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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 16 Apr 2026 12:34:46 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de mirar de la vida profunda | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El ocaso de las Naciones Unidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-ocaso-de-las-naciones-unidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sin transformaciones reales, el debilitamiento del multilateralismo solo abrirá nuevamente espacio a formas aun más pronunciadas de unilateralidad, cuyos costos históricos para la vida, la paz y la estabilidad de la humanidad, tristemente, conocemos bastante bien.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El proyecto civilizatorio de las Naciones Unidas parece haber fracasado. La coyuntura internacional, marcada por uno de los periodos de mayor inestabilidad desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, lo confirma. Basta con pensar en los 61 conflictos armados estatales activos en 36 países registrados en 2024, la cifra más alta desde 1946. Y aunque la ONU conserva cierta utilidad en labores de observación, acompañamiento y asistencia, el balance general evidencia una incongruencia cada vez mayor entre la arquitectura institucional heredada de la posguerra y las características del mundo contemporáneo.</p>



<p>En particular, el sistema de seguridad colectiva que dio origen a la ONU en 1945 representó una apuesta ambiciosa y, en su momento, indispensable. Su promesa consistía en reemplazar la fuerza por el derecho, la guerra por la diplomacia y la unilateralidad por la cooperación internacional. Durante décadas, ese diseño otorgó legitimidad al multilateralismo y permitió consolidar un marco normativo sin precedentes, sostenido en la premisa de que el sistema internacional podía regirse por reglas relativamente claras. Esa promesa, sin embargo, dependía de un tipo de orden histórico que ya no existe.</p>



<p>Hoy el mundo está atravesado por conflictos híbridos, actores no estatales, ciberamenazas, riesgos nucleares y crisis localizadas que producen efectos energéticos, financieros y humanitarios de alcance global. Basta con mirar la prolongación de la guerra en Ucrania, la devastación humanitaria en Gaza, la persistencia de situaciones críticas en Sudán y en el Sahel, así como la escalada en torno a Irán y al estrecho de Ormuz, para advertir no solo la magnitud de los desafíos actuales, sino también la dificultad de la comunidad internacional para articular respuestas efectivas.</p>



<p>Ahora, si hay un lugar donde la ineficacia de esa arquitectura institucional se hace especialmente visible, es en el Consejo de Seguridad. Por ejemplo, en 2024 se registraron siete proyectos de resolución vetados, la cifra más alta desde 1986 para este tipo de bloqueos. Lejos de tratarse de un episodio excepcional, la tendencia se mantuvo en 2025, cuando el Consejo volvió a registrar nuevos vetos en asuntos críticos como Gaza y Ucrania, lo que confirma la persistencia de una &nbsp;estructura dentro del sistema. Más recientemente, Rusia y China vetaron una resolución orientada a coordinar esfuerzos para proteger la navegación comercial en el estrecho de Ormuz, pese al respaldo mayoritario del resto de los miembros del Consejo. Así, cuando el principal órgano encargado de preservar la paz y la seguridad internacionales queda una y otra vez condicionado por los intereses de las grandes potencias, la seguridad colectiva deja de operar como un principio efectivo y empieza a desgastarse también como promesa política.</p>



<p>No se trata, entonces, de una falla coyuntural ni de un problema meramente procedimental o de gestión. La ineficacia del modelo de seguridad colectiva de las Naciones Unidas se debe a factores estructurales. Los intentos de reforma del Consejo de Seguridad y del sistema multilateral tropiezan desde hace décadas con obstáculos reiterados. Las potencias con derecho de veto, justamente porque ese privilegio garantiza su influencia en el diseño institucional, suelen bloquear cualquier propuesta que pueda limitarlo.</p>



<p>A ello se suman las tensiones geopolíticas, la competencia estratégica y la defensa cerrada de intereses nacionales, que han impedido avances sustantivos en asuntos como la ampliación del Consejo o la regulación del uso del veto. En otras palabras, los mecanismos de poder preestablecidos siguen priorizando un <em>statu quo</em>, a todas luces indefendible, por encima de la adaptación a las nuevas condiciones del sistema internacional.</p>



<p>Reconocer esta crisis no implica negar el papel que Naciones Unidas ha desempeñado en ámbitos como la asistencia humanitaria, la cooperación internacional para el desarrollo o la atención a poblaciones especialmente vulnerables. Pero también sería ingenuo suponer que ese saldo parcial compensa el deterioro de sus funciones centrales. Incluso esos programas, valiosos en muchos contextos, requieren hoy una revisión profunda, no para desmantelarlos, sino para hacerlos más eficientes, más pertinentes y más visibles en sus resultados. La ONU ha acumulado durante décadas una burocratización excesiva y una distancia cada vez mayor respecto de su espíritu fundacional. Y esa distancia resulta especialmente preocupante para la prevención de conflictos y la respuesta institucional cuando la seguridad internacional entra en crisis.</p>



<p>Por otra parte, también existe un desgaste moral y simbólico que merece tomarse en serio. La organización surgió de la convicción de que, tras la devastación de las guerras mundiales, era necesario construir un marco normativo capaz de limitar la soberanía estatal absoluta y de situar la paz, los derechos y la cooperación por encima de los intereses unilaterales de los Estados. Esa era, en el fondo, su ambición civilizatoria. </p>



<p>El panorama actual, sin embargo, deja ver hasta qué punto ese horizonte se ha erosionado. El Estado nación mantiene plena vigencia y la unilateralidad estatal —precisamente aquello que el multilateralismo buscaba contener— ha recuperado una centralidad evidente en el sistema internacional. Los marcos multilaterales subsisten, por supuesto, pero con mucha frecuencia operan más como escenarios de disputa entre intereses nacionales que como límites reales a su ejercicio. Por eso, parte de la crisis actual de Naciones Unidas es también la crisis del ideal político y moral que le dio origen.</p>



<p>Ahora bien, más allá del caso del Consejo de Seguridad, resulta claro que la actual crisis del multilateralismo no puede entenderse únicamente como un problema de gestión institucional. Las discusiones recientes sobre la reforma de la gobernanza global apuntan, cada vez con mayor claridad, a algo mucho más profundo. No basta con hacer más eficientes los mecanismos existentes; es necesario repensar la manera misma en que se distribuyen responsabilidades, capacidades de respuesta y la fuente misma de legitimidad dentro del sistema internacional. Ello exige avanzar hacia una gobernanza mejor articulada entre los niveles nacional, regional y global, con una mayor capacidad de respuesta en los ámbitos más cercanos a cada crisis y con redes de rendición de cuentas más sólidas allí donde todavía sea posible construirlas o preservarlas.</p>



<p>En este orden de ideas, uno de los errores más persistentes del enfoque tradicional ha sido asumir que la respuesta a las crisis internacionales debe centrarse casi exclusivamente en los grandes organismos de alcance global. Sin embargo, la experiencia reciente sugiere que la contención de una deriva autoritaria, de una ruptura institucional o de una escalada bélica depende también de otros planos de acción: de la capacidad de mediación de los entornos regionales, de los instrumentos de rendición de cuentas que puedan agenciarse desde la sociedad civil y, cuando todavía existen, de las instituciones internas que conservan algún grado de autonomía. </p>



<p>Desde luego, estos contrapesos no están disponibles en todos los contextos; en muchos países han sido capturados, debilitados o simplemente no existen. Esto obliga a abandonar la idea de que las crisis internacionales pueden seguir gestionándose exclusivamente desde estructuras globales y, en cambio, a avanzar hacia mecanismos más realistas de articulación entre niveles nacionales, regionales y multilaterales.</p>



<p>Lo que hoy está en entredicho no es la necesidad del multilateralismo, sino la pretensión de que sus viejas estructuras sigan ofreciendo respuestas pertinentes. Insistir en fórmulas institucionales heredadas equivale, en el fondo, a una lectura del mundo que ya no corresponde a la realidad. Sin una reforma profunda, la ONU, particularmente, seguirá debilitándose hasta perder paulatinamente su relevancia internacional. Y es precisamente en ese punto donde se juega algo mucho más profundo que el destino de una organización. Lo que está en juego es la capacidad del orden multilateral para seguir ofreciendo respuestas legítimas y eficaces a desafíos que ninguna sociedad puede enfrentar por sí sola. Sin transformaciones reales, el debilitamiento del multilateralismo solo abrirá nuevamente espacio a formas aun más pronunciadas de unilateralidad, cuyos costos históricos para la vida, la paz y la estabilidad de la humanidad, tristemente, conocemos bastante bien.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Perafán</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127801</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Apr 2026 21:11:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El ocaso de las Naciones Unidas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Perafán</media:credit>
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        <item>
        <title>Suerte de carta a Fidel Cano Don Fidel: : La integridad no se negocia ni se lava de púrpura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/suerte-de-carta-a-fidel-cano-don-fidel-la-integridad-no-se-negocia-ni-se-lava-de-purpura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ya vimos las excusas públicas que seguramente vienen de un lugar honesto; ahora la pregunta es: ¿De qué manera viene la reparación para aquellas mujeres que tuvieron que salir despavoridas a razón del abuso de poder? El respaldo a la voz de Pilar Cuartas y de las cientos de mujeres que están levantando su palabra es innegociable. Su regreso y su florecimiento serían la prueba de que este diario transforma sus estructuras para que la integridad no sea un concepto abstracto&#8221;.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="876" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/30214356/WMUINTFPZBFG7A4LHWIA64HT6I-876x1024.jpg" alt="mensaje" class="wp-image-127582" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/30214356/WMUINTFPZBFG7A4LHWIA64HT6I-876x1024.jpg 876w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/30214356/WMUINTFPZBFG7A4LHWIA64HT6I-257x300.jpg 257w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/30214356/WMUINTFPZBFG7A4LHWIA64HT6I-768x897.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/30214356/WMUINTFPZBFG7A4LHWIA64HT6I.avif 992w" sizes="(max-width: 876px) 100vw, 876px" /></figure>



<h1 class="wp-block-heading has-contrast-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-5e42045b13b28f51d5dd271b78fef06c" style="background-color:#cc5602"> La integridad no se negocia ni se lava de púrpura</h1>



<p><strong>Reflexiones desordenadas </strong></p>



<p>Don Fidel, leí el editorial oficial del periódico referente a la denuncia que hizo Pilar, así como el trino que le enviaste donde reconociste que aquello nunca debió haber sucedido. </p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h1 class="wp-block-heading has-base-background-color has-background"><strong>I. De la escucha al resarcimiento: el testimonio de quien hizo camino a Don Fidel</strong></h1>
</blockquote>



<p>Debo reconocer que gran parte de mi empoderamiento profesional, intelectual y activista se lo debo a este <strong>valioso</strong> espacio que he habitado durante años. </p>



