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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Wed, 24 Jun 2026 16:20:07 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de art | Blogs El Espectador</title>
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        <title>La ilusión de los polinomios generadores de primos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/la-ilusion-de-los-polinomios-generadores-de-primos/</link>
        <description><![CDATA[<p>En matemáticas, como en otros campos, las fake news existen y pueden propagarse sin filtro alguno, por lo que conviene mantener una actitud crítica y verificar cualquier contenido antes de contribuir a su propagación.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Frecuentemente he mencionado ejemplos que muestran cómo los números primos despiertan entusiasmo y representan un reto permanente que ha impulsado el desarrollo de diversas áreas de las matemáticas. Esa misma fascinación explica que, cada cierto tiempo, circulen noticias sobre supuestos descubrimientos o aplicaciones sorprendentes que captan la atención del público. Sin embargo, junto con los avances reales, también se difunden con rapidez —especialmente en redes sociales— afirmaciones infundadas, exageradas o directamente falsas. En matemáticas, como en otros campos, las <em>fake news</em> existen y pueden propagarse sin filtro alguno, por lo que conviene mantener una actitud crítica y verificar cualquier contenido antes de contribuir a su propagación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un ejemplo de este fenómeno es el que quiero compartirles, subrayando que, en matemáticas, incluso cuando un anuncio no sea estrictamente falso, presentar como profundo lo que en realidad es trivial constituye también una forma de engaño. Esa estrategia puede inducir a los incautos a elevar a la categoría de teorema lo que no pasa de ser un simple ejemplo, generando una ilusión de descubrimiento donde no la hay.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un interés especial dentro de la comunidad matemática ha sido, desde hace siglos, el deseo de contar con un generador de números primos, como si fuera posible construir o descubrir una máquina capaz de producirlos todos —o al menos una cantidad significativa— de manera sistemática. La idea resulta seductora: un mecanismo que, introduciendo ciertos parámetros, entregue una sucesión inagotable de primos sin necesidad de recurrir a pruebas de divisibilidad ni a algoritmos complejos. Sin embargo, esa aspiración ha chocado una y otra vez con la realidad matemática: aunque existen fórmulas y procedimientos que generan algunos primos, ninguno de ellos produce todos los primos ni evita la aparición de números compuestos; es decir, números que no son primos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace un tiempo me encontré con un mensaje en una red social que literalmente decía:</p>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;<math data-latex="x^{2} - 2999x + 2248541 \text{ produces 80 primes from } x = 1460 \text{ to } 1539"><semantics><mrow><msup><mi>x</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mn>2999</mn><mi>x</mi><mo>+</mo><mn>2248541</mn><mtext>&nbsp;produces&nbsp;80&nbsp;primes&nbsp;from&nbsp;</mtext><mi>x</mi><mo>=</mo><mn>1460</mn><mtext>&nbsp;to&nbsp;</mtext><mn>1539</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">x^{2} &#8211; 2999x + 2248541 \text{ produces 80 primes from } x = 1460 \text{ to } 1539</annotation></semantics></math>&#8220;.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, mi interés en ese anuncio me llevó a examinar el polinomio y a verificar tan sorprendente afirmación. Ese ejercicio, y lo que descubrí al hacerlo, fue precisamente lo que me motivó a escribir este artículo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empiezo por recordar que fue Leonhard Euler (1707–1783) quien dio a conocer el siguiente sencillo polinomio de segundo grado, con coeficientes enteros,</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="P(n) = n^{2} + n + 41"><semantics><mrow><mi>P</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo><mo>=</mo><msup><mi>n</mi><mn>2</mn></msup><mo>+</mo><mi>n</mi><mo>+</mo><mn>41</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">P(n) = n^{2} + n + 41</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">el cual genera 40 números primos distintos cuando <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math> toma valores desde 0 hasta 39. Durante mucho tiempo no se conoció ningún polinomio cuadrático que superara ese registro, hasta que G. Fung y R. Ruby descubrieron en 1990 el polinomio</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="F(n) = 36n^{2} - 810n + 2753"><semantics><mrow><mi>F</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo><mo>=</mo><mn>36</mn><msup><mi>n</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mn>810</mn><mi>n</mi><mo>+</mo><mn>2753</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">F(n) = 36n^{2} &#8211; 810n + 2753</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">que produce 45 primos para <math data-latex="0 \le n \le 44."><semantics><mrow><mn>0</mn><mo>≤</mo><mi>n</mi><mo>≤</mo><mn>44.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">0 \le n \le 44.</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, hasta donde yo sabía, no existía ningún polinomio de segundo grado con coeficientes enteros que generara más primos que este último. Por eso, encontrarme con el anuncio de un polinomio que supuestamente produce 80 números primos resultaba, al menos en apariencia, un avance extraordinario, más aún considerando que incluso se han organizado concursos en internet dedicados a buscar polinomios generadores de números primos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no es así. En realidad, aunque el anuncio no contiene ninguna falsedad explícita, sí resulta engañoso: efectivamente, el polinomio produce 80 números primos, pero no 80 primos distintos. Lo que hace es generar dos veces los mismos 40 primos que ya produce el polinomio de Euler. La secuencia completa no es más que una lista simétrica:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="1601,\, 1523,\, 1447,\, \ldots,\, 47,\, 43,\, 41,\, 41,\, 43,\, 47,\, \ldots,\, 1447,\, 1523,\, 1601."><semantics><mrow><mn>1601</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>1523</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>1447</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mo>…</mo><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>47</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>43</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>41</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>41</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>43</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>47</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mo>…</mo><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>1447</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>1523</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.1667em"></mspace><mn>1601.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">1601,\, 1523,\, 1447,\, \ldots,\, 47,\, 43,\, 41,\, 41,\, 43,\, 47,\, \ldots,\, 1447,\, 1523,\, 1601.</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">Y, además, esto no tiene nada de especial. De hecho, se observa fácilmente que un polinomio aún más simple que el anunciado —el propio polinomio de Euler con dos signos cambiados— también genera esos mismos 80 valores primos. Se trata de</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="Q(n) = n^{2} - n - 41,"><semantics><mrow><mi>Q</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo><mo>=</mo><msup><mi>n</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mi>n</mi><mo>−</mo><mn>41</mn><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">Q(n) = n^{2} &#8211; n &#8211; 41,</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">y basta con tomar <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math> entre <math data-latex="-39"><semantics><mrow><mo>−</mo><mn>39</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">-39</annotation></semantics></math> y <math data-latex="40"><semantics><mn>40</mn><annotation encoding="application/x-tex">40</annotation></semantics></math> para obtener exactamente la misma lista duplicada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero aprovecho para mencionar que la simetría aparece por una razón matemática muy simple y muy bonita: el polinomio es cuadrático y su eje de simetría pasa exactamente por el punto medio del intervalo donde se evalúa. Eso hace que los valores que produce al evaluar <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math> y al evaluar su «reflejo» respecto a ese eje sean idénticos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso del polinomio</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="Q(n) = n^{2} - n - 41,"><semantics><mrow><mi>Q</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo><mo>=</mo><msup><mi>n</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mi>n</mi><mo>−</mo><mn>41</mn><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">Q(n) = n^{2} &#8211; n &#8211; 41,</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">su eje de simetría está en</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="n = \frac{1}{2},"><semantics><mrow><mi>n</mi><mo>=</mo><mfrac><mn>1</mn><mn>2</mn></mfrac><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">n = \frac{1}{2},</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">y el intervalo que consideramos,</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="-39 \le n \le 40,"><semantics><mrow><mo>−</mo><mn>39</mn><mo>≤</mo><mi>n</mi><mo>≤</mo><mn>40</mn><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">-39 \le n \le 40,</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">está perfectamente centrado en 0.5. Por ello, <math data-latex="Q(n)"><semantics><mrow><mi>Q</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">Q(n)</annotation></semantics></math> y <math data-latex="Q(1-n)"><semantics><mrow><mi>Q</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mn>1</mn><mo>−</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">Q(1-n)</annotation></semantics></math> producen el mismo valor, duplicando así los 40 primos del polinomio de Euler.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La “magia” no está en el polinomio, sino en la simetría del intervalo. Cualquier polinomio cuadrático que replique los valores de Euler y se evalúe en un intervalo simétrico producirá exactamente el mismo efecto: duplicar los mismos 40 primos conocidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es fácil construir tantos polinomios como se quiera con esta misma propiedad. Basta reemplazar <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math> por <math data-latex="(n-a)"><semantics><mrow><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo>−</mo><mi>a</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">(n-a)</annotation></semantics></math> en el polinomio de Euler, para cualquier número <math data-latex="a \ge 1 "><semantics><mrow><mi>a</mi><mo>≥</mo><mn>1</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">a \ge 1 </annotation></semantics></math>. Por ejemplo, si tomamos <math data-latex="a=40"><semantics><mrow><mi>a</mi><mo>=</mo><mn>40</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">a=40</annotation></semantics></math>, obtenemos el polinomio</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="R(n) = n^{2} - 79n + 1601,"><semantics><mrow><mi>R</mi><mo form="prefix" stretchy="false">(</mo><mi>n</mi><mo form="postfix" stretchy="false">)</mo><mo>=</mo><msup><mi>n</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mn>79</mn><mi>n</mi><mo>+</mo><mn>1601</mn><mo separator="true">,</mo></mrow><annotation encoding="application/x-tex">R(n) = n^{2} &#8211; 79n + 1601,</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">el cual arroja los mismos 80 números primos cuando <math data-latex="n"><semantics><mi>n</mi><annotation encoding="application/x-tex">n</annotation></semantics></math> toma valores desde 0 hasta 79.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, el polinomio citado al inicio —presentado como una gran noticia— no es más que uno entre los infinitos que pueden construirse con esa misma propiedad. En efecto, basta elegir <math data-latex=" a = 1500"><semantics><mrow><mi>a</mi><mo>=</mo><mn>1500</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex"> a = 1500</annotation></semantics></math> en el procedimiento antes descrito para obtener exactamente el polinomio del anuncio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para complementar la información sobre el tema, conviene añadir que en la búsqueda de este tipo de polinomios aparecen los llamados «números afortunados de Euler»: números enteros positivos <math data-latex="m"><semantics><mi>m</mi><annotation encoding="application/x-tex">m</annotation></semantics></math> que cumplen la condición de que, para todos los enteros positivos <math data-latex="k&lt;m"><semantics><mrow><mi>k</mi><mo>&lt;</mo><mi>m</mi></mrow><annotation encoding="application/x-tex">k&lt;m</annotation></semantics></math>, el polinomio</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="k^{2} - k + m"><semantics><mrow><msup><mi>k</mi><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mi>k</mi><mo>+</mo><mi>m</mi></mrow><annotation encoding="application/x-tex">k^{2} &#8211; k + m</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">produce un número primo. Se puede demostrar que los «números afortunados de Euler» son únicamente seis:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><math data-latex="2,\; 3,\; 5,\; 11,\; 17,\; 41."><semantics><mrow><mn>2</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>3</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>5</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>11</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>17</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>41.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">2,\; 3,\; 5,\; 11,\; 17,\; 41.</annotation></semantics></math></p>



