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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for nueva+sociedad | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Pensar en serio el Plan Marshall &amp;#124; RE Quibdó &amp;#038; Chocó</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pensar-en-serio-el-plan-marshall-re-quibdo-choco/</link>
        <description><![CDATA[<p>El sábado 07 de noviembre, en la Universidad EAFIT de Medellín, siete voces en el panel “Un marco para pensar “Plan Marshall” del Chocó: de las experiencias históricas de Europa y Valle de Tennessee (EE.UU.) a la realidad colombiana y el Fondo Milagro”, en el comienzo del encuentro académico REconstrucción Quibdó &amp; Chocó 2026 con profesionales [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El sábado 07 de noviembre, en la Universidad EAFIT de Medellín, siete voces en el panel <strong>“</strong>Un marco para pensar<strong> “Plan Marshall” del Chocó:</strong> <em>de las experiencias históricas de Europa y Valle de Tennessee (EE.UU.) a la realidad colombiana y el Fondo Milagro”</em>, en el comienzo del encuentro académico <strong>RE</strong>construcción <strong>Quibdó &amp; Chocó</strong> <strong>2026</strong> con profesionales y estudiantes chocoanos residentes en Antioquia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">El <strong>presidente de la República</strong> prometió un Plan Marshall y se refirió al rescate del Valle de Tennessee.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La palabra presidencial tiene un valor y un peso, y por eso se profundizará en sus implicaciones.</p>
</blockquote>



<ul class="wp-block-list">
<li>En el encuentro estarán también profesores y estudiantes de universidades de Medellín que viajaron al Chocó para prestar apoyo técnico durante la emergencia por el terremoto y los <strong>alcaldes</strong> de <strong>Quibdó</strong>, <strong>Condoto</strong>, <strong>Tadó</strong> y <strong>Atrato</strong>, y el jefe de gabinete de la gobernadora. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Se trata de <strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> <strong>2026</strong>, organizado por la <strong>Fundación Color de Colombia</strong>, con el apoyo de <strong>Urbam</strong>, Centro de Estudios Urbanos y Ambientales de la Universidad EAFIT, y de <strong>Codechocó</strong>, la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible del Chocó.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Los interesados pueden inscribirse en <a href="https://forms.gle/sPvxQvitNgkoZfQM9">este enlace</a>.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">Las preguntas que abordará el panel “Plan Marshall: de las referencias históricas a la realidad colombiana”</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Ni preguntas fáciles, ni respuestas complacientes. Las preguntas orientadoras buscan aclarar ideas y ayudar a concretarlas en términos más específicos en relación con la realidad y sus posibilidades de transformación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito es que todos, panelistas y participantes, salgan del panel con nuevas ideas y conocimientos  en el marco de una mentalidad dirigente, dispuesta a hacer que las ideas se materialicen con dominio técnico. </p>



<p class="wp-block-paragraph">1) ¿Qué aspectos de las <strong>experiencias</strong> del rescate del Valle de Tennessee y del Plan Marshall parecen <strong>replicables</strong> en el caso de la reconstrucción del Chocó?</p>



<p class="wp-block-paragraph">2) En esencia, pero en concreto, <strong>¿cómo la reconstrucción se puede convertir en transformación? </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las demandas de reconstrucción son específicas e inmediatas; las de transformación, inespecíficas y de mediano y largo plazo, hasta ahora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3) ¿Cuál sería la <strong>escala </strong>adecuada para lograr una reconstrucción transformadora del Chocó: departamental, interoceánica con Antioquia, macrorregional con el Eje Cafetero?</p>



<p class="wp-block-paragraph">4) ¿Con <strong>cuál visión de Colombia</strong> a largo plazo se va a conectar la <strong>visión del Chocó</strong> para apalancarse? </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuáles son los ejes de esa visión, del país y del Chocó? ¿Qué <strong>función económica podría desempeñar el Chocó en la Colombia</strong> de las próximas décadas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">5) <strong>Órdenes de magnitud de inversiones</strong> y de fuentes para una transformación del Chocó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Puerto Progreso se estima en 1300 millones de dólares, por ejemplo. ¿Cuáles serían las grandes inversiones y cuánto se puede esperar del Fondo Milagro?</p>



<p class="wp-block-paragraph">6) ¿Cuál sería la <strong>variable interna crítica</strong> y cuál la <strong>externa</strong> para la reconstrucción o la reconstrucción transformadora del Chocó? ¿Sobre cuáles variables hay que actuar primero?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El panel inaugural busca conectar las lecciones de grandes experiencias históricas de desarrollo con las posibilidades reales de una transformación económica y territorial del Chocó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La combinación de perspectivas —historia económica, análisis macroeconómico, desarrollo portuario y logístico, ingeniería, planeación y gobierno municipal— permitirá examinar qué podría significar un programa de desarrollo de gran escala para el departamento, qué proyectos podrían articularlo y qué condiciones institucionales y financieras necesitaría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación entre expertos, representantes de la ingeniería chocoana y el alcalde de Quibdó permitirá relacionar esa visión de largo plazo con las necesidades de la reconstrucción después del terremoto y con las oportunidades que podría abrir el Fondo Milagro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desafío es pasar de una respuesta a la emergencia a una estrategia capaz de remover obstáculos históricos al desarrollo y generar nuevas oportunidades de inversión, productividad y bienestar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Quiénes son los panelistas de pensar &#8220;Plan Marshall&#8221;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Dos economistas reputados del país (Posada y Medina), dos empresarios (Velásquez y Bustos), un ingeniero experto (Lucumí) y dos funcionarios públicos con responsabilidad (alcalde de Quibdó, Bolaños, y jefe de gabinete de la gobernación, Mazo) contribuirán a discernir cómo alcanzar una reconstrucción transformadora de Quibdó y Chocó. </p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Carlos Esteban Posada</strong>, profesor e investigador del Departamento de Economía en la Escuela de Economía y Finanzas de la Universidad EAFIT, exjefe de Análisis Macroeconómico de Planeación Nacional:</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Breve contexto de historia económica para las referencias presidenciales al rescate del Valle de Tennessee y al Plan Marshall”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Carlos Alberto Medina-Durango</strong>, PhD, gerente de la sucursal Medellín del Banco de la República, exsubgerente regional de Estudios Económicos:</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Elementos para un nivel macro de un “Plan Marshall” en el Chocó”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Andrés Felipe Bustos Isaza</strong>, estructurador y primer gerente de Puerto Antioquia; actualmente estructurador, desarrollador y CEO de Puerto Progreso de Urabá:</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Una aproximación al Corredor Interoceánico desde el punto de vista de un puerto en el mar caribe de Antioquia”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Corando Velásquez</strong>, ingeniero constructor, gerente de firma en el Chocó:  </li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Introducción a grandes proyectos para el desarrollo integral del Chocó”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Germán Lucumí</strong>, ingeniero, exsecretario de planeación de Quibdó, presidente de la Sociedad Chocoana de Ingenieros:</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"> <em>“Introducción a la conectividad de transporte terrestre y fluvial del Chocó”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Francisco Antonio Mazo Salazar</strong>, profesional en Gobierno y Asuntos Públicos de la Universidad de los Andes y magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo del CIDER de la misma universidad, jefe de gabinete de la gobernación del Chocó: </li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Plan Chocó: una perspectiva desde la gobernación”.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Rafael Andrés Bolaños Pino</strong>, alcalde de Quibdó: <em>“Quibdó tras el terremoto y lo que espera de la reconstrucción y el Fondo Milagro”.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>conductor</strong> del panel será <strong>Daniel Mera Villamizar</strong>, director de la Fundación Color de Colombia y columnista de El Espectador.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="724" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-134335" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg 1587w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?resize=212,300 212w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?resize=768,1086 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?resize=724,1024 724w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?resize=1086,1536 1086w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Flyer-panel-Plan-Marshall-en-RE-Quibdo-y-Choco-2026.jpg?resize=1448,2048 1448w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El papel del conocimiento en una reconstrucción</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> es una iniciativa que combina los roles de la academia, el periodismo y la sociedad civil organizada, de los cuales se espera independencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>academia</strong> puede producir <strong>conocimiento técnico</strong> pertinente; el <strong>periodismo</strong> puede traducir (divulgar) ese conocimiento al público y la <strong>sociedad civil</strong> puede promover una conversación más informada sobre los asuntos públicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con ese marco, esta es la primera publicación del blog <strong>“Quibdó 2048-Chocó”</strong> en <strong>El Espectador</strong>, solicitado al periódico antes del terremoto. Este blog será la tribuna de los expertos y los ciudadanos con opiniones basadas en evidencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Una <strong>reconstrucción transformadora</strong> en Quibdó y Chocó se verá beneficiada si se logra una articulación de inteligencia colectiva, asistida por Inteligencia Artificial, cuyos aportes lleguen a la comprensión del mayor número posible de ciudadanos.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>conocimiento importa</strong> porque reconstruir no es solamente reparar lo que el terremoto dañó, sino tomar mejores decisiones sobre el territorio, la vivienda, la infraestructura, la actividad productiva y las instituciones que harán posible el desarrollo futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuanto más se apoyen esas decisiones en evidencia, conocimiento técnico y <strong>deliberación pública informada</strong>, mayores serán las posibilidades de que la reconstrucción no reproduzca los problemas del pasado, sino que abra oportunidades de progreso para Quibdó y el Chocó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí el papel que <strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> quiere cumplir: contribuir a que el conocimiento salga de los ámbitos especializados, se convierta en inteligencia colectiva y ayude a orientar o influir en las decisiones públicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para información completa de <strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong>: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/encuentro-academico-en-medellin-por-reconstruccion-de-quibdo-y-choco/">Encuentro académico en Medellín por reconstrucción de Quibdó y Chocó</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Quibdó 2048-Chocó</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134330</guid>
        <pubDate>Fri, 23 Oct 2026 03:18:10 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>El Escudo de las Américas revela el interés de Estados Unidos en los recursos naturales de América Latina</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/el-escudo-de-las-americas-revela-el-interes-de-estados-unidos-en-los-recursos-naturales-de-america-latina/</link>
        <description><![CDATA[<p>En marzo de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo público el denominado Escudo de Las Américas, una iniciativa de ese país que se presentó como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional. En ese momento fueron 12 países de América Latina los que se unieron a la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La iniciativa impulsada por Donald Trump a la que se han sumado, hasta ahora, 17 presidentes de América Latina tiene como marco la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad organizada.</em></li>



<li><em>Sin embargo, analistas políticos y economistas de la región coinciden en señalar que el interés principal de Estados Unidos es el acceso a los recursos naturales, en especial a los minerales estratégicos que hay en los países de América Latina.</em></li>



<li><em>La iniciativa también se enmarca en la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China.</em></li>



<li><em>Los expertos mencionan que en el centro del interés por los minerales estratégicos están la industria de las armas y la inteligencia artificial, que requieren grandes cantidades de estos recursos.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En marzo de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo público el denominado <strong>Escudo de Las Américas</strong>, una iniciativa de ese país que se presentó como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese momento fueron <strong>12 países de América Latina</strong> los que se unieron a la iniciativa. Los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Trinidad y Tobago fueron parte de esa primera foto en la que aparece Trump sentado en una mesa rodeado de estos mandatarios, todos de pie. Chile, sin embargo, estuvo presente solo como observador, su adhesión formal al Escudo de Las Américas se concretó en septiembre.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más | <a href="https://es.mongabay.com/?p=280385&amp;preview=true">“Los acuerdos que está firmando Estados Unidos sobre minerales críticos llegan un poco tarde, pero con agresividad” | ENTREVISTA</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_268541"><img decoding="async" src="https://es.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/01/03.jpeg" alt="" class="wp-image-268541" style="aspect-ratio:1.5000937558597411;width:8000px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El litio figura en la lista de minerales estratégicos que interesa a Estados Unidos. Foto: cortesía de AP Photo/Rodrigo Abd.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora son <strong>17 los países de América Latina y El Caribe que forman parte del Escudo de Las Américas</strong>. Entre los últimos que se han sumado están Colombia, con Abelardo de la Espriella, y Perú, con Keiko Fujimori, tras ganar las elecciones presidenciales. Guatemala, Jamaica y Belice también se han unido a esta coalición, mientras Bahamas permanece como observador. Todos los presidentes que se han unido a esta propuesta impulsada por Estados Unidos son afines, en términos ideológicos, a la política de Estados Unidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No es un acuerdo amplio en que todos los países pueden intervenir, sino que es una propuesta que surge desde Washington y que tiene que ver con intereses estratégicos de los Estados Unidos. <strong>Es una iniciativa vertical que tiene connotaciones políticas, económicas y militares</strong>”, dice el economista ecuatoriano Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acosta agrega que <strong>el combate al narcotráfico y al crimen organizado es un pretexto de Estados Unidos</strong> para establecer “un manejo económico que le garantice el <strong>control del suministro de los recursos estratégicos</strong>«, entre los que se encuentran minerales como el litio y el cobre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde Chile, el economista Fernando Estenssoro, director del doctorado en Estudios Americanos de la Universidad de Santiago de Chile, es más duro en su crítica a esta iniciativa, a la que cataloga como <strong>“nefasta para la soberanía de la región”</strong> y enmarcada en la <strong>pugna geopolítica de Estados Unidos con China.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_274573"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/07/08160019/image-from-rawpixel-id-27357697-original-scaled.jpg" alt="China y Estados Unidos han manifestado su interés por los minerales estratégicos para la transición energética que se encuentran en países de Latinoamérica. Foto: Flickr - The White House" class="wp-image-274573" style="aspect-ratio:1.4997070884592854;width:2560px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">China y Estados Unidos han manifestado su interés por los minerales estratégicos que se encuentran en países de Latinoamérica. Foto: Flickr – The White House</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estenssoro agrega que <strong>el interés de Trump está en “los recursos naturales, en el petróleo, en el cobre”, en los minerales críticos y las tierras raras</strong> porque “Estados Unidos está en el proceso final de su declinación hegemónica, por tanto, ellos consideran que los recursos de nuestro continente, sobre todo Sudamérica, no pueden ir a parar a manos del ‘enemigo’ [China], sino que tienen que quedar en manos de Estados Unidos”.<a href="https://tinyurl.com/MongabayLatamWA" target="_blank" rel="noopener"></a><a href="https://tinyurl.com/MongabayLatamWA" target="_blank" rel="noopener"></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">El interés por los recursos naturales</h2>



