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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de como+me+sacaran | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/obituario-de-juan-mi-hermano-sobre-mi-padre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré. Pero digo “despedir” por costumbre, porque [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré.</p>



<p>Pero digo “despedir” por costumbre, porque la verdad es otra: pudimos decirle adiós con una calma extraña y misericordiosa. No fue un corte brusco, sino una despedida diluida en el tiempo, repartida en el transcurso de muchos años.</p>



<p>Su conciencia se fue desvaneciendo como una acuarela expuesta durante años a la luz del sol. Al principio, el verde de las hojas, a lo lejos, aún se distinguía, aunque por momentos se confundía con la hierba. Luego ese verde se volvió apenas una mancha, diluida en el paisaje. Con los años, su mundo fue perdiendo tonos y matices, como si un velo blanquecino lo cubriera de olvido. La enfermedad gastó su memoria con una constancia implacable, del mismo modo en que el agua pule una piedra: lentamente, sin pausa, hasta dejarla lisa…</p>



<p>Lo vimos alejarse de sí mismo. Vimos, con impotencia, cómo los recuerdos se fragmentaban en relatos inconexos: a veces apócrifos, a veces imperfectos, a veces soñados. Fuimos testigos de cómo su conciencia se apartaba de nuestra realidad para sumergirse en un mundo distante, extraño e incomprensible. Un universo donde los hechos ya no se suceden en la secuencia del tiempo; donde el tiempo deja de existir como reloj o calendario para convertirse en la eternidad de un instante.</p>



<p>Einstein llamó al tiempo “la más obstinada y persistente de nuestras ilusiones”. Y quizá sea solo eso: no una realidad exterior, sino un relato —una <em>qualia</em>— que la mente hilvana con memorias sucesivas hasta fabricar la apariencia de una continuidad, como en esos libritos que, al hojearlos soltando el pulgar con rapidez, nos provocan la ilusión de un caballo al galope. Pero, como en el cine, no hay movimiento: solo imágenes en secuencia, detenidas, estáticas.</p>



<p>Fue así como empezamos a despedirnos mientras él se alejaba: se alejaba, y se alejaba, y se alejaba… Y pasaron los años sin dolor, sin sufrimiento, con esa calma extraña que a veces trae la vida cuando decide ser piadosa. Es apenas hoy cuando entendemos de súbito que está ya tan lejos que no podemos alcanzarlo con la mirada. Por eso decir “adiós” es una metáfora. El adiós ocurrió con lentitud geológica: nos fuimos despidiendo durante años, paso a paso, hasta llegar a este día en que ya no podremos verlo nunca más.</p>



<p>Un día, cuando yo era niño, Ató me habló de un insecto diminuto, la efímera, cuya vida activa se reduce al espacio de unas pocas horas, a veces menos de un día. Yo me quedé pensando, con la lógica seria de los niños: si fuéramos efímeras, ¿para qué ir al colegio, para qué almorzar, para qué bañarse o ponerse los zapatos, si esa misma noche íbamos a estar todos muertos? Ató notó mi ansiedad y, con esa manera suya tan directa, me dijo: “La vida humana, medida a escala cósmica, es infinitamente corta”. Y en esa comparación estaba todo él: una lucidez que devolvía al mundo su proporción verdadera, y una serenidad rara que, al decir las cosas como son, les quitaba un poco de peso.</p>



<p>Mi papá tuvo el raro privilegio de nacer con una inteligencia excepcional, y dotado de una gran creatividad. Ya muy viejo, con Alzheimer avanzado, se quedó un momento frente a la placa de mi carro: BXQ221. Entonces, como un Ramanujan criollo, sonrió y me dijo: “Juan, el número de tu placa es fácil de memorizar: (10^2 + 11^2)”.</p>



<p>Y en cierta ocasión, después de estudiar la frecuencia de las letras en español, diseñó un teclado óptimo para el computador: en el centro puso las más utilizadas —E, A, O, S, N, R— y relegó a los extremos, en las otras filas, las más raras —K, W, X, Ñ, J, Z—. También inventó un mouse al que, con un humor muy propio, llamó el <em>paus</em>: se manejaba con el pie derecho, como el pedal de un órgano. Y no se detuvo ahí: ideó un espejo para verse por delante y por detrás, y hasta una parrilla de arepas “con tacones”, ocurrencias suyas que nos hacían reír sin parar.</p>



<p>Y también nos enseñó a perderle el miedo a zambullirnos en el agua con “flotadores inteligentes” de su propio diseño: un neumático delgado de bicicleta que iba desinflando a medida que ganábamos confianza en la piscina. Señalaba lo absurdo de los flotadores convencionales, enormes, que no permitían el más mínimo progreso y que, al final, ni siquiera dejaban mover los brazos con facilidad.</p>



<p>Y cuando yo era niño me enseñó un método para saber el día de la semana de cualquier fecha, en cualquier año. Ese “calendario universal” lo explica en uno de sus libros, y todavía hoy lo uso en mis clases de primer semestre para avivar la curiosidad de los estudiantes más interesados y atentos.</p>



<p>Y cuando esa inteligencia se encuentra con una personalidad implacablemente racional, el resultado es alguien capaz de liberarse del troquelado de la infancia —una de sus palabras favoritas—, de sacudirse el adoctrinamiento de las religiones y las ideologías, de mirar con sospecha las supersticiones, y de plantarse sin concesiones frente a esas fuerzas oscuras de la irracionalidad, que solo siembran sufrimiento y cosechan crueldad.</p>



<p>Diría que ese fue su mayor legado: una forma de pensar, una ética de la lucidez y de la razón. Eso es lo que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, y también en sus libros y ensayos. Y luchar por esa causa fue, sin duda, su batalla más constante.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Recuerdos de adolescencia</h1>



<p>En mi casa se comía cheesecake y pie de manzana. También hacían una versión colombiana del pollo hindú, nasi goreng, del plato alemán con salchichas, chuletas de cerdo y repollo chucrut fermentado en sal, y del plato cubano con caraotas: rarezas culinarias que mi mamá preparaba y que dejaban a mis amigos entre asombrados y felices. Y también carne molida en sopa de arroz, un plato humilde al que llamaban “almuerzo de cura”. Y el famoso y vilipendiado “sudao de pollo”, la comida predilecta de Ató.</p>



<p>Pero el mayor orgullo culinario de la casa era el pollo mallorquín. No el original de Mallorca —el que un tío catalán nos enseñó a preparar—, sino el mestizo: con chicharrones y plátano maduro, cocinado a fuego lento en una olla de cerámica roja, esmaltada, hermosa, a la que llamaban la “greixonera”. Esa palabra la oí desde niño y todavía hoy no sé qué significa; ni siquiera sé si existe en algún diccionario. Pero en mi memoria quedó labrada con firmeza pétrea, como quedan las palabras que se aprenden en la infancia.</p>



<p>Para mi papá, la riqueza nunca tuvo un brillo especial. El dinero se trataba en casa con respeto práctico: útil para lo necesario y, a veces, capaz de comprar un pedazo de felicidad. Pero el poder que suele venir con él no despertaba reverencia; al contrario, parecía vulgar, casi indecente. El valor de la vida se medía en otra escala. Se respiraba una atmósfera intelectual única, libertaria y científica, donde se pensaba sin miedo y se desconfiaba de toda autoridad. Y esa manera de mirar el mundo —austera, libre— incomodaba a los conservadores y fascinaba a los jóvenes que empezaban a pensar por cuenta propia.</p>



<p>Había una biblioteca enorme, un altar laico custodiado por pequeños retratos que no eran del Sagrado Corazón ni de parientes, ni siquiera de sus hijos, sino de Darwin, Einstein, Newton, Dirac, von Neumann… y de otros nombres menos célebres, pero no menos venerados por él: Konrad Lorenz, Popper, Gödel, Ramanujan, y tantos más que, a su juicio, merecían un lugar en el panteón de los gigantes. En cambio, por los héroes de la historia oficial —Napoleón, Julio César, Alejandro Magno— sentía un desprecio sin límites, apenas superado por el que le inspiraban curas, obispos y papas, o cualquier otro líder religioso o político.</p>



<p>Y había un lugar que para mí era mágico, casi sagrado: el taller. Era un cuartito detrás de una puerta de bisagras, con un mesón de lámina de acero donde estaba empotrada una prensa pesada e imponente. De las paredes colgaban herramientas sujetas con tornillos, y sus siluetas estaban dibujadas sobre un tablón de madera pintado de blanco, como si cada una tuviera un sitio asignado desde siempre. Había cajones repletos de tuercas, tornillos, clavos, arandelas; estantes donde descansaban el soldador, el taladro, el amperímetro…; y cajitas con componentes electrónicos —pequeños capacitores, resistencias, dos o tres pares de transistores—, objetos de un valor inconmensurable en aquella época.</p>



<p>Los sábados por la mañana, como un ritual, hacíamos el mantenimiento de los carros. Yo lo imitaba con devoción: me enseñó a desmontar el distribuidor, a sacar los platinos, a limarlos y a calibrarlos con esas hojas finas de acero que miden en absurdas fracciones de pulgada. Luego venía, para mí, lo mejor: afinar la máquina con una lámpara estroboscópica que en Colombia no se conseguía, comprada en Sears en los años de mi primera infancia en Champaign, Illinois.</p>



<p>Para mí no había felicidad más grande que aprender esos secretos de la mecánica. Al terminar, nos lavábamos las manos con estopa y gasolina, y en la piel quedaba un olor indeleble, áspero y familiar. Luego él me enseñaba a sacar el combustible del tanque con un sifón, como quien comparte, sin alarde, uno de sus tantos trucos.</p>



<p>Pero la mañana del sábado —en el tiempo infinito de la infancia— todavía no se terminaba. Después nos íbamos a visitar a los abuelos, que vivían en una casa enorme: cuatro patios y un solar al fondo; pisos de baldosas con arabescos —como era costumbre en las viejas casas españolas—; y esa frescura de techos altos y puertas con arcos que aún perdura en mi memoria.</p>



<p>Y ese ser —que parecía hecho de razón pura— se convertía en humano cuando se trataba de su familia. La lógica, que en él era una armadura, se le ablandaba de golpe; bastaba con que algo rozara a sus hijos o a su esposa para que apareciera en él otra cara: la del miedo, la de la ternura, la de la urgencia, la de los celos…</p>



<p>También había en casa una colección de más de seiscientos casetes: un pequeño archivo doméstico que, sin que yo lo supiera entonces, revelaba uno de sus mayores gustos. Estaban las obras de Bach, Beethoven, Mozart y todos los grandes; y, al lado, grabaciones que hoy todavía me pregunto cómo habrá conseguido: Xenakis, Schönberg y otros contemporáneos que no sonaban en ninguna parte. Había, además, un casete de Manitas de Plata y de su primo José, esa música —desconocida entonces— que se llamaba flamenco, y una grabación completa del Martín Fierro: rarezas que ni siquiera se encontraban en la discoteca infinita del maestro De Greiff.</p>



<p>Cada casete venía numerado y rotulado con una pulcritud casi militar: título, compositor y, a veces, algún dato adicional. No era miedo al olvido; era su manera de poner orden en el mundo, de dejarlo todo en su sitio. Había, además, un catálogo, dispuesto alfabéticamente por títulos y composiciones, impreso en hojas anchas con perforaciones a un costado, salido del IBM de Coltejer —el único computador que existía entonces en Colombia, junto con el del Banco de la República—. Era el tipo de exceso organizado que lo retrataba: una mezcla de método, disciplina y cariño por lo que amaba.</p>



<p>Y recuerdo, sobre todo, su sentido del humor: se reía cada vez que contaba una anécdota mínima, pero perfecta. Una de sus secretarias, al rotular un casete, escribió “ayudante con moto” en lugar de “andante con moto”. Esa confusión lo divertía de una manera inagotable; la repetía una y otra vez, como quien vuelve a un chiste que nunca pierde gracia.</p>



<p>Y hablando de su sentido de justicia, nunca olvidaré aquella vez en que dos amigas muy cercanas de mis padres, Liliam y María Helena —rivales que no se soportaban—, ya con varios tragos encima, se desafiaron en un hotel de San Jerónimo. Liliam, en tono desafiante, retó a María Helena: si se tiraba a la piscina “en pelota”, le hacía allí mismo un cheque por un millón de pesos. María Helena, sin dudarlo un segundo —y a riesgo de que nos sacaran a patadas—, se quitó el traje de baño y se lanzó al agua. Lo difícil vino después: ¿debería cobrarse esa apuesta, producto del acaloramiento y el alcohol? Mi papá, con una sentencia tan salomónica como suya, dictaminó: “Yo creo que Liliam debe entregarle el cheque… y María Helena no debe cobrarlo”.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Coda</h1>



<p>El viento de la tarde de este verano decembrino barre las hojas del parque, y en mi mente ese viento se vuelve una metáfora de la vida que se va: ligera, inevitable, sin preguntar. Ayer fui solo a visitar lo que queda del taller, el mismo de mi infancia, como quien regresa a un santuario, a ver si todavía estaba su navaja favorita. La encontré: intacta, silenciosa, como esperándolo.</p>



<p>Y por un momento me pareció sentirlo otra vez: el olor a herramientas, a madera, a hierro helado… y a él. Vi —o quise ver— el brazo fuerte que la movía; la mano masculina sosteniéndola con esa precisión tranquila que lo definía, y el reloj de pulsera metálica plateada temblando con el gesto, devolviendo un destello breve. Fue un segundo apenas, un relámpago: corrí el velo del pasado y alcancé a rescatar, por una fracción infinitesimal del tiempo, esas presencias ya ausentes. Y luego el velo cayó de nuevo, como cae siempre, y entendí con una claridad dolorosa que hay cosas que se pierden irremediablemente… y, sin embargo, a veces vuelven a rozarnos, antes de irse, como el viento.</p>



<p>29 de diciembre de 2025</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
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        <pubDate>Thu, 01 Jan 2026 20:17:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre]]></media:description>
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        <title>Las élites políticas se unen contra Petro para anular a la izquierda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-elites-politicas-se-unen-contra-petro-para-anular-a-la-izquierda/</link>
        <description><![CDATA[<p>En Colombia la palabra democracia, tan manoseada ella, se usa como escudo, casi un chiste, en la rebatiña por el poder. Mientras tanto, pierden los ciudadanos y las reformas se embolatan.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-22938879118beac4fc37a45d5ac0d1ac"><strong><em>“Debe haber otra vida. No es posible que todo sea esta misma mierda”: </em>Antonio Caballero, escritor y periodista bogotano, en su novela <em>Sin remedio</em>.</strong></p>



<p>Colombia es un país que delira. Y delira con delirios de pequeñez, no de grandeza, creando sus propias narrativas y creyéndoselas. La pequeñez de una clase política que antepone los privilegios de unos pocos —eso que llaman establecimiento, aunque en inglés suena más bonito: <em>establishment</em>—sobre las grandes reformas sociales que mueren ahogadas entre palabras vanas y ociosas.</p>



