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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 21 Sep 2026 01:23:03 +0000</lastBuildDate>
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	<title>You searched for nueva+sociedad | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Abelardo y la prensa cortesana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-y-la-prensa-cortesana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El presidente graduó a unos medios de “amigos”, dando a entender que otros son enemigos, como si pretendiera diezmar el poder del “cuarto poder”. Cualquier amenaza a la libertad de prensa, se combate con un periodismo capaz de irritar a los poderosos, no de confabularse con ellos. ¿Estamos en la era del periodismo low-cost?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><em>“En el entorno político actual hay una falta de respeto por la independencia de la prensa. Y hay una disposición a atacar a los periodistas por informar. Todo ello contribuye a formar un ambiente aterrador para los periodistas y las fuentes”:</em> <strong>Ronald Farrow, Premio Pulitzer al Servicio Público (2018).</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Amanecimos con la noticia de que no hay noticias, porque están prohibidas las ruedas de prensa en este gobierno. Si eso no es obstrucción al periodismo, ¿Qué es?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una agresión evidente contra la prensa y un saboteo al derecho a la información. &nbsp;¿Por qué el país no está conversando sobre esto? ¿Por qué algunos opinadores, siendo periodistas, parecen estar del lado del poder y no de la prensa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ciertos columnistas de El Tiempo, por ejemplo, parecen más bien asesores de imagen del presidente Abelardo De la Espriella, cual cortesanos. Tres botones para la muestra, porque el espacio es corto para juntarlos a todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de sus columnas, la abogada María Isabel Rueda, experiodista ella, en lugar de defender a la prensa de los atropellos del presidente, le manda a decir -palabras más, palabras menos- que su éxito consistirá en comunicar bien los mensajes. Y le recuerda que para eso está el periodismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, como si la prensa fuera la bella Cenicienta del poder, esa cohorte que aplaudía al rey, incluso cuando el rey era indigno de aplausos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Bob Woodward y Carl Bernstein se hubiesen comportado como lisonjeros, el caso Watergate sobre espionaje político no habría existido, y el presidente Richard Nixon jamás habría sido obligado a dimitir. <em>“Los buenos ganaron”,</em> resumió un periodista de la época. The Washington Post alentó a sus reporteros a bucear en las alcantarillas. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si <strong>El Espectador</strong> no hubiese investigado y denunciado los malos manejos del Grupo Grancolombiano en los años 80, ese crimen financiero habría quedado impune y los culpables libres, haciendo fiesta con el dinero de los ahorradores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debe recordarse como lo que es: una de las grandes gestas del periodismo colombiano. Don Guillermo Cano enseñó que se puede ejercer un periodismo aséptico e incorruptible. Sabemos el precio que pagó por estar del lado correcto. La única forma de honrar su memoria y valentía es a través de un periodismo confiable, responsable y ético. Son las tres armas del buen periodista. Saltarse cualquiera, significa amputar el alma del oficio: la confianza del público. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos acercamos peligrosamente a una especie de <em>periodismo de bajo costo (low-cost</em>); es decir, sin principios, sin ética, alejado de las buenas prácticas y despojado de todo aquello que es la razón de ser de la prensa: la conciencia crítica y moral de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestro oficio no existe para ser vil, sino para servir de escudo a la sociedad ante los excesos del gobernante de turno. De eso hablamos cuando hablamos de periodismo independiente. Lo demás ¿es periodismo o habrá que redefinir qué entendemos por periodismo hoy?</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>“Al gobierno le conviene mantener una permanente conversación, diálogo e interlocución con los distintos sectores del país, incluyendo, claro, a los productivos, y una buena forma es que sea a través del periodismo”,</em> </strong>afirma la periodista María Isabel Rueda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo es un contrapoder, a diferencia del columnismo que suele utilizarse como trinchera ideológica para defender a unos y atacar a otros; es decir, para ejercer el activismo y la oposición de manera simultánea, a veces con más rabia y sesgo que rigor y seriedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda hace gala de una supuesta independencia: <em>“&#8230;los que informamos y opinamos quedaríamos heridos en la credibilidad, nuestro más valioso patrimonio”.</em> Queda muy mal parada cuando, varias líneas después, sugiere que unos ministros <em>“deben hablar mucho y otros muy poco”</em>. Como quien dice: este de aquí que se calle y el de allá que hable por los demás. Leer para creer.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Baste decir que hace rato la señora María Isabel dejó de informar para dedicarse a pontificar sobre lo divino y lo mundano, poniendo en evidencia sus malquerencias políticas. No es la única que cumple bien su papel de cortesana. Desde las páginas de El Tiempo la acompañan Juan Lozano y Mauricio Vargas, cada cual desde su esquina. El doctor Lozano usa su editorial en La FM para hablar como el expolítico que es, aunque nunca se sabe cuánto tiempo le falta para regresar a esas lides o, aún mejor, ingresar a la cómoda vida diplomática, como su abuelo, Juan Lozano y Lozano, quien fue político, periodista, militar y poeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Rueda, Vargas y Lozano fueron opositores despiadados durante el gobierno de Petro y ahora actúan como benefactores en el de Abelardo. Ojalá en alguna facultad de comunicación se tomen el trabajo de poner a los estudiantes a analizar el mal llamado “periodismo de opinión” en Colombia. Empecemos por enseñarles que el activismo que muchos ejercen desde las páginas editoriales de los periódicos, incluso desde la radio y la televisión, no es periodismo, por más que utilicen los mismos vehículos para difundirse.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3"><strong>La prensa es la conciencia crítica y moral de una sociedad.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​En su columna dominical “Optimismo sí, pero bien informado”, no hay un solo reproche de María Isabel Rueda al gobierno del “Tigre” por la forma solapada como se impone la censura de prensa en Colombia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Recoge<a href="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/politica/esta-es-la-directiva-del-gobierno-de-la-espriella-para-tratar-con-medios-de-comunicacion/#google_vignette"> <strong>El Espectador</strong></a><strong>: </strong><em>“Según lo investigado por este medio, el Gobierno&nbsp;“determinó que no se den ruedas de prensa ni entrevistas a medios que no sean ‘amigos’, salvo que sea para un tema estratégico y previamente autorizado por la presidencia. Asimismo, se le comunicó a los asistentes a la reunión que durante los eventos, recorridos, inspecciones, en donde haya presencia de los medios de comunicación,&nbsp;los ministros solamente podrán dar una declaración (buscando que sea lo más completa posible) pero sin lugar a preguntas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma semana en que <a href="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico" data-type="link" data-id="https://es.euronews.com/2026/09/20/trump-niega-el-acceso-a-la-casa-blanca-a-periodistas-de-cnn-ms-now-y-politico">Donald Trump les negó el acceso a la Casa Blanca a periodistas de CNN, MS NOW&#8217;y Político</a>, en Colombia el director del DANE fue echado del puesto <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/" data-type="link" data-id="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/despido-en-el-dane-abelardo-pone-la-obediencia-y-el-relato-por-encima-del-dato/">por  incumplir la directiva presidencial que les prohíbe a los altos funcionarios suministrar información a la prensa.</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">En un texto titulado <a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota" data-type="link" data-id="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/70-anos-despues-surge-una-nueva-hipotesis-las-llamas-del-fascismo-en-bogota">“Las llamas del fascismo en Bogotá”</a>, Guillermo Pérez Flórez nos recuerda que las dictaduras empiezan por aniquilar a la oposición y silenciar a la prensa.&nbsp;Esto escribió en 2022 sobre el fatídico día de 1952 en que ardieron los edificios de <strong>El Espectador </strong>y El Tiempo en la capital. <em>“Para algunos sacerdotes, los liberales eran masones, comunistas y ateos, y su eliminación física era legítima”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En pleno siglo XX no hay que llegar a tales extremos. Basta con poner en la calle a cualquier periodista entrometido. Callarlo o arrinconarlo, sin necesidad de eliminarlo. Está pasando. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y lo más grave es que el gobierno de Abelardo De la Espriella ya logró consolidar una mayoría aplastante en el Congreso, con el respaldo de 186 de las 286 curules que conforman el Senado y la Cámara. Así, cualquier caprichito del señor presidente sería “pan comido”. Ojalá y no.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4"><strong>El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa.   </strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>​Las víctimas del régimen</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos hacer un retrato <em>havladdo</em> de las primeras víctimas de la censura oficial en el primer año del Tigre; de seguir así, la lista crecerá antes de Navidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los episodios sobre la salida de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo de Blu Radio, más la echada del caricaturista <em>Vladdo</em> de Noticias RCN, caerán en el olvido. Quedó flotando en el ambiente la sospecha de que salieron por “ser enemigos”; ni el presidente de la República, ni la emisora, tampoco el canal, se tomaron la molestia de desmentir los rumores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para completar la dicha, gremios como el Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB, caminan de puntillas frente al tema. Como quien dice, con esos colegas, para qué enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vladdo se pasó a la revista Cambio y sobrevive su personaje de Aleida en el diario El Tiempo, una caricatura que en realidad a nadie mortifica. Los trazos de Matador sí atormentaron a Iván Duque y por eso despidieron al caricaturista Julio César González de ese diario en 2023, otra anécdota más para el anecdotario nacional.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Creo que informar a la gente es la única esperanza que tenemos”:</em> </strong>Ronald Farrow, periodista estadounidense.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El periodismo no está para ser monedita de oro; debe estar del lado de la sociedad, dispuesto a denunciar los abusos del poder, pase lo que pase, pésele a quien le pese. El gobierno tiene la obligación de hacer bien su tarea. Punto. Y el periodismo debe sentirse obligado a hacer bien la suya. Punto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hagan mal el presidente y los suyos, la ciudadanía tiene el derecho de saberlo y el periodismo la obligación sagrada de comunicarlo. Ese es el deber ser de la prensa. Si renuncia a eso, cae en la propaganda</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El periodismo no debe prestarse para lavar caras. Su trabajo consiste en descubrir quién usó el tapete para tapar el vómito. El buen periodismo no se tapa la nariz, ni sirve de alfombra para que el presidente pisotee a la prensa. &nbsp;&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6"><strong>Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates.</strong></h2>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>La prensa cortesana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​María Isabel Rueda, Juan Lozano y Mauricio Vargas escriben tan parecido que se asemejan hasta en sus odios políticos, los cuales inoculan al lector/elector desde sus tribunas de opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ninguno de los tres, a pesar de haber vivido del periodismo casi toda su vida, ha planteado una crítica seria y tajante ante el trato descortés del presidente con la prensa, primero como político en campaña y ahora como jefe de Estado en ejercicio.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><strong><em>“La derrota que el periodismo estaba viviendo frente al poder solo era posible con la connivencia y en ocasiones la participación directa de importantes aliados dentro de los medios”:</em> </strong>David Jiménez, periodista español, ex director del diario El Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El más osado de todos es Mauricio Vargas, a quien le dieron página entera de El Tiempo para descargar su veneno contra el expresidente Ernesto Samper por el Proceso 8000. En una carambola mágica ata ese episodio a Gustavo Petro y al excandidato presidencial Iván Cepeda, a quien llama &#8220;senador comunista&#8221;. Si en las redacciones existiera la figura del verificador de datos, esas etiquetas sí tendrían que corregirse por faltara la verdad. Por lo demás, a De la Espriella lo llama abogado a secas, sin reparar en su pasado, ni en su presente que lo ata al señor Alex Saab, quien se declaró culpable de lavar dinero ante la justicia gringa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Antes de ser director de <em>Semana</em>, Vargas fue consejero de prensa del presidente Cesar Gaviria, lo cual permite concluir que en Colombia periodismo y política se dividen la cama sin reproches, o al menos comparten la misma cobija, sin reparar en lo dañino que son los matrimonios por conveniencia. Si algún periodista se siente libre de pecado, que tire la primera piedra, a ver quién resulta descalabrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El voto de silencio nunca será una opción para los periodistas. Que lo cortés, no nos quite lo valiente para desenmascarar los excesos de cualquier gobierno, cueste lo que cueste. Si en palacio alguien se cree príncipe, los reporteros no tienen porqué comportarse como&nbsp;bufones.&nbsp;Un periódico debe servirle a los ciudadanos para algo más que madurar aguacates. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133228</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:25:33 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Abelardo y la prensa cortesana]]></media:description>
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        <title>Sebastián Giraldo, el hombre detrás de una nueva era de la influencia digital</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/un-blog-para-colorear/sebastian-giraldo-el-hombre-detras-de-una-nueva-era-de-la-influencia-digital/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con una trayectoria marcada por el emprendimiento, la creación de Instafest Awards y la construcción de una comunidad de miles de creadores, el empresario colombiano ha convertido su visión sobre la influencia digital en un propósito mayor: construir industria y humanizar la tecnología. Antes de que los creadores de contenido fueran reconocidos como una industria, Sebastián [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Con una trayectoria marcada por el emprendimiento, la creación de Instafest Awards y la construcción de una comunidad de miles de creadores, el empresario colombiano ha convertido su visión sobre la influencia digital en un propósito mayor: construir industria y humanizar la tecnología.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de que los creadores de contenido fueran reconocidos como una industria, <em>Sebastián Giraldo</em> ya entendía el poder que tendrían para transformar la comunicación, los negocios y la manera de construir influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su historia empresarial comenzó mucho antes de las redes sociales.<em> Giraldo </em>desarrolló proyectos en turismo, educación, entretenimiento y tecnología; desde una agencia de viajes especializada en excursiones de prom y un colegio campestre hasta eventos y una plataforma digital enfocada en la construcción de comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fue precisamente observando los cambios en la sociedad cuando identificó una transformación que terminaría marcando su carrera: el poder de comunicar estaba dejando de pertenecer exclusivamente a los grandes medios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Entendí que el celular era la nueva televisión, la nueva radio y las nuevas revistas, y que se convertiría en un gran poder social”, afirma.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras muchos todavía veían fotografías, videos y seguidores, <em>Giraldo</em> entendió que detrás de cada creador podía existir una marca, una empresa, una comunidad y una nueva forma de influencia social. También vio una industria que avanzaba mucho más rápido que su propia estructura: había talento y grandes audiencias, pero faltaban profesionalización, reconocimiento, representación y oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De los seguidores comenzó entonces a vislumbrar la construcción de una verdadera industria. De esa visión nació <em>Instafest Awards</em>, en un momento en el que los creadores digitales ya movilizaban grandes comunidades,</strong> pero todavía no contaban con escenarios que reconocieran profesionalmente su trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que comenzó como una premiación evolucionó hacia un ecosistema de visibilidad, relacionamiento y oportunidades alrededor de la creación de contenido. Según cifras de la organización,&nbsp;Instafest ha alcanzado un impacto digital de 694 millones, extendiendo además su presencia a diferentes países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los años, la visión de <em>Giraldo </em>también trascendió los premios. Impulsó<em> CREACODI</em>, que hoy reúne, según la organización, a 42.000 creadores de contenido en 32 seccionales; con el propósito de contribuir a su representación, profesionalización y discusión de asuntos como derechos, deberes y protección de menores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente llegó<em> Wefu Corporation,</em> una apuesta que amplía su mirada hacia el papel de la tecnología en la construcción de nuevas formas de comunidad. Tres proyectos distintos que Giraldo resume bajo una misma evolución: “Instafest nació para reconocer, CREACODI para representar y Wefu para imaginar y construir nuevas posibilidades”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Después de años trabajando junto a creadores, conectándolos con oportunidades y participando en la evolución de esta industria, medios y miembros de la comunidad </strong>comenzaron a llamarlo “el influencer de los influencers”, un reconocimiento que refleja el lugar que ha construido dentro del ecosistema digital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero<em> Giraldo</em> asegura que su lugar nunca ha estado en competir por sus audiencias, sino en construir plataformas para que otros puedan crecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Mientras algunos ven seguidores, nosotros intentamos ver seres humanos, profesionales, empresarios y agentes de transformación”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa visión también cambió su manera de entender su propio trabajo. Lo que comenzó alrededor de eventos y entretenimiento terminó convirtiéndose en algo mucho más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Cuando comprendes que estás construyendo un ecosistema, empiezas a pensar en personas, instituciones, empresas y oportunidades. Cuando piensas en propósito, mides el éxito en legado”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy su visión apunta a llevar los proyectos construidos desde Colombia hacia Latinoamérica y posteriormente al mundo, mientras continúa trabajando por una industria digital más profesional, responsable y consciente. Y después de años inmerso en tecnología, audiencias e influencia, su próximo propósito parece paradójico pero contundente: humanizar la tecnología.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para <em>Sebastián Giraldo</em>, el futuro no consiste únicamente en alcanzar a más personas, sino en lograr que todo ese alcance tenga propósito.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“La influencia verdadera no consiste en que muchas personas te conozcan. Consiste en que muchas personas confíen en lo que estás construyendo”.</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alvaro J Tirado</author>
