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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de adios | Blogs El Espectador</title>
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        <title>MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (II)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/calicanto/mas-alla-de-las-formulas-vicepresidenciales-ii/</link>
        <description><![CDATA[<p>Las fórmulas presidenciales del Pacto Histórico y del Centro Democrático son mucho más que una cuestión electoral. Representan nada menos que el máximo desafió político para una nación, como es superar ese abismo existente entre la esfera política y estatal con la vida social, incapaz de representarla y materializar los intereses de las mayorías sociales.</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>(Artículo para EL PAÍS, el periódico global, edición América-Colombia, marzo 22 de 2026)</p>



<p>Continuando con el análisis de las duplas presidenciales, la de Iván Cepeda y Aída Quilcué, sin duda se inscribe en el horizonte histórico de la distinción Gaitanista entre el llamado “País político” y el “País Nacional”, que describió así el líder popular en un discurso pronunciado el 20 de abril de 1946 en el Teatro Municipal de Bogotá: “<em>En Colombia hay dos países: el <strong>país político</strong> que piensa <strong>en sus empleos, en su mecánica y en su poder</strong> y el <strong>país nacional que piensa en su trabajo, en su salud, en su cultura</strong>, desentendidos por el país político. El <strong>país político tiene rutas distintas del país nacional</strong>. ¡<strong>Tremendo drama</strong> en la historia de un pueblo!”.</em> El próximo mes se cumplirán 80 años de haber formulado Gaitán esa dramática distinción, que advertía no era exclusiva de Colombia, <em>“según lo demuestran las leyes de la sociología</em>”, pero en la que todavía todos continuamos viviendo pues ese divorcio y antagonismo parece insuperable. En él está el origen y epicentro real de la narrativa actual sobre la polarización de la campaña electoral en curso. En tanto una nación no logre reconocer y reconciliar las demandas y conflictos inherentes a la vida social a través de la representación y mediación de la vida política institucional y de la acción justa del Estado, siempre existirá esa tensión y polarización inevitable. Tal situación no se puede superar solo con buena voluntad y discursos más o menos convincentes sobre la necesidad de un supuesto “centro político” que la haría desaparecer, como es la obsesión y principal bandera de más de una dupla presidencial, que busca el respaldo de las mayorías en las urnas el próximo 31 de mayo.</p>



<p><strong>Más allá del “centro político”</strong></p>



<p>Según dichas duplas, profundizar esa polarización entre la derecha del “país político” y la izquierda del “país nacional”, nos arrastraría todavía más al abismo insondable del odio y las justificaciones maniqueas de una “violencia buena” –la institucional— contra una “violencia mala” –la social. La de los “ciudadanos de bien” contra el vandalismo de la “chusma” y la “primera línea”, que esperan agazapadas un pretexto para un nuevo “estallido social”. En el imaginario ciudadano más estigmatizador y primario, la derecha democrática contra la izquierda comunista, según la semántica sectaria de Uribe y Gaviria, los llamados jefes naturales de los partidos políticos. En el lenguaje de las cloacas de las redes sociales, los “patriotas” contra los “mamertos”. De allí que las demás duplas, exceptuando la de Abelardo y Restrepo, se disputen con tanto ahínco ese “centro político” moderado, ajeno a tan simplista y peligrosa manipulación. Para empezar, tenemos a Sergio Fajardo, como &#8220;buen profesor de lógica matemática”, con su rostro casi suplicante y compungido, diciéndonos: “no se dejen polarizar”, acompañado por Edna Bonilla. Ambos representan bien el valor de la educación y postulan la decencia y la deliberación argumentada, no el insulto personal, como expresión de su estilo político y gestión de lo público. Continuando con Claudia López y Leonardo Huerta, expresión de carácter y coherencia en su actuación pública contra la criminalidad narco-parapolítica tan afín a Uribe y contra la corrupción administrativa propia del “país político”, que siempre cuenta con el patrocinio de esforzados y transparentes empresarios favorecidos por la contratación pública. Sin duda, estas dos duplas son las más centristas, frente a las otras siete<a id="_ednref1" href="#_edn1">[i]</a> conformadas por &nbsp;Luis Gilberto Murillo – Luz Zapata; Miguel Uribe – Luisa Fernanda Villegas; Mauricio Lizcano – Pedro de la Torre; Clara López – María Consuelo del Río; Roy Barreras – Marta Lucía Zamora; Santiago Botero – Carlos Cuevas y Sondra MaCollins – Leonardo Karamque. Todas ellas compiten, unas con cierta credibilidad y otras con casi nada, por representar a millones de colombianos de ese &nbsp;“país nacional” que repudian la corruptela clientelista y patrimonialista, quintaesencia del “país político”. Solo nos queda la dupla de Abelardo y José Manuel Restrepo, con su intimidante tigre y patético saludo militar, que reclama el discurso del orden, la seguridad y la supuesta “salvación de la Patria”. Ambos saben bien que más allá de la derecha solo tienen amigos y con entusiasmo respaldarían en segunda vuelta a Paloma. Ese alarmismo electoral oportunista se aprovecha del insondable “agujero negro” abierto entre el “país nacional” y el “país político”, que ninguna de las fórmulas presidenciales, por sí sola, podrá cerrar y menos suturar, pues es una herida histórica con secuelas profundas de sectarismo político, exclusión económica, social, étnica, cultural y regional, muy bien expuestas en la nominal Constitución de 1991. Una democrática y progresista Constitución que no rige en la vida social y mucho menos regula los poderes de facto, más allá de las sesudas jurisprudencias de los magistrados de la Corte Constitucional, frecuentemente desconocidas, como aconteció con la imploración del cese el fuego del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, el nefasto 6 de noviembre de 1985.</p>



<p><strong>Metástasis del “Agujero Negro”</strong></p>



<p>El “agujero negro” entre esos dos países amenaza con perpetuar esa herida abierta que nos desangra y enemista desde hace más de 80 años, ahora agravada por la metástasis cancerosa de las economías ilícitas y sus numerosas y violentas organizaciones criminales, algunas bajo la coartada de la rebelión y otras en coalición con el “país político” y sus voceros más conspicuos, catapultados al Congreso. En el pasado reciente, bajo la exitosa fórmula de la “parapolítica”, con una representación cercana del 35% en el Congreso, según Salvatore Mancuso, entonces gran elector en los territorios bajo su control que a la postre promovieron y respaldaron a Uribe en la Presidencia, por eso les pedía que votaran sus proyectos de ley antes de ir a la cárcel. Una herida que, desde luego, se profundizaría mucho más si Abelardo apelará al bisturí militar y ni imaginar si la dejará en las garras depredadoras de su tigre. Una herida que, de alguna forma, hoy vuelve a estar en primer plano en las duplas del Pacto Histórico y el Centro Democrático, especialmente en las figuras de Aida Quilcué y Paloma Valencia. La primera, una lideresa indígena, heredera del legado y las luchas sociales comandadas por Manuel Quintín Lame Chantre (1880-1967)<a id="_ednref2" href="#_edn2">[ii]</a>, de quien se considera su “nieta política”, al igual que Paloma, “hija política” de Álvaro Uribe.</p>



<p>Manuel Quintín Lame, en una olvidada e histórica proclama de 1927, llamaba a los pueblos indígenas, sustrato originario del “país nacional”, a decirle adiós a los partidos conservador y liberal en los siguientes términos<em>: “Esos dos partidos, liberal y conservador, <strong>han sido los que han arruinado en todas sus partes las propiedades territoriales y de cultivo de los indígenas naturales de Colombia</strong>…Para nosotros los indígenas, tengamos delito o no lo tengamos, están las cárceles abiertas…Queridos hermanos y compañeros indígenas: <strong>despidámonos de eso dos viejos partidos</strong>, pero sin darles la mano, sin decirles adiós…Por lo tanto es nulo y de valor ninguno los repartos de tierras indígenas que han hecho en todos los departamentos”.</em></p>



<p><strong>La Paloma “Arco Iris”</strong></p>



<p>Y por el Centro Democrático tenemos a Paloma Valencia Laserna<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a>, ahora candidata policroma de centro-derecha, en compañía del “distinto” Oviedo, así se autodenomina él mismo. Paloma es nieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia (1962-1966) y por vía materna, también de Mario Laserna Pinzón, filósofo, catedrático y fundador de la Universidad de los Andes. Sin duda, ambas lideresas tienen un acendrado abolengo con el “país nacional” y el “país político”, respectivamente. Para mayor simbolismo y relación de ellas con esa herida abierta entre los dos países, hay que recordar el protagonismo y la responsabilidad histórica de su abuelo y expresidente, Guillermo León Valencia, con la “operación Soberanía”<a href="#_edn4" id="_ednref4">[iv]</a> que bombardeó a la “república independiente de Marquetalia”, llamada así por su copartidario conservador Álvaro Gómez Hurtado, y que precipitó el mito fundacional de las Farc en mayo de 1964, en ese entonces solo una autodefensa campesina bajo el influjo de los partidos comunista y liberal.</p>



<p><strong>El pasado presente</strong></p>



<p>El resto, hasta hoy, es historia por todos conocida, pero no necesariamente aprendida, pues el Pacto Histórico también está infiltrado por las prácticas clientelistas y corruptas del “país político”, como lo hemos visto con numerosos escándalos, siendo el de la Unidad Nacional para la Gestión del riesgo de Desastres<a id="_ednref5" href="#_edn5">[v]</a> el más conocido. Justamente en las elecciones del próximo 31 de mayo vuelve a presentarse ese pulso entre esos dos países irreconciliables, con la diferencia de que en las elecciones para Congreso del pasado 8 de marzo el “país nacional” con el Pacto Histórico obtuvo como lista &nbsp;cerrada el mayor número de curules en el Senado, 25, pero de nuevo quedó en minoría frente al “país político”, si sumamos a las 17 curules del Centro Democrático las restantes obtenidas por los partidos liberal, conservador y demás microempresas electorales con sus numerosos testaferros de conglomerados empresariales y financieros, quienes ya tienen su credencial de senadores. Así las cosas, las fórmulas presidenciales del Pacto Histórico y del Centro Democrático son mucho más que una cuestión electoral, pues representan nada menos que el máximo desafió político para una nación, como es superar ese abismo existente entre una esfera política y estatal incapaz de representar los intereses de las mayorías sociales, sin cuya materialización y fusión no será posible la existencia de un auténtico Estado Social de derecho y mucho menos la plena vigencia de la Constitución del 91 y la convivencia democrática con el logro de la paz política. Tal desafío es lo que se definirá el próximo 31 de mayo o el 21 de junio, en segunda vuelta y en pleno mundial de fútbol. Y si ese desafío se asume como un partido eliminatorio del mundial y un juego de suma cero, donde el triunfador desconoce los derechos del vencido y cobrará revancha histórica implacable sobre su contrincante, entonces la gran perdedora será otra vez la democracia, ya sea bajo el nombre y con la camiseta del “País Político” o el “País Nacional”. Solo nos quedaría la esperanza de que la selección Colombia triunfe sobre Portugal en su partido del 27 de junio. Sin duda, ambos resultados son tan vitales como inciertos y nuestra influencia sobre ellos es semejante y muy limitada, siempre y cuando no nos dejemos arrastrar por el fanatismo del triunfalismo y el sectarismo partidista, pues en ese caso todos saldríamos perdiendo y muchos correrían el riesgo de ser expulsados del juego político y hasta ser físicamente eliminados.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" />



<p><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> <a href="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/candidatos-presidenciales-asi-quedo-el-tarjeton-de-la-primera-vuelta-y-estas-son-las-formulas-noticias-hoy/">https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/candidatos-presidenciales-asi-quedo-el-tarjeton-de-la-primera-vuelta-y-estas-son-las-formulas-noticias-hoy/</a></p>



<p><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Quint%C3%ADn_Lame">https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Quint%C3%ADn_Lame#</a></p>



<p><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Paloma_Valencia">https://es.wikipedia.org/wiki/Paloma_Valencia</a></p>



<p><a href="#_ednref4" id="_edn4">[iv]</a> <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/operacion-soberania">https://www.comisiondelaverdad.co/operacion-soberania</a></p>



