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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de pelea | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El día de San Rondón</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/el-dia-de-san-rondon/</link>
        <description><![CDATA[<p>El día San Rondón no corresponde al santoral católico, sino al día que quizá es el día más importante de la historia de Colombia.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Era el mediodía del 25 de julio de 1819. En las zonas pantanosas ubicadas entre los actuales municipios de Paipa y Duitama, el estruendo de los mosquetes y los cañones rompió la tranquilidad del paisaje boyacense. Comenzaba la batalla del Pantano de Vargas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del lado realista, cerca de 1.300 soldados de infantería y alrededor de 500 jinetes se preparaban para enfrentar al Ejército Libertador, que contaba con aproximadamente 2.000 hombres y 400 integrantes de caballería. Sin embargo, las cifras no reflejaban las condiciones reales de las tropas patriotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hombres comandados por Simón Bolívar se encontraban exhaustos después de atravesar el páramo de Pisba. El frío, el hambre, las enfermedades y las dificultades del terreno habían causado numerosas bajas. Al menos, una cuarta parte del ejército había muerto, desertado o quedado incapacitada durante aquella travesía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="515" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100042/AgenciaDeNoticias-20190219-01_04-1024x515.jpg" alt="" class="wp-image-131524" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100042/AgenciaDeNoticias-20190219-01_04-1024x515.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100042/AgenciaDeNoticias-20190219-01_04-300x151.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100042/AgenciaDeNoticias-20190219-01_04-768x387.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100042/AgenciaDeNoticias-20190219-01_04.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">El grueso de las bajas del ejercito independentista ocurrieron por la maniobra del Paso del Páramo de Pisba. Lejos de ser una gran maniobra, fue una travesía irresponsable.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En la mañana del combate, Bolívar ordenó que sus tropas cruzaran el río Chicamocha, cuyo caudal había aumentado como consecuencia de la temporada de lluvias. Después del esfuerzo que significó atravesarlo, los patriotas encontraron que, en la margen opuesta, las fuerzas españolas ya se organizaban para entrar en combate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El coronel José María Barreiro, comandante del ejército realista, se adelantó y tomó una posición favorable para la defensa. Desde las alturas dominaba el terreno y obligaba a los patriotas a avanzar por un estrecho espacio ubicado entre los cerros y la zona pantanosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante varias horas, españoles y patriotas combatieron con enorme valentía. Los enfrentamientos llegaron, incluso, al combate cuerpo a cuerpo y a las cargas de bayoneta. Sin embargo, al final de la tarde, el resultado comenzaba a inclinarse claramente en favor de las tropas realistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacia las cinco de la tarde, Barreiro reorganizó sus fuerzas y lanzó un contraataque que consiguió hacer retroceder de manera desordenada a los patriotas. La situación parecía definitiva. Según la tradición, el comandante español habría exclamado: “¡Viva España! Ni Dios me quita la victoria”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese momento quedaron en evidencia los errores de planificación del Ejército Libertador. Las tropas habían atravesado el páramo de Pisba en condiciones extremas, cruzado un río crecido y entrado en combate prácticamente sin descanso, mientras el enemigo controlaba las posiciones más favorables del terreno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al observar el avance de la caballería española, Bolívar habría reconocido la gravedad de la situación: “Se nos vino la caballería y se perdió la batalla”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue entonces cuando apareció el teniente coronel Juan José Rondón, comandante de la caballería de reserva. Al escuchar las palabras de Bolívar, respondió: “¿Cómo se va a perder la batalla si ni yo ni mis hombres hemos peleado? Déjenos hacer una entrada”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bolívar le habría contestado con la frase que pasaría a la historia: “Coronel, salve usted la patria”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="556" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100855/Captura-de-pantalla-2026-07-25-100831-1024x556.png" alt="" class="wp-image-131527" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100855/Captura-de-pantalla-2026-07-25-100831-1024x556.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100855/Captura-de-pantalla-2026-07-25-100831-300x163.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100855/Captura-de-pantalla-2026-07-25-100831-768x417.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100855/Captura-de-pantalla-2026-07-25-100831.png 1062w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen desarrollada por Inteligencia Artificial, del momento en que Bolívar pide a Rondón salvar la Patria.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Rondón regresó hacia sus hombres y les dijo: “¡Camaradas, los que sean valientes síganme, porque en este momento triunfamos!”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin esperar una nueva orden, lanzó su caballo al galope y atravesó las filas de los patriotas que comenzaban a retirarse. Inicialmente lo siguieron catorce lanceros, quienes escucharon y respondieron inmediatamente a su llamado. Así comenzó la célebre carga de los quince lanceros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los jinetes avanzaron contra los dragones y las reservas de infantería realista. Aunque enfrentaban una fuerza muy superior, consiguieron penetrar sus líneas, frenar la ofensiva y generar suficiente confusión para que las tropas patriotas se reorganizaran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La carga de Rondón transformó el curso de la batalla. Otros escuadrones de caballería se sumaron al ataque y el ejército que minutos antes se retiraba recuperó la iniciativa. La acción de aquellos hombres demostró que, en ocasiones, la valentía y la capacidad de decisión pueden modificar el resultado de una contienda que parece perdida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el enfrentamiento también se produjo uno de los episodios más recordados de la batalla. El sargento segundo José Inocencio Chincá se enfrentó al capitán realista Ramón Bedoya en un intenso duelo de caballería. Bedoya logró herir gravemente a Chincá. Sin embargo, pese a la herida, el lancero patriota continuó combatiendo y consiguió atravesar con su lanza al oficial español, causándole la muerte y derribándolo de su caballo. Chincá fallecería días después como consecuencia de las heridas sufridas en el combate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de la carga de los lanceros, de la reorganización de las fuerzas patriotas y del desorden ocasionado entre las tropas españolas, un fuerte aguacero cayó sobre el campo de batalla. La lluvia y la llegada de la noche dificultaron la continuación de las operaciones y llevaron a ambos ejércitos a replegarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La batalla del Pantano de Vargas suele reconocerse como una victoria estratégica del Ejército Libertador. No obstante, es necesario recordar que el desenlace estuvo determinado, en buena medida, por la iniciativa de Rondón y sus lanceros. Fueron ellos quienes, en el momento más crítico, impidieron la derrota de las fuerzas independentistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos historiadores sostienen que, de no haberse presentado el aguacero y la posterior oscuridad, los patriotas habrían podido obtener una victoria mucho más contundente. Otros consideran que las fuerzas realistas también conservaron capacidad de combate. En cualquier caso, la batalla resultó decisiva para mantener con vida la Campaña Libertadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Días después, el 7 de agosto de 1819, se libró la batalla de Boyacá, que permitió cortar la retirada del ejército realista y abrió el camino hacia Santa Fe. En esta batalla nuevamente relució la falta de pericia militar de Simón Bolívar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan José Rondón continuó participando en las campañas de Independencia. Murió en 1822, en la ciudad de Valencia, como consecuencia de las heridas sufridas durante un enfrentamiento. Su legado permaneció estrechamente ligado al nacimiento de la República y a la historia de la caballería colombiana. La expresión “Salve usted la patria” se convirtió en el lema del arma de Caballería del Ejército Nacional. También, Bolívar en cada día previo al aniversario de la Batalla afirmaba que “Mañana es el día de San Rondón”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="515" height="388" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100551/images-4-1.jpg" alt="" class="wp-image-131525" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100551/images-4-1.jpg 515w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/25100551/images-4-1-300x226.jpg 300w" sizes="(max-width: 515px) 100vw, 515px" /><figcaption class="wp-element-caption">Monumento a los lanceros en el Pantano de Vargas.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la enseñanza de esta historia trasciende el proceso de Independencia. Rondón no se limitó a contemplar cómo se perdía la batalla. Sabía que todavía tenía hombres disponibles, entendió que podía cambiar el rumbo de los acontecimientos y tuvo el valor de alzar la voz cuando los demás comenzaban a aceptar la derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su liderazgo no surgió de una orden detallada ni de un plan previamente diseñado. Nació de la capacidad de reconocer una oportunidad en medio del caos, asumir la responsabilidad y actuar cuando otros retrocedían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestra vida cotidiana y en los grandes asuntos nacionales también enfrentamos momentos semejantes. Situaciones en las que advertimos que algo está mal, sabemos que todavía podemos intervenir, pero preferimos guardar silencio o esperar a que otro actúe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta que nos deja Rondón, más de dos siglos después, continúa vigente: ¿Cuántas veces pudimos ayudar a salvar una causa, una institución o incluso al país, pero no tuvimos el valor de dar un paso al frente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131521</guid>
        <pubDate>Sat, 25 Jul 2026 15:09:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El día de San Rondón]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
