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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Fri, 01 May 2026 20:28:53 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de caricia | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Humo en los ojos</title>
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        <description><![CDATA[<p>Publicado originalmente en la revista Hojas Universitarias de la Universidad Central (2009) y finalista de un concurso convocado por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y la desaparecida Revista Número, comparto este cuento de mi autoría alrededor de la figura de Agustín Lara, a propósito de los 55 años de fallecimiento del cantante, compositor<br />
y actor mexicano, un día como hoy:<br />
6 de noviembre de 1970.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center has-large-font-size">Publicado originalmente en la revista <br><em>Hojas Universitarias</em> de la Universidad Central (2009) y finalista de un concurso convocado <br>por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño <br>y la desaparecida <em>Revista Número</em>, comparto <br>este cuento de mi autoría alrededor de la figura <br>de Agustín Lara, a propósito de los 55 años <br>de fallecimiento del cantante, compositor <br>y actor mexicano, un día como hoy: <br>6 de noviembre de 1970.</h2>



<p>Permanezco de este lado de la realidad. Sin embargo, hay llamas que se alzan en las paredes de la habitación y por las cuales no puedo hacer a un lado la figura de ultratumba de aquel hombre ni sus largas falanges gravitando sobre las teclas del piano. Al fondo de esa visión, las cortinas de terciopelo y el halo de luz que se filtra por las vidrieras esmeriladas me llevan a reparar en ella. Es, sin duda, una escena conocida. Parece esperar a que me acerque y tase sus servicios o a que levante mi mano para llamar su atención. Me abstengo de hacer cualquiera de esas cosas mientras que un olor a madera consumida sube por las escaleras y se cuela entre el humo del tabaco y el hedor del mezcal y la champaña barata. Sin que hayan transcurrido siquiera unos minutos, veo que viene hacia mí moviéndose lo suficiente para no perder la simetría de su postura inicial, reclinada groseramente sobre el piano y fumando con una de esas pitilleras que solía reconocer con gran curiosidad en las viejas películas italianas. Lejos de percatarme de lo que ello significa, giro la mirada hacia el vestíbulo en donde el fuego consume la alfombra y las lozas, trepando hasta la cornisa de las habitaciones adyacentes y creando una humareda que de seguro no tardará en entrar al salón principal. </p>



<p>Nada parece cambiar. Ni siquiera el estrépito de las vigas y los candelabros logra perturbar el raro aire que envuelve el recinto. Casi en perfecta armonía, los hechos transcurren como en una tela de cinematógrafo. Consiente de ello, avanzo un poco para tratar de descubrir el hechizo, chocar con una pared en la que mi sombra impide una fracción de la imagen: quizá la figura del pianista de cara cortada que desfallece mientras canta, acaso la mujer que segundos antes caminaba decididamente hacia mí sosteniendo entre sus dedos la colilla de un cigarrillo apagado. Puede que sólo logre tapar con mi cuerpo una fracción de escenografía o una de esas ventanas enmarcadas por el desenfado de las damas que permanecen junto a las cortinas. Me acerco a la escena con la certeza del choque, pero nada ocurre. Avanzo un poco&nbsp; más y no descubro a mi paso más que restos de colillas y botellas vacías. Evito levantar la mirada, en tanto presiento la inminencia del encuentro con la mujer a quien segundos antes no creí más que un fotograma y que pronto se encontrará frente a mí en espera de que haga lo que corresponde.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–No puedo explicarlo muy bien. Tropezar con ella en cada nueva visión ha representado la causa de mis males. Abrir la caja de Pandora fue jamás dejar de ver ese rostro que el fuego no pudo consumir del todo. Fue mirarme cada día al espejo y ver su marca repetida en mi mejilla y escuchar ese estribillo incomprensible &#8211;<em>Me has dejado en la cara, marcada como un epitafio efímero y doloroso, la seña de tu eterno amor-,</em> fue no pasar un sólo día en el cual no percibiera su cercanía y el olor de su piel y su perfume a ratos trastornado por el vaho de la nicotina y el rancio olor de un vestido alquilado.</p>
</blockquote>



<p>La escena empieza a espantarme. El hombre ha dejado de tocar y como si me instase a marcharme de allí, retira sus manos de las teclas para llevárselas a los bolsillos del frac. Saca un cigarrillo y lo pone en su boca sin encenderlo. Me acerco y le ofrezco fuego. Asiente displicente y levanta la mirada justo cuando logro encender el mechero. Iluminado de súbito por la combustión, el primer plano de su rostro me ofrece una imagen de otro mundo. Noto que me observa con cautela mientras aspira la primera bocanada, luego revisa sus partituras y se pone en pie. Me aparto de su lado ofreciéndole una venia y vuelvo a mi lugar. Su delgada silueta me lleva a recordar aquellos espantajos de otro mundo que solían verse en los cinematógrafos veracruzanos, fantasmas sanguinolentos que al despuntar la noche arribaban al puerto y se instalaban en las pantallas y los carteles jarochos. Procuro buscar alguna seña en su rostro en tanto se desplaza por el salón hasta un tapete que se impone en mitad del lugar, bajo una lámpara cuya luz no permite siquiera descifrar. Los gestos se acomodan en su semblante con la candidez de un ebrio circunspecto, con ese raro aire que se dan los melancólicos cada vez que un pensamiento turbio sustrae conformismo. Sin moverme de mi sitio, persigo sus movimientos y el notorio temblor de sus dedos que parecen estar aún tocando aquel bolero o acariciando las mejillas burdamente pintadas de la mujer que le escucha mientras su cantinela la nombra.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–Un envenenamiento, eso precisamente, un trastorno etílico, un paisaje alucinado que me mantiene ante una película que se va convirtiendo en ceniza, quizá tendido en una camilla mientras una serie de bombillas se suceden sobre mí y alguien me espera tras un par de puertas de quirófano. <em>¿Por qué te hizo el destino pecadora&#8230; si no sabes vender el corazón?</em> Quizá sólo sea una resaca en un burdel y yo siga creyendo en su llamado mientras un acorde de piano martillea mi cabeza con dolorosa persistencia.</p>
</blockquote>



<p>Dubitando unos segundos bajo la luz, aquel espectro parece examinar los dibujos enrevesados que el tapete forma a sus pies. Sin permitir que la ceniza de su cigarrillo llegue a manchar la pulcritud del único objeto que permanece a salvo del desaseo, se retira hacia una mesa para arrojar la colilla y servir algo de licor. Me veo expuesto a sus miradas cada vez que gira su cuerpo en dirección a las mujeres que vacilan entre las columnas y mantienen su atención en mí sin que yo acceda siquiera a salir de mi turbación, estado que de seguro les atrae ya que no dejan de cuchichear entre ellas cada vez que alguna pone al descubierto algo de su comprometedora anatomía. El humo que se expande sobre mi cabeza me recuerda la realidad, o al menos aquella realidad que me lleva a pensar en esos gritos, voces y llamados en off y en ese fuego que resplandece agazapado en las columnas y los dinteles que rodean la sala de estar. Tras unos segundos de sofocante calor, una suerte de placidez narcótica se apodera de mi cuerpo alejándome de cualquier brote de razón que pudiese llevarme de vuelta a la realidad, incluso el traje que llevo y la manguera que permanece en el suelo dejando escapar unas pocas gotas de agua, han dejado de colmar mi interés para sentirme empujado, y sin remedio alguno, al rol dramático que se me ofrece.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–¿Pero, qué sucedió? Ah, sí. Las imágenes que van y vienen. El cuerpo sin forma de una mujer que añoré en las noches y un fuego consumiéndome sin prisa. Este fuego de años postreros, este estúpido spleen. La daga en el pecho, la marca en la piel como un blasón hecho de mujeres siniestras. La infame música, <em>Y aquel que de tus labios la miel quiera, que pague con brillantes tu pecado, que pague con brillantes tu pecado.</em></p>
</blockquote>



<p>De improviso, y pasando por alto el peso de los atavíos que me acompañan, abandono mi postura y voy hacía una de ellas. La tomo de las muñecas obligándola a trastabillar y sin mediar palabra le llevo a una de las habitaciones. La noto conforme y presta al destino que le he planeado y no hace siquiera el ademán de resistirse por mi repentina empresa. Al ver la cama cubierta por una sabana desteñida y un viejo cuadro impresionista sobre su cabecera, me figuro uno de aquellos hostales de paso que suelen encontrarse en las afueras de la ciudad. La empujo a la cama y ella, gobernada por un brusco ataque de risa, empieza a despojarse de lo poco que lleva encima.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–Una maquina de deseo, un hijo del tiempo recobrado, una llama. Al olvidarlo todo, las marcas se fueron acentuando en mi mejilla. <em>Un solo beso que tanto esperaba me hizo creer en ti. </em>Siempre voy y luego retrocedo, me desvanezco. Me pongo en píe, recaigo, <em>Y fue su lumbre como la del sol que hiere la dorada espina, y enciende un himno que canta a la sangre cuando se es feliz.</em> Veo mis manos y un río bermejo que corre a través de sus líneas me hace perder la compostura. Alzo la mirada, todo se detiene.</p>
</blockquote>



<p>Sentí que su cuerpo desaparecía. Manteniendo mis ojos en una pequeña ventana sometida por las llamas, advierto que alguien permanece en la puerta, observándome. Levanto con suavidad la cabeza, evito virar para verle, justo cuando un intenso resplandor se abalanza sobre mí. Poseído ya por la fuerza de aquella presencia, empiezo a padecer un dolor abdominal que me obliga a recobrar mi postura horizontal sin poder siquiera levantar los brazos para defenderme. El humo y el sopor me cubren por completo, trato de moverme hacia un lado para caer de la cama, pero algo junto a mí me impide cualquier salida. Parece el cuerpo desmembrado de un maniquí, uno de esos aparejos inservibles que el calor ha empezado a corroer emanando una extraña fetidez. Reparo un poco más en él intentando moverle, hasta que una sensación de horror, la certeza de hallarme ante otra macabra jugada de la muerte, me llega al cuello atragantándome.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–Pude ver su desfigurada mueca, el canotier rosa sobre su cuerpo y un par de billetes hechos trizas entre sus dedos. El mundo volvió de repente. Fuego replegado en las paredes y en los cuadros. Fuego revolviéndolo todo, fuego acezando, fuego corroyendo, fuego devorando la carne que minutos antes había tomado entre mis manos. Fuego, fuego y más fuego. <em>Si fue limosna nada me importa, sé que su fuego puede hacer que nunca te olvides de mí.</em></p>
</blockquote>



