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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Tue, 22 Sep 2026 04:06:39 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for por+mi+culpa | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Abelardo y la prensa cortesana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-y-la-prensa-cortesana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente graduó a unos medios de “amigos”, dando a entender que otros son enemigos, como si pretendiera diezmar el poder del “cuarto poder”. Cualquier amenaza a la libertad de prensa, se combate con un periodismo capaz de irritar a los poderosos, no de confabularse con ellos. ¿Estamos en la era del periodismo low-cost?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><em>“En el entorno político actual hay una falta de respeto por la independencia de la prensa. Y hay una disposición a atacar a los periodistas por informar. Todo ello contribuye a formar un ambiente aterrador para los periodistas y las fuentes”:</em> <strong>Ronald Farrow, Premio Pulitzer al Servicio Público (2018).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Amanecimos con la noticia de que no hay noticias, porque están prohibidas las ruedas de prensa en este gobierno. Si eso no es obstrucción al periodismo, ¿Qué es?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una agresión evidente contra la prensa y un saboteo al derecho a la información. &nbsp;¿Por qué el país no está conversando sobre esto? ¿Por qué algunos opinadores, siendo periodistas, parecen estar del lado del poder y no de la prensa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertos columnistas de El Tiempo, por ejemplo, parecen más bien asesores de imagen del presidente Abelardo De la Espriella, cual cortesanos. Tres botones para la muestra, porque el espacio es corto para juntarlos a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de sus columnas, la abogada María Isabel Rueda, experiodista ella, en lugar de defender a la prensa de los atropellos del presidente, le manda a decir -palabras más, palabras menos- que su éxito consistirá en comunicar bien los mensajes. Y le recuerda que para eso está el periodismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, como si la prensa fuera la bella Cenicienta del poder, esa cohorte que aplaudía al rey, incluso cuando el rey era indigno de aplausos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Bob Woodward y Carl Bernstein se hubiesen comportado como lisonjeros, el caso Watergate sobre espionaje político no habría existido, y el presidente Richard Nixon jamás habría sido obligado a dimitir. <em>“Los buenos ganaron”,</em> resumió un periodista de la época. The Washington Post alentó a sus reporteros a bucear en las alcantarillas. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>El Espectador</strong> no hubiese investigado y denunciado los malos manejos del Grupo Grancolombiano en los años 80, ese crimen financiero habría quedado impune y los culpables libres, haciendo fiesta con el dinero de los ahorradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debe recordarse como lo que es: una de las grandes gestas del periodismo colombiano. Don Guillermo Cano enseñó que se puede ejercer un periodismo aséptico e incorruptible. Sabemos el precio que pagó por estar del lado correcto. La única forma de honrar su memoria y valentía es a través de un periodismo confiable, responsable y ético. Son las tres armas del buen periodista. Saltarse cualquiera, significa amputar el alma del oficio: la confianza del público. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a una especie de <em>periodismo de bajo costo (low-cost</em>); es decir, sin principios, sin ética, alejado de las buenas prácticas y despojado de todo aquello que es la razón de ser de la prensa: la conciencia crítica y moral de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro oficio no existe para ser vil, sino para servir de escudo a la sociedad ante los excesos del gobernante de turno. De eso hablamos cuando hablamos de periodismo independiente. Lo demás ¿es periodismo o habrá que redefinir qué entendemos por periodismo hoy?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Al gobierno le conviene mantener una permanente conversación, diálogo e interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo”,</em> </strong>afirma la periodista María Isabel Rueda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo es un contrapoder, a diferencia del columnismo que suele utilizarse como trinchera ideológica para defender a unos y atacar a otros; es decir, para ejercer el activismo y la oposición de manera simultánea, a veces con más rabia y sesgo que rigor y seriedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda hace gala de una supuesta independencia: <em>“&#8230;los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio”.</em> Queda muy mal parada cuando, varias líneas después, sugiere que unos ministros <em>“deben hablar mucho y otros muy poco”</em>. Como quien dice: este de aquí que se calle y el de allá que hable por los demás. Leer para creer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Baste decir que hace rato la señora María Isabel dejó de informar para dedicarse a pontificar sobre lo divino y lo mundano, poniendo en evidencia sus malquerencias políticas. No es la única que cumple bien su papel de cortesana. Desde las páginas de El Tiempo la acompañan Juan Lozano y Mauricio Vargas, cada cual desde su esquina. El doctor Lozano usa su editorial en La FM para hablar como el expolítico que es, aunque nunca se sabe cuánto tiempo le falta para regresar a esas lides o, aún mejor, ingresar a la cómoda vida diplomática, como su abuelo, Juan Lozano y Lozano, quien fue político, periodista, militar y poeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda, Vargas y Lozano fueron opositores despiadados durante el gobierno de Petro y ahora actúan como benefactores en el de Abelardo. Ojalá en alguna facultad de comunicación se tomen el trabajo de poner a los estudiantes a analizar el mal llamado “periodismo de opinión” en Colombia. Empecemos por enseñarles que el activismo que muchos ejercen desde las páginas editoriales de los periódicos, incluso desde la radio y la televisión, no es periodismo, por más que utilicen los mismos vehículos para difundirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3"><strong>La prensa es la conciencia crítica y moral de una sociedad.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​En su columna dominical “Optimismo sí, pero bien informado”, no hay un solo reproche de María Isabel Rueda al gobierno del “Tigre” por la forma solapada como se impone la censura de prensa en Colombia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Recoge<a href="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette"> <strong>El Espectador</strong></a><strong>: </strong><em>“Según lo investigado por este medio, el Gobierno&nbsp;“determinó que no se den ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no sean ‘amigos’, salvo que sea para un tema estratégico y previamente autorizado por la presidencia. Asimismo, se le comunicó a los asistentes a la reunión que durante los eventos, recorridos, inspecciones, en donde haya presencia de los medios de comunicación,&nbsp;los ministros solamente podrán dar una declaración (buscando que sea lo más completa posible) pero sin lugar a preguntas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma semana en que <a href="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico" data-type="link" data-id="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico">Donald Trump les negó el acceso a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW&#8217;y Político</a>, en Colombia el director del DANE fue echado del puesto <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/" data-type="link" data-id="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/">por  incumplir la directiva presidencial que les prohíbe a los altos funcionarios suministrar información a la prensa.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un texto titulado <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota">“Las llamas del fascismo en Bogotá”</a>, Guillermo Pérez Flórez nos recuerda que las dictaduras empiezan por aniquilar a la oposición y silenciar a la prensa.&nbsp;Esto escribió en 2022 sobre el fatídico día de 1952 en que ardieron los edificios de <strong>El Espectador </strong>y El Tiempo en la capital. <em>“Para algunos sacerdotes, los liberales eran masones, comunistas y ateos, y su eliminación física era legítima”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XX no hay que llegar a tales extremos. Basta con poner en la calle a cualquier periodista entrometido. Callarlo o arrinconarlo, sin necesidad de eliminarlo. Está pasando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo más grave es que el gobierno de Abelardo De la Espriella ya logró consolidar una mayoría aplastante en el Congreso, con el respaldo de 186 de las 286 curules que conforman el Senado y la Cámara. Así, cualquier caprichito del señor presidente sería “pan comido”. Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4"><strong>El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa.   </strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>​Las víctimas del régimen</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos hacer un retrato <em>havladdo</em> de las primeras víctimas de la censura oficial en el primer año del Tigre; de seguir así, la lista crecerá antes de Navidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los episodios sobre la salida de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, más la echada del caricaturista <em>Vladdo</em> de Noticias RCN, caerán en el olvido. Quedó flotando en el ambiente la sospecha de que salieron por “ser enemigos”; ni el presidente de la República, ni la emisora, tampoco el canal, se tomaron la molestia de desmentir los rumores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar la dicha, gremios como el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, caminan de puntillas frente al tema. Como quien dice, con esos colegas, para qué enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vladdo se pasó a la revista Cambio y sobrevive su personaje de Aleida en el diario El Tiempo, una caricatura que en realidad a nadie mortifica. Los trazos de Matador sí atormentaron a Iván Duque y por eso despidieron al caricaturista Julio César González de ese diario en 2023, otra anécdota más para el anecdotario nacional.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Creo que informar a la gente es la única esperanza que tenemos”:</em> </strong>Ronald Farrow, periodista estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo no está para ser monedita de oro; debe estar del lado de la sociedad, dispuesto a denunciar los abusos del poder, pase lo que pase, pésele a quien le pese. El gobierno tiene la obligación de hacer bien su tarea. Punto. Y el periodismo debe sentirse obligado a hacer bien la suya. Punto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hagan mal el presidente y los suyos, la ciudadanía tiene el derecho de saberlo y el periodismo la obligación sagrada de comunicarlo. Ese es el deber ser de la prensa. Si renuncia a eso, cae en la propaganda</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El periodismo no debe prestarse para lavar caras. Su trabajo consiste en descubrir quién usó el tapete para tapar el vómito. El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa. &nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6"><strong>Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates.</strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>La prensa cortesana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​María Isabel Rueda, Juan Lozano y Mauricio Vargas escriben tan parecido que se asemejan hasta en sus odios políticos, los cuales inoculan al lector/elector desde sus tribunas de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ninguno de los tres, a pesar de haber vivido del periodismo casi toda su vida, ha planteado una crítica seria y tajante ante el trato descortés del presidente con la prensa, primero como político en campaña y ahora como jefe de Estado en ejercicio.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios”:</em> </strong>David Jiménez, periodista español, ex director del diario El Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El más osado de todos es Mauricio Vargas, a quien le dieron página entera de El Tiempo para descargar su veneno contra el expresidente Ernesto Samper por el Proceso 8000. En una carambola mágica ata ese episodio a Gustavo Petro y al excandidato presidencial Iván Cepeda, a quien llama &#8220;senador comunista&#8221;. Si en las redacciones existiera la figura del verificador de datos, esas etiquetas sí tendrían que corregirse por faltara la verdad. Por lo demás, a De la Espriella lo llama abogado a secas, sin reparar en su pasado, ni en su presente que lo ata al señor Alex Saab, quien se declaró culpable de lavar dinero ante la justicia gringa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Antes de ser director de <em>Semana</em>, Vargas fue consejero de prensa del presidente Cesar Gaviria, lo cual permite concluir que en Colombia periodismo y política se dividen la cama sin reproches, o al menos comparten la misma cobija, sin reparar en lo dañino que son los matrimonios por conveniencia. Si algún periodista se siente libre de pecado, que tire la primera piedra, a ver quién resulta descalabrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El voto de silencio nunca será una opción para los periodistas. Que lo cortés, no nos quite lo valiente para desenmascarar los excesos de cualquier gobierno, cueste lo que cueste. Si en palacio alguien se cree príncipe, los reporteros no tienen porqué comportarse como&nbsp;bufones.&nbsp;Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133228</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:25:33 +0000</pubDate>
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        <title>AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/aqui-descansa-mi-cabecita-rota-by-t-d-m/</link>