<p class="wp-block-paragraph">“Tenemos más de 20 millones de kilómetros cuadrados y <strong>nuestros países son privilegiados en todo tipo de recursos naturales</strong>. También en tierras raras y en los minerales estratégicos que son necesarios para la digitalización y para las nuevas tecnologías”, comenta Estenssoro sobre el interés de Estados Unidos en los recursos naturales de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estenssoro menciona que en Sudamérica está “la mayor reserva de petróleo del mundo”, refiriéndose a Venezuela. “<strong>Tenemos litio, tenemos Amazonía en Sudamérica, una gran fuente de recursos naturales</strong> y, además, un recurso en sí mismo porque presta servicios ecosistémicos. Tenemos agua, desde México hasta la Patagonia”, advierte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En América del Sur, por ejemplo, se ubica el denominado <strong><a href="https://es.mongabay.com/2019/02/triangulo-del-litio-salares-bolivia-chile-argentina/">Triángulo del litio</a>, un espacio geográfico entre Argentina, Bolivia y Chile</strong> que concentra la mayor cantidad de reservas mundiales de este elemento, que es un componente básico para almacenar energía en las baterías que alimentan vehículos, teléfonos, plantas solares, entre otros equipos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sudamérica también tiene grandes reservas de otro mineral estratégico: el cobre.</strong> Un material de gran demanda en la industria de la construcción por su importancia para la fabricación de cables eléctricos, tuberías y sistemas térmicos, además de ser importante para la industria automotriz por su uso en la fabricación de motores y componentes electrónicos. <strong>El primer productor de cobre en el mundo es Chile, mientras que Perú ocupa el tercer lugar en la lista</strong>. En ambos países, China es el principal comprador de este mineral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, el interés en el cobre no está solo en estas dos naciones. Aunque <strong>Argentina y Colombia no han sido grandes protagonistas en la industria del cobre</strong> en la región, <strong>actualmente&nbsp; buscan abrirse paso en el mercado global</strong>, señala una <a href="https://es.mongabay.com/2026/07/cobre-transicion-energetica-nuevos-proyectos-se-expanden-ecosistemas-sensibles-tierras-comunitarias-colombia-argentina/" target="_blank" rel="noopener">investigación publicada por Mongabay Latam</a> en julio de este año. El potencial es claro: el 40 % de las reservas mundiales de este metal se encuentran en Latinoamérica por lo que Estados Unidos, China e incluso la Unión Europea están en la búsqueda de nuevas alianzas con los países de la región.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la <a href="https://www.state.gov/translations/spanish/declaracion-conjunta-relativa-a-la-defensa-de-la-soberania-en-el-hemisferio" target="_blank" rel="noopener">Declaración conjunta relativa a la soberanía del hemisferio</a>, publicada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, el 22 de septiembre de 2026, se mencionan los <strong>tres pilares del Escudo de Las Américas: económico, de seguridad y coordinación multilateral.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280401"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/15225943/Escudo-de-Las-Americas-Casa-Blanca.jpg" alt="Inicialmente fueron 12 presidentes de América Latina lo que se unieron al Escudo de Las Américas. Ahora son 17 los que forman parte de esta iniciativa norteamericana. Foto: cortesía Casa Blanca. " class="wp-image-280401" style="aspect-ratio:1.5;width:1200px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Inicialmente fueron 12 presidentes de América Latina lo que se unieron al Escudo de Las Américas. Ahora son 17 los que forman parte de esta iniciativa norteamericana. Foto: cortesía Casa Blanca</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El que se refiere a la economía dice específicamente que se va a potenciar <strong>“la</strong> <strong>cooperación económica, explorando mecanismos de control de las inversiones, salvaguardando las cadenas de suministro de minerales críticos</strong> mediante un abastecimiento diversificado y confiable; y promoviendo normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital, que se apliquen de forma no discriminatoria”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Es un juego de palabras, porque <strong>lo que quieren es asegurarse el control de los recursos naturales</strong>”, comenta Acosta sobre el texto que se incluye en la declaración de Estados Unidos. En ese contexto, menciona los tratados bilaterales de inversiones que el país norteamericano está firmando con los países que forman parte del Escudo de Las Américas. Por ejemplo,&nbsp; menciona el convenio suscrito con Ecuador, en marzo de este año, “para asegurar el acceso a los recursos estratégicos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 4 de febrero de 2026, Ecuador y Estados Unidos firmaron un acuerdo marco para la cooperación que incluye el suministro y procesamiento de minerales estratégicos como oro, cobre, plomo y tierras raras, además de manufacturas industriales y productos del sector forestal y maderero. El acuerdo ha sido cuestionado por el Legislativo ecuatoriano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En marzo de 2026, Chile y Estados Unidos también firmaron una <a href="https://www.subrei.gob.cl/sala-de-prensa/noticias/detalle-noticias/2026/03/13/chile-y-estados-unidos-firman-declaraci%C3%B3n-conjunta-sobre-minerales-cr%C3%ADticos-y-tierras-raras" target="_blank" rel="noopener">Declaración Conjunta</a> para establecer consultas de mecanismos que fortalezcan las cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras. Ese mismo mes, Perú y Estados Unidos firmaron un <a href="https://www.gob.pe/institucion/rree/noticias/1347576-canciller-hugo-de-zela-suscribio-memorandum-de-entendimiento-sobre-minerales-criticos-en-washington-d-c" target="_blank" rel="noopener"><em>Memorándum</em> de Entendimiento</a> sobre cooperación en minerales críticos y tierras raras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Lo que se quiere es minimizar la presencia de China en el continente”</strong>, dice Acosta sobre la importancia geopolítica de esta iniciativa. Pero también suma otro componente detrás del Escudo de Las Américas: “la militarización de las sociedades”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Territorios militarizados?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para Acosta lo que está haciendo Estados Unidos es utilizar esta guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado “<strong>para asegurarse el control de nuestros países</strong>”. Pone como ejemplo “la ley que se aprobó [en Ecuador] hace un par de meses [en agosto]” porque “abre la puerta a la militarización de los territorios donde hay minerales para romper la resistencia de las comunidades que defienden esos espacios vitales, señalándolos como narcoterroristas de ser del caso”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_246382"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2023/10/06143245/Cobre-Agencia-Andina.jpeg" alt="" class="wp-image-246382" style="aspect-ratio:1.5;width:1800px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El cobre es un mineral estratégico que tiene a Chile y Perú entre sus principales productores a nivel mundial. Foto: Agencia Andina</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y es que Donald Trump, durante su intervención en la versión 81 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, el pasado 22 de septiembre, dijo que «Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América ganen terreno en ningún lugar del hemisferio occidental. Y, de ser necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para asegurar los vitales intereses nacionales de Estados Unidos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Trump aprovechó la asamblea de la ONU para realizar una reunión con los presidentes y representantes de los países que forman parte del Escudo de Las Américas que estuvieron en Nueva York. Durante la cita mencionó la riqueza natural de estos países y les pidió evitar que potencias externas hostiles se apoderen de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ricardo Soberón, ex director ejecutivo de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida) de Perú, también habla de lo que significa el Escudo de Las Américas para el país y para&nbsp; Latinoamérica. “El costo de haber suscrito ese acuerdo político es demasiado grande para Perú porque acarrea acuerdos sobre inversiones, sobre explotación de minerales estratégicos, una posición frente a China y al puerto de Chancay. Hay muchas cosas por fuera de la lucha contra la criminalidad. A mi juicio, <strong>ha sido un terrible error</strong>. No ha habido una interlocución, un diálogo, un acuerdo entre países”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soberón considera lamentable que Perú y otros países de la región hayan <strong>“agachado la cabeza a este acuerdo”</strong> que, supuestamente, no es vinculante porque no es un tratado internacional, sino un acuerdo político. El problema es que <strong>“debajo de ese paraguas van a venir una serie de cartas, acuerdos, memorándum de entendimiento”</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El experto peruano también menciona los acuerdos sobre minerales estratégicos firmados con Argentina, Chile, Perú, Bolivia, y lo sucedido en Venezuela, donde Estados Unidos “se ha adueñado del sector petrolero a partir de una decisión militar”. El ex jefe de Devida precisa que el <strong>Escudo de Las Américas ha logrado “asentar su presencia en la región sin ofertas financieras concretas”</strong> y recuerda que iniciativas como el Plan Colombia contaban con fondos comprometidos, pero que en esta ocasión solo se trata de “discursos vacíos de Donald Trump y Marco Rubio, utilizando la mayor presión política posible y los hechos del 3 de enero en Caracas que&nbsp; permiten dar cuenta de lo que es capaz de hacer Estados Unidos en la región”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los minerales detrás de la tecnología</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para Alberto Acosta, lo que Estados Unidos pretende es asegurar la tecnología para la inteligencia artificial, la cual requiere gran cantidad de minerales. “Actualmente, el consumo de minerales no solo es para la transición energética, sino que hay otros dos rubros que no siempre aparecen: <strong>el armamentismo y la inteligencia artificial”</strong>, precisa.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_270375"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/10122214/Data-center-de-google.jpg" alt="Un data center construido en Estados Unidos. Foto: Creative Commons Attribution 2.0 Generic" class="wp-image-270375" style="aspect-ratio:1.7777777777777777;width:2000px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Los minerales estratégicos y minerales críticos son necesarios para los sistemas de inteligencia artificial. Foto: Creative Commons Attribution 2.0 Generic</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de <strong>las armas se requieren minerales de punta para su elaboración y lo mismo sucede con la inteligencia artificial</strong>. La lista de minerales usados para la fabricación de armas incluye grafito, cobalto, aluminio, litio, manganeso y tierras raras, entre otros. En el caso de la inteligencia artificial están el cobre, el litio, el níquel, el cobalto y las tierras raras, entre otros. “Ambas cosas tienen mucho que ver con los intereses de Washington. Estados Unidos es un imperio en decadencia y su talón de Aquiles es la tecnología”, asegura Acosta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El economista ecuatoriano agrega que el gobierno de Trump está tratando de <strong>“disputar espacios tecnológicos con China”</strong> y parte de esa disputa es asegurar el acceso a minerales estratégicos. “No sólo son minerales, agua, biodiversidad, sino que, simultáneamente, Washington cuenta todavía con una gran ventaja comparativa que es su fortaleza militar”, menciona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estenssoro también entra al campo de la disputa por los minerales estratégicos y las tierras raras y pinta un panorama para los próximos 15 o 30 años cuando “la escasez de los recursos sea brutal”. “Eso lo saben todas las agencias estratégicas, está probado por Naciones Unidas, solo que antes se veía como un futuro muy lejano y hoy día está aquí”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la pugna con China por la tecnología, dice Estenssoro, “los últimos espacios que se están disputando son los microchips”, comenta, pues la industria automotriz, que era la gran industria de Estados Unidos y de Europa, ahora está siendo copada por marcas chinas. “Es cuestión de tiempo, quizá en cinco años la Boeing sea de capitales chinos. <strong>La tendencia es que China va subiendo y Estados Unidos va bajando</strong>”. En este contexto, añade Estenssoro, “el Escudo de Las Américas busca establecer un protectorado económico sobre nuestros países. Es una política de recolonización”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_272563"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/15033047/Donald-Trump-y-Xi-Jiping-Casa-Blanca.jpg" alt="" class="wp-image-272563" style="aspect-ratio:1.4887780548628429;width:597px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Mientras Estados Unidos es una potencia en descenso, China está en ascenso, dicen los expertos. Foto: Casa Blanca.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ricardo Soberón agrega que para el caso peruano, “en términos de minerales tradicionales como oro, plata, níquel, zinc”, <strong>lo que busca Estados Unidos es “asegurar las cadenas de suministro</strong>”, y en el caso de los minerales estratégicos, “generar las condiciones para que la empresas norteamericanas y no las chinas sean las que aseguren la compra y venta de esos minerales”. “Estamos en un proceso de confrontación empresarial donde la capacidad de influencia china es fuerte, pero Estados Unidos ha dejado muy claro que en el hemisferio occidental nadie va a entrar a reemplazarlo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo público el denominado Escudo de Las Américas en marzo de 2026 . <strong>Foto:</strong> cortesía Casa Blanca.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134304</guid>
        <pubDate>Wed, 21 Oct 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Escudo-de-Las-Americas-7-Casa-Blanca.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El Escudo de las Américas revela el interés de Estados Unidos en los recursos naturales de América Latina]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>La historia que incomoda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-historia-que-incomoda/</link>