<p>Hay una frase para los anaqueles de nuestra historia vergonzosa: <strong>“No se puede acudir al pueblo sin el permiso del Senado, y el Senado no lo dio”.</strong> Que lo haya dicho el propio presidente de esa Corporación, el político conservador Efraín Cepeda, sólo significa una cosa: que en Colombia sí hay una dictadura y esa dictadura se ejerce hoy desde el Congreso de la República: allá se ordena lo que los ciudadanos pueden o no pueden hacer. ¡Publíquese y cúmplase!</p>



<p>Eso es Colombia: un país sin remedio, atascado adrede en discusiones y en frases grandilocuentes que rellenan espacios en los periódicos y los noticieros para justificar su existencia, una nación que nunca va para ningún lado porque el ideal de progreso está borrado de la psique colectiva, que se conforma con el presente inmediato: hoy, esta hora, este minuto, antes del <em>reality </em>o del partido de la Selección. Mañana Dios verá. O proveerá. Y como dejamos todo en manos de la <em>Divina providencia</em>, hasta las reformas sociales van muriendo sin haber nacido, o nacen defectuosas, porque Dios tampoco tiene afán, menos desde que lo sacaron a empellones de la Constitución cuando se declaró a Colombia como un Estado laico. &nbsp;</p>



<p>“Una nación no planeada ni deseada”, que así la describió el historiador Enrique Serrano. Una sociedad que, tras dos siglos de vida republicana, sigue en &#8220;obra negra&#8221;, porque nada hemos aprendido tan bien como a embolatar las transformaciones que la casa necesita.</p>



<p>De una amena conversación con un amigo escritor concluí que los ricos se repelen entre sí, pero, al final del día, se toleran y se buscan cuando se trata de defender intereses comunes. Lo mismo puede decirse de las élites políticas de Colombia, que entienden perfectamente que defender la democracia es defender primeramente a los ricos y su nivel de ingreso y, lo que queda, si queda, que nunca queda, es para los demás.</p>



<p>Para que quede alguito en bolsillos distintos a los mismos se necesitan las reformas sociales. Pero en Colombia defender la democracia significa otra cosa. Significa diseñar una reforma laboral que no afecte a los que más tienen. En su libro <em>¿Por qué fracasa Colombia?, </em>Serrano lo define así: <strong>“…hagamos lo que es necesario, pero no mucho más, planeemos lo que nos resuelva nuestras necesidades a corto plazo, pero todavía no lo del largo plazo. Respetemos a los que están en el <em>curubito. (…) </em>sufrir por anticipado enormes privaciones como resultado de lo que podrá ser dentro de 30 o 50 años no vale la pena”.</strong></p>



<p>Y como todo queda en <em>ahí vemos</em>, estos políticos se mueren dejándonos como única herencia a sus hijos, nietos o sobrinos para asegurar sus legados y privilegios. Por tal razón, la palabra cambio no les interesa, no figura en sus conversaciones de alto turmequé. Los une el mismo cordón umbilical: el delirio compartido de creer que siempre hay alguien queriendo quitarles lo que les pertenece desde siempre (en muchísimos casos por herencia, sin mayor esfuerzo, no siempre producto de una vida de sacrificios). &nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-07d048d83c1ddd73f13205309aa4f236"><strong><em>“… las hijas de la oligarquía, como usted, tienden a ser más bonitas porque trabajan menos y se alimentan mejor”: </em>Antonio Caballero en su novela <em>Sin remedio</em>.</strong></p>



<p>No más repasemos qué apellidos figuran en el sonajero presidencial o se mantienen vigentes en la escena política: Uribe Turbay (Miguel), nieto de Julio César; Valencia (Paloma), nieta de Guillermo León; Vargas Lleras (Germán), nieto de Carlos Lleras y primo segundo de Alberto Lleras; Gómez Martínez (Enrique), sobrino de Álvaro Gómez, que era hijo de Laureano Gómez; Santos Juan Manuel, sobrino del doctor Eduardo; Pastrana (Andrés), hijo de Misael, y así sucesivamente, para no aburrirlos con las genealogías criollas.</p>



<p>“Para ser parte de las élites es preciso contar con <em>capital relacional</em>. (…) Si los colegios y universidades donde van los hijos de las élites no reciben a quienes carecen de conexiones, entonces el poder se mantendrá en las mismas familias. Esto ha pasado en Colombia durante siglos”, señala Eduardo Lora en <em>Los colombianos somos así</em>. Es decir, el capital relacional es apenas la disculpa para salvaguardar los pesos del capital real, y las élites garantizan a perpetuidad la solvencia de sus apellidos casándose entre ellos, ya sin necesidad de la odiosa dote, porque para eso están hoy las capitulaciones o acuerdos prenupciales. Un rico es rico porque no deja nada al azar. Los asuntos de linaje no son una preocupación para los pobres.&nbsp;Un pobre se conforma con llenar el <em>buche</em>, no la alcancía.</p>



<p>No sé si eso explique el hecho de que el expresidente Juan Manuel Santos, agazapado,<em> le venda el alma al diablo </em>(léase, Álvaro Uribe, su más íntimo enemigo, aquel al que desobedeció luego de darle la bendición presidencial), al proponerle esta semana unirse para “defender la democracia”, como si fueran los <em>Superamigos</em>. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>En este pulso político pierden los ciudadanos porque las reformas sociales pasaron a un segundo plano. </strong></h2>



<p>Se está poniendo en evidencia el expresidente Nobel, pues defender la democracia significa, ni más ni menos, que apostar por un candidato propio. Creo que más temprano que tarde sabremos si Santos se la jugará por una ficha de la centro-derecha, que podría ser la señora Claudia López, o una de la derecha propiamente dicha, que podría ser su ex pupilo Germán Vargas Lleras, lo que suena más lógico por aquello de la solidaridad de casta: honrar los apellidos con pedigrí, devolverles el poder a los cachacos con alcurnia y, en últimas, quitarle la posibilidad a Petro de inclinar la balanza hacia la izquierda o hacia la centro-izquierda. <a href="https://caracol.com.co/2025/06/04/ocho-partidos-politicos-se-unen-para-rechazar-la-consulta-popular-y-la-tildan-de-golpe-de-estado">Ocho partidos</a> no necesitaron de plenarias, comisiones ni proposiciones para salir en bandada a “defender la democracia” de un posible golpe de Estado, el nuevo argumento delirante de quienes ansían despiertos el poder. En este pulso político pierden los ciudadanos porque las reformas sociales pasaron a un segundo plano.</p>



<p>Y ¿Dónde estaba el doctor Santos cuando su en ese entonces jefe encontró a quienes hicieran el favor de voltear por él la Constitución de Colombia para poderse reelegir en el cargo? Pusieron patas arriba la democracia y él andaba calladito —como aplicado funcionario en el Ministerio de Defensa, donde aquel lo puso—, frotándose las manos como su seguro sucesor para, finalmente, aplicarle a Uribe la de Judas a Cristo. El propio Uribe lo llamó <a href="https://www.elespectador.com/politica/uribe-acusa-a-santos-de-traicion-y-mentira-article-528107">traidor y mentiroso,</a> y ahora el traidor y mentiroso busca la redención, pescando en río vuelto para asegurarse su buena pesca electoral.</p>



<p>Con su aura de zorro político, el llamado de Santos a defender la democracia no es gratuito. Mucho me temo que jugará con candidato propio, con nombre de mujer, que, si es la que el oráculo me sopló al oído, entonces podría haber, por primera vez en la historia de Colombia, no una sino dos mujeres gobernando en palacio, siempre y cuando el Nobel de Paz juegue bien sus cartas, sin santurronerías. &nbsp;Falta ver si este país machista, a ratos más chistoso, tolera una sobredosis de estrógenos en la Casa de Nariño.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿En qué momento la enmohecida clase política convirtió hábilmente la necesidad imperiosa de una reforma laboral en un llamado a salvar la democracia?</strong></h2>



<p>Pero perdón, ¿de qué democracia estamos hablando?</p>



<p>Si al pueblo no se le puede consultar sobre los problemas que lo aquejan, siguiendo instrucciones del doctor Cepeda, entonces, ¿Cómo es eso de que el pueblo es soberano? ¿Soberano para qué? En Colombia sólo hay una soberana verdad: el papel lo aguanta todo y, por lo visto, la Constitución también.</p>



<p>Hay que defender la democracia, aunque sea imperfecta, dicen.</p>



<p>Yo creo que no existan las democracias imperfectas, del mismo modo que no existen las dictaduras imperfectas. Esa es una disculpa típicamente colombiana para justificar los desmadres de una clase política vetusta, —“momificados notables” fue uno de los apelativos que usó Antonio Caballero alguna vez—, incapaz de reformarse a sí misma (no se bajaron el sueldo y nadie chistó), pero sagaz a la hora de sabotear las reformas sociales en los términos en que las presentó el gobierno para cumplir sus promesas de campaña. Señores: La democracia no es (solamente) abrir las urnas cada cuatro años. Ese es el espectáculo colorido de la democracia, cosa bien distinta. </p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1dba0f9357c93d3e4e45cc5fcdb7fdf6"><strong>“La democracia representativa es un sistema de gobierno en el cual el poder político reside en el pueblo. (…) En una verdadera democracia se protegen los derechos individuales y se promueve la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas”, dice Eduardo Lora, autor del libro <em>Los colombianos somos así</em>.</strong></p>



<p>En la Colombia de este primer cuarto de siglo existe un gobierno legitimado en las urnas, no una dictadura impuesta a las malas. Lo que hay son unas élites políticas anquilosadas que, desde el Frente Nacional, aprendieron a alinearse para quitarse la caspa de encima, la propia y la ajena.</p>



<p>En <em>Historia de Colombia y sus oligarquías</em>, Antonio Caballero relató lo que le hicieron al valiente Alfonso López Pumarejo cuando quiso dárselas de <em>progre </em>con su <em>Revolución en Marcha</em>: entre otras, propuso una reforma laboral, una reforma agraria y una reforma tributaria que en su segundo gobierno (1944), “por primera vez puso a los ricos a pagar impuesto de renta y patrimonio, como suma a los que ya pagaban los pobres”, según cuenta Caballero en su libro. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p>Y sigue: “… su Partido Liberal (…) no estaba preparado para eso: seguía siendo mayoritariamente un partido caciquil de gamonales, abogados y terratenientes, como en los tiempos de Murillo Toro o el general Santander. Por eso López mismo, mediada su administración, tuvo que anunciar una pausa en las reformas. Pues pese a tener un Congreso hegemónicamente liberal —el jefe conservador Laureano Gómez había ordenado la abstención electoral de su partido— este estaba hecho de liberales de muy distintos matices… (…) Así que las reformas anunciadas no pasaron del papel a la realidad de los hechos”.</p>



<p>Había dicho el expresidente López Pumarejo, a quien su hijo, Alfonso López Michelsen, llamó “un burgués progresista”: <strong>“El deber del hombre de Estado es efectuar por medios pacíficos y constitucionales todo lo que haría una revolución por medios violentos”.</strong></p>



<p>Estamos hablando de hace 90 años. No hay ninguna diferencia con lo que pasa hoy. Es como si Gustavo Petro fuera la reencarnación del mismísimo López Pumarejo. Dentro de cien años la historia será la misma y los apellidos que la escriban también.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-180d64494223c7eb7820a988f4186222"><strong>“Los colombianos pasaron de matarse por razones políticas a ignorar la política”: Eduardo Lora, economista bogotano, en <em>Los colombianos somos así.</em></strong></p>



<p>Un país que observa apático su presente, menos le va a interesar verse en el espejo de su pasado. Si la historia de Colombia parece la misma es porque la escriben los mismos, cuidándose de que nada cambie, porque cualquier reforma profunda significa incomodarlos a ellos, asaltar de mala fe sus privilegios y sus bolsillos, amenazar <em>su</em> statu quo. Bajo esa óptica, la igualdad, el valor supremo de las naciones genuinamente democráticas, no pasa de ser la figura decorativa de nuestra&nbsp;Carta Magna, a la que invocan de tanto en tanto, como el creyente que abre la Biblia para pedirle favores a Dios.</p>



<p>Les molesta que Petro haya anunciado su intención de materializar la consulta popular por decreto, pero muy rápido se nos olvidó que si llegamos al clímax del cuento fue gracias a un Congreso de la República ineficiente que se cerró a la banda para negar las reformas, no discutiéndolas. ¿Por qué nadie cuestiona la dictadura velada que oficia desde el Capitolio Nacional? </p>



<p>Tildar a Petro de dictador, como lo hacen congresistas y opinadores de la talla de Daniel Samper Ospina, además de demencial, es desconocer lo que significa una dictadura o incluso una semi-dictadura, que la hubo en tiempos de Julio César Turbay Ayala, el señor liberal que, usando la arenga anticomunista, inventó enemigos de la nación para imponer su <em>Estatuto de Seguridad</em>, con lo cual los allanamientos sin orden judicial, las detenciones arbitrarias, &nbsp;la tortura y la desaparición forzada fueron el pan de cada día; o mucho antes los gobiernos tiránicos de Laureano Gómez y Mariano Ospina, los señores conservadores que abonaron con sangre el terreno de lo que luego llamarían Frente Nacional, aquella cobija bipartidista que se repartió el país <em>democráticamente</em>. O en este siglo, las ejecuciones extrajudiciales (los falsos positivos durante los ochos años de la era Uribe, a expensas del Estado, antes y después de estos crímenes), la canalla normalización de la muerte como moneda de recompensa, premio perverso a los “resultados efectivos” en la lucha contra la guerrilla, usando inocentes para acomodar las cifras de las (falsas) bajas en combate.</p>



<p>Llamar dictador a Petro es saltarse muchas páginas de nuestro pasado atroz, y las redes sociales quedarán para la posteridad como ese testigo fiel de nuestra ignorancia atrevida. Un baño de literatura, la lectura siquiera de las sinopsis sobre la novela de la dictadura, y las múltiples obras que componen este subgénero, empezando por <em>El otoño del patriarca</em>, de García Márquez, les permitiría entender que el mundo no comienza ni termina en sus trinos. ¡Dejen a Petro terminar su periodo o se les complicará la úlcera!</p>



