<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/search/musica%2Bde%2Bla%2Bnaturaleza/feed/rss2/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 24 Oct 2026 01:36:50 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.1.3</generator>

<image>
	<url>https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/09/cropped-favicon-96.png?quality=60&#038;w=32</url>
	<title>You searched for musica+de+la+naturaleza | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">256899664</site>        <item>
        <title>¿Para qué sirve el arte?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/para-que-sirve-el-arte/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un amigo me decía que el arte solo sirve para decorar paredes y llenar espacios vacíos con objetos atractivos. Sí, el arte sirve para embellecer el espacio que habitamos, pero no solo para eso. Paul Klee No todo lo bello es artístico y no todo lo artístico es bello, pero es cierto que la belleza [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Un amigo me decía que el arte solo sirve para decorar paredes y llenar espacios vacíos con objetos atractivos. Sí, el arte sirve para embellecer el espacio que habitamos, pero no solo para eso.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="808" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Abstraction_with_Reference_to_a_Flowering_Tree_by_Paul_Klee_1925_oil_on_carton_-_National_Museum_of_Modern_Art_Tokyo_-_DSC06558.jpg" alt="" class="wp-image-134260" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Abstraction_with_Reference_to_a_Flowering_Tree_by_Paul_Klee_1925_oil_on_carton_-_National_Museum_of_Modern_Art_Tokyo_-_DSC06558.jpg 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Abstraction_with_Reference_to_a_Flowering_Tree_by_Paul_Klee_1925_oil_on_carton_-_National_Museum_of_Modern_Art_Tokyo_-_DSC06558.jpg?resize=297,300 297w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Abstraction_with_Reference_to_a_Flowering_Tree_by_Paul_Klee_1925_oil_on_carton_-_National_Museum_of_Modern_Art_Tokyo_-_DSC06558.jpg?resize=768,776 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Paul Klee</p>



<p class="wp-block-paragraph">No todo lo bello es artístico y no todo lo artístico es bello, pero es cierto que la belleza ha sido y es uno de los atributos más buscados al fabricar un artefacto o ejecutar una acción. No por otra razón al estudio del arte se lo llama estética. Preferimos lo bello a lo feo. Lo bello es la carnada que nos hace morder, pues ante la belleza respondemos con sentimientos de deseo. Apreciar la belleza fue el truco que se «inventó» la naturaleza para hacernos decidir por lo que nos era conveniente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando un objeto o el resultado de una acción están por encima de lo acostumbrado, cuando al percibirlos nos emocionamos porque detectamos que son mejores que todo lo que hemos percibido de esa misma clase, los subimos de categoría y nos inventamos una para ello: la categoría del arte. Un objeto puede ser una pintura, un ánfora griega, un poema, una novela o una sonata; una acción puede ser un ballet, una ejecución de violín o de piano, o un <em>performance</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Optimizar una acción o un objeto tiene una consecuencia inmediata: les aumenta el valor. Cuando aumentamos el valor de algo, lo cuidamos más, lo conservamos, lo apreciamos de una manera distinta. Como esas cosas que alcanzan lo óptimo sirven para capturar nuestra atención y hacernos sentir el deseo de poseerlas, de acercarnos o de repetirlas, sirven también para doblegarnos o dominarnos. Este es el aspecto ético del arte: puede ser usado para el bien y también para el mal. Llevar un asunto a la condición de artístico ha sido muy útil para dominar, para crear necesidades, para vender un producto, para escandalizar, para crear compromisos, para validar acciones, para creer en mentiras o en verdades, y para adorar a reyes y a divinidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La capacidad más extraña que posee el arte es la de hacer sentir los mismos efectos que produce el enamoramiento: sobrecogimiento, placer mental y físico, estado contemplativo y de entrega, ansias de posesión, deseos de llorar o de sonreír, y la sensación de que la vida es más profunda y de que nos hemos vuelto, de repente, trascendentales. El significado de lo que nos rodea cambia, se torna más denso. Cuando se tiene una experiencia artística de alto nivel, uno se siente cambiado por dentro. Uno quiere cerrar los ojos y no ver nada más, taparse los oídos y no oír, aislarse y no recibir información del mundo exterior para alargar el ensimismamiento y sumergirse todavía más en la sensación que la obra produjo. Uno quiere hundirse en el océano del asombro profundo, cálido y lleno de un significado que sabemos que apenas intuimos, pero que no hemos resuelto. Uno necesita tiempo para reorganizar la nueva información que irremediablemente nos modificó algo por dentro</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte puede actuar como sustituto del amor; quizá por eso nos parece una cosa tan seria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte sirve para multiplicar la vida, para vivirla dos o tres veces. Cuando uno reconoce una emoción dada y encuentra un poema o una novela que la explica, la recrea y la lleva más lejos, uno vuelve a vivir eso que vivió, pero con más reflexión y mayor comprensión. Cuando la música acompaña ciertos momentos de la vida, permite traerlos al presente —bueno, si no se la oye en demasía, solo de vez en cuando—.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Usando el arte uno puede hacer más visibles y significativas las experiencias. Usando artefactos artísticos, uno puede recrear ideas mentales, experiencias reales o sueños. Una vida que no ha sido contaminada por el arte es muy sosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134259</guid>
        <pubDate>Sun, 18 Oct 2026 13:44:20 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Para qué sirve el arte?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">134259</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Las voces de la naturaleza que dieron vida a Macondo: así se construyó el paisaje sonoro de Cien años de soledad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/las-voces-de-la-naturaleza-que-dieron-vida-a-macondo-asi-se-construyo-el-paisaje-sonoro-de-cien-anos-de-soledad/</link>
        <description><![CDATA[<p>El aire acondicionado de la habitación de Diego Calderón dejó de funcionar cuando él y su equipo ya se habían acostado, agotados después de una jornada de grabación en el Caribe colombiano. Al abrir la ventana, el biólogo y observador de aves escuchó algo que no había sonado cuando se fue a dormir: un coro [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>La adaptación de la novela Cien años de soledad incorporó sonidos reales del Caribe colombiano para construir el paisaje sonoro de Macondo.</em></li>



<li><em>La serie de Netflix incorporó sonidos de cerca de 95 especies de aves y cinco de anfibios y lagartos, además de mamíferos e insectos.</em></li>



<li><em>Un biólogo y un sonidista grabaron en ambientes que van de bosques secos y zonas rurales a bosques conservados y humedales de la región.</em></li>



<li><em>La grabación de aves silvestres en cautiverio evidenció la presión del tráfico ilegal, mientras que el equipo apuesta por que los sonidos de la serie despierten interés por la biodiversidad y contribuyan a su conservación.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El aire acondicionado de la habitación de Diego Calderón dejó de funcionar cuando él y su equipo ya se habían acostado, agotados después de una jornada de grabación en el <strong>Caribe colombiano</strong>. Al abrir la ventana, el biólogo y observador de aves escuchó algo que no había sonado cuando se fue a dormir: <strong>un coro de ranas</strong> que comenzaba a llenar la noche. Despertó al sonidista Sebastián Martínez y, cerca de la una de la madrugada, ambos volvieron a sacar sus equipos para registrar aquellos sonidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La grabación fue una coincidencia, pero también una muestra de la atención que exigía el trabajo: escuchar lo que aparecía, reconocerlo y encontrar la manera de capturarlo antes de que desapareciera. Esos sonidos terminarían integrados al paisaje sonoro de <strong><em>Cien años de soledad</em></strong>, la adaptación de Netflix de la novela del escritor colombiano <strong>Gabriel García Márquez</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/10/america-latina-caribe-caida-poblaciones-fauna-silvestre-informe-planeta-vivo/">Leer más: Las poblaciones de fauna silvestre cayeron un 95 % en América Latina y el Caribe en últimos 50 años | INFORME</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280169"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13000305/Diego-foto-bio-German-Restrepo-Aricapa-%40germanrpo-2.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280169" style="aspect-ratio:1.7773620205799814;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Diego Calderón, biólogo y observador de aves colombiano. Foto: cortesía Germán Restrepo Aricapa / @germanrpo</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Es un sonidito muy leve y seco, como un <em>crrr, crrr</em>, que se repite cada tanto y puede que alguien lo escuche en la serie y lo confunda con un insecto, pero es el sonido de una rana venenosa que grabamos en el Caribe colombiano”, describe Calderón. “En el momento en que está todo en silencio y que no suena nada, por allá al fondo, a lo lejos, <em>crrr, crrr</em>, suena la ranita. Y eso hace que el televidente se aterrice a que esa escena es real y está en un paisaje donde había vida”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante cinco o seis días de trabajo en campo, Calderón y Martínez reunieron más de 30 gigabytes de grabaciones. El material incluyó <strong>cantos de cerca de 95 especies de aves, sonidos de cinco especies de anfibios y lagartos, varios mamíferos e insectos, además del viento, el agua y animales domésticos.</strong> La misión era construir una biblioteca sonora que permitiera escuchar un <strong>Macondo</strong> arraigado en los ambientes del Caribe colombiano, la región que inspira la geografía ficticia de la novela.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280167"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12234129/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.38.11-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280167" style="aspect-ratio:1.5139442231075697;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Guacharaca (Ortalis garrula). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La necesidad surgió cuando el equipo de <a href="https://la-tina.co/inicio-esp/"><strong>La Tina</strong></a>, el estudio colombiano encargado del diseño sonoro, visitó el lugar donde se filmó la serie. Para Andrés Silva, gerente del estudio, el paisaje acústico del rodaje no correspondía al universo que la historia necesitaba. La producción se realizó en el departamento del Tolima, en el interior del país, mientras que Macondo remite al Caribe, con sus propios sonidos, acentos y relaciones con la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El caribe de colombiano es uno de los lugares donde hay mayor variedad de pájaros en el mundo”, explica Silva, diseñador de sonido e ingeniero de mezcla para audiovisuales. “Quisimos conseguir no solo fauna y sonidos de la zona —los ríos, el mar, el viento—, sino también el acento que en la costa es muy especial, por eso grabamos unos 150 extras para poder representar la actividad del pueblo. Eso fue una tarea muy interesante”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280170"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001244/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-5.10.38-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280170" style="aspect-ratio:0.8940972222222222;width:1030px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Martejas, primates nocturnos del género Aotus. Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://tinyurl.com/MongabayLatamWA" target="_blank" rel="noopener"></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Recibe los contenidos de Mongabay Latam en tu WhatsApp</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://tinyurl.com/MongabayLatamWA" target="_blank" rel="noopener"></a></p>