<p><a href="#_ednref5" id="_edn5">[v]</a> <a href="https://www.infobae.com/colombia/2026/03/19/estos-son-los-funcionarios-y-politicos-que-estan-detenidos-por-el-escandalo-de-la-ungrd-se-suman-karen-manrique-y-wadith-manzur/">https://www.infobae.com/colombia/2026/03/19/estos-son-los-funcionarios-y-politicos-que-estan-detenidos-por-el-escandalo-de-la-ungrd-se-suman-karen-manrique-y-wadith-manzur/</a></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=127226</guid>
        <pubDate>Sat, 21 Mar 2026 23:30:53 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[MÁS ALLÁ DE LAS FÓRMULAS VICEPRESIDENCIALES (II)]]></media:description>
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                            </item>
        <item>
        <title>Habermas: “El tema fundamental de la filosofía es la razón”</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/habermas-el-tema-fundamental-de-la-filosofia-es-la-razon/</link>
        <description><![CDATA[<p>El pasado 14 de marzo murió el famoso filósofo alemán Jürgen Habermas, uno de los pensadores públicos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.  Su teoría de la acción comunicativa no solo fundamenta en el entendimiento, el diálogo y el consenso a las instituciones democráticas, sino que está a la base de una teoría social ambiciosa. Presentamos en esta nota los conceptos de racionalidad, lenguaje y acción comunicativa. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Ahora que ha muerto Jürgen Habermas (1929-2026) es curioso ver cómo políticos de distintas vertientes salen a resaltar sus aportes al derecho, al constitucionalismo y a la democracia: desde Gustavo Petro, pasando por Sergio Fajardo, Clara López, hasta Roy Barreras. Lo cierto es que las alusiones son de manual y no se adentran en los aspectos filosóficos de la construcción habermasiana misma, la cual es compleja y tiene como soporte lo mejor de la filosofía moderna y la teoría social. Ese proyecto iba encaminado no solo a recomponer la racionalidad, sino a “completar la modernidad y reactivar las energías utópicas de la Ilustración” (Guerra, 2016, p. 11). En este sentido, iba en contravía de los diagnósticos pesimistas de la primera generación de la Escuela de Frankfurt: Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Max Horkheimer, principalmente. En esta nota exploramos su concepto de racionalidad, de lenguaje, y explicamos, brevemente, en qué consiste la <em>teoría de la acción comunicativa.</em></p>



<p><strong>El tema fundamental de la filosofía es la razón</strong></p>



<p>En la Introducción de su monumental <em>Teoría de la acción comunicativa </em>nos dice Habermas: “el tema fundamental de la filosofía es la razón” (Habermas, 2018, p. 23). Pero ¿Cómo la concibe? La razón para Habermas es, básicamente, un <em>procedimiento</em>, <em>un predicado</em>, <em>es una razón intersubjetiva, dialógica</em>. No es una razón objetiva, dada, que gobierna ciertos ámbitos de realidad como pensaban Horkheimer o los estoicos. La razón tiene que ver “con la forma en que <em>sujetos capaces de lenguaje y acción hacen uso</em> del conocimiento”, en la manera como lo emplean, lo usan. De ahí que tanto ‘las personas’ como sus ‘manifestaciones simbólicas’, es decir, expresiones lingüísticas, comunicativas, no comunicativas, pueden ser racionales. Podemos <em>predicar </em>de las personas que portan un saber, así como de las acciones que agencian y que se dirigen a un fin, que tienen un <em>telos</em>, que busca un éxito en la ejecución de esta, etc., que son <em>racionales </em>solo si pueden <em>justificarlos. </em>Debo poder <em>justificar</em> una opinión (<em>la pretensión de verdad</em> que tengo al emitirla), por ejemplo, pero también mis acciones teleológicas y la eficiencia de los <em>medios</em> que he elegido para alcanzar un fin determinado.</p>



<p>Así, el sujeto capaz de lenguaje y acción puede enunciar algo o manifestar algo de tal forma que la racionalidad de esa emisión (lingüística, por ejemplo) o de una acción depende de “su susceptibilidad de crítica o fundamentación” (Habermas, 2018, p. 32). Desde luego, la fundamentación se basa en la <em>argumentación</em>, en dar razones y en poder defender mi pretensión de verdad sobre estados de cosas en el mundo, hechos; o de justificar mis pretensiones de éxito de la acción al poder dar cuenta de la relación fin/medio. Debo poder justificar argumentativamente <em>proposiciones</em> que enuncian un saber sobre un estado de cosas en el mundo, o proposiciones sobre un saber en torno a las acciones teleológicas que efectuó para lograr fines de manera exitosa, aludiendo, por ejemplo, <em>a las reglas seguidas</em>.</p>



<p>&nbsp;Pero también tienen pretensiones de validez, es decir, son susceptibles de fundamentar a) <em>normas que rigen la interacción social,</em> y b) distintas vivencias como <em>deseos</em> <em>o</em> <em>sentimientos</em>, al igual que c) <em>expresiones evaluativas</em>, si bien estas últimas no tienen el mismo grado de <em>universalidad</em> que las <em>expresiones constatativas</em> de los hechos del mundo objetivo.</p>



<p>En el caso de las normas, se tiene pretensión de rectitud o corrección lo cual es fundamental en los casos de las normas sociales, mecanismos de control, la moral, la ética, el derecho; y en el caso de las vivencias quien enuncia tiene pretensiones de veracidad o credibilidad al enunciar estados subjetivos a los cuales él tiene un acceso privilegiado. En todos estos casos, es posible argumentar y contra-argumentar de tal manera que el resultado siempre será mediado por la deliberación racional. La pretensión de verdad se tiene sobre el mundo objetivo; la de corrección, sobre el mundo social; y la de veracidad, sobre el mundo subjetivo. Ahora, de todas formas, es necesario tener en cuenta que en las pretensiones de validez enunciadas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>Cualquiera que participe en una argumentación demuestra su racionalidad o su falta de ella por la forma en que actúa y responde a las razones que se le ofrecen en pro o en contra de lo que está en litigio. Si se muestra abierto a los argumentos, o bien reconocerá la fuerza de esas razones que se le dan, o tratará de responder a ellas, y em ambos casos se estará enfrentando a ellas de forma racional. Pero si se muestra sordo a los argumentos, o bien ignorará las razones contrarias a su pretensión, o bien replicará con aserciones dogmáticas. Y ni en uno o en otro caso estará enfrentándose racionalmente a los asuntos que están en discusión. (Toulmin citado por Habermas, 2018, p. 42)</p>
</blockquote>



<p>Estas premisas le permiten a Habermas introducir el concepto de <em>racionalidad comunicativa</em> que implica “la capacidad de aunar sin coacciones [de manera libre] y de generar consensos que tiene un habla argumentativa en que diversos participantes superan la subjetividad inicial de sus respectivos puntos de vista” (p. 34), de tal manera que comparten unas convicciones racionalmente motivadas sobre el mundo objetivo y sobre la <em>intersubjetividad </em>del <em>contexto</em> donde desarrollan sus vidas. <strong>La <em>racionalidad</em> aquí implica el entenderse en algo sobre el mundo “al menos con otro participante en la comunicación” (p. 39), pero también permite “coordinar las acciones sin recurrir a la coerción y de solventar consensualmente los conflictos de la acción”, cuando hay disonancias, diferencias o desacuerdos profundos sobre el contexto, la acción o sus posibilidades de ejecución.</strong> Es decir, <strong>si se presenta un desacuerdo, se activa el dialogo y la negociación para llegar a un acuerdo y así solventar la situación concreta.</strong></p>



<p>&nbsp;Desde luego, hay que preguntarse por las condiciones que han de cumplirse para que se pueda alcanzar ese consenso, específicamente, el horizonte desde el cual es posible. Y es aquí donde entra el concepto de mundo de la vida de Edmund Husserl, retomado y profundizado por Habermas. Husserl (2008) lo había definido como “el mundo como efectivamente dado permanentemente a nosotros en nuestra concreta vida mundana” (p. 94), donde se da nuestra experiencia corporal, y fuente de toda pregunta práctica y teórica, el mundo donde habitamos en actitud natural, pre-científica. Ese mundo nos es co-dado, se nos presenta como evidente, se da por sentado, en él vivimos la vida cotidiana, pensamos; es un mundo comunicativamente estructurado, que se nos presenta con un sentido, es el contexto común de las vidas de los hablantes, implica un saber de fondo compartido intersubjetivamente por la comunidad de comunicación, en él los hablantes hablan de acuerdo con esquemas de expresión compartidos y reconocibles.</p>



<p>En <em>El discurso filosófico de la modernidad</em> Habermas (2010) dice que el mundo de la vida:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p>constituye un contexto para los procesos de entendimiento y les proporciona también los <em>recursos</em> necesarios. El mundo de la vida constituye un horizonte y ofrece a la vez una provisión de autoevidencias culturales, de la que los participantes en la interacción toman para sus tareas interpretativas pautas de interpretación a las que asiste el consenso de todos…es algo co-dado. (p. 325).&nbsp;</p>
</blockquote>



<p>Este es <em>necesario</em> para <em>definir las condiciones</em> del mundo sobre el que deseo intervenir y donde pienso desarrollar la acción, en fin, donde se va a actuar.</p>



<p><strong>¿Cómo concibe el lenguaje y qué es la acción comunicativa?</strong></p>



<p>Ahora, pero ¿qué se entiende por <em>acción comunicativa</em>? Para esclarecerlo se hace necesario, primero, aludir a la concepción del lenguaje que asume Habermas, a eso que se popularizó como “giro lingüístico” y que está a la base de su <em>teoría de la comunicación</em>. Esta no es esencialmente la transmisión de información, sino que comporta toda una concepción del lenguaje. En este sentido, el filósofo alemán parte de la filosofía analítica y retoma ideas que van desde los <em>juegos del lenguaje</em> de Wittgenstein hasta los <em>actos de habla</em> de John Searle y los aportes de John L. Austin. Estas teorías van acompañadas de elaboraciones realizadas por Karl Otto Apel sobre la pragmática trascendental y la comunidad ideal de comunicación. <strong>Lo que interesa resaltar aquí es que Habermas asume que el lenguaje tiene una racionalidad inmanente, intrínseca, que está abocado al <em>entendimiento</em>, que es intersubjetivo y que, efectivamente, hacemos cosas con palabras. El lenguaje es un “hacer diciendo”. Es decir, Habermas asume el lenguaje en su dimensión <em>pragmática,</em> en su uso en contextos determinados.</strong> El lenguaje tiene varias funciones, entre ellas, “dar órdenes y actuar siguiendo órdenes, describir un objeto por su apariencia […] enunciar y comprobar una hipótesis […] solicitar, agradecer, maldecir, saludar, rezar”, entre otras cosas. Por eso, para Wittgenstein, y es algo que asume Habermas, “hablar la lengua es parte de una actividad o una forma de vida” (Wittgenstein, 2017, pp. 62-63). El lenguaje es, entonces, acción. Con él navego en el mundo, <em>medio </em>[de mediar] la producción del conocimiento, lo trasmito, me comunico, pero también con él produzco mundo, creo realidades.</p>



<p>Decía Searle (1986): “si mi concepción del lenguaje es correcta, una teoría del lenguaje forma parte de la teoría de la acción, simplemente porque hablar un lenguaje es una forma de conducta gobernada por reglas” (p. 26). Estas ideas que se remontan al segundo Wittgenstein están presentes en el filósofo de la segunda Escuela de Fráncfort, <strong>de ahí surgirá una acción comunicativa como procedimiento, formal, donde el objetivo es llegar a consensos, acuerdos, entendimientos y de donde Habermas derivará, en dialogo con las ciencias sociales, especialmente con la sociología (Durkheim, Mead, Weber, Parsons, Luhmann), y en una de las síntesis más ambiciosas del pensamiento del siglo XX, <em>una teoría social y política complejas y plenamente articuladas</em>.&nbsp;</strong></p>



<p>Esclarecida brevemente la teoría del lenguaje, pasemos al de <strong>acción comunicativa</strong>.&nbsp; Habermas da una definición en los siguientes términos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p></p>



<p><em>Hablo, en cambio, de acciones comunicativas cuando los planes de acción de los actores implicados no se coordinan a través de un cálculo egocéntrico de resultados, sino mediante actos de entendimiento</em>. En la acción comunicativa no se orientan primariamente al propio éxito; antes persiguen sus fines individuales bajo la condición de que sus respectivos planes de acción puedan armonizarse entre sí, <em>sobre la base de una definición compartida de la situación.</em> De ahí que la negociación de las definiciones de la situación sea un componente esencial de la tarea interpretativa que la acción comunicativa requiere. (2018, p. 331).</p>
</blockquote>



