<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/search/fin+de+viaje/feed/rss2/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 21 Sep 2026 15:53:15 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.1.1</generator>

<image>
	<url>https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/09/cropped-favicon-96.png?quality=60&#038;w=32</url>
	<title>You searched for fin de viaje | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">256899664</site>        <item>
        <title>La danza del cisne del sommelier</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/la-danza-del-cisne-del-sommelier/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este artículo está enlazado con el anterior. Se basa enel libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker, traducido al español como El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores (Editorial Océano, 2017). Bosker se certificó como sommelier, y en su libro explica lo difícil o casi imposible que [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este artículo está enlazado con el anterior. Se basa enel libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker, traducido al español como <em>El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores</em> (Editorial Océano, 2017).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bosker se certificó como sommelier, y en su libro explica lo difícil o casi imposible que es obtener el certificado. A ella la guiaron los maestros sommeliers a través de lo que no se debe hacer al servir el vino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reglas del NO, para el aspirante a sommelier:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>No te inclines, no te encorves y ni se te ocurra parecer tenso. (Básicamente, actúa como un cyborg relajado).</li>



<li>No cruces los brazos, no señales y jamás de los jamases menciones tu nombre.</li>



<li>No toques la mesa, tu cara, tu cabello, ni por equivocación a un comensal (a menos que quieras terminar en una demanda por acoso o en la calle).</li>



<li>No dejes que las copas tintineen, no dejes que tus manos tiemblen y olvídate de quitar el pulgar del corcho de la champaña (a menos que quieras dejar tuerto al encopetado de la esquina).</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La lista sigue: no pongas la hielera en la mesa, ofrece el corcho con la solemne devoción de una reliquia papal, lleva dos portavasos (uno para el vino, otro para el corcho), no sirvas primero a los hombres, no derrames ni una maldita gota —ni de licor ni de agua de la hielera—, no levantes las copas para servir, calcula el nivel milimétricamente, no vacíes la botella en la primera ronda, no mires con cara de impaciente y, sobre todo, luce como un cisne: elegante y tranquilo en la superficie, aunque pataleando frenéticamente por debajo, para que todo salga bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Quieres abrir una botella de champaña sin ser despedido? Presta atención:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quita la lámina y coloca una servilleta en el cuello de la botella como si fuera una bufanda elegante.&nbsp; Pon la mano izquierda sobre la servilleta y clava tu pulgar firmemente en el corcho. No lo sueltes ni aunque haya un temblor de tierra como el del otro día. Con la mano derecha, desenrosca con la paciencia de un desactivador de bombas el alambre (el muselet). Como el corcho puede salir disparado a 40 kilómetros por hora, aflójalo con lentitud mística. Los pulgares nunca van debajo del corcho, y este jamás debe apuntar a una persona o a las copas del mostrador. El corcho debe salir con un suave <em>&#8220;pfff&#8221;</em>, descrito poéticamente como <em>“no más fuerte que un peo de monja o de la reina Isabel”</em>. Si suena como un disparo de cañón, prepárate para ser desterrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los aspirantes a sommelier suelen fallar porque la &#8220;danza del servicio&#8221; es un campo minado. Un mal paso, una sonrisa demasiado sincera, una gota traicionera o dejar la huella de tu dedo en el cristal y ¡pum!, reprobado. Todo esto nos recuerda que los seres humanos somos capaces de inventar ridiculeces monumentales con tal de hacer sentir especiales a los que ya se sienten así, los <em>Very Important Persons</em> (VIP).</p>



<p class="wp-block-paragraph">A estas alturas, cuando pensamos en el protocolo corporativo o de la alta cocina, nos sentimos menos descendientes de Einstein y más animales de granja. Pienso en los lobos enseñando el cuello para que el macho alfa no los devore; bueno, exactamente igual, pero con corbata de seda y entre copas Riedel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, la historia está llena de estas pruebas de sumisión que hoy nos harían reír si no dieran vergüenza ajena:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>El baile del sombrero español (Siglo de Oro al XVIII): los nobles debían dar tres pasos firmes, doblar la rodilla izquierda, retirar el sombrero haciendo un arco dramático hacia el suelo e inclinarse sin perder el contacto visual con el rey, esperando a que el monarca les dijera un paternal <em>&#8220;Cubríos&#8221;</em> para volver a ponerse el sombrero. ¡Y uno quejándose de tener que saludar de beso a todos los integrantes de una fiesta familiar!</li>



<li>El <em>osculum pedis</em> al Papa: hasta bien entrado el siglo XX, los diplomáticos y gobernantes tenían que avanzar por la sala dando tres genuflexiones fijas para terminar arrodillándose y besando la cruz bordada en la chinela del pie derecho del Pontífice.</li>



<li>El <em>Ojigi</em> en el Shogunato Tokugawa: En Japón, la inclinación podía llegar al <em>Saikeirei</em> (doblarse entre 45 y 90 grados sentado sobre los talones en posición <em>seiza</em> y aguantar la tortura durante minutos que se van eternos). Eso sí: mirar a los ojos al superior mientras bajabas la cabeza era considerado un desafío tan grave que probablemente terminabas cosechando arroz en campos ajenos. ¡Menos mal que el mundo se ha ido civilizando!</li>



