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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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        <title>La tragedia feliz de Joyce Ventura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-tragedia-feliz-de-joyce-ventura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Fui una noche a la Cinemateca de Bogotá a encontrarme con Joyce Ventura. Me había invitado a moderar una conversación con motivo del lanzamiento de Tres hermanas, su primer largometraje como directora, y salí de allí pensando en esa paradoja que algunas películas consiguen revelar sin proponérselo del todo: uno puede entrar a una sala [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Fui una noche a la Cinemateca de Bogotá a encontrarme con Joyce Ventura. Me había invitado a moderar una conversación con motivo del lanzamiento de <em>Tres hermanas</em>, su primer largometraje como directora, y salí de allí pensando en esa paradoja que algunas películas consiguen revelar sin proponérselo del todo: uno puede entrar a una sala de cine dispuesto a contemplar la muerte y terminar encontrándose, de una manera inesperada, con la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Joyce ha dedicado buena parte de su trayectoria al cine colombiano, aunque durante décadas lo hizo desde ese lugar menos visible, pero indispensable, de la producción y el montaje, acompañando películas, construyendo historias y haciendo posible que otros las contaran. Su nombre está ligado a una parte importante de nuestra cinematografía, desde <em>Gamín</em>, de Ciro Durán, hasta distintas producciones que contribuyeron a consolidar una industria cinematográfica en un país donde hacer cine nunca ha sido una tarea sencilla. Después de más de cincuenta años de oficio, decide ponerse delante de la cámara y convertir su propia vida, sus temores y sus afectos en materia cinematográfica. La decisión tiene algo de descubrimiento tardío, aunque en realidad parece la consecuencia natural de una vida dedicada a observar a los demás: llega un momento en que la cámara, después de haber mirado tantas historias, se vuelve hacia quien la sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto de partida es aparentemente sencillo. Joyce y sus dos hermanas mayores, Ethy y Bella, se acercan a la vejez y empiezan a preguntarse qué significa envejecer, qué ocurre con el cuerpo cuando deja de responder como antes, cómo se transforma nuestra relación con el tiempo y de qué manera se aprende a convivir con la idea de que un día vamos a morir. Las tres están unidas por el afecto, pero sus personalidades y sus respuestas ante la existencia son distintas. Viven en lugares diferentes, han construido vidas propias y no necesitan pensar igual para quererse. En ese espacio de intimidad, donde las conversaciones familiares pueden pasar de la ternura a la incomodidad sin pedir permiso, Joyce encuentra una historia que termina por exceder los límites de su familia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="735" height="781" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg" alt="" class="wp-image-134186" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg 735w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg?resize=282,300 282w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la vejez es una experiencia universal, pero no existe una única manera de vivirla. Hay tantas formas de envejecer como historias, temperamentos, condiciones materiales y sociedades, y buena parte de las diferencias que encontramos entre las personas mayores tiene que ver con el mundo que las rodea, con las oportunidades que tuvieron, con los afectos que conservaron y con la posibilidad, tan decisiva como desigual, de seguir tomando decisiones sobre sus propias vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunas sociedades, la experiencia acumulada por los mayores todavía ocupa un lugar central en la transmisión de la memoria, las tradiciones y el conocimiento. En otras, donde la juventud se ha convertido en una especie de mercancía y la productividad parece ser la medida de todas las cosas, envejecer puede sentirse como una pérdida de valor social. No es que las primeras hayan resuelto el problema de la soledad ni que las segundas carezcan de vínculos familiares sólidos, pero sí existe una diferencia entre vivir en un entorno que reconoce la experiencia de los años y hacerlo en uno que parece pedir disculpas por ella. La modernidad nos ha ofrecido extraordinarias posibilidades para prolongar la vida, mientras nos cuesta cada vez más imaginar qué lugar queremos darle a esa vida prolongada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También importa la clase social. No envejece de la misma manera quien dispone de recursos para cuidar su salud, mantener su autonomía, viajar, cultivar amistades y organizar sus días que quien debe continuar trabajando porque no puede permitirse el descanso. Una cosa es temer la pérdida de independencia y otra, muy distinta, experimentar esa pérdida sin una red de apoyo, sin ingresos suficientes o sin acceso a cuidados. La vejez puede ser el tiempo de la contemplación, de los viajes y de una libertad conquistada después de décadas de obligaciones, pero también puede convertirse en una etapa de incertidumbre económica, aislamiento y dependencia. Entre ambas experiencias existe un mundo de diferencias que las sociedades suelen disimular cuando hablan de la tercera edad como si se tratara de una condición homogénea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, donde tantas familias han tenido que asumir buena parte de las tareas del cuidado sin suficiente acompañamiento institucional, estas preguntas adquieren una dimensión particular. Envejecer no es solamente un asunto privado, ni debería ser una preocupación que cada familia resuelva puertas adentro. Tiene que ver con la salud pública, las pensiones, las ciudades que construimos, la arquitectura de nuestras viviendas, el transporte, la soledad y la posibilidad de seguir participando en la vida colectiva cuando dejamos de pertenecer al mundo laboral. Tiene que ver, también, con la manera en que tratamos a nuestros padres y abuelos, con la paciencia que estamos dispuestos a concederles y con la facilidad con que confundimos la pérdida de ciertas capacidades con la pérdida de dignidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, <em>Tres hermanas</em> no pretende convertirse en un tratado sobre el envejecimiento ni en una denuncia social disfrazada de documental. Su fuerza está, precisamente, en que llega a esas preguntas a través de la vida concreta, de los rostros, las conversaciones, las diferencias y los recuerdos de tres mujeres que no representan a nadie más que a sí mismas y que, por eso mismo, terminan representándonos a todos. Joyce no necesita construir personajes ejemplares ni encontrar una fórmula para aceptar el paso del tiempo. Le basta con filmar a sus hermanas y filmarse a sí misma, dejar que aparezcan sus contradicciones y permitir que la cámara registre aquello que en una conversación cotidiana quizá preferiríamos evitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La película tiene, además, una pregunta íntima que la atraviesa desde el comienzo: ¿cómo se aprende a vivir cuando uno empieza a reconocer los límites del propio cuerpo? Joyce ha contado que su preocupación por la vejez viene de muchos años atrás, desde que empezó a necesitar gafas y comprendió que ella también estaba entrando en esa etapa que durante tanto tiempo había observado desde afuera. A esa inquietud se sumaron la muerte de su padre, el deterioro de su madre y el temor que le produjo conocer el diagnóstico de una enfermedad ocular degenerativa. La posibilidad de perder la visión introduce una dimensión especialmente conmovedora en su relación con el cine: una mujer que ha dedicado su vida a mirar comienza a preguntarse qué ocurriría si un día ya no pudiera hacerlo de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cámara se convierte entonces en una herramienta para conocer aquello que la asusta. Joyce ha explicado que investigar la vejez le permite acercarse a ella con curiosidad, como si comprender un poco mejor el miedo fuera una forma de hacerlo menos desconocido. Hay algo profundamente humano en esa decisión. No se trata de fingir que la muerte no existe, ni de convencerse de que todo puede resolverse mediante una actitud positiva, sino de observar, preguntar y conversar allí donde normalmente preferimos guardar silencio. La película no elimina la angustia, pero la transforma en una experiencia compartida, y quizá esa sea una de las funciones más antiguas y más necesarias del arte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la historia de Joyce hay, además, otra pérdida que ilumina la película de una manera particular: la muerte de Ciro Durán, su compañero de vida y de trabajo, el cineasta que dejó una huella fundamental en el documental colombiano. Durán, director de <em>Gamín</em> y de películas como <em>La guerra del centavo</em>, murió en enero de 2022, después de una enfermedad prolongada. Joyce ha recordado cómo afrontó sus últimos años con valentía y autonomía, sin abandonar la escritura de guiones, incluso cuando sabía que quizá no llegaría a filmarlos. En un gesto de generosidad, aceptó conversar con ella para el documental, aunque hablar de sí mismo y de su propia vulnerabilidad no le resultara sencillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es difícil no pensar en lo que significa compartir tantos años con alguien y descubrir, al final, que el amor no nos exime de acompañarlo hacia su desaparición. En la enfermedad, el tiempo adquiere otra densidad, las conversaciones cotidianas pueden convertirse en recuerdos y las cosas que antes parecían importantes pierden su urgencia frente a la evidencia de que la presencia del otro no es eterna. Pero también ocurre algo que solo se comprende desde la experiencia: incluso cuando el cuerpo se deteriora, una persona sigue siendo mucho más que su enfermedad, y la dignidad puede expresarse en la voluntad de conservar la autonomía, continuar escribiendo, pensar en proyectos que quizá no llegarán a realizarse y decidir de qué manera quiere vivir el tiempo que le queda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, la historia de Ciro no aparece como una explicación definitiva de la película, sino como parte de la experiencia desde la cual Joyce se aproxima a sus preguntas. La muerte de su compañero, la de su madre y el temor a su propio deterioro conforman un horizonte de pérdidas, pero también la obligan a mirar de frente aquello que durante años había intentado comprender. Hay una diferencia entre investigar la vejez y descubrir que uno mismo está envejeciendo, entre conversar sobre la muerte y reconocer que empieza a formar parte de nuestra biografía. Joyce atraviesa esa frontera con la cámara encendida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El archivo familiar adquiere entonces una importancia especial. Las fotografías, las grabaciones antiguas y las imágenes de celebraciones y encuentros permiten que las hermanas se observen en otros momentos de sus vidas, que comparen los rostros de entonces con los de ahora y que reconozcan, a veces con humor y otras con cierta melancolía, la distancia entre quienes fueron y quienes son. El pasado aparece fragmentado, pero no desaparecido. Las imágenes devuelven gestos, voces y maneras de estar en el mundo que el tiempo había transformado en recuerdos, y la cámara permite que esas imágenes vuelvan a entrar en conversación con el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Filmar es también una manera de resistirse al olvido. No de derrotar a la muerte, porque el cine no tiene semejante poder, sino de conservar algo de aquello que inevitablemente se pierde. Una voz grabada, una mirada, una risa, una discusión entre hermanas pueden sobrevivir a la ocasión en que ocurrieron y adquirir una nueva vida frente a otros espectadores. El cine convierte lo efímero en memoria compartida, aunque esa memoria nunca sea completa ni pueda reemplazar a la persona que ya no está. Quizá por eso las imágenes familiares tienen una fuerza que a veces no encontramos en las grandes narraciones históricas: nos devuelven la conciencia de que la vida está hecha, en buena medida, de gestos pequeños cuya importancia solo descubrimos cuando el tiempo los ha convertido en pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo especialmente valioso en que Joyce se permita mostrar las diferencias entre sus hermanas sin intentar resolverlas. En una época en que las conversaciones públicas suelen organizarse alrededor de identidades rígidas y posiciones irreconciliables, <em>Tres hermanas</em> recuerda que la intimidad no necesita uniformidad para existir. Podemos compartir una historia, querernos profundamente y, al mismo tiempo, tener ideas distintas sobre el envejecimiento, la muerte, la religión, el cuerpo o la posibilidad de una trascendencia. La familia no es necesariamente el lugar donde todos terminan pensando igual, sino aquel en el que, cuando los vínculos sobreviven a las diferencias, aprendemos a convivir con ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vejez pone a prueba esa convivencia porque modifica las condiciones materiales y emocionales de las relaciones. Los papeles cambian, la independencia se vuelve más difícil de conservar y quienes durante años cuidaron de otros pueden necesitar ayuda. También aparecen los desacuerdos sobre cómo cuidar, hasta dónde intervenir y qué significa respetar la voluntad de una persona que empieza a perder algunas capacidades. Son conversaciones difíciles, precisamente porque el afecto no siempre nos enseña qué hacer. A veces queremos proteger a alguien y terminamos restringiendo su libertad, o insistimos en conservar una imagen de esa persona que ya no corresponde con su realidad. En la película, esas tensiones no necesitan convertirse en grandes conflictos para revelar su importancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Joyce introduce el humor, y ese detalle cambia la naturaleza de la experiencia. Las hermanas se ríen, se contradicen, se observan y encuentran motivos para bromear en medio de conversaciones que podrían resultar demasiado dolorosas si fueran tratadas con solemnidad. La risa no niega el miedo ni convierte la pérdida en algo trivial; simplemente recuerda que la vida no deja de producir situaciones absurdas cuando empezamos a pensar en su final. Quizá una de las formas más sensatas de acercarse a la muerte sea aceptar que no todo lo que la rodea tiene que estar envuelto en gravedad, que podemos sentir angustia y reírnos en una misma tarde, que la conciencia de nuestra fragilidad no nos obliga a renunciar a la alegría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al salir de la Cinemateca pensé en esa costumbre que tenemos de aplazar ciertas conversaciones, como si hablar de la vejez pudiera acercarla o como si evitar la palabra muerte nos concediera alguna ventaja sobre ella. Nos preparamos para estudiar, trabajar, producir, viajar, formar una familia y construir una carrera, pero pocas veces nos preguntamos qué clase de vida queremos tener cuando todo eso empiece a cambiar, qué vínculos habremos cultivado para entonces o qué haremos con el tiempo cuando ya no esté organizado alrededor de nuestras obligaciones. Vivimos como si la vejez fuera una estación a la que llegarán otros, aunque cada día nos acerque un poco más a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La película de Joyce tampoco ofrece una respuesta sencilla a la pregunta de cómo deberíamos vivir esos años. Sería injusto pedirle que lo hiciera, porque cada experiencia tiene sus propias dificultades y porque no existe una fórmula capaz de reconciliar a todo el mundo con la pérdida, el dolor o la incertidumbre. Lo que propone es algo más modesto y, por eso mismo, más profundo: mirar, hablar, escuchar, reconocer las diferencias y aceptar que la vida puede conservar su riqueza incluso cuando deja de parecerse a la que imaginábamos. No se trata de romantizar la vejez, ni de convertirla en una etapa necesariamente sabia o feliz, sino de reconocer que sigue siendo vida, con sus conflictos, sus descubrimientos, sus alegrías y sus posibilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me alegra haber acompañado a Joyce en la conversación sobre su película. A veces uno acepta una invitación pensando que va a hablar de cine y termina hablando de asuntos para los que nunca encuentra el momento adecuado en la vida cotidiana. Esa noche, en la Cinemateca, la película nos llevó a conversar sobre el tiempo, la familia, las pérdidas y la posibilidad de seguir encontrando sentido en medio de la incertidumbre. Joyce, que durante décadas ayudó a contar las historias de otros, había encontrado en su propia experiencia una forma de acercarse a una pregunta universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título de esta reflexión podría ser, precisamente, la tragedia feliz de estar vivos. La tragedia consiste en que todo aquello que amamos está sometido al tiempo, en que ninguna forma de amor puede garantizar la permanencia de quien lo recibe y en que incluso las vidas más plenas terminan enfrentándose a la despedida. La felicidad no consiste en negar esa realidad, ni en fingir que la muerte nos resulta indiferente, sino en descubrir que la conciencia de nuestro final no anula el valor de lo vivido. A veces, por el contrario, nos permite reconocerlo con una claridad que antes no teníamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué curioso, entonces, salir de una película sobre la muerte con una sensación de gratitud por la vida. No porque el miedo haya desaparecido, ni porque las preguntas hayan encontrado respuesta, sino porque durante un par de horas hemos podido mirarlas de frente, acompañados por tres hermanas que, desde sus diferencias, nos recuerdan que todavía hay mucho por conversar. Y que mientras podamos hacerlo, mientras haya alguien a quien escuchar, una historia que contar, una imagen que rescatar del olvido o una razón para reírnos de nosotros mismos, la vida seguirá ofreciéndonos algo que no habíamos terminado de descubrir.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="722" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-134187" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg 1128w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=212,300 212w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=768,1089 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=722,1024 722w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=1083,1536 1083w" sizes="(max-width: 722px) 100vw, 722px" /></figure>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Fri, 16 Oct 2026 23:22:57 +0000</pubDate>
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        <title>Guido Tamayo: «La conciencia del fracaso nos otorga una capacidad de humanidad»</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/guido-tamayo-la-conciencia-del-fracaso-nos-otorga-una-capacidad-de-humanidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En La edad de la niebla, el escritor colombiano Guido Tamayo explora la vejez, la memoria, la muerte y las vidas que la sociedad relega. En conversación con Diego Aretz, habla de una cultura que se resiste a envejecer, de la dignidad de los derrotados y de la libertad que puede aparecer cuando dejamos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>En <em>La edad de la niebla</em>, el escritor colombiano Guido Tamayo explora la vejez, la memoria, la muerte y las vidas que la sociedad relega. En conversación con Diego Aretz, habla de una cultura que se resiste a envejecer, de la dignidad de los derrotados y de la libertad que puede aparecer cuando dejamos de vivir para complacer a los demás.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una paradoja en las sociedades contemporáneas: mientras la población envejece, la cultura del consumo insiste en vendernos la juventud como una condición permanente. Envejecer se convierte en algo que debemos aplazar, ocultar o combatir, como si el paso del tiempo fuera una derrota personal y no una de las pocas certezas que compartimos. En ese paisaje aparece <em>La edad de la niebla</em>, el nuevo libro del escritor colombiano Guido Tamayo, una colección de relatos que se adentra en la vida de quienes han llegado a una edad en la que el pasado pesa, los recuerdos se vuelven inciertos y la muerte deja de ser una abstracción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La niebla de Tamayo no es solamente la pérdida de claridad. También puede ser una forma distinta de mirar, una lucidez que aparece cuando la vida ya no se mide exclusivamente por lo que falta por hacer, por los proyectos pendientes o por la promesa de un futuro interminable. Sus personajes habitan residencias para adultos mayores, habitaciones apartadas, recuerdos que no terminan de encajar y deseos que persisten incluso cuando el mundo parece haberlos declarado fuera de lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tamayo habla de la vejez como una experiencia que nos obliga a examinar lo vivido, de una sociedad que margina a quienes dejan de producir y de la posibilidad de encontrar en el fracaso una forma de dignidad. Porque, en sus relatos, perder no significa necesariamente quedar derrotado ante la vida. A veces, significa empezar a verla de otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La neblina también puede ser una forma de lucidez»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Guido, quisiera empezar por el título, <em>La edad de la niebla</em>. La niebla evoca lugares que no se ven del todo, la pérdida de la memoria, la incertidumbre. Sabemos que hay algo delante de nosotros, aunque no podamos distinguirlo con claridad. ¿Cómo nació el título y qué relación tiene con tu propia experiencia del envejecimiento?