<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/search/monotonia+sexo/feed/rss2/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 27 Jul 2026 21:01:25 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.0.2</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Todos los resultados de blogs de monotonia sexo | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>&amp;#8220;Pornopolítica&amp;#8221;, por Edwin Cruz.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/pornopolitica-por-edwin-cruz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Filosofía y coyuntura presenta este fragmento del libro &#8220;Pornopolítica&#8221; (Bogotá, Desde abajo, 2025) del politólogo Edwin Cruz Rodríguez, un sugestivo ensayo donde se establecen las relaciones entre el capitalismo de plataformas con su economía de la atención, el entretenimiento y la política como espectáculo. Un libro fundamental para entender la dinámica política actual.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Edwin Cruz Rodríguez es Doctor en Estudios políticos y Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Colombia. Es autor de varios libros, entre ellos, <em>El federalismo en Colombia (1853-1886). Una historia política conceptual </em>(Desde abajo, 2023) y <em>Pensar la interculturalidad: una invitación desde Abya-Ayala/América Latina</em> (Quito, Abya-Yala, 2013). Estudioso de los procesos de paz en Colombia y los movimientos sociales.  Aquí presentamos este fragmento de su libro <em>Pornopolítica</em> (Bogotá, Desde abajo, 2025). </p>



<p class="wp-block-paragraph"> <strong>Pornopolítica (Fragmento). </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por: Edwin Cruz Rodríguez. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Probablemente, el vínculo estricto entre pornografía y política se produjo en la campaña electoral de la actriz Ilona Staller, conocida como “Cicciolina”, que la llevaría a ocupar un escaño como diputada en el parlamento italiano, entre 1985 y 1992. <em>Allí aparecieron ciertos rasgos característicos de la pornopolítica, especialmente la utilización del capital erótico, la publicación de aspectos de la vida íntima, el devenir marca del representante, la fabricación del escándalo y la subordinación de la acción a la búsqueda de un efecto comunicativo —en vez de orientarse hacia la alteración efectiva del mundo— con el fin de captar la atención y conseguir notoriedad. </em>Ciertamente, estos no son fenómenos del todo recientes. En la política electoral, los representantes no corresponden a la “aristocracia natural” que deseaba Thomas Jefferson: no es la inteligencia ni la virtud lo que los distingue del resto de ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, los mecanismos para conseguir la atención que en tiempos de “Cicciolina” eran excepcionales hoy se han convertido en la norma. <strong>Las formas de escenificar en la actividad política contemporánea están fuertemente marcadas por la extensión de caracteres propios de lo pornográfico a la totalidad del campo de lo visible. Buena parte de la actividad política actual se concentra en alterar la escena, esto es, en atraer la atención mediante lo obsceno, lo sorprendente, lo escandaloso. </strong>Lo atinente a la sexualidad tiene un lugar destacado, aunque no exclusivo, en ese empeño. Por todo esto, en contraste con “Cicciolina”, ya no resulta igualmente extraordinaria la relación entre el presidente de EE.UU. Donald Trump y la también actriz porno Stormi Daniels, pese a comprometer un litigio judicial ampliamente publicitado: se trata apenas de una noticia más en el día a día de la política, incluso constituye solo un escándalo en la larga lista del histriónico político. Entre “Cicciolina” y Trump median complejas mutaciones estructurales que configuran paulatinamente un <strong>régimen escópico particular.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un proceso central en esas transformaciones es la digitalización de la realidad social, </strong>el hecho de que actualmente todos los vínculos sociales están mediados y una buena cantidad de ellos han sido reemplazados por conexiones digitales, hasta el punto que en ciertos contextos laborales las relaciones cara a cara puedan considerarse un privilegio (Sennett, 2012, pp. 206-207). <strong>El régimen escópico de la política contemporánea no puede comprenderse al margen del capitalismo de plataformas, entramado social basado en la captura de datos mediante “infraestructuras digitales que permiten que dos o más grupos interactúen” (Srnicek, 2018, p. 45), y especialmente de la economía de la atención, pieza fundamental de su engranaje. </strong>Las empresas tecnológicas globales, los actores privados más poderosos en la historia, se apropian de enormes cantidades de información, la procesan mediante sus avanzadas tecnologías y <em>la convierten en un conocimiento</em>, a disposición de quien pueda pagarlo, <em><strong>que permite anticipar, predecir o inducir conductas </strong></em>(Zuboff, 2021, pp. 21-25). Como sostiene Peirano (2020, p. 29), <strong>el mecanismo fundamental para capturar la atención en las plataformas digitales es el condicionamiento a intervalo variable de B. F. Skinner</strong>. Los dispositivos que lo incorporan <strong>mantienen la atención gracias a la expectativa que crean las recompensas en lapsos cortos</strong>. <em>Su función es generar una placentera descarga de dopamina o una frustración, para de esa forma inducir un comportamiento compulsivo. La retribución placentera es análoga a la que provee la pornografía: un placer onanista, reducido a la respuesta mecánica y pasiva del organismo biológico, sin ningún tipo de ascesis ni aportación de sentido por parte del sujeto que, por el contrario, es cosificado, convertido en un elemento de un engranaje mayor.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así las cosas, el tránsito desde una esfera pública basada en medios analógicos hacia una regida por las lógicas de los medios digitales ha intensificado la competencia por la atención y los rasgos que vinculan la política contemporánea con lo pornográfico. En la sociedad digitalizada el escándalo es permanente. Por ejemplo, el régimen escópico en que se desenvuelve Donald Trump es muy distinto de aquel en que actuaron políticos que <em>a priori</em> podrían considerarse de su mismo tipo, como Silvio Berlusconi. Como sostiene Marco D’Eramo (2024), Berlusconi irrumpió en la política electoral teniendo como principal atributo el hecho de ser un magnate “antipolítico”, ajeno y opuesto a la clase política, es decir, después de tener éxito como empresario de los medios de comunicación y del fútbol. En cambio, <strong>Trump es el arquetipo del <em>influencer</em>: hace política <em>representando</em> el papel de magnate “antipolítico”.</strong> Desde los años ochenta, su propia imagen es su capital fundamental y su “modelo de negocio” consiste en la autopromoción para capitalizar la atención. De ahí la infinidad de productos que ha tratado de posicionar en el mercado con su nombre y con signos de su apariencia personal: desde un perfume hasta una universidad. Su imagen se convirtió en una <em>marca</em> solo en 2004, tras un extenso listado de fracasos empresariales, como presentador del <em>reality</em> <em>show</em> <em>The Apprendice.</em> Finalmente, encontró en la política una vía expedita para “monetizar” la atención en el momento en que los ejes estructurantes del espectáculo político ya no eran sustancialmente diferentes a los del espacio donde alcanzó su celebridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero <strong>la economía de la atención no afecta únicamente el <em>performance</em> de los políticos profesionales: en gran medida estructura la totalidad del escenario público. </strong>En la práctica, como demostró Bauman (2005, p. 13), todos los vínculos sociales tienden a adoptar la “liquidez” del ámbito virtual. Las relaciones sociales se establecen como “conexiones” en función de la gratificación a corto plazo, fluctúan a mayor velocidad que las relaciones sólidas y durables del pasado porque las personas eluden los compromisos permanentes. Además, en ese contexto de precariedad <strong>las conexiones se convierten en un capital social primordial del que dependen las oportunidades vitales, laborales y erótico-afectivas.</strong> Para conectarse, las personas necesariamente deben incursionar en el ámbito virtual: compiten en ese dominio por hacerse visibles, por conseguir atención en medio de la infinidad de informaciones y estímulos. De esa manera, <strong><em>devienen mercaderes de sí mismos: el producto que transan, compran y venden es, en última instancia, su propia vida privada, personal y particular, convertida en datos, imágenes, interacciones y redes de relaciones de las que se apropian las grandes empresas tecnológicas. Así, lo privado se hace visible en el ámbito público y, ulteriormente, es privatizado.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De esa forma, <strong>lo público-político es copado por todo tipo de asuntos, privados, personales, particulares, socialmente irrelevantes pero eficaces para conseguir la atención, cuyo ruido resta visibilidad a los problemas fundamentales de la vida en común</strong>, esto es, problemas cuyas consecuencias no pueden resolver los individuos de manera privada, sino que requieren necesariamente una gestión política. Por consiguiente, bajo <strong>el capitalismo de plataformas </strong>existe una doble privatización de lo público. Por una parte, en la medida en que los asuntos privados, personales y particulares no logran traducirse como problemas de la vida en común, en la esfera pública predominan los intereses privados. Por otra parte, al privatizar los vínculos sociales y la comunicación, las plataformas reducen y en algunos casos anulan los espacios de encuentro entre desconocidos, es decir, el ámbito público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como consecuencia, el capitalismo de plataformas limita la posibilidad de establecer relaciones sociales sólidas e incluso erosiona las existentes. <strong>Para despojar de la atención a sus usuarios, acopiar sus datos y manipular su conducta, las plataformas utilizan herramientas de inteligencia artificial predictiva o algoritmos, ubicándolos en grandes contenedores, burbujas o cámaras de eco </strong>(Pariser, 2017, p. 18). Así, <em>las plataformas personalizan los flujos de información, determinando tanto lo que las personas pueden ver como sus potenciales interacciones.</em> En realidad, las empresas tecnológicas reducen la contingencia de la vida social: no solo reemplazan los vínculos sociales por “conexiones” digitales, sino que limitan la gama de relaciones posibles para cada usuario. En consecuencia, <strong>socavan el mundo común, el lugar en donde se expresa la pluralidad de los seres humanos y el conjunto de referentes compartidos que hacen posible una corroboración intersubjetiva de la realidad</strong>. Este aislamiento implica, de hecho, un efecto más intenso de la ideología. A decir verdad, la desinformación no es consecuencia de la comunicación caótica que, hipotéticamente, produciría la expresión simultánea de un sinnúmero de usuarios, sino de una comunicación privatizada e intensamente controlada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">E<strong>n vez de la “realidad aumentada” que prometen los artefactos de última tecnología, el capitalismo de plataformas ha configurado una realidad disminuida. </strong>La digitalización no ha hecho que la realidad desaparezca o sea reemplazada por su representación, como sostuviera Baudrillard (1984, p. 63), pero ya no la percibimos, no la vemos o, en el mejor de los casos, hemos perdido la dirección de nuestra propia mirada. <strong>Paradójicamente, la mayor disposición de información de acceso libre no se traduce en una ampliación de la visión sino, por el contrario, en una ceguera relativa inducida por los mecanismos para el despojo de la atención. La mirada es conducida por el bucle de estímulos y gratificaciones periódicas, de manera que las personas pierden control sobre su visión.</strong> De un lado, la continua estimulación impide que la mirada se concentre. De otro lado, sin embargo, esta continua estimulación implica una fijación de la vista en el sentido en que a esta expresión le confería Sontag (2007, p. 28): enfocando únicamente el flujo compulsivo de las imágenes que impide la movilidad, la modulación de la perspectiva y graduación en la intensidad de la mirada. El resultado es paradójico: <em>la mirada es orientada de tal manera que se impide ver.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Esta reducción de la visión guarda cierta similitud con la que produce la pornografía. El porno también despoja completamente la atención del espectador mediante un dispositivo de compulsión: el estímulo y la gratificación son necesarios para “enganchar” con un contenido esencialmente monótono. La pornografía concentra el sentido de la vista en una imagen instantánea, pues en tanto que está privada de narrativa, de secuencia temporal, prácticamente carece de duración. No obstante, en realidad cuando miramos pornografía ya no estamos viendo: aunque la imagen capte por completo nuestra atención, no hay realmente nada que ver, el campo visual está saturado porque de antemano sabemos lo que va a ocurrir. </strong>En efecto, dado que el porno reduce la sexualidad a un intercambio corporal mecánico, la imagen está condicionada por la materia misma de que trata. Como apunta Steiner (1990, p. 103), las variaciones posibles de la relación sexual son limitadas. <em>Eso explica la monotonía característica del género pornográfico.</em> Por esa razón, más que la visión en sí, la pornografía explota la re-visión, la búsqueda periódica del mismo estímulo, la iteración de lo ya visto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Confinado en burbujas o cámaras de eco,</strong> el usuario de tecnologías digitales no solo ve reducida su percepción, también es privado de la posibilidad de construir lazos sociales de manera autónoma, de acuerdo a sus propios deseos e intereses. <strong>El mundo que podría construir con otros es reemplazado por los agregados de usuarios construidos por los algoritmos en función de las ganancias privadas.</strong> De esa manera, el capitalismo de plataformas reduce los individuos <strong>a una soledad estructural:</strong> reemplaza los vínculos sociales por conexiones digitales férreamente controladas que a lo sumo configuran un sucedáneo de la sociabilidad, <em>una semivida social que obstaculiza la construcción de un mundo común. </em><strong>Esta soledad del ciudadano contemporáneo es similar a la del consumidor de pornografía, pues tanto la conexión digital como el porno aíslan a las personas. El porno se consume de manera privada, en verdad cada vez más privada debido a su difusión predominantemente por Internet </strong>(Gubern, 2005, p. 48). Pero no se trata únicamente de la forma de consumo. La psicoanalista <em>Silvia Ons ha descubierto que en sus pacientes más jóvenes la pornografía no es un preámbulo ni un facilitador sino un obstáculo para la experiencia sexual</em> (Ons, 2018, p. 8). Orientadas por la concepción pornográfica del sexo, las personas terminan prefiriendo los estímulos y la recompensa onanista en corto tiempo, sobre el trabajo de lidiar con el otro realmente existente y su siempre incierta respuesta. Por lo tanto, la pornografía es a la sexualidad lo que la conexión digital es a la sociabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así mismo, <strong><em>los mecanismos dispuestos por las plataformas para despojar la atención le imprimen a la política contemporánea un funcionamiento compulsivo análogo al de la pornografía.</em></strong> Ambas actividades se desenvuelven en función de la gratificación a corto plazo, privilegiando el resultado en detrimento de los procesos. Además de la explicitud de la imagen, el porno se distingue del erotismo porque está privado de una trama narrativa compleja capaz de vincular el pasado con el presente y el futuro sin suprimir la contingencia que caracteriza las relaciones entre seres humanos. En el erotismo predominan la expectativa, el descubrimiento paulatino y la imaginación. En cambio, la monotonía propia de la pornografía —el mismo acto con el mismo resultado siempre— está compensada por una velocidad que sincroniza con la aceleración digital, posibilitando una excitación y una recompensa rápidas. <strong><em>Como el porno, la política contemporánea se basa en emociones primarias, capaces de atraer la atención por un lapso efímero. Para hacerse visibles, en medio de las enormes cantidades de datos con que son bombardeados permanentemente a una velocidad que imposibilita fijar la mirada, ciudadanos y políticos profesionales se valen de lo escandaloso y de lo obsceno. De esa forma, producen continuamente estímulos que refuerzan los dispositivos compulsivos del sistema.</em></strong> Los hechos capaces de generar emociones, como la indignación y la compasión, se convierten en <em>tendencias</em> fugaces en el terreno virtual, siendo rápidamente reemplazadas por algo peor o más entretenido. Así se configura un sistema de incentivos que premia la acción en el presente, desligándola de toda proyección hacia el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En la política contemporánea, la desinstitucionalización, el declive de los partidos y de los programas políticos de largo plazo, basados en utopías que creaban una continuidad en el tiempo mediante narraciones más o menos coherentes sobre la vida en común, se expresan en un protagonismo personalista concentrado en el corto plazo. </strong>Hoy predominan los liderazgos individuales efímeros o “líquidos” cuyo ciclo vital responde, en última instancia, a las <em>tendencias</em> del espacio virtual. <strong>El desempeño inmediato de los políticos profesionales, medido en tráfico digital y por su figuración en los sondeos periódicos, desplaza cualquier consideración ideológica u organizativa de mediano y largo plazos, razón por la cual siempre están en campaña electoral.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Finalmente, tanto en la pornografía como en la política contemporánea los sujetos son reducidos a la pasividad. </strong>La pornografía ofrece una fantasía cerrada que se compra ya hecha y no demanda del espectador un esfuerzo imaginativo: todo está dado, no hay nada que inventar o alterar. Por consiguiente, el espectador es reducido a mero receptor de estímulos. Al igual que el espectador de pornografía, el ciudadano contemporáneo está reducido a la impotencia. Paradójicamente, <strong>el escenario político se altera a cada momento con la irrupción de algo urgente y excepcional, que atrae la atención e incluso entretiene, pero en lo fundamental permanece igual. Tales alteraciones se experimentan como momentos repetitivos y equivalentes de un continuo invariable y mecánico, impermeable a la introducción de la diferencia y la novedad. En la medida en que el espacio público es doblemente privatizado — su criterio estructurador es la rentabilidad de las grandes empresas tecnológicas y, por ese motivo, en él predominan los asuntos privados, personales y particulares capaces de generar tráfico digital—, los problemas de la vida en común son invisibles, permanecen al margen de la actividad política. </strong>Más aún, las personas están imposibilitadas para actuar colectivamente en su posible resolución. <em>El aislamiento algorítmico priva al individuo de sus relaciones con los otros y del mundo común y, por tanto, de la posibilidad de ejercer poder.</em> Impide así la introducción de la novedad y la diferencia para perturbar la monotonía repetitiva de lo mismo creada por los mecanismos de compulsión. En la práctica, <strong>la acción política se reduce a la expresión individual, a la manifestación del descontento o la aprobación de <em>tendencias</em> virtuales, que no llegan a traducirse en acción colectiva efectiva pero retroalimentan el sistema, produciendo datos, interacciones y, por ende, ganancias privadas. </strong><em>A pesar de la retórica de la participación, el ciudadano es reducido a espectador, a consumidor de una fantasía en la cual es protagonista.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La pornopolítica corresponde a ese espectáculo autorreferente y privatizado, análogo a la fantasía cerrada de la pornografía. </strong>El porno no aspira a la mímesis, sino que construye una meta-realidad autorreferente, un remedo del sexo que limita la sexualidad. <strong>La pornopolítica reduce la política a su escenificación espectacular, la aísla de la construcción y gestión de lo común, y de toda posibilidad de transformar el mundo: es un sucedáneo de la política, no una política intensificada.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sennett, Richard (2012) <em>Juntos. Rituales, placeres y política de cooperación</em>. Barcelona: Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Srnicek, Nick (2018) <em>Capitalismo de plataformas</em>. Buenos Aires: Caja Negra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zuboff, Shoshana (2021) <em>La era del capitalismo de vigilancia</em>. Bogotá: Planeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Peirano, Martha (2020) <em>El enemigo conoce al sistema</em>. Barcelona: Debate.</p>



<p class="wp-block-paragraph">D’Eramo, Marco (2024, 7 de mayo) “Problem Trump”. <em>Sidecar. The NLR blog</em>. Disponible en: <a href="https://newleftreview.org/sidecar/posts/problem-trump">https://newleftreview.org/sidecar/posts/problem-trump</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Bauman, Zygmunt (2005) <em>Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos</em>. Buenos Aires: FCE.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pariser, Eli (2017) <em>El filtro burbuja</em>. Madrid: Taurus.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Baudrillard, Jean (1984) <em>Las estrategias fatales</em>. Barcelona: Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sontag, Susan (2007) <em>Estilos radicales</em>. Barcelona: Debolsillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Steiner, George (1990) <em>Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano</em>. México: Gedisa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gubern, Román (2005) <em>La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas</em>. Barcelona: Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ons, Silvia (2018) <em>El cuerpo pornográfico: marcas y adicciones</em>. Buenos Aires: Paidós.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122030</guid>
