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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for palabra | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Abelardo y la prensa cortesana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-y-la-prensa-cortesana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente graduó a unos medios de “amigos”, dando a entender que otros son enemigos, como si pretendiera diezmar el poder del “cuarto poder”. Cualquier amenaza a la libertad de prensa, se combate con un periodismo capaz de irritar a los poderosos, no de confabularse con ellos. ¿Estamos en la era del periodismo low-cost?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><em>“En el entorno político actual hay una falta de respeto por la independencia de la prensa. Y hay una disposición a atacar a los periodistas por informar. Todo ello contribuye a formar un ambiente aterrador para los periodistas y las fuentes”:</em> <strong>Ronald Farrow, Premio Pulitzer al Servicio Público (2018).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Amanecimos con la noticia de que no hay noticias, porque están prohibidas las ruedas de prensa en este gobierno. Si eso no es obstrucción al periodismo, ¿Qué es?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una agresión evidente contra la prensa y un saboteo al derecho a la información. &nbsp;¿Por qué el país no está conversando sobre esto? ¿Por qué algunos opinadores, siendo periodistas, parecen estar del lado del poder y no de la prensa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertos columnistas de El Tiempo, por ejemplo, parecen más bien asesores de imagen del presidente Abelardo De la Espriella, cual cortesanos. Tres botones para la muestra, porque el espacio es corto para juntarlos a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de sus columnas, la abogada María Isabel Rueda, experiodista ella, en lugar de defender a la prensa de los atropellos del presidente, le manda a decir -palabras más, palabras menos- que su éxito consistirá en comunicar bien los mensajes. Y le recuerda que para eso está el periodismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, como si la prensa fuera la bella Cenicienta del poder, esa cohorte que aplaudía al rey, incluso cuando el rey era indigno de aplausos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Bob Woodward y Carl Bernstein se hubiesen comportado como lisonjeros, el caso Watergate sobre espionaje político no habría existido, y el presidente Richard Nixon jamás habría sido obligado a dimitir. <em>“Los buenos ganaron”,</em> resumió un periodista de la época. The Washington Post alentó a sus reporteros a bucear en las alcantarillas. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>El Espectador</strong> no hubiese investigado y denunciado los malos manejos del Grupo Grancolombiano en los años 80, ese crimen financiero habría quedado impune y los culpables libres, haciendo fiesta con el dinero de los ahorradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debe recordarse como lo que es: una de las grandes gestas del periodismo colombiano. Don Guillermo Cano enseñó que se puede ejercer un periodismo aséptico e incorruptible. Sabemos el precio que pagó por estar del lado correcto. La única forma de honrar su memoria y valentía es a través de un periodismo confiable, responsable y ético. Son las tres armas del buen periodista. Saltarse cualquiera, significa amputar el alma del oficio: la confianza del público. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a una especie de <em>periodismo de bajo costo (low-cost</em>); es decir, sin principios, sin ética, alejado de las buenas prácticas y despojado de todo aquello que es la razón de ser de la prensa: la conciencia crítica y moral de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro oficio no existe para ser vil, sino para servir de escudo a la sociedad ante los excesos del gobernante de turno. De eso hablamos cuando hablamos de periodismo independiente. Lo demás ¿es periodismo o habrá que redefinir qué entendemos por periodismo hoy?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Al gobierno le conviene mantener una permanente conversación, diálogo e interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo”,</em> </strong>afirma la periodista María Isabel Rueda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo es un contrapoder, a diferencia del columnismo que suele utilizarse como trinchera ideológica para defender a unos y atacar a otros; es decir, para ejercer el activismo y la oposición de manera simultánea, a veces con más rabia y sesgo que rigor y seriedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda hace gala de una supuesta independencia: <em>“&#8230;los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio”.</em> Queda muy mal parada cuando, varias líneas después, sugiere que unos ministros <em>“deben hablar mucho y otros muy poco”</em>. Como quien dice: este de aquí que se calle y el de allá que hable por los demás. Leer para creer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Baste decir que hace rato la señora María Isabel dejó de informar para dedicarse a pontificar sobre lo divino y lo mundano, poniendo en evidencia sus malquerencias políticas. No es la única que cumple bien su papel de cortesana. Desde las páginas de El Tiempo la acompañan Juan Lozano y Mauricio Vargas, cada cual desde su esquina. El doctor Lozano usa su editorial en La FM para hablar como el expolítico que es, aunque nunca se sabe cuánto tiempo le falta para regresar a esas lides o, aún mejor, ingresar a la cómoda vida diplomática, como su abuelo, Juan Lozano y Lozano, quien fue político, periodista, militar y poeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda, Vargas y Lozano fueron opositores despiadados durante el gobierno de Petro y ahora actúan como benefactores en el de Abelardo. Ojalá en alguna facultad de comunicación se tomen el trabajo de poner a los estudiantes a analizar el mal llamado “periodismo de opinión” en Colombia. Empecemos por enseñarles que el activismo que muchos ejercen desde las páginas editoriales de los periódicos, incluso desde la radio y la televisión, no es periodismo, por más que utilicen los mismos vehículos para difundirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3"><strong>La prensa es la conciencia crítica y moral de una sociedad.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​En su columna dominical “Optimismo sí, pero bien informado”, no hay un solo reproche de María Isabel Rueda al gobierno del “Tigre” por la forma solapada como se impone la censura de prensa en Colombia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Recoge<a href="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette"> <strong>El Espectador</strong></a><strong>: </strong><em>“Según lo investigado por este medio, el Gobierno&nbsp;“determinó que no se den ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no sean ‘amigos’, salvo que sea para un tema estratégico y previamente autorizado por la presidencia. Asimismo, se le comunicó a los asistentes a la reunión que durante los eventos, recorridos, inspecciones, en donde haya presencia de los medios de comunicación,&nbsp;los ministros solamente podrán dar una declaración (buscando que sea lo más completa posible) pero sin lugar a preguntas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma semana en que <a href="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico" data-type="link" data-id="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico">Donald Trump les negó el acceso a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW&#8217;y Político</a>, en Colombia el director del DANE fue echado del puesto <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/" data-type="link" data-id="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/">por  incumplir la directiva presidencial que les prohíbe a los altos funcionarios suministrar información a la prensa.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un texto titulado <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota">“Las llamas del fascismo en Bogotá”</a>, Guillermo Pérez Flórez nos recuerda que las dictaduras empiezan por aniquilar a la oposición y silenciar a la prensa.&nbsp;Esto escribió en 2022 sobre el fatídico día de 1952 en que ardieron los edificios de <strong>El Espectador </strong>y El Tiempo en la capital. <em>“Para algunos sacerdotes, los liberales eran masones, comunistas y ateos, y su eliminación física era legítima”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XX no hay que llegar a tales extremos. Basta con poner en la calle a cualquier periodista entrometido. Callarlo o arrinconarlo, sin necesidad de eliminarlo. Está pasando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo más grave es que el gobierno de Abelardo De la Espriella ya logró consolidar una mayoría aplastante en el Congreso, con el respaldo de 186 de las 286 curules que conforman el Senado y la Cámara. Así, cualquier caprichito del señor presidente sería “pan comido”. Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4"><strong>El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa.   </strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>​Las víctimas del régimen</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos hacer un retrato <em>havladdo</em> de las primeras víctimas de la censura oficial en el primer año del Tigre; de seguir así, la lista crecerá antes de Navidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los episodios sobre la salida de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, más la echada del caricaturista <em>Vladdo</em> de Noticias RCN, caerán en el olvido. Quedó flotando en el ambiente la sospecha de que salieron por “ser enemigos”; ni el presidente de la República, ni la emisora, tampoco el canal, se tomaron la molestia de desmentir los rumores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar la dicha, gremios como el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, caminan de puntillas frente al tema. Como quien dice, con esos colegas, para qué enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vladdo se pasó a la revista Cambio y sobrevive su personaje de Aleida en el diario El Tiempo, una caricatura que en realidad a nadie mortifica. Los trazos de Matador sí atormentaron a Iván Duque y por eso despidieron al caricaturista Julio César González de ese diario en 2023, otra anécdota más para el anecdotario nacional.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Creo que informar a la gente es la única esperanza que tenemos”:</em> </strong>Ronald Farrow, periodista estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo no está para ser monedita de oro; debe estar del lado de la sociedad, dispuesto a denunciar los abusos del poder, pase lo que pase, pésele a quien le pese. El gobierno tiene la obligación de hacer bien su tarea. Punto. Y el periodismo debe sentirse obligado a hacer bien la suya. Punto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hagan mal el presidente y los suyos, la ciudadanía tiene el derecho de saberlo y el periodismo la obligación sagrada de comunicarlo. Ese es el deber ser de la prensa. Si renuncia a eso, cae en la propaganda</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El periodismo no debe prestarse para lavar caras. Su trabajo consiste en descubrir quién usó el tapete para tapar el vómito. El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa. &nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6"><strong>Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates.</strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>La prensa cortesana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​María Isabel Rueda, Juan Lozano y Mauricio Vargas escriben tan parecido que se asemejan hasta en sus odios políticos, los cuales inoculan al lector/elector desde sus tribunas de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ninguno de los tres, a pesar de haber vivido del periodismo casi toda su vida, ha planteado una crítica seria y tajante ante el trato descortés del presidente con la prensa, primero como político en campaña y ahora como jefe de Estado en ejercicio.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios”:</em> </strong>David Jiménez, periodista español, ex director del diario El Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El más osado de todos es Mauricio Vargas, a quien le dieron página entera de El Tiempo para descargar su veneno contra el expresidente Ernesto Samper por el Proceso 8000. En una carambola mágica ata ese episodio a Gustavo Petro y al excandidato presidencial Iván Cepeda, a quien llama &#8220;senador comunista&#8221;. Si en las redacciones existiera la figura del verificador de datos, esas etiquetas sí tendrían que corregirse por faltara la verdad. Por lo demás, a De la Espriella lo llama abogado a secas, sin reparar en su pasado, ni en su presente que lo ata al señor Alex Saab, quien se declaró culpable de lavar dinero ante la justicia gringa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Antes de ser director de <em>Semana</em>, Vargas fue consejero de prensa del presidente Cesar Gaviria, lo cual permite concluir que en Colombia periodismo y política se dividen la cama sin reproches, o al menos comparten la misma cobija, sin reparar en lo dañino que son los matrimonios por conveniencia. Si algún periodista se siente libre de pecado, que tire la primera piedra, a ver quién resulta descalabrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El voto de silencio nunca será una opción para los periodistas. Que lo cortés, no nos quite lo valiente para desenmascarar los excesos de cualquier gobierno, cueste lo que cueste. Si en palacio alguien se cree príncipe, los reporteros no tienen porqué comportarse como&nbsp;bufones.&nbsp;Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133228</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:25:33 +0000</pubDate>
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        <title>¡Qué zulú! de Stella Estrada Mosquera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/que-zulu-de-stella-estrada-mosquera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión sobre el lenguaje, los prejuicios y las formas en que las palabras construyen nuestra mirada del otro. A partir de “¡Qué zulú!”, Stella Estrada Mosquera nos invita a cuestionar los significados que heredamos y reproducimos, y a reconocer en el lenguaje un territorio donde también se construyen inclusión, exclusión y memoria.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La escritora colombiana Stella Estrada Mosquera (Tumaco), radicada en España hace un buen tiempo, autora de las novelas <em>El doctor sin letra</em> (2005), <em>Irimó</em> (2008), <em>Nadie muere la víspera</em> (2016) y <em>Bajo el limonero</em> (2022), nos sorprende con un libro de carácter filosófico, una reflexión desde el lenguaje sobre el racismo y la condición humana, no con las elucubraciones propias de quienes postulan desde el mundo de las ideas —aunque Platón está presente en su texto—, sino con una reflexión anclada en la vida real, en la cotidianidad, de ahí la valía y pertinencia de este ensayo en un tiempo menesteroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> encuentra en el lenguaje un problema filosófico que suele permanecer oculto bajo la apariencia de lo cotidiano: la relación entre la palabra y la realidad que creemos nombrar, entre aquello que decimos y aquello que hemos aprendido a considerar verdadero, porque una expresión aparentemente trivial puede contener una determinada concepción del mundo y, con ella, una manera de ordenar las diferencias entre unos seres humanos y otros. La autora parte de palabras que circulan en la conversación común y las convierte en materia de interrogación, como si levantara la superficie de esas expresiones para buscar las ideas, los prejuicios y las experiencias históricas que han quedado depositados en ellas, de allí que el verdadero asunto del libro no sean solamente las palabras cuestionadas, sino nuestra relación con aquello que hemos aprendido a decir sin preguntarnos por qué lo decimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta perspectiva, la presencia de Platón adquiere una importancia particular, pues la reflexión de la autora se aproxima a esa vieja disputa entre la opinión y el conocimiento, entre aquello que damos por cierto porque ha sido repetido y aquello que estamos dispuestos a someter al ejercicio de la razón. Una expresión heredada puede funcionar como una pequeña caverna: proyecta una imagen del otro, nos acostumbra a verla y termina haciendo innecesaria la pregunta por su origen, mientras la educación, entendida en un sentido filosófico, debería precisamente abrir una posibilidad contraria, permitir que el individuo se aparte de las sombras que ha confundido con la realidad y examine las ideas desde las cuales ha construido sus juicios. En <em>¡Qué zulú!</em> esa salida de la caverna no ocurre mediante una gran revelación, sino a través de algo mucho más cercano y quizá por eso más difícil: detenerse ante una expresión conocida y preguntarse por la carga simbólica, muchas veces histórica, que en ella se asienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Locke le permite conducir esa indagación hacia el terreno de la experiencia y de la formación de las ideas, lo que permite afirmar que no nacemos con muchas de las categorías desde las cuales juzgamos a los demás, sino que las vamos adquiriendo en el contacto con el mundo, en la familia, en la educación, en la cultura y también en el lenguaje que escuchamos y repetimos. Una expresión puede instalar una asociación en la conciencia mucho antes de que tengamos la capacidad de someterla a juicio, de modo que aquello que posteriormente llamamos “sentido común” puede ser, en realidad, el resultado de una larga sedimentación de experiencias y conceptos que nunca fueron examinados, frases que asimilamos sin sentir, ni mucho menos presentir, la carga simbólica que contienen. La referencia a los hábitos erróneos de Locke resulta fecunda, porque permite comprender que el prejuicio no necesita presentarse como una doctrina elaborada: puede sobrevivir en una frase, en una comparación, en una costumbre lingüística que ha conseguido borrar las huellas de su propio origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá sea precisamente la costumbre uno de los territorios más difíciles de interrogar, porque aquello que repetimos durante mucho tiempo termina adquiriendo la apariencia de lo natural, como si la frecuencia pudiera otorgarle legitimidad a una idea; una palabra heredada deja entonces de parecernos una construcción cultural y comienza a funcionar como una evidencia, algo que se dice porque “siempre se ha dicho”, sin que nos detengamos a preguntar quién la inventó, qué historia la acompaña, qué relación de poder pudo haber detrás de ella y por qué seguimos transmitiéndola. En esa zona aparentemente inofensiva de la costumbre se instala buena parte de aquello que después llamamos sentido común, cuando muchas veces no es otra cosa que una idea antigua a la que hemos dejado de hacer preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Protágoras le permite introducir otra tensión fundamental, porque la idea de que el hombre es medida de las cosas permite preguntarnos quién establece los criterios con los cuales calificamos al otro, quién decide qué es civilizado y qué es salvaje, qué es normal y qué resulta extraño, qué merece reconocimiento y qué puede convertirse en objeto de burla o desprecio. Cuando una persona utiliza una expresión como <em>¡Qué zulú!