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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for escritora | Blogs El Espectador</title>
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        <title>¡Qué zulú! de Stella Estrada Mosquera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/pazifico-cultura-y-mas/que-zulu-de-stella-estrada-mosquera/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una reflexión sobre el lenguaje, los prejuicios y las formas en que las palabras construyen nuestra mirada del otro. A partir de “¡Qué zulú!”, Stella Estrada Mosquera nos invita a cuestionar los significados que heredamos y reproducimos, y a reconocer en el lenguaje un territorio donde también se construyen inclusión, exclusión y memoria.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La escritora colombiana Stella Estrada Mosquera (Tumaco), radicada en España hace un buen tiempo, autora de las novelas <em>El doctor sin letra</em> (2005), <em>Irimó</em> (2008), <em>Nadie muere la víspera</em> (2016) y <em>Bajo el limonero</em> (2022), nos sorprende con un libro de carácter filosófico, una reflexión desde el lenguaje sobre el racismo y la condición humana, no con las elucubraciones propias de quienes postulan desde el mundo de las ideas —aunque Platón está presente en su texto—, sino con una reflexión anclada en la vida real, en la cotidianidad, de ahí la valía y pertinencia de este ensayo en un tiempo menesteroso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> encuentra en el lenguaje un problema filosófico que suele permanecer oculto bajo la apariencia de lo cotidiano: la relación entre la palabra y la realidad que creemos nombrar, entre aquello que decimos y aquello que hemos aprendido a considerar verdadero, porque una expresión aparentemente trivial puede contener una determinada concepción del mundo y, con ella, una manera de ordenar las diferencias entre unos seres humanos y otros. La autora parte de palabras que circulan en la conversación común y las convierte en materia de interrogación, como si levantara la superficie de esas expresiones para buscar las ideas, los prejuicios y las experiencias históricas que han quedado depositados en ellas, de allí que el verdadero asunto del libro no sean solamente las palabras cuestionadas, sino nuestra relación con aquello que hemos aprendido a decir sin preguntarnos por qué lo decimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta perspectiva, la presencia de Platón adquiere una importancia particular, pues la reflexión de la autora se aproxima a esa vieja disputa entre la opinión y el conocimiento, entre aquello que damos por cierto porque ha sido repetido y aquello que estamos dispuestos a someter al ejercicio de la razón. Una expresión heredada puede funcionar como una pequeña caverna: proyecta una imagen del otro, nos acostumbra a verla y termina haciendo innecesaria la pregunta por su origen, mientras la educación, entendida en un sentido filosófico, debería precisamente abrir una posibilidad contraria, permitir que el individuo se aparte de las sombras que ha confundido con la realidad y examine las ideas desde las cuales ha construido sus juicios. En <em>¡Qué zulú!</em> esa salida de la caverna no ocurre mediante una gran revelación, sino a través de algo mucho más cercano y quizá por eso más difícil: detenerse ante una expresión conocida y preguntarse por la carga simbólica, muchas veces histórica, que en ella se asienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Locke le permite conducir esa indagación hacia el terreno de la experiencia y de la formación de las ideas, lo que permite afirmar que no nacemos con muchas de las categorías desde las cuales juzgamos a los demás, sino que las vamos adquiriendo en el contacto con el mundo, en la familia, en la educación, en la cultura y también en el lenguaje que escuchamos y repetimos. Una expresión puede instalar una asociación en la conciencia mucho antes de que tengamos la capacidad de someterla a juicio, de modo que aquello que posteriormente llamamos “sentido común” puede ser, en realidad, el resultado de una larga sedimentación de experiencias y conceptos que nunca fueron examinados, frases que asimilamos sin sentir, ni mucho menos presentir, la carga simbólica que contienen. La referencia a los hábitos erróneos de Locke resulta fecunda, porque permite comprender que el prejuicio no necesita presentarse como una doctrina elaborada: puede sobrevivir en una frase, en una comparación, en una costumbre lingüística que ha conseguido borrar las huellas de su propio origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá sea precisamente la costumbre uno de los territorios más difíciles de interrogar, porque aquello que repetimos durante mucho tiempo termina adquiriendo la apariencia de lo natural, como si la frecuencia pudiera otorgarle legitimidad a una idea; una palabra heredada deja entonces de parecernos una construcción cultural y comienza a funcionar como una evidencia, algo que se dice porque “siempre se ha dicho”, sin que nos detengamos a preguntar quién la inventó, qué historia la acompaña, qué relación de poder pudo haber detrás de ella y por qué seguimos transmitiéndola. En esa zona aparentemente inofensiva de la costumbre se instala buena parte de aquello que después llamamos sentido común, cuando muchas veces no es otra cosa que una idea antigua a la que hemos dejado de hacer preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Protágoras le permite introducir otra tensión fundamental, porque la idea de que el hombre es medida de las cosas permite preguntarnos quién establece los criterios con los cuales calificamos al otro, quién decide qué es civilizado y qué es salvaje, qué es normal y qué resulta extraño, qué merece reconocimiento y qué puede convertirse en objeto de burla o desprecio. Cuando una persona utiliza una expresión como <em>¡Qué zulú!</em> para referirse a alguien, no está simplemente escogiendo una palabra entre muchas posibles, está recurriendo a una imagen cultural que establece una relación entre ese individuo y una determinada representación de lo salvaje o lo diferente; la palabra revela entonces una mirada anterior a ella misma, una mirada que ya ha clasificado aquello que pretende nombrar. La pregunta deja de ser únicamente qué significa una palabra y pasa a ser quién tiene el poder de construir el significado desde el cual miramos a los otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora no pretende resolver estas preguntas desde una posición exterior a la experiencia, sino que permite que el desconcierto, la incomodidad y hasta el dolor se conviertan en materia de pensamiento, aunque allí mismo aparece una exigencia: la experiencia personal puede abrir una pregunta, pero no basta por sí sola para convertirla en verdad; necesita confrontarse con la historia, con otras experiencias, con la filosofía y con la razón, justamente el movimiento que el libro intenta realizar cuando pasa de la expresión escuchada a la investigación, de la experiencia a los autores y de la reacción personal a una pregunta ética acerca del lenguaje. Ese tránsito resulta importante porque evita que la reflexión quede encerrada en el ámbito de lo subjetivo y permite convertir una vivencia particular en un problema que puede ser discutido socialmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que conviene preguntarse cuando hablamos de lenguaje: si cambiar determinadas palabras basta realmente para cambiar aquello que pensamos. Una sociedad puede modificar su vocabulario y conservar intactas sus formas de discriminación, del mismo modo que puede abandonar una expresión sin haber comprendido jamás la historia que contenía; la transformación tendría que alcanzar el concepto que está detrás de la palabra, la relación de poder que la sostiene, la mirada que clasifica al otro y la educación que permitió que esa clasificación llegara a parecernos natural. Allí la crítica adquiere una dimensión más profunda, porque ya no se trata solamente de cuidar lo que decimos, sino de preguntarnos qué tipo de conciencia produce aquello que decimos y qué tipo de sociedad contribuye a reproducir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También resulta necesario mantener abierta la tensión entre intención y efecto, porque una palabra no puede ser comprendida exclusivamente desde la intención de quien la pronuncia ni juzgada al margen del contexto en que aparece, pero tampoco puede suponerse que la buena intención borra automáticamente la historia y la carga cultural de una expresión. Entre lo que quiso decir quien habla y aquello que experimenta quien escucha existe un espacio donde intervienen la memoria, la cultura, la posición social y la experiencia individual, y es precisamente allí donde el lenguaje deja de ser un asunto puramente lingüístico para convertirse en un problema ético; la responsabilidad comienza cuando aceptamos que nuestras palabras pueden producir efectos que no controlamos completamente y que conocer esa posibilidad nos obliga a revisar aquello que antes pronunciábamos de manera automática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay aquí una relación que me parece inevitable con Juan Montalvo y con aquella afirmación suya, “mi pluma lo mató”, expresión que condensa de manera extraordinaria la conciencia del escritor acerca del poder de la palabra, porque la pluma no aparece como un simple instrumento para describir la realidad, sino como una fuerza capaz de intervenir sobre ella, de derribar reputaciones, denunciar poderes, combatir ideas y producir efectos concretos en la conciencia de quienes leen. Vista desde esta perspectiva, la reflexión de Stella Estrada adquiere una resonancia mayor: las palabras que analiza no son sonidos inocentes que desaparecen después de ser pronunciados, llevan consigo una memoria, una representación del otro y una determinada concepción del mundo, de allí que una expresión aparentemente cotidiana pueda contribuir a perpetuar una mirada discriminatoria, del mismo modo que otra palabra, consciente de su responsabilidad, puede abrir una fisura en esa mirada y comenzar a transformarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>¡Qué zulú!</em> puede leerse también como un ejercicio de desmontaje de la costumbre, una tentativa por devolverle extrañeza a aquello que la repetición ha vuelto invisible, ahí está quizá su dimensión más filosófica: la autora no solamente pregunta por el significado de determinadas expresiones, pregunta por la formación de nuestros juicios, por la relación entre lenguaje y conciencia, por la educación y por la responsabilidad que tenemos frente a las ideas que heredamos. Platón aparece entonces con su exigencia de salir de la opinión, Locke con la pregunta por el origen y la formación de nuestras ideas, Protágoras como una provocación acerca del lugar desde donde medimos el mundo, y todos ellos terminan confluyendo en una preocupación contemporánea que sigue siendo profundamente humana: cómo aprender a mirar al otro sin imponerle, antes de conocerlo, las palabras con las cuales nuestra propia cultura ya lo ha definido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro deja abierta una pregunta: ¿cuánto de nuestra manera de pensar pertenece realmente a nosotros y cuánto es una herencia que hemos recibido bajo la forma aparentemente inocente de una palabra? Allí comienza una crítica que no puede dirigirse únicamente contra los demás, porque también nos alcanza a nosotros mismos y nos obliga a reconocer que el pensamiento crítico no consiste en descubrir los prejuicios ajenos mientras permanecemos cómodamente instalados en los propios. Tal vez esa sea la inquietud más fértil que deja <em>¡Qué zulú!</em>: comprender que cuestionar una palabra es apenas el comienzo, que detrás de ella existe una idea y detrás de la idea una determinada manera de mirar, y que transformar verdaderamente el lenguaje exige llegar hasta ese lugar más profundo donde se forman nuestras representaciones del mundo y del otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la reflexión a que nos invita la autora sea a recuperar el lugar de la palabra como afecto humanitario, tal vez sea necesario volver a Heidegger, quien nos dejó una de las imágenes más poderosas para pensar esta relación cuando afirmó que “el lenguaje es la casa del ser” y que “en su morada habita el hombre”. Si el ser humano habita el lenguaje, entonces cada palabra que recibe, conserva y pronuncia participa también de la construcción de esa morada, y la pregunta que queda abierta es qué clase de casa estamos construyendo con las palabras que heredamos, repetimos y transmitimos: una casa cerrada por los prejuicios, donde el otro tiene que entrar bajo las definiciones que ya hemos establecido, o una morada capaz de reconocer la diferencia sin convertirla en motivo de exclusión, una casa que pueda ser habitada por todos, sin distinción de ninguna clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>J. Mauricio Chaves Bustos</author>
                    <category>Pazifico, cultura y más</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133091</guid>
