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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Thu, 25 Jun 2026 02:57:53 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de destitucion de gustavo petro | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Incertidumbre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reencuadres/incertidumbre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conjeturas sobre el sentido de las recientes marchas en Colombia</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Tenemos que decirle basta a la división que nos enfrenta como pueblo.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph">GUSTAVO PETRO, Discurso de posesión</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las masivas manifestaciones del 21 de abril y del 1 de mayo han sacado a relucir un nuevo talento colombiano: la interpretación de marchas ciudadanas. Ahora todos tenemos la propia. Esta es la mía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada bando considera a la suya como la verdadera marcha, la movilización del «pueblo» genuino por la defensa de la democracia; y a la otra, una expresión de personas obligadas y manipuladas por  políticos, empresarios y redes sociales. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Para el presidente, la del 21 fue «la marcha de la muerte», la de los «nostálgicos de la esclavitud». Concentró su mirada solo en dos grupos: el que cargaba un ataúd con el anuncio del entierro de las reformas del gobierno, y el que voceaba su destitución. Eso vio y resaltó el presidente en la tarima.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, la oposición consideró a la de mayo una concentración de empleados públicos obligados a marchar, sindicalistas anacrónicos y maestros aleccionados por Fecode. Y al presidente, un oportunista por haberse montado en la celebración histórica del Día del Trabajo para mostrar músculos ante la oposición.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como en toda interpretación interesada, hay algo de verdad y algo de mentira. No obstante, las marchas son cosa seria.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las manifestaciones públicas tienen un impacto político simbólico relevante: van creando una cultura política, una manera de ejercer la ciudadanía. Son una forma de participación política no decisoria y menos deliberativa —a ritmo de vivas y abajos nadie discute, contrario a lo sostenido por los caudillos—, pero sí mandan un mensaje a la sociedad. Crean hechos políticos. Ponen en evidencia inconformidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Acierta el presidente en algunos comentarios. Hay una oposición radical con dos consignas: obstaculizarlo o tumbarlo. O las dos cosas. Y esto no tiene mucho sentido. Es una apuesta a «pierda Petro aunque todos perdamos». Cómo desconocer la urgencia de una transformación social dirigida a acelerar el logro del bienestar de sectores históricamente marginados. Cómo negar que una destitución amañada generaría una confrontación social fuera de control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yerra al considerar que la mayoría de estos ciudadanos del 21 de abril están empeñados en lo mismo, y responden mansamente a los llamados de la extrema derecha. Por el contrario, a mi juicio, son personas identificadas con un centro moderado (que no trata de inventar el mundo desde cero para alcanzar la justicia social) y quiere soluciones para sus agobiantes problemas (esperan más pragmatismo y menos ideología y carreta).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos sectores del centro, ante la ausencia en la cancha de organizaciones y dirigentes propios —¿actúan en la clandestinidad?—, están apareciendo muy a su pesar en la foto de la extrema derecha, y sus líderes se han apoderado de la vocería de aquellos que perdieron la confianza en que se cumpla la promesa presidencial de que gobernaría para todos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el presidente está haciendo su mejor esfuerzo para animar este desplazamiento. Invita a un acuerdo nacional a quienes, en su opinión, no quieren ver a un viejo pobre con pensión ni a un médico y una enfermera atendiendo a alguien en un lejano territorio. Venenosa la invitación. Qué insensatez. Agraviando a la gente está haciéndole un favor a la derecha. Porque menosprecia a los cientos de personas que simplemente expresan su inconformidad por lo que evalúan como mala gestión, rechazan la estrategia de convertir en públicos los servicios que prestan o pueden prestar los particulares, y están preocupados por el insatisfactorio diseño de algunas reformas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Petro no perdió la calle como declaran sus contradictores. Las marchas de apoyo fueron multitudinarias, sinceras, joviales y pacíficas. Lo mismo no puede decirse de su discurso. Ni jovial ni pacífico. Divisivo y hostil, exaltador de un resentimiento social que fractura la sociedad, y en vez de sembrar esperanza en todos los ciudadanos sin exclusiones, genera miedo en algunos y rabia en otros.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguramente es producto de su sobrediagnosticado ánimo agitador, su paranoia política, su vocación de víctima profesional —rasgos muy comunes entre sus activistas—. Cuando Antonio Caballero escribe que el mayor problema de Petro no son sus ideas sino él mismo, estamos tentados a darle alguna razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podría sumar a su haber logros para mostrar al final de su periodo. La dura reforma tributaria, el plan nacional de desarrollo <em>Colombia potencia mundial de la vida</em>, producto de 51 diálogos regionales y cuyo solo título emociona. Reconocer&nbsp; que, con una que otra concesión y honrando la palabra empeñada, saldrían adelante las reformas pensional y educativa. Esmerarse en la ejecución de la reforma agraria. Pero no lo está haciendo. Le puede la desidia administrativa. Prefiere ser un botafuego verbal. (Ahora no estoy tan seguro del futuro de sus reformas con el escándalo de corrupción en la UNGRD. Le puede restar&nbsp; aún más su credibilidad y gobernabilidad).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esas razones cunde la incertidumbre. Una sensación que llevada al extremo es ruidosa y ruinosa. Paraliza las decisiones de crear o ampliar empresas. Quita las ganas de adquirir casa, carro y beca, de emprender un proyecto de vida. Aumenta el desempleo. Polariza extremadamente a los ciudadanos, borrando de un manotazo la moderación y la conciliación en sus comportamientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aún así, no hay que perder la ilusión de que es posible reducir esa incertidumbre. Calmando los ánimos, promoviendo una controversia pública decente y creando confianza. Por el momento, el debate público está siendo monopolizado por las voces más extremistas de la oposición y del gobierno, expertos «manufacturadores de la crispación».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para seguir la pista</strong></p>



<ul class="wp-block-list">
<li><em>Las marchas de la oposición</em>. Pedro Santana. Revista Sur. <a href="https://www.sur.org.co/las-marchas-de-la-oposicion/">https://www.sur.org.co/las-marchas-de-la-oposicion/</a></li>



<li><em>El pueblo</em>. Mauricio GarcÍa. El Espectador. <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villegas/el-pueblo/">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/mauricio-garcia-villegas/el-pueblo/</a></li>



