<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/search/elecciones%2Ben%2Bbogota/feed/rss2/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 24 Jun 2026 00:56:34 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.0</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Todos los resultados de blogs de elecciones+en+bogota | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Catarsis sobre la democracia: Más allá del tribalismo del miedo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/catarsis-sobre-la-democracia-mas-alla-del-tribalismo-del-miedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tenemos o no presidente? El veredicto en las urnas es inapelable, la diferencia es matemática y la atmósfera democrática se ha tornado sencillamente irrespirable.</p>
<p>Escribo estas líneas con la autoridad vital que da la desventaja superada y desde una independencia absoluta. La izquierda colombiana demostró una fuerza masiva e incuestionable en el tarjetón; aun así, hoy enfrenta su encrucijada más oscura por haberse matriculado a ciegas bajo la marca de un solo hombre: Gustavo Petro. En una democracia real, el mandatario saliente tendrá que rendir cuentas ante las instituciones de la misma forma exacta en que le correspondió en su momento a Álvaro Uribe Vélez. Cuando las caretas de la superioridad moral se caigan, los extremos se verán obligados a mirarse cara a cara para reconocer sus profundas semejanzas estructurales.</p>
<p>No podemos seguir edificando un país desde el pánico ni desde la sumisión eterna. Les invito a leer esta disección detallada para desmontar la farsa del tribalismo, recuperar la autonomía intelectual y comprender por qué una tercera vía de centro es el único camino viable para salvar nuestra democracia del abismo de la polarización.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Abelardo De la Espriella versus Iván Cepeda</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por: Mar Candela Castilla</p>



<p class="wp-block-paragraph">El debate sobre la legitimidad de los recientes resultados electorales en Colombia se encuentra atrapado en una compleja encrucijada metodológica y conceptual. Por un lado, la investigadora Laura Bonilla expuso en su cuenta oficial de X, el 20 de junio de 2026, que los datos electorales oficiales solo permiten análisis a nivel municipal o veredal, mientras que el control territorial de actores armados se concentra en microterritorios delimitados, no en espacios completos de un municipio. Su análisis se enmarca en el marco teórico planteado por el sociólogo Francisco Gutiérrez Sanín en su obra <em>Clientelistic Warfare: Política y Violencia en Colombia</em> (Editorial Universidad de los Andes, 2019), donde se explica que las alianzas políticas no obedecen a directrices nacionales, sino que se negocian a escala local según lógicas propias de cada región. Según su criterio, para confirmar prácticas como el llamado voto fusil o proselitismo armado se requiere identificar patrones repetidos en al menos tres procesos electorales consecutivos y trabajo de campo directo, por lo que las inferencias basadas solo en cifras agregadas generan incertidumbre metodológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, los analistas Mauricio García y Andrés Pachón, investigadores del Centro de Estudios Constitucionales y Sociales (CECONS), han publicado en el informe <em>Dinámicas de Poder y Elecciones en Colombia: 2022-2026</em> (mayo de 2026) que la historia electoral del país registra de forma constante la interacción entre violencia y dinámicas partidistas. En su estudio advierten que en zonas con trayectoria histórica de presencia de grupos armados se presentaron resultados electorales muy elevados para determinadas candidaturas, lo que permite suponer que estas prácticas pudieron haberse materializado en espacios específicos. Plantean que la dificultad para demostrarlo con los datos disponibles no equivale a su inexistencia, por lo que el escrutinio completo mesa por mesa se convierte en el paso fundamental para cruzar información y constatar con rigor lo que hasta ahora es materia de debate. Se trata por tanto de un fenómeno no binario, donde la duda metodológica y la experiencia histórica conviven en el análisis público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante este panorama de tensiones, resulta imperativo nombrar las responsabilidades con la mayor contundencia: Gustavo Petro desperdició de manera rotunda una oportunidad histórica para la transformación del país. El mandatario tenía pleno conocimiento de que el camino no sería sencillo; aun así, la constante improvisación, los recurrentes escándalos y una gestión operativa, administrativa y ejecutiva profundamente decepcionante terminaron por sepultar las expectativas ciudadanas, dejando a los sectores de izquierda ante una encrucijada crítica. La contienda en las urnas ya se definió; corresponde actuar bajo los principios de la madurez civil, reconocer a quien obtuvo el triunfo en franca lid y volcar los esfuerzos a defender la institucionalidad democrática. En mi ejercicio como educomunicadora y periodista ciudadana expresé en los escenarios de debate lo que consideraba necesario, de frente, con total independencia y sin cálculos acomodados. Hasta este punto llega mi participación en esa disputa, bajo la certeza de que un proyecto político que perdió el rumbo y traicionó sus promesas de mejora no merece respaldos eternos. Ejercer la autocrítica frente al poder no constituye un acto de traición; representa una obligación ética ineludible. Quienes gobernaron deberán asumir el costo de haber conducido a la nación hacia este escenario de vulnerabilidad. Muchas voces advertimos con suficiencia los descarrilamientos del proceso, las directrices erráticas y los riesgos de la soberbia, la cual prefirieron anteponer antes que abrirse a la corrección y al diálogo técnico. El resultado de ese empecinamiento está a la vista de toda la ciudadanía. Frente a la incertidumbre venidera, mi postura se mantiene firme: seguiré defendiendo los principios democráticos y los derechos humanos, no gobiernos ni caudillos de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando sostengo que la izquierda se encuentra en una situación crítica, es necesario hacer una precisión conceptual de rigor: este momento de quiebre no se debe a una falta de respaldo en las urnas. Los más de 12,6 millones de votos obtenidos por Iván Cepeda constituyen un caudal histórico incuestionable que le otorga una legitimidad indiscutible a su propuesta, consolidando a ese sector como una fuerza política masiva e impresionante que dejó atrás la condición de minoría marginal. La fragilidad real radica en el vaciamiento de su independencia: la izquierda está debilitada en la medida en que se convirtió en sinónimo exclusivo de petrismo. El error estratégico consistió en que casi la totalidad de los liderazgos progresistas se matricularon bajo la marca personal de Gustavo Petro, una subordinación identitaria que difícilmente tendrá larga duración. En una democracia real que ejerza un control político efectivo, el presidente saliente tendrá que rendir cuentas ante las instituciones y la sociedad de la misma forma exacta en que le correspondió en su momento al expresidente Álvaro Uribe Vélez. La historia se repite y las exigencias de transparencia deben ser idénticas: se requiere investigar formalmente y a fondo cada hecho presuntamente irregular acontecido en este gobierno. Si las evidencias lo ameritan, Petro deberá ser llamado ante la justicia. De materializarse este escenario judicial, la izquierda enfrentaría el periodo más complejo de su historia, trayendo consigo un desenlace saludable para el debate público: el derrumbe definitivo de la superioridad moral que exhiben los extremos. Sin pedestales éticos falsos, ambos bandos se verían obligados a mirarse cara a cara desde la ventana, reconociendo que, a pesar de sus discursos opuestos, guardan profundas y lamentables semejanzas estructurales. El futuro dirá qué rumbo toman los acontecimientos; no considero impecable la gestión de la izquierda petrista y resulta evidente que la entrega absoluta de las banderas sociales a un único apellido pasará una factura política sumamente alta en el porvenir partidista de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribo esta columna hoy, justo un par de días después de que las urnas de la segunda vuelta presidencial se cerraron y mientras los escrutinios oficiales confirman con precisión matemática lo que el preconteo nos arrojó el domingo. El debate nacional está encendido: ¿tenemos o no tenemos presidente? Considero que sí debemos aceptarlo. La diferencia en los números es mínima, un margen estrecho que nos ubica ante una realidad innegable. Este resultado ocurrió bajo la política del miedo, en unas elecciones donde las mayorías no estaban conformes ni felices; todo lo contrario, la ciudadanía salió resignada a las urnas. Votó mucha más gente de la habitual, buscando evitar lo que consideraban el mal mayor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La atmósfera democrática actual se ha tornado irrespirable. El gobierno saliente profundizó una horrible polarización cargada de miedo, un escenario donde todas las personas habitan la incertidumbre y ya nadie sabe en qué creer exactamente. Esta estrategia del antagonismo constante ha fracturado de tal manera la confianza colectiva que, paradójicamente, convierte al mandatario en el responsable principal del regreso de la derecha al poder. Al dinamitar los puentes y asfixiar los matices, su gestión clausuró la posibilidad de construir un proyecto de cambio sostenible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante este panorama, la urgencia de una tercera vía democrática —un partido sólido de centro— se hace evidente. Mientras esa alternativa real se consolida, surge una certeza ciudadana pragmática: para salvaguardar la democracia y asegurar algún tipo de equilibrio en el juego del poder, la alternancia drástica parece el único camino viable. Preferiría que la dirección del país cambie de manos de forma estricta, cuatro años para la derecha y cuatro años para la izquierda, antes que permitir que un solo bando arrase con las instituciones en nombre de su verdad absoluta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta realidad me evoca inevitablemente una época oscura que, por cuestiones cronológicas, no viví directamente. Nací en 1979, un año donde el Frente Nacional ya había concluido formalmente su vigencia de alternancia obligatoria (1958-1974), y los ecos de la violencia rural bipartidista de los años cincuenta se sentían lejanos en el calendario. Sin embargo, entiendo de forma nítida lo que sucedió gracias a la memoria viva de las personas adultas que me explicaron detalladamente ese horror. Comprendo perfectamente cómo el fanatismo sectario deshumanizó a la sociedad colombiana. Volver a recrear esos escenarios de odio totalitario, donde el país se divide de forma binaria entre salvadores y villanos, es un retroceso histórico que la ciudadanía no merece sufrir otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tocará esperar el rumbo de los acontecimientos. Es tiempo de comprender lo que está sucediendo: un país dividido, polarizado, asustado. Una realidad que supera la ficción. Ya es hora de empezar a pensarnos la democracia desde un lenguaje que construya, cuestionando la política social tanto como la política económica, encontrando la manera de proponer respuestas con filigrana pedagógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lugar de enunciación: Memoria y autoridad vital</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender a cabalidad las tensiones de esta Colombia post-electoral, necesito situar el lugar exacto desde donde construyo este pensamiento. Esta narrativa no responde a la vanidad académica ni al ánimo de victimismo; se presenta para evidenciar que lo que aquí se afirma, se critica y se confronta nace de una autoridad vital grabada en la piel y una metaconciencia forjada en la superación que ha acompañado todo mi recorrido. Yo me ubico como educomunicadora y no doy por sentado que mis interlocutores e interlocutoras saben todas las cosas que menciono; por eso, desde el lenguaje educomunicativo, mi deber es explicar cada concepto con filigrana, desmenuzando los términos para que nadie quede excluido de la comprensión de este análisis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nací en la pobreza extrema, una condición que marcó mis primeros años de vida en un entorno donde el sistema educativo tradicional no supo responder a mi realidad. Sin una red de apoyo familiar que comprendiera lo que significaba crecer en la precariedad, alcancé solo hasta octavo grado —la mitad del bachillerato—. En ese entonces era plenamente consciente de mi analfabetismo funcional, condición definida en estudios educativos como aquella en la que una persona, a pesar de dominar la lectura y escritura básica, no logra adquirir las herramientas necesarias para comprender textos complejos, redactar con fluidez o estructurar pensamientos con la profundidad que exige la autonomía intelectual. A los 21 años, sin haber validado la primaria ni el bachillerato, gané por mérito propio un espacio de formación en actuación, compitiendo con personas que buscaban la misma oportunidad. Fue un encuentro determinante que me acercó a los textos, a las historias y a la comprensión de la condición humana. Allí pude nombrar lo que hoy se define como alta sensibilidad, característica estudiada en neurociencia como una variación del sistema nervioso central que procesa estímulos sensoriales, emocionales y cognitivos con mayor intensidad y profundidad que el promedio poblacional. La vida siguió su curso en medio de profundas desigualdades y durante años continué construyendo mi formación de manera empírica y reflexiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo hasta los 33 años, tras múltiples intentos, logré validar mis estudios básicos. Lo hice con el propósito de ocupar mi lugar en el mundo con dignidad integral, sin sentirme en desventaja ni en condición de usufructuaria de espacios ajenos. Ese proceso fue posible gracias al acompañamiento de mujeres del tejido social que promovieron los recursos para mi empoderamiento. Debí esperar siete años más para ingresar a la educación superior; mientras tanto, me desempeñé como activista y periodista ciudadana, aplicando los conocimientos de la vida, aun sin contar con un título profesional, con convicción y experiencia demostrable. Finalmente, a los 40 años, una persona que prefirió mantenerse en el anonimato financió mi educación universitaria sin pedir lealtades ni obligaciones. Gracias a ello terminé mi pregrado y actualmente curso la Maestría en Interculturalidad y Educación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la sociología se entiende mi trayectoria a través del concepto de movilidad social, definida como la capacidad de un individuo o grupo para desplazarse de un estrato social a otro, de forma ascendente o descendente. Nací en la pobreza y me resistí a permanecer en ella; hoy pertenezco a la clase trabajadora. Cuento con una familia donde, gracias a un empleo de carácter estable, no faltan los bienes fundamentales para la vida. Conozco con precisión la vulnerabilidad de este estrato: lo único que sostiene nuestra situación es el ingreso mensual, y su pérdida implicaría de nuevo el riesgo de caer en la privación. Esta dualidad —el logro alcanzado y la memoria de la precariedad— es lo que me permite ver la realidad sin filtros. Por ello distingo entre conciencia de clase y odio de clase. La conciencia de clase se define como la capacidad de identificar la propia posición social, comprender las dinámicas estructurales que la determinan y actuar con solidaridad estructural colectiva. El odio de clase se manifiesta como rencor irracional, que niega la complejidad de las relaciones sociales, estanca el progreso en demandas sin contrapartida y dificulta la construcción de soluciones compartidas. Mi autoridad proviene de la verdad inapelable de la desventaja superada a través del esfuerzo, la solidaridad real y una profunda formación académica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desigualdades, capital y la farsa electoral</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No me alcanzaría una sola columna para desglosar la totalidad de mis testimonios de vida y mis experiencias, que abarcan realidades profundamente complejas. Es necesario visibilizar un asunto altamente problemático: el impacto que produce la llegada abrupta del dinero a la vida de una persona cuya historia ha estado atravesada por las desigualdades, por factores psicosociales desfavorables y por traumas personales derivados de la carencia. La existencia me permitió experimentar en un momento dado la posesión de una cantidad de dinero exuberante que bajo ninguna circunstancia esperaba. Al tenerla en mis manos, el peso de los vacíos históricos y la falta de preparación previa hicieron que no supiera qué hacer con ella, lo que me llevó a un proceso de reestructuración personal y conceptual. Tuve que volver a entender la existencia desde la perspectiva de quienes no tienen recursos, reafirmando que los medios económicos son importantes, si bien su efectividad real tiene que ir de la mano de la formación, de la información veraz, de la capacidad para asumir responsabilidades estructurales, de la actitud constructiva y del talento desarrollado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esta razón resulta indispensable pensarnos un capitalismo humanista, modelo económico que protege la libre empresa, el mercado y la propiedad privada, sitúa el bienestar de las personas, el acceso equitativo a las oportunidades y el desarrollo integral como los ejes rectores de la productividad, impidiendo que el capital se deshumanice o se convierta en una herramienta de opresión. Mi forma de ser y pensar se ha consolidado con respaldo profesional: soy una persona autista, disgráfica y con alta sensibilidad. Esta condición constituye una perspectiva distinta para percibir lo que permanece oculto: las reglas no escritas, los mecanismos de dominación y la forma en que se construye la opinión colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia colombiana funciona actualmente como una farsa coercitiva donde la deliberación técnica, ejecutiva o programática ha desaparecido. Asistimos a una movilización histórica: más de 12 millones de personas respaldaron la opción de Abelardo De la Espriella y una cifra equivalente arropó la propuesta de Iván Cepeda. El análisis operativo de estas cifras revela un contexto complejo que invita a la reflexión. Esta histórica afluencia de ciudadanos y ciudadanas a las urnas no fue la consecuencia de una ya madurada ola de conciencia democrática o de una epifanía colectiva sobre el destino nacional. Millones de personas salieron a las calles impulsadas por la necesidad de manifestarse, buscando desahogar el pánico profundo que la campaña mediática sembró en sus conciencias. En Colombia no se votó esperando lo mejor para el país; se votó con el único objetivo de contener un mal mayor. El electorado acudió a las urnas movido por el temor, atrapado en una encrucijada donde la deliberación política desapareció para dar paso a la gestión del riesgo percibido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal como se describe en estudios sobre comportamiento electoral, las elecciones se convierten en momentos de polarización extrema donde el voto funciona como un mecanismo de protección frente a la amenaza percibida del bando contrario. Para la mitad del país, el peligro inminente estaba encarnado en Abelardo De la Espriella, percibido como figura asociada a cambios estructurales profundos. Para la otra mitad, el espanto se materializaba en la figura de Iván Cepeda, presentado como representante de una línea política determinada. La ciudadanía no eligió modelos de desarrollo; eligió la alternativa que consideró menos dañina frente a la perspectiva de cambio radical propuesta. Incluso el voto en blanco y el notable incremento del voto nulo fueron respuestas directas a este diseño del escenario electoral. No constituyeron salidas cómodas ni posturas de tibieza intelectual; fueron la manifestación física de la postura de miles de personas que no se reconocieron en ninguna de las propuestas presentadas. Vivimos una etapa donde la democracia se ve atravesada por dinámicas de polarización y manipulación de percepciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El asunto del proselitismo armado es un tema que ha sido cuestionado históricamente en este país. Se trata de una situación delicada que se ha presentado en distintas campañas a lo largo del tiempo. En esta ocasión hay quienes afirman que también se presentó. Para sostener esta afirmación se requieren pruebas contundentes, evidencias reales y verificables, que se presenten ante la autoridad competente para su revisión. Sabemos que estas versiones han circulado y también reconocemos que, a lo largo de la historia, el proselitismo armado ha estado presente en mayor o menor medida para favorecer a ciertas candidaturas. Igualmente tenemos conocimiento de que algunos grupos armados expresaron abiertamente su respaldo a Iván Cepeda, situación que fue denunciada públicamente por Claudia López.