        <pubDate>Wed, 16 Sep 2026 22:09:52 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/¡Que-Zulu.jpg?quality=60&amp;#038;w=720" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Qué zulú! de Stella Estrada Mosquera]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">J. Mauricio Chaves Bustos</media:credit>
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        <title>Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ideal-la-revista-para-aristocratas-del-heredero-de-gabo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una revista de papel será siempre motivo de alegría en un mundo cada vez más irreal. Sin embargo, les diré lo que me gustó y no me gustó de Ideal, la revista de Gonzalo García Barcha, el hijo de Gabriel García Márquez y su socio, Felipe Restrepo Pombo, como editor.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Gonzalo García Barcha, uno de los creadores de la revista Ideal. Imagen creada con ayuda de IA. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una puerta, pero suena como tal: chirría, para ser más precisos. O cruje como una ventana de madera y eso me encanta, porque vuelvo a ser el niño que hojea y ojea por el simple placer de ver cómo suena esta publicación de 150 páginas. Desconozco la razón, pero mi ejemplar cruje más a partir de las últimas páginas. Cuestión de la encuadernación, imagino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​¿Vale la pena? Ciertamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo donde lo tangible tiende a desaparecer, celebremos el alumbramiento de una revista en papel. Sin embargo, su precio resulta obsceno para una región tercermundista: 75 mil pesos. Un capricho al alcance de pocos; demasiado pocos. El envío a domicilio no tiene costo adicional si usted vive en Bogotá. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me pregunto si la imponente publicidad de Rolex al inicio y la de un automóvil de alta gama al final no bastaron para hacer de la publicación algo asequible. Si se queda en mero objeto de deseo, terminará por morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Percibo cierto afán mercantilista, acaso un tufillo burgués en la propuesta. Dudo que ese fuera el espíritu que alentaba a Gabriel García Márquez. Paréntesis: En realidad, el Nobel colombiano soñó con un periódico que se llamara <em><a href="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy" data-type="link" data-id="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy">“El Otro”</a></em>. <em>Ideal </em>es algo distinto, empezando porque es revista, no diario, y circulará trimestralmente, según la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Considero también que sus hijos han sabido rentabilizar muy bien el apellido y la herencia del padre. Están en todo su derecho, ni bobos que fueran. Me encantaría saber, por ejemplo, cuánto cobraron por cederle los derechos de <em>Cien años de soledad</em> a Netflix, y si esa cifra, sumada a la pauta publicitaria, no alcanzaba para crear una revista de mayor alcance, como tal vez lo habría deseado el genio de Aracataca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Resulta chocante que la publicidad esté reservada a productos de tanto lujo. Da la impresión de que la revista fue concebida para gente pudiente y no para quienes, pudiendo leer, no tienen con qué. Sería un verdadero gesto altruista distribuirla en todas las bibliotecas públicas. Gabito estaría feliz, me atrevo a decir; perdón por lo confianzudo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Respecto al contenido, la revista cumple sin llegar a sorprender. Es una mezcla entre ficción, no ficción y crítica sobre diversos temas del panorama cultural latinoamericano, más mexicana que colombiana; tuve esa impresión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Nunca había leído nada del nieto de Gabo, hijo de Gonzalo García Barcha, el creador de este proyecto editorial. Mateo García Elizondo firma el cuento <em>Ángeles y otros demonios</em>, sobre una mujer con el talento pa’llorarle a los muertos. Es un texto con cierta resonancia rulfiana. También está publicado en la edición digital de <em>Granta.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“</em></strong><strong><em>Podrida y llena de moscas, as</em></strong><strong><em>í</em></strong> <strong><em>deb</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a estar esa carne a la que alguna vez le hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a hecho el amor</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Para quienes no disponen de los 75 mil pesos, pueden leer esa historia de forma gratuita <a href="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ" data-type="link" data-id="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ">aquí:</a></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="708" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132840" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg 885w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=207,300 207w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=768,1111 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=708,1024 708w" sizes="(max-width: 708px) 100vw, 708px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​De admirar el proyecto Péndola, liderado por Malva Flores y su esposo, quienes están digitalizando revistas culturales de México y Latinoamérica, haciéndonos el inmenso favor de alojar numerosos artículos en línea para su lectura libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Este es su sitio web:&nbsp;<a href="https://pendola.mx/" target="_blank" rel="noopener">https://pendola.mx/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ojalá en Colombia se emprendiera una quijotada semejante.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>quiz</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s el obst</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>culo m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s delicado ha sido el de los derechos de autor. Digitalizar una revista no basta: se necesita autorizaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n para digitalizar sus contenidos. Flores ha resuelto este asunto mediante un trabajo paciente de contactos y negociaciones con editores y colaboradores</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La crítica de María Múnera sobre la Semana del Arte en Ciudad de México me llamó la atención por el siguiente pasaje:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Lo</em></strong> <strong><em>ú</em></strong><strong><em>nico que cambia es la bebida que meseros entusiastas reparten por los pasillos, alentando la embriaguez general -estado que puede llevar a m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s de uno a adquirir obras por motivos bastante m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s et</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>licos que est</em></strong><strong><em>é</em></strong><strong><em>ticos</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En consecuencia, me digo, habrá que beber en demasía antes de adquirir el próximo número de Ideal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En la sección dedicada al <a href="https://www.aena.es/es/premio-narrativa" data-type="link" data-id="https://www.aena.es/es/premio-narrativa">Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana </a>me sorprendió la afirmación de su autora, Alejandra González Romo:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El Premio Nobel de Literatura, con una dotaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n actual de alrededor de 950.000 euros, sigue siendo el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s conocido, aunque ya no es precisamente el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s respetado</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En el mismo artículo, aparece esta declaración de Rosa Montero que bien podría ser el principio de un debate interesante:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Hay algo que llevo tiempo notando en la literatura mundial y que me parece preocupante: una tenencia hacia la autoficci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n y lo real. Para m</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>, es prueba de la falta de verdadero m</em></strong><strong><em>ú</em></strong><strong><em>sculo creativo de nuestra sociedad, que parece vieja y fatigada</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Creo que la escritora española exagera. Prometo escribir sobre el tema. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="681" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg 851w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=199,300 199w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=768,1155 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=681,1024 681w" sizes="(max-width: 681px) 100vw, 681px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​Un buen gancho es el título de la crónica de Sinar Alvarado: “El excremento del diablo”, en alusión a una advertencia premonitoria de Arturo Uslar Pietri. Parece ficción, pero es la tragedia de una Venezuela que en otros tiempos nadaba en abundancia y petróleo; tanto así que allá fue a parar el autor y su familia cuando él apenas gateaba:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Ese mecanismo de ascenso social expedito produjo milagros que eran inconcebibles en Colombia: padre alba</em></strong><strong><em>ñ</em></strong><strong><em>il, hijo cardi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>logo (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Y entre la poblaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n comenzó a germinar un complejo de superioridad que separó a los venezolanos de sus vecinos menos favorecidos”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​“Recuerda que eres humano”, el ensayo de Juan Esteban Constaín sobre la Roma de distintas épocas —extraído de un libro ya publicado—, resulta demasiado enciclopédico para mi gusto. Acumula nombres y fechas que se olvidan pronto. Me quedo con este apunte:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>nada impresiona ni conmueve m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s al peregrino en Roma que esa fusi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n desmesurada entre el cristianismo y el paganismo que es la definici</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n perfecta del catolicismo</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pronto me agotó la lectura de <em>El equilibrista</em>, de Jazmina Varela, sin lograr dilucidar si se trataba de ficción o no ficción; quizá porque resulta pesado leer bloques de texto a lo ancho de la página, cuando lo ideal habría sido, quizás, la diagramación en columnas. O tal vez la autora no logró seducirme. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me entusiasmé con un relato de ciencia ficción sobre Marte, firmado por Michel Nieva, aunque la ilusión duró poco. Una mujer que solicita una visa alienígena tipo 4 tendría que aportar algo más allá de lo que parece casi obvio, pensé:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El feto, entre humano y porcino, era un amasijo de carne peluda, que se arrastraba dejando a su paso una estela viscosa de blanco aceite</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La protagonista se llama Leonora K, imagino que como tributo a Ursula K. Le Guin (1929-2018), la autora estadounidense referente de la ficción especulativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​De los cinco poemas del poeta dominicano Frank Báez (<em>Desarmando la biblioteca de mi padre</em>), me cautivaron dos líneas del primero.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“Mi mujer dice que un poema  tiene poesía cuando la hace llorar”.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>La poes</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a es un gato que viene cuando le da la gana</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Merece mención aparte, por su fuerza reveladora, la crónica de la peruana Gabriela Wiener: “Las casas se limpian solas”. Aborda la tortura del desarraigo que arrastra a tantos migrantes a tocar fondo; la paradoja de sentirse forastero hasta en su patria:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Me di cuenta de que, si quer</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a construir una carrera de periodista y escritora, ten</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a que ser fuera. En Lima me ningunearon, la misoginia y el racismo del medio cultural, su elitismo irremediable, hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>an terminado por expulsarme de ah</em></strong><strong><em>í”</em></strong><strong><em>. (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Ahora estamos escondidas, pero de las redadas del ICE”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hay más textos en las páginas restantes, pero no voy a abrumarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hacia el final, la revista muta en una galería de arte (fotografías sublimes en blanco y negro junto a cuadros de autores poco conocidos). Al volver al incómodo asunto de los costos, uno se pregunta, abstraído, cuántos salarios mínimos se requerirían para adquirir una sola de esas pinturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​No estoy seguro de comprar la segunda edición de Ideal. Definitivamente, no es una revista ideal para el bolsillo de un humilde reseñista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132837</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 13:57:55 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>¡Viva Macondo! Guardemos luto por Macondo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/viva-macondo-guardemos-luto-por-macondo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es imposible ver la serie sin obligarse a volver al libro. ​¿Cuánto costó la superproducción de Netflix? No creo que importe, aunque debió ser una cifra respetable, solo comparable con el derroche de Macondo en sus años de esplendor durante la bonanza bananera.