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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de abuelo | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Seis científicas indígenas llevan el conocimiento ancestral a la academia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/seis-cientificas-indigenas-llevan-el-conocimiento-ancestral-a-la-academia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La naturaleza ha sido su laboratorio, las abuelas sus maestras, las plantas medicinales sus instrumentos y la flora y fauna de su entorno su objeto de estudio. Cuando eran niñas no sabían lo que era vestir una bata blanca o manipular un microscopio, pero observar a las aves, bañarse en el río y escuchar los [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Mujeres de diferentes pueblos indígenas de América Latina se enfocan en romper la brecha que existe entre los saberes ancestrales y la ciencia occidental.</em></li>



<li><em>Mongabay Latam presenta las historias de Yarina Tapuy, Avita Taricuarima, Marisel Mamani, Rosa Marina Flores Cruz, Paola Moreno-Roman y Nohora Alejandra Quiguantar.</em></li>



<li><em>Las seis son científicas que buscan que sus investigaciones contribuyan a la conservación de la naturaleza y la defensa de sus territorios.</em></li>



<li><em>Cuatro de ellas son las primeras mujeres de sus familias en estudiar una carrera universitaria.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La naturaleza ha sido su laboratorio, las abuelas sus maestras, las plantas medicinales sus instrumentos y la flora y fauna de su entorno su objeto de estudio</strong>. Cuando eran niñas no sabían lo que era vestir una bata blanca o manipular un microscopio, pero observar a las aves, bañarse en el río y escuchar los relatos de sus pueblos las preparó para llegar a la universidad y convertirse en las primeras científicas de su familia y, en muchos casos, de sus comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Siempre tuve una pregunta para todo lo que mis abuelos me decían. ¿Por qué el río crece? ¿Por qué el pez respira dentro del agua? ¿Por qué las aves vuelan? Quería encontrar las respuestas y por eso quise ser bióloga”, cuenta&nbsp;<strong>Avita Taricuarima, científica del pueblo indígena kukama, de Perú</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/yarina-tapuy-cientifica-kichwa-revela-misterioso-mundo-insectos-ecuatorianos/"><strong>Yarina Tapuy: la científica kichwa que revela el misterioso mundo de los insectos ecuatorianos</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa niña que caminaba más de 10 kilómetros diarios a través de la selva amazónica para ir a la escuela jamás imaginó que a sus 32 años ya habría publicado un artículo científico, estaría por graduarse de la carrera de biología y sería&nbsp;<strong>parte de la lista de&nbsp;<a href="https://www.explorers.org/about/history-including-famous-firsts/">The Explorers Club</a>, que reconoce a los 50 mejores investigadores del planeta</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Yarina Tapuy tampoco habría pensado que a esa misma edad ya habría descrito 14 especies nuevas de insectos ni Alejandra Nohora Quiguantar que llegaría a integrar el&nbsp;<a href="https://www.sp-amazon.org/es">Panel Científico por la Amazonía</a></strong>.<strong>&nbsp;Si a la pequeña Marisel Mamani le hubiesen dicho que en su adultez viajaría a Suecia para realizar un doctorado, a Paola Moreno-Roman que estudiaría en la Universidad de Stanford o a Rosa Marina Flores Cruz que lograría utilizar la ciencia para luchar contra las amenazas a su pueblo, no lo habrían creído.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas ellas son científicas de diferentes pueblos y nacionalidades indígenas de&nbsp;<strong>Bolivia, Colombia, Ecuador, México</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Perú</strong>&nbsp;que, gracias a sus hallazgos, no solo han aportado a la biología, sino que han logrado demostrar que los conocimientos ancestrales pueden ser una parte esencial de la ciencia.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273809"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18161104/YAPUY-2.jpg" alt="" class="wp-image-273809" /><figcaption class="wp-element-caption">Gracias a sus estudios, la ecuatoriana Yarina Tapuy ganó una beca para estudiar una maestría en Entomología durante dos años en el Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas, en Manaos, Brasil. Foto: cortesía Yarina Tapuy</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero uno de sus principales retos ha sido abrirse paso en un campo históricamente ocupado por los hombres. Según datos de la&nbsp;<a href="https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000393768">Unesco</a>,&nbsp;<strong>solo una de cada tres científicos en el mundo es mujer</strong>. “Partamos de que ya existe una baja representación de mujeres en la investigación científica a nivel mundial, pero c<strong>uando uno va a buscar la participación de mujeres indígenas en ciencias, no existe un mapeo de esa situación, no hay cifras</strong>”, explica Janeth Bonilla, vicepresidenta de la fundación Kichwa Institute of Sciences, Technology and Humanities (<a href="https://kisth.org/">Kisth</a>), la cual apoya y visibiliza el trabajo de las científicas de pueblos y nacionalidades indígenas de Ecuador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/06/marisel-mamani-cientifica-aymara-busca-reducir-uso-agroquimicos-bolivia/">Marisel Mamani: la científica aymara que busca reducir el uso de agroquímicos en Bolivia</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que explica Bonilla es otro de los desafíos que están enfrentando estas investigadoras: son invisibles en las estadísticas. A esto&nbsp;<strong>se suman la falta de recursos económicos, los prejuicios y la discriminación dentro de la academia</strong>&nbsp;y la necesidad de visibilizar no solo su trabajo, sino que la ciencia también se construye en los territorios.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273956"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/22225541/Tras-vencer-retos-de-idioma-cultura-y-duelos-Mamari-cursa-un-doctorado-en-Suecia-y-busca-identificar-la-mayor-coleccion-de-hongos-Trichoderma-de-America-Latina-scaled.jpg" alt="Tras vencer retos de idioma, cultura y duelos, Mamari cursa un doctorado en Suecia y busca identificar la mayor colección de hongos Trichoderma de América Latina" class="wp-image-273956" /><figcaption class="wp-element-caption">Tras vencer retos de idioma, cultura y duelos, Mamani cursa un doctorado en Suecia y busca identificar la mayor colección de hongos Trichoderma de América Latina. Foto: cortesía Marisel Mamani</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En este informe especial,&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;presenta las historias de estas seis científicas indígenas de Latinoamérica que buscan que sus investigaciones contribuyan a la conservación y defensa de sus comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/06/paola-moreno-roman-cientifica-quechua-lleva-microscopios-papel-escuelas-rurales-peru/">Paola Moreno-Roman: la científica quechua que lleva microscopios de papel a escuelas rurales de Perú</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Ciencia desde y para las comunidades</h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sus visitas diarias a la chagra en su infancia, sin saberlo, fueron los primeros pasos de Nohora Alejandra Quiguantar en la biología</strong>. En su comunidad Mellamués, ubicada en las montañas de Nariño,&nbsp;<strong>entre el Pacífico y la Amazonía colombiana</strong>, las&nbsp;<strong>plantas medicinales</strong>&nbsp;de la huerta tenían un rol fundamental. Con ellas, su abuela curaba enfermedades, asistía los partos y protegía su legado ancestral. Y, gracias a esas mismas plantas, Quiguantar obtuvo su título de bióloga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su tesis de grado se enfocó en la&nbsp;<strong>identificación de 90 especies y sus usos</strong>, pero, al inicio, sus resultados fueron invalidados por no apegarse de forma estricta al método científico. Ante eso,<strong>&nbsp;implementó una metodología comunitaria para contar la historia de su pueblo a través de las plantas</strong>&nbsp;y, a pesar de la resistencia a sus métodos, se graduó como bióloga.