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Este libro nació después de un largo proceso de frustración con una novela que llevo más de diez años intentando escribir. La he ensayado tres veces y voy a intentarlo una cuarta. En ese proceso he terminado por aceptar una idea que considero fundamental: la escritura es, en buena medida, un fracaso. Una novela exige muchísimo trabajo y, a pesar de todo, puede no llegar a cuajar. Pero quizá eso también sea escribir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase que me interesa: uno no escribe bien cuando escribe bien, sino cuando escribe mal. En medio de esa frustración recordé que, años atrás, había escrito un par de cuentos que probablemente surgieron de la imagen de la muerte de mis dos abuelas. Eran relatos que tenía olvidados y que estaban relacionados con la vejez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces apareció el título, <em>La edad de la niebla</em>. Cuando esa frase empezó a resonar en mi cabeza, pensé que allí había un libro. El título merecía un libro, y yo tenía un material escrito que podía comenzar a organizarse alrededor de esa idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, mis contemporáneos están envejeciendo y nuestras conversaciones empiezan a girar cada vez más alrededor de esa experiencia. La niebla es un lugar extraño en el que las cosas se van oscureciendo, pero no desaparecen por completo. Hay una especie de lucidez final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante toda la vida queremos estar bajo una luz intensa, tener las cosas claras, sentir que podemos verlo todo. Por eso nos cuesta aceptar la vejez, porque creemos que significa el final de esa claridad. Sin embargo, cuando empezamos a ser conscientes de que el tiempo que nos queda es limitado, miramos nuestra vida bajo otra luz. Ya no es una iluminación rotunda, sino algo que se difumina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, precisamente en esa difuminación, puede aparecer cierta sabiduría. La vejez y la muerte no son opciones que podamos evitar indefinidamente. La conciencia de la mortalidad cambia nuestra manera de mirar el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo cultural en esa dificultad para aceptar la vejez. No hemos hecho del todo las paces con envejecer ni con morir. Y quizá tampoco con vivir, porque aceptar la vida implica reconocer que tiene un recorrido, que no podemos detenerla en el momento que nos resulta más cómodo. ¿Cómo entiendes esa relación entre la experiencia personal y la manera en que una sociedad se enfrenta al paso del tiempo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Durante buena parte de la vida eludimos la necesidad de interpretar lo que estamos viviendo. La inmediatez de la experiencia nos lleva a actuar, a resolver problemas, a hacer cosas. No siempre nos detenemos a preguntarnos qué significa nuestra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vejez nos confronta de una manera particular con el pasado, con la memoria y con lo que hemos hecho. Las memorias siempre son parciales, pero en la vejez aparece una especie de exigencia de recordar, de pensar, de examinar lo vivido. Es un momento en el que nos preguntamos qué significan nuestras decisiones y qué hemos llegado a ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La juventud está más asociada con la acción. Hay que moverse, hacer cosas, construir, producir. Y esta sociedad nos ha convencido de que debemos permanecer jóvenes indefinidamente. Queremos ser jóvenes para siempre, como si reconocer la vejez fuera aceptar una derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que no nos damos la oportunidad de pensar qué significa envejecer. La sociedad nos mantiene ocupados en la acción y nos aleja de esa reflexión, hasta que la vejez aparece y nos obliga a detenernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«El fracaso es un lugar dolorosamente lúcido»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> En tu obra hay una presencia recurrente de personajes que fracasan, que no terminan de encajar en el mundo o que se enfrentan a alguna forma de derrota. Pienso en <em>El inquilino</em>, en <em>Juego de niños</em> y ahora en <em>La edad de la niebla</em>. ¿Cómo dialoga este libro con tus trabajos anteriores?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Nunca he obedecido a un plan para construir una obra con una perspectiva determinada. Sin embargo, con el tiempo he descubierto que existen vínculos muy estrechos entre mis libros. Quizá el vínculo sea precisamente la derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>El inquilino</em> aparece el escritor derrotado, alguien que fracasa. En <em>Juego de niños</em> está el niño diferente, el que tiene una dificultad para relacionarse con los demás y que, por esa diferencia, queda al margen de lo que se considera normal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>La edad de la niebla</em> aparece la derrota definitiva: la mortalidad, la conciencia de que no podemos ser inmortales. En ese sentido, podría imaginar una trilogía que se llamara <em>La trilogía de la derrota</em>, con el niño, el adulto y el viejo como figuras centrales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo en esa idea que recuerda a Pasolini y a su manera de cuestionar una sociedad que celebra el triunfo, incluso cuando ese triunfo se consigue mediante la trampa, la usurpación o la falta de escrúpulos. En un mundo tan obsesionado con ganar, ¿qué dignidad puede haber en ser derrotado?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Pasolini, Borges y Beckett tienen reflexiones extraordinarias sobre el fracaso. Bastarían esos tres nombres para entender que el fracaso es un lugar muy especial, un lugar dolorosamente lúcido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente no suele preguntarse por el fracaso. Se duele de él, se angustia, se siente víctima. Pero lo interesante es que esos escritores encuentran en el fracaso una forma distinta de triunfo, algo mucho más digno, más brillante y más esforzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fracaso es profundamente humano. El triunfo, en cambio, puede resultar plano, insulso, poco revelador. No necesariamente nos enseña algo sobre nosotros mismos. Incluso puede conducir a comportamientos agresivos o violentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conciencia del fracaso nos otorga una capacidad de humanidad que no nos concede ninguna otra experiencia. Nos obliga a reconocernos vulnerables, a entender nuestros límites y a mirar de frente aquello que no hemos podido resolver. En ese sentido, la derrota puede enseñarnos mucho más que el triunfo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La sociedad ha convertido a los viejos en seres marginales»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo inquietante en los personajes del libro porque resultan familiares, pero al mismo tiempo pertenecen a un universo del que preferimos no hablar. Vivimos en ciudades donde la población envejece, mientras la cultura sigue celebrando la juventud. ¿Qué lugar ocupa hoy la vejez en nuestra sociedad?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Existe una contradicción en el mundo contemporáneo. Por un lado, tenemos una cultura del consumo que celebra la juventud y nos invita permanentemente a comprar, a cambiar, a renovarnos, a no aceptar el envejecimiento. Por otro, la población está envejeciendo y la natalidad ha disminuido considerablemente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos bajo la presión de una sociedad que nos dice que debemos ser jóvenes, que debemos seguir consumiendo y que no podemos admitir que vamos a envejecer. Sin embargo, la realidad demográfica nos muestra otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hemos perdido es el respeto por la vejez como lugar de aprendizaje. Antes existía la idea de que los viejos conservaban una sabiduría que podían transmitir. Esa consideración se ha debilitado profundamente. Hoy muchas personas mayores son vistas como seres marginales, como si dejaran de tener un lugar cuando ya no participan de la vida productiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en los geriátricos como espacios en los que depositamos a los viejos para que no interfieran en nuestra cotidianidad. Hay instituciones lujosas y otras precarias, pero detrás de esa diferencia puede existir una misma lógica: apartar a quienes nos recuerdan algo que preferimos no mirar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa exclusión también se reproduce en las casas. A veces, el adulto mayor termina en una habitación apartada, lejos de los espacios centrales de la vida familiar. No quiero generalizar, porque hay muchas excepciones, pero sí creo que existe un desplazamiento de la vejez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que esta sociedad mide a las personas por su capacidad de producir. Cuando alguien deja de ser productivo, parece que deja también de tener un lugar. Y hay otra cuestión: el viejo es memoria. Eliminar o marginar a quien recuerda es también una manera de perder la complejidad del pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Esa pérdida de la memoria tiene consecuencias que van más allá de la familia. Si una sociedad no escucha a sus mayores, también renuncia a una parte de su experiencia histórica. Sin embargo, propones algo que parece contradictorio: conservar a las personas mayores durante más tiempo en el mundo laboral, en lugar de pensionarlas. ¿Cómo entiendes esa tensión?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Si la población sigue envejeciendo, tendremos que pensar cómo queremos relacionarnos con las personas mayores y qué lugar les damos en la sociedad. Desde el punto de vista económico y productivo, habrá que examinar también cómo se organiza el trabajo y qué papel pueden seguir desempeñando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero creo que hay una diferencia entre obligar a alguien a trabajar porque lo necesita y permitirle continuar haciendo aquello que le interesa. La vejez no debería significar que una persona tiene que desaparecer de la vida pública, ni que debe renunciar a sus deseos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La verdadera conquista de la vejez es la libertad»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quisiera llevar esa discusión a un terreno más personal. Existe una idea muy extendida de la jubilación como el momento en que uno deja de trabajar, recibe una pensión y finalmente puede descansar. Pero si alguien ha construido una vida alrededor de una actividad que le produce placer, dejarla puede significar renunciar a una parte fundamental de sí mismo. ¿No tendríamos que cambiar también nuestra manera de entender el retiro?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> A pesar de todo lo que hemos dicho sobre las dificultades de la vejez, creo que una de sus grandes conquistas puede ser la impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sociedad empieza a concederle al viejo una especie de licencia. Le permite decir cosas o hacer cosas que quizá no le habría permitido en otras etapas de su vida. Hay algo de compasión en esa actitud, pero también puede convertirse en una oportunidad para ejercer la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años hemos vivido respondiendo a las exigencias de la familia, del trabajo, de la sociedad y de la religión. Hemos asumido compromisos, obligaciones y deudas simbólicas. Constantemente tenemos que justificar lo que hacemos y ajustarnos a lo que los demás esperan de nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la vejez puede aparecer la posibilidad de abandonar esas obligaciones y preguntarnos qué queremos hacer con el tiempo que nos queda. Cuáles son nuestros placeres, qué deseamos experimentar, qué cosas ya no estamos dispuestos a hacer para complacer a los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo puede decir: esta es mi vida y voy a vivirla como quiero. No tengo que disculparme por mis deseos ni justificar cada decisión. Esa libertad, ese ejercicio de la libertad, puede ser maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Los personajes todavía tienen deseos, heridas y secretos»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Me gusta pedirles a los escritores que hablen de sus personajes con sus propias palabras, porque a veces esa explicación es distinta de lo que encontramos en el relato. ¿Cómo presentarías a los hombres y las mujeres que habitan <em>La edad de la niebla</em> a alguien que todavía no ha leído el libro?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Muchos de estos personajes nacen de experiencias cercanas, de mis abuelas, de mi madre, de mi padre, de amigos y de otras personas mayores. Empecé a preguntarme cuál podía ser la dignidad de alguien a quien la sociedad ha relegado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso, por ejemplo, en una anciana a la que han apartado en una habitación remota de la casa. Su último gesto de dignidad podría consistir en que, cuando la encuentren muerta, esté impecable. Que todo esté perfectamente ordenado y que ella esté arreglada, como si esa fuera su manera de responderle a un mundo que la ha despreciado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También aparecen personajes atormentados por dudas sobre su pasado, por heridas que nunca terminaron de aclararse. Una mujer le escribe a su hermana para preguntarle si realmente pertenece a esa familia, si es posible confirmar una sospecha que la ha perseguido durante años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay un escritor enfermo, cada vez más convencido de que no tiene razones para seguir viviendo. Acaba de publicar un libro, pero la promesa de recibirlo nunca se cumple. Esa espera se convierte en otra frustración, en una decepción que se suma a las demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hay una mujer que vive en un geriátrico elegante, que parece haber olvidado sus placeres y que, de pronto, encuentra a un hombre con el que surge una relación erótica. Me interesaba explorar ese tabú de la sexualidad en la vejez, como si los besos, el deseo y el sexo dejaran de existir cuando una persona alcanza cierta edad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra mujer, después de la muerte de su marido, descubre que puede volver a ser ella misma. Pone a todo volumen la música de jazz que le gusta y celebra la posibilidad de recuperar una libertad que había perdido. También están los personajes que viven entre el sueño y la vigilia, hasta que los recuerdos y la realidad empiezan a mezclarse y ya no es posible distinguirlos con claridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay escritores derrotados, personajes que se enfrentan a sus propios límites y personas que intentan encontrar una salida a la angustia. No quisiera contar todos los desenlaces, porque parte de la experiencia está en descubrirlos durante la lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, todas esas historias y esas voces nos conducen a una imagen más amplia: un mundo que está envejeciendo. Un mundo en el que todo parece viejo, incluso aquello que asociamos con el comienzo de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quizá esa sea una de las preguntas que quedan después de leer el libro: qué hacemos con la vejez cuando deja de ser una experiencia ajena y empezamos a reconocerla en nosotros mismos. Y qué hacemos con el tiempo que nos queda, con nuestros deseos, con las derrotas y con esa memoria que nunca es del todo completa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque tal vez la niebla no sea únicamente aquello que nos impide ver el camino, sino también una invitación a mirar de otra manera lo que hemos vivido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Creo que la vejez nos pone frente a esa necesidad de pensar, de recordar y de preguntarnos qué significa lo que hemos hecho. Y quizá, en esa conciencia de nuestros límites, podamos encontrar una forma distinta de libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134181</guid>
        <pubDate>Fri, 16 Oct 2026 22:32:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Guido Tamayo: «La conciencia del fracaso nos otorga una capacidad de humanidad»]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Cinco cosas que me llevaría a otra vida</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/cinco-cosas-que-me-llevaria-a-otra-vida/</link>
        <description><![CDATA[<p>Dicen que una de las grandes incertidumbres de la existencia es saber qué hay más allá. Sobre la reencarnación, nadie tiene una prueba absoluta; al final, todo se reduce al terreno de la fe y de las creencias personales. No hay certezas científicas, solo caminos que cada quien elige transitar. Juguemos un rato a la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Dicen que una de las grandes incertidumbres de la existencia es saber qué hay más allá. Sobre la reencarnación, nadie tiene una prueba absoluta; al final, todo se reduce al terreno de la fe y de las creencias personales. No hay certezas científicas, solo caminos que cada quien elige transitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Juguemos un rato a la hipótesis: Imaginemos que sí existe. Que nos toca arrancar otra vez de cero en otra vida, pero que nos dejan empacar cinco cosas, bien guardadas en la mente y en el corazón para que tengamos presente en la otra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensando en esto, y haciendo el ejercicio de mirar mi propia vida hacia atrás —porque dicen por ahí que la vida se vive hacia adelante, pero solo se entiende mirando hacia atrás—, me di cuenta de cuántos dolores de cabeza y sufrimientos innecesarios me habría ahorrado si hubiera tenido claras estas cinco cosas desde más joven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que, si me dieran la oportunidad de volver a empezar, no dudaría en llevármelas conmigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. Romper con el mito de la media naranja</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos han vendido la idea de que la vida en pareja es una especie de meta obligatoria, el casillero que hay que marcar para estar “completos”. Mucha gente tiene un miedo paralizante a estar sola. ¿por qué?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que uno puede estar perfectamente bien en solitario, en absoluta paz, y ser igual de feliz sin ese adhesivo social que nos impone compañía a toda costa. Estar solo no significa estar incompleto. A veces, aprender a estar bien con uno mismo es precisamente la forma de dejar de conformarse con cualquier compañía.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. La independencia económica es sinónimo de libertad</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablo, sobre todo, del dinero y de la economía propia. No depender de nadie financieramente es una de las formas más concretas de libertad. Tener con qué mantenerse, tomar decisiones sin que el bolsillo de otro sea quien las determine y saber que uno puede sostenerse por sí mismo cambia completamente la manera de vivir. Cuando uno tiene independencia económica, el timón de la vida lo maneja uno. Y punto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Ser un buen ser humano, en público y en privado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La empatía y la sensibilidad hacia los demás son fundamentales. Para mí, son parte esencial del sentido de nuestro paso por la tierra. Que realmente nos importe otro ser humano. No se trata de quedar bien ante los ojos de los demás, sino de ser genuinamente coherentes: cuidar al otro, entender que el mundo no gira únicamente alrededor de nosotros y practicar la bondad incluso cuando nadie nos está mirando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, lo que somos cuando nadie nos ve dice mucho más de nosotros que cualquier cosa que podamos mostrarle al mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. Hay gente que simplemente cumple su ciclo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces nos aferramos a personas o relaciones por pura inercia, costumbre o nostalgia. Pero la vida avanza. Si alguien sale de tu vida, se salió. Y ya. No pasa nada. El mundo sigue girando. No todo el mundo está destinado a ser amigo, compañero, pareja, vecino, para toda la vida. Hay personas que llegan, nos enseñan algo, nos acompañan durante un tramo y después siguen su camino.&nbsp; Y eso no es una tragedia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas relaciones terminan sin que nadie sea culpable, sin necesidad de convertir el final en una guerra y sin tener que cargar rencores para siempre. Cada quien sigue su camino. Y la vida continúa, más liviana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. Cero sufrimientos tontos por relaciones,&nbsp; seleccionar mejor&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sean laborales, personales o familiares, las relaciones deberían sumar, no convertirse en un calvario. Claro que es lindo construir vínculos, cuidar a la gente que queremos y mantener buenos lazos. Pero una cosa es querer y otra muy distinta es vivir atrapado en el drama, la culpa, la angustia, la crítica, o las relaciones que terminan desgastándolo a uno por dentro.  Seleccionar bien a quién se le da confianza, amistad y cariño. Y si algo no es recíproco, next, a lo que sigue&#8230;.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los años uno aprende que no todo merece una batalla, que no toda discusión necesita una respuesta y que hay personas por las que simplemente no vale la pena perder la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las grandes lecciones de la vida: <strong>la paz también es una forma de felicidad.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso me gusta tanto este juego de imaginar una próxima vida. Porque, pensándolo bien, tal vez no se trata de saber si existe la reencarnación. Tal vez se trata de preguntarnos qué haríamos diferente <strong>si supiéramos que esta es la única vida que tenemos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿De qué nos desprenderíamos? ¿A quién dejaríamos de intentar convencer? ¿Qué miedo dejaríamos de alimentar? ¿Qué relación dejaríamos ir? ¿a quién no soltaríamos? ¿Qué decisión tomaríamos por fin? ¿Y cuánto tiempo más seguiríamos posponiendo lo que queremos hacer?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la vida no nos da la oportunidad de volver a empezar, pero sí nos da algo mucho más valioso: <strong>la posibilidad de darnos cuenta a tiempo.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una cosa más: Nada merece que nos preocupemos tanto&#8230;  poco a poco la vida siempre se va acomodando como debe ser. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que el mayor aprendizaje es mirar hacia atrás reconociendo cuánto sufrimiento pudimos habernos ahorrado si hubiéramos sabido antes lo que hoy sabemos. Lo bueno, es que ya lo sabemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y usted qué se llevaría?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pudiera echar para atrás el casete, mirar su historia en retrospectiva y le dieran la oportunidad de llevarse solo cinco aprendizajes para arrancar otra vez, ¿cuáles serían? </p>