<li><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Screenshot-2026-09-17-172931.png?w=650" alt=""></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Posición <em>seiza</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, la &#8220;danza del sommelier&#8221; no es más que la elaborada coreografía de un empleado de un restaurante carísimo, diseñada para crear una atmósfera donde el comensal se sienta el rey del mundo&#8230; mientras el sommelier encuentra la manera de persuadirlo de que pida la botella más cara de la carta. &#8220;Hip&#8221;.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133317</guid>
        <pubDate>Sun, 20 Sep 2026 14:22:20 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La danza del cisne del sommelier]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133317</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La Memoria toma Medellín</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-memoria-toma-medellin/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay ciudades que terminan convirtiéndose en escenarios inevitables para ciertas conversaciones. Medellín es una de ellas cuando se habla de memoria. Pocas ciudades colombianas condensan de manera tan visible las contradicciones del país: violencia y resistencia, dolor y transformación, miedo y esperanza. Quizás por eso resulta especialmente significativa la presencia que tendrá el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) en la vigésima edición de la Fiesta del Libro y la Cultura, que se realizará entre el 11 y el 20 de septiembre en el Jardín Botánico y el Parque Explora. Bajo el lema “Voz para los que no tenían voz”, la entidad llegará con una programación que incluye conversatorios, talleres, investigaciones, lanzamientos editoriales, actividades artísticas y espacios de encuentro con comunidades, víctimas, investigadores, estudiantes y ciudadanos interesados en comprender mejor la historia reciente del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda es amplia, pero más allá de la cantidad de actividades, lo que llama la atención es la visión que parece atravesarla. Durante años, la memoria en Colombia estuvo asociada principalmente a la reconstrucción de hechos violentos, a la elaboración de informes y a la preservación de archivos. Todas esas tareas siguen siendo indispensables. Sin verdad documentada no existe posibilidad de comprensión ni de justicia. Sin embargo, la programación que el Centro llevará a Medellín sugiere una apuesta más amplia: convertir la memoria en una conversación pública capaz de involucrar a sectores de la sociedad que tradicionalmente no participan de estos debates.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa intención aparece desde el primer día. El viernes 11 de septiembre se abrirán espacios como “Cartografía por la memoria”, un taller dirigido a jóvenes que propone explorar cómo los lugares guardan historias, emociones y recuerdos a través del dibujo y la construcción colectiva de mapas. Ese mismo día se presentará el pódcast <em>Lenguajes de la memoria: afectaciones a metaleros en el marco del conflicto armado en Medellín (1990-2000)</em>, una propuesta que recupera testimonios de quienes encontraron en la música una forma de resistencia frente a las distintas expresiones de violencia que marcaron la ciudad durante las últimas décadas.<br><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para este tipo de reflexiones no es casual. La ciudad ha sido protagonista de algunos de los capítulos más complejos de la historia contemporánea colombiana. Ha conocido el impacto del narcotráfico, la confrontación armada, las violencias urbanas y las fracturas sociales que dejaron profundas huellas en miles de familias. Pero también ha sido un laboratorio de iniciativas comunitarias, procesos culturales y apuestas educativas que han demostrado que la memoria puede convertirse en una herramienta para reconstruir tejido social. Hablar de memoria en Medellín implica necesariamente hablar de las heridas que dejó la violencia, pero también de las múltiples formas de resistencia que surgieron para enfrentarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los ejes centrales de la programación será el ciclo de conversaciones denominado “El valor de las voces”, en el que participará el director general del Centro Nacional de Memoria Histórica, D&#8217;Mar Córdoba Salamanca. Los encuentros reunirán a víctimas de distintas experiencias, desde mujeres afectadas por el reclutamiento y la violencia sexual hasta Sofía Gaviria Correa y representantes de la fuerza pública.<br><br></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="768" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133037" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=300,225 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=768,576 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed-1-1.jpg?resize=1024,768 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de los nombres propios, estos espacios reflejan una idea fundamental: la memoria colombiana no puede construirse desde una sola experiencia ni desde una única mirada. La historia reciente del país está compuesta por relatos diversos, a veces dolorosamente distintos entre sí, que exigen ser escuchados con la misma disposición para comprender. En una época donde la polarización suele empujar a los ciudadanos a escuchar únicamente aquello que confirma sus propias convicciones, la apuesta por reunir voces diferentes adquiere un valor especial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto también puede leerse el trabajo que viene impulsando D&#8217;Mar Córdoba al frente del CNMH. Más allá de las responsabilidades administrativas propias de cualquier dirección institucional, la programación de Medellín deja ver una intención clara de acercar el Centro a públicos más amplios y de fortalecer su presencia en espacios donde la memoria dialoga con la cultura, la educación y la ciudadanía. No se trata únicamente de presentar investigaciones o publicar informes. Se trata de lograr que esos contenidos encuentren nuevos interlocutores y que la conversación sobre el pasado llegue a escenarios donde normalmente no se produce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás uno de los ejemplos más interesantes de esa visión sea el lanzamiento de <em>La naturaleza y el territorio como víctimas: relatos de memoria histórica ambiental</em>, programado para el sábado 12 de septiembre. La investigación inaugura una nueva línea de trabajo que invita a reflexionar sobre los impactos del conflicto armado en los ecosistemas y en las comunidades que dependen de ellos. Durante años, las discusiones sobre memoria se concentraron principalmente en las afectaciones humanas, algo completamente comprensible dada la magnitud del sufrimiento causado por la violencia. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la guerra también transformó ríos, bosques, montañas y formas de vida enteras. Reconocer esas afectaciones permite ampliar nuestra comprensión de lo ocurrido y conectar la memoria con desafíos contemporáneos como la protección ambiental y los derechos de las comunidades rurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación también dedica una atención especial a los niños, niñas y jóvenes. Habrá talleres como <em>Fotovoces</em>, <em>El jardín de la memoria</em>, <em>Exploradores de la memoria</em>, <em>Los viajes del colibrí</em> y <em>Mi memoria, mi museo</em>, actividades que buscan acercar la reflexión sobre el pasado a nuevas generaciones mediante herramientas creativas y participativas.<br>Y quizás allí se encuentre una de las preguntas más importantes para cualquier política pública de memoria en la actualidad. ¿Cómo transmitir la historia de la violencia a quienes no la vivieron directamente? Millones de colombianos nacieron después de algunos de los episodios más intensos del conflicto armado y observan esos acontecimientos desde una distancia temporal cada vez mayor. Para ellos, la memoria no puede limitarse a una colección de fechas o acontecimientos. Necesita encontrar nuevos lenguajes, nuevas formas de narración y nuevas experiencias que permitan comprender por qué recordar sigue siendo relevante.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133038" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg 1280w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=768,512 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/unnamed_17f2e3.jpg?resize=1024,683 1024w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La agenda de Medellín parece consciente de ese desafío. Por eso incorpora actividades que exploran la memoria desde la fotografía, la música, la literatura, la educación, los archivos comunitarios e incluso la gastronomía. Uno de los conversatorios más llamativos lleva por título <em>¿A qué sabe la memoria?</em>, una invitación a reflexionar sobre cómo los alimentos, las recetas y los espacios compartidos alrededor de la mesa también forman parte de las historias que una comunidad decide preservar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De igual manera, la programación incluye espacios sobre museos escolares, archivos de derechos humanos, bibliotecas, centros de documentación y experiencias barriales de construcción de memoria. Todos ellos comparten una misma convicción: la memoria no pertenece exclusivamente a las instituciones. También pertenece a las comunidades, a los barrios, a las escuelas y a las organizaciones que durante años han trabajado para preservar sus propias historias.<br>Uno de los momentos más esperados llegará el 19 de septiembre con el lanzamiento de <em>Verdades pendientes. Paz urbana en Medellín y el Valle de Aburrá</em>, una investigación que analiza cinco décadas de violencia en la región y pone en el centro las voces, los daños y las demandas de las víctimas. La elección de este escenario para presentar el informe tiene una fuerza simbólica evidente. Medellín sigue siendo un territorio donde la discusión sobre la paz urbana continúa abierta y donde las preguntas sobre las causas, consecuencias y transformaciones de la violencia mantienen plena vigencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El título del informe resume bien uno de los grandes desafíos de la memoria colombiana: todavía existen verdades pendientes. Persisten preguntas sobre responsabilidades, impactos, silencios y consecuencias que siguen reclamando atención. La memoria no existe para ofrecer respuestas definitivas a todos esos interrogantes, pero sí para evitar que desaparezcan de la conversación pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección de Medellín para presentar este informe también invita a una reflexión más amplia sobre la relación entre memoria y ciudad. Durante mucho tiempo, buena parte de los debates sobre el conflicto armado colombiano se concentraron en los territorios rurales, donde ocurrieron algunas de las mayores tragedias de la guerra. Sin embargo, las ciudades también cargan memorias profundas de la violencia. Medellín es quizás el mejor ejemplo de ello. Aquí confluyeron fenómenos asociados al narcotráfico, al conflicto armado, al desplazamiento forzado y a las distintas expresiones de criminalidad urbana que transformaron barrios enteros y marcaron la vida de varias generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de paz urbana en Medellín no significa únicamente analizar cifras de violencia o estudiar la presencia de actores armados. Significa escuchar las historias de quienes han vivido esas transformaciones desde sus comunidades, comprender cómo las dinámicas de la violencia afectaron la vida cotidiana y reconocer los esfuerzos colectivos que permitieron resistir en medio de circunstancias extremadamente difíciles. En ese sentido, la memoria se convierte en una herramienta para leer la ciudad desde abajo, desde las experiencias de sus habitantes y no solamente desde las decisiones institucionales o los grandes acontecimientos que suelen ocupar los titulares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La programación del Centro Nacional de Memoria Histórica parece entender esa necesidad de conectar los grandes relatos nacionales con las historias locales. Por eso resulta significativo que varios de los eventos programados incluyan experiencias comunitarias, archivos barriales, iniciativas educativas y procesos culturales surgidos en los propios territorios. Más que presentar una memoria cerrada o definitiva, la agenda propone un diálogo permanente entre las investigaciones del Centro y las memorias construidas por las comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo similar ocurre con los lanzamientos editoriales previstos para los últimos días de la feria. Obras como <em>¿Quiénes son las verdaderas heroínas y los verdaderos héroes en el Oriente antioqueño?</em> o la colección <em>Relatos pal desolvido</em> reflejan un esfuerzo por acercar los hallazgos de la investigación histórica a públicos más amplios mediante formatos narrativos accesibles. No es una apuesta menor. Uno de los grandes desafíos de cualquier institución dedicada a la memoria consiste precisamente en encontrar formas de comunicar conocimientos complejos sin perder rigor, pero también sin quedar encerrados en círculos académicos o especializados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al revisar el conjunto de actividades, aparece una idea que atraviesa toda la programación: la memoria no es solamente una tarea de preservación del pasado. También es una forma de construir ciudadanía. Recordar implica reconocer experiencias diversas, escuchar voces que históricamente han permanecido al margen de las grandes narrativas y fortalecer la capacidad de una sociedad para comprenderse a sí misma. Esa parece ser, en última instancia, la conversación que el CNMH quiere llevar a Medellín durante estos diez días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la presencia del Centro Nacional de Memoria Histórica en la Fiesta del Libro trasciende el ámbito cultural. Lo que está en juego no es únicamente la difusión de investigaciones o publicaciones. Lo que está en juego es la posibilidad de seguir construyendo espacios donde el país pueda escucharse a sí mismo, reconocer la diversidad de sus experiencias y reflexionar sobre las lecciones que deja su historia reciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos marcados por la inmediatez, las redes sociales y la fragmentación de los debates públicos, resulta valioso que una institución pública insista en la importancia de escuchar, dialogar y comprender. Esa parece ser la apuesta que recorre la programación del CNMH en Medellín y, al mismo tiempo, una de las características más visibles del momento que vive la entidad bajo la dirección de D&#8217;Mar Córdoba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria, al fin y al cabo, no es un ejercicio destinado a inmovilizar a una sociedad en el pasado. Es una herramienta para comprender el presente y pensar el futuro. Y si algo deja claro esta programación es que el Centro Nacional de Memoria Histórica quiere que esa conversación ocurra cada vez más allá de los archivos, más allá de los expertos y más cerca de los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133033</guid>
        <pubDate>Mon, 14 Sep 2026 16:32:20 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PHOTO-2026-09-13-16-23-15.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La Memoria toma Medellín]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133033</post-id>    </item>
        <item>
        <title>El olfato, el vino y los nerdos del corcho</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/el-olfato-el-vino-y-los-nerdos-del-corcho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cork Dork se traduciría como Nerdos del corcho, pero el libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker fue traducido al español como El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores (Editorial Océano, 2017). El libro cuenta la experiencia de Bosker al tratar de convertirse en sommelier. Su entrenamiento [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Cork Dork</em> se traduciría como <em>Nerdos del corcho</em>, pero el libro que escribió la periodista y sommelier Bianca Bosker fue traducido al español como <em>El vino. Un viaje irreverente por la subcultura de sommeliers, enólogos y bebedores</em> (Editorial Océano, 2017).</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="450" height="850" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png" alt="" class="wp-image-133010" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png 450w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/image.png?resize=159,300 159w" sizes="(max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El libro cuenta la experiencia de Bosker al tratar de convertirse en sommelier. Su entrenamiento duró 18 meses hasta pasar el examen de certificación. Pero no voy a hablar sobre las aventuras y desventuras de esta mujer; voy a hablar sobre el olfato y el vino. En los blogs anteriores me he enfocado en el olfato, en los aromas y en los perfumes; me faltaba el mundo del vino pues, en este, el olfato también juega un papel preponderante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los aspirantes a sommeliers deben reconocer los vinos, discernir sus cualidades, ser capaces de clasificarlos y de determinar su exquisitez. Esto significa probar una gran variedad de vinos cada día, y muchas veces al día. Algunos viven medio borrachos; otros lo escupen. ¿Por qué querría uno ser sommelier? El escritor Robert Louis Stevenson llamó al vino “poesía embotellada”; sin embargo, después de leer el libro me quedaría difícil responder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los atributos que conforman la estructura del vino son: azúcar, acidez, alcohol, taninos y textura (llamada también cuerpo). Y los pasos ordenados para catar el vino son los siguientes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Observarlo antes de involucrar la nariz o la lengua, para obtener pistas sobre su estructura y sabor. Tomar el tallo de la copa con los dedos, rotar la muñeca en círculos veloces, agitando el vino para que moje los lados del cáliz. Observar la velocidad con la que las gotas o “lágrimas” se escurren al detener el movimiento. Las lágrimas que lucen espesas y se escurren lenta y definidamente sugieren que el vino tiene niveles de alcohol más altos; mientras que las lágrimas finas y rápidas, o si el líquido cae a manera de cortina, indican un nivel de alcohol más bajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguiente: oler siempre, y no solo en un punto. Olerlo moviendo la nariz, como persignando la copa, con esta paralela al piso, y percibir los aromas desde cada ángulo. Preferiblemente, dejando la boca abierta, como jadeando. Y ahora sí, probar: menear el vino en la boca, fruncir los labios como si se fuera a decir “oh, no”, y succionar aire sobre el vino en la boca y sentir que burbujea en la lengua. Esto es orear el vino (sorber), y ayuda a liberar las moléculas del aroma. Olfato y gusto se combinan para dar el sabor. Después, escupir o tragar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguiente: poner la punta de la lengua en el paladar para ver cuánto se saliva. Si no se está seguro, poner la cara hacia el piso y abrir la boca. Si uno se babea es porque está salivando mucho, y si es así, es porque el vino tiene una acidez alta; de lo contrario, es porque su acidez es baja. La acidez baja tiene que ver usualmente con uvas de regiones cálidas, y la acidez alta, con uvas de regiones frías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El alcohol en los vinos va del 9% al 16%. El alcohol indica dónde se cultivaron las uvas y la temperatura durante la estación de cultivo. El mosto es la fermentación del jugo de uva que se machaca con semillas, cáscaras, tallos y pulpa de las uvas (ella cuenta que a veces se van arañas, ratones y culebras). La fermentación es detonada por la levadura si surge naturalmente; de otra manera, esta se le agrega. Los climas más cálidos dan uvas más dulces, con niveles de alcohol más altos. Para saber el grado de alcohol, se debe tomar un sorbo y exhalar como si uno se estuviera chequeando el aliento. Se debe hacer consciente de qué tan adentro de la boca y la garganta se puede sentir el calor del alcohol. Si se siente en la parte trasera de la lengua es porque el nivel de alcohol es bajo; si se siente al fondo de la garganta, por la mandíbula, es porque su nivel es medio; si el calor se siente en el esternón es porque el nivel es alto. Recuerda lo que produce un trago de tequila, que incluso es de nivel mucho más alto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hacer otro sorbo más para juzgar los taninos o polifenoles, que provienen de la cáscara, los tallos, las semillas y las barricas de madera en las que pudo haber envejecido el vino. Los taninos son más una textura que un sabor. Si el vino se siente seco es que no es dulce. Pero los taninos dejan la boca seca y apretada, como una lija, con los vinos tánicos, como un Nebbiolo joven; o como seda, con los vinos menos tánicos, como el Pinot Noir. Los taninos del roble secan los labios y las encías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El llamado cuerpo del vino es más una sensación que un sabor; se deriva del contenido de alcohol y azúcar. Se puede equiparar con la diferencia que hay entre la leche entera y la descremada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La dulzura puede ir desde alta hasta nula. A veces las vinícolas detienen la fermentación para que toda el azúcar no se convierta en alcohol y quede algo de dulce en el vino. Si la acidez de un vino es muy alta sentimos que tiene menos azúcar. Esto puede ser una mera impresión: recordemos la limonada; si le ponemos mucha azúcar, sentimos que es menos ácida. Los vinos blancos como el Riesling presentan una tensión muy estimulante entre azúcar y acidez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dar pocos sorbos permite saber mejor cómo es el vino. Tomar muchos sorbos anula el olfato, pues el olor prolongado se deja de percibir. A esto se le llama fatiga olfativa. También nos adaptamos a la salinidad de nuestra saliva, lo cual también influye en la percepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sommelier debe oler todo lo que se encuentre a su alcance y ponerle nombre. Dice Bosker que: “El lenguaje nos ayuda a jerarquizar y recordar experiencias pasadas (…). Unir nombres a un olor hace que ese aroma sea más intenso, reconocible y con una carga emocional. ‘Ancla la memoria’, me dijo un investigador. Si no tenemos el vocabulario para describir una experiencia, nuestra lucha para expresar ese encuentro en palabras corrompe nuestra impresión de la misma, fenómeno que se conoce como ensombrecimiento verbal”. (p. 151)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los sommeliers necesitan un vocabulario amplio, metafórico y referencial: frutas, flores, especias, minerales, madera, tierra, situaciones, etc. Necesitan reconocer los olores del mundo en el buqué del vino. Poner un nombre a una sensación puede hacer que esa sensación se vuelva perceptivamente más accesible. Ellos deben aprender a prestar atención y desarrollar un vocabulario sensorial para establecer asociaciones entre sensaciones, olores y recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro, Bosker dice que oyó a un sommelier decir: “Creo que en este vino hay un poco de Brett, un carácter animal, de establo, terroso. Esa frase gritaba Burdeos, donde Brett (abreviatura de la levadura <em>Brettanomyces</em>) con frecuencia le da al vino el perfume del sudor de los caballos pura sangre, que puede ser tanto un sabor como un defecto”. (p. 58)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en otra página dice: “El gusto y el olfato son experiencias subjetivas, y usar la metáfora y la poesía a menudo daba más justicia a mi experiencia personal con los vinos. Técnicamente hablando, un Chenin Blanc a menudo olía a manzana asada, melaza, jengibre y paja húmeda. En lo personal, siempre lo reconocí porque un olfateo me hizo pensar en una oveja mojada sosteniendo una piña. El olor de un hombre francés sudoroso en el aeropuerto significaba que tal vez estaba olfateando un Burdeos. El aroma de la colonia de mi abuelo —ácido, un poco mentolado— me indicaba un Cabernet Franc. Mi recreo en la infancia, el otoño, las hojas húmedas, la suciedad, era un Pinot Noir”. (p. 166)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para ir a catar vinos nadie se debe perfumar, dice Bosker. Tampoco para ir a comer a un restaurante, digo yo (o hacerlo con tal moderación que solo se perciba al acercarse a la piel). El perfume interfiere con el olor del vino y de la comida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el proceso de juzgar el vino intervienen fuertemente otras variables:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El costo del vino:</strong> lo que pagaste por la botella.</li>



<li><strong>La expectativa:</strong> o sea, lo que esperas según lo que te han hablado y lo que sabes sobre el vino que vas a probar. Dice Bosker que al interactuar en nuestro círculo social, absorbemos señales sobre cosas que debemos celebrar con el fin de ganar la aceptación de nuestros pares. Tratamos de admirar lo que nos hace admirables.</li>



<li><strong>La comida:</strong> con la que estamos acompañando el vino (esa palabra, <em>maridaje</em>, que indica que hay sabores que combinan mejor que otros, como el bocadillo con el quesito, digo yo).</li>



<li><strong>Las personas presentes:</strong> que pueden hacer del momento una gran fiesta o un momento romántico y memorable.</li>



<li><strong>El estado mental y las contingencias:</strong> tener sed, estar llenos, estar nerviosos y relajarse con la primera copa de vino, estar triste y ponerse más triste, haberse tomado una limonada antes.</li>



<li><strong>Los gustos personales:</strong> pues no a todo el mundo le gustan los mismos olores ni los mismos sabores.</li>



<li><strong>La genética:</strong> hay personas que no huelen el queso azul o la malta, mientras que otras, con unas pocas moléculas en el aire, arrugan la nariz.</li>



<li><strong>El lugar, el entorno:</strong> estar frente al mar o frente a unas montañas enormes, el cielo azul, la luz brillante o un día de lluvia. La comida bien servida, en vajilla hermosa, cubiertos perfectos, mantel impecable, sabe mejor. Esto todos lo hemos experimentado.</li>