<p>Recobro de lleno la conciencia luego de que alguien me arrastra al salón principal, mientras percibo otras voces que recorren el lugar yendo de un lado para otro. Como si el azar me jugase una mala pasada, consigo reconocer el rostro de quien segundos antes me auxiliara y que ahora me examina con pasmosa tranquilidad. Su risa, rasposa y lentamente prolongada en un gesto de agonía, me altera de tal modo que logro incorporarme de un solo intento y me retiro de su lado algo atontado por el humo que empieza a colmar el recinto. Nadie en el lugar parece preocuparse, me dirijo con precaución hacia una de las salidas hasta que un grupo de mujeres sale al paso halándome cada una hacía una dirección distinta. Finalmente, y habiéndome librado de una veintena de manos que me apresaban, la mujer del pianista me toma con fuerza del brazo y murmura algo a las demás, mirándoles con desden mientras se apartan refunfuñando hacia las ventanas. Sin siquiera buscar mi afirmativa, me hala detrás de una columna y me aprieta contra la pared acercando sus labios a los míos sin besarme. De repente el fuego está en todas partes, un beso apaciguado me inunda y el humo que va borrando su rostro me hace caer al suelo con una breve escalera de mármol ante mis ojos.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–<em>Vende caro tu amor, aventurera. Dale el precio del dolor, a tu pasado. Tus labios al besarme, impregnados dejaron los míos de un suave olor a incienso&#8230;.</em></p>
</blockquote>



<p>Escucho muy de cerca la voz del pianista, y la sensación de verme sumergido en sus palabras, me lleva a implorar su ayuda. Siento, sin embargo, que he perdido ya todas mis fuerzas y sólo llego a escuchar su canturreo mientras el mundo a mí alrededor termina por derrumbarse. Una densa niebla me envuelve y los últimos acordes alcanzan a retumbar en mis oídos como un viejo gramófono que se extingue:</p>



<p class="has-text-align-center"><em>Humo en los ojos, cuando te fuiste,</em><br><em>cuando dijiste llena de angustia ya volveré.</em><br><em>Humo en los ojos cuando partiste,</em><br><em>cuando me viste antes que a nadie, no sé porqué.</em><br><em>Humo en los ojos, al encontrarnos,</em><br><em>al abrazarnos el mismo cielo se estremeció,</em><br><em>humo en los ojos, niebla de ausencia</em><br><em>que con la magia de tu presencia se disipó.</em></p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p>–Bien, eso es todo. La pequeña caja musical me mantiene de este lado de la realidad. Qué más puedo agregar. Sí, desde luego, recuerdo mi nombre, cómo decirlo… Sólo tome nota, Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón Lara y Aguirre del Pinto. El resto, si acaso importa, ya lo he olvidado.</p>
</blockquote>
]]></content:encoded>
        <author>Carlos Andrés Almeyda Gómez</author>
                    <category>Dirección única</category>
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        <pubDate>Fri, 07 Nov 2025 05:19:46 +0000</pubDate>
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        <title>7 maravillas de Bogotá… y las siete que proponga cada lector</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/7-maravillas-de-bogota-y-las-siete-que-proponga-cada-lector/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde este blog, invito a los lectores a postular las que consideren maravillas de Bogotá en su cumpleaños número 487. Ocho personajes (colombianos y extranjeros) proponen las suyas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Foto: De la cuenta de TransMiCable en la red social X. </em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>1.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>BIBLIOTECA PÚBLICA VIRGILIO BARCO</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="1008" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04214937/ZETA-MARAVILLAS-BIBLIOTECA-VIRGILIO-BARCO-1024x1008.jpg" alt="" class="wp-image-118897" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04214937/ZETA-MARAVILLAS-BIBLIOTECA-VIRGILIO-BARCO-1024x1008.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04214937/ZETA-MARAVILLAS-BIBLIOTECA-VIRGILIO-BARCO-300x295.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04214937/ZETA-MARAVILLAS-BIBLIOTECA-VIRGILIO-BARCO-768x756.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04214937/ZETA-MARAVILLAS-BIBLIOTECA-VIRGILIO-BARCO.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-0f538c7580e5dff5a6634ba7b181f3b8"><em><strong>Jonathan Arturo Caviedes, </strong>escritor en ciernes (programa Idartes) y operario de aseo. De Mérida, Venezuela.</em></p>



<p>Bogotá es mi casa desde el 2017 nuevamente, lo digo porque viví otra temporada en los 90´s. Llegamos a la localidad de Rafael Uribe Uribe (barrio San Antonio); nuestras primeras salidas por el Restrepo, nos llevaron a la biblioteca, y no para pedir libros prestados, sino para usar internet y comenzar a buscar empleo.</p>



<p>Recuerdo la primera bicicleta de segunda que compré, me encimaron el asiento del copiloto, apenas para Zoe, mi sobrinita que entonces tenía siete años. En un día soleado hicimos el recorrido por el parque Simón Bolívar, que incluía la gran Biblioteca Virgilio Barco. Esa casa de los libros siempre nos ha encantado.</p>



<p>Cuando llega alguien a visitarnos, tengo en mente el recorrido por el centro: Museo Botero, Museo Nacional, Parque de la Independencia y luego de ir a Monserrate y pasar por la Candelaria y su Chorro, seguimos con el parque Simón Bolívar, que inevitablemente incluye su biblioteca en forma de caracol. No voy a mencionar al genial arquitecto, es una de las maravillas que tenemos. Alguna vez, en una iniciativa que se denominó: “Cartas Bibliotecarias”, dirigida a la población carcelaria, hice la siguiente reflexión: <em>Últimamente me he replanteado el papel que juegan las bibliotecas en nuestras vidas, ya poco voy a leer sus libros o a solicitar préstamos. Voy, más por su gente, por las amistades que he hecho y una que otra vez por la conexión gratuita.</em></p>



<p>La biblioteca es lo que yo quiera: la conversación con tintico, una película o el taller donde aprendemos haciendo. ¡Feliz cumpleaños a la nevera que nos acoge con calor a todos!</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="638" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04211927/ZETA-MARAVILLAS-JONATHAN-CAVIEDES-2-638x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118878" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04211927/ZETA-MARAVILLAS-JONATHAN-CAVIEDES-2-638x1024.jpg 638w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04211927/ZETA-MARAVILLAS-JONATHAN-CAVIEDES-2-187x300.jpg 187w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04211927/ZETA-MARAVILLAS-JONATHAN-CAVIEDES-2-768x1232.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04211927/ZETA-MARAVILLAS-JONATHAN-CAVIEDES-2.jpg 900w" sizes="(max-width: 638px) 100vw, 638px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>2.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>LOS ATARDECERES BOGOTANOS</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-9a78e547b83c83430667407c4851a54f"><em><strong>Carlos Mario Gallego, </strong>comunicador Social-Periodista de la U. de Antioquia. “Hago el humor en prensa, radio, televisión, caricatura y teatro desde 1979”. Lo conocemos como Mico y Tola y Maruja. De Medellín.</em></p>



<p>Una maravilla de Bogotá: la luz de las 6:00 de la tarde, “cuando al día le salen ojeras”, porque me da una tristecita deliciosa. Otra maravilla de la capital es el color de sus mangas: (como le decimos los paisas al prado, la yerba); un verde espléndido, acariciado por el solecito que se despide.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="723" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212107/ZETA-MARAVILLAS-MICO-723x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118881" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212107/ZETA-MARAVILLAS-MICO-723x1024.jpg 723w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212107/ZETA-MARAVILLAS-MICO-212x300.jpg 212w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212107/ZETA-MARAVILLAS-MICO-768x1087.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212107/ZETA-MARAVILLAS-MICO.jpg 904w" sizes="(max-width: 723px) 100vw, 723px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>3.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>LOS MIRADORES DE BOGOTÁ</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-10bb069633a630e1ccb72ab13944a25c"><em><strong>Zabier Hernández Vuelbas, </strong>director Semanario Voz, licenciado en Ciencias Sociales, poeta, ensayista y librero. De Montería.</em></p>



<p>Mi sitio maravilloso en Bogotá es el mirador en la localidad de San Cristóbal. Tener toda&nbsp;la ciudad a tu vista, es un misterio y un placer. Hay varios miradores en los cerros orientales de Bogotá. El mirador de la Cueva del Arco y el Mirador de la Peña en Los Laches,&nbsp;con bar, canchas y un dumping. &nbsp;Para subir se toma el&nbsp;bus L821 en la Calle 19 con 3ra, estación Las Aguas. Está el Mirador de la Iglesia Egipto. Y ahora abrieron el mirador desde el campanario de la Catedral Primada en la Plaza de Bolívar.</p>



<p>Se siente tranquilidad, el estar allá me pone pensar en tantas vidas, sueños y proyectos que millones de personas están luchando por hacerlos realidad. Si escoges un punto desde allí, te preguntas: ¿Quiénes viven allá? ¿Qué hacen? ¿Cómo son? ¿De dónde vienen? ¿Nacieron acá? Es decir, te preguntas por la existencia.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>4.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>EL CLIMA BOGOTANO</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-b187908a3be0c68379613b8b0585c53a"><em><strong>Erick Ducan</strong>, escritor, autor de Señal Literaria, programa de Señal Colombia.</em></p>



<p>En Bogotá el cielo ruge y el clima se mueve en una eterna ambivalencia, una ambigüedad sin fin que te hace acoplarte a ella y que no hagas, de paso, mayores interrogantes a los estados anímicos y climáticos de la vida: o es una cosa o es otra, es lluvia o es sol y la vida es sencilla. Y al final, si la tristeza te empuja, siempre tienes ese horizonte vertical de los cerros que, con todo su verde, nunca deja de hacerte una invitación. Parte de sus maravillas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="803" height="806" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212315/ZETA-MARAVILLAS-ERICK-DUNCAN.jpg" alt="" class="wp-image-118882" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212315/ZETA-MARAVILLAS-ERICK-DUNCAN.jpg 803w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212315/ZETA-MARAVILLAS-ERICK-DUNCAN-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212315/ZETA-MARAVILLAS-ERICK-DUNCAN-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212315/ZETA-MARAVILLAS-ERICK-DUNCAN-768x771.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 803px) 100vw, 803px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>5.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<strong>LOS TEATROS</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="682" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA-1024x682.jpg" alt="" class="wp-image-118883" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA-1024x682.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA-1536x1023.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212346/ZETA-MARAVILLAS-DORIS-TEJADA-MADRE-DE-SOACHA.jpg 1600w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-78a4c2107c73ab4f52fd04cb83aadbfa"><em><strong>Doris Tejada</strong>, bogotana y madre de Óscar Alexánder Morales Tejada, una de las víctimas de los mal llamados falsos positivos (ejecuciones extrajudiciales).&nbsp;Fue asesinado y <a href="https://www.elespectador.com/colombia-20/jep-y-desaparecidos/falsos-positivos-y-madres-de-soacha-encuentran-cuerpo-de-oscar-morales-tejada-ccj">desaparecido por el Ejército </a>en enero de 2008. Tras 16 años de lucha ante el Estado, el cuerpo del joven fue recuperado en 2024. Ella sigue esperando que se haga justicia.</em></p>



<p>Maravillas hay muchas en Bogotá. Tengo vivo el recuerdo de mis 18 años y los sitios que más frecuentamos. Íbamos mucho al cine, ese era el plan de los jóvenes. Nos gustaba el Teatro Colón y el&nbsp;Teatro México.&nbsp;Fue la época dorada del cine mexicano: Pedro Infante, Vicente Fernández, María Félix, <em>El Santo</em>, <em>La India María</em> o <em>Cantinfla</em>s, por ejemplo. Muchos lugares han desaparecido. Deberían mejorarlos, no transformarlos porque se pierde su historia y se les condena al olvido.&nbsp;</p>



