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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sat, 27 Jun 2026 22:45:11 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de dulzura | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Ya rompimos el silencio…¿y ahora?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/rompamos-el-silencio-un-llamado-desde-las-aulas-contra-el-bullying/rompamos-el-silencio-y-ahora/</link>
        <description><![CDATA[<p>Robert Max Steenkist. Gerente Colegio Bilingüe José Max León. Tras unas semanas después de la segunda versión del Foro “Rompamos el silencio” en la Universidad EAN me atrevo a resaltar ciertos aspectos. De entrada: gracias por la paciencia a quien esperaron estas palabras y también a quienes se están tomando el tiempo de leerlas. En [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Robert Max Steenkist.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gerente Colegio Bilingüe José Max León.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras unas semanas después de la segunda versión del Foro “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=kTrgFKnLXyE">Rompamos el silencio</a>” en la Universidad EAN me atrevo a resaltar ciertos aspectos. De entrada: gracias por la paciencia a quien esperaron estas palabras y también a quienes se están tomando el tiempo de leerlas. En la era del inmediatismo y el afán, del exceso de confianza que le tenemos a los resúmenes y las conclusiones que realizan las nuevas tecnologías, siento un privilegiado al tener unos minutos de su atención. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Este texto es un acta sobre lo que se discutió ese día; es, ante todo, un gesto de agradecimiento a todos los que participaron, bien fuera como parte de la organización, como asistentes (presenciales y virtuales), como panelistas o como moderadores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es tampoco un resumen, sino más bien una hoja de ruta (quizás demasiado personal) para lo que considero es el paso a seguir de una alianza de carácter interinstitucional que se viene gestando desde hace algunos años y que resulta más relevante que nunca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, si bien el principal propósito de cualquier colegio es el bienestar de los estudiantes y de sus familias, el <a href="https://josemaxleon.edu.co">Colegio Bilingüe José Max León</a> se enorgullece de “correr la milla extra” al animar a toda la sociedad a reconocer el acoso escolar como expresión y origen de buena parte de la violencia que ocurre en Colombia. Muchos antes de que fuéramos el primer colegio en latinoamérica en ser reconocido como una institución antibullying de acuerdo al modelo italiano NPR/PdR 42:2018 hemos promovido que las voces de las nuevas generaciones de colombianos tengan protocolos, garantías y claridad sobre cuáles son sus derechos y responsabilidades frente a un fenómeno que nos obliga a reevaluar las formas de nuestra educación. Requerimos del esfuerzo y la colaboración de todos los que componen el ecosistema para garantizar que este primer encuentro siga generando frutos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El Foro &#8220;Rompamos el silencio&#8221;como un punto de partida </h2>



<p class="wp-block-paragraph">Este fue el llamado abierto a aquellos integrantes de la sociedad que se sienten incómodos con la normalización de la violencia. Este evento superó las expectativas de muchos y logró ofrecer un ápice de esperanza dentro de los esfuerzos por mejorar la realidad nacional y, sobre todo, de encontrar en otras personas e instituciones un reflejo de sus frustraciones y de sus fortalezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer resultado de la integración que causó la iniciativa del Colegio Bilingüe José Max León es “El Efecto E”, un proyecto del diario El Espectador que, definida por su director Fidel Cano, una campaña que busca articular actores educativos, empresariales, institucionales y sociales para visibilizar este fenómeno desde una mirada más amplia. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Con esto, el diario más importante de Colombia, pretende hacer un contrapeso de optimismo a la era que la autora argentina Mariana Enriquez define como la de las tres As: ansiedad, angustia y apatía. Siempre desde su agudísima puntería y la profundidad de sus reflexiones, Cano definió el “Efecto E” como la manera de El Espectador sirve de megáfono para que, fruto de los diálogos del foro y de futuros eventos y reflexiones, a las tres As identificadas por enríquez, se le puedan anteponer salvavidas como: Empatía (esa capacidad de comprender y sentir lo que viven otras personas), Esperanza (o la confianza en la posibilidad de construir algo mejor), Encuentro (disposición a construir vínculos humanos significativos) y, por supuesto, el Estudio (dedicación con amor al aprendizaje y al conocimiento), Elegancia moral (nobleza de conducta y respeto hacia los demás), entre otros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me alegró muchísimo que la referencia que hice a la obra de la filósofa Anne Dufourmantelle resonara en buena parte de las intervenciones. Por el vínculo estrecho que he construido con ciertas comunidades del Vaupés, me sentí muy identificado cuando la Rectora de la Universidad EAN retomó la idea de un currículo basado en “La Dulzura” para honrar las dinámicas sociales de nuestros pueblos ancestrales, sobre todo en el momento sagrado del encuentro en los centros de pensamiento, en el que se instala el acuerdo de usar “la palabra dulce”, generalmente mediado por el uso del mambe que garantiza la escucha atenta y las intervenciones prudentes y siempre pacíficas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Y pude ver que otros panelistas&nbsp;también señalaban la necesidad de liberar a “la dulzura” de tantas capas de cursilería y simpleza con la que por tantas vías la han tratado de opacar. </p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La necesidad de respetar y reconocer la vulnerabilidad de quienes son afectados por estas violencias relacionales se origina también en reconocer que quienes son victimarios o acosadores también pueden tener una noción desfigurada del poder de la dulzura. Dufourmantelle argumentaba que la vulnerabilidad es parte de la condición humana y que, en lugar de ignorarla, deberíamos utilizarla como una base para desarrollar empatía y solidaridad. La dulzura no es abrazar al otro sin condiciones, sino reconocer que ese otro está tan habitado por fortalezas como por debilidades. Y que, así como las fortalezas nos dan oportunidades para combinar fuerzas, las vulnerabilidades nos pueden unir en una equivalencia también apta para desarrollar soluciones e innovaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio cultural que promueve el Colegio Bilingüe José Max León empezó con esta alianza entre medios, educación y sociedad, pero cualquier camino en esta dirección debe partir de la disposición de entender al ser humano con nuevas prolongaciones de su sentido. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Tomó mucho tiempo entender que las personas son seres integrales, habitados por muchos tipo de inteligencia y que su desarrollo depende lo bien articulados que crezcan emociones, lógicas, sentimientos, habilidades, hábitos, entre otros…ahora, la tecnología&nbsp; y la evolucionada complejidad de las relaciones nos obligan a pensar en las personas como seres que habitan de manera cada vez más inevitable ese universo expansivo que es la virtualidad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como dice el Rector Javier Albornoz, el bullying es un fenómeno que cambia su forma y, si no ofrecemos guías, prevención y acompañamiento, puede encontrarse cómodo en cualquier lugar donde haya relaciones humanas. Cualquier esfuerzo contra el bullying y el acoso debe considerar el multiverso que habitan los seres humanos, al menos los que están bajo nuestra responsabilidad durante sus años de formación y, dentro de este marco, ni la familia, ni la escuela ni ningún ámbito laboral puede desconocer que el ciberbullying es ese entorno inhóspito y sin ley por el cual se mueve buena parte de las dinámicas sociales y donde la violencia ha asentado una de sus centrales de operación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese nuevo humano que debemos formar a partir del reconocimiento y la aceptación de todas sus ramificaciones debe tener en cuenta las dimensiones que abarca en educación, convivencia en todos sus ámbitos (pero que se nutre desde el hogar, sea cual sea su forma), la restauración como parte de una dinámica constante, el papel de los medios de comunicación como centro de formación pública, la salud mental como eje de la productividad y el bienestar de un país, entre otros.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Romper el silencio exige prevención desde cualquier ámbito</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para esto las empresas, como las que conforman el Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible (CECODES), reconocen que las empresas también tienen una responsabilidad en romper cadenas de violencia. Aquellos liderazgos tóxicos muchas veces nacen de dinámicas no corregidas durante infancia y adolescencia y se pueden tratar en el marco de la seguridad y salud en el trabajo para garantizar el desarrollo de las empresas de la mano de un bienestar emocional y mental de sus trabajadores y de sus nichos familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una sociedad verdaderamente humana debe poder mirar el dolor sin convertir automáticamente al otro en monstruo. Esta base de la justicia restaurativa tiene sus bases en los protocolos que fija el Colegio Bilingüe José Max León para que el victimario no sea estigmatizado y tenga oportunidad y derecho a una segunda oportunidad. Así mismo, por el bien del conjunto social y la dignidad de los individuos, el dolor no puede convertirse en capital para anular a otros bajo el rótulo simplista y silenciador de “víctima”. No basta con reconocer, honrar y tratar de reparar su dolor del pasado, sino de valorar y aprender de sus cicatrices y de su poder de sanarse a sí mismos y a otros. Así, tanto los causantes del acoso como sus dolientes tienen un papel activo en la misión de darle a un grupo social una segunda oportunidad sobre la tierra.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los próximos días se pactarán nuevos pasos hacia la dirección que ya anticipamos: la puesta en marcha de un “Observatorio contra el <a href="https://blogs.elespectador.com/author/luz-marina-garcia/">acoso escolar</a> y universitario”. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile"><figure class="wp-block-media-text__media"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="700" height="470" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg" alt="Rompamos-el-silencio" class="wp-image-118751 size-full" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/01113931/Rompamos-el-silencio-300x201.jpg 300w" sizes="(max-width: 700px) 100vw, 700px" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">Aquí esperamos reunir buena parte del trabajo de los ponentes del foro, así como iniciativas académicas previas, para que podamos sumar conocimientos y reflexiones. El próximo foro deberá mostrar algunos resultados y nuevas voces que también quieran sumarse al llamado.</p>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:clamp(15.747px, 0.984rem + ((1vw - 3.2px) * 0.938), 24px);px"><strong>Ya rompimos el silencio…</strong><br><strong>ahora vamos a construir con las nuevas voces.</strong></p>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Rompamos el silencio</author>
                    <category>Rompamos el Silencio: un llamado desde las aulas contra el bullying</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129694</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Jun 2026 16:15:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/04075204/IMG_7462.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ya rompimos el silencio…¿y ahora?]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>La Virgen María no quiere ser mamá (Cuento)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/la-virgen-maria-no-quiere-ser-mama-cuento/</link>
        <description><![CDATA[<p>La decisión abrupta de María está a punto de cambiar para siempre la historia de la humanidad. El arcángel no sabe cómo reaccionará Dios. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Imagen creada con ayuda de inteligencia artificial. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la víspera del Día de la Madre. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando San Gabriel la visitó, a María no le cayó en gracia. Es más, le pareció un imprudente por aparecerse a deshoras, con ella desarreglada, sin maquillar y con la casa desordenada. Fue un atentado a su vanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Serás la madre del Salvador del mundo —le soltó el arcángel—, y María por poco se desmaya. La noticia la cogió en ayunas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Virgen quería prepararse para la vida; la maternidad no figuraba entre sus planes. Quería recorrer el mundo, ser libre; no se veía desvelada arrullando, preparando teteros o cambiando pañales.&nbsp;El asunto aquel de la depresión posparto la aterraba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Serás mamá por obra y gracia del Espíritu Santo! —continuó Gabriel que batía sus alas con fuerza en un primer intento por convencerla—. Siéntete afortunada, mujer. ¡El Todopoderoso te ha elegido!</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Mamá soltera?, reflexionó ella para sus adentros, con gran perturbación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arcángel bailaba de la dicha suspendido en el aire. A María, en cambio, le parecía que Dios era un ser inhumano por querer imponer su bendita voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la voluntad divina estaba sellada en las Santas Escrituras y nada ni nadie podía ajustar el guion…&nbsp;ni siquiera&nbsp;Dios, quien ya había escogido esposo por ella. Se llamaba José. Aunque trabajador, ella aspiraba a un hombre de mejor posición económica, y no un simple carpintero. —<em>&#8220;El palo no está para cucharas&#8221;,</em> pensaba María. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Creía que este era el peor día de su vida. Sin embargo, lo peor estaba por suceder al enterarse por boca de Gabriel que la criatura ya venía en camino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Cómo así? —exclamó ella, abriendo como platos sus ojos oscuros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">María quedó en una posición embarazosa: tener o no tener al bebé. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se sirvió un chocolate para digerir con pan la nueva no tan buena. El arcángel, cariacontecido, no quiso ni sentarse. </p>



<p class="wp-block-paragraph">—Desayuné muy temprano con un suculento plato de maná —se disculpó sobándose la barriga. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y prosiguió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>Sooorry,</em>&nbsp;yo solo soy el mensajero —dijo con el rostro desencajado. Dio un portazo y desapareció en el acto. O eso creyó ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Virgen lloró. Sin quién la consolara, atravesó esa noche con el sueño a medias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando despertó, el arcángel Gabriel todavía estaba allí. &nbsp;A través de la ventana, María pudo ver que tenía los nervios de punta. Pues claro: el arcángel debía rendirle cuentas a Dios. Hasta pensó en decir que María no estaba en casa, pero sabía que Dios no se tragaría esa mentira.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confundida, la mujer corrió esa mañana hacia donde su prima Isabel que vivía en Judea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La emoción de Isabel se transformó en angustia cuando María le hizo una confesión: </p>



<p class="wp-block-paragraph">—Ya no sé si soy o no soy virgen —se lamentó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A Isabel, que también estaba encinta, casi se le sale la criatura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Anoche no pegué ojo, Isa —continuó María, temblorosa. &nbsp;Lo que quiero decir es que me embaracé o me embarazaron, ya ni sé que estoy diciendo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Me estás hablando de una violación o algo así?, la interpeló Isabel de un solo alarido. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">María no sabía cómo responder semejante pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No preguntes cosas que no sabría responder. ¿Y si aborto? —remató entre sollozos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Isabel se sintió en la nebulosa. Y cuando María le contó los detalles del encuentro con el arcángel, le pareció pura ficción; incluso, creyó que María alucinaba.&nbsp;Presa del pánico se recostó sobre la pared, pues era una declarada antiabortista. Para Isabel, ninguna razón justificaba la interrupción del embarazo. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Prima, nadie puede contradecir las decisiones divinas —le dijo ofuscada a María, mientras acariciaba con dulzura su propio vientre. ¡Te expones a su ira santa!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y enseguida abrió un libro y leyó:<em> “Mía es la venganza”, dijo el&nbsp;Señor&#8221;</em>&nbsp;en el Antiguo Testamento, ya que el Nuevo Testamento estaba aún sin escribirse: justo estaba sucediendo ante sus ojos, y a punto de estropearse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">María se defendió:</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;—Un hijo es una carga para toda la vida. No quiero amarrarme. Quiero ser alguien importante —le explicó ya más calmada, inocente de su propio destino en la Historia de la Humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Además, te digo algo: Este hijo jamás fue planeado. No planeado por mí —aclaró rápidamente.  Me parece cruel traer un hijo con este mundo <em>patas arriba</em>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que vino después fue muy confuso y difícil de explicar. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia se fue al traste, se canceló la visita de los Reyes Magos, que llevaban medio camino a lomo de camello, y no hubo un final feliz como Melchor, Gaspar y Baltazar esperaban. Hasta la estrella de Belén perdió su brillo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el cielo estalló la revolución cuando llegó la noticia de que no habría un Salvador que salvase a los humanos de sí mismos.&nbsp;Una mujer empoderada había cambiado el curso de los acontecimientos. No había quien consolara a los querubines, pues San Pedro era simplemente Pedro y no había nacido. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la mañana siguiente, cuando María despertó, se sintió aliviada, pues hasta Herodes se salvó de ser el villano. Sin querer queriendo, la Virgen –que ya no era virgen o en realidad no sabemos- había salvado la vida de decenas de criaturas inocentes…&nbsp;sin sospechar que dos mil años después un Herodes peor, vestido de primer ministro, buscaría venganza en Palestina contra miles de inocentes. Pero esa historia de horror y de la vida real no figura en las Santas Escrituras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Era esa la venganza del Señor? </p>



<p class="has-text-align-right has-medium-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>FIN</strong> (pero no el fin de los tiempos). </em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128774</guid>
