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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de mar de azov | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Eduardo Escobar: abordar la vida desde la experiencia literaria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/direccion-unica/eduardo-escobar-abordar-la-vida-desde-la-experiencia-literaria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una declaración de amor por la lectura y un vertiginoso canto a sí mismo resulta ser, en esencia, este libro de ensayos de Eduardo Escobar (Envigado, Colombia, 1943, Ibidem, 2024). Cabos sueltos, la lectura como pecado original, se suma a un volumen anterior de similar factura, Cuando nada concuerda, publicado por Siglo del Hombre Editores en 2013.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Cabos sueltos</em><br>La lectura como pecado capital<br>Eduardo Escobar<br>Editorial Eafit<br>Colección Letra x letra<br>Medellín, 2017<br>453 páginas</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una declaración de amor por la lectura y un vertiginoso canto a sí mismo resulta ser, en esencia, este libro de ensayos de Eduardo Escobar (Envigado, Colombia, 1943, Ibidem, 2024). <em>Cabos sueltos, la lectura como pecado original</em>, se suma a un volumen anterior de similar factura, <em>Cuando nada concuerda,</em> publicado por Siglo del Hombre Editores en 2013. Para este volumen, el autor ha reunido catorce capítulos concebidos como ensayos independientes junto a otro texto suyo al que se ha titulado, con algo de error, como prólogo. Dicho prólogo configura más bien un capítulo esencial en el derrotero de esta obra en concreto: conecta lo suscrito por el autor en su anterior obra y sirve de puente para las nuevas reflexiones que el presente volumen trae consigo, uniendo de una manera fluida el relato de su generación con el denso ensayo que se lee a través de estos dos títulos. En el volumen anterior, su editor, Ángel Nogueira Dobarro, hablaba de dicho ejercicio como un medio para “abordar su vida desde una experiencia literaria”, este segundo tomo va por el mismo camino. En <em>Cabos sueltos</em> convergen toda clase de reflexiones personales vistas desde el lente de la lectura, una lectura vívida que trashuma desde la transversalidad y la erudición, lo mismo que desde el relato de su juventud o su experiencia en el movimiento nadaísta de los años sesenta. En este sentido, bien vale una afirmación para abrir la nota. En realidad, este no es un compendio de ensayos, es más bien un gran libro personal de reflexión cuyo objeto es el de ir escribiendo un no tan temprano testamento intelectual, esto a los setenta y tantos años de edad.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="441" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/07184639/Cabos-sueltos.jpeg" alt="" class="wp-image-100539" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/07184639/Cabos-sueltos.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/05/07184639/Cabos-sueltos-204x300.jpeg 204w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La excusa más o menos entendible para capitular este libro a manera de corpulentos ensayos, parece ser la de actuar con algo de heterodoxia y evitar la saturación pues la lista de referencias, citas y anécdotas del orden intelectual contenidas en este son en realidad apabullantes, en todo caso no parece justa esta caprichosa división pues cada apartado no constituye en sí mismo una isla. Me explico. El tono de cada uno de los quince textos que constituyen este <em>Cabos sueltos</em> es precisamente uno que no permite ni mucho menos vérseles independientemente los unos de los otros pues están conectados por el flujo de la memoria y, sobre todo, por la necesidad que llama a Eduardo Escobar a no intelectualizar más de la cuenta sobre una materia en específico sino más bien a tejer un rico anecdotario en el que obras, autores, episodios librescos o históricos, de la farándula intelectual o de la ficción enciclopédica vayan construyendo un corpus que conforme, ahora sí, su <em>ars poetica</em>: una compuesta de más personajes y actores de reparto que <em>Los Hermanos Karamazov</em> y la <em>Biblia</em> narrados al tiempo. Se trata sobre todo de nombrar a su familia literaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el texto que Escobar ha tomado por prólogo, se revela de primera mano mucho de lo que constituyen las entrañas del nadaísmo, por lo menos de aquello que ideológicamente significara para Escobar el romper con buena parte de la literatura parroquial de aquellos años y tirarse a la calle e “instaurar una nueva barbarie atendiendo al llamado del demonio”. Bromas aparte, y volviendo siempre a la experiencia personal empiezan a dibujarse para el lector una lista de referencias y anécdotas familiares que apoyan la penitente declaración de amor de Escobar (al pasar las hojas vamos anotando un sinnúmero de autores y a la vez abriendo eventualmente un álbum fotográfico de familia), desde la relación con su padre y sus charlas sobre escritores, su desdén mutuo por la literatura que consideran “ponzoñosa” o los “libros inmundos que colman el asco”; pasando por poetas “artificiosos” como Guillermo Valencia, “señor feudal y amo de indios”, o el chiquinquireño Julio Flores, “borracho, liberal y necrófago”, hasta llegar a T.S. Eliot o Pessoa y la heteronimia, “un poeta es muchas personas al mismo tiempo cuando es auténticamente bueno”.