<p>(El Teatro México, construido a finales de los años 50, es hoy un auditorio y pertenece a la Universidad Central).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="694" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO-694x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118884" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO-694x1024.jpg 694w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO-203x300.jpg 203w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO-768x1134.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO-1041x1536.jpg 1041w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212438/ZETA-MARAVILLAS-TEATRO-MEXICO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 694px) 100vw, 694px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>6.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>LOS CERROS DE BOGOTÁ</strong></p>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-ee9943b19959b9095bfc874881ea120e"><em><strong>Beatriz Viaño</strong>, fue corresponsal de TVE (Televisión Española) en Colombia durante seis años (2019- 2025). De Santiago de Compostela (Galicia, España).</em></p>



<p>Durante este largo período residiendo en Bogotá he podido disfrutar de muchas de sus maravillas, pero si tengo que elegir, mi apuesta es por los cerros de la ciudad, que me impactaron desde mi primer aterrizaje en El Dorado. Solía quedarme hipnotizada ante su inmensidad y las diferentes tonalidades de verde.</p>



<p>La montaña es preciosa desde cualquiera de sus perspectivas, aérea o terrestre, para subir a Monserrate y Guadalupe o en dirección a los páramos. Además, son una excelente forma de orientación para no perderse entre calles y carreras.&nbsp;</p>



<p>Me quedo también con el ambiente dominguero de la capital. Caminar o pasear en bici por la&nbsp;ciclovía recorriendo la Séptima, en dirección a Usaquén o al centro, era una de mis actividades favoritas. También me parecía un lujo perderme por la Candelaria buscando los mejores claustros entre&nbsp;casitas de colores y el bullicio de los puestos de comerciantes.&nbsp;</p>



<p>Mención aparte el Salto del Tequendama. Impresionante la cascada. Estoy convencida de que cuando sea una realidad la recuperación ambiental del entorno será&nbsp;un plus para Bogotá.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="717" height="718" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212545/ZETA-MARAVILLAS-BEATRIZ-VIANO.jpg" alt="" class="wp-image-118886" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212545/ZETA-MARAVILLAS-BEATRIZ-VIANO.jpg 717w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212545/ZETA-MARAVILLAS-BEATRIZ-VIANO-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212545/ZETA-MARAVILLAS-BEATRIZ-VIANO-150x150.jpg 150w" sizes="auto, (max-width: 717px) 100vw, 717px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>7.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>CENTRO DE DOCUMENTACIÓN “LEER EN FAMILIA”</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="723" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213259/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-SITIO-1024x723.jpg" alt="" class="wp-image-118890" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213259/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-SITIO-1024x723.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213259/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-SITIO-300x212.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213259/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-SITIO-768x543.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213259/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-SITIO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-f27a5c60219fc8345995403badc9f73e"><em><strong>Diana Rey Quintero</strong>, directora de Fundalectura y especialista en gerencia y gestión cultural de la Universidad del Rosario. Hizo parte del equipo gestor de “Libro al Viento”. &nbsp;</em></p>



<p>Quizás uno de los secretos mejor guardados de Bogotá es el centro de documentación de Fundalectura. En el corazón de Teusaquillo, desde hace 35 años, la <em>Fundación para el fomento de la lectura</em> atesora más de 45 mil títulos de la mejor literatura infantil y juvenil que ha circulado en Colombia.</p>



<p>Cuenta con un acervo de publicaciones especializadas en lectura, promoción de lectura, bibliotecas y literatura infantil. Es un espacio hermoso, cómodo y abierto que&nbsp; le da la bienvenida a todos los buenos lectores que quieran hacer parte de los comités de valoración que año a año seleccionan los “libros altamente recomendados” una lista cuidadosamente curada de la mejor literatura para niños desde el nacimiento hasta los lectores adultos.</p>



<p>Queremos invitarlos a que nos visiten, disfruten de nuestra programación: conferencias, conversaciones con autores, laboratorios creativos etc. También son bienvenidas las familias que simplemente quieran compartir un buen libro, los investigadores, profesionales universitarios y en general todos los lectores o los que quieren serlo.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="717" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA-717x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118894" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA-717x1024.jpg 717w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA-210x300.jpg 210w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA-768x1096.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA-1076x1536.jpg 1076w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213950/ZETA-MARAVILLA-FUNDALECTURA-DIRECTORA.jpg 1079w" sizes="auto, (max-width: 717px) 100vw, 717px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>La 8ª Maravilla: LAS GENTES DE BOGOTÁ Y LA CIVILIDAD</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="684" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-118888" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-1024x684.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-1536x1026.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04212844/FOTO-CARLOS-ROBERTO-POMBO-2048x1368.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-secondary-color has-text-color has-link-color wp-elements-5f32ffface9d680c5cc2258b9cd41c7d"><em><strong>Carlos Roberto Pombo</strong>, presidente de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. Arquitecto, catedrático, escritor y experto en Planeación urbana. Bogotano.</em></p>



<p>No siempre Bogotá respira sosegada, con los ojos bañados de porvenir, lo sabemos. Por eso no desfallecemos en nuestro empeño de construir civilidad. Es nuestro compromiso, nuestro mandato histórico, después de todo en nuestra casa del Museo El Chicó (con su parque de árboles y fuentes) estuvo Antonio Nariño concibiendo con otros la emancipación, el gesto por antonomasia de la civilidad.</p>



<p>Desde esta Sociedad de Mejoras y Ornato, le hemos entregado a Bogotá tres presentes que hemos construido con las manos y con el corazón: la plataforma interactiva DataCivilidad, la Cátedra Bogotá y el Ateneo de la Civilidad.</p>



<p>En DataCivilidad está su historia, su demografía, sus modelos de ocupación del suelo, su estructura ecológica, sus luchas por la vivienda, la movilidad y los servicios públicos, sus monumentos y su huella urbana, su descomunal tarea de salir de la Colonia y después, del traumatismo del siglo XIX, y entrar en la modernidad con el conjunto de metrópolis de la región.&nbsp;</p>



<p>La Cátedra Bogotá es un modelo de investigación y construcción de proyectos generadores de paz, convivencia y bienestar, que se desarrolla en todas las localidades de la ciudad, instituciones educativas, barrios y juntas de acción comunal.</p>



<p>El Ateneo de la Civilidad, congrega las voces y los hechos de tantos hombres y mujeres que han amado esta ciudad y trabajado por ella a lo largo de los siglos. Bogotá se merece todos los gestos, todos los ademanes de amor y civilidad.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Parque Museo El Chicó. Foto: cortesía SMOB. </em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="568" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213609/ZETA-MARAVILLA-MUSEO-EL-CHICO-1024x568.jpg" alt="" class="wp-image-118891" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213609/ZETA-MARAVILLA-MUSEO-EL-CHICO-1024x568.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213609/ZETA-MARAVILLA-MUSEO-EL-CHICO-300x166.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213609/ZETA-MARAVILLA-MUSEO-EL-CHICO-768x426.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/04213609/ZETA-MARAVILLA-MUSEO-EL-CHICO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>Las 7 maravillas de este bloguero</strong></p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Planta de Vitelma,  Foto: cortesía Alejandro Torres.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/06072032/ZETA-MARAVILLAS-VITELMA-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-118951" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/06072032/ZETA-MARAVILLAS-VITELMA-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/06072032/ZETA-MARAVILLAS-VITELMA-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/06072032/ZETA-MARAVILLAS-VITELMA-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/06072032/ZETA-MARAVILLAS-VITELMA.jpg 1280w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<ol class="wp-block-list">
<li>TransMiCable de Ciudad Bolívar.</li>



<li><a href="https://fce.com.co/historia-centro-cultura-ggm/">Centro Cultural Gabriel García Márquez</a>.</li>



<li>Cementerio Central. (A pesar de lo descuidado)</li>



<li><a href="https://youtube.com/watch?v=cbC_ElcT-w8&amp;feature=shared">Vitelma</a>, planta para el tratamiento del agua (barrio San Cristóbal) </li>



<li><a href="https://www.idartes.gov.co/es/escenarios/teatro-parque/quienes-somos">Teatro El Parque </a>(ubicado en el Parque Nacional)</li>



<li>La casa del escritor bogotano <a href="https://letralia.com/articulos-y-reportajes/2023/11/28/casa-jose-maria-vargas-vila/">José María Vargas Vila</a> en el centro histórico de La Candelaria.</li>



<li>Sendero <a href="https://www.acueducto.com.co/wps/portal/EAB2/Home/ambiente/senderos/santa_ana_la_aguadora">Santa Ana La Aguadora</a> en Usaquén. &nbsp;</li>
</ol>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="576" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA-576x1024.jpg" alt="" class="wp-image-118938" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA-576x1024.jpg 576w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA-169x300.jpg 169w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA-768x1365.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA-864x1536.jpg 864w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192359/ZETA-MARAVILLA-SANTA-ANA-LA-AGUADORA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 576px) 100vw, 576px" /></figure>



<p class="has-text-align-left has-small-font-size"><em>Foto: Cortesía Kim Velásquez. </em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=118875</guid>
        <pubDate>Wed, 06 Aug 2025 12:38:20 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/08/05192518/ZETA-MARAVILLA-TRANSMICABLE.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[7 maravillas de Bogotá… y las siete que proponga cada lector]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Liz, a plena luz</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/lloronas-de-abril/liz-a-plena-luz/</link>
        <description><![CDATA[<p>Tienes una luminosidad que quema, y quien se atreva a acercarse, conocerá la pureza de tu sonrisa, y quien se anime a amarte, entenderá que contigo no hay clemencias, ni indultos, porque tú amas como lo hacen las mujeres: en la conjetura y en la certeza, en la fuerza totalizante de la pasión, en la magia que electriza y hace que añoremos el siguiente momento.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Hay algo oculto bajo esa carta irreal, que no te entregaron, que puso de culpable al destino y lo volvió finito, marcándole, entre paréntesis, una fecha de inicio y de final.</p>



<p>Hay algo interesante en las cartas que no se entregan, porque te dan un segundo chance que no conoces, te libran de lo insalvable, te entregan y te dejan saborear la propia duda, sin decir al otro, que todavía lloras mares en el encuentro contigo misma.</p>



<p>Ahora empiezas a reconocer un privilegio que poco entiendes. No tienes al frente la cara del vacío, ni la obligación de preguntar a dónde van las palabras que no dijiste; ni tienes que volver a leer esas letras que recibiste como un designio, y que hablan de penas, de fríos, de lástimas que no te pertenecen.</p>



<p>Aún no lo sabes, pero puedes deshacer las promesas. Las tuyas, las del abandono, las de la ausencia, las de las voces de los irremplazables que te acompañan cada noche en tu almohada y entienden que la vida te protegió de un dolor más profundo.</p>



<p>Esa carta fue liberadora, y a la vez egoísta, pero no te hace justicia.</p>



<p>Tienes una luminosidad que quema, y quien se atreva a acercarse, conocerá la pureza de tu sonrisa, y quien se anime a amarte, entenderá que contigo no hay clemencias, ni indultos, porque tú amas como lo hacen las mujeres: en la conjetura y en la certeza, en la fuerza totalizante de la pasión, en la magia que electriza y hace que añoremos el siguiente momento.</p>



<p>No es tiempo de pensar si la vida le concederá un positivo a sus peticiones, porque quizá él es solo una víctima ardiente de sus diagnósticos y sus progresiones.</p>