                    <category>Un Blog para colorear</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133290</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 01:02:19 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>James Robinson: “No veo a nadie, ni en la izquierda ni en la derecha, con una estrategia real para crear una sociedad diferente en Colombia”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/colombia-sigue-sin-una-estrategia-de-pais-james-robinson/</link>
        <description><![CDATA[<p>James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en presidentes, académicos y líderes de todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero más allá de las teorías sobre instituciones inclusivas y extractivas, Robinson se ha convertido en un observador privilegiado de América Latina y, particularmente, de Colombia. Ha recorrido el país durante años, ha estudiado sus regiones y ha seguido de cerca sus transformaciones políticas. Desde esa perspectiva ofrece una mirada incómoda: considera que buena parte de los problemas colombianos siguen sin comprenderse adecuadamente, que ni la derecha ni la izquierda han logrado construir una estrategia duradera para transformar el país y que el acuerdo de paz, aunque histórico, fue tratado como si fuera el final de una historia cuando apenas representaba el comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación habla sobre Colombia, la crisis de la democracia liberal, el ascenso de liderazgos autoritarios, la influencia de la cultura política en el desarrollo y los riesgos que plantea la inteligencia artificial. También reflexiona sobre la pregunta que hoy más le interesa: por qué las sociedades persisten en determinados equilibrios institucionales incluso cuando esos equilibrios parecen perjudicar a la mayoría de sus ciudadanos.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las élites cambian; las instituciones son las que permanecen”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Gran parte de su trabajo ha explorado por qué algunas sociedades construyen instituciones inclusivas mientras otras permanecen atrapadas en sistemas extractivos. Después de décadas estudiando estos procesos, ¿qué es lo más difícil de cambiar: las instituciones, las élites o la imaginación colectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Los datos sugieren que lo más difícil de transformar son las instituciones. Si observamos América Latina vemos que las élites sí cambian. Los grandes grupos económicos de hoy no son necesariamente los mismos de hace siglos. Hay rotación de élites, aparecen nuevas familias empresariales, inmigrantes que ascienden económicamente y nuevos actores con poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las instituciones permanecen. Las reglas fundamentales del juego, las formas de organización del Estado y las relaciones entre poder político y poder económico suelen ser mucho más resistentes al cambio. Por eso las sociedades pueden experimentar transformaciones importantes en sus élites sin modificar realmente los resultados que producen sus instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la imaginación colectiva soy más cauteloso. No estoy seguro de tener una respuesta clara sobre ese tema.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Colombia ha vuelto al punto donde estaba hace 25 años”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Colombia acaba de atravesar una transición política significativa. Pasó de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de su historia reciente, a un liderazgo que reivindica más el orden, la seguridad y la autoridad. ¿Qué nos dice este cambio sobre la democracia colombiana?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No estoy seguro de que sea un cambio tan dramático como suele presentarse. Veo más continuidades que rupturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pensamos en Álvaro Uribe, gran parte de su proyecto político estaba centrado en el orden, la seguridad y la disciplina. Hay diferencias evidentes entre los distintos liderazgos, pero también existen similitudes importantes que a veces se ignoran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos llevan décadas buscando una salida a problemas estructurales muy profundos. El problema es que ninguna de las alternativas ofrecidas ha logrado consolidarse plenamente. Uribe tuvo una característica particular: hizo buena parte de lo que prometió. Eso generó resultados concretos y abrió la posibilidad de que la sociedad explorara otros caminos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después vino la expectativa de transformaciones profundas con Petro. Sin embargo, muchas de las promesas que hizo no se tradujeron en resultados. Y cuando eso ocurre, la ciudadanía suele volver a buscar respuestas en proyectos políticos anteriores o en propuestas que le resultan familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el asunto central es otro. Lo que se logró mediante la estrategia militar fue transitorio. Lo que se logró mediante el acuerdo de paz también fue transitorio. Ninguna de las dos experiencias se convirtió en un proyecto social de largo plazo. Y por eso tengo la impresión de que Colombia ha terminado regresando al punto donde estaba hace 25 años.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las FARC nunca fueron el problema central”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted ha estudiado Colombia durante mucho tiempo. ¿Qué determina que el uso de la fuerza por parte del Estado construya capacidades institucionales y no simplemente produzca otro ciclo de violencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Colombia sigue enfrentando un problema fundamental: amplias zonas del territorio continúan sin estar gobernadas efectivamente por el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años se pensó que el problema central eran las FARC. Yo nunca compartí esa visión. Las FARC eran un síntoma de problemas más profundos. Por supuesto que su desmovilización fue positiva. Fue un logro político enorme y muy importante para el país. Pero representaba apenas el comienzo de una solución, no el final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de que bastaba con negociar con las FARC para resolver los problemas históricos de Colombia me parecía equivocada. Los problemas estructurales estaban allí antes de las FARC y continúan después de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acuerdo de paz incluía algunos elementos muy importantes relacionados con la transformación territorial y la presencia estatal. Pero esas dimensiones nunca fueron implementadas de manera suficiente. Y sin esa transformación institucional más profunda, los problemas tienden a reproducirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso seguimos viendo ciclos de violencia. Cambian los actores, cambian los nombres de los grupos armados, pero persisten las condiciones que permiten su aparición.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Ni la izquierda ni la derecha entienden completamente el problema”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted parece sugerir que distintos gobiernos terminan repitiendo errores similares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe un patrón recurrente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No creo que los distintos gobiernos hayan comprendido plenamente la naturaleza del problema colombiano. Se concentran en síntomas específicos y no en las estructuras que producen esos síntomas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunos casos se piensa que el problema es exclusivamente militar. En otros, que puede resolverse mediante una reforma específica o una negociación determinada. Pero los problemas colombianos tienen raíces mucho más profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, existe una tendencia hacia las grandes promesas y las soluciones grandilocuentes. Hay un componente teatral en la política colombiana. Se anuncian transformaciones enormes, pero luego resulta muy difícil construir las capacidades estatales necesarias para implementarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que las personas carezcan de buenas intenciones. Al contrario. Muchas veces hay líderes sinceramente comprometidos con el cambio. El problema es que las instituciones necesarias para materializar esas transformaciones no existen o son demasiado débiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso no veo actualmente una estrategia clara para sacar a Colombia del equilibrio en el que se encuentra.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Hay personas que se benefician del equilibrio actual”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué ha aprendido sobre la naturaleza humana estudiando el ascenso y la caída de las naciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No creo que las diferencias fundamentales entre sociedades se expliquen por una naturaleza humana distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pienso que los seres humanos en América Latina sean esencialmente diferentes de los estadounidenses o los europeos. Lo que cambia son las instituciones, las relaciones de poder y las trayectorias históricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, por ejemplo, algunas personas obtienen enormes beneficios del equilibrio existente. Hay sectores que pueden protegerse de muchos de los problemas que afectan al resto de la población. Pueden acceder a seguridad privada, mejores sistemas educativos, mejores servicios de salud y múltiples mecanismos de protección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando eso ocurre, la presión para transformar el sistema disminuye. Quienes se benefician del equilibrio existente tienen pocos incentivos para modificarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa dimensión del poder es fundamental para comprender por qué ciertas instituciones persisten incluso cuando generan resultados insatisfactorios para la mayoría.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La crisis de la democracia liberal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hoy muchas personas sienten que las instituciones democráticas continúan funcionando formalmente, pero ya no las representan. ¿Puede sobrevivir una democracia cuando sus ciudadanos pierden la confianza en ella?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Estamos viviendo precisamente ese fenómeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Samuel Huntington hablaba de olas de democratización y de olas inversas. Durante las décadas de 1980 y 1990 vimos una gran expansión democrática en América Latina, África y otras regiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia prometía transformar la vida de las personas. Pero cuando opera en contextos donde existen instituciones débiles, clientelismo y baja capacidad estatal, sus resultados suelen ser más limitados de lo que la ciudadanía espera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece la decepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas comienzan a buscar alternativas porque sienten que las instituciones democráticas no resolvieron sus problemas. Eso es visible en muchos países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, la prosperidad dejó de distribuirse de manera amplia. Aunque la economía siguió creciendo, los beneficios se concentraron cada vez más en sectores específicos. Muchas personas sienten que trabajaron durante décadas sin experimentar mejoras significativas en sus condiciones de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frustración acumulada erosiona la confianza en las instituciones democráticas.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La gente está buscando algo que funcione”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Por eso vemos el auge de liderazgos fuertes o autoritarios?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Exactamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si observamos casos como El Salvador, encontramos ciudadanos que experimentaron durante años niveles extremos de inseguridad. En ese contexto, muchos terminan apoyando soluciones que les ofrecen resultados inmediatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente está buscando algo que funcione.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa necesariamente que esas soluciones vayan a resolver los problemas de fondo. Pero sí explica por qué resultan políticamente atractivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las instituciones tradicionales dejan de generar confianza, aumenta la disposición de los ciudadanos a experimentar con alternativas que anteriormente habrían considerado inaceptables.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“No creo que estos modelos tengan soluciones duraderas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Este ciclo puede revertirse?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Claro que puede. La historia muestra que estos procesos suelen desarrollarse en oleadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, no creo que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas para los problemas que enfrentan las sociedades contemporáneas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pueden producir resultados temporales. Pueden generar estabilidad durante ciertos períodos. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que ocurre hoy es que muchas personas están desencantadas con aspectos importantes del modelo liberal. Cuestionan la meritocracia, cuestionan el funcionamiento del Estado y cuestionan los beneficios distribuidos por la globalización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos viviendo un período de búsqueda. Todavía no está claro qué tipo de equilibrio político surgirá de esta etapa.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>América Latina y la obsesión con las utopías</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué contradicción explica que América Latina siga siendo una región de enorme potencial y frustración permanente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Cada vez me interesa más explorar una explicación cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una tendencia persistente al idealismo y al utopismo. Con frecuencia aparecen propuestas extraordinariamente ambiciosas para resolver problemas complejos, pero esas propuestas suelen estar desconectadas de las capacidades reales de implementación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una tensión permanente entre lo ideal y lo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El intelectual uruguayo Ángel Rama reflexionó sobre esta distancia entre la ciudad ideal y la ciudad real. Creo que esa tensión sigue presente en buena parte de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una confianza recurrente en soluciones grandiosas y una menor valoración del pragmatismo institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo evidente es la tendencia a reescribir constituciones. A menudo se actúa como si una nueva constitución pudiera resolver problemas históricos profundamente arraigados, a pesar de que la evidencia acumulada durante dos siglos sugiere que las transformaciones son mucho más complejas.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La inteligencia artificial me parece aterradora”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quisiera preguntarle por la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Me parece profundamente preocupante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos entrando en una transformación tecnológica gigantesca sin comprender plenamente sus consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La humanidad ya ha vivido procesos similares. Ocurrió con la agricultura, ocurrió con la Revolución Industrial y ahora está ocurriendo con la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia es que hoy sí contamos con instituciones capaces de regular estos cambios. Sin embargo, esas instituciones parecen incapaces o poco dispuestas a actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya observamos efectos importantes en los mercados laborales. La automatización ha contribuido durante décadas al desplazamiento de trabajadores y al aumento de la desigualdad. Y ahora nos dirigimos hacia una transformación aún más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hemos resuelto las consecuencias sociales de la revolución tecnológica anterior y ya estamos entrando en una nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso me parece aterrador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La democracia decepciona cuando promete más de lo que puede cumplir”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Cuando uno escucha sus respuestas sobre Colombia, América Latina y Estados Unidos, parece haber una preocupación común: la distancia entre las expectativas que generan los sistemas políticos y los resultados que finalmente entregan. ¿Es esa una de las razones por las cuales estamos viendo tanta desconfianza hacia las instituciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que esa es una parte importante de la explicación. Si pensamos en las grandes olas de democratización de las décadas de 1980 y 1990, mucha gente vio la democracia como una solución transformadora. La democracia prometía cambiar la vida de las personas, prometía prosperidad, representación y mejores oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que en sociedades donde las instituciones estatales son débiles o donde la política funciona a través de mecanismos clientelistas, la democracia tiene una capacidad limitada para producir transformaciones profundas. Entonces surge una brecha entre las expectativas y la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente esperaba cambios mucho más grandes de los que realmente ocurrieron. Y cuando esa decepción se acumula durante décadas, las personas empiezan a buscar alternativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Esa decepción ayuda a explicar fenómenos tan distintos como Trump en Estados Unidos, Bukele en El Salvador o el crecimiento de movimientos antisistema en otras partes del mundo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe una conexión. Las personas están buscando algo que funcione. En muchos países la sensación es que las instituciones tradicionales ya no están resolviendo los problemas que preocupan a los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, durante décadas hubo crecimiento económico, pero los beneficios se concentraron cada vez más en los sectores más ricos. Para muchas personas la experiencia cotidiana fue completamente distinta a la narrativa del éxito económico nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno no tiene educación universitaria, los salarios reales son inferiores a los que existían hace varias décadas. Ese fenómeno tiene múltiples causas: cambios tecnológicos, automatización, debilitamiento de los sindicatos y transformaciones profundas en el mercado laboral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso genera frustración y termina erosionando la confianza en las instituciones democráticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Sin embargo, tampoco parece convencido de que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No, no lo estoy. Creo que algunas de estas experiencias pueden producir resultados temporales. Pueden generar una sensación de eficacia durante un período determinado. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que estamos viendo es una búsqueda de nuevas fórmulas políticas. Hay mucha desilusión con aspectos importantes del modelo liberal contemporáneo, pero todavía no está claro qué alternativa va a surgir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, distintos sectores políticos están tratando de reconstruir coaliciones sociales capaces de volver a conectar con amplios grupos de la población. Pero creo que todavía estamos en una etapa de experimentación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en Colombia veo algo parecido. Hay muchas propuestas, pero sigo sin ver una agenda práctica y coherente capaz de construir una salida duradera para los problemas estructurales del país.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La lección de toda una vida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Si pudiera dejar una sola lección a los líderes políticos del mundo, ¿cuál sería?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Que comprendan la importancia de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando viajo y hablo con personas de distintos países encuentro una fascinación enorme por los líderes individuales. Existe la idea de que los problemas pueden resolverse simplemente encontrando al dirigente adecuado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia no apunta en esa dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sociedades prosperan cuando construyen instituciones capaces de generar oportunidades amplias, distribuir poder y sostener reglas estables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las instituciones son mucho más importantes que cualquier individuo.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Todavía no entendemos el papel de las ideas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Y cuál es la gran pregunta que todavía no sabe responder?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Creo que las ciencias sociales siguen siendo demasiado materialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La economía, la ciencia política y muchas disciplinas han puesto un enorme énfasis en los incentivos materiales. Pero los seres humanos también se mueven por ideas, valores, creencias y aspiraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía comprendemos muy poco sobre los fundamentos culturales de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué determinadas sociedades desarrollan ciertas formas de organización política y otras no? ¿Por qué algunas ideas persisten durante siglos? ¿Cómo influyen las creencias colectivas en la construcción institucional?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas son preguntas extraordinariamente difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sospecho que allí están algunas de las respuestas más importantes para comprender el desarrollo y la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133238</guid>
