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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 14 Apr 2026 23:46:05 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de romper el silencio | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>El Silencio de Luis Antonio Calvo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-silencio-de-luis-antonio-calvo/</link>
        <description><![CDATA[<p>El silencio. Curioso nombre para una serie sobre un compositor. Sobre uno de los más grandes compositores de la música clásica en Colombia: Luis Antonio Calvo. El silencio. ¿Por qué el silencio? No lo sé todavía. O sí. O medio. Creo que uno empieza a entenderlo… apenas la serie comienza a moverse. Esta columna, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>El silencio.</p>
<p>Curioso nombre para una serie sobre un compositor. Sobre uno de los más grandes compositores de la música clásica en Colombia: Luis Antonio Calvo.</p>
<p>El silencio.</p>
<p>¿Por qué el silencio?</p>
<p>No lo sé todavía. O sí. O medio.<br />
Creo que uno empieza a entenderlo… apenas la serie comienza a moverse.</p>
<p>Esta columna, de hecho, la escribí antes de ayer. Y no la publiqué.<br />
Algo me frenó.<br />
Quise verla primero. El primer capítulo.<br />
Quería entender —o intuir— por qué ese nombre.</p>
<p>Y empieza raro. O bonito. O impactante.</p>
<p>No empieza donde uno cree.</p>
<p>Empieza con Calvo.<br />
Frente al piano.<br />
Con esa manera de tocar que no pide permiso. En un auditorio que se siente contenido, casi suspendido.</p>
<p>Esa primera escena —la del auditorio— donde Juan Carlos Vargas, interpretando a Calvo en su edad madura, se sienta frente al piano…</p>
<p>y empieza.</p>
<p>Magistralmente, sí.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Y luego… un nacimiento.<br />
Un niño que no llora.</p>
<p>Silencio.</p>
<p>Desde ahí, el título empieza a insinuarse.</p>
<p>Pero no quiero quedarme ahí.<br />
No quiero hablar solo de la serie.</p>
<p>Quiero hablar de lo que suena.</p>
<p>De lo que sostiene todo eso sin que uno siempre lo vea.</p>
<p>La banda sonora.</p>
<p>La escena inicial, esa ejecución impecable al piano, no es solo un recurso dramático. Es parte de la banda sonora de la serie.</p>
<p>Y esa banda sonora viene de un proceso mucho más largo.</p>
<p>Eso que suena… tiene historia.</p>
<p>Tiene manos.</p>
<p>Tiene obsesión.</p>
<p>De años.</p>
<p>De archivo.</p>
<p>Esa música fue interpretada por uno de los pianistas más rigurosos y, sí, más virtuosos que tiene este país. Lezlye Berrío.<br />
Pero decir virtuoso se queda corto.</p>
<p>Pianista. Investigador.<br />
Creador de un trabajo que, con un nombre casi sencillo —<em>Historias del Piano Colombiano</em>—, ha venido haciendo algo que este país no hace con facilidad: escuchar su propia memoria.</p>
<p>La labor de Lezlye Berrío trasciende el escenario. Su trabajo no se limita a la interpretación: ha dedicado años a investigar, recuperar y grabar obras de compositores colombianos cuyos nombres y partituras habían quedado relegados al olvido.</p>
<p>Siglos XIX y XX.<br />
Decenas de compositores y compositoras.<br />
Un archivo disperso, silencioso, prácticamente inexistente para el público.</p>
<p>Ese trabajo —paciente, meticuloso— ha permitido que esa música vuelva a sonar. No como pieza de museo, sino como repertorio vivo, disponible, escuchable.</p>
<p>En el trabajo de Berrío hay años metido entre partituras olvidadas, papeles viejos, nombres que ya nadie pronunciaba. Hace 10 años comenzó Calvo a sonar para las nuevas generaciones. A sonar en las manos del maestro Berrío.</p>
<p>Alguien que decidió no dejar que esa música se muriera en silencio.</p>
<p>Que la buscó.<br />
Que la reconstruyó.<br />
Que la tocó.<br />
Que la grabó.<br />
Que la subió al mundo.</p>
<p>Para que existiera otra vez.</p>
<p>Décadas de música colombiana —siglos XIX y XX— que estaban ahí, quietas, esperando a alguien.</p>
<p>Compositoras.<br />
Compositores.<br />
Hombres.<br />
Mujeres.</p>
<p>Nombres que dejaron de circular.<br />
Todos empujados hacia un borde raro del olvido.</p>
<p>Berrío decidió hacer lo contrario: traerlos de vuelta.</p>
<p>Y todo… empezó con Calvo.</p>
<p>(Qué ironía, ¿no?)</p>
<p>Desde allí comenzó un proyecto más amplio de rescate del piano colombiano, que hoy constituye uno de los archivos más importantes del país en este campo.</p>
<p>Que una serie que se llama <em>El silencio</em> empiece justamente por alguien que se ha dedicado a que la música deje de estar en silencio.</p>
<p>Entonces tal vez la pregunta no es por qué el silencio.</p>
<p>Tal vez la pregunta es otra.</p>
<p>Qué cosas —en este país— solo existen cuando alguien decide escucharlas.</p>
<p>Y qué pasa cuando nadie lo hace.</p>
<p>Por eso hay una tensión interesante en el título de la serie.</p>
<p>Porque mientras <em>El silencio</em> intenta narrar una vida atravesada por ausencias, enfermedad, aislamiento y contexto histórico, la música que la acompaña proviene de un proceso que ha hecho exactamente lo contrario: romper el silencio.</p>
<p>Tal vez ahí está la clave.</p>
<p>En entender que el silencio no siempre es ausencia de sonido.<br />
A veces es ausencia de escucha.</p>
<p>Y en Colombia, muchas veces, lo que no se escucha… desaparece.</p>
<p>Hace tiempo dejé de ver producciones colombianas.<br />
No por desinterés. Por cansancio.</p>
<p>Me cansé de las historias que giran siempre alrededor de lo mismo.<br />
Droga. Violencia.<br />
Ese país reducido a sus peores versiones.</p>
<p>Como si la ficción necesitara insistir, una y otra vez, en la misma herida.</p>
<p>Y uno termina sabiendo qué va a pasar antes de que pase.<br />
No por intuición… por costumbre.</p>
<p>Me cansé también de esos personajes que parecen diseñados, no vividos.<br />
Cuerpos perfectos. Vidas irreales.<br />
Como si la ficción necesitara olvidar que aquí la gente respira distinto.</p>
<p>También por eso dejé de verlas.<br />
Porque dejé de reconocerme ahí.</p>
<p>Hace poco vi —o intenté ver— una de esas series nuevas.<br />
Empieza con una mujer masturbándose en un yate.<br />
Y luego lo de siempre: desapariciones, policías, tensión prefabricada… Ya sabe uno el tono, el ritmo, hasta el tipo de personaje.</p>
<p>Y uno siente que ya vio esa trama.<br />
Aunque nunca la haya terminado.</p>
<p>Y de pronto aparece una historia que se queda en otra parte: <em>El Silencio.</em></p>
<p>Por eso <em>El silencio</em> se siente distinto.</p>
<p>(No sé si “distinto” alcanza… pero bueno.)</p>
<p>Hay algo ahí que no está intentando impresionar todo el tiempo.<br />
Que no necesita gritar para existir.</p>
<p>Una historia difícil.<br />
En una vida.</p>
<p>Que no está construido desde el escándalo ni desde la caricatura.<br />
Que está lleno de matices, de dolor, de belleza, de silencios, de decisiones que no se explican en una línea de esta columna.</p>
<p>Luis Antonio Calvo.</p>
<p>Y ahí pasa algo extraordinario.</p>
<p>Porque uno no está viendo simplemente a “un personaje importante”. Está viendo una vida que respiró distinto.</p>
<p>Una vida con todos sus bordes.</p>
<p>Con lo que duele.<br />
Con lo que persiste.</p>
<p>Con un corazón que sana con música, aunque el cuerpo siga enfermo.</p>
<p>Y entonces la pregunta cambia.</p>
<p>¿Qué historia están contando?</p>
<p>Por qué estas vidas aparecen tan poco en las pantallas colombianas.<br />
Por qué no circulan.<br />
Por qué no las tenemos más cerca.</p>
<p>Por qué no se nombran en la pantalla.</p>
<p>Qué lugar ocupan —si es que ocupan alguno— en lo que decidimos recordar como país.</p>
<p>Qué decide este país poner en primer plano<br />
y qué deja quieto, como si no importara.</p>
<p>Tal vez por eso esta serie se siente distinta.</p>
<p>No hace ruido para sostenerse.<br />
Se queda.</p>
<p>Y en ese quedarse… algo empieza a moverse.</p>
<p>(Paradójico ¿No? Quedarse para hacer que todo alrededor se mueva)</p>
<p>La televisión en Colombia ha contado muchas veces la música.<br />
Ha construido historias alrededor de cantantes, de géneros, de figuras que ya hacen parte de la memoria colectiva.</p>
<p>Vallenato.<br />
Salsa.<br />
Música popular.</p>
<p>Hemos visto esas vidas narradas una y otra vez.<br />
Hemos aprendido a reconocerlas.</p>
<p>Pero esta historia se detiene en otro lugar.</p>
<p>En una tradición que también existe.<br />
Que fue escrita aquí. Que forma parte de lo que somos.</p>
<p>La música clásica hecha en Colombia.</p>
<p>Compositores que trabajaron desde el rigor, desde la escritura y una relación profunda con el sonido.<br />
Y, sin embargo, esa parte ha tenido nula presencia en lo que vemos.</p>
<p>Hay algo importante en que esa historia aparezca. En que alguien pueda verse ahí.</p>
<p>Un niño que estudia piano.<br />
Una niña que se sienta horas frente a un instrumento.<br />
Alguien que escucha, que insiste, que duda.</p>
<p>Y que, de pronto, encuentra una vida que dialoga con la suya.<br />
No lejana.<br />
No importada.</p>
<p>De aquí.</p>
<p>El Silencio cambia la idea de lo que entendemos por música colombiana.</p>
<p>Porque durante mucho tiempo esa idea ha venido con formas muy precisas.<br />
Con ritmos que reconocemos de inmediato.<br />
Con territorios claros.</p>
<p>Durante años, cuando se habla de música clásica, la referencia viaja lejos.<br />
Europa.<br />
Nombres que todos reconocen.<br />
Beethoven, por ejemplo.<br />
Ese tipo de grandeza que parece tener un lugar fijo en la memoria. Pero muy lejos de este territorio tricolor.</p>
<p>Aquí también se escribió música con esa misma vocación de permanencia.<br />
También hubo quienes pensaron el sonido con disciplina, profundidad y una relación íntima con el tiempo.</p>
<p>Compositores que no necesitan comparación para sostenerse.<br />
Que construyeron obra. Dejaron lenguaje.</p>
<p>Colombia suena de muchas formas.</p>
<p>Suena a tambor, a viento, a fiesta abierta.<br />
Suena a calle, a Caribe, a montaña.</p>
<p>Y también suena a piano.</p>
<p>A vals.<br />
A pasillo.<br />
A formas que fueron escritas, trabajadas, pensadas desde el instrumento.</p>
<p>Todo eso también es Colombia.</p>
<p>Esperando, quizá, a que alguien vuelva a escucharlo. Y a escribirlo para televisión.</p>
<p>Ver una serie que se detiene en esa historia —y que la deja sonar— mueve algo.</p>
<p>Amplía el mapa.</p>
<p>Hace visible una zona que siempre estuvo ahí, pero que no siempre tuvo lugar.</p>
<p>También está el territorio. Santander y Cundinamarca.</p>
<p>Una sensibilidad que nace en un lugar específico, que recoge una manera de estar en el mundo.<br />
Que lleva consigo una historia, una cultura, una forma de habitar el tiempo.</p>
<p>Y en medio de todo eso, hay una continuidad que no empezó ahora.</p>
<p>Durante años, Lezlye Berrío ha estado haciendo ese trabajo silencioso:<br />
volver a tocar, grabar y poner a circular la obra de Luis Antonio Calvo.</p>
<p>Llevarla a las plataformas.<br />
Dejarla disponible.<br />
Abrirla.</p>
<p>Un archivo que existía… pero en silencio.</p>
<p>Y alguien decidió que no.</p>
<p>Que eso tenía que volver a sonar.</p>
<p>Que esa música no podía quedarse ahí, como si nunca hubiera importado. Ese alguien fue el maestro Berrío.</p>
<p>Y ahora, esa misma música entra en otro espacio.</p>
<p>La imagen.<br />
La narración.<br />
La serie.</p>
<p>Y algo se conecta.</p>
<p>Como si lo que llevaba tiempo sonando por un lado…<br />
encontrara otra forma de existir, ahora en televisión.</p>
<p>Posdata:</p>
<p>Todos a verla: sábados y domingos a las 8:30 de la noche por CanalTRO.</p>
<p>Ahhh… Por ahí en redes sociales ya circulan los comentarios de los musicólogos y los investigadores musicales eruditos… que no sonaba Beethoven en esa época, que Calvo no usaba bastón… Vayan al Museo Calvo, salgan de los libros, que su erudición no se vuelva en una toxica criticadera para destruir. Por cierto, ahí les dejo la fótico… Calvo si usó bastón.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127857</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 23:42:10 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Silencio de Luis Antonio Calvo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Acoso laboral: cuando el silencio pesa más que las palabras</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/acoso-laboral/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por Jenny Pimiento. Hablar de acoso laboral muchas veces llamado mobbing no es sencillo. No siempre se presenta de forma evidente, ni se limita a gritos o humillaciones directas. A veces es más sutil, más silencioso y, por lo mismo, más difícil de identificar. Se esconde en la manipulación, en los comentarios pasivo-agresivos, en los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><em>Por Jenny Pimiento. </em></p>