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        <title>Cuando todos saben que todos los saben</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/cuando-todos-saben-que-todos-los-saben/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp;Parte I (de tres) Los libros de Steven Pinker siempre enseñan y divierten. Hoy se hablará del más reciente, Cuando todos saben que todos los saben. El conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocresía y la indignación, traducción Pablo Hermida Lazcano. Paidós, 2005. Leerlos es un deleite, pues son profundos, rigurosos, serios [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;Parte I (de tres)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros de Steven Pinker siempre enseñan y divierten. Hoy se hablará del más reciente, <em>Cuando todos saben que todos los saben. El conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocresía y la indignación</em>, traducción Pablo Hermida Lazcano. Paidós, 2005. Leerlos es un deleite, pues son profundos, rigurosos, serios y están salpicados de buenas historias, chismes y humor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es un libro sobre el conocimiento común. ¿Qué es esto? El autor lo define así: «Es la hazaña mental que explica una de las señas de identidad de la condición humana: las mentes individuales pueden coordinar sus decisiones para beneficio mutuo, posibilitando la prosperidad de nuestra especie en colectivos que abarcan desde las parejas hasta las sociedades». Más adelante añade: «Muchas de nuestras tensiones personales y políticas surgen del deseo de propagar o suprimir el conocimiento común».</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="574" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/05082407/Screenshot-2026-07-05-082154.png" alt="Steven Pinker, Cuando todos saben" class="wp-image-130978" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/05082407/Screenshot-2026-07-05-082154.png 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/07/05082407/Screenshot-2026-07-05-082154-209x300.png 209w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Parece que nos desvivimos tanto por crear conocimiento común como por evitar que se difunda en ciertos casos. Este concepto se describe, sencillamente, de la siguiente manera: yo sé que tú sabes que yo sé, y tú sabes que yo sé que tú sabes que yo sé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje es el ejemplo más directo; el significado de una palabra es conocimiento común entre los hablantes de un mismo idioma. Como el lenguaje es una convención, tú me pasas la pimienta y no la sal cuando te la pido. El propósito principal del conocimiento común es coordinar nuestro comportamiento. Aunque no tenemos pruebas de que el otro entienda lo que decimos exactamente de la misma forma en que lo entendemos nosotros, la realidad demuestra que sí ocurre en la mayoría de los casos. Un discurso se interpreta de la misma manera no solo porque deducimos lo mismo de las palabras oídas —bueno, casi siempre—, sino porque esperamos que los demás hagan la misma interpretación que nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos seres sociales; por eso las sociedades se mantienen gracias a la cooperación y la coordinación, que son las dos caras de la misma moneda. Dice Pinker que el reino humano se construye sobre convenciones que nos permiten coordinarnos con eficacia y que se refuerzan constantemente a través del conocimiento común. Este crea realidades no físicas, como son el dinero o Microsoft. Yuval Noah Harari ya había planteado esto, pero Pinker le hace ajustes a su idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los psicólogos evolucionistas creen que varias de nuestras cualidades mentales —como recordar quién se ha portado bien o mal con nosotros, además de nuestro sentido de la justicia, la compasión, la gratitud y la rabia— son emociones diseñadas para implementar una estrategia de reciprocidad. Cooperamos y esperamos que el otro haga lo mismo después. Pinker lo explica así: «La compasión nos impulsa a cooperar en la primera jugada; la gratitud, a pagar la cooperación con cooperación; la ira, a pagar la deserción con deserción».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las redes sociales tienen el gran poder de aumentar el conocimiento común, pero pueden ser destructivas, constructivas, estar equivocadas o tener la razón. Lo impactante es que los más ignorantes pueden hacerse oír, incluso con más fuerza que los inteligentes, si son insistentes; un grupo grande de personas equivocadas puede coordinar sus acciones y ser muy efectivo. Las comunidades no solo tienen convenciones prácticas, como respetar el semáforo, sino que también comparten creencias y valores. En las comunidades religiosas, por ejemplo, los fieles se guían por la fe. Esas creencias dependen de que un gran número de personas sepan que existen y que los demás también creen en ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las formas de control social es el castigo a los infractores. Con este se logra que todo el mundo sepa que todos saben que alguien fue sancionado. Los psicólogos Peter DeScioli y Robert Kurzban sostienen que «la condena moral no es solo una estrategia para señalar nuestra propia virtud, sino también una estrategia para alinearnos con una facción dominante». La gente sabe que en grupo se prospera, pero también que esto puede tener un costo alto, como pelear por algo de lo que no se está convencido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Respecto a las sanciones, Pinker señala: «Culpar a personas por resultados que nunca pretendieron es una mentalidad que los niños superan a los ocho años, y marca una diferencia importante entre los regímenes de justicia arcaicos y los modernos». Y agrega: «Otro de los fundamentos es que las consecuencias importan. Si nadie resulta herido, no puede ser malo (o al menos necesitas un argumento de peso de por qué lo es). Ese es el motivo de que la homosexualidad, la herejía, la anticoncepción, el sexo prematrimonial y otras prácticas sin víctimas hayan sido despenalizadas, incluso si ofenden a algunos puritanos y entrometidos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice Pinker que el conocimiento común es un prerrequisito de la vida social. Afirma que hablar de él implica utilizar el lenguaje de la lógica o de la teoría de juegos, pues de lo contrario se estaría empleando una mera metáfora conceptual. En este libro, el autor utiliza una serie de razonamientos lógicos para explicar las inferencias que podemos hacer según cómo reaccione o no la gente, o qué tan común sea ese conocimiento. La teoría de juegos fue inventada por el genio matemático John von Neumann y el economista Oskar Morgenstern para explicar cómo el costo y el beneficio de una elección varían y dependen de las decisiones que toman los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su obra, Pinker hace un recorrido por varias teorías de juegos y dilemas conocidos de las interacciones sociales. Explica el acertijo de «las espinacas en los dientes» y luego el del «juego del correo electrónico» (el cual define como la paradoja más célebre del conocimiento común), analizándolos con sus respectivos resultados y probabilidades. También profundiza en uno de los dilemas a los que da más importancia: el «dilema del prisionero», y asegura que debería ser comprendido por toda persona instruida, ya que un individuo que actúa racionalmente en su propio interés puede salir mal librado si lo desconoce. Si ambos prisioneros conocen las reglas, ambos se benefician. El lector debe saber que no se refiere a dilemas reales de cárceles, sino a situaciones que se nos presentan a todos en la vida diaria. Asimismo, Pinker explica el «juego de la caza del ciervo» y el «juego del gallina» (el cual se hizo célebre en la película <em>Rebelde sin causa</em> y posee terribles repercusiones cuando se aplica a la guerra o a la geopolítica), además de los juegos de «dividir el dólar» y del «ultimátum».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, el autor explora cómo los seres humanos leemos la mente y las intenciones ajenas, haciendo un seguimiento de los pensamientos de los demás y de lo que ellos piensan sobre los nuestros. Muestra las consecuencias que este conocimiento común tiene para la economía, la inflación, los pánicos bancarios, las burbujas especulativas e incluso para asuntos como la escasez de papel higiénico en EE. UU. durante la pandemia del COVID-19.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, menciona que muchas creencias comunes (aunque equivocadas) entre los estadounidenses incluyen pensar que Benjamín Franklin fue presidente, que las arañas son insectos y que los pingüinos viven en el Polo Norte. Lo destaco porque me pareció un detalle gracioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es fascinante la explicación de Pinker sobre por qué, cuando hay muchos testigos ante un hecho que requiere un «salvador», nadie se mueve (el efecto espectador). El autor concluye: «Así pues, el mejor resultado para cada espectador es que intervenga otro, y el peor es que no intervenga nadie, mientras que su propia intervención ocupa una posición intermedia. Cada voluntario intervendría si estuviera seguro de que ningún otro pretendía hacerlo, por lo que intenta adivinar las intenciones de los demás al tiempo que oculta las suyas propias».</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Segunda parte la próxima semana</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130977</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Jul 2026 13:24:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuando todos saben que todos los saben]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Extrañamos tanto a Antanas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/extranamos-tanto-a-antanas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay días en que Colombia parece una discusión de vecinos transmitida por cadena nacional. Todos hablan al tiempo. Nadie escucha. Cada quien llega con su verdad empacada al vacío. Los insultos tienen más alcance que las ideas y las redes sociales han logrado el milagro de convertir a millones de personas en expertos constitucionalistas entre [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay días en que Colombia parece una discusión de vecinos transmitida por cadena nacional. Todos hablan al tiempo. Nadie escucha. Cada quien llega con su verdad empacada al vacío. Los insultos tienen más alcance que las ideas y las redes sociales han logrado el milagro de convertir a millones de personas en expertos constitucionalistas entre el desayuno y el almuerzo. Y entonces uno piensa en Antanas Mockus. No en el personaje folclórico que los caricaturistas resumieron durante años en una mímica o en unos pantalones bajados. No. Pienso en el profesor. En el tipo extraño que tuvo la osadía de creer que un país podía mejorar si sus ciudadanos aprendían a comportarse mejor. Pienso en el rector que terminó haciendo política sin dejar de ser maestro. Hoy esa idea parece casi revolucionaria. En una época donde todos querían conquistar el poder, él quería algo mucho más difícil: que los colombianos aprendieran a convivir. Y quizás por eso terminó siendo una rareza irrepetible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay además una razón personal por la que escribo estas líneas. Hace años tuve la alegría de entrevistar a Antanas para un medio llamado&nbsp;<em>Contravía</em>. Recuerdo que salí de esa conversación con una sensación extraña: la de haber hablado con alguien que parecía estar jugando un juego distinto al del resto de la política colombiana. Mientras tantos dirigentes hablaban de encuestas, estrategias, enemigos y victorias, Mockus hablaba de cultura, de comportamientos, de educación, de símbolos y de ciudadanía. Parecía menos interesado en ganar una elección que en transformar una sociedad. En aquel momento confieso que algunas de sus respuestas me parecieron excesivamente idealistas. Hoy, después de años de polarización, agresividad digital y degradación del debate público, empiezo a sospechar que el idealista era el más realista de todos. Porque los problemas que él señalaba siguen ahí. Incluso son más grandes. Y las soluciones fáciles que nos prometieron desde distintos extremos siguen sin aparecer. Por eso, cuando pienso en él, no siento únicamente admiración. Siento una melancolía difícil de describir. La melancolía de quien entrevistó a un hombre que hablaba del futuro y descubre, años después, que el país decidió escuchar a quienes le prometían atajos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el país se divide entre quienes creen que la salvación llegará por la izquierda y quienes creen que vendrá por la derecha, uno sospecha que Mockus volvería a hacer lo mismo que siempre hizo: decepcionar a los fanáticos. Porque nunca fue bueno para pertenecer a una tribu. Cuando todos gritaban, él preguntaba. Cuando todos señalaban culpables, él hablaba de responsabilidades. Cuando todos prometían cambiar el país, él insistía en cambiar comportamientos. Por eso, si hoy tuviera que imaginar una frase suya frente a la batalla política que se avecina, me atrevería a prestarle estas palabras:&nbsp;<em>&#8220;No me interesa quién grita más fuerte. Me interesa quién respeta mejor las reglas democráticas, quién dice la verdad con más rigor y quién contribuye a que los colombianos puedan convivir pese a sus diferencias.