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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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        <title>La encrucijada de Abelardo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/la-encrucijada-de-abelardo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una tentación muy grande, casi inevitable, cuando un país cambia de gobierno: explicar el resultado electoral como si una mitad de la sociedad hubiera derrotado definitivamente a la otra. Colombia debería cuidarse de esa tentación. Abelardo de la Espriella ganó las elecciones presidenciales y tiene, por supuesto, la legitimidad democrática para gobernar. Pero convendría [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h1 class="wp-block-heading">Hay una tentación muy grande, casi inevitable, cuando un país cambia de gobierno: explicar el resultado electoral como si una mitad de la sociedad hubiera derrotado definitivamente a la otra. Colombia debería cuidarse de esa tentación.</h1>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella ganó las elecciones presidenciales y tiene, por supuesto, la legitimidad democrática para gobernar. Pero convendría mirar con un poco más de detenimiento qué fue exactamente lo que lo llevó hasta la Casa de Nariño. Porque acaso allí se encuentre también la pregunta más importante de su gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo no llegó al poder solamente por la extrema derecha. Llegó, en buena medida, porque una parte considerable del país estaba cansada. Cansada de la improvisación, de la confrontación permanente, de la sensación de que gobernar consistía muchas veces en producir una nueva controversia antes de haber resuelto la anterior. Cansada también de un gobierno que, en distintos momentos, pareció mirar con desconfianza o desprecio a sectores enteros de la sociedad que no compartían su proyecto político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La elección fue, en ese sentido, algo más complejo que un simple giro ideológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera vuelta había dejado a Abelardo y a Iván Cepeda separados por poco más de 660.000 votos. En la segunda, la distancia terminó reduciéndose a 251.854. De la Espriella obtuvo 12.960.166 votos y Cepeda 12.708.312. No estamos, por tanto, frente a una revolución electoral de una mayoría aplastante. Estamos frente a un país prácticamente dividido en dos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esa diferencia importa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una cosa es ganar una elección y otra, bastante más difícil, interpretar un país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez Abelardo debería preguntarse si su triunfo fue exclusivamente el resultado de una adhesión profunda a la derecha que él representa o si también fue consecuencia de una circunstancia histórica mucho más amplia: el cansancio con el gobierno anterior, el rechazo a ciertas formas de ejercer el poder, la preocupación por la seguridad, la economía y el rumbo institucional, y la incapacidad de la izquierda para convocar a los sectores del centro político que necesitaba para convertirse en una mayoría nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso la presencia de José Manuel Restrepo en la fórmula presidencial decía algo que no debería pasar inadvertido. Para muchos votantes, Restrepo representaba una señal de moderación, de experiencia administrativa, de diálogo con sectores empresariales y académicos, y de una derecha que podía conversar con el centro. No era un detalle menor. Era una forma de decirle a un país que había alternativas distintas a la confrontación permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la historia de este gobierno no debería escribirse simplemente como la historia de la llegada de la derecha al poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una casualidad histórica entre Abelardo y la derecha colombiana que todavía está por convertirse en un vínculo profundo. Su triunfo puede ser leído como la convergencia de varias circunstancias, más que como la culminación de un largo proceso de construcción ideológica de una nueva mayoría conservadora. Las elecciones producen esas paradojas: a veces llevan al poder a una persona por razones que exceden ampliamente su propia biografía política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí comienza la verdadera encrucijada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Abelardo ya no es el candidato que podía representar la indignación de una parte del país. Es el presidente de todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso cambia el lenguaje, cambia la responsabilidad y debería cambiar incluso la idea de victoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un candidato puede vivir de la diferencia. Un presidente necesita construir sobre aquello que comparte la sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es quizá una de las pruebas más difíciles para un gobernante con una personalidad política tan marcada como la de Abelardo. La misma energía que puede servir para ganar una elección puede convertirse en un obstáculo para gobernar. La confrontación moviliza. El gobierno, en cambio, exige administrar diferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia está llena de diferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada decisión de este gobierno será observada por un país especialmente sensible. La izquierda sospechará de la derecha. La derecha exigirá que el gobierno cumpla sus promesas. El centro estará atento a cualquier señal de radicalización. Los empresarios mirarán las reglas del juego. Los trabajadores, los jóvenes, las regiones, las víctimas, los militares, los campesinos y las universidades tendrán sus propias expectativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay, en este momento, un sector de Colombia que pueda decir que el país le pertenece.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea precisamente la oportunidad histórica de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los grandes estadistas no suelen ser recordados solamente por las batallas que ganaron contra sus adversarios. Son recordados por las fronteras que consiguieron mover. Por la capacidad de hacer que quienes no pensaban como ellos pudieran reconocerse, al menos parcialmente, en una obra común.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia suele ser más generosa con quienes construyen que con quienes simplemente vencen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, además, una idea que me gustaría pedirle prestada al propio presidente. Si Abelardo se reconoce en la tradición del hombre del Renacimiento, tendría allí una extraordinaria oportunidad para pensar su propia presidencia. Porque si algo hizo grande al Renacimiento no fue solamente la aparición de artistas geniales, sino la capacidad de mirar más allá de los límites conocidos, de cruzar disciplinas, de aprender del otro, de encontrar horizontes mayores que las circunstancias más íntimas o los círculos más limitados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Leonardo podía ser pintor, anatomista, ingeniero y arquitecto. Maquiavelo podía estudiar a los antiguos para comprender a los modernos. Y Lorenzo de Médici entendió que la grandeza política de Florencia no consistía únicamente en acumular poder, sino también en convertirla en un centro de cultura, diplomacia y creación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lorenzo es, quizás, una figura especialmente sugestiva para un presidente que acaba de llegar al poder en un país dividido. Después de la conspiración de los Pazzi y de una guerra que puso a Florencia en una situación crítica, Lorenzo viajó personalmente a Nápoles y negoció la paz. Después construyó una política de alianzas y equilibrios que hizo de Florencia una pieza decisiva de la política italiana. Al mismo tiempo, alrededor suyo se reunieron artistas, poetas, filósofos y arquitectos. Su grandeza no estuvo solamente en mandar, sino en comprender que el poder podía ser también una forma de ampliar el horizonte de una sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea una de las preguntas más interesantes que podría hacerse Abelardo: ¿puede un hombre que llegó al poder desde una identidad política tan fuerte ampliar su propio horizonte hasta convertirse en algo más grande que esa identidad? ¿Puede escuchar voces que no pertenecen a su mundo, incorporar ideas que no nacieron en su círculo, reconocer que incluso sus adversarios pueden tener algo que enseñarle?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque allí está, en últimas, la diferencia entre un gobernante que administra una victoria y un estadista que comprende una época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso sería un error que el nuevo gobierno confundiera el mandato electoral con un mandato para profundizar las divisiones culturales del país. Colombia no necesita que el presidente demuestre cada mañana que derrotó a la izquierda. Necesita que demuestre que puede gobernar mejor que ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar mejor significa recuperar la capacidad del Estado para hacer cosas concretas. Mejorar la seguridad sin abandonar las garantías institucionales. Hacer crecer la economía sin olvidar la desigualdad. Construir infraestructura. Mejorar la educación. Reducir la pobreza. Fortalecer las regiones. Defender las instituciones. Hacer que la administración pública funcione. Y, sobre todo, devolverle al ciudadano una sensación elemental que se ha ido perdiendo: que el Estado existe para resolver problemas y no para producir permanentemente nuevos enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo tiene además una ventaja que quizá todavía no alcanza a dimensionar: no necesita convencer a quienes ya lo votaron de que él tiene razón. Ellos ya lo hicieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su desafío está en convencer a quienes no lo votaron de que también puede gobernarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está la diferencia entre un presidente de partido y un presidente de país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no eligió a Abelardo con una mayoría abrumadora. Lo eligió en una segunda vuelta extraordinariamente estrecha, en la que apenas unos cientos de miles de votos separaron dos proyectos de país. A Cepeda le faltó poco para ganar. A Abelardo le faltó poco para perder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa cifra debería ser más que una estadística electoral: debería ser una lección política. El riesgo de no comprenderla es enorme. Un gobierno que no consiga construir consensos puede terminar alimentando el péndulo que lo llevó al poder. Si una parte del país siente que durante cuatro años fue ignorada, despreciada o excluida, la próxima elección puede convertirse, otra vez, en una oportunidad para llevar el péndulo hacia el otro extremo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso ya lo hemos visto en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso construir consensos no es un gesto de debilidad ni una concesión ideológica. Es, incluso, una forma de proteger el propio proyecto político. Un gobierno que logra que una parte importante de quienes no lo votaron se sientan representados tiene más posibilidades de dejar una obra duradera que uno que simplemente satisface a sus seguidores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta puede ser la gran oportunidad de Abelardo de la Espriella. No convertirse simplemente en el presidente que llevó a la derecha al poder, sino en el presidente que entendió que Colombia necesitaba salir de la lógica de los bloques.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso podría hacer algo todavía más difícil: construir un gobierno que no tenga como principal propósito representar a la derecha, sino representar aquello que puede convertirse en lo colectivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sería renunciar a sus ideas. Al contrario. Los estadistas no dejan de tener convicciones cuando construyen consensos. Lo que hacen es entender que una convicción política adquiere verdadera grandeza cuando consigue convertirse en una política pública que puede ser aceptada incluso por quienes no comparten su origen ideológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia está llena de gobiernos que ganaron con una bandera y terminaron siendo recordados por algo mucho más grande que esa bandera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese debería ser el reto de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No gobernar para demostrar que una mitad del país tenía razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gobernar para que, dentro de cuatro años, una mayoría de colombianos pueda decir que el país está un poco menos dividido, que las instituciones son un poco más fuertes, que el Estado funciona un poco mejor y que, incluso en medio de nuestras diferencias, todavía somos capaces de construir algo juntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás esa sea la verdadera encrucijada de Abelardo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguir siendo el hombre que ganó una elección contra una época que muchos colombianos querían dejar atrás, o convertirse en el presidente capaz de inaugurar otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera opción le pertenece a la política.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda, a la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133026</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 17:31:27 +0000</pubDate>
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        <title>Réquiem telúrico en 7.4 movimientos memorísticos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/yo-veo/requiem-telurico-en-siete-punto-cuatro-movimientos-memoristicos/</link>
        <description><![CDATA[<p>A la memoria de Pereira y de todos los territorios de Colombia, afectados por el terremoto del 10 de agosto del año 2026. A las víctimas y damnificados que tardarán años en recuperarse. Ojalá tengan la fuerza para hacerlo. A las voluntarias y voluntarios que se volcaron a las calles para socorrer y ayudar a [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A la memoria de Pereira y de todos los territorios de Colombia, afectados por el terremoto del 10 de agosto del año 2026.</i></p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A las víctimas y damnificados que tardarán años en recuperarse. Ojalá tengan la fuerza para hacerlo.</i></p>
<p style="text-align: justify;padding-left: 120px"><i>A las voluntarias y voluntarios que se volcaron a las calles para socorrer y ayudar a conocidos y desconocidos.</i></p>
<p style="text-align: justify"><b>Primer movimiento<span class="Apple-converted-space"> </span></b></p>
<p style="text-align: justify">Aconteció el 10 de agosto a las 7:34 de la mañana, a nueve días de mi cumpleaños número 53. Yo estaba sentado en la mesa del comedor, hablaba con mi mamá por el altavoz del teléfono mientras esperaba que estuviera el agua caliente para prepararme el primer café de la mañana. Era mi segunda semana de clases y ya tenía todo listo para salir a trabajar, incluso había alistado los pliegos de papel que mis estudiantes de didáctica de los medios llenaron ocho días atrás.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">De pronto sentí el primer envión y luego el balanceo, no le presté mucha atención al movimiento pues ocurría lo mismo cada tanto desde hacía meses, incluso desde hacía años después del terremoto de 1999. Pensé que como los sismos eran parte de la vida cotidiana de Colombia, sólo había que calmarse y esperar a que pasara.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo y por si acaso le dije a mi mamá: está temblando, salga de la casa ya. Ella no me entendió y siguió como si nada, pero el remezón no se detuvo como otras veces. La tierra se sacudió más fuerte, más violenta que nunca.</p>
<p style="text-align: justify">Al notar que el suelo se retorcía entre espasmos y convulsiones, solté el teléfono móvil. Me lancé hasta la puerta con la llave en la mano y casi que no encuentro el orificio de la cerradura, logré abrir mientras escuchaba los gritos de mi madre por el altavoz del teléfono…¡se está cayendo todo!, decía, ¡ay Dios mio socórrenos!, ¡amacita bendita!. ¡Mario!, !Mario¡…fue así que me enteré que mi hermano mayor estaba con ella, y en medio del terror sentí algo de alivió porque al menos estaban juntos.</p>
<p style="text-align: justify">Después supe que el terremoto alcanzó los 7.4 grados en la Escala de Richter, con 103 kilómetros de profundidad, una duración entre 90 segundos y 2 minutos y con epicentro en San José del Palmar, Chocó. Siete días después el Servicio Geológico Colombiano SGC reportó 336 réplicas, 21 de ellas mayores a 3.0 grados y 2 con magnitud mayor a 4.0, con profundidades de hasta 118.4 kilómetros.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Segundo movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Detrás de mí se apagó el fogón, la biblioteca vomitó los libros de educación que tenía apilados en la parte superior, estallaron los vasos y las copas en el suelo de la cocina, se dobló el armario metálico sobre mi cama, se separaron las paredes de la casa vecina, crujieron con fiereza las planchas de concreto, como los dientes afilados y apretados de una mandíbula rabiosa, y desde la puerta vi cómo se dibujaron en cuestión de segundos, dos fisuras finas e irregulares en el techo blanco de la sala. Un zigzag delgado interrumpido por la puerta de la habitación, quedó trazado desde la puerta de entrada hasta el fondo de la casa.</p>