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario contrastar esta información con las realidades del tejido social independiente. Es cierto que miles de ciudadanos, ciudadanas y colectivos organizados reunieron recursos propios para la mejora de las condiciones de desplazamiento de votantes: pagaron transportes y cubrieron gastos para que la gente pudiera acudir a las urnas por decisión propia. No es justo ni preciso desconocer esta realidad comunitaria, homologando toda movilización popular a la influencia de los actores al margen de la ley. Colombia es una nación marcada históricamente por la influencia del narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla y la corrupción; en este contexto, cualquier escenario resulta posible. Si existe evidencia real de que la movilización masiva en las periferias se produjo por presión armada a favor de alguna candidatura, esa información debe demostrarse ante las instancias correspondientes con rigor y sin generar alarmas destinadas a infundir terror.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo constancia de que muchas organizaciones civiles recolectaron fondos de manera autónoma para que personas de bajos recursos económicos pudieran llegar a los puestos de votación. En contraste, en zonas urbanas como Bogotá, muchos trabajadores y trabajadoras de la clase menos favorecida no lograron ejercer su derecho al voto por no obtener permisos de carácter laboral en sus empleos. Es una realidad innegable: el voto sigue siendo, en la práctica, un privilegio de clase. No todas las personas cuentan con las mismas condiciones de tiempo, recursos o libertad para ir a sufragar. Esa exclusión estructural ha sido la verdadera cara de nuestra democracia a lo largo de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desmontar el secuestro de las causas y el dolor</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito fundamental de esta reflexión sobre la democracia colombiana es denunciar y desmontar el tráfico de derechos, la instrumentalización del dolor, el secuestro ideológico de las causas sociales por parte de los paradigmas partidistas de turno y, por encima de todo, levantar una demanda innegociable por la libertad individual y colectiva. Todos y todas deberíamos ser profundamente agradecidos por los apoyos recibidos a lo largo de la vida. El tejido humano se sostiene cuando reconocemos la solidaridad recibida, y todos y todas deberíamos actuar con reciprocidad y responsabilidad para impulsar las transformaciones sociales que el país reclama de manera urgente. El servicio mutuo es la base de la dignidad humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario trazar una línea ética divisoria: nadie, absolutamente nadie en esta tierra está obligado a mantener obediencia permanente a otra persona. La gratitud por los apoyos recibidos jamás puede confundirse con una hipoteca de la conciencia o una sumisión perpetua, por mucho que signifique la compañía de determinados liderazgos en la historia del país, por mucho que hayan aportado sus procesos y por valioso que haya sido su papel en su momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rechazo tajantemente la pretensión clasista e inaceptable de que las personas que pertenecemos a las clases medias trabajadoras y que hemos venido desde las entrañas de la desventaja tengamos por obligación una deuda de obediencia eterna con una fuerza política determinada o con el redil ideológico de la izquierda petrista. Las causas sociales en este país existen, han existido desde antes y desde siempre. Seguirán existiendo con fuerza propia y sin matrícula partidista; existen independientemente de cualquier Mesías o color de bandera. Es profundamente violento que se pretenda forzar a una persona a adherirse a un único redil ideológico, aunando o anulando su capacidad crítica, bajo el pretexto de que su origen popular la condena a ser sumisa a una postura o a una bandera política. Habito el &#8220;sin lugar&#8221;, un territorio de independencia absoluta donde mi voz no se negocia ni se somete a casillas de identidad estatales para obtener representatividad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda insistió de manera reiterada en que un modelo con características sociales y económicas determinadas era lo que su campaña proponía y buscaba para el país. Su discurso no logró convencer a una inmensa porción del electorado por encontrarse ligado de manera directa a la línea política del gobierno anterior. Su propuesta careció de fuerza persuasiva debido a que, hasta el último momento, se introdujeron modificaciones en sus planteamientos para responder a coyunturas y directrices externas. Tampoco logró conectar plenamente porque el país fue privado de debates abiertos y profundos donde se pudieran contrastar los modelos con rigor técnico y ejecutivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo personal, tenía una claridad absoluta desde hace mucho tiempo: mi postura política se definió con antelación, independientemente de las contiendas electorales. La democracia no se define por la voluntad de un individuo aislado; estas elecciones fueron el resultado de millones de personas tomando decisiones bajo la influencia de factores emocionales y contextuales. Por un margen muy estrecho, el escenario colectivo permitió que ganara Abelardo De la Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos entender la historia del país, reconocer el dolor histórico, tratar de restituir derechos a las víctimas, buscar la reparación y no permitir que la impunidad se convierta en cultura. Paralelamente, tenemos que avanzar. No hay otra vía posible. No podemos quedarnos estancados en la memoria del sufrimiento. Tenemos que poder leer las páginas de nuestra historia y seguir avanzando, de manera que logremos asimilar la vivencia colectiva, aun cuando algunas partes nunca podamos comprender plenamente. De eso se trata la reexistencia: la construcción de vida y futuro fuera de los márgenes impuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entender que la corrupción y la violencia atraviesas de manera transversal toda la historia de la política colombiana es una realidad sumamente dura. Es doloroso saber con certeza que habitamos un país donde ejercer los derechos políticos, levantar la voz o manifestar disidencia nos puede costar la vida. No se nos puede olvidar la memoria de los cientos de personas que han perdido la vida en el territorio nacional por el simple hecho de ser activistas, por defender los derechos colectivos, por no alinearse con posturas determinadas, por militar en sectores políticos diversos o, en incontables ocasiones, por mera sospecha en medio del conflicto armado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el periodo gubernamental reciente, cientos de pacientes perdieron la vida dentro de un sistema de salud que se propuso renovar y transformar. Al no contar con el consenso técnico ni con la viabilidad operativa para sacarlo adelante, las decisiones institucionales terminaron por colapsar la estructura de aseguramiento y prestación de los servicios. La realidad objetiva es que el sistema colapsó y ese desabastecimiento cobró vidas humanas reales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venimos de ejercicios políticos profundamente violentos que se han manifestado en todos los colores ideológicos y en todas las formas posibles. Es la hora de que entendamos lo que verdaderamente está sucediendo: la sociedad colombiana está asustada y estamos edificando una noción de país a partir del terror. Nada bueno ha surgido jamás cuando el motor que lo impulsa es el pánico. Tenemos la obligación ética de encontrar la manera de hacer política donde la deliberación democrática no proceda del temor, ya sea este de carácter moral, psicológico o físico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El andamiaje teórico: La coordinación tribal y la hipermoralización</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde mis señalamientos encuentran su eje central en la tesis de David Pinsof, expresada en su ensayo <em>Democracy is Bullshit</em> (2026). Este texto constituye el marco conceptual que sustenta este análisis. Mis posturas dialogan directamente con estas ideas para desarmar la visión romántica de la democracia, al demostrar que los sistemas electorales no son espacios libres de deliberación racional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia funciona como un mecanismo de coordinación grupal donde las propuestas políticas y los discursos morales no operan como conocimientos técnicos, sino como señales de lealtad para aglutinar bandos, acumular estatus y enfrentar al adversario. El conocimiento auténtico y la libertad individual suelen ser sacrificados en el altar de la aprobación colectiva, obligando a la ciudadanía a adoptar posiciones dogmáticas solo para demostrar pertenencia a una coalición. Esta dinámica se define como tribocracia: orden político donde la sociedad se fragmenta en grupos cerrados, unidos por vínculos de identidad y lealtad, más que por ideas o acuerdos. Su regla fundamental es la división entre quienes pertenecen al grupo y quienes son considerados ajenos o enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tribocracia opera a través de dos mecanismos centrales: la indoctrinación y las doctrinas que limitan la libertad. La indoctrinación consiste en transmitir una única versión de la realidad de forma unidireccional, sin permitir duda ni confrontación con otras perspectivas. Su objetivo es generar seguidores obedientes, no personas con pensamiento propio. Por su parte, las doctrinas que restringen la libertad se presentan como la única vía hacia la justicia, imponiendo un modelo único de pensamiento y conducta que elimina la pluralidad de visiones mediante la repetition de consignas vacías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta dinámica se ve agravada por la hipermoralización detallada por Pablo Malo Ocejo, donde las demandas sociales se convierten en armas punitivas de linchamiento público y estigmatización grupal. Vivimos el fenómeno que Pier Paolo Pasolini denominó el &#8220;fascismo de los antifascistas&#8221;. Sectores que se proclaman enemigos del autoritarismo adoptan métodos dictatoriales de censura, cancelación y deshumanización contra la disidencia. Este totalitarismo moral se disfraza de corrección política para exigir obediencia ciega, transformando la justicia social en un pretexto para el control de las conciencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La lucidez de la orilla comunitaria: La urgencia del equilibrio</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como mujer que habita este rincón del mundo, soy plenamente consciente de mi escala. Yo sola no puedo fundar movimientos ni proponer grandes transformaciones estructurales; carezco de la riqueza económica, del poder institucional y de la fuerza política organizada para alterar este tablero por mi propia cuenta. Soy una sola ciudadana frente a maquinarias gigantescas. Sin embargo, desde la orilla de la comunicación ciudadana, la labor periodística comprometida con el desarrollo humano, la experiencia viva acumulada en el cuerpo y las herramientas conceptuales aportadas por mis estudios sobre interculturalidad crítica, se me hace un imperativo ético advertir la realidad sin rodeos. Con base en esta visión, resulta completamente evidente que la sociedad colombiana necesita con urgencia una tercera vía democrática y un partido sólido de centro con el carácter necesario para sacarnos del secuestro de los extremos ideológicos. Mientras esa opción se forja colectivamente en el tejido social, la sensatez nos obliga a valorar la alternancia drástica de fuerzas como un mecanismo para asegurar el equilibrio mínimo. Romper la inercia del miedo totalitario y devolverle la autonomía intelectual a las personas es el único camino para resguardar las instituciones, permitiendo que la democracia sobreviva más allá de las fronteras de la manipulación y el fanatismo corporativo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130731</guid>
        <pubDate>Wed, 24 Jun 2026 00:54:37 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23194932/elecciones.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Catarsis sobre la democracia: Más allá del tribalismo del miedo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Más allá de celebraciones estridentes y derrotas apabullantes</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mas-alla-de-celebraciones-estridentes-y-derrotas-apabullantes/</link>
        <description><![CDATA[<p>Sería no solo muy lamentable, sino realmente absurdo, inadmisible y condenable, que por la diferencia de unos cuantos votos se vaya a terminar cortando más cabezas colombianas después de conocerse los resultados este domingo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>“El que vence engendra odio, el que es vencido sufre. Con serenidad y alegría se vive si se superan victoria y derrota</em>”, <em>Dhammapada</em> (capítulo XV-202)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hernando Llano Ángel</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este aforismo del Dhammapada, sabia advertencia contra la futilidad de las guerras y la obsesión por vencer, deberíamos tenerlo en cuenta todos los colombianos mañana domingo 21 de junio, cuando elijamos presidente de la República, pero también en los resultados de nuestra Selección en el mundial de fútbol. Así lo ha expresado el mismo presidente Petro en manifestación pública en Cali: <a><em>“Ningún ciudadano o ciudadana que haya defendido este Gobierno, que me haya hecho presidente, debe agredir a nadie el domingo. Nada, a nadie</em></a><em>”, </em>ha enfatizadodurante un acto con sus seguidores en Cali<em>. “Lo ordeno como presidente y mandatario del mandato que es el pueblo”<a href="#_edn1" id="_ednref1"><strong>[i]</strong></a>.</em> Un mensaje muy significativo, dirigido a sus seguidores, en la ciudad que fue el epicentro del llamado “estallido social” en el 2021, para desactivar posibles excesos y provocaciones que deriven en víctimas mortales. Un llamado que incluso deberíamos tener en cuenta en la forma como celebremos los resultados de la Selección en el mundial de fútbol. Por ahora, estamos eufóricos con la victoria de 3-1 sobre Uzbequistán, pero el martes 23 de junio podemos lamentar la derrota o el empate frente a la República Democrática del Congo y el 27 ante Portugal. De nuevo, citaré a Gabo y su Proclama “Por un País al alcance de los niños”: <em>“Nuestra insignia es la desmesura. En todo: en lo bueno y en lo malo, <strong>en el amor y en el odio, en el júbilo de un triunfo y en la amargura de una derrota</strong>. Destruimos a los ídolos con la misma pasión con que los creamos. Somos intuitivos, autodidactas espontáneos y rápidos, y trabajadores encarnizados, <strong>pero nos enloquece la sola idea del dinero fácil</strong>”</em><a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>. Por eso la única forma de conservar la serenidad y la alegría, para los próximos encuentros y después de las elecciones, es superando el jolgorio de los triunfos y la tristeza por los empates o las derrotas. Eso lo saben muy bien los jugadores de la Selección. Con mayor razón deberíamos saberlo todos los ciudadanos en la política, ese juego del poder que nos define cómo vivimos y morimos, desde la cuna hasta la tumba. Hay que repetirlo hasta la saciedad, como bien lo expresaba Albert Camus en situaciones de máxima confrontación y tensión política: “<strong><em>No estoy hecho para la política porque soy incapaz de desear o de aceptar la muerte del adversario”</em></strong>. Por eso Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda tienen la máxima responsabilidad política e histórica mañana, cuando conozcamos el resultado de las elecciones. Entre otras cosas, porque las elecciones se inventaron para contar las cabezas, en lugar de cortarlas y así evitar la muerte del adversario, que en el futuro podrá de nuevo aspirar a ganar el apoyo de las mayorías. Esa es la primera y vital condición para la existencia de la democracia. Aunque entre nosotros todavía parece estar en duda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“¡Contar cabezas en lugar de cortarlas!”