        <description><![CDATA[<p>La memoria de una nación no pertenece a quienes administran temporalmente sus instituciones.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Un museo es, entre muchas otras cosas, una manera de contar quiénes somos y hemos sido. A través de sus objetos, sus imágenes y las historias que decide poner en relación, una sociedad construye una representación de sí misma. Allí conviven episodios que despiertan orgullo con otros que preferiríamos olvidar; acontecimientos que forman parte de nuestra identidad y testimonios que contradicen la imagen que hemos aprendido a tener de nuestro país. Tal vez por eso los museos tienen una importancia política mucho mayor de la que habitualmente les reconocemos. No se limitan a conservar el pasado. Participan, también, en la forma como aprendemos a comprenderlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo ocurrido hace algunos días en el Museo Nacional de Colombia obliga a volver sobre esa relación. Por instrucción del Ministerio de Cultura fueron retiradas decenas de piezas relacionadas con los movimientos feministas, la diversidad sexual, la violencia política, la Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz de 2016. Entre ellas se encontraban una bandera del movimiento LGBTIQ+, afiches de candidatos presidenciales asesinados, documentos sobre las luchas por los derechos de las mujeres y objetos que daban cuenta de algunos de los momentos más significativos de nuestra historia reciente. En varias salas quedaron paredes vacías, mientras el Gobierno anunciaba el comienzo de una denominada contrarrevolución cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ministra Paola Holguín ha defendido estas decisiones bajo el argumento de que el Museo Nacional no puede convertirse en un instrumento de adoctrinamiento político, ni en un espacio de apología al delito o de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia. Su planteamiento contiene una preocupación que no debería descartarse de antemano. Las instituciones culturales financiadas con recursos públicos no están llamadas a reproducir las preferencias ideológicas de quienes las administran, y mucho menos a presentar como verdades indiscutibles interpretaciones que pertenecen al terreno de la controversia política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, reconocer esa preocupación no resuelve el problema. Más bien obliga a examinar con mayor detenimiento la naturaleza de las decisiones adoptadas. Porque si algo deberíamos tener claro es que ninguna exposición museográfica constituye una representación completa, definitiva y absolutamente neutral de la realidad. Toda curaduría implica seleccionar. Al escoger una pieza y no otra, al relacionar determinados acontecimientos y construir un recorrido, los museos producen interpretaciones. Esa condición no representa necesariamente una deformación de su misión. Es parte de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuestión verdaderamente importante aparece cuando intentamos comprender quién ejerce esa facultad de selección, bajo qué criterios y con qué límites. Una cosa es que un equipo de historiadores, conservadores y curadores decida modificar una exposición a partir de nuevas investigaciones, discusiones académicas o transformaciones en la comprensión de un acontecimiento. Otra, sustancialmente distinta, es que una autoridad política determine qué expresiones deben desaparecer de las salas porque resultan incompatibles con su interpretación de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese punto, el debate deja de ser exclusivamente cultural y adquiere una dimensión institucional. El Museo Nacional no es una dependencia destinada a ilustrar el programa político de cada administración. Su responsabilidad consiste en conservar, investigar e interpretar un patrimonio que pertenece a la sociedad y cuya complejidad difícilmente puede reducirse a las convicciones de un gobierno. Esa responsabilidad exige independencia profesional, sin que ello signifique inmunidad frente al escrutinio público ni resistencia automática a cualquier transformación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, además, una dimensión del problema que suele pasar inadvertida. La relación entre arte y política no comienza cuando una obra transmite un mensaje partidista. También se expresa en las decisiones que organizan aquello que una sociedad puede ver, reconocer y considerar parte de su experiencia colectiva. El espacio de un museo tiene, en ese sentido, una capacidad particular para otorgar visibilidad. Cuando un objeto ingresa a una exposición pública adquiere la posibilidad de participar en una conversación social más amplia. Cuando desaparece, esa posibilidad se reduce, aunque el objeto permanezca perfectamente conservado en un depósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta insuficiente afirmar que no existe censura porque las piezas no han sido destruidas ni se ha prohibido su circulación. La censura puede adoptar expresiones menos evidentes que una prohibición formal. También puede manifestarse cuando una institución utiliza su autoridad para sustraer de la mirada pública determinadas experiencias por razones ideológicas. No toda retirada constituye censura, naturalmente. Pero tampoco basta con denominarla &#8220;revisión curatorial&#8221; para eliminar las preguntas sobre su propósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso colombiano resulta especialmente inquietante por la naturaleza de algunos de los objetos retirados. Exhibir un afiche de Carlos Pizarro no significa reivindicar la lucha armada del M-19. Mostrar la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa tampoco obliga a compartir las posiciones de la Unión Patriótica. Del mismo modo, incorporar testimonios de las luchas feministas o de la diversidad sexual no equivale a exigir que todos los visitantes adopten una determinada concepción moral de la sociedad. Estos materiales permiten conocer acontecimientos, reconocer trayectorias históricas y comprender conflictos que efectivamente formaron parte de nuestra construcción nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confundir la exposición de un acontecimiento con su aprobación política introduce una dificultad enorme para cualquier institución dedicada a preservar la historia. Bajo ese razonamiento, buena parte de los episodios más dolorosos de Colombia terminaría siendo imposible de representar. La memoria de la violencia, las guerrillas, el narcotráfico, las dictaduras o los enfrentamientos ideológicos tendría que someterse permanentemente a un juicio sobre la conveniencia de mostrar aquello que incomoda a quienes gobiernan. Y un país que solo puede exhibir los acontecimientos moralmente aceptables para sus autoridades termina construyendo una versión extraordinariamente limitada de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto tampoco significa que las exposiciones existentes sean intocables. Es legítimo revisar los relatos sobre el conflicto armado, discutir si determinadas piezas reciben una contextualización suficiente o incorporar perspectivas que hayan quedado marginadas. Incluso sería saludable preguntarnos si nuestros museos han sabido representar adecuadamente otras tradiciones políticas, religiosas y culturales cuya importancia histórica merece reconocimiento. El pluralismo exige precisamente esa disposición a ampliar las narraciones disponibles, sin reemplazar una interpretación dominante por otra igualmente excluyente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí el problema está en el método. Las salas intervenidas fueron el resultado de procesos de investigación y renovación que se extendieron durante diferentes administraciones, no únicamente durante el pasado periodo presidencial. Alterar esos contenidos sin presentar previamente un nuevo planteamiento curatorial, sin explicar las razones particulares de cada retiro y sin permitir una deliberación profesional suficientemente transparente difícilmente contribuye a fortalecer la confianza en las instituciones culturales. Por el contrario, instala la sospecha de que el criterio decisivo no fue el conocimiento histórico, sino la afinidad política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sería un error pensar que esta exigencia de independencia debe aplicarse únicamente al gobierno actual. En administraciones anteriores también hemos visto cómo los símbolos patrimoniales adquirieron protagonismo dentro de las disputas políticas, como ocurrió con la espada de Bolívar y su utilización en la escenificación del poder presidencial. Aunque se trate de situaciones diferentes, ambas recuerdan la facilidad con que los bienes culturales pueden terminar convertidos en instrumentos de legitimación política. La defensa de la autonomía institucional pierde buena parte de su sentido cuando depende de nuestras simpatías por quien ocupa transitoriamente la Presidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 reconoció a Colombia como una nación pluralista y diversa. Esa definición no puede quedar reducida a una declaración jurídica sin consecuencias para la manera en que nuestras instituciones representan la sociedad. Precisamente porque existen interpretaciones contradictorias de la historia necesitamos lugares capaces de hacerlas visibles, contrastarlas y someterlas a discusión. La función de un museo público no consiste en resolver definitivamente esas contradicciones, sino en ofrecer las condiciones para comprenderlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Estado tiene, por supuesto, la responsabilidad de orientar la política cultural, asignar recursos y garantizar que las instituciones cumplan su misión. Pero esa facultad no debería confundirse con el derecho a determinar qué versiones del pasado merecen permanecer ante los ojos de los ciudadanos. Gobernar implica tomar decisiones políticas; ejercer responsablemente el poder también exige reconocer los ámbitos en los que la autoridad debe encontrar límites.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí que la discusión sobre el Museo Nacional no pueda agotarse en la pregunta de si fueron retiradas treinta o cincuenta piezas, ni siquiera en determinar si estamos ante un episodio de censura. Lo que está en juego es la capacidad de nuestras instituciones culturales para preservar una relación crítica con el poder que las financia. Una democracia necesita museos que puedan revisar sus propios relatos, reconocer sus omisiones y confrontar nuestras certezas, incluso cuando hacerlo resulte incómodo para el gobierno de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la responsabilidad más difícil del Estado frente a la cultura: comprender que proteger el patrimonio también significa aceptar que su interpretación nunca estará completamente bajo su control. Porque la memoria de una nación no pertenece a quienes administran temporalmente sus instituciones. Pertenece a una sociedad cuya historia, afortunadamente, siempre será más extensa, contradictoria y compleja que cualquier proyecto político.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Perafán</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134274</guid>
        <pubDate>Mon, 19 Oct 2026 15:20:32 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Echoes-of-Empty-Galleries-1-1.png?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La historia que incomoda]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Perafán</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">134274</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Encuentro académico en Medellín por reconstrucción de Quibdó y Chocó</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/encuentro-academico-en-medellin-por-reconstruccion-de-quibdo-y-choco/</link>
        <description><![CDATA[<p>El sábado 07 de noviembre, en Universidad EAFIT, 20 expertos de cuatro universidades y BanRepública abordarán cinco temáticas neurálgicas ante profesionales y estudiantes chocoanos residentes en Antioquia. El papel del conocimiento en una reconstrucción RE Quibdó &amp; Chocó es una iniciativa que combina los roles de la academia, el periodismo y la sociedad civil organizada, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El sábado 07 de noviembre, en Universidad EAFIT, 20 expertos de cuatro universidades y BanRepública abordarán cinco temáticas neurálgicas ante profesionales y estudiantes chocoanos residentes en Antioquia.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>En el encuentro estarán también profesores y estudiantes de universidades de Medellín que viajaron al Chocó para prestar apoyo técnico durante la emergencia por el terremoto y los <strong>alcaldes</strong> de <strong>Quibdó</strong>, <strong>Condoto</strong>, <strong>Tadó</strong> y <strong>Atrato</strong>.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Se trata de <strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> <strong>2026</strong>, organizado por la <strong>Fundación Color de Colombia</strong>, con el apoyo de <strong>Urbam</strong>, Centro de Estudios Urbanos y Ambientales de la Universidad EAFIT, y de <strong>Codechocó</strong>, la Corporación Autónoma Regional para el Desarrollo Sostenible del Chocó.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Los <strong>cinco temas</strong> que se tratarán son <strong>Plan Marshall</strong> y <strong>Fondo Milagro</strong>, Obras por Impuestos, Soluciones de vivienda, Gestión del riesgo y Reconstrucción y urbanismo.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Serán panelistas expertos de las universidades <strong>Nacional</strong> de Colombia, sede Medellín; <strong>EAFIT</strong>, Pontificia <strong>Bolivariana</strong> y <strong>UTCH</strong>, del Banco de la República, sucursal Medellín, y de Codechocó. </li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>RE Quibdó &amp; Chocó&nbsp;</strong>es un encuentro académico anual (presencial) y una iniciativa de Comunidad virtual de expertos y aprendices de expertos, asistidos por Inteligencia Artificial, de apoyo a la reconstrucción y el desarrollo de Quibdó y Chocó, 2026-2030. Hermana de <strong>RE Buenaventura</strong>, que  comenzará el 14 de noviembre en la Universidad ICESI de Cali.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>Los interesados pueden inscribirse en <a href="https://forms.gle/sPvxQvitNgkoZfQM9">este enlace</a>.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">El papel del conocimiento en una reconstrucción</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> es una iniciativa que combina los roles de la academia, el periodismo y la sociedad civil organizada, de los cuales se espera independencia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>academia</strong> puede producir <strong>conocimiento técnico</strong> pertinente; el <strong>periodismo</strong> puede traducir (divulgar) ese conocimiento al público y la <strong>sociedad civil</strong> puede promover una conversación más informada sobre los asuntos públicos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Con ese marco, esta es la primera publicación del blog <strong>&#8220;Quibdó 2048-Chocó&#8221;</strong> en <strong>El Espectador</strong>, solicitado al periódico antes del terremoto. Este blog será la tribuna de los expertos y los ciudadanos con opiniones basadas en evidencia.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Una <strong>reconstrucción transformadora</strong> en Quibdó y Chocó se verá beneficiada si se logra una articulación de inteligencia colectiva, asistida por Inteligencia Artificial, cuyos aportes lleguen a la comprensión del mayor número posible de ciudadanos.</p>
</blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>conocimiento importa</strong> porque reconstruir no es solamente reparar lo que el terremoto dañó, sino tomar mejores decisiones sobre el territorio, la vivienda, la infraestructura, la actividad productiva y las instituciones que harán posible el desarrollo futuro. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuanto más se apoyen esas decisiones en evidencia, conocimiento técnico y <strong>deliberación pública informada</strong>, mayores serán las posibilidades de que la reconstrucción no reproduzca los problemas del pasado, sino que abra oportunidades de progreso para Quibdó y el Chocó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí el papel que <strong>RE Quibdó &amp; Chocó</strong> quiere cumplir: contribuir a que el conocimiento salga de los ámbitos especializados, se convierta en inteligencia colectiva y ayude a orientar o influir en las decisiones públicas.   </p>



