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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 29 Apr 2026 15:40:31 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de pecado | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Vicky Dávila, la mujer de las tres P, y el debate presidencial contaminado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/vicky-davila-la-mujer-de-las-tres-p-y-el-debate-presidencial-contaminado/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Amiga o rival? Cualquier candidato que le conceda una entrevista a la excandidata presidencial Vicky Dávila debe saber que se estará enfrentando a cualquiera de las tres mujeres que la habitan: la periodista, la política y la pendenciera, no necesariamente en ese orden. El debate presidencial está infectado por el mal periodismo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-93fad7424de2acf72e2bd925ef2a200a"><strong><em>&#8220;Victoria, qué nombre tan hermoso, supongo que no dejas que te llamen Vicky, no soportaría mutilar ni una sola sílaba de tu nombre&#8221;:</em> Frase de la película Sombras tenebrosas, de Tim Burton.</strong></p>



<p>Dice el analista español Javier Gallego: <em>“En un mundo mediatizado, la opinión publicada se confunde cada vez más con la opinión pública. El poder de los medios para mover sensibilidades y movilizar a las masas es mayor que nunca”.</em></p>



<p>Colombia no es la excepción, aquí los periodistas se están prestando al juego del poder, en uno y otro bando.</p>



<p>Creyéndose ingenuamente el cuento de que sería la primera mujer presidenta de Colombia, Victoria Eugenia Dávila apostó su capital periodístico en la política y perdió. <em>Sin pena ni gloria,</em> regresó al periodismo, con su credibilidad, que no era tanta ni para tanto, mutilada. No sabemos si quitarán al director de <em>Semana</em> para ponerla a ella. Queda claro que era la candidata de un grupo económico que vino a su rescate tras el fiasco en las urnas.</p>



<p>Sin la victoria, esa revista reencauchó a Vicky sin dar explicaciones y los medios hicieron alharaca tras su regreso como entrevistadora de la casa Gilinski.</p>



<p>Dávila se puso el disfraz de candidata presidencial, se convirtió en el hazmerreír de las redes sociales, regañó a una periodista por preguntarle si se sentía perdedora tras la derrota, y eufórica gritó desde el atril <a href="https://www.youtube.com/shorts/emNeoKyjgeE">“vamos a derrotar a Cepeda”</a>, reafirmando su apoyo a la candidata Paloma Valencia; finalmente, como si nada hubiera pasado, cuando en realidad pasó de todo, se puso otra vez el disfraz de reportera para -con risita nerviosa y preguntas banales sobre la changua bogotana- entrevistar a Abelardo De La Espriella después de hablar pestes sobre el candidato de “Firmes por la Patria”. No se sabe cuál de los dos tiene menos vergüenza.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Vicky Dávila estalla por pregunta de periodista." width="422" height="750" src="https://www.youtube.com/embed/BAt2G7Pz83g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>El analista Ricardo González Duque afirma en sus redes sociales: <em>“La entrevista es valiosa porque&nbsp;nos advierte de la profundización de la crisis en los medios de comunicación corporativos, por entregarse a los intereses de sus dueños. Gilinski dijo en entrevista con Camila Zuluaga que quería que su medio fuera “de nicho”, está claro que es un nicho de derecha extrema. (…)&nbsp; Nos demuestra que lo que hacen en revista Semana dejó de ser periodismo hace rato”.</em></p>



<p>Decir que nadie le cree a Vicky Dávila es una mentira. La familia Gilinski sí. Su mentor, Gabriel Gilinski, metió las manos al fuego por ella y malgastó $2.100 millones, <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/semana-y-gilinski-financiaron-con-2-100-millones-la-campana-de-vicky-davila/">cifra revelada por La Silla Vacía. </a>Para quien compró Semana por $40 millones de dólares eso es el pelo de un gato. —Un caprichito de rico, como dice un amigo. Falta preguntar si la revista fue y sigue siendo sede de campaña en favor de alguno de los candidatos en contienda. (Paréntesis: <em>Semana</em> no se quedó callada y respondió con un artículo <a href="https://www.semana.com/opinion/articulo/la-periodista-y-el-imperio-familiar-los-conflictos-de-interes-que-la-silla-vacia-no-cuenta/202641/#google_vignette">firmado por el abogado Germán Calderón España</a>, quien pone en tela de juicio la independencia de <em>La Silla Vacía </em>y su directora Juanita León; acto seguido Juanita León le exigió a <em>Semana </em>rectificar por considerar que se trata de <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/solicitud-de-rectificacion-a-semana-y-abogado-de-de-la-espriella/">&#8220;una nota llena de falsedades&#8221;</a>).</p>



<p>Pero vamos a lo que vinimos. Lo que hizo Vicky Dávila es la mancha que le deja ella al periodismo colombiano. Es una bofetada a la dignidad de quienes se toman en serio este oficio hasta arriesgar su vida. Demostró con descaro que todo se vale a la hora de defender intereses y promover credos ideológicos. Su caso amerita revisión en los tribunales de ética periodística, pero cuáles si en este país esos tribunales brillan por su ausencia. La ética es el zapato que aprieta en campaña. Nos queda la esperanza de que en las facultades de comunicación su caso sirva como ejemplo del mal llamado periodismo. La cosa no puede quedar como una anécdota más porque no es poco el daño que se le ha infringido a la prensa desde adentro.</p>



<p>Dice <a href="https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/mal-llamado-periodismo_132_9291345.html">Javier Gallego en El Diario de España: </a><em>“…el mal llamado periodismo puede destruir reputaciones, incluso vidas. El mal llamado periodismo es, demasiado a menudo, el arma que empuña la política para disparar. Algunos mal llamados periodistas (…) son pistoleros a sueldo de las élites políticas y empresariales”.</em></p>



<p><em>Semana</em> es una mezcla de noticias y órgano político, con columnistas que son opinadores, activistas, opositores al mismo tiempo. Proselitismo vendido como periodismo. Salvo en el músculo financiero, en nada se diferencia del semanario <em>Voz</em>, el único periódico de izquierda que, con pocos recursos, ha sobrevivido durante 70 años, sin negar su identidad ideológica. Gremios como el CPB deberían tener clara esa diferencia a la hora de convocar sus premios de periodismo.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>¿El debate o <em>el debacle</em>?</strong></p>



<p>En consecuencia, mal haría Iván Cepeda en aceptar una entrevista a Vicky Dávila, después de que ha vapuleado al candidato y demonizado a la izquierda. La polarización política, que es también una polarización periodística, ha desembocado en un trato desigual a los candidatos presidenciales en esta campaña. Vicky dentro y fuera de los medios seguirá siendo una rival más para cualquier político que no sea de la derecha.</p>



<p>Sin garantías, los candidatos están en todo su derecho a negarse a participar en un debate público que consideren contaminado, incluso irrespetuoso. El candidato Luis Gilberto Murillo se quejó con razón porque el Canal Caracol no lo invitó a debatir. <em>“No es coherente hablar de pluralidad mientras se le cierran las puertas a otros candidatos”</em>, le respondió Murillo al periodista Juan Roberto Vargas.</p>



<p>Los medios están siendo víctimas de su propio invento después de mostrar las costuras (sesgo). Mientras le reclamaban a Cepeda o De la Espriella por rehuir los debates, le daban un portazo a quienes marcan poco en las encuestas. Aquello que llaman democracia, un término tan manido en este país, al parecer no significa lo mismo en todas las salas de redacción. &nbsp;</p>



<p>Personajes como Paloma Valencia desfilan por las cabinas radiales sin que nadie los moleste con preguntas incómodas. Por ejemplo, nadie está cuestionando a la candidata del uribismo por tener como jefe de campaña a un político, <a href="https://www.ambitojuridico.com/el-dia-juridico/historico/investigan-alirio-barrera-por-acto-sexual-violento">Alirio Barrera, con una investigación abierta por el delito de acto sexual violento. </a>(A propósito, ¿Quién será el valiente o la valiente que un día de estos destapará el <em>MeToo </em>de la política en Colombia?)</p>



<p>Mientras veía algunos segmentos de la  entrevista de Dávila al <em>Tigre</em> Abelardo, donde entrevistado y entrevistadora sueltan varias carcajada, pensé que estaba frente a una celebridad y no frente a un abogado-político sobre quien pesan señalamientos no tan faranduleros, <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/el-universo-empresarial-de-la-espriella-socios-cuestionados-saldos-en-rojo-y-bienes-raices/">reportados por los medios</a>, incluido el acoso judicial a periodistas.</p>



<p>Iván Cepeda ya dijo que saldrá al ruedo y los otros que también. Me parece bien que se pongan condiciones para que haya debate con garantías para todos. Se anticipa que de eso tan bueno no dan tanto. Se vienen unos encontronazos, por la ferocidad de los medios y la oposición en aras de la <em>viralidad</em>. La campaña está muy reñida y nadie tiene asegurado nada. Se lanzarán al aire mensajes diseñados para insinuar, descalificar o acusar sin pruebas, de tal modo que las propuestas y el cómo se ejecutarán, lo que debería ser el contenido y alma del debate, pasen a un segundo plano.&nbsp;Si el debate se sale de control, es muy posible que veamos cómo unos y otros lavan la ropita sucia delante de todo el país, y al final perderemos los ciudadanos. Cada cuál votará por el que ya sabe y sin saber a fondo qué diablos propone. &nbsp;</p>



<p>En la guerra por el poder hay tácticas que sirven para atemorizar a la gente: Sembrar dudas usando fotos o narrativas o&nbsp;satanizar al oponente por su pasado para conectarlo con el presente. Si con Petro el país se volvería Venezuela, y no se volvió, “con Cepeda nos volveremos Cuba”. Tan fácil que es decirlo —ya lo han dicho— y tan difícil que es sacarle a la gente esas cucarachas de la cabeza.</p>



<p>Nada nuevo, porque todas esas estrategias se usan a diario en las redes sociales y con más razón se usarán en los debates para sacarle jugo al rating en busca de votos. Ahí cabe un diccionario que se puede llenar con muchas palabras y palabrejas dependiendo el momento y la ocasión: Venezuela, Maduro,&nbsp;Cuba, FARC, Comunismo, Neocomunismo, Ideología de género, y las que el lector tenga a bien agregar. El candidato del Pacto Histórico debe tener claro que, para atacarlo, usarán también los pecados, desaciertos y promesas rotas del gobierno Petro, pues al fin de cuentas es quien decidió echarse al hombro las banderas del progresismo para continuar lo que empezó el actual presidente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Ojalá el debate no sea <em>el debacle</em>, como dice un amigo. Si se violan las garantías o condiciones al primer encuentro, el país entenderá que los temores del candidato del Pacto Histórico eran reales.</p>



<p>Más allá de si periodistas y políticos están a la altura que requiere una contienda presidencial, como ciudadanos podemos hacer algo a modo de sanción social para castigar la parcialidad de ciertos medios: apagar/acallar programas y periodistas militantes. Tenemos el poder de decidir a quién dejamos entrar a nuestra casa. Siguen faltando iniciativas serias capaces de formar una ciudadanía crítica frente al consumo de medios y noticias. Ahí hay una ventana de oportunidad para tanto periodista varado. No para Vicky que, desahuciada por la política, otra vez cayó parada en la misma empresa mediática con plata de sobra para malgastarla en ella&#8230; quizás porque nunca se fue de allí.</p>



<p>En cualquier caso, Vicky Dávila debería&nbsp;declararse impedida para participar en debates presidenciales como periodista, por su conflicto de interés como excandidata presidencial y figura de una coalición de excandidatos de derecha. ¿A quién le consta que no sigue actuando como miembro activo en el grupo de WhatsApp de &#8220;<em>La gran consulta por Colombia</em>&#8220;?</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127946</guid>
        <pubDate>Sun, 19 Apr 2026 13:03:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Vicky Dávila, la mujer de las tres P, y el debate presidencial contaminado]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Si Cepeda no seduce a la clase media, la izquierda pierde la presidencia de la República</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/si-cepeda-no-seduce-a-la-clase-media-la-izquierda-pierde-la-presidencia-de-la-republica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con 35% de intención de voto, sin el apoyo de la clase media, la presidencia para Iván Cepeda resulta una quimera. Porque en un país indolente con las víctimas del conflicto armado, los ciudadanos votan sin pesares: con la mano puesta en el bolsillo, no en el corazón.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2b427a06d4a2aa700695c5dd3dd13874"><em><strong>“Ser de clase media es querer ascender individualmente”: </strong></em>Antonio Gómez Villar, filósofo español. </p>



