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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for deseo+sexual | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Guido Tamayo: «La conciencia del fracaso nos otorga una capacidad de humanidad»</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/guido-tamayo-la-conciencia-del-fracaso-nos-otorga-una-capacidad-de-humanidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>En La edad de la niebla, el escritor colombiano Guido Tamayo explora la vejez, la memoria, la muerte y las vidas que la sociedad relega. En conversación con Diego Aretz, habla de una cultura que se resiste a envejecer, de la dignidad de los derrotados y de la libertad que puede aparecer cuando dejamos de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>En <em>La edad de la niebla</em>, el escritor colombiano Guido Tamayo explora la vejez, la memoria, la muerte y las vidas que la sociedad relega. En conversación con Diego Aretz, habla de una cultura que se resiste a envejecer, de la dignidad de los derrotados y de la libertad que puede aparecer cuando dejamos de vivir para complacer a los demás.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una paradoja en las sociedades contemporáneas: mientras la población envejece, la cultura del consumo insiste en vendernos la juventud como una condición permanente. Envejecer se convierte en algo que debemos aplazar, ocultar o combatir, como si el paso del tiempo fuera una derrota personal y no una de las pocas certezas que compartimos. En ese paisaje aparece <em>La edad de la niebla</em>, el nuevo libro del escritor colombiano Guido Tamayo, una colección de relatos que se adentra en la vida de quienes han llegado a una edad en la que el pasado pesa, los recuerdos se vuelven inciertos y la muerte deja de ser una abstracción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La niebla de Tamayo no es solamente la pérdida de claridad. También puede ser una forma distinta de mirar, una lucidez que aparece cuando la vida ya no se mide exclusivamente por lo que falta por hacer, por los proyectos pendientes o por la promesa de un futuro interminable. Sus personajes habitan residencias para adultos mayores, habitaciones apartadas, recuerdos que no terminan de encajar y deseos que persisten incluso cuando el mundo parece haberlos declarado fuera de lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tamayo habla de la vejez como una experiencia que nos obliga a examinar lo vivido, de una sociedad que margina a quienes dejan de producir y de la posibilidad de encontrar en el fracaso una forma de dignidad. Porque, en sus relatos, perder no significa necesariamente quedar derrotado ante la vida. A veces, significa empezar a verla de otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La neblina también puede ser una forma de lucidez»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Guido, quisiera empezar por el título, <em>La edad de la niebla</em>. La niebla evoca lugares que no se ven del todo, la pérdida de la memoria, la incertidumbre. Sabemos que hay algo delante de nosotros, aunque no podamos distinguirlo con claridad. ¿Cómo nació el título y qué relación tiene con tu propia experiencia del envejecimiento?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Este libro nació después de un largo proceso de frustración con una novela que llevo más de diez años intentando escribir. La he ensayado tres veces y voy a intentarlo una cuarta. En ese proceso he terminado por aceptar una idea que considero fundamental: la escritura es, en buena medida, un fracaso. Una novela exige muchísimo trabajo y, a pesar de todo, puede no llegar a cuajar. Pero quizá eso también sea escribir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase que me interesa: uno no escribe bien cuando escribe bien, sino cuando escribe mal. En medio de esa frustración recordé que, años atrás, había escrito un par de cuentos que probablemente surgieron de la imagen de la muerte de mis dos abuelas. Eran relatos que tenía olvidados y que estaban relacionados con la vejez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces apareció el título, <em>La edad de la niebla</em>. Cuando esa frase empezó a resonar en mi cabeza, pensé que allí había un libro. El título merecía un libro, y yo tenía un material escrito que podía comenzar a organizarse alrededor de esa idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, mis contemporáneos están envejeciendo y nuestras conversaciones empiezan a girar cada vez más alrededor de esa experiencia. La niebla es un lugar extraño en el que las cosas se van oscureciendo, pero no desaparecen por completo. Hay una especie de lucidez final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante toda la vida queremos estar bajo una luz intensa, tener las cosas claras, sentir que podemos verlo todo. Por eso nos cuesta aceptar la vejez, porque creemos que significa el final de esa claridad. Sin embargo, cuando empezamos a ser conscientes de que el tiempo que nos queda es limitado, miramos nuestra vida bajo otra luz. Ya no es una iluminación rotunda, sino algo que se difumina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, precisamente en esa difuminación, puede aparecer cierta sabiduría. La vejez y la muerte no son opciones que podamos evitar indefinidamente. La conciencia de la mortalidad cambia nuestra manera de mirar el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo cultural en esa dificultad para aceptar la vejez. No hemos hecho del todo las paces con envejecer ni con morir. Y quizá tampoco con vivir, porque aceptar la vida implica reconocer que tiene un recorrido, que no podemos detenerla en el momento que nos resulta más cómodo. ¿Cómo entiendes esa relación entre la experiencia personal y la manera en que una sociedad se enfrenta al paso del tiempo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Durante buena parte de la vida eludimos la necesidad de interpretar lo que estamos viviendo. La inmediatez de la experiencia nos lleva a actuar, a resolver problemas, a hacer cosas. No siempre nos detenemos a preguntarnos qué significa nuestra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vejez nos confronta de una manera particular con el pasado, con la memoria y con lo que hemos hecho. Las memorias siempre son parciales, pero en la vejez aparece una especie de exigencia de recordar, de pensar, de examinar lo vivido. Es un momento en el que nos preguntamos qué significan nuestras decisiones y qué hemos llegado a ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La juventud está más asociada con la acción. Hay que moverse, hacer cosas, construir, producir. Y esta sociedad nos ha convencido de que debemos permanecer jóvenes indefinidamente. Queremos ser jóvenes para siempre, como si reconocer la vejez fuera aceptar una derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que no nos damos la oportunidad de pensar qué significa envejecer. La sociedad nos mantiene ocupados en la acción y nos aleja de esa reflexión, hasta que la vejez aparece y nos obliga a detenernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«El fracaso es un lugar dolorosamente lúcido»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> En tu obra hay una presencia recurrente de personajes que fracasan, que no terminan de encajar en el mundo o que se enfrentan a alguna forma de derrota. Pienso en <em>El inquilino</em>, en <em>Juego de niños</em> y ahora en <em>La edad de la niebla</em>. ¿Cómo dialoga este libro con tus trabajos anteriores?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Nunca he obedecido a un plan para construir una obra con una perspectiva determinada. Sin embargo, con el tiempo he descubierto que existen vínculos muy estrechos entre mis libros. Quizá el vínculo sea precisamente la derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>El inquilino</em> aparece el escritor derrotado, alguien que fracasa. En <em>Juego de niños</em> está el niño diferente, el que tiene una dificultad para relacionarse con los demás y que, por esa diferencia, queda al margen de lo que se considera normal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>La edad de la niebla</em> aparece la derrota definitiva: la mortalidad, la conciencia de que no podemos ser inmortales. En ese sentido, podría imaginar una trilogía que se llamara <em>La trilogía de la derrota</em>, con el niño, el adulto y el viejo como figuras centrales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo en esa idea que recuerda a Pasolini y a su manera de cuestionar una sociedad que celebra el triunfo, incluso cuando ese triunfo se consigue mediante la trampa, la usurpación o la falta de escrúpulos. En un mundo tan obsesionado con ganar, ¿qué dignidad puede haber en ser derrotado?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Pasolini, Borges y Beckett tienen reflexiones extraordinarias sobre el fracaso. Bastarían esos tres nombres para entender que el fracaso es un lugar muy especial, un lugar dolorosamente lúcido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente no suele preguntarse por el fracaso. Se duele de él, se angustia, se siente víctima. Pero lo interesante es que esos escritores encuentran en el fracaso una forma distinta de triunfo, algo mucho más digno, más brillante y más esforzado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fracaso es profundamente humano. El triunfo, en cambio, puede resultar plano, insulso, poco revelador. No necesariamente nos enseña algo sobre nosotros mismos. Incluso puede conducir a comportamientos agresivos o violentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conciencia del fracaso nos otorga una capacidad de humanidad que no nos concede ninguna otra experiencia. Nos obliga a reconocernos vulnerables, a entender nuestros límites y a mirar de frente aquello que no hemos podido resolver. En ese sentido, la derrota puede enseñarnos mucho más que el triunfo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La sociedad ha convertido a los viejos en seres marginales»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hay algo inquietante en los personajes del libro porque resultan familiares, pero al mismo tiempo pertenecen a un universo del que preferimos no hablar. Vivimos en ciudades donde la población envejece, mientras la cultura sigue celebrando la juventud. ¿Qué lugar ocupa hoy la vejez en nuestra sociedad?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Existe una contradicción en el mundo contemporáneo. Por un lado, tenemos una cultura del consumo que celebra la juventud y nos invita permanentemente a comprar, a cambiar, a renovarnos, a no aceptar el envejecimiento. Por otro, la población está envejeciendo y la natalidad ha disminuido considerablemente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos bajo la presión de una sociedad que nos dice que debemos ser jóvenes, que debemos seguir consumiendo y que no podemos admitir que vamos a envejecer. Sin embargo, la realidad demográfica nos muestra otra cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que hemos perdido es el respeto por la vejez como lugar de aprendizaje. Antes existía la idea de que los viejos conservaban una sabiduría que podían transmitir. Esa consideración se ha debilitado profundamente. Hoy muchas personas mayores son vistas como seres marginales, como si dejaran de tener un lugar cuando ya no participan de la vida productiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso en los geriátricos como espacios en los que depositamos a los viejos para que no interfieran en nuestra cotidianidad. Hay instituciones lujosas y otras precarias, pero detrás de esa diferencia puede existir una misma lógica: apartar a quienes nos recuerdan algo que preferimos no mirar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa exclusión también se reproduce en las casas. A veces, el adulto mayor termina en una habitación apartada, lejos de los espacios centrales de la vida familiar. No quiero generalizar, porque hay muchas excepciones, pero sí creo que existe un desplazamiento de la vejez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que esta sociedad mide a las personas por su capacidad de producir. Cuando alguien deja de ser productivo, parece que deja también de tener un lugar. Y hay otra cuestión: el viejo es memoria. Eliminar o marginar a quien recuerda es también una manera de perder la complejidad del pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Esa pérdida de la memoria tiene consecuencias que van más allá de la familia. Si una sociedad no escucha a sus mayores, también renuncia a una parte de su experiencia histórica. Sin embargo, propones algo que parece contradictorio: conservar a las personas mayores durante más tiempo en el mundo laboral, en lugar de pensionarlas. ¿Cómo entiendes esa tensión?