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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for palabra | Blogs El Espectador</title>
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        <title>EL DISENTIMIENTO EN LA DIPLOMACIA*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/el-disentimiento-en-la-diplomacia/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Qué significa la premisa de que los funcionarios de Carrera Diplomática y Consular le sirven al Estado colombiano y no al gobierno de turno? Podría ser como decía Max Weber: “El funcionario se honra con su capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente como si respondiera a sus propias convicciones, una orden de la autoridad superior [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">¿Qué significa la premisa de que los funcionarios de Carrera Diplomática y Consular le sirven al Estado colombiano y no al gobierno de turno? Podría ser como decía Max Weber: “El funcionario se honra con su capacidad de ejecutar precisa y concienzudamente como si respondiera a sus propias convicciones, una orden de la autoridad superior que a él le parece falsa, pero en la cual, pese a sus observaciones, insiste la autoridad (&#8230;). Sin esta negación de sí mismo y esta disciplina ética en el más alto sentido de la palabra, se hundiría toda la máquina de la Administración.” Sin embargo, desde el momento en que el propio Weber entiende que para “proteger la máquina de la Administración” el funcionario debe negarse a sí mismo, la teoría pierde aplicabilidad en la realidad, entre otras razones, porque la noción de Estado en su estudio sobre los funcionarios se sitúa en el plano conceptual y no en el práctico. Por lo tanto, separar la Carrera Diplomática de sus funcionarios equivale a una creencia incompleta en realidades objetivas o universalismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos marcados por gobiernos elegidos por sus apuestas extremistas, que utilizan términos como “pragmatismo” o “neutralidad” para justificar sus políticas más radicales, la crítica a la noción weberiana del funcionario termina vinculada con la manera en que se comporta el Estado administrado por este tipo de gobiernos y, en consecuencia, con las acciones del funcionario. Por esta razón, se hace necesario reflexionar con mayor profundidad sobre lo que significa pertenecer a la Carrera Diplomática y Consular, como funcionarios que trabajan para el Estado y no para el Gobierno de turno. &nbsp;Dicho de otro modo, ¿qué implican estos términos cuando se aplican al quehacer diplomático?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la visión de algunas teorías clásicas de las relaciones internacionales, como el realismo o el liberalismo, el <em>pragmatismo</em> en el marco del ejercicio de nuestra política exterior respondería al “interés nacional”; pero este puede cambiar según las tendencias políticas tanto internas como externas a lo largo de las décadas. Hace diez años, el interés nacional estaba fuertemente definido por la salida negociada al conflicto con las FARC y el Acuerdo firmado en La Habana. Diez años después, nuestro nuevo interés nacional consiste en expandir las relaciones comerciales y regresar a una concepción de la seguridad basada en la fuerza, aparentemente alejada del concepto de seguridad humana: la ilusión de la paz por la fuerza sin importar el costo humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto lleva al primer obstáculo para la aplicación de la visión weberiana sobre el funcionario (en este caso, el de Carrera Diplomática y Consular de Colombia). Se evidencia una tensión entre la visión neutral y pragmática del Estado colombiano y una de las características principales, ampliamente analizada, de la política exterior colombiana: su presidencialismo personalista. Ante esta situación, el funcionario de Carrera no termina respondiendo a aquel aparato administrativo pragmático y neutral, sino a las órdenes dictadas por la subjetividad ideológica del Gobierno de turno. A ello se suma que el contexto en que Weber desarrolló esta idea, en 1919, no es el mismo de nuestra época. El diplomático moderno no solo adquiere habilidades administrativas y operativas; también debe ponderar sus decisiones a partir de intereses geopolíticos, amenazas y extremos ideológicos, que se disfrazan de “interés nacional”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una manera de ilustrar lo anterior en el ámbito de la política exterior colombiana es a través del logro de atraer recursos de la cooperación internacional para el cumplimiento e implementación de los Acuerdos de La Habana durante un gobierno, o el ingreso al Consenso de <a href="https://www.elespectador.com/genero-y-diversidad/las-igualadas/gobierno-de-colombia-se-adhiere-al-consenso-de-ginebra-que-cuestiona-el-derecho-al-aborto/?outputType=amp">Ginebra</a> sobre la Promoción de la salud de la Mujer y el Fortalecimiento de la Familia durante la administración de Iván Duque, su posterior retiro durante el gobierno de Gustavo Petro y finalmente su ingreso con la nueva administración de Abelardo De La Espriella. Se trata de acciones que, si bien no guardan relación entre sí, fueron ejecutadas por funcionarios públicos, incluidos los de Carrera. Pero aún falta un elemento que Weber no tiene en cuenta y que, en contextos de gobiernos ideológicamente radicales, cobra más relevancia que la obediencia: las voces de disentimiento expresadas en las esferas de influencia al interior del Estado antes de la toma de decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, al poner bajo escrutinio las palabras de Weber en nuestro contexto actual, es necesario argumentar que el funcionario no puede “despojarse de sí mismo”; por el contrario, debe hallar valor en el disentimiento y más aún, hallar el valor en la humanidad y el criterio del diplomático, en lugar de en su capacidad de seguir órdenes ciegamente. A continuación, se exponen algunos casos de disentimiento relacionados al quehacer diplomático:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>The Dissent Channel: la disidencia institucionalizada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1970 más de cincuenta funcionarios del servicio exterior de los Estados Unidos, firmaron y remitieron una carta al secretario de Estado Rodgers, en la que expresaban su <a href="https://afsa.org/state-department-dissent-channel-history-and-impact">oposición</a> a la invasión de Camboya. Como resultado de ello y de otras reformas en el Departamento de Estado, en 1971 se estableció el derecho al disentimiento. Este mecanismo de disentimiento tomó forma en 1972 y permite a los funcionarios del servicio exterior de los Estados Unidos expresar su disentimiento frente a acciones de política, ejecución de la política exterior o apelar/controvertir decisiones de política exterior ya tomadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Estados Unidos – Portugal: cuando el diplomático de carrera construye Estado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro <em>Career Diplomacy: Lofe and Work in the US Foreign Service</em>, Harry Kopp y Charles Gillespie relatan la historia del diplomático de carrera Frank Carlucci, quien fue nombrado embajador en Portugal en 1975; en un momento de volatilidad política para ese país, que se movía progresivamente hacia la izquierda. Para Washington y para el entonces secretario de Estado, Henry Kissinger, resultaba “…inaceptable la dominación de los partidos comunistas en Occidente…es difícil imaginar que uno u otro de estos partidos tome el control de los gobiernos de Occidente” y, según Kopp y Gillespie, un número considerable de diplomáticos del Departamento de Estado compartía esa visión, que conducía a restringir el apoyo económico y político de los Estados Unidos para “darles una lección”. Carlucci en cambio, argumentó vigorosamente ante el Departamento de Estado, el Congreso y, finalmente ante el propio presidente Ford que “el proceso electoral puede servir para socavar el control de los partidos comunistas en el país”. Sus esfuerzos dieron los resultados esperados y el nuevo Gobierno portugués se alineó decididamente con Occidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando la disidencia cuesta la vida: el caso de Orlando Letelier</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La disidencia no siempre conduce a la creación de un mecanismo que la regule y la permita; también puede costar la vida. En el caso de Orlando Letelier, su afiliación con el Gobierno de Salvador Allende, del que fue embajador en los Estados Unidos, lo llevó al arresto, al exilio y, finalmente fue asesinato. La comparación del caso de Letelier con los demás ejemplos aquí presentados tiene un propósito específico: es el único que se da bajo un régimen autoritario. A pesar de que Letelier nunca estuvo vinculado con la dictadura de Augusto Pinochet, esta misma se encargó de eliminar su voz disidente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando el silencio lleva al genocidio: Ruanda</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ruanda puede parecer un caso extremo, pero en un escenario global en el que se ha normalizado la masacre de civiles y donde algunos prefieren utilizar términos distintos a “genocidio” debido a las consecuencias jurídicas que acarrea, es cuando más se debe recordar el valor de la disidencia, a pesar de la supremacía del silencio. En este caso, la disidencia no trascendió a acciones concretas, pero no por eso debe dejarse de insistir en su valor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existen decenas de libros y artículos sobre el genocidio en Ruanda, sobre la insuficiencia y dilación de las acciones de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad, que contribuyeron a la masacre. Pero lo más ilustrativo para el propósito de esta columna se resume en las palabras de Prudence Bushnell, entonces subsecretaria adjunta para Asuntos Africanos del Departamento de Estado de Estados Unidos:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Se puede argumentar que, desde el punto de vista de nuestro interés nacional, hicimos todo correctamente (&#8230;) en términos del imperativo moral no me cabe duda que (sic) no hicimos lo correcto. Puedo tener una conciencia burocrática tranquila, pero mi alma quedó para siempre marcada por la</em> <a href="https://adst.org/2013/04/a-soul-filled-with-shame-the-rwandan-genocide-april-7-july-181994/"><em>vergüenza</em></a><em>.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los ejemplos mencionados no son los únicos, pero resultan ilustrativos para que como funcionarios de Carrera reflexionemos sobre el momento político que atraviesa nuestro país, el cual no surge con el gobierno actual. En el corto tiempo que llevo como funcionaria de Carrera he tenido la oportunidad de expresar mi disidencia, ya sea para buscar salarios justos, para pedir que la administración de turno no designe como embajador a una persona señalada por presunto acoso sexual, o incluso en el ejercicio mismo de la política exterior. En este punto, creo necesario señalar que una vía en la que algunos de nosotros hemos expresado nuestras posiciones siendo funcionarios, ha sido a través de espacios creados por ASODIPLO como este blog. Desde su inicio en 2016, he podido ver escritos donde no solo se evidencia la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/los-limites-de-la-audacia-lo-que-la-realidad-le-dicta-a-la-politica-exterior/">experticia</a> de mis colegas, sino su <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/ser-embajador-no-es-un-derecho-sino-una-responsabilidad-que-exige-excelencia-carta-al-senor-presidente-de-la-republica-gustavo-petro-urrego/">disidencia</a> y clamor por ser <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/carta-abierta-de-la-junta-directiva-de-la-asociacion-diplomatica-y-consular-de-colombia-sobre-la-crisis-humanitaria-en-palestina/">consecuentes</a> con nuestros principios y el respeto por&nbsp; nuestra Constitución y el derecho internacional</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, mal haría el nuevo Gobierno en atropellar la capacidad de disidencia y la diversidad de pensamiento existentes entre los diplomáticos de Carrera. El <em>pragmatismo</em> del que tanto se habla en nombre del “interés nacional” se construye sin extremos, sin descartar la diferencia de criterio y sin ignorar las consecuencias jurídicas y políticas de una decisión. Construir y trabajar para el Estado, pasa por la disidencia, la negociación y el consenso. El <em>pragmatismo</em> no consiste solo en hablar con los semejantes, sino en dialogar, entender y negociar con los diferentes. Solo para los regímenes autoritarios, como en el caso de Letelier, la disidencia es una amenaza. Colombia no es -ni puede llegar a ser- el Chile de la dictadura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un oficio extraño el de la diplomacia, pero esa extrañeza no puede separarnos de nuestra humanidad, ni reemplazarla. Si creemos en la diplomacia y en lo que nuestros antecesores han construido, sabremos encontrar la manera de promover nuestros intereses sin necesidad de callar ante las violaciones al derecho internacional o el deterior de los servicios para nuestros connacionales, ni de renunciar a la defensa de nuestros derechos laborales; y más allá, sin callar como Estado ante un genocidio, como han calificado las actuaciones de Israel en la Franja de Gaza el Comité Especial de la ONU, creado en 1968 para vigilar las <a href="https://es.wired.com/articulos/onu-califica-como-genocidio-acciones-de-israel-en-gaza">acciones</a> israelíes en los territorios ocupados en su informe del 14 de noviembre de 2024, y numerosas organizaciones y expertos, como la Asociación Internacional de Estudios sobre el Genocidio, el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio, <em>Genocide Watch</em>, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Médicos Sin Fronteras y B’Tselem, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy más que nunca es indispensable hacernos las preguntas incómodas, confrontar la desinformación y velar por la protección de nuestros derechos y por la existencia del Estado colombiano, así como evitar que la burocracia se convierta en un aparato de represión. Para quienes pertenecemos a la Carrera Diplomática, esto significa no despojarnos de nosotros mismos, sino contribuir a partir de nuestra humanidad y de nuestro criterio -en algunos casos disidente-, a la construcción de país y de un mejor futuro colectivo, más allá del Gobierno de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo, finalmente, las palabras del físico cuántico Niels Bohr: <em>“En el drama de la existencia no somos solo espectadores, sino también actores.”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">*Andrea Catalina Luque Rojas, es graduada de Wichita State University con un B.A. en Relaciones Internacionales y maestría de Asuntos Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Actualmente, Tercer secretario de Carrera diplomática en la Embajada de Colombia en Qatar</p>



<p class="wp-block-paragraph">** Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia “ASODIPLO”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134059</guid>
        <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 03:51:29 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
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        <title>Columnistas de inodoro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/columnistas-de-inodoro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Existen columnistas necesarios, del mismo modo que los hay innecesarios. ¿Hay más opinadera que opinión verdadera en Colombia? ¿Se está escribiendo cada vez más con las patas (¡perdón!), o es el síntoma de una sociedad cansada del periodismo y unos columnistas aletargados? </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right"><strong><em>​“El lector espera al columnista cada día o cada semana, pero siempre un día señalado. Su patrimonio es su firma y su prestigio consiste en ser leído”:</em> Manuel Vicent, escritor y columnista español.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del afán no quedan sino las columnas de Felipe Zuleta Lleras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay columnas de prensa que debieron quedarse en hoja en blanco, del mismo modo hay abortos periodísticos necesarios cuando la criatura viene con defectos de fábrica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Si el venerable don Luis Carlos Sarmiento Angulo —de quien antes decíamos que era el dueño de medio país, porque ahora la familia Gilinski es dueña de país y medio (sin que me conste)— me diera el poder de poner y quitar columnistas de su periódico… ¡ay Dios!, se me eriza la piel de solo pensar que por un día podría encarnar al <em>Joven Manos de Tijera</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En 2020, pleno año de la pandemia, Juan José Millás, escritor y articulista de El País de España, contó una anécdota fascinante. Tan buena que dejaré que él mismo la relate para no estropearla: <em>“El año pasado dije en una entrevista telefónica que <strong><a href="https://elpais.com/aniversario/2026-05-02/desvelos-de-articulistas-mi-sueno-es-escribir-una-columna-que-acabe-con-el-columnismo.html" data-type="link" data-id="https://elpais.com/aniversario/2026-05-02/desvelos-de-articulistas-mi-sueno-es-escribir-una-columna-que-acabe-con-el-columnismo.html">soñaba con escribir una columna tan perfecta que acabara con el columnismo del mismo modo que El Quijote acabó con las novelas de caballerías</a></strong>. La periodista entendió que soñaba con escribir una columna tan perfecta que acabara con el comunismo”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pues bien, todo esto para confesar que a mí sí me gustaría acabar con el columnismo —o, al menos, hacerle un estricto control de calidad al que ejercen ciertas plumas en Colombia—. Ya sea porque son personas monotemáticas con el mismo sirirí cada ocho días, sin el menor esfuerzo por analizar realidades distintas a sus odios personales o ideológicos (que casi siempre son una mezcla de ambos), o bien porque no aportan nada que alimente el intelecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tan de capa caída está el género que hoy basta leer un titular para salir corriendo. Cuando el título no dice nada, aplico la técnica del náufrago: leo las primeras líneas del primer párrafo y las últimas del final, para determinar si vale la pena el trayecto intermedio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​—¿Qué le está pasando al columnismo colombiano? —le pregunté el otro día a un amigo entrañable, columnista él (no comunista, que yo sepa).</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Son plumas cansadas, que llevan 30 años o más en este oficio —me respondió, y le concedí la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En consecuencia, pareciera que escriben por ósmosis, sentados en cualquier rincón de la casa —incluso en el baño, ¿por qué no?— a ver qué les sale. Creo que el inodoro está bien para leer, no para escribir; recuerdo al tío que se encerraba en el baño para leer &#8220;Selecciones&#8221; del Reager´s Digest, porque le gustaban los placeres dobles, decía. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que surge cuando alguien redacta sentado sobre el inodoro difícilmente resulta importante o decoroso; todo lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​—Pareciera que escriben mientras ca… —añadió mi amigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Cállate! —lo interrumpí antes de terminar la frase.