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273771"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/17215733/Captura-de-pantalla-2026-06-17-a-las-2.56.49-p.m.png" alt="Perfil Paola Moreno-Román - Perú - Científicas indígenas" class="wp-image-273771" /><figcaption class="wp-element-caption">Paola Moreno-Roman, bióloga y genetista de origen quechua. Foto: cortesía Paola Moreno-Roman</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Mi trabajo de investigación no lo estaba haciendo para la universidad, sino para la gente”, explica a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;sobre este proceso en el que colaboraron las madres, lideresas, parteras, docentes y taitas de su comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/nohora-alejandra-quiguantar-mujer-pasto-cientifica-colombia/"><strong>Nohora Alejandra Quiguantar: la mujer pasto que convirtió la búsqueda de justicia para su abuela en una carrera científica</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Romper esa brecha que existe entre los saberes ancestrales y la ciencia occidental es uno de los objetivos de Quiguantar y sus colegas</strong>. Un estudio publicado en&nbsp;<a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1462901125001352#sec00">Science Direct</a>&nbsp;demuestra que el “enfoque estructurado y sistemático para comprender el mundo natural”, refiriéndose al método científico tradicional, “parece erosionar la sabiduría y legitimidad del conocimiento indígena”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273830"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18173828/NOHORA-Central-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273830" /><figcaption class="wp-element-caption">La investigación de la colombiana Nohora Quiguantar documentó conocimientos sobre plantas medicinales y alertó sobre la desaparición de saberes conservados históricamente por abuelas y parteras. Foto: cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo, por otro lado, resalta las oportunidades de articular las prácticas científicas con los saberes ancestrales, ya que esto conduce a estrategias de conservación más completas y eficaces, además de reconocer y valorar los aportes que han tenido estos pueblos durante siglos de observación y convivencia con la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/rosa-marina-flores-cruz-cientifica-afrozapoteca-investigacion-ambiental-mexico/"><strong>Rosa Marina Flores Cruz: la científica afrozapoteca que sigue el camino del viento en México</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para Yarina Tapuy, científica kichwa de la provincia de Napo, ubicada en la Amazonía ecuatoriana, los conocimientos que le heredaron sus antepasados y las experiencias que vivió en su comunidad, Capirona, han sido esenciales para estudiar insectos.</strong>&nbsp;Por ejemplo, desde que era niña, sabía que la picadura de la hormiga conga era una de las más fuertes o que hay abejas que pican y otras que no tienen aguijón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“En el caso de los bichos, hay muchas cosas que ya sabía y después la ciencia me sirvió para entender qué hay detrás. Prácticamente es lo mismo, pero con diferente explicación”, dice a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;Tapuy, quien&nbsp;<strong>ha descrito 14 especies nuevas de escarabajos</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273819"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18164350/AVITAT1-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273819" /><figcaption class="wp-element-caption">Avita Taricuarima es la primera indígena peruana en formar parte de The Explores Club, una asociación internacional de científicos con más de 100 años de antigüedad. Foto: Patrick Murayari</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, más allá de que sus aportes a la ciencia estén publicados en revistas indexadas, su sueño es que la comunidad los pueda usar para su protección. Uno de sus objetivos es crear una fundación en la Amazonía que se enfoque en promover el desarrollo comunitario para&nbsp;<strong>fomentar la participación activa de los pueblos indígenas en las investigaciones</strong>&nbsp;y que no sean tratados solo como objeto de estudio.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273831"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18174136/PAOLA-MORENO-1-central.png" alt="" class="wp-image-273831" /><figcaption class="wp-element-caption">Paola Moreno-Roman lleva a las escuelas y comunidades un microscopio de bajo costo hecho de papel y ha impulsado proyectos educativos en escuelas rurales de Perú. Foto: cortesía Paola Moreno-Roman</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“La ciencia no solo debe recolectar datos, sino compartirlos”, dice Taricuarima, quien coincide con Tapuy en que la información que se extrae debe regresar a los territorios. Un&nbsp;<a href="https://iopscience.iop.org/article/10.1088/1748-9326/aaf300">artículo&nbsp;</a>realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Colorado muestra que&nbsp;<strong>el 87 % de los estudios enfocados en cambio climático han seguido un modelo extractivo</strong>. Esto quiere decir que investigadores ajenos a las comunidades han utilizado los conocimientos de los pueblos indígenas sin su participación en la toma de decisiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;</strong><a href="https://es.mongabay.com/2026/06/avita-taricuarima-biologa-kukama-amazonia-peruana-conocimiento-cientifico-comunidad/"><strong>Avita Taricuarima: la bióloga kukama de la Amazonía peruana que devuelve el conocimiento científico a su comunidad</strong></a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Además,&nbsp;<strong>los resultados no han sido socializados ni utilizados para beneficiar a los lugares de donde se extrajeron los datos</strong>. Este es un aspecto que muchas veces se critica a la ciencia occidental y que estas mujeres buscan cambiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Taricuarima, por ejemplo, se ha enfocado en el estudio de los peces, ya que son la principal fuente de alimento de su pueblo, los kukama, conocidos como gente de río</strong>. La idea de su primer&nbsp;<a href="https://repositorio.iiap.gob.pe/items/da06c031-ac80-4bc3-bb43-f86fbf47215f">artículo</a>&nbsp;como coautora, publicado en la revista Zoonotic Parasite, surgió mientras tomaba una sopa de pescado. En las escamas, recuerda, encontró unos gusanos de color blanco y, tras analizarlos en el laboratorio, descubrió que eran dañinos para la salud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la intención de proteger a las comunidades amazónicas, continuó analizando otros parásitos con potencial zoonótico presentes en los peces. “No les digo que dejen de comer, sino que les recomiendo buenas prácticas para alimentarse sin perder riqueza cultural o nuestra identidad”, explica la bióloga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora,&nbsp;<strong>su tesis está enfocada en analizar bacterias de aguas calientes o termófilas para degradar diferentes tipos de microplásticos</strong>, lo cuál ayudaría a proteger sus ríos. “Cada logro, lo comparto con mi comunidad. Al ser la primera en todo esto, ellos aprenden de lo que yo aprendo”, dice Taricuarima.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273801"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18155213/La-boliviana-Marisel-Mamari-es-bioquimica-y-la-primera-mujer-de-su-familia-en-llegar-a-la-Universidad.-Foto_-cortesia-Marisel-Mamari-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273801" /><figcaption class="wp-element-caption">La boliviana Marisel Mamani es bioquímica y la primera mujer de su familia en llegar a la Universidad. Foto: cortesía Marisel Mamani</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Una herramienta contra las amenazas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Además del contacto con la naturaleza,&nbsp;<strong>las amenazas que afectan su territorio también han incentivado a estas mujeres a estudiar ciencias</strong>. “La preocupación que tengo por estos peces, porque hay minería ilegal [que contamina las aguas con mercurio] y pesca, es lo que me ha motivado. Quiero proteger mis recursos y rescatar lo que aún tenemos haciendo llegar mi voz a más lugares”, explica la bióloga kukama sobre sus esfuerzos para conservar lo que aún queda para su “gente del río”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273829"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18173527/central-1.jpg" alt="" class="wp-image-273829" /><figcaption class="wp-element-caption">La historia de Rosa Marina Flores Cruz se cruzó con la expansión de la energía eólica en Oaxaca, cuando comenzaron a instalarse cientos de aerogeneradores y a firmarse contratos de renta de tierras en comunidades del Istmo. Foto: cortesía Rosa Marina Flores Cruz</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Rosa Marina Flores Cruz conoce de cerca lo que es enfrentar los impactos negativos de actividades que ponen en riesgo a la “gente de las nubes” o Binnizá, que es el nombre con el que el pueblo zapoteco se reconoce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia de la experta afrozapoteca se relaciona con la expansión de la energía eólica en Oaxaca, sobre todo, en el Istmo de Tehuantepec, que entre 2007 y 2012 vivió el crecimiento más acelerado de la energía eólica en México. Allí se ubica su natal Juchitán que, poco a poco, se fue transformando por los aerogeneradores.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273878"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/19161057/NOHORAQUIGUANTAR15-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273878" /><figcaption class="wp-element-caption">La colombiana Quiguantar busca demostrar que el conocimiento heredado de su comunidad también podía reclamar su lugar en la ciencia. Foto: cortesía Ricardo Vejarano/Vorágine</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Al final, mi decisión de estudiar Ciencias Ambientales tuvo que ver con todo eso”, dice Flores Cruz. En 2007, salió de su comunidad para cursar esta carrera en Michoacán, en un campus de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y después una maestría enfocada en conflictos territoriales, capitalismo verde y resistencias comunitarias en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través de sus investigaciones,&nbsp;<strong>Flores Cruz también ha analizado los impactos del terremoto de septiembre de 2017 en el Istmo de Tehuantepec.