&#8221;</em>&nbsp;Y solo por escribirla siento que viene de otra época. Una época donde la política todavía aspiraba a educar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque seamos sinceros: Colombia no solo perdió a Mockus. También perdió el ecosistema que hizo posible que existiera un Antanas. Y un ejemplo de ello, irónicamente, es el mismo Partido Verde. Aquella fuerza política que nació como una rebelión ética contra las costumbres de la política tradicional terminó pareciéndose demasiado a aquello que prometía transformar. Qué transformación tan extraña terminó viviendo. Nació para desafiar las costumbres del poder y acabó adquiriéndolas. Nació como una conversación sobre ciudadanía y terminó convertida en una disputa permanente por avales, burocracia y cuotas. El Verde se parece hoy a esos grupos de rock que comenzaron cantando contra el sistema y acabaron tocando en la fiesta de cumpleaños del sistema. Quizás sea injusto decirlo. Pero no tanto. Porque para muchos colombianos el Partido Verde ya no produce esperanza. Produce nostalgia. Nostalgia de cuando la política parecía una invitación a construir algo mejor y no simplemente a odiar al bando contrario. Nostalgia de aquella Ola Verde que llenó plazas enteras con una idea tan ingenua como poderosa: que la decencia podía ser competitiva electoralmente. Durante unas semanas Colombia creyó que sí. Después volvimos a ser Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí estamos otra vez. Observando cómo unos convierten cada elección en una cruzada moral y otros en una guerra de exterminio simbólico. Escuchando a los candidatos hablar más de sus enemigos que de sus propuestas. Confundiendo carácter con agresividad y liderazgo con volumen. Por eso me resulta casi imposible preguntarme si Mockus estaría con Iván Cepeda o con Abelardo de la Espriella. La pregunta correcta es otra. ¿Quién de los dos estaría dispuesto a soportar cinco minutos de conversación con Mockus sin sentirse incómodo? Porque el profesor tenía esa rara capacidad de incomodar a todos. A la izquierda cuando confundía ideales con excusas. A la derecha cuando confundía autoridad con arrogancia. A los políticos cuando confundían legalidad con astucia. Y a los ciudadanos cuando confundíamos derechos con privilegios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso nunca terminó de encajar. Era demasiado profesor para los políticos y demasiado político para los profesores. Demasiado serio para los cínicos y demasiado ingenuo para los pragmáticos. Pero mientras más envejece esta democracia fatigada, más evidente resulta el vacío que dejó. Porque el problema de Colombia no es que ya no tengamos héroes. El problema es que dejamos de admirar las virtudes que representaban. Nos acostumbramos a premiar la furia. A celebrar la humillación del adversario. A elegir al que mejor golpea y no al que mejor argumenta. Y después nos preguntamos por qué el país se parece tanto a una pelea. Quizás Mockus nunca fue el presidente que Colombia eligió. Pero fue, durante mucho tiempo, el ciudadano que Colombia necesitaba. Y viendo el espectáculo actual, uno no puede evitar pensar que también sigue siendo el ciudadano que más nos hace falta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Extrañamos tanto a Antanas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sospecho que lo extrañamos porque, en el fondo, extrañamos una versión mejor de nosotros mismos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130312</guid>
        <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 16:34:01 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Extrañamos tanto a Antanas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>21 preguntas antes del 21J</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/21-preguntas-antes-del-21j/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hablar de política se volvió imperativo. Importan las amistades pero también el país.  Podemos debatir sin agredir y podemos convencer sin satanizar. Breve manual de cómo no perder amigos por culpa de la política.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Escudarse en la frase manida de “aquí está prohibido hablar de política” es improcedente cuando en las urnas hay demasiado en juego.</strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El muchacho de la carnicería, dicharachero él, me dice que ganó el domingo. Le dije que yo perdí. Así supimos quién votó por quién. Nos acaloramos un poco. Él, detrás del mostrador y yo, de este lado. Él disparó primero. Me preguntó con sorna: <em>¿Cuándo se ha visto a un izquierdozo montando una empresa?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Doblemente antipática la oración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al ver que cortaba la carne de res con su afilado cuchillo, preferí no contrariarlo. Permanecí ausente, pero le mandé telepáticamente la respuesta con el anhelo de que algún día le llegara. <em>“Es una idiotez pensar que solo la gente de derecha hace empresa en Colombia”.</em> El chico por supuesto no es el dueño del negocio, es otro empleado más, uno muy agradecido, eso sí, con su empleador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por WhatsApp me escribe un amigo que vive en España. Inquirió si quedé ardido por los resultados del 31 de mayo. Le respondí con otra pregunta: ¿Cómo puede estar ardida una persona que ha tenido las oportunidades que otros no? Me dejó en visto. A veces así son ellos: cortantes como cuchillo de carnicero, con cierta dificultad para mantener el hilo de la conversación. Y eso que todos somos valientes detrás de la pantalla de un celular.   </p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Qué difícil se ha vuelto dialogar! Cada uno de nosotros es dueño de la verdad, caemos en ese error. Tenemos la razón y la defendemos, pero no con la vida; la pendejada no llega hasta allá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando uno vota, las verdades personales son lo que menos importa. Importa más la conciencia social basada, a su vez, en una conciencia histórica, y ambas a su vez basadas en una realidad presente. Ni siquiera habría necesidad de leer, porque el pasado nunca se fue, muta en nuevas personas que nacen y mueren condenadas; el ciclo sin fin de la vida se repite con la pobreza, y no hay nada de épico en ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin estar de acuerdo con muchas personas, les he abierto mi espacio (este espacio que amablemente me concedió el director de <strong>El Espectador</strong>, Fidel Cano), para que se conozca su pensamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se aprende, en todo caso, a tener duro el cuero para recibir cada crítica que llega, sea constructiva o destructiva. Con el&nbsp;necio no hay caso. Quizás la frase más ¿imprudente? me la soltó una amiga del alma cuando le dejé ver mi alma de persona progresista que apoya en esta elección a Iván Cepeda. <em>“Te quiero salvar de ti mismo”</em>, me dijo, muy convencida de su poder de Mujer Maravilla camino a sus 60, como yo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin ánimo peleador, me reí, a la manera de cuándo éramos jóvenes y se bromeaba con el lenguaje: <em>Con esas amigas, ¿para qué enemibas?</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevábamos unos 30 años sin saber de nosotros y entonces me pregunté, sin ella como heroína, ¡cómo diablos sobreviví durante tres décadas! En la interacción con el otro, debemos saber escoger muy bien las palabras para no ofender, descalificar o exhibir nuestra falsa superioridad moral o intelectual. A veces la amabilidad consiste en callar. A veces.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo ganó el voto solapado, ese que no sale en las encuestas, porque hay un elector avergonzado de su candidato. Es ese vecino al que usted le pregunta por quién votará y, enojado, responde: <em>&#8220;El voto es secreto&#8221;</em>. Ahí el votante de Abelardo se delata. Créanme que hice el experimento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pocas veces en mi vida he tenido certezas sobre nada; la mayor parte del tiempo, ¿de la vida?, nos guiamos por anhelos e ilusiones. Después del domingo último, solo tengo preguntas —algunas con doble sentido, aclaro—, y quiero compartirlas con los lectores. Cada cual saque de su corazón una respuesta antes de la segunda vuelta, el 21 de junio. Como no es una prueba para medir el coeficiente intelectual, apelen al sentido común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. ¿Dónde está Juan Manuel Santos, el que hizo el Acuerdo de paz, reclamó el Premio Nobel y lo dejó tirado? ¿Fue pura vanidad? ¿Dejará que vengan a acabar la JEP sin pelear?</p>



<p class="wp-block-paragraph">2.  ¿Qué quiso decir a Donald Trump cuando, al apoyar a Abelardo De La Espriella, dijo que lo hacía, entre otras razones, por qué él <em>“será capaz de detener la inmigración ilegal</em>&#8220;? ¿Hablaba de los colombianos que quieren cumplir el “sueño americano” y no se han ido o hablaba de los colombianos que están en pleno sueño en los United States? ¿Irá el propio Tigre a recibirlos al aeropuerto cuando arriben cariacontecidos, deportados (humillados) por el gringo?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que ahora alardean del voto en blanco en segunda vuelta, como fórmula para escurrir el bulto, ¿qué entienden por democracia?</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">4.&nbsp;¿Usted cree que <em>es mejor malo conocido que bueno por conocer</em> o, por el contrario, considera que <em>escoba nueva barre bien</em>?</p>



<p class="wp-block-paragraph">5.&nbsp;¿Elegir mal convierte a la cédula de ciudadanía en un arma de doble filo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">6.&nbsp;¿A quién le votan las personas de la tercera edad en este país?</p>



<p class="wp-block-paragraph">7.&nbsp;¿Alguna vez una persona con la vida resuelta ha votado pensando en aquellos que no han resuelto nada en la vida?</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. ¿Cuál es el argumento principal de una mujer para votar por un candidato señalado de misógino y acosador?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>9. ¿El odio hacia una persona, digamos Gustavo Petro, es argumento válido para votar en contra de otra, digamos Iván Cepeda?</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">10.&nbsp;&nbsp;¿Usted cree que en un país notable e históricamente violento, permitir el uso de armas suena sensato?</p>



<p class="wp-block-paragraph">11.&nbsp;¿Las diez megacárceles que propone cierto candidato están pensadas para esos que estarán armados o para quienes irán desarmados?</p>



