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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>You searched for ayuda a los migrantes | Blogs El Espectador</title>
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        <title>El viaje de Suleimán</title>
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        <description><![CDATA[<p>La primera pregunta que provoca la historia de Suleimán no tiene que ver con Europa, ni con las fronteras, ni siquiera con la migración. Tiene que ver con el momento exacto en que una persona empieza a considerar que quedarse en el lugar donde nació puede ser más incierto, más difícil o más doloroso que [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">La primera pregunta que provoca la historia de Suleimán no tiene que ver con Europa, ni con las fronteras, ni siquiera con la migración. Tiene que ver con el momento exacto en que una persona empieza a considerar que quedarse en el lugar donde nació puede ser más incierto, más difícil o más doloroso que emprender un viaje cuyo final desconoce. Suleimán es un niño de Malí que decide marcharse con su amigo Musa hacia una Europa que, desde la distancia, aparece como el lugar donde podrían trabajar, ganar dinero, regresar algún día y ayudar a sus familias. La idea parece sencilla hasta que uno mira el camino que deben recorrer para hacerla posible: el desierto, los camiones atestados, las fronteras, los intentos fallidos de entrar a España y, finalmente, el mar. <em>Me llamo Suleimán</em>, la obra de Antonio Lozano dirigida por Mario Vega, cuenta precisamente ese viaje, pero su mayor interés está quizá en algo que ocurre antes de que empiece la travesía: en obligarnos a mirar la decisión desde el lugar de quien se marcha y no solamente desde el lugar de quienes lo esperan al otro lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos acostumbrados a hablar de la migración desde la perspectiva de quienes reciben al migrante. Las discusiones públicas suelen comenzar en las fronteras y terminar en ellas: cuántas personas llegan, cómo atraviesan los controles, qué hacen los gobiernos, qué capacidad tienen las ciudades para recibirlas, cuáles son los temores de las sociedades que las reciben. En ese recorrido, la persona concreta tiende a desaparecer. El migrante se convierte en una categoría, una cifra, una noticia o una discusión política, y detrás de cada una de esas palabras queda escondida una historia que empezó mucho antes de que apareciera en nuestra pantalla. Antonio Lozano plantea justamente la necesidad de invertir esa mirada y acercarnos a quien emprende el viaje, comprender las razones que lo llevaron a tomar una decisión que, vista desde fuera, puede parecer incomprensible, pero que adquiere otra dimensión cuando se conocen las circunstancias desde las cuales fue tomada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de Suleimán ocurre, además, dentro de un fenómeno mucho más grande que las fronteras de Europa. Según la Organización Internacional para las Migraciones, a mediados de 2024 había alrededor de 304 millones de migrantes internacionales en el mundo. Pero el mismo informe recuerda algo que suele perderse cuando las imágenes de las fronteras ocupan nuestra atención: cruzar un país para vivir en otro sigue siendo menos frecuente que desplazarse dentro del propio país. La migración interna es mucho más común que la internacional. A finales de 2024, además, más de 83 millones de personas vivían en situación de desplazamiento interno en el mundo. La movilidad humana, entonces, no empieza necesariamente en un aeropuerto, en una frontera o en un barco. Muchas veces comienza mucho más cerca: en la decisión de abandonar una vereda para ir al pueblo, un municipio para llegar a una ciudad, una región para buscar trabajo o una casa para escapar de la violencia.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-133413" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg 1920w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg?resize=300,169 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg?resize=768,432 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg?resize=1024,576 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-06-1.jpg?resize=1536,864 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Migrar puede significar cosas muy distintas. Puede ser una decisión planeada durante años, una oportunidad laboral, la búsqueda de una universidad, el deseo de reunirse con la familia o la necesidad de huir. Puede implicar atravesar un continente o simplemente recorrer unos cuantos cientos de kilómetros. Puede ser voluntario, forzado o encontrarse en esa zona gris en la que una persona decide marcharse porque las posibilidades que tiene delante parecen haberse reducido hasta hacer del movimiento una forma de supervivencia. Por eso resulta tan difícil hablar de los migrantes como si fueran un grupo homogéneo. Las razones para partir son tan diversas como las personas que parten.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Suleimán no parte de Malí persiguiendo una idea abstracta de Europa. Su deseo es mucho más elemental y, precisamente por eso, mucho más difícil de juzgar desde lejos: quiere trabajar, conseguir suficiente dinero para volver y montar un negocio que le permita ayudar a su familia. El viaje, sin embargo, empieza a deformar rápidamente esa expectativa. Él y Musa atraviesan el desierto en camiones incómodos y llenos de personas que, como ellos, buscan una vida distinta; llegan hasta la frontera con Melilla y descubren que llegar hasta allí no significa haber llegado a ninguna parte. El primer intento fracasa y Suleimán decide volver a intentarlo, esta vez por mar. La distancia entre el sueño inicial y la realidad del camino es precisamente aquello que la obra consigue poner delante del espectador: detrás de la palabra migración existe un trayecto físico, pero también una sucesión de decisiones, renuncias, miedos y esperanzas que resulta mucho más difícil de resumir en una estadística.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso <em>Me llamo Suleimán</em> funciona mejor cuando uno deja de pensar en ella como una obra sobre la migración y empieza a verla como una historia sobre el futuro. Suleimán quiere algo que, en principio, no parece extraordinario: quiere que su vida sea diferente, quiere tener la posibilidad de regresar con algo que ofrecer a los suyos y quiere escapar de una pobreza que ha dejado de aceptar como destino. El dossier de la obra insiste en que no se trata de un tratado sobre inmigración ni de un estudio exhaustivo del fenómeno, sino de la historia de un joven que emprende un viaje para alcanzar sus sueños. Esa decisión narrativa es importante porque devuelve al personaje algo que las grandes discusiones sobre migración suelen quitarle: individualidad. Suleimán no representa a todos los africanos, ni a todos los migrantes, ni siquiera pretende explicar las razones de todos quienes emprenden una travesía semejante. Es un muchacho con un nombre, un amigo, una familia y una idea particular de aquello que podría ser una vida mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia conoce bien esa pregunta. También nosotros hemos sido un país de migrantes, aunque durante mucho tiempo hayamos hablado menos de esa experiencia porque solemos asociar la palabra con quien cruza una frontera internacional. Hoy más de 5,5 millones de colombianos viven fuera del país, según la Cancillería. Es una diáspora que se extiende por Estados Unidos, España, Venezuela y muchos otros lugares del mundo. Son millones de historias distintas: quienes se fueron buscando trabajo, quienes llegaron para estudiar, quienes se reunieron con sus familias, quienes salieron por razones económicas y quienes tuvieron que abandonar el país por la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay otra historia migratoria colombiana, quizá todavía más profunda, que ocurre sin necesidad de cruzar una frontera internacional. Durante décadas, millones de colombianos se han desplazado de un municipio a otro, del campo a las ciudades, de una región a otra. El DANE ha estudiado esta migración interna como una de las grandes fuerzas que han transformado la geografía del país. El Censo de 2018, por ejemplo, permitió caracterizar los movimientos entre municipios y departamentos y distinguir entre migración de toda la vida y migración reciente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El dato histórico ayuda a dimensionar esa transformación. En el Censo General de 2005, el DANE encontró que cerca del 36 por ciento de las personas censadas había nacido en un municipio diferente de aquel en el que residía. Eso significa que, entre los 41,5 millones de personas consideradas en ese cálculo censal, alrededor de 15 millones vivían en un municipio distinto al de su nacimiento. No eran necesariamente refugiados ni desplazados por la violencia: eran colombianos que, por distintas razones, habían cambiado de lugar de residencia dentro del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y junto a esa migración existe una experiencia todavía más dolorosa: la de quienes no decidieron marcharse. Colombia continúa teniendo una de las mayores poblaciones de desplazados internos del mundo. Al cierre de 2025 había más de siete millones de personas desplazadas internamente por el conflicto y la violencia, según ACNUR. Es una cifra que obliga a recordar que para millones de colombianos la palabra migración no describe una aventura, una oportunidad ni la búsqueda deliberada de un futuro distinto, sino la interrupción brutal de una vida que estaba ocurriendo en otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay, entonces, una línea invisible que conecta la historia de Suleimán con muchas historias colombianas, aunque las circunstancias sean radicalmente diferentes. Un campesino que abandona su vereda para llegar a Bogotá, una familia que deja una región por amenazas, un joven que viaja a España para trabajar, una mujer que se muda de un municipio a otro para estudiar, un hombre que cruza una frontera buscando una oportunidad: todos participan, de maneras distintas, de una misma condición humana, la de comprender que el lugar en el que se nació no necesariamente será el lugar en el que se vivirá para siempre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de establecer equivalencias fáciles. La experiencia de un joven de Malí que atraviesa el Sahara no es la misma que la de un colombiano que llega a Bogotá desde el campo, ni la de quien emigra a Madrid, ni la de una familia desplazada por la guerra. Las causas, los riesgos y las circunstancias son diferentes. Pero hay algo que sí puede reconocerse entre todas esas historias: el acto de imaginar que la vida puede continuar —o comenzar de nuevo— en otro lugar.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="576" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg?quality=60&amp;w=650" alt="" class="wp-image-133414" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg 1575w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg?resize=300,169 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg?resize=768,432 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg?resize=1024,576 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/Me-llamo-Suleima╠un-01-1.jpg?resize=1536,864 1536w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Y es justamente esa historia la que llegará a Bogotá. <em>Me llamo Suleimán</em> se presentará el <strong>2 de octubre de 2026, a las 7:30 de la noche, en la Sala Delia Zapata del Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella</strong>, un escenario que, por unas horas, permitirá que esa travesía que comienza en Malí y atraviesa el Sahara, las fronteras y finalmente el mar encuentre otro territorio desde el cual ser contada. La llegada de la obra a Bogotá tiene algo particularmente sugestivo: una historia sobre alguien que atraviesa territorios para intentar encontrar un lugar donde construir su futuro será representada en una ciudad que también conoce, de distintas maneras, las historias de quienes han tenido que abandonar un lugar para comenzar de nuevo. Más que una coincidencia geográfica, es una oportunidad para que el teatro vuelva a hacer aquello que mejor sabe hacer: poner una vida concreta frente a otras vidas y obligarnos, durante el tiempo que dura una función, a mirar el mundo desde una perspectiva que no es la nuestra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una época en la que buena parte de nuestras conversaciones sobre migración se producen a partir de imágenes de multitudes, estadísticas y mapas, esa individualidad adquiere una importancia política y humana que el teatro puede expresar mejor que muchas explicaciones. Las cifras son necesarias, por supuesto, pero una cifra no permite saber qué pensaba la persona que representa. No sabemos qué dejó atrás, qué conversación tuvo antes de partir, qué le prometió a su familia o qué imaginaba encontrar al otro lado del mar. Sabemos solamente que cruzó, que intentó cruzar o que murió intentando hacerlo. La obra parte de una operación mucho más sencilla: darle voz a uno de ellos y permitir que el espectador conozca la historia antes de formular el juicio. ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones han insistido en la importancia de comprender las dimensiones humanas que existen detrás de los datos sobre desplazamiento y migración. El material de la obra recoge esa idea para explicar por qué Suleimán no funciona como un símbolo abstracto, sino como un personaje capaz de despertar identificación en quien lo observa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una frase en el material de la obra que resume buena parte de esa intención. Suleimán dice que le gusta contar de qué familia y de qué país viene porque así siente que es un hombre y no una sombra perdida entre blancos. La frase resulta poderosa porque introduce una diferencia fundamental entre ser visto y ser reconocido. Una sombra puede estar delante de nosotros sin que sepamos absolutamente nada de ella; podemos verla atravesar una frontera, aparecer en una fotografía o convertirse en una noticia y, sin embargo, seguir sin conocerla. Contar una historia es una manera de romper esa distancia. Cuando sabemos que quien viaja tiene un nombre, una familia y un proyecto de vida, la palabra migrante empieza a resultar insuficiente para describirlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También por eso Colombia puede escuchar esta historia desde una experiencia propia. Quizá uno de los rasgos más profundos de nuestra historia reciente sea precisamente que hemos aprendido a vivir en movimiento. Familias que llegaron a las ciudades, campesinos que abandonaron sus tierras, jóvenes que viajaron a otros países, personas que regresaron después de décadas, comunidades enteras que tuvieron que reconstruir su vida lejos de donde nacieron. La historia colombiana está llena de desplazamientos, algunos buscados y otros impuestos. El país que recibe a Suleimán en el escenario es, al mismo tiempo, un país que ha enviado millones de personas al exterior y que ha visto a millones de sus propios ciudadanos cambiar de municipio, de región o de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La trayectoria de la obra también dice algo sobre la capacidad del teatro para permanecer alrededor de un asunto incluso cuando cambian las noticias que lo rodean. <em>Me llamo Suleimán</em> nació de la novela homónima de Antonio Lozano, publicada en 2014, y fue llevada al escenario bajo la dirección de Mario Vega. En 2015 recibió reconocimientos para el espectáculo, la dirección, la autoría, la interpretación y la escenografía, además del Premio del Público. La compañía unahoramenos ha desarrollado posteriormente otros proyectos relacionados con asuntos contemporáneos, entre ellos <em>Moria</em>, una pieza de teatro documental surgida de una visita al campo de refugiados de Lesbos y reconocida con el Premio Max a la Mejor Labor de Producción en 2022.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que queda después de conocer a Suleimán no es necesariamente una respuesta sobre qué debería hacer Europa, ni una conclusión sencilla sobre las fronteras o sobre las políticas migratorias. Queda algo más incómodo: la obligación de imaginar durante unos minutos la escena desde el otro lado. Pensar en un joven que observa su país, mira a su familia, calcula las posibilidades que tiene y termina concluyendo que un viaje incierto puede ofrecerle más futuro que permanecer en casa. Desde nuestra comodidad, esa decisión puede parecer temeraria; desde la suya, puede ser simplemente la consecuencia de haber agotado otras posibilidades. La obra no necesita resolver esa contradicción. Le basta con ponerla delante de nosotros y dejar que el espectador descubra que, antes de preguntarse quién llega, convendría preguntarse qué tuvo que ocurrir para que alguien decidiera irse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque quizá esa sea una de las cosas que la migración revela con mayor claridad: que ningún lugar es completamente definitivo. Las personas se mueven. Cambian de ciudad, de región, de país. Se marchan, regresan, vuelven a marcharse. Llevan consigo fotografías, acentos, recetas, recuerdos, idiomas y una idea del lugar al que algún día quisieran regresar. Algunas migraciones son una elección; otras son una huida; muchas son una mezcla de necesidad y esperanza. Pero casi todas contienen, de una manera u otra, la misma pregunta que acompaña a Suleimán: ¿qué podría encontrar al otro lado que todavía no puedo encontrar aquí?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Suleimán emprende un viaje hacia Europa, pero el verdadero viaje de la historia ocurre en otra dirección: va desde la distancia hacia el reconocimiento. En algún momento dejamos de mirar a un grupo de personas que intenta atravesar una frontera y empezamos a mirar a un muchacho que quiere trabajar, volver a su casa y ayudar a los suyos. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia completamente aquello que estamos viendo. Quizá el teatro tenga, entre otras, esa capacidad extraña de convertir un problema del que creemos saberlo todo en una historia que todavía necesitamos escuchar. Y quizá por eso, cuando se apagan las luces y Suleimán empieza a contar su viaje, la pregunta ya no sea solamente por qué alguien decide irse de un país, sino cuánto de nuestras propias vidas ha sido también, de una manera u otra, un viaje hacia otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133410</guid>
        <pubDate>Tue, 22 Sep 2026 16:17:25 +0000</pubDate>
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        <title>James Robinson: “No veo a nadie, ni en la izquierda ni en la derecha, con una estrategia real para crear una sociedad diferente en Colombia”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/colombia-sigue-sin-una-estrategia-de-pais-james-robinson/</link>
