<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/search/elecciones%2Ben%2Bbogota/feed/rss2/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 24 Oct 2026 01:36:50 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=7.1.3</generator>

<image>
	<url>https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/09/cropped-favicon-96.png?quality=60&#038;w=32</url>
	<title>You searched for elecciones+en+bogota | Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">256899664</site>        <item>
        <title>Columnistas de inodoro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/columnistas-de-inodoro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Existen columnistas necesarios, del mismo modo que los hay innecesarios. ¿Hay más opinadera que opinión verdadera en Colombia? ¿Se está escribiendo cada vez más con las patas (¡perdón!), o es el síntoma de una sociedad cansada del periodismo y unos columnistas aletargados? </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-right"><strong><em>​“El lector espera al columnista cada día o cada semana, pero siempre un día señalado. Su patrimonio es su firma y su prestigio consiste en ser leído”:</em> Manuel Vicent, escritor y columnista español.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">​</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del afán no quedan sino las columnas de Felipe Zuleta Lleras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay columnas de prensa que debieron quedarse en hoja en blanco, del mismo modo hay abortos periodísticos necesarios cuando la criatura viene con defectos de fábrica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Si el venerable don Luis Carlos Sarmiento Angulo —de quien antes decíamos que era el dueño de medio país, porque ahora la familia Gilinski es dueña de país y medio (sin que me conste)— me diera el poder de poner y quitar columnistas de su periódico… ¡ay Dios!, se me eriza la piel de solo pensar que por un día podría encarnar al <em>Joven Manos de Tijera</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En 2020, pleno año de la pandemia, Juan José Millás, escritor y articulista de El País de España, contó una anécdota fascinante. Tan buena que dejaré que él mismo la relate para no estropearla: <em>“El año pasado dije en una entrevista telefónica que <strong><a href="https://elpais.com/aniversario/2026-05-02/desvelos-de-articulistas-mi-sueno-es-escribir-una-columna-que-acabe-con-el-columnismo.html" data-type="link" data-id="https://elpais.com/aniversario/2026-05-02/desvelos-de-articulistas-mi-sueno-es-escribir-una-columna-que-acabe-con-el-columnismo.html">soñaba con escribir una columna tan perfecta que acabara con el columnismo del mismo modo que El Quijote acabó con las novelas de caballerías</a></strong>. La periodista entendió que soñaba con escribir una columna tan perfecta que acabara con el comunismo”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pues bien, todo esto para confesar que a mí sí me gustaría acabar con el columnismo —o, al menos, hacerle un estricto control de calidad al que ejercen ciertas plumas en Colombia—. Ya sea porque son personas monotemáticas con el mismo sirirí cada ocho días, sin el menor esfuerzo por analizar realidades distintas a sus odios personales o ideológicos (que casi siempre son una mezcla de ambos), o bien porque no aportan nada que alimente el intelecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tan de capa caída está el género que hoy basta leer un titular para salir corriendo. Cuando el título no dice nada, aplico la técnica del náufrago: leo las primeras líneas del primer párrafo y las últimas del final, para determinar si vale la pena el trayecto intermedio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​—¿Qué le está pasando al columnismo colombiano? —le pregunté el otro día a un amigo entrañable, columnista él (no comunista, que yo sepa).</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Son plumas cansadas, que llevan 30 años o más en este oficio —me respondió, y le concedí la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En consecuencia, pareciera que escriben por ósmosis, sentados en cualquier rincón de la casa —incluso en el baño, ¿por qué no?— a ver qué les sale. Creo que el inodoro está bien para leer, no para escribir; recuerdo al tío que se encerraba en el baño para leer &#8220;Selecciones&#8221; del Reager´s Digest, porque le gustaban los placeres dobles, decía. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que surge cuando alguien redacta sentado sobre el inodoro difícilmente resulta importante o decoroso; todo lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​—Pareciera que escriben mientras ca… —añadió mi amigo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Cállate! —lo interrumpí antes de terminar la frase.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cuando mueran, esos columnistas no serán ejemplo de nada. O tal vez sí: un referente perfecto de lo que no debe ser un buen articulista, porque hasta de los malos se aprende para no imitarlos. Hace poco leí la columna de un periodista radial; parecía escrita a la mitad de una borrachera o en plena resaca. Un texto en piloto automático, una colcha de retazos, sin el menor respeto por el lector.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Porque una cosa es escribir con independencia y cosa bien distinta la calidad de lo escrito. Si un diario como <strong>El Espectador</strong> o El Tiempo (donde escriben los columnistas más leídos del país según <em>Cifras y Conceptos</em>, aunque dudo de un estudio donde Paloma Valencia figuró como la mejor senadora sin ser ya congresista), le concede un espacio valioso a una persona para orientar a la opinión pública, lo mínimo que se debe exigir es consideración (las formas cuentan) y rigor (el fondo importa). Dicho de otro modo: para escribir sobre antropología sin ser antropólogo, como mínimo se debe investigar antes sobre el tema, a menos de que quiera pasar por charlatán.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hoy en Colombia el sesgo pesa más que el rigor. La rabia al escribir le gana al respeto. Y es que hasta para ofender hay que tener porte, elegancia; sin ella, se cae irremediablemente en la vulgaridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Aceptémoslo: todo tiempo pasado fue mejor en materia de columnismo (no sé si en materia de comunismo). Antes se leía a los columnistas por necesidad y por gozo: para ilustrarse —así no se estuviera de acuerdo con ellos— o para deleitarse con la belleza de su prosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Yo era un niño cuando Lucas Caballero Calderón (Klim) escribía en <strong>El Espectador</strong>, pero de adulto me dediqué a conseguir sus libros para entender su celebridad. Tras él vinieron referentes como Antonio Caballero o Daniel Samper Pizano (papá, porque <em>hijo de tigre no siempre sale pintado</em>: Samper Ospina es una caricatura de sí mismo, según dicen quienes saben o quienes lo detestan por creer que burla y opinión caben en el mismo costal). En mis veinte, una de las columnas más leídas era <em>Contraescape</em>, de Enrique Santos Calderón en El Tiempo. Un apellido que pesaba en el periodismo —ya no— y una pluma que, con el tiempo y sin El Tiempo, ahora desde la revista Cambio, perdió su brillo. O su valentía. O ambas cualidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Cualquiera de los Caballero —Antonio o Lucas, da igual— escribía columnas capaces de traspasar el tiempo: piezas exquisitas, redactadas con disciplina y a conciencia. Ya sea que les paguen o escriban gratis, el columnista tiene una responsabilidad moral, primero con su firma y luego con sus lectores. Si el cansancio lo vence, debería tener la entereza de capitular. Y los periódicos deberían tener el derecho a exigir calidad en consideración con aquellos que pagan una suscripción.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph">​<strong>El periodista David Jiménez, autor del bestseller <em>El director</em>, critica que durante años se haya endiosado, en España, a una casta de opinadores que cobran sueldos desorbitados sin ofrecer suficiente calidad literaria o analítica. Coincido con él en que la opinión debe estar subordinada a la información, la investigación o, incluso, el trabajo de campo. Vale la pena escuchar <a href="https://open.spotify.com/episode/2kaiSzXr8qf37jt387KkZ7?si=qN1XGNGkQBmWkuznaw2Ltg&amp;utm_source=whatsapp" data-type="link" data-id="https://open.spotify.com/episode/2kaiSzXr8qf37jt387KkZ7?si=qN1XGNGkQBmWkuznaw2Ltg&amp;utm_source=whatsapp">su podcast</a>.</strong> </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Sobre Lucas Caballero Calderón, su hermano Eduardo escribió una vez: <em>“Desde su primera salida epistolar […] demostró un cabal dominio del castellano. Era una maestría que papá calificaba de infusa, pues siempre desconfió de sus estudios. Podía intercalar giros y palabras de tono dialectal, de puro sabor bogotano, como el ajiaco con guascas, en frases construidas con una sintaxis impecable”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hoy, en cambio, se escribe a las carreras (por no decir a las patadas), bajo el pretexto de que la gente lee de afán. O peor aún: amparados en la creencia de que ya nadie lee. En el colmo de la desfachatez, hay columnistas que confiesan usar Inteligencia Artificial para redactar sus entregas —tal fue el caso de Felipe Zuleta Lleras—, lo que vendría a ser —recordando a mi abuela— como escribir con las patas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No podría dormir sabiendo que firmé algo escrito por la IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El afán es enemigo del buen periodismo y, por extensión, del buen columnismo. Señores columnistas: lean a sus antecesores, si no es para aprender de los verdaderos maestros, al menos para sentir un poco de vergüenza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Recuerdo a Ana María Escallón, crítica de arte en <strong>El Espectador.</strong> La leía no por devoción al arte, sino para obligarme a buscar cada palabra que no entendía. Confieso que le cogí amor al diccionario gracias a ella, aunque nunca tuve con qué comprar un cuadro. Ese es el encanto de una buena columna: te regala algo que no tenías. Se llama pensamiento crítico, un bien tan escaso hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​El buen columnista no es aquel que piensa como uno. Es quien aporta elementos para reflexionar, mete el dedo en la llaga y comparte su conocimiento con generosidad. El mal columnista es un mercachifle que intenta meterte su producto por los ojos; en época electoral, ese producto suele ser su &#8220;verdad&#8221; empaquetada o sus rencillas personales.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong>​<em>“Hoy cualquier tipo afincado en el circo de las redes con un móvil en las manos se cree enviado especial, corresponsal de guerra, líder de opinión, articulista, columnista y todo lo demás”:</em> Manuel Vicent, escritor y columnista español.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hay columnistas a los que da pena leer. Confieso que debo morderme la lengua (o amputar los dedos) para no dar nombres propios, aunque creo que ya los he ido soltando, sin querer pero queriendo. No se confíen, la lista es larga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Otro grave problema es la uniformidad de pensamiento. La historiadora Olga González lo resumió con lucidez en un mensaje en X: <em>“Así defienden los columnistas en El Tiempo las intromisiones, el autoritarismo de Abelardo en la Andi&#8230; Imagínense qué columnas estarían publicando hoy si Petro hubiera precipitado la salida de Bruce Mac Master”.</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Así defienden los columnistas en El Tiempo las intromisiones, el autoritarismo de Abelardo en la Andi&#8230; Imagínense qué columnas estarían publicando hoy si Petro hubiera precipitado la salida de Bruce Mac Master. <a href="https://t.co/0ZtvSOSVCD">pic.twitter.com/0ZtvSOSVCD</a></p>&mdash; Olga L Gonzalez (@blou) <a href="https://x.com/blou/status/2106740385846264155?ref_src=twsrc%5Etfw">October 4, 2026</a></blockquote><script async src="https://platform.x.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La prensa necesita apertura. Un periódico es respetable si alienta el disenso. Si elimina las voces contrarias o les impone límites, contribuye irresponsablemente a la polarización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​¿A qué le temen hoy algunos analistas? ¿A ser despedidos como lo fue el caricaturista <em>Matador</em>? ¿O les temen a los poderes de turno y prefieren no enfurecer a los dioses? Si renunciamos al disenso, terminaremos convertidos en una &#8220;republiquita&#8221;. En el pasado la censura era oficial; hoy es un fantasma agazapado en la autocensura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras episodios recientes con gremios industriales, queda la sensación de que muchos prefieren la comodidad antes que arriesgar su estatus. El servilismo, ese pariente cercano de la cobardía, le está ganando la partida a la valentía. ¿Para qué hacerse el <em>harakiri</em> si cuatro años pasan volando?, dirán algunos, aferrados a la silla del privilegio. Permítanme que haga una digresión: Lo mismo se pensaba en tiempos de Álvaro Uribe y, si no es por las honorables Cortes de la época, capaz y se queda con las escrituras de la Casa de Nariño; no tuvo más remedio que gobernar en cuerpo ajeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de la adicción al poder suele haber un solo motor: la adicción al dinero. De eso escribió con precisión Guillermo Pérez Flórez al analizar cómo ciertos emporios empresariales han utilizado la política como una herramienta funcional a sus intereses. Su columna se titula: <em><a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/el-caribe-el-nuevo-dorado.html" data-type="link" data-id="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/el-caribe-el-nuevo-dorado.html">El Caribe, el nuevo Dorado.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como bien señalaba Daniel Coronell en una entrevista con María Jimena Duzán, asistimos a una concentración muy peligrosa entre el poder político y el económico, donde los dueños del capital son, a su vez, los dueños de los medios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Dado que la situación es compleja, la prensa debe examinar la fuerza de sus páginas editoriales, y esto incluye a los caricaturistas, sobre lo cual me referiré en otra entrada de este blog. El periodismo independiente tiene en las actuales circunstancias una oportunidad de oro para quitarles audiencia a aquellos medios tradicionales que prefieren complacer al poder antes que fiscalizarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Mientras tanto, yo sigo aquí, imaginando cómo será el inodoro de ciertos columnistas: de esos que digiero con placer y de aquellos que me causan estreñimiento.&nbsp;La buena noticia es que la purga contra los segundos es gratis: sencillamente, no leerlos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=134018</guid>
        <pubDate>Sun, 11 Oct 2026 23:26:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/INODORO.jpg?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Columnistas de inodoro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">134018</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Mauricio Cárdenas: «Colombia tendrá que aceptar decisiones impopulares para evitar una crisis»</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/mauricio-cardenas-colombia-tendra-que-aceptar-decisiones-impopulares-para-evitar-una-crisis/</link>
        <description><![CDATA[<p>Colombia se está quedando sin margen para aplazar decisiones económicas difíciles. Esa es la advertencia de Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda, economista y líder de Avanza Colombia, quien considera que el Gobierno debe actuar con rapidez frente al déficit fiscal, el endeudamiento y los problemas del sector eléctrico, aunque eso implique asumir costos políticos y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia se está quedando sin margen para aplazar decisiones económicas difíciles. Esa es la advertencia de Mauricio Cárdenas, exministro de Hacienda, economista y líder de Avanza Colombia, quien considera que el Gobierno debe actuar con rapidez frente al déficit fiscal, el endeudamiento y los problemas del sector eléctrico, aunque eso implique asumir costos políticos y tomar medidas que no serán bien recibidas por los ciudadanos. Cárdenas defiende un ajuste del gasto público, cuestiona los subsidios a los combustibles y plantea una discusión de fondo sobre la desigualdad, la seguridad y la ausencia del Estado en buena parte del territorio nacional. Su diagnóstico tiene una premisa incómoda: gobernar no consiste en proteger la popularidad a cualquier precio, sino en tomar decisiones cuyos costos de aplazar pueden ser mucho mayores.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted viene de una trayectoria académica y de varios años en el servicio público, pero también pasó por la política electoral. ¿Cómo se define hoy Mauricio Cárdenas?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Vengo de una experiencia muy importante en la política y creo que seguiré en ese mundo de las ideas, las propuestas y la búsqueda de soluciones para Colombia. Tengo una plataforma, Avanza Colombia, que es una forma de generar ideas, pero también de impulsar acciones. Me gustaría que me identificaran como el líder de Avanza Colombia, alguien que escucha lo que ocurre en la calle e intenta responder a los problemas de los colombianos.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Mauricio Cardenas en entrevista con Diego Aretz" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Fm3tfPrj9K0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Durante la campaña recorrió municipios y conversó con personas de distintas regiones. ¿Qué país encontró en esas caminatas?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Encontré un país muy fracturado, muy dividido y con grandes dolores. Una cosa es preocuparse por los asuntos públicos desde la academia y otra es recorrer las calles, escuchar a las personas, pedirles un voto o una firma y conocer directamente sus problemas. El deterioro de la atención en salud era uno de los asuntos que más preocupaba a los colombianos, junto con la inseguridad. Son problemas que generan un sentimiento muy fuerte porque afectan directamente a las familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Cree que el Gobierno está respondiendo a esas preocupaciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Hay que elevar el nivel de la conversación sobre salud y resolver los problemas, pero también reconocer que el Gobierno recibió dificultades muy graves. Gobernar no es fácil, porque muchas veces no se trata de escoger entre lo bueno y lo malo, sino entre lo malo y lo menos malo. Hay decisiones necesarias que pueden ser impopulares, pero que deben tomarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Cuando habla de decisiones impopulares, ¿se refiere a medidas como recortar el gasto, congelar salarios o subir los precios de los combustibles?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Para resolver el problema fiscal hay que tomar medidas difíciles. Puede ser necesario reducir el gasto, revisar entidades, ajustar determinados costos o modificar los precios de algunos combustibles. También hay un problema en el sector eléctrico: se les debe mucho dinero a los generadores y, si esas obligaciones no se pagan, se pone en riesgo la capacidad de generar energía en el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de fondo es que muchos gobiernos terminan pensando más en cómo proteger su popularidad que en cómo resolver los problemas. Para gobernar hay que estar dispuesto a sacrificar capital político. De lo contrario, no se toman las decisiones que el país necesita.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué le preocupa del gabinete y de la forma en que está empezando este Gobierno?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Hay personas competentes en el gabinete y creo que algunos ministros pueden hacer una buena gestión. Pero la pregunta central no es si cada ministro es bueno o malo, sino si el presidente está dispuesto a tomar decisiones impopulares o si seguirá guiándose por las encuestas y la favorabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En materia fiscal, ganar tiempo puede significar agrandar los problemas. Yo creo que se necesita una respuesta rápida, porque si las decisiones se aplazan durante uno o dos años, el costo político puede ser todavía mayor y la situación económica puede deteriorarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Si tuviera que señalar tres decisiones urgentes, ¿cuáles serían?