<p class="wp-block-paragraph">12.&nbsp;&nbsp;En la escala de 1 a 10 ¿en qué nivel está su ansiedad electoral?</p>



<p class="wp-block-paragraph">13.&nbsp;¿Cuántas mujeres votaron por Abelardo el 31 de mayo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">14.&nbsp;Si Abelardo nació en Bogotá, ¿es un costeño <em>chiviado, </em>como decimos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">15.&nbsp;¿Por qué un bogotano, Iván Cepeda, superó a un costeño en todos los departamentos de su propia región?</p>



<p class="wp-block-paragraph">16. ¿Fueron las encuestas y los astrólogos una estrategia en primera vuelta (poner a Cepeda a ganar), para que la gente, atemorizada, saliera a votar en su contra?</p>



<p class="wp-block-paragraph">17. Si gana Abelardo, ¿qué pasará con la libertad de prensa durante los siguientes cuatro años?</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>18.&nbsp;&nbsp;¿Qué tan malo es que un presidente de la República tenga bufete de abogados propio? ¿Se enriquecerá a punta de demandas como hace Donald Trump?</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">19.&nbsp;&nbsp;Si la izquierda tiene conciencia histórica y social, ¿qué tipo de conciencia guía a aquel o aquella que votará por Abelardo de la Espriella? ¿Acaso la conciencia capitalista es un tipo de conciencia? &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">20.  ¿Usted qué entiende por el verbo <em>destripar </em>a la izquierda?</p>



<p class="wp-block-paragraph">21.&nbsp;¿Qué pregunta quieren añadir los amables lectores?&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130033</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 12:11:35 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[21 preguntas antes del 21J]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Un verdadero progresismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/un-verdadero-progresismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>La discusión sobre la pobreza en Colombia suele perderse entre discursos ideológicos, subsidios simbólicos y peleas políticas interminables. Mientras tanto, la realidad sigue ahí, brutal e imposible de ocultar: basta salir a cualquier calle del país para verla. Jóvenes pidiendo dinero en cada semáforo. Niños trabajando. Familias enteras sobreviviendo de la informalidad. Personas rebuscándose la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La discusión sobre la pobreza en Colombia suele perderse entre discursos ideológicos, subsidios simbólicos y peleas políticas interminables. Mientras tanto, la realidad sigue ahí, brutal e imposible de ocultar: basta salir a cualquier calle del país para verla. Jóvenes pidiendo dinero en cada semáforo. Niños trabajando. Familias enteras sobreviviendo de la informalidad. Personas rebuscándose la vida en esquinas y buses porque la economía no les ofrece un lugar digno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más de 15 millones de colombianos viven bajo la línea de pobreza monetaria. Más de 15 millones. No es una estadística fría; es la dimensión de un fracaso nacional. En Colombia se considera pobre a quien sobrevive con menos de 460 mil pesos mensuales. Esa cifra revela algo devastador: millones de personas viven permanentemente al borde del abismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso el crecimiento económico no es un lujo tecnocrático ni una obsesión de empresarios. Es una necesidad moral. Sin crecimiento no hay igualdad sostenible. Sin crecimiento no hay desarrollo. Sin crecimiento no hay manera real de sacar a los más pobres adelante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una tragedia recurrente en la historia y en la literatura: hombres que, intentando construir un mundo más justo, terminan destruyendo las bases que sostenían aquello que querían proteger. No ocurre por maldad, sino por soberbia. Por creer que la realidad económica puede doblegarse únicamente con voluntad política, discursos morales o consignas ideológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí reside una de las grandes frustraciones del gobierno de Gustavo Petro. Un gobierno que llegó prometiendo justicia social terminó entregando uno de los crecimientos económicos más débiles de las últimas décadas. El promedio de crecimiento durante sus primeros años de gobierno apenas rondó el 1,7 % anual, por debajo incluso del gobierno de Iván Duque, que tuvo que enfrentar la peor pandemia en un siglo. Incluso con el golpe histórico del Covid-19 y la contracción brutal de 2020, la economía durante el período de Duque terminó creciendo en promedio más que bajo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese dato debería producir una reflexión profunda en toda la izquierda latinoamericana. Porque un gobierno puede tener las mejores intenciones redistributivas, pero si destruye confianza, enfría la inversión y paraliza la economía, termina perjudicando precisamente a quienes prometía defender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inversión privada no nace de discursos morales ni de consignas políticas. Nace de expectativas de estabilidad, confianza y rentabilidad. Los empresarios invierten cuando creen que el futuro será mejor, cuando sienten que vale la pena arriesgar capital, abrir empresas y contratar trabajadores. Un gobierno que convierte permanentemente al empresario en sospechoso, explotador o enemigo social termina debilitando los incentivos mismos que permiten crear riqueza y empleo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de defender privilegios. Se trata de entender cómo funcionan las economías reales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, el gasto público sigue creciendo. El déficit fiscal alcanza niveles preocupantes y la deuda se vuelve más costosa. Colombia pasó de financiarse con relativa comodidad ante organismos multilaterales a endeudarse a tasas mucho más altas en mercados privados. El economista Salomón Kalmanovitz ha señalado la contradicción de un gobierno que denuncia al Fondo Monetario Internacional como símbolo del capitalismo global, pero termina recurriendo a prestamistas privados mucho más caros. Es como rechazar un salvavidas por considerarlo ideológico y lanzarse, por orgullo, hacia aguas todavía más profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el problema de fondo es que el crecimiento del gasto no se está traduciendo en una transformación estructural de la productividad nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque los subsidios, aunque necesarios en emergencias, no reemplazan el desarrollo. Son un alivio temporal, no una solución histórica. Muchas veces terminan convertidos en herramientas clientelistas: pequeñas transferencias que ayudan a sobrevivir, pero no a progresar. Paños de agua tibia frente a heridas sociales gigantescas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La frase de Claudia Sheinbaum —“por el bien de todos, primero los pobres”— tiene sentido precisamente porque reconoce que el centro de cualquier proyecto nacional debe ser la dignidad de quienes menos tienen. Pero poner primero a los pobres no significa conformarse con administrar pobreza. Significa crear las condiciones para que millones de personas dejen de ser pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso solo ocurre cuando una economía crece de manera sostenida, aumenta productividad, genera empleo formal y abre oportunidades reales de movilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tragedia colombiana es que el país sí tiene potencial. Turismo, agroindustria, energías renovables, servicios tecnológicos y exportaciones podrían convertirse en motores de desarrollo durante las próximas décadas. La baja natalidad incluso podría aliviar presiones sociales futuras. Hay razones para pensar que Colombia puede mejorar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para quienes hoy viven en pobreza, esperar veinte años no es una teoría económica. Es una condena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos estimamos que, con el mediocre crecimiento económico de la última década, a Colombia podrían costarle otras dos décadas sacar a esos 15 millones de personas de la pobreza. Y eso debería avergonzarnos profundamente. Porque no estamos hablando de estadísticas ni de modelos macroeconómicos: estamos hablando de tolerar el hambre, la frustración y el estancamiento de casi un tercio de nuestra población por una mezcla de dogmatismo, falta de inteligencia y ausencia de sentido común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada año de bajo crecimiento significa millones de vidas atrapadas en el rebusque, en la informalidad y en la desesperanza. Significa jóvenes sin horizonte claro. Significa niños creciendo en hogares donde incluso la comida diaria es incierta y donde el progreso siempre parece pertenecerle a otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no necesita aprender a repartir mejor la escasez; necesita volver a encender los motores de la prosperidad. Porque una nación que deja de crecer es como un barco que pierde viento en medio de la tormenta: los primeros en hundirse nunca son los que viajan en la cubierta más alta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso un verdadero progresismo no debería medir su éxito por el tamaño de los subsidios ni por la intensidad de sus discursos ideológicos. Debería medirlo por algo mucho más simple y mucho más difícil: cuántas personas lograron salir realmente de la pobreza gracias a una economía dinámica, moderna y capaz de generar prosperidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final, ninguna sociedad puede repartir de manera sostenible la riqueza que es incapaz de crear.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129537</guid>
        <pubDate>Mon, 25 May 2026 19:27:17 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/25142617/aretz-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Un verdadero progresismo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La izquierda está demasiado confiada</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-izquierda-esta-demasiado-confiada/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ningún candidato tiene hoy la mitad más uno de los votos (no en las encuestas que se precian de serias) para ganar la elección presidencial. Los sondeos son muy distintos entre sí, como si quisieran confundir al Pacto Histórico, que se siente ingenuamente ganador. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Iván Cepeda Castro, candidato del Pacto Histórico. Imagen creada con IA</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda colombiana no necesita una cohorte de aduladores ni un comité de aplausos. Necesita saber que camina sobre arenas movedizas. Que si bien Gustavo Petro deja un legado social que debe capitalizarse, continuar, afianzarse y mejorarse, ese solo argumento por sí solo no garantiza el triunfo de Iván Cepeda el 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diferentes encuestas le otorgan al Pacto Histórico alrededor de un 35% de intención de voto —la última de Invamer le concede un extraordinario 44,9%—. Eso quiere decir que sigue faltando el centavo pa´l peso: todavía no completa la mitad más uno para ganar cómodamente en primera vuelta. La izquierda no puede fiarse de los números, ni llamarse a engaños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gusta Cepeda porque representa la conciencia social de ese país sometido a la persecución y el destierro hasta el exterminio, pero no veo una estrategia de comunicación efectiva y convincente para hacerse con los votos faltantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de la malquerencia justificada hacia Álvaro Uribe, no hay un mensaje que apele a las emociones de aquel electorado meditabundo sobre el que nadie sabe qué está pensando, y probablemente ni siquiera figura en las encuestas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucha gente no tiene claras las propuestas de Iván Cepeda, o esa es la idea que flota en el ambiente. No hay tampoco una frase –a manera de slogan- que enmarque el espíritu progresista de la campaña. Los discursos en plaza pública deben condensarse en frases contundentes que se graben en la memoria, y se puedan repetir ante un interlocutor apático.