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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de las+confesiones | Blogs El Espectador</title>
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        <title>A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia</title>
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        <description><![CDATA[<p>Historias de la ciencia es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre. En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la [&hellip;]</p>
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<p><em>Historias de la ciencia</em> es el programa radial, de divulgación científica, que escribe y trasmite el físico Guillermo Pineda, para la emisora de la Universidad de Antioquia</p>



<p>El capítulo 452, llamado “Divulgación” está dedicado al trabajo de mi padre.</p>



<p>En días pasados coincidieron aquí en el Antiquarium la profesora Juanita y el profesor Fonseca, la una buscando los libros del profesor Antonio Vélez, recientemente fallecido, y el otro buscando alguna curiosidad <em>vintage</em> para hacer un regalo. Cuando Juanita, que por ser muy joven no tuvo la oportunidad de conocer al profesor Antonio, comentó el motivo de su visita al Antiquarium, el profesor Fonseca manifestó ser conocedor de la obra de este distinguido ingeniero y matemático que con elocuencia y propiedad había divulgado en nuestro medio algunas de las tendencias más recientes de la sicología evolutiva, a la vez que se convirtió en un implacable crítico de las corrientes seudocientíficas que cautivan a los ilusos creyentes en curas milagrosas y eventos sobrenaturales, fieles seguidores de las autodenominadas medicinas alternativas y de la parasicología. &nbsp;</p>



<p>–Tuve el gusto –nos comentó el profesor Fonseca– de asistir a las excelentes conferencias que Antonio ofreció en los auditorios de la universidad sobre la teoría de la evolución, luego de la publicación de su libro <em>Del Big Bang al Homo Sapiens</em> a mediados de los años 90, conferencias que suscitaron intensos debates, puesto que algunas de las afirmaciones que contiene su texto chocan con las ideas y los rígidos principios que defienden, o defendían, algunos de los compañeros más ortodoxos de la corrección política.</p>



<p>–Tengo las mejores referencias de la obra del profesor Vélez –expresó la profesora Juanita– y por eso quiero conocerla mejor. Lo que no me deja de extrañar es que un ingeniero y matemático no solo se haya interesado en el tema de la evolución, sino que se haya dedicado de manera tan sistemática y rigurosa –según lo que me han dicho– a la divulgación de esta disciplina científica, y es por eso que quiero conocer sus textos de primera mano.</p>



<p>–Según me dijo el propio Antonio –anotó el profesor Fonseca– en una de las animadas tertulias que compartíamos con un grupo de amigos luego de sus conferencias, su interés por la teoría de la evolución surgió luego de la lectura del libro <em>La evolución en acción</em> de Julian Huxley, que cayó en sus manos de manera casual, cuando quiso mejorar su comprensión del inglés mientras hacía su posgrado en matemáticas en los Estados Unidos.</p>



<p>–Teniendo en cuenta –complementó la profesora Juanita– que muchas de las conclusiones a las que llega la teoría de la evolución son el resultado de un estudio estadístico de poblaciones, ya no resulta tan extraño que una persona como el profesor Vélez, con una rigurosa formación en matemáticas, haya encontrado particularmente atractivo este aspecto de la teoría y, por así decirlo, haya quedado enganchado en su estudio y divulgación.</p>



<p>–De hecho –asintió el profesor Fonseca– el argumento más contundente del que echaba mano Antonio cuando se trataba de refutar los reclamos de las curas cuasi milagrosas de las medicinas alternativas, o de los sucesos fantásticos que proclamaban los parasicólogos, era el análisis estadístico de los casos, la teoría de las probabilidades y la programación lineal, de la que era un experto, tal como se puede apreciar en su brillante crítica a los creacionistas y defensores del diseño inteligente que exhiben la complejidad del ojo como ejemplo de una entidad que no pudo haber aparecido por azar.</p>



<p>– ¡Ah, sí! –coincidió la profesora Juanita– Para ciertas personas es difícil entender que no es raro que aparezcan estructuras tan complejas como nosotros mismos luego de millones de años de mutaciones y de selección natural.</p>



<p>–Por otra parte –continuó Fonseca– dentro del 30 y algo por ciento de la supuesta efectividad de los placebos se puede camuflar la pretendida efectividad de las medicinas alternativas, y la credulidad de las gentes hace lo demás.</p>



<p>–Mi papá decía –corroboró la profesora Juanita– que la naturaleza obra y el médico cobra. Pero no se puede negar la posibilidad de que algunas terapias alternativas estimulen los mecanismos de auto sanación del organismo, lo difícil es saber cuáles y cómo lo hacen.</p>



<p>–Buen punto. En sus escritos y conferencias –continuó el profesor Fonseca– Antonio se apoyaba en la ciencia en términos de lo que Carl Sagan llamaba un detector de mentiras, porque, si bien es imposible alcanzar la certeza absoluta sobre las causas de un fenómeno natural, resulta relativamente fácil desenmascarar un fraude.</p>



<p>–Al fin y al cabo –dijo la profesora Juanita– la ciencia no es el repositorio de la verdad sino el sistema más eficiente y confiable del almacenamiento y procesamiento de la información objetiva que se tiene sobre los fenómenos naturales.</p>



<p>–Se dice –comentó el profesor Fonseca– que es en los costureros, y no en los círculos académicos o científicos, donde se decide quién es el mejor médico de la ciudad.</p>



<p>–Estoy completamente de acuerdo, –añadió la profesora Juanita– no sé cuántas veces le he oído decir a personas que no tienen ni la más mínima formación en medicina que el doctor fulanito es el mejor especialista de tal o cual rama de la medicina, porque los atendió y les fue muy bien con él, sin tener en cuenta que es el único que los ha tratado.</p>



<p>–Y a la visconversa –replicó el profesor Fonseca– porque por competente que sea un médico no se le perdona un solo error, o un resultado desfavorable, a pesar de que el tratamiento haya sido el adecuado según su criterio y experiencia.</p>



<p>–Por eso es tan importante – añadió la profesora Juanita– hacer una buena divulgación científica, para que la gente esté bien informada y tome decisiones de manera racional y objetiva, en circunstancias que pueden ser de vida o muerte.</p>



<p>–Comprendo tus buenas intenciones, mi querida Juanita –dijo el profesor Fonseca–, pero, teniendo en cuenta la fría estadística, una de las herramientas preferidas del profesor Vélez, es notorio que las actividades relacionadas con la divulgación científica tienen muy poca acogida por el público en general, y por esta razón, o por este motivo, los medios de comunicación le dedican una muy pequeña parte de sus publicaciones a cuestiones relacionadas con la ciencia, en comparación con lo que le dedican a la farándula, los deportes, el horóscopo, o a los demagogos y populistas.</p>



<p>–Sin embargo –insistió la profesora Juanita– es necesario tener en cuenta que la llamada educación informal, de la cual hace parte la divulgación científica, aporta el mayor porcentaje del conocimiento sobre la ciencia que adquiere la población después de haber terminado el ciclo de educación formal, independientemente del nivel que se haya alcanzado.</p>



<p>–Créeme, mi querida Juanita –respondió Fonseca– que no desdeño el tremendo esfuerzo que han hecho divulgadores como Carl Sagan, o el profesor Vélez del que estamos hablando, porque nos brindan, a quienes tenemos un interés genuino por los asuntos científicos que se salen de nuestra competencia, la posibilidad de acceder a una información básica sobre temas de relevancia.</p>



<p>–Recuerdo, profesor Fonseca –dijo la profesora Juanita–, haberle oído decir a usted que no hay que ser músico para apreciar la música clásica, pero que mientras más se conoce de la teoría musical, más gusto se puede sacar al escuchar un concierto, y que lo mismo aplica para la ciencia.</p>



<p>–Tiene usted muy buena memoria, mi querida profesora –dijo Fonseca–, en esa ocasión me refería al hecho de que mientras más información se tenga sobre la ciencia más fácil será comprender sus propuestas teóricas, sus predicciones y sus resultados prácticos.</p>



<p>–Pero hay algo más –continuó la profesora Juanita–, también le escuché a usted decir que algunos materiales de divulgación científica pueden ser usados con gran provecho en cursos regulares de ciencias, sobre todo en los que tienen un carácter introductorio. Le cuento que he seguido su consejo muy exitosamente.</p>



<p>–Eso es cierto –corroboró el profesor Fonseca–, y me complace escuchar lo que usted dice. A principios de los años ochenta, cuando yo iniciaba mi ejercicio docente apareció en televisión la serie Cosmos de Carl Sagan, y con un grupo de colegas nos pusimos la tarea de grabar los capítulos en videograbadoras domésticas para compartirlos con los estudiantes del curso de Introducción a la física que estábamos dictando, pues en ese entonces no existía la Internet ni se disponía de todos los recursos audiovisuales que se tienen en la actualidad.</p>



<p>–Lo difícil hoy en día –afirmó la profesora Juanita– es seleccionar dentro de la gran cantidad de material disponible el que sea más confiable y más apropiado para el curso en el que se quiera utilizar, porque, así como hay producciones de excelente calidad y rigor científico, la pseudociencia también pulula.</p>



<p>–Porque es lo que más se vende –añadió el profesor Fonseca–. Fue lamentable ver como algunos canales de televisión que inicialmente estaban dedicados a la divulgación científica seria empezaron a exhibir programas dedicados a los extraterrestres, los sucesos paranormales y las curaciones milagrosas.</p>



<p>–Es por la presión del rating –afirmó la profesora Juanita– que en la red se manifiesta en el número de visualizaciones y de “<em>likes</em>” que reciba una publicación.</p>



<p>–Pensando en eso –continuó el profesor Fonseca– se comprende la necesidad de enfocar la educación no tanto en los contenidos de los currículos sino en la capacidad de discernir y de identificar la información confiable referente a un tema específico y desechar la basura.</p>



<p>–O, como dice la Biblia –complementó la profesora Juanita– hay que separar la paja de la mies.</p>



<p>–Por eso –continuó Fonseca– resulta tan provechoso adentrarse en una obra tan extensa y rigurosa como la de Antonio Vélez, no precisamente con la intención de abarcarla, porque en ocasiones resulta casi enciclopédica, sino para apreciar su metodología, la forma como examina los diferentes casos, y las conclusiones a las que llega, siempre basado en la evidencia.</p>



<p>–Precisamente –respondió la profesora Juanita–, viendo todos los libros del profesor Vélez que tiene aquí don Tomás, y puesto que algunos son bastante voluminosos, no sabría con cuál empezar.</p>



<p>–El primer libro que yo le leí a Antonio –anotó el profesor Fonseca– fue <em>Del big bang al Homo sapiens</em> publicado por la editorial de la Universidad de Antioquia, y que dio lugar a la serie de conferencias de las que ya he comentado.</p>



<p>–Debo decir –respondió la profesora Juanita– que ese texto me resulta muy atractivo.</p>



<p>–Estos otros dos de menor extensión –siguió diciendo el profesor Fonseca–, sobre las medicinas alternativas y la parasicología, podrían ser un buen inicio de lectura, pero para una mejor comprensión de su obra hay que leer <em>Homo Sapiens</em>, que es el más voluminoso de todos, en el que se repasan varios de los temas tratados en libros anteriores y se llega a conclusiones muy interesantes, como la referente al asunto del libre albedrío que casi dos décadas más tarde retoma Robert Sapolsky en su libro “<em>Determined</em>” que fue traducido al español con el título de “<em>Decidido</em>”.</p>



<p>–¡Ah! Qué interesante –comentó la profesora Juanita– porque los planteamientos de Sapolsky sobre el libre albedrío, que es una pieza central de algunas confesiones religiosas y de los sistemas judiciales, suscitan fuertes controversias sobre cuestiones de responsabilidad e imputabilidad.</p>



<p>–Permítame, profesora –dijo Fonseca–, buscar un pasaje del libro de Antonio que tiene que ver con este tema… mire, aquí está, en la página 296, hace referencia a una serie de experimentos en los que se registra la actividad cerebral de un sujeto al cual se le han colocado una serie de electrodos, y se le pide que realice algún acto supuestamente voluntario, sin embargo el análisis posterior indica que antes de que el individuo hubiera manifestado su voluntad de realizar una acción específica el cerebro ya había decidido por él autónomamente, y que, por lo tanto, la volición es inconsciente y lo que se tomaba como causa es el efecto y viceversa.</p>



<p>–Sapolsky llega a conclusiones similares –afirmó la profesora Juanita– y sustenta sus afirmaciones con novedosos experimentos utilizando procesamiento de imágenes de resonancia nuclear magnética, que corroboran los hallazgos anteriores hechos con equipos más primitivos.</p>



<p>–Para una sociedad –concluyó Fonseca– que se fundamenta en los principios de virtud y pecado, inocencia y culpabilidad, premio y castigo, prescindir del libre albedrío supondría realizar una revisión a fondo de sus estructuras.</p>



<p>–Lo cual –comentó la profesora Juanita– parece ser muy poco probable, al menos en el corto y mediano plazo.</p>



<p>–Porque los prejuicios culturales –añadió Fonseca– son duros de matar. A pesar de todos los avances científicos y tecnológicos que ha experimentado la humanidad en los últimos doscientos años la credulidad de la población en cuestiones esotéricas y fenómenos paranormales no parece haber disminuido.</p>



<p>–Más aun –complementó la profesora Juanita–, a todas esas creencias de vieja data se han sumado el avistamiento de ovnis y las abducciones alienígenas, como resultado indirecto de la carrera especial que se inició luego de la Segunda Guerra Mundial, como parte de la Guerra Fría.</p>



<p>–Que nuevamente se está calentando –afirmó Fonseca.</p>



<p>–Siempre por las mismas razones –dijo la profesora Juanita–. Es como si la violencia y el ejercicio desaforado del poder fuera una impronta en el ADN de la humanidad que opaca o desconoce los principios éticos más fundamentales.</p>



<p>–A este respecto –comentó el profesor Fonseca– el libro de Antonio al que me he referido tiene un capítulo muy interesante sobre los orígenes de la ética y los estrechos vínculos que han existido entre el poder y la religión, cuya expansión ha estado fuertemente entrelazada.</p>



<p>–Sin embargo–apuntó la profesora Juanita– me da la impresión que actualmente las estructuras religiosas han perdido mucha de su antigua influencia para ser suplantadas por todo tipo de tendencias ideológicas y activismos sociales.</p>



<p>–Mirados en un plano estrictamente racional –dijo Fonseca– las religiones y las ideologías políticas comparten sus fundamentos y su visión del mundo cuando proclaman la existencia de una ley natural implantada en cada individuo, que se proyecta en los preceptos de la ética y sus consecuencias políticas, pero aun esto se fundamenta en los procesos evolutivos relacionados con el egoísmo genético.</p>



<p>–¿El egoísmo genético? –preguntó la profesora Juanita.</p>



<p>–El egoísmo genético –respondió Fonseca– es una manifestación de la tendencia a preservar la información genética que confiere ventajas evolutivas a una especie, siempre y cuando se transfiera de una generación a otra asegurando su supervivencia.</p>



<p>–La supervivencia del mejor adaptado –comentó la profesora Juanita.</p>



<p>–O del más oportunista –respondió Fonseca–. Porque el mecanismo básico de la teoría de la evolución es el oportunismo. Por más fuertes que hayan sido los dinosaurios no pudieron sobrevivir el impacto de un gran meteorito, suponiendo que esa haya sido la causa de su extinción.</p>



<p>–En su lugar –corroboró la profesora Juanita– los pequeños mamíferos empezaron a prosperar y a diversificarse hasta dar lugar a esta rama del árbol de la evolución en la que actualmente nos asentamos los seres humanos.</p>



<p>–La idea central que expone Antonio en su texto –continuó Fonseca– es que esos rasgos característicos que permitieron la evolución exitosa de algunas especies quedaron almacenados como información en sus genes, y se han manifestado de manera muy similar en el comportamiento de diversas especies y en la organización social de las más complejas, como, por ejemplo, en los primates, y, muy notablemente, en los seres humanos.</p>



<p>–Lo cierto es –comentó la profesora Juanita– que en ocasiones no deja de sorprender la tremenda similitud que hay entre el comportamiento de ciertas especies de animales y los humanos.</p>



<p>–Antonio destaca –reafirmó Fonseca– que en las más de diez mil religiones conocidas por los antropólogos se puede apreciar la influencia que ejercen los factores culturales en la determinación de los criterios éticos.</p>



<p>–Teniendo en cuenta –dijo la profesora Juanita– que la cultura de cada pueblo es, al menos inicialmente, el resultado de una diversidad de factores ambientales incluyendo la disponibilidad de recursos naturales.</p>



<p>–Por supuesto –asintió Fonseca–. Kant consideraba que existían juicios éticos a priori en el alma de los seres humanos, en tanto que los teólogos cristianos asumían que existe una ley natural de origen divino implantada en cada individuo.</p>



<p>–Independientemente de cuál sea su origen ––comentó la profesora Juanita– estos preceptos morales nos son implantados culturalmente durante la niñez.</p>



<p>–Así es –asintió Fonseca–, ante lo cual Antonio hace uno de sus comentarios sarcásticos afirmando que “la razón entre en acción cuando ya es demasiado tarde”.</p>



<p>–Pues no le faltaba razón al profesor Vélez –coincidió la profesora Juanita.</p>



<p>–Desde otra perspectiva –continuó Fonseca–, que prescinde de la intervención de entidades sobrenaturales, se puede pensar que los patrones de comportamiento tienen su origen en factores evolutivos que generan material genético hereditario que da prelación a la supervivencia de la especie.</p>



<p>–En lo cual –comentó la profesora Juanita– juega un papel muy importante la reproducción.</p>



<p>–Por supuesto –asintió Fonseca–, respecto a lo cual en el texto de Antonio se encuentran algunas consideraciones muy particulares respecto a la actividad reproductiva y al comportamiento sexual de diferentes especies.</p>



<p>–Y en el caso de los seres humanos –añadió la profesora Juanita– en el que se manifiesta una gran diversidad cultural.</p>



<p>–En los procesos reproductivos de las diferentes especies –continuó Fonseca– se pueden advertir factores evolutivos, como en la tendencia de los machos a tener una descendencia numerosa que garantice la máxima difusión de sus genes; y en la preferencia de las hembras por los machos de características superiores, que ofrezcan las mejores condiciones para la subsistencia.</p>



<p>–Todos los asuntos que tienen que ver con la moral –subrayó la profesora Juanita– tienden a generar fuertes discusiones entre personas con perspectivas diferentes de la misma situación, y los temas que hemos mencionados no son la excepción.</p>



<p>–En sus textos –continuó Fonseca– Antonio aborda cuestiones todavía más espinosas, como las que tienen que ver con las religiones y el papel que a lo largo de la historia han tenido en las expoliaciones y genocidios de unos pueblos por otros, siempre en el nombre de dios.</p>



<p>–O de las ideologías –intervino la profesora Juanita– que reemplazan a Dios por utopías más terrenales.</p>



<p>–Tu comentario –respondió Fonseca– me hace recordar un pasaje del libro de Antonio donde se refiere a la aparente necesidad de los seres humanos de creer en poderes sobrenaturales, y cómo en la China de Mao, en la que estaban prohibidos los cultos religiosos, muchos conductores ponían una foto de Mao en los retrovisores para que los protegiera de accidentes.</p>



<p>–No hay duda –comentó la profesora Juanita– de que, en su momento, y al igual que sucedió con otros líderes sanguinarios de la historia, Mao era un dios para sus seguidores.</p>



<p>–Curiosamente –dijo Fonseca–, Mao consideraba que la religión era el opio del pueblo, y puesto que los chinos tienen una trágica historia relacionada con el opio, prohibió las prácticas religiosas; pero el actual dirigente de China considera que las redes sociales son el nuevo opio del pueblo, y supongo que también las van a prohibir.</p>