<p class="wp-block-paragraph">La verificación para <math data-latex="m=3"><semantics><mrow><mi>m</mi><mo>=</mo><mn>3</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">m=3</annotation></semantics></math> por ejemplo, se hace con los valores de <math data-latex="k = 1,\; 2."><semantics><mrow><mi>k</mi><mo>=</mo><mn>1</mn><mo separator="true">,</mo><mspace width="0.2778em"></mspace><mn>2.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">k = 1,\; 2.</annotation></semantics></math></p>



<ol class="wp-block-list">
<li>Para <math data-latex="k=1"><semantics><mrow><mi>k</mi><mo>=</mo><mn>1</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">k=1</annotation></semantics></math><br><br><math data-latex="1^{2} - 1 + 3 = 1 - 1 + 3 = 3."><semantics><mrow><msup><mn>1</mn><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mn>1</mn><mo>+</mo><mn>3</mn><mo>=</mo><mn>1</mn><mo>−</mo><mn>1</mn><mo>+</mo><mn>3</mn><mo>=</mo><mn>3.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">1^{2} &#8211; 1 + 3 = 1 &#8211; 1 + 3 = 3.</annotation></semantics></math><br><br>3 es primo.<br></li>



<li>Para <math data-latex="k=2"><semantics><mrow><mi>k</mi><mo>=</mo><mn>2</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">k=2</annotation></semantics></math><br><br><math data-latex="2^{2} - 2 + 3 = 4 - 2 + 3 = 5."><semantics><mrow><msup><mn>2</mn><mn>2</mn></msup><mo>−</mo><mn>2</mn><mo>+</mo><mn>3</mn><mo>=</mo><mn>4</mn><mo>−</mo><mn>2</mn><mo>+</mo><mn>3</mn><mo>=</mo><mn>5.</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">2^{2} &#8211; 2 + 3 = 4 &#8211; 2 + 3 = 5.</annotation></semantics></math><br><br> <math data-latex="5"><semantics><mn>5</mn><annotation encoding="application/x-tex">5</annotation></semantics></math> es primo.</li>
</ol>



<p class="wp-block-paragraph">Como ambos valores obtenidos son primos, queda verificado que <math data-latex="m=3"><semantics><mrow><mi>m</mi><mo>=</mo><mn>3</mn></mrow><annotation encoding="application/x-tex">m=3</annotation></semantics></math> es efectivamente un número afortunado de Euler.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una pregunta natural es si puede existir un polinomio no constante, con coeficientes enteros, que tome exclusivamente valores primos. La respuesta es no: cualquier polinomio de ese tipo, si se evalúa en todos los enteros, necesariamente produce infinitos valores compuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por lo tanto, la aparición de <em>fake news</em> matemáticas que prometen maravillas —como polinomios «milagrosos» que generan grandes cantidades de números primos— no debe engañarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La matemática es sutil, pero también implacable: lo que parece un milagro casi nunca pasa de ser una ilusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">@MantillaIgnacio</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130294</guid>
        <pubDate>Wed, 24 Jun 2026 16:19:25 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Catarsis sobre la democracia: Más allá del tribalismo del miedo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/putamente-libre-feminismo-artesanal/catarsis-sobre-la-democracia-mas-alla-del-tribalismo-del-miedo/</link>
        <description><![CDATA[<p>¿Tenemos o no presidente? El veredicto en las urnas es inapelable, la diferencia es matemática y la atmósfera democrática se ha tornado sencillamente irrespirable.</p>
<p>Escribo estas líneas con la autoridad vital que da la desventaja superada y desde una independencia absoluta. La izquierda colombiana demostró una fuerza masiva e incuestionable en el tarjetón; aun así, hoy enfrenta su encrucijada más oscura por haberse matriculado a ciegas bajo la marca de un solo hombre: Gustavo Petro. En una democracia real, el mandatario saliente tendrá que rendir cuentas ante las instituciones de la misma forma exacta en que le correspondió en su momento a Álvaro Uribe Vélez. Cuando las caretas de la superioridad moral se caigan, los extremos se verán obligados a mirarse cara a cara para reconocer sus profundas semejanzas estructurales.</p>
<p>No podemos seguir edificando un país desde el pánico ni desde la sumisión eterna. Les invito a leer esta disección detallada para desmontar la farsa del tribalismo, recuperar la autonomía intelectual y comprender por qué una tercera vía de centro es el único camino viable para salvar nuestra democracia del abismo de la polarización.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Abelardo De la Espriella versus Iván Cepeda</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por: Mar Candela Castilla</p>



<p class="wp-block-paragraph">El debate sobre la legitimidad de los recientes resultados electorales en Colombia se encuentra atrapado en una compleja encrucijada metodológica y conceptual. Por un lado, la investigadora Laura Bonilla expuso en su cuenta oficial de X, el 20 de junio de 2026, que los datos electorales oficiales solo permiten análisis a nivel municipal o veredal, mientras que el control territorial de actores armados se concentra en microterritorios delimitados, no en espacios completos de un municipio. Su análisis se enmarca en el marco teórico planteado por el sociólogo Francisco Gutiérrez Sanín en su obra <em>Clientelistic Warfare: Política y Violencia en Colombia</em> (Editorial Universidad de los Andes, 2019), donde se explica que las alianzas políticas no obedecen a directrices nacionales, sino que se negocian a escala local según lógicas propias de cada región. Según su criterio, para confirmar prácticas como el llamado voto fusil o proselitismo armado se requiere identificar patrones repetidos en al menos tres procesos electorales consecutivos y trabajo de campo directo, por lo que las inferencias basadas solo en cifras agregadas generan incertidumbre metodológica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, los analistas Mauricio García y Andrés Pachón, investigadores del Centro de Estudios Constitucionales y Sociales (CECONS), han publicado en el informe <em>Dinámicas de Poder y Elecciones en Colombia: 2022-2026</em> (mayo de 2026) que la historia electoral del país registra de forma constante la interacción entre violencia y dinámicas partidistas. En su estudio advierten que en zonas con trayectoria histórica de presencia de grupos armados se presentaron resultados electorales muy elevados para determinadas candidaturas, lo que permite suponer que estas prácticas pudieron haberse materializado en espacios específicos. Plantean que la dificultad para demostrarlo con los datos disponibles no equivale a su inexistencia, por lo que el escrutinio completo mesa por mesa se convierte en el paso fundamental para cruzar información y constatar con rigor lo que hasta ahora es materia de debate. Se trata por tanto de un fenómeno no binario, donde la duda metodológica y la experiencia histórica conviven en el análisis público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante este panorama de tensiones, resulta imperativo nombrar las responsabilidades con la mayor contundencia: Gustavo Petro desperdició de manera rotunda una oportunidad histórica para la transformación del país. El mandatario tenía pleno conocimiento de que el camino no sería sencillo; aun así, la constante improvisación, los recurrentes escándalos y una gestión operativa, administrativa y ejecutiva profundamente decepcionante terminaron por sepultar las expectativas ciudadanas, dejando a los sectores de izquierda ante una encrucijada crítica. La contienda en las urnas ya se definió; corresponde actuar bajo los principios de la madurez civil, reconocer a quien obtuvo el triunfo en franca lid y volcar los esfuerzos a defender la institucionalidad democrática. En mi ejercicio como educomunicadora y periodista ciudadana expresé en los escenarios de debate lo que consideraba necesario, de frente, con total independencia y sin cálculos acomodados. Hasta este punto llega mi participación en esa disputa, bajo la certeza de que un proyecto político que perdió el rumbo y traicionó sus promesas de mejora no merece respaldos eternos. Ejercer la autocrítica frente al poder no constituye un acto de traición; representa una obligación ética ineludible. Quienes gobernaron deberán asumir el costo de haber conducido a la nación hacia este escenario de vulnerabilidad. Muchas voces advertimos con suficiencia los descarrilamientos del proceso, las directrices erráticas y los riesgos de la soberbia, la cual prefirieron anteponer antes que abrirse a la corrección y al diálogo técnico. El resultado de ese empecinamiento está a la vista de toda la ciudadanía. Frente a la incertidumbre venidera, mi postura se mantiene firme: seguiré defendiendo los principios democráticos y los derechos humanos, no gobiernos ni caudillos de turno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando sostengo que la izquierda se encuentra en una situación crítica, es necesario hacer una precisión conceptual de rigor: este momento de quiebre no se debe a una falta de respaldo en las urnas. Los más de 12,6 millones de votos obtenidos por Iván Cepeda constituyen un caudal histórico incuestionable que le otorga una legitimidad indiscutible a su propuesta, consolidando a ese sector como una fuerza política masiva e impresionante que dejó atrás la condición de minoría marginal. La fragilidad real radica en el vaciamiento de su independencia: la izquierda está debilitada en la medida en que se convirtió en sinónimo exclusivo de petrismo. El error estratégico consistió en que casi la totalidad de los liderazgos progresistas se matricularon bajo la marca personal de Gustavo Petro, una subordinación identitaria que difícilmente tendrá larga duración. En una democracia real que ejerza un control político efectivo, el presidente saliente tendrá que rendir cuentas ante las instituciones y la sociedad de la misma forma exacta en que le correspondió en su momento al expresidente Álvaro Uribe Vélez. La historia se repite y las exigencias de transparencia deben ser idénticas: se requiere investigar formalmente y a fondo cada hecho presuntamente irregular acontecido en este gobierno. Si las evidencias lo ameritan, Petro deberá ser llamado ante la justicia. De materializarse este escenario judicial, la izquierda enfrentaría el periodo más complejo de su historia, trayendo consigo un desenlace saludable para el debate público: el derrumbe definitivo de la superioridad moral que exhiben los extremos. Sin pedestales éticos falsos, ambos bandos se verían obligados a mirarse cara a cara desde la ventana, reconociendo que, a pesar de sus discursos opuestos, guardan profundas y lamentables semejanzas estructurales. El futuro dirá qué rumbo toman los acontecimientos; no considero impecable la gestión de la izquierda petrista y resulta evidente que la entrega absoluta de las banderas sociales a un único apellido pasará una factura política sumamente alta en el porvenir partidista de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribo esta columna hoy, justo un par de días después de que las urnas de la segunda vuelta presidencial se cerraron y mientras los escrutinios oficiales confirman con precisión matemática lo que el preconteo nos arrojó el domingo. El debate nacional está encendido: ¿tenemos o no tenemos presidente? Considero que sí debemos aceptarlo. La diferencia en los números es mínima, un margen estrecho que nos ubica ante una realidad innegable. Este resultado ocurrió bajo la política del miedo, en unas elecciones donde las mayorías no estaban conformes ni felices; todo lo contrario, la ciudadanía salió resignada a las urnas. Votó mucha más gente de la habitual, buscando evitar lo que consideraban el mal mayor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La atmósfera democrática actual se ha tornado irrespirable. El gobierno saliente profundizó una horrible polarización