<p>Hablar de acoso laboral muchas veces llamado <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Acoso_laboral">mobbing</a></em> no es sencillo. No siempre se presenta de forma evidente, ni se limita a gritos o humillaciones directas. A veces es más sutil, más silencioso y, por lo mismo, más difícil de identificar. Se esconde en la manipulación, en los comentarios pasivo-agresivos, <strong>en los discursos disfrazados de liderazgo</strong> y en una constante sensación de incertidumbre que termina afectando la salud emocional y mental de quien lo vive.</p>



<p>Esta es una realidad que muchas personas enfrentan, y que yo misma experimenté.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Cambios no asertivos</h2>



<p>Todo comenzó con la llegada de un nuevo jefe. Como suele ocurrir, uno espera que estos cambios traigan nuevas ideas, aprendizajes y oportunidades de crecimiento. Sin embargo, no siempre es así. Hay líderes que no llegan a adaptarse a los equipos, sino a imponerse sobre ellos. Y en ese intento de imponer, muchas veces se pierde lo más importante: el respeto por las personas y ser escuchado.</p>



<p>Al principio, todo parecía normal. Un discurso estructurado, lleno de palabras sobre liderazgo, coaching, resultados y cultura organizacional. Pero con el paso del tiempo, ese discurso empezó a contradecirse con las acciones. Comentarios ambiguos, mensajes con doble intención y una comunicación cargada de pasivo-agresividad comenzaron a generar confusión.</p>



<p>Frases que, en apariencia, eran inofensivas, pero que en el fondo dejaban una sensación de incomodidad: dudas sobre tu desempeño, cuestionamientos indirectos, silencios incómodos y cambios de actitud difíciles de entender. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-medium-font-size"><strong><em>Todo esto empezó a afectar no solo mi trabajo, sino también mi tranquilidad.</em></strong></p>
</blockquote>



<p>Llegaron entonces los días sin dormir. La mente no descansaba. Pensar constantemente en qué hacer, cómo actuar, cómo responder, cómo adaptarme. Una preocupación permanente por no cometer errores, por cumplir expectativas poco claras y por tratar de encajar en una dinámica que no terminaba de definirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La manipulación también juega un papel importante</h2>



<p>Ese es uno de los efectos más complejos del acoso laboral sutil: no siempre sabes con certeza qué está pasando, pero sientes que algo no está bien. Te cuestionas, dudas de ti mismo, y poco a poco el desgaste emocional empieza a hacerse evidente.</p>



<p>A través de discursos bien elaborados, algunos líderes logran justificar decisiones o comportamientos que, en otro contexto, serían claramente inadecuados. Se habla de exigencia, de crecimiento, de salir de la zona de confort, de no ser <strong>“reticente” </strong>pero en la práctica se genera un ambiente laboral tenso, poco claro y, en muchos casos, poco humano.</p>



<p>Este tipo de situaciones no solo afectan el desempeño laboral, sino que impactan directamente la autoestima, la seguridad y el bienestar de las personas. Y, sin embargo, <strong>muchas veces se guarda silencio.</strong></p>



<p>El miedo es un factor determinante. Miedo a perder el empleo, a ser juzgado, a no ser escuchado o incluso a que la situación empeore. También está el miedo al “qué dirán” y la sensación de que tal vez es mejor adaptarse que confrontar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Pero el silencio tiene un costo alto</h2>



<p>Con el tiempo, entendí que el problema no estaba en mi capacidad ni en mi compromiso con el trabajo. Hacer bien las cosas, cumplir con las responsabilidades y tener vocación de liderazgo no significa aceptar dinámicas que afectan la dignidad y el bienestar personal.</p>



<p>También comprendí la importancia de la comunicación asertiva y el manejo de las emociones. No es fácil expresar lo que uno siente en estos contextos, pero es fundamental. Poner límites, buscar espacios de diálogo y, cuando es necesario, acudir a instancias formales dentro de la organización puede marcar la diferencia.</p>



<p>Así mismo, es importante reconocer que no todos los líderes son iguales. En mi camino también he tenido la oportunidad de encontrar excelentes mentores y líderes que no solo enseñan, sino que acompañan. Personas que creen en el crecimiento desde el respeto, la empatía y la coherencia entre lo que dicen y lo que hacen.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Esos liderazgos son los que realmente transforman</h2>



<p>Hablar de acoso laboral no es solo contar una experiencia personal; es abrir la puerta a una conversación necesaria en los entornos laborales. Es reconocer que el bienestar emocional es tan importante como los resultados, y que un buen liderazgo no se basa en el control o la imposición, sino en la confianza y el respeto mutuo.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Hoy, más que nunca, es importante aprender a identificar estas situaciones, darles nombre y no normalizarlas. Porque lo que empieza como un comentario incómodo o una actitud ambigua puede convertirse, con el tiempo, en un entorno laboral dañino.</p>
</div></div>



<p>Y porque nadie debería tener que sacrificar su tranquilidad por conservar un trabajo.</p>



<p class="has-text-align-center has-x-large-font-size"><strong>¡<a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Romper el silencio</a> es el primer paso!</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127717</guid>
        <pubDate>Wed, 08 Apr 2026 16:51:45 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Acoso laboral: cuando el silencio pesa más que las palabras]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
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        <item>
        <title>Islas liberales.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/islas-liberales/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nunca habíamos tenido tantas herramientas para entendernos y, sin embargo, pocas veces habíamos estado tan cerca de dejar de intentarlo. Vivimos en un mundo saturado de información, pero empobrecido en escucha; hiperconectado y, al mismo tiempo, cada vez más fragmentado. La política contemporánea parece organizada alrededor del miedo: miedo al otro, a la complejidad, a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Nunca habíamos tenido tantas herramientas para entendernos y, sin embargo, pocas veces habíamos estado tan cerca de dejar de intentarlo. Vivimos en un mundo saturado de información, pero empobrecido en escucha; hiperconectado y, al mismo tiempo, cada vez más fragmentado. La política contemporánea parece organizada alrededor del miedo: miedo al otro, a la complejidad, a perder certezas. Así, el siglo XXI se va pareciendo menos a una comunidad global y más a un archipiélago de islas que se miran con desconfianza.</p>



<p>Pensaba en esto en Cartagena, en el marco de una invitación al Hay Festival, un espacio que desde hace más de dos décadas insiste, casi a contracorriente del espíritu de época, en tender puentes entre mundos que no siempre se escuchan. No es un gesto menor. En un tiempo marcado por el repliegue identitario y la sospecha del otro, reunirse a conversar —no para convencerse, sino para intentar comprender— se ha vuelto un acto político.</p>



