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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 27 Jul 2026 21:01:25 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de mujeres llorando | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Lágrimas en el arte</title>
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        <description><![CDATA[<p>En la historia de la pintura, el drama se ha representado en innumerables ocasiones. La forma más común es a través de la muerte de Cristo y los diversos descendimientos de la cruz. Sin embargo, estas representaciones suelen carecer de lágrimas, pues capturarlas pictóricamente es un asunto complejo. Las lágrimas son difíciles de pintar debido [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En la historia de la pintura, el drama se ha representado en innumerables ocasiones. La forma más común es a través de la muerte de Cristo y los diversos descendimientos de la cruz. Sin embargo, estas representaciones suelen carecer de lágrimas, pues capturarlas pictóricamente es un asunto complejo. Las lágrimas son difíciles de pintar debido a su tamaño reducido en relación con el rostro, dificultad que aumenta si se retratan cuerpos completos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Miremos la cara de la Virgen en el mural de Giotto, <em>Lamentación sobre Cristo muerto</em> (Florencia, 1337). Su expresión es de una tristeza desgarrada; no obstante, su rostro está seco. Giotto evitó representar las lágrimas y utilizó, en su lugar, el recurso de la expresión facial. Este es también un recurso difícil de manejar, pues las expresiones de risa y de llanto suelen parecerse mucho.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="888" height="747" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080130/Screenshot-2026-04-01-110329.png" alt="" class="wp-image-127670" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080130/Screenshot-2026-04-01-110329.png 888w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080130/Screenshot-2026-04-01-110329-300x252.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080130/Screenshot-2026-04-01-110329-768x646.png 768w" sizes="(max-width: 888px) 100vw, 888px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Giotto, <em>Lamentación sobre Cristo muerto</em> (Florencia, 1337).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leonardo da Vinci fue uno de los primeros en observar cómo se movían los músculos de la cara al llorar. Advirtió que el pintor debía tener cuidado, ya que las expresiones de risa y llanto son casi idénticas: &#8220;En el que ríe y el que llora no varían los ojos ni las cejas, solo la boca&#8221;. No se podía correr el riesgo de que el retrato pareciera riendo de forma histérica en vez de llorando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La constancia de la percepción —un concepto que no explicaré a fondo aquí— hace que veamos los objetos como &#8220;debemos&#8221; entenderlos y no como se ven en realidad. Prestamos atención a lo que nos interesa sin medir su tamaño relativo. Para constatar que no vemos con los ojos, sino con la inteligencia visual, tenemos como prueba las imágenes que capturamos con nuestras cámaras. Es al tomar una foto de esa escena que nos emociona cuando nos enfrentamos a la realidad del tamaño relativo. ¿Quién no ha experimentado la desilusión al intentar capturar la enorme luna que ve con sus ojos, para luego verla en la pantalla del teléfono tan minúscula que ni se percibe? ¿O ese árbol caído en la carretera que en la foto resulta apenas perceptible?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las lágrimas representan un desafío técnico por varias razones:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carecen de color propio. Su apariencia depende totalmente de lo que hay detrás (la piel, el iris, las pestañas) y de lo que tienen enfrente (la fuente de luz). Al ser una esfera líquida, actúan como una lupa: la lágrima debe magnificar y deformar la textura de la piel que cubre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pintor debe dominar el truco de dónde poner el máximo brillo, o sea, el punto blanco de óleo y la sombra proyectada. Ambos se sitúan en posiciones que parecen contraintuitivas para el inexperto, lo que hace que, si se pintan &#8220;lógicamente&#8221;, parezcan manchas planas. Si se pintan demasiado blancas o definidas, parecen de cristal o de plástico.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="444" height="840" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080418/van-der-wayden.jpg" alt="" class="wp-image-127671" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080418/van-der-wayden.jpg 444w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080418/van-der-wayden-159x300.jpg 159w" sizes="(max-width: 444px) 100vw, 444px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Fragmento de<em> El descendimiento</em>, de Roger van der Weyden</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lágrima tiene un volumen definido debido a la tensión superficial. En el borde del párpado, el líquido forma una curva cóncava que atrapa la luz de una manera específica. Si, en cambio, rueda por la mejilla, deja un rastro de humedad, que brilla distinto al resto del rostro. Es necesario hacer un cambio de color sumamente sutil.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img decoding="async" width="1024" height="767" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080818/13414f78-f84e-4877-ae9b-4b97fc65830e-1024x767.jpeg" alt="" class="wp-image-127674" style="aspect-ratio:1.335086950168055;width:329px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080818/13414f78-f84e-4877-ae9b-4b97fc65830e-1024x767.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080818/13414f78-f84e-4877-ae9b-4b97fc65830e-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080818/13414f78-f84e-4877-ae9b-4b97fc65830e-768x575.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080818/13414f78-f84e-4877-ae9b-4b97fc65830e.jpeg 1091w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pintar una lágrima requiere una observación minuciosa de las variaciones de tono. Debido a la acumulación de luz dentro de la gota, la piel debajo de ella suele verse más vibrante o saturada. Muchos pintores logran el realismo pintando únicamente los puntos de luz extrema y las sombras arrojadas; pintan, literalmente, la ausencia de materia a través de su efecto en el entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos pintores logran el realismo pintando solamente los puntos de luz extrema y las sombras arrojadas que el líquido proyecta sobre el relieve de la piel; pintan, literalmente, la ausencia de materia a través de su efecto en el entorno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se pueden exagerar, pues su peso sentimental es enorme. Las lágrimas más bellas de la historia de la pintura las hizo Roger van der Weyden, pintor flamenco, alrededor de 1435 en su tríptico <em>El descendimiento</em>. Esta es una de las obras más exquisitas y conmovedoras de la historia de la pintura europea, en mi opinión. Las lágrimas de la virgen son grandes pero el manejo que hace el artista es tan perfecto que resulta imposible notar su artificialidad. En el arte, a veces el artificio es necesario, pues precisamente corrige nuestra (in)habilidad biológica para percibir o para sentir, y rebusca la manera de lograrlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al comparar las lágrimas de la ingeniera Diana Trujillo en una fotografía (aunque sean de felicidad) con las de la Virgen de van der Weyden, la imagen explica lo dicho: a veces el drama pictórico es más real en el arte que en la vida misma. La realidad suele estar rodeada de distractores; en la pintura, solo existe lo que se muestra. Además, la vida puede ser tan demandante que nos distrae de la tristeza y no nos deja un minuto para vivir nuestra &#8220;luna de miel del dolor&#8221;.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="842" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080631/IMG_6391-842x1024.png" alt="" class="wp-image-127672" style="aspect-ratio:0.8222667236685193;width:364px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080631/IMG_6391-842x1024.png 842w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080631/IMG_6391-247x300.png 247w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080631/IMG_6391-768x934.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080631/IMG_6391.png 1206w" sizes="auto, (max-width: 842px) 100vw, 842px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas formas de arte, cuando su propósito es desencadenar un número determinado de emociones, se alejan de la mera realidad y encuentran trucos para que experimentemos lo que el artista desea. Como mencioné en un artículo anterior, no tiene sentido juzgar si una imagen es verdadera o falsa. El hecho es que la virgen de van de Weyden llora, entendemos su dolor y nos conmueve.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Demos un salto en el tiempo para llegar a Pablo Picasso y sus mujeres que lloran con pañuelo o sin pañuelo. Picasso describe el drama interior. No cabe duda del sufrimiento intenso en esos rostros. No tendría sentido decir que son caras deformes, pues el llanto deforma el gesto. Quizás por eso nos apena mirar de frente a quien llora, pues es un rostro nuevo, irreconocible y, a veces, espantoso. Picasso ve lo que solemos evitar y lo retrata de forma contundente.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="579" height="672" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080743/Screenshot-2026-03-31-140249.png" alt="" class="wp-image-127673" style="aspect-ratio:0.8616226157074481;width:425px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080743/Screenshot-2026-03-31-140249.png 579w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080743/Screenshot-2026-03-31-140249-258x300.png 258w" sizes="auto, (max-width: 579px) 100vw, 579px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Otra vez nos enfrentamos al problema de la belleza y la verdad. El llanto elimina la belleza, pero la Virgen debe ser siempre bella, así que hay que hacer lo que en el Barroco y Renacimiento llamaron la &#8220;lágrima enjoyada&#8221;: una lágrima como si fuera una perla transparente para que el espectador pudiera sentir el dolor sin dejar que lo “grotesco” se apoderara del rostro. Al llorar, los ojos se hinchan, la nariz se enrojece, los labios se tuercen y aparecen arrugas que no están ahí habitualmente.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="623" height="829" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080926/Screenshot-2025-11-25-083538.png" alt="" class="wp-image-127675" style="aspect-ratio:0.7515166471301952;width:299px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080926/Screenshot-2025-11-25-083538.png 623w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/04/05080926/Screenshot-2025-11-25-083538-225x300.png 225w" sizes="auto, (max-width: 623px) 100vw, 623px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Lágrima verdaderamente enjoyada, producto de la IA</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la verdad y la efectividad en el arte, vale la pena leer el siguiente artículo de Pérez Reverte que explica mi punto, pero en una fotografía: <a href="https://americanuestra.com/arturo-perez-reverte-el-miliciano-que-no-murio/">El miliciano que no murió</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127669</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Apr 2026 13:10:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Lágrimas en el arte]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>BTS, la histeria por esos coreanos maquillados cantando… y Franz Liszt</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/bts-la-histeria-por-esos-coreanos-maquillados-cantando-y-franz-liszt/</link>
        <description><![CDATA[<p>BTS. Un montón de coreanos cantando. (Me gusta su música. A veces me suena igual. No siempre. Pero a veces sí. Hay bailes que disfruto. Otros… siento que ya los vi. Otra vez. Igualito. No me matan. Tampoco me disgustan.) Hasta ahí, todo normal. Pero hay algo… algo que me tiene pensando más de la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>BTS.<br />
Un montón de coreanos cantando.</p>
<p>(Me gusta su música. A veces me suena igual. No siempre. Pero a veces sí.<br />
Hay bailes que disfruto. Otros… siento que ya los vi. Otra vez. Igualito.<br />
No me matan. Tampoco me disgustan.)</p>
<p>Hasta ahí, todo normal.</p>
<p>Pero hay algo…<br />
algo que me tiene pensando más de la cuenta. Y no son ellos.</p>
<p>Son ellas.</p>
<p>Las Armys. A-R-M-Y. Como ejército. Y sí… lo son.</p>
<p>Porque ahí hay un abismo. Literal.</p>
<p>Están las niñas. Preadolescentes. Adolescentes. Diecisiete, dieciocho…<br />
Y después aparecen mujeres de treinta y cinco para arriba, de cuarenta, de cincuenta, hasta de sesenta y hasta setenta años. Amigas mías. Madres de mis amigas. Mujeres ya grandotas, grandotas, tragadas, pero tragadas, de esos coreanos, con una intensidad que ni mis años más devotos de Ricky Martin.</p>
<p>Y no hablo de un caso aislado. Ojalá fuera una.<br />
Son muchas. Demasiadas para ser casualidad.</p>
<p>Las conozco… por WhatsApp.</p>
<p>(Ya sé. Qué lugar tan raro para descubrir un fenómeno cultural mundial.<br />
Pero así funciona ahora la vida: uno se entera de todo por los estados de la gente.)</p>
<p>Entro a chismosear —porque sí, es perder el tiempo, pero uno entra—<br />
y ahí están:</p>
<p>uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete estados…<br />
BTS. BTS. BTS.</p>
<p>Y gracias a esos estados los he ido conociendo.<br />
No a ellos. A BTS como fenómeno.</p>
<p>Hay un dicho horrible, cargado de estereotipo cultural: “todos los chinos son iguales”. Ya sé, ya sé: BTS es coreano. COREANO. Que después no vengan las Armys y me cuelguen. O me hagan brujería por WhatsApp, que en estos tiempos uno nunca sabe. Pero tengo que admitir algo: a mí varios de ellos se me confunden. Me enredo. Entre el mismo tono de pelo de algunos, la producción tan calculada y esa perfección tan cuidadosamente fabricada, me cuesta distinguirlos.</p>
<p>Y eso es lo más fuerte.</p>
<p>Ellos están… demasiado producidos.</p>
<p>Y cuando digo producidos, es producidos de verdad.<br />
Maquillados. Pero maquillados con precisión quirúrgica.<br />
Gloss. Delineado. Pestañas. Base. Corrector. Piel perfecta.</p>
<p>Cabello en su sitio exacto. Ni un pelo rebelde.<br />
Nada se mueve donde no debe.</p>
<p>Todo… impecable.</p>
<p>Demasiado impecable.</p>
<p>Y esa perfección… me asusta un poco.</p>
<p>Porque no existe.</p>
<p>Me puse a pensar —y sí, esto ya es obsesión mía—:<br />
¿Cómo se ven cuando se levantan un lunes cualquiera?<br />
En bóxer. Descalzos. Sin luces. Sin filtros. Sin ese ejército de manos que los construye.</p>
<p>Los busqué.</p>
<p>Quería verlos humanos. De carne y hueso.</p>
<p>No los encontré.</p>
<p>Todo lo que pretende ser “natural” sigue estando editado.<br />
Retocado. Iluminado. Cuidado.</p>
<p>Entonces…</p>
<p>vivimos en un mundo que critica a las mujeres por usar filtros,<br />
por maquillarse demasiado,<br />
por construir una imagen…</p>
<p>y al mismo tiempo idolatra —con la misma intensidad— a hombres que encarnan un nivel de perfección aún más intervenido.</p>
<p>Y ahí algo… no cuadra.</p>
<p>Porque aquí no solo hay música.</p>
<p>Aquí hay deseo.<br />
Hay construcción.<br />
Hay personajes.</p>
<p>Cada uno tiene su rol:<br />
el romántico, el serio, el divertido, el “loquito”, el sensible.</p>
<p>Todo está diseñado para que alguien —en algún lugar del mundo— diga:<br />
“ese es el mío”.</p>
<p>Y funciona.</p>
<p>Claro que funciona.</p>