<li><strong>La jerarquía del sommelier:</strong> es algo muy influyente. Si una persona experta nos dice que vamos a probar el mejor vino de nuestra vida, eso va a influenciar nuestra percepción. Se han hecho experimentos que muestran que las personas aprecian de una manera notablemente diferente la Coca-Cola de la Pepsi si la beben de los frascos originales con la marca. Imaginemos ahora que estamos en el desierto con mucha sed: esta es la circunstancia personal.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Esto de que las variables pueden influir en la percepción va más lejos: “Charles Spence, psicólogo de la Universidad de Oxford, ha demostrado que los colores afectan los sabores, los sonidos afectan los olores y las miradas afectan las sensaciones táctiles que registramos. El sabor no solo está determinado por lo que saboreamos y olemos, sino también por lo que escuchamos y sentimos”. (p. 126)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el color del vino tinto es más rojo, la gente cree que sabe más que si el tono es claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aplicado al mundo en general, al mundo del arte, al mundo de las sensaciones, tenemos una capacidad biológica para percibir colores, formas, sonidos, olores, ritmos, simetrías, etc., pero no vemos simplemente lo que está delante de nosotros; vemos en un contexto, con unas expectativas y una experiencia que varían de una persona a otra. Así que la capacidad de apreciar no es completamente innata ni completamente cultural: se construye mediante la interacción entre nuestro aparato perceptivo, el aprendizaje, la atención, el lenguaje y la experiencia. La cultura adiestra de una manera especial el aparato perceptivo, hasta producir diferencias grandes entre los individuos. Hay expertos en cada campo de la cultura humana. Ellos se equivocan, sí; se equivocan en sus apreciaciones y con el vino, pues es muy difícil de apreciar, pero de que saben más y de que aprecian mejor, no hay duda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133009</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 13:48:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El olfato, el vino y los nerdos del corcho]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133009</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Tolima quiere ser número dos en producción de café  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/tolima-quiere-ser-numero-dos-en-produccion-de-cafe/</link>
        <description><![CDATA[<p>El departamento se ubica hoy en el tercer lugar del ranking nacional, por detrás de Huila y Antioquia. Este fin de semana se realiza en Chaparral, cuna de expresidentes, la cuarta edición de la Feria Internacional del Café.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>En la Tienda Juan Valdez 1959 de Bogotá (la más grande de Latinoamérica), se presentó la <strong>IV Feria Internacional del Café</strong>. En la imagen aparecen la gobernadora Adriana Matiz y el gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón. <strong>Foto: </strong>cortesía Comité Departamental de Cafeteros.&nbsp;</em>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tolima es hoy una potencia cafetera y ostenta un título que otros departamentos envidiarían: “<em>Corazón Cafetero de Colombia”</em>.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que asumió la Gobernación, Adriana Magali Matiz concibió un sueño: aumentar la producción de café y arrebatarle a Antioquia el segundo lugar. En ese camino avanza a paso firme, de la mano de la Federación Nacional de Cafeteros, gremio que representa a más de medio millón de familias caficultoras (en 23 departamentos y 601 municipios), y próximo a celebrar su centenario.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“En 2007, en el Tolima producíamos un promedio de 10 sacos por hectárea; hoy estamos en 19, prácticamente en la misma área de cultivo”,</em>&nbsp;señala Gildardo Monroy, director ejecutivo del Comité Departamental de Cafeteros.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inversión es generosa: más de $45.000 millones destinados a proyectos de renovación, nuevas siembras y&nbsp;mejoramiento de la infraestructura de beneficio, explica la gobernadora.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra apuesta conjunta es la Escuela Regional del Café —única en su género—, con una inversión superior a los $8.000 millones.&nbsp;<em>“Desde 2024 hemos formado y capacitado a 2.600 jóvenes. Es la única escuela a la que asisten sin pagar absolutamente nada; les garantizamos alimentación, alojamiento y todo el proceso formativo”</em>, destaca Matiz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, cuentan con dos proyectos para extender esta formación a los 38 municipios cafeteros del departamento:&nbsp;<em>La Maleta Viajera</em>&nbsp;y la&nbsp;<em>Escuela&nbsp;</em><em>Satélite</em>, ubicada en el corregimiento de Bilbao, en Planadas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La estrategia es integral: productividad, fortalecimiento de la asociatividad, agroindustria y comercialización. Así, la IV Feria Internacional del Café —que se realizará en Chaparral del 11 al 13 de septiembre— servirá de vitrina internacional para el mejor café tolimense. En esta edición se reunirán 150 expositores y más de 45 compradores provenientes de 10 países.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Chaparral es la puerta de entrada al sur del departamento, región de donde proviene la mitad del café tolimense y que destaca, además, por la producción de cafés de alta especialidad.  </em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Foto: </strong>Comité Departamental de Cafeteros.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="686" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-baja.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132009" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-baja.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-baja.jpg?resize=300,201 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-baja.jpg?resize=768,515 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-baja.jpg?resize=1024,686 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>En el podio cafetero</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con más de 66.000 familias cafeteras, el Tolima produce actualmente 1.870.000 sacos de café en 105.000 hectáreas, generando&nbsp;más de 76.000&nbsp;empleos directos y&nbsp;165.000&nbsp;indirectos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“El esfuerzo articulado con la Gobernación busca aumentar la productividad gracias a las buenas prácticas, al servicio de extensión y a la investigación de Cenicafé”,</em>&nbsp;afirma Monroy.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Doctor Gildardo Monroy, ¿ustedes siempre ocuparon el tercer lugar?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No, de hecho fuimos cuartos. El cultivo del café ha ido migrando hacia el sur del país, principalmente por los costos de la tierra y la disponibilidad de mano de obra. Llevamos consolidados en el tercer lugar más de 15 años, pero lo que hoy nos diferencia a los tolimenses es la producción de café de alta especialidad. Hemos ganado varios concursos, vendido lotes a muy buenos precios en subastas internacionales y creado la Escuela Regional del Café, una apuesta por&nbsp;la integración&nbsp;generacional donde niños y jóvenes se nutren de la experiencia de sus mayores. Creemos que esto garantizará la sostenibilidad de la actividad en el tiempo para seguir ofreciendo el café más suave del mundo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué tan cerca están de Antioquia, que ocupa el segundo lugar, y qué tan lejos del Huila, que lidera el ranking?</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Del Huila estamos bastante distantes. Hoy el Huila cuenta con unas 130.000 hectáreas y nosotros estamos en 105.000. A Antioquia la tenemos a poco más de 3.000 hectáreas, pero lo importante no es solo la cifra, sino la calidad y la productividad. Cada región cafetera es distinta; Colombia cuenta con 23 departamentos y más de 600 municipios productores, y en cada uno hay un factor diferencial. El más importante son los caficultores: campesinos que labran la tierra de sol a sol, de domingo a domingo, porque en una finca cafetera hay labor diaria para producir un grano de superior calidad.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong></strong><strong>¿</strong><strong>Qu</strong><strong>é</strong><strong>&nbsp;hace extraordinario al caf</strong><strong>é</strong><strong>&nbsp;del Tolima?</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Tolima ofrece café fresco durante todo el año. A diferencia de zonas en los extremos sur o norte del país que solo tienen una cosecha anual (como Cauca o Nariño), nuestra ubicación privilegiada sobre la Cordillera de los Andes, con un clima idóneo, nos permite tener dos cosechas al año. Esto nos otorga una oferta constante para compradores nacionales e internacionales.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Astrid Medina y Duberney Cifuentes, ambos oriundos de Planadas, han sido ganadores de la Taza de la Excelencia. El café de él se subastó a 72 dólares la libra en la III Feria Internacional del Café, en El Líbano (2025). <strong>Foto: </strong>Comité Departamental de Cafeteros.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="685" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/FNC-TOLIMA-CAFICULTORES.png" alt="" class="wp-image-132013" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-CAFICULTORES.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-CAFICULTORES.png?resize=300,201 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-CAFICULTORES.png?resize=768,514 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong></strong><strong>¿</strong><strong>A qu</strong><strong>é</strong><strong>&nbsp;se refieren cuando hablan de caf</strong><strong>é</strong><strong>&nbsp;de alta especialidad?</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es un café estándar. Posee atributos diferenciadores: se cultiva en suelos de origen volcánico ricos en minerales que favorecen el desarrollo del grano, y cuenta con un clima que aporta una taza limpia, notas muy balanceadas y un sabor residual dulce con matices afrutados. No obstante, la verdadera especialidad se la imprimen los productores a través de sus procesos de beneficio y poscosecha.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong></strong><strong>Por último, ¿cómo o quién determina la calidad de un café?</strong><strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un café estándar obtiene menos de 84 puntos en la escala de la SCA (Specialty Coffee Association), que es nuestro referente técnico. De 84 puntos en adelante se considera café de alta especialidad, y a partir de los 90 puntos entramos en la categoría de cafés presidenciales. En el Tolima hemos subastado lotes de más de 91 puntos, evaluados por catadores expertos bajo criterios rigurosos como la suavidad, el cuerpo y la acidez. Todos estos factores juntos determinan que un café alcance la excelencia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>El municipio de Planadas, ubicado al sur, es el mayor productor de café del Tolima. Allí, donde nacieron las extintas FARC, hoy se cultiva uno de los mejores cafés del mundo.</em> <strong>Foto: </strong>Comité Departamental de Cafeteros. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="670" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-PLANADAS-baja.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132010" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-PLANADAS-baja.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-PLANADAS-baja.jpg?resize=300,196 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-PLANADAS-baja.jpg?resize=768,503 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-PAISAJE-PLANADAS-baja.jpg?resize=1024,670 1024w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132005</guid>
        <pubDate>Wed, 09 Sep 2026 17:36:37 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/FNC-TOLIMA-GOBERNADORA-Y-GERENTE.jpg?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Tolima quiere ser número dos en producción de café  ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132005</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Las rutas incipientes del Ártico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/las-rutas-incipientes-del-artico/</link>
        <description><![CDATA[<p>A pesar de declaraciones y promesas, amenazas, contradicciones, mentiras y omisiones, el estrecho de Ormuz no se parece en nada al de hace medio año. Entonces pasaban hasta 140 barcos diarios por ese corredor marítimo. Hoy, cuando mucho, pasan precariamente de cinco a 15, bajo peligro inminente. La situación, desencadenada por el asalto súbito de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">A pesar de declaraciones y promesas, amenazas, contradicciones, mentiras y omisiones, el estrecho de Ormuz no se parece en nada al de hace medio año. Entonces pasaban hasta 140 barcos diarios por ese corredor marítimo. Hoy, cuando mucho, pasan precariamente de cinco a 15, bajo peligro inminente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación, desencadenada por el asalto súbito de Estados Unidos de Israel contra Irán, que de entrada asesinó al líder supremo de este último país, ha suscitado preocupación respecto de los peligros de obstrucción de otros lugares de la geografía mundial donde la estrechez de la superficie navegable puede facilitar acciones de alteración del tránsito de embarcaciones y afectar el transporte marítimo, que es el más grande del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la lista entran, por supuesto, los dos grandes canales artificiales que cambiaron el modo de funcionamiento del comercio, Suez y Panamá, que siguen siendo vitales. También figuran estrechos naturales, conocidos y altamente frecuentados como Bab el Mandeb, Gibraltar, Malaca y Bashi, fundamental este último para la China continental, a la que separa de Formosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los países perjudicados por la guerra en Ormuz no son solamente los ribereños del golfo pérsico, encerrados en el recoveco más rico de los mares y objeto de revancha iraní por alojar bases de estadounidenses. Los destinatarios del petróleo allí producido han visto cerrado el paso al suministro del crudo fundamental para sus actividades impulsadas por el petróleo, que siguen siendo claves para su bienestar y para la supervivencia de su transporte y su industria. A ellos se suman todos los que han de reaccionar para solventar las consecuencias del torniquete que se ha puesto al flujo del petróleo y que se siente no solo en las grandes industrias sino en los surtidores de combustible en ciudades y caminos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como sucede con cualquier especie, la de los humanos se ve obligada, ante circunstancias como esta, a hacer lecturas diferentes, innovadoras y osadas del mapa del planeta, en búsqueda de nuevos caminos que permitan hacer las cosas de otra manera. Es el mismo ánimo que llevó a los portugueses a llegar a la India después de circunnavegar el África, y a los españoles, al mando de un italiano, a encontrar América. También es el tipo de razonamiento que condujo la construcción de los canales de Corinto, Suárez y Panamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la medida que los principales perjudicados con el cierre de Ormuz como destinatarios del petróleo del Golfo han sido China, Corea, Japón e India, todos con intereses muy grandes en el comercio con el mundo occidental, a ellos corresponde por naturaleza actuar en busca de soluciones de transporte que eviten hacia el futuro problemas como el de las obstrucciones actuales. La mirada entonces se torna hacia rutas marítimas diferentes e inexploradas con la intensidad requerida, dentro de las cuales sobresale la del Norte, por el Círculo Glacial Ártico.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa materia han sido muchos los aventureros, estrategas, comerciantes y adelantados que mapa en mano le han echado cabeza a la forma como se podría llegar del norte asiático, y más abajo, por los mares del norte, así estén congelados parte del año, a los puertos europeos. Para no hablar de las rutas militares submarinas, que se pueden abrir paso con aparente mayor facilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los chinos saben que a Trump le queda difícil y dispendioso privarlos de las rutas de suministro de petróleo del golfo pérsico. Así que la famosa amenaza de castigo a quien negocie con los iraníes a ellos no les amedrenta. Pero esa relativa seguridad no arregla los problemas. Por lo cual la China trabaja en la exploración de la ruta del norte que permitiría llegar a Europa nórdica en la mitad del tiempo que tomaría transitar por el canal de Suez.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Corea y Japón son aspirantes adicionales que ha mostrado interés en sumarse a los esfuerzos por hacer otros caminos que faciliten sus intensas relaciones con occidente. Todo sobre la base de lecturas del mapa del planeta desde encima del Polo Norte, que permiten apreciar la cercanía entre Asia y Europa, enormemente distantes en las lecturas tradicionales. Todos de acuerdo en que el esfuerzo vale la pena, si se tienen en cuenta realidades difíciles de manejar, como las condiciones climáticas que representan un obstáculo cada vez más manejable debido al descongelamiento en el Círculo Polar Ártico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los chinos, que acostumbran a leer el curso de la historia de los términos más amplios, y que tienen larga experiencia en la combinación de los procesos históricos con la geografía y la política, se ocupan por eso ahora con particular interés en “las frutas del norte”, empujados por las dinámicas de un mundo en el que actores con presupuesto militar inferior al de las grandes potencias tradicionales demuestran capacidad para perturbar los circuitos del comercio mundial en lugares estratégicos que tienen a la mano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para esos efectos, y ante la alarma que produce la impotencia estadounidense para salir del problema en que se metió con el ataque por sorpresa a Irán, que ha mantenido cerrado el estrecho de Ormuz por medio año, la China impulsa un “expreso ártico” que facilitaría el tránsito de sus mercancías hacia y desde Europa, lejos de los problemas del Medio Oriente. Y sus barcos ya han llegado por esos caminos a puertos británicos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para efectos de la viabilidad del proyecto, y en cuanto China no es un estado ribereño del Ártico, acierta al buscar la cooperación de Rusia que comparte la dimensión ártica con Finlandia, Suecia, Islandia, Noruega, Dinamarca por Groenlandia, Estados Unidos por Alaska, y Canadá. Con la consecuencia de que toda acometida chino-rusa, suscita preocupación en los países árticos occidentales y en occidente en general no necesariamente por su dimensión comercial sino por los interrogantes estratégicos y militares que aparecen cuando esas dos potencias se juntan.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Andrés de Urdaneta, el famoso marino, cosmógrafo y explorador, que se volvió después religioso agustino, dejó la herencia de los viajes desde Filipinas hasta el occidente americano, Acapulco, por el Pacífico Norte. Ahora, para ir de puertos chinos japoneses o coreanos hacia Europa, se sube hasta el extremo nororiental de Asia, que casi se junta con el noroccidental de América, y en lugar de seguir derecho, como si se fuera para Acapulco, se dobla a la izquierda por el estrecho de Behring, que separa a los dos continentes, para avanzar por encima del círculo polar ártico y descender luego hacia Escandinavia y los puertos bálticos o del Mar del Norte, en el Atlántico europeo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con ayuda de rompehielos atómicos, por ejemplo, cada vez será más fácil el tránsito por esos lugares. Entonces el funcionamiento del mundo vivirá nuevas transformaciones y acumulará nuevas experiencias. Con lo cual vendrán al lado de las nuevas rutas, nuevas oportunidades y también preocupaciones adicionales ante la significación estratégica que implica cada lectura nueva del modo de uso del planeta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lección para todos sobre la importancia de la dimensión marítima de quienes tenemos el privilegio de acceder ampliamente a dos océanos. También lección sobre la urgencia de pensar con acierto en nuestro lugar y nuestras oportunidades en el mundo del futuro.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132649</guid>
        <pubDate>Wed, 02 Sep 2026 03:47:01 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Las rutas incipientes del Ártico]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132649</post-id>    </item>
        <item>
        <title>MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/malcolm-deas-el-extranjero-que-nos-enseno-a-mirar-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026. Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él. Entonces aparece una novela. Nostromo, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece una novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nostromo</em>, de Joseph Conrad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela ambientada en una república imaginaria llamada Costaguana, que tiene demasiadas semejanzas con Colombia. Y entonces ocurre algo que parece casi una anécdota, pero que terminaría cambiando una parte de la historiografía colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm mira un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí está Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él mismo me lo contó alguna vez. Dijo que tomó el mapa, bajó desde México, pasó por Centroamérica y encontró un país grande que, además, era el país de las novelas que había leído.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabía que ese país iba a ocupar los siguientes sesenta años de su vida. No sabía que terminaría nacionalizándose colombiano. No sabía que sería profesor de Oxford, que tendría entre sus interlocutores a presidentes y ministros, que asesoraría gobiernos, que formaría generaciones de colombianos y que terminaría construyendo una de las bibliotecas privadas sobre Colombia más importantes que haya tenido un historiador extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho menos sabía que, seis décadas después, algunos de sus libros terminarían aquí, en Barranquilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia tampoco sabía que acababa de encontrarse con Malcolm Deas.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un extranjero que llegó a un país que tampoco se entendía a sí mismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé a investigar a Malcolm, una de las cosas que más me sorprendieron fue que él nunca se presentó como alguien que había llegado a Colombia sabiendo exactamente qué quería encontrar. Más bien lo contrario. En nuestras conversaciones insistía en su propia desorientación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Me despisté mucho los primeros dos años.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y después agregó algo todavía más revelador:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Los colombianos tampoco lo entendían.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase me parece una de las mejores puertas de entrada a Malcolm Deas. Porque ahí aparece algo que lo acompañaría durante toda su vida: <strong>la humildad intelectual de quien sabe que un país no puede entenderse rápidamente.</strong> Él no llegó con una teoría sobre Colombia. Llegó con preguntas. Y quizás por eso pudo pasar tanto tiempo aquí. Porque cuando uno llega a un país creyendo que ya sabe qué va a encontrar, termina buscando únicamente aquello que confirma lo que ya pensaba. Malcolm hizo lo contrario. Llegó confundido. Y conservó durante décadas la capacidad de seguir sorprendiéndose.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El método Deas: mirar los detalles</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tuviera que escoger una sola frase para explicar a Malcolm Deas como historiador, sería esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Si uno quiere entender algo, tiene que describirlo con todos los detalles posibles.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto parece una frase sencilla. Pero es una posición intelectual. Porque significa desconfiar de las grandes explicaciones que pretenden explicar un país entero con una sola categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha sido descrita muchas veces mediante palabras enormes: violencia, oligarquía, pobreza, clientelismo, polarización, subdesarrollo, narcotráfico, Estado fallido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm desconfiaba de las etiquetas cuando reemplazaban la investigación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de nuestras conversaciones me explicó que el poder en Colombia era difuso y que para entender quién mandaba había que mirar los territorios, los pueblos, las relaciones concretas y las diferencias regionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es muy importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm no preguntaba únicamente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién tiene el poder?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntaba:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién manda, dónde manda y hasta dónde manda?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esas tres palabras —dónde y hasta dónde— cambian completamente la pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un terrateniente podía tener poder sobre sus trabajadores y no necesariamente sobre el alcalde. Un presidente podía tener una enorme autoridad nacional y, sin embargo, tener dificultades para hacer cumplir una decisión en un municipio. Un jefe político podía ser poderoso en un departamento y no serlo en otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>el poder tenía geografía.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm quería encontrarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera hablar de un ejemplo muy concreto de del Malcolm de los detalles: Y aquel personaje que le da vida a su texto es una tejedora de un pueblo de Santander llamado Suaita, un pueblo que, si hoy es bien pequeño, imagínelo en 1874. Malcolm va a mostrar, mirando a través del diario de esta mujer tejedora, que la vida política sí había permeado todas las capas sociales de la nueva república, que es una de las tesis que va a defender a lo largo de toda su vida: se trata de una señora de Suaita, municipio de Santander que linda con Boyacá, cerca de donde se produce el bocadillo veleño. El documento es un diario personal manuscrito. En la página titular se lee: “Apunte de lo que ha ocurrido desde el año de 1874 en Suaita, de Sofía Durán D. (tengan la fineza de no quedarse con este libro, porque es un robo)”</p>