        <description><![CDATA[<p>“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral *&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo. El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral</p>



<p class="wp-block-paragraph">*&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y con un diagnóstico psiquiátrico de bipolaridad. Un cuerpo que toma bupropión todas las mañanas desde hace 3 años, que bordó porque no se podía levantar, y que convirtió su almohada amarillenta de sudor y lágrimas en escultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la obra de TITO está atravesada por una misma materia: el hilo. *La exposicion presenta 15 obras que revelan la intimidad de un ser que fluye arte.*Pues el ARTE es ÉL…</p>



<p class="wp-block-paragraph">*La mirada sobre&nbsp;&nbsp;cada una de ellas nos lleva a dialogar con el autor y comprender su ser en cinco facetas: el cuerpo como mancha, el cuerpo dividido, el cuerpo quimico, el cuerpo carta y el cuerpo almohada.*</p>



<p class="wp-block-paragraph">*De ellas, la propuesta es descubrirlas a través de las siguientes cinco obras; advirtiendo que son solo una llave para adentrarnos en un mundo de sueños y realidades.*</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="715" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132974" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=300,210 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=768,536 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=1024,715 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*1. EL CUERPO COMO MANCHA &#8211; &#8220;No me puedo levantar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición abre con el grito. Una mancha roja de acuarela que no es metáfora, es sangre coagulada en papel. Aquí aparece el Tachismo, la mancha sin plan previo, emoción pura. Es el día exacto en que el cuerpo dijo no. La culpa infinita por descansar, la necesidad de trabajar como máquina para justificar la existencia. Es el derrame incontrolable frente a la ansiedad contenida.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="760" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132975" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=768,570 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=1024,760 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*2. EL CUERPO DIVIDIDO &#8211; &#8220;Bipolar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la mancha pasamos a la figura. Dos siluetas de rodillas, enfrentadas. Una es solo contorno, la otra es bloque rojo sólido. ¿Alter ego? ¿Espejo? ¿Amante y amado? Son dos TITOS postrados, con la cabeza echada hacia atrás en un alarido mudo, con la columna doblada por la cifoesclerosis. El vapor rojo que las envuelve es la misma gasa de las otras obras, pero aquí contiene una herida psicológica. Se toman de la mano en el centro para no caer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="728" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132976" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=300,213 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=768,546 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=1024,728 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*3. EL CUERPO QUÍMICO &#8211; &#8220;Bupropión retrato&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quiebre pop de la muestra. Si el dolor era mancha y la bipolaridad era figura, aquí el cuerpo se vuelve objeto de consumo. Un frasco de Wellbutrin dibujado con la síntesis gráfica más radical. Es un autorretrato. Warhol tomó la sopa Campbell&#8217;s y la hizo icono. TITO toma su antidepresivo atípico y lo hace cuerpo. El envase deja de ser producto y se vuelve la piel que pasa de un cuerpo a otro cada mañana. Lo banal se vuelve sagrado. Lo que lo sostiene de pie.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="761" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132977" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=768,571 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=1024,761 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*4. EL CUERPO CARTA &#8211; &#8220;Te necesito&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El centro emocional de la escritura. Una tela blanca, durísima de bordar, donde cada puntada dolió. Como las planas de castigo del colegio, repite obsesivamente _te necesito te necesito_. Al principio era para otros que se fueron, para escapar de la soledad. Al final, bordando, entendió que se hablaba a sí mismo. El hilo negro se vuelve crudo y luego blanco, casi invisible. El mensaje legible se vuelve conversación interna. Los hilos sueltos que rayan la superficie son el papel arrugado, la carta que se estruja y no se envía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="953" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132979" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=300,279 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=768,715 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=1024,953 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*5. EL CUERPO ALMOHADA &#8211; &#8220;Acá descansa mi cabecita rota&#8221; [OBRA CENTRAL]*</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos al objeto que da título a todo. Esta almohada no es utilería. Fue usada 5 años desde que regresó de Inglaterra. Está amarilla como piel, rellena de carne, dolor, cansancio, ataques de pánico, delirios, pero también de risas y de amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un cuerpo blando y agotado que no pide permiso para existir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre ella, en letra negra y legible, está bordado: _Acá descansa mi cabecita_&#8230; y una palabra tachada con furia, en mayúscula, casi ilegible &#8211; ROTA/RATA &#8211; y reescrita debajo, en minúscula, humilde: _rota_. La sutura blanca que la cruza en vertical es la cicatriz final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si en &#8220;Te necesito&#8221; el bordado era para inmortalizar el mensaje, aquí el bordado es para hacer las paces. Para desprenderte de ser perfecto. Para inmortalizar lo que se nos enseña a esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">*En conjunto,* &#8220;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221; es una cartografía de cicatrices. Una exposición cosida a mano, con tinta roja que es sangre, con hilo negro que es sutura, y con telas que son piel. No busca compasión. Busca decir: este es mi cuerpo vulnerable, este es el lugar donde descanso, y desde aquí vuelvo a ponerme de pie para seguir siendo artista.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una EXPO a transitar en un MOMENTO del MUNDO que cada dia mas requiere del ARTE para pasar malos TRAGOS que no son ninguna PINTURITA…!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132980" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg 4160w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=300,169 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=768,432 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1024,576 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1536,864 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=2048,1152 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y como creemos que esta MUESTRA es de ANTOLOGIA a PUES DESCALZOS aquí este FINAL a toda ORQUESTA, con su PREFERIDA…</p>



<p class="wp-block-paragraph">CHAPEAU SHAK…&amp; TITO</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Shakira - Pies Descalzos, Sueños Blancos (Official HD Video)" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/eCna-hsmGUY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="646" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?w=646" alt="" class="wp-image-132981" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg 751w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=189,300 189w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=646,1024 646w" sizes="auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132982" style="aspect-ratio:0.400390625" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=240,300 240w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=768,960 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=819,1024 819w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1593.jpeg?w=300" alt="" class="wp-image-132983" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132970</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 19:55:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a298231b-608d-4223-a546-37efd8b34ec8.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132970</post-id>    </item>
        <item>
        <title>UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &amp;#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&amp;#8221; O &amp;#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&amp;#8221; *</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/una-buena-noticia-entra-en-vigor-para-colombia-la-convencion-de-las-naciones-unidas-sobre-acuerdos-de-solucion-de-controversias-resultantes-de-la-mediacion-o-convencion-de-singapur/</link>
        <description><![CDATA[<p>La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos de solución de controversias mediadas internacionalmente para resolver disputas comerciales</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien, existen varios mecanismos alternativos sobre Solución de controversias (como el arbitraje y la conciliación), tales como la Convención sobre el&nbsp;Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras o Convención de Nueva York (1958); la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (1966); la Ley Modelo sobre Conciliación Comercial Internacional (2002), entre otros; es una muy buena noticia, que la Convención de Singapur entre en vigor para Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención fue aprobada mediante la Ley 2309 del 02 de agosto de 2023 y declarada exequible mediante la Sentencia C-418 del 3 de octubre de 2024. En virtud de lo previsto en el artículo 14 de la Convención, la misma entra en vigor seis meses después de la fecha del depósito del instrumento de ratificación, vale decir, que Colombia lo depositó en la Secretaría General de las Naciones Unidas el 12 de marzo del 2026 y, por lo tanto, <strong>hoy 12 de septiembre de 2026, entra en vigor para nuestro país, lo que nos convierte en el número 21 de los Estados Parte</strong><a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, como su nombre lo indica, promueve la Mediación como un método alternativo para la solución de las controversias (MASC), brindando carácter vinculante a acuerdos privados que alcancen las partes mediante lo que podemos llamar un pacto o transacción.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuál es entonces el valor agregado de la Convención frente a otros mecanismos existentes de solución de controversias?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la Mediación como la Conciliación son mecanismos para la resolución de controversias que recaen sobre derechos discutibles y transigibles. La Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, que es el órgano legal principal del sistema de las Naciones Unidas en el campo del derecho comercial, ha considerado que Mediación y Conciliación son conceptos similares o intercambiables<a href="#_ftn3" id="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>. En el ordenamiento jurídico colombiano son mecanismos que han tenido diferente desarrollo normativo. La conciliación ha sido ampliamente desarrollada desde el año 1991, y a la mediación se le han otorgado efectos jurídicos en normas como la Ley 1801 de 2016<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> (Código Nacional de Policía); la Ley 906 de 2004<a href="#_ftn5" id="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> (Código de Procedimiento Penal) y el Decreto 915 de 2017<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> (Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, que según su artículo primero, es aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las Partes con el fin de resolver una controversia comercial (“transacción”) y que al momento de celebrarse sea internacional, resalta en el preámbulo que el uso de la mediación produce beneficios importantes, como disminuir los casos en que una controversia lleva a la terminación de una relación comercial, facilitar la administración de las operaciones internacionales por las partes de una relación comercial y dar lugar a economías en la administración de justicia por los Estados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo en el cual las transacciones comerciales internacionales son diarias es de la mayor importancia reafirmar la ventaja de contar con un sistema comercial intencional basado en reglas, entre ellas, procedimientos adicionales al litigio y al arbitraje, como la mediación, que siendo ágil permite tramitar las controversias. El efecto positivo es doble, pues cuando se brinda seguridad jurídica en Estados (con sistemas económicos y ordenamientos jurídicos diferentes), se fomentan a la vez las inversiones privadas de capital y precisamente, la Convención procura la armonización legislativa de las reglas sobre comercio internacional en un aspecto definitivo como es el de la resolución pacífica de los conflictos que de allí surgen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención conlleva ventajas que desde su entrada en vigor internacional son evidentes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Permite que un acuerdo de conciliación internacional alcanzado por las partes comerciales pueda aplicarse o invocarse con un procedimiento simplificado y ágil. Sin ello, los acuerdos de conciliación tendrían que hacerse cumplir como contratos ordinarios a través de procesos judiciales onerosos y largos.</li>



<li>Promueve el comercio internacional, ya que las partes saben que cuentan con mayor seguridad al tener la mediación como una opción adicional a la del arbitraje o el litigio, para resolver sus disputas comerciales.</li>



<li>Se fortalece el acceso a la justicia y la certeza jurídica.</li>