<p>Ese cuento de que toca conquistar al centro puede ser un sofisma: la falacia de distracción. </p>



<p>El otro día la portera me dijo: —<em>&#8220;Usted es de los poquitos en este edificio que habla bien de Petro&#8221;.</em> La frase me dio mucho qué pensar, porque sé cómo piensan esos otros residentes y cuáles son sus preocupaciones reales. </p>



<p>Más de 17 millones de colombianos pertenecen a eso que llaman la clase media, aquella franja de la población ubicada por lo general en los estratos 3 y 4: Hogares que sumando el ingreso <em>per cápita</em> (por persona), ganan hasta $4.835.315 al mes, según el Dane.</p>



<p>Quienes devengan más de $5 millones de pesos mensuales pueden considerarse clase alta. Por debajo están la clase baja (con ingresos inferiores a $420.676) y la clase vulnerable (con ingresos por debajo de $781.000), de acuerdo con la clasificación que hace la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF).</p>



<p>Según Portafolio, <a href="https://www.portafolio.co/economia/regiones/estratos-y-clases-sociales-en-colombia-que-son-y-en-que-se-diferencian-642683">“en 2024, <strong>el 34,4% de la población en Colombia se ubicó en la clase media</strong></a>, lo que corresponde a cerca de 17,7 millones de personas en un país con una población aproximada de 51,5 millones”. &nbsp;Diecisiete millones de almas representan un caudal atractivo para ganar una elección presidencial, sí, pero el asunto es cómo seducir a una población que anhela continuar en ascenso.</p>



<p>Con el 35% de intención de voto que le otorgan las encuestas a Iván Cepeda —una cifra bastante alejada de la mitad más uno para ganar en primera vuelta—, esa clase media puede ser hoy el mayor obstáculo para la izquierda o, al mismo tiempo, representar una oportunidad para buscar dentro de ella los votos que le faltan al Pacto Histórico para siquiera soñar con renovar por otros cuatro años su contrato con la Casa de Nariño.</p>



<p>La clase media son una especie de <em>Ninis</em>: Ni pobres, ni ricos, pero con la ambición lícita de saltar hacia el siguiente estrato (no descender en todo caso). En ese orden de ideas, de manera consciente o inconsciente, podría estar evaluando cuál es ese candidato o programa de gobierno que no se interpone en su lógica aspiracional. Porque la clase media quiere algo más que el pan que reclaman los pobres.&nbsp;</p>



<p>Quienes se mueven en esa franja, no piensan en términos de derecha, izquierda o centro. Una encuesta callejera sería suficiente para determinar que el ciudadano común no comprende el significado de esas palabras desde una perspectiva ideológica, como no sea asociándolas a un rostro. El colombiano corriente entiende la política en términos de amores y odios, porque eso han implantado en su mente los propios políticos. Por eso, ningún argumento por fuera de esos dos sentimientos convencerá a un convencido de lo contrario.</p>



<p>La clase media piensa en términos monetarios; es decir, en quién sería la persona que mejor les cuide el bolsillo o, dicho de otra forma, quién tiene el remedio menos perjudicial para los privilegios conquistados. Así es como la gente —más pragmática que los políticos— entiende una campaña presidencial. ¿¡Para qué buscarle la quinta pata al gato!?</p>



<p>Es decir, las personas clase media piensan en asegurar su discreto tren de vida —los ingresos suficientes para cubrir ciertas comodidades, léase calidad de vida—: propiedades, colegio medianamente bueno para los hijos, recreación y una vida social activa, viajes y, muy importante, contar con empleada doméstica del estrato 1 y 2 (o al menos con <em>la señora de por días</em>, así las llaman), que en eso la clase media se parece a la clase alta, con marcadas diferencias, claro está.</p>



<p>La clase media colombiana goza de ciertos privilegios pero desea más, y en virtud de ello son personas con una conciencia social más teórica que auténtica. <em><a href="https://elpais.com/ideas/2026-03-27/antonio-gomez-villar-filosofo-ser-de-clase-media-es-querer-ascender-individualmente.html">&#8220;No tiene conciencia de clase, tiene conciencia de estatus&#8221;</a></em>, dice el filósofo español Antonio Gómez Villar. A mi modo de ver, les puede sonar muy bonito el discurso sobre la justicia social, pero a la hora aplicarlo se muestran reticentes a <em>meterse la mano al dril</em>, precisamente por su condición de <em>Ninis</em>.</p>



<p>Primero está su confort, ganado a pulso, con sacrificio y deudas en los bancos -nadie dice lo contrario-, que las necesidades ajenas. Al fin de cuentas, el capitalismo y el poder adquisitivo se rigen bajó la misma lógica: la del sálvese quien pueda. Es una mirada bastante egoísta en un mundo cercado por la miseria, pero es lo que hay. Por supuesto, los <em>Ninis</em> no tienen la culpa de los millones de desarrapados que pueblan la Tierra. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Estrato versus sensibilidad social</strong></p>



<p>Mientras la clase alta se protege en su hermética burbuja, viviendo a sus anchas y sin afugias, la clase media considera la paz como algo importante más no urgente, porque la guerra no está en sus narices, ni la pobreza respirándoles en la nuca. Lo que ocurre en los territorios apenas les alcanza para santiguarse a la hora del noticiero, porque luego viene la telenovela y el <em>reality show</em> qué son los más efectivos anestésicos contra la realidad nacional, tan cruda y dura pero siempre ajena, distante. &nbsp;</p>



<p>Son los pobres (los estratos 1 y 2 o clase obrera que llaman), los que ponen sus esperanzas en el progresismo, en que un día alguien los sacará de pobres como prometía la propaganda de cierta lotería. Los ricos, pero sobre todo los superricos colombianos —aquellos a los que Petro quiere imponerles más impuestos sin&nbsp;conseguirlo— tienen dinero de sobra y saben que necesitan muchas vidas para gastarlo,&nbsp;y aun así no están dispuestos a compartir sus tesoros con nadie. Hay pruebas de ello.</p>



<p>El discurso sobre la redistribución de la riqueza es ese vals que nadie quiere que le toquen. Prefieren poner a salvo su capital en paraísos fiscales, donde cada centavo esté a salvo de gravámenes o cargas impositivas onerosas. &nbsp;Según el diario El País,<a href="https://elpais.com/america-colombia/2025-07-18/asi-es-como-los-superricos-colombianos-evaden-eluden-y-pagan-menos-impuestos-que-los-pobres.html"> <strong>el 40% de las personas que hacen parte del 0,01 % con más riqueza de Colombia, admitió que evadió impuestos. </strong></a>No entiendo por qué nadie se ha escandalizado.</p>



<p>En una sociedad tan desigual como la colombiana, la falta de sensibilidad social debe verse como un problema grave que profundiza las injusticias. Veámoslo a la luz de las estadísticas reales. Según el Registro Único de Víctimas (RUV), <strong><a href="https://www.defensoria.gov.co/web/guest/-/conmemoraci%C3%B3n-dia-de-las-victimas?redirect=%2F">en Colombia hay más de 10 millones de personas afectadas por el conflicto armado</a></strong>, de las cuales más de 7,8 millones son sujeto de atención y reparación.</p>



<p>Si Colombia fuera un país con conciencia social sobre su tragedia histórica, diez millones de personas y sus familias serían suficientes para elegir a un candidato que ponga la paz como eje central de su plan de gobierno. Pero insisto: la paz no hace parte de la canasta familiar de los colombianos y por eso estamos condenados a la sinrazón de los conflictos no resueltos que continuarán sin nosotros cuando hayamos desalojado este mundo, porque tristemente llegamos a un nivel de polarización tal, que estar a favor de la paz da votos, lo mismo que oponerse a ella.</p>



<p>¿La prueba? &nbsp;Llevamos diez años y tres gobiernos sin que se implemente debidamente lo acordado con las FARC en 2016. Y peor que eso: si la derecha y la extrema derecha ganan la presidencia, (en cabeza de Paloma Valencia y Abelardo De La Espriella), figuras como el tribunal de la JEP, creado para buscar verdad, justicia y reparación, podrían desaparecer, y podrían truncarse otros avances significativos.</p>



<p>A tal nivel de inconciencia colectiva hemos llegado, que los propios <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/congreso-no-mostro-compromiso-con-las-victimas/"><strong>congresistas&nbsp;que aprobaron la <em>Ley de Víctimas y Restitución de tierras</em> dejaron plantadas a las víctimas el 9 de abril</strong>,</a> día escogido para honrar cada año su memoria. Cuando un país pierde el rubor y la vergüenza, ¡qué importa lo demás! A veces pienso que si esta nación se mueve es por osmosis, por una fuerza superior distinta a la humana, porque hace rato se perdió toda voluntad política que permita enderezar nuestro destino común. Y no habrá redención, sin una clase política dispuesta a construir un legado que perdure en el tiempo. Que distinto sería si en 50 años alguien pudiera hablar algo bueno, aunque sea una sola cosa, de alguno de los políticos de hoy. Es pedir demasiado. </p>



<p>Iván Cepeda, doblemente víctima del conflicto colombiano —luego de que asesinaron a su padre en 1994, él huyó por su vida a otro continente— tiene la conciencia social del país perseguido y despojado, pero esa no es una carta suficiente en una nación donde el dinero se ha impuesto sobre la sangre derramada.</p>



<p>Por encima de la paz, e incluso de la seguridad, el colombiano promedio vota con la mano puesta en el bolsillo, no en el corazón. Y la clase media tiene claro que los empresarios (clase alta) generan el empleo que da estabilidad a sus familias, pero no ha entendido que hay una población trabajadora —clase baja y clase media— que está ayudando a generar esa riqueza, que está bien pero mal distribuida. Porque de la clase media hacia abajo todos son clase trabajadora o asalariada, sin importar qué tantos ingresos tengan unos y otros según las odiosas etiquetas de la estratificación socioeconómica. </p>



<p>El candidato que sea capaz de seducir a esa clase media con un discurso que reconcilie lo económico con lo social —es decir, que tenga la virtud de reconciliar a pobres y ricos, a empresarios y clase trabajadora—, podría inclinar la balanza a su favor de aquí a las elecciones del 31 de mayo.</p>



<p>Me gustaría tener la certeza de que un político y filósofo como Iván Cepeda puede ser esa persona. Pero veo a la izquierda muy triunfalista, alérgica a la autocrítica y demasiado confiada en su liderazgo en las encuestas. En la siguiente columna me referiré a los pecados que podrían arruinar a fiesta.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127753</guid>
        <pubDate>Sun, 12 Apr 2026 12:36:19 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Acoso sexual o el costo de ser bonit@ en televisión</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/acoso-sexual-o-el-costo-de-ser-bonit-en-television/</link>
        <description><![CDATA[<p>La televisión es una industria que expone a mujeres jóvenes y por lo general bellas a ser presa fácil de hombres que usan el poder para saciar sus apetitos sexuales dentro o fuera del espacio laboral. ¿Acaso es hora de crear un código de buena conducta atado a los contratos de trabajo?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen creada con Inteligencia Artificial (IA). </em></p>



<p></p>



<p>¿Cuánto tiempo debe permanecer un hombre en un cargo antes de que el poder se le suba a la cabeza o, peor, se le baje a la bragueta?</p>



<p>¿Será cierto aquello de que la suerte de la fea, la bonita la desea?</p>



<p>¿Es el acosador una persona enferma? Si un amigo es acusado de acoso sexual, ¿le debo retirar mi amistad? </p>



<p>—Ese medio se presta para esas vainas —me dice un amigo en el gimnasio, refiriéndose al escándalo del momento: periodistas de televisión acusados -no condenados- de acosar sexualmente a sus compañeras de trabajo.</p>