        <pubDate>Wed, 05 Nov 2025 09:24:27 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/05042058/edwin.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[&#8220;Pornopolítica&#8221;, por Edwin Cruz.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-guerras-del-agua-en-bogota-relato-apocaliptico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá adquirió el calificativo de tierra caliente y el hedor cundía por todas partes. Lo peor estaba por suceder. Cuento distópico de una ciudad apocalíptica.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7dccfacff8bf8fdd350bbd39bc3e2ae8 wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Cuando los ángeles lloran, lloverá&#8221;</strong> (Grupo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IRMrqO03pik"><em>Maná</em></a>)</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Advertencia: </strong>Este cuento contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los ángeles habían dejado de llorar sobre la ciudad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se levantó a las 6:00 a.m. como de costumbre, y, tras observar que el bebé dormía plácido, fue directo al baño. Abrió el grifo para lavar sus dientes y pegó un grito de los mil demonios cuando vio que no salía ni gota de agua. De la rabia, se arrancó un poco de pelo. La boca seca le sabía a sangre, se sentía como la superficie de una lija. Sudó frío y secó el sudor con un pañuelo sucio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través del espejo inteligente, un artefacto de última generación comprado por <em>Amazon</em>, constató la noche de perros que pasó. Apenas durmió tres horas mal dormidas; era evidente que estaba flaco, ojeroso, cansado pero todavía con ilusiones. Saldría, como siempre, a las siete menos cuarto para enfrentar la monotonía de los horribles días grises bogotanos. Era un lunes 31 de agosto del año 2099.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el mismo espejo, tras un chasquido de dedos, proyectó la primera plana de <strong>El Espectador</strong>, para ver qué decían las noticias. Y las noticias decían que el Alcalde Mayor huyó la noche anterior con su amante ante la amenaza de linchamiento por la mala gestión del racionamiento del agua. Con Bogotá al garete, las autoridades ofrecieron una jugosa recompensa por la captura del burgomaestre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la noche a la mañana, la capital de Colombia retrocedió 200 años y las costumbres de antes estaban de vuelta. En hogares y baños públicos se instalaron  letrinas secas, que en vez de agua funcionaban con tierra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras noticias, la periodista Victoria Devil, tataranieta de la “reina amarillista”, Viqui Devil, anunciaba que el calor y la sequía seguían matando bogotanos y que de China venía un barco cargado de bacinillas a bajo costo, porque también las <em>micas</em> estaban en tétrico furor. El contenedor traía además un ejército de robots de compañía, a tamaño real, para personas solitarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mayor problema de la metrópoli eran la escasez de agua, los calores intensos que sancochaban gente en vivo y en directo, y los colados en el recién inaugurado servicio público de carros voladores autónomos. Desde 2080, la temperatura era de 30 grados centígrados. Bogotá era tierra caliente y la gente cubría sus vergüenzas con cualquier trapo. Se lamentaban de la ineptitud de sus antepasados, pues nadie hizo nada para impedir este infierno ambiental. La muerte acechaba a los dos millones de habitantes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien en 2050 se encontró una cura para el cáncer, ahora la gente moría, principalmente, por olas mortales de calor y afecciones cardiopulmonares, debido a la alta concentración atmosférica de ozono tóxico. Un dispositivo acoplado al torrente sanguíneo monitoreaba la salud en tiempo real, pero los médicos no podían salvar a nadie a distancia, ya que la corrupción mantenía a Bogotá en el atraso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ancianos morían en la calle de agotamiento por calor; los paros cardiacos y los accidentes laborales se volvieron frecuentes entre quienes debían trabajar al aire libre. Los trabajos en vía pública solo se hacían de noche y la vida se volvió&nbsp;nocturna. Daba pavor salir de día a la calle. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros países, se crearon centros de enfriamiento: los pacientes eran sumergidos en tinas heladas o acostados sobre bloques de hielo para bajarles la temperatura antes de que el golpe de calor los matara. O se les aplicaban inyecciones de fluidos fríos. En Bogotá, un lujo así estaba a años luz, gracias a la burocracia y el desgreño.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Con todo, nadie sospechaba que lo peor estaba por suceder.&nbsp;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los páramos Chingaza, Guerrero y Sumapaz, se transformaron en semi-desiertos, y los embalses tenían menos del 10% de reservas para salvar a los últimos sedientos. Ni el <em>Indio Amazónico,</em> que atendía desde el más allá con sus menjurjes y charlatanería, revivido por la Inteligencia Artificial, pudo ver la doble tragedia que se venía. En cuestión de días se desataría el acabose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No quedará piedra sobre piedra, ni <em>cachaco</em>, ni <em>rolo</em>, ni forastero como testigo, presagiaban los catastrofistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través del espejo, Alejandro Olmos observó con desdén las bacinillas chinas y recordó que debía comprar la suya. La quería blanca y esmaltada, en contra de su voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, sin bañarse los dientes, sin beber su café diario y sin preparar el primer tetero del día, se vistió rápidamente, se sentó en la sala, se puso las gafas de última generación que reemplazaron los teléfonos móviles, y se conectó con el supermercado más cercano. El bebé seguía durmiendo como un bebé. Eran él y el niño, pues su pareja se había largado un mes atrás, sin dar explicaciones. La señora de por días no llegaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin necesidad de abrir la boca, pidió un litro de agua, pero el dependiente, sin necesidad de abrir la boca, le hizo saber que solo podía venderle una botella de las pequeñas y nada más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Una por día, una por persona. Nada más. El decreto es claro —le gritó. Y pase por ella, porque el domiciliario murió ayer de insolación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Tocará, respondió de mala gana Alejandro Olmos. Los 350 mililitros de agua debían alcanzar para cepillarse los dientes, bañarse las partes nobles, preparar el tetero y hervir el tinto para mojar el pan duro que guardaba desde hacía quince días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Olmos se dirigió a su biblioteca y vio que allí estaban su viejo revólver, su máscara antigás y la biografía del poeta José Asunción Silva. Agarró primero la máscara. Los dos círculos de vidrio a la altura de los ojos funcionaban como cámara a control remoto para controlar las cosas de la casa. Un filtro al interior de la máscara permitía respirar aire limpio, y un diafragma de voz circular de metal permitía comunicarse con otras personas, además de que un pequeño tubo, conectado a un botellín, dispensaba agua, eso cuando podía llenarlo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ajustó la máscara a la cabeza como casco y salió de su apartamento en Chapinero Alto. Observó la misma escena: gente de todas las edades yendo de un lado hacia otro, conectada al mismo artefacto incómodo, como si la ciudad estuviera en medio de una guerra química.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mañana de aquel lunes lucía letalmente tranquila. Bogotá estaba irreconocible, toda gris: el cielo, el suelo y los rostros de las personas. Grises también los cerros orientales, convertidos en un peladero, por los sucesivos incendios forestales del último medio siglo. El cielo azul se transformó en naranja a causa del fuego y el humo formó nubes negras, como en la canción de <em>Los de adentro</em>, que ya nadie cantaba. El verde desapareció, y ahora el aspecto lúgubre y desértico de Bogotá daba miedo. Parecía, en parte, el escenario de <em>Mad Max Fury Road</em>, sin los mutantes. Algunas familias pudientes se largaron a tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Donde alguna vez estuvo la iglesia de Monserrate, se instaló un Gran Ojo para monitorear el cambio climático; pero eran mentiras, porque más que nada se usaba para vigilar secretamente a los ciudadanos; solo a las autoridades les estaba permitido el acceso al lugar. Desde el cerro, el Gran Ojo lo sabía todo, incluso si alguien había cambiado de sexo, porque tenía el poder, mediante escáner, de ver su presente y el pasado de las personas, algo realmente perturbador.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de una fila de hora y media en el supermercado, la cajera leyó el chip en el brazo izquierdo de Alejandro Olmos y, muy enojada por hacerle perder el tiempo, le informó que con ese número de registro alguien más reclamó la dosis diaria del preciado líquido. Con el pañuelo sucio limpió el sudor frío. Su chip fue <em>hackeado</em>. Los hackers encontraron en las guerras del agua un negocio lucrativo, pues mediante el robo de información obtenían agua suficiente para sobrevivir y la de sobra para revenderla a las <em>Mafias del Agua</em>, una red peligrosa que se extendió por todo el continente, fundada por los disidentes del <em>Tren de Aragua</em>. El agua se vendía hasta cinco veces más de su valor real, que de por sí era impagable para los más vaciados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Angustiado, el hombre empezó a andar sin saber hacia dónde. Le echaba un ojito al bebé a través del visor de la máscara. Observó que la criatura seguía durmiendo y la señora de por días no daba señales de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió caminando. Se hizo leer el chip en otros lugares y la respuesta fue la misma: —<em>“No nos haga perder el tiempo, señor”. </em>En muchos negocios, a puerta cerrada, colgaron el mismo letrero: <em>“No hay agua, no insista”. </em>Pero las neveras estaban repletas de gaseosas y jugos artificiales. Las únicas autorizadas para disponer de agua y desperdiciarla a su antojo eran las empresas embotelladoras, que pagaban impuestos altos para permitirse tal desfachatez en medio de aquel caos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuestión de días los bares quebraron y no hubo una gota de licor más. La sobriedad empeoró el drama, y ya no hubo agua ni para preparar guarapo. Chicha tampoco<strong>. </strong>Se dieron cuenta que a palo seco, y sin literatura, la vida era  desdichada. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ofreció su reloj ultra inteligente a cambio de una botella de agua a quienes llevaban la suya con recelo. No consiguió más que insultos. Ya nadie robaba celulares o billeteras. Los ladrones en moto despojaban&nbsp;del agua a quien daba <em>papaya.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>Tengo un bebé por Dios,</em> suplicaba Olmos, sin recordar en su desespero que invocar a Dios servía de poco, pues en el año 2040 los científicos probaron su inexistencia, y en adelante curas y pastores debieron buscar otros oficios para no morirse de hambre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin un lugar para Dios sobre la Tierra, los capitalinos volvieron a adorar <em>Chibchacum</em>, el <em>dios muisca de la lluvia y el trueno</em>, al cual le levantaron un monumento y un altar en el centro de la plaza de Bolívar, en lugar de la estatua del Libertador, de quien ya nadie recordaba por qué era famoso. <em>Chibchacum, </em>enfermo de los oídos, no escuchó sus ruegos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió caminando, cual zombi, hasta llegar al Nuevo Parque Nacional, donde los árboles fueron reemplazados por columnas de cemento que funcionaban como fuentes de agua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa Bogotá, que otra vez se asemejaba a una aldea, la vida ya no tenía sentido. Sonrió sin muchas ganas cuando un ex sacerdote, en mitad del parque, aseguró ser la reencarnación del padre Francisco Margallo. El hombre batió su sotana negra percudida y maloliente en medio de aquel calor infernal antes de escupir una profecía: <em>“El 31 de agosto de un año que no diré sucesivos terremotos destruirán Santafé”. </em>Con las insolaciones aumentaron los trastornos mentales y ocurrió lo impensable: las iglesias se transformaron en manicomios, donde los ex curas, convertidos en loqueros, cuidaban de los enfermos pero de lejitos.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Sin agua para preparar los alimentos, cundió la inanición.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como alma que lleva el diablo, Alejandro Olmos continuó hacia el sur por la desierta Avenida Circunvalar.&nbsp; De vez en cuando se detenía para observar al bebé que nada que se despertaba. Y la señora de por días nada que llegaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se respiraba un aire nauseabundo, de halitosis y sobaquina, que empeoraba con el hedor de la caca humana, pues mucha gente defecaba en la calle ante las largas filas en las letrinas públicas. De niño, los abuelos le contaron a Alejo que en otro tiempo llovía tanto en Bogotá que la gente era feliz empapándose en las calles, los adultos cantaban bajo la lluvia, las niñas hacían figuritas con el granizo y los niños construían barquitos de papel, que navegaban desde Chapinero hasta Ciudad Bolívar, y viceversa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros, sin embargo, renegaban por las inundaciones.&nbsp; Los que más odiaban aquellos diluvios eran los pobres, porque sus casas de pobres se inundaban y perdían sus corotos de pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo era distinto ahora. Imagínese: No llovía desde la muerte del último Papa, que murió de pena moral cuando le dijeron que Dios fue inventado por el hombre, y no al revés. Las lluvias tropicales se habían desplazado hacia los países del norte. Los arco iris se borraron para siempre y una granizada era prehistoria faltando poco para la llegada del año 3000. En Navidad ya nadie podía mirar los peces bebiendo en el río, porque los peces y el río se murieron con la última lluvia ácida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El río Bogotá corrió la misma suerte de los demás: fue canalizado cuando se secó. La muerte, al igual que la porquería y los olores irrespirables, aparecían por doquier, en el norte y en el sur, al oriente y al occidente. Donde ricos y donde pobres.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad estaba irreconocible, pero los políticos mañosos no. Esa gentuza traficaba votos por agua. Se hicieron gestiones ante la NASA con el fin de adquirir la tecnología necesaria para bombardear las nubes y hacer llover, con tan mala suerte que se robaron los equipos al llegar al aeropuerto.&nbsp; En 1948, se provocó artificialmente la lluvia por vez primera, por medio de anhídrido carbónico, el cual disparado a la nube producía su enfriamiento y condensaba el vapor de agua, haciendo llover. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien propuso crear unos “pozos romanos”, como lo hicieron veintiún siglos atrás en la Antigua Roma. Tocaba excavar sobre las rocas de los cerros orientales para obtener y almacenar el agua lluvia… pero entre tanto anémico no hubo quien hiciera esa tarea. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105603" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Maldita sea! ¡A ningún alcalde se le ocurrió desarrollar sistemas para almacenar la lluvia cuando la hubo! —refunfuñaba Alejandro Olmos, que se rasgó la camiseta de la Selección Colombia, rojo de la ira. El año anterior ganamos la <em>Copa Universal de Fútbol </em>por primera vez en la historia, durante el campeonato que se realizó en la Luna en el año 2098. Los hinchas colombianos se pusieron eso de ruana por allá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pocos ricachones que quedaban en Bogotá, recibían el agua a domicilio, gracias a un decreto del alcalde marrullero ahora en fuga. Los que no tenían en qué caerse muertos debían&nbsp;recogerlas en las pilas, y no siempre alcanzaba para todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También por decreto se transformó la razón social de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, pues el agua dejó de llegar a las casas y a los conjuntos residenciales, así que baños e inodoros pasaron a mejor vida, así también en escuelas públicas y hospitales. Se prohibió la irrigación de sembrados y cultivos dentro del Distrito, el riego de árboles y plantas en jardines, antejardines y zonas verdes y el lavado de vehículos automotores en residencias, estaciones de servicio, fábricas y centros comerciales. Se decretaron multas y arrestos para los infractores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes no perdieron el empleo, ahora debían vigilar las fuentes de agua, con apoyo del SMAD para evitar alteraciones del orden hídrico. De esa manera revivió el oficio&nbsp;de los aguadores y prosperó el negocio de la cría de burros para cargarla. Reinó la envidia. Los envidiosos les disparaban adentro a los burros, metiéndoles el revólver por el culo, como si hubieran tomado la idea de <em>La mala hora</em>, una novela que en otro siglo escribió un tal Gabriel García Márquez, del que nadie sabía nada, porque la gente se olvidó de los libros, ¡qué desgracia tan grande! &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los <em>avivatos</em> hicieron su agosto de enero a diciembre. Se disparó la venta de abanicos y ventiladores para sofocar los fuertes calores a la sombra, la venta de pañuelos especiales para reutilizar el sudor y la venta de sombrillas con pequeños chorros de aire para protegerse de las altas temperaturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esas alturas el agua era ya un bien suntuoso, más caro que la gasolina, más caro que cualquier cosa. Las señoras lavaban la ropa en lavaderos comunales y a la intemperie bañaban a los niños menores de cinco años, una vez por semana, como mucho. Tocaba madrugar para coger turno; quien no madrugaba por pereza pagaba para que le guardaran el puesto, en los lavaderos y en las pilas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Secretaria de Obras autorizó la construcción de duchas públicas y canales en las calles para que circularan los desechos humanos, a la vista de todos, como antaño, pues no todas las casas contaban con letrina. La gente debía hacer filas enormes desde las 4:00 de la mañana para acceder a las duchas, usando el sistema de pico y placa por reconocimiento facial. La lucha de clases se libraba ahora en estos lugares. La gestión clasista del agua privilegió a los ricos sobre los pobres: los primeros se “duchaban” cada quince días con totuma y los segundos cada mes sin totuma. De resto, cada quien debía ingeniárselas para bañarse lo esencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los carrotanques daban prioridad a los barrios ricos, y si quedaba, que no quedaba, se pensaba en los demás. Se pagaban cifras astronómicas por botellas de agua y hasta el sexo se usó como moneda de cambio, un lujo reservado para la gente adinerada, aunque con los malos olores el sexo dejó de ser una prioridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio, los ricos tenían duchas aparte de los pobres y por lo general cercanas a sus residencias, pero los pobres se juntaron al grito de <em>“El pueblo unido jamás será vencido”</em> (una consigna que no se escuchaba desde tiempos inmemoriales) y a la gente de bien le tocó de mala gana juntarse con la plebe.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">El precio de los limones, usado ahora como desodorante, se puso por las nubes, y se acudió a los sahumerios y las hierbas aromáticas para mantener aireadas las casas, que por lo general olían a diablo.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La Secretaría de Salud ordenó esterilizar a todas las mascotas para controlar la población y dar prioridad a los humanos con un mínimo vital de agua por familia. Un concejal del Partido Anti-Animalista, presentó un proyecto de acuerdo para poner a dormir a perros y gatos, pues le parecía inaudito que en los albores del siglo veintidós fueran más importantes los animales que las personas, pero los del Partido Animalista se rebelaron, encadenándose, para impedir la matazón. Ganó la ultraderecha. Y no se salvó ni la perra del alcalde, a la que abandonó en su huida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que había mil problemas en qué pensar: por ejemplo, definir el manejo que se le daría al espacio aéreo con la llegada de los primeros autos voladores para evitar atascos y accidentes. Entonces, Monserrate fue habilitado como aeropuerto privado destinado a las primeras aeronaves autónomas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como consecuencia del excesivo calor, la sequía y las aguas contaminadas, la peste mental cayó sobre la ciudad. La población parecía loca, yendo de un lado a otro, con angustia reactiva y depresión. La agresión y psicopatías complejas se apoderaron de los habitantes, y los que no morían por la peste, morían a manos de los otros desquiciados. Las ratas sedientas empezaron a salir de sus nidos para morir en calles y avenidas, y el olor a cadaverina empeoró la epidemia. De los dos millones de personas, se pasó a 120.000, hasta que la población se redujo a tres mil, que ese era el número de habitantes hacia 1623. Ningún anciano y ningún niño quedó vivo. &nbsp;El Estadio <em>El Campin</em>, <em>Corferias </em>y el <em>Movistar Arena</em> se transformaron en hospital, morgue y cementerio, respectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por pura intuición masculina, Alejandro Olmos pensó que era buena idea subir a Monserrate, a pesar de que el acceso estaba restringido a particulares. A 3152 metros de altura, la muerte no lo alcanzaría, pensó. Quitándose la máscara antigás, emprendió el ascenso a pie. Exhausto, sudando a cántaros, con muchos kilos de menos y las piernas temblando, llegó hasta la cima del cerro, más cerca de las estrellas y del cataclismo,&nbsp;y vio que allí estaba el Alcalde Mayor de Bogotá bebiendo <em>Coca Cola</em> en bermudas, guayabera y gafas de sol de las costosas, tomado de la mano de su esposo, el de Alejandro, del que no tenía noticias desde hacía un mes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">—No me crean tan marica —exclamó con evidente rabia, y ambos se percataron de su presencia antes de que pudieran abordar el avión de pasajeros impulsado por motores de hidrógeno, que los llevaría al desierto amazónico brasileño. &nbsp;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Olmos recordó la jugosa recompensa por entregar al funcionario, pensó que era dinero suficiente para garantizarse agua para el resto de su vida y la del bebé que adoptaron en un viaje a Palestina. Y hablando de la criaturita, se colocó de afán la máscara antigás y observó a la señora de por días, una mujer menuda y de baja estatura con el niño en brazos, gritando enloquecida, como si el pequeño estuviera muerto. Y en efecto el pequeño ya estaba en el más allá. Murió deshidratado de tanto llorar. Cuando Olmos creía que él dormía, en realidad veía una imagen congelada, pues también hackearon su máscara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se despojó de ella otra vez. Con ira e intenso dolor, sacó su revólver <em>Smith &amp; Wesson</em>, y verificó el número de balas. ¡Dos! Disparó primero la del alcalde. Sudó frío y limpió el sudor con el pañuelo, antes de disparar la segunda bala en su propio corazón,&nbsp;emulando a Silva, su poeta favorito. Eran las seis de la tarde de ese jueves 31 de agosto, la hora en que se cumplió la maldición del padre Margallo. <em>&#8220;Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra. ¡Nunca antes, desde que la humanidad existe, había habido un&nbsp;terremoto&nbsp;tan grande!&#8221;</em>. (Apocalipsis 16:18). </p>