<li>La mediación no se contrapone al arbitraje, e incluso se complementan, ya que las partes pueden intentar la mediación dentro de un proceso de arbitraje, es decir, el proceso puede dar como resultado un acuerdo mediado que se ejecute bajo la Convención de Singapur o un laudo arbitral que se ejecute bajo la Convención de Nueva York.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las partes podían resolver disputas mediante la mediación, no se tenía una manera uniforme de hacer cumplir el resultado en diferentes jurisdicciones por lo que en muchas ocasiones no se optaba por la mediación para resolver disputas internacionales, con la Convención ese obstáculo se disipa y además por la Convención, los acuerdos que resulten de la mediación son ejecutables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, en el mundo de las transacciones comerciales cada vez más se utilizan acuerdos de mediación independientes o se encuentra la mediación en las cláusulas de resolución de disputas, (antes de llegar al arbitraje o al litigio) y la Convención de Singapur les da a estas cláusulas un valor práctico.&nbsp; La aplicación de la Convención resulta crucial en la promoción de una cultura, en el mundo del comercio y la economía internacional, que favorezca la resolución amistosa de los conflictos lo que a su vez contribuye a preservar las relaciones, los socios y los negocios internacionales, así como a fomentar la inversión extranjera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">* <strong>Margarita Eliana Manjarrez Herrera</strong> es abogada egresada de la Universidad de los Andes en Bogotá, con maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia. Funcionaria de la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, ha sido directora de Asuntos Migratorios y Consulares, directora de Control Interno, jefe de Tratados, coordinadora en Derechos Humanos, cónsul en Nueva York, cónsul en Berlín, consejera en la Misión de Colombia ante la OEA, embajadora de Colombia en Israel, directora de Organismos Regionales y actualmente, es la embajadora de Colombia en la República de Singapur.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> <a href="https://www.singaporeconvention.org/jurisdictions">Jurisdiction Profiles | Singapore Convention on Mediation</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Convención de las Naciones Unidas sobre los Acuerdos de Transacción Internacionales Resultantes de la Mediación. Artículo 1. Ámbito de aplicación 1. La presente Convención será aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las partes con el fin de resolver una controversia comercial (“acuerdo de transacción”) y que, en el momento de celebrarse, sea internacional debido a que:</p>



<p class="wp-block-paragraph">a) Al menos dos de las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos en Estados diferentes; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">b) El Estado en que las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos no es:</p>



<p class="wp-block-paragraph">i) El Estado en que se cumple una parte sustancial de las obligaciones derivadas del acuerdo de transacción; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">ii) El Estado que está más estrechamente vinculado al objeto del acuerdo de transacción.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3"><strong>[3]</strong></a> ‘Mediación’ es un término que se utiliza ampliamente para hacer referencia a un proceso en que las partes solicitan a un tercero o terceros que les presten asistencia en su intento de llegar a un arreglo amistoso de una controversia derivada de una relación contractual u otro tipo de relación jurídica o vinculada a ellas. En los textos ya aprobados y demás documentos pertinentes, la CNUDMI utilizó el término “conciliación” en el entendido de que los términos “conciliación” y “mediación” eran intercambiables. Al preparar el texto modificado de la Ley Modelo, la Comisión decidió utilizar en cambio el término “mediación” para tratar de adaptarse al uso que efectivamente se hace de estos términos en la práctica y con la expectativa de que el cambio facilite la promoción de la Ley Modelo y aumente su visibilidad. Este cambio en la terminología no tiene consecuencias de fondo ni conceptuales”. <a href="https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205">https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> “ARTÍCULO 231. MECANISMOS ALTERNATIVOS DE SOLUCIÓN DE DESACUERDOS Y CONFLICTOS DE CONVIVENCIA. Los desacuerdos y los conflictos relacionados con la convivencia pueden ser objeto de conciliación y de mediación, sólo en relación con derechos renunciables y transigibles y cuando no se trate de situaciones de violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> “ARTÍCULO 523. CONCEPTO. Mediación es un mecanismo por medio del cual un tercero neutral, particular o servidor público designado por el Fiscal General de la Nación o su delegado, conforme con el manual que se expida para la materia, trata de permitir el intercambio de opiniones entre víctima y el imputado o acusado para que confronten sus puntos de vista y, con su ayuda, logren solucionar el conflicto que les enfrenta. La mediación podrá referirse a la reparación, restitución o resarcimiento de los perjuicios causados; realización o abstención de determinada conducta; prestación de servicios a la comunidad; o pedimento de disculpas o perdón”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> “ARTÍCULO 1 numeral (xii) Participar en los Comités de Conciliación de las entidades u organismos del orden nacional, cuando lo estime conveniente, con derecho a voz y voto y actuar como mediador en los conflictos que se originen entre entidades y organismos del orden nacional”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132663</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 04:37:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/singapore-convention-.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&#8221; O &#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&#8221; *]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132663</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Presidente De La Espriella, menos espectáculo y más resultados</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/presidente-de-la-espriella-menos-espectaculo-y-mas-resultados/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya es hora de que el gobierno de De La Espriella arroje resultados frente al terremoto del 10 de agosto.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">A decir verdad, ninguna de las excentricidades o extravagancias de <strong><a href="https://www.presidencia.gov.co/">Abelardo De La Espriella</a></strong> me sorprende. Al fin y al cabo, así es él, y difícilmente cambiará porque una buena parte de los colombianos le exija mayor compostura en sus actuaciones públicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, tampoco me resultó extraño que diseñara una ceremonia de posesión con alfombra roja y&nbsp;<em>backing</em>&nbsp;fotográfico, como si se tratara de los Premios Óscar, los Billboard, los Grammy o cualquier otro espectáculo de celebridades. Mucho menos me sorprendió verlo, durante una rueda de prensa en la que anunciaba medidas de urgencia frente a la tragedia que afecta a miles de familias por el terremoto, lanzando besos al aire.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que algunos consideren ese comportamiento una estrategia de comunicación. Otros, una manera de mantenerse vigente en redes sociales. Lo cierto es que, mientras el país enfrenta una tragedia de enormes proporciones, el presidente parece empeñado en recordarnos que también sabe posar, provocar conversación y coleccionar «likes».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, más allá del espectáculo, lo que sí esperaba era algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más importante:&nbsp;<strong>resultados</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esperaba medidas rápidas para las familias que hoy viven en carpas improvisadas, que perdieron sus viviendas y que, en muchos casos, dependen de la solidaridad espontánea de otros colombianos para conseguir siquiera un plato de comida al día. Esa solidaridad ciudadana, admirable y conmovedora, no puede convertirse en sustituto de la responsabilidad del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A estas alturas, De La Espriella ya debería tener una hoja de ruta clara, concreta y verificable para que el país empiece a superar la tragedia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto. Su gabinete debería estar trabajando a toda máquina. Sin embargo, lo que hemos visto hasta ahora son contradicciones, improvisaciones y anuncios que dejan la preocupante impresión de que buena parte del Gobierno Nacional todavía no entiende las dimensiones reales del país que le corresponde administrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente anunció durante su discurso de posesión que congelaría el gasto público. Perfecto. Pero entonces vale la pena preguntar: ¿cómo se congela el gasto público cuando precisamente se necesita realizar inversiones extraordinarias para reconstruir ciudades y municipios devastados por un terremoto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después aseguró que no tenía capacidad de endeudamiento debido, según él, al excesivo derroche del Gobierno de Gustavo Petro. Y ahora aparece el anuncio de un préstamo de 200 millones de dólares del Banco Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No había capacidad de endeudamiento o sí la había? ¿El gasto se congela o se descongela cuando las circunstancias políticas lo exigen? ¿Se trata de austeridad fiscal o de austeridad selectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque gobernar no consiste en lanzar una consigna económica durante un discurso y descubrir, unas semanas después, que la realidad tiene la desagradable costumbre de contradecir los eslóganes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si de contradicciones hablamos, merece capítulo aparte la ministra de Educación, Viviane Morales, quien anunció el incremento de las clases virtuales en las ciudades y municipios afectados donde varios colegios resultaron averiados, con el propósito de evitar que niños, niñas y adolescentes interrumpan sus jornadas académicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La intención puede sonar muy bien desde una oficina con internet de alta velocidad, computador, energía eléctrica y aire acondicionado. El problema es que Colombia no se gobierna desde una presentación de PowerPoint.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Se puede hablar seriamente de educación virtual para niños y adolescentes de familias que lo perdieron todo y que hoy duermen en carpas improvisadas? ¿De dónde van a sacar los dispositivos electrónicos para conectarse a una clase? Y, suponiendo que el Ministerio de Educación tenga la generosidad de entregarlos, ¿van a proporcionar uno por cada menor de edad? ¿O una familia con tres, cuatro o cinco hijos deberá organizar una especie de campeonato olímpico para decidir quién se conecta a la clase de las ocho de la mañana?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más preocupante: ¿cómo se implementará esta estrategia en regiones como el Chocó, donde la conectividad sigue siendo una enorme dificultad? ¿Está garantizada la señal de internet en todos los municipios afectados? ¿Se verificó el estado de las redes de telecomunicaciones después del terremoto? ¿Qué ocurrirá en las zonas donde además de las viviendas colapsaron las redes eléctricas y de comunicaciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque después de un desastre natural, la primera tarea del Gobierno debería ser conocer el territorio. No imaginarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras el país intenta entender esta colección de anuncios, aparece otro episodio difícil de explicar: el descanso del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, en Santa Marta, en medio de una emergencia nacional que demanda presencia, coordinación y liderazgo. Si la imagen que se transmite es que mientras miles de colombianos duermen en carpas algunos funcionarios están disfrutando del paisaje, resulta perfectamente comprensible que la ciudadanía se pregunte dónde están las prioridades del Gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A eso se suma la desafortunada propuesta del ministro del Interior, Rodrigo Lara, a las personas de Buenaventura que perdieron sus viviendas: entregarles cemento para que ellas mismas se encarguen de reconstruirlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francamente, resulta difícil decidir qué es más preocupante: la propuesta o la tranquilidad con la que parece haberse formulado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá, siguiendo esa lógica, el próximo paso sea entregarles ladrillos a las víctimas, una pala, un casco y un manual de construcción para que el Estado pueda declarar inaugurada la reconstrucción sin tener que involucrarse demasiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Abelardo De La Espriella intenta desviar parte de la conversación nacional con su famoso «Libro Blanco», mediante el cual busca impulsar una persecución judicial contra altos funcionarios del Gobierno de Gustavo Petro y contra el propio exmandatario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que ese asunto tenga importancia y que las investigaciones que correspondan deban adelantarse. Nadie está diciendo lo contrario. Pero hay un pequeño detalle que el presidente parece olvidar:&nbsp;<strong>hoy gobierna él</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya no está en campaña. Ya no es el candidato que podía recorrer escenarios, lanzar acusaciones, señalar culpables y convertir cada declaración en un espectáculo político. Ahora es el presidente de la República. Y eso significa que las excusas, los discursos incendiarios y las estrategias de distracción tienen una fecha de vencimiento: el día en que comienzan las responsabilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país