<li><em>La manufactura de la crispación</em>. Juan Gabriel Vásquez. El País. <a href="https://elpais.com/opinion/2024-04-28/la-manufactura-de-la-crispacion.html">https://elpais.com/opinion/2024-04-28/la-manufactura-de-la-crispacion.html</a></li>



<li><em>País partido</em>. Alberto Valencia. El País. <a href="https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/pais-partido-0705.htm">https://www.elpais.com.co/opinion/columnistas/pais-partido-0705.htm</a></li>



<li><em>¿Del pacto histórico al bloqueo y el colapso histórico?</em> Hernando Llano Angel. El Espectador. <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/del-pacto-historico-al-bloqueo-y-el-colapso-historico/">https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/del-pacto-historico-al-bloqueo-y-el-colapso-historico/</a></li>
</ul>
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        <author>Manuel J Bolívar</author>
                    <category>Reencuadres</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100696</guid>
        <pubDate>Sun, 12 May 2024 05:17:11 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Incertidumbre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Manuel J Bolívar</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿DEL PACTO HISTÓRICO AL BLOQUEO Y EL COLAPSO HISTÓRICO?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/del-pacto-historico-al-bloqueo-y-el-colapso-historico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las recientes masivas movilizaciones en las principales ciudades del país contra el presidente Petro fueron mucho más allá del rechazo visceral a sus reformas sociales. Fueron la puesta en escena de una estrategia agresiva para ilegitimar su mandato democrático.  Su punta de lanza es la exigencia de su juicio y destitución por la presunta violación [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Las recientes masivas <a href="https://www.france24.com/es/am%C3%A9rica-latina/20240421-en-colombia-una-movilizaci%C3%B3n-sin-precedentes-contra-el-presidente-gustavo-petro">movilizaciones</a> en las principales ciudades del país contra el presidente Petro fueron mucho más allá del rechazo visceral a sus reformas sociales. Fueron la puesta en escena de una estrategia agresiva para ilegitimar su mandato democrático.  Su punta de lanza es la exigencia de su juicio y destitución por la presunta violación de los <a href="https://www.asuntoslegales.com.co/actualidad/conozca-cuales-son-las-penas-que-se-aplican-cuando-se-violan-los-topes-electorales-3844739">topes</a> en su campaña presidencial. Con ello, la oposición no solo busca bloquear del todo el programa reformista del Pacto Histórico, sino incluso conducirlo a un colapso histórico, cuyas consecuencias serían desastrosas para toda la sociedad. Pareciera que dicha oposición no fuera consciente que la sociedad colombiana viene sacudiéndose y despertándose, cada vez en forma más incontenible y desesperada, con movimientos sociales telúricos de intensidad creciente, al menos desde noviembre de <a href="https://razonpublica.com/econom-y-sociedad-temas-29-12439-21n-en-cali-y-en-colombia-entre-las-luces-de-la-democracia-y-la-oscuridad-del-miedo-html/">2019</a>, cuya más reciente erupción fue el magma social del paro nacional del 2021. En su visión maniquea de la realidad política nacional atribuyen semejante erupción al supuesto liderazgo de Gustavo Petro, a quien tildan de guerrillero infiltrado en la Casa de Nariño. Dicha oposición es incapaz de reconocer su inmensa responsabilidad en la generación de semejante hecatombe social, cuyo efecto catalizador fue la impopular reforma tributaria de Duque y su tecnócrata ministro de hacienda, Alberto Carrasquilla. En perspectiva histórica, el triunfo electoral de Petro y su llegada a la Casa de Nariño no es más que la posibilidad institucional de regular ese magma social por los cauces del Estado Social de <a href="https://www.constitucioncolombia.com/titulo-1/capitulo-0/articulo-1">derecho </a>proclamado en el artículo primero de la Constitución, pero ausente en casi todo el territorio nacional y en la vida cotidiana de la mayoría de los colombianos. Hay que reconocer, en ese sentido, que tal es el objetivo de las reformas sociales propuestas por el Pacto Histórico que, de tramitarlas y realizarlas con éxito, lo convertirían en lo que Antonio Gramsci llamaba un  Bloque Histórico. Es decir, un conjunto de fuerzas políticas, sociales y culturales capaces de conferir sentido y dirección a la conflictividad social por la vía de acuerdos y compromisos, en lugar de contener y reprimir violentamente a sus portadores, propiciando así un colapso social por ausencia o incapacidad de liderazgo político. Sin duda, ésta última es la apuesta de la oposición, para ello recurre no solo a la desinformación y manipulación del contenido y alcance de las reformas sociales, impidiendo así una deliberación informada y racional de las mismas, sino que las traslada a un juego de suma cero, donde solo una de las partes gana y la otra pierde todos sus derechos. Llegamos así al peor de los escenarios, que convierte la arena política en un pugilato en el que se utilizan todas las formas de lucha, empezando por las mentiras y la tergiversación, dinamizadas por ese torrente de escoria que son las redes sociales. En ese cenagal y arena movediza nos estamos hundiendo por falta de deliberación ciudadana y exceso de revanchismo y sectarismo político en los protagonistas de la vida política nacional. Ambos, oposición y gobierno nacional, apuestan por deslegitimar, derrotar y aplastar al contario en las calles. Como lo afirmaba Thomas Paine: <strong><em>“Un millón de errores no  hacen una verdad”</em></strong>. En la democracia son más vitales las avenidas del debate y la razón, es decir, la DE-LIBERACIÓN, para liberarnos de certezas y prejuicios, que la capacidad de llenar las calles y avenidas con miles de fanáticos y sectarios convencidos de representar a la mayoría, la justicia y la verdad. Es imperioso que pasemos de esa falacia de defender una democracia casi perfecta, donde supuestamente existe un Estado Social de derecho garantista que asegura salud, vida, seguridad y justicia al conjunto de la población y que está en peligro de ser aniquilada por un “presidente guerrillero”. Más bien, deberíamos empezar por reconocer que entre nosotros la democracia es una asignatura pendiente que debemos aprobar entre todos, aprendiendo a realizar acuerdos y concesiones que la trasladen del mundo ideal de la Constitución al mundo real de la vida cotidiana, social, política y cultural. Si no la aprobamos, perderemos la asignatura más importante. Aquella que nos permite reconocernos como ciudadanos con iguales oportunidades y derechos para vivir dignamente en paz, con pan, seguridad y libertad.  De otra parte, es urgente que el presidente Petro reflexione sobre el siguiente consejo de Confucio: <strong><em>“Hay tres cosas necesarias para el gobierno: armas, alimentos y confianza. Si un gobernante no puede conservar las tres cosas, debe renunciar primero a las armas y después a los alimentos. La confianza debe guardarse hasta el final: sin confianza no podemos resistir”</em></strong> y, agregaría, mucho menos convivir socialmente. Es cierto que el gobierno todavía conserva el control de las armas y los alimentos, tan disputadas por organizaciones ilegales y  especuladores ambiciosos, pero la confianza en el gobierno es cada vez menor, no solo por la oposición –que se nunca se la ha reconocido y menos brindado- sino también entre sus seguidores, cada vez más desconcertados por sus errores, bandazos, impuntualidad y manejos corruptos de altos funcionarios, que le hacen mucho más daño al gobierno nacional que el sectarismo y las mentiras de la oposición. </p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=100167</guid>