<p>–Eso está por verse –comentó la profesora Juanita.</p>



<p>–En fin –dijo Fonseca– nos podríamos quedar mucho rato mencionando citas puntuales del texto de Antonio, de temas que encontraríamos a lo largo de sus más de seiscientas páginas, pero lo único que puedo decir es que sigue teniendo una gran actualidad, sobre todo en estos momentos tan críticos que atravesamos, y que su lectura reflexiva y juiciosa aporta elementos claves para entender de dónde venimos y para dónde vamos.</p>



<p>–Justamente –añadió la profesora Juanita– ese es uno de los grandes valores de la práctica de la divulgación científica: aportar elementos de juicio confiables para tener una opinión bien informada a la hora de tomar decisiones y poder rebatir las falacias con las que, desde diferentes sectores, pero siempre con los mismos intereses, se intenta subyugar a las sociedades.</p>



<p>–Debo confesar –reconoció Fonseca– que mi gran placer al debatir sobre estos temas con interlocutores tan lúcidos, honestos y bien informados como Antonio Vélez, es el mismo que experimentan los amantes de la música o de la literatura cuando comparten con quienes tienen &nbsp;sus mismos gustos y conocimientos de una u otra disciplina; pero no me hago la ilusión de que tales gustos o convicciones lleguen al gran público con los beneficios libertarios que usted señala, mi querida Juanita, porque, citando una expresión que con frecuencia le escuché al maestro Antonio: “primero se acaba el helecho que los marranos”.</p>



<p>En audio aquí <a href="https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link">https://drive.google.com/file/d/1pe_7DKc8iA5_MhmJ1fO5HJtY7-3mAtAG/view?usp=drive_link</a></p>



<p>Obras citadas de Antonio Vélez:</p>



<p><em>Del big bang al Homo sapiens</em>, Editorial Universidad de Antioquia, Medellín, 1994.</p>



<p><em>Medicinas alternativas</em>, Editorial Planeta, 1997.</p>



<p><em>Parasicología, </em>Taurus, Santa Fe de Bogotá, Santa Fe de Bogotá, 2000.</p>



<p><em>Homo Sapiens</em>, Villegas Editores, Bogotá, 2006.</p>
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        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125249</guid>
        <pubDate>Thu, 29 Jan 2026 12:35:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[A la memoria de Antonio Vélez, en Historias de la ciencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>“La memoria, si veraz y violenta, es una materia exquisita”[*]</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/direccion-unica/la-memoria-si-veraz-y-violenta-es-una-materia-exquisita/</link>
        <description><![CDATA[<p>A propósito del nacimiento de Oswaldo Soriano, un seis de enero de 1943 en Mar del Plata, Argentina, comparto aquí una reseña  que escribí en 2001 sobre su novela &#8220;El ojo de la patria&#8221;.  54 años después, Soriano fallecería a causa de un cáncer de pulmón. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><em>El ojo de la patria</em><br>Oswaldo Soriano<br>Norma, la otra orilla<br>Bogotá 1997<br>228 páginas.</p>



<p></p>



<p>Oswaldo Soriano (Mar del Plata, 1943, Buenos Aires, 1997) es a la literatura y el periodismo argentinos lo que sin duda fue para el tango, Horacio Malvicino improvisando con su guitarra eléctrica en aquel ya legendario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. Un elemento tan extraño y poco convencional que, a la sazón del viejo blasón popular, resultaba dar un tono hilarante a la configuración de la realidad porteña. Visto desde sus inicios como periodista, primero a bordo del diario <em>La Opinión</em> y más adelante en la fundación de Página/ 12, Soriano ha cautivado por su cínico, aunque solemne, sentido de lo nacional. La mayor parte de sus novelas, al igual que sus cuentos y sus crónicas –que comprenden desde polémicas dictatoriales en la Argentina hasta grescas de tono futbolístico–, confrontan la ligereza de una prosa sin pretextos con el discurso social, no del todo político, tejido tras la puesta en escena de bizarros objetos de cinematografía. Soriano, tildado por algunos de frívolo reducto de la izquierda poco acomedida de entonces y llamado por otros, con justicia, “el equivalente literario de un Buster Keaton combinado con Emilio Salgari”<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a>, revela en <em>El ojo de la patria</em> (1992) algo parecido a una visión simiesca y sincrética de la realidad: A simple vista menos directa en su tratamiento de los galimatías argentinos, la narración va desarrollando una parodia “patética” del pasado casi desde los mismos albores de la compleja independencia del país, permitiéndose cuestionar con aire de caricatura el destino de una República en cuya formación parecen esconderse las causas de todos sus males.</p>



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<p>Al partir de la <em>paranoia</em> de “un espía muerto de un país que no existe”, al que le han encomendado el cuidado de un celebre cadáver de la historia argentina, la novela desciende y asciende por persecuciones y absurdos juegos de máscaras, de la mano de los devaneos psicológicos de su protagonista, un pobre infeliz desterrado por los suyos –tal y como su nada vital acompañante fue confinado por largo tiempo a la inmemoria del pueblo que ayudó a erigir– y llevado finalmente, en sus quehaceres detectivescos, a cargar a cuestas con el secreto de su terruño: “El milagro argentino”, una especie de salvaguarda de la ciencia tras la que el saber de lo argentino podrá hallar el descanso que le vindicará de la desidia colectiva, en una prosa que logra sopesar aquella imaginación tan desbordada junto a un ejercicio discreto de recuperación histórica y social, propiedades que Soriano fusiona en su literatura con el esmero y la gracia de un alquimista. Osvaldo Soriano, siempre del lado del sustrato social, amparaba su narrativa en asuntos tan simples como la página en blanco o los enredos editoriales –a los que constantemente hacía alusión siguiendo un poco lo que Salgari escribiera a propósito de tan “innoble oficio”-, y sobre otras cuestiones de público ejercicio como el fútbol –Soriano fue un furibundo hincha del Boca Juniors– o esa política de cafetín en la que se discutía sobre desfalcos o torceduras del gobierno.</p>



<p>Fumador empedernido, tenía una norma parecida a la de Mark Twain –“no fumar más de un puro a la vez”­–, Soriano pasó sus últimos días sumergido en la internet y sin mostrar su ya avanzado padecimiento de cáncer, visible tras las quimioterapias en las que perdió por completo su cabello y que lo arrancaron de su rutina de “gato” el 29 de enero de 1997 en Buenos Aires. “Con la quimio uno anda como paseando en un mundo medio irreal”; “Tengo fecha de operación para el 20 –de enero, por supuesto–. El alíen se achicó lo suficiente para hacerla posible”<a id="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>. Tal es el <em>leitmotiv</em> en la literatura de Osvaldo Soriano, un estilo estrechamente emparentado con la necesidad de denuncia a la que ha dedicado su vida, dejando al descubierto, a partir del carácter <em>sui generis</em> de su ficción y del cinismo sin igual que poseen sus obras, problemáticas como la del peronismo de izquierda y de derecha en los años 70, las aberraciones de los militares, la mediocridad del alfonsinismo o los apagones, la privatización y el crecimiento de la economía informal en los años 90. La complejidad de la novela y su irreverente manejo, llevan al lector a ser cómplice de una deformación metahistórica en la que, no teniendo pretensiones manifiestas, se dice más de lo que parece y en la que se ve escindido el discurso beligerante sobre el destino de un país.</p>



<p>Queriendo dilucidar un momento clave en la formación de la República Argentina, Soriano pone en acción el cadáver de un prócer de la independencia –que no parece ser otro que el General San Martín, olvidado por Bolívar ya hacia el final de la campaña libertadora y cuya función en su país no fue enteramente cumplida– al que, provisto de un chip que le permite decir dos o tres cosas como a una muñeca de juguete, han de sucederle tantas cosas como pasajes extraños cabe anunciar en un <em>film noir</em> o en una escena de comedia de los años treinta. Las cosas que el infortunado cadáver reniega y de las que hace eco su protector –que termina por vindicar las tesis revolucionarias que el prócer en vida defendió–, no son otras que las pataletas que el destierro hasta ahora le permite inquirir. Improperios contra el triunvirato, Rivadavia, Belgrano o simples fraseos confusos tras los que el prócer debe ser atendido con baterías nuevas y con gotas oftálmicas que le ayudarán a conservar una apariencia vital.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="603" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-1024x603.jpg" alt="" class="wp-image-124388" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-1024x603.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-300x177.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-768x452.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764.jpg 1147w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>En ello, Juan Carré, llamado por la celebridad, pero víctima de su mal estilo y de una serie de infortunios que le llevarán a estar muerto sin realmente estarlo –con una flamante tumba en el <em>Pere Lachaise</em> junto a otros tan celebres como Oscar Wilde o Jim Morrison–, construye en su cabeza un sin fin de teorías y supuestos que llevan a peligrar la “existencia” de ese otro difunto. El estilo altisonante y siempre ocurrente de Soriano pone en movimiento cosas tan dispares como lo son un cantante de Rock –máscaras de Sting o de Clapton que encubren como si fuesen cirugías el desarrollo de una aventura policiaca– buscando mercancía en un tren en marcha, construido casi como una escena de <em>Aventuras de un cadáver</em> de R.L. Stevenson. A partir de unos versos de Verlaine: “Les sanglots longs / des violons de l&#8217;automme/ blessent mon coeur/ d&#8217;une langueur monotone…”<a id="_ftnref3" href="#_ftn3">[3]</a>, que sirven de escaramuza ante otro <em>confidencial</em> que Carré llama insistentemente Pavarotti, pese a su extremo parecido con el conocido tenor, la historia se muestra como una espiral vertiginosa que esconde la trama de una operación de inteligencia sobre la que el desteñido agente teje la propia: “El hombre que volvió de dos muertes”, “Confesiones de un agente confidencial”, o talvez, como dictamina a Carré un escritor de un hotelucho en París para tranquilizarle, “un relato de suspenso que pasa en un tren nocturno. Los personajes son un agente secreto, un muerto que habla y una banda de escritores que se han juramentado para no publicar nunca”.</p>



<p><em>El ojo de la patria</em> es, en definitiva, una novela de tintes contrautópicos, sardónica y chaplinesca –con todas las licencias que puedan tener lugar en una ficción– y donde, a fin de cuentas, ambos, el cadáver alentado por la ingeniería moderna y su nada suspicaz guardián, viven en el exilio, “el prócer, acá –en París– pasó la vida en cafetines de mala muerte, comiendo porquerías y tragando bilis por la revolución&#8221;, y Carré, como una sombra de algo que en su fuero interno solo atina a cantar –errando entre la tumba de Chopin, Balzac, Wilde y Morrison–: &#8220;This is the end, beautiful fríend (&#8230;)The end of laughter and soft lies, / The end of nights we tried to die”<a id="_ftnref4" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Forn, J. (1997). Sin aliento no habrá más penas.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> &nbsp;Últimos correos electrónicos de Soriano.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> “Las largas banderas / de los violines del otoño / hieren mi corazón de una lánguida monotonía…”.</p>



<p><a id="_ftn4" href="#_ftnref4">[4]</a> “Este es el fin, hermoso amigo (…). El fin de la risa y de las dulces mentiras. / El fin de las noches en las que habíamos querido morir…”. Entrada y&nbsp; fin de “The end”, tema de The Doors citado varias veces en el libro de Soriano.</p>



<p><a id="_ftn1" href="#_ftnref1">[*]</a> Soriano, O.(1996). <em>Fantasmas y dinosaurios.</em> Bogotá: Editorial Norma.</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Carlos Andrés Almeyda Gómez</author>
                    <category>Dirección única</category>
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        <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 02:29:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[“La memoria, si veraz y violenta, es una materia exquisita”[*]]]></media:description>
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        <title>Estreno de “Libro XI”, composición de Rodolfo Acosta Restrepo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/estreno-de-libro-xi-composicion-de-rodolfo-acosta-restrepo/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el Claustro de San Agustín UNAL  la Banda Filarmónica Juvenil (agrupación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá), bajo la dirección de Andrés Cristancho Cáceres, estrenó la obra “Libro XI” de Rodolfo Acosta Restrepo el pasado 17 de octubre. Creada en 2013, la Banda Filarmónica Juvenil es tal vez la más popular de las agrupaciones [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>En el <strong>Claustro de San Agustín UNAL</strong>  la Banda Filarmónica Juvenil (agrupación de la Orquesta Filarmónica de Bogotá), bajo la dirección de Andrés Cristancho Cáceres, estrenó la obra “Libro XI” de Rodolfo Acosta Restrepo el pasado 17 de octubre.</p>



<p>Creada en 2013, la Banda Filarmónica Juvenil es tal vez la más popular de las agrupaciones juveniles de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, por la naturaleza de su repertorio. Integrada por 40 talentosos artistas procedentes de diferentes regiones del país, está conformada por instrumentos de las familias de las maderas, metales, percusión y bajo.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Estreno de “Libro XI” de Rodolfo Acosta" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/_Zn05qM_xeA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>“Libro XI” es una composición de 2025 en la que Rodolfo Acosta Restrepo tiene como intención “dialogar con el espacio público y la ciudadanía para resignificar nuestro entorno cotidiano en ritual musical. Tras muchos contratiempos, lo único que quedó fueron los intérpretes e instrumentos, y una estructura temporal. Esta idea de sonido y tiempo como bases de la existencia, sumada a que la obra se estrenaría en el Claustro de San Agustín, me recordaron el ‘Libro XI’ de las Confesiones de aquel ilustre africano. ¡Naveguemos juntos este espacio/tiempo!”.</p>