<p style="text-align: justify">El tropel de vecinos y vecinas no me dejaba pensar. Con dificultad me sostenía entre el marco de la puerta mientras rogaba en voz alta que se detuviera ya. Pero el cielo azul seguía inquieto. Los pájaros no encontraban el rumbo entre las nubes de polvo gris, dorado y ámbar, que se levantó sobre las casas y los edificios, cubriéndolo todo de una niebla espesa de muerte y de ruina.</p>
<p style="text-align: justify">Ese lunes soleado de agosto, la tierra se sacudió como si de lo profundo emergiera un cíclope colérico, luego de una larga noche de insomnio, pesadillas y agonía.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Tercer movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Cuando al fin la tierra se detuvo, se cayó la llamada, y ya no escuché más a mi mamá. Y con un nudo de saliva pasé por la garganta la mudez de los teléfonos. Entonces sobrevino un silencio trémulo y aturdido interrumpido por las alarmas de los carros. Yo seguía de pié perturbado.</p>
<p style="text-align: justify">Aún así, agitado, actué con tal frialdad que parecía entrenado para ese momento: cerré la llave del gas, guardé el celular en el bolsillo, me puse unos tenis, y salí corriendo en busca de mi familia.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Más adelante, en el otro barrio, no había reglas en las calles, ni señales de tránsito, ni semáforos que funcionaran. Carros y motos se esquivaban como podían. Los cables de la luz chocaban entre sí, hacían corto, se reventaban y se caían, los techos se derrumbaban y los postes se partían en pedazos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Un alud de tierra taponó la vía principal del barrio, que era a la misma vez la entrada y la salida, y se escuchaban a lo lejos las primeras sirenas de las ambulancias y de los bomberos.</p>
<p style="text-align: justify">En mi trayecto escuché sollozos, vi caos y rostros de incertidumbre. Pero también vi como de repente se borraron las viejas rencillas entre vecinos, los odios secretos y las envidias, y a cambio de eso, surgió en la atmósfera un sentimiento de solidaridad y compasión que se desprendió espontáneo desde el árbol de la vida, e invadió los muros tarjados, las ventanas rotas, las puertas arrugadas, las casas recogidas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Entonces, como en una despedida, las madres bendijeron a sus hijos y las parejas se abrazaron, para agradecer que ese no fue para ellas y ellos el último día. Un joven sobre su moto, detenido en la vía, lloraba porque encontró a su abuela viva.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Otro que vagaba por la calle solitario, cubrió con su cobija a una mujer semidesnuda aunque no la conocía. Y una joven madre solitaria en el andén, balanceaba a su bebé de meses, como si ambos flotaran en un mar a la deriva.</p>
<p style="text-align: justify">A mi mamá y a mi hermano Carlos Mario los encontré vivos, estaban a punto de partir en mi búsqueda, pero yo llegué antes. De Leonardo Fabio, el menor, todavía no sabíamos nada.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Cuarto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Pensé en Samara, la investigadora brasilera de posdoctorado que había llegado a mediados de julio desde Brasil, para que yo supervisara su estancia en la universidad, y me preocupé por mis estudiantes con los que seguramente, ya no me encontraría a las 10 de la mañana, pero lamentablemente no tenía cómo comunicarme con ellos, pues todos los servicios públicos estaban suspendidos. Sólo quienes tenían radio podían enterarse de lo acontecido.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Recordé que meses antes de viajar desde Fortaleza, Samara me había preguntado si aquí temblaba mucho la tierra, y también recordé que el primer día que nos vimos en la universidad, ella se había sorprendido con la cantidad de señales de “precaución” y &#8220;puntos de encuentro” instaladas en el campus, pues pensaba que se trataba de lugares para conversar, al estilo de los círculos de cultura freireanos. Yo le aclaré que eran sitios para reunirnos en caso de evacuación por una emergencia, y le dije que aquí temblaba pero no con la magnitud de lo ocurrido en Venezuela.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>Quinto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Horas después, menos aturdido por la catástrofe, caminé en medio de la destrucción y la algarabía hasta encontrar una antena de telecomunicaciones que seguía en pié, quería escribirles a mis estudiantes y a Samara, y de paso enterarme de las noticias. Tuve sólo unos minutos de acceso a WhatsApp, y en ese instante me llegaron una cantidad de mensajes de familiares y amigos que viven dentro y fuera del país, la mayoría de Brasil. Nadie sabía de mí o de mi familia. Entonces comencé a dar respuesta a cada uno de ellos hasta que perdí la señal. No pude ingresar ni al correo ni al Classroom de mis cursos.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Desde ese momento y durante varios días no tuvimos comunicaciones, y fue con el paso del tiempo que nos enteramos de la destrucción ocasionada en todo Colombia. Al parecer Pereira era el caso más dramático. Del campo y de los pueblos pequeños no llegaban imágenes. Tampoco las ayudas.</p>
<p style="text-align: justify">A mitad de la tarde vimos un globo blanco que flotaba sobre el barrio. Algunas personas dijeron que era un OVNI, otras que era parte del proyecto HAARP instalado en Alaska, y que el terremoto había sido provocado por los Estados Unidos. Luego, en los medios explicaron que era un globo estratosférico utilizado para investigación científica y meteorológica, para telecomunicaciones o incluso para la vigilancia y la seguridad nacional norteamericana.</p>
<p style="text-align: justify">Cuando tuve Internet consulté y la IA de Google me dijo que los globos pertenecían a la empresa estadounidense Raven Aerostar, operados en coordinación con misiones científicas de la NASA y el permiso de la Aeronáutica Civil colombiana. No quise averiguar más.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>Sexto movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">El mundo conoció la tragedia antes que nosotros, pues minutos después del sismo circularon las imágenes por las redes sociales y los noticieros, llegaron hasta las pantallas del metro de Barcelona, São Paulo y París.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Seguro algunas personas que estaban en las calles, alcanzaron a subir videos a Internet antes de que se suspendiera el servicio, y sus familiares que viven en el exterior los hicieron virales junto a influencers, periodistas y medios de comunicación.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">El día después del terremoto llegaron los reporteros de la capital, de Estados Unidos y de Europa, y con su ropa límpida se pararon entre las ruinas o se hicieron a un ladito del encuadre, para mostrar en vivo y en directo la ciudad destruida, con miles de voluntarios espontáneos que estaban en las calles desde el primer día, removiendo los escombros con sus propias manos, muchos sin protección.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Con el paso de los días, sólo quedaron los damnificados en albergues, las ollas comunitarias en los parques y en las calles, y los voluntarios que siguieron escarbando hasta que los hicieron sacar de la policía.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Los reporteros desaparecieron y no se supo más de ellos. Pero llegaron los norteamericanos y los israelitas que dijeron hacer parte de los cuerpos de socorro. Otros grupos de rescate llegaron de El Salvador y de Ecuador, y comenzaron a llegar las ayudas humanitarias de otros países, pese a que inicialmente el gobierno nacional se opuso sin una justificación válida.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Mientras todo eso ocurría, estuvimos aislados en los barrios casi una semana. Algunos lo estuvieron mucho más tiempo.</p>
<p style="text-align: justify"><b>Séptimo movimiento</b></p>
<p style="text-align: justify">Minutos después del terremoto, Sabrina, la hermana de Samara, me escribió angustiada desde Fortaleza pero no me llegaron los mensajes porque no había Internet. Al cabo de unas horas nos escribimos. Samara había sobrevivido y no estaba herida, pese a la destrucción de edificios que hubo en el barrio los Álamos, que queda al lado de la universidad.</p>
<p style="text-align: justify">Días después, luego de confirmar que la pista del aeropuerto Matecaña servía, la repatriaron a ella en un vuelo humanitario junto a otros estudiantes extranjeros. La oficina de Relaciones Internacionales y los consulados se encargaron de eso.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">En un día gris de mucha lluvia nos enteramos de que mi hermano menor estaba bien, en Cartago, y con las horas nos juntamos todos en Dosquebradas. Revisamos las casas y confirmamos que no les había ocurrido mayor cosa, todo se podía recuperar, pero miles de personas corrieron con otra suerte. También verificamos la existencia de víveres para varios días, pues era seguro que todo iba a escasear, pues los supermercados y tiendas que estaban en pie habían cerrado.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras tanto en los albergues no alcanzaban las carpas ni los plásticos para cubrir a tanta gente desprotegida,<span class="Apple-converted-space">  </span>muchas personas pasaron la noche con hambre y con frío, y el temor de todos era que con el agua que caía comenzaran a derrumbarse los edificios y las viviendas más deterioradas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify"><b>…punto cuatro. El final de los movimientos.</b></p>
<p style="text-align: justify">Por las noches, un grupo de vecinas y de vecinos, alumbrados por la luz de una vela comenzaron a recordar cómo vivieron el momento del desastre. Después se contaron historias sobre sus familias, y sobre los lugares de la ciudad que habían desaparecido bajo el polvo.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Sobre esas ruinas todos teníamos algo entrañable que evocar, algo que atesorar. En cada rincón de la urbe encontraríamos un episodio de nuestra historia de vida.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero cuando tuvimos energía eléctrica y acceso a la información, mis hermanos, mi mamá y yo vimos las imágenes en los noticieros, y recorrimos la ciudad durante varias jornadas para llevar ayudas.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Pereira parecía una ciudad del Medio Oriente, bombardeada, con cientos de muertos, miles de heridos y refugiados en albergues rodeados de escombros e incertidumbre.<span class="Apple-converted-space"> </span></p>
<p style="text-align: justify">Al cabo de cuatro semanas supimos por medios locales y fuentes oficiales, que hubo cientos de muertos y desaparecidos, cientos de casas y edificaciones que sucumbieron al instante, miles de heridos e inmuebles que serán demolidos. Miles más que aún presentan afectaciones graves, entre ellos hospitales, escuelas, colegios, universidades, supermercados, iglesias, restaurantes, centros comerciales, hoteles, apartamentos y viviendas.</p>
<p style="text-align: justify">Ahora además de todo lo material, teníamos que reconstruir simbólicamente nuestras memorias, y quizá, más adelante, contarles a otros cómo nos levantamos una vez más de las cenizas.</p>
<p style="text-align: justify"><i>Nota: Este relato en primera persona está basado en hechos reales y es el resultado inicial del currículo situado que emergió después del terremoto, para retomar los cursos que oriento en la Escuela de Español y Comunicación Audiovisual de la Universidad Tecnológica de Pereira &#8211; UTP. Hace parte de dos líneas de investigación del grupo Edumedia-3: Autobiografia, Medios y Educación; y (Auto)medialidad, y de un proyecto de investigación emprendido por investigadores de Colombia y Brasil. </i></p>
<p><strong>También puede leer este texto en <a href="https://edumedia3.co/requiem-telurico-en-siete-punto-cuatro-movimientos-memoristicos/" target="_blank" rel="noopener">www.edumedia3.co</a> y acceder a otros contenidos y recursos.</strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Leandro Marín Ossa</author>
                    <category>Yo veo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132828</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 20:36:09 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Captura-de-pantalla-2026-09-10-a-las-1.53.54-a.m.png?w=1200" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Réquiem telúrico en 7.4 movimientos memorísticos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Leandro Marín Ossa</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132828</post-id>    </item>
        <item>
        <title>MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/malcolm-deas-el-extranjero-que-nos-enseno-a-mirar-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026. Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él. Entonces aparece una novela. Nostromo, de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Conferencia de Diego Aretz. Universidad del Norte 2026.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que siempre me ha parecido extraordinaria. Un joven inglés, formado en Oxford, está intentando decidir qué país de América Latina va a estudiar. México parece la opción natural. Pero México ya está lleno de historiadores interesados en él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece una novela.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Nostromo</em>, de Joseph Conrad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una novela ambientada en una república imaginaria llamada Costaguana, que tiene demasiadas semejanzas con Colombia. Y entonces ocurre algo que parece casi una anécdota, pero que terminaría cambiando una parte de la historiografía colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm mira un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí está Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él mismo me lo contó alguna vez. Dijo que tomó el mapa, bajó desde México, pasó por Centroamérica y encontró un país grande que, además, era el país de las novelas que había leído.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sabía que ese país iba a ocupar los siguientes sesenta años de su vida. No sabía que terminaría nacionalizándose colombiano. No sabía que sería profesor de Oxford, que tendría entre sus interlocutores a presidentes y ministros, que asesoraría gobiernos, que formaría generaciones de colombianos y que terminaría construyendo una de las bibliotecas privadas sobre Colombia más importantes que haya tenido un historiador extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mucho menos sabía que, seis décadas después, algunos de sus libros terminarían aquí, en Barranquilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay algo todavía más interesante.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia tampoco sabía que acababa de encontrarse con Malcolm Deas.</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un extranjero que llegó a un país que tampoco se entendía a sí mismo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé a investigar a Malcolm, una de las cosas que más me sorprendieron fue que él nunca se presentó como alguien que había llegado a Colombia sabiendo exactamente qué quería encontrar. Más bien lo contrario. En nuestras conversaciones insistía en su propia desorientación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me dijo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Me despisté mucho los primeros dos años.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y después agregó algo todavía más revelador:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Los colombianos tampoco lo entendían.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frase me parece una de las mejores puertas de entrada a Malcolm Deas. Porque ahí aparece algo que lo acompañaría durante toda su vida: <strong>la humildad intelectual de quien sabe que un país no puede entenderse rápidamente.</strong> Él no llegó con una teoría sobre Colombia. Llegó con preguntas. Y quizás por eso pudo pasar tanto tiempo aquí. Porque cuando uno llega a un país creyendo que ya sabe qué va a encontrar, termina buscando únicamente aquello que confirma lo que ya pensaba. Malcolm hizo lo contrario. Llegó confundido. Y conservó durante décadas la capacidad de seguir sorprendiéndose.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El método Deas: mirar los detalles</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si tuviera que escoger una sola frase para explicar a Malcolm Deas como historiador, sería esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Si uno quiere entender algo, tiene que describirlo con todos los detalles posibles.