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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de generaciones | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Mañana seremos un solo país</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/manana-seremos-un-solo-pais/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy es día de elecciones. Mañana será otro día. Y ojalá sea el día en que recordemos que, más allá de las diferencias, nos toca seguir siendo un mismo país. Y esa no es una mala noticia. Colombia es una nación de innumerables riquezas, de enormes capacidades y de una resiliencia que pocas sociedades tienen. [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hoy es día de elecciones. Mañana será otro día. Y ojalá sea el día en que recordemos que, más allá de las diferencias, nos toca seguir siendo un mismo país. Y esa no es una mala noticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia es una nación de innumerables riquezas, de enormes capacidades y de una resiliencia que pocas sociedades tienen. Hoy llegamos a una elección en la que Abelardo de la Espriella aparece como el candidato más opcionado. Sin embargo, estamos viendo una contienda extraordinariamente cerrada, cercana al empate técnico, algo que resulta significativo por muchas razones complejas. La izquierda llega a este momento con una posibilidad real de triunfo. Durante estos cuatro años tuvo una oportunidad única de gobernar y, más allá de los balances que cada ciudadano haga de ese periodo, hay algo que resulta evidente: logró conectar con una parte muy importante de la sociedad colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primera vuelta fueron cerca de diez millones de personas. Hoy, con seguridad, serán más. Alguna fibra profunda del pueblo colombiano tocó Gustavo Petro, el progresismo y, ahora, esa misma corriente encuentra continuidad en la figura de Cepeda, un hombre que además carga una historia profundamente ligada a la izquierda colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí me produce una sensación de justicia histórica y humana que hoy Cepeda, hijo de un padre asesinado por hacer política, sea el candidato de un sector amplio del país. Eso es un triunfo de la democracia. Es la demostración de que las armas no lograron silenciar las ideas. Independientemente de si somos de izquierda, de centro o de derecha, eso es algo que deberíamos celebrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ciertos sectores de la izquierda persiste una idea antigua y compleja: la lucha de clases. Pero la Colombia de hoy no parece explicarse por esa lógica. Si los más de diez millones de votantes de Abelardo de la primera vuelta fueran ricos, seríamos Suiza. No lo somos. Con él votan hombres y mujeres de todos los sectores sociales, de todas las regiones, de todas las realidades económicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra división no es entre ricos y pobres. Es más profunda y más compleja. Cruza familias, amistades y generaciones. Está presente entre hermanos, compañeros de trabajo y vecinos. Pero quizás eso tampoco sea tan malo. Lo que demuestra es que nuestro viejo bipartidismo, transformado y reinventado, sigue vivo a través de nuevas identidades políticas, nuevas emociones colectivas y nuevos liderazgos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y precisamente porque la diferencia atraviesa a todos los colombianos, mañana tendremos que volver a encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mañana seremos un solo país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabemos quién ganará hoy. Puede ser Cepeda. Puede ser Abelardo. Lo que sí sabemos es que mañana el reto será el mismo para cualquiera de los dos: gobernar una nación profundamente diversa, con enormes desafíos y también con oportunidades extraordinarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos cinco fortalezas macroeconómicas que deberían llenarnos de optimismo. La primera es nuestra diversidad productiva: pocas economías de la región cuentan con una combinación tan amplia de agricultura, servicios, industria, energía y recursos naturales. La segunda es nuestra ubicación estratégica, con acceso a dos océanos y una posición privilegiada para integrarnos a las cadenas globales de comercio. La tercera es la estabilidad institucional y macroeconómica que, con dificultades y errores, Colombia ha construido durante décadas. La cuarta es nuestro potencial energético y de transición hacia nuevas economías sostenibles. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A todo esto se suma una oportunidad histórica que no durará para siempre: nuestro bono poblacional. Colombia todavía cuenta con una población mayoritariamente joven, con millones de personas en edad de trabajar, emprender, innovar y producir. Si somos capaces de ofrecer educación de calidad, empleo formal y oportunidades reales, podremos sacar a millones de colombianos de la pobreza y acelerar nuestro desarrollo durante las próximas décadas. Además, la reducción de la tasa de natalidad abre una ventana de oportunidad adicional: hogares con menos hijos pueden concentrar más recursos en educación, salud, nutrición y bienestar, generando mayores posibilidades de movilidad social y prosperidad para las nuevas generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También tenemos una ventaja ambiental única. Somos uno de los países más biodiversos del planeta. En un mundo que busca soluciones sostenibles, Colombia puede convertirse en una potencia ambiental, científica y turística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo logró posicionar el gobierno Petro fue una idea poderosa: Colombia como el país de la belleza. Más allá de los eslóganes, existe una realidad innegable. Tenemos montañas, selvas, mares, cultura, gastronomía, música y una diversidad humana extraordinaria. El turismo global apenas comienza a descubrir el potencial de Colombia. Allí existe una fuente inmensa de crecimiento económico, empleo y oportunidades para regiones históricamente olvidadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quizá nuestra mayor riqueza no está en nuestros paisajes ni en nuestros recursos. Está en nuestra gente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Basta observar cuántos colombianos, provenientes de todos los orígenes posibles, ocupan posiciones destacadas en universidades, empresas, centros de investigación, organizaciones internacionales y escenarios culturales alrededor del mundo. El talento colombiano es reconocido mucho más allá de nuestras fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso hay razones para tener esperanza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la esperanza somos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mañana volveremos a ser un solo país. Un país imperfecto, dividido, apasionado y muchas veces contradictorio. Pero también un país con todas las posibilidades de construir un mejor futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero llamado, gane Cepeda o gane Abelardo, es trabajar para que Colombia sea un lugar más justo, menos desigual, más plural, más democrático y más próspero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones terminan hoy. El país continúa mañana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130662</guid>
        <pubDate>Sun, 21 Jun 2026 18:00:14 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Mañana seremos un solo país]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Contra el fascismo también se vota</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-cuento/contra-el-fascismo-tambien-se-vota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay momentos en que la neutralidad deja de ser prudencia para volverse una forma elegante de evasión. Esta segunda vuelta es uno de ellos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>La pregunta moral y constitucional de la segunda vuelta</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Por Sergio E. Mosquera-Córdoba<a href="#_ftn1" id="_ftnref1"><strong>[1]</strong></a> (@SEMCordoba)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en que la neutralidad deja de ser prudencia para volverse una forma elegante de evasión. Esta segunda vuelta es uno de ellos. No lo digo porque cada votante de Abelardo de la Espriella sea fascista —no lo es—, ni porque la palabra deba esgrimirse como insulto contra cualquier derecha; esa ligereza ha empobrecido durante años nuestro debate público y conviene resistirla. Pero resistirla obliga, antes que nada, a devolverle al término su precisión. Fascismo no es alzar la voz, ni ser conservador, ni defender el orden, ni pedir mano dura. Fascismo es algo más específico y más grave: convertir la política en una guerra moral entre patriotas y enemigos, negarle legitimidad a quien piensa distinto, prometer la salvación de la patria por la vía de la fuerza, la purga y la obediencia, y señalar a una porción de la ciudadanía como un cuerpo extraño que hay que derrotar, expulsar o neutralizar para que la nación recupere una pureza que nunca tuvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso —con acento colombiano, con sus propios matices— es lo que esta vez está sobre la mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que encarna De la Espriella no es la derecha liberal, democrática y constitucional que compite dentro de las reglas del pluralismo y acepta perder. Es una derecha de cruzada. Habla de rescatar la patria, de derrotar “para siempre” al comunismo, de que la neutralidad equivale a complicidad, de defender la democracia —si hace falta— por la fuerza. No se limita a discrepar de Iván Cepeda: lo erige en encarnación del mal político. A la izquierda no la contradice; la nombra como amenaza criminal. Al centro no lo persuade; lo somete a un chantaje moral. Y no ofrece, en rigor, una alternancia, sino algo más ambicioso y más inquietante: una limpieza simbólica del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está el problema, y es un problema de gramática democrática antes que de programa. En una democracia constitucional el rival no es un enemigo interno: es un adversario legítimo. Se le critica, se le fiscaliza, se le investiga, se le derrota en las urnas y se le reemplaza. Lo que no puede hacerse —sin que algo esencial empiece a fracturarse— es convertirlo en plaga, en cáncer, en tiranía o en peligro existencial. Porque el día en que el lenguaje político deja de ver ciudadanos y empieza a fabricar enemigos, la violencia abandona el lugar de la anomalía y se instala en el de la consecuencia previsible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no puede darse el lujo de fingir que ignora a dónde lleva ese camino, porque ya lo recorrió. Entre los años ochenta y noventa, la Unión Patriótica fue exterminada: militantes de base, dirigentes, alcaldes, concejales, congresistas y dos candidatos presidenciales asesinados de manera sistemática, año tras año. No fue una desgraciada acumulación de homicidios sueltos, sino una operación de eliminación política sostenida en el tiempo, incubada en la estigmatización y en una premisa que circuló mucho antes que las balas: que una fuerza de izquierda no era una opción legítima dentro de la democracia, sino una infiltración que había que extirpar. La deshumanización precedió al crimen, y la autorización moral precedió a ambos. El plomo llegó de último.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la comparación no es un recurso retórico. Es una advertencia que la propia historia nacional ya pagó con sangre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No estamos en los años ochenta, desde luego. El andamiaje institucional es otro, el sistema de partidos cambió y las formas de la violencia se transformaron. Pero la matriz discursiva resulta inquietantemente familiar: un caudillo que se ofrece como salvador, un adversario reducido a tiranía o a “comunismo criminal”, una invocación constante de la fuerza, una promesa de restauración moral y una ciudadanía partida en dos entre patriotas auténticos y cómplices de la ruina. Ese repertorio tiene nombre, y no es el de la simple “polarización”, ni el del “estilo recio”, ni el de la “campaña dura”. Es una versión contemporánea —de saco y corbata, de urna de cristal y camiseta de la selección— del fascismo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inquietud crece cuando uno se asoma al universo intelectual del propio candidato. <em>Muerte al Tirano</em> no es una rareza de anaquel ni una boutade. Es una pieza que deja ver una manera de razonar el poder: bajo ciertas condiciones, dar muerte al tirano no sería un crimen, sino un acto patriótico. Sus defensores responderán que se trata de una reflexión histórica y jurídica sobre el tiranicidio, no de un manual operativo, y la distinción es pertinente; no la descarto. Pero junto a ella hay otra pregunta, estrictamente política, que no se puede esquivar: ¿qué significa que alguien que ha defendido esa tesis, que llama tirano a su contendor y que promete defender la democracia por la fuerza, aspire a controlar el aparato coercitivo del Estado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la pregunta de un exaltado, sino una cuestión constitucional de primer año. El monopolio de la fuerza, en una democracia, no se le entrega a quien habla de la fuerza como si fuera un destino moral. Se entrega amarrado a límites, controles, garantías y reconocimiento del otro. La Presidencia no es una oficina administrativa: es la jefatura del Gobierno, el mando de la fuerza pública, la conducción de la política exterior y la custodia de buena parte del relato simbólico de la nación. En manos de un proyecto que parte al país en patriotas y enemigos, ese poder deja de ser una herramienta de gobierno para volverse un riesgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vuelta, por lo demás, dejó un dato que debería bastar para enfriar cualquier fantasía de exclusión: Cepeda obtuvo cerca del 40,9&nbsp;% de los votos, casi diez millones de personas. No son una célula clandestina, ni una metástasis que extirpar, ni el “comunismo criminal” del eslogan. Son ciudadanos, son pueblo, son Colombia. Cuando De la Espriella promete derrotar “para siempre” lo que Cepeda representa, no habla apenas de un rival de campaña: habla —por más que después intente suavizarlo— de esos diez millones de compatriotas que sencillamente piensan distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí asoma la pregunta de fondo. ¿Qué clase de país se resigna a que casi la mitad de su ciudadanía sea tratada como sospechosa moral? ¿Qué democracia sobrevive cuando una parte se apropia de la patria y convierte al resto en amenaza?