</em> para referirse a alguien, no está simplemente escogiendo una palabra entre muchas posibles, está recurriendo a una imagen cultural que establece una relación entre ese individuo y una determinada representación de lo salvaje o lo diferente; la palabra revela entonces una mirada anterior a ella misma, una mirada que ya ha clasificado aquello que pretende nombrar. La pregunta deja de ser únicamente qué significa una palabra y pasa a ser quién tiene el poder de construir el significado desde el cual miramos a los otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora no pretende resolver estas preguntas desde una posición exterior a la experiencia, sino que permite que el desconcierto, la incomodidad y hasta el dolor se conviertan en materia de pensamiento, aunque allí mismo aparece una exigencia: la experiencia personal puede abrir una pregunta, pero no basta por sí sola para convertirla en verdad; necesita confrontarse con la historia, con otras experiencias, con la filosofía y con la razón, justamente el movimiento que el libro intenta realizar cuando pasa de la expresión escuchada a la investigación, de la experiencia a los autores y de la reacción personal a una pregunta ética acerca del lenguaje. Ese tránsito resulta importante porque evita que la reflexión quede encerrada en el ámbito de lo subjetivo y permite convertir una vivencia particular en un problema que puede ser discutido socialmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que conviene preguntarse cuando hablamos de lenguaje: si cambiar determinadas palabras basta realmente para cambiar aquello que pensamos. Una sociedad puede modificar su vocabulario y conservar intactas sus formas de discriminación, del mismo modo que puede abandonar una expresión sin haber comprendido jamás la historia que contenía; la transformación tendría que alcanzar el concepto que está detrás de la palabra, la relación de poder que la sostiene, la mirada que clasifica al otro y la educación que permitió que esa clasificación llegara a parecernos natural. Allí la crítica adquiere una dimensión más profunda, porque ya no se trata solamente de cuidar lo que decimos, sino de preguntarnos qué tipo de conciencia produce aquello que decimos y qué tipo de sociedad contribuye a reproducir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También resulta necesario mantener abierta la tensión entre intención y efecto, porque una palabra no puede ser comprendida exclusivamente desde la intención de quien la pronuncia ni juzgada al margen del contexto en que aparece, pero tampoco puede suponerse que la buena intención borra automáticamente la historia y la carga cultural de una expresión. Entre lo que quiso decir quien habla y aquello que experimenta quien escucha existe un espacio donde intervienen la memoria, la cultura, la posición social y la experiencia individual, y es precisamente allí donde el lenguaje deja de ser un asunto puramente lingüístico para convertirse en un problema ético; la responsabilidad comienza cuando aceptamos que nuestras palabras pueden producir efectos que no controlamos completamente y que conocer esa posibilidad nos obliga a revisar aquello que antes pronunciábamos de manera automática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay aquí una relación que me parece inevitable con Juan Montalvo y con aquella afirmación suya, “mi pluma lo mató”, expresión que condensa de manera extraordinaria la conciencia del escritor acerca del poder de la palabra, porque la pluma no aparece como un simple instrumento para describir la realidad, sino como una fuerza capaz de intervenir sobre ella, de derribar reputaciones, denunciar poderes, combatir ideas y producir efectos concretos en la conciencia de quienes leen. Vista desde esta perspectiva, la reflexión de Stella Estrada adquiere una resonancia mayor: las palabras que analiza no son sonidos inocentes que desaparecen después de ser pronunciados, llevan consigo una memoria, una representación del otro y una determinada concepción del mundo, de allí que una expresión aparentemente cotidiana pueda contribuir a perpetuar una mirada discriminatoria, del mismo modo que otra palabra, consciente de su responsabilidad, puede abrir una fisura en esa mirada y comenzar a transformarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> puede leerse también como un ejercicio de desmontaje de la costumbre, una tentativa por devolverle extrañeza a aquello que la repetición ha vuelto invisible, ahí está quizá su dimensión más filosófica: la autora no solamente pregunta por el significado de determinadas expresiones, pregunta por la formación de nuestros juicios, por la relación entre lenguaje y conciencia, por la educación y por la responsabilidad que tenemos frente a las ideas que heredamos. Platón aparece entonces con su exigencia de salir de la opinión, Locke con la pregunta por el origen y la formación de nuestras ideas, Protágoras como una provocación acerca del lugar desde donde medimos el mundo, y todos ellos terminan confluyendo en una preocupación contemporánea que sigue siendo profundamente humana: cómo aprender a mirar al otro sin imponerle, antes de conocerlo, las palabras con las cuales nuestra propia cultura ya lo ha definido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro deja abierta una pregunta: ¿cuánto de nuestra manera de pensar pertenece realmente a nosotros y cuánto es una herencia que hemos recibido bajo la forma aparentemente inocente de una palabra? Allí comienza una crítica que no puede dirigirse únicamente contra los demás, porque también nos alcanza a nosotros mismos y nos obliga a reconocer que el pensamiento crítico no consiste en descubrir los prejuicios ajenos mientras permanecemos cómodamente instalados en los propios. Tal vez esa sea la inquietud más fértil que deja <em>¡Qué zulú!</em>: comprender que cuestionar una palabra es apenas el comienzo, que detrás de ella existe una idea y detrás de la idea una determinada manera de mirar, y que transformar verdaderamente el lenguaje exige llegar hasta ese lugar más profundo donde se forman nuestras representaciones del mundo y del otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la reflexión a que nos invita la autora sea a recuperar el lugar de la palabra como afecto humanitario, tal vez sea necesario volver a Heidegger, quien nos dejó una de las imágenes más poderosas para pensar esta relación cuando afirmó que “el lenguaje es la casa del ser” y que “en su morada habita el hombre”. Si el ser humano habita el lenguaje, entonces cada palabra que recibe, conserva y pronuncia participa también de la construcción de esa morada, y la pregunta que queda abierta es qué clase de casa estamos construyendo con las palabras que heredamos, repetimos y transmitimos: una casa cerrada por los prejuicios, donde el otro tiene que entrar bajo las definiciones que ya hemos establecido, o una morada capaz de reconocer la diferencia sin convertirla en motivo de exclusión, una casa que pueda ser habitada por todos, sin distinción de ninguna clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133091</guid>
        <pubDate>Wed, 16 Sep 2026 22:09:52 +0000</pubDate>
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        <title>En sus 129 años, Puerto Tejada, Cauca, condecora al joven científico Jhan Salazar &amp;#124; Fundación Color de Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/en-sus-129-anos-puerto-tejada-cauca-condecora-al-joven-cientifico-jhan-salazar-fundacion-color-de-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este jueves 17 de septiembre, en los 129 años del municipio, la alcaldesa, Adiela Salazar, impondrá la máxima Medalla de Honor al biólogo evolutivo Jhan Salazar, PhD, puertotejadense, en el recinto del Concejo Municipal (10 am). Se llama Puerto porque queda a orilla del río Palo, que era navegable e importante económicamente. Se llama Tejada [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este jueves 17 de septiembre, en los 129 años del municipio, la alcaldesa, <strong>Adiela Salazar</strong>, impondrá la máxima Medalla de Honor al biólogo evolutivo <strong>Jhan Salazar</strong>, PhD, puertotejadense, en el recinto del Concejo Municipal (10 am).</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Se llama <strong>Puerto</strong> porque queda a orilla del río Palo, que era navegable e importante económicamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se llama <strong>Tejada</strong> en honor del general Manuel Tejada Sánchez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nació a la vida político-administrativa como corregimiento mediante decreto del gobernador del Cauca, el <strong>17 de septiembre de 1897</strong>, con el nombre que tenía el asentamiento, Monte Oscuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1912 nació como municipio, con el nombre actual, desprendido de la jurisdicción de Caloto.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Históricamente, <strong>Puerto Tejada</strong> ha sido el municipio emblemático de la población afrocolombiana en el norte del Cauca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí eran nombres que deslumbraron en la política nacional, como <strong>Natanael Díaz</strong>; en el deporte, como el legendario arquero de la Selección Colombia <strong>Pedro Antonio Zape</strong>; y en la cultura, como el cantante <strong>Álvaro del Castillo</strong>, primer vocalista del Grupo Niche.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy el municipio se acerca a los 50 mil habitantes, enfrenta complejas problemáticas con escasos recursos y vive como a la espera de un milagro, desde antes del actual gobierno nacional.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, el Departamento Administrativo de la Función Pública publicó los resultados del <strong>Índice de Desempeño Institucional</strong> (IDI) de 2025, ubicando a <strong>Puerto Tejada</strong> en el puesto 8 entre los 42 municipios del Cauca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un resultado que fue un espaldarazo para la alcaldesa, una antigua líder social con buena reputación.</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">129 años con científico de visita</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tras terminar su posdoctorado en Mayo Clinic, el hospital número uno del mundo, <strong>Jhan Carlos Salazar Salazar</strong> se encuentra en Colombia visitando a su familia, oportunidad que le permitió al secretario de Educación de Puerto Tejada, <strong>José Ferney Vargas Cuero</strong>, gestionar el otorgamiento de la Medalla de Honor &#8220;Cruz de Malta&#8221; al ilustre hijo del municipio. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Jhan Salazar</strong>, egresado del colegio Inem Jorge Isaacs de Cali  y becado en el pregrado de Biología de la Universidad Icesi,  cursó su doctorado en la Escuela de Medicina y Biología de Washington University en St. Louis, Estados Unidos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-133070" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg 1365w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg?resize=200,300 200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg?resize=768,1152 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg?resize=683,1024 683w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Jhan-Salazar-abanderado.jpeg?resize=1024,1536 1024w" sizes="(max-width: 683px) 100vw, 683px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Abanderado de Escuela y uno de los cinco que recibió Medalla de valores entre más de 100 graduados de doctorado, en un grupo de más de 20 nacionalidades. Washington University en St. Louis, Estados Unidos (fundada en 1853).</em></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante su juventud, tiene una larga lista de contribuciones a la investigación científica al más alto nivel como biólogo evolutivo y científico de datos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se ha interesado en cómo los organismos y las poblaciones celulares se adaptan y diversifican bajo presión selectiva, y en la biología del cáncer, campo en el que estudia las células tumorales como poblaciones que se adaptan y diversifican dentro de su microambiente.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Puerto Tejada le entrega la Medalla de Honor por ser &#8220;ejemplo para la juventud en la dedicación a elevadas disciplinas de la mente humana&#8221;.</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">Acto de condecoración: llamando al futuro</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La ceremonia se llevará a cabo en la Alcaldía, recinto del Concejo Municipal, con asistencia del homenajeado y parte de su familia, con la alcaldesa, el presidente del Concejo Municipal y el secretario de Educación como anfitriones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Participarán 20 estudiantes pilos de grado 10 de distintos colegios que disputan la <strong>Copa Jhan Salazar de PreSaber 11</strong>, alumnos destacados de grado 11 del Semillero de Becarios U (de la Fundación Color de Colombia), personeros y contralores estudiantes, y rectores de las instituciones educativas de secundaria, debido al aforo moderado del recinto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Dos estudiantes leerán un resumen de la hoja de vida del científico homenajeado: por grado 11, <strong>Keruv Isabella Arteaga Candelo</strong>, de la IE Fidelina Echeverri, quien obtuvo el puntaje más alto en el último simulacro municipal de Saber 11.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por grado 10, <strong>Salome Cantoñi Ambuila</strong>, de la IE Bahai, participante en la Copa Jhan Salazar de PreSaber 11 y clasificada como embajadora en el Modelo de Naciones Unidas (MUN) del suroccidente 2026 por un jurado integrado por líderes de MUN de la Universidad de los Andes, Universidad del Rosario (las dos de Bogotá), Icesi (Cali) y Universidad del Norte (Barranquilla). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras oficiales las pronunciarán la alcaldesa y el secretario de Educación, y finalmente hablará el homenajeado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Será un encuentro de pasado, presente y futuro de Puerto Tejada, manteniendo la esperanza. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133059</guid>
        <pubDate>Wed, 16 Sep 2026 02:04:49 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[En sus 129 años, Puerto Tejada, Cauca, condecora al joven científico Jhan Salazar &#124; Fundación Color de Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
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        <item>
        <title>El olfato, el vino y los nerdos del corcho</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/el-olfato-el-vino-y-los-nerdos-del-corcho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cork Dork se traduciría como Nerdos del corcho, pero el libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker fue traducido al español como El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores (Editorial Océano, 2017). El libro cuenta la experiencia de Bosker al tratar de convertirse en sommelier. Su entrenamiento [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Cork Dork</em> se traduciría como <em>Nerdos del corcho</em>, pero el libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker fue traducido al español como <em>El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores</em> (Editorial Océano, 2017).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="450" height="850" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png" alt="" class="wp-image-133010" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png 450w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png?resize=159,300 159w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El libro cuenta la experiencia de Bosker al tratar de convertirse en sommelier. Su entrenamiento duró 18 meses hasta pasar el examen de certificación. Pero no voy a hablar sobre las aventuras y desventuras de esta mujer; voy a hablar sobre el olfato y el vino. En los blogs anteriores me he enfocado en el olfato, en los aromas y en los perfumes; me faltaba el mundo del vino pues, en este, el olfato también juega un papel preponderante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los aspirantes a sommeliers deben reconocer los vinos, discernir sus cualidades, ser capaces de clasificarlos y de determinar su exquisitez. Esto significa probar una gran variedad de vinos cada día, y muchas veces al día. Algunos viven medio borrachos; otros lo escupen. ¿Por qué querría uno ser sommelier? El escritor Robert Louis Stevenson llamó al vino “poesía embotellada”; sin embargo, después de leer el libro me quedaría difícil responder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los atributos que conforman la estructura del vino son: azúcar, acidez, alcohol, taninos y textura (llamada también cuerpo). Y los pasos ordenados para catar el vino son los siguientes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Observarlo antes de involucrar la nariz o la lengua, para obtener pistas sobre su estructura y sabor. Tomar el tallo de la copa con los dedos, rotar la muñeca en círculos veloces, agitando el vino para que moje los lados del cáliz. Observar la velocidad con la que las gotas o “lágrimas” se escurren al detener el movimiento. Las lágrimas que lucen espesas y se escurren lenta y definidamente sugieren que el vino tiene niveles de alcohol más altos; mientras que las lágrimas finas y rápidas, o si el líquido cae a manera de cortina, indican un nivel de alcohol más bajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguiente: oler siempre, y no solo en un punto. Olerlo moviendo la nariz, como persignando la copa, con esta paralela al piso, y percibir los aromas desde cada ángulo. Preferiblemente, dejando la boca abierta, como jadeando. Y ahora sí, probar: menear el vino en la boca, fruncir los labios como si se fuera a decir “oh, no”, y succionar aire sobre el vino en la boca y sentir que burbujea en la lengua. Esto es orear el vino (sorber), y ayuda a liberar las moléculas del aroma. Olfato y gusto se combinan para dar el sabor. Después, escupir o tragar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguiente: poner la punta de la lengua en el paladar para ver cuánto se saliva. Si no se está seguro, poner la cara hacia el piso y abrir la boca. Si uno se babea es porque está salivando mucho, y si es así, es porque el vino tiene una acidez alta; de lo contrario, es porque su acidez es baja. La acidez baja tiene que ver usualmente con uvas de regiones cálidas, y la acidez alta, con uvas de regiones frías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcohol en los vinos va del 9% al 16%. El alcohol indica dónde se cultivaron las uvas y la temperatura durante la estación de cultivo. El mosto es la fermentación del jugo de uva que se machaca con semillas, cáscaras, tallos y pulpa de las uvas (ella cuenta que a veces se van arañas, ratones y culebras). La fermentación es detonada por la levadura si surge naturalmente; de otra manera, esta se le agrega. Los climas más cálidos dan uvas más dulces, con niveles de alcohol más altos. Para saber el grado de alcohol, se debe tomar un sorbo y exhalar como si uno se estuviera chequeando el aliento. Se debe hacer consciente de qué tan adentro de la boca y la garganta se puede sentir el calor del alcohol. Si se siente en la parte trasera de la lengua es porque el nivel de alcohol es bajo; si se siente al fondo de la garganta, por la mandíbula, es porque su nivel es medio; si el calor se siente en el esternón es porque el nivel es alto. Recuerda lo que produce un trago de tequila, que incluso es de nivel mucho más alto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacer otro sorbo más para juzgar los taninos o polifenoles, que provienen de la cáscara, los tallos, las semillas y las barricas de madera en las que pudo haber envejecido el vino. Los taninos son más una textura que un sabor. Si el vino se siente seco es que no es dulce. Pero los taninos dejan la boca seca y apretada, como una lija, con los vinos tánicos, como un Nebbiolo joven; o como seda, con los vinos menos tánicos, como el Pinot Noir. Los taninos del roble secan los labios y las encías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El llamado cuerpo del vino es más una sensación que un sabor; se deriva del contenido de alcohol y azúcar. Se puede equiparar con la diferencia que hay entre la leche entera y la descremada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La dulzura puede ir desde alta hasta nula. A veces las vinícolas detienen la fermentación para que toda el azúcar no se convierta en alcohol y quede algo de dulce en el vino. Si la acidez de un vino es muy alta sentimos que tiene menos azúcar. Esto puede ser una mera impresión: recordemos la limonada; si le ponemos mucha azúcar, sentimos que es menos ácida. Los vinos blancos como el Riesling presentan una tensión muy estimulante entre azúcar y acidez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dar pocos sorbos permite saber mejor cómo es el vino. Tomar muchos sorbos anula el olfato, pues el olor prolongado se deja de percibir. A esto se le llama fatiga olfativa. También nos adaptamos a la salinidad de nuestra saliva, lo cual también influye en la percepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sommelier debe oler todo lo que se encuentre a su alcance y ponerle nombre. Dice Bosker que: “El lenguaje nos ayuda a jerarquizar y recordar experiencias pasadas (…). Unir nombres a un olor hace que ese aroma sea más intenso, reconocible y con una carga emocional. ‘Ancla la memoria’, me dijo un investigador. Si no tenemos el vocabulario para describir una experiencia, nuestra lucha para expresar ese encuentro en palabras corrompe nuestra impresión de la misma, fenómeno que se conoce como ensombrecimiento verbal”. (p. 151)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los sommeliers necesitan un vocabulario amplio, metafórico y referencial: frutas, flores, especias, minerales, madera, tierra, situaciones, etc. Necesitan reconocer los olores del mundo en el buqué del vino. Poner un nombre a una sensación puede hacer que esa sensación se vuelva perceptivamente más accesible. Ellos deben aprender a prestar atención y desarrollar un vocabulario sensorial para establecer asociaciones entre sensaciones, olores y recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro, Bosker dice que oyó a un sommelier decir: “Creo que en este vino hay un poco de Brett, un carácter animal, de establo, terroso. Esa frase gritaba Burdeos, donde Brett (abreviatura de la levadura <em>Brettanomyces</em>) con frecuencia le da al vino el perfume del sudor de los caballos pura sangre, que puede ser tanto un sabor como un defecto”. (p. 58)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en otra página dice: “El gusto y el olfato son experiencias subjetivas, y usar la metáfora y la poesía a menudo daba más justicia a mi experiencia personal con los vinos. Técnicamente hablando, un Chenin Blanc a menudo olía a manzana asada, melaza, jengibre y paja húmeda. En lo personal, siempre lo reconocí porque un olfateo me hizo pensar en una oveja mojada sosteniendo una piña. El olor de un hombre francés sudoroso en el aeropuerto significaba que tal vez estaba olfateando un Burdeos. El aroma de la colonia de mi abuelo —ácido, un poco mentolado— me indicaba un Cabernet Franc. Mi recreo en la infancia, el otoño, las hojas húmedas, la suciedad, era un Pinot Noir”. (p. 166)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ir a catar vinos nadie se debe perfumar, dice Bosker. Tampoco para ir a comer a un restaurante, digo yo (o hacerlo con tal moderación que solo se perciba al acercarse a la piel). El perfume interfiere con el olor del vino y de la comida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el proceso de juzgar el vino intervienen fuertemente otras variables:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El costo del vino:</strong> lo que pagaste por la botella.</li>