<h2 class="wp-block-heading">Del bosque seco a la ciénaga: los ambientes de Macondo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Calderón, biólogo y fundador de <strong><a href="https://www.instagram.com/diegocolbirding/">Colombia Birding</a></strong>, recibió el encargo a través de <strong><a href="https://www.wherenext.com/blog/the-hidden-sounds-of-one-hundred-years-of-solitude">WhereNext</a></strong>, agencia creativa y productora audiovisual con la que había trabajado en proyectos anteriores. La primera temporada ya estaba filmada y editada, y sus escenas incluían sonidos procedentes de bibliotecas comerciales que no necesariamente correspondían a la fauna colombiana. La propuesta fue sustituir esos registros por sonidos capturados en la región que inspiró la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El reto consistía en recorrer distintos ambientes en muy poco tiempo, por lo que diseñaron una ruta por el Caribe, <strong>entre La Guajira y los alrededores de la Sierra Nevada de Santa Marta.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En la interpretación de la geografía de la serie, narra Calderón, el recorrido comienza en un territorio árido, con cactus y vegetación adaptada a la escasez de agua; después asciende hacia montañas que evocan páramos y cumbres nevadas, para finalmente descender hacia las ciénagas donde se funda el pueblo. No se trataba de encontrar un único lugar que correspondiera a Macondo, explica el especialista, sino de reunir sonidos capaces de representar sus diferentes escenarios.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280166"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12233859/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.38.00-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280166" style="aspect-ratio:1.5043547110055424;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Saltarín dorsiazul (Chiroxiphia pareola). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Grabamos en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, porque esta gente subía a la sierra y debían tener aves completamente diferentes cantando allá arriba”, recuerda Calderón. “También grabamos en las zonas más bajas, <strong>en ambientes perturbados y rurales de fincas, de pastos ganaderos, de plátano</strong>… pero también grabamos en bosques en muy buen estado de conservación y en algunas zonas cenagosas o de humedales. Creo que cubrimos la mayor cantidad de hábitats y biorregiones posibles en el Caribe colombiano que permitieran a La Tina jugar al momento de diseñar el audio”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La búsqueda también incluyó sonidos de <strong>perros, gatos, burros, gallinas, cabras, ovejas y cerdos.</strong> Estos últimos eran especialmente pertinentes por la presencia recurrente de la cola de cerdo en la historia de los Buendía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los marranos eran súper importantes, porque siempre está esa vaina en la serie de que les va a nacer un hijo con colita de marrano, por eso tenían que estar sus sonidos”, ríe Calderón.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280171"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001519/Sebastian-GRABANDO-1.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280171" style="aspect-ratio:0.802784222737819;width:1384px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">El sonidista Sebastián Martínez durante las grabaciones en el Caribe colombiano. Foto: cortesía Sebastián Martínez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las tareas más difíciles fue registrar aves en cautiverio. En la novela, José Arcadio Buendía llena Macondo de pájaros enjaulados y su algarabía se convierte en parte de la vida del pueblo. Durante una salida, Calderón y Martínez vieron una jaula en una casa y pidieron permiso para grabar. <strong>Al entrar, descubrieron decenas de aves silvestres capturadas por comerciantes ilegales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eran unos comerciantes de aves que las capturaban en el monte”, recuerda el biólogo. “Tenían decenas de pájaros. Fue una escena que yo nunca había visto. Es normal ver uno o dos pájaros enjaulados, todo el mundo tiene una lora a la que quieren, pero la tienen secuestrada, básicamente. <strong>Pero ellos tenían decenas de pájaros en jaulas.</strong> Para mí fue muy difícil. Estuve casi llorando. Estaba grabando porque era necesario para la serie, pero fue muy duro”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280165"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12233500/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-4.28.55-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280165" style="aspect-ratio:1.5031645569620253;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Periquito bronceado (Brotogeris jugularis). Foto: cortesía Rodrigo Gaviria Obregón</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Las aves como personajes</h2>



<p class="wp-block-paragraph">De las cerca de 95 especies de aves registradas, algunas fueron seleccionadas desde el principio por su relación con personajes y situaciones de la novela. Uno de los ejemplos más claros son las <strong>oropéndolas</strong>, conocidas localmente en Colombia como gulungos o mochileros por sus nidos colgantes. Sus vocalizaciones tienen una cualidad extraña, casi electrónica, que llamó la atención de los diseñadores sonoros. Por eso se asociaron con Melquíades, el personaje misterioso que lleva a Macondo objetos, conocimientos e ideas que alteran la vida de sus habitantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los gulungos tienen un sonido muy futurista, muy de sintetizador o computacional, y lo hacen además mientras se paran en el nido y se mecen hacia adelante”, describe Calderón. “Es un sonido muy raro, muy sui generis y desde el principio La Tina quería que tratáramos de grabar gulungos para el <em>leitmotiv</em> [el sonido característico] de Melquíades”.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280163"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232440/Gulungo-o-Mochilero-%40MemoGomezFoto.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280163" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Gulungo o mochilero (Psarocolius decumanus). Foto: cortesía @MemoGomezFoto</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para la plaza y el bullicio del pueblo se buscaron loros, guacamayas y pericos.</strong> El bichofué <em>(Pitangus sulphuratus)</em>, un ave ruidosa y común en ambientes habitados, contribuiría a evocar la cotidianidad de las localidades caribeñas. También se incorporaron aves nocturnas, cuyos cantos podían acompañar momentos de tensión o anticipar que algo estaba por ocurrir.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280160"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12231911/Bichofue-%40MemoGomezFoto.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280160" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Bichofué (Pitangus sulphuratus). Foto: cortesía @MemoGomezFoto</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Otro vínculo particularmente cuidadoso fue el de Rebeca, quien come tierra o barro cuando siente miedo. Calderón propuso asociarla con el <strong>cargabarro</strong>, un ave del género <em>Furnarius</em> que construye nidos de barro con forma de horno. Su canto acompaña algunas apariciones del personaje, lo que construyó una relación sutil entre el comportamiento del animal y la historia.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280161"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232152/Cargabarro-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280161" style="aspect-ratio:1.5007898894154819;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Cargabarro (Furnarius longirostris). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El banco de sonidos incluyó, además, <strong>un cuco conocido como sinfín</strong> <em>(Tapera naevia)</em>, cuyo canto repetitivo se escucha en distintos momentos de la serie. “Esa ave silba dos notas <em>‘sin-fin’</em>, por eso la gente le tiene ese nombre onomatopéyico”. Para Calderón, esa presencia ayuda a situar a Macondo en las tierras bajas del Caribe colombiano. <strong>Algunas personas le comentaron que reconocer esas aves les hizo recordar patios familiares, parques de pueblos y casas de sus abuelas en la región.</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280162"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232328/Sinfin-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280162" style="aspect-ratio:0.6668421052631579;width:1267px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Sinfín (Tapera naevia). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El trabajo también se extendió a los mamíferos. En el caso de los monos, Calderón pasó cerca de una hora bajo una tropa de aulladores que encontró hacia el final de la expedición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Muchas veces estaban en silencio, <strong>pero el silencio de una tropa de monos aulladores es cero silencioso</strong>”, describe Calderón. “O sea, el hecho de que no estén gritando o aullando, no hace que estén en mute: hay sonidos de conversaciones entre ellos, escuchas que se están rascando, alguna pelea, que están caminando en el techo del bosque, quebrando ramas y dejando caer frutas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los insectos también aportaron detalles menos evidentes. En una pausa, Calderón y Martínez acercaron micrófonos a un camino de hormigas y consiguieron registrar el sonido diminuto de sus pasos.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280172"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/13001736/Captura-de-pantalla-2026-10-12-a-las-5.08.17-p.m.png" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280172" style="aspect-ratio:1.7836812144212524;width:1880px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Monos aulladores (Alouatta seniculus). Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">De una biblioteca de sonidos a un paisaje vivo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para Andrés Silva, el desafío era convertir esa colección de registros en un entorno que acompañara la historia sin limitarse a ilustrar lo que aparecía en pantalla. El diseño sonoro debía responder también a una pregunta: <strong>¿a qué suena el realismo mágico?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto no es magia, esto no es <em>Harry Potter</em>; es más bien el absurdo de la vida real lo que hace que las historias sean fantásticas”, explica. La naturaleza debía sonar reconocible, pero también podía contribuir a la extrañeza y al tono poético de la serie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El conocimiento biológico ayudó a tomar decisiones concretas. <strong>La información entregada por Calderón incluía la identificación de las especies, sus hábitos diurnos o nocturnos, los ambientes donde viven y su relación con las personas.</strong> Ese contexto permitía saber, por ejemplo, qué ave podía escucharse cerca de una casa y cuál correspondía mejor a un bosque apartado.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280164"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12232636/Buhito-o-Pavita-Diego-Calderon-Franco-%40diegoCOLbirding.jpeg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280164" style="aspect-ratio:1.7773620205799814;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Buhito o pavita (Glaucidium brasilianum). Foto: cortesía Diego Calderón-Franco / @diegoCOLbirding</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez recibidos los archivos curados y organizados, los diseñadores y mezcladores de La Tina escucharon el material con apoyo de un libro de aves colombianas y comenzaron a relacionar las especies con personajes, lugares y escenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La construcción final fue mucho más amplia que una sucesión de cantos. Según Silva, la sesión de <em>Pro Tools</em> de la primera temporada de la serie tenía alrededor de 700 canales: diálogos, voces reconocibles de extras, murmullos de fondo, ambientes continuos y sonidos específicos que entraban y salían a medida que avanzaba la acción. A esa mezcla se sumaban puertas, carrozas y otros sonidos de la vida cotidiana. La sensación de un ecosistema completo dependía de cómo interactuaban todas esas capas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También importaba el silencio. Silva recuerda una escena en la que José Arcadio Buendía entra en un río y recibe, en una especie de sueño, la revelación del nombre de Macondo.</p>



