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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de catalogo+de+la+vida | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El cierre inevitable de una época</title>
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        <description><![CDATA[<p>La versión del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial se deriva del hecho irreversible de la guerra misma, cuyos resultados condujeron al diseño de una institucionalidad que mantuviera ese orden, con la ventaja de darle un poco de estabilidad a la vida entre naciones, con desbalances y desgaste que se han hecho cada [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>La versión del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial se deriva del hecho irreversible de la guerra misma, cuyos resultados condujeron al diseño de una institucionalidad que mantuviera ese orden, con la ventaja de darle un poco de estabilidad a la vida entre naciones, con desbalances y desgaste que se han hecho cada vez más ostensibles a lo largo de siete décadas.&nbsp;</p>



<p>No otra cosa que reflejo del resultado de esa guerra es la configuración del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con cinco miembros inamovibles, ganadores de la guerra, capaces de vetar lo que sea según sus intereses. Grupo arbitrario, aunque explicable, de privilegiados por derecho, que sobrepasa con exceso los poderes de la Asamblea General, relegada a un papel secundario, así en ella tengan asiento todos los 193 miembros de la Organización. De manera que los acuerdos y el derecho vinieron a reflejar realidades derivadas de la fuerza y no de la voluntad “democrática” de las naciones del mundo en condiciones de verdadera igualdad.&nbsp;</p>



<p>Desde la fundación de la ONU, y a pesar de la proclamación de fidelidad a los compromisos adquiridos en el seno de la organización, las grandes potencias han ignorado olímpica e impunemente, cuando les conviene, el mismo orden que esperan que los demás sí cumplan. Tal sucede por ejemplo con la sujeción a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, al punto que muchos otros países imitan ese comportamiento y se salen de dicha jurisdicción a su conveniencia. Lo cual es inevitable, precisamente porque los hechos terminan por imponerse sobre compromisos que de pronto quedan apenas escritos como catálogo de buenas intenciones.&nbsp;</p>



<p>Lo anterior no implica menosprecio por todos los convenios que, en Europa y otros continentes, a lo largo de milenios, introdujeron treguas en medio del desorden de las guerras. Por el contrario, resalta la importancia de que, luego de cada movimiento telúrico en las relaciones internacionales, aparezca por algún lado no solamente una tregua, sino que surjan compromisos en favor de la paz y la estabilidad, sin que sea posible proscribir para siempre el surgimiento de nuevas ambiciones y nuevas acciones depredadoras. Algo inevitable en razón de la “condición humana”, que recuerda la fábula del escorpión que, después de rogarle a un conejo que lo llevara en su mullido lomo al otro lado de una súbita corriente le clavó el aguijón, para justificar luego su horrible acción con la disculpa de que lo había hecho porque eso era inherente a su naturaleza.&nbsp;</p>



<p>El estremecimiento que vive el mundo al comenzar el año 2026 es apenas la última versión de una serie reiterada de cambios derivados de la irrupción de actores que se salen de tradiciones y compromisos, bien o mal concebidos, cumplidos a medias, y que plantean de manera escueta a los ojos de los demás problemas inusitados que existen pero nadie se atreve a mencionar, o adelantan acciones audaces que pertenecían al mundo de la fantasía, noble o perversa, con lo cual ponen al mundo en ascuas. Léase lo que se vivió en la primera parte del Siglo XX con las dos guerras mundiales, frente a las cuales lo de ahora, por complejo y aburrido que sea, es hasta ahora un intento menor de ajuste de cuentas y de buscar provecho por parte de los poderosos, como siempre.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>El celebrado discurso del primer ministro canadiense Mark Carney en Davos parece ser una buena síntesis de la situación del momento, leída en los grandes términos de la crisis de las relaciones internacionales de nuestra época. Crisis por supuesto animada por el retorno a la Casa Blanca de un personaje que entiende el ejercicio del poder político desde el punto de vista de empresario que ha venido a ajustar cuentas con amigos que sacaban gratuitamente provecho de la protección de los Estados Unidos, así como con enemigos efectivos o potenciales a los que aspira a poner en su sitio.&nbsp;&nbsp;</p>



<p>La presencia de ese personaje, con sus peculiares argumentos, sintetizados en el lema de hacer a su país “grande otra vez”, se ha hecho notar a través de reclamos lícitos como el de pedir a sus socios de la OTAN que cumplan con sus obligaciones con la organización, extravagancias como la de agredir la soberanía canadiense y amenazar la existencia misma del Canadá como Estado, o la pretensión de conquistar Groenlandia a costa de un país europeo que ha apoyado a los Estados Unidos y es miembro de la OTAN.&nbsp;</p>



<p>Si bien el proyecto aparentemente improvisado y dependiente de la pretendida genialidad de realizador de acuerdos de un presidente no ha podido producir, como lo había prometido, detener la guerra en Ucrania, propiciada por su émulo ruso también como partícipe del remezón de la vida internacional, ha logrado producir cambios interesantes en un mundo que se asfixiaba en su propia complejidad.&nbsp;</p>



<p>Los europeos se han dado cuenta de que, como lo advirtió De Gaulle, la alianza con los Estados Unidos no sería para siempre, pues podría llegar un presidente que tuviera de Europa una idea menos idílica y cultural y estratégicamente más autónoma. Por lo cual han buscado ponerse al día con la OTAN y emprender otra vez un rearme que por supuesto trae malos recuerdos, pero les da un poco de seguridad auto proveída, mientras no se dividan.</p>



<p>Poco a poco se produce un realineamiento en materia de intercambio comercial, con todos sus efectos económicos y políticos, que implica alianzas europeas con Canadá, América Latina, el Pacífico y sobre todo China.&nbsp;&nbsp;Fenómeno que marcha siempre en doble sentido, aunque en muchos casos logra mantener a China a prudente distancia respecto de sus ambiciones universales de llenar los vacíos que le vayan dejando los propios Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p>Se producen y se esperan cambios dramáticos respecto de situaciones que parecían sin salida, como la de Venezuela y la de Cuba, que podrían continuar indefinidas si no hubiera aparecido una fuerza que, así fuese animada por el poco noble pero explicable propósito de hacerse al control del petróleo, hubiese intervenido para romper con el orden establecido, que a su vez había roto con un orden anterior por la vía de la fuerza. Situación que reclama agilidad e inteligencia para evitar un orden neocolonial impuesto y perdurable, pero que significa una oportunidad de recuperación democrática deseable.&nbsp;</p>



<p>Se agita, así sea peligrosamente, una posible nueva versión del Oriente Medio, que representa al mismo tiempo oportunidad de arreglos en busca de algo de estabilidad durable, como alternativa ante la amenaza misma de una nueva catástrofe.&nbsp;</p>



<p>Se anima una nueva discusión sobre la importancia del Ártico, cada vez más descongelado, que exige definiciones propias de una época de descubrimientos por realizar y de rutas por establecer, que tendrán importancia creciente a lo largo del Siglo XXI.&nbsp;</p>



<p>Se desconfigura de hecho el sistema de Naciones Unidas, con el retiro de numerosas agencias de un actor importante, como los Estados Unidos, de manera que se hace cada vez más urgente la anhelada reforma de la Organización, para que refleje ese mundo que poco a poco se irá cuajando en medio del desorden y la angustia de tantos que piensan que vivimos el fin del mundo.&nbsp;</p>



<p>Aunque muchos de estos procesos, y la manera de tramitarlos, traigan como resultado un aislamiento y de pronto una pérdida de peso momentánea o prolongada de poder de los Estados Unidos, que pueden terminar aislados o uniendo a muchos países en su contra, lo cierto es que el gobierno de la Unión, que cumple un año en el poder, se ha convertido en el agitador del cierre de una época.&nbsp;</p>



<p>Así sea complejo el personaje que ha impulsado todo esto, y tenga menos conciencia que la de sus detractores respecto de las consecuencias de su ejercicio del poder, el mundo se ve conminado a salir de la modorra del orden de la posguerra mundial y de la post Guerra Fría. Es el cierre ineluctable de una época, como se han dado tantos otros cierres y se seguirán dando a lo largo de la historia, lentamente con el motor de pactos e instituciones, o de manera acelerada por la irrupción de actores y circunstancias que, por molestos que parezcan, también son motores de la historia.&nbsp;</p>



<p>Entonces, lejos de asustarse por la complejidad de los hechos, hay que mirar la situación como una era de cambios que ya era hora que se dieran, en lugar de seguir en medio de una tibieza tormentosa de nunca acabar. Es lo que hay y es lo que tenemos.</p>



<p>El problema de verdad, y el reto, para el mundo, y en nuestro caso en la conducción de nuestra política exterior, es el de tener la lucidez suficiente para ver cómo jugamos en ese escenario, sin salir a cazar mariposas amarillas ni a decir tonterías que no solamente nos desprestigian, sino que nos relegan a un lugar que no nos merecemos. Mientras observamos cómo termina en estos días en Washington lo del paso de la corriente súbita de un alacrán en el hombro de un conejo.&nbsp;</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
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        <pubDate>Mon, 02 Feb 2026 03:18:30 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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        <title>Fusión Caracol-La W: ¿Principio del fin de la radio informativa?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/fusion-caracol-la-w-principio-del-fin-de-la-radio-informativa/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Fue una fusión de prisa? ¿Qué desaparece: La W Radio o Caracol Radio? Tras la unificación de dos marcas, ¿será otra vez la primera cadena radial colombiana, título que ostenta la competencia (Blu Radio), según las últimas mediciones de audiencia?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-300ddea9a0d59f3bb4976048f0cb2f66"></p>



<p>A la radio informativa se le olvidó innovar. Anquilosada, se quedó en formatos que funcionaron en los años 90, sin caer en la cuenta de que estamos de cabeza en el siglo de la inteligencia artificial.&nbsp;</p>



<p>Tengo la impresión de que la fusión La W Radio—Caracol Radio fue más un trasteo entre casas: los primeros pasaron a vivir en el espacio que ocupaban los segundos. Y como no había cama para tanta gente, entre una casa y la otra, algunos inquilinos tuvieron que desalojar, y a otros, los más afortunados, los cambiaron de habitación, pero les quitaron el micrófono.</p>



<p>A mí el trasteo entre diales no me afectó porque hace rato colgué los hábitos de radioescucha.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="400" height="400" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134414/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg" alt="" class="wp-image-124785" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134414/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg 400w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134414/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134414/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ-150x150.jpg 150w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a924459a47b1358441147a0235359c0e"><strong>Carlos Ruiz, periodista.</strong> <em>“La convergencia de Caracol y La W tiene muchas razones en mi concepto.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9a631ca1154073e9c50beb058bb940b"><em>1. <strong>La Básica venía en decadencia. El director, sus compañeros de mesa, sus editoriales con tintes políticos, las preguntas con carga de opinión.&nbsp;</strong></em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f2deda16c281d003c88258134dfafa5c"><em>2. </em><em>⁠</em><em>Creatividad cero. Las innovaciones no se oían. La radio es movimiento agradable y diario para el oyente.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-cb7f7ca1f2fbe029b0369bc38f5b19f2"><em>3. </em><em>⁠</em><em>La pauta publicitaria en radio parece cada vez más esquiva.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-752050aaf0d4e1043066ce9f6bbd678f"><em>4. </em><em>⁠</em><em>Por lo anterior, los ingresos no eran suficientes para mantener una nómina costosa y con bajo retorno de la inversión.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6320aec7ffdaf89b8d8666d8077e78e"><em>5. </em><em>⁠</em><em>Julio Sánchez y su equipo hacían una buena labor en su nicho y eran un desperdicio en una frecuencia que no irradiaba su éxito a la cadena.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4a3c0c2c173ca984127f9d9b91320e92"><em>6. </em><em>⁠</em><em>Siempre he creído que unir dos frecuencias radiales con un mismo producto es un desperdicio de una de las dos emisoras o cadenas.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-66c3dca74cbb606dbb1cceba82d3997c"><em>7. </em><em>⁠</em><em>Además es un sacrificio laboral, social y profesional para mucha gente”.</em></p>



<p>Durante la pandemia pensé que escucharía más radio para sentirme acompañado. No fue así. Descubrí que al hacerlo, empeoraba mi ánimo en un momento en que el mundo esperaba lo peor, y todos, o casi todos, creíamos que seríamos la siguiente víctima del Covid-19 a la que cremarían, sin velatorio, sin rezos, sin marcha fúnebre hacia el cementerio, como ocurrió con un tío y el esposo de una prima.&nbsp;</p>



<p>Decidí entonces, en medio del encierro obligado, que había llegado la hora de apagar el transistor para cumplir mis sueños: <a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-la-mujer-que-debia-morir-el-sabado-por-la-tarde/9789584999818/p/55239477">escribir una novela</a>, hacer un blog, <a href="https://www.ivoox.com/podcast-solos-solas-soles_sq_f1918454_1.html">crear un podcast</a>, y luego <a href="https://www.spreaker.com/podcast/hola-senora-muerte--4753654">otro podcast sobre misterio y muerte</a>, aprender a cocinar, continuar con la actividad física en casa y, lo más importante, preparar la llegada de mi primera nieta.</p>



<p>—Pero ¿y cómo te las arreglas para informarte si eres periodista?, me preguntaban mis amigos.</p>