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cómo es que sabemos tanto de Sócrates, si el filósofo griego no escribió nada en su vida? Cuenta la leyenda que Sócrates no escribió nada por considerarlo una forma inferior de transmisión de conocimiento, prefiriendo el diálogo vivo y directo. Bueno, creo que aquí hay un mensaje poderoso para, en lo que resta de campaña, sacarle todo el jugo posible a la calle y conectar con la gente, pero no con los que salen a vitorear en la plaza, porque esos ciudadanos ya están alineados con un proyecto político en el que pusieron sus esperanzas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Insisto: En esta recta final, sobran los halagos. Se necesita una estrategia de persuasión más clara con mensajes cortos y bien construidos que se traduzcan en titulares. Una foto oficial del candidato ayudaría mucho. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda está confiado en ganar en primera vuelta, y lo pregona a los cuatro vientos. Creo que peca por exceso de confianza. El triunfalismo mal manejado podría hacer que muchos se crean el cuento y, confiados en el triunfo, opten por no salir a votar el 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los partidos se ganan en la cancha y con goles, del mismo modo que las elecciones se ganan en las urnas, no en las encuestas. Humildad es prudencia. Y lo que necesita el Pacto Histórico para ganar es que los ya convencidos, convenzan a los indecisos (un 28%, según análisis de La Silla Vacía); a los inconformes, (los que no votan asqueados de la política y los políticos), y a los que votarán en blanco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo candidato es un producto y ese producto se vende puerta a puerta, uno a uno. Hablando de tú a tú, quiero decir. Las horas corren.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se perdió tiempo valioso respondiendo las andanadas de Uribe, que esa es su táctica para desgastar al contendor y mantenerse vigente en el ocaso de su vida política. Cualquier ruido le sirve. Darle importancia a Uribe es hablarle a esa base antiuribista que no necesita argumentos, pues conocen la historia que antecede al expresidente. A los indecisos se les conquista por el oído con propuestas audaces que calen en el corazón pero que tengan efecto directo en sus bolsillos y sus problemas cotidianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Concuerdo con el analista Shameel Thahir Silva cuando interpela a la izquierda en el periódico <em>Desde Abajo: “Nos dejamos meter en la trampa de que la política son las personas y sus liderazgos, y perdimos la capacidad de plantear problemas a largo plazo: las estructuras y los intereses colectivos que mueven la rueda de la historia”. (…) mucha gente (…) cree que si el Presidente chasquea los dedos aparecerán las escuelas, las vías y los hospitales que reducirán las profundas brechas de desigualdad”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se menciona en los discursos el término “revolución ética”, pero en la práctica falta su desarrollo. Las palabras no pueden ponerse en el papel y olvidarse. El por qué y el para qué deben socializarse. La figura de Cepeda como filósofo, siendo poderosa, tampoco ha sido suficientemente explotada; no entiendo ese descuido, si partimos del hecho de que ética y filosofía tienen sangre común, como generadores de conciencia social en&nbsp;un país donde la desigualdad es proporcional a los altos niveles de corrupción política y la evasión de impuestos por parte de las clases altas. (En una próxima columna analizaré estos fenómenos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para&nbsp;<em>despetrizar</em>&nbsp;la izquierda, sus líderes deben ser capaces de cuestionar lo que no se hizo bien y ofrecer la cura para el mal, mientras agitan las banderas por lo bueno. Gallardía es quitarse la paja del propio ojo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simón Rubiños, analista y magíster en políticas públicas, hace la siguiente reflexión:&nbsp;<em>“El gobierno Petro abrió puertas a sujetos y territorios históricamente relegados: instaló la idea de que el Estado debía mirar de frente la desigualdad y asumirla como mandato. Pero ese giro –en sí mismo valioso y con logros tangibles– dejó una tensión: no basta con representar sectores marginados ni ponerlos en el centro del relato si la política pública no traduce esa centralidad en cambios tangibles en su vida cotidiana”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su artículo para el periódico <em>Desde Abajo</em>, Rubiños pone como ejemplo el caso mexicano. “Un gobierno que logró amalgamar –y con ello seducir a su pueblo- fue el de AMLO en México, quien logró una continuidad narrativa disciplinada, apoyada en organización, control de agenda y ejecución coherente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda no debe temerle a la autocrítica. Debe empezar por aceptar que bajo el mandato de Gustavo Petro muchas promesas quedaron incumplidas: las plegarias no atendidas de las que hablaba Santa Teresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queda apenas una semana para la elección presidencial y ningún candidato tiene las mayorías para cantar victoria. ¡Humildad!</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda tiene, eso sí, un candidato serio como Iván Cepeda, con porte intelectual y demócrata, para ganar en junio. La derecha uribista, con dos candidatos en contienda, está dando la pelea. Abelardo y Paloma se batirán en un duelo (electoral) a muerte, aunque por ahora <em>El Tigre</em> ruge más que lo que vuela su rival.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Promesa de político:</strong>&nbsp;Si el candidato del Pacto Histórico gana en primera vuelta, prometo dejar en paz a Uribe en mis escritos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129349</guid>
        <pubDate>Fri, 22 May 2026 13:12:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La izquierda está demasiado confiada]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Por qué Abelardo De La Espriella presume de su entrepierna?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-abelardo-de-la-espriella-presume-de-su-entrepierna-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando un candidato presidencial y la prensa chocan, se juntan el hambre con las ganas de comer, en un juego de roles en el que todos los involucrados ganan algo, mientras la sociedad y los ciudadanos perdemos. Como político, Abelardo De La Espriella es la constatación de un oficio en decadencia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imagen creada con inteligencia artificial.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-ed419ea6cacf2fc984b751448a91a1ee wp-block-paragraph"><strong><em>Busque llamar la atención a cualquier precio. Todo es juzgado por su apariencia, lo que no se ve no cuenta (&#8230;) Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose más grande, más atractivo y más misterioso que la gran masa, tímida y anodina”:</em> Del libro Las 48 leyes del poder.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella (ADELE) esté lejos, muy lejos, de tener pinta de estadista, pero nadie puede negar que sabe cómo alborotar a las masas en una sociedad harto conservadora y mojigata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos gastar tinta y tiempo repudiando sus conductas entre ofensivas y desafiantes. Podríamos debatir sobre la sexualización de la política (es decir, sus frases con carga sexual), cómo método legítimo o ilegítimo para conquistar votos. Podríamos preguntar si cada vez que el monteriano alardea del tamaño de su pene (¿?) o del grueso de su chequera está escondiendo uno que otro complejillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos usar varias cuartillas para desmenuzar y rechazar todas las veces en las que <em>El Tigre</em> ha mostrado su desprecio hacia la prensa y los periodistas. Porque todo es posible en esta vida menos revivir a los muertos, y en esta contienda electoral sí que hay más de un difunto&#8230; en sentido figurado. ADELE está <em>vivito y coleando</em> (con o), dando la pelea en las encuestas para pasar a segunda vuelta. Paloma Valencia va ahí, detrás, intentando desplegar sus alas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos sentar cátedra sobre moral para reprobar sus poses de macho machote o sus fijaciones fálicas y así quedar divinamente con quienes desdeñan su candidatura. Podemos clavarlo en la cruz de la picota pública para parecer políticamente correctos. Pero qué necesidad de llover sobre mojado en torno a este circo mediático si todo el mundo habla de lo mismo y mañana el asunto sobre su pito nos importará un pito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque nada de lo que se escriba cambiará el mundo. En cambio, lo que diga ADELE, hace que muchos sin tema para llenar columnas, ahora lo tengan, y quién quita que por ahí derecho se catapulte al poder, precisamente por el exceso de importancia que le hemos dado.&nbsp;Y eso, más que el tamaño de su cosita, es lo preocupante.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ed910380fb87172185996746827466 wp-block-paragraph"><strong><em>“La política ha ido remplazando cada vez más las ideas y los ideales, el debate intelectual y los programas, por la mera publicidad y las apariencias”,</em></strong> señala Mario Vargas Llosa en su libro “La sociedad del espectáculo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin justificar su patanería, envuelta en frases que pronuncia en tono calmado, sin que se le arrugue el traje, diré que todo lo que pasa con <em>El Tigre</em> es el natural reflejo de la sociedad del espectáculo en que se convirtió la política mundial tras la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas. Importan la apariencia más que las ideas. Importa el numerito no el contenido. Importa aquello que genere atención (y eso incluye descalificar al contrario, por ejemplo)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La habilidad del político moderno no está en los conocimientos que acumule en su cerebro, sino en su sagacidad con las palabras y los ademanes para robarse el show. En esas lides, ADELE es un monstruo, en el sentido que cada lector quiera tomarlo. Es el <em>showman</em> de esta campaña presidencial. El numerito que justifica pagar la entrada. Aquel que gusta y disgusta pero no deja indiferente a nadie, porque sobre esta clase de personas todos tienen (tenemos) una opinión. Y eso significa que no es un pintado en la pared.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Subestimarlo es desconocer que, bajo esta misma fórmula, los argentinos eligieron a Javier Milei y los gringos a Trump. Como fenómenos políticos, son rompedores, harina (¿o <em>memes</em>?) del mismo costal. Han construido un personaje, son fieles a él y, como el producto que son, tienen una clientela cautiva; querámoslo o no, eso los hace genuinos y les imprime carácter; en su rol antagónico, encarnan al villano perfecto del que muchos se enamoran, quitando del medio a unos contradictores con déficit histriónico, que si bien se las dan de políticamente correctos, las más de las veces lo son únicamente de labios para afuera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque en el fondo la diferencia entre ser políticamente correctos y políticamente incorrectos es el nivel de hipocresía con el cual nos queremos arropar. Y la gente está ahí, observando, al que quiere ser sin parecer. Más allá de eso, en una campaña electoral los candidatos que posan de buenos y formalitos&nbsp;están condenados al cuarto de <em>San Alejo</em> (que, a propósito, es el patrono de los que sufren humillaciones).</p>