<h2 class="wp-block-heading">Agenda general de RE Quibdó &amp; Chocó 2026</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda de <strong>RE Quibdó &amp; Chocó 2026</strong> articula cinco dimensiones complementarias de una reconstrucción transformadora: </p>



<ul class="wp-block-list">
<li>una visión estratégica de largo plazo para impulsar el desarrollo integral del departamento; </li>



<li>los mecanismos financieros y los incentivos a la inversión capaces de convertir esa visión en proyectos y obras; </li>



<li>las soluciones de vivienda que respondan a las necesidades de los hogares y contribuyan a superar déficits históricos; </li>



<li>la planificación urbana y territorial que conecte vivienda, infraestructura, actividad productiva y protección ambiental; y</li>



<li> la gestión del riesgo para que las decisiones de reconstrucción reduzcan vulnerabilidades y fortalezcan la resiliencia de las comunidades.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El panel inaugural plantea el horizonte de desarrollo y su escala de financiación, mientras las cuatro sesiones temáticas profundizan en instrumentos, necesidades sociales, decisiones territoriales y capacidades científicas e institucionales para hacerlo viable y sostenible. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En conjunto, los cinco paneles proponen una mirada holística: que la reconstrucción no se limite a reparar los daños del terremoto, sino que se convierta en una oportunidad para movilizar conocimiento, inversión y cooperación institucional en favor de un Quibdó y un Chocó más seguros, productivos y prósperos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El encuentro tiene tres segmentos: <strong>panel inaugural</strong> en auditorio (de 8:00 am a 10:00 am), receso de 20 minutos, <strong>cuatro sesiones temáticas simultáneas</strong> en salones de clase (10:30 a 12:30), y <strong>almuerzo y café de integración y networking</strong> por cuenta propia (12:45 p.m. a 2:00 p.m.), en restaurante central de EAFIT.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Panel inaugural: &#8220;</strong>Un marco para pensar<strong>&nbsp;&#8220;Plan Marshall&#8221; en Chocó:</strong> <em>de las experiencias históricas de Europa y Valle de Tennessee (EE.UU.) a la realidad colombiana y el Fondo Milagro&#8221;.&nbsp;</em>8:00 a.m. a 10:00 a.m.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>II. Panel<strong>&nbsp;“Obras por impuestos: retos y potencial de la meta de COP medio billón en el Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>III. Panel <strong>&#8220;Soluciones de vivienda: de la urgencia de reparar, reconstruir y reubicar a la oportunidad de una política de vivienda integral en Quibdó y Chocó&#8221;</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>IV. Panel <strong>“Desafíos para la planificación urbana y la reconstrucción de Quibdó y Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li>V. Panel <strong>“Gestión de riesgos: conociendo el Sistema de Alerta Temprana de valle de Aburrá, pensando en Quibdó y Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Plan Marshall: de las referencias históricas a la realidad colombiana&#8221;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El panel inaugural busca conectar las lecciones de grandes experiencias históricas de desarrollo con las posibilidades reales de una transformación económica y territorial del Chocó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La combinación de perspectivas —historia económica, análisis macroeconómico, desarrollo portuario y logístico, ingeniería, planeación y gobierno municipal— permitirá examinar qué podría significar un programa de desarrollo de gran escala para el departamento, qué proyectos podrían articularlo y qué condiciones institucionales y financieras necesitaría. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación entre expertos, representantes de la ingeniería chocoana y el alcalde de Quibdó permitirá relacionar esa visión de largo plazo con las necesidades de la reconstrucción después del terremoto y con las oportunidades que podría abrir el Fondo Milagro. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El desafío es pasar de una respuesta a la emergencia a una estrategia capaz de remover obstáculos históricos al desarrollo y generar nuevas oportunidades de inversión, productividad y bienestar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>I. Panel inaugural: &#8220;</strong>Un marco para pensar<strong>&nbsp;&#8220;Plan Marshall&#8221; en Chocó:</strong> <em>de las experiencias históricas de Europa y Valle de Tennessee (EE.UU.) a la realidad colombiana y el Fondo Milagro&#8221;.&nbsp;</em>8:00 a.m. a 10:00 a.m.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Carlos Esteban Posada</strong>, profesor e investigador del Departamento de Economía en la Escuela de Economía y Finanzas de la Universidad EAFIT, exjefe de Análisis Macroeconómico de Planeación Nacional:&nbsp;</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;Breve contexto de historia económica para las referencias presidenciales al rescate del Valle de Tennessee y al Plan Marshall&#8221;.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em><strong>Carlos Alberto Medina-Durango</strong>, PhD, gerente de la sucursal Medellín del Banco de la República, exsubgerente regional de Estudios Económicos: </em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em><em>&#8220;Elementos para un nivel macro de un &#8220;Plan Marshall&#8221; en el Chocó&#8221;.</em>&nbsp;</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Andrés Felipe Bustos Isaza,</strong>&nbsp;estructurador y primer gerente de Puerto Antioquia; actualmente estructurador, desarrollador y CEO de Puerto Progreso de Urabá: </li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;Una aproximación al Corredor Interoceánico desde el punto de vista de un puerto en el mar caribe de Antioquia&#8221;.</em></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Corando Velásquez</strong>, ingeniero constructor, gerente de firma en el Chocó: <em>&#8220;Introducción a grandes proyectos para el desarrollo integral del Chocó&#8221;.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Germán Lucumí</strong>, ingeniero, exsecretario de planeación de Quibdó, presidente de la Sociedad Chocoana de Ingenieros: <em>&#8220;Introducción a la conectividad de transporte terrestre y fluvial del Chocó&#8221;.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Francisco Antonio Mazo</strong> <strong>Salazar</strong>, profesional en Gobierno y Asuntos Públicos de la Universidad de los Andes y magíster en Estudios Interdisciplinarios sobre Desarrollo del CIDER de la misma universidad, jefe de gabinete de la gobernación del Chocó: <em>&#8220;Plan Chocó: una perspectiva desde la gobernación&#8221;. </em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Rafael Andrés Bolaños Pino</strong>, alcalde de Quibdó: <em>&#8220;Quibdó tras el terremoto y lo que espera de la reconstrucción y el Fondo Milagro&#8221;.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>conductor</strong> del panel será Daniel Mera Villamizar, columnista de El Espectador.</p>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Obras por Impuestos: retos y potencial de la meta de COP medio billón en el Chocó&#8221; </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Este panel examinará cómo convertir el anuncio de una inversión de esta magnitud mediante Obras por Impuestos en proyectos viables, financiables y ejecutables que contribuyan al desarrollo del Chocó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La experiencia académica de especialistas en derecho tributario permitirá analizar los incentivos, las reglas y las condiciones que orientan las decisiones empresariales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La perspectiva de un alcalde chocoano permitirá contrastarlas con las prioridades, capacidades y barreras que enfrentan los municipios para estructurar proyectos y atraer inversión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación buscará identificar qué hace falta para conectar el interés de las empresas con las necesidades del territorio, fortalecer la capacidad local de formulación y ejecución y lograr que este mecanismo no se limite a financiar obras aisladas, sino que contribuya a una estrategia coherente de infraestructura, servicios y desarrollo productivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">II. Panel<strong>&nbsp;“Obras por impuestos: retos y potencial de la meta de COP medio billón en el Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Iván Darío Arango Múnera</strong>, Doctor en Derecho. Jefe académico en impuestos de la Universidad EAFIT.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Néstor R. Londoño S</strong>., PhD, docente-investigador, coordinador Esp. Tributario y D. Comercial, Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de Universidad Pontificia Bolivariana.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Jaison Mosquera</strong>, alcalde de Istmina, Chocó (por confirmar): “Obras por Impuestos desde un municipio del Chocó: prioridades, capacidades y barreras para atraer inversión”.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Conductor: <strong>Leonardo Sánchez Garrido</strong>, director de Gestión de la Información y de Riesgos de EAFIT.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="724" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-134246" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg 1587w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?resize=212,300 212w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?resize=768,1086 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?resize=724,1024 724w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?resize=1086,1536 1086w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Prefinal-de-flyer-Re-Quibdo.jpg?resize=1448,2048 1448w" sizes="(max-width: 724px) 100vw, 724px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Vivienda: de lo urgente a lo estructural&#8221;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El panel pondrá en diálogo el conocimiento especializado sobre hábitat y déficit habitacional, la ingeniería civil, las posibilidades de construcción sostenible, la capacidad empresarial local y la experiencia de un gobierno municipal. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta combinación permitirá abordar tanto la urgencia de responder a las viviendas afectadas por el terremoto como los problemas estructurales de acceso a vivienda adecuada que ya existían. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión puede contribuir a distinguir cuándo conviene reparar, reforzar, reconstruir o reubicar; cómo garantizar seguridad y calidad sin perder de vista la viabilidad económica y las condiciones locales; y cómo aprovechar la emergencia para ampliar la oferta de vivienda adecuada y fortalecer las capacidades de construcción en el departamento. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La meta es que la respuesta a cada hogar se articule con una política de vivienda que reduzca vulnerabilidades y mejore las condiciones de vida a largo plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">III. Panel <strong>&#8220;Soluciones de vivienda: de la urgencia de reparar, reconstruir y reubicar a la oportunidad de una política de vivienda integral en Quibdó y Chocó&#8221;</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Elizabeth Arboleda Guzmán</strong>, directora de la Escuela del Hábitat, CEHAP, de UNAL sede Medellín:&nbsp;<em>&#8220;El déficit habitacional y la vivienda adecuada, disponible y para su disfrute: marco analítico del CEHAP&#8221;.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>John Jairo Blandón</strong>, PhD, director del departamento de Ingeniería Civil de la UNAL sede Medellín: <em>&#8220;De la vulnerabilidad que expuso el sismo a una autoconstrucción de vivienda sostenible&#8221;.&nbsp;</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Corando Velásquez</strong>, ingeniero constructor, gerente de firma en el Chocó: <em>&#8220;Propuestas de soluciones inmediatas de vivienda en Quibdó para mitigación por la pérdida debida al terremoto&#8221;.</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Juan Carlos Palacios Agualimpia</strong>, alcalde de Tadó, Chocó: <em>&#8220;Impacto del terremoto en vivienda e infraestructura, ayudas del gobierno y medidas de mitigación de carácter municipal en Tadó&#8221;.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conductor:</strong> José Camilo Córdoba, director ejecutivo de Progresa Chocó.</p>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;La reconstrucción, oportunidad para POT y urbanismo&#8221;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Con especialistas en urbanismo, políticas de suelo, geografía, gestión ambiental y ordenamiento territorial, junto con un investigador de la Universidad Tecnológica del Chocó y un alcalde de municipio chocoano, este panel abordará la reconstrucción como una oportunidad para tomar mejores decisiones sobre la forma de crecer y organizar el territorio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación permitirá relacionar la reubicación de viviendas y la expansión urbana con la protección de los ecosistemas, la gestión del riesgo, la infraestructura, la localización de actividades productivas y las posibilidades de generar empleo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">También pondrá sobre la mesa las diferencias entre la planificación de una ciudad como Quibdó y las capacidades de municipios más pequeños para formular y ejecutar sus instrumentos de ordenamiento. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El reto es que las decisiones inmediatas de reconstrucción no reproduzcan los problemas del pasado, sino que ayuden a configurar una estructura territorial más segura, conectada y favorable al desarrollo económico y social del Chocó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">IV. Panel <strong>“Desafíos para la planificación urbana y la reconstrucción de Quibdó y Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Juliana Gómez Aristizábal</strong>, coordinadora de proyectos de Urbam, arquitecta de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, y Magíster en Planeación Urbana y Diseño de Políticas Públicas del Politécnico de Milán, y <strong>Angélica Gaviria Agudelo</strong>, arquitecta de la Universidad Pontificia Bolivariana y magíster en Procesos Urbanos y Ambientales de la Universidad EAFIT: <em>&#8220;Desafíos para la planificación urbana y la reconstrucción de Quibdó: la perspectiva de Urbam&#8221;. (15 minutos).</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Beatriz Elena Rave Herrera</strong>, arquitecta y magister en Desarrollo de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Políticas de Suelo de América Latina del Lincoln Institute of Land Policy, actual decana de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Escuelas de Urbanismo y Planificación: <em>&#8220;Un enfoque de políticas públicas para unir planificación urbana y reconstrucción en el Chocó&#8221;</em> (7 min).</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ángela Milena Alzate Navarro</strong><em>,</em> arquitecta y magister en Estudios Urbano-Regionales de la Universidad Nacional de Colombia, y PhD en Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, profesora asociada de la Escuela de Planeación Urbano-Regional de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, PLANUR<em>: &#8220;Quibdó: urbanización en la selva húmeda tropical y retos del ordenamiento territorial&#8221; (7 minutos).</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Carlos Alberto Torres Chamat</strong><em>,</em> PhD en Ciencias Ambientales,&nbsp; magister en Gestión Urbana, arquitecto de la Universidad La Gran Colombia, docente y líder del grupo Urbanismo y Desarrollo Territorial del programa de Arquitectura de la Universidad Tecnológica del Chocó, UTCH: <em>&#8220;Breve memoria del urbanismo contemporáneo en Quibdó y tres retos urbanísticos de la reconstrucción&#8221;&nbsp; (7 minutos).</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Jorge Eliécer Córdoba Maquilón</strong>, PhD, profesor investigador de Ingeniería Civil de la Facultad de Minas, UNAL Medellín, y exfuncionario en Obras Públicas y Planeación de la gobernación de Antioquia: <em>&#8220;El reto de los esquemas de ordenamiento territorial en municipios pequeños&#8221; (7 minutos).</em></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Gustavo Elías Hincapié Mosquera</strong>, alcalde de Condoto: <em>&#8220;Decisiones de planificación urbana y reconstrucción en un municipio chocoano&#8221;.&nbsp; (7 minutos)</em></li>
</ul>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Gestión del riesgo: aprendiendo del valle de Aburrá&#8221;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La presentación de Daniel Ruiz, coordinador de SIATA, y los comentarios de especialistas en reducción del riesgo sísmico, ingeniería y gestión del riesgo, junto con el representante de Codechocó y de un gobierno municipal, permitirán explorar qué aprendizajes científicos, tecnológicos e institucionales de esta experiencia podrían adaptarse a las condiciones del Chocó. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversación no se limitará a la posibilidad de instalar sensores o reproducir una plataforma tecnológica: también abordará la necesidad de acumular conocimiento sobre las amenazas y vulnerabilidades del territorio, desarrollar capacidades locales de monitoreo y pronóstico, y conectar la información con las decisiones de alcaldías, Gobernación, autoridades ambientales y comunidades. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito es identificar una ruta gradual de cooperación entre instituciones chocoanas y universidades de Medellín que fortalezca la prevención, la preparación y la respuesta ante desastres, y contribuya a que la reconstrucción se fundamente en un conocimiento cada vez más preciso de los riesgos del territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">V. Panel <strong>“Gestión de riesgos: conociendo el Sistema de Alerta Temprana de valle de Aburrá, pensando en Quibdó y Chocó”</strong>, sesión de 10:30 am a 12:30 pm.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Manuel Zuluaga</strong>, coordinador del Observatorio de Amenazas y Riesgos del proyecto SIATA., Sistema de Alerta Temprana de valle de Aburrá.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Comentaristas:</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Alan Rentería Asprilla</strong>, director general (E) de Codechocó.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ana Beatriz Acevedo</strong>, ingeniera civil por la Universidad Nacional de Colombia, con maestría y un doctorado en Reducción del Riesgo Sísmico de la Universidad de Pavía, docente de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería de EAFIT, excoordinadora de SIATA.</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ricardo León Bonett Díaz</strong>, docente de la Universidad de Medellín, Facultad de Ingenierías, Grupo de Gestión del Riesgo y Estructuras (por confirmar).</li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Ana Milena Hinojosa</strong>, alcaldesa del municipio de Atrato, Chocó.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Quibdó 2048-Chocó</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133512</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Oct 2026 02:46:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Encuentro académico en Medellín por reconstrucción de Quibdó y Chocó]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Quibdó 2048-Chocó</media:credit>
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        <item>