        <pubDate>Fri, 08 May 2026 22:30:03 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA LUZ</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/la-conspiracion-del-olvido/la-sociedad-de-amigos-de-la-luz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este texto nace de una convicción profunda: enseñar al que no sabe es una de las obras más altas del espíritu humano y uno de los deberes más fecundos de la vida social. A través de una defensa apasionada de la educación como luz que redime y dignifica, se exalta a quienes entregan su saber para arrancar al pueblo de las tinieblas de la ignorancia. Frente a quienes siembran desesperanza, se alza el ejemplo luminoso de Bogotá y de su Instituto de Artes y Oficios, junto a los maestros que allí forjaron ciudadanos y futuro. Es una invitación a reconocer que mientras exista enseñanza comprometida, no todo está perdido para nuesrra sociedad.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por: Ramón Garcia Piment y Claudia Patricia Romero</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tarde del 27 de junio de 1872, por las calles bogotanas, llamaba la atención un titular del extinto periódico LA ILUSTRACIÓN, dirigido por el ideólogo conservador Manuel María Madiedo: “<em>la luz no se ha hecho para ponerse debajo del celemín”.</em> El titular no hacía precisamente referencia a la parábola bíblica en la que Jesús expresaba, en el Evangelio de San Lucas, que nadie enciende una lámpara para luego ponerla en un lugar escondido o cubrirla con un cajón o celemín (en alusión a los recipientes utilizados para medir capacidad, según las traducciones bíblicas españolas), sino para colocarla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz. La referencia bíblica continúa señalando que los ojos son la lámpara del cuerpo y que, si la visión es clara, todo el ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo permanecerá en la oscuridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo hacía referencia directa a la fundación del Instituto de Artes y Oficios, el cual brindaba enseñanza a estudiantes de bajos recursos en horarios nocturnos, con materias que resultaban benéficas tanto para ellos como para la sociedad bogotana del momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llamaba la atención, la planta de profesores que brindaban gratuitamente sus enseñanzas allí: entre los que se destacaban los radicales que fueron presidentes y rectores de universidades, entre los que se destacan Indalecio Liévano, José María Samper, Antonio Vargas Vega, Rafael Zerda Bayón, Liborio Zerda, Rafael Nieto París y José María González Benito. Dicho instituto abrió el camino para la conformación de diversas vertientes académicas, que impulsaron, meses después, la creación de la Academia de Ciencias Naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la chispa de luz que originó esta explosión de formación científica y académica fue la de la fundación de una “sociedad secreta”, un año antes por el químico Rafael Zerda Bayón, La Sociedad buscaba disipar las oscuras sombras de la ignorancia por medio de la brillante luz de la instrucción, compuesta con amplios conocimiento en ciencias y un elevado altruismo, patriotismo, dulzura de carácter y, sobre todo, el gran cúmulo de generosidad que abriga el corazón de sus integrantes, quienes se iniciaban instruyendo a los demás docentes y a los estudiantes ávidos de conocimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sus encuentros tenían lugar en uno de los edificios más antiguos de la ciudad, en uno de los salones del convento de la Concepción en la carrera novena, en un ambiente conventual y de recogimiento. Bajo el manto de la noche, iluminados por lámparas de aceite, los asistentes se llenaban de conocimientos en la gramática, la aritmética, la geometría aplicada, la higiene pública y privada, la geografía, la química, la física industrial, la mecánica aplicada, la botánica, la cosmografía, la geología, la mineralogía y la economía política, que se fundían en criterios de librepensadores entre la ciencia y la situación del actual estado de formación del país, entre unión de federaciones y poder centralista. Los iniciados tenían como ceremonias, las clases magistrales que ayudaban a comprender el contexto de lo que rodeaba la naciente y convulsiva nación. Ninguno de ellos atisbaba que este destello nocturno era solo el ojo tranquilo del huracán de las guerras civiles que dominaron el siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sociedad de la luz, paradójicamente, no era secreta ni oscura, tenía la antítesis de los ocultismos, de lo guardado, afanosa de causas nobles, que no necesitaba de clandestinidad, y tenía un firme propósito. &nbsp;Se gestaba así un apostolado con mixtura entre cristianismo, ciencia y patriotismo. Los constructores del pensamiento buscaban llenar los vacíos que evidenciaban en sus análisis e interpretaciones como resultado del reconocimiento de una nación llena de necesidades, pero con ímpetu de crecimiento, autonomía, pluralismo y pluriclasismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de ello, sus escritos, testimonios y pensamientos dejaban entrever que nada llenaba sus expectativas. José María González, uno de los hacedores de esta historia, nos deja ver en sus escritos que lo deslumbraba la suprema indiferencia de la naturaleza ante los dolores del hombre. ¡Pobre ser pasivo llevado fatalmente hacia ignorados destinos!</p>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>“Risa y llanto;<br>El cielo en tanto<br>Sigue su curso imparcial,<br>Puesto que al fin es igual<br>Nuestra risa o nuestro llanto”</p><cite>José María González</cite></blockquote></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez, el encuentro de estas altas personalidades en un país que buscaba sobresalir del anarquismo y de esa eterna guerra impetuosa bipartidista, en donde habían tormentas que hacían que se mezclaran en el torbellino de la sociedad personajes de la política, de las letras, militares y de las artes y ciencias, creando amalgamas entre la academia y la vida política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A continuación, nos permitimos transcribir el documento publicado en el periódico <em>La Ilustración</em> del 27 de junio de 1872, hallado dentro de una autobiografía inédita de José María González Benito. Dicho manuscrito se encuentra inserto en un libro de cuentas corrientes de los clientes de la Ferrería de Pacho (1880–1885), identificado en el tomo 480 del subfondo Despacho de la Secretaría de Hacienda, fondo Despacho del Poder Ejecutivo, sección República del Archivo General de la Nación.</p>



<pre class="wp-block-preformatted has-small-font-size"><em>“Enseñar al que no sabe, no solo es un precepto fraternal de la enseñanza, altamente civilizadora del Evangelio, sino el principio social más bello y fecundo que sea dable concebir. </em><br><em><br>Elevad a precepto religioso tan hermoso principio; es una de las glorias más brillantes de la doctrina cristiana. </em><br><em><br>Por eso, los gobiernos que establecen y fomentan tan admirable enseñanza, no solo practican un gran deber a los ojos de la patria, sino que cumplen con una obligación sacratísima de fe y de conciencia, cuya sanción remuneradora, no solo se halla aquí en el mundo, sino más allá de los dinteles del sepulcro.</em><br><em><br>Y los utilísimos ciudadanos que consagran su saber y su tiempo a obra tan santa y tan bella y tan fecunda, son dignos, muy dignos del mayor encomio y recompensa, a los ojos de los hombres y a las miradas de Dios.</em><br><em><br>Esto es practicar el dogma inmortal de que todos los hombres somos hijos de ese Dios y hermanos en Él por el origen y por el destino.</em><br><em><br>Dichosos los que tales bienes derramen sobre la tierra, redimiendo y redimiendo gratuitamente a sus pobres hermanos, de las tinieblas de la ignorancia, muerte del alma, del cuerpo y del porvenir.</em><br><em><br>Oh! ¡De cuantos bienes es deudora la patria a estos apóstoles generosos de la luz, que hace buenos a los hombres para que sean felices en la vida y bienaventurados en la eternidad!</em><br><em><br>¡Cuánto más vale esta hermosa labor que la de aquellos espíritus verdaderamente infernales que han vivido apagando en las almas la suave lumbre de toda consolada esperanza; y que después de su muerte, no han legado a las generaciones sino la horrible pestilencia de sus desoladas lucubraciones!... </em><br><em><br>Semejante a esas pavesas de los escombros de un inmenso incendio, que no arroja sino humareda sofocante entre el infecto hedor de los cadáveres carbonizados…</em><br><em><br>Triste misión, que, en vez de mejorar los hombres, trabaja por hacerlos desgraciados en la vida; ¡y quizá réprobos más allá de los resplandores del sol!</em><br><em><br>Honor y eterno loor a Bogotá, que cuenta en su seno maternal un bello “Instituto de Artes y oficios”.</em><br><em><br>En él se enseña a las pobres masas populares la gramática, la aritmética, la geometría aplicada, la higiene pública y privada, la geografía, la química, la física industrial, la mecánica aplicada, la botánica, la cosmografía, la geología, la mineralogía y la economía política, mientras llegan a esta capital los útiles para el establecimiento de una escuela primaria, en que se prepare al pueblo menos adelantado para las bellas y útiles enseñanzas de que se ha hecho mérito. </em><br><em><br>Y honor y eterno loor también a los filantrópicos profesores, ciudadanos: Felipe Zapata,  Antonio Vargas Vega,  Milán Díaz, Luis Lleras,  Ruperto Ferreira, Indalecio Liévano, Francisco Marulanda, Francisco Bayón,  José María González Benito,  Francisco Montoya,  Nicolás Sáenz, Liborio Zerda, Rafael Zerda Bayón,  Florentino Vezga, Alejo Quintero y Rafael Nieto París.</em><br><em><br>¡He aquí héroes del bien público! ¿Y cómo no levantar nuestro acento para entonar un aplauso en su honra, ofreciendo sus nombres al reconocimiento de la patria?</em><br><em><br>Este encomio es un deber para nosotros y un alto honor para nuestro propio nombre; que lo hay; y muy elevado, en aplaudir el bien que hacemos, en testimonio de nuestra buena voluntad en honra de esa bella obra.</em><br><em><br>He ahí verdaderos amigos del pueblo, verdaderos republicanos y verdaderos demócratas, que enseñan al hombre a ser ciudadano; con ello y  en ello a gozar del gran derecho de la soberanía pública.</em><br><em><br>Esto es hermoso, es agradable, es consolador.</em><br><em><br>No, no está todo perdido, allí en donde, ciudadanos ilustrados, consagran la luz de su alma y el calor de su corazón a dar vida a sus hermanos semimuertos para sí, para sus familias y para su patria. </em><br><br>M.M.M (Manuel María Madiedo)<br></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Este texto autobiográfico permaneció inédito durante más de un siglo, debido al fallecimiento repentino de su autor en Bogotá el 28 de julio de 1903, y fue dado a conocer en el número 19 de la revista <em>Memoria</em> del Archivo General de la Nación.  (2018). El artículo completo puede consultarse en el siguiente enlace:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://forjadoresdeidentidad.weebly.com/uploads/1/1/6/9/116932585/autobiografia_de_jos%C3%A9_mar%C3%ADa_gonzalez_benito_c.pdf">https://forjadoresdeidentidad.weebly.com/uploads/1/1/6/9/116932585/autobiografia_de_jos%C3%A9_mar%C3%ADa_gonzalez_benito_c.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este hallazgo documental nos recuerda que los archivos no solo resguardan papeles, sino también vidas, silencios y memorias aplazadas. Textos como este, rescatados del margen de los libros de cuentas y del olvido institucional del tiempo, nos invitan a leer la historia desde sus pliegues más discretos. Conspirar contra el olvido es, en este sentido, un acto de responsabilidad cultural y de justicia histórica: volver a poner en circulación estas voces es permitir que dialoguen con el presente y sigan interrogando nuestro pasado. En esa tarea silenciosa, paciente y necesaria, los archivos continúan siendo un territorio donde la memoria se defiende, línea a línea, del paso del tiempo.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ramón García Piment</author>
                    <category>La conspiración del olvido</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125183</guid>
        <pubDate>Mon, 26 Jan 2026 02:39:51 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/25213339/sociedad-de-amigos-de-la-luz.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA LUZ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ramón García Piment</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Crónica de un balance de año en Coach-landia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/cronica-de-un-balance-de-ano-en-coach-landia/</link>
        <description><![CDATA[<p>A finales de diciembre y comienzos de enero, la gente está borracha de alegría y con el entusiasmo elevado a su máxima expresión. Comienza la temporada de los balances y las listas de metas y deseos. Aunque en Coach-landia todo eso ya tiene otros nombres, yo no suelo estar a la moda en temas de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>A finales de diciembre y comienzos de enero, la gente está borracha de alegría y con el entusiasmo elevado a su máxima expresión. Comienza la temporada de los balances y las listas de metas y deseos. Aunque en <em>Coach-landia</em> todo eso ya tiene otros nombres, yo no suelo estar a la moda en temas de marketing de crecimiento espiritual. Pero… es inevitable ver publicaciones donde te dicen que “hay que visualizar y manifestar desde ya un 2026 genial”. Y es ahí cuando hacemos (me incluyo en la torta) el famoso balance de lo que fue el 2025, para que de ahí salga la lista de metas de este nuevo año.</p>
<p>Pero creo que debería reescribir este párrafo, ponerlo en &#8220;vibraciones altas&#8221; y lenguaje de coach de TikTok. Comencemos de nuevo:</p>
<p>Ya no es suficiente con desear un 2026 decente. No, no (después las cosas no salen bien): hay que visualizarlo, manifestarlo y, si se puede, subirle la vibración antes de que el año arranque. A final de año ahí estuve yo, incluida, con varita de incienso en una mano (hay unos con olor a chocolate, ¡deliciosos!) y un Excel emocional en la otra (ante todo ordenada), lista para hacer el ritual obligatorio: cerrar ciclos, integrar aprendizajes, agradecer lo vivido y mirar al 2025 con cara de “todo pasó por algo”.</p>
<p>¡Nah! Tal vez en alguna dimensión paralela. Aunque sí hice mi reflexión sobre ese especial 2025 que viví.</p>
<p>El asunto es que de ese proceso —que debe ser &#8220;profundamente espiritual&#8221;— nace entonces la declaración de intenciones, el manifiesto del año, la ruta alineada del yo futuro… en inglés suena mejor, más estilo coach: la gente hace su <em>Vision Board 2026</em> o su <em>Manifestation List 2026</em> (lo que antes llamábamos metas del año) y, para que se manifieste mejor, lo comparte en redes (es parte del ritual). Se hace con dulzura y cara de santo en trance… para que el universo no se estrese.</p>
<p>Todos esos deseos para el 2026 parecen redactados por un departamento de marketing espiritual: &#8220;Ir al gimnasio&#8221;, &#8220;viajar más&#8221;, &#8220;ahorrar&#8221;&#8230; Qué sé yo. Aquí especulo, pues mi lista es bastante peculiar y no se parece a esas. El papel aguanta todo —o más bien, los <em>reels</em> aguantan todo—, pero al alma no se engaña fácilmente. Si sientes vacío tu balance de vida, es porque le falta el ingrediente que los babilonios consideraban sagrado: la capacidad de ser humillado por la verdad.</p>
<p>Para entender algo, me gusta ir al inicio. La palabra que lo nombra. Conocer el término que define “eso” de lo que hablamos permite una verdadera comprensión, por lo menos para mí. Saber de dónde viene, por qué y cómo se ha ido transformando con el tiempo. Cómo suena en otros idiomas. Cómo su connotación cambia en otras culturas. Eso realmente me abre la puerta a investigar y comprender el ADN de “eso” de lo que hablo. Y hoy son varias palabras. Una es balance.</p>
<p>Balance. Suena bonito: <em>ba-lan-ce</em>. Es dulce y sonora, pero ya lleva mucho tiempo siendo maltratada por la frivolidad (hay hasta un desodorante que la lleva por nombre). La palabra balance viene del francés balance, que a su vez nos llega del latín vulgar bilanx.</p>
<p>Bi-: Significa &#8220;dos&#8221;.</p>
<p>Lanx: Significa &#8220;plato&#8221; o &#8220;platillo&#8221;.</p>
<p>Físicamente, el balance es el acto de poner peso en un lado y la mercancía en el otro hasta que la aguja se queda quieta en el centro. ¿En busca de qué? ¿Equilibrio? ¿Equidad? ¿Determinar una medida para el cobro? ¿Para que nadie engañe a nadie?</p>
<p>¿Por qué lo aplicamos a la vida? Porque la mente humana busca equilibrio. Cuando decimos &#8220;hacer balance&#8221;, estamos poniendo en un platillo lo que logramos (ganancias) y en el otro lo que perdimos, lo que no fuimos capaces de lograr, el karma que nos cayó o lo que nos faltó (pérdidas). Si la balanza se inclina demasiado hacia las pérdidas, sentimos una tensión interna que necesitamos resolver. Ansiedad, entre otras.</p>
<p>En nuestro hermoso español hay una palabra derivada de “balance” que usamos para definir el movimiento de un barco o una cuna: <em>balanceo</em>. Y, curiosamente, imaginarla en acción es un recordatorio de que la vida no es estática. Se mueve al ritmo de las olas de un océano impredecible. Y viéndolo así, hacer balance de nuestra vida o año es aprender a mantenernos en equilibrio en medio del movimiento constante.</p>
<p>La humanidad no experimenta el tiempo como una aburrida línea infinita y plana, sino como una serie de capítulos. Los balances ocurren en lo que la psicología del comportamiento llama &#8220;Hitos Temporales&#8221;. Son momentos en los que social, grupal o personalmente se rompe el flujo rutinario del tiempo y se genera un “Efecto de Nuevo Comienzo”. De menor a mayor: los lunes y los viernes (hitos temporales de trabajo y descanso), luego vienen cumpleaños, aniversarios, cambio de año…</p>
<p>Y como simios pensantes en esos hitos temporales decidimos hacer balances que crean una discontinuidad mental. Qué por cierto es muy útil y sana. Nos permite separar nuestro &#8220;yo del pasado&#8221; (que cometió errores en 2025) de nuestro &#8220;yo del futuro&#8221; (que tiene una página en blanco en 2026 y un universo de posibilidades).</p>
<p>Cuando en masa, al mismo tiempo, hacemos individualmente el famoso balance, validamos que pertenecemos a este mundo occidental (nuestra comunidad). Es como si gritáramos en coro: &#8220;Todos sobrevivimos a este ciclo y todos estamos de acuerdo en que hoy algo termina y mañana algo empieza&#8221;.</p>
<p>Este balance tiene otra utilidad interesante: crea la ilusión de orden. La vida, en general, es caótica, pero cuando hacemos balances en los hitos temporales logramos empaquetar los 365 días que ya pasaron en conclusiones lógicas y explicaciones.</p>
<p>También hacemos eso que los psicólogos llaman cierre cognitivo. Nuestro cerebro detesta las historias abiertas. Nada más observen los finales de películas y series que quedan abiertos: cómo reciben puntajes terribles y funas en redes. Como ejemplo reciente tenemos a Stranger Things.</p>
<p>Nuestro cerebro no es fan de las historias abiertas, ni en películas, ni en libros, ni en nuestra propia vida ¿Por qué? Porque las historias abiertas nos dejan más incertidumbres que certezas. Y la incertidumbre es el “coco” de media humanidad. A fin de año, el ser humano necesita “cerrar el libro” que en este instante temporal se llama 2025 para poder abrir el siguiente (2026) sin todo el ruido mental y las páginas tachadas del anterior.</p>
<p>Los humanos somos los únicos animales que se cuentan historias a sí mismos. Eso dijo el filósofo Alasdair MacIntyre en su libro &#8220;Tras la virtud&#8221;. Aunque yo no creo que eso sea cierto, que somos &#8220;los únicos&#8221;. Pero siguiendo lo expuesto por MacIntyre, una persona dentro de su balance 2025/2026 no podría responder la pregunta &#8220;¿qué voy a hacer?&#8221; sin responder antes otra pregunta: &#8220;¿de qué historia o historias me encuentro formando parte?&#8221;. Y ambas, preguntas y respuestas, no se formulan ni responden en el balance, es un proceso mental interior, poco consciente que hacemos para poder decidir qué quiero y qué no para ese nuevo año. Y por supuesto para definir metas. Por ejemplo: Sebastiana se quiere casar en 2026, es su meta, porque quiere formar una historia de vida con Albertino.</p>
<p>Entonces, el balance de fin de año es el momento en que revisamos si el capítulo que acabamos de vivir tiene sentido dentro de nuestra “biografía”. En esta revisión no solo contamos cuántos viajes hicimos o si logramos comprar ese carro; lo que realmente hacemos es evaluar si nuestra vida coincide con la persona que queremos ser —y para algunos, con la que pretenden o aparentan ser—.</p>
<p>En el fondo, ese balance es una búsqueda de sentido. En realidad, no se trata de los hechos, sino de la narrativa propia que construimos con ellos. De las historias que queremos crear para nuestra autobiografía. Una narrativa para nosotros (autoconvencimiento) y otra para los demás (el cuento que vendemos de nosotros mismos), pero no hacemos este proceso con la consciencia de que decidimos nuestra propia narrativa.</p>