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 contestó esa pregunta mucho antes de que nosotros la formuláramos. Colombia no se fundó, en términos constitucionales, sobre la obediencia, ni sobre la propiedad, ni sobre una moral única, ni sobre la seguridad entendida como valor absoluto. Se fundó sobre la dignidad humana. Y eso encierra una afirmación que no tiene nada de decorativa: que cada persona vale antes de obedecer, antes de producir, antes de creer, antes de votar, antes de encajar en el orden moral de nadie. La dignidad no se concede por adhesión política, no se gana a fuerza de patriotismo y no se pierde por disentir. Es el piso, no el premio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ese cimiento se desprende todo lo demás, empezando por aquello que la campaña ha querido reducir a un asunto de seguridad y que es, en el fondo, una cuestión de libertad. No la del mercado únicamente: la de ser. El proyecto de De la Espriella ofrece libertad máxima para el capital —menos Estado, menos impuestos, menos regulación, más propiedad, más aire para la empresa—, y es coherente al ofrecerla. La grieta aparece cuando la conversación se desplaza del mercado al cuerpo, de la empresa a la conciencia, de la propiedad a la identidad: ahí la libertad cede su lugar a la tutela. Sospecha hacia el feminismo, rechazo a la llamada “ideología de género”, defensa de una sola forma legítima de familia, resistencia frente a derechos que la Corte Constitucional ya reconoció y que hoy son cosa juzgada. La asimetría merece nombrarse con todas sus letras: libertad ancha para acumular, vigilancia estrecha para existir. Eso no es libertad constitucional; es libertad para unos y corrección para otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro tanto ocurre con el bienestar, palabra que todos pronuncian. La diferencia no está en prometerlo, sino en cómo se lo concibe: como derecho o como favor. El Estado social de derecho no se diseñó para repartir dádivas al arbitrio del gobernante, sino para garantizar pisos —salud, educación, mínimo vital, trabajo, protección de los más vulnerables— que no deberían depender de la generosidad de quien manda. Por eso recortar drásticamente el Estado mientras se jura proteger a los más pobres obliga a una pregunta incómoda: ¿quién responde por los que solo tienen Estado precisamente porque nunca tuvieron mercado? En los barrios populares, en el Pacífico, en la Colombia rural, en los territorios étnicos y campesinos, el Estado no es una abstracción de manual: es el hospital que falta, la escuela que aguanta, el subsidio que sostiene, la vía que nunca llega, el juez que ampara. Un Estado ineficiente se reforma; un Estado ausente no se puede recortar como si sobrara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La paz corre una suerte parecida, y vale la pena ser justos con el atractivo de la promesa contraria. De la Espriella plantea una ruptura frontal con la negociación y con buena parte de la arquitectura transicional: con los criminales, dice, no habrá diálogo. A un país exprimido por la extorsión, el secuestro y las disidencias, esa frase puede sonarle a liberación, y sería deshonesto no admitirlo. Pero la experiencia colombiana enseña algo que incomoda: la paz no se decreta, se construye. La fuerza pública es imprescindible —nadie serio lo discute—; ocurre que la fuerza, por sí sola, no desactiva las causas que reproducen la guerra. El verdadero dilema no enfrenta la ingenuidad con la autoridad, sino dos maneras de entender la autoridad: una seguridad democrática sujeta a controles constitucionales y una seguridad concebida como licencia para arrasar con todo matiz. La primera protege sin vaciar el Estado de derecho; la segunda fabrica silencio, que no es lo mismo que paz. Colombia conoce de sobra la distancia que separa un territorio pacificado de un territorio reconciliado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la justicia el patrón se repite, y otra vez con un reclamo legítimo de por medio. Hay una idea de justicia que se agota en el castigo ejemplar, en la cárcel y en la mano firme, y que conecta con un dolor verdadero: demasiadas víctimas sienten que el sistema nunca les respondió. Pero existe otra, más áspera y menos taquillera, que no renuncia a sancionar y a la vez comprende que en sociedades atravesadas por violencia masiva hacen falta verdad, reparación, reconocimiento y garantías de no repetición. Desmontar o deslegitimar la justicia transicional no es retocar una institución cualquiera: es alterar el modo en que el país decidió tramitar su propio pasado. La JEP, la Comisión de la Verdad, la memoria histórica y los instrumentos restaurativos son criticables —ninguna institución escapa al escrutinio—, pero una cosa es corregir y otra muy distinta proclamar que son una farsa y prometer barrerlas. Un país que destruye sus mecanismos de verdad no se emancipa del pasado: se condena a litigarlo para siempre, y sin reglas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queda el territorio. El modelo económico que rodea al candidato vuelve a poner la extracción en el centro: petróleo, gas, minería, licencias más expeditas, expansión energética, aprovechamiento intensivo de los recursos. La discusión no se zanja con consignas verdes; Colombia necesita energía, empleo, inversión y equilibrio fiscal, y fingir lo contrario sería irresponsable. Pero el territorio no es una bodega de recursos a la espera de despacho. Es donde habitan pueblos, culturas, memorias, ecosistemas y generaciones que todavía no nacen. En un país pluriétnico y multicultural, hablar de “agilizar consultas” o “destrabar licencias” no es un tecnicismo administrativo: toca el corazón mismo del pacto de 1991. La consulta previa no es un trámite molesto, sino una garantía democrática de los pueblos indígenas, afrodescendientes, raizales y palenqueros y de las comunidades directamente afectadas. Cuando el desarrollo se piensa sin esas voces, deja de ser desarrollo y empieza a parecerse demasiado a una imposición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conviene recordar, llegados a este punto, que el fascismo rara vez comparece con el uniforme de los manuales. No necesita camisa negra ni brazo en alto para resultar reconocible; a veces se presenta envuelto en banderas, himnos, camisetas de la selección y discursos sobre la familia, la fe, la propiedad y la seguridad. No pronuncia la palabra “dictadura”: dice “orden”. No anuncia que recortará derechos: promete “recuperar valores”. No confiesa que perseguirá al adversario: jura “derrotar al comunismo”. No se reivindica autoritario: se proclama salvador de la patria. Cambia el léxico, no el mecanismo. Debajo siguen los mismos engranajes: una identidad nacional cerrada, un enemigo interno, un líder providencial, la promesa de una purificación y la disposición a usar la fuerza si la realidad se niega a obedecer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a algo así, el cálculo electoral no alcanza; hace falta una posición, y una posición a la vez política y moral. No una postura histérica ni sectaria, ni incapaz de admitir los errores del progresismo o los miedos legítimos de quien va a votar por la derecha. Una posición lúcida, más bien, capaz de sostener lo elemental: el fascismo no se normaliza, no se maquilla, no se rebautiza como “carácter”, “mano firme” o “coherencia”. Se enfrenta, y se lo enfrenta con los instrumentos de la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada de esto convierte a Iván Cepeda en un candidato impecable ni blinda su proyecto contra las preguntas. Tendrá que gobernar más allá del petrismo; ofrecer seguridad sin candidez; responder por los desaciertos del gobierno saliente; hablarles a los empresarios, al centro, a las iglesias, a las regiones que no se sienten oídas y a quienes temen que la izquierda confunda transformación con improvisación. Todo eso es cierto y todo eso es exigible. Pero esta elección no transcurre en abstracto: ocurre frente a una candidatura que ha hecho de la fuerza, la estigmatización y la restauración moral su lengua de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí que, en esta coyuntura, votar por Cepeda no equivalga sin más a votar por la izquierda. Es votar por mantener la democracia abierta: por que el adversario siga siendo adversario y no enemigo, por que los derechos no queden a merced del credo moral de quien gobierna, por que la seguridad no se transforme en licencia de persecución, por que la memoria de la Unión Patriótica no termine archivada como una lección que el país prefirió olvidar. Es votar, en suma, para no reincidir en esa secuencia tristemente conocida en la que primero se señala, luego se deshumaniza y al final se justifica la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A quienes se sientan ofendidos por el rótulo, vale la pena decirles algo sin estridencia: el problema no es la palabra, es el parecido. Si un programa habla como el fascismo, divide como el fascismo, amenaza como el fascismo y sueña, como el fascismo, con una patria homogénea, la obligación democrática no consiste en buscarle un eufemismo presentable. Consiste en nombrarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nombrarlo, contra lo que suele alegarse, no clausura el debate: lo habilita. La democracia solo puede defenderse mientras conservemos la capacidad de distinguir entre una derecha democrática y una derecha que aspira a gobernar como cruzada; entre un adversario legítimo y un proyecto que convierte a media nación en enemigo; entre el orden constitucional y la pulsión autoritaria; entre la patria de todos y la patria de los obedientes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo, por eso, no se vota solo un presidente. Se vota la frontera moral de la democracia colombiana. Se vota si el país acepta que la mitad de sus ciudadanos sea tratada como amenaza o insiste en que también quienes piensan distinto son parte del mismo pueblo; si la libertad incluirá la libertad de ser; si el bienestar será derecho o dádiva; si la paz será transformación o silencio impuesto; si la justicia será memoria o venganza; y, en última instancia, si la dignidad seguirá siendo el cimiento del Estado o quedará rebajada a una moral de obediencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que decirlo, entonces, sin rodeos: contra el fascismo no se guarda neutralidad. Contra el fascismo se vota. Y este domingo, la forma democrática de hacerlo tiene un nombre: Iván Cepeda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El turno es nuestro.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Doctorando en Derechos Humanos, Democracia y Justicia Internacional. Magister en Derecho Constitucional. Especialista Internacional en Memorias colectivas, derechos humanos y resistencias. Especialista en Gerencia de Proyectos. Abogado</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Tres Puntos Aparte</author>
                    <category>El Cuento</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130644</guid>
        <pubDate>Sat, 20 Jun 2026 13:48:14 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>LAS VÍCTIMAS EN EL CENTRO</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/las-victimas-en-el-centro/</link>