<p>Cualquier análisis que se haga sobre el acoso sexual debe partir de una realidad inocultable: el machismo que atraviesa a la sociedad colombiana desde siempre. La cosa es peor si el dominio lo ejerce un hombre con poder, con mucho o poco poder. La mujer lleva las de perder cuando la testosterona ejerce su dictadura y los machos en celo se pavonean por la oficina. Es el reino de los manilargos y los ojilargos que desvisten gente con la mirada.</p>



<p>Tal vez mi amigo tenga razón. La televisión no es un espacio laboral más. Hay algo particular que lo hace especialmente vulnerable a las conductas inapropiadas. En los estudios de televisión, la imagen -prefabricada, edulcorada, artificial- es la medida de todo o de casi todo, y por tanto la belleza se ha convertido en estándar del éxito.</p>



<p>Sin embargo, hubo un tiempo en que mujeres comunes y corrientes, y no necesariamente jóvenes —talentosas, eso sí—, presentaban noticias por televisión en Colombia. Belleza más talento no era entonces regla obligada. Era suficiente con tener lo segundo. </p>



<p>De un día para otro las cosas cambiaron: los rostros bellos empezaron a inundar sets y pantallas, alentado por una cultura patriarcal que puso a los hombres como los mandamases del negocio de la televisión. Fíjese usted que hoy es bastante infrecuente encontrar mujeres dirigiendo telenoticieros y más raro aún verlas presidiendo un canal de televisión.</p>



<p>A las mujeres se les exige gracia física y talento para ponerse frente a una cámara. A los hombres no necesariamente se les hace esa doble exigencia. De hecho, a ellas se les suele reemplazar más fácilmente que a ellos. Dicho de otra forma, en televisión el ciclo vital de las mujeres es más corto que el de los hombres, y eso puede tener una única explicación: el poder real —la posición de superioridad— se concentra en hombres que, al final del día, son quienes deciden el ciclo activo de unos y otros en la pantalla. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Con la aparición de los canales privados, Caracol y RCN, a partir de 1998 se creó una competencia feroz por el rating: la rentabilidad del negocio se impuso sobre el servicio, lo que explica, entre otros fenómenos, el exceso de <em>realitys shows </em>que buscan seducir audiencias mezclando cuerpos, belleza y talento para disparar los índices de sintonía. Los televidente quedamos sometidos a una televisión aburridamente uniforme. </p>



<p>Y aquí estamos, viendo a los que dan las noticias convertidos en la noticia misma. Las denuncias por acoso sexual contra tres varones del periodismo —hasta ahora son tres con nombre propio— amenazan con causar daño reputacional a marcas emblemáticas.</p>



<p>No es fácil escribir sobre los posibles pecados de otros colegas, pero callarnos es la peor opción posible. Los hombres deberíamos ser los primeros en repudiar toda conducta masculina depredadora.</p>



<p>Estar investido de fama o autoridad no otorga licencia para degradar o someter a nadie. El pudor ajeno es un bien que se respeta. Desestimar la voz de una mujer que denuncia abusos contra su integridad, es ponerse del lado del victimario.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Por cada mujer que denuncia a su acosador, un lobo feroz desaparece de la oficina.&nbsp;</strong></h2>



<p>No somos jueces para dictar sentencia —prevalece la presunción de inocencia hasta que un juez diga lo contrario—, pero podemos abogar para que la justicia opere, caiga quien caiga. El periodismo no puede quedar en entredicho; ya suficientes males se ciernen sobre este oficio.</p>



<p>La televisión es un medio que por su propia naturaleza y la notoriedad que otorga la fama y la exposición mediática, está lleno de secretos, vergüenzas y a veces personajes oscuros. Escribo esto mientras recuerdo el caso del tristemente célebre Bill Cosby. La prensa informa que el comediante, hoy de 88 años, debe pagar 19 millones de dólares a una de sus víctimas. La mujer tenía 34 años cuando la sedó y emborrachó antes de violarla. El caso ocurrió en 1976.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>¿Seres humanos u objetos del deseo?</strong></p>



<p>Que los escándalos sexuales toquen a la televisión no es algo nuevo en una industria que desde sus orígenes ha convertido a mujeres y hombres en el objeto del deseo de las audiencias y que ahora —lo venimos a saber públicamente—, son también el objeto del deseo de puertas para adentro. Un enemigo interno —un mal elemento, diría yo— que muchas veces no está dispuesto a aceptar un no por respuesta. Pero un no es un no, y hay que repetirlo hasta el cansancio.</p>



<p>“…las acusaciones de acoso sexual (&#8230;) son un recordatorio de la grave interrupción que el acoso puede suponer para una carrera profesional”, comentaba Margaret Talbot, en una <a href="https://www.newyorker.com/news/daily-comment/fox-news-and-the-repercussions-of-sexual-harassment">columna de The New Yorker </a>(2016). Recordó el caso de la periodista Rudi Bakhtiar, que en 2007 perdió el ascenso como corresponsal en la oficina del canal Fox News en Washington <em>“tras rechazar las insinuaciones sexuales de un colega que estaba a punto de convertirse en jefe de la oficina”.</em></p>



<p>En el caso colombiano, nuevas denuncias —que se están conociendo, sin filtro alguno, a través de las redes sociales—, muestran que estamos ante lo que podría ser una conducta habitual en ese medio. Una colega colombiana informó a través de TikTok que debió alejarse del periodismo para dedicarse a las ventas.</p>



<p>Cuando se habla de acoso sexual se habla de tocamientos indebidos o no deseados, propuestas indecentes, insinuaciones, regalos injustificados, besos no consentidos, cualquier forma de manoseo, frases galantes que encubren dobles intenciones, retener a alguien en su oficina contra su voluntad, llamadas o mensajes a deshoras, incluso miradas lascivas, hasta comportamientos abiertamente descarados, cargados de una tensión sexual (en modo unidireccional, claramente).</p>



<p>No está de más incluir aquí la figura reprochable de lo que coloquialmente la gente llama “el viejo verde”: hombres mayores y lujuriosos afanados por seducir mujeres jóvenes, queriendo revertir, a punta de labia y/o chequera, los estragos de la edad.</p>



<p>Los televidentes hemos visto envejecer a muchas figuras de la televisión, por no decir que hemos envejecido al mismo tiempo con ellas. Creo que existe una relación directa entre el tiempo laborado y el poder acumulado, y sobre todo la manera como algunas personas se sirven de ese poder y de los años de experiencia dentro de una empresa. ¿Qué hay del relevo generacional? ¿Acaso es la experiencia la única medida de todas las cosas para mantener a las personas en un cargo?</p>



<p>Recordemos el escándalo sexual que terminó con la caída del presidente de Fox News, Roger Ailes, a la edad de 76 años. El drama está contado en la película “El escándalo” (Prime Video), protagonizada por&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Charlize_Theron">Charlize Theron</a>,&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Nicole_Kidman">Nicole Kidman</a>&nbsp;y&nbsp;<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Margot_Robbie">Margot Robbie</a>.</p>



<p>La presentadora Gretchen Carlson (Miss América 1989), tenía 50 años cuando denunció las invitaciones sexuales de su anciano agresor. <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-36862358">Según la BBC de Londres</a>, Carlson precisó en la demanda que Ailes <em>&#8220;se la comía con los ojos,&nbsp;hacía comentarios sobre sus piernas, le pedía que vistiera prendas que resaltaran su figura&nbsp;y le dijo que era sexy aunque requería mucho trabajo&#8221;.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="El Escándalo - Trailer Oficial (Español Latino)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/MMG8lp0IkBs?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>El caso fue documentado en el cuarto episodio de la miniserie <em>“Dinastía: Los Murdoch”</em> (Netflix), sobre el multimillonario Rupert Murdoch, dueño entre otros medios de la cadena Fox News.<em>“Estábamos en un auto, y me tomó de la cabeza y del cuello, y bajó mi cara a su entrepierna”, </em>dijo Carlson.</p>



<p>En el mismo documental, la expresentadora Alisyn Camerota afirmó: “Roger siempre hablaba de los cuerpos de las mujeres. (…) Siempre hizo comentarios inapropiados y sucios sobre el tema. Fui a pedirle una oportunidad. Quería ser presentadora. Y me dijo: <em>´bueno, no estás lista aún. Voy a trabajar contigo</em>´. Y dijo: <em>´tendrá que ser los fines de semana, tal vez en un hotel´</em>”.</p>



<p>El caso concluyó con el despido de Ailes en julio de 2016. El tipo recibió una indemnización de 40 millones de dólares y murió al año siguiente. El dinero también suele usarse para comprar el silencio de las víctimas.</p>



<p>Otra historia lamentable es la de Harvey Weinstein, el todopoderoso de la industria cinematográfica, quien cumple una doble condena de 23 y 16 años por cargos de violación y agresión sexual.</p>



<p>En un artículo de 2017, la revista <a href="https://www.newyorker.com/news/news-desk/from-aggressive-overtures-to-sexual-assault-harvey-weinsteins-accusers-tell-their-stories">The New Yorker escribió lo siguiente:</a> “Su comportamiento era un secreto a voces en Hollywood y más allá, pero los intentos previos de numerosas publicaciones, incluyendo&nbsp;<em>The New Yorker</em>, por investigar y publicar la historia a lo largo de los años no cumplieron con las exigencias de la evidencia periodística. Muy pocas personas estaban dispuestas a hablar, y mucho menos a permitir que un periodista usara sus nombres, y Weinstein y sus asociados recurrieron a acuerdos de confidencialidad, sobornos y amenazas legales para silenciar sus testimonios”.&nbsp;</p>



<p>Un hombre, el joven reportero Ronan Farrow, fue clave para destapar el caso en la revista The New Yorker. Con su investigación —que incluyó grabaciones secretas y el testimonio de actrices—. ganó un premio Pulitzer en 2018 y dio impulso al movimiento <em>MeToo</em>, (<em>Yo también</em>), que ahora tiene capítulo propio en Colombia, bajo el nombre <a href="https://volcanicas.com/metoo-yo-te-creo-colega-nueva-ola-de-denuncias-en-el-periodismo-colombiano-que-sigue/">“<em>#MeToo yo te creo, colega”</em>.</a> &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="How Harvey Weinstein’s Sexual Abuse Cover Up Fell Apart | The Backstory | The New Yorker" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Y12mA5oLSgM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Daño a la credibilidad</strong></p>



<p>Todavía es muy temprano para saber si habrá daño reputacional para los canales involucrados tras las denuncias contra los implicados por acoso sexual en Colombia. Hay quienes proponen apagar la televisión como una forma de sanción social contra medios de comunicación que irrumpen a diario en millones de hogares.</p>



<p>Yo creo que el asunto debe conducirnos como sociedad a una reflexión más profunda en tres dimensiones: el rol que cumplen la casa y la escuela en la formación de valores sobre las conductas sexuales, el compromiso de las empresas para que esos valores se conviertan en hábito y el respeto en costumbre, y, por último, la necesidad, por qué no, de establecer códigos de conducta sexual, como apéndice de los contratos de trabajo, para proteger la integridad de cada empleado. Está demostrado que las sociedades sin policías no funcionan.</p>



<p>Si<em> “el acoso sexual es espacios laborales es siempre un crimen difícil de rastrear”</em>, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/editorial/acoso-en-medios-y-acoso-en-colombia">como sugiere este editorial de <strong>El Espectador</strong></a>, parecería entonces que las mujeres no tienen más alternativa que ser sus propias detectives y recoger las pruebas que incriminen a sus acosadores.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Por otro lado, poco se habla de los daños colaterales que trae consigo el escándalo. Muy mal que ciertos medios periodísticos hayan expuesto a las parejas o familias de los acusados al escarnio público, sin fin distinto que usar el morbo para atraer clics. Cosa distinta es la valoración que haga la opinión pública. Los famosos se exponen para lo bueno y, pues también, para lo malo. No hay escapatoria. La fama tiene un precio, y cada quien juzgue cuál es el límite de la amistad. </p>