<p>(Lo sé. Yo fui —soy— fan de Ricky Martin desde niña.<br />
Entiendo perfectamente esa emoción loca.)</p>
<p>No hay juicio ahí.</p>
<p>Pero sí hay una pregunta.</p>
<p>¿Quiénes son ellos cuando no están actuando?</p>
<p>¿Ese romanticismo es de verdad?<br />
¿Ese gesto, esa mirada, esa forma de moverse?</p>
<p>¿O estamos viendo una coreografía emocional tan ensayada como sus pasos de baile?</p>
<p>Y entonces la inquietud crece.</p>
<p>No por las adolescentes —aunque sí, son más manipulables—<br />
ni por las mujeres adultas, que ya han vivido suficiente como para saber dónde están paradas.</p>
<p>La inquietud va por otro lado.</p>
<p>Más silenciosa.</p>
<p>Más incómoda.</p>
<p>Un mundo que cada vez consume más figuras construidas.<br />
Más perfectas. Más pulidas. Más diseñadas.</p>
<p>Y poco a poco…<br />
esa construcción empieza a sentirse real.</p>
<p>Y cuando lo irreal se siente real,<br />
algo se desajusta.</p>
<p>No en ellos.</p>
<p>En nosotros.</p>
<p>Porque BTS no inventó nada.<br />
Ellos son el resultado.</p>
<p>El resultado de un sistema que entendió algo antes que todos:<br />
que la perfección vende.<br />
aunque no exista.</p>
<p>Y ahí estamos.<br />
mirando, compartiendo, guardando, defendiendo…</p>
<p>creyendo, un poquito, que sí.</p>
<p>Y aquí, mientras pienso si esas últimas frases de arriba me sirven de final para esta columna, toc, toc, toc: un grupo de preguntas empezó a golpearme la cabeza. ¿De dónde diablos salieron las fans? Es decir, ¿eso quién se lo inventó? ¿Cuándo sucedió por primera vez?</p>
<p>Una cree que las Armys y todo eso nació con internet. Con el pop. Con la radio. Con los discos. Con la televisión. Fabricadas por TikTok. Que se riegan por WhatsApp. Hijas de la histeria digital. Mentira. Bueno, no mentira completa, pero esa vaina viene desde antes de Cristo.</p>
<p>Y aquí me fui a mi obsesión de siempre: Mesopotamia. Que me encanta. Ahí siento que comenzaron demasiadas cosas que todavía seguimos repitiendo, aunque ahora las repitamos con boletería digital y videos en estados de WhatsApp, pero sigue siendo muy similar.</p>
<p>En la Mesopotamia del quinto milenio antes de Cristo ya había instrumentos musicales. Obviamente. Instrumentos de viento hechos de hueso. Y en Uruk, siglos antes de que existieran los pósteres ochenteros, ya había músicos dibujados en pictogramas. Esos pictogramas son los ancestros de los afiches.</p>
<p>La música en Mesopotamia dominaba la política, la espiritualidad y la ceremonia.</p>
<p>Y eso me fascina.</p>
<p>En cambio hoy, la música es muchas veces eso que está sonando detrás, mientras ocurren las cosas importantes. La música actual queda reducida a entretenimiento, acompañamiento y distracción.</p>
<p>En Mesopotamia la música no era ambiente. No era una cosita linda de fondo. Era una fuerza colectiva. Ordenaba ceremonias y levantaba fervores. En el Akitu, la celebración de Año Nuevo más antigua del mundo (en una columna pasada les hablé sobre ella) los músicos tenían un lugar central dentro del rito.</p>
<p>A tal nivel loco de que algunos instrumentos eran considerados casi sagrados. No era solo la atracción por el músico. En el cuarto milenio antes de Cristo ya existía una fetichización del objeto musical. Instrumentos con nombre propio. Instrumentos considerados entidades divinas menores, como Ningizibara, un instrumento de cuerda mesopotámico. Y a mí eso me parece brutal, porque de ahí viene algo que seguimos haciendo hoy: la reverencia al objeto. La guitarra del rockero. El piano del virtuoso. El micrófono, el vestuario, el mechón de pelo, la reliquia pop.</p>
<p>Después aparecen las tablillas. Y ahí la cosa se pone superinteresante. Las canciones hurritas de Ugarit —no sé cómo suenan; ¿estarán en YouTube?—, conservadas en arcilla desde el siglo XIV antes de Cristo, muestran que la música ya podía fijarse, guardarse, volver a tocarse. Esas tablillas son las tatarabuelas salvajes de las partituras. Ya había repertorio. Ya había repetición. Ya había memoria musical. Ya existía el gusto por una obra específica y esa obsesión tan humana por volver a oír lo mismo, una y otra vez.</p>
<p>Y aquí es donde la cabeza se me fue lejísimos. Porque yo estaba pensando en unas señoras de WhatsApp, tragadas de BTS, y terminé en Mesopotamia. Así funciona a veces esta cabeza. O al menos la mía.</p>
<p>Y sigo… ¿Siguen conmigo?</p>
<p>Cuando una empieza a escarbar en la historia siempre aparece Grecia. Y ahí me encontré con los Juegos Píticos, celebrados en Delfos en honor a Apolo.</p>
<p>Eso me fascinó.</p>
<p>Porque mientras los Olímpicos premiaban músculos, velocidad y cuerpos entrenados, los Píticos ponían a competir otra cosa: la música y la poesía.</p>
<p>Y esta vaina es lo máximo.</p>
<p>Porque ahí ya no estamos solo frente al rito, como en Mesopotamia. Ahí estamos frente a algo muchísimo más cercano a nuestro hoy: la competencia artística como evento masivo. Como multitud pendiente de quién gana, de quién emociona más, de a quién le dan más aplausos.</p>
<p>Y los Píticos son el ancestro respetable de todos los realities musicales de hoy.</p>
<p>Sí.<br />
Factor X en sandalias.<br />
La Voz con túnicas ¿Usaban túnicas?<br />
El teatro repleto. El público esperando al solista o poeta favorito. Conteniendo la respiración. Gritando hasta quedarse sin voz. Estallando en aplausos. Viajando desde distintas ciudades para verlo, para escucharlo, para decir: ese, ese es el mío.</p>
<p>Y a mí esto me parece tremendo porque ahí ya aparece claramente el público musical como fanaticada. La admiración convertida en pasión. La identificación con un artista. El deseo de escoger a alguien. De seguir a alguien.</p>
<p>Y aquí una descubre otra cosa: las fanáticas musicales tampoco son invento de Occidente. Ni de TikTok. Ni de los fandoms con nombre oficial y logo.</p>
<p>En Asia también estaban. Y con una fuerza política y cultural inmensa.</p>
<p>Hay algo de China que a mí me parece todavía más hermoso, que Mesopotamia y Grecia.</p>
<p>Allá, durante siglos, la figura que más se acercó a una estrella de rock no fue el músico.</p>
<p>Fue el poeta.</p>
<p>Y eso me encanta. Me conmueve, incluso. Porque recuerda la importancia civilizatoria de la poesía, su capacidad para desordenar una época, para hechizar a una sociedad, para producir culto, imitación, fervor.</p>
<p>Una capacidad que hoy la poesía perdió. Las desplazaron las frases motivacionales. Pero eso es tema para otra columna.</p>
<p>Li Bai el poeta. Li Bai tenía sus Armys. Desparramadas por China, sin TikTok, pero las tenía (el ancestro de Li Bai inventó TikTok – nooo, mentiras estoy especulando, aunque quién sabe…). A Li Bai lo seguían realeza, funcionarios, eruditos, gente del común. Le perdonaban sus excesos. Le festejaban sus borracheras. Le aplaudían sus desplantes. Al artista se le aguantan cosas que a los demás no.</p>
<p>Y eso también es fandom.<br />
Solo que con poemas.</p>
<p>Siglos más tarde, en Europa aparece Franz Liszt. Y ahí ya la historia se vuelve deliciosamente loca. El equivalente a los BTS pero sin coreografía, con música clásica y piano de cola.</p>
<p>Lo de Liszt en la década de 1840 fue una locura. Literalmente así la describieron. Heinrich Heine bautizó el fenómeno como Lisztomanía. Cuando Franz Liszt daba un concierto y tocaba (obviamente) sucedía la locura: mujeres desmayándose, llorando, arrebatándose objetos que él tocaba o rozaba, peleándose por un mechón de pelo, guardando cuerdas rotas de piano como reliquias, mandándolas a convertir en pulseras, recogiendo los restos de sus cigarros y los posos de su café como si hubieran pertenecido a un santo pagano del teclado.</p>
<p>Liszt es el BTS de la música clásica. Él coinvertía la interpretación musical en espectáculo físico: su presencia seductora y arrebatadora, su erotismo escénico, él en personaje. Ya no era suficiente tocar bien. Había que aparecer. Mover el cabello seductoramente. Balancearse sobre el piano. Coquetear con la multitud. Volver la música una escena de deseo.</p>
<p>Ahí ya estamos peligrosamente cerquita del presente.</p>
<p>Muy cerca de BTS, además.</p>
<p>Porque con Liszt aparece algo tremendo que seguimos viendo hoy: el talento importa, sí, pero el cuerpo también; la ejecución importa, sí, pero la puesta en escena también; la obra importa, sí, pero la fabricación del ídolo pesa muchísimo. Y alrededor de esa mezcla estalla la locura de las fans. Antes era las Lisztomaníacas hoy son las Armys.</p>
<p>Cambian los siglos. Cambian los peinados. La locura fanática no.  O sea: las Armys no aparecieron de la nada. Tienen antepasados. Poéticos en China. Frenéticos con Liszt. Devotos en templos y teatros mucho antes de que existieran los estados de WhatsApp.</p>
<p>El problema no son las fans. Ni siquiera BTS. El problema es otro. Un mundo cada vez más hábil para fabricar figuras irresistibles y venderlas como si fueran espontáneas.</p>
<p>Antes bastaban el genio, el rito, el poema, el virtuosismo. Hoy hace falta además una piel sin poros, un mechón perfectamente en su lugar, una personalidad diseñada al detalle, una ternura calculada, una seducción milimétrica.  Por eso esas mujeres —las adolescentes, las de cuarenta, las de sesenta, las grandotas, las tragadas— no están siguiendo solamente a siete hombres coreanos que cantan y bailan. Están siguiendo una fantasía fabricada con una precisión feroz. Y ahí, justamente ahí, está el espejo raro donde nos estamos mirando.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127332</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Mar 2026 19:00:01 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/23135544/portadas-el-espectador-4.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[BTS, la histeria por esos coreanos maquillados cantando… y Franz Liszt]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Los ricos, como don Luis Carlos, también lloran</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/los-ricos-como-don-luis-carlos-tambien-lloran/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras un poderoso empresario se queja de la situación, los trabajadores colombianos están infelices en sus trabajos, tanto que muchos inventan enfermedades para quedarse en casa, según el libro “Los colombianos somos así”.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Van pa´l cielo y van llorando</em>, dice el dicho</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mismo día que <a href="https://www.pulzo.com/economia/empresa-sarmiento-angulo-corficolombiana-saldria-colombia-que-pasaria-PP4420659">Pulzo</a> nos contaba que “Sarmiento Angulo sacaría de Colombia uno de sus negocios más rentables por dura situación” (según ese medio, el Grupo Aval busca nuevos horizontes en los negocios de infraestructura), <strong>El Espectador</strong> nos informaba quiénes son <a href="https://www.elespectador.com/economia/estas-son-las-personas-mas-ricas-de-colombia-segun-la-lista-forbes/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR18ym74MZIZc0nNk2_VSUS6P9IF2N3_emGRdPBGytVEWIktqvmILt1_SSU_aem_5_lA8zLgQ0fsOfzbRQF7hQ">los más ricos de Colombia</a>, según la lista Forbes, y ahí está el doctor Luis Carlos, el rey Midas de la banca y la construcción, además de dueño del diario El Tiempo, con una fortuna que rondas los US$6.400 millones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Calculadora en mano, me puse a fantasear. Si el banquero repartiera su fortuna entre todos los colombianos (51.600.000 personas, según el DANE), a cada uno nos correspondería, manos o menos, de a $522 mil, aunque nos iría mejor con el señor Jaime Gilinski, el más rico de Colombia: recibiríamos de a $873 mil, más o menos. ¡$oñar no cuesta nada!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el doctor Sarmiento Angulo está preocupado por la <em>situa</em>, imagínense la preocupación de la inmensa mayoría de colombianos que, a pesar de trabajar como burros, más que la gente de cualquier otro país de la OCDE, difícilmente logran salir de la pobreza, y en cambio entran a engrosar otra lista para nada glamorosa: la de los pobres y pobres extremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el economista Eduardo Lora, autor del libro “Los colombianos somos así” (sello editorial Debate, 317 páginas), 22 millones de personas “le dedican largas horas a ganarse la vida produciendo algo o prestando servicios a los demás”, y el 42% (9,5 millones) “trabajan como independientes, no como asalariados”. Así, mientras “el alemán promedio trabaja 1.340 horas al año, el colombiano promedio le dedica al trabajo 2.405 horas cada año”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de un análisis riguroso de las estadísticas, esta obra retrata todos los aspectos de la vida en Colombia: familia, uso del tiempo, religión, educación, trabajo, política, calidad de vida (qué tan felices somos), entre otros. Unos hallazgos sorprenden y otros deprimen.  Es un libro de lectura obligada para entender por qué somos como somos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El Espectador</strong> reprodujo apartes del capítulo sobre las <a href="https://www.elespectador.com/politica/asi-son-las-elites-en-colombia-segun-investigacion-de-eduardo-lora/">élites colombianas</a>.  <strong>&#8220;La persistencia de los apellidos se refuerza notablemente por el hecho de que los miembros de familias con apellidos de élite se casan entre sí&#8221;. </strong></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Eduardo Lora, economista. Foto: Cortesía Penguin Random House.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="660" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04204258/A-LORA-1024x660.jpg" alt="" class="wp-image-114047" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04204258/A-LORA-1024x660.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04204258/A-LORA-300x193.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04204258/A-LORA-768x495.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04204258/A-LORA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>“Los colombianos son madrugadores y muy trabajadores, más que casi cualquier otra nación del mundo”: </strong>Eduardo Lora, en el libro <em>Los colombianos somos así.</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De los salarios ni hablar. “Las desigualdades salariales son mucho mayores en el mundo de las microempresas e incluso de las pequeñas empresas que en las medianas o grandes empresas”, dice el exdirector de Fedesarrollo, y columnista de <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La realidad está resumida en la canción de la Billo´s Caracas Boys: <em>“Tanto trabajar y no tengo na”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida se nos está yendo detrás de un sueldo para poder sobrevivir, muchas veces sin derecho al goce que proporcionan el tiempo libre, bien sea para dedicarlo a la familia, a la vida social, a la recreación personal o a los placeres intelectuales, de los que habla el economista <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/eduardo-lora-/no-hay-tiempo-para-los-placeres-intelectuales">en esta columna,</a><strong> </strong>que les recomiendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“</em><em>Una sociedad que no dedica tiempo a los placeres intelectuales arriesga su propio desarrollo. La falta de pensamiento crítico, la limitación del conocimiento y la disminución de la capacidad analítica son las consecuencias directas del poco tiempo dedicado al intelecto”, </em>nos previene.<em> &nbsp;</em><strong></strong></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-large-font-size wp-block-paragraph">La cuestión es preocupante. <strong>“Casi el 40% de los trabajadores colombianos reconoce que ´<em>recientemente simuló estar enfermo para no ir un día al trabajo</em>´”</strong>: Eduardo Lora, economista.