<figure class="wp-block-image is-resized" id="attachment_280158"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/10/12231040/Verdulejo-Johnnier-Arango-%40TheAndeanBirder.jpg" alt="Cien años de soledad - Aves - Paisaje sonoro" class="wp-image-280158" style="aspect-ratio:1.499605367008682;width:1900px;height:auto" /><figcaption class="wp-element-caption">Verdulejo (Thraupis palmarum). Foto: cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Tú escuchas esa escena y es totalmente muda”</strong>, describe Silva. “Tienes un río que se ve muy potente y él está dentro, pero no suena nada. Es una composición como la música, con contrastes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Diego Calderón, el valor de llevar estas voces y sonidos del Caribe colombiano a millones de espectadores va más allá de la ficción: es una oportunidad para despertar curiosidad por las especies que comparten la vida cotidiana de las personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Uno no conserva lo que no ama y no ama lo que no conoce”, concluye el biólogo. “Me parece muy chévere que la gente, viendo Cien años de soledad, pueda sentir que está visitando el patio de la casa de su abuela en Mompox, en el Caribe colombiano. <strong>Eso ya hace que la serie tenga un componente de conservación y de apropiación.</strong> Eventualmente, algunas de estas especies pueden ser valoradas de una manera diferente a través de una pantalla que supuestamente no debería serlo porque es otra industria —la del entretenimiento—, pero que también puede desencadenar la conservación”.<br><strong><br><em>*Imagen principal:</em></strong> <em>Verdulejo (Thraupis palmarum). <strong>Foto:</strong> cortesía Johnnier Arango / @TheAndeanBirder</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por</em> <a href="https://es.mongabay.com/by/astrid-arellano/">Astrid Arellano</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/10/voces-naturaleza-macondo-paisaje-sonoro-cien-anos-de-soledad/" data-type="link" data-id="https://es.mongabay.com/2026/10/voces-naturaleza-macondo-paisaje-sonoro-cien-anos-de-soledad/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134069</guid>
        <pubDate>Tue, 13 Oct 2026 22:12:43 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/Verdulejo-Johnnier-Arango-@TheAndeanBirder-610x407-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=610" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las voces de la naturaleza que dieron vida a Macondo: así se construyó el paisaje sonoro de Cien años de soledad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">134069</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La Memoria toma Medellín</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-memoria-toma-medellin/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la vigésima edición de la Fiesta del Libro y la Cultura, que se realizará entre el 11 y el 20 de septiembre en el Jardín Botánico y el Parque Explora. Bajo el lema “Voz para los que no tenían voz”, la entidad llegará con una programación que incluye conversatorios, talleres, investigaciones, lanzamientos editoriales, actividades artísticas y espacios de encuentro con comunidades, víctimas, investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados en comprender mejor la historia reciente del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda es amplia, pero más allá de la cantidad de actividades, lo que llama la atención es la visión que parece atravesarla. Durante años, la memoria en Colombia estuvo asociada principalmente a la reconstrucción de hechos violentos, a la elaboración de informes y a la preservación de archivos. Todas esas tareas siguen siendo indispensables. Sin verdad documentada no existe posibilidad de comprensión ni de justicia. Sin embargo, la programación que el Centro llevará a Medellín sugiere una apuesta más amplia: convertir la memoria en una conversación pública capaz de involucrar a sectores de la sociedad que tradicionalmente no participan de estos debates.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa intención aparece desde el primer día. El viernes 11 de septiembre se abrirán espacios como “Cartografía por la memoria”, un taller dirigido a jóvenes que propone explorar cómo los lugares guardan historias, emociones y recuerdos a través del dibujo y la construcción colectiva de mapas. Ese mismo día se presentará el pódcast <em>Lenguajes de la memoria: afectaciones a metaleros en el marco del conflicto armado en Medellín (1990-2000)</em>, una propuesta que recupera testimonios de quienes encontraron en la música una forma de resistencia frente a las distintas expresiones de violencia que marcaron la ciudad durante las últimas décadas.<br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para este tipo de reflexiones no es casual. La ciudad ha sido protagonista de algunos de los capítulos más complejos de la historia contemporánea colombiana. Ha conocido el impacto del narcotráfico, la confrontación armada, las violencias urbanas y las fracturas sociales que dejaron profundas huellas en miles de familias. Pero también ha sido un laboratorio de iniciativas comunitarias, procesos culturales y apuestas educativas que han demostrado que la memoria puede convertirse en una herramienta para reconstruir tejido social. Hablar de memoria en Medellín implica necesariamente hablar de las heridas que dejó la violencia, pero también de las múltiples formas de resistencia que surgieron para enfrentarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejes centrales de la programación será el ciclo de conversaciones denominado “El valor de las voces”, en el que participará el director general del Centro Nacional de Memoria Histórica, D&#8217;Mar Córdoba Salamanca. Los encuentros reunirán a víctimas de distintas experiencias, desde mujeres afectadas por el reclutamiento y la violencia sexual hasta Sofía Gaviria Correa y representantes de la fuerza pública.<br><br></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="768" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133037" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=768,576 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=1024,768 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de los nombres propios, estos espacios reflejan una idea fundamental: la memoria colombiana no puede construirse desde una sola experiencia ni desde una única mirada. La historia reciente del país está compuesta por relatos diversos, a veces dolorosamente distintos entre sí, que exigen ser escuchados con la misma disposición para comprender. En una época donde la polarización suele empujar a los ciudadanos a escuchar únicamente aquello que confirma sus propias convicciones, la apuesta por reunir voces diferentes adquiere un valor especial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto también puede leerse el trabajo que viene impulsando D&#8217;Mar Córdoba al frente del CNMH. Más allá de las responsabilidades administrativas propias de cualquier dirección institucional, la programación de Medellín deja ver una intención clara de acercar el Centro a públicos más amplios y de fortalecer su presencia en espacios donde la memoria dialoga con la cultura, la educación y la ciudadanía. No se trata únicamente de presentar investigaciones o publicar informes. Se trata de lograr que esos contenidos encuentren nuevos interlocutores y que la conversación sobre el pasado llegue a escenarios donde normalmente no se produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás uno de los ejemplos más interesantes de esa visión sea el lanzamiento de <em>La naturaleza y el territorio como víctimas: relatos de memoria histórica ambiental</em>, programado para el sábado 12 de septiembre. La investigación inaugura una nueva línea de trabajo que invita a reflexionar sobre los impactos del conflicto armado en los ecosistemas y en las comunidades que dependen de ellos. Durante años, las discusiones sobre memoria se concentraron principalmente en las afectaciones humanas, algo completamente comprensible dada la magnitud del sufrimiento causado por la violencia. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la guerra también transformó ríos, bosques, montañas y formas de vida enteras. Reconocer esas afectaciones permite ampliar nuestra comprensión de lo ocurrido y conectar la memoria con desafíos contemporáneos como la protección ambiental y los derechos de las comunidades rurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación también dedica una atención especial a los niños, niñas y jóvenes. Habrá talleres como <em>Fotovoces</em>, <em>El jardín de la memoria</em>, <em>Exploradores de la memoria</em>, <em>Los viajes del colibrí</em> y <em>Mi memoria, mi museo</em>, actividades que buscan acercar la reflexión sobre el pasado a nuevas generaciones mediante herramientas creativas y participativas.<br>Y quizás allí se encuentre una de las preguntas más importantes para cualquier política pública de memoria en la actualidad. ¿Cómo transmitir la historia de la violencia a quienes no la vivieron directamente? Millones de colombianos nacieron después de algunos de los episodios más intensos del conflicto armado y observan esos acontecimientos desde una distancia temporal cada vez mayor. Para ellos, la memoria no puede limitarse a una colección de fechas o acontecimientos. Necesita encontrar nuevos lenguajes, nuevas formas de narración y nuevas experiencias que permitan comprender por qué recordar sigue siendo relevante.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133038" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=768,512 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=1024,683 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda de Medellín parece consciente de ese desafío. Por eso incorpora actividades que exploran la memoria desde la fotografía, la música, la literatura, la educación, los archivos comunitarios e incluso la gastronomía. Uno de los conversatorios más llamativos lleva por título <em>¿A qué sabe la memoria?</em>, una invitación a reflexionar sobre cómo los alimentos, las recetas y los espacios compartidos alrededor de la mesa también forman parte de las historias que una comunidad decide preservar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De igual manera, la programación incluye espacios sobre museos escolares, archivos de derechos humanos, bibliotecas, centros de documentación y experiencias barriales de construcción de memoria. Todos ellos comparten una misma convicción: la memoria no pertenece exclusivamente a las instituciones. También pertenece a las comunidades, a los barrios, a las escuelas y a las organizaciones que durante años han trabajado para preservar sus propias historias.<br>Uno de los momentos más esperados llegará el 19 de septiembre con el lanzamiento de <em>Verdades pendientes. Paz urbana en Medellín y el Valle de Aburrá</em>, una investigación que analiza cinco décadas de violencia en la región y pone en el centro las voces, los daños y las demandas de las víctimas. La elección de este escenario para presentar el informe tiene una fuerza simbólica evidente. Medellín sigue siendo un territorio donde la discusión sobre la paz urbana continúa abierta y donde las preguntas sobre las causas, consecuencias y transformaciones de la violencia mantienen plena vigencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título del informe resume bien uno de los grandes desafíos de la memoria colombiana: todavía existen verdades pendientes. Persisten preguntas sobre responsabilidades, impactos, silencios y consecuencias que siguen reclamando atención. La memoria no existe para ofrecer respuestas definitivas a todos esos interrogantes, pero sí para evitar que desaparezcan de la conversación pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para presentar este informe también invita a una reflexión más amplia sobre la relación entre memoria y ciudad. Durante mucho tiempo, buena parte de los debates sobre el conflicto armado colombiano se concentraron en los territorios rurales, donde ocurrieron algunas de las mayores tragedias de la guerra. Sin embargo, las ciudades también cargan memorias profundas de la violencia. Medellín es quizás el mejor ejemplo de ello. Aquí confluyeron fenómenos asociados al narcotráfico, al conflicto armado, al desplazamiento forzado y a las distintas expresiones de criminalidad urbana que transformaron barrios enteros y marcaron la vida de varias generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de paz urbana en Medellín no significa únicamente analizar cifras de violencia o estudiar la presencia de actores armados. Significa escuchar las historias de quienes han vivido esas transformaciones desde sus comunidades, comprender cómo las dinámicas de la violencia afectaron la vida cotidiana y reconocer los esfuerzos colectivos que permitieron resistir en medio de circunstancias extremadamente difíciles. En ese sentido, la memoria se convierte en una herramienta para leer la ciudad desde abajo, desde las experiencias de sus habitantes y no solamente desde las decisiones institucionales o los grandes acontecimientos que suelen ocupar los titulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación del Centro Nacional de Memoria Histórica parece entender esa necesidad de conectar los grandes relatos nacionales con las historias locales. Por eso resulta significativo que varios de los eventos programados incluyan experiencias comunitarias, archivos barriales, iniciativas educativas y procesos culturales surgidos en los propios territorios. Más que presentar una memoria cerrada o definitiva, la agenda propone un diálogo permanente entre las investigaciones del Centro y las memorias construidas por las comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar ocurre con los lanzamientos editoriales previstos para los últimos días de la feria. Obras como <em>¿Quiénes son las verdaderas heroínas y los verdaderos héroes en el Oriente antioqueño?</em> o la colección <em>Relatos pal desolvido</em> reflejan un esfuerzo por acercar los hallazgos de la investigación histórica a públicos más amplios mediante formatos narrativos accesibles. No es una apuesta menor. Uno de los grandes desafíos de cualquier institución dedicada a la memoria consiste precisamente en encontrar formas de comunicar conocimientos complejos sin perder rigor, pero también sin quedar encerrados en círculos académicos o especializados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al revisar el conjunto de actividades, aparece una idea que atraviesa toda la programación: la memoria no es solamente una tarea de preservación del pasado. También es una forma de construir ciudadanía. Recordar implica reconocer experiencias diversas, escuchar voces que históricamente han permanecido al margen de las grandes narrativas y fortalecer la capacidad de una sociedad para comprenderse a sí misma. Esa parece ser, en última instancia, la conversación que el CNMH quiere llevar a Medellín durante estos diez días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la presencia del Centro Nacional de Memoria Histórica en la Fiesta del Libro trasciende el ámbito cultural. Lo que está en juego no es únicamente la difusión de investigaciones o publicaciones. Lo que está en juego es la posibilidad de seguir construyendo espacios donde el país pueda escucharse a sí mismo, reconocer la diversidad de sus experiencias y reflexionar sobre las lecciones que deja su historia reciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos marcados por la inmediatez, las redes sociales y la fragmentación de los debates públicos, resulta valioso que una institución pública insista en la importancia de escuchar, dialogar y comprender. Esa parece ser la apuesta que recorre la programación del CNMH en Medellín y, al mismo tiempo, una de las características más visibles del momento que vive la entidad bajo la dirección de D&#8217;Mar Córdoba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria, al fin y al cabo, no es un ejercicio destinado a inmovilizar a una sociedad en el pasado. Es una herramienta para comprender el presente y pensar el futuro. Y si algo deja claro esta programación es que el Centro Nacional de Memoria Histórica quiere que esa conversación ocurra cada vez más allá de los archivos, más allá de los expertos y más cerca de los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133033</guid>
        <pubDate>Mon, 14 Sep 2026 16:32:20 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-09-13-16-23-15.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La Memoria toma Medellín]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133033</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Educación Laica y Educación Religiosa</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/educacion-laica-y-educacion-religiosa/</link>
        <description><![CDATA[<p>El invitado es el profesor Jorge Enrique Ramírez Ramírez, de la Institución educativa Julio Pérez Ferrero &#8211; Cúcuta, quien nos presenta sus reflexiones sobre el nuevo gobierno y la educación religiosa.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por: </strong><em><strong>Jorge Enrique Ramírez Ramírez/ IE. Julio Pérez Ferrero &#8211; Cúcuta</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Llega el nuevo gobierno y quien tiene la probabilidad de administrar la educación pública en Colombia es una persona de confesión cristiana. Empiezan a surgir &nbsp;algunas preguntas: ¿Cuál va a ser el direccionamiento de la educación religiosa desde la nueva política educativa? ¿La educación religiosa va a tener el criterio de obligatoria en el currículo escolar? ¿Hablar de educación laica es sinónimo de ateísmo y agnosticismo? ¿La educación va a tener preferencias y favorecimientos por el enfoque de la confesión cristiana? ¿Cambiará el calendario de fiestas religiosas?¿Quiénes defienden la educación laica, deberían ir a trabajar en los declarados días festivos religiosos? ¿Es lo mismo educación espiritual y educación religiosa?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 declaró a Colombia como un Estado laico y pluralista. Esto generó choques jurídicos, por lo que la Corte Constitucional declaró exequibles (viables) muchos artículos del Concordato, siempre y cuando se interpreten bajo los principios de igualdad, libertad de cultos y separación de poderes (ver, por ejemplo, la Sentencia C-027/93)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un Estado laico es aquel que es independiente de cualquier organización o confesión religiosa (judaísmo, cristianismo no católico, catolicismo, islamismo, hinduismo, budismo). No reconoce ninguna religión oficial, mantiene una separación institucional con las iglesias y garantiza la plena libertad de culto, trato igualitario y derechos para todos los creyentes y no creyentes por igual</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución Política de Colombia consagra el Artículo 19: Garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar su religión y difundirla, y ninguna religión es considerada oficial por el Estado. También el Artículo 18: Protege la libertad de conciencia. Nadie será molestado por sus convicciones ni obligado a actuar en contra de su conciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Ley 115 de 1994 (Ley General de Educación) en Colombia, reglamenta en el Artículo 24, el derecho consagrado en la Constitución. Garantiza la asignatura, pero protege la libertad de conciencia y estipula que en colegios del Estado nadie puede estar obligado a recibir la educación religiosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La educación religiosa se puede impartir entre el sector público como en el privado. En las escuelas públicas, se rige por la estricta separación entre la Iglesia y el Estado, por lo que se enseña sobre religión de forma académica, pero sin promover credos. En el sistema privado, las instituciones imparten doctrina y valores específicos libremente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, hablar de educación religiosa, implica prácticas educativas orientadas por una pedagogía pluralista y cultural, buscando como objetivo que los estudiantes puedan interpretar el fenómeno religioso en su contexto histórico, social y filosófico. Además de ayudarle a los estudiantes de provocar análisis curiosos y rigurosos de las creencias propias y diferentes. La pedagogía pluralista y cultural ha de buscar el diálogo interreligioso, la tolerancia, el respeto y la reflexión ética.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La educación religiosa es un área del conocimiento que busca el desarrollo integral y espiritual de la persona. A diferencia de la catequesis, que busca adoctrinar en una fe específica, esta materia tiene un enfoque pedagógico, cultural y pluralista para fomentar el diálogo interreligioso, el respeto y la reflexión ética</p>