        <pubDate>Fri, 18 Sep 2026 21:12:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/robinson-aretz.png?w=1200" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[James Robinson: “No veo a nadie, ni en la izquierda ni en la derecha, con una estrategia real para crear una sociedad diferente en Colombia”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Matemáticas e inteligencia artificial: entre el temor y la oportunidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/matematicas-e-inteligencia-artificial-entre-el-temor-y-la-oportunidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En estos días se ha generado un gran revuelo ante la sorprendente capacidad que ha demostrado la IA para transformar el trabajo de los matemáticos</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La reciente noticia sobre la presunta solución —gracias al uso de la IA— del problema relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete «problemas del milenio», que se cuentan entre los desafíos matemáticos más célebres y cuya resolución está premiada con un millón de dólares cada uno, ha desatado un intenso debate sobre el papel de los matemáticos y su futuro frente a esta poderosa herramienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mi modo de ver, la mayoría de estas preocupaciones proviene de la idea de que los matemáticos dejarán de ser valiosos. Hay un aparente temor a que se pierda la utilidad de su labor, a que su capacidad para resolver problemas sea superada por la indiscutible superioridad de la IA en el procesamiento de la información.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante lo anotado anteriormente, creo que ese tipo de preocupaciones ha existido siempre, y no solo entre los matemáticos. La aparición de la imprenta de Gutenberg, por ejemplo, suscitó numerosas inquietudes debido a la difusión masiva de textos que antes estaban reservados a unos pocos. Además, provocó la gradual desaparición de algunos oficios, como el de los amanuenses o copistas, encargados de transcribir manuscritos a mano, labor que generalmente se realizaba en monasterios y talleres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la evolución de las herramientas utilizadas para efectuar cálculos y resolver problemas ha habido siempre, por supuesto, un efecto sobre la manera de hacer matemáticas. Desde los ábacos utilizados por numerosas culturas se llegó a inventos de enorme importancia, como las calculadoras mecánicas: la pascalina, diseñada por Blaise Pascal en 1642, o la extraordinaria máquina de Leibniz, presentada en 1673, con la que ya podían realizarse las cuatro operaciones aritméticas básicas, incluida la división. Cada uno de estos avances generó temores y contribuyó gradualmente a la desaparición de oficios ya tradicionales que dependían de la habilidad para efectuar cálculos manuales de forma rápida y precisa, como los de los calculistas que realizaban complejos cómputos numéricos para la astronomía, la navegación, la ingeniería o la administración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente gran salto se produjo con la aparición de las calculadoras electrónicas hacia mediados del siglo XX. Estas máquinas, inicialmente costosas y reservadas a instituciones científicas, militares y empresariales, realizaban en segundos operaciones que antes requerían largos cálculos manuales. Ya en la década de 1970 se popularizaron, y los estudiantes universitarios podían adquirirlas para reemplazar las reglas de cálculo y las tablas logarítmicas en la ejecución de sus tareas en las asignaturas de matemáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde entonces hemos ido abandonando algoritmos y procedimientos que antes aprendíamos tras dedicarles mucho tiempo. Pensemos, por ejemplo, en el cálculo manual de una raíz cuadrada, tarea que estoy seguro de que la mayoría de los lectores no podría realizar hoy sin detenerse primero a recordar el procedimiento. Sería prácticamente imposible, por ejemplo, determinar en pocos minutos el valor de √17,3 sin la ayuda de una calculadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como había ocurrido con innovaciones anteriores, la llegada de estos instrumentos de cálculo despertó inquietudes entre quienes temían que las nuevas tecnologías sustituyeran habilidades que durante siglos habían sido altamente valoradas. Sin embargo, lejos de hacer innecesarias las matemáticas, las calculadoras electrónicas permitieron abordar problemas cada vez más complejos y liberaron a los investigadores de numerosas tareas rutinarias, permitiéndoles concentrarse en los aspectos conceptuales de su trabajo. Del mismo modo, los profesores de matemáticas pudieron dedicar menos tiempo a la ejecución mecánica de los cálculos y más a la comprensión de los conceptos y a sus aplicaciones. Como era de esperar, esta transformación introdujo cambios importantes y exigió nuevas formas de adaptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la verdadera transformación llegó con la aparición de los computadores. A diferencia de las calculadoras electrónicas, que estaban concebidas principalmente para realizar operaciones numéricas, los computadores podían ejecutar secuencias de instrucciones y resolver una gran variedad de tareas. Surgió así la programación, es decir, el arte de describir mediante algoritmos precisos los pasos necesarios para resolver un problema. Durante décadas, aprender a programar se convirtió en una habilidad fundamental para científicos, ingenieros y matemáticos, del mismo modo que antes lo había sido dominar las técnicas de cálculo manual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los computadores no eliminaron la necesidad de pensar; por el contrario, exigieron nuevas formas de razonamiento y obligaron a expresar con claridad procedimientos que hasta entonces muchas personas realizaban de manera intuitiva. Surgieron así nuevos problemas matemáticos y computacionales: fue necesario desarrollar algoritmos y métodos numéricos eficientes, que requirieran poca memoria, ejecutaran los cálculos en tiempos razonables y produjeran resultados fiables a pesar de los errores de redondeo propios de la aritmética de máquina.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, una vez más, la historia se repitió: aparecieron nuevas profesiones y nuevas áreas de especialización, mientras algunos oficios tradicionales fueron perdiendo relevancia o desaparecieron por completo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desarrollo de computadores cada vez más veloces y capaces permitió, como está ocurriendo ahora, resolver problemas matemáticos que habían permanecido abiertos durante siglos. Un ejemplo particularmente interesante del impacto de los computadores en las matemáticas ocurrió en 1966, cuando L. J. Lander y T. R. Parkin utilizaron un computador CDC 6600 para encontrar un contraejemplo a la conjetura de Euler, formulada en 1769. Este computador, diseñado por Seymour Cray, pertenecía a una línea de máquinas que daría origen posteriormente a los famosos supercomputadores Cray. Considerado el computador más rápido del mundo en su época, el CDC 6600 podía ejecutar aproximadamente tres millones de operaciones de coma flotante por segundo, una cifra extraordinaria para mediados de la década de 1960. El resultado obtenido por Lander y Parkin mostró que cuatro quintas potencias pueden sumar otra quinta potencia, contradiciendo una creencia que había permanecido vigente durante casi dos siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie podía imaginar entonces que llegaría un momento en el que las máquinas no solo ejecutarían instrucciones escritas por los seres humanos, sino que comenzarían también a generar respuestas, textos e incluso programas a partir de simples indicaciones formuladas en lenguaje natural. Así surgió la inteligencia artificial generativa, una herramienta que, al igual que la imprenta, las calculadoras electrónicas o los computadores, ha despertado entusiasmo y preocupación a partes iguales. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, su impacto va más allá de la automatización de tareas rutinarias. Apenas la semana pasada se anunció una posible solución a uno de los Problemas del Milenio, el relacionado con las ecuaciones de Navier-Stokes, obtenida con ayuda de un sistema de inteligencia artificial que coordinó miles de agentes computacionales trabajando de manera simultánea. Si este resultado resiste el escrutinio de los especialistas, podría convertirse en uno de los hitos más importantes de la historia reciente de las matemáticas y en una muestra de cómo las nuevas herramientas, lejos de eliminar la actividad matemática, están transformando profundamente la forma en que se produce el conocimiento matemático.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ante los nuevos temores sobre una eventual pérdida de relevancia de la labor matemática debido a la inteligencia artificial, merece la pena considerar la posición de Terence Tao, uno de los matemáticos más influyentes y reconocidos de nuestro tiempo. En diversas ocasiones ha defendido el uso de estas herramientas, aunque con matices: ha llegado a compararlas con un asistente de posgrado «mediocre, pero no del todo incompetente», capaz de colaborar en tareas rutinarias, pero sin la capacidad de aprender de sus errores que sí tienen los estudiantes humanos. Sin embargo, también ha señalado un posible riesgo: que la obtención demasiado rápida de la solución de un problema pueda privar a la comunidad matemática de algunos de los beneficios que tradicionalmente han surgido durante la búsqueda de esa solución. En efecto, el esfuerzo por resolver un problema no solo conduce a una respuesta, sino que suele dar origen a nuevas áreas de estudio, estructuras matemáticas, teorías, métodos y preguntas que terminan siendo tan valiosos como la solución misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, es importante resaltar que, de acuerdo con lo que ha expresado Tao, las tareas que realizan los matemáticos no se reducen a resolver problemas difíciles. Entre ellas se encuentran la aplicación de las teorías matemáticas a otros campos del conocimiento, la búsqueda de soluciones a problemas abiertos, tanto puros como aplicados, y la investigación que conduce al desarrollo de nuevas teorías, estructuras, métodos y técnicas. Los matemáticos también contribuyen a una mejor comprensión del mundo que nos rodea, sostienen una comunidad científica que se transmite y renueva de generación en generación, forman a nuevos investigadores y señalan posibles caminos para el desarrollo futuro de la disciplina. A ello se suman la divulgación, la docencia y la formación matemática de profesionales de muy diversos campos. En última instancia, las matemáticas son también una actividad profundamente creativa, capaz de producir construcciones intelectuales de extraordinaria belleza y de un valor cultural que trasciende su utilidad inmediata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vista desde esta perspectiva, la inteligencia artificial no parece una amenaza para la existencia de las matemáticas, sino una nueva herramienta que, como tantas otras a lo largo de la historia, obligará a redefinir algunas destrezas, transformará ciertos oficios y abrirá oportunidades cuya magnitud todavía no alcanzamos a comprender plenamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, como cierre, quiero compartir un pronunciamiento de especial relevancia. El pasado 11 de septiembre, veinticinco ganadores de la Medalla Fields, el máximo reconocimiento en matemáticas, publicaron una declaración encabezada por Terence Tao acerca de los desafíos y oportunidades que plantea la inteligencia artificial para el futuro de la investigación matemática. Lejos de rechazar estas nuevas herramientas, los firmantes reconocen su enorme potencial, pero advierten también sobre los riesgos que podrían derivarse de privilegiar la obtención rápida de resultados por encima de la comprensión profunda, la formación de nuevos matemáticos y el desarrollo de ideas que constituyen la esencia misma de la actividad matemática.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Una grave falta de alineación entre la IA y las matemáticas</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>11 de septiembre de 2026</em></strong> <em>en publicidad, opinión | Etiquetas: IA, Medallas Fields | por</em> <strong><em>Terence Tao</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Me enorgullece figurar entre los 25 firmantes iniciales, todos ellos galardonados con la Medalla Fields, de la declaración que aparece a continuación, surgida de las conversaciones mantenidas entre nosotros durante la última semana. También hemos publicado nuestra declaración en una página web e invitamos a nuevas adhesiones, de manera similar a la Declaración de Leiden. Es una lástima que no hayamos tenido tiempo para un proceso más participativo, como ocurrió con Leiden; sin embargo, consideramos que la situación era lo suficientemente urgente como para publicar una declaración cuanto antes.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Véase también un reciente artículo de The Economist sobre nuestra declaración.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Durante los últimos meses, las capacidades matemáticas de los grandes modelos de lenguaje (LLM) han mejorado de forma espectacular, hasta el punto de que pueden resolver importantes problemas abiertos en numerosos campos de las matemáticas. Sin embargo, el empeño de las empresas de IA por resolver problemas matemáticos como criterio de referencia resulta perjudicial para la ciencia matemática y para la comunidad matemática. Los objetivos de las empresas de IA y los objetivos de la comunidad matemática están gravemente desalineados. Consideramos que esto forma parte de problemas más amplios de alineamiento que afectan también a otras profesiones científicas y creativas, así como al conjunto de la sociedad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La investigación matemática se ocupa de comprender las estructuras fundamentales de las formas, los números y los fenómenos naturales. A lo largo de generaciones, ha construido un vasto corpus de ideas sofisticadas, métodos, abstracciones y otras herramientas para comprender el paisaje matemático. A su vez, las tecnologías y ciencias modernas se fundamentan en herramientas matemáticas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los problemas famosos han servido a menudo como hitos y faros que permiten medir una comprensión más profunda de ese paisaje. Resolver uno de estos problemas ha sido siempre una señal inequívoca de nuevas intuiciones y métodos interesantes, que posteriormente eran estudiados por una comunidad de matemáticos mediante un largo y arduo proceso de conferencias, discusiones y simplificaciones. Idealmente, al final de ese proceso se obtiene una presentación de los resultados apta para un libro de texto, accesible para cualquier estudiante de máster o incluso de grado. Algunas de estas ideas matemáticas continúan su recorrido y, décadas o siglos después, llegan a convertirse en herramientas comprendidas y utilizadas por toda la población.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La comunidad matemática funciona, en muchos sentidos, como una versión en miniatura de la humanidad. Está formada por individuos que emplean una amplia variedad de enfoques distintos, unidos por valores fundamentales compartidos. Los recursos más valiosos de nuestra profesión son los estudiantes y las ideas, y los cultivamos con enorme cuidado. Nos sentimos responsables de permitirles desarrollarse hasta alcanzar todo su potencial, para que puedan llevar una vida propia dentro del mundo matemático. A los estudiantes solemos proponerles problemas con la intención principal de desarrollar capacidades que los sitúen en una buena posición para realizar avances en investigación y en otros ámbitos. Nuestras ideas las difundimos mediante conferencias, conversaciones privadas y exposiciones escritas cuidadosamente elaboradas, conectándolas con las ideas previas de otras personas. Estos procesos requieren invariablemente tiempo y se basan en la interacción humana.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En los últimos meses, el éxito de la IA al resolver importantes problemas matemáticos ha ocupado titulares incluso fuera de los círculos matemáticos. Pero resolver problemas es únicamente una herramienta y un indicador indirecto para alcanzar el objetivo principal: la comprensión conceptual y la generación de intuiciones profundas. Olvidar esto en el contexto de la IA puede convertir la herramienta en un obstáculo para ese objetivo. De hecho, la producción masiva y cada vez más acelerada de proposiciones «verdaderas o falsas» podría destruir un terreno fértil en lugar de insuflar vida a nuevas ideas.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Con frecuencia, estas soluciones se anuncian precipitadamente, sin dejar tiempo para una redacción adecuada, para identificar y aislar los nuevos métodos e ideas, ni para citar debidamente los trabajos previos relevantes de otros investigadores. Como ocurre en todas las profesiones creativas, esto plantea graves cuestiones de atribución y plagio. Además, sin los matemáticos dispuestos a encargarse de su desarrollo e integración en el canon matemático, las ideas concebidas por la IA nunca llegarían a cobrar plenamente vida y se perdería la crucial cadena humana de transmisión del conocimiento entre matemáticos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estamos siendo testigos de una amenaza general para el trabajo intelectual, derivada del desalineamiento entre los resultados producidos mediante el uso de la IA y los fines originales de dicho trabajo. En muchos campos y actividades, los años de formación no han servido únicamente para producir una respuesta final o un producto terminado, sino también para desarrollar comprensión y capacidad para formular nuevas preguntas e ideas. Sin embargo, apoyándose en un inmenso cuerpo de trabajo humano previo, los sistemas de IA son cada vez más capaces de producir directamente los resultados de dicho trabajo, y los objetivos dejan de coincidir. Los problemas a los que se enfrenta hoy la comunidad matemática son similares a los que ya experimentan otras profesiones científicas y creativas, y apuntan a cuestiones que podrían afectar a toda la humanidad: cómo garantizar que, a medida que la IA transforma la manera de trabajar, no perdamos de vista aquello que ese trabajo pretendía alcanzar en primer lugar.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La IA ofrece el potencial de mejorar y acelerar el estudio y la comprensión auténticamente matemáticos. Como profesión, las matemáticas deberán adaptarse a estos cambios de diversas maneras. Sin embargo, que esos cambios beneficien finalmente al campo o tengan un efecto destructivo dependerá en gran medida de las decisiones que tomen los seres humanos que controlan esta nueva tecnología.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estos problemas deben abordarse con urgencia, tanto en la comunidad matemática como por parte de las empresas que desarrollan estas tecnologías y, de forma más amplia, por una sociedad que se enfrentará a cuestiones similares en muchas otras formas de trabajo intelectual.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Firmantes iniciales</em></strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Artur Avila (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>Manjul Bhargava (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>Caucher Birkar (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Pierre Deligne (Medalla Fields 1978)</em></li>