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La gente es infeliz en el ámbito laboral. “Uno de cada seis asalariados y uno de cada tres trabajadores independientes quisieran cambiar de trabajo”, porque se sienten mal remunerados o haciendo labores por fuera de sus capacidades.  Estos datos coinciden con un estudio de la Universidad de la Sabana que midió el ambiente laboral en el mundo del periodismo, tema de otra entrada de este blog.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="5ENxlbn8CI"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-la-mitad-de-los-periodistas-colombianos-quiere-cambiar-de-oficio/">¿Por qué la mitad de los periodistas colombianos quiere cambiar de oficio?</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;¿Por qué la mitad de los periodistas colombianos quiere cambiar de oficio?&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/por-que-la-mitad-de-los-periodistas-colombianos-quiere-cambiar-de-oficio/embed/#?secret=3GyKo8wb7L#?secret=5ENxlbn8CI" data-secret="5ENxlbn8CI" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con el libro <em>Los colombianos somos así</em>, “menos del 30% de los ocupados (asalariados e independientes) se sienten muy satisfechos con la vida laboral”; las mujeres son las más insatisfechas. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos podríamos conformar con que los empresarios se pongan en los zapatos de los demás y apoyen decididamente una reforma laboral que acorte desigualdades e infelicidades, que piensen menos con sus billeteras llenas y más con el corazón.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conclusión del doctor Lora “es que ni siquiera uno de cada tres trabajadores se siente totalmente a gusto con su trabajo”. ¿Mi conclusión? ¡Yo también quisiera llorar como los ricos! </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="668" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-668x1024.jpg" alt="" class="wp-image-114042" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-668x1024.jpg 668w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-196x300.jpg 196w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-768x1177.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-1002x1536.jpg 1002w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-1336x2048.jpg 1336w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/04181459/A-SOMOS-ASI-scaled.jpg 1671w" sizes="auto, (max-width: 668px) 100vw, 668px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114020</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Apr 2025 12:55:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/08102553/A-RICO-LLORAN.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Los ricos, como don Luis Carlos, también lloran]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-novela-de-daniel-angel-sobre-la-masacre-de-el-salado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Como lector me siento devastado, como si lo narrado en &#8220;Montes de María&#8221; hubiera ocurrido esta mañana, y no hace 25 años, cuando recién estrenábamos siglo. Entrevista con el autor. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Daniel Ángel, autor de la novela histórica &#8220;Montes de María&#8221;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2885bed59c955d93fe0c30ad970f8304 wp-block-paragraph"><em>“Las personas del pueblo no eran malas. Malas las que llegaron aquella mañana a matarnos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensé que no iba a llorar, pero con el correr de las hojas entendí que los muertos de El Salado merecen cada lamento del lector.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">“Montes de María” (Periscopio Casa Editorial, 151 páginas) es una novela que llora y sangra. Tratándose de la historia reciente de Colombia no podía ser de otra manera. En el libro de Daniel Ángel (Bogotá, 1985), hasta los muertos hablan: <em>“Nosotros no tememos que nos maten el cuerpo, sino el alma”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es imposible no llorar por ellos y con ellos: con la profe Doris, con Jairito, con ´el bobo del pueblo´, con Lucho y los demás personajes: <em>“… le acaricié la mano y le dije: tranquila, madre, nos vemos donde Diosito”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor bogotano los desenterró de donde el tiempo ya no existe, para que cuenten el horror que vivieron en el preludio de aquella carnicería humana: <em>“Esto que nos ocurrió no se lo deseo ni al mismo diablo”.</em>   </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los paramilitares no respetaron a nadie: ni a mujeres, ni a niños, ni a hombres, ni a ancianos: <em>“Doris vio en el piso un papelito blanco (…) </em>vieja ijueputa, se morirá como todos los sapos, con las tripas por fuera<em>. Estaba firmado en la parte inferior con las iniciales AUC”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La sevicia de la guerra y la crueldad del hombre danzan en sincronía por estas páginas: <em>“La desnucaron y luego le metieron un palo por allá”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay oraciones que suenan a letanía: <em>“Es una bella noche. Una hermosa noche para la muerte”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día llovieron amenazas desde un helicóptero: <em>“Coman, beban y celebren estas fiestas de fin de año, porque serán las últimas para ustedes”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-2571d7f37a28ecacab6f1a1df1fae86c wp-block-paragraph"><strong><em>“Todas las noches antes de dormir me envuelvo en mi mortaja para no tener que afanar a nadie con ese trabajo”.</em> </strong>(Montes de María, novela del colombiano Daniel Ángel).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno quisiera creer que esto no ocurrió, pero sí ocurrió y duele más porque ¿Quién nos asegura que no volverá a ocurrir o que no está ocurriendo mientras leemos esto?: <em><strong>“Observé que los cerdos y algunos chulos comían y retozaban sobre los cadáveres de nuestros familiares y vecinos”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta los ríos, convertidos en féretros, pueden dar razón de los difuntos: <em>“… no bebió de dicha agua, pues sabía que en ella corrían los despojos de muchos de sus conocidos, que luego de asesinados fueron arrojados a los ríos con los vientres abiertos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Donde está la muerte también están Dios y el diablo, aunque nos parezca que el segundo lleva la ventaja: <em>&#8220;Si pasó lo que pasó fue porque Dios así lo quiso&#8221;. </em>No así con el diablo, que en el caos siempre tiene oficio: “<em>Maulló mientras el anciano le hizo un corte con un cuchillo en una de sus patas delanteras. </em>(…) <em>nos pidió que tomáramos de esa sangre, asegurándonos que ya estábamos cruzados y que no nos entraría la bala</em> (…) <em>y nos pintó las uñas de negro, para que el ´Negro´ —como el anciano llamó a Satanás— nos reconociera en la guerra y nos pudiera defender del plomo”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Daniel Ángel, autor, entre otras obras, de “Sepultar tu nombre”, “Silva” y “Rifles bajo la lluvia”, también les ha dado voz a los asesinos en “Montes de María”: <em>“Claro que hubiera preferido otro tipo de vida (…) pero en ese pueblo maluco en el que crecí solo había coca, putas, trago y violencia”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="QS0yY3PfeN"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/">El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/embed/#?secret=WWP5FTgz7L#?secret=QS0yY3PfeN" data-secret="QS0yY3PfeN" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El parque del pueblo es el teatro de la infamia transformado en anfiteatro. Los que van a morir esperan su turno en las escalinatas de la iglesia. La lotería de la muerte tiene dos números: treintaiuno y veintiuno. En lugar de un Réquiem, suenan vallenatos y se desocupan botellas de cerveza y ron. De los victimarios, conocemos sus alías, algunos están encapuchados: <strong><em>“Piraña es el mejor sacando información </em>(…) <em>ata a sus víctimas primero y luego se las come a pedazos, especialmente sus caras”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se prepararon para el acto de ese día y los siguientes: <strong><em>“En el campamento de formación nos enseñan a destajar cuerpos humanos con motosierra y con machete”</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro de ellos es más específico: “<em>A los dos meses de estar allí ya había asesinado a dos de mis compañeros y comido un pedazo de nalga de uno de ellos, por extraño que parezca.</em> (…) <em>me tuvo vomitando como una semana”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno quisiera creer que esto lo soñó. Pero no. La masacre de El Salado quedó incrustada en la memoria de nuestras vergüenzas como nación: 450 paramilitares, -pertenecientes a las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC-, asesinaron a más de cien personas indefensas, acusándolas de tener pactos con la guerrilla, cuando apenas amanecía el siglo XXI. Era febrero del año 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Serranía de San Jacinto, como también se le conoce a los Montes de María, sigue llorando a sus hijos y a sus hijas, veinticinco años después. Daniel Ángel, narrador, poeta y profesor de literatura, ha escrito este relato histórico doloroso pero necesario para recordarnos que no hay muertos ajenos porque todos somos hijos de la misma tierra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es una novela corta que debemos leer, porque los muertos de la guerra vuelven a la vida a través de la literatura para vivir una segunda muerte, esta sí digna, en el corazón de los lectores. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="573" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg" alt="" class="wp-image-113561" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-573x1024.jpg 573w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL-168x300.jpg 168w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203232/A-DANI-ANGEL.jpg 667w" sizes="auto, (max-width: 573px) 100vw, 573px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Entrevista con el autor</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Se puede escribir un libro tan desgarrador como el que has escrito y seguir como si nada?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No, es imposible, no solo con este libro, sino con cualquiera. Supongo que todos los escritores salimos afectados luego de escribir un libro, algo cambia, se transforma (no sé si para bien o para mal), pero transmutarse en los personajes te hace ver la vida desde otras orillas, unas que jamás hubieras vivido. Sin embargo, fue especialmente con <em>Montes de María</em> que conocí una sensibilidad más honda y dolorosa, por unos seres humanos que padecieron lo indecible, que murieron o que vieron morir a sus familiares y amigos en condiciones de total indefensión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer día de la masacre los paramilitares llegaron a El Salado, en horas de la noche y luego de cometer cualquier cantidad de vejámenes, mandaron a dormir a los habitantes del pueblo a sus casas, pero con las puertas abiertas; entonces, me imaginaba cómo pudo ser esa noche para ellos, qué pudieron pensar y sentir, de qué modo lograron soportar el tiempo que los separaba de sus verdugos y, también, durante mucho tiempo pensé y sentí que eran insuficientes las palabras para expresarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La investigación duró un poco más de un año, pero la escritura de la primera versión me tomó tres meses; jamás he escrito un libro tan rápido. Entendí que necesitaba deshacerme de esa carga emocional y la única forma posible era escribiendo el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Esta ficción histórica es un tributo a las víctimas del conflicto armado. En un país como Colombia, que lee muy poca literatura, ¿vale la pena insistir en la novela de La Violencia?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto que vale la pena seguir escribiendo sobre la historia de Colombia y sobre la historia de la violencia en Colombia. Ya sabemos que, a muchos medios de comunicación, que trabajan en contubernio con cientos de empresas que incluso llegaron a financiar el paramilitarismo, no les interesa que estas historias anden rondando por ahí; por el contrario, cambian las narrativas o simplemente les echan tierra, para que nadie recuerde nada, para que continuemos como si nada hubiera pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, una cosa es la información sobre la violencia y otra muy distinta es la narración sobre la violencia, porque mientras la función de la información es llana y efímera, la de la narración es honda, es perdurable en la medida en que se pregunta por el fondo de los acontecimientos, no por el acontecimiento en sí, se pregunta el por qué cierto grupo humano fue capaz de hacer tal o cual cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La literatura y el arte nos permiten reflexionar sobre nuestro papel en el mundo, ponernos en los zapatos del otro, del que ha sufrido, del que ha perdido, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tuviste la oportunidad de conocer El Salado y reconocer los escenarios reales que inspiraron la novela. ¿Qué recuerdos conservas?&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace quince años recorrí esa hermosa región, de paisajes alucinantes, de colores vivos y fulgurantes, de una gran riqueza cultural. Me impresioné al observar sus montañas abrillantadas por el sol, sus extensos pastizales y las carreteras de las que emergían polvaredas que parecían fantasmas de oro. Personas humildes iban y venían por estas carreteras destapadas con sus burros y los productos de sus cosechas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablé con ellos sobre lo que pasó y bebimos algunas cervezas. Por aquella época el pueblo aún estaba deshabitado, pocos habían regresado a sus heredades y, de cierta forma, El Salado recobraba vida, porque dime tú ¿qué es de un territorio sin sus habitantes?, o en el caso contrario ¿qué es de los habitantes sin sus territorios?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando existen este tipo de desplazamientos masivos, solemos pensar solamente en los bienes que las víctimas dejaron atrás, pero es mucho más que eso, porque al huir de sus terruños, lo que la gente abandona es todo lo que fue, su relación con el mundo, el lugar en donde están enterrados sus ancestros, sus mitos y creencias, es la memoria de sus familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Entiendo que también hablaste con algunos paramilitares durante el proceso de investigación. De hecho, en tu relato dos de ellos hablan en primera persona. ¿Es necesario darles voz también a los victimarios?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas entrevistas han sido de las más difíciles que he hecho en toda mi vida. Escuchar de su propia voz lo que hicieron no es fácil. Recuerdo que cuando llegué a una de las cárceles de Bogotá en la que estaba recluido uno de ellos, tenía mucho miedo y al salir tenía miedo y rabia, además de una suerte de enajenación, como si no lograra entender todo lo que había acabado de escuchar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, a su vez pensé que, si iba a escribir algo sobre la masacre, también tendría que usar la voz de los victimarios, con el riesgo de que me dijeran que estaba haciendo una apología al paramilitarismo. Si lo decidí, fue porque tengo la convicción de que la literatura es el espacio para poner en escena a todos esos personajes que no logramos entender: al pederasta, al sicario, al tirano, al hombre que asesina a sus hijos, no para entenderlo (incluso la sicología o la psiquiatría están a años luz de hacerlo), sino para mostrarlos y preguntarnos qué es lo que se ha hecho mal en la sociedad para que estas personas hayan hecho lo que hicieron. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="623" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-623x1024.jpg" alt="" class="wp-image-113562" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-623x1024.jpg 623w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-183x300.jpg 183w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-768x1262.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES-935x1536.jpg 935w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203257/A-DANI-MONTES.jpg 974w" sizes="auto, (max-width: 623px) 100vw, 623px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>&#8220;La literatura y el arte nos permiten ponernos en los zapatos del otro, del que ha sido despojado de su identidad y de su humanidad&#8221;: Daniel Ángel, escritor colombiano.  </strong></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113557</guid>