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> La primera es un ajuste fiscal que permita hacer sostenibles las finanzas públicas. Colombia se está endeudando a un ritmo acelerado y paga intereses elevados. Hoy, de cada tres pesos que recauda la DIAN en impuestos, uno se destina al pago de intereses. Si esa tendencia continúa, cada vez quedará menos dinero para educación, salud, infraestructura y vivienda. Hay que evitar que el país llegue a una situación en la que no pueda cumplir sus obligaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda es evitar una crisis eléctrica. Se necesitan medidas que permitan atender las obligaciones del sector y promover un uso responsable de la energía. Son decisiones difíciles, especialmente cuando hay regiones donde las temperaturas son muy altas, pero hay que actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tercera es revisar los subsidios a los combustibles, en particular al ACPM. Cuando el Estado cubre una parte importante de su precio, está utilizando recursos públicos para beneficiar un consumo que no necesariamente favorece a los sectores más vulnerables. Esos subsidios pueden ser regresivos y también tienen efectos ambientales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted propone un ajuste fiscal, pero Colombia también necesita crecimiento y reducción de la desigualdad. ¿Cómo se concilian esas dos prioridades?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Hay que mirar tanto los impuestos como el gasto público. En Colombia se ha avanzado en progresividad tributaria, por ejemplo, con impuestos a los dividendos, que reciben principalmente las personas de mayores ingresos. Pero creo que el gasto público todavía puede ser mucho más efectivo para reducir la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay partidas del presupuesto que no necesariamente llegan a los más pobres. Las pensiones son un ejemplo de un gasto importante cuyos beneficios no se distribuyen de manera proporcional entre los sectores más vulnerables. Necesitamos revisar el presupuesto con un criterio de equidad y fortalecer los programas que han demostrado resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ser Pilo Paga, Familias en Acción y Mi Casa Ya son ejemplos de iniciativas que pueden contribuir a reducir la desigualdad. En el caso de Ser Pilo Paga, estudiantes de bajos ingresos con buenos resultados académicos podían acceder a oportunidades educativas que transformaban sus perspectivas y las de sus familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> En esa discusión sobre los impuestos, usted ha planteado ampliar la base de contribuyentes del impuesto de renta. ¿Qué significa eso y por qué considera que es necesario?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> En Colombia, el umbral para empezar a pagar impuesto de renta es relativamente alto frente al de otros países de la región. Considero que hay que ampliar la base gravable. Esa es una decisión técnicamente defendible, aunque políticamente difícil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi opinión, uno de los errores del gobierno de Gustavo Petro fue no aprovechar su capital político para tomar decisiones que podían ser necesarias, incluso si eran impopulares. Un gobierno de izquierda también podía haber impulsado una ampliación de la base del impuesto de renta. No hacerlo demuestra las dificultades que existen para gobernar cuando las decisiones se subordinan a consideraciones políticas inmediatas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted ha estudiado durante años el crecimiento económico y la desigualdad. ¿Qué le falta a Colombia después de tantas décadas sin conseguir que el crecimiento resuelva de manera suficiente la pobreza?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> No comparto la idea de que Colombia sea un país fracasado. Hemos avanzado en infraestructura, atención a la primera infancia, lucha contra la evasión y participación democrática. La diversidad política que hoy existe en el Congreso también es un avance.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que hayamos resuelto nuestros problemas. La desigualdad sigue siendo una tarea pendiente y debemos mejorar la manera en que utilizamos los recursos públicos. En algunos ámbitos hemos demostrado que podemos hacer las cosas bien, pero necesitamos sostener las políticas que funcionan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También creo que debemos recuperar el pragmatismo. Las concesiones en infraestructura, los programas de vivienda y otras iniciativas han producido resultados. Cuando las decisiones se toman por razones puramente ideológicas y se desconoce el papel del sector privado, se pueden perder instrumentos importantes para el desarrollo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quiero entrar en un asunto por el que a usted no siempre le preguntan: su visión de la seguridad y de los grupos armados. Después de los acuerdos de paz y del intento de paz total, ¿cómo interpreta el momento que vive Colombia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Creo que el país tiene una tarea pendiente que consiste en llevar el Estado a regiones donde ha estado ausente, donde faltan agua potable, educación, salud y vías. Esa realidad existe independientemente de cómo se describa el conflicto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, hoy muchos de los grupos que ejercen violencia reciben recursos del narcotráfico y de la minería ilegal. Creo que hay que combatir esas economías ilegales y debilitar su capacidad de financiar a los grupos armados. No considero conveniente seguir abriendo negociaciones con organizaciones que ya tuvieron una oportunidad de alcanzar un acuerdo y después se apartaron de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si alguien firma un acuerdo de paz, debe cumplirlo. De lo contrario, se envía el mensaje de que siempre habrá otra negociación disponible y que abandonar un compromiso puede resultar conveniente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Pero combatir a los grupos armados no basta. Las regiones más afectadas necesitan inversión pública, y usted mismo ha señalado que las finanzas del Estado están comprometidas. ¿Cómo se resuelve esa contradicción?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Es una dificultad real. El Estado tiene recursos limitados y debe atender a millones de colombianos, pero hay regiones que necesitan una inversión mucho mayor para superar su rezago. La pregunta es cómo darles prioridad a esos territorios cuando una parte importante del electorado y de las necesidades del país se concentra en las grandes ciudades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi respuesta es que debemos aceptar que, en algunos casos, será necesario redistribuir la inversión pública. Puede que haya que moderar determinadas inversiones en Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla para aumentar los recursos destinados a regiones como el Catatumbo, Tumaco, Putumayo o Cauca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto también puede convertirse en una oportunidad para llevar infraestructura y servicios a territorios que históricamente han recibido menos atención. Es una tarea que requiere continuidad, porque los problemas estructurales no se resuelven en cuatro años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted ha defendido la necesidad de recuperar el pragmatismo y de construir acuerdos entre sectores políticos distintos. ¿Qué balance hace de su participación en la Gran Consulta?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Una de las cosas que más me enorgullecen de ese proceso es haber contribuido a construir la Gran Consulta. Fue una alianza que nació desde abajo, a partir de conversaciones entre personas que venían de orillas políticas diferentes. No fue simplemente una decisión de los jefes políticos o de los expresidentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No ganamos las elecciones y queda pendiente reflexionar sobre las razones por las que la candidatura perdió impulso al final. Pero creo que el concepto de reunir a personas distintas alrededor de propuestas comunes tiene futuro. Colombia necesita menos dogmatismo y más políticas públicas sustentadas en evidencia, conocimiento y resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué le dejó a usted, personalmente, haber pasado de la academia y el servicio público a la competencia electoral?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Yo veo mi trayectoria como un triángulo. Un lado es diseñar políticas públicas: estudiar los problemas y encontrar soluciones. Otro es ejecutar esas políticas desde el Estado, como funcionario público. Pero me faltaba un tercer lado, el de la política electoral, que permite escuchar directamente a la gente y definir las prioridades de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un técnico o un funcionario responde a las prioridades que establece un jefe o un presidente. La política, en cambio, permite participar en las decisiones que determinan qué puede cambiar y cómo se transforma una sociedad. Por eso creo que quienes aspiran a trabajar en el Estado deberían considerar, en algún momento de su vida, la posibilidad de ser candidatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Va a seguir haciendo política a través de Avanza Colombia? ¿Y ya tiene algún candidato para la Alcaldía de Bogotá?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mauricio Cárdenas:</strong> Vamos a seguir trabajando a través de Avanza Colombia, que por ahora está dedicada a impulsar iniciativas y causas. Sobre las candidaturas, todavía es muy temprano para tomar decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133913</guid>
        <pubDate>Sat, 10 Oct 2026 02:23:15 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/10/cardenas.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Mauricio Cárdenas: «Colombia tendrá que aceptar decisiones impopulares para evitar una crisis»]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133913</post-id>    </item>
        <item>
        <title>MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/malcolm-deas-el-extranjero-que-nos-enseno-a-mirar-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026. Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él. Entonces aparece una novela. Nostromo, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece una novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nostromo</em>, de Joseph Conrad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela ambientada en una república imaginaria llamada Costaguana, que tiene demasiadas semejanzas con Colombia. Y entonces ocurre algo que parece casi una anécdota, pero que terminaría cambiando una parte de la historiografía colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm mira un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí está Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él mismo me lo contó alguna vez. Dijo que tomó el mapa, bajó desde México, pasó por Centroamérica y encontró un país grande que, además, era el país de las novelas que había leído.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabía que ese país iba a ocupar los siguientes sesenta años de su vida. No sabía que terminaría nacionalizándose colombiano. No sabía que sería profesor de Oxford, que tendría entre sus interlocutores a presidentes y ministros, que asesoraría gobiernos, que formaría generaciones de colombianos y que terminaría construyendo una de las bibliotecas privadas sobre Colombia más importantes que haya tenido un historiador extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho menos sabía que, seis décadas después, algunos de sus libros terminarían aquí, en Barranquilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia tampoco sabía que acababa de encontrarse con Malcolm Deas.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un extranjero que llegó a un país que tampoco se entendía a sí mismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé a investigar a Malcolm, una de las cosas que más me sorprendieron fue que él nunca se presentó como alguien que había llegado a Colombia sabiendo exactamente qué quería encontrar. Más bien lo contrario. En nuestras conversaciones insistía en su propia desorientación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Me despisté mucho los primeros dos años.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y después agregó algo todavía más revelador:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Los colombianos tampoco lo entendían.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase me parece una de las mejores puertas de entrada a Malcolm Deas. Porque ahí aparece algo que lo acompañaría durante toda su vida: <strong>la humildad intelectual de quien sabe que un país no puede entenderse rápidamente.</strong> Él no llegó con una teoría sobre Colombia. Llegó con preguntas. Y quizás por eso pudo pasar tanto tiempo aquí. Porque cuando uno llega a un país creyendo que ya sabe qué va a encontrar, termina buscando únicamente aquello que confirma lo que ya pensaba. Malcolm hizo lo contrario. Llegó confundido. Y conservó durante décadas la capacidad de seguir sorprendiéndose.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El método Deas: mirar los detalles</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tuviera que escoger una sola frase para explicar a Malcolm Deas como historiador, sería esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Si uno quiere entender algo, tiene que describirlo con todos los detalles posibles.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto parece una frase sencilla. Pero es una posición intelectual. Porque significa desconfiar de las grandes explicaciones que pretenden explicar un país entero con una sola categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha sido descrita muchas veces mediante palabras enormes: violencia, oligarquía, pobreza, clientelismo, polarización, subdesarrollo, narcotráfico, Estado fallido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm desconfiaba de las etiquetas cuando reemplazaban la investigación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de nuestras conversaciones me explicó que el poder en Colombia era difuso y que para entender quién mandaba había que mirar los territorios, los pueblos, las relaciones concretas y las diferencias regionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es muy importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm no preguntaba únicamente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién tiene el poder?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntaba:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién manda, dónde manda y hasta dónde manda?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esas tres palabras —dónde y hasta dónde— cambian completamente la pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un terrateniente podía tener poder sobre sus trabajadores y no necesariamente sobre el alcalde. Un presidente podía tener una enorme autoridad nacional y, sin embargo, tener dificultades para hacer cumplir una decisión en un municipio. Un jefe político podía ser poderoso en un departamento y no serlo en otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>el poder tenía geografía.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm quería encontrarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera hablar de un ejemplo muy concreto de del Malcolm de los detalles: Y aquel personaje que le da vida a su texto es una tejedora de un pueblo de Santander llamado Suaita, un pueblo que, si hoy es bien pequeño, imagínelo en 1874. Malcolm va a mostrar, mirando a través del diario de esta mujer tejedora, que la vida política sí había permeado todas las capas sociales de la nueva república, que es una de las tesis que va a defender a lo largo de toda su vida: se trata de una señora de Suaita, municipio de Santander que linda con Boyacá, cerca de donde se produce el bocadillo veleño. El documento es un diario personal manuscrito. En la página titular se lee: “Apunte de lo que ha ocurrido desde el año de 1874 en Suaita, de Sofía Durán D. (tengan la fineza de no quedarse con este libro, porque es un robo)”</p>



<p class="wp-block-paragraph">cuando Malcolm hacía trabajos como los que hizo Ginzburg (<em>La política en la vida cotidiana republicana</em>), esos estudios parecían, digamos, como un poco esotéricos. Alguien que se dedica a hacer una historia de minucias, eso como que no cabía mucho en las estructuras mentales dominantes en la historia. Entonces, alguien que se mete en ese detalle, pues era muy subvalorado, pues estaba haciendo un ejercicio casi de masoquismo histórico, porque ¿eso qué aporta? Hoy vemos la importancia de eso. Quiero decir que, de pronto, en el sentido de esa conexión que haces con Ginzburg, Malcolm pudo ser como un pionero de cosas cuya importancia se reconocen mucho más vigorosamente hoy, como estructurantes de la sociedad.[</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí recuerdo una anécdota que me parece que revela otra dimensión de ese método. Gonzalo Sánchez decía que Malcolm había puesto a estudiar a todo el mundo con el rigor y la precisión de su trabajo. Era difícil argumentarle. Y yo creo que había ahí también un rasgo de profesor: esa manera de obligar a los demás a volver sobre las cosas, a revisar el dato, a precisar el argumento y a no conformarse con una explicación fácil.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El historiador que desconfiaba de las explicaciones demasiado perfectas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una característica de Malcolm que aparece una y otra vez en mi libro: <strong>su escepticismo.</strong> No era un escepticismo estéril. No era la actitud de quien dice que nada puede saberse. Era exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba para investigar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba de los lugares comunes. Desconfiaba de las teorías demasiado cerradas. Desconfiaba incluso de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de sus primeros años en Colombia, me dijo algo que revela mucho de su personalidad intelectual: había sido muy difícil para él entender el país, pero también había comprendido que los colombianos tampoco lo entendían del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí aparece una de sus grandes virtudes:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>no confundía seguridad con conocimiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre que sabe mucho puede decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto es así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm prefería muchas veces decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Veamos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y volver al archivo. Y buscar otra fuente. Y revisar una cifra. Y hablar con otra persona. Y encontrar una excepción. Y entonces modificar la explicación.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia contra los estereotipos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que me parece extraordinaria y que quisiera rescatar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hablaba de los primeros años en que estudió Colombia y de cómo encontró que muchos analistas hablaban de oligarcas y terratenientes con afirmaciones que, según él, tenían poco sustento empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él había leído los clásicos, los libros de la Academia de Historia, a los autores del siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegó a una conclusión:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la realidad de Colombia no era como la pintaban los analistas de la época.