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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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        <title>Gramsci y la lógica de lo político</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/filosofia-y-coyuntura-2/gramsci-y-la-logica-de-lo-politico/</link>
        <description><![CDATA[<p>En este artículo explicamos en 9 pasos la lógica de la política: la finalidad de la misma y la estrategia para el logro de la hegemonia, la cual comporta la llamada batalla cultural. </p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Jorge Luis Borges dijo: “los astros y los hombres vuelven cíclicamente”. Este verso pone de presente que nada se va para siempre, que hay cosas que permanecen ahí, sepultadas, y que pueden revivir para actuar en la actualidad. El verso también patentiza que la tradición no es un mármol frio del pasado, sino que puede actualizarse, o lo que es lo mismo, que existen “pasados proyectivos”. Gramsci es uno de esos hombres que hoy está de vuelta. Así lo testimonian su presencia en la política contemporánea actual, especialmente, en los progresismos, en los debates en la filosofía política e, incluso, en las tácticas de la neoderecha que parece haber entendido mejor a Gramsci que la misma izquierda, pues se ha tomado en serio el tema de la batalla cultural en los medios y los artefactos culturales, al igual que la conquista del sentido común de la gente. Pero ¿a qué se debe este renacer de Gramsci? La respuesta es sencilla: porque su obra es una caja de herramientas que sirve para <em>analizar</em> la realidad política actual, pero no solo para analizarla, sino que ofrece <em>horizontes teórico-prácticos</em> para transformarla. Veamos algunos puntos clave que nos permiten sustentar lo dicho:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1º. El ser humano hace la historia, puede cambiar la realidad en la que vive, tal como pensó Gramsci, quien sostuvo: “La historia como acaecimiento es pura actividad práctica”, es decir, la <em>voluntad colectiva, común,</em> produce transformaciones, no solo en el nivel económico, sino en el&nbsp;<em>nivel cultural, intelectual y moral.&nbsp;</em>Tener conciencia de la historia como creación típicamente humana es un punto de partida fundamental para evitar la indiferencia, la resignación, el conformismo y la&nbsp;<em>claudicación</em>&nbsp;ante el presente, pues el porvenir siempre es abierto. El materialismo histórico o, lo que es lo mismo, la <em>filosofía de la praxis,</em> concibe al humano como un protagonista de su propia historia. Es una filosofía o concepción elaborada del mundo que, por medio de la <em>acción política</em>, <em>deviene</em> <em>historia</em> <em>viva.</em> De esta manera se rechaza el optimismo neoliberal del fin de la historia que paraliza el pensamiento y la acción y que pretende inculcarnos la idea <em>del fin del futuro</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2º. El análisis debe partir de “lo que hay”, del mundo que se tiene, de la situación de la infraestructura con sus relaciones de producción, situación económica, grupos de interés, empresas, etc., sin caer en el determinismo económico, pues, en estricto sentido, la disputa por la economía ya es una disputa política. Gramsci decía: “Lo que determina la acción política no es la estructura económica, sino la interpretación que se dé de esta y de las llamadas leyes que rigen su desarrollo. Estas leyes no tienen nada de común con las leyes naturales”. El sujeto no está determinado por su posición de clase, no es ésta la que le otorga la <em>autoconciencia</em>, pues el sujeto <em>político</em> no se constituye como tal <em>antes</em> del conflicto político, sino justamente <em>gracias a él</em>. Igualmente, “lo que hay” requiere pensar en <em>las fuerzas políticas</em>, sus intereses, sus luchas, las tendencias hegemónicas, las ideologías; así como en la correlación de las fuerzas militares y la geopolítica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. La política consiste en una batalla intelectual, cultural y moral que disputa el&nbsp;<em>sentido común</em>&nbsp;(opiniones, creencias, supersticiones, prejuicios, valoraciones, certezas, en fin, la concepción del mundo de la gente) de la sociedad. El sentido común es generalmente conservador, contiene visiones retrógradas del mundo, <em>es un abecedario mental</em> con el que nos movemos en la realidad, con el que la interpretamos; el sentido común es misoneísta, pero puede contener un núcleo crítico, un <em>buen sentido</em> que se manifiesta en nuestras prácticas, muchas veces en contra del sentido común dominante. Ahora, <em>la lucha cultural</em> consiste en una <em>guerra de posiciones</em> donde se va avanzando en el terreno de la sociedad civil, conquistando lugares, derrumbando sus fortificaciones, conquistando porciones de <em>sentido</em>, tomando ideológicamente a la sociedad. Desde luego, como toda batalla, implica luchar contra la cultura del adversario. Y en esa tarea el análisis de sus discursos ideológicos, de su literatura, de su propaganda, de los contenidos de la radio, de la televisión, del cine, de su teatro y hasta de sus fiestas etc., es fundamental. Hoy, básicamente, la sociedad es un campo de batalla por la conquista de la atención y en la búsqueda del consentimiento de las grandes más. Y en esa tarea llegar a las masas a través de los artefactos culturales es clave, es imperioso e implica un trabajo permanente. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">4. En la lucha por conquistar el sentido común se requiere partir de lo “que hay”, criticarlo, elaborarlo y “superarlo” en una visión nueva de sociedad (o nueva <em>concepción del mundo</em>) que se debe difundir y consolidar por medio de la propaganda, la discusión, la seducción, la persuasión, el trabajo cultural, etc. Como ha dicho Boaventura de Sousa Santos: “esa lucha tiene lugar en la educación formal y en la promoción de la educación popular, en los medios de comunicación, en el apoyo a los medios alternativos, en la investigación científica, en la transformación curricular de las universidades, en las redes sociales, en la actividad cultural, en las organizaciones y movimientos sociales, en la opinión pública y en la opinión publicada. A través de ella se construyen nuevos sentidos y criterios de evaluación de vida social y de la acción política”. Entonces, se trata de vencer, superar el sentido común hegemónico, dominante, elevarlo al concepto, esclarecerlo, y construir una nueva filosofía democrática que, con <strong><em>la mediación de los intelectuales</em></strong>, pretenda convertirse en un <em>nuevo sentido común</em> que, a la vez, se convierta en “norma de vida”, que devenga acción práctica cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ello, hay que dialogar con la <strong>cultura popular</strong>, extraer de ella sus puntos críticos, emancipadores, positivos, que contribuyan a la pelea por la conquista de la hegemonía. Pero debe tenerse en cuenta que destruir el sentido común de la clase dirigente, oligárquica, señorial, aristocrática, corrupta, etc., y cambiarlo por una concepción del mundo que defienda lo&nbsp;<em>común</em>&nbsp;(tierra, agua, aire, conocimiento, intereses colectivos)&nbsp;<em>toma tiempo</em>, y requiere trabajo con las “gentes sencillas”. Se trata de un humanismo plebeyo como dice Luciana Cadahia. Para lograrlo, es necesario el&nbsp;<em>trabajo social, la militancia, la educación popular, el trabajo en cultura política,</em>&nbsp;pues las ideas progresistas, novedosas, etc., no ganan la aprobación de la gente de un momento a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">5. Sustituir una <em>vieja</em>&nbsp;<em>concepción del mundo</em>, por ejemplo, la neoliberal, basada en el darwinismo social, el exitismo, el egoísmo, la competencia, la destrucción de la naturaleza, la mecanización de los procesos vitales en la sociedad del frenesí, etc., requiere&nbsp;<em>deconstruirla</em>&nbsp;y sustituirla por un nuevo&nbsp;<em>sentido</em>&nbsp;común, que, por ejemplo, esté afincado y constituido por <em>otros valores y prácticas</em>. Se trata de una rebelión de los instintos vitales contra la tanatopolítica que devasta y arruina nuestro mundo. En esas luchas se puede recoger y aprender de la tradición, recoger los sedimentos revolucionarios y los restos de libertad y dignidad aún no realizados en la historia de las luchas emancipatorias, como pensaron algunos miembros de la Escuela de Frankfurt y en nuestro medio colombiano Orlando Fals Borda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">6. Lo anterior exige la política. El fin de esta <em>es crear una nueva hegemonía</em>, materializarla, mantenerla y reproducirla. Solo así se crea una nueva sociedad. La política es el arte de seducir y convencer para que los nuevos intereses de un grupo o partido se impongan en la mayoría de la sociedad y reciban el respaldo de la gente. En eso consiste que una determinada idea, visión del mundo o&nbsp;<em>programa político</em>&nbsp;se torne&nbsp;<em>hegemónico</em>. La hegemonía es el paso de lo particular y de los intereses económicos-corporativos a una <em>universalidad</em> que recoge esos intereses y los identifica con los de toda la sociedad, de tal manera que la mayoría los asuma como <em>propios</em>. Por eso, no hay hegemonía sin universalización de posturas emancipatorias. Ahora, la&nbsp;<em>contienda por el poder</em>&nbsp;y por ganar la&nbsp;<em>dirección de la sociedad</em>&nbsp;se da no solo a nivel de la sociedad política (parlamentos, sistema electoral, poder ejecutivo) sino especial y principalmente en el campo de la <em>sociedad civil</em>, es decir, en las organizaciones políticas, sindicales, educativas, grupos ambientales, movimientos pro LGBTI, grupos religiosos, movimientos culturales e intelectuales, organizaciones u ONG´s en defensa de los derechos humanos. <em>La sociedad civil es, entonces, el campo de batalla ideológica por la obtención del consentimiento y el consenso.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">7º. En la&nbsp;<em>lucha antagónica</em>&nbsp;<em>por la hegemonía</em>&nbsp;es fundamental el papel de los intelectuales, de los estratos más conscientes, en pleno contacto con la sociedad. Es así como se puede elaborar, en la retroalimentación con los&nbsp;<em>sectores subalternos</em>, una visión más coherente y sistemática de la realidad. Por eso, los intelectuales son fundamentales en la construcción de la&nbsp;<em>ideología</em>, entendida no como falsa conciencia, sino como un conjunto o sistema de ideas que encarnan una visión específica de sociedad. Esas ideologías tienen poder de <em>identificación</em> y de movilización de afectos en pro de la construcción de una nueva concepción del mundo. Aquí, la ideología es el cemento o pegante que cohesiona a los grupos que representan las alternativas políticas. Sin ideología no hay, entonces, hegemonía.&nbsp; Y esta hegemonía presupone la ideología, implica la creación de “un bloque social” no solo como sujeto político, sino como una unidad <em>intelectual y moral</em> donde teoría y práctica han convergido, donde se da esa unidad. Eso ocurre cuando la gente encarna una concepción del mundo, lo vive y lo materializa en sus prácticas cotidianas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">8. La construcción de hegemonías es una tarea permanente, pues esta nunca es absoluta, ni totalizante, de tal manera que no clausura lo social, ni totaliza la realidad; mucho menos elimina una de las características fundamentales de las sociedades actuales:&nbsp;<em>el conflicto y el antagonismo.</em>&nbsp;Aquí no hay paraísos, ni fin de la historia, solo un devenir conflictivo de lo social. El objetivo es construir un nuevo orden donde haya un nuevo bloque dirigente, producto de una <em>voluntad colectiva nacional-popular</em> que es, a la vez, una unidad intelectual y moral como nueva forma de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">9. El pensamiento de Gramsci no es un dogma, ni un catálogo de conceptos o recetas para el cambio social. No. Es una caja de herramientas útiles donde es lo real-concreto y su análisis el que <em>enriquece</em> la teoría y, ésta, a su vez, permite ampliar la comprensión de la realidad favoreciendo la praxis colectiva. Importante es resaltar el gran papel que Gramsci le da a <em>lo político</em> sobre lo económico, su antideterminismo y anti-economicismo, su crítica de la toma del poder, la reciprocidad dialéctica entre estructura y superestructura, la relevancia de la cultura y el trabajo cultural, el papel dado a la lucha, el conflicto y el antagonismo social, la importancia de articular una visión de mundo con un <em>nuevo lenguaje</em> político que conquiste a las grandes mayorías para así construir otro mundo posible. Es por estas razones que Gramsci está de vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132962</guid>
        <pubDate>Sat, 12 Sep 2026 16:01:36 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
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        <title>“No debemos permitir que el Bosque de Mutis en Mariquita se convierta en un potrero”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/no-debemos-permitir-que-el-bosque-de-mutis-en-mariquita-se-convierta-en-un-potrero/</link>
        <description><![CDATA[<p>En su vista a Colombia, José Luis Fernández Alonso, científico titular del Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, España, hizo un llamado para preservar el legado de la Real Expedición Botánica y continuar la obra que emprendió el sabio Mutis en 1783 por el Nuevo Reino de Granada.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>España y Colombia han estrechado lazos para honrar la memoria del padre de la Real Expedición Botánica, José Celestino Mutis, proteger su legado y continuar su obra. En la imagen, José Luis Fernández Alonso, científico titular del Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Terminando la licenciatura de Biología en España, José Luis Fernández Alonso, científico titular del Real Jardín Botánico-CSIC de Madrid, llegó becado a Colombia en 1986 con el propósito de estudiar la flora de Mutis y la flora tropical, por un acuerdo entre el Instituto Colombiano de Cultura Hispánica y el Instituto de Cooperación Iberoamericana. “Luego me desempeñé por 23 años como profesor de la Universidad Nacional y me casé con una colombiana”, nos dice este hombre que habla con pasión sobre Mutis y su obra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2009, el profesor regresó a España como investigador, y los motivos de su entusiasmo siguen intactos: la flora de Colombia y en la flora neotropical, desde México hasta Argentina, <em>“pues están emparentadas al estar distribuidas en la misma franja intertropical de América”.</em> &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hizo parte de la delegación del Real Jardín Botánico de Madrid que, en cabeza de la directora María-Paz Martin, deshizo los pasos de Mutis en San Sebastián de Mariquita a principios de 2026, por invitación de la Fundación Segunda Expedición Botánica, Funbotánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las más de seiscientas láminas elaboradas en la Escuela de Pintores en Mariquita, el profesor Fernández Alonso seleccionó las trece especies del Bosque de Mutis que adornan la portada y cada uno de los doce meses del calendario 2027 del Real Jardín Botánico, en homenaje a Mariquita.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="1024" width="819" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/CALENDARIO-2027-REAL-JARDIN-BOTANICO-2.