<p class="wp-block-paragraph">cuando Malcolm hacía trabajos como los que hizo Ginzburg (<em>La política en la vida cotidiana republicana</em>), esos estudios parecían, digamos, como un poco esotéricos. Alguien que se dedica a hacer una historia de minucias, eso como que no cabía mucho en las estructuras mentales dominantes en la historia. Entonces, alguien que se mete en ese detalle, pues era muy subvalorado, pues estaba haciendo un ejercicio casi de masoquismo histórico, porque ¿eso qué aporta? Hoy vemos la importancia de eso. Quiero decir que, de pronto, en el sentido de esa conexión que haces con Ginzburg, Malcolm pudo ser como un pionero de cosas cuya importancia se reconocen mucho más vigorosamente hoy, como estructurantes de la sociedad.[</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí recuerdo una anécdota que me parece que revela otra dimensión de ese método. Gonzalo Sánchez decía que Malcolm había puesto a estudiar a todo el mundo con el rigor y la precisión de su trabajo. Era difícil argumentarle. Y yo creo que había ahí también un rasgo de profesor: esa manera de obligar a los demás a volver sobre las cosas, a revisar el dato, a precisar el argumento y a no conformarse con una explicación fácil.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El historiador que desconfiaba de las explicaciones demasiado perfectas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una característica de Malcolm que aparece una y otra vez en mi libro: <strong>su escepticismo.</strong> No era un escepticismo estéril. No era la actitud de quien dice que nada puede saberse. Era exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba para investigar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba de los lugares comunes. Desconfiaba de las teorías demasiado cerradas. Desconfiaba incluso de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de sus primeros años en Colombia, me dijo algo que revela mucho de su personalidad intelectual: había sido muy difícil para él entender el país, pero también había comprendido que los colombianos tampoco lo entendían del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí aparece una de sus grandes virtudes:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>no confundía seguridad con conocimiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre que sabe mucho puede decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto es así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm prefería muchas veces decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Veamos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y volver al archivo. Y buscar otra fuente. Y revisar una cifra. Y hablar con otra persona. Y encontrar una excepción. Y entonces modificar la explicación.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia contra los estereotipos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que me parece extraordinaria y que quisiera rescatar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hablaba de los primeros años en que estudió Colombia y de cómo encontró que muchos analistas hablaban de oligarcas y terratenientes con afirmaciones que, según él, tenían poco sustento empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él había leído los clásicos, los libros de la Academia de Historia, a los autores del siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegó a una conclusión:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la realidad de Colombia no era como la pintaban los analistas de la época.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto nos lleva a otra característica fundamental de su trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no quería encontrar una Colombia que encajara en una teoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería encontrar <strong>la Colombia que existía</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso explica por qué podía pasar de los presidentes a los caciques locales. De las guerras civiles a una hacienda cafetera. De la política nacional a la gramática. De un archivo diplomático a una conversación con un librero. De Oxford a un pueblo perdido de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su objeto de estudio no era una abstracción llamada Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era <strong>la vida colombiana</strong>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso el siglo XIX lo fascinó</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ninguna parte de la historia colombiana muestra mejor su método que su obsesión por el siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm veía allí un laboratorio extraordinario. Un país que acababa de independizarse. Un Estado todavía en construcción. Partidos políticos que llegaban hasta las capas populares. Guerras civiles. Regiones con enorme autonomía. Presidentes que también eran escritores. Gramáticos que eran políticos. Políticos que escribían gramáticas. Terratenientes. Caciques. Militares. Periodistas. Intelectuales. Y una sociedad que estaba construyendo, a veces a golpes, una república.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm se resistía a mirar ese período como una simple prehistoria de la Colombia moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para él, allí estaban muchas de las claves de nuestra propia singularidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase suya que me parece particularmente importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de las luchas posteriores a la Independencia, rechazó esa mirada según la cual la Independencia habría sido la gran epopeya gloriosa y todo lo que vino después sería una especie de decadencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm fue contundente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Eso es estúpido.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y detrás de esa frase, aparentemente provocadora, había una idea historiográfica muy seria:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la historia republicana de Colombia tiene su propia personalidad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una copia defectuosa de la historia europea. No es una versión incompleta de otra revolución. No es simplemente un país que no consiguió modernizarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una historia particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y había que estudiarla como tal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una anécdota que me parece extraordinaria. Margarita Garrido contaba que, en Cali, en 1991 o 1992, estaba conmovida y reflexionando sobre qué sentido tenía escribir sobre nuestra historia en un momento en que Colombia atravesaba una situación tan difícil. Mientras ella estudiaba períodos lejanos de la historia, Malcolm le dijo: <strong>“Pero es que Colombia merece quien cuente su historia, ya habrá tiempo para que otros cuenten lo que sucede ahora&#8230;”</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La violencia: probablemente su gran batalla intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí creo que conviene entrar en un terreno que seguramente será retomado durante el resto de la jornada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm escribió mucho sobre la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no aceptaba fácilmente la idea de que Colombia fuera violenta por naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que existiera una especie de esencia violenta del colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trabajo buscó desmontar precisamente esos lugares comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia</em>, su aproximación insistía en diferenciar la violencia política de otras formas de violencia y en cuestionar explicaciones automáticas que vinculaban violencia, pobreza o una supuesta “cultura de la violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo muy contemporáneo en esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque todavía hoy tenemos la tentación de explicar nuestra historia mediante grandes determinismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm nos obliga a preguntar: ¿cuál violencia? ¿en qué momento? ¿en qué región? ¿producida por quién? ¿con qué intereses? ¿bajo qué circunstancias? ¿y por qué disminuye en unos momentos y aumenta en otros?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso parece menos espectacular que decir “Colombia es un país violento”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es mucho más útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque obliga a pensar.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un historiador que no era solamente historiador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí aparece otra dimensión que creo que debemos subrayar especialmente en este evento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no fue únicamente un historiador que escribió libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fue un actor de la vida colombiana.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvo relaciones con presidentes. Fue consultado por gobiernos. Escribió para periódicos internacionales. Fue una especie de puente entre Colombia y el Reino Unido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde Oxford ayudó a que muchos colombianos llegaran a ese mundo académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi investigación encontré testimonios de personas que recuerdan cómo Malcolm prestaba su casa, su automóvil e incluso su bicicleta a estudiantes colombianos en Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso dice algo sobre él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque uno podría hablar durante horas de su influencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay otra forma de influencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>abrirle una puerta a alguien.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm abrió muchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su legado no está solamente en sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está también en las personas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder: la otra vida de Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una dimensión de Malcolm que durante mucho tiempo permaneció parcialmente oculta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su relación con el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Presidentes colombianos lo consultaban. Diplomáticos británicos lo consultaban. Funcionarios lo consultaban. En algunos momentos, incluso decisiones importantes del Estado colombiano parecen haber recibido su influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto es particularmente interesante porque Malcolm no fue un político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No necesitaba serlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su poder provenía de otra parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De saber.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De conocer los antecedentes. De entender las instituciones. De conocer a las personas. De haber leído los documentos. De saber qué había ocurrido antes. Y de poder decirle a alguien poderoso:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eso que usted cree que es nuevo ya ocurrió antes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese tipo de conocimiento puede ser mucho más poderoso que un cargo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La contradicción más interesante: un conservador que no era dogmático</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm tenía posiciones políticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era un intelectual neutral en el sentido de no tener preferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero su manera de relacionarse con personas de distintas posiciones era extraordinaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro aparecen testimonios que muestran cómo podía conversar con personas de inclinaciones políticas muy diferentes sin convertir la conversación en una guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto me parece importante rescatar hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm tenía algo que nuestra conversación pública ha perdido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la posibilidad de disentir sin dejar de conversar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía decirle a alguien:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Creo que usted está equivocado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y continuar hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía encontrar una buena idea en alguien con quien políticamente no coincidía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía reconocer una virtud en un adversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es una forma de inteligencia.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El humor como herramienta intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí quiero detenerme porque creo que es una parte de Malcolm que muchas veces queda opacada por su prestigio académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm era divertido.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía humor. Tenía ironía. Y muchas veces utilizaba el humor para hacer algo intelectualmente muy serio: desarmar una certeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso aparece constantemente en las entrevistas de mi libro y en los testimonios de quienes lo conocieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo tuve la fortuna de experimentarlo directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras conversaciones, cuando la discusión parecía cerrarse, Malcolm tenía una manera de abrirla otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me decía:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Otro dato para confundirte aún más.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa frase resume maravillosamente su método.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el objetivo de una buena investigación no siempre es salir con menos preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces es salir con <strong>mejores preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hacía eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te daba un dato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese dato desmontaba una explicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparecía otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta que aquello que parecía obvio dejaba de serlo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que realmente hizo Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, después de investigar su vida, yo ya no creo que la mejor manera de definirlo sea decir simplemente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Malcolm Deas fue un historiador inglés especializado en Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es correcto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es insuficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría otra cosa:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas fue un hombre que dedicó sesenta años a aprender a mirar Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese proceso nos enseñó a mirarla a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos enseñó que el país no puede explicarse únicamente desde Bogotá. Que el poder tiene territorios. Que las regiones importan. Que la política llega hasta los pueblos. Que las élites no lo explican todo. Que la violencia no es una esencia nacional. Que la historia republicana tiene personalidad propia. Que las palabras también ejercen poder. Que un documento aparentemente insignificante puede cambiar una interpretación. Y que una buena pregunta puede ser más importante que una respuesta demasiado rápida.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La biblioteca como última conversación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos finalmente a este lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblioteca Karl C. Parrish Jr.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde, para mí, el evento adquiere una enorme belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera leer un pasaje literal de mi libro, si me permiten “Esta tarde, mi mano fue eligiendo títulos, como quien recorre sin mapa un continente inexplorado:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Plantas útiles de Colombia</em>, de Enrique Pérez Arbeláez, 1955.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada</em>, de Juan Friede, un libro hermoso sobre nuestros orígenes en la altiplanicie.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Poems</em>, de Lord Byron, con las hojas aún impregnadas de su melancolía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplar fascinante, en inglés, titulado <em>Gaitán of Colombia</em>, de Richard Sharpless, en el que Malcolm subrayó un pasaje que lo hizo reír, y a mí también. En el pasaje se habla de que el presidente de hace 77 años nombró a Gaitán alcalde de Bogotá para que demostrara que era un mal administrador y así perdiera las elecciones presidenciales, cosas que no funcionaron mucho, pero que recuerdan con demasiado parecido el crecimiento electoral de Petro tras su alcaldía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, títulos inesperados: <em>Padrinos y mercaderes: crimen organizado en Italia y Colombia</em>, de Ciro Krauthausen. Y luego, verdaderas perlas: <em>Vuelo en el Orinoco</em>, impreso en 1935, de Luis Eduardo Nieto Caballero. Un párrafo me sacude, me hace pensar en la decadencia de nuestra política. En una carta al presidente Olaya, su opositor, Nieto Caballero escribe: “Querido amigo, galantemente invitado por los hermanos cristianos, que al distinguir en esa forma a un hermano masón demuestran cómo entienden y practican la concentración nacional”. Cuan distinto era el lenguaje político en esa época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, como un hallazgo improbable, aparece <em>Recuerdos de un viaje a Europa</em>, de Nicolás Pardo, impreso en Bogotá en 1873. Una rareza encantadora: la crónica de un joven bogotano, entusiasta, viajero, convencido de la promesa republicana. Iba a ser cónsul en Italia. Dice algo que me conmueve especialmente en este sótano templado, mientras pienso en la renovación de Barranquilla y su reapertura al mar:</p>