        <description><![CDATA[<p>James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">James Robinson lleva décadas estudiando una pregunta que parece perseguir a las sociedades modernas: ¿por qué algunos países logran construir prosperidad, instituciones sólidas y estabilidad política, mientras otros permanecen atrapados en ciclos de violencia, desigualdad y frustración? Su trabajo, desarrollado junto con Daron Acemoglu y reconocido con el Premio Nobel de Economía, ha influido en presidentes, académicos y líderes de todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero más allá de las teorías sobre instituciones inclusivas y extractivas, Robinson se ha convertido en un observador privilegiado de América Latina y, particularmente, de Colombia. Ha recorrido el país durante años, ha estudiado sus regiones y ha seguido de cerca sus transformaciones políticas. Desde esa perspectiva ofrece una mirada incómoda: considera que buena parte de los problemas colombianos siguen sin comprenderse adecuadamente, que ni la derecha ni la izquierda han logrado construir una estrategia duradera para transformar el país y que el acuerdo de paz, aunque histórico, fue tratado como si fuera el final de una historia cuando apenas representaba el comienzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta conversación habla sobre Colombia, la crisis de la democracia liberal, el ascenso de liderazgos autoritarios, la influencia de la cultura política en el desarrollo y los riesgos que plantea la inteligencia artificial. También reflexiona sobre la pregunta que hoy más le interesa: por qué las sociedades persisten en determinados equilibrios institucionales incluso cuando esos equilibrios parecen perjudicar a la mayoría de sus ciudadanos.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las élites cambian; las instituciones son las que permanecen”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Gran parte de su trabajo ha explorado por qué algunas sociedades construyen instituciones inclusivas mientras otras permanecen atrapadas en sistemas extractivos. Después de décadas estudiando estos procesos, ¿qué es lo más difícil de cambiar: las instituciones, las élites o la imaginación colectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Los datos sugieren que lo más difícil de transformar son las instituciones. Si observamos América Latina vemos que las élites sí cambian. Los grandes grupos económicos de hoy no son necesariamente los mismos de hace siglos. Hay rotación de élites, aparecen nuevas familias empresariales, inmigrantes que ascienden económicamente y nuevos actores con poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, las instituciones permanecen. Las reglas fundamentales del juego, las formas de organización del Estado y las relaciones entre poder político y poder económico suelen ser mucho más resistentes al cambio. Por eso las sociedades pueden experimentar transformaciones importantes en sus élites sin modificar realmente los resultados que producen sus instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre la imaginación colectiva soy más cauteloso. No estoy seguro de tener una respuesta clara sobre ese tema.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Colombia ha vuelto al punto donde estaba hace 25 años”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Colombia acaba de atravesar una transición política significativa. Pasó de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda de su historia reciente, a un liderazgo que reivindica más el orden, la seguridad y la autoridad. ¿Qué nos dice este cambio sobre la democracia colombiana?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No estoy seguro de que sea un cambio tan dramático como suele presentarse. Veo más continuidades que rupturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si pensamos en Álvaro Uribe, gran parte de su proyecto político estaba centrado en el orden, la seguridad y la disciplina. Hay diferencias evidentes entre los distintos liderazgos, pero también existen similitudes importantes que a veces se ignoran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos llevan décadas buscando una salida a problemas estructurales muy profundos. El problema es que ninguna de las alternativas ofrecidas ha logrado consolidarse plenamente. Uribe tuvo una característica particular: hizo buena parte de lo que prometió. Eso generó resultados concretos y abrió la posibilidad de que la sociedad explorara otros caminos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después vino la expectativa de transformaciones profundas con Petro. Sin embargo, muchas de las promesas que hizo no se tradujeron en resultados. Y cuando eso ocurre, la ciudadanía suele volver a buscar respuestas en proyectos políticos anteriores o en propuestas que le resultan familiares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el asunto central es otro. Lo que se logró mediante la estrategia militar fue transitorio. Lo que se logró mediante el acuerdo de paz también fue transitorio. Ninguna de las dos experiencias se convirtió en un proyecto social de largo plazo. Y por eso tengo la impresión de que Colombia ha terminado regresando al punto donde estaba hace 25 años.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Las FARC nunca fueron el problema central”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted ha estudiado Colombia durante mucho tiempo. ¿Qué determina que el uso de la fuerza por parte del Estado construya capacidades institucionales y no simplemente produzca otro ciclo de violencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Colombia sigue enfrentando un problema fundamental: amplias zonas del territorio continúan sin estar gobernadas efectivamente por el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante años se pensó que el problema central eran las FARC. Yo nunca compartí esa visión. Las FARC eran un síntoma de problemas más profundos. Por supuesto que su desmovilización fue positiva. Fue un logro político enorme y muy importante para el país. Pero representaba apenas el comienzo de una solución, no el final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea de que bastaba con negociar con las FARC para resolver los problemas históricos de Colombia me parecía equivocada. Los problemas estructurales estaban allí antes de las FARC y continúan después de ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El acuerdo de paz incluía algunos elementos muy importantes relacionados con la transformación territorial y la presencia estatal. Pero esas dimensiones nunca fueron implementadas de manera suficiente. Y sin esa transformación institucional más profunda, los problemas tienden a reproducirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso seguimos viendo ciclos de violencia. Cambian los actores, cambian los nombres de los grupos armados, pero persisten las condiciones que permiten su aparición.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Ni la izquierda ni la derecha entienden completamente el problema”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Usted parece sugerir que distintos gobiernos terminan repitiendo errores similares.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe un patrón recurrente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No creo que los distintos gobiernos hayan comprendido plenamente la naturaleza del problema colombiano. Se concentran en síntomas específicos y no en las estructuras que producen esos síntomas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunos casos se piensa que el problema es exclusivamente militar. En otros, que puede resolverse mediante una reforma específica o una negociación determinada. Pero los problemas colombianos tienen raíces mucho más profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, existe una tendencia hacia las grandes promesas y las soluciones grandilocuentes. Hay un componente teatral en la política colombiana. Se anuncian transformaciones enormes, pero luego resulta muy difícil construir las capacidades estatales necesarias para implementarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa que las personas carezcan de buenas intenciones. Al contrario. Muchas veces hay líderes sinceramente comprometidos con el cambio. El problema es que las instituciones necesarias para materializar esas transformaciones no existen o son demasiado débiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso no veo actualmente una estrategia clara para sacar a Colombia del equilibrio en el que se encuentra.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Hay personas que se benefician del equilibrio actual”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué ha aprendido sobre la naturaleza humana estudiando el ascenso y la caída de las naciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No creo que las diferencias fundamentales entre sociedades se expliquen por una naturaleza humana distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No pienso que los seres humanos en América Latina sean esencialmente diferentes de los estadounidenses o los europeos. Lo que cambia son las instituciones, las relaciones de poder y las trayectorias históricas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, por ejemplo, algunas personas obtienen enormes beneficios del equilibrio existente. Hay sectores que pueden protegerse de muchos de los problemas que afectan al resto de la población. Pueden acceder a seguridad privada, mejores sistemas educativos, mejores servicios de salud y múltiples mecanismos de protección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando eso ocurre, la presión para transformar el sistema disminuye. Quienes se benefician del equilibrio existente tienen pocos incentivos para modificarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa dimensión del poder es fundamental para comprender por qué ciertas instituciones persisten incluso cuando generan resultados insatisfactorios para la mayoría.</p>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>La crisis de la democracia liberal</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Hoy muchas personas sienten que las instituciones democráticas continúan funcionando formalmente, pero ya no las representan. ¿Puede sobrevivir una democracia cuando sus ciudadanos pierden la confianza en ella?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Estamos viviendo precisamente ese fenómeno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Samuel Huntington hablaba de olas de democratización y de olas inversas. Durante las décadas de 1980 y 1990 vimos una gran expansión democrática en América Latina, África y otras regiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia prometía transformar la vida de las personas. Pero cuando opera en contextos donde existen instituciones débiles, clientelismo y baja capacidad estatal, sus resultados suelen ser más limitados de lo que la ciudadanía espera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces aparece la decepción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas comienzan a buscar alternativas porque sienten que las instituciones democráticas no resolvieron sus problemas. Eso es visible en muchos países.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, la prosperidad dejó de distribuirse de manera amplia. Aunque la economía siguió creciendo, los beneficios se concentraron cada vez más en sectores específicos. Muchas personas sienten que trabajaron durante décadas sin experimentar mejoras significativas en sus condiciones de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa frustración acumulada erosiona la confianza en las instituciones democráticas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La gente está buscando algo que funcione”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Por eso vemos el auge de liderazgos fuertes o autoritarios?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Exactamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si observamos casos como El Salvador, encontramos ciudadanos que experimentaron durante años niveles extremos de inseguridad. En ese contexto, muchos terminan apoyando soluciones que les ofrecen resultados inmediatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente está buscando algo que funcione.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso no significa necesariamente que esas soluciones vayan a resolver los problemas de fondo. Pero sí explica por qué resultan políticamente atractivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando las instituciones tradicionales dejan de generar confianza, aumenta la disposición de los ciudadanos a experimentar con alternativas que anteriormente habrían considerado inaceptables.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“No creo que estos modelos tengan soluciones duraderas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Este ciclo puede revertirse?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Claro que puede. La historia muestra que estos procesos suelen desarrollarse en oleadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, no creo que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas para los problemas que enfrentan las sociedades contemporáneas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pueden producir resultados temporales. Pueden generar estabilidad durante ciertos períodos. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que ocurre hoy es que muchas personas están desencantadas con aspectos importantes del modelo liberal. Cuestionan la meritocracia, cuestionan el funcionamiento del Estado y cuestionan los beneficios distribuidos por la globalización.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos viviendo un período de búsqueda. Todavía no está claro qué tipo de equilibrio político surgirá de esta etapa.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>América Latina y la obsesión con las utopías</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Qué contradicción explica que América Latina siga siendo una región de enorme potencial y frustración permanente?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Cada vez me interesa más explorar una explicación cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una tendencia persistente al idealismo y al utopismo. Con frecuencia aparecen propuestas extraordinariamente ambiciosas para resolver problemas complejos, pero esas propuestas suelen estar desconectadas de las capacidades reales de implementación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay una tensión permanente entre lo ideal y lo posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El intelectual uruguayo Ángel Rama reflexionó sobre esta distancia entre la ciudad ideal y la ciudad real. Creo que esa tensión sigue presente en buena parte de América Latina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe una confianza recurrente en soluciones grandiosas y una menor valoración del pragmatismo institucional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo evidente es la tendencia a reescribir constituciones. A menudo se actúa como si una nueva constitución pudiera resolver problemas históricos profundamente arraigados, a pesar de que la evidencia acumulada durante dos siglos sugiere que las transformaciones son mucho más complejas.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La inteligencia artificial me parece aterradora”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Quisiera preguntarle por la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Me parece profundamente preocupante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos entrando en una transformación tecnológica gigantesca sin comprender plenamente sus consecuencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La humanidad ya ha vivido procesos similares. Ocurrió con la agricultura, ocurrió con la Revolución Industrial y ahora está ocurriendo con la inteligencia artificial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La diferencia es que hoy sí contamos con instituciones capaces de regular estos cambios. Sin embargo, esas instituciones parecen incapaces o poco dispuestas a actuar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya observamos efectos importantes en los mercados laborales. La automatización ha contribuido durante décadas al desplazamiento de trabajadores y al aumento de la desigualdad. Y ahora nos dirigimos hacia una transformación aún más profunda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hemos resuelto las consecuencias sociales de la revolución tecnológica anterior y ya estamos entrando en una nueva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso me parece aterrador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“La democracia decepciona cuando promete más de lo que puede cumplir”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Cuando uno escucha sus respuestas sobre Colombia, América Latina y Estados Unidos, parece haber una preocupación común: la distancia entre las expectativas que generan los sistemas políticos y los resultados que finalmente entregan. ¿Es esa una de las razones por las cuales estamos viendo tanta desconfianza hacia las instituciones?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que esa es una parte importante de la explicación. Si pensamos en las grandes olas de democratización de las décadas de 1980 y 1990, mucha gente vio la democracia como una solución transformadora. La democracia prometía cambiar la vida de las personas, prometía prosperidad, representación y mejores oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El problema es que en sociedades donde las instituciones estatales son débiles o donde la política funciona a través de mecanismos clientelistas, la democracia tiene una capacidad limitada para producir transformaciones profundas. Entonces surge una brecha entre las expectativas y la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente esperaba cambios mucho más grandes de los que realmente ocurrieron. Y cuando esa decepción se acumula durante décadas, las personas empiezan a buscar alternativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Esa decepción ayuda a explicar fenómenos tan distintos como Trump en Estados Unidos, Bukele en El Salvador o el crecimiento de movimientos antisistema en otras partes del mundo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Sí, creo que existe una conexión. Las personas están buscando algo que funcione. En muchos países la sensación es que las instituciones tradicionales ya no están resolviendo los problemas que preocupan a los ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, durante décadas hubo crecimiento económico, pero los beneficios se concentraron cada vez más en los sectores más ricos. Para muchas personas la experiencia cotidiana fue completamente distinta a la narrativa del éxito económico nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno no tiene educación universitaria, los salarios reales son inferiores a los que existían hace varias décadas. Ese fenómeno tiene múltiples causas: cambios tecnológicos, automatización, debilitamiento de los sindicatos y transformaciones profundas en el mercado laboral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo eso genera frustración y termina erosionando la confianza en las instituciones democráticas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Sin embargo, tampoco parece convencido de que los modelos más autoritarios tengan respuestas duraderas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> No, no lo estoy. Creo que algunas de estas experiencias pueden producir resultados temporales. Pueden generar una sensación de eficacia durante un período determinado. Pero eso es diferente a construir soluciones sostenibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que estamos viendo es una búsqueda de nuevas fórmulas políticas. Hay mucha desilusión con aspectos importantes del modelo liberal contemporáneo, pero todavía no está claro qué alternativa va a surgir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Estados Unidos, por ejemplo, distintos sectores políticos están tratando de reconstruir coaliciones sociales capaces de volver a conectar con amplios grupos de la población. Pero creo que todavía estamos en una etapa de experimentación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en Colombia veo algo parecido. Hay muchas propuestas, pero sigo sin ver una agenda práctica y coherente capaz de construir una salida duradera para los problemas estructurales del país.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La lección de toda una vida</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> Si pudiera dejar una sola lección a los líderes políticos del mundo, ¿cuál sería?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Que comprendan la importancia de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando viajo y hablo con personas de distintos países encuentro una fascinación enorme por los líderes individuales. Existe la idea de que los problemas pueden resolverse simplemente encontrando al dirigente adecuado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La evidencia no apunta en esa dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sociedades prosperan cuando construyen instituciones capaces de generar oportunidades amplias, distribuir poder y sostener reglas estables.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las instituciones son mucho más importantes que cualquier individuo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Todavía no entendemos el papel de las ideas”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego Aretz:</strong> ¿Y cuál es la gran pregunta que todavía no sabe responder?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>James Robinson:</strong> Creo que las ciencias sociales siguen siendo demasiado materialistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La economía, la ciencia política y muchas disciplinas han puesto un enorme énfasis en los incentivos materiales. Pero los seres humanos también se mueven por ideas, valores, creencias y aspiraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía comprendemos muy poco sobre los fundamentos culturales de las instituciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Por qué determinadas sociedades desarrollan ciertas formas de organización política y otras no? ¿Por qué algunas ideas persisten durante siglos? ¿Cómo influyen las creencias colectivas en la construcción institucional?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas son preguntas extraordinariamente difíciles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y sospecho que allí están algunas de las respuestas más importantes para comprender el desarrollo y la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=133238</guid>