<p>Participé allí en una conversación sobre África, migración y relatos construidos desde fuera. Muchas de las historias que circulan sobre el continente africano no nacen de la experiencia directa, sino de miradas ajenas que simplifican realidades profundamente complejas. Entre lo que se dice y lo que se omite se abre un espacio de silencio que rara vez cuestionamos. El diálogo entre Sani Ladan y Karima Ziali buscaba precisamente habitar esa grieta: escuchar voces desplazadas del centro del discurso global y aceptar que comprender no siempre implica ordenar, sino asumir la complejidad.</p>



<p>Que esta conversación tuviera lugar en Cartagena añadía una capa de sentido difícil de ignorar. Ciudad portuaria, atravesada por siglos de circulación forzada y voluntaria de personas, ideas y mercancías, Cartagena conoce bien el peso de las narrativas impuestas desde fuera. Tal vez por eso este festival, en esta ciudad, sigue siendo un recordatorio de que la conversación es una forma de resistencia.</p>



<p>Los griegos también sabían algo sobre islas. Vivían rodeados de mar, separados unos de otros, organizados en polis que eran al mismo tiempo espacios de comunidad y de exclusión. La democracia ateniense, celebrada como uno de los grandes inventos políticos de la humanidad, nacía y moría en los muros de la ciudad. Era una democracia intensa, pero limitada: no todos entraban, no todos contaban, no todos eran escuchados. La isla protegía, pero también encerraba.</p>



<p>Hoy vivimos una paradoja inquietante. Nunca habíamos tenido tantas posibilidades de conexión —tecnológicas, culturales, emocionales— y, sin embargo, nunca habíamos levantado tantas murallas simbólicas. Algoritmos, identidades rígidas, nacionalismos, relatos simplificados: todo conspira para que habitemos islas cada vez más cómodas y cada vez más cerradas.</p>



<p>El sistema democrático atraviesa una crisis que no se reduce a elecciones o liderazgos puntuales. Lo que está en juego es algo más profundo: la erosión de la confianza, la pérdida de un lenguaje común, la tentación de creer que la complejidad puede resolverse con respuestas simples. Los extremos —de derecha y de izquierda— prometen certezas, orden, pertenencia. Ofrecen islas seguras a cambio de renunciar al conflicto democrático, que es siempre incómodo, siempre inacabado.</p>



<p>Las guerras ya no son una abstracción lejana. Gaza y Ucrania nos recuerdan que el uso de la fuerza ha vuelto a ocupar el centro del escenario internacional, debilitando normas que durante décadas sostuvieron un orden imperfecto pero previsible. Las amenazas abiertas o veladas sobre territorios como Groenlandia refuerzan la sensación de que la lógica de poder desnudo regresa, y con ella la idea de que la ley y el derecho pueden ser subordinados a la voluntad del más fuerte.</p>



<p>Estas dinámicas globales no ocurren lejos. Se filtran en nuestras democracias, alimentan la polarización y legitiman salidas autoritarias. América Latina lo vive con crudeza. Venezuela es hoy el ejemplo más doloroso: una sociedad atrapada entre una dictadura que se resiste a irse y salidas externas cuya agenda democrática resulta, como mínimo, incierta. Colombia, por su parte, enfrenta estas tensiones con urgencia: la ilusión de que alguien vendrá a resolverlo todo convive con una creciente desconfianza en la política como espacio común y los extremos dominando la falta de debate público. </p>



<p>John Donne lo escribió en el siglo XVII, pero sigue siendo una advertencia radicalmente contemporánea: <em>“Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra.”</em> Donne no hablaba solo de muerte o de duelo, sino de interdependencia. De la imposibilidad de salvarnos solos.</p>



<p>El gran riesgo para la democracia hoy no es únicamente el autoritarismo explícito, sino el abandono silencioso del otro. La renuncia a escuchar. La comodidad de quedarse entre los propios, convencidos de que la razón habita únicamente de este lado del mar. Así, la política se convierte en administración de afectos cerrados y la democracia en una suma de tribus incapaces de reconocerse.</p>



<p>Salir de las islas no es un gesto romántico; es una necesidad política. Implica romper los círculos de afinidad, aceptar conversaciones difíciles, reconocer que hay momentos históricos en los que defender la estabilidad democrática es más importante que ganar un gobierno o imponer un nombre.</p>



<p>La defensa de las ideas liberales —tan mal entendidas y tan fácilmente caricaturizadas— no es la defensa de un dogma, sino de un suelo común. Se expresa en derechos concretos: el derecho a una vida digna, a una sexualidad libre, a vivir sin miedo, a la propiedad en todas sus formas, y, de manera fundamental, el derecho a disentir sin ser expulsado del espacio público.</p>



<p>No somos islas.<br>Nunca lo hemos sido.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125323</guid>
        <pubDate>Sat, 31 Jan 2026 19:53:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04170741/Perfil.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Islas liberales.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Los verdes mataron el centro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/los-verdes-mataron-el-centro/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Partido Verde pasó de esperanza centrista a fábrica de avales: tibieza disfrazada de comodidad política.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La llamada ola verde nació como un intento de romper con los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe Vélez, un periodo en el que la izquierda no logró consolidar un proyecto democrático capaz de disputarle el poder. Fue Lucho Garzón, Sergio Fajardo y Antanas Mockus quienes levantaron la bandera de una tercera vía, distinta tanto de la herencia uribista como de la izquierda representada en ese entonces por Carlos Gaviria. De allí surgió una fuerza política que se convirtió en el Partido Verde, con incidencia nacional y local.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="700" height="500" data-id="125010" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092455/61.webp" alt="" class="wp-image-125010" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092455/61.webp 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092455/61-300x214.webp 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption class="wp-element-caption">Peñalosa, Fajardo, Mockus y Garzón en un evento político en las campañas 2009-2010.</figcaption></figure>
</figure>



<p>El problema vino después. El crecimiento del partido atrajo nuevos liderazgos y propuestas que poco a poco se alejaron de ese centro mesurado con el que había nacido. El aval verde se convirtió en un pasaporte para cualquiera que quisiera entrar en la política, sin importar si compartía realmente la idea original.</p>



<p>La colectividad empezó a oscilar entre discursos de izquierda y derecha, sin construir una ideología sólida ni un plan programático claro. Se refugiaron en lo políticamente correcto, moldeando sus posturas según la coyuntura. En ese terreno ambiguo salieron a relucir viejas figuras de dudoso pasado, como Carlos Ramón González (Exmiembro de la guerrilla del M19), antiguo directivo del partido, el senador Iván Name, el Ministro Antonio Sanguino y la exConsejera Presidencial, Sandra Ortiz; todos ellos relacionados con el escándalo de corrupción en la UNGRD.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="921" height="518" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21093229/image-2.png" alt="" class="wp-image-125012" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21093229/image-2.png 921w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21093229/image-2-300x169.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21093229/image-2-768x432.png 768w" sizes="auto, (max-width: 921px) 100vw, 921px" /></figure>



<p>La maleabilidad de sus líderes y candidatos los llevó a contradicciones evidentes. Respaldaron a Gustavo Petro para llegar a la presidencia y luego lo atacaron porque cumplió lo que prometió. Se acomodaron según la tajada que les ofreciera el gobierno de turno: apoyaron a Santos mientras tuvieron ministerios, criticaron a Duque y a Peñalosa porque no recibieron lo suficiente, y han alternado ataques y defensas a Petro y Carlos Fernando Galán dependiendo de la conveniencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1-1024x1024.png" alt="" class="wp-image-125011" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1-1024x1024.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1-300x300.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1-150x150.png 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1-768x768.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21092952/image-1.png 1290w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>La máxima confirmación de esa maleabilidad fue la Alcaldía de Claudia López, quien constantemente tenía encuentros y desencuentros tanto con Iván Duque, como con Gustavo Petro. Dependiendo cómo su partido o su figura luciera en los reflectores nacionales o en los nombramientos atacaba o guardaba silencio. Ahora, ella busca pintarse de un centro con el que nadie se siente a gusto porque más allá de ser tibieza es extrema comodidad y correctísimo político.</p>



<p>El Partido Verde, que alguna vez representó la esperanza de un cambio con mesura y la construcción de una Colombia distinta, terminó convertido en una fábrica de avales. Una colectividad que perdió el centro y lo transformó en un espacio de acomodo, útil para quienes buscan poder sin importar la coherencia ideológica.</p>
]]></content:encoded>
        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125009</guid>
        <pubDate>Wed, 21 Jan 2026 14:41:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/21094054/PP3626470A-h-o.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Los verdes mataron el centro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Llegan tarde y con el lente equivocado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/llegan-tarde-y-con-el-lente-equivocado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. </p>



<p>En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, se habla del “flagelo”, aparecen opinadores repentinos y voces sin formación en convivencia escolar; luego, apenas pasan unos días, el caso se diluye, la agenda cambia y el fenómeno vuelve a quedar en silencio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La anterior es una constante mundial</h2>



<p>El bullying solo aparece cuando duele. Lo más preocupante es que esa mirada reactiva no solo es limitada: es peligrosa.</p>



<p>Los medios —tradicionales y digitales— son formadores de cultura. Moldean valores, transmiten ejemplos, crean referentes sociales y acompañan a los ciudadanos desde que son niños hasta que se convierten en adultos. Por eso, cuando los medios reducen el bullying al titular dramático del día, están renunciando a su papel más importante: convertirse en agentes permanentes de prevención, educación y construcción de ciudadanía.</p>



<p>Una de las confusiones más extendidas es creer que el bullying es un fenómeno exclusivamente escolar. No lo es. Comienza en el hogar, se manifiesta en el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a>, reaparece en la universidad y, en la edad adulta, toma la forma de mobbing o acoso laboral. Hay que entenderlo: este fenómeno se transforma y en ocasiones muta.</p>



<p>Agencias como la ONU y UNICEF reiteran permanentemente la responsabilidad de los medios de comunicación en la lucha contra el ciberacoso, la violencia de género y los discursos de odio, todos elementos presentes en el bullying, y que escalan a dimensiones sin proporciones.</p>