<p>En cambio tú, no mereces un poco de cariño.</p>



<p>Mereces un amor que, en la plenitud de la arrogancia, te diga una y otra vez que eres su todo; mereces espacios privados en los que puedas ganar confianza, y dejar los medios, y sonreír más.</p>



<p>Porque no tienes que perdonar a los lobos que te miran desde las sombras. Ahora solo te corresponde rumiar tu melancolía, cambiar de piel, hacerte amiga de esas lágrimas y ver el horizonte.</p>



<p>Nada puede conjurar este momento. Solo las ganas de mojarte en un nuevo río en el que sigas siendo tu estación preferida, con algunas contracciones y heridas, pero siempre pájaro libre y poderoso que acaricia con miradas.</p>



<p>Es tu tiempo de escribir la nueva historia, de encontrar tu propio peso sin esconderte, porque ya te lo han dicho tu madre y tu primo: eres una mujer de esas que se quieren para toda la vida, porque son capaces de ser ternura que abre los ojos; están hechas para entregar tanto, sin perder sus motivos.</p>



<p>Suelta, confía, da el siguiente paso.</p>



<p>Entiende que solo él se perdió tu huella, y que tú no eres una luz vacilante, sino un faro al que hay que conquistar.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Adriana Patricia Giraldo Duarte</author>
                    <category>Lloronas de abril</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=117568</guid>
        <pubDate>Mon, 30 Jun 2025 17:02:11 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/30115944/liz.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Liz, a plena luz]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Adriana Patricia Giraldo Duarte</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>UN DIBUJO PARA CAROLINA</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/el-ultimo-verso/un-dibujo-para-carolina-pavelstev/</link>
        <description><![CDATA[<p>Photo Credits: Renée Hernández</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina tiene tres lunares en la espalda, siempre que sonríe se forman dos huequitos en sus mejillas y siento que son las arenas movedizas de un desierto por el cual devora la inocencia con que la admiro antes de las caricias. Sus ojos son oscuros y sus caderas anchas, tiene las curvas perfectas para dar tres botes en la cama y no caerse. Un día descubrí que en la cima de sus pezones mi lengua reposaba mejor que entre mis labios, entonces supe que ocasionalmente nacemos para ser libres y nuestros, luego viene el placer y no nos pertenecen ni siquiera estas palabras.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina es demasiado ella para ser real, demasiada revolución en su corazón como para quedarme a gusto en su vida. Muchísimas ganas de todo para saber esperarnos. Demasiado dispuesta a la noche u a olvidarnos como si de una moneda al aire se tratara un abrazo. Demasiado ella para venir y demasiado yo para quedarme a su lado. Carolina toma el cigarro y aspira con fuerza la valentía de la noche, sabe que sus ojos brillan en medio de esa oscuridad y que la luz en ellos o en su boca es el precipicio perfecto para dejarme morir en su hermosura.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Pero si algo sale mal y la noche no tuvo su voz, su sudor, sus senos, olvida todo de Carolina, olvídala por completo, no permitas que quede un vestigio de que te quería, de que la esperabas esta noche con su boca helada como hielos o diamantes, y su cercanía con un calor que envidiaría cualquier fogata. Olvídala por completo y sálvate a ti y sálvala a ella de ti antes de que sea tarde. No es saludable dejar bajo tus ojos una sombra.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">Carolina sabe que los sentimientos son prestados y suelen tener la lasitud y consistencia de un vaso o una pelota. A veces al primer resbalón se deshacen por completo. El crimen es perfecto, no queda sangre ni heridos. Esto se llama olvido, el hermano perdido de la muerte. Carolina sabe que somos un cuadro a medias, entiende que es realmente difícil esbozar un paisaje que les agrade a tantos. Porque alguien nos dibuja en la pintura y luego ya no hay forma de borrarnos.</p>



<p class="has-text-align-center has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">A Carolina no la mires tanto, no la toques, no la quieras, no la mimes mucho, no la abraces, no la hagas sentir eterna. Su condición de aire o viento la hace viajera, déjala libre, que te dé tres besos y se sumerja. No la beses mucho, no la sueñes, no la pretendas. Déjala ahogarse porque es sirena,&nbsp;permite que siga su trazo, su condición de piedra al río, de moneda al aire, de palabra al vacío, de estrella fugaz..</p>



<p class="has-text-align-right has-source-serif-pro-font-family has-medium-font-size" style="margin-top:var(--wp--preset--spacing--30);margin-right:var(--wp--preset--spacing--40);margin-bottom:var(--wp--preset--spacing--30);margin-left:var(--wp--preset--spacing--40);font-style:italic;font-weight:400">                                                                                                                              <em>@pavelstev                                                                                                                                                 </em></p>



<p></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>pavelstev</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>El Último Verso</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116795</guid>
        <pubDate>Mon, 09 Jun 2025 23:07:56 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[UN DIBUJO PARA CAROLINA]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">pavelstev</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>A propósito del cuidado como horizonte</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-ciencias-sociales-hoy/a-proposito-del-cuidado-como-horizonte/</link>
        <description><![CDATA[<p>Pixabay</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Por: Alejandro Martínez A, Universidad Externado de Colombia, Pedagogía de la Ternura y la Posibilidad. </p>



<p>Aprendimos a nombrar el cuidado como advertencia: “Cuidado, mijo”. Muchas veces lo interiorizamos así, como advertencia. Lo escuchamos como callarse, como inhibición, como miedo o como obligación: “Cuidado, mijo, no moleste, no pregunte, no sienta”. También lo aprendimos como control, como disciplina, como vigilancia, como norma, como imposición y como necesidad.</p>



<p>Así lo nombramos, pero en realidad lo aprendimos en los brazos, en las piernas, en las mesas, en las camas, en las casas de quienes nos han querido. Fue a través de esos cuidados que las personas humanas podemos decir que estamos aquí: yo, escribiendo estas líneas, y usted, leyéndolas. Si estamos aquí es porque alguien cuidó de nosotros y nosotras. Y si usted y yo tenemos heridas y vacíos, es porque alguien (persona, grupo o sector social) nos descuidó: en el cuerpo, en el corazón, en las relaciones, en la esperanza.</p>



<p>En este cuidar y descuidar que nos fue configurando, se levantan voces que claman por volver a aquello que nos hizo humanos: el cuidado. Esas voces, que se expresan en las tribunas, en los libros y en las esquinas, han terminado también por plasmarse en textos, en propuestas, en acciones colectivas y en elementos de política pública, como el Plan Nacional de Desarrollo y el CONPES del Cuidado. Entre esas voces que resuenan más cerca están: Maturana, Boff, Toro, Cussianovich… y también mi abuelita, mi mamá, mi tía Elena, Alberto, Pepe y Francisco. En todos ellos y ellas habita ese llamado al cuidado, y al cuidado de lo otro, de lo que sostiene la vida.</p>



<p>Además de esas voces, tengo recuerdos de personas, animales, otredades y sectores sociales siendo cuidados o clamando por serlo. Poco a poco, todas esas voces me conducen al útero: como escenario y como metáfora del cuidado. El rombo, símbolo de muchos pueblos originarios, expresa la sacralidad de lo uterino y de la Tierra como útero de la vida. Bendigo siempre el vientre que me acogió y el que me acoge hoy.</p>



<p>Por eso es tan importante comprender, aprender y emprender lo que hoy estamos nombrando como cuidado para evitar que se desvanezca o se envilezca bajo perspectivas funcionalistas o mercantilizadas. El cuidado, para convertirse en política, debe mantener la incandescencia humana, política, estética y ética del soporte y el porte de la vida: un paradigma, una ética, una forma relacional con los otros, las otras y las otredades que conviven con nosotros en el planeta.</p>



<p>Cinco peldaños nos pueden ayudar a identificar el cuidado como horizonte civilizatorio en tiempos de desdemocracia, amenaza ecológica y tecnomediación fragmentadora. El primer peldaño es reconocer que hemos vinculado históricamente el cuidado con funciones básicas para la subsistencia; llamamos cuidado a lo funcional o a la asistencia en ello. El segundo consiste en comprender que estas actividades han sido recargadas de manera desigual sobre las mujeres y los sectores empobrecidos, racializados y subordinados de nuestras sociedades.</p>



<p>El tercer peldaño implica reconocer que una perspectiva redistributiva del cuidado es necesaria, pero insuficiente. Necesitamos transitar desde una noción funcionalista hacia una concepción que incorpore lo distributivo, pero que avance aún más: hacia el cuidado como paradigma, como ética y como forma relacional.</p>



<p>El cuarto peldaño nos invita a cuidar con esmero ese tránsito, para que emerja una forma profundamente humanizante del cuidado, capaz de reconectar lo personal y lo colectivo en lo político. Y el quinto peldaño exige una conciencia crítica sostenida, para evitar que el cuidado sea capturado por las lógicas del mercado, la eficiencia instrumental o el asistencialismo despolitizado.</p>



<p>En medio de este escenario de crisis civilizatoria, estos cinco peldaños ofrecen una guía para comprender el cuidado como horizonte de transformación. Si no cultivamos esta mirada amplia, profunda y procesual del cuidado, seguiremos atrapados en paradigmas que sostienen la desigualdad, la exclusión y el agotamiento del mundo. Solo si colocamos el cuidado en el centro de nuestras decisiones (como base efectiva, ética y política) podremos resistir, incluso conjurar el colapso y cultivar mundos posibles donde el cuidado sea el principio organizador de la sociedad otra.</p>



