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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 25 May 2026 15:56:30 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de elena garro | Blogs El Espectador</title>
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        <title>15 lecciones de Germán Castro Caycedo para un periodismo en crisis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/15-lecciones-de-german-castro-caycedo-para-un-periodismo-en-crisis/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cronista de cronistas, sigue dando lecciones de periodismo basadas en una vida de película. Enseñó que las buenas historias nacen de escuchar a la gente. La muerte lo seguía adónde iba. Homenaje al maestro por el Día del Periodista (9 de febrero).</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-left has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Foto: © Alejandro Mendoza</em></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-191001f26b1b74bd834b16cb6c1eab85 wp-block-paragraph"><strong>“… siento que desde ahora estoy felizmente condenado a escribir por el resto de mi vida”: Germán Castro Caycedo.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay libros que valen lo que pesan. <strong><em>“Mi padre, Germán Castro Caycedo”</em> </strong>(Editorial Planeta, 711 páginas), son muchos libros a la vez. Es una biografía pero también una clase magistral de periodismo. Es un libro de confesiones pero también un manual sobre el duelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un libro de historia de Colombia a través de la mirada de un contador de historias, pero también es un libro sobre política y conflicto armado. Germán Castro Caycedo fue periodista y, sin quererlo, por gajes del oficio, también protagonista de una Colombia difícil.  La <em>Colombia amarga</em>, que así la llamó él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Usó el periodismo para condolerse por las desigualdades sociales. <em>“Nuestra violencia viene con nuestra cultura, todo se quiere arreglar, antes a machetazos y hoy a balazos. Somos un pueblo depravado por la violencia”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Empecé la lectura por el final donde están las 50 fotografías que resumen su vida en imágenes: con su esposa, con su única hija, con sus dos nietas, con sus amigos, con sus compañeros, con sus entrevistados, entre ellos Gabriel García Márquez, las&nbsp; avionetas accidentadas. que por poco le cuestan la vida.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería ser pianista, pero <em>“escuchó que sus dedos eran cortos y que nunca llegaría a sobresalir en este arte”.</em> Otras teclas lo esperaban. Muy temprano descubrió su vocación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Recordaba perfectamente el día que tomó la decisión de ser cronista. Fue un martes de 1959, en su último año de bachillerato, A su casa materna llegaban cada mañana El Tiempo y <strong>El Espectador</strong>, los diarios más importantes de Colombia, y desde que él tenía quince años, Helena, su madre, lo acostumbró a hojearlos para que se asomara al mundo más allá de Zipaquirá”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este cundinamarqués nació en 1940. Su infancia <em>“estuvo enmarcada por dos hechos dolorosos: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y el abandono de su padre”.</em> Muchos años después se reencontraron siendo ya reportero en El Tiempo.<em> “… me repitió hasta el cansancio que un hijo no tenía derecho a juzgar a los padres; que podía no estar de acuerdo y debatir ciertas cosas, (…) con argumentos, pero jamás juzgar”, </em>recuerda Catalina Castro Blanchet, autora de la biografía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aprendió el oficio por su cuenta, leyendo a los nuestros. <em>“Aquí hay unos cronistas muy verracos. Lo que pasa es que no los conocen los profesores. Y creen que nuestra crónica nació en Miami. ¡No joda! Nació aquí con los cronistas de Indias”. (…) En ese ejercicio, se topó con escritores magníficos, especialmente en <strong>El Espectador</strong>”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un amigo lo definió como “<em>un dandi de tiempo completo, pero también todo lo opuesto: era del pueblo llano, del pueblo que bebe, que disfruta (…) Sus héroes eran los hombres y las mujeres que salían de la nada”.</em> De adulto seguía riendo como niño viendo los capítulos repetidos del Chavo del 8.