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Si la población sigue envejeciendo, tendremos que pensar cómo queremos relacionarnos con las personas mayores y qué lugar les damos en la sociedad. Desde el punto de vista económico y productivo, habrá que examinar también cómo se organiza el trabajo y qué papel pueden seguir desempeñando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero creo que hay una diferencia entre obligar a alguien a trabajar porque lo necesita y permitirle continuar haciendo aquello que le interesa. La vejez no debería significar que una persona tiene que desaparecer de la vida pública, ni que debe renunciar a sus deseos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«La verdadera conquista de la vejez es la libertad»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quisiera llevar esa discusión a un terreno más personal. Existe una idea muy extendida de la jubilación como el momento en que uno deja de trabajar, recibe una pensión y finalmente puede descansar. Pero si alguien ha construido una vida alrededor de una actividad que le produce placer, dejarla puede significar renunciar a una parte fundamental de sí mismo. ¿No tendríamos que cambiar también nuestra manera de entender el retiro?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> A pesar de todo lo que hemos dicho sobre las dificultades de la vejez, creo que una de sus grandes conquistas puede ser la impunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sociedad empieza a concederle al viejo una especie de licencia. Le permite decir cosas o hacer cosas que quizá no le habría permitido en otras etapas de su vida. Hay algo de compasión en esa actitud, pero también puede convertirse en una oportunidad para ejercer la libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años hemos vivido respondiendo a las exigencias de la familia, del trabajo, de la sociedad y de la religión. Hemos asumido compromisos, obligaciones y deudas simbólicas. Constantemente tenemos que justificar lo que hacemos y ajustarnos a lo que los demás esperan de nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la vejez puede aparecer la posibilidad de abandonar esas obligaciones y preguntarnos qué queremos hacer con el tiempo que nos queda. Cuáles son nuestros placeres, qué deseamos experimentar, qué cosas ya no estamos dispuestos a hacer para complacer a los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El viejo puede decir: esta es mi vida y voy a vivirla como quiero. No tengo que disculparme por mis deseos ni justificar cada decisión. Esa libertad, ese ejercicio de la libertad, puede ser maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Los personajes todavía tienen deseos, heridas y secretos»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Me gusta pedirles a los escritores que hablen de sus personajes con sus propias palabras, porque a veces esa explicación es distinta de lo que encontramos en el relato. ¿Cómo presentarías a los hombres y las mujeres que habitan <em>La edad de la niebla</em> a alguien que todavía no ha leído el libro?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Muchos de estos personajes nacen de experiencias cercanas, de mis abuelas, de mi madre, de mi padre, de amigos y de otras personas mayores. Empecé a preguntarme cuál podía ser la dignidad de alguien a quien la sociedad ha relegado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso, por ejemplo, en una anciana a la que han apartado en una habitación remota de la casa. Su último gesto de dignidad podría consistir en que, cuando la encuentren muerta, esté impecable. Que todo esté perfectamente ordenado y que ella esté arreglada, como si esa fuera su manera de responderle a un mundo que la ha despreciado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También aparecen personajes atormentados por dudas sobre su pasado, por heridas que nunca terminaron de aclararse. Una mujer le escribe a su hermana para preguntarle si realmente pertenece a esa familia, si es posible confirmar una sospecha que la ha perseguido durante años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay un escritor enfermo, cada vez más convencido de que no tiene razones para seguir viviendo. Acaba de publicar un libro, pero la promesa de recibirlo nunca se cumple. Esa espera se convierte en otra frustración, en una decepción que se suma a las demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También hay una mujer que vive en un geriátrico elegante, que parece haber olvidado sus placeres y que, de pronto, encuentra a un hombre con el que surge una relación erótica. Me interesaba explorar ese tabú de la sexualidad en la vejez, como si los besos, el deseo y el sexo dejaran de existir cuando una persona alcanza cierta edad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra mujer, después de la muerte de su marido, descubre que puede volver a ser ella misma. Pone a todo volumen la música de jazz que le gusta y celebra la posibilidad de recuperar una libertad que había perdido. También están los personajes que viven entre el sueño y la vigilia, hasta que los recuerdos y la realidad empiezan a mezclarse y ya no es posible distinguirlos con claridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay escritores derrotados, personajes que se enfrentan a sus propios límites y personas que intentan encontrar una salida a la angustia. No quisiera contar todos los desenlaces, porque parte de la experiencia está en descubrirlos durante la lectura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, todas esas historias y esas voces nos conducen a una imagen más amplia: un mundo que está envejeciendo. Un mundo en el que todo parece viejo, incluso aquello que asociamos con el comienzo de la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quizá esa sea una de las preguntas que quedan después de leer el libro: qué hacemos con la vejez cuando deja de ser una experiencia ajena y empezamos a reconocerla en nosotros mismos. Y qué hacemos con el tiempo que nos queda, con nuestros deseos, con las derrotas y con esa memoria que nunca es del todo completa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque tal vez la niebla no sea únicamente aquello que nos impide ver el camino, sino también una invitación a mirar de otra manera lo que hemos vivido.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Guido Tamayo:</strong> Creo que la vejez nos pone frente a esa necesidad de pensar, de recordar y de preguntarnos qué significa lo que hemos hecho. Y quizá, en esa conciencia de nuestros límites, podamos encontrar una forma distinta de libertad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
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        <pubDate>Fri, 16 Oct 2026 22:32:22 +0000</pubDate>
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        <title>La Paz ¿Una amante pérfida o exigente e incomprendida?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/la-paz-una-amante-perfida-o-exigente-e-incomprendida/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una paz que no logramos alcanzar porque ella sea una amante pérfida e infiel, sino por desconocer su compleja y exigente personalidad.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Perfidia es mucho más que un hermoso y desesperado bolero sobre una amante infiel y un amor traicionado. Puede ser, también, la balada desesperada y postrera de nuestra esquiva paz política nacional. Una paz que no logramos alcanzar porque ella sea como esa amante pérfida e infiel, sino por desconocer su compleja y exigente personalidad. En este último caso, por querer someterla violentamente para que complazca nuestros deseos y vivir seguros, satisfaciendo todas nuestras expectativas y despojándonos de nuestras inseguridades y miedos. Por la forma como nos relacionamos con ella, pero sobre todo por la diversidad de pretendientes insatisfechos que la asedian y persiguen, es muy probable que la paz no sea pérfida e infiel, sino más bien que lo sean quienes desean poseerla y dominarla. Muchos de ellos quieren poseerla en forma exclusiva y absoluta, solo para su disfrute, como si fuera su propiedad privada. No reconocen que uno de sus rasgos identitarios es la libertad y su rechazo a ser poseída en forma excluyente, satisfaciendo solo a unos pocos amantes. Menos comprenden que se brinde a todos por igual, sin por ello ser frívola y estar disponible al mejor postor en el mercado sexual. Incluso, algunos prevalidos por su posición social, privilegios y cultura, se creen predestinados a llevarla al altar y convertirla en una esposa sumisa y fiel, que les proporcionará una descendencia hermosa y feliz por generaciones sin fin.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La PAZ privada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, la paz termina siendo una amante deseada por todos, disputada permanentemente, hasta convertirse en una propiedad privada que termina siendo defendida con la guerra. Es más, se define su alcance en los campos de batalla. Exagerando, podría decirse que termina siendo víctima de un feminicidio cometido por amantes crueles, posesivos y depredados, que intentan justificar su crimen con los más inverosímiles argumentos: “amor a la patria”, “defensa de la democracia”, “el Estado de derecho”, la “libertad” y hasta “Cristo Rey”. Entonces la amada y deseada paz es sacrificada en muchos altares y campos porque sus innumerables amantes y pretendientes son incapaces de amarla sin poseerla en forma exclusiva y excluyente. Solo desean que los ame a ellos en la medida de sus intereses sociales y valores personales. Para algunos, complaciéndolos generosamente, cuidando y conservando sus propiedades, privilegios y familias eternamente. Por eso, confunden la paz con la seguridad, la revisten con trajes camuflados y la protegen con ejércitos de escoltas, pues consideran que es la única forma de conservar su fidelidad, así sea eliminando potenciales pretendientes, que la asedian constantemente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La PAZ raptada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Para otros, que son mucho más numerosos y ella no les proporciona ni siquiera una mirada por estar despojados de atributos económicos, ser demasiado pobres y hasta considerados feos e inferiores, la paz se convierte en una obsesión tan oprobiosa como deseada, por la que están dispuestos a morir y hasta matar con tal de poseerla algún día. Entonces grupos radicales, cansados de su desprecio y soberbia, la pretenden en forma más o menos violenta, la acosan y amenazan, hasta llegan a raptarla, secuestrarla y violarla. En estos casos, la paz también termina ultrajada, extorsionada y muchas veces desaparecida en nombre de la “justicia social” y la “soberanía nacional”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La PAZ extraviada</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa disputa insensata, a pesar del Acuerdo de Paz firmado hace 16 años entre el Estado y las Farc-Ep, es que la PAZ POLÍTICA sigue extraviada, pues no hemos podido comprender que ella es una amante exigente y se resiste radicalmente a ser poseída en forma exclusiva y excluyente, bien sea por minorías o mayorías políticas, así reclamen más derecho que los demás con títulos de abolengo o propiedad, racial o incluso de superioridad moral, invocando alguna ideología, creencia religiosa o hasta la misma democracia. Y ello no puede suceder porque la PAZ POLÍTICA es hija legítima de la democracia, del respeto a la dignidad e igualdad de oportunidades y derechos de todas las personas, sin importar su condición social, credo religioso, etnia, nacionalidad, género o diversidad sexual, así hoy algunos gobernantes y conversos de última hora se consideren superiores a todos los demás y pretendan a punta de prejuicios, odios y escudos, con sus armas de destrucción masiva y egolatrías vergonzosas, poseerla en forma violenta y abusiva en nombre de la seguridad nacional. Olvida semejante manada de ególatras soberbios e ignorantes que la PAZ es el derecho a la libertad y la igualdad, imprescindibles para la fraternidad humana y por lo tanto jamás tolerará estar sometida al dictado de un amante, sea una nación, una clase, una ideología o un gobernante, así cuente con la mayor fuerza militar del mundo y el auxilio de la IA o la “Superinteligencia”, propia de quienes personalmente carecen incluso de empatía y se comportan como fieras depredadoras de toda la humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133758</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Oct 2026 13:06:45 +0000</pubDate>
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        <title>¿DE CUÁL “PATRIA MILAGRO” NOS HABLAN? (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/de-cual-patria-milagro-nos-hablan/</link>