<li><em>Yu Deng (Medalla Fields 2026)</em></li>



<li><em>Simon Donaldson (Medalla Fields 1986)</em></li>



<li><em>Hugo Duminil-Copin (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Alessio Figalli (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Martin Hairer (Medalla Fields 2014)</em></li>



<li><em>June Huh (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Maxim Kontsevich (Medalla Fields 1998)</em></li>



<li><em>Elon Lindenstrauss (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Pierre-Louis Lions (Medalla Fields 1994)</em></li>



<li><em>James Maynard (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Curt McMullen (Medalla Fields 1998)</em></li>



<li><em>Shigefumi Mori (Medalla Fields 1990)</em></li>



<li><em>Ngô Bảo Châu (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Andrei Okounkov (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Peter Scholze (Medalla Fields 2018)</em></li>



<li><em>Stanislav Smirnov (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Terence Tao (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Maryna Viazovska (Medalla Fields 2022)</em></li>



<li><em>Cédric Villani (Medalla Fields 2010)</em></li>



<li><em>Wendelin Werner (Medalla Fields 2006)</em></li>



<li><em>Efim Zelmanov (Medalla Fields 1994)</em></li>
</ul>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133114</guid>
        <pubDate>Thu, 17 Sep 2026 19:33:38 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-17-a-las-12.51.33-p.m.png?w=930" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Matemáticas e inteligencia artificial: entre el temor y la oportunidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133114</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Meet de Admisiones de @uni_cartagena sobre cupos especiales &amp;#124; Fundación Color de Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/meet-de-admisiones-de-uni_cartagena-sobre-cupos-especiales-fundacion-color-de-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este martes 15 de septiembre, de 4:00 pm a 5:00 pm, con apoyo en la convocatoria por parte de las Secretarías de Educación de Bolívar y de Cartagena. El Meet hace parte de una serie (con universidades estatales y privadas) gestionada por la Fundación Color de Colombia, dentro del propósito de ayudar al ingreso de bachilleres [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este martes 15 de septiembre, de 4:00 pm a 5:00 pm, con apoyo en la convocatoria por parte de las Secretarías de Educación de Bolívar y de Cartagena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Meet hace parte de una serie (con universidades estatales y privadas) gestionada por la <strong>Fundación Color de Colombia</strong>, dentro del propósito de ayudar al ingreso de bachilleres de municipios con significativa población afrocolombiana a la educación superior de calidad.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>María José de la Hoz</strong>, directora de <strong>Centro de Admisiones, Registro y Control Académico</strong> de la <strong>Universidad de Cartagena</strong> designó a las profesionales <strong>Yulissa Martínez</strong> y <strong>Valeria Sarmiento</strong> para ofrecer la inducción a interesados de todos los municipios de Bolívar y del Caribe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La charla mostrará la oferta de pregrados, las v<strong>ías de admisión</strong> (regular y cupos especiales), puntajes de <strong>Saber 11</strong> de <strong>referencia</strong> por programa, políticas de <strong>bienestar</strong> universitario.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Los <strong>interesados</strong> en la <strong>charla</strong> pueden <strong>conectarse</strong> con este enlace: <a href="https://meet.google.com/rmz-ptip-jru">https://meet.google.com/rmz-ptip-jru</a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Universidad casi bicentenaria con acreditación de alta calidad</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La casi centenaria (fue fundada en 1827) <strong>Universidad de Cartagena</strong> ofrece:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>27 pregrados presenciales</li>



<li>7 pregrados a distancia en seis sedes regionales (centros tutoriales)</li>



<li>más de 3.000 cupos en pregrado por semestre</li>



<li>de los cuales alrededor de 225 se asignan por vías especiales</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Dado que <strong>más de la mitad de los cupos especiales no logran ser utilizados</strong>, desde la sociedad civil la Fundación Color de Colombia apoya los esfuerzos de difusión de las oportunidades de acceso a educación superior de calidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por el <strong>Acuerdo 66 de 2024</strong>, la Universidad de Cartagena asigna cupos especiales a los siguientes grupos de bachilleres:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Comunidades indígenas</li>



<li>Comunidades negras</li>



<li>San Andrés, Providencia y Santa Catalina</li>



<li>Sur de Bolívar</li>



<li>Víctimas del conflicto armado</li>



<li>Zona insular de Cartagena</li>



<li>Mejores bachilleres del departamento de Bolívar</li>



<li>Reincorporados</li>



<li>Mejores bachilleres del Distrito de Cartagena</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Cupos especiales para el sur de Bolívar</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El Acuerdo 66/2024 establece tres cupos para Medicina, tres para Derecho, un (1) cupo para el resto de los programas de pregrado (en modalidad a distancia<br>en Cartagena y en modalidad presencial), y un (1) cupo para los centros tutoriales de Mompox y Magangué entre los programas a distancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son dos los requisitos específicos que deben cumplir los aspirantes: 1) certificado de estudios de los grados 10° y 11 ° de una Institución Educativa ubicada<br>en el Sur- Sur de Bolívar, y 2) certificado de residencia expedido por el alcalde municipal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los municipios del sur de Bolívar focalizados por la Universidad de Cartagena son:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Achí, Altos del Rosario, Arenal, Barranco de Loba, Cantagallo, Cicuco</li>



<li>El Peñón, Hatillo de Loba, Margarita, Montecristo, Morales, Norosí</li>



<li>Pinillos, Regidor, Río Viejo, San Fernando, San Jacinto del Cauca</li>



<li>San Martín de Loba, San Pablo, Santa Rosa del Sur, Simití</li>



<li>Talaigua Nuevo, Tiquisio</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">El acceso de los bachilleres de las zonas rural e insular de Cartagena</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por Acuerdo 66, los bachilleres de los colegios de la zona insular tienen cuatro (4) cupos al año, dos por semestre, y los de la zona rural <strong>no tienen</strong> cupos especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, estos bachilleres podrían presentarse por las otras categorías de beneficiarios, como comunidades negras o víctimas, si cumplen los requisitos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los bachilleres de las 10 instituciones educativas de los siguientes corregimientos de la <strong>zona insular</strong> pueden usar la vía especial de admisión:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Isla de Barú (corregimientos de Ararca, Santa Ana y Barú)</li>



<li>Isla de Tierra Bomba (corregimientos de Tierra Bomba, Punta Arena, Caño del Oro y Bocachica)</li>



<li>Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo que incluye a Isla Grande, Islas del Rosario, Santa Cruz de Islote e Isla Fuerte.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Las instituciones educativas de la <strong>zona rural</strong> invitadas a la charla de Admisiones de la Universidad de Cartagena son:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>IE Arroyo de Piedra</li>