cargada de miedo, un escenario donde todas las personas habitan la incertidumbre y ya nadie sabe en qué creer exactamente. Esta estrategia del antagonismo constante ha fracturado de tal manera la confianza colectiva que, paradójicamente, convierte al mandatario en el responsable principal del regreso de la derecha al poder. Al dinamitar los puentes y asfixiar los matices, su gestión clausuró la posibilidad de construir un proyecto de cambio sostenible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante este panorama, la urgencia de una tercera vía democrática —un partido sólido de centro— se hace evidente. Mientras esa alternativa real se consolida, surge una certeza ciudadana pragmática: para salvaguardar la democracia y asegurar algún tipo de equilibrio en el juego del poder, la alternancia drástica parece el único camino viable. Preferiría que la dirección del país cambie de manos de forma estricta, cuatro años para la derecha y cuatro años para la izquierda, antes que permitir que un solo bando arrase con las instituciones en nombre de su verdad absoluta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta realidad me evoca inevitablemente una época oscura que, por cuestiones cronológicas, no viví directamente. Nací en 1979, un año donde el Frente Nacional ya había concluido formalmente su vigencia de alternancia obligatoria (1958-1974), y los ecos de la violencia rural bipartidista de los años cincuenta se sentían lejanos en el calendario. Sin embargo, entiendo de forma nítida lo que sucedió gracias a la memoria viva de las personas adultas que me explicaron detalladamente ese horror. Comprendo perfectamente cómo el fanatismo sectario deshumanizó a la sociedad colombiana. Volver a recrear esos escenarios de odio totalitario, donde el país se divide de forma binaria entre salvadores y villanos, es un retroceso histórico que la ciudadanía no merece sufrir otra vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tocará esperar el rumbo de los acontecimientos. Es tiempo de comprender lo que está sucediendo: un país dividido, polarizado, asustado. Una realidad que supera la ficción. Ya es hora de empezar a pensarnos la democracia desde un lenguaje que construya, cuestionando la política social tanto como la política económica, encontrando la manera de proponer respuestas con filigrana pedagógica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El lugar de enunciación: Memoria y autoridad vital</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para comprender a cabalidad las tensiones de esta Colombia post-electoral, necesito situar el lugar exacto desde donde construyo este pensamiento. Esta narrativa no responde a la vanidad académica ni al ánimo de victimismo; se presenta para evidenciar que lo que aquí se afirma, se critica y se confronta nace de una autoridad vital grabada en la piel y una metaconciencia forjada en la superación que ha acompañado todo mi recorrido. Yo me ubico como educomunicadora y no doy por sentado que mis interlocutores e interlocutoras saben todas las cosas que menciono; por eso, desde el lenguaje educomunicativo, mi deber es explicar cada concepto con filigrana, desmenuzando los términos para que nadie quede excluido de la comprensión de este análisis.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nací en la pobreza extrema, una condición que marcó mis primeros años de vida en un entorno donde el sistema educativo tradicional no supo responder a mi realidad. Sin una red de apoyo familiar que comprendiera lo que significaba crecer en la precariedad, alcancé solo hasta octavo grado —la mitad del bachillerato—. En ese entonces era plenamente consciente de mi analfabetismo funcional, condición definida en estudios educativos como aquella en la que una persona, a pesar de dominar la lectura y escritura básica, no logra adquirir las herramientas necesarias para comprender textos complejos, redactar con fluidez o estructurar pensamientos con la profundidad que exige la autonomía intelectual. A los 21 años, sin haber validado la primaria ni el bachillerato, gané por mérito propio un espacio de formación en actuación, compitiendo con personas que buscaban la misma oportunidad. Fue un encuentro determinante que me acercó a los textos, a las historias y a la comprensión de la condición humana. Allí pude nombrar lo que hoy se define como alta sensibilidad, característica estudiada en neurociencia como una variación del sistema nervioso central que procesa estímulos sensoriales, emocionales y cognitivos con mayor intensidad y profundidad que el promedio poblacional. La vida siguió su curso en medio de profundas desigualdades y durante años continué construyendo mi formación de manera empírica y reflexiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Solo hasta los 33 años, tras múltiples intentos, logré validar mis estudios básicos. Lo hice con el propósito de ocupar mi lugar en el mundo con dignidad integral, sin sentirme en desventaja ni en condición de usufructuaria de espacios ajenos. Ese proceso fue posible gracias al acompañamiento de mujeres del tejido social que promovieron los recursos para mi empoderamiento. Debí esperar siete años más para ingresar a la educación superior; mientras tanto, me desempeñé como activista y periodista ciudadana, aplicando los conocimientos de la vida, aun sin contar con un título profesional, con convicción y experiencia demostrable. Finalmente, a los 40 años, una persona que prefirió mantenerse en el anonimato financió mi educación universitaria sin pedir lealtades ni obligaciones. Gracias a ello terminé mi pregrado y actualmente curso la Maestría en Interculturalidad y Educación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde la sociología se entiende mi trayectoria a través del concepto de movilidad social, definida como la capacidad de un individuo o grupo para desplazarse de un estrato social a otro, de forma ascendente o descendente. Nací en la pobreza y me resistí a permanecer en ella; hoy pertenezco a la clase trabajadora. Cuento con una familia donde, gracias a un empleo de carácter estable, no faltan los bienes fundamentales para la vida. Conozco con precisión la vulnerabilidad de este estrato: lo único que sostiene nuestra situación es el ingreso mensual, y su pérdida implicaría de nuevo el riesgo de caer en la privación. Esta dualidad —el logro alcanzado y la memoria de la precariedad— es lo que me permite ver la realidad sin filtros. Por ello distingo entre conciencia de clase y odio de clase. La conciencia de clase se define como la capacidad de identificar la propia posición social, comprender las dinámicas estructurales que la determinan y actuar con solidaridad estructural colectiva. El odio de clase se manifiesta como rencor irracional, que niega la complejidad de las relaciones sociales, estanca el progreso en demandas sin contrapartida y dificulta la construcción de soluciones compartidas. Mi autoridad proviene de la verdad inapelable de la desventaja superada a través del esfuerzo, la solidaridad real y una profunda formación académica.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desigualdades, capital y la farsa electoral</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No me alcanzaría una sola columna para desglosar la totalidad de mis testimonios de vida y mis experiencias, que abarcan realidades profundamente complejas. Es necesario visibilizar un asunto altamente problemático: el impacto que produce la llegada abrupta del dinero a la vida de una persona cuya historia ha estado atravesada por las desigualdades, por factores psicosociales desfavorables y por traumas personales derivados de la carencia. La existencia me permitió experimentar en un momento dado la posesión de una cantidad de dinero exuberante que bajo ninguna circunstancia esperaba. Al tenerla en mis manos, el peso de los vacíos históricos y la falta de preparación previa hicieron que no supiera qué hacer con ella, lo que me llevó a un proceso de reestructuración personal y conceptual. Tuve que volver a entender la existencia desde la perspectiva de quienes no tienen recursos, reafirmando que los medios económicos son importantes, si bien su efectividad real tiene que ir de la mano de la formación, de la información veraz, de la capacidad para asumir responsabilidades estructurales, de la actitud constructiva y del talento desarrollado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por esta razón resulta indispensable pensarnos un capitalismo humanista, modelo económico que protege la libre empresa, el mercado y la propiedad privada, sitúa el bienestar de las personas, el acceso equitativo a las oportunidades y el desarrollo integral como los ejes rectores de la productividad, impidiendo que el capital se deshumanice o se convierta en una herramienta de opresión. Mi forma de ser y pensar se ha consolidado con respaldo profesional: soy una persona autista, disgráfica y con alta sensibilidad. Esta condición constituye una perspectiva distinta para percibir lo que permanece oculto: las reglas no escritas, los mecanismos de dominación y la forma en que se construye la opinión colectiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia colombiana funciona actualmente como una farsa coercitiva donde la deliberación técnica, ejecutiva o programática ha desaparecido. Asistimos a una movilización histórica: más de 12 millones de personas respaldaron la opción de Abelardo De la Espriella y una cifra equivalente arropó la propuesta de Iván Cepeda. El análisis operativo de estas cifras revela un contexto complejo que invita a la reflexión. Esta histórica afluencia de ciudadanos y ciudadanas a las urnas no fue la consecuencia de una ya madurada ola de conciencia democrática o de una epifanía colectiva sobre el destino nacional. Millones de personas salieron a las calles impulsadas por la necesidad de manifestarse, buscando desahogar el pánico profundo que la campaña mediática sembró en sus conciencias. En Colombia no se votó esperando lo mejor para el país; se votó con el único objetivo de contener un mal mayor. El electorado acudió a las urnas movido por el temor, atrapado en una encrucijada donde la deliberación política desapareció para dar paso a la gestión del riesgo percibido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal como se describe en estudios sobre comportamiento electoral, las elecciones se convierten en momentos de polarización extrema donde el voto funciona como un mecanismo de protección frente a la amenaza percibida del bando contrario. Para la mitad del país, el peligro inminente estaba encarnado en Abelardo De la Espriella, percibido como figura asociada a cambios estructurales profundos. Para la otra mitad, el espanto se materializaba en la figura de Iván Cepeda, presentado como representante de una línea política determinada. La ciudadanía no eligió modelos de desarrollo; eligió la alternativa que consideró menos dañina frente a la perspectiva de cambio radical propuesta. Incluso el voto en blanco y el notable incremento del voto nulo fueron respuestas directas a este diseño del escenario electoral. No constituyeron salidas cómodas ni posturas de tibieza intelectual; fueron la manifestación física de la postura de miles de personas que no se reconocieron en ninguna de las propuestas presentadas. Vivimos una etapa donde la democracia se ve atravesada por dinámicas de polarización y manipulación de percepciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El asunto del proselitismo armado es un tema que ha sido cuestionado históricamente en este país. Se trata de una situación delicada que se ha presentado en distintas campañas a lo largo del tiempo. En esta ocasión hay quienes afirman que también se presentó. Para sostener esta afirmación se requieren pruebas contundentes, evidencias reales y verificables, que se presenten ante la autoridad competente para su revisión. Sabemos que estas versiones han circulado y también reconocemos que, a lo largo de la historia, el proselitismo armado ha estado presente en mayor o menor medida para favorecer a ciertas candidaturas. Igualmente tenemos conocimiento de que algunos grupos armados expresaron abiertamente su respaldo a Iván Cepeda, situación que fue denunciada públicamente por Claudia López.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario contrastar esta información con las realidades del tejido social independiente. Es cierto que miles de ciudadanos, ciudadanas y colectivos organizados reunieron recursos propios para la mejora de las condiciones de desplazamiento de votantes: pagaron transportes y cubrieron gastos para que la gente pudiera acudir a las urnas por decisión propia. No es justo ni preciso desconocer esta realidad comunitaria, homologando toda movilización popular a la influencia de los actores al margen de la ley. Colombia es una nación marcada históricamente por la influencia del narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla y la corrupción; en este contexto, cualquier escenario resulta posible. Si existe evidencia real de que la movilización masiva en las periferias se produjo por presión armada a favor de alguna candidatura, esa información debe demostrarse ante las instancias correspondientes con rigor y sin generar alarmas destinadas a infundir terror.