<p class="wp-block-paragraph">ANDREA VILLATE </p>
]]></content:encoded>
        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133898</guid>
        <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 19:00:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/andrea-villate-el-espectador.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Cinco cosas que me llevaría a otra vida]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ANDREA VILLATE</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>¿Dónde están los milagros?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/donde-estan-los-milagros/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si 30 días son insuficientes para determinar si se gobierna mal, también deberían ser insuficientes para decretar que gobierna bien.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Cada vez que alguien pregunta por qué se critica tan poco al gobierno de <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-abelardo-de-la-espriella-que-hemos-visto/">Abelardo De La Espriella</a></strong>, aparece casi siempre la misma respuesta: hay que darle tiempo. Un mes no alcanza para evaluar un gobierno, dicen; no se pueden exigir resultados después de apenas 30 días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El argumento, en principio, parece razonable. Todo gobierno necesita tiempo para ejecutar sus políticas, poner en marcha sus programas y demostrar resultados. Pero hay una pequeña contradicción que no debería pasar inadvertida: ¿no dizque Abelardo De La Espriella era el milagroso?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si durante la campaña se vendió la idea de que él tenía soluciones extraordinarias para los problemas del país, entonces resulta inevitable preguntar dónde están los milagros. No se puede pedir paciencia para medir los resultados y, al mismo tiempo, reclamar aplausos anticipados por un gobierno que apenas comienza. Si 30 días son insuficientes para determinar si gobierna mal, también deberían ser insuficientes para decretar que gobierna bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se puede jugar con las dos barajas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando conviene, se dice que hay que esperar para juzgar. Cuando conviene, se celebra cada declaración, cada gesto y cada decisión como si estuviéramos asistiendo al nacimiento de una nueva era. Eso no es evaluación: es indulgencia selectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y conviene decirlo con toda claridad: gritar frente a un micrófono, manotear, cerrar el puño, elevar la voz o adoptar una postura desafiante no constituye una política pública. Mucho menos demuestra capacidad de gobierno. El volumen de la voz no guarda relación alguna con la calidad de las decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Duque también sabía utilizar el micrófono, levantar la voz y construir discursos de firmeza. Eso, sin embargo, no impidió que su gobierno terminara siendo objeto de fuertes cuestionamientos y que su legado político quedara sometido a una evaluación mucho más compleja que la que ofrecían sus intervenciones públicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema, entonces, no es que De La Espriella lleve apenas 30 días. El problema sería creer que durante esos 30 días el país debe suspender su capacidad crítica porque el nuevo presidente necesita tiempo para demostrar lo que prometió. Una cosa es darle tiempo y otra concederle inmunidad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo que he visto hasta ahora aparece un presidente que parece especialmente empeñado en demostrar quién manda. Y ahí es donde comienzan las preguntas incómodas. Porque la autoridad presidencial no se demuestra intimidando, gritando o imponiendo. Se demuestra gobernando dentro de las reglas, respetando las instituciones y entendiendo que el poder tiene límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También preocupa la impresión de que el Presidente prefiera tener cerca a quienes lo aplauden antes que a quienes puedan decirle que está equivocado. Un gobernante rodeado de aduladores puede sentirse muy poderoso, pero está extraordinariamente mal acompañado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia está llena de gobiernos que terminaron creyéndose sus propios aplausos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso del<strong><a href="https://www.dane.gov.co/"> DANE</a></strong> merece especial atención. Si la salida de Ricardo Valencia estuvo relacionada con discrepancias frente al manejo o la interpretación de las cifras, como se ha planteado públicamente, entonces el asunto no debería despacharse como una simple disputa burocrática. Las estadísticas oficiales no pueden convertirse en instrumentos al servicio de la narrativa de un gobierno. Si una cifra incomoda, se debate. Si una metodología tiene problemas, se corrige. Si existe una irregularidad, se investiga. Pero la solución no puede ser que las instituciones produzcan únicamente los datos que resulten políticamente convenientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece otro asunto de fondo: la obsesión con el gobierno de Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie está diciendo que Petro haya sido un ángel. Su administración tuvo errores, escándalos y decisiones profundamente controvertidas. Todo aquello que deba investigarse debe investigarse. Si hubo corrupción, quienes resulten responsables tendrán que responder ante la justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero una cosa es investigar posibles delitos y otra convertir la administración pública en una gigantesca operación de revancha política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todos los funcionarios que trabajaron durante el gobierno anterior son delincuentes. No todos los programas anteriores fueron un desastre. No todas las cifras negativas son falsas y no todas las positivas son sospechosas. Gobernar consiste precisamente en tener la capacidad de distinguir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el nuevo Gobierno pretende corregir lo que estuvo mal, adelante. Para eso recibió el poder. Pero si su principal argumento para justificar cada problema consiste en señalar a Petro, entonces la pregunta inevitable será cuándo empezará realmente a gobernar De La Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque resulta muy cómodo gobernar culpando al antecesor. Lo difícil es hacerse responsable de lo que ocurre durante el propio mandato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí De La Espriella debería tener cuidado con algo que parece olvidar: el cielo también tiene memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está escupiendo demasiado hacia arriba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ningún gobierno está vacunado contra los escándalos. Ningún presidente está por encima de los errores. Ninguna administración puede garantizar que entre sus funcionarios no aparecerá un caso de corrupción. Quien construye su autoridad política sobre la supuesta superioridad moral frente a sus adversarios debería recordar que el poder tiene una costumbre particularmente incómoda: tarde o temprano, examina a todos con la misma lupa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso sería saludable que el Presidente dejara de comportarse como si cada crítica fuera una conspiración y entendiera que la prensa no está para aplaudirlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque respetar la libertad de prensa no significa permitir que los periodistas hagan preguntas mientras sean cómodas. La libertad de prensa se pone a prueba precisamente cuando aparece la pregunta que incomoda, la repregunta que molesta y el periodista que no acepta la respuesta prefabricada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un presidente democrático no necesita periodistas arrodillados ante el poder. Necesita periodistas que pregunten. Que contradigan. Que investiguen. Que insistan. Que incomoden.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también necesita funcionarios capaces de decirle que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero peligro para un presidente no es tener críticos. El verdadero peligro es quedarse sin ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de 30 días no es serio declarar que el gobierno fracasó. Pero tampoco es serio proclamar que ya demostró ser exitoso. El mismo criterio debe aplicarse en ambas direcciones. Si todavía es temprano para exigir resultados definitivos, también es temprano para repartir certificados de excelencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que paciencia, sí. Pero paciencia no significa silencio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiempo, sí. Pero tiempo no significa impunidad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Respeto institucional, sí. Pero respeto institucional también significa permitir que las instituciones hagan su trabajo aunque sus decisiones incomoden al Gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y milagros, si fueron prometidos, que aparezcan donde realmente importan: en el empleo, la seguridad, la economía, la salud, la educación, la lucha contra la corrupción y la calidad de vida de los colombianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un país no se gobierna a gritos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco a punta de aplausos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mucho menos a punta de milagros prometidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, De La Espriella tendrá que demostrar algo mucho más difícil que su capacidad para llenar plazas, levantar el puño o pronunciar discursos incendiarios: tendrá que demostrar que puede ejercer el poder sin convertirlo en una extensión de su personalidad, gobernar sin confundir autoridad con autoritarismo, escuchar sin sentirse derrotado y aceptar la crítica sin tratar al crítico como enemigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos no necesitan un presidente que les diga constantemente quién manda. Ya sabemos quién manda: temporalmente, el presidente. Pero el poder no le pertenece. Es prestado. Y precisamente por eso, cuando terminen los aplausos, cuando se apaguen los micrófonos y cuando desaparezcan las cámaras, quedará la única pregunta que realmente importa: ¿qué hizo con ese poder?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí, y no en el volumen de sus discursos, comenzará la verdadera evaluación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133491</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Sep 2026 22:09:19 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>¿Colegios, con o sin celular?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/colegios-con-o-sin-celular/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cómo acompañar a nuestros hijos en un mundo hiperconectado. ¿A qué edad debería tener un niño su primer celular? ¿Cuánto tiempo frente a una pantalla es demasiado? ¿Estamos protegiéndolos o dejándolos por fuera de un mundo que ya es digital? Para muchas familias, estas preguntas hacen parte de la crianza cotidiana. El celular puede ser [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Cómo acompañar a nuestros hijos en un mundo hiperconectado</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿A qué edad debería tener un niño su primer celular? ¿Cuánto tiempo frente a una pantalla es demasiado? ¿Estamos protegiéndolos o dejándolos por fuera de un mundo que ya es digital?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para muchas familias, estas preguntas hacen parte de la crianza cotidiana. El celular puede ser una herramienta para comunicarse, aprender y relacionarse, pero también puede convertirse en una fuente de distracción, afectar el sueño o exponer a niños y adolescentes a contenidos y situaciones para los que todavía no están preparados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, más que preguntarnos únicamente “¿mi hijo debería tener celular?”, vale la pena preguntarnos: “¿está preparado para usarlo y estamos preparados para acompañarlo?”</p>



