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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de asociacion nacional para el sufragio femenino | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Estimadas Señoras</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/estimadas-senoras/</link>
        <description><![CDATA[<p>En varias ocasiones he mencionado la película Estimados Señores (2024), pero no había escrito una reseña sobre la misma. Comparto las impresiones que me dejó una cinta que se vuelve imprescindible, por su factura técnica, pero también por convertirse en un documento cinematográfico que rescata una etapa olvidada o simplemente ignorada de la historia colombiana. Una película que debería ser obligatorio ver, en escuelas y universidades del país.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota preliminar</strong>: Esta nota actualiza la versión preliminar publicada en la columna dominical que el autor lleva con su nombre de pila (Dixon Moya) en el periódico <em>El Correo del Golfo</em>, único medio en español con sede en los Emiratos Árabes Unidos.  </p>



<p class="wp-block-paragraph">En varias ocasiones he mencionado la película&nbsp;<em>Estimados Señores (2024)</em>, pero no había escrito una reseña sobre la misma. Comparto las impresiones que me dejó una cinta que se vuelve imprescindible, por su factura técnica, pero también por convertirse en un documento cinematográfico que rescata una etapa olvidada o simplemente ignorada de la historia colombiana. Una película que debería ser obligatorio ver, en escuelas y universidades del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Recuerdo en mis clases de historia de Colombia en el colegio, que cuando se hablaba del voto femenino, simplemente se agregaba al listado de aquellos logros progresistas del gobierno de facto del General Gustavo Rojas Pinilla (1953 – 1957), al que se le atribuye, haber logrado la paz en el país, desangrado por el conflicto entre los partidos liberal y conservador, desde las guerras civiles del siglo XIX y lo que se llamó el periodo de&nbsp;<em>la Violencia</em>.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estimados Señores</em>, narra la historia del grupo de mujeres que lucharon por el sufragio femenino, cuando se unieron diversas líderes de partidos contrarios, así como de diferentes estamentos sociales o regiones del país. La acción transcurre en 1954, cuando el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla convocó a una Asamblea Nacional Constituyente. El título del filme alude al inicio del discurso que dio Esmeralda Arboleda en dicha Asamblea, cuando en compañía de Josefina Valencia, fueron las únicas mujeres que defendieron la posibilidad del voto femenino en Colombia en ese cuerpo colegiado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de la Ópera Prima de Patricia Castañeda, actriz reconocida en Colombia, nacida en Cali, quien en sus inicios participó en una serie inolvidable,&nbsp;<em>Tiempos Difíciles</em>&nbsp;(1995), aunque su debut como actriz fue en una producción llamada&nbsp;<em>El Oasis</em>, protagonizada por Shakira, la única experiencia en la actuación de la superestrella colombiana. Muchos recordamos a Patricia como parte de una estupenda telenovela coral,&nbsp;<em>Pecados capitales</em>&nbsp;(2002).</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="800" height="600" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070605/Patricia-Castaneda.jpeg" alt="" class="wp-image-112874" style="width:499px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070605/Patricia-Castaneda.jpeg 800w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070605/Patricia-Castaneda-300x225.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070605/Patricia-Castaneda-768x576.jpeg 768w" sizes="(max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption class="wp-element-caption">Patricia Castañeda, foto de la agencia Deisy Marroquín. </figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Patricia Castañeda, quien también es escritora (autora de la exitosa novela&nbsp;<em>Virginia Casta</em>), en el cine ha intervenido en películas emblemáticas como&nbsp;<em>Perder es cuestión de método</em>&nbsp;(2004),&nbsp;<em>Satanás</em>&nbsp;(2007),&nbsp;<em>El amor en los tiempos del cólera</em>&nbsp;(2007). Interpretó a otra colombiana imprescindible, la pintora Débora Arango en la serie del mismo nombre, realizada en 2018. Castañeda se une a la pléyade de cineastas nacidos en Cali, como Carlos Mayolo, Luis Ospina, Jaime Osorio, Sergio Dow, Pascual Guerrero, Andrés Baiz o la productora Clara María Ochoa, para citar algunos nombres.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="300" height="425" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070806/Julieth-Restrepo.jpg" alt="" class="wp-image-112875" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070806/Julieth-Restrepo.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070806/Julieth-Restrepo-212x300.jpg 212w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption class="wp-element-caption">Julieth Restrepo.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El reparto de la película rescata actores y actrices clásicos como Alberto Saavedra o Bárbara Perea con intérpretes contemporáneos como Claudio Cataño (quien encarna a Aureliano Buendía en la serie&nbsp;<em>Cien Años de Soledad</em>), Paula Castaño o Marcela Mar. Sin duda, notable la protagonista, Julieth Restrepo, quien se mete en el alma y la piel de Esmeralda Arboleda, una mujer extraordinaria, quien debería ser tan reconocida como los próceres de la independencia, aquella que fue primera en muchas cosas, como la primera abogada egresada de su universidad, la primera senadora electa en el país, la primera embajadora de Colombia acreditada en otro país<a href="//0FABB24D-F84E-4F14-82B8-715F896B9732#_ftn1"><sup>[1]</sup></a>. Ante la inexplicable e injusta poca cantidad de imágenes públicas de Esmeralda Arboleda, para muchos colombianos, ella tendrá el rostro de Julieth Restrepo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cinta, coproducida por Álvaro Gutiérrez cuenta con un logrado guion, escrito por su directora, se destaca la fotografía de Sergio García Moreno y la dirección de arte de Diana Trujillo, quien nos transporta a la Bogotá de mediados del siglo XX. No sólo es una historia interesante, sino que resulta muy entretenida, que puede incluso verse como un thriller político, con actuaciones relevantes. La cinta muestra, como los congresistas liberales y conservadores, que se odiaban a muerte, coincidían de manera solidaria en su propósito de dominio sobre las mujeres, manteniendo un modelo patriarcal, en lo político y en lo social.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="681" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores-1024x681.jpg" alt="" class="wp-image-112876" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores-1024x681.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores-768x511.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores-1536x1022.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15071013/Salon-Bolivar-y-Estimados-Senores.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Proyección de <em>Estimados Señores</em> en el Salón Bolívar de la Cancillería.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Estimados Señores</em>, luego de su exitoso desempeño en la taquilla colombiana comienza su trasegar por el mundo. Agradezco a las autoridades del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, por hacerse eco de mi idea de proyectar la película tanto en el Palacio de San Carlos (en una sesión especial en el emblemático Salón Bolívar), como en aquellas misiones diplomáticas y oficinas consulares que deseen programarla en sus actividades culturales.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070518/IMG_9994-Camila-Bernardo-afiche-latino-film-festival.jpeg" alt="" class="wp-image-112872" style="width:473px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070518/IMG_9994-Camila-Bernardo-afiche-latino-film-festival.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070518/IMG_9994-Camila-Bernardo-afiche-latino-film-festival-225x300.jpeg 225w" sizes="auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De igual manera, se ha confirmado que la película será la encargada de abrir la edición No. 41 del <em>Latino Film Festival de Chicago</em>, fundado y dirigido por mi querido amigo Pepe Vargas. Para los amigos en Chicago, no pueden perderse la oportunidad de emocionarse con esta película colombiana, así como con su directora Patricia Castañeda y su actriz protagonista. Aquí pueden obtener más información: <a href="https://chicagolatinofilmfestival.org/special-events-41st-clff">https://chicagolatinofilmfestival.org/special-events-41st-clff</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">A Patricia Castañeda y a quienes intervinieron en la gestación y producción de esta película, va un profundo reconocimiento, por su aporte en la divulgación de una importante gesta femenina en Colombia, especialmente a las mujeres que lo hicieron posible. Por traernos una obra que une el arte con la historia, todo nuestro aprecio a nuestras muy Estimadas Señoras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo que sigo llamando Twitter me encuentran como @dixonmedellin y exploro el cielo azul en Bluesky&nbsp;como @dixonacostamed.bsky.social</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p class="wp-block-paragraph"><a href="//0FABB24D-F84E-4F14-82B8-715F896B9732#_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>&nbsp;Para quienes les interese, he publicado en el blog de la Asociación Diplomática y Consular, un ensayo sobre las primeras diplomáticas en Colombia, que se puede leer aquí:&nbsp;<a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/las-primeras-mujeres-diplomaticas-en-colombia/">https://blogs.elespectador.com/actualidad/ese-extrano-oficio-llamado-diplomacia/las-primeras-mujeres-diplomaticas-en-colombia/</a></p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="1429" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070249/Estimados-Senores-pelicula.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070249/Estimados-Senores-pelicula.jpg 1000w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070249/Estimados-Senores-pelicula-210x300.jpg 210w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070249/Estimados-Senores-pelicula-717x1024.jpg 717w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/03/15070249/Estimados-Senores-pelicula-768x1097.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Sat, 15 Mar 2025 12:19:26 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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        <title>LAS PRIMERAS MUJERES DIPLOMATICAS EN COLOMBIA *</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/las-primeras-mujeres-diplomaticas-en-colombia-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>A todas las mujeres pioneras en la diplomacia en Colombia, un reconocimiento especial que ojalá sus nombres no caigan en el olvido, pues sin duda ellas son referentes permanentes de nuestra carrera diplomática y consular y de las conquistas de los derechos de equidad de género en la historia del país.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Nota preliminar</strong>: Este artículo se reproduce de manera simultánea con el Blog de la Asociación Diplomática y Consular de Colombia, en donde el autor firma con su nombre de pila (Dixon Moya).</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="680" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-1024x680.jpg" alt="" class="wp-image-111077" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-1024x680.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-300x199.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-768x510.