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cuando mueran, esos columnistas no serán ejemplo de nada. O tal vez sí: un referente perfecto de lo que no debe ser un buen articulista, porque hasta de los malos se aprende para no imitarlos. Hace poco leí la columna de un periodista radial; parecía escrita a la mitad de una borrachera o en plena resaca. Un texto en piloto automático, una colcha de retazos, sin el menor respeto por el lector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Porque una cosa es escribir con independencia y cosa bien distinta la calidad de lo escrito. Si un diario como <strong>El Espectador</strong> o El Tiempo (donde escriben los columnistas más leídos del país según <em>Cifras y Conceptos</em>, aunque dudo de un estudio donde Paloma Valencia figuró como la mejor senadora sin ser ya congresista), le concede un espacio valioso a una persona para orientar a la opinión pública, lo mínimo que se debe exigir es consideración (las formas cuentan) y rigor (el fondo importa). Dicho de otro modo: para escribir sobre antropología sin ser antropólogo, como mínimo se debe investigar antes sobre el tema, a menos de que quiera pasar por charlatán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hoy en Colombia el sesgo pesa más que el rigor. La rabia al escribir le gana al respeto. Y es que hasta para ofender hay que tener porte, elegancia; sin ella, se cae irremediablemente en la vulgaridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Aceptémoslo: todo tiempo pasado fue mejor en materia de columnismo (no sé si en materia de comunismo). Antes se leía a los columnistas por necesidad y por gozo: para ilustrarse —así no se estuviera de acuerdo con ellos— o para deleitarse con la belleza de su prosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Yo era un niño cuando Lucas Caballero Calderón (Klim) escribía en <strong>El Espectador</strong>, pero de adulto me dediqué a conseguir sus libros para entender su celebridad. Tras él vinieron referentes como Antonio Caballero o Daniel Samper Pizano (papá, porque <em>hijo de tigre no siempre sale pintado</em>: Samper Ospina es una caricatura de sí mismo, según dicen quienes saben o quienes lo detestan por creer que burla y opinión caben en el mismo costal). En mis veinte, una de las columnas más leídas era <em>Contraescape</em>, de Enrique Santos Calderón en El Tiempo. Un apellido que pesaba en el periodismo —ya no— y una pluma que, con el tiempo y sin El Tiempo, ahora desde la revista Cambio, perdió su brillo. O su valentía. O ambas cualidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cualquiera de los Caballero —Antonio o Lucas, da igual— escribía columnas capaces de traspasar el tiempo: piezas exquisitas, redactadas con disciplina y a conciencia. Ya sea que les paguen o escriban gratis, el columnista tiene una responsabilidad moral, primero con su firma y luego con sus lectores. Si el cansancio lo vence, debería tener la entereza de capitular. Y los periódicos deberían tener el derecho a exigir calidad en consideración con aquellos que pagan una suscripción.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph">​<strong>El periodista David Jiménez, autor del bestseller <em>El director</em>, critica que durante años se haya endiosado, en España, a una casta de opinadores que cobran sueldos desorbitados sin ofrecer suficiente calidad literaria o analítica. Coincido con él en que la opinión debe estar subordinada a la información, la investigación o, incluso, el trabajo de campo. Vale la pena escuchar <a href="https://open.spotify.com/episode/2kaiSzXr8qf37jt387KkZ7?si=qN1XGNGkQBmWkuznaw2Ltg&amp;utm_source=whatsapp" data-type="link" data-id="https://open.spotify.com/episode/2kaiSzXr8qf37jt387KkZ7?si=qN1XGNGkQBmWkuznaw2Ltg&amp;utm_source=whatsapp">su podcast</a>.</strong> </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Sobre Lucas Caballero Calderón, su hermano Eduardo escribió una vez: <em>“Desde su primera salida epistolar […] demostró un cabal dominio del castellano. Era una maestría que papá calificaba de infusa, pues siempre desconfió de sus estudios. Podía intercalar giros y palabras de tono dialectal, de puro sabor bogotano, como el ajiaco con guascas, en frases construidas con una sintaxis impecable”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hoy, en cambio, se escribe a las carreras (por no decir a las patadas), bajo el pretexto de que la gente lee de afán. O peor aún: amparados en la creencia de que ya nadie lee. En el colmo de la desfachatez, hay columnistas que confiesan usar Inteligencia Artificial para redactar sus entregas —tal fue el caso de Felipe Zuleta Lleras—, lo que vendría a ser —recordando a mi abuela— como escribir con las patas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No podría dormir sabiendo que firmé algo escrito por la IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El afán es enemigo del buen periodismo y, por extensión, del buen columnismo. Señores columnistas: lean a sus antecesores, si no es para aprender de los verdaderos maestros, al menos para sentir un poco de vergüenza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Recuerdo a Ana María Escallón, crítica de arte en <strong>El Espectador.</strong> La leía no por devoción al arte, sino para obligarme a buscar cada palabra que no entendía. Confieso que le cogí amor al diccionario gracias a ella, aunque nunca tuve con qué comprar un cuadro. Ese es el encanto de una buena columna: te regala algo que no tenías. Se llama pensamiento crítico, un bien tan escaso hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El buen columnista no es aquel que piensa como uno. Es quien aporta elementos para reflexionar, mete el dedo en la llaga y comparte su conocimiento con generosidad. El mal columnista es un mercachifle que intenta meterte su producto por los ojos; en época electoral, ese producto suele ser su &#8220;verdad&#8221; empaquetada o sus rencillas personales.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong>​<em>“Hoy cualquier tipo afincado en el circo de las redes con un móvil en las manos se cree enviado especial, corresponsal de guerra, líder de opinión, articulista, columnista y todo lo demás”:</em> Manuel Vicent, escritor y columnista español.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hay columnistas a los que da pena leer. Confieso que debo morderme la lengua (o amputar los dedos) para no dar nombres propios, aunque creo que ya los he ido soltando, sin querer pero queriendo. No se confíen, la lista es larga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Otro grave problema es la uniformidad de pensamiento. La historiadora Olga González lo resumió con lucidez en un mensaje en X: <em>“Así defienden los columnistas en El Tiempo las intromisiones, el autoritarismo de Abelardo en la Andi&#8230; Imagínense qué columnas estarían publicando hoy si Petro hubiera precipitado la salida de Bruce Mac Master”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Así defienden los columnistas en El Tiempo las intromisiones, el autoritarismo de Abelardo en la Andi&#8230; Imagínense qué columnas estarían publicando hoy si Petro hubiera precipitado la salida de Bruce Mac Master. <a href="https://t.co/0ZtvSOSVCD">pic.twitter.com/0ZtvSOSVCD</a></p>&mdash; Olga L Gonzalez (@blou) <a href="https://x.com/blou/status/2106740385846264155?ref_src=twsrc%5Etfw">October 4, 2026</a></blockquote><script async src="https://platform.x.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La prensa necesita apertura. Un periódico es respetable si alienta el disenso. Si elimina las voces contrarias o les impone límites, contribuye irresponsablemente a la polarización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​¿A qué le temen hoy algunos analistas? ¿A ser despedidos como lo fue el caricaturista <em>Matador</em>? ¿O les temen a los poderes de turno y prefieren no enfurecer a los dioses? Si renunciamos al disenso, terminaremos convertidos en una &#8220;republiquita&#8221;. En el pasado la censura era oficial; hoy es un fantasma agazapado en la autocensura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras episodios recientes con gremios industriales, queda la sensación de que muchos prefieren la comodidad antes que arriesgar su estatus. El servilismo, ese pariente cercano de la cobardía, le está ganando la partida a la valentía. ¿Para qué hacerse el <em>harakiri</em> si cuatro años pasan volando?, dirán algunos, aferrados a la silla del privilegio. Permítanme que haga una digresión: Lo mismo se pensaba en tiempos de Álvaro Uribe y, si no es por las honorables Cortes de la época, capaz y se queda con las escrituras de la Casa de Nariño; no tuvo más remedio que gobernar en cuerpo ajeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de la adicción al poder suele haber un solo motor: la adicción al dinero. De eso escribió con precisión Guillermo Pérez Flórez al analizar cómo ciertos emporios empresariales han utilizado la política como una herramienta funcional a sus intereses. Su columna se titula: <em><a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/el-caribe-el-nuevo-dorado.html" data-type="link" data-id="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/el-caribe-el-nuevo-dorado.html">El Caribe, el nuevo Dorado.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como bien señalaba Daniel Coronell en una entrevista con María Jimena Duzán, asistimos a una concentración muy peligrosa entre el poder político y el económico, donde los dueños del capital son, a su vez, los dueños de los medios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Dado que la situación es compleja, la prensa debe examinar la fuerza de sus páginas editoriales, y esto incluye a los caricaturistas, sobre lo cual me referiré en otra entrada de este blog. El periodismo independiente tiene en las actuales circunstancias una oportunidad de oro para quitarles audiencia a aquellos medios tradicionales que prefieren complacer al poder antes que fiscalizarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Mientras tanto, yo sigo aquí, imaginando cómo será el inodoro de ciertos columnistas: de esos que digiero con placer y de aquellos que me causan estreñimiento.&nbsp;La buena noticia es que la purga contra los segundos es gratis: sencillamente, no leerlos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134018</guid>
        <pubDate>Sun, 11 Oct 2026 23:26:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/INODORO.jpg?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Columnistas de inodoro]]></media:description>
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        <item>
        <title>Piero, sentado a la mesa de todos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/piero-sentado-a-la-mesa-de-todos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una canción puede convertir a un desconocido en parte de la familia. Piero lo descubrió a los 24 años, cuando escribió «Mi viejo», sin imaginar que aquella conversación entre amigos terminaría acompañando la vida de millones de personas. Cuando nos sentamos a conversar, mate de por medio, Piero acababa de cumplir 73 años. Mientras hablábamos, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Una canción puede convertir a un desconocido en parte de la familia. Piero lo descubrió a los 24 años, cuando escribió «Mi viejo», sin imaginar que aquella conversación entre amigos terminaría acompañando la vida de millones de personas. Cuando nos sentamos a conversar, mate de por medio, Piero acababa de cumplir 73 años. Mientras hablábamos, tuve la impresión de que aquella canción había hecho algo extraordinario con su vida: le había permitido entrar en la intimidad de los demás sin tener que pedir permiso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay canciones que uno no recuerda cuándo escuchó por primera vez porque, de algún modo, siempre han estado ahí. Suenan en una reunión familiar, en la radio de un taxi, en la voz de alguien que no sabe cantar pero se atreve a hacerlo cuando llega el estribillo, y de pronto dejan de pertenecer al hombre que las escribió para convertirse en una pequeña propiedad sentimental de millones de desconocidos. «Mi viejo», la canción que Piero compuso cuando tenía apenas 24 años, es una de ellas. Uno podría haber crecido en Bogotá, Buenos Aires, Lima o un pueblo perdido entre las montañas, podría haber tenido una relación dulce o difícil con su padre, podría incluso haberlo perdido demasiado pronto, pero basta escuchar sus primeros acordes para que aparezca algo parecido a un recuerdo, una presencia, una conversación pendiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora recuerdo esa conversación. Habíamos preparado mate, como quien dispone las cosas necesarias para que una charla entre amigos transcurra sin demasiadas ceremonias, y mientras hablábamos tuve la impresión de que aquella canción había hecho algo extraordinario con su vida: le había permitido entrar en la intimidad de los demás sin tener que pedir permiso. Él mismo lo explicaba con una sencillez que parecía contener toda una filosofía: «Mi viejo» le había permitido ser el tío de unos, el primo de otros, alguien que no estaba únicamente entre los fanáticos, sino también en las fotografías familiares, en los recuerdos de infancia, en esa zona de la existencia donde las personas dejan de ser figuras públicas y se convierten en parte de la casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso Piero podía hablar de una canción universal sin atribuirse del todo el mérito de haberla escrito. Cuando le pregunté cómo había nacido, no ofreció una teoría sobre la inspiración ni una explicación solemne sobre el poder de la música. Contó que se reunía todos los días con su amigo y compañero José, desde el mediodía hasta las ocho de la noche, en una casa cuya mujer salía a trabajar durante esas horas. Componían, probaban, buscaban canciones para completar un disco, y de aquellas jornadas surgieron títulos como «Juan Boliche» y «Pedro Nadie». Un día, hablando de las cosas que podían hacer, se les ocurrió que debían escribir algo para el viejo, un homenaje, una forma de agradecerle a ese hombre que había estado ahí, sosteniendo la vida de otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante unos diez días hablaron de ello sin tomar la guitarra ni buscar lápiz y papel. La canción estuvo primero en la conversación, en ese territorio todavía informe donde las cosas existen sin que nadie sepa muy bien cómo darles un cuerpo. Hasta que una mañana, según recordó Piero, se sentaron y, diez minutos después, ya había salido. El problema era que el padre de José había muerto y el suyo todavía no era un viejo: tenía apenas 48 años. Pero Piero quería cantársela. Llegó a su casa, lo encontró solo, cerró la puerta, lo sentó en el living y le dijo que escuchara aquella canción nueva.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="PIERO con Diego Aretz" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/u36eV_KYG0g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Entonces ocurrió algo que el tiempo no había borrado de su memoria. Piero comenzó a cantar y, cuando levantó la mirada del papel, encontró a su padre llorando. Él también empezó a llorar, no podía continuar, se ahogaba con las palabras, y la canción avanzó entre lágrimas hasta llegar al final. Después vino un silencio que debió de parecer interminable. Su padre se limpió los anteojos, se los puso de nuevo, miró a su hijo y, todavía conmovido, encontró la manera de responderle: «No a quien camina lento, la puta que te parió». Piero lo contaba riéndose, con esa alegría de quien comprende que la emoción más profunda no necesita solemnidad para ser verdadera. El viejo había recibido el homenaje, pero seguía siendo él mismo, incapaz de abandonar el humor ni siquiera ante una canción que acababa de desarmarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa historia contiene algo de lo que Piero ha sido durante décadas: un hombre que se acerca a las emociones sin demasiados protocolos, que puede hablar de asuntos graves y terminar riéndose de sí mismo, que parece desconfiar de las explicaciones demasiado perfectas. A sus 73 años, la memoria no se le presentaba como un museo de acontecimientos ordenados, sino como una conversación abierta, llena de desvíos, personajes inesperados y episodios que todavía conservaban el asombro de la primera vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su vida, de hecho, comenzó a torcerse por una equivocación. En su infancia, en Río Negro, al sur de Argentina, un amigo le contó que se iría al seminario. Piero escuchó que después de dos años en Viedma podría viajar a Buenos Aires y, fascinado por la posibilidad de conocer la gran ciudad, decidió acompañarlo. Fue a hablar con el cura, convenció a su padre y el lunes siguiente ya estaba instalado entre decenas de muchachos de toda la Patagonia. Durante la bienvenida, el rector habló de lo que ocurriría el día en que todos fueran sacerdotes. Fue entonces cuando Piero entendió que no había ingresado en un colegio cualquiera, sino en una institución destinada a formar curas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se acercó al rector para explicarle que había un error gravísimo. El hombre se echó a reír: había conocido ingenieros, abogados, profesionales y padres de familia que habían sentido una vocación religiosa, pero nunca a alguien que hubiera llegado por equivocación. Lo curioso es que Piero se quedó. Pasó dos años en el seminario y encontró allí algo que no había ido a buscar, una experiencia que lo acercó a personas y preguntas que seguirían acompañándolo mucho después de abandonar aquella ruta. Entre ellas estaban los sacerdotes del movimiento de curas del Tercer Mundo, a quienes recordaba con admiración por su coherencia, su conciencia social y su manera de vivir las convicciones. Nombraba al padre Carlos Mugica y a otros sacerdotes que, para él, habían encarnado una forma de compromiso que iba más allá de las palabras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La religión, en Piero, nunca terminó de convertirse en una frontera. Su búsqueda espiritual lo llevó también hacia Oriente, hacia la India y hacia Indra Devi, la maestra de yoga a quien llamaba Mataji y que murió a los 103 años. Durante años viajaron juntos a Egipto, la India y Sri Lanka, visitando lugares que para él tenían algo de revelación y algo de aventura. La recordaba como una mujer extraordinaria, capaz de hablar doce idiomas, cercana a figuras como Gandhi, Krishnamurti y Tagore, pero sobre todo como una presencia coherente, alguien cuya manera de vivir parecía prolongar sus ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ella conservaba historias que contaba con la misma naturalidad con que hablaba de sus canciones. Una vez, una mujer que decía interpretar vidas pasadas le aseguró que él había sido escriba en el antiguo Egipto y que Indra Devi había sido su hija, una hija que no quería seguir el camino que su padre le imponía. Días después, en otro lugar y ante otra mujer que no conocía la primera historia, escuchó exactamente el mismo relato. Piero recordaba el escalofrío, la coincidencia y, sobre todo, la risa con que él y Mataji terminaron jugando a llamarse papá e hija. Cuando la segunda mujer le anunció que debía viajar a Egipto, él intentó explicar que tenía una gira de unos cuarenta conciertos. La respuesta fue terminante: a ella no le importaba su agenda, porque allí decía que se iba a Egipto. Poco después, una inundación obligó a cancelar la gira y Piero terminó viajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta compartir sus creencias para entender lo que encontraba en esas historias. Piero parecía interesado menos en demostrar una verdad que en conservar la capacidad de asombro, en admitir que hay episodios cuya explicación no termina de agotarse cuando uno los cuenta. Cuando le pregunté si creía