<p>Yo, un poco displicente, respondí<em>. ¿Acaso la radio es el único medio para enterarse de lo que pasa cuando pasa?</em> <em>Para eso están las redes sociales, allá desemboca todo lo que pase en este mundo bello pero a veces inmundo y cruel.</em> &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="419" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-1024x419.jpg" alt="" class="wp-image-124787" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-1024x419.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-300x123.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-768x314.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-1536x629.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134641/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3304a68aaefe7ff223ae46c08cef2967"><strong>Graciela Torres, La Negra Candela, periodista de Entretenimiento y panelista de Olímpica Stéreo:</strong> <em>“Efectivamente, en esta fusión desaparece La W y queda Caracol.&nbsp; Creo que <strong>se borra un estilo periodístico light </strong>como era La W considerado de nicho y se refuerza el masivo para todos los públicos&#8221;.</em></p>



<p>De la vieja escuela, aquellos que crecimos con la buena radio de los años 80s y 90s, muchos cerramos un ciclo como oyentes.&nbsp;Hablo por mi. </p>



<p>Me aburrí de la gritería de la mañana en algunas mesas de trabajo, de las conversaciones insulsas unas veces, de las peleas fingidas o no, y del conteo permanente de muertos, lo que dañaba mi poca paz y me mandaba a la cama intranquilo, a la espera de que en la noche saliera un monstruo del armario. Por eso lo vendí.</p>



<p>Sin bulla, sin el ruido mediático, respiré mejor. &nbsp;Encontré paz en los libros, en los talleres de literatura y en las clases de budismo y meditación Zen que empecé a tomar por Zoom y sigo tomando.</p>



<p>En conclusión, en pandemia descubrí que la radio ya no me hacía falta. El radiecito Sony ahora es una reliquia, lo mismo que el equipo de sonido, lo mismo que el televisor. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="508" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134704/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA-1024x508.jpg" alt="" class="wp-image-124789" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134704/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA-1024x508.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134704/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA-300x149.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134704/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA-768x381.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134704/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA.jpg 1451w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4334085c7d2cd37d298902d05ee4763c"><strong>Alfonso José Luna, director Red de medios Proclama del Pacífico:</strong> <em>“No creo que sea el principio del fin, porque hace tiempo transitamos ese camino; esta fusión es, más bien, la consolidación final de un modelo de negocio que ha desplazado al periodismo.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5e695eb6fa9cdac56e9cdf2b3ce129af"><em>Hay que decirlo con claridad: esto es una movida financiera, no editorial. El Grupo Prisa, como conglomerado español, no busca &#8216;mejorar la información&#8217; para los colombianos, sino optimizar sus estados financieros y centralizar el control. Al integrar a W Radio con Caracol, lo que vemos es la desaparición de la pluralidad en favor de la eficiencia corporativa. Están creando una maquinaria de ingeniería social centralizada, diseñada no para informar, sino para moldear la opinión pública y entregarla como una base de datos dócil al mejor postor político o económico.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b4b7682a7259a108eef481297734a1b2"><em><strong>La radio informativa ética, esa que enseñan en la academia y que se debe a la gente, fue superada en estas esferas hace años por el pragmatismo de mercado. </strong>Aunque estas cadenas cuentan con periodistas de innegable talento, el sistema los ha cooptado: los sueldos exorbitantes y la cercanía al poder generan una &#8216;lealtad corporativa&#8217; que eclipsa su deber con la ciudadanía. Se convierten, tristemente, en voceros del establecimiento y no en fiscalizadores del mismo.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-06c0b62b9cb5e5cbb03deed9b5e29bc0"><em>Por eso, tal como ocurrió con la fusión de RCN y La FM, queda demostrado que la verdadera reserva moral de la información ya no está en esos gigantes de Bogotá. <strong>La responsabilidad de la verdad recae ahora, exclusivamente, en los medios regionales e independientes que no hipotecamos nuestra línea editorial ante agendas extranjeras o grupos económicos”.</strong></em></p>



<p>Tengo la impresión de que la radio informativa va perdiendo su fuerza. Si dos emisoras se fusionan para convertirse en una, <a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/tarde-de-despidos-de-periodistas-en-caracol-radio-y-la-w/">después de despedir a 40 empleados</a> –no sabemos si a más-, significa que ni las audiencias ni la pauta publicitaria son suficientes para sostener el aparataje humano y técnico que supone una estación radial —mejor dicho, dos— encendida las 24 horas del día, siete días a la semana, todo el año sin un segundo de calma, ni sosiego. &nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sé de personas que optaron por apagar la radio ante el malestar, la ansiedad y la desesperanza&nbsp;que generan las noticias negativas.</strong></h2>



<p>Además, conforme desaparece una generación –aquella que creció pegada a las ondas hertzianas- aparece una que encuentra otros medios para enterarse de la realidad: la real y la inventada. También sé de personas que optaron por apagar la radio ante el malestar, la ansiedad y la desesperanza&nbsp;que generan las noticias negativas, así vengan adobadas con chismes y chistes de doble sentido.</p>



<p>La radio envejeció y las voces también envejecieron.</p>



<p>Ya no tengo ni el tiempo ni la paciencia para escuchar los <em>en vivo y en directo</em>, y mucho menos para digerir propagandas. Si solo tengo esta vida, quiero que cada minuto valga la pena. &nbsp;</p>



<p>La nueva era del <em>streaming </em>me mostró que, sin interrupciones, todo fluye mejor y los podcast me acostumbraron a escuchar lo que yo quiero y cuando yo quiero y donde yo quiero. Yo mando sobre el pódcast, no el pódcast sobre mí. Es el mejor de los inventos de este tiempo. ¡Bendito sea!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="683" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-124791" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-683x1024.jpg 683w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-200x300.jpg 200w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-768x1152.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-1024x1536.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134725/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS.jpg 1067w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7658aa75986573bc4cd798d9e6034edd"><strong>Luis Francisco Arias, ex director de La Patria Radio: </strong><em>“Pienso que <strong>esa fusión se veía venir, luego de lo sucedido con RCN y La FM, y tras el fracaso de Gustavo Gómez al frente del noticiero.</strong> Claramente, ya no son los tiempos de Yamit ni de Gossaín, todo eso quedó atrás, y ahora priman otros enfoques más light. Creo que el principio del fin comenzó hace rato, y ya no hay vuelta atrás, el formato informativo que conocemos ya es cosa del pasado. La realidad, además, es que cada vez se reducen más los espacios para los periodistas, y que los despidos masivos recientes sí son el principio del fin de muchos proyectos periodísticos que alguna vez fueron bandera de seriedad, independencia y ética del oficio”.</em></p>



<p>Mi viejo transistor permanece en cuarentena. De vez en cuando lo observo, porque soy sentimental. Sé que ahí, en ese cajoncito, está seguro.</p>



<p>Mi genio mejoró y el tiempo que dedicaba a escuchar noticias lo invierto más bien en la lectura de los clásicos literarios, de un buen ensayo o una conversación amena. Yo fumaba y lo dejé dos meses antes de la pandemia. Del mismo modo, aprendí que se puede vivir sin la adicción a la radio informativa, que no siempre es todo lo imparcial que uno desearía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="720" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134742/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON-720x1024.jpg" alt="" class="wp-image-124792" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134742/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON-720x1024.jpg 720w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134742/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON-211x300.jpg 211w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134742/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON-768x1092.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/16134742/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON.jpg 900w" sizes="auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-d1ba1bf05d7fd33bb1493a97a4be3b12"><strong>Omar Rincón, crítico de medios:</strong> <em>&#8220;Quieren refugiarse en el modelo clásico: más información, más información y más información. Consideran que la información es la reina y la gente quiere noticias. Me parece que el casting no cambia: son los mismos con las mismas, haciendo lo mismo. Tiene a Julito, que es una marca de creatividad. Es raro lo que hicieron con Deportes, raro que mantengan La Luciérnaga en el mismo formato. SI tú ves, no hay mucho cambio que digamos. La innovación no se ve por ningún lado. Habrá que esperar&#8221;. </em></p>



<p>Una amiga, que se levantaba a las 5:00 de la mañana a escuchar noticias, tinto y cigarrillo en mano, me cuenta que en este mundo fragmentado y polarizado, se hartó de pasar de una cadena radial a la otra y de que, según ella, le metan por los ojos —mejor dicho, por los oídos—, un producto político empaquetado en forma de noticia.</p>



<p>—<em>“¿Viste? Los periodistas viejos se quedan, y los jóvenes salen”,</em> me escribió otro amigo por WhatsApp.</p>



<p>Toda nuestra solidaridad con los reporteros caídos en desgracia. Si cada vez más hay menos medios y, por lo tanto, menos plazas para ejercer el oficio, ¿se justifica estudiar periodismo? ¿Qué hará en adelante tanto colega desempleado? ¿Manejar taxi, meterse a las ventas por catálogo o crear un medio (llámese blog, pódcast, página web, TikTok…) y hacerlo rentable en momentos en que incluso los medios con músculo financiero hacen maromas para sostenerse?&nbsp;</p>



<p>Son tiempos difíciles para ser periodista. El maestro Gabriel García Márquez lo llamó <em>&#8220;el oficio más hermoso del mundo&#8221;.</em> Hoy yo no estaría tan seguro, debido a la precarización laboral. Más no es el fin del mundo, por ahora. Cuando sobrevenga el <em>Apocalipsis</em>, no habrá nadie para contarlo, ni radio para dar el extra. </p>



<p>Respondiendo la pregunta que encabeza este artículo, diré lo que yo creo: con el tiempo Caracol Radio seguirá siendo la emblemática Caracol Radio, y La W desparecerá del letrero, que así murieron tantas otras estaciones que ya nadie recuerda. ¿A qué hora nos hicimos viejos?</p>



<p class="has-text-align-right has-large-font-size"><em><strong>Espere mañana: Matador, gordofobia, campaña presidencial, etcétera</strong></em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124775</guid>
        <pubDate>Sat, 17 Jan 2026 12:51:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Fusión Caracol-La W: ¿Principio del fin de la radio informativa?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/obituario-de-juan-mi-hermano-sobre-mi-padre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré. Pero digo “despedir” por costumbre, porque [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré.</p>



<p>Pero digo “despedir” por costumbre, porque la verdad es otra: pudimos decirle adiós con una calma extraña y misericordiosa. No fue un corte brusco, sino una despedida diluida en el tiempo, repartida en el transcurso de muchos años.</p>



<p>Su conciencia se fue desvaneciendo como una acuarela expuesta durante años a la luz del sol. Al principio, el verde de las hojas, a lo lejos, aún se distinguía, aunque por momentos se confundía con la hierba. Luego ese verde se volvió apenas una mancha, diluida en el paisaje. Con los años, su mundo fue perdiendo tonos y matices, como si un velo blanquecino lo cubriera de olvido. La enfermedad gastó su memoria con una constancia implacable, del mismo modo en que el agua pule una piedra: lentamente, sin pausa, hasta dejarla lisa…</p>



<p>Lo vimos alejarse de sí mismo. Vimos, con impotencia, cómo los recuerdos se fragmentaban en relatos inconexos: a veces apócrifos, a veces imperfectos, a veces soñados. Fuimos testigos de cómo su conciencia se apartaba de nuestra realidad para sumergirse en un mundo distante, extraño e incomprensible. Un universo donde los hechos ya no se suceden en la secuencia del tiempo; donde el tiempo deja de existir como reloj o calendario para convertirse en la eternidad de un instante.</p>



<p>Einstein llamó al tiempo “la más obstinada y persistente de nuestras ilusiones”. Y quizá sea solo eso: no una realidad exterior, sino un relato —una <em>qualia</em>— que la mente hilvana con memorias sucesivas hasta fabricar la apariencia de una continuidad, como en esos libritos que, al hojearlos soltando el pulgar con rapidez, nos provocan la ilusión de un caballo al galope. Pero, como en el cine, no hay movimiento: solo imágenes en secuencia, detenidas, estáticas.</p>



<p>Fue así como empezamos a despedirnos mientras él se alejaba: se alejaba, y se alejaba, y se alejaba… Y pasaron los años sin dolor, sin sufrimiento, con esa calma extraña que a veces trae la vida cuando decide ser piadosa. Es apenas hoy cuando entendemos de súbito que está ya tan lejos que no podemos alcanzarlo con la mirada. Por eso decir “adiós” es una metáfora. El adiós ocurrió con lentitud geológica: nos fuimos despidiendo durante años, paso a paso, hasta llegar a este día en que ya no podremos verlo nunca más.</p>



<p>Un día, cuando yo era niño, Ató me habló de un insecto diminuto, la efímera, cuya vida activa se reduce al espacio de unas pocas horas, a veces menos de un día. Yo me quedé pensando, con la lógica seria de los niños: si fuéramos efímeras, ¿para qué ir al colegio, para qué almorzar, para qué bañarse o ponerse los zapatos, si esa misma noche íbamos a estar todos muertos? Ató notó mi ansiedad y, con esa manera suya tan directa, me dijo: “La vida humana, medida a escala cósmica, es infinitamente corta”. Y en esa comparación estaba todo él: una lucidez que devolvía al mundo su proporción verdadera, y una serenidad rara que, al decir las cosas como son, les quitaba un poco de peso.</p>



<p>Mi papá tuvo el raro privilegio de nacer con una inteligencia excepcional, y dotado de una gran creatividad. Ya muy viejo, con Alzheimer avanzado, se quedó un momento frente a la placa de mi carro: BXQ221. Entonces, como un Ramanujan criollo, sonrió y me dijo: “Juan, el número de tu placa es fácil de memorizar: (10^2 + 11^2)”.</p>