<h2 class="wp-block-heading">La tecnología no es el problema</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cada nueva tecnología ha cambiado nuestra forma de vivir y, con ella, hemos tenido que aprender a usarla: pasó con la escritura, la televisión, internet y ahora con los celulares. La diferencia es que nunca una herramienta había estado tan presente en la vida de los niños como el smartphone.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, más que preguntarnos si el celular es “bueno” o “malo”, el verdadero reto está en enseñar a nuestros hijos a usar la tecnología de manera responsable, segura y equilibrada. Hoy, familias y colegios tenemos la oportunidad de acompañarlos, crear hábitos saludables y ayudarles a aprovechar los beneficios de la tecnología sin dejar que esta marque el ritmo de su infancia.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>¿Qué nos dicen los datos sobre atención y aprendizaje?</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Los resultados de PISA 2025 vuelven a poner sobre la mesa una habilidad fundamental para aprender: la capacidad de concentrarnos. En Colombia, los estudiantes de 15 años obtuvieron 399 puntos en lectura y 381 en matemáticas, frente a promedios de la OCDE de 461 y 472, respectivamente. Además, el desempeño en lectura de Colombia disminuyó 9 puntos entre 2022 y 2025.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no significa que el celular sea el culpable de los resultados educativos, porque la realidad es mucho más compleja. Pero sí nos invita a preguntarnos qué lugar ocupan los dispositivos digitales en la vida escolar y cómo podemos proteger momentos esenciales para leer, pensar, conversar, resolver problemas y aprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La propia Academia Americana de Pediatría (AAP) señala que los estudiantes necesitan tiempos de aprendizaje libres de distracciones digitales y que las políticas escolares bien implementadas pueden ayudar a reducir esas interrupciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la tecnología puede potenciar el aprendizaje cuando tiene un propósito. Pero aprender también necesita algo que ninguna pantalla puede reemplazar: atención sostenida, interacción humana y tiempo para pensar.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>La mente también necesita aprender a desconectarse</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">El filósofo Byung-Chul Han plantea que vivimos en una sociedad marcada por la exigencia constante: estar disponibles, producir, responder y rendir. El celular lleva buena parte de esa lógica al bolsillo de niños y adolescentes: notificaciones, mensajes, redes sociales y contenidos que hacen difícil encontrar un verdadero “hasta aquí”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esta mirada se suma la reflexión de Bernard Stiegler sobre la atención y las tecnologías. Cuando determinadas herramientas están diseñadas para captar nuestra atención de manera permanente, el desafío deja de ser únicamente evitar la distracción y pasa a ser aprender a recuperar nuestra capacidad de concentrarnos, profundizar y elegir dónde ponemos nuestra atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una pregunta esencial para las familias y los colegios: <em>¿cómo enseñamos a nuestros hijos a utilizar una herramienta sin permitir que la herramienta termine utilizándolos a ellos?</em></p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Estar conectados también significa aprender a convivir</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar del celular en el colegio no es hablar únicamente de rendimiento académico. También es hablar de convivencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La empatía se construye en gran medida a través de las relaciones con otros: una conversación, una mirada, un gesto, un desacuerdo, la posibilidad de escuchar y comprender una perspectiva diferente. Es en esos encuentros donde niños y adolescentes desarrollan herramientas para relacionarse, resolver conflictos y reconocer cómo sus acciones pueden afectar a los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, crear momentos libres de celulares dentro del colegio no significa darle la espalda a la tecnología. Significa proteger espacios para hacer amigos, conversar, jugar, resolver diferencias, pedir ayuda y construir comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estar conectados no siempre significa estar cerca. Y una educación verdaderamente integral también enseña a nuestros hijos a reconocer cuándo una pantalla los conecta y cuándo empieza a alejarlos de los demás.</p>