<p>Por eso duele cuando el balance es “negativo” (hojas mal escritas de nuestra vida) y por eso nos sentimos renovados cuando el balance nos muestra que, a pesar de las tempestades, seguimos de pie. Todos queremos ser héroes, y más aún dentro de nuestra propia historia.</p>
<p>Hay otro psicólogo que plantea algo interesante al respecto. Jerome Bruner sostiene que tenemos dos formas de pensamiento: el paradigmático, que es lógico y científico, y el narrativo. Con este último entendemos nuestra vida. Escribimos nuestra autobiografía mental. Y sosteniendo la teoría de Bruner, en el balance de fin de año hacemos una construcción narrativa donde ordenamos nuestros eventos aleatorios para darles una relación de causa y efecto. Para darles sentido.</p>
<p>Por ejemplo: Juanito, en marzo, hizo una estafa piramidal y se robó 500 millones de pesos. Y a Juanito, un conductor borracho lo atropelló en octubre y casi se muere. En diciembre Juanito hace su balance: &#8220;seguramente me atropellaron como castigo divino por estafar a la gente. Me cayó el karma&#8221;. Meta de 2026 de Juanito: &#8220;cuando salga de la silla de ruedas voy a devolver el dinero robado sin que me metan preso y pedir disculpas&#8221;.</p>
<p>Este balance o “revisión de vida” lo hacemos desde hace más de 4.000 años. Viajemos a la Babilonia del 2000 a. C. Allí celebraban el festival de Akitu, considerado un proceso de reordenamiento del caos. Se celebraba durante 12 días en el mes de <em>Nisannu</em> (marzo/abril), en el equinoccio de primavera.</p>
<p>Durante el Akitu, los babilonios hacían un balance social: devolvían objetos prestados y hacían balance contable. Para los babilonios, el año nuevo no podía comenzar si el &#8220;balance contable&#8221; social no estaba en cero. Si debías algo, material o afectivo, el orden cósmico estaba roto.</p>
<p>También hacían un balance político y moral. El rey se arrodillaba ante el dios Marduk. El sumo sacerdote le quitaba la corona y el cetro y lo cacheteaba. Debía confesar que no había descuidado sus deberes de rey. Si lloraba, significaba que Marduk estaba satisfecho y que el balance del reino era positivo para el año siguiente.</p>
<p>(Creo que el nuevo reyezuelo global necesita una &#8220;bofetada de Marduk&#8221;. Un apunte político innecesario).</p>
<p>Y aplicando un poco la experiencia babilónica, para que un balance tenga peso real necesitamos una “bofetada de Marduk”. Esa bofetada corresponde al peso de la verdad. Desmontar la narrativa y vernos desnudos. Sin centro. Sin corona. Sin adornos. Dejar de contarnos nuestro propio cuento. Dejar de acomodar los hechos a la historia autobiográfica que llevamos años escribiendo. Y observarnos con ojos de extraño. Cachetearnos con nuestra propia verdad. Ese sería el balance ideal y honesto con nosotros mismos. Lo demás es farándula, autoengaño, moda, teatro, baile de máscaras…</p>
<p>Un romano devoto nos diría que cuando hacemos un balance de nuestra vida invocamos al dios Jano. El que mira atrás y adelante.</p>
<p>Jano o Janus, es el dios romano de las puertas, los comienzos y los finales. Es un dios interesante. Gobierna complejidades. Jano es representado con dos rostros: uno mira hacia el pasado y el otro hacia el futuro. Por eso el mes de enero lo honra. Enero en latín es <em>Ianuarius</em>, que proviene de Jano. Lo que significa que es el &#8220;umbral&#8221; del año. En enero estamos parados en una línea en la que miramos para atrás y para adelante.</p>
<p>Los romanos creían que para cruzar una puerta —un nuevo año— con el pie derecho, primero debías honrar lo que dejabas atrás. Y este es uno de los antepasados directos de nuestro balance de fin de año: la pausa necesaria en el umbral —la puerta de la vida— para entender de dónde venimos antes de decidir a dónde vamos.</p>
<p>Un balance anual que me gusta es el chino. Lo hacen en su Año Nuevo, durante el festival de primavera. Es un balance físico y espacial. Revisan su casa y hacen una limpieza profunda llamada <em>Dahao</em>. Barren a fondo su hogar, para “barrer la mala suerte” del año anterior. Se deshacen, botan lo que no sirve y limpian lo que va a quedar.</p>
<p>Después de ese balance del año anterior, muchos imaginan que el 2026 es como una página en blanco. En coach-landia nos venden esa idea. Un inicio de cero para construir lo que queramos. Pero no. Lamento informarles que la página en blanco no existe cuando se refiere a cambio de año. Es mentira. Escribimos sobre lo que ya está escrito. El balance no sirve para borrar el pasado, sino para entender con qué bolígrafos y colores vamos a escribir y dibujar el siguiente capítulo.</p>
<p>Los seres humanos somos un palimpsesto. Textos escritos sobre otros textos.</p>
<p>Aunque soy irónica y desconfiada con el tema del balance anual, reconozco que necesitamos el 31 de diciembre para hacer ese clic mental de una etapa nueva. El balance es el umbral de Jano: una cara mira hacia atrás para aprender, y la otra mira hacia adelante para imaginar.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124588</guid>
        <pubDate>Mon, 12 Jan 2026 03:37:48 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/pensamientos-sobre-algunos-ensayos-de-lewis-thomas/</link>
        <description><![CDATA[<p>Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Leer a Lewis Thomas (nov. 25 1913 -1993) no está de moda. Sus libros no son fáciles de conseguir en español; sin embargo, vale la pena buscarlos, pues Thomas es un ensayista visionario y profundo que te deja pensando. No solo eso, es un erudito y una de esas raras personas que encuentran el corazón de los temas y te lo pone a palpitar frente de los ojos. Fue un médico destacado, ensayista, investigador y, además, poeta y etimólogo. Su primer libro, <em>Las vidas de una célula: notas de un observador de la biología</em> (<em>The Lives of a Cell: Notes of a Biology Watcher</em>, 1974), colección de ensayos, ganó el National Book Awards. Otras colecciones de ensayos incluyen <em>La medusa y el caracol</em> (<em>The Medusa and the Snail</em>), <em>La ciencia más joven</em> (<em>The Youngest Science</em>) y <em>Late Night Thoughts on Listening to Mahler&#8217;s Ninth Symphony</em> (que se traduce como <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/59/Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg/500px-Dr._Lewis_Thomas%2C_bio-chemist%2C_author.jpg" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hace tiempos, dediqué una entrada en mi blog a <em>La obra maestra del diácono, </em>ensayo titulado así, que aparece en el libro <em>La medusa y el caracol</em>. En este, Thomas se pregunta: “¿de qué nos moriríamos si el avance de la ciencia resolviera o encontrara la cura para todas las enfermedades?” Y dice que la respuesta — por lo demás, genial en mi opinión— la encontró en un poema del siglo 19 escrito por otro médico, Oliver Wendell Holmes, llamado: <em>La obra maestra del diácono</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el poema, el diácono ha construido la calesa perfecta, sin fallas en ninguna de sus partes; todas con la misma resistencia, que ni se quiebran ni se descomponen. El carruaje es la analogía de un organismo sin debilidades, cuyas partes no se enferman ni deterioran, un organismo cuyas partes envejecen simultáneamente y en sincronía. Un día la calesa se derrumba de sopetón y queda “¡como si hubiera ido al molino para ser triturada!”, frase que fascina a Lewis Thomas, pues representa la muerte súbita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensando en el diseño inteligente, mejor dicho, en quienes creen en el diseño inteligente, me pregunté por qué juzgan perfecto el cuerpo humano, sabiendo que estamos llenos de defectos debido a los caminos enrevesados que a veces toma la evolución y, además, porque sus partes se deterioran de distintas maneras y a distintos tiempos. Nuestros cuerpos no son como la carroza del diácono; de serlo, un día colapsarían sus partes simultáneamente (y eso que dizque los seres humanos fueron hechos a imagen y semejanza de un Dios). Todo debería durar en buen estado hasta el final, hasta que la muerte nos aniquile de un tajo. Pero no es así, nos morimos de a partes, de a poco. Lo más terrible es que en muchos casos se muere al alma antes que el cuerpo (como le ocurre a una de cada nueve personas en el mundo).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro ensayo me llama la atención porque de cierta manera va en contra de la moda médica y social actual. Se llama “El zarzo del cerebro,” The Attic of the Brain y se encuentra en <em>Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Thomas hace una analogía entre el zarzo de las casas y el cerebro. Dice que las casas contemporáneas están diseñadas con un concepto muy distinto a las de antes y que desafortunadamente no tienen zarzo. Que son abiertas, incluso a veces, de espacios únicos, o con ventanas que exhiben lo que ocurre adentro. No hay esos lugares cerrados, llenos de objetos polvorientos, con libros del siglo anterior, recetas de la abuela, vestidos, neceseres, disfraces, zapatos, cartas, baúl con fotografías, cepillos calvos, bicicletas destartaladas, globo terráqueo, paisajes a la acuarela desenmarcados, pupitres de cuando éramos niños, espejos, etcétera. El ático es accesible, sí, pero no se exhibe, y a Lewis Thomas le parece que deberíamos dejar nuestro ático interno sin escrutinio, sin excesos de racionalización ni control excesivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando una persona practica el psicoanálisis o usa la ayahuasca o la psilocibina para “entrar al zarzo” está tratando de ordenar y dar sentido a algo que realmente no puede ver. Intentos que solo logran desordenar las ideas o reinventarlas, remover recuerdos y, claro, fantasear con unos nuevos, pues lo que hace la razón es justificar lo que logra ver del zarzo, pero, entendámoslo, allí no hay comprensión posible, y sus objetos están para siempre en la penumbra. Más ajetreo, más riesgo de convertirse en un “caído del zarzo”. Thomas dice que lo mejor es dejar el zarzo tranquilo y dejar que el cerebro actúe y se exprese como lo dictaminó la evolución, sin tratar de irrumpir en su naturaleza. Me gusta cuando Thomas dice que el cerebro “se controla a sí mismo y no fue diseñado por la evolución para que lo entendiéramos”. &nbsp;Sino para sobrevivir, digo yo. A Thomas le habría encantado conocer el poema de Antonio Machado que dice:</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras almas todo</p>



<p class="wp-block-paragraph">por misteriosa mano se gobierna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incomprensibles, mudas,</p>



<p class="wp-block-paragraph">nada sabemos de las almas nuestras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las más hondas palabras</p>



<p class="wp-block-paragraph">del sabio nos enseñan</p>



<p class="wp-block-paragraph">lo que el silbar del viento cuando sopla</p>



<p class="wp-block-paragraph">o el sonar de las aguas cuando ruedan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el ensayo que da nombre al libro<em> Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler</em>, Thomas explica cómo la música le va hablando de la muerte. Él siempre pensó que se trataba de la muerte personal, la muerte del individuo, hasta que un día se dio cuenta, en el contexto de la Guerra Fría, el contexto de su época, que se podía extrapolar a la vida en la Tierra, y se dio cuenta de que nuestro cerebro y emociones son todos parte de la naturaleza, pues todo está interconectado. El ensayo es particularmente poderoso por la gravedad y urgencia ante la amenaza nuclear, que no es diferente a la que estamos viviendo hoy, con las amenazas de Israel a Irán y de Rusia a Ucrania y a Europa. Thomas contrasta la belleza y fragilidad de la vida humana y el Planeta (evocados por la música) con la absurda insensatez de una posible autodestrucción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí una cita de su libro:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La fácil tristeza expresada con tanta dulzura y delicadeza por esa frase (musical) repetida en unas cuerdas descoloridas, una y otra vez, ya no me llega como la vieja y familiar noticia del ciclo de la vida y la muerte […] he adquirido y guardado en mi afecto, hasta hace muy poco, otra rama de una idea que me es útil en mis horas oscuras: la vida de la Tierra es igual a la vida de un organismo: el gran ser redondo posee una mente: esa mente contiene un número infinito de pensamientos y recuerdos: cuando me llegue la hora, podría hallarme flotando en una suerte de aire elevado, uno de esos pequeños pensamientos, que vuelven de la memoria de la Tierra: en ese sentido peculiar, estaré vivo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“The easy sadness expressed with such gentleness and delicacy by that repeated phrase on faded strings, over and over again, no longer comes to me as old, familiar news of the cycle of living and dying. […] I have acquired and held in affection until very recently another sideline of an idea which serves me well at dark times: the life of earth is the same as the life of an organism : the great round being possesses a mind: the mind contains an infinite number of thoughts and memories: when I reach the my time I may find myself still hanging around in some sort of midair, one of those small thoughts , drawn back into memory of the earth: in that peculiar sense I will be alive.”</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Mahler Symphony No 9 Last Movement" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/N7Xw3Ns5vz4?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122990</guid>
        <pubDate>Sun, 30 Nov 2025 14:05:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Pensamientos sobre algunos ensayos de Lewis Thomas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>María Antonieta de Cano y el kínder del periodismo colombiano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/maria-antonieta-de-cano-y-el-kinder-del-periodismo-colombiano-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>En las dos décadas finales del siglo XX, mientras un demente Pablo Escobar hacía estallar bombas u ordenaba asesinatos, por la redacción de El Espectador a unos muchachitos de colegio les picaba el gusanillo del periodismo. Cuarenta años después, homenaje a María Antonieta Busquets de Cano, la maestra detrás de un kínder llamado Espectadores 2000.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>La periodista María Antonieta Busquets de Cano fue directora de Espectadores 2000 y del proyecto Buena Nota. Fotos: Archivo El Espectador: </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">A María Antonieta nunca la vimos llorar, hasta hoy que lloró de emoción al ingresar al salón&nbsp;<em>Fidel Cano Gutiérrez</em>, en el edificio de <strong>El Espectador</strong>. Sentados estábamos un grupo de los más de cien jóvenes que pasaron por <em>Espectadores 2000</em> durante los nueve años y ocho meses que la publicación estuvo vigente; varios de ellos se conectaron por video desde cualquier lugar del mundo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra segunda casa fue <strong>El Espectador</strong> y nuestra segunda mamá María Antonieta Busquets de Cano: directora, amiga, confidente, alcahueta y, sobre todo, esa maestra que enseña con el ejemplo, aunque a ella ese título no le gusta. Pero fue la mejor maestra, y en mayúsculas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su apellido es catalán porque sus padres llegaron de Barcelona en 1939 huyendo de la Guerra Civil Española y del dictador Francisco Franco. Ana María, su hermana mayor, tenía cuatro años; María Antonieta nació en Bogotá a los pocos meses. Las dos hermanas Busquets se casaron con dos de los hermanos Cano: don Guillermo y don Alfonso.&nbsp; El uno fue director del periódico y el otro gerente; ellas, periodistas, editoras y columnistas de prensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Yo fui como la mamá, eso es verdad, pero eso fue malo porque hubiera podido ser una mejor directora&#8221;, dice María Antonieta, con esa sencillez genuina de quien se esconde ante los halagos, un rasgo característico de la familia Cano, cuya vocación de servicio y entrega desinteresada a Colombia todavía no ha sido justamente reconocida.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-bbeae47c2c57aef8259c828a8d584a6f wp-block-paragraph"><strong><em>“Es hermoso constatar que la imagen que nosotros tenemos de una abuela, es la misma imagen que ustedes tienen de una jefa. Gracias por la huella que has dejado en todos nosotros y en todas las personas que se han cruzado en tu vida”:</em> Juan Francisco Cano.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>María Antonieta (en el centro) y su familia: Alfonso Cano, Alejandro Cano, Marisol Cano y Juan Francisco Cano (nieto, hijo de Andrés Cano, QEPD). <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, El Espectador.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="692" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1024x692.jpg" alt="" class="wp-image-120128" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1024x692.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-300x203.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-768x519.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1536x1038.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1.jpg 1589w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como directora formó periodistas y lectores para el futuro y buenas personas para la sociedad. En este homenaje sencillo pudimos comprobar que la María Antonieta que conocimos no ha cambiado: la candidez de su rostro y la dulzura de sus palabras siguen intactas. En el alma de esta mujer menudita hay una mole de belleza humana: gentil, inteligente y bondadosa; pocas personas con la paciencia de ella para escuchar al otro con atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos unos muchachitos, brincones e indisciplinados, a los que había que atajar en vez de arriar. Corríamos por la redacción del más antiguo periódico de Colombia, aunque lo correcto sería decir “el mejor periódico del mundo”, que así lo bautizó el escritor Eduardo Zalamea Borda en una entrevista para la BBC de Londres.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="884" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-884x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120167" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-884x1024.jpg 884w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-259x300.jpg 259w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-768x890.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO.jpg 1013w" sizes="auto, (max-width: 884px) 100vw, 884px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Llegábamos los miércoles y los viernes después de mediodía, todavía con el uniforme de colegio puesto, a veces en jean y tenis; nos sentábamos en medio de los periodistas más curtidos del periódico, quienes vivían a mil entre el frenesí de las noticias de un país en guerra y la hora del cierre de la edición que circularía al día siguiente. <em>“La verdad es que nosotros también éramos reporteros, solo que con menos horas de vuelo”, </em>recordó Juanita Uribe.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-492335f235b6d0b17ab4226143d69498 wp-block-paragraph"><strong><em>“María Antonieta pretendía a través de Espectadores 2000 que los niños se fueran acostumbrando a leer el periódico, y que a través de él aprendiera a conocer, querer y respetar el país. Esa fue la misión grande de ella, que continúa en ustedes y en mucha otra gente”:</em> Ana María Busquets de Cano, viuda de don Guillermo Cano Isaza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Fue un tiempo muy feliz para mí gracias a todos ustedes”, nos dijo María Antonieta, visiblemente conmovida. La dicha nuestra desbordaba el corazón. Éramos felices viendo cómo se armaba el periódico en el segundo piso, enseguida de la sala de redacción, y luego cómo ese diario se volvía real en los sótanos, dónde estaba la rotativa que imprimía y encuadernaba, para salir en camiones, todavía en la penumbra, en busca de lectores. En esos años finales del siglo XX, los periódicos impresos se colgaban a la entrada de los negocios: la droguería o la miscelánea. </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d39d845a6e319239e34020670af5085 wp-block-paragraph"><strong><em>“Recuerdo los viernes, cuando estábamos diagramando las páginas, y todos llegaban a ver si saldría el artículo del uno y del otro. Saber que Espectadores 2000 y mi mamá tocaron tantas vidas, eso pega mucho”: </em>Alejandro Cano Busquets, diseñador de <em>Espectadores 2000</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, 30 años después del último número de <em>Espectadores 2000</em>, don Fernando Cano, entonces director de <strong>El Espectador,</strong> junto con su hermano Juan Guillermo, nos hizo saber algo que ignorábamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“En momento tan difíciles para Colombia, encontrar ese rinconcito en el periódico, ese kínder del periodismo, en momentos en que en otros rincones del diario había tanto desasosiego, fue un oasis muy bonito; saber que estaba en manos de María Antonieta daba mucha tranquilidad. El trabajo que hicieron todos ustedes se multiplicó por dos mil. Esos oasis de esperanza son los que todavía mantienen a flote este país. El agradecimiento para ustedes por haber creído en ese proyecto y a María Antonieta por insistir en abrir otras puertas que nos permitieron ver que sí había futuro“.