<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
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        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=121548</guid>
        <pubDate>Mon, 20 Oct 2025 22:46:48 +0000</pubDate>
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        <title>El día que un elefante se sentó en mi pecho</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-dia-que-un-elefante-se-sento-en-mi-pecho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay palabras que no saben cargar tanto peso. Como “gracias”, por ejemplo. “Gracias” suena tan corta. Eduardo Galeano tiene un cuento en el que las palabras están guardadas en frascos. “Gracias”, tan corta y tan simple, como si cupiera en un mini frasquito. Un simple gracias no alcanza para agradecer un corazón reparado. Ni para [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Hay palabras que no saben cargar tanto peso. Como “gracias”, por ejemplo. “Gracias” suena tan corta. Eduardo Galeano tiene un cuento en el que las palabras están guardadas en frascos. “<em>Gracias</em>”, tan corta y tan simple, como si cupiera en un mini frasquito. Un simple gracias no alcanza para agradecer un corazón reparado. Ni para agradecer el tiempo extra que me regalaron para seguir existiendo. Por eso existe este escrito, se necesitan más palabras que un gracias, así repita ese “gracias” muchas veces. No es suficiente. Y tampoco sé si este escrito logre ese cometido, de expresar el agradecimiento que siento en este corazón recién reparado.</p>
<p>Un infarto no suena a lo que es. “Infarto” parece palabra de noticiero. Lejana. Fría. Algo que les pasa a otros. A cuerpos ajenos. Uno no piensa “<em>me va a pasar</em>”. Hasta que. Hasta que pasa. Y sí, a mí.</p>
<p><em>“El corazón se cansa de tanto cargar lo que callamos”</em>. Eso lo leí una vez. Tal vez fue Galeano. O Benedetti. O una cadena de WhatsApp. ¿Importa? ¿Callo demasiado? ¿No lo creo? Al mío le pasó otra cosa.</p>
<p>25 de marzo. Estaba en mi casa viendo una serie. Y de pronto sentí… algo. Un algo tan enorme que no cabe en esta frase. No era dolor, al principio. Era una opresión. Un bloque de cemento sobre el pecho. Un elefante recostado entre el cuello y los senos. Un gigante invisible enfadado pisándome el centro del cuerpo.</p>
<p>Y atrás, en la espalda, algo nuevo. Un dolor que no era dolor. Algo que no había sentido jamás y que aún hoy no puedo traducir a palabras. Le dije a mi mamá:<br />
<em>“Algo me está pasando. No sé qué es. Pero es algo malo”.</em></p>
<p>Y lloré. No por tristeza. No por consciencia. Mi cuerpo lloró solo. Sabia antes que yo lo que estaba pasando. Se desbordaba por instinto. Como si llorar fuera una forma de evitar la muerte: “<em>de pronto la sacamos por los ojos</em>”.</p>
<p>Esa sensación duró&#8230; ¿diez minutos? No sé. No conté el tiempo porque el tiempo se rompió. Solo recuerdo que después bajó. No se fue, pero aflojó. Y pude hablar bien. Llamar. Pedir ayuda. Y entonces, gracias a mis seres queridos, fui al hospital.  Correr a la vida. Correr para no déjame alcanzar por nubes oscuras.</p>
<p>Y entré a ese hospital Serena del Mar, a urgencias, caminando. Porque uno camina. Incluso con el corazón en huelga. Coherente. Y también hablando. Pero, sobre todo: viva.</p>
<p>Abro paréntesis (porque esto no tiene orden): Epicteto decía que <em>“no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”</em>. Mentira. Sí nos afecta lo que nos sucede. Y también lo que decimos sobre ello ¿Qué me dije mientras un elefante aplastaba mi pecho?</p>
<p>No sé qué tipo exacto de infarto me dio. No he preguntado con exactitud. Me dio miedo, me da miedo. Tampoco acudí a Google, no es médico. Solo sé que no me mató al instante, como pasa tantas veces.</p>
<p>Dos médicos salvaron mi corazón. El doctor José Fernando García Núñez, mi cardiólogo. Y el doctor Hernán Darío Fernández Cuartas, mi cirujano cardiovascular.</p>
<p>Primero, el doctor José Fernando García lo supo. Lo detectó. Con pruebas que examinaron mi sangre. Me lo dijo sin rodeos pero con dulzura: <em>Tuviste un infarto.</em> Y su voz, aunque era la confirmación de lo temido, no sonó como sentencia. Sonó como compañía. Tiene esa sonrisa él, esa que abriga, esa que calma. No todos los médicos la tienen.</p>
<p>El doctor García me hablaba como si mi mundo no estuviera por colapsar. Como si todo pudiera ordenarse con una frase simple: “<em>tranquila, todo va a salir bien</em>”. ¿Cómo hace alguien para decir eso sin que suene a frase vacía? No sé, pero él tiene ese don. Me lo dijo. Y me lo creí. Y resultó verdad.</p>
<p>Cuando el doctor García la pronunció: infarto —<em>una palabra que no es para mí</em>— pensé. Yo soy joven. Tengo planes. Tengo amor. Tengo mucho por escribir. Mosquitos por gobernar mundos (mi próximo libro). No me toca. ¿O sí?</p>
<p>La vida se quiebra en dos. Como una rama seca. Antes: yo me imaginaba el tiempo como una espiral en crecimiento. Después: entendí que el tiempo se encoge. Ya lo sabía. La física lo explica. El tiempo se deforma. A veces, se detiene. Pero, cuando te pasa realmente lo comprendes.</p>
<p>Y luego, el doctor Hernán Fernández Cuartas. Cirujano cardiovascular. Un guardián del corazón. El de las manos que no dudan. El que abrió mi pecho y conectó otra arteria, una nueva vía, una manguerita mágica para que la sangre siga cantando. Nunca me habían tocado el corazón así. Con bisturí. Con ciencia. Con decisión.</p>
<p>Agradecer es algo que necesito hacer. Escribir sobre estos dos hombres increíbles. Ponerlos en mis palabras como guardianes de mi corazón, como parte de mi biografía más íntima. Porque gracias a ellos, mi corazón sigue escribiendo.</p>
<p>Hay algo muy hermoso en eso. En que el corazón haya tenido guardianes desde el principio. Los míos ahora: José García y Hernán Fernández. Pero en tiempo antiguos, no solo doctores con manos firmes, sino grupos enteros de sabios que lo consideraban el trono del alma. Y no estaban tan equivocados.</p>
<p>No me morí el 25 de marzo. Y tampoco el 1 de abril, cuando me abrieron el pecho. Corazón abierto. No poéticamente. De verdad. Anestesia. Frío. Luz blanca. Cuerpos moviéndose alrededor mío con una calma que no entendía. Porque yo temblaba de susto, ¿y ellos tan serenos? Y luego… nada. Negro. Silencio. Ni un solo sueño.</p>
<p>Pero el día antes si hubo un sueño.  Soñé que el doctor Fernández cosía mi corazón con hilo rojo. No sé si era seda o sangre. Pero el nudo final lo hizo con un gesto de artista, un poema hecho cirugía. Cuando el corazón hace huelga: Los médicos son poetas que cuidan y operan.</p>
<p>Cuando mis dos doctores venían a la habitación a verme, me nacía la curiosidad. Quería preguntarles cosas simples y profundas. Entender por qué eligieron este camino. ¿Cuándo lo supieron? ¿En qué momento supieron que querían sanar corazones?  ¿Qué los llevó a querer curar corazones ajenos? ¿Qué los llevó a dedicar su vida a intervenir ese órgano, que cuando se enferma da miedo hasta nombrar? ¿Quién les enseñó a no temblar ante un procedimiento y un corazón abierto?</p>
<p>Pero no lo hice. Nunca me atreví. Me pareció un robo quitarles minutos que podrían ser vida para alguien más. Sentí que mis preguntas no valían más que su tiempo sagrado.</p>
<p>Pero, esas preguntas siguen ahí ¿Por qué decidieron ser médicos? Entre tantas cosas… médicos. “<em>Por vocación”,</em> responderán algunos. Pero pienso que es más complejo, más profundo.</p>
<p>Ser médico. Antes de ser ciencia, fue otra cosa. Fue rito. Canto. Fue tambor que llama a los espíritus del bosque. Danza alrededor del fuego con una hoja de sauce en la mano. Fue saber antiguo.</p>
<p>Antes de ser “doctor”, el sanador fue puente. Entre este mundo y el otro. Entre lo que duele y lo que cura. Entre lo que no entendemos y lo que podemos soportar.</p>
<p>La palabra “doctor” no siempre olía a hospital.  Antes, olía a libro. A conocimiento. Luego, fue título. Después, especialidad. Y ahora, para mí, es el nombre de quienes me tocaron el pecho sin miedo. Y dijeron: vamos a sanarlo. José y Hernán.</p>
<p>Pero, ¿Por qué, entre la colección de órganos humanos por sanar, ellos escogieron el corazón?</p>
<p>El corazón, por encima del cerebro, ha sido desde siempre el símbolo de todo. Del alma, del amor, del miedo, de la vida. Ese lugar donde, dicen, vive el alma. Desde el primer ser humano que lo escuchó latir y entendió que eso era estar vivo. Algunos dicen que suena como un tambor místico, que toca la música de Dios. Un tambor de musculo para ser exacta. Desde que lo sentimos acelerarse, romperse, apagarse, explotar, morir. Desde ahí sabemos que allí reside la vida.</p>
<p>No siempre lo vieron, como ahora, como una bomba. Durante siglos fue otra cosa. Un nido. Una brújula. Una habitación sagrada. Un lugar que sangra cuando ama. El corazón, esa bomba misteriosa, ese tambor ancestral que lleva siglos sonando en millones de cuerpos —el mío incluido—.</p>
<p>Los antiguos lo sabían. No necesitaban ecógrafos ni escáneres. Lo sentían. Los egipcios lo pesaban. Los mesopotámicos lo leían como un presagio. En China, lo cruzaban con meridianos invisibles y agujas finísimas. En la India, lo trataban como una flor sagrada. Un punto de encuentro entre lo que somos y lo que creemos ser.</p>
<p>El corazón ya se estudiaba sin estetoscopios. Con dedos. Con ojos cerrados. Con intuiciones que olían a incienso.</p>
<p>Por eso tomaban el pulso como quien lee poesía. Por eso usaban plantas como hechizos. Por eso no separaban nunca el cuerpo del resto de la vida. Porque el cuerpo es solo un pedazo del mapa del alma.</p>
<p>¿Cómo escribir sobre el corazón sin escribir también sobre el alma? No se puede. Escribir sobre el corazón es, inevitablemente, escribir sobre lo que somos.</p>
<p>No es casual que, en casi todas las mitologías, el corazón sea el órgano sagrado. La mitología egipcia dice: cuando mueras, tu corazón será pesado contra la pluma de Ma’at, para saber si es digno del más allá. Un corazón ligero era un alma justa. Un corazón pesado: condenado. La justicia, para ellos, no es abstracta, es concreta: pesa. Si tu corazón pesaba más que la pluma, serías devorado por una bestia con cara de cocodrilo.</p>
<p>¿Cuánto pesaba el mío esa mañana de abril que el doctor Fernández lo operó? ¿Cuánta culpa? ¿Cuánto miedo? ¿Cuánta alegría’ ¿Cuánto amor? ¿Y cuánta esperanza? Los antiguos egipcios enterraban escarabajos en el corazón como amuletos para proteger la memoria del alma. Para que el corazón no hablara más de la cuenta. Para que no confesara nada. Sin confesiones quizás era más ligero que una pluma.</p>
<p>No necesité escarabajos, el doctor Fernández se encargó de que siguiera latiendo. Ma’at no lo pudo poner en su balanza.</p>
<p>Dicen que alrededor del 3000 a. C. los egipcios dejaron de hablar de memoria y empezaron a escribir. A escribir lo que cura y lo que duele. El Papiro de Ebers, encontrado en Luxor en 1873, data del 1550 a. C., pero contiene textos más antiguos. Veinte metros de hechizos, remedios, observaciones, con 700 fórmulas y conjuros (otros dicen que son 900). Entre ellos, un tratado sobre el corazón. Este dice que del corazón salen vasos hacia todo el cuerpo. Dice que la medicina funcionaba junto a la magia, y la magia junto a la medicina.</p>
<p>“<em>El corazón es el centro de la sangre</em>”, dice ese papiro. Y aunque no tenían ecocardiogramas ni cateterismos, ya sabían que algo en ese músculo tenía poder. Lo intuían. Lo escribían. Lo cantaban. Primero el hechizo. Después la hierba. Nunca al revés.</p>
<p>Y si el corazón dolía, era porque un dios se había enfadado y había bloqueado el canal. Entonces había que desbloquear. Con oraciones. Con plantas. Con manos. Con fe ¿Qué dios se enfadó conmigo? No existen hoy médicos egipcios que puedan responderlo.</p>
<p>Pero yo sentí eso. Yo tuve un canal bloqueado. Tapado por el miedo, por el colesterol, por el destino. Y me desbloquearon. No con una poción egipcia, pero sí con una mezcla de manos, máquinas y misterios. Por el cirujano mágico: Hernán Fernández Cuartas.</p>
<p>Los egipcios no separaban cuerpo y alma. Ni ciencia y rito. Los sacerdotes eran también médicos. Rezaban a Imhotep, el arquitecto de la Pirámide Escalonada, quien también diagnosticó apendicitis, tuberculosis, gota. Imhotep, el sabio. El sanador. El primer médico divinizado.</p>
<p>¿Y si el infarto me hubiera dado en tiempos de Imhotep? Tal vez me habría tratado con palabras rituales. Me habría tocado el pecho con aceites sagrados. Quizás habría pedido silencio, para escuchar lo que el corazón tenía que decir antes de intentar repararlo ¿Hay algo de Imhotep en José Fernando y Hernán? Claro que sí, mucho y sobre todo eso último que escribí, son capaces de escuchar lo que los corazones dicen y conociéndolos los pueden reparar.</p>
<p>¿Y si la medicina siempre fue eso? Un intento de escuchar. Una forma de interpretar lo invisible. La medicina y la magia, juntas. Como bisturí y oración.</p>
<p>En la India, en la tradición védica, el corazón es el asiento del prana, la energía vital. Cuando el prana se interrumpe, el cuerpo enferma. El prana, esa energía que no aparece en los electrocardiogramas pero que, cuando se va, todo se acaba.</p>
<p>Sushruta, un médico hindú del siglo VI a. C., escribió el Samhita, uno de los textos quirúrgicos más antiguos. Describe el corazón como un capullo de loto carnoso. Un loto que late, anticipando lo que hoy vemos en las imágenes clínicas.</p>
<p>Considerado el primer cirujano. Hay algo de él en todo aquel que se dedica a operar, hay algo de él en el doctor Fernández.  Él dijo: <em>el cuerpo no es sagrado si no se conoce.</em> Y habló de arterias, válvulas y bisturís. Escribía en sánscrito cosas como: injertos de piel, cesáreas, hasta operaciones del corazón. ¿Era posible? Tal vez no. Pero lo pensó. Y pensarlo ya es un tipo de incisión.</p>
<p>Pero no es de Sushruta de quien quiero hablar. Este escrito es para los dos guardianes de mi corazón: los doctores José Fernando García y Hernán Fernández Cuartas.</p>
<p>Hace unos días vi al doctor García en urgencias, y nuevamente lo vi sonreír, y más allá de pensar “<em>que linda sonrisa tiene</em>”, vi a un hombre brillante con años de estudios. Vi a un heredero de Imhotep. A alguien que no solo estudió anatomía, sino también cómo mirar con amor.</p>
<p>Ser cardiólogo. Qué palabra más seria. Cardio: corazón. Logo: estudio. Pero no es solo eso. Es comprender en el misterio más antiguo. El tambor. El templo. La bomba sagrada.</p>
<p>Cardiólogo, podría ser:</p>
<p>El que se atreve a escuchar una música secreta de tambores internos.</p>
<p>El que se aprende de memoria el sonido de la vida.</p>
<p>El que detecta silencios sospechosos.</p>
<p>El que con catéteres camina por arterias como si fueran pasillos. Y encuentra ahí, en la curva más angosta, el secreto de lo que aún late.</p>
<p>Cardiólogo: Es el que se para frente al abismo del pecho ajeno y decide intervenir. Con exámenes, procedimientos y con palabras.</p>
<p>El cirujano, el cardiovascular. Ese es otro tipo de valiente. Uno que es como un héroe.  Hernán Fernández Cuartas, el que cortó y pegó. El que entró con su equipo a esa caverna de carne. No fue solo un técnico. Fue mago. Fue sacerdote. Fue ejecutor de un milagro muy antiguo. Con sus manos, conectó una arteria nueva. Puso un puente. Hizo posible lo imposible. Me dio continuidad</p>
<p>La palabra cirujano viene de “kheirourgos”: el que trabaja con la mano. Pero es mucho más. Es el que toca lo intocable. El que se mete donde nadie se atreve. El que, con un equipo, como tuviera en sus dedos el mapa del cuerpo, atraviesa la selva del pecho sin perderse.</p>
<p>Antes, operar el corazón era una herejía. Demasiado sagrado. Demasiado peligroso. Demasiado humano. Pero llegaron locos hermosos. Axel, en 1895, que abrió un pecho y dijo: <em>vamos a ver</em>. Y después, uno tras otro, cirujanos con nombres de planeta o de dios. Y hoy a todos esos sabios que reparan corazones los representa el doctor Hernán Fernández.</p>
<p>Un primero de abril, Hernán. Mi Hernán, porque ya hace parte de mi historia. Con sus guantes y sus ojos alegres (tiene unos ojos que iluminan vidas). Con la precisión de siglos de conocimientos encima. Con el pulso heredado de Sushruta. Con la determinación de quien sabe que lo que tiene en las manos no es solo músculo, sino vida. Con sus manos que abrió mi pecho como quien lee un libro urgente, buscando la palabra exacta para no perder la historia.</p>
<p>Mi corazón siguió latiendo gracias a ambos. Y cada vez que lo hace, es una invocación. Es una historia larguísima latiendo en presente. Es la historia de todos los que curan y de todos los que quieren seguir vivos.</p>
<p>Y mi corazón… ese corazón que narra y susurra… fue uno más en esa narrativa de la vida. Pesado. Operado. Resucitado.</p>
<p>¿Me salvaron por ciencia o por magia? ¿Por bisturí o por fe? Seguramente por todas, porque eso invisible, divino, está ahí en cada diagnóstico, en cada medicina, en cada procedimiento, en cada operación</p>
<p>¿Quién me curó? José Fernando y Hernán, sin duda. Con ellos Dios, el que marca un antes y un después en el conteo del tiempo. Pero. También, quizás fue Imhotep desde el otro lado de la historia. Quizás fue un canto que se activó en mi sangre cuando alguien repitió un hechizo antiguo sin saber que lo decía.</p>
<p>¿Y si el Papiro de Ebers tenía razón? ¿Y si la medicina sola no alcanza? ¿Y si la magia sola tampoco? ¿Y si hay que unir? Como hicieron los antiguos. Como hacen los sabios. Como hacen los que no se ríen de lo invisible.</p>
<p>Mi corazón no late solamente porque está reparado. Late porque alguien creyó en su posibilidad de volver. Late porque hay siglos detrás de esta cicatriz. Late porque el cuerpo no olvida, y el alma tampoco.</p>
<p>Pero hubo alguien —hubo muchos— que hace siglos decidieron abrir, reparar, cerrar. Desafiar lo prohibido con bisturí. Yo fui uno de esos cuerpos donde eso sucedió. Fui experimento milenario. La continuación del riesgo.</p>
<p>El infarto me sacó de la ilusión. De la fantasía de continuidad. Del “<em>siempre hay tiempo</em>”. Del “<em>no pasa nada</em>”. Rompió nuevamente la burbuja del “<em>a mí no</em>”. Sí pasa. Todo pasa.</p>
<p>La muerte no es algo que ocurre al final. Está aquí. Ahora. Al lado. Mirando. Silenciosa. Sin apuro. Sin violencia. Solo presente.</p>
<p>Y sin embargo —o quizás por eso— quiero vivir más. Más intensamente. Más torpemente. Más tiernamente. Más como si cada día no fuera solo uno más. Tengo una sola certeza: esto se termina. Así que vivamos. No quiero solo sobrevivir. Quiero arder.</p>
<p>¡Qué obsesión mía por el fuego! Nada de pirómana, no, no. Es que el fuego es renovación, el fuego es movimiento y el fuego es vida ¿Qué es el sol? Fuego inclemente y vida incesante.</p>
<p>Tengo miedo de que todo lo que escriba suene a lección. No quiero moralejas. Ni frases motivacionales de autoayuda.</p>
<p>Hay escritos que ves como cliché hasta que te pasan. Hay cosas que suenan cursis hasta que te ocurren. Y terminas escribiéndolo. Cliché y cursi. Pero escribiéndolo. Eso también es latir. De otra forma. Con otros músculos.</p>
<p>Así que no sé cómo se agradece esto. Cómo se abraza con palabras a quienes me dieron tiempo extra. No sé. Pero lo intento. Así. Torpemente. Con esta columna rota. Con este corazón que volvió a latir.</p>
<p>No hay moraleja —aún no— por lo menos no una para lanzarle al mundo. No hay “lección aprendida” que pueda postear en Instagram con fondo beige y letras caligráficas. Solo esto: Sigo aquí. Respirando. Con mi alma mirando a mis médicos con gratitud.</p>
<p>Esa que te hace llorar en silencio cuando los ves en la cita de control. Esa gratitud que no sabes cómo devolver ¿Cómo se le agradece a alguien que te salvó la vida? ¿Con palabras? ¿Con flores? ¿Con un abrazo torpe que no alcanza? No hay forma. Hay intención.</p>
<p>A veces los héroes como ellos pasan tan cerca, que una solo puede mirar en silencio. Agradecer bajito para no molestar. Susurrando constantemente un tímido gracias que ellos no alcanzan a escuchar.</p>
<p>A todos, a los que me cuidaron en la UCI, en ese territorio extraterrestre. Allí hay pitidos que se convierten en banda sonora. Y allí los médicos te rescatan de los sonidos que asustan: Antonio Oyola, Rafael de Ávila, Julián Arrieta, Harold España y Andrés Fernández —espero que no me falte ninguno—. Y a los dos guardianes de mi corazón. A José por su cuidado. A Hernán por su precisión. A los dos por estar cuando todo el resto de mi mundo parecía congelado. Porque un infarto es eso: una pausa forzada. Un &#8220;<em>espera, tú no mandas</em>&#8220;.</p>
<p>Gracias. No un gracias de protocolo. No un gracias polite de quien agradece una consulta. Gracias de esas que se sienten en el estómago. Gracias por darme tiempo.</p>
<p>Alguien me dijo hace poco, ganaste tiempo, ellos te dieron tiempo ¿Qué vas a hacer con él? Esa pregunta retumba en mi ¿Qué voy a hacer con el tiempo extra que el doctor García y el doctor Fernández me regalaron? Eso no se puede contestar en este párrafo. Ni en este escrito. Porque aún no tengo esa respuesta. No es una sola. Y porque necesito más conversaciones conmigo misma para poderla responder. Seguramente la escribiré. No sé si la publicaré.</p>
<p>A lo mejor escribir. A lo mejor callar más. O mirar los árboles más rato. No sé. Lo que sí sé es que no quiero dejar pasar este susto como si fuera anécdota. No quiero convertirlo en chiste rápido ni en moraleja barata. Fue real. Fue íntimo. Y ahora&#8230; me toca vivir del otro lado. Del lado donde ya no se da nada por hecho. Ni la vida. Ni el aire. Ni el corazón.</p>
<p>José. Hernán. Gracias por la precisión, la calma, la humanidad. Por no tratarme como un número. Por salvarme el alma sin saberlo.</p>
<p>Gracias, José. Gracias, Hernán. De verdad.</p>
<p>Gracias a ellos sigo aquí. Y ellos hacen parte de mi historia. Mientras tanto mi corazón late, siento que distinto. Como si cada <em>pum</em> dijera: &#8220;<em>Estás&#8221; ¿Y si mañana no?</em> No importa. Hoy escribo. Hoy agradezco. Hoy respiro. Y sí. Aún me duele el cuerpo. Pero el dolor también es una forma de saber que sigo viva.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115580</guid>
        <pubDate>Wed, 07 May 2025 13:45:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El día que un elefante se sentó en mi pecho]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>15 lecciones de Germán Castro Caycedo para un periodismo en crisis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/15-lecciones-de-german-castro-caycedo-para-un-periodismo-en-crisis/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cronista de cronistas, sigue dando lecciones de periodismo basadas en una vida de película. Enseñó que las buenas historias nacen de escuchar a la gente. La muerte lo seguía adónde iba. Homenaje al maestro por el Día del Periodista (9 de febrero).</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-left has-small-font-size"><em>Foto: © Alejandro Mendoza</em></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-191001f26b1b74bd834b16cb6c1eab85"><strong>“… siento que desde ahora estoy felizmente condenado a escribir por el resto de mi vida”: Germán Castro Caycedo.</strong></p>



<p>Hay libros que valen lo que pesan. <strong><em>“Mi padre, Germán Castro Caycedo”</em> </strong>(Editorial Planeta, 711 páginas), son muchos libros a la vez. Es una biografía pero también una clase magistral de periodismo. Es un libro de confesiones pero también un manual sobre el duelo.</p>



<p>Es un libro de historia de Colombia a través de la mirada de un contador de historias, pero también es un libro sobre política y conflicto armado. Germán Castro Caycedo fue periodista y, sin quererlo, por gajes del oficio, también protagonista de una Colombia difícil.  La <em>Colombia amarga</em>, que así la llamó él.</p>



<p>Usó el periodismo para condolerse por las desigualdades sociales. <em>“Nuestra violencia viene con nuestra cultura, todo se quiere arreglar, antes a machetazos y hoy a balazos. Somos un pueblo depravado por la violencia”.</em></p>



<p>Empecé la lectura por el final donde están las 50 fotografías que resumen su vida en imágenes: con su esposa, con su única hija, con sus dos nietas, con sus amigos, con sus compañeros, con sus entrevistados, entre ellos Gabriel García Márquez, las&nbsp; avionetas accidentadas. que por poco le cuestan la vida.&nbsp;</p>



<p>Quería ser pianista, pero <em>“escuchó que sus dedos eran cortos y que nunca llegaría a sobresalir en este arte”.</em> Otras teclas lo esperaban. Muy temprano descubrió su vocación.</p>