<p class="wp-block-paragraph">[Empieza nota]El Magdalena, con sus abundantes caimanes, con su lento, largo y variado curso, con sus riberas cubiertas de monos de distintas clases, de lindas guacharacas, de aves de toda especie que, en bandadas, atraviesan la floresta de un punto a otro, de miserables caseríos de negros medio desnudos, de bosques asombrosos y selvas vírgenes, en que la naturaleza se ostenta magnífica, exuberante y grandiosa: el Magdalena ha sido muchas veces materia de folletos y de innumerables descripciones.[Termina nota]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más adelante escribe, con una esperanza que aún resuena con algo de ternura y tragedia: “El día que nuestra patria cuente con un ferrocarril (que no está distante de realizarse), que ponga en comunicación a Bogotá con el Magdalena, podremos decir con verdad que ocupamos un puesto entre las naciones civilizadas del mundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm sabía que en los detalles se esconde el alma de la historia. Es hermoso lo que revelan sus libros. En otra página, Pardo cuenta: “En Santa Marta nos hallábamos desde la noche del 25 de agosto, y lo que al instante pregunta el colombiano que allí llega por primera vez es en qué sitio queda la hacienda de San Pedro Alejandrino, donde murió el Libertador de Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este viaje azaroso por los estantes me llevó a otro volumen: <em>Nuestra colonia de Cuba</em>, de Leland Jenks, ensayos sociológicos y económicos escritos por estadounidenses sobre América Latina en la primera mitad del siglo XX, antes de la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, <em>La linterna y el búho</em>, de Lucio Pabón Núñez, en donde ese extraño poeta y político conservador hace un homenaje a Caro. Me siento extraño: estoy en el Caribe, en un sótano tibio, leyendo sobre Caro, mientras Pabón cita al gran poeta español Gerardo Diego hablando de Caro, prueba de que tan bien se comunicaban las letras en Hispanoamérica hace cien años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los manuscritos encontré una foto de Malcolm, que nadie tenía en su memoria, olvidada en medio de muchos cuadernos de notas, un libro extraño en inglés sobre la Navegación del Canal del Dique en 1855, con mapa, un árbol genealógico de familias de Bogotá, cómics políticos, disertaciones de varios simposios, telegramas privados de Virgilio Barco, que seguramente le sirvieron para su libro, una cita inquietante de Nicolás de Maquiavelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La biblioteca de Malcolm era así: exuberante, insaciable, multiforme. Así de vasto era él también, cuando se adentraba, con pasión y método, en las múltiples capas de la historia. Salir del archivo fue como emerger de una conversación larga con un amigo que ya no está, pero que sigue haciendo preguntas. Tal vez eso es lo que queda de alguien como él.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estamos hablando de las colecciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una biblioteca personal es una forma extraordinaria de conocer a alguien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros que una persona compra. Los libros que conserva. Los libros que subraya. Los libros que presta. Los libros a los que vuelve. Los libros que nunca termina. Todo eso cuenta una historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La colección de Malcolm no es solamente una reunión de libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una especie de mapa de su curiosidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo aprendimos de él es que los detalles importan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una biblioteca como esta no debería ser entendida como un depósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es una conversación que continúa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada libro puede preguntarnos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué Malcolm lo tenía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué estaba buscando?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué había encontrado antes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué relación existe entre ese libro y otro?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pregunta lo llevó hasta allí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces aparece algo maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sesenta años Malcolm estudió Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora tenemos la posibilidad de estudiar <strong>cómo Malcolm estudió Colombia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es precisamente lo que una colección especial permite hacer.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y aquí entra mi libro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una razón personal por la que este encuentro me resulta particularmente significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo no fui discípulo de Malcolm. No fui su alumno. No fui su amigo de décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a él desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué como periodista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como un outsider.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso terminó siendo, quizá, una de las mejores cosas que podía pasarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque pude hacer preguntas que alguien que llevaba cuarenta años conversando con él quizá ya no hacía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pude preguntarle cosas elementales. Pude preguntarle por qué Colombia. Pude preguntarle por qué le interesaba el siglo XIX. Pude preguntarle por la violencia. Pude preguntarle por los presidentes. Pude preguntarle por Oxford. Pude preguntarle por sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, pude escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé este proyecto, Malcolm estaba ya muy enfermo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las conversaciones fueron por Zoom, Meet, WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sabía que eran conversaciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabía también que probablemente eran de las últimas que tendría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso este libro terminó siendo algo distinto de lo que había imaginado al comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No terminó siendo solamente un perfil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó siendo una despedida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también una conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una conversación entre un hombre que había pasado sesenta años mirando Colombia y un periodista que intentaba preguntarle qué había visto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en algún momento entendí algo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>yo no estaba solamente escribiendo sobre Malcolm.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estaba tratando de entender Colombia a través de los ojos de Malcolm.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso en el libro escribí que para mí no era solamente su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la historia de Colombia contada por un testigo único.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El legado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿qué queda de Malcolm Deas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan sus libros. Quedan sus estudiantes. Quedan sus amigos. Quedan sus fotografías. Quedan sus archivos. Quedan sus conversaciones. Queda su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, sobre todo, quedan <strong>sus preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa es la verdadera medida de un intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuánto escribió. No cuántos premios recibió. No cuántas personas importantes conoció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sino cuántas preguntas dejó instaladas en la cabeza de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de leer a Malcolm, uno ya no puede mirar un municipio de la misma manera. No puede mirar una elección de la misma manera. No puede mirar una guerra civil de la misma manera. No puede mirar a un presidente del siglo XIX de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tampoco puede mirar la palabra “Colombia” de la misma manera.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Quiero volver a la escena inicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un joven de 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Centroamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una casualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O quizás una de esas casualidades que, vistas muchos años después, parecen destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm llegó a Colombia buscando un país que conocía principalmente por los libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y terminó pasando sesenta años escribiendo los suyos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó como extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó nacionalizándose colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó buscando una materia para estudiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó convirtiéndose en parte de aquello que estudiaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá la paradoja final sea esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas pasó buena parte de su vida intentando entender Colombia porque sabía que no era fácil entenderla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nosotros, los colombianos, tenemos todavía esa misma tarea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá el mayor legado de Malcolm no sea habernos dado una respuesta sobre quiénes somos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá sea habernos enseñado a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mirar mejor. A mirar más cerca. A mirar los detalles. A mirar las regiones. A mirar los documentos. A mirar a las personas. A mirar nuestras contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, a mirar Colombia sin creer que ya sabemos qué es Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Malcolm murió, en 2023, terminó una vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no terminó la conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí están sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí están sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí está su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí estamos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tratando, todavía, de entender el país que un joven inglés encontró un día en un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Encuentro de colecciones especiales. La obra de Malcolm Deas" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/is3bxkjccX0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132440</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 02:50:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/malcolm-articulo-uni-norte.png?quality=60&amp;#038;w=700" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132440</post-id>    </item>
        <item>
        <title>ANATOMÍA de un CAPRICHO… by F.R.P</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/anatomia-de-un-capricho-by-f-r-p/</link>
        <description><![CDATA[<p>En esta CAPRICHOSA VIDA… donde pareciera que la CAPRICHOSA cerró su CAPÍTULO COPA del MUNDO 2026 para pasar por AMOR al ARTE a un CAPRICHO de también TRES MOSQUETEROS que encontraron; casi por nuestra SUGERENCIA al D’ARTAGNAN de nuestras selectas PLUMAS Monsieur FRANCISCO RODRIGUEZ PRADA; quien de manera generosa entre sus clases dictadas a CABALIDAD [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En esta CAPRICHOSA VIDA… donde pareciera que la CAPRICHOSA cerró su CAPÍTULO COPA del MUNDO 2026 para pasar por AMOR al ARTE a un CAPRICHO de también TRES MOSQUETEROS que encontraron; casi por nuestra SUGERENCIA al D’ARTAGNAN de nuestras selectas PLUMAS Monsieur FRANCISCO RODRIGUEZ PRADA; quien de manera generosa entre sus clases dictadas a CABALIDAD en UNIVERSIDAD JORGE TADEO LOZANO de la cafetera y resiliente COLOMBIA emergiendo del CAPRICHO telúrico de la PACHAMAMA; mas su don de reconocer VALORES y ERRORES donde pocos lo ven…</p>



<p class="wp-block-paragraph">HOY su VIAJE por la ciudad mas cercana a las ESTRELLAS… les TRAE este…</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>“ANATOMÍA DE UN CAPRICHO… by F.R.P</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La disección, cicatriz de la arbitrariedad. Se examina el antojo de la voluntad, voluntad de aferrarse a un acto en donde el criterio de lo esencial, lo necesario, lo adecuado es reemplazado por lo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Berretín de transgresión Prometéica, revierte el orden natural de las cosas, el fuego es el botín del ego y las cenizas las huellas del trayecto. Así se esboza la nueva exposición &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los espacios culturales auto-gestionados, vanguardia de la nueva curaduría artística, audaz, vehemente; promocionan el arte sin el vértigo autoritario de un marco epistémico que delimita el deber-ser del objeto artístico. Que delimita el campo semántico en el trasegar interpretativo de la obra. Buscan, por el contrario, sin caer en la ruina lacrimosa posmoderna del todo-vale; la auténtica fruición del arte. También buscan la divulgación cultural con sentido crítico y el diálogo comunitario como estrategias de mercado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así opera la sala expositiva &#8220;Capricho&#8221;. En donde la antinomia es la norma curatorial y museográfica. Se replantea la asimetría entre el galerista, el artista y el visitante. Se prioritiza la construcción de comunidad y el fortalecimiento del tejido social. &#8220;Capricho&#8221; opta por reemplazar el texto curatorial de corte académico y de semántica poética, por un acto de lectura pública a manera de Marco Conceptual. Aquello que solía ser un panfleto conceptualista que validaba la disonancia cognitiva entre las palabras y el objeto artístico, se torna ahora en una lectura pública de solaz, pompa inaugural. Consecuentemente, se articula un relato literario cuya &#8220;composición de lugar&#8221;, involucra iconografía y motivos temáticos que apuntan directamente a las obras disponibles en las áreas expositivas. No obstante, el comentario metatextual al arte, no solo se da por el relato literario sino también por aquello que se concierta durante tertulia crítica pública.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1437-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-132353" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Flyer invitación de lectura pública &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La obra artística luce en la aula-magna, en sala V.I.P. y en espacio exterior para obras de carácter instalativo. Se omite la taxonomía descriptiva de las fichas técnicas. Se busca el diálogo ameno entre el Mediador Cultural y el visitante para compartir herramientas críticas en la apreciación del arte. Se acciona el juego persuasivo y estratégico que invita a la adquisición de la obra. Se ofrece una agenda expositiva ágil, variada, con registro audiovisual-documental, promoción de la trayectoria de artistas, trazabilidad y avalúo de obra, y archivo de memoria cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la transgresión caprichosa del canon de gestión expositiva tiene su precio. Toda antinomia presenta contradicciones. La disección crítica, en tanto cartografía anatómica, delinea horribles cicatrices: Casa &#8220;Capricho&#8221;, en tanto espacio físico expositivo, no fue sujeto a procesos adecuados de refuncionalización arquitectónica. Esto es, la adaptación de un espacio existente para asignarle un uso diferente al original. Se desarticula la función real del diseño con el espacio vacío interior que se habita y se recorre. Un garaje con pinturas colgadas presenta una lectura aberrante de decodificación semiótica. Lectura en donde el visitante puede no identificar el umbral del espacio expositivo. Esto reforzado por la ausencia de la rotulación del texto curatorial y de las fichas técnicas. Adicionalmente, la forma escultórica de algunas obras artísticas posmodernas, confunden la cualidad ontológica de &#8220;lo artístico&#8221; con el arrume de escombros, cosas viejas u obsoletas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="429" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/06c2536d-21c0-455e-ba9b-4e244a64c4ce-1024x429.jpeg" alt="" class="wp-image-132357" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Flyer invitación exposición &#8220;Un día todo dejará de Ser&#8221;. Objetos artísticos y objetos prosaicos que se confunden&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aun así, la presencia &#8220;aurática&#8221; de la cosa artística (en el sentido de W.Benjamin), aquello con lo que el visitante se topa; suscita el apetito sensible o el apetito intelectivo del observador. ¿Le gusta o no le gusta? ¿Querrá saber de qué se trata la charada artística con la que se confronta? Así pues, la artista Erika Bolaños, Con su obra “Pesa ser Barbie”, presenta muñecas de metal que se van fragmentando y se colocan cada una suspendidas sobre un textil de medias veladas templadas. Las cuatro esquinas de las medias se sostienen por patas erigidas sobre escombros. ¿Escombros de la mirada heteropatriarcal, que solo deja cuerpos erosionados, &#8220;modelados&#8221; estéticamente para solaz entretenimiento? &#8220;Moldeada&#8221; para ser replicada en una sociedad de consumo. Tal como la técnica artística de vaciado en bronce en donde se replica un modelado con un molde de cera. Sin embargo, la muñeca, no de plástico sino de pesado metal, se va fragmentando en pedazos. Va perdiendo peso y tensión sobre el textil de nylon. El objeto se vuelve lívido, el fragmento femenino deja de ser objeto-libido y se torna en escombro de la dignidad de una persona que se consumió. Dialogando con Bolaños menciona, en relación con los juegos de rol, &#8220;Jugar con la muñeca pesa, hace daño&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡Políticas de Identidad en el arte y la apropiación de iconos culturales como dispositivo retórico ad-nauseam! Pensaría lo mismo de la Barbie Richard Avedon, Irving Penn y Cecil Beaton quienes tipificaron con sus fotografías el canon de la supermodelo como icono fashion? ¿Sospecharía Ruth Handler y la editorial Whitman que sus paper-dolls serían los peleles, la falacia “straw-man” de lo marxista? ¿Expresaría lo mismo la bella obra de Erika Bolaños si se reemplazara la muñeca Barbie por una Monster High doll, una Bratz toy, una K-pop Demon Hunter o por una muñeca Karol-G? ¿Qué sucede si esa misma obra se hace con “+57” muñecas de plomo, menores de edad, suspendidas boca abajo en medias veladas?</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="508" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/b490254f-6af2-432d-b795-e9eebc96ffc5-1024x508.jpeg" alt="" class="wp-image-132359" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mosaico con Detalles de Obra Barbie “Pesa ser Barbie” de Erika Bolaños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La selección de las obras por parte de la Curaduría funciona con gran coherencia. Adyacente a la pieza trinitaria de las Barbies se aprecian pinturas de tono similar. Un ícono del Espíritu Santo y un dibujo de un Ángel de la Anunciación por el artista Antonio Imedio. La primera pintura muestra una paloma, no emanando luz radial al estilo del vitral de alabastro de Gian Lorenzo Bernini, sino emanando viseras diseccionadas de su cuerpo. Sugiere un escrutinio escéptico, de inmanentismo cientificista, un escrutinio a un dogma del católicismo. Dogma figurado y ridiculizado como una carcasa, escombro mito-poético de una era pre-moderna. Paradójicamente, el acierto iconográfico dado por la analogía visual entre la mandorla y las vísceras, denota una incongruencia iconológica y teológica. Ya el jesuita Louis Richeome y el mercedario fray Juan Interián de Ayala escribieron tratados iconográficos, tridentinos, en la contrarreforma, apuntalando los temas. Lo visceral no se relaciona con el Espíritu Santo sino con la naturaleza humana de Jesús; la unión hipostática, los dogmas de la encarnación y la Theothokos. Ello sin mencionar devociones al Sagrado Corazón de Jesús (Alacoque). Ahora bien, el Espíritu Santo, representado como paloma, podría ser una analogía del evangelista para describir una Teofanía. Descripción de destellos de luz fractal, lúmenes (lm), candelas (cd), luxes (lx), emanados como golpes de flash, por las alas en descenso de una paloma. Especulación fenomenológica de lo vivido. Podría develarse el misterio con otras vertientes epistemológicas, exotéricas, reveladas; podría invocarse a la Tercera Persona en oración, mediante una Lectio Divina (Juan 1:32) o una Secuencia de Pentecostés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En relación con el dibujo del ángel, recuerda el motivo iconográfico de la Anunciación, pero con la trompeta del apocalipsis. Lo interesante en el dibujo es la presencia simbólica de un alguien, ausente, que deja sus botas estrambóticas. Botas tipo 60´s Chic, al estilo go-go de André Courrèges. Podría especularse de manera divertida la identidad de su dueño con vericuetos argumentales al estilo de Heidegger, Shapiro y Derrida. Argumentos divertidos como en su famosa disputa en relación con las botas de Van Gogh. En el presente contexto, para no reiterar la idea de la desacralización dolosa, podría proponerse con sencillez que las botas le pertenecen a Lesley Lawson cuando era “virgen”. Cabe mencionar que en el dibujo se representa una cortina roja carmesí que hace juego con un gran terciopelo rojo en la sala expositiva.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="610" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/b27a22a8-df0a-4f59-a6f8-f8d392672cba-1024x610.jpeg" alt="" class="wp-image-132360" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Una carta de amor” y “Tacones y un Ángel&#8221; por Antonio Imedio</p>