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tengo constancia de que muchas organizaciones civiles recolectaron fondos de manera autónoma para que personas de bajos recursos económicos pudieran llegar a los puestos de votación. En contraste, en zonas urbanas como Bogotá, muchos trabajadores y trabajadoras de la clase menos favorecida no lograron ejercer su derecho al voto por no obtener permisos de carácter laboral en sus empleos. Es una realidad innegable: el voto sigue siendo, en la práctica, un privilegio de clase. No todas las personas cuentan con las mismas condiciones de tiempo, recursos o libertad para ir a sufragar. Esa exclusión estructural ha sido la verdadera cara de nuestra democracia a lo largo de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Desmontar el secuestro de las causas y el dolor</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El propósito fundamental de esta reflexión sobre la democracia colombiana es denunciar y desmontar el tráfico de derechos, la instrumentalización del dolor, el secuestro ideológico de las causas sociales por parte de los paradigmas partidistas de turno y, por encima de todo, levantar una demanda innegociable por la libertad individual y colectiva. Todos y todas deberíamos ser profundamente agradecidos por los apoyos recibidos a lo largo de la vida. El tejido humano se sostiene cuando reconocemos la solidaridad recibida, y todos y todas deberíamos actuar con reciprocidad y responsabilidad para impulsar las transformaciones sociales que el país reclama de manera urgente. El servicio mutuo es la base de la dignidad humana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es necesario trazar una línea ética divisoria: nadie, absolutamente nadie en esta tierra está obligado a mantener obediencia permanente a otra persona. La gratitud por los apoyos recibidos jamás puede confundirse con una hipoteca de la conciencia o una sumisión perpetua, por mucho que signifique la compañía de determinados liderazgos en la historia del país, por mucho que hayan aportado sus procesos y por valioso que haya sido su papel en su momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Rechazo tajantemente la pretensión clasista e inaceptable de que las personas que pertenecemos a las clases medias trabajadoras y que hemos venido desde las entrañas de la desventaja tengamos por obligación una deuda de obediencia eterna con una fuerza política determinada o con el redil ideológico de la izquierda petrista. Las causas sociales en este país existen, han existido desde antes y desde siempre. Seguirán existiendo con fuerza propia y sin matrícula partidista; existen independientemente de cualquier Mesías o color de bandera. Es profundamente violento que se pretenda forzar a una persona a adherirse a un único redil ideológico, aunando o anulando su capacidad crítica, bajo el pretexto de que su origen popular la condena a ser sumisa a una postura o a una bandera política. Habito el &#8220;sin lugar&#8221;, un territorio de independencia absoluta donde mi voz no se negocia ni se somete a casillas de identidad estatales para obtener representatividad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda insistió de manera reiterada en que un modelo con características sociales y económicas determinadas era lo que su campaña proponía y buscaba para el país. Su discurso no logró convencer a una inmensa porción del electorado por encontrarse ligado de manera directa a la línea política del gobierno anterior. Su propuesta careció de fuerza persuasiva debido a que, hasta el último momento, se introdujeron modificaciones en sus planteamientos para responder a coyunturas y directrices externas. Tampoco logró conectar plenamente porque el país fue privado de debates abiertos y profundos donde se pudieran contrastar los modelos con rigor técnico y ejecutivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En lo personal, tenía una claridad absoluta desde hace mucho tiempo: mi postura política se definió con antelación, independientemente de las contiendas electorales. La democracia no se define por la voluntad de un individuo aislado; estas elecciones fueron el resultado de millones de personas tomando decisiones bajo la influencia de factores emocionales y contextuales. Por un margen muy estrecho, el escenario colectivo permitió que ganara Abelardo De la Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos entender la historia del país, reconocer el dolor histórico, tratar de restituir derechos a las víctimas, buscar la reparación y no permitir que la impunidad se convierta en cultura. Paralelamente, tenemos que avanzar. No hay otra vía posible. No podemos quedarnos estancados en la memoria del sufrimiento. Tenemos que poder leer las páginas de nuestra historia y seguir avanzando, de manera que logremos asimilar la vivencia colectiva, aun cuando algunas partes nunca podamos comprender plenamente. De eso se trata la reexistencia: la construcción de vida y futuro fuera de los márgenes impuestos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entender que la corrupción y la violencia atraviesas de manera transversal toda la historia de la política colombiana es una realidad sumamente dura. Es doloroso saber con certeza que habitamos un país donde ejercer los derechos políticos, levantar la voz o manifestar disidencia nos puede costar la vida. No se nos puede olvidar la memoria de los cientos de personas que han perdido la vida en el territorio nacional por el simple hecho de ser activistas, por defender los derechos colectivos, por no alinearse con posturas determinadas, por militar en sectores políticos diversos o, en incontables ocasiones, por mera sospecha en medio del conflicto armado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el periodo gubernamental reciente, cientos de pacientes perdieron la vida dentro de un sistema de salud que se propuso renovar y transformar. Al no contar con el consenso técnico ni con la viabilidad operativa para sacarlo adelante, las decisiones institucionales terminaron por colapsar la estructura de aseguramiento y prestación de los servicios. La realidad objetiva es que el sistema colapsó y ese desabastecimiento cobró vidas humanas reales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venimos de ejercicios políticos profundamente violentos que se han manifestado en todos los colores ideológicos y en todas las formas posibles. Es la hora de que entendamos lo que verdaderamente está sucediendo: la sociedad colombiana está asustada y estamos edificando una noción de país a partir del terror. Nada bueno ha surgido jamás cuando el motor que lo impulsa es el pánico. Tenemos la obligación ética de encontrar la manera de hacer política donde la deliberación democrática no proceda del temor, ya sea este de carácter moral, psicológico o físico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El andamiaje teórico: La coordinación tribal y la hipermoralización</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí es donde mis señalamientos encuentran su eje central en la tesis de David Pinsof, expresada en su ensayo <em>Democracy is Bullshit</em> (2026). Este texto constituye el marco conceptual que sustenta este análisis. Mis posturas dialogan directamente con estas ideas para desarmar la visión romántica de la democracia, al demostrar que los sistemas electorales no son espacios libres de deliberación racional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La democracia funciona como un mecanismo de coordinación grupal donde las propuestas políticas y los discursos morales no operan como conocimientos técnicos, sino como señales de lealtad para aglutinar bandos, acumular estatus y enfrentar al adversario. El conocimiento auténtico y la libertad individual suelen ser sacrificados en el altar de la aprobación colectiva, obligando a la ciudadanía a adoptar posiciones dogmáticas solo para demostrar pertenencia a una coalición. Esta dinámica se define como tribocracia: orden político donde la sociedad se fragmenta en grupos cerrados, unidos por vínculos de identidad y lealtad, más que por ideas o acuerdos. Su regla fundamental es la división entre quienes pertenecen al grupo y quienes son considerados ajenos o enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La tribocracia opera a través de dos mecanismos centrales: la indoctrinación y las doctrinas que limitan la libertad. La indoctrinación consiste en transmitir una única versión de la realidad de forma unidireccional, sin permitir duda ni confrontación con otras perspectivas. Su objetivo es generar seguidores obedientes, no personas con pensamiento propio. Por su parte, las doctrinas que restringen la libertad se presentan como la única vía hacia la justicia, imponiendo un modelo único de pensamiento y conducta que elimina la pluralidad de visiones mediante la repetition de consignas vacías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta dinámica se ve agravada por la hipermoralización detallada por Pablo Malo Ocejo, donde las demandas sociales se convierten en armas punitivas de linchamiento público y estigmatización grupal. Vivimos el fenómeno que Pier Paolo Pasolini denominó el &#8220;fascismo de los antifascistas&#8221;. Sectores que se proclaman enemigos del autoritarismo adoptan métodos dictatoriales de censura, cancelación y deshumanización contra la disidencia. Este totalitarismo moral se disfraza de corrección política para exigir obediencia ciega, transformando la justicia social en un pretexto para el control de las conciencias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La lucidez de la orilla comunitaria: La urgencia del equilibrio</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Como mujer que habita este rincón del mundo, soy plenamente consciente de mi escala. Yo sola no puedo fundar movimientos ni proponer grandes transformaciones estructurales; carezco de la riqueza económica, del poder institucional y de la fuerza política organizada para alterar este tablero por mi propia cuenta. Soy una sola ciudadana frente a maquinarias gigantescas. Sin embargo, desde la orilla de la comunicación ciudadana, la labor periodística comprometida con el desarrollo humano, la experiencia viva acumulada en el cuerpo y las herramientas conceptuales aportadas por mis estudios sobre interculturalidad crítica, se me hace un imperativo ético advertir la realidad sin rodeos. Con base en esta visión, resulta completamente evidente que la sociedad colombiana necesita con urgencia una tercera vía democrática y un partido sólido de centro con el carácter necesario para sacarnos del secuestro de los extremos ideológicos. Mientras esa opción se forja colectivamente en el tejido social, la sensatez nos obliga a valorar la alternancia drástica de fuerzas como un mecanismo para asegurar el equilibrio mínimo. Romper la inercia del miedo totalitario y devolverle la autonomía intelectual a las personas es el único camino para resguardar las instituciones, permitiendo que la democracia sobreviva más allá de las fronteras de la manipulación y el fanatismo corporativo.</p>
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        <author>Mar Candela</author>
                    <category>Putamente libre - Feminismo Artesanal</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130731</guid>