<p><em>“Recordaba perfectamente el día que tomó la decisión de ser cronista. Fue un martes de 1959, en su último año de bachillerato, A su casa materna llegaban cada mañana El Tiempo y <strong>El Espectador</strong>, los diarios más importantes de Colombia, y desde que él tenía quince años, Helena, su madre, lo acostumbró a hojearlos para que se asomara al mundo más allá de Zipaquirá”.</em></p>



<p>Este cundinamarqués nació en 1940. Su infancia <em>“estuvo enmarcada por dos hechos dolorosos: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el abandono de su padre”.</em> Muchos años después se reencontraron siendo ya reportero en El Tiempo.<em> “… me repitió hasta el cansancio que un hijo no tenía derecho a juzgar a los padres; que podía no estar de acuerdo y debatir ciertas cosas, (…) con argumentos, pero jamás juzgar”, </em>recuerda Catalina Castro Blanchet, autora de la biografía.</p>



<p>Aprendió el oficio por su cuenta, leyendo a los nuestros. <em>“Aquí hay unos cronistas muy verracos. Lo que pasa es que no los conocen los profesores. Y creen que nuestra crónica nació en Miami. ¡No joda! Nació aquí con los cronistas de Indias”. (…) En ese ejercicio, se topó con escritores magníficos, especialmente en <strong>El Espectador</strong>”.</em></p>



<p>Un amigo lo definió como “<em>un dandi de tiempo completo, pero también todo lo opuesto: era del pueblo llano, del pueblo que bebe, que disfruta (…) Sus héroes eran los hombres y las mujeres que salían de la nada”.</em> De adulto seguía riendo como niño viendo los capítulos repetidos del Chavo del 8.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-b75da49147cbb7252eede4c17f5c20ad"><strong><em>“Le entusiasmaba dar conferencias y hablar con los nuevos estudiantes de Periodismo (…) Los jóvenes de colegios y universidades siempre tuvieron prioridad en su agenda, por encima de los medios que lo llamaban para entrevistarlo”.</em></strong></p>



<p>Decía que <strong><em>“la crónica es el género mayor del periodismo”.</em> </strong>El 13 de septiembre de 1968 publicó la primera, relacionada con los restos humanos de 25 patriotas del Ejército Libertador. Germán Castro Caycedo deshizo los pasos de Simón Bolívar en tres ocasiones (1976, 1979 y 1983), al cruzar el páramo de Pisba en mula, soportando &#8220;<em>la violencia de las lluvias, los vientos y la niebla”.</em> En su <em>Ruta Libertadora</em> conoció a los <em>“descendientes directos de los soldados del ejército libertador”</em>, acompañado por Gloria, su esposa.</p>



<p><em>“… llevamos aguardiente en botellas pequeñas y Pielroja, y con eso pagábamos las posadas”.</em> Con los de su equipo durmió en una iglesia abandonada, dentro de sacos de dormir, con millones de murciélagos alrededor.</p>



<p>Al final de la odisea les confesó a sus televidentes: <em>“Bolívar perdió su tiempo, pues todos esos pueblos que quedan en la ruta del olvido están más atrasados que en 1819”.</em></p>



<p>En 1970 recibió su primer reconocimiento, premio que se le subió a la cabeza, según reconoció después. <em>“… don Hernando Santos, viendo mi actitud, en una forma cariñosa pero enérgica, me agarró de las solapas y me dijo: ´Vea, mijito, yo he visto a muchos periodistas que los acaba un premio…”.</em></p>



<p>Los grandes personajes de la segunda mitad del siglo XX pasaron frente a él en el programa de televisión <em>Enviado Especial</em>: Gabriel García Márquez –que todavía no era Premio Nobel-; Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Castaño, Álvaro Fayad (ver video); Antonio Navarro Wolf… Las anécdotas sobre estos encuentros están contadas en el libro con lujo de detalles.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Enviado Especial - Entrevista de Germán Castro Caycedo a Álvaro Fayad" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/rjTBX7xCHBg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p>De las 1.018 emisiones sólo se conservan 48 editadas y 14 sin editar:<em> “… aquel archivo histórico se perdió, por un lado, porque en aquella época se grababa varias veces sobre las mismas cintas con el fin de economizar y, por el otro, debido a malas prácticas de conservación”.</em> Lo que se salvó está en su <a href="https://germancastrocaycedo.co/portal/">página web</a>.</p>



<p>Hizo dos veces la travesía por el Tapón del Darién, la selva inhóspita donde mucha gente sigue muriendo buscando el sueño americano, y otro programa sobre los polizones, de donde surgió la idea de escribir <em>El Hueco</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-fc0a61d1f5208200634d8771fe1c5297"><strong><em>“… me duele que la situación de Colombia sea hoy aún más dolorosa que cuando comencé a ejercer el periodismo”: Germán Castro Caycedo.</em></strong></p>



<p>En sus 52 capítulos, la biografía ahonda en anécdotas sobre su extensa obra periodística. Por ejemplo, los hechos raros que rodearon la investigación para escribir <em>La bruja.</em> <em>“… enterraba cuarzos en el jardín a manera de protección, leía salmos bíblicos en las noches…”.</em></p>



<p>Fue secuestrado por el M-19 en 1980, por los días en que ocurrió la toma de la embajada de República Dominicana por ese mismo movimiento guerrillero. <em>“Compadre, serénese un poco, no somos asesinos, solamente queremos conversar con usted unas horas, ¿bien?”,</em> le dijo el mismísimo Jaime Bateman Cayón, en medio de aguardientes. Fue el emisario de “<em>una carta al presidente Turbay en la que le proponían establecer un diálogo de paz”.</em></p>



<p>Eran los tiempos del Estatuto de Seguridad, <em>“durante el cual, entre otras cosas, se prohibía la protesta social, limitando la libertad de prensa o callando a quien pensara diferente, fuera guerrillero o no”, </em>cuenta su hija Catalina Castro.</p>



<p>Día y medio después fue liberado en las oficinas de <strong>El Espectador</strong>, hasta donde llegaron cuatro oficiales del B2 que<em> “rompieron los vidrios (…)  buscándolo”.</em></p>



<p><em>“—Respeten, esto es un periódico, es la democracia”,</em> gritó indignado don Guillermo Cano, el director.</p>



<p>Los detalles los contó en primera persona durante ocho entregas dominicales en <em>El Siglo</em>, bajo el título<em> “Obligado a preguntar”.</em></p>



<p>Entre 1986 y 1987 se encontró diez veces con Pablo Escobar: un mayor del Ejército o alías Popeye –uno de los sicarios del capo- lo recogían en un hotel de Medellín. <em>“…varias veces, en medio de la conversación, debía excusarse para ir al baño a trasbocar”, </em>por los detalles escabrosos que narraba el capo. </p>



<p>Tiempo después el hijo de Escobar le confesó avergonzado que su padre había ordenado matarlo. Uno de los matones mintió: dijo que Germán era policía y no periodista, con el único fin de ganarse una recompensa. El libro relata los detalles de cómo salvó su vida.</p>



<p>Con medio siglo de periodismo a cuestas, murió en 2021, con 81 años, víctima de cáncer de páncreas. <em>“Su rostro había adquirido un color extraño, amarillento; el cáncer opacaba su semblante, otrora atractivo”.</em></p>



<p>Germán Castro Caycedo entendió como pocos la nobleza de este oficio. No dejemos que la crónica muera. Ese es el único homenaje posible para honrarlo en este presente.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Las lecciones del maestro en 15 frases</strong></p>



<p>En las páginas de <em>&#8220;Mi padre, Germán Castro Caycedo&#8221; </em>hay muchas lecciones de este cronista de cronistas para los reporteros de hoy.</p>



<p>·       1. “Lo único urgente es descubrir la vocación verdadera. De lo contrario, el trabajo se te volverá mañana una desgracia”.</p>



<p>·       2.  “Recuerda, la objetividad no existe”. Para él, lo importante son el equilibrio y la precisión.</p>



<p>·       3. “El periodista que no tiene nada que contar no está en nada”.</p>



<p>·       4. “… era un hombre culto, de una inteligencia sorprendente y un lector empedernido. Leía la prensa a diario, religiosa y obsesivamente”.</p>



<p>·       5. “Ese era mi trabajo, descubrir un país. Me pagaban por hacerlo y la gente me leía”.</p>



<p>·       6. “Encontraba los temas principalmente en la prensa, en la radio, en los noticieros de televisión y escuchando a la gente durante sus viajes”.</p>



<p>·      7.  “… no soportaba el mal uso del lenguaje y los adjetivos innecesarios lo incomodaban. ´Tu capacidad de contar es hacer sentir los lugares y las situaciones. Para eso no necesitas adjetivos´”, solía decirle a su hija.</p>



<p>·       8. “Sostenía que ´el periodista que se atreve a decir en un periódico que ´los arreboles de la tarde mueren en el río´, debe ser honesto, retirarse del oficio y dedicarse a escribir cuentos´”.</p>



<p>·       9. “El periodismo colombiano está lleno de poetas mientras que la gente simplemente quiere información”, le dijo a Gonzalo Guillén en 1979, en una entrevista que él tituló “Este campesino hace los mejores reportajes en Colombia”.</p>



<p>·      10. ¿Cuál fue su estilo?  <em>“… haber ido siempre hasta el lugar de los hechos para sentir sus olores, entender las luces y las sombras, los colores, las tradiciones y las costumbres (…) Esto, mezclado con una investigación rigurosa, muchas veces apoyada por especialistas en ciertos temas”.</em></p>



<p>·      11. “Pienso que hay dos clases de periodistas: Uno es el comentarista que da sus opiniones. El otro es el reportero que, en muchos casos, con mala fe, opina a través de lo que hace”.</p>



<p>·      12. Trataba con respeto a sus entrevistados. <em><strong>“Los abordaba con tacto, con humor cuando el tema lo permitía, conversaba primero, se embebía en su historia sin agredir, sin afán. En el momento de hablarles, sus encuentros eran ante todo amables y respetuosos”.</strong></em></p>



<p>·      13.  “… nunca recibió una solicitud de rectificación”.</p>



<p>·      14. “… todo el mundo le caminaba porque confiaban en su visión periodística, en su criterio y credibilidad”.</p>



<p>·      15.  “… era accesible, amable, trataba bien a todas las personas. Se desvivía por ayudar. Era tranquilo, humano sin importar el rango ni el nivel de educación. Para él, todo el mundo tenía algo para dar o recibir”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111232</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Feb 2025 21:41:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[15 lecciones de Germán Castro Caycedo para un periodismo en crisis]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Memoria de mis cigarrillos tristes</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/memoria-de-mis-cigarrillos-tristes/</link>
        <description><![CDATA[<p>Estoy cumpliendo cinco años. Fue el amor a mis hijos y a la vida lo que me salvó de una muerte prematura. Confesiones de un exfumador y consejos de una experta.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>imagen creada con Inteligencia Artificial. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d20596d0a1642f92f283bbcdf08a2c8b"><strong><em>&nbsp;“Ocurrió que un día no pude ya comprar ni cigarrillos franceses (…), y tuve que cometer un acto vil: vender mis libros. Eran apenas doscientos o algo así, pero eran los que más quería, aquellos que arrastraba durante años por países, trenes y pensiones y que habían sobrevivido a todos los avatares de mi vida vagabunda.&nbsp;(…) Sentado en mi cama encendí un pitillo y quedé mirando mi estante vacío. Mis libros se habían hecho literalmente humo”:&nbsp;</em>Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), en el cuento&nbsp;<em>“Sólo para fumadores”.</em></strong></p>



<p>Si Gabo escribió <em>&#8220;Memoria de mis putas tristes&#8221;,</em> yo quiero escribir <em>&#8220;Memoria de mis putos cigarrillos&#8221;. </em></p>



<p>Dejé el vicio y nací dos veces. Mi cuerpo está libre de humo. El jueves 31 de enero cumplí cinco años sin encender cigarrillos. Ese mismo año, 2020, celebré mi renacer haciendo un podcast en el que invité a otros exfumadores a contar su experiencia. Pueden escucharlo <a href="https://www.ivoox.com/valientes-vencieron-adiccion-al-cigarrillo-audios-mp3_rf_56816205_1.html">aquí.</a></p>



<p>Aprendí a fumar por pendejo. Era una noche gélida de agosto de 1990. En medio de aquel frío bestial, un compañero de la facultad me ofreció uno <em>&#8220;para entrar en calor&#8221;.</em> Quisiera regresar a ese momento y tener la&nbsp;valentía de decir ¡No! O al menos hubiera querido vomitar para saber que estaba haciendo un pacto con el diablo, pero ni tosí. &nbsp;</p>



<p>Hice del acto de fumar un ritual. Calada tras calada, entre bocanadas de humo, sentado, me contemplaba con el cigarrillo en la mano, llevándolo a la boca, como si fuera el más apetitoso de los bocados, y no el hábito horroroso que en realidad es.</p>



<p>Con los años entendí que la canción de Sarita Montiel era puro embuste.&nbsp;<em>“Fumar es un placer, genial, sensual”.</em>&nbsp;&nbsp;La industria tabacalera quería hacerse rica y la propaganda hizo el milagro, a costa de nuestra salud.</p>



<p>Cada año mueren en el mundo más de ocho millones de criaturas a causa del tabaco, según la Organización Mundial de la Salud, OMS. Añade El País de España: <em>&#8220;Los fumadores habituales pierden, en promedio, entre 10 y 14 años de vida&#8221;.</em> Me pongo a pensar: una persona que en condiciones normales estaba destinada a vivir 80 años, podría perecer a los 66 por ya saben qué.</p>



<p><strong>“En definitiva, el mejor cigarrillo es el que no se fuma”,</strong> me dice, con suficientes razones, la doctora Ana Milena Callejas, neumóloga oncológica. Ella trabaja para el Instituto Nacional de Cancerología, aquí en Bogotá, así que ha visto el padecimiento de quienes enferman de cáncer por esta causa.</p>



<p>Menos mal ninguno de mis cuatros hijos, ya todos adultos, cogió el mal camino del papá.</p>



<p>No tengo nada bueno qué decir del cigarrillo. Perdí dinero comprando por paquetes y al menudeo. Estropeé la ropa con el olor impregnado en ella. No hablemos ya del mal aliento, disimulado a lo maldita sea con chicles. Hoy pienso en lo que debió sentir la gente cuando me les arrimaba <em>“oliendo a mico”,</em> después de una noche de farra y humo. Fumar y beber&#8230; ese matrimonio infeliz.&nbsp;</p>



<p>Ahora detesto el olor del cigarrillo y que fumen cerca de mí. No soporto ver gente fumando en la calle, después de que fui uno de ellos. Me pongo irascible si fuman en los parques por donde troto o camino, aunque percibo la angustia de estas personas y las compadezco. En los ojos del fumador hay una mirada de profunda tristeza, a veces de derrota, la procesión por dentro.</p>



<p>Comenzando este 2025, la ciudad de Milán, Italia, estrenó una norma que&nbsp;<em>“prohíbe fumar en la calle a menos de diez metros de otra persona”,&nbsp;</em>con multas de hasta 240 euros, (más de un millón de pesos colombianos), según informa el diario&nbsp;<a href="https://www.lavanguardia.com/vida/20250101/10249114/milan-prohibe-fumar-calle-diez-metros-persona.html">La Vanguardia.</a>&nbsp;En Bogotá necesitamos una ley igual con multas adicionales para quienes dejan las colillas tiradas en la calle.</p>



<p>Por ahí derechito legalicemos otras prohibiciones callejeras: prohibido escupir, prohibido sacar perros sin bozal y castigo social para los amos que se hacen los pendejos con el popó, prohíban los <em>bicitaxis</em> con motor, etcétera.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2483676c858afa5064742a9009dd3d92">Señala la doctora Ana Milena Callejas:<em> <strong>“Cada año se desechan hasta 4,5 billones de colillas, que causan daños ambientales, además de ser tóxicas.&nbsp;Los químicos presentes pueden tomar años en degradarse. Dice la OMS que la producción del tabaco implica, anualmente, la deforestación de más de 200.000 hectáreas de tierra y el consumo de 22.000 millones de toneladas de agua para su procesamiento”.</strong>&nbsp;</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR-1024x585.jpeg" alt="" class="wp-image-110966" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR-1024x585.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR-300x171.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR-768x439.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR-1536x877.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172302/A-FUMAR-INTERIOR.jpeg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>imagen creada con Inteligencia Artificial. </em></p>



<p>En el colmo de la adicción, en los años 90 recogíamos colillas del piso en las fiestas a las 3:00 de la mañana para salvar lo que quedaba de ellas –lo sé, da asco- y cualquier día entre semana salía a medianoche, preso de la ansiedad, a comprar cigarrillos o pedirle uno al guarda del edificio. Preso de la ansiedad, tengan en cuenta ese término. Una vez, siendo editor de una revista de salud, no sé cuántos cigarrillos fumé escribiendo un artículo sobre sus daños en la salud.</p>



<p class="has-text-align-center"><strong>Gabriel García Márquez,&nbsp; que llegó a consumir cuatro cajetillas diarias (¡120 cigarros!), <a href="https://centrogabo.org/gabo/contemos-gabo/asi-dejo-de-fumar-gabriel-garcia-marquez">dijo una vez</a>: <em>&#8220;Tuve que aprender a escribir sin fumar porque me di cuenta de que el cigarrillo me estaba matando&#8221;. </em>Lo dejó en 1975 mientras escribía <em>&#8220;El otoño del patriarca&#8221;</em> en Barcelona.</strong></p>



<p>Yo no llegué a los extremos de mi escritor favorito. Fumaba pocos pero consciente de que un solo cigarrillo ya es malo. Fumaba porque si y fumaba porque no. Fumaba si recibía buenas noticias y más fumaba si las noticias eran malas. El fumador, como el bebedor, siempre encuentra justificaciones. Fueron casi 30 años envenenándome y apenas llevo cinco limpiando mi organismo.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e592912e8687dfc95827621f81a6dfb">La doctora Callejas hace una advertencia: <strong><em>“<ins>El cigarrillo predispone al desarrollo de múltiples condiciones médicas desde enfermedades </ins>p<ins>ulmonares como EPOC, hipertensión arterial o infarto del miocardio, y es la causa principal de varias formas de cáncer. </ins>Los estragos no se eliminan con un par de años sin fumar, el riesgo de cáncer de pulmón perdura hasta 20 años después de cesar su consumo y nunca se iguala al riesgo de la población no fumadora. Así mismo, los daños a nivel de la función pulmonar usualmente son irreversibles una vez diagnosticados, independiente de si se deja de fumar o no, solo que continuar fumando puede empeorarlos”.</em></strong></p>



<p>Hoy pienso que si hay organizaciones de alcohólicos anónimos, deberían crear una para fumadores empedernidos. Grupos de ayuda para darse moral mutuamente y cesar el consumo.&nbsp;Cuando lo prohibieron en oficinas y espacios cerrados, creamos horarios para salir a fumar al aire libre, antes y después del almuerzo. Lo recuerdo y hubiera querido invertir esas horas en mi vicio favorito, ese sí bendito: el maravilloso vicio de leer.</p>



<p>Era de los que encendía un cigarrillo con la colilla del anterior, que igual confesión hizo el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro en su cuento&nbsp;<em><a href="https://www.literatura.us/julio/solo.html">“Sólo para fumadores”.</a></em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1f381b3361221d91cceae3008e4b9d9"><em>“Fumaba no sólo cuando preparaba un examen sino cuando veía una película, cuando jugaba ajedrez, cuando abordaba a una guapa, cuando me paseaba solo por el malecón, cuando tenía un problema, cuando lo resolvía. </em>(&#8230;) <em>era indispensable para el perfeccionamiento de un acto: <strong>el primero del día después del desayuno, el que encendía al terminar de almorzar y el que sellaba la paz y el descanso luego del combate amoroso”: </strong></em><strong>Julio Ramón Ribeyro en el cuento&nbsp;<em>“Sólo para fumadores”.</em></strong></p>