        <pubDate>Thu, 27 Mar 2025 12:48:50 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/26203105/DANIEL-ANGEL.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La novela de Daniel Ángel sobre la masacre de El Salado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Le ofende que le digan cucha o cucho?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/le-ofende-que-le-digan-cucha-o-cucho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Primero borraron personas y luego borraron murales para negar la verdad. En el entretanto, algunos se ofenden por el uso de la palabra “cucha” y actúan como &#8220;policía del lenguaje&#8221;.  Para no escribir sandeces, hurgué en los diccionarios de “colombianismos” y “americanismos”. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5428dca715b5cd2cadc6a9f768aab412 wp-block-paragraph">—“Las cuchas tienen razón”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d6ffbc006e402eafe84c3a4b3be85863 wp-block-paragraph">—“Voy para donde mi cucha”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c917f75c10bf83fc17f2865f230b36c7 wp-block-paragraph">—“Mi cucho está enfermo”</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-80c58cbe3c67a5d5da06f095cd898a5c wp-block-paragraph">—“Se murió mi cucha”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho le debe el diccionario al imaginario popular y a los modos en que habla la gente en la calle en cada época. Las palabras nacen de los mismos seres humanos y es su uso cotidiano lo que les otorga un sentido. Están ahí para usarse aunque a algunos les ofenda. El lenguaje es rasgo y testimonio de lo que somos, de nuestra identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Crecí en una barriada donde todavía muchos jóvenes llaman <em>cucha</em> a la mamá y <em>cucho </em>al papá. Allá me eduqué en un colegio del Distrito que lleva el nombre de una de las miles de víctimas de la violencia de este país: <em>Rodrigo Lara Bonilla</em>. En ausencia de los profesores, hacíamos relajo (<em>recocha</em>) en vez de estudiar, pero teníamos un espía atento: —<em>Truchas que viene la cucha, </em>gritaba aquél. Y en cuestión de segundos estábamos, cual angelitos, sentados en los pupitres, de cabeza en los cuadernos.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fcf7ade4750e489838fb617b370d2a18 wp-block-paragraph">En la novela <em>“La mujer que debía morir el sábado por la tarde”</em>, publicada en 2023 y basada en hechos reales ocurridos en Bogotá, se lee la siguiente frase en la página 121: <em>“Cucha, voy a donde mi novia y no me demoro”, dicen que le dijo a la mamá, pero su cuerpo apareció a la orilla del río Tunjuelo. Su familia lo reconoció en la morgue.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El país se ha visto inmerso en una discusión en torno a la palabra cucha, por cuenta del mural que ordenó borrar la alcaldía de Medellín, pisoteando el dolor de las madres que siguen buscando a sus hijos desaparecidos, entre ellas Margarita Restrepo, que lleva 22 años tras el rastro de su hija Carol Vanessa, según <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/quien-es-la-mujer-que-aparece-en-el-mural-las-cuchas-tenian-razon-en-medellin">este artículo</a> de <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/polemica-por-grafitis-en-medellin-personeria-investigara-a-la-alcaldia-por-eliminarlos">Personería de Medellín</a> anunció que investigará a los funcionarios que ordenaron esta afrenta contra la memoria histórica. Ojalá sea cierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las redes sociales la gente se manifestó indignada contra el periodista Néstor Morales por insinuar que los propios familiares podrían haber llevado los restos óseos de las víctimas a la fosa común de La Escombrera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Días después, a través de un estremecedor relato, el portal <a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Vorágine</a> desenterró la verdad: <em>“Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-85d6de60f1a2f08ecf5ee0a1465eba3c wp-block-paragraph">“… subían a la víctima a lo más alto de la montaña, allá donde ya no había ni una sola casa y comenzaba un sinuoso terreno escarpado atestado de basura, arena y materiales de construcción.&nbsp;Con el cielo como único testigo, abrían un hueco en la tierra y ajusticiaban al señalado. Así lo hicieron una, y otra, y otra, y otra vez.&nbsp;(…) <em>Los ponían en las volquetas que subían con escombros, y allá los arrojaban. También los llevaban a que ellos mismos abrieran su fosa y ahí los metían.&nbsp;(…) “la incursión militar que se ejecutó entre el 15 y el 16 de octubre dejó como resultado 80 civiles heridos, 17 homicidios cometidos por la fuerza pública, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 370 detenciones arbitrarias, 6 desapariciones forzadas registradas durante la operación y más de 100 en los días y meses posteriores”.&nbsp;</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-voragine wp-block-embed-voragine"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="am4KYxL3lq"><a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera&#8221; &#8212; Voragine" src="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/embed/#?secret=iZpy95ZzVe#?secret=am4KYxL3lq" data-secret="am4KYxL3lq" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La indignación aumentó, el mural fue pintado de nuevo y, como no hay mal que por bien no venga, en otras ciudades se hizo lo mismo: Incluso, apareció un nuevo grafiti: <em>“Mientras los medios sigan mintiendo, las paredes seguirán hablando”. </em>Un confidencial de <strong>El Espectador</strong> reveló que el diario japonés Nikkei Shinbum <em>“mandará a Colombia un equipo para hacer un reportaje sobre el grafiti, empezando en Bogotá”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="zxx" dir="ltr"><a href="https://t.co/4Jd9NahBVR">pic.twitter.com/4Jd9NahBVR</a></p>&mdash; Derli López (@derlilopeza) <a href="https://twitter.com/derlilopeza/status/1880988864371892426?ref_src=twsrc%5Etfw">January 19, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Dos escritores pusieron más sal en la herida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gustavo Álvarez Gardeazábal, de quien tengo un mejor concepto como autor, escribió lo siguiente en Las 2 Orillas: <em>“El grafiti es <strong>estéticamente horroroso </strong>y <strong>las cuchas de Fico son imitación de las abuelas de Plaza de Mayo</strong> en Buenos Aires, pero eso no importa. <strong>La sorda batalla por inculpar a Uribe y a la sociedad antioqueña de haber permitido lo que sucedió, vuelve a las cuchas en su dolor unas piltrafas usables</strong> y se lleva por delante armonías y esperanzas, dando paso otra vez al espíritu de la venganza que ha regido siempre en nuestra patria”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-las-2-orillas wp-block-embed-las-2-orillas"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="mJtZU48xP2"><a href="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/">Las cuchas de Fico</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Las cuchas de Fico» — Las2orillas" src="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/embed/#?secret=wF6qQl3UBC#?secret=mJtZU48xP2" data-secret="mJtZU48xP2" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">¡Cuántas imprecisiones, -pero sobre todo cuánta mala leche- en un solo párrafo! Señor Gardis, no son <em>“las cuchas de Fico”, </em>ni son piltrafas<em>.</em> Son las madres que décadas después siguen llorando a sus hijos desaparecidos por la fuerza. Que sea estéticamente horroroso es una opinión más en un mundo donde para gustos los colores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decir que son una imitación de las madres de la Plaza de Mayo es burlarse de su humanidad y de su tragedia, es insinuar que el dolor de las madres argentinas es legítimo ante los crímenes cometidos por la dictadura de Videla en los años 80, y en cambio el dolor de las madres colombianas es un remedo, como si las lágrimas de ellas y la sangre de colombianos inocentes no tuvieran valor alguno. Y sí, lo reconozco: no lo tienen porque por algo andamos en estas. Nada hemos aprendido, salvo a matarnos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego señala Álvarez Gardeazábal: <em>“Si existe una gran parte de antioqueños que <strong>solo desean perdón y olvido</strong> sobre el pasado sangriento que montaron narcos y militares, hay otros que <strong>le siguen echando toda la culpa a Uribe por haber encabezado la batalla contra el avance de las guerrillas”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una lástima que un escritor de su talla, que en el pasado denunció la sinrazón del poder en su novela <em>Cóndores no entierran todos los días</em>, use ahora su pluma para denigrar de mujeres indefensas, que lo único que encontraron fue una pared para gritar su sufrimiento, pues no tienen el privilegio de ser recibidas en tertulia como los poderosos de este país, en una hacienda y al calor de unos güisquis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se equivoca al invocar el perdón y el olvido. Es lo que quieren los negacionistas. Porque lo que llaman censura es en realidad negacionismo. Las cosas por su nombre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el escritor vallecaucano releyera su propia obra, recordaría que las guerrillas colombianas también deben su génesis a dos partidos políticos colombianos: Liberal y Conservador (<em>Cachiporros</em> o <em>chusmeros</em>, <em>Chulavitas</em> y <em>Pájaros </em>corresponden a la Violencia bipartidista de los años 40 y 50), y tal vez se ahorraría las barbaridades que ahora dice. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Añade una ofensa más a las madres en aras de congraciarse con su amigo expresidente. Exculparlo es asumir el papel de juez que absuelve a las carreras sin esperar a que las investigaciones determinen hasta dónde llega la responsabilidad de la Operación Orión, la cual se realizó bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bien dicen por ahí: con los años no nos hacemos más sabios; simplemente nos hacemos más viejos (más cuchos si quieren), despojados de razón y de memoria.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-48a77e2872419cd3fa7993498a8886af wp-block-paragraph">Ramiro Bejarano, el columnista de <strong>El Espectador</strong>, escribió: <em>“La decisión imbécil, por decir lo menos del alcalde de Medellín de borrar el grafiti ´Las cuchas tienen razón´, dizque porque afeaba la ciudad, revela un talante censurador. Lo que afeó la ciudad fue la toma criminal de la Comuna 13 y las desapariciones en La Escombrera, de lo cual nunca se ha dolido el alcalde Gutiérrez. Lo que dejó claro el mandatario es que en su terruño está prohibido hablar mal o siquiera incomodar a Álvaro Uribe”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A Carolina Sanín, la escritora bogotana, no le gustó ni cinco la palabra <em>cuchas</em>. Trató a los grafiteros de incapaces por no escribir mujeres en vez de cuchas. Y en su habitual estilo provocador, metió al baile a otro colectivo que nada tiene que ver con el asunto: <em>“Me pregunto si dirían ´los maricones´ para referirse a hombres homosexuales ´cariñosamente´”,</em> trinó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego posteó:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Los varoncitos furiosos porque una mujer les dice cómo no queremos que nos llamen. Nada nuevo bajo el sol: el complejo de castración de siempre”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Después insistió: <em>“Las mujeres no nos llamamos “cuchas” entre nosotras”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y siguió posteando:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¿Han visto la cretinada de los que justifican el uso de «cucha» diciendo que viene del muisca? «Puta» viene del latín y también critico que le digan a una mujer «puta». Y «cariñosamente» también es criticable. Piensen antes de creer que argumentan, mentecatos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A Sanín se le olvida que no todo el país vive en una burbuja con los privilegios de la gente bien hablada. Incluso, muchos deben hablar en inglés británico perfecto, que -dicen las buenas lenguas-, es “el inglés más puro”. <em>“Las womans tienen razón”.</em> Estamos por llegar a eso, en el afán de renegar hasta de nuestras raíces. Es una lástima que no repartieron sangre azul para todos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la gente sin pedigrí la mamá es la <em>cucha</em> y la abuela es la <em>cuchita</em>. El papá el <em>cucho </em>y el abuelo el <em>cuchito</em>. Se dice con amor. Incluso, con el amor genuino hacia la cucha que crio a sus hijos en medio de la pobreza, muchas veces sola, en lugar de dejarle esa tarea a la empleada del servicio, porque -¡ah caramba!- muchas de ellas siguen siendo hasta la vejez la empleada del servicio en casas de gente acomodada. El pobre, con menos educación, demuestra su afecto con lo que tiene, y sabiendo que no son dueños de nada, se expresan con las palabras. Sería el colmo que también eso se les quiera arrebatar, aparte de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra vez se nos sale el clasismo queriendo parecer políticamente correctos. Muchas expresiones de los sectores populares, especialmente de las comunas de Medellín, Cali o Bogotá, como <em>parce</em> y <em>gonorrea</em>, por inmundas que nos parezcan, se han vuelto comunes en la jerga latinoamericana. Se lo debemos a la música, al cine y la literatura. Si de aplicar la corrección se trata, tocaría cancelar a Juanes, películas de Víctor Gaviria y novelas de Fernando Vallejo como “<em>La virgen de los sicarios”</em>, pues cada uno de ellos, a su manera, elevó a la categoría de arte la cultura popular, más no son los únicos. En Medellín lo llaman <a href="https://www.elcolombiano.com/cultura/el-parlache-se-habla-ahora-en-cualquier-parche-MF7214871"><em>“parlanche”</em></a> y tiene diccionario propio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para no escribir sandeces, me fui hasta la <em>Biblioteca Luis Ángel Arango</em>, aquí en Bogotá. Según el diccionario de “Colombianismos” del padre Julio Tobón Betancourt, la palabra cucho (cucha) es de origen <em>quichua </em>(quechua, voz amerindia que se habla en los Andes centrales de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina), y uno de sus significados es <em>“Viejo, voz de cariño”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="240" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg" alt="" class="wp-image-110620" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2-300x180.