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto nos lleva a otra característica fundamental de su trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no quería encontrar una Colombia que encajara en una teoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería encontrar <strong>la Colombia que existía</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso explica por qué podía pasar de los presidentes a los caciques locales. De las guerras civiles a una hacienda cafetera. De la política nacional a la gramática. De un archivo diplomático a una conversación con un librero. De Oxford a un pueblo perdido de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su objeto de estudio no era una abstracción llamada Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era <strong>la vida colombiana</strong>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso el siglo XIX lo fascinó</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ninguna parte de la historia colombiana muestra mejor su método que su obsesión por el siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm veía allí un laboratorio extraordinario. Un país que acababa de independizarse. Un Estado todavía en construcción. Partidos políticos que llegaban hasta las capas populares. Guerras civiles. Regiones con enorme autonomía. Presidentes que también eran escritores. Gramáticos que eran políticos. Políticos que escribían gramáticas. Terratenientes. Caciques. Militares. Periodistas. Intelectuales. Y una sociedad que estaba construyendo, a veces a golpes, una república.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm se resistía a mirar ese período como una simple prehistoria de la Colombia moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para él, allí estaban muchas de las claves de nuestra propia singularidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase suya que me parece particularmente importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de las luchas posteriores a la Independencia, rechazó esa mirada según la cual la Independencia habría sido la gran epopeya gloriosa y todo lo que vino después sería una especie de decadencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm fue contundente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Eso es estúpido.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y detrás de esa frase, aparentemente provocadora, había una idea historiográfica muy seria:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la historia republicana de Colombia tiene su propia personalidad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una copia defectuosa de la historia europea. No es una versión incompleta de otra revolución. No es simplemente un país que no consiguió modernizarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una historia particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y había que estudiarla como tal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una anécdota que me parece extraordinaria. Margarita Garrido contaba que, en Cali, en 1991 o 1992, estaba conmovida y reflexionando sobre qué sentido tenía escribir sobre nuestra historia en un momento en que Colombia atravesaba una situación tan difícil. Mientras ella estudiaba períodos lejanos de la historia, Malcolm le dijo: <strong>“Pero es que Colombia merece quien cuente su historia, ya habrá tiempo para que otros cuenten lo que sucede ahora&#8230;”</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La violencia: probablemente su gran batalla intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí creo que conviene entrar en un terreno que seguramente será retomado durante el resto de la jornada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm escribió mucho sobre la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no aceptaba fácilmente la idea de que Colombia fuera violenta por naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que existiera una especie de esencia violenta del colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trabajo buscó desmontar precisamente esos lugares comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia</em>, su aproximación insistía en diferenciar la violencia política de otras formas de violencia y en cuestionar explicaciones automáticas que vinculaban violencia, pobreza o una supuesta “cultura de la violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo muy contemporáneo en esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque todavía hoy tenemos la tentación de explicar nuestra historia mediante grandes determinismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm nos obliga a preguntar: ¿cuál violencia? ¿en qué momento? ¿en qué región? ¿producida por quién? ¿con qué intereses? ¿bajo qué circunstancias? ¿y por qué disminuye en unos momentos y aumenta en otros?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso parece menos espectacular que decir “Colombia es un país violento”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es mucho más útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque obliga a pensar.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un historiador que no era solamente historiador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí aparece otra dimensión que creo que debemos subrayar especialmente en este evento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no fue únicamente un historiador que escribió libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fue un actor de la vida colombiana.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvo relaciones con presidentes. Fue consultado por gobiernos. Escribió para periódicos internacionales. Fue una especie de puente entre Colombia y el Reino Unido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde Oxford ayudó a que muchos colombianos llegaran a ese mundo académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi investigación encontré testimonios de personas que recuerdan cómo Malcolm prestaba su casa, su automóvil e incluso su bicicleta a estudiantes colombianos en Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso dice algo sobre él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque uno podría hablar durante horas de su influencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay otra forma de influencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>abrirle una puerta a alguien.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm abrió muchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su legado no está solamente en sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está también en las personas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder: la otra vida de Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una dimensión de Malcolm que durante mucho tiempo permaneció parcialmente oculta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su relación con el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Presidentes colombianos lo consultaban. Diplomáticos británicos lo consultaban. Funcionarios lo consultaban. En algunos momentos, incluso decisiones importantes del Estado colombiano parecen haber recibido su influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto es particularmente interesante porque Malcolm no fue un político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No necesitaba serlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su poder provenía de otra parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De saber.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De conocer los antecedentes. De entender las instituciones. De conocer a las personas. De haber leído los documentos. De saber qué había ocurrido antes. Y de poder decirle a alguien poderoso:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eso que usted cree que es nuevo ya ocurrió antes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese tipo de conocimiento puede ser mucho más poderoso que un cargo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La contradicción más interesante: un conservador que no era dogmático</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm tenía posiciones políticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era un intelectual neutral en el sentido de no tener preferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero su manera de relacionarse con personas de distintas posiciones era extraordinaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro aparecen testimonios que muestran cómo podía conversar con personas de inclinaciones políticas muy diferentes sin convertir la conversación en una guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto me parece importante rescatar hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm tenía algo que nuestra conversación pública ha perdido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la posibilidad de disentir sin dejar de conversar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía decirle a alguien:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Creo que usted está equivocado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y continuar hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía encontrar una buena idea en alguien con quien políticamente no coincidía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía reconocer una virtud en un adversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es una forma de inteligencia.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El humor como herramienta intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí quiero detenerme porque creo que es una parte de Malcolm que muchas veces queda opacada por su prestigio académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm era divertido.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía humor. Tenía ironía. Y muchas veces utilizaba el humor para hacer algo intelectualmente muy serio: desarmar una certeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso aparece constantemente en las entrevistas de mi libro y en los testimonios de quienes lo conocieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo tuve la fortuna de experimentarlo directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras conversaciones, cuando la discusión parecía cerrarse, Malcolm tenía una manera de abrirla otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me decía:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Otro dato para confundirte aún más.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa frase resume maravillosamente su método.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el objetivo de una buena investigación no siempre es salir con menos preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces es salir con <strong>mejores preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hacía eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te daba un dato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese dato desmontaba una explicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparecía otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta que aquello que parecía obvio dejaba de serlo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que realmente hizo Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, después de investigar su vida, yo ya no creo que la mejor manera de definirlo sea decir simplemente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Malcolm Deas fue un historiador inglés especializado en Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es correcto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es insuficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría otra cosa:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas fue un hombre que dedicó sesenta años a aprender a mirar Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese proceso nos enseñó a mirarla a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos enseñó que el país no puede explicarse únicamente desde Bogotá. Que el poder tiene territorios. Que las regiones importan. Que la política llega hasta los pueblos. Que las élites no lo explican todo. Que la violencia no es una esencia nacional. Que la historia republicana tiene personalidad propia. Que las palabras también ejercen poder. Que un documento aparentemente insignificante puede cambiar una interpretación. Y que una buena pregunta puede ser más importante que una respuesta demasiado rápida.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La biblioteca como última conversación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos finalmente a este lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblioteca Karl C. Parrish Jr.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde, para mí, el evento adquiere una enorme belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera leer un pasaje literal de mi libro, si me permiten “Esta tarde, mi mano fue eligiendo títulos, como quien recorre sin mapa un continente inexplorado:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Plantas útiles de Colombia</em>, de Enrique Pérez Arbeláez, 1955.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada</em>, de Juan Friede, un libro hermoso sobre nuestros orígenes en la altiplanicie.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Poems</em>, de Lord Byron, con las hojas aún impregnadas de su melancolía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplar fascinante, en inglés, titulado <em>Gaitán of Colombia</em>, de Richard Sharpless, en el que Malcolm subrayó un pasaje que lo hizo reír, y a mí también. En el pasaje se habla de que el presidente de hace 77 años nombró a Gaitán alcalde de Bogotá para que demostrara que era un mal administrador y así perdiera las elecciones presidenciales, cosas que no funcionaron mucho, pero que recuerdan con demasiado parecido el crecimiento electoral de Petro tras su alcaldía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, títulos inesperados: <em>Padrinos y mercaderes: crimen organizado en Italia y Colombia</em>, de Ciro Krauthausen. Y luego, verdaderas perlas: <em>Vuelo en el Orinoco</em>, impreso en 1935, de Luis Eduardo Nieto Caballero. Un párrafo me sacude, me hace pensar en la decadencia de nuestra política. En una carta al presidente Olaya, su opositor, Nieto Caballero escribe: “Querido amigo, galantemente invitado por los hermanos cristianos, que al distinguir en esa forma a un hermano masón demuestran cómo entienden y practican la concentración nacional”. Cuan distinto era el lenguaje político en esa época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, como un hallazgo improbable, aparece <em>Recuerdos de un viaje a Europa</em>, de Nicolás Pardo, impreso en Bogotá en 1873. Una rareza encantadora: la crónica de un joven bogotano, entusiasta, viajero, convencido de la promesa republicana. Iba a ser cónsul en Italia. Dice algo que me conmueve especialmente en este sótano templado, mientras pienso en la renovación de Barranquilla y su reapertura al mar:</p>



<p class="wp-block-paragraph">[Empieza nota]El Magdalena, con sus abundantes caimanes, con su lento, largo y variado curso, con sus riberas cubiertas de monos de distintas clases, de lindas guacharacas, de aves de toda especie que, en bandadas, atraviesan la floresta de un punto a otro, de miserables caseríos de negros medio desnudos, de bosques asombrosos y selvas vírgenes, en que la naturaleza se ostenta magnífica, exuberante y grandiosa: el Magdalena ha sido muchas veces materia de folletos y de innumerables descripciones.[Termina nota]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más adelante escribe, con una esperanza que aún resuena con algo de ternura y tragedia: “El día que nuestra patria cuente con un ferrocarril (que no está distante de realizarse), que ponga en comunicación a Bogotá con el Magdalena, podremos decir con verdad que ocupamos un puesto entre las naciones civilizadas del mundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm sabía que en los detalles se esconde el alma de la historia. Es hermoso lo que revelan sus libros. En otra página, Pardo cuenta: “En Santa Marta nos hallábamos desde la noche del 25 de agosto, y lo que al instante pregunta el colombiano que allí llega por primera vez es en qué sitio queda la hacienda de San Pedro Alejandrino, donde murió el Libertador de Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este viaje azaroso por los estantes me llevó a otro volumen: <em>Nuestra colonia de Cuba</em>, de Leland Jenks, ensayos sociológicos y económicos escritos por estadounidenses sobre América Latina en la primera mitad del siglo XX, antes de la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, <em>La linterna y el búho</em>, de Lucio Pabón Núñez, en donde ese extraño poeta y político conservador hace un homenaje a Caro. Me siento extraño: estoy en el Caribe, en un sótano tibio, leyendo sobre Caro, mientras Pabón cita al gran poeta español Gerardo Diego hablando de Caro, prueba de que tan bien se comunicaban las letras en Hispanoamérica hace cien años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los manuscritos encontré una foto de Malcolm, que nadie tenía en su memoria, olvidada en medio de muchos cuadernos de notas, un libro extraño en inglés sobre la Navegación del Canal del Dique en 1855, con mapa, un árbol genealógico de familias de Bogotá, cómics políticos, disertaciones de varios simposios, telegramas privados de Virgilio Barco, que seguramente le sirvieron para su libro, una cita inquietante de Nicolás de Maquiavelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La biblioteca de Malcolm era así: exuberante, insaciable, multiforme. Así de vasto era él también, cuando se adentraba, con pasión y método, en las múltiples capas de la historia. Salir del archivo fue como emerger de una conversación larga con un amigo que ya no está, pero que sigue haciendo preguntas. Tal vez eso es lo que queda de alguien como él.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estamos hablando de las colecciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una biblioteca personal es una forma extraordinaria de conocer a alguien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros que una persona compra. Los libros que conserva. Los libros que subraya. Los libros que presta. Los libros a los que vuelve. Los libros que nunca termina. Todo eso cuenta una historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La colección de Malcolm no es solamente una reunión de libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una especie de mapa de su curiosidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo aprendimos de él es que los detalles importan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una biblioteca como esta no debería ser entendida como un depósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es una conversación que continúa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada libro puede preguntarnos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué Malcolm lo tenía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué estaba buscando?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué había encontrado antes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué relación existe entre ese libro y otro?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pregunta lo llevó hasta allí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces aparece algo maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sesenta años Malcolm estudió Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora tenemos la posibilidad de estudiar <strong>cómo Malcolm estudió Colombia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es precisamente lo que una colección especial permite hacer.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y aquí entra mi libro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una razón personal por la que este encuentro me resulta particularmente significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo no fui discípulo de Malcolm. No fui su alumno. No fui su amigo de décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a él desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué como periodista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como un outsider.