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132780" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/CALENDARIO-2027-REAL-JARDIN-BOTANICO-2.jpg 1080w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/CALENDARIO-2027-REAL-JARDIN-BOTANICO-2.jpg?resize=240,300 240w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/CALENDARIO-2027-REAL-JARDIN-BOTANICO-2.jpg?resize=768,960 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/CALENDARIO-2027-REAL-JARDIN-BOTANICO-2.jpg?resize=819,1024 819w" sizes="(max-width: 819px) 100vw, 819px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Foto: </strong>cortesía Real Jardín Botánico de Madrid.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuáles fueron los hallazgos durante la visita al Jardín del sabio Mutis en Mariquita?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue emocionante ver que todavía hay construcciones que tienen mucho que ver con los espacios donde trabajó la Expedición Botánica, como son la Casa de Mutis, el jardín experimental de Mutis y el bosque aledaño, o la <em>Casa de los pintores</em> que no alcanzamos a visitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me llamó la atención que el bosque se conserva muy bien en términos de diversidad después de 250 años, a pesar de que ha habido conflicto de invasiones en determinados sectores, pero es algo comprensible al colindar con las casas del municipio. &nbsp;Porque lo habitual en cualquier zona del país es que los ambientes naturales se transformen en potreros, construcciones e incluso cultivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una parte grande, de 50 o 60 hectáreas, muy bien conservada, lo que es una noticia maravillosa. &nbsp;Aunque parezca mentira, todavía no se cuenta con un estudio completo, un inventario detallado de ese enclave relíctico de bosque húmedo, transición a bosque seco, del Magdalena. Siendo cuna de la Expedición, con un alto interés natural por su biodiversidad, es perentorio empezar a protegerlo, realinderar y cercar toda la parte conservada, para que los investigadores y los gestores de ese jardín, puedan garantizar su permanencia en el futuro y sirva para nuestro propósito de investigar y hacer divulgación. Es una suerte poder reencontrar esas plantas antiguas que están en las láminas, o secas en el Herbario Mutis, para estudiarlas y documentarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Es posible entonces pensar en una nueva Expedición Botánica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El tema de la Real Expedición Botánica en Colombia es algo que no se ha olvidado. &nbsp;Ha habido intentos recurrentes por retomar los anhelos y el trabajo de Mutis, no sólo en la parte botánica, sino en muchos otros campos que él emprendió, relacionados con las especies útiles, incluso la docencia, la minería y las ciencias, pero centrándonos en lo que nos compete que es el estudio de la flora de la Real Expedición Botánica y el contexto histórico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es inmejorable la ocasión que tenemos para sacar a flote esa segunda Expedición Botánica que propusiera el expresidente Belisario Betancur en los años 80.  Desde una perspectiva científica y técnica, en términos de divulgación y conservación, estamos uniendo esfuerzos diferentes entidades de Colombia y España.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Como científico ¿participará usted en la labor de inventariar y catalogar toda de esa riqueza natural que encontraron allí?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo relacionado con la publicación de la flora de Mutis y con el estudio de los herbarios, me apetece muchísimo retomar un proyecto de inventario y de estudio de este relicto de bosque húmedo tropical de Mariquita en colaboración con los colegas botánicos colombianos, del Tolima, del Jardín Botánico de Bogotá o de la Universidad de Ibagué.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de hacer un trabajo conjunto para poner sobre el papel el catálogo definitivo completo de la flora de dicho bosque, que sea una herramienta fundamental de apoyo a la obra de la Expedición Botánica: la flora con sus volúmenes, sus materiales históricos, y que contemos con estas series recientes de referencia, las cuales van a redundar en la conservación del propio predio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se debe demarcar la zona de conservación y recoger información sobre las especies amenazadas o en peligro, para proponer las diferentes acciones para su protección; es un espacio único y el esfuerzo por conservarlo no debe ser solo competencia del municipio de Mariquita, debe tener una protección gubernamental por parte del Ministerio de Medio Ambiente y de quienes tengan competencia en la conservación de parques y espacios naturales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Podemos decir que el espíritu del sabio Mutis sigue presente en Mariquita?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Totalmente. Fue emocionante recorrer esos senderos y ver plantas que están comentadas en los diarios de Mutis y que fueron descritas con todo detalle; por ejemplo, cuando hablaban del <em>cacao de cintillas</em> o el <em>cacao de mico,</em> que es un pariente del theobroma. Verlo allí es recordar las páginas donde describió por primera vez la rareza de estas plantas: los bejucos, las hormigas o las mariposas que recolectaban sus ayudantes, y las reflexiones que hacía Mutis al llegar a su casa, al diseccionar una planta, pues nadie las había descrito en el papel hasta entonces. Es una maravilla que comprobar más de dos siglos después todo esto se conserva allí y en buenas condiciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tenemos un gran bosque, no lo debemos dejar perder, ni permitir que se convierta en un potrero; sería la peor inversión. Es un banco de germoplasma, conectado con la historia de Colombia y su ciencia, que es la Real Expedición Botánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy estamos en esa misma línea del tiempo, luchando por los mismos objetivos, con unos personajes inspiradores excepcionales, empezando por el sabio Mutis.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>La directora del Real Jardín Botánico de Madrid, María-Paz Martin, durante su visita a la Casa de la Real Expedición Botánica en Mariquita, Tolima, en febrero de 2026.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="338" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg?w=650" alt="" class="wp-image-132791" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg 1600w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg?resize=300,99 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg?resize=768,253 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg?resize=1024,338 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Foto-Casa-de-la-Expedicion-Botanica-en-Mariquita.jpeg?resize=1536,507 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size wp-block-paragraph"><strong>Traer al sabio Mutis a nuestro tiempo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El profesor José Luis Fernández se refiere a los tiempos modernos de la botánica en Colombia: los nexos entre José Celestino Mutis, José Jerónimo Triana y Enrique Pérez Arbeláez. A Triana, un botánico colombiano de mediados del siglo XVIII, le parecía imposible que una colección excelsa de láminas y documentos estuviera sin publicarse; por eso, consiguió una autorización para visitar el Real Jardín Botánico de Madrid hacia 1.860. Hizo una primera identificación a nivel de género, familia y especie con el conocimiento de la época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El siguiente en continuar la tarea fue el padre Enrique Pérez Arbeláez, otro gran botánico; durante los años 30-40 del siglo pasado; creó el Herbario Nacional Colombiano y el Instituto Botánica de la Universidad Nacional. Visitó la colección de Mutis en 1927 y desde ese momento luchó para que se publicara la obra inédita de la Expedición Botánica, siendo uno de los artífices del programa binacional de la flora de Mutis.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Las plantas útiles de Colombia”,</em> el libro insignia del sacerdote, documenta la botánica económica, que es la flora útil de Colombia y América, siguiendo la misma trayectoria de sabio. Monumental fue su esfuerzo para documentar las hierbas que se usaban en la farmacopea de la época, la Real botica: en especial detalle las quinas, los tés, los bálsamos y las plantas medicinales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de España, sobresalen los nombres de José Cuatrecasas y Arturo Caballero. Como director del Real Jardín Botánico de Madrid, a finales de los años 30 del siglo XX, Cuatrecasas dio pasos importantes en favor de la publicación de la flora de Mutis, aunque la Guerra Civil Española dio al traste con ese y otros grandes proyectos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La figura de Mutis, sus escritos y su influencia, han sido inspiradoras en el desarrollo de la ciencia y las instituciones en Colombia”, concluye el científico español.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132774</guid>
        <pubDate>Thu, 10 Sep 2026 16:01:10 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[“No debemos permitir que el Bosque de Mutis en Mariquita se convierta en un potrero”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <item>
        <title>La dimensión ambiental del campesinado en Colombia: derechos sin poder</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/voces-por-el-ambiente/la-dimension-ambiental-del-campesinado-en-colombia-derechos-sin-poder/</link>
        <description><![CDATA[<p>Por: Wilmar Niño, investigador de Gobernanza Territorial de la Asociación Ambiente y Sociedad. El campesinado ganó derechos, pero no poder. La reforma del artículo 64 de la Constitución Política de Colombia en el año 2023 marcó un hito al reconocer al campesinado como sujeto de derechos y de especial protección constitucional. Esta reforma incorpora, entre [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por: Wilmar Niño, investigador de Gobernanza Territorial de la Asociación Ambiente y Sociedad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El campesinado ganó derechos, pero no poder. La reforma del artículo 64 de la Constitución Política de Colombia en el año 2023 marcó un hito al reconocer al campesinado como sujeto de derechos y de especial protección constitucional. Esta reforma incorpora, entre otras, la dimensión ambiental como un elemento esencial de esos derechos. Aun así, esta reforma es, por ahora, un avance principalmente normativo, que está lejos de garantizar una distribución más democrática del poder sobre los bienes naturales, los territorios y las decisiones que determinan la protección y uso.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se habla de derechos sin poder porque, como ha señalado el constitucionalista Roberto Gargarella (2011), gran parte de las reformas constitucionales en América Latina ampliaron de manera generosa el catálogo con “nuevos” derechos, pero no tocaron la estructura donde se toman las decisiones; no le prestaron la misma importancia a la organización de poder, que la cual tiene como función principal lograr activar los derechos. El resultado es conocido: derechos ampliamente reconocidos en el papel, pero con escasa capacidad para transformar la realidad. Y aquí surge una pregunta: ¿Quién toma las decisiones sobre los territorios y quién tiene el poder para decidir sobre estos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto muestra el verdadero desafío de este debate: transformar la arquitectura del Estado para democratizar la toma de decisiones sobre el territorio y hacer efectiva la dimensión ambiental del campesinado a través de instrumentos concretos. Pasar del “reconocimiento” al “poder”. Fortalecer el papel del campesinado significa reconocer su importancia en la conservación de los ecosistemas, la seguridad alimentaria, la adaptación al cambio climático, la reducción de los conflictos socioambientales y el fortalecimiento de la gobernanza ambiental.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un camino que apenas comienza</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta dirección empiezan a aparecer instrumentos institucionales que buscan hacer efectivos los derechos ambientales de estas comunidades. Vistos en conjunto, estos revelan las luces y sombras alrededor de las medidas orientadas a transferir el poder durante los últimos cuatros años de gobierno en Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primer terreno donde esto se juega es el judicial. La idea de una Jurisdicción Agraria y Rural estaría llamada a facilitar y expandir la “legitimidad jurídica” de las resoluciones de conflictos agrarios y rurales en Colombia. De ser aprobada, esta Jurisdicción enfrentará discusiones importantes cuando entren en disputa los derechos de tenencia, uso y propiedad de las tierras rurales frente a las áreas de especial importancia ambiental, por ejemplo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se espera que haya jueces que conozcan los asuntos agrarios y, por consiguiente, la interpretaciónque hacen de la Constitución. Resulta importante entender el papel que podrían adoptar los jueces como guardianes de las reglas del procedimiento democratico, pero especialmente la población campesina en la interpretación de cómo se deben entender los derechos y compromisos constitucionales, principalmente del artículo 64 de la Constitución Política. La jurisdicción agraria, como reconoce Rodrigo Uprimny “<a href="https://www.dejusticia.org/column/por-un-mejor-ambiente-para-la-jurisdiccion-agraria/">es entonces una gran oportunidad para darle contenido a la reforma constitucional del 2023</a>”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, durante los períodos legislativos de los últimos cuatro años, el proyecto de ley que tenía como objetivo reglamentar la Jurisdicción Agraria no fue aprobada en el Congreso. Martha Carvajalino, Ministra de Agricultura del Gobierno Petro reconoció que, con el hundimiento de la iniciativa, no fue posible “<a href="https://caracol.com.co/2026/06/16/se-hundio-la-jurisdiccion-agraria-en-el-congreso-y-sera-presentada-en-la-proxima-legislatura/">fortalecer las herramientas para la distribución, administración y resolución de conflictos sobre la tierra en Colombia</a>”.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si el litigio es un terreno, el ordenamiento territorial es otro. La importancia de que las comunidades puedan definir el uso y manejo de sus territorios bajo las normatividad ambiental, implica reafirmar el rol de las figuras de territorialidades campesinas, como las Zonas de Reserva Campesina (ZRC) y los Territorios Campesinos Agroalimentarios (TECAM). Además de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) y las Zonas de Protección para la Producción de Alimentos (ZAPPA).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto resulta significativo, pues, como señala Noriega, Ortega, &amp; Duarte(2025), las figuras jurídicas que son comprendidas como territorialidades campesinas representan un “progreso institucional”. Sin embargo, las posibilidades que ofrecían estas figuras se encuentran hoy en un escenario de incertidumbre, tras el <a href="https://www.infobae.com/colombia/2026/08/02/miniterio-de-agricultura-rechazo-anuncio-de-abelardo-de-la-espriella-de-derogar-las-appa-representaria-un-retroceso/">anuncio</a> del presidente electo de iniciar la derogatoria de las resoluciones que declaran las APPA. De concretarse esta decisión, estarían en riesgo cerca de un millón de hectáreas declaradas en 55 municipios del país, además de seguir comprometiendo 20 millones de hectáreas que necesitan <a href="https://caracol.com.co/2026/08/01/minagricultura-rechaza-derogar-las-appa-niega-expropiaciones-y-alerta-por-riesgo-alimentario/">procesos para contrarrestar las afectaciones y degradaciones del suelo</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Más allá de las figuras reconocidas (ZRC, TECAM, APPA y ZAPPA) los territorios campesinos son espacios donde las comunidades han desarrollado modos de vida (productivos y comunitarios) sin necesidad de estar amparados bajo una figura.