<li>IE Puerto Rey</li>



<li>IE de Tierra Baja</li>



<li>IE de Pontezuela</li>



<li>IE de Leticia</li>



<li>IE Manzanillo del Mar</li>



<li>IE de Bayunca</li>



<li>IE José María Córdoba de Pasacaballos</li>



<li>IE Nueva Esperanza Arroyo Grande</li>



<li>IE Técnica de Pasacaballos</li>



<li>IE Nuestra Señora del Buen Aire</li>



<li>IE de la Boquilla</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El pin de inscripción es costoso, $205.000, y es una de las barreras que se enfrentan.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="724" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133051" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg 1414w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg?resize=212,300 212w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg?resize=768,1086 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg?resize=724,1024 724w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Charla-de-UdeC-para-Caribe-15-sept-2026.jpg?resize=1086,1536 1086w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Semilleros de Becarios U</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Un proceso extracurricular desde grados octavo y noveno para llegar a la universidad, sea ganando beca privada o cupo en estatal acreditada, mejor preparados para ese ciclo de vida crucial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Semillero acompaña a estudiantes de desempeño académico destacado para que no solo obtengan un buen resultado en&nbsp;<strong>Saber 11</strong>, lo que ya es previsible, sino que lleguen a la educación superior con un&nbsp;<strong>proyecto de vida universitaria, competencias fortalecidas y una visión más amplia de sus posibilidades</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ruta combina estímulo de&nbsp;<strong>habilidades cognitivas y co-cognitivas</strong>, orientación vocacional y socio-ocupacional,&nbsp;<strong>desarrollo de personalidad</strong>, acercamiento al mundo productivo, inmersión universitaria y preparación para el acceso a la educación superior.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Trazador misional de esta publicación</strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En su línea estratégica 2,&nbsp;<strong>Educación de calidad y equidad</strong>, la Fundación Color de Colombia tiene los programas de&nbsp;<strong>Semilleros de Becarios U</strong>&nbsp;(desde grados octavo y noveno para ayudar a la preparación de aspirantes a becas y a universidades públicas acreditadas)</p>