&nbsp; De pronto en una página cualquiera encontramos una veintena de referentes con los que el lector novato deberá tener un posterior encuentro a solas. Para dar un leve ejemplo, tomo una página al azar: en su orden leo Borges, Shakespeare, Kipling, Charlie Mears, Bécquer, Flannery O’Connor, Papini, Unamuno. El libro sirve de paso para encontrar una lista de recomendados excepcionales. De la pasión de estas páginas nos queda esta oración: “Un poeta, no sé si falso o inventado, cantó que todas las mujeres son la misma mujer y que todos los poetas le escriben el mismo poema”, por ejemplo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La frase que sirve como subtítulo de este <em>Cabos sueltos</em> es a su vez el título del ensayo que abre el libro tras su emocionado y vital prólogo. “La lectura como pecado capital” entraña el sentido de este libro: “Vivir es leer, es desentrañar un sistema en el abigarramiento del mundo, hallar un código que imponga un orden en la espantosa multiplicidad de los seres, la multitud de las arenas y el tumulto de las estrellas” (p. 67). La frase entera es de Escobar, y lo digo porque muchas de las grandes frases que aquí aparecen son prestadas, aparte de aquellos sendos episodios en los que el autor acomete la descripción de su vida de juventud en Antioquia, como lo hace en algunos trechos que suenan a narrativa, por ejemplo, en el ensayo “Encuentro evangélico con la novela policiaca” en donde Eduardo Escobar sale de su erudición para narrarnos en clave de novelista. De esa descripción de lo que constituye la lectura, acaso como “Paraíso artificial” muy a la usanza de Baudelaire, Escobar puede ir a cualquier cosa, aquí lo hace yendo al tema de Dios, tema que ya abordó más a fondo en su <em>Cuando nada concuerda</em>, o a la cocaína, aquella droga “nos pone en contacto con la animalidad cruda. Es una droga para la acción, para el movimiento, un ámbito propio de una sociedad de sadomasoquistas del trabajo. De gente que no sabe quedarse quieta leyendo en su casa”. Al igual lo hace al hablar sobre el alcohol, la sobriedad o la embriaguez del <em>Spleen de París.</em> La crítica soterrada ya no lo es tanto cuando quien habla no tiene empachos para decir lo que piensa, ahora parapetado tras un longevo discurso que le permite ser, junto al también nadaísta Jaime Jaramillo Escobar, la voz cantante de su generación. Ambos son los sobrevivientes más notorios y activos intelectualmente del movimiento nadaísta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro del libro de Escobar cabe por igual la crítica literaria, continuada tras sus primeros embates contra grupos literarios como el de “Piedra y cielo” o el llamado “Parnaso colombiano” (desde el mismo manifiesto nadaísta leído por Arango por allá en 1958 en el Café Automático de Bogotá hasta las primerísimas páginas de este libro donde Escobar da cuenta de sus desafectos hacia estas corrientes), hasta su lectura de la actual novelística de mafiosos y violencia o la sospechosa moda editorial de los relatos de guerra y secuestro&nbsp; que tanto dinero dejan en las arcas corporativas: “Entre las peores desgracias del siglo en Colombia, con los sicarios, versión moderna de los antiguos cazadores de cabezas (…) debe contar la proliferación de una escritura biliosa cuyos autores recuerdan a los basuriegos” (p. 139). Libros “perniciosos” que deben ser reemplazados por otros que eviten las palabras manidas de cada día e inauguren “otro lenguaje por inventar entre nosotros”, aquí el momento para hablar de Lous-Ferdinand Céline, de Faulkner, de Nabokov, san Agustín, Benvenuto Cellini, Santa Teresa de Ávila hasta Franck Mc Court y sus Cenizas de Ángela, relato autobiográfico cargado de tragedia pero narrado con una belleza que envidiarían aquellos productores de chatarra de los que habla Escobar en este apartado. Por allí, vuelve el crítico de poesía y el nadaísta de antaño a “tirar cagajones contra los escritores del canon”, aparecen en sus vestiduras arcaicas la figura de Eduardo Carranza, la de Eduardo Caballero Calderón, una vez más la de Julio Flores (esto en el ensayo “Escritura y desafueros”).