</strong>&nbsp;Su estudio se centra en un proyecto de reconstrucción de cocinas liderado por mujeres, el cual no solo buscó reparar daños físicos, sino reactivar la economía local.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En el caso de Marisel Mamani, su respuesta ha sido contra otra amenaza: el uso desmedido de pesticidas.</strong>&nbsp;Según&nbsp;<a href="https://www.sudamericarural.org/index.php/nuestra-produccion/dialogos/dilogo/224?utm_source=chatgpt.com">datos</a>&nbsp;del Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica, la importación y el uso de plaguicidas en Bolivia se incrementó en un 400 % entre 2005 y 2016.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273804"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18160019/MAMANI-4-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273804" /><figcaption class="wp-element-caption">El objetivo de Mamani es generar controladores naturales de plagas agrícolas, para lo cual trabaja junto a productores cafetaleros de su país. Foto: cortesía Marisel Mamani</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Durante su maestría en Ciencias Biológicas y Biomédicas,&nbsp;<strong>esta científica aymara logró demostrar que era posible destruir la pared celular de hongos dañinos para el mango y eliminar las larvas de la mosca de la fruta en el suelo sin uso de pesticidas</strong>. Siguiendo su línea de estudio, publicó un&nbsp;<a href="https://drive.google.com/file/d/15amW3fz70TDT0GQrLsZFK_f0sp8VG_eG/view">artículo</a>&nbsp;sobre la diversidad de Trichoderma en la Amazonía boliviana y su potencial para el&nbsp;<strong>control de enfermedades del café sin utilizar químicos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Mamani, más allá de los hallazgos, lo más importante de estas investigaciones ha sido&nbsp;<strong>la incorporación de los saberes locales en el proceso</strong>. “Ellos me hablan de los rituales y yo los respeto. La ciencia no puede estar separada de la parte ancestral”, dice la científica sobre su trabajo con los productores de café en las Yungas de La Paz, que son quienes aportaron con su conocimiento y, al mismo tiempo, se han beneficiado de sus hallazgos.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273832"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18174645/ROSA-MARINA-FLORES-1-central.jpg" alt="" class="wp-image-273832" /><figcaption class="wp-element-caption">Rosa Marina Flores Cruz trabaja entre la investigación ambiental y la defensa del territorio Binniza’ en el Istmo de Tehuantepec, una región donde el viento forma parte central de la vida cotidiana. Foto: cortesía Nisaguie Flores</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading">Rompiendo estereotipos</h2>



<p class="wp-block-paragraph">“Yo quería ser una Jane Goodall de Perú en la selva amazónica. Era el único ejemplo de científica que tuve por muchísimos años”, dice Paola Moreno-Roman. Esta bióloga quechua se refiere a un problema que también experimentaron sus colegas:&nbsp;<strong>la falta de referentes mujeres indígenas en ciencias ambientales que demostraran que este camino era posible.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el fin de cambiar esta realidad,&nbsp;<strong>Moreno-Roman es parte del proyecto&nbsp;<a href="https://foldscope.com/">Foldscope</a>, ideado por investigadores de la Universidad de Stanford, que consiste en llevar un microscopio de papel sintético a las comunidades</strong>&nbsp;para fomentar el uso de estas herramientas a las cuales ni ella ni otras tantas científicas indígenas tuvieron acceso durante su infancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La educación me ha abierto las puertas y es mi rol contribuir de diferentes formas, no solo con el microscopio, sino también para apoyar a las personas a que puedan usarlo y perseguir los sueños que ellos tengan”, dice la científica que estudió en Yale y en Stanford. Moreno-Roman también usa sus redes sociales, a través del perfil Yachaq Warmi (Mujeres en STEM), para&nbsp;<strong>difundir la ciencia y mostrar el trabajo de otras científicas de toda la región.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273828"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18171549/DURANT1-scaled.jpg" alt="" class="wp-image-273828" /><figcaption class="wp-element-caption">Durante una década, Avita Taricuarima, indígena kukama kukamiria, trabajó como guía turística en la Amazonía peruana sin olvidar su sueño de niña: ser científica. Foto: Patrick Murayari</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado,&nbsp;<strong>Taricuarima espera que su incorporación a la lista The Explorers Club 50, en la que se reconoce a las personas que están aportando a la ciencia, la conservación y la exploración, motive a otras niñas a seguir su ejemplo</strong>. “Este no solo es un paso para mí, sino para las que vienen detrás. Para hacerlas sentir que son escuchadas y valoradas y que podemos hacer muchas cosas”, dice.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Quiguantar, Tapuy y Mamani no solo han sido las primeras de sus familias en obtener una licenciatura, sino también de sus comunidades, donde han demostrado que hay otras opciones para las mujeres</strong>. “A nosotras justamente nos han enmarcado en unos roles de reproducción y cuidado. Cuando iba a empezar la carrera, los comentarios eran que era una pérdida de tiempo, que ya tenía edad para casarme o mantener un marido”, cuenta Quiguantar.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273846"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/19043307/Captura-de-pantalla-2026-06-18-a-las-9.32.18-p.m.png" alt="Perfil Paola Moreno-Román - Perú - Científicas indígenas" class="wp-image-273846" /><figcaption class="wp-element-caption">Durante el taller de capacitación de Moreno-Roman en Cajamarca, los docentes participan en prácticas de montaje y uso de sus Foldscopes. Foto: cortesía Paola Moreno-Roman</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, es parte del Panel Científico por la Amazonía y ha llevado su mensaje de inclusión y conservación a eventos internacionales como las Conferencias de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP). También publicó junto a otros investigadores un&nbsp;<a href="https://www.researchgate.net/publication/376831275_Evaluacion_Rapida_de_la_Diversidad_Biologica_y_Servicios_Ecosistemicos_de_la_CuencaRegion_Amazonica_CAPITULO_4_Dialogo_de_saberes_y_conocimientos_tradicionales_asociados_a_la_diversidad_biologica">artículo</a>&nbsp;sobre la necesidad de reconocer el rol de los sabedores tradicionales y proteger sus conocimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Flores Cruz ha roto otro estereotipo: el de la científica de bata blanca</strong>. Tras culminar su maestría, decidió tomarse un respiro de la producción de artículos y enfocarse más en el trabajo comunitario y territorial para encontrar otras formas de investigar fuera del espacio académico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora está estudiando una licenciatura en Comunicación y forma parte del colectivo Red Futuros Indígenas, que agrupa a mujeres indígenas con formación en ciencia, humanidades, psicología y ciencias biológicas para reflexionar sobre metodologías que se impulsen desde los territorios.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273822"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/06/18165021/Avita-trabajando-3-Foto_-Patrick-Murayari-scaled.jpg" alt="“La ciencia no solo debe recolectar datos, sino compartirlos”, dice Taricuarima. Foto: Patrick Murayari" class="wp-image-273822" /><figcaption class="wp-element-caption">“La ciencia no solo debe recolectar datos, sino compartirlos”, dice Taricuarima. Foto: Patrick Murayari</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El camino recorrido por estas investigadoras demuestra que la ciencia no se limita a las paredes de un laboratorio ni se valida únicamente con una publicación indexada</strong>. Al proteger los ríos, conservar la selva y defender sus recursos, están inspirando a las próximas generaciones de niñas indígenas a entender que sus entornos y las enseñanzas de sus abuelas también son parte de la ciencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sus historias están transformando el panorama de la investigación en América Latina</strong>, dejando claro que el rigor académico y la identidad cultural no son caminos excluyentes. Como dice Mamani: “Hacer ciencia no es olvidar tus raíces”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Ilustración de portada: </strong>Juan Pablo Dellacha</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/isabel-alarcon/">Isabel Alarcón</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/06/seis-cientificas-indigenas-llevan-conocimiento-ancestral-academia/" id="https://es.mongabay.com/2026/06/seis-cientificas-indigenas-llevan-conocimiento-ancestral-academia/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130822</guid>