<p class="wp-block-paragraph">¡La gran sala V.I.P.! El museógrafo de &#8220;Capricho&#8221;, opta por el uso del terciopelo rojo para indicar con sentido del humor y estética kitsch, la jerarquía e importancia de las obras que se presentan en su interior. El espacio expositivo es cubierto por un telón de Red-Velvet denotando espectacularidad dramática. Un asfixiante campo cromático carmesí y spot-lights envuelven una pintura y unas fotos. Se altera la percepción y la connotación de las obras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se observa la obra de María Prieto “Saying goodbye to boats”: Fotos organizadas en una retícula. ¡Que emoción arte secuencial! No. No se tratan de imágenes en paneles narrativos relacionando eventos por causalidad. No es un storyboard ni un cómic. ¿Podría la yuxtaposición de bloques cromáticos e imágenes crear una nueva imagen gigante al estilo de los foto-collages de David Hockney? No. ¿Entonces? Al analizar cada una de las fotos se destaca una composición similar. Encuadre para Plano Medio Corto. Mujer de espaldas, vestida de oscuro, brazo levantado y pintura naïf. Escena pictórica azul, de velero navegando al horizonte. Océano y mar. En la foto, el cuadro es superpuesto a 6 locaciones diferentes cuya textura contrasta con el azúl del bastidor. Predomina una paleta cromática de triada. Las 6 fotos se repiten y van cubriendo la pared como cartelismo urbano. Pone a viajar no el barco sino al bastidor por locaciones populares. En una de las fotos, se superpone el velero y el mar azul, sobre otra bahía de otra pintura marina. Ello, y la negra silueta hierática femenina, recuerda pinturas surrealistas de René Magritte. Pinturas en donde posa con su barquito azul y la representación obstinada de su presencia, de su autorretrato de gorrito, pero ocultando el rostro. ¿Será que la postura de la mujer y el gesto postizo del brazo son hieráticos? No. ¿Es unívoco el gesto de despedida del brazo? Podría ser el saludo al Fürer. Podría ser la bienvenida plebeya al Acorazado Potemkin (obvio que no). La pose forzada del brazo parece de publicidad de depilación de axila. ¡Tampoco! !Ya sé! ¿El Red Velvet hará parte de la obra? ¿Se expresaría que la artista hace &#8220;viajar&#8221; su obra por burdos espacios expositivos y hace de su acción un espectáculo teatral? No lo sé. Se agotó el análisis y queda sorna más no respuesta. Quizá se trate solo de &#8220;Arte Contemporáneo&#8221; cuya virtud es la ironía del &#8220;No Ser&#8221; y la polisemia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de salir de la sala V.I.P se encuentra una pintura abstracta, azul grisácea, con rayones gestuales horizontales que abarcan todo el lienzo. La obra se titula “Sohbet. Encuentros en la orilla del rio” de Juan Marín. Se destaca hermosa textura lograda con &#8220;técnicas pictóricas de materia y de carga&#8221; (¿parafina, yeso, creta y pigmento?). Se identifican como punto focal, dos girasoles secos, sepultados en embadurne viscoso de barniz oscuro. La muerte. El Red Velvet invade y cubre un segmento del área compositiva del lienzo. Altera y contrasta la percepción del cuadro por el principio de “contraste simultáneo”. Afecta el campo cromático. La falta de fichas técnicas confunde; ¿Será que la pintura del girasol, el Terciopelo Rojo y las fotos del barquito Naïf hacen parte de la misma obra instalativa? No. Son de diferentes autores. Paradójicamente, sigue funcionando de manera coherente la idea curatorial que expresa la idea de aquello efímero que ya no será jamás.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="386" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/19f31777-956e-49ac-a7ea-11257bd9cb42-1024x386.jpeg" alt="" class="wp-image-132361" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"> Obra fotos despedida</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda transgresión tiene un precio. &#8220;Capricho&#8221;, como su nombre lo dice, desborda los cánones convencionales necesarios para que el montaje expositivo transmita con legibilidad la información y la percepción de la obra de los artistas. No obstante, la construcción del sentido que se le da al conjunto de las obras es muy bueno. Ello sin desdibujar los contrapuntos polisémicos dados por la lectura individual de cada obra de arte expuesta y su problematización en tertulia pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Equipo Vibrante de Galería Capricho son: La Directora Ejecutiva Sofía Stocker Tobler, el Curador David Muñoz Velásquez, y el Director Artístico Ángel Farías Huertas. Con gran solemnidad le invitan a la exposición: “Un día todo dejará de Ser&#8221;, en donde la libación, el tributo y el sacrifico se articulan mediante la apreciación de la obra de arte y la celebración religiosa de su presencia. Agosto 15 al 23 en “Capricho”. Cra. 51a # 5 – 63. Chapinero, Bogotá.”</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/015d8bf6-6c14-400d-84c3-ebc7f76d4742-1-819x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-132367" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y como todo lo bueno llega al FINAL de este relato SALVAJE aquí va un aperitivo del PERFORMANCE en el CAPRICHO… by SOFIA STOCKER TOBLER &amp; FRIENDS…porque hay cosas que NO TIENEN PRECIO… Para TODO lo demás existe MASTERCARD, VISA, AMEX, DINNERS o NEQUI o DAVIPLATA , para poder comprar alguna de estás OBRAS…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Así fue su LECTURA…" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Z5HimHR62VA?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-2-762x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131219" style="aspect-ratio:0.744140625;width:762px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131929" style="aspect-ratio:0.400390625;width:410px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg 410w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-120x300.jpeg 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-768x1918.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-615x1536.jpeg 615w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-820x2048.jpeg 820w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385.jpeg 982w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132351</guid>
        <pubDate>Sat, 22 Aug 2026 17:07:12 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/05ca22ea-8186-478b-bf44-c05901d97115.jpeg?quality=60&amp;#038;w=960" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[ANATOMÍA de un CAPRICHO… by F.R.P]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132351</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/mis-sabados-de-cine-episodio-3/</link>
        <description><![CDATA[<p>Les dijimos en la PRESENTACIÓN; de este FANTÁSTICO AUTOR; aquello que “La VIDA te da SORPRESAS…SOR PRESA… jamás ..! A menos que la RELIGIOSA cometa algún DELITO… EXTRAIDO producto de largas sesiones GASTRONÓMICAS que nos llevaron a recorrer la COLOMBIA y otros paises entre ellos la península IBÉRICA con el célebre COCINERO VIAJERO… quien hizo [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Les dijimos en la PRESENTACIÓN; de este FANTÁSTICO AUTOR; aquello que “La VIDA te da SORPRESAS…SOR PRESA… jamás ..! A menos que la RELIGIOSA cometa algún DELITO… EXTRAIDO producto de largas sesiones GASTRONÓMICAS que nos llevaron a recorrer la COLOMBIA y otros paises entre ellos la península IBÉRICA con el célebre COCINERO VIAJERO… quien hizo lo mas MÁGICO de sus recetas, presentarnos à la eminencia GRIS de la FAMILIA el HERMANO CONSENTIDO de ELLOS… y HOY de nuestros LECTORES pues nos lo pidieron y aquí lo traemos… el ANTONIO MEROÑO CAMPILLO…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quien empezó a regalarnos sus OBRAS LITERARIAS, verdaderas JOYAS de COLECCIÓN las que Uds tienen el lujo de CONOCER… </p>



<p class="wp-block-paragraph">HOY nos aporta su..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Alana S. Portero: &quot;No dejaré que le pongan la etiqueta LGTB a mi novela para hacerla pequeña&quot;" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/zlwqd2mOlHM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3… by A.M.C</strong></p>



<h3 class="wp-block-heading">“LA MALA COSTUMBRE</h3>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Alana S.&nbsp; Portero</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seix Barral, 2024</p>