        <pubDate>Mon, 29 Apr 2024 21:13:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿DEL PACTO HISTÓRICO AL BLOQUEO Y EL COLAPSO HISTÓRICO?]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>¿Es el petrismo una ideología?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/de-ti-habla-la-historia/petrismo-una-ideologia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Jerónimo Carranza Bares Sin recurrir al diccionario ni a las innumerables interpretaciones de la palabra ideología, digamos que la mejor es la de Marx, según la cual esta es el espectro de la burguesía. Podríamos decir que es la figuración del poder. Representaciones ideales (o idealizadas) de la burguesía colombiana hay que descartar, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure id="attachment_98533" aria-describedby="caption-attachment-98533" style="width: 920px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-98533 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/uribismopetrismo3UJO5L4B6VFRTA6AAOVD6R3D3I.jpg" alt="Uribe, Petro" width="920" height="613" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/uribismopetrismo3UJO5L4B6VFRTA6AAOVD6R3D3I.jpg 920w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/uribismopetrismo3UJO5L4B6VFRTA6AAOVD6R3D3I-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/uribismopetrismo3UJO5L4B6VFRTA6AAOVD6R3D3I-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/03/uribismopetrismo3UJO5L4B6VFRTA6AAOVD6R3D3I-768x512.jpg 768w" sizes="(max-width: 920px) 100vw, 920px" /><figcaption id="caption-attachment-98533" class="wp-caption-text">Archivo: fotos El Espectador</figcaption></figure></p>
<p>Por: Jerónimo Carranza Bares</p>
<p>Sin recurrir al diccionario ni a las innumerables interpretaciones de la palabra <em>ideología</em>, digamos que la mejor es la de Marx, según la cual esta es el espectro de la burguesía. Podríamos decir que es la figuración del poder.</p>
<p>Representaciones ideales (o idealizadas) de la burguesía colombiana hay que descartar, de antemano, fenómenos como el duquismo o el gavirismo, por la falta de carácter del referente primero y de carisma, en el caso del segundo. Los dos expresidentes –Duque y Gaviria– y a quienes les cabría una presencia burda en el espectro de su clase, no convocan a nadie.<span id="more-98532"></span></p>
<p>Pero, aún peor que ellos, se halla el pastranismo. Por defecto, lleva a pensar en el padre del personaje y aún vivo delfín, Andrés Pastrana Arango. Porque antes de quedarse con el poder en las elecciones polémicas de 1970, Misael Pastrana Borrero engendró a un oscuro galán de pacotilla, hijo suyo que también pudo hacer lo mismo. Nada, y quizás fue peor.</p>
<p>Por su parte, el samperismo remite a la politiquería y al caso de los narcocasetes revelados por Pastrana Arango en las elecciones de 1994. Pero Samper es un referente menos autómata como político y, eso sí, la imagen que tiene, gracias a esos casetes y a una reunión en Panamá, en los años 70, es más cercana a la de la burguesía contemporánea: corrupta, narcotraficante y de alcurnia.</p>
<p>En cuanto al santismo, le pasa lo mismo que al gavirismo: su ser carece de gracia y todos saben que Juan Manuel pudo ser presidente en dos periodos gracias a la misma cualidad de Gaviria: la inteligencia del jugador –los dos son economistas, así como Samper.</p>
<p>Ese talento les ha permitido a los tres seguir activos en la opinión pública, pero sólo para ponerlos en contra o en el mismo costal de los dos únicos políticos colombianos que despiertan admiración, amor y odio en millones de compatriotas: los contradictores Álvaro Uribe y Gustavo Petro.</p>
<p>Si es posible reconocer el término del uribismo como una grandeza para sus seguidores y lo mismo sea en el caso de los petristas, que hasta rechazan tal afiliación –igual que el apóstol al negar tres veces al crucificado–, se puede decir que solo existen dos ideologías vivas en Colombia. Uribismo y Petrismo.</p>
<p>Al decir que cada una de estas dos corrientes de sendos personajes se basan en la imagen de la clase burguesa, se aprecian las formas convenidas. Por una parte, la propaganda armada de los tres huevitos de Uribe, sobre sus virtudes: trabajar, trabajar y trabajar.</p>
<p>Un eslogan acoplado con otro rasgo de la burguesía criolla: su gusto por los símbolos de la opulencia señorial. Tierras, ganado y voz de mando, tradición que admiran los colombianos. A eso, se añade el guion que el expresidente ha fabricado de su vida, que lo retrata como un triunfador enfrentado a la adversidad.</p>
<p>Por su lado, Petro denota en los medios a otro tipo de burgués, exitoso de manera distinta, más cercana a la idea maliciosa hecha sobre él en el tiempo, la de un pobre con una suerte inmerecida, un resentido. Tiene una familia controversial –demasiadas controversias hay–, nunca llega temprano –porque es el patrón– y no habla inglés –porque se da el lujo de no matricularse en esa materia obligatoria– y se envanece de sus logros –aunque sean confusos e inciertos–.</p>
<p>Pero, sobre todo y al igual que la mayoría burguesa que orienta a la opinión –por ejemplo, periodistas como Néstor Morales o Julio Sánchez Cristo–, Gustavo Petro Urrego no es de una familia de la rancia burguesía, con panoplia de presidencias y cancillerías –como tampoco lo fueron Pastrana Borrero, Betancur Cuartas o Gaviria Trujillo– y eso es una dificultad para que el cienaguero de oro llegue a ser reconocido como una persona virtuosa por parte suya, de esos que se sienten entroncados a la colonia.</p>
<p>Quizás sea por eso que una gran cantidad de petristas vergonzantes prefieren –preferimos– asentir con la cabeza a las críticas contra el presidente, antes que contradecir el criterio de gente como Alberto Casas o Alejandro Gaviria, quienes saben mucho más que uno.</p>
<p>Petro también es economista y egresado de una universidad privada, como los tres ejemplos anteriores –Samper, Gaviria y Santos–. Es significativa esta inclinación por una escuela liberal y privada, al revés de Uribe, quien es profesional de una carrera más tradicional, el derecho, al igual que el centro de estudios del que se graduó, una universidad pública.</p>
<p>La lógica del poder indicaría que la corriente de economistas en el gobierno que se impuso desde la década de 1990 –con excepción de Pastrana, un abogado, como Uribe– debió seguir con alguien como Juan Manuel Santos, del perfil encomendado para aplicar la doctrina paradójica, en su caso: El neoliberalismo o la supresión del Estado. Acabar con el aparato del cual han vivido generaciones de burgueses de manera directa o indirecta.</p>
<p>Sin embargo, en 2002 se prefirió una manera más expedita de hacer las cosas: mano dura. Uribe Vélez había llegado a la política en su departamento, por los años setenta, con posturas cercanas a la izquierda y tuvo contactos con Gilberto Molina, cabeza del socialismo colombiano.</p>
<p>Pero ese proselitismo guardaba otros intereses que llevaron a su destitución como alcalde de Medellín, en 1982. Con el tiempo, resurgió su figura como senador, al sostener en el congreso las reformas del Estado.</p>