<p>Por mi culpa, por mi gran culpa, maté muchas plantas, pues también fumé de puertas para adentro. Escribí un cuento precisamente llamado así:&nbsp;<em>El asesino de plantas.</em>&nbsp;No sé cómo pude envenenarme dentro de mi propio espacio, que debió ser siempre un lugar sagrado para mí y para mi familia.</p>



<p>Al vivir solo, me sentaba en la sala con cigarrillo y cenicero –siempre con tinto- y “disfrutaba” esos -¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cinco?- minutos que tarda en esfumarse el cigarrillo, mirando literalmente hacia el techo, haciéndome preguntas existencialistas sin respuestas; fustigándome, como sintiéndome indigno de vivir.</p>



<p>¡De dónde mi defecto si ninguno de mis padres fuman! Tal vez es la herencia del abuelo materno, que hasta los cincuenta y tantos fumó&nbsp;<em>President&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Pielroja</em>&nbsp;sin filtro. <em>Mustang </em>-del azul y del rojo- y <em>Montecarlo</em> fueron las marcas en mi época; lo digo más bien con vergüenza. Sí, la doctora tiene razón: El mejor cigarrillo es el que no se fuma.</p>



<p>Ayer leí en&nbsp;<a href="https://www.nytimes.com/es/2023/10/04/espanol/opinion/vivir-mas-anos-salud.html">The New York Times</a>&nbsp;un dato que me sorprendió:&nbsp;<em>“… el tratamiento más definitivo para cualquier problema que puedan estar experimentando no es la medicina o la cirugía: es la vivienda. Uno de mis pacientes, que luchó durante años para abandonar el tabaco, dejó de fumar el día que se mudó a su nuevo apartamento. Cuando le pregunté qué había cambiado, su lacónica respuesta fue: “Menos estrés y más sueño”. Era una receta para mejorar la salud que ojalá pudiera prescribirle a todo el mundo”. </em>Ya lo saben, por si quieren ensayar.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f2ac7872d1233570a9d45ecf1dbed93"><strong><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; “</em></strong><em>En muchas ocasiones (…) traté de luchar contra mi dependencia del tabaco, pues su abuso me hacía cada vez más daño: tosía, sufría de acidez, náuseas, fatiga, pérdida del apetito, palpitaciones, mareos y una úlcera estomacal que me retorcía de dolor…”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-003805b9b3a9119d79c1936d18853973"><em>“&#8230; mi estado se agravó: el techo se me venía encima, vomité bilis, me sentí realmente morir. Me di cuenta entonces de que eso se debía al cigarrillo, de que al fin estaba pagando al contado la deuda acumulada en quince años de fumador desenfrenado”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b12fe4756bdf6b53d3a54c639504ff43"><em>“Me levanté de la cama tambaleante, cogí mi paquete de Camel y lo arrojé al terreno baldío que quedaba al pie de mi ventana. Nunca más, me dije, nunca más </em>(&#8230;)<em> desahogado por ese rasgo de heroísmo&#8230;”: </em><strong>Julio Ramón Ribeyro en el cuento&nbsp;<em>“Sólo para fumadores”.</em></strong></p>



<p>Lo diré sin rodeos: 2020 fue el año más feliz de mi vida. Ese año, terrible para el mundo por la pandemia,&nbsp;fue el año del cambio: Ese 31 de enero dejé de fumar y finalizando el año me convertí en abuelo (19 de noviembre), pero sólo me enteré de la buena nueva hasta finales de marzo. La alegría que sentí cuando Paula me dio la noticia llorando, apenas se vio empañada por los titulares de prensa que informaban el número de fallecidos por Covid. En mi familia hubo dos muertes: el esposo de una prima y el tío de mi madre. ¡No quería que nada malo le pasara a la criaturita que venía en camino!</p>



<p>A los 40 años me hice consciente del daño tan tenaz que me infringía. Se notaba en los dedos amarillentos y en el olor a tabaco; yo me hacía el <em>gringo</em>, desoyendo consejos. La peor parte corría por mi sangre. Toda clase de químicos ––entre ellos, cientos de elementos inflamatorios que producen daños a nivel de arterias y tejidos- invadiendo&nbsp;mi cuerpo, impregnando mis órganos y alterando para mal las cifras de colesterol, que junto con los triglicéridos altos, me convirtieron en una bomba de tiempo. Era candidato a un infarto seguro. Hoy los niveles de todo están en su lugar, gracias además a la alimentación y al ejercicio regular.</p>



<p>Hay suicidios que se cometen de una y hay suicidios que suceden en cámara lenta. De los segundos estoy hablando. O cambiaba o me moría jovencito, y sin conocer a mi nieta, cuyo nacimiento, sin yo saberlo, ocurriría&nbsp;ocho&nbsp;años después, con 48 años.</p>



<p>Estrené los cuarenta con sudadera y tenis especiales para<em>&nbsp;running</em>; desde entonces hice de la actividad física mi nueva “adicción” en el mejor sentido de la palabra y de los gimnasios mi templo.</p>



<p>Seguía fumando, aunque menos, pero gracias al deporte mi cerebro experimentó una especie de reseteo que, poco a poco, fue curando en mí la ansiedad por fumar, un proceso que requirió tiempo y paciencia. El día que dije no más, fue ¡no más! Me fumé el último cigarrillo un viernes de tragos y el sobrante lo llevé a casa prometiéndome ser capaz de no sucumbir ante la tentación de tenerlos cerca. Un mes permanecieron ahí los benditos cigarrillos, en algún lugar de la cocina, haciéndome coquitos, hasta que los tiré a la basura y lo mismo hice con el cenicero.</p>



<p>Mi fuerza de voluntad ha sido mi mayor seguro de vida hasta hoy.</p>



<p>Suspendo aquí porque me quedé de ver con mi nieta. A sus cuatro añitos, entró al Jardín y no aguanto las ganas de saber cómo fue su primer día de cole. También por esta personita valió la pena mandar el vicio a la porra. Se puede, amigos; ánimo.&nbsp;Y si usted no fuma, siéntase afortunado y hágame el favor de compartir este artículo. </p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>6 consejos para dejarlo</strong></p>



<p>La doctora Ana Milena Callejas señala que no es una misión imposible, pero se requiere apoyo. <em>“Pueden aparecer síntomas de abstinencia que pueden condicionar recaídas, en cuyo caso es importante buscar ayuda médica, porque al ser una adicción, se tipifica como una enfermedad que requiere atención, y para ello existen herramientas farmacológicas y psicológicas de apoyo”, </em>afirma.</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Mientras se plantea una estrategia con el médico, el paciente puede probar cosas como dejar un día sin fumar y anotar los síntomas de abstinencia que más le generan disconfort (dolor de cabeza, ansiedad, hambre, irritabilidad, depresión, falta de sueño, etcétera), lo que resulta clave para conocer el nivel de dependencia y plantear las pautas de manejo.</li>



<li>Se recomienda romper rituales cotidianos: beber café y fumar, ver televisión y fumar, leer y fumar… Se trata de desactivar la necesidad de consumir cigarrillos al hacer&nbsp;dichas actividades.</li>



<li>Haga ejercicio, coma saludable y realice actividades para mantener la mente ocupada, como parte del proceso para abandonar el hábito. &nbsp;</li>



<li>Haga del hogar un entorno libre de humo: dentro de casa no se fuma. Cuando hay más de un fumador, es importante plantearse dejar de fumar para no “antojar al otro”. </li>



<li>No compre cigarrillos al por mayor (paquetes) “para ahorrarse unos pesos”, ya que eso implica disponer de la tentación en casa. Se trata de&nbsp;ayudar al cerebro a reorganizar prioridades y estímulos, minimizando la necesidad del consumo.</li>



<li>Los cigarrillos electrónicos son igual de peligroso&nbsp;que los cigarrillos convencionales. Se promocionan falsamente como una herramienta para dejar de fumar. Se están empezando a identificar efectos proinflamatorios en la salud y afectaciones sobre el ADN, que es nuestro mapa genético.</li>
</ol>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110905</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Feb 2025 12:42:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/01172603/A-FUMAR-PORTADA.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Memoria de mis cigarrillos tristes]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Le ofende que le digan cucha o cucho?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/le-ofende-que-le-digan-cucha-o-cucho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Primero borraron personas y luego borraron murales para negar la verdad. En el entretanto, algunos se ofenden por el uso de la palabra “cucha” y actúan como &#8220;policía del lenguaje&#8221;.  Para no escribir sandeces, hurgué en los diccionarios de “colombianismos” y “americanismos”. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5428dca715b5cd2cadc6a9f768aab412">—“Las cuchas tienen razón”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d6ffbc006e402eafe84c3a4b3be85863">—“Voy para donde mi cucha”.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c917f75c10bf83fc17f2865f230b36c7">—“Mi cucho está enfermo”</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-80c58cbe3c67a5d5da06f095cd898a5c">—“Se murió mi cucha”.</p>



<p>Mucho le debe el diccionario al imaginario popular y a los modos en que habla la gente en la calle en cada época. Las palabras nacen de los mismos seres humanos y es su uso cotidiano lo que les otorga un sentido. Están ahí para usarse aunque a algunos les ofenda. El lenguaje es rasgo y testimonio de lo que somos, de nuestra identidad.</p>



<p>Crecí en una barriada donde todavía muchos jóvenes llaman <em>cucha</em> a la mamá y <em>cucho </em>al papá. Allá me eduqué en un colegio del Distrito que lleva el nombre de una de las miles de víctimas de la violencia de este país: <em>Rodrigo Lara Bonilla</em>. En ausencia de los profesores, hacíamos relajo (<em>recocha</em>) en vez de estudiar, pero teníamos un espía atento: —<em>Truchas que viene la cucha, </em>gritaba aquél. Y en cuestión de segundos estábamos, cual angelitos, sentados en los pupitres, de cabeza en los cuadernos.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-fcf7ade4750e489838fb617b370d2a18">En la novela <em>“La mujer que debía morir el sábado por la tarde”</em>, publicada en 2023 y basada en hechos reales ocurridos en Bogotá, se lee la siguiente frase en la página 121: <em>“Cucha, voy a donde mi novia y no me demoro”, dicen que le dijo a la mamá, pero su cuerpo apareció a la orilla del río Tunjuelo. Su familia lo reconoció en la morgue.</em></p>



<p>El país se ha visto inmerso en una discusión en torno a la palabra cucha, por cuenta del mural que ordenó borrar la alcaldía de Medellín, pisoteando el dolor de las madres que siguen buscando a sus hijos desaparecidos, entre ellas Margarita Restrepo, que lleva 22 años tras el rastro de su hija Carol Vanessa, según <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/quien-es-la-mujer-que-aparece-en-el-mural-las-cuchas-tenian-razon-en-medellin">este artículo</a> de <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p>La <a href="https://www.elespectador.com/colombia/medellin/polemica-por-grafitis-en-medellin-personeria-investigara-a-la-alcaldia-por-eliminarlos">Personería de Medellín</a> anunció que investigará a los funcionarios que ordenaron esta afrenta contra la memoria histórica. Ojalá sea cierto.</p>



<p>En las redes sociales la gente se manifestó indignada contra el periodista Néstor Morales por insinuar que los propios familiares podrían haber llevado los restos óseos de las víctimas a la fosa común de La Escombrera.</p>



<p>Días después, a través de un estremecedor relato, el portal <a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Vorágine</a> desenterró la verdad: <em>“Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-85d6de60f1a2f08ecf5ee0a1465eba3c">“… subían a la víctima a lo más alto de la montaña, allá donde ya no había ni una sola casa y comenzaba un sinuoso terreno escarpado atestado de basura, arena y materiales de construcción.&nbsp;Con el cielo como único testigo, abrían un hueco en la tierra y ajusticiaban al señalado. Así lo hicieron una, y otra, y otra, y otra vez.&nbsp;(…) <em>Los ponían en las volquetas que subían con escombros, y allá los arrojaban. También los llevaban a que ellos mismos abrieran su fosa y ahí los metían.&nbsp;(…) “la incursión militar que se ejecutó entre el 15 y el 16 de octubre dejó como resultado 80 civiles heridos, 17 homicidios cometidos por la fuerza pública, 71 personas asesinadas por los paramilitares, 12 personas torturadas, 370 detenciones arbitrarias, 6 desapariciones forzadas registradas durante la operación y más de 100 en los días y meses posteriores”.&nbsp;</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-voragine wp-block-embed-voragine"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="am4KYxL3lq"><a href="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/">Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Las confesiones que conectan la operación Orión con el horror de La Escombrera&#8221; &#8212; Voragine" src="https://voragine.co/historias/investigacion/las-confesiones-que-conectan-la-operacion-orion-con-el-horror-de-la-escombrera/embed/#?secret=iZpy95ZzVe#?secret=am4KYxL3lq" data-secret="am4KYxL3lq" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>La indignación aumentó, el mural fue pintado de nuevo y, como no hay mal que por bien no venga, en otras ciudades se hizo lo mismo: Incluso, apareció un nuevo grafiti: <em>“Mientras los medios sigan mintiendo, las paredes seguirán hablando”. </em>Un confidencial de <strong>El Espectador</strong> reveló que el diario japonés Nikkei Shinbum <em>“mandará a Colombia un equipo para hacer un reportaje sobre el grafiti, empezando en Bogotá”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="zxx" dir="ltr"><a href="https://t.co/4Jd9NahBVR">pic.twitter.com/4Jd9NahBVR</a></p>&mdash; Derli López (@derlilopeza) <a href="https://twitter.com/derlilopeza/status/1880988864371892426?ref_src=twsrc%5Etfw">January 19, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p>Dos escritores pusieron más sal en la herida.</p>



<p>Gustavo Álvarez Gardeazábal, de quien tengo un mejor concepto como autor, escribió lo siguiente en Las 2 Orillas: <em>“El grafiti es <strong>estéticamente horroroso </strong>y <strong>las cuchas de Fico son imitación de las abuelas de Plaza de Mayo</strong> en Buenos Aires, pero eso no importa. <strong>La sorda batalla por inculpar a Uribe y a la sociedad antioqueña de haber permitido lo que sucedió, vuelve a las cuchas en su dolor unas piltrafas usables</strong> y se lleva por delante armonías y esperanzas, dando paso otra vez al espíritu de la venganza que ha regido siempre en nuestra patria”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-las-2-orillas wp-block-embed-las-2-orillas"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="mJtZU48xP2"><a href="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/">Las cuchas de Fico</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Las cuchas de Fico» — Las2orillas" src="https://www.las2orillas.co/las-cuchas-de-fico/embed/#?secret=wF6qQl3UBC#?secret=mJtZU48xP2" data-secret="mJtZU48xP2" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>¡Cuántas imprecisiones, -pero sobre todo cuánta mala leche- en un solo párrafo! Señor Gardis, no son <em>“las cuchas de Fico”, </em>ni son piltrafas<em>.</em> Son las madres que décadas después siguen llorando a sus hijos desaparecidos por la fuerza. Que sea estéticamente horroroso es una opinión más en un mundo donde para gustos los colores.</p>



<p>Decir que son una imitación de las madres de la Plaza de Mayo es burlarse de su humanidad y de su tragedia, es insinuar que el dolor de las madres argentinas es legítimo ante los crímenes cometidos por la dictadura de Videla en los años 80, y en cambio el dolor de las madres colombianas es un remedo, como si las lágrimas de ellas y la sangre de colombianos inocentes no tuvieran valor alguno. Y sí, lo reconozco: no lo tienen porque por algo andamos en estas. Nada hemos aprendido, salvo a matarnos. &nbsp;</p>



<p>Luego señala Álvarez Gardeazábal: <em>“Si existe una gran parte de antioqueños que <strong>solo desean perdón y olvido</strong> sobre el pasado sangriento que montaron narcos y militares, hay otros que <strong>le siguen echando toda la culpa a Uribe por haber encabezado la batalla contra el avance de las guerrillas”.</strong></em></p>



<p>Es una lástima que un escritor de su talla, que en el pasado denunció la sinrazón del poder en su novela <em>Cóndores no entierran todos los días</em>, use ahora su pluma para denigrar de mujeres indefensas, que lo único que encontraron fue una pared para gritar su sufrimiento, pues no tienen el privilegio de ser recibidas en tertulia como los poderosos de este país, en una hacienda y al calor de unos güisquis.</p>



<p>Se equivoca al invocar el perdón y el olvido. Es lo que quieren los negacionistas. Porque lo que llaman censura es en realidad negacionismo. Las cosas por su nombre.</p>



<p>Si el escritor vallecaucano releyera su propia obra, recordaría que las guerrillas colombianas también deben su génesis a dos partidos políticos colombianos: Liberal y Conservador (<em>Cachiporros</em> o <em>chusmeros</em>, <em>Chulavitas</em> y <em>Pájaros </em>corresponden a la Violencia bipartidista de los años 40 y 50), y tal vez se ahorraría las barbaridades que ahora dice. </p>



<p>Añade una ofensa más a las madres en aras de congraciarse con su amigo expresidente. Exculparlo es asumir el papel de juez que absuelve a las carreras sin esperar a que las investigaciones determinen hasta dónde llega la responsabilidad de la Operación Orión, la cual se realizó bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, en 2002.</p>



<p>Bien dicen por ahí: con los años no nos hacemos más sabios; simplemente nos hacemos más viejos (más cuchos si quieren), despojados de razón y de memoria.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-48a77e2872419cd3fa7993498a8886af">Ramiro Bejarano, el columnista de <strong>El Espectador</strong>, escribió: <em>“La decisión imbécil, por decir lo menos del alcalde de Medellín de borrar el grafiti ´Las cuchas tienen razón´, dizque porque afeaba la ciudad, revela un talante censurador. Lo que afeó la ciudad fue la toma criminal de la Comuna 13 y las desapariciones en La Escombrera, de lo cual nunca se ha dolido el alcalde Gutiérrez. Lo que dejó claro el mandatario es que en su terruño está prohibido hablar mal o siquiera incomodar a Álvaro Uribe”.</em></p>



<p>A Carolina Sanín, la escritora bogotana, no le gustó ni cinco la palabra <em>cuchas</em>. Trató a los grafiteros de incapaces por no escribir mujeres en vez de cuchas. Y en su habitual estilo provocador, metió al baile a otro colectivo que nada tiene que ver con el asunto: <em>“Me pregunto si dirían ´los maricones´ para referirse a hombres homosexuales ´cariñosamente´”,</em> trinó.</p>



<p>Luego posteó:</p>



<p><em>“Los varoncitos furiosos porque una mujer les dice cómo no queremos que nos llamen. Nada nuevo bajo el sol: el complejo de castración de siempre”.</em></p>



<p>Después insistió: <em>“Las mujeres no nos llamamos “cuchas” entre nosotras”.</em></p>



<p>Y siguió posteando:</p>



<p><em>“¿Han visto la cretinada de los que justifican el uso de «cucha» diciendo que viene del muisca? «Puta» viene del latín y también critico que le digan a una mujer «puta». Y «cariñosamente» también es criticable. Piensen antes de creer que argumentan, mentecatos”.</em></p>



<p>A Sanín se le olvida que no todo el país vive en una burbuja con los privilegios de la gente bien hablada. Incluso, muchos deben hablar en inglés británico perfecto, que -dicen las buenas lenguas-, es “el inglés más puro”. <em>“Las womans tienen razón”.</em> Estamos por llegar a eso, en el afán de renegar hasta de nuestras raíces. Es una lástima que no repartieron sangre azul para todos. &nbsp;</p>