        <description><![CDATA[<p>En verdad, uno no sabe si compadecerse o alarmarse por esa concepción de la divinidad de Abelardo, situada incluso antes de la edad media, que alude a un “Dios” implacable con sus creyentes, como él, a quien somete a pruebas de gobernabilidad casi insuperables.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">¿Será una patria milagrosa o tenebrosa? Todo parece indicar que se trata de esta última, pues Abelardo de la Espriella en su primera alocución presidencial invocó una supuesta divinidad cuya inescrutable voluntad provocó un terremoto devastador para, según sus palabras, poner a prueba su competencia en su primer día hábil como presidente, el 10 de agosto pasado. A tal punto es indescifrable esa voluntad divina que incluso derrumbó y dejó en ruinas numerosas iglesias en varias ciudades, entre ellas nada menos que la torre derecha de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario, donde afortunadamente ningún piadoso manizalita resultó afectado. ¿Podrá interpretarse eso como una advertencia divina a la “Patria Milagro” para que Abelardo no invoque su nombre en vano y con fines políticos? En verdad, uno no sabe si compadecerse o alarmarse por esa concepción de la divinidad de Abelardo, situada incluso antes de la edad media, que alude a un “Dios” implacable con sus creyentes, como él, a quien somete a pruebas de gobernabilidad casi insuperables, más tratándose de un outsider. De continuar Abelardo con ese tipo de elocuciones teológicas, es decir, argumentos y creencias religiosas para explicar el terremoto y además encomendar, como presidente, a esa divinidad la sabiduría de sus decisiones, puede llegar al extremo de atribuir también al designio divino la catástrofe climatológica del “Super Niño”. Una catástrofe que es consecuencia de aquellos que consideran a la tierra, esa sí nuestra sagrada Pachamama, como una especie de despensa infinita e inagotable para colmar la codicia insaciable de sus industrias depredadoras, ya sea en busca de más petróleo, tierras raras o minerales estratégicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Piadosos depredadores</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el sumo sacerdote de esa orgía depredadora es Donald Trump que, ya en su senectud y senilidad imperial, continúa obsesionado con <strong><em>“perforar, perforar y perforar”</em></strong> toda America, pero especialmente la “Patria Milagro”, sin importarle los desastres ecológicos que ello produzca. Probablemente sean secuelas de su amistad con Epstein y su exclusivo club de depredadores sexuales, entre los cuales parece haber estado el expresidente Andrés Pastrana, otrora defensor ejemplar de la familia y el medio ambiente, además de líder natural del partido conservador, esa reserva moral de la República y sus valores católicos. Esa obsesión por perforar pronto llegará a nuestro territorio con el inofensivo fracking que, según asegura el presidente milagroso, perdón Abelardo, no producirá daño alguno en el medio ambiente, pues se harán rigurosas pruebas pilotos para evitarlo. Es una excelente noticia que tiene a importantes y poderosos inversores muy optimistas y excitados, pues podrán perforar, perforar y perforar sin temor alguno. Algo parecido a la amable advertencia que un violador hace a su víctima de no causarle daño, siempre y cuando ella consienta y satisfaga su incontenible deseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Adoradores del Becerro de Oro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es el proceder de estos piadosos depredadores, adoradores del Becerro de Oro, que bien se ocultan bajo sus impúdicas exhibiciones de fe, como auténticos fariseos. Fariseos que sus seguidores, como una manada de fundamentalistas, ciegos a las evidencias y los hechos, los aplauden, admiran y respaldan furiosamente. Al del Norte, en nombre de Maga y al del Sur en nombre de la “Patria Milagro”. Sin duda, durante estos cuatro años presenciaremos <strong><em>mucho$ milagro$</em></strong>. Como los ya realizados por Trump, cuyos beneficios han aumentado su fortuna en <em>“cerca de 2.200 millones de dólares en negocios relacionados con las criptomonedas durante el año pasado”<a href="#_edn1" id="_ednref1"><strong>[i]</strong></a>. ¿</em>Será por eso que Abelardo llama al Fondo para la reconstrucción “Fondo Milagro”? ¿Qué entenderá Abelardo, el milagroso, por corrupción? ¿Acaso solo los robos que imputa al gobierno anterior en su libro de la Verdad? A propósito, no habrá algo de ligereza en nombrar en el ministerio de Vivienda al pastor Jaime Andrés Beltrán y ponerlo al frente de la reconstrucción, puesto que <em>“asumirá el cargo bajo la sombra de un proceso fiscal por la presunta pérdida de elementos del alumbrado público de Bucaramanga, ciudad de la que fue alcalde”</em><a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>. También que la primera dama, Ana Lucia Pineda, como lo revela la siguiente investigación del portal Cuestión Pública<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, reciba en su fundación <strong>Colombia, Luz y Sonrisas</strong>, donaciones en dinero y especie para los damnificados del terremoto. Bien conoce Abelardo, erudito en expresiones latinas, aquella de que “<em>la mujer del César no solo debe ser, sino también parecer</em>” y estar más allá de cualquier duda y sospecha. Claro que las anteriores suspicacias no tienen lugar, son prematuras y malintencionadas, pues ambas personas son fieles creyentes y nunca defraudarían al prójimo necesitado. Hay que darles tiempo para que obren milagros, no ser tan ansioso y desconfiado, pues no hay lugar para ello, menos para meterle política a un asunto tan dramático, donde solo cabe orar y donar, sin cálculo partidista o personal alguno.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una pregunta piadosa</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a la religiosidad de Abelardo, el converso, le formulo una pregunta piadosa. ¿No será una expresión de máxima corrupción espiritual, cercana incluso a un sacrilegio, invocar a Cristo Rey para ser un presidente invencible y lanzar al campo de batalla a cientos de héroes de la Patria a morir en nombre de la interminable “guerra contra las drogas”? Una guerra que se libra en el lugar equivocado, pues ella se ganará o continuará perdiéndose en la mente y los cuerpos de millones de consumidores de cocaína y otras sustancias psicotrópicas. Nunca bombardeando plantaciones de coca, menos arrasando con glifosato u otro &#8220;herbicida inocuo&#8221; la biodiversidad de nuestras selvas y la precaria vida de campesinos reclutados por el hambre y las armas, mientras aumentan las fortunas de los capos con todos sus mediadores y alquimistas de la ilegalidad, que convierten en oro el producto del crimen. Entre estos se destacan los banqueros y algunos directores de famosos bufetes, donde sobresale uno que milagrosamente se convirtió, de la noche a la mañana, en un fiero felino y aparece ahora como un cazador implacable de criminales. Pero apenas estamos en el comienzo de todas estas inimaginables y milagrosas metamorfosis, nos esperan muchas más, como la que promoverá la ministra de educación, Viviane Morales, para salvar de la degradación moral a las familias colombianas. Por eso, dejaré para el próximo Calicanto las siguientes preguntas ¿De cuál adoctrinamiento ideológico hablaría el presidente Abelardo en su discurso de posesión ante los militares en el campo de maniobras del Cantón Pichincha? ¿Cómo será la familia de la Patria Milagro? ¿Cómo entiende la niñez la nueva directora del Instituto Colombiano de Bienestar familiar si excluye de él la nominación a las niñas? Será que ella toma al pie de la letra el artículo 44 de la Constitución, que solo habla de “<em>los derechos fundamentales de <strong>los niños</strong></em><strong>”</strong> y reafirma al final que “<strong><em>los derechos de los niños</em></strong> <em>prevalecen sobre los derechos de los demás”. ¿Será esa la ideología de género a la que se refiere la ministra de educación?</em> Todo parece indicar que tendremos que aprender ese nuevo metalenguaje de la “Patria Milagro”, con su semántica religiosa y sacra, tan lejana de nuestra vulgar lengua profana, para poder comprender y describir los milagros que nos esperan durante los próximos cuatro años.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://elpais.com/internacional/2026-08-18/un-gobierno-de-millonarios-trump-nombro-para-su-administracion-a-57-personas-con-un-patrimonio-de-mas-de-100-millones.html">https://elpais.com/internacional/2026-08-18/un-gobierno-de-millonarios-trump-nombro-para-su-administracion-a-57-personas-con-un-patrimonio-de-mas-de-100-millones.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://www.publimetro.co/noticias/2026/07/09/el-pasado-polemico-y-el-millonario-caso-de-presunta-corrupcion-que-salpica-al-ministro-de-vivienda-de-de-la-espriella/">https://www.publimetro.co/noticias/2026/07/09/el-pasado-polemico-y-el-millonario-caso-de-presunta-corrupcion-que-salpica-al-ministro-de-vivienda-de-de-la-espriella/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://cuestionpublica.com/ayudas-que-recoge-la-primera-dama-van-a-parar-a-su-propia-fundacion/">https://cuestionpublica.com/ayudas-que-recoge-la-primera-dama-van-a-parar-a-su-propia-fundacion/</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132409</guid>
        <pubDate>Mon, 24 Aug 2026 02:30:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[¿DE CUÁL “PATRIA MILAGRO” NOS HABLAN? (I)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132409</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Cuando todos saben que todos los saben</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/cuando-todos-saben-que-todos-los-saben/</link>
        <description><![CDATA[<p>&nbsp;Parte I (de tres) Los libros de Steven Pinker siempre enseñan y divierten. Hoy se hablará del más reciente, Cuando todos saben que todos los saben. El conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocresía y la indignación, traducción Pablo Hermida Lazcano. Paidós, 2005. Leerlos es un deleite, pues son profundos, rigurosos, serios [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>&nbsp;Parte I (de tres)</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros de Steven Pinker siempre enseñan y divierten. Hoy se hablará del más reciente, <em>Cuando todos saben que todos los saben. El conocimiento común y la ciencia de la armonía, la hipocresía y la indignación</em>, traducción Pablo Hermida Lazcano. Paidós, 2005. Leerlos es un deleite, pues son profundos, rigurosos, serios y están salpicados de buenas historias, chismes y humor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es un libro sobre el conocimiento común. ¿Qué es esto? El autor lo define así: «Es la hazaña mental que explica una de las señas de identidad de la condición humana: las mentes individuales pueden coordinar sus decisiones para beneficio mutuo, posibilitando la prosperidad de nuestra especie en colectivos que abarcan desde las parejas hasta las sociedades». Más adelante añade: «Muchas de nuestras tensiones personales y políticas surgen del deseo de propagar o suprimir el conocimiento común».</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="400" height="574" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/07/Screenshot-2026-07-05-082154.png" alt="Steven Pinker, Cuando todos saben" class="wp-image-130978" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-05-082154.png 400w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/07/Screenshot-2026-07-05-082154.png?resize=209,300 209w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Parece que nos desvivimos tanto por crear conocimiento común como por evitar que se difunda en ciertos casos. Este concepto se describe, sencillamente, de la siguiente manera: yo sé que tú sabes que yo sé, y tú sabes que yo sé que tú sabes que yo sé.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lenguaje es el ejemplo más directo; el significado de una palabra es conocimiento común entre los hablantes de un mismo idioma. Como el lenguaje es una convención, tú me pasas la pimienta y no la sal cuando te la pido. El propósito principal del conocimiento común es coordinar nuestro comportamiento. Aunque no tenemos pruebas de que el otro entienda lo que decimos exactamente de la misma forma en que lo entendemos nosotros, la realidad demuestra que sí ocurre en la mayoría de los casos. Un discurso se interpreta de la misma manera no solo porque deducimos lo mismo de las palabras oídas —bueno, casi siempre—, sino porque esperamos que los demás hagan la misma interpretación que nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Somos seres sociales; por eso las sociedades se mantienen gracias a la cooperación y la coordinación, que son las dos caras de la misma moneda. Dice Pinker que el reino humano se construye sobre convenciones que nos permiten coordinarnos con eficacia y que se refuerzan constantemente a través del conocimiento común. Este crea realidades no físicas, como son el dinero o Microsoft. Yuval Noah Harari ya había planteado esto, pero Pinker le hace ajustes a su idea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los psicólogos evolucionistas creen que varias de nuestras cualidades mentales —como recordar quién se ha portado bien o mal con nosotros, además de nuestro sentido de la justicia, la compasión, la gratitud y la rabia— son emociones diseñadas para implementar una estrategia de reciprocidad. Cooperamos y esperamos que el otro haga lo mismo después. Pinker lo explica así: «La compasión nos impulsa a cooperar en la primera jugada; la gratitud, a pagar la cooperación con cooperación; la ira, a pagar la deserción con deserción».