<p>Con todo, ojalá la industria de las noticias siente cabeza y haga un autoexamen en medio de su mala hora. Es eso o poner en adelante suficientes duchas con agua fría en las salas de redacción.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127479</guid>
        <pubDate>Sun, 29 Mar 2026 13:06:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/29080429/ZETA-ZETA-ZETA-METOO.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Acoso sexual o el costo de ser bonit@ en televisión]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mi miedo a la muerte</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/mi-miedo-a-la-muerte/</link>
        <description><![CDATA[<p>Le cedo la palabra a la médica, dermatóloga, Cristina Vélez Arroyave Mi papá cuenta dos chistes que siempre me han fascinado; me hacen reír más que a cualquiera. Uno es sobre la historia atribuida a Mark Twain, cuando un periódico publicó erróneamente que estaba muerto. Él respondió, con su humor característico: “las noticias sobre mi [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Le cedo la palabra a la médica, dermatóloga, Cristina Vélez Arroyave</p>



<p>Mi papá cuenta dos chistes que siempre me han fascinado; me hacen reír más que a cualquiera. Uno es sobre la historia atribuida a Mark Twain, cuando un periódico publicó erróneamente que estaba muerto. Él respondió, con su humor característico: “las noticias sobre mi muerte son un poco exageradas”. El otro es el de alguien muy elocuente que entra a un salón de clase y les dice a los estudiantes, con toda formalidad: “lamento informarles que su profesor no pudo venir, tuvo un inconveniente presentando fallecimiento”. Lo que me da risa de estos chistes es que ponen en evidencia lo definitiva que es la muerte: no se puede estar medio muerto, no se puede exagerar la muerte, y por eso resulta absurdo —y gracioso— intentar usarla como un adjetivo común.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="320" height="226" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093344/El_cuerpo_de_Hector-J-luis-David.jpg" alt="" class="wp-image-127019" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093344/El_cuerpo_de_Hector-J-luis-David.jpg 320w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093344/El_cuerpo_de_Hector-J-luis-David-300x212.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 320px) 100vw, 320px" /></figure>



<p>Sin embargo, para mí la muerte siempre me ha producido un miedo profundo. Desde niña, mis pesadillas giraban alrededor de la posibilidad de que mis padres murieran. Mi película favorita era <em>Stand by Me</em>. Cuenta la historia de unos niños que van en busca del cadáver de otro niño de su edad. La película revela el miedo que rodea a la muerte: nadie lo dice abiertamente, pero todos sienten una mezcla de fascinación, curiosidad y temor.</p>



<p>He intentado ser racional frente a la muerte. Pensar que en el mundo mueren entre 150.000 y 175.000 personas al día y que nuestra vida es una porción ínfima en la escala evolutiva, debería, en teoría, tranquilizarme cuando alguien cercano muere. Pero no hay cifra capaz de llenar este vacío. No se me olvida la idea de Héctor Abad que dice algo como que la muerte hiere violentamente, que es incoherente y llega con una absurda falta de significado y sobre todo falta de estilo. Para mí, la muerte es eso: brutal, cruda, pecaminosa, casi vulgar. No hay nada hermoso en la muerte; su rostro es frío, asimétrico, amoratado e indiferente.</p>



<p>Ojalá fuera religiosa para encontrar algún consuelo en el cielo, en el Nirvana o en la reencarnación. Con la ausencia de Dios, la muerte solo es silencio, como aquel que existía antes de que naciéramos, el silencio de la nada.</p>



<p>Es curioso que, siendo médica y conviviendo más de cerca con la muerte, aún no logre entenderla. Aún no logro entender su carácter irreversible y rencoroso que no concede segundas oportunidades.</p>



<p>&nbsp;La muerte de mis seres queridos, sobre todo la de mis padres, me persigue. He imaginado innumerables escenas, posibles causas de muerte, he repasado sus funerales. Me he preguntado si haría una ceremonia, a quién invitaría, e incluso he sentido la tristeza anticipada de que tal vez nadie asistiera. Me he adelantado al dolor de tener que regalar las herramientas de mi padre, de intentar conservar el rastro del olor de mi madre en su ropa para que no desaparezca, de necesitarlos y que ya no estén. Por eso les tomo muchas fotos y grabo sus voces, para poder volver a ellos cuando me hagan falta.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="960" height="960" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093645/Katherine-Stone.-Vanitas.-2012-1.jpg" alt="" class="wp-image-127024" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093645/Katherine-Stone.-Vanitas.-2012-1.jpg 960w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093645/Katherine-Stone.-Vanitas.-2012-1-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093645/Katherine-Stone.-Vanitas.-2012-1-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/19093645/Katherine-Stone.-Vanitas.-2012-1-768x768.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 960px) 100vw, 960px" /></figure>



<p>Esa sensación ya la he vivido: la imposibilidad de volver a hablar, como un chat de WhatsApp que queda en silencio para siempre. Pienso en Juan Rulfo, en ese fragmento de Pedro Páramo donde Susana recuerda la muerte de su madre:&nbsp; la nostalgia de los gorriones riendo, el viento moviendo los jazmines que ella jamás volverá a ver. Y esa imagen devastadora de las sillas vacías en el funeral, nadie fue a verla, pues “nadie anda en busca de tristezas”. Cuando alguien cercano muere, el mundo cambia por completo, pero no para los demás: el cielo conserva sus tonos azules, las noches y las madrugadas siguen su ritmo. Pero para ti, nada vuelve a ser igual.</p>



<p>La muerte, además, es una visitante poco considerada: no anuncia su llegada. A menudo llega de sorpresa y arrasa con todo a su paso, como el tornado del <em>Mago de Oz</em>.</p>



<p>Y, sin embargo, la muerte es lo que le da sentido a la vida. Saber que vamos a morir es lo que hace que vivir sea importante. La muerte mueve las manecillas del reloj.</p>



<p>No me malinterpreten, yo no pienso que escoger la muerte sea un pecado, estoy completamente a favor de la eutanasia y de la muerte digna.&nbsp; Este texto es, en el fondo, un intento de poner en palabras mis miedos. Porque pienso que la racionalidad —aunque no cure— es como encender la luz en un cuarto oscuro para que los fantasmas desaparezcan.</p>



<p>Imágenes</p>



<p><em>Hector</em>, Jacques-Louis David, circa 1770</p>



<p> Vanitas, Katherine Stone, 2012 </p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127016</guid>
        <pubDate>Thu, 19 Mar 2026 14:41:46 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi miedo a la muerte]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Roy Barreras: El candidato de la centro-derecha</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/roy-barreras-el-candidato-de-la-centro-derecha/</link>
        <description><![CDATA[<p>La izquierda colombiana debe buscar una salida digna frente al (posible) huracán Roy Barreras, que es más amenaza que ventaja para el proyecto progresista. La estrategia consiste en debilitar al candidato Iván Cepeda antes de las elecciones del 8 de marzo. Roy es el común denominador entre Uribe y Santos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Iván Cepeda y Roy Barreras, candidatos presidenciales. Fotografías tomadas de sus cuentas en la red social X. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-6f87fe1482edaf99c346da098b3ff087"><strong><em>&#8220;Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros&#8221;:</em> Groucho Marx: </strong></p>



<p>¿Quién gobernaría mejor a Colombia: un poeta o un filósofo?</p>



<p>Un filósofo humanista entiende mejor lo que es la justicia social, mejor que el poeta y mejor que el político. Además, mientras Cepeda sostiene su candidatura&nbsp;sobre el estandarte de la ética y los valores humanos, Roy sabe que clientelismo y principios riñen, así que estos últimos se vuelven incómodos: de sus cien candidatos al Congreso, muchos están o investigados o cuestionados, según <a href="https://www.facebook.com/share/v/17vPwPXyv3/">La Silla Vacía</a>.</p>



<p>Titular de la revista Cambio: <em>“Roy Barreras suma apoyos clave y toma distancia de la izquierda radical”.</em> Es decir, propone unir a Colombia mientras divide a la izquierda, y hábilmente va trazando distancias: Roy representa el centro, según Roy, y <a href="https://www.infobae.com/colombia/2026/02/20/roy-barreras-senalo-los-siete-pecados-capitales-de-la-izquierda-en-su-contra-se-olvidan-que-ganaron-gracias-a-nosotros">Cepeda se comporta como alguien de la izquierda extrema</a>, según Roy.</p>



<p>Nadie sabe si Petro respalda o no a Cepeda. Es el secreto mejor guardado. Si Petro le quita el respaldo a Cepeda, la izquierda quedará huérfana para 2026; incluso, una traición del presidente al progresismo genuino que encarna Cepeda, tendría consecuencias lamentables de cara a las elecciones 2030.</p>



<p>Mientras la izquierda no tenga una figura rompedora, pasarán décadas antes de que pueda soñar con volver a la Casa de Nariño. Pasarán 30 años para que la izquierda tenga en sus filas a alguien, hombre o mujer, con&nbsp;las agallas y carisma de Petro.&nbsp;Es posible que ni siquiera haya nacido todavía. La izquierda se está tardando en la tarea de forjar liderazgos para el futuro.</p>



<p>Si Roy iguala o supera los votos de Cepeda (1.500.000) o iguala los 2.700.000 votos del Pacto Histórico, se convertirá en el candidato no del progresismo, sino del establecimiento, y por establecimiento entiéndase toda la clase política tradicional, donde caben incluso los uribistas, pues Roy ya fue uno de ellos.</p>



<p>Como quien dice, el <em>gallo tapado </em>para vencer a Cepeda en las presidenciales no sería Abelardo De la Espriella, sino el propio Roy, que hábilmente usa la expresión “izquierda extrema” cuando le cuestionan su traición a Iván Cepeda, el que antes era su amigo y hasta lo llamaba “compañero”, apelativo que se nota falso viniendo de él, pero que lo seguirá usando porque resulta útil para atraer el voto de una izquierda confundida. Mientras tanto, el uribismo, que no ataca a Roy, ataca a Cepeda para situarlo en la izquierda más radical.</p>



<p><em>El Colombiano</em> recoge las declaraciones de la candidata Paloma Valencia: <em>“El camino que propone Iván Cepeda es el de Cuba y Venezuela”.</em></p>



<p>Su jefe Álvaro Uribe, más agresivo, lanzó una acusación contra el candidato del Pacto Histórico <a href="https://www.facebook.com/share/v/1AfJtcXpFj">al compararlo con Fidel Castro</a> y al afirmar que trabajaba para las FARC. <em>&#8220;Cepeda ha sido útil para el terrorismo y no sabe de nada más&#8221;. </em>En ese “no sabe de nada más”, al expresidente se le olvida de manera conveniente el Cepeda que lo puso frente a los estrados judiciales y podría ponerlo en la cárcel, porque el caso contra él sigue abierto, ya que, por un lado, el fallo absolutorio fue apelado y, por otra parte, <a href="https://www.elespectador.com/judicial/caso-uribe-abren-investigacion-contra-magistrados-que-resolvieron-caso-que-absolvio-a-alvaro-uribe">se abrió una investigación contra los magistrados que lo declararon inocente.</a> </p>



<p>De hecho, para atacar a Cepeda, Roy salió en defensa de Uribe: <em>“Esa idea de andar persiguiendo presidentes y obsesionados por meterlos a la cárcel divide al país”,</em> dijo. Así que la derecha y la derecha más extrema encontraron ya inspiración en un Roy exuribista para agitar la causa anticepedista.</p>



<p>El <em>Todos contra Cepeda</em> podría ser el apoyo velado del Uribismo para llevar a Roy sano y salvo a la otra orilla, mientras le meten piedras en los bolsillos a Cepeda para hundirlo. Lo estigmatizan por su condición de hombre de izquierda, rotulándolo de comunista cuando no lo es (lo fue). En la <a href="https://www.facebook.com/share/v/17vPwPXyv3/">entrevista con Daniel Pacheco</a> (La Silla Vacía, 23 de febrero), el propio Roy pone de manera intencional las palabras <em>Partido Comunista</em> y <em>Cepeda radicalizado</em> en la misma oración.  &nbsp;</p>



<p>¿Qué tan diferente es lo que hacen hoy contra Cepeda de lo que hicieron en el pasado (años 80sy 90s), contra los líderes progresistas, incluido el senador y periodista Manuel Cepeda, padre de Iván Cepeda, asesinado en 1994?</p>