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso terminó siendo, quizá, una de las mejores cosas que podía pasarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque pude hacer preguntas que alguien que llevaba cuarenta años conversando con él quizá ya no hacía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pude preguntarle cosas elementales. Pude preguntarle por qué Colombia. Pude preguntarle por qué le interesaba el siglo XIX. Pude preguntarle por la violencia. Pude preguntarle por los presidentes. Pude preguntarle por Oxford. Pude preguntarle por sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, pude escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé este proyecto, Malcolm estaba ya muy enfermo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las conversaciones fueron por Zoom, Meet, WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sabía que eran conversaciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabía también que probablemente eran de las últimas que tendría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso este libro terminó siendo algo distinto de lo que había imaginado al comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No terminó siendo solamente un perfil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó siendo una despedida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también una conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una conversación entre un hombre que había pasado sesenta años mirando Colombia y un periodista que intentaba preguntarle qué había visto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en algún momento entendí algo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>yo no estaba solamente escribiendo sobre Malcolm.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estaba tratando de entender Colombia a través de los ojos de Malcolm.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso en el libro escribí que para mí no era solamente su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la historia de Colombia contada por un testigo único.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El legado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿qué queda de Malcolm Deas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan sus libros. Quedan sus estudiantes. Quedan sus amigos. Quedan sus fotografías. Quedan sus archivos. Quedan sus conversaciones. Queda su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, sobre todo, quedan <strong>sus preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa es la verdadera medida de un intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuánto escribió. No cuántos premios recibió. No cuántas personas importantes conoció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sino cuántas preguntas dejó instaladas en la cabeza de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de leer a Malcolm, uno ya no puede mirar un municipio de la misma manera. No puede mirar una elección de la misma manera. No puede mirar una guerra civil de la misma manera. No puede mirar a un presidente del siglo XIX de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tampoco puede mirar la palabra “Colombia” de la misma manera.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Quiero volver a la escena inicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un joven de 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Centroamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una casualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O quizás una de esas casualidades que, vistas muchos años después, parecen destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm llegó a Colombia buscando un país que conocía principalmente por los libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y terminó pasando sesenta años escribiendo los suyos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó como extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó nacionalizándose colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó buscando una materia para estudiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó convirtiéndose en parte de aquello que estudiaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá la paradoja final sea esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas pasó buena parte de su vida intentando entender Colombia porque sabía que no era fácil entenderla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nosotros, los colombianos, tenemos todavía esa misma tarea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá el mayor legado de Malcolm no sea habernos dado una respuesta sobre quiénes somos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá sea habernos enseñado a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mirar mejor. A mirar más cerca. A mirar los detalles. A mirar las regiones. A mirar los documentos. A mirar a las personas. A mirar nuestras contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, a mirar Colombia sin creer que ya sabemos qué es Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Malcolm murió, en 2023, terminó una vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no terminó la conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí están sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí están sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí está su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí estamos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tratando, todavía, de entender el país que un joven inglés encontró un día en un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Encuentro de colecciones especiales. La obra de Malcolm Deas" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/is3bxkjccX0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132440</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 02:50:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/malcolm-articulo-uni-norte.png?quality=60&amp;#038;w=700" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132440</post-id>    </item>
        <item>
        <title>¿Qué tan sismoresistente será el gobierno del tigre?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/que-tan-sismoresistente-sera-el-gobierno-del-tigre/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Cuál de los tres tristes tigres es el presidente Abelardo de la Espriella? El expresidente Petro lo llamó &#8220;Abelardo, el Breve&#8221;. El terremoto de 7.4 fue como un mal presagio para un gobierno camandulero que, todavía con la resaca de la celebración, recién tomaba posesión. El devastador sismo expuso las veleidades del primer mandatario.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>“Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. “Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra”&nbsp;(…)&nbsp;El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salía sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto! (…) Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba”: <strong>¿Cuánta tierra necesita un hombre?, cuento de León Tolstói, escritor ruso.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Alguien sabe cuánto costaron los balones de la marca “Patria Milagro” que el presidente llevó al Chocó tras el terremoto? ¿Sirvieron de algo para solucionar la crisis humanitaria? Son preguntas, el juicio vendrá después. Porque no puede ser que, gobierno tras gobierno, sigan repitiendo el disco rayado de que el país tiene una deuda histórica con el Chocó y nadie les diga que han llegado a pagarla en serio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El formidable cuento&nbsp;<em><a href="https://ciudadseva.com/texto/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/" id="https://ciudadseva.com/texto/cuanta-tierra-necesita-un-hombre/">¿Cuánta tierra necesita un hombre?</a></em><strong><em>,</em></strong> escrito por León Tolstói, nos recuerda que nada nos pertenece: Nada. Ni siquiera el pedazo de tierra donde antes enterraban a la gente, porque ahora vamos sin escalas del crematorio a la eternidad, hechos polvo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Dios existe –de seguro sí para el crédulo presidente de la República-, a lo mejor andaba en otra parte, sin tiempo para escuchar las alabanzas del 7 de agosto, día de su posesión. De poco sirvió invocarlo en boca de un sacerdote católico, un rabino y un pastor evangélico, pues al tercer día sobrevivo lo indecible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no culpen a Dios por lo que pasó. El periódico&nbsp;<em>El Colombiano</em>&nbsp;abrió con un titular, más literario que periodístico, que en otro tiempo habría sido herejía, <em>eh</em> <em>Ave María purísima:</em>&nbsp;<em><strong>“El día que Dios se olvidó de Pereira!”.</strong></em>&nbsp;Esa costumbre tan criolla de culpar a&nbsp;<em>Chuchito&nbsp;</em>por la incompetencia y la desidia de los gobiernos de turno, en lo municipal, departamental y nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía tengo fresca en la memoria aquella portada desafortunada de la revista Semana con la foto del presidente Iván Duque y un gran titular: “Año de aprendizaje”. Eran los tiempos en que un todopoderoso Álvaro Uribe imponía a dedo al candidato de sus afectos. Desde la elección de Gustavo Petro eso cambió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es culpa de un presidente de la República que ocurran terremotos o pandemias. Es culpa sí su improvisación, las malas decisiones o la incompetencia de algún funcionario. El comienzo de este gobierno no ha sido el mejor. Y no lo dice un detractor más, sino un medio serio como&nbsp;<em><a href="https://www.elespectador.com/mundo/america/un-terremoto-dos-colombias-las-criticas-de-the-economist-a-de-la-espriella" id="https://www.elespectador.com/mundo/america/un-terremoto-dos-colombias-las-criticas-de-the-economist-a-de-la-espriella">The Economist.</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Seamos justos: tampoco los ciudadanos estamos preparados para lo impensable, porque creemos que las cosas malas le pasan al vecino. Pero un gobierno no puede darse el lujo de pensar así. Más que los mandamientos de Dios, debe guiarse por el sentido común, la cordura, la ecuanimidad y, principalmente el rigor científico, que las más de las veces riñe con los designios divinos. En pocas palabras, a la jefatura de Estado no se llega aprender, se llega aprendido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las imágenes que saturan las redes sociales sobrecogen, nos recuerdan a cada momento que estamos de paso y que la vida se nos puede ir en un suspiro. Que no basta con nuestro espíritu solidario. El país debe tomarse en serio la tarea de pensarse desde la prevención y la previsión. Llorar sobre los muertos es igual que llorar sobre la leche derramada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué será que casi siempre la maldad, incluso la maldad inocente de la naturaleza, descarga su furia casi siempre sobre los más pobres, sobre los más jodidos de la Tierra? Tras el terremoto ocurrido en Colombia el 10 de agosto, había que ver el dolor del pueblo chocoano, reflejado en los gritos de aquella madre que encontró en la calle, muerto, a uno de sus hijos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero al gobierno hay que darle tiempo, los 100 días de gracia para que muestre de qué está hecho. Necesitamos un Ejecutivo sismoresistente. Colombia es un país vulnerable a los desastres naturales. Pero rara vez estamos preparados para prevenir las tragedias y solo nos queda actuar sobre la marcha. <strong>El Espectador</strong> hizo un justo reconocimiento, en medio de las quejas:&nbsp;<em>“Tanto el gobierno nacional como los distintos gobiernos locales han respondido con rapidez, eficiencia y determinación incansables”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El día de la posesión, en su discurso ante los militares, el presidente se mostró solidario con los ricos; en tono de celebración habló de eliminar el impuesto al patrimonio. Ni se le ocurra <em>Mr. president</em>. La realidad le ha mostrado que ahora es cuando los ricos y los superricos de este país (que son la inmensa minoría), deben ser conscientes de que viven en una nación tercermundista, ahogada en sus desigualdades. Hay pocos con tanto y demasiados con nada, que es necesario insistir en eso de la redistribución de la riqueza, en vez de ofrecer gabelas y seguir blindando privilegios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no puede comportarse como aquel limosnero que pide “una ayudita, por favor”. De los ricos no se esperan obras de caridad. Se espera compensación con el país, que ha favorecido su fortuna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, válgame Dios, lo están haciendo, para callarnos la boca a los incrédulos. Los empresarios exhiben hoy su generosidad. Entre todos, juntaron $201 mil millones, mal contados superan los 64 millones de dólares, mucho más que los 25 millones de dólares que de buena gana mandó Donald Trump. Aparte, el grupo Gilinski donó $150 mil millones, el grupo Santo Domingo $100 mil millones y 100 mil millones más el banquero David Vélez. La tragedia está mostrando quién es quién en Colombia. Solo falta saber de cuánto será el aporte del empresario Abelardo de la Espriella.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿No es este un momento ideal para hablar sobre redistribución de la riqueza?</strong> </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo informó que reconstruir valdrá $30 billones. ¿No es este el momento propicio para recordarle al gobierno que cada año la evasión en Colombia ronda los 130 billones de pesos, el equivalente a cinco reformas tributarias? En víspera de elecciones <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-necesitan-3-700-colombianos-para-que-ivan-cepeda-gane-la-presidencia/" id="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/se-necesitan-3-700-colombianos-para-que-ivan-cepeda-gane-la-presidencia/">reproduje en este blog</a> la siguiente cita, a propósito de un informe sobre los 18 mil ultrarricos de Colombia:  </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph"><em>“…&nbsp;<a href="https://elpais.com/america-colombia/2024-10-16/quien-tiene-mas-debe-pagar-mas-datecuenta-de-que-las-cosas-pueden-cambiar.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">los más ricos utilizan estrategias sofisticadas para no pagar o pagar menos impuestos</a>: eluden, es decir, encuentran vacíos legales para minimizar su carga tributaria; evaden, ocultando activos de forma deliberada, y se benefician de leyes que les otorgan amplias exenciones y deducciones”</em>: <strong>inforne de Oxfam <em>sobre desigualdad, publicado en enero de 2025,</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esperemos, no obstante, que con la noche que ya pasó y la reforma tributaria que viene, las exenciones sean para los empresarios (fue la promesa de campaña, confirmada en el discurso de posesión) y la<em> clavada i</em>mpositiva para los demás. A eso súmele que, según La Silla Vacía, el&nbsp;<a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/?fbclid=IwdGRzaATsdHFjbGNrBOx0BXBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEexAY_RzIk7nfQyLRmSw1MtvmpVX-M7trgz_8zZ9xt5AWIS4fBWucLsITrnSU_aem_tqEsrFDOQLvCm9W8uyD0pw&amp;sfnsn=scwspwa" id="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/?fbclid=IwdGRzaATsdHFjbGNrBOx0BXBkb2YFZXh0bgNhZW0CMTEAc3J0YwZhcHBfaWQMMzUwNjg1NTMxNzI4AAEexAY_RzIk7nfQyLRmSw1MtvmpVX-M7trgz_8zZ9xt5AWIS4fBWucLsITrnSU_aem_tqEsrFDOQLvCm9W8uyD0pw&amp;sfnsn=scwspwa">Banco Mundial desembolsó 200 millones de dólares</a>&nbsp;para atender el&nbsp;terremoto, deuda que pagaremos los contribuyentes.&nbsp; Lo haremos con gusto por una causa noble, pero así mismo merecemos saber qué organismos harán la veeduría de los recursos para garantizar transparencia.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-la-silla-vac-a wp-block-embed-la-silla-vac-a"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="s50I29XCKt"><a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/">Banco Mundial desembolsa US$200 millones para atender el terremoto</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="“Banco Mundial desembolsa US$200 millones para atender el terremoto” — La Silla Vacía" src="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/banco-mundial-desembolsa-us200-millones-para-atender-el-terremoto/embed/#?secret=xCCYhaQgDn#?secret=s50I29XCKt" data-secret="s50I29XCKt" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>El día que nos movieron el piso a todos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las imágenes de Buenaventura, Cali y zonas del eje cafetero ponen a prueba la cacareada idea del mandatario de gobernar desde las regiones. Debería tener su sede alterna allá, el territorio chocoano, abandonado él sí hasta por Dios, desde el principio de los tiempos. De ese departamento solo nos acordamos en tiempos de tragedia o cuando condenan por corrupción a algún político. Su solo nombre ya parece una cruz: Chocó. Olvidado y vilipendiado. Recuerden al impresentable diputado antioqueño Rodrigo Mesa Cadavid que salió con esta perla:&nbsp;<strong>“Invertir en el Chocó es como perfumar un bollo”.&nbsp;</strong>Cómo fue que no mandaron a ese señor a vivir un año allá, no como castigo, sino para resocializarlo, porque a las claras ese fue un gesto racista e insensible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Chocó debería ser en las actuales circunstancias la verdadera capital alterna de Colombia, si es que&nbsp;<em>Mr. president</em>&nbsp;insiste en tal embeleco.&nbsp; Porque hoy el Chocó le está dando una bofetada de dignidad al país, a&nbsp;juzgar por esta magnífica, pero al tiempo dolorosa, crónica de Alejandro Rodríguez en&nbsp;<strong>El Espectador</strong>. El reportero cuenta lo que vio en su recorrido por San José del Palmar, epicentro del movimiento telúrico<strong>.&nbsp;</strong><em>“Después del terremoto, mientras las grietas siguen abiertas y la ayuda no llega a todos los barrios, los chocoanos vuelven a hacer lo que han hecho siempre: sostenerse entre ellos”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><strong><em>“Esta semana fue una comisión oficial, revisó las casas por encima y siguió de largo. Nadie en el barrio cree que algo vaya a cambiar después de esa visita. Lo saben, con amargura, que serán ellos mismos quienes reconstruyan”,</em></strong><strong>&nbsp;crónica de El Espectador.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="739" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Terremoto-EL-ESPECTADOR-739x1024.jpg" alt="" class="wp-image-132213" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La embestida de un planeta vivo, siempre reacomodándose, le está enseñando al presidente ADLE&nbsp; que gobernar es más que lanzar besos al aire cual reina de belleza, que le sirve más al país remangado que en sesión de limpieza fácil al lado de su esposa, la primera dama. Es que, señor presidente, hay un momento para todo, y este no es precisamente un momento para banalidades ni veleidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las redes sociales han sido&nbsp;<em>funados</em>&nbsp;(en mis tiempos se decía&nbsp;<em>boleteados</em>), él, su esposa y el ministro Rodrigo Lara. Lara dijo que aquellos que hagan política con las ayudas (“repartija política”, la llamó) se van para el infierno, en tanto que han criticado a la pareja presidencial por creer que caridad y gestión de gobierno son la misma cosa. No hablemos ya del ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, que andaba en plan familiar tomando el sol en Santa Marta, mientras sus compañeros tenían las botas puestas por los damnificados. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un <a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-14/abelardo-de-la-espriella-resucita-el-gobierno-paralelo-de-las-primeras-damas.html" id="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-14/abelardo-de-la-espriella-resucita-el-gobierno-paralelo-de-las-primeras-damas.html">artículo del diario español El País sobre el papel de Ana Lucía Pineda</a> resume el asunto, de manera incluso risible.&nbsp;<em>“Contó que había conseguido un sinnúmero de donaciones, desde servicios funerarios para las víctimas hasta comida de McDonald’s para los rescatistas. El presidente se mostró complacido. “Queridos amigos, como ustedes pueden ver, se ha hecho todo lo que hay que hacer en materia técnica”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">El país requiere un presidente más estadista que&nbsp;<em>showcero</em>&nbsp;y un gabinete más diligente que fervoroso, porque no se pueden delegar en el cielo las cuestiones netamente terrenales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy por hoy el Ministerio de Ambiente&nbsp;y Desarrollo Sostenible debería ser el más importante de todos, por encima incluso del Ministerio de Defensa. Se le debería, por lo tanto, garantizar un presupuesto generoso y exigirle resultados concretos. Ah, pero oh sorpresa, con menos de&nbsp;$2 billones (y una tercera parte de estos dedicado a gastos de funcioamiento),&nbsp;figura en la cola de las asignaciones presupuestales al lado de los ministerios de Cultura, Ciencia, Deporte y Comercio).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mundo enfrenta un apocalipsis climático, dicho y predicho por los expertos (las pruebas están en nuestras narices); así que los políticos, y en particular los legisladores, no deben minimizar el impacto del cambio climático y los desastres naturales. De hecho, un editorial de&nbsp;<strong>El Espectador</strong>&nbsp;lo advierte de manera tajante:<em>&nbsp;“Nos parece evidente que la agenda del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella estará marcada por el terremoto y el Fenómeno del Niño”. &nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>¡La sacamos barata… esta vez!</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen los científicos que el&nbsp;choque entre placas tectónicas&nbsp;liberó tanta energía como 126 bombas de Hiroshima (1.9 megatones de TNT), y por fortuna fue muy profundo, a 110 kilómetros de la superficie&nbsp;(la distancia más o menos entre Bogotá y Girardot).&nbsp;Porque de haber ocurrido a 10 kilómetros, como pasó en Venezuela, otro cuento estaríamos contando. Una historia inenarrable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según La Silla Vacía, “el terremoto del 10 de agosto encontró a un país donde tres de cada cuatro edificios se levantaron antes de la última norma sismorresistente, donde más de un tercio no tiene ningún refuerzo sismorresistente en su estructura y donde esa cifra cambia de manera brutal según el departamento en que uno esté parado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para colmo de males,&nbsp;<a href="https://share.google/FvwfoO1LuogoPRRjb" id="https://share.google/FvwfoO1LuogoPRRjb">apenas el 25% de las edificaciones en Bogotá estarían en condiciones de soportar un terremoto</a>, según denuncia hecha por un concejal. Es decir, el país no puede esperar al próximo desastre sobre lo que parece ya un desastre. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero algo bueno nos ha quedado en medio del sufrimiento ajeno. Al mandatario ya debió quedarle claro que se hizo elegir para gobernar en medio de circunstancias adversas, no parar dar órdenes desde la comodidad de Barranquilla, güsiquicito en mano. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El señor presidente prometió un <em>Plan Marshall</em> para reconstruir al Chocó; que el pueblo se lo demande si sus palabras terminan en cuento chino.   </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132199</guid>