<p class="wp-block-paragraph">De los tres mil habitantes de Bogotá, ninguno sobrevivió, salvo quien esto escribe. Siri me despertó a tiempo de aquella pesadilla. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, encendí la radio: el alcalde Carlos Fernando Galán anunció el regreso de los cortes diarios de agua, debido al bajo nivel del embalse de Chingaza por los calores intensos. Me metí a la ducha; tan de malas, que se fue el agua. Mojado y enjabonado, me asomé a la ventana y el único burro al que vi fue al vecino que lavaba su carro con manguera, mientras que la pareja del 405 se alejaba, tomados de la mano, con el bebé palestino en su cochecito. En ese momento quitaron la luz. Y aquí estoy, en el peor de los mundos, preguntándome por qué los ángeles no quieren llorar sobre Bogotá.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">(TODAVÍA NO ES EL <strong>FIN&nbsp;</strong>PERO ESTÁ CERCA SI NO HACEMOS LO CORRECTO)</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f472a40ea1b005c182cbb55b919546d wp-block-paragraph"><strong>Nota: Este autor no utiliza inteligencia artificial (IA) en la escritura de sus textos. Sin falsas modestias, con mi IN (Inteligencia Natural) me basta. Todavía soy un humano que escribe para humanos. Ejerzo mi derecho a pensar y por lo tanto me niego a que una máquina remplace mi cerebro. Las imágenes de este relato sí fueron creadas con ayuda de IA.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105598</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Sep 2024 13:01:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193634/APOCALIPSIS-PORTADA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Como HACER el AMOR..? Y no PERDER en …</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/amor-no-perder/</link>
        <description><![CDATA[<p>En los MAJOR’s STUDIOS cuando se encaran los BLOCKBUSTER’s PROJECT o sea los GRANDES… se cuida TODO ..! PRIMERO : EL EQUIPO comenzando por el GUION …el PRODUCTOR… siguiendo por el DIRECTOR … el DISEÑADOR de PRODUCCIÓN y de allí se pasa al RESTO… SEGUNDO: El ELENCO que debe ser el APROPIADO…para el tamaño de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>En los MAJOR’s STUDIOS cuando se encaran los BLOCKBUSTER’s PROJECT o sea los GRANDES… se cuida TODO ..!</p>
<p>PRIMERO : EL EQUIPO comenzando por el GUION …el PRODUCTOR… siguiendo por el DIRECTOR … el DISEÑADOR de PRODUCCIÓN y de allí se pasa al RESTO…</p>
<p>SEGUNDO: El ELENCO que debe ser el APROPIADO…para el tamaño de la PELI…y por sobretodo al GUIÓN…</p>
<p>TERCERO: La LOCACIÓN, que lo define después de muchas variantes dentro de los INTEGRANTES del paso PRIMERO y SEGUNDO…</p>
<p>Una vez tetminada las etapas de PRE-PRO-POSTPRODUCCIÓN…se llega a la PROMOCIÓN que siempre trae TRAILER’s dentro del ESTILO del PRODUCTO; que por lo general lo arman PUBLICISTAS que con el MATERIAL del producido FÍLMICO pueden hacer cosas así..</p>
<p><iframe title="Mr. &amp; Mrs. Smith (2005) Trailer #1 | Movieclips Classic Trailers" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/CZ0B22z22pI?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Los LIBROS son iguales…casi son PELÍCULAS literarias que producen IMAGENES en nuestras NEURONAS…</p>
<p>Como su VIDA personaL… desde la invisibilidad…hasta CREARLA así nos cuentan  su propia PELI…</p>
<p class="s3">“Si aún te preguntas qué es más importante, si tu pareja o tu negocio, en este libro vas a poder encontrar la respuesta. Si crees que tu dedicación, tu disciplina, tu sacrificio, tu esfuerzo, tus habilidades, tus talentos, son necesarios para que tengas un negocio exitoso y a la vez puedas sacar a tu familia adelante, te invitamos a que reevalúes esa idea, porque hay ingredientes secretos mágicos, incluso espirituales, que te van a permitir encontrar tu verdadero camino hacia ese éxito que estás buscando.</p>
<p class="s3">Si tienes una pareja estable desde hace muchos años y sientes que con el pasar del tiempo, el deseo, el gusto, las ganas se han perdido, este libro es para ti.  No necesitas estrictamente<img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-93692 alignleft" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-200x300.jpeg" alt="" width="200" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-200x300.jpeg 200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-100x150.jpeg 100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-768x1152.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-683x1024.jpeg 683w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/01707E12-5832-43B4-88C1-A234840B971B-1200x1800.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px" /><br />
tener un negocio o trabajar con tu pareja, porque también te vamos a hablar de cómo a través del tiempo hemos convertido ese gusto en esa pasión, en un motor muy fuerte en nuestra vida para conseguir disfrutarnos el uno al otro, complacernos, jugar, ser cómplices, romper la rutina y la monotonía, para que nuestra vida cada día sea un deleite maravilloso…”</p>
<p>Pero ASÍ casi como una PAREJA de BAILE se conocieron en esas FIESTAS de FIN de AÑO de la EMPRESA donde laboraban…y el AMOR de las SALSAS, VALLENATOS y demás sonidos de los que los COLOMBIANOS hacen el CULTO al récord GUINNESS… pues NUNCA alcanzan las horas de satisfacer la pasión por el BAILAR…pero así comenzó TODO y nos lo cuentan a su ESTILO…</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Cuentan el INICIO…" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/bdDKgoQVrSM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p>Y como si estuviesen poseídos y embuidos en la mística que PROPONEN… nos siguen hablando de sus PROPUESTAS y su ÚLTIMO gran lanzamiento…</p>
<p class="s2">“Emprender en pareja, para muchos esto es sinónimo de un suicidio, es poner irremediablemente a la relación en una cuenta regresiva para que explote una bomba, o algunosotros dirán que es «crónica de una muerte anunciada».</p>
<p class="s2">Pero ¿por qué ese panorama tan negativo? De entrada hoy los matrimonios o parejas están en una gran crisis. Se dice que la mitad de las parejas se separarán o divorciarán antes de 3 años, ¡el 50%!, es increíble y por supuesto algo está pasando… La intolerancia, los malos noviazgos, el sexo que sustituye a la intimidad, los problemas económicos, la intromisión de la familia, y a fin de cuentas la incapacidad de poder establecer una comunicación efectiva que sostenga un proyecto a largo plazo como pareja, hace que ese sueño acabe rompiendo ilusiones y sueños, aun habiendo mucho amor.”</p>
<p class="s2">Casi como una OBRA de TEATRO bien  aceitada y trabajada con TESÓN &amp; AMOR siguen sacando lo mejor, para continuar  TRASMITIENDO que…</p>
<p class="s2">“Ciertamente no es fácil convivir con alguien que tiene tantas cosas diferentes a ti: educación, cultura, valores, creencias, fe, religión, visiones de vida, hasta el punto en que puede ser que ya no se hable de ser diferentes sino radicalmente opuestos. Entender esas diferencias y saber cómo sobrellevarlas es un gran reto.</p>
<p class="s2">Además de esto, si la pareja decide emprender juntos, son sometidos a una serie de presiones que tienen que ver con lidiar con los problemas propios del negocio: el cómo llevar las riendas, quién toma las decisiones, qué hacer cuando falte el dinero, habrá malos entendidos, se tendrá que separar el negocio de la familia… Independientemente de que el entorno actual no ayude: crisis financiera global, pandemia, guerra, hipercompetencia, falta de liquidez en los mercados… y muchas cosas más hacen que realmente parezca simplemente imposible emprender en pareja.</p>
<p class="s2">Diana y Oscar deciden plasmar en este libro de una forma refrescante, muy honesta, abriendo su corazón y poniendo toda su pasión y conocimientos, no una fórmula, sino prácticamente su vida, para darnos elementos con los que podamos reflexionar, meditar, reflejarnos en sus historias, reírnos junto con ellos y hasta cuestionarnos duramente si hemos hecho lo suficiente para hacer que los proyectos más valiosos, que son el negocio y la pareja, funcionen…</p>
<p class="s2">Este libro tiene grandes lecciones de cómo llevar adelante ambos proyectos, el empresarial con el desarrollo de la metodología científica BhiPRO (Business Happiness Index Program)<img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93691 alignright" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A-240x300.png" alt="" width="240" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A-240x300.png 240w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A-120x150.png 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A-768x960.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A-819x1024.png 819w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/E01A8055-9FB7-4201-9513-259A8095C89A.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px" /> el cual ayuda a las empresas a trabajar con su gente para que se sienta con mayor felicidad y bienestar y que al mismo tiempo la empresa cuente con mayor rentabilidad, productividad y sostenibilidad y por otra parte y de manera paralela el familiar, pero además incluye de forma estupenda cuestiones actuales, como el integrar a hijos de diferentes matrimonios a una única familia, la convivencia con las ex parejas, cómo lidiar con los suegros, cómo reconquistarse cada día, cómo evitar que el sexo se convierta en premio o castigo, cómo lidiar con enojos y disgustos. Realmente es sorprendente cómo esta pareja obsequia a los lectores de una forma tan abierta, honesta y desinteresada su vida.</p>
<p class="s2">Las diferencias pueden embonar, que seres tan disímbolos puedan crear una unidad, que no ser iguales no tiene que ser un motivo de resta sino de suma, que incluso se rompen estigmas o prejuicios acerca de lo que hacen un hombre y una mujer, siempre sumando, no son dos personas incompletas, sino que completamente se brindan uno al otro.</p>
<p class="s2">Diana y Oscar son grandes profesionales y seres humanos, pero eso no garantiza el éxito en su matrimonio y su negocio. Además, al leer el libro hay un tema muy valioso y vital que tiene que ver con que han hecho un trío en su matrimonio.</p>
<p class="s2">Han sido capaces de tener a DIOS como su fundamento, este es uno de los mensajes clave del libro, y queda en el pensamiento si tal vez por egoísmo o soberbia, creemos que podemos resolver todo con nuestras capacidades humanas, desde la razón, el dinero o el poder, y ellos nos muestran de forma humilde como es que no basta todo el amor que se tenga, el sustento espiritual es necesario para poder sacar adelante un proyecto familiar-empresarial siempre.</p>
<p class="s2">Si bien nos dan muchos tips, no es un libro donde encuentres un decálogo, una serie de pasos o una fórmula para sacar adelante un matrimonio y un negocio, más bien es como un recuento de dos vidas que decidieron unirse en un proyecto, aliándose, siendo socios, amigos, amantes, novios, esposos, colegas.</p>
<p class="s2">Y abrir su corazón, hablando con el lector en un café como grandes amigos, compartiendo su intimidad, lo que pensaban y sentían ambos que estaba pasando en sus vidas, conociendo más de cómo piensan un hombre y una mujer, y lo hacen además con un humor …”</p>
<p>En medio de toda la ILUSTRACIÓN de su RECORRIDO y con la SEGURIDAD de tener una gran PROPUESTA… nos  dejan el FINAL con su SELLO PERSONAL u co una fuerte PRESENCIA del AMBIENTE así…</p>
<p><iframe loading="lazy" title="AMPLIANDO dentro del AMBIENTE…" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/80wwT9ZNSEU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p class="s2"><strong>Si te gustó esta  EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz tu DONACIÓN:</strong><strong><a href="http://cafeliterario.co/donaciones/" target="new" rel="noopener noreferrer">AQUI</a></strong></p>
<div>
<div class="css-of9q2l e73j0it0">
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-1md0z0s e11si9ry2" data-testid="placeholder">
<div class="css-tux0zj e11si9ry3" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-10cwe6p e11si9ry4">
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-uhc5jb e11si9ry2" data-testid="placeholder">
<div class="css-tux0zj e11si9ry3" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-189qsap e11si9ry4">
<div>
<div id="postdivrich" class="postarea wp-editor-expand">
<div id="wp-content-wrap" class="wp-core-ui wp-editor-wrap tmce-active has-dfw">
<div id="wp-content-editor-tools" class="wp-editor-tools hide-if-no-js">
<div><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el&#8230;</strong></div>
<div></div>
<div></div>
</div>
</div>
<div><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-93800" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA.jpeg" alt="" width="2188" height="2875" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA.jpeg 2188w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA-114x150.jpeg 114w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA-228x300.jpeg 228w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA-768x1009.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA-779x1024.jpeg 779w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/03/06840811-D9AB-4C8D-B5D6-B913419557FA-1200x1577.jpeg 1200w" sizes="auto, (max-width: 2188px) 100vw, 2188px" /></div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div><strong>CONTINUARÁ&#8230;</strong></div>
<div></div>
<div class="css-uhc5jb e11si9ry2" data-testid="placeholder">
<div class="css-tux0zj e11si9ry3" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-189qsap e11si9ry4">
<div>
<div>
<div>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-73936 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" width="1209" height="677" /></p>
</div>
<p><strong>CON JABÓN&#8230;! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p class="s3">
</div>
<div id="bottom-sheet-sensor">
<div></div>
</div>
<div>
<div id="bottom-wrapper" class="css-c4adj9">
<div id="bottom-slug" class="css-l9onyx">
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
<div class="css-s99gbd StoryBodyCompanionColumn">
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<div class="css-of9q2l e73j0it0">
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-1md0z0s e11si9ry2" data-testid="placeholder">
<div class="css-tux0zj e11si9ry3" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-10cwe6p e11si9ry4">
<div class="css-79elbk" data-testid="photoviewer-wrapper">
<div class="css-uhc5jb e11si9ry2" data-testid="placeholder">
<div class="css-tux0zj e11si9ry3" data-testid="photoviewer-overlay">
<div class="css-189qsap e11si9ry4">
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p class="s3">
</div>
<div id="bottom-sheet-sensor">
<div></div>
</div>
<div>
<div id="bottom-wrapper" class="css-c4adj9">
<div id="bottom-slug" class="css-l9onyx">
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
</div>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93784</guid>
        <pubDate>Sat, 04 Mar 2023 12:20:22 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/02/C167AE50-1840-40C6-B19E-6135E58C7620.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Como HACER el AMOR..? Y no PERDER en …]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-magazin/roberto-arlt-la-palabra-como-recurso-ante-la-impotencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Luis Carlos Muñoz Sarmiento** Dedicado a mi padre, más que a su memoria; a mis hijos Santiago &amp; Valentina, libres para hablar y libres de impotencia; a su madre Ma. del Rosario, y a la mía, por su valor; a Marthica, por mil razones que sólo a ella interesan… a Augusto Pinilla y a Óscar [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-4093" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2012/11/arlt.jpg" alt="arlt" width="226" height="223" /></p>
<p style="text-align: left"><strong>Luis Carlos Muñoz Sarmiento**</strong></p>
<p>	<strong> </strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>Dedicado a mi padre, más que a su memoria; </em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>a mis hijos Santiago &amp; Valentina, libres para hablar y libres de impotencia; </em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>a su madre Ma. del Rosario, y a la mía, por su valor; a Marthica, por mil razones que sólo a ella interesan… </em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>a Augusto Pinilla y a Óscar Adán, merecedores de lo que les llega con este ensayo. </em></strong></p>
<p align="right"><strong><em> </em></strong></p>
<p align="right">
<p style="text-align: right"><strong><em>Tragedia y humor no son opuestos o, mejor dicho,</em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>son opuestos precisamente por exigir tan inexorablemente </em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>cada uno de ellos la existencia del otro.</em></strong><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right"><strong>Hermann Hesse<br />
	</strong></p>
<p align="right"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>Es posible que mañana muera y en la tierra no quedará nadie</em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>que me haya comprendido por completo. Unos me considerarán mejor</em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>y otros peor de lo que soy. Algunos dirán que era una buena persona;</em></strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>otros, que era un canalla. Pero las dos opiniones serán igualmente equivocadas</em></strong><strong>.</strong></p>
<p style="text-align: right"><strong>Mijail Lermontov<br />
	</strong></p>
<p align="right"><strong> </strong></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>Uno no se desarrolla verdaderamente y a su manera sino después de muerto</em></strong><strong>.</strong></p>
<p style="text-align: right"><strong>Franz Kafka </strong></p>
<p align="right"><strong> </strong></p>
<p align="center"><strong>I &#8211; Introducción impostergable e ineludible<br />
	</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>	En 1900 nació el escritor argentino Roberto Arlt. En 1942 murió. En 2010, cuando se cumplían 110 años de su nacimiento, ninguna publicación, suplemento literario, revista o periódico le dedicó un mínimo espacio… al menos en Colombia. En lo sucesivo, se espera no pase lo mismo. Aunque, en caso contrario, mejor: así sigue siendo anónimo, anti-best-seller, casi clandestino. Renuente a la fama, además. Muy pocos se acordaron de él. Mejor, así nunca será <em>kitsch</em>, es decir, no necesitará confirmar lo que todos quieran escuchar, sino que siempre se sentirá raro entre los lugares comunes. Y, ¿por eso será que casi nadie lo ha leído y, por ende, muy pocos se han acordado de él…? Podría preguntarse: ¿Sabe usted quién fue Roberto Arlt? Es factible que algunos lo sepan… y se dice apenas con razón. Es más bien probable, la mayoría lo desconozca.<span id="more-7308"></span></p>
<p>	Este ensayo propone un esbozo bio-literario de Roberto Arlt; reflexiones sobre su obra narrativa (el teatro apenas…); vigencia de la misma; refutación de conceptos críticos: los de Stasys Gostautas, Noé Jitrik, Julio Cortázar y Adolfo Prieto; Arlt: novelista <em>urbano </em>y <em>pintor </em>e involuntario arquitecto de Buenos Aires; comparación entre la obra de Arlt y la de Dostoievski, Kafka, Baudelaire; desmitificación de Boedo y Florida; Arlt y su influencia sobre Borges, no al revés; primer escritor moderno de la literatura argentina; destructor de las bases de la moral burguesa; ironista de la familia nuclear y monogámica; precursor del existencialismo y adelantado a Orwell; simpatizante del socialismo y del comunismo y aun así crítico de ambos así como del capitalismo y de los militares; Arlt y el cine como un elemento de ruptura frente a los prejuicios de su época; Arlt, pionero de la <em>novela real</em> y, breve antología de textos arltianos.</p>
<p>	Antes de entrar en materia, resulta conveniente dar a conocer los criterios a refutar:</p>
<p>	“Y Roberto Arlt (1900-1942) cuyas faltas de ortografía y gramática eran proverbiales.” (1) “Creo que no se puede entender la obra de Roberto Arlt si, al mismo tiempo, no se hacen otras lecturas: la primera es la del contexto político social argentino; (…) la segunda invita a una diversificación textual: el sainete y el teatro culto, el lunfardo y los intentos de una literatura popular, la poesía de vanguardia, el tango, la arquitectura, el cine, la radio, la industria, la comicidad, el fútbol y el box, la delincuencia y otros.” (2)  “La perceptible falta de humor en Roberto Arlt traduce un resentimiento que él no alcanzó a superar dentro de condiciones de vida y de trabajo que sólo al final cambiaron un tanto, cuando ya era tarde para abrirle una visión más comprensiva e incluso más generosa.” (3) y “… su instalación en una franja social y cultural sacudida por códigos fuertemente contradictorios, le retaceó el manejo lúcido de sus propios recursos y le impuso un escenario en el que debía representar una inacabable batalla con fantasmas. El fantasma de la escritura artística, del estilo, fue, probablemente, el que lo acosó con mayor asiduidad y malicia; el que lo obligó a desarrollar el más enérgico espíritu de defensa; y el que lo distrajo, por último, de las reflexiones que mejor convenían a su proyecto de narrador.” (4)</p>
<p>	¿Por qué <em>audición</em>? Para nadie es un secreto… lo que en Colombia A. Caicedo es a Cali, en Argentina R. Arlt es a Buenos Aires: alguien que intuyó como nadie el alma de su ciudad. Si Cali es sinónimo de salsa, Buenos Aires lo es de tango. La relación entre música y literatura en ambos autores no admite discusión. En cuanto a la relación Arlt-Buenos Aires-literatura-tango, en <em>Tango: Discusión y Clave</em>, de Sábato, Alejandro Álvarez señala dos asuntos comunes a los famosos, aunque mal llamados, movimientos de Boedo y Florida: “La enemistad con el modernismo y la preocupación por el tema ‘Buenos Aires’ en el poema, el cuento y la novela.” Tema al cual no es ajeno Arlt, como lo demuestra desde su primera novela publicada (5), <em>El juguete rabioso </em>(1926), en la que no faltan alusiones al tango, al conventillo, al compadrito, ni podría obviarse la primera inclusión de un homosexual en la literatura argentina, afirma el sitio web <em>Noticias Alternativas: Roberto Arlt, obrero de la  literatura:</em> <em>“…por lo que la obra de Arlt adquiere un carácter trasgresor y revolucionario para la década de 1930.” Sin embargo, esto parece no ser cierto, como me informa Fernando Sorrentino desde Buenos Aires: </em></p>
<p>	<em> </em></p>
<p>	<em>“Bazán se equivoca con lo de ‘por primera vez se incluye un homosexual en la historia de la literatura argentina’, pues mucho antes, en 1914, José González Castillo había hecho lo mismo, y con mayor desparpajo, en su obra teatral </em><em>Los invertidos</em><em>. Y no sé si no habrá otros textos anteriores…” (3.X.12).</em><em> </em></p>
<p>	A propósito del compadrito, no otra cosa que sinónimo de resentimiento (voz peyorativa para lo que simplemente es volver a sentir…), cabe señalar lo que cuenta Onetti cuando aún no conocía a Arlt: “Lo imaginé como un compadrito porteño, definición que no puede ser traducida, que llevaría horas para ser explicada y tal vez sin acierto posible.” No obstante, en la siguiente definición sobre el compadrito, hecha por Fdo. Guibert, se puede constatar que parece una del propio Arlt, de acuerdo con lo que aquí se dirá…:</p>
<p>	“El compadrito quería ser el hombre que no podía alcanzar porque sabía que no lo era, eso lo angustiaba y cuando más crecía su sombra entre los otros, más ganas le entraban de ser aún más compadre. Así, desesperado, probándose a sí mismo, amontonaba hazañas tras hazañas, es que asistía al drama de su impotencia vital a pesar de la hombría paciente y estudiada, asistía al drama de su inferioridad pese al inmoderado levantar de sus hombros y su mirar al costado, su frase o su silencio perdonando. Era inferior y lo entendía, y entendía también que su suerte estaba echada, por eso su resentimiento ya le había dado la primera puñalada por la espalda. Era el actor y el público, hablaba siempre de enfrentarse declamando, siempre escupía eso del enfrentarse, pero a pesar de enfrentar con su corazón desnudo, era sólo la cáscara del corazón, porque por dentro, en ocasiones, estaba encogido como un ovillo, de temor, de cansancio o de asco a sí mismo”, concluye Guibert.</p>
<p>	El sentido de esta definición es procurar dilucidar la relación entre Arlt y el tango y la cuestión sobre Arlt y su resentimiento (tan cacareado por los críticos), que es el de todos los argentinos… de acuerdo con la opinión de Ernesto Sábato (1911-2011):</p>