no necesita que el presidente grite más fuerte en un micrófono ni que señale a más personas como corruptas. Necesita que sus funcionarios lleguen a los territorios, coordinen ayudas, reconstruyan viviendas, restablezcan servicios públicos, garanticen la educación, atiendan a las víctimas y presenten resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, señor presidente, gobernar no es una campaña electoral permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar es tomar decisiones incómodas cuando nadie tiene ganas de tomarlas. Es reconocer los errores antes de que se conviertan en tragedias mayores. Es corregir a los ministros cuando se equivocan. Es estar donde están los ciudadanos cuando las circunstancias más lo exigen. Y, sobre todo, es responder por los resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta ahora, lamentablemente, los resultados que deberían llenar titulares brillan por su ausencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí hemos visto es la extraordinaria solidaridad de millones de colombianos que se han puesto la camiseta para ayudar a quienes más lo necesitan. Han llevado comida, agua, ropa, medicamentos y toda clase de ayudas. Lo han hecho espontáneamente, sin que nadie se los ordene y, mucho menos, porque la primera dama, Ana Lucía, haya descubierto de repente una fórmula mágica de solidaridad nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que ella también esté trabajando y que su labor merezca reconocimiento. Pero la solidaridad de los ciudadanos pertenece a los ciudadanos. No puede ser presentada como un logro personal de la Casa de Nariño ni como una extensión de la imagen presidencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Señor presidente Abelardo De La Espriella: usted quiso ser presidente de Colombia. Lo consiguió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora le corresponde la parte menos glamorosa del cargo: gobernar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y gobernar implica mucho más que una alfombra roja, una fotografía perfectamente iluminada, un beso lanzado al aire, una denuncia contra el gobierno anterior o una publicación viral en redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted administra la imagen, miles de colombianos administran la tragedia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted intenta dominar la conversación pública, ellos intentan reconstruir sus vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted anuncia, ellos esperan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras ellos esperan, el tiempo pasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, señor presidente, con todo respeto:&nbsp;<strong>menos espectáculo y más Estado; menos pose y más gestión; menos discurso y más resultados.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la Presidencia de la República no es un escenario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia, definitivamente, no está para aplaudir una función.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está esperando que alguien gobierne.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/se-quitaron-el-sombrero/">Nota recomendada: Se quitaron el sombrero</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132315</guid>
        <pubDate>Fri, 21 Aug 2026 00:31:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Presidente De La Espriella, menos espectáculo y más resultados]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
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        <title>Del conocimiento inútil al ocio fecundo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/del-conocimiento-inutil-al-ocio-fecundo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Curiosidad, ocio, conocimiento inútil y libertad de pensamiento: las ideas de Bertrand Russell sobre educación que siguen siendo, casi cien años después, sorprendentemente actuales</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La forma de enseñar, la forma de aprender y, más especialmente, la forma de educar son temas que despiertan gran interés, pero que no logran fácilmente consensos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Establecer el objetivo de la educación es el primer punto que habría que abordar en esta importante discusión. Y creo que, como en muchas definiciones, resulta más fácil identificar inicialmente todo lo que no es su objetivo. En este sentido, me parece importante retomar el pensamiento del gran matemático y filósofo británico Bertrand Russell (1872-1970), Premio Nobel de Literatura (1950), quien, en su ensayo <em>Sobre educación</em>, publicado en 1926, compartió ideas y reflexiones que aún mantienen una vigencia indiscutible.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="876" height="714" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png" alt="" class="wp-image-132150" style="aspect-ratio:1.2269214888220374;width:316px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png 876w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png?resize=300,245 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png?resize=768,626 768w" sizes="auto, (max-width: 876px) 100vw, 876px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las afirmaciones más relevantes de Russell, me identifico con ese concepto según el cual el proceso educativo no debe convertirse en un instrumento para moldear a los niños y jóvenes ni para someterlos a un adoctrinamiento, privándolos de su independencia y su libertad, e impidiendo el desarrollo de su inteligencia. La misión primera debe limitarse a educar los instintos, de modo que puedan producir un carácter constructivo y no destructivo; pero el objetivo de la educación debe ser formar seres humanos independientes y capaces. Para lograrlo, el proceso educativo debe evitar la influencia de «rebaño» en los jóvenes, y alejarlos de la tendencia a la comodidad que brinda el conformismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde temprano, al niño debe tratársele como a un adulto en potencia, respetando su personalidad y buscando su independencia. Russell resalta que la curiosidad, la amplitud de criterio, la creencia de que el conocimiento es posible —aunque difícil—, la paciencia, la habilidad, la concentración y la exactitud son los aspectos que la educación debe acentuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, los prejuicios de los padres de familia, de los educadores, de los directivos, de las iglesias y de los gobiernos son tantos que constituyen la principal fuente de los errores que afloran con frecuencia en los planes de estudio, aun cuando no sean intencionados. Y esta influencia alcanza, por supuesto, también a la educación superior. Así, por ejemplo, podría señalarse, como ya lo hizo Russell hace cerca de 100 años, que uno de los defectos más frecuentes de la educación superior moderna es el de intentar convertirla en un puro entrenamiento para adquirir ciertas habilidades, sin preocuparse por ensanchar la mente mediante un examen imparcial del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los aspectos más interesantes que abordó Russell fue el siguiente: se ocupó de reflexionar sobre el concepto de utilidad y, especialmente, sobre la importancia de lo que muchos llaman el «conocimiento inútil». A la pregunta de si es cierto que solamente el conocimiento útil es valioso, agregó de inmediato esta otra: ¿es igualmente cierto que el conocimiento valioso siempre es útil? Y, para aclararlo, expone la siguiente ilustración a partir de la obra de Shakespeare: «<em>La comprensión de Hamlet puede no ser de gran utilidad práctica, pero da al hombre un dominio mental del que sería desagradable carecer y, en cierto modo, lo convierte en mejor ejemplar humano. Y este último conocimiento es el que prefiere quien sostiene que la utilidad no es el único fin de la educación. ¡Cuánto placer se obtiene del conocimiento inútil!</em>».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El afán de conocimiento no debería ser utilitario. El conocimiento debe fructificar gracias a la investigación desinteresada, que no tiene más motivo que el deseo de comprender mejor el mundo. Los progresos puramente teóricos y las teorías espléndidas pueden encontrar más adelante una aplicación práctica, pero conservan su valor en sí mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fundamento de la vida intelectual es la curiosidad, que mantiene viva la actividad de la inteligencia. Decía el prolífico matemático alemán Carl Gustav Jakob Jacobi (1804-1851) que las matemáticas existen «por el honor del espíritu humano». Y, aunque ese no sea su principal propósito, sí reafirma que el pensamiento creativo aumenta la dignidad del ser humano, y que el placer de la comprensión es, de acuerdo con Russell, el supremo fin por el que ha de valorarse la educación de la mente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, para seguir la tesis de Russell, es indispensable comprender su idea del ocio. En 1932, Russell publicó un breve ensayo titulado <em>Elogio de la ociosidad</em>, en el que hace una interesante defensa del ocio como origen de lo que conocemos por cultura y como interés civilizado por ocuparse de propósitos no utilitarios. Descalifica el exceso de trabajo y afirma que el sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización y de la educación. Defiende la idea de que, sin una cantidad considerable de tiempo libre, una persona se verá privada de muchas de las mejores cosas de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Russell, si se quiere que la democracia sobreviva, los profesores deberíamos, por encima de todo, tratar de inculcar en los discípulos la tolerancia que surge del intento de comprender a quienes son distintos de nosotros. Se debería animar a los jóvenes a escuchar los argumentos que defienden los diferentes puntos de vista, pero advirtiendo también «<em>el peligro de la tendencia a suponer que la oposición a la autoridad es esencialmente meritoria y que las opiniones no convencionales tienen que ser correctas; no se sirve a ningún propósito útil rompiendo faroles o sosteniendo que Shakespeare no es poeta</em>».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero destacar una reflexión más, que reafirma lo expuesto y que Russell expresa con toda claridad al asegurar que «la disciplina debe ser un hábito y no una obligación». La verdadera disciplina no consiste en obligaciones externas, sino en hábitos que llevan a actividades deseables. «Antiguamente se creía que a los niños no les interesaba aprender, y que solo se decidían a estudiar atemorizándolos. Hoy se ha averiguado que la culpa no era de los niños, sino de los pedagogos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas ideas planteadas por Russell están, como lo dije al comienzo, tan vigentes como hace un siglo, y contribuyen a que las reflexiones sobre la educación —y sobre la manera como la entendemos y la brindamos a nuestros jóvenes y niños— sean el punto de inflexión para la transformación social del futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe entonces preguntarse qué habría dicho Russell sobre el uso de las herramientas modernas y de la inteligencia artificial, hoy elementos ineludibles en la educación. Es probable que no las hubiera visto como una amenaza en sí mismas, sino como él vio siempre al conocimiento: una herramienta cuyo valor depende del uso que se le dé. Si esas tecnologías se convierten en un simple atajo para evitar el esfuerzo de pensar, contradicen todo lo que defendió; pero si, por el contrario, se ponen al servicio de la curiosidad, de la comprensión y de esa independencia de criterio que tanto valoraba, quizás las habría recibido como una nueva y poderosa oportunidad para seguir educando mentes libres. Es posible, incluso, que hubiera valorado también el mayor tiempo libre que estas herramientas pueden ofrecernos, al liberarnos de tareas mecánicas, como una vía adicional hacia ese ocio fecundo que consideraba indispensable para la vida intelectual y la cultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, las preguntas de Russell siguen siendo las nuestras: ¿formamos mentes libres o simplemente entrenamos habilidades? En la respuesta que demos —hoy, con inteligencia artificial incluida— se juega buena parte del futuro que queremos construir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132149</guid>
        <pubDate>Mon, 17 Aug 2026 14:44:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Del conocimiento inútil al ocio fecundo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
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        <item>