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las redes sociales tienen el gran poder de aumentar el conocimiento común, pero pueden ser destructivas, constructivas, estar equivocadas o tener la razón. Lo impactante es que los más ignorantes pueden hacerse oír, incluso con más fuerza que los inteligentes, si son insistentes; un grupo grande de personas equivocadas puede coordinar sus acciones y ser muy efectivo. Las comunidades no solo tienen convenciones prácticas, como respetar el semáforo, sino que también comparten creencias y valores. En las comunidades religiosas, por ejemplo, los fieles se guían por la fe. Esas creencias dependen de que un gran número de personas sepan que existen y que los demás también creen en ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de las formas de control social es el castigo a los infractores. Con este se logra que todo el mundo sepa que todos saben que alguien fue sancionado. Los psicólogos Peter DeScioli y Robert Kurzban sostienen que «la condena moral no es solo una estrategia para señalar nuestra propia virtud, sino también una estrategia para alinearnos con una facción dominante». La gente sabe que en grupo se prospera, pero también que esto puede tener un costo alto, como pelear por algo de lo que no se está convencido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Respecto a las sanciones, Pinker señala: «Culpar a personas por resultados que nunca pretendieron es una mentalidad que los niños superan a los ocho años, y marca una diferencia importante entre los regímenes de justicia arcaicos y los modernos». Y agrega: «Otro de los fundamentos es que las consecuencias importan. Si nadie resulta herido, no puede ser malo (o al menos necesitas un argumento de peso de por qué lo es). Ese es el motivo de que la homosexualidad, la herejía, la anticoncepción, el sexo prematrimonial y otras prácticas sin víctimas hayan sido despenalizadas, incluso si ofenden a algunos puritanos y entrometidos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice Pinker que el conocimiento común es un prerrequisito de la vida social. Afirma que hablar de él implica utilizar el lenguaje de la lógica o de la teoría de juegos, pues de lo contrario se estaría empleando una mera metáfora conceptual. En este libro, el autor utiliza una serie de razonamientos lógicos para explicar las inferencias que podemos hacer según cómo reaccione o no la gente, o qué tan común sea ese conocimiento. La teoría de juegos fue inventada por el genio matemático John von Neumann y el economista Oskar Morgenstern para explicar cómo el costo y el beneficio de una elección varían y dependen de las decisiones que toman los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su obra, Pinker hace un recorrido por varias teorías de juegos y dilemas conocidos de las interacciones sociales. Explica el acertijo de «las espinacas en los dientes» y luego el del «juego del correo electrónico» (el cual define como la paradoja más célebre del conocimiento común), analizándolos con sus respectivos resultados y probabilidades. También profundiza en uno de los dilemas a los que da más importancia: el «dilema del prisionero», y asegura que debería ser comprendido por toda persona instruida, ya que un individuo que actúa racionalmente en su propio interés puede salir mal librado si lo desconoce. Si ambos prisioneros conocen las reglas, ambos se benefician. El lector debe saber que no se refiere a dilemas reales de cárceles, sino a situaciones que se nos presentan a todos en la vida diaria. Asimismo, Pinker explica el «juego de la caza del ciervo» y el «juego del gallina» (el cual se hizo célebre en la película <em>Rebelde sin causa</em> y posee terribles repercusiones cuando se aplica a la guerra o a la geopolítica), además de los juegos de «dividir el dólar» y del «ultimátum».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, el autor explora cómo los seres humanos leemos la mente y las intenciones ajenas, haciendo un seguimiento de los pensamientos de los demás y de lo que ellos piensan sobre los nuestros. Muestra las consecuencias que este conocimiento común tiene para la economía, la inflación, los pánicos bancarios, las burbujas especulativas e incluso para asuntos como la escasez de papel higiénico en EE. UU. durante la pandemia del COVID-19.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, menciona que muchas creencias comunes (aunque equivocadas) entre los estadounidenses incluyen pensar que Benjamín Franklin fue presidente, que las arañas son insectos y que los pingüinos viven en el Polo Norte. Lo destaco porque me pareció un detalle gracioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es fascinante la explicación de Pinker sobre por qué, cuando hay muchos testigos ante un hecho que requiere un «salvador», nadie se mueve (el efecto espectador). El autor concluye: «Así pues, el mejor resultado para cada espectador es que intervenga otro, y el peor es que no intervenga nadie, mientras que su propia intervención ocupa una posición intermedia. Cada voluntario intervendría si estuviera seguro de que ningún otro pretendía hacerlo, por lo que intenta adivinar las intenciones de los demás al tiempo que oculta las suyas propias».</p>



<p class="wp-block-paragraph">&nbsp;Segunda parte la próxima semana</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130977</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Jul 2026 13:24:27 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuando todos saben que todos los saben]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">130977</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Colombia siempre va a elegir a Barrabás</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/colombia-siempre-va-a-elegir-a-barrabas/</link>
        <description><![CDATA[<p>las elecciones presidenciales demostraron que Colombia siempre va a elegir a quien represente a Barrabas. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Las recientes elecciones presidenciales en Colombia me han confirmado una convicción: cuando el país debe escoger entre un liderazgo que propone la reconciliación, la paz y el entendimiento, y otro que apela a la indignación, el castigo y la confrontación con sus adversarios, una parte importante de la sociedad termina inclinándose por la segunda opción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las emociones suelen imponerse sobre la reflexión, y el deseo de justicia puede transformarse fácilmente en sed de venganza. En ese sentido, la historia parece repetirse con un personaje que la tradición cristiana conoce muy bien: Barrabás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con el <strong><a href="https://www.biblia.es/dios-habla-hoy.php">relato bíblico</a></strong>, Barrabás no era simplemente un ladrón o un homicida condenado por las autoridades romanas. Para muchos judíos de su tiempo representaba algo más profundo: la esperanza de liberarse del dominio romano mediante la fuerza. Roma no solo era el poder ocupante; era también el símbolo de años de humillaciones, abusos, despojos, ejecuciones, persecuciones y violencia contra el pueblo de Israel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un contexto semejante, un hombre dispuesto a combatir al imperio con las armas podía convertirse fácilmente en un héroe para quienes habían acumulado décadas de sufrimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jesús, por el contrario, representaba un camino radicalmente distinto. Predicaba el Reino de Dios, llamaba al arrepentimiento, enseñaba el amor al prójimo y el perdón incluso hacia los enemigos. Su mensaje devolvía la esperanza espiritual a un pueblo desesperanzado, pero no respondía a las expectativas políticas de quienes anhelaban un libertador militar semejante a David. Muchos esperaban un mesías que derrotara a Roma con la espada; Jesús les hablaba de transformar el corazón. Mientras Barrabás prometía responder a la violencia con más violencia, Jesús proponía romper ese ciclo mediante el perdón y la reconciliación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa razón, cuando llegó el momento de escoger entre ambos, buena parte del pueblo prefirió a quien encarnaba su rabia antes que a quien representaba la misericordia. Eligieron al hombre que expresaba sus emociones más profundas y no al que les proponía una verdad más difícil de aceptar. El deseo de ver castigado al opresor terminó pesando más que el llamado a construir una sociedad distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido ocurre hoy en Colombia. Nuestro país ha acumulado durante décadas un inmenso dolor causado por asesinatos, secuestros, desapariciones forzadas, desplazamientos, despojo de tierras, violencia sexual y múltiples violaciones de los derechos humanos cometidas por diferentes actores armados. Ese sufrimiento ha dejado heridas profundas que explican por qué muchos ciudadanos reciben con entusiasmo a quienes prometen mano dura, cárcel, exterminio del delincuente o incluso la eliminación física del adversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de negar el derecho de las víctimas a exigir justicia. La justicia es indispensable para la convivencia y para la reparación. El problema surge cuando el discurso político deja de buscar justicia y comienza a alimentar el resentimiento como principal herramienta para conquistar el poder. En ese momento, el dolor deja de ser un llamado a reconstruir el país y se convierte en un instrumento para movilizar emocionalmente a los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras perdón, reconciliación, diálogo y entendimiento suelen perder fuerza frente a mensajes que ofrecen respuestas inmediatas al sufrimiento colectivo. Resulta paradójico que muchos de quienes se identifican como cristianos o católicos, que cada domingo proclaman su fe y oran diciendo: &#8220;Señor Jesús, ilumíname con tu verdad y guíame con tu Espíritu&#8221;, encuentren más atractivo un discurso centrado en el castigo que uno inspirado en el perdón que enseñó Cristo. Esa contradicción invita a una profunda reflexión sobre la distancia que puede existir entre profesar una fe y vivir de acuerdo con sus principios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras Colombia siga permitiendo que el miedo, el resentimiento y la indignación sean los principales motores de la política, siempre aparecerá un nuevo &#8220;Barrabás&#8221;: un líder dispuesto a prometer una patria redentora mediante la confrontación, explotando las heridas abiertas de la sociedad para alcanzar el poder. Y una vez instalado en la Casa de Nariño, ese mismo líder puede terminar olvidando las promesas que lo llevaron allí, mientras quienes votaron movidos por la emoción continúan padeciendo las mismas carencias en municipios, pueblos y veredas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gran lección del relato bíblico no consiste únicamente en recordar que un pueblo escogió a Barrabás en lugar de Jesús en medio de un arresto al hijo de Dios promovido por una conspiración de los líderes de la Iglesia de ese entonces. Consiste en reconocer que las sociedades, cuando son gobernadas por el miedo, el odio o el deseo de venganza, corren el riesgo de elegir siempre a quienes reflejan sus heridas antes que a quienes ofrecen el difícil camino de la reconciliación. La historia demuestra que la venganza puede producir satisfacción momentánea, pero rara vez construye una paz duradera. La reconciliación, aunque exige más sacrificio y paciencia, sigue siendo el único camino capaz de romper definitivamente el ciclo de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/los-cinco-errores-de-la-campana-de-ivan-cepeda/">Nota recomendada: Los cinco errores de la campaña de Iván Cepeda</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130887</guid>
        <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 22:45:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/Oscar-Sevillano-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Colombia siempre va a elegir a Barrabás]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Sevillano</media:credit>