        <pubDate>Mon, 17 Aug 2026 14:10:04 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/Terremoto-1.png?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Qué tan sismoresistente será el gobierno del tigre?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132199</post-id>    </item>
        <item>
        <title>“El territorio habló, Colombia escuchó”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/el-territorio-hablo-colombia-escucho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una rendición de cuentas suele estar hecha de cifras: presupuestos, metas cumplidas, municipios visitados, proyectos ejecutados. Pero hay instituciones cuyo verdadero balance no cabe en una tabla. El Centro Nacional de Memoria Histórica trabaja precisamente con aquello que resulta más difícil de medir: la confianza de una comunidad, la recuperación de una historia, el documento [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Una rendición de cuentas suele estar hecha de cifras: presupuestos, metas cumplidas, municipios visitados, proyectos ejecutados. Pero hay instituciones cuyo verdadero balance no cabe en una tabla. El Centro Nacional de Memoria Histórica trabaja precisamente con aquello que resulta más difícil de medir: la confianza de una comunidad, la recuperación de una historia, el documento que vuelve a aparecer, la voz de una víctima que después de muchos años decide hablar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El pasado 6 de agosto, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá, el CNMH presentó su rendición pública de cuentas. La frase que resumió estos cuatro años fue sencilla: <strong>“El territorio habla, el centro escucha”</strong>. Me parece una buena manera de entender no solamente lo que hizo la institución, sino también lo que debería significar una política pública de memoria en Colombia: que el Estado no llegue siempre a explicarles a las comunidades lo que pasó, sino que sea capaz de sentarse a escucharlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y escuchar en Colombia no es un verbo menor. Durante décadas, demasiadas personas tuvieron que gritar para que alguien reconociera que habían sido víctimas. Otras aprendieron a guardar silencio porque hablar podía costarles la vida. Hay comunidades enteras cuya historia quedó por fuera de los grandes relatos nacionales. Hay archivos que estuvieron a punto de desaparecer, testimonios que permanecieron en la memoria familiar y lugares donde todavía una placa, una fotografía o un nombre son la única forma de decir: aquí ocurrió algo y nosotros seguimos aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, detrás de las cifras presentadas por el Centro hay una historia mucho más grande. El CNMH logró tener presencia en <strong>30 de los 32 departamentos</strong>, acompañar procesos en <strong>356 municipios</strong> y trabajar con organizaciones de víctimas dentro y fuera del país. Son números importantes, pero no son la historia completa. La verdadera pregunta es qué significa que una institución nacional haya podido volver a esos territorios y, sobre todo, qué significa que las comunidades hayan decidido abrirle nuevamente la puerta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la memoria no se decreta desde Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se construye en una plaza, en una escuela, en una biblioteca, en una vereda, en una conversación familiar. Se construye cuando una mujer decide contar por primera vez lo que le ocurrió a su hijo. Cuando una comunidad rescata un documento que llevaba años guardado. Cuando un joven pregunta por qué en su municipio existe un monumento que nadie le ha explicado. Cuando alguien descubre que la historia que le contaron durante toda su vida tenía silencios, ausencias y responsabilidades que nunca fueron nombradas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso explica buena parte del sentido de las caravanas por la memoria realizadas en regiones como el Oriente antioqueño, Montes de María, el Canal del Dique, Caquetá, el Eje Cafetero y Cundinamarca. No fueron simplemente actividades de una entidad pública. Fueron ejercicios de presencia. Y en un país donde durante décadas la presencia del Estado llegó muchas veces después de la violencia, estar, escuchar y permanecer también constituye una forma de reparación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que me interesa especialmente: la recuperación de la investigación. Colombia necesita seguir investigando su conflicto armado no para quedarse atrapada en el pasado, sino precisamente para poder salir de él. Entender cómo funcionaron las estructuras armadas, quiénes se beneficiaron de la guerra, cómo operaron las violencias en cada región, qué papel tuvieron terceros actores y cuáles fueron las causas profundas de nuestros conflictos no es un ejercicio académico distante. Es una condición para que la democracia pueda mirarse al espejo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria, además, no puede convertirse en una sola versión oficial de Colombia. Esa sería justamente su negación. Colombia está hecha de memorias que a veces chocan, se contradicen y se incomodan. Están las memorias de las víctimas, de los pueblos indígenas, de las comunidades negras, de los campesinos, de las mujeres, de los jóvenes, de quienes resistieron, de quienes tuvieron que desplazarse y también de quienes vivieron los acontecimientos desde lugares distintos. Una democracia madura no necesita que todas esas voces digan lo mismo. Necesita que puedan ser escuchadas sin que una de ellas tenga el poder de borrar a las demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me parece tan poderoso que el balance hable de <strong>150 iniciativas de memoria histórica y más de un centenar de medidas de reparación simbólica</strong>. No porque las cifras sean impresionantes por sí mismas, sino porque detrás de cada iniciativa existe una comunidad tratando de convertir el dolor en algo que pueda ser transmitido a las siguientes generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase del balance institucional que, para mí, resume buena parte de esa tarea: <strong>“La memoria cobra sentido cuando regresa a las comunidades”</strong>. Esa debería ser una regla de oro. Investigar para publicar un informe que termina en una biblioteca es insuficiente. Investigar para que una comunidad pueda reconocerse en esa historia, para que un estudiante pueda preguntarse por ella y para que una sociedad pueda discutirla, es otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También por eso son tan importantes los archivos. A veces hablamos de memoria como si fuera solamente un asunto de relatos, pero la memoria necesita pruebas. Necesita fotografías, cartas, expedientes, grabaciones, testimonios, documentos. Necesita preservar aquello que el tiempo, el abandono o la violencia pueden destruir. El trabajo de la Dirección de Archivo de los Derechos Humanos, en ese sentido, tiene una importancia que quizá no siempre alcanzamos a dimensionar: conservar los documentos de la guerra es conservar parte de la evidencia de lo que fuimos capaces de hacernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay una escena que debería importarnos especialmente: un país que intenta construir democracia mientras todavía conserva millones de fragmentos de su propia historia sin ordenar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso también resulta trascendental la reactivación del Museo de Memoria de Colombia. Un museo de memoria no debería ser un mausoleo del dolor ni un templo de una determinada interpretación política. Debería ser un lugar donde Colombia pueda mirarse completa. Donde una víctima pueda reconocerse, pero donde también un ciudadano que nunca vivió directamente la guerra pueda entrar y preguntarse qué tiene que ver con él. Porque esa es la verdadera dimensión democrática de la memoria: convertir una experiencia particular en una pregunta colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El gran desafío ahora es que todo esto sobreviva a los gobiernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria histórica no puede pertenecer a una administración, a un director, a un sector político ni siquiera a una institución. El propio balance del CNMH lo dice con una claridad que vale la pena conservar: <strong>“la verdad y la memoria no pertenecen a los gobiernos ni a las instituciones, sino a la sociedad que las construye y las protege”</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase debería estar presente cada vez que discutamos sobre memoria en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un país democrático no es solamente aquel que celebra elecciones. También es aquel que es capaz de recordar a sus muertos, escuchar a sus víctimas, reconocer sus responsabilidades y aceptar que su historia es más compleja que cualquier relato partidista. La memoria no debería servir para alimentar nuevas trincheras. Debería servir para comprender por qué las construimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la rendición de cuentas del 6 de agosto fue algo más que un informe de gestión. Fue, en cierto sentido, el cierre de un relato y la apertura de una pregunta. ¿Qué vamos a hacer ahora con todo lo que hemos escuchado?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El territorio habló. Eso parece claro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdadera tarea de Colombia es conseguir que siga escuchando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque cuidar la memoria es cuidar la democracia. Defender la verdad es defender la posibilidad de que la vida tenga un lugar después de la violencia. Y escuchar a quienes durante demasiado tiempo fueron obligados a callar quizá sea una de las formas más profundas que tenemos de construir un país que todavía no existe del todo, pero que podemos aprender a reconocer cuando aparece.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132120</guid>
        <pubDate>Thu, 13 Aug 2026 18:25:53 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/771855418_18191404744377671_8713440316082266667_n.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[“El territorio habló, Colombia escuchó”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132120</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Bogotá es la (única) capital de Colombia. Punto</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-es-la-unica-capital-de-colombia-punto/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una ciudad que es de todos y de nadie a la vez corre el riesgo de despertar, el día menos pensado, habiendo dejado de ser el centro político y administrativo de Colombia. ¿Permitiremos los bogotanos que eso pase? Trastear no es descentralizar.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-6 wp-block-paragraph"><strong><em>Quien quiera estar más cerca de Dios, sepa que Bogotá está más cerca del cielo y de las estrellas.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo 322 de la Constitución de 1991 es claro: Bogotá&nbsp;es la Capital de la República y del departamento de Cundinamarca. La ciudad, que se llamó Santa Fe a secas durante casi todo el periodo colonial, acaba de cumplir 488 años y, aunque espero con ansias el 6 de agosto de 2038 para celebrar su quinto centenario —a doce años y tres periodos presidenciales de distancia—, ya le salió competencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente electo, Abelardo de la Espriella&nbsp;—criado en Montería, pero barranquillero por adopción y negocios—, anunció que presentará una reforma constitucional para elevar a Barranquilla a la categoría de capital alterna de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La propuesta plantea tres epicentros: el Palacio de la Aduana, el Batallón Paraíso (sede de la Segunda Brigada del Ejército que, según la prensa, <a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/barranquilla-se-emociona-ante-el-proyecto-de-de-la-espriella-de-convertirla-en-capital-alterna-de-colombia.html" id="https://elpais.com/america-colombia/2026-08-02/barranquilla-se-emociona-ante-el-proyecto-de-de-la-espriella-de-convertirla-en-capital-alterna-de-colombia.html">“apunta a concentrar la actividad de Gobierno”</a>) y las propias oficinas de su firma de abogados. Leí que dicho batallón cuenta con un búnker subterráneo para la protección presidencial en caso de conflictos internacionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su alocución dominical, casi una prédica, dijo: <em>“Se acabó el olvido. Se acabó la desidia. Se acabó el abandono centralista. En pocos días, <strong>un hijo del Caribe se sentará en el soleo de Bolívar</strong> y cumplirá una promesa que hizo durante la campaña: gobernar desde las regiones y para las regiones”. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por si acaso, se les recuerda que el doctor Abelardo nació en Bogotá. Obviamente, él se reconoce como un costeño de pura cepa. Uno sus detractores, el exministro Manuel Rodríguez Becerra, fue más allá: lo llamó <strong>“corroncho millonario” </strong>en una extensa diatriba que publicó en la red social X.  </p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-x wp-block-embed-x"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">&quot;Las campañas no se ganan con propuestas&quot;: el manual del engaño que llevó a De la Espriella a la Presidencia<br>No fue un desliz. No fue una confesión accidental captada por un micrófono abierto. Fue una declaración pública, franca y descarada, hecha por el propio Carlos Suárez,…</p>&mdash; Manuel Rodríguez Becerra. (@manuel_rodb) <a href="https://x.com/manuel_rodb/status/2085411267213201885?ref_src=twsrc%5Etfw">August 6, 2026</a></blockquote><script async src="https://platform.x.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ¿qué tan delicado es que las decisiones políticas, y no solo las de seguridad, se tomen en una guarnición militar? Que yo sepa, nadie puso el grito en el cielo, por haber dado su primer discurso en presencia de los militares y no de los congresistas y la sociedad civil, quienes asistieron el 7 de agosto a la imposición de la banda presidencial y de pronto lo vieron desaparecer. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras esto escribo, al margen o no de lo anterior, trascendió que el gobierno salvadoreño de Nayib Bukele está listo para asesorar la construcción de megacárceles en Colombia. <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2026/07/16/latinoamerica/violaciones-derechos-humanos-el-salvador-lesa-humanidad-amnistia-internacional-orix" id="https://cnnespanol.cnn.com/2026/07/16/latinoamerica/violaciones-derechos-humanos-el-salvador-lesa-humanidad-amnistia-internacional-orix">Amnistía Internacional denunció que las violaciones de derechos humanos en el país centroamericano</a> podrían constituir delitos de lesa humanidad. Se habla, por ejemplo, de torturas y muertes bajo custodia en los megapenales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo al cuento, no tengo nada contra Barranquilla ni contra los barranquilleros; envidio a cualquiera que viva cerca del mar. Barranquilla me sabe a Gabo, Esthercita Forero, Shakira y Sofía Vergara (no necesariamente en ese orden). Se entiende, además, el justo reclamo costeño contra la visión cachaca e hipercentralista, desconectada de las realidades territoriales.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Gabriel García Márquez lo resumió&nbsp;muy bien en&nbsp;<em>El olor de la guayaba:</em>&nbsp;<strong><em>&#8220;La s</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>ntesis humana y los contrastes que hay en el Caribe no se ven en otro lugar del mundo (&#8230;) El Caribe es la única región donde yo no me siento extranjero&#8221;.</em></strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Siempre he pensado que el Caribe, al ser una región tan distinta al centro andino, bien pudo haberse anexionado a Panamá para constituir un país propio, más afín a Cuba y el resto de la región antillana, y más cerca de los United States. Nadie lo habría echado de menos, así como nadie echa de menos a Panamá, cuya venta (1903), más de un siglo después constituye una pérdida irreparable, una vergüenza y un mal negocio; ya es muy tarde para ponernos sentimentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buena parte de los problemas irresueltos de Colombia obedecen a la inmensidad de un territorio atomizado en 32 departamentos; tal vez lo que necesitamos es volver a los estados soberanos de la época de los Estados Unidos de Colombia (aunque nos doliere perder el orgullo de compartir patria con Gabo o Shakira).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Bogotá es Bogotá y debe seguir siendo la única capital. Hay que defenderla como sede real y emblemática del poder central. Permitir este antecedente abre la puerta para que futuros presidentes caigan en embelecos similares solo para congraciarse con sus regiones y élites locales. Además, <strong>si es por mérito, en ese caso le correspondería a Medellín o Cali ser capitales alternas, pues son en ese orden las que más aportan al PIB después de Bogotá. </strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero nadie se haga ilusiones. Ya el exmagistrado Alfredo Beltrán, constitucionalista él, se pronunció en contra de la idea: <a href="https://caracol.com.co/2026/08/04/cambiar-capital-de-colombia-no-se-puede-por-voluntad-del-presidente-exmagistrado-a-de-la-espriella/" id="https://caracol.com.co/2026/08/04/cambiar-capital-de-colombia-no-se-puede-por-voluntad-del-presidente-exmagistrado-a-de-la-espriella/">&#8220;Cambiar la capital de Colombia no se puede por voluntad del presidente&#8221;. </a></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>¿Un gerente para Bogotá?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente lee las noticias, pero no nota lo que está ocurriendo: poco a poco, el nuevo gobierno desmantela la posición privilegiada que la <em>Atenas Suramericana </em>ha ostentado durante casi medio milenio. De la Espriella ya anunció que convertirá la Casa de Nariño en un museo y mandó a construir su propia residencia presidencial en la Puerta de Oro. ¿Puede o podía tomar semejantes decisiones de manera unilateral?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, la sede formal de gobierno pasaría a la Cancillería, en el tradicional Palacio de San Carlos —lugar donde el general Simón Bolívar escapó de la muerte en la Noche Septembrina—. No puedo evitar pensar que el nuevo presidente, más empresario que político, no está viendo en estos edificios gubernamentales sino posibles franquicias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Convertir la Casa de Nariño en museo y abrirla al público es una idea fabulosa para reconocerle al precursor Antonio Nariño su peso real en la historia, como si eso importara en un país desentendido de su pasado. Sin embargo, este gesto no puede usarse para eclipsar un edificio emblemático ni despojarlo de su importancia para otorgársela a una nueva residencia presidencial en el Caribe (a la que ya apodan &#8220;Casa Blanca&#8221; en redes sociales, a modo de burla). Como dato curioso, cabe recordar que un caprichoso <a href="https://www.bbc.com/mundo/resources/idt-2db64cf0-41c6-42cd-a33b-92ab31593fe2" id="https://www.bbc.com/mundo/resources/idt-2db64cf0-41c6-42cd-a33b-92ab31593fe2">Donald Trump remodeló la Casa Blanca</a> original: hizo demoler el Ala Este, pavimentar la Rosaleda y añadir decoración dorada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No veo a muchos bogotanos defendiendo la dignidad de su ciudad; veo, en cambio, a bastantes aplaudiendo un supuesto espíritu &#8220;descentralizador&#8221;. Se equivocan: trastear no es descentralizar. Exijamos que concejales y representantes a la Cámara por Bogotá se pronuncien con prontitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cambiar la ubicación geográfica del gobernante no es descentralizar. Es un retoque cosmético, un simple trasteo y, por qué no, la prueba de que De la Espriella no gusta de Bogotá, a pesar de haberse formado aquí como abogado. La bronca rayó en tal extremo que no invitó a la ceremonia de posesión a dos expresidentes de la República: Juan Manuel Santos (además Nobel de Paz) y Ernesto Samper. Pero si quería fastidiar al <em>establishment</em> cachaco, resultó poco inteligente al tomar juramento en una universidad caleña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco a poco obligará a los funcionarios a desplazarse hacia donde él esté. No quiero pensar que estos sean los indicios para refundar la patria —expresión harto problemática en nuestra historia reciente—, pero por ahora lo cierto es que se apresta a instaurar lo que denomina la &#8220;Patria Milagro&#8221;, cuyo arranque, recordemos, incluyó un retiro espiritual en <em>Curramba </em>entre alabanzas, lecturas bíblicas y golpecitos de pecho. Con razón, un amigo me preguntó: ¿Sera que el presidente vino a gobernar o a evangelizar? </p>