<p>Después obtuvo la gobernación de Antioquia y desde este punto, el señor se mimetizó sin dificultad en la conciencia de todos: Uribe es Dios, le decía un convicto de la rancia burguesía al testigo que ha hablado en su contra en los estrados judiciales y quien ha podido escapar de la muerte en varias ocasiones, a diferencia de la mayoría.</p>
<p>Petro Urrego contra Dios, es así la cuestión materialista de la lucha por la ideología. Porque, a pesar de todo, el presidente actual no se considera socialista sino liberal y, por lo tanto, afín con las ideas políticas básicas del sistema: libertad de expresión y de cultos, separación de poderes y respeto de la propiedad privada.</p>
<p>Al gobernar en cada una de estas esferas, el presidente debería actuar en contra de los poderes que han impedido que se realicen tales fundamentos, cuando existen monopolios de la información y de cultos –por ejemplo, el crucifico que cuelga en las cortes de justicia, a pesar de que es inconstitucional–, o se cuenta el registro millones de hectáreas despojadas y, por tanto, de falta de derechos de la propiedad a lo largo de décadas, por qué no de siglos. O la realidad de las ramas del poder público, en las que se exigen prebendas y puestos a cambio de la decisión política, lo que se llamaba simonía en el orden feudal.</p>
<p>Colombia nunca llegó a los términos que la ideología ha querido crear: una democracia estable, con instituciones probas y justicia para todos. Si Petro se niega a acudir a tales formas que han dejado la situación del presente será condenado ideológicamente, acusándolo de corrupto.</p>
<p>Al hablar de corrupción se entiende algo genérico pero odioso sin igual, ya que se considera la tara colombiana: la viveza. Un fenómeno de la ideología. El otro es más vivo, se suele pensar. En el caso de Petro, toca demostrar que es más vivo que Duque, que Santos y que Uribe. Algo muy difícil, aún.</p>
<p>Si no es un vivo, deberá ser catalogado de bobo. Su obsesión con los palestinos, con el cambio climático, con los pandilleros y con los derechos humanos. No es Bukele. Le faltan huevas. Hay que generar un modelo autoritario de nuevo corte, más sofisticado, un tecnocrático de la fuerza.</p>
<p>Una propaganda eficaz para las elecciones puede ser la de exaltar la imagen de una caballista o de una cantante de rancheras. Una aspiración ideológica más genuina que la de creernos etnia cósmica, preocuparnos de los frailejones y hacer hidrógeno verde, temas propios de las personas ociosas y marihuaneras.</p>
<p>Si los astros se alinean a su favor, se materializará el modelo postliberal de Petro, cargado de poética existencialista y alcanzará su fin –su realización– un proyecto capitalista y humano, algo contradictorio. Por lo tanto, es más probable que triunfe el orden de la estructura. Una nueva líder, decidida, altanera y obediente a ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>detihablalahistoria</author>
                    <category>De ti habla la historia</category>
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        <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 17:15:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Es el petrismo una ideología?]]></media:description>
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        <title>Carta a Felipe López (ex &amp;#8211; dueño de Semana) en el Día del Periodista</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/carta-felipe-lopez-ex-dueno-semana-dia-del-periodista/</link>
        <description><![CDATA[<p>Distinguido caballero: yo no lo conozco, usted no me conoce, a pesar de que trabajé como periodista por casi dos años en Semana cuando el dueño era sumercé. Sí. Hablo de aquella época dorada ya extinta. Junto con Adriana Sanmartín y Juanita Uribe creamos Semana JR, la versión para niños de la semana de los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Distinguido caballero: yo no lo conozco, usted no me conoce, a pesar de que trabajé como periodista por casi dos años en <em>Semana </em>cuando el dueño era sumercé. Sí. Hablo de aquella época dorada ya extinta. Junto con Adriana Sanmartín y Juanita Uribe creamos Semana JR, la versión para niños de la semana de los grandes (con diseño de Vladdo), continuando el camino  iniciado por <strong>El Espectador</strong> con la revista <em>Los Monos</em>, y el programa Buena Nota, para acercar la prensa a la escuela. Pero no le vengo a hablar de mí. Le vengo a hablar de su ex revista.  O lo que quedó de ella, por así decir.</p>
<p>Viendo en lo que convirtieron a <em>Semana</em>, la magnífica revista que en sus manos, por casi cuatro décadas, fue referente de la prensa latinoamericana, me pareció necesario escribir esta carta, más que nada por el momento difícil que afronta el periodismo mundial y el colombiano en particular.</p>
<p>El año pasado le dijo a María Isabel Rueda, en entrevista para El Tiempo, dos cosas que todavía dan vueltas en mi cabeza. Una, que <em>“Semana de pronto no hubiera podido sobrevivir a la pandemia”,</em> y eso explicaría la razón para vendérsela a la familia Gilisnki; y dos, que los nuevos dueños <em>“revivieron las revistas que habían sido cerradas”, </em>refiriéndose a <em>Dinero</em>, <em>Soho</em>, <em>Fucsia,</em> <em>Jet Set</em>, Arcadia “y otras especializadas”, lo que a su vez obligó, dijo usted, a ajustar la nómina: <em>“de 650 personas, pasó a 350”.</em></p>
<p>La leyenda cuenta que <em>Semana</em> fue creada en 1956 por el expresidente Alberto Lleras Camargo y que en 1982 usted la resucitó con la idea de que en Colombia hubiera una revista tipo <em>Time</em>. Lo logró con sobrados méritos. Le pregunto, don Felipe, si la <em>Semana </em>de hoy, bajo la dirección de Vicky Dávila, honra aquel ideal de hombre treintañero que era usted entonces.</p>
<p>Si algo nos gustaba de la antigua <em>Semana</em> era que brillaba como un todo por sus portadas impactantes y certeras (sus premiadas investigaciones lo corroboran); los periodistas hacían su labor más no figuraban.  El país debe recordar que Dávila salió por la puerta de atrás de RCN, tras publicar en La FM un video íntimo dentro del escándalo de <em>La Comunidad del anillo</em> y si no es por Julio Sánchez Cristo posiblemente no hubiera alcanzado la redención. Desde ese episodio (o tal vez desde cuando presentaba <em>La cosa política</em> en el canal RCN), ella ha sido la noticia. Valga decir que desde <em>Semana</em> no tuvo reparo en cuestionar a su antiguo jefe “por no abordar los temas en los que se critica al Gobierno Nacional”, insinuando que Julito era un <a href="https://www.pulzo.com/nacion/vicky-davila-hizo-reclamo-julio-sanchez-cristo-petro-reacciono-PP2825576">arrodillado del poder.</a></p>
<p>Siendo el dueño de <em>Semana </em>estaba en todo su derecho de venderla. Pero yo creo que en lo más íntimo de su ser usted tampoco está para nada satisfecho de lo que hicieron con una marca emblemática del periodismo continental. De haber conocido el rumbo, ¿la habría vendido igual? A veces pienso que no, porque es como aceptar que el hijo al que se crio con tanto esmero, de pronto cogió por el camino equivocado. Pero a veces pienso que sí, porque como dice la filosofía popular: <em>“bisnes son bisnes”. N</em>egocios son negocios, aquí y en Cafarnaúm, o como dijo el &#8220;filósofo&#8221; que ahora es alcalde “plata es plata”.</p>
<p>Sinceramente, no creo que la pandemia haya sido la razón de la venta. La prueba es que ahí siguen los demás medios en la misma brega. Me quito el sombrero ante <em>El Nuevo Siglo,</em> que sin lectores sigue <em>vivito y coleando</em>. ¿Cómo lo harán?</p>