<p>La misma noche en que Petro anunció  la consulta popular por decreto, consciente de que la oposición se le vendría encima, también anunció <a href="https://www.radionacional.co/actualidad/petro-afirma-ser-enemigo-de-las-mafias-y-denuncia-intentos-de-asesinato-en-su-contra">tres millones de bonos pensionales</a> para los adultos mayores de Colombia. Más allá de los medios públicos, la noticia no figuró en los medios nacionales. Es decir, <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-el-fascismo-una-amenaza-para-colombia/">antes había censura de prensa</a>, como ocurrió durante el gobierno del general Rojas Pinilla; ahora la prensa clasifica o descalifica las noticias, escogiendo del discurso del presidente lo que pueda servir a otros propósitos. </p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="uV7PJtcFCK"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-el-fascismo-una-amenaza-para-colombia/">¿Es el Fascismo una amenaza para Colombia?</a></blockquote><iframe class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="&#8220;¿Es el Fascismo una amenaza para Colombia?&#8221; &#8212; Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-el-fascismo-una-amenaza-para-colombia/embed/#?secret=ZluC2sRZ8F#?secret=uV7PJtcFCK" data-secret="uV7PJtcFCK" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
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<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Hay en Colombia un peligroso afán de anular mediáticamente a la izquierda colombiana en la figura de Gustavo Petro?</strong></h2>



<p>Como los escándalos <em>venden</em>, nos llega una tercera carta del doctor Álvaro Leyva porque las dos anteriores, al parecer, no surtieron los efectos deseados. Genera suspicacia leer la parte donde el ex canciller, de 82 años, le dice al presidente, de 65 años, que <a href="https://www.elespectador.com/politica/leyva-vuelve-a-arremeter-contra-petro-en-nueva-carta-y-le-pide-someterse-a-prueba-hora-de-irse-noticias-hoy/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR67yAVSHHfHfubHlEv4gf94iSJjoiS96RQt6pRE2VsRVMB8zPIWg8uExWZxYg_aem_a_Mkfxgd5xGRSlBTSep3ug">es hora de irse</a><strong>.</strong> Lo ataca de nuevo sin pruebas, invade su privacidad de manera ruin y olvida que se irá el 7 de agosto de 2026. </p>



<p>¿Para dónde debe irse si cuando desaparece un par de horas ya les hace falta? La carta más bien parece las memorias resumidas que nadie ha escrito sobre el doctor Leyva, a quien, a su turno, le sacarán su propio memorial de agravios, con la fortuna, para él, de que ya no tendrá que pedir disculpas, rendir cuentas o hacer aclaraciones, lo que sea que corresponda a su larguísima carrera de hombre público, otro apellido ilustre en el firmamento político. Viajó tanto por el mundo el exministro y excandidato presidencial (a juzgar por el recuento minucioso de su infumable carta de 15 páginas, escrita desde Varsovia), que no entiende uno a qué horas sacó tiempo para ganarse la vida.&nbsp;&#8220;Nadé en el Golfo de Hammamet&#8221;, dijo. </p>



<p>Al país lo tienen embobados con las formas (consulta popular si o consulta popular no), cuando el tema de fondo es la reforma laboral que salió de la Comisión IV del Senado.&nbsp;Su ponente, la senadora Angélica Lozano, quien ya debe estar ensayando su papel de posible Primera Dama de la Nación, salió feliz a dar la noticia, sin decir <em>ni mú</em> sobre el artículo que privilegia el pago por horas, el famoso <em>trabajo a destajo</em> que destaja sin compasión la dignidad de los trabajadores. ¿Por qué editorialistas y columnistas no se han pronunciado sobre este <em>mico</em> contra la clase trabajadora?</p>



<p>Lo que ha existido en Colombia, más que una democracia robusta, de la que podamos sentirnos orgullosos, son gobiernos sucesivos de las élites políticas y económicas que cada cuatro años cambiaban sí pero de rostro únicamente, hasta que la elección de Gustavo Petro corrigió esa deformación, haciendo ver, por primera vez en dos siglos, que la democracia real se sustenta en la alternancia del poder entre contrarios, no con los mismos.&nbsp;</p>



<p>La izquierda colombiana no es Petro, pero las élites políticas, de manera hábil, apelan a su vida privada para ponerlo en el centro de sus discursos como el monstruo a derrotar. Llevan tres años alimentado la Petrofobia. </p>



<p>La animosidad contra el presidente encubre el afán de anular a las fuerzas progresistas, otra vez, y por ahora mediáticamente, lo que sea que eso signifique en estos tiempos confusos y de tanto ruido, y teniendo como triste referente el genocidio que la antecede. </p>



<p>Lastimosamente,  los intelectuales de izquierda brillan por su ausencia. No hay una réplica a la senadora María Fernanda Cabal, hoy precandidata presidencial, por llamarlos <em>izquierdópatas</em>, un término que solo existe en su imaginación para tratar como enfermos a quienes piensan distinto a ella. No es la única que hace declaraciones ofensivas.&nbsp; Durante la convención de banqueros en Cartagena, Enrique Peñalosa <a href="https://www.infobae.com/colombia/2025/06/05/en-convencion-de-asobancaria-enrique-penalosa-se-refirio-a-petro-como-guerrillero-y-fue-aplaudido/">llamó a Gustavo Petro guerrillero</a> primero y ex guerrillero después, anulando su condición de Jefe de Estado.</p>



<p>¿Conclusión? Lo que venga de aquí en adelante es algo que nadie está en condiciones de anticipar, más es evidente que las élites políticas, hoy exiliadas del poder Ejecutivo, no descansarán hasta que uno de los suyos, obediente y sin ánimo reformista, recupere el solio de Bolívar (Simón).</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-88d641ce648190c3ed13952c80295321"></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116520</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 12:17:25 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las élites políticas se unen contra Petro para anular a la izquierda]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
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        <title>DEL AHOGADO, EL SOMBRERO</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/del-ahogado-el-sombrero/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre los cambios que se dieron luego de la aprobación de la Constitución del 91, está la transformación del sistema de justicia que nos venía de la Nueva Granada, en el cual el poder judicial investigaba, acusaba y absolvía o condenaba. Pero el afán de novedad, que por esos años se apoderó del país, llevó [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Entre los cambios que se dieron luego de la aprobación de la Constitución del 91, está la transformación del sistema de justicia que nos venía de la Nueva Granada, en el cual el poder judicial investigaba, acusaba y absolvía o condenaba. Pero el afán de novedad, que por esos años se apoderó del país, llevó a considerar que la anterior constitución, en estos asuntos, entre otras, nos había congelado en el siglo XIX. Se impuso el afán de cambiar, de importar instituciones y políticas, dejando de lado una característica histórica nuestra, ser cautos frente a los cambios, desconfiados si se quiere, un comportamiento con sus defectos, pero que le daba una fortaleza relativa a nuestra operación como sociedad y como Estado. Con la nueva constitución llegó el afán de cambiar. Importamos de Estados Unidos su sistema de justicia – el sistema acusatorio -, situado en las antípodas del nuestro, que le asigna al Estado la responsabilidad de investigar los hechos y si considera que tiene pruebas suficientes, acusa al investigado, quien debe demostrar su inocencia, pudiendo o no, colaborar con la justicia, en la explicación de ellos. Es un proceso generalmente lento y dispendioso; los fallos son demorados y ante ello, se reclamaba la necesidad de agilizar los procedimientos, para “garantizar pronta y cumplida justicia”. Con ese propósito, se adoptó el Sistema Penal Acusatorio, hijo del pragmatismo norteamericano para el cual, aún la justicia es negociable. Atrás quedó el Estado que, en nombre de la sociedad, investiga para poder acusar y condenar, en estos tiempos donde reina el pragmatismo y el eficientísimo. Se impuso el criterio de garantizar, por encima de cualquier otra consideración, lograr esa economía de tiempo, a partir de una transacción entre el acusado y el ente acusador, la fiscalía, a partir de ponerse de acuerdo en los cargos que se mantienen y que se confiesan; a cambio se le reduce la pena al acusado, y se le recibe como restitución, una parte del valor robado. Y colorín colorado, este sale rápidamente libre y con plata en el bolsillo. Dicho en términos coloquiales, la justicia quedó en la condición “del ahogado el sombrero”. Siempre me ha escandalizado ese sistema que no lo considero de justicia sino de alcahuetería con los criminales, lo les permite sacarla barata, mientras que no se resarce el daño que le hacen a la sociedad y a terceros. En resumen, es una negociación en la que pierde la sociedad y ganan los delincuentes. Sin duda se agiliza la operación del sistema de justicia, pero esta, aunque se conserve la apariencia de haber aplicado “pronta y cumplida justicia”, termina burlada. Lo anterior viene a mi memoria, con el caso de la gigantesca corrupción en compras de unos carros tanques para La Guajira en la Unidad de gestión de riesgo (UNGRD), donde los principales acusados, Olmedo López y Sneyder Pinilla “al aceptar ante la justicia responsabilidad en algunos delitos y la restitución del dinero del cual se habrían apropiado”, la sacarán barata, con pequeñas penas de prisión, dada la magnitud del delito y solo restituirán una pequeña fracción de lo robado. Éstos hechos revivieron mi escándalo ante el exabrupto del sistema acusatorio, en mala hora importado de Estados Unidos. ¿Será que con él, nuestro sistema de justicia mejoró? Lo dudo</p>



<p>DEL AHOGADO, EL SOMBRERO </p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=108434</guid>
        <pubDate>Fri, 22 Nov 2024 23:45:55 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[DEL AHOGADO, EL SOMBRERO]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Juan Manuel Ospina</media:credit>
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                            </item>
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        <title>¿Es una campaña presidencial o una película del Oeste?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/es-una-campana-presidencial-o-una-pelicula-del-oeste/</link>
        <description><![CDATA[<p>El reciente atentado criminal contra el expresidente y actual candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, se parece más a la escena de una película del oeste que a un mitin de campaña presidencial.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>El reciente atentado criminal contra el expresidente y actual candidato presidencial por el Partido Republicano, Donald Trump, se parece más a la escena de una película del oeste que a un mitin de campaña presidencial. Se puede apreciar, en varios vídeos, la trayectoria del proyectil que rozó e hirió su oreja derecha, como si fuera una escena de la famosa película Matrix. Trump reaccionó, como sucede en las películas de acción, lanzándose al piso para ser protegido inmediatamente por su cuerpo de escoltas y se incorporó como un auténtico héroe de guerra, con el puño en alto, su rostro ensangrentado y llamando a sus seguidores a combatir. Toda una puesta en escena, más próxima a una guerra civil que a un mitin de campaña electoral. <br><br>Parece representar el punto de inflexión del colapso irreversible de la democracia norteamericana, cuyo origen se remonta por lo menos a la guerra de Vietnam y el magnicidio de J.F Kennedy, seguido del escándalo de Watergate[1] con Richard Nixon, que marcan la criminalización de la contienda presidencial norteamericana. Es una escena espectacular que revela, una vez más, la irrupción de la violencia letal en la disputa por la Casa Blanca. Violencia que el propio Trump propició el 6 de enero de 2021, alentando la toma del Capitolio [2] , al desconocer su derrota electoral frente Joe Biden, a quien tilda en sus discursos como el <em>“más corrupto de todos los presidentes”</em> y todavía impugna su legitimidad presidencial. <br><br>Aún más grave, recientemente en un mitin en el mes de marzo, Trump advirtió: <em>“Ahora, si no soy elegido será un baño de sangre para todo el mundo, eso será lo de menos, será un baño de sangre para el país”.</em> Cuando se llega a semejantes extremos es casi inevitable que la política discurra por los cauces impredecibles de la violencia. Y, la verdad, es que Biden tampoco desperdicia oportunidad para recordarle a Trump que es un convicto de 34 cargos criminales. [3] <br><br>En estas circunstancias, las balas pueden sustituir los tarjetones electorales y los francotiradores y pistoleros definir los candidatos y los gobernantes. Nosotros sí que hemos padecido esa violencia política: Jorge E Gaitán, Jaime Pardo Leal, Luis Carlos Galán Sarmiento, Bernardo Jaramillo Ossa, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez, seis magnicidios en poco más de medio siglo, sin por ello dejar de preciarnos, oficial y académicamente, de ser la democracia más sólida y estable de América Latina. Lo cual es una contradicción en los términos y es un violento oxímoron antidemocrático, pues son las balas y los poderes de facto [4] los que deciden quiénes gobiernan y no los ciudadanos en las urnas. En Estados Unidos, el último magnicidio presidencial fue en 1963 cuando el vicepresidente Lyndon B. Johnson sucedió al sacrificado John F Kennedy. Pero a dicho magnicidio, siguieron los de su hermano Robert Kennedy y el del líder de los derechos civiles, Martin Luther King. Derechos civiles sin los cuales la democracia norteamericana era una mascarada, pues negaba el principio de igualdad para la población negra, como todavía sucede en la realidad para la mayoría de sus miembros. <br><br>Especialmente en el respeto a sus vidas por parte de algunos agentes del Orden, para quienes ser negro ya es motivo de sospecha criminal. Según informe de Human Rights Watch: “Desde 2015 hasta 2018, 3.943 personas fueron atacadas con armas de fuego y murieron a manos de policías en EE. UU., según los registros del Washington Post sobre muertes provocadas por policías. Casi una cuarta parte de las personas asesinadas eran negras, aunque los negros representan solamente el 13,4 % de la población general” [5] . Estados Unidos es “Un país bañado en sangre” [6], como se titula uno de los últimos libros de Paul Auster: “un millón y medio de norteamericanos han perdido la vida a balazos desde 1968: más muertos que la suma total de todas las muertes sufridas en guerra por este país desde que se disparó el primer tiro de la Revolución Norteamericana”, nos lo recuerda en la página 170 de su ensayo. Al respecto, es conocido el respaldo irrestricto de Trump y los republicanos a la Asociación Nacional del Rifle [7], que apoyó generosamente su campaña presidencial en el 2016 a cambio de no limitar o prohibir la venta de armas de asalto, como la que utilizó el joven Thomas Matthew Crooks [8] con la que casi acaba con su vida. Cría cuervos y te sacarán los ojos y además perforarán orejas, pero todo parece indicar que millones de norteamericanos prefieren quedar ciegos y cerrar sus oídos para siempre, antes de renunciar al derecho de poseer y portar armas que les concede la segunda enmienda de su Constitución [9] .<br><br><strong>Hannah Arendt Vs la criminalidad presidencial</strong><br><br>Comentando el magnicidio de John F Kennedy, Hannah Arendt, en una entrevista realizada por Roger Errera en octubre de 1973, afirmó: <em>“Por primera vez desde hacia mucho tiempo en la historia americana, un crimen directo logró influir sobre los procesos políticos, perturbándolos…Pero, para volver a las cuestiones generales: entre las peculiaridades de nuestra época figura también la irrupción masiva del crimen en los procesos políticos”</em>, refiriéndose obviamente al holocausto. En parte como reacción a esa violencia política magnicida y sus guerras de intervención, desde entonces en Estados Unidos, continúa Arendt: <em>“la seguridad nacional se coloca en primer plano y es invocada para justificar todo tipo de crímenes”,</em> entonces <em>“el presidente siempre tiene razón… No puede hacer nada incorrecto. Es decir, es un monarca en una república. Está por encima de la ley y, haga lo que haga, siempre puede justificarlo diciendo que tal cosa ocurre en aras de la seguridad nacional”</em>, como en efecto lo hizo Nixon declarando la<em> “guerra contra las drogas”,</em> cada día más errática e interminable. Esa <em>“infalible”</em> inmunidad presidencial es la que acaba de ratificar la Corte Suprema de Justicia [10] norteamericana con su providencia sobre la inmunidad presidencial en desarrollo de actos oficiales. Habilita así a Donald Trump para ocupar de nuevo la Casa Blanca, pues durante la toma del Capitolio desempeñaba esas funciones presidenciales. En otras palabras, la inmunidad presidencial otorgada por el alto tribunal consagra la impunidad criminal de Trump quien, de ganar las elecciones, estará al mando del Estado militarmente más poderoso y destructivo del planeta. Sin duda, una situación temeraria para la seguridad mundial y la misma supervivencia de la humanidad, que supera todas las ficciones políticas y policíacas. Incluso hasta la apocalíptica cinta de Netflix <em>“Dejar el mundo atrás” </em>[11], de la que fueron productores los esposos Obama, y pronóstica la guerra civil en Norteamérica como consecuencia de la desinformación algorítmica que explota la desconfianza, xenofobia y el belicismo de las milicias de extrema derecha, las retaguardias sociales y políticas de Trump, como lo vimos en la toma al Capitolio.<br><br><strong>Trump y Putin, viejos mejores amigos</strong><br><br>Siguiendo con las ficciones, podría uno imaginar, dada su cercanía con su viejo y mejor amigo Vladimir Putin, que Trump, como ya lo ha dicho, <em><strong>“terminará la guerra en Ucrania en 24 horas”</strong></em>. Es probable, entonces, que le proponga a Putin una sociedad para repartirse a Ucrania. Una posibilidad que cabe entre dos gánsteres de la política internacional, pues ambos esgrimen la <strong>“seguridad nacional”</strong> y el <strong>“enemigo interior” </strong>como la piedra angular de sus respectivos gobiernos y Estados, igual como lo hace Netanyahu, otro criminal de guerra, para eludir la justicia de su propio Estado. Así pasamos de la clásica <strong>“Razón de Estado”</strong> [12 ] a la <strong>“Razón de los criminales de Estado”</strong>, pues en aras de la <strong>“seguridad y la soberanía nacional”</strong> de sus Estados no hacen parte del Estatuto de Roma y escapan a la Corte Penal Internacional. Para comprender mejor esta deriva contra la democracia, recomiendo ver el documental <strong>“El enemigo Interior” </strong>[13], de la Deustche Welle, que revela precisamente como los seguidores de Trump –la mayoría veteranos de guerra&#8211; hacen de la apología de la violencia su principal argumento contra la aceptación de los resultados electorales. Precisamente por ello es imperioso y vital condenar el criminal atentado contra Trump. Pues de no hacerlo, se estaría aceptando que el poder nace de la punta del fusil y no de la palabra y la voluntad ciudadana expresadas libremente en las urnas, más allá de la manipulación y del miedo a un supuesto <strong>“enemigo interior”,</strong> formado por los emigrantes y aquellos que se oponen y critican esos falsos discursos patrioteros y chovinistas de todas las derechas. Discursos, en últimas, sustentados en la defensa de supuestas razas superiores y sus privilegios sociales. Tal el trasfondo de <strong>“Make America Great Again”</strong> [14] . Entonces probablemente la política internacional se parezca cada vez más a una película del Oeste, pero con pistoleros que portan armas de destrucción masiva. Podría ser la última película para millones de personas atrapadas en medio del fuego cruzado, incluso para sus protagonistas y cientos de actores de reparto, que se creen figuras históricas y no pasan de ser fantoches criminales de guerra: Trump, Putin y Netanyahu, quienes ordenan asesinar indiscriminadamente en nombre de la <strong>“Seguridad Nacional y la Soberanía”</strong> de sus respectivos Estados.<br><br><br>[1] <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Esc%C3%A1ndalo_Watergate">https://es.wikipedia.org/wiki/Esc%C3%A1ndalo_Watergate</a></p>