        <pubDate>Fri, 18 Sep 2026 21:12:03 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/robinson-aretz.png?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/png">
                <media:description type="plain"><![CDATA[James Robinson: “No veo a nadie, ni en la izquierda ni en la derecha, con una estrategia real para crear una sociedad diferente en Colombia”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">133238</post-id>    </item>
        <item>
        <title>Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/ideal-la-revista-para-aristocratas-del-heredero-de-gabo/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una revista de papel será siempre motivo de alegría en un mundo cada vez más irreal. Sin embargo, les diré lo que me gustó y no me gustó de Ideal, la revista de Gonzalo García Barcha, el hijo de Gabriel García Márquez y su socio, Felipe Restrepo Pombo, como editor.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Gonzalo García Barcha, uno de los creadores de la revista Ideal. Imagen creada con ayuda de IA. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph">No es una puerta, pero suena como tal: chirría, para ser más precisos. O cruje como una ventana de madera y eso me encanta, porque vuelvo a ser el niño que hojea y ojea por el simple placer de ver cómo suena esta publicación de 150 páginas. Desconozco la razón, pero mi ejemplar cruje más a partir de las últimas páginas. Cuestión de la encuadernación, imagino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​¿Vale la pena? Ciertamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un mundo donde lo tangible tiende a desaparecer, celebremos el alumbramiento de una revista en papel. Sin embargo, su precio resulta obsceno para una región tercermundista: 75 mil pesos. Un capricho al alcance de pocos; demasiado pocos. El envío a domicilio no tiene costo adicional si usted vive en Bogotá. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me pregunto si la imponente publicidad de Rolex al inicio y la de un automóvil de alta gama al final no bastaron para hacer de la publicación algo asequible. Si se queda en mero objeto de deseo, terminará por morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Percibo cierto afán mercantilista, acaso un tufillo burgués en la propuesta. Dudo que ese fuera el espíritu que alentaba a Gabriel García Márquez. Paréntesis: En realidad, el Nobel colombiano soñó con un periódico que se llamara <em><a href="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy" data-type="link" data-id="https://centrogabo.org/gabo/hablemos-de-gabo/4-ensenanzas-del-periodico-el-otro-para-el-periodismo-de-hoy">“El Otro”</a></em>. <em>Ideal </em>es algo distinto, empezando porque es revista, no diario, y circulará trimestralmente, según la promesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Considero también que sus hijos han sabido rentabilizar muy bien el apellido y la herencia del padre. Están en todo su derecho, ni bobos que fueran. Me encantaría saber, por ejemplo, cuánto cobraron por cederle los derechos de <em>Cien años de soledad</em> a Netflix, y si esa cifra, sumada a la pauta publicitaria, no alcanzaba para crear una revista de mayor alcance, como tal vez lo habría deseado el genio de Aracataca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Resulta chocante que la publicidad esté reservada a productos de tanto lujo. Da la impresión de que la revista fue concebida para gente pudiente y no para quienes, pudiendo leer, no tienen con qué. Sería un verdadero gesto altruista distribuirla en todas las bibliotecas públicas. Gabito estaría feliz, me atrevo a decir; perdón por lo confianzudo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Respecto al contenido, la revista cumple sin llegar a sorprender. Es una mezcla entre ficción, no ficción y crítica sobre diversos temas del panorama cultural latinoamericano, más mexicana que colombiana; tuve esa impresión. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Nunca había leído nada del nieto de Gabo, hijo de Gonzalo García Barcha, el creador de este proyecto editorial. Mateo García Elizondo firma el cuento <em>Ángeles y otros demonios</em>, sobre una mujer con el talento pa’llorarle a los muertos. Es un texto con cierta resonancia rulfiana. También está publicado en la edición digital de <em>Granta.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“</em></strong><strong><em>Podrida y llena de moscas, as</em></strong><strong><em>í</em></strong> <strong><em>deb</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a estar esa carne a la que alguna vez le hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a hecho el amor</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Para quienes no disponen de los 75 mil pesos, pueden leer esa historia de forma gratuita <a href="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ" data-type="link" data-id="https://share.google/tJ0oOtIcd0AtV98ZQ">aquí:</a></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" height="1024" width="708" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-132840" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg 885w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=207,300 207w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=768,1111 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/REVISTA-IDEAL-INTERIOR.jpg?resize=708,1024 708w" sizes="(max-width: 708px) 100vw, 708px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​De admirar el proyecto Péndola, liderado por Malva Flores y su esposo, quienes están digitalizando revistas culturales de México y Latinoamérica, haciéndonos el inmenso favor de alojar numerosos artículos en línea para su lectura libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Este es su sitio web:&nbsp;<a href="https://pendola.mx/" target="_blank" rel="noopener">https://pendola.mx/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Ojalá en Colombia se emprendiera una quijotada semejante.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>​</em></strong><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>quiz</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s el obst</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>culo m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s delicado ha sido el de los derechos de autor. Digitalizar una revista no basta: se necesita autorizaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n para digitalizar sus contenidos. Flores ha resuelto este asunto mediante un trabajo paciente de contactos y negociaciones con editores y colaboradores</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​La crítica de María Múnera sobre la Semana del Arte en Ciudad de México me llamó la atención por el siguiente pasaje:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Lo</em></strong> <strong><em>ú</em></strong><strong><em>nico que cambia es la bebida que meseros entusiastas reparten por los pasillos, alentando la embriaguez general -estado que puede llevar a m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s de uno a adquirir obras por motivos bastante m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s et</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>licos que est</em></strong><strong><em>é</em></strong><strong><em>ticos</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En consecuencia, me digo, habrá que beber en demasía antes de adquirir el próximo número de Ideal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​En la sección dedicada al <a href="https://www.aena.es/es/premio-narrativa" data-type="link" data-id="https://www.aena.es/es/premio-narrativa">Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana </a>me sorprendió la afirmación de su autora, Alejandra González Romo:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El Premio Nobel de Literatura, con una dotaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n actual de alrededor de 950.000 euros, sigue siendo el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s conocido, aunque ya no es precisamente el m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s respetado</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​En el mismo artículo, aparece esta declaración de Rosa Montero que bien podría ser el principio de un debate interesante:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Hay algo que llevo tiempo notando en la literatura mundial y que me parece preocupante: una tenencia hacia la autoficci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n y lo real. Para m</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>, es prueba de la falta de verdadero m</em></strong><strong><em>ú</em></strong><strong><em>sculo creativo de nuestra sociedad, que parece vieja y fatigada</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong><em></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Creo que la escritora española exagera. Prometo escribir sobre el tema. </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="681" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?w=650" alt="" class="wp-image-133000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg 851w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=199,300 199w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=768,1155 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/PORTADA-IDEAL.jpg?resize=681,1024 681w" sizes="auto, (max-width: 681px) 100vw, 681px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">​Un buen gancho es el título de la crónica de Sinar Alvarado: “El excremento del diablo”, en alusión a una advertencia premonitoria de Arturo Uslar Pietri. Parece ficción, pero es la tragedia de una Venezuela que en otros tiempos nadaba en abundancia y petróleo; tanto así que allá fue a parar el autor y su familia cuando él apenas gateaba:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Ese mecanismo de ascenso social expedito produjo milagros que eran inconcebibles en Colombia: padre alba</em></strong><strong><em>ñ</em></strong><strong><em>il, hijo cardi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>logo (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Y entre la poblaci</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n comenzó a germinar un complejo de superioridad que separó a los venezolanos de sus vecinos menos favorecidos”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​“Recuerda que eres humano”, el ensayo de Juan Esteban Constaín sobre la Roma de distintas épocas —extraído de un libro ya publicado—, resulta demasiado enciclopédico para mi gusto. Acumula nombres y fechas que se olvidan pronto. Me quedo con este apunte:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“…</em></strong> <strong><em>nada impresiona ni conmueve m</em></strong><strong><em>á</em></strong><strong><em>s al peregrino en Roma que esa fusi</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n desmesurada entre el cristianismo y el paganismo que es la definici</em></strong><strong><em>ó</em></strong><strong><em>n perfecta del catolicismo</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Pronto me agotó la lectura de <em>El equilibrista</em>, de Jazmina Varela, sin lograr dilucidar si se trataba de ficción o no ficción; quizá porque resulta pesado leer bloques de texto a lo ancho de la página, cuando lo ideal habría sido, quizás, la diagramación en columnas. O tal vez la autora no logró seducirme. </p>



<p class="wp-block-paragraph">​Me entusiasmé con un relato de ciencia ficción sobre Marte, firmado por Michel Nieva, aunque la ilusión duró poco. Una mujer que solicita una visa alienígena tipo 4 tendría que aportar algo más allá de lo que parece casi obvio, pensé:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>El feto, entre humano y porcino, era un amasijo de carne peluda, que se arrastraba dejando a su paso una estela viscosa de blanco aceite</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La protagonista se llama Leonora K, imagino que como tributo a Ursula K. Le Guin (1929-2018), la autora estadounidense referente de la ficción especulativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​De los cinco poemas del poeta dominicano Frank Báez (<em>Desarmando la biblioteca de mi padre</em>), me cautivaron dos líneas del primero.</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“Mi mujer dice que un poema  tiene poesía cuando la hace llorar”.</em></strong></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>La poes</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a es un gato que viene cuando le da la gana</em></strong><strong><em>”</em></strong><strong><em>.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Merece mención aparte, por su fuerza reveladora, la crónica de la peruana Gabriela Wiener: “Las casas se limpian solas”. Aborda la tortura del desarraigo que arrastra a tantos migrantes a tocar fondo; la paradoja de sentirse forastero hasta en su patria:</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong><em>“</em></strong><strong><em>Me di cuenta de que, si quer</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a construir una carrera de periodista y escritora, ten</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>a que ser fuera. En Lima me ningunearon, la misoginia y el racismo del medio cultural, su elitismo irremediable, hab</em></strong><strong><em>í</em></strong><strong><em>an terminado por expulsarme de ah</em></strong><strong><em>í”</em></strong><strong><em>. (</em></strong><strong><em>…</em></strong><strong><em>) Ahora estamos escondidas, pero de las redadas del ICE”.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hay más textos en las páginas restantes, pero no voy a abrumarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​Hacia el final, la revista muta en una galería de arte (fotografías sublimes en blanco y negro junto a cuadros de autores poco conocidos). Al volver al incómodo asunto de los costos, uno se pregunta, abstraído, cuántos salarios mínimos se requerirían para adquirir una sola de esas pinturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​No estoy seguro de comprar la segunda edición de Ideal. Definitivamente, no es una revista ideal para el bolsillo de un humilde reseñista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">​</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=132837</guid>
        <pubDate>Sun, 13 Sep 2026 13:57:55 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/09/FOTO-REVISTA-IDEAL.jpg?quality=60&amp;#038;w=681" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Ideal: La revista para aristócratas del heredero de Gabo  ]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                        <post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">132837</post-id>    </item>
        <item>
        <title>España, la selección que juega el partido que la sociedad aún discute</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/el-telescopio/espana-la-seleccion-que-juega-el-partido-que-la-sociedad-aun-discute/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las selecciones nacionales siempre cuentan algo más que una historia deportiva. La España que disputa el Mundial de 2026 también habla de inmigración, identidad y convivencia. Cuando Lamine Yamal (de padre marroquí y madre ecuatoguineana), Aymeric Laporte (nacido en Francia) o Nico Williams (de padres ghaneses) saltan al campo con la camiseta de España, se [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em>Las selecciones nacionales siempre cuentan algo más que una historia deportiva. La España que disputa el Mundial de 2026 también habla de inmigración, identidad y convivencia.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Lamine Yamal (de padre marroquí y madre ecuatoguineana), Aymeric Laporte (nacido en Francia) o Nico Williams (de padres ghaneses) saltan al campo con la camiseta de España, se hace presente un país que hace tiempo dejó de ser tan homogéneo como algunos todavía imaginan. Basta mirar el once titular para entender que la España de hoy también se escribe con apellidos de diversas ascendencias y procedencias, uniendo historias en torno a un balón. Ese engranaje colectivo ha llevado al equipo a disputar la final de la Copa del Mundo de 2026, apenas la segunda de su historia tras el título conquistado en Sudáfrica 2010.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de una excepción ni de una coincidencia generacional. Es el reflejo de una transformación social que lleva décadas ocurriendo y que el fútbol, una vez más, ha hecho visible antes que muchos otros espacios. Esta vez, además, lo hace desde el mayor escaparate posible: una final mundialista. </p>