<p>En febrero de 2021, <a href="https://www.lasillavacia.com/quien-es-quien/felipe-lopez-caballero/">La Silla Vacía</a> dijo sobre usted: <em>“López siempre echa el chiste de que para haber nacido en una cuna de oro, le ha ido muy bien”.</em></p>
<p>¿Debemos suponer que se habían acabado los lingotes cuando entregó a la niña de sus ojos?</p>
<p>—No debió vender —pensé con rabia el otro día. Con rabia de lector. Y con la rabia de quien tuvo la suerte de trabajar en aquel edificio abajito del Parque de la 93 (entre 1998 y 2000). Luego de esa etapa, seguí siendo fiel a la revista en calidad de suscriptor (ya no,​ por supuesto). Me arropa la nostalgia: echamos de menos sus buenas tapas, esa que tantos escándalos destaparon, y todavía no comprende uno cómo hicieron trizas un nombre  respetable, poniéndolo al servicio de causas extra periodísticas. Me disculpa: soy dado a llorar sobre el periodismo derramado.</p>
<p><em>Semana </em>no revivió ninguna de las publicaciones como se lo dijo a la señora María Isabel. Suena hasta pretencioso pensar, por ejemplo, que a unos señores negociantes les interese resucitar una revista como <em>Arcadia</em>, que –primero en manos de Marianne Ponsford y después en las de Juan David Correa, actual Mincultura- llegó a ser fuente respetable en el mundillo cultural, de un carácter intelectual, como lo fue el <em>Magazín Dominical</em> de <strong>El Espectador</strong>, bajo la dirección de Marisol Cano.​ Hoy los intelectuales casi que brillan por su ausencia en los medios de este país. Han sido reemplazados por<em> influencers</em> y <em>youtubers</em>. Tan cierto es, que la encuestadora <em>Cifras y Conceptos</em> ya no solo mide la popularidad de los medios tradicionales y los columnistas de prensa, sino que de un tiempo para acá incluyó una nueva modalidad: la de los llamados <em>influenciadores </em>o líderes nativos digitales, por el poder mediático que tienen como moldeadores de la opinión pública.</p>
<p>Recuerdo los zaperocos en la portería del edificio porque algún vecino avispado se había robado mi ejemplar de <em>Semana</em>. La verdad, don Felipe, es que ya nadie se roba la prensa. ¡Oiga: qué problemita para que la gente lea! Con decirle, que detrás de mis periódicos de ayer solo están un vecino de los que pintan con brocha gorda y el señor que vende aguacates en la esquina. No es chiste, se lo juro.</p>
<p>Cambié de opinión: ahora pienso que hizo bien usted en vender a tiempo. <a href="https://elpais.com/ideas/perfiles/2023-10-07/sir-mark-thompson-el-caballero-ingles-que-quiere-revolucionar-una-cnn-en-crisis.html">Mark Thompson</a>, quien emprendió la reinvención de CNN, después de hacerlo de manera exitosa con la <em>BBC </em>y <em>The New York Times</em>, dijo en 2017 que la <a href="https://elpais.com/cultura/2017/03/27/actualidad/1490622910_772524.html">prensa de papel</a> sobreviviría otros diez años&#8230; ¡como quien dice, le quedan tres de vida!</p>
<p>Entonces, me parece que fue muy inteligente al vender, así la sociedad en su conjunto, o lo que llaman democracia, haya sido en últimas la gran perjudicada con la transacción.</p>
<p>En ese estado de cosas, no parece tan buen negocio comprar hoy medios de comunicación, como sí lo fue antes de que existieran las redes sociales, porque sí o sí en tiempos no muy lejanos nos informábamos a través de la radio, la tele, los periódicos y las revistas. Ahora basta con entrar a X (antes <em>Twitter</em>) o <em>Facebook </em>​p​ara entera​rnos de cualquier cosa, sean verdades o mentiras, porque en estos tiempos la ​profundidad está en la superficialidad​. Mejor dicho, las plataformas tecnológicas se ensañaron contra el buen periodismo… ¡y vaya u​no a saber en cuánto tiempo saldremos de ese agujero negro! El daño está hecho. No creo, sinceramente, que nos alcance esta vida para ver una trasformación. Volver hacia ese periodismo impecable requiere de cambios implacables.</p>
<p>Visto así, fue usted admirablemente sagaz para vender a tiempo, como sagaces son los señores Gilinski para saber en qué momento comprar barato. Adquirir periódicos, sabiendo que cada vez se leen menos, es más un caprichito que algunos se puedan dar. Lo decía por el señor Jeff Bezos​, que compró <em>The Washington Post</em>, (no necesariamente por don Luis Carlos Sarmiento que compró El Tiempo), con la diferencia de que Bezos ha respetado -hasta ahora- el legado centenario del diario fundado en 1877 por Stilson Hutchins. Pero que un rico compre un periódico no es garantía de nada: el año pasado <a href="https://www.nytimes.com/es/2024/01/28/espanol/despidos-en-medios-periodismo.html?campaign_id=42&amp;emc=edit_bn_20240130&amp;instance_id=113830&amp;nl=el-times&amp;regi_id=192692173&amp;segment_id=156787&amp;te=1&amp;user_id=7e6b73118bff5515037ec9eb882a040e">el Post perdió </a>millones de dólares y hoy, principios de 2024, están despidiendo reporteros y editores, más no es el único periódico cuyo futuro pende de un hilo, ahora que la IA nos muestra su lado perverso contra el talento humano.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff">“El negocio está en crisis, pero el periodismo vive una era dorada, impulsada por nuevas herramientas digitales, nuevas fuentes de datos, nuevos métodos de verificación. Esa revolución, que yo llamo, está ocurriendo fuera de las redacciones. El futuro depende de transformar las redacciones entrenando a los periodistas, no los modelos de IA”. <strong>Marta Peirano, columnista de El País de España. </strong></span></p>
</blockquote>
<p>Recordé la película <em>Ciudadano Kane</em> (1941), del gran Orson Welles: la historia basada en la vida real del magnate de la prensa William Randolph Hearst, quien entró al negocio a través de un periódico amarillista. De estos personajes hay más ejemplos: Silvio Berlusconi, cuyo conglomerado mediático subió casi un 10% en Bolsa tras su muerte en junio de este 2023 (lo que nos demuestra que algunas personas valen más muertas que vivas), o el señor Rupert Murdoch, que empezó su emporio con un diario australiano que heredó de su padre y hoy el “pobre viejecito” acaba de cederle el puesto a su hijo luego de  amasar una fortuna incalculable y dejando la vara muy alta, pues le achacan la fama de derrocar a primeros ministros e influir en la política del Reino Unido para que los vientos (opinión pública) vayan hacia donde más le convengan al ​potentado. Creo que ese es el verdadero sentido de comprar medios de comunicación. Dudo que lo hagan por amor al periodismo, porque, al contrario, en muchos casos han subvertido sus valores, sus principios.</p>
<p>También esa debió ser la intención de la familia Giinski al quedarse con <em>Semana</em>. Pero las cosas, a mi humilde modo de ver, no están saliendo bien. Para empezar, si la influencia de una periodista como  Vicky Dávila fuera tal, habría conseguido evitar la llegada de Gustavo Petro al poder, con tantas carátulas que le dedicó para mostrarlo ante la opinión pública como un verdadero mal para el país, incluida la famosa portada que dio origen al #Petrobastaya que tantos chistes generó… y sigue generando.</p>
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<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff"><strong>Conversación real entre amigos: </strong></span></p>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff">—Leer Semana es como ir al médico cuando se tiene un terrible padecimiento: mejor pedir una segunda opinión.</span></p>
<p style="text-align: right">
</blockquote>