<p>Entre tanto, crece el número de comentaristas que respaldan a Roy, incluido Enrique Santos Calderón —que con la edad perdió la exquisitez de su pluma de <em>Contraescape </em>ahora que escribe para <em>Cambio</em>—, con lo cual podría uno malpensar que en todo esto se nota la mano invisible del (otro) establecimiento que representa Juan Manuel Santos. </p>



<p>Recuerden ustedes que el año pasado Santos le pidió a Uribe unirse <em>“para defender la democracia”</em>, cuando Petro propuso la Consulta Popular. ¿Y si Uribe y Santos están dialogando (del verbo confabular) sin que sepamos? El común denominador entre Uribe y Santos se llama Roy Barreras. Y como Santos y Uribe, Roy ya está hablando de seguridad, paz y justicia social, en ese orden.</p>



<p>Si el Pacto Histórico no encuentra rapidito la manera inteligente de comunicar para parar la <em>guerra sucia mediática </em>que se viene incrementada contra su candidato, en cuestión de semanas el mensaje habrá calado, como caló cuando convencieron al país de que Colombia se volvería Venezuela con Petro. Un amigo me dice que la gente ya no le come cuento a esa estrategia burda.</p>



<p>—Sí y no, respondo yo. No lo creyó hace cuatro años con Petro, pero Cepeda es Cepeda, así que si fuera él, no me confiaría de esa tesis, menos sabiendo que hay un 30% de colombianos indecisos, según las encuestas.</p>



<p>Si Roy termina imponiéndose como el candidato de la centro-derecha, —vendiéndose como el candidato de la centro-izquierda, y con los votos de la izquierda—, es posible que gane la presidencia, no para mejorar el país, sino para hacerse temprano con el título de presidente de la República y, de paso, dejar al establecimiento sentado, otra vez, en el solio de Bolívar. Apuesto mi cabeza a que estamos a nada de una nueva encuesta que mejore los números de Roy; es cuestión de paciencia.</p>



<p>Pero si Roy no se sale con la suya el 8 de marzo, su reputación como operador político lo devolverá al principio: el poeta que escribe malos versos en sus ratos libres, mudará de piel para buscar la silla vicepresidencial, como la cuota inicial de su candidatura presidencial en 2030. No creo, sinceramente, que se conforme esta vez con tan poco. </p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Una salida digna para la izquierda</strong></p>



<p>El camino que le queda a la izquierda es actuar conforme a sus principios. Porque los principios no cuestan lo que&nbsp;cuesta un plato de lentejas. Es decir, deben llegar con Iván Cepeda hasta el final, sin acuerdos; es lo correcto, incluso si el candidato pierde. Antes que componendas, el Pacto Histórico debe plantearse la posibilidad de hacer una oposición inteligente al nuevo gobierno (esté o no en cabeza de Roy), que siembre la semilla para encarar 2030 con ánimos renovados y ojalá con una figura fuerte que debe empezar a construirse hoy, porque para antier es tarde. La izquierda no puede darse el lujo de seguir pensando en el poder sin prepararse para ejercerlo.</p>



<p>En condición de opositor a un posible gobierno de Roy, el Pacto Histórico tendría cómo defender todo aquello en lo cree —y eso incluye, salir a la calle a defenderlo, con los mismos que hoy acompañan a Cepeda en la plaza pública—, pero si hace acuerdos con Roy, para encaramarse con el poeta en el mismo bus, el partido quedaría maniatado, desdibujado y sin ninguna autoridad moral, porque los principios no se negocian por unos cuantos puestos, por una torta burocrática con muchos clientes detrás rumiándola.</p>



<p>Si el Pacto Histórico se convierte en eso, en un partido que transa por sobras, desmantelará su alma, será otro partido tradicional más; y el progresismo desaparecería como desaparecido está el centro en esta campaña presidencial.</p>



<p>Esa no es la izquierda en la que yo creo desde los 14 años, ni por la que voté en 2022. Si algo así ocurre, por primera vez reconoceré el valor del voto en blanco, que si bien no quita ni pone, me permitirá dormir con la conciencia tranquila, como hasta ahora, y no viendo cómo otros negocian, a costa de mi voto, los valores ideológicos que han moldeado mi existencia durante 40 años.</p>



<p>Amo la poesía y la filosofía por igual: pero creo más en la sinceridad y decencia del filósofo Cepeda que en las del poeta Roy para gobernar un país de tiempo atrás desigual por culpa de las decisiones políticas. Pero soy realista, de los que usa la cabeza en vez del corazón: me preocupa que la izquierda, sin &nbsp;aliados para dar la pelea ante esa clase política rancia pero efectista que representa Roy Barreras y su harto cuestionado pasado político multicolor, termine cediendo a los chantajes del poeta.&nbsp;</p>



<p>&#8220;<em>Puedo escribir los versos más tristes esta noche&#8230;&#8221;.  </em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126129</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Feb 2026 13:08:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Roy Barreras: El candidato de la centro-derecha]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Consejo tardío: una factura con corte a viernes 13 </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/educacion/salario-minimo-2026-consejo-tardio-factura-corte-viernes-13/</link>
        <description><![CDATA[<p>Tarde llegó este viernes 13 para el decreto que fijó el alza del salario mínimo para 2026. Y cuando digo “tarde”, no es una licencia literaria,&nbsp;ya corrió enero, se firmaron contratos, se ajustaron nóminas, se cerraron presupuestos y se recalcularon tarifas. Como suele pasar cuando el ruido regulatorio muerde los talones, las empresas se alistaron [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-post-author"><div class="wp-block-post-author__avatar"><img alt='' src='https://secure.gravatar.com/avatar/508fa9a72fc3a2c29b947d60d85344e390425c778a41ef41306a11ec5c43fc74?s=48&#038;d=https%3A%2F%2Fblogsnew.s3.amazonaws.com%2Fwp-content%2Fuploads%2F2025%2F08%2F07232150%2Filu_defecto.webp&#038;r=g' srcset='https://secure.gravatar.com/avatar/508fa9a72fc3a2c29b947d60d85344e390425c778a41ef41306a11ec5c43fc74?s=96&#038;d=https%3A%2F%2Fblogsnew.s3.amazonaws.com%2Fwp-content%2Fuploads%2F2025%2F08%2F07232150%2Filu_defecto.webp&#038;r=g 2x' class='avatar avatar-48 photo' height='48' width='48' /></div><div class="wp-block-post-author__content"><p class="wp-block-post-author__byline">Alfredo Contreras E., Ph.D.- Docente investigador del CESA</p><p class="wp-block-post-author__name">CESA</p></div></div>


<p>Tarde llegó este viernes 13 para el decreto que fijó el alza del salario mínimo para 2026. Y cuando digo “tarde”, no es una licencia literaria,&nbsp;ya corrió enero, se firmaron contratos, se ajustaron nóminas, se cerraron presupuestos y se recalcularon tarifas. Como suele pasar cuando el ruido regulatorio muerde los talones, las empresas se alistaron para lo peor, piden a sus financieros hacer&nbsp;milagros con Excel y&nbsp;todos a&nbsp;rezar.&nbsp;</p>



<p>Lo más delicado es que todavía no podemos dimensionar cuántos empleos se han escurrido entre los dedos en estas primeras semanas, pero sí conocemos el tamaño del susto. Las advertencias fueron feroces. Fedesarrollo habló de una posible destrucción de 600.000 empleos formales, Bancolombia subió la apuesta a 730.000 y Fenalco cerró la cuenta en torno a los 772.000. Nadie quería que este escenario se cumpliera y, aunque los ojos estaban puestos en el Consejo de Estado, la realidad no se detiene a esperar fallos judiciales. Algunas empresas empezaron a recortar desde diciembre, otras cruzaron los dedos por una decisión en la primera quincena de enero, y las más optimistas confiaron en que el fallo llegaría antes de terminar el mes.&nbsp;</p>



<p><strong>El regaño institucional</strong>&nbsp;</p>



<p>El fallo definitivo no ha llegado, pero ya tenemos una suspensión provisional. Es, en términos llanos, un regaño institucional. Un recordatorio de que en democracia las cosas no se hacen a la brava. El Gobierno tiene ahora ocho días para expedir un nuevo decreto transitorio y evitar el caos.&nbsp;</p>



<p>Vale recordar que fijar el salario por decreto no es, por sí mismo, un pecado mortal. Es la salida legal cuando centrales obreras y gremios no logran un acuerdo al 15 de diciembre. Sin embargo, determinar no es lo mismo que soñar o “leer el chocolate”. La ley exige que el aumento esté atado a la inflación, la productividad y una justificación técnica sólida. No basta con decir que es lo justo. Porque cuando un decreto carece de contabilidad, el mercado no se sienta a discutirlo, lo descuenta. Y la nómina, como ya vimos, no espera a que salga el auto con sello y radicado.&nbsp;</p>



<p><strong>Una esperanza con la factura ya pagada</strong>&nbsp;</p>



<p>Esta noticia llega con un aire de esperanza tardía. Esperanza de que el ajuste no se convierta en una inercia de precios al alza y que, al aliviarse la presión, el Banco de la República no tenga que apagar el incendio a la fuerza con tasas de interés prohibitivas. Porque la inflación es traicionera. Empieza como una chispa manejable, pero cuando agarra techo, sofocarla es un proceso lento, carísimo y socialmente doloroso.&nbsp;</p>



<p>Sin embargo, el problema es que esta esperanza llega con la factura ya pagada. En el mundo real no existe el “Ctrl&nbsp;+ Z”. Si una empresa congeló vacantes, recortó turnos o migró hacia la informalidad&nbsp;por miedo al costo, esa decisión no se revierte automáticamente solo porque el decreto se suspenda. A esto los economistas lo llaman histéresis laboral, pero en la calle se llama cicatriz. Se pierden trayectorias, se rompe la confianza y el mercado no vuelve al mismo punto inicial solo porque cambió el titular de la noticia.&nbsp;</p>



<p><strong>El dilema de lo “bonito” en el papel</strong>&nbsp;</p>



<p>No solo fue el empleo. Quedaron atrás presupuestos rearmados y contratos renegociados que ya se indexaron. En paralelo, el sistema financiero, que reacciona más rápido que nadie, ya se puso a la defensiva, encareciendo el crédito ante la incertidumbre.&nbsp;</p>



<p>Es difícil explicarle a un trabajador por qué un aumento que se ve tan bonito en el papel puede ser su mayor riesgo. Decirlo suena casi ofensivo, como si le estuviéramos quitando el dulce de la boca. Pero ahí reside el dilema. El aumento se siente como un premio inmediato, mientras que los costos llegan con rezago y se reparten de forma desigual. Algunos los verán en el mercado más caro, otros en intereses más duros, y los más vulnerables en lo único que no se puede maquillar con un decreto: la pérdida de su puesto de trabajo.&nbsp;</p>



<p>Al final, la discusión es ingrata. Lo que hoy se vende como justicia social, mañana puede amanecer convertido en riesgo económico. Y cuando aparece la factura, ya nadie quiere reconocer quién organizó la fiesta.</p>



<p><strong>CESA &#8211; Colegio de Estudios Superiores de Administración </strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>CESA</author>
                    <category>Educación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125845</guid>
        <pubDate>Sun, 15 Feb 2026 21:11:52 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Consejo tardío: una factura con corte a viernes 13 ]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Sol Suárez, finanzas claras y debates serios</title>
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        <description><![CDATA[<p>Lo más común en las campañas políticas es hablar más de los candidatos; no importa si son buenos o malos, si cuentan con las cualidades que un buen ser humano debe tener o si, por el contrario, hacen méritos para hacerse odiar por cuenta de su mal proceder en la vida. Lo único importante parece [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Lo más común en las campañas políticas es hablar más de los candidatos; no importa si son buenos o malos, si cuentan con las cualidades que un buen ser humano debe tener o si, por el contrario, hacen méritos para hacerse odiar por cuenta de su mal proceder en la vida. Lo único importante parece ser ganar <em>likes</em> en las redes sociales o convertirse en titulares de prensa recordando los pecados de los demás, pero, por supuesto, olvidando los propios.</p>



