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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de guitarra | Blogs El Espectador</title>
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        <item>
        <title>Esta mujer campesina tiene su propia silla en la junta directiva de &amp;#8220;Juan Valdez&amp;#8221;</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/esta-mujer-campesina-tiene-su-propia-silla-en-la-junta-directiva-de-juan-valdez/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde niña supo que nació para cosas grandes. Este domingo, la FILBo presenta un libro sobre la vida de Argenys Rojas Hoyos: de cómo una jornalera huilense se convirtió en líder cafetera, abogada y empresaria con su marca de café colombiano que ya se vende en otros países. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>A sus 45 años, Argenys Rojas Hoyos, una caficultora de Timaná. Huila, es ejemplo de tesón y superación. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"><strong><em>“… cuando una mujer campesina decide narrarse, no solo escribe su historia: abre un camino para que otras también lo hagan”:</em></strong><strong> Ana Patricia Collazos, editora y prologuista del libro “Mi historia”, sobre la vida de Argenys Rojas Hoyos. &nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de las carencias en que se crío, Argenys intuyó desde pequeña que un día sería alguien importante. Mientras soñaba despierta entre cafetales, hacía las labores de cualquier jornalero en la finca de sus padres, donde vivían de coger café. La falta de energía eléctrica no era la única carencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo el bachillerato por radio hasta el grado noveno, y décimo y once en un colegio de su natal Timaná, caminando diez kilómetros diarios, muchas veces aguantando hambre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se había graduado aun cuando tuvo que enfrentar la primera de dos tragedias familiares: el suicidio (por envenenamiento) de su padre, en junio de 1998, apenas una semana después de ella cumplir 17 años.  </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Los investigadores nos culpan a nosotros de la muerte de él. Imagínense, nosotros unos chinos. Nos conducen a todos a la Fiscalía para investigar el homicidio, nos preguntaron una y otra vez qué sabíamos sobre la decisión de mi papá. Nosotros no sabíamos nada, fue una decisión que él tomó, personal. Lo único que puedo decir es que siempre, desde que yo recuerdo, cuando mi abuelo se suicidó a mi papá se le metió en la cabeza esa idea también”, </em>relata en el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los seis hermanos y la viuda debieron seguir adelante con sus vidas. Dos años después, en octubre de 2000, su hermano murió en un accidente de tránsito. “A él se le estalló el corazón, la caja torácica se le comprimió, y la masa encefálica le quedó expuesta”, me cuenta Argenys en una conversación vía WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la muerte del hermano, iniciaron el proceso de demanda contra el gerente de un banco que ocasionó el accidente por imprudencia. “El señor tenía que parar y no paró. Luego dijo: <em>´ante los ojos de Dios, yo maté a ese muchacho, pero que me lo prueben ante los ojos del mundo´.</em> Y eso fue lo que no pudimos probar”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Perdieron el proceso, pues lo declararon caso fortuito, sin posibilidad de reabrirlo. “El poder y la plata prostituyen los procesos. En el libro no están esas palabras, pero a usted se lo digo”, relata hoy, atragantada por el recuerdo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la tumba de su hermano, Argenys juró que sería abogada “para que a la gente pobre no le pasé lo que nos pasó a nosotros”. En la casa la tildaron de loca, le decían que eso era cosa de ricos. Mientras tanto, libraba su propia batalla interior. Con dos duelos encima, sintiéndose culpable por la muerte del papá, buscó respuestas hasta en el más allá: pasó por un convento, hizo varios ´viajes´ a través del yagé y cayó en manos de espiritistas-, hasta que tuvo un accidente y, como dice, conoció de Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Crecimos con unos papás analfabetas, sin quién lo orientara a uno; cuando yo necesitaba entender la vida, la respuesta que recibía era la misma: <em>´yo no sé, usted verá´.</em> Este ha sido el consejo de mi mamá: <em>´Si tiene con qué, cómprelo´</em>, así que desde los 11 años tuve que encargarme de mis cosas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El único juguete de infancia fue una muñeca de pelo azul. En su casa nunca supieron lo que era celebrar un cumpleaños, menos una fiesta de 15.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de esas circunstancias complejas, que no presagiaban un final feliz, Argenys le demostró al mundo, pero especialmente a sí misma y a los suyos, que vale la pena apostar por uno. No solo se hizo abogada de la Universidad de la Amazonia –hoy ejerce como defensora pública-, sino que se especializó en Derecho Contencioso Administrativo y obtuvo su Maestría en Derecho Público, con préstamo de los bancos y la ayuda de sus amigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Yo siempre he dicho que, gracias a Dios y a los amigos, estoy donde estoy, ellos me han impulsado y me han ayudado, por ello yo creo en la amistad”, relata en el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo empezó con 50 mil pesos que tenía en sus bolsillos. “A mí en la casa me daban la pasilla (lo que queda luego de zarandear el café) y yo la vendía. Esos cincuenta mil los convertí primero en un millón y los puse a ganar intereses (…) hasta que tuve cinco millones de pesos…”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí, póngale la firma, hoy es una persona importante, pero con su esencia de mujer campesina intacta. Me muestra una fotografía suya en medio de un paisaje cafetero vasto y bellísimo en las laderas de la vereda de Pantanos (Timaná, Huila), y me dice sin titubear: “Ahí haré un mirador para cuando esté viejita”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y le creo, porque después de conocer su vida, a través de las 222 páginas de “Mi historia”, que así se titula su autobiografía, publicada por la editorial Tierra de Palabras-, uno puede entender el poder de aquello que se decreta. Esas palabras que nacen del corazón y del alma, pero también desde las tripas, porque este libro se escribió primero con las entrañas y luego con tinta. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Leerlo es como estar ahí, en la sala de la casa de Argenys, escuchándola hablar, tal cual como es ella, con desparpajo, sin adornos, directa con las frases, orgullosa de la tierra que la parió el 9 de junio de 1981.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Argenys en su natal Timaná, Huila. </em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/02072341/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ARGENYS-ROJAS-TIMANA-HUILA-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-128618" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/02072341/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ARGENYS-ROJAS-TIMANA-HUILA-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/02072341/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ARGENYS-ROJAS-TIMANA-HUILA-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/02072341/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ARGENYS-ROJAS-TIMANA-HUILA-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/02072341/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ARGENYS-ROJAS-TIMANA-HUILA.jpg 1280w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>“Sin campo no hay ciudad, si nosotros paramos la ciudad no sobrevive”: </em>Argenys Rojas, caficultora huilense. &nbsp;</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Es la doctora Argenys cuando se para en los estrados judiciales. Es la exconcejala a la que todos saludan en el pueblo. Es la caficultora que se formó de manera empírica desde niña y convirtió su pequeña herencia (menos de una hectárea de tierra), en una empresa que hoy produce un café especial premiado por su calidad y exquisitez, con ventas a Rusia, Israel y República Checa. La marca se llama Café Horo, “con H de Hoyos por mi mamá y el Rojas de nosotros”, dice.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la pandemia, dejó códigos y leyes a un lado y volvió a los cafetales para apoyar a su hermano; con ese lote de café ganaron la <em>Taza de oro</em> del Yara Champions en 2020, con una puntuación de 86,47.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La hacienda está ubicada en un lugar bendecido por las condiciones climáticas. <strong><em>“… en el día hace sol y en la noche cae mucho sereno lo que produce un choque térmico que hace que los azúcares se concentren mucho más en el grano de café”,</em> </strong>relata en el libro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también es la líder cafetera, que goza de la admiración y el respeto de la Federación Nacional de Cafeteros, pues hoy ocupa dos sillas importantes: un asiento en el Comité Departamental de Cafeteros del Huila (al cual representó como productora en el III Foro Mundial de Cafeteros, en Ruanda, África) y otro asiento como delegada suplente en la junta directiva de &#8220;Juan Valdez&#8221;, reelegida el 25 de marzo para un periodo de dos años. Además, <strong>El Espectador</strong> la reconoció como <em>Personaje del Año 2025</em>. Actualmente cursa un doctorado en Derecho en una universidad mexicana, “para que me digan doctora de verdad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le pregunto si todavía sueña despierta. Sonríe y dice que le falta aprender a bailar San Juanero y a tocar guitarra.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><strong><em>Este domingo 3 de mayo, en la Feria del Libro de Bogotá, Argenys Rojas Hoyos presentará el libro “Mi historia”: (Corferias, Carpa Cultural, 7:00 de la noche)</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128612</guid>