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el informe de la Misión de Observación Electoral (MOE)<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a> hasta los comicios celebrados para Congreso en este 2026 el número de víctimas mortales ya había superado la cifra de 67 colombianos, siendo el precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, del Centro Democrático, la víctima más lamentada y repudiada. Pero no debería ser así, pues la democracia muere con cada víctima que es asesinada por razones políticas, más allá de su afiliación partidista, su origen y posición social o su mayor o menor liderazgo público. Simplemente porque la vida de todas las personas en una democracia tiene igual valor y no tolera gradaciones de víctimas de primera o segunda categoría, así como el voto tiene igual valor para todos, independientemente de la riqueza o pobreza del elector, de su sabiduría o ignorancia. Por eso, sería no solo muy lamentable, sino realmente absurdo, inadmisible y condenable, que por la diferencia de unos cuantos votos se vaya a terminar cortando más cabezas colombianas después de conocerse los resultados este domingo. Sería la perdida total del sentido de las elecciones. Las urnas se convertirían en más tumbas y los votos de vida en sufragios luctuosos. En gran parte, ello dependerá de cómo ambos candidatos reciban los resultados del preconteo electoral, así como de la total imparcialidad y absoluta marginalidad del presidente Gustavo Petro durante dicho proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Petro ante el juicio de la historia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Su intromisión no solo sería una grave violación de la Constitución, sino que negaría su condición de gobernante demócrata, como se precia de serlo y hasta ahora ha intentado demostrarlo, a pesar de su beligerancia verbal, intemperancia y críticas contra decisiones de altos tribunales, que cuestiona con frecuencia, pero siempre termina acatando y cumpliendo. Es justo reconocerlo, pues lo ha hecho sin atentar contra la autonomía e independencia de la rama judicial y menos introduciendo micrófonos y grabadoras en sus recintos, como impunemente lo ordenó el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez contra la Corte Suprema de Justicia<a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a> durante sus investigaciones y deliberaciones por investigaciones relacionadas con la parapolítica, que afectaron a gran parte de congresistas de su coalición de gobierno. No hay que olvidar que terminaron siendo condenados cerca de 60<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>, entre ellos su primo Mario Uribe<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a> y Miguel de la Espriella<a href="#_edn7" id="_ednref7">[vii]</a>, familiar cercano de Abelardo. De otra parte, bien sabe el presidente Petro que no puede seguir el mal ejemplo del entonces presidente liberal Carlos Lleras Restrepo<a href="#_edn8" id="_ednref8">[viii]</a>, quien tuvo responsabilidad directa en la burla y el fraude electoral contra el general (R) Gustavo Rojas Pinilla y el triunfo de la ANAPO esquilmado ese 19 de abril de 1970, que a la postre dio origen al M-19 y su posterior ingreso a dicha organización como joven rebelde. No solo sería una insólita paradoja política, sino una negación de toda su fulgurante carrera como congresista opositor, alcalde de Bogotá y presidente de la República, que la historia no le perdonaría y cuyas consecuencias en el presente serían funestas. De allí que su llamado ayer en Cali a sus seguidores sea tan oportuno y valga la pena repetirlo: “<strong><em>Ningún ciudadano o ciudadana que haya defendido este Gobierno, que me haya hecho presidente, debe agredir a nadie el domingo. Nada, a nadie”.</em></strong> Por eso, deberá abstenerse de emitir opinión alguna sobre el resultado del preconteo electoral y esperar con prudencia la finalización del proceso de escrutinio, que definirá el próximo presidente de 2026-2030.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El preconteo electoral no es vinculante</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De otra parte, los candidatos De la Espriella y Cepeda deberían hacer un pacto de caballeros en el sentido de no precipitarse a celebrar victoria, solo con el resultado que arroje el preconteo electoral, sobre todo si la diferencia entre ambos es de pocos votos, pues dicho preconteo no tiene fuerza vinculante y se debe esperar hasta que el escrutinio defina el ganador. Ambos deben contener la impaciencia por celebrar un triunfo prematuro. No hay lugar con el preconteo para celebrar victorias estridentes y mucho menos derrotas definitivas si las diferencias no son significativas e irreversibles entre ambos candidatos. Como en los partidos del mundial, solo cuando el árbitro da el pitazo final &#8211;en este caso cuando el escrutinio ha finalizado y la Registraduría oficialmente da un resultado&#8211; se podrá celebrar. Y como suele suceder, entonces los jugadores reconocen con serenidad el resultado, se estrechan las manos y se retiran tranquilos al camerino, esperando en el futuro una nueva oportunidad para la revancha deportiva. Un ritual que ambos candidatos deberían emular, evitando el ganador celebrar su victoria en forma estridente y menos ir a estimular a su equipo e hinchada a salir a las calles a humillar a los derrotados, pues ello derivaría en una batalla campal que arrasaría por completo el campo de juego de la democracia, poblándolo de víctimas mortales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El triunfo de la Constitución</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para evitarlo, el candidato derrotado deberá, además de reconocer el resultado y felicitar al ganador, recordarle que por encima de ambos y de todos se encuentra la Constitución y que su triunfo no es absoluto y sin límites. Mucho menos que le confiere atribuciones para desconocer los derechos de los vencidos e imponer su voluntad y sus intereses por la fuerza y en forma arbitraria sobre los derrotados, ya sea en nombre de la Patria, del Pueblo o de las mayorías que dice representar. La democracia no tolera los abusos de poder y menos la soberbia y discrecionalidad sectaria y apasionada de un gobernante sin límites, extraviado en su megalomanía de salvador, defensor de la Patria o adalid de la Justicia Social, que amenaza con destripar a quienes se le opongan. En ese caso, instauraría una autocracia cacocrática, pues habrá robado y engañado la confianza de quienes lo eligieron creyendo en promesas y milagros irrealizables, como lo hacen los demagogos, los taumaturgos y quienes desprecian y violan la Constitución, empezando por su artículo 188 que obliga al presidente a <em>“garantizar los derechos y las libertades de todos los colombianos”</em>, pero sobre todo el artículo 1 que define a Colombia como un Estado Social de derecho y una Nación “<em>fundada en el respeto de <strong>la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general</strong></em>” y su complemento el artículo 13 que consagra&nbsp; que “<em>Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, <strong>recibirán la misma protección y trato de las autoridades</strong> y gozarán de los mismos derechos, <strong>libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.</strong> El Estado promoverá las <strong>condiciones para que la igualdad sea real y efectiva</strong> y <strong>adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados</strong>. El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que, por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”.</em> Solo garantizando el triunfo y la vigencia de la Constitución sobre todos y todas tendrá sentido celebrar el resultado de las elecciones, independientemente de quien sea el ganador. Por el contrario, si éste la desconoce y empieza a gobernar en forma autoritaria y arbitraria, imponiendo sus intereses y los de sus seguidores en forma violenta, a imagen y semejanza de un Trump tropical, todos habremos perdido, pues viviremos bajo una cacocracia: <em>“un <strong>‘gobierno de malvados’</strong> o un ‘<strong>mal gobierno’</strong> (en ocasiones se ha definido como <strong>‘gobierno de los ineptos’</strong></em>)”<a href="#_edn9" id="_ednref9">[ix]</a>, que es lo que está sucediendo en los Estados Unidos de Norteamérica y se está revelando con el naufragio de MAGA en el estrecho de Ormuz.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-20/elecciones-colombia-2026-la-segunda-vuelta-de-las-presidenciales.html">https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-20/elecciones-colombia-2026-la-segunda-vuelta-de-las-presidenciales.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://diariodepaz.com/2018/10/10/por-un-pais-al-alcance-de-los-ninos/">https://diariodepaz.com/2018/10/10/por-un-pais-al-alcance-de-los-ninos/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://www.infobae.com/colombia/2026/05/26/violencia-control-armado-y-desinformacion-marcan-la-alerta-por-riesgo-extremo-electoral-en-139-municipios/">https://www.infobae.com/colombia/2026/05/26/violencia-control-armado-y-desinformacion-marcan-la-alerta-por-riesgo-extremo-electoral-en-139-municipios/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.infobae.com/america/agencias/2025/05/20/corte-suprema-ratifica-condenas-a-exaltos-cargos-del-gobierno-uribe-por-escuchas-ilegales/">https://www.infobae.com/america/agencias/2025/05/20/corte-suprema-ratifica-condenas-a-exaltos-cargos-del-gobierno-uribe-por-escuchas-ilegales/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/">https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://verdadabierta.com/mario-uribe-escobar-la-caida-de-un-cacique/">https://verdadabierta.com/mario-uribe-escobar-la-caida-de-un-cacique/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7">[vii]</a><a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/condenan-a-cinco-anos-de-carcel-al-excongresista-miguel-de-la-espriella-FD1959456">https://www.elcolombiano.com/colombia/condenan-a-cinco-anos-de-carcel-al-excongresista-miguel-de-la-espriella-FD1959456</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8">[viii]</a> <a href="https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/la-noche-en-que-lleras-restrepo-reconocio-el-triunfo-de-rojas-pinilla-parte-ii-article-417288/">https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/la-noche-en-que-lleras-restrepo-reconocio-el-triunfo-de-rojas-pinilla-parte-ii-article-417288/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref9" id="_edn9">[ix]</a> <a href="https://www.fundeu.es/consulta/cacocracia/">https://www.fundeu.es/consulta/cacocracia/</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130648</guid>
        <pubDate>Sat, 20 Jun 2026 15:31:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/05140337/WhatsApp-Image-2026-06-05-at-2.01.11-PM.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Más allá de celebraciones estridentes y derrotas apabullantes]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>LA MEZQUINDAD DE LAS ÉLITES COLOMBIANAS (CON SUS PROPIOS HIJOS) *</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/la-mezquindad-de-las-elites-colombianas-con-sus-propios-hijos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Contexto:&nbsp;La controversia en torno al Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá que estalló a mediados de mayo de 2026, se originó tras las alertas difundidas por Caracol Radio y W Radio sobre una inminente «desconvención» o ruptura de su acuerdo con el gobierno de Francia, una situación que amenazaba con la pérdida de un subsidio [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Contexto:&nbsp;</strong><em>La controversia en torno al Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá que estalló a mediados de mayo de 2026, se originó tras las alertas difundidas por Caracol Radio y W Radio sobre una inminente «desconvención» o ruptura de su acuerdo con el gobierno de Francia, una situación que amenazaba con la pérdida de un subsidio anual de cerca de diez millones de euros, el retiro de los docentes asignados y la invalidez internacional del diploma del Baccalauréat.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>De acuerdo con las denuncias de los medios y los reclamos de la comunidad de padres —cuya asociación llegó a sufrir una suspensión temporal de su personería jurídica por parte de la Secretaría de Educación—, las tensiones con la Embajada francesa surgieron por fallas de transparencia del Consejo de Administración, la abrupta salida del rector Maxime Prieto y sospechas sobre presuntos intereses de orientar el colegio hacia fondos de inversión privados mediante la ejecución de polémicos proyectos de infraestructura.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En días recientes caló en los medios una noticia que, aunque afecta apenas a una minoría, dice bastante sobre la manera en la que las élites bogotanas (y por extensión, las colombianas) se ven a sí mismas y a los demás. El asunto giró en torno a las presuntas decisiones de un órgano de administración del colegio Liceo Francés que involucrarían el predio donde se ubica la institución; un terreno de alta valorización con el “metro cuadrado más caro de Colombia”, de acuerdo con Juan Pablo Calvás, exalumno y periodista de la W Radio, quien reveló varios elementos del caso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin importar si esta era la razón de fondo por la que aquel órgano de administración mantenía relaciones tensas con el Gobierno de la República Francesa, lo cierto es que hubo consecuencias: dicho gobierno —el socio más importante de un proyecto educativo que permanece en el primer percentil de las pruebas Saber— optó por concluir el convenio mediante el cual el plantel recibe subvenciones del Estado francés y su planta profesoral para los niveles preescolar, básico, elemental y medio. De acuerdo con lo manifestado por el embajador de Francia en Colombia, Sylvain Itté, uno de los puntos neurálgicos de la controversia que casi provoca la ruptura es la exigencia de mayor democratización de los órganos de gobernanza de la institución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dato anexo muy relevante en una de las notas matutinas de W Radio/Caracol, y para dar un contexto adicional a la noticia, Julio Sánchez Cristo listaba varios colegios cuyos antiguos predios habían sido convertidos en centros comerciales: el Colegio Andino (hoy Centro Andino, trasladado a Suba); el Colegio José Max León (hoy Atlantis Plaza, trasladado a Cota); y el Liceo Cervantes (hoy Centro 93, con sedes actuales en Chapinero y Usaquén).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se puede o no estar de acuerdo con la manera en la que los franceses estructuran su esquema de educación pública y universal, pero hay dos puntos en las que coincidimos quienes tenemos o hemos tenido a nuestros hijos en ese sistema: está diseñado para todos y pone a la escuela de barrio en el centro de la vida comunitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las escuelas públicas francesas no tienen costo para los padres, independientemente de la ubicación del plantel o de los ingresos familiares, pues el único requisito es demostrar que se vive o trabaja en el sector. Así, una escuela pública en un barrio parisino de altos ingresos acoge al hijo de un consejero diplomático y al de la conserje de su edificio, impartiendo los mismos contenidos y suministrando los mismos alimentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa no es la única diferencia con la educación de las élites en Colombia. Los esquemas de participación en la vida escolar francesa incluyen órganos de gobernanza para los que anualmente se convocan elecciones abiertas. Cualquier padre o madre (sea diplomático o conserje) puede postularse a través de las asociaciones de padres, con obligaciones y derechos estrictamente consignados en la legislación educativa de ese país. La interacción entre padres, alumnos e institución es cotidiana en la administración de los asuntos de la escuela, al punto de contar con “presupuestos participativos” para diversos proyectos de inversión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo del Liceo Francés parecería un problema exclusivo de las clases altas y, ciertamente, en Colombia lo es debido a un modelo que privatizó la educación hace décadas. Este esquema se funda en la concepción de la educación es un acto de caridad o un lujo, y no un derecho fundamental, un factor de cohesión social y la base del progreso económico. Esta visión comercial de la educación privada explica por qué instituciones educativas, incluso las de &#8220;élite&#8221;, pueden desaparecer un día de un barrio para reaparecer a quince kilómetros de allí, en la sabana de Bogotá,&nbsp;a donde llegan niños mejor adaptados a los asientos de la ruta que a sus propias camas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Actualización:</strong>&nbsp;<em>La crisis, al menos por el momento, se resolvió formalmente el pasado jueves 4 de junio, cuando la Embajada de Francia y el Consejo de Administración emitieron un comunicado oficial conjunto en el que anunciaron&nbsp;<strong>la renovación del convenio por cinco años</strong>, el cual quedó blindado bajo una reforma estructural de gobernanza plasmada en la aprobación de los nuevos estatutos institucionales que en principio garantizarían mayor participación de las familias y la debida supervisión por parte del gobierno francés. Sin embargo, los padres aún aguardan las decisiones referentes a los cambios en las representaciones del Consejo de Administración y la Asociación de padres.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">* Ana María Cristancho Rocha.  Economista de la Universidad Nacional. MBA en Relaciones Internacionales, Fundación Getulio Vargas. Consejera de la Carrera Diplomática y Consular. Actualmente presta servicio en el Grupo Interno de Trabajo de Visas e Inmigración de la Cancillería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">** Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO-, ni al Ministerio de Relaciones Exteriores.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130238</guid>