<li><strong>La expectativa:</strong> o sea, lo que esperas según lo que te han hablado y lo que sabes sobre el vino que vas a probar. Dice Bosker que al interactuar en nuestro círculo social, absorbemos señales sobre cosas que debemos celebrar con el fin de ganar la aceptación de nuestros pares. Tratamos de admirar lo que nos hace admirables.</li>



<li><strong>La comida:</strong> con la que estamos acompañando el vino (esa palabra, <em>maridaje</em>, que indica que hay sabores que combinan mejor que otros, como el bocadillo con el quesito, digo yo).</li>



<li><strong>Las personas presentes:</strong> que pueden hacer del momento una gran fiesta o un momento romántico y memorable.</li>



<li><strong>El estado mental y las contingencias:</strong> tener sed, estar llenos, estar nerviosos y relajarse con la primera copa de vino, estar triste y ponerse más triste, haberse tomado una limonada antes.</li>



<li><strong>Los gustos personales:</strong> pues no a todo el mundo le gustan los mismos olores ni los mismos sabores.</li>



<li><strong>La genética:</strong> hay personas que no huelen el queso azul o la malta, mientras que otras, con unas pocas moléculas en el aire, arrugan la nariz.</li>



<li><strong>El lugar, el entorno:</strong> estar frente al mar o frente a unas montañas enormes, el cielo azul, la luz brillante o un día de lluvia. La comida bien servida, en vajilla hermosa, cubiertos perfectos, mantel impecable, sabe mejor. Esto todos lo hemos experimentado.</li>