<p>	“Negar el resentimiento en la  Argentina puede ser lindo, pero tiene el pequeño defecto de ser totalmente falso. Y también en esto nuestra mejor literatura nos da irrefutable testimonio: desde el <em>Martín Fierro </em>hasta los monólogos de Erdosain, pasando por los feroces diálogos de <em>La Gringa</em>. El resentimiento viene de muy lejos y ha tenido complicado desarrollo. Cuando en 1873 apareció el <em>Martín Fierro </em>cobra ya forma el justificado rencor del gaucho contra la oligarquía extranjerizante de Buenos Aires, que, con razón histórica o sin ella, lo condena a la miseria, a la delincuencia y al exilio en su propia patria; corrido por el gringo agricultor, por el alambrado y por los ferrocarriles.”</p>
<p>	Se aclara: Erdosain, de nombre Augusto Remo (por el primer <em>César </em>y por uno de los fundadores de Roma) es el protagonista del díptico narrativo <em>Los siete locos </em>y <em>Los lanzallamas</em>; el <em>Martín Fierro</em>, de José Hernández, y <em>La Gringa</em>, del anarquista, dramaturgo y periodista uruguayo Florencio Sánchez, son en su orden una novela costumbrista y una comedia en cuatro actos; cuando Sábato habla del gringo, se refiere al extranjero en general, no al oriundo de EE.UU. Más adelante, anota Sábato:</p>
<p>	“En tales condiciones, entre 1853 y 1910, se forma la nueva Argentina de la inmigración. Inmigración que va a proveer de material humano tanto a las chacras del litoral como a las fábricas de Buenos Aires, a sus prostíbulos y a sus sainetes. Así surge a la existencia ese nuevo argentino de barrio, cruza de gringos pobres con criollos arrabaleros (rencorosos gauchos vueltos del exilio pampeano); un tipo inédito hasta ese momento, proclive al amor prostibulario y a la canción sentimental, extraño híbrido de exuberante napolitano y de reservado ‘hijo del páis’, cuya máxima y más original creación fue ese tango que recuerda a la música pampeana como el compadrito al criollo viejo, pero que secretamente siente la nostalgia de su patria europea a través de los sones de su bandoneón. Y mientras Enrique Santos Discépolo iba arrastrando por la calle Corrientes su infinito desprecio por la raza humana, y su infinito amor —esa contradictoria mezcla de desprecio y amor que sólo puede encontrarse en cierta clase de santos—, Roberto Arlt escribía sus novelas que algunos creen costumbristas, pero que en realidad son mágicas y desaforadas fantasías de un ser desgarrado por el mal metafísico.”</p>
<p>	De esto se desprende no sólo la plena justificación para hablar de Arlt y el tango, comprender su re-sentimiento y aceptar su condición metafísica, sino la posibilidad de incluir tangos que guardan estrecha relación con el mundo arltiano, si se consideran los temas comunes a ambos. Pero, aparte de un compadrito, ¿quién fue Roberto Arlt?</p>
<p align="center"><strong>II &#8211; Roberto Arlt: Una autobiografía literaria<br />
	</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>	“Desafío a que haya alguien que sepa sacar mejor partido que yo de las intenciones abortadas, de los ensayos manidos y de las cegueras y cojeras de sus prójimos.</p>
<p>	Observo entonces, con placer, que aquéllos que me suponían agriado se retiran consternados, sin saber cómo clasificarme.</p>
<p>	Y así pasan los años. De mi ineptitud se desprende una filosofía implacable, serena, destructiva:</p>
<p>	— ¿Para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y una nada infinita?</p>
<p>	Y yo sé que tengo razón.”</p>
<p>	Con estas palabras, Roberto Arlt concluye uno de sus mejores cuentos, <em>Escritor fracasado</em>… uno de los nueve que integran <em>El jorobadito</em>, libro publicado en 1933. La obra del escritor Roberto Arlt es inseparable del hombre y del nombre Roberto Arlt.</p>
<p>	Roberto Arlt o, mejor, Roberto Godofredo Christophersen Arlt, nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1900, según documentos que lo prueban, pero él y su madre aseguraban que el 26, por el día en que fue anotado en el Registro Civil de la ciudad: hecho que nunca se aclaró. Fueron sus padres Karl Arlt, oriundo de Posen, norte de Prusia, hoy Alemania, oficial del ejército de Bismarck, de ahí su carácter autoritario y punitivo; y Catherina Iobstraibizer (firma en carta a su hijo, 2000: lámina p. 161), natural de la región italiana de Trieste, de extracción campesina, y quien inculcó en Arlt el amor por la literatura junto con el gusto por el espiritismo. Así, mientras su padre hablaba alemán y su madre, italiano, Arlt balbuceaba el español y dominaba el lunfardo, lenguaje vivo absurda y únicamente vinculado con el hampa y los bajos fondos. De su nombre, siempre se burló: “Mi madre, que leía novelas romanticonas, me agregó al de Roberto el de Godofredo, que no uso ni en broma, y todo por leer <em>La   Jerusalén</em><em> Libertada</em>, de Torcuato Tasso”, según reza una <em>aguafuerte </em>o<em> </em>crónica<em> </em>publicada en el diario <em>El Mundo</em>, 8 enero 1930. Falta saber qué más leyó su madre para añadir al de Godofredo el de Christophersen. De todas maneras, en otra <em>aguafuerte</em>, expresó: “Yo no tengo la culpa”, básicamente por su complicado apellido, que despertaba constantes burlas entre sus allegados y que lo hacían sentir extranjero en su propio país. Caso análogo al de su admirado Conrad, quien nunca se pudo sentir inglés pese al cambio de nombre…</p>
<p>	Creció en el popular barrio de Flores, entonces un suburbio bonaerense, entre la extrema pobreza y la resistencia a un despótico padre. Así, en estrecha relación con un espacio de humildad y trabajo (explotación) y una dura y hostil realidad social (que lo seguirá hasta su muerte, en 1942) aunque, por contraste, en medio de un rico universo literario donde convivían Conrad, Kipling, Salgari, Stevenson y, entre otros, Ponson du Terrail con su bandido Rocambole, Arlt va integrando en él, al decir de Goloboff, la vocación de un Dostoievski con la terrible dictadura filial de un Kafka. Aquí comienza a revelarse su autobiografía con base en la ficción: entonces, su <em>alter ego </em>Erdosain —uno de los que tuvo— en un desgarrador capítulo de <em>Los siete locos </em>(1929), su segunda novela, <em>El humillado</em>, traduce claramente tal fatalidad —ya no sólo había leído <em>Los demonios</em> e incorporado a su visión sino que lo había traducido al lunfardo, la jerga porteña mezcla de gallego, italiano, alemán y demás ingredientes del habla inmigrante:</p>
<p>	“Sí, mi vida ha sido horriblemente ofendida… humillada. Créalo, Capitán. No se impaciente. Le voy a contar algo. Quien comenzó este feroz trabajo de humillación fue mi padre. Cuando yo tenía diez años y había cometido alguna falta, me decía: ‘Mañana te pegaré’. Siempre era así, mañana… ¿Se dan cuenta? (…) Y cuando al fin me había dormido para mucho tiempo, una mano me sacudía la cabeza en la almohada. Era él que me decía con una voz áspera: ‘Vamos, es hora’. Y mientras yo me vestía lentamente, sentía que en el patio ese hombre movía la silla. ‘Vamos’, me gritaba otra vez, y yo, hipnotizado, iba en línea recta hacia él: quería hablar, pero eso era imposible ante su espantosa mirada. Caía su mano sobre mi hombro obligándome a arrodillarme, yo apoyaba el pecho en el asiento de la silla, tomaba mi cabeza entre sus rodillas y, de pronto, crueles latigazos me cruzaban las nalgas. Cuando me soltaba, corría llorando a mi cuarto. Una vergüenza enorme me hundía el alma en las tinieblas. Porque las tinieblas existen aunque usted no lo crea.” (6)</p>
<p>	Hasta aquí el desahogo de Arlt… perdón, de Erdosain. Muy precozmente comienza Arlt a escribir. Dos años antes de ese “feroz trabajo de humillación” que comenzó su padre y que él sublima al escribir, se hace dueño de una anécdota entre complaciente y chistosa:</p>
<p>	“Yo soy el primer escritor argentino que a los ocho años de edad ha vendido los cuentos que escribió. En aquella época visitaba, en Flores, dos librerías, la de los hermanos Pellerano y la de José Prata. Allí conocí entre otros a don Joaquín Costa, distinguido vecino del barrio. El señor Costa, que conocía mis aficiones estrambóticas, me dijo cierto día: ‘Si traes un cuento te lo pago’. Al domingo siguiente fui a verlo a don Joaquín. ¡Y con un cuento! (…) A don Joaquín le impresionó de tal forma mi cuento, que, emocionado, me lo arrebató y, prometiendo leerlo después, me regaló cinco pesos. Ese fue el primer dinero que gané con la literatura.” (7)</p>
<p>	La mala situación económica familiar y su desinterés por la escuela hicieron que nadie se molestara por su educación: “He cursado las escuelas primarias hasta el tercer grado. Luego me echaron por inútil. Fui alumno de la  Escuela de Mecánica de la Armada. Me echaron por inútil…” (8) Su desdén por el estudio se tradujo ya adolescente en obsesión por la literatura y por el aprendizaje de matemáticas, física y química (y aun ocultismo), materias vinculadas a su afán por inventar, pasión que irrigará su vida y su literatura. A los 14 años escribe sus primeros cuentos. Y en 1915, o 1916 según diversos textos, publica por primera vez un cuento, <em>Jehová</em>, y un artículo, <em>Prosas Modernas y Ultramodernas</em>, en la <em>Revista</em><em> Popular</em>, que dirige Juan J. de Soiza Reilly, al decir de Arlt “el primer hombre que me tendió una mano cordial.” Colabora en periódicos de barrio, mientras frecuenta una biblioteca pública en Terrero; allí, en su primer contacto serio con los libros, recibe la influencia anarquista y descubre a Gorki, Tólstoi y Andreiev. “A Dostoievski va a descubrirlo más tarde” (Raúl Larra, crítico autorizado). Ese año 1916, por continuar empeñado en el descubrimiento de universos subjetivos, indiferente al idioma alemán, radicalizado en su rebeldía y constituido en una carga para la familia, Arlt es echado de la casa por su padre, hecho que a la postre y por contraste se convertirá en germen indirecto de su personal, patética y portentosa actividad literaria. El lamentable episodio quedaría registrado cuatro años después en <em>Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires</em>, su primer ensayo, publicado en <em>Tribuna Libre </em>(28.I.1920); en la <em>Introducción</em> confiesa:</p>
<p>	“¿Cómo he conocido un centro de estudios de ocultismo? Lo recuerdo. Entre los múltiples momentos críticos que he pasado, el más amargo fue encontrarme a los 16 años sin hogar. (…) Había motivado tal aventura la influencia literaria de Baudelaire y Verlaine, Carrère y Murger. Principalmente Baudelaire, las poesías y bibliografía de aquél gran doloroso poeta me habían alucinado al punto que, puedo decir, era mi padre espiritual, mi socrático demonio, que recitaba continuamente a mis oídos, las desoladoras estrofas de sus <em>Flores del mal</em>. (…) Y receptivo a la áspera tristeza de aquel periodo que llamaría leopardiano, me dije: vámonos. Encontremos como De Quincey la piadosa y joven vagabunda que estreche contra su seno impuro nuestra extraviada cabeza, seamos los místicos caballeros de la gran Flor Azul de Novalis.” (9)</p>
<p>	Aquí, un paréntesis para desmentir una afirmación de su gran admirador y heredero espiritual, Ernesto Sábato, quien en <em>La cultura en la encrucijada nacional</em> anota:</p>
<p>	“La superposición de una Argentina inmigratoria a la vieja nación semifeudal se manifiesta, después de la I guerra mundial, en dos grandes corrientes literarias: la aristocrática y la plebeya. De un lado, escritores como Güiraldes y Oliverio Girondo, cuya cultura es a menudo la de un escritor francés. Del otro, escritores surgidos del pueblo como R. Arlt, influidos por grandes narradores rusos del siglo pasado y por los doctrinarios de la revolución ya que nuestra inmigración fue pobre y proveniente de países con fuerte tradición anarquista y socialista; hijos de obreros extranjeros, esos futuros artistas de la calle aprendieron a escribir leyendo traducciones baratas de Gorki y Zolá, de Marx y Bakunin; en lugar de los textos de Baudelaire o de H. James que paralelamente leían sus compatriotas privilegiados. Esta división se manifestaría, literariamente, hacia 1920, en los grupos de Florida y Boedo. Y daría dos arquetipos: Jorge Luis Borges y Roberto Arlt.”</p>
<p>	Sobre lo anterior: la lectura de determinados autores no se puede reducir, por fuerza, a privilegios económicos o de clase (Arlt leyó a Baudelaire); la famosa polémica Florida (corriente aristocrática y <em>estetizante</em>) y Boedo (tendencia plebeya y <em>social</em>) fue sólo un invento de un par de críticos, envidiosos de que hubiera grupos literarios en Francia, mientras en Argentina no… según diálogo sostenido por uno de los dos arquetipos, Borges, con el propio divulgador de la falsa polémica, Sábato. He aquí lo que dicen en <em>Diálogos Borges-Sábato</em>, de Orlando Barone (Emecé, 1976 y 1997). Borges:</p>
<p>	“Recuerdo la polémica Boedo-Florida, por ejemplo, tan célebre hoy. Y sin embargo fue una broma tramada por Roberto Mariani y Ernesto Palacio.” Sábato: “Bueno, Borges, pero aquel tiempo no fue el mío. (Lo dice con sarcasmo)” (…) Y con esa fina ironía que siempre lo caracterizó, Borges destruye el mito Boedo-Florida: “Ahora hay profesores universitarios que estudian eso en serio. Si todo fue un invento para justificar la polémica. Ernesto Palacio argumentaba que en Francia había grupos literarios y entonces, para no ser menos, acá había que hacer lo mismo. Una broma que se convirtió en programa de la literatura argentina.”</p>
<p>	La otra broma, que Borges no refirió, fue que Arlt tampoco perteneció a ambos grupos: su acendrado egoísmo, su insobornable y beatífica misantropía literaria no le permitía más que escribir <em>libros en orgullosa soledad</em>. Como deja entrever cuando, decepcionado por el alejamiento involuntario de la familia, empieza a rondar el ambiente periodístico e intelectual: “Ya en mis vagancias había tenido ocasión de conocer muchas vilezas; conocía el hastío y la maledicencia que rumia en las reuniones de los periodiquines de parroquia, donde al decir de Lorrain se presencia la ‘ignominia de los queridos compañeros’.” A partir de aquel alejamiento, “Nada raro será —dice Mirta Arlt—, la enemistad imborrable entre el padre prusiano y el hijo rebelde y descreído. Ese muchacho que no se acepta como los demás y que provoca conflictos, no estará nunca a la altura de lo que se espera de él, primero, ni de lo que se le exige, después.”</p>
<p>	Como sostienen los biógrafos de Arlt y lo demuestra su literatura, la pésima relación con su padre y la consecuente lucha para conseguir dinero, lo empujan a ejercer diversos oficios (“dependiente de librería, aprendiz de hojalatero, aprendiz de pintor, mecánico y vulcanizador. He dirigido una fábrica de ladrillos; después fui, corredor, director de un periodicucho y trabajador en el puerto”), en los que quiere ser-en-el-mundo-con-los-demás en algo, para superar al menos en parte su carácter de (concreto) huérfano y su culpa, así como conformar un espíritu rebelde, independiente y resuelto a conseguir logros en su arte a fin de abofetear literalmente al padre; y, en los que mantiene viva su pasión por la literatura: según quienes lo conocieron, confirmados por quienes lo han leído, no es difícil rastrear su infancia y adolescencia en sus tres novelas, en sus <em>Aguafuertes Porteñas</em>, casi 1.500 crónicas que publicó como periodista y eso sin hablar de las <em>Españolas </em>ni de los cables de <em>El paisaje en las nubes</em>, libro póstumo. En dichas <em>Aguafuertes</em>, de las que Piglia dice “Arlt ha titulado la mayoría de sus crónicas usando el modelo de una técnica gráfica (las aguafuertes, el ácido que fija la imagen) porque quiere fijar una imagen, registrar un modo de ver” (2009:12), desarrolló lo que ya temprano había adquirido: la destreza necesaria para, a través de la curiosidad y de su relación con un mundo hostil, manejar con maestría aquellos personajes que creó, mitad extensión de su propio yo, mitad personajes que <em>proporcionan sorpresas de seres vivientes</em>, como le ocurre al <em>novelista instintivo</em>, al que <em>en vez de autor, debía denominársele secretario de personajes invisibles</em> porque <em>hace lo que ellos le mandan</em>.</p>
<p>	En 1920, Roberto Arlt se traslada a Córdoba conducido por el amor, desempeña distintas labores y presta el servicio militar; además, allí habría publicado una novela que después olvidó y que nunca se recuperó: <em>Diario de un morfinómano</em>. Concluido el servicio militar, trabaja en el semanario <em>Patria</em>. Al año siguiente se casa con Carmen Antinucci, la razón de su viaje, y se instala en las sierras de aquella provincia, donde también, en distinta época, van a estar su esposa y su hermana Lila a causa de la tuberculosis. “El día de su matrimonio, Roberto Arlt lava su rostro en la fuente de una plaza. Unos puños cosidos a las mangas de la camiseta y una pechera postiza adecentan su porte y ocultan su infinita pobreza”, cuenta Raúl Larra. (10). Allí mismo, en Cosquín, en 1922 nace su hija Electra Mirta, crítica y prologuista de casi toda su obra, posterior a su muerte. No podrían ignorarse las palabras con que, precisamente, Mirta Arlt confirma las razones que, motivadas por su mismo padre, lo llevan a abandonar el hogar, así como confirma la autenticidad autobiográfica de su saga literaria:</p>
<p>	“Su fracaso, sin embargo, lo hará sentirse Caín frente a esa hermana (se refiere a la menor, la citada Lila) que, a pesar de su tuberculosis, estudia, y frente a la madre que, frágil y desposeída, ejerce la tiranía de los débiles, hasta que por fin, harto de ser testigo de cuanto su modo de ser en buena medida provoca, y marcado por el odio contra el padre, se marcha definitivamente de la casa. Hasta aquí buena parte de su vida está en <em>El juguete rabioso</em>.” (11)</p>
<p>	Aquí, señala Mirta, en sus inventos reales que el autor adjudica al protagonista, un crítico freudiano “podría ver el deseo sublimado del artista en el fantasma expresado mediante la obra de arte.” Esto podría redondearse: en su obra está omnipresente la sublimación de la angustia del autor mediante su <em>propia potencia</em> para crear universos fictivos, no sólo reflejos de la realidad, sino exploración de la existencia. 1924: a la tuberculosis de su hermana, se suma la de su esposa. Tal razón lleva a la pareja a instalarse en Cosquín, sanatorio pulmonar de la época. Es probable que de allí surja <em>Esther Primavera</em>, uno de sus cuentos… el más desolador. A mediados del mismo año termina <em>El juguete…</em>, novela escrita en diversas etapas y publicada en 1926: el primer capítulo en 1919 y el último en 1924, cuando una editorial organizó un concurso. En 1925, Arlt publicó dos capítulos en la revista <em>Proa</em>, a instancias de Güiraldes, de quien fue secretario: <em>El poeta parroquial</em>, excluido al final, y <em>El rengo</em>, título cambiado por el de <em>Judas Iscariote</em>. En <em>Borges y Arlt: las paralelas que se tocan… </em>Fernando Sorrentino escribe:</p>
<p>	“En el número 8 (marzo de 1925) de la revista <em>Proa, </em>dirigida a la sazón por Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Pablo Rojas Paz y Alfredo Brandán Caraffa, se publica <em>El Rengo</em>, relato de Roberto Arlt que un año más tarde pasaría a formar parte de <em>Judas Iscariote</em>, cuarto y último capítulo de <em>El juguete rabioso. </em>No es fácil imaginar a una personalidad literariamente tan fuerte como Borges resignándose a publicar un texto que le desagradara. Y, en efecto, en 1968 el mismo episodio es reproducido en la segunda edición de <em>El compadrito: su destino, sus barrios, su música, </em>antología que Borges compila con la colaboración de Silvina Bullrich. Es evidente que a Borges el texto lo había impresionado.”</p>
<p>	Más adelante, Sorrentino anota algo de lo cual ya se puede inferir la influencia del <em>social </em>Arlt sobre el <em>estetizante </em>Borges, nunca al contrario, y para ello compara <em>Judas Iscariote </em>con <em>El indigno</em>, cuento escrito por Borges 44 años después del anterior y publicado en <em>El informe de Brodie</em> y cuyo tema en ambos, es el mismo: la delación que una persona, poco o nada familiarizada con el delito, hace de quien la ha iniciado en él:</p>
<p>	“Cuarenta y cuatro años más tarde de la aparición de <em>El juguete rabioso </em>(1926), Borges publica <em>El informe de Brodie </em>(1970). En el <em>Prólogo</em> nombra —que yo sepa, por primera, última y única vez a lo largo de toda su extensa obra— a Roberto Arlt: (…) Recuerdo a este propósito que a Roberto Arlt le echaron en cara su desconocimiento del lunfardo y que replicó: ‘Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas’. Invocado por el tema de las hablas regionales o especiales, o por las causas que fueren, lo cierto es que, al escribir <em>El informe de Brodie, </em>el recuerdo de Arlt andaba por la cabeza de Borges.”</p>
<p>	Esto ocurrió cuando, tras la recuperación momentánea de su esposa, Arlt regresa a Buenos Aires para vincularse al periodismo. Trabaja en el diario <em>La Hora</em>, donde conoce al autor de <em>Don Segundo Sombra</em>. Güiraldes se interesa no sólo por la novela, sino por el mismo Arlt, lo hace su secretario, lo presenta a otros escritores y le publica en <em>Proa </em>los dos capítulos ya citados. Los cuatro en que se divide <em>El juguete… </em>corresponden a los distintos años de su elaboración. Según César Tiempo, “Ricardo Güiraldes y Roberto Mariani eran las dos únicas devociones vivas de Roberto Arlt”. Pero, es apenas hasta 1926 cuando Enrique Méndez Calzada, miembro del jurado del concurso abierto por la <em>Editorial</em><em> Latina</em><em> </em>recomienda publicar <em>El juguete..</em>. Así ocurre y de acuerdo con Arlt mismo, en el Prólogo a la 2ª edición (1931), la obra “pasó sin dejar mayores rastros en los anales de la crítica, aun cuando entre la juventud <em>El juguete rabioso</em>, invocara apasionados comentarios”. En dicho prólogo expresó algo que hasta su muerte jamás traicionó: “Sobre todas las cosas deseaba ser escritor”. Una de las escasas notas críticas fue escrita por el fundador del <em>Teatro del Pueblo</em>, Barletta, luego entrañable amigo de Arlt, cuando éste se vinculó al teatro, hasta llegar a ser el corrector de su estilo <em>descuidado </em>aunque de un sentido muy eficaz: “<em>El juguete… </em>de R. Arlt es una buena novela. Aquí un seguro instinto guía al autor por el intrincado campo de la novela. Su libro es por este modo espontáneo y extraordinariamente interesante”. (12)</p>
<p>	En este periodo, la voracidad lecto-escritural, amén de la capacidad creativa en Arlt, no decae un ápice, como atestigua el director del periódico <em>Don Goyo</em>, con quien Arlt colabora en 1926 y a quien conocía desde 1923, Conrado Nalé Roxlo, en <em>Borrador de memorias</em>, texto suyo: “… Arlt escribía en aquel tiempo con letra pequeña y apretada y a una velocidad casi mecánica. A nadie he conocido que escribiera y leyera tan rápido como Arlt” (13). No se puede discutir el cuidado puesto por Arlt en la evolución literaria de su tiempo; sin embargo, cabe reflexionar sobre la función que tal bagaje tuvo en su obra, así como los factores que contribuyeron a crearla. La mayoría de autores leída por Arlt era de origen extranjero y, por ende, traducida de múltiples idiomas: traducciones, pésimas. La imagen que sobre él proyectó la literatura, dejándole profundas cicatrices en la sintaxis, gramática, ortografía, estuvo intervenida por esa <em>otra lectura-escritura impuesta </em>entre autor y lector. Lo que viene no es una coyuntura para disculpar a Arlt, sino un certificado de sus carencias que paradójicamente es útil para dilucidar el juicio de Gostautas sobre las “faltas de gramática y ortografía proverbiales” de Arlt:</p>