<p class="wp-block-paragraph">y de&nbsp;<strong>Semilleros Alpha Phi Alpha</strong>&nbsp;(desde primer semestre de pregrado para ayudar a una experiencia integral de proyecto de vida universitaria con metas altas y movilidad social).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133030</guid>
        <pubDate>Tue, 15 Sep 2026 02:27:09 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/imagen-destacada-UdeC-15-sept.jpg?w=1000" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Meet de Admisiones de @uni_cartagena sobre cupos especiales &#124; Fundación Color de Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133030</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La Memoria toma Medellín</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-memoria-toma-medellin/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la vigésima edición de la Fiesta del Libro y la Cultura, que se realizará entre el 11 y el 20 de septiembre en el Jardín Botánico y el Parque Explora. Bajo el lema “Voz para los que no tenían voz”, la entidad llegará con una programación que incluye conversatorios, talleres, investigaciones, lanzamientos editoriales, actividades artísticas y espacios de encuentro con comunidades, víctimas, investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados en comprender mejor la historia reciente del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda es amplia, pero más allá de la cantidad de actividades, lo que llama la atención es la visión que parece atravesarla. Durante años, la memoria en Colombia estuvo asociada principalmente a la reconstrucción de hechos violentos, a la elaboración de informes y a la preservación de archivos. Todas esas tareas siguen siendo indispensables. Sin verdad documentada no existe posibilidad de comprensión ni de justicia. Sin embargo, la programación que el Centro llevará a Medellín sugiere una apuesta más amplia: convertir la memoria en una conversación pública capaz de involucrar a sectores de la sociedad que tradicionalmente no participan de estos debates.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa intención aparece desde el primer día. El viernes 11 de septiembre se abrirán espacios como “Cartografía por la memoria”, un taller dirigido a jóvenes que propone explorar cómo los lugares guardan historias, emociones y recuerdos a través del dibujo y la construcción colectiva de mapas. Ese mismo día se presentará el pódcast <em>Lenguajes de la memoria: afectaciones a metaleros en el marco del conflicto armado en Medellín (1990-2000)</em>, una propuesta que recupera testimonios de quienes encontraron en la música una forma de resistencia frente a las distintas expresiones de violencia que marcaron la ciudad durante las últimas décadas.<br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para este tipo de reflexiones no es casual. La ciudad ha sido protagonista de algunos de los capítulos más complejos de la historia contemporánea colombiana. Ha conocido el impacto del narcotráfico, la confrontación armada, las violencias urbanas y las fracturas sociales que dejaron profundas huellas en miles de familias. Pero también ha sido un laboratorio de iniciativas comunitarias, procesos culturales y apuestas educativas que han demostrado que la memoria puede convertirse en una herramienta para reconstruir tejido social. Hablar de memoria en Medellín implica necesariamente hablar de las heridas que dejó la violencia, pero también de las múltiples formas de resistencia que surgieron para enfrentarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejes centrales de la programación será el ciclo de conversaciones denominado “El valor de las voces”, en el que participará el director general del Centro Nacional de Memoria Histórica, D&#8217;Mar Córdoba Salamanca. Los encuentros reunirán a víctimas de distintas experiencias, desde mujeres afectadas por el reclutamiento y la violencia sexual hasta Sofía Gaviria Correa y representantes de la fuerza pública.<br><br></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="768" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133037" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=768,576 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=1024,768 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de los nombres propios, estos espacios reflejan una idea fundamental: la memoria colombiana no puede construirse desde una sola experiencia ni desde una única mirada. La historia reciente del país está compuesta por relatos diversos, a veces dolorosamente distintos entre sí, que exigen ser escuchados con la misma disposición para comprender. En una época donde la polarización suele empujar a los ciudadanos a escuchar únicamente aquello que confirma sus propias convicciones, la apuesta por reunir voces diferentes adquiere un valor especial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto también puede leerse el trabajo que viene impulsando D&#8217;Mar Córdoba al frente del CNMH. Más allá de las responsabilidades administrativas propias de cualquier dirección institucional, la programación de Medellín deja ver una intención clara de acercar el Centro a públicos más amplios y de fortalecer su presencia en espacios donde la memoria dialoga con la cultura, la educación y la ciudadanía. No se trata únicamente de presentar investigaciones o publicar informes. Se trata de lograr que esos contenidos encuentren nuevos interlocutores y que la conversación sobre el pasado llegue a escenarios donde normalmente no se produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás uno de los ejemplos más interesantes de esa visión sea el lanzamiento de <em>La naturaleza y el territorio como víctimas: relatos de memoria histórica ambiental</em>, programado para el sábado 12 de septiembre. La investigación inaugura una nueva línea de trabajo que invita a reflexionar sobre los impactos del conflicto armado en los ecosistemas y en las comunidades que dependen de ellos. Durante años, las discusiones sobre memoria se concentraron principalmente en las afectaciones humanas, algo completamente comprensible dada la magnitud del sufrimiento causado por la violencia. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la guerra también transformó ríos, bosques, montañas y formas de vida enteras. Reconocer esas afectaciones permite ampliar nuestra comprensión de lo ocurrido y conectar la memoria con desafíos contemporáneos como la protección ambiental y los derechos de las comunidades rurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación también dedica una atención especial a los niños, niñas y jóvenes. Habrá talleres como <em>Fotovoces</em>, <em>El jardín de la memoria</em>, <em>Exploradores de la memoria</em>, <em>Los viajes del colibrí</em> y <em>Mi memoria, mi museo</em>, actividades que buscan acercar la reflexión sobre el pasado a nuevas generaciones mediante herramientas creativas y participativas.<br>Y quizás allí se encuentre una de las preguntas más importantes para cualquier política pública de memoria en la actualidad. ¿Cómo transmitir la historia de la violencia a quienes no la vivieron directamente? Millones de colombianos nacieron después de algunos de los episodios más intensos del conflicto armado y observan esos acontecimientos desde una distancia temporal cada vez mayor. Para ellos, la memoria no puede limitarse a una colección de fechas o acontecimientos. Necesita encontrar nuevos lenguajes, nuevas formas de narración y nuevas experiencias que permitan comprender por qué recordar sigue siendo relevante.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133038" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=768,512 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=1024,683 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda de Medellín parece consciente de ese desafío. Por eso incorpora actividades que exploran la memoria desde la fotografía, la música, la literatura, la educación, los archivos comunitarios e incluso la gastronomía. Uno de los conversatorios más llamativos lleva por título <em>¿A qué sabe la memoria?</em>, una invitación a reflexionar sobre cómo los alimentos, las recetas y los espacios compartidos alrededor de la mesa también forman parte de las historias que una comunidad decide preservar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De igual manera, la programación incluye espacios sobre museos escolares, archivos de derechos humanos, bibliotecas, centros de documentación y experiencias barriales de construcción de memoria. Todos ellos comparten una misma convicción: la memoria no pertenece exclusivamente a las instituciones. También pertenece a las comunidades, a los barrios, a las escuelas y a las organizaciones que durante años han trabajado para preservar sus propias historias.<br>Uno de los momentos más esperados llegará el 19 de septiembre con el lanzamiento de <em>Verdades pendientes. Paz urbana en Medellín y el Valle de Aburrá</em>, una investigación que analiza cinco décadas de violencia en la región y pone en el centro las voces, los daños y las demandas de las víctimas. La elección de este escenario para presentar el informe tiene una fuerza simbólica evidente. Medellín sigue siendo un territorio donde la discusión sobre la paz urbana continúa abierta y donde las preguntas sobre las causas, consecuencias y transformaciones de la violencia mantienen plena vigencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título del informe resume bien uno de los grandes desafíos de la memoria colombiana: todavía existen verdades pendientes. Persisten preguntas sobre responsabilidades, impactos, silencios y consecuencias que siguen reclamando atención. La memoria no existe para ofrecer respuestas definitivas a todos esos interrogantes, pero sí para evitar que desaparezcan de la conversación pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para presentar este informe también invita a una reflexión más amplia sobre la relación entre memoria y ciudad. Durante mucho tiempo, buena parte de los debates sobre el conflicto armado colombiano se concentraron en los territorios rurales, donde ocurrieron algunas de las mayores tragedias de la guerra. Sin embargo, las ciudades también cargan memorias profundas de la violencia. Medellín es quizás el mejor ejemplo de ello. Aquí confluyeron fenómenos asociados al narcotráfico, al conflicto armado, al desplazamiento forzado y a las distintas expresiones de criminalidad urbana que transformaron barrios enteros y marcaron la vida de varias generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de paz urbana en Medellín no significa únicamente analizar cifras de violencia o estudiar la presencia de actores armados. Significa escuchar las historias de quienes han vivido esas transformaciones desde sus comunidades, comprender cómo las dinámicas de la violencia afectaron la vida cotidiana y reconocer los esfuerzos colectivos que permitieron resistir en medio de circunstancias extremadamente difíciles. En ese sentido, la memoria se convierte en una herramienta para leer la ciudad desde abajo, desde las experiencias de sus habitantes y no solamente desde las decisiones institucionales o los grandes acontecimientos que suelen ocupar los titulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación del Centro Nacional de Memoria Histórica parece entender esa necesidad de conectar los grandes relatos nacionales con las historias locales. Por eso resulta significativo que varios de los eventos programados incluyan experiencias comunitarias, archivos barriales, iniciativas educativas y procesos culturales surgidos en los propios territorios. Más que presentar una memoria cerrada o definitiva, la agenda propone un diálogo permanente entre las investigaciones del Centro y las memorias construidas por las comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar ocurre con los lanzamientos editoriales previstos para los últimos días de la feria. Obras como <em>¿Quiénes son las verdaderas heroínas y los verdaderos héroes en el Oriente antioqueño?</em> o la colección <em>Relatos pal desolvido</em> reflejan un esfuerzo por acercar los hallazgos de la investigación histórica a públicos más amplios mediante formatos narrativos accesibles. No es una apuesta menor. Uno de los grandes desafíos de cualquier institución dedicada a la memoria consiste precisamente en encontrar formas de comunicar conocimientos complejos sin perder rigor, pero también sin quedar encerrados en círculos académicos o especializados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al revisar el conjunto de actividades, aparece una idea que atraviesa toda la programación: la memoria no es solamente una tarea de preservación del pasado. También es una forma de construir ciudadanía. Recordar implica reconocer experiencias diversas, escuchar voces que históricamente han permanecido al margen de las grandes narrativas y fortalecer la capacidad de una sociedad para comprenderse a sí misma. Esa parece ser, en última instancia, la conversación que el CNMH quiere llevar a Medellín durante estos diez días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la presencia del Centro Nacional de Memoria Histórica en la Fiesta del Libro trasciende el ámbito cultural. Lo que está en juego no es únicamente la difusión de investigaciones o publicaciones. Lo que está en juego es la posibilidad de seguir construyendo espacios donde el país pueda escucharse a sí mismo, reconocer la diversidad de sus experiencias y reflexionar sobre las lecciones que deja su historia reciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos marcados por la inmediatez, las redes sociales y la fragmentación de los debates públicos, resulta valioso que una institución pública insista en la importancia de escuchar, dialogar y comprender. Esa parece ser la apuesta que recorre la programación del CNMH en Medellín y, al mismo tiempo, una de las características más visibles del momento que vive la entidad bajo la dirección de D&#8217;Mar Córdoba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria, al fin y al cabo, no es un ejercicio destinado a inmovilizar a una sociedad en el pasado. Es una herramienta para comprender el presente y pensar el futuro. Y si algo deja claro esta programación es que el Centro Nacional de Memoria Histórica quiere que esa conversación ocurra cada vez más allá de los archivos, más allá de los expertos y más cerca de los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Mon, 14 Sep 2026 16:32:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La Memoria toma Medellín]]></media:description>
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        <title>La encrucijada de Abelardo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-encrucijada-de-abelardo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una tentación muy grande, casi inevitable, cuando un país cambia de gobierno: explicar el resultado electoral como si una mitad de la sociedad hubiera derrotado definitivamente a la otra. Colombia debería cuidarse de esa tentación. Abelardo de la Espriella ganó las elecciones presidenciales y tiene, por supuesto, la legitimidad democrática para gobernar. Pero convendría [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<h1 class="wp-block-heading">Hay una tentación muy grande, casi inevitable, cuando un país cambia de gobierno: explicar el resultado electoral como si una mitad de la sociedad hubiera derrotado definitivamente a la otra. Colombia debería cuidarse de esa tentación.</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella ganó las elecciones presidenciales y tiene, por supuesto, la legitimidad democrática para gobernar. Pero convendría mirar con un poco más de detenimiento qué fue exactamente lo que lo llevó hasta la Casa de Nariño. Porque acaso allí se encuentre también la pregunta más importante de su gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo no llegó al poder solamente por la extrema derecha. Llegó, en buena medida, porque una parte considerable del país estaba cansada. Cansada de la improvisación, de la confrontación permanente, de la sensación de que gobernar consistía muchas veces en producir una nueva controversia antes de haber resuelto la anterior. Cansada también de un gobierno que, en distintos momentos, pareció mirar con desconfianza o desprecio a sectores enteros de la sociedad que no compartían su proyecto político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección fue, en ese sentido, algo más complejo que un simple giro ideológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vuelta había dejado a Abelardo y a Iván Cepeda separados por poco más de 660.000 votos. En la segunda, la distancia terminó reduciéndose a 251.854. De la Espriella obtuvo 12.960.166 votos y Cepeda 12.708.312. No estamos, por tanto, frente a una revolución electoral de una mayoría aplastante. Estamos frente a un país prácticamente dividido en dos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa diferencia importa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una cosa es ganar una elección y otra, bastante más difícil, interpretar un país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Abelardo debería preguntarse si su triunfo fue exclusivamente el resultado de una adhesión profunda a la derecha que él representa o si también fue consecuencia de una circunstancia histórica mucho más amplia: el cansancio con el gobierno anterior, el rechazo a ciertas formas de ejercer el poder, la preocupación por la seguridad, la economía y el rumbo institucional, y la incapacidad de la izquierda para convocar a los sectores del centro político que necesitaba para convertirse en una mayoría nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso la presencia de José Manuel Restrepo en la fórmula presidencial decía algo que no debería pasar inadvertido. Para muchos votantes, Restrepo representaba una señal de moderación, de experiencia administrativa, de diálogo con sectores empresariales y académicos, y de una derecha que podía conversar con el centro. No era un detalle menor. Era una forma de decirle a un país que había alternativas distintas a la confrontación permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la historia de este gobierno no debería escribirse simplemente como la historia de la llegada de la derecha al poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una casualidad histórica entre Abelardo y la derecha colombiana que todavía está por convertirse en un vínculo profundo. Su triunfo puede ser leído como la convergencia de varias circunstancias, más que como la culminación de un largo proceso de construcción ideológica de una nueva mayoría conservadora. Las elecciones producen esas paradojas: a veces llevan al poder a una persona por razones que exceden ampliamente su propia biografía política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí comienza la verdadera encrucijada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Abelardo ya no es el candidato que podía representar la indignación de una parte del país. Es el presidente de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso cambia el lenguaje, cambia la responsabilidad y debería cambiar incluso la idea de victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un candidato puede vivir de la diferencia. Un presidente necesita construir sobre aquello que comparte la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es quizá una de las pruebas más difíciles para un gobernante con una personalidad política tan marcada como la de Abelardo. La misma energía que puede servir para ganar una elección puede convertirse en un obstáculo para gobernar. La confrontación moviliza. El gobierno, en cambio, exige administrar diferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia está llena de diferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada decisión de este gobierno será observada por un país especialmente sensible. La izquierda sospechará de la derecha. La derecha exigirá que el gobierno cumpla sus promesas. El centro estará atento a cualquier señal de radicalización. Los empresarios mirarán las reglas del juego. Los trabajadores, los jóvenes, las regiones, las víctimas, los militares, los campesinos y las universidades tendrán sus propias expectativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay, en este momento, un sector de Colombia que pueda decir que el país le pertenece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea precisamente la oportunidad histórica de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los grandes estadistas no suelen ser recordados solamente por las batallas que ganaron contra sus adversarios. Son recordados por las fronteras que consiguieron mover. Por la capacidad de hacer que quienes no pensaban como ellos pudieran reconocerse, al menos parcialmente, en una obra común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia suele ser más generosa con quienes construyen que con quienes simplemente vencen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, además, una idea que me gustaría pedirle prestada al propio presidente. Si Abelardo se reconoce en la tradición del hombre del Renacimiento, tendría allí una extraordinaria oportunidad para pensar su propia presidencia. Porque si algo hizo grande al Renacimiento no fue solamente la aparición de artistas geniales, sino la capacidad de mirar más allá de los límites conocidos, de cruzar disciplinas, de aprender del otro, de encontrar horizontes mayores que las circunstancias más íntimas o los círculos más limitados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leonardo podía ser pintor, anatomista, ingeniero y arquitecto. Maquiavelo podía estudiar a los antiguos para comprender a los modernos. Y Lorenzo de Médici entendió que la grandeza política de Florencia no consistía únicamente en acumular poder, sino también en convertirla en un centro de cultura, diplomacia y creación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lorenzo es, quizás, una figura especialmente sugestiva para un presidente que acaba de llegar al poder en un país dividido. Después de la conspiración de los Pazzi y de una guerra