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el curso de este libro personal de Escobar, a su vez guía y manifiesto para la lectura, el autor relata episodios de su vida relacionando procesos de lectura que lo han llevado de las novelas de aventuras hasta el cómic o que lo han traído de vuelta a novelas de juventud o lecturas del colegio y lo hace desde el relato personal de una vida marcada juiciosamente por la curiosidad intelectual. En otros momentos del libro, dedica apartes más extensos a autores como Fernando González o incluso hace una interesante aproximación a los colombianos Carrasquilla, Isaacs, Jorge Zalamea o José Eustasio Rivera; rememora ya con humor cómo en Colombia “se mezclaban en la misma sopa de la sensibilidad de la casa que era la de la nación” la lectura de Rubén Darío con la de Flores. Habla de temas actuales como la guerra entre la tecnología y el soporte impreso; de García Márquez, de Lawrence Durrell, incluso dedica unas cuantas páginas a Fernando Vallejo. Como es obvio cuando se habla de escritores, habla de los libreros, dedicándole unas páginas al conocido editor medellinense Alberto Aguirre. Yendo muy de prisa, me queda por mencionar su texto sobre los compromisos de los escritores en una esfera ya más política, desde dedicarle unas líneas a William Ospina, a Eduardo Galeano o a Abad Faciolince, siempre regresando a los autores clásicos y creando ramificaciones y volviendo a referentes de toda índole. Junto a los textos de más largo aliento, aparecen tres que tienen toda la pinta de haber sido encargados como notas de diario, precisamente aquellos que cierran este <em>Cabos sueltos</em>, “Falsas identidades”, “¿Es posible traducir el Tao Te Ching?” y “Las palabras de diario”, breves, aunque igualmente llenos de bibliografía. Sobre este particular, queda por pedir a los encargados de esta cuidadosa segunda edición de Eafit, impresa en Bogotá por Javegraf (la editorial de la Universidad Javeriana), un índice onomástico. A Eduardo Escobar, quizá el jerarquizar más sus ideas en esta clase de obras reunidas o compendios, digamos que para aprovechar más todo lo que aún le queda por decir.</p>
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        <author>Carlos Andrés Almeyda Gómez</author>
                    <category>Dirección única</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100537</guid>
        <pubDate>Tue, 07 May 2024 23:46:56 +0000</pubDate>
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        <title>Vanguardia en Ucrania: una exposición de arte y una lección histórica</title>
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        <description><![CDATA[<p>“En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930” es la exposición que hasta abril de 2023 presenta el museo español Thyssen-Bornemisza en sus instalaciones físicas de Madrid, y virtual. Esta muestra no sólo es un recuerdo a las expresiones artísticas que se produjeron en Ucrania entre 1900 y 1930, también es un ejercicio que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><strong>“En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930”</strong> es la exposición que hasta abril de 2023 presenta el museo español Thyssen-Bornemisza en sus instalaciones físicas de Madrid, y virtual.</p>
<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-93200 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania.png 1080w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Esta muestra no sólo es un recuerdo a las expresiones artísticas que se produjeron en Ucrania entre 1900 y 1930, también es un ejercicio que permite conocer las vanguardias de ese territorio al tiempo que se narra la diversidad artística y se salvaguarda el patrimonio de ese país al que Rusia le declaró la guerra, nuevamente, hace un año.</p>
<p>Eso quiere decir que en <strong>“<a href="https://www.museothyssen.org/exposiciones/ojo-huracan-vanguardia-ucrania-1900-1930" target="_blank" rel="noopener noreferrer">En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930</a>” </strong><em>se pueden apreciar obras del</em> Museo Nacional de Arte de Ucrania y del Museo nacional de Teatro, Musical y Cinematográfico de Ucrania.</p>
<p>Y explican, además, que ese traslado de piezas es “el mayor transporte de arte legal que sale de un país devastado por la guerra hasta la fecha”, un dato no menor teniendo en cuenta que en cada guerra y conflicto el patrimonio cultural sufre importantes pérdidas.</p>
<p>Otro dato interesante es que los nombres de las ciudades están en ucraniano y no en ruso, por lo que se lee Kyiv en lugar de Kiev, y Járkiv en vez de Járkov. Las guías escritas y auditivas están en ucraniano, español e inglés, y los ciudadanos ucranianos tienen entrada gratuita a la exposición en el Thyssen-Bornemisza.</p>