<p>Siempre que he necesitado comunicarme contigo ha sido cordial, con la escucha activa; aunque no he tenido la oportunidad de interactuar personalmente, imagino la integridad de tus palabras desde la coherencia. </p>



<p>He aprendido en la distancia sobre tu trabajo y he admirado la capacidad que tienes siempre de poner la cara a las audiencias.</p>



<p> Me acerqué al periódico cuando ni siquiera había terminado los procesos para iniciar la educación superior, cargando apenas con una primaria y un bachillerato validado tras pasar por muchos colegios que no lograron enseñarme. </p>



<p>Tuve que hacer camino al andar, puntada a puntada, para convertirme en la periodista y educomunicadora que hoy soy. En ti encontré a un hombre de oídos abiertos y la posibilidad de ensanchar el eco de mi voz; recibí algunas jaladas de oreja y atravesé el miedo de perder los espacios ganados, ahí estuviste, dándome siempre la oportunidad de crecer. </p>



<p>Por eso hoy escribo desde mi lugar de escribidora; escribo para más que aleccionar y dar demandas éticas —que ojo, sí existen—, quiero anexionar.</p>



<p> Deseo entender qué viene, qué vamos a hacer para desaparecer el lavado púrpura de los medios.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p> Lo ocurrido en Caracol sirvió para que empezaran a abrirse muchas puertas y ventanas, revelando una verdad que ya no puede ocultarse. Ya vimos las excusas públicas; ahora la pregunta es: ¿De qué manera viene la reparación para aquellas mujeres que tuvieron que salir despavoridas a razón del abuso de poder, del acoso laboral y sexual en este <strong>#MeToo Colombia</strong>?</p>
</blockquote>



<p>La gravedad de la situación alcanza niveles alarmantes cuando voces de impecable trayectoria periodística confirman la crisis estructural. <strong>“En El Espectador también acosan y tienen un protocolo poco riguroso, con falencias y que no saben aplicar. Revictimizan a quienes denuncian y las empujan a renunciar. Mi nombre es Pilar Cuartas Rodríguez, fui la primera ‘editora’ de género de un medio tradicional en Colombia (de El Espectador)”</strong>, escribió la periodista al iniciar su denuncia pública. Esta afirmación no es solo un testimonio; es una evidencia del fallo sistémico en la protección de quienes investigan y narran la realidad. El respaldo a la voz de Pilar y de las cientos de mujeres que están levantando su palabra como periodistas es innegociable. Su regreso y su florecimiento serían la prueba de que este diario transforma sus estructuras para que la <strong>integridad</strong> no sea un concepto abstracto.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">II. El laberinto del deseo y la justicia estructural: Puta o no puta, mis derechos no se disputan</h3>



<p>Como defensora de la <strong>sexoafectividad</strong>, me genera una profunda tristeza que estemos llegando a un punto donde las relaciones eróticas se vean mediadas por un punitivismo rígido. Sin embargo, entiendo que esta es la respuesta a décadas de una sordera histórica. </p>



<p>¿Por qué nos cuesta tanto entender la diferencia entre una mirada seductora y la imposición de poder que constituye el acoso?</p>



<p> Sé qué es el acoso, sé qué es la violencia sexual y conozco perfectamente cómo funcionan el abuso de poder y el acoso sexual como una dupla enloquecedora. Cuando decidí traer una versión de la <strong>Marcha de las Putas</strong> a Colombia fue muy difícil; al final del día encontré el camino de la mano de otras mujeres que en ese momento, al igual que yo, no formábamos parte de la línea feminista académica del país. Lo mío son principios; creo genuinamente en que tenemos derecho a vivir como mujeres <strong>putamente libres</strong> en todos los espacios y que, putas o no putas, nuestros derechos no se disputan.</p>



<p> Por eso hoy me sumo al grito de <strong>&#8220;Yo te creo, colega&#8221;</strong> y pregunto: ¿De qué manera va a haber resarcimiento para aquellas mujeres que han levantado la voz dentro del diario?</p>



<p> Como plantea <strong>Silvia Rivera Cusicanqui</strong>, debemos descolonizar nuestros gestos; no basta con el discurso, hay que practicar la coherencia. Desde el <strong>Feminismo Artesanal</strong> reivindicamos todas las formas de ser mujer: la precarizada, la neurodivergente, la afro, la trans, la creadora, la disidente. </p>



<p>Algunas personas dicen que no tengo autoridad para defender esto por ser una mujer liberal, de principios ácratas, que cree que cada mujer lleva dentro de sí una <strong>Puta Sagrada</strong>. Para mí, este es un concepto performático; una respuesta que resignifica una palabra usada históricamente para secundarizar a las mujeres en sus derechos y convertirlos en objeto de estigma. La <strong>mejora</strong> de nuestros protocolos no es un favor, es una necesidad para que la impunidad se detenga.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">III. La ética del cuidado frente al deterioro de los vínculos eróticos</h3>



<p>Me preocupa legítimamente el deterioro de las relaciones eróticas cuando la voluntad se confunde con el abuso de poder. Es una complejidad dolorosa: ¿cómo garantizar que ningún acosador quede impune sin que la &#8220;policía moral&#8221; invada nuestras libertades más íntimas?</p>



<p> Siguiendo la sabiduría de <strong>Lola Cendales</strong>, la educación popular y la educomunicación deben servir para reconstruir el tejido social desde el respeto; la transformación solo es real si nos permite aprender a relacionarnos desde la autonomía.</p>



<p> Las mujeres hemos pasado la mayor parte de nuestra vida cuidándonos de quienes dicen amarnos y de desconocidos que nos violentan. Al mismo tiempo, reconocemos que hay hombres con quienes quisiéramos acercarnos, el miedo es mutuo porque la historia del abuso nunca fue escuchada.</p>



<p> Ahora las relaciones están atravesadas por la sospecha. Esta búsqueda de los derechos <strong>sexoafectivos</strong> libres no puede estar por debajo del sufrimiento de millones de mujeres que fueron abusadas en silencio. El consentimiento es sencillo, un &#8220;no&#8221; debe ser suficiente sin importar el contexto previo. La zozobra del abuso sexual en la que viven tantas mujeres es una realidad que no admite matices complacientes. </p>



<p>¿Estamos listos para construir consensos claros donde el consentimiento sea la regla y la <strong>integridad</strong> sea el límite innegociable? La respuesta no puede ser el silencio ni la negación, debe ser la construcción de espacios donde la libertad no signifique vulnerabilidad.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">IV. Mi fuerza tiene palabra: una apuesta por la reexistencia colectiva</h3>



<p>Finalmente, quiero decirte, <strong>Don Fidel</strong>, que mi saber ya no es una intuición ni un presentimiento; es una comprensión que denuncia y anuncia. Como bien señala <strong>Maya Angelou</strong>: <em>&#8220;Haz lo que puedas con lo que sabes y cuando sepas más, hazlo mejor&#8221;</em>. Hoy sabemos más y por eso te demando, a ti y a toda la redacción, que este momento sea el motor de una <strong>reexistencia</strong> colectiva. </p>



<p>Deseo dejar clara mi admiración profunda por tu historia profesional y por el hombre encarnado en este tiempo; eres hijo de una época distinta que ha sabido abrir espacios para que las mujeres podamos reexistir. Cuestiono el lavado púrpura en cualquier escenario y por eso me animé a escribirte públicamente, como un ejercicio dialógico educomunicativo, no como un juicio ni una indagatoria, sino con genuinas reflexiones. </p>



<p>Sé que tienes la altura intelectual, ética y moral para los ejercicios ejecutivos necesarios; cuentas con oídos abiertos y un auténtico deseo de accionar. Conmigo no cuenten para descomplificar lo que es imposible: esto es multidimensional y atraviesa todas las realidades sociales. </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>¿Cómo equilibraremos nuestros derechos eróticos y amatorios con el derecho a una vida libre de violencia sin acudir siempre a lo punitivo? Muchos se escandalizan por la rigidez de las leyes actuales, esas normas no llegaron de la noche a la mañana; fueron décadas de silencios cómplices y de mirar hacia otro lado. La ley es rígida porque la realidad ha sido rígida.</p>
</blockquote>



<p>No tengo idea de cómo resolveremos esto, lo que sé es que debemos iniciar hoy con demandas concretas, confiando en que el futuro será más amable y aprenderemos a equilibrar la balanza entre nuestros derechos afectivos y el derecho a vivir sin violencia machista.</p>



<p> Agradezco a la vida por la autoridad moral que me ha dado este proceso para escribir hoy desde adentro.</p>



<p> Este texto ha sido escrito de la mano de la Inteligencia Artificial en mi rol de escribidora, y me hago cargo de cada una de las palabras y conceptos aquí expresados.</p>



<p> Espero que esta carta toque el corazón de quienes la lean y abramos diálogos a la altura de nuestro tiempo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127402</guid>
        <pubDate>Tue, 31 Mar 2026 03:24:26 +0000</pubDate>
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        <title>Museo de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/museo-de-la-memoria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando se llega a Bogotá desde el Aeropuerto Internacional El Dorado, y se avanza por la calle 26 hacia los cerros verdes que cobijan a nueve millones de almas, aparece el Museo de la Memoria de Colombia. No es un edificio terminado, pero sí una presencia difícil de ignorar: una obra en construcción que, en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Cuando se llega a <strong>Bogotá</strong> desde el <strong>Aeropuerto Internacional El Dorado</strong>, y se avanza por la calle 26 hacia los cerros verdes que cobijan a nueve millones de almas, aparece el Museo de la Memoria de Colombia. No es un edificio terminado, pero sí una presencia difícil de ignorar: una obra en construcción que, en medio del tránsito cotidiano, plantea preguntas sobre lo que el país recuerda y lo que aún evita nombrar.</p>



<p>Desde cerca, es algo más complejo: un intento de darle forma a una memoria que sigue en disputa.</p>



<p>Una tarde lluviosa de estos días entrevisté a su directora, <strong>Adriana María González Maxcyclack</strong>, para entender qué significa hoy la reactivación de la obra del museo.</p>



<p>En Colombia, la memoria no fracasa: se interrumpe. Se aplaza, se discute, se pone en duda, se vuelve sospechosa. Y, a veces, cuando intenta tomar forma concreta, cuando se vuelve edificio, presupuesto, cronograma, el país parece exigirle una pureza que no le exige a nada más.</p>



<p>Durante años, el Museo de Memoria de Colombia fue el blanco perfecto de esa impaciencia. Una estructura detenida, un esqueleto de concreto en Bogotá que permitía una conclusión fácil: aquí no pasó nada. “Elefante blanco”, repetían muchos, como si el nombre resolviera la incomodidad de fondo. Pero en Colombia, lo inconcluso rara vez es simple negligencia. A menudo es síntoma.</p>