<p class="wp-block-paragraph">De otra parte, lo preocupante es interesar la reflexión por diferenciar la secularización del secularismo (o laicismo absoluto), ya que este último es una postura ideológica que busca erradicar la religión de la sociedad. En cambio, la secularización describe la transformación natural de cómo las sociedades modernas organizan su pensamiento y estructuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teólogo Leonardo Boff, propone la religión como fuente de utopías regenadoras y libertarias. El lugar de la religión no está sólo en la razón, aunque posea una dimensión racional, sino en la inteligencia cordial, en el sentimiento oceánico, en esa esfera de lo humano donde surgen las utopías. Boff no duda que la religión puede hacer el bien mejor pero también puede hacer el peor mal. Hoy podríamos estar asistiendo a la enfermedad del fundamentalismo contaminando a sectores importantes de casi todas las religiones e iglesia. Hay una guerra religiosa. Frente a lo anterior invita al ecumenismo, una práctica que trasciende y se fundamenta en el reconocimiento de todas las creencias como caminos hacia un mismo Dios. Propone el diálogo interreligioso de todas las tradiciones espirituales unidas por el amor, la compasión, el cuidado integral de los más vulnerables y la defensa de la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra versión sobre el sentido de la educación religiosa, es la propuesta por el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer, sugiere un cristianismo sin religión, alejando la religión de rituales o consuelo personal. Su enfoque exige vivir para los demás, asumir la responsabilidad histórica y estar dispuesto al sacrificio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El filósofo ateo Ernest Bloch afirma que lo importante es aprender a esperar. Sueña con un mundo digno donde vivir, lleno de calidez humana, que sea nuestro verdadero hogar y donde incluso nunca más haya hambre. Sugiere que se ayude al hombre a que muestre lo mejor de sí mismo. Además hay encontrar aquí mismo en la tierra una forma de afirmar la vida frente a la muerte: la sonrisa de un niño, la alegría de ayudar a un necesitado, las artes, la música, la entrada de un buque en un puerto, incluso toda la herencia de esperanza contenida en las religiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La educación religiosa ha de tener entre sus propósitos la educación espiritual, como la práctica educativa que busca en sus estudiantes, el desarrollo interior y trascendente más allá del conocimiento académico. Promueve el autoconocimiento, la reflexión profunda, y cultiva valores como la amistad, la empatía, la solidaridad, la compasión y la gratitud. Lo importante es conectar al individuo con su ser, con los demás y con el entorno</p>



<p class="wp-block-paragraph">Byung-Chul Han, reclama la necesidad de preocuparnos por la dimensión espiritual, esta implica una atención profunda y una capacidad de contemplación que hoy están atrofiadas por el exceso y la aceleración en el rendimiento del trabajo y del ruido, además de la hiperconexión (redes sociales y plataformas). Para Han, lo sagrado y el sentido solo pueden recuperarse mediante el despojamiento del ego y una pausa en nuestra obsesión por el rendimiento</p>