<li><strong>La jerarquía del sommelier:</strong> es algo muy influyente. Si una persona experta nos dice que vamos a probar el mejor vino de nuestra vida, eso va a influenciar nuestra percepción. Se han hecho experimentos que muestran que las personas aprecian de una manera notablemente diferente la Coca-Cola de la Pepsi si la beben de los frascos originales con la marca. Imaginemos ahora que estamos en el desierto con mucha sed: esta es la circunstancia personal.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Esto de que las variables pueden influir en la percepción va más lejos: “Charles Spence, psicólogo de la Universidad de Oxford, ha demostrado que los colores afectan los sabores, los sonidos afectan los olores y las miradas afectan las sensaciones táctiles que registramos. El sabor no solo está determinado por lo que saboreamos y olemos, sino también por lo que escuchamos y sentimos”. (p. 126)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el color del vino tinto es más rojo, la gente cree que sabe más que si el tono es claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aplicado al mundo en general, al mundo del arte, al mundo de las sensaciones, tenemos una capacidad biológica para percibir colores, formas, sonidos, olores, ritmos, simetrías, etc., pero no vemos simplemente lo que está delante de nosotros; vemos en un contexto, con unas expectativas y una experiencia que varían de una persona a otra. Así que la capacidad de apreciar no es completamente innata ni completamente cultural: se construye mediante la interacción entre nuestro aparato perceptivo, el aprendizaje, la atención, el lenguaje y la experiencia. La cultura adiestra de una manera especial el aparato perceptivo, hasta producir diferencias grandes entre los individuos. Hay expertos en cada campo de la cultura humana. Ellos se equivocan, sí; se equivocan en sus apreciaciones y con el vino, pues es muy difícil de apreciar, pero de que saben más y de que aprecian mejor, no hay duda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133009</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 13:48:05 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Oasis de la impunidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/oasis-de-la-impunidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay algo inquietante en un cuerpo cuando deja de parecernos completamente humano. Ocho cuerpos aparecen sobre un escenario y se mueven como si obedecieran a una orden que nosotros no alcanzamos a escuchar. Marchan, entrenan, celebran. Se sacuden, se tensan, se disciplinan. Por momentos parecen soldados; por momentos, víctimas; por momentos, criaturas salidas de alguna [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay algo inquietante en un cuerpo cuando deja de parecernos completamente humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocho cuerpos aparecen sobre un escenario y se mueven como si obedecieran a una orden que nosotros no alcanzamos a escuchar. Marchan, entrenan, celebran. Se sacuden, se tensan, se disciplinan. Por momentos parecen soldados; por momentos, víctimas; por momentos, criaturas salidas de alguna pesadilla. No sabemos bien dónde termina el individuo y dónde comienza la institución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es uno de los primeros gestos de&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>, la obra del director y dramaturgo chileno Marco Layera y la compañía La Re-sentida. No es una obra que pretenda llevar literalmente la calle al teatro. Nació, sí, de una calle incendiada: la revuelta social que comenzó en Santiago de Chile el 18 de octubre de 2019. Pero sus creadores entendieron que reproducir sobre un escenario la violencia de aquellas jornadas sería demasiado fácil y, quizá, demasiado poco interesante. El desafío era otro: preguntarse qué ocurre con un cuerpo cuando el Estado le enseña a ejercer la violencia y qué ocurre con una sociedad cuando empieza a acostumbrarse a ella.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="828" height="540" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg" alt="" class="wp-image-132996" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg 828w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg?resize=300,196 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3653.jpeg?resize=768,501 768w" sizes="(max-width: 828px) 100vw, 828px" /><figcaption class="wp-element-caption">Screenshot</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta parece chilena, pero no lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría ser colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría ser argentina, mexicana, peruana, brasileña. Podría ser europea. En realidad, podría ser la pregunta de cualquier democracia que tenga policías, ejército, cárceles, fronteras y ciudadanos que alguna vez han salido a la calle para protestar contra el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el Estado democrático tiene una paradoja que preferimos no mirar demasiado de cerca: para proteger la vida necesita tener capacidad de ejercer la fuerza. Y precisamente porque posee esa fuerza necesita someterla a límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema comienza cuando olvidamos la segunda parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra de Layera coloca en el centro a quienes ejercen la violencia estatal. No solamente a sus víctimas. No solamente al manifestante golpeado, al detenido, al ciudadano que corre o al cuerpo que cae. También al hombre o la mujer que recibe una orden, se pone un uniforme y aprende que mantener el orden puede exigirle utilizar la fuerza contra otro ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta entonces deja de ser solamente quién golpeó a quién.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se vuelve mucho más incómoda: ¿qué clase de sistema produce al individuo capaz de hacerlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dossier de la obra habla de un organismo mecánico y convulso, compuesto por cuerpos estrictamente disciplinados. La disciplina aparece allí no como una virtud abstracta, sino como algo que se inscribe físicamente en el cuerpo. El cuerpo aprende. El cuerpo obedece. El cuerpo se acostumbra.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="828" height="624" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg" alt="" class="wp-image-132997" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg 828w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg?resize=300,226 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3651.jpeg?resize=768,579 768w" sizes="auto, (max-width: 828px) 100vw, 828px" /><figcaption class="wp-element-caption">Screenshot</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las grandes tragedias políticas de nuestro tiempo: que la violencia termina convirtiéndose en una técnica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero nos escandaliza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después la explicamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después la justificamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y finalmente aprendemos a vivir con ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia conoce demasiado bien esa secuencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas hemos hablado de la violencia como si fuera una especie de clima. Algo que está allí, inevitable, casi meteorológico. La violencia guerrillera, la paramilitar, la criminal, la estatal, la política. Cambian los nombres, cambian los uniformes, cambian las consignas, pero permanece una idea peligrosa: que hay momentos en los que la violencia simplemente se vuelve necesaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por supuesto que existen circunstancias en las que un Estado debe utilizar la fuerza. Una democracia no puede renunciar al monopolio legítimo de la violencia sin renunciar también a una parte esencial de su capacidad para proteger a sus ciudadanos. El problema no es la existencia de la fuerza. El problema es quién la controla, con qué reglas, bajo qué controles y qué sucede cuando aquellos encargados de ejercerla empiezan a creer que la institución está por encima del individuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es justamente una de las preguntas que atraviesan&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>: quién utiliza y quién controla el monopolio estatal de la violencia y cómo puede una sociedad democrática construir un consenso sobre sus usos legítimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No son preguntas menores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son preguntas sobre el tipo de Estado que queremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también sobre el tipo de ciudadano que estamos dispuestos a ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo particularmente poderoso en que la obra no convierta el escenario en una copia de la protesta. Layera lo dice con claridad: el teatro no pretende trasladar territorial ni simbólicamente la calle al escenario. No quiere que asistir a una función se convierta en una forma cómoda de desmovilización. El arte, en cambio, debe dejarse afectar por lo que sucede afuera y ponerse en riesgo frente a ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí aparece una idea que me interesa mucho: el teatro no tiene que decirnos qué pensar sobre la violencia. Tiene que devolvernos la violencia convertida en pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá eso sea también lo que esperamos de una democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una democracia madura no es aquella en la que nunca hay conflicto. Es aquella capaz de procesarlo sin convertir automáticamente al adversario en un enemigo y sin convertir la fuerza en la primera respuesta disponible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Estado necesita autoridad, pero la autoridad necesita límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La policía necesita fuerza, pero la fuerza necesita legitimidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ciudadano necesita poder protestar, pero la protesta también necesita reconocer que el otro ciudadano existe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entre esas tensiones —ninguna de ellas sencilla— se juega buena parte de la salud de una democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta tan sugestiva la imagen inicial de esos cuerpos que marchan juntos. Porque un Estado también es, en cierta manera, un cuerpo. Tiene brazos, tiene músculos, tiene instituciones que ejecutan órdenes. Pero un Estado democrático debería tener algo más difícil de construir que la fuerza: debería tener memoria, controles y capacidad para preguntarse por sus propios actos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero peligro no aparece cuando un Estado tiene fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aparece cuando deja de preguntarse para qué la tiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;nació de una experiencia concreta, la explosión social chilena de 2019, y fue construida a partir de un largo proceso de investigación artística. Más de quinientas personas participaron inicialmente en la convocatoria del laboratorio escénico realizado con apoyo del Goethe-Institut; doscientas fueron invitadas a los laboratorios que sirvieron como punto de partida para la creación. La obra terminó estrenándose en Berlín, en la Schaubühne, en abril de 2022, después de pasar por espacios como las Münchner Kammerspiele y Matucana 100.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir: aquella calle chilena terminó viajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no como una postal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Viajó como una pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa pregunta llega a Colombia en un momento especialmente interesante, porque aquí seguimos discutiendo cuál debe ser la relación entre autoridad y ciudadanía, entre seguridad y libertad, entre protesta y orden público. Seguimos intentando resolver una vieja contradicción: queremos un Estado suficientemente fuerte para protegernos, pero suficientemente controlado para que su fuerza nunca termine protegiéndolo a él mismo de los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llega, además, a un país con una tradición teatral que ha aprendido a mirar de frente la historia. El teatro colombiano no nació de espaldas a la violencia. Buena parte de su historia moderna está atravesada por la necesidad de representar aquello que durante mucho tiempo parecía imposible de decir: la guerra, el desplazamiento, la desaparición, la desigualdad, la memoria, la vida en los márgenes y las distintas formas en que el poder entra en la vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde las experiencias del teatro universitario y el movimiento de creación colectiva hasta grupos y dramaturgos que han convertido la memoria del conflicto en materia escénica, el teatro ha sido también una forma de investigación sobre el país. En Colombia, subir una historia a un escenario muchas veces ha significado preguntarse qué puede decir el arte allí donde el discurso político se ha agotado, donde los archivos no alcanzan o donde las palabras de todos los días han terminado desgastadas por el uso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la llegada de una compañía chilena como La Re-sentida tiene algo más que un interés de programación cultural. Es una conversación latinoamericana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chile viene a Colombia con una experiencia histórica distinta, pero con una pregunta que reconocemos inmediatamente. Aquí no necesitamos que nos expliquen qué significa que un Estado utilice la fuerza en nombre del orden. Lo hemos visto demasiadas veces. Tampoco necesitamos que nos expliquen la distancia que puede existir entre una institución y los cuerpos concretos que la representan. La hemos vivido en las calles, en las regiones, en las familias y en los archivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo interesante, entonces, no es preguntarnos si Chile y Colombia son iguales. No lo son. Tampoco lo son sus instituciones, sus historias recientes ni sus formas de entender la protesta. Lo fértil está precisamente en la diferencia: en descubrir cómo una experiencia chilena puede iluminar una discusión colombiana sin pretender resolverla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, además, algo profundamente latinoamericano en ese intercambio. Nuestros países han producido una enorme cantidad de literatura, cine, música y teatro alrededor de la violencia, pero seguimos teniendo una deuda con la representación de quienes ejercen el poder. Hemos aprendido a narrar a las víctimas, y debemos seguir haciéndolo; pero también necesitamos comprender las estructuras que producen victimarios, funcionarios, soldados, policías, burócratas y ciudadanos capaces de obedecer órdenes que, en otro contexto, quizá jamás obedecerían.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro puede entrar justamente allí, en esa zona gris que el discurso político suele simplificar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea una de las razones por las que importa que&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;esté en Bogotá. No solamente porque una obra chilena venga a presentarse en Colombia, sino porque el escenario colombiano puede devolverle otra lectura. Una obra cambia cuando cambia el público que la mira. El mismo cuerpo que en Santiago recuerda octubre de 2019 puede provocar en Bogotá asociaciones con otras calles, otras protestas, otros uniformes y otras heridas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese diálogo no necesita convertir la obra en un manifiesto colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su fuerza está en que siga siendo chilena y, precisamente por eso, pueda hablarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro colombiano no necesita importar sus preguntas, pero sí puede encontrarse con ellas. Y quizá una de las mejores formas de fortalecer una escena nacional sea precisamente esa: permitir que dialogue con otras tradiciones, que compare sus heridas, que descubra sus diferencias y que encuentre en el arte producido en otros lugares un espejo imperfecto de sus propias preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el teatro, cuando funciona, no confirma lo que ya sabemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos desacomoda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos obliga a mirar desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una obra sobre la violencia puede ser especialmente valiosa cuando consigue que salgamos del teatro sin estar completamente seguros de quién tenía la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa incomodidad sea una forma de inteligencia democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La que permite comprender que una sociedad no se construye solamente con vencedores y vencidos, con buenos y malos, con policías y manifestantes, con Estado y ciudadanos, sino en ese espacio mucho más difícil donde todos deben aprender a convivir con el poder, con el conflicto y con los límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la frontera más delicada de todas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La que separa la autoridad de la arbitrariedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el cuerpo de un policía se convierte en una extensión automática de una orden, algo se pierde. Cuando el cuerpo de un manifestante deja de ser visto como el cuerpo de un ciudadano y empieza a ser visto únicamente como una amenaza, algo también se pierde. Cuando el cuerpo de una víctima deja de producir indignación y empieza a producir solamente estadísticas, hemos perdido todavía más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro puede hacer algo que las estadísticas no consiguen: devolverle un cuerpo a la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordarnos que detrás de una orden hay una persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que detrás de un uniforme hay un cuerpo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que detrás de una protesta hay otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y que una democracia, en último término, consiste en impedir que alguno de esos cuerpos deje de importar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;no sea realmente una obra sobre Chile.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una obra sobre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre ese lugar incómodo en el que una sociedad descubre que el problema nunca fue solamente quién tiene la fuerza, sino quién decide cuándo puede utilizarla y quién se atreve a preguntarle, después, por qué lo hizo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una democracia no se mide únicamente por la manera en que celebra sus libertades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se mide por la manera en que controla su fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por la capacidad que conserva para mirar a sus propios cuerpos, después de la violencia, y preguntarles qué ocurrió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso valga la pena que&nbsp;<em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;llegue a Bogotá. La obra de&nbsp;<strong>Teatro La Re-sentida</strong>, dirigida y escrita por el dramaturgo chileno&nbsp;<strong>Marco Layera</strong>, podrá verse el&nbsp;<strong>18 y 19 de septiembre en el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella</strong>, en una función de&nbsp;<strong>una hora y treinta minutos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una visita menor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el encuentro entre una experiencia teatral nacida de la revuelta social chilena de 2019 y un país cuya propia historia ha obligado al teatro a preguntarse, durante décadas, por la violencia, el poder, la memoria y los límites del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá el escenario colombiano sea, por eso mismo, un lugar especialmente fértil para esta conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquellos ocho cuerpos que marchan, obedecen, se tensan y se transforman sobre el escenario no son solamente cuerpos chilenos. Son cuerpos que nos permiten reconocernos en nuestras propias preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Hasta dónde puede llegar la autoridad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quién controla a quienes tienen el poder de ejercer la fuerza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué ocurre cuando la obediencia comienza a reemplazar el juicio?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Y qué sucede con una sociedad cuando termina acostumbrándose a la violencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Oasis de la impunidad</em>&nbsp;no parece tener respuestas definitivas para esas preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea precisamente su virtud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teatro no siempre tiene que explicarnos el mundo. A veces basta con obligarnos a mirarlo de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en un país como Colombia, donde tantas veces hemos tenido que aprender a vivir después de la violencia, quizá no haya nada más necesario que volver a mirar esos cuerpos y preguntarnos, antes de que caiga el telón, qué hacemos con la fuerza que hemos puesto en sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132994</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 23:34:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_3652.jpeg?w=700" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Oasis de la impunidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/aqui-descansa-mi-cabecita-rota-by-t-d-m/</link>
        <description><![CDATA[<p>“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral *&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo. El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“EXPOSICIÓN: &#8220;AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by TITO&nbsp;&nbsp;Del Moral</p>