<h2 class="wp-block-heading">3 claves para construir una relación saludable con el celular en familia</h2>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>1. Establezcan momentos y espacios sin pantallas</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las mejores herramientas para crear hábitos saludables son las reglas claras y consistentes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Nada de celulares durante las comidas.</li>



<li>El celular no duerme en la habitación.</li>



<li>Evitar pantallas durante la hora previa a dormir.</li>



<li>Definir momentos específicos para entretenimiento digital.</li>



<li>Mantener los dispositivos fuera del momento de estudio cuando no sean necesarios.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La AAP recomienda priorizar el sueño, la actividad física, la lectura, las relaciones familiares y otras experiencias importantes frente al consumo digital, además de establecer espacios libres de dispositivos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>Y hay una regla que vale para todos: los adultos también educamos con el ejemplo.</em></p>
</blockquote>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>2. No solo controlen: conversen</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">El acompañamiento digital no debería comenzar cuando aparece un problema. Debe comenzar mucho antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregúntenles:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Qué ves en internet?</li>



<li>¿Con quién hablas?</li>



<li>¿Qué te preocupa?</li>



<li>¿Qué harías si alguien te incomoda?</li>



<li>¿Qué información nunca deberías compartir?</li>



<li>¿Qué harías si ves que están molestando o excluyendo a alguien?</li>



<li>¿Qué harías si eres tú quien está siendo víctima de una agresión en internet?</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">UNICEF recomienda precisamente mantener conversaciones frecuentes y abiertas sobre las experiencias digitales de niños y adolescentes, promoviendo relaciones digitales respetuosas y seguras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Asegúrense de que la vida real siga siendo más grande que la pantalla</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una infancia y una adolescencia saludables necesitan mucho más que conexión a internet: movimiento, juego, deporte, lectura, creatividad, descanso, conversación, amistad y experiencias compartidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La AAP plantea que el uso de medios debe analizarse en función de aquello que puede desplazar: sueño, actividad física, tareas escolares, tiempo familiar y experiencias sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, una buena pregunta familiar no es solamente: ¿Cuántas horas estuvo conectado?. También podemos preguntar:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Qué aprendió hoy?</li>



<li>¿Con quién compartió?</li>



<li>¿A quién ayudó?</li>



<li>¿Qué conversación tuvo?</li>



<li>¿Qué hizo hoy que no necesitó una pantalla?</li>
</ul>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El objetivo no es que nuestros hijos tengan miedo de internet. Es que tengan criterio para navegarlo.</em></strong></p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">Cuando el bullying llega al celular</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La hiperconexión también ha cambiado la manera en que puede presentarse el acoso escolar. Una burla, una exclusión, una fotografía compartida sin consentimiento o un mensaje ofensivo pueden salir del salón de clase y continuar en un chat o en una red social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, la Ley 1620 reconoce el ciberacoso como una forma de intimidación ejercida mediante tecnologías como internet, redes sociales, telefonía móvil y videojuegos en línea, y establece mecanismos de prevención, detección y atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el CBJML entendemos que la prevención del bullying no termina cuando un estudiante sale del salón. También debemos acompañarlo en los espacios digitales donde hoy se relaciona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso desarrollamos <strong>Rompamos el Silencio</strong>, una estrategia institucional que, junto con la Universidad EAN y El Espectador, busca abrir conversaciones sobre las violencias relacionales, entregar herramientas para identificarlas y fortalecer una cultura en la que pedir ayuda, intervenir y no guardar silencio también hacen parte del cuidado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el bullying puede ocurrir cara a cara o detrás de una pantalla. Lo que no debería cambiar es nuestra respuesta: reconocerlo, hablarlo y actuar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Y cómo se hace en los colegios?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En el <strong><a href="https://www.josemaxleon.edu.co" data-type="link" data-id="www.josemaxleon.edu.co">Colegio Bilingüe José Max León</a></strong> entendemos que educar también significa preparar a nuestros estudiantes para desenvolverse de manera responsable en un mundo cada vez más digital. Por eso contamos con normas claras para el uso de dispositivos, pensadas para proteger la concentración, el aprendizaje, la convivencia y el bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De <strong>primero a noveno grado</strong>, los estudiantes no utilizan celulares ni dispositivos digitales personales durante las clases. En cambio, cuentan con los recursos tecnológicos del colegio —como las salas de sistemas, el laboratorio STEAM y la sala de consulta— para incorporar la tecnología cuando realmente aporta a su proceso de aprendizaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <strong>décimo y undécimo</strong>, el escenario cambia porque también cambia la responsabilidad que esperamos de nuestros estudiantes. Pueden utilizar celulares y otros dispositivos personales con autorización del docente, bajo supervisión y con fines académicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No buscamos formar estudiantes que le tengan miedo a la tecnología. Buscamos formar estudiantes que comprendan que detrás de cada pantalla hay una persona que merece respeto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Tecnología con propósito, convivencia con sentido</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El reto no es escoger entre tecnología o educación. <strong>El verdadero reto es educar para que ambas puedan convivir de manera responsable.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el CBJML creemos que formar ciudadanos del mundo también significa preparar a nuestros estudiantes para desenvolverse en entornos digitales, sin perder de vista lo que nos hace esencialmente humanos: la empatía, el respeto, el diálogo, la capacidad de cuidar y la valentía para no guardar silencio frente al bullying.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, nuestras decisiones sobre el uso del celular hacen parte de una visión más amplia: proteger el aprendizaje, fortalecer la convivencia y acompañar a cada estudiante para que crezca feliz, seguro y preparado para el mundo que lo espera.</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="898" height="948" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png" alt="" class="wp-image-133386 size-full" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png 898w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png?resize=284,300 284w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png?resize=768,811 768w" sizes="(max-width: 898px) 100vw, 898px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">En casa y en el colegio tenemos una responsabilidad compartida: acompañar, poner límites, conversar, prevenir el acoso —en cualquiera de sus formas— y educar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque educar en el mundo digital también significa enseñar a poner límites, tomar decisiones, cuidar a los demás y saber cuándo desconectarse.</p>



<p class="has-text-align-center has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>¡Educación para la vida, también en el mundo digital!</strong></p>
</div></div>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133380</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Sep 2026 15:42:32 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_8951.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Colegios, con o sin celular?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133380</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Abelardo y la prensa cortesana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-y-la-prensa-cortesana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente graduó a unos medios de “amigos”, dando a entender que otros son enemigos, como si pretendiera diezmar el poder del “cuarto poder”. Cualquier amenaza a la libertad de prensa, se combate con un periodismo capaz de irritar a los poderosos, no de confabularse con ellos. ¿Estamos en la era del periodismo low-cost?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><em>“En el entorno político actual hay una falta de respeto por la independencia de la prensa. Y hay una disposición a atacar a los periodistas por informar. Todo ello contribuye a formar un ambiente aterrador para los periodistas y las fuentes”:</em> <strong>Ronald Farrow, Premio Pulitzer al Servicio Público (2018).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Amanecimos con la noticia de que no hay noticias, porque están prohibidas las ruedas de prensa en este gobierno. Si eso no es obstrucción al periodismo, ¿Qué es?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una agresión evidente contra la prensa y un saboteo al derecho a la información. &nbsp;¿Por qué el país no está conversando sobre esto? ¿Por qué algunos opinadores, siendo periodistas, parecen estar del lado del poder y no de la prensa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertos columnistas de El Tiempo, por ejemplo, parecen más bien asesores de imagen del presidente Abelardo De la Espriella, cual cortesanos. Tres botones para la muestra, porque el espacio es corto para juntarlos a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de sus columnas, la abogada María Isabel Rueda, experiodista ella, en lugar de defender a la prensa de los atropellos del presidente, le manda a decir -palabras más, palabras menos- que su éxito consistirá en comunicar bien los mensajes. Y le recuerda que para eso está el periodismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, como si la prensa fuera la bella Cenicienta del poder, esa cohorte que aplaudía al rey, incluso cuando el rey era indigno de aplausos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Bob Woodward y Carl Bernstein se hubiesen comportado como lisonjeros, el caso Watergate sobre espionaje político no habría existido, y el presidente Richard Nixon jamás habría sido obligado a dimitir. <em>“Los buenos ganaron”,</em> resumió un periodista de la época. The Washington Post alentó a sus reporteros a bucear en las alcantarillas. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>El Espectador</strong> no hubiese investigado y denunciado los malos manejos del Grupo Grancolombiano en los años 80, ese crimen financiero habría quedado impune y los culpables libres, haciendo fiesta con el dinero de los ahorradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debe recordarse como lo que es: una de las grandes gestas del periodismo colombiano. Don Guillermo Cano enseñó que se puede ejercer un periodismo aséptico e incorruptible. Sabemos el precio que pagó por estar del lado correcto. La única forma de honrar su memoria y valentía es a través de un periodismo confiable, responsable y ético. Son las tres armas del buen periodista. Saltarse cualquiera, significa amputar el alma del oficio: la confianza del público. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a una especie de <em>periodismo de bajo costo (low-cost</em>); es decir, sin principios, sin ética, alejado de las buenas prácticas y despojado de todo aquello que es la razón de ser de la prensa: la conciencia crítica y moral de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro oficio no existe para ser vil, sino para servir de escudo a la sociedad ante los excesos del gobernante de turno. De eso hablamos cuando hablamos de periodismo independiente. Lo demás ¿es periodismo o habrá que redefinir qué entendemos por periodismo hoy?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Al gobierno le conviene mantener una permanente conversación, diálogo e interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo”,</em> </strong>afirma la periodista María Isabel Rueda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo es un contrapoder, a diferencia del columnismo que suele utilizarse como trinchera ideológica para defender a unos y atacar a otros; es decir, para ejercer el activismo y la oposición de manera simultánea, a veces con más rabia y sesgo que rigor y seriedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda hace gala de una supuesta independencia: <em>“&#8230;los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio”.</em> Queda muy mal parada cuando, varias líneas después, sugiere que unos ministros <em>“deben hablar mucho y otros muy poco”</em>. Como quien dice: este de aquí que se calle y el de allá que hable por los demás. Leer para creer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Baste decir que hace rato la señora María Isabel dejó de informar para dedicarse a pontificar sobre lo divino y lo mundano, poniendo en evidencia sus malquerencias políticas. No es la única que cumple bien su papel de cortesana. Desde las páginas de El Tiempo la acompañan Juan Lozano y Mauricio Vargas, cada cual desde su esquina. El doctor Lozano usa su editorial en La FM para hablar como el expolítico que es, aunque nunca se sabe cuánto tiempo le falta para regresar a esas lides o, aún mejor, ingresar a la cómoda vida diplomática, como su abuelo, Juan Lozano y Lozano, quien fue político, periodista, militar y poeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda, Vargas y Lozano fueron opositores despiadados durante el gobierno de Petro y ahora actúan como benefactores en el de Abelardo. Ojalá en alguna facultad de comunicación se tomen el trabajo de poner a los estudiantes a analizar el mal llamado “periodismo de opinión” en Colombia. Empecemos por enseñarles que el activismo que muchos ejercen desde las páginas editoriales de los periódicos, incluso desde la radio y la televisión, no es periodismo, por más que utilicen los mismos vehículos para difundirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3"><strong>La prensa es la conciencia crítica y moral de una sociedad.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​En su columna dominical “Optimismo sí, pero bien informado”, no hay un solo reproche de María Isabel Rueda al gobierno del “Tigre” por la forma solapada como se impone la censura de prensa en Colombia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Recoge<a href="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette"> <strong>El Espectador</strong></a><strong>: </strong><em>“Según lo investigado por este medio, el Gobierno&nbsp;“determinó que no se den ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no sean ‘amigos’, salvo que sea para un tema estratégico y previamente autorizado por la presidencia. Asimismo, se le comunicó a los asistentes a la reunión que durante los eventos, recorridos, inspecciones, en donde haya presencia de los medios de comunicación,&nbsp;los ministros solamente podrán dar una declaración (buscando que sea lo más completa posible) pero sin lugar a preguntas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma semana en que <a href="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico" data-type="link" data-id="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico">Donald Trump les negó el acceso a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW&#8217;y Político</a>, en Colombia el director del DANE fue echado del puesto <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/" data-type="link" data-id="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/">por  incumplir la directiva presidencial que les prohíbe a los altos funcionarios suministrar información a la prensa.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un texto titulado <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota">“Las llamas del fascismo en Bogotá”</a>, Guillermo Pérez Flórez nos recuerda que las dictaduras empiezan por aniquilar a la oposición y silenciar a la prensa.&nbsp;Esto escribió en 2022 sobre el fatídico día de 1952 en que ardieron los edificios de <strong>El Espectador </strong>y El Tiempo en la capital. <em>“Para algunos sacerdotes, los liberales eran masones, comunistas y ateos, y su eliminación física era legítima”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XX no hay que llegar a tales extremos. Basta con poner en la calle a cualquier periodista entrometido. Callarlo o arrinconarlo, sin necesidad de eliminarlo. Está pasando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo más grave es que el gobierno de Abelardo De la Espriella ya logró consolidar una mayoría aplastante en el Congreso, con el respaldo de 186 de las 286 curules que conforman el Senado y la Cámara. Así, cualquier caprichito del señor presidente sería “pan comido”. Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4"><strong>El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa.   </strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>​Las víctimas del régimen</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos hacer un retrato <em>havladdo</em> de las primeras víctimas de la censura oficial en el primer año del Tigre; de seguir así, la lista crecerá antes de Navidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los episodios sobre la salida de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, más la echada del caricaturista <em>Vladdo</em> de Noticias RCN, caerán en el olvido. Quedó flotando en el ambiente la sospecha de que salieron por “ser enemigos”; ni el presidente de la República, ni la emisora, tampoco el canal, se tomaron la molestia de desmentir los rumores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar la dicha, gremios como el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, caminan de puntillas frente al tema. Como quien dice, con esos colegas, para qué enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vladdo se pasó a la revista Cambio y sobrevive su personaje de Aleida en el diario El Tiempo, una caricatura que en realidad a nadie mortifica. Los trazos de Matador sí atormentaron a Iván Duque y por eso despidieron al caricaturista Julio César González de ese diario en 2023, otra anécdota más para el anecdotario nacional.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Creo que informar a la gente es la única esperanza que tenemos”:</em> </strong>Ronald Farrow, periodista estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo no está para ser monedita de oro; debe estar del lado de la sociedad, dispuesto a denunciar los abusos del poder, pase lo que pase, pésele a quien le pese. El gobierno tiene la obligación de hacer bien su tarea. Punto. Y el periodismo debe sentirse obligado a hacer bien la suya. Punto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hagan mal el presidente y los suyos, la ciudadanía tiene el derecho de saberlo y el periodismo la obligación sagrada de comunicarlo. Ese es el deber ser de la prensa. Si renuncia a eso, cae en la propaganda</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El periodismo no debe prestarse para lavar caras. Su trabajo consiste en descubrir quién usó el tapete para tapar el vómito. El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa. &nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6"><strong>Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates.</strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>La prensa cortesana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​María Isabel Rueda, Juan Lozano y Mauricio Vargas escriben tan parecido que se asemejan hasta en sus odios políticos, los cuales inoculan al lector/elector desde sus tribunas de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ninguno de los tres, a pesar de haber vivido del periodismo casi toda su vida, ha planteado una crítica seria y tajante ante el trato descortés del presidente con la prensa, primero como político en campaña y ahora como jefe de Estado en ejercicio.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios”:</em> </strong>David Jiménez, periodista español, ex director del diario El Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El más osado de todos es Mauricio Vargas, a quien le dieron página entera de El Tiempo para descargar su veneno contra el expresidente Ernesto Samper por el Proceso 8000. En una carambola mágica ata ese episodio a Gustavo Petro y al excandidato presidencial Iván Cepeda, a quien llama &#8220;senador comunista&#8221;. Si en las redacciones existiera la figura del verificador de datos, esas etiquetas sí tendrían que corregirse por faltara la verdad. Por lo demás, a De la Espriella lo llama abogado a secas, sin reparar en su pasado, ni en su presente que lo ata al señor Alex Saab, quien se declaró culpable de lavar dinero ante la justicia gringa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Antes de ser director de <em>Semana</em>, Vargas fue consejero de prensa del presidente Cesar Gaviria, lo cual permite concluir que en Colombia periodismo y política se dividen la cama sin reproches, o al menos comparten la misma cobija, sin reparar en lo dañino que son los matrimonios por conveniencia. Si algún periodista se siente libre de pecado, que tire la primera piedra, a ver quién resulta descalabrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El voto de silencio nunca será una opción para los periodistas. Que lo cortés, no nos quite lo valiente para desenmascarar los excesos de cualquier gobierno, cueste lo que cueste. Si en palacio alguien se cree príncipe, los reporteros no tienen porqué comportarse como&nbsp;bufones.&nbsp;Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133228</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:25:33 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PRENSA-CORTESANA.png?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Abelardo y la prensa cortesana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/aqui-descansa-mi-cabecita-rota-by-t-d-m/</link>
        <description><![CDATA[<p>“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral *&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo. El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral</p>