<p>Y en cierta ocasión, después de estudiar la frecuencia de las letras en español, diseñó un teclado óptimo para el computador: en el centro puso las más utilizadas —E, A, O, S, N, R— y relegó a los extremos, en las otras filas, las más raras —K, W, X, Ñ, J, Z—. También inventó un mouse al que, con un humor muy propio, llamó el <em>paus</em>: se manejaba con el pie derecho, como el pedal de un órgano. Y no se detuvo ahí: ideó un espejo para verse por delante y por detrás, y hasta una parrilla de arepas “con tacones”, ocurrencias suyas que nos hacían reír sin parar.</p>



<p>Y también nos enseñó a perderle el miedo a zambullirnos en el agua con “flotadores inteligentes” de su propio diseño: un neumático delgado de bicicleta que iba desinflando a medida que ganábamos confianza en la piscina. Señalaba lo absurdo de los flotadores convencionales, enormes, que no permitían el más mínimo progreso y que, al final, ni siquiera dejaban mover los brazos con facilidad.</p>



<p>Y cuando yo era niño me enseñó un método para saber el día de la semana de cualquier fecha, en cualquier año. Ese “calendario universal” lo explica en uno de sus libros, y todavía hoy lo uso en mis clases de primer semestre para avivar la curiosidad de los estudiantes más interesados y atentos.</p>



<p>Y cuando esa inteligencia se encuentra con una personalidad implacablemente racional, el resultado es alguien capaz de liberarse del troquelado de la infancia —una de sus palabras favoritas—, de sacudirse el adoctrinamiento de las religiones y las ideologías, de mirar con sospecha las supersticiones, y de plantarse sin concesiones frente a esas fuerzas oscuras de la irracionalidad, que solo siembran sufrimiento y cosechan crueldad.</p>



<p>Diría que ese fue su mayor legado: una forma de pensar, una ética de la lucidez y de la razón. Eso es lo que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, y también en sus libros y ensayos. Y luchar por esa causa fue, sin duda, su batalla más constante.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Recuerdos de adolescencia</h1>



<p>En mi casa se comía cheesecake y pie de manzana. También hacían una versión colombiana del pollo hindú, nasi goreng, del plato alemán con salchichas, chuletas de cerdo y repollo chucrut fermentado en sal, y del plato cubano con caraotas: rarezas culinarias que mi mamá preparaba y que dejaban a mis amigos entre asombrados y felices. Y también carne molida en sopa de arroz, un plato humilde al que llamaban “almuerzo de cura”. Y el famoso y vilipendiado “sudao de pollo”, la comida predilecta de Ató.</p>



<p>Pero el mayor orgullo culinario de la casa era el pollo mallorquín. No el original de Mallorca —el que un tío catalán nos enseñó a preparar—, sino el mestizo: con chicharrones y plátano maduro, cocinado a fuego lento en una olla de cerámica roja, esmaltada, hermosa, a la que llamaban la “greixonera”. Esa palabra la oí desde niño y todavía hoy no sé qué significa; ni siquiera sé si existe en algún diccionario. Pero en mi memoria quedó labrada con firmeza pétrea, como quedan las palabras que se aprenden en la infancia.</p>



<p>Para mi papá, la riqueza nunca tuvo un brillo especial. El dinero se trataba en casa con respeto práctico: útil para lo necesario y, a veces, capaz de comprar un pedazo de felicidad. Pero el poder que suele venir con él no despertaba reverencia; al contrario, parecía vulgar, casi indecente. El valor de la vida se medía en otra escala. Se respiraba una atmósfera intelectual única, libertaria y científica, donde se pensaba sin miedo y se desconfiaba de toda autoridad. Y esa manera de mirar el mundo —austera, libre— incomodaba a los conservadores y fascinaba a los jóvenes que empezaban a pensar por cuenta propia.</p>



<p>Había una biblioteca enorme, un altar laico custodiado por pequeños retratos que no eran del Sagrado Corazón ni de parientes, ni siquiera de sus hijos, sino de Darwin, Einstein, Newton, Dirac, von Neumann… y de otros nombres menos célebres, pero no menos venerados por él: Konrad Lorenz, Popper, Gödel, Ramanujan, y tantos más que, a su juicio, merecían un lugar en el panteón de los gigantes. En cambio, por los héroes de la historia oficial —Napoleón, Julio César, Alejandro Magno— sentía un desprecio sin límites, apenas superado por el que le inspiraban curas, obispos y papas, o cualquier otro líder religioso o político.</p>



<p>Y había un lugar que para mí era mágico, casi sagrado: el taller. Era un cuartito detrás de una puerta de bisagras, con un mesón de lámina de acero donde estaba empotrada una prensa pesada e imponente. De las paredes colgaban herramientas sujetas con tornillos, y sus siluetas estaban dibujadas sobre un tablón de madera pintado de blanco, como si cada una tuviera un sitio asignado desde siempre. Había cajones repletos de tuercas, tornillos, clavos, arandelas; estantes donde descansaban el soldador, el taladro, el amperímetro…; y cajitas con componentes electrónicos —pequeños capacitores, resistencias, dos o tres pares de transistores—, objetos de un valor inconmensurable en aquella época.</p>



<p>Los sábados por la mañana, como un ritual, hacíamos el mantenimiento de los carros. Yo lo imitaba con devoción: me enseñó a desmontar el distribuidor, a sacar los platinos, a limarlos y a calibrarlos con esas hojas finas de acero que miden en absurdas fracciones de pulgada. Luego venía, para mí, lo mejor: afinar la máquina con una lámpara estroboscópica que en Colombia no se conseguía, comprada en Sears en los años de mi primera infancia en Champaign, Illinois.</p>



<p>Para mí no había felicidad más grande que aprender esos secretos de la mecánica. Al terminar, nos lavábamos las manos con estopa y gasolina, y en la piel quedaba un olor indeleble, áspero y familiar. Luego él me enseñaba a sacar el combustible del tanque con un sifón, como quien comparte, sin alarde, uno de sus tantos trucos.</p>



<p>Pero la mañana del sábado —en el tiempo infinito de la infancia— todavía no se terminaba. Después nos íbamos a visitar a los abuelos, que vivían en una casa enorme: cuatro patios y un solar al fondo; pisos de baldosas con arabescos —como era costumbre en las viejas casas españolas—; y esa frescura de techos altos y puertas con arcos que aún perdura en mi memoria.</p>



<p>Y ese ser —que parecía hecho de razón pura— se convertía en humano cuando se trataba de su familia. La lógica, que en él era una armadura, se le ablandaba de golpe; bastaba con que algo rozara a sus hijos o a su esposa para que apareciera en él otra cara: la del miedo, la de la ternura, la de la urgencia, la de los celos…</p>



<p>También había en casa una colección de más de seiscientos casetes: un pequeño archivo doméstico que, sin que yo lo supiera entonces, revelaba uno de sus mayores gustos. Estaban las obras de Bach, Beethoven, Mozart y todos los grandes; y, al lado, grabaciones que hoy todavía me pregunto cómo habrá conseguido: Xenakis, Schönberg y otros contemporáneos que no sonaban en ninguna parte. Había, además, un casete de Manitas de Plata y de su primo José, esa música —desconocida entonces— que se llamaba flamenco, y una grabación completa del Martín Fierro: rarezas que ni siquiera se encontraban en la discoteca infinita del maestro De Greiff.</p>



<p>Cada casete venía numerado y rotulado con una pulcritud casi militar: título, compositor y, a veces, algún dato adicional. No era miedo al olvido; era su manera de poner orden en el mundo, de dejarlo todo en su sitio. Había, además, un catálogo, dispuesto alfabéticamente por títulos y composiciones, impreso en hojas anchas con perforaciones a un costado, salido del IBM de Coltejer —el único computador que existía entonces en Colombia, junto con el del Banco de la República—. Era el tipo de exceso organizado que lo retrataba: una mezcla de método, disciplina y cariño por lo que amaba.</p>



<p>Y recuerdo, sobre todo, su sentido del humor: se reía cada vez que contaba una anécdota mínima, pero perfecta. Una de sus secretarias, al rotular un casete, escribió “ayudante con moto” en lugar de “andante con moto”. Esa confusión lo divertía de una manera inagotable; la repetía una y otra vez, como quien vuelve a un chiste que nunca pierde gracia.</p>



<p>Y hablando de su sentido de justicia, nunca olvidaré aquella vez en que dos amigas muy cercanas de mis padres, Liliam y María Helena —rivales que no se soportaban—, ya con varios tragos encima, se desafiaron en un hotel de San Jerónimo. Liliam, en tono desafiante, retó a María Helena: si se tiraba a la piscina “en pelota”, le hacía allí mismo un cheque por un millón de pesos. María Helena, sin dudarlo un segundo —y a riesgo de que nos sacaran a patadas—, se quitó el traje de baño y se lanzó al agua. Lo difícil vino después: ¿debería cobrarse esa apuesta, producto del acaloramiento y el alcohol? Mi papá, con una sentencia tan salomónica como suya, dictaminó: “Yo creo que Liliam debe entregarle el cheque… y María Helena no debe cobrarlo”.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Coda</h1>



<p>El viento de la tarde de este verano decembrino barre las hojas del parque, y en mi mente ese viento se vuelve una metáfora de la vida que se va: ligera, inevitable, sin preguntar. Ayer fui solo a visitar lo que queda del taller, el mismo de mi infancia, como quien regresa a un santuario, a ver si todavía estaba su navaja favorita. La encontré: intacta, silenciosa, como esperándolo.</p>



<p>Y por un momento me pareció sentirlo otra vez: el olor a herramientas, a madera, a hierro helado… y a él. Vi —o quise ver— el brazo fuerte que la movía; la mano masculina sosteniéndola con esa precisión tranquila que lo definía, y el reloj de pulsera metálica plateada temblando con el gesto, devolviendo un destello breve. Fue un segundo apenas, un relámpago: corrí el velo del pasado y alcancé a rescatar, por una fracción infinitesimal del tiempo, esas presencias ya ausentes. Y luego el velo cayó de nuevo, como cae siempre, y entendí con una claridad dolorosa que hay cosas que se pierden irremediablemente… y, sin embargo, a veces vuelven a rozarnos, antes de irse, como el viento.</p>



<p>29 de diciembre de 2025</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124247</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Jan 2026 20:17:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El escritor David Sánchez Juliao no tiene quien lo reedite</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-escritor-david-sanchez-juliao-no-tiene-quien-lo-reedite/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 24 de noviembre se cumplirán 80 años del nacimiento del escritor David Sánchez Juliao, quien dejó este mundo en 2011. Al lanzamiento de un cuento póstumo para niños, se suma un documental sobre su vida y obra prolíficas.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Las obras de David Sánchez Juliao (1945-2011), se han traducido a más de doce idiomas. </em></p>



<p>La nuestra fue una generación que creció con las telenovelas de los años 80 y una que otra novela que nos hacían leer en el colegio. Entre esas telenovelas recuerdo dos muy exitosas que salieron de la pluma de David Sánchez Juliao: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mYSNHyWCb1w&amp;list=PL5AkkNzWe0EDEXKiFsE2IwVD_7ENTekRq"><em>Pero sigo siendo el rey</em>&nbsp;</a>(1983) y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=js_ixvK9iA4"><em>Mi sangre aunque plebeya</em>&nbsp;</a>(1986). Como este es un país ingrato con sus escritores, me pareció apenas justo rendir un tributo a su memoria, a través de los recuerdos de su hija Paloma Sánchez, heredera del legado del narrador de Lorica, Córdoba, que fue también periodista y diplomático.</p>



<p><strong>Tengo la impresión de que no se ha hecho un homenaje justo al maestro David Sánchez Juliao con ocasión del aniversario #80 de su nacimiento este 2025. ¿Crees lo mismo?</strong></p>



<p>Sí, totalmente. No ha sido nada fácil, porque en un país con tantos desafíos la gestión cultural es casi un milagro. Pero yo, como hija y heredera de su legado, estoy convencida de que el mejor homenaje sería que lo volvieran a leer. Y no me vas a creer: todavía no hemos encontrado una editorial que se atreva a reeditarlo. Yo no me rindo; seguiré insistiendo hasta dar con una que tenga la visión —y el coraje— de ver el potencial y el honor que significa volver a editarlo.</p>



<p>Al mismo tiempo, estamos trabajando en un documental titulado <em>Nadie es profeta en Lorica</em>, que recorre su vida y su obra. Estoy segura de que será una forma poderosa de volver a ponerlo en conversación y de recordarle al país quién fue y lo que nos dejó.</p>



<p><strong>¿Qué recuerdos tienes de él?</strong></p>



<p>Mi papá tenía el don de volver extraordinario lo ordinario. Tengo infinidad de recuerdos, porque cualquier reunión sencilla se transformaba en un acontecimiento cuando él llegaba. Pero hay uno que guardo como un tesoro: una noche íbamos los dos solos en su Jeep Willis del 55 rumbo a la casita de San Sebastián, a las afueras de Lorica. En medio de la sabana, bajo un cielo estrellado, se detuvo, nos bajamos y nos acostamos a mirar el firmamento mientras escuchábamos los sonidos de la noche. Él estaba perdidamente enamorado de la sabana y del Sinú, y quiso sembrar en mí ese amor por la naturaleza y, en especial, por esa tierra. Y lo logró. Me dejó como herencia aprender a amar el silencio, a escuchar y a observar.</p>



<p><strong>¿Cuál crees que fue su mayor aporte a la literatura colombiana?</strong></p>