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No encontré pruebas de que cucha en muisca signifique <em>“Mujer más bella que el arco iris”,</em> como desinforman algunos en las redes sociales.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-c53245893729d641c68289ff22d82c77 wp-block-paragraph">No conforme, consulté el <a href="https://www.asale.org/damer/cucho">Diccionario de Americanismos</a><strong>, </strong>disponible en la página web de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Corrobora lo anterior y amplía las definiciones: 1. Viejo, anciano, catano. 2. Profesor que enseña en colegios y universidades. 3. <em>Referido a persona</em>, guapetona, bien parecida.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc2bb07835e33f2694bcc2dc3038b0ff wp-block-paragraph">En el libro <em>&#8220;Bogotálogo: usos, desusos y abusos del español hablado en Bogotá&#8221;</em>, escrito por Andrés Ospina para Alcaldía Bogotá en 2011, la palabra <em>cucha </em>tiene tres definiciones: 1. Anciana. 2. Maestra, por lo general en un plantel de educación media vocacional. 3. Progenitora. Una variedad del término es la palabra <em>Cuchacha</em>: &#8220;Híbrido entre dama de avanzada edad y jovencita. Cucha y muchacha a la vez&#8221;. </p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-835e8ad3e923dc3282355ed5ad9b1de9 wp-block-paragraph">En la presentación del <a href="https://andresospina.com/prensa/Bogotalogo-Version-Digital.pdf">&#8220;Bogotálogo&#8221;</a> se lee: <em>&#8220;&#8230;no es necesariamente un documento para eruditos ni para especialistas, lo cual confirma la intención de democratizar el acceso al conocimiento y de no privilegiar los saberes cultos en el sentido tradicional de la expresión&#8221;.</em></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-2076a60c8c4080d4e25813714fee6320 wp-block-paragraph">Queremos dar cátedra de lenguaje refinado negando que esta es una nación pluriétnica y multicultural, así protegida por la Constitución del 91 en su artículo 7º. Por lo tanto, no deja de ser curioso que una escritora acuda a la corrección para ponerle candado a la lengua.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-9f6fe577f77be0df2636a12e35cb75c6 wp-block-paragraph"><strong>“El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy por creer que más pronto que tarde la palabra <em>Cucha</em> entrará por la puerta grande del diccionario de la Real Academia Española, por cuenta de este episodio, que nos recuerda que Colombia es más que sus apellidos ilustres, menos mal. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Usar la palabra <em>cuchas </em>en este contexto no debería ser una ofensa para nadie. Es un homenaje a la persistencia de las buscadoras. No censuremos a los jóvenes por cómo se expresan; más bien pongamos el grito en el cielo para que se les respete la vida&nbsp;y ninguna madre tenga que seguir paseándose con su duelo eterno en busca de una justicia retardada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ah, una infidencia: mi cucha se llama Miriam. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="631" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg" alt="" class="wp-image-110605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-300x185.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-768x473.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2.jpg 1440w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110598</guid>
        <pubDate>Wed, 22 Jan 2025 12:00:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Le ofende que le digan cucha o cucho?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Bogotá era una villa con aldeanos y villanos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-era-una-villa-con-aldeanos-y-villanos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Santafé fue testigo del horror y escenario de combates sangrientos a lo largo del siglo XIX. Fue el precio que pagaron nuestros antepasados para convertirnos en ciudadanos civilizados y con derechos. Hasta las mujeres lucharon a muerte. Un libro cuenta estas hazañas heroicas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Plaza Mayor de la Nueva Granada. Fuente: Joaquín Piñeros Corpas. Acuarelas de Mark- Colombia 1843-1856 (Bogotá: Banco de la República y Biblioteca Luis Ángel Arango, 1992). Tomada del libro: “Bogotá asediada siglo XIX”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-b14ca1b68ff03a5c06eecb656fedae6c wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Entre la chicha, el hambre y la precariedad, se fermentaban el fanatismo y el odio irracional que anidaban en los corazones (&#8230;) lo que a lo largo de una centuria entorpeció la formación de la sociedad civil y de su espíritu vital, la civilidad&#8221;: </strong>Del libro &#8220;Bogotá asediada siglo XIX&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta tierra, mi suelo sin consuelo, estuvo anegada de sangre y lágrimas durante todo el siglo XIX, pero aquellos santafereños fueron gente corajuda que me defendieron y se defendieron de quienes nos atacaron con violencia, aunque también hubo un odio encarnizado entre semejantes, tan dispuestos a matarse entre sí. Para cuando amaneció el siglo XX, ya tenía encima tres guerras civiles, un golpe de Estado y menos de cien mil habitantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con decirles que el general Simón Bolívar fue enemigo antes que amigo; entonces me llamaban Santafé y era la capital del Nuevo Reino de Granada. Este reino se componía de 15 provincias: Tunja, Socorro, Pamplona, Santa Marta, Cartagena, Riohacha, Panamá, Veraguas, Chocó, Antioquia, Popayán, Mariquita, Neiva, Casanare y, por supuesto, Santafé, pero desde finales de 1819 quedé Bogotá a secas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era una aldea tan pequeña que mis 260 hectáreas se podían recorrer a pie en apenas media hora; las gentes vivían en condiciones miserables. Había corrupción y donde hay corrupción, ya saben: hay atraso. Para el 20 de julio de 1810 tenía 23.956 habitantes y unos 40 mil a mediados de dicho siglo. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="724" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-1024x724.jpg" alt="" class="wp-image-107818" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-1024x724.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-300x212.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU-768x543.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215933/Z-SMOB-CRPU.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Carlos Roberto Pombo, autor de &#8220;Bogotá asediada siglo XIX&#8221; y presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio de su libro <em>“Bogotá asediada siglo XIX”</em>, Carlos Roberto Pombo Urdaneta me pinta como una villa más bien lúgubre, triste, <em>“cuya vida transcurría lentamente en torno a las iglesias y conventos construidos a lo largo de los doscientos años de Colonia&#8221;. </em>Los desechos humanos y las aguas sucias corrían por callejuelas estrechas, y el agua, proveniente de los ríos San Francisco y San Agustín, se recogía en las fuentes de las pocas plazas que existían. </p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;<em>Las pilas eran verdaderos hitos urbanos: ellas no sólo prestaban el servicio de agua, sino que convertían el espacio de la plaza en centro inevitable de reunión diaria. Decenas de aguateras y sirvientes se congregaban alrededor de ellas todos los días, comentaban los últimos sucesos de la villa y los avatares de las familias para las que trabajaban o vendían el agua”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, aquellos aldeanos, hombres y mujeres, se armaron de valor (y de armas en algunos casos) para defenderme y defenderse, aunque no siempre con éxito, de quienes quisieron someternos a la fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Les decía que Bolívar fue enemigo porque en 1815 se ensañó contra nosotros y hasta las mujeres juntaron machetes y cuchillos para responder. Cuenta el doctor Pombo Urdaneta que Bolívar <em>“entró por el sur y ocupó el barrio Santa Bárbara tras un feroz ataque, casa por casa (…) dejando a los defensores sin agua ni alimentos”. </em>Con autorización suya, las tropas me saquearon durante dos días, en los que hubo más asesinatos y violación de mujeres. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero luego, el 10 de agosto de 1819, el mismo Bolívar hizo historia: entró triunfal tras derrotar con Santander al ejército español en las batallas de Boyacá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—“<em>Llorando de alegría, las mujeres se echaban a sus pies”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el costado sur de la Plaza Mayor (hoy mi Plaza de Bolívar) fusilaron a treinta y ocho españoles.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“… el suplicio fue cruel pues a los condenados se les llevó al banquillo en grupos de a cuatro, de manera que los últimos tuvieron que ver nueve veces la escena de la partida, antes de partir ellos mismos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de Bolívar, un valiente Antonio Nariño con el ejército de dos mil hombres me defendió del ataque del general Antonio Baraya, que traía una tropa superior en mil quinientos hombres. Nariño se salió con la suya en 1813: <em>“colocó los cañones de frente a las bocacalles y cuatro grupos de 300 voluntarios, cada uno sobre las cuatro entradas que daban acceso a San Victorino”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando visiten la iglesia de San Agustín, agradezcan al Jesús Nazareno, que investido del uniforme e insignias “<em>fue nombrado generalísimo de las tropas defensoras”,</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Festejamos aquel triunfo con piquete y bailes en la Plaza Mayor, en tanto que los heridos de ambos bandos recibieron atenciones en el hospital San Juan de Dios.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Por cuenta de las pasiones políticas me bañaron en sangre, lágrimas y desconsuelo.  </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la Reconquista, el español Pablo Morillo impuso su <em>Régimen del Terror</em>: instaló de nuevo el <em>Tribunal de la Inquisición </em>y trasladó a estas tierras la<em> Real Audiencia de Cartagena.</em> Al cadalso fueron llevados para su fusilamiento personajes ilustres como Policarpa Salavarrieta, Jorge Tadeo Lozano, Francisco José de Caldas, Antonio Baraya, Camilo Torres y José María Carbonell, entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Para hacer más pavorosos estos suplicios, se exhibieron durante nueve días las cabezas de Camilo Torres y Manuel Rodríguez Torices en la alameda La Vieja, donde las descarnaron los gallinazos a la vista de todos”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Qué valiente fue la Pola! &nbsp;En mis entrañas quedó grabado su gritó de sabiduría: <em>“¡Miserable pueblo! Yo os compadezco: algún día tendréis más dignidad”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="695" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO.jpg" alt="" class="wp-image-107819" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO-300x298.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220146/Z-SMOB-SANTOS-MOLANO-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Enrique Santos Molano, historiador. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien mi tranquilidad se vio constantemente amenazada (ya fuera por las desavenencias entre criollos e ibéricos, centralistas y federalistas, militaristas y civilistas, <em>gólgotas </em>y <em>draconianos</em>, mochuelos y alcanfores, liberales y conservadores), también conocí el alma fraterna de quienes me habitaron en aquellos tiempos. El sabio francés Louis Pasteur me llamó <em>“la Atenas Neogranadina”</em>, contado así por el historiador Enrique Santos Molano en el prólogo del libro que les cuento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las artes y las tertulias literarias florecieron de la mano de poetas, ensayistas, novelistas, filósofos, cuentistas, dramaturgos, artistas, filólogos y gramáticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se preguntarán cómo pasé de ser una aldea de humildes santafereños a la urbe moderna del siglo XXI donde conviven, y a veces malviven, diez millones de bogotanos y no bogotanos.  </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="705" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-1024x705.jpg" alt="" class="wp-image-107820" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-1024x705.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-300x206.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO-768x529.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09220232/Z-SMOB-GONZALO-MALLARINO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Gonzalo Mallarino, escritor. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el epílogo, el escritor Gonzalo Mallarino se aventó con una respuesta: <em>“La han lastimado todas las formas posibles de violencia y desesperanza. Pero resiste y continúa empecinada en que todos quepan (…) Bogotá no renuncia a la búsqueda de su espíritu de metrópolis moderna. Su espíritu civil, su civilidad”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí les resumí una parte del cuento. La historia completa está relatada en 202 páginas con lujo detalles, croquis e imágenes, donde me verán cómo fui antes. La Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá ha publicado esta obra para quienes desconocen mi pasado, que es la historia de santafereños y bogotanos, y cómo entre todos han forjado la ciudad civilizada que soy y lo que falta para que entre ustedes se traten con mayor humanidad. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1015" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-1024x1015.jpg" alt="" class="wp-image-107817" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-1024x1015.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-300x297.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO-768x761.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/09215857/Z-SMOB-LIBRO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph">Clic <a href="https://www.construyendocivilidad.com/Componente%20poblacional/Conflicto%20-%20civilidad/%20Bogot%C3%A1%20asediada%20siglo%20XIX">aquí</a> para descargar la versión digital desde el portal <a href="https://www.construyendocivilidad.com/">www.construyendocivilidad.com</a> </p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Fotografías: </strong>Cortesía Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107814</guid>
        <pubDate>Mon, 11 Nov 2024 14:25:51 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá era una villa con aldeanos y villanos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Vicky Dávila: 0. Presidente Petro: ½. (Oriente Medio y la guerra de egos en Colombia)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/vicky-davila-0-presidente-petro-%c2%bd-medio-oriente-la-guerra-egos-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>“De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad”: José Saramago (Ensayo sobre la ceguera) ¿Dónde está Dios para que responda por su Creación? Estalla la guerra en Oriente Medio y de inmediato quedan en evidencia un periodismo y un gobierno medio desorientados. Que yo sepa, nunca en la historia de la revista Semana [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><strong>“De esa masa estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad”: José Saramago (Ensayo sobre la ceguera)</strong></p>