<p>Aquí Habermas deslinda la “acción comunicativa” de la “acción instrumental” y de la “acción estratégica”. En la <em>instrumental</em> orientada al éxito se da la observancia de reglas técnicas y de su eficacia sobre un estado de cosas o sucesos; y en la acción estratégica, que de suyo es acción social, se observan reglas de elección racional evaluando el grado de influencia sobre un oponente, es decir, en ésta puedo perseguir mi propio beneficio sobre los otros. La acción estratégica es perfectamente egoísta, mientras en la acción comunicativa se busca el acuerdo. La acción, que exige mínimo dos agentes, requiere también una <em>negociación</em> en torno a la “definición de una situación específica” a ser superada. En el ejemplo del albañil que pone Habermas en su libro, es claro que el más veterano posee ascendencia sobre el más joven y por eso lo puede mandar a traer la cerveza para el almuerzo, pero el joven bien puede decir que la cervecería queda lejos y que él no desea cerveza, sino agua, con lo cual se replantea la situación (Habermas, 2018, p. 599 ss.).&nbsp; Es esto lo que hace que la acción social esté abocada a la comunicación. Esta es necesaria y constitutiva.</p>



<p>La acción implica un comportamiento significativo, con sentido, inteligible por los agentes o un espectador, tiene un <em>telos</em>. <strong>Por eso afirmar que la acción tiene sentido es “dar a entender que la acción social exhibe una racionalidad intrínseca que el agente debe poder justificar” </strong>(Grondin, 1990, p. 20; Hoyos, 1986). </p>



<p>Para finalizar, es necesario decir que la acción comunicativa le permite a Habermas superar las aporías de la primera Escuela de Fráncfort (Wiggershaus, 2009) &nbsp;donde la modernidad racional que prometió la liberación desembocó en dominio y falta de libertad, pues no solo permite ampliar el concepto de razón invalidado por Adorno y Horkheimer (2009) quienes asimilaron razón y cosificación desde “el proceso mismo de hominización” (Habermas, 2018, p. 417), sino que posibilita plantear un paradigma positivo que permite salvar la modernidad misma. Para Habermas, la racionalidad comunicativa lleva a la superación de la <em>filosofía de la conciencia</em>, solipsista, monadológica, autorreferencial, donde el sujeto (agente) actúa y domina el mundo. Recodemos que esa razón dominadora había sido teorizada por Nietzsche, Horkheimer, Adorno y Heidegger. Marcuse sintetiza bien el concepto de razón instrumental derivado de una filosofía de la conciencia cuando dice:</p>



<p>el ego que emprendió la transformación racional del medio ambiente humano y natural se reveló así mismo como un sujeto esencialmente agresivo, ofensivo, cuyos pensamientos y acciones están proyectados para dominar a los objetos. Era un sujeto contra un objeto […] Las naturalezas (tanto la suya como la del mundo exterior) fueron dadas al ego como algo contra lo que tenía que luchar, a lo que tenía que conquistar e, inclusive, violar -tales eran los requisitos de la autopreservación y desarrollo (Marcuse, 1969, p. 109).</p>



<p>&nbsp;Si la razón subjetiva, instrumental, implicó un afán de domar el mundo, escudriñar y revelar sus secretos, y si en ese proceso el humano mismo quedó incluido como objeto, la racionalidad comunicativa permite superar el paradigma de conocimiento de objetos y sustituirlo por un “paradigma del entendimiento intersubjetivo” (Habermas, 2010, p. 323), donde mi relación con el mundo y conmigo mismo está <em>mediada</em> por el otro, es decir, el ego es mediado por un alter que lo reconoce, <em>lo cual permite relativizar mis puntos de vista y mis propias posiciones personales. </em>En pocas palabras, <strong>el paradigma del entendimiento permite un control intersubjetivo de la verdad y una coordinación racional de la acción que al superar el paradigma cosificador y dominador de la razón, facilita pensar en la construcción de una sociedad de ciudadanos libres.</strong></p>



<p>La teoría de la <em>acción comunicativa</em> cuestiona, entonces, ese “apresurado adiós a la modernidad” de la primera Escuela, pero también de los posmodernos (Habermas, 2010, p. 328) y, también, p<strong>retende superar los problemas de legitimación de las instituciones políticas en el capitalismo tardío; es la herramienta por medio del diálogo, el entendimiento y el consenso, de la <em>reconstrucción</em> <em>del derecho y de la democracia</em> en las sociedades complejas y multiculturales actuales </strong>(Habermas y Rawls, 1998). <strong>Así, la racionalidad comunicativa se encarna como praxis en la historia, en las instituciones, en la acción social, en el lenguaje y en el cuerpo.</strong> En esto, a pesar de <em>varias</em> <em>limitaciones</em> a las que no me puedo referir aquí, está el valor de sus aportes a la filosofía contemporánea.</p>



<p><strong>Referencias</strong></p>



<p>Grondin, Jean. (1990). “Racionalidad y acción comunicativa”. <em>Ideas y valores, </em>83-84</p>



<p>Guerra, María. (2016).&nbsp; <em>Jürgen Habermas. La apuesta por la democracia. </em>Buenos Aires: EMSE EDDAP SL.</p>



<p>Habermas, Jürgen (2010). <em>El discurso filosófico de la modernidad. </em>Buenos Aires: Katz editores.&nbsp;</p>



<p>Habermas, Jürgen y Rawls, John. (1998). <em>Debate sobre liberalismo político. </em>Barcelona: Paidós.</p>



<p>Habermas, Jürgen. (2018). <em>Teoría de la acción comunicativa. </em>Madrid: Trotta&nbsp;</p>



<p>Horkheimer, Max y Adorno, Theodor. (2009). <em>Dialéctica de la Ilustración. </em>Madrid: Trotta.</p>



<p>Hoyos, Guillermo. (1986). “Comunicación y mundo de la vida”. <em>Ideas y valores, </em>71-72, pp. 73-105. <em>&nbsp;</em></p>



<p>Husserl, Edmund. (2008). <em>La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental, </em>Buenos Aires, Prometeo.</p>



<p>Marcuse, Herbert. (1969). <em>Eros y civilización. </em>Barcelona: Seix barral.</p>



<p>Pachón, Damián. (2025). <em> </em> &#8220;Habermas y la primera Escuela de Frankfurt: de la crítica de la razón a la acción comunicativa y la teoría social&#8221;. En <em>Crítica, psicoanálisis y emancipación. El pensamiento de Herbert Marcuse</em>, (p. 211-227).  3a ed., ampliada. Bogotá: Desde abajo. </p>



<p>Searle, John. (1986).&nbsp; <em>Actos de habla. </em>Madrid: Cátedra.&nbsp;</p>



<p>Wiggershaus, Rolf. (2009). <em>La Escuela de Fráncfort. </em>México: Fondo de Cultura Económica, Universidad Autónoma Metropolitana.</p>



<p>Wittgenstein, Ludwig. (2017). <em>Investigaciones filosóficas, </em>Madrid: Trotta.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Damian Pachon Soto</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Filosofía y coyuntura</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126994</guid>
        <pubDate>Wed, 18 Mar 2026 21:24:04 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Habermas: “El tema fundamental de la filosofía es la razón”]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Damian Pachon Soto</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Irán, adiós a Ali Jamenei</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/iran-adios-a-ali-jamenei/</link>
        <description><![CDATA[<p>En&nbsp;Los niños del cielo,&nbsp;Majid Majidi&nbsp;no filmó una fábula sentimental sino una anatomía delicada de la escasez. Majidi —formado en el teatro antes de volcarse al cine, atento siempre a los márgenes y a la infancia— convirtió una historia mínima en una metáfora universal: un par de zapatos perdidos, dos hermanos que comparten el secreto, una [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>En&nbsp;Los niños del cielo,&nbsp;Majid Majidi&nbsp;no filmó una fábula sentimental sino una anatomía delicada de la escasez. Majidi —formado en el teatro antes de volcarse al cine, atento siempre a los márgenes y a la infancia— convirtió una historia mínima en una metáfora universal: un par de zapatos perdidos, dos hermanos que comparten el secreto, una carrera escolar que es al mismo tiempo competencia y esperanza. Su cámara se inclina hacia lo pequeño, como si supiera que en los gestos diminutos se esconde la verdad de un país.</p>



<p>Esa Teherán de patios humildes y montañas nevadas al fondo —Teherán&nbsp;vista desde abajo, desde la altura de un niño— parecía suspendida fuera de la geopolítica. Pero ninguna ciudad está a salvo del ruido del mundo. Ayer fue&nbsp;Caracas&nbsp;la que ocupaba titulares con su propio drama; hoy es Teherán; mañana será otro nombre pronunciado con urgencia en los noticieros. Las capitales rotan en el escenario de la inquietud global, pero la vida cotidiana persiste, obstinada, bajo cada sacudida.</p>



<p>La muerte de&nbsp;<strong>Ali Jamenei</strong>&nbsp;(transliterado también como Khamenei), líder supremo desde 1989, en un bombardeo que estremeció la capital iraní, marca un punto de inflexión. Su figura fue la continuidad del sistema creado por su mentor,&nbsp;Ruhollah Jomeini, arquitecto de la República Islámica tras la revolución que depuso al sah&nbsp;Mohammad Reza Pahlavi. Jomeini diseñó una estructura donde la autoridad religiosa y el poder político se fundieron; Jamenei la sostuvo durante más de tres décadas con disciplina férrea.</p>



<p>El balance de ese periodo incluye represión de protestas, control sobre la prensa, persecución de disidentes y un uso sistemático de la pena de muerte avalado por tribunales revolucionarios. Para quienes creemos que el Estado no debe arrogarse el derecho de quitar la vida, esa convicción fue una fractura ética persistente del régimen. Y aun así, la eliminación violenta de un dirigente no equivale automáticamente a justicia ni garantiza la apertura democrática.</p>



<p>Uno de los episodios más simbólicos de esa etapa fue la fetua contra&nbsp;Salman Rushdie&nbsp;por su novela&nbsp;Los versos satánicos. “¿Qué es la libertad de expresión? Sin la libertad de ofender, deja de existir”, escribió Rushdie, recordándonos que la palabra puede incomodar, pero silenciarla es siempre un acto de poder.</p>



<p>Hoy la incertidumbre no es solo política sino estratégica. El&nbsp;Estrecho de Ormuz&nbsp;vuelve a ocupar los mapas de riesgo; los mercados energéticos reaccionan; los gobiernos calculan. La&nbsp;Organización de las Naciones Unidas&nbsp;llama a la contención mientras las potencias miden fuerzas. El mundo parece oscilar entre la diplomacia declarativa y la lógica de los hechos consumados. Y, en medio de esta turbulencia, persisten otras vergüenzas globales: la sombra de la lista del financiero&nbsp;Jeffrey Epstein, símbolo de redes de poder que rara vez enfrentan consecuencias proporcionales.</p>



<p>Sin embargo, dentro de Irán la historia nunca fue un bloque uniforme. También estuvo hecha de mujeres que reclamaron autonomía, jóvenes que pidieron futuro, creyentes que quisieron reconciliar fe y libertad. Sus voces —a veces acalladas, a veces multitudinarias— recuerdan que ningún régimen logra extinguir del todo el deseo de vivir sin miedo.</p>



<p>Si algo enseñó Majidi al comienzo de esta historia es que la política, por abstracta que parezca, termina siempre afectando escenas concretas: el trayecto a la escuela, la seguridad de una familia, la posibilidad de hablar sin temor. El verdadero cambio no será la caída de un nombre propio, sino la construcción paciente de instituciones que limiten el poder y protejan derechos.</p>



<p>Ayer fue Caracas. Hoy es Teherán. Mañana, quién sabe. Lo decisivo no es qué ciudad encabeza los titulares, sino si el mundo será capaz de sostener —más allá de los bombardeos y de las cortinas de humo— la idea sencilla y radical de que la vida humana y la libertad no deben depender del capricho de ningún régimen ni de ningún imperio.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126443</guid>
        <pubDate>Sun, 01 Mar 2026 21:45:58 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Irán, adiós a Ali Jamenei]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Sobre Hamnet</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/sobre-hamnet/</link>
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        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="225" height="225" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/22074956/image.png" alt="" class="wp-image-126063" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/22074956/image.png 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/02/22074956/image-150x150.png 150w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></figure>



<p>No voy a mencionar los premios y las nominaciones al Oscar que la película <em>Hamnet</em> ha tenido este año (son muchos). Diré, en cambio, que la actuación de los dos protagonistas principales, Jessie Buckley y Paul Mescal, es fabulosa; y que, por el contrario, la actuación del niño que interpreta a Hamnet, el hijo de Shakespeare, no da la talla.</p>