<p class="wp-block-paragraph">A esto se suma su anuncio de nombrar un &#8220;gerente especial para Bogotá&#8221;.&nbsp;¿Estará&nbsp;esta figura por encima del alcalde de turno o es una estrategia calculada de cara a las elecciones de 2028; es decir, una declaración de guerra anticipada contra el petrismo y el uribismo, ahora que cuenta con partido propio (<em>Defensores de la Patria</em>)? Complacido, el alcalde Carlos Fernando Galán ni chistó. ¿Le gusta acaso la idea de que le nombren “virrey” al segundo cargo más importante de la nación? Recuerden que antes de la Constitución del 91 los alcaldes los escogía a gusto el presidente de turno. ¿Será que es momento de evaluar y reformar una elección popular que le corresponde al pueblo, sí, pero sobre la cual no se ejerce ningún control político real ni incidente?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha llegado la hora de que los bogotanos y los bogotanólogos dejen la indiferencia y se pronuncien. ¡Pintados en el mapa no estamos!</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131863</guid>
        <pubDate>Sun, 09 Aug 2026 13:23:43 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/bogota-caribena.png?quality=60&amp;#038;w=1024" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá es la (única) capital de Colombia. Punto]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131863</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ahora le toca gobernar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/ahora-le-toca-gobernar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una escena que resume, quizá mejor que muchos discursos, el comienzo del nuevo gobierno. Frente a miles de militares reunidos en Cali, Abelardo de la Espriella puso a sonar&nbsp;Nessun dorma, el aria de Puccini cuyo célebre “Vincerò” pertenece ya a la memoria popular. Era una escena cargada de símbolos: el poder que llega después [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que resume, quizá mejor que muchos discursos, el comienzo del nuevo gobierno. Frente a miles de militares reunidos en Cali, Abelardo de la Espriella puso a sonar&nbsp;<em>Nessun dorma</em>, el aria de Puccini cuyo célebre “Vincerò” pertenece ya a la memoria popular. Era una escena cargada de símbolos: el poder que llega después de una campaña áspera, los uniformes, la música, la idea de victoria y, finalmente, un hombre que recibe la banda presidencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero una vez terminan la música, los discursos y las ceremonias, empieza lo verdaderamente difícil: gobernar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella es el presidente de Colombia. No porque una parte del país lo prefiera, ni porque otra parte lo deteste, sino porque obtuvo la mayoría necesaria en las elecciones y las instituciones electorales hicieron posible la transmisión del poder. Esto debería ser una obviedad en una democracia. Sin embargo, Colombia parece empeñada en convertir hasta las derrotas electorales en una discusión interminable sobre la legitimidad del resultado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante las últimas semanas han circulado narrativas sobre un supuesto fraude electoral que no han logrado demostrar una alteración de las dimensiones necesarias para desconocer el resultado. Es legítimo pedir que cada elección sea vigilada. De hecho, una democracia sana necesita ciudadanos obsesionados con cuidar sus elecciones. Lo que resulta peligroso es convertir la sospecha en una verdad permanente cuando no aparecen pruebas capaces de sostenerla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro puede cuestionar al nuevo gobierno. La oposición puede ejercer una oposición feroz. El Pacto Histórico puede movilizar a sus bases. Todos tienen ese derecho. Lo que no deberían hacer es mantener a millones de colombianos atrapados en una elección que ya terminó. Una democracia no consiste solamente en ganar; también consiste en saber perder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto vale para todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derecha que llega al poder tampoco puede comportarse como si hubiera recibido un cheque en blanco. Ganar una elección no convierte automáticamente cada propuesta en una buena política pública. La mayoría electoral otorga el derecho a gobernar, no el derecho a tener siempre la razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese debería ser el comienzo de una conversación adulta sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué va a pasar con el crecimiento? ¿Cómo se reducirá el déficit? ¿Qué ocurrirá con el empleo? ¿Cómo se recuperará la inversión? ¿Qué hará el Gobierno con la educación? ¿Cómo enfrentará el deterioro de la seguridad? ¿Qué sucederá con las regiones? ¿Cómo se puede recuperar la capacidad del Estado sin convertir la autoridad en arbitrariedad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son preguntas menos emocionantes que una pelea en redes sociales, pero mucho más importantes para la vida de los colombianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno quisiera que el nuevo Gobierno entendiera que la autoridad no consiste solamente en ordenar. Consiste también en hacer funcionar las cosas. La seguridad importa, pero también importa que una carretera se construya, que un hospital funcione, que un joven encuentre empleo, que una universidad produzca conocimiento, que una empresa pueda invertir y que un campesino pueda sacar su producto de una región sin que una organización criminal decida por él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese sentido, el nuevo Gobierno debería ser mucho más ambicioso que la simple revancha contra el petrismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y debería convocar a Colombia, no solamente a quienes piensan como él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A quienes conocen la conservación de nuestros ecosistemas, a quienes han dedicado su vida a la ciencia, a los economistas que han estudiado durante décadas los problemas del país, a los empresarios que saben crear empleo, a los profesores que conocen las dificultades de la educación, a los líderes sociales que conocen territorios que Bogotá apenas comprende.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un gobierno fuerte no debería tener miedo de convocar a personas que no piensan exactamente como él, que conservan su propio criterio y que pueden mantener una diferencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa sería, de hecho, una señal de verdadera confianza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay otra lección que debería aprender la nueva administración. Colombia no necesita pasar de una guerra cultural a otra. Durante cuatro años la política estuvo atrapada demasiadas veces en la lógica de Petro contra sus contradictores y de sus contradictores contra Petro. Ahora sería lamentable que el péndulo simplemente cambiara de dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El país no votó para reemplazar una tribu por otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Votó para cambiar de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí está la oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El nuevo presidente tiene la posibilidad de demostrar que una derecha que habla de autoridad también puede hablar de ciencia; que un gobierno que defiende la empresa puede preocuparse por la pobreza; que una política de seguridad puede convivir con la memoria de las víctimas; que la defensa de la familia no necesita convertirse en una guerra contra las mujeres o las minorías; que la libertad económica puede ir acompañada de movilidad social; que el patriotismo puede ser compatible con la crítica y que el orden democrático no necesita enemigos internos permanentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso sería mucho más interesante que una simple restauración del pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la oposición, mientras tanto, le corresponde una tarea igualmente difícil: aceptar que el poder cambió de manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro y Cepeda pueden hacer oposición. Deben hacerla. Pueden investigar, denunciar, protestar y organizarse. Pero deberían dejar de alimentar la ficción de que la democracia funciona solamente cuando gana el sector político propio. Insistir indefinidamente en una elección que no pudieron demostrar fraudulenta no fortalece la democracia colombiana: la desgasta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una diferencia enorme entre fiscalizar al poder y negarse a reconocerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera es democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda puede terminar convirtiéndose en un ardid contra ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia tiene problemas demasiado grandes para quedarse discutiendo eternamente quién ganó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora sabemos quién ganó.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Abelardo de la Espriella es el presidente de Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta interesante ya no es cómo llegó a la Casa de Nariño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta es qué hará con ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ahí empieza el verdadero examen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque después de&nbsp;<em>Nessun dorma</em>, después del&nbsp;<em>Vincerò</em>, después de las banderas, los uniformes y la celebración, viene la parte menos cinematográfica de la política: hacer que un país funcione.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ahora le toca gobernar.</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131942</guid>
        <pubDate>Sat, 08 Aug 2026 17:27:18 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/IMG_1964.jpeg?quality=60&amp;#038;w=828" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ahora le toca gobernar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131942</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Petro el Grande</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/con-versaciones/petro-el-grande/</link>
        <description><![CDATA[<p>Petro probablemente será recordado por haber alterado la estructura simbólica de la política colombiana y por haber incidido de una manera estratégica y profunda en la discusión de los temas mundiales.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em><em>—</em>“Aré en el mar.” </em>(dice Simón Bolívar)<em><br>—Simón, ¿hay otra parte<br>en que es posible o necesario arar?<br></em>(responde Rosario Castellanos).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/475490310_1180104426813793_8431692996598175842_n-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-131873" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Petro probablemente va a ser más recordado por haber alterado la estructura simbólica de la política colombiana y por haber incidido de una manera estratégica y profunda en la discusión de los temas mundiales, que por haber administrado mejor o peor determinados sectores del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>:¡Ja! Todos lo recordaremos por la multitud de escándalos que hubo en el gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: No lo creo. Fíjese: hay dos preguntas. Una es coyuntural: ¿qué logró efectiva y probadamente el gobierno de Petro? La otra es más profunda y real: ¿qué cambió en Colombia con el paso de Gustavo Petro por la presidencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que en Colombia la prensa se ha empeñado en hacer énfasis en los escándalos de corrupción que hubo en su gobierno. Está bien denunciarlos, pero no convertirlos en el centro del análisis, ni reducir la eficacia de su mandato a este factor. Para efectos de comprender nuestra realidad política es mucho más valioso ir tras la pista de las transformaciones que tendrán mayor eco en el tiempo. ¿Hacemos el balance?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: ¡Hagámoslo! ¡Ni más faltaba!</p>



<h2 class="wp-block-heading">La destrucción de mitos absurdos</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/22-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-131874" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Petro modificó los límites de lo que Colombia consideraba políticamente posible. Llegó al poder, lo cual es por sí solo una hazaña. La izquierda no era vista simplemente como un adversario electoral, sino como una fuerza cuya llegada al poder constituía potencialmente una amenaza al sistema.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Petro gobernó cuatro años y entregó el poder constitucionalmente a un presidente de derecha elegido en las urnas. Pese a que no reconoce la legitimidad del nuevo presidente, el poder ha sido entregado a él, cumpliendo con el mandato constitucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es difícil imaginar una refutación más concreta del temor de 2022 según el cual la llegada de la izquierda significaría automáticamente que Colombia se convertiría en Venezuela, que desaparecerían las elecciones o que Petro intentaría perpetuarse en la Presidencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A su vez, la izquierda probó que pudo organizarse, gobernar territorios, controlar espacios institucionales, derrotar proyectos de los gobiernos anteriores y ganar la Presidencia. Se gobernó con una feroz resistencia del Congreso, las Cortes, la prensa e instituciones como el Banco de la República. Es histórico que se haya logrado llegar a la presidencia y mantener al primer mandatario en el poder.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una democracia sólida</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="712" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/60-1024x712.jpg" alt="" class="wp-image-131875" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Petro abanderó, mantuvo y profundizó la esencia de la democracia</strong>. Logró involucrar al país en la política, como nunca antes había ocurrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Petro convirtió en debates cotidianos varios asuntos que durante décadas habían sido discusiones de especialistas. Personas que nunca habían discutido sobre el sistema pensional empezaron a hacerlo. Lo mismo ocurrió con las EPS, los recargos laborales, la propiedad de la tierra, la transición energética, Palestina o el Banco de la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso produjo polarización, sin duda, pero también incubó una amplia participación, identificación política y discusión pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las elecciones de 2026 ofrecen un dato muy importante. En la segunda vuelta votaron aproximadamente 26,3 millones de colombianos, cerca del 63,5 % del censo electoral; es la participación más alta en alrededor de siete décadas en las elecciones presidenciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La propia Defensoría del Pueblo interpretó esa cifra como reflejo de un “creciente nivel de involucramiento de la ciudadanía en la definición del rumbo político del país”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la mayor transformación de Petro no fue conseguir que determinados colombianos votaran por la izquierda, sino conseguir que millones de colombianos (de izquierda y de derecha) sintieran que valía la pena disputar el país en el terreno de la política legal y democrática.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La nueva agenda del debate</h2>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/37.jpg" alt="" class="wp-image-131876" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/37.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/37.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/37.jpg?resize=768,512 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante buena parte de la historia republicana, las grandes discusiones nacionales se organizaron alrededor de asuntos como la seguridad, el orden público, el crecimiento económico, las relaciones con Estados Unidos o la estabilidad macroeconómica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro no eliminó esos temas, pero hizo que el centro del debate fuese también: ¿Cuánto debe ganar un trabajador? ¿Quién puede ir a la universidad? ¿Quién tiene la tierra? ¿Qué sucede con un anciano que nunca pudo pensionarse? ¿Debe la salud funcionar como negocio? ¿Quién paga impuestos? ¿Qué territorios reciben inversión? ¿Qué significa desarrollar el país sin destruir su biodiversidad?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Incluso cuando sus propuestas fueron derrotadas, modificó el terreno de la discusión.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso puede ser un legado más profundo que una ley determinada, porque los gobiernos siguientes pueden derogar una norma, modificar un impuesto o cancelar un programa, pero resulta mucho más difícil volver a una situación en la que esas preguntas simplemente no formen parte de la conversación nacional.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una nueva cultura democrática</h2>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="767" height="575" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/36.jpg" alt="" class="wp-image-131878" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/36.jpg 767w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/36.jpg?resize=300,225 300w" sizes="auto, (max-width: 767px) 100vw, 767px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y más sobre la profundización de la democracia. Durante el gobierno de Petro los sindicalistas, dirigentes sociales, ambientalistas, personas provenientes de comunidades afro e indígenas y representantes de sectores de diversidad sexual ocuparon posiciones relevantes. Estos sectores históricamente habían tenido una presencia mucho menor en las estructuras centrales del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En pocas palabras: <strong>cambió la idea cultural de quién podía sentarse en las mesas donde se toman las decisiones nacionales</strong>.