        <title>¿Qué tan sismoresistente será el gobierno del tigre?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/que-tan-sismoresistente-sera-el-gobierno-del-tigre/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Cuál de los tres tristes tigres es el presidente Abelardo de la Espriella? El expresidente Petro lo llamó &#8220;Abelardo, el Breve&#8221;. El terremoto de 7.4 fue como un mal presagio para un gobierno camandulero que, todavía con la resaca de la celebración, recién tomaba posesión. El devastador sismo expuso las veleidades del primer mandatario.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><em>“Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. “Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra”&nbsp;(…)&nbsp;El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salía sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto! (…) Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba”: <strong>¿Cuánta tierra necesita un hombre?, cuento de León Tolstói, escritor ruso.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Alguien sabe cuánto costaron los balones de la marca “Patria Milagro” que el presidente llevó al Chocó tras el terremoto? ¿Sirvieron de algo para solucionar la crisis humanitaria? Son preguntas, el juicio vendrá después. Porque no puede ser que, gobierno tras gobierno, sigan repitiendo el disco rayado de que el país tiene una deuda histórica con el Chocó y nadie les diga que han llegado a pagarla en serio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El formidable cuento&nbsp;<em><a href="https://ciudadseva.com/texto/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/" id="https://ciudadseva.com/texto/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/">¿Cuánta tierra necesita un hombre?</a></em><strong><em>,</em></strong> escrito por León Tolstói, nos recuerda que nada nos pertenece: Nada. Ni siquiera el pedazo de tierra donde antes enterraban a la gente, porque ahora vamos sin escalas del crematorio a la eternidad, hechos polvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Dios existe –de seguro sí para el crédulo presidente de la República-, a lo mejor andaba en otra parte, sin tiempo para escuchar las alabanzas del 7 de agosto, día de su posesión. De poco sirvió invocarlo en boca de un sacerdote católico, un rabino y un pastor evangélico, pues al tercer día sobrevivo lo indecible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no culpen a Dios por lo que pasó. El periódico&nbsp;<em>El Colombiano</em>&nbsp;abrió con un titular, más literario que periodístico, que en otro tiempo habría sido herejía, <em>eh</em> <em>Ave María purísima:</em>&nbsp;<em><strong>“El día que Dios se olvidó de Pereira!”.</strong></em>&nbsp;Esa costumbre tan criolla de culpar a&nbsp;<em>Chuchito&nbsp;</em>por la incompetencia y la desidia de los gobiernos de turno, en lo municipal, departamental y nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía tengo fresca en la memoria aquella portada desafortunada de la revista Semana con la foto del presidente Iván Duque y un gran titular: “Año de aprendizaje”. Eran los tiempos en que un todopoderoso Álvaro Uribe imponía a dedo al candidato de sus afectos. Desde la elección de Gustavo Petro eso cambió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es culpa de un presidente de la República que ocurran terremotos o pandemias. Es culpa sí su improvisación, las malas decisiones o la incompetencia de algún funcionario. El comienzo de este gobierno no ha sido el mejor. Y no lo dice un detractor más, sino un medio serio como&nbsp;<em><a href="https://www.elespectador.com/mundo/america/un-terremoto-dos-colombias-las-criticas-de-the-economist-a-de-la-espriella" id="https://www.elespectador.com/mundo/america/un-terremoto-dos-colombias-las-criticas-de-the-economist-a-de-la-espriella">The Economist.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Seamos justos: tampoco los ciudadanos estamos preparados para lo impensable, porque creemos que las cosas malas le pasan al vecino. Pero un gobierno no puede darse el lujo de pensar así. Más que los mandamientos de Dios, debe guiarse por el sentido común, la cordura, la ecuanimidad y, principalmente el rigor científico, que las más de las veces riñe con los designios divinos. En pocas palabras, a la jefatura de Estado no se llega aprender, se llega aprendido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las imágenes que saturan las redes sociales sobrecogen, nos recuerdan a cada momento que estamos de paso y que la vida se nos puede ir en un suspiro. Que no basta con nuestro espíritu solidario. El país debe tomarse en serio la tarea de pensarse desde la prevención y la previsión. Llorar sobre los muertos es igual que llorar sobre la leche derramada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué será que casi siempre la maldad, incluso la maldad inocente de la naturaleza, descarga su furia casi siempre sobre los más pobres, sobre los más jodidos de la Tierra? Tras el terremoto ocurrido en Colombia el 10 de agosto, había que ver el dolor del pueblo chocoano, reflejado en los gritos de aquella madre que encontró en la calle, muerto, a uno de sus hijos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero al gobierno hay que darle tiempo, los 100 días de gracia para que muestre de qué está hecho. Necesitamos un Ejecutivo sismoresistente. Colombia es un país vulnerable a los desastres naturales. Pero rara vez estamos preparados para prevenir las tragedias y solo nos queda actuar sobre la marcha. <strong>El Espectador</strong> hizo un justo reconocimiento, en medio de las quejas:&nbsp;<em>“Tanto el gobierno nacional como los distintos gobiernos locales han respondido con rapidez, eficiencia y determinación incansables”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El día de la posesión, en su discurso ante los militares, el presidente se mostró solidario con los ricos; en tono de celebración habló de eliminar el impuesto al patrimonio. Ni se le ocurra <em>Mr. president</em>. La realidad le ha mostrado que ahora es cuando los ricos y los superricos de este país (que son la inmensa minoría), deben ser conscientes de que viven en una nación tercermundista, ahogada en sus desigualdades. Hay pocos con tanto y demasiados con nada, que es necesario insistir en eso de la redistribución de la riqueza, en vez de ofrecer gabelas y seguir blindando privilegios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no puede comportarse como aquel limosnero que pide “una ayudita, por favor”. De los ricos no se esperan obras de caridad. Se espera compensación con el país, que ha favorecido su fortuna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, válgame Dios, lo están haciendo, para callarnos la boca a los incrédulos. Los empresarios exhiben hoy su generosidad. Entre todos, juntaron $201 mil millones, mal contados superan los 64 millones de dólares, mucho más que los 25 millones de dólares que de buena gana mandó Donald Trump. Aparte, el grupo Gilinski donó $150 mil millones, el grupo Santo Domingo $100 mil millones y 100 mil millones más el banquero David Vélez. La tragedia está mostrando quién es quién en Colombia. Solo falta saber de cuánto será el aporte del empresario Abelardo de la Espriella.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿No es este un momento ideal para hablar sobre redistribución de la riqueza?</strong> </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo informó que reconstruir valdrá $30 billones. ¿No es este el momento propicio para recordarle al gobierno que cada año la evasión en Colombia ronda los 130 billones de pesos, el equivalente a cinco reformas tributarias? En víspera de elecciones <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-necesitan-3-700-colombianos-para-que-ivan-cepeda-gane-la-presidencia/" id="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-necesitan-3-700-colombianos-para-que-ivan-cepeda-gane-la-presidencia/">reproduje en este blog</a> la siguiente cita, a propósito de un informe sobre los 18 mil ultrarricos de Colombia:  </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em>“…&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2024-10-16/quien-tiene-mas-debe-pagar-mas-datecuenta-de-que-las-cosas-pueden-cambiar.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">los más ricos utilizan estrategias sofisticadas para no pagar o pagar menos impuestos</a>: eluden, es decir, encuentran vacíos legales para minimizar su carga tributaria; evaden, ocultando activos de forma deliberada, y se benefician de leyes que les otorgan amplias exenciones y deducciones”</em>: <strong>inforne de Oxfam <em>sobre desigualdad, publicado en enero de 2025,</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esperemos, no obstante, que con la noche que ya pasó y la reforma tributaria que viene, las exenciones sean para los empresarios (fue la promesa de campaña, confirmada en el discurso de posesión) y la<em> clavada i</em>mpositiva para los demás. A eso súmele que, según La Silla Vacía, el&nbsp;<a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/?fbclid=IwdGRzaATsdHFjbGNrBOx0BXBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEexAY_RzIk7nfQyLRmSw1MtvmpVX-M7trgz_8zZ9xt5AWIS4fBWucLsITrnSU_aem_tqEsrFDOQLvCm9W8uyD0pw&amp;sfnsn=scwspwa" id="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/?fbclid=IwdGRzaATsdHFjbGNrBOx0BXBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEexAY_RzIk7nfQyLRmSw1MtvmpVX-M7trgz_8zZ9xt5AWIS4fBWucLsITrnSU_aem_tqEsrFDOQLvCm9W8uyD0pw&amp;sfnsn=scwspwa">Banco Mundial desembolsó 200 millones de dólares</a>&nbsp;para atender el&nbsp;terremoto, deuda que pagaremos los contribuyentes.&nbsp; Lo haremos con gusto por una causa noble, pero así mismo merecemos saber qué organismos harán la veeduría de los recursos para garantizar transparencia.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="s50I29XCKt"><a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/">Banco Mundial desembolsa US$200 millones para atender el terremoto</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="“Banco Mundial desembolsa US$200 millones para atender el terremoto” — La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/embed/#?secret=xCCYhaQgDn#?secret=s50I29XCKt" data-secret="s50I29XCKt" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>El día que nos movieron el piso a todos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las imágenes de Buenaventura, Cali y zonas del eje cafetero ponen a prueba la cacareada idea del mandatario de gobernar desde las regiones. Debería tener su sede alterna allá, el territorio chocoano, abandonado él sí hasta por Dios, desde el principio de los tiempos. De ese departamento solo nos acordamos en tiempos de tragedia o cuando condenan por corrupción a algún político. Su solo nombre ya parece una cruz: Chocó. Olvidado y vilipendiado. Recuerden al impresentable diputado antioqueño Rodrigo Mesa Cadavid que salió con esta perla:&nbsp;<strong>“Invertir en el Chocó es como perfumar un bollo”.&nbsp;</strong>Cómo fue que no mandaron a ese señor a vivir un año allá, no como castigo, sino para resocializarlo, porque a las claras ese fue un gesto racista e insensible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chocó debería ser en las actuales circunstancias la verdadera capital alterna de Colombia, si es que&nbsp;<em>Mr. president</em>&nbsp;insiste en tal embeleco.&nbsp; Porque hoy el Chocó le está dando una bofetada de dignidad al país, a&nbsp;juzgar por esta magnífica, pero al tiempo dolorosa, crónica de Alejandro Rodríguez en&nbsp;<strong>El Espectador</strong>. El reportero cuenta lo que vio en su recorrido por San José del Palmar, epicentro del movimiento telúrico<strong>.&nbsp;</strong><em>“Después del terremoto, mientras las grietas siguen abiertas y la ayuda no llega a todos los barrios, los chocoanos vuelven a hacer lo que han hecho siempre: sostenerse entre ellos”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph"><strong><em>“Esta semana fue una comisión oficial, revisó las casas por encima y siguió de largo. Nadie en el barrio cree que algo vaya a cambiar después de esa visita. Lo saben, con amargura, que serán ellos mismos quienes reconstruyan”,</em></strong><strong>&nbsp;crónica de El Espectador.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="739" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Terremoto-EL-ESPECTADOR-739x1024.jpg" alt="" class="wp-image-132213" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La embestida de un planeta vivo, siempre reacomodándose, le está enseñando al presidente ADLE&nbsp; que gobernar es más que lanzar besos al aire cual reina de belleza, que le sirve más al país remangado que en sesión de limpieza fácil al lado de su esposa, la primera dama. Es que, señor presidente, hay un momento para todo, y este no es precisamente un momento para banalidades ni veleidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las redes sociales han sido&nbsp;<em>funados</em>&nbsp;(en mis tiempos se decía&nbsp;<em>boleteados</em>), él, su esposa y el ministro Rodrigo Lara. Lara dijo que aquellos que hagan política con las ayudas (“repartija política”, la llamó) se van para el infierno, en tanto que han criticado a la pareja presidencial por creer que caridad y gestión de gobierno son la misma cosa. No hablemos ya del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, que andaba en plan familiar tomando el sol en Santa Marta, mientras sus compañeros tenían las botas puestas por los damnificados. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un <a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-14/abelardo-de-la-espriella-resucita-el-gobierno-paralelo-de-las-primeras-damas.html" id="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-14/abelardo-de-la-espriella-resucita-el-gobierno-paralelo-de-las-primeras-damas.html">artículo del diario español El País sobre el papel de Ana Lucía Pineda</a> resume el asunto, de manera incluso risible.&nbsp;<em>“Contó que había conseguido un sinnúmero de donaciones, desde servicios funerarios para las víctimas hasta comida de McDonald’s para los rescatistas. El presidente se mostró complacido. “Queridos amigos, como ustedes pueden ver, se ha hecho todo lo que hay que hacer en materia técnica”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El país requiere un presidente más estadista que&nbsp;<em>showcero</em>&nbsp;y un gabinete más diligente que fervoroso, porque no se pueden delegar en el cielo las cuestiones netamente terrenales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy por hoy el Ministerio de Ambiente&nbsp;y Desarrollo Sostenible debería ser el más importante de todos, por encima incluso del Ministerio de Defensa. Se le debería, por lo tanto, garantizar un presupuesto generoso y exigirle resultados concretos. Ah, pero oh sorpresa, con menos de&nbsp;$2 billones (y una tercera parte de estos dedicado a gastos de funcioamiento),&nbsp;figura en la cola de las asignaciones presupuestales al lado de los ministerios de Cultura, Ciencia, Deporte y Comercio).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo enfrenta un apocalipsis climático, dicho y predicho por los expertos (las pruebas están en nuestras narices); así que los políticos, y en particular los legisladores, no deben minimizar el impacto del cambio climático y los desastres naturales. De hecho, un editorial de&nbsp;<strong>El Espectador</strong>&nbsp;lo advierte de manera tajante:<em>&nbsp;“Nos parece evidente que la agenda del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella estará marcada por el terremoto y el Fenómeno del Niño”. &nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>¡La sacamos barata… esta vez!</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen los científicos que el&nbsp;choque entre placas tectónicas&nbsp;liberó tanta energía como 126 bombas de Hiroshima (1.9 megatones de TNT), y por fortuna fue muy profundo, a 110 kilómetros de la superficie&nbsp;(la distancia más o menos entre Bogotá y Girardot).&nbsp;Porque de haber ocurrido a 10 kilómetros, como pasó en Venezuela, otro cuento estaríamos contando. Una historia inenarrable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según La Silla Vacía, “el terremoto del 10 de agosto encontró a un país donde tres de cada cuatro edificios se levantaron antes de la última norma sismorresistente, donde más de un tercio no tiene ningún refuerzo sismorresistente en su estructura y donde esa cifra cambia de manera brutal según el departamento en que uno esté parado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para colmo de males,&nbsp;<a href="https://share.google/FvwfoO1LuogoPRRjb" id="https://share.google/FvwfoO1LuogoPRRjb">apenas el 25% de las edificaciones en Bogotá estarían en condiciones de soportar un terremoto</a>, según denuncia hecha por un concejal. Es decir, el país no puede esperar al próximo desastre sobre lo que parece ya un desastre. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero algo bueno nos ha quedado en medio del sufrimiento ajeno. Al mandatario ya debió quedarle claro que se hizo elegir para gobernar en medio de circunstancias adversas, no parar dar órdenes desde la comodidad de Barranquilla, güsiquicito en mano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El señor presidente prometió un <em>Plan Marshall</em> para reconstruir al Chocó; que el pueblo se lo demande si sus palabras terminan en cuento chino.   </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132199</guid>