<p>Es un drama histórico cuya veracidad queda en la nebulosa, pues poco se sabe del gran dramaturgo: no se conoce de qué murió su hijo y tampoco hay certezas sobre con quién se casó realmente el gran William. Antes que nada, hay que decir que la película se desarrolla de drama en drama. En la cinta, William Shakespeare es casi una figura secundaria. Ninguno de los personajes está definido por una personalidad compleja o interesante; Shakespeare es más un <em>partenaire</em> que está para servir de soporte a la bailarina principal, Agnes, su esposa, para que ella pueda expresar su propio drama.</p>



<p>Agnes es la protagonista de esta historia. Ella es adivina y yerbatera; se supone que lee la personalidad y el futuro de una persona al tocar su mano. El problema es que la premisa de que posee ese don queda falseada en la trama, ya que no ve lo que se avecina cuando realmente importa: se confundió con la enfermedad de su hija y no se dio cuenta de la de su hijo hasta que fue demasiado tarde.</p>



<p>Pero sigamos con ella: es el alma del bosque que corretea siempre vestida de rojo entre los verdes campos, siempre despeinada y sudando; machaca plantas curativas y es tan “silvestre” que pare en el bosque, contra la tierra húmeda. En el primer parto se retuerce sola en el pantano, enredada en su largo vestido, hasta que nace una niña. En el segundo parto los gritos no cesan: son mellizos. Su segunda hija nace “muerta”, pero finalmente revive entre sus brazos. Hasta ahí llega el personaje de la mujer; no hay más capas ni mayor densidad o complejidad. Es una mujer que ama y es purísima emoción.</p>



<p>En el drama del comienzo, la familia de su consorte la rechaza, pero él la deja embarazada y se casan contra viento y marea. Luego vienen el primer y el segundo parto, con demasiados enfoques de cámara sobre el rostro, la boca abierta en un grito y la expresión agonizante. Cuando han pasado dos tercios de la película, llega por fin el drama final. La hija cae enferma por la peste y, como el guion atrae o repele con su esoterismo, el muchacho de once años se acuesta al lado de su melliza para “llevarse la enfermedad”, para engañar a la Parca, distraerla y lograr que lo tome a él, en un acto de altruismo infantil.</p>



<p>Finalmente, ella viaja a Londres a ver el drama —no la comedia— que su marido ha escrito, y presencia la representación de <em>Hamlet</em>. La cámara, otra vez, se enfoca en sus expresiones, que transitan del rechazo y la ira a la comprensión y al perdón. Es un momento de revelación humana a través del arte sobre lo que significa decir adiós y lo que significa la posibilidad de la resignación. Esta es la gran escena de la película, una buena coreografía, y hay que resaltar que la banda sonora es hermosa; está hecha para hacer llorar hasta a los guaduales. Cuando uno no logra entrar en la historia debido a los clichés, es difícil resonar con ella, pero hay que admitir que la música es un acierto y resulta conmovedora. La película es simple, la trama es predecible y no hay un solo aspecto que sea inusitado; sí, tal vez uno: no hay atisbos de ideas religiosas ni de prácticas religiosas y, en la Inglaterra de esa época, las poblaciones estaban subyugadas al Anglicanismo. Era obligatorio asistir a los servicios y quienes incumplían debían pagar multas severas. En el otro extremo estaban los puritanos, protestantes radicales que pensaban que la Iglesia Anglicana todavía se parecía demasiado a la Iglesia Católica. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126062</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Feb 2026 12:50:26 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Sobre Hamnet]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Política fuera de lugar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/politica-fuera-de-lugar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hasta cuando el Emperador Teodosio los proscribió en 393 por considerarlos paganos, motivación político-religiosa, los juegos olímpicos eran la oportunidad por excelencia no solo de observar una tregua en los conflictos entre las pólis sino de moderar diferencias entre gobernantes, para que los atletas emularan en sana competencia física animados por un espíritu de concordia.  [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<p>Hasta cuando el Emperador Teodosio los proscribió en 393 por considerarlos paganos, motivación político-religiosa, los juegos olímpicos eran la oportunidad por excelencia no solo de observar una tregua en los conflictos entre las pólis sino de moderar diferencias entre gobernantes, para que los atletas emularan en sana competencia física animados por un espíritu de concordia. </p>



<p>El cumplimiento mismo de la tregua, obligatoria para las ciudades participantes, les daba a los juegos, por definición, una función política paralela a la competencia deportiva, pues el hecho de ser símbolo y ejemplo de que la paz es posible tenía significado político en el más noble de los sentidos. De allí salió el ideal de que ese espíritu se mantuviera en torno y con ocasión de toda competencia deportiva, y no se limitara al paréntesis de los juegos.</p>



<p>A pesar de esa quimera, la puerta quedó, de hecho, abierta a la interferencia de los tribalismos, traducidos a los nacionalismos. También quedó abierto un acceso, cada vez más grande, a la interferencia que frente a los ideales olímpicos pueden representar la comercialización del deporte como espectáculo y la propagación del fanatismo. Fenómenos ambos que han avanzado para convertir las justas deportivas, con sus pros y sus contras, en elemento sustancial de la civilización contemporánea. Una civilización que, bajo sus diferentes versiones, convierten a algunos deportes en elementos de verdadera congregación internacional de público de todos los países, sin barreras de credo religioso o político.&nbsp;</p>



<p>La omnipresencia del deporte ha venido a llenar en nuestra época el vacío de espectáculos de masas que siempre existieron en todas partes. Promotores de militancias y colectores de euforias o frustraciones colectivas que afectan a millones de personas relacionadas con equipos en los que no juegan, pero por los que se juegan el pellejo como devotos o críticos de los actores de uno y otro torneo.&nbsp;</p>



<p>Si fuese posible, que no lo es sino en gracia de discusión, sustraer los espectáculos deportivos de los rituales de la vida contemporánea, el mundo sería sin duda aburrido y también peligroso, pues se pondría en busca de entretenimientos como el circo romano, con ansia irrefrenable de causas comunes para esperar, vivir, criticar y recordar acontecimientos de concurrencia multitudinaria, ahora presencial o remota. Para celebrar o sufrir en compañía de alguien victorias y derrotas.&nbsp;</p>



<p>Existe una legítima preocupación, aunque no siempre explícita, que acompaña en todas las ocasiones las competencias deportivas: la fidelidad al espíritu del olimpismo. Es decir que, así no se trate de los Juegos Olímpicos formalmente organizados, subsiste y debe subsistir el propósito del cumplimiento de esos ideales olímpicos que se sintetizan en el encuentro amigable de representantes de distintas agrupaciones de la especie humana para buscar, con la práctica de un deporte, los ideales de mente sana en cuerpo sano, la competencia amistosa, el juego limpio, y la paz no solamente entre los competidores, sino entre sus seguidores y gobernantes.</p>



<p>Frente a ese panorama idílico existen realidades contundentes que muestran encuentros y también desencuentros entre la política y el deporte.&nbsp;&nbsp;Y es difícil que sea de otra manera porque, sobre todo en la dimensión internacional, las personas que participan en cada competencia tienen distintas características y creencias, que salen a flote un poco por fuera de lo deportivo bajo la presión de los animadores de su respectiva cultura, cuando no de sus respectivos estados. De manera que los deportistas se convierten en portadores involuntarios de estandartes de aquello que se ha venido en llamar “poder suave “, que juega un papel importante en todos los escenarios de las relaciones internacionales.</p>



<p>La idea misma de la restauración de los Juegos Olímpicos por parte del Barón Pierre de Coubertin, en los últimos años del siglo XIX, despertó interesantes observaciones de naturaleza política, además de las deportivas. A partir de entonces, ha sido muy difícil ahuyentar todo tipo de interferencias, así como el aprovechamiento de los juegos por parte de gobernantes de distinta procedencia para dar impulso a sus intereses o al menos hacerse notar en el escenario.</p>



<p>Muy en desorden, se puede recordar cómo los juegos de Berlín, en época del Tercer Reich, quisieron ser aprovechados para demostrar la superioridad racial de los organizadores. Lo mismo, bien que mal, ha sucedido en otras partes, así no haya sido de manera tan radical y ostensible. Los Estados Unidos boicotearon los Juegos Olímpicos de Moscú como represalia por la invasión rusa de Afganistán. Rusia hizo lo propio con los de Los Ángeles.&nbsp;</p>



<p>En torno de Rusia, se han presentado las mayores y más intensas discusiones. Los atletas rusos han sido proscritos de las justas olímpicas, y de otros eventos, por la utilización de lo que se ha denominado por algunos “doping institucional” para sus atletas en los Juegos Olímpicos de Sochi. También ha sido excluida últimamente de los olímpicos y de otros campeonatos importantes, como los de la FIFA y la UEFA, a manera de sanción por su ataque a Ucrania. Atletas rusos pueden participar en forma individual en algunos campeonatos, previo proceso restrictivo, pero su nacionalidad no se menciona, la bandera no es izada ni portada y el himno nacional no se escucha.&nbsp;</p>



<p>En torno de los deportes existe todo tipo de discusión y reclamo en cuanto al papel del Estado como sustentador de los esfuerzos deportivos y su apoyo a competencias internacionales. Y claro, algunos Estados apelan al deporte como muestra propagandística de su poder blando. Tal el caso del cubano, que se propuso en una época conseguir los mayores logros posibles en materia deportiva como muestra de la fuerza de su revolución. Los derechos de televisión y la propaganda comercial inserta en la mayoría de los eventos deportivos juegan un papel muy importante en la universalidad o la exclusión de países o sectores sociales frente al deseable acceso universal al desarrollo de las competencias. Las apuestas han encontrado nido en las competencias deportivas para sacar provecho del espíritu aventurero de los entusiastas de poner a prueba su suerte, y el fenómeno se ha convertido en fuente de ingresos para empresarios del juego y de impuestos para muchos Estados.&nbsp;</p>



<p>El fanatismo se ha convertido en inspirador de figuras sociales, como el “hooliganismo”, con expresiones en distintos países, que ha producido tragedias dentro y fuera de los estadios. Inclusive el fanatismo ha llevado a guerras folclóricas entre países tercermundistas. Las “bolsas” de pases de deportistas mueven billones de dólares y se alejan de los ideales del olimpismo, pero resultan de una importancia arrolladora e inevitable: tienen el monopolio de negocios que la gente sigue con el mismo interés que los juegos. Y, en fin, en países polarizados internamente, que son muchos, resulta claro que la selección nacional del deporte predominante se convierte en el único factor identificable de unidad, así sea por el tiempo que dure un partido.</p>



<p>En estos mismos días India y Bangladesh protagonizaron tremendo espectáculo en desarrollo del Campeonato Mundial de Cricket, deporte de primer orden en esos dos países, al punto que el tratamiento dado por la India al tema la puede alejar de su aspiración de albergar próximamente unos Juegos Olímpicos. En la medida que se acerca el Campeonato Mundial de Fútbol, aparecen conjeturas sobre las vicisitudes que puedan pasar visitantes extranjeros en las ciudades estadounidenses donde se desarrollará parte de la competencia.&nbsp;</p>



<p>Para cerrar este relato de infortunios en contra del espíritu que debería poner fuera de juego a la política en materia deportiva, al presidente de la FIFA se le ocurrió inventarse un premio de la paz, representado en una figura extravagante, dorada y ostentosa, que entregó al presidente de los Estados Unidos, para compensar su decepción por no haber recibido el Nobel de Paz. Acto que de pronto le permitió congraciarse una vez más con el destinatario de su premio inventado de manera personal, pero deplorable desde el punto de vista de la neutralidad política del deporte.&nbsp;</p>



<p>Por supuesto, hay quienes claman por la preservación absoluta del espíritu olímpico en todas las actividades deportivas, y es bueno que haya quien mantenga en alto esa bandera. También hay quienes abogan por terminar la trashumancia de los juegos olímpicos, para que se lleven a cabo siempre en el mismo lugar, al que peregrinarían todos los países del mundo, sin que exista esa competencia de prestigio, gasto público y negocio rentable por el que compiten ahora los candidatos. Existen discusiones sobre el género en los juegos olímpicos y deporte en general. Lo mismo que en torno del concepto de actividad deportiva olímpica, que rechaza el patinaje sobre ruedas, pero acepta malabares de andén.&nbsp;</p>



<p>Tal vez los Juegos Olímpicos de Invierno, que se realizan por estos días, sirvan para retratar el estado de cosas de un movimiento que sin duda sirve inmensamente a la humanidad y cuya continuidad debe ser propósito universal. Un atleta ucraniano fue excluido de los juegos por llevar en su casco, imágenes de atletas de su patria muertos en la guerra con Rusia; país que no pudo participar. Cinco atletas rusos fueron admitidos de manera individual y “neutral”, y la admisión, aún en esas condiciones, motivó la protesta de Ucrania.&nbsp;</p>