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph">​<em>“No estoy muy seguro de que la historia de Cien años de soledad dure en realidad cien años”: </em>Gabriel García Márquez<em>, en</em> <em>El olor de la guayaba</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong><em>​“El primero de la estirpe está</em> <em>amarrado en un</em> <em>árbol y al</em> <em>último se lo están comiendo las hormigas”.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>(</em><em>…</em><em>)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph"><em><strong>​“Era un pellejo hinchado y reseco, que todas las hormigas del mundo iban arrastrando trabajosamente hacia sus madrigueras por el sendero de piedras del jardín”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Con cada relectura de <em>Cien años de soledad</em> uno descubre detalles que pasaron inadvertidos la vez anterior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras ver las dos temporadas, debo decir que el esfuerzo de la producción valió la pena y reitero mi devoción por la obra maestra de Gabriel García Márquez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​La serie de Netflix ha servido para refrescar la grandeza del hombre a quien sus amigos llamaban Gabo. El monumental empeño habrá valido la pena si nuevos lectores se acercan con curiosidad a la novela de papel: un regalo anticipado a las vísperas del centenario de su natalicio. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo a sugerir que, de estar vivo, estaría satisfecho con el resultado. Se nota en esta segunda parte que los directores atendieron las observaciones hechas a la entrega inicial (incluso desde este blog), pues lograron explotar con mayor soltura la poética de una prosa maravillosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Con todo, el capítulo sobre la masacre de las bananeras resulta el más logrado por el realismo trágico con el que fue traducido al lenguaje audiovisual. Es imposible no conmoverse hasta las lágrimas con lo sucedido en aquel diciembre de 1928, cuando Gabito apenas tenía un año de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Un cataclismo borró a Macondo del mapa. Esta parte final pudo ser más espectacular; queda la sensación de una pequeña deuda. Daban ganas de habitar ese Macondo de ficción antes del Apocalipsis porque Macondo es principio y fin, la reescritura de la Biblia en cuyas páginas debió germinar el realismo mágico… Perdonen esta sacrílega conclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​De hecho, <a href="https://literalmagazine.com/gabriel-garcia-marquez-diez-mil-anos-de-literatura/" id="https://literalmagazine.com/gabriel-garcia-marquez-diez-mil-anos-de-literatura/">en una entrevista </a>Gabo reconoció que recibió mayor influencia de la Biblia que de Cervantes: <em>“La Biblia</em> —dijo— <em>es capaz de todo. En el Antiguo Testamento todo es posible. No temen absolutamente nada. Suponte que la Biblia fuera escrita por un autor:</em> <em>¡tú</em> <em>te imaginas la</em> <em>“modestia”</em> <em>de ese tipo! Ese tipo estaba era dispuesto a construir un mundo mejor que el que</em> <em>él suponía que Dios había construido. Entonces ahí</em> <em>el pleito fue grande”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Recordemos además que, según Mario Vargas Llosa, Gabo asumió un papel demiúrgico: cometió deicidio y creó el mundo de cero, con pestes tan originales como la del insomnio, donde cada habitante veía lo que el otro soñaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para perpetuar el luto por Macondo, sería lindo reconstruirlo todo para deleite de los turistas y en gratitud con el municipio de Alvarado, en el Tolima, que sirvió de locación. ¿Hay voluntad para emprender una empresa de tales alcances?  </p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Un siglo de nostalgias </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La casa de los Buendía es otra alegoría: representa las ruinas de la infancia propia —la mía y la de todos los lectores— que ya no existe, como tampoco existen sus fantasmas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El desangre de Amaranta Úrsula es la tragedia incesante de Colombia; el nacimiento del hijo con cola de cerdo prefigura nuestra propia condena como nación. Macondo es Colombia y Colombia es Macondo, la ciudad de los espejos (o de los espejismos). Por eso no se equivocan quienes la consideran una lectura indispensable para entender nuestra historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​La “Danza negra” al inicio del capítulo final refuerza esa identidad y sirve para avivar el orgullo patrio. Aunque las notas del maestro Lucho Bermúdez ambientan en realidad la vida libertina del burdel <em>El Niño de Oro</em>, recordando que este es un país de excesos y que muchas historias nacieron de las parrandas de Gabo.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">​<em>Todo el mundo está</em> <em>bailando</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Esta cumbia colombiana.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Cerca del mar se escucha el grito</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>De un negro triste que canta a sus amores</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Y de su raza cumple el rito</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Con esta cumbia de gaitas y tambores.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La presencia de Gabo sobrecoge. Se quedó a vivir en <em>Cien años de soledad</em>; no sabremos jamás si por un acto de vanidad o para asegurar su inmortalidad, aunque los escritores son eternos mientras alguien los lea.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph">​<em>“Gabriel se había hecho reembolsar el pasaje de regreso para quedarse en París, vendiendo los periódicos atrasados y las botellas vacías que las camareras sacaban de un hotel lúgubre de la calle Dauphine. Aureliano podía imaginarlo entonces con un suéter de cuello alto que solo se quitaba cuando las terrazas de Montparnasse se llenaban de enamorados primaverales, y durmiendo de día y escribiendo de noche para confundir el hambre…”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Entrar a la librería del sabio catalán y ver allí a los amigos de Gabo —y al propio escritor— le imprime un aire aún más surrealista a la adaptación. Un homenaje justo para el grupo que inmortalizó el bar La Cueva, donde se discutía de periodismo y literatura: Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alfonso Fuenmayor y el propio Ramón Vinyes.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph"><em>​“Aureliano siguió reuniéndose todas las tardes con los cuatro discutidores, que se llamaban Álvaro, Germán, Alfonso y Gabriel, los primeros y últimos amigos que tuvo en la vida”. (…)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><em>“Álvaro fue el primero que atendió el consejo de abandonar a Macondo”. (…)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><em>“Aureliano no comprendió hasta entonces cuánto quería a sus amigos, cuánta falta le hacían y cuánto hubiera dado por estar con ellos en aquel momento”</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cabe preguntarse si el desprecio de Fernanda del Carpio por Macondo recrea esa histórica tensión entre el interior y la costa. <em>“</em><em>Le hubiera cerrado a esa monja la puerta en la cara. El peor error que he cometido en mi vida, peor que haberme casado con un corroncho”</em>, expresa el personaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En <em>El olor de la guayaba</em>, Plinio Apuleyo Mendoza apuntó sobre Gabo: <strong><em>“La</em> <em>élite de Bogotá, que tiende a juzgar a la gente por los apellidos y las ropas que lleva, no pasaba todavía por alto su origen provinciano, costeño; sus pelos abruptos, sus calcetines rojos y quizás su incapacidad para distinguir los cubiertos del pescado de los cubiertos del postre”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​El tramo final de la serie es también la redención de los hijos bastardos en la figura de Aureliano Babilonia, antes de que el muchacho cometa la imprudencia de cruzar su sangre con la de otra Buendía. Estaba escrito desde el principio de los tiempos en los pergaminos de Melquiades.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>“</em><em>Solo entonces descubri</em><em>ó</em> <em>que Amaranta</em> <em>Ú</em><em>rsula no era su hermana, sino su t</em><em>í</em><em>a, y que Francis Drake hab</em><em>í</em><em>a asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos m</em><em>á</em><em>s intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitol</em><em>ó</em><em>gico que hab</em><em>í</em><em>a de poner t</em><em>é</em><em>rmino a la estirpe</em><em>”</em><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La escena de Pilar Ternera enterrada sin ataúd o la de los diecisiete Aurelianos marcados con la cruz de ceniza por el padre Antonio Isabel se cuentan entre las imágenes más potentes de la adaptación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pero nada, ni el viento mortuorio a ritmo del <em>Lacrimosa</em> del Réquiem de Mozart, podrá arrebatarnos la poesía de los paisajes más sensuales, acaso sublimes, imaginados por el autor; esas líneas seguirán vivas en la mente de cada lector.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph"><em>​</em><em>“</em><em>Mientras</em> <em>é</em><em>l amasaba con claras de huevo los senos er</em><em>é</em><em>ctiles de Amaranta</em> <em>Ú</em><em>rsula, o suavizaba con manteca de coco sus muslos el</em><em>á</em><em>sticos y su vientre aduraznado, ella jugaba a las mu</em><em>ñ</em><em>ecas con la portentosa criatura de Aureliano, y le pintaba ojos de payaso con carm</em><em>í</em><em>n de labios y bigotes de turco con carboncillos de las cejas, y le pon</em><em>í</em><em>a corbatines de organza y sombreritos de papel plateado</em><em>”</em><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>​</em>Destaca también la revelación de José Arcadio, el hijo de Fernanda del Carpio y Aureliano Segundo, quien durante años <em>“entretuvo a su madre con la patraña sin término de su vocación pontificia”</em> y, tras sepultarla, ejecuta su mayor herejía al quemar a los santos. Cuando García Márquez afirma que la literatura es <em>“el mejor juguete que se había inventado para burlarse de la gente”,</em> parecía reconocer su propia ironía frente a la Iglesia católica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Podría inferirse que el último Aureliano —hijo de Renata Remedios y Mauricio Babilonia, a quien Fernanda llamaba bastardo— funciona como alter ego del autor: el personaje a través del cual abrazó sus nostalgias y sus amores con Nigromanta, acaso confesando infidelidades a Mercedes (quien aparece al final del libro, aunque no en la serie). La sospecha surge al releer el pasaje:</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph">​<em>“Se hicieron amantes. Aureliano ocupaba la mañana en descifrar pergaminos, y a la hora de la siesta iba al dormitorio soporífero donde Nigromanta lo esperaba para enseñarlo a hacer primero como las lombrices, luego como los caracoles, hasta que tenía que abandonarlo para acechar amores extraviados”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La intuición crece por otro detalle. Si los hijos de Aureliano Babilonia habrían de llamarse Rodrigo y Gonzalo —nombres de los hijos del Nobel—, cabe considerar que el escritor añoró tener <em>“una hija que se llamara Virginia, y en ningún caso Remedios”.</em> El anhelo se cumplió en 1990 con el nacimiento de Indira Cato, cineasta como su madre, <a href="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/2022/01/15/una-hija-el-secreto-mejor-guardado-de-gabriel-garcia-marquez/#goog_rewarded" id="https://www.eluniversal.com.co/suplementos/facetas/2022/01/15/una-hija-el-secreto-mejor-guardado-de-gabriel-garcia-marquez/#goog_rewarded">fruto de su relación con la escritora mexicana Susana Cato </a>(hecho revelado por el periodista Gustavo Tatis). A diferencia de los hijos del coronel Aureliano Buendía, ella no llevó el apellido del escritor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Si se mira bajo esa luz, <em>Cien a</em><em>ñ</em><em>os de soledad</em> fue un obituario anticipado de Gabriel García Márquez. Conviene leer la obra considerando esa clave y las convicciones que el autor dejó sembradas en sus páginas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Llegado a este punto, la extensión del texto delata el efecto prodigioso que la literatura ejerce sobre los lectores. La recomendación es clara: ver la serie y acudir sin demora al libro. <em>Cien años de soledad</em> —que puede abordarse en veinte días a razón de un capítulo diario, o de un capítulo del libro al tiempo con un capítulo de la serie— pertenece a esa categoría de obras maestras que exige ser leída al menos una vez en la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132551</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Aug 2026 14:08:37 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/CIEN-ANOS-DE-SOLEDAD.jpg?