        <pubDate>Sat, 02 May 2026 12:39:09 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Esta mujer campesina tiene su propia silla en la junta directiva de &#8220;Juan Valdez&#8221;]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>BTS, la histeria por esos coreanos maquillados cantando… y Franz Liszt</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/bts-la-histeria-por-esos-coreanos-maquillados-cantando-y-franz-liszt/</link>
        <description><![CDATA[<p>BTS. Un montón de coreanos cantando. (Me gusta su música. A veces me suena igual. No siempre. Pero a veces sí. Hay bailes que disfruto. Otros… siento que ya los vi. Otra vez. Igualito. No me matan. Tampoco me disgustan.) Hasta ahí, todo normal. Pero hay algo… algo que me tiene pensando más de la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>BTS.<br />
Un montón de coreanos cantando.</p>
<p>(Me gusta su música. A veces me suena igual. No siempre. Pero a veces sí.<br />
Hay bailes que disfruto. Otros… siento que ya los vi. Otra vez. Igualito.<br />
No me matan. Tampoco me disgustan.)</p>
<p>Hasta ahí, todo normal.</p>
<p>Pero hay algo…<br />
algo que me tiene pensando más de la cuenta. Y no son ellos.</p>
<p>Son ellas.</p>
<p>Las Armys. A-R-M-Y. Como ejército. Y sí… lo son.</p>
<p>Porque ahí hay un abismo. Literal.</p>
<p>Están las niñas. Preadolescentes. Adolescentes. Diecisiete, dieciocho…<br />
Y después aparecen mujeres de treinta y cinco para arriba, de cuarenta, de cincuenta, hasta de sesenta y hasta setenta años. Amigas mías. Madres de mis amigas. Mujeres ya grandotas, grandotas, tragadas, pero tragadas, de esos coreanos, con una intensidad que ni mis años más devotos de Ricky Martin.</p>
<p>Y no hablo de un caso aislado. Ojalá fuera una.<br />
Son muchas. Demasiadas para ser casualidad.</p>
<p>Las conozco… por WhatsApp.</p>
<p>(Ya sé. Qué lugar tan raro para descubrir un fenómeno cultural mundial.<br />
Pero así funciona ahora la vida: uno se entera de todo por los estados de la gente.)</p>
<p>Entro a chismosear —porque sí, es perder el tiempo, pero uno entra—<br />
y ahí están:</p>
<p>uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete estados…<br />
BTS. BTS. BTS.</p>
<p>Y gracias a esos estados los he ido conociendo.<br />
No a ellos. A BTS como fenómeno.</p>
<p>Hay un dicho horrible, cargado de estereotipo cultural: “todos los chinos son iguales”. Ya sé, ya sé: BTS es coreano. COREANO. Que después no vengan las Armys y me cuelguen. O me hagan brujería por WhatsApp, que en estos tiempos uno nunca sabe. Pero tengo que admitir algo: a mí varios de ellos se me confunden. Me enredo. Entre el mismo tono de pelo de algunos, la producción tan calculada y esa perfección tan cuidadosamente fabricada, me cuesta distinguirlos.</p>
<p>Y eso es lo más fuerte.</p>
<p>Ellos están… demasiado producidos.</p>
<p>Y cuando digo producidos, es producidos de verdad.<br />
Maquillados. Pero maquillados con precisión quirúrgica.<br />
Gloss. Delineado. Pestañas. Base. Corrector. Piel perfecta.</p>
<p>Cabello en su sitio exacto. Ni un pelo rebelde.<br />
Nada se mueve donde no debe.</p>
<p>Todo… impecable.</p>
<p>Demasiado impecable.</p>
<p>Y esa perfección… me asusta un poco.</p>
<p>Porque no existe.</p>
<p>Me puse a pensar —y sí, esto ya es obsesión mía—:<br />
¿Cómo se ven cuando se levantan un lunes cualquiera?<br />
En bóxer. Descalzos. Sin luces. Sin filtros. Sin ese ejército de manos que los construye.</p>
<p>Los busqué.</p>
<p>Quería verlos humanos. De carne y hueso.</p>
<p>No los encontré.</p>
<p>Todo lo que pretende ser “natural” sigue estando editado.<br />
Retocado. Iluminado. Cuidado.</p>
<p>Entonces…</p>
<p>vivimos en un mundo que critica a las mujeres por usar filtros,<br />
por maquillarse demasiado,<br />
por construir una imagen…</p>
<p>y al mismo tiempo idolatra —con la misma intensidad— a hombres que encarnan un nivel de perfección aún más intervenido.</p>
<p>Y ahí algo… no cuadra.</p>
<p>Porque aquí no solo hay música.</p>
<p>Aquí hay deseo.<br />
Hay construcción.<br />
Hay personajes.</p>
<p>Cada uno tiene su rol:<br />
el romántico, el serio, el divertido, el “loquito”, el sensible.</p>
<p>Todo está diseñado para que alguien —en algún lugar del mundo— diga:<br />
“ese es el mío”.</p>
<p>Y funciona.</p>
<p>Claro que funciona.</p>
<p>(Lo sé. Yo fui —soy— fan de Ricky Martin desde niña.<br />
Entiendo perfectamente esa emoción loca.)</p>
<p>No hay juicio ahí.</p>
<p>Pero sí hay una pregunta.</p>
<p>¿Quiénes son ellos cuando no están actuando?</p>
<p>¿Ese romanticismo es de verdad?<br />
¿Ese gesto, esa mirada, esa forma de moverse?</p>
<p>¿O estamos viendo una coreografía emocional tan ensayada como sus pasos de baile?</p>
<p>Y entonces la inquietud crece.</p>
<p>No por las adolescentes —aunque sí, son más manipulables—<br />
ni por las mujeres adultas, que ya han vivido suficiente como para saber dónde están paradas.</p>
<p>La inquietud va por otro lado.</p>
<p>Más silenciosa.</p>
<p>Más incómoda.</p>
<p>Un mundo que cada vez consume más figuras construidas.<br />
Más perfectas. Más pulidas. Más diseñadas.</p>
<p>Y poco a poco…<br />
esa construcción empieza a sentirse real.</p>
<p>Y cuando lo irreal se siente real,<br />
algo se desajusta.</p>
<p>No en ellos.</p>
<p>En nosotros.</p>
<p>Porque BTS no inventó nada.<br />
Ellos son el resultado.</p>
<p>El resultado de un sistema que entendió algo antes que todos:<br />
que la perfección vende.<br />
aunque no exista.</p>
<p>Y ahí estamos.<br />
mirando, compartiendo, guardando, defendiendo…</p>
<p>creyendo, un poquito, que sí.</p>
<p>Y aquí, mientras pienso si esas últimas frases de arriba me sirven de final para esta columna, toc, toc, toc: un grupo de preguntas empezó a golpearme la cabeza. ¿De dónde diablos salieron las fans? Es decir, ¿eso quién se lo inventó? ¿Cuándo sucedió por primera vez?</p>
<p>Una cree que las Armys y todo eso nació con internet. Con el pop. Con la radio. Con los discos. Con la televisión. Fabricadas por TikTok. Que se riegan por WhatsApp. Hijas de la histeria digital. Mentira. Bueno, no mentira completa, pero esa vaina viene desde antes de Cristo.</p>
<p>Y aquí me fui a mi obsesión de siempre: Mesopotamia. Que me encanta. Ahí siento que comenzaron demasiadas cosas que todavía seguimos repitiendo, aunque ahora las repitamos con boletería digital y videos en estados de WhatsApp, pero sigue siendo muy similar.</p>
<p>En la Mesopotamia del quinto milenio antes de Cristo ya había instrumentos musicales. Obviamente. Instrumentos de viento hechos de hueso. Y en Uruk, siglos antes de que existieran los pósteres ochenteros, ya había músicos dibujados en pictogramas. Esos pictogramas son los ancestros de los afiches.</p>
<p>La música en Mesopotamia dominaba la política, la espiritualidad y la ceremonia.</p>
<p>Y eso me fascina.</p>
<p>En cambio hoy, la música es muchas veces eso que está sonando detrás, mientras ocurren las cosas importantes. La música actual queda reducida a entretenimiento, acompañamiento y distracción.</p>
<p>En Mesopotamia la música no era ambiente. No era una cosita linda de fondo. Era una fuerza colectiva. Ordenaba ceremonias y levantaba fervores. En el Akitu, la celebración de Año Nuevo más antigua del mundo (en una columna pasada les hablé sobre ella) los músicos tenían un lugar central dentro del rito.</p>
<p>A tal nivel loco de que algunos instrumentos eran considerados casi sagrados. No era solo la atracción por el músico. En el cuarto milenio antes de Cristo ya existía una fetichización del objeto musical. Instrumentos con nombre propio. Instrumentos considerados entidades divinas menores, como Ningizibara, un instrumento de cuerda mesopotámico. Y a mí eso me parece brutal, porque de ahí viene algo que seguimos haciendo hoy: la reverencia al objeto. La guitarra del rockero. El piano del virtuoso. El micrófono, el vestuario, el mechón de pelo, la reliquia pop.</p>