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez.jpg 1260w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Embajadora Melba Martínez López en Nicaragua (archivo personal Dixon Moya)</figcaption></figure>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Con aprecio y agradecimiento a la embajadora Fanny Margarita Moncayo y a la memoria de la embajadora Melba Martínez López, DEP**</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el 5 de mayo de 2023, cuando se aprobó en la cancillería la formulación e implementación de la Política Exterior Feminista de Colombia, hemos tenido en el Palacio de San Carlos, sede central del Ministerio de Relaciones Exteriores, varios eventos conmemorativos de la mujer en la diplomacia, como por ejemplo, los celebrados por la Asociación Diplomática y Consular de Colombia (ASODIPLO), la propia entidad, o la conferencia de la viceministra de Costa Rica, embajadora Lydia Peralta Cordero, sobre los referentes femeninos en la diplomacia de carrera de su país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un tema que me apasiona, porque como dice un amigo, soy más feminista que varias mujeres que él conoce y me considero abanderado de la causa de la equidad de género. Por lo mismo, me he venido haciendo una pregunta necesaria, el nombre de la primera mujer diplomática en Colombia y al ser funcionario de carrera, en particular, quién habría sido la primera colega de carrera diplomática y consular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es cierto que hemos tenido varios hitos importantes, como el nombramiento de la primera ministra de relaciones exteriores, Noemí Sanín, en 1990 por parte del expresidente César Gaviria o que una mujer hasta la fecha, sea la persona que ha estado durante mayor tiempo al frente del ministerio, María Ángela Holguín, quien fue canciller durante ocho años consecutivos en los dos mandatos del ex presidente Juan Manuel Santos (2010 – 2018). Varias mujeres han sido jefes de la Cartera de Relaciones Exteriores y en el momento en que preparaba esta nota, se anuncia la designación de Laura Sarabia Torres como nueva canciller de la administración del presidente Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, no solemos destacar a las pioneras del ejercicio diplomático en el país. Gracias a otra investigación, relacionada con la novela&nbsp;<em>La Vorágine</em>&nbsp;y su versión cinematográfica, me encontré con una figura determinante en la literatura colombiana, la poeta Gertrudis Peñuela Eslava, más conocida como Laura Victoria, madre de la destacada actriz colombiana Alicia Caro, quien descolló en el cine mexicano. Gracias al renombre que tuvo con sus primeros libros de poesía, especialmente&nbsp;<em>Llamas Azules</em>&nbsp;(1933), Gertrudis Peñuela fue designada como canciller en la embajada de Colombia en México en 1939, país en donde se radicó y falleció a los 99 años.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posiblemente el de Gertrudis Peñuela Eslava, sea el primer caso de una escritora colombiana, nombrada diplomática en el extranjero. Sin olvidar a la renombrada dramaturga barranquillera Amira de la Rosa, quien en las décadas de los cuarenta y cincuenta, se desempeñó en varias oportunidades como agregada cultural en la embajada de Colombia en Madrid y cónsul en Sevilla. Un antecedente interesante, es el de la pionera escritora y periodista, Soledad Acosta de Samper, quien en 1892 fue delegada por Colombia en el&nbsp;<em>IX Congreso Internacional de Americanistas</em>, celebrado en Huelva (España).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la primera embajadora de Colombia acreditada ante otro país fue una mujer realmente admirable, Esmeralda Arboleda Cadavid, abogada liberal, nacida en Palmira, Valle del Cauca, una de las líderes del movimiento sufragista en nuestro país, en el que se unió a otra referente del feminismo colombiano, Josefina Valencia Muñoz, conservadora, hija del poeta Guillermo Valencia y hermana del expresidente Guillermo León Valencia. Sobre estas pioneras en la lucha por el sufragio femenino, se ha estrenado la película “<em>Estimados Señores</em>” dirigida por Patricia Castañeda, cinta que recomiendo ampliamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las dos mujeres fueron diplomáticas, pero por situaciones opuestas. Mientras Josefina Valencia apoyó el gobierno del militar Gustavo Rojas Pinilla y fue designada jefe de la misión ante la UNESCO, Esmeralda Arboleda fue abierta opositora de la dictadura, en las elecciones de 1958 resultó elegida senadora por el Valle del Cauca, la primera mujer en serlo y el presidente Carlos Lleras Restrepo la designó en 1967 como embajadora de Colombia ante el gobierno de Austria. Arboleda continuaría prestando servicios diplomáticos, puesto que en 1980 fue relatora especial de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el estatus de la mujer en el Comité Económico y Social.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A propósito del General Rojas Pinilla, en 1957 condecoró a dos funcionarias de la Cancillería por veinte años de servicio, Isabel Casteblanco de Quintero y Mercedes Ramírez de Beltrán, es de suponer que había otras damas en diversos cargos, pero seguramente no en un gran número. Ahora bien, para 1967 cuando Esmeralda Arboleda era nuestra única embajadora, en el servicio consular encontramos como vicecónsul en Hamburgo a Gloria Gómez, en Filadelfia, la cónsul de primera Cecilia Pérez, en Los Ángeles la cónsul de primera Clara Muñoz. En Roma se encontraba como tercer secretario Beatriz Mendoza, destacada funcionaria, a quien todavía recordamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el mismo año 1967, algunas mujeres se hallaban en cargos intermedios directivos en lo que ahora llamamos planta interna (Bogotá), como en la Sección de Reclutamiento y Adiestramiento, Marymelba de Marroquín, en la Sección de Mecanografía, la Supervisora Administrativa Isabel de Garcés, en la Sección de Biblioteca Julia Sánchez Murcia o en la Sección de Almacén y Mantenimiento, Hersilia Camacho.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Carrera Diplomática y Consular de Colombia, luego de una serie de intentos frustrados a lo largo del siglo XX, tuvo su arranque formal en 1969, cumpliendo lo previsto en el Decreto 2016 de 1968, orgánico del servicio diplomático y consular, fue así como el 22 de febrero de 1969, se presentaron 11 aspirantes para cuatro cargos de segundo secretario y 39 aspirantes para cuatro cargos de tercer secretario y en este punto, es necesario destacar un importante hallazgo: De los ocho cargos diplomáticos por concurso, cinco fueron para mujeres, a saber, para el rango de tercer secretario: Patricia Koppel Durán (quien obtuvo el mayor puntaje), Ruth Kalstern y para segundo secretario: Dory Sánchez Franco, Luisa Mantilla y Ligia Buitrago Cuéllar. Es un importante hito, hoy cuando se propugna por la equidad, que, en el primer concurso meritocrático en la Cancillería, la mayoría de quienes obtuvieron el derecho de entrar al año de prueba en el ministerio fueran mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la primera embajadora de carrera, que llegó a ese rango fue Ligia Londoño Ocampo, conforme el Decreto 1775 del 29 de agosto de 1988, quien se desempeñó en el cargo ante el gobierno de Barbados y fue decana (directora) del entonces Instituto Colombiano de Estudios Internacionales, antecedente de la Academia Diplomática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuve el privilegio de trabajar en mis inicios, con dos de las primeras diplomáticas de carrera, la embajadora Fanny Margarita Moncayo Duque, quien con la embajadora María Victoria Díaz de Suárez ingresaron en la cuarta promoción de 1972. La embajadora Fanny Moncayo era la Subsecretaria de Comunidades Colombianas y Asuntos Consulares, cuando yo me encontraba en mi año de prueba y en mi segunda salida al exterior trabajé con la embajadora Melba Martínez López, DEP, quien fue la única mujer que ingresó en la tercera promoción en 1971.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente la embajadora Moncayo me ha recordado otros nombres ilustres de mujeres, que, aunque no pertenecieron a la carrera diplomática, tuvieron un importante desempeño en el servicio exterior colombiano, como Ninon Millán, embajadora en Jamaica y Virginia Obregón, embajadora en Egipto. A todas las mujeres pioneras en la diplomacia en Colombia, un reconocimiento especial que ojalá sus nombres no caigan en el olvido, pues sin duda ellas son referentes permanentes de nuestra carrera diplomática y consular y de las conquistas de los derechos de equidad de género en la historia del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>*&nbsp;Dixon Acosta Medellín&nbsp;</strong>(conocido en el mundo de la diplomacia como Dixon Moya).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo que sigo llamando Twitter a la hora del recreo me encuentran como @dixonmedellin y comienzo a explorar el cielo azul en Bluesky como&nbsp;@dixonacostamed.bsky.social<strong></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>**</strong>Este artículo, no habría sido posible, sin la colaboración de la bibliotecóloga Claudia Esperanza Gómez, quien me facilitó la consulta de las&nbsp;<em>Memorias al Congreso</em>&nbsp;en la biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. De igual forma, mi reconocimiento a los embajadores Camilo Reyes, Vicky Senior, Carlos Arturo Morales, Luz Stella Jara, José Ignacio Mejía, así como a los colegas Yomar González, Rubén Darío Agudelo y de manera especial a quien va dedicada esta modesta nota.</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1260" height="837" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez.jpg 1260w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-300x199.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-1024x680.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/03065934/Actualizado-Emb-Melba-Martinez-768x510.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1260px) 100vw, 1260px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
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        <pubDate>Tue, 04 Feb 2025 00:07:01 +0000</pubDate>
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        <title>LAS PRIMERAS MUJERES DIPLOMATICAS EN COLOMBIA *</title>
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        <description><![CDATA[<p>Con aprecio y agradecimiento a la embajadora Fanny Margarita Moncayo y a la memoria de la embajadora Melba Martínez López, DEP** Desde el 5 de mayo de 2023, cuando se aprobó en la cancillería la formulación e implementación de la Política Exterior Feminista de Colombia, hemos tenido en el Palacio de San Carlos, sede central [&hellip;]</p>