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¡Viva Macondo! Guardemos luto por Macondo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Una LUZ que se ENCIENDE… by MAR</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/una-luz-que-se-enciende-by-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>La TIERRA siempre se manifiesta y en este CASO nuestra joven escritora; MAR; no puede estar AJENA a su SENTIR y nos acerca ESPERANZA, APOYO y el toque FEMENINO del SENTIR de su CORAZÓN… prendiendo esta..; “Una LUZ que se ENCIENDE… Es increíble pensar cómo de algo tan&nbsp;HORRIBLE&nbsp;surge, a veces, lo mejor del ser humano… [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La TIERRA siempre se manifiesta y en este CASO nuestra joven escritora; MAR; no puede estar AJENA a su SENTIR y nos acerca ESPERANZA, APOYO y el toque FEMENINO del SENTIR de su CORAZÓN… prendiendo esta..;</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">“<strong>Una LUZ que se ENCIENDE… </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es increíble pensar cómo de algo tan&nbsp;<strong>HORRIBLE</strong>&nbsp;surge, a veces, lo mejor del ser humano…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora mismo, la Tierra pide&nbsp;<strong>PAZ</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>AMOR</strong>&nbsp;y los manifiesta de la manera más&nbsp;<strong>FUERTE</strong>&nbsp;que puede. Y aunque es cierto que el terremoto en&nbsp;<strong>COLOMBIA&nbsp;</strong>que &nbsp;afectó a más de una ciudad y, por supuesto, también a más de una familia, puedo decir que nos movilizó internamente a más de uno. No solo&nbsp;<strong>COLOMBIANOS</strong>&nbsp;se unieron a esta causa; he visto cómo personas de distintas partes del mundo, como&nbsp;<strong>VENEZUELA, MÉXICO, ARGENTINA</strong>,<strong>ISRAEL, ESTADOS UNIDOS y más…&nbsp;</strong>se han unido para ayudar de alguna manera en todo esto, repartiendo información, mandando buena energía, haciendo donaciones y más…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sé que esto no acaba acá y sé que aún hay muchas cosas terribles surgiendo a través de esto. Y aunque con esto no trato de minimizarlo, sí quiero que veamos el alcance que tenemos cuando, en vez de concentrarnos en lo negativo, miramos cómo construir desde lo que tenemos y la manera de hacerlo juntos; de cómo cada idea, por pequeña que sea, hace que todo sume. Y, al final del día, es tan <strong>GRANDE</strong> aquello que se logra en comunidad que uno no se imagina el alcance que tenía eso tan pequeño.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="669" height="365" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1484.jpeg" alt="" class="wp-image-132521" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1484.jpeg 669w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1484.jpeg?resize=300,164 300w" sizes="(max-width: 669px) 100vw, 669px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="679" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1485-1024x679.jpeg" alt="" class="wp-image-132523" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo esto me hace pensar en que todavía tenemos que tener fe en&nbsp;<strong>la humanidad</strong>, que todavía existe la&nbsp;<strong>EMPATÍA</strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>BONDAD</strong>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Quiero Una Luz| Videoclip Oficial Margarita" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/ITHXPygu9Wo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es tan mágico ver cómo, sin importar que no somos un mismo país, que no nos conocemos, que incluso en algunos casos no tenemos las mismas palabras o modismos para hablar, en los momentos más difíciles logramos <strong>UNIRNOS</strong> como si fuéramos uno. Es especial ver cómo tantos <strong>ARTISTAS</strong> latinos se unieron para poder dar un concierto a beneficio, para que todo lo que entrará fuera destinado a las ciudades y personas más afectadas. Es muy lindo ver cómo empresas donan cantidades significativas de sus ganancias o de sus mercancías para lograr que esto salga adelante, e inclusive cómo emprendedores también se las ingenian para lograr algo que haga la diferencia.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="&quot;UNIDOS POR LOS NUESTROS&quot;: El gran concierto por los damnificados de sismos en Venezuela y Colombia" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/QMXrksIFIr8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, principalmente, es muy lindo ver cómo tantos ciudadanos están dispuestos a ir y ser voluntarios en los sitios de acopio o en las mismas ciudades, donando algo que, de pronto, muchos no valoran, qué es el&nbsp;<strong>TIEMPO</strong>…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, si algo hemos aprendido con todo esto, es que&nbsp;<strong>TODO CUENTA</strong>: un like, compartir, repostear, difundir, donar, ya sea plata o algún artículo de los que necesitan los distintos sitios de apoyo, ser voluntario… Todo ayuda y todo cuenta, porque sé que poco a poco vamos a salir adelante…</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="829" height="560" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1486.jpeg" alt="" class="wp-image-132525" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg 829w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg?resize=300,203 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1486.jpeg?resize=768,519 768w" sizes="auto, (max-width: 829px) 100vw, 829px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="530" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1487-1024x530.jpeg" alt="" class="wp-image-132526" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y recuerda que, si bien sigue estando difícil todo, que tú sigas con tus cosas normales de la vida diaria no está mal, es normal y tiene que suceder, porque, además, la única forma de que tú puedas seguir ayudando es seguir con tu vida, con tu trabajo, generando ingresos y dando ingresos, porque así es como la vida va a poder seguir continuando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De todas maneras, no tienes que dejar de ayudar, solo no como antes, sino de distintas formas. Y, principalmente,&nbsp;<strong>cuídate mucho y cuida a los tuyos</strong>.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">El MENSAJE es que pasaron unos DÍAS… y el IMPULSO del PRINCIPIO , que no sea un PAISAJE en el que NADIE entienda aquello de RECONSTRUIR LO SUFRIDO… a veces con AUSENSIAS y PERDIDAS IRRECUPERABLES…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="“Volveremos a levantarnos”: la canción que une a Colombia tras el terremoto" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/uNHpN9uSy38?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA ARTÍCULO, y quieres AYUDARNOS haz que tu HISTORIA de DOLOR DESAPAREZCA..: AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-2-762x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131219" style="aspect-ratio:0.744140625;width:762px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="410" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-131929" style="width:410px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-410x1024.jpeg 410w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-120x300.jpeg 120w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-768x1918.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-615x1536.jpeg 615w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385-820x2048.jpeg 820w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1385.jpeg 982w" sizes="auto, (max-width: 410px) 100vw, 410px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132517</guid>
        <pubDate>Sat, 29 Aug 2026 17:59:06 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1158.jpeg?quality=60&amp;#038;w=968" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Una LUZ que se ENCIENDE… by MAR]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/un-suave-contrapunto-entre-los-libros-que-hace-el-arte-una-teoria-en-proceso-y-el-arte-al-desnudo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte I de II El famoso músico Brian Eno (n. 1948), en compañía de Bette Adriaanse[i] (más conocida como Bette A.), escritora y artista visual holandesa (n. 1984), publicaron conjuntamente en 2005 un libro titulado Qué hace el arte. Una teoría inacabada (What art does. An unfinished Theory). En el 2005 P&amp;P Editores me publicó [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Parte I de II</p>



<p class="wp-block-paragraph">El famoso músico Brian Eno (n. 1948), en compañía de Bette Adriaanse<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> (más conocida como Bette A.), escritora y artista visual holandesa (n. 1984), publicaron conjuntamente en 2005 un libro titulado <em>Qué hace el arte. Una teoría inacabada</em> (<em>What art does. An unfinished Theory</em>). En el 2005 P&amp;P Editores me publicó <em>El arte al desnudo</em>.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="606" height="811" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png" alt="" class="wp-image-131586" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png 606w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-26-113231.png?resize=224,300 224w" sizes="auto, (max-width: 606px) 100vw, 606px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ambos autores sospechan que el arte es un instinto debido a su universalidad, ya que existen formas de arte en todas las culturas. Por mi parte, creo que no se trata de un instinto, tal como lo explico en mi libro <em>El arte al desnudo</em>: «La universalidad de algunas prácticas artísticas no implica que estén programadas genéticamente, ya que pueden ser subproducto de otros instintos que tenemos. Por universal que sea la música, no hay un gen responsable de que la hagamos. Neurológicamente, las habilidades que se necesitan para la música son distintas de las que se requieren para dibujar, esculpir, actuar o contar historias; y todas estas habilidades, que funcionan en módulos distintos en el cerebro, están en el reino de las artes. Por tanto, no hay una adaptación, sino un conjunto grande de adaptaciones responsables de que hagamos las actividades que entran en este reino».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eno y A. afirman también que gastamos mucho tiempo en actividades que no son «útiles» o «funcionales». A esto les contesto que sí lo son, aunque no de forma evidente. Por ejemplo, en sus orígenes, realizar representaciones pictóricas debió de ser muy valioso. Si bien el acto de pintar se convirtió después en un asunto aparentemente sin función, no fue así en sus inicios; y existen muy buenas razones para creerlo, aunque no se pueda demostrar. Recordemos que «el arte por el arte» es un fenómeno muy reciente. En las culturas más periféricas no se hace arte por el arte, pero se baila, se canta, se teje y se cuentan historias con finalidades muy claras, muchas veces para realzar situaciones importantes de la vida social como el nacimiento, la muerte, el paso a la adultez o los enlaces matrimoniales. Mi teoría —que se puede leer en detalle en <em>El arte al desnudo</em>— explica el porqué gastamos tantas horas perfeccionando las actividades que hacemos. Por eso en cada una de ellas encontramos expertos y virtuosos y, además, por qué hacer las cosas cada vez mejor trae consigo muchas ventajas evolutivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los autores ofrecen una lista gigantesca de productos que son susceptibles de convertirse en artísticos (de hecho, el libro está lleno de estas listas extensas y divertidas, lo cual es una de sus características, sumado a un diseño bello, juvenil y alegre). En dicha lista aparecen: espejos, calaveras, anécdotas, macramé, frescos, collares, trucos de magia, vampiros, corsés, colchas de retazos y cien cosas más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro muestro que toda actividad humana puede transformarse en artística y sus productos pueden llegar a ser arte (ellos con sus listas lo confirman). Lo que convierte algo en arte es nuestro juicio: aquel que formulamos cuando notamos que ciertos comportamientos y objetos sobrepasan los estándares de la normalidad. Es en ese momento cuando usamos el calificativo de «arte». Por eso, un dibujo puede ser una obra de arte, mientras que otro puede ser un mamarracho y uno más resultar meramente informativo. Lo mismo ocurre con cualquier otra manifestación: una persona puede cantar un villancico de manera extraordinaria y conmovernos hasta las lágrimas, mientras que otra puede