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                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">130887</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Colombia, entre la transición democrática o la consolidación cacocrática</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/colombia-entre-la-transicion-democratica-o-la-consolidacion-cacocratica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Este domingo tendremos la oportunidad de resolver en las urnas esa encrucijada de destinos. Estamos frente a una elección histórica. Podemos optar por avanzar hacia la transición democrática o, por el contrario cerrar una consolidación cacocrática</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>“Esta encrucijada de destinos ha forjado una patria densa e indescifrable donde lo inverosímil es la única medida de la realidad”</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Gabriel García Márq</em>uez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este domingo tendremos la oportunidad de resolver en las urnas esa encrucijada de destinos. Estamos frente a una elección histórica. Podemos optar por avanzar hacia la transición democrática o, por el contrario, cerrar una consolidación cacocrática. La transición democrática tuvo su punto de partida hace ya casi 35 años con la Constitución del 91 y su propósito fundamental fue detener, así fuera transitoriamente, el ascenso de la criminalidad del narcotráfico, que catalizó dicho proceso constituyente perpetrando tres magnicidios de candidatos presidenciales en línea: Luis Carlos Galán Sarmiento, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez. De haber tenido la oportunidad alguno de ellos de llegar a la presidencia, hoy viviríamos en una auténtica democracia, pues todos estaban empeñados en romper ese vínculo mortal entre la política, el crimen del narcotráfico y la violencia de unas guerrillas que ya estaban extraviadas en el laberinto de las economías ilícitas. Por eso, la Constitución logró desactivar el narcoterrorismo de Pablo Escobar, es verdad, renunciando a la extradición en su artículo 35, ya derogado, pero sobre todo incorporando a la Asamblea Constituyente a representantes de grupos insurgentes desmovilizados, como el M-19, el EPL, el PRT y la guerrilla indígena Quintín Lame, que aportaron en el debate y la gestación de la Constitución actual. Una Constitución cuyo mayor mérito fue proyectar y condensar en su articulado el horizonte democrático más claro que haya tenido Colombia en toda su historia política. Ese horizonte tiene su principal sustento institucional en el Estado Social de derecho (artículo 1) que consagra sus valores y principios éticos: <em>“la dignidad humana, el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y la prevalencia del interés general</em>”. En su artículo 13, cuando establece que <em>“El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados”</em> y en su artículo 22 que nos interpela a todos, diciéndonos que <em>“La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento</em>”. Esta trilogía de artículos es la quintaesencia de la democracia, pues concibe la política como una actividad que presupone la paz como condición imprescindible para garantizar el reconocimiento de la dignidad e igualdad de todas las personas, al tiempo que valora la pluralidad de intereses, valores e identidades como la mayor riqueza en una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Democracia Vs Cacocracia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la política democrática no es compatible con mentalidades imbuidas de prejuicios que son propios de una sociedad decadente y descompuesta donde los cacos, es decir, quienes viven de robar, desconocer y violar los derechos  de los demás, ya sea mediante la fuerza, la trampa o la astucia, imponen su ley e intereses, por lo general en forma violenta e ilegal, instaurando así la Cacocracia: <em>“<strong>el ‘gobierno de malvados’ o un ‘mal gobierno’ (en ocasiones se ha definido como ‘gobierno de los ineptos’)</strong><a id="_ednref1" href="#_edn1"><strong>[i]</strong></a></em>. Los rasgos predominantes en esas sociedades cacocráticas son taras culturales y políticas como el clasismo, el racismo, el machismo, la misoginia, la homofobia, la xenofobia y la aporofobia, que inevitablemente reducen la política a un ejercicio de fuerza y violencia para regular la vida social a partir de la discriminación, la represión y la persecución. Incluso mediante el uso brutal y arbitrario del poder estatal para “destripar” a los opositores. El clasismo es una tara cultural de todos aquellos que tratan a las personas según sea su estrato social, con adulación y finos modales frente a la “gente de bien” y con desdén y desprecio hacia los “nadie”. El racismo, que discrimina a partir del color de piel, los acentos y valores culturales de quienes son considerados inferiores. El machismo. con su desprecio a las mujeres para subordinarlas a los intereses y deseos masculinos, desconociendo su autonomía e igualdad y que tiene en la misoginia su máxima degradación. Son típicas expresiones del machismo el acoso sexual y su procacidad genital, como símbolo de virilidad, tal como lo hizo en forma injuriosa y despreciable el candidato Abelardo de la <em>Espriella</em> con la periodista Laura Rodríguez<a id="_ednref2" href="#_edn2">[ii]</a>, quien calificó su presión para que viera en su celular una supuesta fotografía que insinuaba el tamaño de su pene no como<em> “un simple comentario desafortunado. Fue un irrespeto total hacia mí y hacia mi trabajo. Me sentí vulnerada, acosada y asqueada”. </em>La homofobia, con su burla y desprecio por las personas con diversas orientaciones sexuales, a quienes consideran moralmente degeneradas y hasta enfermas, como un peligro inminente para sus familias y propias identidades.Por último, la xenofobia, exaltando un falso patrioterismo que conduce al rechazo del extranjero en proporción directa a su pobreza, que es lo característico de la aporofobia<a id="_ednref3" href="#_edn3">[iii]</a>: “odio, miedo y rechazo” hacia los más pobres, a quienes llaman vagos y zarrapastrosos, salvo en época electoral cuando van tras sus votos prometiéndoles una &#8220;Patria Milagro&#8221; y su redención si votan por ellos el próximo domingo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Álvaro Uribe Vélez, pionero de la Cacocracia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia la cacocracia tuvo su primera aparición durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, a tal punto que, en un congreso de la Federación de Cafeteros, llamó a los congresistas que lo apoyaban y estaban siendo investigados por la parapolítica<a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a>, dada su asociación criminal con los paramilitares de las AUC, a que votarán rápidamente sus proyectos de ley antes de ir a la cárcel<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>. Sin duda, un aporte significativo de Uribe a las formas de gobierno, al promover un híbrido entre el régimen parlamentario y el penitenciario. Híbrido que llevaría a la perfección, pero también a la cárcel, a sus ministros de Justicia, Sabas Pretelt y de Seguridad Social, Diego Palacio, pues mediante el delito de cohecho a los congresistas Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, más conocido como la “Yidispolítica”<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>, logró la reforma de un articulito de la Constitución para ser reelecto presidente del 2006 al 2010. Con la comisión de este delito de lesa constitucionalidad se inaugura propiamente una presidencia cacocrática, pues a pesar de la ilegalidad que hizo posible la reforma de la Constitución, su triunfo fue legitimado en las urnas por 7.39.835 colombianos en primera vuelta, frente a Carlos Gaviria Díaz, que obtuvo 2.613.157 votos como candidato del Polo Democrático.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Coronara Abelardo su carrera en la Casa de Nariño?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí que Abelardo de Espriella sea hoy&nbsp; el candidato de la cacocracia, pues agita las mismas bandera de Álvaro Uribe Vélez de hace 20 años: la seguridad, la supuesta lucha contra la corrupción, la defensa de la Patria (“Primero Colombia”, en Uribe), la protección y promoción de la inversión extranjera, la explotación a ultranza de las energías fósiles, la “motosierra” del Estado al estilo Milei, la rebaja de impuestos a las grandes fortunas y, sobre todo, la apelación a la fuerza y la violencia, “firmes por la Patria”, con nuevas versiones del “Plan Colombia”, apoyo y asesoría militar de Israel, anunciando que en 90 días acabará con los grupos armados ilegales y el narcotráfico, haciendo de Colombia una “Patria Milagro”. El trasfondo de semejante programa, no es otro que la utilización irresponsable del miedo y la exaltación de un falso patrioterismo, de quien en el pasado fuera asesor de los grupos narcoparamilitares, responsables de más de 200.000 asesinatos y del control de una vasta red de estructuras criminales, como la oficina de Envigado, al mando de “Don Berna”, otrora fundador con los Castaño y Mancuso de los PEPES y luego de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU)<a href="#_edn7" id="_ednref7">[vii]</a>. Su patrioterismo es tan acendrado que tiene dos nacionalidades más, la italiana y la estadounidense, cuyo juramento exige una lealtad absoluta, por encima de los intereses de cualquier otra nación, lo que significa que estará incondicionalmente al servicio de MAGA. Por todo lo anterior, si llegaré a ganar las elecciones el próximo domingo, coronaría la cacocracia en la Casa de Nariño y el proceso de transición democrático iniciado hace 35 años con la Constitución del 91, encabezado hoy por Iván Cepeda, quedaría hecho trizas. Tal es la encrucijada histórica en que nos encontramos y por eso, según Gabo, “<strong><em>lo inverosímil es la única medida de nuestra realidad</em></strong>”, pues llegaría a la presidencia de la República un abogado que debe gran parte de su fortuna, pintoresca y fulgurante figura, a sus asesorías y defensas de los mayores criminales de lesa humanidad, cuyas atrocidades superan en número y crueldad las cometidas por las Farc-Ep, además de los generosos honorarios de delincuentes de cuello blanco como David Murcia Guzmán y Alex Saab.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.fundeu.es/consulta/cacocracia/">https://www.fundeu.es/consulta/cacocracia/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://co.search.yahoo.com/search?fr=mcafee&amp;type=E210CO1490G0&amp;p=Abelardo+y+la+exhibici%C3%B3n+de+su+pene+a+la+una+periodista">https://co.search.yahoo.com/search?fr=mcafee&amp;type=E210CO1490G0&amp;p=Abelardo+y+la+exhibici%C3%B3n+de+su+pene+a+la+una+periodista</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Aporofobia">https://es.wikipedia.org/wiki/Aporofobia</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/">https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.semana.com/enfoque/frase-de-la-semana/articulo/les-voy-pedir-todos-congresistas-mientras-no-esten-carcel-voten/82445-3/">https://www.semana.com/enfoque/frase-de-la-semana/articulo/les-voy-pedir-todos-congresistas-mientras-no-esten-carcel-voten/82445-3/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Yidispol%C3%ADtica">https://es.wikipedia.org/wiki/Yidispol%C3%ADtica</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7">[vii]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/autodefensas-campesinas-de-cordoba-y-uraba-surgimiento-transformacion-consolidacion-y-financiacion">https://www.comisiondelaverdad.co/autodefensas-campesinas-de-cordoba-y-uraba-surgimiento-transformacion-consolidacion-y-financiacion</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130434</guid>
        <pubDate>Tue, 16 Jun 2026 02:37:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Colombia, entre la transición democrática o la consolidación cacocrática]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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        <title>Sexualidad a lo largo de la vida: transformaciones, no despedidas</title>
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        <description><![CDATA[<p>En el MUNDO de HOY hay sociedades que buscan en sus VALORES VIVIDOS instancias que enaltezcan sus HISTORIAS ancestrales… También están las TIK TOQUERAS. en las que el VALEGUEVINA, deja que la PAVADA de MODA supere esos VALORES que PUDIERAN o NO haber VIVIDO pero que de seguro siempre ESTÁN… Es alli donde nuestra consentida [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En el MUNDO de HOY hay sociedades que buscan en sus VALORES VIVIDOS instancias que enaltezcan sus HISTORIAS ancestrales… También están las TIK TOQUERAS. en las que el VALEGUEVINA, deja que la PAVADA de MODA supere esos VALORES que PUDIERAN o NO haber VIVIDO pero que de seguro siempre ESTÁN… Es alli donde nuestra consentida <strong>VERÓNICA FABIANA ELCHIN; Asesora en Gerontología y Bienestar Familiar…Promotora de estrategias de cuidado para personas mayores y sus <em>familias</em></strong>; nos aporta en medio del MODO MUNDIAL de FUTBOL; donde el balón se APODERA de las MENTES y en algunas las hace PELOTA o parafraseando al GRAN POETA…<strong> “ bota, bota, la PELOTA, tan CHIQUITA, tan GRANDOTA… como bota la PELOTA…”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>VERO </strong>nos deja un INSTANCIA en la que desde su TÍTULO esta la CURIOSIDAD para algunos y el MODO de VIVIRLA de OTROS… aquí va SU..:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Sexualidad a lo largo de la vida: transformaciones, no despedidas</strong>…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de sexualidad en la adultez mayor sigue siendo, para muchas personas, un tema incómodo. Persisten ideas que asocian el deseo, la intimidad y el afecto exclusivamente con la juventud, como si existiera una edad en la que la sexualidad se apagara definitivamente. Sin embargo, la realidad humana es mucho más compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sexualidad no desaparece con los años. Se transforma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la vida, el cuerpo cambia, las experiencias se acumulan y las prioridades evolucionan. Lo que a los veinte años podía estar centrado en la exploración o la intensidad física, en etapas posteriores puede adquirir otros significados: compañía, ternura, complicidad, comunicación o simplemente la necesidad de sentirse visto y valorado por otro ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La adultez mayor trae desafíos. Algunas personas enfrentan enfermedades, cambios hormonales, pérdidas funcionales o la ausencia de una pareja. También deben convivir con prejuicios sociales que invisibilizan sus necesidades afectivas y sexuales. Sin embargo, ninguna de estas situaciones elimina la capacidad de desear, vincularse o construir intimidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los mayores errores es pensar la sexualidad únicamente desde el acto sexual. La sexualidad incluye el contacto, las emociones, la identidad, la expresión de afecto, el placer y la manera en que cada persona habita su propio cuerpo. Por eso, hablar de sexualidad en la vejez no es hablar solamente de relaciones sexuales; es hablar de humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante recordar que las dudas son frecuentes y legítimas. Los cambios físicos, los tratamientos médicos o ciertas enfermedades pueden generar inquietudes sobre la vida sexual. Conversar con el médico de confianza es una herramienta valiosa para recibir información adecuada, despejar temores y encontrar alternativas cuando aparecen dificultades. Nadie debería atravesar estas preguntas en soledad ni sentir vergüenza por plantearlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como sociedad, tenemos el desafío de abandonar miradas infantilizantes sobre las personas mayores. Necesitamos reconocer su derecho a la privacidad, al amor, a nuevas parejas, a expresar deseos y a tomar decisiones sobre su propia vida afectiva. Negar esa dimensión no protege; limita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta no debería ser si existe sexualidad en la adultez mayor. La evidencia cotidiana demuestra que sí existe. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a reconocerla con respeto y sin prejuicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la sexualidad no tiene una fecha de vencimiento. Cambia de forma, de ritmo y de expresión, pero continúa siendo una parte esencial de la experiencia humana. Comprenderlo es también una forma de promover una vejez más digna, más libre y más auténtica.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con este dejar su APORTE al PENSAMIENTO HORIZONTAL; <strong>VERO</strong> en todo sentido; le agrega su SALT &amp; PEPPER profesional y literaria… Que nos permite la LICENCIA CREATIVA de traer este RECUERDO MUSICAL de la TIERNA juventud que dice ASÍ..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="George Michael - I Want Your Sex (Official Video)" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/r3AP26ywQsQ?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_1116-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130302" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:810px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
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        <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 15:17:31 +0000</pubDate>
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        <title>Por el respaldo popular a la Constitución del 91</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/por-el-respaldo-popular-a-la-constitucion-del-91/</link>
        <description><![CDATA[<p>El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos. Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se posesiona. A lo largo del cuatrienio, y luego a manera de despedida, el presidente saliente hizo flotar el llamado a una asamblea constituyente. Y el candidato que, con su apoyo explícito, aspira a continuar su proyecto, no descartó el avance en esa dirección. El hecho de que ahora, por motivos de estrategia electoral, hayan dicho que retiran la idea, no cambia el fondo del asunto. Ya vivimos la experiencia de quien hace cuatro años prometió con escrito sobre piedra que no convocaría una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo del periodo presidencial que termina, las Altas Cortes y el conjunto de la Rama Judicial del Poder Público han defendido con valor el Estado Social de Derecho en medio de tempestades de insolencia. También lo han defendido diferentes sectores políticos en el seno del Legislativo. Los organismos de control del Estado han cumplido bien que mal su tarea. Y la Organización Electoral ha hecho valer su independencia respecto del gobierno, como debe ser, porque tenemos reglas claras de orden constitucional que evitan el autoritarismo del Ejecutivo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al llegar el momento de la consulta ciudadana que implica la escogencia de un nuevo presidente, el apoyo a la Constitución, o a su cambio, se ha vuelto tema de la mayor importancia. Así como hay quienes estuvieron recogiendo febrilmente firmas para promover una constituyente, se ha formado a lo largo y ancho del país, y en los más diversos sectores de la sociedad colombiana, una vigorosa corriente en favor de la defensa, cumplimiento y desarrollo de los principios, derechos, y reglas de acción del Estado consagrados en la Constitución de 1991.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que algunos ignoren, por falta de interés o por razones de edad, la forma como fue adoptada la Carta del 91, así como el contenido y alcance de sus preceptos. Por lo cual resulta infundado que apoyen su cambio sin conocerla a fondo y sin saber que es una de las más avanzadas del mundo en materia de libertades y opciones de acción democrática.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 fue la culminación de un largo y complejo proceso de exigencias históricas y reclamos populares, comprendidos en mayor o menor medida por diferentes gobiernos, comenzando por el de Alfonso López Michelsen, 1974-1978, “gobierno puente” entre el modelo del reparto bipartidista del poder propio del Frente Nacional y la satisfacción de las necesidades institucionales de una nación que requería entrar con solvencia en una nueva era.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se reclamaba autonomía regional y local, democratización profunda, pluripartidismo, derechos ampliados, separación y equilibrio de poderes, estados de excepción regulados, un estatuto de la oposición, reconocimiento de los pueblos indígenas y de las comunidades negras y palenqueras, lo mismo que de comunidades de orientación sexual diferente de las tradicionales, participación ciudadana, planeación obligatoria, manejo económico confiable, controles al Estado y un sistema electoral cada vez más adecuado y transparente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí en adelante, como lo explica de manera clara y pedagógica el magistrado de la Corte Constitucional Jorge Enrique Ibáñez Najar, en un afortunado video que se puede consultar en&nbsp;<a href="https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ">https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ</a>, la nación y sus gobernantes, aún en medio la arremetida brutal del narcotráfico y la acción de diversos movimientos de subversión armada, que buscaban cambiar el Estado a su gusto, jamás cejaron en el empeño de realizar las reformas necesarias para dotar al país de un nuevo esquema institucional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Virgilio Barco, que realizó gestiones exitosas de paz con el movimiento guerrillero M19, al que pertenecía el actual presidente de Colombia, anunció la convocatoria a una Asamblea Constituyente, cuya elección popular se produjo, después de muchos avatares y al impulso de la juventud universitaria de la época, bajo el gobierno del presidente César Gaviria, que propició y animó con todo interés el proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión sobre el contenido de la nueva constitución no se llevó a cabo solamente en el seno de la Asamblea, sino que previamente, en su gestación, tuvo lugar una discusión amplia y abierta desde lo más profundo de Colombia, con mesas de discusión destinadas a acopiar todo tipo de sugerencias, con participación de actores tradicionales, innovadores, revolucionarios de salón, exguerrilleros, juristas, economistas, sociólogos y estudiantes creativos, con el ánimo de contar con un texto constitucional que fuese patrimonio de la nación colombiana y no un etéreo “canto a la bandera” o algo de lo que se deban ocupar solamente juristas, políticos y gobernantes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la nueva Carta se estableció un Estado social de derecho guiado por principios democráticos y garante de una amplísima gama de derechos individuales y colectivos, así como de medidas de protección ambiental, y garantías y deberes para todas las personas, sin que importe cuál sea su etnia, condición, creencia religiosa, orientación sexual o identidad de género. Y aparecieron mecanismos de protección de esos derechos, como la acción de tutela, y todo un catálogo de medios de defensa ciudadana, e instituciones como la Defensoría del Pueblo. Además, se adoptaron principios relacionados con la paz como valor, principio y derecho fundamental colectivo, con la obligación estatal de garantizarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó una estructura del Estado con auténtica separación de poderes propia de una democracia avanzada. De manera que los presidentes no pueden considerarse omnipotentes, ni intérpretes únicos e indiscutibles de la voluntad popular, ni tomadores exclusivos de las decisiones públicas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó la posibilidad de Moción de Censura por parte de las corporaciones públicas contra ministros y otros funcionarios, cuando la gestión de los asuntos a su cargo sea deficiente, o cuando no acaten las citaciones para responder inquietudes de control político.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se fortaleció la independencia de la Rama Judicial, con administración y autoridad de disciplina propias, y apareció, como modelo para muchos otros países, una Jurisdicción Constitucional encargada de mantener la integridad y darle vida a la constitución política, a través de interpretaciones de su contenido que profundicen el sentido de sus principios en el ámbito de la vida real de nuestra sociedad. Se creó además la Fiscalía General de la Nación, encargada de darle vida y efectividad al sistema penal acusatorio, para luchar de manera más efectiva contra el delito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para conseguir una descentralización efectiva del poder y del ordenamiento del territorio, se ratificó la elección popular de alcaldes, hasta entonces la principal transformación de la democracia colombiana, adoptada en 1986, y se estableció la elección popular de gobernadores. Además, se estableció el voto programático como exigencia de cumplimiento de sus programas de campaña a alcaldes y gobernadores, para que sometan a la decisión popular proyectos realizables y respondan por su ejecución.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron los Territorios Indígenas como entidades territoriales, a la par de Municipios, Distritos y Departamentos. Y se abrió la posibilidad de que existan nuevas entidades territoriales como las Provincias, que agruparían varios municipios, y las Regiones, que agruparían varios departamentos. Además, se refinó el sistema de irrigación de recursos hacia todas esas entidades.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa es que las comunidades indígenas no hayan logrado ponerse de acuerdo sobre la forma de organizarse como Entidades Territoriales, ni ha habido partido ni gobierno capaz de ayudarles a conseguir ese propósito. Tampoco ha habido, salvo intentos de avance como el de los departamentos del Caribe, quien tenga la audacia de aprovechar el espacio constitucional para la creación de Provincias y Regiones, que facilitarían una gestión más adecuada del territorio y una mejor protección de nuestros recursos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por todos lados aparecen en el texto opciones verdaderas de participación democrática, desde las instancias de la planeación del desarrollo hasta el control ciudadano de los actos de la administración del Estado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se dejó atrás el bipartidismo, que había animado con exclusividad la vida política, para abrir espacios a nuevos partidos y movimientos, que deben funcionar conforme a principios democráticos. También se abandonó el confesionalismo y se dejó espacio para la coexistencia de diferentes creencias y religiones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron reglas y garantías para el ejercicio de la oposición, anteriormente desprotegida, como factor indispensable de una controversia civilizada y además leal con los principios constitucionales y los propósitos que ellos representan para la nación colombiana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó el sistema de Banca Central para el manejo de la política monetaria, como en los países más avanzados, en busca de que se pueda disfrutar de moneda sana y estabilidad monetaria. De manera que ese crucial asunto no quede en manos del gobernante de turno, que puede ser proclive al retrógrado caudillismo latinoamericano en el que un cacique adopta a su gusto y conveniencia medidas monetarias y después se larga dejando endeudada a la nación, cuando no se perpetúa en el poder para obrar como padrecito bondadoso de millones de menesterosos a los que, con ayuda de la represión, mantiene ilusionados con algún discurso pseudo-poético que garantice su fidelidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para garantizar la conversión límpida de la soberana voluntad popular en poder conferido a servidores públicos elegidos, se estableció una Organización Electoral autónoma, por fuera de las Ramas del Poder Público. De manera que la Registraduría Nacional del Estado Civil, organizadora de todos los comicios, no depende para nada del gobierno de turno, ni éste tiene facultad de aprobar o rechazar los resultados electorales, porque no es de su incumbencia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una nación del Siglo XXI, que cuenta ya con un ordenamiento constitucional tan refinado que otros países estudian cuando sienten la obligación de ponerse al día en materia de derechos, separación de poderes, controles adecuados, manejo monetario responsable y elecciones libres, tiene que sentir preocupación ante los anuncios enredados y nebulosos de llamado a una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Semejante llamado resulta preocupante, pues el concepto de asamblea constituyente significa que el cuerpo colegiado que se ocupe de ella tendría plenos poderes para cambiar la constitución en su totalidad, y reemplazarla por una con orientación completamente diferente. Y es que, en medio del entusiasmo enigmático de los promotores de la idea, se ha omitido la distinción fundamental entre una “asamblea constituyente”, que es la que piden, que permitiría la abolición de la del 91, y una “asamblea constitucional”, que conceptualmente es aquella que se reuniría para realizar unos pocos cambios puntuales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera que el riesgo resulta justificado, porque no es que carezcamos de principios y mucho menos de derechos y organización estatal democrática, ni de controles a los gobiernos, ni de garantías para nadie por diverso, ni opositor que sea, ni de medios para defender el medio ambiente, ni de controles al Estado, ni de libertades de acción en el campo que se quiera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se sabe a ciencia cierta qué es lo que desean cambiar los promotores de una constituyente, en pausa ahora por la conveniencia electoral de no insistir en el tema.