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Un enfoque renovador frente a la protesta social</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/30-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-131879" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El gobierno Petro modificó profundamente la relación del Estado con la protesta social. La oposición pudo organizar algunas grandes movilizaciones contra un gobierno, sin que se reprodujera un patrón de represión letal como el vivido durante el estallido social de 2021.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ejerció su gobierno en el marco de un escenario que para cualquier presidente resulta incómodo: gobernar siendo sometido permanentemente a contradicción pública e institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede haber cuestionamientos sobre su retórica frente a esas instituciones, pero además de cuestionar toda esta situación a través de trinos, <strong>jamás intentó eliminar o bloquear los contrapesos que podían derrotarlo.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Contribución definitiva a la verdad histórica</h2>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="853" height="569" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/20.jpg" alt="" class="wp-image-131880" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/20.jpg 853w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/20.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/20.jpg?resize=768,512 768w" sizes="auto, (max-width: 853px) 100vw, 853px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La desclasificación de los archivos del DAS puede terminar siendo uno de los legados menos visibles, pero más duraderos de Petro</strong>. No produce un resultado inmediato como una reforma laboral o una carretera, pero puede transformar durante décadas lo que Colombia sabe de sí misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Decreto 1400 del 22 de diciembre de 2025 levantó la reserva sobre los archivos de inteligencia, contrainteligencia y gastos reservados del extinto DAS. Sin embargo, el propio Archivo General de la Nación lo califica como un hito porque es la primera vez que Colombia pone en marcha un proceso de desclasificación de archivos clasificados del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la magnitud documental es enorme. El diagnóstico realizado para la JEP encontró 57.544 unidades de conservación, equivalentes a 14.364 metros lineales de documentos, además de 47.829 medios magnéticos y digitales: servidores, discos, disquetes, casetes, computadores y cintas, entre otros. No estamos hablando de unas cuantas carpetas, sino de uno de los grandes fondos documentales secretos del Estado colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El DAS no fue simplemente una oficina administrativa. Durante décadas fue también organismo de inteligencia, policía migratoria y aparato de seguridad del Estado. Sus archivos atraviesan buena parte de la historia reciente del conflicto colombiano y contienen información sobre hechos trascendentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La JEP ha dicho expresamente que estos documentos pueden contribuir al esclarecimiento de graves violaciones de derechos humanos cometidas durante el conflicto armado y que su apertura es relevante para combatir la impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto conecta directamente con lo que veníamos hablando sobre el legado democrático de Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una democracia no consiste únicamente en poder elegir al presidente. También implica que el Estado pueda ser investigado por sus propios ciudadanos. La desclasificación introduce un principio diferente: el secreto de Estado no puede ser uno de los ejes del olvido histórico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro lo expresó de una manera muy clara cuando anunció la medida. Dijo que su Gobierno no terminaría <strong>“sin que haya una política de desclasificación de archivos, que tiene que ver con la verdad”</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Probablemente pasarán años antes de que pueda conocerse la verdadera importancia histórica del decreto. Y precisamente por eso puede ser un legado que hoy aparezca muy abajo en cualquier balance del gobierno Petro y dentro de veinte años sea considerado fundamental.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una agenda internacional memorable</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/51-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-131881" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Petro convirtió la diplomacia presidencial en una herramienta activa de búsqueda de inversión, cooperación y nuevos mercados, y obtuvo resultados concretos en financiación climática, reforma agraria, infraestructura social y negocios internacionales. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Más importante aún, utilizó esa diplomacia económica para intentar reposicionar a Colombia ante el mundo no solamente como país petrolero y minero, sino como potencia potencial en biodiversidad, turismo, agricultura, energías limpias y producción. También <strong>cambió el enfoque del debate mundial en torno a algunos temas</strong>. Veamos.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Cambio climático: más que hablar del clima, cuestionó el modelo fósil</h3>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/66-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-131882" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio climático ya estaba en el centro de la agenda internacional mucho antes de Petro. Lo distintivo de su postura fue que ayudó a <strong>desplazar la discusión desde “cómo reducir emisiones” hacia “qué estructura económica está produciendo la crisis y quién debe pagar la transición”</strong>. Eso introdujo un matiz único.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De este modo, Colombia consiguió una voz internacional desproporcionadamente grande para su peso económico. Petro hablaba además desde una posición interesante: la de un país productor de petróleo y carbón que voluntariamente planteaba reducir su dependencia de ellos. Eso le daba una legitimidad distinta a la de los países industrializados que exigen conservación ambiental a los países tropicales mientras continúan consumiendo enormes cantidades de combustibles fósiles.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Una voz contra el genocidio</h3>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/57.jpg" alt="" class="wp-image-131884" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/57.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/57.jpg?resize=300,200 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/57.jpg?resize=768,512 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Petro jugó un papel internacional muy fuerte en la discusión sobre el genocidio en Gaza.  <strong>Fue una de las voces presidenciales tempranas y persistentes que ayudaron a trasladar el debate internacional</strong> desde la formulación “Israel tiene derecho a defenderse” hacia las preguntas sobre proporcionalidad, ocupación, responsabilidad internacional y matanza indiscriminada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro fue mucho más lejos que la mayoría de los gobernantes occidentales y latinoamericanos de aquel momento. Utilizó tempranamente la palabra “genocidio”, rompió relaciones diplomáticas con Israel y convirtió esa posición en una actuación jurídica del Estado colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia intervino formalmente en abril de 2024 ante la Corte Internacional de Justicia en el proceso iniciado por Sudáfrica bajo la Convención sobre Genocidio. Es importante precisar jurídicamente que la Corte todavía debía resolver el fondo del caso; por tanto, hablamos de la acusación o denuncia de genocidio, no de una sentencia definitiva que ya lo hubiera declarado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, otros países adoptaron posiciones semejantes. Chile también intervino ante la Corte; México, Libia y Palestina participaron igualmente en el proceso, mientras España, Irlanda y Noruega reconocieron al Estado palestino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia incluso se convirtió posteriormente en sede de una conferencia internacional del Grupo de La Haya, que reunió en Bogotá a decenas de países para discutir medidas concretas respecto de Israel y Palestina.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Reenfoque en la lucha contra las drogas</h3>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="681" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/45-1-1024x681.jpg" alt="" class="wp-image-131885" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Petro introdujo una diferencia importante en la discusión sobre la lucha contra las drogas</strong>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la tribuna de Naciones Unidas afirmó sin rodeos: “La guerra contra las drogas ha fracasado”. No era una declaración de un académico, de un expresidente retirado o de una ONG. Era el presidente en ejercicio del principal país productor de cocaína hablando ante la Asamblea General.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, planteó una crítica conceptualmente distinta: preguntó por qué la comunidad internacional perseguía violentamente al campesino que cultivaba coca mientras protegía actividades económicas (como petróleo y carbón) capaces de producir un daño planetario incomparablemente mayor. Así mismo dejó claramente establecido que los líderes del tráfico mundial viven en los grandes centros de poder y no en los países productores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2023, incluso la reunión entre Petro y el secretario general de Naciones Unidas incluyó explícitamente la necesidad de explorar “nuevos enfoques” frente a las drogas ilícitas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí está uno de los aspectos más interesantes de su gobierno: Petro cuestionó frontalmente la guerra contra las drogas, pero su administración alcanzó simultáneamente verdaderos récords de incautación y extradición. Eso le permitía argumentar que rechazar la guerra contra las drogas no equivalía a dejar de perseguir al narcotráfico, sino a cambiar el objeto de la persecución: menos campesino y más cargamento, organización criminal, lavado, capital y gran traficante. Ese enfoque será decisivo con el paso de los años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como conclusión del tema diplomático, podríamos decir que <strong>Petro consiguió que Colombia dejara de hablar ante el mundo casi exclusivamente de sus problemas internos y comenzara a formular respuestas colombianas a problemas universales.</strong> Esa es una ruptura considerable con la tradición diplomática del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay muchos otros aspectos como el cambio del enfoque de seguridad en las Fuerzas Armadas, su modernización y apertura de oportunidades. O el cumplimiento constitucional de facilitar las investigaciones de la Fiscalía y la Procuraduría en los casos de corrupción que tocaban con el gobierno. O los incipientes, pero profundos avances en la reindustrialización de Colombia. Pero creo que está suficientemente evidenciada la forma como el gobierno del Pacto Histórico marcó un hito definitivo en la historia de Colombia. Y por qué, yo como muchos, hablamos de “Petro el Grande”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para los que solo creen en logros materiales e inmediatos, vale la pena dejarles esta infografía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="569" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/Infografia2-569x1024.png" alt="" class="wp-image-131886" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="879" height="604" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/17.jpg" alt="" class="wp-image-131889" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/17.jpg 879w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/17.jpg?resize=300,206 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/17.jpg?resize=768,528 768w" sizes="auto, (max-width: 879px) 100vw, 879px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/11-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-131888" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/68-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-131890" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="683" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/38-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-131891" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="771" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/74-771x1024.jpg" alt="" class="wp-image-131892" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="682" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/29-682x1024.jpg" alt="" class="wp-image-131893" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="504" height="600" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/08/112.jpg" alt="" class="wp-image-131887" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/112.jpg 504w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/112.jpg?resize=252,300 252w" sizes="auto, (max-width: 504px) 100vw, 504px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Bat&amp;#38;Man</author>
                    <category>Con-versaciones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131851</guid>
        <pubDate>Fri, 07 Aug 2026 20:31:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/109.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Petro el Grande]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Bat&amp;#38;Man</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131851</post-id>    </item>
        <item>
        <title>“Pensar con y desde las tripas”: vulnerabilidad y el riesgo desdemocratizante</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/pensar-con-y-desde-las-tripas-vulnerabilidad-y-el-riesgo-desdemocratizante/</link>
        <description><![CDATA[<p>Presentamos esta necesaria y urgente reflexión del profesor y filósofo Diego Fernando Camelo sobre &#8220;el destripamiento del Otro&#8221; y los riesgos para la democracia en Colombia. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por: Diego Fernando Camelo Perdomo</strong>. Magister y especialista en Filosofía Contemporánea. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante el inadmisible hecho de sucumbir en la comodidad de la quietud y el riesgo de complicidad que esto supondría, quisiera en esta oportunidad detenerme a analizar un singular suceso que tomó por asalto mi atención. Se trata de la alocución hecha por el candidato a la presidencia A. de la Espriella al referirse a la necesidad de excluir al oponente en estos términos: “Destripar a la izquierda”. Claramente, la intención antagónica es la expresión garante de toda radicalidad democrática. Pero, nutrir la pretensión de subordinar y erradicar el disenso, contraría el proyecto democrático. Esta no es una aseveración cualquiera, ni mucho menos a un “folclorismo” lingüístico, como quizá ha pretendido mostrarlo. Ella va más allá de la mera polarización extrema y de un recurso gramatical, cuya carga semántica alimenta la exacerbada herencia ╼si acaso no colonial╼ de exterminar la oposición política, legitimando así las prácticas de agresividad contra quienes pretenden construir conocimiento de una manera diferente. Nos encontramos de cara ante una ofensiva de desdemocratización del Estado colombiano. Esta sería la idea que quiero abordar aquí y, para hacerlo, presentaré una explicación sobre lo que significa “destripar” y cómo se relaciona con esta amenaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empecemos trayendo a colación la expresión objeto de nuestro análisis:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto no va a quedar así, estas brisas vuelven y sepan ustedes señores de la izquierda que en mi tendrán siempre un enemigo acérrimo que hará todo lo que esté a su alcance para <em>destriparlos</em> como corresponde porque ustedes <em>no merecen un trato diferente</em>. Conmigo no va a haber sentadas, no va a haber salidos, conmigo no va a haber absolutamente nada distinto a enfrentarles determinada y decididamente para <em>acabar a ese cáncer</em> que significa la izquierda radical, a esa <em>plaga</em> hay que <em>erradicarla</em>. Así de sencillo. Y en mi encontrarán peor enemigo posible (De la Espriella, 2025. El subrayado es mío, D.C.).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Meses después de haber lanzado esta afirmación, el autor explicó en una entrevista que el sentido que le adjudicó al término “destripar” correspondería al de la cuarta acepción, es decir, al coloquial.<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Sin vacilo alguno, hay que decir que en un sistema de gobierno que se ostenta de ser democrático, el exterminio del antagónico es completamente contradictorio, pues no sería otra cosa que una transfiguración hacia un “fascismo criollo” (Buela, 2013; Pachón, 2026). “Destripar a la izquierda”, en el sentido como lo expuso el autor, significa disponer de todos los recursos políticos del Estado para dar “muerte” a la izquierda en el plano del disenso, es decir, en la tensión que se da entre las distintas formas de sentir y comprender la realidad, tal como lo expone Rancière (2019).</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noción de “destripar” es una metáfora extraída de la experiencia de la enfermedad. La mirada fascista enfoca a la izquierda como un fenómeno “patológico”, cuyo riesgo infeccioso altera el “normal” funcionamiento del Estado-empresa en su ofensiva por mantener sus intereses “patrióticos”, como lo explicaré más tarde. La “cura” ante esta amenaza es “destripar” o, mejor aún, “extirpar” el patógeno de la izquierda, porque sólo así podrá imponer la entronización del fascista como soberano político, sin rastro alguno del “otro” diferente. La aniquilación de la diferencia epistémica, de aquel que construye sentido común desde un pensamiento del <em>afuera </em>(Foucault), garantiza la instauración de un orden excluyente en el proyecto de nación que se ha construido en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El “sacar las tripas” no se reduce al efecto de desvivir, sino también de quitar y expulsar aquello desde lo cual, en Colombia y América Latina, se piensa. Se piensa <em>con</em> y <em>desde</em> las “tripas”, porque solo con ellas es posible lograr un registro sensitivo de la vida. Aquí las “tripas” adquieren una nueva connotación, pues dejan de hacer referencia al conjunto de órganos somáticos, para pasar a ser asumidas como un lugar de enunciación. Desde aquí, desde las “tripas”, se construyen formas de comprensión del mundo. “Tripas”, entonces, designa una situación que trasciende el sentido fenotípico del término, aludiendo al fuero interno del <em>otro</em> a partir del cual se ensambla un sentido de la vida a raíz de las necesidades y los vacíos; en otras palabras, es pensar desde las condiciones de vulnerabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito de un proyecto fascista de “destripar a la izquierda”, esta última en tanto <em>otro</em>, implica ejercer un control sobre la vida de la alteridad, reduciéndola a mera “objetualidad”, es decir, a un simple utensilio que se usa para justificar su práctica de limpieza. El significado de “destripar” no se reduce a la exclusión del panorama político, sino también del plano democrático y eso es propio de una conducta fascista. Ella entiende que para alinear sus intereses debe atacar la vulnerabilidad corpórea de los pobladores, precarizando las condiciones materiales de la vida. Pero, además, sabe que dicha irrupción no puede darse de forma inmediata, si no es a través de la producción y circulación de discursos de verdad. El control sobre las <em>necesidades </em>corporales debe ser atravesada por el control de nuestra fragilidad en la manera en que construimos conocimiento y nos relacionamos con la verdad. El control sobre las “tripas” empieza por el control del conocimiento y las emociones. Y, para ello, no es necesario “extirpar el cerebro”, ya que basta con imponer “verdades” instauradas sobre lógicas excluyentes que simbolicen claramente una herida social en la que identifican la propia herida singular con un odio al otro (Biglieri &amp; Cadahia, 2021).