<p class="wp-block-paragraph">*&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y con un diagnóstico psiquiátrico de bipolaridad. Un cuerpo que toma bupropión todas las mañanas desde hace 3 años, que bordó porque no se podía levantar, y que convirtió su almohada amarillenta de sudor y lágrimas en escultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la obra de TITO está atravesada por una misma materia: el hilo. *La exposicion presenta 15 obras que revelan la intimidad de un ser que fluye arte.*Pues el ARTE es ÉL…</p>



<p class="wp-block-paragraph">*La mirada sobre&nbsp;&nbsp;cada una de ellas nos lleva a dialogar con el autor y comprender su ser en cinco facetas: el cuerpo como mancha, el cuerpo dividido, el cuerpo quimico, el cuerpo carta y el cuerpo almohada.*</p>



<p class="wp-block-paragraph">*De ellas, la propuesta es descubrirlas a través de las siguientes cinco obras; advirtiendo que son solo una llave para adentrarnos en un mundo de sueños y realidades.*</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="715" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132974" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=300,210 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=768,536 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=1024,715 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*1. EL CUERPO COMO MANCHA &#8211; &#8220;No me puedo levantar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición abre con el grito. Una mancha roja de acuarela que no es metáfora, es sangre coagulada en papel. Aquí aparece el Tachismo, la mancha sin plan previo, emoción pura. Es el día exacto en que el cuerpo dijo no. La culpa infinita por descansar, la necesidad de trabajar como máquina para justificar la existencia. Es el derrame incontrolable frente a la ansiedad contenida.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="760" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132975" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=768,570 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=1024,760 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*2. EL CUERPO DIVIDIDO &#8211; &#8220;Bipolar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la mancha pasamos a la figura. Dos siluetas de rodillas, enfrentadas. Una es solo contorno, la otra es bloque rojo sólido. ¿Alter ego? ¿Espejo? ¿Amante y amado? Son dos TITOS postrados, con la cabeza echada hacia atrás en un alarido mudo, con la columna doblada por la cifoesclerosis. El vapor rojo que las envuelve es la misma gasa de las otras obras, pero aquí contiene una herida psicológica. Se toman de la mano en el centro para no caer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="728" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132976" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=300,213 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=768,546 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=1024,728 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*3. EL CUERPO QUÍMICO &#8211; &#8220;Bupropión retrato&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quiebre pop de la muestra. Si el dolor era mancha y la bipolaridad era figura, aquí el cuerpo se vuelve objeto de consumo. Un frasco de Wellbutrin dibujado con la síntesis gráfica más radical. Es un autorretrato. Warhol tomó la sopa Campbell&#8217;s y la hizo icono. TITO toma su antidepresivo atípico y lo hace cuerpo. El envase deja de ser producto y se vuelve la piel que pasa de un cuerpo a otro cada mañana. Lo banal se vuelve sagrado. Lo que lo sostiene de pie.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="761" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132977" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=768,571 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=1024,761 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*4. EL CUERPO CARTA &#8211; &#8220;Te necesito&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El centro emocional de la escritura. Una tela blanca, durísima de bordar, donde cada puntada dolió. Como las planas de castigo del colegio, repite obsesivamente _te necesito te necesito_. Al principio era para otros que se fueron, para escapar de la soledad. Al final, bordando, entendió que se hablaba a sí mismo. El hilo negro se vuelve crudo y luego blanco, casi invisible. El mensaje legible se vuelve conversación interna. Los hilos sueltos que rayan la superficie son el papel arrugado, la carta que se estruja y no se envía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="953" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132979" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=300,279 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=768,715 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=1024,953 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*5. EL CUERPO ALMOHADA &#8211; &#8220;Acá descansa mi cabecita rota&#8221; [OBRA CENTRAL]*</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos al objeto que da título a todo. Esta almohada no es utilería. Fue usada 5 años desde que regresó de Inglaterra. Está amarilla como piel, rellena de carne, dolor, cansancio, ataques de pánico, delirios, pero también de risas y de amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un cuerpo blando y agotado que no pide permiso para existir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre ella, en letra negra y legible, está bordado: _Acá descansa mi cabecita_&#8230; y una palabra tachada con furia, en mayúscula, casi ilegible &#8211; ROTA/RATA &#8211; y reescrita debajo, en minúscula, humilde: _rota_. La sutura blanca que la cruza en vertical es la cicatriz final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si en &#8220;Te necesito&#8221; el bordado era para inmortalizar el mensaje, aquí el bordado es para hacer las paces. Para desprenderte de ser perfecto. Para inmortalizar lo que se nos enseña a esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">*En conjunto,* &#8220;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221; es una cartografía de cicatrices. Una exposición cosida a mano, con tinta roja que es sangre, con hilo negro que es sutura, y con telas que son piel. No busca compasión. Busca decir: este es mi cuerpo vulnerable, este es el lugar donde descanso, y desde aquí vuelvo a ponerme de pie para seguir siendo artista.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una EXPO a transitar en un MOMENTO del MUNDO que cada dia mas requiere del ARTE para pasar malos TRAGOS que no son ninguna PINTURITA…!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132980" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg 4160w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=300,169 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=768,432 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1024,576 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1536,864 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=2048,1152 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y como creemos que esta MUESTRA es de ANTOLOGIA a PUES DESCALZOS aquí este FINAL a toda ORQUESTA, con su PREFERIDA…</p>