        <pubDate>Mon, 17 Aug 2026 14:10:04 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Terremoto-1.png?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué tan sismoresistente será el gobierno del tigre?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Cuando se mueve el piso</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/cuando-se-mueve-el-piso/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya estaba despierto cuando el piso empezó a moverse. Una chica subía por su gato, se lanzó escaleras arriba a pesar de estar a salvo afuera, subía mientras yo bajaba, y seguí bajando incluso cuando el terremoto terminó. Afuera, el sol bañaba la ciudad, Bogotá comenzaba otra vez su mañana, todos en pijamas, en sudaderas, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Ya estaba despierto cuando el piso empezó a moverse. Una chica subía por su gato, se lanzó escaleras arriba a pesar de estar a salvo afuera, subía mientras yo bajaba, y seguí bajando incluso cuando el terremoto terminó. Afuera, el sol bañaba la ciudad, Bogotá comenzaba otra vez su mañana, todos en pijamas, en sudaderas, algunos descalzos, regresaban poco a poco a sus casas, todavía con esa expresión de quien acaba de recordar que debajo de nosotros hay algo vivo, impredecible, enorme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sentí otra vez que estaba vivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y pensé que quizás un terremoto, además de mover la tierra, puede mover algunas preguntas que solemos mantener quietas, preguntas que dejamos para después, para cuando tengamos tiempo, para cuando hayamos terminado de trabajar, para cuando hayamos resuelto esto o aquello, para cuando finalmente llegue ese momento en el que supuestamente empezará la vida que queremos vivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Para qué vale la pena vivir una vida?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Para qué vale la pena vivir la mía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensé que, si la tierra se mueve, quizá también nosotros deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo con el tiempo que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo pensé en escribir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las historias que todavía faltan por contar, en las conversaciones que todavía no hemos tenido, en las personas que todavía necesitamos escuchar, en la posibilidad de hacer algo que tenga sentido más allá de uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unos años comenzó a circular una frase atribuida a la antropóloga Margaret Mead que siempre me ha impresionado: el primer signo de civilización sería un fémur roto que logró sanar. La idea es sencilla y poderosa, un hueso roto que ha tenido tiempo de soldarse significa que alguien se quedó al lado del herido, alguien lo alimentó, alguien lo protegió, alguien decidió que aquella vida importaba y que valía la pena esperar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás ahí comienza la civilización, no en las grandes construcciones, ni en los monumentos, ni siquiera en las instituciones, sino en el momento en que dejamos de abandonar al que está caído.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio del miedo, alguien piensa en cómo comunicarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso también es civilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando ocurre una tragedia, cuando se cae una torre, cuando una familia queda atrapada, cuando una ciudad necesita ayuda, la primera pregunta no debería ser de qué lado está quien necesita ser auxiliado, sino qué podemos hacer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en Cali.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás ninguna ciudad colombiana haya ocupado un lugar tan particular en nuestra historia reciente. Cali ha sido, durante estos años, escenario de algunas de las grandes preguntas de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí estuvo el mundo durante la COP, llegaron científicos, diplomáticos, ambientalistas, indígenas, jóvenes, expertos y ciudadanos de muchos países para hablar de biodiversidad, de la crisis climática, del planeta que estamos dejando, y durante unos días Cali dejó de ser solamente una ciudad colombiana para convertirse en una ciudad del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también estuvo allí el estallido social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las calles llenas, la gente corriendo, los gases, los enfrentamientos, los jóvenes, las barricadas, el miedo, la rabia, la muerte, una ciudad partida que parecía decirnos que debajo de la superficie existían heridas mucho más profundas de las que habíamos querido reconocer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cali fue, de alguna manera, otro terremoto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo que aquel no movió edificios, movió a la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahora la tierra vuelve a recordarnos algo que solemos olvidar, que el piso sobre el que construimos nuestras certezas no es necesariamente permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También pienso en Manizales, en la imagen de la Catedral y su torre derecha afectada, una estructura que durante tanto tiempo había parecido inmóvil, segura, parte del paisaje y de la memoria de una ciudad, hasta que un movimiento de la tierra fue suficiente para recordarnos que incluso aquello que parece más firme puede tambalear.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esta vez no estamos hablando solamente de una sensación, ni de una mañana extraña en la que todos salimos de nuestras casas, estamos hablando de una tragedia humana de una escala que todavía estamos empezando a comprender, al cierre de esta columna los reportes hablan ya de más de doscientas personas muertas y de miles de desaparecidos, mientras los equipos de rescate siguen buscando entre los escombros, una cifra que, como ocurre siempre en las primeras horas de una catástrofe, todavía puede crecer, y detrás de cada número hay una historia, una familia, una silla vacía en una mesa, alguien que esta noche no regresará a casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia sabe de esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de Armenia de 1999, de magnitud 6,1, dejó 921 muertos solamente en Armenia, más de 5.300 heridos y más de 21.000 viviendas averiadas o destruidas, una tragedia que todavía forma parte de la memoria del país y que cambió para siempre la manera en que pensamos la vulnerabilidad de nuestras ciudades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Colombia está además sentada en una región sísmica extraordinaria, una de las geografías más inquietas del planeta, donde las placas tectónicas chocan, se hunden, se deslizan y acumulan durante décadas una energía que puede liberarse en cuestión de segundos. No estamos ante una rareza de la naturaleza, vivimos en una región donde la tierra tiene memoria y donde la historia de América Latina está escrita también por grandes terremotos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1970, en Perú, un terremoto de magnitud cercana a 7,9 desencadenó un gigantesco alud que sepultó Yungay y dejó más de 66.000 muertos. En 1939, Chile sufrió uno de los terremotos más mortales de su historia, con más de 24.000 víctimas. En 1976, Guatemala vivió un terremoto que dejó alrededor de 23.000 muertos. En 1972, Managua fue destruida y Nicaragua perdió unas 11.000 vidas. En 1985, México sufrió el terremoto que convirtió al 19 de septiembre en una fecha grabada en la memoria latinoamericana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego está Haití.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de 2010, de magnitud 7,0, dejó una cifra estimada de más de 300.000 muertos y se convirtió en una de las mayores tragedias sísmicas de la historia moderna, no solamente por la fuerza de la naturaleza sino por la pobreza, la precariedad de las construcciones, la concentración de población y la fragilidad institucional que hicieron que el desastre fuera infinitamente más mortal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una diferencia que deberíamos recordar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un terremoto tiene una magnitud, pero una tragedia tiene muchas otras variables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Importa dónde ocurre, a qué hora, cuánta gente vive allí, cómo están construidos los edificios, qué tan preparadas están las instituciones, si existen comunicaciones, si funcionan los hospitales, si llegan las ambulancias, si hay agua, si alguien puede entrar a una zona destruida y, sobre todo, si una sociedad sabe responder cuando todo lo demás deja de funcionar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile puede ser una de las mejores lecciones de América Latina. En 1960 sufrió el terremoto más potente registrado instrumentalmente, de magnitud 9,5, y sin embargo los grandes terremotos posteriores han producido cifras de muertos muchísimo menores que las de otros países de la región, en buena medida porque décadas de experiencia, normas de construcción, ingeniería y preparación han aprendido a convivir con una tierra que inevitablemente volverá a moverse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es civilización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No podemos impedir que la tierra tiemble.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero sí podemos decidir cuánto daño estamos dispuestos a permitir que haga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez esa sea una de las grandes preguntas que deja este terremoto, no solamente cómo reconstruir lo que cayó, sino qué país queremos construir para cuando vuelva a ocurrir, porque volverá a ocurrir, en Colombia, en México, en Chile, en Perú, en cualquier lugar de esta enorme y maravillosa América Latina que habitamos, una región atravesada por volcanes, fallas, montañas, océanos y una geología que nos recuerda permanentemente que la naturaleza no está bajo nuestro control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Colombia debería aprender a vivir con esa conciencia, no con miedo, sino con preparación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la escala de este terremoto también nos obliga a pensar en la escala de nuestra respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí volvemos a lo mismo, a la necesidad de encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Colombia lleva demasiado tiempo viviendo así, sobre un suelo que se mueve.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se mueve la política, se mueve la economía, se mueve la confianza, se mueven las instituciones, se mueve nuestra conversación pública, se mueven las certezas, y nosotros seguimos muchas veces empeñados en hacer exactamente lo contrario de lo que una sociedad debería hacer cuando siente que el piso tiembla, en lugar de acercarnos, nos alejamos, en lugar de escucharnos, gritamos, en lugar de preguntarnos qué podemos construir juntos, dedicamos buena parte de nuestra energía a demostrar que el otro es culpable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero un terremoto no pregunta quién votó por Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pregunta quién votó por la oposición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pregunta quién es rico o pobre, quién vive en el norte o en el sur, quién es de Cali, de Bogotá, de Manizales o de cualquier otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el piso se mueve, somos simplemente seres humanos tratando de encontrar a los nuestros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso deberíamos aprovechar este momento para pensar colectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No solamente en cómo responder a este terremoto, no solamente en cómo reconstruir aquello que haya resultado afectado, no solamente en cómo garantizar que quienes necesiten ayuda la reciban, sino en algo más profundo, en cómo queremos acompañarnos como sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque deberíamos acompañarnos también cuando no tiembla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando alguien pierde el empleo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando un joven siente que no tiene futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una familia no sabe cómo pagar una factura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una comunidad se siente abandonada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando alguien piensa distinto y, en lugar de convertirlo en enemigo, somos capaces de escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia necesita encontrarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No para pensar igual, porque una democracia sin diferencias sería una sociedad muerta, sino para comprender que nuestras diferencias no pueden ser más grandes que aquello que compartimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en los que la historia nos obliga a recordar que pertenecemos al mismo lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy fue un terremoto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mañana será otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y quizás la verdadera prueba de una sociedad no esté en cuánto puede resistir cada individuo por separado, sino en cuánto somos capaces de sostenernos unos a otros cuando las cosas se complican.