        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 07:18:24 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[LA MEZQUINDAD DE LAS ÉLITES COLOMBIANAS (CON SUS PROPIOS HIJOS) *]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Asociación Diplomática y Consular de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Petro y Uribe son los grandes perdedores de la primera vuelta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/petro-y-uribe-son-los-grandes-perdedores-de-la-primera-vuelta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Uribe y Petro fueron los grandes perdedores de la primera vuelta en las elecciones de presidente. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones del pasado domingo 31 de mayo dejaron dos grandes perdedores: el primero de ello es el expresidente Álvaro Uribe Vélez y el segundo el actual presidente Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de Uribe Vélez se empieza a demostrar que no es ni de cerca el gran elector que fue en las elecciones de 2010 cuando gracias a su evidente participación en política desde la Casa de Nariño, Juan Manuel Santos ganó la presidencia, y luego en 2018, logró que Iván Duque ganara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy la realidad le fue contraria, porque por más que quiso influir en el electorado con sus intrigas y cizañas queriendo enlodar el nombre de Iván Cepeda no logró, ni que Paloma Valencia pasara a la segunda vuelta, ni que sus seguidores y militantes del Centro Democrático le obedecieran ciegamente como sucedía en el pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para nadie es un secreto que más de la mitad del Centro Democrático estaba ya con Abelardo De La Espriella mucho antes del 31 de mayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Álvaro Uribe Vélez comienza a verse como lo que realmente es: un pasado, que ni el ni su circulo cercano quieren aceptar, y lo que es peor, cree que la Colombia es igual a la del año 2002 cuando fue elegido presidente de la república, que sus problemas son iguales y que por tanto las soluciones también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No entienden que de ese tiempo acá han corrido dos generaciones y que los tiempos cambiaron y que aunque los problemas de una u otra manera se mantenga, las fórmulas para solucionarlos son otras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Les sucede lo mismo que le pasa a algunos funcionarios de la Alcaldía de Carlos Fernando Galán cuando se les pide mayores escenarios de educación en lo que tiene que ver con cultura ciudadana, y lo primero que se les ocurre es sacar la foto de Antanas Mockus, como si todavía estuviésemos en el año 1995 y lo que es peor, como si los ciudadanos fuesen los mismos de aquel entonces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro perdedor fue el presidente Gustavo Petro, no porque Iván Cepeda no lograra la mayor votación en la primera vuelta, no. Sino porque el ciudadano del común le demostró la inconformidad que siente por los desastres de su mandato en materia de seguridad, por la crisis de la salud y por su costumbre de generar caos, desorden y mayor grado de discusión y enfrentamientos verbales, en momentos en que el país pide calma y discusiones moderadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si a los resultados electorales de la primera vuelta le sumamos los de las pasadas elecciones locales, podemos concluir sin ninguna duda que es la segunda derrota electoral que sufre Gustavo Petro durante su presidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recordemos que Bogotá estrenaba segunda vuelta y lo que sucedió fue la elección contundente de Carlos Fernando Galán en la primera vuelta, claro mensaje de los bogotanos a Gustavo Petro, de que no permitirían más interferencias de la presidencia en las decisiones de la ciudad, especialmente en lo que tiene que ver con grandes obras de infraestructura como el metro, <strong>TransMilenio</strong> por la avenida 68, la ampliación de la Autopista Norte, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas elecciones quedó claro que a los colombianos poco les importa lo que digan expresidentes, incluso el mismo presidente de la república si no esta ejerciendo un buen mandato y que están dispuesto a ejercer un voto castigo si el caso lo merece. Por ahora hay que esperar que resulta en la segunda vuelta y ya el tiempo dirá si el remedio fue peor que la misma enfermedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/nueva-preocupacion-por-aparentes-manejos-turbios-en-ecopetrol/">Nota recomendada: Nueva preocupación por aparentes manejos turbios en Ecopetrol</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130077</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 13:49:08 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/06084825/Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Entradas.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Petro y Uribe son los grandes perdedores de la primera vuelta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Qué es eso del “fascismo criollo mafioso”?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/que-es-eso-del-fascismo-criollo-mafioso/</link>
        <description><![CDATA[<p>En este articulo exploramos la expresión &#8220;fascismo criollo mafioso&#8221; que Iván Cepeda usó para calificar la apuesta política de su contrincante para las elecciones presidenciales del próximo 21 de junio.  ¿De qué se trata? ¿Qué peligros representa?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>“El fascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice a cada una de sus formas nuevas, todos los días, en todos los rincones del mundo”. &nbsp;&nbsp;</strong></em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>UMBERTO ECO</strong></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la noche del pasado 31 de mayo Iván Cepeda, el candidato progresista a la presidencia de Colombia, al referirse a Abelardo de la Espriella, usó la expresión “Fascismo criollo mafioso”. Más allá del adjetivo “criollo”, que se usa para calificar, denigrar o despreciar “lo tropical”, lo que surge desde América Latina, y que por eso mismo no me gusta, es válido preguntarse si la expresión “fascismo mafioso” tiene pleno sentido,  y si configura un riesgo para la sociedad colombiana, pues implicaría el peligro de que se instaure un régimen político y social autoritario, dictatorial, excluyente, violento y violador de los derechos humanos. Es urgente preguntarse si Abelardo de la Espriella representa ese peligro y si encarna la posibilidad de que ese fascismo se instaure en el pais. Pero ¿qué es el fascismo, por qué es peligroso? ¿Puede decirse que de la Espriella lo representa? &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos del “fascismo histórico”, el que se materializó en Alemania con Hitler, pensamos en una <em>ideología totalitaria</em>, como lo vio Hannah Arendt, una ideología que pretende tener una explicación <em>única</em>, <em>verdadera y omnicomprensiva</em> de la realidad social, de la historia, y que a través de la <em>propaganda</em> moviliza a las masas. El fascismo toma fuerza en momentos de crisis y aparece como una solución a los problemas de la sociedad, ya sea la crisis económica, la descomposición social, el hambre, el desempleo, la falta de perspectivas de futuro, y por eso logra la adhesión de la gente. Lo movilizan las clases altas en el poder, y se encarna en las clases medias y populares. Por eso, el fascismo es <em>mesiánico </em>y se muestra como salvador. El fascismo tiene la pretensión de resolver los problemas que enfrenta una sociedad en un momento determinado y por eso aparece con la <em>pretensión salvacionista</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fascismo se alimenta de <em>la angustia, la inseguridad vital, la desesperanza</em> y se moviliza siempre contra <em>un “gran Otro”, un culpable, un chivo expiatorio</em>. El fascismo siempre fabrica un culpable, al cual hace responsable de todos los males y las desgracias de la sociedad. Por eso, el fascismo pone a una parte de la sociedad contra otra, ya sean minorías judías, comunistas o inmigrantes. <em>Por eso, las armas del fascismo son el odio, el rencor y el miedo. </em>Todos estos son “afectos inmunitarios” para decirlo con la filósofa Laura Quintana, que legitiman la expulsión, el encerramiento y la eliminación del Otro, el cual es visto como un <em>virus</em>, una <em>enfermedad </em>oun <em>peligro</em> para el cuerpo social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fascismo actúa con una lógica defensiva y agresiva contra ese otro, el <em>enemigo</em> en la lógica de Carl Schmitt, busca controlarlo o extirparlo. Para ello crea una narrativa de la nación, la patria o el pueblo, los cuales, según la ideología fascista, es corrompido, degenerado, dañado  o imposibilitado por el Otro, por el enemigo, el comunista, el judío, el guerrillero. El fascismo imagina una Edad Dorada de un tiempo pasado que fue mejor, al que hay que volver; imagina una sociedad pura, virginal, adánica o edénica, que ha sido corrompida por el Otro, por eso imaginan un paraíso al cual se desea volver o el cual se desea restaurar en el futuro. De ahí que el fascismo suele tener tintes conservadores. Ahora, esas ideas con las cuales se construye la imagen idealizada de la patria, la nación, el pueblo, suelen ser simplísimas, básicas, de poca profundidad tal como la “superioridad de la raza aria”. Esto es así porque ante todo tienen que poder ser traducidas en frases cortas o eslóganes efectistas, que puedan ser hábilmente difundidas por el aparato mediático de propaganda (sean estatales o privados). El fascismo busca una comunicación efectiva que movilice los afectos de odio y de miedo hacia el Otro; es, también, profundamente dogmático y cerrado, lo cual también se expresa cuando expele el fondo bestial de su entusiasmo que actúa como combustible en su operación inmunológica frente al &#8220;enemigo&#8221;. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero una vez en el poder, una vez ha logrado la legitimación social o una vez ha logrado la hegemonía en la sociedad, el fascismo se vuelve más peligroso porque se <em>institucionaliza</em>. Crea una vigilancia generalizada hacia la sociedad; crea cierto aparato burocrático y fuerzas policiales (estatales o paramilitares) para el control de los disidentes, de los críticos, de la oposición; busca criminalizar la protesta social o eliminar la oposición política. Es ahí donde aparecen los señalamientos, las estigmatizaciones, las desapariciones, los encarcelamientos, los internamientos, las cárceles, las deportaciones o la tortura; surge la violación de las libertades de expresión, pensamiento, movimiento, etc., en fin, de los derechos humanos. Emerge una <em>dictadura fascista</em> que se impone sobre el cuerpo social, y que actúa con una <em>complicidad</em> de parte de la sociedad, tal como ocurrió en Alemania, donde muchos ciudadanos sabían y otros se hicieron los ciegos frente al exterminio judío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otro escrito he sostenido que en la actualidad Estados Unidos camina hacia un fascismo, debido a que en el gobierno de Donald Trump se ha dado una</p>



<p class="wp-block-paragraph">“vuelta a un nacionalismo chovinista, las políticas xenofóbicas, la caza de migrantes, la destrucción de la división de poderes y las instituciones intra e interestatales, la censura de la prensa, la censura de libros, el ataque a la autonomía universitaria, los ataques a la libertad de expresión y de reunión, el anti-intelectualismo, el rechazo de la ciencia en los movimientos antivacunas, la defensa a ultranza de los valores familiares tradicionales, el negacionismo climático, la movilización del miedo y del odio como afectos inmunitarios contra el diferente, el otro, el extranjero, el pobre; la persecución de los opositores o de los disidentes, la misoginia, la proscripción de los discursos de género y la negación de los derechos para las minorías, el supremacismo blanco racista; el aumento del securitismo y el militarismo, el culto a la personalidad de sus seguidores”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que estos mismos peligros corre la sociedad colombiana con el “tipo de ideas” que encarna Abelardo de la Espriella. Esta clase de ideas son claramente de tipo fascista. De la Espriella [a] ha creado la narrativa de un “país milagro”, escatológica, al que [b] hay que salvar. [c]Rellena esa narrativa con frases simples o eslóganes como “Firmes por la patria” y [d] promueve las banderas de la defensa de la <em>propiedad</em> (de los más ricos) y de la <em>seguridad</em>. También crea [d] una narrativa del enemigo, del chivo expiatorio culpable de todos los males del país, en este caso, la <em>izquierda comunista y guerrillera. </em>Esa izquierda es el “gran Otro” del que hablamos atrás. Esa izquierda es el <em>virus </em>al que hay que eliminar para mantener sano ese “cuerpo social” que es la <em>patria</em>. La patria aparece como un significante <em>afectivo, romántico, efectista, </em>que promueve [e] la militarización de la sociedad en su conjunto y la proliferación de miles de cárceles. A esto se suma [f] la promoción de la <em>virilidad tóxica patriarcal </em>del fuerte, de la fortaleza. El “tigre” es ese símbolo de fortaleza pero que también tiene un componente violento: es el que destroza a los enemigos de Colombia, a los enemigos de la “gente de bien” que la derecha que encarna defiende. Esto es así porque, entre otras cosas, [g] este neofascismo es profundamente <em>clasista</em> y <em>elitista. </em>Estas dos características las epidermiza y encuerpa el propio candidato (en realidad un “rastacuero recienvenido”) con su estética personal y sus actitudes (esos “desprecios que matan”). A esto se suma la [h] vieja defensa de los sagrados valores familiares por medio de una religión. Y cuando la religión aparece mezclada con la política, el cóctel es peligroso, ya lo sabemos por múltiples experiencias históricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fascismo que encarna Abelardo de la Espriella es manifiesto en el [i] ataque continuo a la prensa y la persecución de periodistas, [j] la animadversión que ha mostrado frente a la educación pública, crítica y secular; sus [k] ataques a la diversidad, su misoginia, su homofobia, su sexismo y su machismo explícitos. Este último aspecto lo convierten en un candidato <em>anti-derechos, </em>algo tan propio de los neofacismos que buscan conculcar los logros históricos de las luchas de las mujeres y los movimientos LGTBIQ+.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella no solo encarna elementos del “fascismo histórico”, sino que adopta elementos más recientes [l] como la lucha contra lo que llaman “ideología woke”, que en sus comienzos fue progresista y que, posteriormente, devino en <em>fundamentalismo identitario</em>. Pero el problema es que dentro de lo “woke”, que ellos asimilan a “progresismo”, el fascismo actual incluye todo aquello que es de su desagrado o que defiende demandas y valores emancipatorios que el fascismo detesta. Esto es parte de la batalla cultural que el fascismo actual o sus manifestaciones (Con Trump, Milei, Vox o Bukele) asumen como tarea en los medios y en el proselitismo político diseñado para confundir y movilizar a las masas, asimilados más a creyentes. Asimismo, [m] parte de los nuevos dispositivos que incorpora este neofascismo es la <em>pornopolítica</em>, en la cual la política misma se vacía de contenido y se convierte en espectáculo, en show, en escena, dejando de lado los debates esenciales para la sociedad como la salud, la naturaleza, la justicia social, la equidad, el arte, la educación y la cultura. Esto es así porque el fascismo se basa en un <em>régimen de simplificación</em> que minimiza lo complejo, ensalza exageradamente ciertos valores y contenidos <em>y rehúye la complejidad y la heterogeneidad de lo real, </em>entonces, resulta más simple hablar de patria, emprendimiento o seguridad. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El “fascismo criollo mafioso” como lo llamó Cepeda es, en verdad, el que [n] representa un peligro para la institucionalidad, la constitución y la democracia real. Ya se anunció un gobierno como el de Trump en el cual se gobierna por medio de una avalancha de decretos presidenciales, soslayando el debate en el congreso, en el legislativo, y presionando a las Cortes para su aprobación. Con métodos de captura y amenaza constante de la institucionalidad fue que Bukele logró cambiar la constitución para instaurar la reelección indefinida en el Salvador. Así podrá perpetuarse en el poder por los próximos años. Y todo eso se fundamenta y legitima en el dogma del <em>securitismo</em> y en su papel de salvador de la patria. De este modo, la alternación democrática es la primera damnificada, al igual que la participación del ciudadano en los asuntos que le conciernen. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1995 Umberto Eco dictó su célebre conferencia “Il fascismo eterno” traducida al español como “Contra el fascismo” en el cual señala varias características “esenciales”, “eternas del fascismo” que permiten reconocerlo, entre ellas: el culto a la tradición, al pasado, el irracionalismo, el culto a “la acción por la acción” pues “la vida es para la lucha”, la sospecha hacia el  mundo intelectual o el anti-intelectualismo (pues los intelectuales críticos siempre son una molestia o un peligro), el rechazo al desacuerdo o a la disidencia argumentada, pues “el desacuerdo es traición”; el miedo a la diferencia y la búsqueda de un <em>consenso homologante</em> impuesto en la sociedad; su apoyo en las clases medias, el culto a la identidad nacional; el “elitismo popular”, pues los ciudadanos defensores de sus ideas son “los mejores” ciudadanos; el heroísmo, el “culto a la muerte” y la lógica del sacrificio (hacerse matar por la patria) y, por su puesto, comenta Umberto Eco, el machismo y el culto a las armas. Quien lea bien el texto de Eco podrá hacer una tabla comparativa y comprobar si el abogado, “estafador de estafadores” como lo llamó Cepeda, encarna muchas de esas características.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, el fascismo “mafioso” se representa en que el candidato ha sido un comprobado <em>defensor jurídico </em>de la mafia, en lo cual no ha mostrado escrúpulos pues al fin y al cabo la “ética nada tiene que ver con el derecho”, según dice, sino además porque los regímenes que se están configurando en la región, como el de Ecuador con Noboa, han mostrado un entronque entre el narcotráfico y todo tipo de economías ilícitas con sectores políticos y con el aparato estatal. De configurarse el fascismo mafioso en Colombia, las expresiones “enriquecimiento sin causa” o “enriquecimiento ilícito” serían moneda de cada día. Este es el molotov que se avecina para Colombia si los ciudadanos deciden elegir el pasado securitista, excluyente y oligárquico por sobre un modelo de sociedad más justo y equitativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias bibliográficas claves</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Arendt, Hannah. (1951). <em>The origins of totalitarism. </em>New York: Harcourt Brace Jovanovich Inc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eco, Umberto. (2025). <em>Contra el fascismo. </em>Barcelona: Lumen. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cruz, Edwin. (2025). <em>Pornopolítica</em>. Bogotá: Desde abajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, Damián. (2026). “El fascismo americano y las ultraderechas autoritarias”. En: <a href="https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-fascismo-americano-y-las-ultraderechas-autoritarias/">https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/el-fascismo-americano-y-las-ultraderechas-autoritarias/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quintana, Laura. (2021). <em>Rabia. Afectos, violencia, inmunidad. </em>Barcelona: Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129887</guid>