<p>Porque mientras el museo parecía detenido, el conflicto no lo estaba.</p>



<p>“Esto sucede porque la ciudadanía aún no ve el avance que nosotros desearíamos, pero esa situación tiene una lógica y una razón de ser”, dice la directora del museo. Y en esa frase hay una defensa, pero también una constatación: el país mira rápido, juzga rápido, olvida rápido. La memoria, en cambio, funciona con otra velocidad.</p>



<p>El retraso, tres años acumulados desde que inició la obra en 2020, tiene explicaciones técnicas: un contratista que incumple, una Agencia Nacional Inmobiliaria que declara ese incumplimiento, un entramado de demandas que paraliza todo. Pero incluso esa explicación, precisa y necesaria, no alcanza a tocar el núcleo del problema.</p>



<p>Aquí la directora se detiene en lo que pocas veces se entiende afuera: “hay unos temas jurídicos asociados a esto que nos está atendiendo la Agencia Nacional Inmobiliaria. Ellos están demandando al contratista y a la interventoría, y el contratista, a su vez, está demandando al Estado. Entonces lo primero fue entender el estado real del contrato, organizar absolutamente toda la información y, a partir de ahí, saber cuánto cuesta reactivar el proyecto”.</p>



<p>Ese cálculo no es menor &#8220;Al cierre legal y financiero del proyecto a  2024, se requerían $101.608.985.093,83.  Dado que el proyecto contaba con recursos de $15.652.292.695,70, se solicitó en el nuevo proyecto de inversión el valor de $85.956.692.398,13. De este valor, fueron asignados $21.000 millones para la vigencia 2025 y $21.630.000.000 para la vigencia 2026, con un saldo de $43.326.692.398,13.(sin indexar)&#8221;:<br></p>



<p>Porque el museo no se retrasó solo por razones jurídicas. Se retrasó también en un país donde la memoria sigue siendo incómoda.</p>



<p>El reciente anuncio del reinicio de la construcción, presentado como “un hito de dignidad para las víctimas”, llega en un momento en el que hablar de memoria sigue siendo, en sí mismo, una toma de posición. No porque deba serlo, sino porque el país lo ha vuelto así.</p>



<p>En ese contexto, el lema que impulsa hoy el Centro Nacional de Memoria Histórica, “todas las memorias, todas”, suena menos a consigna y más a desafío.</p>



<p>¿Cómo se narra “todo” en un país donde el diálogo es frágil, donde las versiones del pasado no solo difieren sino que se excluyen mutuamente? ¿Cómo se construye un relato común en una sociedad atravesada por desconfianzas, miedos y silencios heredados?</p>



<p>La apuesta es, de facto, radical. Y también riesgosa.</p>



<p>“Había que poner la casa en orden”, dice la directora del museo sobre la llegada de la actual administración. Pero ordenar, en este caso, no fue solo resolver un litigio o conseguir recursos. Fue también hacerse una pregunta más difícil: qué memoria se está construyendo, y para quién.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="684" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-127395" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2-1024x684.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2-1536x1025.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/03/25150607/memoria-2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Ahí aparece el nombre de <strong>María Valencia Gaitán</strong>, cuya gestión ha insistido en revisar y reactivar no solo la obra física sino el relato que la sostendrá. Porque un museo de memoria no es una colección de hechos, es una forma de organizarlos, de darles sentido, de decidir qué voces se escuchan y cómo.</p>



<p>“La obra es el cascarón, pero lo de adentro es lo que realmente se va a mostrar”, dice la directora del museo. Y enseguida aterriza esa idea en decisiones concretas: “hemos avanzado en las narrativas de las salas, en espacios como ‘Cacofonía’ o ‘Nuestra América, nuestra memoria’, y en todo el recorrido central. Pero eso solo es posible si la obra física avanza, porque sin ese espacio no hay dónde poner esa conversación”.</p>



<p>Y ese “adentro” es, quizás, el lugar más conflictivo de todos.</p>



<p>El museo propone tres salas iniciales: conflicto, territorios, resistencias. Una línea de tiempo que intenta explicar las causas estructurales de la guerra, desde las disputas por la tierra hasta la irrupción del narcotráfico y los distintos actores armados. Luego, una mirada a cómo esa guerra se vivió en las regiones. Y, finalmente, un espacio para las respuestas de las comunidades: sus formas de resistir, de narrar, de reconstruir.</p>



<p>Pero esa propuesta no nace de cero. “Esto es un trabajo que se ha venido haciendo con las organizaciones desde hace años”, explica. “El museo recoge procesos como ‘Voces para transformar Colombia’ y las recomendaciones de la Comisión de la Verdad. Lo que hicimos fue actualizar ese plan museológico bajo un concepto que llamamos ‘umbral’, que invita a las personas a entrar en experiencias donde van a ser parte del proceso”.</p>



<p>Sobre el papel, la secuencia es clara. En la práctica, no lo es tanto.</p>



<p>Porque contar el conflicto en Colombia implica inevitablemente tocar heridas abiertas. Implica nombrar responsabilidades en un país donde aún hay actores armados, donde las violencias mutan, donde el pasado no termina de pasar.</p>



<p>Dialogar, en ese contexto, no es fácil. Y quizás nunca debió serlo.</p>



<p>Tal vez haya algo que reconocer ahí: que la dificultad misma del diálogo es prueba de que sigue siendo necesario.</p>



<p>El museo insiste en que no es solo un edificio en Bogotá. Habla de una dimensión territorial, de más de 300 lugares de memoria en el país, de comunidades que deciden cómo quieren recordar. Habla de una dimensión virtual, de acceso abierto a esos relatos.</p>



<p>“Son espacios construidos por las comunidades para dignificar lo ocurrido”, dice la directora. “No necesariamente son lugares del horror. Pueden ser bosques, casas, senderos. Lugares donde la gente decide cómo recordar”.</p>



<p>Es, en teoría, un intento de descentralizar la memoria.</p>



<p>Pero incluso esa apuesta enfrenta un límite: el país sigue profundamente fragmentado. No todas las memorias quieren encontrarse. No todas confían en las otras. No todas creen en el Estado como mediador.</p>



<p>Y aun así, el museo propone reunirlas.</p>



<p>El 9 de abril habrá una puesta en escena: testimonios, música, una línea de tiempo, experiencias sensoriales. No será la inauguración del edificio, sino algo más provisional. Una especie de ensayo público de lo que podría ser el museo.</p>



<p>“Va a ser un evento muy emotivo”, explica. “Van a estar organizaciones de víctimas, cantaoras, familias buscadoras, pueblos indígenas. La idea es que la gente entienda el museo antes de que exista completamente”.</p>



<p>“Es conectar a la gente con algo: decirle ‘esto está vivo’”, añade.</p>



<p>La frase tiene algo de insistencia, casi de urgencia. Como si el mayor riesgo no fuera el retraso de la obra, sino la pérdida de sentido.</p>



<p>Sería fácil reducir esta historia a una narrativa de ineficiencia estatal o, en el otro extremo, a una épica institucional. Ninguna de las dos alcanza.</p>



<p>Lo que ha ocurrido con el Museo de Memoria es más incómodo: revela la dificultad de un país para mirarse a sí mismo sin simplificaciones.</p>



<p>Y, al mismo tiempo, evidencia el esfuerzo, parcial, discutible, pero real, de intentar hacerlo.</p>



<p>Hay que decirlo con claridad: reiniciar esta obra no era inevitable. Requería decisiones, recursos, voluntad política. Requería asumir el costo de continuar algo que muchos ya daban por perdido.</p>



<p>En ese sentido, la administración actual ha hecho algo que no siempre se reconoce: volver posible lo que estaba detenido.</p>



<p>Cualquiera que llegue después tendrá que entender ese punto de partida. Y, más aún, tendrá que decidir qué hacer con él.</p>



<p>En Colombia, la memoria no es un terreno estable. Es un espacio en disputa permanente.</p>



<p>Quizás por eso el museo, incluso antes de terminarse, ya es lo que intenta ser: un lugar incómodo.</p>



<p>Un lugar donde no todo encaja. Donde las versiones chocan. Donde el diálogo se hace urgente. Y donde, precisamente por eso, algo importante puede ocurrir. No porque el país haya resuelto su pasado. Sino porque, a pesar de todo, todavía insiste en no dejar de mirarlo.</p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127393</guid>
        <pubDate>Wed, 25 Mar 2026 20:12:10 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Museo de la memoria]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mas Allá de Paloma y Cepeda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/voto-coyuntural-la-victoria-de-la-democracia-participativa-y-la-soberania-del-criterio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Democracia o Tiranía: El Dilema del Centro Político<br />
La llegada de liderazgos como el de Jennifer Pedraza es un respiro de higiene institucional, pero la política no es un ejercicio de idolatría. Mi voto es una apuesta por la coherencia frente a la &#8220;desdemocratización&#8221; que amenaza nuestras instituciones. Como educomunicadora, sostengo que el activismo no puede ser moneda de cambio del poder ni una estrategia de validación para los mismos de siempre.</p>
<p>Hoy, el centro político se encuentra en una encrucijada crítica. La incapacidad de sus liderazgos para conciliar disimilitudes internas ha dejado una fragmentación que daña profundamente la coyuntura nacional. Ante esta dispersión, el voto debe dejar de ser un acto simbólico para convertirse en pragmatismo ético: es preferible defender una democracia imperfecta que facilitar el camino hacia una tiranía moderna.</p>
<p>Habitar el mundo como una mujer soberana implica proteger la arquitectura constitucional por encima de los personalismos. Si el Congreso se inclina hacia un extremo, el equilibrio exige una presidencia que garantice la independencia institucional. En esta primera vuelta, la apuesta por la moderación es la única salvaguarda para que todas las personas conservemos, por encima de todo, el derecho fundamental a disentir.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Así estoy viendo el panorama</p>



<p class="has-contrast-color has-luminous-vivid-orange-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-d786512ce7eef29aea377001065044e1">Jennifer Pedraza: la fuerza de una trayectoria de lucha</p>