en Dios, respondió que sí, aunque no necesariamente de una forma determinada, que creía en la energía y se sentía acompañado por ella. No hablaba como un hombre empeñado en convencer a los demás, sino como alguien que había aprendido a convivir con sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La política fue otra de esas preguntas que nunca abandonó. Piero conoció presidentes, se relacionó con dirigentes y participó en iniciativas sociales, pero mantuvo una distancia deliberada frente a los partidos. La política, decía, era una herramienta hermosa; el problema comenzaba cuando alguien intentaba ejecutarla. Su independencia no significaba indiferencia. Más bien parecía una forma de preservar la posibilidad de acercarse a las personas sin quedar atrapado en una obediencia partidista, de respaldar aquello que le parecía valioso y tomar distancia de lo que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, esa disposición encontró un lugar particularmente importante. Piero hablaba de su colombianidad con una emoción que no parecía ensayada. Había recorrido buena parte de América Latina y, sin embargo, con Colombia había experimentado una especie de amor a primera vista, un regalo inesperado que lo llevó a sentirse parte de un país que terminó incorporando a su propia historia. Su vínculo no se limitó a los escenarios ni al afecto del público. También lo llevó a involucrarse en iniciativas de paz, a visitar cárceles y a conversar con personas que, en medio de la guerra, buscaban una salida negociada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordó especialmente una visita a la cárcel de Bellavista, donde habló con integrantes del ELN. Venía de conversar con el presidente Juan Manuel Santos y, al encontrarse frente a aquellos hombres, terminó preguntándoles por qué querían sentarse a una mesa de negociación sin decirlo con claridad. La respuesta lo hizo detenerse: eran, según le explicaron, muy malos comunicadores. Piero encontró allí una lección que parecía sencilla, pero que en un país acostumbrado a desconfiar de las palabras tenía una importancia particular. Si querían negociar la paz, debían comunicarlo, decirle a la sociedad que estaban dispuestos a dejar las armas y a buscar una salida distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La anécdota no lo convertía en un negociador ni pretendía resolver las complejidades de una guerra de décadas. Lo mostraba, más bien, en el lugar que había escogido ocupar: el de quien se acerca, pregunta, escucha e intenta encontrar una posibilidad de entendimiento donde otros ven únicamente posiciones irreconciliables. Cuando le pregunté por qué había sido tan difícil alcanzar la paz en Colombia, no ofreció una respuesta definitiva. Dijo que se lo preguntaba casi todos los días, y habló de la contradicción que le producía ver a un pueblo tan creativo, cálido e inteligente perder la vida en la violencia. Su desconcierto era también una forma de esperanza, porque seguía creyendo que aquel desperdicio de vidas no podía ser el destino inevitable de un país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su historia había, además, una experiencia que ayudaba a entender su sensibilidad frente al desarraigo. Piero había sido expulsado de Argentina durante los años de la represión y enviado al exilio en España. Recordaba el momento en que las autoridades le ordenaron salir en el primer avión disponible, que iba hacia Tokio. Él intentó negociar otro destino, pidió ayuda a los periodistas que estaban allí y finalmente consiguió que lo enviaran a Lima. Lo acompañaron hasta su asiento con una ametralladora, mientras los pasajeros franceses observaban sin entender quién era aquel hombre al que sacaban de su país de semejante manera. Lo contaba sin convertir su propia vida en una epopeya, consciente de que eran otros tiempos y de que muchas cosas sucedieron sin que él las hubiera buscado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa conversación apareció también su hijo, al que dejó de once meses cuando se marchó al exilio y volvió a ver dos años después. Piero recordó las noches en que le contaba cuentos y se quedaba dormido antes que él, las mañanas en que lavaba pañales, las pequeñas tareas de una paternidad que había tenido que aprender mientras intentaba reconstruir su vida. Cuando hablaba de las mujeres, lo hacía desde esa experiencia concreta, sin teorías demasiado elaboradas, con la admiración de quien había descubierto cuánto trabajo cotidiano recae sobre ellas y cuánto de lo que sostiene una familia ocurre sin reconocimiento. Era un hombre que había pasado buena parte de su vida viajando, cantando y entrando en escenarios, pero que también había conocido la intimidad menos espectacular de cuidar a un hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, quizá lo que más me llamó la atención de Piero fue su manera de aceptar que la vida no siempre se deja organizar alrededor de un plan. Había entrado al seminario buscando Buenos Aires, había terminado convertido en uno de los cantautores más reconocibles de América Latina, había encontrado una segunda patria al otro lado de la frontera, había viajado por el mundo siguiendo intuiciones que no siempre podía explicar y había escrito una canción cuyo alcance seguía sorprendiéndolo décadas después. En todos esos episodios parecía haber una misma disposición: dejarse conducir por la experiencia sin renunciar a la posibilidad de intervenir en ella, acercarse a los demás sin pretender poseer sus historias, entender que una convicción puede ser profunda sin convertirse en dogma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Piero no necesitaba proclamarse humanista para que la palabra apareciera en la conversación. Estaba en su manera de hablar de su padre, en el respeto con que recordaba a sus maestros, en su incomodidad ante la guerra, en la curiosidad con que se acercaba a las creencias ajenas y en esa voluntad de mantenerse independiente incluso cuando la política lo invitaba a tomar partido. También estaba en su humor, en su capacidad de contar una experiencia extraordinaria sin pedirle al interlocutor que la considerara extraordinaria, como si la vida tuviera derecho a conservar una zona de misterio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo hermoso en que un hombre pueda pasar tantos años cantando una canción sobre un padre y descubrir que, con el tiempo, él mismo se ha convertido en una figura familiar para personas que nunca ha conocido. No es poca cosa entrar en la memoria de los otros, acompañarlos en la ausencia, prestarles una voz cuando no encuentran las palabras o recordarles, durante unos minutos, a alguien que ya no está. Quizá ese sea uno de los destinos más generosos de la música popular: hacer que la intimidad de una persona se vuelva compartida sin dejar de ser íntima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando nos despedimos, seguía presente aquella imagen inicial, la mesa, el mate, la conversación que avanzaba de una canción a la espiritualidad, del exilio a Colombia, de la política a las pequeñas tareas de la vida familiar. Piero había llegado a los 73 años sin haber perdido del todo la capacidad de sorprenderse por lo que le había ocurrido. Y mientras millones de personas seguían escuchando «Mi viejo» como si la canción hubiera sido escrita para cada una de ellas, él todavía podía contar cómo nació, cómo lloró al cantársela a su padre y cómo aquel hombre, después de secarse las lágrimas, encontró fuerzas para insultarlo cariñosamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá celebrar la vida de Piero sea recordar precisamente eso: que detrás de una canción que parece pertenecerle a todo el mundo hay un hombre de carne y hueso, con sus errores, sus viajes, sus preguntas, sus afectos y sus contradicciones, alguien que no necesitó tener todas las respuestas para seguir andando. Y que, sin proponérselo demasiado, terminó sentado a la mesa de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133867</guid>
        <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:07:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Piero, sentado a la mesa de todos]]></media:description>
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        <item>
        <title>Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/honrar-no-es-usar-sobre-el-legado-de-miguel-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual  jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: algunos, con júbilos; otros, con glorias apaciguadas u oportunismo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La opinión de Tomás Flórez abre, así, una reflexión sobre la moralidad y apela a la ética en tiempos convulsionados, en los que los magnicidios han vuelto a tocarnos. Pero, sobre todo, apela, con bondad, a la justicia, a la restauración y a la unidad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En buena hora, y precisamente en estos momentos, necesitamos escuchar al futuro de Colombia, que, con su opinión, nos devuelve la esperanza y restaura la fe en nuestra amada patria.</em></p>



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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="428" height="571" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?quality=60&amp;w=428" alt="Tomas Francisco Flórez Romero" class="wp-image-133823" style="width:229px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg 428w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?resize=225,300 225w" sizes="(max-width: 428px) 100vw, 428px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Por Tomás F. Flórez Romero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudiante de Relaciones Internacionales y Jurisprudencia | Universidad del Rosario</p>
</blockquote>
</div>



<p class="wp-block-paragraph">Un sábado 7 de junio de 2025 se selló y se cerró el destino de una persona. En aquel instante, unos viles y cobardes dispararon en un barrio de Fontibón, se hizo inevitable y universal aquello que, por excelencia, define la vida: un desapacible magnicidio. En ese mismo lugar donde todo se decanta de una manera definitiva, donde incluso lo divino parece perder su arraigo, se cruzó la vida de una esperanza para nuestro país, destinada a acabarse por la cobardía de los grupos criminales o, incluso, por la responsabilidad mezquina del Gobierno complaciente de turno. Ahí, con todo el dolor, estaba Miguel Uribe Turbay.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a un año y dos meses de aquel inexorable desenlace, en el marco del Summit de Liderazgo Valiente, tuvimos la oportunidad de honrar, una vez más y de manera pletórica, la vida de Miguel Uribe Turbay y cada uno de los rasgos que nos dejó como ejemplo para la construcción de un país mucho más justo, elevado en valores y principios que no son negociables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ninguno de nosotros puede ser indiferente la historia de Miguel ni los percances que tuvo que atravesar a lo largo de su vida: el asesinato de su madre, Diana Turbay, durante un fallido operativo de la Policía Nacional; la persecución que sufrió su padre, el señor Miguel Uribe Londoño; y la permanente pretensión de sus contradictores de reducirlo a la condición de heredero de una tradición política por ser nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala. Pero Miguel respondía a esas circunstancias con una convicción propia. En sus palabras: <em>“El servicio público no es un logro heredado, sino una decisión consciente de comprometerse con el destino del país”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este evento estuvo presente el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y su presencia me abrió una inquietud que considero inevitable: ¿estamos realmente entrando en tiempos conscientes, en los que las nuevas figuras políticas asumen un compromiso auténtico con nuestra “<em>patria”</em>? Porque hoy son muchos quienes, desde sus propias posiciones políticas e ideológicas, levantan las banderas de Miguel y reivindican su nombre. Pero honrar su memoria no puede reducirse a pronunciar su nombre, utilizar su imagen o apropiarse de aquello que representó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella afirmación puede ser bastante cuestionada, y no quiero que se me malinterprete. El Gobierno de Abelardo de la Espriella, en efecto, ha representado un cambio de 180 grados para el país. Se trata de un hombre que ha demostrado un talante decidido para adelantar sus propuestas, dispuesto a romper con el derroche y con la complacencia institucional a la que, en mi opinión, estuvimos acostumbrados durante cuatro años. También ha demostrado una determinación considerable para poner en jaque a los grupos al margen de la ley. Lo recalcó el señor De la Espriella durante su discurso de hoy: hizo referencia a la neutralización de alias «Robinson Gutiérrez», a quien las investigaciones de la Fiscalía y los comunicados oficiales han señalado como una persona presuntamente vinculada con la financiación y la planificación del asesinato de Miguel Uribe. De hecho, me atrevería a decir que el señor De la Espriella lo recalcó, sin exagerar, al menos cuatro veces. ¡Muy pertinente de su parte!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es precisamente aquí donde quiero abrir el debate sobre la figura del presidente, y es a veces frustrante ver cómo el señor De la Espriella convierte reiteradamente la memoria de Miguel en parte de su propio relato político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero dar un paso atrás y volver a las elecciones presidenciales de las cuales Miguel era precandidato. Quiero citar las palabras de su amigo y mi compañero, Andrés Forero: «<em>No sé si Miguel hubiera ganado las pasadas elecciones, pero tengo la íntima convicción de que, más temprano que tarde, él hubiera sido presidente de Colombia. Ya nunca lo sabremos, y eso ya no importa».</em> Y quizá tenga razón. Lo verdaderamente importante es observar cómo, después de un magnicidio tan menesteroso, se desenvolvieron las elecciones en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la segunda vuelta —sin ánimo de faltar al respeto— nos encontramos frente a dos posibilidades políticas que, en buena medida, terminaron apelando a las palabras más atractivas y a las emociones más latentes, saltándose de forma olímpica los principios que Miguel tanto resaltó. Eran, en síntesis, ¡dos pusilánimes! El debate se fue perdiendo. Los principios de los líderes, las propuestas y los discursos fueron desplazados por la política del <em>clickbait</em>, el espectáculo mediático y la confrontación desembocando en una honda polarización nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos, quizá, un tiempo de relativismo moral, como advertía el Dr. Álvaro Gómez Hurtado; un tiempo en el que se desdibuja la noción misma del bien y del mal, en el que la política pierde su dimensión ética, en el que prescriben los ideales y mueren los hombres. Ese mismo relativismo moral puede extenderse a cuestiones todavía más profundas: la concepción de Dios, de la vida y de la propia muerte. Y es precisamente frente a la muerte donde la figura de Miguel adquiere hoy una dimensión particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy puedo decir, con seguridad, que Miguel está más vivo que nunca en la memoria de quienes lo conocimos, de quienes creyeron en él y de quienes todavía encuentran en sus palabras una razón para pensar el futuro de Colombia. Pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de preguntarme si nosotros, como sociedad, nos estamos desvaneciendo en aquello que el Dr. Luis Carlos Galán advertía desde los años ochenta: una profunda crisis moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una crisis que se manifiesta en la manera en que socavamos la dignidad humana, en que exponemos la muerte en bolsas blancas —y reconozco, por supuesto, el valor de los resultados militares y estratégicos del Gobierno—, pero esa no es la forma, presidente. No es la forma de darse rédito mediático y resaltar su circo permanente. Apelar a un populismo punitivo. Donde se manifiesta también ser el Gobierno de los «nunca» y terminar con los de «siempre»… Cuando incluso la fe cristiana corre el riesgo de ser reducida a un simple eslogan político. Así que, señores, no lo olviden: ¡viva Cristo Rey!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces pregunto: ¿dónde ha quedado la moral, la coherencia y los principios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alfonso López Pumarejo lo dijo hace muchísimo tiempo: «Este rasgo de nuestra democracia se ha ido marchitando con el transcurso del tiempo (&#8230;) El discurso en tono mayor, en la plaza pública o en el Parlamento, se hace cada día más escaso». Y quizá esa advertencia encuentre hoy una nueva resonancia en las palabras de Gaitán, cuando afirmaba que «malaventurados los que en el gobierno ocultan tras sus bondades las palabras de la impiedad». ¿Hasta cuándo, señores lectores, seguiremos profundizando la polarización en lugar de recuperar el tono mayor de la política, aquel en el que el debate público vuelve a estar guiado por principios y no por la confrontación ideológicamente sesgada?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente desde esa preocupación que quiero dirigirme al presidente de la República. Sé que es un hombre preparado, un jurista que reconoce y respeta la Constitución. Pero precisamente por eso considero legítimo preguntarnos: ¿su elección fue verdaderamente el resultado de sus virtudes y de la confianza depositada en sus propuestas, o estuvo también atravesada por una estrategia política destinada a dividir al país, a enfrentarnos mediante el miedo y las diferencias ideológicas? No me cabe duda de que Miguel hubiera hecho de verdad una agrupación nacional. ¿Qué pensaría él al ver el país tan dividido ahora por egos y extremismos políticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo debiese enseñarnos la historia de Miguel Uribe es que la política tiene que ser una discusión sobre el país que queremos construir y sobre los principios que estamos dispuestos a defender para hacerlo posible. Y quizá esa sea la pregunta que hoy debemos hacernos: después de Miguel, ¿qué clase de país queremos ser?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy vuelvo a sus palabras y con el sentimiento hondo de dolor de su partida: «Si con el porqué uno se lamenta, con él para qué uno se inspira». No sabremos los devenires de nuestra política actual, ni de cómo trabajará este Gobierno, al que también le deseo lo mejor, pero en el que siempre ha faltado, en mi opinión, principios, coherencia y moralidad. Y esa era la mayor certeza de Miguel: que, a pesar de todo, vale la pena creer en este país y trabajar incansablemente por él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como joven, la muerte de Miguel tocó mi puerta, y la muerte y la violencia siguen tocando la puerta de miles de colombianos más ahora. Solo quiero ver su vida como la creación de un símbolo que convoque un movimiento de restauración, como lo hacen unos buenos compañeros de Miguel y agrupaciones políticas y juveniles, pero no reducirlo a las banderas de un líder político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminando con este tema tan abyecto de la muerte, en sus épocas de cuentista, el Dr. Gómez Hurtado afirmó: «No se preocupe por mi sufrimiento, lo que no duele no es la muerte, sino lo que va quedando de vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí… de vida política, por lo menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133820</guid>
        <pubDate>Thu, 08 Oct 2026 13:29:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe]]></media:description>
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            </media:content>