<p>[2] <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-55568590">https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-55568590</a></p>



<p>[3] <a href="https://cnnespanol.cnn.com/2024/05/30/34-cargos-declararon-culpable-donald-trump-orix/">https://cnnespanol.cnn.com/2024/05/30/34-cargos-declararon-culpable-donald-trump-orix/</a></p>



<p>[4] <a href="https://core.ac.uk/download/pdf/52202463.pdf">https://core.ac.uk/download/pdf/52202463.pdf</a><br>[5] <a href="https://www.hrw.org/es/news/2019/09/12/ee-uu-como-el-abuso-y-la-parcialidad-de-la-policia-destruyen-vidas">https://www.hrw.org/es/news/2019/09/12/ee-uu-como-el-abuso-y-la-parcialidad-de-la-policia-destruyen-vidas</a></p>



<p>[6] <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Dlaz7kJ40I0">https://www.youtube.com/watch?v=Dlaz7kJ40I0</a></p>



<p>[7] <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61560239">https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61560239</a></p>



<p>[8] <a href="https://es-us.noticias.yahoo.com/thomas-matthew-crooks-atacante-dispar%C3%B3-090129564.html">https://es-us.noticias.yahoo.com/thomas-matthew-crooks-atacante-dispar%C3%B3-090129564.html</a></p>



<p>[9] <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Enmienda_a_la_Constituci%C3%B3n_de_los_Estados_Unidos">https://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Enmienda_a_la_Constituci%C3%B3n_de_los_Estados_Unidos</a></p>



<p>[10] <a href="https://www.nytimes.com/es/2024/07/04/espanol/fallo-corte-suprema-trump-que-dice.html">https://www.nytimes.com/es/2024/07/04/espanol/fallo-corte-suprema-trump-que-dice.html</a></p>



<p>[11] <a href="https://co.video.search.yahoo.com/search/video?fr=mcafee&amp;ei=UTF-8&amp;p=dejar+el+mundo+atr%C3%A1s+pel%C3%ADcula&amp;type=E210CO1490G0#id=4&amp;vid=cfb6031f4ea0e5a025b51025bfd63cb4&amp;action=view">https://co.video.search.yahoo.com/search/video?fr=mcafee&amp;ei=UTF-8&amp;p=dejar+el+mundo+atr%C3%A1s+pel%C3%ADcula&amp;type=E210CO1490G0#id=4&amp;vid=cfb6031f4ea0e5a025b51025bfd63cb4&amp;action=view</a></p>



<p>[12] <a href="https://economipedia.com/definiciones/razon-de-estado.html">https://economipedia.com/definiciones/razon-de-estado.html</a></p>



<p>[13] <a href="https://www.youtube.com/watch?v=m1Us0Kid27Y">https://www.youtube.com/watch?v=m1Us0Kid27Y</a></p>



<p>[14] <a href="https://elpais.com/cultura/2016/11/22/actualidad/1479844381_053085.html">https://elpais.com/cultura/2016/11/22/actualidad/1479844381_053085.html</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103421</guid>
        <pubDate>Sun, 21 Jul 2024 13:13:58 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/21075043/Captura-de-pantalla-2024-07-21-a-las-14.50.14.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[¿Es una campaña presidencial o una película del Oeste?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Festival de cine italiano en Bogotá y Medellín</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/festival-de-cine-italiano-en-bogota-y-medellin/</link>
        <description><![CDATA[<p>Entre la selección de Italian Screens 2024 se encuentra el documental Umberto Eco: La biblioteca del mondo y la mirada de las directoras Paola Cortellesi, Alice Rohrwacher y Margherita Vicario. Por otra parte, los personajes masculinos exploran la pérdida y la búsqueda de su humanidad.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
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<p>Llega a Colombia la segunda edición de <strong>Italian Screens</strong>, un festival cinematográfico que proyecta diez <strong>películas italianas contemporáneas</strong> (nueve largometrajes y un documental).</p>



<p>Italian Screens se puede disfrutar en <strong>Bogotá</strong> entre el 29 de junio y el 7 de julio en la Cinemateca de Bogotá; y en <strong>Medellín</strong> entre el 11 y el 14 de julio en el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM).</p>



<p><strong>Alessandra Merlo</strong>, literata, teórica del cine y profesora asociada del Departamento de Lenguas y Culturas de la Universidad de Los Andes, y encargada de hacer la curaduría de la muestra, comenta &#8220;nos gustaría destacar no solo la presencia de dos de los más reconocidos directores del cine italiano, <strong>Marco Bellocchio</strong> y <strong>Nanni Moretti</strong>, sino la inclusión en el festival de <strong>tres mujeres directoras</strong>, cuyas obras nos hablan a través de una poderosa mirada femenina&#8221;.</p>



<p>Por un lado, está <strong>Margherita Vicario</strong>, que con su ópera prima <strong>Gloria!</strong> ofrece una reivindicación femenina y musical absolutamente original.</p>



<p>Por su parte, <strong>Alice Rohrwacher</strong>, una de las cineastas más amadas por el público cinéfilo, está presente con <strong>La quimera</strong>, la última parte de la trilogía iniciada con <strong>El país de las maravillas</strong> y <strong>Lazzaro felice</strong>.</p>



<p>Finalmente, el público colombiano puede ser testigo del debut de la actriz y ahora directora <strong>Paola Cortellesi</strong> en <strong>Siempre nos quedará mañana</strong>.</p>



<p>En <strong>Italian Screens 2024 </strong>también están programadas <strong>El secuestro del papa (Rapito)</strong> del director y guionista Marco Bellocchio y <strong>Lo mejor está por venir (Il Sol dell’Avvenire)</strong> de Nanni Moretti, director y actor. En esta edición, varios títulos presentan personajes masculinos que exploran la pérdida y la búsqueda de su humanidad.</p>



<p><strong>Italian Screens </strong>es una iniciativa liderada porRoberto Stabile, quien se desempeña como jefe de proyectos en la Dirección General de Cine y Audiovisual del Ministerio de Cultura de Cinecittà, y tiene como objetivo impulsar y promover el cine italiano contemporáneo en el mundo y servir como plataforma para incentivar su distribución con el soporte del Film Distribution Fund.</p>



<p>Este proyecto también se lleva a cabo en colaboración con el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Cooperación Internacional Italiana y se realiza en Colombia gracias a la suma de esfuerzos con la Embajada de Italia en Colombia, el Istituto Italiano di Cultura de Bogotá, el Bogotá Audiovisual Market &#8211; BAM, la Cinemateca de Bogotá y el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe title="Trailer ITALIAN SCREENS 2024" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/m5sxadFC7o0?list=PLxTH_5ayUz3FuWavVnq8tlZaYBi_yjGQY" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p><strong><u>Las películas</u></strong></p>



<p><strong>Umberto Eco: La biblioteca del mondo</strong> de Davide Ferrario (2022).</p>



<p>En este documental, Umberto Eco abre las puertas de su inmensa biblioteca en un documental único que es un homenaje a su obra y al placer de compartir la lectura y el conocimiento.</p>



<p><strong>Siempre nos quedará mañana (C’è ancora domani)</strong> de Paola Cortellesi, 2023</p>



<p>Todo lo que Delia ha querido siempre ha sido ser esposa y madre. Vive en Roma a finales de la década de 1940, una ciudad dividida entre el impulso positivo de la liberación y las miserias de la guerra que acaba de terminar, con su esposo, Ivano, y sus tres hijos. Ivano puede ser un amo severo; su padre aún más.</p>



<p><strong>La quimera (La chimera)</strong> de Alice Rohrwacher, 2023</p>



<p>Cada uno persigue su quimera, sin lograr atraparla nunca. Para algunos es el sueño de la riqueza fácil, para otros la búsqueda de un amor ideal… Al regresar a una pequeña ciudad en el mar Tirreno, Arthur encuentra de nuevo a su desdichada banda de saqueadores, ladrones de tesoros etruscos y maravillas arqueológicas. Arthur tiene un don que pone al servicio de la banda: siente el vacío. El vacío de la tierra en la que yacen los vestigios de un mundo pasado. El mismo vacío que dejó en él el recuerdo de su amor perdido, Beniamina. En un viaje aventurero entre vivos y muertos, entre bosques y ciudades, entre fiestas y soledades, se desarrollan los destinos entrelazados de estos personajes, todos en busca de la Quimera.</p>



<p><strong>Gloria!</strong> de Margherita Vicario, 2024</p>



<p>Ambientado en un internado femenino en la Venecia de finales del siglo XVIII, Gloria! narra la historia de Teresa, una joven de talento visionario que, junto con un grupo de músicas extraordinarias, trasciende los siglos y desafía los antiguos cánones del Ancien Régime inventando una música rebelde, ligera y moderna. ¡Pop!</p>



<p><strong>El secuestro del papa (Rapito)</strong> de Marco Bellocchio, 2023.</p>



<p>En 1858, en el barrio judío de Bolonia, los soldados del Papa irrumpen en la casa de la familia Mortara. Por orden del cardenal, van a buscar a Edgardo, su hijo de siete años. Según las declaraciones de una criada el niño había sido secretamente bautizado. La ley papal es inapelable: debe recibir una educación católica. Los padres de Edgardo, consternados, harán todo lo posible por recuperar a su hijo. Apoyada por la opinión pública y la comunidad judía internacional, la batalla de los Mortara pronto adquiere una dimensión política. Pero el Papa se niega a devolver al niño. Mientras Edgardo crece en la fe católica, el poder temporal de la Iglesia llega a su fin y las tropas saboyanas conquistan Roma.</p>



<p><strong>Lo mejor está por venir (Il Sol dell’Avvenire)</strong> de Nanni Moretti, 2023</p>



<p>La película que está dirigiendo Giovanni, personaje interpretado por el propio Nanni Moretti, se sitúa en la época de la invasión soviética de Hungría. Él cree firmemente en este proyecto y está seguro de que es necesario contar la historia del Partido Comunista Italiano de la época, y cómo este perdió la oportunidad de romper con la Unión Soviética para finalmente tomar un camino independiente. Sin embargo, nadie más recuerda esos acontecimientos, el mundo ha cambiado y la manera de hacer películas también. Mientras Giovanni está convencido de hacer una película política, su actriz piensa lo contrario: según ella, Giovanni está haciendo una película de amor y no se da cuenta de ello, y puede que ella tenga razón.</p>



<p><strong>Lubo</strong> de Giorgio Diritti, 2023</p>



<p>Lubo es un nómada, un artista callejero que en 1939 es llamado al ejército suizo para defender las fronteras nacionales del riesgo de una invasión alemana. Poco tiempo después descubre que su esposa ha muerto en un intento de impedir que los gendarmes se lleven a sus tres hijos pequeños, arrancados de la familia debido a su origen jenízaro, según el programa de reeducación nacional para niños de la calle (Hilfswerk für die Kinder der Landstrasse). Lubo sabe que no tendrá paz hasta que encuentre a sus hijos y obtenga justicia por su historia y la de todos los diferentes como él.</p>