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por si acaso, pensar en “asamblea constituyente”, con todo lo que ello implica, para cambiar el sistema de salud o el de pensiones, es huir hacia adelante ante la impotencia política para impulsar esos cambios en uso de las opciones que existen dentro de la constitución que tenemos. Salvo que se busque en su momento armar una algarabía para obtener el giro de un cheque en blanco que permita a quienes han demostrado sobresaliente insuficiencia en el respeto por las instituciones y el manejo del gobierno, echar por la borda lo que tenemos y producir una chapuza que cambie radicalmente el ordenamiento constitucional, que el mismo M19 ayudó en su momento a adoptar.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no es una nación desgraciada, aunque no faltan quienes insisten en convencernos de lo contrario. Mientras ellos insisten, con un discurso importado que nos pone a la par de países que llegaron al concierto de las naciones libres muchas décadas después de nosotros, aquí se han hecho esfuerzos enormes, a veces desordenados, otras veces infructuosos, pero la mayoría de un éxito asombroso, por salir adelante. De manera que el panorama de la Colombia de hoy no se puede comparar con el de hace medio siglo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo importante es que los protagonistas de esos esfuerzos y de esos éxitos hemos sido los colombianos, y no ha sido obra de ningún jefecito iluminado. La gente que aquí acostumbran todavía a llamar “de a pie”, como en la época colonial. Esos millones de familias que, lideradas por madres o padres heroicos, han sabido salir adelante en toda circunstancia, en nuestro territorio y por todo el mundo, y hoy viven una realidad mucho mejor que la de sus abuelos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevamos el lastre de una desigualdad que no es solo posible sino obligatorio desmontar. Para eso tenemos a la mano los elementos reales y además los propósitos y mandatos de la solidaridad, la dignidad humana, el trabajo, los deberes sociales del Estado y la prevalencia del interés general, consagrados en los dos primeros artículos de la Constitución de 1991.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La “apertura económica”, adoptada por la misma época de la Asamblea Constituyente del 91, nos sacó de una típica tradición latinoamericana de andar dando tumbos y nos metió de frente, con realismo audaz, en el difícil y azaroso mundo del capitalismo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto vino a servir de base para que el país supiera afrontar, mejor que otros en nuestra América, la realidad de un modelo hegemónico en todo el mundo, que, como lo reconoce la socialdemocracia, es navegable con voluntad, creatividad y esfuerzo. De manera que todo dependa de una ciudadanía visionaria, que haga uso de su ADN de luchadora, en lugar de declararse vencida y esperar que sus enemigos la socorran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto de ninguna manera exime al Estado de obligaciones ineludibles en materia económica y social, que no puede dejar en manos de particulares que obran con una lógica diferente de la del servicio público. Porque en muchos escenarios de un país enorme y variado, multicultural y afectado en ciertos parajes por injusticias ancestrales, no se puede dejar todo a un juego abierto que profundice diferencias y abusos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la cabeza del Estado requerimos de alguien que comprenda todo esto y llegue a cumplir el juramento que hacen los presidentes de defender la constitución y las leyes, que son parámetros de la vida social y no asunto de especuladores bizantinos. De alguien que gobierne para todos y no para favorecer caprichosamente a sus amigos y perjudicar a sus enemigos. Alquien que no llegue al poder a ejercer la oposición desde dentro del sistema, para degenerarlo y crear las condiciones de un desmonte, gradual o explosivo, del país que tenemos, que es el único que tenemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No merecemos un caudillo del siglo antepasado que llegue a dictar su voluntad “inspirada”, ni un lector de discursos que nos obligue a devolvernos a propósitos y modelos fracasados de hace sesenta años. Debemos tener un presidente que presida y al tiempo contar con un equipo amplio de facilitadores honestos para que esta nación de emprendedores, desde fabricantes de empanadas y repartidores en motocicleta que se meten por todas partes, hasta empresarios de nivel internacional, pueda dar rienda suelta a su creatividad y su deseo de progreso, con una actitud optimista que nos sacaría adelante si todos la asumiéramos, en lugar de actuar innecesariamente con el odio y el resentimiento de quien se está ahogando en la inmundicia y desea que alguien lo saque con helicóptero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que todo esto sea posible, el voto del 21 de junio servirá de manifestación de apoyo a la constitución Política de 1991, que se adelantó a su tiempo para establecer las bases de un país democrático del Siglo XXI. Del respaldo que obtenga, a través de ese voto, la institucionalidad allí consagrada, depende en gran medida la claridad de nuestro futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez si estuviera vivo Gabriel García Márquez, el escritor colombiano más grande de todos los tiempos, podría decir, desde la altura de su centenario, como solía decirlo respecto de gente que era excelente, pero obraba como caminando a tientas: “ustedes son unos berracos y no se han dado cuenta”.&nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130087</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 17:00:02 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Por el respaldo popular a la Constitución del 91]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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        <item>
        <title>Perfecciones imperfectas II. La imperfección y la biología</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/perfecciones-imperfectas-ii-la-imperfeccion-y-la-biologia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La semana pasada se trató el tema de las imperfecciones que, en ciertos diseños de ingeniería, se traducen en robustez y flexibilidad. Esta semana se explorarán casos en los que este principio se cumple en el reino de la naturaleza, donde se manifiesta el mejor ejemplo de &#8220;perfecta imperfección”: el mecanismo de replicación del ADN, [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La semana pasada se trató el tema de las imperfecciones que, en ciertos diseños de ingeniería, se traducen en robustez y flexibilidad. Esta semana se explorarán casos en los que este principio se cumple en el reino de la naturaleza, donde se manifiesta el mejor ejemplo de &#8220;perfecta imperfección”: el mecanismo de replicación del ADN, causante de la diversidad de la vida en la Tierra. Sin errores en las copias no habría mutaciones y, sin estas, no existirían la diversidad biológica ni la adaptación. Sin errores de copia, seguiríamos siendo organismos unicelulares. El error es una expresión del caos y es, al mismo tiempo, el motor de la innovación biológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso el corazón humano sigue esta lógica. Un corazón ideal no late con la precisión de un metrónomo; de hacerlo, lo más recomendable sería pagar de una vez el ataúd. Los corazones sanos poseen un &#8220;caos determinista&#8221;, lo que significa que el intervalo entre latidos varía constantemente por milisegundos. Esta irregularidad permite al sistema cardiovascular responder instantáneamente a cambios inesperados, como un susto, un esfuerzo físico o un cambio de presión. Un ritmo rígidamente perfecto incapacitaría al corazón para adaptarse a la incertidumbre del entorno; en este contexto, el desorden se convierte en resiliencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debo confesar que este interés por la “perfección imperfecta” (no hay tal cosa) se debe al mero deseo de investigar y contar sobre los gallos Onagadori.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/57/KITLV_A955_-_Haan_in_Japan%2C_KITLV_107916.tiff/lossy-page1-960px-KITLV_A955_-_Haan_in_Japan%2C_KITLV_107916.tiff.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&amp;utm_campaign=index&amp;utm_content=thumbnail" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>O-naga-dori</em> significa &#8220;ave de cola larga&#8221;. Esta es una de las razas de gallos más espectaculares y raras del mundo. Los hace únicos una mutación genética que impide que las plumas de la cola muden anualmente, provocando que crezcan sin detenerse. Poseen un gen recesivo llamado <em>non-molting</em> (nm). En condiciones óptimas, sus plumas crecen entre un metro y medio y tres metros por año; y alcanza longitudes de entre diez y doce metros.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="655" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/Screenshot-2026-05-17-095946-655x1024.png" alt="" class="wp-image-129214" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estos gallos requieren cuidados extremos de los criadores: viven en jaulas especiales llamadas <em>tombaku</em>, diseñadas con una percha alta para que la cola cuelgue sin tocar el suelo contra el cual se estropearía: se infectaría, se ensuciaría, se rompería. Debido a que su exportación está prohibida, es prácticamente imposible encontrar ejemplares fuera de Japón. Allí la raza fue declarada &#8220;Monumento Natural Especial&#8221; en 1952.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tradición oral atribuye su origen a Takeichi Rizaemon, quien, entre 1644 y 1648, crió aves de plumaje excepcional para decorar las lanzas y estandartes de los señores feudales. En los desfiles ceremoniales, estas plumas eran símbolo de estatus y poder militar. Al notar que algunos ejemplares no mudaban —ignorando entonces que se trataba de una mutación—, los criadores se concentraron en escoger solo a los ejemplares que poseyeran ese rasgo. En el mundo silvestre, una cola larga es un arma de doble filo: potencia el éxito del cortejo (la selección sexual), pero convierte al ave en una presa fácil. Por ello, ninguna especie salvaje alcanza las proporciones del Onagadori. Lo más cercano es el gallo <em>Bankiva</em> (<em>Gallus gallus</em>), ancestro de todos los gallos domésticos, cuyas plumas caudales son brillantes y arqueadas, pero mudan cada año para reparar las plumas que se dañan por la densa vegetación del sudeste asiático. Otro ejemplo es el gallo Verde de Java (<em>Gallus varius</em>), con una de las colas más estilizadas entre los ejemplares silvestres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La naturaleza, aunque ciega, busca constantemente un óptimo que apunta a la eficacia biológica. Esta resulta de dos variables: la eficacia reproductiva y la supervivencia. A menudo, la primera entra en conflicto con la segunda. Los gallos Onagadori son hermosos para nosotros y para las hembras de su especie, pero con sus colas pesadas y magníficas prácticamente no pueden moverse, volar ni esconderse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si buscamos un ave diseñada exclusivamente por la evolución que se parezca al Onagadori, debemos ir a los faisanes. En el faisán de <em>Reeve</em>, la cola puede superar los dos metros; en el faisán plateado, mide unos setenta centímetros; y en el pavo real, entre uno y un metro y medio. No obstante, todas estas aves mudan anualmente su plumaje.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" src="https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a2/K%C3%B6nigsfasan_%28Syrmaticus_reevesii%29.jpg/960px-K%C3%B6nigsfasan_%28Syrmaticus_reevesii%29.jpg?utm_source=commons.wikimedia.org&amp;utm_campaign=index&amp;utm_content=thumbnail" alt="" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los Onagadori son una especie de joyas vivientes que suben el estatus social de sus criadores debido a la complejidad que exige su manutención y cría. Históricamente, solo las clases altas o individuos privilegiados, patrocinados por los señores feudales podían criarlos y mantenerlos. Su &#8220;imperfección&#8221; biológica resulta de una belleza imponderable; sin embargo, han perdido toda su autonomía natural: dependen absolutamente del cuidado humano para sobrevivir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129211</guid>