<p>Después aparecen las tablillas. Y ahí la cosa se pone superinteresante. Las canciones hurritas de Ugarit —no sé cómo suenan; ¿estarán en YouTube?—, conservadas en arcilla desde el siglo XIV antes de Cristo, muestran que la música ya podía fijarse, guardarse, volver a tocarse. Esas tablillas son las tatarabuelas salvajes de las partituras. Ya había repertorio. Ya había repetición. Ya había memoria musical. Ya existía el gusto por una obra específica y esa obsesión tan humana por volver a oír lo mismo, una y otra vez.</p>
<p>Y aquí es donde la cabeza se me fue lejísimos. Porque yo estaba pensando en unas señoras de WhatsApp, tragadas de BTS, y terminé en Mesopotamia. Así funciona a veces esta cabeza. O al menos la mía.</p>
<p>Y sigo… ¿Siguen conmigo?</p>
<p>Cuando una empieza a escarbar en la historia siempre aparece Grecia. Y ahí me encontré con los Juegos Píticos, celebrados en Delfos en honor a Apolo.</p>
<p>Eso me fascinó.</p>
<p>Porque mientras los Olímpicos premiaban músculos, velocidad y cuerpos entrenados, los Píticos ponían a competir otra cosa: la música y la poesía.</p>
<p>Y esta vaina es lo máximo.</p>
<p>Porque ahí ya no estamos solo frente al rito, como en Mesopotamia. Ahí estamos frente a algo muchísimo más cercano a nuestro hoy: la competencia artística como evento masivo. Como multitud pendiente de quién gana, de quién emociona más, de a quién le dan más aplausos.</p>
<p>Y los Píticos son el ancestro respetable de todos los realities musicales de hoy.</p>
<p>Sí.<br />
Factor X en sandalias.<br />
La Voz con túnicas ¿Usaban túnicas?<br />
El teatro repleto. El público esperando al solista o poeta favorito. Conteniendo la respiración. Gritando hasta quedarse sin voz. Estallando en aplausos. Viajando desde distintas ciudades para verlo, para escucharlo, para decir: ese, ese es el mío.</p>
<p>Y a mí esto me parece tremendo porque ahí ya aparece claramente el público musical como fanaticada. La admiración convertida en pasión. La identificación con un artista. El deseo de escoger a alguien. De seguir a alguien.</p>
<p>Y aquí una descubre otra cosa: las fanáticas musicales tampoco son invento de Occidente. Ni de TikTok. Ni de los fandoms con nombre oficial y logo.</p>
<p>En Asia también estaban. Y con una fuerza política y cultural inmensa.</p>
<p>Hay algo de China que a mí me parece todavía más hermoso, que Mesopotamia y Grecia.</p>
<p>Allá, durante siglos, la figura que más se acercó a una estrella de rock no fue el músico.</p>
<p>Fue el poeta.</p>
<p>Y eso me encanta. Me conmueve, incluso. Porque recuerda la importancia civilizatoria de la poesía, su capacidad para desordenar una época, para hechizar a una sociedad, para producir culto, imitación, fervor.</p>
<p>Una capacidad que hoy la poesía perdió. Las desplazaron las frases motivacionales. Pero eso es tema para otra columna.</p>
<p>Li Bai el poeta. Li Bai tenía sus Armys. Desparramadas por China, sin TikTok, pero las tenía (el ancestro de Li Bai inventó TikTok – nooo, mentiras estoy especulando, aunque quién sabe…). A Li Bai lo seguían realeza, funcionarios, eruditos, gente del común. Le perdonaban sus excesos. Le festejaban sus borracheras. Le aplaudían sus desplantes. Al artista se le aguantan cosas que a los demás no.</p>
<p>Y eso también es fandom.<br />
Solo que con poemas.</p>
<p>Siglos más tarde, en Europa aparece Franz Liszt. Y ahí ya la historia se vuelve deliciosamente loca. El equivalente a los BTS pero sin coreografía, con música clásica y piano de cola.</p>
<p>Lo de Liszt en la década de 1840 fue una locura. Literalmente así la describieron. Heinrich Heine bautizó el fenómeno como Lisztomanía. Cuando Franz Liszt daba un concierto y tocaba (obviamente) sucedía la locura: mujeres desmayándose, llorando, arrebatándose objetos que él tocaba o rozaba, peleándose por un mechón de pelo, guardando cuerdas rotas de piano como reliquias, mandándolas a convertir en pulseras, recogiendo los restos de sus cigarros y los posos de su café como si hubieran pertenecido a un santo pagano del teclado.</p>
<p>Liszt es el BTS de la música clásica. Él coinvertía la interpretación musical en espectáculo físico: su presencia seductora y arrebatadora, su erotismo escénico, él en personaje. Ya no era suficiente tocar bien. Había que aparecer. Mover el cabello seductoramente. Balancearse sobre el piano. Coquetear con la multitud. Volver la música una escena de deseo.</p>
<p>Ahí ya estamos peligrosamente cerquita del presente.</p>
<p>Muy cerca de BTS, además.</p>
<p>Porque con Liszt aparece algo tremendo que seguimos viendo hoy: el talento importa, sí, pero el cuerpo también; la ejecución importa, sí, pero la puesta en escena también; la obra importa, sí, pero la fabricación del ídolo pesa muchísimo. Y alrededor de esa mezcla estalla la locura de las fans. Antes era las Lisztomaníacas hoy son las Armys.</p>
<p>Cambian los siglos. Cambian los peinados. La locura fanática no.  O sea: las Armys no aparecieron de la nada. Tienen antepasados. Poéticos en China. Frenéticos con Liszt. Devotos en templos y teatros mucho antes de que existieran los estados de WhatsApp.</p>
<p>El problema no son las fans. Ni siquiera BTS. El problema es otro. Un mundo cada vez más hábil para fabricar figuras irresistibles y venderlas como si fueran espontáneas.</p>
<p>Antes bastaban el genio, el rito, el poema, el virtuosismo. Hoy hace falta además una piel sin poros, un mechón perfectamente en su lugar, una personalidad diseñada al detalle, una ternura calculada, una seducción milimétrica.  Por eso esas mujeres —las adolescentes, las de cuarenta, las de sesenta, las grandotas, las tragadas— no están siguiendo solamente a siete hombres coreanos que cantan y bailan. Están siguiendo una fantasía fabricada con una precisión feroz. Y ahí, justamente ahí, está el espejo raro donde nos estamos mirando.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127332</guid>
        <pubDate>Mon, 23 Mar 2026 19:00:01 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>“La memoria, si veraz y violenta, es una materia exquisita”[*]</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/direccion-unica/la-memoria-si-veraz-y-violenta-es-una-materia-exquisita/</link>
        <description><![CDATA[<p>A propósito del nacimiento de Oswaldo Soriano, un seis de enero de 1943 en Mar del Plata, Argentina, comparto aquí una reseña  que escribí en 2001 sobre su novela &#8220;El ojo de la patria&#8221;.  54 años después, Soriano fallecería a causa de un cáncer de pulmón. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><em>El ojo de la patria</em><br>Oswaldo Soriano<br>Norma, la otra orilla<br>Bogotá 1997<br>228 páginas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Oswaldo Soriano (Mar del Plata, 1943, Buenos Aires, 1997) es a la literatura y el periodismo argentinos lo que sin duda fue para el tango, Horacio Malvicino improvisando con su guitarra eléctrica en aquel ya legendario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. Un elemento tan extraño y poco convencional que, a la sazón del viejo blasón popular, resultaba dar un tono hilarante a la configuración de la realidad porteña. Visto desde sus inicios como periodista, primero a bordo del diario <em>La Opinión</em> y más adelante en la fundación de Página/ 12, Soriano ha cautivado por su cínico, aunque solemne, sentido de lo nacional. La mayor parte de sus novelas, al igual que sus cuentos y sus crónicas –que comprenden desde polémicas dictatoriales en la Argentina hasta grescas de tono futbolístico–, confrontan la ligereza de una prosa sin pretextos con el discurso social, no del todo político, tejido tras la puesta en escena de bizarros objetos de cinematografía. Soriano, tildado por algunos de frívolo reducto de la izquierda poco acomedida de entonces y llamado por otros, con justicia, “el equivalente literario de un Buster Keaton combinado con Emilio Salgari”<a id="_ftnref1" href="#_ftn1">[1]</a>, revela en <em>El ojo de la patria</em> (1992) algo parecido a una visión simiesca y sincrética de la realidad: A simple vista menos directa en su tratamiento de los galimatías argentinos, la narración va desarrollando una parodia “patética” del pasado casi desde los mismos albores de la compleja independencia del país, permitiéndose cuestionar con aire de caricatura el destino de una República en cuya formación parecen esconderse las causas de todos sus males.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-f56f613f wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img decoding="async" width="215" height="320" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212435/D_NQ_NP_2X_961570-MLV73190101202.jpg" alt="" class="wp-image-124387" style="aspect-ratio:0.6718732852909975;width:380px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212435/D_NQ_NP_2X_961570-MLV73190101202.jpg 215w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212435/D_NQ_NP_2X_961570-MLV73190101202-202x300.jpg 202w" sizes="(max-width: 215px) 100vw, 215px" /></figure>