<p>El espectáculo denota la presencia insistente de consideraciones políticas en el seno del olimpismo, sin que exclusiones y castigos contribuyan a arreglar ningún problema, y no sirvan para algo más que profundizar animadversiones que van en contra de ese espíritu que debe prevalecer. Con ese propósito, ninguna autoridad deportiva se debería tomar la atribución de calificar políticamente a los eventuales participantes en un campeonato, o mejor aún, a los gobiernos del país de donde provengan, para decidir si pueden competir o no; para no contradecir, con el lenguaje brutal de los hechos, ese espíritu olímpico que deseamos conservar. Los Estados, por supuesto, deben realizar el esfuerzo de respetar la independencia del deporte y no utilizarlo en favor de sus intereses desde fuera de lugar.&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125852</guid>
        <pubDate>Mon, 16 Feb 2026 04:51:40 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Política fuera de lugar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Hernán Peláez Restrepo, el hombre de la radio.</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/lineas-de-arena/hernan-pelaez-restrepo-el-hombre-de-la-radio/</link>
        <description><![CDATA[<p>Esta nota sobre Hernán Peláez Restrepo la escribí y publiqué hace 12 años en este blog, pero veo que ya no aparece. Supongo que se extravió en alguna migración de datos, al cambiar la plataforma hace un tiempo, así que la rescato. A Hernán Peláez, quien hoy 29 de enero se encuentra de cumpleaños, lo conocí hace unos años en un evento del Hay Festival en Cartagena, en un colegio público de la ciudad, en el cual dio una deliciosa charla sobre fútbol. Al final, insisto en una idea sobre un programa de radio que sería éxito seguro con el Dr. Peláez.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p></p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="600" height="455" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131743/Pelaez-Perez-y-Ortiz.jpeg" alt="" class="wp-image-125269" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131743/Pelaez-Perez-y-Ortiz.jpeg 600w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131743/Pelaez-Perez-y-Ortiz-300x228.jpeg 300w" sizes="(max-width: 600px) 100vw, 600px" /><figcaption class="wp-element-caption">Hernán Peláez, Edgar Perez y Jaime Ortiz Alvear. </figcaption></figure>



<p><strong>Nota preliminar</strong>: <em>Esta nota sobre Hernán Peláez Restrepo la escribí y publiqué hace 12 años en este blog, pero veo que ya no aparece. Supongo que se extravió en alguna migración de datos, al cambiar la plataforma hace un tiempo, así que la rescato. A Hernán Peláez, quien hoy 29 de enero se encuentra de cumpleaños, lo conocí hace unos años en un evento del Hay Festival en Cartagena, en un colegio público de la ciudad, en el cual dio una deliciosa charla sobre fútbol. Al final, insisto en una idea sobre un programa de radio que sería éxito seguro con el Dr. Peláez. </em></p>



<p>Los que pertenecemos a la generación de la radio, esa que ha hecho el tránsito a los otros medios de comunicación audiovisual y a las redes sociales, estamos obligados a rendir tributo a Hernán Peláez Restrepo, un hombre que ha tenido el acierto de proyectar sus pasiones particulares a millones de personas a través del transistor.</p>



<p>El Dr. Peláez, se ganó ese título otorgado por colegas y escuchas, no solo como ingeniero químico al ser el primer comentarista deportivo con diploma profesional, sino como reconocimiento a su conocimiento del fútbol, pero también como maestro y director de programas de radio que se han vuelto legendarios. Es difícil creer hoy que uno de adolescente estuviera pegado a una emisora de radio a las siete de la noche, escuchando a unos señores discutiendo de fútbol durante más de una hora.</p>



<p>Sin embargo así fue, la&nbsp;<em>“Gran Polémica Nacional de los Deportes”</em>&nbsp;que realmente era solo sobre fútbol, congregaba a millones de radioescuchas para ser testigos de los comentarios y los no poco enfrentamientos entre varios de los más destacados narradores y cronistas del fútbol, como los protagonizados entre Jaime Ortiz Alvear y Edgar Perea, aunque fueron muchos más los periodistas que se conectaban desde cada ciudad colombiana. La innovación ha sido la clave en los programas conducidos por Hernán Peláez, quien desde aquella época, resultaba ser el amable y objetivo moderador, que no toma partido e intenta calmar los ánimos de sus colegas.</p>



<p>Hablar de lo que ha significado&nbsp;<em>“La Luciérnaga”&nbsp;</em>desde 1992 en los tiempos del apagón programado, sería llover sobre mojado. Pero es sorprendente que con un formato casi invariable con su mezcla de realidad, humor, crítica política e ingenio musical, no haya sufrido mayor desgaste a pesar de los imitadores y competencia que ha surgido en las otras cadenas radiales.</p>



<p>Porque también hay que decirlo, Hernán Peláez Restrepo es otra forma de decir&nbsp;<em>Caracol Radio</em>, los propietarios de la primera cadena radial colombiana le deben mucho al Dr. Peláez, pues gracias a su carisma modesto, sin falsas pretensiones ayudó a ubicar a la emisora en los primeros lugares de sintonía, que ha trascendido a las fronteras de Colombia, pues mucho antes que existiera Internet, había gente que ya escuchaba Caracol en otros países del mundo. Quienes en este momento no residenciamos en Colombia, tenemos la gran fortuna de sintonizar nuestras emisoras en la gran red informativa de Internet, sin hacer malabarismos con radios de onda corta o larga.</p>



<p>Ahora que nos enteramos de que el Dr. Peláez anuncia su retiro de&nbsp;<em>La Luciérnaga</em>, sabemos que termina otro capítulo glorioso de la radio. Afortunadamente el veterano periodista continuará con&nbsp;<em>El pulso del fútbol</em>, en donde realiza ese delicioso contrapunteo con Iván Mejía Álvarez, programa en el cual tengo el privilegio como muchos otros oyentes de haber realizado algunos aportes, pues volviendo al tema de la innovación, buena parte del éxito de ese programa, consiste en el diálogo que mantienen los comentaristas con su público. Por ello no resulta extraño que el programa sea seguido incluso por gente que no le gusta el fútbol.</p>



<p>Hernán Peláez, no ha sido ajeno a los otros medios de comunicación, de hecho durante varios años trabajó en varios noticieros de televisión y es columnista de&nbsp;<em>El Espectador</em>, pero sin duda su esencia es la radio. Un hombre de radio con una memoria prodigiosa, que como él mismo dice, se aprendía las alineaciones de los equipos colombianos de fútbol como quien aprendía poesía.</p>



<p>Alguna vez le escribí al Dr. Hernán que sabiendo de su conocimiento en materia musical, debería realizar un programa que se llamara algo así como:&nbsp;<em>La música de Peláez,</em>&nbsp;en donde combinara sus canciones y melodías favoritas con anécdotas, comentarios e historias. Seguro sería otro éxito de un hombre que ha sido el Rey Midas de la radio. No solo sus nietos, sino sus hijos adoptados de la radio queremos seguir gozando de su presencia.</p>



<p>Al final, dejo como colofón, un breve tautograma, para quien ha sido responsable en parte que Colombia tenga una oreja pegada al viejo transistor de los recuerdos. Gracias por ello.</p>



<p><em>Hombre Hernán, ha hecho historia hemisferio Hertziano. Hispanoamérica habla híbridos honestos, humorísticos, honda huella. Honores, humanista hidalgo.&nbsp;</em></p>



<p><strong>Dixon Acosta Medellín</strong></p>



<p>A ratos en lo que sigo llamando Twitter: @dixonmedellin y en Bluesky: @dixonacostamed.bsky.social</p>


<figure class="wp-block-post-featured-image"><img decoding="async" width="337" height="343" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131839/Hernan-Pelaez.jpg" class="attachment-post-thumbnail size-post-thumbnail wp-post-image" alt="" style="object-fit:cover;" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131839/Hernan-Pelaez.jpg 337w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/29131839/Hernan-Pelaez-295x300.jpg 295w" sizes="(max-width: 337px) 100vw, 337px" /></figure>]]></content:encoded>
        <author>Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</author>
                    <category>Líneas de arena</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=125267</guid>
        <pubDate>Thu, 29 Jan 2026 18:21:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Hernán Peláez Restrepo, el hombre de la radio.]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Dixon Acosta Medellín (@dixonmedellin)</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Obituarios de mi hija, mis sobrinas y primo sobre mi padre Antonio Vélez</title>
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        <description><![CDATA[<p>De Antonia Atocito lindo del jardín: fuiste la luz de nuestra familia, el cemento que nos ha mantenido unidos y fuertes, el hombre más bondadoso, amoroso e inteligente que conozco y conoceré. Tu partida se siente como si se hubiera desmoronado un pilar que nos mantenía erguidos y firmes. Fuiste más que un abuelo; fuiste [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
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<p><strong>De Antonia</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-124316" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1-1024x683.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1-768x512.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1-1536x1025.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/01/04094056/PHOTO-2025-12-30-14-08-44-1.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Atocito lindo del jardín: fuiste la luz de nuestra familia, el cemento que nos ha mantenido unidos y fuertes, el hombre más bondadoso, amoroso e inteligente que conozco y conoceré. Tu partida se siente como si se hubiera desmoronado un pilar que nos mantenía erguidos y firmes.</p>



<p>Fuiste más que un abuelo; fuiste un papá: quien se sentó conmigo largas horas a explicarme la tarea de cálculo, quien me contaba cuentos inventados de gatitos y quien me dejaba jugar con tu computador, aunque lo llenara de virus. Nunca voy a olvidar que me dejabas dormir entre Titi y tú cuando era chiquita, en esa casa húmeda, en mi infancia.</p>



<p>Tuve la maravillosa oportunidad de ser la nieta de uno de los primeros divulgadores científicos de Colombia, de la persona que me enseñó a confiar solo en el método científico, a no creer en supersticiones, solo en la evidencia. Has influido en mi vida y en mi carrera; si no fuera por ti, no amaría la ciencia como la amo.</p>



<p>Me regalaste el mejor regalo del mundo: una familia increíble, un hogar caluroso, unos sábados llenos de felicidad. Nunca voy a olvidar nuestras salidas a tomar café, tu felicidad de poder compartir un pastel de guayaba, los diciembres cantando Adelita, los picados de fruta que nos hacías a las once de la mañana.</p>



<p>Estoy agradecida con la vida porque mi hija Alicia te pudo conocer, pudimos pasar la última Navidad contigo y decirte adiós. Yo sé que no estás en un mejor lugar, pues nos enseñaste a no creer en eso, pero sí estarás siempre en mi corazón, en mi memoria y, lo mejor de todo, en mi material genético.</p>



<p>Me siento orgullosa de ser tu nieta, de ser tu “bobita”. Tu legado vive en mí y en mi hija. Solo aspiro a tener un poco de tu brillantez, de tu bondad, de tu corazón tan cinco estrellas, y a que hoy, que ya no estás, solo queden buenos recuerdos de un hombre inigualable.</p>



<p>Las palabras se me quedarán cortas y nunca serán suficientes para describir lo que significas para mí. Te voy a extrañar horriblemente.</p>



<p><strong>De Cristina</strong></p>



<p>Ato. El fundador de la escuela de los escépticos.</p>



<p>Nos enseñaste a vivir la vida de una manera única, sin un dios, sin esoterismos ni romanticismo</p>



<p>De cerebro brillante, pragmático y noble. Sin esfuerzo ni vanidad, te ganaste la admiración de todo el que tuvo el placer de conocerte.</p>



<p>Fueron muchas preguntas las que te hice, pero ahora me surgen otras: ¿cómo debo llamarle ahora a la casa de Ato y Titi? ¿Cómo serán ahora los sábados por la tarde?</p>



<p>En mi cabeza tengo grabado ese gesto que hiciste hasta el último día: el de tirarme un besito.</p>



<p>Mis dedos conocen perfectamente la sensación de cuando te peinaba tu pelo blanco o te halaba los pelos de los brazos.</p>



<p>Te tendré siempre a mi lado; uno de tus libros está en mi mesa de noche. Cada que me hagas falta, voy a leer un fragmento de algo que escribiste.</p>



<p>El cuerpo no es eterno, pero las ideas sí, y esa será nuestra manera de inmortalizarte.</p>



<p><strong>De Juliana</strong></p>



<p>Le escribí esta carta a mi abuelo en abril 17 del 2022.</p>



<p>Mi atocito lindo del jardín:</p>



<p>Te escribo esta carta para agradecerte. Toda la vida me he sentido agradecida pero no</p>