<p>Hace menos de un mes, en el marco de sus actividades del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, la Unesco aseguró que “Aproximadamente el 58% de las niñas y los jóvenes del mundo sufren de acoso en línea, mientras que los estudiantes pertenecientes a minorías y comunidades migrantes sufren de manera desproporcionada el odio y la exclusión en Internet”.</p>



<p>Sin embargo, según el Informe GEM 2024 – edición juvenil, solo el 16 % de los países ha adoptado una legislación destinada a prevenir el ciberacoso a través de la educación.</p>



<p>Como ocurre con el ciberacoso, las cifras de cualquiera de las manifestaciones del bullying (y de las múltiples formas en que se mimetiza) son escalofriantes.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En Colombia normalizar el bullying ha sido demasiado fácil</strong></h2>



<p>Cuando llevamos la conversación al contexto colombiano, la urgencia es mayor. No es un secreto que Colombia ha vivido décadas de violencia política, urbana y rural. Esa historia ha dejado cicatrices profundas, pero también una peligrosa costumbre: la de normalizar la agresión.</p>



<p>En un país donde la violencia ha moldeado durante tanto tiempo las relaciones sociales, el bullying no es un asunto menor: es un termómetro cultural. Es un indicador de qué tanto hemos logrado transformar la manera en que tratamos al otro. </p>



<p>Por eso, los medios colombianos deberían asumir esta causa como una preocupación nacional permanente, no como un tema que despierta interés únicamente cuando hay tragedias que lamentar.</p>



<p>Los medios de comunicación tienen una responsabilidad que va más allá del titular: crear cultura de prevención, promover valores, difundir rutas de atención, consultar expertos y mantener la conversación abierta. Necesitamos periodismo y comunicadores que generen conciencia, acompañen a las familias, brinden herramientas a los niños, y que incomode a las instituciones cuando miran hacia otro lado.</p>



<p>Además, necesitamos medios que entiendan su poder pedagógico. Cada vez que presentan un caso de bullying sin análisis, sin contexto, sin especialistas, están fortaleciendo la confusión. Cada vez que cubren el tema desde el morbo, están repitiendo el ciclo de violencia que dicen rechazar. Y cada vez que dejan de cubrirlo, contribuyen al silencio que permite que prospere.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Educar testigos hoy es formar ciudadanos que alzan la voz mañana</strong></h2>



<p>Prevenir el bullying en el entorno escolar es una prioridad nacional. Una de las claves más poderosas para lograrlo es educar a los testigos: a los compañeros que ven, escuchan o conocen una agresión. Cuando un niño entiende que puede denunciar, que no está solo y que su palabra importa, se rompe la cadena del silencio.</p>



<p>Pero esto va más allá del colegio: un niño que denuncia bullying hoy es un adulto que denuncia corrupción mañana, que señala la desigualdad, que exige equidad, que no se queda callado frente a las injusticias. Formar testigos valientes es formar ciudadanos íntegros.</p>



<p>En esa tarea, los medios tienen un rol esencial. No solo informan sobre la realidad: ayudan a construirla. Y si queremos un país donde la violencia deje de ser parte de la cotidianidad, donde los niños crezcan con valores sólidos y donde la ciudadanía se atreva a alzar la voz, necesitamos un periodismo responsable, constante y comprometido con la prevención del bullying.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Los medios no pueden seguir llegando cuando es demasiado tarde.</p>



<p>Su responsabilidad es estar antes, durante y después. </p>



<p>Su deber ético es acompañar. </p>



<p>Su compromiso ineludible es educar. En síntesis, su obligación es ayudar a “<a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Romper el silencio</a>”.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123216</guid>
        <pubDate>Wed, 10 Dec 2025 18:41:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Llegan tarde y con el lente equivocado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Dejemos vivir a noviembre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/noviembre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Robert Max Steenkist. Año a año, el mes de noviembre pierde su identidad. Asfixiado por dos fechas de consumo desenfrenado, se vuelve cada más una transición desaborida entre el excesivamente dulcificado octubre y las fiestas (cada vez más acaparadoras) de diciembre. Es un mes en el que el fin del año, los compromisos no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Robert Max Steenkist.</p>



<p>Año a año, el mes de noviembre pierde su identidad. Asfixiado por dos fechas de consumo desenfrenado, se vuelve cada más una transición desaborida entre el excesivamente dulcificado octubre y las fiestas (cada vez más acaparadoras) de diciembre. </p>



<p>Es un mes en el que el fin del año, los compromisos no cumplidos y las fiestas decembrinas empiezan a presionar los bolsillos y el rendimiento académico. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Los días de noviembre son cada vez más movidos por la ansiedad</h2>



<p>De acuerdo a la OMS, la ansiedad es un “estado de malestar emocional con manifestaciones psíquicas y físicas, como miedo, preocupación o tensión excesiva que puede ser una reacción normal al estrés”. Para otros, es un mecanismo de defensa natural de cada individuo frente a estímulos externos o internos como amenazantes o peligrosos. </p>



<p>Es decir, es un sentimiento que causa desagrado, tensión y sufrimiento a alguien por algo que aún no le ha pasado. La búsqueda constante de bienes materiales que alguien podría tener (o le han hecho creer que debería tener) genera un aparente vacío tan poderoso que impide que disfrute su realidad actual. </p>



<p>De una satisfacción efímera, siempre incompleta por “lo posible” que nos ofrece un mercado desbordado, se nutre un consumismo destructivo, la dependencia suicida de nunca estar completos y de la que nos tenemos que cuidar los unos a los otros.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">Acoso escolar y ansiedad, un vinculo estrecho</h2>



<p>Ambos tienen en común la sensación de estar siempre incompletos, de ser defectuosos a pesar de tener todo a la mano para ser igual de exitosos, abundantes, bellos y felices a los otros.</p>



<p>Estudios indican que los estudiantes que sufren acoso escolar presentan niveles significativamente más altos de ansiedad, depresión y estrés postraumático. </p>



<p>Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 30% de los estudiantes a nivel global han experimentado algún tipo de matoneo, lo que incrementa la probabilidad de desarrollar trastornos de ansiedad en un 40%, comparado con sus pares no afectados. </p>



<p>Este fenómeno afecta generalmente el sueño y pronto el rendimiento académico. Con esto, usualmente se deteriora la autoestima y la capacidad social de los jóvenes, creando un ciclo difícil de romper.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mobbing</h2>



<p>La relación entre el <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a> y el laboral es un reflejo de cómo los patrones de violencia y dominación se reproducen en diferentes etapas de la vida.</p>



<p>El acoso laboral, también conocido como mobbing, comparte características similares al acoso escolar: hostigamiento repetido, abuso de poder y daño psicológico. Investigaciones demuestran que individuos que fueron víctimas de matoneo en la infancia tienen mayor probabilidad de experimentar o incluso ejercer acoso en el ámbito laboral.</p>



<p>Esto se debe a que las conductas aprendidas y las heridas emocionales no resueltas pueden manifestarse en entornos adultos, perpetuando ciclos de violencia y ansiedad. Por ejemplo, un estudio de la Universidad Nacional de Colombia encontró que el 25% de los trabajadores víctimas de mobbing reportaron antecedentes de acoso escolar en su infancia.</p>



<p>Noviembre es un mes propicio para reflexionar sobre la ansiedad que nos rodea en un entorno especialmente dado a celebrar con anticipación sin pensar que esto afecta nuestra relación la conciencia del aquí y del ahora. </p>



<h2 class="wp-block-heading">Noviembre llega con más alegría</h2>



<p>En Colombia, se celebran el Día de los Derechos Humanos (10 de noviembre), el Día de la No Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) y el Día de la Música (22 de noviembre), entre otras fechas conmemorativas a las que se podría dar más importancia que la nieve artificial y otros tantísimos productos que hemos vuelto parte de nuestros complejos. </p>



<p>La verdadera esencia de este mes podría radicar en una conexión humana entre padres e hijos, entre <a href="http://josemaxleon.edu.co">estudiantes </a>y maestros que se preparan (sin presiones) para la solidaridad y el respeto por la diversidad emocional, que requiere el último mes del año.</p>



<p>Cerrar ciclos, sanar heridas, pedir perdón y perdonar, alistar los objetivos para el año que viene son algunas de las bendiciones que nos brinda otro paso consecutivos de la Tierra por un mismo punto de su órbita.</p>



<p>El llamado es a vivir noviembre y todo lo que antecede a la Navidad con autenticidad, a evitar las dinámicas que fomentan la exclusión, la competencia por lo material, promoviendo ambientes para la reflexión y la comunicación pacífica (dos elementos claves contra el matoneo de cualquier tipo). </p>



<p>Noviembre debe ser el mes de los balances y las conclusiones, de la liberación de falsas expectativas y la liberación de ataduras injustas hacia sí mismo y hacia los otros. Las fechas conmemorativas (no solo las decembrinas) deben ser oportunidades para fortalecer la empatía y el bienestar colectivo.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>En lugar de caer en el consumismo acelerado, estamos frente a la oportunidad de cultivar una espiritualidad genuina que construya comunidades más saludables y resilientes.</p>
</div></div>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122590</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Nov 2025 14:09:54 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Dejemos vivir a noviembre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Este sofá estaba en el Palacio de Justicia hace 40 años</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/este-sofa-estaba-en-el-palacio-de-justicia-hace-40-anos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Aquella mole de cemento, que se levantaba majestuosa a un costado de la Plaza de Bolívar en Bogotá, fue el primer ataúd de los que, calcinados, murieron adentro. Recordar lo que pasó en el Palacio de Justicia cuatro décadas después es honrar la memoria de los inmolados. Hablan los testigos mudos de la historia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>El sofá, rescatado de los escombros del Palacio de Justicia, en 1985, se encuentra exhibido en el Museo Nacional de Colombia. <strong>Fotografías: </strong>Alexander Velásquez.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fe77802e311c2831febc5be9cc4beb16"><strong>Informe Final Comisión de la Verdad:</strong> <em>“El presidente Betancur dio una alocución televisada en la noche del jueves 7 de noviembre de ese 1985 para asumir la responsabilidad de lo sucedido”. (…) “El Tribunal Especial de Instrucción (…) concluyó siete meses después que el único responsable fue el M-19. La Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes archivó las investigaciones contra Betancur”. (…) “A Belisario Betancur le costó el silencio perpetuo hasta su muerte en 2018”.</em></p>