<p>	“El modelo de la lengua que se practicaba en la sobremesa de su hogar está viciado de deformaciones sintácticas, de declinaciones defectuosas propias del alemán y del italiano que hablaban sus padres. Literariamente tiene la influencia de las malas traducciones españolas en ediciones baratas que llegaban al país. Por lo tanto, su uso de la materia literaria, su idioma, es el producto de una improvisada artesanía individual, elaborada en el vagabundeo de sus años juveniles” (14).</p>
<p>	De acuerdo con esto, el lector arltiano se puede anexar a la idea de Mirta, quien a partir de <em>El desierto entra en la ciudad</em>, último drama de su padre, corregiría “sus graciosos errores de ortografía”. Si esto no convence, quizás la magia verbal de Onetti ayude:</p>
<p>	“Dedicado a catequizar, distribuí libros de Roberto Arlt. Alguno fue devuelto después de haber señalado con lápiz, sin distracciones, todos los errores ortográficos, todos los torbellinos de la sintaxis. Quien cumplió la tarea tiene razón. Pero siempre hay compensaciones; no nos escribirá nunca nada equivalente a <em>La</em> <em>agonía del Rufián Melancólico</em>, a <em>El Humillado </em>o a <em>Haffner cae</em>. (…) No nos dirá nunca, de manera torpe, genial y convincente, que nacer significa la aceptación de un pacto monstruoso y que, sin embargo, estar vivo es la única verdadera maravilla posible. Y tampoco nos dirá que, absurdamente, más vale persistir. (…) Y en otro plano del arltismo: ¿quién nos va a reproducir la mejilla pensativa, el perfil desgraciado y cínico de Roberto Arlt en el sucio boliche bonaerense de Río de Janeiro y Rivadavia, cuando se llamaba Erdosain?”</p>
<p>	El mismo episodio que refiere Elsa, su esposa, en el desgarrado intertítulo <em>El poder de las tinieblas</em>, parte de <em>Tarde y noche del día sábado </em>de <em>Los lanzallamas</em>:</p>
<p>	“Un día recibí una sorpresa extraña, que me dejó mucho tiempo preocupada. Era domingo. Yo iba por la calle Rivera, cuando de pronto me detuve asombrada. Junto al vidrio de un café de cocheros, un vidrio lleno de polvo iluminado por el sol, estaba él, tristemente apoyada la mejilla en la palma de la mano. (…) Yo me detuve para observarlo. Era mi esposo. ¿Qué hacía allí, en ese lugar repugnante, con la mejilla casi apoyada en el vidrio sucio, y una franja de sol iluminando la galera de los cocheros que hacían círculo en torno de las mesas?” (271-272).</p>
<p>	He ahí por qué la obra del autor Roberto Arlt es inseparable del hombre que la creó. En 1927, comienza una regular actividad periodística en el diario <em>Crítica</em>, a petición de Natalio Botana, su director: por primera vez gana un salario fijo, como cronista policial. Y aunque era un periódico amarillo, al estilo Hearst, al estilo de cualquiera que domina <em>el espacio, el tiempo </em>y <em>el espectador </em>colombianos… Adolfo Prieto sostiene que “por la redacción de este diario (<em>Crítica</em>) <em>sensacionalista, pero inteligentemente programado</em>, pasaron muchos de los mejores escritores de esa generación”. Pregunta: ¿fue Arlt menos lúcido por habitar esa franja social y cultural de códigos contradictorios y no más bien, por contraste, mucho más lúcido al ser parte de una mixtura cultural como la de Boedo? ¿Incluye Prieto entre los mejores escritores o, al menos, entre los escritores de esa generación a Arlt? De incluirlo, queda sin piso su tesis sobre Arlt, quien es grande por ser fruto de la contradicción, del mestizaje cultural, del coro idiomático y quien gracias a su lucidez pudo escribir esas desquiciadas páginas, esos intertítulos de antología, <em>El Humillado, </em>Ser<em> a través de un crimen, La casa negra, Discurso del Astrólogo, La Farsa, </em>de <em>Los siete locos</em>, y, de <em>Los lanzallamas</em>, <em>La cortina de angustia, El Abogado y el Astrólogo, Bajo la cúpula de cemento, El pecado que no se puede nombrar, El homicidio</em>, incluyendo, claro, los citados por Onetti. Ahora, cuando Prieto dice: “El fantasma de la escritura artística, del estilo, fue, probablemente, el que lo acosó con mayor asiduidad y malicia; el que lo obligó a desarrollar el más enérgico espíritu de defensa; y el que lo distrajo, por último, de las reflexiones que mejor convenían a su proyecto de narrador”, hay que señalar, quien se distrajo fue él en su lectura: con Arlt queda atrás el clásico <em>el estilo es el hombre</em>; poco importa para él la escritura si carece de sentido o se desconecta de la realidad inmediata: la que convierte en una 2ª realidad, más inquietante que la 1ª; más que el estilo, fue la adversidad del medio, la intolerancia frente a un ser distinto, lo que forjó en Arlt su rebeldía; ninguna reflexión de un escritor, más o menos conviene a su proyecto: el arte es la suma de demonios y abismos de ese <em>secretario de seres invisibles</em> que termina por ser más invisible que estos… Por algo, hoy Arlt es considerado <em>el primer escritor moderno de la literatura argentina</em>. (15)</p>
<p>	Nadie podría negar que uno de los prólogos más lúcidos a cualquier obra de Arlt es el de Adolfo Prieto: pero, esa lucidez se extravía cuando pretende negar la de Arlt. A guisa de ejemplo, va sin comentarios un fragmento de <em>Los lanzallamas </em>cuando en <em>Discurso del Astrólogo </em>(91-102) éste opina sobre la <em>actual</em> (1927) pérdida de la religión, como si hablara hoy, y sobre la peste del suicidio que sucederá a la pérdida de interés por la vida, dada la deshumanización de la especie y, de paso, su negativa a engendrar hijos:</p>
<p>	“Lo enorme es esto. La humanidad, las multitudes de las enormes tierras han perdido la religión. No me refiero a la católica. Me refiero a todo credo teológico. Entonces los hombres van a decir: ‘¿Para qué queremos la vida?&#8230;’ Nadie tendrá interés en conservar una existencia de carácter mecánico, porque la ciencia ha cercenado toda fe. Y en el momento que se produzca tal fenómeno, reaparecerá sobre la tierra una peste incurable… la peste del suicidio… ¿Se imagina usted un mundo de gentes furiosas, de cráneo seco, moviéndose en los subterráneos de las gigantescas ciudades y aullando a las paredes de cemento armado: ‘¿Qué han hecho de nuestro dios?&#8230;’ ¿Y las muchachitas y los escolares organizando sociedades secretas para dedicarse al sport del suicidio? ¿Y los hombres negándose a engendrar hijos que el iluso Berthelot creía que se alimentarían con pastillas sintéticas?&#8230;” (1978: 92).</p>
<p>	O cuando en <em>Bajo la cúpula de cemento</em> Arlt… perdón… Erdosain, reflexiona sobre la muerte, lo que para nosotros es la vida cotidiana, y sobre el hastío de las relaciones:</p>
<p>	“Aguza el mirar y se dice: — ¿Es posible que se tema tanto a la muerte? ¿Que la muerte preocupe tanto a los hombres, si es su descanso? Mas en cuanto ha pensado de esta manera, se dice: — La realidad mecánica ensordece la noche de los hombres con tal balumba de mecanismos que el hombre se ha convertido en un simio triste. A veces los cuerpos, a tres pasos de las máquinas, refugiados en una bohardilla (por buhardilla), se inclinan; las manos despojan los pies de las botas, luego caen los vestidos, después los cuerpos se acercan a los espejos, se miran un instante, luego levantan un lienzo, se cubren, cierran los ojos y duermen. A veces un miembro entra en un orificio, vuelca su esperma, los dos cuerpos se separan hartados, y cada uno por su lado duerme sudoroso. Y despacio crecerá el vientre… y eso es todo.” (…) (16)</p>
<p>	Toda grandeza viene de una pérdida, sostenía Alejandro Magno: los hombres se hacen grandes en la adversidad, no con el viento a favor: a Arlt se le puede atribuir que escribe mal, pero nunca que carece de claridad: “Se dice de mí que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendría dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes únicamente leen correctos miembros de sus familias.” (17) Desde cuando trabaja en <em>Crítica</em>, recibe ofertas del director de <em>El Mundo </em>para integrar el equipo de redactores, al que pertenecerá hasta su muerte. Allí publica unas 1.500 crónicas sobre su ciudad y quienes la habitan, agrupadas y publicadas bajo el título <em>Aguafuertes Porteñas</em> (1933). Con agudo humor, negro, ácido e hiriente, panea sobre los caracteres urbanos, para así componer uno de los frescos periodísticos más ambiciosos y acabados de que se tenga noticia y donde coexisten la idiosincrasia, la bondad y la maldad populares: cada lector puede toparse consigo mismo, con su propio lenguaje y con una ciudad compleja y extrovertida, descrita al detalle. Unas pocas <em>Aguafuertes </em>y anécdotas, ilustran sobre la supuesta falta de humor de Arlt, su pretendido analfabetismo y su verdadera dimensión humana. Sobre su <em>analfabetismo</em> quizás baste señalar que estudió por su cuenta piano, inglés, fue corresponsal de varios diarios argentinos; también, estudió física y química, materias que puso al servicio de su oficio de inventor… Con dicho oficio rebasó el plano real para llegar al de la ficción con Silvio y Erdosain. Personaje, éste, que, contra lo que se pueda creer, es real… como cuenta Borré en su biografía sobre Roberto Arlt:</p>
<p>	“Cuando el verdadero Erdosain lee acerca de las monstruosas aventuras en las que Arlt lo ha implicado está dispuesto a darle un par de trompadas. Sujetado y disuadido por sus amigos, el verdadero Erdosain abandona la plaza gritando e insultando a Roberto Arlt. — Pero este tipo es una bestia — dijo Arlt. Es tan bestia que no se da cuenta de que acaba de entrar a la inmortalidad gracias a mi novela.” (2000: 212-213)</p>
<p>	También vale la pena referir una anécdota que reafirma “la ignominia de los queridos compañeros” en la actividad periodística y que de un tajo corta la posibilidad de que Arlt haya pertenecido a Boedo o a Florida o a los dos; la referente al humor, contada por Onetti, va luego. En <em>El Cementerio del Estómago </em>(29.I.29), Arlt declara sin ambages:</p>
<p>	“Yo he leído muchas novelas. He empezado a leerlas a los doce años; tengo veinte y ocho (no dice veintiocho…). Así que hace diez y seis que leo a un término medio de cincuenta libros al año, lo cual significa seiscientas novelas.”</p>
<p>	Para apreciar su magnitud humana, dos anécdotas: 1ª) Para todos sus biógrafos es clara la afinidad de Arlt con el anarquismo. Así, cuando después del golpe de 1930 (que Arlt previó) en que el general Uriburu derroca al reelegido Yrigoyen, es fusilado el anarquista Severino di Giovanni (1901-1931, quien voló la embajada gringa en Buenos Aires a raíz del asesinato de Sacco y Vanzetti, voló el consulado italiano en que cayeron siete de los <em>mejores </em>fascistas de Mussolini en la capital argentina y quien en su último panfleto escribió: “Sepan Uriburu y su horda fusiladora que nuestras balas buscarán sus cuerpos. Sepan el comercio, la industria, la banca, los terratenientes y hacendados que sus vidas y posesiones serán quemadas y destruidas.”), se cuenta que vuelve al diario <em>El Mundo </em>“destrozado, deshecho”… Arlt le dice a un linotipista: “Yo no me explico que haya gente que se ponga guantes blancos para ver matar a un hombre.” (Raúl Larra, <em>Cuadernos de Cultura</em>, en Goloboff: 47); 2ª) Referida una vez más por ese testigo de excepción llamado Onetti y que muestra a un <em>rosántico </em>de tiempo completo:</p>
<p>	“Una mañana sus compañeros de trabajo lo encontraron en la redacción (era otro diario, <em>Crítica</em>, donde Arlt estaba encargado de la sección <em>Policiales</em>) con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. A las preguntas, a las angustias, contestó: ¿Pero no ven la flor? ¿No se dan cuenta que se está muriendo?” (Prólogo de Onetti en <em>El juguete rabioso</em>)</p>
<p>	Las siguientes dos anécdotas se prestan para sepultar lo relativo a la no pertenencia de Arlt a Boedo-Florida y a la tesis de Cortázar sobre la carencia de humor en aquél, de quien no obstante aseguraba: “Si de alguien me siento cerca en mi país es de Roberto Arlt”… Raimundo Calcagno, compañero de labores en <em>El Mundo</em>, describe a aquél:</p>
<p>	“Golpeaba las teclas de la máquina de escribir como si esta fuera un <em>puching ball </em>o lo hacía con la desesperación de que el tiempo le resultara corto… No tenía muchos amigos en la redacción, no tenía tiempo para tener muchos amigos, ni para vestirse con aliño; estaba muy afanado en su obra. No podía uno llegar a ser su amigo, porque no se puede ser amigo de una catarata.” (18)</p>
<p>	Onetti ataca de nuevo:</p>
<p>	“Cuando yo era secretario de redacción de <em>Reuter </em>en Buenos Aires y visitaba a los clientes, uno de ellos era el diario <em>El Mundo</em>. Y allí conocí a Arlt, que, por último, no digo que se suicidó, pero algo así; andaba mal del corazón, y el médico le dijo que no comiera ni tomara mucho, que no hiciera mucho esfuerzo, y él la segunda vez que vio al médico, se hizo los diez pisos hasta el consultorio a pie, y le dijo: ‘Vio que no me pasó nada en el <em>cuore</em>?’ Era un desafío. Bueno: las diferentes interpretaciones de la gente sobre un mismo acto de Roberto Arlt. Algunos opinaban que una actitud suya demostraba que era angélico; la misma actitud, para otros, probaba que era un farsante; y había quienes aseguraban que, con esa actitud, Arlt había sacado patente de hijo de puta. Yo no sé si era angélico, farsante o hijo de puta, posiblemente las tres cosas a la vez. Era un loco. El libro que yo quería hacer era de testimonio de quienes lo conocieron. Pero ahora es tarde para hacer ese libro, muchos testigos se murieron.” (1978: 438)</p>
<p>	Este ensayo pretende ser una mínima aproximación a la intención abortada de Onetti… otro angélico-farsante-loco-hijo de puta. Por fortuna. Y para desgracia de quienes no son ninguna de las tres primeras cosas, salvo la cuarta. Todo el mundo conoce la calle Corrientes por la descripción que se hace de ella en el tango <em>A media luz</em>. Y es que el tango no sólo le ha cantado a Buenos Aires, también a la calle que la simboliza… Roberto Arlt sostiene en una <em>aguafuerte porteña </em>que <em>El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche </em>(aquí, el último fragmento):</p>
<p>	“<em>Calle única</em>. — Calle única, calle absurda, calle linda. Calle para soñar, para perderse, para ir de allí a todos los éxitos y a todos los fracasos; calle de alegría, calle que las vuelve más gauchas y compadritas a las mujeres; calle donde los sastres le(s) dan consejos a los autores y donde los polizontes confraternizan con los turros; calle de olvido, de locura, de milonga, de amor. Calle de las rusas, de las francesas, de las criollas, que dejan demasiado pronto el hogar para ir a correr la juerga tras de un malevito; calle de tango, de ensueño; calle que recuerdan los presos en el cuadro quinto; calle que al amanecer se azulea y obscurece, porque su vida sólo es posible al resplandor artificial de los azules de metileno, de los verdes de sulfato de cobre, de los amarillos de ácido pícrico que le inyectan una locura de pirotecnia y celos”. (…)</p>
<p>	<em>A media luz</em>: “Corrientes 3-4-8/ segundo piso, ascensor/…” <em>Muchacha </em>es un tango que tiene mucho que ver con la literatura de Arlt y con él, que siempre se sintió culpable de haber asesinado la inocencia de una de doce o trece años como se comprueba al leer <em>El poder de las tinieblas</em>, cuando Elsa se confiesa en el Convento:</p>
<p>	“Iba y venía como de costumbre, observando una conducta hermética, hasta que descubrí algo repugnante. Era en el fondo de un parque. Sentada a su lado, con una cartera de colegiala, estaba una criatura de trece años a lo sumo, el cabello en rizos escapándose de un gorrito de paja, y el delantal plegado sobre la cartera. ¿Quién es esa criatura con la que te has retratado? Sin enojarse, con una sonrisa cándida me contestó: —Una chica que está en tercer grado y hacemos el amor. Esa mañana se hizo la rabona. — ¿Cuántos años tiene? — Va a cumplir doce el mes de agosto.</p>
<p>	Con esta historia, Arlt buscará destruir las bases de la moral burguesa y poner de manifiesto <em>las represiones en el plano de las vivencias sexuales dentro del matrimonio que lleva a destruir el propio vínculo</em>, hasta llegar con <em>El amor brujo</em> a <em>subvertir el pensamiento de época</em> ironizando sobre <em>valores centrales de la sociedad: la familia nuclear y monogámica</em>. (19) Tras su salida de <em>Crítica </em>y antes de ingresar a <em>El Mundo</em>, Arlt adelanta un capítulo de <em>Los siete locos</em>, en preparación, en la revista <em>Pulso </em>(1928) que dirige Alberto Hidalgo (el 9.IX publica en <em>La Nación</em><em> Esther</em><em> Primavera</em>, obra maestra). El capítulo es <em>La sociedad secreta</em>, finalmente <em>La farsa</em>, otra obra maestra, como se verá al final cuando el Mayor hace arqueología de los gobiernos corruptos, los partidos políticos <em>informes</em>, los políticos deformes que venden su país al mejor postor, como quien sin pensar obedece la  Ley de Herodes: “O te chingas o te jodes”: gracias Luis Estrada por su radiografía de un descompuesto PRI. <em>Los siete locos</em>, aparece al año siguiente por Editorial Latina. En nota publicada el 27 de noviembre de 1929 en su personal e intransferible página seis de <em>El Mundo</em>, Arlt definió así a sus personajes:</p>
<p>	“Estos individuos, canallas y tristes, viles y soñadores simultáneamente están atados o ligados entre sí por la desesperación. La desesperación en ellos está originada, más que por la pobreza material, por otro factor: la desorientación que, después de la gran guerra, ha revolucionado la conciencia de los hombres, dejándolos vacíos de ideales y esperanzas. Hombres y mujeres en la novela rechazan el presente y la civilización, tal cual está organizada”.</p>
<p>	Para esta época, había leído con pasión <em>Crimen y castigo</em>: se diría, era el octavo loco del octavo infierno de Dante, adonde el autor de <em>La comedia </em>confinó a los culpables de <em>los pecados del lobo</em>: hipócritas, seductores, nigromantes, ladrones y mentirosos. Una <em>fauna </em>parecida a la de Arlt, en la que no faltan seres <em>pérfidos como hienas</em>: basta pensar en Erdosain. En 1930, el 8 de mayo, Arlt se hace acreedor al único galardón literario de su vida, por <em>Los siete locos</em>: Tercer Premio, Concurso Municipal de Literatura. A partir de ese momento ganan popularidad paralela sus <em>Aguafuertes Porteñas</em>. Misma época que L. Barletta, en su afán por renovar el lenguaje dramático que se halla dominado por la comedia chabacana y facilista, crea el <em>Teatro del Pueblo </em>y pone en escena <em>El humillado</em>, capítulo de <em>Los siete locos</em>. Novela sobre la que aquél dejó sentada su protesta al no serle concedido a Arlt el máximo Premio. En <em>La   Literatura</em><em> Argentina</em>, Barletta dice:</p>
<p>	“Hace pocos día terminé de leer <em>Los siete locos</em>, de Arlt, novela que conceptúo como muy buena. Sabía yo, por <em>El juguete rabioso</em>, que en Arlt había un excelente novelista, pero en el presente libro se ha superado. Un libro como el de Arlt, a quien el jurado debe otorgarle el Primer Premio Municipal da por tierra con todos los <em>Zogoibi </em>y <em>Don Segundo Sombra </em>de los éxitos fáciles.” (2000: 203) <em> </em></p>
<p>	Al enterarse del Tercer Premio, Arlt contesta con gracia sobre los “terceros premios” algo que ayuda a entender a quiénes se les dan los primeros; lo hace desde Río de Janeiro adonde ha llegado como enviado del diario <em>El Mundo</em>:</p>
<p>	“…estoy sumamente extrañado de que me hayan premiado. En nuestra ciudad siempre los terceros premios han sido reservados para los mejores prosistas; ejemplos: Elías Castelnuovo, 3er premio; González Tuñón, 3er premio; Álvaro Yunque, 3er premio. El tercer premio es la comida de las fieras, no hay candidato a premio que no diga: me conformo con el tercer premio y al final de cuentas son tales los líos que se arman para repartir el tercer premio&#8230;” (2000: 204)</p>
<p>	El poeta y guionista Ulises Petit de Murat redimensiona la literatura arltiana en 1931, al señalar la dicotomía entre literatura rural y urbana. Ubica el nombre de Güiraldes (<em>Don Segundo Sombra</em>) junto a los de Hernández (<em>Martín Fierro</em>) y Lynch (<em>El romance de un gaucho</em>), representantes de la <em>literatura gauchesca</em>, y los contrapone al <em>surgimiento de la antítesis ciudadana</em> que es la obra de Arlt, cuya irrupción está centrada en el “frenesí por contar en donde algunas influencias de origen ruso y germano han tenido mucho que ver con la obra de este autor.” (2000: 205) Pero, como en esto de la literatura seria, no mediática, no faltan los aguafiestas ni menos los jueces sesgados por su situación económica o por su posición intelectual, un crítico universitario, Antonio Aíta, “ve a Roberto Arlt como un hombre de imaginación desordenada y sórdido, al que sólo le interesa lo prostibulario, lo humillante y el crimen, e invita a Arlt a no alucinarse con escritores rusos” (2000: 205). Aíta le saca como defecto a Arlt lo que ve en sí mismo; olvida que la sordidez está en la realidad antes que en quien escribe; pretende ignorar que en el arte el artista sublima lo que descubre en su sociedad; pide lo que le está vedado: invitar o prohibir a un autor a tomar o a dejar sus gustos literarios. Algo así como pedirles a los políticos que cumplan a los votantes, desistan de la demagogia, hagan democracia…</p>
<p>	Aparece en la revista <em>S.O.S.</em> un fragmento de <em>Los lanzallamas</em>, que en 1931 publica la editorial <em>Claridad </em>y en cuyo prólogo responde a los que le han censurado su <em>mal gusto y estilo deficiente</em>. También reclama los derechos de la creación solitaria. Constituye la continuación de <em>Los siete locos </em>y su título original, <em>Los monstruos</em>, se sustituyó por sugerencia de Carlos A. Leumann que el autor aceptó. Según Mirta, era más apropiado por “el juicio de valor de Arlt sobre sus propios personajes”:</p>
<p>	“Odian esta civilización. Quisieran creer en algo, arrodillarse ante algo, amar algo; pero, para ellos, ese don de fe, la ‘gracia’ como dicen los católicos, les está negada. Aunque quieren creer, no pueden. Como se ve, la angustia de estos hombres nace de su esterilidad interior. Son individuos y mujeres de esta ciudad, a quienes yo he conocido. (…) En síntesis: estos demonios no son ni locos ni cuerdos. Se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles. Si fueran menos cobardes se suicidarían; si tuvieran un poco más de carácter serían santos. En verdad, buscan la luz. Pero la buscan completamente sumergidos en el barro. Y ensucian lo que tocan. A mí, como autor, estos individuos no me son simpáticos. Pero los he tratado. Y todo autor es esclavo durante un momento de sus personajes, porque ellos llevaban en sí verdades atroces que merecían ser conocidas. En definitiva: en esta obra no hay ningún casamiento, ni baile, ni declaración de amor. Al sexo femenino no le puede interesar”. (<em>Aguafuertes Porteñas</em>, en Obra Completa, Tomo 2: 253-204 y 255).</p>
<p>	Aunque Arlt crea eso, podría decirse que con <em>Los siete locos </em>ocurre lo mismo que con el filme <em>Al filo del tiempo</em>, de Wenders: es la historia de la ausencia del amor (representado por la mujer) que es, al mismo tiempo, la historia de la nostalgia de su presencia. Al fundar Barletta el <em>Teatro del Pueblo </em>con el propósito de “realizar experiencias de teatro moderno para salvar el envilecido arte teatral y llevar a las masas el arte general, con el objeto de propender por la elevación espiritual de nuestro pueblo”, no se imaginó que apenas dos años más tarde Arlt sería “por antonomasia, el autor del movimiento independiente”, por esa necesidad recurrente y profunda que tenía de expulsar sus conflictos y desdoblamientos de conciencia. Así, en 1932, escribe su primer drama: <em>300 millones</em>, estrenada en el <em>Teatro del Pueblo</em> el 17 de junio. La historia surgió de una crónica policial que aquél había realizado en Crítica hacia 1927. Onetti recuerda:</p>