        <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 14:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26121137/Mongabay_cientificasindigenas_v4_web-1800x1012-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Seis científicas indígenas llevan el conocimiento ancestral a la academia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Abelardo ganó de chiripa, pero ¿qué tal Cepeda como alcalde de Bogotá?  </title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/abelardo-gano-de-chiripa-pero-que-tal-cepeda-como-alcalde-de-bogota/</link>
        <description><![CDATA[<p>Los colombianos no estamos divididos, hay dos Colombias que es distinto. El “pecado” de Gustavo Petro fue gobernar para esa Colombia donde hay más pobreza que votos. La nación necesita dos presidentes o uno capaz de ponerse en los zapatos de todos. Iván Cepeda llega crecido al Congreso de la República.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>La IA produjo esta versión boteriana del presidente electo y el senador.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy hay dos verdades en Colombia: Abelardo De la Espriella ganó por un&nbsp;<em>chiripazo</em>, y media Colombia votó contra un político que le cae gordo; la otra mitad también.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo bueno hay que reconocerle a la tal polarización: más gente salió a votar esta vez; no en vano, la votación fue histórica: más de 26 millones de personas: 12.960.166 votaron por Abelardo y 12.708.312 por Cepeda. Demasiada gente para destripar, si nos atenemos a la amenaza que sonó en campaña contra los “zurdos”. Según mis cuentas: a razón de 8 por día durante los cuatros años. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hubo una época en que Colombia era la suma de muchos estados (después de una guerra civil), y por eso se llamaba&nbsp;Estados Unidos de Colombia, así establecido por la Constitución de 1863.&nbsp;Varios países dentro de un mismo país. Hoy no tenemos tantos, pero sí dos Colombias que en nada se parecen entre sí. En realidad vendrían a ser tres, si contamos la Colombia abstencionista, cuya apatía no ha sido estudiada con juicio. &nbsp;</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un informe de Dejusticia de 2025 dice lo siguiente:&nbsp;<em>“En una democracia la abstención electoral puede interpretarse de varias maneras: desencanto de la política, protesta silenciosa o castigo a dinámicas de corrupción. En Colombia, ha sido relativamente&nbsp;<a href="https://bdigital.uexternado.edu.co/entities/publication/7857e4b8-5916-4cbe-abd0-3627bef60016" target="_blank" rel="noreferrer noopener">alta</a>, fluctuando entre el 40 y el 60%. Aunque este comportamiento es palpable en todo el país, es más notable en territorios históricamente apartados del centro político y económico, donde las precarias condiciones socioeconómicas, la desconfianza institucional o el limitado acceso a puestos de votación acentúan la inasistencia a las urnas”.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Tras los resultados electorales del 21 de junio, podría pensarse que se necesitan dos presidentes en Colombia: uno que gobierne para el centro andino (donde ganó mayoritariamente Abelardo de la Espriella) y otro presidente que gobierne para la periferia (donde ganó mayoritariamente Iván Cepeda). La diferencia fue&nbsp;de 250 mil sufragios, más o menos la cantidad de habitantes que tiene la localidad de Puente Aranda en Bogotá. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo si quiero ver al presidente electo llegando a Chocó, Cauca y Nariño. Lo quiero ver abrazando&nbsp;<em>a sus hermanos</em>&nbsp;chocoanos, caucanos y nariñenses, que así los llamó en campaña. &nbsp;¿Será capaz de reconciliar esas Colombias tan desiguales? Triste sería que por complacer a una, la otra siga pagando los platos rotos, debatiéndose entre la miseria y el azote de disidencias y bandas criminales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cambiemos la narrativa. Si bien la polarización existe en términos políticos, nada tiene que ver con el trato injusto que recibe la &nbsp;&nbsp;periferia.&nbsp;Bien&nbsp;lo dijo en X el exministro Luis Gilberto Murillo, en respuesta a una Vicky Dávila insensata que llamó “vacas arriaras” a sus habitantes<em>:&nbsp;“Ni el Chocó, ni el Pacífico, ni ningún otro territorio históricamente olvidado del país merecen el desprecio de quienes nos consideran ciudadanos de segunda o tercera categoría, y que además solo respetan la democracia cuando les favorece. Llamar “vacas” a un pueblo porque votó distinto, de manera legítima y auténtica, es negar&nbsp;su dignidad, su conciencia y su derecho a decidir en libertad. Los votos de los territorios olvidados no valen menos que los del resto del país”.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="614" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL-614x1024.jpg" alt="" class="wp-image-130768" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL-614x1024.jpg 614w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL-180x300.jpg 180w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL-768x1280.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL-922x1536.jpg 922w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143359/MAPA-ELECTORAL.jpg 1080w" sizes="(max-width: 614px) 100vw, 614px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Hay dos Colombias y la vemos con claridad en el mapa. Cepeda ganó en 19 departamentos y Abelardo en 14, pero el mandatario electo recibió una paliza en su propia casa, la región Caribe: así que Colombia tiene un nuevo presidente costeño sin el afecto de los costeños. Cepeda arrasó en los siete departamentos (Atlántico, Bolívar, Córdoba, Magdalena, La Guajira, Sucre y Cesar) y sus capitales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La sabiduría caribeña&nbsp;explicó en X&nbsp;este fenómeno con desparpajo: “Creyeron que los costeños nos tragaríamos el verso de&nbsp;<em>costeño vota costeño</em>, como si no supiéramos reconocer a un hablador de mondá”.</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-rich is-provider-x wp-block-embed-x"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="twitter-tweet" data-width="500" data-dnt="true"><p lang="es" dir="ltr">Creyeron que los costeños nos tragaríamos el verso de &quot;costeño vota costeño&quot;, como si no supiéramos reconocer a un hablador de mondá.</p>&mdash; Andrés (@anferome) <a href="https://x.com/anferome/status/2068853843467583853?ref_src=twsrc%5Etfw">June 22, 2026</a></blockquote><script async src="https://platform.x.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para desconsuelo del Pacto Histórico, ganó donde hay menos habitantes. Con el triunfo de Abelardo, los colombianos castigaron a la izquierda por ocuparse de los más pobres. No culpen de la derrota a Petro, porque si bien hay algo de verdad en el voto castigo a su gestión en asuntos como la seguridad o la Paz Total, también es cierto que termina su gobierno con un 50% de aprobación; las cifras en las urnas así lo demostraron. Dejará el cargo con su partido fortalecido. El Pacto Histórico obtuvo 11.281.000 votos en 2002 y 12.700.000 votos en 2026.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda regresará al Senado tras perder la banda presidencial por las razones que cada quien esgrima. Agréguese a ello que fue el David enfrentado a dos Goliat: Donald Trump, presidente de Estados Unidos, y Javier Milei, presidente de Argentina, que sin ningún rubor metieron sus narices en las elecciones colombianas a favor de Abelardo, violando la soberanía nacional, sin contar el respaldo de algunos medios masivos de comunicación, que hicieron oposición a Cepeda. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso, jugaron en contra suyo aquellos columnistas que se burlaron de sus&nbsp;dientes y su incipiente joroba; Mauricio Vargas y Luis Guillermo Vélez lo llamaron comunista sin serlo. En cambio, jamás le reconocieron tres décadas de trabajo ininterrumpido como el defensor de derechos humanos que carga con el dolor de las víctimas de la violencia colombiana, a partir del asesinato de su propio padre en 1994.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De mala leche lo que hizo el podcast <em>Deja Vu,</em> de La Silla Vacía, al presentar una mirada sesgada sobre la familia Cepeda Castro y minimizar el genocidio contra la Unión Patriótica, hasta casi ponerlo en duda, en tanto que, en otro episodio, pintaron a un Abelardo De la Espriella tranquilo, pasando de agache ante los cuestionamientos que pesan sobre su fortuna y relaciones&nbsp;<em><u>non sanctas</u></em>.&nbsp;</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Lecciones de una derrota</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras el país no reconozca que existen dos Colombia, a la derecha le quedará más fácil ganar elecciones que a la izquierda y demás fuerzas progresistas. El centro del país bulle en lo económico. La periferia sobrevive a punta de chichiguas presupuestales. </p>