<p>Logró llevar las historias cotidianas y llenas de magia de la Costa Caribe a la pantalla nacional y a la memoria colectiva del país. Gracias a sus personajes, los colombianos conocieron la idiosincrasia, el humor y la riqueza cultural de esa región. También abrió la puerta para que la narrativa oral tuviera un lugar central, mostrando que la literatura no solo vive en los libros, sino también en la voz, la radio y la televisión.</p>



<p><strong>¿Te leía cuentos de niña?</strong></p>



<p>Sí, de niña, más que leerme, me echaba cuentos narrados con esa voz inolvidable. Y ya más grandecita, me regalaba libros y nos acostábamos los dos a leer, cada uno con el suyo. El ritual era leer juntos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="675" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03100906/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja-1024x675.jpg" alt="" class="wp-image-120999" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03100906/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja-1024x675.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03100906/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja-300x198.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03100906/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja-768x506.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/03100906/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>David Sánchez Juliao escribió cuentos, novelas y guiones para televisión.</em> <em> Foto: Nelson Cárdenas. </em></p>



<p><strong>¿Habrá algunos eventos en lo que resta del año para honrar su memoria?</strong></p>



<p>Sí. La Feria del Libro de Montería le rendirá un homenaje dentro de su programación. Y en Lorica, el último fin de semana de noviembre, se está preparando un homenaje muy especial con motivo de sus 80 años.</p>



<p>En el malecón de Lorica se inauguró recientemente un monumento en su honor, obra del maestro Adriano Ríos, quien también creó otra escultura bellísima: mi papá de cuerpo entero junto al camión de <em>El Pachanga</em>. Nuestro sueño es verla instalada en el centro histórico de Lorica, aunque todavía no hemos conseguido los recursos para hacerlo realidad.</p>



<p>Por otro lado, el documental sobre su vida y su obra no alcanzamos a terminarlo este año; sacar adelante un proyecto de cine en Colombia sigue siendo todo un desafío.</p>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Mi papá tenía el don de volver extraordinario lo ordinario&#8221;.</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120962" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-768x1024.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-1152x1536.jpg 1152w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-1536x2048.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02152856/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-scaled.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Paloma Sánchez, heredera del legado del maestro. </em></p>



<p><strong>&#8220;Camino al bosque&#8221; es un cuento póstumo. ¿Por qué decidieron publicarlo?</strong></p>



<p>Ese libro estaba esperando el momento justo para ver la luz. <em>Camino al bosque</em> es un cuento lleno de ternura, donde se siente el amor profundo de mi papá por la naturaleza. Editorial Norma, que ya tenía en su catálogo <em>El país más hermoso del mundo</em> —un clásico que lleva más de 30 años en circulación—, vio en este nuevo título la oportunidad de ampliar su apuesta por su obra. Y yo creo que acertaron: es un libro que respira sensibilidad y que conecta con un mensaje muy vigente hoy, el de volver a mirar lo esencial.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="694" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153645/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja-694x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120963" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153645/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja-694x1024.jpg 694w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153645/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja-203x300.jpg 203w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153645/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja-768x1133.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153645/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja.jpg 828w" sizes="auto, (max-width: 694px) 100vw, 694px" /></figure>



<p><strong>¿Por qué los niños de este tiempo deberían leer al maestro David Sánchez Juliao?</strong></p>



<p>Porque sus cuentos son divertidos, cercanos y universales, pero al mismo tiempo siembran raíces. La mayoría están pensados para reforzar procesos culturales y dejar en los niños una semilla de amor por la identidad, la familia y la vida misma. Su literatura provoca risa y reflexión, y al final siempre nos recuerda algo fundamental: la importancia de reconocernos en lo que somos y sentir orgullo de nuestras raíces.</p>



<p><strong>Finalmente, háblanos de ti</strong></p>



<p>Soy Paloma, su única hija y quien lleva la responsabilidad —y el orgullo— de mantener vivo su legado. Soy curiosa, lectora empedernida, cinéfila, amante de los animales y, por supuesto, de la comida del Caribe. De mi papá heredé ese amor por las historias, la sensibilidad para observar y una identidad que me hace sentir sabanera, aunque haya nacido cachaca. En cuanto a mi familia paterna, ellos eran cuatro hermanos: mi papá, que fue el primogénito y el único hombre, y mis tres tías. De los cuatro, ya partieron él y Nhora Margarita. Hoy siguen vivas Rocío y Gloria Eugenia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="815" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-815x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120965" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-815x1024.jpg 815w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-239x300.jpg 239w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-768x964.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-1223x1536.jpg 1223w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-1631x2048.jpg 1631w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/10/02153744/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-scaled.jpg 2039w" sizes="auto, (max-width: 815px) 100vw, 815px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Afiche diseñado por Paloma Sánchez. </em></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120960</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Oct 2025 12:46:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El escritor David Sánchez Juliao no tiene quien lo reedite]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Podcast de @DiscosFuentes sobre biografía de Wilson “Saoko” Manyoma, que se lanzará en @FILBogota</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/podcast-de-discosfuentes-sobre-biografia-de-wilson-saoko-manyoma-que-se-lanzara-en-filbogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>La autora, Andrea Barraza, estuvo en el podcast Cañonazos al aire, de Discos Fuentes, hablando del libro que se lanzará este domingo 11 de mayo, 5:30 pm, en el stand de El Espectador en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, con el sello editorial de Fundación Color de Colombia. Este 8 de mayo se publicó un [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La autora, <strong>Andrea Barraza</strong>, estuvo en el podcast <strong>Cañonazos al aire</strong>, de <strong>Discos Fuentes</strong>, hablando del libro que se lanzará este domingo 11 de mayo, 5:30 pm, en el stand de <strong>El Espectador</strong> en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, con el sello editorial de <strong>Fundación Color de Colombia</strong>.</p>



<p>Este 8 de mayo se publicó un nuevo episodio del podcast <strong>Cañonazos al aire</strong>, una producción de <strong>Discos Fuentes</strong> que ya va por su quinta temporada. </p>



<p>En su cuarto episodio, la invitada es <strong>Andrea Barraza Cabana</strong>, periodista y autora de Saoko, la biografía oficial del legendario cantante de salsa <strong>Wilson Manyoma</strong>, también conocido como “Saoko”.</p>



<p>Durante la conversación, Barraza comparte detalles del proceso creativo detrás del libro, que tomó tres años de investigación y escritura, y que incluyó una profunda amistad con el artista, fallecido el pasado 20 de febrero. </p>



<p>El episodio recorre momentos clave de la vida de Manyoma, su carrera musical, su carácter entrañable y su legado artístico, siempre acompañado por la riqueza sonora del catálogo de Discos Fuentes.</p>



<p>La casa disquera también aportó su talento gráfico al proyecto: el equipo creativo de Discos Fuentes donó el diseño de la portada del libro, que será la imagen definitiva con la que se comercializará <em>Saoko</em>. El libro fue impreso por la conocida editorial/librería de Medellín Grámmata.</p>



<p>El lanzamiento oficial del libro se realizará este domingo 11 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo), Pabellón 16, stand 1323, de <strong>El Espectador</strong>, entre 5:30 pm y 6:30 pm, como parte de la agenda del día de afrocolombianidad entre la Fundación Color de Colombia y el periódico, por tercer año consecutivo en la FILBo.</p>



<p>El evento contará con una conversación entre <strong>Andrea Barraza</strong> y uno de los hijos de Wilson Manyoma, en representación de la familia del artista. </p>



<p>Como cierre, habrá un homenaje musical en vivo para celebrar la vida y obra de esta figura esencial de la salsa colombiana, que al tiempo celebrará el lanzamiento de seis blogs en el portal de El Espectador dedicados al desarrollo de largo plazo de sendas ciudades afrocolombianas, en alianza con la Fundación Color de Colombia.</p>



<p>El episodio ya está disponible en Spotify y Apple Youtube.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="T5 EP04 | SAOKO, la voz que nunca se apaga ft. Andrea Barraza" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lSBLw1k84Fw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p></p>
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        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115691</guid>
        <pubDate>Fri, 09 May 2025 00:09:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Podcast de @DiscosFuentes sobre biografía de Wilson “Saoko” Manyoma, que se lanzará en @FILBogota]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Fundación Color de Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Así era la vida en el Asilo de locas de Bogotá</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/asi-era-la-vida-en-el-asilo-de-locas-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>A través de una minuciosa investigación, la profesora Luz Alexandra Garzón reconstruyó la historia de la locura durante la primera mitad del siglo XX en Bogotá. Con sus hallazgos hizo un relato desgarrador: &#8220;Las mujeres de Ningunaparte&#8221;.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-deeb035e544e555763cfc9e9ea92fbf6"><em><strong>“El manicomio es un lugar sin tiempo”:</strong> </em>Luz Alexandra Garzón, investigadora colombiana.</p>



<p>El alma se encoge: mientras más pequeña se vuelve, más grande es la impotencia que uno siente. Estamos en <em>Ningunaparte</em>, el lugar donde viven, conviven y malviven mujeres a quienes les han diagnosticado algún tipo de locura. La vieja casona, que fue la finca de recreo de un español durante la independencia y luego Hospital Militar, está ubicada en la calle 5 No 12A-25, en el centro de Bogotá. Con el tiempo se convirtió en Hospital Psiquiátrico, a cargo de la Beneficencia de Cundinamarca.</p>



<p>Este mundo pertenece al pasado pero la profesora Luz Alexandra Garzón lo desenterró al hurgar con paciencia en los archivos psiquiátricos de la Junta General de Beneficencia. <em>“Estas voces han sido desplazadas de la historia desde su condición de mujeres, locas, analfabetas y pobres”,</em> me cuenta ella.</p>



<p>Lo que se vivió de puertas para adentro está descrito con crudeza y a la vez con empatía en el libro <em><strong>“Las mujeres de Ningunaparte: voces del Asilo de Locas de Bogotá, 1930-1950”</strong></em>, una coedición de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Rosario.</p>



<p>Se trata de un relato intimista, escrito en primera persona, que nos conecta como lectores con el dolor, el sufrimiento, las alegrías y los vínculos&nbsp;que se dieron al interior de dicho asilo. <em>“Mujeres incomprendidas, dominadas, relegadas y olvidadas de por vida en estas instituciones”</em>, señala la autora.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-33d1c0daff6fc7e767ef300f914d73ce"><strong><em>“… surgen diferentes maneras de nombrarlas: ´las enfermas´, ´las enajenadas´, ´enferma con trastorno mental´, ´las reclusas´, ´las locas´”.</em></strong></p>



<p>La idea de escribir el libro le surgió mientras revisaba archivos judiciales del siglo XIX, donde a algunas mujeres se les declaró locas, además de infanticidas. <em>“Cuando realicé la inmersión en cada folio, </em>-señala la investigadora- <em>advertí la presencia de las mujeres, particularmente pobres, analfabetas, dedicadas a oficios domésticos, que vivieron sus embarazos y partos solas; acusadas luego de infanticidio, fueron arropadas por la vergüenza y la culpa”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-112258" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI-768x768.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/28084329/ASILO-NINGUNA-PARTE-SI.jpg 1512w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Las pacientes llegaban a este lugar especialmente de Cundinamarca, el Viejo Caldas, Tolima y Valle, <em>“regiones donde la violencia se vivía con mayor intensidad”. </em>Rechazadas por sus familias, muchas fueron abandonadas a su suerte en las calles, recogidas por la policía y llevadas a <em>Ningunaparte</em>. Las que provenían de muy lejos, eran traídas <em>“en camiones de carga o en los carros de transportar bestias en los ferrocarriles (…) o si no amarradas sobre un caballo o a píe, sufriendo atroces maltratos, consecuencia del terror que inspiran a nuestras gentes los seres privados de la razón”.</em></p>



<p>A modo de contexto histórico, la profesora cuenta en su obra que <em>“las mujeres han sido vinculadas con las emociones, ´la irracionalidad, lo subjetivo y lo caótico´, mientras que los hombres con el mundo racional”.</em> La obra explica que esta concepción <em>“</em><em>tiene sus orígenes en la filosofía ilustrada, particularmente en los trabajos de J.J. Rousseau, para quien las mujeres no eran sujetos de razón y, por tanto, debían ser objeto de la sujeción de la razón masculina”. </em>De hecho, en un tiempo se las catalogó como brujas: <em>“… por medio de la tortura de sus cuerpos, eran obligadas a confesar su propio locura para, finalmente, ser quemadas o ahogadas según lo establecía la ley”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-22c7fca9033a8814fdf37cc95e9fb062"><strong><em>“—La vida en este asilo es ¡durísima! Espantosa. Estas mujeres no tienen ninguna privacidad (…) vestidas todas iguales, descalzas (…) tan sin identidad. Escuchen, no las llaman por su nombre, les dicen ´córranse para allá´, ´pasen para acá´”.</em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="987" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-1024x987.png" alt="" class="wp-image-112104" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-1024x987.png 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-300x289.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3-768x740.png 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164406/ASILO-3.png 1155w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Imagen tomada del libro &#8220;Las mujeres de Ningunaparte&#8221;. </em></p>



<p>De la mano de la autora, recorremos el lugar y percibimos la angustia que debieron experimentar las residentes. Sentadas en bancos de piedra o acurrucadas, visten&nbsp;batas grises largas.&nbsp;Conversan, ríen, caminan, deambulan descalzas por el lugar. El suelo les sirve también de comedor. Las que no cuentan con cama, duermen sobre el suelo frío. Ahí están, entre otras, Antonia, Mariana, Ana, Ovelia, Micaela, Cecilia, Soledad, Purificación, Josefina y Efigenia. </p>