<p>Para la gente sin pedigrí la mamá es la <em>cucha</em> y la abuela es la <em>cuchita</em>. El papá el <em>cucho </em>y el abuelo el <em>cuchito</em>. Se dice con amor. Incluso, con el amor genuino hacia la cucha que crio a sus hijos en medio de la pobreza, muchas veces sola, en lugar de dejarle esa tarea a la empleada del servicio, porque -¡ah caramba!- muchas de ellas siguen siendo hasta la vejez la empleada del servicio en casas de gente acomodada. El pobre, con menos educación, demuestra su afecto con lo que tiene, y sabiendo que no son dueños de nada, se expresan con las palabras. Sería el colmo que también eso se les quiera arrebatar, aparte de la vida.</p>



<p>Otra vez se nos sale el clasismo queriendo parecer políticamente correctos. Muchas expresiones de los sectores populares, especialmente de las comunas de Medellín, Cali o Bogotá, como <em>parce</em> y <em>gonorrea</em>, por inmundas que nos parezcan, se han vuelto comunes en la jerga latinoamericana. Se lo debemos a la música, al cine y la literatura. Si de aplicar la corrección se trata, tocaría cancelar a Juanes, películas de Víctor Gaviria y novelas de Fernando Vallejo como “<em>La virgen de los sicarios”</em>, pues cada uno de ellos, a su manera, elevó a la categoría de arte la cultura popular, más no son los únicos. En Medellín lo llaman <a href="https://www.elcolombiano.com/cultura/el-parlache-se-habla-ahora-en-cualquier-parche-MF7214871"><em>“parlanche”</em></a> y tiene diccionario propio. </p>



<p>Para no escribir sandeces, me fui hasta la <em>Biblioteca Luis Ángel Arango</em>, aquí en Bogotá. Según el diccionario de “Colombianismos” del padre Julio Tobón Betancourt, la palabra cucho (cucha) es de origen <em>quichua </em>(quechua, voz amerindia que se habla en los Andes centrales de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina), y uno de sus significados es <em>“Viejo, voz de cariño”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="240" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg" alt="" class="wp-image-110620" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21190918/A-DICCIONARIO-2-300x180.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p>No encontré pruebas de que cucha en muisca signifique <em>“Mujer más bella que el arco iris”,</em> como desinforman algunos en las redes sociales.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-c53245893729d641c68289ff22d82c77">No conforme, consulté el <a href="https://www.asale.org/damer/cucho">Diccionario de Americanismos</a><strong>, </strong>disponible en la página web de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Corrobora lo anterior y amplía las definiciones: 1. Viejo, anciano, catano. 2. Profesor que enseña en colegios y universidades. 3. <em>Referido a persona</em>, guapetona, bien parecida.</p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-cc2bb07835e33f2694bcc2dc3038b0ff">En el libro <em>&#8220;Bogotálogo: usos, desusos y abusos del español hablado en Bogotá&#8221;</em>, escrito por Andrés Ospina para Alcaldía Bogotá en 2011, la palabra <em>cucha </em>tiene tres definiciones: 1. Anciana. 2. Maestra, por lo general en un plantel de educación media vocacional. 3. Progenitora. Una variedad del término es la palabra <em>Cuchacha</em>: &#8220;Híbrido entre dama de avanzada edad y jovencita. Cucha y muchacha a la vez&#8221;. </p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-835e8ad3e923dc3282355ed5ad9b1de9">En la presentación del <a href="https://andresospina.com/prensa/Bogotalogo-Version-Digital.pdf">&#8220;Bogotálogo&#8221;</a> se lee: <em>&#8220;&#8230;no es necesariamente un documento para eruditos ni para especialistas, lo cual confirma la intención de democratizar el acceso al conocimiento y de no privilegiar los saberes cultos en el sentido tradicional de la expresión&#8221;.</em></p>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-2076a60c8c4080d4e25813714fee6320">Queremos dar cátedra de lenguaje refinado negando que esta es una nación pluriétnica y multicultural, así protegida por la Constitución del 91 en su artículo 7º. Por lo tanto, no deja de ser curioso que una escritora acuda a la corrección para ponerle candado a la lengua.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-9f6fe577f77be0df2636a12e35cb75c6"><strong>“El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”</strong></p>



<p>Estoy por creer que más pronto que tarde la palabra <em>Cucha</em> entrará por la puerta grande del diccionario de la Real Academia Española, por cuenta de este episodio, que nos recuerda que Colombia es más que sus apellidos ilustres, menos mal. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Usar la palabra <em>cuchas </em>en este contexto no debería ser una ofensa para nadie. Es un homenaje a la persistencia de las buscadoras. No censuremos a los jóvenes por cómo se expresan; más bien pongamos el grito en el cielo para que se les respete la vida&nbsp;y ninguna madre tenga que seguir paseándose con su duelo eterno en busca de una justicia retardada.</p>



<p>Ah, una infidencia: mi cucha se llama Miriam. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="631" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg" alt="" class="wp-image-110605" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-1024x631.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-300x185.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2-768x473.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/21184329/A-CUCHAS-2.jpg 1440w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110598</guid>
        <pubDate>Wed, 22 Jan 2025 12:00:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Le ofende que le digan cucha o cucho?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Notas para una erótica de la filosofía o Erosofía</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/notas-para-una-erotica-de-la-filosofia-o-erosofia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La filosofía nace de un encuentro y del establecimiento de una relación afectiva con ella. No se puede permanecer en la filosofía sin pasión por comprender, por perturbar y estremecer la visión habituada que tenemos del presente. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p><strong>El matrimonio histórico entre la filosofía y la vida</strong></p>



<p>José Saramago, el premio Nobel de Literatura portugués, decía que: “La filosofía debería incluirse dentro de los derechos humanos, y todo el mundo tendría derecho&nbsp;a&nbsp;ella”. Esto implica que la filosofía no es concebida aristocráticamente como un saber para meros especialistas, sino que se asume como algo fundamental para la vida de la gente, de la sociedad. Y es que la filosofía, desde la antigüedad griega, para hablar de la tradición occidental, estaba vinculada y ligada a la vida misma de la gente. Es cierto que era un saber al margen de las grandes mayorías, pero quienes la cultivaban la concebían en una íntima relación con la existencia diaria. Por ejemplo, Diógenes Laercio, el filósofo griego que vivió entre finales del siglo II y comienzos del siglo III de nuestra era, menciona que Pitágoras fue el primero en ser llamado filósofo, amante de la sabiduría, enseñaba matemáticas en una cueva, escogía y pagaba a sus alumnos por las clases que él daba, y tenía un conjunto de prácticas como, por ejemplo, no comer carne. Tal vez los pitagóricos fueron los primeros vegetarianos de los que tengamos conocimiento. Esto muestra que para ellos la filosofía era una forma de vida, implicaba un régimen de alimentación y de estudio en aras de buscar la perfección del alma. </p>



<p>Lo mismo cabe decir de los estoicos, en sus distintas escuelas. Sus preceptos de vivir conforme al logos que lo gobierna todo, implicaba ajustarse a las leyes de la naturaleza, vivir conforme a ella. Por eso, debía aceptarse los hechos biológicos que no están bajo nuestro control como las enfermedades o la muerte. Esta, la muerte, era vista como algo inevitable, ineluctable, de tal manera que no era sabio preocuparse por ella.<em> La vejez y la muerte son realidades siempre en marcha, y, como decía Séneca, en cada momento que vivimos, nos acercamos más a la muerte. Esta siempre nos gana la partida.</em></p>



<p>Igual cabe decir de los epicúreos cuya máxima de buscar la felicidad, evitando el dolor y procurando el placer, era, también, una forma de vida. No solo se filosofaba en el jardín, sino que se llevaba a la práctica la filosofía misma, pues pertenecer a una escuela, era como pertenecer a una secta, donde se aceptan un conjunto de reglas y preceptos que se practican efectivamente. Así, se debía buscar el placer, pero, a diferencia de lo que se piensa, especialmente al interior del cristianismo que intentó por siglos de censurar a Epicuro, no se trata del placer desmedido y desmesurado. <em>Pues, sabemos, el placer nos puede llevar a la ruina, además de afear también el cuerpo. El placer agota y cansa y no puede ser permanente.</em></p>



<p>&nbsp;&nbsp;El citado Diógenes Laercio sostiene que la filosofía tenía tres partes, la física, la ética y la dialéctica, las cuales no eran ante todo sistemas o unas doctrinas que interesaran en sí, sino que se elegían de manera vital, eran vividas. Como nos lo recuerda Pierre Hadot: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p><strong>“</strong>No se teoriza entonces sobre la lógica, es decir, sobre hablar y pensar correctamente, sino que se piensa y se habla bien, no se teoriza sobre el mundo físico, sino que se contempla el cosmos, ni tampoco se teoriza sobre la cuestión moral, sino que se actúa de manera recta y justa”.</p>
</blockquote>



<p>Así que física, ética y lógica estaban en función de la vida cotidiana, de pensar acerca de las cosas más cercanas, o lejanas, y de actuar conforma al saber.<em> Era la unión de filosofía y vida, de vida y razón. La filosofía era terapia para el alma y medicina para la vida. La filosofía implicaba una conversión vital.</em> Así que primero se elegía una forma de vida, después se construía y reflexionaba sobre la doctrina. El discurso venía después de la elección vital.  </p>



<p><strong>La religión desplaza a la filosofía en la Edad Media</strong></p>



<p>Y es que, con la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo V, y con la hegemonía del cristianismo en Europa en la Edad Medía, la filosofía pierde ese papel. Ahora es la religión la que pasa a reglamentar la vida misma, desde el amanecer hasta el anochecer, desde el desayuno hasta la comida, desde el nacimiento hasta la muerte. La filosofía se convierte en esclava de la teología, de la ciencia de Dios; es convertida en un instrumento que contribuye a esclarecer o explicar ciertas doctrinas y conceptos de la dogmática cristiana, pero, en términos generales, la filosofía de la vida pierde centralidad y es desplazada por la religión como legislación divina que regula el más acá.</p>



<p>Si bien es cierto que algunas doctrinas conservaron esa ligazón entre filosofía y vida, como en Descartes y sus confesiones, o en la obra de Francis Bacon, el deslinde entre vida y pensamiento se acentúa más con la institucionalización de la filosofía en el siglo XIX.&nbsp; Recordemos que es en el siglo XIX cuando se organiza las disciplinas en la universidad, aparecen claramente detalladas las disciplinas con sus objetos de conocimiento y sus métodos, entre ellas, el derecho, la historia, las ciencias naturales, la sociología, etc.., luego vendrán la antropología, la economía y la ciencia política. Estos cambios profundizan el divorcio entre filosofía y vida, básicamente por dos razones: 1) al regimentar biopolíticamente la vida del filósofo y 2) al burocratizar la filosofía. Antes de la Universidad, el filósofo era <em>privatdozen</em>, docente privado de las grandes familias; tenía tiempo para pensar, no estaba sometido a las dinámicas de las facultades. Ni Descartes, ni Spinoza, por ejemplo, fueron profesores universitarios, por ello gozaron de una mayor libertad de espíritu. </p>



<p><strong>La actualidad de la crítica de Schopenhauer a la institucionalización de la filosofía</strong></p>



<p>Quien denunció este divorcio y estas nuevas prácticas fue el filósofo alemán Arthur Schopenhuaer en su libelo de 1851 titulado <em>Sobre la filosofía de la universidad.</em> Este texto parece, en muchos sentidos, escrito hoy, Allí denunció la burocratización de la filosofía y su sometimiento al Estado, al poder y al dinero. Es decir, puso de presente la manera como el dinero, el lucro, por ejemplo, minaba la libertad y, por lo tanto, <em>destruía</em> la condición misma de posibilidad de todo filosofar. También denunció otras prácticas como el seguimiento de las modas filosóficas o <strong><em>neolatrismo</em></strong><em>,</em> la improvisación y <strong>simulación de saber</strong>, la manía de <strong>dar por rebatida y superada a la tradición filosófica</strong> misma, sobre todo cuando no se inscribe en la línea que se profesa; la tendencia a <strong><em>ignorar o descalificar al otro</em></strong> o a cualquier intento de creación filosófica original; <strong>la escritura oscura y enrevesada</strong>; <strong>la recepción acrítica</strong> de las mencionadas modas, en fin, todo aquello que Schopenhauer pudo inferir de la práctica de lo que él consideraba charlatanes, “arruinacabezas” como Hegel o los representantes del idealismo alemán.</p>



<p>La actualidad de la crítica de Schopenhauer no implica desdeñar o rechazar la importancia del trabajo que realizan los especialistas o los profesores en las universidades, la cual corresponde a la inevitable especialización de la disciplina. El trabajo especializado de la filosofía es necesario. <em>Si Kant decía que no se enseñaba filosofía, sino a filosofar, hay que comprender que el trabajo de taller que se hace en la disciplina puede contribuir a que aprendamos a filosofar. El seguimiento y la comprensión del trabajo de los filósofos, seguir la construcción del pensamiento, de los sistemas, contribuye, en efecto, a que penetremos en el movimiento del pensamiento y de que, a partir de este ejercicio, aprendamos a pensar metódicamente, rigurosamente. </em>Sin embargo, la práctica filosófica debe rebasar este tipo de acercamientos para que la filosofía no se convierta en una actividad meramente erudita, alejada de la vida o de las circunstancias.</p>



<p>En la actualidad, el trabajo filosófico institucionalizado se ha alejado de los fines iniciales de la filosofía. Ha devenido en un conjunto de prácticas que denomino respectivamente:</p>



<ol style="list-style-type:lower-alpha" class="wp-block-list">
<li>Neolatrismo filosófico o idolatría por las modas filosóficas</li>



<li>Averroismo o comentarismo de textos</li>



<li>Taylorismo filosófico o regimentación biopolítica del tiempo y trabajo filosóficos. </li>



<li>Paperfordismo o producción serializada de artículos. </li>



<li>Vampirismo y regurgitación o repetición de autores </li>



<li>Y exegesis.</li>
</ol>



<p>Todo esto se da al interior del “campo filosófico” donde hay agentes, instituciones, prácticas, discursos, luchas por bienes simbólicos y de esta manera el filósofo se convierte en una pieza más del gran engranaje de la universidad, de la dictadura del número y de la producción serializada de conocimiento. En una <em><strong>industrialización del pensamiento</strong></em> más regido por la lógica del capital y más apartado de la vida cotidiana misma. Por eso, deben rescatarse las prácticas filosóficas alternativas como:</p>



<ol style="list-style-type:lower-alpha" class="wp-block-list">
<li><em>Filosofía para niños</em></li>



<li><em>Talleres públicos</em></li>



<li><em>filosofía a la calle,</em></li>



<li><em>Consultorías filosóficas</em></li>



<li><em>Cafés filosóficos, etc.,</em></li>
</ol>



<p>Estas se convierten en maneras distintas, contrahegemónicas de acercarse al pensamiento, de vivir la filosofía y de mantener, así, el ideal de la filosofía como “amor al saber” unido a la vida misma. Por eso, es necesario preguntarse, entonces<em>, ¿qué puede significar hoy mantener viva nuestra relación con la filosofía como amor a la sabiduría, al saber, al conocimiento? ¿Cómo mantener el matrimonio entre la filosofía y la vida, evitando así su divorcio?</em></p>



<p><strong>La erótica de la filosofía como <em>acontecimiento</em></strong></p>



<p>Pensar en <em>una erótica de la filosofía</em>, implica partir del hecho de que no venimos de la filosofía, sino que <strong><em>caemos</em> en ella</strong>, pues esta nos preexiste. En algún tiempo y en algún lugar nos encontramos con ella y algo sucede. Puede ser en una clase en el colegio con un buen profesor que nos inspira, en una conversación con otros, escuchando una conferencia, leyendo un texto. En algún momento llega la filosofía y nos toca. Y así como el amor exige el <strong>encuentro, </strong>la filosofía también. La filosofía nace de un encuentro o es posible por él.</p>



<p>La filosofía toca a una subjetividad, y esta se enamora. Surge así una <strong>subjetividad enamorada.</strong> Pero ¿Qué es lo que ocurre en el momento del encuentro? Permítame explicarlo con un ejemplo personal, pues al fin y al cabo es un sujeto de carne y hueso el que se enamora, se pega, se une y se ata a algo.</p>



<p>Por más orientación profesional que se les dé a los estudiantes en un colegio, la vocación es algo muy íntimo que se encuentra en el fondo de las entrañas. Hallar lo que nos gusta y a lo cual podamos dedicar la vida, exige aventura, exploración, comienzo, inicios, abandonos y fracasos. Yo no me encontré con la filosofía en el colegio, me encontré con ella en una Universidad después de haber intentado estudiar ingeniería de sistemas, administración de empresas. De hecho, estudiaba derecho en la Universidad Nacional de Colombia. Allí, después de ver muchos libros de Darío Botero Uribe, decidí entrar a uno de sus cursos: se llamaba vitalismo cósmico. Era un nombre un poco extraño, pero hoy quienes nos dedicamos a la filosofía, sabemos que los vitalismos tienen una larga tradición, de hecho, hablamos mejor de <em>filosofías de la vida.</em> Sin embargo, narro esto porque fue en esa clase donde me encontré, por primera vez con la filosofía, <strong>ahí se dio el encuentro y ahí surgió esa relación, ese vínculo afectivo, como en el amor. </strong>&nbsp;Ahí se dio <strong>el amor a primera vista</strong> o, mejor, tratándose de una clase magistral, <em>a primer oído</em>, pues surgió escuchando un argumento, una explicación, una construcción algo sistemática. </p>



<p>La clase era sobre Spinoza, específicamente, sobre los conceptos de sustancia y modos. De hecho, lo que se explicaba era la idea de Dios o la naturaleza en el pensamiento de Spinoza. En este caso, como hay <em>una</em> sola sustancia, en sí y por sí, que no depende de otra, infinita, no puede haber otra sustancia, pues esta limitaría a la primera. Desde este punto de vista, Dios no es algo externo al mundo que lo mueve como un títere, lo manipula o nos hace favores. No. Dios se identifica con la naturaleza misma. De tal manera que hay una sola sustancia y todo lo que nosotros vemos, animales, cosas, son <strong>modos</strong>. Los modos son manifestaciones de la sustancia, la expresan.</p>



<p>Botero Uribe tomaba estos elementos y elaboraba una teoría de la naturaleza. Si había una sola naturaleza, entendida como un circuito de vida, los animales, las plantas, eran parte de ese circuito vital. Eran manifestaciones de la vida entendida como <em>una. </em>Al fin y al cabo, la vida viene de la vida y se alimenta y perpetúa gracias a ella. Es un ciclo. La naturaleza era esa sustancia de Spinoza, y los demás biotipos eran los modos. Por eso la muerte es tan solo una idea metafísica, pues desde el punto de vista biológico es un dato, pues con la muerte nuestra materia individuada se disuelve en la naturaleza y, tal vez, más adelante formará el cuerpo de una bella mariposa o de una desagradable cucaracha. La materia no se pierde, pasa a formar parte del eterno devenir del cosmos, ese eterno retorno de lo idéntico del que habla Nietzsche.</p>



<p>Lo importante de esta idea era que no solo permitía pensar sobre la muerte, sino que posibilitaba entender la crisis ambiental, pues si la vida es un circuito vital, el daño consiste en obturar la fluidez de la vida, al dañar bosques, ecosistemas, extinguir especies por la acción humana. <em>El daño ambiental desarticula las <strong>sinapsis vitales</strong> que hay en la naturaleza y su maravillosa relacionalidad. Para mí esto fue una revelación, pues, desde luego, antes había escuchado la palabra filosofía, conocía algunos nombres de la tradición, pero no había comprendido de qué se trataba. </em>En ese momento, en esa clase, hubo entonces, <strong>una <em>conversión</em></strong><em>.</em> Y esa conversión se dio porque me permitió <strong>comprender</strong> un fenómeno habitual en el cual no había pensado antes: vivimos en el mundo, pero no tenemos una visión coherente, unificadora, clara, de nuestra posición en él y de los daños que podemos causar con la praxis humana. Me permitió entender el problema ambiental que vivimos, eso que hoy se llama Antropoceno o Capitaloceno. Por eso, una filosofía de la vida debe defender la vida biológica que es la condición de posibilidad de todo lo demás. Eso fue hace casi un cuarto de siglo atrás, pero esa idea sigue vigente hoy, cada vez más urgente y necesaria. Lo importante es que lo pude pensar con cierto orden, elaboración, con <strong>categorías.</strong></p>