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<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph">Con aprecio y agradecimiento a la embajadora Fanny Margarita Moncayo y a la memoria de la embajadora Melba Martínez López, DEP**</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el 5 de mayo de 2023, cuando se aprobó en la cancillería la formulación e implementación de la Política Exterior Feminista de Colombia, hemos tenido en el Palacio de San Carlos, sede central del Ministerio de Relaciones Exteriores, varios eventos conmemorativos de la mujer en la diplomacia, como por ejemplo, los celebrados por la Asociación Diplomática y Consular de Colombia (ASODIPLO), la propia entidad, o la conferencia de la viceministra de Costa Rica, embajadora Lydia Peralta Cordero, sobre los referentes femeninos en la diplomacia de carrera de su país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es un tema que me apasiona, porque como dice un amigo, soy más feminista que varias mujeres que él conoce y me considero abanderado de la causa de la equidad de género. Por lo mismo, me he venido haciendo una pregunta necesaria, el nombre de la primera mujer diplomática en Colombia y al ser funcionario de carrera, en particular, quién habría sido la primera colega de carrera diplomática y consular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es cierto que hemos tenido varios hitos importantes, como el nombramiento de la primera ministra de relaciones exteriores, Noemí Sanín, en 1990 por parte del expresidente César Gaviria o que una mujer hasta la fecha, sea la persona que ha estado durante mayor tiempo al frente de un ministerio, María Ángela Holguín, quien fue canciller durante ocho años consecutivos en los dos mandatos del ex presidente Juan Manuel Santos (2010 – 2018). Varias mujeres han sido jefes de la Cartera de Relaciones Exteriores y en el momento en que preparaba esta nota, se anuncia la designación de Laura Sarabia Torres como nueva canciller de la administración del presidente Gustavo Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, no solemos destacar a las pioneras del ejercicio diplomático en el país. Gracias a otra investigación, relacionada con la novela <em>La Vorágine</em> y su versión cinematográfica, me encontré con una figura determinante en la literatura colombiana, la poeta Gertrudis Peñuela Eslava, más conocida como Laura Victoria, madre de la destacada actriz colombiana Alicia Caro, quien descolló en el cine mexicano. Gracias al renombre que tuvo con sus primeros libros de poesía, especialmente <em>Llamas Azules</em> (1933), Gertrudis Peñuela fue designada como canciller en la embajada de Colombia en México en 1939, país en donde se radicó y falleció a los 99 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Posiblemente el de Gertrudis Peñuela Eslava, sea el primer caso de una escritora colombiana, nombrada diplomática en el extranjero. Sin olvidar a la renombrada dramaturga barranquillera Amira de la Rosa, quien en las décadas de los cuarenta y cincuenta, se desempeñó en varias oportunidades como agregada cultural en la embajada de Colombia en Madrid y cónsul en Sevilla. Un antecedente interesante, es el de la pionera escritora y periodista, Soledad Acosta de Samper, quien en 1892 fue delegada por Colombia en el <em>IX Congreso Internacional de Americanistas</em>, celebrado en Huelva (España).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la primera embajadora de Colombia acreditada ante otro país fue una mujer realmente admirable, Esmeralda Arboleda Cadavid, abogada liberal, nacida en Palmira, Valle del Cauca, una de las líderes del movimiento sufragista en nuestro país, en el que se unió a otra referente del feminismo colombiano, Josefina Valencia Muñoz, conservadora, hija del poeta Guillermo Valencia y hermana del expresidente Guillermo León Valencia. Sobre estas pioneras en la lucha por el sufragio femenino, se ha estrenado la película “<em>Estimados Señores</em>” dirigida por Patricia Castañeda, cinta que recomiendo ampliamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las dos mujeres fueron diplomáticas, pero por situaciones opuestas. Mientras Josefina Valencia apoyó el gobierno del militar Gustavo Rojas Pinilla y fue designada jefe de la misión ante la UNESCO, Esmeralda Arboleda fue abierta opositora de la dictadura, en las elecciones de 1958 resultó elegida senadora por el Valle del Cauca, la primera mujer en serlo y el presidente Carlos Lleras Restrepo la designó en 1967 como embajadora de Colombia ante el gobierno de Austria. Arboleda continuaría prestando servicios diplomáticos, puesto que en 1980 fue relatora especial de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el estatus de la mujer en el Comité Económico y Social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A propósito del General Rojas Pinilla, en 1957 condecoró a dos funcionarias de la Cancillería por veinte años de servicio, Isabel Casteblanco de Quintero y Mercedes Ramírez de Beltrán, es de suponer que había otras damas en diversos cargos, pero seguramente no en un gran número. Ahora bien, para 1967 cuando Esmeralda Arboleda era nuestra única embajadora, en el servicio consular encontramos como vicecónsul en Hamburgo a Gloria Gómez, en Filadelfia, la cónsul de primera Cecilia Pérez, en Los Ángeles la cónsul de primera Clara Muñoz. En Roma se encontraba como tercer secretario Beatriz Mendoza, destacada funcionaria, a quien todavía recordamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el mismo año 1967, algunas mujeres se hallaban en cargos intermedios directivos en lo que ahora llamamos planta interna (Bogotá), como en la Sección de Reclutamiento y Adiestramiento, Marymelba de Marroquín, en la Sección de Mecanografía, la Supervisora Administrativa Isabel de Garcés, en la Sección de Biblioteca Julia Sánchez Murcia o en la Sección de Almacén y Mantenimiento, Hersilia Camacho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Carrera Diplomática y Consular de Colombia, luego de una serie de intentos frustrados a lo largo del siglo XX, tuvo su arranque formal en 1969, cumpliendo lo previsto en el Decreto 2016 de 1968, orgánico del servicio diplomático y consular, fue así como el 22 de febrero de 1969, se presentaron 11 aspirantes para cuatro cargos de segundo secretario y 39 aspirantes para cuatro cargos de tercer secretario y en este punto, es necesario destacar un importante hallazgo: De los ocho cargos diplomáticos por concurso, cinco fueron para mujeres, a saber, para el rango de tercer secretario: Patricia Koppel Durán (quien obtuvo el mayor puntaje), Ruth Kalstern y para segundo secretario: Dory Sánchez Franco, Luisa Mantilla y Ligia Buitrago Cuéllar. Es un importante hito, hoy cuando se propugna por la equidad, que, en el primer concurso meritocrático en la Cancillería, la mayoría de quienes obtuvieron el derecho de entrar al año de prueba en el ministerio fueran mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora bien, la primera embajadora de carrera, que llegó a ese rango fue Ligia Londoño Ocampo, conforme el Decreto 1775 del 29 de agosto de 1988, quien se desempeñó en el cargo ante el gobierno de Barbados y fue decana (directora) del entonces Instituto Colombiano de Estudios Internacionales, antecedente de la Academia Diplomática.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tuve el privilegio de trabajar en mis inicios, con dos de las primeras diplomáticas de carrera, la embajadora Fanny Margarita Moncayo Duque, quien con la embajadora María Victoria Díaz de Suárez ingresaron en la cuarta promoción de 1972. La embajadora Fanny Moncayo era la Subsecretaria de Comunidades Colombianas y Asuntos Consulares, cuando yo me encontraba en mi año de prueba y en mi segunda salida al exterior trabajé con la embajadora Melba Martínez López, DEP, quien fue la única mujer que ingresó en la tercera promoción en 1971.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Precisamente la embajadora Moncayo me ha recordado otros nombres ilustres de mujeres, que, aunque no pertenecieron a la carrera diplomática, tuvieron un importante desempeño en el servicio exterior colombiano, como Ninon Millán, embajadora en Jamaica y Virginia Obregón, embajadora en Egipto. A todas las mujeres pioneras en la diplomacia en Colombia, un reconocimiento especial que ojalá sus nombres no caigan en el olvido, pues sin duda ellas son referentes permanentes de nuestra carrera diplomática y consular y de las conquistas de los derechos de equidad de género en la historia del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>*Dixon Moya: &nbsp;</strong>Diplomático colombiano de carrera en el rango de Embajador, se desempeña en la Dirección de Mecanismos de Concertación e Integración Regionales de la cancillería. Escritor por vocación, lleva un blog en el periódico colombiano <em>El Espectador</em>, en el cual escribe de todo un poco: <a href="http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/">http://blogs.elespectador.com/lineas-de-arena/</a>&nbsp; En X @dixonmedellin</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>**</strong>Este artículo, no habría sido posible, sin la colaboración de la bibliotecóloga Claudia Esperanza Gómez, quien me facilitó la consulta de las <em>Memorias al Congreso</em> en la biblioteca del Ministerio de Relaciones Exteriores. De igual forma, mi reconocimiento a los embajadores Camilo Reyes, Vicky Senior, Carlos Arturo Morales, Luz Stella Jara, José Ignacio Mejía, así como a los colegas Yomar González, Rubén Darío Agudelo y de manera especial a quien va dedicada esta modesta nota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">***<em>Las opiniones expresadas en el blog corresponden únicamente a los autores y no comprometen a la Asociación Diplomática y Consular de Colombia -ASODIPLO</em>.</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1500" height="996" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte.jpg 1500w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-300x199.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-1024x680.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/01/31180047/Actualizado-Embajadora-Melba-Martinez-en-celebracion-en-Nicaragua-del-20-de-julio-con-arte-768x510.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Asociación Diplomática y Consular de Colombia</author>
                    <category>Ese extraño oficio llamado Diplomacia</category>
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        <pubDate>Mon, 03 Feb 2025 13:00:00 +0000</pubDate>
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        <title>Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Se dice que padece el <em>Síndrome de Matilda </em>aquella mujer que ha destacado en alguna disciplina científica, artística o cultural, pero que ha sido eclipsada por los hombres, y el producto de su estudio ha quedado relegado al olvido o sencillamente le ha sido hurtado, sin concedérsele ningún reconocimiento. Las ninguneadas, aquellas cuyos trabajos no fueron reconocidos y que sirvieron para inspirar la obra de otros, o que incluso fueron plagiadas y sus ideas robadas, hasta el punto de no enterarnos nunca de la verdadera autora detrás del hallazgo.</p>
<p>Esta fue la suerte que correría Rosalind Franklin, a quien nunca se le daría el crédito que mereciera por sus investigaciones y descubrimientos, como sí le sería reconocido su trabajo a sus colegas masculinos, siendo así que para el año de 1962 ella también hubiera merecido hacer parte del comité ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina que le fue otorgado a sus compañeros de laboratorio.</p>
<p>El camino escabroso empezaría con su padre, quien se oponía a que su hija se enrutara en el campo de la ciencia, creyendo que esta ruta no le depararía un próspero porvenir, simplemente por tratarse de una mujer. Sería entonces una tía suya la que se encargaría de costear sus estudios, convencida del potencial intelectual que desde muy niña caracterizó a su avezada sobrina. Esto dijo de ella: “Rosalind es inteligente de manera alarmante. Pasa todo el tiempo estudiando aritmética por gusto e invariablemente obtiene los resultados correctos de las sumas.” Sobresalía en todas las materias y así también en los deportes, especialmente en el críquet y el hockey, y desde muy joven comenzó a integrar movimientos sindicales y a involucrarse en la lucha por el reconocimiento del sufragio femenino.</p>
<p>Respecto a su pensamiento y sus ideologías, ella misma se definía como una agnóstica que se reconoce como tal, no por una influencia de otros sino por sus conclusiones propias, meditadas, reflexivas. Siendo muy niña quiso desvirtuar la falacia de un dios increpando a su madre con el siguiente análisis: “Bueno, pues de cualquier manera, cómo sabes que ‘Él’, ¿no es ‘Ella’?” Pese a su escepticismo, Rosalind cultivó a solas las tradiciones judías, y aunque no asistía a la sinagoga aprendería hebreo por su propia cuenta, además de pertenecer a la Sociedad Judía. Pero su interpretación del mundo con una mirada científica le impedía convencerse de cualquier religión o creencia, y es así como se lo reclamaba a su padre: “La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían ser separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida… No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros individuos; la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta… Refiriéndome a la pregunta de un Creador. ¿Creador de qué? No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo.”</p>