<p>En 1985, Colombia vivió no una, sino dos horribles noches. Por una y por otra todavía faltan muchos perdones. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Por la carnicería del Palacio de Justicia deberían pedir perdón todos los que están vivos para honrar la memoria de los que están muertos. Sería un acto de mínima humanidad para que quede registrado en la Historia y que esa Historia les demuestre a las futuras generaciones que el espíritu de los hombres es más grande que sus torpezas y sus decisiones erradas. Los muertos y desaparecidos del Palacio de Justicia merecen un cierre. La verdad es insuficiente si no hay arrepentimiento sincero.</p>



<p>En 1985, por estas fechas, el Palacio de Justicia fue la primera tumba de los que allí murieron abrasados por el fuego: queda la esperanza de que primero hubieran muerto ahogados por el humo tóxico. Se le debió declarar camposanto a aquella fortaleza, en vez de obligarla a renacer de sus cenizas, por respeto a la memoria de las más de cien víctimas que dejó la toma guerrillera del M-19 y la posterior retoma por parte del ejército colombiano.</p>



<p>El Holocausto del Palacio de Justicia es la vena abierta de una Colombia que se ha bañado en ríos de sangre antes que de mares. Cuatro décadas después unos vivos culpan a otros vivos por lo que pasó, pero nadie parece dispuesto a aceptar la propia responsabilidad histórica que le cabe, porque al final todos nos reconocemos como sobrevivientes, cuando no víctimas, de la misma hecatombe nacional. &nbsp;</p>



<p>Hombres y mujeres vieron cómo el averno de Dante se hizo real ante sus ojos y los engulló. Apenas una semana después aquel infierno tuvo sucursal propia en Armero, departamento del Tolima: 25 mil almas quedaron sepultadas bajo el lodo caliente tras la erupción del Nevado del Ruiz. Otro camposanto. Otra tragedia que pudo evitarse, pero los que podían evitarla nada hicieron. El presidente Belisario Betancur se fue de este mundo con esos dos cargos de conciencia, no sé cuántos más. Se tomó 30 años (2015) para pedir perdón.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3fa0e3209c9d1b950759dc06066e5292"><strong><em><a href="https://www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad">Informe final de la Comisión de la Verdad</a>, página 207:</em></strong><em> “Quiero pedir perdón a Alfonso, a ustedes y a Colombia (…) acepto mi responsabilidad por el accionar del Estado en ese momento trágico en que fueron sacrificadas tantas víctimas inocentes e indefensas”:</em> Palabras del expresidente Betancur a la familia del magistrado Reyes Echandía. Antonio Navarro Wolf hizo lo mismo a nombre del M-19.</p>



<p>A partir de ese año, 1985, y tal vez desde antes, corrieron los diez años que estremecieron a Colombia. Ni la venida del Papa Juan Pablo II, en nombre de Dios, al año siguiente, 1986, pudo detener la carnicería que ya corría. Porque en Colombia pasa que donde manda la voluntad del hombre, no manda la voluntad divina. Dios es el convidado de piedra, aquel que se invoca por no dejar, pero al primero al que se le desobedece. Como si no existiera. ¿Y existe?</p>



<p>Lo del Palacio de Justicia es otra&nbsp;vena abierta: si pudiéramos cerrar con hilo trenzado de verdades, no de teorías acomodaticias y convenientes, podríamos ocuparnos de reconstruir a un país que ya estaba deshecho cuando la sinrazón le pudo a la cordura.</p>



<p>Pero por algo se puede empezar. En un acto de coraje el presidente Gustavo Petro debería pedir perdón en nombre de la extinta guerrilla a la que él perteneció, los militares deben pedir perdón por los dantescos desmanes, premeditados o no, que cometieron los uniformados y los políticos deben pedir perdón por la negligencia del gobierno de Belisario Betancur y sus ministros que pusieron a los colombianos a ver fútbol como estrategia para amordazar a la prensa. El juicio de la Historia no exime a ninguno por esa mezcla fatal de indolencia e incompetencia.</p>



<p>Noemí Sanín<strong>, </strong>como exministra de Comunicaciones, en nombre del gabinete, podría salir a pedir perdón por la censura a los medios en aquellos días terribles. Incluso, Andrés Pastrana tiene la obligación moral de pedir disculpas al país en nombre de su familia y del Partido Conservador, que hasta donde sabemos cometió fraude para ganar las elecciones del 71, hecho que dio origen al M-19. De no haber estado en esas el doctor Misael Pastrana, no estaríamos en éstas cuarenta años después.</p>



<p>Los que éramos niños vimos el horror por televisión hasta antes de la censura, pero éramos muy chiquitos para entender nada. Como ciudadanos, hoy tenemos el deber de reconocernos en ese espejo teñido de sangre. La falta de memoria y la insensibilidad social nos está llevando a la repetición de la repetidera de nuestros males. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Un país hecho de preguntas </strong></p>



<p>No me corresponde liberar de culpas a la guerrilla por lo que pasó, pero con la serenidad de la distancia, me remito a la toma de la embajada Dominicana por parte del M-19 en febrero de 1981, con cero muertos después de 61 días de mantener secuestrados a varios embajadores, lo que demostraría, en principio, que los guerrilleros no tenían ninguna intención de dañar a nadie y que, al contrario, seguía comprometida con sacar adelante un proceso de paz, lo que al final ocurrió.</p>



<p>No se entiende entonces cómo Belisario Betancur y el ejército a su mando hicieron oídos sordos a las súplicas hechas por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía: el cese al fuego como principio para dialogar. Fue el grito que otros ahogaron en sus conciencias. “El grito” de Edvard Munch hecho de carne y hueso, y al final cenizas.</p>



<p>Lo que quiero decir es que no se puede juzgar lo que pasó allí únicamente por la decisión demente de los guerrilleros de tomarse el edificio, sino también por lo que había en la mente demente de los altos mandos militares: ¿acaso una rabia contenida contra una guerrilla que ya había desafiado al establecimiento por medio de distintas acciones temerarias?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8f53c0af4abe7370c5a017bd0cc8f9ff"><strong>Informe final de la Comisión de la Verdad:</strong> <em>“Un comandante de la extinta guerrilla dijo a la Comisión de la Verdad: (…) Perdimos la fe en la victoria y cuando pierdes la fe en la victoria, le pierdes sentido a la guerra. De todas maneras fue un golpe muy duro aprender que la paz es un proceso”.</em></p>



<p>Todo lo que hay hoy, cuarenta años después, son rabia, demasiada rabia, y preguntas que quizás jamás tendrán respuesta: Por ejemplo, sí la hay, ¿cuál es la prueba reina que vincula al M-19 con el narcotráfico?&nbsp; O podemos plantearla así: ¿Qué versión tiene más fuerza: el asalto al Palacio &nbsp;por una guerrilla que sigue órdenes del Cartel de Medellín o la retoma del Ejército para expiar culpas por el Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala que concedió poder desmesurado a los militares para cebarse contra los civiles? ¿En qué momento y quién toma la decisión de enviar un tanque de guerra, con su fuerza descomunal, a romper y corromper el corazón de la justicia colombiana? ¿Era necesario tal nivel de barbarie?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a2c3c3ef4e4299debb50a46e0f412bf6"><strong>Informe final de la Comisión de la Verdad:</strong> <em>“…las Fuerzas Armadas sabían que la toma ocurriría, pero no hicieron nada al respecto para dejar que los hechos destrozaran lo que quedaba de la paz y, de paso, de la justicia”.</em></p>



<p>El holocausto a la justicia es una responsabilidad compartida entre tres: los guerrilleros que planearon la toma, los militares que hicieron la contra-toma, negándose a la negociación que tanto suplicó el presidente Echandía y el gobierno de Betancur que no tuvo ningún juicio político por el manejo de estos hechos lamentables, las personas desaparecidas y hasta la censura de prensa, documentada por el <a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/el-dia-en-que-la-censura-le-metio-dos-goles-al-palacio-de-justicia/">Centro de Memoria Histórica</a><strong>.</strong> </p>



<p>Y si se quiere, para encontrar caminos de entendimiento, todos son víctimas también: los unos víctimas de los otros. Colombia no ha sacado el tiempo para elaborar el duelo necesario que sane las heridas, porque, de conmemoración en conmemoración, nos malacostumbramos a pasar de una tragedia a la otra, sin pestañear. El que estemos curados de espantos nos ha hecho mal.</p>



<p></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-centro-nacional-de-memoria-hist-rica wp-block-embed-centro-nacional-de-memoria-hist-rica"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="LWOSM3VyVH"><a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/el-dia-en-que-la-censura-le-metio-dos-goles-al-palacio-de-justicia/">El día en que la censura le metió dos goles al Palacio de Justicia</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#171;El día en que la censura le metió dos goles al Palacio de Justicia&#187; &#8212; Centro Nacional de Memoria Histórica" src="https://centrodememoriahistorica.gov.co/el-dia-en-que-la-censura-le-metio-dos-goles-al-palacio-de-justicia/embed/#?secret=LWOSM3VyVH" data-secret="LWOSM3VyVH" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p>Volví a ver la película “Siempreviva”, la historia de los crímenes del Palacio de Justicia contada desde la ficción y desde un inquilinato, ese maravilloso retrato de la nación que somos: dividida, polarizada, apática, solidaria, ruin y esperanzada, pero también una nación a la que le cuesta abrazarse en el dolor porque sobrevive encolerizada sobre sus ruinas y su pasado, y peor, sin saber cómo salir del atolladero. Desde su título poético, “Siempreviva” es una metáfora para explicarnos como sociedad de muchas maneras. Se puede <a href="https://www.rtvcplay.co/peliculas-ficcion/siempreviva">ver gratis</a> en la plataforma RTVCplay.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Siempre viva película completa | Tráiler | Disponible en RTVCPlay" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/aB1RyGUJ3o8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Testigos mudos de la historia</strong></p>