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto parece una frase sencilla. Pero es una posición intelectual. Porque significa desconfiar de las grandes explicaciones que pretenden explicar un país entero con una sola categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia ha sido descrita muchas veces mediante palabras enormes: violencia, oligarquía, pobreza, clientelismo, polarización, subdesarrollo, narcotráfico, Estado fallido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm desconfiaba de las etiquetas cuando reemplazaban la investigación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una de nuestras conversaciones me explicó que el poder en Colombia era difuso y que para entender quién mandaba había que mirar los territorios, los pueblos, las relaciones concretas y las diferencias regionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto es muy importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm no preguntaba únicamente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién tiene el poder?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Preguntaba:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Quién manda, dónde manda y hasta dónde manda?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esas tres palabras —dónde y hasta dónde— cambian completamente la pregunta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque un terrateniente podía tener poder sobre sus trabajadores y no necesariamente sobre el alcalde. Un presidente podía tener una enorme autoridad nacional y, sin embargo, tener dificultades para hacer cumplir una decisión en un municipio. Un jefe político podía ser poderoso en un departamento y no serlo en otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>el poder tenía geografía.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm quería encontrarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera hablar de un ejemplo muy concreto de del Malcolm de los detalles: Y aquel personaje que le da vida a su texto es una tejedora de un pueblo de Santander llamado Suaita, un pueblo que, si hoy es bien pequeño, imagínelo en 1874. Malcolm va a mostrar, mirando a través del diario de esta mujer tejedora, que la vida política sí había permeado todas las capas sociales de la nueva república, que es una de las tesis que va a defender a lo largo de toda su vida: se trata de una señora de Suaita, municipio de Santander que linda con Boyacá, cerca de donde se produce el bocadillo veleño. El documento es un diario personal manuscrito. En la página titular se lee: “Apunte de lo que ha ocurrido desde el año de 1874 en Suaita, de Sofía Durán D. (tengan la fineza de no quedarse con este libro, porque es un robo)”</p>



<p class="wp-block-paragraph">cuando Malcolm hacía trabajos como los que hizo Ginzburg (<em>La política en la vida cotidiana republicana</em>), esos estudios parecían, digamos, como un poco esotéricos. Alguien que se dedica a hacer una historia de minucias, eso como que no cabía mucho en las estructuras mentales dominantes en la historia. Entonces, alguien que se mete en ese detalle, pues era muy subvalorado, pues estaba haciendo un ejercicio casi de masoquismo histórico, porque ¿eso qué aporta? Hoy vemos la importancia de eso. Quiero decir que, de pronto, en el sentido de esa conexión que haces con Ginzburg, Malcolm pudo ser como un pionero de cosas cuya importancia se reconocen mucho más vigorosamente hoy, como estructurantes de la sociedad.[</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí recuerdo una anécdota que me parece que revela otra dimensión de ese método. Gonzalo Sánchez decía que Malcolm había puesto a estudiar a todo el mundo con el rigor y la precisión de su trabajo. Era difícil argumentarle. Y yo creo que había ahí también un rasgo de profesor: esa manera de obligar a los demás a volver sobre las cosas, a revisar el dato, a precisar el argumento y a no conformarse con una explicación fácil.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El historiador que desconfiaba de las explicaciones demasiado perfectas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una característica de Malcolm que aparece una y otra vez en mi libro: <strong>su escepticismo.</strong> No era un escepticismo estéril. No era la actitud de quien dice que nada puede saberse. Era exactamente lo contrario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba para investigar mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconfiaba de los lugares comunes. Desconfiaba de las teorías demasiado cerradas. Desconfiaba incluso de sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de sus primeros años en Colombia, me dijo algo que revela mucho de su personalidad intelectual: había sido muy difícil para él entender el país, pero también había comprendido que los colombianos tampoco lo entendían del todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y allí aparece una de sus grandes virtudes:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>no confundía seguridad con conocimiento.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un hombre que sabe mucho puede decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Esto es así”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm prefería muchas veces decir:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Veamos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y volver al archivo. Y buscar otra fuente. Y revisar una cifra. Y hablar con otra persona. Y encontrar una excepción. Y entonces modificar la explicación.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Colombia contra los estereotipos</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que me parece extraordinaria y que quisiera rescatar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hablaba de los primeros años en que estudió Colombia y de cómo encontró que muchos analistas hablaban de oligarcas y terratenientes con afirmaciones que, según él, tenían poco sustento empírico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Él había leído los clásicos, los libros de la Academia de Historia, a los autores del siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegó a una conclusión:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la realidad de Colombia no era como la pintaban los analistas de la época.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto nos lleva a otra característica fundamental de su trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no quería encontrar una Colombia que encajara en una teoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quería encontrar <strong>la Colombia que existía</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso explica por qué podía pasar de los presidentes a los caciques locales. De las guerras civiles a una hacienda cafetera. De la política nacional a la gramática. De un archivo diplomático a una conversación con un librero. De Oxford a un pueblo perdido de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su objeto de estudio no era una abstracción llamada Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era <strong>la vida colombiana</strong>.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso el siglo XIX lo fascinó</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ninguna parte de la historia colombiana muestra mejor su método que su obsesión por el siglo XIX.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm veía allí un laboratorio extraordinario. Un país que acababa de independizarse. Un Estado todavía en construcción. Partidos políticos que llegaban hasta las capas populares. Guerras civiles. Regiones con enorme autonomía. Presidentes que también eran escritores. Gramáticos que eran políticos. Políticos que escribían gramáticas. Terratenientes. Caciques. Militares. Periodistas. Intelectuales. Y una sociedad que estaba construyendo, a veces a golpes, una república.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Malcolm se resistía a mirar ese período como una simple prehistoria de la Colombia moderna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para él, allí estaban muchas de las claves de nuestra propia singularidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una frase suya que me parece particularmente importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablamos de las luchas posteriores a la Independencia, rechazó esa mirada según la cual la Independencia habría sido la gran epopeya gloriosa y todo lo que vino después sería una especie de decadencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm fue contundente:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Eso es estúpido.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y detrás de esa frase, aparentemente provocadora, había una idea historiográfica muy seria:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la historia republicana de Colombia tiene su propia personalidad.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una copia defectuosa de la historia europea. No es una versión incompleta de otra revolución. No es simplemente un país que no consiguió modernizarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una historia particular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y había que estudiarla como tal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí aparece una anécdota que me parece extraordinaria. Margarita Garrido contaba que, en Cali, en 1991 o 1992, estaba conmovida y reflexionando sobre qué sentido tenía escribir sobre nuestra historia en un momento en que Colombia atravesaba una situación tan difícil. Mientras ella estudiaba períodos lejanos de la historia, Malcolm le dijo: <strong>“Pero es que Colombia merece quien cuente su historia, ya habrá tiempo para que otros cuenten lo que sucede ahora&#8230;”</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La violencia: probablemente su gran batalla intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí creo que conviene entrar en un terreno que seguramente será retomado durante el resto de la jornada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm escribió mucho sobre la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no aceptaba fácilmente la idea de que Colombia fuera violenta por naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ni que existiera una especie de esencia violenta del colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su trabajo buscó desmontar precisamente esos lugares comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia</em>, su aproximación insistía en diferenciar la violencia política de otras formas de violencia y en cuestionar explicaciones automáticas que vinculaban violencia, pobreza o una supuesta “cultura de la violencia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay algo muy contemporáneo en esto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque todavía hoy tenemos la tentación de explicar nuestra historia mediante grandes determinismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm nos obliga a preguntar: ¿cuál violencia? ¿en qué momento? ¿en qué región? ¿producida por quién? ¿con qué intereses? ¿bajo qué circunstancias? ¿y por qué disminuye en unos momentos y aumenta en otros?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso parece menos espectacular que decir “Colombia es un país violento”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es mucho más útil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque obliga a pensar.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un historiador que no era solamente historiador</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí aparece otra dimensión que creo que debemos subrayar especialmente en este evento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm no fue únicamente un historiador que escribió libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Fue un actor de la vida colombiana.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuvo relaciones con presidentes. Fue consultado por gobiernos. Escribió para periódicos internacionales. Fue una especie de puente entre Colombia y el Reino Unido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y desde Oxford ayudó a que muchos colombianos llegaran a ese mundo académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi investigación encontré testimonios de personas que recuerdan cómo Malcolm prestaba su casa, su automóvil e incluso su bicicleta a estudiantes colombianos en Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso dice algo sobre él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque uno podría hablar durante horas de su influencia intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay otra forma de influencia:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>abrirle una puerta a alguien.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Malcolm abrió muchas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso su legado no está solamente en sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Está también en las personas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder: la otra vida de Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una dimensión de Malcolm que durante mucho tiempo permaneció parcialmente oculta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su relación con el poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Presidentes colombianos lo consultaban. Diplomáticos británicos lo consultaban. Funcionarios lo consultaban. En algunos momentos, incluso decisiones importantes del Estado colombiano parecen haber recibido su influencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto es particularmente interesante porque Malcolm no fue un político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No necesitaba serlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su poder provenía de otra parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De saber.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">De conocer los antecedentes. De entender las instituciones. De conocer a las personas. De haber leído los documentos. De saber qué había ocurrido antes. Y de poder decirle a alguien poderoso:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eso que usted cree que es nuevo ya ocurrió antes”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese tipo de conocimiento puede ser mucho más poderoso que un cargo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La contradicción más interesante: un conservador que no era dogmático</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm tenía posiciones políticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No era un intelectual neutral en el sentido de no tener preferencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero su manera de relacionarse con personas de distintas posiciones era extraordinaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi libro aparecen testimonios que muestran cómo podía conversar con personas de inclinaciones políticas muy diferentes sin convertir la conversación en una guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto me parece importante rescatar hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque Malcolm tenía algo que nuestra conversación pública ha perdido:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>la posibilidad de disentir sin dejar de conversar.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía decirle a alguien:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Creo que usted está equivocado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y continuar hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía encontrar una buena idea en alguien con quien políticamente no coincidía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podía reconocer una virtud en un adversario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso también es una forma de inteligencia.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El humor como herramienta intelectual</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí quiero detenerme porque creo que es una parte de Malcolm que muchas veces queda opacada por su prestigio académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm era divertido.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenía humor. Tenía ironía. Y muchas veces utilizaba el humor para hacer algo intelectualmente muy serio: desarmar una certeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso aparece constantemente en las entrevistas de mi libro y en los testimonios de quienes lo conocieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo tuve la fortuna de experimentarlo directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En nuestras conversaciones, cuando la discusión parecía cerrarse, Malcolm tenía una manera de abrirla otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me decía:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Otro dato para confundirte aún más.”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa frase resume maravillosamente su método.