<p>¿Dónde está Dios para que responda por su Creación?</p>
<p>Estalla la guerra en Oriente Medio y de inmediato quedan en evidencia un periodismo y un gobierno medio desorientados. Que yo sepa, nunca en la historia de la revista Semana un director se había referido a un jefe de Estado en términos desobligantes. Con el nuevo episodio del conflicto Palestina-Israel, Vicky Dávila sacó toda su artillería, incluyendo una portada delirante, contra el presidente Gustavo Petro, llamándolo “provocador cobarde” y “aliado de los terroristas”, insinuando además que “es un peón de Hamás, Irán y Rusia” y acusándolo de violar el orden constitucional. Todo eso le cupo en un <a href="https://x.com/VickyDavilaH/status/1711397815887217099?t=MJmpvd6OB7DN3NAwx0c7fw&amp;s=08">trino</a>. Llegué a pensar que era la oposición desatada, pero ¿cuál oposición?  En Italia acaban de condenar al periodista Roberto Saviano a pagar 1.000 euros por haber llamado “bastarda” a la primera ministra Giorgia Meloni.</p>
<p>En otro tuit, Dávila afirmó que <em>“el ataque contra la Embajada de Israel en Colombia es producto del discurso del presidente Gustavo Petro”,</em> aseverando que <em>“su actitud termina justificando que miles de civiles, entre ellos mujeres, niños, niñas y ancianos, hayan sido asesinados, heridos y secuestrados por los criminales”. </em></p>
<p>Enseguida, hice lo de siempre: ir al <a href="https://spotify.link/mcAL9ptORDb">podcast</a> de María Jimena Duzán para entender las razones de aquel conflicto eterno, que ni el más curtido de los historiadores podría explicar en unos pocos caracteres. Lo que uno como lector quisiese leer, en vez de trinos  acalorados del uno o de la otra, es una buena explicación, con los debidos contextos, para entender cómo llegamos a esta semana aterradora y sangrienta; dependerá ya del lector si toma partido por éste o por aquel actor del conflicto, aunque siendo sensatos no deberíamos asumir que se trata de una película de héroes y villanos, sino un enfrentamiento bélico desigual, donde mueren inocentes de lado y lado y en donde, para variar, de parte y parte hay extremistas involucrados. Comulgo con Hassan Nassar, de ascendencia palestina él.  Le dijo a Duzán: <em>“Es fácil adjudicarle el terrorismo solo a una de las partes. No. En este conflicto hay héroes y villanos. Hay víctimas y victimarios. Y las hay en ambos lados dependiendo quien cuenta la historia. Pero no podemos sentarnos a buscar una solución creyendo que los buenos son unos y los malos son otros, dependiendo de nuestros prejuicios y de lo que vemos a través del teclado y sencillamente tomamos partido”. </em>Sus palabras se aplican de maravilla a nuestro propio conflicto interno.</p>
<p>Seamos prudentes a la hora de opinar desde nuestra realidad, a veces cómoda, sobre el dolor ajeno. El historiador israelí <a href="https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/guerra-en-medio-oriente-el-horror-de-hamas-tambien-deja-una-leccion-sobre-el-precio-del-populismo-nid11102023/">Yuval Noah Harari</a>, uno de mis escritores favoritos, autor del bestseller <em>“</em><em>Sapiens, de animales a dioses”, </em>escribió en The Washington Post: <em>&#8220;Hay mucho para criticar sobre la forma en que Israel abandonó todo intento de hacer las paces con los palestinos y en que ha mantenido a millones de palestinos bajo ocupación durante décadas</em>”, sin que por ello justifique las atrocidades de Hamás. Harari usa una frase lapidaria: <em>&#8220;&#8230; la forma en que el populismo carcomió al Estado de Israel debería servir de advertencia para el resto de las democracias del mundo&#8221;,</em> sentenció el profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><strong>“Todos somos libres de hacer lo que quiera, sobre todo el mal, que siempre ha sido lo más fácil de hacer”: José Saramago (Ensayo sobre la ceguera)</strong></p>
</blockquote>
<p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=KaBGnKBFIFE">&#8220;Nacido en Gaza&#8221; </a>(Netflix) es un documental del reportero argentino Hernán Zin que se rodó en 2014 durante la ofensiva de Israel en la franja de Gaza: 506 niños muertos y casi 3600 heridos. Es imposible no llorar y conmoverse con la tragedia de los palestinos. Debí hacer pausas. Se trata de un testimonio periodístico desgarrador que demuestra que hemos fracasado como seres humanos, pero ¿podemos ser más desalmados?</p>
<p><em>&#8220;Quisiera vivir como los otros niños del mundo&#8221;</em>, decía entonces, sin brillo en sus ojos, uno de los pequeños; con la guerra de ahora quisiera creer que sigue vivo. Es un documental que toda persona debería ver para cerciorarse de que adentro tiene un corazón.  Niños que hablan como adultos porque a los que no murieron les cercenaron su infancia para siempre… y empieza otra vez la cuenta. Al escucharlos solo quiero saber dónde está Dios si fue que alguna vez Dios existió. Con tal crueldad,  hablar de Tierra Santa parece puro pretexto para vender planes turísticos como los que ofrecen el padre Chucho y otros emprendedores de la fe.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Nacido en Gaza - Trailer" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/KaBGnKBFIFE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p><em>“Motasem es el que peor está de los cuatro. Mucho peor. A veces, de repente, se pone a gritar como loco. Ve el espíritu de su hermano. Se pone muy tenso y empieza a llorar. Ningún psicólogo de aquí ha podido ayudarlo. Llévenlo afuera para que lo ayuden por favor. Ayúdenlo. Ayúdenlo a olvidar lo que nos pasó”,</em> clama Hamada, uno de los niños sobrevivientes, para quien ni Hamás ni ningún gobierno ha hecho nada por ellos.</p>
<p>Yo digo: Si Colombia, un país tercermundista, pudo acoger a tres millones de venezolanos, ¿será que el mundo entero no es capaz de darles hogar a dos millones y pico de refugiados palestinos? Pienso como escritor, porque tengo la suerte de no ser político, y menos de esos que, como <em>Hitleres,</em> deciden que en este planeta unos están sobrando.</p>
<p>Solidarizarse por los muertos de Israel pero callarse por los muertos de Palestina, (sobre lo cual nada dicen el grupo de ex cancilleres colombianos en su carta al presidente), no parece un acto propiamente democrático, entendiendo que en Israel gobierna una extrema derecha,  representada por el primer ministro Benjamín Netanyahu (Harari lo llama “caudillo populista”), con un proceso judicial por corrupción que podría llevarlo a la cárcel; el Estado israelí sacrifica la vida de palestinos en su lucha despiadada por el territorio, porque la tierra, como sucede en Colombia, ha sido por los siglos de los siglos motivo de la sangre derramada en la Historia de la Humanidad… aunque lo correcto sería decir en la Historia de la Inhumanidad. La guerra de Israel debería ser contra Hamás, jamás contra civiles. Hay que estar con el débil, es principio de humanidad.  Sin este nuevo ataque el mundo no estaría hoy llorando y reconociendo el sufrimiento del pueblo palestino.</p>
<p>No entiendo a quienes critican la postura del presidente Petro por comparar Gaza con Auschwitz. ¿Quieren que un presidente de izquierda se comporte como si fuera uno de derecha? Desde sus discursos ante la ONU deberíamos saber que eso no va a suceder en este cuatrienio, porque la promesa de cambio incluye un nuevo discurso. ¿Acaso no hubo ya 200 años de gobierno de derecha hablando por todos los colombianos? Por igual comparación, hace veintiún años el mundo se le vino encima al ya desaparecido Premio Nobel José Saramago. Refiriéndose al mismo conflicto, el escritor le dijo entonces a la <a href="http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_1902000/1902254.stm">BBC:</a> <em>“…mi opinión es que todos somos ciegos. Ciegos porque no hemos sido capaces de crear un mundo que valga la pena. Porque este mundo como está y cómo es no vale la pena”. </em>También lo advirtió Shakespeare en “El rey Lear”: los locos conducen a los ciegos. Antes de que pasara lo que está pasando, en ese último discurso ante la ONU (del que la derecha colombiana se mofó porque, dijeron, nadie se quedó a escucharlo), Petro les dijo a sus pares del mundo: <em>“Les propongo acabar la guerra para tener el tiempo de salvarnos. ¿Cuál es la diferencia entre Ucrania y Palestina, no es hora de acabar con ambas guerras?”</em></p>
<p>De ese mundo cegato hacemos parte cada criatura humana sobre la Tierra, incluyendo a los periodistas que tienen el deber supremo de informar sin sesgos, porque, para decirlo sin adornos, en una guerra no hay campeones: hay muertos, heridos y mutilados (del cuerpo y del alma)<strong>. </strong>Son las historias que hay que contar para humanizar al periodismo.</p>
<p>En su <a href="https://elpais.com/opinion/2023-10-12/condena-humanidad.html">editorial</a>, el diario El País asumió una posición que me parece la correcta y equilibrada: <em>&#8220;Tan criticable es que una parte de la izquierda no censure explícitamente la barbarie de Hamás como que desde parte de la derecha se pretenda ignorar el sufrimiento acumulado de la población palestina. Utilizar esta tragedia para la refriega partidista en España descalifica a quien la usa&#8221;.</em> Pongan Colombia donde dice España y el mensaje aplica igual.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><strong>“No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca”: José Saramago (Ensayo sobre la ceguera) </strong></p>
</blockquote>
<p>Me resulta triste disfrutar del magnífico sol que brilla por estos días en Bogotá, y pensar que el mismo sol, que calienta aquel mar Mediterráneo espléndido, hace rato se apagó para los inocentes que mueren en manos de unos bárbaros (los de este lado y los del otro), en complicidad con un mundo que observa el horror en directo como si se tratase de un partido de fútbol, donde se le hace fuerza a uno de los dos equipos. A ver, ¡todos son seres humanos, hechos de la misma carne de quien esto escribe y de quien esto lee!</p>
<p>Aplaudimos o rechiflamos según nuestra muy personal escala de valores o insensibilidades, porque la guerra, aunque fea y mil veces repudiable, deja ver quiénes somos. <a href="https://spotify.link/stMVV1AMODb">Sun Tzu</a>, el general y filósofo chino que vivió 500 años antes de Cristo, la elevó a la categoría de arte para hacernos entrar en razón, pues en el fondo consideró su obra el punto de partida para hallar las raíces de un conflicto y buscar su solución. Veinticinco siglos atrás, en su manual militar <em>“El arte de la guerra”</em> dijo  algo que acataron al pie de la letra los terroristas de Hamás: <em>“Ataca a tu enemigo cuando no esté preparado, aparece cuando no te esperan”. </em>Hasta los políticos le han sacado provecho a ese librito en época de elecciones, malinterpretándolo, porque en el fondo las intenciones de Sun Tzu no eran belicistas: <em>“La mejor victoria es vencer sin combatir, esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”. </em></p>
<p>El periodismo debería estar de parte de los ciudadanos y en consecuencia abogando por un mundo libre (libre, incluso de muros, como el que separa a Israel de la franja de Gaza). Se nos olvida que los periodistas son intermediarios entre las noticias y las audiencias, y por lo tanto el periodismo debe ser un territorio neutral. Que opinen los editorialistas y los columnistas, porque mucho mal le está haciendo al periodismo colombiano, y por ahí derecho a la sociedad, esa prensa que juega a dos bandas con los asuntos internos y ahora con los externos. Más bien reclámenles a los políticos por no estar a la altura de las circunstancias.</p>
<p>Si Tik Tok muestra un bombardeos y vejámenes en directo con una audiencia de miles -millones- de personas siguiéndolos, más que periodistas vociferando, se necesita un periodismo que explique los hechos, no un periodismo crispado, disparando hurras por este o por aquel.  El reportero norteamericano <a href="https://elpais.com/tecnologia/2023-10-10/ben-smith-periodista-en-twitterx-solo-quedamos-periodistas-y-politicos-depravados-gritandonos-unos-a-otros.html">Ben Smith</a> dijo esta semana algo que resume lo que nos está pasando: <em>&#8220;En Twitter sólo quedamos periodistas y políticos jodidamente depravados gritándonos unos a otros&#8221;. </em></p>
<p>Suscribo la frase: estamos cansados de tanto show.  Si la prensa no hace bien su trabajo, entonces las audiencias terminan largándose, y eso es lo que una parte de la industria periodística (al menos la criolla) no está entendiendo. ¿Se arriesgar a perder relevancia por defender una agenda política propia?</p>
<p>En cuanto al presidente Petro, se me ocurre que el día menos pensado X (antes Twitter) podría suspenderle la cuenta, que así lo hizo con Álvaro Uribe y  Donald Trump. No está bien que un presidente que aspira a la “Paz total” como legado, trine en defensa de una de las partes en conflicto, sin antes condenar a Hamás, tanto por las víctimas como en solidaridad con el sufrido pueblo judío, que tiene una colonia prestante en Colombia. “<em>¿Por qué el temor a rechazar el terrorismo?”, se pregunta </em>El Espectador<em> en el </em><a href="https://www.elespectador.com/opinion/editorial/por-que-el-temor-a-rechazar-el-terrorismo/">editorial</a> del 11 de octubre. Su hija Sofía Petro resolvió el dilema en pocas palabras: <em>“Gaza no es Hamás y Hamás no es Palestina”.</em></p>
<p>Un estadista debe estar por encima de una red social como X, donde la gente suelta cualquier ocurrencia -o republica informaciones sin confirmar-, cual caballos desbocados, sin medir consecuencias. No digo que deba callarse sino fijar sus posiciones por otras vías para no alebrestar más a sus contradictores. Señor Presidente: un jefe de Estado no es un ciudadano del montón. Hay algo que se llama cordura y algo que se llama mesura. En este momento las necesitan tanto el gobierno como ese raro <em>periodismo que funge de justiciero.</em> ¡A ver si son capaces de no cabalgar más sobre sus egos!</p>
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<h2 style="text-align: right"><strong>“Si no somos capaces de vivir enteramente como personas, hagamos lo posible por no vivir enteramente como animales”: José Saramago (Ensayo sobre la ceguera)</strong></h2>
</blockquote>
<h2><strong> </strong></h2>
<p><strong>Lapi-diario</strong></p>
<p><strong>Lunes:</strong> Cuando uno cree que ya está dicho todo sobre Gabito, me encuentro en Netflix el documental <a href="https://www.youtube.com/watch?v=jxyMtsdxraA">“La gran parranda”</a> de Eszter Vörös.  Personajes de carne y hueso demuestran que Macondo sí existe.</p>
<p><strong>Martes:</strong> Claudia Goldin es la tercera mujer en ganar el Nobel de Economía. (¡Hora de que las mujeres manejen las chequeras!)</p>
<p><strong> </strong><strong>Miércoles: </strong>Descubra los secretos del Teatro Jorge Eliécer Gaitán a través del recorrido <a href="https://www.bogotadc.travel/es">“Susurros del más allá”:</a> 13, 17 y 24 de octubre, y 14, 17, 21 y 28 de noviembre.</p>
<p><strong>Jueves: </strong>¿Dónde estaremos el 24 de septiembre de 2182? Ese día el asteroide Bennu de 500 metros cruzará cerca de la Tierra. Habría un riesgo de impacto de uno entre 2700, según la Nasa. (¿Hay  posibilidades de autodestruirnos antes?)</p>
<p><strong>Viernes:</strong> “Si yo fuera presidente arreglaría este platanal en 8 meses”, dijo en <a href="https://emisoraatlantico.com.co/politica/si-yo-fuera-presidente-arreglaria-este-platanal-en-8-meses-abelardo-de-la-espriella/#:~:text=El%20abogado%20Abelardo%20De%20la,no%20hay%20tiempo%20para%20m%C3%A1s%E2%80%9D.">Radio Atlántico</a> el abogado Abelardo De la Espriella. (Con ese desprecio  la “gente de bien” trata al país).</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96787</guid>