        <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 15:32:54 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/02102155/damian.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué es eso del “fascismo criollo mafioso”?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Recetario para que Iván Cepeda sea presidente el 21 de junio</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/recetario-para-que-ivan-cepeda-sea-presidente-el-21-de-junio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Mientras Abelardo amaneció rodeado de los de siempre, empezando por Álvaro Uribe, habiendo prometido alejarse de ellos, Iván Cepeda debe rodearse de los jóvenes. Si el candidato del Pacto Histórico lo sabe hacer, serán ellos quienes defiendan en las urnas el legado de la izquierda y beneficios como el salario mínimo digno.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><em>“Tenemos que ganar en segunda vuelta o el reguero de tripas será tremendo”:</em></strong><strong> María Castro, influencer, en X.</strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Es muy bueno, demasiado bueno diría yo, que Iván Cepeda haya quedado en segundo lugar en las elecciones presidenciales del 31 de mayo. Porque así se le bajaron los humos a la izquierda y su triunfalismo anticipado. Tanta dicha empalaga y dejó en el aire un tufillo de arrogancia innecesaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasar a segunda vuelta siendo ganadores era seguir confiados en que ya la tarea estaba hecha. Lo advertí dos semanas atrás cuando en este mismo blog dije: <em><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-izquierda-esta-demasiado-confiada/">La izquierda está demasiado confiada.</a></em> Qué feo decirlo pero es una cuestión de crianza básica: <em>seguro mató a confianza</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo supe hablando con amigos que saben cómo se cocina la campaña de Abelardo de la Espriella de puertas hacia adentro y la danza de los millones, que no es ningún secreto de Estado. Rico son el candidato y sus patrocinadores. La chequera de la izquierda, se ha demostrado también, es modesta, y una campaña con recursos limitados queda en desventaja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, me pongo feliz por mi país porque más gente salió votar y eso significa que poco a poco aumenta el número de ciudadanos que entienden que la democracia es una construcción colectiva, gane quien y gane, y aun bajo el riesgo evidente de que el ganador sea un individuo mal hablado, el menos idóneo y con más cuestionamientos encima. El país sabe que Abelardo de la Espriella no es ninguna perita en dulce pero a la mitad del país eso le resbala. Y cuando hablan de que esta es una democracia pero imperfecta, pues ahí tienen la prueba.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="817" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA-817x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129839" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA-817x1024.jpg 817w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA-239x300.jpg 239w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA-768x962.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA-1226x1536.jpg 1226w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192257/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-POBREZA.jpg 1336w" sizes="(max-width: 817px) 100vw, 817px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no se equivoquen: no perdió Iván Cepeda, quien hoy tiene un puesto asegurado en el Congreso de la República. Perdió el país de la periferia. Perdió el país de los pobres. Perdió el país del salario mínimo. Perdió el país de los campesinos y el campo que necesitan un trato digno. Perdió el país de los ancianos que, en el último tramo de sus vidas, reciben una mesada mayor que antes. A ese país no lo derrotó Abelardo de la Espriella. A ese país, si miramos bien el mapa electoral de La Silla Vacía, lo derrotó el otro medio país que mal que bien vive una vida cómoda, que no está pasando <em>las duras y las maduras</em> en los territorios olvidados. Ganó el país del <em>sálvese quien pueda</em>, que así piensan muchos de los que tienen techo y comida asegurada. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El Tigre</em> ganó por bastantes votos en esa Colombia que sí se dejó meter los dedos a la boca, y ojalá lo siguiente no sean las garras. El país de la periferia perdió frente al país acomodado y el de los privilegios. Ganó ese país egoísta que piensa en sí mismo antes que en los demás. Según el mapa, ganó el país del centro que no tiene las afugias de los territorios olvidados donde se impuso Cepeda, allá donde el gobierno Petro hizo la diferencia dándoles la mano desde lo social. En esas regiones la campaña Cepedista debe seguir trabajando hasta lograr que los habitantes seducidos por <em>El Tigre</em> entiendan lo que se juega en su contra. &nbsp;¿Qué tan fácil es darle la vuelta al voto de primera vuelta? Ese es el reto con mayúsculas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ganó el país insensible y solapado que no salió en las encuestas. </strong>Pero perdieron también las firmas encuestadoras, y no soportaré a un encuestador más en ningún set de entrevistas, ni entrevistado por María Jimena Duzán, porque se demostró que lo de aquellos es un negocio lucrativo que poco bien le está haciendo a la democracia y que sus mediciones no siempre son todo lo científicas que ellos alegan. De las encuestas quedamos hasta la coronilla, y si de algo me arrepiento es de haber gastado tiempo y neuronas para referirme de manera inoficiosa a esos sondeos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la vida sigue, cómo no. Y el 21 de junio el país dirá su última palabra en las urnas; así que nada está perdido hasta que todo esté realmente perdido. O mejor: Nada se ha perdido (por ahora) y nadie tiene nada asegurado (por ahora).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda necesita una frase a manera de eslogan que condense 400 páginas de programa de gobierno. Esa frase se la dijo él mismo el sábado por la noche a Daniel Coronell: <em>Primero los pobres, </em>recogiendo los postulados de los dos últimos papas, Francisco y León XIV. Podría incluso ir más atrás para recordar que no fueron los únicos papas de los pobres. Sepan que en 1891, León XIII publicó la encíclica <em>Rerum Novarum</em>, a través de la cual defendió los derechos de los trabajadores, un salario justo y la dignidad frente a la arremetida de la Revolución Industrial; San Juan XXIII abogó por la justicia social y la paz en su encíclica <em>Pacem in Terris</em> y Pío XII promovió una red clandestina que brindó techo y alimento a miles de víctimas del nazismo durante y después de la Segunda Guerra Mundial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues bien, en el segundo país más desigual del planeta es hora de que los pobres y los trabajadores (que son la inmensa mayoría en Colombia), sepan que Cepeda es su candidato, mientras que Abelardo es el candidato de los ricos y los empresarios. Esa es la verdad y esa verdad debe estar en el centro de la estrategia. Uribe y Paloma llegaron para reforzar su mismo discurso en favor del empresariado, lejos del espíritu que ha guiado a la izquierda históricamente, y que hoy propone acuerdos con los empresarios para dignificar el trabajo. </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>“Primero los pobres&#8221;,</em></strong> la frase que hizo suya el expresidente de México, Manuel López Obrador, podría ser también el lema que oriente la campaña de Iván Cepeda durante estos veinte días para infundir un propósito con enfoque. Desde el Pacto Histórico hablan de muchas cosas a la vez y no hay, insisto, un mensaje poderoso que lo encierre todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gusta cuando Claudia Sheinbaum, la actual presidenta de México, habla de prosperidad compartida. Cepeda lo llama capitalismo productivo, pero no se lo ha explicado a la gente como debe ser, ni ha usado los canales idóneos, que no son ni el discurso largo ni las entrevistas de prensa. Un país perezoso está de cabeza en el <em>reality show</em> de las 8:00 p.m. y Tik Tok. Ojala se entienda la indirecta. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mensaje en torno a la pobreza como el centro de un eventual segundo gobierno progresista debe llegar a la mesa de todos los colombianos y especialmente a aquellos que ni mesa tienen. Con los recursos disponibles hoy, nada cuesta hacer viral un video que sensibilice a la gente que se sacia mientras lee esto. Pero el mensaje debe llegar también a esa Colombia que no tiene redes sociales pero sí vota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hagan que el país del salario mínimo vote por Cepeda y que ese país convenza a otros de ayudar a defender lo que todavía es defendible. Hoy el reto es concreto: El pueblo del salario mínimo deberá madrugar a votar contra Abelardo de la Espriella y Álvaro Uribe, y ese pueblo necesita que aquellos con mejores salarios se solidaricen con ellos.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>El pueblo se levantará a defender las reformas y los derechos adquiridos. No es estrategia. Es sentido común. El Pacto Histórico debe vender ese mensaje bien vendido, pero no en la plaza pública</strong>,<strong> que hoy ha perdido su encanto. </strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(20px, 1.25rem + ((1vw - 3.2px) * 1.364), 32px);px"><strong>Resucitó el centro… ¡aleluya!</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy agacho la cabeza y debo reconocer con evidente alegría que el centro (ahora sí) existe. El centro no existió para poner presidente, pero hoy tiene en sus manos el poder para definir quién sí lo será el domingo 21 de junio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Personajes como Sergio Fajardo, Claudia López, Juan Daniel Oviedo y Roy Barreras tienen las cartas ganadoras. Sí Oviedo juega bien las suyas (y no se equivoca otra vez), podría ser el próximo alcalde de Bogotá con el respaldo de la izquierda, pero antes debe exigir una disculpa pública de aquella que primero lo llamó “mi vice” mientras lo recibía en su lujoso apartamento de Bogotá y después corrió detrás de aquel que se mofó de su condición sexual: <em><a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/gran-consulta-respalda-oviedo-polemica-abelardo-de-la-espriella-NH34228234">“Lo mío se resuelve poniéndose las medias. Lo que no me gusta de Juan Daniel, jodido que lo arregle”</a></em>, se burló Abelardo durante una entrevista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a la parte más amable de aquel domingo negro, Claudia López y Sergio Fajardo serían tremendos funcionarios de Estado y eso los mantendrá vigentes para pensar en sus propias candidaturas presidenciales hacia 2030, o al menos la de ella, porque Fajardo ya dijo que no va más, pero podría prestarle un gran servicio a la nación como posible señor ministro. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de hoy me declaró un hombre de centro izquierda y no exclusivamente de izquierda. Hoy quiero entender que el concepto progresismo abarca algo más que la sola izquierda. Hoy le doy la razón a Roy Barreras que fue el primero que lo dijo en una entrevista con María Jimena Duzán: <strong><em>“El próximo presidente va a ser de centro izquierda”</em></strong>. Las circunstancias cambiaron y los resultados me llevan a reconocer que hay una enorme posibilidad de que así sea.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="“El próximo presidente va a ser de centro izquierda”: Roy Barreras" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/tAjxprtC8uc?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy comprendo por fuerza de la razón que el centro, aún con pocos votos, nada despreciables, late y técnicamente hablando tiene el poder de inclinar la balanza lo suficiente para poner de presidente a Cepeda, no solo añadiendo votos, sino sumando capital humano decente, personas sobre las cuales la prensa y la opinión pública tienen una imagen mucho mejor que la que tiene sobre un tipo como Abelardo de la Espriella y quienes lo rodean, aún manteniéndolos escondidos. ¿Por qué en Colombia poco se habla sobre ese reducido círculo de barones y baronesas, que demuestran que Abelardo si es más de lo mismo?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(20px, 1.25rem + ((1vw - 3.2px) * 1.364), 32px);px"><strong>¿El fin del uribismo está cerca?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicho esto, me gustaría que el siguiente titular de prensa fuera este: Ha nacido en Colombia la centro-izquierda para derrotar a Abelardo de la Espriella y a Uribe en segunda vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este juego por el poder, Paloma Valencia terminó siendo la más tránsfuga como Vicky Dávila. Su cuento de que quería gobernar con los que piensan distinto a ella fue un ardid. En ese orden de ideas, resumo así lo que pasó y puede pasar con el Centro Democrático en lo que resta de esta campaña: Uribe llevará a <em>El Tigre</em> a la ruina política, de la misma&nbsp;manera que llevó a Paloma a la ruina electoral, casi que de manera premeditaba, según quien haga el análisis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y seré un poco más atrevido: Si Uribe enterró la candidatura de Paloma Valencia, haciéndole creer falsamente que era su candidata y ella ingenuamente lo llamó papá en agradecimiento, es muy posible que Uribe aniquile la candidatura del <em><a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-31/abelardo-de-la-espriella-abogado-del-diablo-que-quiere-ser-presidente-de-colombia.html">abogado del diablo</a></em>, como lo tildó osadamente el diario español El País. De ocurrir esto que digo, sería una derrota política a tres bandas: la de Abelardo en primer lugar, la del uribismo en general y la de Paloma Valencia en particular, que no tuvo reparo en decir que Abelardo y Cepeda son la misma cosa, y allá está, en esa tolda, haciéndole morcillas al diablo, mientras con paciencia ocupa un lugar en la fila al lado de María Fernanda Cabal, Rodrigo Lara y tantos otros que buscan la redención en un ministerio, porque por ahora no son más que tres ilustres desempleados. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(20px, 1.25rem + ((1vw - 3.2px) * 1.364), 32px);px"><strong>Perdiendo algo se gana</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda siendo bogotano ganó en toda la región Caribe, donde están la casa de infancia de Abelardo y su casa adoptiva.&nbsp; Es decir, si bien sacó votos considerables, los costeños no se comieron entero el cuento de que <em>costeño vota costeño</em>, porque como dijo en X el abogado Miguel Ángel del Río, <em>“Abelardo perdió donde nació, donde creció y dónde ha vivido, Córdoba y Atlántico. Y la razón es palmaria: lo conocen perfectamente”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo perdió en Barranquilla, casa de la Selección Colombia, así que quien debe reclamar esa camiseta es Cepeda y debe lucirla, porque el fútbol mueve más emociones que cualquier cosa en el mundo, más con un Mundial en nuestras narices. El fútbol nos une como colombianos y no es propiedad privada de ningún partido político, ni un candidato en particular, así que la izquierda debe sumarse a la fiesta con alegría y en su propio estilo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda si tiene cómo crecer. Le queda el consuelo de un centro sensato pero también tiene el voto en blanco (más de 400 mil), que fue un voto de castigo contra la sinvergüencería de toda la clase política colombiana, y allí puede existir un voto útil y razonable de aquellos que entienden que la izquierda no vino a destripar a nadie, menos a eternizarse en el poder; ha jugado con las reglas de la democracia para ganar limpiamente.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="817" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS-817x1024.jpg" alt="" class="wp-image-129840" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS-817x1024.jpg 817w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS-239x300.jpg 239w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS-768x962.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS-1226x1536.jpg 1226w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01192400/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-CEPEDA-VOTOS.jpg 1352w" sizes="(max-width: 817px) 100vw, 817px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque no por mucho, la izquierda superó a De la Espriella en Bogotá y esos votos le garantizarían a Oviedo un triunfo como alcalde si se cocina algún acuerdo esta semana.&nbsp; La izquierda ganó porque creció, (como lo muestra la gráfica de La Silla Vacía), y por eso también resulta incorrecto decir que Petro fue derrotado, cuando la izquierda tiene hoy más conversos. &nbsp;Pero no por eso el Pacto Histórico debe llamarse a engaños&nbsp;y confiarse otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país sensato tiene que salir a contar lo bueno que deja este gobierno, en medio de todo lo malo que se le pueda endilgar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país del salario mínimo y aquellos que reciben un sueldo decoroso por primera vez (aprendices del Sena, enfermeros, soldados), ellos y sus familias deben ser los primeros en defender los derechos adquiridos y apelar a otros para que hagan propia esta causa. Para eso, la campaña necesita una estrategia puntual que llegue al corazón de la gente. Es hora de usar la razón para crear emoción. Lo repito por segunda vez porque en la primera no hicieron caso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(20px, 1.25rem + ((1vw - 3.2px) * 1.364), 32px);px"><strong>Sólo la sensatez permitiría que Cepeda se ponga la banda presidencial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tiene razón Claudia López: Iván Cepeda ya puede caminar solito. Ya Petro hizo su parte sacando las reformas hasta donde pudo o lo dejaron; corresponde al candidato presidencial y a sus estrategas capitalizar eso, tarea que no han hecho bien, porque no desplegaron una estrategia unificada con mensajes claros y contundentes dirigido a los ciudadanos, a esos que votaron en blanco y esos que ahora se debaten entre por quién votar en segunda vuelta. Se necesita un piloto, el hombre orquesta. Alguien de afuera. Porque los de adentro ya están demasiados contaminados y muy posiblemente cansados también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confío en que Colombia sacará su grandeza. Al fin de cuentas este es un país conservador, no un país de arrebatos ultraderechistas, y por tanto debe imponerse la sensatez. En la campaña presidencial pasada,&nbsp;Petro no dio ninguna señal de querer coartar la libertad de prensa o callarles la boca a los periodistas, más allá de los normales rifirrafes, desencuentros y señalamientos indebidos por parte del primer mandatario. Abelardo, sin ser presidente, usa el recurso del acoso judicial contra los reporteros. Es hora de que la prensa libre se pronuncie ahora que puede, porque si gana él, después del 7 de agosto podría ser tarde.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Va siendo hora de que el país de los sensatos despierte. Y ese país incluye a los empresarios que, ganando Abelardo, entrarán a competir con el grupo Gilinski, y nadie puede advertir la desventaja en la que se verán inmersos otros conglomerados económicos. Esta puede ya no ser una batalla política por el poder, sino la primera batalla económica por el poder. Entiéndase que son cosas muy distintas y de unas consecuencias inimaginables. Los <em>cacaos</em> quedan avisados de que se les viene una competencia fuerte. Si con Petro hicieron fortuna, deben preguntarse qué les espera comandados por una familia de banqueros (<a href="https://forbes.co/editors-picks/jaime-gilinski-es-el-hombre-mas-rico-de-colombia-con-una-fortuna-de-us14-700-millones">Jaime Gilinski es el hombre más rico de Colombia, con una fortuna de US$14.700 millones</a>, según Forbes), que han sido incondicionales en su apoyo a Abelardo a través de la revista Semana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Candidato Cepeda: No haga una campaña hablando mal de ADELE.  Déjele esa tarea a los demás y no se desgaste. Hable de lo que hizo bien este gobierno y comprométase ante los ciudadanos a enmendar todo lo demás sin que le tiemble la voz. La revolución ética con enfoque en la verdad, algo de lo que tanto habla, debe ponerla en práctica siendo usted el primero en dar ejemplo. Y hablando en los términos precisos en que entienda por igual el rico y el pobre para que sepamos cuál es el país con el que usted sueña, a ver si encuentra nuevos adeptos a la vera del camino. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129828</guid>
        <pubDate>Tue, 02 Jun 2026 02:03:25 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01210306/CEPEDA-PINTURA.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Recetario para que Iván Cepeda sea presidente el 21 de junio]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Importaculismo electoral</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/importaculismo-electoral/</link>