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso vuelvo a aquella imagen del fémur sanado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hueso roto que pudo curarse porque alguien se quedó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien tuvo paciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien cuidó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien entendió que la vida del otro también era responsabilidad suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás eso es lo que necesitamos recordar en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que solamente hay una manera de sacar este país adelante: juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No juntos porque pensemos igual, sino juntos porque compartimos el mismo suelo, la misma historia, las mismas heridas y, sobre todo, la misma posibilidad de futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta mañana, mientras bajaba las escaleras pensé que quizás todos habíamos recibido una pequeña oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una oportunidad para recordar que estamos vivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para preguntarnos para qué queremos estarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mirar al que tenemos al lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para escribir, para cuidar, para escuchar, para construir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para quedarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, cuando todo tiembla, quizá lo único verdaderamente importante sea saber que no estamos solos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132066</guid>
        <pubDate>Tue, 11 Aug 2026 22:25:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/771855418_18191404744377671_8713440316082266667_n.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuando se mueve el piso]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Andrés Bilbao</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/andres-bilbao/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay discusiones que parecen girar alrededor de una persona, pero en realidad hablan de un país entero. La polémica que rodeó a Andrés Bilbao por publicar una convocatoria para un trabajo no remunerado, dirigida a alguien con &#8220;hambre de aprender&#8221;, no debería agotarse en un intercambio de indignaciones en redes sociales. Sería desperdiciar una oportunidad [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay discusiones que parecen girar alrededor de una persona, pero en realidad hablan de un país entero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La polémica que rodeó a Andrés Bilbao por publicar una convocatoria para un trabajo no remunerado, dirigida a alguien con &#8220;hambre de aprender&#8221;, no debería agotarse en un intercambio de indignaciones en redes sociales. Sería desperdiciar una oportunidad para reflexionar sobre algo mucho más profundo: la relación que Colombia tiene con el trabajo, el privilegio y las oportunidades de su juventud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Andrés Bilbao seguramente utilizó una expresión común en el lenguaje empresarial. &#8220;Hambre de aprender&#8221; es una metáfora frecuente para describir la curiosidad, la disciplina y las ganas de crecer. El problema es que las metáforas también tienen contexto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un país donde cerca de un tercio de la población enfrenta dificultades para acceder adecuadamente a la alimentación, donde millones de familias hacen cuentas para decidir qué comida pueden saltarse, el hambre deja de ser una figura literaria y se convierte en una realidad cotidiana. No se trata de personas perezosas ni de individuos que no quieran esforzarse. Se trata de una sociedad que, durante décadas, no ha logrado construir una arquitectura económica y social capaz de garantizar oportunidades suficientes para todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la frase produjo tanta incomodidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el debate no termina ahí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión adquiere otra dimensión porque Andrés Bilbao no habla desde cualquier lugar de la sociedad colombiana. Gracias a su trayectoria empresarial, a su participación en compañías de enorme éxito como Rappi y a los resultados económicos que ha alcanzado, hoy pertenece a uno de los sectores más privilegiados del país. Y precisamente por eso sus palabras pesan más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El privilegio no invalida una opinión. Tampoco convierte automáticamente a alguien en culpable. Lo que hace es aumentar la responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien ha logrado construir patrimonio, influencia y reconocimiento tiene también la posibilidad —y, en cierta medida, la responsabilidad— de contribuir a construir mejores estándares para quienes vienen detrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso esta columna no es únicamente para Andrés Bilbao.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es para todos los empresarios, emprendedores, líderes de organizaciones y personas que hoy tienen la posibilidad de ofrecer trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque durante demasiado tiempo hemos romantizado la precariedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se volvió normal decirle a un joven que trabaje gratis para &#8220;ganar experiencia&#8221;, que acepte jornadas interminables porque &#8220;está aprendiendo&#8221;, que su remuneración será el networking, los contactos o la posibilidad de fortalecer su hoja de vida. Como si el arriendo pudiera pagarse con experiencia o el mercado del mes aceptara como moneda el aprendizaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que esa lógica termina reproduciendo desigualdades. Solo puede trabajar gratis quien tiene a alguien que financie ese privilegio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien necesita pagar transporte, alimentación o ayudar en su casa simplemente queda excluido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace algún tiempo el propio Andrés Bilbao contó una historia sobre sus años universitarios. Recordaba que un compañero le preguntó cuánto había obtenido en un examen y él respondió, con absoluta seguridad, que había sacado cinco. Cuando llegaron las notas descubrió que en realidad había obtenido tres. La enseñanza que extrajo era valiosa: el exceso de confianza, incluso cierta arrogancia, puede alejarnos de la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que esa misma reflexión puede aplicarse hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No porque exista mala intención detrás de la convocatoria, sino porque el éxito también puede construir burbujas. A veces uno deja de ver lo que para millones de personas resulta evidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí aparece una oportunidad extraordinaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Andrés Bilbao podría abrir una nueva convocatoria, esta vez remunerada. Podría apoyar desde su plataforma a jóvenes talentosos que necesitan una oportunidad real. Podría decir, sencillamente, que este episodio lo hizo reflexionar y que cambió de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sería una derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sería una demostración de liderazgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos una época en la que muchos personajes públicos consideran que reconocer un error equivale a perder autoridad. Ocurre exactamente lo contrario. Equivocarse es humano. Rectificar fortalece la credibilidad. La humildad suele despertar afecto. La arrogancia, casi nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, sería un error pensar que todo termina con Andrés Bilbao.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La indignación que despertó su publicación es, en realidad, el síntoma de una deuda mucho más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los jóvenes colombianos llevan décadas enfrentando un mercado laboral que les ofrece desempleo, informalidad, salarios insuficientes y barreras para iniciar una vida independiente. Esa deuda no pertenece exclusivamente al gobierno actual. Tampoco al anterior. Es una deuda histórica que ningún gobierno ha logrado saldar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso el mensaje también debe llegar al Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No basta con promover el emprendimiento ni con celebrar historias individuales de éxito. La tarea fundamental de cualquier gobierno consiste en crear las condiciones para que el trabajo digno deje de ser un privilegio y se convierta en una posibilidad real para millones de personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el mensaje debe llegar igualmente al sector privado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes hoy tienen empresas, recursos o capacidad para contratar pueden ayudar a cambiar una cultura que durante demasiado tiempo confundió la formación con la explotación y la oportunidad con la gratuidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá, dentro de algunos años, nadie recuerde aquella publicación en redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo importante sería que sí recordáramos la conversación que produjo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el hambre de aprender siempre será una virtud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hambre real, la que todavía padecen millones de colombianos, nunca debería convertirse en el precio de una oportunidad.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131732</guid>
        <pubDate>Sat, 01 Aug 2026 14:27:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Andrés Bilbao]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Odiseo o la posibilidad de vivir</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/odiseo-o-la-posibilidad-de-vivir/</link>
        <description><![CDATA[<p>Timeo Danaos et dona ferentes. &#8220;Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos&#8221;. La frase, escrita por Virgilio en&nbsp;La Eneida, pone en boca del sacerdote Laocoonte una advertencia que nadie quiso escuchar. Frente a las murallas de Troya había aparecido un inmenso caballo de madera que parecía un obsequio, un gesto de rendición, el final [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Timeo Danaos et dona ferentes.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos&#8221;. La frase, escrita por Virgilio en&nbsp;<em>La Eneida</em>, pone en boca del sacerdote Laocoonte una advertencia que nadie quiso escuchar. Frente a las murallas de Troya había aparecido un inmenso caballo de madera que parecía un obsequio, un gesto de rendición, el final de una guerra interminable. Era exactamente lo contrario. En su interior viajaban los soldados que terminarían por destruir la ciudad y cambiar para siempre el rumbo de la literatura occidental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Curiosamente, esa frase no pertenece ni a&nbsp;<em>La Ilíada</em>&nbsp;ni a&nbsp;<em>La Odisea</em>, pertenece a otro gran poema que dialoga con Homero y demuestra que las grandes historias nunca dejan de conversar entre sí, cada generación les responde con una nueva voz, con una nueva lengua, con una nueva sensibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras veía&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;de Christopher Nolan, pensé menos en la película que en el milagro que estaba ocurriendo frente a mis ojos. Imaginé a Homero, o a quien llamamos Homero, contemplando una pantalla gigantesca donde su poema volvía a cobrar vida tres mil años después de haber sido cantado por primera vez. Me pregunté qué habría sentido al descubrir que aquello que nació para ser escuchado alrededor del fuego hoy reúne a cientos de personas en una sala oscura, en silencio, conmovidas por la misma historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá habría sonreído. Quizá habría entendido que el verdadero protagonista nunca fue Odiseo sino la imaginación humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es, creo yo, el mayor acierto de Nolan. No filmó una película para resolver debates históricos ni para satisfacer a los arqueólogos, filmó una película para recordarnos que los clásicos siguen respirando porque hablan de aquello que nunca deja de pertenecernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante semanas buena parte de la conversación pública se ha reducido a preguntar si Helena debía ser blanca, negra o mediterránea, como si la fuerza de un poema dependiera del color de la piel de sus personajes. Es una discusión profundamente contemporánea y al mismo tiempo profundamente superficial. Helena nunca fue solamente una mujer. Fue el deseo, la belleza, la obsesión, el motivo que desencadena una guerra. Del mismo modo, las sirenas nunca fueron únicamente criaturas marinas, Polifemo jamás fue solamente un gigante, los dioses tampoco fueron simples personajes. Son símbolos, metáforas, imágenes que sobreviven precisamente porque no