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el objetivo de una buena investigación no siempre es salir con menos preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces es salir con <strong>mejores preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm hacía eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Te daba un dato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese dato desmontaba una explicación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparecía otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta que aquello que parecía obvio dejaba de serlo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo que realmente hizo Malcolm</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, después de investigar su vida, yo ya no creo que la mejor manera de definirlo sea decir simplemente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Malcolm Deas fue un historiador inglés especializado en Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es correcto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es insuficiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo diría otra cosa:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas fue un hombre que dedicó sesenta años a aprender a mirar Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en ese proceso nos enseñó a mirarla a nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos enseñó que el país no puede explicarse únicamente desde Bogotá. Que el poder tiene territorios. Que las regiones importan. Que la política llega hasta los pueblos. Que las élites no lo explican todo. Que la violencia no es una esencia nacional. Que la historia republicana tiene personalidad propia. Que las palabras también ejercen poder. Que un documento aparentemente insignificante puede cambiar una interpretación. Y que una buena pregunta puede ser más importante que una respuesta demasiado rápida.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La biblioteca como última conversación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos finalmente a este lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Biblioteca Karl C. Parrish Jr.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí es donde, para mí, el evento adquiere una enorme belleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quisiera leer un pasaje literal de mi libro, si me permiten “Esta tarde, mi mano fue eligiendo títulos, como quien recorre sin mapa un continente inexplorado:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Plantas útiles de Colombia</em>, de Enrique Pérez Arbeláez, 1955.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada</em>, de Juan Friede, un libro hermoso sobre nuestros orígenes en la altiplanicie.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Poems</em>, de Lord Byron, con las hojas aún impregnadas de su melancolía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplar fascinante, en inglés, titulado <em>Gaitán of Colombia</em>, de Richard Sharpless, en el que Malcolm subrayó un pasaje que lo hizo reír, y a mí también. En el pasaje se habla de que el presidente de hace 77 años nombró a Gaitán alcalde de Bogotá para que demostrara que era un mal administrador y así perdiera las elecciones presidenciales, cosas que no funcionaron mucho, pero que recuerdan con demasiado parecido el crecimiento electoral de Petro tras su alcaldía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después, títulos inesperados: <em>Padrinos y mercaderes: crimen organizado en Italia y Colombia</em>, de Ciro Krauthausen. Y luego, verdaderas perlas: <em>Vuelo en el Orinoco</em>, impreso en 1935, de Luis Eduardo Nieto Caballero. Un párrafo me sacude, me hace pensar en la decadencia de nuestra política. En una carta al presidente Olaya, su opositor, Nieto Caballero escribe: “Querido amigo, galantemente invitado por los hermanos cristianos, que al distinguir en esa forma a un hermano masón demuestran cómo entienden y practican la concentración nacional”. Cuan distinto era el lenguaje político en esa época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces, como un hallazgo improbable, aparece <em>Recuerdos de un viaje a Europa</em>, de Nicolás Pardo, impreso en Bogotá en 1873. Una rareza encantadora: la crónica de un joven bogotano, entusiasta, viajero, convencido de la promesa republicana. Iba a ser cónsul en Italia. Dice algo que me conmueve especialmente en este sótano templado, mientras pienso en la renovación de Barranquilla y su reapertura al mar:</p>



<p class="wp-block-paragraph">[Empieza nota]El Magdalena, con sus abundantes caimanes, con su lento, largo y variado curso, con sus riberas cubiertas de monos de distintas clases, de lindas guacharacas, de aves de toda especie que, en bandadas, atraviesan la floresta de un punto a otro, de miserables caseríos de negros medio desnudos, de bosques asombrosos y selvas vírgenes, en que la naturaleza se ostenta magnífica, exuberante y grandiosa: el Magdalena ha sido muchas veces materia de folletos y de innumerables descripciones.[Termina nota]</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y más adelante escribe, con una esperanza que aún resuena con algo de ternura y tragedia: “El día que nuestra patria cuente con un ferrocarril (que no está distante de realizarse), que ponga en comunicación a Bogotá con el Magdalena, podremos decir con verdad que ocupamos un puesto entre las naciones civilizadas del mundo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm sabía que en los detalles se esconde el alma de la historia. Es hermoso lo que revelan sus libros. En otra página, Pardo cuenta: “En Santa Marta nos hallábamos desde la noche del 25 de agosto, y lo que al instante pregunta el colombiano que allí llega por primera vez es en qué sitio queda la hacienda de San Pedro Alejandrino, donde murió el Libertador de Colombia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este viaje azaroso por los estantes me llevó a otro volumen: <em>Nuestra colonia de Cuba</em>, de Leland Jenks, ensayos sociológicos y económicos escritos por estadounidenses sobre América Latina en la primera mitad del siglo XX, antes de la revolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego, <em>La linterna y el búho</em>, de Lucio Pabón Núñez, en donde ese extraño poeta y político conservador hace un homenaje a Caro. Me siento extraño: estoy en el Caribe, en un sótano tibio, leyendo sobre Caro, mientras Pabón cita al gran poeta español Gerardo Diego hablando de Caro, prueba de que tan bien se comunicaban las letras en Hispanoamérica hace cien años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los manuscritos encontré una foto de Malcolm, que nadie tenía en su memoria, olvidada en medio de muchos cuadernos de notas, un libro extraño en inglés sobre la Navegación del Canal del Dique en 1855, con mapa, un árbol genealógico de familias de Bogotá, cómics políticos, disertaciones de varios simposios, telegramas privados de Virgilio Barco, que seguramente le sirvieron para su libro, una cita inquietante de Nicolás de Maquiavelo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La biblioteca de Malcolm era así: exuberante, insaciable, multiforme. Así de vasto era él también, cuando se adentraba, con pasión y método, en las múltiples capas de la historia. Salir del archivo fue como emerger de una conversación larga con un amigo que ya no está, pero que sigue haciendo preguntas. Tal vez eso es lo que queda de alguien como él.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque estamos hablando de las colecciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y una biblioteca personal es una forma extraordinaria de conocer a alguien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los libros que una persona compra. Los libros que conserva. Los libros que subraya. Los libros que presta. Los libros a los que vuelve. Los libros que nunca termina. Todo eso cuenta una historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La colección de Malcolm no es solamente una reunión de libros sobre Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una especie de mapa de su curiosidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si algo aprendimos de él es que los detalles importan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una biblioteca como esta no debería ser entendida como un depósito.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Es una conversación que continúa.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada libro puede preguntarnos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué Malcolm lo tenía?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué estaba buscando?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué había encontrado antes?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué relación existe entre ese libro y otro?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pregunta lo llevó hasta allí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entonces aparece algo maravilloso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante sesenta años Malcolm estudió Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora tenemos la posibilidad de estudiar <strong>cómo Malcolm estudió Colombia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es precisamente lo que una colección especial permite hacer.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y aquí entra mi libro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una razón personal por la que este encuentro me resulta particularmente significativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo no fui discípulo de Malcolm. No fui su alumno. No fui su amigo de décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué a él desde otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegué como periodista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como un outsider.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso terminó siendo, quizá, una de las mejores cosas que podía pasarme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque pude hacer preguntas que alguien que llevaba cuarenta años conversando con él quizá ya no hacía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pude preguntarle cosas elementales. Pude preguntarle por qué Colombia. Pude preguntarle por qué le interesaba el siglo XIX. Pude preguntarle por la violencia. Pude preguntarle por los presidentes. Pude preguntarle por Oxford. Pude preguntarle por sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, pude escucharlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando comencé este proyecto, Malcolm estaba ya muy enfermo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las conversaciones fueron por Zoom, Meet, WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo sabía que eran conversaciones especiales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sabía también que probablemente eran de las últimas que tendría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso este libro terminó siendo algo distinto de lo que había imaginado al comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No terminó siendo solamente un perfil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó siendo una despedida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero también una conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una conversación entre un hombre que había pasado sesenta años mirando Colombia y un periodista que intentaba preguntarle qué había visto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en algún momento entendí algo:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>yo no estaba solamente escribiendo sobre Malcolm.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Estaba tratando de entender Colombia a través de los ojos de Malcolm.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso en el libro escribí que para mí no era solamente su vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Era la historia de Colombia contada por un testigo único.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El legado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, ¿qué queda de Malcolm Deas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quedan sus libros. Quedan sus estudiantes. Quedan sus amigos. Quedan sus fotografías. Quedan sus archivos. Quedan sus conversaciones. Queda su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, sobre todo, quedan <strong>sus preguntas</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y creo que esa es la verdadera medida de un intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cuánto escribió. No cuántos premios recibió. No cuántas personas importantes conoció.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sino cuántas preguntas dejó instaladas en la cabeza de los demás.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de leer a Malcolm, uno ya no puede mirar un municipio de la misma manera. No puede mirar una elección de la misma manera. No puede mirar una guerra civil de la misma manera. No puede mirar a un presidente del siglo XIX de la misma manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y tampoco puede mirar la palabra “Colombia” de la misma manera.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph">Quiero volver a la escena inicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un joven de 22 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Oxford.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">México.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Centroamérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una casualidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">O quizás una de esas casualidades que, vistas muchos años después, parecen destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Malcolm llegó a Colombia buscando un país que conocía principalmente por los libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y terminó pasando sesenta años escribiendo los suyos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó como extranjero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó nacionalizándose colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llegó buscando una materia para estudiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminó convirtiéndose en parte de aquello que estudiaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá la paradoja final sea esta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Malcolm Deas pasó buena parte de su vida intentando entender Colombia porque sabía que no era fácil entenderla.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y nosotros, los colombianos, tenemos todavía esa misma tarea.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá el mayor legado de Malcolm no sea habernos dado una respuesta sobre quiénes somos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá sea habernos enseñado a desconfiar de las respuestas demasiado fáciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mirar mejor. A mirar más cerca. A mirar los detalles. A mirar las regiones. A mirar los documentos. A mirar a las personas. A mirar nuestras contradicciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, sobre todo, a mirar Colombia sin creer que ya sabemos qué es Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Malcolm murió, en 2023, terminó una vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no terminó la conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí están sus libros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí están sus preguntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí está su biblioteca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aquí estamos nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tratando, todavía, de entender el país que un joven inglés encontró un día en un mapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchas gracias.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Encuentro de colecciones especiales. La obra de Malcolm Deas" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/is3bxkjccX0?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132440</guid>
        <pubDate>Tue, 25 Aug 2026 02:50:05 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/08/malcolm-articulo-uni-norte.png?w=700" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[MALCOLM DEAS: EL EXTRANJERO QUE NOS ENSEÑÓ A MIRAR COLOMBIA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132440</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Odiseo o la posibilidad de vivir</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/odiseo-o-la-posibilidad-de-vivir/</link>