        <description><![CDATA[<p>Escribo estas líneas a modo de súplica y desde el respeto, a pesar del título, dirigida a cada colombiano que votará el domingo 31 de mayo, y a los que, pudiendo votar, no piensan hacerlo.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(14px, 0.875rem + ((1vw - 3.2px) * 0.114), 15px);px">La motosierra económica de Abelardo De La Espriella es una amenaza a la institucionalidad democrática. Imagen creada con IA.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong>Si <em>Semana </em>es el poder detrás de Abelardo y los dueños de <em>Semana</em> son los Gilinski, ¿Qué están pensando a esta hora los otros cacaos sobre la competencia que se les vendría desde la Casa de Nariño? Es la pregunta del millón en todos los sentidos de la expresión.</strong></li>
</ul>



<ul class="wp-block-list">
<li><strong><em>“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”:</em> Antonio Gramsci, filósofo italiano. &nbsp;</strong></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Imagínese a un político en mitin sincerándose con sus electores: <em>“Yo les prometo: sangre y lágrimas”</em>. Jamás ocurrirá, porque honestidad y política rara vez se la llevan bien. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como ciudadanos tenemos tres opciones: escribir la historia, ponerla en manos de otros o dejársela al azar por nuestra indiferencia política. El domingo podríamos perder lo poco o mucho que hayamos ganado en materia de derechos. Mi temor tiene nombre y apellido: Abelardo De la Espriella, ADELE.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El profesor Timothy Snyder escribió un artículo y lo tituló: <em>&#8220;Estados Unidos: El suicidio de una superpotencia&#8221;.</em> Me dolería tener que escribir algo parecido después del 7 de agosto, si gana aquel: <em>Colombia: el suicidio de una débil democracia</em>. El candidato ha dado indicios de que algo así podría ocurrirnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Votarán por él aquellos que quisieran gozar de la buena vida que goza él, pero desconocen (o lo saben y se hacen los desentendidos), la manera cómo ha construido su fortuna en su condición de abogado: a quiénes ha defendido y con quiénes se ha relacionado. Basta con googlearlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada día aparece un titular de prensa con una revelación más aterradora que la anterior. El último corresponde a <a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-24/el-dinero-de-alex-saab-que-llego-a-las-cuentas-de-abelardo-de-la-espriella.html">una denuncia del periodista Daniel Coronell:</a> supuestamente, ADELE recibió en 2014 más de 370.000 dólares desde la empresa que el testaferro Alex Saab usó para desfalcar las arcas venezolanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero ¿importa lo que digan los periódicos o los periodistas en este país? A una parte de la prensa le aterra la posibilidad de que un tipo como él se ponga de ruana el poder, sin un solo mérito en la cosa pública, ¿pero acaso no es la prensa parte del mismo problema en el que ahora estamos metidos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia y sus males son la suma de todas sus élites: la élite política que manda, la élite económica que manda sobre la primera y la élite periodística, que cuando quiere y le conviene se junta con las otras dos, y cuando no están de amigos, se agarran de las greñas para volverse a contentar después. El destino del país para bien y para mal está y ha estado en manos de esas tres élites. Después de elecciones, nos merecemos el gran debate sobre qué es en realidad eso que llamamos contrapoder, quién lo ejerce, y hasta dónde le cabe responsabilidad a los periodistas del no debate electoral en esta campaña presidencial. Aceptémoslo: Los ciudadanos fuimos los primeros derrotados en esta contienda. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La prensa hizo de Abelardo una celebridad como abogado de gente famosa (y varios criminales) y ahora le aterra que sin ninguna preparación se quede con las llaves del palacio presidencial, que está en Bogotá, ciudad de la que ha despotricado. La prensa hace de las personas personajes. Recuerden la icónica tapa de <em>Semana </em>llamando a Pablo Escobar &#8220;Un Robín Hood paisa&#8221; (1983). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el país se desbarata, bajo un gobierno autoritario, la prensa independiente de los poderes —que la hay y ha sido acosada por él judicialmente— será la primera en llevar del bulto, como decimos. ¿O ya se nos olvidó cuando un presidente, Uribe, hizo cerrar la revista <em>Cambio</em> y otro, Duque, <a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/noticias-uno-de-noticiero-incomodo-para-el-uribismo-a-nueva-victima-de-la-crisis-de-la-tv/">sacó de la señal abierta de televisión a Noticias Uno</a>, en ambos casos por incomodar al uribismo que gobernaba entonces?</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="DJZzb8mAAB"><a href="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/asi-funciona-la-estrategia-judicial-de-de-la-espriella-contra-periodistas/">Así funciona la estrategia judicial de De La Espriella contra periodistas</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="“Así funciona la estrategia judicial de De La Espriella contra periodistas” — La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/asi-funciona-la-estrategia-judicial-de-de-la-espriella-contra-periodistas/embed/#?secret=GuImVXFXso#?secret=DJZzb8mAAB" data-secret="DJZzb8mAAB" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Si ADELE es presidente, la única revista que estaría a salvo de una posible censura se llama <em>Semana.</em> Pero ya alguien advirtió que <em>Semana</em> no es un medio periodístico, sino un partido político, al servicio de la campaña <em>abelardista</em>; una vez elegido él, se presume, estará al servicio de sus jefes banqueros. Se queja un colega porque<em> Semana</em> engaña a sus lectores. —<em>Semana tiene electores, no lectores</em>, lo corrijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, los dueños de la revista <em>Cambio </em>deberían pedirle a su flamante columnista Felipe López Caballero escribir una columna en su prosa somnífera para que cuente qué opina del negociazo que hizo al poner una marca emblemática como <em>Semana</em>, símbolo de periodismo serio y riguroso en sus mejores épocas, en manos de unos empresarios a los que el periodismo parece importarles un pito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La llegada de ADELE a la Casa de Nariño significaría también <a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-05-06/el-clan-char-apuesta-por-abelardo-de-la-espriella-para-contrarrestar-el-avance-de-la-izquierda-en-el-caribe.html">la llegada de la familia Char al poder nacional</a>, luego de décadas y generaciones mandando desde&nbsp; Barranquilla en la región Caribe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya los periódicos empiezan a alinearse, cada cual con candidato propio (lo que no es novedad en Colombia donde aún persiste la prensa hegemónica, aunque su poder se ve cada vez más menguado por las redes sociales); ahí están los casos de <em>El Heraldo</em> a favor de ADELE, y <em>El Colombiano</em>, pro-uribista. (Después de elecciones, prometo una columna para analizar el periodismo descarado que se viene ejerciendo en estas elecciones).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a estas alturas del partido, a la gente le importa un bledo cualquier cosa mala que se diga sobre <em>El Tigre</em>. Saldrán a apoyarlo en masa, sin importar que sus reformas eliminarán puestos de trabajo y, con la misma tijera, derechos adquiridos, cuando lo que Colombia necesita es la ampliación de los derechos civiles. </p>



<p class="wp-block-paragraph">A muchos no les importa, o les importa un sieso, lo difícil que fue devolverles a los trabajadores sus dominicales, festivos y horas extras, o aumentar en un digno 23% el salario mínimo. El riesgo mayor: empobrecer a los ciudadanos, tirar&nbsp; por el caño avances en materia social y profundizar las desigualdades para congraciarse con los ricos. A eso se le llama un gobierno regresivo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando venga la motosierra económica de <em>El Tigre</em>, será muy tarde para lamentarnos. Solo quedará volvernos creyentes como él para rezar —o agradecer— que nunca vuelvan otras motosierras. &nbsp;</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En su cortísima estatura caben cuatro espíritus distintos, todos de la derecha extrema y todos de alguna manera nocivos para nuestra ya de por sí enclenque democracia:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está poseído por Nayib Bukele, aquel que construye megacárceles y pisotea derechos humanos en El Salvador; poseído por el espíritu del desaliñado Donald &nbsp;Trump, esa criatura rodeada con un aura de maléfica xenofobia y misoginia (se le abona al gringo que nunca ha presumido de su pene, debe ser que no tiene problemas en su entrepierna); poseído por el espíritu de Javier Milei que dejó sin empleo a miles de argentinos y a la economía de su país en cuidados intensivos, y poseído también por el espíritu de Daniel Noboa, que convirtió a <a href="https://elpais.com/america/2026-05-25/un-ano-despues-de-daniel-noboa-ecuador-el-mas-inseguro-de-america-latina.html">Ecuador en el país más peligroso de América Latina</a>. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los recortes que ha prometido ADELE traerán desempleo a Colombia. Pero eso a su fanaticada ¡qué les importa! Acaso se imaginan que su candidato llegará vestido de presidente a los barrios populares con las tulas llenas a repartir dinero o a invitarlos a un vuelo chárter en su jet privado. No seamos tan ingenuos. Podemos no ganar nada el domingo, pero sí perder lo poco que se ha conquistado en materia de derechos laborales. Aquí el rico es él y los de su entorno íntimo, y la primera vida que mejorará será la de ellos, que no pasan necesidades. Los demás tendrán (tendremos) que seguir madrugando&#8230; incluso a buscar trabajo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente corriente, como usted o como yo, está lejos de comer a manteles con un personaje así;&nbsp;al contrario, está cerca de que le cercenen derechos cuando pase la embriaguez política y venga el guayabo nacional. En ese caso, hacen bien los que votan en blanco por no contribuir con la debacle anunciada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si como candidato tildó de ignorante, en vivo y en directo, a una periodista con poder y querida por los colombianos—y ella ni siquiera se defendió al aire—, piense (pensemos), lo que nos corre pierna arriba al resto de los mortales cuando se ponga la banda tricolor, y en su primera alocución presidencial le exija a la nación entera hacer zoom en sus teléfonos celulares para hacernos partícipes de sus complejos sexuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El de ADELE es un voto vergonzante por fuera de la región Caribe, que no figura en las encuestas ni en las conversaciones. Eso forma parte de la muy solapada forma de ser del colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué apostar por un personaje, recién aparecido en la política, que <em>pordebajea a</em> cualquiera que osa cuestionarlo? ¿Por qué ignoramos los señalamientos que pesan sobre él?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Impotente, aunque optimista, saldré a votar el domingo y que pase lo que tenga que pasar. Nadie se queje&nbsp;después cuando ya para qué, porque estábamos advertidos. Ojalá el temor no se&nbsp;convierta en un tumor difícil de extirpar. Salgan a votar, pero no con mentalidad cantinflesca. Voten por cualquiera, menos por un señor sin pinta de presidente que ofrece circo sin pan.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129543</guid>
        <pubDate>Thu, 28 May 2026 12:09:30 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/28070910/ZETA-ZETA-ZETA-MOTOSIERRA-DE-ABELARDO.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Importaculismo electoral]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Después de Petro o después de Aureliano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/despues-de-petro-o-despues-de-aureliano/</link>
        <description><![CDATA[<p>* Publicado originalmente para Le Monde Diplomatique Colombia vuelve a mirarse en el espejo de Gabriel García Márquez: un país donde la historia parece repetirse más que avanzar. En ese escenario, Gustavo&nbsp;Petro&nbsp;irrumpe como promesa de ruptura, pero su gobierno expone una tensión más profunda: la distancia entre la épica del cambio y la obstinada realidad del [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">* Publicado originalmente para Le Monde Diplomatique </p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia vuelve a mirarse en el espejo de Gabriel García Márquez: un país donde la historia parece repetirse más que avanzar. En ese escenario, Gustavo&nbsp;Petro&nbsp;irrumpe como promesa de ruptura, pero su gobierno expone una tensión más profunda: la distancia entre la épica del cambio y la obstinada realidad del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de los nombres, este texto explora las fuerzas que realmente moldean el poder: herencias políticas que no desaparecen, instituciones que resisten y una gobernabilidad cada vez más frágil. En un país que no termina de resolverse, la pregunta no es solo quién viene después, sino si Colombia puede, por fin, dejar de repetir su propia historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí no hay héroes claros ni finales escritos: hay herederos, tensiones, egos, cálculos y un Estado que a veces avanza… y a veces bosteza. Este artículo invita a entrar en ese&nbsp;laberinto .&nbsp;A&nbsp;medio camino entre Macondo y el Congreso—<a></a>donde lo trágico y lo absurdo conviven, y donde entender el presente colombiano es, también, una forma de anticipar sus próximas sorpresas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las páginas de Gabriel García Márquez, los destinos no eran simplemente biografías: eran condenas envueltas en poesía. Sus personajes&nbsp;–melodramáticos, obsesivos, circulares–&nbsp;parecían atrapados en una lógica donde la historia no avanza, sino que se repite con variaciones de tragedia. El propio&nbsp;Gabo&nbsp;hablaba de “razas condenadas a cien años de soledad”, como si el tiempo en Colombia fuera una espiral y no una línea. En ese espejo, Gustavo&nbsp;Petroaparece también como una figura de destino: un líder que se narra a sí mismo como ruptura histórica, como punto de inflexión inevitable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la historia&nbsp;–&nbsp;y esto conviene recordarlo–&nbsp;no termina con Aureliano. Ni con&nbsp;Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de&nbsp;Gabo, la literatura colombiana no se extinguió en el peso de su sombra. Al contrario: se fragmentó, se diversificó, encontró nuevas voces, nuevos lenguajes, nuevas obsesiones. Del mismo modo, después de&nbsp;Petro, Colombia no será una nota al pie de su biografía. Será otra cosa: incierta, conflictiva, pero abierta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy el país parece atrapado en una ecuación compleja, de múltiples variables y escasa solución evidente. Una ecuación donde los herederos pesan tanto como las ideas, y donde la historia familiar sigue siendo capital político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está Paloma Valencia, heredera de una tradición política que no es solo ideológica sino genealógica. Nieta de Guillermo León Valencia, su figura condensa los ecos de un país&nbsp;donde las élites no desaparecen: mutan. Su discurso, firme y sin concesiones, se apoya en una memoria histórica que incluye episodios tan fundacionales como el bombardeo a&nbsp;Marquetalia, ese momento en que el Estado decidió responder a la insurgencia&nbsp;campesina&nbsp;con el lenguaje de la guerra total. La herencia, en Colombia, no es un dato biográfico: es una herramienta estratégica. Y Valencia parece entenderlo con precisión quirúrgica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la otra orilla, Iván Cepeda representa otro linaje, también marcado por la violencia. Hijo de Manuel Cepeda Vargas, su trayectoria política está atravesada por la memoria del conflicto, pero también por una apuesta institucional que, hasta hace poco, parecía diluirse en el silencio. Su reciente decisión de entrar de lleno en el debate rompe una especie de mutismo prolongado de la&nbsp;voz más fuerte de la izquierda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, ese regreso no disipa las dudas. Si algo ha quedado claro en la experiencia reciente es que&nbsp;un eventual gobierno de Cepeda&nbsp;–o de alguien en su línea–&nbsp;estaría marcado por una convicción férrea, casi inamovible. Virtud o defecto, según quien mire. No sería un gran negociador en un Congreso fragmentado y muchas veces hostil. Serían años de fricción constante: calles movilizadas como sustituto de mayorías legislativas, reformas empujadas más por presión que por consenso. Un escenario de tensión permanente, donde la gobernabilidad sería un ejercicio diario de resistencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro, como siempre, un archipiélago difuso de candidaturas que intentan capitalizar el cansancio sin lograr articular una narrativa convincente. El centro colombiano, más que un proyecto, parece un síntoma: el deseo de escapar de los extremos sin saber muy bien hacia dónde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y todo esto ocurre sobre un terreno inestable. Colombia enfrenta un riesgo fiscal creciente, una estructura estatal atravesada por la mediocridad y la corrupción en múltiples niveles&nbsp;–&nbsp;Congreso,&nbsp;cortes, burocracias regionales–&nbsp;y una institucionalidad que, aunque funcional, dista mucho de ser eficiente. Paradójicamente, la economía muestra signos de mayor solidez relativa, como si el país real avanzara a un ritmo distinto del país político.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pero la ecuación no es solo interna.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el horizonte regional y global, los próximos años estarán condicionados por factores que escapan al control de Bogotá. La prolongación de&nbsp;la influencia de Donald&nbsp;Trump&nbsp;–directa o indirecta–&nbsp;redefine las relaciones hemisféricas, endurece agendas migratorias, reconfigura alianzas. América Latina, fragmentada y sin un eje claro, se mueve entre pragmatismo económico y volatilidad&nbsp;política. Las agendas globales&nbsp;–cambio climático, transición energética, tensiones geopolíticas–&nbsp;imponen desafíos cada vez más complejos a un país que aún lucha por resolver sus problemas más básicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, reducir el momento colombiano a una suma de nombres propios sería un error de diagnóstico. Lo que está en juego no es solo quién suceda a&nbsp;Petro, sino bajo qué condiciones estructurales ese sucesor&nbsp;–&nbsp;o sucesora–&nbsp;intentará gobernar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Colombia arrastra una paradoja persistente: es un país con vocación institucional, pero con una práctica profundamente informal del poder. Las reglas existen, pero su aplicación es selectiva; las instituciones funcionan, pero lo hacen muchas veces capturadas por intereses particulares. El Estado colombiano no&nbsp;es débil en el sentido clásico&nbsp;–no ha colapsado, no ha perdido el monopolio formal&nbsp;de la ley–, pero sí es desigual en su capacidad de acción. Es fuerte en algunos territorios, inexistente en otros; riguroso en ciertos ámbitos, laxo en muchos más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta fragmentación se traduce en un problema central para cualquier gobierno futuro: la imposibilidad de ejecutar reformas profundas sin enfrentar resistencias múltiples y simultáneas. No se trata solo de oposición política, sino de redes clientelares, intereses económicos, inercias burocráticas y, en algunos casos, estructuras ilegales que se entrelazan con lo institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese&nbsp;contexto, la promesa de cambio&nbsp;–sea desde la izquierda, la derecha o el centro–&nbsp;choca inevitablemente con los límites del aparato estatal.