<p>Al final de estas dos páginas, vuelvo a una de las nociones más profundas que aprendí en casa, que en mi memoria se traduce en cariño y caricia. Y lo hago sin dejar de oír a Beatriz Alfaro diciendo: “Cuidado, mijo, que el cuidado es tan importante y bello que seguramente hay un descuidado inventando un <em>jingle</em> y una oferta… cuidado, mijo.”</p>
]]></content:encoded>
        <author>Las Ciencias Sociales Hoy</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Las Ciencias Sociales Hoy</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=116507</guid>
        <pubDate>Wed, 04 Jun 2025 19:16:13 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/06/04143142/hands-72570_1280.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[A propósito del cuidado como horizonte]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Las Ciencias Sociales Hoy</media:credit>
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        <item>
        <title>Donde la sanación es un acto de amor</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/pletora/donde-la-sanacion-es-un-acto-de-amor/</link>
        <description><![CDATA[<p>Estuve enferma. Muy. Y no es fácil decirlo en voz alta, tampoco escribirlo. Pero es lo que hay. La vida. Con su crudeza. Con sus pausas inesperadas. Duele pensar en la fragilidad del cuerpo, en lo quebradizo que podemos llegar a ser. Estuve varios días en una Unidad de Cuidados Intensivos. La UCI, un lugar [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Estuve enferma. Muy. Y no es fácil decirlo en voz alta, tampoco escribirlo. Pero es lo que hay. La vida. Con su crudeza. Con sus pausas inesperadas.</p>
<p>Duele pensar en la fragilidad del cuerpo, en lo quebradizo que podemos llegar a ser.</p>
<p>Estuve varios días en una Unidad de Cuidados Intensivos.</p>
<p>La UCI, un lugar donde puedes sentir lo peor y lo mejor de ti al mismo tiempo, como si la vida se tratara de encontrar un equilibrio en medio de un caos incontrolable entre tu cuerpo enfermo y tu alma confundida por el dolor y los padecimientos.</p>
<p>Ahí&#8230; Ahí fue donde sentí que el dolor se podía atravesar con amor. Que la ansiedad podía calmarse con una caricia, o con una voz dulce que no me conocía, pero me cuidaba como si lo hiciera.</p>
<p>Porque había algo en sus manos. En sus palabras. En su forma de entrar al cuarto como quien entra a un santuario. La humanidad que encontré en las enfermeras que me cuidaron dejó una marca en mi corazón. Si mi cardiólogo (José García) y mi cirujano cardiovascular (Hernán Fernández) leen esto, no hay que alarmarse no es una marca que le haga daño al corazón que sanaron.</p>
<p>A veces ellas no podían hacer que el cuerpo doliera menos. Pero podían, y lo hacían, aliviar otro dolor. Uno más silencioso. Uno que no se ve en los exámenes médicos. Ese dolor que aparece cuando la dignidad se resquebraja.</p>
<p>Sentí la vulnerabilidad de mi ser, era como si mi propia piel ya no me fuera mía. Y sin embargo, en medio de todo eso, las enfermeras&#8230; ellas lograron algo que no sé cómo describir sin que suene cursi, pero lo voy a decir de todos modos: me dieron un abrazo invisible.</p>
<p>Sí, ahí estaban ellas. Las enfermeras. Ángeles sin alitas, pero con turno. Con jornada extendida. Con cansancio acumulado.</p>
<p>Estaba allí, entre la ansiedad de mis días, a mi alrededor monitores, dentro de mi tubos y agujas, y una fría sensación de incertidumbre. Pero cada una de ellas&#8230; con una sonrisa, con la manera en que tocaban mi hombro, con una palabra que me aliviaba y que me hacía sentir que estaba en buenas manos, que todo iba a estar bien. Y cuando lo pienso, hoy sé que eso es un regalo, un milagro. En esos momentos en que la vida se reduce a fragilidad, es la calidez humana lo que te hace querer seguir respirando.</p>
<p>Cuando estamos enfermos, cuando nos invade el dolor y la incertidumbre, las emociones asaltan nuestra mente. Algunos reaccionan con rabia, varios con ansiedad, otros con tristeza, otros nos aferramos a la esperanza como quien se agarra a una palmera en medio de un huracán.</p>
<p>Son momentos en que la humanidad entera se muestra sin disfraces.</p>
<p>Y ahí, en medio del miedo, del dolor y la fragilidad, ellas —Joselin, Jennifer, Lupe, Nadia, Karen, Raiza, María, Lina…— se convertían en faros.</p>
<p>Rescataron mi alma de la oscuridad con gestos sencillos: una caricia, una palabra amorosa, una sonrisa que iluminaba mi mente.</p>
<p>Y yo tuve la bendición de ser cuidada por ellas.</p>
<p>Recuerdo cuando, por primera vez, no pude moverme. Cuando el dolor se volvió tan grande. No podía ir a un baño. No podía levantarme ¿Sabes lo que es estar en una cama con un pañal porque no puedes levantarte? ¿Has sentido esa mezcla de vergüenza y desesperación? Yo sí. Y no se olvida. Me sentí pequeña, indefensa, atrapada en algo que no podía controlar, tan vulnerable, avergonzada y angustiada. Estoy segura que eso hemos sentido todos los que alguna vez hemos estado allí.</p>
<p>Pero tampoco se olvida la ternura con la que me ayudaron. La forma en que me limpiaron. Sin asco. Sin prisa. Sin juicio. Solo amor. Amor del bueno, como dice una canción noventera, claro que en otro contexto.</p>
<p>Es difícil escribir esto, pero es la realidad que viven todos los que están en una UCI y que por algún momento no pueden hacerse cargo de sí mismos.</p>
<p>Ya sé, para algunos sonará absurdo o innecesario, pero la vergüenza de necesitar ayuda para algo tan simple, tan básico, fue un golpe de realidad. Estaba atrapada en mi cuerpo. Ya no era mío. Un pañal, un gesto que te quiebra. Y ahí estaba yo, tan perdida, tan fuera de lugar, sin poder hacer nada. Como si todo lo que era, lo que había sido, se desintegrara junto con esa incomodidad. No podía más.</p>
<p>Es más que sólo medir signos vitales, administrar medicinas, o ajustar un gotero. En las manos de ellas está el arte de devolvernos la dignidad, de hacernos sentir que nuestra humanidad no era algo de lo que avergonzarnos, sino todo lo contrario, algo que había que aceptar y hasta honrar.</p>
<p>Y entonces, allí estaban ellas: Raiza, Joselin, Nadia, Lupe, Jennifer, Karen, Teresa, Lina, María&#8230; Los nombres de esas mujeres se quedaron grabados. Pero hay más. Sé que me faltan nombres. Sé que hubo más manos que me cuidaron aunque ahora no pueda recordarlas todas. Pero sus rostros y sus cuidados quedaron sembrados en mi corazón.</p>
<p>Cada una de ellas me fueron levantando, me fueron devolviendo algo que había perdido. El miedo, la angustia, la ansiedad, todo eso se desvaneció, y sentía alivio. El alivio de sentirme cuidada. Qué difícil es explicar cómo se cura un alma. O cómo se rescata una dignidad perdida. Pero ellas: Raiza, Joselin, Nadia, Lupe, Jennifer, Karen, Teresa, Lina, María&#8230; que con cada gesto, me la devolvían. Cada sonrisa que me regalaban, cada palabra tranquila, fueron un bálsamo.</p>
<p>Me decían <em>“tranquila”, “ya estás mejorando”, “esto pasa</em>”. Y pasaba. Porque cuando alguien te cuida así, con esa mezcla de técnica y ternura, se te acomoda el alma, incluso si el cuerpo sigue roto.</p>
<p>No puedo olvidar un día en particular.</p>
<p>Iban a hacerme un procedimiento que me asustaba, sabía que dolería. Me temblaban las manos, el alma. Entonces Raiza, sin que nadie se lo pidiera, se acercó a mí, tomó mi mano, me acarició los dedos y la apretó con fuerza.</p>
<p>Ese gesto diminuto, humano, sagrado&#8230; me devolvió la seguridad. Me hizo sentir protegida.</p>
<p>A veces, no hacen falta palabras: basta que alguien te sostenga la mano para que disminuya el miedo.</p>
<p>Ellas lo hicieron, con cada gesto, con cada mirada. Y, ¿sabes qué? Eso no es algo que se pueda aprender solo en libros. La enfermería no se reduce a protocolos, se trata de un corazón dispuesto a entregarse por otro. Es un don.</p>
<p>Llevo días sentada tratando de escribir esto. Tratando de escribir algo digno. Que haga justicia a lo que viví. Pero las palabras no alcanzan. Es difícil escribir lo que una enfermera deja en tu alma, lo que siembra en tu corazón. Es algo tan profundamente humano, que las palabras no alcanzan.</p>
<p>¿Por qué escribirlo? Porque soy escritora, claro. No puedo no contar las cosas. Es como si necesitara que las palabras ordenen lo que siento.</p>
<p>Y siento tanto. Sobre todo, gratitud. Pero también admiración profunda por la enfermería.</p>
<p>Vienen dos escritos más, que publicaré creo que mañana, sobre las manos mágicas que me salvaron y sobre el dolor.</p>
<p>Me he preguntado mientras reflexiono sobre la enfermería ¿Qué es ser profesional? Esa palabra tan pomposa. Tan repetida. Tan usada en discursos vacíos. Para mí, ser profesional no es solo saber hacer. Es saber estar. Y en el caso de ellas, saber cuidar.</p>
<p>Es entender que un cuerpo convaleciente no es solo un diagnóstico, sino un universo. Un miedo. Un montón de recuerdos.</p>
<p>Me pregunto ¿Quién les enseña a hacerlo así<em>?</em> ¿Quién les enseña a cuidar con esa ternura? No sé, supongo que solo una vocación profunda, un don sagrado, un amor por la vida y por las personas, puede llevarte a hacerlo.</p>
<p>Para mí, ellas ya conocen lo que algunos olvidamos: que en la fragilidad de estar enfermos, en ese instante de total vulnerabilidad, lo único que nos queda es el amor. El amor es el que nos sostiene, el que nos hace seguir.</p>
<p>Luego está la empatía&#8230; Ay, esa palabra tan desgastada. Deberíamos inventarle otro nombre. Uno que no suene a manual de psicología. Porque lo que ellas hacían era otra cosa. Era leerme el alma sin necesidad de abrir la boca. Era verme vulnerable y protegerme. Sostenerme.</p>
<p>Intento entender cómo logran ese equilibrio: la precisión del que sabe y la dulzura del que siente. Quizás por eso esta profesión es tan sagrada. Poseen un calor humano. Ese que no se enseña en la universidad, pero que salva.</p>
<p>Y yo quería decirlo. Agradecerlo. Honrarlo.</p>
<p>Porque hay profesiones que curan el cuerpo. Y hay otras, como esta, que también curan el alma.</p>
<p>El acto de cuidar es un acto de amor. Un amor que sana, que alivia, que acompaña. Para ser enfermera se requiere un temple especial. Un corazón invadido por la bondad ¡Uy! que montón de veces he utilizado esta palabra en este escrito, pero es que las define.</p>
<p>Y sé que cada una de las enfermeras que me cuidó llevaba también su propio equipaje invisible: niños enfermitos en casa, deudas, problemas en el colegio, preocupaciones de madre, de ser humano. Y, sin embargo, cuando entraban a esa UCI, de sus labios nacían sonrisas verdaderas, de sus manos nacía ternura, de sus miradas: paz.</p>
<p>Como si en cada turno eligieran regalar lo mejor de sí mismas a esos siete u ocho desconocidos que dependíamos de ellas. No debe ser fácil dejar las propias cargas afuera… todo queda suspendido mientras se entra a la habitación de un paciente vulnerable. Se necesita coraje para eso. Se necesita grandeza.</p>
<p>Tengo tanto que agradecer, tantas gracias que dar a muchísimas personas. Y hoy quise comenzar con ellas, con las enfermeras que me cuidaron en esa UCI y en piso.</p>
<p>Gracias con todo de mi ser, quiero decirles gracias muchas veces a esas mujeres que cuidaron más que mi cuerpo. Cuidaron mi alma angustiada. Y aunque las palabras nunca sean suficientes, al menos quiero intentar que lo sepan. Que su bondad no pasa desapercibida. Que lo que hacen tiene un valor inmenso, un valor que las palabras jamás podrán describir.</p>
<p>Gracias. Y en un rincón de mi corazón, las llevaré siempre conmigo.</p>
<p>Mientras escribía esto, varias preguntas se me instalaron en mi mente ¿Qué es ser enfermera o enfermero? ¿Qué es realmente la enfermería? No es cuestión de buscar simplemente la historia de la profesión, como quien repasa fechas y nombres olvidados en los libros o en Wikipedia. Mi inquietud es otra.</p>
<p>Quiero, necesito entender esa vocación tan elevada, casi mística, que lleva a alguien a querer cuidar a otro cuando está más vulnerable, más roto, más humano: en medio de la enfermedad.</p>
<p>Empecé a investigar. A leer. A mirar a las enfermeras que me han acompañado en mi vida. Y a mirarme a mí misma, de paso.</p>
<p>¿Podría yo ser enfermera? Quizá sí. Quizá tendría la capacidad de aprender todos los conocimientos académicos que exige la profesión. Pero no sé —de verdad no sé— si tengo el don.</p>
<p>Porque eso es lo que creo que es, un don poderoso: una mezcla de empatía, amor, ternura y una paciencia casi sobrehumana. Un deseo inquebrantable de cuidar incluso a quienes no son amables, a quienes —por el dolor, la frustración o la desesperanza— hacen más difícil la tarea.</p>
<p>Y aun así, ellas no bajan los brazos. No retiran su bondad.</p>
<p>Hablo aquí de &#8220;mis&#8221; enfermeras. De esas que me cuidaron cuando yo no podía cuidar de mí. Porque —como en toda profesión— he conocido también a algunas que tenían todas las capacidades técnicas, pero no el brillo en el alma. No el fuego. Sin embargo, cuando pongo todo en la balanza, pesan más, muchas más, las que sí lo tienen.</p>
<p>Buscando comprender más profundamente esta profesión, encontré algo que me sorprendió: el acto de cuidar a los enfermos no es una invención moderna. No surgió con Florence Nightingale ni con los hospitales victorianos. Es algo que corre por el centro de la historia humana.</p>
<p>Ya en la antigua India, hacia el 2000 a.C., se hablaba de enfermedades como la tisis y la lepra en el <em>Rig Veda</em>. En la edad de oro de la medicina india, entre el 800 a.C. y el 1000 d.C., los tratados <em>Charaka-Samhita</em> y <em>Sushruta-Samhita</em> no solo describían enfermedades y tratamientos, sino también a quienes cuidaban: enfermeros y enfermeras que debían ser conocedores, hábiles, devotos y limpios.</p>
<p>Alrededor del año 620 d.C, en la antigua Arabia, Rufaida Al-Aslamia, fue considerada la primera enfermera musulmana. Ella lideró grupos de mujeres que cuidaron heridos en los campos de batalla. No sólo curó, sino que también educó, promovió la prevención, organizaba hospitales de campaña improvisados. Una mujer que no sólo sanó cuerpos, sino que sembró una visión de futuro en el arte de cuidar.</p>
<p>Más tarde, en la Edad Media europea, los monasterios y conventos se convirtieron en refugios para los enfermos. Monjes y monjas no solo rezaban: limpiaban heridas, daban consuelo y compartían el peso del dolor.</p>
<p>Fueron las órdenes religiosas, como las Hermanas de la Misericordia y las Hermanas de la Caridad, las pioneras en la creación de hospitales y en dar estructura a lo que hoy entendemos como servicio de salud.</p>
<p>Y en otro campo de batalla: en la Guerra de Crimea, Florence Nightingale —le decían la dama de la lámpara—, enfrentó hospitales inundados de pestilencia y muerte. Ella: mejoró la higiene, organizó el caos y salvó incontables vidas.</p>
<p>¿Se necesitaba conocimiento? Sí.<br />
¿Se necesitaba valor? También.<br />
¿Se necesitaba un don? Más que nunca.</p>
<p>De aquellas noches alumbradas por luces de lámparas, surgió una transformación: la enfermería empezó a verse no como un acto de caridad ocasional, sino como una profesión legítima, rigurosa y esencial.</p>
<p>En 1860, Nightingale fundó la primera escuela formal de enfermería en Londres y escribió <em>Notas sobre enfermería</em>, libro que aún hoy está vigente, cada vez que una enfermera ingresa a la habitación de un enfermo.</p>
<p>Pero la historia siguió siendo tejida con hilos de guerra, de necesidad, de humanidad expuesta. La Guerra Civil Americana, las dos Guerras Mundiales&#8230; Cada conflicto bélico reforzó la importancia de contar con enfermeras preparadas. Cada crisis recordó al mundo que sin ellas, no había esperanza de sanar.</p>
<p>Hasta las palabras mismas que usamos para nombrar esta profesión tienen su propia carga de significado.</p>
<p>&#8220;Enfermería&#8221; viene del latín <em>infirmus</em>, &#8220;débil&#8221;, y del sufijo &#8220;-ería&#8221;, &#8220;lugar de&#8230;&#8221;. Así, enfermería: un lugar para tratar a los débiles.</p>
<p>Mientras tanto, en inglés, <em>nursing</em> proviene de <em>nutritia</em>, &#8220;nutrir&#8221;, &#8220;criar&#8221;.</p>
<p>¿No es curioso?</p>
<p>Mientras en español parece pesar el dolor y la enfermedad, en inglés resuena la vida que se cuida y se cultiva.</p>
<p>Dos formas distintas de mirar lo mismo: la nobleza de estar junto al que sufre.</p>
<p>La necesidad de cuidar es tan antigua como nuestra fragilidad.</p>
<p>Y, sin embargo, aunque la historia esté llena de batallas, tratados, etimologías y héroes silenciosos, al final todo se reduce a algo más sencillo:</p>
<p>A la ternura de una mano que acomoda una almohada.</p>
<p>A la mirada que escucha cuando el cuerpo no puede hablar.</p>
<p>A ese gesto, imperceptible y gigantesco, de quedarse al lado de alguien que está sufriendo.</p>
<p>A eso que ni los tratados ni las guerras ni las escuelas pueden enseñar del todo:<br />
el don de la enfermería.</p>
<p>​Estas mujeres, poseedoras del don de la enfermería, me cuidaron en un hospital que no ve al enfermo como un número, sino como lo que somos: seres humanos complejos que, al llegar allí, estamos generalmente llenos de ansiedad, miedo y dolor.</p>
<p>Ese lugar es el Hospital Serena del Mar, que encarna el deber ser de cada hospital, donde todos somos tratados por igual, con la misma dignidad, cuidado y atención, sin importar el régimen de salud o la marca de tus zapatos. En ese hospital se respira tranquilidad, cuidado, humanidad, trato digno y amoroso; por eso, las personas que trabajan allí tienen ese don: el don de sanar el cuerpo y el alma.​</p>
<p>Como bien dijo Florence Nightingale, no sé los dije en párrafos anteriores, ella es considerada la pionera de la enfermería moderna:​</p>
<p>“El primer requisito en un hospital es que no se debe hacer daño al enfermo”.​</p>
<p>Esta frase encapsula la esencia de lo que debe ser un hospital: un lugar donde la atención se brinda con compasión y respeto, priorizando siempre el bienestar del paciente.</p>
<p>Nuevamente gracias a todas y cada una de ellas.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diana Patricia Pinto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Plétora</category>
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        <pubDate>Sat, 26 Apr 2025 18:32:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Donde la sanación es un acto de amor]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diana Patricia Pinto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Amar los libros sobre todas las cosas</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/amar-los-libros-sobre-todas-las-cosas/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Día Internacional del Libro -¡hoy 23 de abril!- es la mejor excusa para acercarse a los libros sin miedo. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-94156b9ef6fa2137274c5826cc53bd57"><strong><em>Asegúrate de llevar siempre un libro metido en tu cabeza.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-909800107cb172cc01a6d1aae9914549"><strong><em>Para ser lector, solo se necesita una cosa: saber leer. Y ni siquiera, porque en el peor de los casos alguien te puede leer.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-03ec5d718f27d39c9ae8e9e0eccf10dd"><strong><em>Quisiera tener un poder para curarle a la gente la pereza de leer.</em></strong></p>