        <title>La tragedia feliz de Joyce Ventura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-tragedia-feliz-de-joyce-ventura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Fui una noche a la Cinemateca de Bogotá a encontrarme con Joyce Ventura. Me había invitado a moderar una conversación con motivo del lanzamiento de Tres hermanas, su primer largometraje como directora, y salí de allí pensando en esa paradoja que algunas películas consiguen revelar sin proponérselo del todo: uno puede entrar a una sala [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Fui una noche a la Cinemateca de Bogotá a encontrarme con Joyce Ventura. Me había invitado a moderar una conversación con motivo del lanzamiento de <em>Tres hermanas</em>, su primer largometraje como directora, y salí de allí pensando en esa paradoja que algunas películas consiguen revelar sin proponérselo del todo: uno puede entrar a una sala de cine dispuesto a contemplar la muerte y terminar encontrándose, de una manera inesperada, con la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Joyce ha dedicado buena parte de su trayectoria al cine colombiano, aunque durante décadas lo hizo desde ese lugar menos visible, pero indispensable, de la producción y el montaje, acompañando películas, construyendo historias y haciendo posible que otros las contaran. Su nombre está ligado a una parte importante de nuestra cinematografía, desde <em>Gamín</em>, de Ciro Durán, hasta distintas producciones que contribuyeron a consolidar una industria cinematográfica en un país donde hacer cine nunca ha sido una tarea sencilla. Después de más de cincuenta años de oficio, decide ponerse delante de la cámara y convertir su propia vida, sus temores y sus afectos en materia cinematográfica. La decisión tiene algo de descubrimiento tardío, aunque en realidad parece la consecuencia natural de una vida dedicada a observar a los demás: llega un momento en que la cámara, después de haber mirado tantas historias, se vuelve hacia quien la sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El punto de partida es aparentemente sencillo. Joyce y sus dos hermanas mayores, Ethy y Bella, se acercan a la vejez y empiezan a preguntarse qué significa envejecer, qué ocurre con el cuerpo cuando deja de responder como antes, cómo se transforma nuestra relación con el tiempo y de qué manera se aprende a convivir con la idea de que un día vamos a morir. Las tres están unidas por el afecto, pero sus personalidades y sus respuestas ante la existencia son distintas. Viven en lugares diferentes, han construido vidas propias y no necesitan pensar igual para quererse. En ese espacio de intimidad, donde las conversaciones familiares pueden pasar de la ternura a la incomodidad sin pedir permiso, Joyce encuentra una historia que termina por exceder los límites de su familia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="735" height="781" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg" alt="" class="wp-image-134186" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg 735w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/02cad442-0202-4fc2-97d0-7cc13d470c66.jpg?resize=282,300 282w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la vejez es una experiencia universal, pero no existe una única manera de vivirla. Hay tantas formas de envejecer como historias, temperamentos, condiciones materiales y sociedades, y buena parte de las diferencias que encontramos entre las personas mayores tiene que ver con el mundo que las rodea, con las oportunidades que tuvieron, con los afectos que conservaron y con la posibilidad, tan decisiva como desigual, de seguir tomando decisiones sobre sus propias vidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunas sociedades, la experiencia acumulada por los mayores todavía ocupa un lugar central en la transmisión de la memoria, las tradiciones y el conocimiento. En otras, donde la juventud se ha convertido en una especie de mercancía y la productividad parece ser la medida de todas las cosas, envejecer puede sentirse como una pérdida de valor social. No es que las primeras hayan resuelto el problema de la soledad ni que las segundas carezcan de vínculos familiares sólidos, pero sí existe una diferencia entre vivir en un entorno que reconoce la experiencia de los años y hacerlo en uno que parece pedir disculpas por ella. La modernidad nos ha ofrecido extraordinarias posibilidades para prolongar la vida, mientras nos cuesta cada vez más imaginar qué lugar queremos darle a esa vida prolongada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También importa la clase social. No envejece de la misma manera quien dispone de recursos para cuidar su salud, mantener su autonomía, viajar, cultivar amistades y organizar sus días que quien debe continuar trabajando porque no puede permitirse el descanso. Una cosa es temer la pérdida de independencia y otra, muy distinta, experimentar esa pérdida sin una red de apoyo, sin ingresos suficientes o sin acceso a cuidados. La vejez puede ser el tiempo de la contemplación, de los viajes y de una libertad conquistada después de décadas de obligaciones, pero también puede convertirse en una etapa de incertidumbre económica, aislamiento y dependencia. Entre ambas experiencias existe un mundo de diferencias que las sociedades suelen disimular cuando hablan de la tercera edad como si se tratara de una condición homogénea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, donde tantas familias han tenido que asumir buena parte de las tareas del cuidado sin suficiente acompañamiento institucional, estas preguntas adquieren una dimensión particular. Envejecer no es solamente un asunto privado, ni debería ser una preocupación que cada familia resuelva puertas adentro. Tiene que ver con la salud pública, las pensiones, las ciudades que construimos, la arquitectura de nuestras viviendas, el transporte, la soledad y la posibilidad de seguir participando en la vida colectiva cuando dejamos de pertenecer al mundo laboral. Tiene que ver, también, con la manera en que tratamos a nuestros padres y abuelos, con la paciencia que estamos dispuestos a concederles y con la facilidad con que confundimos la pérdida de ciertas capacidades con la pérdida de dignidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, <em>Tres hermanas</em> no pretende convertirse en un tratado sobre el envejecimiento ni en una denuncia social disfrazada de documental. Su fuerza está, precisamente, en que llega a esas preguntas a través de la vida concreta, de los rostros, las conversaciones, las diferencias y los recuerdos de tres mujeres que no representan a nadie más que a sí mismas y que, por eso mismo, terminan representándonos a todos. Joyce no necesita construir personajes ejemplares ni encontrar una fórmula para aceptar el paso del tiempo. Le basta con filmar a sus hermanas y filmarse a sí misma, dejar que aparezcan sus contradicciones y permitir que la cámara registre aquello que en una conversación cotidiana quizá preferiríamos evitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La película tiene, además, una pregunta íntima que la atraviesa desde el comienzo: ¿cómo se aprende a vivir cuando uno empieza a reconocer los límites del propio cuerpo? Joyce ha contado que su preocupación por la vejez viene de muchos años atrás, desde que empezó a necesitar gafas y comprendió que ella también estaba entrando en esa etapa que durante tanto tiempo había observado desde afuera. A esa inquietud se sumaron la muerte de su padre, el deterioro de su madre y el temor que le produjo conocer el diagnóstico de una enfermedad ocular degenerativa. La posibilidad de perder la visión introduce una dimensión especialmente conmovedora en su relación con el cine: una mujer que ha dedicado su vida a mirar comienza a preguntarse qué ocurriría si un día ya no pudiera hacerlo de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cámara se convierte entonces en una herramienta para conocer aquello que la asusta. Joyce ha explicado que investigar la vejez le permite acercarse a ella con curiosidad, como si comprender un poco mejor el miedo fuera una forma de hacerlo menos desconocido. Hay algo profundamente humano en esa decisión. No se trata de fingir que la muerte no existe, ni de convencerse de que todo puede resolverse mediante una actitud positiva, sino de observar, preguntar y conversar allí donde normalmente preferimos guardar silencio. La película no elimina la angustia, pero la transforma en una experiencia compartida, y quizá esa sea una de las funciones más antiguas y más necesarias del arte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la historia de Joyce hay, además, otra pérdida que ilumina la película de una manera particular: la muerte de Ciro Durán, su compañero de vida y de trabajo, el cineasta que dejó una huella fundamental en el documental colombiano. Durán, director de <em>Gamín</em> y de películas como <em>La guerra del centavo</em>, murió en enero de 2022, después de una enfermedad prolongada. Joyce ha recordado cómo afrontó sus últimos años con valentía y autonomía, sin abandonar la escritura de guiones, incluso cuando sabía que quizá no llegaría a filmarlos. En un gesto de generosidad, aceptó conversar con ella para el documental, aunque hablar de sí mismo y de su propia vulnerabilidad no le resultara sencillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es difícil no pensar en lo que significa compartir tantos años con alguien y descubrir, al final, que el amor no nos exime de acompañarlo hacia su desaparición. En la enfermedad, el tiempo adquiere otra densidad, las conversaciones cotidianas pueden convertirse en recuerdos y las cosas que antes parecían importantes pierden su urgencia frente a la evidencia de que la presencia del otro no es eterna. Pero también ocurre algo que solo se comprende desde la experiencia: incluso cuando el cuerpo se deteriora, una persona sigue siendo mucho más que su enfermedad, y la dignidad puede expresarse en la voluntad de conservar la autonomía, continuar escribiendo, pensar en proyectos que quizá no llegarán a realizarse y decidir de qué manera quiere vivir el tiempo que le queda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, la historia de Ciro no aparece como una explicación definitiva de la película, sino como parte de la experiencia desde la cual Joyce se aproxima a sus preguntas. La muerte de su compañero, la de su madre y el temor a su propio deterioro conforman un horizonte de pérdidas, pero también la obligan a mirar de frente aquello que durante años había intentado comprender. Hay una diferencia entre investigar la vejez y descubrir que uno mismo está envejeciendo, entre conversar sobre la muerte y reconocer que empieza a formar parte de nuestra biografía. Joyce atraviesa esa frontera con la cámara encendida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El archivo familiar adquiere entonces una importancia especial. Las fotografías, las grabaciones antiguas y las imágenes de celebraciones y encuentros permiten que las hermanas se observen en otros momentos de sus vidas, que comparen los rostros de entonces con los de ahora y que reconozcan, a veces con humor y otras con cierta melancolía, la distancia entre quienes fueron y quienes son. El pasado aparece fragmentado, pero no desaparecido. Las imágenes devuelven gestos, voces y maneras de estar en el mundo que el tiempo había transformado en recuerdos, y la cámara permite que esas imágenes vuelvan a entrar en conversación con el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Filmar es también una manera de resistirse al olvido. No de derrotar a la muerte, porque el cine no tiene semejante poder, sino de conservar algo de aquello que inevitablemente se pierde. Una voz grabada, una mirada, una risa, una discusión entre hermanas pueden sobrevivir a la ocasión en que ocurrieron y adquirir una nueva vida frente a otros espectadores. El cine convierte lo efímero en memoria compartida, aunque esa memoria nunca sea completa ni pueda reemplazar a la persona que ya no está. Quizá por eso las imágenes familiares tienen una fuerza que a veces no encontramos en las grandes narraciones históricas: nos devuelven la conciencia de que la vida está hecha, en buena medida, de gestos pequeños cuya importancia solo descubrimos cuando el tiempo los ha convertido en pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo especialmente valioso en que Joyce se permita mostrar las diferencias entre sus hermanas sin intentar resolverlas. En una época en que las conversaciones públicas suelen organizarse alrededor de identidades rígidas y posiciones irreconciliables, <em>Tres hermanas</em> recuerda que la intimidad no necesita uniformidad para existir. Podemos compartir una historia, querernos profundamente y, al mismo tiempo, tener ideas distintas sobre el envejecimiento, la muerte, la religión, el cuerpo o la posibilidad de una trascendencia. La familia no es necesariamente el lugar donde todos terminan pensando igual, sino aquel en el que, cuando los vínculos sobreviven a las diferencias, aprendemos a convivir con ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vejez pone a prueba esa convivencia porque modifica las condiciones materiales y emocionales de las relaciones. Los papeles cambian, la independencia se vuelve más difícil de conservar y quienes durante años cuidaron de otros pueden necesitar ayuda. También aparecen los desacuerdos sobre cómo cuidar, hasta dónde intervenir y qué significa respetar la voluntad de una persona que empieza a perder algunas capacidades. Son conversaciones difíciles, precisamente porque el afecto no siempre nos enseña qué hacer. A veces queremos proteger a alguien y terminamos restringiendo su libertad, o insistimos en conservar una imagen de esa persona que ya no corresponde con su realidad. En la película, esas tensiones no necesitan convertirse en grandes conflictos para revelar su importancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Joyce introduce el humor, y ese detalle cambia la naturaleza de la experiencia. Las hermanas se ríen, se contradicen, se observan y encuentran motivos para bromear en medio de conversaciones que podrían resultar demasiado dolorosas si fueran tratadas con solemnidad. La risa no niega el miedo ni convierte la pérdida en algo trivial; simplemente recuerda que la vida no deja de producir situaciones absurdas cuando empezamos a pensar en su final. Quizá una de las formas más sensatas de acercarse a la muerte sea aceptar que no todo lo que la rodea tiene que estar envuelto en gravedad, que podemos sentir angustia y reírnos en una misma tarde, que la conciencia de nuestra fragilidad no nos obliga a renunciar a la alegría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al salir de la Cinemateca pensé en esa costumbre que tenemos de aplazar ciertas conversaciones, como si hablar de la vejez pudiera acercarla o como si evitar la palabra muerte nos concediera alguna ventaja sobre ella. Nos preparamos para estudiar, trabajar, producir, viajar, formar una familia y construir una carrera, pero pocas veces nos preguntamos qué clase de vida queremos tener cuando todo eso empiece a cambiar, qué vínculos habremos cultivado para entonces o qué haremos con el tiempo cuando ya no esté organizado alrededor de nuestras obligaciones. Vivimos como si la vejez fuera una estación a la que llegarán otros, aunque cada día nos acerque un poco más a ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La película de Joyce tampoco ofrece una respuesta sencilla a la pregunta de cómo deberíamos vivir esos años. Sería injusto pedirle que lo hiciera, porque cada experiencia tiene sus propias dificultades y porque no existe una fórmula capaz de reconciliar a todo el mundo con la pérdida, el dolor o la incertidumbre. Lo que propone es algo más modesto y, por eso mismo, más profundo: mirar, hablar, escuchar, reconocer las diferencias y aceptar que la vida puede conservar su riqueza incluso cuando deja de parecerse a la que imaginábamos. No se trata de romantizar la vejez, ni de convertirla en una etapa necesariamente sabia o feliz, sino de reconocer que sigue siendo vida, con sus conflictos, sus descubrimientos, sus alegrías y sus posibilidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me alegra haber acompañado a Joyce en la conversación sobre su película. A veces uno acepta una invitación pensando que va a hablar de cine y termina hablando de asuntos para los que nunca encuentra el momento adecuado en la vida cotidiana. Esa noche, en la Cinemateca, la película nos llevó a conversar sobre el tiempo, la familia, las pérdidas y la posibilidad de seguir encontrando sentido en medio de la incertidumbre. Joyce, que durante décadas ayudó a contar las historias de otros, había encontrado en su propia experiencia una forma de acercarse a una pregunta universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título de esta reflexión podría ser, precisamente, la tragedia feliz de estar vivos. La tragedia consiste en que todo aquello que amamos está sometido al tiempo, en que ninguna forma de amor puede garantizar la permanencia de quien lo recibe y en que incluso las vidas más plenas terminan enfrentándose a la despedida. La felicidad no consiste en negar esa realidad, ni en fingir que la muerte nos resulta indiferente, sino en descubrir que la conciencia de nuestro final no anula el valor de lo vivido. A veces, por el contrario, nos permite reconocerlo con una claridad que antes no teníamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué curioso, entonces, salir de una película sobre la muerte con una sensación de gratitud por la vida. No porque el miedo haya desaparecido, ni porque las preguntas hayan encontrado respuesta, sino porque durante un par de horas hemos podido mirarlas de frente, acompañados por tres hermanas que, desde sus diferencias, nos recuerdan que todavía hay mucho por conversar. Y que mientras podamos hacerlo, mientras haya alguien a quien escuchar, una historia que contar, una imagen que rescatar del olvido o una razón para reírnos de nosotros mismos, la vida seguirá ofreciéndonos algo que no habíamos terminado de descubrir.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="722" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-134187" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg 1128w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=212,300 212w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=768,1089 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=722,1024 722w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/joyce.jpg?resize=1083,1536 1083w" sizes="auto, (max-width: 722px) 100vw, 722px" /></figure>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Fri, 16 Oct 2026 23:22:57 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La tragedia feliz de Joyce Ventura]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Crear empresa en Colombia: entre la tradición de la informalidad y la urgencia de hacer las cosas bien.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/un-blog-para-colorear/crear-empresa-en-colombia-entre-la-tradicion-de-la-informalidad-y-la-urgencia-de-hacer-las-cosas-bien/</link>
        <description><![CDATA[<p>Durante décadas, emprender en Colombia fue, en muchos casos, un acto casi intuitivo. Negocios familiares, iniciativas que nacían en casa, acuerdos de palabra y estructuras improvisadas marcaron una cultura empresarial donde lo importante era empezar, no necesariamente cómo hacerlo.  Esa historia, sin embargo, ha cambiado.&nbsp; Hoy, Colombia vive una transformación silenciosa pero profunda en su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas, emprender en Colombia fue, en muchos casos, un acto casi intuitivo. Negocios familiares, iniciativas que nacían en casa, acuerdos de palabra y estructuras improvisadas marcaron una cultura empresarial donde lo importante era empezar, no necesariamente cómo hacerlo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa historia, sin embargo, ha cambiado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, Colombia vive una transformación silenciosa pero profunda en su tejido empresarial. La formalización, la regulación y el acceso a mercados más exigentes han elevado el estándar. Ya no basta con tener una buena idea o con “rebuscársela”: crear empresa implica entender un entorno jurídico, económico y competitivo mucho más complejo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese punto, la mirada del <strong>Dr. Luis Ángel Montealegre</strong> resulta especialmente relevante. Desde su experiencia en derecho empresarial, plantea que el verdadero punto de quiebre entre un emprendimiento que sobrevive y uno que se consolida está en su estructura legal desde el origen.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque en Colombia, constituir empresa no es solo un trámite. Es, en esencia, la creación de una persona jurídica con derechos, obligaciones y responsabilidades claramente definidas. Y ese acto, que muchos ven como un requisito más, es en realidad el momento fundacional donde se decide el rumbo del negocio.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país ha avanzado en facilitar la creación de empresas. Figuras como la sociedad por acciones simplificada (SAS) han democratizado el acceso al mundo empresarial, reduciendo barreras y tiempos. Sin embargo, esa facilidad también ha traído consigo un riesgo: la falsa sensación de que constituir una empresa es sencillo en todos sus niveles.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que suele pasarse por alto es que detrás de esa constitución hay elementos jurídicos determinantes. Los estatutos sociales, por ejemplo, no son un simple documento formal; son la hoja de ruta que define cómo funciona la empresa, cómo se toman decisiones, cómo se resuelven conflictos y cómo se protege la inversión.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la misma forma, la relación entre socios, muchas veces basada en confianza inicial, requiere estructuras claras. Colombia no es ajena a disputas societarias que terminan paralizando empresas enteras por no haber definido reglas desde el principio.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esto se suma el entorno regulatorio. Dependiendo de la actividad económica, las empresas deben cumplir con obligaciones específicas en materia tributaria, laboral, comercial y, en muchos casos, sectorial. Ignorar estos aspectos no solo  limita el crecimiento, sino que puede generar sanciones que comprometen la viabilidad del negocio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En paralelo, el mercado también ha evolucionado. La competencia es más técnica, los consumidores más informados y las oportunidades más amplias, pero también más exigentes. En este contexto, aspectos como el registro de marca, la protección de activos intangibles y la estructuración contractual dejan de ser opcionales para convertirse en herramientas estratégicas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Montealegre</strong> lo resume con claridad: en Colombia, la diferencia entre emprender y construir empresa está en el nivel de estructuración.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Formalizar un negocio no es simplemente cumplir con el Estado. Es adquirir la capacidad de acceder al sistema financiero, de participar en licitaciones, de generar confianza en inversionistas y de proyectarse en mercados más amplios. En el fondo, lo que está en juego no es solo la legalidad, sino la sostenibilidad. Porque una empresa bien constituida no solo cumple normas: tiene la capacidad de adaptarse, crecer y sostenerse en el tiempo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la historia del emprendimiento en Colombia está entrando en una nueva etapa. Una en la que la intuición sigue siendo importante, pero ya no es suficiente. Una en la que el conocimiento jurídico deja de ser un complemento para convertirse en una base. Y es precisamente ahí donde muchos proyectos encuentran su mayor desafío y también su mayor oportunidad: entender que una empresa no se improvisa, se construye. Y que esa construcción, en el contexto colombiano, empieza por hacerlo bien desde el marco legal. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alvaro J Tirado</author>