        <description><![CDATA[<p>De la forma cómo votemos el próximo domingo, dependerá que las urnas no se conviertan, una vez más, en terribles cajas de Pandora de las que saldrán en los próximos cuatro años, recargados de revancha, los males que nos han diezmado: el odio, la violencia, las discriminaciones, las persecuciones, las desigualdades y los privilegios, amasijos de interminables guerras.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En esta campaña presidencial las víctimas han estado en el centro de la disputa electoral. Por eso Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda han llegado a la segunda vuelta. Ambos representan, desde orillas inabarcables y antagónicas, ese universo de víctimas que ha dejado el conflicto armado interno y siguen aumentado. Ambos también han tenido relaciones con los principales protagonistas y victimarios del conflicto armado: las guerrillas y los paramilitares</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Abelardo y las AUC</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De una parte, Abelardo, prestando asesoría legal y política a los paramilitares en su proceso de desmovilización y sometimiento a la ley 975 de 2005 para desmantelar las AUC, esa temible federación narco-criminal que se propuso refundar la Patria, sembrándola de masacres, fosas comunes, desplazados, desaparecidos y miles de campesinos despojados de sus terruños. Todo bajo el pretexto de salvar a Colombia del comunismo. Por eso perpetraron el mayor número de homicidios, según las cuentas de la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>, 205.028 víctimas, el 45 % del total. De otra parte, los grupos guerrilleros cometieron 122.813 asesinatos, el 27 %, siendo las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) los más despiadados y, por último, agentes estatales en acciones ilegales dejaron 56.094 víctimas, el 12 % del total, entre 1985 y 2018. &nbsp;Lo más horripilante de esa estadística mortal es que el 80% de las víctimas fueron civiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cepeda y las Farc-Ep</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso mismo, Iván Cepeda lideró la creación del Movimiento Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE) y también jugó un importante papel en la desmovilización de las FARC-EP durante las conversaciones en La Habana con el gobierno del expresidente Santos, que culminó con la firma del Acuerdo de Paz en 2016. Seguramente por encontrarse ambos candidatos en las antípodas, no tenga lugar esta semana el debate público entre los dos y nos quedemos sin conocer sus argumentos para esclarecer su aportes y responsabilidades en esa lacerante división y confrontación entre víctimas y victimarios. Ya falta menos de una semana para la segunda vuelta y el miércoles 17 juega la Selección &#8211;vulgarmente convertida en bandera electoral— frente a Uzbequistán, cuyo resultado &#8211;que todos esperamos sea una victoria&#8211; no podrá ser reclamada por ningún candidato, pues ella será una victoria de todos los colombianos y obra exclusiva de sus jugadores, Néstor Lorenzo y su equipo técnico. Algo todavía más impensable sería que algunos celebren su derrota, achacándola a quienes han pretendido apropiarse su camiseta, desvirtuando así su carácter nacional, como es lo propio de todos los símbolos patrios, que ningún partido o líder legalmente puede hacerlo, so pena de mancillar la Patria, atentar contra la unidad nacional y hasta promover pasiones cercanas a una guerra civil.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sin debate y deliberación no hay democracia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la ausencia de ese debate, mucho más necesario e importante que la victoria de la Selección, sería un auténtico autogol contra todos los colombianos. Nos privaría del derecho que tenemos a deliberar y discernir, teniendo suficiente información e ilustración, para decidir por quién votar el próximo domingo 21 de junio o hacerlo en blanco. Sería un pésimo final de campaña, ya que sin debate y deliberación no existe democracia, sino esa continua y mutua confrontación y deslegitimación en la que ambos candidatos están entrampados, que es el escenario más propicio para prolongar indefinidamente y profundizar dolorosamente la victimización reciproca en que estamos atrapados los colombianos desde hace más de 80 años. Todavía es más deplorable que el debate político se haya trasladado a los estrados judiciales, pues en la política los jueces de última instancia somos los ciudadanos, con nuestros votos en las urnas, y no los magistrados con sus sentencias. Entre muchas razones, porque en la política lo que cuenta es la responsabilidad de los candidatos y los líderes frente a bienes públicos que a todos nos afectan, como la paz, la vida, la justicia, la seguridad y la prevalencia de los intereses generales sobre los particulares. Lo importante es poder conocer las propuestas, las ejecutorias, la formación y el compromiso de los candidatos frente a tales cuestiones cruciales, más allá de su culpabilidad o inocencia en sus relaciones con los victimarios y delincuentes de cuello blanco en el pasado. En una campaña electoral se debe fijar más la atención en la responsabilidad política de los candidatos y sus propuestas frente a las víctimas y en cómo evitar su aumento y perpetuación, en lugar de obsesionarnos con la búsqueda de su mayor o menor culpabilidad penal y personal frente a los victimarios en el pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Las Víctimas en el centro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí que las víctimas deban estar en el centro del debate electoral, no tanto para conquistar sus votos, sino para reconocer su existencia y sus verdades y así intervenir y cambiar desde el Estado las condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que las generan. Por ejemplo, en el campo, reconocer la propiedad de la tierra a quienes la trabajan y cuidan, brindándoles crédito y vías para la comercialización de sus cosechas, en lugar de condenarlos a ser carne de raspachines para los narcotraficantes o de reclutamiento, despojo, confinamiento, asesinatos y desplazamientos forzados por las organizaciones armadas ilegales que controlan su territorio. Por eso las preguntas que debemos formularnos antes de marcar el tarjetón y depositar nuestro voto en la urna pueden ser las siguientes: ¿Vamos a continuar siendo una Nación y sociedad dividida por ese foso insondable de odios, rencores y sangre entre víctimas y victimarios? ¿Será posible superar esa dolorosa confrontación sin conocer las verdades de las víctimas y sus familiares sobrevivientes, así como las responsabilidades de los victimarios y las circunstancias en qué actuaron para cometer impunemente sus crímenes? ¿Cuáles han sido las iniciativas y compromisos en el pasado de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda con todas las víctimas, pero también para evitar que los victimarios continúen cometiendo sus crímenes e injusticias? ¿Cómo se proponen desde el Estado superar esa vergonzosa historia de víctimas irredentas, sin verdad, justicia y reparación, frente a la impunidad y soberbia de sus principales victimarios?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La democracia no perpetúa víctimas y victimarios</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, ¿Será posible vivir democráticamente en una sociedad cuyo Estado es incapaz de impedir el aumento crónico de víctimas civiles y el afianzamiento político de victimarios impunes? Obviamente estas últimas preguntas deberían responderlas en un debate público los dos candidatos, pero todo parece indicar que no tendrá lugar. Ante semejante irresponsabilidad histórica, apenas comparable con la inimaginable eliminación de la Selección en el mundial en curso por no presentarse en el campo de juego, no tenemos otra opción que investigar y examinar el pasado de cada candidato frente a las víctimas y los victimarios y discernir sobre su responsabilidad para evitar que esa relación letal se prolongue indefinidamente. ¿Hasta qué punto sus actuaciones han contribuido al conocimiento de la verdad de lo acontecido o, por el contrario, a su ocultamiento? ¿Qué han aportado para que los máximos responsables de crímenes de lesa humanidad respondan ante la justicia y cumplan sus penas, así ellas jamás reparen plenamente a sus víctimas, como está sucediendo en la JEP con los excomandantes de las Farc y numerosos miembros de la Fuerza Pública responsables de ejecuciones extrajudiciales? ¿Apoyarán el trabajo de la JEP, como es su deber constitucional, o la desfinanciarán y desmantelarán? En conclusión, ¿Cómo desde la jefatura del Estado podrían comprometerse a poner fin a la historia política de Colombia más allá de esa disputa interminable entre victimarios impunes y víctimas irredentas y así empezar a convivir democráticamente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Patriotismo Constitucional</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De la forma cómo votemos el próximo domingo, dependerá que las urnas no se conviertan, una vez más, en terribles cajas de Pandora de las que saldrán en los próximos cuatro años, recargados de revancha, los males que nos han diezmado: el odio, la violencia, las discriminaciones, las persecuciones, las desigualdades y los privilegios, amasijos de todas las guerras, que sepultan en el fondo de las urnas las esperanzas de vida, justicia y paz por un tiempo incierto, ese en el que ya no existan más víctimas y victimarios, y sí una comunidad política de ciudadanos. Esa comunidad política se llama democracia y solo será realidad el día que votemos teniendo en cuenta al menos estos dos artículos de la Constitución. El 22: <strong><em>“La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”</em></strong> y el 95 que nos dice que “la <em>calidad de colombiano <strong>enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional”</strong> si cumplimos los siguientes nueve deberes: 1. Respetar los <strong>derechos ajenos y no abusar de los propios</strong>; 2. Obrar conforme al <strong>principio de solidaridad social</strong>, respondiendo con <strong>acciones humanitarias</strong> ante situaciones que pongan <strong>en peligro la vida o la salud de las personas</strong>; 3. Respetar y apoyar a las <strong>autoridades democráticas legítimamente</strong> constituidas para mantener la <strong>independencia y la integridad nacionales</strong>. 4. Defender y difundir los <strong>derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica</strong>; 5. Participar en la <strong>vida política, cívica y comunitaria</strong> del país; 6. Propender al <strong>logro y mantenimiento de la paz</strong>; 7. Colaborar para el <strong>buen funcionamiento de la administración de la justicia</strong>; 8<strong>. Proteger los recursos culturales y naturales del país</strong> y velar por la conservación de un <strong>ambiente san</strong>o y 9. Contribuir <strong>al financiamiento</strong> de los <strong>gastos e inversiones del Estado dentro de conceptos de justicia y equidad”. </strong></em>Esto dos artículos condensan el patriotismo constitucional, que es lo único que nos posibilitará algún día dejar de ser “<strong><em>esta federación de rencores y archipiélago de egoísmos”, </em></strong>según acertada expresión de Belisario Betancur<strong>,</strong>en la que nos hemos convertido. Hoy somos una nación dividida entre víctimas y victimarios, supuestamente en defensa de una idea belicosa y salvaje de la Patria o de una democracia popular, radical y revanchista, que nos impide resolver política y civilizadamente nuestros principales conflictos, sin perpetuar exclusiones económicas, sociales, regionales y étnicas pero, sobre todo, sin apelar a la violencia y la guerra como fórmulas salvadoras y milagrosas, que a la postre terminan engendrando nuevas generaciones de víctimas y sus posteriores vengadores implacables. En esas estamos desde que tenemos uso razón, ¿será que esta vez sí recuperamos el juicio político y dejamos atrás tanta insensatez, indolencia, irresponsabilidad y apasionamiento sectario e inhumano? Ese sí sería un verdadero milagro.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/el-informe-final-en-cifras">https://www.comisiondelaverdad.co/el-informe-final-en-cifras</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130351</guid>