<p>	“Otra mañana estaba calzado pero semimuerto, el mechón de pelo en la cara, negándose a conversar. Acababa de ver el cuerpo de una muchacha, sirvienta, que se había tirado a la calle desde un quinto o séptimo piso. Fue mudo y grosero durante varios días. Después escribió su primera y mejor obra de teatro, <em>300 millones</em> o cifra parecida, basado en la supuesta historia de la muchacha muerta.” (Prólogo a <em>El juguete rabioso</em>)</p>
<p>	<em> </em></p>
<p>	En paralelo al drama precitado, Arlt publica la que será su última novela, <em>El amor brujo</em>. Sin embargo, contra quienes afirman que con dicha obra abandona la narrativa, al terminarla asegura que una próxima novela, <em>El pájaro de fuego </em>(por Stravinski) o <em>La muralla de arena</em>, se publicará enseguida y que escribe otra, <em>El emboscado rojo</em>. No obstante, Arlt ya ha descubierto el teatro y sus posibilidades, lo mismo que una serie de temas fundamentales: un mayor <em>pathos</em>, en tanto pasión; una mejor reunión de las tensiones; y una utilización más <em>profesional </em>de los conflictos, que originará un vuelco radical en su concepción del mundo y en la actividad literaria. A partir de su incursión en la dramaturgia, impulsado por Barletta, Arlt escribirá, inicialmente, ocho obras teatrales, de las cuales verá montadas cinco. Ellas son: <em>300 millones </em>y <em>Prueba de amor </em>(subtítulo: <em>Boceto teatral irrepresentable ante personas honestas</em>), ambas de 1932; <em>Saverio el cruel </em>y <em>El fabricante de fantasmas</em>, 1936; <em>África</em>, 1938; <em>La isla desierta</em>, 1937; <em>La fiesta del hierro</em>, 1940; y <em>El desierto entra en la ciudad</em>, 1942. Raúl Castagnino en <em>El Teatro de Roberto Arlt</em>, cita dos más: <em>Escenas de un grotesco</em>, publicada en <em>La Gaceta</em><em> de Buenos Aires No 2, </em>4.VIII.1934<em> </em>y <em>Separación feroz</em>, aparecida en <em>El Litoral,</em> <em>Santa Fe, </em>1º.I.1938. Finalmente, otras dos burlerías, reproducidas originalmente en <em>La Nación</em><em>: La juerga de los polichinelas </em>y <em>Un hombre sensible</em>, recopiladas luego en <em>Regreso </em>(Bs. Aires, <em>Ediciones Corregidor</em>, 1972), texto en el que también aparece su <em>Primera Autobiografía </em>(25-29).</p>
<p>	Antes de publicarse <em>El amor brujo </em>(1932), Arlt viaja a Brasil (país al que ya soñaba ir desde <em>Los siete locos</em>: 228), a Río y a otras ciudades: de allí envía sus ya famosas <em>Aguafuertes</em>, las que en 1935 lo harán pasar a España y a África, desde donde mandará las <em>Aguafuertes Españolas</em>, que reúnen distintas y extensas impresiones de su estadía en la  Península y en el Marruecos español; en simultánea, redacta <em>El criador de Gorilas</em>, 15 cuentos injustamente desdeñados por la crítica y aun por Julio Cortázar, quien los califica como “mediocres cuentos exóticos”, cuando tras su aparente “color local africano” hay una violenta crítica al racismo, a la explotación, al colonialismo e imperialismo occidentales y a la avaricia de la pequeña y de la alta burguesía. <em>El criador de gorilas</em>, publicado en Santiago en 1941, es una muestra de la capacidad para narrar, contar historias con economía de medios, por más ridículas o folclóricas que puedan parecer. Ya en 1933 había publicado <em>El jorobadito</em>, su obra mayor dentro del género, que proyecta no sólo cuentos magistrales como el que da título al volumen, amén de <em>Escritor fracasado, Esther Primavera, Las fieras, Noche terrible</em>, sino también una imagen transparente del autor, con base en los temas que han hecho perdurar su trabajo: la iniquidad en <em>El jorobadito</em>, cuya estructura, al decir de Mirta, “complacería a Poe en su teoría de la composición”; lo autobiográfico, escudado en un supuesto yo subjetivo, en <em>Escritor fracasado</em>; el prurito por hacerse entrañable mediante el daño en <em>Esther Primavera</em>, cuento en el que alterna recuerdo, realidad e imaginación y en el que, al leerlo, no deja de sentirse “una ráfaga de viento caliente que golpea el rostro”; la complicidad con seres marginales, su ternura hacia ellos y el guiño al lector en <em>Las fieras</em>, uno de los tantos relatos cuya fuente está en las <em>Aguafuertes Porteñas </em>(<em>Conversación entre ladrones</em>) y que será a su vez semilla de próximas novelas; en igual sentido, no se puede olvidar el cuento <em>Pequeños propietarios</em> cuyas raíces están en <em>Filosofía del hombre que necesita ladrillos</em>; y la reiterativa reflexión sobre el matrimonio, la convivencia y la separación en <em>Noche terrible</em>, también desarrollado a partir de una <em>aguafuerte: Yo no hablo mal del matrimonio</em>, en la que replica a un padre de familia que amenaza con dejar de leer sus crónicas porque “Usted con sus artículos puede ahuyentar los novios que necesito para mis cuatro hijas”. Arlt contesta: “No tenga miedo, querido señor, sus cuatro hijas mozas no se quedarán solteras”. Al final, después de burlarse un poco de él, intenta tranquilizarlo: “Lo esencial es que se case una, que lista la primera ya caerá otro zonzo”. Otros relatos como <em>La luna roja </em>y <em>El traje del fantasma</em>, abren un proyecto distinto: en ellos se refleja el gusto de Arlt por lo fantástico, así como revelan la influencia de su precoz inmersión en aguas del ocultismo, patentizada en el ensayo <em>Las ciencias ocultas en la ciudad de Bs. Aires</em>.</p>
<p>	Proyecto que alcanzará su máxima perfección en el cuento largo <em>Viaje terrible </em>(1941) o <em>Viajes terribles </em>(1978: 438), del que Prieto expresa: “Tal vez no pueda citarse otro texto de Arlt en el que aparezca el funcionamiento del mecanismo fantasioso tan nítidamente como en su último invento novelístico”. Ese mismo año, enviado por <em>El Mundo</em> viaja a Chile en una de sus últimas experiencias periodísticas. Muere Carmen, su primera esposa, tras penosa estancia en el sanatorio <em>Santa María</em>; aunque ya casi no había trato entre ellos, cuenta su hija que “esa muerte lo afectó tanto o más que la de su hermana Lila en Cosquín en 1937”. Para que no quede duda de su amor por ella, va la dedicatoria de <em>El jorobadito</em> que afirma dialécticamente la negación en torno a una eventual misoginia de que hablan desvirtuadores de la obra arltiana (y del propio Arlt) y a través de la cual se vislumbra su decisión de no complacer a nadie, sino de vaciarse él mismo:</p>
<p>	“A mi esposa Carmen Antinucci: Me hubiera agradado ofrecerte una novela amable como una nube sonrosada, pero quizá nunca escribiré obra semejante. De allí que te dedique este libro, trabajando por calles oscuras y parajes taciturnos, en contacto con gente terrestre, triste y somnolienta. Te ruego lo recibas como una prueba del grande amor que te tengo. No repares en sus palabras duras. Los seres humanos son más parecidos a monstruos chapoteando en las tinieblas que a los luminosos ángeles de las historias antiguas. Por eso no encontrarás aquí doradas palabras mentirosas, ni verás asomar el pie de plata de la felicidad, pero tú, que eres comprensiva y tan amiga mía, recíbelo como recibiste mis otros libros, escritos bajo tu mirada pensativa. Tu agrado será mi mejor premio.”</p>
<p>	A la muerte de su esposa surge una crisis de salud, ya presentida, que según Mirta “parece no exhibir los síntomas de esa especie de estrangulación de las coronarias que lo atacaba con puñaladas en el pecho”. En 1941, se casa en Montevideo con Elizabeth Mary Shine, de cuya unión queda su hijo Roberto Patricio (¿otra evocación romana… de su esposa?). El 12 de enero de 1942 patenta un invento para vulcanizar medias de mujer. La patente reza: “Medias con puntera y talón reforzado con caucho o derivados”.</p>
<p>	Su último viaje a Cosquín lo realizó quince días antes de morir, en julio de 1942. Arribó con <em>El desierto entra en la ciudad</em>, su último drama, en la maleta; pieza que quedó en manos de su hija, que la llevaría a escena diez años después. Pocos días más tarde, el 26 de julio, tras asistir a un acto eleccionario en el Círculo de Periodistas, muere víctima de un ataque cardiaco. He ahí por qué tragedia y humor no son opuestos: ese mal fue el mismo del que tanto se burló, el que le adjudicó a ciertos personajes para sacarlos de la ficción, el que lo sacaría de la supuesta realidad. En todo caso, sin desconocer tal patetismo, Arlt muere cuando se le agota el misterio de la vida, no importándole si era loco, angélico, farsante o hijo de puta o todo a la vez…</p>
<p>	Contra el virus anti-arltiano, el mejor remedio: el del alquimista verbal Borges, consignado en el prólogo a esa balada, por su lirismo, a ese tango, por su angustia metafísica, <em>Bartleby, el escribiente</em>: “La vasta población, las altas ciudades, la errónea y clamorosa publicidad, han conspirado para que el gran hombre secreto sea una de las tradiciones de América. E. A. Poe fue uno de ellos; Melville, también.” A la lista se suma ahora Arlt: anónimo, casi clandestino. Tanto que Borges olvidó incluirlo entre los olvidados, olvidando incluso que lo hubiera influido, al sentenciar: “La mejor manera de no pasar de moda es esforzándose por no estarlo nunca, por eludir el éxito”<em>, </em>porque Arlt jamás cambió decoro, dignidad, discreción por publicidad, vanidad, mediocridad.</p>
<p>	Arlt dijo sobre él en sus ficciones muchas más verdades que en cualquier autobiografía, lo que significa que la autoconfesión es el sucedáneo perfecto de la creatividad. No es improbable que al final de su vida haya sentido que el goce del arte nunca es para quien lo concibe con extrema paciencia y profundo desgarramiento, sino para quien se acerca con desprevenida actitud; que el hombre jamás será modelo de nada… o a duras penas de la contradicción; y que aun con la sensación de inutilidad que suscita el haberlo realizado, siempre tuvo validez el esfuerzo: así el placer haya sido para otros. Incluso para quienes no lo merezcan. Entonces, poco importa que las luchas en apariencia sean estériles y que al final del camino no haya más premio que un profundo sepulcro y una nada infinita… Y yo sé que tengo razón: mejor dicho, ambos, tenemos razón, querido R. Arlt.</p>
<p align="center"><strong>III – Roberto Arlt: El inventor de los juguetes rabiosos<br />
	</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>	La primera novela publicada conocida (<em>La vida puerca </em>desapareció; <em>El diario de un morfinómano</em>, 1921, no se recuperó) de Arlt fue <em>El juguete rabioso</em> (1926), obra que se ha considerado menor dentro de su apreciable producción literaria. Narrada en primera persona, marca un nuevo capítulo en la historia novelada de una ciudad que ya no es <em>La gran aldea </em>(novela publicada en 1884) de que habla su autor, Lucio V. López (1848-1894), sino una impersonal selva de hierro y <em>portland </em>(Arlt nunca dirá <em>cemento</em>) que le hizo exclamar al arquitecto Le Corbusier, en 1929, en una conferencia dictada allí: “Buenos Aires es la ciudad más inhumana que he conocido; en verdad, el corazón se encuentra allí martirizado”. Así la verá siempre Arlt, desde <em>El juguete… </em>hasta la última de sus <em>Aguafuertes Porteñas</em>. Él hizo suyas las palabras de Carpentier: para entender una ciudad no basta con pasear por ella, sino vivirla, tratar día a día durante años con sus profesionales, negociantes y tenderos, millonarios y miserables… Arlt mismo decía:</p>
<p>	“Cada vez me convenzo más de que la única forma de conocer un país, aunque sea un cachito, es conviviendo con sus habitantes; pero no como escritor sino como si uno fuera tendero, empleado o cualquier cosa. Vivir… vivir por completo al margen de la literatura y de los literatos.”</p>
<p>	Además de lo que hace y piensa el protagonista, Silvio Astier, el lector conoce las calles que aquél frecuenta, los <em>conventillos </em>(inquilinatos) en que vive, las pensiones que le sirven de refugio, el pésimo café que toma y la temperatura que se percibe al sentarse en una <em>vereda </em>(andén). Lo mismo que ocurrirá después con los protagonistas de sus otras dos novelas, Augusto Remo Erdosain y Estanislao Balder. Arlt no hace sociología o psicología sobre la ciudad: simplemente, allí nace, convive y conversa con toda los alienados que están, no que viven, en todas aquellas prisiones de hoy llamadas ciudades.</p>
<p>	“El alma” de estas fue definido por Arlt como el depósito de sucios comerciantes (suerte de pleonasmo), anónimos empleados e insensibles burgueses “que se pasaban la vida escudriñando con goces malvados la intimidad de sus vecinos, tan canallas como ellos, regocijándose con palabras de falsa compasión de las desgracias que les ocurrían a éstos, chismorreando a diestra y siniestra de aburridos que estaban… bajo cuyas cataduras enfáticas veía alzarse <em>el alma de la ciudad</em>, encanallada, implacable y feroz como ellos”.</p>
<p>	La ciudad de <em>El juguete… </em>que al comienzo atrae y seduce por lo inexplorada y misteriosa, donde aún se puede ser un bandido de alta escuela como Rocambole, un poeta genial como Baudelaire, un ingeniero como Edison o un general como Napoleón, pronto es motivo de angustia y de humillación. En uno de sus cuatro capítulos, <em>Los trabajos y los días</em>, el más desesperanzador, Silvio se ve obligado a acarrear los trastos de la mujer de su patrón, don Gaetano. E. Martínez Estrada, autor de <em>Radiografía de la pampa </em>y <em>La cabeza de Goliath</em>, sintetiza la tragedia del citadino cual si fuera Arlt:</p>
<p>	“Me es fácil pensar que todos estamos presos, aunque el guardián haya desaparecido hace años o siglos. Nos encerró a todos y se fue o se murió. Hizo la ciudad y nos metió dentro con la consigna de que no nos marchásemos hasta que volviese. Después se olvidó de volver y nosotros de irnos.”</p>
<p>	Los personajes de Arlt intentarán romper los barrotes de la cárcel de hierro y <em>portland</em>, fugándose al campo (como Onetti en <em>Tiempo de abrazar</em>), soñando la evasión, destruyendo la sociedad y finalmente suicidándose, como lo hará Erdosain (1978: 390). Como se ha visto, el ingreso de Arlt a la literatura fue difícil: el dolor y la incertidumbre fueron las constantes compañías hasta su definitiva afirmación en dicho terreno. Su inmensa valía aún no se reconoce… y se le estigmatiza por “escribir mal”. Sábato:</p>
<p>	“Es que para admirar se necesita grandeza, aunque parezca paradójico. Y por eso tan pocas veces el creador es reconocido por sus contemporáneos: lo hace casi siempre la posteridad o, al menos, esa especie de posteridad contemporánea que es el extranjero. La gente que está lejos. La que no ve cómo tomás el café o te vestís.”</p>
<p>	A la que no le importa, agrego, si escribís con mala gramática… porque si no el genio del cine y de la vida A. Tarkovski, de una vez por todas zanja el lío a favor de R. Arlt:</p>
<p>	“… mi experiencia de entonces probó una vez más la imposibilidad de aprender en una universidad cómo se llega a ser artista. Porque para ser un artista no basta con aprender algo, con llegar a dominar unas técnicas profesionales, unos procedimientos. Aún se puede ir más lejos: para escribir bien —como dijo alguien— hay que olvidar la gramática.” (20)</p>
<p>	De tales vicisitudes dio testimonio el propio Arlt, con esa mixtura de lucidez y desgarramiento que gobernó la mayoría de sus actos:</p>
<p>	“He llorado hasta por las calles al pensar en el desastre que era mi vida cuando todos los acontecimientos exteriores sólo debían proporcionarme felicidad, orgullo y alegría. Soy el mejor escritor de mi generación y el más desgraciado. Quizá por eso sea el mejor escritor.” (Carta a su hermana y a su madre, c. 1929, citada por Mirta Arlt y Omar Borré).</p>
<p>	Así, no pueden desconocerse ciertos aspectos autobiográficos, por ejemplo, los sueños de inventor de Arlt, que guardan estrecha relación con Astier, luego con Erdosain: inventos que encierran la ilusión de ser admirado, elogiado, de no morir y eternizarse:</p>
<p>	“No me importa no tener traje, ni plata ni nada —y casi con vergüenza me confesé: lo que yo quiero es ser admirado de los demás, elogiado por los demás. (…) ¡Ah, si se pudiera descubrir algo para no morir nunca; vivir aunque fuera quinientos años!”, exclama Astier en el tercer capítulo, titulado <em>El juguete rabioso</em>, el súmmum de la reflexión, de la inacción (Bruguera: 134).</p>
<p>	Luego vendrá <em>Judas Iscariote</em>, el capítulo de la iniquidad, la traición, que sucede, tratándose de hombres, invariablemente a la amistad de Silvio y el Rengo, otro de los tantos <em>señalados de Dios</em> arltianos. Distintos hechos se presentan en <em>El juguete…</em>: la mención de una sociedad para delinquir, el <em>Club de los Caballeros de la Media Noche</em>; el imaginario incendio de la librería; el robo a la biblioteca; la disolución del Club; el constante cambio de oficio por Silvio, malestar que rebasa lo físico; su cambiante visión del mundo y de los que lo pueblan; su fallido ingreso a la Escuela Militar de Aviación, de donde lo echan porque, dice un oficial, “aquí no necesitamos gente inteligente sino brutos para el trabajo”; y, sobre todo, el diálogo entre Silvio y un travesti que algún crítico vio como “una forma de cópula y así parece comprenderlo Arlt, que (sic) coloca la relación en una hermosa filiación poética”. Hay filiación poética pero nunca una… apenas la tolerancia de Arlt hacia el Otro, inusual para la época, como lo dice cualquier tango: una de las primeras inclusiones de un homosexual en la historia de la literatura argentina.</p>
<p>	<em>El juguete… </em>no encierra toda la problemática socio-económica, política ni cultural de su época (no es tratado de sociología), tampoco <em>Los siete…-Los lanza… </em>ni <em>El amor brujo</em>: aspirar a tal despropósito sería negar de plano su autonomía literaria, su carácter artístico. <em>El juguete… </em>es la patética e injusta historia del hombre que ante la prueba constante de que su lucha no es un arma efectiva para cambiar el mundo, se pasa la vida pensando vivir, rumiando el descontento, exorcizando fantasmas y demonios al escribir y tratando de volver sus obras acción, para al final comprobar que no se avanzó, que se patina y a la postre, no se es más que un simple juguete: rabioso y todo, pero juguete al fin… “Somos juguetes de poderes extraños”, dijo Marx.</p>
<p>	<strong>IV &#8211; La balada de los siete locos&#8230; El tango de los lanzallamas&#8230;</strong></p>
<p>	En la <em>aguafuerte Los siete locos</em>, Arlt describe la necedad de un lector que le escribe, ya enterado de la publicación de su novela: “Como dispongo de poco dinero para invertir en libros, le agradecería me diera algunos datos respecto a ella, para saber si vale o no la pena de gastarse el tiempo y unos pesos en su lectura”, expone el atrevido personaje. Y Arlt con transparente honestidad (la que no tuvo cuando le regaló la novela a su esposa y le arrancó la primera página… dedicada a Maruja Romero: 2000: 199) le replica:</p>
<p>	“Dudé un momento. Luego me dije que, habiendo hablado de tantas obras ajenas, bien tenía el derecho de explicar lo que era lo mío. Además, si hay gente que se conforma con conocer el argumento de una novela, sin tomarse el trabajo de leerla, ni gastar unos centavos en adquirirla, les regalaré a mis lectores ese argumento que va franco de porte. El plazo de acción de mi novela es reducido. Abarca tres días con sus tres noches, se mueven, aproximadamente, veinte personajes. De estos veinte, siete son centrales, es decir, constituyen el eje del relato. Siete ejes, mejor dicho, que culminan en un protagonista, Erdosain, verdadero nudo de la novela.”</p>
<p>	Y enseguida hace la descripción de los personajes, ya adelantada aquí: individuos canallas, tristes y viles soñadores unidos entre sí por la desesperación. Y cita como origen de esta a la   I Guerra Mundial, hecho que ha ocasionado un vuelco en sus conciencias y los ha dejado vacíos, sin ideales ni esperanzas. Refiere luego la trama:</p>
<p>	“El argumento es simple. Uno de los personajes, llamado el Astrólogo, quiere organizar una sociedad secreta para revolucionar y quebrantar el presente estado de cosas. Para llevar a cabo su proyecto necesita dinero. En estas circunstancias, Erdosain le ofrece el medio de adquirirlo. Se trata de secuestrar a un pariente que lo ha abofeteado.” (Aquí se refiere a Barsut, primo de Elsa, esposa de Erdosain). “Lo narrado abarca la primera jornada de la novela. En la segunda jornada se lleva a cabo el secuestro del personaje, y la tercera parte, o la última noche y su día, abarcan la vida interior del personaje antes de cometer el crimen, o de permitir que se cometa.”</p>
<p>	Lo que Arlt sí se cuidó de contar al osado lector fue que la revolución se financiaría a través de prostíbulos en todo el país, hecho de por sí genial en la obra. Esta, está contada siempre en tercera persona pero el narrador, aun omnipotente, no maneja a su antojo a los personajes. Al contrario, Arlt se vale de un truco para concederles mayor independencia, potencia y verosimilitud frente al lector: el narrador que al comienzo no tiene credencial específica, más tarde se presenta como <em>comentador,</em> <em>autor, cronista,</em> <em>comentarista</em>. Arlt proyecta un doble efecto de ensimismamiento y enajenación: por un lado, se aleja de la materia narrada, en una suerte de distanciamiento pre-brechtiano y a la vez de búsqueda interior; por otro, busca en el exterior, de ahí enajenado, e involucra al lector en una historia digna de aceptación o de rechazo total, no de tratos a medias (así aquí no piense para nada en la actitud que no prospera: “Los tratos a medias son la antesala de la traición”, señala el Che). Como decía Arlt: “Entre los ruidos de un edificio social que se desmorona inevitablemente, no se puede pensar en bordados.”</p>
<p>	Considerando al ser la materia básica de la narrativa arltiana, su máxima preocupación, al personaje la pieza fundamental del engranaje fictivo (relativo a la ficción, no ficticio) que presenta a las claras dos aspectos inherentes a él, el asunto del desdoblamiento o del doble (<em>döppelganger </em>dice Cortázar) y las particulares exigencias relativas a los nombres propios, resulta válido citar un par de textos que viene a reforzar la tantas veces aludida correspondencia autor-personajes, para después referir la singular elección de sus nombres. En <em>Estados de conciencia</em>, intertítulo del capítulo 1º de <em>Los siete locos</em>, tan pronto se menciona a Erdosain y a su <em>zona de angustia</em>, él mismo se cuestiona:</p>
<p>	“¿Qué es lo que hago con mi vida?, decíase entonces, queriendo quizás aclarar con esta pregunta los orígenes de la ansiedad que le hacía apetecer una existencia en la cual el mañana no fuera la continuación del hoy con su medida de tiempo, sino algo distinto y siempre inesperado, como en los desenvolvimientos de las películas norteamericanas, donde el pordiosero de ayer es el jefe de una sociedad secreta de hoy, y la dactilógrafa aventurera, una multimillonaria de incógnito.” (Obra Completa: 121)</p>
<p>	Y casi enseguida, obligándolo a reflexionar sobre la estafa a la Compañía Azucarera, el narrador señala: “Y lo asombroso para Erdosain no consistirá en el robo sino que no se revelara en su semblante que era un ladrón”. De igual manera, en <em>El humillado</em>, después de los comienzos del “trabajo de humillación” de Erdosain por parte de su padre, se lee:</p>
<p>	“Y ahora —repuso el capitán— ¿yo también lo hundo? — No hombre, usted no. Naturalmente, he sufrido tanto, que ahora el coraje está en mí encogido, escondido. Yo soy mi espectador y me pregunto: ¿Cuándo saltará mi coraje? Y ese es el acontecimiento que espero. Algún día algo monstruosamente estallará en mí y yo me convertiré en otro hombre. Entonces, si usted vive, iré a buscarle y le escupiré en la cara.”</p>
<p>	En una carta a su hermana Lila, Arlt pone en evidencia los ecos autobiográficos que subrayan el impacto del fragmento anterior:</p>