        <pubDate>Wed, 24 Jun 2026 00:54:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Catarsis sobre la democracia: Más allá del tribalismo del miedo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mar Candela</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Los cuatro años del tigre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/los-cuatro-anos-del-tigre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Abelardo de la Espriella llegó a la Presidencia. Con ello terminó la campaña y comenzó algo mucho más difícil: la realidad. Su principal desafío no será la izquierda, ni Iván Cepeda o Gustavo Petro, ni siquiera la oposición. Su verdadero reto será gobernar una Colombia que ya no se parece al país que conocieron los [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella llegó a la Presidencia. Con ello terminó la campaña y comenzó algo mucho más difícil: la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su principal desafío no será la izquierda, ni Iván Cepeda o Gustavo Petro, ni siquiera la oposición. Su verdadero reto será gobernar una Colombia que ya no se parece al país que conocieron los últimos gobiernos de derecha. Es tentador interpretar su llegada al poder como un regreso a fórmulas que parecían conocidas. Sin embargo, casi todas las condiciones materiales, sociales y culturales que definieron aquellas épocas han cambiado profundamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También conviene entender quién es el hombre detrás del personaje. Aunque nació en Bogotá en 1978, Abelardo de la Espriella pertenece culturalmente a un sector privilegiado de la costa que mezcla el orgullo regional con una ambición desbordada. Creció en Montería, en una familia profundamente vinculada al derecho y al servicio público. Su padre fue magistrado y notario; el mundo de las leyes estuvo presente desde temprano en su formación. Estudió en La Salle de Montería y posteriormente se trasladó a Bogotá para estudiar Derecho. Mucho antes de imaginar una carrera política, ya parecía interesado en otra forma de poder: la capacidad de persuadir, de negociar y de imponerse mediante la palabra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de ser candidato, antes de convertirse en fenómeno político, construyó una reputación nacional como abogado litigante. Durante más de dos décadas cultivó una imagen poco habitual en las élites colombianas: la del abogado exitoso que no ocultaba el éxito. Mientras buena parte del establecimiento tradicional prefería la discreción, él convirtió la prosperidad en una marca personal. Trajes finos impecables, relojes visibles, automóviles exclusivos, ópera italiana, redes sociales y una narrativa permanente de triunfo individual. Para sus admiradores era la demostración de que en Colombia todavía era posible ascender; para sus detractores, una exhibición excesiva. En cualquier caso, logró algo poco frecuente: transformarse en personaje antes de convertirse en político.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como ocurre con casi todos los abogados que alcanzan notoriedad pública, su trayectoria profesional también estuvo acompañada de controversias. A lo largo de los años representó a empresarios, dirigentes políticos y figuras envueltas en disputas judiciales de alto perfil, lo que alimentó tanto su fama como las críticas de sus adversarios. Sin embargo, conviene poner ese hecho en perspectiva. Los grandes abogados suelen encontrarse precisamente donde están los conflictos más complejos, los intereses más grandes y los casos más controvertidos. Ocurre en Colombia y ocurre en todas partes. Los despachos más prestigiosos de Nueva York, Washington, Londres o París han construido buena parte de su reputación defendiendo clientes polémicos, impopulares o sometidos al escrutinio público. El prestigio de un litigante rara vez se construye administrando asuntos sencillos; suele forjarse navegando las tormentas que otros prefieren evitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, la paradoja de los abogados célebres es que su reputación suele depender menos de los clientes que generan consenso que de aquellos que dividen a la opinión pública. La historia de la profesión está llena de juristas admirados que defendieron causas impopulares. No porque compartieran necesariamente las ideas o conductas de sus representados, sino porque entendían que el derecho existe precisamente para operar donde las pasiones políticas, morales o sociales vuelven más difícil la defensa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hablemos de nuestro país; Colombia dejó de ser una sociedad predominantemente rural. La pobreza sigue siendo uno de los grandes desafíos nacionales, pero sus dimensiones y características son distintas a las de hace dos décadas. La natalidad se ha reducido de manera sostenida. Las ciudades concentran cada vez más las tensiones económicas, políticas y culturales. Y quizás el dato más importante de todos: las izquierdas nunca habían acumulado tanto poder institucional, burocrático, académico y cultural como el que poseen hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La victoria de Petro no fue una anomalía histórica. Fue la expresión de transformaciones profundas que continúan presentes en la sociedad colombiana. La salida de la izquierda del gobierno no implica su desaparición como fuerza política. Por el contrario, seguirá siendo un actor central en la disputa por el rumbo del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, los cuatro años del tigre no serán una restauración del pasado. Serán una prueba de adaptación al presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese escenario aparece una figura fundamental: José Manuel Restrepo. Mientras el presidente encarna la visión política, Restrepo representa la capacidad de convertir las ideas en resultados. Su trayectoria académica, su experiencia administrativa y su conocimiento del Estado lo convierten en una de las piezas más importantes del nuevo gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Toda administración necesita un estadista capaz de conectar la ambición con la ejecución. Gobernar no consiste en ganar discusiones en redes sociales ni en acumular titulares. Gobernar consiste en lograr que las instituciones funcionen, que la economía crezca, que la seguridad mejore y que los ciudadanos perciban cambios concretos en su vida cotidiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo llega al poder con ventajas que pocos presidentes han tenido. Cuenta con un sector amplio de los gremios, del empresariado y de la economía formal dispuesto a colaborar con su administración. La tecnocracia colombiana, una de las más sólidas de América Latina, parece estar a la orden para acompañar la ejecución de su proyecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, ninguna de esas ventajas garantiza el éxito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el ingrediente más complejo de su presidencia es otro: tendrá que hacerlo mejor que Petro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En casi todo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La seguridad, el crecimiento económico, la inversión, el empleo, la confianza institucional y la gestión pública serán comparados permanentemente con el gobierno anterior. Esa será la verdadera medida de su éxito o de su fracaso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la presión será enorme.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una parte importante de la izquierda y también sectores del centro encontrarán razones políticas para desear que su administración no funcione. No necesariamente por animadversión personal, sino porque la política rara vez se organiza alrededor del bien común. Con frecuencia se mueve alrededor de intereses, incentivos y cálculos de poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El fracaso del tigre podría convertirse en la principal plataforma electoral de sus adversarios dentro de cuatro años. El éxito del tigre, por el contrario, podría alterar profundamente el equilibrio político colombiano durante una generación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tampoco llegará con poder absoluto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay instituciones que no puede desmontar, incluso si quisiera hacerlo. La Jurisdicción Especial para la Paz, la arquitectura jurídica derivada del proceso de paz y buena parte de las transformaciones institucionales de las últimas décadas forman parte de un entramado constitucional que no desaparece por decreto. Gobernar Colombia exige entender que existen límites. El poder presidencial sigue siendo enorme, pero ya no es omnipotente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego está Washington.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La relación con Estados Unidos será uno de los aspectos más interesantes de observar durante estos años. Nunca antes Colombia había tenido un gobierno tan naturalmente alineado con las prioridades estratégicas de Washington. Esa cercanía puede traducirse en respaldo diplomático, inversión, cooperación y oportunidades económicas. Pero también implica asumir presiones y obligaciones que ningún aliado puede ignorar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las peticiones de Washington, especialmente bajo una administración republicana fuerte, no siempre se percibirán como simples sugerencias. Habrá asuntos comerciales, migratorios, energéticos, de seguridad y de política regional en los cuales la autonomía colombiana será puesta a prueba. La cercanía con la potencia más influyente del mundo tiene ventajas evidentes. También tiene costos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás una de las mayores fortalezas de Abelardo sea algo menos visible que sus discursos: su ausencia de ingenuidad. Se trata de un dirigente extraordinariamente audaz, con una inteligencia política poco común y una comprensión bastante precisa de cómo operan el poder y los incentivos. Rara vez subestima a sus adversarios y difícilmente confunde los deseos con la realidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa virtud podría ser decisiva en una época donde la política suele castigar a los ingenuos con especial severidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero incluso la inteligencia tiene límites frente a la magnitud del desafío colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque el país que recibe no es únicamente una economía, una burocracia o un territorio. Es una sociedad fragmentada, diversa y muchas veces desconfiada. Millones de colombianos no votaron por él. Otros lo hicieron con entusiasmo. Muchos simplemente esperan resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todos son ahora sus gobernados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si uno escucha atentamente la visión que propone el nuevo presidente, aparece una idea relativamente clara de país: una nación de emprendedores, capitalista, respetuosa de la ley, defensora de la propiedad privada y convencida de que la generación de riqueza es una condición indispensable para derrotar la pobreza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es casualidad que la idea de la &#8220;Patria Milagro&#8221; venga de alguien que ha construido toda su narrativa pública alrededor del concepto de transformación personal. De la Espriella suele presentarse como un hombre que se hizo a sí mismo, un abogado que levantó una firma propia, diversificó negocios y convirtió su nombre en una marca. Su visión de país parece reflejar esa misma experiencia vital: una Colombia de propietarios, emprendedores y creadores de riqueza antes que una Colombia organizada alrededor del Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La llamada &#8220;Patria Milagro&#8221; es una idea poderosa. Como concepto político y de comunicación, resume una aspiración nacional de prosperidad, orden y confianza. Pero precisamente por eso representa un reto enorme. Las grandes promesas siempre generan grandes expectativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y las expectativas son el terreno más peligroso para cualquier gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque los milagros, en política, no existen. Lo que existen son administraciones capaces o incapaces de producir resultados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los cuatro años del tigre ya comenzaron.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todavía es demasiado pronto para saber si esta presidencia marcará un punto de inflexión en la historia nacional o si terminará convertida en una estación más dentro del largo ciclo de promesas y decepciones que caracteriza a la política colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ahora, el tigre ha llegado al poder.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora Colombia empezará a descubrir el color de sus rayas.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130727</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 21:33:22 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Los cuatro años del tigre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El sonajero para ministro de justicia.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/castroopina/el-sonajero-para-ministro-de-justicia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La primera prueba de un gobierno no son sus decretos, sino las personas que elige para gobernar.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Mientras avanza el escrutinio nacional y el país se acerca a la confirmación oficial de la victoria de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo para el periodo presidencial 2026-2030, comienza a instalarse un debate inevitable: la conformación del primer gabinete de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de una discusión menor. Los ministros que acompañen al presidente electo serán los encargados de convertir en realidad las promesas formuladas durante la campaña. Y en el caso particular de Abelardo de la Espriella, la expectativa es aún mayor debido al anunciado plan de choque con medidas de implementación inmediata, acciones proyectadas para los primeros noventa días y resultados concretos durante los primeros meses de gobierno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dentro de ese equipo ministerial existe una cartera cuya importancia será determinante para el éxito o fracaso de buena parte del programa de gobierno: el Ministerio de Justicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante la campaña presidencial se prometió fortalecer la independencia judicial, garantizar el cumplimiento estricto de la Constitución y la ley, combatir la corrupción desde la contratación pública, reducir la impunidad y enfrentar el hacinamiento penitenciario mediante la construcción de diez megacárceles. Se trata de una agenda ambiciosa que requerirá no solo liderazgo político, sino también un profundo conocimiento del funcionamiento del Estado y de la administración de justicia.