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un paso importante para otorgarle poder al campesinado se produjo durante el cierre de la Cumbre Campesina, realizada en el marco preparatorio de la COP16 Colombia en 2024. Allí se anunció la <a href="https://www.minambiente.gov.co/se-firma-decreto-para-fortalecer-zonas-de-reserva-campesina/">modificación del Decreto 1777 de 1996</a>. Esta modificación permite fortalecer las ZRC ya que habilita la oportunidad de constituirlas al interior de las Zonas de Reserva Forestal de la Ley Segunda. En este caso, se puede incorporar la agricultura campesina, familiar y comunitaria dentro de las áreas reconocidas en la frontera agrícola. Destacando las prácticas y modos de vida campesina como formas estratégicas de protección ambiental.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queda un tercer frente, quizás el más determinante: la voz del campesinado en las decisiones que lo afectan. Es un avance importante si se consagra constitucionalmente los derechos ambientales del campesinado; sin embargo, aún más importante resulta, en línea con lo que se expresa en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que Trabajan en las Zonas Rurales (UNDROP), su derecho a ser escuchados y consultados de forma obligatoria cada vez que se pretendan tomar decisiones que puedan impactar su vida, su territorio y sus derechos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En relación con lo anterior, la Consulta Popular Campesina representa un “mecanismo específico de participación diferenciada” (Noriega, Ortega, &amp; Duarte, 2025). El cual permitirá que esta población pueda ver materializado su reconocimiento constitucional como sujeto de especial protección y de derechos a través de “garantías efectivas de incidencia en las decisiones que afectan los territorios rurales” (Noriega, Ortega, &amp; Duarte, 2025). Esto permite ampliar el espectro de participación de comunidades históricamente excluidas, y entender la existencia de una herramienta real que da condiciones materiales de igualdad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto parte de una idea clara, pero aún pendiente de materializar: el campesinado es un aliado fundamental en la protección del ambiente, y no debe ser visto solamente como beneficiario de las políticas ambientales, sino como un actor que ha tenido capacidad real para decidir sobre los territorios que históricamente ha contribuido a conservar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El verdadero desafío apenas comienza.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Se han presentado tres ejemplos de cómo la dimensión ambiental del campesinado ha comenzado a traducirse en instrumentos concretos. A la par con el reconocimiento de los derechos ambientales del campesinado, el debate público debe concentrarse en una pregunta más profunda: ¿Quién toma las decisiones sobre los territorios y, sobre todo, quién tiene el poder para decidir sobre ellos?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gobernanza real de los territorios sigue en manos de actores externos, como gremios agroindustriales, empresas extractivas y grupos armados, cuyos intereses responden a lógicas e intereses económicos, en algunos casos ilegales. Darle vida a la dimensión ambiental y, por consiguiente, a los derechos exige redistribuir el poder para fortalecer la participación y transformar las instituciones. <strong>El verdadero desafío no es seguir reconociendo derechos, sino garantizar que las comunidades campesinas tengan una capacidad real de incidir en las decisiones sobre sus territorios.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El pasado gobierno trató de dotar de contenido la dimensión ambiental del campesinado. Ahora, consolidar esos avances, o impedir su progreso, representará uno de los grandes desafíos del actual gobierno (2026-2030): decidir si la reforma constitucional que reconoce nuevos derechos al campesinado termina despertando y activando escenarios de cambios sociales e institucionales o si, una vez más, acaban sufriendo la misma suerte de promesa como ha sucedido en otros procesos reformistas: derechos ampliamente reconocidos en el papel, pero con escasa capacidad para transformar la realidad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias bibliográficas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Gargarella, R. (2011). Pensando sobre la reforma constitucional en América Latina. En C. Rodríguez Garavito (Coord.), El derecho en América Latina: Un mapa para el pensamiento jurídico del siglo XXI (pp. xx–xx). Siglo Veintiuno Editores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Noriega, J., Ortega, J. C., &amp; Duarte, C. (2025). Consulta campesina en Colombia. Pontificia Universidad Javeriana Cali. <a href="https://www.javerianacali.edu.co/sites/default/files/2025-07/Consulta%20campesina.pdf">https://www.javerianacali.edu.co/sites/default/files/2025-07/Consulta%20campesina.pdf</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Noriega, J. (2025). El territorio campesino: Un derecho en constante construcción. Semillas, 82, 15–20.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ambiente y Sociedad</author>
                    <category>Voces por el Ambiente</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132668</guid>
        <pubDate>Wed, 02 Sep 2026 16:50:35 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Wilmar-Nino.jpg?quality=60&amp;#038;w=600" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La dimensión ambiental del campesinado en Colombia: derechos sin poder]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ambiente y Sociedad</media:credit>
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        <item>
        <title>Por el respaldo popular a la Constitución del 91</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/por-el-respaldo-popular-a-la-constitucion-del-91/</link>
        <description><![CDATA[<p>El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos. Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se posesiona. A lo largo del cuatrienio, y luego a manera de despedida, el presidente saliente hizo flotar el llamado a una asamblea constituyente. Y el candidato que, con su apoyo explícito, aspira a continuar su proyecto, no descartó el avance en esa dirección. El hecho de que ahora, por motivos de estrategia electoral, hayan dicho que retiran la idea, no cambia el fondo del asunto. Ya vivimos la experiencia de quien hace cuatro años prometió con escrito sobre piedra que no convocaría una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo del periodo presidencial que termina, las Altas Cortes y el conjunto de la Rama Judicial del Poder Público han defendido con valor el Estado Social de Derecho en medio de tempestades de insolencia. También lo han defendido diferentes sectores políticos en el seno del Legislativo. Los organismos de control del Estado han cumplido bien que mal su tarea. Y la Organización Electoral ha hecho valer su independencia respecto del gobierno, como debe ser, porque tenemos reglas claras de orden constitucional que evitan el autoritarismo del Ejecutivo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al llegar el momento de la consulta ciudadana que implica la escogencia de un nuevo presidente, el apoyo a la Constitución, o a su cambio, se ha vuelto tema de la mayor importancia. Así como hay quienes estuvieron recogiendo febrilmente firmas para promover una constituyente, se ha formado a lo largo y ancho del país, y en los más diversos sectores de la sociedad colombiana, una vigorosa corriente en favor de la defensa, cumplimiento y desarrollo de los principios, derechos, y reglas de acción del Estado consagrados en la Constitución de 1991.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que algunos ignoren, por falta de interés o por razones de edad, la forma como fue adoptada la Carta del 91, así como el contenido y alcance de sus preceptos. Por lo cual resulta infundado que apoyen su cambio sin conocerla a fondo y sin saber que es una de las más avanzadas del mundo en materia de libertades y opciones de acción democrática.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 fue la culminación de un largo y complejo proceso de exigencias históricas y reclamos populares, comprendidos en mayor o menor medida por diferentes gobiernos, comenzando por el de Alfonso López Michelsen, 1974-1978, “gobierno puente” entre el modelo del reparto bipartidista del poder propio del Frente Nacional y la satisfacción de las necesidades institucionales de una nación que requería entrar con solvencia en una nueva era.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se reclamaba autonomía regional y local, democratización profunda, pluripartidismo, derechos ampliados, separación y equilibrio de poderes, estados de excepción regulados, un estatuto de la oposición, reconocimiento de los pueblos indígenas y de las comunidades negras y palenqueras, lo mismo que de comunidades de orientación sexual diferente de las tradicionales, participación ciudadana, planeación obligatoria, manejo económico confiable, controles al Estado y un sistema electoral cada vez más adecuado y transparente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí en adelante, como lo explica de manera clara y pedagógica el magistrado de la Corte Constitucional Jorge Enrique Ibáñez Najar, en un afortunado video que se puede consultar en&nbsp;<a href="https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ">https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ</a>, la nación y sus gobernantes, aún en medio la arremetida brutal del narcotráfico y la acción de diversos movimientos de subversión armada, que buscaban cambiar el Estado a su gusto, jamás cejaron en el empeño de realizar las reformas necesarias para dotar al país de un nuevo esquema institucional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Virgilio Barco, que realizó gestiones exitosas de paz con el movimiento guerrillero M19, al que pertenecía el actual presidente de Colombia, anunció la convocatoria a una Asamblea Constituyente, cuya elección popular se produjo, después de muchos avatares y al impulso de la juventud universitaria de la época, bajo el gobierno del presidente César Gaviria, que propició y animó con todo interés el proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión sobre el contenido de la nueva constitución no se llevó a cabo solamente en el seno de la Asamblea, sino que previamente, en su gestación, tuvo lugar una discusión amplia y abierta desde lo más profundo de Colombia, con mesas de discusión destinadas a acopiar todo tipo de sugerencias, con participación de actores tradicionales, innovadores, revolucionarios de salón, exguerrilleros, juristas, economistas, sociólogos y estudiantes creativos, con el ánimo de contar con un texto constitucional que fuese patrimonio de la nación colombiana y no un etéreo “canto a la bandera” o algo de lo que se deban ocupar solamente juristas, políticos y gobernantes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la nueva Carta se estableció un Estado social de derecho guiado por principios democráticos y garante de una amplísima gama de derechos individuales y colectivos, así como de medidas de protección ambiental, y garantías y deberes para todas las personas, sin que importe cuál sea su etnia, condición, creencia religiosa, orientación sexual o identidad de género. Y aparecieron mecanismos de protección de esos derechos, como la acción de tutela, y todo un catálogo de medios de defensa ciudadana, e instituciones como la Defensoría del Pueblo. Además, se adoptaron principios relacionados con la paz como valor, principio y derecho fundamental colectivo, con la obligación estatal de garantizarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó una estructura del Estado con auténtica separación de poderes propia de una democracia avanzada. De manera que los presidentes no pueden considerarse omnipotentes, ni intérpretes únicos e indiscutibles de la voluntad popular, ni tomadores exclusivos de las decisiones públicas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó la posibilidad de Moción de Censura por parte de las corporaciones públicas contra ministros y otros funcionarios, cuando la gestión de los asuntos a su cargo sea deficiente, o cuando no acaten las citaciones para responder inquietudes de control político.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se fortaleció la independencia de la Rama Judicial, con administración y autoridad de disciplina propias, y apareció, como modelo para muchos otros países, una Jurisdicción Constitucional encargada de mantener la integridad y darle vida a la constitución política, a través de interpretaciones de su contenido que profundicen el sentido de sus principios en el ámbito de la vida real de nuestra sociedad. Se creó además la Fiscalía General de la Nación, encargada de darle vida y efectividad al sistema penal acusatorio, para luchar de manera más efectiva contra el delito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para conseguir una descentralización efectiva del poder y del ordenamiento del territorio, se ratificó la elección popular de alcaldes, hasta entonces la principal transformación de la democracia colombiana, adoptada en 1986, y se estableció la elección popular de gobernadores. Además, se estableció el voto programático como exigencia de cumplimiento de sus programas de campaña a alcaldes y gobernadores, para que sometan a la decisión popular proyectos realizables y respondan por su ejecución.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron los Territorios Indígenas como entidades territoriales, a la par de Municipios, Distritos y Departamentos. Y se abrió la posibilidad de que existan nuevas entidades territoriales como las Provincias, que agruparían varios municipios, y las Regiones, que agruparían varios departamentos. Además, se refinó el sistema de irrigación de recursos hacia todas esas entidades.