<p>	“Yo no puedo vivir así. Yo tengo que realizar una gran obra, tengo que vivir tranquilo, necesito a mi lado alguien que me quiera… No hay un solo crítico de mi libro que no haya escrito: lo grande de ese libro es el dolor que hay en Erdosain. Pensá que yo puedo ser Erdosain, pensá que ese dolor no se inventa ni tampoco es literatura. Roberto, 1930. (2000: 206)</p>
<p>	El tema del desdoblamiento se extenderá a <em>Los lanzallamas</em>: cuando Erdosain piensa en sus <em>amores</em>, se lee: “A momentos un suspiro ensancha su pecho. Vive simultáneamente dos existencias”… “una espectral”… “y después otra, la de sí mismo”… una vez más, sólo que a la inversa, enajenación y ensimismamiento. En cuanto a los nombres, puede decirse que, a diferencia de <em>El amor brujo </em>(reminiscencia del ballet y/o suite de M. de Falla, deja adivinar una <em>aguafuerte española</em>), mas no de <em>El juguete,</em> a todas luces un hombre no un objeto, las dos partes de la novela llevan títulos abiertamente alusivos a personajes: <em>Los siete locos </em>y <em>Los lanzallamas</em>. En todos los casos se confirma la tendencia, propia del oficio periodístico, de calificar desde el título para que el lector sepa en qué terreno pisa. Con este anuncio, puede entrarse en contacto con quienes llaman mucho la atención no sólo por la rareza de sus nombres sino por su misma composición: Erdosain, Ergueta, Haffner, Bromberg y, antes, en <em>El juguete…</em>, Astier, así como, después, en <em>El amor brujo</em>, Balder, seis personajes en los cuales es notoria la repetición del segmento ER que, cómo no, corresponde a Roberto, nombre del autor.</p>
<p>	Ahora, Barsut tiene tres de las cuatro letras del apellido Arlt mientras el Astrólogo, sólo llamado así, las tiene todas. Por último, el <em>verdadero nudo de la novela</em>, Erdosain, cuyos nombres de pila son Augusto, por el primer <em>César </em>(no nombre sino título honorífico) y su más célebre Emperador; y Remo, por uno de los fundadores de Roma según la leyenda, aunque hoy se diga que sólo Rómulo la fundó. No constituye novedad, pues, que en un desdoblamiento Erdosain se autodenomine <em>Emperador</em> (21); así como es bien significativo que en él, que viene de un asesinato y va hacia otro, se reúnan el verdugo y la víctima. Todo lo anterior cobra sentido si se revisa su apellido: la terminación <em>sain</em>, francesa, significa <em>sano</em>, otro desdoblamiento, ligado a cuerdo, queriendo expresar para el solitario, el angustiado, el criminal, aquello que Arlt mismo expone con tanta precisión y seguridad: “… estos demonios no son ni locos ni cuerdos. Se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles.”</p>
<p>	De los citados, los que menos se prestan a la manipulación de la crítica, por su sólida presencia, por anti-héroes, son Astier y Erdosain. Ambos esgrimen la espada de la imaginación para rechazar los signos de la realidad que les son impuestos; descubren mediante el robo, la significación del dinero (a la vez que, con los actos de ellos, Arlt devela el valor de la escritura auto-consciente), Silvio, en el robo a la biblioteca, Remo, en la estafa a la Compañía; a través de su oficio de inventores, expresan el asco por la estrangulación de las coronarias sociales que les dan puñaladas en el pecho. Nacidos en estratos similares, frecuentan espacios ídem, dibujan iguales cuadros de costumbres, son parte involuntaria de la misma ciudad, comparten sus principios, se comunican en la misma jerga, practican actos gratuitos parecidos. Por último, Erdosain siente la amenaza y la condena de una soledad ya presentida por Silvio. Que es la misma del autor. Entonces, en <em>Los lanzallamas</em>, texto que ya desde las Palabras del Autor simboliza el resentimiento, el rencor, de Arlt, la respuesta natural a tanto atropello… ya no sólo <em>privilegio</em> de los argentinos, Erdosain, en charla con Luciana, la <em>linda doncella</em> a la que se da el lujo de rechazar en <em>El pecado que no se puede nombrar</em>, llega a una conclusión:</p>
<p>	“— El alma de nuestros semejantes es más dura que una plancha de acero endurecido. Cuando alguien te diga: he entendido lo que usted me dice, no te ha entendido. Esa persona confunde lo que en la superficie de su alma se refleja con la penetración de la imagen en el alma. Es lo mismo que una plancha de acero endurecida. Espeja en su superficie pulimentada las cosas que la rodean, pero la sustancia de las cosas no penetra en ella… Y nosotros, que estamos afuera, lo vemos.” Obra Completa: 451; 1978: 323)</p>
<p align="center"><strong>V &#8211; El amor brujo o la suite de la queja&#8230;</strong></p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>	La tercera, entre cuatro títulos, y última novela de Arlt, publicada en 1932, ha corrido la misma suerte de <em>El juguete…</em>: el desdén de la crítica. Algunos la quieren ver como un simple y estúpido alegato contra la moral burguesa; otros, como un inofensivo dardo lanzado a la arquitectura de Buenos Aires. Sobre lo primero, Arlt ironiza sobre la familia nuclear y monogámica de la época, con lo que de paso desafía la rigidez de la estructura eclesial. Sobre lo segundo, lo que interesa es modernizar, transformar la ciudad. Eso es lo que busca Estanislao Balder, ingeniero de 30 años, casado con una mujer a la que no quiere, Elena, inventor a medias, “de aspecto derrotado”, perdido en medio de la ciudad y de sus habitantes. Balder conoce a Irene, colegiala de 18 años, estudiante de piano del conservatorio, en la estación férrea de Retiro. Luego de acompañarla adonde vive, Tigre, así como de otro furtivo y apresurado encuentro y cuando siente que ha encontrado un amor único, pierde todo contacto con ella. No se anima o no desea volver a verla. Renuncia a hacer algo por ubicarla y simplemente espera que <em>un acontecimiento extraordinario se produzca</em> y cambie su existencia.</p>
<p>	Más o menos dos años después, una amiga de Irene, Zulema, lo telefonea para decirle que han dado con él por azar, gracias a un reportaje que publicó un diario… diario en el que venía envuelto el pan a la casa de Irene. Vuelven, entonces, los reencuentros aunque esta vez más sensuales. Irene asegura que es virgen y Balder, por ende, se cuestiona si confesarle o no que es casado. A la postre, se lo dice: luego de una corta escena, Irene lo acepta así… y hasta con un hijo de seis años. Comienza pues una etapa en la que el romance se ajusta a la situación, lo mismo que la madre de Irene, la señora Loayza. Pero, para esa época, ya está clara la política de la familia, lo que haría cualquiera de hoy: conseguir que Balder abandone a su esposa, se divorcie y se case con Irene. Así pasa el tiempo, mientras ésta no resuelve, ya no como hoy, entregarse sexualmente a Balder y éste no se decide a pedir el divorcio. Finalmente, y argumentando como excusa que Irene se le ha entregado y que él pudo así comprobar que ella no era virgen, rompe la relación. No obstante, el final de la novela… Aunque algunos críticos digan que la historia es simple, ingenua y hasta soporífera, pocas veces se puede encontrar una crítica más abierta y mordaz a la institución familiar y a la vida y a la moral burguesas. No en vano, <em>El amor brujo </em>fue escrita dentro del régimen castrense del general Uriburu que tumbó a Yrigoyen, circunstancia que Arlt aprovecha para exaltar irónica y ferozmente los valores tradicionales del militarismo, al que repudiaba con odio jarocho.</p>
<p>	En 1932 el problema de la ciudad se había vuelto una obsesión para Arlt y por eso no es gratuito que el protagonista sea ingeniero con ínfulas de arquitecto. Cabe recordar que Erdosain también había soñado en construir ciudades fantásticas, pero esos sueños son de un aficionado, mientras Balder es un… La diferencia esencial entre uno y otro es que éste no desea destruir la ciudad sino que busca la mejor vía para “transformarla, modernizarla”. Se enoja más contra “los arquitectos de esta ciudad sin personalidad” que contra la urbe, porque, insiste, “en este país no existían arquitectos”. Y luego dirá: “Oh, ya lo verían, cuando entrara en acción. Su proyecto consistía en una red de rascacielos en forma de H, en cuyo tramo transversal se pudieran colgar los rieles de un tranvía aéreo. Los ingenieros de Buenos Aires eran unos bestias. Él estaba de acuerdo con Wright”. Pero, el valor de la novela no reside en sus teorías arquitectónicas, quiméricas por cierto, sino en cómo es la ciudad que <em>martiriza </em>a sus habitantes. Esperando el <em>suceso extraordinario</em>, Balder, <em>magíster</em> en pereza e inacción, casi termina por rendirse al hechizo de la vida burguesa que tanto detesta, casi es víctima del síndrome de esto-es-el-colmo. Balder no buscará solucionar nada: se contentará con escribir en el aire la suite de la queja y el ensueño. Al final, se halla donde había comenzado y sin salida. <em>El amor brujo </em>podría interpretarse como la triste constatación de que el hombre se puede pasar la vida entera haciendo exactamente todo lo contrario de lo que le gustaría hacer… pero, lo hace a gusto, abrigando la eterna esperanza de que lo que está haciendo es realmente lo que siempre quiso hacer…</p>
<p>	<strong>VI – R. Arlt: El drama del escritor y de la literatura moderna… </strong></p>
<p>	Al igual que en la de su “socrático demonio” Baudelaire, ya en la cruel y desdichada vida de Arlt se acentúan el drama del escritor y de la literatura moderna: hecho que se refleja en la carencia económica, el despotismo del padre, el filisteísmo social reinante y, desde luego, la enfermedad: Arlt, por bronco-neumonía, también estuvo un tiempo en el sanatorio de Cosquín, llamado, curioso, <em>Santa María</em> (22), como Onetti bautizó a su ciudad literaria: algo que no se puede despachar así nomás dada la presencia de la enfermedad tanto en la vida real de Arlt como en la literaria de Onetti (<em>El Astillero</em> y <em>Juntacadáveres</em>). Al igual que los personajes de Kafka, los de Arlt encarnan a individuos radicalmente diferentes del común, a los que apenas se considera como semejantes e intentan, fracasando, integrarse a una sociedad excluyente, judeo-cristiana y más que eso despiadada, satisfecha, cerrada. El padre de Arlt, Karl, sucumbe en su intento de educarlo bajo el molde germano aunque pueda tener claro que en su medio nadie triunfa si no habla la lengua <em>padre</em>, que quizás considera de las clases dirigentes, la única que permite el acceso a las carreras liberales o administrativas o determina posiciones y jerarquías. No obstante, como dijo mi hija Valentina en sentido y elocuente texto dedicado a su querida madre, Mª del Rosario: “Pero todos ya sabemos/ que de los hijos no somos dueños/ y debemos dejarlos adquirir/ experiencia con sus esfuerzos.” En tal sentido, Arlt le recordó a su padre el préstamo filial y se fue por la vía del arte y de la literatura en particular. Como buen observador, fue también un avezado <em>pintor</em> y un arquitecto aficionado que reflejó como nadie a su ciudad por medio de esos sucedáneos del diseño-plano-arquitectura que son las palabras. En respuesta a su medio familiar, navegará en las torrentosas e inciertas aguas de la indeterminación entre vertientes culturales: la alemana del padre bismarckiano; la italiana de la madre semi-campesina-citadina; la local bonaerense, con su jerga multiorigen y en la que manda sobre el mal español el buen lunfardo. Arlt, termina siendo un escritor que re-crea el lenguaje vivo, que es acción como reflejo inmediato de la realidad circundante. Lo que se puede inferir de quien dijo: “Se puede deducir todo el estado mental de una época por ciertos giros del idioma.” Siempre se le endilgó su falta de estilo; empero, sostiene Rose Corral (23):</p>
<p>	“Su defensa de lo que concibe como ‘estilo’, en contra del lugar común, es en el fondo otra forma de defender lo que entiende por una literatura nueva, acorde con los tiempos, una literatura viva que choca ‘con la estupidez ambiente’ y que hace que ese escritor se sienta incluso como un ‘extranjero en su propia patria’.” Y cita a Arlt: “La mayoría de los hombres llevan en su interior monstruosas arquitecturas de juicios, construidas con ladrillos amasados de barro de lugares comunes, y la grosera fábrica en la cual habitan intelectualmente se les antoja lujoso palacio. Cuando otro hombre cuyo idioma no está ensamblado de lugares comunes les expresa realidades espirituales o psicológicas diferentes a las que ellos están acostumbrados a reverenciar, se les antoja que están escuchando a un ladrador de injurias y entonces odian atrozmente al hombre que, por no expresarse con frases hechas, ofende sus convicciones con la <em>fortaleza del estilo</em>.” (Subrayado de Rose Corral).</p>
<p>	Y en cuestiones de religión… ante la falta de un credo, Arlt optará por la, para él, clara y evidente, no clarividente, salida del ocultismo. Es decir, a la ceguera de la fe (“Fe es una creencia en la falta de evidencias”, Carl Sagan) opone la fe de lo que nunca se sabrá… Por momentos debió sentirse tan diferente a los de su comunidad como Kafka de la suya: “Qué tengo en común con los judíos. Apenas si tengo algo en común conmigo mismo, y debería meterme en un rincón, en completo silencio, contento de poder respirar.” (24) De modo parecido a Kafka, que no pudiendo asimilarse a los alemanes ni a los checos tampoco puede sentirse judío, Arlt, en su condición de no creyente, no ateo, salvo en causas anarquistas y socialistas, como Kafka, será siempre arquetipo de la inconformidad. Una versión anticipada del cinematográfico <em>hombre que no estuvo allí</em>… ni en ningún otro lugar. Ni alemán ni italiano, ni judío ni católico, ni creyente ni ateo, Arlt será, en últimas, un inconforme por la impotencia, un hombre que extrae su fuerza de la debilidad, que en el poder de la palabra ve reflejado el poder del dinero, pero que ante la falta de este sólo puede ver en la palabra el recurso ante la impotencia… Como deja claro, en esa suerte de intertextualidad vital, Estanislao Balder en <em>El amor brujo</em>: “Mi propósito es evidenciar de qué manera busqué el conocimiento a través de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompañó hora tras hora.” Frase con la que deja sentada su condición de escritor metafísico, de hombre inconforme, de artista descolocado, aunque por lo mismo consciente tanto de su debilidad, de su fortaleza, como de su auto-referencia literaria. Se ha dejado para esta parte, de manera deliberada, el criterio de Noé Jitrik a refutar:</p>
<p>	“Creo que no se puede entender la obra de Roberto Arlt si, al mismo tiempo, no se hacen otras lecturas: la primera es la del contexto político-social argentino; (…) la segunda, invita a una diversificación textual: el sainete y el teatro culto, el lunfardo y los intentos de una literatura popular, la poesía de vanguardia, el tango, la arquitectura, el cine, la radio, la industria, la comicidad, el fútbol y el box, la delincuencia y otros”.</p>
<p>	Respondiendo a Jitrik, la literatura no tiene objeto concreto, propósito definido. La literatura ya creada no obedece a intenciones sino produce efectos: el escritor debe prescindir del ánimo de persuasión. Su única seguridad debe ser la de vivir anclado en la duda pues lo que es o puede ser <em>verdad</em>, brota de la escritura antes que de querer sembrarlo en ella. Así, el escritor jamás escribe para probar algo; narra o cuenta historias pero no hace Historia; antes que reflejar la realidad, explora la existencia. Su obra trasciende el mundo de las ideas para llevar al lector hacia el lugar de la verdad. Una, más perceptible que demostrable. Esta, se le deja a jueces, abogados, políticos. Por eso, poco importa que para Cortázar, Arlt tuviera <em>escasas ideas</em>. Al cabo, ellas no están donde reposan las verdades fundamentales: entre poetas, escritores, artistas.</p>
<p>	Ahora, la cita a las distintas disciplinas es circunstancial: a Arlt no le interesaba alardear de su <em>weltanschauung </em>(diría Cortázar): estaba en otras cosas… Sin olvidar a Rulfo, Onetti, Marechal, Di Benedetto, Miller, Camus, Svevo, Hesse, Dostoievski, Melville, Kafka, Conrad, Baudelaire, De Quincey, Ellison, Kúndera, pocas veces en la literatura problemática, que hace énfasis en la dificultad y no en el juego sin olvidarse del juego, en la existencia y no en las palabras sin olvidarse de las voces, en la preocupación y no en la indiferencia sin olvidarse de las diferencias, en la desnudez y no en el artificio sin olvidarse de la fantasía y cuyo acento es metafísico antes que estético, al contrario de la gratuita, pocas veces se encuentra un autor de la talla de Arlt, Padre no sólo de la Generación Intermedia sino de la moderna literatura argentina.</p>
<p>	Si acaso Arlt buscó algo con su literatura, no fue llenar a nadie ni complacerlo, sino desocuparse él mismo. Tampoco, congraciarse… apenas expresarse. Y a través de ello evitar hundirse en la amargura, zona de pestilencia en la que su padre lo hundió desde la infancia. Su obra, por contraste, ha quedado como una de las experiencias literarias más reveladoras, honestas e inquietantes. Una obra directa, sin afeites, desgarradora, la de un gran hombre que escribe, no un simple malabarista de la palabra. La que para Arlt fue siempre el recurso ante la impotencia… Esto fue escrito inicialmente en 1991. 20 años después, en <em>El paisaje en las nubes</em>,<em> </em>una coincidencia me sacudió. Rose Corral anota:</p>
<p>	“Y Arlt agrega: ‘Y la palabra se descubre tartamuda, impotente’. El nazismo establece entonces una línea divisoria, una frontera, y funciona como un parteaguas que congela la palabra, la silencia. Arlt anticipa en 1940 ideas que aparecen después del final de la guerra, cuando se mida la magnitud del horror. Su nota concluye insistiendo en la impotencia de la palabra para aludir al momento presente: ‘Para este momento de vida que ya no es vida, sólo agonía, ¿qué estilo, qué palabra, qué matiz, qué elocuencia, qué facundia, qué inspiración dará el ajustado color? No sé, creo que en la misma tintorería del infierno, donde un diablo pintor combina los colores que con más precisión expresan la máxima crueldad del hombre, el matiz que puede expresar este momento aún no ha sido hallado. Tan lejos él avanzó en el crimen’. (2009: 32-33).</p>
<p align="center"><strong> </strong></p>
<p>	<strong>VII &#8211; A manera de epílogo&#8230;</strong></p>
<p>	En conclusión, Arlt termina encarnando, sin querer, a la manera de sus ídolos Conrad, Baudelaire, Dostoievski, Kafka, De Quincey, la palabra como recurso ante la impotencia… Arlt podría suscribir las palabras de Baudelaire: “Las naciones tiene grandes hombres a su pesar. De modo que el gran hombre es vencedor de toda su nación.” Y eso es cierto de cara al Arlt de <em>El juguete… Los siete locos </em>y <em>Los lanza…, El amor brujo</em>; de algunos dramas: <em>La isla desierta, Prueba de amor,</em> <em>300 millones</em>; de los cables intervenidos de <em>El paisaje en las nubes</em>. Como señala Eduardo Mallea el día 27 en <em>La Nación</em>, al partir el 26 julio 1942: “Muere con Roberto Arlt uno de los auténticos escritores que nuestra tierra literaria ha suscitado, uno —pese a su juventud— de los verdaderos eminentes.” También muere con él el afán de conocer los alcances de la destrucción y el exterminio de ese que llamó <em>crepúsculo del siglo XX</em>, aunque nadie podría negar su, ahora sí, clarividencia para proyectar la crueldad, la perversión de los elementos del crimen y no tanto <em>de las fuerzas en juego</em>. Aunque sostenga: “Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un ‘cross’ a la mandíbula”, una literatura que penetra sin titubeos las mazmorras del mal, las fuerzas negativas de su época, ante la Europa devastada que ve hundir, Arlt “inicia una reflexión sobre la escritura y sus límites, y esboza una imposibilidad, la de decir”, dice Corral (2009: 33).</p>
<p>	No obstante, tal imposibilidad ya la había esbozado cuando escribió esa novela-sismo <em>Los siete locos</em>, en la que como en ninguna otra tiene un poder de adivinación tan aplastante, para prever el golpe del 30, que derribó a Yrigoyen y subió a Uriburu, y exhibe una capacidad inusual de análisis socio-político para mostrar a las lacras que junto a los milicos han corroído las bases de la sociedad, los políticos, siempre subordinados a los zarpazos de los gringos y a los de los partidos, tal como el Mayor dice en <em>La farsa</em>, con lo cual se evidencia que Arlt no ha terminado de desarrollarse:</p>
<p>	“— El ejército es un estado superior dentro de una sociedad inferior, ya que nosotros somos la fuerza específica del país. Y sin embargo, estamos sometidos a las resoluciones del gobierno… Y el gobierno, ¿quién lo constituye?&#8230; el poder legislativo y el ejecutivo… hombres elegidos por partidos políticos informes… ¡y qué representantes, señores! Ustedes saben mejor que yo que para ser diputado hay que haber tenido una carrera de mentiras, comenzando como vago de comité; transando y haciendo vida común con perdularios de todas las calañas, en fin, una vida al margen del código y de la verdad. No sé si esto ocurre en países más civilizados que los nuestros, pero aquí es así. En nuestra cámara de diputados y de senadores, hay sujetos acusados de usura y homicidio, bandidos vendidos a empresas extranjeras, individuos de una ignorancia tan crasa, que el parlamentarismo resulta aquí la comedia más grotesca que haya podido envilecer a un país. Las elecciones presidenciales se hacen con capitales norteamericanos, previa promesa de otorgar concesiones a una empresa interesada en explotar nuestras riquezas nacionales. No exagero cuando digo que la lucha de los partidos políticos en nuestra patria no es nada más que una riña entre comerciantes que quieren vender el país al mejor postor.”</p>
<p>	Y luego de este que parece un retrato de Colombia o México, la <em>Nota</em><em> del comentador</em>:</p>
<p>	“Esta novela fue escrita entre los años 28 y 29 y editada por la editorial Rosso en el mes de octubre de 1929. Sería irrisorio entonces creer que las manifestaciones del Mayor hayan sido sugeridas por el movimiento revolucionario del 6 de setiembre (sic) de 1930. Indudablemente, resulta curioso que las declaraciones de los revolucionarios del 6 de setiembre coincidan con tanta exactitud con aquellas que hace el Mayor y cuyo desarrollo confirma numerosos sucesos acaecidos después del 6 de setiembre.” (1978: 105)</p>
<p>	Si Arlt hubiera conocido el Congreso de Colombia tal vez hubiera muerto a futuro, como en un cuento fantástico pero real, entre 2002 y 2010… porque pese a los perdularios de todas las calañas que trató… Mancuso, <em>Jorge 40, Macaco, El Alemán</em>, C. Castaño, <em>H. H.</em>, <em>Don Berna, Don Diego, El Iguano</em>,<em> </em>Hernán Giraldo y por ahí ultra-derecho Á. Uribe, S. Pretelt, D. Palacios, C. M. Velásquez, B. Moreno, L. C. Osorio, J. Noguera, R. A. del Río, José M. Narváez, lo hubieran eliminado. Así que, menos mal, por no haber caído en las garras de semejantes <em>para-tesoros</em>… Con lo cual, de paso, no pudo ser echado al <em>Absolvedor</em>, a una jaula de leones, a un horno crematorio. Se les fue antes, muerto de risa por el mismo mal que sacó a sus criaturas: infarto fulminante. Como es su literatura, la que jamás va a morir, ni siquiera de infarto… Aún Arlt sigue desarrollándose, pese a todo y todos, incluidos militares: anarquistas, socialistas, comunistas y, ante todo, capitalistas. A cuyo sistema se remite en <em>Los lanzallamas</em>:</p>
<p>	“Ningún sistema de gobierno capitalista puede resolver los problemas económicos que cada año aumentan de gravedad. El capitalismo de estos países es tan ingenuo que cree poder hacerlo… Fracasará. Ha fracasado con la democracia; ahora tiene que fracasar con la dictadura. Es lo mismo que pretender curar la sífilis con agua destilada.” (1978: 244)</p>