<p>Cuando no quiero escribir es porque tengo ganas de leer, y al revés.</p>



<p>Lo poco o mucho que sé sobre la vida se lo debo a los libros que he leído. Y leo de todo: literatura, biografía, historia, ensayo, cuento&#8230; </p>



<p>Lean lo que las plazca, pero lean. </p>



<p>El día que escuché esta frase de <a href="https://www.zendalibros.com/mario-vargas-llosa-lo-mas-importante-que-me-ha-pasado-en-la-vida-ha-sido-aprender-a-leer/">Mario Vargas Llosa</a>, de una me identifiqué con ella: <strong>“Lo más importante que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer”.</strong> En mi caso, se lo debo a mi abuela materna, que me enseñó las vocales y luego el abecedario completo. Con su mano dirigía la mía con amorosa paciencia, y así aprendí también a escribir. Tenía cinco años, ella 38.  </p>



<p>Se ama a los libros, del mismo modo que se ama a los autores favoritos. Son como amantes: los libros y los escritores.  En consecuencia, amo las librerías, templos sagrados de todo lector. Nuestro primer mandamiento podría ser: <strong>Amarás los libros sobre todas las cosas.</strong> </p>



<p>Invito a los profesores que me leen a que desarrollen un ejercicio de escritura creativa con los muchachos: hacer la lista de mandamientos del lector moderno. Sí me los envían por correo, prometo publicar los más originales en uno de los blogs que dedicaré a la Feria del Libro de Bogotá, FILBO 2025.</p>



<p>Tengo varias librerías <em>de segunda mano</em> entre mis favoritas. Escribiré sobre ello un día de estos.</p>



<p>No recuerdo mi primera vez, pero han sido muchas desde entonces. ¿Cuándo fue la última vez que entraste en una librería? Hazlo sin miedo. Acaricia los libros, siente su olor, como harías con tu amante. &nbsp;Ojéalos y hojéalos. Puede&nbsp;ser que no compres nada: Nadie te juzgará. Suficiente con que sepas que los libros no muerden y que existen unos personajes llamados libreros que, por lo general, son criaturas amables, dispuestas a compartir lo que saben, y saben demasiado.</p>



<p>Las charlas más maravillosas ocurren entre los buenos lectores y los buenos libreros. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Los libros tienen alma, así que los libros que uno ama son sus almas gemelas. Yo tengo un montón en mi lista. La encabeza “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez. Es el único libro que he leído tres veces, y faltan más lecturas. Otro día contaré por qué lo considero como el mejor libro colombiano de todos los tiempos.</p>



<p>¿Saben algo? Debería constituir delito ser colombiano y no haber leído esa joya literaria, al menos una vez. O lo diré de otra forma: debe ser triste morirse sin haber leído algo de lo mucho que escribió Gabriel García Márquez.</p>



<p>El universo <em>garciamarquiano</em> es inagotable. ¿No sabes por dónde comenzar? Mi humilde consejo: Comienza leyendo “Crónica de una muerte anunciada”. Si no quieres leerlo a él, lee a otros autores colombianos. Apoyemos a los nuestros. </p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Los libros tienen alma, así que los libros que uno ama son sus almas gemelas.</strong></h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2-1024x1024.jpg" alt="" class="wp-image-114900" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2-1024x1024.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2-300x300.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2-150x150.jpg 150w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2-768x767.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/04/23104759/ZETA-LIBROS-2.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Lee y contagia a otros con este virus. Los niños aprenden con el ejemplo: el bueno y el malo. Si te ven leyendo, más posibilidades habrá de que quieran volverse lectores. <strong>Si tienes poco tiempo para compartir con tus hijos, regala libros. Es una forma de felicidad, otro modo de compensar la ausencia.&nbsp;</strong></p>