hacer que nos tapemos los oídos, salgamos corriendo o nos muramos de risa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, ellos sostienen que invertimos mucho tiempo en estas actividades porque nos ayudan a relajarnos, a ver el mundo con mejores ojos, a imaginar mundos nuevos, a escapar, a resistir, a recordar, a evocar, a reconocer, a perdonar, a cambiar y a aceptar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi respuesta es que, aunque realizamos muchas actividades para escapar, imaginar, recordar, perdonar, involucrar a otros o compartir experiencias, lo hacemos usando las herramientas de nuestro equipaje cerebral, porque el cerebro humano recrea el mundo —y crea mundos ficticios— también para pensar, entender, divertirse o sentir emociones y sensaciones. El cerebro es una máquina de simulación. Todo esto puede hacerse mediante recursos artísticos o a través de otros medios: el sexo, el rock and roll, el alcohol o los videos. Las actividades que hoy llamamos artísticas, antes de serlo, fueron herramientas para recrear mundos ficticios porque nos es muy útil hacerlo: nos permite ver el panorama con distancia y ensayar lo que puede pasar sin ejecutarlo directamente ni pagar el precio. El hecho de ser artísticas -o no- ocurre después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, los autores señalan que a través del arte podemos llegar a experimentar miedo, felicidad, tristeza o desolación de forma ficticia, y que luego podemos salir de ahí simplemente cerrando el libro o apagando la serie; es decir, que no nos cuesta nada porque las recreaciones son seguras. Yo no sé qué tan seguras sean. Es inevitable recordar lo que ocurrió en Alemania en 1774 tras la publicación de <em>Las desventuras del joven Werther</em> de Johann Wolfgang von Goethe. Esta obra no solo convirtió al autor de 24 años en una celebridad internacional, sino que también desató una tragedia en el mundo real: se encontraron varios muchachos muertos por suicidio con el libro de Goethe en sus bolsillos o abierto sobre sus escritorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte es simulación o simulacro, dicen ellos; yo digo: hacemos simulaciones y, a veces, son tan maravillosas que las llamamos arte; otras veces, son solo simulaciones. El arte está también en objetos que no simulan nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eno y Adriaanse afirman que cuando estás mirando algo, estás apreciando diferencias. Estoy totalmente de acuerdo con ellos. Sin apreciar diferencias, sin establecer categorías y sin sentir que una cosa es mejor que las otras, no habría progreso ni se perfeccionarían las acciones y los objetos. Para que el arte se dé necesitamos que esas diferencias sean importantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el libro <em>Qué hace el arte</em>, usan las aretas como ejemplo para hacernos reflexionar sobre este asunto, porque siempre que escoges unas aretas, evalúas y comparas muchos aspectos mentalmente. Para ilustrarlo, mencionaré algunos de los ejemplos que ellos dan. Uno compara si son más largas o más cortas que el promedio; si cuelgan o no; si se bambolean; si son simétricas o asimétricas; si tienen forma figurativa o geométrica; si son brillantes u opacas; si están hechas de acrílico, plástico o metal; si se ven ordinarias o finas; si muestran la oreja o la tapan; si son angulares o curvas. También evalúas si poseen una asociación romántica; si tienen algún elemento simbólico; si lucen cómodas, peligrosas o agresivas; si son delicadas o robustas; si transmiten un mensaje; si pertenecieron a tu madre, a tu abuela o a una reina del pasado (o si son copias de estas últimas); si tienen un significado emocional; si se parecen a las de una amiga; si son heredadas o compradas; si costaron mucho o poco. Consideras si se pueden usar mientras nadas o corres; si son propias de un grupo o de una etnia; si son para cualquiera o solo para cierta edad; si son juveniles, señoriales, graciosas, serias o elegantes; si absorben la luz o la rebotan. Analizas si se pueden confundir con un alimento u otra cosa (como un confite o un caramelo); si parecen de cristal o de piedra; si están compuestas por varios elementos o son de una sola pieza; si tienen elementos escondidos o si se abren y se cierran. Te preguntas si son el tipo de objeto que puede despertar una conversación con un extraño, si te ponen en peligro, si son amistosas con el medio ambiente o contaminantes, si te darán alergia o si son apropiadas para una entrevista de trabajo. Y así, nos topamos con infinitas preguntas…</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Bette A<strong>:</strong> además de su faceta como novelista y creadora de instalaciones artísticas, enseña escritura creativa y es cofundadora de proyectos con impacto social, como la Fundación TRQSE (que vincula a artistas y científicos) y el movimiento global de narrativas <em>¡Heroínas!</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131585</guid>
        <pubDate>Sun, 26 Jul 2026 16:34:05 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Un suave contrapunto entre los libros: Qué hace el arte. Una teoría en proceso y El arte al desnudo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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        <item>
        <title>EL FUTBOL es CELEBRACION… by MAR</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/el-futbol-es-celebracion-by-mar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Todo llega al FINAL todo TERMINA… sonaban los VOX DEI alli por la decada del ‘70 en los INICIOS de ROCK ARGENTINO y que HOY así nos lo mostraban..: Creemos que la MUSICALIDAD con que mueve su DIASTOLE &amp; SISTOLE cotidiano, nuestra NOVEL e INQUIETA escritora; MAR; nos aporta el CIERRE de la COPA MUNDO [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Todo llega al FINAL todo TERMINA… sonaban los VOX DEI alli por la decada del ‘70 en los INICIOS de ROCK ARGENTINO y que HOY así nos lo mostraban..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Divididos - En el Momento en que Estas (Presente) (Con R. Soule) - Movistar Arena (04/07/2025)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/M5ETVLuUjsY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-left wp-block-paragraph">Creemos que la MUSICALIDAD con que mueve su DIASTOLE &amp; SISTOLE cotidiano, nuestra NOVEL e INQUIETA escritora; MAR; nos aporta el CIERRE de la COPA MUNDO de FUTBOL, CANADÁ, MÉXICO y ESTADOS UNIDOS 2026…según esa VISIÓN tan fresca y particular de su ESTILO al que le dió en llamar..:</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">“<strong>EL FUTBOL es CELEBRACION</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos a la final de este gran&nbsp;<strong>EVENTO&nbsp;FUTBOLÍSTICOOOOOO</strong>, el Mundial. ¡Y qué&nbsp;<strong>MUNDIAL</strong>, señores y señoras!, porque nos trajo miles de emociones, desde las sorpresas de un equipo tan infravalorado como&nbsp;<strong>CABO VERDE</strong>&nbsp;(claro que no sabíamos nada de ellos, pero igual nos sorprendió gratamente).</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="298" height="325" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1324-2.jpeg" alt="" class="wp-image-131233" style="aspect-ratio:0.9169256540809804;width:650px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1324-2.jpeg 298w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1324-2.jpeg?resize=275,300 275w" sizes="auto, (max-width: 298px) 100vw, 298px" /><figcaption class="wp-element-caption">Pero también tuvimos uno de los mejores mundiales para Latinoamérica, y no solo a nivel de jugadas, porque diría que eso estuvo muy variado. Siempre nos mantuvimos, duramos con bastantes selecciones latinas durante gran parte del torneo y hoy tenemos a un&nbsp;<strong>GRAN PAÍS LATINO</strong>&nbsp;representándonosa todos.<br>Pero, si hay algo que puedo destacar, es el ambiente. No hubo un solo país latino que no se alegrara o apoyara a los otros de una manera tan genuina y divertida que hacía sentir a todos en&nbsp;<strong>CASA</strong>. Y eso, señoras y señores, es algo que se debe&nbsp;<strong>CELEBRAR</strong>: esa unión de todos los latinos a través de un deporte.</figcaption></figure>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Shakira, Burna Boy - Dai Dai (Official Video)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/fcnDmrtj6Sk?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este Mundial fue el Mundial de los&nbsp;<strong>SÍ SE PUEDE</strong>, de los que marcan historias tan épicas que dejan huella. Ahí está el ejemplo de Cabo Verde, en su primer Mundial, con jugadores que muchos ni siquiera conocían y terminando con uno de los mejores arqueros del torneo. O la increíble semifinal entre&nbsp;<strong>ARGENTINA E INGLATERRA</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="879" height="388" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1335.jpeg" alt="" class="wp-image-131226" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1335.jpeg 879w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1335.jpeg?resize=300,132 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1335.jpeg?resize=768,339 768w" sizes="auto, (max-width: 879px) 100vw, 879px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En este Mundial no solo el deporte hizo&nbsp;<strong>HISTORIA</strong>; también lo hicieron la patria, el amor, la familia, la política, el arte a través de la música, los cantos, los sueños cumplidos y, por supuesto, la demostración de que en cada rincón del mundo el fútbol se vive diferente. Mientras Latinoamérica lo siente con el corazón, África lo hizo a través de la fuerza;&nbsp;Asia, con la disciplina del trabajo colectivo; Europa&nbsp;priorizó&nbsp;la precisión; Norteamérica y Centroamérica apostaron por la intensidad y el crecimiento; y de Oceanía podemos hablar de su resiliencia. Todas son cualidades increíbles, pero ya por fin llegamos a la final y solo los mejores pueden estar acá…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Sebastian Athie, Daniel Patiño, Paulina Vetrano - Juega con el corazón (De &quot;O11CE&quot;)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/YgJnIvjOaf8?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><br>Hay países que venían muy bien y un mal partido los dejó por fuera, como le pasó a la selección&nbsp;<strong>COLOMBIANA</strong>. Si soy sincera, pensé que llegaríamos mucho más lejos. Creí&nbsp;que le íbamos&nbsp;a ganar a Suiza y hasta llegar a enfrentarnos con Argentina, España o Francia. Lo veníamos haciendo&nbsp;<strong>EXCELENTE</strong>, pero bueno… esas cosas pueden pasar. También hubo otros que jugaron&nbsp;regular&nbsp;y sobrevivieron lo que pudieron, como le pasó a Australia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, en cuanto a nuestras tres sedes, ninguna logró llegar a cuartos de final, pero sí podemos destacar que&nbsp;<strong>MÉXICO</strong>, pasara o no pasara, merece ser reconocido como la mejor sede porque, desde que empezó el&nbsp;<strong>MUNDIAL</strong>, se puso la 10 y recibió a todos sus visitantes de la mejor manera. Incluso recibió a muchos de los que&nbsp;<strong>ESTADOS UNIDOS NO DEJÓ QUEDARSE ALLÁ</strong>.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="MÉXICO VIRAL en el MUNDIAL 2026 | Los festejos más ÉPICOS que dieron la vuelta al mundo" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/b-rSHvtkDsY?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Festejó con cada uno, hizo fiestas, hizo amigos e hizo que el&nbsp;<strong>MUNDIAL SE SINTIERA COMO LO QUE TIENE QUE SER: UNA CELEBRACIÓN</strong>, porque el fútbol une, no destruye.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, después de muchos partidos, cantos, situaciones políticas mezcladas por parte de más de un país y muchas nuevas reglas de la FIFA que hicieron que más de uno se&nbsp;confundiera, por fin llegamos a la&nbsp;<strong>GRAN FINAL</strong>…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>SUDAMÉRICA VS EUROPA</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>ARGENTINA VS ESPAÑA</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>LEO MESSI VS LAMINE YAMAL</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="295" height="383" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1336-2.jpeg" alt="" class="wp-image-131232" style="width:650px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1336-2.jpeg 295w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1336-2.jpeg?resize=231,300 231w" sizes="auto, (max-width: 295px) 100vw, 295px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿QUIÉN GANARÁ?</strong>.<br><strong>YO YA TENGO MI FAVORITO… </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Y USTEDES?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>RECUERDEN…</strong></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="PALMITO - La Cuarta Estrella [Versión Hinchada] (Vídeo Oficial)" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/0ZEQTlyieWs?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Si te gustó esta &nbsp;EXPERIENCIA-ARTÍCULO, y quieres NO SUFRIR de DOLOR</strong>, <strong>pasate por :AQUÍ</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="769" height="1033" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/IMG_1333-1.jpeg" alt="" class="wp-image-131216" style="width:650px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1333-1.jpeg 769w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1333-1.jpeg?resize=223,300 223w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1333-1.jpeg?resize=762,1024 762w" sizes="auto, (max-width: 769px) 100vw, 769px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131201</guid>