<p>A los 9 años Rosalind comienza su formación académica en la Escuela Lindores para señoritas en Sussex, y dos años más tarde se traslada a la Escuela St. Paul’s, donde destacará como una alumna aventajada en todas las materias, y especialmente en la práctica de deportes, así como en sus estudios de alemán, francés y latín, siendo la primera en su clase y haciéndose acreedora de varios premios académicos. Y tan calificado fue su desempeño, que a la edad de los 18 años obtiene la beca universitaria School Leaving Exhibition, que le otorgaría 30 libras anuales durante tres años, dinero que por petición de su padre acabó donando para la asistencia de estudiantes refugiados de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Viajera de toda la vida, en 1938 viaja a Francia y queda prendida de una cultura y un estilo de vida, y así como de su lengua, considerando el modo de vida francés “muy superior al estilo” inglés, refiriéndose a estos como a seres a quienes consideraba que “poseían caras ausentes y estúpidas y una complacencia infantil.”</p>
<p>En 1939, a comienzos de la guerra, la familia tendrá dificultades para abandonar Noruega y regresar a Inglaterra, y dos años después la precoz estudiante ya se habría graduado en Ciencias Naturales en el Newnham College de Cambridge, a lo que continuó un doctorado en Química Física en la Universidad de Cambridge, obteniendo un reconocimiento de honor por haber logrado la segunda mejor calificación en el examen final, y pese a lo cual su título académico sólo sería conferido hacia 1947, cuando entonces Cambridge comenzó a otorgar títulos retroactivos de licenciatura y maestría a las mujeres.</p>
<p>Sus títulos y distinciones honoríficos como estudiante la llevaron a ganar un puesto en el laboratorio de investigación de fisioquímica de la universidad, donde trabajó de la mano y supervisión de quien fuera su mentor, Ronald George Wreyford Norrish, quien para 1967 ganaría el Premio Nobel de Química, y con quien no sostuvo las mejores relaciones. Franklin se refirió a Norrish como a un tipo “bebedor” y “prepotente” y al que llegó inclusive a despreciar. Por fortuna para 1942 le ofrecen trabajar como asistente en la Asociación Británica para la Investigación del Uso del Carbón (BCURA), y cuyo trabajo le permitiría en 1945 obtener su doctorado en Cambridge con la tesis: <em>La fisioquímica de coloides orgánicos sólidos con referencia especial al carbón</em><em>. </em>Rosalind auscultó en la porosidad del carbón, descubriendo un fino espacio permeable, aportando respecto a la clasificación de los carbones y permitiendo ponderar con exactitud su idoneidad para el uso de combustibles.</p>
<p>Otra de sus aventuras como viajera la llevó a los Alpes franceses, donde caería por un precipicio y que por poco le cuesta la vida, y pese a lo cual insistía en el embelesamiento que le causaba el territorio francés, y así se lo manifestó a su madre por esos días a través de una misiva: “Estoy segura de que podría merodear felizmente en Francia por siempre. Amo la gente, el país y la comida.”</p>
<p>Sería por ese amor a Francia que para 1947 acepta trabajar en París como <em>chercheur </em>(investigadora), al lado de Jacques Mering en el Laboratoire Central des Services Chimiques de l’Etat, y con quien desarrollará todo tipo de nuevas teorías respecto a la cristalografía, que es la ciencia encargada de estudiar las estructuras cristalinas adoptadas por minerales y otros compuestos y materiales orgánicos cuando se presentan las condiciones óptimas. Por medio de rayos X, Mering había estudiado durante años miles de cristales, pero sería Franklin quien pusiera la lupa sobre el carbón, y en particular respecto a los cambios en la disposición de los átomos cuando se convierten en grafito. Sus descubrimientos serían publicados en distintos artículos, constituyendo la base del campo de la física y la química del carbón.</p>
<p>En 1950 es merecedora de la beca Turner and Newall, la cual ofrece un puesto como asociada de investigación en la Unidad de Biofísica del Consejo de Investigación Médica (CIM) en el King’s College de Londres, dirigido por John Randall, y en donde descubriría las propiedades primordiales del ADN (Ácido Desoxirribonucleico), dando pie a una lectura detallada de su estructura de doble hélice. Para identificar estas formas la científica se valió de una microcámara y un tubo de enfoque fino que ella misma refinó y ajustó, y por medio de la difracción de rayos X sería como conseguiría captar las más detalladas imágenes de dicha molécula.</p>
<p>En el King’s College trabajaban apenas un puñado reducido de mujeres, a las que incluso se les destinaba el espacio del vestíbulo para las horas de almuerzo, mientras que los caballeros disponían de un comedor amplio. En una carta enviada a un amigo Rosalind hace una triste alusión, resaltando el trabajo de una de sus colegas, e insistiendo en que era “muy buena, pero era mujer.” No estaba criticando sin duda su género sino más bien sus posibilidades para abrirse camino en el campo científico. Y es que esta sería la historia que Rosalind Franklin tendría que vivir, cuando sus descubrimientos interpelaban y contradecían el trabajo y las supuestas conclusiones que otros investigadores habían dado como por verídicas. Su manera sustanciosa de expresarse y la forma determinada como solía encarar a las personas consiguieron intimidar a más de un científico y hasta el punto de ganarse su enemistad. Es así como Franklin tendría que pelear insistentemente por dar validez a sus descubrimientos, y aunque esto significara desmontar los antiguos modelos propuestos por un hombre. “Es muy bonito, pero, ¿cómo van a comprobarlo?”, increpó en su momento a sus compañeros de laboratorio, arguyendo que sus supuestos descubrimientos no habían sido corroborados con la rigurosidad de sus propios trabajos, y que contrariaban las antiguas posturas.</p>
<p>El resultado y las conclusiones de sus trabajos serían publicados en varias revistas científicas, y en especial la revista <em>Nature, </em>donde algunos de sus colegas acabarían dándole la razón a Franklin, ya que estos descubrimientos de Franklin les servirían a ellos mismos para acabar de dar forma y finiquitar los estudios relacionados con la estructura del ADN, llegando a ganar incluso el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1962. James Watson, Francis Crick y Maurice Wilkins fueron condecorados con dicha distinción, y aunque para aquel momento ya Rosalind Franklin hubiera fallecido, al mundo le queda el sinsabor de que no hubiera sido incluida entre los ganadores y ni siquiera hubiera tenido su merecido reconocimiento póstumo. Años más tarde el Premio Nobel habilitaría la posibilidad de ser otorgado a personas difuntas.</p>
<p>Sin embargo, hoy Rosalind Franklin es reconocida por haber dado a conocer la “Fotografía 51”, una imagen de difracción de rayos X del ADN con su estructura de doble hélice, y que más adelante el propio Crick aceptaría como una clave para sus estudios posteriores, y que años después sería confirmado por Watson, dándole de esta manera un justo reconocimiento en las investigaciones que les valdría el haber ganado el Premio Nobel.</p>
<p>Luego de dos años trabajando en los laboratorios del King’s College, en 1953, y no consiguiendo adaptarse al equipo, y en especial a su director John Randall, Franklin logra ser reclutada como investigadora y científica sénior por John Desmond Bernal, director del Departamento de Física del laboratorio de Birkbeck College, quien destacó las imágenes tomadas por Franklin como “las más hermosas que se han tomado alguna vez de una sustancia.” John Desmond Bernal era conocido por brindar oportunidades a las mujeres dentro de sus instalaciones, y fue por esto que Franklin consiguió desplegar con libertad sus conocimientos en cristalografía y publicar varios artículos en los que daría a conocer sus descubrimientos. Pasar del King’s College para trabajar en estos laboratorios fue según ella como “mudarse de un palacio a los barrios bajos… pero más agradable al mismo tiempo.”</p>
<p>Financiada por el Consejo de Investigación de Agricultura, Franklin se dedicó a investigar sobre las estructuras moleculares de los virus, y en especial del mosaico de la polio y del tabaco (TMV). Por aquel entonces Aaron Klug era un recién doctorado que trabajó de la mano de Franklin, y que dando continuidad a estas investigaciones sería galardonado en 1982 con el Premio Nobel de Química, “por su desarrollo de la microscopía cristalográfica de electrones y su elucidación estructural de complejos ácido nucleico-proteína biológicamente importantes.” Franklin ya habría muerto décadas atrás, pero no cabe duda de que en esta ocasión también hubiera merecido compartir el codiciado premio.</p>
<p>Rosalind continúa desafiando conceptos científicos prestablecidos a través de la publicación de artículos en distintas revistas científicas, y en donde conseguía demostrar con veracidad cada uno de sus postulados, y es así como en 1956 publicará seis artículos y otros seis más al año siguiente. Para ese año de 1957 sus descubrimientos respecto al virus de la polio consiguen un financiamiento por parte del Servicio Público de Salud y del Instituto Nacional de Salud, en los Estados Unidos, logrando avanzar en las investigaciones respecto al virus.</p>
<p>Su beca de investigación expira pero se le concede una extensión por un año, solicitando una nueva beca que le fue concedida en 1958, y que incluía una asistencia económica de 10.000 libras anuales durante tres años.</p>
<p>Se dice que Rosalind era de temperamento fuerte, y es que de cualquier otra forma no hubiera sido posible abrirse paso entre el patriarcado. No le gustaba el apodo que le tenían en el laboratorio, y así como con todo lo demás que pensaba, no tuvo reparos para recalcar cómo quería ser llamada cuando se lo consultaron: “Me temo que Rosalind… No ‘Rosy’.” En asuntos políticos no calló la boca para denostar a Winston Churchill en su aspecto bélico y así también para elogiarlo respecto al valor de sus discursos.</p>
<p>No se le conoció una pareja, y apenas expresó haber sentido un cariño particular por alguno de sus asistentes, a quien consideraba como un buen partido, y de quien confiesa pudo haberse enamorado, y hasta llegar a establecer una familia. También parece haber estado interesada en su mentor francés, Jacques Mering, quien se encontraba casado, y el cual confesó no ser indiferente y haberse dejado seducir por la “inteligencia y belleza” de Franklin. Sin embargo la vida de Franklin no sería la de una mujer de hogar, y sus esfuerzos estarían dedicados a consagrarse en sus estudios e investigaciones y en dar con nuevos descubrimientos que pudieran significar un aporte para toda la humanidad.</p>
<p>Para mediados de la década de los años cincuenta se le descubrió un tumor en el abdomen y tuvo que convalecer hospitalizada en New York durante un largo período, luego de lo cual regresaría a su trabajo, y para 1958 fue nombrada como Asociada de Investigación Biofísica, la cual le encomendaría la tarea de presentar sus recientes descubrimientos respecto a la estructura del virus del mosaico del tabaco (TMV), en el marco del primer evento internacional científico que fuera celebrado luego de acabada la Segunda Guerra Mundial, el Expo 58, en Bruselas, y que tendría su lugar en el Pabellón Internacional de Ciencia.</p>
<p>Franklin pretendía representar un modelo a escala de la estructura del virus, que contaba con cinco pies de altura y que estaba compuesto por pelotas de ping-pong entrelazadas con agarraderas plásticas de manubrios de bicicleta. Pero justamente un día antes de inaugurarse la feria Rosalind Franklin moriría en Chelsea debido a un cáncer de ovario. También se le había diagnosticado carcinomatosis secundaria y una bronconeumonía que finalmente acabaría ocasionándole la muerte. Escrito en hebreo, en su epitafio se lee: “Científica. Su investigación y sus descubrimientos en materia de virus quedan como un beneficio para la humanidad.” Varios miembros de su familia y algunos de sus colegas murieron de cáncer, y se especula que esto pueda derivarse como una consecuencia de la continua exposición a los rayos X.</p>