</div>
</div>



<p class="wp-block-paragraph">Al partir de la <em>paranoia</em> de “un espía muerto de un país que no existe”, al que le han encomendado el cuidado de un celebre cadáver de la historia argentina, la novela desciende y asciende por persecuciones y absurdos juegos de máscaras, de la mano de los devaneos psicológicos de su protagonista, un pobre infeliz desterrado por los suyos –tal y como su nada vital acompañante fue confinado por largo tiempo a la inmemoria del pueblo que ayudó a erigir– y llevado finalmente, en sus quehaceres detectivescos, a cargar a cuestas con el secreto de su terruño: “El milagro argentino”, una especie de salvaguarda de la ciencia tras la que el saber de lo argentino podrá hallar el descanso que le vindicará de la desidia colectiva, en una prosa que logra sopesar aquella imaginación tan desbordada junto a un ejercicio discreto de recuperación histórica y social, propiedades que Soriano fusiona en su literatura con el esmero y la gracia de un alquimista. Osvaldo Soriano, siempre del lado del sustrato social, amparaba su narrativa en asuntos tan simples como la página en blanco o los enredos editoriales –a los que constantemente hacía alusión siguiendo un poco lo que Salgari escribiera a propósito de tan “innoble oficio”-, y sobre otras cuestiones de público ejercicio como el fútbol –Soriano fue un furibundo hincha del Boca Juniors– o esa política de cafetín en la que se discutía sobre desfalcos o torceduras del gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fumador empedernido, tenía una norma parecida a la de Mark Twain –“no fumar más de un puro a la vez”­–, Soriano pasó sus últimos días sumergido en la internet y sin mostrar su ya avanzado padecimiento de cáncer, visible tras las quimioterapias en las que perdió por completo su cabello y que lo arrancaron de su rutina de “gato” el 29 de enero de 1997 en Buenos Aires. “Con la quimio uno anda como paseando en un mundo medio irreal”; “Tengo fecha de operación para el 20 –de enero, por supuesto–. El alíen se achicó lo suficiente para hacerla posible”<a id="_ftnref2" href="#_ftn2">[2]</a>. Tal es el <em>leitmotiv</em> en la literatura de Osvaldo Soriano, un estilo estrechamente emparentado con la necesidad de denuncia a la que ha dedicado su vida, dejando al descubierto, a partir del carácter <em>sui generis</em> de su ficción y del cinismo sin igual que poseen sus obras, problemáticas como la del peronismo de izquierda y de derecha en los años 70, las aberraciones de los militares, la mediocridad del alfonsinismo o los apagones, la privatización y el crecimiento de la economía informal en los años 90. La complejidad de la novela y su irreverente manejo, llevan al lector a ser cómplice de una deformación metahistórica en la que, no teniendo pretensiones manifiestas, se dice más de lo que parece y en la que se ve escindido el discurso beligerante sobre el destino de un país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queriendo dilucidar un momento clave en la formación de la República Argentina, Soriano pone en acción el cadáver de un prócer de la independencia –que no parece ser otro que el General San Martín, olvidado por Bolívar ya hacia el final de la campaña libertadora y cuya función en su país no fue enteramente cumplida– al que, provisto de un chip que le permite decir dos o tres cosas como a una muñeca de juguete, han de sucederle tantas cosas como pasajes extraños cabe anunciar en un <em>film noir</em> o en una escena de comedia de los años treinta. Las cosas que el infortunado cadáver reniega y de las que hace eco su protector –que termina por vindicar las tesis revolucionarias que el prócer en vida defendió–, no son otras que las pataletas que el destierro hasta ahora le permite inquirir. Improperios contra el triunvirato, Rivadavia, Belgrano o simples fraseos confusos tras los que el prócer debe ser atendido con baterías nuevas y con gotas oftálmicas que le ayudarán a conservar una apariencia vital.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="603" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-1024x603.jpg" alt="" class="wp-image-124388" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-1024x603.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-300x177.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764-768x452.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06212705/0000020764.jpg 1147w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En ello, Juan Carré, llamado por la celebridad, pero víctima de su mal estilo y de una serie de infortunios que le llevarán a estar muerto sin realmente estarlo –con una flamante tumba en el <em>Pere Lachaise</em> junto a otros tan celebres como Oscar Wilde o Jim Morrison–, construye en su cabeza un sin fin de teorías y supuestos que llevan a peligrar la “existencia” de ese otro difunto. El estilo altisonante y siempre ocurrente de Soriano pone en movimiento cosas tan dispares como lo son un cantante de Rock –máscaras de Sting o de Clapton que encubren como si fuesen cirugías el desarrollo de una aventura policiaca– buscando mercancía en un tren en marcha, construido casi como una escena de <em>Aventuras de un cadáver</em> de R.L. Stevenson. A partir de unos versos de Verlaine: “Les sanglots longs / des violons de l&#8217;automme/ blessent mon coeur/ d&#8217;une langueur monotone…”<a id="_ftnref3" href="#_ftn3">[3]</a>, que sirven de escaramuza ante otro <em>confidencial</em> que Carré llama insistentemente Pavarotti, pese a su extremo parecido con el conocido tenor, la historia se muestra como una espiral vertiginosa que esconde la trama de una operación de inteligencia sobre la que el desteñido agente teje la propia: “El hombre que volvió de dos muertes”, “Confesiones de un agente confidencial”, o talvez, como dictamina a Carré un escritor de un hotelucho en París para tranquilizarle, “un relato de suspenso que pasa en un tren nocturno. Los personajes son un agente secreto, un muerto que habla y una banda de escritores que se han juramentado para no publicar nunca”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El ojo de la patria</em> es, en definitiva, una novela de tintes contrautópicos, sardónica y chaplinesca –con todas las licencias que puedan tener lugar en una ficción– y donde, a fin de cuentas, ambos, el cadáver alentado por la ingeniería moderna y su nada suspicaz guardián, viven en el exilio, “el prócer, acá –en París– pasó la vida en cafetines de mala muerte, comiendo porquerías y tragando bilis por la revolución&#8221;, y Carré, como una sombra de algo que en su fuero interno solo atina a cantar –errando entre la tumba de Chopin, Balzac, Wilde y Morrison–: &#8220;This is the end, beautiful fríend (&#8230;)The end of laughter and soft lies, / The end of nights we tried to die”<a id="_ftnref4" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Forn, J. (1997). Sin aliento no habrá más penas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> &nbsp;Últimos correos electrónicos de Soriano.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> “Las largas banderas / de los violines del otoño / hieren mi corazón de una lánguida monotonía…”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a id="_ftn4" href="#_ftnref4">[4]</a> “Este es el fin, hermoso amigo (…). El fin de la risa y de las dulces mentiras. / El fin de las noches en las que habíamos querido morir…”. Entrada y&nbsp; fin de “The end”, tema de The Doors citado varias veces en el libro de Soriano.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a id="_ftn1" href="#_ftnref1">[*]</a> Soriano, O.(1996). <em>Fantasmas y dinosaurios.</em> Bogotá: Editorial Norma.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Carlos Andrés Almeyda Gómez</author>
                    <category>Dirección única</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124385</guid>