<p><em>De lo anterior podemos extraer varias cosas para una erótica de la filosofía. En primer lugar, la filosofía nace de un encuentro y del establecimiento de una relación afectiva con ella. De lo contrario, no se puede permanecer en la filosofía. Por eso, nos enamoramos de la filosofía, surge así la subjetividad enamorada. </em>En segundo lugar, en el <em>encuentro</em> se produce la magia, algo se despierta, algo nos posee. Eso se llama <strong>asombro y admiración</strong>. Y admirarse es dirigirse hacia algo, maravillarse ante la belleza, la fealdad o la complejidad del mundo y de las cosas. En la filosofía, pues, contemplamos algo y lo perseguimos, nos deleitamos, y tratamos de entenderlo intelectualmente, de descifrarlo. <strong>La admiración es, desde el punto de vista relacional, una interpelación. </strong>Nos admiramos de algo porque nos interpela, sale a nuestro encuentro, porque hay un problema que nos requiere, un tema que nos pregunta, nos estremece, nos inquieta.</p>



<p>Cuando lo anterior ocurre ya se <strong>han movilizado todos nuestros afectos</strong> de la mano de nuestra racionalidad. Al fin y al cabo, es un sujeto de carne y hueso, como decía Miguel de Unamuno, el que filosofa. Decía el pensador vasco: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“La filosofía es un producto humano de cada filosofo […] Y haga lo que quiera, filosofa, no con la razón sólo, <em>sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. Filosofa el hombre”. </em></p>
</blockquote>



<p>Aquí ya hemos entrado de lleno en una erótica de la filosofía: en el encuentro ocurre la <strong>seducción</strong>, <strong>la admiración,</strong> la pregunta, y, algo que para mí es clave: la filosofía es ante todo pasión por <strong>comprender.</strong> Hay algo maravilloso que ocurre en el encuentro, en el argumento, y es que comprendemos y, por tanto, podemos <em>explicar</em> las cosas, los problemas, podemos dar cuenta de ello. Cuando esto ocurre, se da <strong>la <em>alegría</em> del pensamiento</strong>. Hay una alegría del pensamiento que ocurre en el momento en que comprendemos algo, es ese calorcito, como dirá Bergson, que posee el cuerpo cuando gozamos intelectualmente.</p>



<p>Lo que he descrito es una especie de fenomenología del encuentro primigenio con la filosofía, sin embargo, ese vínculo que ahí se establece tiene, como el mismo vínculo amoroso y afectivo con el amante o el amado, muchas <strong>complejidades y tensiones</strong>. Cuando se produce la <strong>conversión</strong> en el sujeto, la filosofía se vuelve un hábito, un preguntar habitual, una <strong>búsqueda constante</strong> donde siempre nos situamos entre la ignorancia y la sabiduría, tal como Diotima describe a Eros en El Banquete. En ese vínculo <strong>nos angustiamos,</strong> nos dejamos <strong>seducir</strong> permanente por otros filósofos, otras corrientes, otras interpretaciones; existe también la <strong>promiscuidad intelectual</strong> cuando sentimos que debemos leer todo, que hay que estar al corriente de las nuevas modas filosóficas, o del nuevo libro surgido. Igualmente, <strong>nos peleamos</strong> con la filosofía, con los filósofos, los abandonamos totalmente, o a medias; nos gustan algunas de sus interpretaciones o construcciones, pero nos disgustan profundamente otras. Existe también el <strong>divorcio filosófico</strong> como en E.M. Cioran, así como las reconciliaciones debidas a una mejor lectura, al hallazgo de un buen texto.</p>



<p>De todas formas, la existencia de las tensiones con la filosofía forma parte, por paradójico que parezca, de ese amor a la filosofía. &nbsp;Por eso, en estricto sentido, <strong>mantenerse fiel</strong> a la filosofía es no abandonar la curiosidad, el asombro, el espíritu crítico; es valorar que <strong>la filosofía perturba las comprensiones habituales y habituadas que tenemos del presente con sus ropajes</strong>; es mantener vivo el amor con el saber y avivar permanentemente la pasión por el comprender; es <strong>imaginar</strong> el mundo y nuevas relaciones; implica y exige mantener vivo el dialogo y la posibilidad de que el otro nos confronte, nos corrija, nos permita ver mejor. Es, finalmente, mantener vivo el lazo entre la filosofía y la vida, la razón y la existencia, para no distorsionar su función primigenia y cuidarnos, pues pensar y cuidar tienen una misma raíz etimológica: el cuidado de sí y el cuidado del mundo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107653</guid>
        <pubDate>Mon, 04 Nov 2024 16:00:46 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Notas para una erótica de la filosofía o Erosofía]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Dr. Robledo: ¿Por qué odia tanto a Petro?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/dr-robledo-por-que-odia-tanto-a-petro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Si todo es tan oscuro, y sombríos nuestros pensamientos, ¿Quién tiene en Colombia la linterna para sacarnos de las tinieblas? ¿Es posible construir un legado sin necesidad de derramar todo el frasco de tinta envenenada contra una sola persona?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-04e07d51079b4965a02e9e2c798cfe83"><strong><em>“Si escribo lo que siento es porque así disminuyo la fiebre de sentir”:</em> Fernando Pessoa, en <em>El libro del desasosiego</em>.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-bad8d90a2f9d4faf85c8fc387c52841b"><strong><em>“Envidio a todos el que no sean como yo”:</em> Fernando Pessoa, en <em>El libro del desasosiego.</em></strong></p>



<p>Hablar mal del presidente está dando resultados: su imagen favorable subió cinco puntos esta semana, según <a href="https://www.elespectador.com/politica/aprobacion-gustavo-petro-subio-segun-encuesta-invamer-poll-octubre-2024-noticias-politicas-de-hoy">Invamer Poll.</a></p>



<p>Me intriga saber de dónde nace la rabia del doctor Jorge Robledo contra Gustavo Petro. Algo terrible debió pasar entre ellos. Algo que ninguno de los dos ha contado. Y si no pasó nada, ¿de dónde tanta patada de ahogado?, ¿por qué descalificarlo de día y de noche sin concederle nada?</p>



<p>Pienso en lo que dijo Manuel Vilas, adaptándolo a nuestra muy colombiana manera de ser, que consiste en no dejar a los demás ser. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-8a43393935ed1b77608d920904e715b5"><em><strong>“Ser español es estar siempre luchando contra otros españoles. La españolidad es un estado de guerra con el vecino, es intentar matar al vecino”</strong></em>: Manuel Vilas, escritor español. </p>



<p>El doctor Robledo acaba de sacar un libro, <em>Sin pelos en la lengua</em>, (¡tan original el título!), dándole más relevancia a Gustavo Petro que a su propia figura y obra. Lo subtitula <em>“Mi vida y mis luchas”,</em> pero parece la continuación de su vida y sus luchas en X contra Petro. En esa red social donde mastica vidrio contra el otro sin pausa.</p>



<p>Curioso por naturaleza, pasé por una librería del centro solo para ojearlo, sin que la señorita me viera. No me equivoqué. Toda la segunda parte (capítulos 14, 15, 16, 17 y 18) se la dedica a Gustavo Petro, y no contento, en el capítulo 7 de la primera parte vuelve contra él. Demasiado evidente la obsesión. Si hay una segunda edición, quizás convenza a los editores de disimular esa bronca adherida al corazón como colesterol.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-df0cdb720ed4a770877567cdb7c632fe"></p>



<p>En una autobiografía el bombo es para uno, digo yo, ¿no? A nadie le importan ya las peleas entre Bolívar y Santander, del mismo modo que en 10 o 20 años nadie se acordará del encono de Jorge Robledo contra Gustavo Petro, y quizás tampoco de los libros que ambos escribieron… más <em>“por sus obras los conoceréis”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-cd0b76f3a2ff65d0c0be02c92043fd3c"><strong><em>“Unos gobiernan al mundo, otros son el mundo”:</em> Fernando Pessoa, en <em>El libro del desasosiego</em>.</strong></p>



<p>Y aquí salta la única verdad en medio de esta pelea: sin título nobiliario, Gustavo Petro llegó donde otros no pudieron llegar, al Palacio Liévano primero y al Palacio de Nariño después. Él pasará a la historia como presidente de la República y alcalde de Bogotá, y Robledo como el candidato que quiso pero no pudo. Petro hará historia como el exguerrillero que comandó a una nación, y el doctor Robledo podría modular su histeria, disimular la amargura del político en el ocaso, al que después del 2026 no le dirán &#8220;señor expresidente&#8221;. Se pueden estar dando la mano con Germán Vargas Lleras.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-8f7cf1ba31e24a239c8a57344e14aec7"><br><em>&#8220;<strong>El hombre famoso tiene la<br>amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen<br>sobre él otros&#8221;.</strong></em> Federico García Lorca, poeta español. &nbsp;<br><br><strong> &nbsp;</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-df0cdb720ed4a770877567cdb7c632fe"></p>



<p>Lo dijo Alfredo Molano Jimeno en <em><a href="https://cambiocolombia.com/reservados/la-amarga-despedida-de-jorge-robledo-de-la-politica-electoral">Cambio</a></em><strong><em>:</em></strong> <em>“La amarga despedida de Jorge Robledo de la política&nbsp;electoral”</em>, recordándonos que en las elecciones del 2023 para la Alcaldía de Bogotá<em>, “apenas 34.000 personas apoyaron al locuaz dirigente de izquierda que estaba acostumbrado a recibir un multitudinario respaldo ciudadano”<strong>.</strong></em></p>



<p>En otro artículo, <em>La Silla Vacía</em> nos recuerda que se fue del Polo y fundó el Partido Dignidad, tan digno que se unió a personas de la Derecha para conformar la Coalición Verde Esperanza. Sometió su nombre como candidato presidencial en 2022 y quedó de último con 161.176 votos. Para qué decir que Petro les ganó a todos.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="P0wfRlOWor"><a href="https://www.lasillavacia.com/quien-es-quien/jorge-enrique-robledo-castillo/">Jorge Enrique Robledo Castillo</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;Jorge Enrique Robledo Castillo&#8221; &#8212; La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/quien-es-quien/jorge-enrique-robledo-castillo/embed/#?secret=NPsBzO4miP#?secret=P0wfRlOWor" data-secret="P0wfRlOWor" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p>Nos consta que hizo mucho como senador, el país reconoce sus aportes, las altas votaciones que obtuvo como congresista y los tremendos debates, como el de los sobornos de Odebrecht, así ningún pez gordo esté en prisión.&nbsp;</p>



<p>De igual forma, el país sabe que como congresista Gustavo Petro se jugó la vida denunciando a gente peligrosa, inclusive <em>durmiendo con el enemigo</em> dentro del Congreso. Muchos parapolíticos terminaron <em>encanados</em>.  </p>



<p>Pasarán décadas para que volvamos a ver en el Capitolio Nacional gente valiente y juiciosa, como ellos dos, que justificaron con creces cada peso que pagamos los contribuyentes. La Izquierda ha aportado bastante verdad a la Historia reciente. Punto. </p>



<p>Admiro la sensatez del doctor Robledo: <em>“No habrá otra aspiración de Jorge Enrique Robledo a la Presidencia”</em>, dijo en <a href="https://www.lafm.com.co/politica/no-habra-otra-aspiracion-a-la-presidencia-jorge-enrique-robledo">La FM</a>. </p>



<p>¡Bravo! Después de ¡medio siglo! de activismo político, hay que dejar a las nuevas generaciones brillar. Si yo tuviera 74 años, estaría disfrutando de esa jugosa pensión, rodeado de los nietos y la familia, porque –y esta es otra verdad- cuando nos vayamos, la vida seguirá sin nosotros. La cuestión de fondo es ésta: ¿Cómo quiere uno que lo recuerden… eso que con tanta pomposidad llaman legado?</p>



<p>El sociólogo Eduardo Pizarro Leongómez se pregunta si los expresidentes son<em> “muebles viejos e inservibles”, </em>y en su<a href="https://contextomedia.com/los-expresidentes-de-colombia-muebles-viejos-e-inservibles/"> ensayo</a> plantea un camino para ponerlos donde menos estorben; la frase debería aplicar también para los políticos que van de salida.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-contexto wp-block-embed-contexto"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="hWgznTXZF9"><a href="https://contextomedia.com/los-expresidentes-de-colombia-muebles-viejos-e-inservibles/">Los expresidentes de Colombia: ¿muebles viejos e inservibles?</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«Los expresidentes de Colombia: ¿muebles viejos e inservibles?» — Contexto" src="https://contextomedia.com/los-expresidentes-de-colombia-muebles-viejos-e-inservibles/embed/#?secret=hWgznTXZF9" data-secret="hWgznTXZF9" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>“Los expresidentes deberían hoy en Colombia jugar un papel más constructivo y, como los viejos sabios de la tribu, contribuir a encontrarle una salida al país en esta difícil encrucijada”.&nbsp;</em></strong></h2>



<p>Sobre esas palabras, y no sobre las que siguen, se podría construir un legado auténtico, pero se requieren espíritus sosegados para eso.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Autopsia a un libro </strong></p>



<p><em><a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/jorge-robledo-lanza-su-libro-sin-pelos-en-la-lengua-y-causa-un-vendaval-10-frases-demoledoras-contra-petro-mesias-y-manipulador/202455">Semana</a></em>, la publicación que se deleita replicando cualquier cosa que sirva para menospreciar al presidente, escogió del libro <em>Sin pelos en la lengua </em>“<em>10 frases demoledoras contra Petro</em>”, que en realidad son nueve. Como diría mi abuela, se juntaron el hambre con las ganas de comer. Haré un breve comentario.</p>



<p class="has-text-align-center has-x-large-font-size"></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3094affb9c08ec9aacf50da0e5c3fca2"><strong>1. “Es difícil encontrar en Colombia a un presidente con una mayor capacidad de engaño”.</strong></p>



<p>En el pasado fuimos gobernados nada más que por santas palomas, ¡cómo es que no los han canonizado! Pongamos de ejemplo a Álvaro Uribe Vélez, hoy en juicio por los presuntos delitos de fraude procesal y soborno en actuación penal (manipulación de testigos, tan pariente esa palabreja del verbo <em>engañar</em>). Tenga la certeza de que si Uribe es hallado culpable, habrá encontrado a uno con capacidad para engatusar.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-996fd2b3ed2a8c9dfc86e39c2b9c5454"><strong>2. “Es notorio verlo actuar con autoritarismo y como si fuera un mesías, pose hasta cómica que desde siempre se le notó en la vida pública”.</strong></p>



<p>En Colombia sólo ha habido un <em>mesías </em>verdadero. Tan mesías que resucitó para un segundo periodo (ni su bancada, doctor Robledo, pudo atajar el articulito de la reelección); tan Mesías que su hermano Santiago Uribe sigue pendiente de sentencia por paramilitarismo, acusado de patrocinar a <em>“<a href="https://www.pares.com.co/post/la-historia-de-los-12-ap%C3%B3stoles-el-grupo-paramilitar-que-habr%C3%ADa-patrocinado-santiago-uribe-v%C3%A9lez">El clan de los doce apóstoles”,</a></em> como lo contó la periodista Olga Behar en su libro<em>, </em>y tan Mesías que tenemos el <em>Credo en la boca</em>, pendientes de si lo <em>crucifican </em>o no. Por los clavos de Cristo, ¿usted quiere/cree que lo condenen, doctor Robledo?</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-cba04e6b58d309b0a4dc9873679716f8"><strong>3. “En cuanto a gobernar con acierto, nada —o muy poco— hay que resaltar”.</strong></p>



<p>Implícitamente reconoce que, aunque muy pocos, Petro ha tenido aciertos. Sumercé, que ha visto pasar a por lo menos dieciséis presidentes, díganos cuál sí gobernó con <em>sobradez </em>y tino, y sin una oposición (incluida la suya), haciéndole la vida de cuadritos.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-eb7b16f0c7df46042790691f2e0cb365"><strong>4. “Es difícil encontrar peor inicio de un gobierno colombiano que el de Gustavo Petro el 7 de agosto de 2022″.</strong></p>



<p>Le molestó el episodio de la espada de Bolívar al que llamó sainete. Si el presidente hubiese sido usted, en lugar de invocar a Bolívar, con seguridad habría acudido a Mao Tse-Tung para recordar sus orígenes y orgullosa militancia en el <em>Movimiento Obrero Independiente y Revolucionario, MOIR,</em> que al final murió (para dar paso al partido <em>Dignidad</em>, cuyos principales dirigentes son Robledo y Aurelio Suarez), como tantos movimientos políticos que en este país nacen, se reproducen (con otros partidos) y desaparecen (a la <em>Nueva Fuerza Democrática </em>de <a href="https://www.elespectador.com/judicial/partido-politico-de-andres-pastrana-perdio-personeria-juridica-en-el-consejo-de-estado-noticias-hoy">Andrés Pastrana</a> le acaban de quitar la personería jurídica).</p>



<p>La política es de símbolos; como político, eso lo sabe usted. Al final hay un hecho incontrovertible, otra verdad irrefutable: una de estas dos banderas ondeó y la otra permanece ignorada en cualquier <em>cuarto de San Alejo</em>, metáfora del olvido que seremos todos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="842" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/19163049/Z-BANDERA-MOIR-842x1024.jpg" alt="" class="wp-image-106812" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/19163049/Z-BANDERA-MOIR-842x1024.jpg 842w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/19163049/Z-BANDERA-MOIR-247x300.jpg 247w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/19163049/Z-BANDERA-MOIR-768x934.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/10/19163049/Z-BANDERA-MOIR.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 842px) 100vw, 842px" /></figure>



<p class="has-contrast-color has-text-color has-link-color wp-elements-b84e5acae04aa96fe426d6a0cf3d0d95">Hablando del MOIR, dos confesiones suyas me sorprendieron. Están en su <a href="https://www.jorgerobledo.com/jose-obdulio-uribe-y-el-moir/">página web</a>, bajo este título: <em>“José Obdulio, Uribe y el Moir”.</em></p>



<p class="has-text-align-right"><em>“…como autor del término, he explicado que este se refiere a los parapolíticos uribistas y no a todos los partidarios del Presidente. Por ejemplo, <strong>mi madre fue uribista, más no parauribista. </strong>Y la palabra tiene el respaldo de las cifras: los nueve congresistas presos son uribistas. 17 de los 19 parlamentarios en capilla son uribistas. Casi todos los firmantes del pacto de Santa Fe de Ralito son uribistas. Es uribista el ex director del DAS. Y más del 90 por ciento de los 83 parlamentarios mencionados por el estudio de la fundación Arco Iris sobre los parapolíticos es uribista”</em></p>



<p class="has-text-align-right"><em>.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-jorge-robledo wp-block-embed-jorge-robledo"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="riAHInCLcg"><a href="https://www.jorgerobledo.com/jose-obdulio-uribe-y-el-moir/">JOSÉ OBDULIO, URIBE Y EL MOIR</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="«JOSÉ OBDULIO, URIBE Y EL MOIR» — Jorge Robledo" src="https://www.jorgerobledo.com/jose-obdulio-uribe-y-el-moir/embed/#?secret=zIczvHavgc#?secret=riAHInCLcg" data-secret="riAHInCLcg" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-376c78bec44a05f014522d30aa40f4fa"><strong>5. “Es imposible comentar todos los disparates, errores graves y traiciones a sus promesas electorales, en especial al haberse presentado como ‘el gobierno del cambio’”.</strong></p>