<p>Luego de la muerte de quien hubiera encontrado “el secreto de la vida”, como lo expresó algún investigador, Rosalind Franklin recibiría un sinfín de reconocimientos y honores póstumos. En 1982 fue nombrada como Miembro Honorario Nacional por la Iota Sigma Pi. Son varios los laboratorios, edificios, escuelas, bibliotecas, y todo tipo de fundaciones que conceden becas y premios en su nombre, como es el caso de la Sociedad Rosalind Franklin, que desde el 2014 y en sociedad con la Organización de la Industria Biotecnológica otorga el Premio BIO Rosalind Franklin, destinado al apoyo de aquellas mujeres que sobresalen en el campo de la biotecnología industrial y bioprocesos.</p>
<p>La Escuela St. Paul’s, donde estudió de niña, fundó el Centro de Tecnología Rosalind Franklin, y la Real Academia de Química declaró al King’s College de Londres como “Sitio Histórico Nacional de Química”. En la Universidad de Nottingham Trent se llevó a cabo un proyecto millonario que acabó convertido en el prestigioso centro de investigación Rosalind Franklin, y así podemos encontrar su nombre en placas y reseñas que se han colocado en los muros de varios institutos y academias, y que recuerdan los logros de la destacada científica. Su vida y logros ha inspirado películas, obras teatrales, documentales, libros y biografías, e incluso la NASA ha querido recordarla entre los astros, bautizando un asteroide descubierto en 1997 con el nombre de <em>Rosfranklin, </em>y así también <em>Google </em>dedicó en el 2013 uno de sus <em>doodle</em>, en donde contemplamos a Rosalind Franklin reparando la estructura helicoidal del ADN frente a la famosa “Fotografía 51”.</p>
<p>Conocida como “heroína agraviada”, “heroína olvidada”, “dama oscura del ADN”, o la “Sylvia Plath de la biología molecular”, lo cierto es que hoy Rosalind Franklin está cobrando protagonismo y ganándose su justo y merecido lugar en el mundo de los avances científicos, y hoy mejor le corresponde otro de los apelativos con el que es nombrada, el de “icono feminista”.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-89132" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2022/04/257.-ROSALIND-FRANKLIN-234x300.jpg" alt="ROSALIND FRANKLIN" width="234" height="300" /></p>
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        <author>Milanas Baena</author>
                    <category>Ella es la Historia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=89131</guid>
        <pubDate>Fri, 05 Jan 2024 08:46:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Rosalind Elsie Franklin (1920-1958) “Descubridora del ADN”]]></media:description>
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        <title>Katharine Hepburn (1907-2003)</title>
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        <description><![CDATA[<p>Nació en Connecticut, en una familia prestante, acaudalada, de padres que abogaban por ciertos cambios de la estructura social, de pensamiento reformista. Su madre era una destacada activista feminista que llegó a dirigir la Asociación de Sufragio Femenino de Connecticut, y que lideraba campañas de advertencia respecto al deber de controlar la natalidad. En su [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>Nació en Connecticut, en una familia prestante, acaudalada, de padres que abogaban por ciertos cambios de la estructura social, de pensamiento reformista. Su madre era una destacada activista feminista que llegó a dirigir la Asociación de Sufragio Femenino de Connecticut, y que lideraba campañas de advertencia respecto al deber de controlar la natalidad. En su infancia Katharine asistiría junto a ella a varias manifestaciones y mítines que despertarían desde niña su visión progresista y liberal. Esta crianza, que Hepburn agradece haber tenido, le inculcaría la libertad de pensamiento y la llevaría desde niña a empaparse de historia, arte y cultura, compartiendo con sus padres las obras de Ibsen o George Bernard Shaw y entablando debates sobre temas políticos y sociales. Le gustaba llevar el pelo corto como los hombres y que le llamaran “Jimmy”, como si fuera un niño; imitaba a los varones vistiendo pantalones de hombre, y sería su padre quien la pondría a la par del macho respecto a las destrezas físicas, enseñándole a nadar, bucear, cabalgar y luchar, y a practicar deportes como el tenis y el golf, este último en el que lograría algunas conquistas menores. Pero gustaba del cine y del teatro, quería ser actriz. Sus primeras tentativas vendrían por iniciativa propia, una vez convocara a algunos vecinos y montara ella misma pequeñas piezas teatrales, por las que cobraba una entrada a los padres por valor de 50 centavos, y cuyo recaudo estaba destinado a la comunidad del Pueblo Navajo. Un suceso marcaría la vida entera de la que un día se convertiría en la estrella más grande de Hollywood de todos los tiempos. Sucedería en abril de 1921, cuando Katharine encontró a Tom, su hermano más querido, colgado de una soga y sin vida, en un episodio que nunca se dilucidó si se trató de un juego fallido o de un ahorcamiento voluntario. La actriz asumiría la fecha del cumpleaños de su hermano como la fecha de su nacimiento, y tendrían que pasar setenta años para que develara el secreto que todos desconocían. La tragedia la llevó a abandonar sus estudios en la Kinswood-Oxford School para tomar clases privadas, y tres años más tarde volvería al claustro académico luego de haber ganado una beca en el Bryn Mawr College. Cuatro años más tarde se graduaría como Licenciada en Historia y Filosofía y, al día siguiente, sin espera, decidida, viajó a Baltimore para realizar su vocación más honesta de convertirse en actriz. De inmediato encontró un papel en la obra teatral, <em>The Czarina</em><em>, </em>y cuya actuación fue tildada por la crítica como “notable”, y a pesar de que su voz un tanto chillona generara descontento en los espectadores. Para solucionar este inconveniente, Hepburn se desplaza a New York y trabaja su fonética con un profesor particular, afianzándose en dicción y pronunciación y encarando cada vez más segura el camino hacia el estrellato. Su temperamento impulsivo y dominante le valdrían desde su debut el apócope de “La Zarina”. En su segunda obra de teatro su actuación no fue para nada convincente y no le permitieron seguir haciendo parte del proyecto. Interpreta a una colegiala en un obra de poco éxito, y un par de semanas después, a sus 21 años, abandonará los tablados para contraer matrimonio con un hombre ocho años mayor, Ludlow Ogden Smith, antiguo compañero universitario y empresario de Filadelfia, y con quien pronto comprendería que lo suyo no era el hogar, los planes de familia, la relación matrimonial, y no vacilaría para regresar a los escenarios, interpretando un personaje en la obra de teatro <em>Holiday,</em> y con la cual estaría comprometida durante los siguientes seis meses. Katharine le daría prioridad a su carrera, y a pesar de que las obras en las que participaría durante los siguientes tres años tuvieran críticas como: “Se ve un espanto, su actitud es inaceptable y no tiene talento”; y aquel director que se excusaría de no contratarla: “Para ser brutalmente sincero, usted no era muy buena”. Poco a poco la relación de pareja comenzó a enfriarse, y luego de cuatro años acabarían por divorciarse, pero esto no fue impedimento para que mantuvieran una estrecha relación de amistad hasta la muerte de Ludlow, en 1979. Hepburn confesaría sentirse siempre apoyada por su primer y único marido, y que incluso sería éste quien precipitaría su decisión de separarse, alentándole a continuar con su deseo más anhelado. “Fue él quien quizás preparó el camino para la ruptura al decirme que con mi talento podría conseguir lo que me propusiera.” En sus memorias, la actriz confiesa haberse aprovechado de alguna forma de este amor, comportándose con Ludlow como “un terrible cerdo.” Desde su divorcio, Katharine Hepburn asumió la tarea única de convertirse en actriz, renunciando a volver a casarse, y mucho menos a concebir hijos. En 1932 la obra <em>The warrior’s husband </em>significó el despegue de su carrera. El personaje requería estar en una condición física óptima, ya que desde el primer acto tendría que saltar de una escalera, llevando al hombro un ciervo y vistiendo una diminuta túnica color plata. La crítica del momento diría acerca de la prometedora actriz: “Han pasado muchas noches desde la última vez que una actuación tan brillante iluminó la escena de Broadway.” La obra se presentó durante tres meses en el Teatro Morosco, en Broadway; y sería en una de sus funciones donde un cazatalentos repararía en ella y la propondría a la famosa productora RKO para la película <em>A bill of divorcement</em><em>. </em>El director, George Cukor, creyó ver en Hepburn a “una extraña figura… no se parecía a nadie que hubiera oído jamás”, confesando que fue el movimiento fluido que hizo la actriz al tomar un vaso ése gesto natural que acabaría por convencerlo: “Pensé que era muy talentosa en ese movimiento.” El productor, el reconocido David O. Selznick diría que fue un “enorme riesgo” el jugársela con una actriz completamente desconocida. Pese a todo esto, y convencida de su talento, la actriz no tendría reparo en pedir en su contrato un salario de U$6.000 mensuales, y decir que venía ganando menos de U$500 mensuales con la compañía teatral. La productora consideró que finalmente su apuesta era por una actriz distinta, un poco salida de lo convencional, desafiante, y no perdería el juego, ya que la película sería un éxito en taquilla y la actriz protagonista, debutante, recibiría el aplauso del público y de la crítica, y por lo que RKO le propondría a Hepburn para que firmara con ellos un contrato a largo plazo. A partir de ese momento el director George Cukor se convertiría también en su amigo, y en su larga trayectoria alcanzarían a compartir el rodaje de una decena de películas. Ese mismo año, con su segunda película,<em> Christopher strong, </em>la actriz sería considerada por la crítica como “una personalidad distinta, firme y auténtica”, y a pesar de que la película no generara mayores ingresos de taquilla. A esta película le siguió <em>Morning glory</em>, de ese mismo año, y en donde la actriz le dio vida a la aspirante a actriz, Eva Lovelace, y cuyo guion vio de casualidad sobre el escritorio de un productor, y al echarle una ojeada pensó que el papel le sentaría como anillo al dedo, por lo que no dejó de insistir para que se lo dieran a ella. No se equivocó, siendo así que, con apenas 26 años, y tras filmar apenas tres cintas, Katharine se alzaba con la codiciada estatuilla del Oscar (ceremonia a la que asistiría solamente en una ocasión). Todo parecía indicar que su carrera, que apenas comenzaba pero en la que ya se había consagrado en lo más alto, prometería en adelante un sinfín de éxitos y por el resto de su vida. Y así parecía luego de encarnar ese mismo año a Jo en la adaptación cinematográfica de <em>Little women</em><em>, </em>que no sólo se convertiría en uno de los grandes éxitos de la industria del cine hasta el momento, sino que le valdría el reconocimiento a la Mejor Actriz en el Festival de Cine de Venecia. Se sintió alcanzar la cumbre con este papel, uno de sus preferidos de toda su carrera, y esto dijo de su interpretación: “Desafío a cualquiera a que sea tan buena ‘Jo’ como yo lo fui.” Y pese a que todo parecía ya un camino de rosas, los siguientes filmes constituyeron un verdadero fracaso en taquilla y la imagen de la gran actriz de Hollywood comenzó a decolorarse. En 1934 filmará con RKO la película <em>Spitfire, </em>en la que será una de sus peores interpretaciones<em>. </em>Respecto a esta película, Hepburn confiesa haber conservado el poster publicitario pegado a las paredes de su cuarto, como un recordatorio de “humildad”. Para ese momento se le ocurrió que podría ponerse a prueba como actriz si regresaba a demostrarlo en vivo y sobre las tablas de un escenario de teatro. Fue así como aceptó el ofrecimiento de un director teatral venido a menos, y por un sueldo irrisorio se