<p class="wp-block-paragraph">El deporte tiene esa capacidad. Allí donde la política suele dividir y el debate público se enreda en discursos, el fútbol simplifica las cosas hasta su esencia. El balón no distingue entre orígenes, religiones o acentos. Solo pregunta quién está mejor ubicado, quién corre por el compañero y quién entiende el juego colectivo. En ese pequeño universo de noventa minutos, la confianza deja de construirse sobre la identidad de cada uno y pasa a depender de algo mucho más sencillo: la capacidad de hacer bien tu parte para que el equipo funcione.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso el fútbol resulta tan interesante para quien observa las sociedades. Los antropólogos solemos decir que los rituales revelan aquello que una comunidad considera valioso. Y pocos rituales contemporáneos tienen tanta fuerza como un partido de la selección nacional. Millones de personas cantando el mismo himno, celebrando el mismo gol y abrazándose con desconocidos hablan menos del deporte que de una necesidad profundamente humana: sentirse parte de una comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque una selección nacional nunca representa únicamente a los mejores futbolistas de un país. También representa la idea que ese país tiene de sí mismo. Y esa idea, como toda identidad colectiva, nunca ha sido estática. Se transforma con las generaciones, con las migraciones y con los cambios culturales. El fútbol, simplemente, hace visible esa evolución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese escenario, la diversidad deja de percibirse como una amenaza y se convierte en un activo. No porque desaparezcan las diferencias, sino porque el objetivo compartido las vuelve secundarias. Ganar exige cooperación. Y cooperar implica reconocer que el talento puede venir de cualquier lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, ahí aparece una paradoja que merece ser observada con calma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta relativamente fácil admirar al hijo de inmigrantes cuando marca el gol que clasifica a España para una final. Más difícil parece aceptar esa misma diversidad cuando abandona el estadio y vuelve al barrio, al colegio, al trabajo o a la administración pública. El aplauso deportivo no siempre encuentra continuidad en la convivencia cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es un fenómeno exclusivo de España. La historia del deporte está llena de atletas que fueron elevados a símbolos nacionales mientras, fuera del campo, seguían enfrentando prejuicios que el éxito deportivo apenas conseguía disimular. El reconocimiento muchas veces llega antes al rendimiento que a la persona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y quizá ahí reside el verdadero valor de esta generación de futbolistas. Más allá de los títulos que pueda conquistar, está contribuyendo —consciente o inconscientemente— a normalizar una imagen de país que ya existe, aunque no todos la hayan asumido con la misma naturalidad. Cada partido ayuda a ampliar la idea de quién puede representar a una nación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fútbol no resuelve los desafíos de la integración. Nunca lo ha hecho. Pero sí tiene una enorme capacidad para modificar imaginarios colectivos. No cambia una ley ni elimina un prejuicio de un día para otro. Lo que sí puede hacer es algo igual de poderoso: ampliar el marco de lo que una sociedad considera normal, legítimo y propio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verdadero examen comienza cuando el árbitro pita el final. Porque la pregunta ya no es si España puede ganar con una selección diversa; esa respuesta hace tiempo está sobre el marcador. La cuestión es otra: ¿está la sociedad dispuesta a asumir, fuera del estadio, la misma idea de comunidad que celebra cada vez que la selección sale a jugar?<br><br>📷: Getty Images</p>
]]></content:encoded>
        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=131293</guid>
        <pubDate>Sun, 19 Jul 2026 16:01:26 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[España, la selección que juega el partido que la sociedad aún discute]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pablo de Narváez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>La tenacidad del agua: comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes del Darién llevan sus vidas acuáticas al Museo Nacional de Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/la-tenacidad-del-agua-comunidades-indigenas-campesinos-y-afrodescendientes-del-darien-llevan-sus-vidas-acuaticas-al-museo-nacional-de-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>Jhoana Garrido, una mujer indígena de Arquía, un&nbsp;resguardo del pueblo guna en el Darién chocoano, en Colombia, tenía 14 años el día en que descubrió el poder del agua. Desde niña había escuchado a las mujeres mayores y a los sabios hablar del agua como una madre, como lo primero y lo primordial en la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>A mediados de mayo de 2026, distintos pueblos del municipio de Unguía, en el Darién colombiano, viajaron a Bogotá para inaugurar &#8220;Caminos de agua&#8221;, una exposición sobre su arte e historia en el Museo Nacional.  </em></li>



<li><em>Esta muestra reúne obras que cuentan las vidas acuáticas y relaciones anfibias de los pueblos embera dóbida, embera eyábida y guna, comunidades cimarronas y colonos que habitan el Darién desde hace siglos.</em></li>



<li><em>Al mismo tiempo, la exposición muestra cómo la arqueología comunitaria navega los raudales del conflicto armado y los actos de resistencia para contar la historia de quienes viven en el golfo de Urabá y el delta del río Atrato.</em></li>



<li><em>Mongabay Latam acompañó a las comunidades en su viaje hasta la ciudad de Bogotá y dialogó sobre la historia que atraviesa sus conexiones con el agua.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Jhoana Garrido, una mujer indígena de Arquía, un&nbsp;<strong>resguardo del pueblo guna en el Darién chocoano</strong>, en Colombia, tenía 14 años el día en que descubrió el poder del agua. Desde niña había escuchado a las mujeres mayores y a los sabios hablar del agua como una madre, como lo primero y lo primordial en la vida de las personas y los demás seres. Había interiorizado ese credo y lo entendía en un nivel básico: el agua era su bebida favorita por encima de los jugos o las gaseosas; amaba la lluvia —el sonido de las gotas golpeando el dosel; la forma en que refrescaba su cuerpo y la respiración de la selva—, y desde que tenía recuerdo nadaba en el río como si fuera un bocachico, su comida preferida. Pero el agua era un mero milagro físico, por ponerlo de alguna manera. Algo para sentir, beber, surcar. Al menos hasta ese día en que se enfrentó por primera vez al mar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una mañana de 2010, la familia Garrido navegó la ciénaga de Unguía, el delta del&nbsp;<strong>río Atrato y las aguas del golfo de Urabá</strong>&nbsp;hasta llegar a Titumate, un poblado de playas ceniza enmarcadas por palmeras, selva y mangle. Mientras sus padres y hermanos disfrutaban del lugar, Jhoana Garrido dudaba si meterse al mar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lee más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/custom-story/2026/06/puma-fest-2026/">Llega el PUMA FEST: I Festival Latinoamericano de Periodismo Ambiental</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nunca lo había hecho, a pesar de su habilidad para nadar en el río. La detenía el miedo. Desconfiaba de las olas y la magnitud del mar. El agua iba y venía con una fuerza capaz de tumbarla y raptarla. A veces lo imaginaba: cuando por fin se decidía a ingresar, una ola la agarraba desprevenida y se la llevaba mar adentro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese día, había algo adicional: Garrido llevaba un tiempo deprimida. Se sentía mal todo el tiempo, sin razón alguna. No era la persona que solía ser y no entendía qué le estaba ocurriendo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la playa, dudó un tiempo y, finalmente,&nbsp;<strong>se lanzó al mar.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273667"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15143346/DSC9637-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273667" /><figcaption class="wp-element-caption">Para las comunidades indígenas del Darién, el agua es la madre. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio fue instantáneo. Apenas sintió el agua salada, el miedo dejó de importarle. Si una ola se la llevaba, no sería el fin. Sumergida, abrazada por la sal, la tristeza desapareció. Se sentía bien. El contacto con las aguas del golfo había borrado la depresión que cargaba hacía días. Era magia. El agua no solo sostenía la vida de todos los seres, también los transformaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Me sentí diferente”, le dijo a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;una mañana lluviosa de mayo, en el muelle de Unguía. “A partir de ese momento comencé a ver el agua de una manera distinta”, añadió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, con 30 años, aguarda la salida de una lancha junto a un grupo de&nbsp;<strong>indígenas guna, embera dóbida, embera eyábida, afrodescendientes y campesinos</strong>&nbsp;del Darién colombiano. La mayoría charla y se toma fotos mientras una llovizna teje puntadas en la superficie del río. El grupo se dispone a viajar a Bogotá para inaugurar Caminos de agua, una exposición construida de manera colectiva por más de veinte comunidades de la región con el apoyo del Museo Nacional, el&nbsp;Museo Afro y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jhoana Garrido participó cosiendo relatos sobre el agua en una serie de molas, un arte textil del pueblo guna en el que se superponen y cortan recuadros de tela de diferentes colores para crear complejos patrones geométricos y figurativos. Algunas molas incluyen símbolos de protección, explica señalando una estampa de fondo negro con figuras rosa, amarillo, verde, azul, magenta y rojo en su torso. Es una mola para tener un buen viaje, dice. Hay otras para el trabajo, para caminar por la selva, para protegerse del jaguar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las decenas de obras sobre el agua que integran la exposición fueron elegidas por&nbsp; el&nbsp;<strong>Comité Cultural del Darién</strong>, una organización de la sociedad civil que surgió a partir de la creación del Parque Arqueológico e Histórico de Santa María de la Antigua del Darién. Fue la excavación de esta ciudad perdida, una de las más importantes en la conquista de América, la que permitió crear y llevar la exposición a Bogotá y reunir a las comunidades afro, campesinas e indígenas embera y guna para navegar el territorio, mostrar sus culturas, narrar la historia desde su punto de vista y revivir cómo han resistido a la violencia que los golpea desde hace siglos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273680"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144351/DSC9418-1-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273680" /><figcaption class="wp-element-caption">Molas: arte textil del pueblo guna. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">La ciudad perdida</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender el Comité Cultural del Darién hay que retroceder más de 1000 años, dice Carolina Quintero, líder del área de Museología y una de las personas que impulsó la llegada de<strong>&nbsp;Caminos de agua al Museo Nacional en Bogotá.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quintero lleva más de una década viajando de manera regular al Darién. Visitó la zona por primera en 2015, cuando estudiaba Historia en la Universidad Nacional de Colombia, y se enamoró de las personas, el calor, la humedad y la vida acuática de las ciénagas, que le recordaba su infancia en Leticia (su padre fue uno de los primeros gobernadores del departamento de Amazonas). En 2016, se unió oficialmente a un proyecto interdisciplinario, iniciado por el ICANH tres años antes, cuyo propósito era delimitar y excavar&nbsp;<strong>Santa María la Antigua del Darién,</strong>&nbsp;la primera ciudad española fundada en América continental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de la llegada de los europeos, el pueblo indígena cueva ocupaba la zona del Darién, cuenta Quintero una noche de mayo en las costas del golfo de Urabá. Se cree que vivieron en el istmo entre el siglo XI y el XVI y que desaparecieron poco tiempo después de la llegada de los españoles debido a epidemias, matanzas y los demás culpables de siempre. Según los cronistas de la época, hablaban cueva, una lengua perdida de familia desconocida, y ocupaban un pueblo llamado Darién, a las orillas del río del mismo nombre.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273682"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144401/DSC9507-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273682" /><figcaption class="wp-element-caption">Selva del Darién colombiano. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Los primeros conquistadores llegaron a esa zona en busca de esclavos en 1504. Pocos años después, tras establecer y abandonar un fuerte ante la resistencia indígena, embarcaciones españolas atravesaron la bahía y se dirigieron al poblado de Darién. Cémaco, el cacique, los esperaba con quinientos indígenas listos para combatir. Al verse ampliamente superados en número, los españoles se lanzaron a rezar y prometieron dedicar una futura población a la Virgen de la Antigua, la imagen de&nbsp;<strong>María en la Catedral de Sevilla</strong>&nbsp;a la que solían encomendarse los marinos antes de zarpar hacia el Nuevo Mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Milagrosamente, dijo Quintero entornando los ojos, los españoles derrotaron a Cémaco y, en diciembre de 1510,&nbsp;<strong>fundaron Santa María de la Antigua del Darién,</strong>&nbsp;la primera ciudad en regla de la América continental. Por sus méritos en el combate, el conquistador Vasco Núñez de Balboa fue elegido alcalde y, más tarde, gobernador de la nueva provincia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la ciudad, Balboa expandió el dominio español del istmo, saqueando poblaciones indígenas, negociando alianzas con caciques afines y asesinando a manera de ejemplo a rebeldes e incautos para mantener el control de la población. Gracias a una alianza, en 1513 atravesó el istmo y se convirtió en el primer europeo en “tomar posesión” del océano Pacífico en nombre de la corona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al otro lado del mundo, el rey no tardó en enterarse de la designación y las hazañas de Balboa. Para retomar el control, envió en 1514 a&nbsp;<strong>Pedro Arias Dávila, mejor conocido como Pedrarias,</strong>&nbsp;un sangriento militar castellano que cada año dormía en un ataúd para conmemorar el día que había “regresado a la vida” tras un episodio de catalepsia. Pedrarias navegó el Atlántico con veinte barcos y 2000 personas, la mayor flota española hasta ese punto, para asumir como nuevo gobernador.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273679"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144348/DSC9370-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273679" /><figcaption class="wp-element-caption">Exposición «Caminos del Agua» en el Parque Arqueológico e Histórico de Santa María de la Antigua del Darién. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Al ver la flota, Balboa recibió a Pedrarias con un banquete. El castellano, quien al parecer envidiaba sus logros, retribuyó la atención encerrándolo, quitándole las propiedades y asumiendo su puesto. Como nuevo gobernador, Pedrarias rompió las alianzas con los pueblos indígenas y multiplicó las redadas en busca de oro, masacrando a la mayoría de los habitantes de cada poblado y tomando como esclavos a los sobrevivientes. Con el tiempo, su crueldad le granjeó el apodo de la “Ira de Dios” casi medio siglo antes de las acciones de Lope de Aguirre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Balboa fue decapitado, por orden de Pedrarias, el 15 enero de 1519. No mucho después, Pedrarias, satisfecho con la muerte de su rival, dejó la ciudad y se dirigió hacia el norte, donde fundó Panamá. El centro del poder se movió con él y la primera ciudad del Reino de Tierra Firme se fue desalojando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1524, apenas catorce años después de su fundación,&nbsp;<strong>grupos indígenas asaltaron y quemaron Santa María de la Antigua del Darién.</strong>&nbsp;Con el paso de los siglos, la selva la cubrió, continúa Quintero, y su historia, en gran medida, se olvidó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las olas arrastraban el sonido del viento en el golfo de Urabá. Quintero respiró profundo y observó el mar. Aquí es cuando surge el Comité Cultural del Darién, dijo.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273681"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144354/DSC9422-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273681" /><figcaption class="wp-element-caption">Exposición «Caminos del Agua». Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Las violencias recientes</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una tarde a mediados de mayo, Vilardo Escobar, un hombre de 48 años resguardado por un sombrero vueltiao, un poncho y un machete, recoge un trozo de metal oxidado del suelo arcilloso del Darién. Lo sostuvo a contraluz entre el índice y el pulgar antes de arrojarlo a la selva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Es un clavo español”,</strong>&nbsp;dice encogiéndose de hombros y retomando el paso hacia la exposición de Caminos de agua, presentada originalmente en el Parque Arqueológico e Histórico de Santa María de la Antigua del Darién. Escobar es el administrador del parque arqueológico, el sexto y más reciente del país. También es miembro del Comité Cultural del Darién y ha sido uno de los principales testigos de los cambios que ha traído el proyecto a la región.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La gente de la zona sabía de la existencia de una ciudad antigua por los objetos de hierro, vidrio, cerámica, plata y oro que afloraban entre la maleza después de las lluvias, dijo Escobar. Algunos ancianos recordaban una expedición arqueológica liderada por el Rey Leopoldo de Bélgica en 1956. Luego, en 1986, hubo otros estudios realizados cerca del poblado de Tanela por el antropólogo paisa Graciliano Arcila Vélez. Pero los esfuerzos rara vez eran sostenidos y casi nunca involucraban a personas de la comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escobar nació en Gilgal, un corregimiento de Unguía ubicado a alrededor de una hora de Santuario, la vereda donde se encuentra el parque. Desde niño vio cómo diferentes actores armados se disputaron El Darién.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273684"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144415/DSC9679-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273684" /><figcaption class="wp-element-caption">Comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinos del Darién viajan a Bogotá para la exposición en el museo. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En los años 70, testaferros de Pablo Escobar llegaron a la zona y compraron enormes fincas. El propósito no era recreativo: una vez las drogas ocuparon los titulares del mundo, los narcotraficantes comenzaron a enviar cargamentos al norte por las aguas del golfo. La cobertura de la selva, las costas poco pobladas y la ausencia del Estado en la región les facilitaban el trabajo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con las nuevas rutas, llegaron las guerrillas y los paramilitares. Como cuenta la Comisión de la Verdad, entre finales de los 80 y principios de los 90, Fidel y Carlos Castaño, los fundadores de las Autodefensas Unidas de Colombia, se dieron a la tarea de conquistar la región del Urabá. Los hermanos ordenaron decenas de masacres y asesinatos selectivos en contra de supuestos colaboradores de las guerrillas o señalados incautos. Sus grupos desplazaron a gran parte de las comunidades indígenas y afro del Darién.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lee más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/06/desplazados-chilapa-ataques-comunidades-ardillos-mexico/">Desplazamiento forzado en México: miedo a narcos y destrucción impiden el retorno total de comunidades campesinas e indígenas a Chilapa</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1991, como parte de un proceso de negociación con el gobierno, Fidel Castaño entregó las tierras que había tomado del resguardo Tanela, del pueblo embera eyábida, a la Diócesis de Apartadó, que a su vez las parceló y distribuyó entre campesinos y desmovilizados de la guerrilla del Ejército Popular de Liberación (EPL). En esas tierras era donde aparecían clavos, cuentas de vidrio y monedas de plata que guaqueros de pueblos vecinos recogían después de los aguaceros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa desmovilización, en la práctica no fue tal, como cuenta la Comisión de la Verdad. Durante toda la década de los 90, los Castaño, a menudo con ayuda de las fuerzas militares, se enfrentaron por el territorio y las rutas marítimas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En el Darién, controlaban a la población y establecían sus propias leyes. En un principio, por ejemplo, el alcohol estaba prohibido. Y cualquier persona acusada de pertenecer o colaborar con uno u otro bando corría un alto riesgo de desaparecer o ser torturado y asesinado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo mismo, había una desconfianza creciente entre la población. Se veía con recelo a los demás. Las comunidades se hablaban poco, dice Vilardo Escobar. Nadie imaginaba que los restos de esa ciudad española, olvidada en medio de la selva, ayudaría a unirlas.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273664"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15143339/DSC9562-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273664" /><figcaption class="wp-element-caption">Las comunidades embera viajaron con sus instrumentos para mostrar sus danzas en la capital de Colombia. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">El nacimiento del Comité Cultural del Darién</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los arqueólogos e investigadores regresaron formalmente a Santa María de la Antigua del Darién a mediados de los 2000, después del proceso de paz del gobierno de Álvaro Uribe con los paramilitares. Paolo Vignolo, un profesor de historia de la Universidad Nacional en Bogotá, contactó a la comunidad y empezó a organizar eventos —partidos de fútbol, sancocho, cine— para involucrarlos y hablarles sobre la historia de Santa María de la Antigua del Darién. Luego, en 2013, el ICANH y el Ministerio de Cultura financiaron un proyecto para proteger y recuperar los restos de la ciudad. Alberto Sarcina, un arqueólogo italiano que había visitado por primera vez el Darién en 2006, fue el encargado del plan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de iniciar las excavaciones, Sarcina convocó a una decena de comunidades indígenas, afro y campesinas. El plan no era simplemente excavar, cercar lo que se hallara y crear un museo a partir de la investigación de los arqueólogos, sino incluir los conocimientos de todos al contar la historia de la ciudad y, con suerte, convertir la zona arqueológica en un espacio que todas pudiesen utilizar.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273665"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15143341/DSC9582-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273665" /><figcaption class="wp-element-caption">Las comunidades del Darién formaron parte de la recuperación de Santa María de la Antigua. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las reuniones iniciales no fueron prometedoras, dice Vilardo Escobar, mientras recorre el parque. ¿Por qué debería interesarles contar la historia de las personas que llegaron a asesinar y acabar con sus comunidades?, preguntaron algunos habitantes indígenas. ¿Qué podía ofrecerles un parque arqueológico cuyo fin era preservar una ciudad española y hablar de la Conquista? ¿Se volvería a hablar del “descubrimiento” de sus propias tierras? ¿De esa cultura “civilizadora” que aniquiló a pueblos como los cueva?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo decenas de discusiones, pero finalmente se alcanzaron varios acuerdos. Para empezar, los habitantes de la zona participarían en las excavaciones. Es decir, no solo harían parte de los equipos de sondeo: también recolectarían datos y formarían parte de la reconstrucción e interpretación de la historia. Los recuentos de los sabios de las comunidades indígenas, por ejemplo, se incluirían a la hora de contar la historia de Santa María de la Antigua del Darién. Se dejaría de simplificar la historia, que suele hablar solamente de la conquista y de la visión de los cronistas españoles, para incluir las luchas de los habitantes indígenas y cimarrones en la zona.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También se definió que los objetos hallados durante las excavaciones no saldrían del territorio: permanecerían en un museo nuevo en Santa María de la Antigua, una casa patrimonial que se construiría para alojar las piezas y contaría la historia de la ciudad y los puntos de vista sobre la región de los diferentes pueblos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente, se compartirían los descubrimientos y la información arqueológica a través de exposiciones y memorias con la gente de la región. De esa manera, las comunidades podrían ver el recuento de su pasado en un contexto oficial.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273687"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144429/DSC9774-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273687" /><figcaption class="wp-element-caption">Las comunidades se trasladaron por agua, tierra y aire hasta llegar a Bogotá. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las labores iniciaron en 2013. Vilardo Escobar y otras cinco personas de las comunidades, coordinadas por Alberto Sarcina, excavaron más de 820 pozos de sondeo en un área de 6 kilómetros cuadrados. Se descubrió que la ciudad tenía dos veces el tamaño registrado por el antropólogo Graciliano Arcila, y que, en su apogeo, alcanzó a alojar a más de 5000 personas. También se hallaron centenares de piezas de cerámica, miles de clavos, una daga, balas y franjas de calles empedradas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2015, Santa María de la Antigua fue declarada Bien de Interés Cultural de la Nación. El ICANH aprobó nuevas excavaciones y se recaudaron fondos internacionales para acoger la colección de objetos recuperados. Al mismo tiempo, las comunidades siguieron conversando con los arqueólogos. Entre todas, se acordó incluir construcciones propias de cada grupo dentro del parque arqueológico y se diseñó un proyecto sobre maternidades para una sala de exposición temporal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Comité Cultural del Darién, como se bautizó al grupo que continuaba reuniéndose para discutir el futuro del parque, se formalizó en 2018. Durante la pandemia, mientras el mundo se encerraba, indígenas embera y guna, comunidades afro, colonos, campesinos y arqueólogos se reunieron a hablar sobre una siguiente exposición.<strong>&nbsp;A todos les interesaban dos temas: la espiral y el agua.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de las conversaciones, se decantaron por el segundo y delimitaron tres ejes: las vidas en el agua, las formas del agua y la justicia del agua. Una vez se decidieron los temas centrales, siguieron hablando y se contaron historias, barcos que trajeron la muerte, resistencias, poderes, ballenas y amor.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273670"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15143356/DSC9726-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273670" /><figcaption class="wp-element-caption">Comunidades del Darién se trasladan al Museo Nacional en Bogotá. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Las fuerzas del agua</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El bote avanza a toda velocidad a través de la ciénaga de Unguía. Murallas de palmas, taruyas, yarumos, bejucos y arracachos franquean el agua. En uno de los asientos, cerca de Jhoana Garrido, Carolina Quintero y Vilardo Escobar, Patricia Guazarupa, una mujer embera eyábida de 28 años, observa el agua en forma de cascada que sale disparada a los lados de la lancha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Patricia Guazarupa llegó al Comité Cultural del Darién por María Guazarupa, su madre, una gobernadora del resguardo Cuti, en el municipio de Unguía. María llevó a su hija a las reuniones y Patricia poco a poco se ganó un puesto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras se discutían los ejes de Caminos del agua, Patricia escuchó historias sobre&nbsp;<strong>barcos camaroneros que hace 30 años causaron daños irreparables en el golfo con la pesca de arrastre; ríos que murieron por culpa de la minería ilegal; terratenientes que deforestan las riberas; y poblados que lanzan los desechos y los cuerpos de los mataderos al agua</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros de los miembros del comité hablaron de las rutas de esclavos que atravesaron el océano hace siglos, las lanchas rápidas cargadas de drogas y las pangas repletas de migrantes que en ocasiones naufragaban y se perdían bajo las olas. Unos últimos también hablaron de&nbsp; los sitios sagrados y los seres que habitan en los ríos y el mar; las aguas medicinales; y el agua como cuerpo, lo primordial y lo primero.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273662"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15143333/DSC9461-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273662" /><figcaption class="wp-element-caption">El arte de las comunidades indígenas expuesta en el Museo Nacional en Bogotá. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como los demás, Patricia Guazarupa también tiene una historia para contar. Cuando era niña, la violencia llegó al resguardo Cuti. Hombres de las AUC entraban a las casas preguntando a qué grupo guerrillero pertenecían. Les gritaban y, como muchos habitantes indígenas no hablaban español, los terminaban golpeando o asesinando. Robaban sus animales y sus cultivos y había enfrentamientos y balaceras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mayoría de las personas del resguardo Cuti fueron desplazadas. Solo quedaron Patricia Guazarupa, su madre, dos de sus hermanos, y Aurora Domicó, una mujer indígena con discapacidad intelectual que hacía poco había dado a luz a una niña llamada Zunilda. En ese tiempo, huían cada vez que escuchaban a los paramilitares acercándose. Pasaban días o semanas en el monte sin comida. Buscaban frutas o vegetales y, en los peores momentos, lamían la sal de las reses en los potreros de las fincas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de su cautela, hubo ocasiones en que las tomaron desprevenidas. A María Guazarupa la torturaron. Sus hijos, incluida Patricia, lo vieron. Sin embargo, María Guazarupa se rehusó a partir.<strong>&nbsp;Los paramilitares llegaron varias veces a insistirle que vendiera las tierras</strong>&nbsp;del resguardo a unas personas de Gilgal. Con una sola firma, le darían dinero suficiente para que no volviera a tener que preocuparse en el futuro. Podría comprar nuevas tierras en otro lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ella se negó. No quería dejar su tierra. Era lo único que podía ofrecerles a sus hijos. Allí había buena tierra para cosechar y un río lleno de peces. Les dijo que había hablado con los demás miembros del resguardo y que todos planeaban regresar en tres meses. Era una mentira, pero los paramilitares le creyeron, aunque le advirtieron que, si en ese tiempo no volvían, la matarían con sus hijos y la mujer discapacitada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de las amenazas, María Guazarupa persistió. Primero convenció a su madre y a su hermana de que regresaran, y luego a otras madres solteras.&nbsp;<strong>Marchó hasta Unguía para solicitar que la posesionarán como gobernadora del resguardo y así poder exigir la ayuda del Estado</strong>. Después viajó a Pereira, Cali y Bogotá para denunciar lo que estaba ocurriendo en los alrededores de Gilgal.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273689"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15151532/DSC9888-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273689" /><figcaption class="wp-element-caption">Exposición «Caminos del Agua» en el Museo Nacional, en Bogotá. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las cosas se calmaron un poco gracias a su labor y unos pocos hombres regresaron. Por fin, se sentían algo protegidas cuando, una noche, el río creció en medio de una tormenta y el agua se metió en las casas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">María Guazarupa había salido a visitar a un nieto enfermo y había dejado sola a Aurora Domicó y a su niña, a quienes había intentado cuidar a lo largo de todo ese tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasada la medianoche, el viento arreciaba y Aurora Domicó dejó a la bebé en la cama para prender el fogón y calentarse. Se demoró encontrando el mechero y sintió que algo andaba mal. Regresó a buscar a Zunilda, pero no estaba por ninguna parte. Poco después del amanecer, los primos de Patricia Guazarupa hallaron el cuerpo de la niña arrastrado por el agua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Patricia Guazarupa cuenta la historia una tarde de mayo en el aeropuerto de Apartadó, poco antes de salir hacia Bogotá a inaugurar Caminos de agua. Está emocionada por la exposición, dice. No tiene saco, pero Carolina Quintero le va a prestar uno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de lo ocurrido, su madre, María Guazarupa la envió a terminar el bachillerato en la ciudad de Quibdó, la capital del departamento del Chocó. Es la única de su familia con ese diploma. Al graduarse, entró a estudiar Psicología. Ya le falta poco para terminar. Se inclinó por esa carrera porque quiere aprender a cuidar a los demás. En el Darién la violencia no ha acabado: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) son una de las principales autoridades en la región desde hace casi dos décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Patricia Guazarupa quiere escuchar a las personas y escucharse, dice. Aprender cómo contar el pasado y persistir.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273688"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/15144436/DSC9804-768x512.jpg" alt="" class="wp-image-273688" /><figcaption class="wp-element-caption">Representantes de las comunidades pudieron compartir su cultura con los visitantes del Museo Nacional. Foto: Camila Morales</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Los cuerpos del agua</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Minutos antes de la inauguración de la exposición, los miembros del Comité Cultural participan en una ceremonia con el equipo del Museo Nacional. En un gran óvalo, se prende una vela y todos se presentan y hablan mientras la sostienen. Varias personas mencionan las diferentes maneras de interpretar el agua: en la ciudad, por ejemplo, el agua es algo que sale cuando se abre una llave; el agua “se acaba” el día que deja de salir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el Darién, el agua es como una madre, lo primordial y lo primero, dicen los sabios. La palabra di, río en guna, también significa, dependiendo del contexto, estar, vivir, pisar y sobrevivir. Aún más importante, el agua tiene poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una sala cercana, cuelgan las molas que Garrido y las demás mujeres de Arquía cosieron durante meses. A ella, su madre le enseñó a coser a los siete años. Comenzó con molas de dos capas y fue progresando. Las de la exposición tienen cinco. Son mapas, recuerdos de otros tiempos, historias del pasado de los guna y el agua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una de ellas muestra a una niña guna de doce años que se enamoró de una ballena. La niña aprendió su idioma y las claves para vivir bajo el agua. Un nele, un gran sabio, alertó a la comunidad, pues la niña no debía tener una pareja que no fuera guna. Le prohibieron seguir viendo a la ballena. Pero durante una ceremonia para celebrar la pubertad de la joven, mientras la comunidad se emborrachaba bebiendo chicha, un grupo de ballenas rodeó el poblado. La tierra se agrietó y empezó a salir agua a borbotones. El pueblo se hundió y allí, donde antes estaban las casas, se formó la ciénaga de Unguía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fui feliz mientras tejía las molas, le había dicho Garrido a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;en el muelle de Unguía, en tanto la llovizna punteaba el río.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tejía las imaginaba y era feliz.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal: </strong>exposición «Camino del Agua», en el Museo Nacional en Bogotá.<strong> Foto: </strong>Camila Morales</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/santiago-wills/">Santiago Wills</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/06/agua-comunidades-indigenas-campesinos-afrodescendientes-darien-vidas-acuaticas-museo-nacional-colombia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130488</guid>
        <pubDate>Wed, 17 Jun 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/06/DSC9838.jpg?quality=60&amp;#038;w=1000" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La tenacidad del agua: comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes del Darién llevan sus vidas acuáticas al Museo Nacional de Colombia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>REMEMBRANZAS MUNDIALISTAS (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/remembranzas-mundialistas-i/</link>