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="678" height="452" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114640/images-1.jpg" alt="" class="wp-image-130723" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114640/images-1.jpg 678w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114640/images-1-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 678px) 100vw, 678px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por esa razón, la elección del próximo ministro de Justicia no puede obedecer exclusivamente a consideraciones políticas ni a recompensas derivadas de la campaña electoral. El país necesita que esa responsabilidad recaiga sobre una persona que combine solvencia jurídica, experiencia administrativa y capacidad de interlocución con las altas cortes, la Fiscalía, el Congreso y los organismos de control.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese escenario han comenzado a sonar diversos nombres. Entre ellos aparecen el constitucionalista Mauricio Gaona, el penalista Iván Cancino y el exministro de Justicia Wilson Ruiz. Los tres cuentan con reconocimiento profesional y, en diferentes grados, han mantenido cercanía con el proyecto político de Abelardo de la Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cancino fue, probablemente, una de las voces más visibles de respaldo durante la campaña. Participó activamente en eventos, reuniones y espacios de opinión que contribuyeron a amplificar el mensaje del entonces candidato. Wilson Ruiz, por su parte, acompañó distintos momentos del proceso político y aportó la experiencia adquirida durante su paso por el Ministerio de Justicia y por la presidencia del Consejo Superior de la Judicatura. Mauricio Gaona mantuvo una posición más independiente, concentrado en sus actividades académicas y editoriales, aunque intervino de manera permanente en los debates relacionados con la separación de poderes, los pesos y contrapesos y la defensa de la Constitución.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No cabe duda de que los tres reúnen condiciones jurídicas suficientes para ocupar una posición de alta responsabilidad dentro del Estado. Sin embargo, cuando se examina el desafío que enfrentará el próximo gobierno en materia de justicia, la experiencia institucional adquiere un valor particularmente relevante.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="814" height="407" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114652/ministerio-justicia-derechoMinjusticia-3.jpg" alt="" class="wp-image-130724" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114652/ministerio-justicia-derechoMinjusticia-3.jpg 814w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114652/ministerio-justicia-derechoMinjusticia-3-300x150.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/23114652/ministerio-justicia-derechoMinjusticia-3-768x384.jpg 768w" sizes="(max-width: 814px) 100vw, 814px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Las reformas prometidas no dependerán únicamente del conocimiento del derecho. Exigirán capacidad de gestión pública, relacionamiento con las distintas ramas del poder y comprensión de las dinámicas internas del Estado. En ese aspecto, la trayectoria de Wilson Ruiz como exministro y expresidente del Consejo Superior de la Judicatura representa un diferencial significativo frente a otros perfiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, más allá de los nombres, el verdadero reto para el gobierno entrante consiste en construir un equipo capaz de garantizar la estabilidad institucional durante los próximos cuatro años. El Ministerio de Justicia será una pieza fundamental, pero no la única.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo de la Espriella deberá comenzar desde ahora a pensar en las futuras postulaciones a cargos estratégicos para el equilibrio de poderes. Durante el próximo cuatrienio se producirán vacantes en organismos e instituciones de enorme relevancia para el funcionamiento democrático del país, entre ellas la Corte Constitucional. Asimismo, será indispensable fortalecer las segundas líneas de gobierno mediante la designación de viceministros y altos funcionarios con la preparación suficiente para asumir responsabilidades mayores en el futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>@castroopina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>CastroOpina</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130715</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 16:48:40 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El sonajero para ministro de justicia.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">@castroopina</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>TENDREMOS UNAS ELECCIONES RODEADAS DE INCERTIDUMBRE</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/tendremos-unas-elecciones-rodeadas-de-incertidumbre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Cuando estamos a horas de la votación del próximo domingo, muchos (¿cuántos?) de los votantesque no son militantes, que son independientes de la dinámica partidista, dudan de sí votar enblanco o por Abelardo o por Cepeda. La razón principal de su incertidumbre, está en su falta deconfianza respecto a los dos candidatos.En el caso de [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"> <br>Cuando estamos a horas de la votación del próximo domingo, muchos (¿cuántos?) de los votantes<br>que no son militantes, que son independientes de la dinámica partidista, dudan de sí votar en<br>blanco o por Abelardo o por Cepeda. La razón principal de su incertidumbre, está en su falta de<br>confianza respecto a los dos candidatos.<br>En el caso de Cepeda y con la experiencia que se tuvo con Petro hace cuatro años, muchos temen<br>que una cosa son sus planteamientos, dirigidos primordialmente a su militancia, alineados con las<br>propuestas del Pacto Histórico. Y otros los que planteando afanosamente, luego de los resultados<br>de la primera vuelta y el triunfo de Abelardo, que los sorprendió. Cepeda salió a hacer lo que no<br>había hecho durante la campaña: ir más allá del voto petrista, que tiene asegurado, para atraer<br>votación independiente del centro, un espacio de opinión difícil de definir porque se reconfigura<br>como alternativa, a partir de las posiciones que en un momento o circunstancia dada, asumen las<br>fuerzas situadas tanto a la derecha como a la izquierda del escenario político.<br>El otro candidato es Abelardo, con un perfil opuesto a Cepeda; es un reconocido abogado<br>penalista que proviene del mundo. Aunque no se había desempeñado en el escenario político, lo<br>conoce y lo entiende bien. Llega sin un respaldo explícito de partidos y organizaciones políticas,<br>que él rechaza; tiene dinero para no depender de nadie, y adelantó una campaña personal e<br>impactante, plena de plata y creatividad. Su discurso es sencillo y frentero, sin ambigüedades,<br>cargado de emocionalidad con un fuerte contenido antipolítico y antisistema que le llega a la<br>gente, pues muchos, especialmente de los sectores medios y populares, reclaman lo que Petro les<br>prometió e incumplió; creen que Abelardo sí les cumplirá. El representa autoridad en un país<br>amenazado y desorientado. Retomando el lema del estado chileno, dice que la impondrá “por la<br>razón o por la fuerza”. Suspenderá la política de paz total de Petro e impulsará el sometimiento a<br>la justicia de los violentos, como el camino seguro a una paz duradera. Propone una política de<br>liberación económica y de reorganización de las políticas públicas, para reducir el tamaño del<br>Estado, desburocratizándolo y reorganizando su funcionamiento; diría que busca no es un menor<br>Estado sino un mejor Estado, más eficiente en el cumplimiento de sus tareas. En el campo<br>internacional, mantendría e inclusive acentuaría el alineamiento con Estados Unidos.<br>Tiene una característica que le admiro y es que tranquilamente reconoce que “no se las sabe<br>todas” y que el Vicepresidente, por su perfil y experiencia, tendrá amplias funciones ejecutivas;<br>aunque no lo dice, las entiendo como funciones y responsabilidades de un primer ministro. No en<br>vano, se está oyendo, vote por Abelardo y elija a Restrepo. Tendremos el domingo unas elecciones<br>con muchas expectativas e incertidumbre. Que le vaya bien a Colombia.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130721</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 16:45:31 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[TENDREMOS UNAS ELECCIONES RODEADAS DE INCERTIDUMBRE]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>ES POSIBLE Y NECESARIO UN ACUERDO NACIONAL</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/es-posible-y-necesario-un-acuerdo-nacional-2/</link>
        <description><![CDATA[<p>En medio de la gritería en que se convirtió el debate político, donde sobra la emocionalidad yescasean los argumentos, es necesario hacer un esfuerzo para reivindicar unos elementos, unoslogros pero también unos problemas que nos son comunes, a los cuales debemos mirar yentender por encima de las diferencias, pues nos son comunes y no deben [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"> <br>En medio de la gritería en que se convirtió el debate político, donde sobra la emocionalidad y<br>escasean los argumentos, es necesario hacer un esfuerzo para reivindicar unos elementos, unos<br>logros pero también unos problemas que nos son comunes, a los cuales debemos mirar y<br>entender por encima de las diferencias, pues nos son comunes y no deben quedar en la picota<br>pública, ni huérfanos ni indefensos; lo lógico sería lograr un acuerdo, un entendimiento nacional<br>que permita abordarlos de manera serena y objetiva, para sacarlos adelante. No es ser unánimes,<br>imposible en una sociedad que por su misma naturaleza, es diversa; es reconocer los asuntos que<br>nos interesan, que nos atañen, unir esfuerzos y sacarlos adelante. Es una responsabilidad con el<br>país, con nosotros y con los nuestros, ahora cuando vivimos un momento electoral y de inicio de<br>un nuevo gobierno.<br>Ello significa ni más ni menos, hacer realidad los planteamientos contenidos en nuestra<br>Constitución, fruto de un gran acuerdo, después de decenios de incomprensiones,<br>desentendimientos, conflictos y violencia, cuando se había desvanecida la posibilidad de tener un<br>proyecto común y reinaba el espíritu del “sálvese quien pueda”. Un acuerdo que, en buena<br>medida espera aún ser logrado. ¿Y por qué ahora? Por dos razones principales. La primera es que<br>en el escenario internacional se vive hoy una crisis profundísima que algunos consideran,<br>consideramos, que es una de civilización, con el declinar de Occidente, especialmente de Estados<br>Unidos, su centro durante más de ochenta años, y el ascenso del Oriente con el liderazgo de China.<br>La segunda, consecuencia de la anterior, es que Estados Unidos, está perdiendo terreno e<br>influencia en el Continente, lo que nos obliga a mirar el futuro con otros ojos, con los desafíos y las<br>posibilidades que esto implica.<br>En Colombia, el conflicto interno sigue vivo pero transformado; viene desde el liberal –<br>conservador de los años cincuenta, producto en buena medida de los cambios que sufrió un país<br>agrícola y rural enfrentado a la llegada de la incipiente industrialización y de la creciente<br>urbanización. Conflicto que se transformaría en guerra revolucionaria en los sesenta; pero la<br>revolución no llegó y la estructura armada permaneció y viró hacia el crimen organizado. Lo actual<br>ya no es un conflicto armado, sino simple violencia criminal que debe abordarse como un asunto<br>de orden público, con el fortalecimiento de las fuerzas armadas del Estado, haciendo presencia en<br>todo el territorio. Es una violencia criminal alimentada fundamentalmente por el narcotráfico<br>donde están presentes los pequeños productores, campesinos cocaleros que necesitan una<br>política especial para garantizarles y apoyarles una actividad productiva legal; en esto el país tiene<br>mucha experiencia e incontables fracasos. Esta tarea debe ser adelantada en asocio con el<br>gobierno norteamericano, pues la responsabilidad es compartida; en Norte América está la gran<br>demanda con alto poder adquisitivo y el problema solo se resolverá con una política integral y<br>compartida entre los oferentes, Colombia principal pero no único productor, y Estados Unidos con<br>la principal demanda solvente que alimenta y posibilita el negocio – sin demanda no hay oferta-.<br>No pueden escudarse en que son las víctimas, pues hay victimarios y víctimas a ambos lados del<br>río Grande. Así como estamos unidos en el problema, debemos estarlo, necesitamos estarlo, en su<br>solución. Mientras esto no se entienda, los criminales seguirán tranquilamente con su negocio,<br>que día a día crecerá y se diversificará hacia otras actividades criminales.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Juan Manuel Ospina</author>