<p>Engañadas u obligadas por sus parientes a firmar documentos, algunas fueron despojadas de sus bienes.&nbsp;</p>



<p>Una mujer grita desesperada, atormentada por los piojos, mientras las demás, se encogen en sus puestos, cubriéndose los oídos. Otra mujer corre desnuda queriendo besar a tres de sus compañeras. Las religiosas y enfermeras que las cuidan <em>“dirigen sus ojos al cielo, como buscando fuerzas para continuar”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-b2174ad363fc6a79bcc8c4c5b1aaacbe"><strong><em>El Asilo de Locas de Bogotá “marca los inicios de la psiquiatría en el país”.</em></strong></p>



<p>De acuerdo con la investigadora, a partir de 1940 los médicos aplicaron cuatro tratamientos (insulina, cardiazol, electrochoque y lobotomía), considerados efectivos para el manejo de enfermedades mentales como la esquizofrenia.</p>



<p>La primera y la última lobotomía, un procedimiento quirúrgico para el control de la agresividad, fueron practicadas en el Asilo de Locas de Bogotá, entre los años 40 y 50 del siglo XX.</p>



<p>“ —<em>Para la operación vamos a utilizar la técnica de Freeman-Watts: procedemos a realizar un orificio de trepanación a cada lado de la cabeza e introducimos el leucotomo para cortar la sustancia blanca </em>(…)<em> El resultado del procedimiento fue nulo”.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e46ea77684a29d5e51f9ecceb3d0d124"><strong>&nbsp;“Otros tratamientos para las mujeres histéricas era el casamiento para el control de los llamados ´deseos genésicos´, la masturbación, y en casos extremos, la amputación de los ovarios. También se aplicaban lavativas con láudano, sanguijuelas en la entrepierna y baños de agua fría”.</strong></p>



<p>A través de sus 344 páginas, <em>“Las mujeres de Ningunaparte”</em> nos enseña de una manera dolorosa que el mundo nunca ha estado cuerdo y que contar estas historias nos ayudan a entender lo que somos, tanto ayer como hoy. Mientras tanto, desde su campo de saber, la profesora Luz Alexandra Garzón trabaja en un nuevo proyecto relacionado con el estudio de la locura femenina.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="285" height="370" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2.jpg" alt="" class="wp-image-112103" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2.jpg 285w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164316/ASILO-2-231x300.jpg 231w" sizes="auto, (max-width: 285px) 100vw, 285px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Breve entrevista con la autora</strong></p>



<p>Doctora en Ciencias Humanas y Sociales y magíster en Desarrollo Educativo y Social, la investigadora Luz Alexandra Garzón es profesora asociada del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia. Su interés por abordar la locura femenina lo resume con una frase de la escritora Margaret Atwood: <em>&#8220;Les dije que no estaba loca, que me habían tomado por otra, pero no me escucharon&#8221;</em>.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-de868946e9644c12d2a1c49773a6d9b9"><strong>¿Qué la motivó a emprender esta investigación?</strong></p>



<p>Siempre&nbsp;me habitó esta tensión histórica entre el silenciamiento de las voces de las mujeres, especialmente aquellas que han roto el canon impuesto: locas, putas, madres con hijos ilegítimos y el para qué, cómo y por quiénes han sido leídas. A partir de las voces de algunas de las mujeres pude hallar indicios de un amor, un sentir hacia sus esposos, con ellas fue posible recrear el imaginario del amor romántico y las maneras de relación entre hombres y mujeres,&nbsp;aquí nace una interesante paradoja&nbsp;entre ser diagnosticada&nbsp;con una enfermedad mental, encerrada y no cumplir con el rol asignado en la época y expresar el amor y los recuerdos de una vida de pareja, el matrimonio y la procreación.&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-86da876c31d547e0958cd07ab3c5fa9a"><strong>¿Qué sintió mientras leía sus historias clínicas?</strong></p>



<p>Me invadió un sentimiento de dolor, también de indignación que se fue tejiendo con esperanza, fortaleza y sororidad. Me conecté con la afectividad y sus vidas como mujeres que vivieron soledad, rechazo, abandono o violencias y que, sin embargo, tejieron de una u otra manera una red de afectos al interior del asilo.</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-a9966f68c2e10c02d3f78878122fcae7"><strong>¿Alguna historia la tocó de manera especial?</strong></p>



<p>Varias historias, pero destaco la de Mariana Aponte. Con ella ahondé en cómo la ruptura del deber ser mujer jugaba en contra de su sufrimiento íntimo, el hecho de mostrarse descuidada en su persona, con sus hijos y esposo se convierte en un&nbsp;argumento sólido para la aplicación de electrochoques que circularon por su cuerpo y después ser lobotomizada y al final &#8220;no servir&#8221; y ser devuelta por su esposo al asilo. Me sentí indignada y movida a profundizar en estas vidas, contarlas y hacer que sus voces oscurecidas tengan el lugar que les fue negado en la historia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-11bf6dfe33d66dcb29a84df67b6e27a7"><strong>¿Visitó algún centro psiquiátrico como parte del proceso investigativo?</strong></p>



<p>Mientras escribía, caminé por las calles del centro de Bogotá donde existió&nbsp;la casa de <em>Ningunaparte</em>, me conecté con el lugar y fue inspirador para crear los relatos. También visité el Manicomio de Sibaté, llamado Hospital Neuropsiquiátrico <em>“Julio Manrique”.</em> Las instalaciones, que se encuentran en abandono, coincidieron con la representación que pude crear a partir de los informes de la Junta General de Beneficencia, las voces de las mujeres, los médicos y los administrativos.&nbsp;</p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0af9e8159fea65894a04030e15244e36"><strong>Finalmente, usted pertenece a la Red Internacional de Estudios de las Emociones (<a href="https://renisce.com/2023/01/17/luz-alexandra-garzon-ospina/">RENISCE</a>). ¿De qué manera las emociones se relacionan con la salud mental de las personas?</strong></p>



<p>Al sufrimiento psíquico se le sigue leyendo como enfermedad, patologizado y subyugado por los fármacos. Comprender qué hacen los afectos y emociones en los diversos contextos, permitirá redireccionar las políticas sociales en salud mental. Asuntos como la migración, las violencias políticas e intrafamiliares, desplazamientos forzados, las desigualdades&nbsp;sociales, la pobreza o la xenofobia, se encuentran&nbsp;atravesadas por las emociones, estas poseen un carácter político, social y cultural que debemos&nbsp;comprender para actuar.&nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=112099</guid>
        <pubDate>Fri, 28 Feb 2025 13:45:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/26164231/ASILO-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Así era la vida en el Asilo de locas de Bogotá]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Moscas en la casa</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/direccion-unica/moscas-en-la-casa/</link>
        <description><![CDATA[<p>Lo primero, la muerte del padre de Lina y la narración en primera persona que nos habla en confianza del duelo a partir de un ejercicio de memoria. Luego, moscas en la casa y la sensación de ser amedrentada por una sombra. Reseña de La mano que cura.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p>&#8220;Soledad aprendió a identificar las señales, sobre todo por las moscas negras que precedían a los visitantes con su vuelo insistente. Las moscas anuncian cosas (&#8230;), acompañan la enfermedad, acompañan la muerte o la desgracia porque son sabias, el problema es de la gente, que no sabe entenderlas&#8221; (p. 68).</p></blockquote></figure>
</blockquote>



<figure class="wp-block-pullquote"><blockquote><p><br><em>La mano que cura</em><br>Lina María Parra Ochoa<br>Alfaguara<br>Bogotá, 2024<br>208 páginas</p></blockquote></figure>



<p>Lo primero, la muerte del padre de Lina y la narración en primera persona que nos habla en confianza del duelo a partir de un ejercicio de memoria. Luego, moscas en la casa y la sensación de ser amedrentada por una sombra, “un animal que se esconde y que parece existir” siempre agazapado en los rincones de su apartamento. &#8220;Me parece que los pasos del animal se me acercan desde el corredor”. Junto a esta presencia, más y más moscas, negras y gordas. Lina carga con una certeza: “cuando las moscas rondan, siempre traen consigo un mensaje” (p. 17).</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="177" height="284" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/15175618/images-1.jpg" alt="" class="wp-image-110419" style="width:352px;height:auto" /></figure>



<p>Publicada en principio por la editorial española Tránsito dentro de su “catálogo de autoras diversas”, <em>La mano que cura </em>se alimenta de ese halo entre tenebroso y cultural donde emergen –entre rezos, violencia simbólica y hechicería–, toda clase de rituales producto de una cultura de hibridaciones y realidades ocultas. A medio camino entre la parroquia de los abuelos y los amarres, entierros, limpias y amuletos, los personajes de <em>La mano que cura</em> hacen frente a sus demonios desde dos relatos paralelos: el relato de Lina y la historia de juventud de su Moscas en la casa madre Soledad y la maestra Ana Gregoria, “una señora negra, con el pelo muy cortito, casi rapada” y con quien inicia el trasunto de toda la novela, “los poderes”.</p>



<p>Como tocada por una fuerza exterior a ella, la niña Sole heredará a la que será en unos años su hija, Lina, la capacidad de ver y hacer lo que otros no, esto desde las prácticas –en algo tenebrosas– sobre las que Ana Gregoria instruirá a su joven estudiante de quinto de primaria. Y es aquí donde nace la idea del experto curandero, el sanador, aquel que detenta los poderes, aquellos que:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;..están en todas partes y no eran nada o eran todo y eran la tierra y las raíces y los tallos y las hojas y las flores y las frutas y las semillas y lo que se pudre en la tierra y los pelos de los animales y los animales con su carne y sus huesos y su sangre y las piedras que van por el río&#8230;&#8221; (p. 28)</p>
</blockquote>



<p>Ana Gregoria y Sole, “ahí sentadas sobre la tierra, sobre los poderes, siendo los poderes” encarnarán en ellas aquel papel sanador al tiempo que la una enseñará a la otra en el arte de la brujería. <em>La mano que cura </em>irá entonces de la tercera persona de Soledad a la vida de Lina, encargada ahora de decidir qué suerte ha de tener la biblioteca de su padre muerto, y a la vez espantar moscas mientras intenta hallar alguna forma para acabar con esa sombra que la persigue. Ambas relatan su vida en los entresijos del tema principal.</p>



<p>Entonces descubrimos la postal familiar junto a la hermana de Lina, Estefanía –dedicada al cuidado animal–; la historia de amor de sus padres –ya signada como se verá por la presencia de Ana Gregoria– y los devaneos psicológicos de cada cual, fantasmas que rondan en la vigilia o el sueño para conducir la lectura al mismo punto sobre el plano.</p>



<p>Temerosa de la desgracia, Lina a menudo sobrepiensa los acontecimientos, persigue las moscas con un frasco de Raid, tal será el clima que ronda en su casa que hasta las plantas mueren de repente entre el descuido y la superstición. Al otro lado, Sole continúa en su salto en el tiempo. Las lecciones con la maestra se llenan de hierbas curativas, personas posesas y hasta brebajes de amor: “las personas buscaban a Ana Gregoria por que estaban enfermas y los médicos no podían ayudarlas” (p. 69), conflictos sin solución aparente, embarazos no deseados, otras que desean hijos pero no pueden, o madres de “niños medio estúpidos o descontrolados” por obra del diablo. Encomiada a su papel como sanadora, aparece en escena una Lina pequeña que Sole pone en manos de Ana Gregoria, “la niña nació apestada”, le dice. El juego temporal conduce la novela en una interesante espiral con la que regresaremos a algunos lugares para hallar las piezas sueltas del relato. Cementerios, un geriátrico y una Lina perseguida da a menudo por el asma, una Lina pálida “como si estuviera siempre al borde de la enfermedad”.</p>



<p>En esta búsqueda de los poderes, una Lina adulta emprende su camino hacia el quid de la novela. Aquí su reencuentro con Ana Gregoria:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;Frente a la puerta del geriátrico, siendo ya una adulta, le parece que esa infancia es cada vez más distante y gaseosa. Siente nostalgia de esa niña, como si fuera otra; quiere abrazarla cuidarla. Lleva más de diez minutos frente a la puerta sin tocar el timbre. Con la mano izquierda se agarra la medallita&#8221; (p. 86).</p>
</blockquote>



<p>Tras narrarle a Ana Gregoria de su situación,“de las moscas, de las matas del apartamento que amanecieron todas muertas, de una gotera en la canilla, del olor a humedad, de las capas de polvo (&#8230;), del raspar de uñas como de perro, siempre a sus espaldas” (p. 90), Lina inicia su proceso de limpieza, ella misma es el problema según parece, solo le queda tomar consciencia sobre sus poderes En ese proceso de cura mental, recoge algunos de sus pasos, duerme aquella noche en casa de su madre,</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;&#8230;se acuesta en su cama de la infancia e inmediatamente vuelve a encontrar sus formas en el colchón viejo. En la mano tiene una piedra que le dio Ana Gregoria antes de despedirse. Piedra del fondo del río, le dijo&#8221; (p. 91).</p>
</blockquote>