comprometió con la obra <em>The lake, </em>que en un comienzo se presentó en Washington, DC, y unas semanas después en New York, y que no resultó para nadie atractiva, deslustrando aún más la carrera actoral de Katharine. No aceptó continuar con una gira de burlas, negándose a llevar la obra a Chicago y prefiriendo pagar al director U$ 14.000 por renunciar a su contrato. RKO le propone protagonizar dos películas que no lograron ningún tipo de trascendencia: <em>The little minister </em>de 1934, y al año siguiente el drama romántico <em>Break of hearts</em><em>. </em>Ese mismo año cobra nuevos bríos luego de interpretar a una mujer codiciosa que aspira escalar en su estatus social en la película <em>Alice Adams, </em>uno de sus roles favoritos, y que le valió su segunda nominación a los Premios de la Academia. A Hepburn se le dio la posibilidad de ser ella quien eligiera su próximo proyecto, y para 1935 comparte por primera vez el plató con Cary Grant en la película <em>Sylvia Scarlett, </em>de su amigo el director George Cukor, y que no gozaría del agrado del público pese a las tantas expectativas. Al año siguiente un par de películas que tampoco tendrían éxito: <em>Mary of Scotland</em><em>, </em>y en donde Hepburn encarnaría a la legendaria María Estuardo, y la película <em>A woman rebels</em><em>. </em>Ese mismo año audicionó para el papel de Scarlett O’Hara en lo que se convertiría en un clásico del Séptimo Arte: <em>Lo que el viento se llevó. </em>El productor David O. Selznick le confesaría más tarde que la descalificó porque le faltaba el poderío sexual de otras actrices, y “no puedo ver a Rhett Butler persiguiéndote durante doce años”. Parecía que en su carrera se avecinaba el debacle. Esto no sólo por la falta de espectadores que antaño colmaban los cines para ir a verla, sino porque su personalidad estaba chocando con el público y quizás esta fuera también la razón de su descontento. Su carácter imponente desafiaba continuamente a la prensa, mostrándose en ocasiones irrespetuosa en sus declaraciones, y negándose muchas veces al cariño de los fanáticos que se acercaban a ella para pedirle un autógrafo. No gustaba de dar entrevistas, y por estos motivos era conocida en el gremio como “Katharine de Arrogancia”. La caracterizó siempre el hacer las cosas a su manera, saltándose protocolos y riñendo con el sistema que regía en el Hollywood de aquel entonces, confrontando a periodistas y rechazándolos para que no estuvieran entrometiéndose en sus intimidades, y siguiendo unas costumbres que poco contrastaban con la clásica y superficial estrella de cine. No le gustaba asistir a galas y en pocas ocasiones visitaba un restaurante, y sin embargo confesaría que siempre disfrutó secretamente el que los medios no la hubieran olvidado nunca. Nadie podría negar que se trataba de toda una celebridad, pero no por ello gozaba del aprecio de todos. A muchos les parecía escandalosa sus maneras un poco masculinas, que reflejaba en un estilo de vida en donde conducía camionetas, solía prescindir de maquillaje y vestía ropa informal, poco glamurosa, descomplicada y de un estilo más bien varonil, y que siempre acababa imponiéndose como una moda entre las tantas mujeres que veían en Hepburn el vivo ejemplo de la mujer empoderada y reconocida en un mundo timoneado por hombres. De hecho, el Consejo de Diseñadores de Moda de Estados Unidos le otorgó un premio en reconocimiento a su destacada influencia dentro del ámbito de la moda femenina. Siempre dijo abiertamente lo que opinaba con respecto a cualquier asunto, y esto le valdría más de un contradictor y enemigo: “Soy una personalidad como así también soy una actriz. Muéstrame a una actriz que no sea una personalidad y me mostrarás a una mujer que no es una estrella.” Apoyaba las ideologías de políticos socialistas -aunque nunca se confesara partidaria de los ideales comunistas-, y desde inicios de la década de los cuarenta sería incluida en el listado del Comité de Actividades Antiestadounidenses por mostrar su oposición al brote fanático de anticomunismo. No se andaba con medias tintas, defendía abiertamente a las minorías y a todo tipo de pensamiento liberal. Se mostraba a favor del derecho al aborto, y se preocupaba, como su madre, por el control de la natalidad y por el sufragio femenino. “Yo soy atea y eso es todo. Creo que no hay nada que podamos saber excepto que debemos ser amables con los demás y hacer lo que podamos por otras personas”, dijo en una entrevista. Era practicante de los principios de <em>Reverencia por la vida</em> descritos por el Nobel de Paz Albert Schweitzer, pero no promulgaba ninguna doctrina ni creía en el “más allá”, y por su firmeza en estas declaraciones contestatarias, la Asociación Humanista Estadounidense la premiaría con el Humanist Arts Award. Una dama notablemente elegante, espigada, cuello fino y pómulos angulosos, un poco ajeno a la belleza impactante de otras actrices coetáneas, y sin embargo su plus estaría siempre en su espíritu imponente y en el poderío que desplegaba con su talento. Su voz sería uno de sus mayores distintivos, una voz como de emperatriz, afianzada en sus textos, convencida de lo que debía decir y a pesar de que hiciera de tímida, y siempre verosímil. Sus movimientos medidos, inteligentes y enérgicos, ya fueran pausados o ágiles. Te hacía reír. Era cómica, chistosa cuando tenía que serlo, dramática todo el tiempo. Diferente, femenina, muy mujer, a la que se le notaba eso que llamamos pasión. Se mezclaba al extremo en cada uno de los proyectos en los que participaba, y en ocasiones se pasaba de entrometida sugiriendo a los guionistas o proponiéndole al director cómo debía dirigir y al vestuarista cómo vestirla. Escenografía, iluminación, fotografía, tenía que ver con todo y en especial con lo suyo: actuar. Calculadora, ensayaba cada uno de sus gestos y desplazamientos; no olvidaba jamás sus textos, e incluso se le reconocía porque solía memorizar también las líneas de sus compañeros de reparto, de los cuales alguno diría: “Trabajo, trabajo, trabajo. Puede trabajar hasta que todos caigan rendidos.” Se hacía controladora y muchos de sus compañeros se quejaban de su talante de “mandona”, y una de sus amigas la comparaba con una “maestra”. “Choco con gente tan peculiar de alguna manera, aunque no termino de entender por qué. Por supuesto, tengo un rostro angular, un cuerpo angular y, supongo, una personalidad angular que golpea a la gente.” Para ese entonces la actriz se definía como una “persona yo, yo y yo.” Pese a todo esto, nadie dijo nunca que no mantuvo siempre un sentido de cordialidad y compostura, culta, irónica y controvertida, humana y humilde. Debido a su creciente impopularidad, Katharine abandona Hollywood y el cine para probarse nuevamente en las tablas, esta vez en la adaptación teatral de la novela <em>Jane Eyre</em>, con la que realizaría una exitosa gira por el país, pero la cual no se presentaría nunca en Broadway. Para ese momento Howard Hughes, el dueño de RKO -productora con la que la actriz había realizado la mayoría de sus filmes-, puso los ojos en la estrella más incandescente de la industria, y fue entonces cuando comenzaron un intenso amorío. El magnate llegaría incluso a proponerle matrimonio, pero la actriz había tomado la determinación de enfocarse únicamente en sus proyectos laborales y no ceder nunca más a la tentación de casarse, y así lo cumplió. Pese a su determinación, las siguientes cuatro películas serían nuevamente un fracaso en taquilla: en 1937 <em>Quality Street </em>y <em>Damas del teatro </em>(esta última coprotagonizada por Ginger Rogers), y para 1938 de nuevo junto a Cary Grant en la comedia <em>Bringing up baby (La fiera de mi niña), </em>y <em>Vivir para gozar, </em>de ese mismo año<em>.</em> Luego de esta seguidilla de tropiezos el público no la perdonaría y sería incluida por la crítica como una de las actrices consideradas por la industria como “veneno de taquilla”. Para ese momento también se romperá la relación que venía manteniendo con Hughes, y así mismo no quiso involucrarse en una quinta decepción, rechazando la próxima película con RKO y pagando U$75.000 como sanción por incumplimiento de contrato. Esta jugada solamente podía permitírsela quien tuviera el poder y la fortuna de Katharine Hepburn, que para 1938 ya Columbia Pictures le habría ofrecido protagonizar por tercera vez junto a Cary Grant, esta vez en la película basada en la obra teatral <em>Holiday</em>, una comedia que la crítica calificaría de forma benévola, pero que alcanzó un buen número en taquilla. El siguiente proyecto que le ofrecían empezaba a mostrar una reducción considerable de su salario, por lo que prefirió ausentarse de momento de los estudios de cine para batirse otra vez de cara al público. En 1940, con la obra teatral <em>The Philadelphia story</em><em>, </em>Katharine regresará victoriosa para demostrar la gran actriz que parecía haberse perdido en los años anteriores. Junto a James Stewart, la obra se iría de gira por varios Estados logrando más de 400 funciones, y un tiempo después una segunda gira lograría presentarse cientos de veces más, convirtiéndose en una de las obras más exitosas de la década que recién comenzaba, y logrando batir récord de taquilla en el emblemático Radio City Music Hall. Tanto fue el éxito de la obra, que la RKO se animó a llevarla al cine al año siguiente, valiéndole a Hepburn una tercera nominación al Oscar, así como el New York Film Critics Circle Award en la categoría de Mejor Actriz. La crítica del momento consagraba así su redención: “Volvamos hacia atrás, Katie, todo está perdonado.” Esta apuesta representó para Hepburn un verdadero resurgimiento: “Le di vida y ella me dio de nuevo mi carrera”, diría respecto a su personaje, para luego seguir apostándole al mundo teatral con la exitosa obra <em>Sin amor</em>, un guion escrito para ella y que fue por dieciséis semanas consecutivas un contundente éxito taquillero. En 1942 Hepburn se da el lujo de elegir su siguiente proyecto, esta vez con la Metro Goldwyn-Mayer, sin sospechar que más allá del éxito que le valdría su cuarta nominación al Oscar, la gran conquista tras el filme <em>La mujer del año </em>sería la aparición de quien sería su coprotagonista en otras tantas películas, y así también como en la vida real, en una extraña relación amorosa que se prolongó por más de 25 años, hasta la muerte del actor. Spencer Tracy tenía 41 años cuando conoció en el plató a su compañera de reparto, una actriz siete años menor que ella, de talante lésbico y con sus uñas sucias, diría tiempo después. Por otro lado, a la coprotagonista le pareció enseguida un tipo “irresistible”. Sea como fuera, la pareja congenió, y en adelante la vida de ambos estaría estrechamente ligada. Hepburn parecía querer de un hombre en su vida, como alguien a quién cuidar, y quizás lo más conveniente sería un colega, un hombre casado, y con quien tuviera un compartir que, muchos cuestionan, no trascendió nunca a los asuntos carnales. La carrera actoral de Hepburn durante la década de los cuarenta declinó considerablemente, en gran parte por entregarse a los cuidados de su compañero sentimental, un tipo ansioso que no podía dormir y que tenía problemas con la bebida. La pareja evitaba ser vista en público, queriendo en lo posible preservar su intimidad. Y a pesar de que la relación era conocida por todos, y año tras año un motivo diferente de escándalo, Tracy permaneció casado, y por su parte Katharine jamás intervendría en su matrimonio, manteniéndose alejada de la esposa de Tracy y respetando siempre un distanciamiento, que incluso mantendría al no asistir al entierro de quien también fuera el amor de su vida. A pesar de que no convivieron juntos, la pareja parece haber llevado una historia de amor de la que igual quedará el registro fílmico que los unió en nueve películas. El amorío serviría como una excusa para que los hombres se mantuvieran al margen y no anduvieran codiciando a la actriz, y a ambos serviría para desmentir en parte lo que tanto se especuló siempre sobre sus inclinaciones sexuales: que ambos eran homosexuales. Lo