        <description><![CDATA[<p>El fútbol es un deporte pedestre como pocos, que se hace con los pies, pero se gana con la inteligencia y la pasión. En él no triunfan los impostores, como en la política, donde suelen ganar los jugadores más tramposos y habilidosos, excepcionalmente los más competentes y honestos.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Cada 4 años suele coincidir la elección presidencial con el mundial de fútbol, excepto el último, realizado en Catar entre el 20 de noviembre y el 18 de diciembre de 2022, cuya final ganó Argentina frente a Francia 4-2 desde tiros del punto penal, pues el tiempo extra terminó 3-3. Y como ya estamos en la víspera del comienzo del mundial más prolongado de la historia, desde el próximo jueves 11 de junio hasta el domingo 19 de julio, con 48 selecciones clasificadas y 104 partidos, es un buen momento para recordar lo acontecido en Catar. Por eso, van estas remembranzas. En esta primera entrega “plagiaré” algunos apartes de dos Calicanto que entonces escribí. El primero, al comienzo y el segundo al final del mundial en Catar. En posteriores entregas, continuaré con los mundiales de Sudáfrica, Brasil y Rusia, como calistenia de memoria futbolística para apoyar con entusiasmo a nuestra Selección y llevarla a la final, el próximo 19 de julio, contra España o quizá Francia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“CATAR, UN MUNDIAL DE FÚTBOL ESPECTACULAR Y ESPECTRAL”<a href="#_edn1" id="_ednref1"><strong>[i]</strong></a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con este título, el 17 de diciembre de 2022 resumí el mundial realizado por Catar, cuyo principal objetivo fue la utilización del máximo evento futbolístico del planeta en función de la política internacional, igual a como ahora pretende hacerlo Trump de la mano de Infantino. Entonces lo describí así: <em>espectacular por la belleza de los estadios y el despliegue publicitario para proyectar a Catar como un país moderno, rico y esplendoroso, que emula y supera en prosperidad a la mayoría de los países occidentales. Algo similar hizo Putin hace cuatro años, cuando pretendió convencer al mundo del renacimiento de una Rusia poderosa y feliz, que hoy niega con su brutal y criminal invasión de Ucrania. Detrás de ese marketing político-futbolístico está el terror. Un terror auspiciado por la FIFA, la organización internacional más hipócrita, corrupta y peligrosa del planeta, pues logra suspender nuestro juicio moral en nombre de un fútbol radicalmente inhumano.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es el terror auspiciado por esa alianza letal entre la riqueza, el crimen, el autoritarismo y la impunidad de mandatarios como Putin y el emir Tamim bin Hamad Al Thani, quien llegó al trono en 2013 luego de la abdicación de su padre, Hamad bin Khalifa Al Thani. Por eso el mundial de Catar es espectral. Detrás de esos fabulosos estadios se esconde la explotación y muerte de un número incierto de trabajadores migrantes –muy parecida a las vidas sacrificadas en cualquier campo de concentración nazi o en un Gulag soviético— pues nadie responde por esas vidas cegadas en aras del más fastuoso y costoso mundial realizado. Esas vidas no valen nada, más aún se pone en duda el número de trabajadores que cobraron esos fatales accidentes laborales. Son <strong>“nuda vida”</strong><a href="#_edn2" id="_ednref2"><strong>[ii]</strong></a>, en la expresión del filósofo Giorgio Agamben.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&nbsp;Los gritos agónicos en caída libre de esos obreros migrantes, hoy son acallados por la estridencia de los goles celebrados por los miles de fanáticos de sus selecciones victoriosas. Las lágrimas solo alcanzan para lamentar la eliminación de las selecciones amadas, no para los migrantes sacrificados y “desaparecidos”. Los himnos se entonan en nombre de los jugadores y las selecciones que se disputan la copa mundial. No hay ni siquiera un réquiem por quienes hoy nos brindan con sus vidas tanta alegría, celebrada en todo el planeta. Eso ya no nos importa, solo queremos disfrutar y gozar el mundial. No hay lugar para la culpa y los lamentos. No se puede arruinar el hermoso eslogan de este mundial: “Football unites the world in passion, in love, in peace. Football unites us in hope and in joy. Football unites us all. Football unites the world”, que escuchamos en boca de Cristiano Ronaldo, Harry Kane y Lionel Messi, entre otras destacadas figuras, antes de cada partido.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Para mayor ironía, las estrellas de Francia, como Kylian Mbappe, es nacido en París, pero hijo del inmigrante camerunés Wilfried Mbappe y Ousmane Dembélé, también parisino, es hijo de padre maliense y de madre francesa con ascendencia mauritana y senegalesa. Ambos defienden la bandera de una nación que en su pasado colonialista dejó una estela de oprobios y crímenes impunes en el continente africano. Y hoy Francia es campeona mundial gracias al talento, el esfuerzo y los goles de esos hijos de inmigrantes, que un número nada despreciable de franceses, liderados por Marine Le Pen, desprecian y no quisieran tener en su territorio. Como se puede leer en Wikipedia: “Le Pen se opone fuertemente al multiculturalismo, llamándolo &#8220;un arma para el extremismo islámico” ​y ha apoyado leyes en contra del uso de símbolos religiosos en público que han sido categorizadas por algunos como Islamofobicas. En varias ocasiones ha mostrado su apoyo al mandatario ruso Vladímir Putin y, a pesar de condenar la Invasión rusa de Ucrania de 2022, se ha negado a retirar su apoyo a Putin, llamándolo <strong>&#8220;un posible aliado para Francia&#8221;.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">                                                                                                  <strong>UNA FINAL CHAUVINISTA<a id="_ednref3" href="#_edn3"><strong>[iii]</strong></a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en el artículo sobre la final entre Francia y Argentina, jugada el 18 de diciembre de 2022, me referí al duelo entre quizá las dos naciones más chauvinistas del planeta:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Este domingo la final del mundial en Qatar entre Argentina y Francia será el mayor duelo chovinista en la historia del fútbol, el deporte que exacerba las expresiones más fanáticas y extremas de nacionalismo. Curiosamente, ambas naciones son en sus respectivos continentes las campeonas del chovinismo: “la exaltación desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero”. No es la modestia propiamente un rasgo de identidad nacional de argentinos y franceses. Es casi imposible discernir, entre un argentino y un francés y saber cuál de los dos siente más orgullo por su propio país, sus carnes, vinos y quesos. No por casualidad chauvinisme proviene de la lengua francesa. Pero, paradójicamente, los mejores jugadores de ambas selecciones, Messi y Mbappe, no padecen de chovinismo futbolístico. Ese título es propiedad exclusiva de la soberbia de Cristiano Ronaldo. Un narcisista enfermizo que en este mundial recibió una lección dolorosa, viendo desde el banco como su propio reemplazo, Gonçalo Ramos de 21 años, anotaba un triplete de goles frente a Suiza. </em>Y, en otro aparte, referido a la práctica del fútbol y sus rasgos distintivos, intenté explicar porqué es un deporte con resultados impredecibles:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El fútbol es más que un mundial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Es un deporte pedestre como pocos, que se hace con los pies, pero se gana con la inteligencia y la pasión. Por eso en él no triunfan los impostores, como sucede con frecuencia en la política, donde suelen ganar los jugadores más tramposos y habilidosos, excepcionalmente los más competentes y honestos. Aquellos que ladinamente ponen zancadillas a sus adversarios, anotan goles con sus manos corruptas y engañan a los electores con sus mentes torcidas y promesas demagógicas. En la cancha de fútbol es más difícil que esto suceda. Es casi imposible ganar a punta de juego sucio y astucia, salvo que un equipo compre al árbitro, como algunos políticos lo hacen con la justicia o los electores. Pero en esta era de tecnología aplicada, con las ayudas milimétricas del V.A.R, es casi imposible que la trampa triunfe. Maradona no podría haber contado con “la mano de Dios” para anotar su gol contra Inglaterra.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si en la política dispusiéramos del V. A. R y viéramos todos los acuerdos y mangualas que tras bastidores hacen los políticos profesionales, los compromisos que realizan con sus financiadores y potenciales votantes, ellos no ganarían ninguna elección y probablemente la mayoría de los partidos serían sancionados y expulsados por competencia desleal. No asistiríamos ingenuamente al festival de las elecciones y seríamos mucho más responsables y exigentes en el ejercicio de nuestra ciudadanía. Al menos, eliminaríamos fulminantemente del juego del poder a quienes se dedican a robarse nuestra confianza, impuestos y violan las reglas del juego limpio. Esto no sucede en una cancha de fútbol porque la competencia es transparente y pública, se juega ante millones de espectadores, donde lo que cuenta es la velocidad, habilidad y resistencia de todos los jugadores, como el cumplimiento de las reglas y de las decisiones del árbitro.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El domingo 18 de diciembre veremos si la habilidad e inteligencia de Messi podrá vencer la velocidad y fuerza de Mbappe. Si una selección totalmente gaucha podrá superar la intercultural del seleccionado francés. De alguna manera, Argentina juega contra Francia y casi media África. ¿Ganará el chovinismo criollo argentino o el interculturalismo cosmopolita francés? Más allá del ganador, todos viviremos, disfrutaremos y sufriremos una final vibrante, donde comprobaremos una vez más que somos una especie radicalmente lúdica y pasional, subyugada por este juego pedestre que nos paraliza cada cuatro años. Un juego donde 20 atletas, utilizando sus extremidades más torpes y con grados diferentes de habilidad, velocidad, precisión y fuerza buscan vencer, literalmente a patadas, a dos arqueros que solo con sus frágiles e inteligentes manos saltan y vuelan como ángeles para atrapar o rechazar el balón y evitar que se anide en sus redes. Quizá por eso el fútbol es tan irresistible y su atracción incontenible: es la disputa de 20 jugadores a ras de tierra por el control de un esquivo balón que los eleva al cielo de la gloria cuando termina en el fondo de la red del adversario o los arrastra al infierno de la derrota si se escapa de las manos de su arquero y de los botines de sus delanteros. Por eso la definición de un mundial desde el tiro penal es la agonía del purgatorio para los delanteros y la consagración del cielo para los porteros. Ojalá ni Messi ni Mbappe vivan</em> esa agonía y la copa se defina <em>en franca lid y no con un tiro de gracia desde los once metros. </em>Hasta aquí el relato.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nuestra final victoriosa en este mundial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lamentablemente la final en Catar, como todos la vimos, se definió desde los tiros penal y Argentina le ganó 4-2 a Francia, gracias al espectacular desempeño de su portero, Dibu Martínez. Quizá el 19 de julio de este año se repita esa final, pero siendo la víspera de nuestra fiesta nacional del 20 de julio, creo que será entre nuestra Selección y la española. Entonces ese grito de independencia de hace 216 años retumbará ahora como gritos de goles victoriosos, venciendo una vez más a España, solo que esta vez en forma incruenta y gloriosa sobre una cancha de fútbol y no como sucedió hace 207 años en la batalla del puente de Boyacá, el 7 de agosto de 1819. En la próxima entrega, rememoraré algo de lo acontecido en los mundiales de Rusia (2018) y Brasil (2014), donde James fue botín de oro con seis goles, pese a que nuestra Selección solo llegó a cuartos de final, después de la anulación del legítimo gol de Yepes contra Brasil.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://calicantopinion.blogspot.com/2022/12/qatar-un-mundial-espectacular-y.html">https://calicantopinion.blogspot.com/2022/12/qatar-un-mundial-espectacular-y.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://latinta.com.ar/2019/11/05/la-nuda-vida/">https://latinta.com.ar/2019/11/05/la-nuda-vida/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://calicantopinion.blogspot.com/2022/12/una-final-chauvinista.html">https://calicantopinion.blogspot.com/2022/12/una-final-chauvinista.html</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130227</guid>
        <pubDate>Wed, 10 Jun 2026 03:05:01 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[REMEMBRANZAS MUNDIALISTAS (I)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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        <item>
        <title>Palantir: no digan que nadie les advirtió</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/con-versaciones/palantir-no-digan-nadie-advirtio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Palantir es el &#8220;sistema nervioso&#8221; de la vigilancia en Occidente y busca instaurar un nuevo modelo de sociedad y poder.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>“Kafka era un profeta: somos cucarachas.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><em>Insectos al acecho de los monitores”.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">-Homero Carvalho Oliva-</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Imagínese un grupo de amigos que son hiper mega millonarios. No súper millonarios, sino súper millonarios entre los súper millonarios. Son amigos o amantes entre sí y viven en Estados Unidos. Tienen una excelente formación académica y son dueños de los negocios tecnológicos más prósperos de Occidente. Sus ideas son bastante conservadoras. Juntos, se ponen a pensar en cómo debe ser el mundo del futuro. ¿Qué sale de ahí?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: No sé… Dígamelo usted…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Bueno, en principio, ellos creen que ha llegado el momento de que el ser humano dé un salto: ¿Por qué no pensar en la inmortalidad como una opción real? ¿Por qué no aprovechar los impresionantes avances en biotecnología y nanotecnología para superar las limitaciones biológicas de estos seres frágiles y mortales que somos hoy en día?&#8230; Súper inteligencia, o súper fuerza o súper cualquier cosa. Algo así como crear un súper humano (de verdad, no de reality) con ayuda de la tecnología. Esa idea les parece plausible y, por eso, tratan de darle un sustento filosófico y convertirlo en una doctrina. Ese es el “<a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-42751366" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Transhumanismo</a>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: La idea no es mala. Quizás sea la única forma de ponernos a la altura de la IA, que ya hace muchas cosas mejor que nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Pues el punto es que estos brillantes señores se dan cuenta de que no basta con tener el poder tecnológico en Occidente, gracias a sus impresionantes empresas. Se necesita algo más: el poder político, el que emerge desde el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los hechos del 11 de septiembre (las Torres Gemelas y todo eso) les brindan una oportunidad de oro. Dos de ellos ya habían desarrollado el sistema más poderoso de pagos digitales en el mundo: <a href="https://quartr-com.translate.goog/insights/company-research/the-paypal-story-online-payment-pioneers" target="_blank" rel="noreferrer noopener">PayPal</a>. Esto les había exigido diseñar métodos de seguridad muy eficaces, así que le ofrecen sus servicios al gobierno de los Estados Unidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Vea pues. Una jugada inteligente. Me imagino que el gobierno aceptó.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: El Gobierno no solo aceptó: quedó fascinado. Se dan cuenta de que esa tecnología también sirve para algo mucho más ambicioso: cruzar y unificar todos los datos de inteligencia que tienen desperdigados en diferentes agencias de vigilancia que no se hablan entre sí. En ese punto, cada agencia tenía una pieza, pero ninguna veía el cuadro completo. Lo que estos señores le ofrecen al Pentágono y a la CIA es justamente eso: un solo tablero donde todas las piezas encajan.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Así nace <a href="https://www.bbc.com/mundo/articles/cly6qn2gq07o" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Palantir</a>, una empresa que en menos de una década se convirtió en el cerebro tecnológico de la seguridad nacional de Estados Unidos</strong>. Muchos lo llaman “El sistema nervioso del poder gringo”. Su software empieza a usarse para encontrar terroristas y planificar operaciones militares. Más adelante también se utiliza para vigilar inmigrantes, predecir comportamientos e incluso para seleccionar objetivos en guerras como las de Gaza, Irán o Ucrania. Todo desde una sola pantalla.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1016" width="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/metropolis-1-1024x1016.jpg" alt="pintura-metropolis" class="wp-image-128985" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Hummm… La jugada perfecta. No solo hacen crecer sus empresas, sino que se meten en el corazón del poder. Muy tesos esos empresarios de <em>Silicon Valley</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Sin embargo, las condiciones de vida en Estados Unidos, pese a tantos avances, no eran nada buenas y a los poderosos señores de <em>Silicon Valley</em> les llegó <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5JKG9Pnripk&amp;t=2439s" target="_blank" rel="noreferrer noopener">un dato alarmante</a> (minuto 33:44): los más jóvenes ya no se estaban endeudando con tarjetas de crédito o hipotecas, especialmente después de la crisis financiera de 2008. De hecho, todo indicaba que había una alta probabilidad de que el 70 % de los <em>millennials</em> terminaran renegando del sistema capitalista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a esta situación, concluyeron que la única forma de salvar todo lo que habían construido era sacrificando la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: No jodás… Bueno, al fin y al cabo, ¿cuál democracia? Por algo Borges dijo que “la democracia es un abuso de la estadística”…</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Abuso lo que se está cocinando… Los señores ya no quieren ser solamente los contratistas más poderosos del imperio, sino también diseñar el futuro del mundo. En abril de 2026 decidieron publicar su propuesta sin tapujos en un documento de 22 puntos que llaman “<a href="https://legrandcontinent.eu/es/2026/04/21/el-manifiesto-de-palantir-para-la-dominacion/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">La República Tecnológica</a>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Y ¿qué dice ese manifiesto?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Resumámoslo en cinco ideas:</p>



<ol start="1" class="wp-block-list">
<li>Silicon Valley tiene una “deuda moral” con Estados Unidos y, por tanto, debe ponerse al servicio de su poder militar.</li>



<li>Hay que dejar de fabricar aplicaciones para el consumo (el iPhone, las redes sociales) y empezar a producir para la guerra.</li>



<li>La democracia y el poder blando ya no sirven. Lo que necesitan las “sociedades libres” es poder duro y este se construye con software militar.</li>



<li>No todas las culturas valen lo mismo. Algunas han producido maravillas (Occidente), pero otras son “regresivas y dañinas” (¿Irán? ¿Rusia? ¿Quién?) y deben ser reemplazadas.</li>