        <description><![CDATA[<p>Timeo Danaos et dona ferentes. &#8220;Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos&#8221;. La frase, escrita por Virgilio en&nbsp;La Eneida, pone en boca del sacerdote Laocoonte una advertencia que nadie quiso escuchar. Frente a las murallas de Troya había aparecido un inmenso caballo de madera que parecía un obsequio, un gesto de rendición, el final [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Timeo Danaos et dona ferentes.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Temo a los griegos, incluso cuando traen regalos&#8221;. La frase, escrita por Virgilio en&nbsp;<em>La Eneida</em>, pone en boca del sacerdote Laocoonte una advertencia que nadie quiso escuchar. Frente a las murallas de Troya había aparecido un inmenso caballo de madera que parecía un obsequio, un gesto de rendición, el final de una guerra interminable. Era exactamente lo contrario. En su interior viajaban los soldados que terminarían por destruir la ciudad y cambiar para siempre el rumbo de la literatura occidental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Curiosamente, esa frase no pertenece ni a&nbsp;<em>La Ilíada</em>&nbsp;ni a&nbsp;<em>La Odisea</em>, pertenece a otro gran poema que dialoga con Homero y demuestra que las grandes historias nunca dejan de conversar entre sí, cada generación les responde con una nueva voz, con una nueva lengua, con una nueva sensibilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras veía&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;de Christopher Nolan, pensé menos en la película que en el milagro que estaba ocurriendo frente a mis ojos. Imaginé a Homero, o a quien llamamos Homero, contemplando una pantalla gigantesca donde su poema volvía a cobrar vida tres mil años después de haber sido cantado por primera vez. Me pregunté qué habría sentido al descubrir que aquello que nació para ser escuchado alrededor del fuego hoy reúne a cientos de personas en una sala oscura, en silencio, conmovidas por la misma historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá habría sonreído. Quizá habría entendido que el verdadero protagonista nunca fue Odiseo sino la imaginación humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es, creo yo, el mayor acierto de Nolan. No filmó una película para resolver debates históricos ni para satisfacer a los arqueólogos, filmó una película para recordarnos que los clásicos siguen respirando porque hablan de aquello que nunca deja de pertenecernos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante semanas buena parte de la conversación pública se ha reducido a preguntar si Helena debía ser blanca, negra o mediterránea, como si la fuerza de un poema dependiera del color de la piel de sus personajes. Es una discusión profundamente contemporánea y al mismo tiempo profundamente superficial. Helena nunca fue solamente una mujer. Fue el deseo, la belleza, la obsesión, el motivo que desencadena una guerra. Del mismo modo, las sirenas nunca fueron únicamente criaturas marinas, Polifemo jamás fue solamente un gigante, los dioses tampoco fueron simples personajes. Son símbolos, metáforas, imágenes que sobreviven precisamente porque no pertenecen a una sola época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los poemas son territorios donde la razón no alcanza a explicarlo todo y acaso ese sea su mayor privilegio. Intentar racionalizar cada verso de Homero es olvidar que antes de ser literatura,&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;fue música, memoria y voz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo profundamente emocionante en el viaje que hizo ese texto para llegar hasta nosotros. Nació en griego antiguo y durante siglos sobrevivió gracias a los rapsodas que lo recitaban de memoria mucho antes de quedar fijado por escrito. Más tarde el mundo latino dialogó con él, Virgilio escribió&nbsp;<em>La Eneida</em>conversando con Homero y convirtió la tradición clásica en un puente entre dos civilizaciones. Durante siglos Europa leyó a los griegos a través del latín, hasta que en el siglo XVI el humanista Gonzalo Pérez realizó la primera traducción completa de&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;al castellano directamente desde el griego. Cada lengua fue un nuevo puerto. Cada traducción fue otra travesía hacia Ítaca. Cada generación volvió a contar la misma historia con palabras distintas, demostrando que la verdadera inmortalidad no consiste en permanecer intactos sino en seguir transformándose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vi la película doblada al español y debo confesar que la experiencia me sorprendió. Pensé, por un momento, que el castellano abrazaba aquella épica con una naturalidad especial, no porque sea una lengua más cercana al griego antiguo desde el punto de vista lingüístico, no lo es, sino porque nuestra tradición literaria lleva siglos dialogando con los clásicos a través del latín y de las grandes traducciones españolas. Escuchar a Odiseo en español fue recordar que Homero también forma parte de nuestra lengua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay una escena que me acompañó mucho después de salir del cine. El Odiseo de Nolan contempla el fuego consumiendo Troya y entiende que toda victoria tiene algo de derrota, que el humo no distingue entre vencedores y vencidos, que las ciudades arden con el mismo color sin importar quién levante finalmente la bandera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Qué contemporánea resulta esa imagen mientras contemplamos un mundo donde medio planeta parece dispuesto a matar a la otra mitad, convencido de que las guerras todavía pueden producir vencedores. Troya ocurrió hace casi tres mil años y, sin embargo, seguimos levantando argumentos para justificar incendios, invasiones y exterminios. Cambian las armas, cambian las banderas, cambian los nombres de los imperios, pero la tragedia continúa siendo la misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la enseñanza más profunda de aquella guerra entre hermanos. Las guerras no las gana nadie, las guerras las perdemos todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nolan parece comprenderlo. Su Odiseo no es un héroe invencible, es un hombre cansado, marcado por la culpa, por la pérdida y por la nostalgia. No busca conquistar el mundo, busca regresar a casa. Esa diferencia es enorme. En una época fascinada por los superhéroes, Nolan rescata al héroe profundamente humano, al hombre que duda, que se equivoca, que llora, que sobrevive y que comprende que ninguna gloria compensa los años perdidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso Christopher Nolan era el director indicado para esta historia. Desde&nbsp;<em>Memento</em>, pasando por&nbsp;<em>El gran truco</em>,&nbsp;<em>Interestelar</em>,&nbsp;<em>Dunkerque</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Oppenheimer</em>, toda su filmografía ha girado alrededor del tiempo, de la memoria, de la culpa y de la condición humana. En el fondo siempre ha estado filmando la misma pregunta, qué significa seguir siendo humanos cuando todo parece empujarnos hacia el olvido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras avanzaba la película pensé que el mayor logro de nuestra especie no es haber llegado a la Luna, ni haber construido ciudades inmensas, ni haber partido el átomo, ni haber inventado la inteligencia artificial. Nuestro mayor logro consiste en algo mucho más sencillo y mucho más extraordinario, nunca dejamos de contar historias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hemos cambiado de herramientas, de idiomas, de imperios y de religiones, pero seguimos reuniéndonos para escuchar el viaje de un hombre que quiere volver a casa. Antes fue alrededor de una hoguera, luego en pergaminos, después en libros impresos y ahora en una pantalla gigantesca. Cambió el soporte, nunca cambió el asombro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá esa sea la verdadera victoria de la humanidad. No haber conquistado el mundo sino haber conservado la capacidad de emocionarse con un poema escrito hace casi tres mil años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque&nbsp;<em>La Odisea</em>&nbsp;nunca trató solamente de regresar a Ítaca. Trata de nosotros, de nuestra fragilidad, de nuestra obstinación, de nuestra belleza, de nuestra permanente posibilidad de perdernos y de volver a encontrarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguimos siendo Odiseo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguimos navegando entre monstruos que cambian de nombre, entre guerras que prometen victorias imposibles y entre dioses que ahora adoptan otras formas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y mientras exista alguien dispuesto a escuchar esta historia, mientras un poema pueda cruzar los siglos para conmover a un espectador del siglo XXI, la humanidad seguirá encontrando un camino de regreso hacia sí misma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque al final no existen razas de héroes ni razas de villanos. Existe una sola, contradictoria, luminosa y terrible, capaz de construir el caballo de Troya y también de escribir el poema que lo convertiría en una advertencia para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La raza humana.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131611</guid>
        <pubDate>Tue, 28 Jul 2026 15:20:15 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/8fee8917-cb10-4ab0-9e51-4fb53c06640d.jpeg?w=960" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Odiseo o la posibilidad de vivir]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>La enseñanza matemática a través del tiempo: una taza de humor y crítica</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/la-ensenanza-matematica-a-traves-del-tiempo-una-taza-de-humor-y-critica/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con un toque de humor se puede describir cómo ha evolucionado la enseñanza, pero sobre todo la manera de evaluar las matemáticas en las escuelas.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hemos pasado de “muéstreme cómo lo hizo” o “justifique cada paso” a limitarse, casi, a comprobar que la autoría no proviene de la IA. Pero es aún más divertido seguir un ejemplo a través del tiempo, como el que corresponde a la tarea de un niño que debe hacer un sencillo cálculo. Empecemos ubicándonos hace varias décadas y propongo seguir la metamorfosis de enseñar matemáticas, entre arrobas, conjuntos y café, sin abandonar un toque de exageración y humor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza tradicional en 1960</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un campesino vende una carga de café por 500 pesos. La carga equivale a 10 arrobas (125 kilos) y, en el exterior, la arroba se paga a 4 dólares. ¿Cuánto gana el intermediario si el tipo de cambio es de 20 pesos por dólar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza estructurada en 1965</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un campesino vende una carga de café por 750 pesos. La carga equivale a 10 arrobas (125 kilos). Sus gastos de producción corresponden a cuatro quintas partes del precio de venta. ¿Cuánto cuesta producir una arroba?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza motivadora en 1970</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un campesino vende una carga de café por 1000 pesos. Sus gastos de producción corresponden a cuatro quintas partes del precio de venta. ¿Cuánto ganaría el campesino si vende dos cargas?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza clara en 1975</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un campesino vende una carga de café por 2500 pesos. Sus gastos de producción corresponden a <strong>cuatro quintas partes</strong> del precio de venta. ¿Cuál es su ganancia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza reflexiva en 1980</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un campesino vende una carga de café por 5000 pesos. Sus gastos de producción corresponden a <strong>cuatro quintas partes</strong> del precio de venta, es decir, 4000 pesos. ¿Cuál es su ganancia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza significativa en 1985</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor comercializa una carga de café. Sus gastos de producción ascienden a 5000 pesos y su ganancia es de 1000 pesos ¿en cuánto comercializó el café?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza organizada en 1990</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor comercializa una carga de café. La carga tiene 10 arrobas, que equivalen a 125 kilos. ¿Cuántos kilos tiene una arroba?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza innovadora en 1995</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora los profesores de matemáticas se ven obligados a reforzar la teoría de conjuntos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor intercambia un conjunto C de arrobas de café, cuyo cardinal es 10, por un conjunto P de miles de pesos. ¿Cuál es el cardinal de P si el agricultor recibe 10 miles de pesos?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza sistemática en 2000</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor intercambia un conjunto C, que contiene 10 arrobas de café, por un conjunto P, que contiene 10 paquetes de billetes. Dibuja cada conjunto utilizando puntos negros para las arrobas y puntos rojos para los paquetes de billetes.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza metódica en 2005</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las matemáticas deben dejar enseñanzas de conteo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor comercializa cargas de café. Cada carga tiene 10 arrobas. <strong>Subraya</strong> las palabras <em>cargas</em> y <em>arroba</em>. ¿Cuántas letras iguales contienen?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza didáctica en 2010</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor comercializa cargas de café. Cada carga tiene 10 arrobas. Escribe en forma vertical las palabras <em>cargas</em> y <em>arroba</em> y dibuja flechas que unan las letras iguales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza conceptual en 2015</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Un agricultor comercializa su café. Escribe la palabra <em>a‑g‑r‑i‑c‑u‑l‑t‑o‑r</em>. ¿Cuántas letras tiene?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza dirigida en 2020</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las matemáticas deben trascender al estudiante mediante proyectos de aprendizaje en todas las áreas.<br>Actividades de investigación interdisciplinaria a partir de la afirmación:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Existe un agricultor que comercializa café”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Matemáticas:</strong> Escribe la palabra <em>agricultor</em> tres veces seguidas y usa la calculadora para contar cuántas letras hay.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Economía:</strong> ¿Dónde se puede comprar café?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lenguaje:</strong> ¿Por qué la palabra <em>café</em> lleva tilde?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ciencias:</strong> ¿El café es un vegetal o un mineral? Justifica tu respuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Geografía:</strong> ¿Dónde se cultiva café? No se permite el uso de Google.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Derecho:</strong> ¿Es lícito cultivar café?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tecnología:</strong> ¿Cómo suena una cafetera cuando prepara el café?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sociología:</strong> ¿Qué papel juega el café en la vida social? ¿Es bebida, ritual, excusa para conversar, o simplemente un estimulante emocional?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Medicina: </strong>¿Altera los nervios el café?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Química</strong>: ¿Por qué cambia de color el café si se le agrega leche?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Estadística: </strong>Si dos personas toman cuatro tazas de café al día, ¿cuántas tazas en promedio toma cada una?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Geometría:</strong> Dibuja una taza de café en forma cilíndrica</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ingeniería: </strong>Ponle una orejita al dibujo anterior</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Psicología: </strong>Refuerzo para la toma de decisiones con personalidad: escribe lacalificación que debemos darte eligiendo un número entre 30 y 50: _ _. Recuerda que 50 &gt; 30, esto significa que 50 es mayor que 30, o sea el número más grande es 50. Y para aprobar necesitas una calificación mayor que 30. Si te equivocaste por esta confusión puedes tachar y cambiar poniendo ahora la calificación que mereces.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Enseñanza analítica en 2026</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y llegamos a la actualidad en la que hay que combinar la lectura crítica y evitar el uso indebido de la IA.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lectura crítica:</strong> el hacendado propietario de una finca cafetera es un latifundista, explotador e intermediario de las multinacionales; un individuo al servicio del capitalismo para enriquecerse comercializando café. Mientras tanto, el campesino trabaja de sol a sol y cultiva café. Mientras el campesino sí sabe qué es madrugar (su despertador es el gallo) y sí distingue entre una cereza madura y una que todavía está verde; el hacendado solo distingue entre “ganancia bruta” y “ganancia neta”, pero confunde la mata de café con un bonsái decorativo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las reuniones, el hacendado proclama solemnemente:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—“Sin mi gestión, este café no llegaría al mercado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el campesino piensa:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—“Sin mi trabajo, este café no llegaría ni a la mata”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Responde las siguientes preguntas, pero antes:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Demuestra que eres un humano.</li>