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa es que las comunidades indígenas no hayan logrado ponerse de acuerdo sobre la forma de organizarse como Entidades Territoriales, ni ha habido partido ni gobierno capaz de ayudarles a conseguir ese propósito. Tampoco ha habido, salvo intentos de avance como el de los departamentos del Caribe, quien tenga la audacia de aprovechar el espacio constitucional para la creación de Provincias y Regiones, que facilitarían una gestión más adecuada del territorio y una mejor protección de nuestros recursos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por todos lados aparecen en el texto opciones verdaderas de participación democrática, desde las instancias de la planeación del desarrollo hasta el control ciudadano de los actos de la administración del Estado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se dejó atrás el bipartidismo, que había animado con exclusividad la vida política, para abrir espacios a nuevos partidos y movimientos, que deben funcionar conforme a principios democráticos. También se abandonó el confesionalismo y se dejó espacio para la coexistencia de diferentes creencias y religiones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron reglas y garantías para el ejercicio de la oposición, anteriormente desprotegida, como factor indispensable de una controversia civilizada y además leal con los principios constitucionales y los propósitos que ellos representan para la nación colombiana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó el sistema de Banca Central para el manejo de la política monetaria, como en los países más avanzados, en busca de que se pueda disfrutar de moneda sana y estabilidad monetaria. De manera que ese crucial asunto no quede en manos del gobernante de turno, que puede ser proclive al retrógrado caudillismo latinoamericano en el que un cacique adopta a su gusto y conveniencia medidas monetarias y después se larga dejando endeudada a la nación, cuando no se perpetúa en el poder para obrar como padrecito bondadoso de millones de menesterosos a los que, con ayuda de la represión, mantiene ilusionados con algún discurso pseudo-poético que garantice su fidelidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para garantizar la conversión límpida de la soberana voluntad popular en poder conferido a servidores públicos elegidos, se estableció una Organización Electoral autónoma, por fuera de las Ramas del Poder Público. De manera que la Registraduría Nacional del Estado Civil, organizadora de todos los comicios, no depende para nada del gobierno de turno, ni éste tiene facultad de aprobar o rechazar los resultados electorales, porque no es de su incumbencia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una nación del Siglo XXI, que cuenta ya con un ordenamiento constitucional tan refinado que otros países estudian cuando sienten la obligación de ponerse al día en materia de derechos, separación de poderes, controles adecuados, manejo monetario responsable y elecciones libres, tiene que sentir preocupación ante los anuncios enredados y nebulosos de llamado a una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Semejante llamado resulta preocupante, pues el concepto de asamblea constituyente significa que el cuerpo colegiado que se ocupe de ella tendría plenos poderes para cambiar la constitución en su totalidad, y reemplazarla por una con orientación completamente diferente. Y es que, en medio del entusiasmo enigmático de los promotores de la idea, se ha omitido la distinción fundamental entre una “asamblea constituyente”, que es la que piden, que permitiría la abolición de la del 91, y una “asamblea constitucional”, que conceptualmente es aquella que se reuniría para realizar unos pocos cambios puntuales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera que el riesgo resulta justificado, porque no es que carezcamos de principios y mucho menos de derechos y organización estatal democrática, ni de controles a los gobiernos, ni de garantías para nadie por diverso, ni opositor que sea, ni de medios para defender el medio ambiente, ni de controles al Estado, ni de libertades de acción en el campo que se quiera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se sabe a ciencia cierta qué es lo que desean cambiar los promotores de una constituyente, en pausa ahora por la conveniencia electoral de no insistir en el tema.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por si acaso, pensar en “asamblea constituyente”, con todo lo que ello implica, para cambiar el sistema de salud o el de pensiones, es huir hacia adelante ante la impotencia política para impulsar esos cambios en uso de las opciones que existen dentro de la constitución que tenemos. Salvo que se busque en su momento armar una algarabía para obtener el giro de un cheque en blanco que permita a quienes han demostrado sobresaliente insuficiencia en el respeto por las instituciones y el manejo del gobierno, echar por la borda lo que tenemos y producir una chapuza que cambie radicalmente el ordenamiento constitucional, que el mismo M19 ayudó en su momento a adoptar.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no es una nación desgraciada, aunque no faltan quienes insisten en convencernos de lo contrario. Mientras ellos insisten, con un discurso importado que nos pone a la par de países que llegaron al concierto de las naciones libres muchas décadas después de nosotros, aquí se han hecho esfuerzos enormes, a veces desordenados, otras veces infructuosos, pero la mayoría de un éxito asombroso, por salir adelante. De manera que el panorama de la Colombia de hoy no se puede comparar con el de hace medio siglo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo importante es que los protagonistas de esos esfuerzos y de esos éxitos hemos sido los colombianos, y no ha sido obra de ningún jefecito iluminado. La gente que aquí acostumbran todavía a llamar “de a pie”, como en la época colonial. Esos millones de familias que, lideradas por madres o padres heroicos, han sabido salir adelante en toda circunstancia, en nuestro territorio y por todo el mundo, y hoy viven una realidad mucho mejor que la de sus abuelos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevamos el lastre de una desigualdad que no es solo posible sino obligatorio desmontar. Para eso tenemos a la mano los elementos reales y además los propósitos y mandatos de la solidaridad, la dignidad humana, el trabajo, los deberes sociales del Estado y la prevalencia del interés general, consagrados en los dos primeros artículos de la Constitución de 1991.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La “apertura económica”, adoptada por la misma época de la Asamblea Constituyente del 91, nos sacó de una típica tradición latinoamericana de andar dando tumbos y nos metió de frente, con realismo audaz, en el difícil y azaroso mundo del capitalismo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto vino a servir de base para que el país supiera afrontar, mejor que otros en nuestra América, la realidad de un modelo hegemónico en todo el mundo, que, como lo reconoce la socialdemocracia, es navegable con voluntad, creatividad y esfuerzo. De manera que todo dependa de una ciudadanía visionaria, que haga uso de su ADN de luchadora, en lugar de declararse vencida y esperar que sus enemigos la socorran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto de ninguna manera exime al Estado de obligaciones ineludibles en materia económica y social, que no puede dejar en manos de particulares que obran con una lógica diferente de la del servicio público. Porque en muchos escenarios de un país enorme y variado, multicultural y afectado en ciertos parajes por injusticias ancestrales, no se puede dejar todo a un juego abierto que profundice diferencias y abusos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la cabeza del Estado requerimos de alguien que comprenda todo esto y llegue a cumplir el juramento que hacen los presidentes de defender la constitución y las leyes, que son parámetros de la vida social y no asunto de especuladores bizantinos. De alguien que gobierne para todos y no para favorecer caprichosamente a sus amigos y perjudicar a sus enemigos. Alquien que no llegue al poder a ejercer la oposición desde dentro del sistema, para degenerarlo y crear las condiciones de un desmonte, gradual o explosivo, del país que tenemos, que es el único que tenemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No merecemos un caudillo del siglo antepasado que llegue a dictar su voluntad “inspirada”, ni un lector de discursos que nos obligue a devolvernos a propósitos y modelos fracasados de hace sesenta años. Debemos tener un presidente que presida y al tiempo contar con un equipo amplio de facilitadores honestos para que esta nación de emprendedores, desde fabricantes de empanadas y repartidores en motocicleta que se meten por todas partes, hasta empresarios de nivel internacional, pueda dar rienda suelta a su creatividad y su deseo de progreso, con una actitud optimista que nos sacaría adelante si todos la asumiéramos, en lugar de actuar innecesariamente con el odio y el resentimiento de quien se está ahogando en la inmundicia y desea que alguien lo saque con helicóptero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que todo esto sea posible, el voto del 21 de junio servirá de manifestación de apoyo a la constitución Política de 1991, que se adelantó a su tiempo para establecer las bases de un país democrático del Siglo XXI. Del respaldo que obtenga, a través de ese voto, la institucionalidad allí consagrada, depende en gran medida la claridad de nuestro futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez si estuviera vivo Gabriel García Márquez, el escritor colombiano más grande de todos los tiempos, podría decir, desde la altura de su centenario, como solía decirlo respecto de gente que era excelente, pero obraba como caminando a tientas: “ustedes son unos berracos y no se han dado cuenta”.&nbsp;&nbsp;</p>
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        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130087</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 17:00:02 +0000</pubDate>
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        <title>El Stand de la memoria</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/el-stand-de-la-memoria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un grupo de visitantes observa la exposición de la línea de tiempo del conflicto. No hablan mucho. Señalan fechas, nombres, lugares. Cerca de ellos, unos niños participan en un taller de cartografía dibujando los lugares importantes de sus barrios. Las dos escenas ocurren simultáneamente. La tragedia nacional y la imaginación cotidiana conviven apenas separadas por [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Un grupo de visitantes observa la exposición de la línea de tiempo del conflicto. No hablan mucho. Señalan fechas, nombres, lugares. Cerca de ellos, unos niños participan en un taller de cartografía dibujando los lugares importantes de sus barrios. Las dos escenas ocurren simultáneamente. La tragedia nacional y la imaginación cotidiana conviven apenas separadas por unos metros de alfombra naranja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el pabellón Colombia de la FILBo, donde casi todos los estands parecen competir por el brillo o por la velocidad de la atención, hay uno que eligió otra cosa: escuchar. No es una metáfora de catálogo editorial. Está escrito incluso en la entrada, como una declaración de intenciones y también como una advertencia moral: “El territorio habla, el centro escucha”. El lema del Centro Nacional de Memoria Histórica no aparece allí como un eslogan institucional sino como una suerte de respiración lenta en medio del ruido de la feria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estand no tiene puertas simbólicas. No obliga al visitante a entrar: lo recibe abierto, como si quisiera desmontar la vieja solemnidad estatal que tantas veces convirtió la memoria en un trámite o en un mausoleo. Uno puede atravesarlo casi sin darse cuenta, y quizás allí esté uno de sus mayores aciertos. En un país acostumbrado a que la violencia tenga oficinas, expedientes y sellos, el CNMH decidió construir un espacio sin bordes duros. Un lugar donde la conversación parece más importante que la exhibición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pase varios días en ese stand, algo que francamente nunca había hecho en una feria del libro. Era un ángulo curioso de esa fiesta cultural, completamente opuesto a los otros lugares donde suelo estar como moderador, entrevistador o invitado. Mientras el resto de Corferias se movía al ritmo de las filas, las cámaras, los lanzamientos y los autores de moda, allí el tiempo parecía funcionar distinto. La gente no pasaba únicamente a mirar: se quedaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso llamaba profundamente la atención.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Personas de todo tipo preguntaban por la memoria de su propio país. Jóvenes universitarios, familias completas, adultos mayores, estudiantes de colegio, visitantes que parecían haber llegado por azar. La belleza del estand atraía precisamente por una lógica muy curiosa: en Colombia la memoria suele asociarse únicamente a lo difícil, a la guerra, a la tragedia, al expediente doloroso. Pero allí la memoria aparecía también ligada a las resistencias, a la maravilla obstinada de seguir construyendo sociedad después de tanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la FILBo, donde las personas cargan bolsas llenas de novedades editoriales y buscan firmas de autores como quien colecciona pequeñas inmunidades contra la realidad, el estand del Centro opera de otra manera: no vende olvido rápido. Propone permanencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo primero que llama la atención son los colores. No hay negros dramáticos ni rojos de denuncia explícita. Tampoco el minimalismo frío que domina tantos espacios culturales contemporáneos. La diseñadora Susana Carrié eligió tonos tierra, colores orgánicos, texturas que recuerdan fibras, tintes naturales, barro húmedo, madera expuesta, telas campesinas. Hay algo deliberadamente antiurbano en la composición visual del espacio. Como si el estand quisiera traer adentro de Corferias una temperatura distinta del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Carrié lo explica con una precisión casi artesanal: la paleta se inspiró “en algunos colores de la tierra, de los textiles y tintes orgánicos y de la naturaleza en general”. Y eso se nota. No es una estética decorativa sino territorial. Colombia aparece allí menos como nación abstracta que como acumulación de geografías heridas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260421_Stand-Filbo_Dia-1_EDIT_FPrieto_3-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129294" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En el centro del recorrido hay una línea de tiempo sobria, montada sobre tubos de cartón en crudo. Nada reluce demasiado. La memoria aquí no fue diseñada para el espectáculo. Quizá por eso conmueve más. Los materiales parecen querer desaparecer para dejar hablar las historias. En otro punto emergen unos rostros enfrentados, casi totémicos, donde la biodiversidad étnica y cultural del país adquiere forma visual. Son figuras que observan al visitante tanto como el visitante las observa a ellas. En una feria donde casi todo busca seducir, estas piezas parecen interrogar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sin embargo, hay una ruptura deliberada en esa gama de tierras: un tapete naranja intenso que invade el ingreso y la zona de juego infantil. El color estalla como una llamarada. Carrié dice que fue pensado para atraer al público infantil, para señalar el espacio lúdico donde se desarrollan talleres y actividades. Pero el efecto es más profundo. El naranja funciona como una irrupción de futuro dentro de una narrativa marcada por el duelo. Allí los niños dibujan, juegan, construyen jardines simbólicos de memoria, participan en cartografías afectivas, exploran archivos como pequeños arqueólogos emocionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo profundamente político en esa escena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el CNMH entendió algo fundamental: la memoria que no logra conversar con la infancia termina convertida en archivo muerto.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260423_Filbo_Dia-3_EDIT_JMendez4-2-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129295" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras camino por el estand, escucho fragmentos de conversaciones simultáneas. Una mujer explica a otra quién fue Kimy Pernía Domicó. Un estudiante hojea un informe sobre Córdoba. Una niña escribe algo en una flor de papel para el “Jardín de la memoria”. Más allá, alguien escucha un pódcast en la Sala Escucha, ese pequeño entorno inmersivo donde suenan las producciones radiales hechas directamente por comunidades de los territorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablé con muchas personas durante esos días. Algunos contaban historias de sus familias. Otros preguntaban por un dato concreto, por un nombre, por una fecha, por un informe específico. Muchos simplemente se sentaban a hojear libros durante largos ratos, como si buscaran algo difícil de nombrar. Las familias, especialmente, parecían conectarse con el espacio de una manera distinta. Había padres explicando a sus hijos episodios del país que quizás nunca habían sabido cómo contarles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y uno terminaba preguntándose si acaso Colombia quiere buscar su memoria, pero no en lenguajes institucionales. Quizá en lenguajes poéticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No en vano el libro más importante de nuestra sociedad se llama <em>Cien años de soledad</em>. ¿Qué otra cosa es esa novela sino una inmensa obsesión colectiva por la memoria, por lo que hemos sido, por lo que nos ha sucedido, por aquello que intentamos recordar antes de que el tiempo termine borrándolo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Sala Escucha probablemente sea uno de los lugares más silenciosamente radicales del estand.