        <pubDate>Sat, 18 Jul 2026 12:57:45 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/IMG_1331.jpeg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[EL FUTBOL es CELEBRACION… by MAR]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131201</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Mi pequeño infinito</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/mi-pequeno-infinito/</link>
        <description><![CDATA[<p>Y, por encima de todo, cree en ti.  Porque cuando una mujer aprende a creer en sí misma, el mundo deja de ser un límite y empieza a convertirse en un camino. Gracias por elegirme para ser tu mamá.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Por: Lina María López Jiménez </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi Juanita:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy cumples ocho años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ocho años… y todavía me parece un milagro que un corazón tan pequeño haya sido capaz de ensanchar el mío para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen que el amor mueve al mundo. Yo creo que también lo sostiene. Lo descubrí el día en que llegaste y comprendí que existen abrazos capaces de poner en calma las tormentas, risas que espantan la tristeza y miradas que devuelven la luz incluso a los días más grises. Tú eres todo eso para mí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por tus carcajadas, porque tienen la extraña magia de hacer florecer la alegría donde parecía no quedar nada. Gracias por tu bondad, porque en un mundo que a veces olvida la ternura, tú me recuerdas que sigue siendo una de las fuerzas más poderosas que existen. Gracias por esos abrazos tuyos que no solo me rodean… me reinician. Me devuelven la calma, el norte y la certeza de que la vida siempre encuentra la manera de empezar de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero que nunca olvides algo, hija: la fuerza más grande que tendrás no estará en tus piernas, ni en tus manos, ni siquiera en tu inteligencia. Vivirá siempre en tu espíritu. Y el espíritu se hace invencible cuando aprende a creer en sí mismo, incluso cuando llegan los miedos, las dudas o los caminos parecen cuesta arriba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confía siempre en esa voz que vive dentro de ti. Esa voz suave que, aun en silencio, sabe recordarte quién eres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy sueñas con ser una gran futbolista. Cuando hablas del balón, de los partidos y de cada entrenamiento, tus ojos brillan con una luz que solo tienen quienes aman profundamente lo que hacen. Ojalá juegues cada partido con esa alegría que hoy llevas en el corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero quiero regalarte una libertad aún más grande.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No tienes que convertirte en la mujer que hoy imaginas para hacerme sentir orgullosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si mañana sigues jugando fútbol, ahí estaré celebrando cada uno de tus goles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si un día descubres un sueño completamente distinto, también estaré.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si decides ser médica, artista, científica, profesora, escritora, veterinaria, astronauta o inventar una profesión que todavía no existe, mi aplauso será el mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mi sueño nunca ha sido elegir quién serás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi sueño es que tengas el valor de descubrirlo por ti misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo deseo que aquello que elijas nazca del amor, de la honestidad y de la felicidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quiero que guardes estas palabras para los días en que la vida parezca difícil:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi amor por ti no depende de las notas que saques, de los goles que marques, de los trofeos que ganes ni de las veces que aciertes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi amor por ti está a prueba de todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los errores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las caídas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De las derrotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la distancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De los cambios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hasta de esos días en los que tú misma olvides cuánto vales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque mientras yo respire, habrá un lugar en este mundo donde siempre serás amada exactamente como eres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ojalá la vida te encuentre valiente, pero también buena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuerte, pero siempre capaz de abrazar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca permitas que el mundo te convenza de endurecerte para ser grande. Las personas más extraordinarias que he conocido conservan la capacidad de amar, incluso cuando la vida intenta arrebatársela.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tú, hija, ya naciste con ese regalo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy cumples ocho años y yo no solo celebro tu cumpleaños. Celebro el inmenso privilegio de caminar la vida a tu lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por enseñarme que la felicidad puede tener rizos despeinados, rodillas raspadas, una sonrisa inmensa y unos brazos pequeñitos capaces de abrazar el universo entero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Camina siempre con la frente en alto, los pies firmes y el corazón abierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cree en Dios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cree en el amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, por encima de todo, cree en ti.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuando una mujer aprende a creer en sí misma, el mundo deja de ser un límite y empieza a convertirse en un camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Feliz cumpleaños, mi niña hermosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias por elegirme para ser tu mamá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te amaré en todos tus comienzos, en todas tus versiones y en todos los días de mi vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con todo mi corazón,<br>Mamá.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131173</guid>
        <pubDate>Thu, 16 Jul 2026 11:32:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/51581-astronaut-1784245-scaled.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mi pequeño infinito]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131173</post-id>    </item>
        <item>
        <title>¿Dónde están los intelectuales y escritores colombianos?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/donde-estan-los-intelectuales-y-escritores-colombianos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una cosa son los autores y otra sus libros. Los escritores, así como los intelectuales, son ante todo ciudadanos. ¿Entienden ellos la amenaza que representa el candidato presidencial Abelardo De La Espriella para el orden de las cosas? ¿Están leyendo al país correctamente?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><em>“… la manifestación espontánea de un escritor de prestigio calificado ejercía mil veces más influencia que todos los discursos oficiales de los hombres de Estado…”:</em> Stefan Zweig, <em>El mundo de ayer</em>, página 325.</strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Dejemos claro que leer libros y leer al país no son la misma vaina. </p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué demonios es un intelectual?, <a href="https://elpais.com/babelia/2024-02-05/que-demonios-es-un-intelectual-en-2024-lo-mismo-de-siempre.html">se preguntaba un columnista</a><strong> </strong>de El País de España en 2024. Hoy me pregunto lo mismo: ¿Qué demonios es ser intelectual en Colombia?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras épocas, los intelectuales y los escritores se hacían sentir con valentía contra el fascismo (hoy lo llaman neofascismo) y las injusticias. Salvo unos poquitos, los de ahora se debaten entre apáticos y ajenos, no todos están a la altura de lo que demanda la historia, especialmente en Colombia. Repito: No son todos los escritores, los hay que están comprometidos de una manera activa, no como mera pose, conscientes de que son ciudadanos antes que autores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El otro día uno de ellos me mostraba su rabia contra este gobierno, el de Petro, por no haberle dado nada habiendo votado por él. No entendí su punto —¿reflexión?—, viniendo de una persona ¿culta?, porque me acordé de una prima que, dueña de un pregrado y un posgrado, me preguntaba con rabia “¿qué me dio Petro a mí?”, para significar que esta vez no votaría por la izquierda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El derecho al voto nos confronta de dos maneras: nuestra mirada individual y nuestra mirada colectiva de las cosas. En un país tan desigual como es Colombia, nos falta empatía genuina para pensarnos sin egoísmos. El voto como derecho, deber y causa altruista: el bienestar ajeno, las oportunidades para otros. El mal de males nace del individualismo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>&#8220;La cualidad de poseer te congela para siempre en el ´yo´ y te aísla para siempre del ´nosotros´&#8221;:</em> John Steinbeck en <em>Las uvas de la ira</em>.</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Boletín tras boletín de la Registraduría, el domingo me sentí impotente, no digamos derrotado, preguntándome cuál es mi papel como ciudadano y si es distinto al papel que cumple el escritor. No tengo ínfulas de intelectual porque no lo soy —soy lo que soy, como diría Sandra Mihanovich—; a aquellos los admiro, honro y leo con devoción crítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este día escribo con rabia, esa rabia que sale de las tripas, para no ahogarme en mis tristezas. Escribo por pulsión, mi constancia para la historia. Me duele pensar que, perdiendo el Pacto Histórico el 21 de junio, se truncarán las reformas sociales. Lo conseguido en cuatro años yéndose por el caño de la indiferencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero así como detesto a la gente triunfalista, detesto a la gente derrotista. No recomiendo militar en ninguno de esos bandos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus redes sociales, Nicolás Morales, editor él, se preguntaba con infantil asombro por qué las apariciones de los intelectuales son tan escasas en los telenoticieros colombianos, y celebraba, con infantil asombro también, que uno de ellos apareciera en el Canal Caracol. La respuesta parece sencilla, querido Nicolás. El problema es que en Colombia no hay tantos intelectuales como uno quisiera. Y sí los hay, están condenados a los pequeños círculos, y no necesariamente porque aparezcan o no en un televisor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero sí, es una lástima que estudios de radio y televisión se llenen de políticos y politiqueros (es decir, a quienes causan tantos males les abren los micrófonos para que, reconvertidos en analistas, receten la cura), y no de intelectuales, historiadores, sociólogos, antropólogos, incluso psiquiatras, que podrían arrojar luces sobre lo que nos pasa y lo que somos. Los medios de comunicación, con sus formas muy particulares de reinterpretar en época electoral las funciones del periodismo, son parte del mismo problema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no se esté de acuerdo siempre con ellos, es un placer leer a intelectuales como William Ospina, Florence Thomas, Francisco Gutiérrez Sanín, Laura Restrepo, Rodrigo Uprimmy, Héctor Abad Facionlice o Moisés Wasserman.  Y claro, no son los únicos para no ser odioso. A Héctor Abad se le agradece su <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/hector-abad-faciolince/retrato-hablado-de-un-aspirante-a-tirano">“Retrato hablado de un aspirante a tirano”,</a> en <strong>El Espectador</strong>, un texto con la fuerza de aquel que no se acobarda para dirigirse al candidato de <em>Firmes por la Patria.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Me refiero a un tipo tan ridículo que sostiene que solo lo saben afeitar en Miami. Un macho tan inseguro de su aspecto –y a pesar de eso tan vanidoso– que confiesa gastar cada mañana una hora entera acicalándose la barba, pelo a pelo, ante el espejo. Un varón tan dudoso de su virilidad que les señala a las mujeres, para que se lo admiren, el magnífico tamaño de su paquete erecto”.