<li>Responde y califica tus respuestas después de jurar que no has usado IA para contestar a los siguientes interrogantes planteados.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">¿Dónde viven los gallos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Madrugan todos los gallos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Distinguen los gallos las cerezas maduras?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿La mata de café es como un bonsái decorativo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿El campesino y el hacendado toman café cuando canta el gallo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio<br></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
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        <pubDate>Sat, 18 Jul 2026 16:16:47 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[La enseñanza matemática a través del tiempo: una taza de humor y crítica]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
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        <title>Susana Muhamad: el balance del progresismo, la democracia y el futuro de Colombia</title>
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        <description><![CDATA[<p>En esta oportunidad invité a Susana Muhamad, una de las dirigentes más influyentes del progresismo colombiano y exministra de Ambiente, para conversar sobre el presente y el futuro de Colombia tras el cierre del gobierno de Gustavo Petro. Más allá del balance de una administración, esta entrevista explora algunas de las preguntas que marcarán el [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p class="wp-block-paragraph">En esta oportunidad invité a Susana Muhamad, una de las dirigentes más influyentes del progresismo colombiano y exministra de Ambiente, para conversar sobre el presente y el futuro de Colombia tras el cierre del gobierno de Gustavo Petro.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="&quot;Colombia podría retroceder con este nuevo Gobierno&quot; - Susana Muhamad | Café Kombi con Diego Aretz" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/ouBoiO1PeAo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Más allá del balance de una administración, esta entrevista explora algunas de las preguntas que marcarán el debate público en los próximos años: ¿qué explica la derrota del proyecto político del Pacto Histórico?, ¿qué autocríticas hace uno de sus liderazgos?, ¿cuál es el futuro de la izquierda colombiana?, ¿qué legado deja la agenda ambiental?, ¿cómo entiende el progresismo los desafíos de la democracia, la polarización? </p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante más de una hora abordamos temas como la corrupción, la relación entre el Gobierno y las regiones, la transición energética, la protección de la biodiversidad, el papel de las comunidades en la conservación ambiental, el escenario internacional y el lugar que podría ocupar Colombia en un mundo cada vez más incierto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos en los que la discusión pública suele reducirse a titulares, fragmentos de video o mensajes de pocos caracteres, vale la pena detenerse en conversaciones que permiten desarrollar argumentos, contrastar posiciones y comprender las razones detrás de quienes han ejercido responsabilidades de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los invito a ver esta entrevista completa y a sacar sus propias conclusiones. Entender cómo piensan quienes han ocupado posiciones de liderazgo no implica compartir sus ideas; significa enriquecer el debate público con más información, contexto y argumentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La entrevista completa está disponible aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131012</guid>
        <pubDate>Wed, 08 Jul 2026 17:59:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Susana Muhamad: el balance del progresismo, la democracia y el futuro de Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <title>El día en que la memoria llegó a la biblioteca</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/el-dia-en-que-la-memoria-llego-a-la-biblioteca/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hay una escena que probablemente se ha repetido este año en distintos rincones de Colombia. Una biblioteca pública recibe varias cajas de libros. Entre novelas, textos infantiles y colecciones generales aparecen otros títulos menos habituales: investigaciones sobre masacres, desapariciones, desplazamientos forzados, resistencias campesinas, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y procesos de reconciliación. La bibliotecaria acomoda los [&hellip;]</p>
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<h1 class="wp-block-heading"></h1>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una escena que probablemente se ha repetido este año en distintos rincones de Colombia. Una biblioteca pública recibe varias cajas de libros. Entre novelas, textos infantiles y colecciones generales aparecen otros títulos menos habituales: investigaciones sobre masacres, desapariciones, desplazamientos forzados, resistencias campesinas, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y procesos de reconciliación. La bibliotecaria acomoda los ejemplares en un estante. Poco después llega un estudiante, un profesor o un vecino. Toma uno de esos libros sin saber que, en sus manos, la memoria de un país comienza un nuevo recorrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante mucho tiempo, buena parte de los archivos sobre el conflicto armado permanecieron lejos de la vida cotidiana. Existían en centros de documentación, universidades o instituciones especializadas, pero no siempre alcanzaban a llegar a los lugares donde esas historias ocurrieron o donde nuevas generaciones intentan comprenderlas. La distancia entre producir memoria y ponerla al alcance de la ciudadanía seguía siendo considerable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso resulta significativa la continuidad del Convenio 4472, una alianza entre el Centro Nacional de Memoria Histórica, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la Biblioteca Nacional de Colombia y la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. Más que distribuir publicaciones, la iniciativa busca convertir las bibliotecas en espacios para leer, conversar y reflexionar sobre el pasado reciente del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La apuesta puede parecer sencilla: llevar libros de memoria a las bibliotecas públicas. Sin embargo, detrás de esa decisión hay una idea más profunda. La memoria no termina cuando un investigador publica un informe ni cuando una institución digitaliza un archivo. Su verdadero recorrido comienza cuando alguien abre esas páginas, hace una pregunta o encuentra allí una historia que dialoga con la suya.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las bibliotecas tienen una ventaja silenciosa frente a otros escenarios públicos. No exigen pertenecer a una organización ni compartir una posición política. Son uno de los pocos lugares donde personas con experiencias distintas pueden encontrarse alrededor de un libro. En un país donde la violencia también fracturó las conversaciones, ese detalle adquiere una dimensión mayor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los últimos años, Colombia ha avanzado en la producción de conocimiento sobre el conflicto armado. Nunca antes existieron tantos informes, investigaciones, archivos digitales, testimonios y publicaciones disponibles. El desafío, sin embargo, ya no consiste únicamente en preservar esa memoria, sino en lograr que circule. Que deje de ser patrimonio exclusivo de especialistas para convertirse en una herramienta cotidiana de educación y formación ciudadana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es lo que intenta responder esta alianza, que en 2026 continúa fortaleciendo procesos de lectura, escritura, oralidad y acceso a las colecciones del Centro Nacional de Memoria Histórica en bibliotecas de todo el país. La apuesta no se limita a entregar libros. Incluye encuentros con comunidades, actividades pedagógicas y espacios donde la memoria deja de entenderse como un conjunto de documentos para convertirse en conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá ese sea uno de los cambios más importantes. Durante años, hablar de memoria en Colombia remitía casi exclusivamente a archivos, expedientes o museos. Hoy empieza a aparecer también en clubes de lectura, talleres escolares, conversaciones comunitarias y bibliotecas municipales. Son escenarios menos visibles, pero tal vez más decisivos, porque es allí donde el pasado entra en contacto con quienes no lo vivieron directamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La paz suele imaginarse en grandes acuerdos o decisiones políticas. Sin embargo, también depende de gestos mucho más modestos: una profesora que incorpora un libro a su clase, un joven que descubre la historia de su región, una bibliotecaria que organiza un encuentro de lectura o un adulto mayor que decide contar por primera vez aquello que nunca había dicho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ningún libro transformará por sí solo un país atravesado durante décadas por la violencia. Tampoco un convenio resolverá las profundas heridas que aún persisten. Pero cuando la memoria logra salir de los depósitos institucionales y encuentra un lugar en las bibliotecas públicas, ocurre algo difícil de medir en cifras: el conocimiento deja de estar reservado para unos pocos y empieza a convertirse en una conversación compartida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez esa sea una de las formas más discretas —y también más duraderas— de construir paz: que los libros no permanezcan cerrados en un archivo, sino abiertos sobre una mesa donde alguien, en cualquier municipio de Colombia, pueda leer el pasado para comprender mejor el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131406</guid>
        <pubDate>Mon, 22 Jun 2026 00:48:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El día en que la memoria llegó a la biblioteca]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <item>
        <title>Xavier Kara y la paciencia de mirar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/xavier-kara-y-la-paciencia-de-mirar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conocí a Xavier Kara en medio de un río de Colombia, remo a remo, cruzando el cañón del Güejar. Durante horas avanzamos entre paredes de roca talladas por millones de años de agua y paciencia, mientras la conversación saltaba de libros a viajes, de historia a paisajes, de civilizaciones desaparecidas a los pequeños detalles que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Conocí a Xavier Kara en medio de un río de Colombia, remo a remo, cruzando el cañón del Güejar. Durante horas avanzamos entre paredes de roca talladas por millones de años de agua y paciencia, mientras la conversación saltaba de libros a viajes, de historia a paisajes, de civilizaciones desaparecidas a los pequeños detalles que sobreviven al paso del tiempo. Nos habíamos encontrado apenas unas horas antes, pero mi sensación fue que veníamos viajando desde mucho antes. Hay personas con las que uno comparte trayectos; hay otras con las que comparte preguntas. Xavier pertenecía a la segunda categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Años después volví a encontrarlo en Villa de Leyva. Nos vimos en el marco del Festival de Letras, donde una selección de sus fotografías formaba parte de una exposición abierta al público. En una sala de piedra que mira las montañas que ascienden hacia el páramo, sus imágenes dialogaban con visitantes, lectores y curiosos que se detenían frente a escenas llegadas desde Etiopía, Myanmar o la Amazonía colombiana. Pero fue más tarde, lejos de la exposición y de las conversaciones propias de cualquier festival, cuando entendí mejor quién era el hombre detrás de aquellas fotografías.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="519" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/img57-1024x519.jpg" alt="" class="wp-image-130451" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Nos sentamos en su casa, también abierta hacia las montañas de Villa de Leyva. La luz de la tarde comenzaba a cambiar sobre los tejados del pueblo y la conversación regresó naturalmente a los temas de aquella travesía por el Güejar. Hablamos de viajes, de libros, de fotografía, de memoria y de las personas que uno encuentra en el camino. Mientras escuchaba sus historias y observaba algunas de sus imágenes fuera del contexto formal de la exposición, comprendí que ambas cosas —el hombre y la obra— estaban unidas por una misma búsqueda. Lo que Xavier Kara persigue con su cámara no son lugares extraordinarios. Lo que busca son momentos en los que el tiempo deja de correr y se vuelve visible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos en una época obsesionada con la inmediatez. Nunca antes la humanidad había producido tantas imágenes y probablemente nunca antes las había olvidado con tanta rapidez. Fotografiamos todo: lo que comemos, lo que pensamos, los lugares que visitamos, las personas con las que compartimos una tarde. Millones de imágenes nacen cada día para desaparecer pocas horas después bajo el peso de nuevas imágenes. En medio de esa avalancha visual, encontrarse con la obra de Xavier Kara resulta una experiencia extraña porque sus fotografías parecen provenir de otro ritmo. Son imágenes que no exigen ser consumidas. Exigen ser contempladas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso permanecí más tiempo del habitual frente a ellas. Algo en esas fotografías obligaba a desacelerar la mirada. No había espectacularidad ni artificio. No parecían concebidas para impresionar. Parecían concebidas para observar. Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas. Impresionar es relativamente sencillo. Basta con sorprender. Observar, en cambio, requiere paciencia. Requiere atención. Requiere una disposición que se ha vuelto cada vez más escasa en un mundo gobernado por las distracciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición presentada durante el Festival de Letras ofrecía una magnífica puerta de entrada a ese universo. Sin embargo, las fotografías adquirían una dimensión diferente después de conversar con su autor. Lo que en las paredes parecía una colección de imágenes tomadas en distintos continentes revelaba, en la conversación, una coherencia mucho más profunda. Cada fotografía era una estación de un mismo viaje intelectual y humano. No importaba si el escenario era una iglesia excavada en la roca en Etiopía, una ciudad perdida entre la niebla de Myanmar o una montaña amazónica en Colombia. Todas parecían responder a una misma pregunta: ¿qué cosas merecen ser conservadas cuando el mundo cambia?</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="652" height="928" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/img8.jpg" alt="" class="wp-image-130452" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img8.jpg 652w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img8.jpg?resize=211,300 211w" sizes="auto, (max-width: 652px) 100vw, 652px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde, conversando con Kara, comprendí que esa impresión inicial no era accidental. Me dijo algo que terminó convirtiéndose en la clave para entender toda la exposición. “Me considero un humanista. La fotografía me da una forma de tender puentes entre culturas”. La frase podría pasar desapercibida en una conversación cualquiera, pero en realidad contiene una visión completa del mundo. Porque lo que aparece una y otra vez en sus fotografías no son las diferencias entre las personas sino aquello que comparten. No importa si la imagen fue tomada en Etiopía, Colombia o Myanmar. Lo que interesa no es el exotismo del lugar sino la humanidad de quienes lo habitan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es precisamente lo que distingue a los grandes viajeros de los simples coleccionistas de destinos. Hay quienes recorren el mundo acumulando fotografías como quien acumula estampillas. Regresan con miles de imágenes y muy pocas preguntas. Xavier Kara parece pertenecer a una tradición distinta. Después de haber viajado por cinco continentes, sus fotografías transmiten menos fascinación por la diferencia que curiosidad por los puntos de encuentro. Hay en ellas una búsqueda constante de aquello que une a los seres humanos más allá de la geografía, la religión o la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que me llamó la atención al conversar con él. A diferencia de muchos fotógrafos contemporáneos, Xavier Kara no habla del viaje como una conquista. No hay en su discurso la épica del explorador ni la ansiedad de quien necesita coleccionar lugares para justificar una identidad. Más bien habla del viaje como una forma de aprendizaje. Como una manera de descentrarse. Como un ejercicio permanente de humildad. Tal vez por eso sus fotografías producen una sensación tan poco frecuente en nuestros días: la sensación de que quien sostiene la cámara está dispuesto a escuchar.