que puso a Florencia en una situación crítica, Lorenzo viajó personalmente a Nápoles y negoció la paz. Después construyó una política de alianzas y equilibrios que hizo de Florencia una pieza decisiva de la política italiana. Al mismo tiempo, alrededor suyo se reunieron artistas, poetas, filósofos y arquitectos. Su grandeza no estuvo solamente en mandar, sino en comprender que el poder podía ser también una forma de ampliar el horizonte de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea una de las preguntas más interesantes que podría hacerse Abelardo: ¿puede un hombre que llegó al poder desde una identidad política tan fuerte ampliar su propio horizonte hasta convertirse en algo más grande que esa identidad? ¿Puede escuchar voces que no pertenecen a su mundo, incorporar ideas que no nacieron en su círculo, reconocer que incluso sus adversarios pueden tener algo que enseñarle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque allí está, en últimas, la diferencia entre un gobernante que administra una victoria y un estadista que comprende una época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso sería un error que el nuevo gobierno confundiera el mandato electoral con un mandato para profundizar las divisiones culturales del país. Colombia no necesita que el presidente demuestre cada mañana que derrotó a la izquierda. Necesita que demuestre que puede gobernar mejor que ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar mejor significa recuperar la capacidad del Estado para hacer cosas concretas. Mejorar la seguridad sin abandonar las garantías institucionales. Hacer crecer la economía sin olvidar la desigualdad. Construir infraestructura. Mejorar la educación. Reducir la pobreza. Fortalecer las regiones. Defender las instituciones. Hacer que la administración pública funcione. Y, sobre todo, devolverle al ciudadano una sensación elemental que se ha ido perdiendo: que el Estado existe para resolver problemas y no para producir permanentemente nuevos enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo tiene además una ventaja que quizá todavía no alcanza a dimensionar: no necesita convencer a quienes ya lo votaron de que él tiene razón. Ellos ya lo hicieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su desafío está en convencer a quienes no lo votaron de que también puede gobernarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está la diferencia entre un presidente de partido y un presidente de país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no eligió a Abelardo con una mayoría abrumadora. Lo eligió en una segunda vuelta extraordinariamente estrecha, en la que apenas unos cientos de miles de votos separaron dos proyectos de país. A Cepeda le faltó poco para ganar. A Abelardo le faltó poco para perder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa cifra debería ser más que una estadística electoral: debería ser una lección política. El riesgo de no comprenderla es enorme. Un gobierno que no consiga construir consensos puede terminar alimentando el péndulo que lo llevó al poder. Si una parte del país siente que durante cuatro años fue ignorada, despreciada o excluida, la próxima elección puede convertirse, otra vez, en una oportunidad para llevar el péndulo hacia el otro extremo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso ya lo hemos visto en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso construir consensos no es un gesto de debilidad ni una concesión ideológica. Es, incluso, una forma de proteger el propio proyecto político. Un gobierno que logra que una parte importante de quienes no lo votaron se sientan representados tiene más posibilidades de dejar una obra duradera que uno que simplemente satisface a sus seguidores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta puede ser la gran oportunidad de Abelardo de la Espriella. No convertirse simplemente en el presidente que llevó a la derecha al poder, sino en el presidente que entendió que Colombia necesitaba salir de la lógica de los bloques.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso podría hacer algo todavía más difícil: construir un gobierno que no tenga como principal propósito representar a la derecha, sino representar aquello que puede convertirse en lo colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sería renunciar a sus ideas. Al contrario. Los estadistas no dejan de tener convicciones cuando construyen consensos. Lo que hacen es entender que una convicción política adquiere verdadera grandeza cuando consigue convertirse en una política pública que puede ser aceptada incluso por quienes no comparten su origen ideológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia está llena de gobiernos que ganaron con una bandera y terminaron siendo recordados por algo mucho más grande que esa bandera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese debería ser el reto de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No gobernar para demostrar que una mitad del país tenía razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar para que, dentro de cuatro años, una mayoría de colombianos pueda decir que el país está un poco menos dividido, que las instituciones son un poco más fuertes, que el Estado funciona un poco mejor y que, incluso en medio de nuestras diferencias, todavía somos capaces de construir algo juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea la verdadera encrucijada de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguir siendo el hombre que ganó una elección contra una época que muchos colombianos querían dejar atrás, o convertirse en el presidente capaz de inaugurar otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera opción le pertenece a la política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda, a la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133026</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 17:31:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La encrucijada de Abelardo]]></media:description>
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        <item>
        <title>Gramsci y la lógica de lo político</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/gramsci-y-la-logica-de-lo-politico/</link>
        <description><![CDATA[<p>En este artículo explicamos en 9 pasos la lógica de la política: la finalidad de la misma y la estrategia para el logro de la hegemonia, la cual comporta la llamada batalla cultural. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Jorge Luis Borges dijo: “los astros y los hombres vuelven cíclicamente”. Este verso pone de presente que nada se va para siempre, que hay cosas que permanecen ahí, sepultadas, y que pueden revivir para actuar en la actualidad. El verso también patentiza que la tradición no es un mármol frio del pasado, sino que puede actualizarse, o lo que es lo mismo, que existen “pasados proyectivos”. Gramsci es uno de esos hombres que hoy está de vuelta. Así lo testimonian su presencia en la política contemporánea actual, especialmente, en los progresismos, en los debates en la filosofía política e, incluso, en las tácticas de la neoderecha que parece haber entendido mejor a Gramsci que la misma izquierda, pues se ha tomado en serio el tema de la batalla cultural en los medios y los artefactos culturales, al igual que la conquista del sentido común de la gente. Pero ¿a qué se debe este renacer de Gramsci? La respuesta es sencilla: porque su obra es una caja de herramientas que sirve para <em>analizar</em> la realidad política actual, pero no solo para analizarla, sino que ofrece <em>horizontes teórico-prácticos</em> para transformarla. Veamos algunos puntos clave que nos permiten sustentar lo dicho:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1º. El ser humano hace la historia, puede cambiar la realidad en la que vive, tal como pensó Gramsci, quien sostuvo: “La historia como acaecimiento es pura actividad práctica”, es decir, la <em>voluntad colectiva, común,</em> produce transformaciones, no solo en el nivel económico, sino en el&nbsp;<em>nivel cultural, intelectual y moral.&nbsp;</em>Tener conciencia de la historia como creación típicamente humana es un punto de partida fundamental para evitar la indiferencia, la resignación, el conformismo y la&nbsp;<em>claudicación</em>&nbsp;ante el presente, pues el porvenir siempre es abierto. El materialismo histórico o, lo que es lo mismo, la <em>filosofía de la praxis,</em> concibe al humano como un protagonista de su propia historia. Es una filosofía o concepción elaborada del mundo que, por medio de la <em>acción política</em>, <em>deviene</em> <em>historia</em> <em>viva.</em> De esta manera se rechaza el optimismo neoliberal del fin de la historia que paraliza el pensamiento y la acción y que pretende inculcarnos la idea <em>del fin del futuro</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2º. El análisis debe partir de “lo que hay”, del mundo que se tiene, de la situación de la infraestructura con sus relaciones de producción, situación económica, grupos de interés, empresas, etc., sin caer en el determinismo económico, pues, en estricto sentido, la disputa por la economía ya es una disputa política. Gramsci decía: “Lo que determina la acción política no es la estructura económica, sino la interpretación que se dé de esta y de las llamadas leyes que rigen su desarrollo. Estas leyes no tienen nada de común con las leyes naturales”. El sujeto no está determinado por su posición de clase, no es ésta la que le otorga la <em>autoconciencia</em>, pues el sujeto <em>político</em> no se constituye como tal <em>antes</em> del conflicto político, sino justamente <em>gracias a él</em>. Igualmente, “lo que hay” requiere pensar en <em>las fuerzas políticas</em>, sus intereses, sus luchas, las tendencias hegemónicas, las ideologías; así como en la correlación de las fuerzas militares y la geopolítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. La política consiste en una batalla intelectual, cultural y moral que disputa el&nbsp;<em>sentido común</em>&nbsp;(opiniones, creencias, supersticiones, prejuicios, valoraciones, certezas, en fin, la concepción del mundo de la gente) de la sociedad. El sentido común es generalmente conservador, contiene visiones retrógradas del mundo, <em>es un abecedario mental</em> con el que nos movemos en la realidad, con el que la interpretamos; el sentido común es misoneísta, pero puede contener un núcleo crítico, un <em>buen sentido</em> que se manifiesta en nuestras prácticas, muchas veces en contra del sentido común dominante. Ahora, <em>la lucha cultural</em> consiste en una <em>guerra de posiciones</em> donde se va avanzando en el terreno de la sociedad civil, conquistando lugares, derrumbando sus fortificaciones, conquistando porciones de <em>sentido</em>, tomando ideológicamente a la sociedad. Desde luego, como toda batalla, implica luchar contra la cultura del adversario. Y en esa tarea el análisis de sus discursos ideológicos, de su literatura, de su propaganda, de los contenidos de la radio, de la televisión, del cine, de su teatro y hasta de sus fiestas etc., es fundamental. Hoy, básicamente, la sociedad es un campo de batalla por la conquista de la atención y en la búsqueda del consentimiento de las grandes más. Y en esa tarea llegar a las masas a través de los artefactos culturales es clave, es imperioso e implica un trabajo permanente. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. En la lucha por conquistar el sentido común se requiere partir de lo “que hay”, criticarlo, elaborarlo y “superarlo” en una visión nueva de sociedad (o nueva <em>concepción del mundo</em>) que se debe difundir y consolidar por medio de la propaganda, la discusión, la seducción, la persuasión, el trabajo cultural, etc. Como ha dicho Boaventura de Sousa Santos: “esa lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de vida social y de la acción política”. Entonces, se trata de vencer, superar el sentido común hegemónico, dominante, elevarlo al concepto, esclarecerlo, y construir una nueva filosofía democrática que, con <strong><em>la mediación de los intelectuales</em></strong>, pretenda convertirse en un <em>nuevo sentido común</em> que, a la vez, se convierta en “norma de vida”, que devenga acción práctica cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, hay que dialogar con la <strong>cultura popular</strong>, extraer de ella sus puntos críticos, emancipadores, positivos, que contribuyan a la pelea por la conquista de la hegemonía. Pero debe tenerse en cuenta que destruir el sentido común de la clase dirigente, oligárquica, señorial, aristocrática, corrupta, etc., y cambiarlo por una concepción del mundo que defienda lo&nbsp;<em>común</em>&nbsp;(tierra, agua, aire, conocimiento, intereses colectivos)&nbsp;<em>toma tiempo</em>, y requiere trabajo con las “gentes sencillas”. Se trata de un humanismo plebeyo como dice Luciana Cadahia. Para lograrlo, es necesario el&nbsp;<em>trabajo social, la militancia, la educación popular, el trabajo en cultura política,</em>&nbsp;pues las ideas progresistas, novedosas, etc., no ganan la aprobación de la gente de un momento a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Sustituir una <em>vieja</em>&nbsp;<em>concepción del mundo</em>, por ejemplo, la neoliberal, basada en el darwinismo social, el exitismo, el egoísmo, la competencia, la destrucción de la naturaleza, la mecanización de los procesos vitales en la sociedad del frenesí, etc., requiere&nbsp;<em>deconstruirla</em>&nbsp;y sustituirla por un nuevo&nbsp;<em>sentido</em>&nbsp;común, que, por ejemplo, esté afincado y constituido por <em>otros valores y prácticas</em>. Se trata de una rebelión de los instintos vitales contra la tanatopolítica que devasta y arruina nuestro mundo. En esas luchas se puede recoger y aprender de la tradición, recoger los sedimentos revolucionarios y los restos de libertad y dignidad aún no realizados en la historia de las luchas emancipatorias, como pensaron algunos miembros de la Escuela de Frankfurt y en nuestro medio colombiano Orlando Fals Borda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Lo anterior exige la política. El fin de esta <em>es crear una nueva hegemonía</em>, materializarla, mantenerla y reproducirla. Solo así se crea una nueva sociedad. La política es el arte de seducir y convencer para que los nuevos intereses de un grupo o partido se impongan en la mayoría de la sociedad y reciban el respaldo de la gente. En eso consiste que una determinada idea, visión del mundo o&nbsp;<em>programa político</em>&nbsp;se torne&nbsp;<em>hegemónico</em>. La hegemonía es el paso de lo particular y de los intereses económicos-corporativos a una <em>universalidad</em> que recoge esos intereses y los identifica con los de toda la sociedad, de tal manera que la mayoría los asuma como <em>propios</em>. Por eso, no hay hegemonía sin universalización de posturas emancipatorias. Ahora, la&nbsp;<em>contienda por el poder</em>&nbsp;y por ganar la&nbsp;<em>dirección de la sociedad</em>&nbsp;se da no solo a nivel de la sociedad política (parlamentos, sistema electoral, poder ejecutivo) sino especial y principalmente en el campo de la <em>sociedad civil</em>, es decir, en las organizaciones políticas, sindicales, educativas, grupos ambientales, movimientos pro LGBTI, grupos religiosos, movimientos culturales e intelectuales, organizaciones u ONG´s en defensa de los derechos humanos. <em>La sociedad civil es, entonces, el campo de batalla ideológica por la obtención del consentimiento y el consenso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">7º. En la&nbsp;<em>lucha antagónica</em>&nbsp;<em>por la hegemonía</em>&nbsp;es fundamental el papel de los intelectuales, de los estratos más conscientes, en pleno contacto con la sociedad. Es así como se puede elaborar, en la retroalimentación con los&nbsp;<em>sectores subalternos</em>, una visión más coherente y sistemática de la realidad. Por eso, los intelectuales son fundamentales en la construcción de la&nbsp;<em>ideología</em>, entendida no como falsa conciencia, sino como un conjunto o sistema de ideas que encarnan una visión específica de sociedad. Esas ideologías tienen poder de <em>identificación</em> y de movilización de afectos en pro de la construcción de una nueva concepción del mundo. Aquí, la ideología es el cemento o pegante que cohesiona a los grupos que representan las alternativas políticas. Sin ideología no hay, entonces, hegemonía.&nbsp; Y esta hegemonía presupone la ideología, implica la creación de “un bloque social” no solo como sujeto político, sino como una unidad <em>intelectual y moral</em> donde teoría y práctica han convergido, donde se da esa unidad. Eso ocurre cuando la gente encarna una concepción del mundo, lo vive y lo materializa en sus prácticas cotidianas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. La construcción de hegemonías es una tarea permanente, pues esta nunca es absoluta, ni totalizante, de tal manera que no clausura lo social, ni totaliza la realidad; mucho menos elimina una de las características fundamentales de las sociedades actuales:&nbsp;<em>el conflicto y el antagonismo.</em>&nbsp;Aquí no hay paraísos, ni fin de la historia, solo un devenir conflictivo de lo social. El objetivo es construir un nuevo orden donde haya un nuevo bloque dirigente, producto de una <em>voluntad colectiva nacional-popular</em> que es, a la vez, una unidad intelectual y moral como nueva forma de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. El pensamiento de Gramsci no es un dogma, ni un catálogo de conceptos o recetas para el cambio social. No. Es una caja de herramientas útiles donde es lo real-concreto y su análisis el que <em>enriquece</em> la teoría y, ésta, a su vez, permite ampliar la comprensión de la realidad favoreciendo la praxis colectiva. Importante es resaltar el gran papel que Gramsci le da a <em>lo político</em> sobre lo económico, su antideterminismo y anti-economicismo, su crítica de la toma del poder, la reciprocidad dialéctica entre estructura y superestructura, la relevancia de la cultura y el trabajo cultural, el papel dado a la lucha, el conflicto y el antagonismo social, la importancia de articular una visión de mundo con un <em>nuevo lenguaje</em> político que conquiste a las grandes mayorías para así construir otro mundo posible. Es por estas razones que Gramsci está de vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132962</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 16:01:36 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Para una aproximación reflexiva al terremoto del 10 de agosto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/para-una-aproximacion-reflexiva-al-terremoto-del-10-de-agosto/</link>
        <description><![CDATA[<p>El filósofo Alberto Beron Ospina nos recuerda en este artículo algunas de las maneras como distintos filósofos abordaron el problema de los terremotos.  Recuerda desde el debate Rousseau-Voltaire en torno al terremoto de Lisboa de 1755 hasta las apreciaciones de Walter Benjamin.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por: Alberto Berón Ospina, Universidad Tecnológica de Pereira. Ph.D.</em></strong><em><strong> Miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía. </strong></em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Cuando la tierra paró de temblar, según caminaba colina abajo, comprendí la magnitud de los daños. No había palabras para expresar aquel horror. El polvo y el humo de los incencios me rodeaban y apenas podía respirar. Me envolvía la oscuridad y me encontré inmerso en una ciudad que se derrumbaba, con multitudes de personas gritando y clamando piedad. ¡Está ciudad nunca podrá recuperarse¡</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Un comerciante alemán residente en Lisboa</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta crónica de sustrato filosófico recupero lo planteado por algunos pensadores respecto al&nbsp; terremoto que asoló la ciudad de Lisboa en 1755. A partir de ese acontecimiento &nbsp;propongo &nbsp;una reflexión preliminar acerca de lo que vivimos en varias regiones de Colombia&nbsp; el pasado 10 de agosto de 2026. Se trata de una invitación a pensar en la fragilidad humana ante la naturaleza, para desde ahí invocar el papel de la filosofía ante temas como son el desastre y el riesgo, así como las consecuencias que esté evento tendrá en la vida social, cultural, política de los espacios afectados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto acontecido en Lisboa propició entre filósofos como Leibniz, Voltaire, Rousseau, &nbsp;Kant, Benjamin una serie de inquietudes. Una de ellas tuvo que ver con la siguiente cuestión: si Dios es bueno y omnipotente, ¿por qué existe el mal? Este fue un problema central de la teodicea, concepto asociado a Gottfried Wilhelm Leibniz. El filósofo había defendido que Dios, siendo perfecto y omnisciente, podía crear el mejor de todos los mundos posibles. (Leibniz, 2014, p. 125)&nbsp; Esto no significaba que el mundo careciera de sufrimiento, sino que incluso aquello que nos parece malo podía formar parte de un orden universal que, considerado en su totalidad, era el mejor posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El terremoto de Lisboa cuestionó esa argumentación e introdujo otras preguntas más concretas: ¿puede decirse que este es el mejor de los mundos cuando miles de personas mueren bajo los escombros sin que exista una relación evidente entre su sufrimiento y sus acciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir del terremoto comenzó a producirse un desplazamiento: de atribuir los desastres a la voluntad divina se formularon interrogantes acerca de lo que podía ocurrir en el interior de la tierra para que se produjeran los sismos. La tragedia de Lisboa ocurrió durante una festividad católica, precisamente en un momento en que muchos habitantes de la ciudad se encontraban en las iglesias. Varios templos fueron destruidos y numerosas personas que habían acudido a ellos perdieron la vida. Esto favoreció la interpretación de la catástrofe como un “castigo divino” motivado por los pecados humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, la filosofía occidental recurrió a la imagen del fundamento, del suelo firme, de aquello sobre lo cual podemos construir el conocimiento. Descartes perseguía un fundamento sólido para el conocimiento; los pensadores buscaban principios, bases y cimientos. Sin embargo, el terremoto fractura la experiencia de estabilidad y aquello que considerábamos más firme —la tierra bajo nuestros pies— puede convertirse súbitamente en aquello que más nos amenaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bajo el impacto de las noticias del terremoto de Lisboa, Voltaire escribió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Mortales desdichados! ¡Tierra oscura y de luto!