<p class="wp-block-paragraph">CHAPEAU SHAK…&amp; TITO</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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</div></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="646" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?w=646" alt="" class="wp-image-132981" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg 751w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=189,300 189w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=646,1024 646w" sizes="auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132982" style="aspect-ratio:0.400390625" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=240,300 240w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=768,960 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=819,1024 819w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1593.jpeg?w=300" alt="" class="wp-image-132983" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132970</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 19:55:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &amp;#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&amp;#8221; O &amp;#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&amp;#8221; *</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/una-buena-noticia-entra-en-vigor-para-colombia-la-convencion-de-las-naciones-unidas-sobre-acuerdos-de-solucion-de-controversias-resultantes-de-la-mediacion-o-convencion-de-singapur/</link>
        <description><![CDATA[<p>La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La &#8220;Convención de las Naciones Unidas sobre Acuerdos de Solución de Controversias Resultantes de la Mediación&#8221;, conocida como la Convención de Singapur sobre Mediación (“Convención de Singapur”), suscrita en Nueva York el 20 de diciembre de 2018, es un tratado multilateral que ofrece un marco para que las partes puedan hacer cumplir o invocar acuerdos de solución de controversias mediadas internacionalmente para resolver disputas comerciales</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien, existen varios mecanismos alternativos sobre Solución de controversias (como el arbitraje y la conciliación), tales como la Convención sobre el&nbsp;Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras o Convención de Nueva York (1958); la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (1966); la Ley Modelo sobre Conciliación Comercial Internacional (2002), entre otros; es una muy buena noticia, que la Convención de Singapur entre en vigor para Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención fue aprobada mediante la Ley 2309 del 02 de agosto de 2023 y declarada exequible mediante la Sentencia C-418 del 3 de octubre de 2024. En virtud de lo previsto en el artículo 14 de la Convención, la misma entra en vigor seis meses después de la fecha del depósito del instrumento de ratificación, vale decir, que Colombia lo depositó en la Secretaría General de las Naciones Unidas el 12 de marzo del 2026 y, por lo tanto, <strong>hoy 12 de septiembre de 2026, entra en vigor para nuestro país, lo que nos convierte en el número 21 de los Estados Parte</strong><a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, como su nombre lo indica, promueve la Mediación como un método alternativo para la solución de las controversias (MASC), brindando carácter vinculante a acuerdos privados que alcancen las partes mediante lo que podemos llamar un pacto o transacción.<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuál es entonces el valor agregado de la Convención frente a otros mecanismos existentes de solución de controversias?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto la Mediación como la Conciliación son mecanismos para la resolución de controversias que recaen sobre derechos discutibles y transigibles. La Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, que es el órgano legal principal del sistema de las Naciones Unidas en el campo del derecho comercial, ha considerado que Mediación y Conciliación son conceptos similares o intercambiables<a href="#_ftn3" id="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>. En el ordenamiento jurídico colombiano son mecanismos que han tenido diferente desarrollo normativo. La conciliación ha sido ampliamente desarrollada desde el año 1991, y a la mediación se le han otorgado efectos jurídicos en normas como la Ley 1801 de 2016<a href="#_ftn4" id="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> (Código Nacional de Policía); la Ley 906 de 2004<a href="#_ftn5" id="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> (Código de Procedimiento Penal) y el Decreto 915 de 2017<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> (Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención, que según su artículo primero, es aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las Partes con el fin de resolver una controversia comercial (“transacción”) y que al momento de celebrarse sea internacional, resalta en el preámbulo que el uso de la mediación produce beneficios importantes, como disminuir los casos en que una controversia lleva a la terminación de una relación comercial, facilitar la administración de las operaciones internacionales por las partes de una relación comercial y dar lugar a economías en la administración de justicia por los Estados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo en el cual las transacciones comerciales internacionales son diarias es de la mayor importancia reafirmar la ventaja de contar con un sistema comercial intencional basado en reglas, entre ellas, procedimientos adicionales al litigio y al arbitraje, como la mediación, que siendo ágil permite tramitar las controversias. El efecto positivo es doble, pues cuando se brinda seguridad jurídica en Estados (con sistemas económicos y ordenamientos jurídicos diferentes), se fomentan a la vez las inversiones privadas de capital y precisamente, la Convención procura la armonización legislativa de las reglas sobre comercio internacional en un aspecto definitivo como es el de la resolución pacífica de los conflictos que de allí surgen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Convención conlleva ventajas que desde su entrada en vigor internacional son evidentes:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Permite que un acuerdo de conciliación internacional alcanzado por las partes comerciales pueda aplicarse o invocarse con un procedimiento simplificado y ágil. Sin ello, los acuerdos de conciliación tendrían que hacerse cumplir como contratos ordinarios a través de procesos judiciales onerosos y largos.</li>



<li>Promueve el comercio internacional, ya que las partes saben que cuentan con mayor seguridad al tener la mediación como una opción adicional a la del arbitraje o el litigio, para resolver sus disputas comerciales.</li>



<li>Se fortalece el acceso a la justicia y la certeza jurídica.</li>



<li>La mediación no se contrapone al arbitraje, e incluso se complementan, ya que las partes pueden intentar la mediación dentro de un proceso de arbitraje, es decir, el proceso puede dar como resultado un acuerdo mediado que se ejecute bajo la Convención de Singapur o un laudo arbitral que se ejecute bajo la Convención de Nueva York.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las partes podían resolver disputas mediante la mediación, no se tenía una manera uniforme de hacer cumplir el resultado en diferentes jurisdicciones por lo que en muchas ocasiones no se optaba por la mediación para resolver disputas internacionales, con la Convención ese obstáculo se disipa y además por la Convención, los acuerdos que resulten de la mediación son ejecutables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, en el mundo de las transacciones comerciales cada vez más se utilizan acuerdos de mediación independientes o se encuentra la mediación en las cláusulas de resolución de disputas, (antes de llegar al arbitraje o al litigio) y la Convención de Singapur les da a estas cláusulas un valor práctico.&nbsp; La aplicación de la Convención resulta crucial en la promoción de una cultura, en el mundo del comercio y la economía internacional, que favorezca la resolución amistosa de los conflictos lo que a su vez contribuye a preservar las relaciones, los socios y los negocios internacionales, así como a fomentar la inversión extranjera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">* <strong>Margarita Eliana Manjarrez Herrera</strong> es abogada egresada de la Universidad de los Andes en Bogotá, con maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia. Funcionaria de la Carrera Diplomática y Consular de Colombia, ha sido directora de Asuntos Migratorios y Consulares, directora de Control Interno, jefe de Tratados, coordinadora en Derechos Humanos, cónsul en Nueva York, cónsul en Berlín, consejera en la Misión de Colombia ante la OEA, embajadora de Colombia en Israel, directora de Organismos Regionales y actualmente, es la embajadora de Colombia en la República de Singapur.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> <a href="https://www.singaporeconvention.org/jurisdictions">Jurisdiction Profiles | Singapore Convention on Mediation</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Convención de las Naciones Unidas sobre los Acuerdos de Transacción Internacionales Resultantes de la Mediación. Artículo 1. Ámbito de aplicación 1. La presente Convención será aplicable a todo acuerdo resultante de la mediación que haya sido celebrado por escrito por las partes con el fin de resolver una controversia comercial (“acuerdo de transacción”) y que, en el momento de celebrarse, sea internacional debido a que:</p>



<p class="wp-block-paragraph">a) Al menos dos de las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos en Estados diferentes; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">b) El Estado en que las partes en el acuerdo de transacción tienen sus establecimientos no es:</p>



<p class="wp-block-paragraph">i) El Estado en que se cumple una parte sustancial de las obligaciones derivadas del acuerdo de transacción; o</p>