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        <item>
        <title>Sobre el refinamiento de la percepción en el arte, en los olores de los perfumes y el vino</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/sobre-el-refinamiento-de-la-percepcion-en-el-arte-en-los-olores-de-los-perfumes-y-el-vino/</link>
        <description><![CDATA[<p>Investigar sobre la capacidad de catar el vino con profesionalismo y la capacidad de crear perfumes me llevó a la conclusión de que los sentidos —todos, incluyendo el tacto— se pueden entrenar para discriminar con mayor precisión todas esas experiencias. Esto quiere decir que la información que se obtiene del mundo después de estar entrenados [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Investigar sobre la capacidad de catar el vino con profesionalismo y la capacidad de crear perfumes me llevó a la conclusión de que los sentidos —todos, incluyendo el tacto— se pueden entrenar para discriminar con mayor precisión todas esas experiencias. Esto quiere decir que la información que se obtiene del mundo después de estar entrenados es mayor, más detallada y, valga la redundancia, más especializada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sé que la mayoría de las personas se preguntarán qué información refinada podríamos tener con el tacto. Uno no conoce especialistas en reconocimiento de texturas, ni especialistas en caricias, en darlas o recibirlas<a href="#_edn1" id="_ednref1">[1]</a>, pero sabemos algo muy interesante de un experimento que hizo el neurocientífico David Eagleman y su equipo. Eagleman inventó un chaleco para oír por la piel; ellos lo llamaron: <em>artefacto de sustitución sensorial</em>. El chaleco está equipado con decenas de pequeños motores vibratorios distribuidos en el torso. A través de un micrófono o una aplicación, el sistema captura los sonidos del ambiente, los procesa y los traduce en tiempo real a patrones específicos de vibración sobre la piel. Mediante la plasticidad cerebral, el cerebro aprende a descifrar esos patrones táctiles de forma inconsciente, interpretándolos de manera muy similar a como procesaría el sonido que entra por los oídos;<a href="#_edn2" id="_ednref2">[2]</a> en otras palabras, aprende a oír con el tacto. Recordemos que los invidentes leen con el tacto.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" width="700" height="700" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/image.png" alt="" class="wp-image-133769" style="width:483px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/image.png 700w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/image.png?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/image.png?resize=300,300 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Se han hecho muchas películas sobre las sensaciones táctiles, pero hay una de hace 30 años, creativa e inolvidable, una auténtica joya del cine surrealista y de la comedia negra: <em>Los conspiradores del placer</em> (<em>Spiklenci slasti</em>, 1996). Fue dirigida por el cineasta checo Jan Švankmajer. La película no tiene diálogos (o tiene muy pocos), lo que hace que los sonidos cotidianos, las texturas y los primeros planos exagerados cobren protagonismo. Sigue la vida de seis personas aparentemente normales en Praga que, en la intimidad, dedican una cantidad obsesiva de tiempo a diseñar y preparar rituales y mecanismos extraños para satisfacer sus propios fetiches y las fantasías privadas. Entre los personajes hay situaciones tan surrealistas como la de un hombre que construye un elaborado disfraz de gallo con plumas y un traje especial para interactuar con un maniquí; un hombre que amasa pequeñas bolas de pan con saliva para luego introducirlas en sus oídos y nariz; un hombre que diseña un intrincado artilugio mecánico sincronizado con la televisión para masturbarse de forma automática mientras ve a su presentadora de noticias favorita; y otro personaje que diseña ingeniosos aparatos con rodillos de amasar y cepillos para masajear su cuerpo. La película explora de forma muy bizarra, poética y satírica el proceso mental de la anticipación, la creatividad, la imaginación y, sobre todo, la obsesión por el placer táctil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas que estudian algún tipo de arte y lo practican, así como los críticos de esas mismas disciplinas, perciben más que los legos; de eso no hay duda. Por ejemplo, cuando ven una pintura no se limitan a ver el contenido, sino que observan la pincelada, la dirección, el grosor, la materia; discriminan sobre la paleta de color, sobre la composición, las luces, las veladuras, los contrastes, las armonías; definen el estilo, descubren la época a la que pertenece, notan las diferencias con otras obras del mismo artista y mucho más. Cuando un músico oye un concierto hace lo mismo: no solo lo escucha, sino que ve cómo está construida la composición, detecta dónde está el drama, identifica los momentos de cambio y sabe por qué ocurren, reconoce qué instrumentos entran y salen en cada instante, y advierte si alguno se desafinó o va atrasado o adelantado en el tiempo respecto a otras ejecuciones que ha escuchado. Nota también las influencias de otras músicas y muchos otros detalles en la pieza musical. El sommelier y el perfumista descubren en los olores variados componentes y hacen asociaciones que se nos escapan a los legos (tal como se explicó en las columnas anteriores dedicadas al olfato).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas personas especializadas no nacieron todas ellas con capacidades extraordinarias, pero sí tienen mucha información sobre el tema, han prestado atención constantemente, cotejan lo percibido con un conjunto grande de información almacenada en la memoria y, además, han aprendido el vocabulario —digamos— sensorial que les permite concretar en palabras lo que perciben para, luego, establecer asociaciones, traer otras sensaciones a la memoria y hacer comparaciones con la experiencia nueva. La percepción no es pasiva; aprendemos a percibir y, en ese aprendizaje, hay marcadas diferencias entre los individuos. Un sommelier experimentado puede distinguir matices que un principiante ni siquiera identifica; su nariz no es físicamente distinta, pero este último ha aprendido a discriminar, a dirigir la atención, a reconocer patrones y a asociar determinadas sensaciones con conceptos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los sentidos entrenados en algún campo aumentan el placer de la percepción. Las muchas experiencias, como parte del entrenamiento, afinan la percepción, y el placer aumenta con el conocimiento. Cuando no sabemos casi nada de un tema, nos parece insípido, plano, no muy interesante; en la medida en la que nos volvemos conocedores, aparecen más diferencias y sutilezas. Y cuantas más diferencias surgen, más posibilidades hay de encontrar significados y relaciones interesantes. Para la mayoría de las personas, el ejemplo del deporte es ilustrativo: para el que no sabe nada, jugar tenis no es más que pegarle a una bola con una raqueta; para otras, no es ni siquiera un deporte, sino un arte casi sagrado.<a href="#_edn3" id="_ednref3">[3]</a> &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://thumb.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/8/86/Van_Gogh%2C_Wheatfield_with_crows.jpg/1280px-Van_Gogh%2C_Wheatfield_with_crows.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&amp;utm_campaign=index&amp;utm_content=thumbnail" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Trigal con  cuervos</em>,Vincent van Gogh</p>



<p class="wp-block-paragraph">El conocimiento influye en lo que percibimos y en nuestras reacciones emocionales. En un libro muy citado, <em>Modos de ver</em>, su autor, John Berger, hace un experimento con el lector que yo haré aquí. Muestra una pintura de Vincent van Gogh: <em>Trigal con cuervos</em>. Luego, Berger anuncia que Van Gogh la pintó justo antes de suicidarse. La misma imagen se transforma ante nuestra mirada con ese solo dato. El conocimiento afecta el juicio y, no solo eso, lo predispone.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo malo de lo bueno es que el conocimiento aumenta nuestra capacidad perceptiva, pero también puede incrementar los prejuicios. Los expertos pueden ser extraordinariamente buenos en determinadas tareas, pero también pueden ser víctimas de sus propias categorías y expectativas, porque las expectativas afectan la percepción. Recordemos que el saber que la botella de vino que vamos a tomar cuesta dos millones de pesos nos predispone a que nos guste más. El historiador que sabe que un cuadro pertenece a un determinado período puede empezar a &#8220;ver&#8221; características porque las espera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esnobismo y porque somos animales jerárquicos, creemos en mentiras y tonterías si nos las dice un buen charlatán, un famoso crítico de arte o un importante sommelier. Por eso obedecemos los absurdos dictámenes de la moda; por eso hay gente que pide en los restaurantes agua mineral costosa<a href="#_edn4" id="_ednref4">[4]</a> y compra cuadros con punticos de Damian Hirst. Por eso hay mujeres que pagan 2000 dólares por un bolso y hombres que compran la botella de güisqui de 1000 dólares. También —hay que decirlo— porque hay ricos; y lo digo con ironía, porque hay gente que quiere verse y sentirse superior, mientras que otra no sabe qué hacer con el dinero. Como nos importa ganar estatus, queremos ponernos de acuerdo, sincronizarnos con aquellos que lo tienen más alto que el nuestro. Pactamos &#8220;vestir al emperador&#8221; para no ser los únicos que lo ven desnudo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero todo lo que he dicho no niega que existan personas con más talento en cualquier actividad humana o mayor capacidad perceptiva, cognitiva, intelectual, y todas las que existen. Hay cerebros mucho más capaces de hacer comparaciones y síntesis más finas que otros, y también hay personas con mejores órganos sensoriales. Unas pocas personas en el mundo logran con mucha más facilidad lo que a otros nos cuesta; además, llegan más lejos con menos esfuerzo. Hay personas que nacen superdotadas para algo, en cualquier campo del que hablemos; sin embargo, estos siempre serán una minoría. La genética humana nos hace a todos muy parecidos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[1]</a> Otra película sobre el tacto <em>es Temple Grandin</em> (producción de HBO de 2010, protagonizada por Claire Danes). Basada en una historia real. Una científica y profesora universitaria con autismo inventó un aparato conocido como la <em>máquina de abrazos</em> (<em>squeeze machine</em> o <em>hug machine</em>). Aunque no lo inventó para sustituir por completo a las personas en el día a día, lo diseñó porque a ella le abrumaba el contacto físico directo y las muestras de afecto tradicionales (como los abrazos de la gente), pero descubrió que la presión profunda y controlada aplicada por este aparato mecánico le ayudaba a regular su ansiedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[2]</a> Eagleman parte de una idea brillante: el cerebro es como un &#8220;sordo y ciego&#8221; encerrado en la oscuridad de la bóveda craneal. A nuestro cerebro no le importa <em>cómo</em> le lleguen los datos (ya sea por fotones en los ojos o vibraciones en el torso), siempre y cuando la información tenga una estructura coherente. Al final, el torso se convierte en una especie de &#8220;oído alternativo&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[3]</a> El escritor David Foster Wallace le dedica uno de sus perfiles y ensayos más célebres y elogiados a Roger Federer. El texto, titulado originalmente en inglés <em>&#8220;Federer as Religious Experience&#8221;</em> (publicado en <em>The New York Times Magazine</em> en 2006 y recopilado posteriormente en libros como <em>String Theory</em> o en castellano bajo títulos como <em>El tenis como experiencia religiosa</em>), rinde culto a la figura del tenista suizo. En él, Wallace describe a Federer no solo como el mejor jugador del mundo en ese momento, sino casi como una entidad de otra dimensión cuya maestría en la pista roza lo sobrenatural y lo trascendental.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[4]</a> <a href="https://www.amazon.com/-/es/Los-m%C3%A1s-vendidos-Agua-Mineral/zgbs/grocery/5782443011" target="_blank" rel="noopener">S. Pellegrino</a>: El clásico agua mineral con gas italiana. Tiene burbujas finas y un toque elegante en cualquier mesa, pero la compras en el supermercado sin arruinarte. [<a href="https://www.amazon.com/-/es/Los-m%C3%A1s-vendidos-Agua-Mineral/zgbs/grocery/5782443011">1</a>, <a href="https://www.reddit.com/r/explainlikeimfive/comments/4pycky/eli5_why_are_some_bottled_water_more_expensive/?tl=es-419">2</a>]</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Perrier</strong>: Otra opción de agua con gas francesa muy conocida. Cuesta un poco más que las marcas locales comunes, pero está lejos de ser un producto de millonarios.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://repotmarket.com/blogs/noticias/las-mejores-marcas-de-agua-embotellada" target="_blank" rel="noopener">Solán de Cabras</a>: Reconocida por su icónica botella azul de vidrio o plástico y su origen en un manantial español. Es apreciada por su calidad y diseño, posicionándose un escalón arriba de las marcas comerciales básicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Gerolsteiner</strong>: Un agua mineral alemana con un contenido natural alto en minerales y gas carbónico fuerte. Es más costosa que el promedio debido a la importación, pero muy elegida por quienes buscan un perfil mineral intenso.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133768</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 13:36:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sobre el refinamiento de la percepción en el arte, en los olores de los perfumes y el vino]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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        <item>
        <title>Un logro del CNMH y la FLIP</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/un-logro-del-cnmh-y-la-flip/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los periodistas pasamos buena parte de la vida escuchando historias ajenas. Preguntamos, tomamos notas, viajamos, entrevistamos, revisamos archivos y tratamos de reconstruir acontecimientos que consideramos más importantes que nosotros mismos. Tal vez por eso pocas veces nos detenemos a pensar qué ocurre cuando quienes terminan convertidos en noticia son los propios periodistas. En Colombia esa [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los periodistas pasamos buena parte de la vida escuchando historias ajenas. Preguntamos, tomamos notas, viajamos, entrevistamos, revisamos archivos y tratamos de reconstruir acontecimientos que consideramos más importantes que nosotros mismos. Tal vez por eso pocas veces nos detenemos a pensar qué ocurre cuando quienes terminan convertidos en noticia son los propios periodistas. En Colombia esa pregunta no es retórica. Durante décadas, informar significó asumir riesgos que en muchas democracias resultarían difíciles de imaginar y que dejaron una huella profunda en el oficio. Algunos colegas fueron amenazados, otros tuvieron que abandonar las regiones donde habían construido su vida profesional y muchos fueron asesinados por intentar contar aquello que distintos actores armados, políticos o criminales preferían mantener en silencio. Con ellos desaparecieron investigaciones, fuentes, archivos y preguntas que probablemente nadie volvió a formular, una pérdida que no afecta únicamente al periodismo sino a la capacidad de toda la sociedad para comprenderse a sí misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo ocupa un lugar peculiar dentro de la historia. A diferencia de los políticos, los empresarios, los generales o los dirigentes sociales, los periodistas rara vez buscan convertirse en protagonistas de los acontecimientos. Su tarea consiste precisamente en observar, registrar y transmitir. Son intermediarios entre los hechos y la ciudadanía. Sin embargo, en países atravesados por conflictos prolongados, esa posición aparentemente secundaria puede transformarse en una actividad extraordinariamente peligrosa. Contar lo que ocurre, preguntar quién ejerce el poder, seguir el rastro de la corrupción, documentar violaciones de derechos humanos o simplemente describir la vida cotidiana de una comunidad puede convertir a un reportero en objetivo de quienes prefieren el silencio a la transparencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa razón la historia del conflicto colombiano no puede entenderse únicamente a través de las experiencias de las víctimas directas, de los actores armados o de las instituciones que participaron en él. También debe incluir a quienes dedicaron años de su vida a documentarlo. Los periodistas fueron testigos de masacres, secuestros, desplazamientos, asesinatos selectivos, tomas guerrilleras, operaciones militares, negociaciones de paz y transformaciones sociales profundas. Gracias a ellos existen archivos, fotografías, grabaciones, investigaciones y crónicas que hoy permiten reconstruir una parte importante de la memoria nacional. Muchas de las cosas que sabemos sobre nuestro pasado reciente llegaron a la esfera pública porque alguien estuvo dispuesto a asumir el riesgo de contarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta especialmente significativa la reciente reunión entre el Centro Nacional de Memoria Histórica y la Fundación para la Libertad de Prensa, un encuentro dedicado a reflexionar sobre la violencia ejercida contra periodistas en Colombia y sobre la necesidad de preservar la memoria de quienes fueron perseguidos, amenazados o asesinados por ejercer su oficio. Más allá de la agenda institucional, la conversación plantea una pregunta de enorme importancia para el país: ¿qué sucede con una democracia cuando quienes se encargan de informar son silenciados? La respuesta trasciende el ámbito periodístico y toca el corazón mismo de la vida pública, porque una sociedad incapaz de proteger a quienes investigan y cuentan su realidad termina debilitando sus propios mecanismos de conocimiento y deliberación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cifras permiten aproximarse a la magnitud del problema. De acuerdo con los registros construidos a partir del informe <em>La palabra y el silencio. La violencia contra periodistas en Colombia (1977-2015)</em>, elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica y complementado posteriormente por la FLIP, al menos 172 periodistas han sido asesinados en Colombia desde 1977 por razones asociadas a su trabajo. Sin embargo, incluso esa cifra podría ser insuficiente para reflejar la dimensión real de la tragedia, pues la propia organización advierte que existen enormes subregistros que dificultan establecer con precisión cuántos casos ocurrieron realmente y cuántos permanecen aún en la penumbra estadística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de esos números aparecen historias individuales que rara vez ocupan un lugar destacado en los grandes relatos nacionales. Están los reporteros de radio que recorrían carreteras secundarias para recoger testimonios en municipios apartados. Están los periodistas de periódicos regionales que conocían de memoria las dinámicas de sus comunidades. Están quienes trabajaban prácticamente solos, sin grandes redacciones detrás, enfrentando presiones económicas, amenazas constantes y enormes dificultades logísticas. También están aquellos que comprendieron antes que muchos otros los cambios que se estaban produciendo en determinadas regiones del país