<br>¡Asombrada reunión de humanidad! ¡Eterna persistencia de dolor inútil!<br>Venid, filósofos, que clamáis: “todo está bien”,<br>y contempláis esta ruina de un mundo.<br>Contemplad estos jirones y cenizas de vuestra raza,<br>este niño y esta madre amontonados en la ruina común,<br>estos miembros dispersos bajo las columnas de mármol… (Voltaire, 1912,p.255)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Rousseau (2007) no acepta la conclusión de Voltaire de que el desastre refuta la providencia divina. El autor de <em>El contrato social</em> se pregunta cuánto del sufrimiento producido por el terremoto fue realmente “natural” y cuánto había sido agravado por la propia organización humana. Rousseau sugiere, en esencia, una pregunta decisiva: la tierra tiembla, pero ¿quién construyó la ciudad? La naturaleza produce el terremoto, pero los seres humanos construyen edificios, concentran poblaciones, levantan ciudades densamente habitadas y crean condiciones que pueden multiplicar las consecuencias de un fenómeno natural. Lo anterior lleva a Rousseau a otra pregunta: ¿por qué los seres humanos organizamos nuestra existencia de una manera que nos hace tan vulnerables ante la naturaleza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, el joven Kant&nbsp; (Hernández Marcos, 2005), a sus veinticuatro años, recopiló información sobre el terremoto e intentó construir una explicación geológica basada en procesos físicos subterráneos. Su teoría se orientaba a explicar el fenómeno desde la propia naturaleza, sin recurrir necesariamente a una intervención sobrenatural. El terremoto comenzaba así a convertirse en un objeto de investigación y no únicamente en un acontecimiento susceptible de una interpretación religiosa. Entre los textos escritos por Kant a propósito del acontecimiento se encuentra <em>Sobre las causas de los terremotos, con ocasión de la calamidad que padecieron los países occidentales de Europa a finales del último año</em>. En este desplazamiento desde la explicación providencial hacia la investigación de las causas naturales aparece uno de los cambios fundamentales que el terremoto de Lisboa produjo en la conciencia europea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su vez, Walter Benjamin (2014) escribió acerca del terremoto de Lisboa un guion radiofónico destinado a una audiencia infantil (<em>Das Erdbeben von Lissabon</em>), correspondiente a una emisión del 31 de octubre de 1931. En él, Benjamin utiliza el terremoto de 1755 para narrar no solamente la catástrofe, sino también la manera en que un acontecimiento natural pudo incidir en la transformación de la conciencia histórica, científica y filosófica de una época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin no se concentra exclusivamente en la destrucción de Lisboa. Le interesa, particularmente, la circulación de la noticia del desastre por Europa. Señala que el terremoto tuvo una repercusión extraordinaria porque coincidió con un momento de expansión de la prensa y de las posibilidades de comunicación. El acontecimiento pudo ser conocido, narrado y representado rápidamente en distintos lugares del continente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Asimismo, el autor berlinés recupera la figura de Immanuel Kant quien, siendo muy joven, escribió sobre el terremoto. Benjamin hace una afirmación particularmente significativa: considera que la reacción de Kant ante Lisboa se encuentra asociada al surgimiento de la geografía científica en Alemania y al comienzo de la sismología. Es decir,<em> Benjamin recupera el terremoto como un momento en que una catástrofe que tradicionalmente podía interpretarse como un castigo divino empieza a convertirse en objeto de investigación científica.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, a partir de lo vivido en ciertas regiones de Colombia el 10 de agosto del 2026 me atrevo a considerar la posibilidad de una dialéctica en la que, en un primer momento, el sujeto pleno de dominio fue la naturaleza, la <em>physis</em>: esa fuerza originaria que domina, envuelve e invade el ser del mundo. De su seno emergieron innumerables entes y, entre ellos, aquel que un día se irguió sobre sus extremidades inferiores y comenzó a caminar sobre la tierra. Con él se abrió un segundo momento de antítesis, que consistió en la aparición del <em>titán humano</em> y, con él, del reino de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La llegada de los titanes implicó una distancia respecto de la naturaleza, bajo la rúbrica del lenguaje. Ese titán se acerca al mundo que lo precede con una mezcla de asombro y espanto. Frente a las fuerzas que lo desbordan, intenta comprenderlas y conjurarlas. Por medio de imágenes, símbolos y sonidos, deja plasmado su temor ante la inmensidad de la <em>physis</em>, pero también su reverencia ante aquello que no puede dominar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así comienza la larga tensión entre naturaleza y ser humano, civilización y naturaleza. La naturaleza que se expresó en el terremoto parece indicar, a través de sus magmas más recónditos, la capacidad devastadora de remover los proyectos de progreso que albergamos los seres humanos. El suelo sobre el que construimos nuestras ciudades,&nbsp; certezas e ideales &nbsp;de futuro, puede en un instante, dejar de ser fundamento para convertirse en amenaza. Y es quizá allí, en esa fractura amenazante, donde el terremoto deja de ser un fenómeno geológico para convertirse también en un acontecimiento para pensar en términos filosóficos lo que obliga a considerar una síntesis, donde <em>physis</em> y titanes puedan convivir sobre la tierra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras del terremoto quedan las secuelas fenoménicas que en los más diversos grupos sociales develan la condición humana en toda su intensidad: miedo, egoísmo, sacrificio; emociones que ponen a prueba a&nbsp; quienes habitamos los entornos afectados por el desastre. Por lo tanto más allá de una filosofía del consuelo se necesita una filosofía de la esperanza, que estimule pensar en tiempos de peligro y de riesgo, por encima de los muros caídos y los poblados fracturados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Referencias. </em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin. El terremoto de Lisboa en: Walter Benjamin Radio Benjmin. Edición Lecia Rosenthal. Akal. 2014</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benjamin, W. (2014). El terremoto de Lisboa. En L. Rosenthal (Ed.), <em>Radio Benjamin</em> (pp. xx-xx). Akal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voltaire. (1912). <em>Toleration and other essays</em> (J. McCabe, Trans.). &nbsp;G. P. Putnam&#8217;s Sons.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leibniz, G. W. (2014). <em>Teodicea: Ensayos sobre la bondad de Dios, la libertad del hombre y el origen del mal</em> (J. Muñoz, Ed. e introd.). Biblioteca Nueva</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rousseau, J.-J. (2007). Carta a Voltaire sobre la Providencia. En <em>Profesión de fe del vicario saboyano y otros escritos complementarios</em> (A. Pintor-Ramos, Trad.). Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hernández Marcos, M. (2005). Un texto de Immanuel Kant sobre las causas de los terremotos (1756). <em>Cuadernos Dieciochistas, 6</em>, 215–224.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132559</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Aug 2026 14:24:18 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>La batalla cultural</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-batalla-cultural/</link>
        <description><![CDATA[<p>Agustín Laje no inventó la expresión “batalla cultural”. La idea viene de mucho antes. Antonio Gramsci entendió que el poder no se conserva únicamente desde el Estado o mediante la fuerza, sino también conquistando el sentido común de una sociedad. Décadas después, la nueva derecha hizo suya esa intuición: si la izquierda había aprendido a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Agustín Laje no inventó la expresión “batalla cultural”. La idea viene de mucho antes. Antonio Gramsci entendió que el poder no se conserva únicamente desde el Estado o mediante la fuerza, sino también conquistando el sentido común de una sociedad. Décadas después, la nueva derecha hizo suya esa intuición: si la izquierda había aprendido a disputar la cultura, la derecha debía hacer lo mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí viene buena parte del lenguaje político contemporáneo: la disputa por la familia, la religión, el sexo, el género, la nación, la educación, el lenguaje. Todo parece convertirse en una batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quizá Colombia debería hacerse una pregunta distinta: ¿cuál ha sido, en realidad, nuestra gran batalla cultural?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para responderla habría que volver mucho más atrás que Gramsci.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habría que volver a Nariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y a Santander. Y a los hombres que, con todas sus contradicciones, comenzaron a imaginar una república en este territorio. No fueron liberales en el sentido partidista que adquiriría la palabra décadas después, y sería un error convertirlos retrospectivamente en militantes de un liberalismo contemporáneo. Pero buena parte de aquella generación estaba atravesada por las ideas de la Ilustración, el republicanismo, la libertad y la ruptura con la autoridad absoluta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había una pregunta enorme detrás de la Independencia: ¿quién debía tener la última palabra sobre nuestras vidas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante siglos, la respuesta había estado en el rey, en la Iglesia, en la tradición, en la jerarquía. La modernidad política introdujo otra posibilidad: que los ciudadanos pudieran deliberar, disentir y construir sus propias instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no resolvió bien esa pregunta. La hemos respondido muchas veces con guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tampoco la respondió siempre con guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una parte de nuestra historia que convendría recordar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra democracia ha sido imperfecta, violenta, excluyente y, durante largos periodos, profundamente cerrada. Colombia fue durante buena parte de su historia una sociedad mayoritariamente católica, y el peso de la Iglesia en la vida pública fue enorme. El pluralismo religioso que hoy damos por descontado no existió siempre en las condiciones actuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente por eso la Constitución de 1991 constituye una de nuestras grandes victorias culturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No solamente porque cambió instituciones. Cambió la idea de lo que podía ser Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Carta reconoció la libertad de conciencia, la libertad de cultos y la igualdad de las distintas confesiones ante la ley. El artículo 19 es extraordinariamente claro: toda persona puede profesar y difundir libremente su religión y todas las iglesias son igualmente libres ante la ley. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo hermoso en la consecuencia de esa decisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias a esa libertad, hoy las iglesias cristianas —incluidas aquellas que no pertenecen a la tradición católica— pueden predicar, organizarse, abrir templos, formar comunidades, participar en la conversación pública y tratar de convencer a millones de colombianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pueden incluso hacer política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y pueden hacerlo precisamente porque vivimos en un Estado que no les impone una religión oficial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es la paradoja que a veces olvidamos:&nbsp;<strong>la libertad religiosa no protege solamente a quienes piensan como nosotros. Protege también a quienes tienen ideas que nos incomodan.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad es eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por eso cuesta entender que una parte del progresismo colombiano, que tanto ha defendido —con razón— la diversidad, la pluralidad y las libertades individuales, no siempre haya sabido reconocer que muchas de esas conquistas están inscritas en la arquitectura liberal de la Constitución de 1991.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diversidad no nació ayer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No la inventó el progresismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tampoco la inventó la derecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el resultado de una tradición constitucional que permitió que colombianos muy diferentes pudieran existir dentro de la misma República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un colombiano puede ser católico. Otro puede ser evangélico. Otro judío. Otro musulmán. Otro ateo. Otro puede no saber muy bien qué cree. Todos tienen el mismo derecho a vivir de acuerdo con su conciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso incluye el derecho a intentar convencer al otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está, quizás, la verdadera batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No consiste en lograr que todos pensemos igual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consiste en construir una sociedad donde podamos pensar radicalmente distinto sin matarnos por ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto puede parecernos una obviedad en 2026. No lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia tiene una larga historia de guerras políticas. Liberales contra conservadores. Guerrillas contra el Estado. Paramilitares contra guerrillas. Narcotráfico contra instituciones. Y demasiadas veces la política terminó convirtiéndose en una justificación para la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso uno de los grandes logros colombianos no es haber eliminado el conflicto. No lo hemos hecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es haber conseguido, en distintos momentos, que una parte sustancial de nuestros conflictos políticos pueda resolverse mediante elecciones, congresos, tribunales, periódicos, universidades, libros, debates y urnas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:&nbsp;<strong>que las ideas puedan enfrentarse sin que necesariamente se enfrenten las armas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa batalla la hemos ganado muchas veces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y deberíamos sentir orgullo de ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, además, buena parte de la violencia que permanece en Colombia tiene cada vez menos que ver con grandes proyectos ideológicos y cada vez más con economías criminales, narcotráfico, minería ilegal, extorsión, control territorial y rentas ilícitas. Los datos más recientes muestran casi 30.000 integrantes de estructuras armadas y delincuenciales en el país, con organizaciones cuyo poder está estrechamente ligado al control de economías ilegales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que toda nuestra violencia haya perdido contenido político. El ELN y algunas disidencias conservan discursos ideológicos. Pero sería difícil negar que el crimen organizado y las economías ilegales tienen hoy un peso enorme en la explicación de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso también es una batalla cultural: conseguir que el narcotraficante, el extorsionista, el comandante armado y el corrupto dejen de aparecer como alternativas de poder y vuelvan a ser entendidos por la sociedad como lo que son: enemigos de la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me interesa menos la batalla cultural de Laje que la pregunta que hay detrás de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Batalla cultural para qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si se trata de conquistar universidades, medios de comunicación, iglesias, redes sociales y escuelas para imponer una nueva ortodoxia, no me interesa demasiado. Ya hemos tenido demasiadas ortodoxias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si se trata de defender una cultura política en la que el ciudadano pueda creer, disentir, rezar, no rezar, votar por la izquierda, votar por la derecha, cambiar de opinión, criticar al presidente, defender al presidente, escribir un libro, fundar una iglesia, abrir un periódico, marchar, protestar y convencer a los demás sin tener que pedir permiso al poder, entonces sí: esa batalla vale la pena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay señales recientes que deberían ser recibidas con atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Abelardo de la Espriella, por ejemplo, ha dicho que no buscará la reelección y, ya en la Presidencia, fue explícito en que durante su Gobierno no se abrirá camino a una Asamblea Constituyente. También se comprometió a entregar el poder en 2030 a quien resulte elegido en las urnas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que señalarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No porque un presidente haya dicho algo correcto debamos dejar de criticarlo. Precisamente al contrario: una democracia madura debe ser capaz de reconocer un gesto institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay otros gestos que merecen atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace pocos días, Viviane Morales contó públicamente que se reunió con Brigitte Baptiste y directivos de la Universidad EAN para buscar colaboración en materia educativa después del terremoto. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede parecer una pequeña noticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años hemos aprendido a mirar a determinadas personas como enemigos culturales. Morales y Baptiste pertenecen a mundos que, en la conversación política colombiana, han sido presentados muchas veces como incompatibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero allí estaban hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estaban renunciando a sus convicciones. No tenían que hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Simplemente estaban descubriendo algo elemental: una República no exige que sus ciudadanos tengan las mismas ideas. Exige que puedan convivir con ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa debería ser nuestra batalla cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No que Colombia deje de ser católica para convertirse en progresista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que deje de ser progresista para convertirse en conservadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las iglesias desaparezcan de la esfera pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que el Estado adopte una religión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las convicciones religiosas sean expulsadas de la conversación democrática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las nuevas identidades sean prohibidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que las viejas tradiciones sean ridiculizadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La batalla consiste en algo más difícil:&nbsp;<strong>hacer que todas ellas quepan dentro de una misma República.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha avanzado mucho en eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 no fue solamente un cambio jurídico. Fue una declaración de confianza en que la sociedad colombiana podía ser plural sin dejar de ser una sola nación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso quizá deberíamos agradecer un poco más aquello que hemos construido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradecer que hoy un sacerdote pueda predicar, que un pastor pueda abrir una iglesia, que un ateo pueda burlarse de Dios, que una persona LGBT pueda vivir públicamente su identidad, que un conservador pueda defender la familia tradicional, que un progresista pueda cuestionarla, que un periodista pueda escribir sobre lo que desee y que un ciudadano pueda votar por quien quiera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso forma parte de la misma victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La libertad no consiste en que ganen nuestras ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Consiste en que nuestras ideas tengan derecho a intentar ganar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea la verdadera batalla cultural que Colombia ha venido librando desde Nariño hasta 1991 y hasta nuestros días:&nbsp;<strong>conseguir que, finalmente, las ideas y las palabras valgan más que las armas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa guerra todavía no la hemos ganado definitivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, a diferencia de tantas otras, vale la pena seguir peleándola.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132496</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Aug 2026 00:16:29 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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