<p>Empiezo celebrando una victoria que constituye un acto de higiene institucional y un respiro para la salud de nuestras instituciones: la llegada de Jennifer Pedraza al Senado. Mi voto por ella, del cual fui orgullosa divulgadora en mis espacios de construcción —humildes, jamás modestos—, no es un hecho menor. Estamos hablando de una mujer que, antes de cumplir 40 años, ya es senadora, tras una vida entera dedicada al activismo desde los 14 años. Su carrera ha sido coherente, valiente y situada. Conquistar la única curul de izquierda que se mantiene firme fuera del petrismo es una hazaña histórica que marca un precedente para la izquierda que no se vende. Quitarles esas sillas a la vieja guardia de los conservadurismos abstractos y a los corruptos de siempre es una ganancia directa para las ciudadanías. Esta victoria me llena de alegría y orgullo, pues representa la apuesta por liderazgos que, desde la juventud y la técnica, disputan el poder con manos limpias; un fenómeno que me recuerda a <strong>Hannah Arendt</strong>, quien en su obra <em>La condición humana</em> sostiene que la acción política es el espacio donde los individuos se revelan en su singularidad. Desde esa mirada académica, confirmo que lo de Jennifer es un renacimiento de la acción política genuina frente a la burocracia deshumanizante que tanto nos ha costado erradicar.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-background" style="background-color:#c25f19">2. El voto no es discipular: la tensión por el trabajo sexual</h3>



<p>Es fundamental aclarar que mi apoyo a Jennifer es un voto coyuntural que reconoce tensiones inevitables, pues la política no es un ejercicio de idolatría, sino de confrontación honesta. Nunca seré una feminista abolicionista; es una postura que he sustentado por casi dos décadas y que me llevará, seguramente, a dar debates profundos con ella. Como alguien que honra la memoria y el legado de <strong>Maya Angelou</strong>, me sumo a su voz y a su historia de vida. Angelou fue una mujer que habitó la experiencia del trabajo sexual en su juventud y la reconoció con una honestidad brutal, negándose a ser definida por el estigma. Su legado es un recordatorio de que la dignidad humana es innegociable. Me inspira profundamente su convicción de que &#8220;hacemos lo que podemos con lo que sabemos, y cuando sabemos más, lo hacemos mejor&#8221;. Desde esta ética, entiendo que la reglamentación del trabajo sexual no es un capricho, es una justicia histórica necesaria; el activismo que transforma debe mirar la realidad de frente, sin la venda del prejuicio que tanto daño ha causado a las mujeres que, como Angelou, supieron sobrevivir y elevarse por encima de la mirada que intentaba silenciarlas.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">3. La ética del activismo frente al poder</h3>



<p>En primera  vuelta voy con Fajardo .No tengo reparo en decirlo: mi distancia con Iván Cepeda es total. Su ambigüedad frente a la tiranía de Maduro —esa puesta en escena de &#8220;comillas&#8221; con los dedos al hablar de dictadura—, su apertura a una Constituyente y el respaldo de grupos alzados en armas al modelo de gobierno, comprometen la paz real. En este escenario, mi voto coyuntural busca elegir el menor mal posible para el próximo periodo presidencial de cuatro años. La disputa es entre una democracia participativa imperfecta versus la posibilidad de una tiranía, donde los activismos terminan siendo moneda de cambio para las &#8220;jugaditas&#8221; dentro del poder. El petrismo ha instrumentalizado las causas sociales, y esto es más evidente que nunca. Defiendo que los activismos deben ser multipartidistas y transversales; no pueden ser una moneda de cambio, pues son el ADN de nuestras luchas. El activismo que transforma es el que llega al poder para servir. Mi postura dialoga con <strong>Chantal Mouffe</strong>, politóloga belga que propone el &#8220;pluralismo agonístico&#8221;, concepto que explica cómo la democracia sana debe permitir el conflicto genuino entre adversarios, evitando que los partidos coopten las causas sociales para convertirlas en mercancía electoral; por eso insisto en que el activismo no puede ser una simple estrategia de validación de los mismos de siempre.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">4. Dictaduras modernas y la urgencia de la cívica</h3>



<p>En Colombia, nuestra educación cívica es deficiente; olvidamos en el cansancio del diario vivir que nuestra democracia se sostiene sobre el equilibrio de los cuatro poderes fundamentales. Las dictaduras modernas ya no nacen de guerras, sino de estrategias de manipulación que se apalancan en la legalidad para cooptar instituciones desde el Congreso, tal como vimos en Venezuela. Un presidente de la misma línea que la mayoría del Congreso puede hacer lo que quiera, mientras una presidenta —por extrema que sea— no podrá imponerse ante un Legislativo contrario. Mi postura es pragmática: quiero un país en democracia, donde podamos construir escuelas cívicas —lejos del adoctrinamiento— y vivir sin miedo. En primera vuelta, mi apuesta es Sergio Fajardo, quien representa mis valores; suplico al universo el milagro de su elección. En segunda vuelta, no votaré por quien respalde el modelo actual. Mi reflexión se apoya en <strong>Boaventura de Sousa Santos</strong>, sociólogo que analiza las democracias en crisis desde el Sur Global; él nos recuerda que el peligro inminente es la &#8220;desdemocratización&#8221; que ocurre cuando las instituciones pierden su independencia. Nos toca ser coyunturales; mientras los extremos se culpan, nos falta una fuerza política sobria, intelectualmente capaz de reconocer lo bueno de sus contrarios y lo malo de sus semejantes.</p>



<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">5. Habitar el mundo como una mujer putamente libre</h3>



<p>Finalmente, hablo amparada en los artículos 18, 19 y 20 de nuestra Constitución. Siguiendo a <strong>Rita Segato</strong>, antropóloga fundamental que nos invita a un feminismo &#8220;de territorio&#8221; y no de escritorio, entiendo que mi mayor objetivo en la vida es ser una mujer putamente libre, y mi mayor deseo para todas las mujeres, enfáticamente en Colombia, es que podamos vivir así. Segato explica que el poder patriarcal se sostiene en la capacidad de controlar los cuerpos y los proyectos de vida; por eso, el feminismo debe ser un pensamiento que libera al territorio del miedo. Defiendo la democracia coyunturalmente. Estoy convencida de que si el Congreso es mayoritariamente petrista, lo lógico para el equilibrio es que la presidencia no lo sea. Es difícil y tensionante escoger entre un hombre de izquierda y una mujer de derecha; la realidad es que el riesgo de perder los derechos por una deriva autoritaria es un precio que no podemos pagar. Ante este panorama, les pregunto: ¿estamos dispuestas y dispuestos a proteger la arquitectura de nuestra democracia, o dejaremos que la idolatría política nos ciegue hasta perder el derecho a disentir?</p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">El centro Colombiano </h2>



<p><strong> Nos repiten en los extremos una y otra vez  &#8221; el centro no existe&#8221; ¿Si no existimos porque nos  &#8220;dan lora&#8221; por el voto?</strong> El ejercicio del sufragio en el actual panorama político trasciende la mera simpatía partidista para convertirse en un acto de defensa institucional y soberanía popular. Al analizar la dispersión de las fuerzas de centro, resulta evidente que la incapacidad de figuras como <strong>Sergio Fajardo</strong> y <strong>Claudia López</strong> para consolidar una coalición robusta generó una fragmentación que afecta la coyuntura nacional. No obstante, la participación activa en primera vuelta por opciones que representen la moderación —como la candidatura de <strong>Fajardo</strong>— sostiene la promesa de una democracia plural. Este compromiso se fundamenta en el <strong>Artículo 3 de la Constitución Política de Colombia</strong>, el cual establece que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo; por tanto, el voto no es un símbolo vacío, sino la herramienta jurídica para evitar el ascenso de modelos de gobierno con tintes autoritarios o simpatías hacia regímenes dictatoriales.</p>



<p>La decisión de quienes integran el centro político, ante la posibilidad de un escenario de segunda vuelta, debe orientarse hacia un pragmatismo ético que priorice la estabilidad del Estado social de derecho sobre las imposiciones morales de los extremos. Siguiendo el <strong>Artículo 40 constitucional</strong>, la participación política constituye el núcleo de la democracia y exige elegir alternativas que, aunque se consideren imperfectas, aseguren la continuidad del trabajo social y la inclusión simbólica. En conclusión, votar a conciencia significa rechazar las narrativas que validan figuras vinculadas a ideologías totalitarias, como las representadas por <strong>Iván Cepeda</strong> en su afinidad con modelos externos, para proteger la esencia de la participación ciudadana y la libertad de pensamiento en todas las personas.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126810</guid>
        <pubDate>Sun, 15 Mar 2026 04:45:12 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mas Allá de Paloma y Cepeda]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Colombia 2026</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/colombia-2026/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace dos días Colombia vivió una de esas jornadas que, aunque pasan con aparente normalidad, dicen mucho sobre la salud de una democracia. Más de 40 millones de colombianos podían votar en todo el país. En un trabajo casi impecable, las instituciones garantizaron que cualquier colombiana y colombiano tuviera la posibilidad de hacerlo. Las mesas [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hace dos días Colombia vivió una de esas jornadas que, aunque pasan con aparente normalidad, dicen mucho sobre la salud de una democracia. Más de 40 millones de colombianos podían votar en todo el país. En un trabajo casi impecable, las instituciones garantizaron que cualquier colombiana y colombiano tuviera la posibilidad de hacerlo. Las mesas se instalaron, los jurados cumplieron, los resultados fluyeron. Sin embargo, al final del día apenas alrededor de 9 millones acudieron a las urnas para las consultas: <strong>una cuarta parte del electorado</strong>.</p>



<p>Ahí aparece, una vez más, el viejo desafío de nuestra democracia: <strong>lograr que los ciudadanos sientan que su voto sí cuenta</strong>. Porque organizar elecciones ya no es el problema. El reto verdadero es convencer al país de que participar importa.</p>



<p>En medio de ese paisaje electoral comenzaron a aparecer los nombres propios. Una de las grandes ganadoras fue <strong>Paloma Valencia</strong>. Durante años muchos la leyeron únicamente como heredera política de <strong>Álvaro Uribe</strong>, pero en esta consulta logró algo más: consolidarse como una voz propia dentro de la derecha colombiana. Superó con relativa comodidad a sus competidores y terminó proyectándose como una líder capaz de ordenar un sector donde también se mueven figuras de tono más duro, como <strong>Vicky Dávila</strong>, o la narrativa de mano firme que representa <strong>Juan Carlos Pinzón</strong>.</p>



<p>Sobre Pinzón vale la pena detenerse un momento. Ha dicho que cierra su ciclo en la política. Tal vez no debería hacerlo. Es un dirigente joven y logró una votación importante. La política también exige una forma particular de humildad: <strong>reconocer que hay momentos históricos que superan las destrezas personales</strong>. Aunque solemos repetir que lo personal es político —y lo es—, muchas veces es el <strong>contexto</strong> el que termina definiendo la suerte de los candidatos. Hay coyunturas que simplemente no están maduras, liderazgos que llegan demasiado pronto o demasiado tarde. Entender eso también es parte del oficio.</p>