        <pubDate>Sun, 14 Jun 2026 13:04:47 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/IMG_4958-1-1.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[LAS VÍCTIMAS EN EL CENTRO]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Gaudí, un libro y una obra para el centenario</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/gaudi-un-libro-y-una-obra-para-el-centenario/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Cien años después de la muerte del arquitecto catalán, el 3 de junio la Lumsa acogió la presentación de la nueva biografía firmada por Armand Puig i Tàrrech y del proyecto artístico destinado a la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Un doble recorrido que nos descubre al hombre y al creyente que hay [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">“Cien años después de la muerte del arquitecto catalán, el 3 de junio la Lumsa acogió la presentación de la nueva biografía firmada por Armand Puig i Tàrrech y del proyecto artístico destinado a la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. Un doble recorrido que nos descubre al hombre y al creyente que hay detrás de la obra maestra de Barcelona y que mira hacia la inauguración de la nueva torre durante la visita de León XIV a Barcelona…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos lo cuenta nuestra prestigiosa colega MARÍA MILVIA MORCIANO desde la  ciudad del Vaticano…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro para volver a las fuentes, una obra contemporánea para recoger el rastro dejado por Antoni Gaudí. En la Lumsa de Roma, la presentación del volumen, publicado por San Paolo,&nbsp;<em>Antoni Gaudí. Vida y obra&nbsp;</em>de&nbsp;<strong>Armand Puig i Tàrrech</strong>, biblista y presidente de la Agencia de la Santa Sede para la Evaluación y la Promoción de la Calidad de las Universidades y Facultades Eclesiásticas (AVEPRO), ha brindado la oportunidad de releer la figura del arquitecto catalán en el centenario de su muerte. El encuentro permitió también conocer el proyecto&nbsp;<em>del Agnus Dei</em>, obra situada en el interior de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia. En el diálogo participaron junto al autor, el director editorial de los Medios de Comunicación del Vaticano Andrea Tornielli; la estudiosa María Elena Catelli, traductora del volumen; el historiador del arte Alessandro Zuccari, miembro de la Academia dei Lincei; y el artista&nbsp;<strong>Andrea Mastrovito</strong>, autor de la instalación destinada a la Torre de Cristo<strong>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La conmemoración adquiere un significado especial también a la luz del viaje apostólico de León XIV a España. El 10 de junio, exactamente cien años después de la muerte de Gaudí, el Pontífice celebrará la misa en la Sagrada Familia e inaugurará la nueva y más alta torre de la basílica, la dedicada a Jesucristo, completada por&nbsp;<em>el Agnus Dei&nbsp;</em>diseñado por Mastrovito.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/maggio/06/WhatsApp-Image-2026-05-06-at-11.33.08.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="La Sagrada Familia." title="La Sagrada Familia." /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La Sagrada Familia.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un hombre más allá del mito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antoni Gaudí sigue ejerciendo un encanto que va mucho más allá del ámbito de la arquitectura. Precisamente por eso, explica Puig i Tàrrech, es necesario distinguir la realidad de las narraciones construidas a lo largo del tiempo. El volumen es fruto de un largo trabajo sobre las fuentes, llevado a cabo para restituir la figura del arquitecto en su dimensión histórica y humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Es imposible conocer a un personaje sin que las fuentes hablen de él y sobre él», observa el autor en la entrevista concedida a Vatican News. En el caso de Gaudí, la tarea se complica aún más por el hecho de que escribió relativamente poco y de que gran parte de la documentación conservada en su estudio fue destruida durante la Guerra Civil española.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La publicación se inscribe en un momento de renovado interés por la figura del arquitecto catalán, marcado también por la declaración de venerabilidad de Antoni Gaudí por parte del Papa Francisco el año pasado. Un reconocimiento que ha contribuido a volver a centrar la atención en la coherencia entre su obra y su experiencia de fe. El libro recorre así el camino del hombre antes incluso que el del genio: la formación, los encuentros, las amistades, el trabajo, la progresiva maduración espiritual y artística. Un enfoque que, como ha subrayado María Elena Catelli, evita tanto la construcción del mito como la hagiografía. La estudiosa, que ha supervisado la traducción al italiano, ha destacado el rigor con el que Puig i Tàrrech selecciona las fuentes y aborda aspectos a menudo poco conocidos de la vida del arquitecto. Un trabajo que también ha requerido acompañar al lector italiano a través de términos, referencias y realidades profundamente arraigadas en la cultura catalana, haciendo accesible un universo histórico y cultural que no siempre resulta inmediatamente familiar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La naturaleza, maestra de un creador</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender a Gaudí, según Puig i Tàrrech, hay que partir de la naturaleza. No como repertorio de formas decorativas, sino como principio generativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«La naturaleza creada por Dios es su maestra», afirma. De ella, el arquitecto extrae inspiración para estructuras, soluciones constructivas y lenguajes formales. No se trata, sin embargo, de imitación. «Participa en la creación de Dios», explica el autor, transformando lo que observa en algo nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su arquitectura escapa a las clasificaciones habituales. «No es gótica, no es neogótica. Es Gaudí». Un lenguaje personal, reconocible, que nace del encuentro entre la fe, la observación de la naturaleza y la búsqueda artística.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/giugno/04/1780573830aem.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="La portada del libro" title="La portada del libro" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La portada del libro</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un arte total</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Alessandro Zuccari se ha detenido en este aspecto, definiendo a Gaudí como un autor de «arte total». Aunque profundamente arraigado en la tradición cristiana, el arquitecto fue un incansable estudioso de la historia del arte, la arquitectura y las técnicas del pasado. Absorbía diversas influencias, las elaboraba y las transformaba en una síntesis original.<br>Para Zuccari, el gótico representa una referencia fundamental, pero no exclusiva. Gaudí también se fija en el románico, en el clasicismo, en el barroco y en las grandes tradiciones figurativas europeas. Nada se reproduce simplemente: todo se reinterpreta y se conduce hacia una forma nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El historiador del arte recordó también una famosa intuición de Salvador Dalí, uno de los primeros en captar la naturaleza radicalmente innovadora de su obra. En la lectura del artista surrealista, todo en Gaudí es metamorfosis. La Sagrada Familia nace de un riguroso esquema geométrico, pero parece casi un organismo natural, una construcción que parece generada por la misma energía creativa. Una imagen que ayuda a comprender la capacidad del arquitecto para aunar precisión proyectual y vitalidad orgánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por último, Zuccari también ha recordado el carácter profundamente colectivo de la empresa. El templo expiatorio, sostenido por las donaciones de los fieles, nace, de hecho, de la idea de que la casa de Dios debe ser la casa de todos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una catequesis construida en piedra</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si hay un lugar en el que esta visión encuentra su expresión más plena, ese es la Sagrada Familia.&nbsp;<strong>Andrea Tornielli</strong>&nbsp;ha señalado cómo la basílica sigue hablando incluso a quienes carecen de formación religiosa. A través de la piedra, la luz, las imágenes y el espacio, presenta de hecho lo esencial de la fe cristiana a millones de visitantes procedentes de todo el mundo.&nbsp;Tornielli ha destacado además la capacidad de la obra de Gaudí para llevar más allá de la superficie de las cosas, introduciendo una dimensión de profundidad que sigue interpelando a creyentes y no creyentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Sagrada Familia no es solo una obra maestra arquitectónica. Es una narración construida en el espacio, una síntesis de teología, símbolo y arte. En ella, recordó Puig, cada elemento encuentra su significado dentro de una visión unitaria que conduce la mirada hacia Cristo.&nbsp;Aún hoy, la basílica sigue creciendo y transformándose sin interrumpir el diálogo con el proyecto original de Gaudí. Es esta vitalidad la que le permite dialogar con diferentes generaciones y acoger nuevas aportaciones sin perder su identidad.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El «Agnus Dei» de Andrea Mastrovito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El diálogo con Gaudí continúa hoy a través de la obra de Andrea Mastrovito. Su obra&nbsp;<em>Gv 1,29&nbsp;</em>se colocará en el interior de la cruz situada en la Torre de Jesucristo, a 172 metros de altura, en el punto más elevado de la basílica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artista de Bérgamo ha ganado el concurso internacional convocado por la Junta Constructora de la Sagrada Familia para realizar&nbsp;<em>el Agnus Dei&nbsp;</em>previsto por el propio Gaudí en los proyectos originales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El reto consistía en transmitir el mensaje divino con un lenguaje comprensible para el mayor número de personas, sin caer en lo didáctico o lo banal», explica Mastrovito. Para afrontarlo, se sumergió en los escritos del arquitecto, en sus proyectos y en la observación directa de sus obras, tratando de mantenerse fiel a las indicaciones dejadas por Gaudí sin renunciar a su propia voz artística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La instalación representa al Cordero de Dios evocado por el versículo del Evangelio de Juan que le da título. Realizado en vidrio y rodeado de rayos luminosos dorados, el cordero está cubierto por miles de fragmentos que poseen un doble significado. En el plano cristológico, remiten a las heridas infligidas a Cristo por el mal del mundo; en el plano simbólico, evocan esa trama luminosa que la cosmología contemporánea remonta a los orígenes del universo.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://www.vaticannews.va/content/dam/vaticannews/multimedia/2026/giugno/04/GV1-29_testAEM.jpg/_jcr_content/renditions/cq5dam.thumbnail.cropped.750.422.jpeg" alt="Proyecto del Agnus Dei." title="Proyecto del Agnus Dei." /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Proyecto del Agnus Dei.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una luz sobre Barcelona</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La luz constituye el principio mismo de la obra. Gaudí deseaba que la cruz de la Torre de Jesucristo fuera un punto luminoso visible desde toda la ciudad y que el Cordero encontrara su lugar en su interior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«He llevado la luz directamente sobre el cordero», explica Mastrovito. El vidrio, la luz natural de Barcelona, los veinticuatro rayos dorados que rodean la escultura y los sistemas de iluminación e integrados transformarán la obra en una fuente luminosa suspendida en el cielo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La basílica sigue creciendo como edificio, como imaginario y como palabra visible de la fe. No solo memoria de un genio, sino obra aún en camino, capaz de pedir a la mirada contemporánea que se eleve hacia la luz.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si como hiciera FALTA una imágenes &amp; palabras para resumir…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Lo que esconde la torre de la Sagrada Familia que bendecirá León: la imposición de Gaudí (III)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/CWegER3NECU?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



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<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="620" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-620x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130130" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-620x1024.jpeg 620w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-182x300.jpeg 182w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-768x1267.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-931x1536.jpeg 931w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062-1241x2048.jpeg 1241w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/07002609/IMG_1062.jpeg 1290w" sizes="(max-width: 620px) 100vw, 620px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="866" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06130735/IMG_0816-866x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130102" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06130735/IMG_0816-866x1024.jpeg 866w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06130735/IMG_0816-254x300.jpeg 254w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06130735/IMG_0816-768x908.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06130735/IMG_0816.jpeg 1083w" sizes="(max-width: 866px) 100vw, 866px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="aspect-ratio:1.785760806224934;width:811px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130091</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 20:22:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Gaudí, un libro y una obra para el centenario]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Petro y Uribe son los grandes perdedores de la primera vuelta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/petro-y-uribe-son-los-grandes-perdedores-de-la-primera-vuelta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Uribe y Petro fueron los grandes perdedores de la primera vuelta en las elecciones de presidente. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones del pasado domingo 31 de mayo dejaron dos grandes perdedores: el primero de ello es el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el segundo el actual presidente Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de Uribe Vélez se empieza a demostrar que no es ni de cerca el gran elector que fue en las elecciones de 2010 cuando gracias a su evidente participación en política desde la Casa de Nariño, Juan Manuel Santos ganó la presidencia, y luego en 2018, logró que Iván Duque ganara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy la realidad le fue contraria, porque por más que quiso influir en el electorado con sus intrigas y cizañas queriendo enlodar el nombre de Iván Cepeda no logró, ni que Paloma Valencia pasara a la segunda vuelta, ni que sus seguidores y militantes del Centro Democrático le obedecieran ciegamente como sucedía en el pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para nadie es un secreto que más de la mitad del Centro Democrático estaba ya con Abelardo De La Espriella mucho antes del 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Álvaro Uribe Vélez comienza a verse como lo que realmente es: un pasado, que ni el ni su circulo cercano quieren aceptar, y lo que es peor, cree que la Colombia es igual a la del año 2002 cuando fue elegido presidente de la república, que sus problemas son iguales y que por tanto las soluciones también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No entienden que de ese tiempo acá han corrido dos generaciones y que los tiempos cambiaron y que aunque los problemas de una u otra manera se mantenga, las fórmulas para solucionarlos son otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Les sucede lo mismo que le pasa a algunos funcionarios de la Alcaldía de Carlos Fernando Galán cuando se les pide mayores escenarios de educación en lo que tiene que ver con cultura ciudadana, y lo primero que se les ocurre es sacar la foto de Antanas Mockus, como si todavía estuviésemos en el año 1995 y lo que es peor, como si los ciudadanos fuesen los mismos de aquel entonces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro perdedor fue el presidente Gustavo Petro, no porque Iván Cepeda no lograra la mayor votación en la primera vuelta, no. Sino porque el ciudadano del común le demostró la inconformidad que siente por los desastres de su mandato en materia de seguridad, por la crisis de la salud y por su costumbre de generar caos, desorden y mayor grado de discusión y enfrentamientos verbales, en momentos en que el país pide calma y discusiones moderadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si a los resultados electorales de la primera vuelta le sumamos los de las pasadas elecciones locales, podemos concluir sin ninguna duda que es la segunda derrota electoral que sufre Gustavo Petro durante su presidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordemos que Bogotá estrenaba segunda vuelta y lo que sucedió fue la elección contundente de Carlos Fernando Galán en la primera vuelta, claro mensaje de los bogotanos a Gustavo Petro, de que no permitirían más interferencias de la presidencia en las decisiones de la ciudad, especialmente en lo que tiene que ver con grandes obras de infraestructura como el metro, <strong>TransMilenio</strong> por la avenida 68, la ampliación de la Autopista Norte, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas elecciones quedó claro que a los colombianos poco les importa lo que digan expresidentes, incluso el mismo presidente de la república si no esta ejerciendo un buen mandato y que están dispuesto a ejercer un voto castigo si el caso lo merece. Por ahora hay que esperar que resulta en la segunda vuelta y ya el tiempo dirá si el remedio fue peor que la misma enfermedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/nueva-preocupacion-por-aparentes-manejos-turbios-en-ecopetrol/">Nota recomendada: Nueva preocupación por aparentes manejos turbios en Ecopetrol</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130077</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 13:49:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Petro y Uribe son los grandes perdedores de la primera vuelta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Ya rompimos el silencio…¿y ahora?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/rompamos-el-silencio-y-ahora/</link>
        <description><![CDATA[<p>Robert Max Steenkist. Gerente Colegio Bilingüe José Max León. Tras unas semanas después de la segunda versión del Foro “Rompamos el silencio” en la Universidad EAN me atrevo a resaltar ciertos aspectos. De entrada: gracias por la paciencia a quien esperaron estas palabras y también a quienes se están tomando el tiempo de leerlas. En [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Robert Max Steenkist.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gerente Colegio Bilingüe José Max León.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras unas semanas después de la segunda versión del Foro “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=kTrgFKnLXyE">Rompamos el silencio</a>” en la Universidad EAN me atrevo a resaltar ciertos aspectos. De entrada: gracias por la paciencia a quien esperaron estas palabras y también a quienes se están tomando el tiempo de leerlas. En la era del inmediatismo y el afán, del exceso de confianza que le tenemos a los resúmenes y las conclusiones que realizan las nuevas tecnologías, siento un privilegiado al tener unos minutos de su atención. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Este texto es un acta sobre lo que se discutió ese día; es, ante todo, un gesto de agradecimiento a todos los que participaron, bien fuera como parte de la organización, como asistentes (presenciales y virtuales), como panelistas o como moderadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es tampoco un resumen, sino más bien una hoja de ruta (quizás demasiado personal) para lo que considero es el paso a seguir de una alianza de carácter interinstitucional que se viene gestando desde hace algunos años y que resulta más relevante que nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, si bien el principal propósito de cualquier colegio es el bienestar de los estudiantes y de sus familias, el <a href="https://josemaxleon.edu.co">Colegio Bilingüe José Max León</a> se enorgullece de “correr la milla extra” al animar a toda la sociedad a reconocer el acoso escolar como expresión y origen de buena parte de la violencia que ocurre en Colombia. Muchos antes de que fuéramos el primer colegio en latinoamérica en ser reconocido como una institución antibullying de acuerdo al modelo italiano NPR/PdR 42:2018 hemos promovido que las voces de las nuevas generaciones de colombianos tengan protocolos, garantías y claridad sobre cuáles son sus derechos y responsabilidades frente a un fenómeno que nos obliga a reevaluar las formas de nuestra educación. Requerimos del esfuerzo y la colaboración de todos los que componen el ecosistema para garantizar que este primer encuentro siga generando frutos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El Foro &#8220;Rompamos el silencio&#8221;como un punto de partida </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Este fue el llamado abierto a aquellos integrantes de la sociedad que se sienten incómodos con la normalización de la violencia. Este evento superó las expectativas de muchos y logró ofrecer un ápice de esperanza dentro de los esfuerzos por mejorar la realidad nacional y, sobre todo, de encontrar en otras personas e instituciones un reflejo de sus frustraciones y de sus fortalezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer resultado de la integración que causó la iniciativa del Colegio Bilingüe José Max León es “El Efecto E”, un proyecto del diario El Espectador que, definida por su director Fidel Cano, una campaña que busca articular actores educativos, empresariales, institucionales y sociales para visibilizar este fenómeno desde una mirada más amplia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esto, el diario más importante de Colombia, pretende hacer un contrapeso de optimismo a la era que la autora argentina Mariana Enriquez define como la de las tres As: ansiedad, angustia y apatía. Siempre desde su agudísima puntería y la profundidad de sus reflexiones, Cano definió el “Efecto E” como la manera de El Espectador sirve de megáfono para que, fruto de los diálogos del foro y de futuros eventos y reflexiones, a las tres As identificadas por enríquez, se le puedan anteponer salvavidas como: Empatía (esa capacidad de comprender y sentir lo que viven otras personas), Esperanza (o la confianza en la posibilidad de construir algo mejor), Encuentro (disposición a construir vínculos humanos significativos) y, por supuesto, el Estudio (dedicación con amor al aprendizaje y al conocimiento), Elegancia moral (nobleza de conducta y respeto hacia los demás), entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me alegró muchísimo que la referencia que hice a la obra de la filósofa Anne Dufourmantelle resonara en buena parte de las intervenciones. Por el vínculo estrecho que he construido con ciertas comunidades del Vaupés, me sentí muy identificado cuando la Rectora de la Universidad EAN retomó la idea de un currículo basado en “La Dulzura” para honrar las dinámicas sociales de nuestros pueblos ancestrales, sobre todo en el momento sagrado del encuentro en los centros de pensamiento, en el que se instala el acuerdo de usar “la palabra dulce”, generalmente mediado por el uso del mambe que garantiza la escucha atenta y las intervenciones prudentes y siempre pacíficas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Y pude ver que otros panelistas&nbsp;también señalaban la necesidad de liberar a “la dulzura” de tantas capas de cursilería y simpleza con la que por tantas vías la han tratado de opacar. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La necesidad de respetar y reconocer la vulnerabilidad de quienes son afectados por estas violencias relacionales se origina también en reconocer que quienes son victimarios o acosadores también pueden tener una noción desfigurada del poder de la dulzura. Dufourmantelle argumentaba que la vulnerabilidad es parte de la condición humana y que, en lugar de ignorarla, deberíamos utilizarla como una base para desarrollar empatía y solidaridad. La dulzura no es abrazar al otro sin condiciones, sino reconocer que ese otro está tan habitado por fortalezas como por debilidades. Y que, así como las fortalezas nos dan oportunidades para combinar fuerzas, las vulnerabilidades nos pueden unir en una equivalencia también apta para desarrollar soluciones e innovaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio cultural que promueve el Colegio Bilingüe José Max León empezó con esta alianza entre medios, educación y sociedad, pero cualquier camino en esta dirección debe partir de la disposición de entender al ser humano con nuevas prolongaciones de su sentido. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tomó mucho tiempo entender que las personas son seres integrales, habitados por muchos tipo de inteligencia y que su desarrollo depende lo bien articulados que crezcan emociones, lógicas, sentimientos, habilidades, hábitos, entre otros…ahora, la tecnología&nbsp; y la evolucionada complejidad de las relaciones nos obligan a pensar en las personas como seres que habitan de manera cada vez más inevitable ese universo expansivo que es la virtualidad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dice el Rector Javier Albornoz, el bullying es un fenómeno que cambia su forma y, si no ofrecemos guías, prevención y acompañamiento, puede encontrarse cómodo en cualquier lugar donde haya relaciones humanas. Cualquier esfuerzo contra el bullying y el acoso debe considerar el multiverso que habitan los seres humanos, al menos los que están bajo nuestra responsabilidad durante sus años de formación y, dentro de este marco, ni la familia, ni la escuela ni ningún ámbito laboral puede desconocer que el ciberbullying es ese entorno inhóspito y sin ley por el cual se mueve buena parte de las dinámicas sociales y donde la violencia ha asentado una de sus centrales de operación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese nuevo humano que debemos formar a partir del reconocimiento y la aceptación de todas sus ramificaciones debe tener en cuenta las dimensiones que abarca en educación, convivencia en todos sus ámbitos (pero que se nutre desde el hogar, sea cual sea su forma), la restauración como parte de una dinámica constante, el papel de los medios de comunicación como centro de formación pública, la salud mental como eje de la productividad y el bienestar de un país, entre otros.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Romper el silencio exige prevención desde cualquier ámbito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para esto las empresas, como las que conforman el Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible (CECODES), reconocen que las empresas también tienen una responsabilidad en romper cadenas de violencia. Aquellos liderazgos tóxicos muchas veces nacen de dinámicas no corregidas durante infancia y adolescencia y se pueden tratar en el marco de la seguridad y salud en el trabajo para garantizar el desarrollo de las empresas de la mano de un bienestar emocional y mental de sus trabajadores y de sus nichos familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una sociedad verdaderamente humana debe poder mirar el dolor sin convertir automáticamente al otro en monstruo. Esta base de la justicia restaurativa tiene sus bases en los protocolos que fija el Colegio Bilingüe José Max León para que el victimario no sea estigmatizado y tenga oportunidad y derecho a una segunda oportunidad. Así mismo, por el bien del conjunto social y la dignidad de los individuos, el dolor no puede convertirse en capital para anular a otros bajo el rótulo simplista y silenciador de “víctima”. No basta con reconocer, honrar y tratar de reparar su dolor del pasado, sino de valorar y aprender de sus cicatrices y de su poder de sanarse a sí mismos y a otros. Así, tanto los causantes del acoso como sus dolientes tienen un papel activo en la misión de darle a un grupo social una segunda oportunidad sobre la tierra.