<p>Rompiendo con la tradición, utilizaré este espacio no para hablar mal de quienes aspiran a ocupar una curul en el <strong><a href="https://www.senado.gov.co/">Congreso de la República</a></strong>, sino, por el contrario, para resaltar sus cualidades como personas y también como profesionales. Por supuesto, voy a ignorar a quienes no hacen mérito para ser recordados de buena manera.</p>



<p>En el inicio de este ejercicio hablaré de una colega que hoy aspira a representar a Bogotá en la Cámara de Representantes y que un día ingresó a un medio de comunicación no para informar sobre economía, sino para enseñar al público espectador lo que significa, en la vida del ser humano, gozar de unas finanzas sanas, demostrando que se puede hablar de estos temas de manera clara, sencilla y fresca, sin ser aburrido.</p>



<p>Hablo de la periodista y colega Sol Suárez, una mujer que se ha hecho a pulso y que, muy al contrario de lo que muchos creen, sabe lo que es pasar necesidades porque las vivió y, con su esmero y trabajo, logró superar las dificultades económicas.</p>



<p>Sol Suárez Jaramillo es una mujer bastante inteligente. Puede uno pasar horas y horas dialogando con ella sin cansarse, porque tiene conocimiento y cuenta, además, con una gran inteligencia y capacidad oratoria, talentos que muchos en este Congreso de la República que, gracias a Dios, está a punto de terminar, no tienen.</p>



<p>Quiera Dios que la periodista logre su propósito de llegar a la Cámara de Representantes, porque este desastroso período legislativo, en el que los congresistas parecieron más interesados en ganar <em>likes</em> con base en el insulto, las calumnias, las injurias y las mentiras que en hacer una buena gestión, no puede repetirse.</p>



<p>Es cierto que se necesita un buen presidente o presidenta, pero también es cierto que se necesitan buenos congresistas que lleguen a proponer y no a ser un obstáculo; que expongan argumentos y análisis profundos en lugar de ser una máquina productora y reproductora de insultos y agravios, y que, sobre todo, demuestren que las discusiones se pueden llevar a cabo con serenidad y no a grito entero.</p>



<p>Esperaría que Sol Suárez gane la curul en la Cámara de Representantes y, aunque el ejercicio de salir a buscar votos no es fácil y seguramente cuesta mucho trabajo, sé muy bien que ella cuenta con los argumentos para convencer a los bogotanos de que le permitan representarlos en la Corporación.</p>



<p>Ánimo, Sol: no es fácil, pero se puede lograr.</p>



<p><a href="https://www.elespectador.com/bogota/opinion-cual-es-el-trabajo-que-por-bogota-han-hecho-los-18-representantes-a-la-camara/">Nota recomendada Opinión: ¿Cuál es el trabajo que por Bogotá han hecho los 18 representantes a la cámara?</a></p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125353</guid>
        <pubDate>Sun, 01 Feb 2026 17:06:33 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sol Suárez, finanzas claras y debates serios]]></media:description>
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        <item>
        <title>A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/a-la-memoria-de-antonio-velez-en-historias-de-la-ciencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Historias de la ciencia es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre. En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-125252" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-576x1024.jpg 576w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-169x300.jpg 169w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-768x1365.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-864x1536.jpg 864w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29073637/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1.jpg 900w" sizes="auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p><em>Historias de la ciencia</em> es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia</p>



<p>El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre.</p>



<p>En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la una buscando los libros del profesor Antonio Vélez, recientemente fallecido, y el otro buscando alguna curiosidad <em>vintage</em> para hacer un regalo. Cuando Juanita, que por ser muy joven no tuvo la oportunidad de conocer al profesor Antonio, comentó el motivo de su visita al Antiquarium, el profesor Fonseca manifestó ser conocedor de la obra de este distinguido ingeniero y matemático que con elocuencia y propiedad había divulgado en nuestro medio algunas de las tendencias más recientes de la sicología evolutiva, a la vez que se convirtió en un implacable crítico de las corrientes seudocientíficas que cautivan a los ilusos creyentes en curas milagrosas y eventos sobrenaturales, fieles seguidores de las autodenominadas medicinas alternativas y de la parasicología. &nbsp;</p>



<p>–Tuve el gusto –nos comentó el profesor Fonseca– de asistir a las excelentes conferencias que Antonio ofreció en los auditorios de la universidad sobre la teoría de la evolución, luego de la publicación de su libro <em>Del Big Bang al Homo Sapiens</em> a mediados de los años 90, conferencias que suscitaron intensos debates, puesto que algunas de las afirmaciones que contiene su texto chocan con las ideas y los rígidos principios que defienden, o defendían, algunos de los compañeros más ortodoxos de la corrección política.</p>



<p>–Tengo las mejores referencias de la obra del profesor Vélez –expresó la profesora Juanita– y por eso quiero conocerla mejor. Lo que no me deja de extrañar es que un ingeniero y matemático no solo se haya interesado en el tema de la evolución, sino que se haya dedicado de manera tan sistemática y rigurosa –según lo que me han dicho– a la divulgación de esta disciplina científica, y es por eso que quiero conocer sus textos de primera mano.</p>



<p>–Según me dijo el propio Antonio –anotó el profesor Fonseca– en una de las animadas tertulias que compartíamos con un grupo de amigos luego de sus conferencias, su interés por la teoría de la evolución surgió luego de la lectura del libro <em>La evolución en acción</em> de Julian Huxley, que cayó en sus manos de manera casual, cuando quiso mejorar su comprensión del inglés mientras hacía su posgrado en matemáticas en los Estados Unidos.</p>



<p>–Teniendo en cuenta –complementó la profesora Juanita– que muchas de las conclusiones a las que llega la teoría de la evolución son el resultado de un estudio estadístico de poblaciones, ya no resulta tan extraño que una persona como el profesor Vélez, con una rigurosa formación en matemáticas, haya encontrado particularmente atractivo este aspecto de la teoría y, por así decirlo, haya quedado enganchado en su estudio y divulgación.</p>



<p>–De hecho –asintió el profesor Fonseca– el argumento más contundente del que echaba mano Antonio cuando se trataba de refutar los reclamos de las curas cuasi milagrosas de las medicinas alternativas, o de los sucesos fantásticos que proclamaban los parasicólogos, era el análisis estadístico de los casos, la teoría de las probabilidades y la programación lineal, de la que era un experto, tal como se puede apreciar en su brillante crítica a los creacionistas y defensores del diseño inteligente que exhiben la complejidad del ojo como ejemplo de una entidad que no pudo haber aparecido por azar.</p>



<p>– ¡Ah, sí! –coincidió la profesora Juanita– Para ciertas personas es difícil entender que no es raro que aparezcan estructuras tan complejas como nosotros mismos luego de millones de años de mutaciones y de selección natural.</p>



<p>–Por otra parte –continuó Fonseca– dentro del 30 y algo por ciento de la supuesta efectividad de los placebos se puede camuflar la pretendida efectividad de las medicinas alternativas, y la credulidad de las gentes hace lo demás.</p>



<p>–Mi papá decía –corroboró la profesora Juanita– que la naturaleza obra y el médico cobra. Pero no se puede negar la posibilidad de que algunas terapias alternativas estimulen los mecanismos de auto sanación del organismo, lo difícil es saber cuáles y cómo lo hacen.</p>



<p>–Buen punto. En sus escritos y conferencias –continuó el profesor Fonseca– Antonio se apoyaba en la ciencia en términos de lo que Carl Sagan llamaba un detector de mentiras, porque, si bien es imposible alcanzar la certeza absoluta sobre las causas de un fenómeno natural, resulta relativamente fácil desenmascarar un fraude.</p>



<p>–Al fin y al cabo –dijo la profesora Juanita– la ciencia no es el repositorio de la verdad sino el sistema más eficiente y confiable del almacenamiento y procesamiento de la información objetiva que se tiene sobre los fenómenos naturales.</p>



<p>–Se dice –comentó el profesor Fonseca– que es en los costureros, y no en los círculos académicos o científicos, donde se decide quién es el mejor médico de la ciudad.</p>



<p>–Estoy completamente de acuerdo, –añadió la profesora Juanita– no sé cuántas veces le he oído decir a personas que no tienen ni la más mínima formación en medicina que el doctor fulanito es el mejor especialista de tal o cual rama de la medicina, porque los atendió y les fue muy bien con él, sin tener en cuenta que es el único que los ha tratado.</p>



<p>–Y a la visconversa –replicó el profesor Fonseca– porque por competente que sea un médico no se le perdona un solo error, o un resultado desfavorable, a pesar de que el tratamiento haya sido el adecuado según su criterio y experiencia.</p>



<p>–Por eso es tan importante – añadió la profesora Juanita– hacer una buena divulgación científica, para que la gente esté bien informada y tome decisiones de manera racional y objetiva, en circunstancias que pueden ser de vida o muerte.</p>



<p>–Comprendo tus buenas intenciones, mi querida Juanita –dijo el profesor Fonseca–, pero, teniendo en cuenta la fría estadística, una de las herramientas preferidas del profesor Vélez, es notorio que las actividades relacionadas con la divulgación científica tienen muy poca acogida por el público en general, y por esta razón, o por este motivo, los medios de comunicación le dedican una muy pequeña parte de sus publicaciones a cuestiones relacionadas con la ciencia, en comparación con lo que le dedican a la farándula, los deportes, el horóscopo, o a los demagogos y populistas.</p>



<p>–Sin embargo –insistió la profesora Juanita– es necesario tener en cuenta que la llamada educación informal, de la cual hace parte la divulgación científica, aporta el mayor porcentaje del conocimiento sobre la ciencia que adquiere la población después de haber terminado el ciclo de educación formal, independientemente del nivel que se haya alcanzado.</p>



<p>–Créeme, mi querida Juanita –respondió Fonseca– que no desdeño el tremendo esfuerzo que han hecho divulgadores como Carl Sagan, o el profesor Vélez del que estamos hablando, porque nos brindan, a quienes tenemos un interés genuino por los asuntos científicos que se salen de nuestra competencia, la posibilidad de acceder a una información básica sobre temas de relevancia.</p>



<p>–Recuerdo, profesor Fonseca –dijo la profesora Juanita–, haberle oído decir a usted que no hay que ser músico para apreciar la música clásica, pero que mientras más se conoce de la teoría musical, más gusto se puede sacar al escuchar un concierto, y que lo mismo aplica para la ciencia.</p>



<p>–Tiene usted muy buena memoria, mi querida profesora –dijo Fonseca–, en esa ocasión me refería al hecho de que mientras más información se tenga sobre la ciencia más fácil será comprender sus propuestas teóricas, sus predicciones y sus resultados prácticos.</p>



<p>–Pero hay algo más –continuó la profesora Juanita–, también le escuché a usted decir que algunos materiales de divulgación científica pueden ser usados con gran provecho en cursos regulares de ciencias, sobre todo en los que tienen un carácter introductorio. Le cuento que he seguido su consejo muy exitosamente.</p>



<p>–Eso es cierto –corroboró el profesor Fonseca–, y me complace escuchar lo que usted dice. A principios de los años ochenta, cuando yo iniciaba mi ejercicio docente apareció en televisión la serie Cosmos de Carl Sagan, y con un grupo de colegas nos pusimos la tarea de grabar los capítulos en videograbadoras domésticas para compartirlos con los estudiantes del curso de Introducción a la física que estábamos dictando, pues en ese entonces no existía la Internet ni se disponía de todos los recursos audiovisuales que se tienen en la actualidad.</p>



<p>–Lo difícil hoy en día –afirmó la profesora Juanita– es seleccionar dentro de la gran cantidad de material disponible el que sea más confiable y más apropiado para el curso en el que se quiera utilizar, porque, así como hay producciones de excelente calidad y rigor científico, la pseudociencia también pulula.</p>



<p>–Porque es lo que más se vende –añadió el profesor Fonseca–. Fue lamentable ver como algunos canales de televisión que inicialmente estaban dedicados a la divulgación científica seria empezaron a exhibir programas dedicados a los extraterrestres, los sucesos paranormales y las curaciones milagrosas.</p>