cierto es que Katharine estaba “ciegamente enamorada” del actor, tal cual lo diría una de sus más íntimas amigas, y así también lo confesaría ella, luego de que se atreviera a tocar en público el tema de su amor con Tracy, y toda vez que la esposa de éste falleciera. Ella lo consentía como a un hijo depresivo, desdibujando esa actitud de mujer independiente y empoderada que todos conocían, y siguiendo los caprichos de un ser al que Katharine definió como a un hombre “torturado”, pero al que nunca dejó de amar. “Fue un sentimiento único el que tuve por Spencer. Habría hecho cualquier cosa por él”, confesó. Decía no saber por qué su tanto amor por este hombre, y que no supo ciertamente cuáles eran los sentimientos de Tracy hacia ella: “Sólo puedo decir que nunca podría haberlo dejado… pasamos 27 años juntos que fueron para mí la felicidad absoluta”. Por haber trascendido las pantallas, esta larga aventura es recordada como una de las más legendarias del cine. La evidente química desprendida entre Tracy y Hepburn parecía desbordarse a todas luces desde el telón de la pantalla. El público lo notó desde el primer encuentro y así mismo la industria, por lo que sería la Metro Goldwyn-Mayer la que tomó ventaja reuniéndolos en 1942 para la película <em>La llama sagrada. </em>Un año más tarde Hepburn figuró en un simple cameo en la película <em>Stage door canteen</em><em>. </em>Un año más tarde protagonizó el filme de alto presupuesto, <em>Dragon seed, </em>y para 1945 vuelve a reencontrarse con Tracy en la exitosa película basada en la obra teatral <em>Sin amor. </em>En 1946 grabó <em>Undercurrent</em><em>, </em>y un año después se desplaza al Viejo Oeste estadounidense para rodar su cuarta película con Tracy: <em>The sea of grass, </em>y que al igual que las otras películas donde aparecían juntos, ésta también sería un éxito en taquilla tanto a nivel nacional como internacional. Ese mismo año, luego de exigirse en el piano para interpretar a Clara Schuman en el filme <em>Song of love, </em>Hepburn empezaría a destacarse como una figura progresista, al declararse opositora del creciente movimiento anticomunista que estaba gestándose en Hollywood. Estas declaraciones la alejaron de las salas de cine por nueve meses, hasta que se le ofreció remplazar a Claudette Colbert en la película <em>State of the Union</em><em>, </em>de la cual ya estaba enterada dado que el coprotagonista sería su adorado Spencer Tracy. El éxito estaba garantizado, y para 1949 reaparecerían juntos y por tercer año consecutivo en una película que Katharine definió “perfecta para Tracy y para mí”: <em>La costilla de Adán. </em>Por ese entonces la actriz se mudaría a California, y allí daría inicio a una relación sentimental con el que fuera su representante, Leland Hayward, quien pese a estar casado le propondría a Hepburn que se divorciaría de su mujer si ella accedía a casarse con él. La relación duró cerca de cuatro años, tiempo en el cual la actriz, convencida de empeñar sus esfuerzos vitales para consagrarse en su carrera, no declinó en su promesa de permanecer alejada de los compromisos matrimoniales: “Me agradaba la idea de ser una personalidad autónoma”, manifestó años más tarde, consciente de que la maternidad implicaba dedicar un tiempo con el que ella, sencillamente, no contaba en esta vida que eligió: “Habría sido una madre terrible… básicamente porque soy un ser humano muy egoísta.” En enero de 1950 encarna al personaje de Rosalind en la obra de Shakespeare, <em>As you like it, </em>queriendo demostrarse a sí misma que podía batirse con lo más clásico de la dramaturgia: “Es mejor probar algo difícil y fracasar que actuar segura todo el tiempo”, decía luego de haber celebrado casi 150 funciones en el Teatro Cort de New York. Y pese a esto de probar nuevas cosas, a partir de entonces se dedicará a interpretar, casi con exclusividad, personajes que le sentarán perfectamente ya que parecieran retratarla a ella misma. En 1951 se desplazará al Congo y rodará junto a Humphrey Bogart su primera película en Technicolor, <em>The African Queen, </em>experiencia de la cual luego publicaría unas breves memorias, con anécdotas como aquella de que estuvo a punto de abandonar el rodaje por haber enfermado de disentería. Por esta interpretación Hepburn sería nominada por quinta vez a los Premios Oscar, y representó su primer éxito de taquilla desde la vez que se vio con su coprotagonista predilecto en <em>The Philadelphia story. </em>En 1952 volverá la fórmula ganadora Hepburn-Tracy con el filme <em>Pat and Mike</em>, que sería como todas las demás en las que estarían juntos un gran éxito de taquilla y una de las más recordadas del dúo ganador. Esta actuación le significaría a Katharine una nominación al Globo de Oro a la Mejor Actriz Comedia-Musical. Ese mismo año se trasladará a West End, Londres, y estará durante las próximas diez semanas participando de la obra escrita por George Bernard Shaw, <em>The millionairess. </em>Pese a confesarse nerviosa al comienzo de cada función, la obra sería un éxito en taquilla, e incluso la actriz intentó de forma infructuosa que la propuesta fuera llevada al cine. En ese momento se tomará dos años de descanso antes de retomar para 1955 con la película <em>Summertime, </em>un film grabado en Venecia y cuyo personaje ya parecía la apuesta reiterada de Hepburn, la de una mujer solterona y solitaria que encontrará su aventura de amor, y pese a lo cual recibiría una vez más la postulación para el Premio de la Academia, y para muchos la mejor interpretación de su carrera. Yendo y viniendo entre el teatro y el cine, al año siguiente se embarca en otro proyecto sobre las tablas, realizando una exitosa gira por Australia con la compañía teatral Old Vic, encarnando a Portia en <em>The merchant of Venice, </em>a Kate en <em>The taming of the shrew </em>y a Isabella en <em>Measure for measure. </em>Al año siguiente volverá a ser nominada al Oscar por la película que protagonizaría junto a Burt Lancaster, <em>The rainmaker</em>, y en donde nuevamente hacía de una “solterona necesitada de amor” y a la que ya el público reconocía con facilidad. Se estaba dejando encasillar en el mismo y repetido papel y ella lo sabía de sobra: “Me estaba interpretando a mí misma. No fue difícil para mí recrear a esas mujeres porque yo soy la tía soltera.” A Katharine se le criticó muchas veces su falta de versatilidad al momento de elegir sus papeles, por lo mucho que se parecían y contrastaban con su personalidad y hasta con su vida. Pocas veces se alejó de la mujer refinada, adinerada, a veces antipática, fuerte, segura de sí misma, inteligente, y sin embargo vulnerable en cierto grado y hasta el punto de ser humillada, en lo que algunos decían se trataba de “la fórmula para el éxito de Hepburn.” Ella misma admitiría que en su momento empezó a sentirse cómoda con cada uno de estos personajes y así lo reconoce en una entrevista: “Creo que soy siempre la misma. Tenía una personalidad muy definida y me gustaba el material que mostrara esa personalidad.” Ese mismo año de 1956 rodaría la que fuera considera por ella misma como la peor película de su vida, la inmemorable adaptación de la comedia <em>Ninotchka, </em>y que se titularía <em>The Iron Petticoat</em>, y un año después volvería al refugio seguro de Tracy protagonizando otra película juntos después de cinco años sin compartir el set: <em>Desk set. </em>Se distanciará dos años de las pantallas para reaparecer en la adaptación al cine de la novela de Tennessee Williams, <em>Suddenly, last summer, </em>y en donde compartiría el protagónico junto a la también legendaria Elizabeth Taylor, y que Hepburn describió como una “experiencia completamente amarga”. Filmada en Londres, la actriz no supo entenderse con el director Joseph L. Mankiewicz, y acabaría escupiéndole el rostro como una forma de manifestar su descontento en medio de una pelea. A pesar de la amarga experiencia, el filme sería aplaudido por el público y la crítica, y una vez más Katharine sorprendía al ser nominada al Premio Oscar por su interpretación de la siniestra Violet Venable. Este momento representó el momento de maduración de la actriz, que según su biógrafo describirá como “el período en el que realmente fue hacia sí misma”. “Se creo a sí misma para sobrevivir y prosperar en Hollywood. Y para ello tuvo que reinventarse no una, sino varias veces”, comentaría algún crítico, resaltando la capacidad de Hepburn para caer y ponerse de pie, soñar y frustrarse, sobreponerse, reinventarse y volver a triunfar una y otra vez, ser todas las mujeres en el cine y en la vida misma. “Ese terrible personaje que yo inventé”, sería como se describió. Vuelve al teatro presentándose con éxito en el American Shakespeare Theatre de Stratford, Connnecticut, encarnando a Beatrice en la obra teatral <em>Much ado about nothing, </em>a Viola en <em>Twelfth night </em>y a Cleopatra en <em>Antony and Cleopatra. </em>En 1961 Tennessee Williams escribió el guion de <em>The night of the iguana </em>pensando en que la actriz podría darle vida a su personaje, pero a pesar de sentirse alagada, Katharine fue honesta al rechazar la propuesta por no sentirse identificada con un papel que a la postre acabaría interpretando Bette Davis. Para 1962 Hepburn decidió aceptar un salario muy por debajo de lo que acostumbraba, queriendo desafiarse en la versión cinematográfica de <em>Long day’s journey into night, </em>basada en la obra teatral de Eugene O’Neil. Este papel sería uno de los que más le costaría interpretar, así como uno de sus preferidos y para varios el mejor de su carrera. El filme tuvo gran éxito y de nuevo sería nominada a la codiciada estatuilla de la Academia, y así mismo sería candidata en la categoría de Mejor Actriz en el Festival de Cine de Cannes. Hepburn dijo que esta película era “la más grande obra que este país haya producido jamás”. Katharine se confesaba orgullosa por haberle dado vida a Mary Tyrone, una adicta a la morfina y que ella describiría como “el papel femenino más desafiante en el drama estadounidense.” En la década de los sesenta Katharine ya no estaría tan activa como hasta entonces, y esto no porque le faltaran los alientos ni menos las ganas de continuar rodando películas y presentándose en los más destacados escenarios de todo el mundo, sino para cuidar la frágil salud de su inseparable amigo, quien debido a una enfermedad cardiaca se notaba cada vez más cercano a la muerte. Katharine se mudó a casa de Tracy ya que éste vivía solo desde hacía varios años, y a pesar de que nunca se divorciaría. Rodarían una última película juntos y la que fuera también la más exitosa de todas, <em>Guess who’s coming to dinner</em><em>, </em>y a cuya grabación Spencer Tracy sobreviviría apenas dos semanas. Hepburn tuvo que esperar 34 años para que esta vez se alzara con su segunda estatuilla del codiciado premio, dedicándolo por supuesto a la memoria de Tracy, cuyo nombre no dejó de figurar nunca arriba en la pantalla, por debajo del nombre de Katharine Hepburn y porque así mismo ella lo deseaba. Katharine confesaría después de sus ochenta años que aún no se había atrevido a ver la película. Luego de hacer una pausa durante meses, la actriz retoma su vida y elige uno de los tantos guiones que le ofrecieron durante su ausencia, y es así como la veremos en la Abadía de Montmajour, al sur de Francia, junto a Peter O’ Toole en la película <em>The lion of Winter, </em>encarnando a la legendaria Leonor de Aquitania y en un rol que consideró como “fascinante”, y que para muchos superaba todos sus trabajos anteriores. El filme estuvo opcionado a ganar el Oscar en casi todas las categorías, incluyendo a la Mejor Actriz, siendo ésta la tercera vez que Hepburn se alzaba con el premio, y esta vez por segunda vez consecutiva. Antes de terminada la década la veremos en <em>The madwoman of Chaillot</em><em>, </em>para luego retomar las tablas de Broadway en un musical sobre la vida de Coco Chanel, un reto en el que tendría que cantar, siendo que no era ése su fuerte. Sin embargo la obra tuvo una gran acogida y la crítica sería benévola con ella: “Lo que