<p class="wp-block-paragraph">O sea, dependiendo de las circunstancias, la política requiere ciertas dosis de cinismo y agresividad. En una recta final como la actual, faltando una quincena para elecciones, gana puntos quien domine la conversación o imponga la agenda: Eso hace la diferencia entre estar y no estar en los titulares. Por eso, el dicho es muy sabio: <em>Es mejor llegar a tiempo que ser invitado.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso de Sergio Fajardo es el mejor ejemplo. Borrado de las encuestas, su exceso de decencia y su currículo de estudiante aplicado (¡díganme si no tiene más pinta del monaguillo que quería ser cura y no de profesor de matemáticas!), daría para escribir todo un tratado sociológico que explique lo rara que es la política y los raros que son los electores. El hombre hizo todo lo contrario de lo que recomienda&nbsp;una de las leyes de&nbsp;<em>Las 48 leyes del poder: “Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido”.</em> No se fue a ver ballenas esta vez, pero su presencia pasa inadvertida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo a decir que una cuarta candidatura&nbsp;suya sería un atentado a nuestra paciencia. Sobre él parece caer la misma maldición que le negó la presidencia a Germán Vargas Lleras, Horacio Serpa, Álvaro Gómez o Noemí Sanín.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás los menos hipócritas son los segundos (los políticamente incorrectos) por mostrarse tal como son, sin filtros, sin maquillaje; por decir lo que quieren decir sin temor al qué dirán, por ser capaces de soltar en público lo que seguramente viven diciendo en privado, borrachos o en sano juicio, porque esa es su naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, no se puede juzgar a una persona como ADELE sin reparar en su idiosincrasia de hombre costeño, de esa región Caribe donde el lenguaje desabrochado y la piel expuesta al sol adquieren otros significados sociales, distintos en todo caso de lo que somos y nos define a los bogotanos, por ejemplo; temerosos de la desnudez, procurando hablar pasito y nada más que lo necesario, gobernados precisamente por el <em>ojalá no vayan a hablar de mí.</em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa clase alta, representada en la élite bogotana, que hoy desaprueba al candidato y la clase alta a la que él representa, con toda seguridad no tendrán problema en encaramarse&nbsp;juntas al bus de la victoria como pase a segunda vuelta, aunque al mismo tiempo deben prenderles velas a caulquier santo para que eso no ocurra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Total: quienes ya detestan a ADELE, lo aborrecerán más, del mismo miedo que quienes lo aman, lo amarán más por frentero; porque donde unos vemos a una ser ofensivo, impetuoso e incluso misógino, otros ven a una persona que <em>no se anda con pedos atorados</em>, como dice la frase coloquial. Y es posible que comportarse así, directo y sin rodeos, sea visto como una virtud entre los indiferentes con la cosa política y entre los indecisos que están a la espera de ser convencidos. En ese río revuelto, el candidato saca sus cartas de su lengua, no de la manga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, gústenos o no, recoge a un sector amplio e inconforme de colombianos que además de ver en él a alguien a quien quieren parecerse,&nbsp;reniegan de la prensa, lo mismo que él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el detrás de cámaras tras la entrevista del Canal Caracol, ADELE —entre risas y besos—, insiste en sus críticas a la prensa:&nbsp;&#8220;El periodismo colombiano tiene un problema (…) habla desde un pedestal en el que cree que no se le puede cotrapreguntar, un pedestal en el que cree que tiene la verdad revelada&#8221;.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se plantea aquí un doble dilema: El de los periodistas (algunos) que no gustan de las respuestas de sus entrevistados y el de los políticos (algunos) que se molestan por las preguntas de los periodistas; en ese tire y afloje el espacio periodístico se transforma en tribunal o, peor, en cuadrilátero. Esa es la explicación más franca de por qué unos y otros nos condenaron a los colombianos al no debate.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No justifico la arrogancia del candidato, tampoco su verborrea, ni su ánimo provocador, pero debemos reconocerle que entiende mejor que varios de sus rivales para qué sirven los medios de comunicación y cómo exprimirlos hasta la <em>viralidad</em>. &nbsp;Es, por decirlo de otra manera, el invitado que nadie quiere tener en la fiesta pero que al final hace la fiesta menos aburrida. Porque qué sería de unas elecciones presidenciales sin un poco de función circense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para concluir diré que con cada numerito de ADELE muchos son los beneficiados: en primer lugar, el propio candidato, porque hábilmente se pone en el centro de los reflectores y obliga a todos a hablar de él (<em>que hablen mal o bien, pero que hablen, malaya sea</em>); los medios de comunicación, porque consiguen los ansiados clics por parte de unas audiencias también ansiosas y las mismas audiencias, porque calman brevemente su hambre de pan y circo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No importa que la sociedad toda pierda… ¡el show debe continuar!&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129203</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 12:32:15 +0000</pubDate>
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            </media:content>
                            </item>
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        <title>¿Por qué Abelardo De La Espriella presume de su entrepierna?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-abelardo-de-la-espriella-presume-de-su-entrepierna/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando un candidato presidencial y la prensa chocan, se juntan el hambre con las ganas de comer, en un juego de roles en el que todos los involucrados ganan algo, mientras la sociedad y los ciudadanos perdemos. Como político, Abelardo De La Espriella es la constatación de un oficio en decadencia. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imagen creada con inteligencia artificial. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b8ee7fa1b2329759d60705d4bde287ba wp-block-paragraph"><strong><em>“Busque llamar la atención a cualquier precio. Todo es juzgado por su apariencia, lo que no se ve no cuenta (&#8230;) Ponga toda su fuerza en destacarse. Conviértase en un imán que concentre la atención de los demás, mostrándose más grande, más atractivo y más misterioso que la gran masa, tímida y anodina”:</em> Del libro Las 48 leyes del poder.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella (ADELE) esté lejos, muy lejos, de tener pinta de estadista, pero nadie puede negar que sabe cómo alborotar a las masas en una sociedad harto conservadora y mojigata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos gastar tinta y tiempo repudiando sus conductas entre ofensivas y desafiantes. Podríamos debatir sobre la sexualización de la política (es decir, sus frases con carga sexual), cómo método legítimo o ilegítimo para conquistar votos. Podríamos preguntar si cada vez que el monteriano alardea del tamaño de su pene (¿?) o del grueso de su chequera está escondiendo uno que otro complejillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos usar varias cuartillas para desmenuzar y rechazar todas las veces en las que <em>El Tigre</em> ha mostrado su desprecio hacia la prensa y los periodistas. Porque todo es posible en esta vida menos revivir a los muertos, y en esta contienda electoral sí que hay más de un difunto&#8230; en sentido figurado. ADELE está <em>vivito y coleando</em> (con o), dando la pelea en las encuestas para pasar a segunda vuelta. Paloma Valencia va ahí, detrás, intentando desplegar sus alas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Podemos sentar cátedra sobre moral para reprobar sus poses de macho machote o sus fijaciones fálicas y así quedar divinamente con quienes desdeñan su candidatura. Podemos clavarlo en la cruz de la picota pública para parecer políticamente correctos. Pero qué necesidad de llover sobre mojado en torno a este circo mediático si todo el mundo habla de lo mismo y mañana el asunto sobre su pito nos importará un pito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque nada de lo que se escriba cambiará el mundo. En cambio, lo que diga ADELE, hace que muchos sin tema para llenar columnas, ahora lo tengan, y quién quita que por ahí derecho se catapulte al poder, precisamente por el exceso de importancia que le hemos dado.&nbsp;Y eso, más que el tamaño de su cosita, es lo preocupante.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ed910380fb87172185996746827466 wp-block-paragraph"><strong><em>“La política ha ido remplazando cada vez más las ideas y los ideales, el debate intelectual y los programas, por la mera publicidad y las apariencias”,</em></strong> señala Mario Vargas Llosa en su libro “La sociedad del espectáculo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin justificar su patanería, envuelta en frases que pronuncia en tono calmado, sin que se le arrugue el traje, diré que todo lo que pasa con <em>El Tigre</em> es el natural reflejo de la sociedad del espectáculo en que se convirtió la política mundial tras la irrupción de las redes sociales en nuestras vidas. Importan la apariencia más que las ideas. Importa el numerito no el contenido. Importa aquello que genere atención (y eso incluye descalificar al contrario, por ejemplo)</p>



<p class="wp-block-paragraph">La habilidad del político moderno no está en los conocimientos que acumule en su cerebro, sino en su sagacidad con las palabras y los ademanes para robarse el show. En esas lides, ADELE es un monstruo, en el sentido que cada lector quiera tomarlo. Es el <em>showman</em> de esta campaña presidencial. El numerito que justifica pagar la entrada. Aquel que gusta y disgusta pero no deja indiferente a nadie, porque sobre esta clase de personas todos tienen (tenemos) una opinión. Y eso significa que no es un pintado en la pared.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Subestimarlo es desconocer que, bajo esta misma fórmula, los argentinos eligieron a Javier Milei y los gringos a Trump. Como fenómenos políticos, son rompedores, harina (¿o <em>memes</em>?) del mismo costal. Han construido un personaje, son fieles a él y, como el producto que son, tienen una clientela cautiva; querámoslo o no, eso los hace genuinos y les imprime carácter; en su rol antagónico, encarnan al villano perfecto del que muchos se enamoran, quitando del medio a unos contradictores con déficit histriónico, que si bien se las dan de políticamente correctos, las más de las veces lo son únicamente de labios para afuera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque en el fondo la diferencia entre ser políticamente correctos y políticamente incorrectos es el nivel de hipocresía con el cual nos queremos arropar. Y la gente está ahí, observando, al que quiere ser sin parecer. Más allá de eso, en una campaña electoral los candidatos que posan de buenos y formalitos&nbsp;están condenados al cuarto de <em>San Alejo</em> (que, a propósito, es el patrono de los que sufren humillaciones).</p>