<p>–Es por la presión del rating –afirmó la profesora Juanita– que en la red se manifiesta en el número de visualizaciones y de “<em>likes</em>” que reciba una publicación.</p>



<p>–Pensando en eso –continuó el profesor Fonseca– se comprende la necesidad de enfocar la educación no tanto en los contenidos de los currículos sino en la capacidad de discernir y de identificar la información confiable referente a un tema específico y desechar la basura.</p>



<p>–O, como dice la Biblia –complementó la profesora Juanita– hay que separar la paja de la mies.</p>



<p>–Por eso –continuó Fonseca– resulta tan provechoso adentrarse en una obra tan extensa y rigurosa como la de Antonio Vélez, no precisamente con la intención de abarcarla, porque en ocasiones resulta casi enciclopédica, sino para apreciar su metodología, la forma como examina los diferentes casos, y las conclusiones a las que llega, siempre basado en la evidencia.</p>



<p>–Precisamente –respondió la profesora Juanita–, viendo todos los libros del profesor Vélez que tiene aquí don Tomás, y puesto que algunos son bastante voluminosos, no sabría con cuál empezar.</p>



<p>–El primer libro que yo le leí a Antonio –anotó el profesor Fonseca– fue <em>Del big bang al Homo sapiens</em> publicado por la editorial de la Universidad de Antioquia, y que dio lugar a la serie de conferencias de las que ya he comentado.</p>



<p>–Debo decir –respondió la profesora Juanita– que ese texto me resulta muy atractivo.</p>



<p>–Estos otros dos de menor extensión –siguió diciendo el profesor Fonseca–, sobre las medicinas alternativas y la parasicología, podrían ser un buen inicio de lectura, pero para una mejor comprensión de su obra hay que leer <em>Homo Sapiens</em>, que es el más voluminoso de todos, en el que se repasan varios de los temas tratados en libros anteriores y se llega a conclusiones muy interesantes, como la referente al asunto del libre albedrío que casi dos décadas más tarde retoma Robert Sapolsky en su libro “<em>Determined</em>” que fue traducido al español con el título de “<em>Decidido</em>”.</p>



<p>–¡Ah! Qué interesante –comentó la profesora Juanita– porque los planteamientos de Sapolsky sobre el libre albedrío, que es una pieza central de algunas confesiones religiosas y de los sistemas judiciales, suscitan fuertes controversias sobre cuestiones de responsabilidad e imputabilidad.</p>



<p>–Permítame, profesora –dijo Fonseca–, buscar un pasaje del libro de Antonio que tiene que ver con este tema… mire, aquí está, en la página 296, hace referencia a una serie de experimentos en los que se registra la actividad cerebral de un sujeto al cual se le han colocado una serie de electrodos, y se le pide que realice algún acto supuestamente voluntario, sin embargo el análisis posterior indica que antes de que el individuo hubiera manifestado su voluntad de realizar una acción específica el cerebro ya había decidido por él autónomamente, y que, por lo tanto, la volición es inconsciente y lo que se tomaba como causa es el efecto y viceversa.</p>



<p>–Sapolsky llega a conclusiones similares –afirmó la profesora Juanita– y sustenta sus afirmaciones con novedosos experimentos utilizando procesamiento de imágenes de resonancia nuclear magnética, que corroboran los hallazgos anteriores hechos con equipos más primitivos.</p>



<p>–Para una sociedad –concluyó Fonseca– que se fundamenta en los principios de virtud y pecado, inocencia y culpabilidad, premio y castigo, prescindir del libre albedrío supondría realizar una revisión a fondo de sus estructuras.</p>



<p>–Lo cual –comentó la profesora Juanita– parece ser muy poco probable, al menos en el corto y mediano plazo.</p>



<p>–Porque los prejuicios culturales –añadió Fonseca– son duros de matar. A pesar de todos los avances científicos y tecnológicos que ha experimentado la humanidad en los últimos doscientos años la credulidad de la población en cuestiones esotéricas y fenómenos paranormales no parece haber disminuido.</p>



<p>–Más aun –complementó la profesora Juanita–, a todas esas creencias de vieja data se han sumado el avistamiento de ovnis y las abducciones alienígenas, como resultado indirecto de la carrera especial que se inició luego de la Segunda Guerra Mundial, como parte de la Guerra Fría.</p>



<p>–Que nuevamente se está calentando –afirmó Fonseca.</p>



<p>–Siempre por las mismas razones –dijo la profesora Juanita–. Es como si la violencia y el ejercicio desaforado del poder fuera una impronta en el ADN de la humanidad que opaca o desconoce los principios éticos más fundamentales.</p>



<p>–A este respecto –comentó el profesor Fonseca– el libro de Antonio al que me he referido tiene un capítulo muy interesante sobre los orígenes de la ética y los estrechos vínculos que han existido entre el poder y la religión, cuya expansión ha estado fuertemente entrelazada.</p>



<p>–Sin embargo–apuntó la profesora Juanita– me da la impresión que actualmente las estructuras religiosas han perdido mucha de su antigua influencia para ser suplantadas por todo tipo de tendencias ideológicas y activismos sociales.</p>



<p>–Mirados en un plano estrictamente racional –dijo Fonseca– las religiones y las ideologías políticas comparten sus fundamentos y su visión del mundo cuando proclaman la existencia de una ley natural implantada en cada individuo, que se proyecta en los preceptos de la ética y sus consecuencias políticas, pero aun esto se fundamenta en los procesos evolutivos relacionados con el egoísmo genético.</p>



<p>–¿El egoísmo genético? –preguntó la profesora Juanita.</p>



<p>–El egoísmo genético –respondió Fonseca– es una manifestación de la tendencia a preservar la información genética que confiere ventajas evolutivas a una especie, siempre y cuando se transfiera de una generación a otra asegurando su supervivencia.</p>



<p>–La supervivencia del mejor adaptado –comentó la profesora Juanita.</p>



<p>–O del más oportunista –respondió Fonseca–. Porque el mecanismo básico de la teoría de la evolución es el oportunismo. Por más fuertes que hayan sido los dinosaurios no pudieron sobrevivir el impacto de un gran meteorito, suponiendo que esa haya sido la causa de su extinción.</p>



<p>–En su lugar –corroboró la profesora Juanita– los pequeños mamíferos empezaron a prosperar y a diversificarse hasta dar lugar a esta rama del árbol de la evolución en la que actualmente nos asentamos los seres humanos.</p>



<p>–La idea central que expone Antonio en su texto –continuó Fonseca– es que esos rasgos característicos que permitieron la evolución exitosa de algunas especies quedaron almacenados como información en sus genes, y se han manifestado de manera muy similar en el comportamiento de diversas especies y en la organización social de las más complejas, como, por ejemplo, en los primates, y, muy notablemente, en los seres humanos.</p>



<p>–Lo cierto es –comentó la profesora Juanita– que en ocasiones no deja de sorprender la tremenda similitud que hay entre el comportamiento de ciertas especies de animales y los humanos.</p>



<p>–Antonio destaca –reafirmó Fonseca– que en las más de diez mil religiones conocidas por los antropólogos se puede apreciar la influencia que ejercen los factores culturales en la determinación de los criterios éticos.</p>



<p>–Teniendo en cuenta –dijo la profesora Juanita– que la cultura de cada pueblo es, al menos inicialmente, el resultado de una diversidad de factores ambientales incluyendo la disponibilidad de recursos naturales.</p>



<p>–Por supuesto –asintió Fonseca–. Kant consideraba que existían juicios éticos a priori en el alma de los seres humanos, en tanto que los teólogos cristianos asumían que existe una ley natural de origen divino implantada en cada individuo.</p>



<p>–Independientemente de cuál sea su origen ––comentó la profesora Juanita– estos preceptos morales nos son implantados culturalmente durante la niñez.</p>



<p>–Así es –asintió Fonseca–, ante lo cual Antonio hace uno de sus comentarios sarcásticos afirmando que “la razón entre en acción cuando ya es demasiado tarde”.</p>



<p>–Pues no le faltaba razón al profesor Vélez –coincidió la profesora Juanita.</p>



<p>–Desde otra perspectiva –continuó Fonseca–, que prescinde de la intervención de entidades sobrenaturales, se puede pensar que los patrones de comportamiento tienen su origen en factores evolutivos que generan material genético hereditario que da prelación a la supervivencia de la especie.</p>



<p>–En lo cual –comentó la profesora Juanita– juega un papel muy importante la reproducción.</p>



<p>–Por supuesto –asintió Fonseca–, respecto a lo cual en el texto de Antonio se encuentran algunas consideraciones muy particulares respecto a la actividad reproductiva y al comportamiento sexual de diferentes especies.</p>



<p>–Y en el caso de los seres humanos –añadió la profesora Juanita– en el que se manifiesta una gran diversidad cultural.</p>



<p>–En los procesos reproductivos de las diferentes especies –continuó Fonseca– se pueden advertir factores evolutivos, como en la tendencia de los machos a tener una descendencia numerosa que garantice la máxima difusión de sus genes; y en la preferencia de las hembras por los machos de características superiores, que ofrezcan las mejores condiciones para la subsistencia.</p>



<p>–Todos los asuntos que tienen que ver con la moral –subrayó la profesora Juanita– tienden a generar fuertes discusiones entre personas con perspectivas diferentes de la misma situación, y los temas que hemos mencionados no son la excepción.</p>



<p>–En sus textos –continuó Fonseca– Antonio aborda cuestiones todavía más espinosas, como las que tienen que ver con las religiones y el papel que a lo largo de la historia han tenido en las expoliaciones y genocidios de unos pueblos por otros, siempre en el nombre de dios.</p>



<p>–O de las ideologías –intervino la profesora Juanita– que reemplazan a Dios por utopías más terrenales.</p>



<p>–Tu comentario –respondió Fonseca– me hace recordar un pasaje del libro de Antonio donde se refiere a la aparente necesidad de los seres humanos de creer en poderes sobrenaturales, y cómo en la China de Mao, en la que estaban prohibidos los cultos religiosos, muchos conductores ponían una foto de Mao en los retrovisores para que los protegiera de accidentes.</p>



<p>–No hay duda –comentó la profesora Juanita– de que, en su momento, y al igual que sucedió con otros líderes sanguinarios de la historia, Mao era un dios para sus seguidores.</p>



<p>–Curiosamente –dijo Fonseca–, Mao consideraba que la religión era el opio del pueblo, y puesto que los chinos tienen una trágica historia relacionada con el opio, prohibió las prácticas religiosas; pero el actual dirigente de China considera que las redes sociales son el nuevo opio del pueblo, y supongo que también las van a prohibir.</p>



<p>–Eso está por verse –comentó la profesora Juanita.</p>



<p>–En fin –dijo Fonseca– nos podríamos quedar mucho rato mencionando citas puntuales del texto de Antonio, de temas que encontraríamos a lo largo de sus más de seiscientas páginas, pero lo único que puedo decir es que sigue teniendo una gran actualidad, sobre todo en estos momentos tan críticos que atravesamos, y que su lectura reflexiva y juiciosa aporta elementos claves para entender de dónde venimos y para dónde vamos.</p>



<p>–Justamente –añadió la profesora Juanita– ese es uno de los grandes valores de la práctica de la divulgación científica: aportar elementos de juicio confiables para tener una opinión bien informada a la hora de tomar decisiones y poder rebatir las falacias con las que, desde diferentes sectores, pero siempre con los mismos intereses, se intenta subyugar a las sociedades.</p>



<p>–Debo confesar –reconoció Fonseca– que mi gran placer al debatir sobre estos temas con interlocutores tan lúcidos, honestos y bien informados como Antonio Vélez, es el mismo que experimentan los amantes de la música o de la literatura cuando comparten con quienes tienen &nbsp;sus mismos gustos y conocimientos de una u otra disciplina; pero no me hago la ilusión de que tales gustos o convicciones lleguen al gran público con los beneficios libertarios que usted señala, mi querida Juanita, porque, citando una expresión que con frecuencia le escuché al maestro Antonio: “primero se acaba el helecho que los marranos”.</p>