y que intentaron explicarlos cuando todavía resultaban invisibles para la opinión pública nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La violencia contra periodistas posee una característica particularmente devastadora: sus efectos no terminan con la muerte o el desplazamiento de la víctima. Cuando asesinan a un periodista regional suele desaparecer también una red de conocimiento acumulada durante años. Las fuentes dejan de hablar, los colegas sienten miedo, las investigaciones se interrumpen y determinados temas dejan de ser cubiertos. En algunos casos, regiones enteras experimentan una especie de apagón informativo que puede prolongarse durante mucho tiempo. Durante la reunión, representantes de la FLIP insistieron precisamente en esta realidad, señalando que cuando un periodista es asesinado muchas veces nadie retoma su labor y las comunidades terminan enfrentando un vacío informativo que contribuye a perpetuar la impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese fenómeno ayuda a comprender por qué la libertad de prensa no puede reducirse a una reivindicación gremial. Durante años se ha repetido, con razón, que la libertad de prensa es un pilar de la democracia, pero con frecuencia esa afirmación se formula de manera abstracta. En realidad, la cuestión es mucho más concreta. La libertad de prensa significa que los ciudadanos puedan conocer lo que ocurre en los lugares donde viven, que tengan acceso a información relevante para tomar decisiones y que existan mecanismos para examinar críticamente el ejercicio del poder. Cuando esas condiciones desaparecen, quienes pierden no son únicamente los periodistas, sino todos aquellos que dependen de la circulación de información para participar plenamente en la vida democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso colombiano, además, la violencia contra la prensa adquiere una dimensión adicional porque está estrechamente vinculada con la construcción de memoria. Las guerras no solo producen muertos, heridos y desplazados. También generan disputas por la interpretación de los hechos. Todos los actores buscan imponer sus versiones de la realidad, legitimar sus acciones y minimizar sus responsabilidades. En ese contexto, los periodistas desempeñan un papel fundamental porque documentan acontecimientos en tiempo real y crean registros que posteriormente permiten contrastar relatos, verificar versiones y reconstruir procesos históricos complejos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es casual que numerosos periodistas hayan sido perseguidos precisamente por investigar asuntos incómodos. La información constituye una forma de poder y quienes intentan ocultar determinadas realidades suelen comprender muy bien la amenaza que representa una investigación rigurosa. De ahí que la violencia contra periodistas pueda entenderse también como un ataque contra la memoria futura. Cuando una historia deja de contarse, cuando una investigación queda inconclusa o cuando una comunidad pierde a quien registraba sus transformaciones, se produce una fractura que afecta la manera en que las generaciones posteriores comprenderán lo ocurrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el encuentro, el director general del Centro Nacional de Memoria Histórica, D’Mar Córdoba Salamanca, recordó precisamente la importancia de preservar el trabajo que muchos periodistas dejaron inconcluso y destacó la necesidad de seguir documentando las experiencias de periodistas víctimas del conflicto armado. La observación resulta particularmente relevante porque invita a pensar la memoria más allá del homenaje. Recordar no consiste únicamente en pronunciar nombres o conmemorar fechas. También implica rescatar archivos, investigaciones, testimonios y preguntas que la violencia intentó borrar. En el caso del periodismo, significa reconocer que detrás de cada reportaje existe un esfuerzo por ampliar el conocimiento colectivo sobre la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la conversación entre el CNMH y la FLIP tiene una importancia que va más allá de las organizaciones que la protagonizaron. Lo que allí se discutió forma parte de una reflexión más amplia sobre el tipo de sociedad que Colombia quiere construir después de décadas de violencia. Una democracia sólida necesita ciudadanos informados, instituciones transparentes y periodistas capaces de investigar sin miedo. También necesita memoria. Necesita comprender que las agresiones contra la prensa no constituyen episodios aislados, sino fenómenos que afectan la calidad misma del debate público y la capacidad de una comunidad para comprender su pasado y orientar su futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los periodistas solemos pasar la mayor parte de nuestra vida profesional contando las historias de otros. Es una condición inherente al oficio y probablemente una de sus mayores virtudes. Sin embargo, existen momentos en los que resulta necesario volver la mirada hacia quienes asumieron riesgos extraordinarios para que esas historias pudieran conocerse. No para situarlos en el centro del relato nacional ni para convertirlos en héroes, sino para reconocer que la memoria de Colombia también está escrita en sus cuadernos de notas, en sus grabadoras, en sus fotografías y en sus investigaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando un periodista es asesinado no desaparece únicamente una persona ni se interrumpe solamente una trayectoria profesional. También se pierde una mirada construida durante años sobre una región, una comunidad o un problema específico; se rompe una cadena de transmisión de conocimiento sobre el país y se extinguen preguntas que quizás nadie volverá a formular. Por eso recordar a quienes fueron asesinados por cumplir con el deber de informar no constituye únicamente un acto de reconocimiento hacia las víctimas y sus familias, sino también una defensa de la memoria colectiva y de la posibilidad misma de que una sociedad conozca su propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133723</guid>
        <pubDate>Fri, 02 Oct 2026 21:49:27 +0000</pubDate>
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        <title>¿Qué hace un inglés durante seis décadas intentando entender a Colombia?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/que-hace-un-ingles-durante-seis-decadas-intentando-entender-a-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay personajes que estudian un país y otros que, casi sin proponérselo, terminan formando parte de su historia. Malcolm Deas pertenece a una categoría más extraña. Llegó desde Oxford a Colombia cuando todavía era posible que un historiador extranjero se acercara a un país sin la ansiedad de explicarlo todo de inmediato y comenzó a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay personajes que estudian un país y otros que, casi sin proponérselo, terminan formando parte de su historia. Malcolm Deas pertenece a una categoría más extraña. Llegó desde Oxford a Colombia cuando todavía era posible que un historiador extranjero se acercara a un país sin la ansiedad de explicarlo todo de inmediato y comenzó a estudiar sus guerras, sus partidos, sus presidentes, sus instituciones, sus élites y sus contradicciones. Lo que iba a ser, quizá, una estación intelectual terminó convirtiéndose en una relación de seis décadas con un país que nunca dejó de intentar comprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué vio Malcolm Deas en Colombia? ¿Qué encontró aquí para quedarse durante tanto tiempo? ¿Y qué puede revelar la vida de un historiador inglés sobre la historia de los colombianos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son preguntas que atraviesan <em>Malcolm Deas: retrato del inglés que hizo de Colombia su historia</em>, el libro que he escrito a partir de conversaciones con Deas, testimonios de familiares, amigos, colegas y discípulos, y una revisión de sus principales trabajos. El libro, publicado por Ediciones Uniandes, reconstruye una relación poco común entre un hombre y un país, pero también intenta hacer algo más ambicioso: utilizar la vida de un historiador como una forma de volver a recorrer la historia intelectual y política de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de Deas tiene algo difícil de clasificar. No es exactamente la historia de un extranjero fascinado por un país exótico, ni la de un académico que encontró en Colombia un objeto de estudio conveniente. Tampoco es simplemente la biografía de un historiador. A medida que uno sigue sus pasos aparecen las guerras civiles, los partidos políticos, los presidentes, las universidades, los archivos, los periódicos, las conversaciones privadas, los debates intelectuales y varias generaciones de colombianos que terminaron cruzándose con él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está quizá la particularidad de su historia: para entender a Malcolm Deas hay que terminar hablando de Colombia, y para entender algunas cosas de Colombia resulta inevitable encontrarse con Malcolm Deas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuatro expresidentes de Colombia hacen parte del libro, junto con intelectuales, investigadores, escritores, profesores y discípulos que permiten reconstruir no solamente la trayectoria de un hombre, sino también una parte de la vida intelectual del país durante las últimas seis décadas. Deas aparece entonces como una especie de hilo secreto que conecta momentos y generaciones que normalmente estudiamos por separado.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="957" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg" alt="" class="wp-image-133703" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg 700w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg?resize=219,300 219w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Su mirada sobre Colombia tuvo, además, una característica poco frecuente. Deas nunca pareció interesado en fabricar una teoría total sobre el país. Su trabajo se detuvo muchas veces en aquello que otros consideraban demasiado particular: una elección, un presidente, una guerra, una estadística, una institución, una disputa entre partidos, una frase pronunciada en el momento preciso. Había en esa manera de mirar una desconfianza saludable frente a las grandes explicaciones que pretenden resolver un país entero con una sola idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso su lectura de Colombia sigue siendo tan fértil. En un país acostumbrado a explicarse mediante grandes palabras —violencia, desigualdad, polarización, narcotráfico, conflicto— Deas obligaba a volver a los documentos, a los nombres propios, a las fechas, a los hechos y a las particularidades. Antes de explicar Colombia había que leerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay también algo casi novelesco en el punto de partida. Un joven historiador formado en Oxford llega a un país que, en principio, podría haber sido apenas un capítulo de su carrera y termina permaneciendo en él, intelectual y afectivamente, durante décadas. Conoce a presidentes, historiadores, políticos, escritores y profesores; atraviesa cambios profundos de la sociedad colombiana; forma nuevas generaciones de investigadores y construye, con paciencia, una biblioteca mental sobre el país que difícilmente otro extranjero haya levantado de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El detalle importa porque la historia de Colombia también puede contarse desde quienes llegaron a ella sin pertenecer originalmente a sus disputas. Un extranjero puede tener una distancia que los colombianos perdemos precisamente porque vivimos dentro de nuestras propias explicaciones. Pero esa distancia, en el caso de Deas, nunca significó indiferencia. Con el paso de los años, el observador terminó convertido en una suerte de testigo íntimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea una de las paradojas más interesantes de su trayectoria: cuanto más estudiaba Colombia, menos podía ser considerado simplemente un extranjero que estudiaba a Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El prefacio del libro está escrito por James A. Robinson, premio Nobel de Economía, cuya obra sobre las instituciones y el desarrollo de las sociedades ha dialogado, desde otra perspectiva, con algunas de las preguntas que Deas formuló durante décadas sobre Colombia. Hay en ese encuentro intelectual una coincidencia interesante: tanto desde la historia como desde la economía institucional aparece la necesidad de mirar más allá de las explicaciones inmediatas y preguntarse por las instituciones, las decisiones, las circunstancias históricas y las personas que terminan moldeando el destino de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el libro no pretende convertir a Deas en una estatua académica. Me interesaba más el hombre detrás del historiador, sus conversaciones, sus obsesiones, sus amistades, sus recuerdos, sus silencios y también las personas que fueron construyendo con él esa relación particular con Colombia. Por eso el libro se mueve entre el perfil periodístico, la investigación histórica y el ensayo, entre la memoria y los documentos, entre lo que Deas recuerda y lo que otros recuerdan de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de quién fue Malcolm Deas. Se trata de qué Colombia aparece cuando uno decide mirar el país a través de los ojos de un inglés que pasó seis décadas intentando entenderlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aparece una Colombia menos cómoda que la de nuestras explicaciones habituales: una Colombia hecha de instituciones frágiles y persistentes, de guerras que dejaron marcas profundas, de élites, partidos y universidades, pero también de individuos concretos que intentaron, a veces con éxito y otras sin él, comprender el lugar en el que estaban viviendo. Una Colombia que no cabe del todo en las categorías con las que solemos describirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso la vida de Malcolm Deas termina siendo una manera inesperada de contar nuestra propia historia. El extranjero llegó buscando entender Colombia y, con el paso del tiempo, Colombia terminó formando parte de su propia biografía. La pregunta que queda para nosotros es quizá la inversa: después de seis décadas en las que Deas intentó descifrarnos, ¿qué hemos aprendido nosotros al mirarnos a través de sus ojos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El próximo 27 de octubre, a las 5:30 de la tarde, esa conversación llegará al Gimnasio Moderno, en Bogotá. El lanzamiento tendrá lugar en la Biblioteca del Gimnasio Moderno, en la carrera 9 #74-99, y contará con un panel que permite ampliar la conversación más allá de la figura de Deas. Participarán <strong>Paca Zuleta</strong>, profesional distinguida de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes; <strong>Gustavo Bell</strong>, historiador, periodista, abogado y exvicepresidente de Colombia; <strong>Alejandro Gaviria </strong>ex rector de la Universidad de los Andes  y yo, como autor del libro. La conversación será moderada por el periodista Alejandro Santos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una mesa particularmente apropiada para un libro que cruza historia, instituciones, política, academia y memoria. Paca Zuleta aporta una mirada desde la reflexión sobre el gobierno y las instituciones; Gustavo Bell, desde la historia y su propia experiencia en la vida pública; Alejandro Gaviria, desde una trayectoria que también ha unido la academia, las políticas públicas y el debate intelectual. Y en el centro de la conversación estará Malcolm Deas, un historiador que llegó desde Oxford y terminó haciendo de Colombia una parte fundamental de su propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá no haya mejor manera de presentar este libro que volver a la pregunta que lo atraviesa: <strong>¿qué hace un inglés durante seis décadas intentando entender a Colombia?</strong> La respuesta, después de todo, puede decir tanto sobre Malcolm Deas como sobre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133701</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 16:25:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/final-evento-malcolm.jpg?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué hace un inglés durante seis décadas intentando entender a Colombia?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El Papa León XIV, La IA y la crítica de la “Ilustración oscura”.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-papa-leon-xiv-la-ia-y-la-critica-de-la-ilustracion-oscura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presentamos este artículo sobre la encíclica &#8220;Magnífica humanidad&#8221; del Papa Leon XIV y argumentamos que puede ser concebida como una crítica a la Ilustración oscura</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace unos años Javier Milei dijo en un programa de televisión que el Papa Francisco era “el representante del maligno en la tierra”, además de tildarlo de defensor del comunismo. Al respecto uno puede preguntarse: ¿fue esta declaración producto del delirio de un loco, de un desquiciado? ¿Fue un lapsus ocurrido en medio de la euforia en una entrevista? O ¿tiene la declaración una connotación más seria, más profunda?, ¿estaba anclada, en verdad, en el sistema de creencias del entonces candidato? En efecto, no fue un lapsus ni nada parecido. La declaración de Milei se inscribe, de hecho, en toda una filosofía, un sistema bastante abierto y heterogéneo donde se mezclan anarcocapitalismo, libertarismo, aceleracionismo, transhumanismo y el deseo de destruir la democracia y corporativizar el Estado. Esta corriente se conoce hoy, a partir del libro del filósofo inglés Nick Land, como la “Ilustración oscura”<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. Milei comparte varios presupuestos de esa corriente, entre ellos, la necesidad de desregularizar el capital, la crítica del Estado, la crítica de la justicia social, la cual es considerada por el presidente argentino como “una aberración”, y la aversión por los controles democráticos. Las palabras virulentas de Milei contra Francisco se entienden, entonces, si comprendemos que ese Papa abogó por el control estatal de la economía, la responsabilidad tecnológica, la defensa de la justicia y, desde luego, el vehemente llamado a <em>“cuidar la casa común</em>”<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>, llamado que fue en su momento una especie de <em>ecología radical</em>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta nota expongo de manera breve qué es la ilustración oscura y me centro en la encíclica “Magnífica humanidad” del Papa León XIV, documento en el cual el Pontífice aborda el tema de la Inteligencia artificial (IA) y sus efectos sobre la persona y la sociedad. Como ya es bien sabido, León XIV se mantiene en la línea del pensamiento de Francisco, posturas que también le han acarreado la crítica de los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad, incluyendo la de los tecnobillonarios neorreaccionarios. Argumento en esta nota que la encíclica bien puede ser considerada como una crítica directa de la ilustración oscura y algunas de sus apuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La ilustración oscura y el reseteo del orden vigente.</em></strong> <strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el <em>Manifiesto tecno-optimista</em> (2023)de Marc Andreessen, dueño de la sociedad de capital de riesgo Andreessen Horowitz, uno de los fondos más importantes de Silicon Valley, se plantea la necesidad de superar al “último hombre”, al hombre moderno y mediocre que teorizó Nietzsche en sus obras.&nbsp; La misión consistiría en crear el superhombre tecnológico, donde existiría una prolongación técnica de la mente humana “a través de la inteligencia artificial”<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>.