                    <category>Un Blog para colorear</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134099</guid>
        <pubDate>Wed, 14 Oct 2026 18:15:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Crear empresa en Colombia: entre la tradición de la informalidad y la urgencia de hacer las cosas bien.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alvaro J Tirado</media:credit>
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        <item>
        <title>Piero, sentado a la mesa de todos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/piero-sentado-a-la-mesa-de-todos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una canción puede convertir a un desconocido en parte de la familia. Piero lo descubrió a los 24 años, cuando escribió «Mi viejo», sin imaginar que aquella conversación entre amigos terminaría acompañando la vida de millones de personas. Cuando nos sentamos a conversar, mate de por medio, Piero acababa de cumplir 73 años. Mientras hablábamos, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Una canción puede convertir a un desconocido en parte de la familia. Piero lo descubrió a los 24 años, cuando escribió «Mi viejo», sin imaginar que aquella conversación entre amigos terminaría acompañando la vida de millones de personas. Cuando nos sentamos a conversar, mate de por medio, Piero acababa de cumplir 73 años. Mientras hablábamos, tuve la impresión de que aquella canción había hecho algo extraordinario con su vida: le había permitido entrar en la intimidad de los demás sin tener que pedir permiso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay canciones que uno no recuerda cuándo escuchó por primera vez porque, de algún modo, siempre han estado ahí. Suenan en una reunión familiar, en la radio de un taxi, en la voz de alguien que no sabe cantar pero se atreve a hacerlo cuando llega el estribillo, y de pronto dejan de pertenecer al hombre que las escribió para convertirse en una pequeña propiedad sentimental de millones de desconocidos. «Mi viejo», la canción que Piero compuso cuando tenía apenas 24 años, es una de ellas. Uno podría haber crecido en Bogotá, Buenos Aires, Lima o un pueblo perdido entre las montañas, podría haber tenido una relación dulce o difícil con su padre, podría incluso haberlo perdido demasiado pronto, pero basta escuchar sus primeros acordes para que aparezca algo parecido a un recuerdo, una presencia, una conversación pendiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora recuerdo esa conversación. Habíamos preparado mate, como quien dispone las cosas necesarias para que una charla entre amigos transcurra sin demasiadas ceremonias, y mientras hablábamos tuve la impresión de que aquella canción había hecho algo extraordinario con su vida: le había permitido entrar en la intimidad de los demás sin tener que pedir permiso. Él mismo lo explicaba con una sencillez que parecía contener toda una filosofía: «Mi viejo» le había permitido ser el tío de unos, el primo de otros, alguien que no estaba únicamente entre los fanáticos, sino también en las fotografías familiares, en los recuerdos de infancia, en esa zona de la existencia donde las personas dejan de ser figuras públicas y se convierten en parte de la casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso Piero podía hablar de una canción universal sin atribuirse del todo el mérito de haberla escrito. Cuando le pregunté cómo había nacido, no ofreció una teoría sobre la inspiración ni una explicación solemne sobre el poder de la música. Contó que se reunía todos los días con su amigo y compañero José, desde el mediodía hasta las ocho de la noche, en una casa cuya mujer salía a trabajar durante esas horas. Componían, probaban, buscaban canciones para completar un disco, y de aquellas jornadas surgieron títulos como «Juan Boliche» y «Pedro Nadie». Un día, hablando de las cosas que podían hacer, se les ocurrió que debían escribir algo para el viejo, un homenaje, una forma de agradecerle a ese hombre que había estado ahí, sosteniendo la vida de otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante unos diez días hablaron de ello sin tomar la guitarra ni buscar lápiz y papel. La canción estuvo primero en la conversación, en ese territorio todavía informe donde las cosas existen sin que nadie sepa muy bien cómo darles un cuerpo. Hasta que una mañana, según recordó Piero, se sentaron y, diez minutos después, ya había salido. El problema era que el padre de José había muerto y el suyo todavía no era un viejo: tenía apenas 48 años. Pero Piero quería cantársela. Llegó a su casa, lo encontró solo, cerró la puerta, lo sentó en el living y le dijo que escuchara aquella canción nueva.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="PIERO con Diego Aretz" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/u36eV_KYG0g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Entonces ocurrió algo que el tiempo no había borrado de su memoria. Piero comenzó a cantar y, cuando levantó la mirada del papel, encontró a su padre llorando. Él también empezó a llorar, no podía continuar, se ahogaba con las palabras, y la canción avanzó entre lágrimas hasta llegar al final. Después vino un silencio que debió de parecer interminable. Su padre se limpió los anteojos, se los puso de nuevo, miró a su hijo y, todavía conmovido, encontró la manera de responderle: «No a quien camina lento, la puta que te parió». Piero lo contaba riéndose, con esa alegría de quien comprende que la emoción más profunda no necesita solemnidad para ser verdadera. El viejo había recibido el homenaje, pero seguía siendo él mismo, incapaz de abandonar el humor ni siquiera ante una canción que acababa de desarmarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa historia contiene algo de lo que Piero ha sido durante décadas: un hombre que se acerca a las emociones sin demasiados protocolos, que puede hablar de asuntos graves y terminar riéndose de sí mismo, que parece desconfiar de las explicaciones demasiado perfectas. A sus 73 años, la memoria no se le presentaba como un museo de acontecimientos ordenados, sino como una conversación abierta, llena de desvíos, personajes inesperados y episodios que todavía conservaban el asombro de la primera vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su vida, de hecho, comenzó a torcerse por una equivocación. En su infancia, en Río Negro, al sur de Argentina, un amigo le contó que se iría al seminario. Piero escuchó que después de dos años en Viedma podría viajar a Buenos Aires y, fascinado por la posibilidad de conocer la gran ciudad, decidió acompañarlo. Fue a hablar con el cura, convenció a su padre y el lunes siguiente ya estaba instalado entre decenas de muchachos de toda la Patagonia. Durante la bienvenida, el rector habló de lo que ocurriría el día en que todos fueran sacerdotes. Fue entonces cuando Piero entendió que no había ingresado en un colegio cualquiera, sino en una institución destinada a formar curas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se acercó al rector para explicarle que había un error gravísimo. El hombre se echó a reír: había conocido ingenieros, abogados, profesionales y padres de familia que habían sentido una vocación religiosa, pero nunca a alguien que hubiera llegado por equivocación. Lo curioso es que Piero se quedó. Pasó dos años en el seminario y encontró allí algo que no había ido a buscar, una experiencia que lo acercó a personas y preguntas que seguirían acompañándolo mucho después de abandonar aquella ruta. Entre ellas estaban los sacerdotes del movimiento de curas del Tercer Mundo, a quienes recordaba con admiración por su coherencia, su conciencia social y su manera de vivir las convicciones. Nombraba al padre Carlos Mugica y a otros sacerdotes que, para él, habían encarnado una forma de compromiso que iba más allá de las palabras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La religión, en Piero, nunca terminó de convertirse en una frontera. Su búsqueda espiritual lo llevó también hacia Oriente, hacia la India y hacia Indra Devi, la maestra de yoga a quien llamaba Mataji y que murió a los 103 años. Durante años viajaron juntos a Egipto, la India y Sri Lanka, visitando lugares que para él tenían algo de revelación y algo de aventura. La recordaba como una mujer extraordinaria, capaz de hablar doce idiomas, cercana a figuras como Gandhi, Krishnamurti y Tagore, pero sobre todo como una presencia coherente, alguien cuya manera de vivir parecía prolongar sus ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ella conservaba historias que contaba con la misma naturalidad con que hablaba de sus canciones. Una vez, una mujer que decía interpretar vidas pasadas le aseguró que él había sido escriba en el antiguo Egipto y que Indra Devi había sido su hija, una hija que no quería seguir el camino que su padre le imponía. Días después, en otro lugar y ante otra mujer que no conocía la primera historia, escuchó exactamente el mismo relato. Piero recordaba el escalofrío, la coincidencia y, sobre todo, la risa con que él y Mataji terminaron jugando a llamarse papá e hija. Cuando la segunda mujer le anunció que debía viajar a Egipto, él intentó explicar que tenía una gira de unos cuarenta conciertos. La respuesta fue terminante: a ella no le importaba su agenda, porque allí decía que se iba a Egipto. Poco después, una inundación obligó a cancelar la gira y Piero terminó viajando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hace falta compartir sus creencias para entender lo que encontraba en esas historias. Piero parecía interesado menos en demostrar una verdad que en conservar la capacidad de asombro, en admitir que hay episodios cuya explicación no termina de agotarse cuando uno los cuenta. Cuando le pregunté si creía en Dios, respondió que sí, aunque no necesariamente de una forma determinada, que creía en la energía y se sentía acompañado por ella. No hablaba como un hombre empeñado en convencer a los demás, sino como alguien que había aprendido a convivir con sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La política fue otra de esas preguntas que nunca abandonó. Piero conoció presidentes, se relacionó con dirigentes y participó en iniciativas sociales, pero mantuvo una distancia deliberada frente a los partidos. La política, decía, era una herramienta hermosa; el problema comenzaba cuando alguien intentaba ejecutarla. Su independencia no significaba indiferencia. Más bien parecía una forma de preservar la posibilidad de acercarse a las personas sin quedar atrapado en una obediencia partidista, de respaldar aquello que le parecía valioso y tomar distancia de lo que no.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, esa disposición encontró un lugar particularmente importante. Piero hablaba de su colombianidad con una emoción que no parecía ensayada. Había recorrido buena parte de América Latina y, sin embargo, con Colombia había experimentado una especie de amor a primera vista, un regalo inesperado que lo llevó a sentirse parte de un país que terminó incorporando a su propia historia. Su vínculo no se limitó a los escenarios ni al afecto del público. También lo llevó a involucrarse en iniciativas de paz, a visitar cárceles y a conversar con personas que, en medio de la guerra, buscaban una salida negociada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordó especialmente una visita a la cárcel de Bellavista, donde habló con integrantes del ELN. Venía de conversar con el presidente Juan Manuel Santos y, al encontrarse frente a aquellos hombres, terminó preguntándoles por qué querían sentarse a una mesa de negociación sin decirlo con claridad. La respuesta lo hizo detenerse: eran, según le explicaron, muy malos comunicadores. Piero encontró allí una lección que parecía sencilla, pero que en un país acostumbrado a desconfiar de las palabras tenía una importancia particular. Si querían negociar la paz, debían comunicarlo, decirle a la sociedad que estaban dispuestos a dejar las armas y a buscar una salida distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La anécdota no lo convertía en un negociador ni pretendía resolver las complejidades de una guerra de décadas. Lo mostraba, más bien, en el lugar que había escogido ocupar: el de quien se acerca, pregunta, escucha e intenta encontrar una posibilidad de entendimiento donde otros ven únicamente posiciones irreconciliables. Cuando le pregunté por qué había sido tan difícil alcanzar la paz en Colombia, no ofreció una respuesta definitiva. Dijo que se lo preguntaba casi todos los días, y habló de la contradicción que le producía ver a un pueblo tan creativo, cálido e inteligente perder la vida en la violencia. Su desconcierto era también una forma de esperanza, porque seguía creyendo que aquel desperdicio de vidas no podía ser el destino inevitable de un país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su historia había, además, una experiencia que ayudaba a entender su sensibilidad frente al desarraigo. Piero había sido expulsado de Argentina durante los años de la represión y enviado al exilio en España. Recordaba el momento en que las autoridades le ordenaron salir en el primer avión disponible, que iba hacia Tokio. Él intentó negociar otro destino, pidió ayuda a los periodistas que estaban allí y finalmente consiguió que lo enviaran a Lima. Lo acompañaron hasta su asiento con una ametralladora, mientras los pasajeros franceses observaban sin entender quién era aquel hombre al que sacaban de su país de semejante manera. Lo contaba sin convertir su propia vida en una epopeya, consciente de que eran otros tiempos y de que muchas cosas sucedieron sin que él las hubiera buscado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa conversación apareció también su hijo, al que dejó de once meses cuando se marchó al exilio y volvió a ver dos años después. Piero recordó las noches en que le contaba cuentos y se quedaba dormido antes que él, las mañanas en que lavaba pañales, las pequeñas tareas de una paternidad que había tenido que aprender mientras intentaba reconstruir su vida. Cuando hablaba de las mujeres, lo hacía desde esa experiencia concreta, sin teorías demasiado elaboradas, con la admiración de quien había descubierto cuánto trabajo cotidiano recae sobre ellas y cuánto de lo que sostiene una familia ocurre sin reconocimiento. Era un hombre que había pasado buena parte de su vida viajando, cantando y entrando en escenarios, pero que también había conocido la intimidad menos espectacular de cuidar a un hijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, quizá lo que más me llamó la atención de Piero fue su manera de aceptar que la vida no siempre se deja organizar alrededor de un plan. Había entrado al seminario buscando Buenos Aires, había terminado convertido en uno de los cantautores más reconocibles de América Latina, había encontrado una segunda patria al otro lado de la frontera, había viajado por el mundo siguiendo intuiciones que no siempre podía explicar y había escrito una canción cuyo alcance seguía sorprendiéndolo décadas después. En todos esos episodios parecía haber una misma disposición: dejarse conducir por la experiencia sin renunciar a la posibilidad de intervenir en ella, acercarse a los demás sin pretender poseer sus historias, entender que una convicción puede ser profunda sin convertirse en dogma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Piero no necesitaba proclamarse humanista para que la palabra apareciera en la conversación. Estaba en su manera de hablar de su padre, en el respeto con que recordaba a sus maestros, en su incomodidad ante la guerra, en la curiosidad con que se acercaba a las creencias ajenas y en esa voluntad de mantenerse independiente incluso cuando la política lo invitaba a tomar partido. También estaba en su humor, en su capacidad de contar una experiencia extraordinaria sin pedirle al interlocutor que la considerara extraordinaria, como si la vida tuviera derecho a conservar una zona de misterio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo hermoso en que un hombre pueda pasar tantos años cantando una canción sobre un padre y descubrir que, con el tiempo, él mismo se ha convertido en una figura familiar para personas que nunca ha conocido. No es poca cosa entrar en la memoria de los otros, acompañarlos en la ausencia, prestarles una voz cuando no encuentran las palabras o recordarles, durante unos minutos, a alguien que ya no está. Quizá ese sea uno de los destinos más generosos de la música popular: hacer que la intimidad de una persona se vuelva compartida sin dejar de ser íntima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando nos despedimos, seguía presente aquella imagen inicial, la mesa, el mate, la conversación que avanzaba de una canción a la espiritualidad, del exilio a Colombia, de la política a las pequeñas tareas de la vida familiar. Piero había llegado a los 73 años sin haber perdido del todo la capacidad de sorprenderse por lo que le había ocurrido. Y mientras millones de personas seguían escuchando «Mi viejo» como si la canción hubiera sido escrita para cada una de ellas, él todavía podía contar cómo nació, cómo lloró al cantársela a su padre y cómo aquel hombre, después de secarse las lágrimas, encontró fuerzas para insultarlo cariñosamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá celebrar la vida de Piero sea recordar precisamente eso: que detrás de una canción que parece pertenecerle a todo el mundo hay un hombre de carne y hueso, con sus errores, sus viajes, sus preguntas, sus afectos y sus contradicciones, alguien que no necesitó tener todas las respuestas para seguir andando. Y que, sin proponérselo demasiado, terminó sentado a la mesa de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133867</guid>
        <pubDate>Fri, 09 Oct 2026 14:07:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Piero, sentado a la mesa de todos]]></media:description>
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        <title>Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/honrar-no-es-usar-sobre-el-legado-de-miguel-uribe/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Hoy abrimos la puerta de la conspiración del olvido al pensamiento de nuestro joven e intelectual  jurista e internacionalista, Tomás Francisco Flórez Romero, quien, con su exquisita y renovadora pluma, nos lleva al legado de Miguel Uribe y a la manera como las banderas enarboladas tras su muerte pueden ser feriadas por quienes quedamos vivos: algunos, con júbilos; otros, con glorias apaciguadas u oportunismo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La opinión de Tomás Flórez abre, así, una reflexión sobre la moralidad y apela a la ética en tiempos convulsionados, en los que los magnicidios han vuelto a tocarnos. Pero, sobre todo, apela, con bondad, a la justicia, a la restauración y a la unidad.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>En buena hora, y precisamente en estos momentos, necesitamos escuchar al futuro de Colombia, que, con su opinión, nos devuelve la esperanza y restaura la fe en nuestra amada patria.</em></p>