<p>estoy muy segura si alguna vez te lo he dicho.</p>



<p>Quiero agradecerte por la lupa que me has regalado para ver el mundo. Tú se la diste a mi</p>



<p>papá, y él me la ha dio a mí antes de que tuviera memoria para recordarlo.</p>



<p>Esta lupa, hecha de ciencia, escepticismo y razonamiento lógico, me ha dejado ver el</p>



<p>mundo de una manera clara, limpia, descontaminada de toda superstición; y el mundo así</p>



<p>me ha parecido hermoso.</p>



<p>He crecido con muchos compañeros carentes de esta lupa, personas sin el menor deseo</p>



<p>de examinar el mundo de cerca, con la visión borrosa por la religión y la pseudociencia.</p>



<p>Tengo que confesarte que algunas veces he querido yo también creer en una que otra</p>



<p>fantasía, por mi tranquilidad y por comodidad, aunque casi siempre sin éxito.</p>



<p>Desde muy chiquitos nos has enseñado a todos en la familia a cuestionarnos la realidad, a</p>



<p>reflexionar sobre el mundo, la evolución y el comportamiento humano. Nos has llevado a</p>



<p>preguntarnos sobre el funcionamiento de las máquinas, desde la mecánica del timbre</p>



<p>hasta el misterio del cerebro y la consciencia. Es, en gran parte gracias a ti, que hoy</p>



<p>estudio con entusiasmo neurología, un tema por el que sé que tú y yo compartimos gran</p>



<p>interés.</p>



<p>He sido afortunada; sé que nuestra lupa no nos permite ver todavía la verdad del mundo y</p>



<p>que la gran mayoría del universo permanece un misterio, con lupa o a simple vista. Pero la</p>



<p>búsqueda de la verdad, así sea una minúscula verdad entre lo infinitamente desconocido,</p>



<p>me genera una cantidad enorme de felicidad. Es a ti a quien debo una gran parte de esa</p>



<p>felicidad, a ti y a esa lupa maravillosa que tuviste la valentía de construir.</p>



<p>Un besito y un abrazo grande,</p>



<p>Att: juli, tu bobita.</p>



<p><strong>De &nbsp;Juanes</strong></p>



<p>Recuerdo del tío Toño</p>



<p>Antes de ser Atocito lindo del jardín, para mí era el tío Toño.<br>Lo recuerdo en su gran biblioteca, sentado trabajando. Ese lugar, en el último piso de su casa, era un espacio amplio e iluminado, lleno de libros, enciclopedias y archivos. También tenía un equipo de sonido con grandes parlantes y muchísimos discos y casetes.</p>



<p>En el amplio balcón de la biblioteca, que daba hacia el jardín interno de la casa, siempre estaba la prima Anita trabajando.</p>



<p>Desde que yo llegaba, Antonio empezaba a decir:<br>“Huele a azufre… huele a azufre…”<br>Eso quería decir que su sobrino —o sea yo—, el diablo, el más esculcón y necio de todos, había llegado.</p>



<p>Me acuerdo perfectamente de que siempre le pedía que me pusiera el disco de Navidad de Raphael, un gran LP de portada roja y verde, con la palabra Paz, donde estaba la emblemática canción El tamborilero. &nbsp;Él me lo ponía una, dos y hasta cincuenta veces, hasta que yo me cansara. Todo con tal de hacerme feliz y de tenerme quieto, por lo menos, cinco minutos.</p>



<p>Una vez, en uno de nuestros viajes decembrinos a Tolú, decidí que quería vender panelitas en la playa y se lo conté. Posiblemente, lo único que yo quería era ponerme la ponchera en la cabeza y pretender ser una palanquera.<br><br></p>



<p>El tío Toño me vio coger todos los dulces de la despensa y meterlos en una olla. Ante mi determinado emprendimiento, Ató me dijo:<br>—¿A cómo las panelitas?</p>



<p>No recuerdo el precio, pero me las compró todas. Luego las volvió a guardar en la cocina, y yo terminé la jornada con ganancias.</p>



<p>El tío siempre estuvo presente en mi vida de forma constante. Me dio respuestas claras y concisas a todas mis dudas, miedos e incertidumbres durante la adolescencia. Me enseñó a hacerme preguntas, a dudar, a confiar en las certezas y no en las fantasías, a aferrarme a los hechos y no al esoterismo que tanto me atormentaba. Eso fue determinante en mi formación y rompió, de forma positiva, muchos paradigmas.</p>



<p>Ya de adulto, me invitaba por las tardes a su casa a tomar café y me decía:<br>—Juancho, tengo unos croissants buenísimos, vení un ratico.</p>



<p>Pasábamos la tarde conversando junto a la tía Titi. Él me hablaba de su juventud, de Genaro Salinas —uno de sus cantantes favoritos—, y yo le preguntaba por el Medellín antiguo, ese que yo no conocí: de su colegio, de su noviazgo con la tía… y nos moríamos de la risa.</p>



<p>Una vez alguien dijo que los hijos del tío Antonio eran como planetas que orbitaban a su alrededor sin luz propia. Yo creo que se equivocaba: sí tenían luz propia. No solo ellos gravitaban alrededor de ese sol; todos lo hacíamos, y con legítima satisfacción, porque ante una estrella tan fulgurante y tan cálida habría sido una necedad no dejarse iluminar.<br>Hoy recuerdo al tío y lo recordaré siempre como el centro, como la luz y como el origen de todo lo que somos.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124310</guid>
        <pubDate>Sun, 04 Jan 2026 14:41:15 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Obituarios de mi hija, mis sobrinas y primo sobre mi padre Antonio Vélez]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/catrecillo/obituario-de-juan-mi-hermano-sobre-mi-padre/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré. Pero digo “despedir” por costumbre, porque [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p>Los abuelos se vuelven eternos en el nombre que les ponen sus nietos. Antonio, mi padre, recibió para la posteridad uno breve y hermoso: Ató. Y hoy, noventa y dos años después, estamos aquí para darle el adiós a nuestro Ató, quizá la persona que más quise y admiré.</p>



<p>Pero digo “despedir” por costumbre, porque la verdad es otra: pudimos decirle adiós con una calma extraña y misericordiosa. No fue un corte brusco, sino una despedida diluida en el tiempo, repartida en el transcurso de muchos años.</p>



<p>Su conciencia se fue desvaneciendo como una acuarela expuesta durante años a la luz del sol. Al principio, el verde de las hojas, a lo lejos, aún se distinguía, aunque por momentos se confundía con la hierba. Luego ese verde se volvió apenas una mancha, diluida en el paisaje. Con los años, su mundo fue perdiendo tonos y matices, como si un velo blanquecino lo cubriera de olvido. La enfermedad gastó su memoria con una constancia implacable, del mismo modo en que el agua pule una piedra: lentamente, sin pausa, hasta dejarla lisa…</p>



<p>Lo vimos alejarse de sí mismo. Vimos, con impotencia, cómo los recuerdos se fragmentaban en relatos inconexos: a veces apócrifos, a veces imperfectos, a veces soñados. Fuimos testigos de cómo su conciencia se apartaba de nuestra realidad para sumergirse en un mundo distante, extraño e incomprensible. Un universo donde los hechos ya no se suceden en la secuencia del tiempo; donde el tiempo deja de existir como reloj o calendario para convertirse en la eternidad de un instante.</p>



<p>Einstein llamó al tiempo “la más obstinada y persistente de nuestras ilusiones”. Y quizá sea solo eso: no una realidad exterior, sino un relato —una <em>qualia</em>— que la mente hilvana con memorias sucesivas hasta fabricar la apariencia de una continuidad, como en esos libritos que, al hojearlos soltando el pulgar con rapidez, nos provocan la ilusión de un caballo al galope. Pero, como en el cine, no hay movimiento: solo imágenes en secuencia, detenidas, estáticas.</p>



<p>Fue así como empezamos a despedirnos mientras él se alejaba: se alejaba, y se alejaba, y se alejaba… Y pasaron los años sin dolor, sin sufrimiento, con esa calma extraña que a veces trae la vida cuando decide ser piadosa. Es apenas hoy cuando entendemos de súbito que está ya tan lejos que no podemos alcanzarlo con la mirada. Por eso decir “adiós” es una metáfora. El adiós ocurrió con lentitud geológica: nos fuimos despidiendo durante años, paso a paso, hasta llegar a este día en que ya no podremos verlo nunca más.</p>



<p>Un día, cuando yo era niño, Ató me habló de un insecto diminuto, la efímera, cuya vida activa se reduce al espacio de unas pocas horas, a veces menos de un día. Yo me quedé pensando, con la lógica seria de los niños: si fuéramos efímeras, ¿para qué ir al colegio, para qué almorzar, para qué bañarse o ponerse los zapatos, si esa misma noche íbamos a estar todos muertos? Ató notó mi ansiedad y, con esa manera suya tan directa, me dijo: “La vida humana, medida a escala cósmica, es infinitamente corta”. Y en esa comparación estaba todo él: una lucidez que devolvía al mundo su proporción verdadera, y una serenidad rara que, al decir las cosas como son, les quitaba un poco de peso.</p>



<p>Mi papá tuvo el raro privilegio de nacer con una inteligencia excepcional, y dotado de una gran creatividad. Ya muy viejo, con Alzheimer avanzado, se quedó un momento frente a la placa de mi carro: BXQ221. Entonces, como un Ramanujan criollo, sonrió y me dijo: “Juan, el número de tu placa es fácil de memorizar: (10^2 + 11^2)”.</p>



<p>Y en cierta ocasión, después de estudiar la frecuencia de las letras en español, diseñó un teclado óptimo para el computador: en el centro puso las más utilizadas —E, A, O, S, N, R— y relegó a los extremos, en las otras filas, las más raras —K, W, X, Ñ, J, Z—. También inventó un mouse al que, con un humor muy propio, llamó el <em>paus</em>: se manejaba con el pie derecho, como el pedal de un órgano. Y no se detuvo ahí: ideó un espejo para verse por delante y por detrás, y hasta una parrilla de arepas “con tacones”, ocurrencias suyas que nos hacían reír sin parar.</p>



<p>Y también nos enseñó a perderle el miedo a zambullirnos en el agua con “flotadores inteligentes” de su propio diseño: un neumático delgado de bicicleta que iba desinflando a medida que ganábamos confianza en la piscina. Señalaba lo absurdo de los flotadores convencionales, enormes, que no permitían el más mínimo progreso y que, al final, ni siquiera dejaban mover los brazos con facilidad.</p>



<p>Y cuando yo era niño me enseñó un método para saber el día de la semana de cualquier fecha, en cualquier año. Ese “calendario universal” lo explica en uno de sus libros, y todavía hoy lo uso en mis clases de primer semestre para avivar la curiosidad de los estudiantes más interesados y atentos.</p>



<p>Y cuando esa inteligencia se encuentra con una personalidad implacablemente racional, el resultado es alguien capaz de liberarse del troquelado de la infancia —una de sus palabras favoritas—, de sacudirse el adoctrinamiento de las religiones y las ideologías, de mirar con sospecha las supersticiones, y de plantarse sin concesiones frente a esas fuerzas oscuras de la irracionalidad, que solo siembran sufrimiento y cosechan crueldad.</p>



<p>Diría que ese fue su mayor legado: una forma de pensar, una ética de la lucidez y de la razón. Eso es lo que dejó en quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, y también en sus libros y ensayos. Y luchar por esa causa fue, sin duda, su batalla más constante.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Recuerdos de adolescencia</h1>



<p>En mi casa se comía cheesecake y pie de manzana. También hacían una versión colombiana del pollo hindú, nasi goreng, del plato alemán con salchichas, chuletas de cerdo y repollo chucrut fermentado en sal, y del plato cubano con caraotas: rarezas culinarias que mi mamá preparaba y que dejaban a mis amigos entre asombrados y felices. Y también carne molida en sopa de arroz, un plato humilde al que llamaban “almuerzo de cura”. Y el famoso y vilipendiado “sudao de pollo”, la comida predilecta de Ató.</p>



<p>Pero el mayor orgullo culinario de la casa era el pollo mallorquín. No el original de Mallorca —el que un tío catalán nos enseñó a preparar—, sino el mestizo: con chicharrones y plátano maduro, cocinado a fuego lento en una olla de cerámica roja, esmaltada, hermosa, a la que llamaban la “greixonera”. Esa palabra la oí desde niño y todavía hoy no sé qué significa; ni siquiera sé si existe en algún diccionario. Pero en mi memoria quedó labrada con firmeza pétrea, como quedan las palabras que se aprenden en la infancia.</p>