&nbsp; Se busca, igualmente, superar la <em>mortalidad,</em> la condición finita del humano. Estas posturas transhumanistas y poshumanistas exigen la eliminación de todos los límites regulativos de los Estados y los poderes públicos, la Organización Mundial de la Salud, y de cualquier institución, así sea la mismísima FDA (US. Food and Drug Administration). De hecho, Peter Thiel, el creador de Paypal y de la controvertida empresa Palantir, aceleracionista y anarcocapitalista, sostiene que los llamados <em>límites del crecimiento,</em> que publicó (con otros) Dennis L. Meadows en 1972, ha generado un <em>atraso</em> para la humanidad. El <em>ecologismo</em> y los hippies, a su parecer, vencieron, y han frenado el progreso tecnológico. Desde esta perspectiva Greta Thunberg, activista ambiental conocida en todo el mundo, es una especie de Anticristo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dice Fernández liria en su magnífico libro <em>Contra la ilustración oscura:</em> “Peter Thiel […] <em>está a favor de la completa privatización del poder, de la sustitución de cualquier poder público (incluido el militar) por los poderes privados</em>”<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>.Si se privatiza el poder, incluido el militar, lo cual crearía una sociedad militarizada, securitista, con una vigilancia especializada omnipresente, realizada por medio de una superinteligencia artificial que opere a nivel global, y así eliminar a los críticos y a los indeseados (la izquierda, los comunistas los socialistas, los ambientalistas, etcétera.), se estaría realizando la utopía de la prisión a cielo abierto; y, además, sería el fin de la democracia. Sería, más exactamente, la llegada del tecnofacismo. Por eso es que Peter Thiel, un abogado y Doctor en Filosofía, lanzó la polémica frase: “no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Lo que en verdad se quiere decir es que la democracia <em>no es compatible con la libertad que exige el mercado, ni con la libertad para experimentar sin límites con la ciencia, la tecnología, la ingeniería genética, etcétera, lo cual es requerido para definir nuestro futuro biónico o, incluso, para superar la especie humana.</em> Y si los controles políticos y democráticos les molesta a estos tecnobillonarios, hay que partir para marte, como propone Elon Musk, o construir ciudades en altamar, en aguas internacionales para así poder escapar a las regulaciones estatales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, estos tecnobillonarios, entre quienes está el bloguero Curtis Yarvin, de TIon Corporation, desean sustituir al Estado mismo y su control, regulación y vigilancia; o, a lo sumo, crear archipiélagos de Estados conectados en red: los <em>network state</em>. El Estado puede ser una monarquía digital, dirigido por un CEO, un genio de los negocios como ellos, y los parlamentos pueden ser sustituidos por juntas. Los ciudadanos se vincularían como clientes a la nueva estructura. La solución es, entonces, “que una aristocrática élite mundial tome el control del desarrollo tecnológico”. En todo este proyecto “se trata de acabar por completo con el actual orden internacional y sustituirlo por una ocurrencia mejor: <em>un orden libertario radical sin Estados, un sueño anarcocapitalista en el que no habría más que individuos y corporaciones privadas. Es, ante todo, el fin del ordenamiento institucional que edificó la ilustración”<a href="#_ftn5" id="_ftnref5"><strong>[5]</strong></a>.</em> Si la Ilustración- con sus límites-&nbsp; nos legó los Derechos del Hombre y del Ciudadano, con las promesas de libertad, igualdad y fraternidad; si legó la crítica, la democracia liberal y la división y el control entre los poderes, lo que buscan los oligarcas tecnológicos de la “ilustración oscura” es destruirla; son neorreaccionarios contra ese orden que les estorba. Por eso <em>la ilustración ha sido derrotada por el mercado, el capitalismo y su sueño tecnológico</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los magnates actuales, donde están incluidos los dueños de las grandes plataformas tecnofeudalistas y empresas de tecnología (Amazon, Apple, Microsoft, OpenAI), <em>desean resetear el mundo,</em> llevar sus tensiones al extremo para generar un nuevo orden social y político; muchos de ellos están ligados a los gobiernos de ultraderecha que crecen en el mundo y en América Latina. Argentina, Colombia y Ecuador no escapan a estos riesgos: <em>ellos ya están aquí.</em> &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La defensa de la persona humana y el cuidado del mundo en la encíclica de León XIV.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La encíclica de León XIV sobre la inteligencia artificial es un llamado al <em>cuidado</em>, un tema que se puso al orden del día después de la pandemia. De ahí su subtítulo: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia artificial”. Además del cuidado del mundo o de la casa común, el cual es condición de posibilidad de la reproducción de la vida del planeta y todas sus formas vivas, sus biotipos, el documento eclesial busca enfatizar la necesidad de <em>cuidar</em> la persona humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este llamado comporta la <em>exaltación</em> y valoración de la humanidad misma. Frente al nihilismo y las posturas poshumanistas, la encíclica retoma la idea que dignifica y estima positivamente al ser humano. Esto solo es posible si el evangelio está “a la altura de los tiempos”, si se trata de una iglesia “en camino en la historia de la humanidad”. Por eso, desde el comienzo se deja claro que “nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos”<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>. Así que se reivindica una iglesia untada de mundo que no se preocupa exclusivamente por el alma, lo cual se desprende de la Doctrina Social de la Iglesia (en adelante DSI), expresión usada por primera vez por Pio XII en 1950, pero cuyos contenidos sociales se remontan a la famosa encíclica <em>Rerum novarun</em> del papa León XIII (de quien el actual Papa toma su nombre), publicada en 1891.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debe quedar claro que la DSI no es un conjunto de recetas y soluciones para solucionar los problemas de la sociedad, ni la iglesia busca sustituir el papel del Estado o de las instituciones, tampoco “las responsabilidades de la política”. No. Debe entenderse como un “apoyo al discernimiento común”, al esclarecimiento de la realidad a la luz de la verdad del evangelio, para así contribuir a orientar la acción de los humanos.Concretamente lo que busca la encíclica es leer la IA y sus efectos y aplicaciones a la luz de <em>los fundamentos</em> y de los <em>principios</em> de la DSI<em>.</em> Dice León XIV: “Ante estas transformaciones, debemos recurrir a los principios de la DSI”. Estos son: la dignidad de la persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia. Estos operan como “<em>criterios</em> para juzgar si las tecnologías sirven realmente a la humanidad o terminan por someterla, y considerarlas como <em>orientaciones para nuestras decisiones</em>”<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a><em>.</em> Por ejemplo, esos principios podrían traducirse en una “planificación responsable, evaluación del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz”<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto implica que León XIV no sostiene una postura tecnofóbica. Al respecto dice: “la tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias […] concretamente, <em>no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza</em>”<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>. Por eso, sostiene, la primera elección no es entre un “si o un no” a la tecnología, sino en si la usamos para el bien o para el mal.&nbsp; Aquí el Papa acude a dos imágenes bíblicas que atravesarán sus reflexiones en toda la encíclica. La primera, es la conocida historia de la Torre de Babel, donde la soberbia humana, sin temor a Dios, crea obras desmesuradas, que luego provocan la falta de entendimiento lingüístico entre los humanos, por eso reina el caos y la incomprensión: “Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, <em>sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia</em> y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios”. La otra imagen bíblica es la “reconstrucción de los muros de Jerusalén”. Aquí el nombre de Nehemías cobra protagonismo porque él, siendo un judío al servicio del rey persa Artajerjes, “antes de actuar ayuna, reza e intercede por el pueblo”, “no impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de la muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos […] El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes”<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>. &nbsp;Así que frente a la tecnología y a la IA podemos tomar tanto el camino de la soberbia y la destrucción ejemplificada en la Torre de Babel, como el de Nehemías y la comunión, el trabajo compartido, la reflexión colectiva, y la edificación en comunidad. En suma, el Papa no lo dice así, pero podemos inferir que nos invita a generar entramados comunitarios, democráticos, donde impera el compromiso, <em>la construcción de lo común</em> y la restauración de lo que llamo “la sinapsis vital del mundo”<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>La IA y sus efectos &nbsp;</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el texto <em>Antiqua et nova</em> el Papa Francisco sostuvo: “el uso mismo de la palabra <em>inteligencia</em> en referencia a la IA es <em>engañoso</em> y corre el riesgo de descuidar lo más valioso de la persona humana. Desde esta perspectiva la IA no debe verse como una <em>forma artificial de la inteligencia, sino como uno de sus productos</em>”<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>. Esta afirmación del Papa es clave porque marca la perspectiva desde la cual es mirado el problema al interior de la iglesia, aunque no solo dentro de ella. Porque lo que debe quedar claro es que la llamada IA es un <em>producto</em> humano, incluso una herramienta. La IA es producto de la <em>inteligencia natural</em> y por eso mismo no puede ser equiparado con ella, como sostiene Antonio Damasio<a href="#_ftn13" id="_ftnref13">[13]</a>. &nbsp;Dice al respecto el Papa León XIV: “Estos sistemas <em>imitan</em> ciertas funciones de la inteligencia humana. Al hacerlo, a menudo <em>la superan en velocidad y amplitud de cálculo</em> […] y, sin embargo, esta potencia sigue ligada exclusivamente al <em>tratamiento de datos: las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”</em><a href="#_ftn14" id="_ftnref14">[14]</a><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La IA no es un sujeto y no puede tener experiencia: <em>ese contacto inicial y afectivo con el mundo y con la complejidad y diversidad de la realidad.</em> Por eso mismo, son incapaces de <em>pensar</em> (pues también pensamos con el cuerpo, las entrañas) y de <em>juzgar</em> moralmente. No tienen juicio moral, si bien no son neutras, pues pueden arrastrar los <em>sesgos</em> racistas, machistas, de clase, etc., contenida en la información o en los datos con los cuales fueron <em>entrenadas o alimentadas,</em> es decir: “también reflejan y refuerzan estereotipos o posiciones ideológicas de quienes [la] han diseñado y programado”.&nbsp; <em>&nbsp;</em>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este orden de ideas es importante pensar los efectos de la IA en distintos campos evaluándolos a la luz de los principios de la DSI ya mencionados. Por ejemplo, si miramos los principios del <em>bien común</em> y del <em>destino universal de los bienes</em> (agua, aire, genoma, información, etc.) es claro que “la IA tiende a aumentar sobre todo el poder de quien ya dispone de recursos económicos, competencias y acceso a datos”. El resultado de ello, es que podemos tener “pequeños grupos muy influyentes que pueden orientar informaciones, consumos, <em>condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos</em>”<a href="#_ftn15" id="_ftnref15">[15]</a><em>.</em> Este párrafo es central porque inquiere por quién programa, cómo obtiene los datos, la información, cómo la usa, para qué intereses. Sobre todo, permite preguntar por el <em>poder</em> que la IA otorga a quien la posee y la utiliza: hoy es claro que se usa en el mercado para la venta de productos y que nuestros datos son usados para crear perfiles&nbsp; de consumidor (<em>psicogramas</em>) y perfiles electorales; que los bots y los enjambres digitales crean y movilizan preferencias en las redes sociales, pero no sabemos, o no estamos seguros, como en Colombia, si la IA puede alterar, por ejemplo, los procesos electorales y, anular así, la voluntad popular y democrática de los ciudadanos facilitando ciberfraudes. &nbsp;<em>&nbsp;</em>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el Papa León XIV es claro que la IA opera bajo lo que él llama “<em>el paradigma tecnocrático”,</em> esto es, un paradigma donde el poder de la tecnología permite el control, el gobierno y el dominio, el cual puede ser usado para violar la dignidad de la persona y los derechos humanos. En este paradigma las personas son cosas, materia y datos medibles, manejables, utilizables y aprovechables. El ser humano es parte de un enjambre digital, donde opera y cumple una <em>función</em>. Este trato atenta contra la dignidad de la persona humana como creatura de Dios<em>;</em> igualmente<em>,</em> dado que los servidores de la IA consumen grandes cantidades de recursos, como agua o tierras raras, la explotación indiscriminada de los mismos atenta contra el planeta, contra <em>la casa común</em> y, en ese sentido, contra la obra divina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Especial atención presta el Papa a los efectos de la IA sobre la verdad, el trabajo y la libertad humana. En el primer caso, como es bien sabido, la IA ha permitido amplificar las <em>Fake News.</em> Esto ha afectado la democracia, los medios de comunicación y la educación misma. En este sentido, la apuesta de León XIV es recuperar el valor de la verdad <em>como bien común,</em> o lo que hemos llamado el <em>valor social de la verdad.</em> Ello exige un periodismo serio, la búsqueda de la verdad en la investigación, y un diálogo público sincero y abierto, argumentado, para fortalecer la democracia. Las instituciones, la escuela y la familia deben hacer una alianza para el uso adecuado de las tecnologías por parte de las infancias y deben establecer límites de edad para su uso. Por otro lado, en el campo del trabajo, debido al desempleo causado por la IA, debe primar la dignidad de la persona y el valor del trabajo sobre la eficiencia, el afán de lucro y el rendimiento de las empresas, por eso “el objetivo de obtener mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente el empleo”<a href="#_ftn16" id="_ftnref16">[16]</a>. La economía no puede estar por encima de la dignidad humana. Y, por último, especial atención pone el Papa al uso de los datos para tomar decisiones que afecten a las personas y les impida el acceso a los servicios públicos, créditos u otros bienes. En estos casos, el control social atenta contra la libertad positiva de la persona, no la escucha, la deja sin posibilidad de defenderse o refutar, y la condena al ostracismo social soslayando el perdón, la caridad o la compasión evangélicas. El Papa no lo dice, pero parece pensar aquí en el modelo chino del “crédito social” mediante el cual se premia o se castiga al ciudadano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el Papa se centra en el uso de la IA en la guerra; en las formas de deshumanización e impersonalidad que esta confiere a los actos bélicos, y a la manera como el uso de la IA puede fomentar el odio, la desinformación, movilizar el miedo, que azuzan la guerra y que, incluso, la <em>normalizan</em>. Al automatizar la guerra, la responsabilidad de los agentes se diluye, se vuelve opaca o se oculta. Por eso, en términos generales, León XIV llama a una regulación de la IA, a aplicar el principio de <em>responsabilidad y transparencia</em> entre quienes la desarrollan, quienes las usan, quienes toman las decisiones basándose en sus resultados, y en seguir una cadena de responsabilidad verificable en cada estación del uso de la IA. De esta manera, todo se hace <em>transparente</em> para la ciudadanía. Así mismo, llama a no invisibilizar a todos aquellos que la alimentan y que suelen estar precarizados, ni a desconocer el desgaste material del mundo que la IA provoca y que atenta contra la <em>casa común, el planeta.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El Papa contra la Ilustración oscura.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La IA es, tal vez, el producto más acabado de la revolución digital. Lo es tanto que alimenta narrativas como la de la digitalización de la conciencia; o que, gracias a sus usos y aplicaciones en campos como la biotecnología, pueda lograr la superación de la mortalidad y la finitud humanas. El Papa León se refiere a estos aspectos en la encíclica al hablar del poshumanismo y del transhumanismo. Al respecto dice: “una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una salvación puramente técnica”<a href="#_ftn17" id="_ftnref17">[17]</a>. El mensaje es claro: no se trata de una superación de la persona, de lo humano, porque esa mirada <em>desecha</em> la <em>criatura de Dios</em> y pretende “superarla” en una nueva especie. Para el Papa, se trata más bien de aceptar y reconocer nuestros <em>límites</em> y nuestra vulnerabilidad. Justamente, se trata de “custodiar lo humano”. En este sentido, esta postura rechaza los sueños aceleracionistas y prometeicos de Peter Thiel y su ilustración oscura. Permite pensar en que, antes de migrar hacia otros planetas, como piensa Musk, deberíamos cuidar este y no tratarlo como algo prescindible y desechable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La encíclica del Papa no renuncia a la necesidad de regular la tecnología y las demás innovaciones humanas. Estas deben estar al servicio de la humanidad y del planeta. Por eso, siguen siendo necesarios el papel del Estado (pero no un estadocentrismo), la democracia, el papel de los poderes públicos y la subordinación de la economía y el capitalismo a la vida. Ello implica luchar por <em>el bien común</em> superando los deseos oligárquicos de los tecnomagnates, y abogar por la construcción y el mantenimiento de un orden internacional y un multilateralismo que mantenga un orden global justo, sin países sometidos a poderes extranjeros. En todos estos aspectos la encíclica se convierte en un antídoto contra los sueños de “la ilustración oscura”. Mas bien, su apuesta es la de Nehemías, la de construir y reconstruir un orden donde podamos vivir juntos.&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Land, Nick. <em>La ilustración oscura y otros ensayos sobre la neorreacción.</em> Materia Oscura Editorial, 2022. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Pachón, Damián. El pensamiento social del Papa Francisco. <em>Franciscanum 58 (266),</em> p. 317-337, 2016. &nbsp;<em>&nbsp;</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Fernández Liria, Carlos. <em>Contra la ilustración oscura. Marx y Nietzsche frente al transhumanismo aceleracionista.</em> Barcelona, Arpa, 2026, p. 40. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> <em>Ibidem.,</em> p. 41.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> <em>Ibidem.,</em> p. 50.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Francisco citado por León XIV. <em>Magnífica humanitas.</em> (Sobre la custodia de la persona humana en tiempos de la inteligencia artificial). Contiene <em>Antiqua et nova</em> del Papa Francisco. Bogotá, Desde abajo, 2026, p. 17.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> <em>Ibidem,</em> p. 81.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> <em>Ibidem,</em> p. 16.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> <em>Ibidem.,</em> p. 14.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> <em>Idem.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> Pachón, Damián. <em>La recomunalización y la sinapsis vital del mundo. El ultimo Marx, Mariátegui y los retos del presente</em>. Investigación producto del año sabático. <em>Inédita</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Antiqua et nova,</em> en <em>Magnífica humanitas, Op. Cit.,</em> p. 119-120.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> Damasio, Antonio. <em>Inteligencia natural y la lógica de la consciencia.</em> Bogotá, Planeta, 2026, p. 166-167.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref14" id="_ftn14">[14]</a> León XIV, <em>Op. Cit.,</em> p. 49.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref15" id="_ftn15">[15]</a> <em>Ibidem,</em> p. 52-53.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref16" id="_ftn16">[16]</a> <em>Ibidem,</em> p. 68</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref17" id="_ftn17">[17]</a> <em>Ibidem,</em> p. 56.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133661</guid>