<p>Confieso que de Ucrania no sé nada aparte de lo que veo esporádicamente en las noticias, así que al leer el texto de esta exposición los curadores me ubicaron en los primeros años del <strong>siglo XX</strong>, tiempo en el que sucedió de todo por la represión estalinista contra la intelectualidad ucraniana.</p>
<p>En esas décadas colapsaron los imperios, tuvo lugar la Primera Guerra Mundial, las revoluciones de 1917, la guerra de independencia de Ucrania (1917-1921), la posterior creación de la Ucrania soviética y el ‘Holodomor’, la hambruna que mató a millones de ucranianos y que en diciembre de 2022 fue reconocida por el Parlamento Europeo como genocidio.</p>
<p>Todo este contexto político y social motivó a escritores, directores de teatro y artistas plásticos para desarrollaran diferentes tendencias que van desde el arte figurativo hasta el futurismo o el constructivismo.</p>
<p>Los curadores sostienen que en estos años “el arte ucraniano vivió en esos años un verdadero renacimiento y un periodo de experimentación artística. En el ojo del huracán recupera este capítulo esencial pero poco conocido del arte de vanguardia occidental, reuniendo 69 obras entre las que se encuentran pinturas, dibujos, collages o diseños teatrales”.</p>
<p><strong>“En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930” </strong>sigue un orden cronológico y está dividida en siete secciones: Cubofuturismo, Kultur Lige, Diseño teatral, Járkiv, Boichukistas, El Instituto de Arte de Kyiv y La última generación.</p>
<p>Como no sé nada de nada sobre estos temas, la visita virtual la comencé con el video ‘<strong>Tour de bienvenida</strong>’ en el que explican la importancia de estos artistas en el desarrollo del arte mientras que uno puede ver, aunque rápidamente, algunos detalles de textura, color y formas.</p>
<p>La ‘<strong>Visita libre</strong>’ ofrece la posibilidad de recorrer la exposición tal cual se hace en la planta física del Thyssen-Bornemisza. Adelantar, girar y acercar el foco para ver el máximo detalles es de las cosas que más me atraen de las exposiciones virtuales, además de poderlas ver y retomarlas cuantas veces uno quiera o pueda.</p>
<p>Como siempre, la lectura es fundamental, sobre todo de la línea de tiempo “<strong>Acontecimientos históricos en Ucrania</strong>”, ubicada al inicio de la sala. Es una clase histórica imperdible que sirve tanto para entender la exposición como los acontecimientos actuales.</p>
<p>Una vez ingresé a la sala opté por no leer mucho para no confundirme con los nombres. Decidí recorrerla y girar el cursor muchas veces para apreciar los colores, las figuras o los temas tratados en cada una de las secciones.</p>
<p>Como ha sucedido en otras partes del mundo, los artistas ucranianos fueron censurados y ejecutados. Muchas obras se perdieron porque las quemaron, pintaron sobre ellas o escondidas hasta que en 1950 y 1960 resurgió el interés por la vanguardia ucraniana y Occidente supo de esta.</p>
<p>Como siempre, el Thyssen-Bornemisza tiene unos recursos digitales de apoyo que no se pueden desperdiciar, como el pódcast o la <a href="https://open.spotify.com/playlist/6PG33sl0s8cxDoxt8FBBHI?si=80d96683199442f7&amp;nd=1" target="_blank" rel="noopener noreferrer">lista de reproducción.</a></p>
<p>Luego de haber hecho mi tour virtual lamenté no haber escuchado primero el <a href="https://www.museothyssen.org/thyssenmultimedia/podcasts/arte-vanguardia-ucrania" target="_blank" rel="noopener noreferrer">pódcast</a> porque ahí me contaron que esta muestra, que empezó a gestionar desde antes el <strong>Museo de Arte de Ucrania</strong>, tomó fuerza a principios de 2021 cuando Rusia declaró la guerra a Ucrania.</p>
<p>Menos de medio año les tomó a los organizadores hacer real esta exposición que no tenía presupuesto, pero que tiene como premisa “sacar las obras cuanto antes del país (Ucrania)”. Trabajaron y la organizaron en una sala donde normalmente están las obras de la colección, es decir, las que siempre están a disposición del público.</p>
<p>Un dato impresionante fue escuchar los esfuerzos de los trabajadores del <strong>Museo de Arte de Ucrania </strong>y del<strong> Museo nacional de Teatro, Musical y Cinematográfico de Ucrania</strong> por cuidar las obras, en medio de la guerra, y asegurar su traslado a España.</p>
<p>En el epílogo (ubicado al final de la exposición), dicen los curadores, quieren con <strong>“En el ojo del huracán. Vanguardia en Ucrania, 1900-1930”</strong> presentar al público la vanguardia ucraniana poco conocida en Europa.</p>
<p>Creo que solo por este hecho vale la pena ver, leer o escuchar algo sobre esta exposición. ¿Cómo no darme la oportunidad de aprender de la vanguardia ucraniana mientras me enseña del pasado y dialoga con el presente?</p>
<p><iframe title="Podcast Thyssen: El arte de vanguardia en Ucrania" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/H_re3nH3VgM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p><strong><u>Secciones por recorrer</u></strong></p>