<p>Para <strong>Paloma Valencia</strong> el desafío ahora es otro. Si quiere ganar la presidencia deberá comprender que <strong>el país de 2002 ya no existe</strong>. El electorado es distinto, las sensibilidades cambiaron y la política ya no se ordena únicamente alrededor de la seguridad. Su apuesta, inevitablemente, tendrá que ser la <strong>unidad y la ampliación de su base política</strong>.</p>



<p>En ese mismo espacio apareció una figura que sorprendió a muchos: <strong>Juan Daniel Oviedo</strong>. Su historia personal logró conectar con el país de una manera inesperada. Hay algo en su rigor técnico, en su tono sereno y en su propia diversidad que habla de una Colombia distinta. Hoy la derecha y el centro derecha tienen algo que hace apenas unas décadas parecía improbable: <strong>una mujer liderando y un hombre abiertamente homosexual ocupando un lugar central en la conversación política</strong>.</p>



<p>Oviedo tiene ahora un camino abierto. Paloma haría bien en escucharlo. Y el centro político de <strong>Sergio Fajardo</strong> también debería mirar con atención ese fenómeno: ahí puede haber una <strong>posibilidad real de convocatoria</strong>.</p>



<p>Mientras tanto, en otro rincón del mapa político, <strong>Claudia López</strong> decidió hacer su propia apuesta. Su consulta fue, en buena medida, una forma de decir “aquí estoy”. Y lo logró. Medio millón de votos en una consulta no es poca cosa en Colombia. Demostró que tiene seguidores, que existe un fervor alrededor de su figura y que su voz sigue teniendo peso en la conversación pública. Cualquiera que desprecie ese resultado se equivoca.</p>



<p>El episodio más llamativo de la jornada, sin embargo, ocurrió en la consulta de la izquierda. Allí se impuso <strong>Roy Barreras</strong>, en un resultado que contrasta con los votos al Senado del <strong>Pacto Histórico</strong> y que debería abrir una discusión más profunda dentro de ese sector político.</p>



<p>Porque la pregunta inevitable es esta: <strong>¿qué tan abierta está la izquierda colombiana a la pluralidad de voces?</strong></p>



<p>Resulta especialmente llamativo que el propio presidente <strong>Gustavo Petro</strong> haya invitado, pública y privadamente, a destruir la candidatura de Barreras. La izquierda no llegó al poder sola. Fue el resultado de una coalición amplia, diversa y a veces incómoda. Olvidarlo no solo es poco honroso sino puede ser políticamente costoso.</p>



<p>La victoria de Roy también lo sitúa en una situación curiosa. Le abre un escenario complejo, pero lleno de posibilidades. Los políticos más hábiles suelen entender que las coyunturas difíciles también pueden ser oportunidades. Roy Barreras podría aprovechar este momento para intentar demostrar que <strong>otra izquierda es posible</strong>, quizá ahora con la libertad de presentarse como un contendiente legítimo frente a <strong>Iván Cepeda</strong>.</p>



<p>Al final del día, entre resultados, sorpresas y lecturas cruzadas, hay una conclusión que se impone: <strong>la gran ganadora fue la democracia</strong>.</p>



<p>Hay pluralidad, hay competencia y hay opciones reales para el país. El desafío sigue siendo la participación. Diez millones de votantes son demasiados pocos para una democracia de más de cuarenta millones de ciudadanos habilitados, lo cual no es sino la evidencia que gran parte del país siente que la política no importa, que todos los políticos son iguales.</p>



<p>Pero también es cierto que la pluralidad que vimos tiene una virtud silenciosa: <strong>mientras más voces existan, más difícil será que los extremos monopolizen la conversación política</strong>.</p>



<p>Colombia, tarde o temprano, tendrá que escoger entre <strong>un camino de centro izquierda o uno de centro derecha</strong>.<br>Los extremos, como tantas veces en nuestra historia, casi siempre terminan conduciendo al mismo lugar: <strong>al atraso, a la pobreza y a la guerra</strong>.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126728</guid>
        <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 13:40:44 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Colombia 2026]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La crianza en el recreo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/la-crianza-en-el-recreo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Catalina Quiroga Matiz. Psicóloga &#8211; Consejera Escolar. Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Por: Catalina Quiroga Matiz.</strong> <br><em>Psicóloga &#8211; Consejera Escolar</em>. </p>



<p>Se trata de pensar en las formas en que la crianza se expresa de mil maneras en la interacción de los niños, niñas y adolescentes, esta vez, enfocándonos en cómo se muestran en compañía de sus pares y bajo el cuidado de otros adultos que no son necesariamente sus familiares. </p>



<h2 class="wp-block-heading">El recreo, donde la magia ocurre</h2>



<p>Es un momento, quizá pensado para el descanso, pero también es el escenario donde nacen ideas y se da la posibilidad natural de interactuar con el otro.</p>



<p>Realizar un ejercicio de observación en estos espacios resulta profundamente enriquecedor, porque allí todo ocurre de manera transparente. Incluso podría decirse que es un espacio donde aquello descrito por Charles Darwin sobre la selección natural encuentra una analogía curiosa: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><em>los niños y adolescentes ubican sus intereses, afinidades y formas de relacionarse desde las características que les ha dejado la crianza recibida en casa. </em></p>
</blockquote>



<p><br>Y es interesante porque, aunque el entorno está envuelto en un halo de diversión y juego, cada subgrupo, o incluso cada persona que elige estar sola, carga consigo un universo de conversaciones internas y externas. </p>



<p>Universos que, a veces, muestran aspectos que suelen camuflarse ante sus cuidadores. El recreo está lleno de risas y movimiento, pero basta una pequeña diferencia o roce para que la dinámica cambie por completo.</p>



<p>Ante esas dificultades, algunos niños buscan de inmediato a sus adultos de confianza para contar lo sucedido. Esa información, entregada en el momento justo, permite mediar de manera precisa y apoyar la continuidad del juego con más calma. </p>



<p>Otros prefieren evitar la pausa y continuar, mostrando una capacidad creciente para resolver por sí mismos. Pero muchos, como es natural, esperan a llegar a casa para narrar ese pequeño conflicto que, en la mayoría de los casos, no tiene una connotación tan grande como se percibe desde la emoción.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El recreo, un laboratorio vivo de lo aprendido</h2>



<p>Y es ahí donde aparece otro escenario: el del hogar. Ante la voz vulnerable de un hijo que relata su experiencia, los padres escuchan con atención y, desde el amor, amplifican cada detalle. Actúan como madres y padres leones, dispuestos a proteger a sus retoños. No está mal; es profundamente humano. </p>



<p>Sin embargo, cuando la inconformidad crece y el relato se convierte en una preocupación mayor, algunos adultos buscan directamente a quienes consideran responsables, intentando impartir justicia de manera inmediata. </p>



<p>Es en ese impulso, comprensible pero riesgoso, donde, sin proponérselo, pueden llegar a reproducir dinámicas propias del <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a>: señalar, presionar, intimidar o acusar sin mediación, todo con la convicción de defender. Y es ahí cuando, sin darnos cuenta, los adultos también podemos convertirnos en parte del mismo problema que intentamos evitar.</p>



<p>Es en ese punto donde la crianza entra de nuevo al recreo: en las formas tajantes de resolver, en la mirada que señala, en el riesgo de revictimizar, en la dificultad de comprender que los conflictos infantiles tienen una escala distinta a la de los adultos. </p>



<p>Mientras tanto, quienes desde el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a> trabajan en mediación, resolución pacífica de conflictos, justicia restaurativa y procesos formativos comprenden que la historia suele ser menos dramática de lo que llega narrada a casa. Y aun así, el colegio queda con la etiqueta de “no hace nada”.</p>



<h3 class="wp-block-heading"><strong>Al final, las formas de crianza también caben en el recreo</strong></h3>



<p>Quizás lo que nos recuerda el recreo es que todos estamos aprendiendo: los niños, a convivir; los adultos, a acompañar sin desbordarnos. Que en esos pequeños roces que parecen enormes se esconden oportunidades para enseñar y para mirarnos como cuidadores. </p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Y que antes de apresurarnos a defender, señalar o juzgar, vale la pena detenernos, respirar y recordar que cada experiencia es parte de un proceso más grande: <em>el de formar seres humanos capaces de construir paz, primero en el patio del colegio y, luego, en la vida</em>.</p>
</div></div>