<p class="wp-block-paragraph">*&#8221;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221;* no es una exposición sobre la enfermedad. Es una exposición sobre el cuerpo que aprende a ser archivo de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido propuesto es el de un cuerpo que lleva más de 10 años conviviendo con dolor crónico dorsal y con un diagnóstico psiquiátrico de bipolaridad. Un cuerpo que toma bupropión todas las mañanas desde hace 3 años, que bordó porque no se podía levantar, y que convirtió su almohada amarillenta de sudor y lágrimas en escultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda la obra de TITO está atravesada por una misma materia: el hilo. *La exposicion presenta 15 obras que revelan la intimidad de un ser que fluye arte.*Pues el ARTE es ÉL…</p>



<p class="wp-block-paragraph">*La mirada sobre&nbsp;&nbsp;cada una de ellas nos lleva a dialogar con el autor y comprender su ser en cinco facetas: el cuerpo como mancha, el cuerpo dividido, el cuerpo quimico, el cuerpo carta y el cuerpo almohada.*</p>



<p class="wp-block-paragraph">*De ellas, la propuesta es descubrirlas a través de las siguientes cinco obras; advirtiendo que son solo una llave para adentrarnos en un mundo de sueños y realidades.*</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="715" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132974" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=300,210 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=768,536 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/57784032-c255-4647-8787-6c9b469970aa.jpeg?resize=1024,715 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*1. EL CUERPO COMO MANCHA &#8211; &#8220;No me puedo levantar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición abre con el grito. Una mancha roja de acuarela que no es metáfora, es sangre coagulada en papel. Aquí aparece el Tachismo, la mancha sin plan previo, emoción pura. Es el día exacto en que el cuerpo dijo no. La culpa infinita por descansar, la necesidad de trabajar como máquina para justificar la existencia. Es el derrame incontrolable frente a la ansiedad contenida.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="760" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132975" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=768,570 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/65a7eaa7-4630-429b-a838-121f4c593788.jpeg?resize=1024,760 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*2. EL CUERPO DIVIDIDO &#8211; &#8220;Bipolar&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la mancha pasamos a la figura. Dos siluetas de rodillas, enfrentadas. Una es solo contorno, la otra es bloque rojo sólido. ¿Alter ego? ¿Espejo? ¿Amante y amado? Son dos TITOS postrados, con la cabeza echada hacia atrás en un alarido mudo, con la columna doblada por la cifoesclerosis. El vapor rojo que las envuelve es la misma gasa de las otras obras, pero aquí contiene una herida psicológica. Se toman de la mano en el centro para no caer.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="728" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132976" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=300,213 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=768,546 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/de729fb4-b606-41aa-a8cc-9da99f7e870f.jpeg?resize=1024,728 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*3. EL CUERPO QUÍMICO &#8211; &#8220;Bupropión retrato&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El quiebre pop de la muestra. Si el dolor era mancha y la bipolaridad era figura, aquí el cuerpo se vuelve objeto de consumo. Un frasco de Wellbutrin dibujado con la síntesis gráfica más radical. Es un autorretrato. Warhol tomó la sopa Campbell&#8217;s y la hizo icono. TITO toma su antidepresivo atípico y lo hace cuerpo. El envase deja de ser producto y se vuelve la piel que pasa de un cuerpo a otro cada mañana. Lo banal se vuelve sagrado. Lo que lo sostiene de pie.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="761" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132977" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=300,223 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=768,571 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/b084d4ec-a1ae-4fab-af4a-eeb0c5d2a516.jpeg?resize=1024,761 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*4. EL CUERPO CARTA &#8211; &#8220;Te necesito&#8221;*</p>



<p class="wp-block-paragraph">El centro emocional de la escritura. Una tela blanca, durísima de bordar, donde cada puntada dolió. Como las planas de castigo del colegio, repite obsesivamente _te necesito te necesito_. Al principio era para otros que se fueron, para escapar de la soledad. Al final, bordando, entendió que se hablaba a sí mismo. El hilo negro se vuelve crudo y luego blanco, casi invisible. El mensaje legible se vuelve conversación interna. Los hilos sueltos que rayan la superficie son el papel arrugado, la carta que se estruja y no se envía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="953" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132979" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=300,279 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=768,715 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/ade0e078-adf1-4fab-8d38-a69b2d0e6afe.jpeg?resize=1024,953 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">*5. EL CUERPO ALMOHADA &#8211; &#8220;Acá descansa mi cabecita rota&#8221; [OBRA CENTRAL]*</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos al objeto que da título a todo. Esta almohada no es utilería. Fue usada 5 años desde que regresó de Inglaterra. Está amarilla como piel, rellena de carne, dolor, cansancio, ataques de pánico, delirios, pero también de risas y de amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un cuerpo blando y agotado que no pide permiso para existir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre ella, en letra negra y legible, está bordado: _Acá descansa mi cabecita_&#8230; y una palabra tachada con furia, en mayúscula, casi ilegible &#8211; ROTA/RATA &#8211; y reescrita debajo, en minúscula, humilde: _rota_. La sutura blanca que la cruza en vertical es la cicatriz final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si en &#8220;Te necesito&#8221; el bordado era para inmortalizar el mensaje, aquí el bordado es para hacer las paces. Para desprenderte de ser perfecto. Para inmortalizar lo que se nos enseña a esconder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">*En conjunto,* &#8220;Aquí descansa mi cabecita rota&#8221; es una cartografía de cicatrices. Una exposición cosida a mano, con tinta roja que es sangre, con hilo negro que es sutura, y con telas que son piel. No busca compasión. Busca decir: este es mi cuerpo vulnerable, este es el lugar donde descanso, y desde aquí vuelvo a ponerme de pie para seguir siendo artista.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una EXPO a transitar en un MOMENTO del MUNDO que cada dia mas requiere del ARTE para pasar malos TRAGOS que no son ninguna PINTURITA…!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132980" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg 4160w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=300,169 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=768,432 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1024,576 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=1536,864 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a58285ef-fd30-4a6a-9ebb-e102a57b0d49.jpeg?resize=2048,1152 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y como creemos que esta MUESTRA es de ANTOLOGIA a PUES DESCALZOS aquí este FINAL a toda ORQUESTA, con su PREFERIDA…</p>



<p class="wp-block-paragraph">CHAPEAU SHAK…&amp; TITO</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Shakira - Pies Descalzos, Sueños Blancos (Official HD Video)" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/eCna-hsmGUY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="646" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?w=646" alt="" class="wp-image-132981" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg 751w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=189,300 189w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/f918f2d1-93af-4718-8757-f6f18488eac1.jpeg?resize=646,1024 646w" sizes="auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132982" style="aspect-ratio:0.400390625" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=240,300 240w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=768,960 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1493.jpeg?resize=819,1024 819w" sizes="auto, (max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/IMG_1593.jpeg?w=300" alt="" class="wp-image-132983" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132970</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 19:55:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/a298231b-608d-4223-a546-37efd8b34ec8.jpeg?w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[AQUÍ DESCANSA MI CABECITA ROTA… by T.D.M]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132970</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El ciclismo: pasión que también duele</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/el-ciclismo-pasion-que-tambien-duele/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las fracturas de clavícula, muñecas y los golpes en la cara son las lesiones más comunes, tanto en ciclistas profesionales, como en recreativos. Pero detrás de las cifras hay vidas que cambian para siempre.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<div class="wp-block-post-author-name">César Augusto Penagos Collazos</div>

<div class="wp-block-post-date"><time datetime="2026-09-02T13:16:25-05:00">2 September, 2026</time></div>


<p class="wp-block-paragraph">El domingo 21 de junio de 2026, en la Autopista Norte con calle 220, un tractocamión arrolló a mi amigo. El impacto le costó las piernas. Hasta ese día era un ciclista recreativo apasionado; hoy enfrenta la vida desde otra perspectiva, con la esperanza de volver a caminar gracias a unas prótesis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://vaki.co/vaki/ay-dame-a-lograr-obtener-mis-pr-tesis"><em><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Aporta a la Vaki</mark></em></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">El día anterior, el sábado 20 de junio, habíamos compartido una ruta larga y exigente. Apenas nos encontramos para un café, sin imaginar que sería la última vez que lo vería sobre la bicicleta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>“Qué buena salida, como en los viejos tiempo”</strong>,</em> dijo Julián en la despedida cálida de ese reencuentro.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Todo puede cambiar en un instante</mark></strong></h4>



<figure class="wp-block-gallery aligncenter has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" data-id="132673" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132673" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg?resize=300,300 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg?resize=768,768 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-54.jpg?resize=1024,1024 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografía de Julián Camilo Bernal en la II etapa de la Vuelta al Tolima</em></figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo 21 de junio, Julián, profe de violín en un colegio privado de Bogotá, transitaba por la sabana de Bogotá en bicicleta, en un muy reconocido ejercicio de ‘recuperación’. Rutina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Julián recuerda que paró en Cajicá en su panadería favorita, donde compró pan de masa madre para llevar a la casa. Los recuerdos le alcanzan hasta el momento cuando pasó por el puente de Chía, que permite la conexión con la Autonorte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su memoria se vuelve a conectar dos días después, al despertar en una clínica, donde al abrir los ojos temió lo peor. <strong><em>¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí?</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los médicos le contaron que una tractomula lo había embestido en la Autonorte con calle 220 y que milagrosamente habían podido salvarle la vida. Pero, ante la gravedad de sus heridas, le habían amputados sus piernas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://vaki.co/vaki/ay-dame-a-lograr-obtener-mis-pr-tesis"><em><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Aporta a la Vaki</mark></em></a></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Podemos acatar las normas y hacer todo lo que esté a nuestro alcance para cuidarnos, pero nada nos protege de un auto que invade el carril.</strong></p>
</blockquote>