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="682" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/20260422_Taller-busqueda-de-Salo_Dia-2_EDIT_FPrieto_13-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-129296" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En un país que lleva décadas produciendo discursos sobre las víctimas, el CNMH parece intentar algo más difícil: permitir que hablen sin traducción intermediaria. Las voces que salen de los audífonos no tienen la dicción homogénea de los estudios de radio bogotanos. Hay acentos atravesados por río, montaña, costa, selva. La escucha se vuelve un acto físico. Uno entiende rápidamente que la memoria sonora tiene una capacidad distinta para perforar defensas. La voz humana conserva algo que la escritura pierde: respiración, miedo, pausa, temblor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pamuk escribió alguna vez que los museos verdaderos no organizan objetos sino emociones del tiempo. Este espacio parece construido bajo esa intuición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No organiza únicamente documentos del conflicto armado colombiano. Organiza maneras de aproximarse al dolor sin convertirlo en mercancía emocional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso se percibe también en la programación. No hay aquí una obsesión por cubrirlo todo ni por representar todas las tragedias nacionales en formato de agenda cultural. La selección fue producto —según explican desde el Centro— de una concertación entre distintas direcciones misionales de la entidad. No se trata de una línea única de relato sino de múltiples entradas a la memoria reciente del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso conviven talleres infantiles con conversatorios sobre desaparición forzada, lanzamientos editoriales con ejercicios de cartografía comunitaria, archivos orales con teatro, pedagogía con justicia restaurativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria aparece entonces no como una pieza fija sino como un organismo vivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunas actividades resumen especialmente bien el espíritu del espacio. “La palabra que repara”, por ejemplo, reúne experiencias de justicia restaurativa impulsadas junto a la JEP. No se trata simplemente de hablar sobre víctimas y victimarios sino de explorar cómo la palabra puede convertirse en un territorio de reconstrucción. En otro conversatorio, dedicado a los diez años de la Cátedra de Paz, la pregunta central parece atravesar todo el proyecto del estand: ¿cómo enseñar el conflicto armado sin normalizarlo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay también una insistencia notable en los archivos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tiempos donde la información circula a velocidades digitales y donde la verdad parece fragmentarse en versiones instantáneas, el CNMH insiste en el valor material de conservar. Talleres sobre archivos personales, documentos desclasificados, archivos orales, acervos comunitarios: todo apunta a la misma idea. Un país sin archivos termina condenado a depender de la versión del más fuerte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso uno de los espacios más conmovedores de la programación sea el dedicado a “Archivos en resistencia”, donde se dialoga sobre desaparición forzada a partir del Colectivo 82 colombiano y el caso Ayotzinapa en México. Allí la memoria deja de ser únicamente conmemoración y se vuelve también investigación criminal, búsqueda obstinada, prueba contra el olvido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el estand no se instala únicamente en el pasado. Hay una voluntad permanente de discutir el presente colombiano. Conversatorios sobre violencia contra movimientos políticos, transformaciones del conflicto después de los acuerdos de paz, memoria ambiental, territorios y Paz Total muestran que el Centro intenta escapar de la tentación museográfica de congelar la violencia como si perteneciera únicamente a otra época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En realidad, lo que el estand pone en escena es algo más incómodo: que el conflicto colombiano no ha terminado de convertirse en pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso Córdoba ocupa un lugar especial dentro de la programación. El homenaje al departamento funciona casi como un eje narrativo subterráneo del estand. Informes sobre el Bloque Córdoba, discusiones sobre Santa Fe de Ralito, memorias ambientales, archivos territoriales: todo compone una especie de radiografía fragmentada de una región donde la violencia paramilitar dejó marcas profundas y todavía insuficientemente narradas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí está quizá la verdadera apuesta del espacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata únicamente de recordar lo ocurrido. Se trata de preguntarse qué hacemos con eso mientras seguimos viviendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algún momento de la tarde me detengo frente a uno de los micrófonos abiertos donde víctimas y funcionarios leen textos relacionados con memoria histórica y derechos humanos. La escena tiene algo frágil. En una feria dominada por la velocidad del consumo cultural, alguien decide leer en voz alta un fragmento sobre desaparición, desplazamiento o resistencia campesina. Y algunas personas se detienen. Otras siguen caminando. Algunas escuchan apenas unos segundos antes de irse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero incluso esa fragilidad parece importante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el estand no intenta producir unanimidad emocional. No busca obligar al visitante a conmoverse. Más bien abre la posibilidad de una conversación pública donde la memoria no aparezca como imposición moral sino como experiencia compartida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez por eso el diseño abierto resulta tan coherente con el concepto institucional. El territorio habla, el centro escucha. La frase adquiere sentido espacial. El visitante no atraviesa puertas ceremoniales ni corredores oscuros preparados para una experiencia inmersiva controlada. Aquí uno entra como entra a una plaza o a una conversación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá esa sea la gran diferencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos espacios sobre memoria en el mundo terminan convirtiendo el dolor en escenografía. Este estand parece intentar lo contrario: devolverle humanidad cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso en los detalles más pequeños aparece esa búsqueda. Los juegos colaborativos como <em>Cosechas de memoria y verdad</em>, las coplas campesinas, los jardines simbólicos, las conversaciones sobre naturaleza y territorio como víctimas del conflicto. Todo insiste en una memoria menos monumental y más comunitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No una memoria vertical sino horizontal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras cae la tarde sobre Corferias y la feria empieza lentamente a vaciarse, el estand mantiene una especie de temperatura humana extraña. No parece agotarse con el paso de las horas. Quizá porque allí la gente no entra solamente a consumir contenidos culturales sino a reconocerse. O a intentar hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pienso entonces en algo que decía Pamuk sobre los museos pequeños: que su verdadera fuerza consiste en acercar las grandes historias nacionales a la escala íntima de las personas comunes. El espacio opera exactamente así. Toma la enorme maquinaria abstracta del conflicto armado colombiano y la devuelve a la dimensión concreta de las voces, los archivos familiares, los relatos locales, las fotografías, las canciones, los dibujos infantiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La memoria deja de ser una categoría jurídica o académica y recupera algo esencialmente humano: la necesidad de contar lo vivido antes de que desaparezca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, donde tantas veces el lenguaje oficial ha intentado domesticar el horror mediante cifras, el estand del CNMH propone otra velocidad narrativa. Más lenta. Más abierta. Más vulnerable también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizás allí resida su valor más profundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque escuchar de verdad siempre implica el riesgo de transformarse.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129292</guid>
        <pubDate>Wed, 20 May 2026 01:42:43 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Stand de la memoria]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El cierre inevitable de una época</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/el-cierre-inevitable-de-una-epoca/</link>
        <description><![CDATA[<p>La versión del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial se deriva del hecho irreversible de la guerra misma, cuyos resultados condujeron al diseño de una institucionalidad que mantuviera ese orden, con la ventaja de darle un poco de estabilidad a la vida entre naciones, con desbalances y desgaste que se han hecho cada [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La versión del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial se deriva del hecho irreversible de la guerra misma, cuyos resultados condujeron al diseño de una institucionalidad que mantuviera ese orden, con la ventaja de darle un poco de estabilidad a la vida entre naciones, con desbalances y desgaste que se han hecho cada vez más ostensibles a lo largo de siete décadas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No otra cosa que reflejo del resultado de esa guerra es la configuración del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con cinco miembros inamovibles, ganadores de la guerra, capaces de vetar lo que sea según sus intereses. Grupo arbitrario, aunque explicable, de privilegiados por derecho, que sobrepasa con exceso los poderes de la Asamblea General, relegada a un papel secundario, así en ella tengan asiento todos los 193 miembros de la Organización. De manera que los acuerdos y el derecho vinieron a reflejar realidades derivadas de la fuerza y no de la voluntad “democrática” de las naciones del mundo en condiciones de verdadera igualdad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la fundación de la ONU, y a pesar de la proclamación de fidelidad a los compromisos adquiridos en el seno de la organización, las grandes potencias han ignorado olímpica e impunemente, cuando les conviene, el mismo orden que esperan que los demás sí cumplan. Tal sucede por ejemplo con la sujeción a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, al punto que muchos otros países imitan ese comportamiento y se salen de dicha jurisdicción a su conveniencia. Lo cual es inevitable, precisamente porque los hechos terminan por imponerse sobre compromisos que de pronto quedan apenas escritos como catálogo de buenas intenciones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo anterior no implica menosprecio por todos los convenios que, en Europa y otros continentes, a lo largo de milenios, introdujeron treguas en medio del desorden de las guerras. Por el contrario, resalta la importancia de que, luego de cada movimiento telúrico en las relaciones internacionales, aparezca por algún lado no solamente una tregua, sino que surjan compromisos en favor de la paz y la estabilidad, sin que sea posible proscribir para siempre el surgimiento de nuevas ambiciones y nuevas acciones depredadoras. Algo inevitable en razón de la “condición humana”, que recuerda la fábula del escorpión que, después de rogarle a un conejo que lo llevara en su mullido lomo al otro lado de una súbita corriente le clavó el aguijón, para justificar luego su horrible acción con la disculpa de que lo había hecho porque eso era inherente a su naturaleza.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estremecimiento que vive el mundo al comenzar el año 2026 es apenas la última versión de una serie reiterada de cambios derivados de la irrupción de actores que se salen de tradiciones y compromisos, bien o mal concebidos, cumplidos a medias, y que plantean de manera escueta a los ojos de los demás problemas inusitados que existen pero nadie se atreve a mencionar, o adelantan acciones audaces que pertenecían al mundo de la fantasía, noble o perversa, con lo cual ponen al mundo en ascuas. Léase lo que se vivió en la primera parte del Siglo XX con las dos guerras mundiales, frente a las cuales lo de ahora, por complejo y aburrido que sea, es hasta ahora un intento menor de ajuste de cuentas y de buscar provecho por parte de los poderosos, como siempre.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El celebrado discurso del primer ministro canadiense Mark Carney en Davos parece ser una buena síntesis de la situación del momento, leída en los grandes términos de la crisis de las relaciones internacionales de nuestra época. Crisis por supuesto animada por el retorno a la Casa Blanca de un personaje que entiende el ejercicio del poder político desde el punto de vista de empresario que ha venido a ajustar cuentas con amigos que sacaban gratuitamente provecho de la protección de los Estados Unidos, así como con enemigos efectivos o potenciales a los que aspira a poner en su sitio.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La presencia de ese personaje, con sus peculiares argumentos, sintetizados en el lema de hacer a su país “grande otra vez”, se ha hecho notar a través de reclamos lícitos como el de pedir a sus socios de la OTAN que cumplan con sus obligaciones con la organización, extravagancias como la de agredir la soberanía canadiense y amenazar la existencia misma del Canadá como Estado, o la pretensión de conquistar Groenlandia a costa de un país europeo que ha apoyado a los Estados Unidos y es miembro de la OTAN.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien el proyecto aparentemente improvisado y dependiente de la pretendida genialidad de realizador de acuerdos de un presidente no ha podido producir, como lo había prometido, detener la guerra en Ucrania, propiciada por su émulo ruso también como partícipe del remezón de la vida internacional, ha logrado producir cambios interesantes en un mundo que se asfixiaba en su propia complejidad.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los europeos se han dado cuenta de que, como lo advirtió De Gaulle, la alianza con los Estados Unidos no sería para siempre, pues podría llegar un presidente que tuviera de Europa una idea menos idílica y cultural y estratégicamente más autónoma. Por lo cual han buscado ponerse al día con la OTAN y emprender otra vez un rearme que por supuesto trae malos recuerdos, pero les da un poco de seguridad auto proveída, mientras no se dividan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco a poco se produce un realineamiento en materia de intercambio comercial, con todos sus efectos económicos y políticos, que implica alianzas europeas con Canadá, América Latina, el Pacífico y sobre todo China.