<p></p>
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        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
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        <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 13:23:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La crianza en el recreo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Crónica de un balance de año en Coach-landia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/cronica-de-un-balance-de-ano-en-coach-landia/</link>
        <description><![CDATA[<p>A finales de diciembre y comienzos de enero, la gente está borracha de alegría y con el entusiasmo elevado a su máxima expresión. Comienza la temporada de los balances y las listas de metas y deseos. Aunque en Coach-landia todo eso ya tiene otros nombres, yo no suelo estar a la moda en temas de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>A finales de diciembre y comienzos de enero, la gente está borracha de alegría y con el entusiasmo elevado a su máxima expresión. Comienza la temporada de los balances y las listas de metas y deseos. Aunque en <em>Coach-landia</em> todo eso ya tiene otros nombres, yo no suelo estar a la moda en temas de marketing de crecimiento espiritual. Pero… es inevitable ver publicaciones donde te dicen que “hay que visualizar y manifestar desde ya un 2026 genial”. Y es ahí cuando hacemos (me incluyo en la torta) el famoso balance de lo que fue el 2025, para que de ahí salga la lista de metas de este nuevo año.</p>
<p>Pero creo que debería reescribir este párrafo, ponerlo en &#8220;vibraciones altas&#8221; y lenguaje de coach de TikTok. Comencemos de nuevo:</p>
<p>Ya no es suficiente con desear un 2026 decente. No, no (después las cosas no salen bien): hay que visualizarlo, manifestarlo y, si se puede, subirle la vibración antes de que el año arranque. A final de año ahí estuve yo, incluida, con varita de incienso en una mano (hay unos con olor a chocolate, ¡deliciosos!) y un Excel emocional en la otra (ante todo ordenada), lista para hacer el ritual obligatorio: cerrar ciclos, integrar aprendizajes, agradecer lo vivido y mirar al 2025 con cara de “todo pasó por algo”.</p>
<p>¡Nah! Tal vez en alguna dimensión paralela. Aunque sí hice mi reflexión sobre ese especial 2025 que viví.</p>
<p>El asunto es que de ese proceso —que debe ser &#8220;profundamente espiritual&#8221;— nace entonces la declaración de intenciones, el manifiesto del año, la ruta alineada del yo futuro… en inglés suena mejor, más estilo coach: la gente hace su <em>Vision Board 2026</em> o su <em>Manifestation List 2026</em> (lo que antes llamábamos metas del año) y, para que se manifieste mejor, lo comparte en redes (es parte del ritual). Se hace con dulzura y cara de santo en trance… para que el universo no se estrese.</p>
<p>Todos esos deseos para el 2026 parecen redactados por un departamento de marketing espiritual: &#8220;Ir al gimnasio&#8221;, &#8220;viajar más&#8221;, &#8220;ahorrar&#8221;&#8230; Qué sé yo. Aquí especulo, pues mi lista es bastante peculiar y no se parece a esas. El papel aguanta todo —o más bien, los <em>reels</em> aguantan todo—, pero al alma no se engaña fácilmente. Si sientes vacío tu balance de vida, es porque le falta el ingrediente que los babilonios consideraban sagrado: la capacidad de ser humillado por la verdad.</p>
<p>Para entender algo, me gusta ir al inicio. La palabra que lo nombra. Conocer el término que define “eso” de lo que hablamos permite una verdadera comprensión, por lo menos para mí. Saber de dónde viene, por qué y cómo se ha ido transformando con el tiempo. Cómo suena en otros idiomas. Cómo su connotación cambia en otras culturas. Eso realmente me abre la puerta a investigar y comprender el ADN de “eso” de lo que hablo. Y hoy son varias palabras. Una es balance.</p>
<p>Balance. Suena bonito: <em>ba-lan-ce</em>. Es dulce y sonora, pero ya lleva mucho tiempo siendo maltratada por la frivolidad (hay hasta un desodorante que la lleva por nombre). La palabra balance viene del francés balance, que a su vez nos llega del latín vulgar bilanx.</p>
<p>Bi-: Significa &#8220;dos&#8221;.</p>
<p>Lanx: Significa &#8220;plato&#8221; o &#8220;platillo&#8221;.</p>
<p>Físicamente, el balance es el acto de poner peso en un lado y la mercancía en el otro hasta que la aguja se queda quieta en el centro. ¿En busca de qué? ¿Equilibrio? ¿Equidad? ¿Determinar una medida para el cobro? ¿Para que nadie engañe a nadie?</p>
<p>¿Por qué lo aplicamos a la vida? Porque la mente humana busca equilibrio. Cuando decimos &#8220;hacer balance&#8221;, estamos poniendo en un platillo lo que logramos (ganancias) y en el otro lo que perdimos, lo que no fuimos capaces de lograr, el karma que nos cayó o lo que nos faltó (pérdidas). Si la balanza se inclina demasiado hacia las pérdidas, sentimos una tensión interna que necesitamos resolver. Ansiedad, entre otras.</p>
<p>En nuestro hermoso español hay una palabra derivada de “balance” que usamos para definir el movimiento de un barco o una cuna: <em>balanceo</em>. Y, curiosamente, imaginarla en acción es un recordatorio de que la vida no es estática. Se mueve al ritmo de las olas de un océano impredecible. Y viéndolo así, hacer balance de nuestra vida o año es aprender a mantenernos en equilibrio en medio del movimiento constante.</p>
<p>La humanidad no experimenta el tiempo como una aburrida línea infinita y plana, sino como una serie de capítulos. Los balances ocurren en lo que la psicología del comportamiento llama &#8220;Hitos Temporales&#8221;. Son momentos en los que social, grupal o personalmente se rompe el flujo rutinario del tiempo y se genera un “Efecto de Nuevo Comienzo”. De menor a mayor: los lunes y los viernes (hitos temporales de trabajo y descanso), luego vienen cumpleaños, aniversarios, cambio de año…</p>
<p>Y como simios pensantes en esos hitos temporales decidimos hacer balances que crean una discontinuidad mental. Qué por cierto es muy útil y sana. Nos permite separar nuestro &#8220;yo del pasado&#8221; (que cometió errores en 2025) de nuestro &#8220;yo del futuro&#8221; (que tiene una página en blanco en 2026 y un universo de posibilidades).</p>
<p>Cuando en masa, al mismo tiempo, hacemos individualmente el famoso balance, validamos que pertenecemos a este mundo occidental (nuestra comunidad). Es como si gritáramos en coro: &#8220;Todos sobrevivimos a este ciclo y todos estamos de acuerdo en que hoy algo termina y mañana algo empieza&#8221;.</p>
<p>Este balance tiene otra utilidad interesante: crea la ilusión de orden. La vida, en general, es caótica, pero cuando hacemos balances en los hitos temporales logramos empaquetar los 365 días que ya pasaron en conclusiones lógicas y explicaciones.</p>
<p>También hacemos eso que los psicólogos llaman cierre cognitivo. Nuestro cerebro detesta las historias abiertas. Nada más observen los finales de películas y series que quedan abiertos: cómo reciben puntajes terribles y funas en redes. Como ejemplo reciente tenemos a Stranger Things.</p>
<p>Nuestro cerebro no es fan de las historias abiertas, ni en películas, ni en libros, ni en nuestra propia vida ¿Por qué? Porque las historias abiertas nos dejan más incertidumbres que certezas. Y la incertidumbre es el “coco” de media humanidad. A fin de año, el ser humano necesita “cerrar el libro” que en este instante temporal se llama 2025 para poder abrir el siguiente (2026) sin todo el ruido mental y las páginas tachadas del anterior.</p>
<p>Los humanos somos los únicos animales que se cuentan historias a sí mismos. Eso dijo el filósofo Alasdair MacIntyre en su libro &#8220;Tras la virtud&#8221;. Aunque yo no creo que eso sea cierto, que somos &#8220;los únicos&#8221;. Pero siguiendo lo expuesto por MacIntyre, una persona dentro de su balance 2025/2026 no podría responder la pregunta &#8220;¿qué voy a hacer?&#8221; sin responder antes otra pregunta: &#8220;¿de qué historia o historias me encuentro formando parte?&#8221;. Y ambas, preguntas y respuestas, no se formulan ni responden en el balance, es un proceso mental interior, poco consciente que hacemos para poder decidir qué quiero y qué no para ese nuevo año. Y por supuesto para definir metas. Por ejemplo: Sebastiana se quiere casar en 2026, es su meta, porque quiere formar una historia de vida con Albertino.</p>
<p>Entonces, el balance de fin de año es el momento en que revisamos si el capítulo que acabamos de vivir tiene sentido dentro de nuestra “biografía”. En esta revisión no solo contamos cuántos viajes hicimos o si logramos comprar ese carro; lo que realmente hacemos es evaluar si nuestra vida coincide con la persona que queremos ser —y para algunos, con la que pretenden o aparentan ser—.</p>
<p>En el fondo, ese balance es una búsqueda de sentido. En realidad, no se trata de los hechos, sino de la narrativa propia que construimos con ellos. De las historias que queremos crear para nuestra autobiografía. Una narrativa para nosotros (autoconvencimiento) y otra para los demás (el cuento que vendemos de nosotros mismos), pero no hacemos este proceso con la consciencia de que decidimos nuestra propia narrativa.</p>
<p>Por eso duele cuando el balance es “negativo” (hojas mal escritas de nuestra vida) y por eso nos sentimos renovados cuando el balance nos muestra que, a pesar de las tempestades, seguimos de pie. Todos queremos ser héroes, y más aún dentro de nuestra propia historia.</p>
<p>Hay otro psicólogo que plantea algo interesante al respecto. Jerome Bruner sostiene que tenemos dos formas de pensamiento: el paradigmático, que es lógico y científico, y el narrativo. Con este último entendemos nuestra vida. Escribimos nuestra autobiografía mental. Y sosteniendo la teoría de Bruner, en el balance de fin de año hacemos una construcción narrativa donde ordenamos nuestros eventos aleatorios para darles una relación de causa y efecto. Para darles sentido.</p>
<p>Por ejemplo: Juanito, en marzo, hizo una estafa piramidal y se robó 500 millones de pesos. Y a Juanito, un conductor borracho lo atropelló en octubre y casi se muere. En diciembre Juanito hace su balance: &#8220;seguramente me atropellaron como castigo divino por estafar a la gente. Me cayó el karma&#8221;. Meta de 2026 de Juanito: &#8220;cuando salga de la silla de ruedas voy a devolver el dinero robado sin que me metan preso y pedir disculpas&#8221;.</p>
<p>Este balance o “revisión de vida” lo hacemos desde hace más de 4.000 años. Viajemos a la Babilonia del 2000 a. C. Allí celebraban el festival de Akitu, considerado un proceso de reordenamiento del caos. Se celebraba durante 12 días en el mes de <em>Nisannu</em> (marzo/abril), en el equinoccio de primavera.</p>
<p>Durante el Akitu, los babilonios hacían un balance social: devolvían objetos prestados y hacían balance contable. Para los babilonios, el año nuevo no podía comenzar si el &#8220;balance contable&#8221; social no estaba en cero. Si debías algo, material o afectivo, el orden cósmico estaba roto.</p>
<p>También hacían un balance político y moral. El rey se arrodillaba ante el dios Marduk. El sumo sacerdote le quitaba la corona y el cetro y lo cacheteaba. Debía confesar que no había descuidado sus deberes de rey. Si lloraba, significaba que Marduk estaba satisfecho y que el balance del reino era positivo para el año siguiente.</p>
<p>(Creo que el nuevo reyezuelo global necesita una &#8220;bofetada de Marduk&#8221;. Un apunte político innecesario).</p>
<p>Y aplicando un poco la experiencia babilónica, para que un balance tenga peso real necesitamos una “bofetada de Marduk”. Esa bofetada corresponde al peso de la verdad. Desmontar la narrativa y vernos desnudos. Sin centro. Sin corona. Sin adornos. Dejar de contarnos nuestro propio cuento. Dejar de acomodar los hechos a la historia autobiográfica que llevamos años escribiendo. Y observarnos con ojos de extraño. Cachetearnos con nuestra propia verdad. Ese sería el balance ideal y honesto con nosotros mismos. Lo demás es farándula, autoengaño, moda, teatro, baile de máscaras…</p>
<p>Un romano devoto nos diría que cuando hacemos un balance de nuestra vida invocamos al dios Jano. El que mira atrás y adelante.</p>
<p>Jano o Janus, es el dios romano de las puertas, los comienzos y los finales. Es un dios interesante. Gobierna complejidades. Jano es representado con dos rostros: uno mira hacia el pasado y el otro hacia el futuro. Por eso el mes de enero lo honra. Enero en latín es <em>Ianuarius</em>, que proviene de Jano. Lo que significa que es el &#8220;umbral&#8221; del año. En enero estamos parados en una línea en la que miramos para atrás y para adelante.</p>
<p>Los romanos creían que para cruzar una puerta —un nuevo año— con el pie derecho, primero debías honrar lo que dejabas atrás. Y este es uno de los antepasados directos de nuestro balance de fin de año: la pausa necesaria en el umbral —la puerta de la vida— para entender de dónde venimos antes de decidir a dónde vamos.</p>
<p>Un balance anual que me gusta es el chino. Lo hacen en su Año Nuevo, durante el festival de primavera. Es un balance físico y espacial. Revisan su casa y hacen una limpieza profunda llamada <em>Dahao</em>. Barren a fondo su hogar, para “barrer la mala suerte” del año anterior. Se deshacen, botan lo que no sirve y limpian lo que va a quedar.</p>
<p>Después de ese balance del año anterior, muchos imaginan que el 2026 es como una página en blanco. En coach-landia nos venden esa idea. Un inicio de cero para construir lo que queramos. Pero no. Lamento informarles que la página en blanco no existe cuando se refiere a cambio de año. Es mentira. Escribimos sobre lo que ya está escrito. El balance no sirve para borrar el pasado, sino para entender con qué bolígrafos y colores vamos a escribir y dibujar el siguiente capítulo.</p>
<p>Los seres humanos somos un palimpsesto. Textos escritos sobre otros textos.</p>
<p>Aunque soy irónica y desconfiada con el tema del balance anual, reconozco que necesitamos el 31 de diciembre para hacer ese clic mental de una etapa nueva. El balance es el umbral de Jano: una cara mira hacia atrás para aprender, y la otra mira hacia adelante para imaginar.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124588</guid>
        <pubDate>Mon, 12 Jan 2026 03:37:48 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Llegan tarde y con el lente equivocado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/llegan-tarde-y-con-el-lente-equivocado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: William Ríos. Gerente Género e Impacto Comunicaciones. </p>