        <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 02:29:04 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/06211757/QJQJOR2UKRFH7JEZRZSDSUSZIU.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[“La memoria, si veraz y violenta, es una materia exquisita”[*]]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Carlos Andrés Almeyda Gómez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Mi esposa y la dictadura</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/hypomnemata/esposadictadura/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cansada de mis quejas, mi esposa tomó el poder e instauró una Dictadura. Mi inutilidad para escribir una pieza literaria de prestigio y riqueza estética ocasionó este grave impase que aún no he podido resolver.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio creí que era buena idea. Para nadie es un secreto que la democracia le hace mal a la literatura. La libertad no nos ha dado buenas obras y, como lo dice la historia, los libros más profundos y famosos son las que se producen en un régimen totalitario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La literatura latinoamericana se burla demasiado de esos nobles hombres, padrastros de la buena escritura, los Dictadores. No podemos cuantificar cuánto se les debe. Si viviéramos en dictadura no existiría el “agotamiento” al que se refirió <a href="https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12191993">María Kodama en Manizales</a>. Y bajo esta premisa empezaron los cambios en casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Primero, se me advirtió que todas mis conversaciones serían monitoreadas y grabadas, únicamente podía hablar sobre algunos temas literarios escogidos con anterioridad. Por cuestiones de gobierno, los poetas Románticos hacían parte del índice prohibido. Su idealismo los hacía detestables. Debía leer un libro diario, sin importar el número de clases al día, y presentar un informe que analizara (en algunos casos semióticamente) el estilo y el lenguaje que utilizaba. Fueron noches aterradoras. Debía ponerme en pie, la espalda rígida y empezar a recitar pasajes de memoria con su respectivo comentario. Ante mis infructuosos intentos, tuve que ayudarme de papelitos que me ayudaban a recordar los números de página y algunas palabras desconocidas, generosidades de la Dictadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sólo podía ver Señal Colombia, comer carnes rojas y jugar Dicciorama. En la guitarra sólo podía usar notas mayores y cuidar de que no sonara por equivocación una nota mal puesta. No podía mirar por la ventana, ni mucho menos intentar abrir la puerta sin permiso. Tomaba Ginkgo Biloba con cada comida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se desterraron a Chopin y Schubert; en su lugar se escuchaba un Bach bastante matemático que exigía concentración máxima en las tareas de escritura. Mi Dictadora repetía todos los días la noticia de Kodama y, alentándome, me gritaba al oído que teníamos que trabajar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi Dictadora, consiente del “mens sana in corpore sano”, sabía que no sólo de largas lecturas vive el hombre; así que introdujo a su forma de gobierno ejercicios corporales que pretendían mejorar mi acondicionamiento físico y que me facilitarían el trabajo de escritura. Empecé a relajar mis falanges lavando los platos, inicié una terapia que aliviara los dolores de hombro barriendo y&nbsp; trapeando los pisos, incluso, bondades de los Dictadores, los dolores de muñeca que me atormentaban desde hacía días, fueron desapareciendo paulatinamente después de empezar a&nbsp; lavar la ropa de los dos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo estaba bien. No podía quejarme (los castigos eran bastante molestos). Era obediente y seguía los lineamientos al pie de la letra. Sin embargo, los resultados eran pésimos. Lo que escribí esos días no era más que basura. Yo lo sabía. Mi Dictadora, en cambio, me elogiaba. Eso sí era literatura, decía, ya verá esa tal Kodama&#8230; Intenté persuadirla, pero no me escuchaba. Estaba ocupada inventando nuevos ejercicios para aliviarme unos dolores de rodillas que no me dejaban permanecer sentado frente a la pantalla del computador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, me sorprendí levantándome en las noches, a eso de las once, a escondidas, para escribir en una libretita que tengo escondida debajo de la nevera. Ella no debe darse cuenta. Allí garabateo mis tormentos, mis sueños de abrir la puerta, describo el sabor horrible del Ginkgo Biloba y lo detestable que es la dictadura. ¿Estaré escribiendo allí la verdadera literatura?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Publicado originalmente el 08 de septiembre de 2012 en El Espectador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Hypomnémata</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120984</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Dec 2025 12:24:50 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03072723/f.elconfidencial.com_original_4c9_7ad_f92_4c97adf92c0fd34ab862ab452815886a.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi esposa y la dictadura]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Jorge Eliécer Pacheco Gualdrón</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>La juventud, esa enfermedad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/juventud/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un relato de Albeiro Guiral sobre las increíbles vicisitudes de los jóvenes poetas de su pueblo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Imagen: <em><a href="https://www.behance.net/gallery/53204295/Antiheroes">Susana Blasco</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre los años 2001 y 2002 hubo en Santa Rosa de Cabal un grupo de cuatro muchachos enardecidos por la poesía. Todas las tardes, después de salir del colegio, se reunían en el Parque Los Fundadores a leer sus poemas incipientes, a atrofiar los sonidos naturales con los destartalados chillidos de sus guitarras y a tomar vino de caja como si no hubiera mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sí que lo hubo, pero no para ellos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se quedaban hasta el atardecer; la señal para volver a casa era la misma de los campesinos: cuando las loras regresaban de su faena solar a su árbol-nido y ellos les veían cruzar el cielo sobre la cúpula del templo de La Milagrosa, se despedían y emprendían su solitaria vida de púberes mártires y potenciales suicidas. Las loras que, vaya uno a saber por qué, confundían con gaviotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leían a Silva y a Barba Jacob en las noches, fantaseaban con ser y morir como ellos. Imaginaban a Santa Rosa de Osos y a Bogotá como grandes ciudades y padecían esa extraña forma de la nostalgia que consiste en extrañar lo desconocido. A veces llevaban esos libros malditos a lecturas improvisadas en el mítico —por lo efímero— Café Raíces donde el anfitrión, a su pesar, les invitaba café y chicha, por no llorar y, a veces, tenía que soportar el descaro de escucharles leer sus propios versos. Noches inolvidables aquellas de trascendentales <em>tergiversaciones alrededor de nada</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mañana su profesora de español leyó una efeméride de la prensa sobre Baudelaire. Los muchachos escucharon con atención mística y silencio reverencial. Desde entonces no fueron los mismos: el vino de caja les pareció anodino en comparación con el opio que no habrían de fumar, se melancolizaron tanto que alertaron a sus familias sobre una inminente calamidad, por lo que les llevaron ante el médico Juan Manuel, quien les recetó paciencia: <em>la juventud, por fortuna, es una enfermedad que se cura con el tiempo</em>, dijo. Después de este diagnóstico les recluyeron en grupos de oración muy bien presididos por futuros candidatos a la alcaldía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para quienes no saben, la alcaldía de Santa Rosa de Cabal es la mejor escuela de presos ilustres de la región.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y de verdad que el tiempo no solo curó sus juventudes sino que les curó el mal de la poesía. El mayor de ellos, el fundador del grupo, nunca asistió a las reuniones; uno diría que se trataba de un anarquista nato, pero tan solo prefería salir de clase a dormir y en las noches a comer helado con las muchachas. Un perezoso sensato, digamos. Cuando se graduaron del colegió, ingresó a la universidad a estudiar ingeniería eléctrica. Ahora es <em>bartender</em>, y es feliz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En orden de edad, el siguiente ingresó al seminario. Al terminar los votos de silencio que demoraron siete años, un compañero controvirtió un argumento de San Agustín, en su presencia, con osadía, y este lo insultó, por lo que no pudo ordenarse como sacerdote pero sí como filósofo. Y como filósofo hoy en día es un buen profesor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercero de los jóvenes enardecidos se dedicó a la música por mucho tiempo. Nadie podía negar, al escucharlo, que era un virtuoso auténtico, uno de esos genios que no aparece sino cada quinientos años y que, desde Amadeus Hoffman, no aparecía uno en la Historia, sobre todo cuando interpretaba los grandes éxitos de Sandro de América. Una noche de octubre, en medio de la algarabía de las Fiestas de las Araucarias, intentó suicidarse lanzándose desde el Palacio Municipal. Fue detenido a tiempo por la policía y condenado por microtráfico de estupefacientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El menor de ellos, en cambio, compró una máquina de tejidos y puso un taller de ponchos que se vendían muy bien en las ferias de los municipios vecinos. Al poco tiempo compró una máquina más y así, en lo sucesivo, hasta convertirse en una promesa de la pequeña empresa del municipio. Se enamoró de Juana Ifigenia y ella, quién sabe, también de él. Le propuso matrimonio y ella aceptó o eso dicen, pero días después de la boda, el 15 de marzo de 2006, el verdadero esposo de ella lo amenazó de muerte y tuvo que huir del pueblo. A la fecha, nadie le ha vuelto a ver. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como verán, ninguno triunfó en la poesía, por fortuna.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Albeiro Guiral</strong><br><a href="https://www.instagram.com/amguiral/">www.instagram.com/amguiral</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Peatón</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122027</guid>
