parece más importante la periodista que el entrevistado”. &nbsp;</p>



<p>Evocó con nitidez la vez que conoció Casa Verde, el campamento de las FARC, durante el gobierno de Belisario Betancur. &nbsp;“Recuerdo que Tirofijo era odiosísimo, ni siquiera se acercaba; en cambio Jacobo Arenas era querídisimo”.</p>



<p>De aquellos días, surgió una fugaz amistad con Jacobo Arenas, quien semanas después&nbsp;le mandó una carta que ella conservó; hablándole de tú, le decía &nbsp;&nbsp;que estaba equivocada, que Manuel Marulanda Vélez no era odioso como ella decía. “Fui varias veces a ese campamento y una vez nos quedamos a dormir en cama franca, sobre tablones. Recuerdo que Emilito Urrea se levantaba temprano a preparar el café y las arepas con los guerrilleros”. (Risas)</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e5fd71a58867c97e74a8bcd6ff387675"><strong>&#8220;En mi época no había divas en el periodismo&#8221;: Lucy Nieto de Samper.</strong> </h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="614" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/31101229/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-NIETO-3-614x1024.jpg" alt="" class="wp-image-127593" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/31101229/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-NIETO-3-614x1024.jpg 614w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/31101229/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-NIETO-3-180x300.jpg 180w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/31101229/ZETA-ZETA-ZETA-LUCY-NIETO-3.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 614px) 100vw, 614px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Lucy Nieto Samper fue miembro de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá <strong>Foto:</strong> Alexánder Velásquez.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La Bogotá de ayer y de hoy</strong></p>



<p>De su papá, el periodista y político liberal&nbsp;Luis Eduardo Nieto Caballero, co-director de <strong>El Espectador </strong>entre 1919 y 1921, recuerda que fue masón y creyente y se quebró tras los eventos de la Gran Depresión. Se emociona al recordar lo feliz que fue jugando con su hermana Clara en los jardines de la casa quinta que tenían en la Avenida Chile, lo que entonces eran las afueras de la ciudad.</p>



<p>“Teníamos dos casas, pero perdimos una por la crisis del 29. &nbsp;Yo aprendí a leer y escribir en aquella quinta, con una profesora llamada Rosaliana Gutiérrez. Empecé a ir al colegio a los nueve años”.</p>



<p>Cuando Lucy nació ya existían los tranvías y los vio desaparecer en 1951; el tiquete costaba cinco centavos. “Vivíamos en la calle 13, cogíamos el tranvía en la Carrera Séptima y nos dejaba en la Avenida Chile con carrera 12 y de ahí seguíamos a pie tres cuadras hasta el Gimnasio Femenino. Los expresos salían de la Plaza de Bolívar a las 7:00 de la mañana”.</p>



<p>Las costumbres eran distintas. &nbsp;“A las fiestas uno iba con la mamá, todo era más zanahorio​. El contacto con los muchachos era menos fácil que hoy. Éramos tímidos, o al menos yo, como apendejaditos, comparados con las niñas de ahora que son más avionas que los señores”. Añoraba la Bogotá de sus 15 años cuando era una aldea de 325 mil habitantes y no la de ahora “en la que uno se siente como perdido”.</p>



<p>Sobre el Metro de Bogotá tuvo un presagio. “Eso no me va a tocar a mí, cuando eso suceda yo ya estaré muerta, remuerta (silencio) pero hace miles de años debimos tener uno subterráneo”.</p>



<p>“Es un horror lo que está pasando en la ciudad, nosotros tuvimos el 9 de abril pero me parece que la gente antes estaba menos enervada que ahora”, comentó sobre los problemas de inseguridad de la capital.</p>



<p>Afirmaba que los mejores presidentes de Colombia han sido liberales: Carlos Lleras, Alberto Lleras y Alfonso López. Que el mejor alcalde ha sido Peñalosa, que le gustaría ver a Carlos Fernando Galán en el Palacio Liévano (sueño cumplido)&nbsp;y a Germán Vargas Lleras en la Casa de Nariño. Le gustaba la alcaldesa Claudia López, aunque no votó por ella, pero le molestaba “cuando se pone demasiado peleadora”. Pensaba que difícilmente una mujer llegará a Gobernar en este&nbsp;país, “a pesar de que ha habido magníficas candidatas como Cecilia López, inteligentísima y preparadísima”.</p>



<p>Del presidente Duque opinaba que “es muy buena persona pero no estaba preparado para manejar este país. No tiene personalidad, está demasiado dominado por Uribe”.</p>



<p>“Me parece terrible lo que ha hecho este gobierno, no pudieron hacer trizas los acuerdos, pero le han metido trancones. Si la gente hubiera funcionado en el&nbsp;plebiscito, este país no estaría como está. Uribe se volvió el enemigo número uno de Juan Manuel Santos. Si las cosas están peor es por culpa de Uribe”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1395547d1bfd90f8f313706882844254"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Recordando unos de los pasos que he dado en este planeta durante mi prolongada trayectoria vital, tengo que reconocer el paso del tiempo, y como la lechera, llorar sobre la leche derramada”: </em></strong><em>Lucy Nieto de Samper en su última columna.</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Quería morir dormida</strong></p>



<p>A pesar de su envidiable lucidez y salud de la que gozaba a sus 97 años, &nbsp;se sentía cansada de vivir, -“ya no siento placer por la comida”-, y aún la abrumaba el recuerdo de los dos hijos fallecidos: Lina murió &nbsp;cáncer en 1990 y Alejandro de un ataque al corazón en plena pandemia. Le sobreviven: Maria Elvira, Nora y Ernesto. Entre todos, le dieron seis nietos y tres bisnietos.</p>



<p>“Yo tengo antecedentes de longevidad, tanto mi abuela como mamá murieron a los 96 años, me gustaría estar ya descansando, en paz. ¿Qué hace uno más aquí? No hay nada más que hacer”.</p>



<p>Y añadía: “He sido una mujer muy sana, no he estado en la clínica sino para tener hijos, solamente he sido operada de la cadera, pero ya de vieja”.</p>



<p>Me sorprendió la tranquilidad de su respuesta cuando le pregunté qué pensaba sobre la muerte y cómo quería ser recordada. “Sé que vine a morir en este lugar. Sé que estoy un paso más cerca de las estrellas como dicen de Bogotá (risas). No sé qué hay del&nbsp;otro lado, pero aguardo la esperanza de encontrarme con mis papás, mi esposo y mis hijos. Quisiera morir como murió mi hijo: dormida”.</p>



<p>Ese momento llegó la noche del 23 de marzo de 2026. “No murió como quería, pero nos dejó un legado de honestidad intelectual, fortaleza y tenacidad, y el ejemplo de un periodismo hecho en función del bien común, sin agendas ocultas”, me cuenta María Elvira Samper, vía WhatsApp.</p>



<p>Doña Lucy Nieto de Samper quería ser recordada como una mujer que <em>“escribió la verdad, que no inventó, que fue honesta y franca”.</em>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127588</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Apr 2026 12:45:16 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
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