<p class="wp-block-paragraph">O sea, dependiendo de las circunstancias, la política requiere ciertas dosis de cinismo y agresividad. En una recta final como la actual, faltando una quincena para elecciones, gana puntos quien domine la conversación o imponga la agenda: Eso hace la diferencia entre estar y no estar en los titulares. Por eso, el dicho es muy sabio: <em>Es mejor llegar a tiempo que ser invitado.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso de Sergio Fajardo es el mejor ejemplo. Borrado de las encuestas, su exceso de decencia y su currículo de estudiante aplicado (¡díganme si no tiene más pinta del monaguillo que quería ser cura y no de profesor de matemáticas!), daría para escribir todo un tratado sociológico que explique lo rara que es la política y los raros que son los electores. El hombre hizo todo lo contrario de lo que recomienda&nbsp;una de las leyes de&nbsp;<em>Las 48 leyes del poder: “Nunca acepte perderse en el anonimato de la multitud o ser sepultado por el olvido”.</em> No se fue a ver ballenas esta vez, pero su presencia pasa inadvertida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo a decir que una cuarta candidatura&nbsp;suya sería un atentado a nuestra paciencia. Sobre él parece caer la misma maldición que le negó la presidencia a Germán Vargas Lleras, Horacio Serpa, Álvaro Gómez o Noemí Sanín.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás los menos hipócritas son los segundos (los políticamente incorrectos) por mostrarse tal como son, sin filtros, sin maquillaje; por decir lo que quieren decir sin temor al qué dirán, por ser capaces de soltar en público lo que seguramente viven diciendo en privado, borrachos o en sano juicio, porque esa es su naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, no se puede juzgar a una persona como ADELE sin reparar en su idiosincrasia de hombre costeño, de esa región Caribe donde el lenguaje desabrochado y la piel expuesta al sol adquieren otros significados sociales, distintos en todo caso de lo que somos y nos define a los bogotanos, por ejemplo; temerosos de la desnudez, procurando hablar pasito y nada más que lo necesario, gobernados precisamente por el <em>ojalá no vayan a hablar de mí.</em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa clase alta, representada en la élite bogotana, que hoy desaprueba al candidato y la clase alta a la que él representa, con toda seguridad no tendrán problema en encaramarse&nbsp;juntas al bus de la victoria como pase a segunda vuelta, aunque al mismo tiempo deben prenderles velas a caulquier santo para que eso no ocurra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Total: quienes ya detestan a ADELE, lo aborrecerán más, del mismo miedo que quienes lo aman, lo amarán más por frentero; porque donde unos vemos a una ser ofensivo, impetuoso e incluso misógino, otros ven a una persona que <em>no se anda con pedos atorados</em>, como dice la frase coloquial. Y es posible que comportarse así, directo y sin rodeos, sea visto como una virtud entre los indiferentes con la cosa política y entre los indecisos que están a la espera de ser convencidos. En ese río revuelto, el candidato saca sus cartas de su lengua, no de la manga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, gústenos o no, recoge a un sector amplio e inconforme de colombianos que además de ver en él a alguien a quien quieren parecerse,&nbsp;reniegan de la prensa, lo mismo que él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el detrás de cámaras tras la entrevista del Canal Caracol, ADELE —entre risas y besos—, insiste en sus críticas a la prensa:&nbsp;&#8220;El periodismo colombiano tiene un problema (…) habla desde un pedestal en el que cree que no se le puede cotrapreguntar, un pedestal en el que cree que tiene la verdad revelada&#8221;.&nbsp; &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se plantea aquí un doble dilema: El de los periodistas (algunos) que no gustan de las respuestas de sus entrevistados y el de los políticos (algunos) que se molestan por las preguntas de los periodistas; en ese tire y afloje el espacio periodístico se transforma en tribunal o, peor, en cuadrilátero. Esa es la explicación más franca de por qué unos y otros nos condenaron a los colombianos al no debate.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No justifico la arrogancia del candidato, tampoco su verborrea, ni su ánimo provocador, pero debemos reconocerle que entiende mejor que varios de sus rivales para qué sirven los medios de comunicación y cómo exprimirlos hasta la <em>viralidad</em>. &nbsp;Es, por decirlo de otra manera, el invitado que nadie quiere tener en la fiesta pero que al final hace la fiesta menos aburrida. Porque qué sería de unas elecciones presidenciales sin un poco de función circense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para concluir diré que con cada numerito de ADELE muchos son los beneficiados: en primer lugar, el propio candidato, porque hábilmente se pone en el centro de los reflectores y obliga a todos a hablar de él (<em>que hablen mal o bien, pero que hablen, malaya sea</em>); los medios de comunicación, porque consiguen los ansiados clics por parte de unas audiencias también ansiosas y las mismas audiencias, porque calman brevemente su hambre de pan y circo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No importa que la sociedad toda pierda… ¡el show debe continuar!&nbsp;</p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129086</guid>
        <pubDate>Sat, 16 May 2026 13:03:12 +0000</pubDate>
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        <title>Westcol Presidente: redes sociales, populismo y debates</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/westcol-presidente-redes-sociales-populismo-y-debates/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una escena política nueva en Colombia. Ya casi todo el mundo entiende que la pelea dejó de ocurrir principalmente en los sets de televisión, en las columnas de opinión o en los debates de horario prime. La verdadera batalla se libra en otro lugar: en la pantalla del celular. Por eso cada vez más [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena política nueva en Colombia. Ya casi todo el mundo entiende que la pelea dejó de ocurrir principalmente en los sets de televisión, en las columnas de opinión o en los debates de horario prime. La verdadera batalla se libra en otro lugar: en la pantalla del celular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso cada vez más candidatos le huyen a los debates tradicionales. Por eso prefieren entrevistas cómodas, lives amistosos o videos editados para TikTok. Y por eso personajes tan distintos como Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda terminan jugando el mismo juego: menos confrontación real, más comunicación directa, más control del mensaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El corazón de todo eso son las redes sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La política entendió algo fundamental: hoy el poder ya no lo tienen los medios tradicionales. Lo tienen los algoritmos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí aparece Westcol, un youtuber joven, polémico, desordenado, muchas veces ridículo, pero profundamente conectado con la lógica de esta época. Invita a Gustavo Petro y logra más de un millón de personas conectadas. Invita a Álvaro Uribe Vélez y reúne cientos de miles más. Cifras que hace unos años eran exclusivas de finales de fútbol o discursos presidenciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que Westcol sea el nuevo periodista dominante del país ni que los streamers vayan a reemplazar a la prensa. Ese análisis sería superficial. Los youtubers nacen y perecen con una velocidad absurda. Hoy son tendencia; mañana son meme; pasado mañana nadie se acuerda de ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No. El verdadero poder no está en los creadores. Está en las plataformas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí vale la pena recordar a Guy Debord y su célebre idea de <em>La sociedad del espectáculo</em>. Debord escribió en 1967 que “todo lo que alguna vez fue vivido directamente se ha convertido en representación”. Su tesis era demoledora: las sociedades modernas dejan de experimentar la realidad de forma directa y comienzan a vivirla a través de imágenes, símbolos y espectáculos mediáticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo impresionante es que Debord escribió eso décadas antes de TikTok, Instagram o Twitch.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy las redes sociales llevaron esa lógica al extremo. Investigaciones recientes sobre plataformas digitales muestran cómo las redes crean un “pseudo-mundo” emocional donde la experiencia humana es sustituida por estímulos diseñados para captar atención y producir reacción inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí aparece el verdadero incentivo perverso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El algoritmo no premia al más inteligente. Premia al más visible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Premia lo emocional sobre lo racional. Lo explosivo sobre lo sensato. Lo tendencioso sobre lo equilibrado. En otras palabras: la lógica tecnológica empuja inevitablemente hacia el populismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso conecta directamente con Mario Vargas Llosa y <em>La civilización del espectáculo</em>. Vargas Llosa advertía que la sociedad contemporánea convirtió el entretenimiento en el valor supremo de la vida pública. La política dejó de ser un espacio para las ideas y se volvió una rama del entretenimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El espectáculo reemplaza al pensamiento. La imagen reemplaza a la sustancia. El escándalo reemplaza al argumento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sinceramente, ¿qué mejor descripción de la política contemporánea?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El candidato moderado pierde. El que duda pierde. El que explica pierde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cambio, gana el que grita más duro, el que produce indignación, el que convierte cada intervención pública en un clip viral de 20 segundos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las redes democratizaron la comunicación, sí. Derribaron monopolios mediáticos, también. Hoy cualquiera puede sentarse frente a una cámara y disputar atención con un canal nacional. Eso tiene algo profundamente liberador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también profundamente peligroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando la política depende del algoritmo, la verdad importa menos que la viralidad. Y cuando la viralidad gobierna, lo ridículo deja de ser un accidente para convertirse en estrategia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si todo esto se quedara solamente en un juego cultural, en memes, en tendencias absurdas o en streamers improvisando análisis políticos, quizá no importaría tanto. El problema es otro: las elecciones son reales. El poder es real. El Estado es real.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si las elecciones comienzan a ganarlas no los mejores gobernantes sino quienes mejor manipulen las emociones digitales, quienes mejor entiendan cómo torcer las redes a su antojo, quienes logren explotar con más eficacia la rabia, el miedo o la indignación colectiva, entonces vale la pena preguntarse qué tipo de personas van a terminar al frente de los países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el incentivo deja de ser gobernar bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El incentivo pasa a ser dominar el algoritmo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso cambia todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las campañas ya no están diseñadas para convencer ciudadanos. Están diseñadas para hackear emociones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y con la inteligencia artificial entrando de lleno en esa dinámica —segmentando audiencias, creando contenido automático, amplificando emociones y manipulando conversación pública— el fenómeno apenas comienza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces uno termina viendo el panorama colombiano y pensando, medio en chiste y medio en tragedia: qué vaina… dan ganas de votar por Westcol.</p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129079</guid>