        <pubDate>Wed, 05 Nov 2025 01:58:29 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/04205213/Susana-Blasco.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La juventud, esa enfermedad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albeiro Guiral</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El feeling presenta &amp;#8220;Bacatá&amp;#8221;: un homenaje musical a la vibrante Bogotá.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/un-blog-para-colorear/el-feeling-presenta-bacata-un-homenaje-musical-a-la-vibrante-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>La banda colombiana &#8220;El Feeling&#8221;, reconocida por su fusión de ritmos tradicionales latinoamericanos con sonidos contemporáneos, lanza su más reciente sencillo titulado &#8220;Bacatá&#8221;, una pieza que rinde tributo sonoro a la capital de Colombia, Bogotá. Este nuevo tema refleja la riqueza cultural y la energía vibrante de la ciudad, combinando elementos tradicionales con modernas producciones [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La banda colombiana <strong><em>&#8220;El Feeling&#8221;,</em></strong> reconocida por su fusión de ritmos tradicionales latinoamericanos con sonidos contemporáneos, lanza su más reciente sencillo titulado <strong><em>&#8220;Bacatá&#8221;</em></strong>, una pieza que rinde tributo sonoro a la capital de Colombia, Bogotá. Este nuevo tema refleja la riqueza cultural y la energía vibrante de la ciudad, combinando elementos tradicionales con modernas producciones musicales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;</em><strong><em>Bacatá&#8221; </em>es mucho más que una canción; es un viaje musical que retrata el alma de Bogotá. La composición incorpora sonidos característicos como tamboras, cuerdas, acordeón y flauta de millo;</strong> mezclados con sintetizadores y una voz apasionada que transporta a los oyentes a los rincones más emblemáticos de la capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los coros, además, despiertan el orgullo bogotano al cantar a la estrella blanca que ilumina los Andes, evocando sentimientos profundos de identidad y pertenencia. La cálida mezcla de ritmos también rememora el frío característico de la altura de Bogotá, envolviendo al oyente en una experiencia auditiva que conjuga tradición y modernidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El sencillo, disponible en todas las plataformas digitales, forma parte del próximo álbum de El Feeling, que llevará por título &#8220;0.4&#8221; y se lanzará en octubre de 2025, a la par de un video realizado por los propios integrantes de la band</strong>a donde abren una ventana a su intimidad, en la que se aprecia la creatividad y la complicidad entre sus integrantes. Más que un registro técnico, el video transmite la esencia del grupo en su faceta más cercana, revelando la atmósfera que acompaña sus procesos musicales lejos de los reflectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La banda, formada por<em> Carolina Cobo</em> en la voz, <em>Carlos Hernán “Seache”</em> en el acordeón y <em>Sergio Aldana</em> en la guitarra, ha destacado por su capacidad de crear puentes entre culturas y estilos, integrando instrumentos folclóricos tradicionales con toques electrónicos que reflejan su autenticidad y visión global.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desde su formación en <em>Los Ángele</em>s, <em>El Feeling </em>ha construido una propuesta musical que celebra la diversidad, la identidad latinoamericana y la universalidad del buen ritmo. </strong>Han colaborado con destacados artistas latinoamericanos, como Palenke Soultribe, trabajando en producciones que refuerzan su compromiso con la innovación y la tradición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este lanzamiento reafirma el espíritu de <em>El Feeling </em>como una banda que rompe fronteras y que, a través de su música, busca conectar corazones, raíces y culturas, poniendo en alto la riqueza de la identidad latinoamericana.</p>



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        <author>Alvaro J Tirado</author>
                    <category>Un Blog para colorear</category>
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        <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 04:01:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El feeling presenta &#8220;Bacatá&#8221;: un homenaje musical a la vibrante Bogotá.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alvaro J Tirado</media:credit>
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        <item>
        <title>El Odeón Escondido: un santuario musical en el corazón del Oriente antioqueño</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-odeon-escondido-un-santuario-musical-en-el-corazon-del-oriente-antioqueno/</link>
        <description><![CDATA[<p>No apareció de la nada. Aunque pareciera. Como si el silencio —ese que precede a todo lo sublime— hubiera decidido parir arquitectura. Ahí, en medio de una hondonada callada de Llanogrande, Rionegro. De repente: una joya. Discreta. Majestuosa. Viva. El Odeón Escondido. Qué nombre, ¿no? Parece inventado por un poeta extraviado en el siglo XXI. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>No apareció de la nada. Aunque pareciera. Como si el silencio —ese que precede a todo lo sublime— hubiera decidido parir arquitectura. Ahí, en medio de una hondonada callada de Llanogrande, Rionegro. De repente: una joya. Discreta. Majestuosa. Viva. El Odeón Escondido. Qué nombre, ¿no? Parece inventado por un poeta extraviado en el siglo XXI.</p>
<p>No es un auditorio. Tampoco un teatro. Mucho menos una sala de conciertos de esas con paredes grises y sillas de tortura lumbar. No. Esto es otra cosa. Un cuerpo acústico. Un templo. Un capricho casi divino levantado para que la música —la poética, la profunda, la que conmueve— tenga casa propia. En una región donde eso, sencillamente, no existía.</p>
<p>¿Y el diseño? Una locura contenida. O una plegaria en madera. Adentro, al fondo del escenario —el lugar del altar, si esto fuera una iglesia— brilla una roseta de Penrose. Geometría casi sagrada. Simetría sin repetición. Un infinito contenido en un dibujo. Y encima, el techo: Miura Ori. Parece japonés porque lo es. Un origami pensado por el astrofísico Kōryō Miura y replicado aquí en madera, como si alguien quisiera que el universo se plegara al sonido. Y se pliega. Lo juro. Cada panel, cada ángulo, cada poro de esa madera… canta. O calla. Según la obra.</p>
<p>Todo adentro es madera. Y no por capricho estético. Por amor. Porque la madera escucha. Respira. Resuena. Abraza. La acústica es tan precisa que hasta el silencio suena afinado. A veces uno quiere quedarse así: callado. Para no romper lo que suena sin sonar.</p>
<p>Simón Uribe —el arquitecto— no construyó: orquestó. Nada impone. Todo revela. Cada trazo esconde una intención. Cada forma, un gesto. Pocas veces la arquitectura se convierte en partitura. Esta vez, sí.</p>
<p>Pero este lugar no nace solo. Tiene madre. Marta Lucía Ramírez. Cardióloga. Melómana furiosa. Cultivadora de oídos. Durante años hizo tertulias musicales en Medellín que fueron escuela, liturgia, resistencia. Soñó con un espacio donde la música pudiera estar sin pedir permiso. Un lugar donde la belleza no fuera lujo sino necesidad. Y soñó tanto que un día ese sueño se volvió techo. Y acústica. Y butaca.</p>
<p>Y no es solo forma. Ya hay fondo. Ya han tocado aquí voces y dedos de los que estremecen. Manuel López un violinista sublime y virtuoso que pre inauguró El Odeón Escondido, su violín despertó el recinto dándole vida musical. Natalia Tobón, soprano luminosa. Diego Salazar, pianista que borda el teclado con la calma de quien respira música. Juan Felipe Restrepo, guitarra de fuego. El Proyecto Modular, una constelación de músicos de la Filarmónica de Medellín: Elizabeth Osorio (flauta traversa), Jhon M. Trujillo (violín), David Merchán (viola), Karen Londoño (violonchelo). Interpretaron el Cuarteto para flauta y cuerdas de Mozart. Sonó como si el mismo Mozart hubiera estado espiando desde alguna rendija, sonriendo.</p>