<p>Su libro tiene 382 páginas y 40 están dedicadas a Gustavo Petro. Así que espacio tenía de sobra (342 páginas más) para comentar todos los <em>disparates, errores graves y traiciones</em>. Me pregunto si el propósito de darle vitrina a Petro era garantizar la venta del libro, porque ciertos medios compran peleas ajenas para tentar al algoritmo. La prueba es el artículo de <em>Semana </em>que comento.</p>



<p>Valiente gracia despotricar, más en las redes sociales desde donde es fácil tirar la piedra y esconder la mano, sin que le pongan el ojo negro a uno. Lo difícil, doctor, es el virtuosismo.<strong> </strong><a href="https://www.unav.edu/web/bebrave/opinar-entradas-anteriores/12">Platón </a>fue el que dijo: “<strong><em>El deber del político es luchar para que sus ciudadanos sean más <u>virtuosos”</u>.</em> </strong>No aspiremos a tanto: en estos tiempos, por andar trinando, increpándose mutuamente, los políticos no tienen tiempo para ser buen ejemplo de nada.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ad02011c9b20490de47006623d9ec8ec"><strong>6. “Debo decir que su gobierno resultó peor de lo que esperé, verdad que confirma el creciente número de arrepentidos”.</strong></p>



<p>Nadie se comerá el cuento de que usted le auguraba nada bueno a este gobierno; al contrario, lo puedo imaginar celebrando, como celebra Polo Polo y compañía cada revés del presidente, regodeándose con la Derecha, que en el colmo del cinismo espera que el país se vaya de bruces para darse la razón en <em>pos</em> del trono.</p>



<p>El problema es que la Derecha quiere que un presidente de Izquierda gobierne como si fuera de Derecha. No va a pasar y les tomará dos años más entenderlo… O quizás más, lo que diga el oráculo.</p>



<p>Usted se juntó con la Derecha para dárselas de Centro (porque así de dinámica es la política), a ver qué pescaba y no pescó ni ballenas en el Chocó, como el doctor Sergio Fajardo. Un día podríamos hablar de<strong> </strong>ese pragmatismo oportunista: el de correrse hacia el Centro cada cuatro años (la estrategia del <em>hágase pallasito</em>) para mostrarse más dignos y decentes que los demás. En las elecciones de 2022 se llamaron Coalición Centro Esperanza (Robledo, Alejandro Gaviria, Carlos Amaya, Sergio Fajardo y Juan Manuel Galán), en la cual hubo <a href="https://www.infobae.com/america/colombia/2022/02/25/crisis-en-coalicion-centro-esperanza-alejandro-gaviria-rompio-los-acuerdos-jorge-enrique-robledo/">implosión </a>por exceso de egos. ¡Qué sencillo es inmolarse en la hoguera de las vanidades!</p>



<p>Hay que reconocer, eso sí, que la respuesta más inteligente de un candidato en campaña, la dio usted, doctor Robledo, cuando le preguntaron si no estaba muy viejo para gobernar a Bogotá: <em>“Yo les diría que tienen razón en esa apreciación si me estuvieran buscando para subir una nevera a un quinto piso, yo tengo todo mi vigor, mi capacidad intelectual, mi capacidad de trabajo y estoy haciendo una campaña al mismo ritmo que ustedes”.</em></p>



<p>Veo el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=tIzWe7lYblo">video </a>y me sigo riendo. Todos los políticos deberían reclutar cómicos para sus discursos, incluso para escribir libros; así, la política resultaría menos acartonada y no tan predecible como sus memorias, una a-versión minúscula del libro del desasosiego (perdonará el gran Pessoa), con más espacio para el resentimiento que para la esperanza (y no hablo ya de la <em>Coalición Verde Esperanza</em>).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Jorge Robledo desata las risas al responder si está “mayor” para gobernar | Debate final" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/tIzWe7lYblo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-67d8f7f1346cc2b8c18e9394aed5a560"><strong>7. “Gustavo Petro es el único presidente de un país petrolero en el mundo que está haciendo el ridículo universal de señalar que Colombia no firmará nuevos contratos”.</strong></p>



<p>Se aterra&nbsp;sabiendo que en campaña el candidato prometió<em> “el cese de la contratación de exploración de petróleo en Colombia”, </em>como lo reseñó <a href="https://www.portafolio.co/elecciones-2022/petro-y-su-larga-polemica-frente-el-petroleo-566003"><em>Portafolio</em>.</a><em> </em>¿Al fin qué: que los políticos cumplan lo que prometen o no?</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right"><strong>En Colombia reina la anarquía verbal.</strong></h2>



<p>Insinúa que Petro quiere “<em>espantar a los inversionistas para darle gusto a su desviación izquierdista”,</em> ¿Desviación izquierdista? Me acordé de la senadora María Fernanda Cabal, que cuando se le da la gana los llama <em>izquierdópatas, </em>y del abogado Abelardo de la Espriella que los tilda de <em>“zurdos sarnosos”</em>. La <em>ideología del insulto</em> es la moda, aquello que define a la clase política actual. Es como llamarlos enfermos o humanos con sarna, ninguna diferencia con ese lenguaje pusilánime que se transformó en lápida para los miembros de la Unión Patriótica.  En Colombia reina la anarquía verbal. No hay respeto por el otro, ni quien lo exija. En un país en conflicto, las palabras envenenadas son cuchillo para las gargantas. Nada aprendimos de un genocidio.</p>



<p></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">La narrativa de este señor no tiene límites. Nos llama propagandistas, zurdos sarnosos, hordas de vándalos. Su discurso es burdo y merece un castigo y reproche social porque está repleto de odio y discriminación, lo que puede generar violencia e irrespeto por pensar diferente <a href="https://t.co/TJLouKrsRa">pic.twitter.com/TJLouKrsRa</a></p>&mdash; La Danni (@La_Danni) <a href="https://twitter.com/La_Danni/status/1845434751311548433?ref_src=twsrc%5Etfw">October 13, 2024</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-88791b4b71ca61c0a8a06e2f0907d7ce"><strong>8. “No se es de izquierda democrática si no se lucha —como no lucha en realidad Petro— por aumentar la producción de riqueza de Colombia por encima de los 6.657 dólares por habitante”.</strong></p>



<p>¿Cuál es esa fórmula mágica para que de un pupitrazo el salario mínimo pase de $1.300.000 a $2.337.993, que es el resultado que obtuve al convertir dólares (US$6.657) a pesos colombianos? Magnífica idea para dársela a los empresarios, a ver si se ríen como con el chiste de la nevera. Doctor, en este país los ricos también lloran. Dese cuenta: el Congreso aprobó la Reforma Laboral de Petro pero eliminó el contrato agropecuario que buscaba formalizar a millones de campesinos. Lo más seguro es que la sigan trasquilando en el Senado. Si los ricos no lloran, sus bolsillos se vacían. ¿Y los campesinos? ¡Pues que se sacrifiquen por la Patria y al destajo!</p>



<p>Lo que son las cosas: la congresista Jennifer Pedraza, del partido Dignidad, creado por usted, se opuso al contrato a término fijo para los trabajadores del sector rural. &nbsp;¿Dónde quedarían enterradas las ganas de hacer la “Revolución Agraria” de la que tanto hablaba el MOIR? Para quien se gana 48 paquetes al mes, un salario mínimo con prestaciones sociales es un hecho&nbsp;indignante; esa es la Derecha que, sin gobernar, decide desde una curul quién puede comer más y quién comer menos.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3b8b73eab2b09a62714ae93529b3dc81"><strong>9. “No ha habido en Colombia un presidente con una mayor capacidad de manipulación mediática que la suya”</strong>.</p>



<p>Me asombra que se asombre. La manipulación es inherente a la política. Nadie llega al poder con camándula en mano. Lo sabía Maquiavelo hace 500 años, que les enseñó a los políticos que las personas deben aprender a no ser buenas. Vea estas frases que encontré en <em><strong>Las 48 leyes del poder</strong></em>, libro de cabecera del expresidente Uribe, según dijo una vez Paola Ochoa:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-0df8fe6b06ad97baf29c5f1793772067"><strong><em>“El engaño es un desarrollado arte de la civilización y una de las armas más poderosas en el juego del poder” (…) El poder es, en esencia, amoral</em>”</strong>: Del libro <em>Las 48 leyes del poder</em>. </p>



<p>Mi cabeza explotó. Razón de más para que los ciudadanos aprendamos a no fiarnos de los políticos. De ninguno, doctor.</p>



<p>No existe un cielo para ustedes y, por lo mismo tanto, tampoco creo que les importe ganárselo aquí en la Tierra. Lo que sí sé es que su antagonismo le hace más daño a la Izquierda que al propio presidente. Se lleva por delante mucho de aquello en lo que supuestamente cree. </p>



<p>Ya para soltarlo, si me lo concede, sólo tengo una pregunta: ¿Por qué odia tanto a Petro, doctor Jorge Enrique Robledo Castillo? Cuente con este espacio para su respuesta.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Mi correo es: <a href="mailto:alexvelasquezcolombia@gmail.com">alexvelasquezcolombia@gmail.com</a></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">Mi cuenta en X: <a href="https://twitter.com/alexanvelasquez?t=R02Q0yacqM4kgEGWS3ZkEw&amp;s=03">@alexanvelasquez</a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=106795</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Oct 2024 12:49:02 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Dr. Robledo: ¿Por qué odia tanto a Petro?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Truman Capote: Lengua venenosa, pluma prodigiosa</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/truman-capote-lengua-venenosa-pluma-prodigiosa/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hace 100 años nació Truman Capote (30 de septiembre de 1924) y murió hace 40 años (25 de agosto de 1984). Homenaje a un grande de la literatura y el periodismo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size">El actor Philip Seymour Hoffman dio vida a Truman Capote en el cine.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-0d9adf010bb60f37c31128a7aacb9f68"><strong>¿Por qué la vida tiene que ser tan jodidamente podrida?”: Truman Capote.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f93deec4b50422fd2c124229c0d2a361"><strong>“La fama es el gran afrodisiaco”: Truman Capote.</strong></p>



<p>Quisiera escribir como aquel tipo que encantó y desencantó a la sociedad de su tiempo, ese <em>niño terrible</em> del periodismo y la literatura que hizo y dijo lo que se le dio la gana.</p>



<p>No salí a la calle en toda una Semana Santa por leer <em>A sangre fría</em>. Quería para mí un talento semejante. Luego escarbé en su vida: un tipo buena vida norteamericano con una infancia difícil, de poca estatura y voz aflautada (¿o debiéramos decir afeminada para no cansar con los eufemismos?), cuyo nombre real era Truman Streckfus Persons, aunque él prefirió llevar el segundo apellido de su padrastro cubano, un tal Joseph García Capote. <em>“Te agradecería que en el futuro te dirigieras a mi como Truman Capote, porque todo el mundo me conoce por este nombre”,</em> le escribió a su padre en un papel.</p>



<h2 class="wp-block-heading">“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”: Truman Capote.</h2>



<p>No hay manera de contradecirlo. Fue eso y más: llevó el periodismo a otro nivel. Afirmó que había inventado un nuevo género literario, <em>“la novela de no ficción”,</em> hecho que lo convirtió en una figura destacada del llamado <em>Nuevo Periodismo</em>.</p>



<p>En la biografía oficial habla de esa pasión. <em>“El secreto del arte de entrevistar (porque es un arte) es dejar que el otro crea que te está entrevistando a ti. Empiezas hablando de ti y lentamente vas tendiendo la tela de araña y acaba contándolo todo. Así cacé a Marlon (Brando)”</em>.</p>



<p>Hasta entonces no había leído nada suyo y en adelante quise leerlo todo, que es el efecto embriagador que causan los grandes escritores, esos genios que nacen de a uno cada siglo.</p>



<p>Así llegué a obras como <em>“Plegarias atendidas”, “Otras voces, otros ámbitos”, “Desayuno en Tiffany´s” </em>o<em> “Música para camaleones”</em> y a sus cuentos completos. Maravillado, busqué su biografía oficial, la de Gerald Clarke. Al cerrar el libro en la página 716 entendí que la vida del propio Capote (y así la de sus padres, pero en especial la de su madre), fue en sí misma una novela, con todo y los episodios sórdidos que la rodearon: una niñez con más soledad que amor, sus primeros escritos siendo niño, sus relaciones tormentosas y, víctima de la celebridad, su descenso a los infiernos: una mezcla letal de drogas, alcohol, soledad y depresión. Varias veces se presentó borracho a lecturas y entrevistas. &nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading">“Me prometió el mundo y no me dio más que un plato de lentejas”, dijo de Truman Capote uno de sus amantes&#8221;.</h2>



<p>Truman se dedicó a consolar a sus cisnes, que así llamaba a las mujeres con belleza, riqueza y clase de la alta sociedad neoyorquina, a quienes les sirvió de almohada y pañuelo para que lloraran sus desdichas. No sabían que su amigo –su canalla amigo- escribiría todo cuanto vio y escuchó, tirando al traste amistades de años. Yo diría: De los escritores no te confíes, porque donde unos ven chismes, ellos ven literatura. Y ninguno viste de sotana que los obligue a guardar confesiones.</p>



<p>Aunque usó nombres ficticios, los aludidos sabían que aquella ficción los delataba. Tales&nbsp;infidencias forman parte del relato <em>La Cote Basque</em>, del libro “Plegarias atendidas”.&nbsp;Este 2024, el canal HBO Max estrenó la serie de ocho capítulos basada en dicho relato: <em>Feud: Capote vs. The Swans</em>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="FEUD: Capote Vs. The Swans Trailer (2024) Naomi Watts, Demi Moore" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/WeE1pRfIt8k?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Capote se defendió con el único argumento posible: <em>“Yo no he dicho eso. Lo dice un personaje. No se puede acusar a un escritor de lo que dicen los personajes”.</em> Sus declaraciones levantaban polvo, no exentas de veneno. <em>“Toda la literatura, desde las biografías a los ensayos, pasando por las novelas y los cuentos, no es más que chismorreo”.</em></p>



<p>Fue una persona de amores y odios. Acribillaba con sus palabras. De hecho, el periodista Lawrence Grobel le dedicó su libro <em>“Conversaciones íntimas con Truman Capote”</em> con esta frase: <em>“A Truman, que afiló la pluma sin miedo”.</em></p>



<p>Tan venenosas fueron su prosa y su lengua que para una nueva biografía el escritor George Plimpton juntó el testimonio de quienes lo amaron y lo odiaron. Cada cierto tiempo la prensa nos recuerda que fue el anfitrión de <em>&#8220;La fiesta del siglo&#8221;</em>. Con su “baile en blanco y negro&#8221; (1966, Hotel Plaza de Nueva York) <em>“hizo 540 amigos y 15.000 enemigos”</em>, así reseñado por <a href="https://elpais.com/icon-design/arte/2020-11-27/cuando-truman-capote-diseno-una-fiesta-en-blanco-y-negro-la-convirtio-en-el-baile-del-siglo-y-se-enemisto-con-medio-mundo.html"><em>El País</em>.</a> Lo planeó para dejar por fuera personas a las que detestaba.</p>



<h2 class="wp-block-heading">“Lo que no entiendo es porque todo el mundo decía que los Kennedy eran tan sexys. Sé mucho de pollas, he visto un montón y si hubiesen empalmado todas las de los Kennedy habría salido una buena”: Truman Capote.</h2>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">(Cita tomada del libro<em> &#8220;Truman Capote: La biografía definitiva</em>).</p>



<p>Así era él: sin pelos en la lengua, un imprudente que hacía las delicias en cualquier reunión. Despreciaba a Ernest Hemingway como persona y como escritor; en cambio, consideraba muy buenos los relatos de John Cheever. (¡Y sí que lo son!). Admiraba a escritores como Faulkner y Nabokov. De los suramericanos confesó simpatía por Gabriel García Márquez; a Borges lo consideraba de segunda categoría” y de Albert Camus dijo que no se mereció el Premio Nobel de Literatura.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="643" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/30081741/Z-CAPOTE-A-SANGRE-FRIA-1-643x1024.jpg" alt="" class="wp-image-106050" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/30081741/Z-CAPOTE-A-SANGRE-FRIA-1-643x1024.jpg 643w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/30081741/Z-CAPOTE-A-SANGRE-FRIA-1-188x300.jpg 188w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/30081741/Z-CAPOTE-A-SANGRE-FRIA-1-768x1224.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/30081741/Z-CAPOTE-A-SANGRE-FRIA-1.jpg 866w" sizes="auto, (max-width: 643px) 100vw, 643px" /></figure>



<p>“A sangre fría” (1965), su obra maestra, es lectura obligada para escritores y periodistas; le tomó seis años escribirla, principio y fin de su genialidad.</p>



<p>Corrió el rumor de que se enamoró de uno de los asesinos pero luego quedó claro que fingió su amistad, con cartas, libros y regalos mientras los visitaba en la cárcel para sacar información. Ellos pensaban que él escribiría un libro para salvarlos y él sólo quería publicarlo y olvidarse de todo.</p>



<p><em>“Me han dicho que el libro está a punto de imprimirse y que van a venderlo después de nuestras ejecuciones”,</em> le dijo ofuscado Perry, uno de los criminales.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><em>“Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él. Todo ese maldito asunto, día a día y día a día. Fue mortificante, una verdadera fuente de ansiedad, tan desolador, tan anonadante, y… tan triste”.</em></h2>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">(Cita tomada del libro <em>Truman Capote: La biografía definitiva</em>).</p>



<p>La película <em>Capote</em> (Prime Video), en la piel del actor Philip Seymour Hoffman, ya fallecido, muestra cómo se gestaron la investigación y escritura, y sus artimañas en ese proceso. Todo empezó cuando leyó en la primera plana de&nbsp;<em>The New York Times</em> sobre una familia que había sido masacrada en su casa de Kansas. Tenía el olfato del reportero audaz que se huele las buenas historias a distancia.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Trailer Capote Oscar 2006" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/BoRX7e5_nO0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Si el lector quiere leer una novela fascinante, lea <em>A sangre fría</em>. Cada página es como estar ahí, testigo del horror, sintiendo el terror que experimentó la joven Nancy al descubrir los cadáveres de la familia Clutter.</p>



<p><em>“Cada vez que cojo A sangre fría lo leo de cabo a rabo, como si no lo hubiera escrito yo. No le cambiaría ni una coma”,</em> le dijo a Lawrence.</p>



<p>Quería reencarnar en un buitre, odiaba ir a funerales y anhelaba ganarse el Nobel. Envidiables su memoria y su nivel de precisión para describir escenas, personajes y situaciones. Podía recordar el 90% de las charlas para luego transcribirlas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">“Los libros que leí por mi cuenta tuvieron una importancia mucho mayor que mi educación oficial, que fue una pérdida de tiempo y concluyó cuando cumplí diecisiete años”: Truman Capote. </h2>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size">(Cita tomada del Libro <em>Conversaciones íntimas con Truman Capote</em>, Anagrama)</p>



<p>Parte de <em>A sangre fría</em> la escribió en una casa española, entre pinos sobre un risco, que ahora es refugio para escritores de todo el mundo: poetas, novelistas, ensayistas, cuentistas e historietistas. Una vez aprobada la solicitud, durante un mes, cuatro personas pueden convivir en la <a href="https://rlfinestres.com/"><em>Residència Literària Finestres</em>.</a></p>



<p>Se trata de <em>“un territorio de calma y recogimiento, alejado de los afanes urbanos, donde se cultiva la imaginación y el pensamiento a través de la escritura”.</em></p>



<p>Truman no encontró cómo regresar del averno. El forense dijo que su muerte fue resultado de hepatitis, flebitis e intoxicación por múltiples fármacos. Aunque el genio de hueso y carne está en el cielo de los escritores desde&nbsp;1984, su genialidad quedó atrapada en su obra.</p>



<p>Genio y figura hasta la sepultura, el mundo celebra hoy a un iconoclasta, a un irrepetible. ¡Gracias Truman Capote!</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=106045</guid>
        <pubDate>Mon, 30 Sep 2024 13:23:08 +0000</pubDate>
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