pertenecen a una sola época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los poemas son territorios donde la razón no alcanza a explicarlo todo y acaso ese sea su mayor privilegio. Intentar racionalizar cada verso de Homero es olvidar que antes de ser literatura,&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;fue música, memoria y voz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo profundamente emocionante en el viaje que hizo ese texto para llegar hasta nosotros. Nació en griego antiguo y durante siglos sobrevivió gracias a los rapsodas que lo recitaban de memoria mucho antes de quedar fijado por escrito. Más tarde el mundo latino dialogó con él, Virgilio escribió&nbsp;<em>La Eneida</em>conversando con Homero y convirtió la tradición clásica en un puente entre dos civilizaciones. Durante siglos Europa leyó a los griegos a través del latín, hasta que en el siglo XVI el humanista Gonzalo Pérez realizó la primera traducción completa de&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;al castellano directamente desde el griego. Cada lengua fue un nuevo puerto. Cada traducción fue otra travesía hacia Ítaca. Cada generación volvió a contar la misma historia con palabras distintas, demostrando que la verdadera inmortalidad no consiste en permanecer intactos sino en seguir transformándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vi la película doblada al español y debo confesar que la experiencia me sorprendió. Pensé, por un momento, que el castellano abrazaba aquella épica con una naturalidad especial, no porque sea una lengua más cercana al griego antiguo desde el punto de vista lingüístico, no lo es, sino porque nuestra tradición literaria lleva siglos dialogando con los clásicos a través del latín y de las grandes traducciones españolas. Escuchar a Odiseo en español fue recordar que Homero también forma parte de nuestra lengua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay una escena que me acompañó mucho después de salir del cine. El Odiseo de Nolan contempla el fuego consumiendo Troya y entiende que toda victoria tiene algo de derrota, que el humo no distingue entre vencedores y vencidos, que las ciudades arden con el mismo color sin importar quién levante finalmente la bandera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué contemporánea resulta esa imagen mientras contemplamos un mundo donde medio planeta parece dispuesto a matar a la otra mitad, convencido de que las guerras todavía pueden producir vencedores. Troya ocurrió hace casi tres mil años y, sin embargo, seguimos levantando argumentos para justificar incendios, invasiones y exterminios. Cambian las armas, cambian las banderas, cambian los nombres de los imperios, pero la tragedia continúa siendo la misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la enseñanza más profunda de aquella guerra entre hermanos. Las guerras no las gana nadie, las guerras las perdemos todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nolan parece comprenderlo. Su Odiseo no es un héroe invencible, es un hombre cansado, marcado por la culpa, por la pérdida y por la nostalgia. No busca conquistar el mundo, busca regresar a casa. Esa diferencia es enorme. En una época fascinada por los superhéroes, Nolan rescata al héroe profundamente humano, al hombre que duda, que se equivoca, que llora, que sobrevive y que comprende que ninguna gloria compensa los años perdidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso Christopher Nolan era el director indicado para esta historia. Desde&nbsp;<em>Memento</em>, pasando por&nbsp;<em>El gran truco</em>,&nbsp;<em>Interestelar</em>,&nbsp;<em>Dunkerque</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Oppenheimer</em>, toda su filmografía ha girado alrededor del tiempo, de la memoria, de la culpa y de la condición humana. En el fondo siempre ha estado filmando la misma pregunta, qué significa seguir siendo humanos cuando todo parece empujarnos hacia el olvido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras avanzaba la película pensé que el mayor logro de nuestra especie no es haber llegado a la Luna, ni haber construido ciudades inmensas, ni haber partido el átomo, ni haber inventado la inteligencia artificial. Nuestro mayor logro consiste en algo mucho más sencillo y mucho más extraordinario, nunca dejamos de contar historias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hemos cambiado de herramientas, de idiomas, de imperios y de religiones, pero seguimos reuniéndonos para escuchar el viaje de un hombre que quiere volver a casa. Antes fue alrededor de una hoguera, luego en pergaminos, después en libros impresos y ahora en una pantalla gigantesca. Cambió el soporte, nunca cambió el asombro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la verdadera victoria de la humanidad. No haber conquistado el mundo sino haber conservado la capacidad de emocionarse con un poema escrito hace casi tres mil años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;nunca trató solamente de regresar a Ítaca. Trata de nosotros, de nuestra fragilidad, de nuestra obstinación, de nuestra belleza, de nuestra permanente posibilidad de perdernos y de volver a encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguimos siendo Odiseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguimos navegando entre monstruos que cambian de nombre, entre guerras que prometen victorias imposibles y entre dioses que ahora adoptan otras formas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras exista alguien dispuesto a escuchar esta historia, mientras un poema pueda cruzar los siglos para conmover a un espectador del siglo XXI, la humanidad seguirá encontrando un camino de regreso hacia sí misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final no existen razas de héroes ni razas de villanos. Existe una sola, contradictoria, luminosa y terrible, capaz de construir el caballo de Troya y también de escribir el poema que lo convertiría en una advertencia para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La raza humana.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131611</guid>
        <pubDate>Tue, 28 Jul 2026 15:20:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Odiseo o la posibilidad de vivir]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Carlos Trujillo, un caso más de la condena antes del juicio</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/carlos-trujillo-un-caso-mas-de-la-condena-antes-del-juicio/</link>
        <description><![CDATA[<p>La justicia archivó el proceso en contra del exsenador Carlos Trujillo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Uno de los&nbsp;principios más elementales&nbsp;del Estado de&nbsp;derecho es la&nbsp;presunción&nbsp;de inocencia. No&nbsp;se trata de&nbsp;una simple formalidad&nbsp;jurídica ni de&nbsp;un tecnicismo reservado&nbsp;para los abogados; es una garantía&nbsp;civilizatoria&nbsp;que protege a&nbsp;cualquier ciudadano frente&nbsp;al poder del&nbsp;Estado y frente&nbsp;a la arbitrariedad&nbsp;de las mayorías. Sin embargo, en&nbsp;Colombia ese principio&nbsp;suele ser invocado&nbsp;con solemnidad, pero&nbsp;desconocido con absoluta&nbsp;facilidad, especialmente&nbsp;cuando quien aparece&nbsp;vinculado a una&nbsp;investigación judicial&nbsp;es un político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No puede negarse&nbsp;que el desprestigio&nbsp;de la actividad&nbsp;política tiene responsables. Durante décadas, numerosos&nbsp;dirigentes públicos&nbsp;abusaron de la&nbsp;confianza ciudadana y&nbsp;protagonizaron escándalos&nbsp;de corrupción que&nbsp;erosionaron la legitimidad&nbsp;de las instituciones.&nbsp;Esa historia explica, aunque no justifica, la profunda desconfianza&nbsp;que hoy despierta&nbsp;cualquier servidor público&nbsp;investigado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema surge&nbsp;cuando esa desconfianza&nbsp;deja de ser&nbsp;una actitud crítica&nbsp;para convertirse en&nbsp;un prejuicio. En&nbsp;ese momento desaparece la diferencia&nbsp;entre investigar y&nbsp;condenar. La apertura&nbsp;de un proceso&nbsp;judicial deja de&nbsp;entenderse como un&nbsp;mecanismo para esclarecer&nbsp;los hechos y&nbsp;pasa a interpretarse&nbsp;como la prueba&nbsp;definitiva de culpabilidad. Así, el proceso&nbsp;penal pierde su&nbsp;razón&nbsp;de ser, porque&nbsp;la sentencia ya&nbsp;ha sido dictada&nbsp;por la opinión&nbsp;pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso del&nbsp;excongresista Carlos Trujillo&nbsp;ilustra nuevamente esa&nbsp;realidad. Independientemente&nbsp;de las opiniones&nbsp;que cada ciudadano&nbsp;tenga sobre su&nbsp;trayectoria política, lo&nbsp;cierto es que&nbsp;durante años&nbsp;su nombre estuvo&nbsp;asociado a sospechas&nbsp;que alimentaron titulares, comentarios y juicios&nbsp;apresurados. Hoy, cuando&nbsp;la justicia ha&nbsp;descartado responsabilidades&nbsp;en su contra, el eco de&nbsp;esa decisión resulta&nbsp;mucho más débil&nbsp;que el ruido&nbsp;que produjo la&nbsp;investigación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese es&nbsp;uno de los&nbsp;mayores problemas&nbsp;de nuestra cultura&nbsp;pública: las absoluciones&nbsp;rara vez reciben&nbsp;la misma atención&nbsp;que las&nbsp;acusaciones. El escándalo&nbsp;vende; la rectificación&nbsp;apenas ocupa unas&nbsp;cuantas líneas. El&nbsp;daño reputacional, entretanto, ya está&nbsp;hecho y, en&nbsp;muchos casos, resulta&nbsp;irreversible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es&nbsp;un fenómeno nuevo. Ocurrió durante los&nbsp;procesos de la&nbsp;parapolítica, la yidispolítica&nbsp;y otros grandes&nbsp;expedientes judiciales&nbsp;que marcaron la&nbsp;historia reciente del&nbsp;país. Muchos de&nbsp;los investigados fueron&nbsp;finalmente absueltos o&nbsp;nunca se encontraron&nbsp;pruebas suficientes para&nbsp;vincularlos penalmente.&nbsp;Sin embargo, el juicio social&nbsp;permaneció intacto. Para&nbsp;una parte de&nbsp;la opinión pública, la investigación bastó&nbsp;para convertirlos en&nbsp;culpables&nbsp;de manera definitiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese comportamiento revela&nbsp;una preocupante incapacidad&nbsp;para distinguir entre&nbsp;la sospecha y&nbsp;la&nbsp;prueba, entre la&nbsp;imputación y la&nbsp;condena, entre la&nbsp;responsabilidad política&nbsp;y la responsabilidad&nbsp;penal. Son categorías&nbsp;distintas que cumplen&nbsp;funciones diferentes en&nbsp;una democracia. Confundirlas&nbsp;no fortalece la&nbsp;lucha contra la&nbsp;corrupción; por el&nbsp;contrario, debilita las&nbsp;garantías que protegen&nbsp;a todos los&nbsp;ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma lógica&nbsp;aparece cuando se&nbsp;pretende estigmatizar a&nbsp;cualquier persona que&nbsp;haya trabajado en&nbsp;una entidad pública&nbsp;donde posteriormente se&nbsp;descubren hechos de&nbsp;corrupción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los&nbsp;últimos meses he&nbsp;escuchado a colegas&nbsp;escandalizarse&nbsp;simplemente porque alguien&nbsp;prestó sus servicios&nbsp;profesionales en la&nbsp;Unidad Nacional para&nbsp;la Gestión del&nbsp;Riesgo de Desastres&nbsp;(UNGRD), como si&nbsp;pertenecer a esa&nbsp;institución constituyera, por sí solo, un&nbsp;indicio&nbsp;de deshonestidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta resulta&nbsp;inevitable: ¿desde cuándo&nbsp;trabajar para una&nbsp;entidad del Estado&nbsp;equivale a compartir&nbsp;las&nbsp;conductas ilegales de&nbsp;algunos de sus&nbsp;funcionarios? Aceptar semejante&nbsp;razonamiento conduciría&nbsp;al absurdo de&nbsp;afirmar que&nbsp;todos los empleados&nbsp;del Congreso de&nbsp;la República son&nbsp;corruptos o que&nbsp;cada integrante del&nbsp;INPEC responde por&nbsp;los delitos cometidos&nbsp;por algunos de&nbsp;sus miembros. Las&nbsp;responsabilidades penales&nbsp;son individuales, nunca&nbsp;colectivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como periodista, esa&nbsp;tendencia me preocupa&nbsp;especialmente. El periodismo&nbsp;existe para verificar&nbsp;hechos, contextualizar&nbsp;la información y&nbsp;ofrecer elementos de&nbsp;juicio a los&nbsp;ciudadanos, no para&nbsp;amplificar prejuicios ni&nbsp;para sustituir a&nbsp;los jueces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando&nbsp;la profesión abandona&nbsp;el rigor y&nbsp;convierte la sospecha&nbsp;en noticia definitiva, deja de cumplir&nbsp;su&nbsp;función democrática&nbsp;y termina alimentando&nbsp;la polarización que&nbsp;dice combatir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No conozco personalmente&nbsp;al excongresista Carlos&nbsp;Trujillo ni escribo&nbsp;estas líneas para&nbsp;reivindicar su carrera&nbsp;política. Cada lector&nbsp;tendrá su propia&nbsp;opinión&nbsp;sobre ella. Lo&nbsp;que sí considero&nbsp;digno de celebración&nbsp;es que la&nbsp;justicia haya podido&nbsp;cumplir su función&nbsp;y establecer,&nbsp;tras el debido&nbsp;proceso, que no&nbsp;existían responsabilidades&nbsp;penales en su&nbsp;contra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una democracia&nbsp;madura no se&nbsp;mide únicamente por&nbsp;su&nbsp;capacidad para condenar&nbsp;a los culpables. Se mide, sobre&nbsp;todo, por su&nbsp;disposición a reconocer&nbsp;la inocencia de&nbsp;quienes&nbsp;fueron investigados cuando&nbsp;las pruebas así&nbsp;lo demuestran. Mientras&nbsp;sigamos confundiendo&nbsp;una investigación con&nbsp;una sentencia y&nbsp;el escándalo con&nbsp;la verdad, continuaremos&nbsp;debilitando el Estado&nbsp;de derecho que&nbsp;decimos defender&nbsp;y reemplazando la&nbsp;justicia por el&nbsp;tribunal, siempre implacable, de la&nbsp;opinión pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-voto-fusil-una-verdad-conveniente/">Nota recomendada: El voto fusil: ¿una verdad conveniente?</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131480</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Jul 2026 02:24:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IZVIBZFGOJFUPEOTBLKHJF2OY4.jpg?quality=60&amp;#038;w=400" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Carlos Trujillo, un caso más de la condena antes del juicio]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
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