                    <category>Actualidad</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130719</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 16:44:33 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Los cinco errores de la campaña de Iván Cepeda</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/los-cinco-errores-de-la-campana-de-ivan-cepeda/</link>
        <description><![CDATA[<p>La campaña de Iván Cepeda no escuchó las advertencias y hoy paga las consecuencias. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Durante las horas posteriores a la elección presidencial del 21 de junio, cuyo preconteo dio como ganador al abogado Abelardo De La Espriella, he dialogado con algunos colegas y analistas del acontecer político colombiano sobre lo sucedido y las razones por las cuales Iván Cepeda no logró imponerse a su rival.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las respuestas que he recibido coinciden en varios puntos y, debo admitirlo, comparto buena parte de esos análisis. Durante la campaña del Pacto Histórico se cometieron errores que hoy tienen a sus dirigentes lamentando no haber atendido las advertencias que se hicieron a tiempo. Entre ellos, destacan los siguientes:</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>1. La fórmula vicepresidencial</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No entiendo a quién se le ocurrió la idea de escoger a la senadora Aída Quilcué como compañera de fórmula de Iván Cepeda, ya fuera por decisión del propio candidato o por recomendación de su equipo. Lo cierto es que allí comenzaron algunos de los errores más evidentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se trata de descalificar a la líder indígena, quien posee grandes méritos gracias a su lucha por los derechos de las comunidades indígenas y de las víctimas del conflicto armado. El problema radica en que no es una figura que conecte fácilmente con la opinión pública. Con frecuencia se mostró distante frente a la prensa y pareció desconocer que quien ejerce funciones públicas y aspira a un cargo de elección popular está obligado a responder preguntas y rendir cuentas, incluso cuando estas resulten incómodas. Además, nunca logró motivar, cautivar o entusiasmar al electorado como sí lo hizo Francia Márquez durante la campaña de 2022.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>2. La ausencia en los debates</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Confiarse en una competencia electoral suele ser uno de los peores errores que puede cometer un candidato. Aunque Iván Cepeda afirmaba que asistiría a los debates, en repetidas ocasiones rechazó invitaciones de gremios económicos, universidades y medios de comunicación que promovían espacios de discusión entre los aspirantes. Parecía convencido de que tenía asegurado el triunfo en primera vuelta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa estrategia terminó pasándole factura. El costo político fue evidente en la primera vuelta y, cuando intentó corregir el rumbo en la segunda, Abelardo De La Espriella ya había fortalecido su posición y logró imponer condiciones que evitaron escenarios que pudieran favorecer una eventual remontada de Cepeda.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>3. Una campaña anclada en el pasado</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque a muchos no les guste, la política moderna se trasladó en gran medida a las redes sociales. Es allí donde millones de personas se informan, debaten y conocen las propuestas de los candidatos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, las tarimas y los discursos tradicionales tienen un impacto limitado si no están acompañados de una estrategia de comunicación adaptada a los nuevos tiempos. A diferencia de Abelardo De La Espriella, quien construyó una marca política reconocible y la posicionó con éxito en plataformas digitales, Cepeda desarrolló una campaña que parecía sacada de los años ochenta: sin una narrativa atractiva, sin una identidad visual sólida y sin un mensaje capaz de conectar emocionalmente con amplios sectores del electorado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>4. El fantasma de la Constituyente</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque Iván Cepeda insistía en que no impulsaría una Asamblea Constituyente y que, por el contrario, promovería un gran acuerdo nacional, la recolección de firmas para convocar una Constituyente durante sus recorridos y actos públicos terminó enviando un mensaje contradictorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La percepción pública suele construirse más a partir de los hechos que de las declaraciones. Por eso, para muchos ciudadanos, las acciones observadas durante la campaña hablaron más fuerte que las explicaciones posteriores.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>5. La intromisión de Gustavo Petro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los constantes mensajes publicados por Gustavo Petro en su cuenta de X terminaron convirtiéndose en un factor que jugó en contra de la campaña. Lejos de fortalecer a Cepeda, en algunos momentos generaron dudas sobre el grado de autonomía que tendría un eventual gobierno suyo e incluso llevaron a ciertos sectores a preguntarse si el presidente realmente estaba comprometido con la candidatura de su supuesto sucesor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay que reconocerle a Iván Cepeda, sin embargo, que mantuvo distancia de figuras como Armando Benedetti y Laura Sarabia, así como de otros dirigentes cuya presencia podía afectar la imagen de su campaña. Esa decisión reflejó coherencia con su discurso de transparencia y rectitud, atributos que incluso sus adversarios suelen reconocerle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derrota de Iván Cepeda no puede explicarse por una sola causa ni atribuirse exclusivamente a los errores de campaña. Sin embargo, los factores mencionados contribuyeron de manera significativa a debilitar una candidatura que, en otros momentos, parecía tener opciones reales de triunfo. Si el Pacto Histórico aspira a recuperar la confianza de una mayoría de colombianos en futuras elecciones, deberá hacer una revisión profunda de sus estrategias, escuchar las críticas con mayor atención y entender que las campañas modernas se ganan tanto con propuestas sólidas como con una comunicación efectiva y una lectura acertada del momento político. La principal lección de esta elección es que ningún proyecto político puede darse el lujo de ignorar las señales de advertencia cuando aún está a tiempo de corregir el rumbo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Oscar Sevillano</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/mis-preguntas-a-abelardo-de-la-espriella/"></a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://blogs.elespectador.com/oscar-sevillano/mis-preguntas-a-abelardo-de-la-espriella/"><strong>Nota recomendada: Mis preguntas a Abelardo De La Espriella</strong></a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Sevillano</author>
                    <category>Óscar Sevillano</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130710</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 15:35:37 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Los cinco errores de la campaña de Iván Cepeda]]></media:description>
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        <item>
        <title>Los datos revelan cómo llega Colombia al duelo ante Congo</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/zona-mixta/los-datos-explican-como-llega-colombia-al-duelo-ante-congo/</link>
        <description><![CDATA[<p>La Tricolor afrontará la recta decisiva del grupo K con más experiencia que Congo y Portugal, pero sin ventaja física. FOTO: FCF.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Por Gerardo Andrés Nossa R. / Miami.</em></strong><br></p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la victoria 3-1 sobre Uzbekistán en el estreno, la selección de Colombia afrontará este martes (9:00 p. m.) un nuevo desafío en la Copa Mundial 2026 cuando enfrente a la República Democrática del Congo por la segunda fecha del Grupo K. Más adelante aparecerá Portugal, el rival de mayor cartel de la zona.<br><br>Lo primero que muestran los números oficiales de la FIFA es el poder ofensivo de la Tricolor. Tras la jornada inaugural, Colombia fue el equipo del Grupo K que más veces buscó el arco rival. El conjunto dirigido por Néstor Lorenzo realizó 15 remates, frente a los ocho de Uzbekistán, los ocho de Congo y apenas siete de Portugal.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img decoding="async" width="927" height="571" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22230246/GRAFICO-1-VS-CONGO.jpg" alt="" class="wp-image-130694" style="aspect-ratio:1.6235515189476981;width:791px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22230246/GRAFICO-1-VS-CONGO.jpg 927w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22230246/GRAFICO-1-VS-CONGO-300x185.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22230246/GRAFICO-1-VS-CONGO-768x473.jpg 768w" sizes="(max-width: 927px) 100vw, 927px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Además del volumen ofensivo, Colombia mostró capacidad para controlar el juego. Ante Uzbekistán registró el 60 % de la posesión y completó 469 de sus 534 pases, para una efectividad del 87,8 %. Solo Portugal presentó mejores cifras de precisión, con un notable 92 %, aunque su juego lució más pausado. Congo y Uzbekistán, por su parte, se movieron alrededor del 80 % de efectividad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia también sacó ventaja en el juego por las bandas. Con 18 centros logró conectar seis en el área rival, para una efectividad del 33,3 %. Portugal, aunque realizó 23 envíos, apenas alcanzó la misma cantidad de conexiones.<br><br><strong>Más experiencia que sus rivales, pero sin ventaja física</strong><br><br>Las listas oficiales de la FIFA revelan que Colombia llegó al Mundial con un promedio de edad de 29,6 años, el más alto entre los tres equipos que aspiran a avanzar en el Grupo K. Congo registra una media de 29,2 años, mientras Portugal aparece más rejuvenecida, con 27,6 años.<br><br>Si la experiencia favorece a Colombia, la talla no lo hace. La selección nacional presenta una estatura promedio de 1,80 metros, ligeramente inferior a la de Congo y Portugal, cuyos planteles promedian 1,81 metros. </p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="789" height="428" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22232139/GRAFICO-2-VS-CONGO.jpg" alt="" class="wp-image-130699" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22232139/GRAFICO-2-VS-CONGO.jpg 789w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22232139/GRAFICO-2-VS-CONGO-300x163.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22232139/GRAFICO-2-VS-CONGO-768x417.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 789px) 100vw, 789px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque la diferencia es mínima, evidencia que la Tricolor no tendrá superioridad física frente a sus rivales directos. Aquí la posición, la intención y el anticipo jugarán un papel fundamental para ganar en defensa y ataque.<br><br>El hasta hoy suplente Álvaro Montero, con 2,01 metros, es el jugador más alto de la convocatoria colombiana y uno de los gigantes del Mundial. En el otro extremo aparecen Jaminton Campaz (1,66 metros) y Juan Fernando Quintero (1,67).<br><br><strong>Un equipo con sello sudamericano</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La distribución de los futbolistas por ligas también permite identificar perfiles distintos. Colombia tiene jugadores repartidos en 13 campeonatos, aunque su eje competitivo sigue estando en Sudamérica. La Liga Profesional argentina aporta cinco futbolistas y el Brasileirao cuatro, por lo que cerca del 35 % de la nómina actúa en esos dos torneos.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="774" height="479" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22234839/GRAFICO-3-VS-CONGO.jpg" alt="" class="wp-image-130701" style="width:790px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22234839/GRAFICO-3-VS-CONGO.jpg 774w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22234839/GRAFICO-3-VS-CONGO-300x186.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/22234839/GRAFICO-3-VS-CONGO-768x475.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 774px) 100vw, 774px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">España aporta tres jugadores, mientras Inglaterra, Italia, México y Portugal contribuyen con dos futbolistas cada una. El dato más llamativo es que la Liga BetPlay apenas tiene un representante en la convocatoria: David Ospina.<br><br>Congo también distribuye sus jugadores en 13 ligas, aunque con una marcada influencia europea: Inglaterra y Francia concentran el 38,4 % de la plantilla. Portugal, por su parte, tiene una estructura mucho más definida: la Premier League aporta siete jugadores y la liga portuguesa cinco, reuniendo entre ambas competiciones casi la mitad del plantel.<br><br><strong>Portugal domina en valor de mercado</strong><br><br>Las diferencias económicas dentro del grupo son notables. Según Transfermarkt, Portugal es la selección más valiosa del Grupo K, con una cotización de 1.010 millones de euros. Colombia aparece en el segundo lugar con 302,35 millones de euros, mientras que Congo sólo alcanza los 143,9 millones. Los datos describen a una Colombia experimentada, con fuerte influencia sudamericana y una importante capacidad ofensiva. <br><br>Este martes, frente a la República Democrática del Congo, la Tricolor pondrá nuevamente a prueba si esas cifras pueden traducirse en un nuevo paso hacia los dieciseisavos de final de un Mundial que el país quiere mirar con optimismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Andrés Nossa @nossadeportes</author>