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<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="428" height="571" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?quality=60&amp;w=428" alt="Tomas Francisco Flórez Romero" class="wp-image-133823" style="width:229px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg 428w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Tomas-Francisoc-Florez-2.jpg?resize=225,300 225w" sizes="auto, (max-width: 428px) 100vw, 428px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Por Tomás F. Flórez Romero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estudiante de Relaciones Internacionales y Jurisprudencia | Universidad del Rosario</p>
</blockquote>
</div>



<p class="wp-block-paragraph">Un sábado 7 de junio de 2025 se selló y se cerró el destino de una persona. En aquel instante, unos viles y cobardes dispararon en un barrio de Fontibón, se hizo inevitable y universal aquello que, por excelencia, define la vida: un desapacible magnicidio. En ese mismo lugar donde todo se decanta de una manera definitiva, donde incluso lo divino parece perder su arraigo, se cruzó la vida de una esperanza para nuestro país, destinada a acabarse por la cobardía de los grupos criminales o, incluso, por la responsabilidad mezquina del Gobierno complaciente de turno. Ahí, con todo el dolor, estaba Miguel Uribe Turbay.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a un año y dos meses de aquel inexorable desenlace, en el marco del Summit de Liderazgo Valiente, tuvimos la oportunidad de honrar, una vez más y de manera pletórica, la vida de Miguel Uribe Turbay y cada uno de los rasgos que nos dejó como ejemplo para la construcción de un país mucho más justo, elevado en valores y principios que no son negociables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ninguno de nosotros puede ser indiferente la historia de Miguel ni los percances que tuvo que atravesar a lo largo de su vida: el asesinato de su madre, Diana Turbay, durante un fallido operativo de la Policía Nacional; la persecución que sufrió su padre, el señor Miguel Uribe Londoño; y la permanente pretensión de sus contradictores de reducirlo a la condición de heredero de una tradición política por ser nieto del expresidente Julio César Turbay Ayala. Pero Miguel respondía a esas circunstancias con una convicción propia. En sus palabras: <em>“El servicio público no es un logro heredado, sino una decisión consciente de comprometerse con el destino del país”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este evento estuvo presente el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, y su presencia me abrió una inquietud que considero inevitable: ¿estamos realmente entrando en tiempos conscientes, en los que las nuevas figuras políticas asumen un compromiso auténtico con nuestra “<em>patria”</em>? Porque hoy son muchos quienes, desde sus propias posiciones políticas e ideológicas, levantan las banderas de Miguel y reivindican su nombre. Pero honrar su memoria no puede reducirse a pronunciar su nombre, utilizar su imagen o apropiarse de aquello que representó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquella afirmación puede ser bastante cuestionada, y no quiero que se me malinterprete. El Gobierno de Abelardo de la Espriella, en efecto, ha representado un cambio de 180 grados para el país. Se trata de un hombre que ha demostrado un talante decidido para adelantar sus propuestas, dispuesto a romper con el derroche y con la complacencia institucional a la que, en mi opinión, estuvimos acostumbrados durante cuatro años. También ha demostrado una determinación considerable para poner en jaque a los grupos al margen de la ley. Lo recalcó el señor De la Espriella durante su discurso de hoy: hizo referencia a la neutralización de alias «Robinson Gutiérrez», a quien las investigaciones de la Fiscalía y los comunicados oficiales han señalado como una persona presuntamente vinculada con la financiación y la planificación del asesinato de Miguel Uribe. De hecho, me atrevería a decir que el señor De la Espriella lo recalcó, sin exagerar, al menos cuatro veces. ¡Muy pertinente de su parte!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es precisamente aquí donde quiero abrir el debate sobre la figura del presidente, y es a veces frustrante ver cómo el señor De la Espriella convierte reiteradamente la memoria de Miguel en parte de su propio relato político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero dar un paso atrás y volver a las elecciones presidenciales de las cuales Miguel era precandidato. Quiero citar las palabras de su amigo y mi compañero, Andrés Forero: «<em>No sé si Miguel hubiera ganado las pasadas elecciones, pero tengo la íntima convicción de que, más temprano que tarde, él hubiera sido presidente de Colombia. Ya nunca lo sabremos, y eso ya no importa».</em> Y quizá tenga razón. Lo verdaderamente importante es observar cómo, después de un magnicidio tan menesteroso, se desenvolvieron las elecciones en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la segunda vuelta —sin ánimo de faltar al respeto— nos encontramos frente a dos posibilidades políticas que, en buena medida, terminaron apelando a las palabras más atractivas y a las emociones más latentes, saltándose de forma olímpica los principios que Miguel tanto resaltó. Eran, en síntesis, ¡dos pusilánimes! El debate se fue perdiendo. Los principios de los líderes, las propuestas y los discursos fueron desplazados por la política del <em>clickbait</em>, el espectáculo mediático y la confrontación desembocando en una honda polarización nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos, quizá, un tiempo de relativismo moral, como advertía el Dr. Álvaro Gómez Hurtado; un tiempo en el que se desdibuja la noción misma del bien y del mal, en el que la política pierde su dimensión ética, en el que prescriben los ideales y mueren los hombres. Ese mismo relativismo moral puede extenderse a cuestiones todavía más profundas: la concepción de Dios, de la vida y de la propia muerte. Y es precisamente frente a la muerte donde la figura de Miguel adquiere hoy una dimensión particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy puedo decir, con seguridad, que Miguel está más vivo que nunca en la memoria de quienes lo conocimos, de quienes creyeron en él y de quienes todavía encuentran en sus palabras una razón para pensar el futuro de Colombia. Pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de preguntarme si nosotros, como sociedad, nos estamos desvaneciendo en aquello que el Dr. Luis Carlos Galán advertía desde los años ochenta: una profunda crisis moral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una crisis que se manifiesta en la manera en que socavamos la dignidad humana, en que exponemos la muerte en bolsas blancas —y reconozco, por supuesto, el valor de los resultados militares y estratégicos del Gobierno—, pero esa no es la forma, presidente. No es la forma de darse rédito mediático y resaltar su circo permanente. Apelar a un populismo punitivo. Donde se manifiesta también ser el Gobierno de los «nunca» y terminar con los de «siempre»… Cuando incluso la fe cristiana corre el riesgo de ser reducida a un simple eslogan político. Así que, señores, no lo olviden: ¡viva Cristo Rey!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces pregunto: ¿dónde ha quedado la moral, la coherencia y los principios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alfonso López Pumarejo lo dijo hace muchísimo tiempo: «Este rasgo de nuestra democracia se ha ido marchitando con el transcurso del tiempo (&#8230;) El discurso en tono mayor, en la plaza pública o en el Parlamento, se hace cada día más escaso». Y quizá esa advertencia encuentre hoy una nueva resonancia en las palabras de Gaitán, cuando afirmaba que «malaventurados los que en el gobierno ocultan tras sus bondades las palabras de la impiedad». ¿Hasta cuándo, señores lectores, seguiremos profundizando la polarización en lugar de recuperar el tono mayor de la política, aquel en el que el debate público vuelve a estar guiado por principios y no por la confrontación ideológicamente sesgada?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente desde esa preocupación que quiero dirigirme al presidente de la República. Sé que es un hombre preparado, un jurista que reconoce y respeta la Constitución. Pero precisamente por eso considero legítimo preguntarnos: ¿su elección fue verdaderamente el resultado de sus virtudes y de la confianza depositada en sus propuestas, o estuvo también atravesada por una estrategia política destinada a dividir al país, a enfrentarnos mediante el miedo y las diferencias ideológicas? No me cabe duda de que Miguel hubiera hecho de verdad una agrupación nacional. ¿Qué pensaría él al ver el país tan dividido ahora por egos y extremismos políticos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si algo debiese enseñarnos la historia de Miguel Uribe es que la política tiene que ser una discusión sobre el país que queremos construir y sobre los principios que estamos dispuestos a defender para hacerlo posible. Y quizá esa sea la pregunta que hoy debemos hacernos: después de Miguel, ¿qué clase de país queremos ser?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy vuelvo a sus palabras y con el sentimiento hondo de dolor de su partida: «Si con el porqué uno se lamenta, con él para qué uno se inspira». No sabremos los devenires de nuestra política actual, ni de cómo trabajará este Gobierno, al que también le deseo lo mejor, pero en el que siempre ha faltado, en mi opinión, principios, coherencia y moralidad. Y esa era la mayor certeza de Miguel: que, a pesar de todo, vale la pena creer en este país y trabajar incansablemente por él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como joven, la muerte de Miguel tocó mi puerta, y la muerte y la violencia siguen tocando la puerta de miles de colombianos más ahora. Solo quiero ver su vida como la creación de un símbolo que convoque un movimiento de restauración, como lo hacen unos buenos compañeros de Miguel y agrupaciones políticas y juveniles, pero no reducirlo a las banderas de un líder político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminando con este tema tan abyecto de la muerte, en sus épocas de cuentista, el Dr. Gómez Hurtado afirmó: «No se preocupe por mi sufrimiento, lo que no duele no es la muerte, sino lo que va quedando de vida».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí… de vida política, por lo menos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133820</guid>
        <pubDate>Thu, 08 Oct 2026 13:29:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Honrar no es usar: sobre el legado de Miguel Uribe]]></media:description>
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        <title>¿Qué hace un inglés durante seis décadas intentando entender a Colombia?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/que-hace-un-ingles-durante-seis-decadas-intentando-entender-a-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay personajes que estudian un país y otros que, casi sin proponérselo, terminan formando parte de su historia. Malcolm Deas pertenece a una categoría más extraña. Llegó desde Oxford a Colombia cuando todavía era posible que un historiador extranjero se acercara a un país sin la ansiedad de explicarlo todo de inmediato y comenzó a [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">Hay personajes que estudian un país y otros que, casi sin proponérselo, terminan formando parte de su historia. Malcolm Deas pertenece a una categoría más extraña. Llegó desde Oxford a Colombia cuando todavía era posible que un historiador extranjero se acercara a un país sin la ansiedad de explicarlo todo de inmediato y comenzó a estudiar sus guerras, sus partidos, sus presidentes, sus instituciones, sus élites y sus contradicciones. Lo que iba a ser, quizá, una estación intelectual terminó convirtiéndose en una relación de seis décadas con un país que nunca dejó de intentar comprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué vio Malcolm Deas en Colombia? ¿Qué encontró aquí para quedarse durante tanto tiempo? ¿Y qué puede revelar la vida de un historiador inglés sobre la historia de los colombianos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son preguntas que atraviesan <em>Malcolm Deas: retrato del inglés que hizo de Colombia su historia</em>, el libro que he escrito a partir de conversaciones con Deas, testimonios de familiares, amigos, colegas y discípulos, y una revisión de sus principales trabajos. El libro, publicado por Ediciones Uniandes, reconstruye una relación poco común entre un hombre y un país, pero también intenta hacer algo más ambicioso: utilizar la vida de un historiador como una forma de volver a recorrer la historia intelectual y política de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de Deas tiene algo difícil de clasificar. No es exactamente la historia de un extranjero fascinado por un país exótico, ni la de un académico que encontró en Colombia un objeto de estudio conveniente. Tampoco es simplemente la biografía de un historiador. A medida que uno sigue sus pasos aparecen las guerras civiles, los partidos políticos, los presidentes, las universidades, los archivos, los periódicos, las conversaciones privadas, los debates intelectuales y varias generaciones de colombianos que terminaron cruzándose con él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está quizá la particularidad de su historia: para entender a Malcolm Deas hay que terminar hablando de Colombia, y para entender algunas cosas de Colombia resulta inevitable encontrarse con Malcolm Deas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuatro expresidentes de Colombia hacen parte del libro, junto con intelectuales, investigadores, escritores, profesores y discípulos que permiten reconstruir no solamente la trayectoria de un hombre, sino también una parte de la vida intelectual del país durante las últimas seis décadas. Deas aparece entonces como una especie de hilo secreto que conecta momentos y generaciones que normalmente estudiamos por separado.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="957" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg" alt="" class="wp-image-133703" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg 700w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/unnamed-5.jpg?resize=219,300 219w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Su mirada sobre Colombia tuvo, además, una característica poco frecuente. Deas nunca pareció interesado en fabricar una teoría total sobre el país. Su trabajo se detuvo muchas veces en aquello que otros consideraban demasiado particular: una elección, un presidente, una guerra, una estadística, una institución, una disputa entre partidos, una frase pronunciada en el momento preciso. Había en esa manera de mirar una desconfianza saludable frente a las grandes explicaciones que pretenden resolver un país entero con una sola idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso su lectura de Colombia sigue siendo tan fértil. En un país acostumbrado a explicarse mediante grandes palabras —violencia, desigualdad, polarización, narcotráfico, conflicto— Deas obligaba a volver a los documentos, a los nombres propios, a las fechas, a los hechos y a las particularidades. Antes de explicar Colombia había que leerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay también algo casi novelesco en el punto de partida. Un joven historiador formado en Oxford llega a un país que, en principio, podría haber sido apenas un capítulo de su carrera y termina permaneciendo en él, intelectual y afectivamente, durante décadas. Conoce a presidentes, historiadores, políticos, escritores y profesores; atraviesa cambios profundos de la sociedad colombiana; forma nuevas generaciones de investigadores y construye, con paciencia, una biblioteca mental sobre el país que difícilmente otro extranjero haya levantado de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El detalle importa porque la historia de Colombia también puede contarse desde quienes llegaron a ella sin pertenecer originalmente a sus disputas. Un extranjero puede tener una distancia que los colombianos perdemos precisamente porque vivimos dentro de nuestras propias explicaciones. Pero esa distancia, en el caso de Deas, nunca significó indiferencia. Con el paso de los años, el observador terminó convertido en una suerte de testigo íntimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea una de las paradojas más interesantes de su trayectoria: cuanto más estudiaba Colombia, menos podía ser considerado simplemente un extranjero que estudiaba a Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El prefacio del libro está escrito por James A. Robinson, premio Nobel de Economía, cuya obra sobre las instituciones y el desarrollo de las sociedades ha dialogado, desde otra perspectiva, con algunas de las preguntas que Deas formuló durante décadas sobre Colombia. Hay en ese encuentro intelectual una coincidencia interesante: tanto desde la historia como desde la economía institucional aparece la necesidad de mirar más allá de las explicaciones inmediatas y preguntarse por las instituciones, las decisiones, las circunstancias históricas y las personas que terminan moldeando el destino de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el libro no pretende convertir a Deas en una estatua académica. Me interesaba más el hombre detrás del historiador, sus conversaciones, sus obsesiones, sus amistades, sus recuerdos, sus silencios y también las personas que fueron construyendo con él esa relación particular con Colombia. Por eso el libro se mueve entre el perfil periodístico, la investigación histórica y el ensayo, entre la memoria y los documentos, entre lo que Deas recuerda y lo que otros recuerdan de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de quién fue Malcolm Deas. Se trata de qué Colombia aparece cuando uno decide mirar el país a través de los ojos de un inglés que pasó seis décadas intentando entenderlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aparece una Colombia menos cómoda que la de nuestras explicaciones habituales: una Colombia hecha de instituciones frágiles y persistentes, de guerras que dejaron marcas profundas, de élites, partidos y universidades, pero también de individuos concretos que intentaron, a veces con éxito y otras sin él, comprender el lugar en el que estaban viviendo. Una Colombia que no cabe del todo en las categorías con las que solemos describirla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso la vida de Malcolm Deas termina siendo una manera inesperada de contar nuestra propia historia. El extranjero llegó buscando entender Colombia y, con el paso del tiempo, Colombia terminó formando parte de su propia biografía. La pregunta que queda para nosotros es quizá la inversa: después de seis décadas en las que Deas intentó descifrarnos, ¿qué hemos aprendido nosotros al mirarnos a través de sus ojos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El próximo 27 de octubre, a las 5:30 de la tarde, esa conversación llegará al Gimnasio Moderno, en Bogotá. El lanzamiento tendrá lugar en la Biblioteca del Gimnasio Moderno, en la carrera 9 #74-99, y contará con un panel que permite ampliar la conversación más allá de la figura de Deas. Participarán <strong>Paca Zuleta</strong>, profesional distinguida de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes; <strong>Gustavo Bell</strong>, historiador, periodista, abogado y exvicepresidente de Colombia; <strong>Alejandro Gaviria </strong>ex rector de la Universidad de los Andes  y yo, como autor del libro. La conversación será moderada por el periodista Alejandro Santos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una mesa particularmente apropiada para un libro que cruza historia, instituciones, política, academia y memoria. Paca Zuleta aporta una mirada desde la reflexión sobre el gobierno y las instituciones; Gustavo Bell, desde la historia y su propia experiencia en la vida pública; Alejandro Gaviria, desde una trayectoria que también ha unido la academia, las políticas públicas y el debate intelectual. Y en el centro de la conversación estará Malcolm Deas, un historiador que llegó desde Oxford y terminó haciendo de Colombia una parte fundamental de su propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá no haya mejor manera de presentar este libro que volver a la pregunta que lo atraviesa: <strong>¿qué hace un inglés durante seis décadas intentando entender a Colombia?</strong> La respuesta, después de todo, puede decir tanto sobre Malcolm Deas como sobre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Thu, 01 Oct 2026 16:25:25 +0000</pubDate>