<p>En el mundo, los medios de comunicación suelen mirar al bullying con el lente equivocado. Lo mencionan cuando ocurre una tragedia, cuando un joven se quita la vida, cuando un video se hace viral o cuando un colegio queda expuesto en redes sociales. Se multiplican las entrevistas, se habla del “flagelo”, aparecen opinadores repentinos y voces sin formación en convivencia escolar; luego, apenas pasan unos días, el caso se diluye, la agenda cambia y el fenómeno vuelve a quedar en silencio.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La anterior es una constante mundial</h2>



<p>El bullying solo aparece cuando duele. Lo más preocupante es que esa mirada reactiva no solo es limitada: es peligrosa.</p>



<p>Los medios —tradicionales y digitales— son formadores de cultura. Moldean valores, transmiten ejemplos, crean referentes sociales y acompañan a los ciudadanos desde que son niños hasta que se convierten en adultos. Por eso, cuando los medios reducen el bullying al titular dramático del día, están renunciando a su papel más importante: convertirse en agentes permanentes de prevención, educación y construcción de ciudadanía.</p>



<p>Una de las confusiones más extendidas es creer que el bullying es un fenómeno exclusivamente escolar. No lo es. Comienza en el hogar, se manifiesta en el <a href="http://www.josemaxleon.edu.co">colegio</a>, reaparece en la universidad y, en la edad adulta, toma la forma de mobbing o acoso laboral. Hay que entenderlo: este fenómeno se transforma y en ocasiones muta.</p>



<p>Agencias como la ONU y UNICEF reiteran permanentemente la responsabilidad de los medios de comunicación en la lucha contra el ciberacoso, la violencia de género y los discursos de odio, todos elementos presentes en el bullying, y que escalan a dimensiones sin proporciones.</p>



<p>Hace menos de un mes, en el marco de sus actividades del Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, la Unesco aseguró que “Aproximadamente el 58% de las niñas y los jóvenes del mundo sufren de acoso en línea, mientras que los estudiantes pertenecientes a minorías y comunidades migrantes sufren de manera desproporcionada el odio y la exclusión en Internet”.</p>



<p>Sin embargo, según el Informe GEM 2024 – edición juvenil, solo el 16 % de los países ha adoptado una legislación destinada a prevenir el ciberacoso a través de la educación.</p>



<p>Como ocurre con el ciberacoso, las cifras de cualquiera de las manifestaciones del bullying (y de las múltiples formas en que se mimetiza) son escalofriantes.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En Colombia normalizar el bullying ha sido demasiado fácil</strong></h2>



<p>Cuando llevamos la conversación al contexto colombiano, la urgencia es mayor. No es un secreto que Colombia ha vivido décadas de violencia política, urbana y rural. Esa historia ha dejado cicatrices profundas, pero también una peligrosa costumbre: la de normalizar la agresión.</p>



<p>En un país donde la violencia ha moldeado durante tanto tiempo las relaciones sociales, el bullying no es un asunto menor: es un termómetro cultural. Es un indicador de qué tanto hemos logrado transformar la manera en que tratamos al otro. </p>



<p>Por eso, los medios colombianos deberían asumir esta causa como una preocupación nacional permanente, no como un tema que despierta interés únicamente cuando hay tragedias que lamentar.</p>



<p>Los medios de comunicación tienen una responsabilidad que va más allá del titular: crear cultura de prevención, promover valores, difundir rutas de atención, consultar expertos y mantener la conversación abierta. Necesitamos periodismo y comunicadores que generen conciencia, acompañen a las familias, brinden herramientas a los niños, y que incomode a las instituciones cuando miran hacia otro lado.</p>



<p>Además, necesitamos medios que entiendan su poder pedagógico. Cada vez que presentan un caso de bullying sin análisis, sin contexto, sin especialistas, están fortaleciendo la confusión. Cada vez que cubren el tema desde el morbo, están repitiendo el ciclo de violencia que dicen rechazar. Y cada vez que dejan de cubrirlo, contribuyen al silencio que permite que prospere.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Educar testigos hoy es formar ciudadanos que alzan la voz mañana</strong></h2>



<p>Prevenir el bullying en el entorno escolar es una prioridad nacional. Una de las claves más poderosas para lograrlo es educar a los testigos: a los compañeros que ven, escuchan o conocen una agresión. Cuando un niño entiende que puede denunciar, que no está solo y que su palabra importa, se rompe la cadena del silencio.</p>



<p>Pero esto va más allá del colegio: un niño que denuncia bullying hoy es un adulto que denuncia corrupción mañana, que señala la desigualdad, que exige equidad, que no se queda callado frente a las injusticias. Formar testigos valientes es formar ciudadanos íntegros.</p>



<p>En esa tarea, los medios tienen un rol esencial. No solo informan sobre la realidad: ayudan a construirla. Y si queremos un país donde la violencia deje de ser parte de la cotidianidad, donde los niños crezcan con valores sólidos y donde la ciudadanía se atreva a alzar la voz, necesitamos un periodismo responsable, constante y comprometido con la prevención del bullying.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p>Los medios no pueden seguir llegando cuando es demasiado tarde.</p>



<p>Su responsabilidad es estar antes, durante y después. </p>



<p>Su deber ético es acompañar. </p>



<p>Su compromiso ineludible es educar. En síntesis, su obligación es ayudar a “<a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">Romper el silencio</a>”.</p>
</div></div>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123216</guid>
        <pubDate>Wed, 10 Dec 2025 18:41:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Llegan tarde y con el lente equivocado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Francy Quiroga: una corona que restaura el alma</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/francy-quiroga-una-corona-que-restaura-el-alma/</link>
        <description><![CDATA[<p>Francy Quiroga es una mujer que ha hecho de su cuerpo una declaración política. Reina de talla grande colombiana, su corona no representa un ideal estético impuesto, sino una afirmación de dignidad. Su historia no se cuenta desde la pasarela, se cuenta desde el territorio emocional y comunitario que ha construido junto a su familia. Su proyecto, la Fundación Por Amor a Mi Vida, es un espacio donde el cuerpo no se juzga, se cuida; donde la autoestima no se exige, se cultiva.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por Mar Candela Castilla</p>



<p><br><strong>Hoy escribiendo desde Feminismo Artesanal</strong></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Más allá de la corona. Francy Quiroga en conversación con Mar Candela " width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lIENsKTDwP4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p></p>



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">I. 25 de noviembre: el cuerpo como territorio de resistencia</h2>



<p>Cada 25 de noviembre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Esta fecha no solo recuerda a las hermanas Mirabal, asesinadas por la dictadura de Trujillo, sino que también nos obliga a mirar las formas menos visibles de violencia: la que se ejerce sobre los cuerpos que no encajan, sobre las mujeres que no cumplen con los cánones, sobre quienes han sido excluidas por su talla, su historia o su contexto.</p>



<p>Francy Quiroga es una mujer que ha hecho de su cuerpo una declaración política. Reina de talla grande colombiana, su corona no representa un ideal estético impuesto, sino una afirmación de dignidad. Su historia no se cuenta desde la pasarela, se cuenta desde el territorio emocional y comunitario que ha construido junto a su familia. Su proyecto, la Fundación Por Amor a Mi Vida, es un espacio donde el cuerpo no se juzga, se cuida; donde la autoestima no se exige, se cultiva.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">II. Restaurar el alma, no solo el espejo</h2>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Más allá de la corona. Francy Quiroga en conversación con Mar Candela " width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lIENsKTDwP4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>La Fundación Por Amor a Mi Vida nació para acompañar a mujeres que han atravesado situaciones difíciles. Hoy trabaja con todas las mujeres que buscan reconstruirse emocionalmente, recuperar su independencia y reconocerse con dignidad. Allí se ofrecen talleres, asesorías, espacios de bienestar emocional y formación práctica. La apuesta no es solo por el empoderamiento económico, sino por la restauración del alma.</p>



<p>La psicoterapeuta y feminista Susie Orbach, autora de Fat is a Feminist Issue, sostiene que la relación con el cuerpo es una construcción social profundamente atravesada por el género. Francy lo entendió desde su experiencia. Por eso decidió que su corona sería una herramienta de sanación colectiva. En su Fundación, el cuerpo no es un obstáculo, es un punto de partida. La moda no es una cárcel, es una forma de expresión. La autoestima no es un privilegio, es un derecho.</p>



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<h2 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">III. Una familia que transforma desde el amor</h2>



<p>Nada de esto sería posible sin la familia que acompaña a Francy. Desde la dificultad, han tejido comunidad. Cada integrante aporta desde su saber, desde su tiempo, desde su compromiso. No hay tarea que no compartan, no hay obstáculo que no enfrenten juntos. Lo que hacen no es caridad, es justicia afectiva. Lo que construyen no es solo una fundación, es un refugio ético.</p>



<p>Naomi Wolf, en El mito de la belleza, advierte que la presión estética sobre las mujeres es una forma de control social. Francy ha desactivado ese mito con acción concreta. Camille Paglia, desde una mirada crítica del feminismo cultural, ha defendido la capacidad de las mujeres para resignificar su imagen sin renunciar a su autonomía. Francy encarna esa posibilidad: la de una mujer que no se somete ni se esconde, que lidera con el cuerpo que tiene, con la historia que carga y con la comunidad que la respalda.</p>