        <pubDate>Sun, 15 Oct 2023 11:27:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Vicky Dávila: 0. Presidente Petro: ½. (Oriente Medio y la guerra de egos en Colombia)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Torres del Parque</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/torres-del-parque/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-93625 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-1024x768.jpg" alt="" width="635" height="476" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-1024x768.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-768x576.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque-1200x900.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/torres-del-parque.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 635px) 100vw, 635px" />En 1981 se habían conocido, en la marcha que lideraba el partido socialista Colombiano contra el gobierno de turno. Por cuestiones de azar y la metodología de la casualidad se encontraba ella viviendo en Bogotá, llevaba tres meses en esa ciudad en la que las marchas, las bombas y las noticias de guerra eran cotidianas…desde su llegada su imaginación había sido poblada de helicópteros, secuestrados y desaparecidos.</p></blockquote>
<p>A veces sentada en una banca frente al planetario observaba las luces de ese edificio de colores llamado Colpatria y se preguntaba si había venido buscando algo, si lo había encontrado o si la vida que había llevado en Neukölln durante 10 años había sido tan corta e irreal, tan carente de sentido como esos días que estaba pasando en una ciudad llamada Bogotá, al otro lado de todo y lejos de Berlín. Ella no había nacido en Berlín pero esa ciudad de seis letras era lo más parecido a un hogar…recordaba ahora cuando de niña solía ir con sus primos a rayar el muro, solían imaginar que al otro lado del muro otros niños lo rayaban también y que quizás siendo el mismo muro, los dibujos de unos y los dibujos de otros hicieran parte del mismo mundo, a veces se preguntaba que preguntas harían sus dibujos a los dibujos del otro lado.</p>
<p>Los recuerdos se agolpaban en su cabeza mientras observaba el edificio de colores, miraba la torre Colpatria y en su memoria recordaba &#8220;Berlin Alexanderplatz&#8221; ese libro que había leído en los inviernos solitarios, en su viejo apartamento, la torre de la Alexanderplatz se cernía como una sombra colorida en sus años de infancia. Los vientos fríos de la Sabana de Bogota tenían un parecido ligero con el frío nórdico.</p>
<p>Del norte, venían ruidos de pasos y voces unísonas y agresivas, las voces gritaban “abajo Turbay” “abajo Turbay” “el pueblo unido…” y se acercaban al punto donde ella se encontraba. Era el último año de gobierno de un presidente que pasaría a la historia por sus comentarios ingenuos y porque en su presidencia se violaba el estado de derecho sistemáticamente.<br />
Cuando la multitud paso frente a sus ojos, sintió algún tipo de alegría, de curiosidad y algo de nostalgia por todas estas personas decididas y diferentes…personas lejanas y al mismo tiempo cercanas. Decidió seguir a la marcha e involucrarse, ella era rubia y media aproximadamente un metro setenta y dos, hablaba un español con acento, y nada de lo que resultara de la marcha, cambiaria su vida, o eso creía en ese momento. Trataba de mimetizarse con las personas que la rodeaban. En mitad de la bulla, las risas y las provocaciones que los marchantes hacían a la policía un chico se le acercó y la saludo –Hola, mi nombre es Pablo- -Yo soy Deborah- le dijo ella, teniendo que gritar…seguían andando con la marcha por la carrera séptima y él ahora caminaba a su lado –¿Sales a marchar a menudo?- no mucho- dijo ella, -Yo sí -dijo Pablo, -en Bogotá las marchas tienen vida propia, cuando las ves es imposible no sentir que debes seguirlas- ¿De dónde eres?- de Alemania- no conozco Alemania…-¿de qué lado de Alemania Deborah?- del lado occidental- entiendo, dijo Pablo. Que significaba el lado occidental, que significaba un lado u otro, que diferencia podría existir entre Deborah de oriente y Deborah de occidente, pensaba Ddeborah mientras continuaba caminando por la carrera séptima, en medio de la marcha. Pablo vestía una camisa a cuadros blancos y negros, tenía gafas redondas y el pelo cruzaba en marañas negras su frente, no parecía viejo pero tampoco parecía joven, en realidad a sus 26 años había visto suficiente para entender que lo único normal de su país era un largo conflicto, había podido viajar desde pequeño por la costa, los llanos y el centro andino del país.</p>
<p>Su familia tenía orígenes campesinos en el valle del Magdalena, pero habían convertido la Sabana de Bogotá en un cálido pero frío hogar, como millones de migrantes que poblarían las laderas y los barrios de lo que sería la nueva Bogotá.</p>
<p>Hacía dos años sus amigos del colegio lo habían involucrado con el grupo guerrillero M19 y su vida había cambiado…recuerdos se le venían a la mente ahora caminando del lado de Deborah y pensando en los Alemanes, la vida de los Alemanes, la comida de los Alemanes, las mujeres Alemanas, las preguntas de los Alemanes, los problemas de los Alemanes…-¿te gusta Colombia Deborah?- no sé, quiero decir no conozco mucho, solo Bogotá- ¿Gustar? ¿Qué significa gustar?, Bogotá con sus lluvias, sus montañas, sus rarezas, sus buses de colores, una ciudad dónde aún se veían caballos en las calles, me gusta con respecto a qué, pensaba Deborah, pero ¿me gusta Berlín?, me gusta su gente, su metro; no lo puedo saber, no lo puedo decir, -¿Y a ti te gusta Colombia?- Si, dijo Pablo, me gusta. Así seguían hablando y pensando, compartiendo la marcha del partido socialista, rodeados de numerosas personas vestidas de rojo con banderas ondeantes, caminando todos juntos como un solo cuerpo hasta la Plaza de Bolívar. Desde su llegada Deborah se había hospedado en casa de una economista amiga de su padre, en el sexto piso de de la torre dos de las torres del parque, su vida en Bogotá era básicamente ir a la universidad nacional, escuchar algunas clases…sacar a Gregorio, el perro de la amiga de su padre, ir a los museos e ir a un lago cercano a la ciudad; le gustaban los buses de colores, le gustaban los vendedores en la calle; lo colorido, lo diferente y errático de la Bogota de los años 80.. – ¿Dónde vives Deborah? – antes de responderle pensó en lo que le habían advertido de dar información a extraños, sin embargo algo le decía que podía confiar en este extraño hablador –Yo vivo en las Torres del Parque- – enserio, yo también dijo Pablo- que curioso, somos vecinos. Ahora Deborah pensaba en sus vecinos en Neukölln…Gena y Sarah, el anciano Matías, un viejo desmemoriado al que ayudaba a comprar el mercado…se preguntaba qué estarían haciendo ahora al final del verano, agosto era un mes de vientos y lluvias en Bogotá pero en Berlín el verano no terminaba.</p>
<p>¿A dónde vas? Voy a tomar un café –mintió Deborah- ¿puedo ir contigo?…Deborah lo pensó por un momento…¡bueno ven!. Caminaban juntos por las calles empedradas de la Candelaria, alejándose del ruido y el colorido de la marcha. -¿Qué haces en tu vida?- Muchas cosas dijo Pablo y bajo los ojos. Dos noches atrás habían matado a Sara y las cosas seguían pintando mal, el barrio ya no era únicamente territorio de ellos…el M19 perdía terreno en los grandes diálogos con el gobierno  y eso afectaba lo pequeño, lo cotidiano. Deborah no tenía por qué saber eso, probablemente estaba de visita y lo menos que le interesaba a Pablo era alarmarla…si las cosas seguían así él también tendría que huir a las montañas, al &#8220;monte&#8221; como lo estaban haciendo todos.</p>
<p>-Vamos a un café que conozco Deborah- te va a gustar. -Listo!- Ya la marcha era un eco en las paredes rocosas de las iglesias del centro, dos cuadras habían subido y ya estaban en un barrio de casas coloniales, muchas abandonadas.</p>
<p>En los años 80, La Candelaria no era sino un barrio abandonado…de difícil acceso, los habitantes de origen campesino contrastaban enormemente con los nuevos habitantes que poblaban de altos edificios el centro. Pablo solía tomar café en el Café Florida, un viejo café de mesas blancas gastadas, con humores de chocolate y tamales. A este café conducía a Deborah quien feliz seguía a su joven acompañante. -¿Por qué volteabas tanto la cabeza mientras caminábamos?- -No es nada- dijo Pablo, quizás un amigo anda por ahí y lo puedo saludar. Ya estaban sentados y ordenando algo para comer, se preguntaba qué pasaría si algo le sucedía a Deborah, estar con un guerrillero podía ser peligroso para ella -la soledad de la vida en la guerra solo puede ser comparable a la soledad de los huérfanos, pensaba Pablo-. Pero algo invisible, algo que aún no entendía y que quizás nunca entendería, lo mantenía atento y sonriente, sin embargo, no dejaba de palpar de vez en cuando el bolsillo interior de su chaqueta de cuero, desde su vuelta a la ciudad llevaba siempre una pistola Browning que el propio Bateman le había regalado en la selva.</p>
<p>Deborah estaba feliz de tener alguien con quien hablar, con quien compartir un poco… lo miraba todo con ojos de otredad, a veces deseaba volver, quería volver pero no a Berlín, quería volver al pueblo de su niñez, a su bicicleta y a su vida de niña, o quería huir, volver y quedarse para siempre… huir. -¿Cómo es Berlín? pregunto Pablo- Oh Berlín es muy extraña, a veces no logro entenderla y cuando pienso que la entiendo me termino perdiendo Jajaja, rieron juntos. -¿Estudias?- Estudiaba arquitectura pero me retire, quizás no era lo mío…no sé. –Entiendo- dijo Pablo- ¿has ido a Alemania del este? -Oh estuve una vez, todo es muy pálido y aburrido, más que la Alemania de la que vengo.- ¡Curioso! pensó Pablo, en su cabeza la Alemania del este era la Alemania colorida, si hubieran dos Colombias, cuál sería la frontera. -Vamos a caminar un rato- está bien dijo ella, se ajustó su chaqueta verde oliva y su bufanda, la noche de los vientos en Bogotá era fría. La torre Colpatria brillaba alta y fulgurosa, el viento de la sabana golpeaba su rostro y la hacía llorar. ¿Eres Bogotano Pablo? No, no lo soy, nací en Caracas pero me trajeron de niño a esta ciudad, aún recuerdo Caracas con sus montañas y sus barrios…pero Caracas mira hacia otro lugar….Dborah lo escuchaba pero estaba ausente, aún pensaba en volver, pero a dónde volver…no había a donde volver y quizás no había a donde ir…</p>
<p>Pablo saco cigarrillos y le ofreció uno, se sentaron en el mismo parque frente al Planetario, a observar la gente pasar…-Eres un chico extraño Pablo,- le dijo sonriendo, dejaste tu marcha por venir conmigo, una Alemana solitaria…Pablo le devolvió la sonrisa, tomaba su mano y le decía: en realidad la marcha me dejo a mí&#8230; han sido días muy duros…mucho trabajo.</p>
<p>Pensaba para sí que ese día podía caminar un poco y descansar…cada uno de estos días podía ser su último, querer pasar un rato con alguien era lo mínimo…la guerra había acabado con su niñez y su juventud había sido un correr de aventuras ajenas…Deborah nunca sabría quién era él y poderle comprar a la vida un poco de felicidad era perfecto&#8230;se dejaba ir por unas horas de una guerra eternamente fallida&#8230;</p>
<p>Era tarde, -¿vamos a mi apartamento y escuchamos alguna música?- bueno dijo ella…subiendo las escaleras de ladrillo del parque de la independencia iban los dos, él tomaba su mano y ella la recibía con cariño, dos soledades se encontraban en la escalera de la vida. -Yo vivo en el piso nueve dijo Deborah-ok-. Al entrar al apartamento Pablo no quiso encender la luz, -¡mira!- le dijo señalando la ventana- Deborah vio la ciudad con sus luces como luciérnagas perdiéndose en un campo eterno de edificios &#8211; ¡wow, que bonita!- ¿te gusta Celia Cruz? No conozco, dijo Deborah- ¡bueno algo nuevo todos los días!, dijo Pablo. Puso un LP en el tocadiscos Technics Japones que habían robado hace poco, Deborah miraba la ventana, él se acercó y le abrazo el vientre, poso sus labios en la nuca de ella y comenzó a cantar…cantaba con una voz dulce, una voz de caribe, Deborah no podía creer que fuera cierto todo aquello, lo miraba con tristeza y alegría a la vez, la nostalgia arropaba ese encuentro azaroso&#8230;</p>
<p>Lentamente él la fue besando, las mejillas, los labios…el cuello…fue a la cocina y sirvió en vasos nuevos un vino que había traído de Panamá hacia unas semanas…aquella noche se quisieron y se dijeron bellas mentiras, se acariciaron y besaron hasta el final, se dijeron esas verdades a medias que decimos en momentos de felicidad y de las que nos acordamos en días de nostalgia.</p>
<p>En la mente de Deborah todo era un torbellino de sensaciones, ahora sonaba un disco de salsa…”ay que pena me da” cantaba un lejano Henry Fiol…</p>
<p>El destino es la suma de decisiones, inconexas y paradójicas, es la suma de las contradicciones y la suerte mala o la suerte buena, el destino es un espejo roto, es un semáforo en rojo y es la banca de un parque…a las dos de la mañana alguien golpeo la puerta fuertemente, una voz de hombre joven gritaba atrás de la puerta “comandante Peter” ¡lo necesitamos ya!, Pablo se levantó alarmado y corrió a la puerta…la abrió y recibió dos puñetazos en el estómago que lo derribaron…así te queríamos ver ¡comunista cabrón! Le gritaba un hombre de civil mientras varios uniformados esperaban en la puerta, ¡amarren a este hijueputa! y nos lo llevamos. Deborah estaba contra la ventana del cuarto asustada, el hombre entro en la habitación y le apunto con un revolver- Deborah se puso a llorar, no estaba vestida- vístase rápido que viene con nosotros compañera- dijo burlonamente el hombre. Apenas tenía su blusa puesta, el hombre la cogió del cuello y la condujo con el resto de militares…bajaron el ascensor en grupos de 4…frente a la carrera quinta dos camionetas los esperaban, a cada uno lo subieron en una. Les habían agachado la cabeza y los llevaban a toda velocidad dando vueltas por la ciudad. Después de media hora, los carros pararon…los bajaron con las cañones de las armas en las costillas. Entraron en una gran bodega fría alumbrada por lámparas blancas…olía a bosque y sentían tierra bajo sus pies, había muchos hombres y se escuchaban algunos quejidos de personas, los condujeron a un espacio que luego sabrían era una bodega. Un hombre bajo, de lentes redondos vestido con ropa militar estaba sentado en un escritorio, al ver a Pablo se sonrió…-¡Pero si es el comandante Peter!- decía con sorna…¡que bueno que llega a nuestras instalaciones!…¡y viene con compañía!. Se acercó a Deborah y tomándole fuertemente del pelo le levanto la cabeza…!nombre! Soy Deborah Hesse. ¿De dónde es? -le pregunto con seriedad-. Soy Alemana, turista. ¡Pruebas!. -Mi pasaporte, decía llorando Deborah-. ¡Requísenla ordeno!, -con gusto mayor- dijo un soldado sonriente, luego de manosear a Deborah saco el pasaporte del bolsillo trasero de su pantalón. El mayor lo leyó un minuto y dijo, ¡devuélvanla a donde la encontraron!, y se volvió a sentar en el escritorio. Deborah llorando preguntaba -¿Y pablo?- ¡no se preocupe que de él nos encargamos nosotros, dijo sonriente el mayor!</p>
<p>El viaje de vuelta a su casa fue un sueño macabro, le habían puesto una venda en los ojos, al salir del auto los hombres hicieron sonar los seguros de sus armas para aterrorizarla…ella solo lloraba y preguntaba por Pablo…al frente de las torres del Parque le dijeron: camine derecho, ella temblaba y caminaba lentamente. De un momento a otro la camioneta arrancó y ella se quitó la venda…se sentía muerta, vomitó, al entrar a su casa se puso a llorar…la amiga de su padre estaba alarmada y despierta.</p>