<p>Pero remitiéndonos a la <em>Semana </em>años 90, bajo su dirección don Felipe, tampoco aquella logró tumbar al presidente Ernesto Samper por el famoso Proceso 8000: El presidente que se iba a caer pero al final no se cayó​. Es que, definitivamente, la política con sus volteretas encuentra la manera de quitarle poder al cuarto poder. Sí señor, mucho ruido y pocas nueces tanto ayer como hoy: El escándalo del momento es la posible destitución de Petro por posible violación de topes y supuestos dineros indebidos que entraron a la campaña presidencial.​ (Los años pasan​, las noticias son las mismas​).</p>
<p>S​emana tras ​s​emana hay un afán de crear escandalitos ​que no van a ningún lado. El título de la última portada lo dice todo: “Colombia en llamas”, con el cual se sataniza al presidente y se elogia al alcalde de Bogotá, por lo que podemos inferir que existe un “periodismo del establecimiento” -si se me permite el calificativo-  ​haciendo oposición abierta. Se habla bien o mal del gobernante, según le caiga bien o mal al director. Parodiando el mismo titular, podríamos de​cir que existe en Colombia un periodismo incendiario y otro benevolente.</p>
<p>Un medio que se precie de respetable no hace oposición ni se amanguala; hace periodismo. ¿Qué sentido tiene para un lector que detesta a Gustavo Petro leer una revista cuya línea editorial y todos sus columnistas disienten de la forma de gobernar del presidente? ¿Qué placer hay en esa lectura? ¿Qué enriquecimiento intelectual puede desprenderse de ello?​ Sin pluralidad de pensamiento, el periodismo se comporta como una especie de dictadura para si mismo.</p>
<p>El fiscal Francisco Barbosa, con una oposición descarada al gobierno desde el día cero, habría merecido, digo yo, al menos una portada que cuestionara sus métodos, su ética y su injerencia no santa en asuntos políticos. Ignorante de los pasadizos secretos de la política, pregunto: ¿Será <em>Semana </em>el órgano informativo del ex fiscal en caso de que oficialice su candidatura presidencial, de la misma forma que lo hizo con Rodolfo Hernández y <em>Fico</em> Gutiérrez? En el muro de la infamia del periodismo colombiano tendrán que estar esas portadas que inflaron campañas políticas, lo que terminó siendo un delirio de grandeza, que no pudo encubrir la falta de olfato político y rigor periodístico. El periodismo no se hace con el corazón sino con la razón para luego no ser el hazmerreír de la sociedad a la que se supone debe orientar, ni para desinflarse cuando las métricas no cuadren. Además, el activismo de los medios, si esa fuera su misión, debería estar emparentado con las causas sociales, las causas del bien común, no con las causas de los apellidos.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: right"><span style="color: #0000ff"><em>&#8220;La realidad, querido, no importa. Lo que importa es lo que crean que está pasando&#8221;</em>. (De la serie <strong><em>Cómo vuela el cuervo</em></strong>, episodio 5, Netflix)</span></p>
</blockquote>
<p>Quienes tenemos amigos en esa revista sabemos que hacen su mejor esfuerzo, acomodándose incluso a regañadientes a una línea editorial, que combina propaganda, periodismo y trinchera ideológica para confundir más a las audiencias. Muchos colegas que allá trabajaron hacen la salvedad: <em>&#8220;la antigua Semana&#8221;. </em></p>
<p>Me explico: Yo diría que <em>Semana</em><em>​</em><em>, cargada de adjetivos en sus titulares y </em>amparada en el derecho a la libertad de expresión, agita los discursos de odio en las redes sociales, sin querer pero queriendo. Una cosa es la pasión por el oficio, otra los titulares apasionados. Un titular tendencioso (aquel que lleva escondida una opinión disfrazada de noticia) es un llamado para alebrestar los ánimos de la gente; ese ​pro​s​elitismo encubierto con periodismo convierte al medio en panfleto. Hay quienes creen que la revista se volvió eso. Pregunto: ¿Botaron la ética a la basura y se quedaron con el aviso? ¿Sería exagerado decir que <em>Semana </em>es para los colombianos lo que <em>The Sun</em> para los ingleses: un medio sensacionalista, que no sensacional?</p>
<p>El periodismo colombiano se jodió cuando los periodistas se convirtieron en jueces. Juzgan a sus entrevistados, ya solo les falta condenar e imponer al aire las respectivas penas. Al célebre periodista Truman Capote le preguntaron por qué le resultaba fácil entablar tan buenas relaciones con los asesinos, a lo que él respondió <em>“porque inmediatamente se dan cuenta de que no voy a formarme ningún juicio acerca de ellos. Como persona, yo no opino respecto al hecho de que hayan cometido un asesinato o cualquier otro delito. No me formo ninguna opinión sobre ellos”.</em> (Del libro <em>“Conversaciones íntimas con Truman Capote</em>, página 124, Anagrama). Los prejuicios le están haciendo un daño enorme al periodismo colombiano.</p>
<p>Por otro lado, los periodistas están confundiendo veracidad con voracidad. El periodismo no debe ser voraz, porque no lucha contra enemigos ni está para cazar peleas, no es el Clark Kent que se pone la capa para salvar al mundo. Mala cosa si la ​ kriptonita está en manos de los propios periodistas. El periodismo debe ser veraz, nunca voraz.</p>
<p>En días pasados, <em>Semana </em>anunció su retiro de <em>Comscore </em>(firma que mide audiencias en el universo de los medios digitales); según la publicación, se retiran <em>“a pesar de ocupar el primer lugar del ‘ranking’ durante 16 meses consecutivos entre 2022 y 2023”</em> y porque <em>“esta casa editorial considera que hoy ya existen mejores herramientas para medir el alcance de los contenidos digitales, las interacciones y su impacto”. </em></p>
<p>Quisiera creerles, pero ya no es secreto que detrás hay una pérdida de credibilidad que se traduce en pérdida de audiencia y liderazgo. La columnista <a href="https://elpais.com/opinion/2024-01-29/el-apocalipsis-mediatico-tiene-cura-entrenar-periodistas-no-ia.html">Marta Peirano </a>escribió lo siguiente en <em>El País</em> de España: <em>“El día que contrataron su primer optimizador de buscadores (SEO, por sus siglas en inglés), los medios empezaron a trabajar para Google, en lugar de escribir para el lector. Cambiaron audiencia por tráfico, hinchando artificialmente las visitas gracias a la red social”. </em>¿Será que Comscore les explotó en la cara?</p>
<p>Eso indica, en justicia, que <em>Semana</em> no es la única víctima del embate de las redes sociales. ​P​ero ​aclaremos ​algo: Que un medio sea ​&#8221;el más leído​&#8221; no significa que sea el mejor calificado. <em>El Espacio </em>se vendió como pan caliente en las calles en una época.  En medio del desprestigio que vive este noble oficio, se necesitan estudios que certifiquen cuáles medios ​son dignos de nuestra confianza. ¡Cuántas sorpresitas se llevarían los anunciantes! Es una pregunta retórica.</p>
<p>Hago un paréntesis para preguntarle, don Felipe, si en sus manos la revista habría puesto en portada, al expresidente Álvaro Uribe luego de que, por tercera vez, la justicia negó archivar su proceso por soborno a testigos o, a lo mejor, se hubiera decidido por poner en carátula las pesquisas que antropólogos forenses realizaron en Norte Santander para determinar si los paramilitares convirtieron trapiches en hornos crematorios para desaparecer a sus víctimas, como resultado de la confesión  de Mancuso ante la JEP. ¡Shhh! Fueron las dos noticias más importantes en una misma semana.</p>
<p>Todos estamos de acuerdo en que la prensa está para incomodar al poder. Y ese poder son también los que gobernaron ayer, y a quienes hoy la justicia les pide cuentas.</p>