</em><em> </em>(Héctor Abad Faciolince sobre Abelardo de la Espriella)</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En otras épocas el verdadero intelectual era el escritor. No cualquier escritor, por supuesto. El escritor que se echaba la realidad de su época a cuestas, sin miedo; tenía la disciplina de sentarse a pensar y esparcir su pensamiento en busca de tierra fértil. Hablo de un Stefan Zweig, por ejemplo. Cada libro suyo, cada frase, su concepción de la vida, resetea mentes y espíritus&#8230; ¡y de qué manera!</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“El mundo de ayer”,</em> lo he dicho tantas veces, es de esos libros que toda persona debería leer al menos una vez en su existencia, porque sin ser un tratado para eruditos, contiene lecciones para el mundo de hoy. Nos ha faltado en Colombia ese escritor capaz de contar bellamente nuestro propio mundo de ayer colombiano con sus grandezas y fealdades; creo que se le acercaron mucho Germán Arciniegas con su <em>“Biografía del Caribe”</em> (1945) y Antonio Caballero con su <em>“Historia de Colombia y sus oligarquías”</em> (2018); la falta que nos hace esos intelectuales y los de su tiempo. Ahí están sus obras por si nadie las quiere leer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Stefan Zweig es posiblemente la persona que más admiro entre todos los escritores de cualquier época.  Admiro su coraje para enfrentar a los fascistas, armado nada más que con su pluma, su conciencia y una voluntad férrea. Huyendo de los nazis, anduvo errante hasta que, escondido en Brasil, tomó la decisión de suicidarse, junto con su segunda esposa, temiendo que las tropas de Hitler lo encontraran. En alemán dejó escrita la siguiente declaración:  </p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>&#8220;Antes de que yo, por libre voluntad y en plena posesión de mis sentidos, abandone la vida, me siento obligado a cumplir un último deber: agradecer desde lo más íntimo a este maravilloso país, Brasil, que nos haya ofrecido a mí y a mi obra un lugar tan magnífico y acogedor. Cada día pasado aquí ha contribuido a querer más a este país, en ningún otro lugar hubiera deseado reconstruir mi vida de nuevo, después de que el mundo de mi propio idioma se derrumbó y mi hogar espiritual, Europa, se autodestruyó. Pero tras cumplir los sesenta hacen falta muchas fuerzas para comenzar totalmente de nuevo. Y las mías están agotadas por tantos años de errar sin patria. Por eso considero mejor cerrar a su debido tiempo y con actitud erguida una vida en la que el trabajo intelectual y la libertad personal me han dado las mayores alegrías y me parecen el más alto bien de esta tierra. ¡Saludo a todos mis amigos! ¡Ojalá lleguen a ver la aurora tras esta larga noche! Yo, excesivamente impaciente, me adelanto a todos ellos&#8221;</em>: <strong>Stefan Zweig</strong>, escritor austriaco (1881-1942)</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Los escritores colombianos están embebidos en sus realizaciones personales. ¡Qué bien por ellos! Los hay que a través de la novela histórica están dejando testimonio del presente y se les agradece su compromiso; quizás hagan falta más (más escritores de novela histórica). Y quizás harían algo aún mejor saliendo de sus cofradías en este momento tan complejo de la historia nacional. Yo los llamo círculos viciosos donde nos damos la razón los unos a los otros. Ahí arreglamos el país entre copas de vino o borracheras para, llegada la resaca, darnos cuenta de que en realidad no arreglamos nada; a lo mejor, el mundo no tiene arreglo y nosotros tampoco, pero hay que intentar el coraje siempre ante la fuerza bruta del otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor español Fernando Aramburu se lamentaba de que los intelectuales “estén opacados” por la ligereza de las redes sociales. Sí y no. Porque a los escritores de antes los perseguían para callarlos y los de esta época no tienen excusa para permanecer ausentes. ¿Cuántos autores usan sus redes sociales para reflexionar en voz alta?</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante hay salvedades. Ciertos escribidores van dejando por ahí pruebas de su insensatez. El más lacónico fue Andrés Caro, columnista de La Silla Vacía, que dijo lo siguiente: <strong><em>“Voy a votar por Abelardo de la Espriella, a quien desprecio”.</em></strong> Esa oración no resiste ningún análisis, porque al fin y al cabo el mundo no se acabará porque alguien más salga a exhibir su estupidez de esa manera.  Con razón, el analista británico Martin Wolf dijo: <strong>&#8220;Estamos sufriendo estupidez y caos, pero sobrevivimos al caos&#8221;.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a Aramburu, el enemigo no son las redes sociales. Hoy tampoco se necesita salir en televisión para decir lo que uno quiera decir. Esas son vanidades y banalidades, porque el intelectual no anda persiguiendo fama o fortuna. Se les pide que existan de cuerpo presente. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El escritor moderno, entre que escribe un libro y el siguiente para aumentar su egoteca, podría también echarse su Patria al hombro; ¿de qué nos sirve un escritor culto y reputado, si al final del día permanece al margen de la realidad, desconectado de ella, sufriendo de pereza intelectual cuando más se le requiere? La historia pedirá cuentas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas veces he cuestionado en este blog las posiciones de personajes como Carolina Sanín o Mario Mendoza. El sentido de la justicia me lleva a reconocer, que si bien disiento de sus posturas con regularidad, ninguno se ha mantenido indiferente frente a los temas de su época, si bien, como dice Leonardo Padura, el principal compromiso de la literatura es con la literatura misma y su capacidad estética desde la narrativa o la poesía. Escuchar a Sanín es un placer, cada monólogo suyo es una clase magistral. En el último, invitó a su audiencia a votar por Iván Cepeda. Un gesto noble tratándose de una persona muy crítica de la izquierda y en especial crítica con el presidente Gustavo Petro. </p>



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</div></figure>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><em><a href="https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/laura-restrepo-ante-el-fascismo-no-hay-pasividad-posible-hay-que-tomar-parte-por-la-vida/">&#8220;Ante el fascismo no hay pasividad posible: hay que tomar parte por la vida&#8221;:</a></em> Laura Restrepo, escritora, en entrevista con El Espectador.  </strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">El cubano Leonardo Padura dice algo con lo que comulgo: <strong><em>“La lectura y la lectura son insustituibles”.</em></strong> Ojalá podamos decir lo mismo de los escritores, sobre todo ahora en que Colombia pende de un hilo: aquí podría repetirse, desgraciadamente, lo que está pasando en Argentina, El Salvador, Ecuador y, más aterrador aún, Estados Unidos. Solo se necesita una persona para poner de cabeza a millones: Milei, Bukele, Noboa y Trump. ¡Todo un cuarteto experto en amputar derechos! Pero era el derecho de millones elegirlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pido que los escritores colombianos tomen una sobredosis de barbitúricos en su camino a la inmortalidad como hizo el gran Zweig. Se les pide no permanecer parados en una esquina viendo el suicidio de una nación entera en manos de lo que ahora llaman la “nueva derecha”, que es la misma extrema derecha de siempre, esta vez disfrazada de tigre y de carnaval.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos en medio de una batalla cultural. A quienes tenemos en nuestras manos el humilde poder de la palabra, hoy se nos pide empuñarla para impedir que otros destripen la esperanza.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129990</guid>
        <pubDate>Mon, 08 Jun 2026 15:32:57 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-INTELECTUALES-1.jpg?quality=60&amp;#038;w=1078" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Dónde están los intelectuales y escritores colombianos?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Memoria Política y Democracia con Helena Uran Bidegain</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/memoria-politica-y-democracia-con-helena-uran-bidegain/</link>
        <description><![CDATA[<p>&#8220;No se puede volver normal la naturalización del horror. La arquitectura y los espacios oficiales guardan la memoria de todo, incluyendo los horrores ocurridos en ellos. Es esencial que esos espacios sean transformados en lugares de memoria y que sirvan para la pedagogía democrática&#8221;,  Helena Uran Bidegain.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Una sociedad sin memoria política, incapaz de examinar responsablemente la relación entre el pasado y el presente, está condenada a no tener futuro democrático. Por eso se puede afirmar que existe una relación genética y simbiótica entre la memoria política y la democracia, mediada por el examen responsable del pasado para encontrar en él las claves que permitan superar los conflictos violentos del presente. De lo contrario, si no se asume por parte de cada ciudadano ese examen de responsabilidad personal, pero sobre todo por los líderes políticos que protagonizan el presente, entonces estaremos condenados como sociedad a la repetición eterna de esos conflictos violentos, que nos degradan, desgarran y aniquilan. A la perpetuación de generaciones de víctimas sin verdad, justicia y reparación, junto a victimarios impunes, incapaces de asumir su responsabilidad personal o institucional por lo sucedido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La memoria política, una responsabilidad ciudadana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si no somos capaces de hacerlo colectivamente, entonces jamás podremos forjar una comunidad política democrática, en donde no pueden caber las luchas a muerte entre enemigos, como lo llevamos haciendo hace ya más de medio siglo. De allí el sentido profundo de esta reflexión de Tzvetan Todorov<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a>, escritor, crítico y lingüista francés de origen búlgaro: “<strong><em>El mal sufrido debe inscribirse en la memoria colectiva, pero para dar una nueva oportunidad al porvenir”</em></strong><em>.</em> Justamente para ello <strong>“La Paz Querida”,</strong> un colectivo de ciudadanas y ciudadanos de Cali, comprometidos con la paz política imprescindible para la democracia y el cumplimiento pleno del artículo 22 de nuestra Constitución: <strong><em>“La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”,</em></strong> ha invitado a la politóloga, investigadora y escritora Helena Uran Bidegain, para conversar sobre memoria y democracia. El conversatorio tendrá lugar en la Cinemateca de Cali este próximo martes 26 de mayo a las seis de la tarde, entrada libre, y esperamos contar con una nutrida asistencia, pues Helena ha publicado dos libros que arrojan luces sobre uno de los acontecimientos más tenebrosos de nuestra historia política reciente, que no podemos olvidar si queremos vivir democráticamente, como lo fue el asalto al Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985 por parte de un comando del M-19, su posterior incineración y destrucción por la violencia excesiva y devastadora de la Fuerza Pública, que dejó un saldo de 98 víctimas mortales y un número de desaparecidos todavía por precisar, que oscila entre 11 y 20 personas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus libros <strong><em>Mi vida y el Palacio</em></strong>, publicado en 2020 y el año pasado <strong><em>Deshacer los nudos</em></strong><em>,</em> busca con rigor, valor y desgarradora sensibilidad esclarecer las oscuras circunstancias en que perdió la vida su padre, Carlos Horacio Uran, entonces magistrado auxiliar del Consejo de Estado, quien salió gravemente herido con vida del Palacio, pero inexplicablemente luego es encontrado su cuerpo sin vida en el interior del mismo. Por esos atroces hechos y la desaparición de otros rehenes, el Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 14 de noviembre de 2014<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>, sin que la totalidad de la sentencia haya sido cumplida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>No más “Palacios de Justicia”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En parte por ello, Helena se ha consagrado al esclarecimiento de lo acontecido, pero sobre todo porque sin una memoria política capaz de dar cuenta de&nbsp;tan aciaga fecha, precisando las responsabilidades políticas y las culpabilidades penales de sus máximos responsables, siempre estaremos expuestos a que hechos semejantes se repitan continuamente, como lamentablemente sigue sucediendo. Hoy, según el reciente informe del CIRC, Colombia vive la mayor catástrofe humanitaria del continente: “<em>El CICR registró 965 personas heridas o fallecidas por artefactos explosivos, la mayoría civiles, y documentó 308 nuevas desapariciones. Por otra parte, según la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV), al menos 235.619 personas se desplazaron de manera individual, 87.069 lo hicieron en eventos de desplazamiento masivo y 176.730 permanecieron confinadas. Además, la Mesa Nacional de Misión