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los próximos días se pactarán nuevos pasos hacia la dirección que ya anticipamos: la puesta en marcha de un “Observatorio contra el <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a> y universitario”. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">Aquí esperamos reunir buena parte del trabajo de los ponentes del foro, así como iniciativas académicas previas, para que podamos sumar conocimientos y reflexiones. El próximo foro deberá mostrar algunos resultados y nuevas voces que también quieran sumarse al llamado.</p>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(15.747px, 0.984rem + ((1vw - 3.2px) * 0.938), 24px);px"><strong>Ya rompimos el silencio…</strong><br><strong>ahora vamos a construir con las nuevas voces.</strong></p>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129694</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 16:15:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04075204/IMG_7462.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ya rompimos el silencio…¿y ahora?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Rompamos el silencio</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Patrimonio Panga IV: la escritura de la memoria como acto de resistencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/patrimonio-panga-iv-la-escritura-de-la-memoria-como-acto-de-resistencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los pueblos no desaparecen cuando pierden sus territorios. Desaparecen cuando olvidan sus historias. Allí donde la memoria se desvanece, donde las voces de los mayores dejan de ser escuchadas y donde los relatos comunitarios son sustituidos por narrativas ajenas, comienza lentamente el destierro espiritual de una cultura. Por ello, escribir las memorias regionales del Sur [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los pueblos no desaparecen cuando pierden sus territorios. Desaparecen cuando olvidan sus historias. Allí donde la memoria se desvanece, donde las voces de los mayores dejan de ser escuchadas y donde los relatos comunitarios son sustituidos por narrativas ajenas, comienza lentamente el destierro espiritual de una cultura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, escribir las memorias regionales del Sur de Colombia constituye hoy una tarea urgente, acaso una de las más importantes formas de resistencia frente a la amnesia histórica que acompaña a la modernidad contemporánea. El cuarto tomo de <em>Patrimonio Panga</em> se inscribe precisamente en ese horizonte. No se trata únicamente de una compilación de artículos, testimonios o relatos; es un ejercicio de recuperación de la palabra colectiva, una invitación a escuchar las múltiples voces que han dado forma a la historia profunda de Nariño, el Cauca y el Macizo Andino. Sus páginas nos recuerdan que la historia no habita exclusivamente en los archivos oficiales ni en los monumentos erigidos por los vencedores. También vive en la memoria de las abuelas, en las narraciones campesinas, en los caminos de herradura, en los rituales comunitarios, en las fiestas populares y en los silencios que durante siglos han custodiado los pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La oralidad aparece aquí como una de las expresiones más poderosas de la cultura. Antes de convertirse en escritura, la memoria fue palabra compartida alrededor del fogón, conversación entre generaciones, enseñanza transmitida mediante el ejemplo y la experiencia. En ella se conservan formas particulares de comprender el mundo, la naturaleza, la muerte, lo sagrado y la existencia misma. Cada relato oral constituye una filosofía de vida; cada mito, una explicación del universo; cada tradición, una respuesta colectiva a las preguntas fundamentales de la condición humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, los tiempos actuales amenazan con fracturar esos vínculos. La aceleración tecnológica, la uniformización cultural y la lógica del mercado tienden a reducir la diversidad de las experiencias humanas a modelos homogéneos de pensamiento y consumo. Frente a ello, la escritura de las memorias regionales adquiere una dimensión política y ética. Escribir es resistir. Escribir es impedir que los territorios sean reducidos a simples coordenadas geográficas. Escribir es devolverles alma, rostro y palabra a las comunidades que los habitan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, <em>Patrimonio Panga IV</em> constituye una apuesta por la construcción de una historia desde abajo, una historia narrada por quienes tradicionalmente han permanecido al margen de los grandes relatos nacionales. El proyecto Ágora Panga asume la memoria como un espacio de encuentro, diálogo y reciprocidad, donde convergen testimonios, archivos, vestigios arqueológicos, relatos orales y experiencias de vida que enriquecen nuestra comprensión del pasado y del presente.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05105835/PANGA-4-TOMOS-2-1024x682.jpeg" alt="" class="wp-image-130004" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05105835/PANGA-4-TOMOS-2-1024x682.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05105835/PANGA-4-TOMOS-2-300x200.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05105835/PANGA-4-TOMOS-2-768x512.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05105835/PANGA-4-TOMOS-2.jpeg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra se nutre de las percepciones andinas y de las múltiples formas de conocimiento que han florecido en los territorios del Abya Yala. No busca imponer una verdad única ni una interpretación definitiva de la historia. Por el contrario, reivindica la pluralidad de voces y reconoce que la realidad solo puede comprenderse plenamente desde la diversidad de las experiencias humanas. En sus páginas confluyen cuentos, crónicas, investigaciones, memorias autobiográficas, reflexiones filosóficas y testimonios que permiten reconstruir una cartografía cultural profundamente arraigada en la geografía y en la sensibilidad del Sur colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las páginas de <em>Patrimonio Panga IV</em> están atravesadas por una misma inquietud: la necesidad de salvar del olvido las huellas que dan sentido a la existencia de los pueblos. Allí aparecen reflexiones sobre el ser nariñense como expresión de una identidad histórica singular; críticas a las formas de conocimiento que durante siglos han subordinado los saberes locales; ejercicios de recuperación de la memoria territorial de los pueblos originarios; y aproximaciones al universo simbólico del Macizo Colombiano, donde la espiritualidad, la naturaleza y la vida comunitaria conforman una misma trama cultural. Cada texto constituye, a su manera, un esfuerzo por comprender las raíces profundas de un territorio que se resiste a desaparecer bajo los discursos uniformadores de la historia oficial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Particular relevancia adquieren los relatos que rescatan personajes populares, memorias familiares y experiencias cotidianas. En ellos emerge una historia distinta de aquella que suele registrarse en los manuales escolares. Son estas historias las que terminan revelando el verdadero rostro de una región. La vida del campesino, la palabra del artesano, las travesías del músico popular, las luchas de los líderes comunitarios o las memorias de quienes vivieron la violencia constituyen piezas fundamentales para comprender la complejidad histórica de nuestros territorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta especialmente valioso que la obra reivindique espacios simbólicos como la tulpa y la chagra. Ambos representan mucho más que prácticas tradicionales: son auténticas escuelas de la memoria. Alrededor de la tulpa se transmitieron conocimientos, afectos y formas de comprender el mundo; en la chagra se cultivaron no solamente alimentos, sino también relaciones de reciprocidad entre los seres humanos y la naturaleza. Son territorios de conocimiento que desafían las lógicas individualistas de la modernidad y recuerdan la importancia de la vida comunitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás el mayor mérito de <em>Patrimonio Panga IV</em> sea recordarnos que la memoria no constituye una mirada nostálgica hacia el pasado. La memoria es, ante todo, una herramienta para construir futuro. Los pueblos que conocen sus raíces poseen mayores posibilidades de enfrentar los desafíos del presente. Quienes ignoran su historia terminan condenados a repetir las formas de dominación que otros han escrito para ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, la escritura de las memorias regionales del Sur de Colombia debe entenderse como una tarea colectiva de enorme trascendencia cultural. No basta con conservar documentos en los archivos o acumular fechas en los libros. Es necesario escuchar las voces de las comunidades, registrar sus experiencias, comprender sus cosmovisiones y reconocer la riqueza de sus saberes. En cada relato rescatado se preserva una parte de nuestra humanidad; en cada memoria escrita se abre una posibilidad de diálogo entre generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Patrimonio Panga IV</em> nos invita, en última instancia, a asumir la memoria como una forma de dignidad. Porque un pueblo que escribe sus historias deja de ser objeto de narraciones ajenas para convertirse en sujeto de su propio destino. Y porque en estas montañas del Sur, donde confluyen la palabra indígena, la memoria campesina y los sueños de innumerables generaciones, la historia sigue esperando ser contada por quienes la han vivido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fotos: Pablo Alejandro Muñoz Martínez. </p>
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        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130002</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 16:01:48 +0000</pubDate>
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                            </item>
        <item>
        <title>Serie “Artescopio” presenta a Bogotá a través de la mirada de diez artistas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/serie-artescopio-presenta-a-bogota-a-traves-de-la-mirada-de-diez-artistas/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 4 de junio a las 7:00 p.m. Canal Capital estrena “Artescopio”, una serie documental que explora la relación entre el arte y Bogotá, a través de la mirada de cineastas, músicos, artistas urbanos y visuales, fotógrafos, paisajistas, muralistas, ilustradores y hasta cirqueros. Cucharita de Palo, Manu Mojito, Pablo Watusi, 1280 Almas, John Gaitán, May [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El <strong>4 de junio</strong> a las <strong>7:00 p.m.</strong> Canal Capital estrena “<strong>Artescopio</strong>”, una serie documental que explora la relación entre el arte y Bogotá, a través de la mirada de cineastas, músicos, artistas urbanos y visuales, fotógrafos, paisajistas, muralistas, ilustradores y hasta cirqueros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cucharita de Palo, Manu Mojito, Pablo Watusi, 1280 Almas, John Gaitán, May Rojas, Carmen Gil Vrolijk, Natalia Santa, Diana Wiesner y La Gata Cirko son los artistas que en “Artescopio” narran su forma de mirar y plasmar a Bogotá en su estética artística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque parece obvio, muchas veces se olvida que una ciudad o un barrio no significa lo mismo para todos porque cada vivencia está ligada al sentimiento, y por eso es que los lugares están más ligados a la memoria que a la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la fachada de una casa que pasa desapercibida para muchos es la inspiración para las ilustraciones de <strong>Cucharita de Palo</strong>; o los charcos que tanto nos incomodan son la materia prima de las “charcografías” del artista visual <strong>John Gaitán</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Justamente, “<strong>Artescopio</strong>” se estrena con el capítulo protagonizado por John Gaitán y es perfecto porque los televidentes podemos darnos cuenta de cómo a través de su mirada Bogotá deja de ser solamente una ciudad acelerada para convertirse en un territorio lleno de detalles invisibles que cuentan historias silenciosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con diez episodios, ocho videocasts y tres especiales “<strong>Artescopio</strong>” nos permite a los televidentes redescubrir Bogotá a través del arte que transforma el paisaje cotidiano.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="¡Las &amp;apos;charcografías&amp;apos; de John Gaitán llegan a #Artescopio!" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/6r7l7eM3HCs?