                    <category>Zona Mixta</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130687</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 04:54:50 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Los datos revelan cómo llega Colombia al duelo ante Congo]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Andrés Nossa @nossadeportes</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>GANÓ EL TIGRE ¿REINARÁ LA LEY DE LA SELVA­­­­­­­­? (I)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/gano-el-tigre-reinara-la-ley-de-la-selva-i/</link>
        <description><![CDATA[<p>No deja de ser sorprendente esa transfiguración de una fiera depredadora, que en campaña hablaba de “destripar a la izquierda” y a sus miles de seguidores, ahora convertida en un aplomado abogado que cita el artículo 188 de la Constitución Política y dice encarnar y simbolizar la “unidad nacional”.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El discurso de celebración de Abelardo de la Espriella de su victoria en la segunda vuelta, según el preconteo por poco más de 250.000 votos sobre Iván Cepeda, en el marco de <strong><em>“La ventana al mundo”</em></strong> en Barranquilla, pasará a nuestra historia como el comienzo de la era de la política esperpéntica, acompañada de luces, música y efectos especiales. &nbsp;Fue una presentación estelar más propia de Shakira o Maluma, que la de un próximo jefe de Estado. ¿Cómo será el acto de posesión presidencial? Seguro que invitará al menos a Shakira y un gran tenor italiano, dada su afición por el bel canto, afín a su nacionalidad italiana, más la presencia de otro gran artista estadounidense, para ser totalmente leal a su MAGA, que tanto admira, incluso más allá de su nacionalidad colombiana, como lo demostró en su celebración telefónica con su padrino, Donald Trump. De allí, que valga la pena analizar esa puesta en escena cargada de simbolismo y el contenido de su discurso, para poner de presente la máxima “<strong>in-<em>coherencia</em></strong>” de sus histriónicos rugidos y eufóricas expresiones, así como su probable alcance durante los próximos 4 años. Por lo pronto, hay que reconocerle que ya superó con creces las aburridas y extensas presentaciones y disertaciones de su paisano, el presidente Gustavo Petro, muy modestas y discretas frente a la parafernalia circense de su triunfal debut. Es probable que ni siquiera la portentosa imaginación de García Márquez hubiese concebido un show tan macondiano y exotérico, con esa mezcla de religiosidad exaltada y militarismo intimidatorio, agradeciendo su triunfo a pastores de iglesias cristinas y militares en la reserva. Ya de entrada, revela que intentará convertir a la otra mitad de colombianos por ese camino de salvación y heroísmo. Esa otra mitad que durante gran parte de la campaña no dejo de estigmatizar y llamar delincuentes, bandidos y comunistas. Por eso, es inevitable empezar por tratar de entender esa milagrosa conversión personal, una verdadera transfiguración de su identidad, que de entrada es el primer “milagro” que presenciamos sin haber empezado a gobernar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La transfiguración de una fiera destripadora</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">No deja de ser sorprendente esa transfiguración de una fiera depredadora, que en campaña hablaba de “destripar a la izquierda” y a sus miles de seguidores, ahora convertida en un aplomado abogado que cita el artículo 188 de la Constitución Política y dice encarnar y simbolizar la <em>“unidad nacional</em>” para proteger los “<em>derechos y libertades de todos los colombianos</em>”. Sin duda, asistimos al primer milagro de este taumaturgo que, con su vicepresidente tecnócrata, José Manuel Restrepo, convertido repentinamente en telonero del espectáculo, harán de toda Colombia una <strong>“Patria Milagro</strong>”. ¿Cómo entender esa transfiguración? Habrá que atribuirla a la alquimia constitucional que es capaz de transformar a un candidato “cargado de tigre” en un civilizado estadista, al menos en el discurso, faltará ver en la realidad, que es donde realmente importa. Por ahora, la Constitución no es más que un libreto protocolario para tranquilizar incautos. &nbsp;De no cumplirla y solo recitarla, entonces estaremos frente a una grave esquizofrenia política y constitucional, parecida a la vivida y sufrida por su admirado antecesor, Álvaro Uribe Vélez, que terminó abusando y cambiando un artículito de la sacrosanta Constitución del 91. Hasta llegó a decir que el Estado de opinión era superior al Estado de derecho. Es probable que también el Tigre llegué a afirmar que la salvación de la Patria está por encima de la Constitución. Pero, como tanto gusta al Tigre Abelardo hablar de extrema coherencia, vamos analizar someramente algunos apartes de su discurso que develan extremas contradicciones e incoherencias. Vamos hacerlo en dos entregas, empezando esta con el significado que le asigna a la Patria y el alcance de su consigna: <strong>“Firmes por la Patria”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿De cuál Patria nos habla?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Nos habla sobre todo de la Patria de los negocios y los grandes mercaderes, de sus inversiones y su codicia sin límite, que no depararán en la depredación de nuestra portentosa biodiversidad, utilizando el fracking para <strong><em>“perforar, perforar y perforar”</em></strong>, en asocio con petroleras internacionales y de MAGA, como lo pregona y hace Trump en America First, sin escatimar los daños irreversibles causados al planeta y la actual catástrofe climática. No demorará Trump en proponerle extender sus inversiones hoteleras y campos de golf para hacer de Barranquilla la Miami del Caribe, así como lo hizo con su cómplice genocida, Netanyahu, para convertir a Gaza en la Riviera del Oriente Próximo. Es muy probable que ambos, con ese espíritu de empresarios que tienen, terminen haciendo buenos negocios con la asesoría del vicepresidente, José Manuel Restrepo, que será el vendedor internacional de la marca Colombia, como ya lo anunció el Tigre, invitando a Elon Musk para que ensamble sus Teslas en Medellín y se interese por explorar las tierras raras que necesita su empresa espacial. Así irán haciendo de la <em>Colombia Milagro</em> un Dorado para un selecto grupo de emprendedores nacionales e internacionales, con el apoyo de todos los gremios y el corifeo de los grandes medios de comunicación. Hasta acabarán convenciéndonos a todos de ese milagro económico que eliminará en pocos meses la pobreza, la economía informal y hasta el desempleo, por lo cual no serán necesarias políticas sociales, si acaso subsidios puntuales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Primero la seguridad, matriz de la paz</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, para ello, antes se necesitan los héroes de la Patria, esa legión de abnegados militares que ofrendarán sus vidas por la seguridad, matriz de la paz, que todos disfrutaremos en 90 días en los campos y ciudades, gracias a miles de ciudadanos “<strong><em>firmes por la Patria”,</em></strong> como otrora lo hicieran Carlos Castaño en compañía de Mancuso, Jorge 40 y Don Berna con los buenos muchachos del DAS. A todos ellos asesoró el Tigre y condujo desinteresadamente por los caminos de la desmovilización en compañía de su colega, Mario Iguarán, entonces viceministro de justicia en el gobierno de Álvaro Uribe. Por eso, con la asistencia del audífono en su oído derecho, recitó el Tigre la <strong><em>Oración Patria</em></strong> que rezan los militares para insuflar su espíritu de valor y así sacrificar sus vidas en defensa del patrimonio y la Patria de unos pocos. Esa es la esencia del patriotismo y el alcance de ese grito estentóreo: <strong>“Firmes por la Patria”. </strong>Tampoco podía faltar en su discurso la defensa a ultranza de la democracia, del respeto a la separación de las ramas del poder público, de las libertades ciudadanas y de las garantías al senador Iván Cepeda para el ejercicio de la oposición, siempre y cuando no se le ocurra promover la subversión, es decir, liderar protestas y movilizaciones ciudadanas en defensa de derechos sociales conquistados durante el gobierno del cambio. Porque es muy curioso que, para el Tigre, como para casi todo el establecimiento y sus poderosos gremios, en Colombia no existe el Estado Social de derecho consagrado en el artículo 1 de la Constitución, pues solo nos hablan del Estado de derecho. Pero sobre esa peculiar concepción del Estado y la democracia trataré en la segunda parte, ya que requiere un análisis más detallado y extenso de ese espectacular y emotivo discurso pronunciado, mejor recitado, gracias al discreto audífono instalado en su oído derecho, en medio de cánticos gloriosos y ese deslumbrante juego de luces de navidad en <strong>“La Ventana al mundo”.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130698</guid>
        <pubDate>Tue, 23 Jun 2026 04:32:14 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Hernando Llano Ángel</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Exposición de Christo en Londres</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/liarte-dialogo-sobre-arte/exposicion-de-christo-en-londres/</link>
        <description><![CDATA[<p>Imagen cortesía de la galería Gagosian de Londres.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Si estuviera hoy en Londres, iría a la exposición de <strong>Christo</strong> en la galería <strong>Gagosian</strong>, ubicada en Grosvenor Hill.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La muestra “<strong>Air</strong>”, abierta hasta agosto de 2026, exhibe la instalación de gran formato “Air Package on a Ceiling” concebida para interiores por Chirsto y Jeanne-Claude en 1968.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por limitaciones técnicas no se pudo exhibir, así que ahora se puede ver por primera vez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los años 60, Christo y Jeanne-Claude exploraron con su propuesta artística el <strong>aire</strong>, como algo invisible, intangible y esencial, el cual envolvían y sellaban en paquetes transparentes de polietileno atados con cuerda.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-9-16 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Christo en la galería Gagosian de Londres" width="422" height="750" src="https://www.youtube.com/embed/AVYkDa1IB0c?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La <strong>exposición</strong> cuenta con material de archivo y con la obra “Automóvil envuelto: Volvo, modelo PV-544 (1981)”, que no se había expuesto en 30 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Christo</strong> y <strong>Jeanne-Claude</strong> crearon monumentales obras de arte público efímeras que transformaban paisajes utilizando materiales cotidianos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-&gt; Información e imágenes cortesía de Imagen cortesía de la galería Gagosian de Londres. https://gagosian.com/exhibitions/2026/christo-air/ </p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="mailto:liartedialogosobrearte@gmail.com">liartedialogosobrearte@gmail.com</a> / <a href="https://www.instagram.com/liarteconarte/">@LiarteconArte</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Lilian Contreras Fajardo</author>
                    <category>Liarte: diálogo sobre arte</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130678</guid>
        <pubDate>Mon, 22 Jun 2026 20:07:23 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Exposición de Christo en Londres]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Lilian Contreras Fajardo</media:credit>
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