<p>Después de dos días en cama su familia había decido que se devolviera a Alemania lo más pronto posible. Una semana después estaba en el aeropuerto El Dorado esperando su vuelo a Berlín. Nunca más volvió a Colombia, pero nunca se dejó de preguntar con melancolía por aquel joven llamado Pablo, aquel hombre consumido por la guerra, a quien había conocido tan solo unas horas, tan solo un día…y a quien quizás hubiera querido.♦</p>
<p><strong>Del libro &#8220;Todas tus esquinas.&#8221; Diego Aretz 2023.</strong></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><em><strong>Diego Aretz</strong> es un periodista y activista Colombiano, candidato a master en reconciliación y estudios de paz de la Universidad de Winchester, ha sido columnista de medios como Revista Semana, Nodal, El Universal, colaborador de El Espectador.  Director de la ONG Por la Frontiere.</em></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Fri, 17 Feb 2023 22:40:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Torres del Parque]]></media:description>
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        <title>Mi experiencia en el Campin.</title>
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        <description><![CDATA[<p>Como varios cientos o miles de personas, esperaba con ansias la fecha en la que nos permitieran volver a los estadios para alentar a los equipos de los cuales nos sentimos parte. De hecho, durante todo este tiempo que han durado las restricciones por el Covid-19, cada vez que pasada cerca al Estadio El Campin [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Como varios cientos o miles de personas, esperaba con ansias la fecha en la que nos permitieran volver a los estadios para alentar a los equipos de los cuales nos sentimos parte. De hecho, durante todo este tiempo que han durado las restricciones por el Covid-19, cada vez que pasada cerca al Estadio El Campin le decía a la persona con quien iba en “¿Cuándo será el cuándo?”, refiriéndome a la oportunidad de volver a los estadios.</p>
<p>El acelerado ritmo en el que descendieron los casos de contagio y la ocupación de las UCI en Colombia permitió que lo que fue una esperanza se hiciera realidad. Finalmente, podríamos asistir al estadio para poder alentar a nuestros equipos. Unas ciudades pudieron hacerlo antes que otras. El caso de Bogotá fue para un partido que se considera “clásico”, al ser de alta competitividad entre los dos equipos, Santa Fe vs Nacional.</p>
<p>Cuando me enteré de la reapertura de estadios me emocioné muchísimo, pero el tamaño de ese sentimiento fue casi tan grande como el del temor de contagios. No obstante, después de hablarlo con algunos amigos decidí comprar la boleta de entrada al partido.</p>
<p>Llegué sobre las 6 p.m., dos horas antes de que el partido iniciara, siguiendo la recomendación de llegar con mucho tiempo de antelación. En los alrededores el ambiente se podía definir con la expresión “tensa calma”. Por un lado, existía la tensión típica de un partido de tal magnitud, mientras que la calma era porque podía transitarse con la camiseta de cualquier equipo en medio de la hinchada contraria sin ningún problema, como fue mi caso mientras ingresé al estadio.</p>
<p>Al entrar, me ubiqué en donde siempre me sentaba, esperando a que los amigos con los que íbamos al estadio llegaran. Conforme fueron pasando los minutos, el estadio se fue llenando y las tribunas se empezaron a quedar sin sillas vacías. Haciendo un énfasis en que el sector que se dejó para la afición visitante sobrepasaba, por MUCHO, el aforo requerido del 50%.</p>
<p>Los equipos salieron a la cancha. Sonaron los himnos. Se llevaron a cabo los actos protocolarios, durante los cuales las hinchadas no frenaron sus cánticos. Inició el partido y todo se centró en el esférico y los 22 jugadores. La primera mitad del primer tiempo fue lenta, aburrida. Pero, la segunda parte fue un poco más contundente. Ambos equipos se intentaron sobreponer, teniendo la visita oportunidades más claras. Sin percatarme de lo rápido que había pasado el tiempo, el primer tiempo llegó a su fin e iniciaba el entretiempo.</p>
<p>Aproveché la ocasión para dar una vuelta e ir a lavarme las manos (Había saludado ya a varias personas). El baño se encontraba entre el lugar en el que me encontraba y el sitio asignado para la fanaticada de Nacional. Filas ordenadas, y en algún punto compartidas, era lo que ocurría para entrar al servicio sanitario. Después, hice una video llamada con mi mamá, quien también tenía muchas ganas de ir al estadio, pero prefirió no hacerlo.</p>
<p>Tan pronto como colgué y me quité los audífonos los silbidos, gritos y chiflidos empezaron a apropiarse del ambiente del estadio. Pensé que era porque los equipos volvían al escenario, pero no era así. Al contrario, era porque en la tribuna “familiar” había empezado un enfrentamiento.</p>
<p>Para aquellos que hemos ido a un estadio, sabemos que es común alguna que otra pelea menor porque alguien dice u opina algo que no cae bien entre su más cercano círculo, pero son cosas que no pasan de una pelea de palabras. Ocasionalmente, se intentan ir a golpes, pero estos eran rápidamente intervenidos por la fuerza policial. No obstante, lo que ocurrió ayer fue completamente distinto a lo que en otras ocasiones había presenciado.</p>
<p>Inició como algo menor entre un pequeño y reducido grupo de personas. Pero en segundos, la sobrepoblada sección de asistencia visitante empezó a hacer andamiajes y piruetas para poder acceder a la tribuna familiar, con lo que una pelea de pocos se convirtió en una significativa pelea grupal.</p>
<p>En cuestión de parpadeos se pudo ver cómo los visitantes iniciaron a despegar sillas para lanzarlas sobre sus rivales de pelea. A su vez les lanzaban palos, piedras y tubos, elementos que por cierto están prohibidos dentro de las instalaciones del estadio y que, por alguna razón, pasaron por los 3 filtros policivos que había para ingresar.</p>
<p>Mientras eso ocurría lo que me sorprendió fue la pasividad de la autoridad policial dentro de las tribunas. A contados pasos de mi silla estaba un grupo de policías que antes de actuar de manera oportuna o buscar alguna forma de minimizar la situación empezaron a grabar con sus celulares la pelea.</p>
<p>Con la mirada atónita, el grupo de amigos que fuimos al estadio prontamente iniciamos a dirigirnos hacia las salidas. Esto a fundamentado que entre los visitantes y nosotros solo estaban los policías que iniciaron las grabaciones con sus teléfonos.</p>
<p>Sin casi poder entender lo que estaba ocurriendo y casi en la puerta empezó una nueva tanda de chiflidos con lo que se inició la intervención de la barra local al campo, quienes buscaban responder el aireado ataque visitante contra la tribuna familiar.</p>
<p>En ese momento tomé la decisión de salir del estadio. Con “el corazón en las manos”, las piernas temblorosas y un “nudo en la garganta”, llegué a la plazoleta ubicada en la zona anterior del Campin donde un policía discutía insistentemente por la apertura de las puertas para evitar una estampida humana, mientras que el lentísimo servicio logístico le respondía apaciguadamente la necesidad de que esta orden llegara del PMU (Punto de Mando Unificado). Simultáneamente un equipo del ESMAD, conformado por unos 25 o 30 oficiales, ingresó por la única puerta que estaba abierta en todo el sector occidental del estadio.</p>
<p>Pensando en que había parqueado el carro cerca de la zona en la que los visitantes tenían su salida decidí irme tan prontamente. El camino era un sendero peatonal por el que me encontré con familias con niños y mujeres llorando, que buscaban irse del estadio y del sector tan rápido como fuera posible.</p>
<p>También, desde afuera, se podía ver cómo las hinchadas, local y visitante, intentaban romper las varillas de las rejas. Se oía cómo rompían los plásticos de las sillas y como gritaban contra la hinchada local y la fuerza pública.</p>
<p>Salí del parqueadero encontrándome de frente con 5 buses quienes transportaban hinchada visitante desde Medellín, que eran escoltados por policías en moto. Mientras que el resto de la fuerza pública presente yacía inmóvil y estupefacta ante lo que veían, oían y les comunicaban por sus radios. Salí del sector y me dirigí a cumplir el plan que tenía después del partido, comprar algo de comer y llegar a casa. Cuando llegué al restaurante, mucho más calmado, la sorpresa es que ahora querían terminar de jugar el partido.</p>
<p>El resto de las cosas que no puedo explicar con las palabras que están en este Blog, usted podrá constatarlo con la cantidad de vídeos y fotos que se han hecho virales. Pero esta vaina no puede quedarse ahí, como algo viral.</p>
<p>Hay que evaluar muchas cosas y responder muchas preguntas. ¿Por qué no se respetó el aforo en la tribuna visitante?, ¿Cómo es que se lograron filtrar piedras y palos a los 3 filtros policiales?, ¿Por qué se tardó tanto la policía en reaccionar?, ¿A quién se le ocurrió y quién aprobó dejar pegadas tribuna visitante y tribuna familiar?, y la pregunta más delicada ¿A quién le importa el fútbol después de tan deplorable espectáculo?</p>
<p>Finalmente, tratar de buscar un iniciador solo conllevará a legitimar la respuesta de la contraparte, lo cual no puede ser aceptado. Ambas partes de las aficiones involucradas actuaron mal, decir lo contrario sería tratar de tapar el sol con un dedo.</p>
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        <author>@castroopina</author>
                    <category>CastroOpina</category>
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        <pubDate>Wed, 04 Aug 2021 15:48:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi experiencia en el Campin.]]></media:description>
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        <title>“Dolor y esperanza” según Oswaldo Guayasamín</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/dolor-esperanza-segun-oswaldo-guayasamin/</link>
        <description><![CDATA[<p>La obra de Oswaldo Guayasamín llega a la Galería Duque Arango de Medellín con la exposición “Dolor y esperanza” que puede ser apreciada física y virtualmente hasta el 18 de julio de 2021. Guayasamín (1919 &#8211; 1999) es uno de los más influyentes de la plástica latinoamericana del siglo XX y su trabajo se nutre [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>La obra de <strong>Oswaldo Guayasamín</strong> llega a la <strong>Galería Duque Arango</strong> de <strong>Medellín</strong> con la exposición <strong>“<a href="https://galeriaduquearango.com/exposiciones-guayasamin" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Dolor y esperanza</a>” </strong>que puede ser apreciada física y virtualmente hasta el 18 de julio de 2021.</p>
<p><strong>Guayasamín</strong> (1919 &#8211; 1999) es uno de los más influyentes de la plástica latinoamericana del siglo XX y su trabajo se nutre de los “<em>acontecimientos de la sociedad, invitándonos a reflexionar sobre el dolor y la esperanza, esta última que no debemos perder</em>”, sostiene el curador <strong>Miguel González</strong>.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-84473 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/Liarte_Guayasamin-300x300.jpg" alt="" width="300" height="300" /></p>
<p><strong>32 obras</strong> del artista ecuatoriano llegan a la Galería Duque Arango como un acontecimiento “imperdible”, en palabras del curador, pues “la obra del maestro es patrimonio nacional del estado ecuatoriano, es decir que, si un coleccionista posee un Guayasamín y esa obra en Ecuador, por ley esa pieza no puede salir (del país)”.</p>
<p>Entonces, el público puede apreciar piezas provenientes de España, Panamá, Estados Unidos, México y diversas ciudades de Colombia que recogen la “tradición del expresionismo, del Picasso de los años treinta sobre todo en el Guernica y sus derivados, pero preponderantemente de todas las apuestas que se estaban produciendo en Latinoamérica en las primeras décadas del siglo XX”, subraya González.</p>
<p><strong>Oswaldo Guayasamín</strong> plasmó artísticamente una posición frente a las crueldades e injusticias de una sociedad que discrimina a la gente con menos recursos económicos, a los indígenas, a los afrodescendientes y a los débiles.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Oswaldo Guayasamin y la importancia de la exhibición “Dolor &amp; Esperanza” en la galería Duque Arango" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lECj1wLzm6k?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>En la década de los 60 produjo importantes series de pinturas, entre ellas “<strong>Mujeres llorando</strong>”, rostros conmovedores que hablan del dolor y desesperanza, y en las que, con colores fúnebres como el negro y gris, el espectador puede ver sus rostros angustiados, sino manos implorantes.</p>
<p>Otras series que destaca el curador de <strong>“Dolor y esperanza” </strong>es “<strong>El grito</strong>”, “<strong>Desesperados</strong>” y “<strong>La espera</strong>”, donde los cuerpos de los personajes se ofrecen en distintas composiciones incluida un hombre boca abajo que enseña sus brazos y costillas, también cuadros donde se pueden ver representaciones masculinas con brazos implorantes y entre sus piernas el sexo.</p>
<p>Sin embargo, es “<strong>La Edad de la ira</strong>” la serie considerada como uno de los más importantes manifiestos políticos a través de la plástica en la segunda mitad del siglo XX, pues en “ella hay además de ira, llanto, angustia, miedo y cabezas de la montaña aullante”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-84462 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/Guayasamin-300x300.jpg" alt="" width="362" height="364" /></p>
<p>En este conjunto de obras, según Miguel González, “se expresa no solo un mundo físico deformado y caricaturizado, sino una alegoría a la violencia moral, al ámbito del sufrimiento, la opresión, en seres atormentados, premonitorios del deterioro, la orfandad y la muerte”.</p>
<p>Dice González que “<strong>La Edad de la ira</strong>” viajó por todo el mundo y llegó a Cali a inicio de los años 70 con motivo del Festival del Arte, por lo que un coleccionista de esa ciudad adquirió una pieza.</p>
<p>“<em>He pintado durante medio siglo como si gritara desesperadamente. Y mi grito se añadió a todos los otros gritos que exprimen humillación y angustia en la época en la que vivimos</em>”, dijo en 1976 sobre su obra <strong><a href="https://www.youtube.com/watch?v=_4oat8kJJxE" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Oswaldo Guayasamín</a></strong>, quien en 1999 (año en que murió) recibió el premio de la UNESCO por “su vida entera obrando por la paz”.</p>
<p>En “<strong>Dolor y esperanza</strong>”, se puede apreciar una escena campesina fechada en 1947, igualmente representaciones de figuras humanas características de su peculiar expresionismo, al tiempo que hay ejemplos de paisajes y bodegones, otro tema que el artista trató con su particular estilo.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class=" wp-image-84463 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/06/Guayasamin1-300x300.jpg" alt="" width="352" height="353" /></p>
<p>El curador recuerda que en el nuevo milenio la sociedad humanidad continúa estremecida por un número creciente de acontecimientos dramáticos y las desigualdades parecen cada vez más radicalizarse, razón por la cual la obra contestataria de Guayasamín puede seguir vigente y conmoviendo.</p>
<p>Crédito fotos y videos:  <em>cortesía Galería Duque Arango.</em></p>
<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=84461</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Jun 2021 00:44:15 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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