<p>De regreso al paisaje truculento que rodea a Ana Gregoria, la novela salta a los años de juventud de Soledad. Aquí como la inmersión en otro capítulo intermedio plagado de amuletos, patas de gallo y la escena nocturna del campo en donde Parra Ochoa revitaliza su relato desde lo macabro del personaje transversal de la novela. Allí decide trazar una línea para marcar un antes y un después en la vida de Soledad y su instructora de brujería. Esto también como la despedida de Soledad, quien parte de su pueblo, Heliconia, mientras se aleja “sentada en la chiva, cuñada entre Esperanza [hermana suya] y un costal de café&#8230;” (p. 107).</p>



<p>Sin entrar en el spoiler, baste con decir que es precisamente en esta brecha del libro donde se conectan algunos detalles dejados entre las páginas anteriores y la imagen de Ana Gregoria cobra su mayor protagonismo, en medio de muerte, redención y venganza, “con los ojos blancos de los poderes encima de los suyos propios”. De vuelta al principio, Soledad vela junto a sus hijas a un moribundo padre. Como forma de justificar la interrelación de sus personajes, La mano que cura aborda ahora la vida de un Iván que al morir puso en situación el duelo como detonante.</p>



<p>Entonces nos hallamos frente a un nuevo tema: la telepatía. De un padre que confiesa sentirse perdido hace tiempo, enfermo y encerrado en un laberinto sin salida, Lina, de nuevo relatora en primera persona, nos pone al tanto de lo que ocurre:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;Supe entonces que me estaba pidiendo ayuda. Nunca lo dijo, no le salió de la boca, pero solo allí, al borde del abismo, me di cuenta de que el papá sabía más de lo que revelaba. Sabía de los poderes en la mamá, en mí, incluso en Estefanía. Sabía de los poderes en las manos, en la tierra. Sabía que esas cosas raras que hacía la mamá también estaban de cierta manera en él, en todo&#8221; (p. 113).</p>
</blockquote>



<p>Iván confiesa ser también un mago, y lo hace desde un lenguaje propio que nos lleva incluso a hurgar en expedientes de la Segunda Guerra o en la historia de Isaac Newton y sus estudios secretos sobre lo oculto y sus textos sacrílegos. Lina, víctima en ese instante de unos cólicos terribles, descubre en su padre los poderes: “Y solo hasta esa noche en el hospital entendí que el dolor me lo había quitado la mano que cura, la mano del papá, no las pastillas ni la aguadepanela” (p. 118).</p>



<p>La narración, que pasa ahora a los episodios librescos y el amor de Iván por el conocimiento, queda de alguna forma en manos de Estefanía, la hermana menor, amante de la ciencia como su padre. Luego, del relato constreñido a arrojar luz y pruebas sobre el pasado de Ana Gregoria junto a Sole, Lina emprende su sanación, con otro personaje que la acompaña, Babalú, una cachorrita que aparece para apaciguar el desenlace de La mano que cura. Ana Gregoria permanece recluida y Lina la visita con frecuencia para aprovechar que aún está de cuerpo presente y para que le hable de los poderes. “Solo la maestra Ana Gregoria, la perra Babalú y yo existimos en este jardín secreto”. Ana Gregoria imparte entonces su lección central:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;Una mano cura y la otra mano mata, dice. Las dos juntas son los poderes, los invocan, los contienen, los moldean como barro, ninguna es buena ni mala, por que a veces la cura es una maldición y a veces la muerte es bienvenida&#8221; (p. 163).</p>
</blockquote>



<p>Para la anhelada limpieza de Lina, aparece el momento de Estefanía. Al ponerle al tanto de lo que ocurre en la vida de su madre y hermana, inician juntas ese último ritual tras el que las cosas estarán mejor. Ana Gregoria se “desbarranca” por el abismo del olvido. Lina conserva consigo algunos amuletos y su vida junto a Sole, Estefanía y Babalú sigue su camino.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Carlos Andrés Almeyda Gómez</author>
                    <category>Dirección única</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=110416</guid>
        <pubDate>Wed, 15 Jan 2025 23:03:08 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/15175556/lina-maria.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Moscas en la casa]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Carlos Andrés Almeyda Gómez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El racismo y el complejo de hijo de puta en la sociedad colombiana</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/filosofia-y-coyuntura/el-racismo-y-el-complejo-de-hijo-de-puta-en-la-sociedad-colombiana/</link>
        <description><![CDATA[<p>El ensayo presenta el complejo de inferioridad o de hijo del puta, estableciendo su relación con el racismo entendido como una herencia colonial de larga duración instalada en el sentido común del latinoamericano y, por ende, del colombiano. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p>En su libro <em>Provocaciones </em>(Bogotá, Ariel, 1997) el crítico y polemista colombiano Rafael Gutiérrez Girardot anotaba: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“La colonización europea se justificó a sí misma en cuanto convirtió a la juventud de las naciones colonizadas en permanente inmadurez, y creó y fomentó en ellas la condición de inferioridad”. </p>
</blockquote>



<p>Pues bien, el acto de “inferiorizar” al Otro, fue replicado en la República (después de la Independencia) por las élites señoriales y otros sectores de recienvenidos, hasta permear el <em>sentido común</em> mismo de la gente, esto es, las formas de ver, sentir y pensar. Esa interiorización fue lo que el sociólogo Pablo González Casanova llamó “colonialismo interno”. Pero lo que surgió desde la colonización misma, el complejo de inferioridad, es, también, lo que podemos llamar el “complejo de hijo de puta”, el mismo que aún hoy atraviesa la psique del latinoamericano y que está presente en ese colombiano que se burla del color, la manera de hablar o las “formas” de la vicepresidenta Francia Márquez, o de las de cualquier mestizo con mancha de la tierra que no es como él. Pues así como el español ha compensado su complejo de inferioridad ante la Europa más civilizada con el narcisismo de superioridad frente al americano, cualquier presunto o ficticio &#8220;blanco&#8221; de estas repúblicas lo suple o lo compensa sobre los mestizos, mulatos o indígenas.</p>



<p>En <em>Los negroides </em>de 1936 Fernando González (cuyo ‘diletantismo’ no gozaba de los afectos críticos de Gutiérrez Girardot) había aludido al tema del complejo de hijo de puta o de inferioridad:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“En Suramérica permanecen los hombres siempre de lectores, siempre de viajeros. Tienen vergüenza de su propia alma; <em>se quedan con los vestidos ajenos</em> […] ¿No observan todos que, a pesar de leer tanto y saber tanto, <em>el suramericano nada crea</em>? Pues muy fácil explicarlo: tienen vergüenza, simulan, leen, etc., porque están obligados <em>por el coloniaje político, racial, literario, a considerarse como hijos de puta. </em>Me enorgullezco de ser el primer que ha estudiado y analizado el complejo que he llamado hijo de puta”.&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Este párrafo contiene muchos elementos interesantes y da una visión completa y compleja de la lectura que hizo Fernando González de América Latina (Centro y Suramérica) que debe desmenuzarse. El complejo de hijo puta se refiere al sujeto que “se avergüenza de lo suyo”. Ese concepto alude a dos situaciones que merecen ser tratadas con cuidado: la primera, de origen “racial”, la vergüenza que se siente por los padres, por el origen, lo que incluye la vergüenza recíproca que los padres sienten por los hijos; la segunda, de origen histórico, la vergüenza que se tiene de ser suramericano, centroamericano, de haber nacido en estas <em>tierras sin historia</em> como diría después Hegel. Quien sufre o padece del complejo de hijo de puta es, entonces, un doblehijueputa. Y el racismo está a la base de ese problema o, más precisamente, de esa “herencia colonial de larga duración”</p>



<p><strong><em>El desprecio racial y la vergüenza de origen.</em></strong></p>



<p>En el primer caso, esa vergüenza se debe a la mezcla de razas, prohibida por España, por la religión, bajo el pecado mortal, pero impuesta por la necesidad, la libido descontrolada de hombres que veían a negras e indias como objetos, como cuerpos accesibles. La vergüenza aquí es la que siente el mestizo, el zambo, el mulato, por su origen dañado, pecaminoso. Ser de sangre impura, ser una casta, ser un pardo era visto como una desgracia en una sociedad racializada, segmentada. Era la vergüenza de ser hijo ilegitimo, natural, de dañado y punible ayuntamiento. Esto lo deja claro González cuando dice:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;El conquistador español no tenía inconveniente en cohabitar con indias y negras […] Pero resulta que el español despreciaba a la moza negra y a la manceba india, al mismo tiempo que las ataba en la oscuridad de la noche; las atacaba con remordimientos; no contraía matrimonio con ellas; el fruto era hijo del pecado. Donde quiera que nacía un mulato o un mestizo había un pecado, una cohabitación pecaminosa, vergonzosa. Así fue como negras y mulatos y mestizos nacieron, vivieron y murieron en los sentimientos de deshonra, pecado, vergüenza. […] Todo primer mulato fue hijo de un padre que se avergonzaba de él, que lo desconocía y que despreciaba a la mujer con quien lo tuvo”.</p>



<p></p>
</blockquote>



<p>Por su parte, el mismo español o criollo que violaba el decreto divino, la legislación celestial aplicada por La Corona, usaba a su favor esa vergüenza, pues le permitía mantener a raya a esas castas, y así conservar el disfrute y el monopolio de esos privilegios. La racialización les permitió a españoles y criollos frenar por mucho tiempo la movilidad y el ascenso social de los de abajo; les permitió perpetuar un régimen social desigualitario. En suma, hizo posible crear después una <em>república señorial</em> con una “democracia de escrituras”.</p>



<p>Lo que encontramos aquí en González es un análisis del racismo y sus consecuencias. Un análisis que insinúa una <em>sociología de la religión</em> para determinar la manera como se pasó de exigir una <em>pureza de fe </em>y de <em>sangre</em> en España, frente a los moros y judíos, a convertirse en un <em>dispositivo general de control</em> en las colonias. El racismo tiene en América Latina, inicialmente, un fundamento teológico que surgió en Europa: el de la pureza de fe. La iglesia prohibía el cruce de razas no solo porque atentaba contra principios cristianos como el matrimonio, los hijos legítimos, la fidelidad conyugal, sino porque ese &#8220;<em>pathos de la distancia</em> con las castas&#8221;- como dice Santiago Castro-Gómez- reproducía la superioridad social de los españoles y criollo. </p>



<p>Esa rígida taxonomía racial y la respectiva jerarquización solo cedió con el mestizaje creciente durante el siglo XVIII, pues el mestizo fue, según Ezequiel Martínez Estrada, “un peculiar caballo de Troya que no le llega a Latinoamérica desde fuera, sino que ha sido engendrado por ella misma”. Es el mestizaje el que desestructura la pirámide social y el que exige una mayor democratización de la sociedad colonial como mostró Jaime Jaramillo Uribe.</p>



<p>Paralelamente a la teoría de Aníbal Quijano y su tesis del racismo como núcleo del patrón mundial de poder, surgido a partir de 1492, el filósofo y crítico ya citado Rafael Gutiérrez Girardot lo ubicaba como una invención española. En su libro <em>Insistencias </em>de 1998 sostiene:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“antes de que el conde de Gobineau decretara en su <em>Ensayo sobre la desigualdad de las razas </em>(1853-1855), la superioridad de la raza arquetípicamente blanca, la aria, los españoles educados en la pureza de sangre habían elaborado un catálogo de los diversos cruces de razas en el Nuevo Mundo: era tan diferenciado como los catálogos de pecados que habían elaborado los párrocos de la España contrarreformista. Todos los productos de esos injertos eran natural y necesariamente inferiores”. </p>



<p class="has-text-align-left"></p>
</blockquote>



<p class="has-text-align-left">Es decir, no fueron los alemanes o los franceses del caso Dreyfus los que inventaron el racismo antisemita, sino que tal invención ya la habían realizado los “devotos” y pragmáticos españoles. Con una gran diferencia: ese racismo con sus múltiples prácticas se había puesto a prueba durante siglos; era una práctica inmunitaria contra todo el que no compartiera el color blanco de la piel. Esa actitud, correlacionada con otras como el odio, la tergiversación, el desprecio, la intolerancia, y violencias raciales hacia el Otro, fue producto de la “astucia de la teología” y fue trasplantada y <em>normalizada</em> en las sociedades hispánicas.</p>



<p>Por su parte, el análisis que hace González del racismo es claro cuando sostiene que en cuanto negros fuimos “esclavizados, propiedad de europeos, fuimos prostituidos”, en cuanto indios fuimos “descubiertos, convertidos; discutieron si teníamos alma; rompieron nuestros dioses; nos prostituyeron moral, religiosa y científicamente” y, por último, “en cuanto españoles somos criollos” que no pueden probar la “pureza de sangre”. Aquí aparecen claros los dispositivos utilizados por España para menospreciar a los americanos, para implantarles “el complejo de ilegitimidad”.  González denuncia la destrucción de los dioses de los indígenas, el rechazo de sus creencias y la conversión forzada a los rieles de la fe; igualmente, pone de presente cómo sus conocimientos fueron pervertidos, menospreciados, es decir, apunta a lo que Sousa Santos llama <em>epistemicidio. </em>El racismo aparece aquí con todas sus consecuencias, con lo cual el pensador antioqueño alude a problemas tratados por el ya citado Aníbal Quijano bajo <em>el concepto de colonialidad del poder</em>.</p>