        <pubDate>Tue, 29 Sep 2026 01:02:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Damian-foto.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Papa León XIV, La IA y la crítica de la “Ilustración oscura”.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Triple emergencia en Chocó colombiano: ataques con drones, desplazamiento y ecos del terremoto golpean a cerca de 3000 personas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/triple-emergencia-en-choco-colombiano-ataques-con-drones-desplazamiento-y-ecos-del-terremoto-golpean-a-cerca-de-3000-personas/</link>
        <description><![CDATA[<p>En los humedales y bosques densos de la cuenca del río San Juan, en Chocó, Colombia, las amenazas no provienen de un único frente. Las comunidades afrodescendientes que habitan el territorio colectivo del Consejo Comunitario General del San Juan (Acadesan) enfrentan una encrucijada crítica. Acadesan reúne a 72 comunidades distribuidas en los municipios chocoanos de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Las 72 comunidades afrocolombianas que integran el Consejo Comunitario General del San Juan (Acadesan) sufren los estragos combinados de la guerra entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Clan del Golfo.</em></li>



<li><em>Debido al uso de drones con explosivos y las secuelas del terremoto del pasado 10 de agosto, 652 familias se encuentran confinadas.</em></li>



<li><em>A los desplazamientos masivos y confinamientos se suma la falta de una respuesta institucional efectiva.</em></li>



<li><em>Ante las fallas en el censo oficial de damnificados y el abandono estatal, la comunidad lanzó su propia emisora para tratar de romper su aislamiento.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En los humedales y bosques densos de la cuenca del río San Juan, en Chocó, Colombia, las amenazas no provienen de un único frente. Las comunidades afrodescendientes que habitan el territorio colectivo del Consejo Comunitario General del San Juan (Acadesan) enfrentan una encrucijada crítica. <strong>Acadesan reúne a 72 comunidades distribuidas en los municipios chocoanos de Sipí, Nóvita, Medio San Juan, Istmina y Litoral del San Juan, así como en Buenaventura, Valle del Cauca</strong>. Es, además, el único consejo comunitario de Colombia que cuenta con un esquema de protección colectiva integral, aprobado por la Unidad Nacional de Protección (UNP).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras <strong>el fuego cruzado entre grupos armados ilegales y sus ataques con drones y tecnología de punta los obligan a desplazarse de su territorio o a quedar confinados en él</strong>, las secuelas del sismo de magnitud 7.4 ocurrido en la mañana del 10 de agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, terminaron de resquebrajar sus condiciones de subsistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según la Defensoría del Pueblo, desde el mismo 10 de agosto, presuntos <strong>integrantes del Clan del Golfo llegaron a la comunidad San Agustín, en Sipí, en donde permanecieron por tres días restringiendo la movilidad</strong> y las actividades agropecuarias, pesqueras y forestales de la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, <strong>los enfrentamientos entre el Clan del Golfo y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) se extendieron a otras partes del territorio étnico</strong> de Acadesan <strong>en zonas rurales de Nóvita y Sipí</strong>, con un agravante: el uso de drones cargados con explosivos. El 23 de agosto, <a href="https://www.defensoria.gov.co/-/enfrentamientos-armados-en-la-subregion-del-san-juan-en-el-departamento-de-choco-generan-desplazamiento-y-confinamiento">en un comunicado</a>, la Defensoría denunció que uno de esos artefactos fue detonado en el corregimiento de Charco Hondo, una zona rural del municipio de Sipí, dejando tres civiles heridos (dos hombres y una mujer) y provocando el desplazamiento forzado de decenas de familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La entidad mencionó que <strong>cerca de 3000 personas (652 familias) están en situación de confinamiento y 90 familias más se desplazaron hacia otros municipios</strong> por estos hechos. Según el comunicado, la población civil vive atemorizada no solo por los enfrentamientos entre estos dos grupos ilegales, “sino por la posibilidad de que sus campos y caminos hayan quedado contaminados con artefactos explosivos debido al uso recurrente de drones”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con la defensora del Pueblo, Iris Marín Ortiz, su equipo realizó una misión humanitaria el 25 de agosto en el corredor Nóvita–Sipí, en donde evidenciaron <strong>daños graves en viviendas y bienes colectivos, ocasionados por explosivos y ráfagas de fuego, así como afectaciones psicológicas</strong> importantes en la población.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Se acompañó el traslado de 40 personas desplazadas desde Torrá hacia Nóvita e Istmina, algunas de las cuales posteriormente continuaron su desplazamiento hacia otros lugares del país. Con estas acciones no se quiere decir que el corredor humanitario se encuentre plenamente normalizado. Persisten restricciones de movilidad y condiciones de seguridad que dificultan el acceso regular y seguro de la población y de la oferta institucional humanitaria. Por ello, <strong>continuamos realizando llamados a las autoridades competentes para garantizar condiciones efectivas de acceso, protección y atención</strong>”, señaló Ortiz a <strong>Mongabay Latam</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En efecto, Mauricio Parra, asesor de Acadesan, asegura que quienes han logrado huir de la violencia o de la pérdida de sus viviendas en las zonas rurales enfrentan hoy un drama silencioso en los centros urbanos. “<strong>En el municipio de Istmina, las familias desplazadas se encuentran alojadas en condiciones de extremo hacinamiento</strong> en casas de familiares y amigos”, comenta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/08/terremoto-colombia-pueblos-indigenas-afrodescendientes-censo-damnificados-vacio-informacion-oficial/">Terremoto en Colombia: pueblos indígenas y afrodescendientes hacen su propio censo de damnificados ante vacío de información oficial</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">El terremoto que profundizó la crisis</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El escenario para las comunidades afro de Acadesan se ha complicado en las últimas semanas. <strong>La sede de la asociación en el municipio de Istmina, que históricamente ha funcionado como albergue temporal para atender las emergencias en el territorio, también resultó gravemente afectada por el terremoto</strong>, lo que impide alojar a las víctimas de los grupos armados. Todo esto ocurre mientras el departamento sigue sin terminar el censo de daños del sismo, lo que, según la propia Defensoría, impide dimensionar y atender oportunamente a las víctimas en zonas rurales que permanecen incomunicadas.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279164"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/25215629/Foto-4.jpeg" alt="Desplazamiento, ataques con drones y terremoto: la triple emergencia que enfrentan las comunidades afrocolombianas del río San Juan en Chocó" class="wp-image-279164" style="aspect-ratio:0.75;width:960px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La sede de Acadesan en Istmina, Chocó, que también funciona como albergue, presenta fallas en su estructura debido al terremoto del 10 de agosto ocurrido en Colombia. Foto: cortesía Acadesan</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Acadesan calcula que <strong>más de 200 viviendas del territorio colectivo quedaron totalmente destruidas o inhabitables</strong> debido al sismo y a un vendaval posterior el 13 de agosto, aunque esta cifra es un estimado preliminar y es posible que sean muchas más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como si esto fuera poco, el proceso de censo y registro de damnificados por los desastres naturales ha enfrentado una serie de desafíos tanto logísticos como de seguridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien muchas familias no están en sus casas debido a los enfrentamientos, otras denuncian que no han recibido la visita de los funcionarios públicos de las alcaldías para llenar el formulario de afectaciones a sus viviendas tras el terremoto, dispuesto por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 4 de septiembre de 2026, Acadesan envió derechos de petición (solicitudes de información oficial) a las alcaldías de Sipí, Nóvita, Medio San Juan, Istmina, Litoral del San Juan (Chocó) y Buenaventura (Valle del Cauca), <a href="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/23232030/Derecho-de-peticion-para-UNGRD-solicitud-intervencion-humanitaria-urgente-ACADESAN-4-de-septiembre-de-2026-FINAL.pdf">así como a la UNGRD</a>, para <strong>denunciar posibles irregularidades en la recolección de información en terreno</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Tenemos entendido que los formularios de la UNGRD deben ser completados directamente por funcionarios públicos. Sin embargo, no conocemos ningún caso en donde se haya realizado este procedimiento. Por el contrario, algunas comunidades han manifestado que servidores públicos han enviado o dejado los formularios en las comunidades para que sean las mismas personas afectadas quienes los llenen”, denuncia Felipe Nery Martínez Arboleda, representante legal de Acadesan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la perspectiva de la organización étnica, esta práctica vicia el procedimiento legal y <strong>amenaza con dejar por fuera del registro oficial a cientos de familias que perdieron sus casas o cultivos, lo que posteriormente les impedirá acceder a la ayuda estatal</strong> o a programas de reconstrucción.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/08/colombia-el-imperio-de-alias-calarca-que-devora-el-bosque-amazonico-en-caqueta/">Colombia: el imperio de alias “Calarcá” que devora el bosque amazónico en Caquetá</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279166"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/25215636/Foto-2.jpeg" alt="Desplazamiento, ataques con drones y terremoto: la triple emergencia que enfrentan las comunidades afrocolombianas del río San Juan en Chocó" class="wp-image-279166" style="aspect-ratio:2.168021680216802;width:1600px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La escuela de la comunidad de Charco Largo, en Sipí, quedó reducida a escombros tras el terremoto del 10 de agosto. Foto: cortesía Acadesan</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para tratar de encontrar una solución rápida a las familias que no pueden regresar a sus hogares debido a que sus casas quedaron destruidas por el sismo, por el vendaval o por los enfrentamientos armados, <strong>Acadesan también solicitó a la UNGRD la construcción de ocho casas comunitarias</strong>, una por cada una de las ocho zonas que componen su territorio, que sirvan para resguardarse frente a desastres naturales y para el desarrollo de actividades comunitarias. “<strong>Estas casas buscan que las comunidades no tengan que desplazarse necesariamente a las cabeceras municipales, en donde el desplazamiento se vive de manera mucho más brutal</strong>”, agrega Martínez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque <strong>Mongabay Latam</strong> consultó a la UNGRD para conocer sobre estos hechos, desde su oficina de prensa se limitaron a indicar que no tienen información al respecto.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El modelo de protección colectiva</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hace particular la forma de organización de Acadesan en términos de seguridad es que, desde enero de 2024, <strong>cuentan con un esquema de protección colectiva para las 72 comunidades que la conforman</strong>. Se trata del <strong>primer esquema de este tipo reconocido en Colombia</strong>, tras más de cuatro años de insistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debido al contexto de conflicto armado en la cuenca del río San Juan, <strong>la UNP aprobó 50 medidas de protección a cargo de 23 entidades del Gobierno Nacional</strong>, un modelo que buscaba superar el enfoque tradicional de protección individual (escoltas, chalecos, celulares) para atender el riesgo de la comunidad como sujeto colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas 50 medidas apuntan a fortalecer el proceso organizativo de las comunidades e incluyen lanchas para misiones humanitarias, infraestructura para evacuaciones rápidas en medio de combates y casas comunitarias que sirvan de refugio. Además, procesos de recuperación de la cultura, el arte y la historia del pueblo negro de la cuenca del Rio San Juan y la financiación de equipos técnicos propios que le den a la organización mayor capacidad de diálogo con el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El eje central de estas medidas de protección es la estricta neutralidad</strong>. Acadesan rechazó cualquier tipo de esquema armado para evitar que sus líderes e integrantes fueran señalados por los actores legales o ilegales que operan en la zona. Bajo este enfoque, <strong>creen que la protección no se construye con armas, sino reduciendo las vulnerabilidades históricas de la población</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/09/sobreexplotacion-pesquera-colombia-comunidades-pacifico-estudio/">Colombia: la sobreexplotación pesquera afecta a por lo menos tres especies clave para comunidades del Pacífico | ESTUDIO</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279167"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/25215639/Foto-3.jpeg" alt="Desplazamiento, ataques con drones y terremoto: la triple emergencia que enfrentan las comunidades afrocolombianas del río San Juan en Chocó" class="wp-image-279167" style="aspect-ratio:1.7777777777777777;width:1280px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Río San Juan visto desde la comunidad de Palestina, corregimiento del municipio de Litoral del San Juan, en el departamento de Chocó. Foto: cortesía Acadesan</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y es justamente este concepto de protección colectiva el que, según Astrid Torres, coordinadora del programa Somos Defensores, muchas comunidades han insistido en recibir, pero el Estado aún no lo contempla. “El analista es quien determina las medidas de protección preconcebidas dentro del Estado, cuando realmente son las personas en los territorios quienes pueden establecer con mayor claridad y rigurosidad qué tipo de acciones se deben desarrollar en términos de prevención, protección y reacción”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la pregunta que surge ante los hechos de violencia de agosto de 2026 es evidente: ¿qué tan efectivas han sido esas 50 medidas frente a una escalada de esta magnitud?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mauricio Parra pone un ejemplo concreto sobre esa brecha: cuando se aprobó la medida de protección colectiva, Acadesan recibió gasolina para el uso de sus lanchas y botes a través de donaciones. Hoy, dos años después, <strong>no pueden mover sus medios de transporte, los cuales sirven, precisamente, para evacuar a la población y trasladar ayuda humanitaria en medio de emergencias como la actual</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el suministro de gasolina está consignado en la medida 42 de una <a href="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/23232506/Resolucion-317-de-2024-Medidas-de-Proteccion-Colectiva-de-ACADESAN-UNP-22-de-enero-de-2024.pdf">Resolución DGRP del 22 de enero de 2024</a>, el mismo acto administrativo que aprobó la protección colectiva, Parra asegura que no han recibido ni gasolina ni el mantenimiento necesario para las lanchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Un gran porcentaje de las personas que usan vehículos de protección de la UNP son personas de estratos 4, 5, 6 [los más ricos del país] que pueden pagar la gasolina y pueden pagar el mantenimiento de los vehículos. Mientras que las comunidades rurales que se mueven por vía fluvial, en botes, están en un escenario de pobreza o de pobreza extrema, en un escenario de violaciones masivas a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Pero a <strong>esas comunidades les toca sacar dinero que no tienen para pagar la gasolina. Ese sigue siendo un problema que debe ser corregido por el Gobierno</strong>”, denuncia Parra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con la resolución citada, <strong>el Ministerio de Minas y Energía es la entidad encargada de suministrar “gasolina motor corriente” para 12 lanchas del colectivo</strong> y de establecer una mesa técnica que estipula un mecanismo de financiamiento para asegurar la entrega del combustible de manera anual. Sin embargo, <a href="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/23231512/Respuesta-MinMinas-a-Acadesan.pdf">en respuesta del 9 de septiembre de 2026</a> a una solicitud de Acadesan por la emergencia del sismo, <strong>el ministerio afirmó que no era posible atribuirle la obligación de suministrar el combustible ni autorizar recursos públicos para ese fin</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mongabay Latam</strong> contactó al Ministerio de Minas y al Ministerio del Interior. Esta última entidad es la responsable de hacer seguimiento a los avances de la implementación de las medidas de protección colectiva y a la respuesta institucional ante el desplazamiento masivo. Hasta el momento de la publicación de este reportaje ninguna de las entidades ha respondido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Astrid Torres, en este tipo de contextos de crisis humanitaria, es esencial una acción que parece simple y obvia: “<strong>El Gobierno Nacional debe iniciar una comunicación directa con la comunidad y valorar las medidas necesarias ante la situación de emergencia</strong>, no solo del terremoto, sino por el confinamiento y el desplazamiento causado por el conflicto armado. También es indispensable reconstruir de manera inmediata la sede comunitaria que funciona como refugio