<p>Y no están solos. Hay padrinos. Gigantes. La maestra Blanca Uribe, símbolo del piano en América Latina. El maestro Lezlye Berrío, pianista de país, que tiene un virtuosismo íntimo y feroz. El maestro Pablo Villegas, violinista consagrado con una sensibilidad mágica. Todos han dicho presente. Y no como adorno. Como fe. Como quien sabe que ahí hay algo distinto. Y necesario.</p>
<p>El nombre <em>Odeón</em> viene del griego. ōideion: lugar para cantar. En la Grecia antigua eran espacios íntimos donde se oía, no solo se escuchaba. Donde se cantaba, sí, pero también se decía lo que no cabía en la calle. En lo cotidiano. Este Odeón recupera eso: no es un lugar para sonar. Es un lugar para escuchar. Con todo el cuerpo. Con las costillas. Con los ojos. Con el corazón si todavía late.</p>
<p>El Oriente antioqueño es una tierra de paradojas. Naturaleza brutal. Historia dolorosa. Riqueza mal repartida. Cultura a medias. Este lugar —El Odeón— parece un acto de reparación simbólica. Un intento de devolverle al tiempo su ritmo. A la tierra, su pausa. Aquí no hay conciertos. Hay rituales. Y los rituales, cuando son verdaderos, no se aplauden: se agradecen.</p>
<p>Todavía es joven. Recién nacido. Pero su alma viene de lejos. Como las catedrales góticas. Cada línea está ahí por algo. Cada decisión estética fue pensada como quien talla un rezo. No hay exceso. No hay sobra. Todo importa. Todo dice.</p>
<p>Falta una cosa. Y es urgente. Un piano. Uno digno. No prestado. No alquilado. Propio. Uno que haga cuerpo con el espacio. Que lo complete. Por eso están invitando a “donar una tecla”. Porque no se trata de plata. Se trata de fe. En la música. En el arte. En la posibilidad de que algo —por fin— suene donde antes solo hubo ruido.</p>
<p>Wagner decía que “la música empieza donde terminan las palabras”. Y este Odeón empieza justo ahí. En el umbral donde el lenguaje ya no alcanza. Donde hay que decir sin decir. Donde solo la música puede.</p>
<p>Y sí. En estos tiempos llenos de todo. Saturados de voces, de opiniones, de sonidos estridentes y verdades gritadas&#8230; necesitamos más silencios como este. Silencios que vibran. Que acunan. Que afinan.</p>
<p>Necesitamos más Odeones.</p>
<p>Aquí puedes donar para el piano.</p>
<p>https://vaki.co/es/vaki/un-piano-para-el-odeon-escondido-en-rionegro</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117549</guid>
        <pubDate>Sun, 29 Jun 2025 20:45:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Odeón Escondido: un santuario musical en el corazón del Oriente antioqueño]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>De Rinrín renacuajo a delfín paseador (Cuento)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/de-rinrin-renacuajo-a-delfin-paseador-cuento/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este cuento es una versión libre de “El renacuajo paseador”, del poeta colombiano Rafael Pombo, a propósito del encuentro entre liberales y conservadores en casa de César Gaviria, hoy 7 de abril.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Nadia Blel y Efraín Cepeda (Partido Conservador); César Gaviria (Partido Liberal); Alexander Vega (Partido de la U) y Juan Manuel Galán (Nuevo Liberalismo)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El hijo de Gloria y Luis Carlos, el delfín paseador,<br>salió esta mañana muy tieso y muy majo<br>con pantalón corto, corbata a la moda,<br>sombrero encintado y chupa de boda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>-“¡Muchacho no salgas de nuevo!”- </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>le grita doña Gloria Pachón,</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>pero Juanito Galán le hace un gesto y orondo se va. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Halló en el camino a un Efraín Cepeda vecino,<br>y le dijo: “¡Godito! venga usted conmigo,<br>visitemos juntos la casa de César Gaviria y Ana Milena<br>y habrá francachela y habrá comilona”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>A poco llegaron, y avanza </em><em>Efraín</em><em>,<br>estírase el cuello, coge el aldabón,<br>da dos o tres golpes, preguntan: “¿Quién es?”<br>— “Yo, </em><em>Simoncito, </em><em>beso a usted los pies”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¿Está su papá en casa?” — “Sí, señor, sí está;<br>y celebramos mucho verlos a ustedes hoy;<br>con algo de achaques, revisando si ya le consignaron la pensión,<br>pero eso no importa; bienvenidos (al futuro) son”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Se hicieron la venia, se dieron la mano,<br>y dice Efraín, que es más veterano, mirando de reojo al exregistrador:<br>“Mi amigo el de la U rabia de calor,<br>démele güisquicito, hágame el favor”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y en tanto que el político consume la jarra<br>el doctor Gaviria mandó a la niña María Paz a traer la guitarra<br>y al delfincito le pide que cante<br>encuestas alegres, tonada elegante.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“¡Ay! de mil amores lo hiciera, señor expresidente, <br>pero es imposible darle gusto ahora,<br>que tengo el gaznate más seco que estopa<br>y me aprieta mucho este gobierno<strong> </strong>de Izquierda.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Lo siento infinito”, responde Nadia Blel,<br>“aflójese un poco chaleco y corbata,<br>y yo mientras tanto me voy a lamentar <br>por una consulta popular muy particular”.</em></p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em>Mas estando en esta brillante función, con hundimiento de reformas, <br>baile y cerveza, guitarra y canción,<br>los Godos y los Rojos no pudieron revivir el Frente Nacional, <br>y vuélvese aquello el juicio final.</em> (Sigue&#8230;)</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="frd8Zvr3tD"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gaviria-y-cepeda-podrian-revivir-el-frente-nacional/">¿Gaviria y Cepeda podrían revivir el Frente Nacional?</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;¿Gaviria y Cepeda podrían revivir el Frente Nacional?&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/gaviria-y-cepeda-podrian-revivir-el-frente-nacional/embed/#?secret=JOrYCZrn9c#?secret=frd8Zvr3tD" data-secret="frd8Zvr3tD" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Doña </em><em>Claudia López, </em><em>que no estaba invitada, </em><em>trinchó por la oreja<br>al niño </em><em>Simoncito </em><em>maullándole: “¡Hola!”<br>Y los </em><em>demás invitados </em><em><br>uno por la pata y otro por la cola.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Juanito Galán, el delfín paseador, mirando este asalto<br>tomó su sombrero, dio un tremendo salto,<br>y abriendo la puerta con mano y narices,<br>se fue deseando a todos “elecciones y avales muy felices”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y siguió saltando aunque ya no tan alto ni aprisa,<br>ya que por biche perdió en los debates, rasgó la camisa,<br>se coló en la boca de un rival tragón<br>y éste se lo embucha de un solo estirón.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Y así concluyeron, uno, dos y tres,<br>Conservadores y Liberales y el partido de la U después;<br>los Verdes comieron y el Progresismo de nuevo triunfó,<br>¡y doña Gloria Pachón, triste por su otro delfincito quedó!</em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>La versión original de &#8220;El renacuajo paseador&#8221;.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El Renacuajo Paseador - Rafael Pombo - Rin Rin Renacuajo" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/hP-Qpg-g7t0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113881</guid>