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<p>Escribo esta columna en memoria de todas las mujeres que están renaciendo, reconstruyéndose y reclamando su lugar. Francy Quiroga es una de ellas. Y también es guía para muchas más. Su corona no está en la cabeza: está en las manos que sostienen, en los ojos que escuchan, en los espacios que transforma. Señalo que no se está reconociendo lo suficiente el valor de mujeres como ella. Señalo que no se está escuchando con la atención debida a quienes, desde la exclusión, han creado espacios de inclusión reales. Francy Quiroga cuenta con mi voz. Mi deber ético es respaldar su liderazgo, su trabajo comunitario y el número de lista que ocupará en cualquier escenario donde se juegue el destino colectivo. Resistir también es cuidar. Cuidar también es nombrar lo que otras personas callan.</p>



<p class="has-contrast-color has-luminous-vivid-orange-background-color has-text-color has-background has-link-color wp-elements-4be2b912c6edc3246e9944e0220f4a0a">Mis más sinceros agradecimientos a mi compañero de camino, el talentoso fotógrafo colombiano Andrés Reina, y a la maquilladora y asesora de imagen Vanessa Balberry. También agradezco a la fundación Bioentorno por patrocinar la locación. Su apoyo ha sido invaluable en este proceso.</p>
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        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122858</guid>
        <pubDate>Wed, 26 Nov 2025 06:41:18 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/26013500/WhatsApp-Image-2025-11-26-at-1.34.28-AM.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Francy Quiroga: una corona que restaura el alma]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿De qué Hablamos Cuando No Stalkeamos? La ética de la escucha en el diálogo con Santiago Rivas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/de-que-hablamos-cuando-no-stalkeamos-la-etica-de-la-escucha-en-el-dialogo-con-santiago-rivas/</link>
        <description><![CDATA[<p>untos las relaciones humanas, la escucha, la necesidad de desarmar el ego. Algo que me impactó fue que no le molestó que le dijera la verdad: que no siempre entiendo de qué habla, que no siempre estoy de acuerdo. Aun así, conectamos. De corazón a corazón.</p>
<p>Esta búsqueda de la conexión profunda tiene un eco en el feminismo académico. El conocimiento, nos recuerda la filósofa Audre Lorde, no puede depender solo de la racionalidad; tiene que estar al servicio del sentimiento. La ética de la escucha —el proyecto Ante el dolor de los demás de la Universidad de los Andes lo subraya— se concentra en cómo se recibe al otro, más allá del cuerpo sufriente, comprendiendo su contexto relacional.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Hablando con el gran Santiago Rivas. - Mar Candela desde la Educomunicación flexiones desordenadas." width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/V2NbXuNTF1k?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p><a href="https://youtu.be/V2NbXuNTF1k?si=8aNtHZJo0YvJI71z.">https://youtu.be/V2NbXuNTF1k?si=8aNtHZJo0YvJI71z.</a></p>



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<p>En esta modernidad tardía, la interconectividad nos da la ilusión de cercanía. Creemos que conocer a alguien es seguirlo, rastrear sus <em>posts</em>, consumir fragmentos de su vida digital.</p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"> <strong>Mas <em>stalkear</em> no es conocer.</strong></p>



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<p>Las herramientas digitales nos permiten acceder, sí, <strong>no obstante</strong> no necesariamente comprender. Conocer implica otra cosa: <strong>mirarse a los ojos, sin intermediaciones, en un momento de quietud.</strong></p>



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<p>Conocer es un espacio donde se activa el discernimiento y, sobre todo, donde se suspende el prejuicio. <strong>Conectar el alma —lo que sea que eso signifique— es un acto de presencia, no de consumo.</strong></p>



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<p>La comunicación auténtica no ocurre en la velocidad del <em>scroll</em>. Sucede en el espacio de la interpersonalidad reflexiva. Como plantea la investigadora <strong>Klondy Ordoñez Núñez</strong> en sus estudios sobre la brecha digital en educación: “La construcción del vínculo requiere más que interacción técnica; exige procesos de escucha, reconocimiento y reciprocidad” (<em>La construcción educomunicativa virtual en tiempos de pandemia</em>, 2020).</p>



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<p>No basta con estar conectados, hay que estar disponibles. <strong>La interconectividad no garantiza ni intimidad ni comprensión.</strong> Nos volvemos expertos en personas que nunca hemos mirado de frente, y eso nos aleja de la posibilidad de descubrirlas realmente.</p>



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<h3 class="wp-block-heading has-luminous-vivid-orange-background-color has-background">Romper la Burbuja, la Paternidad Consciente y la Ética de la Ternura</h3>



<p>Hace años sigo a Santiago Rivas. Lo sigo sin haberlo escuchado completo nunca. La vida me come viva, y sus contenidos me llegan por partes. <strong>Soy una lectora fragmentada de un profesional que va más allá de esa fragmentación.</strong></p>



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<p>Aun así, aprendo. Es un hombre que se declara abiertamente de izquierda y que tiene un alto tono activista en sus temas. <strong>Sin embargo, su valor radica en otra parte:</strong> <strong>mantiene un admirable equilibrio entre su voz propia y la ética profesional que exige el periodismo serio.</strong> No es un fanático. Es un hombre de izquierda que no le teme a la autocrítica.</p>



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<p>Su visión de la masculinidad, del país y, sobre todo, su mirada sobre la <strong>paternidad</strong> son <strong>transformadoras</strong> y <strong>disruptivas</strong>. En nuestro encuentro, por ejemplo, quedó claro que su <strong>unión afectiva</strong> es una <strong>decisión ética</strong> que rompe los esquemas de las normalidades impuestas.</p>



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<p>Su elección de vivir en <strong>concubinato</strong> sin la necesidad del &#8220;papelito&#8221; o la bendición judicial es, en sí misma, una declaración política. Su paternidad, asumida con un profundo sentido de privilegio y responsabilidad, refleja esa misma <strong>honestidad radical</strong> que yo admiro.</p>



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<p>La búsqueda no es ser un &#8220;superpapá&#8221;, <strong>sino</strong> un padre presente que concilia su vida profesional con su vida personal, entendiendo el amor familiar como un lujo. <strong>Es un ejercicio constante de coherencia.</strong></p>



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<p>Hace mucho tiempo quería hablar con él. Quería hacer el experimento de verlo cara a cara. <strong>Fue hermoso, créeme.</strong> Llegó en bicicleta. Nos reímos. Hablamos como si estuviéramos en una sala sin audiencia.</p>



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<p>Pensamos juntos las relaciones humanas, la escucha, la necesidad de desarmar el ego. Algo que me impactó fue que no le molestó que le dijera la verdad: que no siempre entiendo de qué habla, que no siempre estoy de acuerdo. <strong>Aun así, conectamos. De corazón a corazón.</strong></p>



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<p>Esta búsqueda de la conexión profunda tiene un eco en el feminismo académico. El conocimiento, nos recuerda la filósofa Audre Lorde, no puede depender solo de la racionalidad; tiene que estar al servicio del sentimiento. <strong>La ética de la escucha</strong> —el proyecto <em>Ante el dolor de los demás</em> de la Universidad de los Andes lo subraya— se concentra en <em>cómo se recibe</em> al otro, más allá del cuerpo sufriente, <strong>comprendiendo su contexto relacional.</strong></p>



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<p>En estos días, una tuitera se ensañó con una opinión suya. No entendía por qué, <strong>aunque</strong> luego supe que había rencillas previas. Eso es lo que suele pasarme: <strong>me acerco a las ideas, no a las rencillas.</strong></p>



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<p>Lo único que pienso es que este país necesita menos fanatismo y más escucha. Necesitamos una educomunicación con procesos de <strong>metacognición sólidos</strong>. Escuchar. Entender. Comprender. Discernir. </p>



<p class="has-luminous-vivid-orange-background-color has-background"><strong>Necesitamos aprender de la otredad mental y social.</strong></p>



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<p>Para mí, la ética educativa trata y tratará siempre de la honestidad. No solamente con mis fuentes, con mis invitados, <strong>sino</strong> con la audiencia y conmigo misma. <strong>Este encuentro con Santiago Rivas fue eso: un ejercicio genuino.</strong></p>



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<p>Una conversación sin máscaras. Un diálogo que dice: aquí estamos, intentando entendernos. <strong>Un pequeño acto de resistencia contra la polarización.</strong></p>



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<p>Dato curioso: este encuentro fue programado hace varias semanas. Alcancé a subirlo hace unos días. Entre el trabajo, la vida diaria y las coyunturas, apenas pude sentarme a escribir. <strong>Qué bueno poder hacerlo ahora, cuando la reflexión ya se ha macerado.</strong></p>



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<p>Gracias, Santiago, por haberte sentado a hablar con esta desconocida.</p>



<p>Y gracias a quienes leen estas líneas. Sé que soy <strong>escribidora</strong>, no escritora. Escribo para abrir conversación, no para cerrarla. Invito a la acción ética, no a la cátedra. <strong>Sigo creyendo que, a pesar de todo, aún es posible hablar de corazón a corazón.</strong></p>



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<h3 class="wp-block-heading">🎉 Agradecimientos: La conversación que también fue paisaje</h3>



<p>Agradecimientos especiales al grupo de producción que hizo posible este encuentro: al artista visual, videógrafo y fotógrafo <strong>Andrés Reina</strong>, cuya mirada sensible acompañó cada instante; a la maquilladora y asesora de imagen <strong>Vanessa Balveri</strong>, por su cuidado y calidez. Un reconocimiento muy especial a la <strong>Fundación Bio Entorno</strong>, por permitirnos grabar en su espacio, una organización que trabaja por transversalizar los derechos de la tierra con los derechos humanos. Gracias a su presidenta, <strong>Silvana Mujica</strong>, por abrirnos las puertas con generosidad y convicción ética. <strong>La conversación también fue paisaje, y ese gesto lo hizo posible.</strong></p>



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<p>🎥 Te invito a ver el diálogo completo. No es una entrevista, es un encuentro. Un espacio donde las ideas se cruzan con la ternura política, donde la escucha se vuelve acto ético. Aquí está: </p>



<p><a href="https://www.google.com/search?q=https://youtu.be/V2NbXuNTF1z%3Fsi%3D8aNtHZJo0YvJI71z" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://youtu.be/V2NbXuNTF1k?si=8aNtHZJo0YvJI71z</a>.</p>



<p>  Deseo que este ejercicio comunicativo  te toque el alma como me tocó a mí.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Hablando con el gran Santiago Rivas. - Mar Candela desde la Educomunicación flexiones desordenadas." width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/V2NbXuNTF1k?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122004</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Nov 2025 21:22:27 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
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