<p>De los escombros, de las ruinas del edificio sagrado de la justicia, en el ala norte de Plaza de Bolívar, se rescató este sofá, que fue donado en 1998, junto con otros elementos, por el Consejo Superior de la Judicatura al Museo Nacional. Hay otras piezas y a su lado las fichas técnicas que resumen lo que pasó.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1015" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA-1015x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122089" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA-1015x1024.jpg 1015w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA-297x300.jpg 297w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA-768x775.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092332/ZETA-PALACIO-SOFA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1015px) 100vw, 1015px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8994792b5669744ce1243d51a2f27c1d"><em>“Durante la contratoma del Palacio de Justicia varios magistrados retenidos, entre ellos el presidente de la Corte de Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía (1932-1985), exhortaron a las fuerzas militares para que cesara la incursión armada. No fueron escuchados y el ataque continuó durante 28 horas. Junto con los siete guerrilleros murieron un centenar de personas, entre ellas 11 magistrados, incluyendo a Reyes Echandía, empleados del Palacio, civiles y seis militares. Hubo 11 desaparecidos, algunos de los cuales siguen sin hallarse”.</em></p>



<p>El visitante también verá algunas fotografías sobre aquel acontecimiento histórico. Una de las imágenes, del <em>Semanario Voz</em>, se titula: “Manifestación por los asesinatos en la Toma del Palacio de Justicia”. Debajo se lee lo siguiente:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c014ee60d3c837c2eba8ffdbfe693d14"><em>“La toma del Palacio de Justicia en Bogotá ocurrió durante los días 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando un comando de la guerrilla M-19 irrumpió en el recinto judicial y tomó como rehenes a sus ocupantes. Las fuerzas armadas y el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986) negaron toda posibilidad de diálogo y procedieron a retomar el Palacio con un ataque de artillería pesada que culminó con un centenar de muertos, varios desaparecidos y el edificio en llamas”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1020" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA-1024x1020.jpg" alt="" class="wp-image-122090" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA-1024x1020.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA-768x765.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092424/ZETA-PALACIO-ESCULTURA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">En el Museo Nacional también se puede admirar la escultura en bronce fundido de un José Ignacio de Márquez decapitado (presidente de la República de la Nueva Granada, 1837-1841); hecha por un artista italiano, pieza que ya había sobrevivido a <em>El Bogotazo</em>, y se encontraba en el Palacio cuando se desató lo indecible. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122091" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS-768x767.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092451/ZETA-PALACIO-SILLAS.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>“Tres sillas de espera procedentes del Palacio de Justicia”. Pieza del Museo Nacional de Colombia.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="885" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092511/ZETA-PALACIO-GRECA-885x1024.jpg" alt="" class="wp-image-122093" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092511/ZETA-PALACIO-GRECA-885x1024.jpg 885w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092511/ZETA-PALACIO-GRECA-259x300.jpg 259w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092511/ZETA-PALACIO-GRECA-768x888.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/06092511/ZETA-PALACIO-GRECA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 885px) 100vw, 885px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Máquina de escribir Remington incinerada en la toma del Palacio de Justicia que perteneció a José Antonio Salazar Cruz y la greca de la cafetería, junto a una fotografía del Palacio en llamas, del archivo del <em>Semanario Voz.</em></p>



<p>Los elementos se pueden ver en las salas <em>Tiempos sin olvido</em>, <em>Hacer sociedad </em>y <em>Ser y hacer</em> del Museo Nacional, de Bogotá.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122075</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Nov 2025 14:31:28 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Este sofá estaba en el Palacio de Justicia hace 40 años]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El silencio estruendoso de la guerra</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/guerra/</link>
        <description><![CDATA[<p>Beethoven: “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo” Por: Sergio Andrés Botero, Docente del CBJML. El día de hoy, 3 de septiembre, varios medios dieron la noticia sobre la cancelación de la jornada de la Vuelta a España de ciclismo. La razón, protestas de la comunidad contra la participación del equipo israelí. Si [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size">Beethoven: “Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo”</p>
</blockquote>



<p><em>Por: Sergio Andrés Botero, Docente del <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">CBJML</a>.</em></p>



<p>El día de hoy, 3 de septiembre, varios medios dieron la noticia sobre la cancelación de la jornada de la Vuelta a España de ciclismo. La razón, protestas de la comunidad contra la participación del equipo israelí. </p>



<p>Si bien es una noticia que se ha popularizado por varios medios, no es un hecho aislado, pues ya desde hace un buen tiempo, de diversas formas, en muchos contextos, países, incluido en las calles de algunas ciudades israelitas, la gente está levantando su voz contra lo que se está considerando como un genocidio contra el pueblo palestino en Gaza.</p>



<p>Así mismo, las redes sociales han estallado en multitud de publicaciones que día a día siguen las noticias que denuncian todas las acciones insólitas y abrumadoras que sufren los gazatíes y en general el pueblo palestino. </p>



<p>Esto no es algo aislado, es un clamor internacional, de la gente del común, contra unos poderes dominantes en la geopolítica mundial, para quienes la vida humana ha pasado a ser un daño permisible en la búsqueda de una hegemonía mundial. </p>



<p>Lo que sucede en un punto minúsculo del mundo, hunde sus raíces en el resto de la tierra y se esparce a través de las tecnologías de la información cada vez más veloces y en tiempo real. Ya nada puede dar espera, todo se sabe. Exploremos, adicionalmente, qué más sucede en el mundo que no puede ser silenciado.</p>



<p>Sin llegar a organizar algunos de los conflictos que suceden en el mundo de manera jerárquica, enumeraré algunos de los más influyentes en términos regionales, es decir, aquellos que trascienden las fronteras de un país, o que involucran territorios multinacionales, en donde, además de lo contendientes directos, hay todo un concierto internacional detrás aupando una facción u otra de acuerdo con sus intereses.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Conflicto entre Rusia y Ucrania </strong></h2>



<p>Aunque, desde mi perspectiva personal, diría que es un conflicto entre Rusia y la OTAN, en territorio ucraniano. </p>



<p>Si bien es un conflicto que se puede rastrear desde hace décadas, en los últimos años fue cuando estalló de manera escalada, ejerciendo una fuerza militar que no se había hecho antes (pongamos como límite la caída de la Unión Soviética a principios de los noventa), enfrentando directamente al ejército ruso contra el ucraniano y sus aliados europeos.</p>



<p>Las consecuencias para la población ucraniana han sido nefastas, así como para otras comunidades aledañas, también para las rusas.&nbsp;</p>



<p>Pero, y hay que advertirlo, se evidenció la dependencia de Europa con respecto a Rusia en términos económicos y energéticos, lo cual ha afectado al apéndice asiático en gran manera. </p>



<p>Incluso Colombia se vio afectado, debido a los productos primarios para fertilizantes que provenían de Ucrania y Rusia, lo cual encareció la producción agrícola colombiana.</p>



<p>Un conflicto que los analistas europeos confiaban en que duraría poco, y que Rusia no podría contra todo el bloque occidental, se ha convertido en un largo y tedioso sufrimiento para una población que queda en medio de las potencias en juego.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Guerra en Medio Oriente</strong></h2>



<p>Un siguiente conflicto a considerar, nos lleva de vuelta al Medio Oriente, iniciado en el 2011 en Siria, cuando Bashar al Assad reprimió violentamente una revuelta contra la dinastía que venía gobernando desde hacía 30 años por su padre. </p>



<p>En este caso, la influencia internacional también se manifestó, pues de nuevo la OTAN, Estados Unidos y Rusia se vieron involucrados en los apoyos a uno u otro, al gobierno o a los rebeldes. Este conflicto aún no termina, aunque Al Assad haya sido removido del trono. </p>



<p>Pero el resultado ha sido una destrucción terrible en las antiguas y bellísimas ciudades blancas árabes de Damasco y otras, así como millones de desplazados que han tenido que refugiarse en países vecinos, en condiciones sumamente hostiles y desfavorables.</p>



<p>Por esos lados también, la guerra civil en Yemen lleva ya un largo tiempo, una población afectada enormemente, y unos intereses internacionales alrededor del petróleo que no permiten que se llegue a acuerdos que impidan el recrudecimiento de la violencia. </p>



<p>Se le suma el conflicto entre Camboya y Tailandia por una franja de territorio fronterizo que ha estado en disputa por décadas, y que ha llevado a ambos países a establecer posiciones militares.</p>



<p>Continúo con la situación en la República Democrática del Congo, que enfrenta al gobierno contra el grupo rebelde M23 apoyado por Ruanda. Un rezago del colonialismo europeo que persiste en la región. </p>



<p>La situación en Haití está lejos de mejorar, por el contrario ha empeorado por la falta de gobernabilidad, la corrupción que se da, en donde las pandillas organizadas han sometido al país a una guerra civil y no han permitido la mediación de países como Kenia quien ha intentado mediar para lograr una regulación en la violencia, todo esto luego del asesinato del presidente Jovenel Moïse por mercenarios tristemente colombianos en el 2021.</p>



<p>La crisis en Sudán, la guerra por Cachemira entre India y Pakistán, la guerra civil en Myanmar, y un largo y doloroso camino de guerras, conflictos, muertos y desplazados.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>La realidad geopolítica, un recuento frío y académico </strong></h2>



<p>Pero detrás de eso están los individuos, las familias, jovenes y niños que han perecido en bombardeos o por balas adultas. Infancias marcadas por la violencia y sinsentido, el no-futuro. </p>



<p>Y peor aún, el silencio del mundo ante tales genocidios, una complicidad tácita guiada por la indiferencia en muchos casos, en otros, por la complacencia y la aceptación. Ese sonido atronador de las bombas, pero enmarcado en un silencio abrumador y cruel. </p>



<p>Es un momento clave para romperlo, y sentar las bases de una ética mundial que no permita, que condene los hechos de poder y violencia dirigidos por un grupo de naciones tradicionalmente invasoras y con vocación imperial que han pasado por encima de la dignidad humana en busca de poder y de recursos económicos que consideran propios por algún tipo de derecho. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size">¿Un destino manifiesto? Usan eufemismos para justificar la muerte de miles: democracia, libertad, civilización.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Los filósofos, pensadores ilustrados deben estar absolutamente decepcionados. </p>



<p>Ellos rompieron el silencio en una época de oscuridad política y social, por allá en los siglos XVI y XVIII, y ahora las naciones poderosas usan esos principales ideales, no para impulsarlos, sino para obtener más poder y control económico.</p>