<h4 class="wp-block-heading"><strong><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Las cifras que no podemos ignorar</mark></strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Recientemente, tras la caída de Pogacar en la octava etapa de La Vuelta a España 2026, que lo obligó a abandonar la competencia, el periodista <strong>Mauricio Silva G</strong>, escribió en X: <em>“La diferencia entre futbolistas y ciclistas es que los primeros fingen que les duele y los segundos fingen que no les duele”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Parace chiste, pero el comentario apunta a la rudeza que caracteriza al ciclismo, sobre otros deportes. Si bien podemos cuidar ciertas variables que están a nuestro alcance, hay otras que no, como los atropellamientos en carretera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con un documento titulado <strong>Epidemiología de lesiones y enfermedades en todas las diciplinas del ciclismo</strong>, patrocinado por la Unión Ciclística Internacional UCI y publicado en agosto de 2025, encontramos que el ciclismo de montaña y de ruta aportan el mayor número de lesionados<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" data-id="132674" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Copilot_20260902_113944.png?w=650" alt="" class="wp-image-132674" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Copilot_20260902_113944.png 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Copilot_20260902_113944.png?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Copilot_20260902_113944.png?resize=768,512 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Copilot_20260902_113944.png?resize=1024,683 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><strong>Nota:</strong> Las fracturas de clavícula, muñeca, mano y abrasiones son las lesiones más comunes en ciclistas profesionales y aficionados. <strong>Tabla</strong> – Elaboración propia.</figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">A lo anterior, es necesario agregarle las lesiones y muertes por choques con motocicletas, autos, buses y camiones. Solamente en Bogotá, el año pasado el Observatorio de la Movilidad de la Alcaldía de Bogotá reportó 58 fallecimientos de ciclistas y más de 1700 lesionados.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="538" width="1024" data-id="132675" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Observatorio-Secretaria-Movilidad-Bogota.png?w=650" alt="" class="wp-image-132675" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Observatorio-Secretaria-Movilidad-Bogota.png 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Observatorio-Secretaria-Movilidad-Bogota.png?resize=300,158 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Observatorio-Secretaria-Movilidad-Bogota.png?resize=768,403 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Observatorio-Secretaria-Movilidad-Bogota.png?resize=1024,538 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><strong>Datos del Observatorio de Movilidad de Bogotá</strong>, pie de página 3</figcaption></figure>
</figure>



<h4 class="wp-block-heading"><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong>Algunos casos conocidos</strong></mark></h4>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="696" height="392" data-id="132676" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/XFGT46OXUNCCRCSDKNFHL6XPH4-696x392-1.jpeg" alt="" class="wp-image-132676" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/XFGT46OXUNCCRCSDKNFHL6XPH4-696x392-1.jpeg 696w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/XFGT46OXUNCCRCSDKNFHL6XPH4-696x392-1.jpeg?resize=300,169 300w" sizes="auto, (max-width: 696px) 100vw, 696px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Imagen tomada del sitio web Noticias Ahora<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><strong>[4]</strong></a></em></figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Egan Bernal:</strong> chocó contra un bus en la Autopista Norte, en Gachancipá, el 24 de enero de 2022. Tuvo más de 20 fracturas. No sólo se salvó de quedar parapléjico, sino que a finales de ese mismo año volvió a competir.</p>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-5 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" data-id="132686" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132686" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg 1366w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg?resize=300,300 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg?resize=768,768 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/431495470_2210973272597274_1364438556845502596_n.jpg?resize=1024,1024 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografía de Carolina Munevar tomada de ORFETV.COM.<a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-sinfonia-del-pedal/el-ciclismo-pasion-que-tambien-duele/#_ftn1"><strong>[5]</strong></a></em></figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Daniela Carolina Munévar Flórez:</strong> Una promesa del ciclismo juvenil, perteneciente a la escuela de Rafael Antonio Niño, fue arrollada por un camión en una vía de Duitama, en abril de 2014. Las lesiones produjeron la amputación de su pierna izquierda.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color"><strong>La fortaleza espiritual de Julián</strong></mark></h4>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="686" width="1024" data-id="132719" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-324-edited-3.jpg" alt="" class="wp-image-132719" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-324-edited-3.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-324-edited-3.jpg?resize=300,201 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-324-edited-3.jpg?resize=768,514 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-324-edited-3.jpg?resize=1024,686 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografía de Julián Camilo Bernal en una pirámide Maya del Parque Nacional Yazha Nakum- Naranjo &#8211; Guatemala, marzo de 2026.</em></figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">Han pasado un poco más de dos meses de la tragedia de Julián. Familiares, amigos y conocidos hemos transitado desde la conmoción, pasando por la comprensión y la ayuda, hasta llegar a la aceptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tres semanas después del accidente lo visité en la UCI del Hospital Fundación San Carlos, donde había sido remitido luego de la amputación de sus piernas en la Clínica Colina, centro asistencial al que fue trasladado esa mañana trágica del domingo 21 de junio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa primera visita coincidí con su traslado de la UCI a piso. Para ese momento, Julián ya había publicado un video inverosímil en Instagram contando la historia y mostrando la amputación sufrida, como si se tratara de un raspón más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su actitud increíblemente esperanzadora parte de una madurez insospechada en alguien de 32 años: esa actitud deliberada de valorar lo que tenemos sobre lo que nos falta. Por duro que parezca Julián, agradece a Dios tener una segunda oportunidad. Estuvo muy cerca de morir.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">La montaña más difícil de escalar</mark></strong></h4>



<figure class="wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-7 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex">
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="990" data-id="132691" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-48-edited.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132691" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-48-edited.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-48-edited.jpg?resize=290,300 290w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-48-edited.jpg?resize=768,794 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-08-30-16-50-48-edited.jpg?resize=990,1024 990w" sizes="auto, (max-width: 990px) 100vw, 990px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Fotografía de Julián interpretando su violín en la Fundación San Ignacio, dos meses después de la amputación.</em></figcaption></figure>
</figure>



<p class="wp-block-paragraph">Viktor Emil Frankl en su libro <strong><em>El hombre en busca de sentido</em></strong> remarca que lo que más importa es tener un propósito para existir. En el caso de Julián ese propósito es simple: volver a recuperar la movilidad para caminar y ascender montañas, a pie y en bicicleta, como lo hizo durante muchos años antes del accidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ahora, está en una etapa de sanación, que se ha tomado más tiempo de lo esperado a causa de un par de bacterias alojadas en la herida de su pierna derecha y que combaten día y noche los especialistas de la Fundación San Ignacio, el hospital que lo recibió recientemente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han sido dos meses de combate permanente con el dolor, pues luego de la amputación ha tenido cerca de 10 operaciones adicionales. En este lapso, el ambiente ha sido el de hospital: jeringas, medicamentos, camillas y quirófanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De repente, Julián ha podido superar en gran medida el dolor <strong>neuropático</strong>, tal vez, uno de los dolores más fuertes que puede experimentar un humano y que por consiguiente exige el uso de sedantes potentes. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La etapa de la adaptación protésica (uso de prótesis) tardará un poco, pero desde ya Julián está recaudando los fondos, pues estas ayudas tecnológicas pueden costar entre 400 y 600 millones de pesos.</p>



<h4 class="wp-block-heading"><strong><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Vaki</mark></strong></h4>



<p class="wp-block-paragraph">Al respecto, los padres de familia del colegio donde trabaja Julián lanzaron una vaki mediante la cual recaudaron una suma importante y a través de la cual brilló una inmensa y hermosa solidaridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy Julián necesita nuestra ayuda. Ha iniciado una nueva vaki para reunir fondos y comprar las prótesis que le devolverán movilidad y esperanza. Únete a la causa: dona y sé parte de su nueva oportunidad de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://vaki.co/vaki/ay-dame-a-lograr-obtener-mis-pr-tesis"><em><mark style="color:#0693e3" class="has-inline-color">Aporta a la Vaki</mark></em></a></p>



<h5 class="wp-block-heading">Nota</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Este escrito hace un llamado a conciencia sobre los peligros del ciclismo. En medio de nuestra pasión deportiva se nos olvida que es un milagro regresar sanos y salvos a casa después de pedalear cientos de kilómetros. Ningún riesgo vale la pena. En medio de tanta dicha, también se nos olvida que es nuestra familia y casi nadie más, la que siempre estará para auxiliarnos. Por supuesto, esta publicación es un llamado a todos los conductores de autos, camiones y buses: ningún ciclista merece la muerte, a todos nos esperan en casa.</p>



<ul class="wp-block-social-links aligncenter is-layout-flex wp-block-social-links-is-layout-flex"><li class="wp-social-link wp-social-link-instagram wp-block-social-link"><a href="https://www.instagram.com/la_sinfonia_del_pedal/" class="wp-block-social-link-anchor"><svg width="24" height="24" viewBox="0 0 24 24" version="1.1" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" aria-hidden="true" focusable="false"><path d="M12,4.622c2.403,0,2.688,0.009,3.637,0.052c0.877,0.04,1.354,0.187,1.671,0.31c0.42,0.163,0.72,0.358,1.035,0.673 c0.315,0.315,0.51,0.615,0.673,1.035c0.123,0.317,0.27,0.794,0.31,1.671c0.043,0.949,0.052,1.234,0.052,3.637 s-0.009,2.688-0.052,3.637c-0.04,0.877-0.187,1.354-0.31,1.671c-0.163,0.42-0.358,0.72-0.673,1.035 c-0.315,0.315-0.615,0.51-1.035,0.673c-0.317,0.123-0.794,0.27-1.671,0.31c-0.949,0.043-1.233,0.052-3.637,0.052 s-2.688-0.009-3.637-0.052c-0.877-0.04-1.354-0.187-1.671-0.31c-0.42-0.163-0.72-0.358-1.035-0.673 c-0.315-0.315-0.51-0.615-0.673-1.035c-0.123-0.317-0.27-0.794-0.31-1.671C4.631,14.688,4.622,14.403,4.622,12 s0.009-2.688,0.052-3.637c0.04-0.877,0.187-1.354,0.31-1.671c0.163-0.42,0.358-0.72,0.673-1.035 c0.315-0.315,0.615-0.51,1.035-0.673c0.317-0.123,0.794-0.27,1.671-0.31C9.312,4.631,9.597,4.622,12,4.622 M12,3 C9.556,3,9.249,3.01,8.289,3.054C7.331,3.098,6.677,3.25,6.105,3.472C5.513,3.702,5.011,4.01,4.511,4.511 c-0.5,0.5-0.808,1.002-1.038,1.594C3.25,6.677,3.098,7.331,3.054,8.289C3.01,9.249,3,9.556,3,12c0,2.444,0.01,2.751,0.054,3.711 c0.044,0.958,0.196,1.612,0.418,2.185c0.23,0.592,0.538,1.094,1.038,1.594c0.5,0.5,1.002,0.808,1.594,1.038 c0.572,0.222,1.227,0.375,2.185,0.418C9.249,20.99,9.556,21,12,21s2.751-0.01,3.711-0.054c0.958-0.044,1.612-0.196,2.185-0.418 c0.592-0.23,1.094-0.538,1.594-1.038c0.5-0.5,0.808-1.002,1.038-1.594c0.222-0.572,0.375-1.227,0.418-2.185 C20.99,14.751,21,14.444,21,12s-0.01-2.751-0.054-3.711c-0.044-0.958-0.196-1.612-0.418-2.185c-0.23-0.592-0.538-1.094-1.038-1.594 c-0.5-0.5-1.002-0.808-1.594-1.038c-0.572-0.222-1.227-0.375-2.185-0.418C14.751,3.01,14.444,3,12,3L12,3z M12,7.378 c-2.552,0-4.622,2.069-4.622,4.622S9.448,16.622,12,16.622s4.622-2.069,4.622-4.622S14.552,7.378,12,7.378z M12,15 c-1.657,0-3-1.343-3-3s1.343-3,3-3s3,1.343,3,3S13.657,15,12,15z M16.804,6.116c-0.596,0-1.08,0.484-1.08,1.08 s0.484,1.08,1.08,1.08c0.596,0,1.08-0.484,1.08-1.08S17.401,6.116,16.804,6.116z"></path></svg><span class="wp-block-social-link-label screen-reader-text">Instagram</span></a></li>