<p>	Arlt ya en 1928 había previsto la burla de Estados Unidos en torno a los procesos democráticos, sin que el godito Borges hubiera formulado aún su hilarante, irónica e irrefutable definición de democracia: “Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.” Y Arlt lo hace refiriéndose a los casos de Panamá y México:</p>
<p>	“¿Usted cree todavía en la democracia? Escúcheme. Cuando los norteamericanos provocaron la independencia de Panamá para apoderarse del territorio en el que iban a trazar su canal, años más tarde dijo Roosevelt, en un discurso que pronunció en Berkeley, California: ‘Si yo hubiera sometido mis planes a los métodos conservadores (es decir, democráticos), hubiera presentado al Congreso un solemne documento oficial, probablemente de doscientas páginas, y el debate no habría terminado todavía. Pero adquirí la zona del canal y dejé al Congreso discutir mis procedimientos, y mientras el debate sigue su curso, el canal también lo sigue’. Estimado doctor, si esto no es burlarse cínicamente de los procedimientos democráticos y de la ingenuidad de los papanatas que creen en el parlamentarismo, que lo diga Dios. — No se puede generalizar sobre un solo hecho. — Magnífico. Usted quiere una colección de hechos que le demuestre que EE.UU (nos referiremos a EE.UU porque estamos en América) es el país más antidemocrático que existe. Bien… ¿Puede decirme, querido amigo, qué calificativo merece la conducta yanqui o la de los bandidos capitalistas yanquis en la América Central? Ríase, ríase usted de los bandidajes de Pancho Villa. Todos esos granujas son unos tiernos infantes junto a las empresas que han provocado la revolución de Panamá. Si pasamos de Panamá a México, encontramos una serie de revoluciones provocadas por la presión del señor Doheney, representante del grupo capitalista en México. Al señor Doheney lo apoyaba el evangélico Wilson. Como los ingleses tenían intereses petrolíferos y apoyaban a Huerta, enemigo de los capitales yanquis, ¿qué hizo el gobierno? Obligó a los ingleses a retirarle su apoyo económico a Huerta. Concedió a las naves inglesas derecho de tránsito sin pago de intereses por el canal de Panamá, compraron las acciones petrolíferas inglesas y se derrotó a Huerta con una revolución que se hizo con la ayuda de Carranza, que recibió armas y dinero norteamericanos.” (1978: 244-245)</p>
<p>	Los ejemplos podrían ampliarse a Rep. Dominicana, con el <em>sátrapa de sátrapas</em> Trujillo; a Guatemala, con la caída de Arbenz por invasión del Imperio; a Panamá, con la <em>muerte</em> <em>accidental </em>de<em> </em>Torrijos y el secuestro oficial-clandestino del doble agente la <em>Piña</em><em> </em>Noriega, hasta su posterior reclusión durante años en la tierra de esa otra <em>perrita faldera </em>de EE.UU, conocida con el castizo nombre de Francia. Pero, sería un asunto inacabable. Luego, Arlt vuelve sobre la táctica del capitalismo para que “el elemento ingenuo de población” agradezca al gobierno haberlo librado del “peligro comunista” gracias a la policía y demás fuerzas armadas, haciendo de paso una denuncia sobre la tortura y un balance sobre la prensa como cohonestadora del <em>statu quo</em>:</p>
<p>	“— Piense usted, querido amigo, que en los tiempos de inquietud las autoridades de los gobiernos capitalistas, para justificar las iniquidades que cometen en nombre del Capital, persiguen a todos los elementos de oposición, tachándolos de comunistas y perturbadores. De tal manera, que puede establecerse como ley de sintomatología social que en los períodos de inquietud económico-política los gobiernos desvían la atención del pueblo del examen de sus actos, inventando con auxilio de la policía y demás fuerzas armadas, complots comunistas. Los periódicos, presionados por los gobiernos de anormalidad, deben responder a tal campaña de mentiras engañando a la población de los grandes centros, y presentando los sucesos de tal manera desfigurados que el elemento ingenuo de población se sienta agradecido al gobierno de haberlo librado de lo que las fuerzas capitalistas denominan ‘peligro comunista’.” “Como le decía, la táctica del capitalismo mundial consiste en corromper la ideología proletaria de los estados diversos. Los cabecillas que no se dejen corromper son perseguidos y castigados. Las penas más leves consisten en el destierro para los inculpados, y las más graves, la cárcel, con el corolario de los tormentos policiales más extraordinarios, como ser retorcimiento de testículos, quemaduras, encierro de los inculpados en invierno en calabozos a los que se les arroja agua, quemaduras. A las mujeres de filiación comunista se les retuercen los senos, se les arroja pimienta en los órganos genitales; todos los martirios que pueda inventar la imaginación policial son puestos al servicio del capitalismo por los empleados de investigaciones de todos los países de Sudamérica.” (1978: 246-247)</p>
<p>	Pero, pese a su simpatía por ellos, ni el comunismo ni el socialismo, mucho menos los militares, salen bien librados de los juicios críticos, ecuánimes y objetivos del genio-farsante-loco-hijodeputa de Roberto Arlt; así, cuando los siete locos pretenden formar un ejército revolucionario, el Astrólogo lee un libelo:</p>
<p>	“Lo importante para nosotros es formar comunistas con práctica positiva de infantería, artillería y guerra química. Nosotros tendemos a la eliminación absoluta del revolucionario sentimental. El sentimentalismo no nos interesa. Se lo dejamos a los socialistas que son tan bestias que aún después de la experiencia de la Guerra Europea siguen creyendo en la democracia y la evolución. Esto sólo se puede llevar a cabo en el campo. Por eso me gusta el Sur. Nos disfrazaremos de chacareros, instalaremos alguna chacra colectiva, pero nuestros trabajos y nuestros alumnos se encaminarán hacia las especializaciones de guerra.” (…) “— ¿Y el dinero? — Ahí está. El dinero lo proporcionarán los prostíbulos. — Es una barbaridad.” (249)</p>
<p>	Con la idea de financiar la revolución a base en prostíbulos, Arlt pensaba trasladar a los políticos la función de putas, dejando en claro la inocencia de éstas: las que, además, se niegan a ser madres de quienes son prueba adicional de que la razón produce monstruos. Razón que, en otro sentido, tenía Kafka al decir que a partir de cierto punto no hay retorno posible: lo hecho, hecho está. En el caso de Arlt, sin que importe la gramática, con mayor razón si quedó bien escrito. Para la posteridad y para todos, fin del gran arte. El que, sin descuidar la forma, hace énfasis en el sentido. Si con esto no queda claro, a la vez, que Arlt es precursor del existencialismo, quizás deba saberse que en la década de 1970, la editorial francesa <em>Seuil </em>intentó publicar su obra completa, pero desistió al advertir que podría aparecer como antecedente del existencialismo (2000: 207): actitud vuelta ismo para que cierta nación pueda presumir de arribismo sin que nadie lo note…</p>
<p>	Pero, Arlt no fue sólo alguien que se le adelantó al existencialismo: también, a Orwell en su prefiguración del devenir mundial, del papel de los capitalistas e incluso de la Guerra Fría. Aquél no hizo futurismo en <em>1984</em> sino que retomó la historia del pasado reciente de Inglaterra para, escudándose en un hipotético futuro, desnudar la intromisión del Estado en la vida privada del individuo. Para ello habló del <em>Gran Hermano </em>(el más sin-sangre de todos) y, ahí sí, predijo el advenimiento de la sociedad de control y del bio-poder. No obstante, Arlt lo precedió en lo relativo a lo que Orwell señala sobre el papel de los capitalistas como los dueños de la tierra; todo para ellos con base en la plusvalía; la gente común, trabajadora, su esclava (<em>1984</em>, Círculo de Lectores, 1984: 85):</p>
<p>	“El pueblo vive sumergido en la más absoluta ignorancia. Se asusta de los millones de hombres destrozados por la última guerra, y a nadie se le ocurre hacer el cálculo de los millones de obreros, de mujeres y de niños que año tras año destruyen las fundiciones, los talleres, las minas, las profesiones antihigiénicas, las explotaciones de productos, las enfermedades sociales como el cáncer, la sífilis, la tuberculosis. Si se hiciera una estadística universal de todos los hombres que mueren anualmente al servicio del capitalismo, y el capitalismo lo constituye un millar de multimillonarios, si se hiciera una estadística, se comprobaría que sin guerra de cañones mueren en los hospitales, cárceles, y en los talleres, tantos hombres como en las trincheras, bajo las granadas y los gases” (1978: 246)</p>
<p>	Con lo cual Arlt se adelantó también al concepto de Guerra Fría entendida, más bien, como III Guerra Mundial: así la califica el profesor español Juan C. Monedero pues dejó más muertos que las dos primeras; según se puede inferir de la cita, Arlt coincide con el profesor en el tiempo y eso que el escritor argentino asistió, cronológicamente, sólo a parte de la II Guerra, entre 1939 y 42, lo que no obstante fue suficiente para convertirse en el Kubrick de su tiempo: lo que éste en cine con <em>Senderos de gloria</em>… aquél lo hizo a su manera en literatura: el más radical y lúcido anti-belicismo…</p>
<p>	Como lo deja ver Pablo Castriota, reseñando <em>Arlt va al cine</em>, de Patricio Fontana (25), habiendo ejercido brevemente la crítica en su fugaz paso por la sección <em>Actualidad Cinematográfica</em> de <em>El Mundo</em>, Arlt fue uno de los escritores que mejor supo observar el desarrollo del séptimo arte en la primera mitad del siglo veinte, partiendo de su interés por la diva italiana Lyda Borelli, de quien se enamoró con nueve años, hecho que el escritor proyecta en Lucio (<em>El juguete…</em>), quien tiene un afiche de la sufrida actriz en su cuarto. La postura de Arlt frente al cine como elemento de ruptura con los prejuicios de su época lo arrastró a un conflicto con el comunismo de los años 30 con el que colaboró en <em>Bandera Roja</em>, donde lo tildaban de individualista por su reivindicación del cine, <em>arte burgués</em>, desde la óptica de la izquierda argentina. Arlt cimentó esta teoría propia sobre el cine como arte revolucionario en varias <em>aguafuertes</em>, en las que observa costumbres arraigadas en los pueblos del interior, donde el cine desafía la rigidez y los prejuicios de los que los pobladores eran víctimas. No alude al potencial revolucionario de un cine político (cine de propaganda soviético o documental de Grierson) sino justo al del <em>star system</em>, el cine gringo que tanto aborrecían vanguardias e izquierda latinoamericana.</p>
<p>	Aquí Arlt coincide con E. Gómez (26), quien alude al mismo prejuicio de la RDA respecto a eliminar la lucha de clases, en un país que seguía nombrando al proletariado como clase; igual, la idealización del proletariado sirvió para reprimir intelectuales y artistas rebeldes, de estrato medio, tildados de <em>pequeñoburgueses</em> desde un supuesto <em>poder proletario</em> utilizado para reforzar su poder por una burocracia con alto nivel de vida y comportamiento similar al <em>pequeñoburgués</em>. Luego, argumenta cómo los comunistas no supieron valorar los aportes de la cultura occidental:</p>
<p>	“… el socialismo existente subestimó (y sigue… cuando no rechazando) la gran cultura occidental, pero hoy sabemos con certeza que lo mejor de esa cultura es profundamente crítico respecto a las sociedades capitalistas en las que ha surgido; más aún, esa gran cultura es, con mucha frecuencia prosocialista.” “Ese hecho está mostrando con más claridad la necesidad en que están el socialismo existente y los partidos comunistas, a escala mundial, de aprender, sin exigencias sectarias, de toda esa ilustración y creatividad independientes y fecundas.” La conclusión, no puede ser más lúcida: “Las exigencias de apertura al Occidente implicaban, por parte de la RDA, una selección crítica, desde el punto de vista de una auténtica vanguardia, es decir, implicaban el comprender que se trataba de amigos difíciles, precisamente por ser innovadores.” (2011: 59-60-65)</p>
<p>	Una cultura <em>proletaria </em>ni <em>pequeñoburguesa</em> o <em>burguesa</em> es posible, porque la cultura es universal de por sí y aunque pueda singularizarse por su estrato social, va más allá de toda mezquindad de clase. Entonces, como se puede inferir de la visión de Arlt sobre el cine gringo del <em>star system</em>, ¿por qué negar (pese, sí, al Código Hays y su doble moral) el desborde de sensualidad que moja las pantallas del mundo, para goce de quienes no aceptan la represión del deseo? De ahí que Arlt terminara cimentando su teoría propia sobre el cine como arte revolucionario donde este ocupa, desde los afiches con parejas entregadas a la acción del deseo (= libertad), un sitial de desafío contra la rigidez y los prejuicios de los que las/los gringos eran víctimas. Esta visión anarquista y celebratoria del cine en el seno de la industria más poderosa del mundo, dotada de una dosis de feminismo casi militante, es lo que hace de su punto de vista algo mucho más apasionante que el rastro estético que el séptimo arte dejara en sus ficciones porteñas y en sus relatos de viajes, algo que el libro también se encarga de destacar con mucho interés. Visión que, como bien señala Fontana en un tramo, contribuye, según Castriota, a la idea del cine como arranque de una rebelión imprecisa, pero posible.</p>
<p>	Al final de su vida, R. Arlt pudo haber sido L. Cohen y su simpatía por la izquierda así como su carácter de autor disidente podría definirse con la ecuación poético-matemática del canadiense: “¿Por qué tengo que permanecer solo si cuanto digo es cierto? Confieso que pretendo hallar un camino o falsificar un pasaporte o hablar un nuevo idioma.” Y aunque Arlt nunca terminó de aprender inglés, sigue teniendo razón: para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo… Y aun así, insistió siempre en escribir quizás pensando en que, aparte de que no sabía hacer otra cosa, lo único que nos salva es la mentira del arte. Por la que siempre se entera uno de la verdad… La que en este caso no duele ni entristece sino que calma y enaltece.</p>
<p>	Si lo anterior no basta para ilustrar la conexión Arlt-Cohen, viene un trozo de <em>Los lanzallamas </em>en el que la ficción supera a la realidad en cuanto a hallar una nueva identidad al falsificar un pasaporte: “¿El Rufián no dijo lo que habría hecho si el otro se hubiera negado? — Lo mataba… tal es así que en previsión de ello tenía, desde hacía diez días, preparado un pasaporte con nombre falso.” Lo que Arlt no logró jamás fue <em>hacer estilo</em> pues para ello <em>son necesarias comodidades, rentas, vida holgada</em>. Y añade: “Pero, por lo general, la gente que disfruta tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura”. Con lo cual permite, de nuevo, la intromisión de la vida en la escritura, en este caso, de la de su admirado Di Giovanni. El último mensaje escrito en su celda poco antes de caer asesinado puede homologarse a la obra de Arlt:</p>
<p>	“[&#8230;] No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí elegí la lucha. Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir, es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.”</p>
<p>	Arlt pareciera responderle a Di Giovanni cuando expresa todo lo que tiene por decir:</p>
<p>	“Tengo tantas y tantas cosas que escribir y que contar, a favor y en contra mío, que ahora sé que todo lo que se ha escrito y vale, vale porque ha sido escrito con sangre.” (Epígrafe, 2000).</p>
<p>	Si se intentara un retrato hablado de Roberto Arlt, no podría dejar de citarse a quien, como Balder, estuvo siempre esperando <em>un suceso extraordinario </em>para darle un vuelco a su vida. La de un hombre que no podía ser feliz por los daños que había causado. La pasión alimentada por la idea balderiana de buscar su propia potencia en la infinita debilidad es la que lo lleva a estudiar inglés, a ser un viajero incansable, a tocar piano, diseñar medias de eterna duración, escribir miles de <em>aguafuertes</em>, intervenir cientos de cables, refugiarse en los cafés para hablar con sus amigos, internarse en los bajos fondos para extraer de perdularios de la peor calaña la sustancia de sus textos, periodísticos y literarios: lo que, de por sí, lo hace pionero de lo que a partir de Walsh con <em>Operación masacre </em>(1957) (27), quien se adelantó nueve años a Capote con <em>A sangre fría </em>(1966) (28) se llamó <em>Ficción periodística</em> o <em>Novela testimonio </em>o <em>Periodismo Literario </em>o <em>Novela real </em>o de <em>No</em>&#8211;<em>ficción.</em> Como intuye, a la manera de A. Caicedo, la brevedad de su vida, Arlt sigue siendo hasta el final de la suya esa <em>catarata </em>de que habló Calcagno y en cuyo torrente no había espacio para lo gratuito. En él la sinceridad descubre toda deslealtad, entonces se propone una sin límites: conocida entre sus enemigos como la grosería de un ser conflictivo. Como ya nada le parece cierto, de todo desconfía. Gracias a su voz potente dice lo que le da la gana, como siente, ve y cree, sin detenerse a reflexionar, ayudado por su velocidad de pensamiento. Pero, sostiene Borré, la sinceridad de Arlt era peligrosa para sus allegados y angustiosa para él, quien no podía dejar de ver el otro lado de las cosas. Si bien en <em>El amor brujo </em>dijo: “¿Por qué anhelo la pureza y me revuelco en la porquería?”, había comenzado a andar en la dirección opuesta: por una inexorable y desesperada necesidad ética eludía cada vez más la porquería para entrar en el camino del ascetismo. Y aunque, en el terreno religioso, quiso creer y no podía, en el práctico, creía como pocos… Eso sí, ya no en su literatura: algún día comentó a sus amigos, “no podía volver sobre nada de lo que había escrito porque tenía la sensación de leer ruinas y ciudades destruidas”. (2000: 225) Al cabo, para él la palabra no dejó de ser nunca otra cosa que el más terrible y desolador recurso ante la impotencia: por contraste y por esas paradojas de la vida, en su caso también las del arte, potente recurso, así en él viniera de la infinita debilidad que lo acompañó hora tras hora…</p>
<p>	<strong> </strong></p>
<p>	<strong>Bogotá D. C., 26 de julio-27 de agosto de 2012</strong></p>
<p>	<strong> </strong></p>
<p>	<strong>NOTAS: </strong></p>
<ol>
<li><strong>1. </strong><strong>Stasys Gostautas en revista <em>Eco, enero-febrero de 1972</em>.</strong></li>
<li><strong>2. </strong><strong>Jitrik, Noé. <em>Roberto Arlt, Antología</em>. Siglo XXI Editores, 1ª edición, 1980: 9.</strong></li>
<li><strong>3. </strong><strong>Julio Cortázar en <em>Obra Completa de Roberto Arlt </em>(Dos Tomos, Prefacio). Ediciones Carlos Lohlé, Tomo 1, Buenos Aires, 1981.</strong></li>
<li><strong>4. </strong><strong>Arlt, Roberto. <em>Los siete locos </em>y <em>Los lanzallamas</em>. Adolfo Prieto en el Prólogo: Biblioteca Ayacucho No 27, Caracas, 1978: XXIV.</strong></li>
<li><strong>5. </strong><strong>Borré, Omar. <em>Roberto Arlt: su vida y su obra</em>. Planeta, Buenos Aires, 2000, 298 pp: 91.</strong></li>
<li><strong>6. </strong><strong>Arlt, Roberto. 1978: 39.</strong></li>
<li><strong>7. </strong><strong>Goloboff, Gerardo M. <em>Genio y figura de Roberto Arlt</em>. Eudeba, Bs. Aires, 1989: 13. Y en Omar Borré, 2000: 31-32.</strong></li>
<li><strong>8. </strong><strong>Mirta Arlt, Prólogo, en <em>Los siete locos/ Los lanzallamas</em>, Biblioteca Ayacucho: 416.</strong></li>
<li><strong>9. </strong><strong><em>La Flor</em></strong><strong><em> Azul</em></strong><strong>,<em> </em>en alemán <em>Die Blaue Blume</em>, es símbolo del romanticismo: representa el amor, el anhelo, el afán metafísico por lo infinito. Inspirado por una pintura de su amigo Friedrich Schwedenstein, Novalis fue el primero en usarlo en su novela <em>Heinrich von Ofterdingen</em>. Aparte de unir naturaleza, hombre y espíritu humano, simboliza tanto el afán por el conocimiento de la primera y de uno mismo, como la esencia del arte en tanto reconcilia el mundo interior y exterior, es decir, realiza el concepto en lo concreto. </strong></li>
<li><strong>10. </strong><strong>Larra, Raúl. <em>Roberto Arlt, el torturado</em> (Buenos Aires, <em>Futuro</em>, 1950).</strong></li>
<li><strong>11. </strong><strong>Autosemblanza en <em>Cuentistas Argentinos de Hoy</em>, 1929, Miranda Klix, G. y Yunque, Álvaro. </strong></li>
<li><strong>12. </strong><strong>Tomado de <em>Nosotros, No 211</em>, 1926, en <em>Los siete locos</em>, 1978: 424.</strong></li>
<li><strong>13. </strong><strong>Nalé Roxlo, Conrado. <em>Borrador de memorias</em>. Plus Ultra, Buenos Aires, 1981: en 1989: 14.</strong></li>
<li><strong>14. </strong><strong>Arlt, M. y Borré, O. <em>Para leer a Roberto Arlt</em>. Torres Agüero Editor, Bs. Aires, 1984: 20.</strong></li>
<li><strong>15. </strong><em><a href="http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html">http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html</a></em><strong> </strong></li>
<li><strong>16. </strong><strong><em>Roberto Arlt &#8211; Obra Completa </em></strong><strong>(Dos Tomos, Prefacio de Julio Cortázar). Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1981, Tomo 1: 434.</strong></li>
<li><strong>17. </strong><strong>Ibídem: 309.</strong></li>
<li><strong>18. </strong><strong>Calcagno, Raimundo (Calki): <em>Una larga incursión en el Olimpo</em>, <em>La Opinión</em><em> Cultural</em>, Buenos Aires, 7.XI.76: tomado de <em>Los siete locos</em>, 1978: 428.</strong></li>
<li><em><strong>19. </strong></em><em><a href="http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html">http://noticiasalternativas.blogspot.com/2008/08/roberto-arlt-obrero-de-la-literatura.html</a></em><em><strong> </strong></em></li>
<li><strong>20. </strong><strong>Tarkovski, Andrei. <em>Esculpir en el tiempo</em>. Rialp, Madrid, 2005, 273 pp: 113.</strong></li>
<li><strong>21. </strong><strong>Arlt Roberto. Obra Completa. Ediciones Carlos Lohlé, Bs. Aires, 1981, Tomo 1: 346-347. </strong></li>
<li><strong>22. </strong><strong>Borré, Omar. <em>Roberto Arlt: su vida y su obra</em>. Planeta, Buenos Aires, 2000, 298 pp.: 75.</strong></li>
<li><strong>23. </strong><strong>Arlt, Roberto. <em>El paisaje en las nubes – Crónicas en </em>El Mundo <em>1937-1942</em>. FCE, Buenos Aires, abril de 2009, Primera edición, 766 pp: 31.</strong></li>
<li><strong>24. </strong><strong>Kafka, Franz. <em>Diarios, 1914-1923 </em>(Lumen, Barcelona, 1975: 11)</strong></li>
<li><strong>25. </strong><strong>Fontana, Patricio. <em>Arlt va al cine</em>, Ediciones Libraria, 2009, en <em>El espectador imaginario</em>, Pablo Castriota, noviembre 2011.</strong></li>
<li><strong>26. </strong><strong>Gómez, Eduardo. <em>Memorias críticas de un estudiante de humanidades en la Alemania socialista</em>.<em> Ediciones Uniandes</em>, Bogotá, 2011, 140 pp.: 59-60-65.</strong></li>
<li><strong>27. </strong><strong>Sobre ella se basó el filme homónimo, <em>Operación masacre </em>(1972/73), de Jorge Cedrón, con guión suyo y del propio Rodolfo Walsh.</strong></li>
<li><strong>28. </strong><strong>Richard Brooks dirige el filme homónimo, <em>In Cold Blood </em>(1967).</strong></li>
</ol>
<p>	<strong> </strong></p>
<p>	*Ensayo inédito presentado en el marco del V Congreso Internacional de REIAL, realizado en Nahuatzén, Michoacán, México, entre el 22 y el 25 de octubre de 2012.</p>
<p>	<span>** Colaborador de El  Magazín, escritor, periodista, crítico de cine y de jazz. En la  actualidad Director del Cine-Club &amp; Tertulias Culturales U. Los  Libertadores.</span></p>
]]></content:encoded>
        <author>elmagazin</author>
                    <category>El Magazín</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/elmagazin/?p=4092</guid>
        <pubDate>Wed, 21 Nov 2012 21:10:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Roberto Arlt: La palabra como recurso ante la impotencia*]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">elmagazin</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>