<p><strong>Scarlet (L’Envol) </strong>dePietro Marcello, 2022</p>



<p>Juliette creció sola con su padre Raphaël en el norte de Francia. Él un veterano de la Primera Guerra Mundial. La niña, apasionada por el canto y la música, conoce en un verano a un mago que le promete que unas velas escarlatas algún día la sacarán de su pueblo. Juliette nunca dejó de creer en esta profecía.</p>



<p><strong>Disco Boy </strong>de Giacomo Abbruzzese, 2023</p>



<p>Aleksei, un bielorruso fugándose de su pasado, llega a París y se enlista en la Legión Extranjera para obtener un pasaporte francés. En el delta del Níger, Jomo, un joven revolucionario, lucha contra las compañías petroleras que han devastado su pueblo. Su hermana Udoka sueña con escapar, consciente de que todo está perdido. Sus destinos se entrelazarán más allá de las fronteras, de la vida y de la muerte.</p>



<p><strong>Adagio</strong> de Stefano Sollima, 2023</p>



<p>Manuel, un chico de dieciséis años, intenta disfrutar de la vida como puede mientras cuida de su anciano padre. Víctima de un chantaje, va a una fiesta para tomar algunas fotos a un misterioso individuo, pero, sintiéndose engañado, decide huir. Se encuentra así perseguido por los chantajistas, quienes resultan ser extremadamente peligrosos y determinados a eliminar lo que consideran un testigo incómodo. Manuel se da cuenta de que está atrapado en algo más grande que él y se verá obligado a buscar protección con dos excriminales, viejos conocidos de su padre.</p>