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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Publicación de Mauricio Silva G en X <a href="https://x.com/msilvaazul/status/2093766997246935227?s=20">https://x.com/msilvaazul/status/2093766997246935227?s=20</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Epidemiology of injury and illness across all the competitive cycling disciplines: a systematic review and meta- analysis <a href="https://bmjopensem.bmj.com/content/bmjosem/11/3/e002364.full.pdf">https://bmjopensem.bmj.com/content/bmjosem/11/3/e002364.full.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[3]</a> Observatorio de Movilidad de Bogotá <a href="https://observatorio.movilidadbogota.gov.co/tableros/siniestralidad-vial">https://observatorio.movilidadbogota.gov.co/tableros/siniestralidad-vial</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[4]</a> «Es volver a nacer» Primeras palabras de Egan Bernal tras accidente. Noticias Ahora. 7 de febrero de 2022 <a href="https://noticias-ahora.com/egan-bernal-volvio-a-nacer-grave-accidente/">https://noticias-ahora.com/egan-bernal-volvio-a-nacer-grave-accidente/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[5]</a> La ciclista boyancese Carolina Munévar obtuvo medalla de bronce en el Mundial de Pista. Marzo de 2024 <a href="https://www.orfetv.com/2024/03/22/la-ciclista-boyancese-carolina-munevar-obtuvo-medalla-de-bronce-en-el-mundial-de-pista/">https://www.orfetv.com/2024/03/22/la-ciclista-boyancese-carolina-munevar-obtuvo-medalla-de-bronce-en-el-mundial-de-pista/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>César Augusto Penagos Collazos</author>
                    <category>La Sinfonía del Pedal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132669</guid>
        <pubDate>Wed, 02 Sep 2026 18:16:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Diseno-sin-titulo.png?w=1200" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El ciclismo: pasión que también duele]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">César Augusto Penagos Collazos</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132669</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La conjetura de Euler y el artículo más corto de la historia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/la-conjetura-de-euler-y-el-articulo-mas-corto-de-la-historia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La historia de la conjetura de Euler ilustra, con una nitidez admirable, cómo incluso las intuiciones de los más grandes matemáticos pueden verse desafiadas por la evidencia.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Indudablemente, el matemático suizo Leonhard Euler (1707–1783), reconocido como el más prolífico de la historia, realizó aportes trascendentales en múltiples ramas y resolvió problemas de enorme profundidad. También formuló otros que llevan ese sello de genialidad tan característico de su obra. Sin embargo, en esa misma labor de proponer nuevos desafíos, su intuición no siempre lo condujo por el camino acertado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo de ello es la célebre <em>conjetura de Euler</em>, formulada en 1769, según la cual, para todo <math data-latex="n&gt;2"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>&gt;</mo><mn>2</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n&gt;2</annotation></semantics></math>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">«<em>No existen </em><math data-latex="n-1"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>−</mo><mn>1</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n-1</annotation></semantics></math><em> números cuyas potencias </em><math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math><em>-ésimas sumen otra potencia </em><math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math><em>-ésima</em>».</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ser cierta, esta afirmación implicaría, entre otras cosas, que tres números elevados a la cuarta potencia no pueden sumar otro número también elevado a la cuarta potencia. En otras palabras, la ecuación</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="a^4 + b^4 + c^4 = d^4"><semantics><mrow><msup><mi>a</mi><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mi>b</mi><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mi>c</mi><mn>4</mn></msup><mo>=</mo><msup><mi>d</mi><mn>4</mn></msup></mrow><annotation encoding="application/x-tex">a^4 + b^4 + c^4 = d^4</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">no tendría soluciones enteras positivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y del mismo modo, tampoco las tendría, por ejemplo, la ecuación</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="a_1^7 + a_2^7 + a_3^7 + a_4^7 + a_5^7 + a_6^7 = b^7,"><semantics><mrow><msubsup><mi>a</mi><mn>1</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>+</mo><msubsup><mi>a</mi><mn>2</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>+</mo><msubsup><mi>a</mi><mn>3</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>+</mo><msubsup><mi>a</mi><mn>4</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>+</mo><msubsup><mi>a</mi><mn>5</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>+</mo><msubsup><mi>a</mi><mn>6</mn><mn>7</mn></msubsup><mo>=</mo><msup><mi>b</mi><mn>7</mn></msup><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">a_1^7 + a_2^7 + a_3^7 + a_4^7 + a_5^7 + a_6^7 = b^7,</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">pues la conjetura sostiene que no existen <math data-latex="n-1"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>−</mo><mn>1</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n-1</annotation></semantics></math> potencias <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math>-ésimas que sumen otra potencia <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math>-ésima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta conjetura de Euler parece inspirada en el último teorema de Fermat, que afirma que la ecuación</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="x^n + y^n = z^n"><semantics><mrow><msup><mi>x</mi><mi>n</mi></msup><mo>+</mo><msup><mi>y</mi><mi>n</mi></msup><mo>=</mo><msup><mi>z</mi><mi>n</mi></msup></mrow><annotation encoding="application/x-tex">x^n + y^n = z^n</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">no admite soluciones enteras positivas cuando <math data-latex="n &gt; 2"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>&gt;</mo><mn>2</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n &gt; 2</annotation></semantics></math>. La idea de Euler extiende, en cierto sentido, este fenómeno: si dos potencias <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math>-ésimas no pueden sumar otra potencia <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math>-ésima, quizá tampoco puedan hacerlo <math data-latex="n-1"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>−</mo><mn>1</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n-1</annotation></semantics></math> de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, a diferencia del último teorema de Fermat, la conjetura de Euler resultó ser falsa. En 1966, Lander y Parkin hallaron un contraejemplo que derriba por completo su afirmación: un solo caso basta para invalidarla, y este es tan sorprendente como elegante —cuatro quintas potencias que suman exactamente otra quinta potencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="27^5 + 84^5 + 110^5 + 133^5 = 144^5."><semantics><mrow><msup><mn>27</mn><mn>5</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>84</mn><mn>5</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>110</mn><mn>5</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>133</mn><mn>5</mn></msup><mo>=</mo><msup><mn>144</mn><mn>5</mn></msup><mi>.</mi></mrow><annotation encoding="application/x-tex">27^5 + 84^5 + 110^5 + 133^5 = 144^5.</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir, la conjetura es falsa, ya que se ha encontrado un contraejemplo para un cierto valor de <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math>, concretamente <math data-latex="n=5"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>=</mo><mn>5</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n=5</annotation></semantics></math>. Este ejemplo contradice directamente la formulación de Euler, según la cual “<em>se requieren al menos</em> <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math><em> potencias </em><math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math><em>-ésimas para obtener una suma que sea otra potencia </em><math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math><em>-ésima cuando </em><math data-latex="n &gt; 2"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>&gt;</mo><mn>2</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n &gt; 2</annotation></semantics></math>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta conjetura —y el contraejemplo encontrado por Lander y Parkin— tiene un ingrediente adicional que la hace aún más fascinante. El artículo donde se publica el resultado que demuestra que la conjetura de Euler es falsa es considerado el artículo más corto aparecido en una revista matemática de alto prestigio: ocupa un solo párrafo, compuesto por dos frases, y contiene una única referencia bibliográfica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es la imagen de página de la prestigiosa revista “<em>Bulletin of the American Mathematical Society. </em><a href="http://www.ams.org/journals/bull/1966-72-06/S0002-9904-1966-11654-3/S0002-9904-1966-11654-3.pdf"><em>72: 1079, 1966</em></a>) en la que aparece la publicación:</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="527" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-11-a-las-12.44.44-p.m.png?w=650" alt="" class="wp-image-132910" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-11-a-las-12.44.44-p.m.png 1430w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-11-a-las-12.44.44-p.m.png?resize=300,154 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-11-a-las-12.44.44-p.m.png?resize=768,395 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-11-a-las-12.44.44-p.m.png?resize=1024,527 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero continuando con la exploración de la conjetura de Euler, podría pensarse que aún sería válida para <math data-latex="n=4"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>=</mo><mn>4</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n=4</annotation></semantics></math>. Sin embargo en 1986, Noam Elkies se encargó de refutarla también para este caso, al descubrir el siguiente contraejemplo mediante un método ideado por él mismo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="2682440^4 + 15365639^4 + 18796760^4 = 20615673^4"><semantics><mrow><msup><mn>2682440</mn><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>15365639</mn><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>18796760</mn><mn>4</mn></msup><mo>=</mo><msup><mn>20615673</mn><mn>4</mn></msup></mrow><annotation encoding="application/x-tex">2682440^4 + 15365639^4 + 18796760^4 = 20615673^4</annotation></semantics></math>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente, en 1988, Roger Frye, utilizando las técnicas sugeridas por Elkies, encontró el contraejemplo más pequeño para <math data-latex="n=4"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>=</mo><mn>4</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n=4</annotation></semantics></math>:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="95800^4 + 217519^4 + 414560^4 = 422481^4."><semantics><mrow><msup><mn>95800</mn><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>217519</mn><mn>4</mn></msup><mo>+</mo><msup><mn>414560</mn><mn>4</mn></msup><mo>=</mo><msup><mn>422481</mn><mn>4</mn></msup><mi>.</mi></mrow><annotation encoding="application/x-tex">95800^4 + 217519^4 + 414560^4 = 422481^4.</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos sorprendentes contraejemplos revelan la riqueza y la complejidad de las ecuaciones diofánticas. No solo resuelven una conjetura formulada hace más de dos siglos, sino que también muestran la vitalidad de la matemática: una disciplina donde las ideas más brillantes pueden afianzarse o refutarse con un único ejemplo fruto de nuevas ideas, técnicas y herramientas que amplían su desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131038</guid>
        <pubDate>Tue, 01 Sep 2026 21:48:31 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Anno.jpg?w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La conjetura de Euler y el artículo más corto de la historia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131038</post-id>    </item>
        <item>
        <title> Javier Giraldo Moreno, S. J: Una vida ejemplar y una obra inmortal</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/javier-giraldo-moreno-s-j-una-vida-ejemplar-y-una-obra-inmortal/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ese legado inmortal como defensor inclaudicable de los derechos humanos, lo forjó el padre Giraldo junto a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, resistiendo con el poder de la organización, la palabra y la espiritualidad los embates de todos los actores armados, junto a la entonces alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Si de alguien puede decirse que su vida fue ejemplar y dejó para la posteridad una obra inmortal, es del sacerdote Javier Giraldo Moreno, S. J<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>, fallecido a sus 82 años, la semana pasada en Bogotá. Su vida fue un testimonio ejemplar por su coherencia, valor y compromiso con la promoción y defensa de los Derechos Humanos, asumidos desde una espiritualidad cristiana terrenal, fraternal y solidaria. Una espiritualidad inspirada por el sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, para quien, más allá de sus disputas metafísicas en torno a la fe y la inmortalidad del alma, que entonces sostuvo con los jerarcas de la Iglesia Católica, afirmó que aquello que lo desvelaba y sublevaba era la mortalidad del hambre, más que la inmortalidad del alma. Pues la primera debería y podía evitarse en lugar de refugiarse en una fe sin vida, como lo hacían millones de católicos para asegurarse la inmortalidad de su alma. Por eso, siendo el padre Camilo capellán en la Universidad Nacional &#8211;contaba el padre Javier en su última entrevista con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>-—lo que más le sorprendía a Camilo era que quienes asistían a sus misas casi nunca lo acompañaban en sus visitas de solidaridad y caridad cristiana a los barrios populares de Bogotá, mientras que los estudiantes que no asistían a la misa del mediodía sí lo acompañaban en apoyo a sus obras con las Juntas de Acción Comunal. Entonces, concluía Camilo: “<strong><em>Los que aman no tienen fe y los que tienen fe no aman”</em></strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los Derechos Humanos como Fe</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El padre Javier Giraldo asumió ese desafío y contradicción teológica desde su dimensión más secular, articulando la promoción y defensa de los Derechos Humanos con la vida y dignidad de todas las personas y comunidades, especialmente de aquellas que sufren la vulneración violenta de sus derechos fundamentales. Por eso, su obra es también un legado inmortal y pertenece a todas las comunidades y personas que afirman su dignidad y rechazan radical y civilmente a quienes vulneran sus derechos e identidades. Vulneración que suele perpetrarse en defensa de un orden político sin justicia y en aras de mayor seguridad para la prosperidad de minorías o, peor aún, que es violentamente ejecutada por aquellos que reivindican y luchan por la justicia