<p class="wp-block-paragraph">252 pgs</p>



<p class="wp-block-paragraph">A ninguna persona normal debe pasar inadvertido lo mal que lo suele pasar en la vida, peor que la mayoría, el personal del colectivo LGTBI, y dentro del mismo, las personas Trans llevan la peor parte, son un grupo realmente vulnerable. Tenía alguna noticia sobre este libro, y al verlo en la biblioteca de mi ciudad, decidí cogerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está siendo todo un fenómeno editorial y social, y a diferencia de otros, tiene calidad de sobra. Veamos, Alana es una chica trans, que nació en el barrio de San Blas, que estudió historia medieval, que se viene dedicando al mundo del teatro, la animación&nbsp; sociocultural y la escritura, y esta es su&nbsp; primera novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La protagonista de esta novela, al igual que la autora, nació en San Blas, donde pasó su infancia y adolescencia, en los 80 y 90. Como sabe cualquier persona nacida antes de 1978 o así, esos fueron los años de la heroína, el caballo, los yonquis a mansalva tirados en medio de la calle, muriendo a chorro, de sida, de sobredosis. Y la protagonista, Alex ( de la que no es muy difícil averiguar que tiene muchos puntos en común con la autora), desde muy pronto se da cuenta de que no se siente a gusto en un cuerpo de hombre, que se siente mujer, vaya, tiene disforia de género.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alex vive en un humilde piso, con padres obreros, vecinos lo mismo, y todo rodeado de los problemas que comentábamos antes. Entre toda esa marginalidad no tardan en aparecer mujeres trans, como su vecina, Margarita, con la que no contactará hasta muchos años después, cuando tenga ya una enfermedad terminal, y Eugenia, la Moraíta, que hace la calle en otras barriadas madrileñas, y que la acogerá como a un hijo. Alex ama, lee, estudia, bebe, se droga, vive, en definitiva, amparada en un núcleo familiar muy unido, pero al que no se atreve a desvelar su secreto, que, de seguro, para sus padres no será tal. Así que vive, en apariencia, dentro de un cerrado armario, en ese barrio obrero tan digno y solidario que, a la autora, le inoculó su conciencia de clase desde el principio. Alex, como decimos, estudia, trabaja, en apariencia está cómoda dentro de su armario, pero, claro, tiene sus dudas, sus miedos, sus problemas de autoaceptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es la novela nada explícita en cuanto a sexo y relaciones, sí lo es al describir la miseria y lo cutre de un barrio marginal hace 30, 40 años, y se hace duro de leer. Tampoco es una confesión a corazón abiero a lo Juan Goytisolo en coto vedado y En los reinos de taifa, verdadera literatura confesional gay, no, el libro es, en ese sentido, incluso algo ñoño, y ahí creo que yerra un poco el tiro. Quizá habría quedado mucho mejor una pieza totalmente autobiográfica y confesional a tumba abierta, descriptiva, dolida. Pero aun así es un bello testimonio de sufrimiento, de vértigo, dividido en cortos capítulos, con una&nbsp; prosa absorbente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Apenas sabía nada de este mundo, sin duda duro, glacial, solitario, que una ley aprobada recientemente en este país intenta, de algún modo, si eso es posible, acompañar. Me gustaría que la gente como Alana sintiera muchas de nuestras manos tendidas.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se nota que su MUNDO; nos referimos al ANTONIO MEROÑO CAMPILLO; pertenece a otra GALAXIA… esa à la que nuestros LECTORES se montaron a cabalgar como un JINETE sin DISFRAZ…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="El Jockey - Dance Scene (Virus -  Sin Disfraz)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lBrFcsRX_-Q?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-2-762x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131219" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131929" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg 410w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-120x300.jpeg 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-768x1918.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-615x1536.jpeg 615w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-820x2048.jpeg 820w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385.jpeg 982w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132127</guid>
        <pubDate>Sat, 15 Aug 2026 11:15:35 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/8a030fcd-35c6-4aae-ad90-6572dfea0737-2.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mis SÁBADOS DE CINE..: EPISODIO 3.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132127</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La universidad que llegó donde terminan las carreteras</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-universidad-que-llego-donde-terminan-las-carreteras/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay momentos en los que un país se revela en sus dificultades. Un terremoto vuelve a recordarnos que Colombia está atravesada por montañas, fallas geológicas, distancias enormes y territorios donde llegar sigue siendo una hazaña. Una carretera que se derrumba puede dejar aislada una comunidad durante días. Una temporada de lluvias puede convertir unas horas [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay momentos en los que un país se revela en sus dificultades. Un terremoto vuelve a recordarnos que Colombia está atravesada por montañas, fallas geológicas, distancias enormes y territorios donde llegar sigue siendo una hazaña. Una carretera que se derrumba puede dejar aislada una comunidad durante días. Una temporada de lluvias puede convertir unas horas de viaje en una jornada entera. Y para millones de colombianos, la distancia entre su casa y una universidad no se mide solamente en kilómetros: se mide en dinero, tiempo, transporte y, muchas veces, en la imposibilidad de irse de su territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace poco, el columnista Luis Carvajal Basto llamó a la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD, <strong>“el milagro” de la educación pública colombiana</strong>. Su columna tiene razón en algo fundamental: estamos poco acostumbrados a reconocer las historias de éxito de nuestras instituciones públicas. Con frecuencia hablamos de ellas a partir de sus crisis, sus problemas financieros, sus disputas políticas o sus escándalos. Mucho menos de aquellas que han conseguido construir durante décadas, innovar y crecer. Pero hay otra manera de mirar ese milagro: no desde las cifras, sino desde el mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá la verdadera revolución de la UNAD consiste en haber conseguido que, en un país donde la geografía todavía determina buena parte de las oportunidades, la distancia deje de decidir quién puede estudiar. Colombia es un país difícil para llegar. Tres cordilleras, selvas, llanuras, ríos, carreteras interminables y comunidades separadas por enormes distancias han hecho de la geografía uno de nuestros grandes problemas históricos. Durante décadas, estudiar una carrera profesional significó para millones de jóvenes abandonar su municipio y trasladarse a Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga o alguna otra ciudad universitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para algunos fue una oportunidad extraordinaria. Para otros significó endeudarse, separarse de sus familias, abandonar un trabajo o aceptar que la universidad simplemente no estaba hecha para ellos. La UNAD comenzó a responder una pregunta distinta: <strong>¿qué pasaría si fuera la universidad la que llegara hasta el estudiante?</strong> Parece una pregunta sencilla. No lo era. Mucho antes de que la pandemia obligara al sistema educativo a descubrir las posibilidades de la virtualidad, la UNAD venía construyendo un modelo basado en la educación abierta y a distancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No esperó a que la tecnología hiciera popular la educación remota. Entendió antes que otros que las herramientas digitales podían ser mucho más que una manera de reemplazar un salón de clases: podían cambiar la geografía de las oportunidades. Hoy la dimensión de esa apuesta es difícil de ignorar. Cerca de 390.000 estudiantes, 72 centros regionales y 121 programas de educación superior hablan de una institución que dejó de ser marginal para convertirse en una de las grandes universidades del país. Pero la cifra que más me interesa no es la de estudiantes. Son los lugares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque detrás de cada estudiante hay un territorio. Hay un municipio donde alguien decidió estudiar sin abandonar su casa. Hay una mujer que pudo combinar su carrera con el trabajo y la familia. Hay un joven que no tuvo que emigrar a una gran ciudad. Hay comunidades para las que el acceso a la educación superior dejó de depender exclusivamente de la posibilidad de tomar un bus y recorrer cientos de kilómetros. Por eso la presencia territorial de la UNAD no contradice su carácter digital. Lo complementa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una universidad digital no tiene por qué ser una universidad deshumanizada. Puede ser, precisamente, una universidad mucho más conectada con la realidad de un país disperso. La pantalla no elimina el territorio: lo conecta. Y ahí está una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. Mientras Colombia todavía lucha por construir carreteras que conecten a sus regiones, una universidad pública ya está construyendo otra clase de infraestructura: una red educativa capaz de atravesar esas mismas distancias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un derrumbe puede cerrar una carretera. La educación no tiene por qué detenerse. Un río puede crecer y una montaña puede seguir siendo montaña. Una comunidad puede estar a horas de la capital más cercana, pero el conocimiento puede encontrar otra ruta. En un país donde la geografía ha sido durante siglos una barrera para acceder a las oportunidades, la tecnología puede convertirse en una herramienta para desmontar esa barrera. No para negar el territorio, sino para conectarlo de otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La UNAD tampoco nació ayer. Lo extraordinario es que hubo un proceso institucional previo, sostenido durante años, que permitió que la universidad estuviera preparada cuando el mundo entero tuvo que trasladar buena parte de la educación a las pantallas. Esa historia importa porque las grandes transformaciones públicas rara vez ocurren de un día para otro. Necesitan instituciones capaces de acumular experiencia, conservar lo que funciona, corregir lo que no funciona y sobrevivir a los cambios políticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia hablamos permanentemente de la necesidad de construir Estado en las regiones. Hablamos de cerrar las brechas entre el campo y la ciudad, entre el centro y las periferias, entre quienes tienen oportunidades y quienes nacen lejos de ellas. Pero pocas veces pensamos en la educación como una de las infraestructuras fundamentales para lograrlo. Tal vez deberíamos. Porque una universidad no solamente entrega títulos: construye capacidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un profesional que se forma en su territorio puede transformar su municipio. Un docente puede multiplicar el conocimiento. Un administrador puede mejorar una institución local. Un ingeniero puede encontrar soluciones para problemas que alguien que vive a cientos de kilómetros jamás habría visto. La educación superior no es solamente movilidad social individual. También es infraestructura para un país. Y la UNAD ha construido una parte de esa infraestructura de una manera particularmente colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una copia de Silicon Valley. No es una universidad extranjera importada para resolver nuestros problemas. Es una institución pública que ha tenido que aprender a educar en las condiciones reales de este país: con distancias enormes, desigualdad territorial, conectividad imperfecta y comunidades que durante décadas estuvieron lejos de las universidades tradicionales. Es, en cierto sentido, una tecnología hecha a la medida de Colombia. Una universidad <em>made in Colombia</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá por eso también empieza a ser relevante fuera de Colombia. El reciente reconocimiento internacional al rector Jaime Leal, con su incorporación a la Junta Directiva del Instituto de Tecnologías de la Información en la Educación de la UNESCO, muestra que aquella experiencia que durante años pudo parecer exclusivamente nacional empieza a ser observada como un modelo para otros países que enfrentan problemas similares: grandes territorios, desigualdad de acceso, poblaciones rurales y dificultades para llevar educación superior de calidad a todos los lugares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso debería producirnos algo más que orgullo. Debería producirnos curiosidad. Colombia tiene una curiosa costumbre de buscar afuera las soluciones que a veces ya está construyendo adentro. Hablamos de inteligencia artificial, transformación digital, educación del futuro y nuevas formas de aprendizaje como si fueran fenómenos que necesariamente tuvieran que llegar desde los grandes centros tecnológicos del mundo. Pero una universidad pública colombiana lleva décadas haciéndose la pregunta que muchos apenas comienzan a formular: cómo utilizar la tecnología para que el lugar donde una persona nació no determine hasta dónde puede llegar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, la UNAD no resuelve todos los problemas de la educación superior colombiana. Ninguna institución lo hace. La educación virtual enfrenta sus propias dificultades y exige disciplina, conectividad, acompañamiento y calidad académica. El crecimiento también trae nuevos desafíos. Pero precisamente por eso vale la pena mirar el fenómeno sin idealizaciones y reconocer lo que sí funciona. En medio de tantas discusiones sobre lo que Colombia no logra hacer, hay algo poderoso en reconocer una institución pública que durante décadas ha construido una respuesta concreta a uno de nuestros problemas más persistentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizás el futuro de la educación no consiste solamente en construir más edificios. Quizás consiste en construir más conexiones. En un país donde una carretera puede tardar décadas en atravesar una montaña, una universidad puede hacer algo extraordinario: atravesarla de otra manera. Y entonces la imagen cambia. Ya no es el estudiante que tiene que abandonar su territorio para llegar a la universidad. Es la universidad llegando hasta él, allí donde termina la carretera, allí donde empieza la montaña, allí donde durante mucho tiempo Colombia creyó que terminaban también las oportunidades.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132118</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Aug 2026 18:09:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/771855418_18191404744377671_8713440316082266667_n.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La universidad que llegó donde terminan las carreteras]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132118</post-id>    </item>
        <item>
        <title>La filosofía académica y sus vicios III:  Neolatrismo filosófico, tradición intelectual y eurocentrismo congénito</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/la-filosofia-academica-y-sus-vicios-iii-neolatrismo-filosofico-tradicion-intelectual-y-eurocentrismo-congenito/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ofrecemos la tercera y última parte en torno a los vicios de la filosofía académica. Nos centramos en el neolatrismo filosófico, la falta de tradición o el culto a la misma, y el eurocentrismo congénito de nuestra academia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En su corto ensayo&nbsp;<em>Notas sobre la inteligencia americana&nbsp;</em>(1936) sostuvo, en la primera mitad del siglo pasado, el escritor mexicano Alfonso Reyes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“América vive saltando etapas, apresurando el paso y corriendo de una forma en otra,&nbsp;<em>sin haber dado tiempo a que madure del todo la forma precedente.</em>&nbsp;A veces, el salto es osado y la nueva forma tiene un aire de un alimento retirado del fuego antes de alcanzar su plena cocción.<em>&nbsp;La tradición ha pesado menos y esto explica la audacia”.&nbsp;</em>En el mismo texto asevera que hay por eso entre nosotros una&nbsp;<em>“consigna de improvisación” </em>(1996, p.91).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este ensayo, una de las primeras “sociologías del saber” entre nosotros, pone de presente, para nuestro interés aquí,&nbsp;varios aspectos: la falta de tradición filosófica y la improvisación intelectual en el continente. Ambos fenómenos interrelacionados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de la tradición es fundamental. En América Latina, sólo hasta comienzos del siglo pasado tras la proclamada normalidad filosófica empezó un interés creciente por nuestra propia producción filosófica: no solo del pensamiento amerindio, sino de la filosofía colonial y republicana. Ese proceso se inició en México y acompañó el naciente debate en torno a la filosofía latinoamericana. Eso ha remediado desde entonces el problema de la tradición intelectual entre nosotros, a la vez que ha alumbrado ese ejercicio necesario de escrutar los caminos, los procesos y los difíciles retos que ha vivido la inteligencia americana para surgir y abrirse al mundo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el problema no termina ahí. La falta de tradición también se refiere a la débil recepción del pensamiento europeo entre nosotros. Aquí llegó la fenomenología de Heidegger con Gaos sin haberse siquiera pasado por el idealismo alemán; se recibía a Marx sin haber leído y asimilado a Feuerbach, Hegel o Kant. Es decir, como dice Reyes, dábamos grandes saltos en el vacío, sin digerir bien la tradición filosófica europea, sin criticarla (pues no había armas para la crítica) y sin tener un pilar fuerte desde donde enfrentarse con la cantidad de corrientes que vendrían posteriormente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos defectos llevaron a la adulación ingenua y acrítica de las “modas filosóficas”. Aspecto este que tanto denunció entre nosotros Rafael Gutiérrez Girardot. La falta de tradición mostró su debilidad correlativa: la asunción acrítica de lo nuevo, su culto. Esto es lo que llamo “<em>Neolatrismo filosófico</em>”. Una práctica generalizada en Nuestra América desde sus orígenes y evidente en el mundo de la filosofía en el siglo XX.&nbsp;Sencillamente se adula lo nuevo por ser nuevo; se confunde la novedad con la calidad. Esta actitud, reforzada por algunos de los principios del pensamiento posmoderno, como la relajación, la moda, y el desprecio por la historia, han provocado una estampida de aduladores que sólo esperan en las librerías las últimas traducciones de las supuestas vanguardias intelectuales europeas. Así calman sus delirios y su “afán de novedad”&nbsp;para decirlo con Heidegger. Eso sucedió con la obra de Fukuyama, Jhon Rawls, Habermas y Foucault. En los dos últimos casos, son contadas las recepciones serias en Colombia de estos autores, entre ellas, las de Guillermo Hoyos Vásquez, Oscar Mejía Quintana, Santiago Castro-Gómez y Renán Silva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El <em>neolatrismo filosófico</em> se promociona, en muchos casos, en las mismas universidades. A los estudiantes se les enseña lo nuevo, la moda, mostrándolo como una superación de lo viejo. Ellos, sin leer la tradición, sin enfrentarse críticamente con ella, sin digerirla, creen encontrarse viviendo el pensamiento actual. Sin darse cuenta que están descubriendo mediterráneos, pues como no han hecho la tarea de estudiar seriamente filosofía, nunca podrán determinar qué es viejo y qué es nuevo, que es un refrito, etc., del pensamiento que están adulando como a una reliquia. Este problema es altamente preocupante. Hoy, para decirlo sin ambages, es tanta la adulación por las modas filosóficas, que basta ir a Europa, Inglaterra o Estados Unidos, estudiar la filosofía de algún filósofo, aprender su vocabulario, copiar sus frases y metáforas (sin citarlo regularmente), regresar a cualquier universidad Latinoamérica, abrir la boca, convertirse en ventrículo de algún “filósofo actual”, dar la misa, regurgitar, e inmediatamente estallarán los aplausos. Ser buen filósofo es, entre nosotros, a menudo, ser buen imitador y buen repetidor. Eso ha pasado exactamente <em>con parte</em> de la filosofía posmoderna, la cual viene adornada con su floripondio arsenal de palabras y conceptos nuevos, con su exuberancia verbal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que aclarar que se trata de alimentarse críticamente de la tradición, de renovar, de aceptar lo nuevo pero mediándolo críticamente. <em><strong>No se trata de una apología de la tradición ni de un misoneísmo filosófico, sino de hacer la tarea, el ejercicio crítico, de trabajar con esfuerzo y pasión con ese pensamiento.</strong></em> Al respecto, termino con un aparte de mi libro <em>Estudios sobre el pensamiento colombiano:</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“el problema de la falta de tradición, su desconocimiento, la falta de conciencia de ella, es que no se cuenta con una base fuerte, sólida, desde la cual confrontar críticamente el pensamiento extranjero, en el caso particular de los latinoamericanos, la filosofía europea. Ese “vacío de tradición”, que implica un desarraigo del pasado, hace que las modas intelectuales entren y salgan, que se sustituyan unas por otras, tal como sucede hoy en Colombia con algunos pensadores&nbsp;fashion.&nbsp;Este problema impide un debate serio, que confronte, discuta críticamente si esas modas aportan algo a la cultura o de lo contrario, sino lo hacen”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resumiendo, el “vacío de tradición” imposibilita una&nbsp;asimilación&nbsp;crítica de los aportes de otra cultura, de otro pensamiento, de otro autor. Y en este sentido, se fomenta la improvisación, lo que Gutiérrez Girardot llamó el aventurerismo teórico, el rastacuerismo intelectual y, por ende, la promoción del&nbsp;mencionado “neolatrismo filosófico”, el “colonialismo intelectual” y “la colonialidad del saber”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;<em>Eurocentrismo y retorno incesante de lo mismo</em></strong><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En su libro&nbsp;<em>La fuerza de existir. Manifiesto hedonista,&nbsp;</em>el filósofo francés Michel Onfray se pregunta:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“¿Quién escribe la historia de la filosofía? ¿Según qué principios? ¿Con qué objetivos? ¿Para demostrar qué? ¿A quién? ¿Desde qué perspectiva? ¿Cuándo comienza la practica de la historia, de la Enciclopedia, del Léxico, del Manual? ¿Quién edita, distribuye, difunde? ¿Dónde? Para qué público, qué lectores?” (2008, p. 56)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este conjunto de preguntas tienen hoy un valor innegable para la Historia social de la filosofía, pues permite cuestionarnos sobre la práctica filosófica, una práctica donde la “historiografía de la filosofía” se empezó a revisar hace muy poco. Tiene importancia además, no sólo porque discute la historiografía tradicional que hemos recibido de manuales o de historias de la filosofía que siempre repiten lo mismo, los mismos autores excluyendo a las mujeres, repiten los mismos tópicos, sino porque nos permiten cuestionar la práctica académica de la filosofía hoy: por ejemplo, el ensalzamiento de pensadores por medio de las editoriales que sólo los interesa vender libros, o la práctica misma autista de los filósofos, su elitismo, su autismo, etc., que con la pretensión de darse un puesto en el mundo de la filosofía inventan y crean jergas por deporte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha sido este conjunto de inquietudes que, desde América Latina, ya hace cerca de 40, años empezó a manifestar el filósofo argentino-mejicano Enrique Dussel. Para el mayor representante de la llamada “Filosofía de la liberación”, uno de sus creadores y su mayor exponente, <em>la historiografía es constitutiva de la forma como entendemos la filosofía hoy.</em> <em><strong>No hay una determinada mirada de la filosofía sin tener en cuenta la forma como esta ha llegado a nosotros, cómo nos la han contado, cómo la hemos estudiado, desde qué perspectivas.</strong></em> En este sentido, las preocupaciones que tuvo Dussel, un autor de la periferia de Europa, encajan perfectamente con las preocupaciones epistemológicas en torno a la filosofía de un autor del centro, de Europa, como Michel Onfray. En este sentido Dussel ha dicho en el prólogo a su libro <em>Política de la liberación. Historia mundial y crítica: </em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Desearíamos que no se leyera esta historia simplemente como un relato más, informativo de muchas posiciones teóricas innovadoramente interpretadas.<em> Sería necesario leerla más bien como un contra-relato, como un relato de una tradición anti-tradicional” </em>(2007, p.13).</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Desde América Latina Dussel se ha propuesto una re-valuación de la historia misma, de la historia de la filosofía, de la historia de la filosofía política, con el fin de superar la mirada tradicional que se ha tenido sobre estos tópicos. Dussel se propuso superar específicamente lo siguiente: El helenocentrismo, el occidentalismo, el eurocentrismo y la visión tradicional de la modernidad (Pachón, p. 245 – 260), entre otros aspectos. Hay que decir, además, que estos intentos no sólo tienen un fin epistemológico, sino también político, pues <em>una vez desenmascarado el velo ideológico de la forma tradicional como se ha visto la historia, se abre el camino para la autocomprensión de los pueblos, para la emergencia de su pensamiento aplastado por una historiografía dominante tradicional apoyada en el colonialismo de Europa sobre el resto del orbe.</em> </p>