carecía en eufonía lo compensaba en agallas.” Katharine confiesa con su ironía particular que esta sería la primera vez que se sintió amada y apoyada por el público, y su actuación le valió una nominación al Premio Tony en la categoría a la Mejor Actriz de Musical. Reacia en un principio a participar en filmes para la televisión, la mayoría de sus proyectos en adelante se concentrarían en este género. En 1973 la veremos debutando en la pantalla chica con una producción de Tennessee Williams, <em>The glass Menagerie. </em>Todos querían verla desde sus casas, el rating registró lo más alto en audiencia y su papel de la trastornada Amanda Wingfield le valdría la nominación al Premio Emmy. Un año después, y ya más cordial y abierta con el mundo, Hepburn sorprende a todos presentándose a la gala de los Premios Oscar por vez primera en su vida. Lo haría para entregar a Lawrence Weingarten el premio en memoria de Irving Thalberg. El público se puso de pie tan solo verla, y ella aprovechó para bromear: “Estoy muy contenta de no haber escuchado a nadie gritar: ‘ya era hora’”. Dos años más tarde probaría de nuevo en esta modalidad con la película <em>Love among the ruins, </em>y esta vez sí se alzaría con el Premio Emmy. Antes de regresar al tablado con la obra <em>A matter of gravity, </em>Hepburn rodará junto a John Wayne la película de vaqueros <em>Rooster Cogburn. </em>Durante su gira sufriría una fractura de cadera, pero siguió presentándose en vivo en una silla de ruedas, y para ese mismo año es condecorada con el People’s Choice Award. En 1978, luego de tres años de ausencia, regresa al cine para filmar el fracaso que representó la película <em>Olly olly oxen free, </em>y en la cual Hepburn confesó haber participado ya que en una de las escenas su personaje tendría que montar en globo. Porque uno podría imaginar que esto era lo único que le faltaba a Katharine Hepburn en la vida, pero no, porque todavía quedaría un sinnúmero de triunfos y homenajes. En 1979 regresa a la televisión con la última película que rodaría con el director George Cukor, <em>The corn is green</em>, esta vez en Gales, y por la que sería nominada por tercera ocasión en los Premios Emmy. Ese año, indiscutible para cualquiera, la gran estrella es incluida en el Salón de la Fama del American Theatre, además de haber sido laureada por el Sindicato de Actores con un premio por su Trayectoria. Por aquellos días Katharine comenzaría a mostrar indicios de Parkinson, pero esto no la detendría para seguir cosechando éxitos, y la enfermedad no logró afectarla más que si acaso al final de sus días con un ligero cabeceo continuo, más no así sus capacidades mentales y cognitivas. La actriz decide tomarse un tiempo, y por esos días presenciará una obra teatral presentada en Broadway y de la cual quedaría prendida. Se propuso llevar al cine la producción <em>On golden pond </em>por la intensidad de sus personajes, una pareja de ancianos haciendo hasta lo imposible por sobrellevar sus días, y cuyo personaje femenino parecía ideal para ella. La actriz Jane Fonda era quien tenía los derechos de la obra, y sería ella misma quien le ofrecería el papel a Hepburn para que compartiera el protagonismo con su padre, el ya veterano y aclamado Henry Fonda. A los 74 años vemos a Katharine sumergiéndose en Squam lake y cantando a todo pulmón, exigiéndose a todo nivel, y su actuación destacaría nuevamente como una de las mejores de su carrera, representando para ella su cuarto Premio Oscar, y hasta el día de hoy la única en conseguir tal hazaña. Recibió su segunda nominación al premio BAFTA y en taquilla la película sería también un éxito, convirtiéndose en la segunda película con más espectadores del año de 1981. Inagotable, ese mismo año interpreta sobre el escenario a una alentada anciana en la obra teatral <em>The west side waltz, </em>y por la que sería nominada por segunda vez al Premio Tony. El <em>The New York Times </em>comentaba por esos días: “Una cosa misteriosa que incuestionablemente ha aprendido a hacer es a respirar vida en líneas que no la tienen.” La estrella que era Katharine brillaba con más luz que todas las demás de esa constelación hollywoodense, y así lo demostró una encuesta llevada a cabo por la revista <em>People, </em>que una vez más y por elección del público la homenajeaba con el People’s Choice Award. En 1984, junto a Nick Nolte, protagonizará una comedia negra que parecía prometer pero que en realidad quedaría para el olvido, y un año después se propone producir un documental sobre la vida de su querido Spencer Tracy. “He tenido suerte, he amado y he sido amada. ¿Verdad, Spencer?”, decía delante de las cámaras a un busto de arcilla del actor. Los años siguientes estaría dedicada a películas para la televisión que tuvieron poca trascendencia pero que mantuvo siempre activa a la actriz, que luego de culminar un proyecto amenazaba una y otra vez con que esta vez sí que sería el último. Y sin embargo regresaba una y otra, y otra vez. Su papel en <em>Mrs. Delafield wants to marry </em>de 1986 le valdría otra postulación al Emmy, y para 1988, ya casi octogenaria, compartirá el plató con su sobrina nieta en la comedia <em>Laura Lansing slept here</em><em>. </em>Para 1991 el mundo se enterará de sus más secretas revelaciones luego de la publicación de sus memorias, y que durante ese año encabezaría el listado de los <em>best-seller</em>: <em>Me: stories of my life. </em>Allí nos contaría sobre una relación furtiva con el realizador John Ford, un hombre casado, alcohólico y depresivo por el que cambiaría toda vez conociera al tipo casado, alcohólico y depresivo que era Spencer Tracy. En 1992 regresa a la televisión compartiendo el set de grabación con Ryan O’Neal en <em>The man upstairs</em><em>, </em>actuación que le valdría la nominación al Globo de Oro. Ya pasados los ochenta años la leyenda viva continuaba todavía muy viva, y así lo muestra en el documental que realizaron sobre ella en 1993, <em>All about me</em>, y en donde aún se le notaba enérgica practicando el tenis y nadando, desenvolviéndose con encanto en una nueva pasión que la tenía obsesionada, la de pintar, y mostrando una faceta más reposada para darse finalmente a conocer sin las obsesiones del pasado. Para ese momento comenzarían los achaques de la vejez, y sin embargo en 1994 la veríamos en su última aparición televisiva en la película <em>One Christmas</em><em>, </em>por el que recibiría una nominación al Premio del Sindicato de Actores, para despedirse de las cámaras ese mismo año, a sus 87, con <em>This can’t be loved</em>, y en donde junto a la compañía de Anthony Quinn, Katharine interpretaría a un personaje poco exigente que para muchos volvería a tratarse de sí misma, y que incluso estaría inspirada en su propia vida. Ese mismo año, seis décadas después de haber ganado su primera estatuilla del Oscar, aparecerá por última vez en <em>Love affair</em><em>, </em>siendo esta la única vez que participará en una película con un rol secundario, aparte de aquel cameo de la película<em> Stage door canteen. </em>No descansó hasta el día de su retiro, luego del cual se trasladó a Old Saybrook, Connecticut, y durante sus últimos años estaría en compañía de su biógrafo de cabecera, Scott Berg, a quien le estaría contando durante casi dos décadas los pormenores de su vida con todas sus principales anécdotas, y que sería recogido en un libro publicado, según lo convenido por Hepburn, una vez ya estuviera ella muerta: <em>Kate remembered</em><em>. </em>En 1996 una neumonía la llevaría a ser hospitalizada, y para el año siguiente se vio en un estado que a muchos le pareció crítico, mostrando unos primeros indicios de demencia senil. Sin embargo viviría más de un lustro para gozar de los tantos honores que el mundo le tenía reservado por sus tantos méritos. En 1999 el American Film Institute reconoce en esta actriz a la “mayor estrella femenina de todos los tiempos en la historia de Hollywood.” Abrazaba un final glorioso: “No le temo a la muerte. Debe de ser maravillosa, como un largo sueño.” Y resulta difícil imaginar que algún día moriría, que, si no era ella, nadie más podría alcanzar la eternidad. Cuesta creer que así fue, que a mediados de 2003, a los 96 años, Katharine Hepburn muere en Fenwick, Connecticut, debido a un tumor maligno en su garganta. Conforme a lo que había manifestado, no se llevó a cabo ninguna clase de ceremonia religiosa, y según lo dispuesto por su voluntad sus restos serían inhumados en el Cedar Hill Cemetery, en Hatford, junto a los de su hermano Tom. También había dicho que sus pertenencias fueran subastadas y tras lo cual la familia recaudaría casi seis millones de dólares. Después de su muerte el presidente George W. Bush dijo que Hepburn “será recordada como uno de los tesoros artísticos de la nación”. Y de ella se dijo ya todo: que su estilo de vida “rompió el molde” de lo convencional en la industria de Hollywood, aportándole “una nueva visión de las mujeres”, representando de cualquier forma a la “mujer moderna” del siglo XX. “Hay mujeres, y además está Kate. Hay actrices, y además está Hepburn”, apuntaban los periódicos. “Una mujer asertiva de la que las mujeres puedan aprender y observar”, diría la prensa; y un director comentaba así sobre su legado principal: “Lo que nos trajo fue un nuevo tipo de heroína -moderna e independiente-. Era hermosa, pero no se fio de eso.” Finalmente destacar esta otra nota: “Más que una estrella de cine, Katharine Hepburn fue la santa patrona de las mujeres estadounidenses independientes.” La consagración la obtendría luego de 66 años de carrera, tras la cual aparecería en 52 películas (8 de ellas para la televisión) y en más de una treintena de obras teatrales. Se permitió explorar distintos géneros y representar las más exigentes piezas de los principales dramaturgos estadounidense de su época y de los clásicos de todos los tiempos. Doce veces candidata al Premio de la Academia, Katharine Hepburn con sus cuatro estatuillas es la más ganadora de todos los tiempos. Insuperable, la número uno, sobran los motivos para reconocer en Katharine Hepburn a la más grande estrella del cine. Ícono cultural, ejemplo de feminidad, Hepburn es sin dudarlo una de aquellas mujeres que cambiaron al mundo debido a su influencia ejemplar dentro de su género. Y así se lo hizo sentir el mundo cuando estaba viva y también después de muerta. Unos días después de su muerte, y durante toda una noche de julio, las calles y los teatros de Broadway apagarían sus luces como un tributo que le rendían a la reina de las actrices. Parques y avenidas que llevan su nombre, monumentos que la recuerdan, instituciones en pro del movimiento feminista, la Medalla Katharine Hepburn que es otorgada cada año a las “mujeres cuyas vidas, trabajo y contribuciones encarnen la inteligencia, el manejo y la independencia de la actriz ganadora de cuatro premios Oscar”. Libros, artículos, reseñas, películas, obras teatrales, documentales y biografías sobre ella. Su obra está expuesta en galerías y exhibiciones, como ocurre permanentemente en el Centro de Artes Culturales Katharine Hepburn, lugar de formación actoral y un museo que recuerda a la actriz, o en la Biblioteca de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Biblioteca Pública de New York en donde se mantiene la principal colección de pertenencias de la mítica actriz. Su imagen aparece en un sello postal que homenajeaba a las “Leyendas de Hollywood”, y en el 2015 el British Film Institute compiló el enorme material completo de todo su inmenso legado. ¿Premios? Los ganó todos, y en todas partes, y repitió muchas veces, dejándonos también las mejores películas de todos los tiempos. Colmada de todos los honores, decía satisfecha de una vida envidiable por cualquier mortal: “Me gusta la vida y he sido muy afortunada, ¿por qué no habría de ser feliz?”</p>
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        <author>Milanas Baena</author>
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        <pubDate>Fri, 22 Sep 2023 19:34:00 +0000</pubDate>
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