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="603" height="849" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/img32.jpg" alt="" class="wp-image-130453" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img32.jpg 603w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img32.jpg?resize=213,300 213w" sizes="auto, (max-width: 603px) 100vw, 603px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar es una palabra importante. Durante siglos los viajeros occidentales recorrieron el mundo convencidos de que su tarea consistía en describirlo. Eran observadores que llegaban con respuestas. Los mejores viajeros, sin embargo, han sido siempre aquellos que llegaban con preguntas. Pienso en Ibn Battuta recorriendo el mundo islámico durante casi treinta años. Pienso en Alexander von Humboldt intentando comprender las conexiones invisibles entre geografía, naturaleza y cultura. Pienso incluso en Bruce Chatwin, para quien viajar era una forma de interrogar el deseo humano de movimiento. Lo que une a esas figuras no son las distancias recorridas sino la curiosidad intelectual con la que enfrentaron el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fotografías de Kara parecen nacer de esa misma tradición. No intentan demostrar nada. No buscan confirmar teorías previas. Son el resultado de una atención sostenida hacia aquello que aparece delante de la cámara. Quizás por eso transmiten una serenidad poco habitual. Vivimos rodeados de imágenes que nos dicen qué debemos sentir. Imágenes que buscan indignarnos, emocionarnos o sorprendernos de manera inmediata. Las fotografías de Kara operan de otra forma. Nos ofrecen espacio para pensar. Nos permiten entrar en ellas sin imponernos una conclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras observaba sus retratos etíopes recordé una frase de Ryszard Kapuściński que siempre me ha acompañado. Decía que para ejercer cualquier oficio relacionado con las personas hay que ser, ante todo, buena persona. Puede sonar ingenuo en una época dominada por el cinismo, pero sigue siendo una observación extraordinariamente lúcida. Uno termina viendo el mundo según la calidad de su atención moral. Y la fotografía, como la literatura o el periodismo, termina revelando tanto sobre quien mira como sobre aquello que es mirado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la palabra humanismo aparece una y otra vez cuando uno intenta describir la obra de Xavier Kara. Un humanismo que no nace de los discursos sino de la observación. Que no consiste en proclamar principios abstractos sino en reconocer la dignidad de las personas, de las culturas y de los paisajes que aparecen frente al lente. En tiempos de polarización, de identidades enfrentadas y de relatos que insisten en subrayar aquello que nos separa, resulta refrescante encontrarse con una obra construida sobre la convicción opuesta: la idea de que el mundo es más grande que nuestras diferencias y de que todavía es posible encontrar puntos de encuentro entre seres humanos que nacieron a miles de kilómetros de distancia y bajo tradiciones completamente distintas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="556" height="891" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/img23.jpg" alt="" class="wp-image-130454" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img23.jpg 556w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/img23.jpg?resize=187,300 187w" sizes="auto, (max-width: 556px) 100vw, 556px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esa búsqueda aparece de manera particularmente poderosa en las imágenes tomadas en Lalibela, Etiopía. En una de ellas observamos las manos de un hombre sosteniendo un antiguo manuscrito escrito en ge&#8217;ez, la lengua sagrada de la Iglesia Ortodoxa Etíope. En otra, un anciano inclina el rostro sobre aquellas páginas desgastadas por siglos de uso. Lo interesante es que las fotografías nunca caen en la tentación de convertir la escena en una curiosidad antropológica. No estamos observando una rareza cultural. Estamos observando algo mucho más universal: la relación entre una persona y aquello que considera sagrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras contemplaba esas imágenes pensé que las civilizaciones sobreviven gracias a personas como aquellas. No necesariamente gracias a los grandes conquistadores o a los protagonistas de los libros de historia, sino gracias a quienes dedican su vida a custodiar una tradición. Un monje copiando manuscritos medievales. Un bibliotecario protegiendo documentos durante una guerra. Un abuelo transmitiendo historias familiares a sus nietos. Un sacerdote etíope leyendo palabras escritas hace siglos. La historia humana es también la historia de quienes mantienen viva una llama para que otros puedan encontrarla después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido ocurre con la extraordinaria fotografía de una joven sosteniendo una vela durante la celebración del Genna, la Navidad etíope. La imagen está construida alrededor de una paradoja elemental: la oscuridad domina el encuadre, pero es la pequeña llama la que termina capturando toda nuestra atención. En tiempos donde la grandilocuencia suele imponerse sobre la sutileza, la fotografía parece recordarnos una verdad antigua: muchas veces basta una pequeña luz para desafiar a toda la noche. Las grandes tradiciones espirituales de la humanidad han comprendido siempre esa idea. También la literatura. También la filosofía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma sensibilidad aparece cuando Kara dirige la cámara hacia los Cerros de Mavecure. He visto muchas fotografías de ese lugar extraordinario en la Amazonía colombiana, pero pocas consiguen transmitir lo que realmente significa encontrarse frente a esas montañas. Sabemos que son algunas de las formaciones rocosas más antiguas del planeta. Sabemos que han permanecido allí durante más de mil millones de años. Sin embargo, conocer el dato geológico no equivale a comprenderlo. La fotografía de Kara logra algo más difícil. Nos hace sentir el peso del tiempo. Nos obliga a confrontar nuestra propia escala frente a una realidad infinitamente más antigua que nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso una de las frases de la muestra quedó resonando en mi memoria. Refiriéndose a Mavecure, Kara escribe que la naturaleza no aparece allí como telón de fondo sino como protagonista. La observación parece sencilla, pero en realidad cuestiona una de las ideas más arraigadas de la modernidad: la noción de que el ser humano ocupa siempre el centro de la historia. Frente a esas montañas comprendemos lo contrario. Somos apenas visitantes temporales en una historia mucho más larga que la nuestra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa misma reflexión atraviesa sus imágenes de Mrauk-U, la antigua ciudad de Myanmar cuyos templos emergen entre la niebla como recuerdos materializados. Hay lugares que parecen existir simultáneamente en el pasado y en el presente. Lugares donde la historia no ha desaparecido sino que continúa respirando bajo distintas formas. Las fotografías de Kara capturan precisamente esa sensación. No muestran una ciudad despertando. Muestran una ciudad soñando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conversando con él descubrí que buena parte de su formación ocurrió en Londres, donde fue miembro de la Ealing Photographic Society, fundada en 1890 y considerada una de las sociedades fotográficas más antiguas del mundo. Allí desarrolló muchas de sus habilidades técnicas. Sin embargo, sería un error atribuir el valor de su obra únicamente al dominio del oficio. La técnica es indispensable, pero nunca suficiente. Lo que distingue a una fotografía memorable de una fotografía correcta es la mirada que existe detrás de la cámara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la mirada de Xavier Kara está profundamente influenciada por una tradición que reconoce en Sebastião Salgado, Fan Ho, Henri Cartier-Bresson, Nereo López y Jimmy Nelson algunas de sus principales referencias. Hay algo que une a todos esos nombres. Ninguno utilizó la cámara únicamente para registrar lo que veía. Todos intentaron comprender algo sobre la condición humana. Todos entendieron que una fotografía podía ser también una forma de conocimiento. Una manera de interrogar el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de despedirnos, Kara mencionó una frase de Marco Aurelio que considera una guía personal: “Recibe sin gloria. Pierde sin preocupación”. Pensé entonces que existe algo profundamente estoico en su trabajo. Sus imágenes no parecen desesperadas por llamar la atención. No buscan el aplauso inmediato ni el impacto efímero. Se limitan a permanecer. Como permanecen las montañas. Como permanecen los libros antiguos. Como permanecen las ciudades que sobreviven a los imperios y las tradiciones que sobreviven a los siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salí de su casa cuando comenzaba a caer la tarde sobre Villa de Leyva. Las montañas seguían allí, inmóviles, observando desde la distancia. Recordé entonces aquella travesía por el Güejar años atrás. Después de todo, quizás nunca dejamos de cruzar ese río. Algunos lo hacen con una cámara, otros con libros, otros simplemente conversando. Lo importante no es la orilla a la que se llega. Es la forma en que se recorre el camino. Porque viajar, en el fondo, es una manera de estar en el mundo. Una forma de vivir.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130449</guid>
        <pubDate>Tue, 16 Jun 2026 05:12:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Xavier Kara y la paciencia de mirar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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        <title>Sexualidad a lo largo de la vida: transformaciones, no despedidas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/sexualidad-a-lo-largo-de-la-vida-transformaciones-no-despedidas/</link>
        <description><![CDATA[<p>En el MUNDO de HOY hay sociedades que buscan en sus VALORES VIVIDOS instancias que enaltezcan sus HISTORIAS ancestrales… También están las TIK TOQUERAS. en las que el VALEGUEVINA, deja que la PAVADA de MODA supere esos VALORES que PUDIERAN o NO haber VIVIDO pero que de seguro siempre ESTÁN… Es alli donde nuestra consentida [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En el MUNDO de HOY hay sociedades que buscan en sus VALORES VIVIDOS instancias que enaltezcan sus HISTORIAS ancestrales… También están las TIK TOQUERAS. en las que el VALEGUEVINA, deja que la PAVADA de MODA supere esos VALORES que PUDIERAN o NO haber VIVIDO pero que de seguro siempre ESTÁN… Es alli donde nuestra consentida <strong>VERÓNICA FABIANA ELCHIN; Asesora en Gerontología y Bienestar Familiar…Promotora de estrategias de cuidado para personas mayores y sus <em>familias</em></strong>; nos aporta en medio del MODO MUNDIAL de FUTBOL; donde el balón se APODERA de las MENTES y en algunas las hace PELOTA o parafraseando al GRAN POETA…<strong> “ bota, bota, la PELOTA, tan CHIQUITA, tan GRANDOTA… como bota la PELOTA…”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>VERO </strong>nos deja un INSTANCIA en la que desde su TÍTULO esta la CURIOSIDAD para algunos y el MODO de VIVIRLA de OTROS… aquí va SU..:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Sexualidad a lo largo de la vida: transformaciones, no despedidas</strong>…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de sexualidad en la adultez mayor sigue siendo, para muchas personas, un tema incómodo. Persisten ideas que asocian el deseo, la intimidad y el afecto exclusivamente con la juventud, como si existiera una edad en la que la sexualidad se apagara definitivamente. Sin embargo, la realidad humana es mucho más compleja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sexualidad no desaparece con los años. Se transforma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de la vida, el cuerpo cambia, las experiencias se acumulan y las prioridades evolucionan. Lo que a los veinte años podía estar centrado en la exploración o la intensidad física, en etapas posteriores puede adquirir otros significados: compañía, ternura, complicidad, comunicación o simplemente la necesidad de sentirse visto y valorado por otro ser humano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La adultez mayor trae desafíos. Algunas personas enfrentan enfermedades, cambios hormonales, pérdidas funcionales o la ausencia de una pareja. También deben convivir con prejuicios sociales que invisibilizan sus necesidades afectivas y sexuales. Sin embargo, ninguna de estas situaciones elimina la capacidad de desear, vincularse o construir intimidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los mayores errores es pensar la sexualidad únicamente desde el acto sexual. La sexualidad incluye el contacto, las emociones, la identidad, la expresión de afecto, el placer y la manera en que cada persona habita su propio cuerpo. Por eso, hablar de sexualidad en la vejez no es hablar solamente de relaciones sexuales; es hablar de humanidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante recordar que las dudas son frecuentes y legítimas. Los cambios físicos, los tratamientos médicos o ciertas enfermedades pueden generar inquietudes sobre la vida sexual. Conversar con el médico de confianza es una herramienta valiosa para recibir información adecuada, despejar temores y encontrar alternativas cuando aparecen dificultades. Nadie debería atravesar estas preguntas en soledad ni sentir vergüenza por plantearlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como sociedad, tenemos el desafío de abandonar miradas infantilizantes sobre las personas mayores. Necesitamos reconocer su derecho a la privacidad, al amor, a nuevas parejas, a expresar deseos y a tomar decisiones sobre su propia vida afectiva. Negar esa dimensión no protege; limita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La pregunta no debería ser si existe sexualidad en la adultez mayor. La evidencia cotidiana demuestra que sí existe. La verdadera pregunta es si estamos dispuestos a reconocerla con respeto y sin prejuicios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque la sexualidad no tiene una fecha de vencimiento. Cambia de forma, de ritmo y de expresión, pero continúa siendo una parte esencial de la experiencia humana. Comprenderlo es también una forma de promover una vejez más digna, más libre y más auténtica.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con este dejar su APORTE al PENSAMIENTO HORIZONTAL; <strong>VERO</strong> en todo sentido; le agrega su SALT &amp; PEPPER profesional y literaria… Que nos permite la LICENCIA CREATIVA de traer este RECUERDO MUSICAL de la TIERNA juventud que dice ASÍ..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se o</strong><strong>lvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/06/IMG_1116-1024x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-130302" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ…</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:810px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



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        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130301</guid>
        <pubDate>Sat, 13 Jun 2026 15:17:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Sexualidad a lo largo de la vida: transformaciones, no despedidas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Grupo Juncal un colectivo de autores</media:credit>
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        <item>
        <title>Defensores ambientales en América Latina: cinco países acuerdan impulsar red de apoyo ante asesinatos, criminalización y desplazamientos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/defensores-ambientales-en-america-latina-cinco-paises-acuerdan-impulsar-red-de-apoyo-ante-asesinatos-criminalizacion-y-desplazamientos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cecilia Aguilera habla pausado, pero con firmeza. “Ha sido una linda jornada, dos días muy bonitos dentro del dolor que también vivimos en nuestros territorios”, dice la lideresa diaguita, de la Tercera Región de Chile, que llegó a Lima para el&nbsp;Encuentro Internacional de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos y Ambientales. Junto a Aguilera está [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Representantes de pueblos indígenas de Ecuador, Colombia, Perú, Brasil y Chile se reunieron en Lima para debatir sobre los problemas que enfrentan en la región.</em></li>



<li><em>Los representantes de Bolivia no pudieron llegar a la cita debido a la crisis política y social que enfrenta el país y que ha generado bloqueos y problemas para movilizarse.</em></li>



<li><em>La defensa del territorio, la criminalización, los impactos socioambientales de actividades extractivas y la violencia en los territorios indígenas son los problemas que se repiten en todos los países.</em></li>