<p class="wp-block-paragraph">El teólogo Carlo María Martini, describe la espiritualidad como práctica de escucha frente a los signos de los tiempos, (realidad convulsionada y agitada por cambios profundos y acelerados que pueden afectar la vida, como modas, tendencias y expresiones tecnológicas, sociales, fanatismos ideológicos y culturales, ) que ayuden a discernir en las personas de distintas edades, buscando inquietar su corazón con preguntas existenciales profundas para que puedan hallar luz interior</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las preocupaciones de la clase de religión es procurar que los estudiantes hagan sus propias comprensiones sobre la existencia o no de Dios, hay que escucharlos y ayudarles a intensificar la reflexión sobre el silencio y la escucha, así como &nbsp;a encontrar calma interior puesto qué es una necesidad espiritual sobre este mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desafío de la educación religiosa, es cómo provocar reacciones que activen en los estudiantes desde la más temprana edad, capacidades como prácticas de silencio, de meditación y de reflexión para promover el bienestar, la paz interior, la salud mental y el pensamiento crítico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Propongo sobre la mesa de la conversación de la educación religiosa, la pregunta de Foucault: sabemos que existimos ¿Pero quiénes somos?&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131475</guid>
        <pubDate>Wed, 22 Jul 2026 23:17:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Foto.jpeg?quality=60&amp;#038;w=696" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Educación Laica y Educación Religiosa]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131475</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ibagué, en las grandes ligas de la economía circular  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ibague-en-las-grandes-ligas-de-la-economia-circular/</link>
        <description><![CDATA[<p>La ciudad, que hace esfuerzos por reducir las tasas de desempleo a un dígito, proyecta crear dos mil nuevos empleos verdes tras ser la anfitriona de la primera Cumbre Glocal de Economía Circular.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Los soldaditos azules contribuyen con el cuidado de la ciudad. Foto: cortesía Ibagué Limpia. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ibagué tiene el encanto de las ciudades intermedias, &#8220;un buen vividero&#8221; como la llaman propios y extraños. Esa expresión hace referencia a que la ciudad ofrece una mejor calidad de vida, aún apacible, y a unos costos menores, despojada del carácter neurótico de las grandes capitales. La ciudad se desarrolla en un entorno biodiverso, donde sobresalen sus dos jardines botánicos, parques recreacionales y varios atractivos más que posibilitan el turismo de naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esas y otras razones, la OCDE hizo <em>match</em> con Ibagué; por primera vez ese organismo internacional escogió a una ciudad intermedia de América Latina para hablar sobre el futuro de las ciudades y las regiones, durante la primera Cumbre Glocal de Economía Circular, a la que asistieron alcaldes de todo el mundo. Además, Ibagué fue declarada “Ciudad circular del mundo”; con ese nuevo título, la “Capital Musical de Colombia” ya forma parte de las urbes que planifican su crecimiento económico a partir de la innovación y los programas amigables con el planeta.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos ser la “la Davos de la economía circular”, dicen al unísono la alcaldesa, Johana Aranda, y el gerente de Ibagué Limpia, Milton Restrepo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Ibagué es hoy un prototipo de las ciudades diseñadas, sostenibles y planificadas para la defensa del planeta. El 55% de los habitantes del mundo viven en ciudades intermedias, y sus autoridades locales lideran iniciativas sostenibles”, afirma Restrepo, experto en desarrollo local sostenible</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, en el Cañón del Combeima, donde antes había una escuela abandonada, se creó el <em>Circulab Hub, </em>un laboratorio experimental que impulsará negocios verdes mediante el aprovechamiento de residuos biológicos e industriales, con apoyo técnico financiero de la OEI y Andesco. La idea es eliminar el concepto de &#8220;desperdicio&#8221; y liderar la transición hacia una economía que garantice rentabilidad y restauración del entorno. De eso trata la economía circular, un término que empieza a meterse en el ADN de los ibaguereños.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="665" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/04/ZETA-ZETA-ZETA-IBAGUE-CIRCULAB-baja-1024x665.jpg" alt="" class="wp-image-128528" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>El Circulab Hub les dará una nueva oportunidad a los residuos. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las llantas viejas, en lugar de terminar bajo tierra, se utilizan para producir placas huella, con el fin de pavimentar zonas rurales, lo que mejora  la conectividad y movilidad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, la ciudad planea construir la primera zona franca de economía circular de América Latina, y la segunda del mundo después de Barcelona. “Quienes quieran crear o traer productos de economía circular, tendrán aquí un espacio con cero aranceles para que puedan crecer. Pero dependemos de la voluntad del gobierno nacional, que en últimas es quien da el visto bueno”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La visita de la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada, icono internacional de la moda, sirvió de inspiración a costureras y diseñadores locales para dar impulso a la industria textil. De tiempo atrás, la empresaria española transitó hacia la moda circular, “una moda que te protege y no te mata”, como la define Milton Restrepo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Necesitamos –añade- una industria textil sostenible, porque en el mundo sólo se recicla el 12% de las 124 millones de toneladas que produce”. Según la Fundación McArthur, noventa y nueve millones de toneladas de residuos van a vertederos y ríos. “Haga de cuenta una ciudad con nueve mil rascacielos llenos de desperdicio. Entonces, hablar de economía circular y no hablar de moda es dejarle coja la decisión de salvar el planeta”, enfatiza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de la borra o cuncho del café, en Ibagué se están elaborando botones o suelas de zapatos; y del mucílago se fabrica piel vegana para el diseño de bolsos. “Inspirados por Ágatha Ruiz de la Prada, daremos un paso para que los creadores locales trabajen con fibras y pinturas ecológicas”, afirma Restrepo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tamal tolimense es otro referente de economía circular, pues desde su empaque está concebido para regresar a la naturaleza, reduciendo las emisiones de CO2. “Se trata de un ejercicio de reingeniería cultural, porque nuestros ancestros ya practicaban la economía circular, pero no hicimos caso y por eso el papa Francisco nos pidió en su Encíclica <em>Laudato si </em>cuidar la casa común que es la Tierra”.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Johana Aranda, alcaldesa de Ibagué, y Milton Restrepo, gerente de Ibagué Limpia.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="656" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/04/ZETA-ZETA-ZETA-IBAGUE-ALCALDESA-Y-MILTON-1-1024x656.jpg" alt="" class="wp-image-128530" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-1"><strong><em>“Las ciudades intermedias son la última opción de planificación sostenible, gracias a su densidad poblacional”: </em>Milton Restrepo, gerente de Ibagué Limpia.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como resultado de la primera Cumbre Glocal, Ibagué proyecta crear 2000 empleos verdes y crecer un punto (4%), por encima de la media nacional, 2 al 3% según el Banco Mundial. Bajó la administración de Johana Aranda, la ciudad pasó del puesto 18 al 10º en el Índice de Competitividad. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la firma Manifiesto Glocal, más de cuatro mil alcaldes del mundo depositaron su confianza en Ibagué para que cada año se siga conversando sobre economía circular. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con la OCDE, la economía circular, como apuesta para el crecimiento económico y la creación de empleo, se basa en tres pilares: eliminar los residuos y la contaminación desde el diseño, mantener los productos y materiales en uso y regenerar los sistemas naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No queremos ser modelos de mega ciudades a escala pequeña, tenemos marca e identidad propias; las ciudades intermedias son la última opción de planificación sostenible, gracias a su densidad poblacional”, concluye Milton Restrepo.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128522</guid>
        <pubDate>Thu, 30 Apr 2026 17:34:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/04/ZETA-ZETA-ZETA-IBAGUE-CIRCULAR-PORTADA-scaled.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ibagué, en las grandes ligas de la economía circular  ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">128522</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Educación artística: el camino hacia una sociedad inclusiva</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/educacion/educacion-artistica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Santiago Cruz Sánchez. Jefe de Área departamento de Artes CBJML. Hace un par de años, más exactamente en el 2019, mientras cursaba mi Maestría en Investigación Musical, estaba al mismo tiempo leyendo el libro “¿Por qué fracasan los países?” de Daron Acemoglu y James A. Robinson (2012). Aunque es un libro que no tiene en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Santiago Cruz Sánchez.</strong> <em>Jefe de Área departamento de Artes CBJML.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace un par de años, más exactamente en el 2019, mientras cursaba mi Maestría en Investigación Musical, estaba al mismo tiempo leyendo el libro <strong><em>“¿Por qué fracasan los países?” de Daron Acemoglu y James A. Robinson (2012)</em></strong>. Aunque es un libro que no tiene en lo absoluto nada que ver con educación, o con música y Arte, el impacto que generó este libro en mí fue profundo, no solo por su análisis sobre las causas del éxito o fracaso de las naciones, sino porque, al mismo tiempo que me formaba como investigador, me llevó a cuestionar de manera constante el rol de la educación dentro de la sociedad y, de manera más específica, el lugar que ocupa la educación artística en los procesos de transformación social.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El desarrollo de los países</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La tesis central de <em>Acemoglu y Robinson </em>plantea que las diferencias entre países no radican en factores geográficos o culturales, sino en la manera en que se han configurado sus instituciones políticas y económicas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A través de ejemplos como el de ”<em>Nogales</em>”, una ciudad dividida entre Estados Unidos y México, los autores evidencian cómo dos territorios con características similares pueden ofrecer condiciones de vida radicalmente distintas dependiendo de la solidez y naturaleza de sus instituciones. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Este planteamiento permite comprender que el desarrollo no es una casualidad, sino el resultado de decisiones históricas que han favorecido modelos inclusivos o, por el contrario, estructuras extractivas que perpetúan la desigualdad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">En el contexto colombiano</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de América Latina, y particularmente en Colombia, estas reflexiones encuentran un eco evidente. Tal como lo expone mi análisis previo, las decisiones políticas y estructurales han limitado históricamente las oportunidades de desarrollo, afectando ámbitos fundamentales como la educación, la ciencia y la innovación. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, dentro de este panorama surge una reflexión aún más profunda: si las instituciones son determinantes en el desarrollo de las sociedades, ¿qué tipo de formación necesitan los ciudadanos para construir instituciones más justas, inclusivas y equitativas? Es en este punto donde la educación artística y la cultura adquieren un papel fundamental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La educación artística no puede seguir siendo entendida como un componente accesorio dentro del sistema educativo. Por el contrario, constituye un espacio esencial para el desarrollo de capacidades humanas que son indispensables en la construcción de sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través del arte, los individuos aprenden a pensar de manera crítica, a interpretar su contexto, a cuestionar las realidades establecidas y a proponer nuevas formas de comprender el mundo. Estas habilidades son coherentes con la necesidad de formar ciudadanos capaces de participar activamente en la transformación de sus entornos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La cultura artística como reconstrucción del tejido social</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tal como lo evidencia la historia latinoamericana, los procesos de colonización no solo implicaron la explotación de recursos, sino también la fragmentación de identidades culturales y la imposición de estructuras de poder que aún hoy tienen repercusiones. En este sentido, el arte y la cultura se convierten en herramientas de resistencia, memoria y reconstrucción. Permiten a las comunidades recuperar sus narrativas, fortalecer su identidad y generar espacios de encuentro que contrarresten las dinámicas de exclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la educación artística se articula directamente con la construcción de instituciones inclusivas, tal como lo plantean Acemoglu y Robinson (2012). Una sociedad que promueve el pensamiento creativo, la sensibilidad social y la capacidad de diálogo está mejor preparada para cuestionar estructuras injustas y proponer alternativas de cambio.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En otras palabras, el arte no solo forma artistas, sino ciudadanos con la capacidad de imaginar y construir nuevas realidades.</p>
</blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">Espacios de transformación</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Además, en contextos donde la desigualdad y la falta de oportunidades han generado escenarios de violencia o fragmentación social, las prácticas artísticas se consolidan como espacios de <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">transformación</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La música, el teatro, la danza y las artes plásticas y visuales, permiten canalizar emociones, generar sentido de pertenencia y construir comunidad. Estos procesos son fundamentales para reconstruir el tejido social, especialmente en países que, como Colombia, han enfrentado profundas heridas históricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En consecuencia, pensar en el desarrollo de una nación implica necesariamente replantear el lugar de la <a href="https://josemaxleon.edu.co/bienestar-estudiantil/artes" target="_blank" rel="noreferrer noopener">educación artística</a> dentro de los sistemas educativos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata únicamente de formar en habilidades técnicas, sino de reconocer el arte como un medio para fortalecer la conciencia social, la empatía y el pensamiento crítico. Invertir en educación artística y cultural es, en este sentido, una apuesta por el desarrollo humano y la transformación social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, si bien las decisiones políticas pueden limitar o ampliar las oportunidades de una sociedad, es en la educación donde se siembran las bases para el cambio. La formación de ciudadanos críticos, sensibles y creativos es un paso indispensable para construir instituciones más justas y equitativas. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile" style="grid-template-columns:38% auto"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="898" height="948" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png?quality=60&amp;w=650" alt="Logo Rompamos el silencio" class="wp-image-133386 size-full" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png 898w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png?resize=284,300 284w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Logo-Rompamos-el-silencio-01.png?resize=768,811 768w" sizes="auto, (max-width: 898px) 100vw, 898px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">En este camino, la educación artística y la cultura no son elementos secundarios, sino pilares fundamentales para reconstruir una sociedad que, a pesar de sus dificultades históricas, aún tiene la posibilidad de reinventarse desde el conocimiento, la creatividad y la participación colectiva.</p>
</div></div>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Bibliografía</strong></h3>