        <pubDate>Mon, 07 Apr 2025 13:58:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[De Rinrín renacuajo a delfín paseador (Cuento)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Mar y río en el Estéreo Picnic</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/mar-y-rio-en-el-estereo-picnic/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Estéreo Picnic, ese caleidoscopio sonoro donde el indie, el rock, el pop y la electrónica han sido los protagonistas de la fiesta durante años, abre un espacio inesperado este 2025. Entre sintetizadores, guitarras distorsionadas y beats hipnóticos, un sonido nacido en el Pacífico colombiano se hará oír con la fuerza de la marea: la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El Estéreo Picnic, ese caleidoscopio sonoro donde el indie, el rock, el pop y la electrónica han sido los protagonistas de la fiesta durante años, abre un espacio inesperado este 2025. Entre sintetizadores, guitarras distorsionadas y beats hipnóticos, un sonido nacido en el Pacífico colombiano se hará oír con la fuerza de la marea: la Agrupación De Mar y Río, recientes ganadores del Festival Petronio Álvarez, pisará el escenario Johnnie Walker el 29 de marzo a las 3:00 p.m.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la primera vez que los aires del litoral sur rompen la frontera de los festivales urbanos y masivos en Colombia. Canalón de Timbiquí, Bejuco de Tumaco, Semblanzas del Río Guapi y Afrolegends de Cali han pasado por esta misma prueba de fuego. Pero esta vez hay un matiz distinto: De Mar y Río no solo es la única representación del folclor en la edición de este año, sino que es también el único acto de música tradicional colombiana en el cartel. Un privilegio y una responsabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El grupo, liderado por Felipe Amú, está integrado por músicos provenientes de Guapi, Timbiquí, López de Micay, Iscuandé, El Charco, Cali y Buenaventura. Su sonido es un archipiélago de tradiciones que confluyen en una misma corriente: marimbas que evocan los susurros de los manglares, tamboras que laten como el corazón de una fiesta en el Pacífico y un ensamble vocal en el que cinco jóvenes cantadoras transforman el dolor, la alegría y la resistencia en pura vibración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero esta no es una presentación cualquiera. Es un salto al vacío, un momento bisagra en la historia del grupo. Con un show titulado <em>Cantaré</em>, que toma el nombre de su próximo sencillo y de su nuevo disco (grabado en Cali con el productor Iván Benavides), De Mar y Río ha diseñado un espectáculo que trasciende lo musical. No se trata solo de un concierto, sino de un performance de gran formato con 24 artistas en escena: músicos, cantadoras y bailarines de la Compañía Artística Caña Flecha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el repertorio, lo que se sabe es que no van a escatimar en ritmos: juga, bunde, bambuco viejo, rumbas 6/8 y salves, un carrusel de sonoridades que, en vivo, promete ser un estallido de color y cadencia. Con la marea a favor y el escenario listo, De Mar y Río se dispone a lanzar su canto sobre un mar de asistentes que, quizá sin saberlo, están a punto de escuchar algo que no se parece a nada de lo que imaginaban.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Estéreo Picnic, ese universo de experiencias electrificadas, recibirá la brisa de un sonido que no suele estar en su radar. Y si la historia sirve de referencia, podemos estar seguros de que cuando la marimba empiece a sonar, nadie podrá quedarse quieto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá del impacto inmediato, la presencia de De Mar y Río en el festival es una señal de algo más profundo. La industria de la música en Colombia ha mirado por décadas hacia el Caribe y hacia las urbes, mientras el Pacífico ha permanecido como una cantera de talento inagotable, pero insuficientemente representada en los grandes escenarios. Que un festival como el Estéreo Picnic le abra espacio a estos sonidos es una afirmación poderosa: la escena alternativa también necesita de la música de raíz, y tal vez sea el momento de mirar con más atención hacia una región que, sin duda, es una de las más ricas y vibrantes del país en términos musicales.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/28141406/DE-MAR-Y-RIO-2025-13-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-113640" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/28141406/DE-MAR-Y-RIO-2025-13-1024x683.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/28141406/DE-MAR-Y-RIO-2025-13-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/28141406/DE-MAR-Y-RIO-2025-13-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/28141406/DE-MAR-Y-RIO-2025-13.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">ANA CASTILLO JORDAN</figcaption></figure>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113638</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 19:14:30 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mar y río en el Estéreo Picnic]]></media:description>
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        <item>
        <title>Regalos infames</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/regalos-infames/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los regalos se dan por amor, gratitud, reconocimiento o para generar en el otro esto mismo; sin embargo, hay regalos que a pesar de tantas bondades simbolizan algo infame. En estos días dos han hecho noticia: el que le dio el presidente de Argentina Javier Milei a Elon Musk y el que le dio el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los regalos se dan por amor, gratitud, reconocimiento o para generar en el otro esto mismo; sin embargo, hay regalos que a pesar de tantas bondades simbolizan algo infame. En estos días dos han hecho noticia: el que le dio el presidente de Argentina Javier Milei a Elon Musk y el que le dio el primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu a Trump.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Milei, en una ceremonia que da vergüenza verla, le entrega a Elon Musk una motosierra, con los gestos de quien entrega una guitarra eléctrica. Es vergonzoso verlos a ambos saltando de alegría, imitando los movimientos de las estrellas del Rock con el “juguete” cuyos colores también recuerdan a los de las motos Harley- Davidson: roja y plateada, ¡y la motosierra estaba que echaba chispas! Dos adolescentes tontos, pero poderosos, pero peligrosos. La motosierra venía con la inscripción “Viva la libertad, carajo”, Musk la levantó en el escenario y exclamó “¡La motosierra de la burocracia!”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo el mundo sabe que en Latinoamérica la motosierra es símbolo de la deforestación del Amazonas, y en Colombia es símbolo de las torturas y amedrantamientos, comunes en las luchas armadas. Con las motosierras se ha descuartizado a hombres y mujeres frente a sus familias para aterrorizar a pueblos enteros. No puede haber un símbolo más infame que ese. El propósito del regalo era aplaudir los recortes presupuestales que está haciendo Musk en USA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay un regalo que no intenta simbolizar algo que puede ser tomado por muchos como positivo, como eso del recorte de presupuesto: el bíper que le dio Netanyahu a Trump. No puede uno creer que alguien se atreva a hacer tal cosa. Hacer alarde de ¡un acto criminal! Netanyahu se vanagloria de sus crímenes. Este fue un acto terrorista por excelencia, asqueroso y condenable. En septiembre de 2024 la inteligencia militar israelí hizo que a las personas que cargaran un bíper con ciertas características les sonara a una cierta hora, y al contestarlo, les explotaba. Con esta demoníaca idea asesinaron treinta y nueve personas e hirieron cerca de tres mil inocentes. Muchos médicos y personal de los hospitales, señoras, niños familiares de los dueños de los bíperes perdieron un ojo, el oído, media cara, una pierna, la vida. El bíper de oro tiene un mensaje que dice: “Presiónalo con las dos manos”. Si hay un acto terrorista por excelencia es este. Será condenado si Israel pierde esta guerra pues la justicia solo cae sobre los perdedores. Es tan infame su regalo que sería semejante a que Adolf Hitler le hubiera regalado a Benito Mussolini los dientes con oro que les arrancaron a sangre fría a los judíos, antes de meterlos a los hornos crematorios.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1010" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/02055032/Screenshot-2025-02-10-163649-1010x1024.png" alt="" class="wp-image-112317" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/02055032/Screenshot-2025-02-10-163649-1010x1024.png 1010w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/02055032/Screenshot-2025-02-10-163649-296x300.png 296w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/02055032/Screenshot-2025-02-10-163649-768x779.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/02055032/Screenshot-2025-02-10-163649.png 1450w" sizes="auto, (max-width: 1010px) 100vw, 1010px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El regalo de Netanyahu a Trump recuerda el acto grotesco practicado en algunas culturas antiguas: el de regalar a los líderes victoriosos, como trofeos de guerra, las cabezas humanas de los vencidos. Los jíbaros, grupo indígena de la Amazonía, conocía y practicaba la técnica para reducir y preservar cabezas. En el futuro no faltará quien les hará un encargo…</p>
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        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112316</guid>
        <pubDate>Sun, 02 Mar 2025 10:50:44 +0000</pubDate>
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