<p>Diré lo siguiente pensando en aquellos lectores menores de 35 años: En Colombia, el caso emblemático de una prensa incómoda se llamaba Guillermo Cano, ​e​l hombre que  se enfrentó a los carteles de la droga sin más arma que su pluma, de cuyo poder nos quedaron unos contundentes editoriales y la columna <em>Libreta de apuntes</em>, legado que debería ser referente en las facultades de periodismo.</p>
<p>Fue una lucha solitaria que le costó la vida. La misma prensa que lo dejó solo, luego de un Día de Silencio, rodeó su féretro.  No sé hasta qué punto su sacrificio fue en vano. ​Este 9 de febrero, el Estado admitirá su responsabilidad en el <a href="https://www.elespectador.com/judicial/el-estado-pedira-perdon-por-el-asesinato-de-guillermo-cano-isaza/">magnicidio</a>: lo mínimo que podemos hacer es honrar su memoria expresando a la familia Cano el perdón sincero de todo un país.</p>
<p>Con el <em>Premio Mundial de la Libertad de Prensa &#8220;Guillermo Cano&#8221;, la  UNESCO</em> ​nos recuerda año tras año la gallardía de quien antes desafió al poderoso grupo Grancolombiano, otro hito en la historia del periodismo nacional: En un editorial titulado <a href="https://www.elespectador.com/especiales/la-caida-del-grupo-grancolombiano-333984/">“La tenaza económica” </a>(4 de abril de 1982), don Guillermo escribió lo siguiente: <em>“&#8230;No vendemos, no hipotecamos, no cedemos nuestra conciencia ni nuestra dignidad a cambio de un puñado de billetes. Eso no está dentro de nuestros presupuestos”.</em></p>
<p>Se lo dijo clarito al Grupo Grancolombiano que dejó de publicar avisos en el periódico <strong>El Espectador</strong> cuando éste denunció que los directivos hacían fiesta con los recursos de los ahorradores mediante fondos de inversión y autopréstamos.</p>
<p>El diario demostró entonces el poder de la prensa para encontrar la podredumbre debajo del tapete: el empresario Jaime Michelsen Uribe fue a prisión, en tanto que el Grupo se hizo polvo como la plata de los ahorradores. Podemos decir, con cierta razón, que en periodismo todo tiempo pasado fue mejor. Si viviera, don Guillermo Cano ​v​ería con horror​ al periodismo ​colombiano, con contadas excepciones,  ​convertido en una caricatura, ni la sombra de lo que fue.</p>
<p>Hoy más que nunca, cuando se llega otro Día del Periodista (9 de febrero) en que el CPB repartirá sus premios a quienes sacan la cara por el oficio, los periodistas tenemos la obligación de hacer que la noticia sea la verdad o, dicho de otra manera, que las noticias sean ciertas, como lo sugiere la periodista de ficción <em>Lale Kiram</em>, en la serie turca <a href="https://www.youtube.com/watch?v=nLNOc_jAPmQ"><em>Cómo vuela el cuervo.</em></a></p>
<p>Para concluir esta diatriba  tan larga, mi señor, en un artículo de 2021 <em>La Silla Vacía</em> nos recordó que, bajo su dirección <em>“…para bien o para mal, Semana ha sido una fuente decisiva para formar la opinión calificada y es un claro referente de interpretación para las élites sobre lo que sucedes en el país”.</em></p>
<p>¿Cierto que ya no, don Felipe?</p>
<p><iframe title="Como Vuela el Cuervo | Netflix | Tráiler Oficial Subtitulado" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/nLNOc_jAPmQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
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]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98089</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Feb 2024 13:23:44 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Carta a Felipe López (ex &#8211; dueño de Semana) en el Día del Periodista]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Milei: ¿agenda neo-conservadora sin gobernabilidad?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/reflexiones/milei-agenda-neo-conservadora-sin-gobernabilidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>Javier Milei era hasta hace poco un outsider sin partido que vociferaba contra un régimen como el argentino, pronunciadamente estatalista, incluso asistencialista. Denunciaba a la chorra casta política por su cleptocracia, mientras proclamaba su “liberalismo” neoconservador para sacar al país de la crisis, previo el desmonte de la justicia social. Este libertariano, amigo del estado [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" src="https://image.shutterstock.com/image-illustration/3d-rendering-hand-casting-vote-260nw-2243822015.jpg" alt="2243822015" /></p>
<p>Javier Milei era hasta hace poco un <em>outsider</em> sin partido que vociferaba contra un régimen como el argentino, pronunciadamente estatalista, incluso asistencialista. Denunciaba a la <em>chorra</em> casta política por su cleptocracia, mientras proclamaba su “liberalismo” neoconservador para sacar al país de la crisis, previo el desmonte de la justicia social.</p>
<p>Este libertariano, amigo del estado mínimo, por tanto, de las privatizaciones en masa; extravagante y provocador, irrumpió con eficacia en la competencia política y supo movilizar para su causa, a los nuevos electores, los muy jóvenes; los que caben en el rango entre 16 y 24 años. Demás está decir que también conquistó el apoyo de los partidos conservadores, interesados en acabar con la hegemonía de un peronismo desgastado e incapaz de corregir una economía con indicadores lamentables. De modo que Milei, con su melena de roquero tardío y su verbo arrebatado, terminó por barrer en las urnas, con el soplo ilusorio de devolver a la Argentina a sus orígenes míticos, los de ser una potencia mundial.</p>
<p>Solo que este triunfo, hyper-holgado en la elección presidencial, contrasta con la orfandad de su poder en el legislativo. Este desequilibrio casi llega a representar una presencia extraviada de náufrago en el Congreso, esa fábrica de la que surgen las leyes, los moldes en los que se vierten las “transformaciones” agenciadas por el nuevo gobierno y cuya suerte entra en una incierta zona penumbrosa, causa de primer orden para la ingobernabilidad, esa incapacidad para materializar en políticas, los designios del <em>Príncipe</em>.</p>
<p><em>La insuficiente influencia en el parlamento.</em></p>
<p><em> </em>Milei ha ganado la presidencia de la República con el 56% de la votación, porcentaje nada desestimable. En cambio, su partido Libertad Avanza alcanzó apenas el 8% de las sillas en el senado y el 14% en la cámara de diputados. Lo cual quiere decir que dispone solo de 7 curules en un senado de 72 miembros y de 38 diputados en una cámara de 257 representantes. En otras palabras, si dependiera de su sola fuerza parlamentaria, no estaría en condiciones de aprobar leyes en su cuatrienio.</p>
<p>La situación que se dibujaría en el horizonte, según esas cuentas, sería la de un <em>desequilibrio</em>, de acuerdo con el lenguaje de Juan Linz, utilizado cuando este politólogo evocaba las condiciones que hacían entrar en crisis estructural una democracia. Lo que naturalmente no es el caso en Argentina, al menos no por ahora, tratándose de un país con 40 años de esforzada pero probada madurez democrática; y sobre todo con un sistema en el que coexisten partidos, en uno y otro extremo del arco político, leales al régimen.</p>
<p>Además, la composición de las minorías (todos los partidos lo son) despliega el escenario para la configuración efectiva de una mayoría, por la vía de las alianzas; eso sí, solo en la Cámara de Diputados; y de cualquier forma, con un alcance limitado, casi un ras con apenas.</p>