<p class="wp-block-paragraph">Asemoglu &amp; Robinson (2012), ¿Por qué fracasan los países? – Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. Bogotá, Editorial Planeta Colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Educación</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127357</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Mar 2026 16:22:39 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/rawpixel-kids-2985782_1920.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Educación artística: el camino hacia una sociedad inclusiva]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">127357</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El mangostino, una fruta con denominación de origen: Mariquita</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-mangostino-una-fruta-con-denominacion-de-origen-mariquita/</link>
        <description><![CDATA[<p>La Superintendencia de Industria y Comercio concedió a Mariquita la marca colectiva &#8220;Capital Frutera de Colombia&#8221; y otorgó al mangostino de Mariquita la denominación de origen, una certificación que lo consagra como fruto exótico.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>El mangostino es el fruto insignia de Mariquita. Foto: cortesía Cámara de Comercio de Honda, Guaduas y Norte del Tolima (Fredy Andrés Londoño).</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">San Sebastián de Mariquita está de moda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una moda pasajera ni fruto del azar. Hay lugares que conservan una memoria profunda, como si el tiempo hubiera decidido quedarse a vivir en ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">José Celestino Mutis, no nació en Mariquita, pero el médico, botánico y sacerdote, venido de España por encargo del rey Carlos III, pasó casi ocho años de su vida estudiando la flora del Nuevo Reino de Granada. En estas tierras enseñó a los jóvenes criollos el arte de observar la naturaleza y de traducirla en dibujos minuciosos: hojas, flores, tallos, semillas, todo debía ser registrado con la precisión del científico y la sensibilidad del artista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A comienzos de este 2026, la directora del Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, María-Paz Martín, recorrió los mismos caminos por donde caminó Mutis. La científica española visitó Mariquita atendiendo una invitación de Funbotánica (Fundación Segunda Expedición Botánica), que dirige el periodista y abogado Guillermo Pérez Flórez, entidad que trabaja por la preservación del legado científico y cultural del sabio gaditano. Durante su recorrido visitó el bosque que hoy lleva el nombre de Mutis y las calles donde se gestó una de las aventuras científicas más extraordinarias de América. Al final del recorrido, ella dijo algo que parecía más una intuición que una afirmación académica:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Me sorprende que, 250 años después, Mutis siga presente en el corazón de la gente que conoce su vida y su obra”</em>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo en Mariquita que sugiere esa presencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cierro los ojos e imagino al sabio rodeado por niños criollos que escudriñan la tierra, buscan flores entre la humedad del bosque tropical o recolectan hierbas para estudiarlas. Luego las dibujan, las secan o simplemente las contemplan, como quien sostiene entre sus manos un fragmento del universo. Una hoja basta: venas, limbos y pecíolos convertidos en cartografía de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese legado viajó a España. En el Real Jardín Botánico de Madrid se conservan&nbsp;7.206 láminas&nbsp;de la Real Expedición Botánica: algunas a color, otras en blanco y negro o sepia. Son el testimonio de&nbsp;33 años de exploración científica. Las obras llegaron a la península en 1816, ocho años después de la muerte de Mutis, y hoy siguen asombrando a botánicos e historiadores.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Foto: cortesía Cámara de Comercio de Honda, Guaduas y Norte del Tolima (Fredy Andrés Londoño)</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="954" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-2.jpg" alt="" class="wp-image-127100" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-2.jpg 720w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-2.jpg?resize=226,300 226w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, Mariquita no vive únicamente de su pasado. La ciudad también respira presente y futuro a través de sus frutas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reconocida por el mangostino, el mango mariquiteño, el zapote, el aguacate cuello de botella, el mamey, el banano o el carambolo, la población ha sido confirmada oficialmente como&nbsp;<strong>Capital Frutera de Colombia</strong>&nbsp;mediante la resolución 8790 del 10 de febrero de 2026 de la Superintendencia de Industria y Comercio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vez que visité Mariquita quedé maravillado con los jugos que el visitante encuentra en cualquier esquina. Es imposible no detenerse ante una vitrina llena de colores: naranjas, amarillos, verdes, púrpuras. Pero hay uno que domina la escena: el mangostino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es el fruto insignia del municipio, la reina de las frutas. Su sabor es difícil de describir. En él aparece el&nbsp;umami, ese quinto sabor que la ciencia reconoció después del dulce, el ácido, el amargo y el salado. Es un gusto profundo, casi misterioso, que permanece largo tiempo en el paladar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy el mangostino no solo se come fresco o en jugo. El comercio local lo ha transformado en yogures, paletas, encurtidos y postres que atraen cada vez más visitantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia del fruto es tan singular como su sabor.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imágenes: cortesía Alcaldía de Mariquita.(Luis Eduardo Chavarro) </em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-4-ARBOL-MANGOSTINO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-127141" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Originario del sudeste asiático, fue descubierto en la península de Malasia. Durante siglos fue considerado “el árbol más difícil de cultivar del mundo”, debido a las exigencias de clima y suelo que requiere. Llegó a Mariquita en el siglo XIX, traído por compañías inglesas que explotaban las minas de oro de la región. En el suelo y en el subsuelo del norte del Tolima encontró lo que buscaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los suelos de ceniza volcánica y bajo el clima cálido y húmedo del valle del Magdalena, el mangostino prosperó. Primero fueron unos pocos árboles cerca de las minas. Luego se multiplicaron. Hoy adornan el paisaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los árboles de mangostino se encuentran incluso en los patios de las casas antiguas. Forman parte de nuestra cultura mariquiteña”, dice el ingeniero agrónomo Uber Villalba Patiño, de la Secretaría de Desarrollo Económico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alcaldesa Marta Lucía Amaya lo confirma con una memoria personal: en su casa crecen dos árboles de mangostino y recuerda que de niña jugaba alrededor de ellos en el patio de la casa de sus padres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La denominación de origen que acaba de otorgar la SIC refuerza esa identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La etiqueta delimita una región de aproximadamente 200 hectáreas que incluye a San Sebastián de Mariquita, Armero-Guayabal, Falan, Palocabildo, Honda y Fresno, territorios donde los suelos volcánicos y las variaciones térmicas crean condiciones ideales para el cultivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de estos logros están la Alcaldía de Mariquita, el Centro de Productividad del Tolima (CPT), Asomangostino y la Cámara de Comercio de Honda, Guaduas y Norte del Tolima, entidad facultada por la SIC para autorizar el uso de la Denominación de Origen “Mangostino de Mariquita”.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>El mangostino es el fruto insignia de Mariquita, la reina de las frutas. </strong></h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-127101" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-225x300.jpg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-1152x1536.jpg 1152w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-1536x2048.jpg 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-3-scaled.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Foto: cortesía Cámara de Comercio de Honda, Guaduas y Norte del Tolima <em>(Fredy Andrés Londoño)</em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy existen más de 200 productores y la producción anual ronda las 1.500 toneladas. La mitad se consume en Colombia; la otra parte viaja hacia Europa y Canadá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mangostino, sin embargo, exige paciencia. El árbol tarda&nbsp;doce años en dar fruto, pero puede vivir&nbsp;hasta 150 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cosecha se realiza entre diciembre y febrero, y el proceso sigue siendo manual. “Se hace de forma artesanal para preservar las condiciones físicas y organolépticas del fruto”, explica Villalba. Luego vienen las etapas de clasificación, selección y almacenamiento en frío que garantizan su calidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A finales de abril, la Superintendencia de Industria y Comercio realizará en Mariquita una reunión con productores, autoridades locales y actores del sector agroindustrial&nbsp;para explicar los alcances y beneficios de la marca colectiva “Mariquita Capital Frutera de Colombia” y de la denominación de origen “Mangostino de Mariquita”, herramientas que buscan fortalecer la economía regional y abrir nuevas oportunidades en los mercados nacionales e internacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Mariquita el mangostino ha alcanzado incluso una dimensión simbólica. El Palacio Municipal lleva por nombre&nbsp;El Mangostino, y cada agosto, coincidiendo con el aniversario del municipio, se celebra el&nbsp;Festival Nacional de Música Mangostino de Oro, que en 2026 llega a su edición número treinta y uno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Mariquita conviven el pasado y el presente. Mutis sigue caminando por sus calles. Los árboles siguen dando fruto. Y el visitante solo tiene que cerrar los ojos para sentir que, en algún rincón del bosque, el sabio todavía observa una hoja como si fuera el mapa secreto para descubrir el mundo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127097</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Mar 2026 14:03:31 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/03/ZETA-ZETA-ZETA-MARIQUITA-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=1179" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El mangostino, una fruta con denominación de origen: Mariquita]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">127097</post-id>    </item>
        <item>
        <title>A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/a-la-memoria-de-antonio-velez-en-historias-de-la-ciencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Historias de la ciencia es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre. En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="576" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/cd2f0ed9-eb73-45ab-88c4-5a6b7fffad44-1-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-125252" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Historias de la ciencia</em> es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia</p>