&nbsp;Petro&nbsp;lo ha experimentado en carne propia: una agenda ambiciosa que, al aterrizar en la realidad administrativa, encuentra cuellos de botella, demoras, reinterpretaciones, sabotajes silenciosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí que el debate sobre el “después de&nbsp;Petro” no pueda limitarse a la continuidad o ruptura de sus políticas. La pregunta más incómoda es otra: ¿es gobernable Colombia bajo los parámetros actuales?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La respuesta, si se mira con frialdad, es ambigua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por un lado, existe una resiliencia notable.&nbsp;A pesar de crisis recurrentes&nbsp;–violencia, corrupción, desigualdad–&nbsp;el país no se ha desmoronado. Ha mantenido una cierta estabilidad macroeconómica, ha preservado elecciones competitivas, ha evitado rupturas institucionales abruptas. Pero esa misma resiliencia puede ser leída como estancamiento: una capacidad de absorber el conflicto sin resolverlo, de normalizar lo excepcional, de convertir la crisis en rutina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, hay señales de fatiga. La confianza en las instituciones es baja, la polarización ha aumentado, y la idea misma de un proyecto nacional compartido parece cada vez más difusa. En ese vacío, los liderazgos tienden a personalizarse, a construir relatos épicos que sustituyen la falta de consensos estructurales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es&nbsp;aquí donde la figura de&nbsp;Petro&nbsp;–y la de sus posibles sucesores–&nbsp;se&nbsp;vuelve&nbsp;más compleja. No se trata solo de su programa, sino de su estilo de liderazgo. Un estilo que privilegia la confrontación, que entiende la política como un campo de disputa permanente, que apela a la movilización social como fuente de legitimidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese enfoque tiene ventajas evidentes: permite romper inercias, visibilizar conflictos, desafiar poderes establecidos. Pero también tiene costos: dificulta la construcción de acuerdos, agota a la opinión pública, y puede derivar en una gobernabilidad basada más en la presión que en la negociación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un eventual relevo desde la derecha, representado por figuras como Valencia, implicaría un giro en el tono, pero no necesariamente en la estructura del conflicto. La derecha colombiana, históricamente más disciplinada, enfrenta hoy su propia fragmentación interna. El legado del&nbsp;uribismosigue siendo un factor de cohesión, pero también de desgaste. Gobernar desde ahí implicaría no solo oponerse a&nbsp;Petro, sino redefinir un proyecto que vaya más allá de la reacción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro, la dificultad es distinta: construir identidad. Sin un relato claro, sin una base social movilizada, el centro corre el riesgo de convertirse en un actor de segunda línea, relevante en el discurso pero marginal en la práctica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay un momento poco explorado&nbsp;–y sin embargo decisivo–en la trayectoria de&nbsp;Gustavo&nbsp;Petro: la construcción y posterior descomposición de su primer gabinete. Allí, más que en los discursos o en las plazas, se jugó una parte sustancial de su aspiración de convertirse en estadista y no solo en líder de ruptura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arranque fue, en apariencia, una señal de madurez política. La inclusión de figuras como&nbsp;Alejandro Gaviria&nbsp;, Ocampo&nbsp;y otros perfiles de corte liberal como Roy Barreras o técnico sugerían&nbsp;un intento deliberado de construir un gobierno de síntesis, capaz de tender puentes con sectores moderados y de enviar un mensaje de estabilidad a un país temeroso de los extremos. Era, si se quiere, el gesto clásico de quien entiende que gobernar no es lo mismo que hacer campaña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese primer gabinete tenía algo de pacto tácito: la energía transformadora de&nbsp;Petro&nbsp;se equilibraría con la experiencia institucional de quienes conocían los ritmos del Estado. No era solo una coalición política, sino una alianza de temperamentos. De un lado, la voluntad de cambio acelerado; del otro, la conciencia de que el aparato público tiene inercias que no se desmontan por decreto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero ese equilibrio duró poco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el paso de los meses, la relación entre el&nbsp;Presidente y varios de sus ministros empezó a tensarse. No tanto por diferencias ideológicas de fondo, sino por algo más difícil de gestionar: la brecha entre expectativa y ejecución. Algunos de esos primeros&nbsp;ministros&nbsp;–en conversaciones privadas, casi siempre marcadas por la discreción–&nbsp;describían una atmósfera de creciente frustración. Hablaban, con una metáfora que no es casual en Colombia, de una suerte de desesperación a lo Aureliano: la sensación de estar librando batallas repetidas sin lograr alterar el curso de los acontecimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa comparación con los personajes de&nbsp;Gabriel García Márquez&nbsp;no es simplemente literaria. Apunta a un rasgo más profundo del liderazgo de&nbsp;Petro: una relación intensa, casi visceral, con la idea de transformación histórica. El problema es que el Estado&nbsp;–ese&nbsp;entramado de normas, procedimientos, tiempos administrativos y resistencias internas–&nbsp;no responde a la lógica de la épica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí aparece, quizá, uno de los límites más claros de su gobierno.&nbsp;Petro&nbsp;llegó al poder con una larga trayectoria política, pero sin&nbsp;experiencia significativa dentro del aparato burocrático en condición de subordinado. No es un detalle&nbsp;menor. Quien ha sido burócrata&nbsp;–en el sentido más amplio del término–&nbsp;aprende que las decisiones no solo deben ser correctas, sino&nbsp;implementables. Que cada reforma atraviesa capas de validación, interpretación y, muchas veces, dilación. Que el Estado no es un instrumento dócil, sino una maquinaria compleja, a veces torpe, otras veces resistente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa distancia entre el diseño y la ejecución genera una tensión constante. Desde la perspectiva del líder, los cambios parecen urgentes y moralmente inaplazables. Desde la lógica administrativa, son procesos que requieren tiempo, coordinación y, sobre todo, paciencia. Cuando esas dos temporalidades chocan, lo que emerge es frustración: la sensación de que el aparato estatal traiciona el mandato político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El relevo progresivo de ministros puede leerse, en parte, como un intento de resolver esa tensión. Sustituir perfiles más técnicos o moderados por otros más alineados con la visión presidencial buscaba reducir el ruido interno y acelerar la toma de decisiones. Pero esa estrategia tiene un costo: debilita los contrapesos dentro del propio gobierno y reduce la diversidad de criterios, justo en un entorno que exige deliberación cuidadosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, lo que queda es una lección incómoda para cualquier proyecto de cambio en Colombia. La política, a diferencia de la literatura, rara vez ofrece momentos de catarsis. Es, en gran medida, un ejercicio de gestión paciente, de avances incrementales, de negociaciones grises que no caben&nbsp;en relatos heroicos. El deseo&nbsp;–tan potente en la narrativa–&nbsp;se vuelve, en la práctica, rehén de procedimientos, de presupuestos, de firmas que tardan más de lo previsto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo casi inevitablemente anticlimático en gobernar. Y tal vez ahí radica una parte del desencuentro: en la dificultad de traducir una visión épica en una realidad que, la mayoría del tiempo, es simplemente prosaica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A todo esto se suma un elemento que suele subestimarse: el tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia entra en una fase donde las decisiones ya no pueden postergarse indefinidamente. La transición energética, por ejemplo, no es solo un debate ambiental, sino fiscal. La dependencia de los ingresos petroleros plantea un dilema inmediato: cómo financiar el Estado en un escenario de&nbsp;descarbonización. Las respuestas posibles&nbsp;–reforma tributaria, diversificación productiva, endeudamiento–&nbsp;son políticamente costosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo mismo ocurre con el sistema de salud, el modelo pensional, la educación. Son reformas estructurales que requieren mayorías, tiempo y capital político. Tres recursos escasos en el contexto actual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En paralelo, la dinámica regional introduce nuevas tensiones. La relación con Venezuela, siempre delicada, sigue siendo un factor de inestabilidad. La migración, la seguridad fronteriza, el comercio informal: temas que ningún gobierno puede ignorar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en el plano global, la incertidumbre es la regla. La competencia entre potencias, la reconfiguración de las cadenas de suministro,&nbsp;la&nbsp;crisis&nbsp;climática, las nuevas tecnologías: todo apunta a un entorno más volátil, donde los márgenes de maniobra para países como Colombia son&nbsp;muylimitados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de las tensiones y los extravíos, sería injusto negar que en el gobierno de&nbsp;Gustavo&nbsp;Petro&nbsp;han coexistido&nbsp;–y aún resisten–&nbsp;funcionarios de una convicción honesta, casi silenciosa, que contrasta con el ruido de la coyuntura. Algunos de ellos, curiosamente, han tenido una relación más directa con la tierra que con la retórica: técnicos, gestores, reformistas discretos que entienden que la deuda agraria de Colombia no es un eslogan sino una herida abierta. En esa línea, en esa posibilidad de una reforma rural seria, paciente, anclada en lo concreto, parecía insinuarse un camino más fértil, acaso el verdadero derrotero para un Aureliano menos atrapado en la épica y más comprometido con la siembra lenta de&nbsp;instituciones. Pero la vanidad&nbsp;–esa fuerza sutil que también habita a los personajes de&nbsp;Gabriel García Márquez–terminó por inclinar la balanza: la aspiración a una estatura global, la seducción de los grandes escenarios internacionales, la coreografía de discursos que buscan resonancia más allá de las fronteras. En esa danza, tan visible como efímera, algo de la brújula se extravió; y mientras el mundo escuchaba, el país&nbsp;–más terco, más concreto–&nbsp;seguía esperando respuestas menos grandilocuentes y más tangibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para lo que sigue,&nbsp;la tentación de pensar en términos de “salvadores” resulta comprensible, pero engañosa. Ni&nbsp;Petroes el principio absoluto, ni&nbsp;quien le suceda&nbsp;será el final de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás la lección más profunda&nbsp;–y más incómoda–&nbsp;es que Colombia no necesita otro Aureliano. No necesita otro personaje destinado a encarnar todas las contradicciones del país. Necesita, más bien, una política menos épica y más prosaica. Menos centrada en figuras y más en instituciones. Menos obsesionada con el destino y más comprometida con la gestión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso, por supuesto, es más difícil de narrar. No hay novelas memorables sobre burocracias eficientes. No hay mitologías sobre consensos técnicos. Pero es ahí donde se juega, en última instancia, la posibilidad de un país distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de&nbsp;Petro, Colombia seguirá siendo un país en disputa. Con avances y retrocesos, con momentos de lucidez y de extravío. Un país que, como en las novelas de&nbsp;Gabo, parece&nbsp;a veces condenado a repetirse, pero que&nbsp;–a diferencia de Macondo–&nbsp;tiene la posibilidad de aprender.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia no se acaba con el gran Aureliano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se complica. Se bifurca. Y, si hay algo de esperanza, es precisamente eso: que no está escrita de una vez y para siempre.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129479</guid>
        <pubDate>Sun, 24 May 2026 00:22:01 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/04150407/8fee8917-cb10-4ab0-9e51-4fb53c06640d-e1779982964527.jpeg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Después de Petro o después de Aureliano]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Álvaro Uribe le cortó las alas a su &amp;#8220;hijita&amp;#8221; Paloma Valencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alvaro-uribe-le-corto-las-alas-a-su-hijita-paloma-valencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La derecha y la ultraderecha colombianas no han querido entender el hastío de un país con los excesos cometidos durante los regímenes de mano dura, como el de Álvaro Uribe en este siglo. Razones de por qué la candidata del Centro Democrático llevaría a Uribe a una (otra) derrota segura, como auguran las encuestas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Álvaro Uribe con su pupila, la candidata presidencial Paloma Valencia.</em> <em>Imagen creada con IA.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<h2 class="wp-block-heading"></h2>
</blockquote>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia suma y suma iglesias cristianas a su campaña, pero baja y baja en las encuestas. ¿Qué pasa, Diosito?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Prefiero la hojita que lee Cepeda, que a la hijita de Uribe. Después de dos siglos de gobiernos patriarcales, Colombia se merece una mujer presidenta, claro que sí, pero no es Paloma Valencia, por muchas razones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los pésimos resultados en las encuestas, que la ubican de tercera (en la de Invamer se descolgó del 19% al 14%), su candidatura desafía las lógicas de una sociedad machista como la colombiana y la de su propio partido, el Centro Democrático, que ni siquiera ve con buenos ojos a Juan Daniel Oviedo, su vicepresidente diverso. Recuerden que al principio, el de Uribe era un hombre, Miguel Uribe hijo, no una mujer. Y antes de él, fue Andrés Felipe Arias (Uribito). La doctora Paloma vendría siendo la primera <em>Uribita</em> de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la abogada y filósofa hay cosas que no cuadran: ni el tono de sus palabras: a veces alza la voz para parecer una caricatura de Uribe, su papá, y a veces baja el tono, como queriendo posar de conciliadora. Ayer veíamos a través de las redes sociales a una Paloma disfrazada de mujer&nbsp;paisa, con carriel y poncho al hombro, voz impostada y pésima dicción, queriendo&nbsp;remedar a Uribe, quizás sintiéndose obligada —a lo mejor, guiada por algún estratega—, a demostrar que es su hija legítima —políticamente hablando—, y negando de paso su caucanidad y su bogotaneidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Van a conocer lo que es la mano dura de una mujer colombiana”,</em>&nbsp;vociferó en la tarima. “Conmigo que vayan buscando escondedero, porque yo no necesito chaleco antibalas ni esa urna de cristal que usan los cobardes”, dirigió su sablazo al candidato Abelardo De la Espriella. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es un personaje creíble porque no ha sido construido del todo y sus discursos también parecen a medio hacer, lo mismo que su carácter. Después de tres periodos en el Congreso (12 años) es pobre su gestión legislativa (según balance que presenta&nbsp;<em>La Pulla</em>) y le faltó entereza para echarse al hombro los problemas de su departamento, el Cauca, quizás porque se siente más bogotana que el ajiaco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le critican su primer apellido, el Valencia de su abuelo expresidente, Guillermo León (quien, borracho, orinaba en los muros del palacio presidencial, según cuenta Daniel Pécaut en el libro “En busca de la Nación colombiana”), pero poco se habla de los Laserna, su segundo apellido, que nos remite casi siempre a su abuelo Mario Laserna Pinzón, fundador de la Universidad de los Andes y a Juan Mario Laserna, su tío, el exsenador conservador. Arropada por una vida de privilegios, no es raro que se sienta más cercana a los empresarios que a los trabajadores. En política es difícil servirles a dos dioses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una jugada suya consistió en desviar, en 2018, el debate sobre el escándalo Odebrecht (que conecta a gobiernos de derecha con hechos de corrupción alrededor de la llamada Ruta del Sol, como lo desempolvó un episodio del podcast&nbsp;<em>Huevos revueltos con arroz),&nbsp;</em>con el fin de enlodar al hoy presidente Gustavo Petro en un asunto de dineros supuestamente mal habidos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que el problema de Paloma Valencia, además de ser ella misma como candidata, son sus asesores, que en vez de ayudarla, parecen más empecinados en enterrarla viva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, para apelar a las emociones de la gente, era innecesario exponer a su hija Amapola. Eso salió mal como lo analizaron los columnistas Ana Cristina Restrepo, en <strong>El Espectador</strong>, y Guillermo Pérez Flórez, en El País de España (edición Colombia); recomiendo ambas lecturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Un abismo separa la maternidad como acto político de resistencia de la maternidad como teatro de la política electoral”, dice Restrepo, reivindicando a las madres buscadoras de la Comuna 13 de Medellín, cuyos hijos fueron enterrados en fosas comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según la candidata, su hija pronunció la siguiente frase:&nbsp;“Yo no elegí esto. No quiero que mi vida cambie. Y no quiero ser parte de esta familia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribe el columnista Guillermo Pérez: <em>“El episodio de Amapola amerita algunos comentarios, porque muestra hasta dónde están dispuestos a llegar los políticos con tal de hacerse con el poder. Hay varias conductas que merecen reproche ético. La primera tiene que ver con la trivialización de la angustia de la niña. Según dice la candidata, Amapola experimentaba una angustia genuina, al extremo de no querer ser parte de la familia. Pero la madre, en lugar de consolarla, descarga sobre ella   un agobio mayor: la posibilidad de perder las elecciones y que por ello el país se acabe. Eso revela que Amapola ha sido objeto de un adoctrinamiento político que la obliga a creer que la responsabilidad histórica de su madre es salvar la nación y que, si no gana, “se acaba todo”. Es un doble sacrificio: primero, para que su mamá no pierda; segundo, para que Colombia no se hunda”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Con mi hija no se metan”, le respondió Valencia a De La Espriella, que la cuestionó por usar a la pequeña con fines proselitistas.