Médica reportó 282 actos violentos contra la asistencia de salud, en hechos relacionados con los conflictos armados. Frente a 2024, todos estos indicadores aumentaron de manera significativa y en varios casos se duplicaron: el desplazamiento individual creció un 100 %, el desplazamiento masivo un 111 % y el confinamiento un 99 %”</em><a id="_ednref3" href="#_edn3">[iii]</a>. Unas terribles cifras que nos demuestran que lo sucedido en el Palacio de Justicia no ha cesado, pues como bien lo señaló el entonces procurador General de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, en su denuncia ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes contra el presidente Belisario Betancur y su ministro de defensa, Miguel Vega Uribe: <em>“En el Palacio de justicia hizo crisis <strong>en el más alto nivel</strong> el tratamiento que todos los gobiernos han dado a la población civil en el desarrollo de los combates armados”. </em>Y esa crisis continuó y se profundizó con la degradación del conflicto armado interno, al punto que, por su negación y una supuesta cruzada oficial contra el terrorismo, la <strong><em>Directiva 29 del 2005</em></strong><a id="_ednref4" href="#_edn4">[iv]</a> del ministerio de defensa, en cumplimiento de la política de <strong><em>“seguridad democrática</em></strong>” del presidente Uribe, derivó en la comisión de más de 6.400 ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”<a id="_ednref5" href="#_edn5">[v]</a>. Para intentar contener esa violación sistemática de los derechos humanos y las masivas infracciones del DIH, Helena está promoviendo la <strong>“Fundación Carlos Uran, Memoria para la democracia</strong>”, y nos contará en el conversatorio sus principales metas y acciones en desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Memorializacion de instituciones del horror</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de sus estrategias principales es la llamada <strong><em>“memorialización</em></strong>”, en palabras de Helena en reciente entrevista con la periodista Cecilia Orozco en este diario<a id="_ednref6" href="#_edn6">[vi]</a>, consiste “<em>en que no se puede volver normal la naturalización del horror. La arquitectura y los espacios oficiales guardan la memoria de todo, incluyendo los horrores ocurridos en ellos. Es esencial que esos espacios sean transformados en lugares de memoria y que sirvan para la pedagogía democrática. En el caso del Cantón Norte, no debemos seguir actuando como si nunca hubiera sucedido nada, como fueron los hechos ocurridos con ocasión de la toma y retoma del Palacio de Justicia, en donde desaparecieron y, después de muchos años, aparecieron los restos de varias personas. Allí, por ejemplo, debería fijarse una placa en que se consigne que en esas instalaciones se cometieron crímenes de lesa humanidad y que un número importante de víctimas fueron torturadas. El Museo del Florero tendría que dedicar un espacio importante a exposiciones y otras tareas pedagógicas para que se explique que fue usado como centro de operaciones adonde llevaban a quienes salían vivos del Palacio para después trasladarlos y desaparecerlos”</em>. Para continuar conversando con Helena sobre esta estrategia y muchas más que eviten que el horror de la violencia política, tanto la de grupos ilegales, como la del entonces M-19, pero sobre todo la de las instituciones del Estado, que están para impedirla y contenerla, se nos convierta en algo cotidiano y normal en nuestras vidas, LA PAZ QUERIDA, los espera este martes 26 de mayo a las 6 de la tarde en la cinemateca de la Tertulia, entrada libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La paz política no se hace con milagros</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque como sabiamente lo expresó José Saramago, el nobel portugués de literatura en 1998: <em>“Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos vivir”. </em>Sin duda,precisamos una <strong><em>memoria firme</em></strong> y mucha <strong><em>responsabilidad democrática</em></strong> para votar el próximo domingo 31 de mayo, si queremos evitar atrocidades superiores a la sucedida el 6 y 7 de noviembre de 1985, cuando dejó de existir el Estado de derecho y la democracia, supuestamente en defensa de la Patria. Para superar el horror en que vivimos no necesitamos más héroes de la patria y más víctimas civiles como consecuencia de este infernal conflicto social y degradado conflicto armado, que ya arrastra incluso a comunidades indígenas como la Misak y Nasa a matarse por la disputa de la tierra, esa Pachamama que es de ambas comunidades. La convivencia política y la democracia no son un asunto milagroso. Nos bastaría con cumplir el artículo 22 de la Constitución: “<strong><em>La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento” </em></strong>y no dejarnos arrastrar a las urnas por el miedo, los fanatismos políticos, prejuicios sociales, el odio y las revanchas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/todorov.htm">https://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/todorov.htm</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_287_esp.pdf">https://corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_287_esp.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.radiosantafe.com/2026/05/13/el-desplazamiento-en-colombia-se-duplico-en-2025-por-el-recrudecimiento-de-la-violencia-cicr/">https://www.radiosantafe.com/2026/05/13/el-desplazamiento-en-colombia-se-duplico-en-2025-por-el-recrudecimiento-de-la-violencia-cicr/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/la-directiva-permanente-numero-29-de-2005">https://www.comisiondelaverdad.co/la-directiva-permanente-numero-29-de-2005</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/JEP-imputa-cr%C3%ADmenes-de-guerra-y-de-lesa-humanidad-a-otros-15-miembros-del-ej%C3%A9rcito-por-falsos-positivos-en-la-Costa-Caribe.aspx">https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/JEP-imputa-cr%C3%ADmenes-de-guerra-y-de-lesa-humanidad-a-otros-15-miembros-del-ej%C3%A9rcito-por-falsos-positivos-en-la-Costa-Caribe.aspx</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://www.msn.com/es-co/noticias/other/de-espacios-de-violencia-a-centros-de-memoria-helena-ur%C3%A1n-opina-sobre-decisi%C3%B3n-de-la-jep/ar-AA21KQQf">https://www.msn.com/es-co/noticias/other/de-espacios-de-violencia-a-centros-de-memoria-helena-ur%C3%A1n-opina-sobre-decisi%C3%B3n-de-la-jep/ar-AA21KQQf</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129518</guid>
        <pubDate>Sun, 24 May 2026 17:38:32 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Memoria Política y Democracia con Helena Uran Bidegain]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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        <title>13 ciudades sin nombre. Cuando uno encuentra libros viajeros.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/13-ciudades-sin-nombre-cuando-uno-encuentra-libros-viajeros/</link>
        <description><![CDATA[<p>En ocasiones uno se encuentra libros viajeros, curiosos e interesantes, como este que lleva por título &#8220;13 ciudades sin nombre&#8221;, publicado en 2003 por la editorial española Punto de Lectura.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="500" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/Sergio-Cabrera.jpeg" alt="" class="wp-image-129425" style="width:547px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Sergio-Cabrera.jpeg 700w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Sergio-Cabrera.jpeg?resize=300,214 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption class="wp-element-caption">Sergio Cabrera, director de cine, diplomático y autor inesperado. </figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En ocasiones uno se encuentra libros viajeros, curiosos e interesantes, como nos ocurrió este año con mi esposa Patricia, mientras visitábamos a Rafael “Rafa” Pérez Unquiles y su esposa Amelia “Meli” Cruzado, queridos amigos en Huelva y mientras curioseábamos su biblioteca, hicimos un más que interesante descubrimiento, que lleva por título&nbsp;<em>13 ciudades sin nombre,&nbsp;</em>publicado en 2003 por la editorial española&nbsp;<em>Punto de Lectura</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un libro, conformado por trece relatos entre reales y ficticios sobre diversas ciudades del mundo, reto para los&nbsp;<em>triscaidecafóbicos</em>, es decir, para los que sufren fobia por el número 13 (pero no por los trabalenguas). Ahora bien, para el resto de los mortales lectores, resulta un entretenimiento literario, porque su esencia es lúdica y poética, pues habla de estas urbes, pero sin nombrarlas. Cada historia de esta colección, tiene una extensión adecuada y un tamaño de letra agradable a la vista, que facilita su lectura.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="370" height="370" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/espido-freire_69b1ff31_370x370.jpg" alt="" class="wp-image-129427" style="width:440px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/espido-freire_69b1ff31_370x370.jpg 370w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/espido-freire_69b1ff31_370x370.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/espido-freire_69b1ff31_370x370.jpg?resize=300,300 300w" sizes="auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px" /><figcaption class="wp-element-caption">Escritora Espido Freire. </figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como en toda selección, hay diversidad de estilos y calidades, hay relatos para todos los gustos. Como en cualquier camino, hay sus altos, sus bajos y sus llanos, aunque en el amplio universo de las miradas de los lectores, no necesariamente coincidamos en los criterios a la hora de calificarlos. Se trata de 13 autores, tanto españoles como latinoamericanos, algunos consagrados como la escritora Espido Freire y otros reconocidos en diversos ámbitos como la política ya fallecida, Carmen Alborch. Las destaco a las dos, además, porque son las únicas mujeres de esta antología, habría sido deseable haber contado con más miradas femeninas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, en su interior nos deparaba otra sorpresa, especialmente por nuestra condición de colombianos, al encontrar un relato escrito por el cineasta Sergio Cabrera, un cuento absolutamente delicioso, que nos descubre al autor que seguramente perdimos, al haber ganado a uno de los mejores directores latinoamericanos de la filmografía mundial, al final, un relator de historias, en otro lenguaje, el de las imágenes y sonidos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No haré spoilers literarios, pero es un cuento vinculado con la vida de Cabrera (para quienes leyeron la portentosa novela&nbsp;<em>Volver la vista atrás</em>&nbsp;de Juan Gabriel Vásquez), pero además podría entrar perfectamente en una antología de cuentos diplomáticos (cuando alguien se decida publicar una selección de ese subgénero literario, aún por explorar), aparte de ser profético o visionario, pues Cabrera es el actual embajador de Colombia en China, actividad que ha desarrollado con éxito a pesar de no haber tenido preparación ni experiencia previa en la diplomacia, esa mezcla de ciencia y arte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La intención no es hacer una reseña pormenorizada del libro, sino una invitación a leerlo. No sólo se trata de un objeto de lectura, es también un híbrido ingenioso, porque es un texto-juego, siendo el elemento común que no se identifican las ciudades-protagonistas en donde transcurren las historias, al final del libro se propone un divertimento, para que el lector identifique las ciudades. Como los manuales de preparación de exámenes académicos, trae las respuestas, pero recomiendo no mirarlas antes sino intentar la identificación, algunas son fáciles, otras no tanto, pero resulta divertido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por la naturaleza del libro y resultar una lectura grata, este libro es perfecto para los viajeros, especialmente si van en un transporte, que no ponga en riesgo las retinas. Al menos, yo lo llevaría siempre en un tren, en metro o en avión, quizás por ello, Rafa y Meli que igual que nosotros, son viajeros empedernidos, al final nos lo regalaron para nuestro retorno a casa. Quizás algún día se lo heredemos a otros transeúntes del mundo que quieran visitar -así sea con la imaginación- alguna de estas ciudades sin nombre.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">A ratos en lo que sigo llamando Twitter: @dixonmedellin y en Bluesky&nbsp;como @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="493" height="789" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/13Ciudadessinnnombre.jpg?quality=60&amp;w=493" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/13Ciudadessinnnombre.jpg 493w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/13Ciudadessinnnombre.jpg?resize=187,300 187w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129422</guid>
        <pubDate>Sat, 23 May 2026 10:03:06 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[13 ciudades sin nombre. Cuando uno encuentra libros viajeros.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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