<p class="wp-block-paragraph">El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la una buscando los libros del profesor Antonio Vélez, recientemente fallecido, y el otro buscando alguna curiosidad <em>vintage</em> para hacer un regalo. Cuando Juanita, que por ser muy joven no tuvo la oportunidad de conocer al profesor Antonio, comentó el motivo de su visita al Antiquarium, el profesor Fonseca manifestó ser conocedor de la obra de este distinguido ingeniero y matemático que con elocuencia y propiedad había divulgado en nuestro medio algunas de las tendencias más recientes de la sicología evolutiva, a la vez que se convirtió en un implacable crítico de las corrientes seudocientíficas que cautivan a los ilusos creyentes en curas milagrosas y eventos sobrenaturales, fieles seguidores de las autodenominadas medicinas alternativas y de la parasicología. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Tuve el gusto –nos comentó el profesor Fonseca– de asistir a las excelentes conferencias que Antonio ofreció en los auditorios de la universidad sobre la teoría de la evolución, luego de la publicación de su libro <em>Del Big Bang al Homo Sapiens</em> a mediados de los años 90, conferencias que suscitaron intensos debates, puesto que algunas de las afirmaciones que contiene su texto chocan con las ideas y los rígidos principios que defienden, o defendían, algunos de los compañeros más ortodoxos de la corrección política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Tengo las mejores referencias de la obra del profesor Vélez –expresó la profesora Juanita– y por eso quiero conocerla mejor. Lo que no me deja de extrañar es que un ingeniero y matemático no solo se haya interesado en el tema de la evolución, sino que se haya dedicado de manera tan sistemática y rigurosa –según lo que me han dicho– a la divulgación de esta disciplina científica, y es por eso que quiero conocer sus textos de primera mano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Según me dijo el propio Antonio –anotó el profesor Fonseca– en una de las animadas tertulias que compartíamos con un grupo de amigos luego de sus conferencias, su interés por la teoría de la evolución surgió luego de la lectura del libro <em>La evolución en acción</em> de Julian Huxley, que cayó en sus manos de manera casual, cuando quiso mejorar su comprensión del inglés mientras hacía su posgrado en matemáticas en los Estados Unidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Teniendo en cuenta –complementó la profesora Juanita– que muchas de las conclusiones a las que llega la teoría de la evolución son el resultado de un estudio estadístico de poblaciones, ya no resulta tan extraño que una persona como el profesor Vélez, con una rigurosa formación en matemáticas, haya encontrado particularmente atractivo este aspecto de la teoría y, por así decirlo, haya quedado enganchado en su estudio y divulgación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–De hecho –asintió el profesor Fonseca– el argumento más contundente del que echaba mano Antonio cuando se trataba de refutar los reclamos de las curas cuasi milagrosas de las medicinas alternativas, o de los sucesos fantásticos que proclamaban los parasicólogos, era el análisis estadístico de los casos, la teoría de las probabilidades y la programación lineal, de la que era un experto, tal como se puede apreciar en su brillante crítica a los creacionistas y defensores del diseño inteligente que exhiben la complejidad del ojo como ejemplo de una entidad que no pudo haber aparecido por azar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">– ¡Ah, sí! –coincidió la profesora Juanita– Para ciertas personas es difícil entender que no es raro que aparezcan estructuras tan complejas como nosotros mismos luego de millones de años de mutaciones y de selección natural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Por otra parte –continuó Fonseca– dentro del 30 y algo por ciento de la supuesta efectividad de los placebos se puede camuflar la pretendida efectividad de las medicinas alternativas, y la credulidad de las gentes hace lo demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Mi papá decía –corroboró la profesora Juanita– que la naturaleza obra y el médico cobra. Pero no se puede negar la posibilidad de que algunas terapias alternativas estimulen los mecanismos de auto sanación del organismo, lo difícil es saber cuáles y cómo lo hacen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Buen punto. En sus escritos y conferencias –continuó el profesor Fonseca– Antonio se apoyaba en la ciencia en términos de lo que Carl Sagan llamaba un detector de mentiras, porque, si bien es imposible alcanzar la certeza absoluta sobre las causas de un fenómeno natural, resulta relativamente fácil desenmascarar un fraude.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Al fin y al cabo –dijo la profesora Juanita– la ciencia no es el repositorio de la verdad sino el sistema más eficiente y confiable del almacenamiento y procesamiento de la información objetiva que se tiene sobre los fenómenos naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Se dice –comentó el profesor Fonseca– que es en los costureros, y no en los círculos académicos o científicos, donde se decide quién es el mejor médico de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Estoy completamente de acuerdo, –añadió la profesora Juanita– no sé cuántas veces le he oído decir a personas que no tienen ni la más mínima formación en medicina que el doctor fulanito es el mejor especialista de tal o cual rama de la medicina, porque los atendió y les fue muy bien con él, sin tener en cuenta que es el único que los ha tratado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Y a la visconversa –replicó el profesor Fonseca– porque por competente que sea un médico no se le perdona un solo error, o un resultado desfavorable, a pesar de que el tratamiento haya sido el adecuado según su criterio y experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Por eso es tan importante – añadió la profesora Juanita– hacer una buena divulgación científica, para que la gente esté bien informada y tome decisiones de manera racional y objetiva, en circunstancias que pueden ser de vida o muerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Comprendo tus buenas intenciones, mi querida Juanita –dijo el profesor Fonseca–, pero, teniendo en cuenta la fría estadística, una de las herramientas preferidas del profesor Vélez, es notorio que las actividades relacionadas con la divulgación científica tienen muy poca acogida por el público en general, y por esta razón, o por este motivo, los medios de comunicación le dedican una muy pequeña parte de sus publicaciones a cuestiones relacionadas con la ciencia, en comparación con lo que le dedican a la farándula, los deportes, el horóscopo, o a los demagogos y populistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Sin embargo –insistió la profesora Juanita– es necesario tener en cuenta que la llamada educación informal, de la cual hace parte la divulgación científica, aporta el mayor porcentaje del conocimiento sobre la ciencia que adquiere la población después de haber terminado el ciclo de educación formal, independientemente del nivel que se haya alcanzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Créeme, mi querida Juanita –respondió Fonseca– que no desdeño el tremendo esfuerzo que han hecho divulgadores como Carl Sagan, o el profesor Vélez del que estamos hablando, porque nos brindan, a quienes tenemos un interés genuino por los asuntos científicos que se salen de nuestra competencia, la posibilidad de acceder a una información básica sobre temas de relevancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Recuerdo, profesor Fonseca –dijo la profesora Juanita–, haberle oído decir a usted que no hay que ser músico para apreciar la música clásica, pero que mientras más se conoce de la teoría musical, más gusto se puede sacar al escuchar un concierto, y que lo mismo aplica para la ciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Tiene usted muy buena memoria, mi querida profesora –dijo Fonseca–, en esa ocasión me refería al hecho de que mientras más información se tenga sobre la ciencia más fácil será comprender sus propuestas teóricas, sus predicciones y sus resultados prácticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Pero hay algo más –continuó la profesora Juanita–, también le escuché a usted decir que algunos materiales de divulgación científica pueden ser usados con gran provecho en cursos regulares de ciencias, sobre todo en los que tienen un carácter introductorio. Le cuento que he seguido su consejo muy exitosamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Eso es cierto –corroboró el profesor Fonseca–, y me complace escuchar lo que usted dice. A principios de los años ochenta, cuando yo iniciaba mi ejercicio docente apareció en televisión la serie Cosmos de Carl Sagan, y con un grupo de colegas nos pusimos la tarea de grabar los capítulos en videograbadoras domésticas para compartirlos con los estudiantes del curso de Introducción a la física que estábamos dictando, pues en ese entonces no existía la Internet ni se disponía de todos los recursos audiovisuales que se tienen en la actualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Lo difícil hoy en día –afirmó la profesora Juanita– es seleccionar dentro de la gran cantidad de material disponible el que sea más confiable y más apropiado para el curso en el que se quiera utilizar, porque, así como hay producciones de excelente calidad y rigor científico, la pseudociencia también pulula.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Porque es lo que más se vende –añadió el profesor Fonseca–. Fue lamentable ver como algunos canales de televisión que inicialmente estaban dedicados a la divulgación científica seria empezaron a exhibir programas dedicados a los extraterrestres, los sucesos paranormales y las curaciones milagrosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Es por la presión del rating –afirmó la profesora Juanita– que en la red se manifiesta en el número de visualizaciones y de “<em>likes</em>” que reciba una publicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Pensando en eso –continuó el profesor Fonseca– se comprende la necesidad de enfocar la educación no tanto en los contenidos de los currículos sino en la capacidad de discernir y de identificar la información confiable referente a un tema específico y desechar la basura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–O, como dice la Biblia –complementó la profesora Juanita– hay que separar la paja de la mies.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Por eso –continuó Fonseca– resulta tan provechoso adentrarse en una obra tan extensa y rigurosa como la de Antonio Vélez, no precisamente con la intención de abarcarla, porque en ocasiones resulta casi enciclopédica, sino para apreciar su metodología, la forma como examina los diferentes casos, y las conclusiones a las que llega, siempre basado en la evidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Precisamente –respondió la profesora Juanita–, viendo todos los libros del profesor Vélez que tiene aquí don Tomás, y puesto que algunos son bastante voluminosos, no sabría con cuál empezar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–El primer libro que yo le leí a Antonio –anotó el profesor Fonseca– fue <em>Del big bang al Homo sapiens</em> publicado por la editorial de la Universidad de Antioquia, y que dio lugar a la serie de conferencias de las que ya he comentado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Debo decir –respondió la profesora Juanita– que ese texto me resulta muy atractivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Estos otros dos de menor extensión –siguió diciendo el profesor Fonseca–, sobre las medicinas alternativas y la parasicología, podrían ser un buen inicio de lectura, pero para una mejor comprensión de su obra hay que leer <em>Homo Sapiens</em>, que es el más voluminoso de todos, en el que se repasan varios de los temas tratados en libros anteriores y se llega a conclusiones muy interesantes, como la referente al asunto del libre albedrío que casi dos décadas más tarde retoma Robert Sapolsky en su libro “<em>Determined</em>” que fue traducido al español con el título de “<em>Decidido</em>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–¡Ah! Qué interesante –comentó la profesora Juanita– porque los planteamientos de Sapolsky sobre el libre albedrío, que es una pieza central de algunas confesiones religiosas y de los sistemas judiciales, suscitan fuertes controversias sobre cuestiones de responsabilidad e imputabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Permítame, profesora –dijo Fonseca–, buscar un pasaje del libro de Antonio que tiene que ver con este tema… mire, aquí está, en la página 296, hace referencia a una serie de experimentos en los que se registra la actividad cerebral de un sujeto al cual se le han colocado una serie de electrodos, y se le pide que realice algún acto supuestamente voluntario, sin embargo el análisis posterior indica que antes de que el individuo hubiera manifestado su voluntad de realizar una acción específica el cerebro ya había decidido por él autónomamente, y que, por lo tanto, la volición es inconsciente y lo que se tomaba como causa es el efecto y viceversa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Sapolsky llega a conclusiones similares –afirmó la profesora Juanita– y sustenta sus afirmaciones con novedosos experimentos utilizando procesamiento de imágenes de resonancia nuclear magnética, que corroboran los hallazgos anteriores hechos con equipos más primitivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Para una sociedad –concluyó Fonseca– que se fundamenta en los principios de virtud y pecado, inocencia y culpabilidad, premio y castigo, prescindir del libre albedrío supondría realizar una revisión a fondo de sus estructuras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Lo cual –comentó la profesora Juanita– parece ser muy poco probable, al menos en el corto y mediano plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Porque los prejuicios culturales –añadió Fonseca– son duros de matar. A pesar de todos los avances científicos y tecnológicos que ha experimentado la humanidad en los últimos doscientos años la credulidad de la población en cuestiones esotéricas y fenómenos paranormales no parece haber disminuido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Más aun –complementó la profesora Juanita–, a todas esas creencias de vieja data se han sumado el avistamiento de ovnis y las abducciones alienígenas, como resultado indirecto de la carrera especial que se inició luego de la Segunda Guerra Mundial, como parte de la Guerra Fría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Que nuevamente se está calentando –afirmó Fonseca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Siempre por las mismas razones –dijo la profesora Juanita–. Es como si la violencia y el ejercicio desaforado del poder fuera una impronta en el ADN de la humanidad que opaca o desconoce los principios éticos más fundamentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–A este respecto –comentó el profesor Fonseca– el libro de Antonio al que me he referido tiene un capítulo muy interesante sobre los orígenes de la ética y los estrechos vínculos que han existido entre el poder y la religión, cuya expansión ha estado fuertemente entrelazada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Sin embargo–apuntó la profesora Juanita– me da la impresión que actualmente las estructuras religiosas han perdido mucha de su antigua influencia para ser suplantadas por todo tipo de tendencias ideológicas y activismos sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Mirados en un plano estrictamente racional –dijo Fonseca– las religiones y las ideologías políticas comparten sus fundamentos y su visión del mundo cuando proclaman la existencia de una ley natural implantada en cada individuo, que se proyecta en los preceptos de la ética y sus consecuencias políticas, pero aun esto se fundamenta en los procesos evolutivos relacionados con el egoísmo genético.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–¿El egoísmo genético? –preguntó la profesora Juanita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–El egoísmo genético –respondió Fonseca– es una manifestación de la tendencia a preservar la información genética que confiere ventajas evolutivas a una especie, siempre y cuando se transfiera de una generación a otra asegurando su supervivencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–La supervivencia del mejor adaptado –comentó la profesora Juanita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–O del más oportunista –respondió Fonseca–. Porque el mecanismo básico de la teoría de la evolución es el oportunismo. Por más fuertes que hayan sido los dinosaurios no pudieron sobrevivir el impacto de un gran meteorito, suponiendo que esa haya sido la causa de su extinción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–En su lugar –corroboró la profesora Juanita– los pequeños mamíferos empezaron a prosperar y a diversificarse hasta dar lugar a esta rama del árbol de la evolución en la que actualmente nos asentamos los seres humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–La idea central que expone Antonio en su texto –continuó Fonseca– es que esos rasgos característicos que permitieron la evolución exitosa de algunas especies quedaron almacenados como información en sus genes, y se han manifestado de manera muy similar en el comportamiento de diversas especies y en la organización social de las más complejas, como, por ejemplo, en los primates, y, muy notablemente, en los seres humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Lo cierto es –comentó la profesora Juanita– que en ocasiones no deja de sorprender la tremenda similitud que hay entre el comportamiento de ciertas especies de animales y los humanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Antonio destaca –reafirmó Fonseca– que en las más de diez mil religiones conocidas por los antropólogos se puede apreciar la influencia que ejercen los factores culturales en la determinación de los criterios éticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Teniendo en cuenta –dijo la profesora Juanita– que la cultura de cada pueblo es, al menos inicialmente, el resultado de una diversidad de factores ambientales incluyendo la disponibilidad de recursos naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Por supuesto –asintió Fonseca–. Kant consideraba que existían juicios éticos a priori en el alma de los seres humanos, en tanto que los teólogos cristianos asumían que existe una ley natural de origen divino implantada en cada individuo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Independientemente de cuál sea su origen ––comentó la profesora Juanita– estos preceptos morales nos son implantados culturalmente durante la niñez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Así es –asintió Fonseca–, ante lo cual Antonio hace uno de sus comentarios sarcásticos afirmando que “la razón entre en acción cuando ya es demasiado tarde”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Pues no le faltaba razón al profesor Vélez –coincidió la profesora Juanita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Desde otra perspectiva –continuó Fonseca–, que prescinde de la intervención de entidades sobrenaturales, se puede pensar que los patrones de comportamiento tienen su origen en factores evolutivos que generan material genético hereditario que da prelación a la supervivencia de la especie.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–En lo cual –comentó la profesora Juanita– juega un papel muy importante la reproducción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Por supuesto –asintió Fonseca–, respecto a lo cual en el texto de Antonio se encuentran algunas consideraciones muy particulares respecto a la actividad reproductiva y al comportamiento sexual de diferentes especies.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Y en el caso de los seres humanos –añadió la profesora Juanita– en el que se manifiesta una gran diversidad cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–En los procesos reproductivos de las diferentes especies –continuó Fonseca– se pueden advertir factores evolutivos, como en la tendencia de los machos a tener una descendencia numerosa que garantice la máxima difusión de sus genes; y en la preferencia de las hembras por los machos de características superiores, que ofrezcan las mejores condiciones para la subsistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Todos los asuntos que tienen que ver con la moral –subrayó la profesora Juanita– tienden a generar fuertes discusiones entre personas con perspectivas diferentes de la misma situación, y los temas que hemos mencionados no son la excepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–En sus textos –continuó Fonseca– Antonio aborda cuestiones todavía más espinosas, como las que tienen que ver con las religiones y el papel que a lo largo de la historia han tenido en las expoliaciones y genocidios de unos pueblos por otros, siempre en el nombre de dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–O de las ideologías –intervino la profesora Juanita– que reemplazan a Dios por utopías más terrenales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Tu comentario –respondió Fonseca– me hace recordar un pasaje del libro de Antonio donde se refiere a la aparente necesidad de los seres humanos de creer en poderes sobrenaturales, y cómo en la China de Mao, en la que estaban prohibidos los cultos religiosos, muchos conductores ponían una foto de Mao en los retrovisores para que los protegiera de accidentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–No hay duda –comentó la profesora Juanita– de que, en su momento, y al igual que sucedió con otros líderes sanguinarios de la historia, Mao era un dios para sus seguidores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Curiosamente –dijo Fonseca–, Mao consideraba que la religión era el opio del pueblo, y puesto que los chinos tienen una trágica historia relacionada con el opio, prohibió las prácticas religiosas; pero el actual dirigente de China considera que las redes sociales son el nuevo opio del pueblo, y supongo que también las van a prohibir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Eso está por verse –comentó la profesora Juanita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–En fin –dijo Fonseca– nos podríamos quedar mucho rato mencionando citas puntuales del texto de Antonio, de temas que encontraríamos a lo largo de sus más de seiscientas páginas, pero lo único que puedo decir es que sigue teniendo una gran actualidad, sobre todo en estos momentos tan críticos que atravesamos, y que su lectura reflexiva y juiciosa aporta elementos claves para entender de dónde venimos y para dónde vamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Justamente –añadió la profesora Juanita– ese es uno de los grandes valores de la práctica de la divulgación científica: aportar elementos de juicio confiables para tener una opinión bien informada a la hora de tomar decisiones y poder rebatir las falacias con las que, desde diferentes sectores, pero siempre con los mismos intereses, se intenta subyugar a las sociedades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–Debo confesar –reconoció Fonseca– que mi gran placer al debatir sobre estos temas con interlocutores tan lúcidos, honestos y bien informados como Antonio Vélez, es el mismo que experimentan los amantes de la música o de la literatura cuando comparten con quienes tienen &nbsp;sus mismos gustos y conocimientos de una u otra disciplina; pero no me hago la ilusión de que tales gustos o convicciones lleguen al gran público con los beneficios libertarios que usted señala, mi querida Juanita, porque, citando una expresión que con frecuencia le escuché al maestro Antonio: “primero se acaba el helecho que los marranos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En audio aquí <a href="https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link">https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Obras citadas de Antonio Vélez:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Del big bang al Homo sapiens</em>, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1994.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Medicinas alternativas</em>, Editorial Planeta, 1997.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Parasicología, </em>Taurus, Santa Fe de Bogotá, Santa Fe de Bogotá, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Homo Sapiens</em>, Villegas Editores, Bogotá, 2006.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125249</guid>
        <pubDate>Thu, 29 Jan 2026 12:35:27 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">125249</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/pensamientos-sobre-algunos-ensayos-de-lewis-thomas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón de los temas y te lo pone a palpitar frente de los ojos. Fue un médico destacado, ensayista, investigador y, además, poeta y etimólogo. Su primer libro, <em>Las vidas de una célula: notas de un observador de la biología</em> (<em>The Lives of a Cell: Notes of a Biology Watcher</em>, 1974), colección de ensayos, ganó el National Book Awards. Otras colecciones de ensayos incluyen <em>La medusa y el caracol</em> (<em>The Medusa and the Snail</em>), <em>La ciencia más joven</em> (<em>The Youngest Science</em>) y <em>Late Night Thoughts on Listening to Mahler&#8217;s Ninth Symphony</em> (que se traduce como <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/59/Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg/500px-Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hace tiempos, dediqué una entrada en mi blog a <em>La obra maestra del diácono, </em>ensayo titulado así, que aparece en el libro <em>La medusa y el caracol</em>. En este, Thomas se pregunta: “¿de qué nos moriríamos si el avance de la ciencia resolviera o encontrara la cura para todas las enfermedades?” Y dice que la respuesta — por lo demás, genial en mi opinión— la encontró en un poema del siglo 19 escrito por otro médico, Oliver Wendell Holmes, llamado: <em>La obra maestra del diácono</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el poema, el diácono ha construido la calesa perfecta, sin fallas en ninguna de sus partes; todas con la misma resistencia, que ni se quiebran ni se descomponen. El carruaje es la analogía de un organismo sin debilidades, cuyas partes no se enferman ni deterioran, un organismo cuyas partes envejecen simultáneamente y en sincronía. Un día la calesa se derrumba de sopetón y queda “¡como si hubiera ido al molino para ser triturada!”, frase que fascina a Lewis Thomas, pues representa la muerte súbita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensando en el diseño inteligente, mejor dicho, en quienes creen en el diseño inteligente, me pregunté por qué juzgan perfecto el cuerpo humano, sabiendo que estamos llenos de defectos debido a los caminos enrevesados que a veces toma la evolución y, además, porque sus partes se deterioran de distintas maneras y a distintos tiempos. Nuestros cuerpos no son como la carroza del diácono; de serlo, un día colapsarían sus partes simultáneamente (y eso que dizque los seres humanos fueron hechos a imagen y semejanza de un Dios). Todo debería durar en buen estado hasta el final, hasta que la muerte nos aniquile de un tajo. Pero no es así, nos morimos de a partes, de a poco. Lo más terrible es que en muchos casos se muere al alma antes que el cuerpo (como le ocurre a una de cada nueve personas en el mundo).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro ensayo me llama la atención porque de cierta manera va en contra de la moda médica y social actual. Se llama “El zarzo del cerebro,” The Attic of the Brain y se encuentra en <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Thomas hace una analogía entre el zarzo de las casas y el cerebro. Dice que las casas contemporáneas están diseñadas con un concepto muy distinto a las de antes y que desafortunadamente no tienen zarzo. Que son abiertas, incluso a veces, de espacios únicos, o con ventanas que exhiben lo que ocurre adentro. No hay esos lugares cerrados, llenos de objetos polvorientos, con libros del siglo anterior, recetas de la abuela, vestidos, neceseres, disfraces, zapatos, cartas, baúl con fotografías, cepillos calvos, bicicletas destartaladas, globo terráqueo, paisajes a la acuarela desenmarcados, pupitres de cuando éramos niños, espejos, etcétera. El ático es accesible, sí, pero no se exhibe, y a Lewis Thomas le parece que deberíamos dejar nuestro ático interno sin escrutinio, sin excesos de racionalización ni control excesivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona practica el psicoanálisis o usa la ayahuasca o la psilocibina para “entrar al zarzo” está tratando de ordenar y dar sentido a algo que realmente no puede ver. Intentos que solo logran desordenar las ideas o reinventarlas, remover recuerdos y, claro, fantasear con unos nuevos, pues lo que hace la razón es justificar lo que logra ver del zarzo, pero, entendámoslo, allí no hay comprensión posible, y sus objetos están para siempre en la penumbra. Más ajetreo, más riesgo de convertirse en un “caído del zarzo”. Thomas dice que lo mejor es dejar el zarzo tranquilo y dejar que el cerebro actúe y se exprese como lo dictaminó la evolución, sin tratar de irrumpir en su naturaleza. Me gusta cuando Thomas dice que el cerebro “se controla a sí mismo y no fue diseñado por la evolución para que lo entendiéramos”. &nbsp;Sino para sobrevivir, digo yo. A Thomas le habría encantado conocer el poema de Antonio Machado que dice:</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras almas todo</p>