<p class="wp-block-paragraph">No pregunten neciamente porqué los territorios ninguneados expulsan a su gente. El político que quiera defender esa otra Colombia, de entrada tiene una doble desventaja geográfica y numérica. Es como nacer condenado, y con el agua lejos. En territorios&nbsp;inhóspitos, cientos de ciudadanos realizan desplazamientos extenuantes hasta los puestos de votación, mientras los demás&nbsp;<em>vamos en coche</em>, como se dice.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li class="has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-5fd6345ab136517137c67386d4e2d854">Afirma Dejusticia:&nbsp;<em>“Algunas&nbsp;<a href="https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7458723" target="_blank" rel="noreferrer noopener">investigaciones</a>&nbsp;sostienen que en departamentos donde predomina la pobreza, la baja educación y la falta de información política, las tasas de abstención son más altas. Entonces, la abstención no solo refleja decisiones individuales, sino también la débil legitimidad democrática del Estado en territorios en los que no logra garantizar condiciones básicas para el ejercicio de derechos”.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En medio de los errores que cometió Gustavo Petro, la historia debe reconocerle un mérito: el enrostrarle al país esa Colombia que&nbsp;<em>está</em>&nbsp;<em>llevada del hi</em>, recordando el hablar de mi abuelo materno, distinta a la Colombia del centro con una vida relativamente cómoda, pero ajena a esa otra nación a la que llaman <em>la Colombia profunda</em>, como si nombrarla así produjera algún milagro instantáneo. Los libros de historia dirán que Gustavo Petro fue, en el siglo que corre, el primer mandatario en poner en el mapa a los desahuciados por el Estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luego del pírrico triunfo de Abelardo, la izquierda y el centro deben unirse para crear una gran fuerza de centroizquierda que adelante pueda contener a la derecha y a la ultraderecha, que vienen siendo harina del mismo costal ahora que el uribismo se declaró partido de gobierno, y ya María Fernanda Cabal se autoproclamó próxima presidenta.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Les suena Iván Cepeda como próximo alcalde de Bogotá?</strong></h2>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="747" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143833/Cuadro-1-747x1024.jpg" alt="" class="wp-image-130770" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143833/Cuadro-1-747x1024.jpg 747w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143833/Cuadro-1-219x300.jpg 219w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143833/Cuadro-1-768x1052.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143833/Cuadro-1.jpg 1080w" sizes="(max-width: 747px) 100vw, 747px" /></figure>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="738" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143855/cuadro-2-738x1024.jpg" alt="" class="wp-image-130771" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143855/cuadro-2-738x1024.jpg 738w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143855/cuadro-2-216x300.jpg 216w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143855/cuadro-2-768x1065.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/25143855/cuadro-2.jpg 1080w" sizes="(max-width: 738px) 100vw, 738px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><strong>Infografías tomadas de EL ESPECTADOR</strong>. El color morado corresponde a los votos del Pacto Histórico. El rojo, a los votos de <em>Firmes por la Patria.</em> </p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="981" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26094036/bogota-1024x981.jpg" alt="" class="wp-image-130807" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26094036/bogota-1024x981.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26094036/bogota-300x288.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26094036/bogota-768x736.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/26094036/bogota.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque el progresismo ganó en Bogotá por margen estrecho, hoy cuenta con los votos para hacerse con la Alcaldía de Bogotá&nbsp;en 2028&nbsp;y, en consecuencia, desyerbar el camino para gobernar a Colombia en 2030, siempre y cuando haga bien la tarea gerenciando ese país pequeño que es la capital de la República.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me parece descabellada la idea de que Iván Cepeda asuma su curul de senador y renuncie después para ser el siguiente alcalde de Bogotá, no como premio de consolación, ni revancha. Los casi trece millones de colombianos que votaron por un modelo de país más igualitario sentirán que tienen en&nbsp;<em>la pequeña Colombia bogotana</em>&nbsp;a un hombre decente que podría hacer en la capital lo que no pudo hacer en el resto del país. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, si el centro insiste en ir solo, lo más seguro es que seguirá coleccionando derrotas. En todo caso, que nadie cuente con Sergio Fajardo. Demostró pequeñez de espíritu cuando se le pidió sacar la casta para impedir la llegada de la extrema derecha a la Casa de Nariño. La suerte ya está echada en todo caso. La exalcaldesa Claudia López, por el contrario, al respaldar a Cepeda mostró gallardía y coherencia con su discurso antiAbelardista, pero también, hay que decirlo, ese apoyo llegó demasiado tarde; pudo haber hecho más que meras declaraciones. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Me atrevo a decir que el voto en blanco (426.848) le dio el triunfo a De La Espriella; en total fueron 675.000 sufragios perdidos contando los votos nulos y los no marcados. Nadie ha dicho en qué estratos ocurrió esto, otro tema digno de análisis. Preguntas inocentes: ¿Cómo saber que a un tarjetón no le marcaron un segundo voto para anularlo o cómo determinar que a un tarjetón sin marcar no se le marca el voto a favor de x o y?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La izquierda y sus aliados perdieron la elección sí, pero ganaron en experiencia; a partir de ahora esa izquierda debe aprender a tragarse su soberbia. Pensaron que con la popularidad de Petro la tarea estaba resuelta y no pararon bolas cuando desde este blog se les dijo que estaban confiados y alejados de la clase media (12 de abril).</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-wp-embed is-provider-blogs-el-espectador wp-block-embed-blogs-el-espectador"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<blockquote class="wp-embedded-content" data-secret="cfsn8rHick"><a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/si-cepeda-no-seduce-a-la-clase-media-la-izquierda-pierde-la-presidencia-de-la-republica/">Si Cepeda no seduce a la clase media, la izquierda pierde la presidencia de la República</a></blockquote><iframe loading="lazy" class="wp-embedded-content" sandbox="allow-scripts" security="restricted" style="position: absolute; visibility: hidden;" title="“Si Cepeda no seduce a la clase media, la izquierda pierde la presidencia de la República” — Blogs El Espectador" src="https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/si-cepeda-no-seduce-a-la-clase-media-la-izquierda-pierde-la-presidencia-de-la-republica/embed/#?secret=EBr5zTRdLS#?secret=cfsn8rHick" data-secret="cfsn8rHick" width="500" height="282" frameborder="0" marginwidth="0" marginheight="0" scrolling="no"></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Tienen cuatro años para preparar a los tecnócratas progresistas. Tienen cuatro años para hacerse sentir en el Congreso de la República presentando reformas sociales vía legislativa y con trabajo decoroso en Senado y Cámara. Tienen cuatro años para conquistar a los estratos 3 y 4, porque no hacerlo es abonar una siguiente derrota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ganó Abelardo de la Espriella sí, pero no por eso vamos a olvidar los señalamientos que pesan sobre el pasado del nuevo presidente, ampliamente documentado por la prensa. Así que,&nbsp;henchido de orgullo, puedo decir que somos casi 13 millones los colombianos que reconocimos en las urnas el valor de la decencia. No hay un señalamientos de mala conducta sobre Iván Cepeda. En adelante, el país debe repensarse en función de las cualidades humanas y morales de sus gobernantes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También la prensa perdió esta elección: al tomar partido de manera descarada, ahuyentó la posibilidad del debate público entre candidatos. El periodismo quedó en deuda con el país. Los intelectuales aparecieron en el último segundo. Si el país se reacomoda con un gobierno con tintes de derecha extrema, la prensa debe preguntarse si está a la altura para lo que se avecina, o jugará un rol complaciente con el nuevo mandamás de Palacio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, el nuevo presidente ganó por un chiripazo y sin siquiera alcanzar la mitad más uno de los votos; para bien de Colombia, ojalá sea mejor gobernante de lo que fue como candidato.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130759</guid>
        <pubDate>Sat, 27 Jun 2026 13:22:54 +0000</pubDate>
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                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <item>
        <title>El Mundial nómada y la victoria de la pluralidad</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/el-telescopio/el-mundial-nomada-y-la-victoria-de-la-pluralidad/</link>