<p> Ahora nos corresponde a nosotros, a los docentes con nuestros estudiantes, guiar mediante el desarrollo de competencias, a través del cariño en cada sesión, lograr que el silencio no signifique impunidad, que se eleven los gritos por encima del estruendo de las bombas, y que como comunidad se eleve la voz común para decir “no más”.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading">No más guerra, no más muertos, no más destrucción</h2>
</blockquote>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Nuestros jóvenes han de ser aquellos que enarbolen las banderas de la <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">paz</a> y la concordia, en un mundo sumido en las luchas maquilladas de ideología, pero resueltamente fundadas en la avaricia económica.</p>
</div></div>



<p>Referencias</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><a href="https://www.crisisgroup.org/es/global/10-conflicts-watch-2025#:~:text=haga%20clic%20aqu%C3%AD.-,Sud%C3%A1n,abocado%20hacia%20una%20fractura%20violenta">https://www.crisisgroup.org/es/global/10-conflicts-watch-2025#:~:text=haga%20clic%20aqu%C3%AD.-,Sud%C3%A1n,abocado%20hacia%20una%20fractura%20violenta</a></li>



<li><a href="https://cnnespanol.cnn.com/2025/07/24/mundo/guerras-conflictos-mundo-orix#:~:text=El%20conflicto%20fronterizo%20entre%20Tailandia,atenci%C3%B3n%20y%20preocupaci%C3%B3n%20esta%20escalada">https://cnnespanol.cnn.com/2025/07/24/mundo/guerras-conflictos-mundo-orix#:~:text=El%20conflicto%20fronterizo%20entre%20Tailandia,atenci%C3%B3n%20y%20preocupaci%C3%B3n%20esta%20escalada</a>.&nbsp;</li>



<li><a href="https://www.lisainstitute.com/blogs/blog/lista-10-riesgos-geopoliticos-tendencias-seguridad-2019-2025#:~:text=Consolidaci%C3%B3n%20de%20las%20guerras%20perpetuas,de%20Estados%20Unidos%2C%20Donald%20Trump">https://www.lisainstitute.com/blogs/blog/lista-10-riesgos-geopoliticos-tendencias-seguridad-2019-2025#:~:text=Consolidaci%C3%B3n%20de%20las%20guerras%20perpetuas,de%20Estados%20Unidos%2C%20Donald%20Trump</a>.&nbsp;</li>



<li><a href="https://www.elcomercio.com/actualidad/mundo/mundo-2025-conflictos-geopoliticos-resoluciones-panorama-mundial/">https://www.elcomercio.com/actualidad/mundo/mundo-2025-conflictos-geopoliticos-resoluciones-panorama-mundial/</a>&nbsp;</li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120265</guid>
        <pubDate>Mon, 15 Sep 2025 19:09:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/12071533/peace-529380_1280.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El silencio estruendoso de la guerra]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Cuando alzar la voz se vuelve un acto de valentía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/escuela-de-argumentacion/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escrito por Isabel Ochoa Beltrán. Desde corta edad fui considerada una niña tímida y callada, alguien que prefería guardar silencio antes que arriesgarse a ser escuchada. Muchas veces optaba por no hablar para no incomodar. Sentía que cada vez que opinaba en público iba a ser criticada, hasta que empecé mi camino en la escuela [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Escrito por Isabel Ochoa Beltrán</strong>.</p>



<p><br>Desde corta edad fui considerada una niña tímida y callada, alguien que prefería guardar silencio antes que arriesgarse a ser escuchada. Muchas veces optaba por no hablar para no incomodar. Sentía que cada vez que opinaba en público iba a ser criticada, hasta que empecé mi camino en la escuela de argumentación. </p>



<p>Al principio, vi esta experiencia como una obligación, algo impuesto por el colegio, pero pronto me di cuenta de que allí podía expresarme con más tranquilidad, sin miedo a que mi voz pasará desapercibida o a que mis palabras fueran juzgadas.</p>



<p>Muchos estudiantes comparten la inseguridad que me acompañaba desde pequeña. En realidad, está muy conectada con un problema que muchas niñas, niños y adolescentes sufren: el miedo a hablar. </p>



<p>El silencio, aunque parezca una forma de protegerse, se convierte en la prisión que mantiene vivo el acoso escolar. Para mí, y para muchos otros, existen espacios donde argumentar y usar nuestra voz nos ayuda a romper ese silencio frente al bullying.</p>



<p>Los espacios de debate no solo fortalecen la capacidad de expresarse, sino que también empoderan a los jóvenes para enfrentar situaciones difíciles. En ellos aprendemos a defender ideas con argumentos, a respetar las voces distintas y, sobre todo, a creer en el valor de lo que decimos.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Hablar en público no es un camino sencillo</strong></h2>



<p>En mi experiencia, hacer parte de debates significó enfrentar miedos, equivocarme y seguir intentándolo. Para poder debatir tuve que aprender y desaprender muchas cosas, fallar una y otra vez, porque de eso se trata participar en una experiencia de debate. Estudiantes brillantes alrededor del mundo, por más pequeños o grandes que sean, tienen un miedo profundo a equivocarse, a cometer un error, y esta es la principal razón por la que no lo intentan. </p>



<p>Pasamos gran parte de nuestra <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">vida escolar</a> preocupándonos por los resultados, por no alcanzar ese número o escala que se nos ha impuesto, sin darnos cuenta de que el aprendizaje gira en torno a persistir, por más fracasos que cometamos. Según el artículo &#8220;Learning from Errors&#8221; (Aprendiendo de los errores) de Janet Metcalfe, publicado en Annual Review of Psychology en 2017, cometer errores en un ambiente educativo es fundamental para mejorar cada vez más.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size">Aprender equivocándose y luego realizar una retroalimentación hace que tengamos una mejor comprensión y retención, mejorando nuestra memoria y haciéndonos más tolerantes a fallar.</p>
</blockquote>



<p><br>Esta teoría de aprender fallando la pude vivir yo misma, ya que varias veces sentí que mis aportes a la discusión no eran lo suficientemente controversiales como para ser importantes, y probablemente no lo fueron. Pero esa es la idea: equivocarse para poder mejorar cada vez más. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Escuela de Argumentación</strong></h2>



<p>En los Modelos ONU, congresos, senados o asambleas no se trata de basarse en opiniones personales; al contrario, se trata de representar los pensamientos y posturas de un país o de alguien distinto a ti. Adoptar la visión de otro te hace comprender que no todo es blanco o negro, que existen matices que muchas veces no salen a la luz. </p>



<p>Defender un país en un Modelo ONU no consiste únicamente en ganar el premio a delegado destacado; se trata de estar abierto al diálogo y la negociación, de ser comprensivo con la postura de los demás y, lo más importante de todo, de respetar cada opinión como si fuera propia.</p>



<p>Al hablar de mi experiencia en los modelos de Naciones Unidas y cómo estos me han ayudado, resulta indispensable contextualizarla en el marco de la situación global que enfrentamos hoy. La modernidad está cargada de odio hacia el otro, de intolerancia hacia lo diferente, de violencia a lo ajeno. Estamos en una época donde hemos olvidado los errores cometidos en el pasado, hemos dejado de lado nuestra historia y seguimos cometiendo las mismas atrocidades.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En la actualidad</strong></h2>



<p>Al observar las noticias, saturadas de conflictos armados, hambrunas, crisis humanitarias, genocidios y desplazamientos forzados, no puedo evitar sentirme profundamente decepcionada y agobiada por el estado actual del mundo y el rumbo al que ha conducido nuestra sociedad. </p>



<p>Y sé que este no es solo mi caso, ya que muchos jóvenes sentimos miedo del mundo al que nos enfrentamos, porque si se supone que la humanidad evoluciona con cada día que pasa, ¿Cómo será nuestra sociedad en unos años? ¿Por qué resulta tan difícil comprender al otro y, a la vez, tan sencillo atacarlo?</p>



<p>Para muchos, esta situación puede parecer desalentadora; sin embargo, desde mi corta experiencia como estudiante de 17 años, creo firmemente que, mediante la empatía, el diálogo y la negociación, todo puede mejorar gradualmente. Tengo esperanza en mi generación, una generación llena de jóvenes líderes dispuestos a cambiar el mundo con el poder de su voz.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Unesco Center For Peace Summer Camp</strong></h2>



<p>En julio de este año, tuve la maravillosa oportunidad de asistir a UCP (Unesco Center For Peace Summer Camp), un campamento de verano organizado en Washington D.C. por la Unesco. Por dos semanas, más de 300 jóvenes de todos los rincones del mundo fuimos convocados para encontrarnos en un espacio diseñado para el diálogo, el intercambio cultural y la educación. </p>



<p>Personas de países que nunca me hubiera imaginado conocer como Ghana, Vietnam, Etiopía o Líbano, me hicieron creer que un cambio hecho por los jóvenes es real y está muy próximo a suceder. Por más que kilómetros de distancia separan nuestros países, todos nosotros tenemos un objetivo en mente: romper el silencio ante las injusticias del mundo. </p>



<p>Conocí mentes brillantes, cargadas de ideas y fuerza, que no llegaron a este campamento en busca de un reconocimiento efímero, sino con la firme intención de formarse como líderes del presente. Porque, aunque digan que los jóvenes somos el futuro, somos el presente que puede encender la chispa del cambio real; no somos espectadores pasivos de las injusticias, sino voces que se alzan para transformar el mundo.</p>



<p>Aunque no siempre lo parece, gran parte de los problemas a nivel mundial, incluido el bullying, tienen su raíz en la falta de comunicación. Cuando las personas no se escuchan entre sí, ni hacen el intento de entender al otro, se generan malentendidos, miedo y desconfianza que abre la puerta a la violencia y al acoso. La incapacidad para expresar nuestras emociones, necesidades y diferencias de manera respetuosa hace que esas tensiones se transformen en agresión o exclusión. Podemos ver cómo el poder que una persona siente sobre otra, o la creencia de que su pensamiento es mejor que el de los demás, genera división en nuestra sociedad, creando cada vez más una comunidad polarizada.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Alteridad</strong></h2>



<p>Un concepto filosófico que explica perfectamente la falta de empatía en nuestra sociedad es la alteridad, esencial para entender muchas de las dificultades que enfrentamos hoy en día.</p>