<p>En audio aquí <a href="https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link">https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link</a></p>



<p>Obras citadas de Antonio Vélez:</p>



<p><em>Del big bang al Homo sapiens</em>, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1994.</p>



<p><em>Medicinas alternativas</em>, Editorial Planeta, 1997.</p>



<p><em>Parasicología, </em>Taurus, Santa Fe de Bogotá, Santa Fe de Bogotá, 2000.</p>



<p><em>Homo Sapiens</em>, Villegas Editores, Bogotá, 2006.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125249</guid>
        <pubDate>Thu, 29 Jan 2026 12:35:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿La pizza tuvo la culpa?  (“No se le va a olvidar mi carita nunca, nunca”)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-pizza-tuvo-la-culpa-no-se-le-va-a-olvidar-mi-carita-nunca-nunca/</link>
        <description><![CDATA[<p>En materia de insultos y malos tratos hacia los demás, los colombianos damos sopa y seco, incluso pizza. Después del episodio protagonizado por la señora Liliana, cabe preguntarse: ¿Es hora de que este país vaya con el psiquiatra?  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Ella es la doctora Liliana. Imagen tomada de redes sociales. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6418e5eb256e250ff0401e070383c49"><em>&#8220;Me mentó la madre como treinta veces / Y también me dijo otro palabrón / Que no se lo digo por respeto a Dios / (&#8230;) Cuando yo vi estas cosas, yo me quise ir / (&#8230;) Li aguanté de todo con resinación / Me cogió del cuello y me dijo: ¡Güevón! Y me dijo, y me dijo, y me dijo, señor ispector&#8221;.</em> Del poema <a href="https://www.youtube.com/watch?v=faL5hHeGLrM"><em>El gran insulto</em>,</a> recitado por <em>El Indio Rómulo</em>.</p>



<p>Señora sí, dama tal vez no. ¿Con esa boquita comes pizza?</p>



<p>Por los cuentos deambulan criaturas horribles y por la vida real más. </p>



<p>Ni su cara, ni su nombre olvidaremos. De eso puede estar absolutamente segura la doctorísima e impresentable señora Liliana. Ni por un segundo queremos estar en el pellejo de los hijos de esta mujer, ni en los zapatos de su marido. ¡Pobrecillos! Tienen mucho de qué hablar, aparte de decidir quién recoge la próxima pizza. </p>



<p>Todos tenemos derecho a tener un mal día, a levantarnos con el pie izquierdo, a sacar de paseo nuestro verdadero yo; a tener uno de esos días en que deseamos no habernos levantado de la cama, <em>maldinga </em>sea. Pero no tenemos derecho a trapear con la dignidad de otros, a cogerlos de ropa de trabajo, a tratarlos como sirvientes. </p>



<p>¿Recuerdan cuál fue la última vez que ustedes, amables lectores, desearon que la tierra se los tragara, después de pasar vergüenzas?</p>



<p>Mientras escarban en el armario de los episodios bochornosos, les cuento que el consumo de alimentos ultraprocesados (como la pizza industrializada. hecha a partir de ingredientes ultraprocesados), se asocia con un mayor riesgo de problemas de salud mental como&nbsp;depresión y ansiedad; la ciencia ha demostrado que existe una relación directa entre la microbiota intestinal alterada y el cerebro. La combinación de ingredientes poco saludables altera el sistema nervioso central, con un impacto negativo en el estado de ánimo y la cognición de las personas.</p>



<p>“No ocurre lo mismo con la pizza que se prepara a partir de ingredientes naturales, de calidad”, me aclara el profesor Jhon Jairo Bejarano, nutricionista y dietista de la Universidad Nacional.</p>



<p>Bueno, pero no estamos aquí para hacerle un juicio a la pizza, ¡ni más faltaba que paguen justos por pecadores!</p>



<p>Liliana, —perdón, la señora Liliana, o mejor, la doctora Liliana, no sea que se ofenda también conmigo—, representa todo lo que está mal en la sociedad colombiana. El desprecio contra quien está varios estratos por debajo. El clasismo de quien cree que la plata da derecho a <em>pordebajear </em>y humillar al resto.&nbsp;La aporofobia del que cree que los demás son pobres o arrastrados, no seres humanos.</p>



<p>Del señor que aparece en el video —debemos suponer que es el marido de la señora/doctora Liliana—, francamente no sé qué decir. Si admirarlo por quedarse callado y conservar la compostura, si felicitarlo por pretender sin éxito calmar a la señora Liliana o si aplaudirlo por no secundar a la doctora en los improperios contra el domiciliario de las pizzas.</p>



<p>Me pregunto cuánto tiempo pasará para que esta pareja, esta familia, se reponga de la vergüenza nacional, por cuenta de una mujer que se ha comportado como una auténtica energúmena, un ser desquiciado, como si un demonio la hubiera poseído de pronto.</p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-81da2a721d5d516a7a1bbf2f17884da7">Dejamos atrás el clásico <em>“¿Usted no sabe quién soy yo?”</em> y le damos la bienvenida a&nbsp;<strong><em>“Este malparido se va a acordar de mí toda la vida”.</em> (…) <em>“No se le va a olvidar mi carita nunca, nunca”. (…) “Menos mal que no se le va a olvidar nunca mi nombre, nunca se te va a olvidar, malpxxxxx. (…) Porque yo les enseño”.</em></strong></p>



<p>Su actuación, digna de ningún Óscar, configura el desprecio hacia la otra persona, una a la que se le despoja de su dignidad por medio del insulto en plural: <em>“Lárguese que para eso usted es una porquería”. “Lárguese de aquí tal por cual o si no llamo a la policía”.</em></p>



<p>Su odio hacia los pobres: </p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7b08483b1748c3cf8c0cb7020a972519"><strong><em>“Me encanta verlos en la calle trabajando, que se gane la vida como es, tal por cual”.</em> <em>“No hay derecho a que haya gente tan hachepé como este malp…”.</em></strong></h2>



<p>Su clasismo rampante:</p>



<p><em>“Por lo menos nosotros tenemos plata pa´la pizza, pero a él le toca repartirla”. Por eso es que están dos están y por eso es que se ganan estas insultadas”.</em> (&#8230;)</p>



<p><em>Esta gente, gentuza ordinaria ¿qué se cree?, por eso estamos como estamos, unos hampones”. (…)</em></p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8628dc743339f70c12a2c523a93c267d"><em><strong>“Doctora para usted, hachepé, pa´que lo sepa”.</strong></em></p>



<p>Si se tratara de un extranjero, sería llanamente xenofobia: </p>



<p><em>“Lárguese de aquí que usted ni pertenece a este barrio. Usted es un moticiclista, un empleado, mal empleado”.</em> (…) <em>“Tener que aguantarse uno a un indicieto de estos” (…) “Vaya a donde lo parieron”.</em></p>



<p>Doña Liliana, la doctora, de victimaria pasa a víctima: <em>“Yo no es que me rebaje. Me va a rebajar un motociclsta, putamadre que debe tener”.</em></p>



<p><em>“Porque estoy enferma y soy loca”. (…)</em></p>



<p class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e9cc132e57d96f3308d6588dabad1913"><em><strong>“Por eso es que no quero ya en la vida nada, porque qué le espera a uno con estos hachepés que hacen con uno lo que les da la gana”.</strong></em></p>



<p>Sin disculparla por boquisucia y atrevida, con más pesar que rabia debemos preguntarnos qué pasaría en la infancia de esta mujer, con qué traumas y dolores está lidiando en el presente para que crea que puede escupir su rabia contra el mundo. Sí, la señora necesita hacerse revisar… y no es la única en este país. </p>



<p>Me gustaría saber cómo define la psiquiatría estas &#8220;ollas humanas a presión&#8221;. Personas como ella se dan como el arroz en el mundo. Seres vemos, humanos no sabemos. ¿Me equivoco si digo que todos conocemos a una persona así, o casi así, en el barrio, en la oficina, quizás en la familia?</p>



<p>Estamos perdiendo los buenos modales, la amabilidad, el don de gentes y los estribos. Porque es fácil pasar de las palabrotas a los hechos fatídicos o lamentables. ¿No les parece que va siendo hora de desempolvar la Urbanidad de Carreño y el Código de Policía? Un castigo social ideal, si lo hubiera, podría ser que la señora se ponga a repartir pizzas durante un mes y nos cuente su experiencia con los clientes. O un curso para el control de la ira y los gritos, algo que nos serviría a todos. </p>



<p>Creo que &#8220;la doctora&#8221; Liliana le debe una disculpa pública al joven domiciliario y otra disculpa a quienes nos vimos obligados a presenciar su desagradable, patético e indigno comportamiento.</p>



<p>El repartidor hizo <a href="https://www.facebook.com/share/v/17sW6EkGMA/">este storytime </a>en redes contando su versión&nbsp;de los hechos. El muchacho, educado y mucho más joven que “la doctora”, nos&nbsp;enseñó, como un auténtico estoico, que podemos mantener la calma y ser capaces de esquivar los insultos, no reaccionando ante aquellos que nos provocan con su grosería y su violencia verbal.</p>



<p>Siento pena por esa mujer. Me consuela saber que no me gusta la pizza.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El indio Romulo - El gran insulto" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/faL5hHeGLrM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124918</guid>
        <pubDate>Mon, 19 Jan 2026 13:31:16 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿La pizza tuvo la culpa?  (“No se le va a olvidar mi carita nunca, nunca”)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Antonio Vélez</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/antonio-velez/</link>
        <description><![CDATA[<p>(1933- 2025) Ato Atocito lindo del jardín Esta es mi oración a la hora de tu muerte Padre nuestro que no estás ni en el cielo ni en la tierra, que jamás reclamaste el incienso de la santificación ni el tributo de la reverencia, lo digo entre paréntesis, fuiste un santo. En tu humildad excesiva, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>(1933- 2025)</p>



<p>Ato</p>



<p>Atocito lindo del jardín</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="434" height="705" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/31081609/foto-linda-papi.jpg" alt="" class="wp-image-124244" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/31081609/foto-linda-papi.jpg 434w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/12/31081609/foto-linda-papi-185x300.jpg 185w" sizes="auto, (max-width: 434px) 100vw, 434px" /></figure>



<p>Esta es mi oración a la hora de tu muerte</p>



<p><a></a>Padre nuestro que no estás ni en el cielo ni en la tierra,</p>



<p>que jamás reclamaste el incienso de la santificación ni el tributo de la reverencia, lo digo entre paréntesis, fuiste un santo.</p>



<p>En tu humildad excesiva, parte indeleble de tu ser, los asuntos del ego no fueron lo tuyo. No buscaste ser amado, pero eras amado.</p>



<p>Dichosos lo que disfrutamos de tu reino, porque tus intereses nos entusiasmaron, tu sabiduría nos iluminó, tu amor nos cobijaba, tu presencia fue calor y seguridad.</p>



<p>Que no se haga tu voluntad. Tu voluntad se hizo sin imposiciones; consecuencia de la admiración que sentían las personas por ti. Abominabas todo tipo de autoritarismo y amabas y respetabas la libertad personal. A tu lado, la libertad sí era una condición general que se expandía a los que te rodeábamos.</p>



<p>No sin compasión entendías las deficiencias humanas, porque conocías la naturaleza animal del hombre.</p>



<p>Nos diste el pan de cada día, con tu enorme generosidad y como sin nos lo mereciéramos.</p>



<p>Perdonaste nuestras ofensas y perdonaste las miserias humanas, porque sabías que la naturaleza no nos seleccionó para ser felices, ni para considerar la felicidad ajena, sino para sobrevivir y reproducirnos.</p>



<p>Sabías que caemos en la tentación a pesar de todo deseo de no hacerlo, pero el pecado no estaba en tu vocabulario, ni el concepto de salvación ni el de condena. Sabías que el mal y el bien son conceptos puramente humanos.</p>



<p>En una casa sin dioses, tú fuiste el nuestro, nuestro único dios.</p>



<p>Amén.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124243</guid>
        <pubDate>Wed, 31 Dec 2025 13:16:19 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Antonio Vélez]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
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