<p class="wp-block-paragraph">Así las cosas, la destrucción de la historiografía tradicional posibilita una nueva mirada no eurocéntrica que permitiría plantear un nuevo proyecto: “Un dialogo mundial entre tradiciones filosóficas”, donde la filosofía no es exclusiva de Europa, donde esta, además, puede salir de su ensimismamiento y entrar en diálogo con otras tradiciones: así se enriquece la filosofía misma y se crea una nueva edad no eurocéntrica: la <em>“Transmodernidad filosófica</em>” (Dussel, 2009, p. 15-28).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que poner de presente, por ejemplo, que Dussel y Onfray confluyen en la crítica al helenocentrismo. Michel Onfray comparte las mismas apreciaciones. Por eso ha propuesto, contra la historiografía tradicional de la filosofía, una “Contra-historia de la filosofía”. Entre otras cosas, Onfray ha sostenido:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Entre las fábulas que se han convertido en certezas, se encuentra la siguiente: la filosofía nace en el siglo VII A.C en Grecia, con los presocráticos. Esta frase contiene por lo menos tres errores. La fecha, el lugar y el nombre. Porque mucho antes de esa fecha ya se pensaba en Sumeria, Asiria, Babilonia, Egipto, en la India, en la China y en otros lugares bárbaros desde el punto de vista de los griegos”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Continúa Onfray:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Otro lugar común: ¡los griegos inventores de la democracia! Ellos, que alababan el linaje&nbsp;puro, única legitimación de cualquier participación en la vida de la ciudad. Las mujeres, los metecos, los extranjeros residentes y los blancos no nacidos de raza pura eran excluidos de esa famosa democracia, existente solo en la ciudad de Atenas- El Logos cae del cielo, milagro griego…¿Qué pensar de los viajes de Pitágoras a Egipto y de los saberes y sabidurías allí descubiertos? ¿Qué pensar de las expediciones del mismo Demócrito a Persia, entre los Indios, los etíopes y los egipcios?”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso Onfray concluye: “En el reino de la filosofía oficial, triunfan las fábulas. No se ponen en tela de juicio las producciones de la historiografía dominante” (2008, p. 54-55).&nbsp;Ahora, ¿qué objetivo tiene poner de presente todo esto? Lo que se busca es desanquilosar la práctica filosófica, revitalizarla, acabar con la esclerosis que corroe la disciplina misma desde adentro, sugerir nuevas lecturas que den cuenta de las complejidades de la sociedad y el mundo actual, ampliar las miradas y las perspectivas. En este sentido, <strong><em>los programas deben actualizarse, buscar un equilibro feliz entre la tradición, los clásicos y el pensamiento nuevo.</em></strong> Por eso es necesario primero enfrentarse a las modas académicas, para poder determinar qué de lo nuevo se incluye en los programas, en la enseñanza de la filosofía. No más repetición de lo mismo, no más repeticiones de anécdotas, fechas, citas famosas, incidentes casuales. No más el “retorno incesante de lo mismo” en las facultades de filosofía. No a esas prácticas donde:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“el plagio, la cita encubierta, la regurgitación conceptual del caldo ajeno y otras jocosidades de la corporación controlan el mundo de los redactores de enciclopedia, los creadores de vocabulario y demás autores de la historia de la filosofía […] las mismas referencias, los mismos textos de los mismos autores, los mismos contenidos en las reseñas biográficas de los manuales, a veces la misma iconografía” (Onfray, 2008, p.53).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto nos lleva a decir que la superación del eurocentrismo implica una renovación en sí misma de la práctica filosófica en la academia y en las aulas, a la vez que permite a acceder a otros saberes, a filosofías no occidentales. El resultado es un fructífero enriquecimiento del pensamiento. Hay que resaltar aquí también que, a la crítica de ese eurocentrismo, de esa miopía deliberada y la arrogancia narcisista de Europa que sólo se mira a sí misma, se ha sumado el heterodoxo filósofo alemán actual Peter Sloterdijk. En su libro&nbsp;<em>El sol y la muerte&nbsp;</em>ha sostenido:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Es de lamentar que la mayoría de los intelectuales alemanes, sobre todo los profesores de filosofía, no se interesen en absoluto por las culturas extraeuropeas, que reaccionen con acritud y arrogancia cuando se recuerda que existe un universo tan complejo como el pensamiento la meditación hindú, un pensamiento que en no pocos aspectos ha sido tan importante como el viejo pensamiento europeo y, en otros, incluso superior, y con el que uno probablemente está obligado a confrontarse si se toma en serio su trabajo” (</strong>2004, p.17).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta critica a las prácticas filosóficas enclaustradas en el mundo filosófico actual, latinoamericano y europeo, la superación de esos vicios, la crítica del eurocentrismo filosófico y la apertura a otros pensamientos, a otras culturas, es lo que aquí llamo “éxodo” o más bien, en plural, éxodos, esto es, las “huidas”, los “alejamientos”, las salidas hacia otros lugares, otros “claros del bosque”, etc., de la filosofía; la ampliación del pensamiento, su enriquecimiento. Ya no se trata de ocultar lo que hay en el mundo, de humillar restos de lo humano, de negar realidades, sino de, desprejuiciadamente, emprender la reflexión sobre lo que nos rodea, sobre los pensamientos mismos, sobre la complejidad del mundo en el que vivimos, pues como ha dicho el mismo Sloterdijk: <em>“En la actualidad la filosofía es el arte de encontrarse directamente&nbsp;ante lo hipercomplejo”</em> (Ibíd., p. 32.)&nbsp;Ninguna realidad puede ser humillada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya el sistema filosófico no puede desconocer otras culturas, otros pensamientos; tampoco puede la filosofía desinteresarse de las entrañas, como decía María Zambrano, de ocuparse de ellas, de las formas íntimas de la vida, del amor, el deseo, el placer. Por lo demás, la superación del eurocentrismo permite&nbsp;<em>reconocer</em>, como lo pone de presente Sloterdijk, lo que otros han legado, han aportado. Para terminar esta parte, quiero recordar que María Zambrano ha sostenido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Lo que normalmente sucede con todos los vencidos, en cualquier historia de que se trate: se toma de los vencidos lo que hace falta sin nombrarlos; se les concede la razón ineludible, más apoderándose de ella, y trasladándola al campo del vencedor, que lo hace con tranquilidad de conciencia, tanto que bien puede no darse cuenta de lo que hace. <strong>Todos los vencidos son plagiados en el sentido amplio de la palabra “plagio”, que puede llegar a ser hasta el desenvolvimiento, el desarrollo de un tema inicial; hasta el rapto de una figura representativa. La suerte de la razón del vencido es convertirse en semilla que germina en la tierra del vencedor. </strong>La semilla, toda semilla, ¿no está vencida cuando es enterrada? Y cuando revive de entre los muertos, donde se la arrojó, es porque se ha vencido enteramente a sí misma” (</em>2007, p. 96-97)<em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las páginas anteriores se ha realizado una crítica a la práctica filosófica. No sólo se ha hablado de los demonios que acechan al filósofo, sino a su quehacer dentro de la comunidad filosófica, la universidad, las aulas. Se ha puesto de presente, igualmente, su miopía al rechazar otras formas de filosofar, al ocultar la tradición heterodoxa y a su incapacidad congénita de superar la tradición eurocéntrica, incapacidad que le permite a la vez permanecer cómodo en sus dominios de conocimiento, sin arriesgar nada, sin aventurar. Este tipo de filósofo cree que basta con citar&nbsp;a Kant para impresionar, para demostrar que está dentro de la disciplina, pero tal vez no se ha asomado por la ventana para descubrir otras culturas, otros pensamientos, otros autores aún dentro de la misma tradición que lo abriga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas cuestiones constituyen todos los males de la filosofía actual, males que Onfray ha resumido como egotismo, solipsismo, elitismo, bandidaje (autores aduladores del liberalismo) y&nbsp;el culto a la repetición: “Repito, luego existo” (2009, p. 25-26).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dussel, Enrique, (2009) “Una nueva edad en la historia de la filosofía: el diálogo mundial entre tradiciones filosóficas”, en:&nbsp;<em>Revista Cuadernos de Filosofía latinoamericana,&nbsp;</em>Vol., 29, No. 99, Bogotá, Universidad Santo Tomás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">_________________ (2007).&nbsp;<em>Política de la liberación. Historia mundial y crítica,&nbsp;</em>Madrid, Trotta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Onfray, Michel.  (2008). <em>La fuerza de existir</em>, Barcelona, Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">______________. (2009).&nbsp;<em>La inocencia del devenir. La vida de Friedrich Nietzsche,&nbsp;</em>Barcelona, Gedisa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">_______________(2011).  <em>Política rebelde, </em>Barcelona, Anagrama.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián, (2010). “Enrique Dussel: crítica del eurocentrismo y la modernidad”, en&nbsp;“<em>Esbozos filosóficos I.Trasegares</em>, Bogotá, 2ª edición, Universidad Santo Tomás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián. (2011). <em>Estudios sobre el pensamiento colombiano. </em>Bogotá, Desde abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Reyes, Alfonso. (1996). “Notas sobre la inteligencia americana”, en:&nbsp;<em>Filosofía de la cultura latinoamericana,&nbsp;</em>Bogotá, El Búho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sloterdijk, Peter. &nbsp;(2004). &nbsp;<em>El sol y la muerte,&nbsp;</em>Madrid, Siruela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Zambrano, María. (2007).&nbsp;<em>El hombre y lo divino,&nbsp;</em>México, Fondo de Cultura Económica.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132037</guid>
        <pubDate>Mon, 10 Aug 2026 22:45:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Imagen-para-libro.jpeg?quality=60&amp;#038;w=696" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La filosofía académica y sus vicios III:  Neolatrismo filosófico, tradición intelectual y eurocentrismo congénito]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132037</post-id>    </item>
    </channel>
</rss>