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<p><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> – <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">@LiarteconArte </a> </p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=102409</guid>
        <pubDate>Wed, 26 Jun 2024 16:04:57 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/06/26105941/Italian_Sreens_Liarte24.png" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Festival de cine italiano en Bogotá y Medellín]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>LO QUE CALLAMOS LOS DIPLOMÁTICOS*</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/lo-callamos-los-diplomaticos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Veía hace poco una entrevista hecha a una diplomática en un contexto de guerra, una diplomática de carrera. En un momento, hacia el final de la entrevista, se escucha claramente cómo se le quiebra la voz. Era natural, dada la situación. En su larga carrera, no era su primera entrevista y siempre ha tenido un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Veía hace poco una entrevista hecha a una diplomática en un contexto de guerra, una diplomática de carrera. En un momento, hacia el final de la entrevista, se escucha claramente cómo se le quiebra la voz. Era natural, dada la situación. En su larga carrera, no era su primera entrevista y siempre ha tenido un excelente manejo de medios; sin embargo, en este caso particular algunos comentarios negativos, especialmente de los propios colegas, no faltaron. Unos eran típicamente machistas, pero la mayoría se referían a lo supuestamente impropio que era ese atisbo de humanidad en una diplomática. Otros, consideraban justificado ese quebranto. Personalmente lo considero no solo justificado, sino necesario, y hasta recomendable. Intentaré explicarme.<span id="more-97021"></span></p>
<p>No deja de ser curioso constatar que la mayoría de los diplomáticos profesionales hacen pocas publicaciones respecto a su trabajo y es más frecuente que lo hagan cuando se encuentran iniciando la carrera diplomática, e incluso en esas etapas suelen publicar más cosas curiosas de los lugares y acontecimientos que directamente de lo sustantivo de su labor. Es comprensible que en esas etapas uno esté más entusiasmado por publicar debido a la novedad del oficio. Lo mismo ocurre en casi cualquier carrera: un cirujano recién graduado suele tener más interés en publicar fotos de sus cirugías que un cirujano veterano. No se trata de que se haya perdido el interés en el oficio, solo que ya no es una novedad, es una realidad que uno viene ejerciendo cada día durante años.</p>
<p>En el caso de la carrera diplomática, existe otro elemento significativo que restringe nuestra participación en espacios públicos: estamos limitados por ley para expresar opiniones que puedan comprometer la política exterior de nuestro país. En el caso colombiano, específicamente el Decreto Ley 274 de 2000 (que regula el Servicio Exterior) establece en su artículo 81. <em>Prohibiciones Especiales </em>que “<em>Además de las prohibiciones establecidas para los empleados públicos del orden nacional, a los funcionarios pertenecientes a la Carrera Diplomática y Consular y, en general, a los funcionarios del servicio exterior, les está prohibido expresamente: (…) </em></p>
<ol>
<li><em>Hacer declaraciones, revelar asuntos tramitados o de los que hubiere tenido conocimiento por razón de sus funciones, sin la autorización del superior respectivo.</em></li>
</ol>
<p>Esa es una de las razones por la que los diplomáticos de carrera nos dedicamos a hacer nuestro trabajo en la sombra. Construimos documentos por medio de una cuidadosa labor de investigación y consulta con diferentes entidades, realizamos arduas negociaciones con detalles técnicos bizantinos, proporcionamos toda clase de asistencia consular a nuestros connacionales, hacemos todo tipo de trabajos imaginables en las condiciones más inusuales y casi nunca se nos da crédito por ello. Lo que llega a las noticias y redes es el resultado final de un proceso que nosotros realizamos detrás de cámaras. La firma del tratado, la cumbre, la ceremonia, el evento en el que se estrechan las manos y se toman las fotos, son la culminación de una labor que hacemos casi en secreto.</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-97022 alignleft" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images.jpg" alt="" width="275" height="183" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images.jpg 275w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/10/images-150x100.jpg 150w" sizes="(max-width: 275px) 100vw, 275px" /></p>
<p>La curiosa excepción de facto a esta regla se puede encontrar con frecuencia en los diplomáticos que no son de carrera, usualmente políticos. Estos sí suelen dedicarse a publicar todo lo que hacen y lo que no hacen. Es comprensible: mientras los funcionarios de carrera (de todas las carreras en general) podemos dedicarnos a trabajar por el futuro de nuestro país, los políticos tienen que dedicarse a trabajar por el futuro de las elecciones. Su trabajo depende de estas. Así que deben esforzarse por hacer publicidad y propaganda constantemente, dedican su vida a ello.</p>
<p>Dos problemas surgen de esta excepción: el primero es que estas personas terminan saltándose la ley impunemente en muchas ocasiones. A pesar de que no es infrecuente que se extralimiten en sus comentarios, rara vez sufren alguna consecuencia por ello, y cuando la sufren, normalmente es mediante una amonestación simbólica o una simple reinducción que se completa en un par de horas y a la que ni siquiera asisten. Caso contrario al de los diplomáticos de carrera que sí nos vemos sometidos a procesos disciplinarios estrictos por cualquier motivo.</p>
<p>El segundo problema es que, al estar publicando sobre la diplomacia (a pesar de que no deben hacerlo), son ellos los que terminan construyendo un imaginario en torno a lo que es ser diplomático, un imaginario distorsionado y muchas veces nocivo. Terminan construyendo esa idea solemne y elitista del diplomático distanciado de la cotidianidad que poco tiene que ver con la realidad. Un imaginario superfluo que a veces los mismos diplomáticos terminamos comprando innecesariamente.</p>
<p>Los diplomáticos somos servidores públicos y, por definición, los servidores públicos se dedican a servir, especialmente aquellos que optaron por convertir su vocación de servicio en una carrera. Cada rama del sector público tiene sus particularidades y condiciones especiales, los maestros, los administradores públicos, los militares, cada carrera es importante y necesaria. Nos diferencian las circunstancias, en nuestro caso, principalmente, la misionalidad fuera del país, pero nos une una misma característica: la entrega al servicio.</p>
<p>Nos diferencian, también, cosas como la provisionalidad. A nadie se le ocurriría nombrar líder de un comando de asalto a una persona sin experiencia militar, pero pareciera normal nombrar líder de una misión a una persona sin experiencia diplomática. Además, casi nadie se pone a opinar sobre la forma de conducir una misión militar en la selva, pero todo el mundo quiere opinar sobre cómo conducir una misión diplomática en el exterior, aunque el desconocimiento sea el mismo.</p>
<p>Es terrible la encrucijada en la que nos pone el dilema respecto al manejo de la información. Nuestra restricción específica no es un capricho normativo. Tiene sentido que no opinemos abiertamente sobre los temas de nuestro trabajo porque podemos comprometer nuestra misión y con ella los intereses de nuestro país; cualquier diplomático lo sabe. Lo contradictorio es que aprendemos mucho en nuestra labor y todo ese conocimiento queda velado por nuestro deber mientras vemos cómo un ejército de opinadores se dedica a pontificar sobre lo que hacemos. Algunos intentamos cerrar esa brecha desde la academia haciendo un cuidadoso ejercicio de curaduría respecto a aquello que podemos comunicar y aquello que debemos reservarnos. La Asociación Diplomática y Consular, en particular, dedica un gran esfuerzo no solo a posicionar la experticia de nuestros diplomáticos de carrera, sino a gestionar ese conocimiento para hacerlo útil para el público. Nuestra revista Orbis es una de las herramientas que usamos para ello.</p>
<p>Sin embargo, más allá de la expresión pública o no de nuestro trabajo, es nuestra propia naturaleza humana la que muchas veces se ve afectada por esa asimetría comunicativa. Frente al estereotipo artificial que se ha construido en torno a la figura del diplomático, pareciera que no podemos atrevernos a ser humanos por tratar de entrar en un encorsetado paradigma de comportamiento alienante. Nuestra reserva es tomada como ignorancia o desinterés muchas veces, y nuestra humanidad se señala como muestra de debilidad o de desviación punible.</p>
<p>Alguna vez estuve en un búnker -Refugio antibombas- con otros diplomáticos mientras escuchábamos a lo lejos explosiones. El búnker estaba fuera de nuestras oficinas y alguien había tenido la curiosa idea de instalar una mesa de billar, así que nos dedicábamos a jugar torpe y alegremente mientras afuera el mundo parecía caerse a pedazos. Una explosión se escuchó cerca y alguno dijo “¿Sintieron el bum?” a lo que otra persona replicó “Y no es de este perreo intenso”, comentario ante el cual tuvimos para reírnos un rato.</p>
<p>Sé que las personas que estuvieron en esa situación no querrían que mencionara sus nombres ni que siquiera mencionara que ocurrió el hecho. ¿Por qué? No porque ellos consideren que fue algo malo, sino porque sabemos que estaríamos en la palestra pública por algo así. No es difícil imaginar los cuestionamientos ¿Cómo se les ocurre jugar billar mientras afuera hay un ataque?, ¿cómo se les ocurre hacer chistes en medio de la muerte?, y, peor, ¿cómo se les ocurre saber de reguetón? Eso suena muy poco protocolario. Los diplomáticos deberían escuchar solo a Vivaldi y a Erik Satie.</p>
<p>Se trataba de gente que llevaba semanas durmiendo a retazos para enfrentar una doble crisis diplomática y consular en un ambiente de guerra, de gente que estaba luchado día y noche para sacar a sus connacionales del país y para evitar que los sacaran a ellos antes de terminar su labor. Sin embargo, no los juzgarían por eso, sino por ser humanos. Un político, por supuesto, no habría hecho esos chistes, se habría dedicado a tratar de promover una imagen de solemnidad publicitaria que le sería útil para las próximas elecciones.</p>
<p>Los diplomáticos escuchamos reguetón, nos asustamos, hacemos chistes tontos, disfrutamos de pequeños momentos en medio del caos, vamos a la playa o al museo de la ciudad que visitamos si es que tenemos media hora libre (algo que rara vez ocurre) en medio de nuestro trabajo. Mientras otra gente está en las redes tratando de destacar tanto como pueda, tratando de construir una imagen de la que vive, nosotros estamos trabajando en el frente de guerra, figurado o literal, haciendo aquello a lo que hemos dedicado nuestra vida: ayudar, servir a la gente. No necesitamos el reconocimiento que requieren otro tipo de oficios (aunque no estaría de más tenerlo), pero sí necesitamos acabar con ese imaginario nefasto para que la gente entienda que somos humanos y que pueden contar con nosotros, aunque no estemos haciendo publicidad con nuestro trabajo.</p>
<p>*Carlos Arturo García Bonilla es ingeniero de la Universidad Industrial de Santander con maestría en Educación. Primer Secretario de Carrera Diplomática y actualmente, Coordinador de Selección y Capacitación en la Academia Diplomática de la Cancillería.</p>
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        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97021</guid>
        <pubDate>Mon, 30 Oct 2023 14:53:48 +0000</pubDate>
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            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/relato-pavoroso-daniel-angel-campo-exterminio-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>“… el mundo siempre encuentra una forma de quitarnos las ganas de vivir”: Daniel Ángel, escritor colombiano. Desde la embestida de los conquistadores, Colombia no ha dejado de chorrear sangre, como si mantuviéramos  un pañuelo en una mano y en la otra una pala para enterrar los restos de la barbarie. Tras brevísimos descansos otra [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<blockquote><p><strong>“… el mundo siempre encuentra una forma de quitarnos las ganas de vivir”: Daniel Ángel, escritor colombiano. </strong></p></blockquote>
<p>Desde la embestida de los conquistadores, Colombia no ha dejado de chorrear sangre, como si mantuviéramos  un pañuelo en una mano y en la otra una pala para enterrar los restos de la barbarie. Tras brevísimos descansos otra vez nos arropa la carnicería, de frente o por la espalda: a cuchillo, a machete o a plomo, con motosierra, con fusil, con bombas incendiarias que llueven del cielo “como granizo gigante”. Quedan los muertos que flotan destajados río abajo, los muertos de nadie en las fosas comunes, los muertos colgando de los árboles con sus vientres abiertos, los muertos hechos polvo en hornos crematorios clandestinos…</p>
<p>Si fuéramos una pintura en la galería de la infamia, seríamos un camposanto donde solo hay viudas y huérfanos o un campo de concentración (recordándonos la sevicia de Hitler y su hambre por exterminar judíos), con bombas de napalm, (de las mismas que se lanzaron en 1972 durante la Guerra de Vietnam,  de la cual sobrevive <a href="https://www.nytimes.com/es/2020/02/19/espanol/opinion/fotografia-tragedias.html"><strong>la foto icónica</strong></a> de niños vietnamitas huyendo despavoridos de los bombardeos), porque cualquiera de las dos escenas delatan nuestra propia insensibilidad. Sí, leyó bien: campo de concentración y bombas de napalm, ¡pero en Colombia!</p>
<p>Vamos al principio. Se cumplen setenta años del golpe de Estado del general Gustavo Rojas Pinilla, (13 de junio de 1953), el único dictador militar que tuvo Colombia en el siglo veinte, responsable junto con los militares de los asesinatos y desapariciones de inocentes en lo que se conoció como la guerra de Villarrica, al oriente del Tolima, donde acribillaron y calcinaron a campesinos indefensos, al tiempo que godos y liberales se mataban. Destituido el dictador, los partidos tradicionales se inventaron el Frente Nacional para turnarse el poder mientras la nación continuó -y continúa- desangrándose a través del pellejo de los más débiles.</p>
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<ul>
<li><strong><em>“Fue en ese momento cuando empezamos a encontrar tantos y tantos cuerpos quemados, muchos hombres, mujeres, niños, ancianos quemados, pero vivos, y qué más íbamos a hacer nosotros sino pegarles los tiros de gracia para que no sufrieran más”. </em></strong></li>
</ul>
</blockquote>
<p>Quien mejor cuenta nuestras desgracias es el escritor Daniel Ángel (Bogotá, 1985), que transformó la historia en una novela desgarradora y cinematográfica. Con la pericia de un sabueso, buscó y rebuscó aquí y allá hasta juntar material disperso: manuscritos, fotografías, recortes de prensa, entrevistas, viajes a los escenarios reales y toda clase de mapas. Con todo, narró lo inenarrable en las 624 páginas (dos tomos) que conforman la saga de <a href="https://www.bajalibros.com/CO/Sepultar-tu-nombre-I-Sangre-en-Daniel-Angel-eBook-2179894?frstPGI3R=aHR0cHM6Ly93d3cuZ29vZ2xlLmNvbS8=">“Sepultar tu nombre”</a>, publicada por el sello editorial Seix Barral.</p>
<p>Al atravesar con sigilo la siguiente página, con la piel de gallina y sin haber superado el impacto de las imágenes anteriores, lo peor siempre está por suceder. La parábola del sufrimiento incesante.</p>
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<ul>
<li><strong><em>“Las cabezas las encontraban arrojadas en riachuelos o en medio de los potreros y sin orejas, por eso se les prohibió a los niños jugar en las riberas y a las mujeres usar su agua para cocinar”.</em></strong></li>
</ul>
</blockquote>
<p>Una vez bautizado por la pluma de Daniel Ángel, el lector no querrá escabullirse: El relato estremece y amilana; se contiene el aliento, dan ganas de llorar de impotencia, de atajar a los criminales o beber con la misma sed de venganza de los otros, mientras el horizonte se tiñe con un rojo sangre <em>“como si durante la noche hubieran masacrado a cientos de ángeles en el cielo”. </em></p>
<p>Allá donde vaya, Daniel Ángel llega con su sombrero de fieltro y una sonrisa tranquila, su pinta de profesor de literatura -que lo es-, a veces  con cigarrillo en la mano y algún poema en la maleta; parece otro  personaje de sus novelas. Sin haber cumplido los 40 años, ya es un escritor de La Violencia: “Montes de María”, “Rifles bajo la lluvia” y, la más reciente, “Sepultar tu nombre”, aparte de otra obra, “Silva”, que cuenta el último día del poeta José Asunción Silva, aquel 24 de mayo de 1896, cuando quemó su corazón de un tiro.</p>
<p>Volvamos al monte y a la ciudad, escenarios de “Sepultar tu nombre”. Cual fantasma, atravesando toda la obra, aparece Erasmo Soler, que es a la vez el Teniente <em>Sombralarga</em> y a la vez León Villa Paz. ¿Por qué? Es el misterio a desentrañar. “Sepultar tu nombre” también es la novela de amor de Ulises Villa (¿o, más bien, de sus amoríos difíciles?). —<em>“Isabel es bella, es buena y no quiero dañarla, ya suficiente tengo conmigo, con esta pulsión por autodestruirme”.</em> Es la novela sobre la búsqueda de Carlos León, su hermano que desapareció siendo niño; Carlitos pudo ser cualquiera de los más de tres mil niños que fueron separados a la fuerza de sus padres y luego desplazados, (que así lo documentó  Gabo, siendo corresponsal de guerra de <a href="https://www.elespectador.com/colombia/mas-regiones/el-drama-de-3000-ninos-desplazados-article-382272/"><strong>El Espectador</strong></a> en su propio país) pero Carlos León creció siendo víctima y victimario, como si esa dualidad explicara una identidad nacional irracional, ¿acaso congénita?, sin que podamos despojarnos de ella.</p>
<p>Todo trascurre mientras el horror anda desatado: aviones como aves metálicas que escupen salivazos de fuego, mujeres violadas a la vista de los demás, la matazón en una parroquia, muertos atravesados sobre mulas, “unos encima de otros, todos decapitados”, hombres lanzados vivos desde un puente para que se los trague el río Sumapaz, la matanza de una familia el mismo día en que la esposa daba a luz, policías envueltos en llamas a los que dejan <em>“morir abrasados para ahorrar balas”,  </em>el hombre con esquirlas de una bomba que, retorciéndose de dolor dentro de una fosa, muere al cabo de dos días <em>“porque ninguno estuvo dispuesto a darle el tiro de conmiseración”,</em> las ochos líneas de la  “Oración del odio”, las casas incineradas con gente viva en su interior, <em>“como si a esa tierra hubiera llegado el fin del mundo” </em>o caminos con “<em>cadáveres de liberales sin orejas o con el pene dentro de la boca”. </em></p>
<p>En resumidas cuentas, todas las manifestaciones posibles de la maldad y la vileza. Una lectura para los vivos y para los que todavía no han nacido. Una novela histórica que reivindica lo efímero del periodismo, llevándolo a la categoría de literatura.  Usando las palabras de Gabo, Daniel Ángel ha cumplido la misión del escritor en la tierra: <em>“ponerles los pelos de punta a sus semejantes”. </em> Pero una cosa es decirlo y otra cosa es leerlo. Leerlo para no olvidar que esto sí pasó y no debería pasar más, a ver si algún día por fin  la vida y las personas tienen un valor y se nos permite morir pero de muerte natural.</p>
<blockquote>
<ul>