<li>Hay que reinstaurar el servicio militar obligatorio porque las guerras del futuro, aunque se peleen con robots, necesitarán carne de cañón humana.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Tiene pinta de ser un plan muy estructurado, pero también se siente un poco abstracto todavía y muy ideológico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: En pocas palabras, estos señores quieren reemplazar la política por la tecnología. Piensan que la mayoría de la gente no aporta nada importante y que su existencia es intrascendente. Por tanto, la sociedad debe ser gestionada por una corporación privada (con “genios” como ellos al frente) que ponga todo “en orden”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo interesante es que uno de esos señores ya tiene un proyecto en marcha con su sociedad ideal: <a href="https://ecosistemastartup.com/spacex-starbase-la-ciudad-tecnologica-con-corte-propia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Starbase</a>, una ciudad tecnológica con su propio sistema judicial. De hecho, varios han pensado que Groenlandia tiene las condiciones perfectas para hacer un experimento similar, pero a una escala mayor.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Pues, me parece que tiene sentido. Tal vez eso resuelve muchos problemas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: ¿Le parece?&#8230; Bajo esta lógica, la población no sería ciudadana sino consumidora y las decisiones importantes (qué se produce, a quién se vigila, contra quién se va a la guerra) las tomaría un algoritmo programado por ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Insisto en que no es una mala idea. El problema es que hay mucha inestabilidad en el mundo actual. No sería fácil instaurar un modelo así en un mundo con tantos conflictos y guerras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Quizás utilizan las guerras como vía para su proyecto. Quizás piensan en una guerra nuclear. Ya tienen búnkeres muy sofisticados en lugares como Hawái o Nueva Zelanda (en caso de guerra nuclear total, los efectos serían menores en esos lugares). Incluso ya están adelantando proyectos para establecer colonias en la Luna para luego hacerlo en Marte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por tanto, este es el plan: una élite que se prepara para ser inmortal y vivir entre las estrellas, mientras el resto de la humanidad (lo que quede de ella si hay una confrontación nuclear) se queda en la Tierra trabajando, consumiendo y siendo vigilada. <strong>Los críticos más duros llaman a esto el modelo del “tecnoesclavismo”</strong>. Adiós naciones, adiós ciudadanías y adiós libertad.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="625" height="800" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2026/05/agente_doble.jpg" alt="pintura-agente-doble" class="wp-image-128982" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/agente_doble.jpg 625w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/agente_doble.jpg?resize=234,300 234w" sizes="auto, (max-width: 625px) 100vw, 625px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Creo que usted se está dejando llevar por su imaginación. Me parece muy exagerado todo eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: ¿De veras?&nbsp; La próxima vez que oiga hablar de inteligencia artificial, de guerras con drones o de que un millonario quiere construir una ciudad inteligente, acuérdese de Palantir. No es una empresa cualquiera: es la hoja de ruta de unos señores que ya decidieron cómo quieren que sea el mundo. Y lo están construyendo mientras nosotros soñamos con comprar el celular de última generación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Bueno, pero eso será un problema de los gringos. ¿A nosotros qué?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: ¿Usted usa Facebook? ¿Instagram? ¿WhatsApp, que es de Meta? ¿Tiene cuenta en X? ¿Busca en Google? ¿Utiliza YouTube?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Man</strong>: Claro, como todo el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Bat</strong>: Entonces ya está adentro. En el caso colombiano, con una población que usa masivamente esas plataformas, el trabajo de vigilancia ya está hecho. Solo hace falta que a un gobierno de turno le parezca buena idea contratar los servicios de análisis avanzado. Y créame que no es una posibilidad remota.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>ADENDA</strong>:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para profundizar recomiendo los videos de “<a href="https://www.youtube.com/@demoliendomitosdelapolitica" target="_blank" rel="noreferrer noopener nofollow">Demoliendo mitos de la política</a>” sobre el tema.</p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph">***</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imágenes:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El ojo que todo lo ve” en “La mesa de los pecados capitales” de El Bosco</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Metrópolis” de George Grosz</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El agente doble” (L&#8217;Agent Double) de Remedios Varo</p>
]]></content:encoded>
        <author>Bat&amp;#38;Man</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Con-versaciones</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128979</guid>
        <pubDate>Tue, 12 May 2026 03:52:59 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2026/05/Bosco_Mesa-Pecados-Capitales.webp?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/webp">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Palantir: no digan que nadie les advirtió]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Bat&amp;#38;Man</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>Occidente no está terminado</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/occidente-no-esta-terminado/</link>
        <description><![CDATA[<p>Es prematuro declarar que Occidente está acabado por el hecho de que, al avanzar el Siglo XXI, se han puesto de manifiesto diferencias entre europeos y americanos.&nbsp; El concepto de Occidente, con la integración de Europa y América, se forjó a lo largo de tres siglos, desde cuando españoles, portugueses, ingleses, franceses y otros en [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Es prematuro declarar que Occidente está acabado por el hecho de que, al avanzar el Siglo XXI, se han puesto de manifiesto diferencias entre europeos y americanos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El concepto de Occidente, con la integración de Europa y América, se forjó a lo largo de tres siglos, desde cuando españoles, portugueses, ingleses, franceses y otros en proporciones menos significativas vinieron a ocupar tierras americanas. No se trataba de chinos, indios, persas, mongoles o árabes musulmanes. La marca de los invasores y de sus proyectos era la condición cristiana, expresa en el caso de los ibéricos e implícita en los otros; exigida luego a los africanos forzados a venir a las Américas. Hasta que llegaron los ideales de las revoluciones europeas a producir la ruptura del modelo colonial como uno de los mejores cataclismos de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta mención sirve para recordar elementos fundacionales sobre los cuales se concibe todavía el concepto de lo occidental, aún después de que el balance del poder haya cambiado al cierre de la época de las guerras mundiales para vivir casi un siglo con la primacía americana y la extensión de la idea del occidente político-geográfico a Australia, Japón y Corea, por lo menos en torno a la “democracia representativa” y el capitalismo. Solamente Cuba se fue abiertamente en contra de esa primacía, con las consecuencias conocidas, y la Europa Oriental se integró al esquema luego del experimento comunista. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La “crisis existencial” que ahora asusta a unos cuantos no tiene ni de lejos las proporciones, ni la profundidad, de verdaderas crisis anteriores de los elementos propios del Occidente euroamericano: la independencia de las colonias francesas, británicas, españolas y portuguesas, con el surgimiento de decenas de nuevos Estados de estirpe occidental, y las dos guerras mundiales, que sustancialmente fueron europeas y después de resolverse con la decisiva participación americana condujeron por un lado a la formación de la Unión Europea y por el otro a la division de Europa representada en el Muro de Berlín .</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cómo no iba a ser una crisis mayor la independencia y la ruptura del orden colonial que ataba a la altura de los Siglos XVIII y XIX a Europa y América. Y cómo olvidar que la historia de Europa, crisol original de Occidente, estuvo manchada de sangre hasta rematar con dos guerras originadas en desavenencias europeas, que en el curso de treinta años dejaron cien millones de muertos. Para vivir luego casi medio siglo de división profunda debida al control de los comunistas en los países del Oriente europeo, antes de pasarse con furia de conversos a la OTAN y al modelo político y económico occidental. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Es dentro de este amplísimo panorama que se debería apreciar el desencuentro actual, motivado por el reclamo americano de mayores contribuciones presupuestales al pacto de defensa de la OTAN y las confusas y poco ilustradas críticas de unos políticos americanos, recién llegados a las grandes discusiones, hacia “la cultura europea” sin autoridad evidente para hacerlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El primero de los dos reclamos no solamente es justificado sino fácil de satisfacer: en la elemental lógica “trumpiana” no es sino pagar. Pero, además, y en eso tiene razón el presidente estadounidense, los europeos deben fortalecer su conciencia de la necesidad de asumir las cargas de diferente índole en cuanto a la defensa de su continente, en lugar de sobrevivir en la tibieza de la confianza desmedida en la protección de la sombrilla nuclear americana. Afortunadamente Europa ha despertado para atender ese reclamo presupuestal, con el rédito del refuerzo de la unidad europea.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo de los reclamos, formulado de manera sorpresiva por el vicepresidente de los Estados Unidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich el año pasado, dejó perplejos a los asistentes cuando dijo que “la mayor amenaza para la seguridad europea es interna” por la “pérdida de valores fundamentales compartidos con los Estados Unidos”, la &#8220;permisividad en materia migratoria&#8221; y &#8220;las limitaciones de la libertad de expresión&#8221; en el viejo continente. Con esas admoniciones, al comenzar la segunda administración del más radical de los republicanos en los Estados Unidos, parecía marcado un tono agresivo de las relaciones intercontinentales para los siguientes cuatro años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo anterior resultó agrandado por el hecho de que el vicepresidente reafirmó, en visitas después de la reunión, su apoyo a los partidos de la más extrema derecha, que se oponen a la Unión Europea y abogan por el autoritarismo bajo lemas populistas con connotaciones excluyentes y racistas. Así quedaron puestas las cosas por parte de los Estados Unidos, con un airecito infundado de superioridad moral respecto de Europa, como si en los Estados Unidos de hoy los tradicionales valores occidentales fuesen rutilantes.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la versión 2026 de la misma conferencia de Múnich el Secretario de Estado Marco Rubio mostró ahora un ánimo aparentemente menos tendencioso y más respetuoso y conciliador. Aunque anunció la obviedad de los cambios vertiginosos que se están produciendo en el panorama geopolítico mundial, reiteró el compromiso de los Estados Unidos con su amistad respecto de Europa, lo cual resultó plausible. Pero al tiempo prescribió un orden internacional apartado del internacionalismo globalizante liberal, opuesto a las migraciones y sobre todo centrado no ya en reglas preestablecidas sino en las prioridades de acción de los Estados Unidos conforme a sus necesidades e intereses. Característica esta última que obliga a pensar en relaciones diversas, basadas en negociaciones fragmentadas más que en instituciones estables, para efectos comerciales y políticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de esos planteamientos, salidos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, donde de pronto saben mejor cómo decir las cosas que se piensan en la Casa Blanca, el mundo quedó advertido. Se vive un periodo de ajuste. Para que nadie se alarme, es bueno recordar que el hecho de que haya diferencias es de estirpe occidental. Y nada tiene de malo un Occidente que contenga versiones diferentes de sí mismo, con el común denominador de las libertades, la aversión ciudadana al autoritarismo y su apego al Estado de Derecho.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas condiciones hay que ver quién, dónde y cómo, está obrando en atención o en contravía de los valores occidentales. Para no ir muy lejos, la observación puede hacerse respecto del&nbsp;menosprecio radical de ciertos sectores en los Estados Unidos por el islam y del desconocimiento de los padecimientos demográficos de Europa.&nbsp;Como si el fundamentalismo religioso no hubiese sido invento de comunidades protestantes norteamericanas, adjudicado luego apasionadamente a los musulmanes, y como si nadie hubiera leído la historia sanguinaria de las Cruzadas y advertido la generosidad musulmana, por ejemplo, hacia los judíos cuando los expulsaron de España. Y en materia de migraciones, como si no fuese explicable la resaca del colonialismo europeo en África, Asia y Oceanía, y la&nbsp;&nbsp;necesidad de atender responsabilidades post coloniales que no tienen que ver solamente con las migraciones sino con el desarrollo de las antiguas colonias, a las que durante siglos se les vendió la fantasía de paraísos europeos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aún después del discurso del cubano-americano secretario de Estado, a nadie le debería espantar un Occidente con diversas interpretaciones de su configuración y sus posibilidades. Pero, eso sí, sin sumisiones, ni unanimidad, y más bien con un jardín variado donde sobresalgan las libertades. No sometido a una potencia dominante, encargada de señalar de manera autoritaria y equivocada el rumbo de la democracia más allá de las urnas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nadie puede decir que las realizaciones del primer año del nuevo gobierno republicano en los Estados Unidos sean ejemplares en cuanto a los valores occidentales. Qué tal Macron, Merz, Starmer, o Meloni, usando la diplomacia como medio para hacer negocios en favor de familia y amigos, con criptomonedas a su nombre, cobrando por la entrada a las sedes de sus gobiernos, insultando periodistas de ciertas cadenas y negándose a responderles, acosando a la Sorbona, Heidelberg, Oxford o Boloña, cerrando las puertas del gobierno a oficinas de abogados que hayan defendido causas molestas, enviando agentes enmascarados a cacería de inmigrantes, mutilando la administración a la brava bajo el mando del hombre más rico de sus respectivos países, desconociendo al correspondiente poder legislativo y regañando a los jueces. Para no hablar de arremetidas contra las causas ambientales y de búsqueda de nuevas energías, cambios súbitos de políticas comerciales y retiro paulatino de la ayuda al extranjero y de organismos de las Naciones Unidas, menos del Consejo de Seguridad, para mantener, quienes lo tuviesen, el poder de veto.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ahí está la gracia, en todo caso. Que haya diversidad dentro de una causa común, mientras la historia pasa y en poco tiempo vuelva todo a su cauce o encuentre uno nuevo. Cada quién en su viaje, dirían los sabios orientales de otra época.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alianza histórica que sostiene a Occidente todavía no está terminada, pero exige en este momento esfuerzos para echarla hacia adelante sobre la base de valores comunes que no han desaparecido como propósitos. Se trata de atender la obligación histórica de estar atentos para que el destino sea mejor. Aunque falta ver si los líderes de lado y lado de los mares están a la altura del desafío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta coyuntura no nos puede ser ajena. Nuestra situación es de cuidado ya que debemos pensar en el futuro de nuestras relaciones con quienes dan por descontada nuestra sumisión a los Estados Unidos. Ante lo cual debemos trabajar para que las relaciones interamericanas se desarrollen en términos de respeto mutuo, nuestros vínculos con Europa se fortalezcan, y se hagan reales encuentros fructíferos política y económicamente con otros continentes, para acelerar el ritmo de nuestra independencia.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126151</guid>
        <pubDate>Tue, 24 Feb 2026 04:15:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=725" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Occidente no está terminado]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
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        <item>
        <title>EN DEFENSA DE TRUMP, EL INOCENTE.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/en-defensa-de-trump-el-inocente/</link>