<p>Un libro es el mejor amante que cualquier persona puede tener. Cuando alguien cae bajo su hechizo, le será muy difícil volver a ser el de antes. Es amor a primera vista&#8230; de página. El único apego saludable que conozco. Deliciosa dependencia. Bendita adicción. Un orgasmo de la mente, podría decirse.</p>



<p>Por lo general, llevo siempre un libro conmigo, porque nunca sé dónde me cogerán las ganas de leer.</p>



<p>Leo en el Transmilenio y en la fila del banco, o en el restaurante mientras pasa el diluvio. No es buena idea leer bajo la lluvia, pero sí bailar. Cuando haya Metro en Bogotá cumpliré una de mis tres mayores fantasías. No les cuento ninguna para que se cumplan.</p>



<p>El día que no&nbsp;leo me siento raro, incompleto, hambriento.</p>



<p>Quien ama los libros nunca está solo. Porque ese amante siempre está ahí, incondicional, disponible a toda hora, dispuesto a dejarse manosear. No entiendo cómo hay gente que puede vivir sin libros. </p>



<p>Me apenan tres clases de personas en el mundo: las que fuman (cualquier cosa que fumen); las que malgastan el tiempo y las que odian leer por la razón que sea. &nbsp;Con lo que invierten en cigarrillos durante un año o menos, yo dichoso compraría las biografías completas de Stefan Zweig. Si alguien me regala esa colección, me hará el hombre más feliz sobre lo que queda de la Tierra.</p>



<p>¡Cambien cualquier mal vicio por el vicio de leer, que en realidad es un gran placer! Y copien al ingenioso <a href="https://www.muyinteresante.com/curiosidades/10753.html">Groucho Marx</a>: <em><strong>&#8220;Considero que la televisión es muy educativa. Cada vez que alguien enciende el televisor salgo de la habitación y me voy a otra parte a leer un libro&#8221;</strong>, </em>decía. </p>



<p>¡Qué no daría yo por ser el dueño del tiempo que otros pierden! Porque con tanto que hay para leer, una vida no basta. Por eso, y solo por eso, me aferro, como melcocha entre los dientes, a la idea budista de la reencarnación. Las buenas personas y las personas a las que uno ama, lo mismo que los libros maravillosos que forman parte de nuestra biografía personal, hacen que la vida valga la pena, y soy de los que quiere repetir.</p>



<p>¿Los libros curan?, es una pregunta que se repite. No sabría qué responder. Pero puedo decir que son un antídoto para personas, como yo, que deben lidiar con la muchedumbre y la timidez. </p>



<p>Sí, lo confieso. Estoy enfermo de amor… de este amor loco por los libros, de esta enfermedad sin remedio, menos mal. No conozco al primero que haya muerto por semejante locura. &nbsp;&nbsp;</p>



<p>Si el sueño de Mario Vargas Llosa era hallar la muerte mientras escribía, me pregunto si el sueño de todos los lectores es morir leyendo. Me gustaría leerlos antes del fin.  </p>



<p>¡Feliz día de tus libros, querido lector! </p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><strong><em>Correo: alexvelasquezcolombia@gmail.com</em></strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114896</guid>
        <pubDate>Wed, 23 Apr 2025 18:44:29 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Amar los libros sobre todas las cosas]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Una flor</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/relaciona2/una-flor/</link>
        <description><![CDATA[<p>Estaba esperando en mi casa a mis hermanas para almorzar. Ya todo estaba listo, pero aún no llegaban. Puse algo de música de domingo, una playlist fantástica de Silvestre Dangond y me senté en la sala a esperar. Iba a ponerme a leer noticias, a abrir X (twitter), estaba entrando un rayito de sol maravilloso, [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Estaba esperando en mi casa a mis hermanas para almorzar. Ya todo estaba listo, pero aún no llegaban. Puse algo de música de domingo, una playlist fantástica de Silvestre Dangond y me senté en la sala a esperar. Iba a ponerme a leer noticias, a abrir X (twitter), estaba entrando un rayito de sol maravilloso, así que dejé el celular de lado y me puse a ver el cielo por la ventana, a ver la gente pasar… Los domingos la gente va a otro ritmo, no hay prisa, todo es más tranquilo. </p>



<p>Cerca hay un camino que lleva a un parque, tiene varios arboles de Cayenas, me sorprendió verlo llenito de flores, de esos colores naranja y los bordes de color amarrillo, son preciosas.  Veo a un hombre por ahí de 40 años, llevaba un perrito y a su lado un niño de 7 u 8 años, en una bicicleta. Me causa curiosidad porque se veía como envolatado, con el perrito, el niño y llevaba una bolsa como de mercado. Me quedé mirándolos pasar, cuando de pronto se detiene en uno de los árboles de cayenas, arranca una flor y se la da al niño, el niño la toma y sigue derecho en su bicicleta con la flor en la mano, a pocos metros venía una señora, que asumo debe ser la mamá, y le entrega la flor. La mamá se derrite (su cara lo dice todo) y se inclina y abraza al niño&#8230; en esas el niño arrancó mientras la señora tomaba la bolsa del señor, acariciaba la cabeza del perrito y conversaban algo con el señor y siguieron su camino los 4.  </p>



<p>Luego llegaron mis invitados a almorzar y se fue pasando un buen domingo. De esos de charla, comida rica, en familia&#8230; Sin embargo esa escena quedó en mi memoria durante varios días, me pareció hermosa y he pensando en las múltiples conclusiones de lo que vi. Tal vez una escena simple, pero con un abanico de perspectivas. </p>



<p>Los niños aprenden con el ejemplo, cinco segundos de una acción, tienen más efecto que cinco minutos de palabras.&nbsp;</p>



<p>Los detalles son importantes y no tienen nada que ver con el dinero.&nbsp;</p>



<p>Ver las cosas bonitas que hay a nuestro alrededor es importante. Cuántas veces pasamos de largo como si todo fuera normal cuando deberíamos estar atentos como si todo lo viéramos por primera vez. Una puesta de sol, un perrito, una flor, una persona, un niño.  Y es que podemos pasar por una calle mil veces, pero cada día es diferente, diferente clima, diferentes personas, diferentes pensamientos, diferentes circunstancias&#8230; todo debería asombrarnos. </p>



<p>Entre más estemos abiertos a encontrar lo hermoso en lo que vemos creo que atraemos más:  Anoche salí con Copito alrededor de las 7 de la noche, cuando llamó mi atención que alguien cantaba a grito herido… era un joven, iba caminando, llevaba audífonos y cantaba una de los Enanitos Verdes que decía: “Porque este es mi primer día sin verte, porque este es mi primer día sin ti” era tanto el sentimiento que se percibía en su voz que hacía que uno no se fijara en si cantaba bien o no, solo en el sentimiento que transmía. </p>



<p>Hoy que estoy escribiendo este blog me topé con otra escena linda: Un adulto mayor iba caminando en el parque con un perrito chiquito blanco. El perrito quería jugar, le saltaba, el señor caminaba lento y el perrito en posición de juego casi no lo dejaba caminar… el señor le hablaba y le decía&nbsp; “ya se acabó el paseo, para la casa, para la casa”&nbsp; y le sonreía como enternecido por los saltos del perrito…&nbsp; Hay ternura alrededor.&nbsp;</p>



<p>La vida tiene muchas escenas que segundo a segundo nos va mostrando, depende de nosotros levantar la vista del celular, alejarnos un poco de las noticias, tal vez un poco de ese lado crudo que tiene la vida&nbsp; y ver lo que hay en nuestro entorno. Capturar esos momentos que alimentan el alma, como alimentó esa familia, ese muchacho que cantaba y ese adulto mayor con su perrito, la mía.</p>



<p>Que tengan un maravilloso domingo. </p>



<p></p>



<p><strong>Andrea Villate</strong></p>



<p>Sitio web https://andreavillate.blogspot.com/</p>



<p>X:&nbsp;<a href="https://twitter.com/AndreaVillate" target="_blank" rel="noreferrer noopener">&nbsp;https://twitter.com/AndreaVillate&nbsp;</a></p>



<p>Facebook/&nbsp;&nbsp;<a href="https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://www.facebook.com/andreavillateperiodista/</a></p>



<p>Instagram / <a href="https://instagram.com/andreavillate_cielos" target="_blank" rel="noreferrer noopener">https://instagram.com/andreavillate_cielos</a> </p>
]]></content:encoded>
        <author>ANDREA VILLATE</author>
                    <category>Relaciona2</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=114436</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Apr 2025 02:16:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Una flor]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ANDREA VILLATE</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Aunque Vicky Dávila se vista de seda, periodista se queda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/aunque-vicky-davila-se-vista-de-seda-periodista-se-queda/</link>
        <description><![CDATA[<p>Con la llegada de Alicia Arango a su campaña, Vicky Dávila ya no podrá negar que es uribista, aunque no pura sangre, lo que de entrada podría complicarle su candidatura.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Alicia Arango y Vicky Dávila. Imágenes de archivo particular. </em></p>



<p>¿Está <em>durmiendo</em> Vicky Dávila con el enemigo? Tengo una teoría. </p>



<p>La campaña presidencial no ha empezado, por muy afanadas que estén las encuestas y los medios para medir las posibilidades de personajes que, incluso, ni siquiera han sometido oficialmente su nombre para obtener un cupo en el tarjetón. Es el caso de Gustavo Bolívar, al que ya ponen de “ganador” compitiendo con Sergio Fajardo, Vicky Dávila y Juan Manuel Galán.</p>



<p>Insisto en mi tesis: Lo de Bolívar es una trampa que se le está tendiendo a la Izquierda. El presidente, que en política es un zorro, sabrá entender. Al haber alcanzado la primera magistratura, con el viento y las élites en contra, Petro demostró que a la Casa de Nariño solo acceden genuinos animales políticos, y todavía no se ve en el horizonte a aquel o aquella capaz de correrle la silla al Progresismo a partir del 7 de agosto de 2026.</p>



<p>Si sumamos los resultados de la última encuesta Invamer Poll, obtenemos que de los tres primeros en el partidor ninguno pasa del 12% y la sumatoria de todos queda muy debajo de la imagen favorable del presidente,  35%, que se traduce en el posible caudal electoral para transferir a su candidato o candidata. Sumen ustedes: Gustavo Bolívar (11,8%); Sergio Fajardo (9,5%) y Vicky Dávila (8,3%).</p>



<p>El más aventajado de los precandidatos del Centro Democrático (CD), Miguel Uribe, ni siquiera supera el 5%.  Eso sólo significa una cosa: que la mala hora de su <em>sensei</em>, Álvaro Uribe –en medio de un juicio penal, acusado de tres delitos-, si les está pasando factura, aunque les cueste reconocerlo; eso sin contar que la Corte Suprema le abrió<strong> </strong><a href="https://cambiocolombia.com/poder/corte-suprema-abre-investigacion-preliminar-alvaro-uribe-donacion-campana-2018">investigación preliminar</a><strong> </strong>por una donación a su campaña al Congreso en 2018, noticia que pasó de agache en la mayoría de medios. <strong> </strong></p>