<li>“La novela no estaba en los muertos de tripas sacadas, sino en los vivos que debieron sudar hielo en su escondite, sabiendo que a cada latido del corazón corrían el riesgo de que les sacaran las tripas”: <em>Gabriel García Márquez, (“Dos o tres cosas sobre la novela de La Violencia”, octubre de 1959).</em></li>
</ul>
</blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 18 Jun 2023 02:50:39 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El relato pavoroso de Daniel Ángel sobre un campo de exterminio en Colombia]]></media:description>
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        <title>Teresa de Lisieux “Santa Teresita del Niño Jesús” (1873-1897)</title>
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        <description><![CDATA[<p>María Francisca Teresa puede considerarse como una megalómana, una niña de gran fervor religioso que a través de sus escritos y oraciones nos convenció de que había nacido para ser santa. Que no importaba que su obra no fuera destacada, que en poco o nada se comparara a los actos heroicos de los más reconocidos [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>María Francisca Teresa puede considerarse como una megalómana, una niña de gran fervor religioso que a través de sus escritos y oraciones nos convenció de que había nacido para ser santa. Que no importaba que su obra no fuera destacada, que en poco o nada se comparara a los actos heroicos de los más reconocidos santos, ella, a base de sencillez, de pasión y de un deseo sincero y febril, podría aspirar a la santidad. Esta actitud, que podría ser considerada de narcisismo o de egolatría, estaba combinada con una destacada humildad, y que podría confundirse también con un complejo de inferioridad, producto de esa simpleza anónima a la que quiso consagrarse. Sea como sea, lo cierto es que, Teresa de Lisieux, es una de las santas más reconocidas y veneradas, y su imagen ha sido idealizada y romantizada como una figura candorosa, virginal, absolutamente entregada a sus creencias religiosas. La familia tuvo nueve hijos, de los cuales apenas cinco mujeres superaron la edad adulta, y todas ellas se consagrarían a la vida religiosa. Siendo Teresita la menor de ellas, fue normal que desde muy temprana edad comenzara una tremenda ansiedad por iniciar su vida religiosa, sintiendo desde niña que su vocación definitivamente estaba en seguir la de sus hermanas, y contemplando este destino como el que Jesús mismo le había prefijado. Se dice que a los dos meses de haber nacido, Teresita estuvo a punto de morir, pero que logró sobreponerse para convertirse en una niña a la que se le describe como inquieta, curiosa, además de muy sensible y propensa al llanto. En sus memorias Teresa nos confiesa que tuvo una infancia feliz, y que creció bajo el influjo y ejemplo de sus hermanas, así como el par de “modelos de santidad” que representaban sus padres. A los cinco años Teresa perdió a su madre, y años después relatará así sus sentimientos: “Desde que mamá murió, mi alegría característica cambió completamente; yo que era tan viva, tan expansiva, me convertí en tímida y dulce, sensible al exceso.” En 1877 el padre se muda con sus hijas a la ciudad de Lisieux. En 1880 Teresita se confiesa por primera vez, y unos años más tarde recibirá el anhelado sacramento de la comunión en el colegio de las Benedictinas. “Fue un beso de amor, me sentí amada, y le dije también: ‘Te amo, me entrego a ti para siempre’.” A partir de este momento comenzará lo que Teresa define como la “segunda etapa” de su vida, marcada por una tendencia a la congoja, la desolación y la pesadumbre, y consolada por la “querida Celina”, la menor de sus hermanas, cuatro años mayor que ella. Teresa se aficiona por la lectura, novelas caballerescas, y especialmente genera una admiración por Juana de Arco, quien para entonces ya estaba en proceso de ser canonizada por la iglesia católica. Se convence que, al igual que su heroína, a ella también le corresponderían grandes batallas y la misma gloria de Juana; anhelaba también su sufrimiento, el ardor de la hoguera. Cuando tenía nueve años, su hermana mayor, María, había abandonado la casa para mudarse al convento de El Carmelo Descalzo, y unos años después la siguió Paulina, y un tiempo después seguirá Leonia, quien se inclinó por la Orden de la Visitación de Caen. Estas deserciones no sólo llenaban de ansiedad a Teresa por querer seguir a sus hermanas, sino que la sumían en una tremenda tristeza al experimentar la ausencia de cada una de ellas. A sus catorce años, un domingo cualquiera, Teresita no se aguantó más las ganas y se presentó ante la Madre Superiora de El Carmelo Descalzo para pedirle que la dejara ingresar, y a pesar de que aún le faltaban dos años para alcanzar la edad mínima de ingreso. La Madre María de Gonzaga le dejó en claro que no sería posible, pero le dijo unas palabras que Teresa recordará como “una delicadeza de mi amado Niño Jesús.” La Superiora le dijo: “Cuando vengas a vivir con nosotras, mi querida hija, os llamaréis Teresa del Niño Jesús.” Debido a esta negativa, y a su capricho obsesivo, la devota adolescente desarrolló algunos trastornos que la llevaban a experimentar fuertes jaquecas, dolores en el pecho, falta de apetito e insomnio. Padece algunos ataques neuróticos y nerviosos, su humor se torna agresivo, experimenta alucinaciones y temblores. Su padre y sus hermanas se preocupan al extremo, incluso la dan por moribunda, pero un día repentinamente la niña se despierta con los ánimos renovados, y con esos nuevos bríos declara que todo se trató de un milagro divino. “La Santísima Virgen me ha sonreído. ¡Qué feliz soy!”, declaró. Pero pasado un tiempo volverá a recaer en esta “terrible enfermedad de los escrúpulos”, achacándoselo a sus culpas, sus tormentos, su sensación de pecado, sus pensamientos “extravagantes.” Teresa se refugia en su hermana y omite a sus confesores su “fea enfermedad”, y también se aferra a rezarle a sus cuatro hermanos muertos. “Me di cuenta de que si era amada en la tierra, también lo era en el cielo”, escribió respecto a estas plegarias celestiales. En 1886 comenzará lo que sería su “tercera etapa”, la que destacaría como “la más bella”, y empezaría el día de Nochebuena, a la que llamaría la “Noche de mi conversión”, cuando recibió el regalo de Navidad y sintió repentinamente que recibía la gracia del Niño Jesús, recuperando “la fortaleza que había perdido” luego de que muriera su madre. “Desde esa noche bendita, ya no fui derrotada en ningún combate, en lugar de eso fui de victoria en victoria y comencé, por así decirlo, una carrera de gigantes.” Pasado poco tiempo de haber recibido lo que también llamó en sus diarios como la “gran gracia de la Navidad”, Teresita se interesó por un asesino que había sido condenado a muerte, y se acercó a él, queriendo iniciar su apostolado con la conversión de un hombre al que le quedaban los días contados. Ofreció en su nombre varias misas e hizo sacrificios, esperando que el asesino se arrepintiera de sus crímenes antes de ser ejecutado. El condenado se negó a confesarse antes de su cita con el verdugo, pero según le contaron a Teresa, el desdichado besó un crucifijo que llevaba en su mano antes de perder la cabeza. Esto sería suficiente para que Teresa sintiera que su labor había sido cumplida, y es entonces cuando decide compartir con su padre su vocación religiosa, quien se mostró agradecido con el destino de su descendencia, ya que Dios le había hecho “el honor de llamar a todas sus hijas.” Sin embargo Teresa todavía no contaba con la edad requerida, y ante el afán de esta monja precoz el padre tuvo que solicitar una cita con el obispo. La petición no pudo ser aprobada por este, ya que semejante concesión solamente podría otorgarla el mismísimo Papa. Y fue así como el padre se enteró de una peregrinación con destino a Roma, con ocasión del Jubileo sacerdotal del Papa León XIII, y que estaba a punto de partir, y sin vacilar se unió a la caravana llevándose a sus dos hijas menores. Teresa sería la más pequeña entre una cantidad de peregrinos que antes de llegar a la capital italiana darían un recorrido por varias ciudades del país. Durante el trayecto, Teresa tendrá contacto por vez primera con varios sacerdotes, experimentando cierta decepción al encontrarlos tan imperfectos como cualquiera, y en adelante los clérigos harán parte de sus oraciones: “En esta peregrinación comprendí que mi vocación era orar y sacrificarme por la santificación de los sacerdotes.” Celina y su hermana desobedecen las restricciones de ingreso al Coliseo, ya que la devota niña ansiaba besar la arena en donde tantos mártires derramaron su sangre, pidiéndole a Jesús padecer ese hermoso y sufrido destino del martirio. “Sentí profundamente en el alma que mi oración fue contestada”, confesaba en sus memorias. Finalmente tienen la oportunidad de estar frente a frente con el Sumo Pontífice de la iglesia, quien celebró una misa para luego permitir que los fieles le contemplaran de lejos, ya que debido a su avanzada edad el viejo monarca podría sufrir un letal agotamiento. Sin embargo Teresita fue impelida por su hermana para que se acercara a León XIII, y en un acto de rebeldía o heroicidad le confesara el motivo de su peregrinación. Teresita se animó y rompiendo el protocolo llegó hasta su Santidad para expresarle: “Santísimo Padre, tengo que pedirle una gracia muy grande.” La futura santa de la iglesia explicó en dos minutos sus motivos, a lo que el Papa respondió con una frase lacónica y que no convencería a Teresita: “Vamos a ver… ¡Entrarás si Dios lo quiere!” Esa noche le escribió la anécdota a su hermana Paulina, confesándole: “Tengo el corazón pesado.” El evento no pasó desapercibido por los demás, e incluso llegó a convertirse en noticia, publicándose un artículo en el diario <em>El Universo </em>que detallaba el particular episodio de la osada adolescente. La nota contaba que Teresita alcanzó a posar sus manos sobre las rodillas del Papa antes de que dos guardias la levantaran con delicadeza y la sacaran del recinto. Antes de regresar tendrán la oportunidad de explorar nuevas rutas y conocer distintas ciudades, y sin embargo en Teresa quedaría la sensación de que la aventura había sido un verdadero “fiasco.” A los 15 años, luego de tanto insistir, aprueban su entrada a la Orden religiosa, pero una de sus hermanas le recomienda esperar hasta la Cuaresma, tiempo que la futura monja se tomará para acabar su preparación, y a pesar de su tanta ansiedad se llegaría el día de la Anunciación, y ese 9 de abril de 1888 Teresa ingresará al monasterio de las carmelitas descalzas de Lisieux, donde ya se encontraban sus dos hermanas mayores, María y Paulina. La Madre Superiora quiso forjar el carácter de la jovencita sometiéndola a trabajos complicados, a veces humillándola y manteniendo al comienzo un distanciamiento y cierta frialdad en la relación; quería poner a prueba su vocación y, en caso de ser sincera, labrar un espíritu combativo, recio, digno de las aspiraciones que ya expresaba la joven novicia. La Madre Superiora no tuvo queja alguna, y se refería a ella como el modelo ejemplar de la religiosa más devota y entregada. Para 1889 tomó formalmente los hábitos en la capilla del monasterio y en presencia de su familia, y durante la ceremonia anunció que en adelante se rebautizaría con el nombre de “Teresa del Niño Jesús y la Santa Faz (sagrado rostro).” Para 1890 se interesa por las escrituras de San Juan de la Cruz, a quien considerará como un maestro de la espiritualidad, y reafirma la intención de sus oraciones: “Yo he venido para salvar almas y, especialmente, para orar por los sacerdotes.” En 1892 verá por última vez a su padre, ya que este moriría dos años más tarde. Ese mismo año de 1892 una epidemia de gripe asola al país, y al interior del convento se desataría la enfermedad infectando a todas sus habitantes, a excepción de Teresa y otras dos novicias que no se contagiaron del virus. Teresa cuidó de las enfermas, ganándose el cariño y el respeto de sus compañeras, y pese a lo cual cuatro novicias no lograron superar la enfermedad y acabarían muriendo. En 1894 Celina también ingresará a El Carmelo Descalzo, y Leonia se cambiará a la Orden de las carmelitas, siendo así que todas las hermanas estaban llevando su vida de religiosas bajo el mismo convento. Durante los años siguientes Teresita se consagra a la caridad y a la oración, a las actuaciones filantrópicas y a las ayudas desinteresadas en favor de los más necesitados. Se dedica a la lectura intensa de La Biblia, y en especial de los Evangelios, siendo esta una práctica poco común, ya que la mayoría de las religiosas preferían lecturas comentadas de los textos bíblicos, pero Teresa prefería consultar directamente con “la palabra de Jesús.” Su hermana Paulina, conocida en adelante como “Inés de Jesús”, es nombrada priora del convento y elige a Teresa como vicemaestra de novicias, para que sea esta quien esté a cargo de instruir a las recién ingresadas. En un intento por entretener a las nuevas novicias, Teresita redactará una pieza teatral dedicada a su idolatrada Juana de Arco, su “querida hermana”, como solía llamarla cuando se refería a ella, y que será interpretada por las novicias durante alguna festividad. Ante el tanto éxito de la función, a la “poeta de la comunidad”, como le llamaban algunas, se le encomendaría la tarea de continuar su producción dramatúrgica, y al final serían ocho las obras de teatro escritas por Teresa, y que tiempo después serían compendiadas bajo el título de <em>Recreaciones piadosas. </em>La segunda obra con seis personajes y que también estaría dedicada a Juana de Arco, titulada <em>Juana de Arco cumpliendo su misión</em>, y en la cual la misma Teresita se permitiría encarnar el rol de la heroína, y cuyo pequeño espectáculo sería inmortalizado con una foto de Teresita disfrazada de guerrera y posando junto a su hermana Celina, siendo quizás la foto más hilarante de las cuarenta y siete fotos que se conservan de la santa de Lisieux (cuatro antes de ingresar al monasterio y un par de ellas recién fallecida). Como dato curioso, a Teresita se le permitió conservar su cámara fotográfica, lo que constituía un particular privilegio. A pedido de otras religiosas, Teresita compone algunos “poemas espirituales”, además de dar inicio a sus memorias, inspirándose en El Cantar de los Cantares y dejándose llevar por su amor a Jesús, manifestando sus temores y sueños y sin “preocuparse por el estilo.” Pasados seis años en el convento Teresa sentía que estaba muy lejos de alcanzar los logros obtenidos por Teresa de Ávila o Pablo de Tarso, que sus desafíos habían sido mínimos y que tal vez no merecieran ni fueran suficientes para alcanzar la santidad. “Cuando me he parangonado a los santos, que entre ellos y yo hay la misma diferencia que hay entre una montaña, cuya cima se pierde en el cielo, y el grano de arena pisoteado por los pies de los que pasan.” Sin embargo sospechaba que la humildad y la sencillez podrían bastar para ocupar un puesto privilegiado dentro del reino celestial: “Siempre siento la misma confianza audaz para convertirme en una gran santa, porque no dependo de mis méritos, ya que no tengo ninguno…” Se considera imperfecta, pequeña, y sin embargo es en esa pequeñez, y luego de leer algunos pasajes bíblicos, en donde fundamentará su doctrina y tras la cual alcanzará el propósito de la santidad. “El ascensor que me debe elevar al cielo son tus brazos, ¡Oh Jesús! Por esto yo necesito creer, por el contrario, tengo que seguir siendo pequeña, cada vez más y más.” Esta nueva búsqueda de la espiritualidad enfocada en el trabajo anónimo, discreto y sencillo, sería descrito en sus memorias como el “caminito”, siendo las carmelitas descalzas quienes luego incorporaron y difundieron estas lecciones espirituales. “Mi caminito es el camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”, relata Teresita, y agrega: “¡El Buen Dios me hizo comprender que si mi gloria no aparece a los ojos mortales, podría llegar a ser una gran Santa!” A partir de ese momento firmará con el apelativo de “pequeña” para no olvidar su propósito de humildad. “Deseo ser santa, pero conozco mi impotencia y mi debilidad, y te pido Dios mío, que tú mismo seas mi santidad.” En 1895, durante la fiesta de la Santísima Trinidad, Teresa se ofrecerá en sacrificio a Jesús como un acto de “amor misericordioso”, y días después experimentará una suerte de epifanía que describe de la siguiente forma: “Yo estaba quemándome de amor y sentí en un minuto, ni un segundo más, que no podría aguantar más esto sin morir.” Y sin embargo a partir de ese momento Teresita comenzará a sentir una especie de vacío espiritual, y durante la Semana Santa de 1896 entrará en una época de oscuridad interior y que llamará en sus memorias como la “noche de la fe.” “Mi cielo es sonreír al Dios que adoro cuando él trata de ocultarse a mi fe.” Siente no una decepción de sus creencias, que nunca pondrá en duda, pero sí se siente como burlada por el destino, decepcionada quizás de sí misma, anhelando la muerte tempranera, y todo porque deseaba más que nada “morir por Jesús.” Pero leyendo las cartas de San Pablo, concretamente en la Primera Epístola a los Corintios, Teresa se convence de cuál es finalmente su misión en este mundo: “Por fin he encontrado mi vocación, mi vocación es el amor… Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que el amor abarca todos los tiempos y todos los lugares, en una palabra, que el amor es eterno.” En 1897, a sus 24 años, Teresa siente la proximidad de la “noche de la nada”, y escribe en su diario: “Yo creo que mi carrera no durará mucho tiempo.” Teresita empieza a padecer una enfermedad que intenta ocultar en su comunidad. Tose sangre, vomita repentinamente, le duele el pecho. La Madre Superiora y su hermana Paulina le insisten en que acabe de redactar las memorias que había comenzado en un cuadernito hacia el año de 1894, y que en sus últimos días no parará de redactar desde una silla de ruedas que perteneció a su padre. Sus memorias, conocidas como <em>L’histoire d’une âme</em> (Historia de un alma), está compuesto por una serie de manuscritos divididos en tres pequeños tomos bautizados con las primeras letras del abecedario. Compuesto de seis cuadernos, el manuscrito A habla de sus recuerdos de infancia, pero más que proponerse narrar sus anécdotas de vida, Teresita pretende hacer una biografía de su alma, y en principio bautiza sus memorias como <em>Historia de primavera de una pequeña flor blanca. </em>El manuscrito B, compuesto de epístolas y misivas que se escribió con sus familiares, amigos y miembros del clérigo, son el corazón de esta obra, y es allí donde expondrá con claridad su “pequeña doctrina” espiritual. En el manuscrito C Teresa detalla las gracias divinas que experimentó y sus conclusiones respecto a los caminos de la espiritualidad, destacándose el ya mencionado “caminito”. Sus memorias nos permiten ver el enorme conocimiento que Teresa tenía respecto a La Biblia, citando unos cuatrocientos artículos del Antiguo Testamento y alrededor de seiscientos del Nuevo Testamento. Finalmente se verá afectada por una fiebre severa que le impedirá terminar de escribir el relato de su alma. Uno de sus pulmones está obstruido y una tuberculosis en su estado más avanzado la sumirá en una penosa agonía. “Nada me produce tantas ‘pequeñas’ alegrías como las ‘pequeñas’ penas”, declaró ya moribunda. Tanto su dolor, que según alcanza a escribir, “alcanza a perder la razón.” Las novicias que le acompañaron en sus últimos días quisieron tomar apuntes de sus charlas con Teresita, recogiendo estas pláticas en un librito que luego titularon <em>Últimas conversaciones. </em>Ya Teresita tenía calculado que desde el más allá también estaría intercediendo por la salvación de las almas: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra.” Le preguntan cómo quisiera ser nombrada cuando la invoquen a través de la oración, a lo que ella responde que, sencillamente, se le conozca como “Teresita”. Le preguntan qué le dice a Jesús cuando conversa con él, y a lo que ella responde: “No le digo nada, ¡lo amo!” El dolor se intensifica y antes de claudicar pasará dos días de una infernal y dolorosa agonía: <em>“</em>Todo es pura agonía sin mezcla de consuelo.” La futura santa está preparada ya para abandonar este mundo y abrazar a su Dios: “Nunca he dado a Dios más que amor, y Él me pagará con amor. Después de mi muerte dejaré caer una lluvia de rosas.” Entrada la tarde del 30 de septiembre de 1897, Teresita dirá sus últimas palabras mientras sujeta un crucifijo entre sus manos: “Oh!, ¡le amo!