&nbsp;&nbsp;Fenómeno que marcha siempre en doble sentido, aunque en muchos casos logra mantener a China a prudente distancia respecto de sus ambiciones universales de llenar los vacíos que le vayan dejando los propios Estados Unidos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se producen y se esperan cambios dramáticos respecto de situaciones que parecían sin salida, como la de Venezuela y la de Cuba, que podrían continuar indefinidas si no hubiera aparecido una fuerza que, así fuese animada por el poco noble pero explicable propósito de hacerse al control del petróleo, hubiese intervenido para romper con el orden establecido, que a su vez había roto con un orden anterior por la vía de la fuerza. Situación que reclama agilidad e inteligencia para evitar un orden neocolonial impuesto y perdurable, pero que significa una oportunidad de recuperación democrática deseable.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se agita, así sea peligrosamente, una posible nueva versión del Oriente Medio, que representa al mismo tiempo oportunidad de arreglos en busca de algo de estabilidad durable, como alternativa ante la amenaza misma de una nueva catástrofe.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se anima una nueva discusión sobre la importancia del Ártico, cada vez más descongelado, que exige definiciones propias de una época de descubrimientos por realizar y de rutas por establecer, que tendrán importancia creciente a lo largo del Siglo XXI.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se desconfigura de hecho el sistema de Naciones Unidas, con el retiro de numerosas agencias de un actor importante, como los Estados Unidos, de manera que se hace cada vez más urgente la anhelada reforma de la Organización, para que refleje ese mundo que poco a poco se irá cuajando en medio del desorden y la angustia de tantos que piensan que vivimos el fin del mundo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque muchos de estos procesos, y la manera de tramitarlos, traigan como resultado un aislamiento y de pronto una pérdida de peso momentánea o prolongada de poder de los Estados Unidos, que pueden terminar aislados o uniendo a muchos países en su contra, lo cierto es que el gobierno de la Unión, que cumple un año en el poder, se ha convertido en el agitador del cierre de una época.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así sea complejo el personaje que ha impulsado todo esto, y tenga menos conciencia que la de sus detractores respecto de las consecuencias de su ejercicio del poder, el mundo se ve conminado a salir de la modorra del orden de la posguerra mundial y de la post Guerra Fría. Es el cierre ineluctable de una época, como se han dado tantos otros cierres y se seguirán dando a lo largo de la historia, lentamente con el motor de pactos e instituciones, o de manera acelerada por la irrupción de actores y circunstancias que, por molestos que parezcan, también son motores de la historia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, lejos de asustarse por la complejidad de los hechos, hay que mirar la situación como una era de cambios que ya era hora que se dieran, en lugar de seguir en medio de una tibieza tormentosa de nunca acabar. Es lo que hay y es lo que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema de verdad, y el reto, para el mundo, y en nuestro caso en la conducción de nuestra política exterior, es el de tener la lucidez suficiente para ver cómo jugamos en ese escenario, sin salir a cazar mariposas amarillas ni a decir tonterías que no solamente nos desprestigian, sino que nos relegan a un lugar que no nos merecemos. Mientras observamos cómo termina en estos días en Washington lo del paso de la corriente súbita de un alacrán en el hombro de un conejo.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125361</guid>
        <pubDate>Mon, 02 Feb 2026 03:18:30 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Fusión Caracol-La W: ¿Principio del fin de la radio informativa?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/fusion-caracol-la-w-principio-del-fin-de-la-radio-informativa/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Fue una fusión de prisa? ¿Qué desaparece: La W Radio o Caracol Radio? Tras la unificación de dos marcas, ¿será otra vez la primera cadena radial colombiana, título que ostenta la competencia (Blu Radio), según las últimas mediciones de audiencia?</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-1 wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">A la radio informativa se le olvidó innovar. Anquilosada, se quedó en formatos que funcionaron en los años 90, sin caer en la cuenta de que estamos de cabeza en el siglo de la inteligencia artificial.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo la impresión de que la fusión La W Radio—Caracol Radio fue más un trasteo entre casas: los primeros pasaron a vivir en el espacio que ocupaban los segundos. Y como no había cama para tanta gente, entre una casa y la otra, algunos inquilinos tuvieron que desalojar, y a otros, los más afortunados, los cambiaron de habitación, pero les quitaron el micrófono.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí el trasteo entre diales no me afectó porque hace rato colgué los hábitos de radioescucha.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="400" height="400" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg" alt="" class="wp-image-124785" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/01/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg 400w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/01/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg?resize=150,150 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/01/Z-FOTO-CARLOS-RUIZ.jpg?resize=300,300 300w" sizes="auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-2 wp-block-paragraph"><strong>Carlos Ruiz, periodista.</strong> <em>“La convergencia de Caracol y La W tiene muchas razones en mi concepto.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3 wp-block-paragraph"><em>1. <strong>La Básica venía en decadencia. El director, sus compañeros de mesa, sus editoriales con tintes políticos, las preguntas con carga de opinión.&nbsp;</strong></em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-4 wp-block-paragraph"><em>2. </em><em>⁠</em><em>Creatividad cero. Las innovaciones no se oían. La radio es movimiento agradable y diario para el oyente.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5 wp-block-paragraph"><em>3. </em><em>⁠</em><em>La pauta publicitaria en radio parece cada vez más esquiva.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-6 wp-block-paragraph"><em>4. </em><em>⁠</em><em>Por lo anterior, los ingresos no eran suficientes para mantener una nómina costosa y con bajo retorno de la inversión.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-7 wp-block-paragraph"><em>5. </em><em>⁠</em><em>Julio Sánchez y su equipo hacían una buena labor en su nicho y eran un desperdicio en una frecuencia que no irradiaba su éxito a la cadena.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-8 wp-block-paragraph"><em>6. </em><em>⁠</em><em>Siempre he creído que unir dos frecuencias radiales con un mismo producto es un desperdicio de una de las dos emisoras o cadenas.&nbsp;</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-9 wp-block-paragraph"><em>7. </em><em>⁠</em><em>Además es un sacrificio laboral, social y profesional para mucha gente”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la pandemia pensé que escucharía más radio para sentirme acompañado. No fue así. Descubrí que al hacerlo, empeoraba mi ánimo en un momento en que el mundo esperaba lo peor, y todos, o casi todos, creíamos que seríamos la siguiente víctima del Covid-19 a la que cremarían, sin velatorio, sin rezos, sin marcha fúnebre hacia el cementerio, como ocurrió con un tío y el esposo de una prima.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decidí entonces, en medio del encierro obligado, que había llegado la hora de apagar el transistor para cumplir mis sueños: <a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-la-mujer-que-debia-morir-el-sabado-por-la-tarde/9789584999818/p/55239477">escribir una novela</a>, hacer un blog, <a href="https://www.ivoox.com/podcast-solos-solas-soles_sq_f1918454_1.html">crear un podcast</a>, y luego <a href="https://www.spreaker.com/podcast/hola-senora-muerte--4753654">otro podcast sobre misterio y muerte</a>, aprender a cocinar, continuar con la actividad física en casa y, lo más importante, preparar la llegada de mi primera nieta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Pero ¿y cómo te las arreglas para informarte si eres periodista?, me preguntaban mis amigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo, un poco displicente, respondí<em>. ¿Acaso la radio es el único medio para enterarse de lo que pasa cuando pasa?</em> <em>Para eso están las redes sociales, allá desemboca todo lo que pase en este mundo bello pero a veces inmundo y cruel.</em> &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="419" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/ZETA-ZETA-RADIO-GRACIELA-TORRES-1024x419.jpg" alt="" class="wp-image-124787" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-10 wp-block-paragraph"><strong>Graciela Torres, La Negra Candela, periodista de Entretenimiento y panelista de Olímpica Stéreo:</strong> <em>“Efectivamente, en esta fusión desaparece La W y queda Caracol.&nbsp; Creo que <strong>se borra un estilo periodístico light </strong>como era La W considerado de nicho y se refuerza el masivo para todos los públicos&#8221;.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">De la vieja escuela, aquellos que crecimos con la buena radio de los años 80s y 90s, muchos cerramos un ciclo como oyentes.&nbsp;Hablo por mi. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Me aburrí de la gritería de la mañana en algunas mesas de trabajo, de las conversaciones insulsas unas veces, de las peleas fingidas o no, y del conteo permanente de muertos, lo que dañaba mi poca paz y me mandaba a la cama intranquilo, a la espera de que en la noche saliera un monstruo del armario. Por eso lo vendí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin bulla, sin el ruido mediático, respiré mejor. &nbsp;Encontré paz en los libros, en los talleres de literatura y en las clases de budismo y meditación Zen que empecé a tomar por Zoom y sigo tomando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En conclusión, en pandemia descubrí que la radio ya no me hacía falta. El radiecito Sony ahora es una reliquia, lo mismo que el equipo de sonido, lo mismo que el televisor. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="508" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/ZETA-ZETA-RADIO-ALFONSO-LUNA-1024x508.jpg" alt="" class="wp-image-124789" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-11 wp-block-paragraph"><strong>Alfonso José Luna, director Red de medios Proclama del Pacífico:</strong> <em>“No creo que sea el principio del fin, porque hace tiempo transitamos ese camino; esta fusión es, más bien, la consolidación final de un modelo de negocio que ha desplazado al periodismo.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-12 wp-block-paragraph"><em>Hay que decirlo con claridad: esto es una movida financiera, no editorial. El Grupo Prisa, como conglomerado español, no busca &#8216;mejorar la información&#8217; para los colombianos, sino optimizar sus estados financieros y centralizar el control. Al integrar a W Radio con Caracol, lo que vemos es la desaparición de la pluralidad en favor de la eficiencia corporativa. Están creando una maquinaria de ingeniería social centralizada, diseñada no para informar, sino para moldear la opinión pública y entregarla como una base de datos dócil al mejor postor político o económico.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-13 wp-block-paragraph"><em><strong>La radio informativa ética, esa que enseñan en la academia y que se debe a la gente, fue superada en estas esferas hace años por el pragmatismo de mercado. </strong>Aunque estas cadenas cuentan con periodistas de innegable talento, el sistema los ha cooptado: los sueldos exorbitantes y la cercanía al poder generan una &#8216;lealtad corporativa&#8217; que eclipsa su deber con la ciudadanía. Se convierten, tristemente, en voceros del establecimiento y no en fiscalizadores del mismo.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-14 wp-block-paragraph"><em>Por eso, tal como ocurrió con la fusión de RCN y La FM, queda demostrado que la verdadera reserva moral de la información ya no está en esos gigantes de Bogotá. <strong>La responsabilidad de la verdad recae ahora, exclusivamente, en los medios regionales e independientes que no hipotecamos nuestra línea editorial ante agendas extranjeras o grupos económicos”.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo la impresión de que la radio informativa va perdiendo su fuerza. Si dos emisoras se fusionan para convertirse en una, <a href="https://www.lasillavacia.com/en-vivo/tarde-de-despidos-de-periodistas-en-caracol-radio-y-la-w/">después de despedir a 40 empleados</a> –no sabemos si a más-, significa que ni las audiencias ni la pauta publicitaria son suficientes para sostener el aparataje humano y técnico que supone una estación radial —mejor dicho, dos— encendida las 24 horas del día, siete días a la semana, todo el año sin un segundo de calma, ni sosiego. &nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Sé de personas que optaron por apagar la radio ante el malestar, la ansiedad y la desesperanza&nbsp;que generan las noticias negativas.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Además, conforme desaparece una generación –aquella que creció pegada a las ondas hertzianas- aparece una que encuentra otros medios para enterarse de la realidad: la real y la inventada. También sé de personas que optaron por apagar la radio ante el malestar, la ansiedad y la desesperanza&nbsp;que generan las noticias negativas, así vengan adobadas con chismes y chistes de doble sentido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La radio envejeció y las voces también envejecieron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya no tengo ni el tiempo ni la paciencia para escuchar los <em>en vivo y en directo</em>, y mucho menos para digerir propagandas. Si solo tengo esta vida, quiero que cada minuto valga la pena. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La nueva era del <em>streaming </em>me mostró que, sin interrupciones, todo fluye mejor y los podcast me acostumbraron a escuchar lo que yo quiero y cuando yo quiero y donde yo quiero. Yo mando sobre el pódcast, no el pódcast sobre mí. Es el mejor de los inventos de este tiempo. ¡Bendito sea!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/ZETA-ZETA-RADIO-FRANCISCO-ARIAS-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-124791" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-15 wp-block-paragraph"><strong>Luis Francisco Arias, ex director de La Patria Radio: </strong><em>“Pienso que <strong>esa fusión se veía venir, luego de lo sucedido con RCN y La FM, y tras el fracaso de Gustavo Gómez al frente del noticiero.</strong> Claramente, ya no son los tiempos de Yamit ni de Gossaín, todo eso quedó atrás, y ahora priman otros enfoques más light. Creo que el principio del fin comenzó hace rato, y ya no hay vuelta atrás, el formato informativo que conocemos ya es cosa del pasado. La realidad, además, es que cada vez se reducen más los espacios para los periodistas, y que los despidos masivos recientes sí son el principio del fin de muchos proyectos periodísticos que alguna vez fueron bandera de seriedad, independencia y ética del oficio”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi viejo transistor permanece en cuarentena. De vez en cuando lo observo, porque soy sentimental. Sé que ahí, en ese cajoncito, está seguro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi genio mejoró y el tiempo que dedicaba a escuchar noticias lo invierto más bien en la lectura de los clásicos literarios, de un buen ensayo o una conversación amena. Yo fumaba y lo dejé dos meses antes de la pandemia. Del mismo modo, aprendí que se puede vivir sin la adicción a la radio informativa, que no siempre es todo lo imparcial que uno desearía.