<p>Para mi papá, la riqueza nunca tuvo un brillo especial. El dinero se trataba en casa con respeto práctico: útil para lo necesario y, a veces, capaz de comprar un pedazo de felicidad. Pero el poder que suele venir con él no despertaba reverencia; al contrario, parecía vulgar, casi indecente. El valor de la vida se medía en otra escala. Se respiraba una atmósfera intelectual única, libertaria y científica, donde se pensaba sin miedo y se desconfiaba de toda autoridad. Y esa manera de mirar el mundo —austera, libre— incomodaba a los conservadores y fascinaba a los jóvenes que empezaban a pensar por cuenta propia.</p>



<p>Había una biblioteca enorme, un altar laico custodiado por pequeños retratos que no eran del Sagrado Corazón ni de parientes, ni siquiera de sus hijos, sino de Darwin, Einstein, Newton, Dirac, von Neumann… y de otros nombres menos célebres, pero no menos venerados por él: Konrad Lorenz, Popper, Gödel, Ramanujan, y tantos más que, a su juicio, merecían un lugar en el panteón de los gigantes. En cambio, por los héroes de la historia oficial —Napoleón, Julio César, Alejandro Magno— sentía un desprecio sin límites, apenas superado por el que le inspiraban curas, obispos y papas, o cualquier otro líder religioso o político.</p>



<p>Y había un lugar que para mí era mágico, casi sagrado: el taller. Era un cuartito detrás de una puerta de bisagras, con un mesón de lámina de acero donde estaba empotrada una prensa pesada e imponente. De las paredes colgaban herramientas sujetas con tornillos, y sus siluetas estaban dibujadas sobre un tablón de madera pintado de blanco, como si cada una tuviera un sitio asignado desde siempre. Había cajones repletos de tuercas, tornillos, clavos, arandelas; estantes donde descansaban el soldador, el taladro, el amperímetro…; y cajitas con componentes electrónicos —pequeños capacitores, resistencias, dos o tres pares de transistores—, objetos de un valor inconmensurable en aquella época.</p>



<p>Los sábados por la mañana, como un ritual, hacíamos el mantenimiento de los carros. Yo lo imitaba con devoción: me enseñó a desmontar el distribuidor, a sacar los platinos, a limarlos y a calibrarlos con esas hojas finas de acero que miden en absurdas fracciones de pulgada. Luego venía, para mí, lo mejor: afinar la máquina con una lámpara estroboscópica que en Colombia no se conseguía, comprada en Sears en los años de mi primera infancia en Champaign, Illinois.</p>



<p>Para mí no había felicidad más grande que aprender esos secretos de la mecánica. Al terminar, nos lavábamos las manos con estopa y gasolina, y en la piel quedaba un olor indeleble, áspero y familiar. Luego él me enseñaba a sacar el combustible del tanque con un sifón, como quien comparte, sin alarde, uno de sus tantos trucos.</p>



<p>Pero la mañana del sábado —en el tiempo infinito de la infancia— todavía no se terminaba. Después nos íbamos a visitar a los abuelos, que vivían en una casa enorme: cuatro patios y un solar al fondo; pisos de baldosas con arabescos —como era costumbre en las viejas casas españolas—; y esa frescura de techos altos y puertas con arcos que aún perdura en mi memoria.</p>



<p>Y ese ser —que parecía hecho de razón pura— se convertía en humano cuando se trataba de su familia. La lógica, que en él era una armadura, se le ablandaba de golpe; bastaba con que algo rozara a sus hijos o a su esposa para que apareciera en él otra cara: la del miedo, la de la ternura, la de la urgencia, la de los celos…</p>



<p>También había en casa una colección de más de seiscientos casetes: un pequeño archivo doméstico que, sin que yo lo supiera entonces, revelaba uno de sus mayores gustos. Estaban las obras de Bach, Beethoven, Mozart y todos los grandes; y, al lado, grabaciones que hoy todavía me pregunto cómo habrá conseguido: Xenakis, Schönberg y otros contemporáneos que no sonaban en ninguna parte. Había, además, un casete de Manitas de Plata y de su primo José, esa música —desconocida entonces— que se llamaba flamenco, y una grabación completa del Martín Fierro: rarezas que ni siquiera se encontraban en la discoteca infinita del maestro De Greiff.</p>



<p>Cada casete venía numerado y rotulado con una pulcritud casi militar: título, compositor y, a veces, algún dato adicional. No era miedo al olvido; era su manera de poner orden en el mundo, de dejarlo todo en su sitio. Había, además, un catálogo, dispuesto alfabéticamente por títulos y composiciones, impreso en hojas anchas con perforaciones a un costado, salido del IBM de Coltejer —el único computador que existía entonces en Colombia, junto con el del Banco de la República—. Era el tipo de exceso organizado que lo retrataba: una mezcla de método, disciplina y cariño por lo que amaba.</p>



<p>Y recuerdo, sobre todo, su sentido del humor: se reía cada vez que contaba una anécdota mínima, pero perfecta. Una de sus secretarias, al rotular un casete, escribió “ayudante con moto” en lugar de “andante con moto”. Esa confusión lo divertía de una manera inagotable; la repetía una y otra vez, como quien vuelve a un chiste que nunca pierde gracia.</p>



<p>Y hablando de su sentido de justicia, nunca olvidaré aquella vez en que dos amigas muy cercanas de mis padres, Liliam y María Helena —rivales que no se soportaban—, ya con varios tragos encima, se desafiaron en un hotel de San Jerónimo. Liliam, en tono desafiante, retó a María Helena: si se tiraba a la piscina “en pelota”, le hacía allí mismo un cheque por un millón de pesos. María Helena, sin dudarlo un segundo —y a riesgo de que nos sacaran a patadas—, se quitó el traje de baño y se lanzó al agua. Lo difícil vino después: ¿debería cobrarse esa apuesta, producto del acaloramiento y el alcohol? Mi papá, con una sentencia tan salomónica como suya, dictaminó: “Yo creo que Liliam debe entregarle el cheque… y María Helena no debe cobrarlo”.</p>



<h1 class="wp-block-heading">Coda</h1>



<p>El viento de la tarde de este verano decembrino barre las hojas del parque, y en mi mente ese viento se vuelve una metáfora de la vida que se va: ligera, inevitable, sin preguntar. Ayer fui solo a visitar lo que queda del taller, el mismo de mi infancia, como quien regresa a un santuario, a ver si todavía estaba su navaja favorita. La encontré: intacta, silenciosa, como esperándolo.</p>



<p>Y por un momento me pareció sentirlo otra vez: el olor a herramientas, a madera, a hierro helado… y a él. Vi —o quise ver— el brazo fuerte que la movía; la mano masculina sosteniéndola con esa precisión tranquila que lo definía, y el reloj de pulsera metálica plateada temblando con el gesto, devolviendo un destello breve. Fue un segundo apenas, un relámpago: corrí el velo del pasado y alcancé a rescatar, por una fracción infinitesimal del tiempo, esas presencias ya ausentes. Y luego el velo cayó de nuevo, como cae siempre, y entendí con una claridad dolorosa que hay cosas que se pierden irremediablemente… y, sin embargo, a veces vuelven a rozarnos, antes de irse, como el viento.</p>



<p>29 de diciembre de 2025</p>
]]></content:encoded>
        <author>Ana Cristina Vélez</author>
                    <category>Catrecillo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=124247</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Jan 2026 20:17:17 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Obituario de Juan, mi hermano, sobre mi padre]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ana Cristina Vélez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Al rescate de la geometría</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ecuaciones-de-opinion/al-rescate-de-la-geometria/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los conceptos, postulados, figuras, axiomas, teoremas, corolarios y demostraciones de la Geometría Euclidiana constituyen la mejor visión de las matemáticas. No debemos reemplazar tal riqueza con una dispersa y superficial noción en el bachillerato; es como vivir en el penthouse del piso 30 y cubrir las ventanas para ocultar la vista y evitar la luz. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>Para muchas personas las matemáticas de la secundaria fueron aburridas o tortuosas, razón por la que no quisieron elegir carreras con un mediano componente matemático. Se cree que una buena parte de esta percepción sobre las matemáticas aprendidas con disgusto o no aprendidas en el colegio ha sido responsabilidad de los docentes de matemáticas, pero la verdad es que también han influido los programas elaborados desde el Ministerio de Educación que en las últimas décadas se ha encargado de ir eliminando contenidos que hacían las clases fascinantes.&nbsp;</p>



<p>Se han suprimido conceptos muy útiles y formativos que anteriormente eran de obligatorio aprendizaje y se han distribuidos algunos tópicos en varios grados que aparentemente abarcan más temas; pero al final solo aportan un mar de conocimientos con un centímetro de profundidad.</p>



<p>Me refiero especialmente a los capítulos dedicados a la Geometría Euclidiana, esa que se estudiaba con rigor, como asignatura independiente, cuyo texto guía por muchos años en toda Hispanoamérica fue el libro de Geometría de G. M. Bruño, publicado a comienzos del siglo pasado y que hoy puede descargarse en PDF de manera gratuita. Sí, me refiero a esa geometría que se aprendía usando como herramientas el lápiz, el cuaderno cuadriculado, el borrador, la escuadra, el transportador, la regla, el compás y que, usando tizas de colores, los docentes se esforzaban por explicar con trazos rectos y círculos perfectos en el tablero que luego producía lástima tener que borrarlo.  </p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="518" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101616/Captura-de-pantalla-2025-11-08-a-las-11.15.49-a.m.png" alt="" class="wp-image-122488" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101616/Captura-de-pantalla-2025-11-08-a-las-11.15.49-a.m.png 518w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101616/Captura-de-pantalla-2025-11-08-a-las-11.15.49-a.m-202x300.png 202w" sizes="auto, (max-width: 518px) 100vw, 518px" /></figure>



<p>No pretendo que volvamos a esas herramientas solamente, aunque no comparto la idea de jubilar la escritura a mano; no hay duda de que hoy las gráficas pueden ser computarizadas y con programas como “<em>Geogebra</em>” es fácil mejorar el entendimiento de la mayoría de los tópicos geométricos; también con la asistencia de la Inteligencia Artificial puede facilitarse hoy su comprensión, pero quiero llamar la atención sobre la necesidad de que al menos se les dé a conocer y se les permita disfrutar a los niños y jóvenes, de la Geometría Euclidiana en forma integral e independiente, sin prohibir las herramientas y ayudas modernas que quieran utilizar para que sea aún más atractiva para su propio deleite. &nbsp;</p>



<p>Los conceptos, postulados, figuras, axiomas, teoremas, corolarios y demostraciones de la Geometría Euclidiana constituyen la mejor visión de las matemáticas. No debemos reemplazar tal riqueza con una dispersa y superficial noción en el bachillerato; es como vivir en el penthouse del piso 30 y cubrir las ventanas para ocultar la vista y evitar la luz.&nbsp;</p>



<p>Los tópicos más conocidos de la Geometría Plana están contenidos en el famoso libro “<em>Elementos</em>”, que nos dejó el matemático griego Euclides, obra escrita hace más de 23 siglos, pero hay también resultados y aplicaciones que han sido descubiertos recientemente y que pueden incentivar a los jóvenes a cultivar el estudio de las matemáticas con nuevos retos, usando herramientas modernas. Menciono solo la abundante oferta de juegos electrónicos, que basan sus diseños y presentación en conceptos geométricos.</p>



<p>Después de Euclides y a lo largo del tiempo, desde la invención de la imprenta en 1450, han aparecido incontables ediciones del trabajo de Euclides, como esta bella publicación: </p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="877" height="1023" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101749/Imagen.jpeg" alt="" class="wp-image-122489" style="width:583px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101749/Imagen.jpeg 877w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101749/Imagen-257x300.jpeg 257w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101749/Imagen-768x896.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 877px) 100vw, 877px" /></figure>



<p>que usa para las demostraciones solamente ilustraciones como estas:</p>



<figure class="wp-block-image size-large is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="735" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-1024x735.jpeg" alt="" class="wp-image-122490" style="width:587px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-1024x735.jpeg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-300x215.jpeg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-768x551.jpeg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-1536x1103.jpeg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16101850/IMG_2225-2048x1470.jpeg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p>Tampoco la investigación y los resultados en Geometría Euclidiana después de Euclides cesó; incluso el emperador Napoleón Bonaparte hizo un original aporte al formular y demostrar el conocido “<em>Teorema de Napoleón</em>” sobre el que hace unos años escribí (ver: <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/ignacio-mantilla/el-teorema-de-napoleon-column-729818">https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/ignacio-mantilla/el-teorema-de-napoleon-column-729818</a>)</p>