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-b75da49147cbb7252eede4c17f5c20ad wp-block-paragraph"><strong><em>“Le entusiasmaba dar conferencias y hablar con los nuevos estudiantes de Periodismo (…) Los jóvenes de colegios y universidades siempre tuvieron prioridad en su agenda, por encima de los medios que lo llamaban para entrevistarlo”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Decía que <strong><em>“la crónica es el género mayor del periodismo”.</em> </strong>El 13 de septiembre de 1968 publicó la primera, relacionada con los restos humanos de 25 patriotas del Ejército Libertador. Germán Castro Caycedo deshizo los pasos de Simón Bolívar en tres ocasiones (1976, 1979 y 1983), al cruzar el páramo de Pisba en mula, soportando &#8220;<em>la violencia de las lluvias, los vientos y la niebla”.</em> En su <em>Ruta Libertadora</em> conoció a los <em>“descendientes directos de los soldados del ejército libertador”</em>, acompañado por Gloria, su esposa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“… llevamos aguardiente en botellas pequeñas y Pielroja, y con eso pagábamos las posadas”.</em> Con los de su equipo durmió en una iglesia abandonada, dentro de sacos de dormir, con millones de murciélagos alrededor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final de la odisea les confesó a sus televidentes: <em>“Bolívar perdió su tiempo, pues todos esos pueblos que quedan en la ruta del olvido están más atrasados que en 1819”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1970 recibió su primer reconocimiento, premio que se le subió a la cabeza, según reconoció después. <em>“… don Hernando Santos, viendo mi actitud, en una forma cariñosa pero enérgica, me agarró de las solapas y me dijo: ´Vea, mijito, yo he visto a muchos periodistas que los acaba un premio…”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los grandes personajes de la segunda mitad del siglo XX pasaron frente a él en el programa de televisión <em>Enviado Especial</em>: Gabriel García Márquez –que todavía no era Premio Nobel-; Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, Carlos Castaño, Álvaro Fayad (ver video); Antonio Navarro Wolf… Las anécdotas sobre estos encuentros están contadas en el libro con lujo de detalles.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Enviado Especial - Entrevista de Germán Castro Caycedo a Álvaro Fayad" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/rjTBX7xCHBg?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">De las 1.018 emisiones sólo se conservan 48 editadas y 14 sin editar:<em> “… aquel archivo histórico se perdió, por un lado, porque en aquella época se grababa varias veces sobre las mismas cintas con el fin de economizar y, por el otro, debido a malas prácticas de conservación”.</em> Lo que se salvó está en su <a href="https://germancastrocaycedo.co/portal/">página web</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo dos veces la travesía por el Tapón del Darién, la selva inhóspita donde mucha gente sigue muriendo buscando el sueño americano, y otro programa sobre los polizones, de donde surgió la idea de escribir <em>El Hueco</em>.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-fc0a61d1f5208200634d8771fe1c5297 wp-block-paragraph"><strong><em>“… me duele que la situación de Colombia sea hoy aún más dolorosa que cuando comencé a ejercer el periodismo”: Germán Castro Caycedo.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En sus 52 capítulos, la biografía ahonda en anécdotas sobre su extensa obra periodística. Por ejemplo, los hechos raros que rodearon la investigación para escribir <em>La bruja.</em> <em>“… enterraba cuarzos en el jardín a manera de protección, leía salmos bíblicos en las noches…”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue secuestrado por el M-19 en 1980, por los días en que ocurrió la toma de la embajada de República Dominicana por ese mismo movimiento guerrillero. <em>“Compadre, serénese un poco, no somos asesinos, solamente queremos conversar con usted unas horas, ¿bien?”,</em> le dijo el mismísimo Jaime Bateman Cayón, en medio de aguardientes. Fue el emisario de “<em>una carta al presidente Turbay en la que le proponían establecer un diálogo de paz”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Eran los tiempos del Estatuto de Seguridad, <em>“durante el cual, entre otras cosas, se prohibía la protesta social, limitando la libertad de prensa o callando a quien pensara diferente, fuera guerrillero o no”, </em>cuenta su hija Catalina Castro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Día y medio después fue liberado en las oficinas de <strong>El Espectador</strong>, hasta donde llegaron cuatro oficiales del B2 que<em> “rompieron los vidrios (…)  buscándolo”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“—Respeten, esto es un periódico, es la democracia”,</em> gritó indignado don Guillermo Cano, el director.