y reconocer las agendas colectivas y de autoprotección que ya se tienen para enfrentar este tipo de situaciones”. Sin embargo, <strong>los voceros de Acadesan aseguran que hasta el momento el Gobierno Nacional no ha establecido diálogo con ellos</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La otra función de Acadesan</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En Acadesan, el&nbsp; consejo comunitario tiene la responsabilidad de velar por la conservación y protección de los derechos de la propiedad colectiva y por la integridad de los territorios titulados a las comunidades afrocolombianas del río San Juan y sus afluentes. También, de adelantar campañas en defensa del ambiente y sus recursos naturales, según establece la organización en su propia carta de principios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta labor cobra especial relevancia porque <strong>el territorio colectivo se ubica en pleno Chocó biogeográfico</strong>, considerado uno de los <a href="https://www.cepf.net/resources/ecosystem-profile-documents/tropical-andes-ecosystem-profile-2021-0">36 hotspots de biodiversidad en el mundo</a>, según la clasificación global de Conservation International (CI) y el Critical Ecosystem Partnership Fund (CEPF), pero que está sometido a un deterioro acelerado. Muestra de esta presión es que, según <a href="https://globalnaturewatch.org/dashboards/country/COL/13/?map=eyJjYW5Cb3VuZCI6dHJ1ZX0%3D">cifras de Global Nature Watch,</a> <strong>entre 2002 y 2025, el departamento del Chocó perdió 38 000 hectáreas de bosque primario húmedo</strong>, lo que representa el 29 % de su pérdida total de cobertura arbórea. El 62 % de la pérdida de cobertura vegetal en el departamento correspondió a deforestación permanente, impulsada principalmente por la agricultura permanente (75 000 hectáreas) y los procesos mineros y extractivos (5700 hectáreas), sumados a la infraestructura y asentamientos humanos (450 hectáreas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a este panorama, gran parte de las medidas de protección colectiva reconocidas a Acadesan en 2024 no solo buscan blindar a la población del conflicto armado, sino también avanzar en la garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, es decir, mejorar la educación, la salud, la seguridad alimentaria y los ingresos de las familias a través de proyectos productivos y el acceso a energía limpia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta dimensión ambiental añade otra capa de urgencia a la crisis actual: mientras el conflicto armado y el terremoto concentran la atención institucional, <strong>el territorio que Acadesan busca proteger sigue expuesto a la presión de actores legales e ilegales que disputan el control de sus recursos naturales y corredores fluviales</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jazmín González Díaz, secretaria de Acadesan y directiva zonal en el municipio de Litoral del San Juan, señala que, entre las 50 medidas de protección adoptadas, el Ministerio de Ambiente y Codechocó —la autoridad ambiental regional— se comprometieron a implementar el Plan de Ordenamiento y Manejo Ambiental del territorio colectivo de Acadesan. <strong>El objetivo era proteger el territorio frente a la tala, la pesca y la minería ilegales. Sin embargo, asegura que ese compromiso sigue sin cumplirse.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Estamos profundamente decepcionados y con muy poca esperanza porque no ha habido ningún avance en estos planes, a pesar de que el plan de manejo era un compromiso asumido por el gobierno anterior”, manifiesta González. <strong>A la lideresa le preocupa que, tras las afectaciones del reciente terremoto, la crisis obligue a las familias a recurrir a la extracción de recursos para subsistir</strong>: “Nos preocupa que muchas familias se vean forzadas a extraer oro de manera irregular, así como a talar madera en los manglares y en las más de 590 000 hectáreas de bosque del territorio de Acadesan, pues aquí la gente vive exclusivamente de lo que produce la tierra”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mongabay Latam</strong> consultó al Ministerio de Ambiente y a Codechocó pero hasta el momento no se han obtenido respuestas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Acadesan Radio 101.3 FM: una herramienta contra el aislamiento</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En medio del confinamiento, la incomunicación y la falta de energía eléctrica que afecta a la mayoría de los poblados rurales de la cuenca del río San Juan, <strong>las autoridades de Acadesan le apostaron a una última herramienta de autoprotección: la radiodifusión</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/2026/04/erosion-costera-pacifico-colombiano-termales-nuqui/">Erosión costera en el Pacífico colombiano: una comunidad de Nuquí podría desaparecer</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_279163"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/09/25215624/Foto-5-1-scaled.jpg" alt="Desplazamiento, ataques con drones y terremoto: la triple emergencia que enfrentan las comunidades afrocolombianas del río San Juan en Chocó" class="wp-image-279163" style="aspect-ratio:1.3333333333333333;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">La emisora de Acadesan mantendrá informadas a las comunidades del San Juan ante emergencias como el terremoto del 10 de agosto, así como sobre crisis humanitarias por desplazamiento y confinamiento. Foto: cortesía Acadesan</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El pasado miércoles 9 de septiembre de 2026, tras un largo proceso de gestiones y convocatorias ante el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC), <a href="https://acadesanradio.org/inicia-el-trabajo-de-parto-de-acadesan-radio/">salió oficialmente al aire Acadesan Radio (101.3 FM)</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de que el montaje de las torres y transmisores representó un enorme esfuerzo económico para el consejo comunitario, <strong>la emisora busca convertirse en el canal central para difundir alertas de emergencia, información comunitaria y resistencia cultural</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La emisora es muy importante en un territorio en el que la mayoría de las comunidades no tiene energía o no tiene energía estable, y donde la telefonía e internet son muy precarios. Poder tener una emisora en FM, donde la gente simplemente con un radio de 30 000 o 50 000 pesos [entre 10 y 16 dólares] pueda saber qué está pasando en su territorio o <strong>recibir noticias de un familiar, tiene que ver con esa posibilidad de resistencia</strong>”, dice Mauricio Parra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Previo al otorgamiento de la licencia, Acadesan recibió apoyos de alrededor de 10 entidades, entre estatales y ONG, para su funcionamiento. “Estas alianzas han permitido contar con un equipo intermitente para la gestión radial, desarrollar procesos de formación, realizar sondeos de audiencia, producir contenidos para redes sociales, sensibilizar a la comunidad sobre el lanzamiento y avanzar en infraestructura, como por ejemplo la donación de la antena, la mesa de mezclas, los micrófonos y otros equipos”, detalla Jonathan Sánchez Sinisterra, coordinador de Comunicación de Acadesan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para las 72 comunidades del consejo comunitario, <strong>mantener encendidos sus radios representa hoy una de las pocas garantías para informarse, prevenir nuevos impactos de la guerra</strong> y evitar que su historia y su cultura se borren en medio de la selva del Pacífico colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Dado que se trata de un territorio geográficamente disperso donde muchas comunidades no se conocen entre sí, la radio fortalece las expresiones locales y permite reconocer la vigencia de prácticas compartidas. Por ejemplo, dentro de nuestra programación tenemos un espacio para la tradición oral («la hora del cuento»), concebido para registrar la memoria local y tejer redes de protección comunitaria alrededor de la palabra”, concluye Sánchez.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> en el extremo sur de Chocó, las comunidades del Litoral del San Juan enfrentan con temor una guerra que ha escalado: los grupos armados que se disputan el territorio ahora utilizan drones cargados con explosivos. <strong>Foto:</strong> cortesía Acadesan</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por</em> <a href="https://es.mongabay.com/by/tatiana-rojas-hernandez/">Tatiana Rojas Hernández</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/09/triple-emergencia-choco-colombiano-ataques-drones-desplazamiento-terremoto/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/09/triple-emergencia-choco-colombiano-ataques-drones-desplazamiento-terremoto/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133640</guid>
        <pubDate>Mon, 28 Sep 2026 22:10:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Triple emergencia en Chocó colombiano: ataques con drones, desplazamiento y ecos del terremoto golpean a cerca de 3000 personas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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        <title>El Coraje del Optimismo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/el-coraje-del-optimismo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Como veterano en el ejercicio del poder, a manera de despedida, y como indicio y presagio de un futuro nuevo oficio en el escenario internacional, el presidente de Francia intervino por última vez en esa condición ante la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso de elevados tono y contenido.&nbsp; Con su experiencia [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Como veterano en el ejercicio del poder, a manera de despedida, y como indicio y presagio de un futuro nuevo oficio en el escenario internacional, el presidente de Francia intervino por última vez en esa condición ante la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso de elevados tono y contenido.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con su experiencia de estadista consumado, luego de nueve años de ejercicio de la presidencia de una de las potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad, Emmanuel Macron se refirió de manera crítica a la situación del mundo y planteó la existencia de obligaciones ineludibles para los miembros de la ONU ante las amenazas que se pueden observar desde las cimas del poder. Amenazas que otros no advierten y que algunos, también desde las alturas, encarnan y propician.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego de excusarse por la falta de originalidad que suelen tener los discursos que se pronuncian desde ese podio, Macron reconoció que la marca que lleva la palabra de los gobernantes del mundo en estos días es la de denunciar el retorno del imperialismo, la arrogancia y el uso de la fuerza como expresión del retorno de la ley de la selva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Criticó, y se entendió a quiénes se refería, la pretensión de concentración del poder en unos pocos que piensan que pueden romper el orden internacional para agrandar sus fronteras y desconocer la soberanía de los pueblos, lo mismo que decidir sobre el porvenir del planeta en asuntos de interés general como el cambio climático y la inteligencia artificial.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordó que la razón de ser de la Organización, que convoca cada año a los gobernantes del mundo a esa Asamblea, es la de procurar discusiones y decisiones resultantes de la alianza de quienes desean tomar un rumbo definido en busca del interés común, sin alienar su soberanía. Esto es entre países libres e iguales, no dispuestos a ceder a los más poderosos su capacidad de decidir sobre su destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lamentó, con sobrada razón, la acumulación de guerras que no ha sido posible solucionar, aunque no falte quien pretenda decir otra cosa en discursos sin fundamento, e hizo propuestas de acción frente a una serie de fenómenos de diferente índole que hacen presión sobre la comunidad internacional, ante los cuales es necesario no ceder. Y ese fue el fondo de su discurso.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero que todo hizo un llamado a no sucumbir ante la idea de que vivimos una situación irreparable de fatalidad para desgracia de los pueblos del mundo. Para esos efectos advirtió que ante problemas como los del Oriente Medio, Ucrania o África, no hay que olvidar que si bien el derecho internacional, y en particular el derecho internacional humanitario -derecho de la guerra-, con su sola existencia no arregla las cosas, hay que hacerlo funcionar con voluntad política, de manera que se evite el imperio de la barbarie.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al resaltar el valor de la acción política en esa dirección recordó la importancia y efectividad de la “coalición de voluntarios” que Francia conformó con Alemania, el Reino Unido de la Gran Bretaña y otros países dispuestos a trabajar por la paz en Europa, que fue donde comenzaron las dos guerras mundiales, que hay que tener presentes como tragedias que no se pueden olvidar. Y mucho menos repetir. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como segundo propósito a adoptar señaló la tentación a aplicar un doble rasero que divide al planeta y afecta la coherencia del orden internacional y de la Carta de las Naciones Unidas. De manera que, por ejemplo, en el caso de la soberanía de los Estados, no se puede contar con ella y proclamarla y defenderla en el caso de Europa, mientras se prescinde del mismo respeto en otras partes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rechazó, como tercera consideración, la división del mundo entre Norte y Sur, al tiempo que advirtió que los desafíos del planeta no se podrán afrontar si se permite que esa división eche raíces. Semejante división, lo mismo que la conformación radical de bloques, es la base indeseable de la aplicación del doble rasero en el manejo de los asuntos mundiales, cuando lo que se necesita es reconciliar a todos los países para enfrentar los problemas derivados del cambio climático, la salud y el desarrollo. Esta afirmación, lo mismo que las anteriores, las ilustró con las acciones que Francia ha desarrollado bajo su dirección en diferentes escenarios del mundo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un cuarto principio invocado por Macron fue precisamente el de no ceder en los esfuerzos necesarios para el manejo adecuado de los problemas derivados del clima y para proteger la biodiversidad. Para lo cual invocó el valor del multilateralismo como forma de acción para conciliar necesidades de uso y protección de los recursos naturales y elogió los acuerdos conseguidos hasta ahora por numerosos países que se han venido sumando a la implementación de las medidas correspondientes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente francés no podía dejar de manifestarse respecto de la inteligencia artificial, materia en la cual pidió no ceder ante la creencia de que solo los Estados Unidos y China puedan decidir, junto con unos pocos actores económicos, las innovaciones por hacer, las pausas en el desarrollo de la IA, para terminar con el poder suficiente de afectar el futuro de las demás sociedades. Ese fue el quinto punto de su mensaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordó que, en el seno del G7, Francia, junto con Canadá, lanzó la iniciativa de Asociación Global para la Inteligencia Artificial en busca de acuerdos para su regulación, de manera que hacia adelante exista una coalición de países independientes que no deseen ser vasallos de una u otra de las dos grandes potencias mundiales en la materia. Todo esto con miras a proteger a la ciudadanía y en particular a la niñez de los embates de las redes sociales y de desarrollar un modelo de frontera de código abierto que sume capacidades informáticas y de inversión de los interesados en deshacer el desequilibrio que representa la exclusividad de China y los Estados Unidos en esa materia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para concluir, y con la advertencia de no pretender ser exhaustivo, invocó la necesidad de continuar con una agenda que ha de conducir a que diferentes regiones del mundo se puedan equipar de capacidades propias y modelos de Inteligencia Artificial que les permita un creciente margen de independencia, que debe ir más allá de la ciberseguridad e incluir otros elementos de preservación de la seguridad nacional mediante una vigorosa cooperación científica orientada al espacio y los nuevos requerimientos de la defensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin la sumisión o los reproches apasionados de otros, el discurso de despedida de Emmanuel Macron puso en evidencia visiones muy distintas del momento que vive el mundo y de posibles desarrollos futuros. En particular, contrastó con el pronunciado por el presidente de los Estados Unidos, dedicado a exaltar el poderío de su país y los éxitos que, en su lectura del mundo, se deben reconocer a su gestión de un año a la cabeza no solo de la Unión Americana sino de muchos asuntos de la vida del planeta, según sus cuentas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al menosprecio por el multilateralismo y la convicción del poder de la Casa Blanca para hacer o dejar de hacer, sin tener en cuenta regla alguna, Macron defendió el multilateralismo, en contra de la ley de la selva, precisamente sobre la base de reglas claras y voluntad de acción multilateral. A la arremetida contra las instituciones internacionales, Macron se manifestó en favor de su fortalecimiento sobre principios y compromisos universales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trump resaltó el uso de la fuerza, que se ufanó de haber usado, al tiempo que se autoproclamó como un pacificador jamás visto hasta ahora. Y no dejó de incurrir en el tono tercermundista de los que van a esa tarima a hablarles a los clientes de su remota vereda, con la mirada puesta en las elecciones de mitaca que en su país se avecinan y parecerían ser causa de sus desvelos. Macron exaltó el valor del derecho y el talante propio de la tradición republicana de Francia, que tiene tanto admiradores como contradictores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para no salir del grupo de las potencias con asiento en el Consejo de Seguridad, se pudo apreciar el contraste entre un talante de corte imperial y otro de índole democrática. Ambos inspirados en profundas convicciones sobre la que los dos líderes consideran es misión de su país en el mundo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">De un lado un mensaje supremacista que pone el interés de su país por encima de todos los demás, con la opción de premiar fidelidades y castigar insubordinaciones, con cuidado en el tratamiento hacia contradictores que se pueden considerar de talla comparable. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Del otro, un mensaje más desprendido de alguien que está de salida y desea dejar grabada una memoria que pueda contribuir a la mejora de esa arquitectura internacional que a veces parece escuálida pero cuya existencia es fundamental para no sucumbir cuando se desata como parámetro único de la vida internacional la ley de la selva. Para lo cual, como lo advirtió el mismo presidente francés, sirve mucho obrar con el coraje del optimismo. </p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133632</guid>
        <pubDate>Mon, 28 Sep 2026 00:05:26 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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