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Los episodios</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Artescopio</strong>” propone un recorrido por una Bogotá múltiple y cambiante: desde los cerros del sur y el oriente hasta el centro, Chapinero y las periferias; una ciudad atravesada por acentos, colores, noches, sonidos y formas distintas de habitarla. Una ciudad que no puede verse ni entenderse como un solo lugar, porque está hecha de muchas ciudades que conviven al mismo tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sonero <strong>Pablo Watusi</strong> aparece como una figura clave para comprender la riqueza ‘afrocachaca’ presente en Colombia. Su voz y su trayectoria celebra la mezcla de las raíces afro y la experiencia bogotana contemporánea. Una tradición que emociona a varias generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, <strong>Manu Mojito</strong>, artista queer de Bogotá que a través de su obra ha logrado darles voz, rostro y visibilidad a las personas trans de la ciudad; habla sobre su trabajo que rompe estereotipos y prejuicios, convirtiéndose en una apuesta artística y política profundamente transformadora.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La serie también dedica un espacio importante al arte urbano y a las expresiones que nacen en la calle. Allí aparece <strong>May Rojas</strong>, un joven artista que viene de la periferia y del street art. Su proyecto Bogotá Colors ha logrado transformar no solo los imaginarios sobre Ciudad Bolívar y sus habitantes, sino también la relación que la propia comunidad tiene con su territorio. Actualmente, Bogotá Colors y El Paraíso se han convertido en nuevos referentes turísticos y culturales de Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro de los nombres destacados son los de Carmen <strong>Gil Vrolijk</strong>, y La Quinta del Lobo, que conforman una compañía de altísimo nivel artístico. A través de las artes vivas y las nuevas tecnologías crean obras de una potencia estética única. Aunque sus propuestas parten de lo local, su calidad y lenguaje escénico les permiten dialogar con el mundo y conectar con audiencias internacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recorrido creativo continúa con <strong>La Gata Cirko</strong>, la compañía precursora del circo contemporáneo en Colombia. Gracias a su trayectoria y trabajo artístico, hoy Bogotá es un referente latinoamericano y mundial del circo contemporáneo. Durante más de veinte años han construido espectáculos que mezclan acrobacia, teatro físico y poesía visual, demostrando que el cuerpo también puede narrar historias profundas y conmovedoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1280 Almas</strong>, banda fundamental del rock colombiano, recuerda que desde los años 90 han retratado en sus canciones la vida urbana, las contradicciones de Bogotá y las emociones de varias generaciones. Su presencia en la serie permite entender cómo el rock también hace parte de la memoria cultural de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El universo íntimo y emocional de la ilustradora <strong>Lizeth León</strong>, conocida como Cucharita de Palo, ha construido uno de los retratos más bellos y sensibles de Bogotá. A través de sus ilustraciones y de su libro Fachadas Bogotanas, le rinde un homenaje amoroso a la ciudad autoconstruida, a los barrios populares y a sus habitantes. Su obra nos recuerda que la historia de Bogotá no solo habita en los grandes edificios o centros patrimoniales, sino también en las fachadas diversas, cotidianas y vivas de los barrios populares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo dedicado a <strong>Natalia Santa</strong>, el cine aparece como una herramienta para explorar los vínculos familiares, los silencios y las emociones cotidianas. La directora colombiana comparte una mirada profundamente humana sobre las historias que construye y sobre la manera en que la memoria influye en su obra audiovisual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Artescopio</strong>” cierra con <strong>Diana Wiesner</strong>, una de las paisajistas más importantes del país. Su trabajo demuestra que el paisaje también puede ser una forma de arte y de transformación social. A través de proyectos ecológicos y urbanos, Wiesner propone una relación más armónica entre la ciudad, la naturaleza y las comunidades.</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="771" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113618/Artescopio-Cucharita-de-Palo-1024x771.jpg" alt="" class="wp-image-129959" style="width:1024px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113618/Artescopio-Cucharita-de-Palo-1024x771.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113618/Artescopio-Cucharita-de-Palo-300x226.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113618/Artescopio-Cucharita-de-Palo-768x578.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113618/Artescopio-Cucharita-de-Palo.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La artista Cucharita de Palo, una de las protagonistas de la serie &#8220;Artescopio&#8221;.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a> </p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129957</guid>
        <pubDate>Thu, 04 Jun 2026 16:38:14 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04113326/Artescopio-Charcografias-John-Gaitan-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Serie “Artescopio” presenta a Bogotá a través de la mirada de diez artistas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Un millón de votos libres: la lección de Sergio Fajardo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/un-millon-de-votos-libres-la-leccion-de-sergio-fajardo/</link>
        <description><![CDATA[<p>En medio del ruido propio de una campaña presidencial, una frase de Sergio Fajardo pasó casi inadvertida, cuando quizás encierra uno de los mensajes más profundos y valiosos de esta coyuntura política: &#8220;Los votos no son de los dirigentes. Son de cada ciudadano y ciudadana.&#8221; Parece una obviedad, pero en Colombia es casi una revolución. [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio del ruido propio de una campaña presidencial, una frase de Sergio Fajardo pasó casi inadvertida, cuando quizás encierra uno de los mensajes más profundos y valiosos de esta coyuntura política:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Los votos no son de los dirigentes. Son de cada ciudadano y ciudadana.&#8221;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Parece una obviedad, pero en Colombia es casi una revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante décadas hemos aceptado una práctica profundamente equivocada: creer que los dirigentes políticos son propietarios de sus electores. Como si los ciudadanos fueran un patrimonio transferible, una especie de activo electoral que puede ser entregado, negociado o trasladado de una campaña a otra mediante una adhesión o una fotografía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fajardo recordó algo esencial: los votos tienen dueño, y ese dueño es cada ciudadano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese millón de colombianos que respaldó sus ideas no es un ejército esperando una orden. Son personas libres que tomaron una decisión política basada en unas convicciones, en una manera de entender el país y en una forma distinta de hacer política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es, probablemente, el mayor aporte de su reciente decálogo. Más allá de los diez puntos, hay un mensaje implícito de respeto por la inteligencia del elector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es precisamente ese millón de ciudadanos el que hoy tiene una tarea: preguntarse cuál de las alternativas que quedan representa mejor esas ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuál candidato recibe una adhesión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuál logra una fotografía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuál suma un respaldo burocrático.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdadera pregunta es cuál de los dos proyectos puede garantizar mejor la defensa de los principios que Fajardo puso sobre la mesa: el rechazo a una Asamblea Nacional Constituyente, la defensa de la Constitución de 1991, el respeto por las instituciones, la lucha contra la corrupción, la necesidad de superar el fracaso de la llamada Paz Total, la apuesta por la educación y la convicción de que los jóvenes deben estar en el centro del debate nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El decálogo de Fajardo y la profesora Edna Bonilla no fue una lista de instrucciones para votar. Fue una invitación a pensar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sería una profunda contradicción, incluso un irrespeto con ese millón de ciudadanos, pretender que una adhesión política pueda sustituir ese ejercicio individual de reflexión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia madura funciona justamente al contrario: los líderes exponen principios y los ciudadanos toman decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos días he escuchado, una vez más, esa vieja afirmación según la cual &#8220;el centro político no existe&#8221;. Lo dicen algunos analistas y muchos militantes incapaces de comprender que el país no siempre cabe en los extremos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, ahí está ese millón de votos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un millón de personas que decidió no dejarse arrastrar por la polarización ni por las falsas dicotomías. Un millón de colombianos que creyó que era posible hacer política desde el diálogo, la moderación y el respeto institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para tomar prestada una frase que otros sectores han convertido en bandera: <strong>&#8220;Soy porque somos.&#8221;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, el centro existe porque somos. Somos, al menos, un millón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese millón merece respeto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es un botín electoral. No es una mercancía política. No es una cifra para negociar en una mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una comunidad de ciudadanos que comparte una manera de entender a Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay además una reflexión que trasciende esta coyuntura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que Sergio Fajardo debería seguir haciendo aquello para lo que nació: enseñar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No lo digo como una invitación al retiro. Todo lo contrario. En su propio decálogo hay una frase que resume una visión de país y, quizás, también una vocación de vida:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Necesitamos fortalecer a maestras y maestros, recuperar los aprendizajes y abrir más oportunidades para que las y los jóvenes puedan estudiar, graduarse, trabajar y construir su futuro en Colombia.&#8221;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Difícil encontrar una mejor definición de lo que Colombia necesita en este momento. Necesitamos más maestros, más ciudadanos capaces de formar nuevas generaciones de líderes, de transmitir valores democráticos y de demostrar que el respeto y el diálogo también pueden producir resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abandonar la política sería un error. Renunciar desde ahora a una eventual candidatura futura —si la vida se lo permite— también lo sería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las democracias no solo necesitan gobernantes; necesitan profesores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizás el papel más importante que Sergio Fajardo pueda desempeñar en los años que vienen sea precisamente ese: seguir formando una nueva generación de colombianos que entienda que la política no consiste en destruir al adversario, sino en construir un país entre diferentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos menos gritos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos menos propietarios de votos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos más ciudadanos libres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, necesitamos más profesoras y más profesores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, después de todo, sigue siendo la profesión más bella del mundo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129920</guid>