&nbsp;“Doctora Paloma,&nbsp;<strong>rechazo cualquier intento de instrumentalizar a los niños</strong>&nbsp;en la batalla política”,&nbsp;le dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cada asesor que lance al aire una <em>ideota </em>en campaña presidencial<em>,</em> debe haber cuatro capaces de medir las consecuencias de aquella lumbrera. Por ejemplo: ¿Quién le propuso un “debate” rocambolesco en el que aparece y desaparece del escenario el candidato Iván Cepeda con ayuda de la IA? Muy tarde, la campaña se dio cuenta de que su enemigo (de cara a la primera vuelta) es <em>El Tigre</em>, no Cepeda, con un píe seguro en la segunda vuelta y posibilidades de ganar en primera, según pregona el Pacto Histórico. Tampoco le ayuda a la candidata el apoyo de personajes que representan lo más añejo de la política colombiana, como Ingrid Betancourt o el expresidente César Gaviria, quien hace campaña en favor de Paloma Valencia a través de su hija María Paz Gaviria, quemada en las urnas el 8 marzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es justamente el real problema de su candidatura: lo mal rodeada que está. No siempre uno más uno son dos. Aquí uno más uno puede significar cero votos. Si bien a De La Espriella lo rodean los de siempre, ha sido hábil en ocultarlo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pasará si Paloma no pasa a segunda vuelta? Pues pasará lo que siempre pasa con la derecha: Nos sentaremos a contar las horas para ver la imagen en que Paloma, victoriosa en su derrota, alzará las garras de&nbsp;<em>El Tigre</em>&nbsp;(las uñas no le alcanzaron para arañarlo), del mismo modo que Vicky Dávila, victoriosa en su derrota, se le metió a Paloma al atril para, enloquecida, gritar&nbsp;<em>“Tenemos que ganar en primera vueltaaaaaa, vamos derrotar a Cepedaaaaaa”,&nbsp;</em>y solo hasta hoy nos venimos a enterar de que se refería a Abelardo, no a Paloma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras Paloma habla maravillas de Vicky, Vicky no solo dio un portazo a la tal&nbsp;<em>Coalición por Colombia</em>, sino&nbsp;que hoy trata con desdén a la candidata de Uribe, después de comprometerse, como los demás, a apoyarla como ganadora de la consulta del 8 de marzo. Dávila enseñó que en la palabra de un político no se puede confiar&#8230; y en la de algunos periodistas tampoco. Como dice un amigo,&nbsp;<em>con los políticos toca todo de contado.</em>&nbsp;Mejor dicho,&nbsp;<em>plata</em>&nbsp;en mano y&#8230; cuidado con las palabrotas en campaña.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="684" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-129408" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-1024x684.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El problema con el uribismo no es el qué sobre la&nbsp;<em>Seguridad Total</em>&nbsp;que propone Paloma Valencia, sino el cómo. Porque hoy nos levantamos con la noticia de que los falsos positivos de la era Uribe no fueron 6.402, sino&nbsp;7.837, reportado&nbsp;por la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos no podemos repetir esa historia espeluznante que le costó la vida a gente inocente, llevada como ganado al matadero. La política “Seguridad Democrática” manchó el legado de Uribe, si lo hubo. Elegir a Paloma es devolver al país a una época de terror que creemos ya superada y exponerlo a que acaben con la JEP, ese tribunal que está arrojando verdades dolorosas sobre sesenta años de conflicto interno colombiano. Acabarlo, quitarle recursos o si quiera pretender reformarlo, es herir de muerte al Acuerdo de Paz de 2016, desconocer el trabajo serio de unos jueces y magistrados respetables, y premiar la impunidad, pues hoy militares y guerrilleros están reconociendo culpas. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, le tengo miedo a Paloma, más que por ella, por el expresidente que está detrás de ella. Mirémonos en el espejo de arriba: los gringos están pagando caro –y por ahí derechito el resto del mundo- la segunda oportunidad otorgada a un Donald Trump que regresó a la Casa Blanca más vengativo que nunca. Frente a ese pasado de excesos de la fuerza pública y violaciones a los derechos humanos, los ciudadanos no podemos ser irresponsables en las urnas. “… yo no olvido que en tiempos de Uribe, tiempos de mano dura, el establecimiento político se decía: <em>´Hay que dejar que hagan el trabajo sucio, y después nos encargamos de ellos</em>”, recuerda el intelectual William Ospina, en <strong>El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si a muchos les molesta Cepeda porque lee en plaza llena lo que escribe en hojitas a las 4:00 de la mañana, a mí me asusta la hijita de Uribe, cuando habla, por ejemplo, de militarizar vías (ya dijo que aumentará en 60 mil los hombres del ejército y la policía), o de crear más cárceles para 40 mil nuevos reclusos, como si divisara que durante su gobierno aumentarán los crímenes. Con ese dinero se podrían construir colegios y hospitales donde no los hay. Y en vez de reducir impuestos a los empresarios, como propone ella, se les debería pedir chequeras con sensibilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ponderado de encuestas indica que sería De la Espriella, no Valencia, quien enfrentaría a Cepeda en caso de segunda vuelta, que es casi seguro que habrá. La izquierda desea con el corazón salir de ese chicharrón el 31 de mayo, pero ese es un&nbsp;<em>pajazo mental,</em>&nbsp;sobre todo porque el candidato del Pacto Histórico tiene no uno sino dos rivales a la diestra, que en esencia representan al establecimiento y defienden las mismas causas. La única diferencia entre Paloma y Abelardo es que el segundo no ha reclamado (todavía) la paternidad de Uribe; últimamente, se les ve incluso distanciados; ya veremos cuántos&nbsp;aguardientes en el Ubérrimo mediarán en&nbsp;esa enemistad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia creyó que con invocar a Uribe sería suficiente para dispararse en las encuestas, pero Uribe es hoy una figura desgastada, cargando sobre sus hombritos el sambenito de los escándalos propios y los de la familia, léase hermano y primo, y para rematar vinieron luego la salida de María Fernanda Cabal y de papá Miguel (Uribe Londoño) del Centro Democrático, lo que demuestra que, además, el expresidente ha ido perdiendo el respeto de los suyos. El destino de Álvaro Uribe como expresidente será, indefectiblemente, el mismo de los muebles viejos: un día nadie sabrá dónde ponerlo.&nbsp;Es el destino de las personas de la tercera edad, que en este país terminan arrumadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Paloma Valencia pierde, ya sin puesto en el Senado, será otra desempleada más, con tiempo de sobra, eso sí, para cambiar de lugar los muebles de su lujoso apartamento. Pero será también la segunda derrota consecutiva de Uribe y su salida de la política por la puerta de atrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129381</guid>
        <pubDate>Sat, 23 May 2026 12:18:42 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22110256/paloma-portada-scaled.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Álvaro Uribe le cortó las alas a su &#8220;hijita&#8221; Paloma Valencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Nueva encuesta: Cepeda lidera; Paloma y De la Espriella disputan el pase a segunda vuelta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/nueva-encuesta-cepeda-lidera-paloma-y-de-la-espriella-disputan-el-pase-a-segunda-vuelta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una nueva encuesta de intención de votos para las elecciones presidenciales en primera vuelta, realizada por la Corporación Miguel Maldonado Manjarrez, quien tiene autorización del Consejo Nacional Electoral con la Resolución No 06185 del 30 de julio de 2025, fue dada a conocer en las últimas horas. La encuesta refleja un escenario político altamente polarizado [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Una nueva <strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/encuesta-de-la-fundacion-genesis-crea-pone-a-ivan-cepeda-y-paloma-valencia-en-segunda-vuelta/">encuesta</a></strong> de intención de votos para las elecciones presidenciales en primera vuelta, realizada por la Corporación Miguel Maldonado Manjarrez, quien tiene autorización del <strong><a href="https://www.cne.gov.co/">Consejo Nacional Electora</a></strong>l con la Resolución No 06185 del 30 de julio de 2025, fue dada a conocer en las últimas horas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La encuesta refleja un escenario político altamente polarizado de cara a las elecciones presidenciales de 2026 en Colombia. Aunque Iván Cepeda lidera con una amplia ventaja del 35,3%, el verdadero foco del debate político se concentra en la disputa por el segundo y tercer lugar entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, quienes representan dos sectores ideológicos distintos de la derecha colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia, con el 27,5% de intención de voto, demuestra una consolidación importante como figura política tradicional del uribismo y del conservadurismo institucional. Su desempeño evidencia que aún existe una base electoral sólida que busca continuidad en propuestas asociadas con seguridad, autoridad y defensa del modelo económico tradicional. Además, el hecho de que su porcentaje de rechazo (“nunca votaría”) sea del 17%, considerablemente menor que el de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, le otorga una ventaja estratégica. Esto significa que, aunque no sea la candidata favorita de todos, genera menos resistencia entre sectores moderados y podría crecer en una eventual segunda vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, Abelardo de la Espriella alcanza un 20,4%, una cifra significativa para un candidato cuya trayectoria ha estado más vinculada al debate mediático y contestatario, más que a la confrontación de ideas y a la política electoral tradicional. Su crecimiento parece apoyarse en un discurso confrontacional y de oposición fuerte frente a la izquierda. Sin embargo, su principal debilidad está en el nivel de rechazo: el 28% asegura que nunca votaría por él. Esto indica que, aunque posee una base de apoyo considerable, tiene dificultades para ampliar su electorado hacia sectores independientes o moderados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El caso de Iván Cepeda es particularmente interesante porque, a pesar de liderar ampliamente la intención de voto con el 35,3%, también encabeza el nivel de rechazo con un 31,5% de personas que afirman que nunca votarían por él, quizás por el lastre que carga al ser el candidato del Pacto Histórico, partido de Gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda parece concentrar el respaldo de sectores progresistas, sindicales y de izquierda que respaldan cambios estructurales en el país, especialmente en temas sociales y de paz. Sin embargo, el alto rechazo demuestra que todavía existe un temor o resistencia importante frente a proyectos políticos asociados a la paz total y los malos resultados que hoy arroja la presidencia de Gustavo Petro en esta materia. Su principal reto será convertir su liderazgo inicial en una mayoría más amplia, capaz de atraer votantes independientes y moderados que podrían definir una eventual segunda vuelta presidencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Continúa Claudia López quien aparece débil en esta medición con apenas un 2,1% de intención de voto. Aunque fue una figura política de gran relevancia durante los últimos años y logró posicionarse como una alternativa de centro y anticorrupción, la encuesta refleja dificultades para recuperar apoyo ciudadano. Su porcentaje de rechazo, aunque relativamente bajo frente a otros candidatos principales, tampoco se traduce en intención efectiva de voto. Esto podría indicar que muchos electores no la consideran una opción prioritaria dentro del panorama actual, posiblemente debido al desgaste político de su gestión en Bogotá o a la pérdida de fuerza del discurso de centro frente a una elección dominada por la polarización ideológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resto de candidatos presenta cifras marginales que muestran poca capacidad de consolidar una opción competitiva. Sergio Fajardo, Santiago Botero, Miguel Uribe Londoño, Carlos Caicedo, Roy Barreras y Mauricio Lizcano no superan el 2% individualmente, lo que refleja dificultades para conectar con un electorado que parece inclinarse hacia figuras más visibles y polarizantes. Algunos de estos candidatos representan sectores regionales o técnicos, pero aún no logran construir un discurso nacional fuerte. También llama la atención el porcentaje de voto en blanco (5,7%), superior al apoyo de la mayoría de candidatos minoritarios, lo que evidencia un nivel importante de inconformidad o falta de identificación política entre los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También resulta relevante observar que la encuesta muestra una participación electoral potencialmente alta: más del 88% afirma que votaría o probablemente votaría. Esto indica un ambiente político de fuerte movilización ciudadana, posiblemente motivado por la polarización y la incertidumbre económica y social del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La composición de género de la encuesta —48,7% hombres y 51,3% mujeres— sugiere además un electorado equilibrado, donde las campañas deberán conectar tanto con preocupaciones económicas y de seguridad como con temas sociales y de representación. En este contexto, Paloma Valencia podría beneficiarse de una imagen de liderazgo político institucional, mientras Abelardo de la Espriella mantiene atractivo entre votantes inconformes que buscan figuras más radicales y disruptivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión, aunque Iván Cepeda lidera actualmente la intención de voto, la verdadera batalla política parece estar ocurriendo entre Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Valencia proyecta mayor viabilidad electoral por su menor nivel de rechazo y capacidad de atraer votantes de centro-derecha, mientras De la Espriella representa un fenómeno de opinión fuerte pero más limitado por la polarización que genera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, Cepeda deberá enfrentar el desafío de reducir la resistencia que despierta en amplios sectores del electorado.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="466" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1-1024x466.jpg" alt="" class="wp-image-129256" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1-1024x466.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1-300x137.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1-768x349.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1-1536x699.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085815/encuesta-1.jpg 1580w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="916" height="515" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085854/HIkNyIoW4AELprb.jpg" alt="" class="wp-image-129257" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085854/HIkNyIoW4AELprb.jpg 916w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085854/HIkNyIoW4AELprb-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085854/HIkNyIoW4AELprb-768x432.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 916px) 100vw, 916px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="550" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085913/ficha-2-1024x550.jpg" alt="" class="wp-image-129258" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085913/ficha-2-1024x550.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085913/ficha-2-300x161.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085913/ficha-2-768x413.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085913/ficha-2.jpg 1189w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="574" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085931/encuesta-3-1-1024x574.jpg" alt="" class="wp-image-129259" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085931/encuesta-3-1-1024x574.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085931/encuesta-3-1-300x168.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085931/encuesta-3-1-768x430.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085931/encuesta-3-1.jpg 1196w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="568" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085948/encuesta-4-1024x568.jpg" alt="" class="wp-image-129260" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085948/encuesta-4-1024x568.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085948/encuesta-4-300x166.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085948/encuesta-4-768x426.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18085948/encuesta-4.jpg 1192w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="581" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090002/encuesta-5-1024x581.jpg" alt="" class="wp-image-129261" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090002/encuesta-5-1024x581.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090002/encuesta-5-300x170.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090002/encuesta-5-768x436.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090002/encuesta-5.jpg 1187w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="581" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090024/encuesta-6-1024x581.jpg" alt="" class="wp-image-129262" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090024/encuesta-6-1024x581.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090024/encuesta-6-300x170.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090024/encuesta-6-768x436.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090024/encuesta-6.jpg 1183w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>





<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="580" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090042/encuesta-7-1024x580.jpg" alt="" class="wp-image-129263" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090042/encuesta-7-1024x580.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090042/encuesta-7-300x170.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090042/encuesta-7-768x435.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18090042/encuesta-7.jpg 1189w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129254</guid>
        <pubDate>Mon, 18 May 2026 14:01:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/18084818/Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Copia-de-Entradas-2026-05-18T084757.930.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Nueva encuesta: Cepeda lidera; Paloma y De la Espriella disputan el pase a segunda vuelta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>