        <description><![CDATA[<p>El Mundial 2026 trajo un VAR omnipotente y pausas de hidratación al mejor estilo del marketing gringo con aire a espectáculo televisivo. Pasados esos debates de formato, la verdadera revolución del torneo late en la demografía de sus plantillas. Al cruzar la histórica expansión a 48 selecciones con las listas oficiales de 26 integrantes, el [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El Mundial 2026 trajo un VAR omnipotente y pausas de hidratación al mejor estilo del marketing gringo con aire a espectáculo televisivo. Pasados esos debates de formato, la verdadera revolución del torneo late en la demografía de sus plantillas. Al cruzar la histórica expansión a 48 selecciones con las listas oficiales de 26 integrantes, el certamen reúne a un total de 1.248 futbolistas. De ese inmenso universo, un dato resulta demoledor: 289 jugadores visten una camiseta distinta a la del territorio físico en el cual expidieron su primer certificado de nacimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablamos del 23,1% de la Copa del Mundo. Casi uno de cada cuatro atletas que pisará la hierba es producto directo de la migración. Y detrás de cada uno de esos 289 nombres no hay solo un pasaporte intercambiado, sino una historia de vida profunda: familias que cruzaron océanos, renuncias, desarraigos y abuelos que huyeron buscando un futuro. Estos nómadas convierten un rectángulo de 105 por 68 metros en el mapa sociológico más nítido de nuestro tiempo. La nacionalidad en el deporte de élite mutó; dejó atrás el determinismo geográfico para erigirse como una construcción emocional y un cruce de caminos entre la historia global y la memoria íntima.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si analizamos la lista de convocados con lentes de antropólogo, encontramos un atlas de las diásporas modernas. El continente africano, por ejemplo, se revela como un inmenso semillero y el mayor protagonista de este fenómeno a través del viaje de retorno postcolonial. Los números son contundentes: Marruecos lidera con 15 jugadores nacidos en el exterior, pero el bloque se hace gigante al sumar a Argelia y la República Democrática del Congo (14 cada uno), Túnez y Cabo Verde (13 por nación), Senegal (10), Costa de Marfil (7) y Ghana (6). Hablamos de legiones de atletas que germinaron en las antiguas metrópolis europeas, en los suburbios franceses o belgas, y que hoy deciden honrar la sangre de sus abuelos. Es la periferia recuperando su propio talento mediante una pelota.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa misma estadística expone las cicatrices de los conflictos bélicos y la reconfiguración de los mapas. Los 14 convocados de Bosnia y los 8 de Irak son los herederos de familias forzadas a buscar refugio lejos del fuego y la destrucción. A la par, asoma la globalización pura del talento. Curazao refleja el éxodo caribeño hacia los Países Bajos con 22 foráneos en sus filas. En las Américas, naciones históricamente receptoras de migrantes como Canadá (6) y Estados Unidos (5) demuestran que el capital humano fluye y echa raíces en tierras nuevas, un patrón que se repite en nuestra región con México (4), Ecuador (3) y Argentina (2).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El historiador Johan Huizinga, en su obra clásica <em>Homo Ludens</em>, explicaba magistralmente que el juego crea un &#8220;círculo mágico&#8221;. Adentro de esos límites de tiza, las divisiones del mundo exterior quedan suspendidas. Al pisar el césped, el pasaporte pierde validez y el sentido de pertenencia nace única y exclusivamente del esfuerzo compartido. En la competencia leal, el grupo se transforma en una familia tejida por la simpatía y el calor humano, un espacio orgánico en el cual la amistad nace directamente de la lucha deportiva. El jugador que besa un escudo heredado o adoptado nos demuestra que la patria es, ante todo, una comunidad de destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, a menudo perdemos la consciencia de esa hermandad. Las tribunas y las canchas, que deberían ser el último bastión de la igualdad, muchas veces se manchan con el racismo, la homofobia y el rechazo visceral al rival. Cegados por el fanatismo, insultamos al adversario por ser extranjero o distinto, cayendo en la ironía más absoluta de nuestra época: gracias a este inmenso fenómeno migratorio que presenciamos hoy, ese rival al cual despreciamos en la grada tranquilamente puede haber nacido en nuestro mismo país, o compartir la sangre de nuestros propios abuelos. El fútbol nos iguala, porque la cancha es un espacio de equidad estricta en el cual nadie es juzgado por su origen, sino por su entrega; pero el odio nos ciega ante esa realidad innegable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fuera del estadio, atravesamos una coyuntura dominada por narrativas de rechazo. Los discursos de miedo nos empujan a mirar al distinto como un invasor, alimentando una marea antimigrante que levanta muros físicos y mentales. Resulta una paradoja brutal confirmar que Estados Unidos, uno de los propios anfitriones del Mundial, abandere políticas agresivas y discriminatorias que criminalizan, persiguen y endurecen sus fronteras en la calle.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El deporte, por el contrario, actúa como un lenguaje pacífico que favorece los encuentros en un clima de sinceridad y permite a los hombres conocerse mejor y estimarse. Ojalá entendamos, al apagar el televisor, que el prójimo —haya nacido en el territorio que haya nacido, piense como piense o crea en lo que quiera— jamás representa una amenaza. La inmensa riqueza de esa pluralidad es justamente el motor que necesitamos para jugar el partido de nuestra propia convivencia. La historia nos ha enseñado una lección ineludible: no nos salvamos solos, la única forma de avanzar es en equipo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">📷 Agencia EFE</p>
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        <author>Pablo de Narváez</author>
                    <category>El telescopio</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130514</guid>
        <pubDate>Wed, 17 Jun 2026 21:31:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[El Mundial nómada y la victoria de la pluralidad]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Pablo de Narváez</media:credit>
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        <item>
        <title>Xavier Kara y la paciencia de mirar</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/xavier-kara-y-la-paciencia-de-mirar/</link>
        <description><![CDATA[<p>Conocí a Xavier Kara en medio de un río de Colombia, remo a remo, cruzando el cañón del Güejar. Durante horas avanzamos entre paredes de roca talladas por millones de años de agua y paciencia, mientras la conversación saltaba de libros a viajes, de historia a paisajes, de civilizaciones desaparecidas a los pequeños detalles que [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Conocí a Xavier Kara en medio de un río de Colombia, remo a remo, cruzando el cañón del Güejar. Durante horas avanzamos entre paredes de roca talladas por millones de años de agua y paciencia, mientras la conversación saltaba de libros a viajes, de historia a paisajes, de civilizaciones desaparecidas a los pequeños detalles que sobreviven al paso del tiempo. Nos habíamos encontrado apenas unas horas antes, pero mi sensación fue que veníamos viajando desde mucho antes. Hay personas con las que uno comparte trayectos; hay otras con las que comparte preguntas. Xavier pertenecía a la segunda categoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Años después volví a encontrarlo en Villa de Leyva. Nos vimos en el marco del Festival de Letras, donde una selección de sus fotografías formaba parte de una exposición abierta al público. En una sala de piedra que mira las montañas que ascienden hacia el páramo, sus imágenes dialogaban con visitantes, lectores y curiosos que se detenían frente a escenas llegadas desde Etiopía, Myanmar o la Amazonía colombiana. Pero fue más tarde, lejos de la exposición y de las conversaciones propias de cualquier festival, cuando entendí mejor quién era el hombre detrás de aquellas fotografías.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="519" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001055/img57-1024x519.jpg" alt="" class="wp-image-130451" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001055/img57-1024x519.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001055/img57-300x152.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001055/img57-768x389.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001055/img57.jpg 1129w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Nos sentamos en su casa, también abierta hacia las montañas de Villa de Leyva. La luz de la tarde comenzaba a cambiar sobre los tejados del pueblo y la conversación regresó naturalmente a los temas de aquella travesía por el Güejar. Hablamos de viajes, de libros, de fotografía, de memoria y de las personas que uno encuentra en el camino. Mientras escuchaba sus historias y observaba algunas de sus imágenes fuera del contexto formal de la exposición, comprendí que ambas cosas —el hombre y la obra— estaban unidas por una misma búsqueda. Lo que Xavier Kara persigue con su cámara no son lugares extraordinarios. Lo que busca son momentos en los que el tiempo deja de correr y se vuelve visible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivimos en una época obsesionada con la inmediatez. Nunca antes la humanidad había producido tantas imágenes y probablemente nunca antes las había olvidado con tanta rapidez. Fotografiamos todo: lo que comemos, lo que pensamos, los lugares que visitamos, las personas con las que compartimos una tarde. Millones de imágenes nacen cada día para desaparecer pocas horas después bajo el peso de nuevas imágenes. En medio de esa avalancha visual, encontrarse con la obra de Xavier Kara resulta una experiencia extraña porque sus fotografías parecen provenir de otro ritmo. Son imágenes que no exigen ser consumidas. Exigen ser contempladas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso permanecí más tiempo del habitual frente a ellas. Algo en esas fotografías obligaba a desacelerar la mirada. No había espectacularidad ni artificio. No parecían concebidas para impresionar. Parecían concebidas para observar. Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas. Impresionar es relativamente sencillo. Basta con sorprender. Observar, en cambio, requiere paciencia. Requiere atención. Requiere una disposición que se ha vuelto cada vez más escasa en un mundo gobernado por las distracciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La exposición presentada durante el Festival de Letras ofrecía una magnífica puerta de entrada a ese universo. Sin embargo, las fotografías adquirían una dimensión diferente después de conversar con su autor. Lo que en las paredes parecía una colección de imágenes tomadas en distintos continentes revelaba, en la conversación, una coherencia mucho más profunda. Cada fotografía era una estación de un mismo viaje intelectual y humano. No importaba si el escenario era una iglesia excavada en la roca en Etiopía, una ciudad perdida entre la niebla de Myanmar o una montaña amazónica en Colombia. Todas parecían responder a una misma pregunta: ¿qué cosas merecen ser conservadas cuando el mundo cambia?</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="652" height="928" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001126/img8.jpg" alt="" class="wp-image-130452" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001126/img8.jpg 652w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001126/img8-211x300.jpg 211w" sizes="auto, (max-width: 652px) 100vw, 652px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Más tarde, conversando con Kara, comprendí que esa impresión inicial no era accidental. Me dijo algo que terminó convirtiéndose en la clave para entender toda la exposición. “Me considero un humanista. La fotografía me da una forma de tender puentes entre culturas”. La frase podría pasar desapercibida en una conversación cualquiera, pero en realidad contiene una visión completa del mundo. Porque lo que aparece una y otra vez en sus fotografías no son las diferencias entre las personas sino aquello que comparten. No importa si la imagen fue tomada en Etiopía, Colombia o Myanmar. Lo que interesa no es el exotismo del lugar sino la humanidad de quienes lo habitan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso es precisamente lo que distingue a los grandes viajeros de los simples coleccionistas de destinos. Hay quienes recorren el mundo acumulando fotografías como quien acumula estampillas. Regresan con miles de imágenes y muy pocas preguntas. Xavier Kara parece pertenecer a una tradición distinta. Después de haber viajado por cinco continentes, sus fotografías transmiten menos fascinación por la diferencia que curiosidad por los puntos de encuentro. Hay en ellas una búsqueda constante de aquello que une a los seres humanos más allá de la geografía, la religión o la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay algo más que me llamó la atención al conversar con él. A diferencia de muchos fotógrafos contemporáneos, Xavier Kara no habla del viaje como una conquista. No hay en su discurso la épica del explorador ni la ansiedad de quien necesita coleccionar lugares para justificar una identidad. Más bien habla del viaje como una forma de aprendizaje. Como una manera de descentrarse. Como un ejercicio permanente de humildad. Tal vez por eso sus fotografías producen una sensación tan poco frecuente en nuestros días: la sensación de que quien sostiene la cámara está dispuesto a escuchar.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="603" height="849" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001153/img32.jpg" alt="" class="wp-image-130453" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001153/img32.jpg 603w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001153/img32-213x300.jpg 213w" sizes="auto, (max-width: 603px) 100vw, 603px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Escuchar es una palabra importante. Durante siglos los viajeros occidentales recorrieron el mundo convencidos de que su tarea consistía en describirlo. Eran observadores que llegaban con respuestas. Los mejores viajeros, sin embargo, han sido siempre aquellos que llegaban con preguntas. Pienso en Ibn Battuta recorriendo el mundo islámico durante casi treinta años. Pienso en Alexander von Humboldt intentando comprender las conexiones invisibles entre geografía, naturaleza y cultura. Pienso incluso en Bruce Chatwin, para quien viajar era una forma de interrogar el deseo humano de movimiento. Lo que une a esas figuras no son las distancias recorridas sino la curiosidad intelectual con la que enfrentaron el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las fotografías de Kara parecen nacer de esa misma tradición. No intentan demostrar nada. No buscan confirmar teorías previas. Son el resultado de una atención sostenida hacia aquello que aparece delante de la cámara. Quizás por eso transmiten una serenidad poco habitual. Vivimos rodeados de imágenes que nos dicen qué debemos sentir. Imágenes que buscan indignarnos, emocionarnos o sorprendernos de manera inmediata. Las fotografías de Kara operan de otra forma. Nos ofrecen espacio para pensar. Nos permiten entrar en ellas sin imponernos una conclusión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras observaba sus retratos etíopes recordé una frase de Ryszard Kapuściński que siempre me ha acompañado. Decía que para ejercer cualquier oficio relacionado con las personas hay que ser, ante todo, buena persona. Puede sonar ingenuo en una época dominada por el cinismo, pero sigue siendo una observación extraordinariamente lúcida. Uno termina viendo el mundo según la calidad de su atención moral. Y la fotografía, como la literatura o el periodismo, termina revelando tanto sobre quien mira como sobre aquello que es mirado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso la palabra humanismo aparece una y otra vez cuando uno intenta describir la obra de Xavier Kara. Un humanismo que no nace de los discursos sino de la observación. Que no consiste en proclamar principios abstractos sino en reconocer la dignidad de las personas, de las culturas y de los paisajes que aparecen frente al lente. En tiempos de polarización, de identidades enfrentadas y de relatos que insisten en subrayar aquello que nos separa, resulta refrescante encontrarse con una obra construida sobre la convicción opuesta: la idea de que el mundo es más grande que nuestras diferencias y de que todavía es posible encontrar puntos de encuentro entre seres humanos que nacieron a miles de kilómetros de distancia y bajo tradiciones completamente distintas.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="556" height="891" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001222/img23.jpg" alt="" class="wp-image-130454" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001222/img23.jpg 556w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/16001222/img23-187x300.jpg 187w" sizes="auto, (max-width: 556px) 100vw, 556px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Esa búsqueda aparece de manera particularmente poderosa en las imágenes tomadas en Lalibela, Etiopía. En una de ellas observamos las manos de un hombre sosteniendo un antiguo manuscrito escrito en ge&#8217;ez, la lengua sagrada de la Iglesia Ortodoxa Etíope. En otra, un anciano inclina el rostro sobre aquellas páginas desgastadas por siglos de uso. Lo interesante es que las fotografías nunca caen en la tentación de convertir la escena en una curiosidad antropológica. No estamos observando una rareza cultural. Estamos observando algo mucho más universal: la relación entre una persona y aquello que considera sagrado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras contemplaba esas imágenes pensé que las civilizaciones sobreviven gracias a personas como aquellas. No necesariamente gracias a los grandes conquistadores o a los protagonistas de los libros de historia, sino gracias a quienes dedican su vida a custodiar una tradición. Un monje copiando manuscritos medievales. Un bibliotecario protegiendo documentos durante una guerra. Un abuelo transmitiendo historias familiares a sus nietos. Un sacerdote etíope leyendo palabras escritas hace siglos. La historia humana es también la historia de quienes mantienen viva una llama para que otros puedan encontrarla después.