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="720" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/01/ZETA-ZETA-RADIO-OMAR-RINCON-720x1024.jpg" alt="" class="wp-image-124792" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-16 wp-block-paragraph"><strong>Omar Rincón, crítico de medios:</strong> <em>&#8220;Quieren refugiarse en el modelo clásico: más información, más información y más información. Consideran que la información es la reina y la gente quiere noticias. Me parece que el casting no cambia: son los mismos con las mismas, haciendo lo mismo. Tiene a Julito, que es una marca de creatividad. Es raro lo que hicieron con Deportes, raro que mantengan La Luciérnaga en el mismo formato. SI tú ves, no hay mucho cambio que digamos. La innovación no se ve por ningún lado. Habrá que esperar&#8221;. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Una amiga, que se levantaba a las 5:00 de la mañana a escuchar noticias, tinto y cigarrillo en mano, me cuenta que en este mundo fragmentado y polarizado, se hartó de pasar de una cadena radial a la otra y de que, según ella, le metan por los ojos —mejor dicho, por los oídos—, un producto político empaquetado en forma de noticia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>“¿Viste? Los periodistas viejos se quedan, y los jóvenes salen”,</em> me escribió otro amigo por WhatsApp.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda nuestra solidaridad con los reporteros caídos en desgracia. Si cada vez más hay menos medios y, por lo tanto, menos plazas para ejercer el oficio, ¿se justifica estudiar periodismo? ¿Qué hará en adelante tanto colega desempleado? ¿Manejar taxi, meterse a las ventas por catálogo o crear un medio (llámese blog, pódcast, página web, TikTok…) y hacerlo rentable en momentos en que incluso los medios con músculo financiero hacen maromas para sostenerse?&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son tiempos difíciles para ser periodista. El maestro Gabriel García Márquez lo llamó <em>&#8220;el oficio más hermoso del mundo&#8221;.</em> Hoy yo no estaría tan seguro, debido a la precarización laboral. Más no es el fin del mundo, por ahora. Cuando sobrevenga el <em>Apocalipsis</em>, no habrá nadie para contarlo, ni radio para dar el extra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Respondiendo la pregunta que encabeza este artículo, diré lo que yo creo: con el tiempo Caracol Radio seguirá siendo la emblemática Caracol Radio, y La W desparecerá del letrero, que así murieron tantas otras estaciones que ya nadie recuerda. ¿A qué hora nos hicimos viejos?</p>



<p class="has-text-align-right has-large-font-size wp-block-paragraph"><em><strong>Espere mañana: Matador, gordofobia, campaña presidencial, etcétera</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124775</guid>
        <pubDate>Sat, 17 Jan 2026 12:51:56 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/01/ZETA-ZETA-RADIO-LOGOS.jpg?quality=60&amp;#038;w=1080" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Fusión Caracol-La W: ¿Principio del fin de la radio informativa?]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/obituario-de-juan-mi-hermano-sobre-mi-padre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré. Pero digo “despedir” por costumbre, porque [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero digo “despedir” por costumbre, porque la verdad es otra: pudimos decirle adiós con una calma extraña y misericordiosa. No fue un corte brusco, sino una despedida diluida en el tiempo, repartida en el transcurso de muchos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su conciencia se fue desvaneciendo como una acuarela expuesta durante años a la luz del sol. Al principio, el verde de las hojas, a lo lejos, aún se distinguía, aunque por momentos se confundía con la hierba. Luego ese verde se volvió apenas una mancha, diluida en el paisaje. Con los años, su mundo fue perdiendo tonos y matices, como si un velo blanquecino lo cubriera de olvido. La enfermedad gastó su memoria con una constancia implacable, del mismo modo en que el agua pule una piedra: lentamente, sin pausa, hasta dejarla lisa…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo vimos alejarse de sí mismo. Vimos, con impotencia, cómo los recuerdos se fragmentaban en relatos inconexos: a veces apócrifos, a veces imperfectos, a veces soñados. Fuimos testigos de cómo su conciencia se apartaba de nuestra realidad para sumergirse en un mundo distante, extraño e incomprensible. Un universo donde los hechos ya no se suceden en la secuencia del tiempo; donde el tiempo deja de existir como reloj o calendario para convertirse en la eternidad de un instante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Einstein llamó al tiempo “la más obstinada y persistente de nuestras ilusiones”. Y quizá sea solo eso: no una realidad exterior, sino un relato —una <em>qualia</em>— que la mente hilvana con memorias sucesivas hasta fabricar la apariencia de una continuidad, como en esos libritos que, al hojearlos soltando el pulgar con rapidez, nos provocan la ilusión de un caballo al galope. Pero, como en el cine, no hay movimiento: solo imágenes en secuencia, detenidas, estáticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue así como empezamos a despedirnos mientras él se alejaba: se alejaba, y se alejaba, y se alejaba… Y pasaron los años sin dolor, sin sufrimiento, con esa calma extraña que a veces trae la vida cuando decide ser piadosa. Es apenas hoy cuando entendemos de súbito que está ya tan lejos que no podemos alcanzarlo con la mirada. Por eso decir “adiós” es una metáfora. El adiós ocurrió con lentitud geológica: nos fuimos despidiendo durante años, paso a paso, hasta llegar a este día en que ya no podremos verlo nunca más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un día, cuando yo era niño, Ató me habló de un insecto diminuto, la efímera, cuya vida activa se reduce al espacio de unas pocas horas, a veces menos de un día. Yo me quedé pensando, con la lógica seria de los niños: si fuéramos efímeras, ¿para qué ir al colegio, para qué almorzar, para qué bañarse o ponerse los zapatos, si esa misma noche íbamos a estar todos muertos? Ató notó mi ansiedad y, con esa manera suya tan directa, me dijo: “La vida humana, medida a escala cósmica, es infinitamente corta”. Y en esa comparación estaba todo él: una lucidez que devolvía al mundo su proporción verdadera, y una serenidad rara que, al decir las cosas como son, les quitaba un poco de peso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi papá tuvo el raro privilegio de nacer con una inteligencia excepcional, y dotado de una gran creatividad. Ya muy viejo, con Alzheimer avanzado, se quedó un momento frente a la placa de mi carro: BXQ221. Entonces, como un Ramanujan criollo, sonrió y me dijo: “Juan, el número de tu placa es fácil de memorizar: (10^2 + 11^2)”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en cierta ocasión, después de estudiar la frecuencia de las letras en español, diseñó un teclado óptimo para el computador: en el centro puso las más utilizadas —E, A, O, S, N, R— y relegó a los extremos, en las otras filas, las más raras —K, W, X, Ñ, J, Z—. También inventó un mouse al que, con un humor muy propio, llamó el <em>paus</em>: se manejaba con el pie derecho, como el pedal de un órgano. Y no se detuvo ahí: ideó un espejo para verse por delante y por detrás, y hasta una parrilla de arepas “con tacones”, ocurrencias suyas que nos hacían reír sin parar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también nos enseñó a perderle el miedo a zambullirnos en el agua con “flotadores inteligentes” de su propio diseño: un neumático delgado de bicicleta que iba desinflando a medida que ganábamos confianza en la piscina. Señalaba lo absurdo de los flotadores convencionales, enormes, que no permitían el más mínimo progreso y que, al final, ni siquiera dejaban mover los brazos con facilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando yo era niño me enseñó un método para saber el día de la semana de cualquier fecha, en cualquier año. Ese “calendario universal” lo explica en uno de sus libros, y todavía hoy lo uso en mis clases de primer semestre para avivar la curiosidad de los estudiantes más interesados y atentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando esa inteligencia se encuentra con una personalidad implacablemente racional, el resultado es alguien capaz de liberarse del troquelado de la infancia —una de sus palabras favoritas—, de sacudirse el adoctrinamiento de las religiones y las ideologías, de mirar con sospecha las supersticiones, y de plantarse sin concesiones frente a esas fuerzas oscuras de la irracionalidad, que solo siembran sufrimiento y cosechan crueldad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Diría que ese fue su mayor legado: una forma de pensar, una ética de la lucidez y de la razón. Eso es lo que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, y también en sus libros y ensayos. Y luchar por esa causa fue, sin duda, su batalla más constante.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Recuerdos de adolescencia</h1>



<p class="wp-block-paragraph">En mi casa se comía cheesecake y pie de manzana. También hacían una versión colombiana del pollo hindú, nasi goreng, del plato alemán con salchichas, chuletas de cerdo y repollo chucrut fermentado en sal, y del plato cubano con caraotas: rarezas culinarias que mi mamá preparaba y que dejaban a mis amigos entre asombrados y felices. Y también carne molida en sopa de arroz, un plato humilde al que llamaban “almuerzo de cura”. Y el famoso y vilipendiado “sudao de pollo”, la comida predilecta de Ató.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el mayor orgullo culinario de la casa era el pollo mallorquín. No el original de Mallorca —el que un tío catalán nos enseñó a preparar—, sino el mestizo: con chicharrones y plátano maduro, cocinado a fuego lento en una olla de cerámica roja, esmaltada, hermosa, a la que llamaban la “greixonera”. Esa palabra la oí desde niño y todavía hoy no sé qué significa; ni siquiera sé si existe en algún diccionario. Pero en mi memoria quedó labrada con firmeza pétrea, como quedan las palabras que se aprenden en la infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mi papá, la riqueza nunca tuvo un brillo especial. El dinero se trataba en casa con respeto práctico: útil para lo necesario y, a veces, capaz de comprar un pedazo de felicidad. Pero el poder que suele venir con él no despertaba reverencia; al contrario, parecía vulgar, casi indecente. El valor de la vida se medía en otra escala. Se respiraba una atmósfera intelectual única, libertaria y científica, donde se pensaba sin miedo y se desconfiaba de toda autoridad. Y esa manera de mirar el mundo —austera, libre— incomodaba a los conservadores y fascinaba a los jóvenes que empezaban a pensar por cuenta propia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Había una biblioteca enorme, un altar laico custodiado por pequeños retratos que no eran del Sagrado Corazón ni de parientes, ni siquiera de sus hijos, sino de Darwin, Einstein, Newton, Dirac, von Neumann… y de otros nombres menos célebres, pero no menos venerados por él: Konrad Lorenz, Popper, Gödel, Ramanujan, y tantos más que, a su juicio, merecían un lugar en el panteón de los gigantes. En cambio, por los héroes de la historia oficial —Napoleón, Julio César, Alejandro Magno— sentía un desprecio sin límites, apenas superado por el que le inspiraban curas, obispos y papas, o cualquier otro líder religioso o político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y había un lugar que para mí era mágico, casi sagrado: el taller. Era un cuartito detrás de una puerta de bisagras, con un mesón de lámina de acero donde estaba empotrada una prensa pesada e imponente. De las paredes colgaban herramientas sujetas con tornillos, y sus siluetas estaban dibujadas sobre un tablón de madera pintado de blanco, como si cada una tuviera un sitio asignado desde siempre. Había cajones repletos de tuercas, tornillos, clavos, arandelas; estantes donde descansaban el soldador, el taladro, el amperímetro…; y cajitas con componentes electrónicos —pequeños capacitores, resistencias, dos o tres pares de transistores—, objetos de un valor inconmensurable en aquella época.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los sábados por la mañana, como un ritual, hacíamos el mantenimiento de los carros. Yo lo imitaba con devoción: me enseñó a desmontar el distribuidor, a sacar los platinos, a limarlos y a calibrarlos con esas hojas finas de acero que miden en absurdas fracciones de pulgada. Luego venía, para mí, lo mejor: afinar la máquina con una lámpara estroboscópica que en Colombia no se conseguía, comprada en Sears en los años de mi primera infancia en Champaign, Illinois.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para mí no había felicidad más grande que aprender esos secretos de la mecánica. Al terminar, nos lavábamos las manos con estopa y gasolina, y en la piel quedaba un olor indeleble, áspero y familiar. Luego él me enseñaba a sacar el combustible del tanque con un sifón, como quien comparte, sin alarde, uno de sus tantos trucos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la mañana del sábado —en el tiempo infinito de la infancia— todavía no se terminaba. Después nos íbamos a visitar a los abuelos, que vivían en una casa enorme: cuatro patios y un solar al fondo; pisos de baldosas con arabescos —como era costumbre en las viejas casas españolas—; y esa frescura de techos altos y puertas con arcos que aún perdura en mi memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese ser —que parecía hecho de razón pura— se convertía en humano cuando se trataba de su familia. La lógica, que en él era una armadura, se le ablandaba de golpe; bastaba con que algo rozara a sus hijos o a su esposa para que apareciera en él otra cara: la del miedo, la de la ternura, la de la urgencia, la de los celos…</p>



<p class="wp-block-paragraph">También había en casa una colección de más de seiscientos casetes: un pequeño archivo doméstico que, sin que yo lo supiera entonces, revelaba uno de sus mayores gustos. Estaban las obras de Bach, Beethoven, Mozart y todos los grandes; y, al lado, grabaciones que hoy todavía me pregunto cómo habrá conseguido: Xenakis, Schönberg y otros contemporáneos que no sonaban en ninguna parte. Había, además, un casete de Manitas de Plata y de su primo José, esa música —desconocida entonces— que se llamaba flamenco, y una grabación completa del Martín Fierro: rarezas que ni siquiera se encontraban en la discoteca infinita del maestro De Greiff.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada casete venía numerado y rotulado con una pulcritud casi militar: título, compositor y, a veces, algún dato adicional. No era miedo al olvido; era su manera de poner orden en el mundo, de dejarlo todo en su sitio. Había, además, un catálogo, dispuesto alfabéticamente por títulos y composiciones, impreso en hojas anchas con perforaciones a un costado, salido del IBM de Coltejer —el único computador que existía entonces en Colombia, junto con el del Banco de la República—. Era el tipo de exceso organizado que lo retrataba: una mezcla de método, disciplina y cariño por lo que amaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y recuerdo, sobre todo, su sentido del humor: se reía cada vez que contaba una anécdota mínima, pero perfecta. Una de sus secretarias, al rotular un casete, escribió “ayudante con moto” en lugar de “andante con moto”. Esa confusión lo divertía de una manera inagotable; la repetía una y otra vez, como quien vuelve a un chiste que nunca pierde gracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hablando de su sentido de justicia, nunca olvidaré aquella vez en que dos amigas muy cercanas de mis padres, Liliam y María Helena —rivales que no se soportaban—, ya con varios tragos encima, se desafiaron en un hotel de San Jerónimo. Liliam, en tono desafiante, retó a María Helena: si se tiraba a la piscina “en pelota”, le hacía allí mismo un cheque por un millón de pesos. María Helena, sin dudarlo un segundo —y a riesgo de que nos sacaran a patadas—, se quitó el traje de baño y se lanzó al agua. Lo difícil vino después: ¿debería cobrarse esa apuesta, producto del acaloramiento y el alcohol? Mi papá, con una sentencia tan salomónica como suya, dictaminó: “Yo creo que Liliam debe entregarle el cheque… y María Helena no debe cobrarlo”.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Coda</h1>