<p>Ahora bien, no podría cerrar este llamado para recuperar la enseñanza de la Geometría Euclidiana sin ofrecer al menos un buen ejemplo, como lo haré continuación. Pero antes un poco de contexto: comúnmente los matemáticos sentimos mayor aprecio por un teorema en particular en cada área estudiada, y ese teorema favorito lo podemos escribir y demostrar de memoria; así por ejemplo, en mi caso, el Teorema de Punto Fijo de Banach es mi favorito del Análisis Matemático y el Teorema de Infinitud de los Números Primos, demostrado por Euclides usando el método de reducción al absurdo, es mi favorito de la Teoría de Números.&nbsp;</p>



<p>En el caso de la Geometría Euclidiana también tengo mi favorito, y no es el Teorema de Pitágoras, sino uno, bastante menos famoso y poco conocido. Se trata de un resultado de una extraordinaria sencillez que tiene múltiples aplicaciones, me refiero a un bonito resultado publicado hace 200 años, más exactamente en 1822, o sea después de 2000 años de Euclides, conocido como el “<em>Teorema de Poncelet</em>”, de autoría del matemático e ingeniero militar francés Jean-Victor Poncelet (1788-1867), quien estuvo en una prisión rusa entre 1812 y 1814 tras participar en la campaña napoleónica. De este período prolífico son sus trabajos publicados años después. El teorema mencionado es el siguiente:</p>



<p><em>Teorema de Poncelet</em></p>



<p><em>En un triángulo rectángulo la suma de los catetos a y b es igual a la suma de la hipotenusa c y el doble del radio R de la circunferencia inscrita. O sea: </em></p>



<p><em>a + b = c + 2R.</em></p>



<p>La demostración de este fascinante resultado es sencilla. Basta observar la siguiente figura en donde están presentes dos resultados que son conocidos: &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="435" height="405" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102311/Captura-de-pantalla-2025-11-15-a-las-4.38.15-p.m.png" alt="" class="wp-image-122491" style="width:546px;height:auto" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102311/Captura-de-pantalla-2025-11-15-a-las-4.38.15-p.m.png 435w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102311/Captura-de-pantalla-2025-11-15-a-las-4.38.15-p.m-300x279.png 300w" sizes="auto, (max-width: 435px) 100vw, 435px" /></figure>



<ol class="wp-block-list">
<li>Los dos segmentos de rectas tangentes, trazados desde un mismo punto exterior a un círculo, tienen la misma longitud; por lo tanto los segmentos que unen los vértices de los ángulos no rectos del triángulo y los puntos de tangencia con la circunferencia son, en cada caso, de la misma longitud; es decir <strong>m</strong><em> </em>en un caso y <strong>n</strong> en el otro.&nbsp;</li>



<li>El cuadrilátero que forman los dos radios que unen el centro de la circunferencia con los puntos de tangencia en los catetos <strong>a</strong> y <strong>b</strong> del triángulo y los dos segmentos que desde estos puntos de tangencia unen el vérttice del ángulo recto del triángulo, es un cuadrado de lado <strong>R</strong>.</li>
</ol>



<p>Ahora la demostración resulta trivial pues:</p>



<p>a + b = (m + R) + (R + n)&nbsp;</p>



<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; = m + n + 2R</p>



<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; = c + 2R.</p>



<p>Una de las imágenes más bellas de la Geometría Euclidiana se obtiene usando precisamente el Teorema de Poncelet. En efecto: por el Teorema de Pitágoras se sabe que el triángulo de lados (3, 4, 5) es un triángulo rectángulo (3² + 4² = 5²); esta es la tripla pitagórica más conocida y lo que resulta alucinante es que el círculo que puede inscribirse en ese triángulo, tiene un área de π unidades cuadradas. La prueba de esta bella relación resulta inmediata usando el Teorema de Poncelet, porque:&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1536" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/Copilot_20251116_103639.png" alt="" class="wp-image-122528" style="width:388px;height:auto" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/Copilot_20251116_103639.png 1536w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2025/11/Copilot_20251116_103639-300x200.png 300w" sizes="auto, (max-width: 1536px) 100vw, 1536px" /></figure>



<p>3 + 4 = 5 + 2R,</p>



<p>entonces el radio R del círculo debe ser R = 1, y reemplazando en la fórmula del área del círculo:</p>



<p>A = π·R² = π·1² = π.</p>



<p>¿No es esto sorprendente? Prácticamente puede definirse el número π como el área del círculo que puede inscribirse en la primera tripla pitagórica (3, 4, 5).</p>



<p>Así como se afirma que la ecuación más bella de las matemáticas es la Ecuación de Euler:&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="710" height="135" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102545/Captura-de-pantalla-2025-11-16-a-las-10.25.18-a.m.png" alt="" class="wp-image-122493" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102545/Captura-de-pantalla-2025-11-16-a-las-10.25.18-a.m.png 710w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/11/16102545/Captura-de-pantalla-2025-11-16-a-las-10.25.18-a.m-300x57.png 300w" sizes="auto, (max-width: 710px) 100vw, 710px" /></figure>



<p>Finalizo con una frase del matemático y astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1639):&nbsp;</p>



<p>“Donde haya materia existe geometría”.</p>



<p>@MantillaIgnacio</p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Ignacio Mantilla Prada</author>
                    <category>Ecuaciones de opinión</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=122487</guid>
        <pubDate>Tue, 18 Nov 2025 22:25:03 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Al rescate de la geometría]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Ignacio Mantilla Prada</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Juan Gabriel, el único divo, resucitó gracias a Netflix</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/juan-gabriel-el-unico-divo-resucito-gracias-a-netflix/</link>
        <description><![CDATA[<p>Fue filósofo y poeta a su manera. Transformó en arte su soledad y sus tragedias personales. Le gritó al mundo su dolor y el mundo cayó rendido a sus pies. No hubo otro divo sobre la Tierra. Netflix celebra la vida y obra de Juan Gabriel con un documental.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size"><em>Murió Alberto Aguilera. Juan Gabriel sigue siendo el amor eterno de varias generaciones.</em></p>



<p></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-bf7416fea9f0e67bc9cda4aad8063408"><strong><em>“Cuando uno se va, lo que se queda es lo que dio”: </em>Juan Gabriel (1950-2016)</strong></p>



<p>¿Hombres con sus esposas cantando a todo pulmón la música de Juan Gabriel? ¿Juan Gabriel profanando ese templo de las Bellas Artes? ¿Cómo así que Juan Gabriel tuvo hijos de su propia autoría? ¿A qué horas, cuántos y con quién?</p>



<p>El artista mexicano alimentó el morbo de la prensa y causó espanto entre los homofóbicos de su tiempo. A nueve años de su muerte, es el amor eterno de varias generaciones, porque cantó y encantó en vida, y sigue cantando y encantando después de muerto.</p>



<p>En apenas tres palabras, contenidas en las letras de una de sus canciones, Juan Gabriel decretó lo poderoso que soñó ser y al final fue: <em>“Debo, puedo y quiero”, </em>que así se titula el documental de cuatro episodios recién estrenado por Netflix.</p>



<p>Se dice que setecientas mil personas fueron a su funeral en 2016. Pero quien murió fue Alberto Aguilera Valadez. Porque Juanga, el provocador, el que se contoneaba en el escenario, con una sonrisa pícara y a la vez inocente, el que no necesitó el permiso de nadie para ser lo que era y sentirse cómodo consigo mismo, nunca se fue. O más bien, regresó para dejarnos entrar en la intimidad de su vida. Cuatro episodios que no habrían sido posibles si el propio cantante no hubiese filmado el día a día de su vida, solo, con amigos o en familia. Se lo ve feliz con la videograbadora en mano.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-e059cfa8df328dfaf9049e7c4269d200"><strong><em>“No tengo dinero, ni nada que dar. Lo único que tengo es amor para dar”.</em></strong></p>



<p>Diría mentiras aquel o aquella que diga que no se sabe al menos una de las muchas canciones del divo de Ciudad Juárez. Aquel, que cantó en la calle y en los buses, el mismo que se llamaba Adán Luna antes de coger el cielo a dos manos. <em>&#8220;Muchísimas gracias por cantar mis canciones&#8221;,</em> le decía a su público en un gesto de genuina humildad.</p>



<p>Su mamá trabajaba como sirvienta y él nunca se avergonzó por eso. Pero, al igual que sus hermanos, ella lo despreció, incluso renegó de la casa que él le regaló.</p>



<p>&#8220;Le dolía que fuera tan amoroso&#8221;, dijo de su hermana, la única con quien al parecer se la llevó bien. El dolor por la muerte de su madre se volvió canciones: “Amor eterno”, “Siempre en mi mente”.</p>



<p>Hizo de la soledad su todo: su compañía y su éxito, la razón para componer para él y para otros: José José, Daniela Romo, Rocío Dúrcal, Isabel Pantoja… Desde sus entrañas, gritó su dolor en cada estrofa. Nunca llevó la procesión por dentro.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-101738ed2721bd4385701f5d53a8a684"><strong><em>“Mira mi soledad que no me sienta nada bien”</em>.</strong></p>



<p>Vino varias veces a Colombia, donde un jovencísimo Jorge Barón lo recibió en su show. &nbsp;Queda la tristeza de no haberlo ido a ver durante su última gira por Colombia, en 2013. Afortunados quienes vieron al <em>showman</em> en vivo. Brilló con sus luces y sus sombras, con y sin lentejuelas. Se convirtió en un latino universal. </p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero | Tráiler oficial | Netflix" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/Kf2YdQLLDfo?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p>Muchos le hicieron daño pero no pudieron destruirlo. &#8220;A Juan Gabriel yo lo construí, yo tengo todo el poder para destruir a Juan Gabriel&#8221;, dijo, dejando claro que todo lo que dijeran de él le resbalaba. &#8220;Soy un magnífico vendedor de periódicos&#8221;, agregó, en referencia a los chismes que circularon sobre su vida&nbsp;</p>



<p>En cada frase suya hay una lección de vida para quienes la entienden.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-da2bd228f0b78732b8fecccc9904e7e4"><strong><em>&#8220;El silencio también es música”:</em> Juan Gabriel.</strong></p>



<p>Lecciones para un escritor que quiera conectar con sus lectores, como él conectó con quienes amaron sus letras que eran poemas: la poesía de los románticos, de los desahuciados por el amor, de los desengañados y de los que sufren sin remedio: <em>&#8220;Mis sueños nunca se volvieron realidad&#8221;.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-f47713e4139eccc287513c640a767e46"><strong><em>&#8220;Escribo muy sencillo. Tal vez sea una de las claves de mi éxito: que no utilizo palabras rebuscadas porque no me las sé&#8221;</em>. </strong></p>



<p>Fue una víctima de la llamada prensa del corazón. Y un crítico de ella también. &#8220;Se hacen millonarios sacando la imagen de uno y preguntando tontería y media. (&#8230;) Lo que yo quiero que ustedes sepan yo se los mando a decir en mis canciones&#8221;, decía.</p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1addaa54ccaea1338048804dd833a4a"><strong><em>“Es mejor decir adiós que volver a comenzar”: </em>Juan Gabriel.</strong></p>



<p>Famosa fue la entrevista del impertinente periodista Fernando Rincón, que indagó por su homosexualidad; Juan Gabriel, sereno, le soltó una respuesta que se volvió icónica: <em>&#8220;¿A usted le interesa mucho? (&#8230;) Dicen que lo que se ve no se preguntan, amigo&#8221;.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-f41f813c4ebda8aed7db73859df16a78"><strong><em>&#8220;Abrázame que Dios perdona pero el tiempo a ninguno&#8221;:</em> Juan Gabriel.</strong></p>



<p>&#8220;No se tomen la vida tan en serio&#8221;, le aconsejó a su público después de verse enfermo y, como si supiera que se acercaba la hora final de Alberto Aguilera, grabó un video que nos confronta con la muerte: <em>&#8220;Tanto nadar para morir en la orilla”.</em></p>



<p>Juan Gabriel logró todo, o casi todo; tal vez solo le faltó morir en el escenario que lo volvió eterno. Pero el divo, el único divo que vino a este mundo, se quedó para seguir provocando en el mundo de las redes sociales.</p>



<p>En Ciudad de México se levanta imponente un enorme mural que le habla a quienes todavía no encuentran el valor ni la fuerza interior para  vivir la vida:</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-a627106d66132655d5209a356ae865a6"><strong><em>“Felicidades a toda la gente que está orgullosa de ser como es”:</em> Juan Gabriel.&nbsp;</strong></p>



<p></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 13:16:03 +0000</pubDate>
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