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los detalles los contó en primera persona durante ocho entregas dominicales en <em>El Siglo</em>, bajo el título<em> “Obligado a preguntar”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre 1986 y 1987 se encontró diez veces con Pablo Escobar: un mayor del Ejército o alías Popeye –uno de los sicarios del capo- lo recogían en un hotel de Medellín. <em>“…varias veces, en medio de la conversación, debía excusarse para ir al baño a trasbocar”, </em>por los detalles escabrosos que narraba el capo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiempo después el hijo de Escobar le confesó avergonzado que su padre había ordenado matarlo. Uno de los matones mintió: dijo que Germán era policía y no periodista, con el único fin de ganarse una recompensa. El libro relata los detalles de cómo salvó su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con medio siglo de periodismo a cuestas, murió en 2021, con 81 años, víctima de cáncer de páncreas. <em>“Su rostro había adquirido un color extraño, amarillento; el cáncer opacaba su semblante, otrora atractivo”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Germán Castro Caycedo entendió como pocos la nobleza de este oficio. No dejemos que la crónica muera. Ese es el único homenaje posible para honrarlo en este presente.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Las lecciones del maestro en 15 frases</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En las páginas de <em>&#8220;Mi padre, Germán Castro Caycedo&#8221; </em>hay muchas lecciones de este cronista de cronistas para los reporteros de hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       1. “Lo único urgente es descubrir la vocación verdadera. De lo contrario, el trabajo se te volverá mañana una desgracia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       2.  “Recuerda, la objetividad no existe”. Para él, lo importante son el equilibrio y la precisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       3. “El periodista que no tiene nada que contar no está en nada”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       4. “… era un hombre culto, de una inteligencia sorprendente y un lector empedernido. Leía la prensa a diario, religiosa y obsesivamente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       5. “Ese era mi trabajo, descubrir un país. Me pagaban por hacerlo y la gente me leía”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       6. “Encontraba los temas principalmente en la prensa, en la radio, en los noticieros de televisión y escuchando a la gente durante sus viajes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·      7.  “… no soportaba el mal uso del lenguaje y los adjetivos innecesarios lo incomodaban. ´Tu capacidad de contar es hacer sentir los lugares y las situaciones. Para eso no necesitas adjetivos´”, solía decirle a su hija.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       8. “Sostenía que ´el periodista que se atreve a decir en un periódico que ´los arreboles de la tarde mueren en el río´, debe ser honesto, retirarse del oficio y dedicarse a escribir cuentos´”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·       9. “El periodismo colombiano está lleno de poetas mientras que la gente simplemente quiere información”, le dijo a Gonzalo Guillén en 1979, en una entrevista que él tituló “Este campesino hace los mejores reportajes en Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·      10. ¿Cuál fue su estilo?  <em>“… haber ido siempre hasta el lugar de los hechos para sentir sus olores, entender las luces y las sombras, los colores, las tradiciones y las costumbres (…) Esto, mezclado con una investigación rigurosa, muchas veces apoyada por especialistas en ciertos temas”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">·      11. “Pienso que hay dos clases de periodistas: Uno es el comentarista que da sus opiniones. El otro es el reportero que, en muchos casos, con mala fe, opina a través de lo que hace”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·      12. Trataba con respeto a sus entrevistados. <em><strong>“Los abordaba con tacto, con humor cuando el tema lo permitía, conversaba primero, se embebía en su historia sin agredir, sin afán. En el momento de hablarles, sus encuentros eran ante todo amables y respetuosos”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">·      13.  “… nunca recibió una solicitud de rectificación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·      14. “… todo el mundo le caminaba porque confiaban en su visión periodística, en su criterio y credibilidad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">·      15.  “… era accesible, amable, trataba bien a todas las personas. Se desvivía por ayudar. Era tranquilo, humano sin importar el rango ni el nivel de educación. Para él, todo el mundo tenía algo para dar o recibir”.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111232</guid>
        <pubDate>Thu, 06 Feb 2025 21:41:58 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>DE EXILIOS Y DESTINOS INESPERADOS: MIGUEL PIZARRO, UNA SEMBLANZA DIPLOMÁTICA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/exilios-destinos-inesperados-miguel-pizarro-una-semblanza-diplomatica/</link>
        <description><![CDATA[<p>“Flecha sin blanco Volando voy sin tino, Volar será mi blanco, Mi destino. Eterno en el instante del camino Saeta de Zenón, Quieta en el aire. Sin herir ni caer Sin dar en otra parte” Miguel Pizarro (1939) El exilio ensancha el alma de sus víctimas. Como en el poema del ruso Ossip Mandelstam sobre [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p class="s3">“Flecha sin blanco</p>
</blockquote>
<p class="s3">Volando voy sin tino,</p>
<p class="s3">Volar será mi blanco,</p>
<p class="s3">Mi destino.</p>
<p class="s3">Eterno en el instante del camino</p>
<p class="s3">Saeta de Zenón,</p>
<p class="s3">Quieta en el aire.</p>
<p class="s3">Sin herir ni caer</p>
<p class="s3">Sin dar en otra parte”</p>
<p class="s3">Miguel Pizarro (1939)</p>
<p class="s3">El exilio ensancha el alma de sus víctimas. Como en el poema del ruso Ossip Mandelstam sobre Ulises, el exiliado está pleno de tiempo y de espacio, en él florece en poco tiempo la civilización de su desesperanza y un nuevo lenguaje se forma para comunicar su vida en la tierra en la que concluye su paso por el mundo. Para el exiliado nunca cesa la vibración que siente por su patria, pero su forma de sentirla cambia.</p>
<p class="s3">Lo anterior se traduce perfectamente en la vida de los escritores. Existe una estrecha relación entre exilio y creatividad. Los ejemplos sobran, pero el lector advertido sabrá de su efecto en la vida de Ovidio, de Dante o de los numerosos españoles que huyeron de los desastres de la Guerra Civil y de la dictadura franquista.</p>
<p class="s3">De España, precisamente, hay una historia menos conocida, que fue preludio a los exilios masivos de los años treinta. Se trata del poeta, periodista y diplomático español Miguel Pizarro Zambrano, miembro olvidado de lo que se conoce como generación del 27 y participante del grupo del <span class="s4">Rinconcillo</span> (en el que estaban Dalí y Buñuel). Pizarro se distanció por once años en Osaka, Japón, hace ya unos cien años. Allí trabajó como el primer profesor español en enseñar su lengua en ese país. Lo hizo en la Universidad de Estudios extranjeros de Osaka, en la cual se guarda memoria de él especialmente por una edición conmemorativa de la revista <span class="s4">Más y menos</span> (マス・イ・メノス), publicación seriada que funcionó desde 1929 hasta 1941, y por la veneración de ciertos profesores japoneses que se consideran sus herederos.</p>
<p class="s3">Pizarro fue también un difusor de la cultura hispánica. Se le atribuye la introducción del flamenco en la sociedad japonesa y el montaje de obras de García Lorca, de quien era amigo personal. Al respecto, existe una intensa y conmovedora correspondencia entre los dos, además de un sentido poema que inicia con las palabras “Miguel Pizarro / flecha sin blanco”, el cual se encuentra en la compilación poética <span class="s4">Canciones</span> (1927), y le dio el epíteto que marcó para siempre su vida.</p>