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="781" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-781x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120162" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-781x1024.jpg 781w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-229x300.jpg 229w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-768x1007.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-1172x1536.jpg 1172w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 781px) 100vw, 781px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Espectadores 2000</em> circulaba con <strong>El Espectador </strong>los días miércoles. Circuló durante casi diez años, entre la primera edición, el 2 de abril de 1986 y la última edición, el 20 de diciembre de 1995, quizás la década más convulsionada que recuerde Colombia, en la que mataron a cuatro candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal (1987); Luis Carlos Galán (1989); Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro (1990). Siendo redactores juveniles, vimos pasar momentos claves de la historia colombiana durante la segunda mitad del siglo XX: unos alegres, otros demasiados amargos. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2719a159c77d6e0a2dfd18a9732d0cb0 wp-block-paragraph"><strong><em>“Esa década del 86 al 96 todo era horrible en el país pero fantástico por lo que hacíamos en la redacción. Esa historia todavía no se ha contado”:</em> Marisol Cano, ex directora del Magazín Dominical.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Vimos nacer la Feria Internacional del Libro de Bogotá y el Festival Iberoamericano de Teatro (ambos en 1988), pero también, a través de los televisores y de las páginas del periódico, vimos morir de formas violentas a periodistas, jueces de la República, policías, políticos y gente inocente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos la generación de la Constitución del 91. Somos la generación del rock en español, las emisoras juveniles y &#8220;<em>¿Dónde está Javier?</em>&#8220;. Y, tristemente, una generación que quedó marcada por Pablo Escobar y sus bombas asesinas, una de las cuales destruyó, el 2 de septiembre de 1989, el antiguo edificio de <strong>El Espectador</strong> sobre la Avenida 68 con calle 23. El que fuera nuestro kínder. Tres años antes, las balas del narcotráfico asesinaron a don Guillermo Cano Isaza, esa leyenda del periodismo colombiano, director de <strong>El Espectador</strong> durante 34 años, hasta el día de su muerte, el 17 de diciembre de 1986. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos <em>Espectadores 2000</em> tuvieron el privilegio de conocerle, estrechar su mano y recibir sus consejos. La publicación nació en abril del mismo año en que a él lo mataron, cuando salía de su periódico amado, al que ingresó, con 18 años, al día siguiente de recibir el grado de bachiller. &nbsp;Así lo cuenta el periodista Jorge Cardona en “Tinta indeleble”, el libro más completo que se ha escrito sobre don Guillermo y la historia de <strong>El Espectador</strong>. Creíamos tener el gusanillo del periodismo en la sangre como don Guillermo.&nbsp;Crecimos sin internet, sin redes sociales y sin teléfonos celulares, ¡y ni falta hacían!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tres años después explotó la bomba, un sábado, casi sobre las 7:00 de la mañana. Me las arreglé para evadir los cordones de seguridad y llegué hasta la portería lateral, con la “suerte” de que a esa hora, sobre las 9:00 a.m., llegaban María Antonieta Cano y su esposo, don Alfonso. Me las ingenié para que me vieran desde su vehículo y gracias a ellos pude entrar al edificio en ruinas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había muchos empleados, escoba en mano, siguiendo el ejemplo de la familia Cano, que recogía los escombros, porque la edición, sí o sí, tenía que salir a la calle al día siguiente; no tuvieron tiempo para llorar. &nbsp;Y circuló aquel domingo, con un titular gigante&nbsp;en la primera plana: <em>“Seguimos adelante”. </em>A las 4:00 de la tarde del día de la bomba, la edición ya estaba escrita e impresa. Fui uno de los afortunados que tuvo ese ejemplar histórico en sus manos antes que el resto de los colombianos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-16743433d571ef548466e7e44e930bb4 wp-block-paragraph"><strong><em>“El Espectador es una casa que le ha dado la oportunidad a la gente de proyectarse profesionalmente. Quienes han pasado por ella, siempre quieren volver o tienen el recuerdo de haber sido el espacio donde fueron más felices trabajando. De mi mamá, también recibimos la misma semilla de tratar de ser buenas personas y trabajar por este país desde la ética. Es gratificante ver hoy en los Espectadores 2000 a unas personas felices y buenas”:</em> Alfonso Cano Busquets, ex jefe de Diseño de El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Devolviendo la película, ahora hechos y derechos, podemos comprender que fuimos privilegiados por la vida, al formar parte de la historia del periódico más valiente de Colombia, y quizás del mundo, si tenemos en cuenta que&nbsp;en aquellos años terribles no sólo asesinaron a su director, sino también a varios de sus periodistas, mientras que a otros los obligaron al exilio, que ese fue el camino de Fernando y Juan Guillermo, los dos directores y sus familias, por las amenazas de la mafia. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estábamos rodeados de leyendas del periodismo, pero éramos casi unos niños para darnos cuenta de la presencia de personajes ilustres como don José Salgar, maestro de Gabo; la reportera y columnista María Jimena Duzán que, vendríamos a saber después, tenía apenas 16 años cuando entró al periódico; el cronista deportivo Mike Forero, los reporteros sabuesos Fabio Castillo e Ignacio Gómez,&nbsp; o el cronista, también poeta, Julio Daniel Chaparro, asesinado en 1991 junto el fotógrafo Jorge Enrique Torres, cuando investigaban una masacre paramilitar en Segovia, Antioquia, además de toda una pléyade de editores y jefes de redacción, entre ellos <a href="https://www.elespectador.com/entretenimiento/cine-y-tv/murio-en-bogota-el-periodista-luis-de-castro-155746/">Luis De Castro</a>, Pablo Palomino, Carlos Murcia, Claudia Cano Correa, <a href="https://vivirenelpoblado.com/in-memoriam-emma-arcila/">Emma Arcila</a>, <a href="https://www.elespectador.com/entretenimiento/gente/un-gran-amigo-ante-todo-196445/">Gonzalo Mallarino Botero</a> o Juan Pablo Ferro, que han dado fama a <strong>El Espectador</strong> de ser la mejor escuela de periodismo, desde décadas antes de nosotros estar allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por sus páginas pasó la pluma, en los años 50, del único Premio Nobel de Literatura que ha tenido Colombia. En 1990 tuvimos la fortuna de conocer a Gabriel García Márquez durante una visita que hizo a la familia entrañable que lo acogió con apenas 27 años de edad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="826" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1024x826.jpg" alt="" class="wp-image-120110" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1024x826.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-300x242.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-768x619.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1536x1239.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo.jpg 1550w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Guillermo Páez con Gabo y atrás Fernando Cano, ex director de <strong>El Espectador</strong>. (Foto: archivo <strong>El Espectador</strong>)</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>El Espectador fue la Universidad que no tuve</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Espectadores 2000</em> fue una publicación inclusiva en una época en que el término inclusión todavía no se usaba. Yo, por ejemplo, crecí en un barrio de clase obrera en las laderas de Bogotá. En medio del barrizal de aquella montaña, escribí, diseñé y vendí puerta a puerta dos periódicos<em>: La Carreta</em> y <em>El Populacho</em>. Con 14 años quería ser periodista; hoy que tengo 54, me doy cuenta que no sé hacer otra cosa. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día lluvioso la tía Mireya me llevó un ejemplar de <em>Espectadores 2000</em>, sin saber, ni ella ni yo, que mi vida cambiaría. Una carta y una llamada después, ya era parte del consejo de redacción de la única revista juvenil de la prensa colombiana.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedo decir que <strong>El Espectador </strong>fue la universidad que no tuve, porque un reportero en la familia era un lujo impensable en casa de mis abuelos. Al graduarnos de bachilleres, nos aguardaba un destino común: como albañiles pegando ladrillos, en el caso de los hombres, y en fábricas o casas de familias, en el caso de las tías. Yo no quería pegar ladrillos, porque recuerdo que ni siquiera tenía las fuerzas para mezclar bien el cemento con la arena. Yo quería ser un <em>cargaladrillos</em>, aunque todavía no sabía lo que esa palabreja significaba en el argot periodístico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me hice periodista en <strong>El Espectador</strong>. En su sala de redacción encontré los mejores maestros y maestras, empezando por María Antonieta, que corregía con paciencia nuestras notas, animándonos a mejorar un párrafo aquí, un título allá, y a justificar con argumentos los temas sobre los cuales queríamos investigar. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="676" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-1024x676.jpg" alt="" class="wp-image-120165" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-1024x676.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-300x198.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-768x507.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA.jpg 1419w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Un día estábamos en el despacho de un ministro o el alcalde mayor de Bogotá, y al siguiente entrevistando a un escritor, al actor del momento en su casa o a Shakira cuando todavía era una niña de provincia; mientras unos recorrían hoteles detrás de los artistas internacionales que llegaban a Colombia, otros estaban en el recinto de la Asamblea Constituyente o encaramados en la tarima principal del icónico <em><a href="https://www.infobae.com/colombia/2023/07/28/concierto-de-conciertos-35-anos-del-evento-que-transformo-la-musica-en-vivo-en-colombia/">Concierto de Conciertos</a> (1988).</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>Espectadores 2000</em> nació en 1986, el mismo año en que la mafia asesinó a don Guillermo Cano.</strong></h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120127" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Los Espectadores 2000 hoy: Alejandro Cano, diseñador, Elizabeth Saravia, coordinadora editorial; Orlando Cuéllar, Sandra Gomajoa, Alexander Velásquez, María Antonieta de Cano, Zuly Martínez, Marisol Rojas y Werner Zitzmann.</em> <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7c30694856efd59858ff3a1bc6313179 wp-block-paragraph"><strong><em>“Hay cuatro valores que están en el corazón del periodismo, y creo que mi mamá los encarna muy bien: generosidad, confianza, libertad y responsabilidad. Si el periodismo se ejerce con esos cuatro valores, como lo hizo ella, se obtienen frutos como los que estamos viendo con los Espectadores 2000”,</em> Marisol Cano, ex directora del Magazín Dominical.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los consejos de redacción eran una delicia: María Antonieta se aseguraba de ofrecernos todo lo que nos gustaba comer, eso que ahora, ya cincuentones, nos prohíben los médicos. En más de una ocasión nos reunimos en el jardín, al aire libre, en una especie de picnic, para discutir los temas del siguiente número. Luego supimos que sacarnos de la redacción era la medida más eficaz para “apagar” nuestra bulla ciclónica que desconcentraba, y no pocas veces exasperaba, a los reporteros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las puertas de su casa y de su oficina, María Antonieta nos abrió su alma dadivosa. Un día nos llevó a conocer Fidelena, la finca de la familia Cano (donde comimos tanto hasta casi reventar), a una hora larguita de Bogotá, llamada así por don Fidel Cano Gutiérrez (el decano de la prensa colombiana, quien fundó <strong>El Espectador</strong> en Medellín en 1887), y su esposa María Elena Villegas Botero.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7367439bd4b1d986e33e531831611481 wp-block-paragraph"><strong><em>“Espectadores 2000 les dio voz a los jóvenes. Fue un proyecto visionario que hasta hoy sigue teniendo grandes efectos sobre la marca El Espectador, porque fue escuela de periodismo y semillero de lectores, con el liderazgo y la visión de María Antonieta”:</em></strong><strong> Fidel Cano Correa, actual director de El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;&#8230; y cayó Escobar&#8221;</em>, tituló a lo ancho de la primera plana <strong>El Espectador</strong>, el 3 de diciembre de 1993. El capo murió en su ley: fue abatido el día anterior. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo hoy, venimos a comprender cuán afortunados fuimos de crecer en el único diario que tuvo el coraje de pararse firme frente a los carteles del narcotráfico. Porque la nobleza de la familia Cano, la de sus hombres y sus mujeres, les viene de sangre, inscrita en el ADN, blindada con el temple de sus ancestros. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>TESTIMONIOS DE LOS ESPECTADORES 2000</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="643" height="799" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR.jpeg" alt="" class="wp-image-120113" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR.jpeg 643w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR-241x300.jpeg 241w" sizes="auto, (max-width: 643px) 100vw, 643px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tatiana Munévar, </strong>periodista,<strong> </strong>coordinadora de <em>Espectadores 2000</em>. &#8220;La principal enseñanza de María Antonieta a los jóvenes no fue cómo poner un buen título o un punto y coma en un texto. Fue mucho más que eso. Fue mostrarles el valor de sus ideas y el poder de sus opiniones; la satisfacción del trabajo en equipo y, por supuesto, el amor por Colombia y por el oficio del periodismo. Enseñanzas&nbsp;invaluables que ojalá muchos más jóvenes pudieran recibir&#8221;.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="900" height="900" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR.jpg" alt="" class="wp-image-120114" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR.jpg 900w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-768x768.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Orlando Cuéllar, </strong>ilustrador: “Querida directora María Antonieta, es enorme mi gratitud por la libertad que tuvimos de divertirnos haciendo lo que más nos motivaba; gracias por la generosidad de regalarnos el espacio para tantas carcajadas mientras preparábamos las ocurrencias que se iban a publicar en las páginas centrales de <em>Espectadores 2000,</em> y por la cantidad de alegrías sentidas cada vez que veía publicados mis dibujos”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="213" height="320" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE.jpeg" alt="" class="wp-image-120115" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE.jpeg 213w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE-200x300.jpeg 200w" sizes="auto, (max-width: 213px) 100vw, 213px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Juanita Uribe Cala</strong>, periodista, consultora y estratega: “Siempre dije que mis papás le pagaban a la universidad, pero que yo estudié y aprendí en <strong>El Espectador</strong>. María Antonieta, con esas alas mágicas que siempre ha tenido, nos permitió descubrir nuestros propios superpoderes y nuestras propias alas para volar. Nos enseñó, en medio de un momento muy turbulento, a amar al país y trabajar con alegría por él”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120116" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guillermo Páez, </strong>fotógrafo: “No me arrepiento de haber repetido tres veces 11. Casi&nbsp;me sacan del colegio con abogado. Me di el lujo de cambiar mis días de clases por un súper concierto,&nbsp;un desfile, una rueda de prensa o la entrevista con algún famoso. De no ser por <em>Espectadores 2000</em>, esta experiencia no lo habría logrado ni en 200 años”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="557" height="639" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA.jpg" alt="" class="wp-image-120117" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA.jpg 557w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA-262x300.jpg 262w" sizes="auto, (max-width: 557px) 100vw, 557px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sandra Gomajoa, </strong>periodista y comunicadora gráfica: “María Antonieta de Cano fue una inspiración poderosa para quienes apenas comenzábamos a imaginar que las palabras podían cambiar realidades, cuando aún éramos solo muchachos con cuadernos, preguntas y un país por comprender”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="878" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-1024x878.jpg" alt="" class="wp-image-120118" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-1024x878.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-300x257.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-768x658.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Jaime Alberto Escobar, </strong>periodista: “Aunque estudié periodismo en la universidad, <em>Espectadores 2000</em> fue mi verdadera escuela de periodismo, cuando ingresé tenía 17 años. Pude entrevistar a grandes personajes de la época, pero también tengo recuerdo de duros momentos en la historia de <strong>El Espectador</strong>, como el atentado terrorista del 2 de septiembre de 1989, que destruyó gran parte de su sede”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="341" height="435" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS.jpeg" alt="" class="wp-image-120119" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS.jpeg 341w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS-235x300.jpeg 235w" sizes="auto, (max-width: 341px) 100vw, 341px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Marisol Rojas, </strong>periodista y ex cónsul: “En el periódico encontramos no solo una sala de redacción, sino un propósito. María Antonieta, nos formó como periodistas y ciudadanos íntegros. Nos trataron como a iguales, con respeto y exigencia. Don Guillermo Cano, cuya voz alcanzamos a escuchar en su despacho, nos enseñó que el periodismo, más que un oficio, es una forma de vida al servicio de la verdad”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="944" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1024x944.jpg" alt="" class="wp-image-120120" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1024x944.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-300x276.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-768x708.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1536x1415.