        <pubDate>Fri, 15 May 2026 19:30:19 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Westcol Presidente: redes sociales, populismo y debates]]></media:description>
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        <title>El asedio al bipartidismo británico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/el-asedio-al-bipartidismo-britanico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los resultados de las elecciones locales han confirmado el presentido decaimiento del bipartidismo británico. Si bien se trataba de elegir alcaldes y concejos municipales en Inglaterra y parlamentos autonómicos de Escocia y Gales, era inevitable que los comicios fuesen medidores de la popularidad del gobierno laborista Sir Keir Starmer y de la fuerza de los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los resultados de las elecciones locales han confirmado el presentido decaimiento del bipartidismo británico. Si bien se trataba de elegir alcaldes y concejos municipales en Inglaterra y parlamentos autonómicos de Escocia y Gales, era inevitable que los comicios fuesen medidores de la popularidad del gobierno laborista Sir Keir Starmer y de la fuerza de los partidos tradicionales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como lo habían previsto los sondeos de opinión, Reform UK, partido que apareció en escena en favor del Brexit y ahora centra su proyecto en castigar la inmigración y deportar a los ilegales, ocupó el primer lugar en las preferencias de los votantes y desplazó a conservadores y laboristas a lugares nunca vistos desde que comenzaron a alternarse en el poder a principios del Siglo XX.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de Reform UK también avanzaron los liberales demócratas, así como los verdes. Y tanto el Partido Nacional en Escocia como Plaid Cymru en Gales, que avizoran la independencia de esos dos componentes del Reino Unido, se consolidaron en el dominio del respectivo escenario político. Así, son cinco las fuerzas que asedian a los partidos tradicionales y amenazan con introducir un cambio importante en la forma como funciona una de las democracias más antiguas del mundo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Siglo XVII, y hasta finalizar el XIX, Tories y Whigs representaban posiciones diferentes respecto de la primacía de la Corona o del Parlamento, consecuencia de una larga disputa con raíces profundas en la formación misma del conjunto de nacionalidades que hoy forman el Reino Unido y que en su momento animaron la expedición de la Magna Carta en 1215, y la Bill Of Rights en 1689.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al comenzar el Siglo XX los Tories derivaron en el Partido Conservador, defensor de la monarquía y la iglesia anglicana, y los Whigs en un Partido Liberal que más tarde desembocó en el socialdemócrata Partido Laborista, con tendencia a privilegiar el poder del parlamento. Hasta entrado el XXI, esos dos partidos se han alternado en el poder al ritmo que el electorado ha preferido hacer oscilar el péndulo. Con excepción de la explicable coincidencia en busca de la supervivencia nacional con motivo de la Segunda Guerra Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El bipartidismo se sostuvo en gran medida gracias a un modelo electoral que en cada circunscripción territorial le da el escaño correspondiente a quien obtenga el mayor número de votos. Es el famoso “first past the post”, conforme al cual el primero en votación se lleva todo. “Escrutinio mayoritario uninominal”, que condujo a que hubiera dos formaciones fuertes que se disputaban cada curul, sin dejar campo para aventuras de tercerías llamadas a fracasar. Nada de proporcionalidad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El asunto comenzó a cambiar 2010, cuando ninguno de los dos partidos tradicionales logró escaños suficientes para sostener un gobierno. Por lo cual el Partido Conservador, primero en los comicios, se alió con el Liberal Demócrata para reemplazar al laborista de Gordon Brown, sucesor de la “Tercera Vía” de Tony Blair. Alianza de centro y centro derecha que duró hasta 2015, cuando los conservadores obtuvieron de nuevo mayoría suficiente para gobernar por su cuenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2016, el conservador David Cameron, partidario de permanecer en la Unión Europea, convocó a consulta popular sobre un posible Brexit, para cumplir una promesa de campaña. Al girar la votación en torno a temas no tradicionales, resultó fácil apelar a argumentos falaces, como que la Gran Bretaña sostenía a la &#8220;perezosa Europa mediterránea&#8221;, para buscar el apoyo de los sectores sociales menos educados y más alejados de la liturgia de la vida política y de la economía internacional. Con el sorprendente resultado de la salida de la Unión, el correspondiente desacomode de todo tipo de asuntos y el comienzo de una etapa llena de incertidumbre que en realidad no ha terminado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de haberse retirado de la política, el promotor principal del Brexit, Nigel Farage, decidió retornar para encabezar un partido que, bajo el nombre de Reform UK, ha venido drenando no solo jefes políticos regionales y locales, sino un nuevo caudal de votantes que no se sienten cómodos ante la falta de respuestas a sus anhelos inmediatos por parte de los partidos tradicionales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reform, teñido de populismo, y eficiente en la apelación a votar por asuntos de interés inmediato, predica una acción radical “animada por el sentido común”. Busca la desregulación de la vida de la gente y de las empresas, introducir elementos de índole privada en el manejo de la salud, fortalecer la soberanía nacional frente a la inmigración, deportar a los ilegales, acentuar las diferencias con Europa y sus instituciones, y asumir una posición nada verde en materia ambiental. Con lo cual, sumado a los ya mencionados Liberal Demócrata, Verde, Nacional Escocés y Plaid Cymru, ha conseguido sacar a la gente de los dilemas entre laboristas y conservadores.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El espectáculo, a la hora del discurso del Rey, que tuvo lugar en estos días para abrir las sesiones del Parlamento y presentar el proyecto del gobierno de turno, en este caso el Laborista, era el de dos partidos recién derrotados en las urnas, que al mismo tiempo llenan la arrolladora mayoría de las curules, encerrados en el recinto parlamentario hablando de sus diferencias, mientras afuera la mayoría de la gente acababa de votar de manera contundente por partidos diferentes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida política británica se desenvuelve hoy bajo la sombra creciente de una posible victoria de Reform UK en las próximas elecciones generales, que tendrán lugar en 2029. La pérdida de cientos de curules en las instancias locales y regionales se vino a sumar a la crisis que ya afectaba al gobierno del primer ministro Keir Starmer, que ha brillado en el panorama internacional pero ha tenido serios reveces en la política interna, que en todas partes es inclemente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al jefe del gobierno se le ha acusado de amiguero y falto de criterio con motivo de la designación del Lord Mandelson, amigo del infame pedófilo Epstein como embajador en Washington, pero sobre todo se le ha calificado como “tibio” y poco inspirador, así como mal gerente de la acción del gobierno ante las angustias diarias de la gente. Algo fácil de criticar en el seno de un partido que se reclama como el de las clases populares.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por un lado, crecen voces que piden el retiro inmediato de Starmer. Por otro, resuenan las de quienes consideran que, en lugar de dedicarse ahora al proceso de reemplazarlo por otro para que asuma el gobierno hasta el final del turno, que expira en las elecciones generales de 2029, el partido debería avanzar con entusiasmo en su proyecto. Esto último porque mal se podría esperar que cumplida menos de la mitad del tiempo del mandato ya se hubieren resuelto los problemas, con crisis en la ubicación del Reino Unido respecto de Europa y con Guerra de Estados Unidos contra Irán encima de todo, que afecta la economía a escala mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya en su momento el Partido Conservador se consumió a sí mismo a partir de las extravagancias de Boris Johnson, popular como pocos, pero al tiempo juguetón, por decir lo menos, en el ejercicio del poder, cuando tenía en frente la responsabilidad de conducir al país en la pandemia y sobre todo sacar adelante en los mejores términos posibles una nueva versión de la Gran Bretaña, por fuera ya de la Unión Europea. Proceso que llevó al colapso de ese partido, después de consumir cuatro primeros ministros, Johnson, May, Truss y Sunak, enfrascado en luchas internas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salga o no el laborismo de su crisis actual, lo que es relevante en el fondo es la crisis del bipartidismo británico, pues así como hay crisis en el partido de gobierno, enredado en la pelea por cambiar o no al primer ministro, como cambian a los entrenadores de la Premier League cuando pierden muchos juegos, el Conservador no se queda atrás, porque al paso que van las cosas, y para muchos ahora mismo, a juzgar por el resultado de las elecciones, sus credenciales como partido de oposición están en entredicho ante el empuje de la nueva primera fuerza de oposición en el país, que sería de hecho Reform UK.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La incógnita de fondo es la forma en la cual Reform UK seguirá jugando con base en su tremendo avance de ahora y lo que sería capaz de hacer si asumiera la tarea de gobernar en 2029; o antes, si llega a haber elecciones generales anticipadas, haciendo a un lado a conservadores y laboristas. Incógnita válida, pues Reform suma su nombre a la lista de los partidos populistas de derecha “trumpistas”, que en uno y otro lugar de Europa siguen un modelo nacionalista, antiinmigración, anti-Unión Europea y antiglobalización. Con la adición de que buena parte de los sectores urbanos y empresariales no están muy de acuerdo con el aislacionismo, como no lo están tampoco los posibles separatistas de Escocia y Gales, que preferirían lanzarse al mundo por su cuenta. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Asunto éste último de gran calado pues, con los resultados obtenidos en las recientes elecciones, los nacionalistas escoceses y galeses pueden ver al alcance de la mano un intento más de retiro del Reino Unido, que desbarataría una de las grandes potencias de los últimos siglos. Y todo esto, frente a dos partidos históricos debilitados ante el avance del populismo, puede llegar a ser la tormenta perfecta. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129066</guid>
        <pubDate>Fri, 15 May 2026 04:00:52 +0000</pubDate>
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