<p class="wp-block-paragraph">El viento de la tarde de este verano decembrino barre las hojas del parque, y en mi mente ese viento se vuelve una metáfora de la vida que se va: ligera, inevitable, sin preguntar. Ayer fui solo a visitar lo que queda del taller, el mismo de mi infancia, como quien regresa a un santuario, a ver si todavía estaba su navaja favorita. La encontré: intacta, silenciosa, como esperándolo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y por un momento me pareció sentirlo otra vez: el olor a herramientas, a madera, a hierro helado… y a él. Vi —o quise ver— el brazo fuerte que la movía; la mano masculina sosteniéndola con esa precisión tranquila que lo definía, y el reloj de pulsera metálica plateada temblando con el gesto, devolviendo un destello breve. Fue un segundo apenas, un relámpago: corrí el velo del pasado y alcancé a rescatar, por una fracción infinitesimal del tiempo, esas presencias ya ausentes. Y luego el velo cayó de nuevo, como cae siempre, y entendí con una claridad dolorosa que hay cosas que se pierden irremediablemente… y, sin embargo, a veces vuelven a rozarnos, antes de irse, como el viento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">29 de diciembre de 2025</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez Caicedo</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124247</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Jan 2026 20:17:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez Caicedo</media:credit>
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        <item>
        <title>El escritor David Sánchez Juliao no tiene quien lo reedite</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/el-escritor-david-sanchez-juliao-no-tiene-quien-lo-reedite/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 24 de noviembre se cumplirán 80 años del nacimiento del escritor David Sánchez Juliao, quien dejó este mundo en 2011. Al lanzamiento de un cuento póstumo para niños, se suma un documental sobre su vida y obra prolíficas.  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Las obras de David Sánchez Juliao (1945-2011), se han traducido a más de doce idiomas. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La nuestra fue una generación que creció con las telenovelas de los años 80 y una que otra novela que nos hacían leer en el colegio. Entre esas telenovelas recuerdo dos muy exitosas que salieron de la pluma de David Sánchez Juliao: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=mYSNHyWCb1w&amp;list=PL5AkkNzWe0EDEXKiFsE2IwVD_7ENTekRq"><em>Pero sigo siendo el rey</em>&nbsp;</a>(1983) y <a href="https://www.youtube.com/watch?v=js_ixvK9iA4"><em>Mi sangre aunque plebeya</em>&nbsp;</a>(1986). Como este es un país ingrato con sus escritores, me pareció apenas justo rendir un tributo a su memoria, a través de los recuerdos de su hija Paloma Sánchez, heredera del legado del narrador de Lorica, Córdoba, que fue también periodista y diplomático.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Tengo la impresión de que no se ha hecho un homenaje justo al maestro David Sánchez Juliao con ocasión del aniversario #80 de su nacimiento este 2025. ¿Crees lo mismo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, totalmente. No ha sido nada fácil, porque en un país con tantos desafíos la gestión cultural es casi un milagro. Pero yo, como hija y heredera de su legado, estoy convencida de que el mejor homenaje sería que lo volvieran a leer. Y no me vas a creer: todavía no hemos encontrado una editorial que se atreva a reeditarlo. Yo no me rindo; seguiré insistiendo hasta dar con una que tenga la visión —y el coraje— de ver el potencial y el honor que significa volver a editarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, estamos trabajando en un documental titulado <em>Nadie es profeta en Lorica</em>, que recorre su vida y su obra. Estoy segura de que será una forma poderosa de volver a ponerlo en conversación y de recordarle al país quién fue y lo que nos dejó.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué recuerdos tienes de él?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi papá tenía el don de volver extraordinario lo ordinario. Tengo infinidad de recuerdos, porque cualquier reunión sencilla se transformaba en un acontecimiento cuando él llegaba. Pero hay uno que guardo como un tesoro: una noche íbamos los dos solos en su Jeep Willis del 55 rumbo a la casita de San Sebastián, a las afueras de Lorica. En medio de la sabana, bajo un cielo estrellado, se detuvo, nos bajamos y nos acostamos a mirar el firmamento mientras escuchábamos los sonidos de la noche. Él estaba perdidamente enamorado de la sabana y del Sinú, y quiso sembrar en mí ese amor por la naturaleza y, en especial, por esa tierra. Y lo logró. Me dejó como herencia aprender a amar el silencio, a escuchar y a observar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuál crees que fue su mayor aporte a la literatura colombiana?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Logró llevar las historias cotidianas y llenas de magia de la Costa Caribe a la pantalla nacional y a la memoria colectiva del país. Gracias a sus personajes, los colombianos conocieron la idiosincrasia, el humor y la riqueza cultural de esa región. También abrió la puerta para que la narrativa oral tuviera un lugar central, mostrando que la literatura no solo vive en los libros, sino también en la voz, la radio y la televisión.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Te leía cuentos de niña?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, de niña, más que leerme, me echaba cuentos narrados con esa voz inolvidable. Y ya más grandecita, me regalaba libros y nos acostábamos los dos a leer, cada uno con el suyo. El ritual era leer juntos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="675" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-baja-1024x675.jpg" alt="" class="wp-image-120999" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>David Sánchez Juliao escribió cuentos, novelas y guiones para televisión.</em> <em> Foto: Nelson Cárdenas. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Habrá algunos eventos en lo que resta del año para honrar su memoria?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí. La Feria del Libro de Montería le rendirá un homenaje dentro de su programación. Y en Lorica, el último fin de semana de noviembre, se está preparando un homenaje muy especial con motivo de sus 80 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el malecón de Lorica se inauguró recientemente un monumento en su honor, obra del maestro Adriano Ríos, quien también creó otra escultura bellísima: mi papá de cuerpo entero junto al camión de <em>El Pachanga</em>. Nuestro sueño es verla instalada en el centro histórico de Lorica, aunque todavía no hemos conseguido los recursos para hacerlo realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, el documental sobre su vida y su obra no alcanzamos a terminarlo este año; sacar adelante un proyecto de cine en Colombia sigue siendo todo un desafío.</p>



<h2 class="wp-block-heading">&#8220;Mi papá tenía el don de volver extraordinario lo ordinario&#8221;.</h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="768" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-768x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120962" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-768x1024.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-225x300.jpg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-1152x1536.jpg 1152w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-1536x2048.jpg 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-PALOMA-SANCHEZ-CON-CUENTO-POSTUMO-scaled.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Paloma Sánchez, heredera del legado del maestro. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Camino al bosque&#8221; es un cuento póstumo. ¿Por qué decidieron publicarlo?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese libro estaba esperando el momento justo para ver la luz. <em>Camino al bosque</em> es un cuento lleno de ternura, donde se siente el amor profundo de mi papá por la naturaleza. Editorial Norma, que ya tenía en su catálogo <em>El país más hermoso del mundo</em> —un clásico que lleva más de 30 años en circulación—, vio en este nuevo título la oportunidad de ampliar su apuesta por su obra. Y yo creo que acertaron: es un libro que respira sensibilidad y que conecta con un mensaje muy vigente hoy, el de volver a mirar lo esencial.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="694" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-EL-PAIS-MAS-HERMOSO-baja-694x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120963" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué los niños de este tiempo deberían leer al maestro David Sánchez Juliao?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque sus cuentos son divertidos, cercanos y universales, pero al mismo tiempo siembran raíces. La mayoría están pensados para reforzar procesos culturales y dejar en los niños una semilla de amor por la identidad, la familia y la vida misma. Su literatura provoca risa y reflexión, y al final siempre nos recuerda algo fundamental: la importancia de reconocernos en lo que somos y sentir orgullo de nuestras raíces.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Finalmente, háblanos de ti</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy Paloma, su única hija y quien lleva la responsabilidad —y el orgullo— de mantener vivo su legado. Soy curiosa, lectora empedernida, cinéfila, amante de los animales y, por supuesto, de la comida del Caribe. De mi papá heredé ese amor por las historias, la sensibilidad para observar y una identidad que me hace sentir sabanera, aunque haya nacido cachaca. En cuanto a mi familia paterna, ellos eran cuatro hermanos: mi papá, que fue el primogénito y el único hombre, y mis tres tías. De los cuatro, ya partieron él y Nhora Margarita. Hoy siguen vivas Rocío y Gloria Eugenia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="815" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-815x1024.jpg" alt="" class="wp-image-120965" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-815x1024.jpg 815w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-239x300.jpg 239w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-768x964.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-1223x1536.jpg 1223w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-1631x2048.jpg 1631w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/10/ZETA-SANCHEZ-JULIAO-AFICHE-80-ANOS-scaled.jpg 2039w" sizes="auto, (max-width: 815px) 100vw, 815px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Afiche diseñado por Paloma Sánchez. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=120960</guid>
        <pubDate>Sun, 05 Oct 2025 12:46:15 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Podcast de @DiscosFuentes sobre biografía de Wilson “Saoko” Manyoma, que se lanzará en @FILBogota</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/republica-de-colores/podcast-de-discosfuentes-sobre-biografia-de-wilson-saoko-manyoma-que-se-lanzara-en-filbogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>La autora, Andrea Barraza, estuvo en el podcast Cañonazos al aire, de Discos Fuentes, hablando del libro que se lanzará este domingo 11 de mayo, 5:30 pm, en el stand de El Espectador en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, con el sello editorial de Fundación Color de Colombia. Este 8 de mayo se publicó un [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">La autora, <strong>Andrea Barraza</strong>, estuvo en el podcast <strong>Cañonazos al aire</strong>, de <strong>Discos Fuentes</strong>, hablando del libro que se lanzará este domingo 11 de mayo, 5:30 pm, en el stand de <strong>El Espectador</strong> en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, con el sello editorial de <strong>Fundación Color de Colombia</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este 8 de mayo se publicó un nuevo episodio del podcast <strong>Cañonazos al aire</strong>, una producción de <strong>Discos Fuentes</strong> que ya va por su quinta temporada. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En su cuarto episodio, la invitada es <strong>Andrea Barraza Cabana</strong>, periodista y autora de Saoko, la biografía oficial del legendario cantante de salsa <strong>Wilson Manyoma</strong>, también conocido como “Saoko”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la conversación, Barraza comparte detalles del proceso creativo detrás del libro, que tomó tres años de investigación y escritura, y que incluyó una profunda amistad con el artista, fallecido el pasado 20 de febrero. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El episodio recorre momentos clave de la vida de Manyoma, su carrera musical, su carácter entrañable y su legado artístico, siempre acompañado por la riqueza sonora del catálogo de Discos Fuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La casa disquera también aportó su talento gráfico al proyecto: el equipo creativo de Discos Fuentes donó el diseño de la portada del libro, que será la imagen definitiva con la que se comercializará <em>Saoko</em>. El libro fue impreso por la conocida editorial/librería de Medellín Grámmata.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lanzamiento oficial del libro se realizará este domingo 11 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FilBo), Pabellón 16, stand 1323, de <strong>El Espectador</strong>, entre 5:30 pm y 6:30 pm, como parte de la agenda del día de afrocolombianidad entre la Fundación Color de Colombia y el periódico, por tercer año consecutivo en la FILBo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El evento contará con una conversación entre <strong>Andrea Barraza</strong> y uno de los hijos de Wilson Manyoma, en representación de la familia del artista. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Como cierre, habrá un homenaje musical en vivo para celebrar la vida y obra de esta figura esencial de la salsa colombiana, que al tiempo celebrará el lanzamiento de seis blogs en el portal de El Espectador dedicados al desarrollo de largo plazo de sendas ciudades afrocolombianas, en alianza con la Fundación Color de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El episodio ya está disponible en Spotify y Apple Youtube.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="T5 EP04 | SAOKO, la voz que nunca se apaga ft. Andrea Barraza" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/lSBLw1k84Fw?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Fundación Color de Colombia</author>
                    <category>República de colores</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=115691</guid>
        <pubDate>Fri, 09 May 2025 00:09:17 +0000</pubDate>
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