        <pubDate>Sun, 17 May 2026 15:00:24 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Perfecciones imperfectas II. La imperfección y la biología]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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        <item>
        <title>“Sobreviviente”: Claudia Yurley Quintero Rolón</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/una-habitacion-digital-propia/sobreviviente-claudia-yurley-quintero-rolon/</link>
        <description><![CDATA[<p>Tengo en mis manos un libro no apto para proxenetas, victimarios, puteros, compradores de sexo o personas con agenda “política”, social o económica de explotación sexual disfrazada de libertad, libre desarrollo de la personalidad o libre mercado. Este libro, cero moralista, no va contra las víctimas o sobrevivientes de la explotación sexual; no señor, no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<a class="twitter-timeline" data-width="500" data-height="750" data-dnt="true" href="https://twitter.com/LiliEstupinanAc?ref_src=twsrc%5Etfw">Tweets by LiliEstupinanAc</a><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">“Artículo 6. Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas, incluso de carácter legislativo, para suprimir todas las formas de trata de mujeres y explotación de la prostitución de la mujer”.<br>Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo en mis manos un libro no apto para proxenetas, victimarios, puteros, compradores de sexo o personas con agenda “política”, social o económica de explotación sexual disfrazada de libertad, libre desarrollo de la personalidad o libre mercado. Este libro, cero moralista, no va contra las víctimas o sobrevivientes de la explotación sexual; no señor, no se confundan. Para ellas, enfoque de derechos y protección, muy a tono con la CEDAW y nuestro bloque de constitucionalidad. Va contra un sistema que normalizó la venta y compra de cuerpos y la explotación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro, pero también esta columna, que irritará a algunos constitucionalistas o juristas en línea regulatoria. ¿Regulación de qué? ¿De la explotación y llamar a eso “trabajo sexual” o “actividades sexuales pagas”. Tremenda doctrina se echan sin haber estado en una esquina del barrio Santa Fe de Bogotá o de esos lugares, incluso virtuales, donde la criminalidad, la mafia, el microtráfico, la adicción, el sadismo, la pobreza y el sistema patriarcal muestran su peor cara.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/WhatsApp-Image-2026-05-11-at-3.26.13-PM-1-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-129001" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Sin duda, “Sobreviviente” irritará o será sometido a la quema “intelectual” y física por aquellos que nos venden el mundo webcam como la panacea de la autonomía. Tampoco es un libro para quienes se lucran del estado de prostitución o esclavitud al que someten a niños, niñas, adolescentes, mujeres, mujeres trans, disidencias sexuales y más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro que me llevó a revisar nuevamente el Código Penal y toda la línea feminista y de protección de niños, niñas, mujeres, mujeres trans y más, que se ha consolidado, especialmente, en esta primera parte del siglo XXI. La prostitución no es un delito en Colombia y, aun si lo fuera, tampoco erradicaríamos esta crueldad de marras. Poco puede hacer un Código frente a la tremenda mafia y al capital que se mueve alrededor de estas actividades, algunas de ellas identificadas como explotación sexual en dicha normativa, que no logra aplicar de forma plena la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer –CEDAW–, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1979 y que entró en vigor en 1981. Instrumento plenamente integrado en nuestro bloque de constitucionalidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tipos penales sobre inducir o constreñir a la prostitución. ¿Cuántos y cuántas han hecho de esto su negocio de vida: proxenetas profesionales? Trata de personas con fines de explotación sexual, demanda de explotación sexual comercial de personas menores de 18 años, turismo sexual y muchos tipos más relacionados con este infinito mundo de crueldad del cual no escapa el Estado patriarcal que nos cobija.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Sobreviviente” denota la clara agenda abolicionista de su autora, Claudia Yurley Quintero Rolón. Una agenda que ha tenido mujeres valientes desde la teoría, pero también desde el activismo contra ese mundo “prostituyente”. Abolir, pero sin criminalizar a las víctimas y sobrevivientes de explotación sexual, para quienes la ternura y las políticas de inclusión deben ser posibles: dignidad, trabajo, salud y acceso pleno al Estado social de derecho o de bienestar. Abolir, no regular la explotación bajo la supuesta idea de un trabajo sexual. Eso sí, criminalizar al comprador de sexo, al proxeneta y al delincuente de la trata.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">“Quieren legalizar la prostitución bajo el falso argumento de proteger nuestros derechos. Pero lo que nosotras necesitamos no son derechos laborales para ser prostituidas; son derechos humanos para vivir con dignidad. (…) No queremos zonas de tolerancia, ni burdeles legales, ni empresarización del proxenetismo. No queremos que nos conviertan en cifras tributarias para enriquecer a quienes siempre nos explotaron. No queremos que el Estado nos abandone disfrazando su omisión de regulación. Queremos alternativas. Queremos oportunidades reales. Queremos que se cuestione la demanda. ¿Quiénes compran sexo? Prácticamente todos los hombres. Esa es la base del problema. Una sociedad que permite que el deseo masculino tenga más valor que la libertad femenina. Que justifica la compra de cuerpos como si fuera un derecho. Y que luego quiere maquillar esa violencia con contratos”.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Esas fueron las palabras de Claudia Yurley Quintero Rolón en una audiencia pública convocada por la Corte Constitucional y que luego dio lugar a la Sentencia SU-062 de 2019, en la cual, según palabras de Claudia: “No solo negó la tutela a la propietaria de un burdel, sino que dejó claro que no existe un derecho a exigir que el Estado habilite zonas para explotar la prostitución”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma voz que habló ante la Corte Constitucional decidió, desde la pluma, relatar la cruel experiencia del desplazamiento padecido, la huida con sus hijos y sin rumbo, la llegada a las frías ciudades y sus cinturones de miseria (“Bogotá, la ciudad que me tragó”), el ingreso al mundo de la explotación sexual para sobrevivir y superar el frío y el hambre, el carcelero, el proxeneta, el violento y violador que puede dormir, incluso, en la misma cama y al lado de sus hijos, el cuerpo explotado por años y décadas en plena sobrevivencia, la destrucción física a punta de comida precaria, adicciones y sustancias para sobrellevar el dolor, la morbilidad y las enfermedades, la mutación del cuerpo y la ayuda de las mujeres que poco a poco tocaron su puerta. Incluso el aliciente de algunas instituciones y servidores públicos que hacen la tarea por las víctimas, sin las cuales hubiese sido imposible huir de tamaño vejamen de vida al que están sometidas miles de mujeres que siguen en las calles, en las esquinas, en los antros de los proxenetas, secuestradas en casas o vigiladas por las pantallas. Luego vino el regreso al nombre, a la palabra y a la dignidad; la reconstrucción, la superación del dolor con los hijos, la terapia, mil veces la terapia, la construcción de caminos, el activismo y sus innumerables complejidades, envidias y acosos ascendentes, como ella los llama, y que la judicializaron por años, el premio Mujer Cafam, la creación de fundaciones y la consolidación de una marca activista que hoy le ha merecido un lugar en Colombia y en el mundo en la lucha contra la explotación sexual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La autora describe a la red de mujeres: las “ali Hadas”. Sin ellas no hubiese salido de ese torbellino. No todas cuentan con la misma suerte. Con la mano amiga de Luz Marina Bernal, una de las valientes Madres de Soacha, y tantas otras que aparecen en ese escrito, volvió a tener su nombre de pila, su cuerpo, sus hijos, su proyecto de vida y su historia. De Cúcuta fue vomitada hacia un territorio de esperanza y sobrevivencia como Cazucá, y allí esas “ali Hadas” llegaron a darle un vaso de agua, la mano y amor. Todo un reconocimiento para ellas en ese escrito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En fin, una vida que tuvo sentido el día en que entendió que su cuerpo y su mente estaban en plena creación de una agenda social y política de salvación para cientos y miles, pero también de una senda no exenta de enemigos. Y no es para menos: la lucha abolicionista, la construcción de alternativas, no para criminalizar a las mujeres vandalizadas, como ella las identifica, sino a quienes siguen sosteniendo la agenda “prostituyente” o proprostitución en Colombia, es profundamente peligrosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta psicóloga, terapeuta social y activista identifica tres caminos: el prohibicionista, donde, como ella lo relata, “el Estado se lava las manos castigando a quien está más abajo de la cadena y deja intacto al que compra y al que lucra”; el de la legalización o regulación, donde “el Estado se pone traje y corbata para administrar el mismo negocio. Se reparten licencias, se permiten burdeles, se abren zonas; a veces lo llaman trabajo sexual y prometen derechos laborales”; y un tercero, el abolicionista, más moderno en su criterio, donde “el esfuerzo grande no se invierte en recoger tasas ni en redactar reglamentos para locales, sino en construir salidas reales: ingresos de transición, vivienda, cupos de estudio, empleo, salud integral, cuidado para los hijos y regularización migratoria cuando aplique”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia, según ella, en lo profundo, es la pregunta ética que cada camino responde. El prohibicionismo pregunta: “¿Cómo saco de mi vista lo que me incomoda?” y responde con policías. La legalización pregunta: “¿Cómo ordeno un mercado que ya existe?” y responde con licencias. El abolicionismo pregunta: “¿Cómo reduzco la violencia y la desigualdad que alimentan ese mercado?” y responde con derechos, con límites a quienes compran y con alternativas para quienes han sido empujadas allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es fácil. Pero esta última alternativa comienza a abrirse paso en Colombia, lentamente, en amplios sectores del feminismo contemporáneo y en las voces de quienes sobrevivieron al horror y decidieron contar lo que muchos prefieren no mirar. “Sobreviviente” no es un libro cómodo. Tal como lo señala la prologuista, Ana Cristina Restrepo Jiménez: “No es una batalla contra la sexualidad; es una conversación seria sobre el poder. La abolición mira a los hombres y les habla claro: el deseo no es derecho. Comprar acceso al cuerpo de otra persona no es libertad sexual; es dominación con recibo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un libro que confrontará a hombres, pero también a mujeres que hoy soportan el trabajo sexual desde el derecho y sus diversas aristas, las políticas públicas, la legislación, la doctrina y hasta la jurisprudencia. Un debate abierto sobre la ausencia de dignidad en el mundo de la violencia y la explotación sexual y las mentiras de la supuesta libertad o elección por la crueldad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Cuántos y cuántas cambiarán, a partir de su lectura, la mirada sobre la supuesta libertad, autonomía y hasta el libre mercado de la crueldad y los cuerpos? El debate está abierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nota: Bella edición de este texto y gran felicitación a las ilustradoras Sara Daniela Herrera Pereira y Mariana Hernández Useche (técnica en grafito sobre papel) y a Claudia Fernández Franco por el acompañamiento editorial realizado a la autora.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



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        <author>Liliana Estupiñán Achury</author>
                    <category>Una habitación digital propia</category>
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        <pubDate>Wed, 13 May 2026 16:10:49 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Liliana Estupiñán Achury</media:credit>
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