<p class="wp-block-paragraph">por misteriosa mano se gobierna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incomprensibles, mudas,</p>



<p class="wp-block-paragraph">nada sabemos de las almas nuestras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las más hondas palabras</p>



<p class="wp-block-paragraph">del sabio nos enseñan</p>



<p class="wp-block-paragraph">lo que el silbar del viento cuando sopla</p>



<p class="wp-block-paragraph">o el sonar de las aguas cuando ruedan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el ensayo que da nombre al libro<em> Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>, Thomas explica cómo la música le va hablando de la muerte. Él siempre pensó que se trataba de la muerte personal, la muerte del individuo, hasta que un día se dio cuenta, en el contexto de la Guerra Fría, el contexto de su época, que se podía extrapolar a la vida en la Tierra, y se dio cuenta de que nuestro cerebro y emociones son todos parte de la naturaleza, pues todo está interconectado. El ensayo es particularmente poderoso por la gravedad y urgencia ante la amenaza nuclear, que no es diferente a la que estamos viviendo hoy, con las amenazas de Israel a Irán y de Rusia a Ucrania y a Europa. Thomas contrasta la belleza y fragilidad de la vida humana y el Planeta (evocados por la música) con la absurda insensatez de una posible autodestrucción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí una cita de su libro:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La fácil tristeza expresada con tanta dulzura y delicadeza por esa frase (musical) repetida en unas cuerdas descoloridas, una y otra vez, ya no me llega como la vieja y familiar noticia del ciclo de la vida y la muerte […] he adquirido y guardado en mi afecto, hasta hace muy poco, otra rama de una idea que me es útil en mis horas oscuras: la vida de la Tierra es igual a la vida de un organismo: el gran ser redondo posee una mente: esa mente contiene un número infinito de pensamientos y recuerdos: cuando me llegue la hora, podría hallarme flotando en una suerte de aire elevado, uno de esos pequeños pensamientos, que vuelven de la memoria de la Tierra: en ese sentido peculiar, estaré vivo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“The easy sadness expressed with such gentleness and delicacy by that repeated phrase on faded strings, over and over again, no longer comes to me as old, familiar news of the cycle of living and dying. […] I have acquired and held in affection until very recently another sideline of an idea which serves me well at dark times: the life of earth is the same as the life of an organism : the great round being possesses a mind: the mind contains an infinite number of thoughts and memories: when I reach the my time I may find myself still hanging around in some sort of midair, one of those small thoughts , drawn back into memory of the earth: in that peculiar sense I will be alive.”</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Mahler Symphony No 9 Last Movement" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/N7Xw3Ns5vz4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122990</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Nov 2025 14:05:22 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">122990</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Estreno de “Libro XI”, composición de Rodolfo Acosta Restrepo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/estreno-de-libro-xi-composicion-de-rodolfo-acosta-restrepo/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el Claustro de San Agustín UNAL  la Banda Filarmónica Juvenil (agrupación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá), bajo la dirección de Andrés Cristancho Cáceres, estrenó la obra “Libro XI” de Rodolfo Acosta Restrepo el pasado 17 de octubre. Creada en 2013, la Banda Filarmónica Juvenil es tal vez la más popular de las agrupaciones [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En el <strong>Claustro de San Agustín UNAL</strong>  la Banda Filarmónica Juvenil (agrupación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá), bajo la dirección de Andrés Cristancho Cáceres, estrenó la obra “Libro XI” de Rodolfo Acosta Restrepo el pasado 17 de octubre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creada en 2013, la Banda Filarmónica Juvenil es tal vez la más popular de las agrupaciones juveniles de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, por la naturaleza de su repertorio. Integrada por 40 talentosos artistas procedentes de diferentes regiones del país, está conformada por instrumentos de las familias de las maderas, metales, percusión y bajo.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Estreno de “Libro XI” de Rodolfo Acosta" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/_Zn05qM_xeA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Libro XI” es una composición de 2025 en la que Rodolfo Acosta Restrepo tiene como intención “dialogar con el espacio público y la ciudadanía para resignificar nuestro entorno cotidiano en ritual musical. Tras muchos contratiempos, lo único que quedó fueron los intérpretes e instrumentos, y una estructura temporal. Esta idea de sonido y tiempo como bases de la existencia, sumada a que la obra se estrenaría en el Claustro de San Agustín, me recordaron el ‘Libro XI’ de las Confesiones de aquel ilustre africano. ¡Naveguemos juntos este espacio/tiempo!”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121548</guid>
        <pubDate>Mon, 20 Oct 2025 22:46:48 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/20251017_152634-1-scaled.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Estreno de “Libro XI”, composición de Rodolfo Acosta Restrepo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">121548</post-id>    </item>
    </channel>
</rss>