<p>Los que decidieron adelantar la campaña, creyendo que <em>al que madruga Dios le ayuda</em>, lo único que están logrando es saturar las redes sociales de mensajes insulsos, cuando el colombiano de a píe espera soluciones a problemas reales y reformas sociales que mejoren sus condiciones de vida, no un rosario de promesas, que es lo único que pueden ofrecer los precandidatos, junto con las diatribas contra Petro.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Hay pobreza y pereza intelectual en aquellos que quieren gobernar a Colombia. </strong></h2>



<p>Piensan que hablar mal de presidente o aprovecharse, con cierta mezquindad, de la crisis del sector salud o la Paz Total, es materia suficiente para ganar una elección, sin esforzarse un poquito por ponerle sesos a la “campaña”, en la que deben demostrar de qué están hechos y qué tienen para ofrecer, más allá de la criticadera y la quejadera, que ese papel nos corresponde a los ciudadanos, no a los políticos que son parte del problema. </p>



<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p>Hay pobreza y pereza intelectual en aquellos que quieren gobernar a Colombia. El tiempo y <a href="https://www.bluradio.com/politica/vicky-davila-miguel-uribe-y-german-vargas-lleras-los-que-mas-gastan-en-redes-sociales-rg10#google_vignette">recursos </a>que pierden en redes sociales deberían usarlo para estudiar al país, no para arengar con promesas vacías. El pueblo ya no les come cuento a los políticos. Y el pueblo seguirá siendo la voz de Dios, mientras tenga el poder del voto y sepa usarlo.</p>



<p class="has-text-align-center has-large-font-size"><strong>De las encuestas… líbranos señor&nbsp;</strong></p>



<p>La gresca Ejecutivo-Legislativo (con consulta popular de por medio) opacó el protagonismo de los precandidatos. Personajes como Vicky Dávila (que hasta febrero supuestamente lideraba el podio con 15,1%, según las firmas <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/vicky-davila-lidera-intencion-de-voto-para-las-proximas-elecciones-OC26607009">Guarumo y Ecoanalítica</a>), se sometieron a un desgaste anticipado, por falta de cálculo político.</p>



<p>¿La vieron en redes sociales llegando a una EPS con su capa salvadora de <em>Mujer Maravilla</em> para luego salir abucheada? Yo creo que en la huida tal vez alcanzó a pensar “¡en qué diablos me metí!”.</p>



<p>Es entendible, porque ella es periodista y nada más que periodista, (&#8220;<em>gallina en corral ajeno</em>&#8220;, habría dicho mi abuelita si viviera), pero como del afán no queda si no el cansancio, dejó abierto el camino para que surja el candidato revelación (¿el o la <em>outisider?), </em>ya sea de Izquierda, Derecha o Centro (Centro que en este país es casi siempre de Derecha, rara vez de Izquierda). </p>



<p>No obstante, por arte de magia, resucitó Alicia Arango con la tarea de convertir a la veterana reportera en aprendiz de política. Con mentora uribista hasta la médula… blanco es, gallina lo pone.. y ahora toca esperar a ver si <em>fritan</em> o no a la candidata que se autoproclama “independiente” de las clase política, título que hoy no le va, porque, al final del día, en Colombia se necesitan las maquinarias para acariciar el poder. Entonces,  me parece intrascendente discutir si es Uribista o Duquista cuando la sola presencia de Arango nos recuerda la magnífica frase de Juan Gabriel: <em>&#8220;Lo que se ve no se pregunta&#8221;. </em></p>



<p> Según <a href="https://www.pares.com.co/post/alicia-arango-la-mujer-que-se-invent%C3%B3-a-alvaro-uribe-ahora-quiere-poner-a-vicky-d%C3%A1vila-de-presiden?s=03">Pares</a>, &#8220;fue Alicia Arango quien se inventó el mito de Álvaro Uribe Vélez&#8221;.</p>



<p>Hay dos maneras de interpretar su arribo como estratega política. Una, para implosionar (desde y hacia adentro) la campaña de Vicky Dávila, precisamente asociándola con Uribe, que en este momento podría restar en vez de sumar. No se sabe si detrás de esta maniobra, para bien o para mal, está Iván Duque como muchos malpiensan.</p>



<p>Sin embargo, Uribe rapidito salió a aclarar que él no tiene velas en ese entierro (<a href="https://www.elespectador.com/politica/uribe-habla-sobre-reunion-con-alicia-arango-e-ivan-duque-y-dice-que-no-se-hablo-de-vicky-davila-a-la-presidencia">“Nunca se habló de Vicky”</a>, recoge <strong>El Espectador</strong>) y de manera hábil, envalentonado como es, el expresidente cambió el tema: aprovechó que Claudia López se metió en la discusión para dedicarle unas <a href="https://www.elespectador.com/politica/uribe-volvio-a-chocar-con-claudia-lopez-mala-alcaldesa-que-ahora-quiere-ser-presidente-vicky-davila-y-alicia-arango">palabritas envenenadas</a>: “Una mediocre y mala alcaldesa de Bogotá que ahora quiere ser presidente”, gruñó en X. </p>



<p>¿Cuál es la razón para que Uribe quiere desmarcarse? ¿Acaso le apuesta veladamente a Dios y al diablo para no causar caos en su partido? ¿O,  como muchos presumen,  finalmente con Vicky y los demás se cocinará una única candidatura?</p>



<p>La otra interpretación tiene que ver precisamente con los cinco precandidatos del CD, ellos sí uribistas <em>pura sangre</em>, que en la misma encuesta aparecen rezagados: Miguel Uribe (4,8%); María Fernanda Cabal (4,2%); Paloma Valencia (0,8%); Andrés Guerra (0,7%) y Paola Holguín (0,6%). Pero ojo, porque la sumatoria de los cinco da 11.1%; es decir, superan el 8,3% de Dávila, con lo cual mi teoría sobre la implosión de su candidatura en manos de Alicia Arango no sería descabellada.</p>



<p>Los políticos finalmente son políticos y no creo que vayan a permitir que ella, una <em>recién aparecida </em>en la política, les arrebate lo que tanto sudor y plaza pública les costó construir. Por eso, este trino de la senadora Cabal suena a advertencia a sus contendores de Derecha. Me pongo a pensar: ¿Generalas? A lo mejor están ya pensando en Seguridad Democrática II, como si el país y la JEP no tuvieran suficiente con los líos que ocasionó la I.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-twitter wp-block-embed-twitter"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Aquí estamos tres generalas al servicio de cada colombiano. <a href="https://twitter.com/PaolaHolguin?ref_src=twsrc%5Etfw">@PaolaHolguin</a> <a href="https://twitter.com/PalomaValenciaL?ref_src=twsrc%5Etfw">@PalomaValenciaL</a> <a href="https://t.co/SAZVvb1eJo">pic.twitter.com/SAZVvb1eJo</a></p>&mdash; María Fernanda Cabal (@MariaFdaCabal) <a href="https://twitter.com/MariaFdaCabal/status/1907468874490196126?ref_src=twsrc%5Etfw">April 2, 2025</a></blockquote><script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p>Mientras ellos y ellas matan sus pulgas, a mí nada me hará cambiar de opinión como elector: aunque Vicky Dávila se vista de seda… periodista se queda. No me toquen ese mal vals&#8230; ¡ya lo bailamos con el hijo de don Misael! </p>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113914</guid>
        <pubDate>Thu, 03 Apr 2025 13:04:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Aunque Vicky Dávila se vista de seda, periodista se queda]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El poema y el árbol</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/el-poema-y-el-arbol/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hoy 21 de marzo, se celebra el día mundial de la poesía y el día internacional de los bosques. En 1992, mientras era estudiante de la Universidad Nacional de Colombia,  tuve oportunidad de participar en un concurso de poesía titulado &#8220;El árbol y el agua&#8221;. Uno de los jurados, fue el inolvidable profesor y poeta David Jiménez Panesso, quien falleció el 3 de agosto del 2024, Descanse en paz y en poesía. Sea el momento para rescatar el poema que logró el segundo lugar en aquel concurso, el cual fue uno de los mejores resultados de los semestres de ingeniería forestal que cursé en la Universidad Distrital. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="816" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2-816x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-113214" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2-816x1024.jpeg 816w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2-239x300.jpeg 239w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2-768x964.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2-1223x1536.jpeg 1223w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124804/Acta-jurado-concurso-de-poesia-el-arbol-y-el-agua-2.jpeg 1631w" sizes="auto, (max-width: 816px) 100vw, 816px" /></figure>



<p><strong>Nota preliminar</strong>: Hoy 21 de marzo, se celebra el día mundial de la poesía y el día internacional de los bosques. En 1992, mientras era estudiante de la Universidad Nacional de Colombia,  tuve oportunidad de participar en un concurso de poesía titulado &#8220;El árbol y el agua&#8221;. Uno de los jurados, fue el inolvidable profesor y poeta David Jiménez Panesso, quien falleció el 3 de agosto del 2024, Descanse en paz y en poesía. Sea el momento para rescatar el poema que logró el segundo lugar en aquel concurso, el cual fue uno de los mejores resultados de los semestres de ingeniería forestal que cursé en la Universidad Distrital. </p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="412" height="629" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124815/David-Jimenez-Panesso-2.png" alt="" class="wp-image-113215" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124815/David-Jimenez-Panesso-2.png 412w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124815/David-Jimenez-Panesso-2-197x300.png 197w" sizes="auto, (max-width: 412px) 100vw, 412px" /><figcaption class="wp-element-caption">David Jiménez Panesso, imagen ubicada en el Blog de la escritora Elsy Rosas Crespo.</figcaption></figure>



<h1 class="wp-block-heading"><strong>XXXIII</strong></h1>



<p>El nonato se hallaba en la mitad</p>



<p>de un bosque de tocones.</p>



<p></p>



<p>Empezó a deslizarse –gateando-</p>



<p>a través de los muñones de madera,</p>



<p>buscaba algo para asirse y empinarse.</p>



<p></p>



<p>Lo halló al final de XXXIII vueltas:</p>



<p>Sus dedos acariciaron</p>



<p>la piel áspera y arrugada.</p>



<p></p>



<p>Aferrado al fuste, comenzó a subir</p>



<p>más que a subir, a crecer, a expandirse</p>



<p>sus brazos volaron hasta las ramas altas</p>



<p>confundiéndose con el tejido vegetal,</p>



<p>los dos cuerpos se fundieron en uno solo</p>



<p>mezclándose sangre y savia.</p>



<p></p>



<p>Los pies hurgaron en lo profundo de la tierra</p>



<p>como el ancla busca en la mar.</p>



<p></p>



<p>Al atardecer (hora nona) aparecieron tres clavos:</p>



<p>Uno en los pies, dos en los brazos.</p>



<p></p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>En lo que sigo llamando Twitter me encuentran como @dixonmedellin y exploro el cielo azul en Bluesky como @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="412" height="629" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124715/David-Jimenez-Panesso-1.png" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124715/David-Jimenez-Panesso-1.png 412w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/21124715/David-Jimenez-Panesso-1-197x300.png 197w" sizes="auto, (max-width: 412px) 100vw, 412px" /></figure>


<p> </p>
]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=113205</guid>
        <pubDate>Fri, 21 Mar 2025 17:50:35 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El poema y el árbol]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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                            </item>
    </channel>
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