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        <title>La colección Pérez, la ciudad y el espejo latinoamericano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-coleccion-perez-la-ciudad-y-el-espejo-latinoamericano/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una noche de septiembre, en medio de ArtBO, recibí una invitación para sostener una conversación con algunos de los responsables de una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes vinculadas a América Latina. Acepté por varias razones. La primera, porque mirar el arte latinoamericano sigue siendo una de las maneras más precisas de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Una noche de septiembre, en medio de ArtBO, recibí una invitación para sostener una conversación con algunos de los responsables de una de las colecciones privadas de arte contemporáneo más importantes vinculadas a América Latina. Acepté por varias razones. La primera, porque mirar el arte latinoamericano sigue siendo una de las maneras más precisas de entender el estado de nuestras sociedades, sus tensiones, sus conflictos, sus transformaciones y sus contradicciones. La segunda, porque detrás de esa colección existe una historia que trasciende ampliamente el mundo del arte. Es una historia de migración, de construcción institucional, de movilidad social, de filantropía y de una región que todavía busca entenderse a sí misma. Y la tercera, porque la conversación ocurría en Bogotá, una ciudad clave para América Latina, un punto de encuentro donde convergen universidades, centros culturales, galerías, editoriales, artistas e investigadores. Pocas ciudades de la región reúnen hoy una infraestructura cultural de esta escala y una capacidad similar para conectar distintas conversaciones latinoamericanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También me interesaba la conversación por una razón menos evidente: pocas veces hablamos en América Latina del papel que han desempeñado los privados en la construcción de cultura. Buena parte de las grandes instituciones culturales del mundo no existirían sin coleccionistas, empresarios, fundaciones, universidades, mecenas y ciudadanos que decidieron convertir parte de su patrimonio en patrimonio colectivo. Museos, bibliotecas, teatros, universidades, centros de investigación y colecciones que hoy consideramos parte natural de la historia cultural de una sociedad fueron, en muchos casos, el resultado de decisiones privadas que terminaron produciendo consecuencias públicas. La cultura no ha sido construida únicamente desde los Estados. También ha sido levantada durante siglos por personas y familias que entendieron que acumular capital podía tener una segunda consecuencia: crear instituciones capaces de sobrevivir a sus propios fundadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noche transcurría en Casa Riegner, en el corazón de Chapinero, un barrio que durante los últimos años ha aparecido recurrentemente en distintos listados internacionales como uno de los sectores urbanos más interesantes del mundo. Puede sonar exagerado para quien todavía conserva la imagen de una Bogotá gris y caótica, pero basta caminar unas pocas cuadras para entender por qué. Allí conviven casas republicanas recicladas, galerías de arte contemporáneo, estudios creativos, librerías independientes, restaurantes, cafés y una generación de emprendedores culturales que ha ido transformando el paisaje urbano de una ciudad históricamente más preocupada por sobrevivir que por proyectarse. Chapinero es hoy una especie de laboratorio donde se mezclan las virtudes y las contradicciones de la nueva Bogotá: creatividad y desigualdad, sofisticación y precariedad, cosmopolitismo y tensiones sociales. No deja de ser simbólico que una conversación sobre América Latina, migración, arte, arquitectura y cultura ocurra precisamente allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el preámbulo de ArtBO, Related Group —la firma fundada por el empresario y coleccionista colombo-argentino Jorge Pérez— ofrecía una mirada particularmente interesante sobre esa relación entre capital, ciudad y cultura. Pérez, reconocido por figurar en la lista Fortune 500, es el desarrollador inmobiliario más prolífico de Florida después de haber entregado más de 120.000 unidades de vivienda, pero su trayectoria también permite entender cómo una historia empresarial puede terminar convirtiéndose en una historia cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso resultaba tan interesante escuchar sobre el sentido mismo de coleccionar. Cuando pensamos en una colección solemos imaginar una acumulación de objetos valiosos. Sin embargo, durante la conversación apareció otra definición. Una colección puede ser un organismo vivo, una búsqueda permanente, una manera de estudiar el mundo a través del arte y de mantener una curiosidad constante frente a nuevas voces y nuevas miradas. Lo interesante es que esa colección suele ser identificada como latinoamericana cuando en realidad funciona de una manera mucho más compleja. El objetivo no consiste únicamente en reunir artistas latinoamericanos sino en generar conversaciones entre experiencias humanas diversas, estableciendo vínculos entre artistas de América Latina, África, Estados Unidos y otras regiones del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo profundamente revelador en esa idea porque refleja una transformación más amplia de nuestra época. Durante décadas América Latina fue observada como una categoría relativamente homogénea, una región definida por ciertas experiencias históricas compartidas. Hoy esa mirada resulta insuficiente. Las migraciones, la globalización, las nuevas tecnologías y la circulación de personas e ideas han producido identidades mucho más complejas. Las experiencias de un artista afrobrasileño pueden dialogar con las de un creador caribeño o con las de un artista africano sin necesidad de pasar por los marcos tradicionales de interpretación nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa visión también tiene que ver con la propia historia de la familia Pérez. Cuba, Colombia y Estados Unidos aparecen como estaciones de una misma trayectoria. La familia abandonó Cuba después de la revolución, pasó por Colombia y terminó construyendo en Florida una de las historias empresariales y culturales más notables de las últimas décadas. En tiempos donde la migración suele aparecer asociada exclusivamente a crisis, conflictos o problemas fronterizos, conviene recordar que la historia latinoamericana está llena de procesos migratorios que han producido innovación, riqueza, instituciones y cultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No deja de resultar llamativo que una familia marcada por la experiencia migrante haya terminado construyendo una de las plataformas culturales más influyentes vinculadas a América Latina en Estados Unidos. Hay una dimensión simbólica evidente en ello. Los latinos constituyen hoy una de las comunidades más numerosas e influyentes de Estados Unidos y, sin embargo, durante mucho tiempo su presencia cultural institucional fue menor de lo que sugería su peso demográfico. El Pérez Art Museum Miami constituye una excepción significativa dentro de ese panorama.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="614" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-133697" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg 2362w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?resize=300,180 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?resize=768,461 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?resize=1024,614 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?resize=1536,921 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PAMM-Arquitectonica-GEO-Photo-by-Robin-Hill-5.jpg?resize=2048,1229 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero más allá de los símbolos existe una cuestión de fondo. América Latina es una región de cerca de 660 millones de habitantes. Más de 500 millones comparten el español como lengua materna, convirtiendo al idioma en una de las grandes comunidades lingüísticas del planeta. Si se suman Brasil, España y las comunidades latinoamericanas distribuidas por Estados Unidos y Europa, las cifras son aún más impresionantes. Sin embargo, pocas veces pensamos en nosotros mismos como una conversación cultural integrada. Un colombiano suele saber más sobre Nueva York que sobre Montevideo. Un argentino puede estar más familiarizado con los debates franceses que con los colombianos. Un mexicano consume con frecuencia más información estadounidense que sudamericana. Compartimos idiomas, procesos históricos, desafíos económicos y experiencias sociales, pero seguimos mirándonos menos de lo que probablemente deberíamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una colección como esta adquiere una dimensión que trasciende lo artístico. Funciona como una excusa para mirarnos. Para reconocer que existen artistas extraordinarios produciendo obra en distintos rincones del continente y que muchas veces desconocemos esas conversaciones porque seguimos observando la región desde fragmentos nacionales demasiado estrechos. La propia curadora señalaba una realidad incómoda: América Latina posee una enorme calidad artística, pero gran parte de sus creadores carece todavía de suficiente visibilidad internacional. La observación podría extenderse mucho más allá del arte. La región produce escritores, investigadores, científicos, empresarios, cineastas y músicos de enorme nivel, pero con frecuencia carece de las instituciones necesarias para proyectarlos globalmente. Esa es una de las grandes diferencias entre las regiones que generan talento y aquellas que además construyen sistemas capaces de amplificarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese punto la conversación inevitablemente conduce hacia Miami. Durante décadas la ciudad fue considerada una periferia cultural de Estados Unidos, un lugar asociado principalmente con turismo, bienes raíces y entretenimiento. Hoy esa imagen resulta insuficiente. Miami se ha convertido en una de las capitales culturales de América Latina precisamente porque ha logrado reunir aquello que muchas veces permanece disperso en el resto de la región: capital, instituciones, artistas, coleccionistas y redes internacionales. La ciudad funciona como una plataforma donde distintas historias latinoamericanas se encuentran y dialogan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda conversación de la noche permitió observar otra dimensión de esa transformación. Nick Pérez, hijo de Jorge Pérez y responsable de algunos de los desarrollos inmobiliarios más importantes de Related Group, hablaba desde el mundo de la construcción, el urbanismo y los negocios. Sin embargo, las preguntas terminaron conduciendo hacia asuntos mucho más amplios. ¿Qué significa el lujo hoy? ¿Cómo cambia una ciudad? ¿Qué papel juegan la tecnología, la salud y el tiempo en las nuevas aspiraciones de las élites urbanas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su respuesta resultó particularmente interesante porque se alejaba de la imagen tradicional del lujo asociada exclusivamente al consumo. Durante años el lujo estuvo vinculado a materiales costosos, ubicaciones privilegiadas y servicios exclusivos. Después de la pandemia, explicaba, comenzó a producirse una transformación. El espacio, el bienestar, la salud y la calidad de vida adquirieron una importancia creciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un momento de la conversación apareció una pregunta aparentemente sencilla: ¿cuál es el lujo supremo? La respuesta fue inmediata. Tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La frase puede parecer obvia, pero contiene una observación profunda sobre nuestra época. Nunca habíamos contado con tantas tecnologías destinadas a ahorrar tiempo y, sin embargo, pocas generaciones han sentido una escasez tan intensa de él. La nueva obsesión de muchas élites globales ya no parece ser la acumulación de objetos sino la búsqueda de bienestar, longevidad y calidad de vida. Salud, tiempo y atención se han convertido en recursos tan escasos como valiosos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="668" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-4.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-133698" style="width:632px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-4.jpg 835w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-4.jpg?resize=196,300 196w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-4.jpg?resize=768,1177 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-4.jpg?resize=668,1024 668w" sizes="auto, (max-width: 668px) 100vw, 668px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Lo curioso es que el arte comparte algo de esa lógica. Una gran obra exige tiempo. Una exposición exige tiempo. Una colección exige décadas. Tal vez por eso las grandes colecciones funcionan también como una forma de resistencia frente a la aceleración permanente del presente. Coleccionar arte implica apostar por conversaciones largas, por procesos que exceden los ciclos políticos, las modas económicas o las tendencias tecnológicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inteligencia artificial apareció inevitablemente en la entrevista. Nick Pérez explicaba cómo las nuevas herramientas están transformando procesos de coordinación, diseño y eficiencia dentro de la industria de la construcción. Sin embargo, más allá de la tecnología, lo que resultaba interesante era una idea recurrente: la innovación no consiste necesariamente en inventar algo completamente nuevo sino en encontrar mejores maneras de hacer las cosas. Una definición menos espectacular, quizás, pero probablemente más útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al abandonar la galería y regresar a las calles de Chapinero pensé que, en realidad, las dos conversaciones habían girado alrededor de una misma pregunta. ¿Cómo se construye un legado? La curadora respondía a través del arte. Nick Pérez respondía a través de la ciudad. Jorge Pérez parece haber intentado hacerlo a través de ambos caminos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tal vez esa sea la enseñanza más interesante de la noche. América Latina suele producir individuos extraordinarios, pero con demasiada frecuencia fracasa en la construcción de instituciones duraderas. Nos fascinan las biografías exitosas, pero prestamos menos atención a los museos, universidades, fundaciones, centros culturales y espacios de encuentro que permiten que aparezcan nuevas generaciones de artistas, investigadores y creadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una colección de arte no resolverá los problemas estructurales de la región. Tampoco un museo. Ni una galería. Pero pueden contribuir a algo igualmente importante: ayudarnos a reconocernos. A entender que compartimos una conversación mucho más amplia de lo que solemos imaginar. A descubrir que detrás de nuestras diferencias nacionales existe una experiencia histórica común que todavía estamos aprendiendo a narrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso, más que una colección de arte, la colección Pérez termina funcionando como una colección de historias latinoamericanas. Historias de migración, de reconstrucción, de éxito, de memoria, de curiosidad intelectual y de construcción institucional. Y también una historia sobre una idea que convendría discutir mucho más en nuestra región: la cultura no es un adorno de la prosperidad, sino una de las formas más sofisticadas de construirla. El aporte de los privados, cuando se traduce en instituciones, colecciones, museos, fundaciones, espacios de encuentro y circulación de ideas, puede terminar formando parte de aquello que una sociedad considera su patrimonio común. En una región acostumbrada a observarse a través de los ojos de otros, todavía queda mucho por ganar cuando aprendemos a mirarnos, conocernos y valorarnos un poco más entre nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133695</guid>
        <pubDate>Wed, 30 Sep 2026 17:09:39 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La colección Pérez, la ciudad y el espejo latinoamericano]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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