        <pubDate>Wed, 03 Jun 2026 20:40:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/04150407/8fee8917-cb10-4ab0-9e51-4fb53c06640d-e1779982964527.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Un millón de votos libres: la lección de Sergio Fajardo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>COLOMBIA, MÁS ALLÁ DE VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/colombia-mas-alla-de-victimas-y-victimarios-i/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los colombianos debemos resolver en tres semanas quién será nuestro próximo presidente, si Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella, y para ello es esencial que ambos asistan a debates</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">(Artículo publicado el 2 de junio en EL PAÍS, el periódico global, sección América-Colombia)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conocidos los resultados de la votación del pasado domingo y la próxima definición de la presidencia de la República entre Abelardo y Cepeda en tres semanas, el 21 de junio, todos los colombianos nos encontramos frente a una encrucijada histórica. La de avanzar hacia una democracia ciudadana, decidida a dejar atrás la división y confrontación inmemorial entre víctimas y victimarios o, por el contrario, seguir profundizándola bajo dos banderas que hasta ahora han sido irreconciliables en nuestra violenta historia política.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Más allá de banderías irreconciliables</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La bandera de la extrema derecha, hoy enarbolada por Abelardo con la parafernalia feroz de su tigre, su saludo militar y su grito autoritario de “firmes por la Patria”. Sin duda, es una bandera que logra ocultar bien la defensa de un establecimiento profundamente inicuo y discriminatorio, que también arropa el comprensible miedo de millones de electores que sufren cotidianamente el asedio de la inseguridad y la violencia. A esa bandera, se suma ahora la efectista y mentirosa fantasmagoría de Uribe augurando una futura Colombia a semejanza de la Venezuela chavista si se vota por Cepeda, eco de su vulgar y fracasada profecía de las “FAR” en la presidencia de la República si se aprobaba el Acuerdo de Paz en 2016. De otra parte, Cepeda en la izquierda iza la bandera de la justicia y la continuidad de reformas sociales estructurales inaplazables, dejadas a medio camino por el “Gobierno del Cambio”, dada la feroz oposición y bloqueo que sufrieron en el Congreso. Esa bandera también convoca a millones de electores con sus esperanzas y legítimas aspiraciones a una vida digna y decente, sin estar sometidos por más generaciones a la violencia del hambre, la ignorancia, la discriminación social, étnica y regional que hasta la fecha los ha condenado a ser unos “nadies”, estigmatizados como zarrapastrosos y vagos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Más allá de la “Paz Total”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De alguna forma, podría decirse que es la tensión entre el miedo de muchos y la esperanza de todavía más colombianos, sin desconocer que ambas banderas son rasgadas y sus seguidores vapuleados por la violencia, la inseguridad y la criminalidad organizada, que todos los días aumenta el número de victimas civiles y de victimarios armados impunes. Saldo en rojo que se achaca solo a la “Paz Total”, más con odio y búsqueda oportunista de votos, como si en el pasado hubiésemos vivido en una arcadia de seguridad y paz, sin masacres, miles de secuestros y “falsos positivos”. Sin desconocer la improvisación y los errores propios de la “Paz Total”, la verdad es que ésta recibió un legado de ingobernabilidad, inseguridad e impunidad dejadas por procesos y fórmulas de paz también fallidas en anteriores administraciones. Entre ellas, la supuesta exitosa desmovilización de las AUC promovida por Uribe, que terminó mutando en muchas más estructuras delictivas y narco-ejércitos, siendo el “Ejército Gaitanista de Colombia” el más violento y tenebroso. Algo semejante sucedió con la paz liderada por Santos y la desmovilización de las Farc-Ep, pues a ella siguieron numerosas disidencias convertidas en narco-guerrillas, que hoy incluso se están aniquilando entre sí en el Guaviare, sacrificando cruelmente menores reclutados, así como en la disputa sangrienta del Catatumbo contra el ELN. Una historia sin fin de victimización de la población civil, alentada y catalizada con los recursos de economías ilícitas, que continuará escalando hasta tanto el Estado no sea capaz de complementar su obsesión belicista y punitiva con una presencia civilista, emprendedora y productiva, que brinde alternativas de desarrollo y vida a miles de familias campesinas, comunidades afro e indígenas. Por eso, no es solo impreciso, sino una indolente frivolidad, llamar polarización a esa continúa victimización impune de la población civil, consecuencia de políticas públicas improvisadas y coyunturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Mama-Coca Vital</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un desafío sobre el cual, seguramente, tendrán que debatir Abelardo y Cepeda, más allá de insultos y deslegitimaciones mutuas, como hasta ahora lamentablemente ha sucedido. Solo, entonces, todos los colombianos podremos discernir y decidir en las urnas sobre quién presenta las políticas más democráticas, respetuosas con la vida, los derechos de la población y la protección del medio ambiente, que es lo propio de un Estado social de derecho y de las normas de nuestra Constitución política, además de lo establecido en el Acuerdo de Paz de 2016. De lo contrario, seguiremos envueltos en una disputa absurda, sustentada en visiones tan erradas como la de aquella letal campaña publicitaria de la “mata que mata”, que estigmatizaba las portentosas propiedades de la coca, en lugar de aprovecharlas canalizándolas en la industria legal de bebidas, alimenticia y farmacéutica, arrebatándole de paso a los narcotraficantes y todo su entramado criminal esa fuente inagotable de astronómicas ganancias. Así ha venido sucediendo con la marihuana, que pasó de planta maldita a bendita, cuando se decidió legalmente aprovechar su potencial para el tratamiento de algunas dolorosas y terminales enfermedades. Además, la mayor ganancia de todo lo anterior, es que pondría fin a esa brutal victimización del campesinado marginado y a la devastación ecocida con glifosato de la biodiversidad de nuestros bosques y la Amazonia. Solo entonces el Estado podrá ganar reconocimiento y legitimidad democrática. Incluso, dejaríamos de escuchar todos los días la cantinela de muchos periodistas sobre el terrible flagelo del narcotráfico, como si fuera una maldición divina, y a prestantes analistas repetir esa falsa letanía de la polarización política y social, pues ya no habría bandos de insensatos que lancen a los demás a la fracasada guerra contra las drogas, mientras unos pocos se enriquecen comprando y comerciando el glifosato, estimulado la industria armamentística en desarrollo de futuros “Planes Colombia” o defendiendo y negociando con grandes capos su entrega a la justicia para salvarse de la extradición y asegurarse penas benignas en Colombia. A semejante sainete de impunidad, desde Gaviria con Pablo Escobar y los extraditables, pasando por Uribe con los narcoparamilitares hasta la actualidad con Petro y el Ejército Gaitanista, se ha reducido la política criminal del Estado contra esas poderosas organizaciones narco-crimínales, que combinan con destreza todas las formas de lucha y cuentan con la asesoría de famosos penalistas y exfiscales, ampliamente conocidos, que se escudan en el secreto y la confidencialidad profesional, como es el caso de Abelardo con sus asesorías a los excomandantes de las AUC y recientemente con su amigo y cliente, Alex Saab, para ocultárselas a Daniel Coronell y de paso a toda la sociedad. Algo muy diferente, hay que reconocerlo, han sido las gestiones públicas de Cepeda en los procesos de negociación con comandantes de las Farc-Ep durante las conversaciones de paz en La Habana, e incluso con condenados por paramilitares en las cárceles, que dio origen al todavía inconcluso litigio con el expresidente Uribe, pendiente de casación en la sala penal de la Corte Suprema de Justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Victimización recíproca contra la democracia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, bajo ambas banderías hay víctimas y victimarios y tenemos una Colombia ensangrentada, fácil de polarizar y radicalizar, como bien lo han hecho Uribe y Petro, apelando a los miedos, las pasiones, los prejuicios y las reivindicaciones sociales. Entonces ya no hay ciudadanos sino “paracos” y “güerillos”, “gente bien” contra “comunistas”, y así se va generando eso que muchos llaman polarización, que no es otra cosa que una irresponsable radicalización de las emociones que nos impide reconocernos a todos los colombianos como ciudadanos con iguales derechos y responsabilidades. Lo más grave es que ahora Abelardo y Cepeda parecen dispuestos a tomar ese triste y nefasto relevo. Obviamente, bajo semejantes liderazgos nunca será posible la democracia, mucho menos la paz política y la convivencia ciudadana, pues ambos se deslegitiman y tratan como enemigos. Y la responsabilidad de líderes democráticos no es perpetuar una sociedad radicalizada y fragmentada entre millones de víctimas y miles de victimarios, como sucede en la nuestra. Víctimas y victimarios recíprocos, pues los que ayer sufrieron violencia y vejámenes, hoy se convierten en implacables vengadores de sus pasados victimarios, prologando así generaciones irreconciliables, estimuladas por el odio y la sed de venganza. Y, lo que sería más nefasto, es que ello se intente hacer de nuevo desde el Estado en nombre de la democracia o en defensa de la patria. Así se va intrincando esta especie de laberinto mortal, con infinitos pasillos de violencias y venganzas del que es imposible salir indemne, como nos ha venido sucediendo desde hace casi un siglo en esta Colombia en la que pocos viven muy bien –pertrechados de seguridad y escoltas—y la mayoría estamos expuestos desde el raponazo del celular, la extorsión consuetudinaria, el secuestro hasta encontrar una azarosa muerte en medio del fuego cruzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Geografía de la victimización recíproca</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso los recientes resultados electorales se reflejan en el territorio en forma casi idéntica a la geografía de la votación obtenida por el malogrado acuerdo de paz<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>, como puede apreciarse al yuxtaponer ambos mapas<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>. Es una geografía electoral muy reveladora de una periferia, en su mayoría azotada por la violencia estructural de la marginalidad y la directa del conflicto armado interno, con un brutal legado de colombianos victimizados. Colombianos que en algunas regiones votan coaccionados por grupos armados ilegales y en otras lo hacen porque lo que más desean es vivir en paz y no continuar muriendo bajo amenazas, combates y ataques letales del fuego cruzado de todas las partes y flancos. Desde los bombardeos del Ejército a los desplazamientos forzados, los confinamientos y las masacres de los grupos armados ilegales. Frente a esa periferia, encontramos el centro de la región andina y las regiones limítrofes con Venezuela, donde su población vota casi con desespero y miedo buscando la protección de la Fuerza Pública y cree ilusamente que solo con mayor fuerza se conquistará la seguridad, fórmula que a la postre solo recicla y genera la mutación de más grupos armados ilegales, como lo constatamos con las AUC y sus actuales herederos, el Ejército Gaitanista de Colombia, además de las numerosas y no menos criminales disidencias de las desmovilizadas Farc-Ep.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Deliberemos, más allá de víctimas y victimarios</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal es la encrucijada que los colombianos debemos resolver en tres semanas y para ello no tenemos otra opción que pensar, deliberar, actuar y votar responsablemente como ciudadanos, sin dejarnos arrastrar por esa vorágine de prejuicios y pasiones que nos convierte en potenciales víctimas sin derechos o, por el contrario, en victimarios arrogantes en defensa violenta de&nbsp; derechos, convertidos así en privilegiados autócratas, plenos de buena conciencia y superioridad moral que desconfían del resto de colombianos y los sindica de antipatriotas y mamertos. Pero, para superar esa encrucijada, tanto Abelardo como Cepeda, primero deben darnos a todos ejemplo de civilidad y democracia, entrando al foro de la deliberación y la argumentación, dejando atrás la arena de los insultos y la descalificación, como auténticos demócratas y no como enconados e irreconciliables enemigos. Sin duda, gracias a los debates, podremos saber quién estará a la altura de liderar una transición hacia la democracia o, por el contrario, puede llevarnos hacia un régimen autoritario y cacocrático, donde sea la fuerza, la violencia y los intereses de unos cuantos cacos los que prevalezcan sobre los de toda la ciudadanía. Por eso, en la segunda entrega, continuaré con el análisis de ese debate impostergable y urgente, que todos los colombianos esperamos con ansias y esperanzas para decidir a conciencia nuestro voto el próximo 21 de junio.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Mapa_de_Colombia_(resultados_plebiscito_acuerdo_de_paz_2016_por_departamentos).svg">https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Mapa_de_Colombia_(resultados_plebiscito_acuerdo_de_paz_2016_por_departamentos).svg</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://90minutos.co/elecciones-2026/mapa-electoral-colombia-2026-asi-votaron-departamentos-primera-vuelta-01-06-2026/">https://90minutos.co/elecciones-2026/mapa-electoral-colombia-2026-asi-votaron-departamentos-primera-vuelta-01-06-2026/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129900</guid>
        <pubDate>Wed, 03 Jun 2026 13:31:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[COLOMBIA, MÁS ALLÁ DE VÍCTIMAS Y VICTIMARIOS (I)]]></media:description>
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            </media:content>
                            </item>
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