<p>No hay que olvidar que la oposición conservadora, la de la alianza Juntos por el Cambio, con Patricia Bullrich, la candidata derrotada en primera vuelta, ahora nombrada ministra de la Seguridad, aportó su 24% al caudal del presidente electo, antecedente que le permite a Macri -empresario, político conservador, anti- peronista y sobre todo jefe real de la centroderecha- hacer realidad una alianza dentro del gobierno con el libertariano, a punto de instalarse en el poder. A cambio de la cuota recibida, ofrecerá el apoyo de sus 98 diputados, cantidad que con los 37 de Libertad Avanza y otras pequeñas facciones, sumarán una mayoría suficiente, potencial plataforma para una gobernabilidad en materia legislativa.</p>
<p>Una gobernabilidad nada cómoda, en todo caso, si se piensa que enfrentará una oposición conformada por una minoría paradójicamente muy numerosa, la de los 108 peronistas, capaces de desestabilizar la eventual coalición mayoritaria.</p>
<p>Sin embargo, aún contando con esa mayoría inestable en la Cámara, Milei no dispondrá de la misma posibilidad en el Senado, en donde el poder estará en manos de la oposición peronista, ideológicamente situada en las antípodas del libertarianismo, conservador y neoliberal de Javier Milei.</p>
<p><em>Ingobernabilidad y alternancia en el poder.</em></p>
<p>Lo que muestra el triunfo del libertariano Milei, sin mayorías por sí mismo en las dos cámaras, es la emergencia de grandes dificultades en la gobernabilidad de los regímenes democráticos; sobre todo, si al mismo tiempo la competencia entre los actores políticos está atravesada por la polarización; esto es, por una significativa e intensa distancia ideológica entre los partidos que compiten como alternativas de gobierno.</p>
<p>Con lo cual, la alternancia – el cambio de color y de orientación en los gobiernos – se convierte en un proceso que incorpora como un elemento reiterado la ingobernabilidad en las democracias presidencialistas; particularmente, si los presidentes, apoyados por el voto popular, no cuentan al mismo tiempo con mayorías parlamentarias. Las mismas que a veces quedan en manos de una oposición, con la potencia y la voluntad para bloquear la agenda gubernamental, sea ésta de derecha o de izquierda, circunstancia que por el momento es indiferente para el análisis.</p>
<p><em>La repetición del fenómeno.</em></p>
<p>Son diversos, y no pocos, los casos de ingobernabilidad por el contraste entre el poder presidencial y unas mayorías parlamentarias que no le pertenecen, además en medio de la polarización ideológica. Son situaciones que proliferan de un modo especial en el paisaje político de América Latina, terreno de las tensiones ancestrales entre los populismos, las utopías transformadoras, los autoritarismos y las oligarquías clientelistas; una región además en la que en tiempos recientes se han presentado oscilaciones entre gobiernos de derecha e izquierda, sin que los parlamentos hayan incluido claras mayorías, sintonizadas con un gobierno interesado en promover cambios radicales, como parte de su proyecto político.</p>
<p>Un caso con el que podría comenzarse el inventario de estropicios en este tipo de ingobernabilidad, es el Perú de Pedro Castillo, el maestro rural convertido en presidente, blanco de una oposición mayoritaria, que lo destituyó, operación que desnuda un desequilibrio extremo, sin que por el momento se   detallen los yerros del propio mandatario.</p>
<p>En Chile, un <em>impasse</em> ha vuelto pedregoso el proceso constituyente, de manera que la ciudadanía terminó por votar negativamente la Constitución propuesta por los aliados del presidente, para que finalmente la Comisión Constitucional designada, con mayoría de la oposición, presentara, al final, una nueva Carta Política, contraria al programa del presidente Boric.</p>
<p>En Colombia, Gustavo Petro se ha encontrado con una falta de mayorías para que fluya la aprobación de sus reformas. Y en Brasil, la victoria de Lula contra Jair Bolsonaro, el exmilitar de extrema derecha, fue un <em>hit</em> electoral que no le significó una mayoría en el parlamento al candidato de izquierda, lo que sin duda va a retardar su agenda reformista; además de que su ascenso al poder –el del antiguo obrero metalúrgico- fue respondido por una asonada de los bolsonaristas en Brasilia; por supuesto un hecho de anomia desintegradora, calcado además del modelo de otra asonada, la de Washington el 6 de enero de 2021, perpetrada por los seguidores de Trump para impedir la oficialización de los resultados electorales, por serles estos contrarios al presidente saliente, aferrado a la silla presidencial.</p>
<p>Por último, en Ecuador, el presidente conservador Guillermo Lasso iba a ser destituido por un Congreso que le era adverso, por lo que el mandatario tuvo que acudir al mecanismo constitucional conocido como la Muerte Cruzada, para llamar a elecciones tanto de Congreso como de presidente, sin que de todos modos pudiese terminar el mandato. Por cierto, en Paraguay hace unos años, un Congreso de corte mayoritariamente tradicionalista, defenestró al presidente progresista de entonces, Fernando Lugo, en un acto interpretado por muchos observadores como un real pero disfrazado golpe de Estado.</p>
<p><em>Respuestas y perspectivas.</em></p>
<p><em> </em>Frente a este tipo de ingobernabilidad, surgen distintas respuestas. O bien se rompen los equilibrios, lo que da lugar a quiebras institucionales y a la caída de gobiernos, sin importar que se trate de regímenes presidencialistas; o bien, sobreviene la parálisis gubernamental y se evidencia la inhabilidad para sacar adelante una agenda, con mayor razón si la inspira la ilusion del cambio.</p>
<p>En tales condiciones, se hace necesaria la conformación de coaliciones mayoritarias, con las que cada gobierno desarrolle sus iniciativas legislativas y se blinde frente a la inestabilidad y a los riesgos de destitución por motivos políticos. Claro, también aparece como una operación urgente, la de los grandes consensos entre fuerzas contrarias, si se quiere dar paso a algunos momentos básicos de renovación, seguramente moderados en ese contexto, pero inaplazables en el desarrollo social.</p>
<p>Coaliciones y consensos, en una doble fórmula, son al parecer los remedios contra los procesos de alternancia polarizada, algo que quizás va a demandar también una cultura cívica, la del entendimiento, alrededor de las pautas que le dan sentido al sistema democrático; obviamente sin olvidar los imperativos de un siempre refundado contrato social.</p>
<p>Milei en Argentina, con su radicalismo neoliberal y el espíritu pugnaz de sus insultos, va a tropezar por otro lado con una oposición no muy conciliadora en el Congreso; y por cierto también en las calles, por la previsible reacción de los sindicatos y pobladores a los recortes en el Estado Social de Derecho.</p>
<p>Se trata de un riesgo que implica el debilitamiento de los equilibrios institucionales, lo que puede traer el afloramiento de ese demonio escondido que es el autoritarismo. Gobierno y oposición tendrán que hacer gala de maestría política para salvaguardar una democracia, todavia en plan de consolidarse, aunque los militares parecieran haber dejado atrás esa vocación ideológica de partido político, de la que hablara Alain Rouquié.</p>
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        <author>RicardoGarcia</author>
                    <category>Reflexiones</category>
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        <pubDate>Fri, 24 Nov 2023 20:35:54 +0000</pubDate>
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