social sin respetar la vida, libertad y dignidad de las personas y comunidades que dicen representar. Con radicalidad, entonces, se consagró el padre Giraldo a defender los cuerpos de todas las víctimas para así también conservar y quizá salvar sus almas. De allí su compromiso vital con la Comunidad campesina de San José de Apartadó, asediada, atacada y ultrajada violentamente por todos los actores armados del conflicto, precisamente por su empeño pacífico y civilista de no dejarse arrastrar por esa vorágine de violencias aniquiladoras y consolidar su autonomía. Autonomía que no debe confundirse con neutralidad, pues la Comunidad siempre afirmó y defendió sus derechos, como continúa haciéndolo hasta hoy. Derechos inclaudicables a una vida libre, digna y justa, es decir, disfrutada con plena vigencia de los Derechos Humanos en su dimensión integral: civil, política, social, económica, cultural y ecológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Derechos Humanos como Paz y Democracia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así los asumió y promovió siempre el padre Giraldo, más allá de las incomprensiones y descalificaciones maniqueas de gobernantes y políticos de extrema derecha, que lo tildaban de solo defender los “izquierdos humanos”. Una sindicación completamente absurda, pues la misma Constitución en su artículo 95, numeral 4, nos señala como un deber de todos los colombianos: <strong><em>“Defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica”</em></strong><em>,</em> en consonancia con el artículo 22, complemento imprescindible para la existencia de la democracia: <strong><em>“La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”</em></strong>. Porque mientras persista la violencia política, más allá de las motivaciones o intereses de sus perpetradores, sean estos la pura codicia, la rebelión o ambas juntas, y a ella se le sume la respuesta militar y represiva del Estado como la única solución milagrosa para contener o eliminar a los “terroristas”, incluso con la ayuda de Cristo Rey, los derechos humanos inevitablemente seguirán siendo violados y conculcados. Ya sucedió con los exitosos miles de “falsos positivos” de la “seguridad democrática”, cuando se nos anunciaba que faltaba poco para “matar la culebra”. Así llevamos más de medio siglo y continuará sucediendo, como ya lo empezamos a ver con los eficaces bombardeos de las Fuerzas Militares, que en estas tres semanas de la “Patria Milagro” dejan al menos 4 menores de edad sin vida. Y la cifra seguirá creciendo, pues se calcula que han sido reclutados más de mil menores de edad por organizaciones cuyos comandantes no solo son criminales de guerra, sino que carecen del más mínimo honor y valor militar, pues los utilizan como escudos y carne de cañón para salvaguardar sus vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Estado y Derechos Humanos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso el padre Giraldo siempre sostuvo que el primer responsable de la vigencia, promoción y defensa de los derechos humanos es el Estado<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, pues éste históricamente surgió precisamente para proclamarlos y garantizarlos, como aparece ya en la Declaración del 26 de agosto de 1789 de la Asamblea Nacional Francesa, en su artículo 2: <em>“La finalidad de toda <strong>asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre</strong>. Estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”.</em> Esa Asociación Política hoy la conocemos, en nuestra Constitución, con el nombre de Estado Social de derecho<em>.</em> De otra parte, sustentado también en la declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948, en donde se reafirma que es <em>“esencial que los <strong>derechos humanos</strong> sean <strong>protegidos por un régimen de Derecho</strong>, a fin de que el hombre no se vea <strong>compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”</strong></em>, el padre Giraldo consideró que históricamente se podía explicar, lo que no significa justificar y menos legitimar, el surgimiento de las guerrillas en Colombia hacia 1964. Lo hizo en su ensayo: <em>Aportes sobre el origen del conflicto armado en Colombia, su persistencia y sus impactos</em> (páginas 423 a 467) en el libro<em>: Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia</em>, más conocido como <em>Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas</em>. Pero su rechazo radical a la legitimación o justificación de la violencia armada, independiente de la identidad del actor responsable de la misma y de sus razones, motivaciones o intereses, fue demostrada con su compromiso, acompañamiento y defensa permanente de la comunidad campesina de San José de Apartadó. Ese compromiso lo realizó sin escatimar los riesgos para su propia vida, denunciando los crímenes y llevando ante la justicia a sus presuntos responsables. Así sucedió con el general (r) Rito Alejo del Rio, condenado en 2012 a 25 años y 10 meses de prisión por el caso del asesinato del líder social chocoano Marino López en 1997. <em>“En el fallo se sostiene que la operación “Génesis” y las actuaciones paramilitares fueron una única unidad de propósitos entre la brigada 17 y los paramilitares de las AUC y que formaba parte de una estrategia de consolidación paramilitar, toma de territorios y sometimiento de un enemigo común”</em><a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>. En contraste con esta decisión judicial, el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez, consideraba que <strong><em>“nadie mejor que el general Del Río comprendió que a Urabá había llegado la hora de la paz, el Estado, y a fe que avanzó notablemente</em></strong>”, siendo por ello condecorado y llamado <strong><em>“el pacificador de Urabá”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>San José de Apartado, enclave de espiritualidad terrenal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese legado inmortal como defensor inclaudicable de los derechos humanos, lo forjó el padre Giraldo junto a la Comunidad de San José de Apartadó, resistiendo con el poder de la organización, la palabra y la espiritualidad los embates de todos los actores armado, junto a la entonces alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas. Lo hicieron con eficacia mediante la denuncia pública y judicial veraz de todas las agresiones y violaciones perpetradas por los distintos actores armados contra la vida, bienes y autonomía civil de sus pobladores, campesinos y campesinas. Comunidad que hasta el día de hoy persiste con valor en ese empeño, convertida en un enclave de espiritualidad terrenal. Para comprender mejor ese alcance de civilidad y las profundidades de esa espiritualidad telúrica, arraigada en San José de Apartado y sustentada en la secularidad de los derechos humanos a través de la defensa de la paz y la democracia, nada mejor que consultar y leer los escritos del padre Javier Giraldo en su portal <strong><em>Desde los Márgenes</em></strong>: <a href="https://www.javiergiraldo.org/">https://www.javiergiraldo.org/</a> y la gesta de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó: <a href="https://www.cdpsanjose.org/">https://www.cdpsanjose.org/</a> .</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Giraldo">https://es.wikipedia.org/wiki/Javier_Giraldo</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://unidadbusqueda.gov.co/actualidad/javier-giraldo-padre-homenaje-buscador-humanitario-agosto-2026/">https://unidadbusqueda.gov.co/actualidad/javier-giraldo-padre-homenaje-buscador-humanitario-agosto-2026/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/javier-giraldo-cuando-el-aparato-de-estado-es-rechazado-por-su-corrupcion-o-injusticia/">https://www.elespectador.com/colombia-20/javier-giraldo-cuando-el-aparato-de-estado-es-rechazado-por-su-corrupcion-o-injusticia/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.justiciaypazcolombia.com/26-anos-de-condena-al-general-r-rito-alejo-del-rio/">https://www.justiciaypazcolombia.com/26-anos-de-condena-al-general-r-rito-alejo-del-rio/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132640</guid>
        <pubDate>Tue, 01 Sep 2026 21:40:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/JAVIER-GIRALDO-HN25HCYURJAS5MFC7TJNEGJZ4Y.jpeg?w=920" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[ Javier Giraldo Moreno, S. J: Una vida ejemplar y una obra inmortal]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132640</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El Abelardo De La Espriella que hemos visto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-abelardo-de-la-espriella-que-hemos-visto/</link>
        <description><![CDATA[<p>Abelardo De La Espriella en su primer mes de gobierno no ha mostrado mayor gestión más allá de anuncios y show.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Desde ya se escuchan las voces de fanáticos y aficionados que aseguran que, en apenas dos semanas, el gobierno de Abelardo De La Espriella ha hecho más por Colombia que Gustavo Petro en cuatro años. Una de esas voces es la de Sara Castellanos, senadora del movimiento Salvación Nacional, quien lanzó semejante perla en medio de un debate durante la reciente convención de Asobancaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es comprensible que la congresista se atreva a decir una mentira de semejante tamaño. Si no lo hace, quizá sus jefes políticos podrían llamarla a juicio y, muy seguramente, no saldría bien librada. Pero Colombia no está compuesta por una multitud de ingenuos dispuestos a tragarse entero cuanto les sirvan desde los balcones del poder. Y aunque es cierto que el gobierno Petro no se caracterizó precisamente por ser un ejemplo de eficiencia ni por dejar un legado extraordinario, también lo es que Abelardo De La Espriella, hasta ahora, tampoco se ha esforzado demasiado por demostrar una capacidad de gestión, una visión de Estado o una inteligencia política capaces de sacar adelante a un país agobiado por tragedias, problemas estructurales y enormes desafíos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta el momento, lo que hemos visto es a un Abelardo De La Espriella más preocupado por rodearse de una secta de aduladores que por construir hojas de ruta coherentes con las necesidades reales del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo vimos coronando la imagen de la Virgen María con la misma devoción farisea con la que puso la educación del país en manos de la Biblia cristiana de <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/el-adoctrinamiento-de-viviane-morales/">Viviane Morales</a></strong>. Todo muy solemne, muy piadoso y muy fotogénico, como si gobernar consistiera en producir estampitas mientras los problemas de fondo esperan turno en la sacristía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos, además, a un Abelardo que proclama querer ejecutar un gobierno austero, pero que parece no tener la menor intención de ponerle freno a sus extravagancias y excentricidades, esas mismas que lo hacen parecer como supercorroncho con presupuesto público y afición por los reflectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También tenemos al Abelardo que, durante su discurso, prometió respetar las diferencias, pero que se molesta cuando descubre que alguien tuvo, así fuera de manera remota, algún vínculo con el gobierno de Gustavo Petro. Entonces, de repente, las capacidades profesionales, la experiencia y los méritos dejan de importar. Basta con que alguien huela ligeramente a Petro para que sea considerado sospechoso y quede con un pie fuera de la puerta. Qué manera tan peculiar de entender la pluralidad: respetar las diferencias, siempre y cuando las diferencias piensen exactamente como él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo parece importarle a De La Espriella es la adulación. Necesita que a su alrededor haya personas dispuestas a asentir, a aplaudir y, si es posible, a convertir cada decisión presidencial en una epopeya histórica. Contradecirlo parece ser una especie de pecado capital. Y cuando un gobernante comienza a confundir lealtad con obediencia, crítica con traición y pluralismo con sumisión, conviene empezar a preocuparse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me aterra pensar que De La Espriella esté configurando un autoritarismo de derecha. Ya sacó del medio a Carolina Soto de la Cámara Colombiana de Infraestructura, y lo mismo ha ocurrido con otros profesionales que parecen haber cometido el imperdonable pecado de tener algún antecedente laboral o institucional relacionado con el gobierno Petro. No importa si esa vinculación obedeció al afecto político, al deber profesional o, simplemente, a que una persona capacitada aceptó trabajar para el Estado, como corresponde en cualquier democracia medianamente normal. Para el nuevo gobierno parece bastar con la sospecha ideológica para convertir la trayectoria profesional en un inconveniente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si esto hace con profesionales que han demostrado capacidad y compromiso con sus labores y que no pertenecen a su círculo de confianza, no resulta descabellado imaginar que, más temprano que tarde, comiencen las presiones contra los medios y los periodistas que nos empeñamos en ejercer el oficio de informar y criticar sin pedir permiso. Porque, aparentemente, en esta nueva república de las alabanzas, el periodista ideal no es el que pregunta, investiga o contradice, sino el que hace venias con entusiasmo y convierte cada gesto presidencial en motivo de celebración. Vicky Dávila, por ejemplo, parece tener muy claro el libreto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo verdaderamente preocupante no es que un presidente tenga seguidores entusiastas; todos los gobernantes los tienen. Lo preocupante es que empiece a rodearse exclusivamente de quienes lo adulan, a expulsar a quienes no le son políticamente cómodos y a interpretar cualquier cuestionamiento como una conspiración. Así empieza siempre el deterioro de las democracias: no necesariamente con tanques en las calles, sino con pequeñas purgas administrativas, silencios complacientes, medios domesticados y una corte de aduladores convencida de que el jefe nunca se equivoca. Al final, hasta los errores terminan convertidos en triunfos y las extravagancias en políticas de Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso conviene bajar de inmediato la música triunfalista. Un mes de gobierno no constituyen un legado, del mismo modo que dos fotografías inaugurando obras no convierten a nadie en estadista. Colombia no necesita un presidente que se pase el día demostrando que es más macho, más creyente, más austero, más patriota o más antipetrista que sus adversarios. Necesita resultados, instituciones respetadas, funcionarios escogidos por mérito, libertad de prensa y una administración capaz de entender que gobernar no es recibir aplausos. Porque si el gran logro de este gobierno termina siendo convencernos de que cualquier gesto presidencial merece una ovación, quizá no estaremos ante el milagro colombiano que sus fanáticos anuncian, sino ante algo mucho más viejo y peligroso: el culto religioso a un ídolo con pies de barro disfrazado de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por cierto</strong>, Debo reconocer que el único milagro que se ha dado en este primer mes, es que Abelardo De La Espriella ya se dio cuenta que el presidente no es el Estado, ni el Estado es el presidente. En pocas palabras, que el no es Luis XIV.</p>
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        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
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        <pubDate>Mon, 31 Aug 2026 20:25:57 +0000</pubDate>
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