        <description><![CDATA[<p>El 28 de diciembre, día consagrado a los inocentes, es el más apropiado para defender a Trump por su fidelidad total con MAGA y su compromiso absoluto con AMERICA FIRST.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, edición América-Colombia, diciembre 2025)</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<em>Cuando el crimen se adorna con los despojos de la inocencia, es la inocencia la intimada a presentar sus justificaciones”, Albert Camus en “El hombre rebelde”, 1951.</em></p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Hernando Llano Ángel.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 28 de diciembre, día consagrado a los inocentes, es el más apropiado para defender a Trump por su fidelidad total con MAGA y su compromiso absoluto con AMERICA FIRST. Sin duda, como Superpresidente, la está defendiendo y protegiendo de peligrosos migrantes y competidores agresivos, para hacerla de nuevo la más grande y hermosa del planeta. En verdad, su <strong><em>Maga</em></strong><em>lomania </em>y narcisismo no tiene límites ni precedentes<a id="_ednref1" href="#_edn1">[i]</a>. Está empeñado en demostrarnos a todos que <strong>MAGA</strong> encarna y representa los valores más preciados de la civilización occidental: la libertad, la igualdad y la democracia, que él, como el mejor presidente estadounidense de todos los tiempos, está llamado a defender. Para ello ha ordenado la construcción de una Armada aún más poderosa e invencible, a su imagen y semejanza. Esa Armada surcará todos los mares y portará su nombre, junto a la bandera con 13 franjas horizontales, alusivas a las colonias iniciales y sus 50 estrellas, los estados actuales con su significativa amalgama tricolor. El color rojo representa <em>valor y coraje</em>, el blanco <em>pureza e inocencia</em> y el azul <em>vigilancia, perseverancia y justicia</em>. Imposible una composición cromática más representativa de los valores históricos de MAGA. <em>El valor y el coraje</em> para promover golpes de Estado y dictadores aliados en todo el mundo; <em>la pureza e inocencia</em> de los supremacistas blancos, el racismo y la discriminación criminal del ku Klux Klan contra los negros y <em>la vigilancia, perseverancia y persecución</em> de su justicia contra críticos y opositores, tanto en casa como por fuera de ella.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Los inocentes contra MAGA</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esos valores superiores de MAGA, considera Trump, están hoy amenazados por una horda de inocentes ecologistas que dicen defender el planeta y atentan así contra la prosperidad económica y comercial de AMERICA FIRST, cuyo destino manifiesto es dominar y poseer toda la tierra. También está amenazada MAGA por una difusa y confusa red de izquierdistas antisemitas, dispersa por todo el mundo en universidades, fundaciones y oenegés que dicen promover y defender los derechos humanos, en alianza con académicos, artistas mediocres y anónimos periodistas que suelen escribir a favor de la paz y presagian un apocalipsis nuclear de no limitarse la soberbia imperial de MAGA.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si no se los detiene, encarcela y deporta pronto a todos esos izquierdistas, ellos serán los culpables del colapso de MAGA. Por eso Trump cada día los desenmascara y les niega visas<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a>, como lo hizo recientemente con Thierry Breton, excomisario de la Unión Europea responsable de asuntos digitales, otros cuatro activistas europeos contra los discursos de odio y la desinformación en las redes sociales, Imran Ahemed y Clare Menford y la pareja Josephine Ballon y Anna-Lena von Hodenberg de la oenegé HateAid. Todas las anteriores personas son una amenaza inminente para la seguridad y grandeza de MAGA, pues pueden causarle un inmenso e irreparable daño. <em>“Estos activistas radicales y oenegés instrumentalizadas han impulsado medidas de censura por parte de estados extranjeros, en cada caso dirigidas contra compañías y representantes estadounidenses”, </em>dijo el Departamento de Estado en un comunicado en el que anunció dichas sanciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Internacional de MAGA triunfará sobre la izquierdista del Mal.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Igual hacen los ecologistas, que tratan de impedir que se perfore y perfore sin cesar la Pachamama, en busca de petróleo, desde Groenlandia hasta la Patagonia. Ni hablar de los inocentes más peligrosos, esos despistados activistas de derechos humanos que defiende la supuesta dignidad de migrantes tan criminales y desalmados que se comen hasta los gatos y otras mascotas de MAGA. Pero, sin duda, los peores son los ingenuos y cándidos pacifistas, que exigen la prohibición de la venta de armas, estigmatizan la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en inglés<a id="_ednref3" href="#_edn3">[iii]</a>) y demandan el desmantelamiento de todos los arsenales nucleares. Todos ellos forman un Frente Amplio de neocomunistas, son la Liga izquierdista del Mal y será derrotada en el 2026 por la Internacional del Bien al mando de MAGA y liderada por el superhéroe Donald Trump con la ayuda de aliados estratégicamente dispersos por el mundo. En Centroamérica y El Salvador con el justiciero Bukele, ahora acompañado del victorioso Nasry Asfura en Honduras; en el cono Sur con el libertario de Milei y sus afines, Rodrigo Paz en Bolivia y el reciente electo José Antonio Kast en Chile. En Europa con su par de incondicionales viejos amigos, Víctor Orban en Hungría y Vladimir Putin en Rusia y próximamente con el apoyo entusiasta de una derecha electoralmente imparable que desalojará a siniestros gobernantes que carecen de sentido común y responsabilidad histórica, como si la tiene y exhibe sin temor la Meloni en Italia y en forma contemporizadora y vergonzante Macron en Francia y Merz en Alemania. Por último, en el medio oriente, cuenta con el injustamente vilipendiado Benjamin Netanyahu, defensor heroico de los derechos humanos y la democracia contra los fanáticos criminales de Hamás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Trump, el Superpresidente de “Magalandia”</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por todo lo anterior, hay que defender a Trump, en este día de inocentes. Especialmente ahora que se lo ataca inmisericordemente con una falsa lista y fotografías junto al pederasta Epstein en compañía de impúberes y bellas jóvenes. Esa campaña es una auténtica caza de brujas comandada por supuestos moralizadores y políticos maniqueístas que fingen ignorar la sociedad y el país en que viven. Carecen por completo de sentido moral y en especial de sentido común al perseguir a Trump y querer defenestrarlo de la Casa Blanca, pues las fotografías en las que aparece están desde comienzos del siglo pasado a la vista de todos en las vallas y en casinos de Las Vegas, la “ciudad del pecado” (<em>Sin City<a href="#_edn4" id="_ednref4"><strong>[iv]</strong></a></em>), ese oasis del juego y la lujuria, frente a la cual la isla de Epstein con sus jóvenes y bellas damas de compañía parece una insignificante “casita blanca” de placer. No hay derecho para fustigar así a Trump por su íntima amistad con el fallecido Epstein por esas fugaces aventuras &nbsp;con menores, propias de juveniles pasiones y lúbricos placeres. Es pura envidia de supuestos virtuosos y fariseos demócratas, que no tuvieron la suerte de ser invitados por Epstein, como si la tuvo Bill Clinton.Todo ese escándalo no es más que la expresión de la envidia de quienes no fueron invitados por Epstein a su isla fantástica y solo tenían dinero para sus furtivas y breves visitas a Las Vegas, esa capital fulgurante del juego y la lujuria desde 1931.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Trump, el inocente</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso es justo, pero sobre todo de sentido común, en el día de los inocentes, salir en defensa de Trump. Porque es el presidente más representativo de millones de inocentes y puros norteamericanos, por lo cual no es culpable de nada. Es totalmente inocente, así haya sido condenado por treinta y cuatro cargos criminales<a href="#_edn5" id="_ednref5">[v]</a>. Es representativo de los millones de compradores compulsivos de armas de fuego, sin ser por ello culpable de las continuas masacres que suceden periódicamente en Magalandia. También es muy representativo de los miles de visitantes asiduos a Las Vegas, en donde tuvo <em>“Magacasinos”</em> como el “Trump Taj Mahal, que desde 2018 está en manos de Hard Rock Casino tras su estrepitosa caída”<a href="#_edn6" id="_ednref6">[vi]</a>. Ni hablar de su afinidad con algunos empresarios de Hollywood, los onanistas y los consumidores insaciables de pornografía y sobre todo con sus millones de votantes que deliran por MAGA, dispuestos a sacrificarse en campos de batalla por AMERICA FIRST, máxima expresión de la inocencia y malevolencia imperial juntas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pobres víctimas</strong> </p>



<p class="wp-block-paragraph">La inocencia de ser víctimas de criminales mexicanos, que los envenenan exportando fentanilo, sumado a los codiciosos narcoterroristas colombianos con miles de toneladas de cocaína y, para completar, el corrupto dictador Maduro que acapara las mayores reservas de petróleo del planeta, tan deseadas por MAGA. Por eso Trump no puede tolerar tantos malévolos juntos contra la inocente e indefensa MAGA. Ya va siendo hora de bombardearlos y someterlos. &nbsp;En fin, dejemos de pasar por inocentes, seamos realistas, porque lo único que falta es que MAGA gane el mundial de fútbol del 2026. Entonces la FIFA dejará de existir y se llamará TRUMP-SOCCER-WORLD o algo parecido, ya se le ocurrirá una mejor sigla al adulador y poliglota de Gianni Infantino que, como buen suizo es inocente y neutral, exceptuando a su compatriota, el politólogo Pascal Lottaz<a id="_ednref7" href="#_edn7">[vii]</a> que tiene un peligroso portal llamado Neutralyti Studies<a id="_ednref8" href="#_edn8">[viii]</a>, en donde se calumnia a menudo a MAGA y se cuestiona la inocencia y superioridad moral de Trump.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://elpais.com/internacional/2025-12-25/la-obsesion-de-trump-por-poner-su-nombre-a-todo-carece-de-precedentes-en-estados-unidos.html">https://elpais.com/internacional/2025-12-25/la-obsesion-de-trump-por-poner-su-nombre-a-todo-carece-de-precedentes-en-estados-unidos.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://www.semana.com/mundo/articulo/estados-unidos-niega-la-visa-de-cinco-personas-acusadas-de-formar-un-complejo-de-censura-en-redes-sociales-que-trump-pretende-erradicar/202511/">https://www.semana.com/mundo/articulo/estados-unidos-niega-la-visa-de-cinco-personas-acusadas-de-formar-un-complejo-de-censura-en-redes-sociales-que-trump-pretende-erradicar/202511/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Asociaci%C3%B3n_Nacional_del_Rifle">https://es.wikipedia.org/wiki/Asociaci%C3%B3n_Nacional_del_Rifle</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Las_Vegas">https://es.wikipedia.org/wiki/Las_Vegas</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.elperiodico.com/es/internacional/20240531/cargos-condena-donald-trump-delito-soborno-silencio-actriz-porno-stormy-daniels-elecciones-eeuu-2024-103151763">https://www.elperiodico.com/es/internacional/20240531/cargos-condena-donald-trump-delito-soborno-silencio-actriz-porno-stormy-daniels-elecciones-eeuu-2024-103151763</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref6" id="_edn6">[vi]</a> <a href="https://g-mnews.com/es/los-casinos-quebrados-de-trump/">https://g-mnews.com/es/los-casinos-quebrados-de-trump/</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref7" id="_edn7">[vii]</a> <a href="https://www.alfdurancorner.com/articulos/todo-es-falso.html">https://www.alfdurancorner.com/articulos/todo-es-falso.html</a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="#_ednref8" id="_edn8">[viii]</a> <a href="https://music.youtube.com/channel/UCstz4u4Ty4ijbV4tnv-TYOg">https://music.youtube.com/channel/UCstz4u4Ty4ijbV4tnv-TYOg</a></p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124006</guid>
        <pubDate>Sat, 27 Dec 2025 16:42:08 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/sites/2/2025/12/ZETA-TRUMP-PORTADA-2.jpg?quality=60&amp;#038;w=1200" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[EN DEFENSA DE TRUMP, EL INOCENTE.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
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        <title>MIGRANDO en el mapa de NUESTROS propios PASOS… by L.V</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/cafeliterario-co/migrando-en-el-mapa-de-nuestros-propios-pasos-by-l-v/</link>
        <description><![CDATA[<p>En estas épocas donde el TIEMPO ; y paradójicamente desde EL ESPECTADOR; se ACELERA o se REALENTA según cada INSTANCIA PERSONAL… Es allí cuando aparecen los DUENDES y PLUMAS MÁGICAS quienes forman parte de la CORTE entre la que se encuentra nuestra apreciada colaboradora; LILIANA VALIÑA; quien como EX- FUNCIONARIA INTERNACIONAL de las NACIONES UNIDAS [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">En estas épocas donde el TIEMPO ; y paradójicamente desde EL ESPECTADOR; se ACELERA o se REALENTA según cada INSTANCIA PERSONAL… Es allí cuando aparecen los DUENDES y PLUMAS MÁGICAS quienes forman parte de la CORTE entre la que se encuentra nuestra apreciada colaboradora; LILIANA VALIÑA; quien como EX- FUNCIONARIA INTERNACIONAL de las NACIONES UNIDAS en DDHH, conocedora a CABALIDAD del DERECHO INTERNACIONAL, CONSULTORA , INVESTIGADORA INDEPENDIENTE y… fundamentalmente un SER HUMANO con un SENTIR del COMPROMISO… en un MUNDO en que para los REQUERIMIENTOS que se VIVE se precisa de al menos tener que DAR ese primer PASO… de un LARGO CAMINO…</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta OPORTUNIDAD nos REGALA mas que un ESCRITO…un verdadero MANIFIESTO. … digno del INSTANTE para en el que el MUNDO se está MOVIENDO y el que DIÓ en llamar..:</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" height="1024" width="927" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/12/IMG_7765-1-927x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-123963" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">“MIGRANDO en el mapa de NUESTROS propios PASOS… </p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>&#8220;Nadie es patria, todos lo somos&#8221;</em></strong>:&nbsp;<strong>Jorge Luis Borges</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace poco se celebró el Día Internacional del Migrante, como cada 18 de diciembre &nbsp;desde el año 2000, en el que fue instituido por las Naciones Unidas, en conmemoración de la adopción de la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares, que tuvo lugar en 1990. Esta decisión estuvo motivada por el aumento de los flujos migratorios globales y la importancia de una reflexión sobre condiciones y necesidades asociadas, así como la promoción de una plataforma para destacar la contribución de las personas migrantes al desarrollo de los países de destino y de origen.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me puse a pensar en que de alguna forma casi todos somos migrantes en este planeta y, a menudo, lo olvidamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Soy yo misma hija de dos migrantes que atravesaron, desde el norte, mares, montañas y y ríos de lejanas tierras para llegar al sur, que también existe, como diría Mario Benedetti, aun cuando continuemos preguntándonos todavía si será posible el sur, como cantara Mercedes Sosa en una melodía que siempre me atravesó el alma.&nbsp;<br></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Mercedes Sosa Será posible el sur? - 3" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/tUFMBHEAEjs?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph">Unos migramos por curiosidad, otros por amor y otros acompañando sueños. Pero también otros migramos huyendo de los peligros, de las guerras, de las miserias, de las violencias. Algunos migramos escapando de nosotros mismos y otros no nos vamos, nos llevamos nuestra esencia a otro lugar. &nbsp;Como indica esta frase inspiradora, no huimos de la vida, corremos hacia ella cuando el destino se vuelve demasiado estrecho.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces migramos de manera virtual, yéndonos muy lejos de nuestro espacio, y creando una comunidad multi espacial de encuentros del alma. En ocasiones, migramos cruzando fronteras nacionales y otras veces migramos de barrio, del campo a la cuidad o viceversa, o buscando un mar que nos acoja. En otros casos migramos de vida, de profesión y hasta de familia. Algunos migramos solos y otros con familia o amigos, y hasta con niños que intentamos proteger y unirlos a nuestras esperanzas y sueños.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros migramos sin opciones y con permiso de quienes tienen la potestad o la autoridad de decidir nuestras vidas. Algunos navegamos, otros volamos y otros simplemente nos arrastramos hacia un nuevo destino. En algunos casos nos unimos al vuelo de un pájaro o al aleteo o al nado de un delfín para sentirnos menos solos, sabiendo que el mapa mas fiel es el que dibujan nuestros propios pasos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos casos, los viajes y migraciones de nuestros antepasados quedan grabados en la memoria de nuestra piel, y a veces incluso recorremos el camino de regreso de otros que nos precedieron o de nuestra propia familia, aunque pensemos que estemos transitando nuestro personal camino de ida.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el fondo, se trata de buscar un cambio que se enraíza en múltiples y variadas causas que cada uno de nosotros conocemos o intentamos conocer. El cambio se asocia con la diversidad, de historias, de geografías, de realidades, y de vidas, asÍ como de nuevas oportunidades. En algunos casos se asemeja a un renacer y en otros a la supervivencia, pero siempre en una dimensión que se conecta con el murmullo de un río que aún cambiando nunca olvida su cauce.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevar una maleta es cargar con un universo de despedidas y nostalgias y una semilla de esperanza y de perspectivas. A veces, como se dice popularmente, el hogar no es un lugar, sino el eco de una voz que nos espera al otro lado de la distancia. Como diría un poeta y dramaturgo francés: partir es morir un poco, aunque llegar puede ser el renacer en un rincón del alma en donde siempre sale el sol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos migramos a otro destino que nos acoge o al que acogemos como nuestro. A veces, migramos de manera itinerante donde nos lleva el destino o direccionados por responsabilidades laborales. En este último caso, empezamos a tejer nuestro&nbsp;<em>patchwork</em>&nbsp;con nuestro mosaico de retazos que se van uniendo con el devenir de nuestras múltiples vidas, encuentros y contextos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Casi siempre soñamos con regresar. Algunos lo logramos y otros no. Algunos deliberadamente lo evitamos y otros nos arrepentimos de los regresos que se transforman en ausencias de nuestras otras vidas. &nbsp;Unos tenemos el privilegio de poder elegir, otros simplemente nos vemos forzados a huir, de graves amenazas o de nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar de los migrantes como los “otros”, y como un problema, una amenaza y algo negativo, pertenece más al mundo de lo imaginario que de lo real. Es como renegar de nuestro propio pasado, negarnos a ver el planeta como nuestra casa, nuestra gran aldea que nos permite pertenecer a la comunidad que nos identifica y con la cual nos identificamos. En cierta manera, &nbsp;es como traicionarnos a nosotros mismos y, en un sentido borgiano, borrar las huellas de nuestro propio camino en el polvo de la historia, &nbsp;rompiendo el espejo donde el rostro del extraño es, en realidad, el nuestro. El destino no es donde terminamos, sino los hilos que elegimos atar en el camino. En sintesis, es como negar la única verdad que nos une: que todos somos, en esencia, habitantes de tránsito.”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es aquí que desde lo EDITORIAL se nos despierta el APORTE de la música que enriquece por su PROFUNDA vinculación con el SENTIR de las LETRAS… </p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que aquí va…MÚSICA MAESTRO..:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-4-3 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Pasajera en trance - Charly García (Inv. Gustavo Cerati)" width="500" height="375" src="https://www.youtube.com/embed/ZkC_vOSwkBE?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y no se olvide de seguirnos en el…</strong></p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/IMG_6225-1018x1024.jpeg" alt="" class="wp-image-122683" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CONTINUARÁ</strong></p>



<figure class="wp-block-image is-resized"><img decoding="async" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2020/03/imgres-6-300x168.jpg" alt="" class="wp-image-73936" style="width:650px;height:auto" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>CON JABÓN…! NO COMO PILATOS PORFIS</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Grupo Juncal un colectivo de autores</author>
                    <category>cafeliterario.co</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=123942</guid>
        <pubDate>Sat, 27 Dec 2025 11:02:16 +0000</pubDate>
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