<p><figure id="attachment_98709" aria-describedby="caption-attachment-98709" style="width: 300px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-98709" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371-300x225.jpeg" alt="Postal de Miguel Pizarro dirigida a Federico García Lorca. En: María Isabel Elizalde Frez, “Miguel Pizarro Zambrano, poeta y pensador del 27”. Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2014, p. 30." width="300" height="225" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371-300x225.jpeg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371-150x113.jpeg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371-768x576.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371-1024x768.jpeg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/IMG_8371.jpeg 1125w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-98709" class="wp-caption-text">Postal de Miguel Pizarro dirigida a Federico García Lorca. En: María Isabel Elizalde Frez, “Miguel Pizarro Zambrano, poeta y pensador del 27”. Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2014, p. 30.</figcaption></figure></p>
<p class="s3">Pero la actividad de Pizarro no solo se cerró en lo artístico. Se abrió también a la diplomacia, la cual ejerció, según los testimonios, excelentemente en Japón como agregado cultural, cuando llegó la Segunda República en su País, y la continuó en Rumania y luego en Estados Unidos. La llegada transformadora de este episodio en su país fue un despertar para Pizarro, fue como si su distanciamiento con su patria hubiese terminado; es como si advirtiera que su España también estaba en tierras remotas, pues el sentimiento que emanaba de ello le hablaba en un lenguaje que entendía y compartía.</p>
<p class="s3">Con los méritos ganados en su tiempo en tierra nipona, terminó en Estados Unidos cuando la República estaba en sus años críticos. Desde su actividad diplomática dejó un legado cultural inadvertido, y gracias a su intercesión <span class="s4">El Guernica</span>, la obra de Pablo Picasso, tuvo resguardo en Estados Unidos. Se le debe en gran parte el hecho de que se conserve todavía una de las obras gráficas más importantes de la pintura moderna, y una denuncia directa a la brutalidad de la guerra.</p>
<p class="s3">Para el público colombiano puede haber algo más llamativo sobre esta historia de lo que podría ser un tritagonista de la cultura y diplomacia hispánica del siglo XX. Se trata de lo siguiente: el último recuerdo vivo de Pizarro se encuentra en un municipio del país, en Roldanillo, Valle del Cauca. Se trata de la señora Águeda Pizarro, hija de Miguel y viuda del artista Omar Rayo. Lamentablemente, a las mujeres atrapadas en vorágines culturales, como a la señora Águeda o la escritora mexicana Elena Garro, se les recuerda más por la constelación masculina en la que terminaron inmersas, pero a veces se olvida su luz propia. Este artículo no puede hacer toda la justicia que merece la señora Águeda Pizarro, y lamentablemente la subsume en gran medida a la figura de su padre, pero es digno de destacar su vocación de poetisa, investigadora y de promotora cultural en el Valle del Cauca y en el país. Precisamente, si se sabe algo sobre Miguel Pizarro es gracias a ella, quien es su vocera principal, especialmente por su estudio titulado <span class="s4">Miguel Pizarro, flecha sin blanco</span> (2004).</p>
<p class="s3">En el poema ya referenciado, García Lorca le decía a Pizarro que “El Japón es un barco/ de marinos antipáticos”. Entre esa espesa atmósfera de antipatía, Pizarro fue ágil y capaz de despertar interés en su país y su vida, contar desde el exilio lo que era su patria. Desde el Japón, usó los recursos espirituales y artísticos para hablar de su exilio, en una obra de teatro <span class="s4">n</span><span class="s4">oh</span>, que también es considerada como auto sacramental, llamada <span class="s4">Auto de los </span><span class="s4">despatriados</span>. Desde ese país se hizo diplomático en el recorrido y aprendió tenazmente la labor, sin dejar de pensar en sus conciudadanos y en el espíritu de su nación. La flecha sin blanco, que decía García Lorca, había hecho de su exilio su diana, finalmente había impactado, así fuese en el vacío.</p>
<p class="s3">*Fernando Suárez Sánchez, es Tercer secretario de la Carrera Diplomática e historiador de la Universidad Nacional de Medellín.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98708</guid>
        <pubDate>Wed, 20 Mar 2024 13:57:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[DE EXILIOS Y DESTINOS INESPERADOS: MIGUEL PIZARRO, UNA SEMBLANZA DIPLOMÁTICA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
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