<p>Por otro lado, uno de los aspectos que permite establecer un diálogo entre Fernando González y el pensador de martinica, afrocaribeño, Frantz Fanon, es esa insistencia del colombiano en el tema del desprecio, de la prostitución, de la vergüenza producida por los dispositivos raciales y sus derivas religiosas cristianas. Es así porque Fanon puso de presente en su libro <em>Pieles negras, máscaras blancas </em>de 1952, cómo el colonizador europeo ocasionaba un daño psíquico en el negro antillano, cómo lo degradaba, lo prostituía. Para dar cuenta de esa corporización afectiva Fanon usó el concepto de <em>epidermización</em>. Dice Ramón Grosfoguel:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>&#8220;Fanon ya hablaba de la epidermización como incrustación psíquico-corporal de procesos y estructuras sociales de poder. Para Fanon, el complejo de inferioridad psico-racial es el resultado de un doble proceso: primero económico y, subsiguientemente, la internalización -epidermización- de su inferioridad en las estructuras psíquico-corporales de los sujetos”.&nbsp;</p>



<p></p>
</blockquote>



<p>Es decir, el negro es subjetivado y le es implantado socialmente un complejo de inferioridad que lo lleva a querer ser blanco, ser como el amo, vestirse y hablar como él. De ahí que el hombre antillano quiera estudiar en Francia, hablar francés y casarse con una francesa; a la vez que las mujeres antillanas desean casarse con un soldado o un funcionario francés. Esto lleva al antillano a negar su ser, su realidad; y, como consecuencia, a <em>imitar</em>. El complejo de inferioridad lleva a la imitación o fetichización de la cultura del colonizador europeo.</p>



<p>Esta es la misma idea que se encuentra en González cuando habla de la vergüenza y de los efectos del racismo y de su inscripción en la psiquis y en el cuerpo del mestizo, el indio, el mulato. Por eso se pregunta: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“¿por qué romperles el siquismo a los indios, burlándose de los nombres con que invocan al espíritu y de las imágenes en que lo adoran?”.</p>
</blockquote>



<p>Sencillo, porque se los animaliza, se los prostituye. Es, palabras más, palabras menos, <em>la colonialidad del ser</em> palpitante en la corpo-psique, en la corpoespiritualidad del indio.</p>



<p><strong><em>La vergüenza de nacer en Latinoamérica</em></strong></p>



<p>La segunda dimensión del complejo de hijo de puta no tiene tanto que ver con el sentimiento de vergüenza que tengo frente a los padres, especialmente la madre, los hijos o los antepasados, sino que se manifiesta como un rechazo y una negación frente a la sociedad a la cual se pertenece, esto es, a la sociedad americana conformada y compuesta en el proceso de europeización iniciado en el siglo XV con el mal llamado “descubrimiento”. Aquí negar lo suyo es, también, negar lo que hemos llegado a ser, lo que somos como conformación de distintos estratos históricos, es negarnos como suramericanos, es sentir vergüenza de pertenecer a esta parte del mundo. </p>



<p>En este sentido, el concepto de <em>embolias anímicas</em> recobra importancia en el pensador de Envigado. Dice González: “este concepto de embolias anímicas es creado por mí, y es esencial”. Pero ¿a qué se refiere tal concepto? La embolia tiene también doble significado: es, por un lado, una herencia, una especie de carga genética, como la propensión o inclinación a fumar cigarro y a la bebida, pero también es una <em>traba, </em>un <em>obstáculo</em> inscrito histórica y culturalmente en el cuerpo, en la epidermis. Es una inscripción o epidermización de estructuras sociales de dominación, subordinación, degradación y explotación, es decir, de distintas formas de poder y micropoderes que se graban en el cuerpo y su experiencia. Por eso alude a ellas como <em>embolias psíquicas</em>. Esto es claro cuando González dice:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Suramérica tiene grandes embolias que le impiden manifestarse, aportar algo al haber de la humanidad. La gran embolia que las explica todas en nuestro continente, es el hecho de que fuimos descubiertos [&#8230;] Porque nos descubrieron, todo lo nuestro es malo y lo europeo es bueno”. </p>



<p></p>
</blockquote>



<p>Es decir, la embolia genera el sentimiento de vergüenza e inferioridad. Fue el “descubrimiento”, el hecho histórico con sus instituciones, mecanismos, dispositivos, prácticas, etc., el que epidermiza el obstáculo llamado embolia que nos atrofia la expresión y que avasalla nuestra autovaloración y percepción creándonos el sentimiento de autodesprecio y, concomitantemente, de <em>esnobismo</em> por lo europeo. El hecho de haber sido “descubiertos” influye en la capacidad valorativa, determinándola, pues “todo lo nuestro es malo”, y todo “lo europeo es bueno”. El efecto del descubrimiento es que genera vergüenza en los sujetos racializados que ahora entienden la dimensión histórica del trauma que padecen. Dice el antioqueño:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“Creemos que esto será un gran continente el día que bebamos whisky, el día en que adoptemos las inversiones sexuales de allá, el día en que hablemos inglés o francés, el día en que nuestros pueblos se rijan por leyes europeas”. </p>



<p></p>
</blockquote>



<p>El efecto de esta embolia es la simulación y, como consecuencia de ella, <em>la imitación y la repetición, </em>tal como anotaba también Gutiérrez Girardot bajo el concepto dariano de “rastacuerismo”. El simulador es un <em>rastacuero</em> que pretende ser lo que no es, que se muestra y se escenifica socialmente para aparentar. El simulador es vacío, es vanidoso, vacuo, por eso llena esa oquedad con lo que imita y toma de otros: “El vanidoso simula y sus manifestaciones o formas carecen de la gracia vital”. Eso es lo que González entiende cuando dice que el suramericano está caracterizado por la <em>vanidad</em>: </p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>“poque somos hijos de padres humillados por Europa, simulamos europeísmo, exageramos lo europeo. Nuestra personalidad es vana. Por eso Suramérica no vale nada”. </p>
</blockquote>



<p>De ahí que tomamos prestados “vestidos ajenos” y no <em>creamos ni aportamos nada al mundo, a la cultura</em>. El rastacuero no crea, es un recién venido que, para hacerse tomar en serio, para mostrar alguna valía en sociedad, imposta, es un impostor.</p>



<p>Estas ideas de González tienen plena vigencia en la actualidad, donde la sociedad latinoamericana aún padece lo que llamo las herencias coloniales de larga duración como el racismo, el clasismo, el elitismo, el complejo de inferioridad, el colonialismo intelectual y el fetichismo y el esnobismo por la cultura euroamericana. De ahí la necesidad de superar ese complejo (y las múltiples y nocivas herencias) como lo recomendaba el mismo pensador antioqueño.  </p>



<p>Y, finalmente, ¿no padecen los cuerpos negros, incluidos el de la vicepresidenta, esas derivas afectivas del desprecio social, de esos desprecios que matan, y que confirman que el racismo es en Colombia, en América Latina, y en el mundo, una herencia colonial no aislable de los imperialismos y colonialismos de diverso cuño, y que hoy se reproduce con otros etnicismos y sus consecuencias nefastas para la vida de los personas, de esos Otros considerados superfluos?</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=109166</guid>
        <pubDate>Tue, 10 Dec 2024 18:36:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El racismo y el complejo de hijo de puta en la sociedad colombiana]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El talento dizque no se necesita</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/el-talento-dizque-no-se-necesita/</link>
        <description><![CDATA[<p>En estos días Carmen Posadas escribió un artículo en el cual decía que para el arte parecería que no se necesitara talento. Estas son algunas frases de su artículo, Del talento, ¿qué? Al evaluar un libro, no se habla ahora de la destreza literaria de su autor ni de su originalidad o la belleza de [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En estos días Carmen Posadas escribió un artículo en el cual decía que para el arte parecería que no se necesitara talento. Estas son algunas frases de su artículo, <em><a href="https://americanuestra.com/posadas-del-talento-que/?fbclid=IwY2xjawEfZzNleHRuA2FlbQIxMQABHVG8s_ntPHroMrIvIW8V3ATebbNR4evKT2mWapyuZ8Vanj90bPW9dpEpCg_aem__yeEENH8aZkaTG-Owxqdhw">Del talento, ¿qué?</a></em></p>



<p><strong><em>Al evaluar un libro, no se habla ahora de la destreza literaria de su autor ni de su originalidad o la belleza de su prosa. Lo único que se valora: los temas sociales que trata.</em></strong></p>



<p><strong><em>Que me perdonen los expertos en esta disciplina, pero ¿tiene sentido que un ‘perro globo’ de Jeff Koons valga casi 60 millones de dólares, mientras que un retrato de Rafael de Urbino, en la misma sala de subastas, se venda por menos de 30?</em></strong></p>



<p><strong><em>El verano pasado, convidada a casa de unos coleccionistas de arte, pude ver cómo otros invitados miraban extasiados el techo. La causa de tanto arrobo era una frase escrita en letras adhesivas de esas que se compran en cualquier chino. La frase no la recuerdo, pero les aseguro que era una perfecta chorrada escrita en inglés.&nbsp;</em></strong></p>



<p><strong><em>Total, y para resumir, el talento ya no es un criterio para evaluar ni obras artísticas ni tampoco a personas.</em></strong><strong><em></em></strong></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="800" height="794" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/11063714/image.png" alt="" class="wp-image-104278" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/11063714/image.png 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/11063714/image-300x298.png 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/11063714/image-150x150.png 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/08/11063714/image-768x762.png 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></figure>



<p><em>Memorias escogidas, </em>de Cildo Meireles</p>



<p>Ella no está sola al pensarlo, muchos sienten lo mismo, y en múltiples casos es así. Para hacer arte se ha necesitado talento, porque las emociones que correlacionamos con la obra de arte son producto del asombro, y sin este, sin que las acciones, sin que los objetos alcancen un óptimo dentro de su campo, dentro de su categoría, no vamos a sentirlo, ni vamos a sentir fascinación ni vamos a tener la experiencia que llamamos estética.</p>



<p>Desde el siglo 20 hasta hoy, los curadores, los críticos y filósofos del arte empezaron a dudar de la importancia de la belleza, la maestría, una buena técnica, una buena factura. Saber por qué no es comprobable. Se puede intuir que esto ocurrió por saturación, por exploración desmedida de todos los caminos, por exceso de técnica, por conocimiento extendido de cómo conseguir la belleza.</p>



<p>Las obras de arte para llamar la atención tienen que proponer algo nuevo. La gente se cansa de lo mismo, se habitúa, y deja de apreciar lo que le es común. Así que, una vez agotados muchos caminos, que en su momento fueron novedosos, se convierte en una opción el camino del escándalo. Como lo escribí hace tiempos en el libro <em>Homo artísticus</em>:&nbsp;“En el ansia por ganar estatus&nbsp;hay otra vía, que también fue observada por Thorstein Veblen: la ofensa conspicua. ´Se trata de darse el lujo de ofender, de insultar y de escandalizar, ya sea con obras de arte, atuendos, acciones o actitudes; es demostrar con actos que se tiene poder, que se es invulnerable, que se posee un prestigio&nbsp;más allá de la humilde opinión del populacho´”.</p>



<p>A principios del siglo 20, el Dadaísmo<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> estaba en ebullición. Muchas obras que no mostraban ni belleza ni talento eran aceptadas y encumbradas por los historiadores y filósofos del arte. Fuera de eso, el Posmodernismo (después de 1960) puso lo bueno y lo malo en un mismo plano, ya que para los posmodernos todo es relativo, no importan los criterios biológicos ni culturales de juicio (ellos niegan los biológicos), no importa que haya detrás alguna o ninguna cultura, pues todo es cuestión de la interpretación. Así que esto catalizó lo de “todo puede ser arte”, incluso lo que no existe. Digamos que ese camino llevó la filosofía del arte a la cúspide del precipicio. Qué más queda si algo que no existe puede ser arte también. Aquí unos ejemplos de piezas que no existían (tomados de un artículo mío, titulado <em>Aberraciones del arte</em>):</p>



<p>“Al llevar a un extremo la idea de obra donde no hay mucho para apreciar, Yves Kline expuso la <em>Galería vacía</em>. En la galería no había nada, estaba vacía, como lo anunciaba la muestra. El artista americano Robert Barry también hizo su exposición con la galería vacía y cerrada, físicamente inaccesible (1969-1970). Llevó la idea, a Los Ángeles, Ámsterdam y Turín. Robert Irwin se propuso él mismo como obra de arte. Él dentro de una galería vacía, en la <em>Ace Gallery</em>, en Los Ángeles (1970). La misma idea la tuvo Chris Burden. En 1975 expuso la obra <em>White Light / White Heat</em>. El artista se ubicó en una plataforma por encima del espectador, estuvo 22 días sin comer ni hablar, y el espectador podía entrar al recinto, pero no lo veía. En la <em>Hayward Gallery</em>, en Londres, en el 2012, se expusieron 50 obras “invisibles” de artistas famosos. A Andy Warhol no le faltó su obra vacía, que llamó <em>Escultura Invisible</em>, “realizada” en 1985 (sabemos la fecha, porque en la galería estaban el pedestal y la ficha técnica). Todavía más inaprensible fue la obra de Tom Friedman: <em>1 000 horas mirando fijamente</em>. Se trataba de una hoja en blanco a la que el artista aseguró haber mirado mil horas en total, en el lapso de cinco años.</p>