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN.jpg 1553w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Werner Zitzmann</strong>, Director de la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI): “Querida María Antonieta: sigues siendo la misma niña y mamá, esa persona que terminó influyendo tan suave, discreta y efectivamente, la vida de esos casi niños que hoy te abrazamos llenos de cariño y gratitud”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="708" height="910" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ.jpeg" alt="" class="wp-image-120121" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ.jpeg 708w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ-233x300.jpeg 233w" sizes="auto, (max-width: 708px) 100vw, 708px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Zuly Martínez, </strong>profesional en recursos humanos, formadora y coach de habilidades blandas: “Recuerdo la emoción de ver por primera vez impreso mi nombre, acompañado de la frase <em>Redacción Juvenil Espectadores 2000</em>; la mayor satisfacción que una jovencita de 16 años podía tener. Tuve el privilegio de estar presente en eventos históricos como la Asamblea Nacional Constituyente”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120146" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Marco Lino Rodríguez</strong>, productor musical. “María Antonieta confió en mí cuando apenas empezaba a descubrir el poder de las palabras.&nbsp;Estaba recién desempacado de Pesca, Boyacá. Con su guía y confianza, entendí que el talento necesita siempre de alguien que lo vea y lo aliente en sus primeros pasos”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1018" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-1024x1018.jpeg" alt="" class="wp-image-120148" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-1024x1018.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-300x298.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-150x150.jpeg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-768x763.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ.jpeg 1125w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carlos Sánchez,</strong> escritor y conferencista, autor del libro “Tramas de la mente”: “María Antonieta es sinónimo de empatía, periodismo al servicio de la sociedad y no del ego; nos brindó la oportunidad de vivir el periodismo con intensidad, pasión y decencia”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1016" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-1024x1016.jpg" alt="" class="wp-image-120152" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-1024x1016.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-300x298.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-768x762.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON.jpg 1079w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>José Antonio Rondón</strong>, periodista de tecnología y creador de contenido, director de IT en Línea: “María Antonieta Busquets me ayudó a descubrir la pasión por el hermoso oficio del periodismo. Su profesionalismo, excelencia humana y generosidad marcaron mi camino y se convirtieron en un ejemplo que sigo atesorando”.&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120123" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>De pie: </strong>Elizabeth Saravia, Patricia Fajardo, Elsa Martínez y su esposo Alejandro Cano, Marisol Cano, Alfonso Cano, María Antonieta Busquets de Cano, Ana María Busquets de Cano, Juan Francisco Cano (nieto de María Antonieta, hijo de Andrés Cano, QEPD); Sandra Pulido, esposa de Andrés, Fernando Cano, Ana María Cano, Fidel Cano y Juan Pablo Ferro: <strong>De rodillas:</strong> Orlando Cuéllar, Zuly Martínez, Sandra Gomajoa, Alexander Velásquez, Marisol Rojas, Guillermo Páez y Werner Zitzmann.</em> <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, <strong>El Espectador. </strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120312</guid>
        <pubDate>Sat, 13 Sep 2025 16:20:13 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>María Antonieta de Cano y el kínder del periodismo colombiano</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/maria-antonieta-de-cano-y-el-kinder-del-periodismo-colombiano/</link>
        <description><![CDATA[<p>En las dos décadas finales del siglo XX, mientras un demente Pablo Escobar hacía estallar bombas u ordenaba asesinatos, por la redacción de El Espectador a unos muchachitos de colegio les picaba el gusanillo del periodismo. Cuarenta años después, homenaje a María Antonieta Busquets de Cano, la maestra detrás de un kínder llamado Espectadores 2000.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Fotos: Archivo El Espectador. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-left has-medium-font-size wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">A María Antonieta nunca la vimos llorar, hasta hoy que lloró de emoción al ingresar al salón&nbsp;<em>Fidel Cano Gutiérrez</em>, en el edificio de <strong>El Espectador</strong>. Sentados estábamos un grupo de los más de cien jóvenes que pasaron por <em>Espectadores 2000</em> durante los nueve años y ocho meses que la publicación estuvo vigente; varios de ellos se conectaron por video desde cualquier lugar del mundo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nuestra segunda casa fue <strong>El Espectador</strong> y nuestra segunda mamá María Antonieta Busquets de Cano: directora, amiga, confidente, alcahueta y, sobre todo, esa maestra que enseña con el ejemplo, aunque a ella ese título no le gusta. Pero fue la mejor maestra, y en mayúsculas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su apellido es catalán porque sus padres llegaron de Barcelona en 1939 huyendo de la Guerra Civil Española y del dictador Francisco Franco. Ana María, su hermana mayor, tenía cuatro años; María Antonieta nació en Bogotá a los pocos meses. Las dos hermanas Busquets se casaron con dos de los hermanos Cano: don Guillermo y don Alfonso.&nbsp; El uno fue director del periódico y el otro gerente; ellas, periodistas, editoras y columnistas de prensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Yo fui como la mamá, eso es verdad, pero eso fue malo porque hubiera podido ser una mejor directora&#8221;, dice María Antonieta, con esa sencillez genuina de quien se esconde ante los halagos, un rasgo característico de la familia Cano, cuya vocación de servicio y entrega desinteresada a Colombia todavía no ha sido justamente reconocida.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-bbeae47c2c57aef8259c828a8d584a6f wp-block-paragraph"><strong><em>“Es hermoso constatar que la imagen que nosotros tenemos de una abuela, es la misma imagen que ustedes tienen de una jefa. Gracias por la huella que has dejado en todos nosotros y en todas las personas que se han cruzado en tu vida”:</em> Juan Francisco Cano.</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>María Antonieta (en el centro) y su familia: Alfonso Cano, Alejandro Cano, Marisol Cano y Juan Francisco Cano (nieto, hijo de Andrés Cano, QEPD). <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, El Espectador.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="692" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1024x692.jpg" alt="" class="wp-image-120128" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1024x692.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-300x203.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-768x519.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1-1536x1038.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195747/ZETA-MARIA-ANTONIETA-Y-SU-FAMILIA-1.jpg 1589w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como directora formó periodistas y lectores para el futuro y buenas personas para la sociedad. En este homenaje sencillo pudimos comprobar que la María Antonieta que conocimos no ha cambiado: la candidez de su rostro y la dulzura de sus palabras siguen intactas. En el alma de esta mujer menudita hay una mole de belleza humana: gentil, inteligente y bondadosa; pocas personas con la paciencia de ella para escuchar al otro con atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Éramos unos muchachitos, brincones e indisciplinados, a los que había que atajar en vez de arriar. Corríamos por la redacción del más antiguo periódico de Colombia, aunque lo correcto sería decir “el mejor periódico del mundo”, que así lo bautizó el escritor Eduardo Zalamea Borda en una entrevista para la BBC de Londres.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="884" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-884x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120167" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-884x1024.jpg 884w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-259x300.jpg 259w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO-768x890.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071736/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GRUPO.jpg 1013w" sizes="auto, (max-width: 884px) 100vw, 884px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Llegábamos los miércoles y los viernes después de mediodía, todavía con el uniforme de colegio puesto, a veces en jean y tenis; nos sentábamos en medio de los periodistas más curtidos del periódico, quienes vivían a mil entre el frenesí de las noticias de un país en guerra y la hora del cierre de la edición que circularía al día siguiente. <em>“La verdad es que nosotros también éramos reporteros, solo que con menos horas de vuelo”, </em>recordó Juanita Uribe.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-492335f235b6d0b17ab4226143d69498 wp-block-paragraph"><strong><em>“María Antonieta pretendía a través de Espectadores 2000 que los niños se fueran acostumbrando a leer el periódico, y que a través de él aprendiera a conocer, querer y respetar el país. Esa fue la misión grande de ella, que continúa en ustedes y en mucha otra gente”:</em> Ana María Busquets de Cano, viuda de don Guillermo Cano Isaza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Fue un tiempo muy feliz para mí gracias a todos ustedes”, nos dijo María Antonieta, visiblemente conmovida. La dicha nuestra desbordaba el corazón. Éramos felices viendo cómo se armaba el periódico en el segundo piso, enseguida de la sala de redacción, y luego cómo ese diario se volvía real en los sótanos, dónde estaba la rotativa que imprimía y encuadernaba, para salir en camiones, todavía en la penumbra, en busca de lectores. En esos años finales del siglo XX, los periódicos impresos se colgaban a la entrada de los negocios: la droguería o la miscelánea. </p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-3d39d845a6e319239e34020670af5085 wp-block-paragraph"><strong><em>“Recuerdo los viernes, cuando estábamos diagramando las páginas, y todos llegaban a ver si saldría el artículo del uno y del otro. Saber que Espectadores 2000 y mi mamá tocaron tantas vidas, eso pega mucho”: </em>Alejandro Cano Busquets, diseñador de <em>Espectadores 2000</em>.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, 30 años después del último número de <em>Espectadores 2000</em>, don Fernando Cano, entonces director de <strong>El Espectador,</strong> junto con su hermano Juan Guillermo, nos hizo saber algo que ignorábamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“En momento tan difíciles para Colombia, encontrar ese rinconcito en el periódico, ese kínder del periodismo, en momentos en que en otros rincones del diario había tanto desasosiego, fue un oasis muy bonito; saber que estaba en manos de María Antonieta daba mucha tranquilidad. El trabajo que hicieron todos ustedes se multiplicó por dos mil. Esos oasis de esperanza son los que todavía mantienen a flote este país. El agradecimiento para ustedes por haber creído en ese proyecto y a María Antonieta por insistir en abrir otras puertas que nos permitieron ver que sí había futuro“.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="781" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-781x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120162" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-781x1024.jpg 781w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-229x300.jpg 229w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-768x1007.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA-1172x1536.jpg 1172w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071312/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PORTADA.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 781px) 100vw, 781px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Espectadores 2000</em> circulaba con <strong>El Espectador </strong>los días miércoles. Circuló durante casi diez años, entre la primera edición, el 2 de abril de 1986 y la última edición, el 20 de diciembre de 1995, quizás la década más convulsionada que recuerde Colombia, en la que mataron a cuatro candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal (1987); Luis Carlos Galán (1989); Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro (1990). Siendo redactores juveniles, vimos pasar momentos claves de la historia colombiana durante la segunda mitad del siglo XX: unos alegres, otros demasiados amargos. &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-2719a159c77d6e0a2dfd18a9732d0cb0 wp-block-paragraph"><strong><em>“Esa década del 86 al 96 todo era horrible en el país pero fantástico por lo que hacíamos en la redacción. Esa historia todavía no se ha contado”:</em> Marisol Cano, ex directora del Magazín Dominical.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Vimos nacer la Feria Internacional del Libro de Bogotá y el Festival Iberoamericano de Teatro (ambos en 1988), pero también, a través de los televisores y de las páginas del periódico, vimos morir de formas violentas a periodistas, jueces de la República, policías, políticos y gente inocente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos la generación de la Constitución del 91. Somos la generación del rock en español, las emisoras juveniles y &#8220;<em>¿Dónde está Javier?</em>&#8220;. Y, tristemente, una generación que quedó marcada por Pablo Escobar y sus bombas asesinas, una de las cuales destruyó, el 2 de septiembre de 1989, el antiguo edificio de <strong>El Espectador</strong> sobre la Avenida 68 con calle 23. El que fuera nuestro kínder. Tres años antes, las balas del narcotráfico asesinaron a don Guillermo Cano Isaza, esa leyenda del periodismo colombiano, director de <strong>El Espectador</strong> durante 34 años, hasta el día de su muerte, el 17 de diciembre de 1986. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos <em>Espectadores 2000</em> tuvieron el privilegio de conocerle, estrechar su mano y recibir sus consejos. La publicación nació en abril del mismo año en que a él lo mataron, cuando salía de su periódico amado, al que ingresó, con 18 años, al día siguiente de recibir el grado de bachiller.  Así lo cuenta el periodista Jorge Cardona en “Tinta indeleble”, el libro más completo que se ha escrito sobre don Guillermo y la historia de <strong>El Espectador</strong>. Creíamos tener el gusanillo del periodismo en la sangre como don Guillermo. Crecimos sin internet, sin redes sociales y sin teléfonos celulares, ¡y ni falta hacían!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tres años después explotó la bomba, un sábado, casi sobre las 7:00 de la mañana. Me las arreglé para evadir los cordones de seguridad y llegué hasta la portería lateral, con la “suerte” de que a esa hora, sobre las 9:00 a.m., llegaban María Antonieta Cano y su esposo, don Alfonso. Me las ingenié para que me vieran desde su vehículo y gracias a ellos pude entrar al edificio en ruinas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había muchos empleados, escoba en mano, siguiendo el ejemplo de la familia Cano, que recogía los escombros, porque la edición, sí o sí, tenía que salir a la calle al día siguiente; no tuvieron tiempo para llorar. &nbsp;Y circuló aquel domingo, con un titular gigante&nbsp;en la primera plana: <em>“Seguimos adelante”. </em>A las 4:00 de la tarde del día de la bomba, la edición ya estaba escrita e impresa. Fui uno de los afortunados que tuvo ese ejemplar histórico en sus manos antes que el resto de los colombianos. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-16743433d571ef548466e7e44e930bb4 wp-block-paragraph"><strong><em>“El Espectador es una casa que le ha dado la oportunidad a la gente de proyectarse profesionalmente. Quienes han pasado por ella, siempre quieren volver o tienen el recuerdo de haber sido el espacio donde fueron más felices trabajando. De mi mamá, también recibimos la misma semilla de tratar de ser buenas personas y trabajar por este país desde la ética. Es gratificante ver hoy en los Espectadores 2000 a unas personas felices y buenas”:</em> Alfonso Cano Busquets, ex jefe de Diseño de El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Devolviendo la película, ahora hechos y derechos, podemos comprender que fuimos privilegiados por la vida, al formar parte de la historia del periódico más valiente de Colombia, y quizás del mundo, si tenemos en cuenta que&nbsp;en aquellos años terribles no sólo asesinaron a su director, sino también a varios de sus periodistas, mientras que a otros los obligaron al exilio, que ese fue el camino de Fernando y Juan Guillermo, los dos directores y sus familias, por las amenazas de la mafia. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estábamos rodeados de leyendas del periodismo, pero éramos casi unos niños para darnos cuenta de la presencia de personajes ilustres como don José Salgar, maestro de Gabo; la reportera y columnista María Jimena Duzán que, vendríamos a saber después, tenía apenas 16 años cuando entró al periódico; el cronista deportivo Mike Forero, los reporteros sabuesos Fabio Castillo e Ignacio Gómez,&nbsp; o el cronista, también poeta, Julio Daniel Chaparro, asesinado en 1991 junto el fotógrafo Jorge Enrique Torres, cuando investigaban una masacre paramilitar en Segovia, Antioquia, además de toda una pléyade de editores y jefes de redacción, entre ellos <a href="https://www.elespectador.com/entretenimiento/cine-y-tv/murio-en-bogota-el-periodista-luis-de-castro-155746/">Luis De Castro</a>, Pablo Palomino, Carlos Murcia, Claudia Cano Correa, <a href="https://vivirenelpoblado.com/in-memoriam-emma-arcila/">Emma Arcila</a>, <a href="https://www.elespectador.com/entretenimiento/gente/un-gran-amigo-ante-todo-196445/">Gonzalo Mallarino Botero</a> o Juan Pablo Ferro, que han dado fama a <strong>El Espectador</strong> de ser la mejor escuela de periodismo, desde décadas antes de nosotros estar allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por sus páginas pasó la pluma, en los años 50, del único Premio Nobel de Literatura que ha tenido Colombia. En 1990 tuvimos la fortuna de conocer a Gabriel García Márquez durante una visita que hizo a la familia entrañable que lo acogió con apenas 27 años de edad.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="826" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1024x826.jpg" alt="" class="wp-image-120110" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1024x826.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-300x242.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-768x619.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo-1536x1239.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194020/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-Espectadores-con-Gabo.jpg 1550w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Guillermo Páez con Gabo y atrás Fernando Cano, ex director de <strong>El Espectador</strong>. (Foto: archivo <strong>El Espectador</strong>)</em></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>El Espectador fue la Universidad que no tuve</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Espectadores 2000</em> fue una publicación inclusiva en una época en que el término inclusión todavía no se usaba. Yo, por ejemplo, crecí en un barrio de clase obrera en las laderas de Bogotá. En medio del barrizal de aquella montaña, escribí, diseñé y vendí puerta a puerta dos periódicos<em>: La Carreta</em> y <em>El Populacho</em>. Con 14 años quería ser periodista; hoy que tengo 54, me doy cuenta que no sé hacer otra cosa. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día lluvioso la tía Mireya me llevó un ejemplar de <em>Espectadores 2000</em>, sin saber, ni ella ni yo, que mi vida cambiaría. Una carta y una llamada después, ya era parte del consejo de redacción de la única revista juvenil de la prensa colombiana. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedo decir que <strong>El Espectador </strong>fue la universidad que no tuve, porque un reportero en la familia era un lujo impensable en casa de mis abuelos. Al graduarnos de bachilleres, nos aguardaba un destino común: como albañiles pegando ladrillos, en el caso de los hombres, y en fábricas o casas de familias, en el caso de las tías. Yo no quería pegar ladrillos, porque recuerdo que ni siquiera tenía las fuerzas para mezclar bien el cemento con la arena. Yo quería ser un <em>cargaladrillos</em>, aunque todavía no sabía lo que esa palabreja significaba en el argot periodístico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me hice periodista en <strong>El Espectador</strong>. En su sala de redacción encontré los mejores maestros y maestras, empezando por María Antonieta, que corregía con paciencia nuestras notas, animándonos a mejorar un párrafo aquí, un título allá, y a justificar con argumentos los temas sobre los cuales queríamos investigar. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="676" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-1024x676.jpg" alt="" class="wp-image-120165" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-1024x676.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-300x198.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA-768x507.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/07071623/ZETA-MARIA-ANTONIETA-PASTRANA.jpg 1419w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Un día estábamos en el despacho de un ministro o el alcalde mayor de Bogotá, y al siguiente entrevistando a un escritor, al actor del momento en su casa o a Shakira cuando todavía era una niña de provincia; mientras unos recorrían hoteles detrás de los artistas internacionales que llegaban a Colombia, otros estaban en el recinto de la Asamblea Constituyente o encaramados en la tarima principal del icónico <em><a href="https://www.infobae.com/colombia/2023/07/28/concierto-de-conciertos-35-anos-del-evento-que-transformo-la-musica-en-vivo-en-colombia/">Concierto de Conciertos</a> (1988).</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>Espectadores 2000</em> nació en 1986, el mismo año en que la mafia asesinó a don Guillermo Cano.</strong></h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120127" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06195627/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-ESPECTADORES-HOY-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Los Espectadores 2000 hoy: Alejandro Cano, diseñador, Elizabeth Saravia, coordinadora editorial; Orlando Cuéllar, Sandra Gomajoa, Alexander Velásquez, María Antonieta de Cano, Zuly Martínez, Marisol Rojas y Werner Zitzmann.</em> <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, <strong>El Espectador</strong>.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7c30694856efd59858ff3a1bc6313179 wp-block-paragraph"><strong><em>“Hay cuatro valores que están en el corazón del periodismo, y creo que mi mamá los encarna muy bien: generosidad, confianza, libertad y responsabilidad. Si el periodismo se ejerce con esos cuatro valores, como lo hizo ella, se obtienen frutos como los que estamos viendo con los Espectadores 2000”,</em> Marisol Cano, ex directora del Magazín Dominical.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los consejos de redacción eran una delicia: María Antonieta se aseguraba de ofrecernos todo lo que nos gustaba comer, eso que ahora, ya cincuentones, nos prohíben los médicos. En más de una ocasión nos reunimos en el jardín, al aire libre, en una especie de picnic, para discutir los temas del siguiente número. Luego supimos que sacarnos de la redacción era la medida más eficaz para “apagar” nuestra bulla ciclónica que desconcentraba, y no pocas veces exasperaba, a los reporteros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las puertas de su casa y de su oficina, María Antonieta nos abrió su alma dadivosa. Un día nos llevó a conocer Fidelena, la finca de la familia Cano (donde comimos tanto hasta casi reventar), a una hora larguita de Bogotá, llamada así por don Fidel Cano Gutiérrez (el decano de la prensa colombiana, quien fundó <strong>El Espectador</strong> en Medellín en 1887), y su esposa María Elena Villegas Botero.</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-7367439bd4b1d986e33e531831611481 wp-block-paragraph"><strong><em>“Espectadores 2000 les dio voz a los jóvenes. Fue un proyecto visionario que hasta hoy sigue teniendo grandes efectos sobre la marca El Espectador, porque fue escuela de periodismo y semillero de lectores, con el liderazgo y la visión de María Antonieta”:</em></strong><strong> Fidel Cano Correa, actual director de El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&#8220;&#8230; y cayó Escobar&#8221;</em>, tituló a lo ancho de la primera plana <strong>El Espectador</strong>, el 3 de diciembre de 1993. El capo murió en su ley: fue abatido el día anterior. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo hoy, venimos a comprender cuán afortunados fuimos de crecer en el único diario que tuvo el coraje de pararse firme frente a los carteles del narcotráfico. Porque la nobleza de la familia Cano, la de sus hombres y sus mujeres, les viene de sangre, inscrita en el ADN, blindada con el temple de sus ancestros. &nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>TESTIMONIOS DE LOS ESPECTADORES 2000</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="643" height="799" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR.jpeg" alt="" class="wp-image-120113" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR.jpeg 643w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194339/ZETA-MARIA-ANTONIETA-TATIANA-MUNEVAR-241x300.jpeg 241w" sizes="auto, (max-width: 643px) 100vw, 643px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tatiana Munévar, </strong>periodista,<strong> </strong>coordinadora de <em>Espectadores 2000</em>. &#8220;La principal enseñanza de María Antonieta a los jóvenes no fue cómo poner un buen título o un punto y coma en un texto. Fue mucho más que eso. Fue mostrarles el valor de sus ideas y el poder de sus opiniones; la satisfacción del trabajo en equipo y, por supuesto, el amor por Colombia y por el oficio del periodismo. Enseñanzas invaluables que ojalá muchos más jóvenes pudieran recibir&#8221;.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="900" height="900" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR.jpg" alt="" class="wp-image-120114" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR.jpg 900w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194409/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ORLANDO-CUELLAR-768x768.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Orlando Cuéllar, </strong>ilustrador: “Querida directora María Antonieta, es enorme mi gratitud por la libertad que tuvimos de divertirnos haciendo lo que más nos motivaba; gracias por la generosidad de regalarnos el espacio para tantas carcajadas mientras preparábamos las ocurrencias que se iban a publicar en las páginas centrales de <em>Espectadores 2000,</em> y por la cantidad de alegrías sentidas cada vez que veía publicados mis dibujos”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="213" height="320" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE.jpeg" alt="" class="wp-image-120115" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE.jpeg 213w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194435/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JUANITA-URIBE-200x300.jpeg 200w" sizes="auto, (max-width: 213px) 100vw, 213px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Juanita Uribe Cala</strong>, periodista, consultora y estratega: “Siempre dije que mis papás le pagaban a la universidad, pero que yo estudié y aprendí en <strong>El Espectador</strong>. María Antonieta, con esas alas mágicas que siempre ha tenido, nos permitió descubrir nuestros propios superpoderes y nuestras propias alas para volar. Nos enseñó, en medio de un momento muy turbulento, a amar al país y trabajar con alegría por él”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120116" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-GUILLERMO-PAEZ.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guillermo Páez, </strong>fotógrafo: “No me arrepiento de haber repetido tres veces 11. Casi&nbsp;me sacan del colegio con abogado. Me di el lujo de cambiar mis días de clases por un súper concierto,&nbsp;un desfile, una rueda de prensa o la entrevista con algún famoso. De no ser por <em>Espectadores 2000</em>, esta experiencia no lo habría logrado ni en 200 años”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="557" height="639" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA.jpg" alt="" class="wp-image-120117" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA.jpg 557w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194601/ZETA-MARIA-ANTONIETA-SANDRA-GOMAJOA-262x300.jpg 262w" sizes="auto, (max-width: 557px) 100vw, 557px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sandra Gomajoa, </strong>periodista y comunicadora gráfica: “María Antonieta de Cano fue una inspiración poderosa para quienes apenas comenzábamos a imaginar que las palabras podían cambiar realidades, cuando aún éramos solo muchachos con cuadernos, preguntas y un país por comprender”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="878" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-1024x878.jpg" alt="" class="wp-image-120118" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-1024x878.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-300x257.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR-768x658.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194628/ZETA-MARIA-ANTONIETA-JAIME-ESCOBAR.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Jaime Alberto Escobar, </strong>periodista: “Aunque estudié periodismo en la universidad, <em>Espectadores 2000</em> fue mi verdadera escuela de periodismo, cuando ingresé tenía 17 años. Pude entrevistar a grandes personajes de la época, pero también tengo recuerdo de duros momentos en la historia de <strong>El Espectador</strong>, como el atentado terrorista del 2 de septiembre de 1989, que destruyó gran parte de su sede”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="341" height="435" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS.jpeg" alt="" class="wp-image-120119" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS.jpeg 341w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194715/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARISOL-ROJAS-235x300.jpeg 235w" sizes="auto, (max-width: 341px) 100vw, 341px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Marisol Rojas, </strong>periodista y ex cónsul: “En el periódico encontramos no solo una sala de redacción, sino un propósito. María Antonieta, nos formó como periodistas y ciudadanos íntegros. Nos trataron como a iguales, con respeto y exigencia. Don Guillermo Cano, cuya voz alcanzamos a escuchar en su despacho, nos enseñó que el periodismo, más que un oficio, es una forma de vida al servicio de la verdad”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="944" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1024x944.jpg" alt="" class="wp-image-120120" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1024x944.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-300x276.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-768x708.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN-1536x1415.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194738/ZETA-MARIA-ANTONIETA-WERNER-ZITZMAN.jpg 1553w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Werner Zitzmann</strong>, Director de la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI): “Querida María Antonieta: sigues siendo la misma niña y mamá, esa persona que terminó influyendo tan suave, discreta y efectivamente, la vida de esos casi niños que hoy te abrazamos llenos de cariño y gratitud”.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="708" height="910" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ.jpeg" alt="" class="wp-image-120121" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ.jpeg 708w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194758/ZETA-MARIA-ANTONIETA-ZULY-MARTINEZ-233x300.jpeg 233w" sizes="auto, (max-width: 708px) 100vw, 708px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Zuly Martínez, </strong>profesional en recursos humanos, formadora y coach de habilidades blandas: “Recuerdo la emoción de ver por primera vez impreso mi nombre, acompañado de la frase <em>Redacción Juvenil Espectadores 2000</em>; la mayor satisfacción que una jovencita de 16 años podía tener. Tuve el privilegio de estar presente en eventos históricos como la Asamblea Nacional Constituyente”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120146" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06211347/ZETA-MARIA-ANTONIETA-MARCO-LINO.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Marco Lino Rodríguez</strong>, productor musical. “María Antonieta confió en mí cuando apenas empezaba a descubrir el poder de las palabras.&nbsp;Estaba recién desempacado de Pesca, Boyacá. Con su guía y confianza, entendí que el talento necesita siempre de alguien que lo vea y lo aliente en sus primeros pasos”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1018" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-1024x1018.jpeg" alt="" class="wp-image-120148" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-1024x1018.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-300x298.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-150x150.jpeg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ-768x763.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06212004/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CARLOS-SANCHEZ.jpeg 1125w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Carlos Sánchez,</strong> escritor y conferencista, autor del libro “Tramas de la mente”: “María Antonieta es sinónimo de empatía, periodismo al servicio de la sociedad y no del ego; nos brindó la oportunidad de vivir el periodismo con intensidad, pasión y decencia”.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1016" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-1024x1016.jpg" alt="" class="wp-image-120152" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-1024x1016.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-300x298.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON-768x762.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06215519/ZETA-MARIA-ANTONIETA-RONDON.jpg 1079w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>José Antonio Rondón</strong>, periodista de tecnología y creador de contenido, director de IT en Línea: “María Antonieta Busquets me ayudó a descubrir la pasión por el hermoso oficio del periodismo. Su profesionalismo, excelencia humana y generosidad marcaron mi camino y se convirtieron en un ejemplo que sigo atesorando”.&nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-120123" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-1536x1024.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/09/06194937/ZETA-MARIA-ANTONIETA-CANO-todos-con-los-ESPECTADORES-20000-2048x1365.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>De pie: </strong>Elizabeth Saravia, Patricia Fajardo, Elsa Martínez y su esposo Alejandro Cano, Marisol Cano, Alfonso Cano, María Antonieta Busquets de Cano, Ana María Busquets de Cano, Juan Francisco Cano (nieto de María Antonieta, hijo de Andrés Cano, QEPD); Sandra Pulido, esposa de Andrés, Fernando Cano, Ana María Cano, Fidel Cano y Juan Pablo Ferro: <strong>De rodillas:</strong> Orlando Cuéllar, Zuly Martínez, Sandra Gomajoa, Alexander Velásquez, Marisol Rojas, Guillermo Páez y Werner Zitzmann.</em> <strong>Foto: </strong>Gustavo Torrijos, <strong>El Espectador. </strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120107</guid>
        <pubDate>Sun, 07 Sep 2025 12:40:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[María Antonieta de Cano y el kínder del periodismo colombiano]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El día que un elefante se sentó en mi pecho</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/el-dia-que-un-elefante-se-sento-en-mi-pecho/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay palabras que no saben cargar tanto peso. Como “gracias”, por ejemplo. “Gracias” suena tan corta. Eduardo Galeano tiene un cuento en el que las palabras están guardadas en frascos. “Gracias”, tan corta y tan simple, como si cupiera en un mini frasquito. Un simple gracias no alcanza para agradecer un corazón reparado. Ni para [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Hay palabras que no saben cargar tanto peso. Como “gracias”, por ejemplo. “Gracias” suena tan corta. Eduardo Galeano tiene un cuento en el que las palabras están guardadas en frascos. “<em>Gracias</em>”, tan corta y tan simple, como si cupiera en un mini frasquito. Un simple gracias no alcanza para agradecer un corazón reparado. Ni para agradecer el tiempo extra que me regalaron para seguir existiendo. Por eso existe este escrito, se necesitan más palabras que un gracias, así repita ese “gracias” muchas veces. No es suficiente. Y tampoco sé si este escrito logre ese cometido, de expresar el agradecimiento que siento en este corazón recién reparado.</p>
<p>Un infarto no suena a lo que es. “Infarto” parece palabra de noticiero. Lejana. Fría. Algo que les pasa a otros. A cuerpos ajenos. Uno no piensa “<em>me va a pasar</em>”. Hasta que. Hasta que pasa. Y sí, a mí.</p>
<p><em>“El corazón se cansa de tanto cargar lo que callamos”</em>. Eso lo leí una vez. Tal vez fue Galeano. O Benedetti. O una cadena de WhatsApp. ¿Importa? ¿Callo demasiado? ¿No lo creo? Al mío le pasó otra cosa.</p>
<p>25 de marzo. Estaba en mi casa viendo una serie. Y de pronto sentí… algo. Un algo tan enorme que no cabe en esta frase. No era dolor, al principio. Era una opresión. Un bloque de cemento sobre el pecho. Un elefante recostado entre el cuello y los senos. Un gigante invisible enfadado pisándome el centro del cuerpo.</p>
<p>Y atrás, en la espalda, algo nuevo. Un dolor que no era dolor. Algo que no había sentido jamás y que aún hoy no puedo traducir a palabras. Le dije a mi mamá:<br />
<em>“Algo me está pasando. No sé qué es. Pero es algo malo”.</em></p>
<p>Y lloré. No por tristeza. No por consciencia. Mi cuerpo lloró solo. Sabia antes que yo lo que estaba pasando. Se desbordaba por instinto. Como si llorar fuera una forma de evitar la muerte: “<em>de pronto la sacamos por los ojos</em>”.</p>
<p>Esa sensación duró&#8230; ¿diez minutos? No sé. No conté el tiempo porque el tiempo se rompió. Solo recuerdo que después bajó. No se fue, pero aflojó. Y pude hablar bien. Llamar. Pedir ayuda. Y entonces, gracias a mis seres queridos, fui al hospital.  Correr a la vida. Correr para no déjame alcanzar por nubes oscuras.</p>
<p>Y entré a ese hospital Serena del Mar, a urgencias, caminando. Porque uno camina. Incluso con el corazón en huelga. Coherente. Y también hablando. Pero, sobre todo: viva.</p>
<p>Abro paréntesis (porque esto no tiene orden): Epicteto decía que <em>“no nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”</em>. Mentira. Sí nos afecta lo que nos sucede. Y también lo que decimos sobre ello ¿Qué me dije mientras un elefante aplastaba mi pecho?</p>
<p>No sé qué tipo exacto de infarto me dio. No he preguntado con exactitud. Me dio miedo, me da miedo. Tampoco acudí a Google, no es médico. Solo sé que no me mató al instante, como pasa tantas veces.</p>
<p>Dos médicos salvaron mi corazón. El doctor José Fernando García Núñez, mi cardiólogo. Y el doctor Hernán Darío Fernández Cuartas, mi cirujano cardiovascular.</p>
<p>Primero, el doctor José Fernando García lo supo. Lo detectó. Con pruebas que examinaron mi sangre. Me lo dijo sin rodeos pero con dulzura: <em>Tuviste un infarto.</em> Y su voz, aunque era la confirmación de lo temido, no sonó como sentencia. Sonó como compañía. Tiene esa sonrisa él, esa que abriga, esa que calma. No todos los médicos la tienen.</p>
<p>El doctor García me hablaba como si mi mundo no estuviera por colapsar. Como si todo pudiera ordenarse con una frase simple: “<em>tranquila, todo va a salir bien</em>”. ¿Cómo hace alguien para decir eso sin que suene a frase vacía? No sé, pero él tiene ese don. Me lo dijo. Y me lo creí. Y resultó verdad.</p>
<p>Cuando el doctor García la pronunció: infarto —<em>una palabra que no es para mí</em>— pensé. Yo soy joven. Tengo planes. Tengo amor. Tengo mucho por escribir. Mosquitos por gobernar mundos (mi próximo libro). No me toca. ¿O sí?</p>
<p>La vida se quiebra en dos. Como una rama seca. Antes: yo me imaginaba el tiempo como una espiral en crecimiento. Después: entendí que el tiempo se encoge. Ya lo sabía. La física lo explica. El tiempo se deforma. A veces, se detiene. Pero, cuando te pasa realmente lo comprendes.</p>