<p class="wp-block-paragraph">ii) El Estado que está más estrechamente vinculado al objeto del acuerdo de transacción.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3"><strong>[3]</strong></a> ‘Mediación’ es un término que se utiliza ampliamente para hacer referencia a un proceso en que las partes solicitan a un tercero o terceros que les presten asistencia en su intento de llegar a un arreglo amistoso de una controversia derivada de una relación contractual u otro tipo de relación jurídica o vinculada a ellas. En los textos ya aprobados y demás documentos pertinentes, la CNUDMI utilizó el término “conciliación” en el entendido de que los términos “conciliación” y “mediación” eran intercambiables. Al preparar el texto modificado de la Ley Modelo, la Comisión decidió utilizar en cambio el término “mediación” para tratar de adaptarse al uso que efectivamente se hace de estos términos en la práctica y con la expectativa de que el cambio facilite la promoción de la Ley Modelo y aumente su visibilidad. Este cambio en la terminología no tiene consecuencias de fondo ni conceptuales”. <a href="https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205">https://undocs.org/sp/A/CN.9/WG.II/WP.205</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> “ARTÍCULO 231. MECANISMOS ALTERNATIVOS DE SOLUCIÓN DE DESACUERDOS Y CONFLICTOS DE CONVIVENCIA. Los desacuerdos y los conflictos relacionados con la convivencia pueden ser objeto de conciliación y de mediación, sólo en relación con derechos renunciables y transigibles y cuando no se trate de situaciones de violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> “ARTÍCULO 523. CONCEPTO. Mediación es un mecanismo por medio del cual un tercero neutral, particular o servidor público designado por el Fiscal General de la Nación o su delegado, conforme con el manual que se expida para la materia, trata de permitir el intercambio de opiniones entre víctima y el imputado o acusado para que confronten sus puntos de vista y, con su ayuda, logren solucionar el conflicto que les enfrenta. La mediación podrá referirse a la reparación, restitución o resarcimiento de los perjuicios causados; realización o abstención de determinada conducta; prestación de servicios a la comunidad; o pedimento de disculpas o perdón”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> “ARTÍCULO 1 numeral (xii) Participar en los Comités de Conciliación de las entidades u organismos del orden nacional, cuando lo estime conveniente, con derecho a voz y voto y actuar como mediador en los conflictos que se originen entre entidades y organismos del orden nacional”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132663</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 04:37:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/singapore-convention-.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[UNA BUENA NOTICIA: EN VIGOR PARA COLOMBIA LA &#8220;CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE ACUERDOS DE SOLUCIÓN DE CONTROVERSIAS RESULTANTES DE LA MEDIACIÓN&#8221; O &#8220;CONVENCIÓN DE SINGAPUR&#8221; *]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132663</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Presidente De La Espriella, menos espectáculo y más resultados</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/presidente-de-la-espriella-menos-espectaculo-y-mas-resultados/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya es hora de que el gobierno de De La Espriella arroje resultados frente al terremoto del 10 de agosto.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">A decir verdad, ninguna de las excentricidades o extravagancias de <strong><a href="https://www.presidencia.gov.co/">Abelardo De La Espriella</a></strong> me sorprende. Al fin y al cabo, así es él, y difícilmente cambiará porque una buena parte de los colombianos le exija mayor compostura en sus actuaciones públicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, tampoco me resultó extraño que diseñara una ceremonia de posesión con alfombra roja y&nbsp;<em>backing</em>&nbsp;fotográfico, como si se tratara de los Premios Óscar, los Billboard, los Grammy o cualquier otro espectáculo de celebridades. Mucho menos me sorprendió verlo, durante una rueda de prensa en la que anunciaba medidas de urgencia frente a la tragedia que afecta a miles de familias por el terremoto, lanzando besos al aire.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que algunos consideren ese comportamiento una estrategia de comunicación. Otros, una manera de mantenerse vigente en redes sociales. Lo cierto es que, mientras el país enfrenta una tragedia de enormes proporciones, el presidente parece empeñado en recordarnos que también sabe posar, provocar conversación y coleccionar «likes».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, más allá del espectáculo, lo que sí esperaba era algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más importante:&nbsp;<strong>resultados</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esperaba medidas rápidas para las familias que hoy viven en carpas improvisadas, que perdieron sus viviendas y que, en muchos casos, dependen de la solidaridad espontánea de otros colombianos para conseguir siquiera un plato de comida al día. Esa solidaridad ciudadana, admirable y conmovedora, no puede convertirse en sustituto de la responsabilidad del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A estas alturas, De La Espriella ya debería tener una hoja de ruta clara, concreta y verificable para que el país empiece a superar la tragedia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto. Su gabinete debería estar trabajando a toda máquina. Sin embargo, lo que hemos visto hasta ahora son contradicciones, improvisaciones y anuncios que dejan la preocupante impresión de que buena parte del Gobierno Nacional todavía no entiende las dimensiones reales del país que le corresponde administrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente anunció durante su discurso de posesión que congelaría el gasto público. Perfecto. Pero entonces vale la pena preguntar: ¿cómo se congela el gasto público cuando precisamente se necesita realizar inversiones extraordinarias para reconstruir ciudades y municipios devastados por un terremoto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después aseguró que no tenía capacidad de endeudamiento debido, según él, al excesivo derroche del Gobierno de Gustavo Petro. Y ahora aparece el anuncio de un préstamo de 200 millones de dólares del Banco Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No había capacidad de endeudamiento o sí la había? ¿El gasto se congela o se descongela cuando las circunstancias políticas lo exigen? ¿Se trata de austeridad fiscal o de austeridad selectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque gobernar no consiste en lanzar una consigna económica durante un discurso y descubrir, unas semanas después, que la realidad tiene la desagradable costumbre de contradecir los eslóganes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si de contradicciones hablamos, merece capítulo aparte la ministra de Educación, Viviane Morales, quien anunció el incremento de las clases virtuales en las ciudades y municipios afectados donde varios colegios resultaron averiados, con el propósito de evitar que niños, niñas y adolescentes interrumpan sus jornadas académicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La intención puede sonar muy bien desde una oficina con internet de alta velocidad, computador, energía eléctrica y aire acondicionado. El problema es que Colombia no se gobierna desde una presentación de PowerPoint.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Se puede hablar seriamente de educación virtual para niños y adolescentes de familias que lo perdieron todo y que hoy duermen en carpas improvisadas? ¿De dónde van a sacar los dispositivos electrónicos para conectarse a una clase? Y, suponiendo que el Ministerio de Educación tenga la generosidad de entregarlos, ¿van a proporcionar uno por cada menor de edad? ¿O una familia con tres, cuatro o cinco hijos deberá organizar una especie de campeonato olímpico para decidir quién se conecta a la clase de las ocho de la mañana?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más preocupante: ¿cómo se implementará esta estrategia en regiones como el Chocó, donde la conectividad sigue siendo una enorme dificultad? ¿Está garantizada la señal de internet en todos los municipios afectados? ¿Se verificó el estado de las redes de telecomunicaciones después del terremoto? ¿Qué ocurrirá en las zonas donde además de las viviendas colapsaron las redes eléctricas y de comunicaciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque después de un desastre natural, la primera tarea del Gobierno debería ser conocer el territorio. No imaginarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras el país intenta entender esta colección de anuncios, aparece otro episodio difícil de explicar: el descanso del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, en Santa Marta, en medio de una emergencia nacional que demanda presencia, coordinación y liderazgo. Si la imagen que se transmite es que mientras miles de colombianos duermen en carpas algunos funcionarios están disfrutando del paisaje, resulta perfectamente comprensible que la ciudadanía se pregunte dónde están las prioridades del Gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A eso se suma la desafortunada propuesta del ministro del Interior, Rodrigo Lara, a las personas de Buenaventura que perdieron sus viviendas: entregarles cemento para que ellas mismas se encarguen de reconstruirlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Francamente, resulta difícil decidir qué es más preocupante: la propuesta o la tranquilidad con la que parece haberse formulado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá, siguiendo esa lógica, el próximo paso sea entregarles ladrillos a las víctimas, una pala, un casco y un manual de construcción para que el Estado pueda declarar inaugurada la reconstrucción sin tener que involucrarse demasiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Abelardo De La Espriella intenta desviar parte de la conversación nacional con su famoso «Libro Blanco», mediante el cual busca impulsar una persecución judicial contra altos funcionarios del Gobierno de Gustavo Petro y contra el propio exmandatario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que ese asunto tenga importancia y que las investigaciones que correspondan deban adelantarse. Nadie está diciendo lo contrario. Pero hay un pequeño detalle que el presidente parece olvidar:&nbsp;<strong>hoy gobierna él</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya no está en campaña. Ya no es el candidato que podía recorrer escenarios, lanzar acusaciones, señalar culpables y convertir cada declaración en un espectáculo político. Ahora es el presidente de la República. Y eso significa que las excusas, los discursos incendiarios y las estrategias de distracción tienen una fecha de vencimiento: el día en que comienzan las responsabilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país no necesita que el presidente grite más fuerte en un micrófono ni que señale a más personas como corruptas. Necesita que sus funcionarios lleguen a los territorios, coordinen ayudas, reconstruyan viviendas, restablezcan servicios públicos, garanticen la educación, atiendan a las víctimas y presenten resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, señor presidente, gobernar no es una campaña electoral permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar es tomar decisiones incómodas cuando nadie tiene ganas de tomarlas. Es reconocer los errores antes de que se conviertan en tragedias mayores. Es corregir a los ministros cuando se equivocan. Es estar donde están los ciudadanos cuando las circunstancias más lo exigen. Y, sobre todo, es responder por los resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta ahora, lamentablemente, los resultados que deberían llenar titulares brillan por su ausencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sí hemos visto es la extraordinaria solidaridad de millones de colombianos que se han puesto la camiseta para ayudar a quienes más lo necesitan. Han llevado comida, agua, ropa, medicamentos y toda clase de ayudas. Lo han hecho espontáneamente, sin que nadie se los ordene y, mucho menos, porque la primera dama, Ana Lucía, haya descubierto de repente una fórmula mágica de solidaridad nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que ella también esté trabajando y que su labor merezca reconocimiento. Pero la solidaridad de los ciudadanos pertenece a los ciudadanos. No puede ser presentada como un logro personal de la Casa de Nariño ni como una extensión de la imagen presidencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Señor presidente Abelardo De La Espriella: usted quiso ser presidente de Colombia. Lo consiguió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora le corresponde la parte menos glamorosa del cargo: gobernar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y gobernar implica mucho más que una alfombra roja, una fotografía perfectamente iluminada, un beso lanzado al aire, una denuncia contra el gobierno anterior o una publicación viral en redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted administra la imagen, miles de colombianos administran la tragedia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted intenta dominar la conversación pública, ellos intentan reconstruir sus vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras usted anuncia, ellos esperan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras ellos esperan, el tiempo pasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, señor presidente, con todo respeto:&nbsp;<strong>menos espectáculo y más Estado; menos pose y más gestión; menos discurso y más resultados.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la Presidencia de la República no es un escenario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia, definitivamente, no está para aplaudir una función.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está esperando que alguien gobierne.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/se-quitaron-el-sombrero/">Nota recomendada: Se quitaron el sombrero</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132315</guid>
        <pubDate>Fri, 21 Aug 2026 00:31:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Presidente De La Espriella, menos espectáculo y más resultados]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Del conocimiento inútil al ocio fecundo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/del-conocimiento-inutil-al-ocio-fecundo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Curiosidad, ocio, conocimiento inútil y libertad de pensamiento: las ideas de Bertrand Russell sobre educación que siguen siendo, casi cien años después, sorprendentemente actuales</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La forma de enseñar, la forma de aprender y, más especialmente, la forma de educar son temas que despiertan gran interés, pero que no logran fácilmente consensos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Establecer el objetivo de la educación es el primer punto que habría que abordar en esta importante discusión. Y creo que, como en muchas definiciones, resulta más fácil identificar inicialmente todo lo que no es su objetivo. En este sentido, me parece importante retomar el pensamiento del gran matemático y filósofo británico Bertrand Russell (1872-1970), Premio Nobel de Literatura (1950), quien, en su ensayo <em>Sobre educación</em>, publicado en 1926, compartió ideas y reflexiones que aún mantienen una vigencia indiscutible.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="876" height="714" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png" alt="" class="wp-image-132150" style="aspect-ratio:1.2269214888220374;width:316px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png 876w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png?resize=300,245 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Captura-de-pantalla-2026-08-14-a-las-6.38.32-p.m.png?resize=768,626 768w" sizes="auto, (max-width: 876px) 100vw, 876px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las afirmaciones más relevantes de Russell, me identifico con ese concepto según el cual el proceso educativo no debe convertirse en un instrumento para moldear a los niños y jóvenes ni para someterlos a un adoctrinamiento, privándolos de su independencia y su libertad, e impidiendo el desarrollo de su inteligencia. La misión primera debe limitarse a educar los instintos, de modo que puedan producir un carácter constructivo y no destructivo; pero el objetivo de la educación debe ser formar seres humanos independientes y capaces. Para lograrlo, el proceso educativo debe evitar la influencia de «rebaño» en los jóvenes, y alejarlos de la tendencia a la comodidad que brinda el conformismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde temprano, al niño debe tratársele como a un adulto en potencia, respetando su personalidad y buscando su independencia. Russell resalta que la curiosidad, la amplitud de criterio, la creencia de que el conocimiento es posible —aunque difícil—, la paciencia, la habilidad, la concentración y la exactitud son los aspectos que la educación debe acentuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, los prejuicios de los padres de familia, de los educadores, de los directivos, de las iglesias y de los gobiernos son tantos que constituyen la principal fuente de los errores que afloran con frecuencia en los planes de estudio, aun cuando no sean intencionados. Y esta influencia alcanza, por supuesto, también a la educación superior. Así, por ejemplo, podría señalarse, como ya lo hizo Russell hace cerca de 100 años, que uno de los defectos más frecuentes de la educación superior moderna es el de intentar convertirla en un puro entrenamiento para adquirir ciertas habilidades, sin preocuparse por ensanchar la mente mediante un examen imparcial del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los aspectos más interesantes que abordó Russell fue el siguiente: se ocupó de reflexionar sobre el concepto de utilidad y, especialmente, sobre la importancia de lo que muchos llaman el «conocimiento inútil». A la pregunta de si es cierto que solamente el conocimiento útil es valioso, agregó de inmediato esta otra: ¿es igualmente cierto que el conocimiento valioso siempre es útil? Y, para aclararlo, expone la siguiente ilustración a partir de la obra de Shakespeare: «<em>La comprensión de Hamlet puede no ser de gran utilidad práctica, pero da al hombre un dominio mental del que sería desagradable carecer y, en cierto modo, lo convierte en mejor ejemplar humano. Y este último conocimiento es el que prefiere quien sostiene que la utilidad no es el único fin de la educación. ¡Cuánto placer se obtiene del conocimiento inútil!</em>».</p>



<p class="wp-block-paragraph">El afán de conocimiento no debería ser utilitario. El conocimiento debe fructificar gracias a la investigación desinteresada, que no tiene más motivo que el deseo de comprender mejor el mundo. Los progresos puramente teóricos y las teorías espléndidas pueden encontrar más adelante una aplicación práctica, pero conservan su valor en sí mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fundamento de la vida intelectual es la curiosidad, que mantiene viva la actividad de la inteligencia. Decía el prolífico matemático alemán Carl Gustav Jakob Jacobi (1804-1851) que las matemáticas existen «por el honor del espíritu humano». Y, aunque ese no sea su principal propósito, sí reafirma que el pensamiento creativo aumenta la dignidad del ser humano, y que el placer de la comprensión es, de acuerdo con Russell, el supremo fin por el que ha de valorarse la educación de la mente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, para seguir la tesis de Russell, es indispensable comprender su idea del ocio. En 1932, Russell publicó un breve ensayo titulado <em>Elogio de la ociosidad</em>, en el que hace una interesante defensa del ocio como origen de lo que conocemos por cultura y como interés civilizado por ocuparse de propósitos no utilitarios. Descalifica el exceso de trabajo y afirma que el sabio empleo del tiempo libre es un producto de la civilización y de la educación. Defiende la idea de que, sin una cantidad considerable de tiempo libre, una persona se verá privada de muchas de las mejores cosas de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Russell, si se quiere que la democracia sobreviva, los profesores deberíamos, por encima de todo, tratar de inculcar en los discípulos la tolerancia que surge del intento de comprender a quienes son distintos de nosotros. Se debería animar a los jóvenes a escuchar los argumentos que defienden los diferentes puntos de vista, pero advirtiendo también «<em>el peligro de la tendencia a suponer que la oposición a la autoridad es esencialmente meritoria y que las opiniones no convencionales tienen que ser correctas; no se sirve a ningún propósito útil rompiendo faroles o sosteniendo que Shakespeare no es poeta</em>».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero destacar una reflexión más, que reafirma lo expuesto y que Russell expresa con toda claridad al asegurar que «la disciplina debe ser un hábito y no una obligación». La verdadera disciplina no consiste en obligaciones externas, sino en hábitos que llevan a actividades deseables. «Antiguamente se creía que a los niños no les interesaba aprender, y que solo se decidían a estudiar atemorizándolos. Hoy se ha averiguado que la culpa no era de los niños, sino de los pedagogos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas ideas planteadas por Russell están, como lo dije al comienzo, tan vigentes como hace un siglo, y contribuyen a que las reflexiones sobre la educación —y sobre la manera como la entendemos y la brindamos a nuestros jóvenes y niños— sean el punto de inflexión para la transformación social del futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cabe entonces preguntarse qué habría dicho Russell sobre el uso de las herramientas modernas y de la inteligencia artificial, hoy elementos ineludibles en la educación. Es probable que no las hubiera visto como una amenaza en sí mismas, sino como él vio siempre al conocimiento: una herramienta cuyo valor depende del uso que se le dé. Si esas tecnologías se convierten en un simple atajo para evitar el esfuerzo de pensar, contradicen todo lo que defendió; pero si, por el contrario, se ponen al servicio de la curiosidad, de la comprensión y de esa independencia de criterio que tanto valoraba, quizás las habría recibido como una nueva y poderosa oportunidad para seguir educando mentes libres. Es posible, incluso, que hubiera valorado también el mayor tiempo libre que estas herramientas pueden ofrecernos, al liberarnos de tareas mecánicas, como una vía adicional hacia ese ocio fecundo que consideraba indispensable para la vida intelectual y la cultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, las preguntas de Russell siguen siendo las nuestras: ¿formamos mentes libres o simplemente entrenamos habilidades? En la respuesta que demos —hoy, con inteligencia artificial incluida— se juega buena parte del futuro que queremos construir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132149</guid>
        <pubDate>Mon, 17 Aug 2026 14:44:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Del conocimiento inútil al ocio fecundo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
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