<p>Al respecto, Thomas Crow comentó en su libro <em>El Arte moderno en la cultura de lo cotidiano<a id="_ednref2" href="#_edn2"><strong>[ii]</strong></a></em>: “Frente a otros episodios eclécticos de nuestro propio siglo (siglo 20), lo más llamativo en la actual erupción ecléctica es el <strong>desparpajo </strong>y la <strong>desinhibición</strong> con que se doblegan todos los estímulos reales y posibles. Cuando en la actualidad ciertos críticos nos hablan de la «desconexión» o «disrupción» que libera el artista de los constreñimientos del estilo <s>y del contenido de la subjetividad del artista, reconduciendo una realidad plural hacia una síntesis en un yo plura</s>l.” Lo tachado no agrega información relevante.</p>



<p>Pero las cosas no se quedaron ahí. Hoy, en el 2024, las obras para ser tomadas como arte que vale la pena deben tener un contenido social o político, o denunciar o señalar o hacer reflexionar sobre los problemas del mundo. Se espera de las obras serias que recapitulen sobre el orden histórico al que pertenecen. El artista debe ser muy consciente de las obras que preceden su trabajo, debe conocer al dedillo la historia del arte. Si recuerdan obras del pasado es porque las están “retomando, reevaluando o reestructurando”. Se espera que las obras de arte plástico sensibilicen al público, se reconcilien con el espectador, o sean instrumento de denuncia. De otra manera caen en el ámbito de lo decorativo (y como tal merecen el desprecio). Por eso, el talento sigue sin importar, como lo asegura Carmen Posadas en su artículo. No quiero decir que no haya artistas que con gran talento hagan sus trabajos, con mucha imaginación y con propuestas novedosas e impactantes. Sí los hay, pero hoy, la moda es ser políticos e influyentes para cambiar el mundo.</p>



<p>No debe molestarnos que se imponga esta preocupación, es loable, pero debe estar claro que es solamente otra moda del arte. Quizás engendre mejores frutos que el dada, el arte conceptual, el minimalismo, en la gente que aprecia el arte, puede que sí, pero debe estar claro que es otra moda.</p>



<p>A lo largo de la historia, el arte, lo que la institución del arte ha incluido en su catálogo, ha tenido muchas funciones, todas las imaginables; ah, y muchas definiciones también.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> De Wikipedia: El dadaísmo se caracteriza también por gestos y manifestaciones provocadoras, en las que los artistas pretendían destruir todas las convenciones con respecto al arte, creando, de esta forma, un antiarte. El movimiento dadaísta es un movimiento antiartístico, antiliterario y antipoético porque cuestiona la existencia del arte, la literatura y la poesía. De hecho, cuestiona, por definición, el propio dadaísmo.</p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> “Historias no escritas del arte conceptual: contra la cultura visual”, Ediciones Akal, 2002. PP. 217-246</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=104277</guid>
        <pubDate>Sun, 11 Aug 2024 11:40:14 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El talento dizque no se necesita]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Algo está mal en Saturno 3.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/algo-esta-mal-en-saturno-3/</link>
        <description><![CDATA[<p>Nota Preliminar: Esta reseña cinematográfica se publica simultáneamente en El Sitio de Ciencia Ficción de España. El título es una de las líneas promocionales de la película de ciencia-ficción&nbsp;Saturno 3&nbsp;(Saturn 3, 1980), producida y dirigida por Stanley Donen, el gran realizador estadounidense de quien se celebró su centenario recientemente. Es una producción británica, de la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="669" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050031/Saturn-3-669x1024.webp" alt="" class="wp-image-103356" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050031/Saturn-3-669x1024.webp 669w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050031/Saturn-3-196x300.webp 196w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050031/Saturn-3-768x1176.webp 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050031/Saturn-3.webp 961w" sizes="auto, (max-width: 669px) 100vw, 669px" /></figure>



<p><strong>Nota Preliminar</strong>: <em>Esta reseña cinematográfica se publica simultáneamente en El Sitio de Ciencia Ficción de España. </em></p>



<p>El título es una de las líneas promocionales de la película de ciencia-ficción&nbsp;<strong><em>Saturno 3</em></strong>&nbsp;(<em>Saturn 3</em>, 1980), producida y dirigida por Stanley Donen, el gran realizador estadounidense de quien se celebró su centenario recientemente. Es una producción británica, de la legendaria compañía&nbsp;<em>ITC Entertainment</em>&nbsp;(<em>Incorporated Television Company</em>) de Lord Lew Grade, antiguo bailarín profesional de Charleston, convertido en magnate del cine y la televisión, que produjo desde series míticas como&nbsp;<em>El Santo</em>&nbsp;con Roger Moore, hasta películas premiadas como&nbsp;<em>El Estanque Dorado</em>&nbsp;(1982) o&nbsp;<em>La Decisión de Sofía</em>&nbsp;(1982).</p>



<p><em>Saturno 3</em>, se soporta en los tres intérpretes protagonistas, Farrah Fawcett, Kirk Douglas y Harvey Keitel. Resulta interesante observar que en los créditos de la cinta el nombre de Farrah Fawcett, quien era el símbolo sexual del momento, aparece primero que el de Douglas, aunque en los afiches publicitarios, se le da más prelación al del actor, considerado una leyenda. Ahora bien, la película se recuerda como un fracaso, o simplemente no se le recuerda. Pero resulta interesante, darle una mirada y buscar por qué se catalogó de desastre (para el gran Keitel, el punto más bajo de su carrera). Al final, ¿qué fue lo que estuvo mal en&nbsp;<em>Saturno 3</em>?</p>



<p>La imagen de inicio, nos recuerda a&nbsp;<em>Star Wars,</em>&nbsp;aunque con un fondo más impactante, el planeta Saturno, mientras una inmensa nave, que resulta una base espacial humana, se acerca lentamente, con una fanfarria musical. La similitud con la primera película de la saga de la&nbsp;<em>Guerra de las Galaxias</em>&nbsp;no es casualidad, se debe a un nombre común para las dos producciones, John Barry, no el compositor británico, sino a un decorador y diseñador de producción también británico, que ganó justamente un premio Óscar, a la mejor Dirección de Arte en 1978 por su trabajo en la primera película galáctica de George Lucas.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="865" height="484" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045705/Saturn-3-2.jpg.webp" alt="" class="wp-image-103351" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045705/Saturn-3-2.jpg.webp 865w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045705/Saturn-3-2.jpg-300x168.webp 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045705/Saturn-3-2.jpg-768x430.webp 768w" sizes="auto, (max-width: 865px) 100vw, 865px" /></figure>



<p>Decíamos que eran 3 protagonistas, pero no podemos olvidar al cuarto en historia, Héctor, un robot que ha sido traído a la base habitada únicamente por el comandante Adam (es decir, Adán, el primer hombre) y su compañera Alex, quienes aparte de colegas son amantes. Adam, interpretado por Douglas, probablemente le dobla en edad a Alex (Fawcett) y es consciente que su relación no tiene mucho futuro, aunque hasta el momento ha resultado idílica, pero la armonía se rompe con la llegada del Capitán Benson (Keitel) y el robot Héctor, que ayudará a incrementar la producción de cultivos hidropónicos, el verdadero propósito de aquella instalación.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="330" height="582" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050119/saturn-3-hector.jpg" alt="" class="wp-image-103357" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050119/saturn-3-hector.jpg 330w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050119/saturn-3-hector-170x300.jpg 170w" sizes="auto, (max-width: 330px) 100vw, 330px" /></figure>



<p>A riesgo de hacer spoilers para quien no haya visto la película, Héctor resulta ser un robot asesino, producto de la programación directa del cerebro de Benson, un desequilibrado mental que previamente mató a un colega, para emprender esta misión. Héctor, cuyo nombre se deriva del héroe troyano, muerto por Aquiles en la Ilíada, termina siendo una especie de mezcla entre&nbsp;<em>Terminator</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Alien</em>, por la dificultad para ser eliminado.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="700" height="496" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050155/saturn-3-corridor-pic-2.jpg" alt="" class="wp-image-103358" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050155/saturn-3-corridor-pic-2.jpg 700w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20050155/saturn-3-corridor-pic-2-300x213.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 700px) 100vw, 700px" /><figcaption class="wp-element-caption">SATURN 3, from left, Farrah Fawcett, Kirk Douglas, 1980, ©Associated Film Distribution</figcaption></figure>



<p>La idea de la película fue del citado John Barry, a quien se le ocurrió la historia de un thriller de ciencia-ficción de bajo presupuesto, que compartió con Stanley Donen, a quien el género no le apasionaba, pero decidió apadrinar la iniciativa, porque consideraba interesante el argumento, que no dejaba de ser una historia de amor trágica, así pasara doscientos años en el futuro, así como resultaba inquietante concebir que un robot, tuviera un cerebro humano virgen, que podía ser programado directamente por el de un humano, transmitiendo su propio pensamiento, así como su carácter.</p>



<p>Donen comenzó a vincular adeptos a la idea, como el escritor de ciencia-ficción Martin Amis y el magnate Lord Lew Grade, quien a su vez, compartió el guion que en ese momento tenía el título de&nbsp;<em>El Ayudante</em>&nbsp;(<em>The Helper</em>) con Farrah Fawcett, cuya participación subió el monto de la producción que fue de 10 millones de libras esterlinas, que no resultaba tan alto para las grandes producciones de Hollywood, pero sí para lo que inicialmente estimaban Donen y Grade.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="450" height="625" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045828/farrah-saturn-31.jpg" alt="" class="wp-image-103353" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045828/farrah-saturn-31.jpg 450w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045828/farrah-saturn-31-216x300.jpg 216w" sizes="auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px" /></figure>



<p>Inicialmente se pensó en Sean Connery y Michael Caine, para los roles del comandante / pareja y el capitán / intruso, pero al final fueron Douglas y Keitel. Es claro que se aprovechó al máximo la figura de Farrah Fawcett, por entonces una presencia arrolladora en los medios audiovisuales, gracias a la serie de televisión “<em>Los Ángeles de Charlie</em>” y sus comerciales de champú, en donde su voluminosa y sedosa cabellera salía reluciente. Se dice que Douglas, reticente a la ciencia-ficción, aceptó su participación, sólo por la oportunidad de tener escenas íntimas con Fawcett.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="615" height="328" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045801/sat1.webp" alt="" class="wp-image-103352" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045801/sat1.webp 615w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045801/sat1-300x160.webp 300w" sizes="auto, (max-width: 615px) 100vw, 615px" /></figure>



<p>La película se filmó en los estudios Shepperton en las afueras de Londres, en donde se construyó el set para la&nbsp;<em>base Titán</em>, una construcción que demoró cuatro meses. Como dato curioso, para fabricar a Héctor se tomaron dibujos de Leonardo Da Vinci. El robot terminó costando un millón de dólares. Pero quizás el mayor error, fue escoger a John Barry como director, pues no tenía la suficiente experiencia y luego de pocas semanas de iniciada la producción, se retiró sin mayores explicaciones y lo sustituyó Stanley Donen. Unos meses más tarde, Barry falleció por una meningitis aguda, mientras trabajaba como director de segunda unidad en&nbsp;<em>El Imperio Contraataca</em>.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="720" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045905/saturn-3-farrah-kinky-outfit.jpg" alt="" class="wp-image-103354" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045905/saturn-3-farrah-kinky-outfit.jpg 576w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/20045905/saturn-3-farrah-kinky-outfit-240x300.jpg 240w" sizes="auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p><em>Saturno 3</em>&nbsp;tuvo muchos inconvenientes, especialmente técnicos, con la fabricación y manipulación del robot. Cuando se ven los afiches publicitarios de la cinta, es frecuente ver la imagen de Farrah Fawcett vistiendo un atuendo sexi, de cuero y liguero, que nunca aparece en la película, pues correspondía a una escena onírica, que fue cortada en la edición. Una de las ideas interesantes del argumento es que los astronautas consumen con frecuencia unas píldoras llamadas “blue dreamers” (soñadores azules), con fines recreativos, que les permiten tener fantasías vívidas mientras duermen.&nbsp;</p>



<p>El filme pudo haber sido una gran obra, pero resultó un fracaso, al final refleja lo que se vivió en el set y que el legendario productor Lew Grade, definió como la falta de experiencia de John Barry en la dirección, el ego de Kirk Douglas, la apatía de Keitel y la mediocridad de Fawcett. Hay errores inconcebibles, como escenas en donde se aprecian las sombras de los técnicos o cuando Alex es maltratada por el robot, sangrando sus muñecas y brazos, pero en el siguiente cuadro, no hay rastro de esas huellas.</p>



<p>Sin embargo, para rescatar me quedo con dos momentos. La escena del juego de ajedrez es paradigmática, especialmente por la reflexión que hace el comandante Adam, en el sentido que un robot nunca podría aprender, la noción de sacrificio, a diferencia de los seres humanos. La imagen final, no deja de ser inquietante, un planeta Tierra en la distancia, que a todas luces se observa diferente, mostrando continentes incompletos, algo que no está muy lejos de la realidad, cuando como consecuencia del calentamiento global y el aumento del nivel de los mares, grandes porciones del suelo firme desaparecerán. Una fotografía de nuestro futuro.</p>



<p>Es una lástima que&nbsp;<em>Saturno 3</em>&nbsp;haya estado mal, cumpliendo la frase promocional, porque la idea era realmente buena. De todas formas, para los cinéfilos curiosos, especialmente los amantes de la ciencia-ficción, queda la invitación para que la vean y se formen su propio criterio, que no necesariamente debe coincidir con el de este comentarista.</p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que antes se llamaba Twitter, me encuentran a la hora del recreo como @dixonmedellin&nbsp;</p>


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        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sun, 28 Jul 2024 20:24:02 +0000</pubDate>
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