<li><em>Durante la cita acordaron establecer redes de apoyo entre los defensores de todos los países asistentes y extender esta propuesta al resto de Latinoamérica.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Cecilia Aguilera habla pausado, pero con firmeza. “Ha sido una linda jornada, dos días muy bonitos dentro del dolor que también vivimos en nuestros territorios”, dice la lideresa diaguita, de la Tercera Región de Chile, que llegó a Lima para el&nbsp;<strong>Encuentro Internacional de Defensores y Defensoras de Derechos Humanos y Ambientales.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Junto a Aguilera está sentada Marcela González Yanqui, lideresa de la Asociación Departamental de Mujeres Campesinas de Puno, en Perú. “Soy mujer quechua-hablante”, dice para dar un saludo en quechua. Entre el grupo de defensores ambientales reunidos en esa mesa para conversar con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;también están Ezequiel, del pueblo indígena tremembé, de Brasil; y Yuvelis Morales, una de las seis ganadoras del Premio Goldman 2026 y representante de la Alianza Colombia Libre de Fracking.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/custom-story/2026/06/puma-fest-2026/">Llega el PUMA FEST: I Festival Latinoamericano de Periodismo Ambiental</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273419"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061611/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-18.jpg" alt="Los defensores de derechos humanos y ambientales compartieron experiencias en un encuentro realizado en Lima, Perú. Foto: cortesía CooperAcción." class="wp-image-273419" /><figcaption class="wp-element-caption">Los defensores de derechos humanos y ambientales compartieron experiencias en un encuentro realizado en Lima, Perú. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La defensa del territorio, la criminalización y la presencia de actividades extractivas</strong>&nbsp;<strong>en sus tierras fueron los temas que se iban repitiendo en la conversación</strong>, con diferencias y semejanzas en cada país. “Los defensores en estos países somos perseguidos por defender el territorio, la vida, la permanencia”, dice Ezequiel para abrir el diálogo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Hemos compartido varias experiencias, tenemos en común muchas cosas, el extractivismo, la trata de mujeres, el feminicidio, las desapariciones forzadas“, agrega Aguilera sobre los temas que se fueron presentando en el encuentro que&nbsp;<strong>reunió a 40 defensores de cinco países sudamericanos</strong>&nbsp;(Brasil, Colombia, Chile, Ecuador y Perú) los días 27 y 28 de mayo. Los representantes de Bolivia, que también estaban invitados a la cita, no pudieron asistir por los conflictos sociales y políticos en el país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La reunión no solo fue un espacio para compartir experiencias, sino también para&nbsp;<strong>establecer una red latinoamericana</strong>&nbsp;<strong>de coordinación y protección de los defensores</strong>. “Lo que recojo es que el tejido social es el único que siempre va a avanzar, el tejido social es el que nos va a cuidar y el que nos va a proteger”, afirma Aguilera. La defensora agrega que estas instancias internacionales les permiten conocerse, generar contactos, crear en conjunto. “Siempre pienso y creo que si Latinoamérica se uniera contra el extractivismo lograríamos algo”, sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la declaración final, los participantes&nbsp;<strong>expresaron su solidaridad con diversas comunidades que actualmente enfrentan conflictos socioambientales y procesos de criminalización</strong>, señaló CooperAcción, institución que organizó el encuentro, en un comunicado difundido luego de la cita.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273417"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061603/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-16.jpg" alt="La reunión fue un espacio para establecer una red latinoamericana de coordinación y protección de los defensores. Foto: cortesía CooperAcción. " class="wp-image-273417" /><figcaption class="wp-element-caption">La reunión fue un espacio para establecer una red latinoamericana de coordinación y protección de los defensores. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">CooperAcción también afirmó que “el encuentro concluyó con un llamado a los Estados de la región para fortalecer los mecanismos de protección existentes, garantizar la participación de las comunidades en las decisiones que afectan sus territorios y reconocer el papel que cumplen quienes trabajan en la defensa del ambiente”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Las amenazas para los pueblos indígenas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">“La invasión de tierras y territorios para arrebatarnos nuestra cultura, nuestra tradición, nuestras costumbres en todos los países son similares”, comenta Ezequiel, de Brasil. ”En cada país hay alguien que defiende, alguien que protege, alguien que lucha, pero no sabemos cuánto tiempo más viviremos, cuánto tiempo más lucharemos, porque cada día nos persiguen”, asegura el defensor brasileño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El líder indígena cuenta su experiencia personal para describir lo que se vive en los territorios indígenas de Brasil. “Toda<strong>&nbsp;mi familia está siendo procesada por la lucha por el territorio</strong>. En 2014 estuve fuera del territorio durante meses porque me amenazaron, en ese momento era muy joven”, recuerda.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273412"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061545/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-11.jpg" alt="Los defensores cuestionan la contaminación por minería y petróleo en sus territorios. Foto: cortesía CooperAcción." class="wp-image-273412" /><figcaption class="wp-element-caption">Los defensores cuestionan la contaminación por minería y petróleo en sus territorios. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El último informe presentado por Global Witness sobre la situación de los defensores ambientales a nivel global señala que Latinoamérica se mantiene como la región con más asesinatos de personas defensoras en el mundo. De acuerdo con este reporte, al menos&nbsp;<strong>120 personas han sido asesinadas o desaparecidas en Latinoamérica</strong>&nbsp;durante 2024.&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/09/personas-defensoras-ambientales-latinoamerica-2024/">Esta cifra representa el 82 % de las agresiones a nivel global</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A nivel regional,&nbsp;<strong>Colombia lidera este registro con 48 casos</strong>. En segundo lugar está Guatemala, con 20 asesinatos en un año. México ocupa el tercer sitio con 18 asesinatos y una desaparición, seguido de Brasil con 12 homicidios de defensores ambientales. En la lista continúa Honduras con cinco casos, Nicaragua y Perú con cuatro cada uno, Ecuador registró tres personas defensoras asesinadas; mientras que Venezuela, Argentina, Chile y República Dominicana reportaron un caso por país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Con este encuentro&nbsp;<strong>hemos evidenciado la grave crisis de derechos humanos</strong>&nbsp;que supone para nosotros ser defensores, líderes sociales, ambientales y defensores de derechos humanos y medioambiente. Y esta crisis se agrava en un contexto extractivista”, complementa Yuvelis Morales, de Colombia. “Vemos como&nbsp;<strong>nuestros territorios hoy siguen siendo territorios de sacrificio</strong>, como las comunidades siguen siendo sacrificadas, contaminadas, asesinadas, desplazadas y violentadas de todas las maneras posibles”, agrega la ganadora del Premio Goldman 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Morales también habla de<strong>&nbsp;la defensa territorial contra el fracking</strong>,&nbsp;<strong>una técnica utilizada para extraer gas natural y petróleo de formaciones rocosas profundas</strong>. “Es una técnica extrema porque se necesita mucha energía y por que también utiliza grandes cantidades de agua, químicos y aditivos que se filtran fácilmente en los humedales subterráneos, contaminan acuíferos y también el suelo”, sostiene la lideresa.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273420"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061615/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-19.jpg" alt="Latinoamérica continúa siendo la región mas peligrosa para los defensores ambientales y de derechos humanos. Foto: cortesía CooperAcción. " class="wp-image-273420" /><figcaption class="wp-element-caption">Latinoamérica continúa siendo la región mas peligrosa para los defensores ambientales y de derechos humanos. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La lideresa colombiana afirma que los “proyectos extractivistas” que se establecen en los territorios indígenas “incurren en transgresión a los derechos humanos, hacia las comunidades y sus liderazgos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Morales pone como ejemplo lo que sucede en su región, en Magdalena Medio, un territorio donde&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2020/03/fracking-en-colombia-proyectos-piloto-magdalena-medio-video/">en 2020 se estableció por decreto</a>&nbsp;la realización de proyectos pilotos de investigación usando la técnica de fractura hidráulica, más conocida como fracking. “Hemos visto en Colombia cómo hablar de las situaciones particulares de los territorios respecto a proyectos, en nuestro caso a proyectos de fracking de petróleo y gas, supone de inmediato un riesgo inminente a la vida”, agrega.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras habla de lo que sucede en su país, Morales pone énfasis en los escenarios adversos en materia de derechos humanos y medioambiente que enfrentan “las juventudes y las niñeces” en los territorios indígenas de Colombia. “No tenemos la posibilidad de respirar un ambiente sano, no tenemos la posibilidad de respirar un aire limpio y, mucho menos, y cada vez más crítico, el acceso al agua potable. Sin embargo, los gobiernos siguen legislando a favor del extractivismo, entregando concesiones de agua e incluso privatizando el agua”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marcela Gonzáles, de Puno, Perú, también habla de las empresas extractivas que afectan a los territorios. En su caso, la gran minería.<strong>&nbsp;“Tenemos la agricultura familiar, tenemos la ganadería y con estas minas, toda la polvareda se levanta, todito el pastizal se empolva y&nbsp; eso nos está contaminando a nosotros”</strong>, reclama.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273427"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061640/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-26.jpg" alt="Los representantes de los cinco países de Sudamérica conversando sobre las amenazas en sus territorios. Foto: cortesía CooperAcción. " class="wp-image-273427" /><figcaption class="wp-element-caption">Los representantes de los cinco países pusieron el foco de los conflictos en la minería y sus impactos socioambientales. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La situación que describe implica impactos en la salud, en la alimentación y en la economía de los pueblos ubicados cerca de las minas en el sur de Perú. “Nosotros comíamos los peces, así como se come del mar, comíamos del lago, teníamos el carachi, el mauri, el suche, el pejerrey. Hoy no podemos comer porque está contaminado. Muchos hermanos, hermanas, niños están con metales pesados en el cuerpo, con arsénico”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La lideresa también cuenta que&nbsp;<strong>algunas lideresas y defensoras tienen miedo de hacerse las pruebas para determinar si tienen metales pesados en su organismo</strong>. “Tengo miedo de que me digan: ‘Tú tienes metales pesados’ y me enferme”, dice la lideresa</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Me da mucha pena, de verdad. ¿Qué vida nos están dando? Saben que el Estado debe cuidarnos, que la policía debería cuidarnos, pero salen en nuestra contra”, cuestiona la lideresa con la voz entrecortada. “Hablar para mí de este tema es muy doloroso”, dice mientras su compañera chilena la abraza para consolarla.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una red latinoamericana</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En conversación con&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>, Isaías Quinatoa, dirigente de Relaciones Internacionales de la Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Quichua del Ecuador (Ecuarunari), señaló que “hasta el momento tienen el&nbsp;<strong>registro de por lo menos 300 personas criminalizadas por defender los territorios y proteger el agua en Ecuador</strong>”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273403"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061510/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-2-rotated.jpg" alt="Representantes de pueblos indigenas de Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú asistieron al encuento de defensores ambientales en Lima, Perú. Foto: cortesía CooperAcción." class="wp-image-273403" /><figcaption class="wp-element-caption">«Algunas lideresas y defensoras tienen miedo de hacerse las pruebas para determinar si tienen metales pesados en su organismo», contó uno de las representantes indígenas. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Durante esta reunión, construimos un mecanismo de estrategias, pero también&nbsp;<strong>trazamos un mapa de los desafíos que podemos abordar colectivamente</strong>&nbsp;en todos los países y cómo cada país puede contribuir a esta red de comunicación”, dice el líder indígena de Brasil sobre el trabajo para establecer una red de apoyo regional para los defensores en Latinoamérica. “Hoy, en el cierre final, hemos visto que necesitamos unirnos para fortalecernos, porque existe una jerarquía muy grande de dominio de poder” agrega.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para la lideresa chilena, el encuentro “ha sido una linda jornada” en la que se “han llenado de amor y de cariño, porque siempre decimos que&nbsp;<strong>el autocuidado va entre nosotros mismos,&nbsp;</strong>&nbsp;porque los Estados no nos protegen, no nos cuidan”. Por tanto, su apuesta es por un tejido social de cuidado entre defensores y defensoras. “El día de mañana, si tenemos que escapar de nuestros países, están las redes. Necesitamos asilos políticos también en los países latinoamericanos, no hablemos solamente de Sudamérica, hablemos de Latinoamérica”, dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde Ecuador, la lideresa Erika Quilumba, defensora ambiental del pueblo kitu kara, comentó a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;que entre los asistentes al encuentro se acordó establecer una red latinoamericana. Comentó también que&nbsp;<strong>en Ecuador ya manejan una red de defensores</strong>&nbsp;que les permite saber lo que sucede en otras regiones. “Por más que yo sea de Quito, sé lo que está pasando en Loja y en otras provincias como Cotopaxi con la defensa del territorio. Eso nos permite estar en constante apoyo y ayuda de los defensores. Por eso aquí hemos acordado que ese tejido sea internacional”, explicó.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273424"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/09061630/Encuentro-Defensores-ambientales-de-America-Latina-Cooperaccion-23.jpg" alt="Durante el encuentro tambien se habló del autocuidado entre defensores y defensoras. Foto: cortesía CooperAcción. " class="wp-image-273424" /><figcaption class="wp-element-caption">Durante el encuentro también se habló del autocuidado entre defensores y defensoras. Foto: cortesía CooperAcción</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Una de las cosas que consideramos importante es el tema de las redes para saber qué está pasando exactamente en los otros países. Todo lo estatal, los gobiernos se manejan a través de redes”, comenta la lideresa y señala que&nbsp;<strong>esta conexión puede ayudar a quienes están enfrentando situaciones de crisis en otros países</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quilumba cita el ejemplo de Bolivia, donde llevan más de un mes de movilización social. “Nosotros decíamos, no estamos en Bolivia, pero está pasando lo mismo que hemos pasado en Ecuador, lo mismo que pasa aquí en Perú. Entonces, el apoyo debe ser a través de las redes. Por eso hemos hecho un&nbsp;<strong>compromiso de tejer redes a nivel internacional</strong>&nbsp;con la intención de buscar el cuidado entre nosotros”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong>&nbsp;la reunión fue un espacio para establecer una red latinoamericana de coordinación y protección de los defensores.&nbsp;<strong>Foto:</strong>&nbsp;cortesía CooperAcción.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/yvette-sierra-praeli/">Yvette Sierra Praeli</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/06/defensores-ambientales-america-latina-red-apoyo-ante-asesinatos-criminalizacion-desplazamientos/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130286</guid>
        <pubDate>Fri, 12 Jun 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
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