<ol>
<li> <strong>Cubofuturismo</strong>: dedicado a jóvenes artistas ucranianos que combinaron elementos del cubismo francés y del futurismo italiano dando lugar a una versión autóctona, caracterizada por su dinamismo compositivo y la simplificación de las formas, y por un movimiento gradual hacia la abstracción y la abundancia de color heredada de las tradiciones folclóricas y el arte decorativo ucraniano. Alexandra Exter, los hermanos Davyd y Volodymyr Burliuk, Oleksandr Bohomazov, Wladimir Baranoff-Rossiné o Vadym Meller son algunos de los artistas representados en la sala.</li>
<li> <strong>Kultur Lige</strong>: asociación fundada en Kyiv en 1918 para promover el desarrollo de la cultura yidis contemporánea en todas sus facetas. Su sección de arte reunió a jóvenes artistas judíos de numerosas ciudades ucranianas que propugnaban una síntesis de la tradición artística judía y los logros de la vanguardia europea. Fue la organización más significativa de la vida cultural judía en la Ucrania de principios de los años 1920, pero dejó de existir a mediados de esa década bajo la creciente presión del régimen soviético. Marko Epshtein o Issakhar Ber Ryback son algunos representantes.</li>
<li> <strong>Diseño teatral</strong>: en las dos primeras décadas del siglo XX las principales ciudades ucranianas se convirtieron en centros de experimentación teatral, coexistiendo directores, dramaturgos y escenógrafos que revolucionaron el teatro: Les Kurbas, director teatral que introdujo un repertorio europeo moderno en sus producciones e incorporó como escenógrafos a los artistas más progresistas para explorar las intersecciones creativas entre los logros de Occidente, y Alexandra Exter, pionera en la traslación de los principios cubistas a la escenografía; en 1918 abrió en Kyiv un taller en el que ofrecía un curso específico de escenografía del que surgieron algunos de los diseñadores teatrales más aclamados de la siguiente generación.</li>
<li> <strong>Járkiv</strong>: tras la guerra de independencia (1917-1921), los bolcheviques derrotaron a las fuerzas nacionalistas ucranianas y fundaron La República Socialista Soviética de Ucrania, con Járkiv como capital. La ciudad, hasta entonces un centro provinciano, se transformó rápidamente en un refinado núcleo cultural y en trampolín para el ambicioso proyecto de crear una nueva identidad cultural que fuera a la vez ucraniana y soviética, reuniendo a los mejores escritores, académicos y artistas. Aquí se puede ver el trabajo de Vasyl Yermilov, Kazymyr Malevych y Borys Kosarev.</li>
<li> <strong>Boichukistas</strong>: Mykhailo Boichuk, originario de Halychyna, al oeste de Ucrania, fue uno de los que viajó a diversas capitales europeas para completar su formación. A finales de 1917 abrió un taller de pintura al fresco, al temple y de mosaicos en la recién fundada Academia de Arte de Ucrania, en Kyiv.</li>
<li> <strong>El Instituto de Arte de Kyiv</strong>: principal impulsor de las artes visuales en Ucrania en las décadas de 1920 y 1930 fue el Instituto de Arte de Kyiv, sucesor de la Academia de Arte de Ucrania, primera institución de enseñanza artística superior en el país, fundada al proclamarse su independencia en 1917. El cambio de nombre se produjo en 1924, para adecuarse al nuevo programa ideológico del régimen soviético y alinear sus métodos educativos a las tendencias artísticas del momento, como el diseño industrial.</li>
<li> <strong>La última generación</strong>: graduados en su mayor parte en el Instituto de Arte de Kyiv, la última generación de la vanguardia ucraniana estaba fascinada por los movimientos internacionales de la Nueva Objetividad y del <em>Novecento </em>italiano, pero su actividad se vio truncada por un cambio radical en el clima político. En 1932 se introdujo el realismo socialista como único estilo artístico oficial soviético, valorándose las cualidades propagandísticas del arte por encima de la experimentación vanguardista. En la sala se muestra la obra de Kostiantyn Yeleva, Semen Yoffe y Oleksandr Syrotenko.</li>
</ol>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93199 aligncenter" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1-300x300.png" alt="" width="300" height="300" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1-300x300.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1-150x150.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1-768x768.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1-1024x1024.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Ucrania1.png 1080w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/" target="_blank" rel="noopener noreferrer">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93198</guid>
        <pubDate>Wed, 11 Jan 2023 16:03:09 +0000</pubDate>
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