<p>Esta se refiere al despertar del individuo cuando comprende que su existencia no es única en el universo; existe también el otro que tiene sus propias perspectivas, opiniones y vivencias. Al reconocer la existencia del otro, empezamos a replantearnos nuestra propia existencia, nuestra identidad y cómo nos relacionamos con nuestro alrededor. La alteridad permite cambiar o alternar entre la propia perspectiva y la del otro.</p>



<p>Todo esto implica que el individuo se pueda posicionar en la perspectiva del otro, así entendiendo el mundo a través de una mirada diferente en relación con la propia. Este concepto invita a salir de nuestro centro, a reconocer que no somos los únicos protagonistas del mundo, sino que existe el otro, con sus propios pensamientos y sentimientos que merecen ser respetados y comprendidos. Para que realmente la alteridad sea aceptada se requiere voluntad y, sobre todo, la disposición a cuestionar nuestras creencias y prejuicios.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-plain is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size">Cuando predomina la individualidad y el egoísmo, la alteridad es un acto valiente para construir relaciones más humanas. </p>
</blockquote>



<p>A partir de ella se puede aprender a escuchar con atención al otro además del yo, comprender el dolor ajeno y actuar con compasión, acciones que hacen falta cuando conflictos como el bullying, la discriminación o la indiferencia suceden. Es el motor que impulsa a jóvenes a ser líderes del cambio, siendo capaces de romper barreras y silencios, y de construir un mundo donde la diversidad sea valorada y cada voz tenga poder.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Responsabilidad Crítica</strong></h2>



<p>Los espacios de debate, como los modelos ONU, crean un ambiente ideal para enseñarle a los jóvenes a dejar el miedo atrás; son forjas donde se templa la voz y se moldea el carácter. Con tan solo ponerse en la posición de otro país en un problema actual, están entendiendo lo que es la alteridad, simpatizando con perspectivas que, si no fueran por estos espacios, nunca hubieran cruzado su mente. Participar en debates y discusiones significa sembrar semillas de esperanza en un terreno árido, que con el tiempo crecerán para convertirse en un jardín diverso de ideas y respeto.</p>



<p>Solo atreviéndose a hablar y a alzar la voz por el otro se están cambiando las dinámicas sociales, las cadenas invisibles que nos mantienen cautivos.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Lo que puedo hacer yo, como estudiante que les habla mediante este artículo, es invitarlos a que, por más pequeños o grandes que sean, se atrevan a incomodarse, a defender posturas opuestas a sus ideales, a negociar y dialogar con personas diferentes, y a argumentar siempre con respeto y empatía. Porque solo con estas acciones será posible <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">romper el silencio</a>.</p>
</div></div>



<h3 class="wp-block-heading">Referencias</h3>



<ul class="wp-block-list has-small-font-size">
<li>Metcalfe, J. (2016). Learning from Errors.<em> Annual Review Of Psychology,</em> 68(1), 465-489. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-010416-044022</li>



<li><em>Los estudiantes precisan mejor protección contra la violencia y el acoso escolar.</em> (2024, 6 noviembre). Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2024/11/1534071</li>



<li>De Enciclopedia Significados, E. (2024, 23 septiembre). <em>Alteridad (filosofía): Qué es y Ejemplos.</em> Enciclopedia Significados. https://www.significados.com/alteridad/</li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119971</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Sep 2025 18:57:36 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/03103752/onu2.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuando alzar la voz se vuelve un acto de valentía]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La violencia política en Colombia y el matoneo escolar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El aniversario del asesinato de Jaime Garzón y el último adiós a Miguel Uribe Turbay son dos caras de un mismo monstruo: en Colombia algunos recuerdos saben camuflarse bajo la arena de las pesadillas para tarde o temprano saltar con las fauces abiertas, dejándonos saber que nunca dejaron de ser parte de nuestra realidad. A [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-large-font-size">El aniversario del asesinato de Jaime Garzón y el último adiós a Miguel Uribe Turbay son dos caras de un mismo monstruo: en Colombia algunos recuerdos saben camuflarse bajo la arena de las pesadillas para tarde o temprano saltar con las fauces abiertas, dejándonos saber que nunca dejaron de ser parte de nuestra realidad.</p>



<p class="has-medium-font-size">A pesar de Nobeles de paz, negociaciones, nuevas constituciones, corazones grandes y manos firmes, paces totales y otras ilusiones que en su momento nos unieron (más o menos) como país, hoy debemos admitir que Colombia se resiste a sanar su fijación a la violencia. Seguimos sin tener un instante de sosiego.</p>



<p class="has-medium-font-size">La Defensoría del Pueblo reportó 181 líderes y defensores asesinados en 2023; Amnistía Internacional recogió 186 denuncias de la ONU entre enero y noviembre de 2023. Un próximo informe de la Fiscalía habla de por lo menos 189 homicidios de personas defensoras de los derechos humanos en 2024. La ONU-DH verificó 191 denuncias en 2023 y 129 denuncias a 31 de julio de 2025 (lo que proyecta un año tan malo o peor que 2024). </p>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Seguimos siendo el país que entierra a sus voces más poderosas</h2>



<p class="has-medium-font-size">La violencia política es a la realidad nacional lo que los casos de matoneo escolar que llegan a suicidios o fallos en las Cortes son a los Colegios: entendemos la dimensión de ser una nación adversa a una vida política sana solamente cuando ocurre un magnicidio. Volvemos a conversar sobre la necesidad de crear entornos educativos cálidos y seguros solamente cuando hay que lamentar la decisión de un joven o cuando la Corte Suprema clama desde su púlpito algo que se hubiera podido contener teniendo un ambiente escolar más empático.</p>



<p class="has-medium-font-size">Las provocaciones tóxicas en medio de un debate o un disparo directo a un candidato no son el resultado de impulsos, no son reacciones en caliente. Sin importar la dimensión, son actos calculados con minucia estratégica para poner a tambalear a un amplio segmento de la sociedad. </p>



<p class="has-medium-font-size">Este lado macabro de la capacidad para calcular, planear y ejecutar de manera conspirativa tiene su homólogo en las aulas y los patios de los Colegios: alguien señala a un “culpable” (de ser débil, de ser incapaz, de romper la homogeneidad), otros aplauden, avanza el castigador, la masa se organiza, los observadores (que siempre son los más numerosos) permanecen al margen o se retiran.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Cambian los escenarios, pero se repiten algunos patrones psicológicos y sociales</h2>



<p class="has-medium-font-size">La necesidad de control, búsqueda de estatus, desenganche moral, efectos de imitación y recompensa de grupo. En estas ocasiones el grupo también encuentra su placebo: una comunidad se cohesiona rápidamente celebrando la caída de lo que creían su amenaza o contemplando la levitación de una figura de salvación, incluso si ésta empuña el doble filo del justiciero omnipotente.</p>



<p class="has-medium-font-size">Karen Douglas y otros académicos de la psicología social han reunido suficientes pruebas de que estas dinámicas paranoicas y conspirativas prosperan sobre todo cuando las personas sienten falta de control, ansiedad y amenaza, emociones que son fáciles de generar en colegios y universidades.</p>



<p class="has-medium-font-size">Un complot político y un caso de matoneo comparten una debilidad: la fortaleza de su red se rompe de un tirón si en su etapa más temprana alguien corta la primera alianza que le da fuerza al resto del tejido. Si en los primeros pasos del atentado alguien denuncia, las consecuencias, la lista de culpables y víctimas, los daños y el dolor serán mínimos comparados a los que hubieran causado las explosiones. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-medium-font-size"><em>Si en los primeros minutos del matoneo algún estudiante “bystander” juega el papel de mediador o busca la ayuda de un adulto el caso nunca escala hasta dimensiones lamentables.</em></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading has-large-font-size">Ya podemos celebrar algunos avances contra esa violencia en las instituciones educativas</h2>



<p class="has-medium-font-size">Muchos de nuestros hijos cuentan con herramientas y narrativas que hace años sonaban a tecnicismos sin audiencia. Con todo, debemos multiplicar esfuerzos para trabajar en lo que algunos autores conocen como “el desenganche moral”: las racionalizaciones que permiten agredir y que construyen una lógica que justifica la agresión como la complicidad de los espectadores. “Solo era una chiste”, en el caso de una ofensa; “¿quién le manda a vestirse así?”, en el caso de una violación; “eso le pasa por hacer chistes con eso”; “eso le pasa por hacer campaña en ese barrio”.</p>



<p class="has-medium-font-size">Intervenciones escolares bien diseñadas, sobre todo las que buscan que los espectadores aprovechen su poder como miembros de una comunidad, reducen perpetración y victimización; trabajar con espectadores cambia normas y corta patrones, exactamente lo que necesitamos en foros, redes y política.&nbsp;</p>



<p class="has-medium-font-size">Donde hay un compromiso serio con la educación y la concepción de los <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegios</a> como fuentes de valores de respeto y convivencia, la violencia política tiende a ser menor. En Colombia, ya se trabaja en la implementación de políticas educativas obligatorias para el manejo de las emociones.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Sin embargo, para formar a niños y jóvenes activos contra el <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/tecnologia/">matoneo</a> (y en el futuro adultos contra la violencia política) hay que seguir fortaleciendo la conciencia y el poder que los espectadores tienen para convertirse en fuerzas de intermediación y resolución. Esta puede ser la manera de deshacer el nudo de nuestra soledad, salir de nosotros mismos y aprovechar otra oportunidad sobre la tierra.</p>
</div></div>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Fuentes</strong></h3>



<p><a href="https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8669765">https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8669765</a></p>



<p><a href="https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39327928">https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39327928</a></p>



<p><a href="https://www.researchgate.net/publication/366973619_The_indirect_association_between_moral_disengagement_and_bystander_behaviors_in_school_bullying_through_motivation_Structural_equation_modelling_and_mediation_analysis">https://www.researchgate.net/publication/366973619_The_indirect_association_between_moral_disengagement_and_bystander_behaviors_in_school_bullying_through_motivation_Structural_equation_modelling_and_mediation_analysis</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=119301</guid>
        <pubDate>Fri, 15 Aug 2025 19:09:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/15140839/image0.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La violencia política en Colombia y el matoneo escolar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
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