<p>Y luego, el doctor Hernán Fernández Cuartas. Cirujano cardiovascular. Un guardián del corazón. El de las manos que no dudan. El que abrió mi pecho y conectó otra arteria, una nueva vía, una manguerita mágica para que la sangre siga cantando. Nunca me habían tocado el corazón así. Con bisturí. Con ciencia. Con decisión.</p>
<p>Agradecer es algo que necesito hacer. Escribir sobre estos dos hombres increíbles. Ponerlos en mis palabras como guardianes de mi corazón, como parte de mi biografía más íntima. Porque gracias a ellos, mi corazón sigue escribiendo.</p>
<p>Hay algo muy hermoso en eso. En que el corazón haya tenido guardianes desde el principio. Los míos ahora: José García y Hernán Fernández. Pero en tiempo antiguos, no solo doctores con manos firmes, sino grupos enteros de sabios que lo consideraban el trono del alma. Y no estaban tan equivocados.</p>
<p>No me morí el 25 de marzo. Y tampoco el 1 de abril, cuando me abrieron el pecho. Corazón abierto. No poéticamente. De verdad. Anestesia. Frío. Luz blanca. Cuerpos moviéndose alrededor mío con una calma que no entendía. Porque yo temblaba de susto, ¿y ellos tan serenos? Y luego… nada. Negro. Silencio. Ni un solo sueño.</p>
<p>Pero el día antes si hubo un sueño.  Soñé que el doctor Fernández cosía mi corazón con hilo rojo. No sé si era seda o sangre. Pero el nudo final lo hizo con un gesto de artista, un poema hecho cirugía. Cuando el corazón hace huelga: Los médicos son poetas que cuidan y operan.</p>
<p>Cuando mis dos doctores venían a la habitación a verme, me nacía la curiosidad. Quería preguntarles cosas simples y profundas. Entender por qué eligieron este camino. ¿Cuándo lo supieron? ¿En qué momento supieron que querían sanar corazones?  ¿Qué los llevó a querer curar corazones ajenos? ¿Qué los llevó a dedicar su vida a intervenir ese órgano, que cuando se enferma da miedo hasta nombrar? ¿Quién les enseñó a no temblar ante un procedimiento y un corazón abierto?</p>
<p>Pero no lo hice. Nunca me atreví. Me pareció un robo quitarles minutos que podrían ser vida para alguien más. Sentí que mis preguntas no valían más que su tiempo sagrado.</p>
<p>Pero, esas preguntas siguen ahí ¿Por qué decidieron ser médicos? Entre tantas cosas… médicos. “<em>Por vocación”,</em> responderán algunos. Pero pienso que es más complejo, más profundo.</p>
<p>Ser médico. Antes de ser ciencia, fue otra cosa. Fue rito. Canto. Fue tambor que llama a los espíritus del bosque. Danza alrededor del fuego con una hoja de sauce en la mano. Fue saber antiguo.</p>
<p>Antes de ser “doctor”, el sanador fue puente. Entre este mundo y el otro. Entre lo que duele y lo que cura. Entre lo que no entendemos y lo que podemos soportar.</p>
<p>La palabra “doctor” no siempre olía a hospital.  Antes, olía a libro. A conocimiento. Luego, fue título. Después, especialidad. Y ahora, para mí, es el nombre de quienes me tocaron el pecho sin miedo. Y dijeron: vamos a sanarlo. José y Hernán.</p>
<p>Pero, ¿Por qué, entre la colección de órganos humanos por sanar, ellos escogieron el corazón?</p>
<p>El corazón, por encima del cerebro, ha sido desde siempre el símbolo de todo. Del alma, del amor, del miedo, de la vida. Ese lugar donde, dicen, vive el alma. Desde el primer ser humano que lo escuchó latir y entendió que eso era estar vivo. Algunos dicen que suena como un tambor místico, que toca la música de Dios. Un tambor de musculo para ser exacta. Desde que lo sentimos acelerarse, romperse, apagarse, explotar, morir. Desde ahí sabemos que allí reside la vida.</p>
<p>No siempre lo vieron, como ahora, como una bomba. Durante siglos fue otra cosa. Un nido. Una brújula. Una habitación sagrada. Un lugar que sangra cuando ama. El corazón, esa bomba misteriosa, ese tambor ancestral que lleva siglos sonando en millones de cuerpos —el mío incluido—.</p>
<p>Los antiguos lo sabían. No necesitaban ecógrafos ni escáneres. Lo sentían. Los egipcios lo pesaban. Los mesopotámicos lo leían como un presagio. En China, lo cruzaban con meridianos invisibles y agujas finísimas. En la India, lo trataban como una flor sagrada. Un punto de encuentro entre lo que somos y lo que creemos ser.</p>
<p>El corazón ya se estudiaba sin estetoscopios. Con dedos. Con ojos cerrados. Con intuiciones que olían a incienso.</p>
<p>Por eso tomaban el pulso como quien lee poesía. Por eso usaban plantas como hechizos. Por eso no separaban nunca el cuerpo del resto de la vida. Porque el cuerpo es solo un pedazo del mapa del alma.</p>
<p>¿Cómo escribir sobre el corazón sin escribir también sobre el alma? No se puede. Escribir sobre el corazón es, inevitablemente, escribir sobre lo que somos.</p>
<p>No es casual que, en casi todas las mitologías, el corazón sea el órgano sagrado. La mitología egipcia dice: cuando mueras, tu corazón será pesado contra la pluma de Ma’at, para saber si es digno del más allá. Un corazón ligero era un alma justa. Un corazón pesado: condenado. La justicia, para ellos, no es abstracta, es concreta: pesa. Si tu corazón pesaba más que la pluma, serías devorado por una bestia con cara de cocodrilo.</p>
<p>¿Cuánto pesaba el mío esa mañana de abril que el doctor Fernández lo operó? ¿Cuánta culpa? ¿Cuánto miedo? ¿Cuánta alegría’ ¿Cuánto amor? ¿Y cuánta esperanza? Los antiguos egipcios enterraban escarabajos en el corazón como amuletos para proteger la memoria del alma. Para que el corazón no hablara más de la cuenta. Para que no confesara nada. Sin confesiones quizás era más ligero que una pluma.</p>
<p>No necesité escarabajos, el doctor Fernández se encargó de que siguiera latiendo. Ma’at no lo pudo poner en su balanza.</p>
<p>Dicen que alrededor del 3000 a. C. los egipcios dejaron de hablar de memoria y empezaron a escribir. A escribir lo que cura y lo que duele. El Papiro de Ebers, encontrado en Luxor en 1873, data del 1550 a. C., pero contiene textos más antiguos. Veinte metros de hechizos, remedios, observaciones, con 700 fórmulas y conjuros (otros dicen que son 900). Entre ellos, un tratado sobre el corazón. Este dice que del corazón salen vasos hacia todo el cuerpo. Dice que la medicina funcionaba junto a la magia, y la magia junto a la medicina.</p>
<p>“<em>El corazón es el centro de la sangre</em>”, dice ese papiro. Y aunque no tenían ecocardiogramas ni cateterismos, ya sabían que algo en ese músculo tenía poder. Lo intuían. Lo escribían. Lo cantaban. Primero el hechizo. Después la hierba. Nunca al revés.</p>
<p>Y si el corazón dolía, era porque un dios se había enfadado y había bloqueado el canal. Entonces había que desbloquear. Con oraciones. Con plantas. Con manos. Con fe ¿Qué dios se enfadó conmigo? No existen hoy médicos egipcios que puedan responderlo.</p>
<p>Pero yo sentí eso. Yo tuve un canal bloqueado. Tapado por el miedo, por el colesterol, por el destino. Y me desbloquearon. No con una poción egipcia, pero sí con una mezcla de manos, máquinas y misterios. Por el cirujano mágico: Hernán Fernández Cuartas.</p>
<p>Los egipcios no separaban cuerpo y alma. Ni ciencia y rito. Los sacerdotes eran también médicos. Rezaban a Imhotep, el arquitecto de la Pirámide Escalonada, quien también diagnosticó apendicitis, tuberculosis, gota. Imhotep, el sabio. El sanador. El primer médico divinizado.</p>
<p>¿Y si el infarto me hubiera dado en tiempos de Imhotep? Tal vez me habría tratado con palabras rituales. Me habría tocado el pecho con aceites sagrados. Quizás habría pedido silencio, para escuchar lo que el corazón tenía que decir antes de intentar repararlo ¿Hay algo de Imhotep en José Fernando y Hernán? Claro que sí, mucho y sobre todo eso último que escribí, son capaces de escuchar lo que los corazones dicen y conociéndolos los pueden reparar.</p>
<p>¿Y si la medicina siempre fue eso? Un intento de escuchar. Una forma de interpretar lo invisible. La medicina y la magia, juntas. Como bisturí y oración.</p>
<p>En la India, en la tradición védica, el corazón es el asiento del prana, la energía vital. Cuando el prana se interrumpe, el cuerpo enferma. El prana, esa energía que no aparece en los electrocardiogramas pero que, cuando se va, todo se acaba.</p>
<p>Sushruta, un médico hindú del siglo VI a. C., escribió el Samhita, uno de los textos quirúrgicos más antiguos. Describe el corazón como un capullo de loto carnoso. Un loto que late, anticipando lo que hoy vemos en las imágenes clínicas.</p>
<p>Considerado el primer cirujano. Hay algo de él en todo aquel que se dedica a operar, hay algo de él en el doctor Fernández.  Él dijo: <em>el cuerpo no es sagrado si no se conoce.</em> Y habló de arterias, válvulas y bisturís. Escribía en sánscrito cosas como: injertos de piel, cesáreas, hasta operaciones del corazón. ¿Era posible? Tal vez no. Pero lo pensó. Y pensarlo ya es un tipo de incisión.</p>
<p>Pero no es de Sushruta de quien quiero hablar. Este escrito es para los dos guardianes de mi corazón: los doctores José Fernando García y Hernán Fernández Cuartas.</p>
<p>Hace unos días vi al doctor García en urgencias, y nuevamente lo vi sonreír, y más allá de pensar “<em>que linda sonrisa tiene</em>”, vi a un hombre brillante con años de estudios. Vi a un heredero de Imhotep. A alguien que no solo estudió anatomía, sino también cómo mirar con amor.</p>
<p>Ser cardiólogo. Qué palabra más seria. Cardio: corazón. Logo: estudio. Pero no es solo eso. Es comprender en el misterio más antiguo. El tambor. El templo. La bomba sagrada.</p>
<p>Cardiólogo, podría ser:</p>
<p>El que se atreve a escuchar una música secreta de tambores internos.</p>
<p>El que se aprende de memoria el sonido de la vida.</p>
<p>El que detecta silencios sospechosos.</p>
<p>El que con catéteres camina por arterias como si fueran pasillos. Y encuentra ahí, en la curva más angosta, el secreto de lo que aún late.</p>
<p>Cardiólogo: Es el que se para frente al abismo del pecho ajeno y decide intervenir. Con exámenes, procedimientos y con palabras.</p>
<p>El cirujano, el cardiovascular. Ese es otro tipo de valiente. Uno que es como un héroe.  Hernán Fernández Cuartas, el que cortó y pegó. El que entró con su equipo a esa caverna de carne. No fue solo un técnico. Fue mago. Fue sacerdote. Fue ejecutor de un milagro muy antiguo. Con sus manos, conectó una arteria nueva. Puso un puente. Hizo posible lo imposible. Me dio continuidad</p>
<p>La palabra cirujano viene de “kheirourgos”: el que trabaja con la mano. Pero es mucho más. Es el que toca lo intocable. El que se mete donde nadie se atreve. El que, con un equipo, como tuviera en sus dedos el mapa del cuerpo, atraviesa la selva del pecho sin perderse.</p>
<p>Antes, operar el corazón era una herejía. Demasiado sagrado. Demasiado peligroso. Demasiado humano. Pero llegaron locos hermosos. Axel, en 1895, que abrió un pecho y dijo: <em>vamos a ver</em>. Y después, uno tras otro, cirujanos con nombres de planeta o de dios. Y hoy a todos esos sabios que reparan corazones los representa el doctor Hernán Fernández.</p>
<p>Un primero de abril, Hernán. Mi Hernán, porque ya hace parte de mi historia. Con sus guantes y sus ojos alegres (tiene unos ojos que iluminan vidas). Con la precisión de siglos de conocimientos encima. Con el pulso heredado de Sushruta. Con la determinación de quien sabe que lo que tiene en las manos no es solo músculo, sino vida. Con sus manos que abrió mi pecho como quien lee un libro urgente, buscando la palabra exacta para no perder la historia.</p>
<p>Mi corazón siguió latiendo gracias a ambos. Y cada vez que lo hace, es una invocación. Es una historia larguísima latiendo en presente. Es la historia de todos los que curan y de todos los que quieren seguir vivos.</p>
<p>Y mi corazón… ese corazón que narra y susurra… fue uno más en esa narrativa de la vida. Pesado. Operado. Resucitado.</p>
<p>¿Me salvaron por ciencia o por magia? ¿Por bisturí o por fe? Seguramente por todas, porque eso invisible, divino, está ahí en cada diagnóstico, en cada medicina, en cada procedimiento, en cada operación</p>
<p>¿Quién me curó? José Fernando y Hernán, sin duda. Con ellos Dios, el que marca un antes y un después en el conteo del tiempo. Pero. También, quizás fue Imhotep desde el otro lado de la historia. Quizás fue un canto que se activó en mi sangre cuando alguien repitió un hechizo antiguo sin saber que lo decía.</p>
<p>¿Y si el Papiro de Ebers tenía razón? ¿Y si la medicina sola no alcanza? ¿Y si la magia sola tampoco? ¿Y si hay que unir? Como hicieron los antiguos. Como hacen los sabios. Como hacen los que no se ríen de lo invisible.</p>
<p>Mi corazón no late solamente porque está reparado. Late porque alguien creyó en su posibilidad de volver. Late porque hay siglos detrás de esta cicatriz. Late porque el cuerpo no olvida, y el alma tampoco.</p>
<p>Pero hubo alguien —hubo muchos— que hace siglos decidieron abrir, reparar, cerrar. Desafiar lo prohibido con bisturí. Yo fui uno de esos cuerpos donde eso sucedió. Fui experimento milenario. La continuación del riesgo.</p>
<p>El infarto me sacó de la ilusión. De la fantasía de continuidad. Del “<em>siempre hay tiempo</em>”. Del “<em>no pasa nada</em>”. Rompió nuevamente la burbuja del “<em>a mí no</em>”. Sí pasa. Todo pasa.</p>
<p>La muerte no es algo que ocurre al final. Está aquí. Ahora. Al lado. Mirando. Silenciosa. Sin apuro. Sin violencia. Solo presente.</p>
<p>Y sin embargo —o quizás por eso— quiero vivir más. Más intensamente. Más torpemente. Más tiernamente. Más como si cada día no fuera solo uno más. Tengo una sola certeza: esto se termina. Así que vivamos. No quiero solo sobrevivir. Quiero arder.</p>
<p>¡Qué obsesión mía por el fuego! Nada de pirómana, no, no. Es que el fuego es renovación, el fuego es movimiento y el fuego es vida ¿Qué es el sol? Fuego inclemente y vida incesante.</p>
<p>Tengo miedo de que todo lo que escriba suene a lección. No quiero moralejas. Ni frases motivacionales de autoayuda.</p>
<p>Hay escritos que ves como cliché hasta que te pasan. Hay cosas que suenan cursis hasta que te ocurren. Y terminas escribiéndolo. Cliché y cursi. Pero escribiéndolo. Eso también es latir. De otra forma. Con otros músculos.</p>
<p>Así que no sé cómo se agradece esto. Cómo se abraza con palabras a quienes me dieron tiempo extra. No sé. Pero lo intento. Así. Torpemente. Con esta columna rota. Con este corazón que volvió a latir.</p>
<p>No hay moraleja —aún no— por lo menos no una para lanzarle al mundo. No hay “lección aprendida” que pueda postear en Instagram con fondo beige y letras caligráficas. Solo esto: Sigo aquí. Respirando. Con mi alma mirando a mis médicos con gratitud.</p>
<p>Esa que te hace llorar en silencio cuando los ves en la cita de control. Esa gratitud que no sabes cómo devolver ¿Cómo se le agradece a alguien que te salvó la vida? ¿Con palabras? ¿Con flores? ¿Con un abrazo torpe que no alcanza? No hay forma. Hay intención.</p>
<p>A veces los héroes como ellos pasan tan cerca, que una solo puede mirar en silencio. Agradecer bajito para no molestar. Susurrando constantemente un tímido gracias que ellos no alcanzan a escuchar.</p>
<p>A todos, a los que me cuidaron en la UCI, en ese territorio extraterrestre. Allí hay pitidos que se convierten en banda sonora. Y allí los médicos te rescatan de los sonidos que asustan: Antonio Oyola, Rafael de Ávila, Julián Arrieta, Harold España y Andrés Fernández —espero que no me falte ninguno—. Y a los dos guardianes de mi corazón. A José por su cuidado. A Hernán por su precisión. A los dos por estar cuando todo el resto de mi mundo parecía congelado. Porque un infarto es eso: una pausa forzada. Un &#8220;<em>espera, tú no mandas</em>&#8220;.</p>
<p>Gracias. No un gracias de protocolo. No un gracias polite de quien agradece una consulta. Gracias de esas que se sienten en el estómago. Gracias por darme tiempo.</p>
<p>Alguien me dijo hace poco, ganaste tiempo, ellos te dieron tiempo ¿Qué vas a hacer con él? Esa pregunta retumba en mi ¿Qué voy a hacer con el tiempo extra que el doctor García y el doctor Fernández me regalaron? Eso no se puede contestar en este párrafo. Ni en este escrito. Porque aún no tengo esa respuesta. No es una sola. Y porque necesito más conversaciones conmigo misma para poderla responder. Seguramente la escribiré. No sé si la publicaré.</p>
<p>A lo mejor escribir. A lo mejor callar más. O mirar los árboles más rato. No sé. Lo que sí sé es que no quiero dejar pasar este susto como si fuera anécdota. No quiero convertirlo en chiste rápido ni en moraleja barata. Fue real. Fue íntimo. Y ahora&#8230; me toca vivir del otro lado. Del lado donde ya no se da nada por hecho. Ni la vida. Ni el aire. Ni el corazón.</p>
<p>José. Hernán. Gracias por la precisión, la calma, la humanidad. Por no tratarme como un número. Por salvarme el alma sin saberlo.</p>
<p>Gracias, José. Gracias, Hernán. De verdad.</p>
<p>Gracias a ellos sigo aquí. Y ellos hacen parte de mi historia. Mientras tanto mi corazón late, siento que distinto. Como si cada <em>pum</em> dijera: &#8220;<em>Estás&#8221; ¿Y si mañana no?</em> No importa. Hoy escribo. Hoy agradezco. Hoy respiro. Y sí. Aún me duele el cuerpo. Pero el dolor también es una forma de saber que sigo viva.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115580</guid>
        <pubDate>Wed, 07 May 2025 13:45:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El día que un elefante se sentó en mi pecho]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
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        <title>Donde la sanación es un acto de amor</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/donde-la-sanacion-es-un-acto-de-amor/</link>
        <description><![CDATA[<p>Estuve enferma. Muy. Y no es fácil decirlo en voz alta, tampoco escribirlo. Pero es lo que hay. La vida. Con su crudeza. Con sus pausas inesperadas. Duele pensar en la fragilidad del cuerpo, en lo quebradizo que podemos llegar a ser. Estuve varios días en una Unidad de Cuidados Intensivos. La UCI, un lugar [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Estuve enferma. Muy. Y no es fácil decirlo en voz alta, tampoco escribirlo. Pero es lo que hay. La vida. Con su crudeza. Con sus pausas inesperadas.</p>
<p>Duele pensar en la fragilidad del cuerpo, en lo quebradizo que podemos llegar a ser.</p>
<p>Estuve varios días en una Unidad de Cuidados Intensivos.</p>
<p>La UCI, un lugar donde puedes sentir lo peor y lo mejor de ti al mismo tiempo, como si la vida se tratara de encontrar un equilibrio en medio de un caos incontrolable entre tu cuerpo enfermo y tu alma confundida por el dolor y los padecimientos.</p>
<p>Ahí&#8230; Ahí fue donde sentí que el dolor se podía atravesar con amor. Que la ansiedad podía calmarse con una caricia, o con una voz dulce que no me conocía, pero me cuidaba como si lo hiciera.</p>
<p>Porque había algo en sus manos. En sus palabras. En su forma de entrar al cuarto como quien entra a un santuario. La humanidad que encontré en las enfermeras que me cuidaron dejó una marca en mi corazón. Si mi cardiólogo (José García) y mi cirujano cardiovascular (Hernán Fernández) leen esto, no hay que alarmarse no es una marca que le haga daño al corazón que sanaron.</p>
<p>A veces ellas no podían hacer que el cuerpo doliera menos. Pero podían, y lo hacían, aliviar otro dolor. Uno más silencioso. Uno que no se ve en los exámenes médicos. Ese dolor que aparece cuando la dignidad se resquebraja.</p>
<p>Sentí la vulnerabilidad de mi ser, era como si mi propia piel ya no me fuera mía. Y sin embargo, en medio de todo eso, las enfermeras&#8230; ellas lograron algo que no sé cómo describir sin que suene cursi, pero lo voy a decir de todos modos: me dieron un abrazo invisible.</p>
<p>Sí, ahí estaban ellas. Las enfermeras. Ángeles sin alitas, pero con turno. Con jornada extendida. Con cansancio acumulado.</p>
<p>Estaba allí, entre la ansiedad de mis días, a mi alrededor monitores, dentro de mi tubos y agujas, y una fría sensación de incertidumbre. Pero cada una de ellas&#8230; con una sonrisa, con la manera en que tocaban mi hombro, con una palabra que me aliviaba y que me hacía sentir que estaba en buenas manos, que todo iba a estar bien. Y cuando lo pienso, hoy sé que eso es un regalo, un milagro. En esos momentos en que la vida se reduce a fragilidad, es la calidez humana lo que te hace querer seguir respirando.</p>
<p>Cuando estamos enfermos, cuando nos invade el dolor y la incertidumbre, las emociones asaltan nuestra mente. Algunos reaccionan con rabia, varios con ansiedad, otros con tristeza, otros nos aferramos a la esperanza como quien se agarra a una palmera en medio de un huracán.</p>
<p>Son momentos en que la humanidad entera se muestra sin disfraces.</p>