<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">La expresión “destripar a la izquierda” pretende situar en el centro del sentido común de la población colombiana el discurso “patriotista”,<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> o sea, aquel que instaura irónicamente el valor simbólico-afectivo de la patria como un principio de validación discursiva, influyendo en lo que se acepta como verdadero. Todo aquello que no esté subordinado a su lógica o alineado a su racionalidad sería considerado como un riesgo que habría que ser “expulsado” o, en este caso “destripado”. La lógica del discurso <em>patriotista </em>se fundamenta en la idea del Estado en tanto empresa, “el individuo como miembro de una empresa y él mismo como una empresa” (Quintana, 2020, p. 179).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, pues, la patria no sería más que la encarnación de la mirada empresarial del Estado y, como tal, ella merece ser administrada por un gerente, un <em>management</em>, capaz de llevarla a puerto seguro antes de que pueda claudicar en un naufragio. Estos naufragios han recibido muchos nombres: “Castro-chavismo”, “nos vamos a volver como Venezuela”, “heredero de las Farc”, en fin. El Estado-<em>Enterprise</em>, impulsará la organización de los sujetos en torno a la rentabilidad capital, por lo que será indispensable reemplazar la participación de la población en su consolidación por la competencia desigual entre ellos. Es decir que, valores democráticos tales como la igualdad, la libertad y la justicia social serían sustituidos por el criterio <em>economicista</em> y la pulsión de la inversión. Por <em>criterio economicista </em>me refiero a la forma de evaluar la realidad reduciendo su valor a patrones económicos, dejando de lado dimensiones humanas y sociales. El proyecto democrático quedará, por consiguiente, amenazado por las consecuencias históricas producidas por el capitalismo, en cuanto estructura económica, y por el neoliberalismo, en tanto forma de gobierno. La legitimidad de su poder estaría siendo sostenida por aquellas “verdades” fabricadas y puestas en circulación. ¿Cómo cuáles? Bueno, quizás estas le resulten familiares: “Reduciremos el Estado a un 40%” (Valora Analitik, 2026), “es necesario blindar jurídicamente a nuestros policías y soldados” (La Silla Vacía, 2026). O la que ha retumbado con mayor ahínco: “Haremos fracking a lo que dé” (EL PAÍS, 2026).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por consiguiente, será necesario pensar el neoliberalismo en clave de racionalidad; esto es, entenderlo como una forma de organizar la vida a través de la lógica del mercado, pero sin quedarnos en el mero plano económico. Pensado así, se abre la posibilidad de tensionarlo en el plano del conocimiento y la comprensión de la vida, pues seguramente, desde su lógica interna, se entenderá que hay habilidades y destrezas humanas que escapan a los alcances “alineables” y “reduccionistas” de la perspectiva empresarial, en el que el valor de las experiencias y las vivencias tendrá sólo <em>un </em>criterio: el de la empresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, quien se ha encargado de tensionar e incomodar históricamente al neoliberalismo han sido aquellos movimientos sociales contemporáneos que sobreponen el valor de la vida y su realización sobre toda métrica mercantil y su lógica excluyente. Mientras que el neoliberalismo propende por la instrumentalización material de la vida, los movimientos sociales se apropiaron de la vida como principio normativo de existencia, no sólo la humana. Eso significa pensar no solo <em>con </em>las “tripas”, sino <em>desde</em> las “tripas”, o sea, desde nuestra condición vulnerable, desde nuestras posibilidades de ser y estar afectados y de afectar. De hecho, podríamos decir, junto con Seguró (2021), que la democracia es vulnerable en cuanto que no es mesiánica y está abierta a ser mejorable. Entonces, si pensar <em>con </em>y <em>desde </em>las “tripas” es pensar desde la vulnerabilidad, y la democracia es vulnerable; por lo tanto, cualquier intento de destripamiento sería proporcional a un gesto desdemocratizante del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Frente a lo descrito aquí, me gustaría finalizar diciendo que no podemos perder de vista que vivir en un sistema democrático no implica erradicar ─léase “destripar”─ el disenso antagónico, sino concebir la forma en que se pueda vincular e incluir. Por eso, expresiones como las que acabamos de analizar, demuestran que nos encontramos ante la amenaza latente de una desdemocratización del Estado colombiano, y ello demanda el uso de herramientas que la misma democracia nos provee: la participación política, pero una que afecte las formas en que se produce el conocimiento. La interrupción de la producción de “verdad” en el fascismo consiste en anidar condiciones “estables” de afectos, hacer que la gente se “sienta bien” con lo que le dicen. Es necesario, entonces, des-simplificar el modo binario como el fascismo presenta la información en los medios digitales, como si todo se redujese a esquemas de malos/buenos, indiamenta/gente de bien, en fin. Un error común que se puede percibir cuando se hace frente al fascismo es “jugar” con sus mismas reglas. No basta con tener una “opinión diferente y respetable”, porque lo que a él le conviene es crear sujetos de opiniones afectivas y emocionalmente inestables. No por nada el slogan habla de “firmeza”. Producir incomodidad para resistir, sería una posible propuesta. Aunque el mismo fascismo genere ya incomodidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Biglieri, P. &amp; Cadahia, L. (2021). <em>Siete ensayos sobre el populismo. Hacia una perspectiva teórica renovada</em>. Herder Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buela, A. (14 de agosto, 2013). <em>El fascismo criollo. América Latina en Movimiento</em>. <a href="https://www.alainet.org/es/active/66488?language=es">https://www.alainet.org/es/active/66488?language=es</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">De la Espriella, A. (27 de julio de 2025). Entrevista con La FM [Entrevista en radio]. RCN Radio. <a href="https://www.lafm.com.co/politica/petro-solicita-que-se-investigue-a-de-la-espriella-y-a-polo-polo-por-senalamientos-contra">https://www.lafm.com.co/politica/petro-solicita-que-se-investigue-a-de-la-espriella-y-a-polo-polo-por-senalamientos-contra</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">El Colombiano. (19 de agosto de 2025). Entrevista con Abelardo de la Espriella [Entrevista]. Bogotá, Colombia: El Colombiano. <a href="https://www.elcolombiano.com">https://www.elcolombiano.com</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">EL PAÍS. (12 de junio de 2026). <em>Abelardo de la Espriella matiza sus propuestas &#8216;milagro&#8217;</em>. <a href="https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-13/abelardo-de-la-espriella-matiza-sus-propuestas-milagro">https://elpais.com/america-colombia/elecciones-presidenciales/2026-06-13/abelardo-de-la-espriella-matiza-sus-propuestas-milagro</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Silla Vacía. (9 de junio de 2026). <em>Abelardo y Restrepo dan pistas de su promesa de reducción del Estado</em>. <a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/abelardo-y-restrepo-dan-pistas-de-su-promesa-de-reduccion-del-estado">https://www.lasillavacia.com/en-vivo/abelardo-y-restrepo-dan-pistas-de-su-promesa-de-reduccion-del-estado</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pachón, D. (1 de junio de 2026). <em>¿Qué es eso del &#8220;fascismo criollo mafioso&#8221;?</em> Blogs El Espectador. <a href="https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/que-es-eso-del-fascismo-criollo-mafioso/">https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/que-es-eso-del-fascismo-criollo-mafioso/</a>&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quintana, L. (2020). <em>Política de los cuerpos: Emancipaciones desde y más allá de Jacques Rancière</em>. Herder Editorial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rancière, J. (2019). <em>Disenso. Ensayos sobre estética y política</em>. Fondo de Cultura Económica. México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguró, M. (2021). <em>Vulnerabilidad</em>. Herder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Valora Analitik. (29 de mayo de 2026). <em>Así es el plan económico y fiscal de Abelardo de la Espriella</em>. <a href="https://www.valoraanalitik.com/asi-es-el-plan-economico-y-fiscal-de-abelardo-de-la-espriella-revivira-la-industria-petrolera-y-r">https://www.valoraanalitik.com/asi-es-el-plan-economico-y-fiscal-de-abelardo-de-la-espriella-revivira-la-industria-petrolera-y-r</a></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Al respecto, véase: El Colombiano (2025<em>)</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Creo que un hecho que ejemplifica esta idea y nos permite comprenderla aún mejor es lo que ocurre en el departamento del Caquetá, sobre todo en el sector rural y la industria ganadera. La sensación de cansancio e impotencia generada por los continuos condicionamientos y “controles” por parte de grupos insurgentes en la producción ganadera, ha herido la percepción sobre la seguridad y la presencia del Estado en esos territorios. El hecho que en la primera vuelta presidencial se haya registrado una votación considerable a favor del candidato A. De la Espriella debe leerse como una señal de agotamiento ante el sometimiento de estas prácticas. Como vemos, se trata de “una” herida singular lo suficientemente profunda, dolorosa e imperecedera que llevó a los sufragantes de este departamento tomar ese hecho particular como la razón máxima de motivación a su elección.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Entiendo por <em>discurso patriotista </em>como el conjunto simbólico que define quién hace parte de la identidad filial que se cobija bajo la noción de “patria”, teniendo en cuenta su raíz latina <em>pater-patris</em> que significa padre.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131613</guid>
        <pubDate>Tue, 28 Jul 2026 15:37:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Foto.jpeg?quality=60&amp;#038;w=696" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[“Pensar con y desde las tripas”: vulnerabilidad y el riesgo desdemocratizante]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131613</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Padilla, el líder oculto de la independencia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/padilla-el-lider-oculto-de-la-independencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay líderes de la independencia que viven a la sombra de Bolívar, pero que aportaron e hicieron mucho más que él.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En Colombia nos enseñaron a admirar a los grandes próceres de la Independencia, pero pocas veces nos explicaron que aquellos líderes también estuvieron movidos por rivalidades, ambiciones e intereses personales que trascendían la construcción incipiente de la República. Uno de los ejemplos más dolorosos de esa historia, y la razón de ser de esta columna, es el del general José Prudencio Padilla López.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Padilla fue un hombre de mar. Nació en Riohacha, La Guajira, en 1778. Era hijo de un carpintero dedicado a la construcción de pequeñas embarcaciones y de una mujer de ascendencia wayuu. Su vida estuvo marcada por la discriminación y la exclusión derivadas de su origen racial y social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A los 19 años se enlistó en la Real Armada Española y llegó a combatir en la batalla de Trafalgar, uno de los enfrentamientos navales más importantes de la historia moderna. Aquella experiencia le permitió adquirir los conocimientos marítimos y militares que, años más tarde, pondría al servicio de la causa independentista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1811 fue nombrado contramaestre en Cartagena de Indias, donde rápidamente se destacó por su liderazgo. Durante 1812 participó en los movimientos políticos y militares que buscaban consolidar un Estado autónomo frente a la crisis de la monarquía española provocada por la ocupación napoleónica. En los años siguientes obtuvo importantes victorias en Tolú, Santa Marta y Riohacha. Sin embargo, también fue enviado a prisión tras ser acusado injustamente de traición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras permanecía encarcelado, en 1815 comenzó la reconquista española. Padilla fue liberado para apoyar la defensa de Cartagena, que resistió durante 106 días de asedio. Aunque la ciudad finalmente se rindió, logró escapar hacia las islas del Caribe, donde tuvo contacto con gobiernos y movimientos independentistas liderados por negros y mulatos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="538" height="371" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/image.png" alt="" class="wp-image-131490" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/image.png 538w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/image.png?resize=300,207 300w" sizes="auto, (max-width: 538px) 100vw, 538px" /><figcaption class="wp-element-caption">Asedio español de Cartagena de Indias (1815)</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante los años siguientes estrechó su relación con Simón Bolívar y participó en diferentes acciones militares al servicio de la Independencia. En el marco de la Campaña Libertadora, intervino en la campaña de Casanare y tuvo bajo su responsabilidad el transporte de tropas, armamento y material de guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posteriormente participó, como segundo al mando, en las operaciones para liberar ciudades costeras como Riohacha y Cartagena. Por sus acciones, el Gobierno de la Gran Colombia lo ascendió al grado de general de brigada y lo nombró comandante general del Tercer Departamento de Marina y de la Escuadra de Operaciones del Río Zulia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su popularidad aumentaba, pero también crecía el número de sus adversarios. En 1822 ganó las elecciones y fue elegido senador de la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida de Padilla, sin embargo, parecía estar más destinada a la carrera militar que a la política. Después de su elección se intensificaron sus dificultades. La división entre Bolívar y Santander, así como la confrontación entre centralistas y federalistas, lo convirtió en blanco de ataques provenientes de ambos sectores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Padilla se sentía más cercano al federalismo, tanto por convicción como por la decepción que le produjo el progresivo distanciamiento de Bolívar frente a los negros, mulatos y pardos que habían combatido por la Independencia, pero que posteriormente fueron excluidos de los principales espacios de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1823, Francisco de Paula Santander lo designó para dirigir la defensa del lago de Maracaibo ante la amenaza de las tropas españolas. El 24 de julio de ese año, Padilla obtuvo una victoria definitiva en la batalla naval del lago de Maracaibo. Su escuadra derrotó a las fuerzas realistas y aseguró el control del lago, contribuyendo de manera decisiva a la consolidación de la Independencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="1812" height="1048" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg" alt="" class="wp-image-131492" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg 1812w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg?resize=300,174 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg?resize=768,444 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg?resize=1024,592 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Batalla_del_Lago_de_Maracaibo_1823.jpg?resize=1536,888 1536w" sizes="auto, (max-width: 1812px) 100vw, 1812px" /><figcaption class="wp-element-caption">Cuadro representativo de la Batalla del Lago de Maracaibo</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como reconocimiento, fue ascendido a general de división, recibió una medalla de oro y una pensión anual de 3.000 pesos. No obstante, la compensación y los honores fueron inferiores a los recibidos por otros jefes militares de la Campaña Libertadora, muchos de los cuales fueron nombrados en altos cargos públicos. Esta diferencia difícilmente puede separarse de los prejuicios raciales que enfrentó Padilla por su origen pardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de los reveses políticos y de los desplantes sufridos durante su carrera militar, fue reelegido senador en 1825. Desde entonces, sus adversarios intensificaron los ataques en su contra, acusándolo de pretender promover una guerra de razas y de querer dividir la naciente República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1828, las diferencias entre Padilla y el general Mariano Montilla llegaron a su punto máximo. Montilla había ordenado su encarcelamiento en 1815 y ambos habían competido durante años por el poder político y militar en Cartagena. En medio de esa confrontación, Padilla y algunos de sus seguidores desconocieron temporalmente la autoridad de Montilla, circunstancia que fue utilizada para presentarlo ante Bolívar como un instigador y una amenaza para el orden público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese mismo año ocurrió la Conspiración Septembrina, el intento de asesinato contra Simón Bolívar. Aunque no existían pruebas concluyentes que vincularan a Padilla con el atentado, fue acusado de participar en la conspiración y condenado a muerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sentencia fue ejecutada el 2 de octubre de 1828 en Santa Fe de Bogotá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Padilla murió frente a un pelotón de fusilamiento sin que se hubiera demostrado plenamente su responsabilidad. Su mayor desgracia fue haber servido a Bolívar, un líder tirano que no correspondía al sacrificio que tenían a su mando.<br>A pesar de sus servicios a la patria, su familia no recibió oportunamente todos los honores que correspondían a su trayectoria. Tampoco ostentó formalmente en vida el título de almirante, reconocimiento que le fue concedido de manera póstuma. Sin embargo, su vida, sus victorias y su legado constituyen uno de los pilares históricos sobre los cuales se construyó la Armada de la República de Colombia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="953" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/WhatsApp-Image-2026-07-24-at-9.44.40-AM-1024x953.jpeg" alt="" class="wp-image-131491" /><figcaption class="wp-element-caption">Evento de conmemoración de los 200 años de la Batalla del Lago de Maracaibo en el monumento al Almirante Padilla en Park Way, Bogotá.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de José Prudencio Padilla debería ocupar un lugar mucho más importante en los colegios, las universidades y las academias de historia del país. Su trayectoria demuestra que un hombre de origen humilde, enfrentado a la exclusión y al prejuicio racial, pudo convertirse en uno de los principales líderes militares de la Independencia. Pero, también nos obliga a revisar críticamente la historia que nos enseñaron. Padilla permite observar una faceta autoritaria de Simón Bolívar que con frecuencia ha sido omitida en los relatos oficiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia necesitamos dejar de presentar a los héroes de la independencia, especialmente a Bolívar, como figuras perfectas. Exaltar a Padilla significa comprender que la Independencia no fue obra de un solo hombre y que muchos de quienes entregaron su vida por la República terminaron siendo perseguidos, olvidados o condenados por aquellos mismos líderes a quienes ayudaron a llevar al poder.</p>
]]></content:encoded>
        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131489</guid>
        <pubDate>Fri, 24 Jul 2026 15:29:49 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/images-3.jpg?quality=60&amp;#038;w=596" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Padilla, el líder oculto de la independencia.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">131489</post-id>    </item>
    </channel>
</rss>