&#8230; Dios mío… te amo.” Declina su cabeza sobre la almohada y cierra los ojos, pero unos instantes después recobra un último aliento, delira, entra en un éxtasis y unos minutos más tarde morirá con su mirada fija en una imagen de la Virgen María que la había acompañado siempre y que sus hermanas colgaron en la pared de la enfermería. En una de sus últimas misivas escribió: “Yo no muero, yo entro en la vida.” Fue sepultada con todos los honores en medio de un cortejo fúnebre multitudinario. Las religiosas frotaban sus pertenencias contra el ataúd, y se dice que después de cuatro días de velación su cuerpo todavía conservaba la lozanía, el color y la flexibilidad de los vivos. Fue la primera de su comunidad en ser enterrada en un cementerio que habían adquirido recientemente las carmelitas descalzas. Una vez murió, Teresita cobró una fama descomunal, y para el año siguiente <em>Historia de un alma </em>sería publicada, convirtiéndose en pocos años en uno de los clásicos espirituales más famosos, y llegando a ser traducido a más de cuarenta idiomas para inspirar la vida de miles de creyentes en todo el mundo. Cientos de peregrinos empiezan a acudir en masa para visitar el monasterio donde vivió la religiosa y orar sobre su tumba, convirtiéndose en el segundo lugar con mayor afluencia de turismo religioso en Francia, apenas superado por el Santuario de la Virgen de Lourdes, y seguido en un tercer lugar por la Basílica de Santa Teresa, edificada en su honor y que sería finalizada en 1954. Durante la Primera Guerra varios soldados franceses llevaban una versión reducida de la autobiografía de Teresita, llamada <em>Una rosa deshojada</em>, y en sus bolsillos la estampa de la religiosa como si de un escudo protector se tratara, y así la estampa con la imagen de Teresita se popularizaría por otorgarle poderes curativos y sanaciones imposibles. Durante los años que duró la Gran Guerra se reunieron casi seiscientas páginas que daban testimonios de enfermos incurables que habían recibido la sanación por medio de plegarias invocadas a Teresita. En 1914 llegaban alrededor de quinientas cartas diarias al convento, y es tanto el fanatismo que las carmelitas descalzas se vieron obligadas a instalar un rejado que protegiera la tumba de la religiosa. Para comenzar el proceso de beatificación no sólo era necesario que se patentaran dos milagros y que fueran comprobados por la iglesia, sino que además debía esperarse medio siglo; pero ante la tanta presión de los fieles el Papa San Pío X agilizó el proceso, y para 1914 ya se había introducido la causa de Sor Teresa del Niño Jesús, y en 1921 Benedicto XV promulgaría el decreto sobre sus “virtudes heroicas”. Dos casos milagrosos se presentan y son ratificados por los peritos dispuestos para la tarea de verificación. Por medio de oraciones y novenas consagradas a Teresita, un tuberculoso que estaba en las últimas y una monja que padecía una grave afección estomacal se habrían curado repentinamente, y de la noche a la mañana. Es así como Teresita será beatificada en 1923 por el Papa Pío XI, y dos años más tarde ya habrán sido corroborados otros dos milagros, y en tiempo récord Teresita de Lisieux será declarada como santa. Ante una multitud de más de medio millón de personas (suceso que no se vivía desde hacía 20 años con la coronación de Pío X), El Papa Pío XI, devoto declarado de Teresita, celebra la canonización en la Basílica de San Pedro, retomando una vieja costumbre que se había perdido hacía más de cincuenta años, al cubrir la fachada de la enorme catedral con un sinnúmero de velas de sebo. Pío X la llamaba “La Florecita”, señalando que Teresita era “la santa más grande de todos los tiempos modernos”, y también la llamó “un huracán de gloria.” Pío XI por su parte la bautizó “La estrella de mi pontificado.”<em> The New York Times </em>anuncia la esperada canonización: “Toda Roma admira la Basílica de San Pedro iluminada por una nueva santa.” En 1927 se levanta una estatua con su figura en los jardines vaticanos, y ese mismo año es proclamada patrona de los misioneros, junto a San Francisco Javier, y esto a pesar de que Teresita nunca abandonaría el convento para aventurarse a la labor del misionero. Sin embargo siempre dejó claras sus intenciones respecto al apostolado evangelizador: “Quisiera ser misionera ahora y siempre y en todas las misiones.” Para 1944 Teresita recibirá el gran honor de ser declarada como patrona de Francia junto a su “querida hermana”, Santa Juana de Arco. Y parecía que ya no podía llegar más lejos dentro del santoral católico, hasta que en 1997, y con motivo del centenario de su muerte, el Papa Juan Pablo II la declararía, junto a Santa Catalina de Siena y Santa Teresa de Ávila, como Doctora de la Iglesia Universal. El título que le concedió Juan Pablo II fue el de <em>“Doctor Amoris” </em>(“Doctora del Amor”). Años más tarde, para el 2012, se sumaría Hildegarda von Bingen como una cuarta doctora de la iglesia católica. Teresita escribió más de doscientas cincuenta cartas, más de veinte oraciones entre las que se destacan <em>La ofrenda como holocausto misericordioso, El billete de su profesión </em>y <em>La oración para alcanzar la humildad; </em>y también se probó en la poesía, dejándonos más de sesenta poemas, destacando <em>El rocío divino o la leche virginal, Vivir de amor, Mi canto de hoy, Arrojar flores, Mis armas </em>y <em>Mis deseos junto a Jesús escondido.</em> La doctrina expuesta por Santa Teresita ha servido para motivar a muchos. La humildad, el abandono o la entrega total a su Dios, tal cual lo sugiere Mateo cuando invita a negarse a sí mismo para ofrecerse a su Padre: “Me alegra ser pequeña porque sólo los niños, y los que son como ellos, serán admitidos al banquete celestial.” El modelo de Teresa fue un referente durante el Concilio Vaticano II, donde se aclaró que, al igual que Teresita, cualquier cristiano estaba llamado para aspirar a la santidad. “El amor en sí se demuestra con hechos, así que ¿cómo yo hago para mostrar mi amor?, las grandes obras me son imposibles. La única manera en que puedo demostrar mi amor es por la dispersión de flores y estas flores son cada pequeño sacrificio, cada mirada, cada palabra, y el hacer por amor hasta los actos más pequeños.” Santa Teresita del Niño Jesús, junto a San Francisco de Asís, es hoy día una de las figuras más notables y famosas dentro del santoral cristiano, y son varias las personas a través de los años que han profesado su devoción por esta santa, siendo conocido el caso de Teresa de Calcuta, quien precisamente adoptaría ese nombre en honor a la santa que tanto admiraba, o el caso de Édith Piaf, a quien nunca le faltaba la compañía de una estampita con la efigie de Teresa. La vida de Santa Teresita ha sido contada a través de libros, películas, obras teatrales y series de televisión. La iglesia celebra su fiesta el 1 de octubre.</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
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        <pubDate>Fri, 04 Nov 2022 17:53:31 +0000</pubDate>
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        <title>El desprecio a la poesía</title>
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        <description><![CDATA[<p>El desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y su amenaza a la democracia y a la Constitución «Hay mucho más consenso en el odio a la poesía que en la propia definición de lo que realmente es la poesía». Esto manifiesta Ben Lerner en su ensayo El odio a la poesía, que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>El desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y su amenaza a la democracia y a la Constitución</strong></p>
<p><figure id="attachment_73163" aria-describedby="caption-attachment-73163" style="width: 1360px" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/02/nayib-bukele-entre-los-militares-y-dios.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-73163" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/02/nayib-bukele-entre-los-militares-y-dios.jpg" alt="" width="1360" height="905" /></a><figcaption id="caption-attachment-73163" class="wp-caption-text">Nayib Bukele irrumpiendo en la Asamblea Legisativa de El Salvador. Foto: celag.org.</figcaption></figure></p>
<p>«Hay mucho más consenso en el odio a la poesía que en la propia definición de lo que realmente es la poesía». Esto manifiesta <strong>Ben Lerner</strong> en su ensayo <em>El odio a la poesía</em>, que bien pudiera ser el título de esta bagatela sobre <strong>El Salvador</strong>. El 6 de julio de 2019 llegué a ese pequeño país de corazón inmenso con destino al <a href="https://literariedad.co/category/amada-libertad/">Festival Internacional de Poesía <em>Amada Libertad</em></a>, cuyo nombre viene del seudónimo de <strong>Leyla Quintana Marxelli</strong>, poeta asesinada a la sombra del volcán de San Salvador por el ejército y quien se suma a una larga e impune lista de <a href="https://www.youtube.com/playlist?list=PLamv8f3xyKBjg6Ukn0vr3RlaEhKRFQ8OW">poetas caídos en la guerra civil de este país</a> al lado de <strong>Claudia María Jovel</strong>, por ejemplo, <strong>Alfonso Hernández</strong>, <strong>Lil Milagro Ramírez</strong>, <strong>Amílcar Colocho</strong> y el mismo <strong>Roque Dalton</strong>. El nombre de este último pasaba por mi mente en el momento de mi llegada al aeropuerto, mezclado con el insondable sonido de los pájaros de los alrededores, del verde poderoso de las riberas del Pacífico centroamericano y del olor de café que me hacía sentir como en casa; pero mi emoción se volvió aflicción y vergüenza pues, de un modo contundente, la agente de migración que me recibió, después de preguntarme por el motivo de mi viaje y de escuchar mi pudorosa respuesta, me hizo la peor pregunta que jamás nadie podrá volverme a hacer en la vida.</p>
<p>―Conque viene a un festival de poesía, entonces dígame <strong><em>qué es la poesía</em></strong>.</p>
<p>Hubiera preferido decir que el motivo de mi viaje era comer <em>pupusas</em>. Sí, así, a secas: <em>vine a comer pupusas (hermanas gemelas de las arepas de mi montaña andina) y a refocilarme en la cultura cafetera de San Salvador, tan parecida a la de mi amada Pereira</em>. Pero no, fui tan torpe de decir que escribía poesía.</p>
<p>―No sé qué es, señora― atiné a decir, angustiado. Pensé en alguna teoría, en algún autor o alguna autora cuyas palabras o versos ingeniosos me sacaran del inconveniente; sin embargo, no estaba para mentir ese día, ni para deshonrar la poesía (de la que, como ven, no tenía ni tengo hoy idea de qué es, aunque la ame sobre todas las cosas, menos sobre el amor) con una retórica absurda.</p>
<p><strong>Estuve varias horas en migración avergonzado, por primera vez en mis viajes al extranjero, debido a un motivo distinto al de ser colombiano</strong>, hasta cuando los organizadores del Festival demostraron mi inocencia y disculparon mi torpeza para que pudiera ingresar a disfrutar unos de los mejores días de mi vida. Hoy este recuerdo viene a mi mente revuelto por las recientes imágenes de<strong> los sucesos del 9 de febrero en San Salvador</strong>. El presidente de la República, un <em>millennial</em> narcisista, sultán venido a menos, gato mestizo con ínfulas de tigre, está sentado en la silla del presidente, sí, pero de la Asamblea Legislativa, rodeado por docenas de soldados y policías con chalecos antibalas y fusiles, mientras llora como un niño a quien le prohíben salir a jugar, y dice que acaba de escuchar a Dios, quien le pide sea paciente y mejor se tome la Asamblea otro día.</p>
<p>Muchas personas interrumpieron la trasmisión de los frívolos premios Óscar para ver el intento de golpe de <strong>Bukele</strong>, lo compararon con <strong>Maduro</strong> y su destreza nigromante de hablar con los pájaros; la Sala de lo Constitucional, la ONU, la  OEA, y hasta lo menos imaginado: el embajador y el congreso de Estados Unidos ―aliados del recién estrenado golpista― condenaron la actuación y coincidieron en que usar las fuerzas armadas de ese modo, así como el hecho de tomarse el Legislativo donde el sentido común le decía que no tenía competencia, era irrefutablemente anticonstitucional e iba en contra de la democracia. En resumidas cuentas, sin saberlo, en El Salvador, desde ese día, entre las 4 y las 5 de la tarde, la gente empezó a sentir miedo de que su país se volviera como <strong>Colombia</strong>.</p>
<p>El partido del presidente, <strong>Nuevas Ideas</strong>, había publicado un día antes de la toma, a las 10:16 de la noche, un mensaje, tal vez con pretensiones irónicas, acompañado por la foto del mandatario sonriente, que decía: <strong>«Si esta es la imagen de un líder <em>dictador</em> quiero que El Salvador sea gobernado con su dictadura los siguientes 30 años…»</strong> Al día siguiente, este chiste de mal gusto iba a tomar otras dimensiones cuando empezara la pataleta de <strong>Nayib Bukele</strong> literalmente con un llamado a la insurrección popular, a raíz de que los diputados rechazaran la aprobación de uno de los préstamos solicitados por el Ejecutivo, por 109 millones de dólares, para financiar un plan de seguridad con el fin tácito de bajar los homicidios armándose terriblemente para la guerra. El presupuesto de su gobierno, es preciso recordar, entre junio de 2019 y diciembre de 2020, estipula la estrafalaria cantidad de $1.134’820.000 (MIL CIENTO TREINTA Y CUATRO MILLONES, OCHOCIENTOS VEINTE MIL DÓLARES) para seguridad en un país de seis millones de habitantes. ¿En qué consiste este plan de seguridad? Nadie lo sabe. No ha sido hecha pública su metodología, solo sabemos que esa cifra absurda de dinero destinada a la compra de armas recuerda a <strong>la infame Seguridad Democrática colombiana</strong>, que tiene pendiente en este momento la identificación de doscientas mil personas civiles inocentes en fosas comunes.</p>
<p>A pesar de esto, de la terrible amenaza en que consiste Bukele para su propio país, para sus instituciones, para la cultura, la educación y otros derechos fundamentales que, por lo visto, no son parte de su plan de gobierno, intento demostrar que <strong>también es una amenaza para la poesía</strong>. Y es que el desprecio a la poesía del actual gobierno salvadoreño es descomunal. No me refiero a que crea que los poetas se encuentren amenazados como los ya referidos, sino de algo menos cruel pero de igual vileza: la manera cómo, desde su posición, este mandatario y sus servidores públicos están usando <strong>la imagen sagrada de Roque Dalton</strong> para hacer campaña. Sí, precisamente la imagen del autor de <strong><em>Un libro rojo para Lenin</em></strong>, que si fuera de alguna persona (porque su imagen no le pertenece a nadie, jamás a ningún gobierno) no sería solo de la gente de a pie de El Salvador, sino también de las gentes de espíritu libre de Latinoamérica y del mundo, porque la memoria de Roque Dalton ―quien aconsejaba: <strong>«No olvides nunca/ que los menos fascistas/ de entre los fascistas/ también son/ fascistas»</strong>― está siendo profanada por el tipo de personas que con toda su inteligencia combatió, hasta el punto de decidirse a tomar las armas y con esto perder la vida.</p>
<p>La ignominia nació con sentimientos encontrados, pues desde su cuenta de Twitter, el entonces posesionado <strong>Nayib Bukele</strong> ordenó, el 3 de junio de 2019, la destitución de <strong>Jorge Meléndez</strong>, quien había sido Director de Protección Civil durante diez años por el <strong>FMLN</strong>, a causa de estar <em>acusado del magnicidio de nuestro poeta Roque Dalton</em>; este, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=TcqQp8YgkMs&amp;feature=youtu.be">en una rueda de prensa</a>, al día siguiente, con su cinismo habitual y su silencio imbécil frente a los sucesos del 10 de mayo de 1975<em>,</em> se «defendió», apelando a la tan citada cojera de la justicia y diciendo que le parecía el colmo que quienes hicieron la guerra en su época, del lado de la <strong>ERP</strong>, sean tachados de criminales, cuando tuvieron muchos prisioneros que hoy en día son sus amigos. Por supuesto, podríamos decir, todos son sus amigos, exceptuando Roque, a quien mataron y desaparecieron.</p>
<p>Asimismo, quien más ha arrojado ingredientes oprobiosos a este asunto es la ministra de cultura, <strong>Suecy Callejas Estrada</strong>, quien, <em>gracias a la iniciativa del presidente</em>, también desde su cuenta de Twitter, ha manoseado una y otra vez la figura del poeta con su inclusión en un <em>programa</em> para publicar su obra (que ya se encuentra publicada por <a href="http://www.oceansur.com/catalogo/titulos/el-salvador-monografia">Ocean Sur</a>, por ejemplo, o por el Fondo de Cultura Económica de México y muchas otras editoriales comerciales,  artesanales y cartoneras en el mundo hispanohablante) y construir en la que fuera su casa un centro cultural, cuando es sabido que <b>el poeta ni siquiera tiene una tumba y su crimen está todavía en la impunidad.</b> La ministra, al parecer, nunca ha leído a Dalton y habrá, a lo mucho, buscado en Wikipedia una biografía suya, porque si supiera de quién se trata y hubiese leído con atención los libros <strong><em>Pobrecito poeta que era yo</em></strong>, <strong><em>Las historias prohibidas de Pulgarcito</em></strong> o el célebre <strong><em>El Salvador. Monografía</em></strong>, tendría certeza de que el poeta e intelectual, cuya figura están usando para sacar del camino a sus enemigos políticos, nunca se hubiera prestado para nada relacionado con la afectación de su gente y nunca le hubiera dado la mano ni siquiera a <em>los menos fascistas de entre los fascistas</em>.</p>
<p>La suerte está jugada en este asunto del desprecio a la poesía por parte del gobierno salvadoreño y de su amenaza a la democracia y a la Constitución. Esperemos que haya justicia y memoria con los poetas que han caído en la guerra y que Roque pueda seguir transitando la eternidad, libre como ha sido desde hace ochenta y cinco años. <strong>Esperemos que las instituciones del Estado salvadoreño que desconocen, como yo, qué es la poesía, al menos la respeten</strong>. Y confiemos que el siguiente poema de <strong>William Alfaro</strong>, uno de los grandes poetas contemporáneos de El Salvador, adquiera otra significación para la amorosa y bella gente de este país, que tiene la esperanza de no salir afectada por el sonido de los clarines marciales dispersos en el ambiente después del 9 de febrero del año que corre:</p>
<p style="text-align: center"><strong>Breve apunte sobre mi odio</strong><br />
Odio el nombre de mi país por no poder salvarme</p>
<p><a href="https://twitter.com/amguiral">@amguiral</a> en Twitter</p>
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        <author>Albeiro Guiral</author>
                    <category>El Peatón</category>
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        <pubDate>Sat, 15 Feb 2020 15:56:56 +0000</pubDate>
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