<p>Y ahí, en medio del miedo, del dolor y la fragilidad, ellas —Joselin, Jennifer, Lupe, Nadia, Karen, Raiza, María, Lina…— se convertían en faros.</p>
<p>Rescataron mi alma de la oscuridad con gestos sencillos: una caricia, una palabra amorosa, una sonrisa que iluminaba mi mente.</p>
<p>Y yo tuve la bendición de ser cuidada por ellas.</p>
<p>Recuerdo cuando, por primera vez, no pude moverme. Cuando el dolor se volvió tan grande. No podía ir a un baño. No podía levantarme ¿Sabes lo que es estar en una cama con un pañal porque no puedes levantarte? ¿Has sentido esa mezcla de vergüenza y desesperación? Yo sí. Y no se olvida. Me sentí pequeña, indefensa, atrapada en algo que no podía controlar, tan vulnerable, avergonzada y angustiada. Estoy segura que eso hemos sentido todos los que alguna vez hemos estado allí.</p>
<p>Pero tampoco se olvida la ternura con la que me ayudaron. La forma en que me limpiaron. Sin asco. Sin prisa. Sin juicio. Solo amor. Amor del bueno, como dice una canción noventera, claro que en otro contexto.</p>
<p>Es difícil escribir esto, pero es la realidad que viven todos los que están en una UCI y que por algún momento no pueden hacerse cargo de sí mismos.</p>
<p>Ya sé, para algunos sonará absurdo o innecesario, pero la vergüenza de necesitar ayuda para algo tan simple, tan básico, fue un golpe de realidad. Estaba atrapada en mi cuerpo. Ya no era mío. Un pañal, un gesto que te quiebra. Y ahí estaba yo, tan perdida, tan fuera de lugar, sin poder hacer nada. Como si todo lo que era, lo que había sido, se desintegrara junto con esa incomodidad. No podía más.</p>
<p>Es más que sólo medir signos vitales, administrar medicinas, o ajustar un gotero. En las manos de ellas está el arte de devolvernos la dignidad, de hacernos sentir que nuestra humanidad no era algo de lo que avergonzarnos, sino todo lo contrario, algo que había que aceptar y hasta honrar.</p>
<p>Y entonces, allí estaban ellas: Raiza, Joselin, Nadia, Lupe, Jennifer, Karen, Teresa, Lina, María&#8230; Los nombres de esas mujeres se quedaron grabados. Pero hay más. Sé que me faltan nombres. Sé que hubo más manos que me cuidaron aunque ahora no pueda recordarlas todas. Pero sus rostros y sus cuidados quedaron sembrados en mi corazón.</p>
<p>Cada una de ellas me fueron levantando, me fueron devolviendo algo que había perdido. El miedo, la angustia, la ansiedad, todo eso se desvaneció, y sentía alivio. El alivio de sentirme cuidada. Qué difícil es explicar cómo se cura un alma. O cómo se rescata una dignidad perdida. Pero ellas: Raiza, Joselin, Nadia, Lupe, Jennifer, Karen, Teresa, Lina, María&#8230; que con cada gesto, me la devolvían. Cada sonrisa que me regalaban, cada palabra tranquila, fueron un bálsamo.</p>
<p>Me decían <em>“tranquila”, “ya estás mejorando”, “esto pasa</em>”. Y pasaba. Porque cuando alguien te cuida así, con esa mezcla de técnica y ternura, se te acomoda el alma, incluso si el cuerpo sigue roto.</p>
<p>No puedo olvidar un día en particular.</p>
<p>Iban a hacerme un procedimiento que me asustaba, sabía que dolería. Me temblaban las manos, el alma. Entonces Raiza, sin que nadie se lo pidiera, se acercó a mí, tomó mi mano, me acarició los dedos y la apretó con fuerza.</p>
<p>Ese gesto diminuto, humano, sagrado&#8230; me devolvió la seguridad. Me hizo sentir protegida.</p>
<p>A veces, no hacen falta palabras: basta que alguien te sostenga la mano para que disminuya el miedo.</p>
<p>Ellas lo hicieron, con cada gesto, con cada mirada. Y, ¿sabes qué? Eso no es algo que se pueda aprender solo en libros. La enfermería no se reduce a protocolos, se trata de un corazón dispuesto a entregarse por otro. Es un don.</p>
<p>Llevo días sentada tratando de escribir esto. Tratando de escribir algo digno. Que haga justicia a lo que viví. Pero las palabras no alcanzan. Es difícil escribir lo que una enfermera deja en tu alma, lo que siembra en tu corazón. Es algo tan profundamente humano, que las palabras no alcanzan.</p>
<p>¿Por qué escribirlo? Porque soy escritora, claro. No puedo no contar las cosas. Es como si necesitara que las palabras ordenen lo que siento.</p>
<p>Y siento tanto. Sobre todo, gratitud. Pero también admiración profunda por la enfermería.</p>
<p>Vienen dos escritos más, que publicaré creo que mañana, sobre las manos mágicas que me salvaron y sobre el dolor.</p>
<p>Me he preguntado mientras reflexiono sobre la enfermería ¿Qué es ser profesional? Esa palabra tan pomposa. Tan repetida. Tan usada en discursos vacíos. Para mí, ser profesional no es solo saber hacer. Es saber estar. Y en el caso de ellas, saber cuidar.</p>
<p>Es entender que un cuerpo convaleciente no es solo un diagnóstico, sino un universo. Un miedo. Un montón de recuerdos.</p>
<p>Me pregunto ¿Quién les enseña a hacerlo así<em>?</em> ¿Quién les enseña a cuidar con esa ternura? No sé, supongo que solo una vocación profunda, un don sagrado, un amor por la vida y por las personas, puede llevarte a hacerlo.</p>
<p>Para mí, ellas ya conocen lo que algunos olvidamos: que en la fragilidad de estar enfermos, en ese instante de total vulnerabilidad, lo único que nos queda es el amor. El amor es el que nos sostiene, el que nos hace seguir.</p>
<p>Luego está la empatía&#8230; Ay, esa palabra tan desgastada. Deberíamos inventarle otro nombre. Uno que no suene a manual de psicología. Porque lo que ellas hacían era otra cosa. Era leerme el alma sin necesidad de abrir la boca. Era verme vulnerable y protegerme. Sostenerme.</p>
<p>Intento entender cómo logran ese equilibrio: la precisión del que sabe y la dulzura del que siente. Quizás por eso esta profesión es tan sagrada. Poseen un calor humano. Ese que no se enseña en la universidad, pero que salva.</p>
<p>Y yo quería decirlo. Agradecerlo. Honrarlo.</p>
<p>Porque hay profesiones que curan el cuerpo. Y hay otras, como esta, que también curan el alma.</p>
<p>El acto de cuidar es un acto de amor. Un amor que sana, que alivia, que acompaña. Para ser enfermera se requiere un temple especial. Un corazón invadido por la bondad ¡Uy! que montón de veces he utilizado esta palabra en este escrito, pero es que las define.</p>
<p>Y sé que cada una de las enfermeras que me cuidó llevaba también su propio equipaje invisible: niños enfermitos en casa, deudas, problemas en el colegio, preocupaciones de madre, de ser humano. Y, sin embargo, cuando entraban a esa UCI, de sus labios nacían sonrisas verdaderas, de sus manos nacía ternura, de sus miradas: paz.</p>
<p>Como si en cada turno eligieran regalar lo mejor de sí mismas a esos siete u ocho desconocidos que dependíamos de ellas. No debe ser fácil dejar las propias cargas afuera… todo queda suspendido mientras se entra a la habitación de un paciente vulnerable. Se necesita coraje para eso. Se necesita grandeza.</p>
<p>Tengo tanto que agradecer, tantas gracias que dar a muchísimas personas. Y hoy quise comenzar con ellas, con las enfermeras que me cuidaron en esa UCI y en piso.</p>
<p>Gracias con todo de mi ser, quiero decirles gracias muchas veces a esas mujeres que cuidaron más que mi cuerpo. Cuidaron mi alma angustiada. Y aunque las palabras nunca sean suficientes, al menos quiero intentar que lo sepan. Que su bondad no pasa desapercibida. Que lo que hacen tiene un valor inmenso, un valor que las palabras jamás podrán describir.</p>
<p>Gracias. Y en un rincón de mi corazón, las llevaré siempre conmigo.</p>
<p>Mientras escribía esto, varias preguntas se me instalaron en mi mente ¿Qué es ser enfermera o enfermero? ¿Qué es realmente la enfermería? No es cuestión de buscar simplemente la historia de la profesión, como quien repasa fechas y nombres olvidados en los libros o en Wikipedia. Mi inquietud es otra.</p>
<p>Quiero, necesito entender esa vocación tan elevada, casi mística, que lleva a alguien a querer cuidar a otro cuando está más vulnerable, más roto, más humano: en medio de la enfermedad.</p>
<p>Empecé a investigar. A leer. A mirar a las enfermeras que me han acompañado en mi vida. Y a mirarme a mí misma, de paso.</p>
<p>¿Podría yo ser enfermera? Quizá sí. Quizá tendría la capacidad de aprender todos los conocimientos académicos que exige la profesión. Pero no sé —de verdad no sé— si tengo el don.</p>
<p>Porque eso es lo que creo que es, un don poderoso: una mezcla de empatía, amor, ternura y una paciencia casi sobrehumana. Un deseo inquebrantable de cuidar incluso a quienes no son amables, a quienes —por el dolor, la frustración o la desesperanza— hacen más difícil la tarea.</p>
<p>Y aun así, ellas no bajan los brazos. No retiran su bondad.</p>
<p>Hablo aquí de &#8220;mis&#8221; enfermeras. De esas que me cuidaron cuando yo no podía cuidar de mí. Porque —como en toda profesión— he conocido también a algunas que tenían todas las capacidades técnicas, pero no el brillo en el alma. No el fuego. Sin embargo, cuando pongo todo en la balanza, pesan más, muchas más, las que sí lo tienen.</p>
<p>Buscando comprender más profundamente esta profesión, encontré algo que me sorprendió: el acto de cuidar a los enfermos no es una invención moderna. No surgió con Florence Nightingale ni con los hospitales victorianos. Es algo que corre por el centro de la historia humana.</p>
<p>Ya en la antigua India, hacia el 2000 a.C., se hablaba de enfermedades como la tisis y la lepra en el <em>Rig Veda</em>. En la edad de oro de la medicina india, entre el 800 a.C. y el 1000 d.C., los tratados <em>Charaka-Samhita</em> y <em>Sushruta-Samhita</em> no solo describían enfermedades y tratamientos, sino también a quienes cuidaban: enfermeros y enfermeras que debían ser conocedores, hábiles, devotos y limpios.</p>
<p>Alrededor del año 620 d.C, en la antigua Arabia, Rufaida Al-Aslamia, fue considerada la primera enfermera musulmana. Ella lideró grupos de mujeres que cuidaron heridos en los campos de batalla. No sólo curó, sino que también educó, promovió la prevención, organizaba hospitales de campaña improvisados. Una mujer que no sólo sanó cuerpos, sino que sembró una visión de futuro en el arte de cuidar.</p>
<p>Más tarde, en la Edad Media europea, los monasterios y conventos se convirtieron en refugios para los enfermos. Monjes y monjas no solo rezaban: limpiaban heridas, daban consuelo y compartían el peso del dolor.</p>
<p>Fueron las órdenes religiosas, como las Hermanas de la Misericordia y las Hermanas de la Caridad, las pioneras en la creación de hospitales y en dar estructura a lo que hoy entendemos como servicio de salud.</p>
<p>Y en otro campo de batalla: en la Guerra de Crimea, Florence Nightingale —le decían la dama de la lámpara—, enfrentó hospitales inundados de pestilencia y muerte. Ella: mejoró la higiene, organizó el caos y salvó incontables vidas.</p>
<p>¿Se necesitaba conocimiento? Sí.<br />
¿Se necesitaba valor? También.<br />
¿Se necesitaba un don? Más que nunca.</p>
<p>De aquellas noches alumbradas por luces de lámparas, surgió una transformación: la enfermería empezó a verse no como un acto de caridad ocasional, sino como una profesión legítima, rigurosa y esencial.</p>
<p>En 1860, Nightingale fundó la primera escuela formal de enfermería en Londres y escribió <em>Notas sobre enfermería</em>, libro que aún hoy está vigente, cada vez que una enfermera ingresa a la habitación de un enfermo.</p>
<p>Pero la historia siguió siendo tejida con hilos de guerra, de necesidad, de humanidad expuesta. La Guerra Civil Americana, las dos Guerras Mundiales&#8230; Cada conflicto bélico reforzó la importancia de contar con enfermeras preparadas. Cada crisis recordó al mundo que sin ellas, no había esperanza de sanar.</p>
<p>Hasta las palabras mismas que usamos para nombrar esta profesión tienen su propia carga de significado.</p>
<p>&#8220;Enfermería&#8221; viene del latín <em>infirmus</em>, &#8220;débil&#8221;, y del sufijo &#8220;-ería&#8221;, &#8220;lugar de&#8230;&#8221;. Así, enfermería: un lugar para tratar a los débiles.</p>
<p>Mientras tanto, en inglés, <em>nursing</em> proviene de <em>nutritia</em>, &#8220;nutrir&#8221;, &#8220;criar&#8221;.</p>
<p>¿No es curioso?</p>
<p>Mientras en español parece pesar el dolor y la enfermedad, en inglés resuena la vida que se cuida y se cultiva.</p>
<p>Dos formas distintas de mirar lo mismo: la nobleza de estar junto al que sufre.</p>
<p>La necesidad de cuidar es tan antigua como nuestra fragilidad.</p>
<p>Y, sin embargo, aunque la historia esté llena de batallas, tratados, etimologías y héroes silenciosos, al final todo se reduce a algo más sencillo:</p>
<p>A la ternura de una mano que acomoda una almohada.</p>
<p>A la mirada que escucha cuando el cuerpo no puede hablar.</p>
<p>A ese gesto, imperceptible y gigantesco, de quedarse al lado de alguien que está sufriendo.</p>
<p>A eso que ni los tratados ni las guerras ni las escuelas pueden enseñar del todo:<br />
el don de la enfermería.</p>
<p>​Estas mujeres, poseedoras del don de la enfermería, me cuidaron en un hospital que no ve al enfermo como un número, sino como lo que somos: seres humanos complejos que, al llegar allí, estamos generalmente llenos de ansiedad, miedo y dolor.</p>
<p>Ese lugar es el Hospital Serena del Mar, que encarna el deber ser de cada hospital, donde todos somos tratados por igual, con la misma dignidad, cuidado y atención, sin importar el régimen de salud o la marca de tus zapatos. En ese hospital se respira tranquilidad, cuidado, humanidad, trato digno y amoroso; por eso, las personas que trabajan allí tienen ese don: el don de sanar el cuerpo y el alma.​</p>
<p>Como bien dijo Florence Nightingale, no sé los dije en párrafos anteriores, ella es considerada la pionera de la enfermería moderna:​</p>
<p>“El primer requisito en un hospital es que no se debe hacer daño al enfermo”.​</p>
<p>Esta frase encapsula la esencia de lo que debe ser un hospital: un lugar donde la atención se brinda con compasión y respeto, priorizando siempre el bienestar del paciente.</p>
<p>Nuevamente gracias a todas y cada una de ellas.</p>
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        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Sat, 26 Apr 2025 18:32:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Donde la sanación es un acto de amor]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>20-21 ODISEA en el ESPACIO… by N.Q.G</title>
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        <description><![CDATA[<p>En su DEBUT en nuestras páginas decíamos… La VIDA es ASÍ, cuando menos te lo IMAGINAS en medio de los LADIES &amp; GENTLEMEN… Que PREPARAN nuestra ATENCIÓN… como de desde el ESPACIO… ves aparecer la NAVE de LETRAS con el CONTENIDO propio de la INQUIETUD literaria y de allí baja ÈL con su figura TÍPICA [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En su DEBUT en nuestras páginas decíamos…</p>



<p class="wp-block-paragraph">La VIDA es ASÍ, cuando menos te lo IMAGINAS en medio de los LADIES &amp; GENTLEMEN…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que PREPARAN nuestra ATENCIÓN… como de desde el ESPACIO… ves aparecer la NAVE de LETRAS con el CONTENIDO propio de la INQUIETUD literaria y de allí baja ÈL con su figura TÍPICA de un CALEÑO desprejuiciado más cercano al BAILARIN excelso de SALSA dentro del CAÑAVERAL… con la DULZURA del AZÚCAR, que SI lo acompaña de forma muy CONTROLADA, moviendo sus PIES al SON de BRONCES &amp; TIMBALES que estremecen SALONES, como este que esperan ÁVIDOS de COMPARTIR…</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="954" height="949" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/07032629/IMG_6224.jpeg" alt="" class="wp-image-107748" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/07032629/IMG_6224.jpeg 954w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/07032629/IMG_6224-300x298.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/07032629/IMG_6224-150x150.jpeg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/07032629/IMG_6224-768x764.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 954px) 100vw, 954px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es ahí cuando<strong> NICHOLAS QUICENO GÓMEZ</strong>; ahora reconocido como <strong>NELTS</strong>; este JOVEN próximo a CUMPLIR casi su primer CUARTO de SIGLO de VIDA en su CALI natal, la que es CALI y lo demás es LOMA.., en la cafetera; y esta vez con AZUCAR; de una COLOMBIA; que se abre al MUNDO…trayéndonos este VIAJE, esta vez por la profundidad INTERIOR sumado al ESPACIO de una GALAXIA del ENTORNO AÉREO  del PACÍFICO, en la que ÈL diò en LLAMAR…</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><br><strong>“20-21 ODISEA en el ESPACIO</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una luz tenue, azulada y amarillenta, se encendió en la cabina de mando, anunciando la llegada de un mensaje desde las profundidades del espacio. La pantalla, cubierta por el polvo acumulado de años, comenzó a parpadear con dificultad, agotando sus últimos vestigios de energía. Entre las franjas de interferencia, el rostro de uno de los tripulantes de una antigua misión de exploración y colonización cobraba forma. Su imagen fluctuaba entre las ondas de estática, y el sonido de fondo, distorsionado y entrecortado por el ruido blanco, apenas dejaba oír su mensaje, frágil y roto en palabras que parecían desvanecerse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No sé si estas palabras llegarán a la Tierra… Han pasado… tantos años desde que partimos en busca de nuevos planetas para… perpetuar… nuestro legado, que ni siquiera sé si alguien quedará para escuchar…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo un fallo en mi… cámara de hibernación… y desperté antes de tiempo. Dos mil años antes, para ser exactos… Soy el único en pie en esta nave, y parece que no puedo reiniciarla. Conveniente, ¿no? ¡Una cápsula de un solo uso…! ¿Nadie previó… que algo así podría ocurrir? Bueno, da igual… Eso fue hace tres años, y seguir hablando solo ya no tiene sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los suministros se han ido agotando, pero aún… queda lo suficiente antes de que todo se apague definitivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">He tenido mucho tiempo para pensar… Desde aquí, el sol… ya ni siquiera se distingue entre los millones de puntos en la distancia. ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Ha valido la pena todo lo que hemos hecho… en el mundo? Tantas guerras, egoísmo, tiranía, indiferencia… ¿Realmente sirvió de algo? Desde aquí… todo parece insignificante. Ni lo bueno ni lo malo parecen tener sentido… Somos simplemente pequeñas sombras en medio de tanto espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de unos meses, me resigné… Esa cámara no volverá a ponerme a dormir. Solo queda esperar que… la máquina natural del tiempo me apague de manera definitiva… Igual no hay mucho más por esperar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me despido de esta transmisión… Tengo miedo… pero, al final… ¡nada importa, ¿verdad?! O al menos, eso quiero creer. Lo que consuela mi conciencia es saber que, por lo menos… este mensaje vagará por la eternidad… y de alguna forma, viviré entre las estrellas. Adiós para siempre, para aquellos que tengan los medios para oír este mensaje…</p>



<p class="wp-block-paragraph">La máquina intentó, en un último esfuerzo, mantener la transmisión y pronunciar “fin del comunicado”. Pero sus energías, al igual que el mensaje, se desvanecieron a mitad de camino. Esperando, quizá en vano, ser reactivada algún día, y que alguien más, en algún rincón del universo, escuchara las palabras de aquel hombre del que nunca se supo más; guardando así una copia de su solitaria despedida.&#8221;</p>



<p class="wp-block-paragraph">DIGNO de una PELI de su CALIWOOD natal, quizás con los  AÑOS le veamos en un VIAJE así..:</p>



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</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="952" height="653" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/01232844/IMG_5864.jpeg" alt="" class="wp-image-107491" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/01232844/IMG_5864.jpeg 952w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/01232844/IMG_5864-300x206.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/11/01232844/IMG_5864-768x527.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 952px) 100vw, 952px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ</strong>…</p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/24075210/IMG_3385-2.jpeg" alt="" class="wp-image-104819" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=107743</guid>
        <pubDate>Sat, 09 Nov 2024 11:02:48 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
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