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo parecido ocurre con la extraordinaria fotografía de una joven sosteniendo una vela durante la celebración del Genna, la Navidad etíope. La imagen está construida alrededor de una paradoja elemental: la oscuridad domina el encuadre, pero es la pequeña llama la que termina capturando toda nuestra atención. En tiempos donde la grandilocuencia suele imponerse sobre la sutileza, la fotografía parece recordarnos una verdad antigua: muchas veces basta una pequeña luz para desafiar a toda la noche. Las grandes tradiciones espirituales de la humanidad han comprendido siempre esa idea. También la literatura. También la filosofía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La misma sensibilidad aparece cuando Kara dirige la cámara hacia los Cerros de Mavecure. He visto muchas fotografías de ese lugar extraordinario en la Amazonía colombiana, pero pocas consiguen transmitir lo que realmente significa encontrarse frente a esas montañas. Sabemos que son algunas de las formaciones rocosas más antiguas del planeta. Sabemos que han permanecido allí durante más de mil millones de años. Sin embargo, conocer el dato geológico no equivale a comprenderlo. La fotografía de Kara logra algo más difícil. Nos hace sentir el peso del tiempo. Nos obliga a confrontar nuestra propia escala frente a una realidad infinitamente más antigua que nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizás por eso una de las frases de la muestra quedó resonando en mi memoria. Refiriéndose a Mavecure, Kara escribe que la naturaleza no aparece allí como telón de fondo sino como protagonista. La observación parece sencilla, pero en realidad cuestiona una de las ideas más arraigadas de la modernidad: la noción de que el ser humano ocupa siempre el centro de la historia. Frente a esas montañas comprendemos lo contrario. Somos apenas visitantes temporales en una historia mucho más larga que la nuestra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa misma reflexión atraviesa sus imágenes de Mrauk-U, la antigua ciudad de Myanmar cuyos templos emergen entre la niebla como recuerdos materializados. Hay lugares que parecen existir simultáneamente en el pasado y en el presente. Lugares donde la historia no ha desaparecido sino que continúa respirando bajo distintas formas. Las fotografías de Kara capturan precisamente esa sensación. No muestran una ciudad despertando. Muestran una ciudad soñando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conversando con él descubrí que buena parte de su formación ocurrió en Londres, donde fue miembro de la Ealing Photographic Society, fundada en 1890 y considerada una de las sociedades fotográficas más antiguas del mundo. Allí desarrolló muchas de sus habilidades técnicas. Sin embargo, sería un error atribuir el valor de su obra únicamente al dominio del oficio. La técnica es indispensable, pero nunca suficiente. Lo que distingue a una fotografía memorable de una fotografía correcta es la mirada que existe detrás de la cámara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la mirada de Xavier Kara está profundamente influenciada por una tradición que reconoce en Sebastião Salgado, Fan Ho, Henri Cartier-Bresson, Nereo López y Jimmy Nelson algunas de sus principales referencias. Hay algo que une a todos esos nombres. Ninguno utilizó la cámara únicamente para registrar lo que veía. Todos intentaron comprender algo sobre la condición humana. Todos entendieron que una fotografía podía ser también una forma de conocimiento. Una manera de interrogar el mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Antes de despedirnos, Kara mencionó una frase de Marco Aurelio que considera una guía personal: “Recibe sin gloria. Pierde sin preocupación”. Pensé entonces que existe algo profundamente estoico en su trabajo. Sus imágenes no parecen desesperadas por llamar la atención. No buscan el aplauso inmediato ni el impacto efímero. Se limitan a permanecer. Como permanecen las montañas. Como permanecen los libros antiguos. Como permanecen las ciudades que sobreviven a los imperios y las tradiciones que sobreviven a los siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Salí de su casa cuando comenzaba a caer la tarde sobre Villa de Leyva. Las montañas seguían allí, inmóviles, observando desde la distancia. Recordé entonces aquella travesía por el Güejar años atrás. Después de todo, quizás nunca dejamos de cruzar ese río. Algunos lo hacen con una cámara, otros con libros, otros simplemente conversando. Lo importante no es la orilla a la que se llega. Es la forma en que se recorre el camino. Porque viajar, en el fondo, es una manera de estar en el mundo. Una forma de vivir.</p>
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        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130449</guid>
        <pubDate>Tue, 16 Jun 2026 05:12:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Xavier Kara y la paciencia de mirar]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
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                            </item>
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        <title>Por el respaldo popular a la Constitución del 91</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/destellos-de-un-mundo-en-mutacion/por-el-respaldo-popular-a-la-constitucion-del-91/</link>
        <description><![CDATA[<p>El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos. Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se [&hellip;]</p>
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<p class="wp-block-paragraph">El voto de los colombianos en la segunda vuelta de la elección presidencial tendrá significación como expresión de la voluntad popular de apoyo o rechazo a la Constitución que tenemos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Venimos de cuatro años de la secuencia más agresiva de falta de respeto a la Constitución que cada jefe del Estado jura cumplir cuando se posesiona. A lo largo del cuatrienio, y luego a manera de despedida, el presidente saliente hizo flotar el llamado a una asamblea constituyente. Y el candidato que, con su apoyo explícito, aspira a continuar su proyecto, no descartó el avance en esa dirección. El hecho de que ahora, por motivos de estrategia electoral, hayan dicho que retiran la idea, no cambia el fondo del asunto. Ya vivimos la experiencia de quien hace cuatro años prometió con escrito sobre piedra que no convocaría una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo del periodo presidencial que termina, las Altas Cortes y el conjunto de la Rama Judicial del Poder Público han defendido con valor el Estado Social de Derecho en medio de tempestades de insolencia. También lo han defendido diferentes sectores políticos en el seno del Legislativo. Los organismos de control del Estado han cumplido bien que mal su tarea. Y la Organización Electoral ha hecho valer su independencia respecto del gobierno, como debe ser, porque tenemos reglas claras de orden constitucional que evitan el autoritarismo del Ejecutivo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al llegar el momento de la consulta ciudadana que implica la escogencia de un nuevo presidente, el apoyo a la Constitución, o a su cambio, se ha vuelto tema de la mayor importancia. Así como hay quienes estuvieron recogiendo febrilmente firmas para promover una constituyente, se ha formado a lo largo y ancho del país, y en los más diversos sectores de la sociedad colombiana, una vigorosa corriente en favor de la defensa, cumplimiento y desarrollo de los principios, derechos, y reglas de acción del Estado consagrados en la Constitución de 1991.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es posible que algunos ignoren, por falta de interés o por razones de edad, la forma como fue adoptada la Carta del 91, así como el contenido y alcance de sus preceptos. Por lo cual resulta infundado que apoyen su cambio sin conocerla a fondo y sin saber que es una de las más avanzadas del mundo en materia de libertades y opciones de acción democrática.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Constitución de 1991 fue la culminación de un largo y complejo proceso de exigencias históricas y reclamos populares, comprendidos en mayor o menor medida por diferentes gobiernos, comenzando por el de Alfonso López Michelsen, 1974-1978, “gobierno puente” entre el modelo del reparto bipartidista del poder propio del Frente Nacional y la satisfacción de las necesidades institucionales de una nación que requería entrar con solvencia en una nueva era.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se reclamaba autonomía regional y local, democratización profunda, pluripartidismo, derechos ampliados, separación y equilibrio de poderes, estados de excepción regulados, un estatuto de la oposición, reconocimiento de los pueblos indígenas y de las comunidades negras y palenqueras, lo mismo que de comunidades de orientación sexual diferente de las tradicionales, participación ciudadana, planeación obligatoria, manejo económico confiable, controles al Estado y un sistema electoral cada vez más adecuado y transparente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De ahí en adelante, como lo explica de manera clara y pedagógica el magistrado de la Corte Constitucional Jorge Enrique Ibáñez Najar, en un afortunado video que se puede consultar en&nbsp;<a href="https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ">https://youtu.be/biBhLs5kX10?si=sna1CIYrDCLZpetJ</a>, la nación y sus gobernantes, aún en medio la arremetida brutal del narcotráfico y la acción de diversos movimientos de subversión armada, que buscaban cambiar el Estado a su gusto, jamás cejaron en el empeño de realizar las reformas necesarias para dotar al país de un nuevo esquema institucional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El presidente Virgilio Barco, que realizó gestiones exitosas de paz con el movimiento guerrillero M19, al que pertenecía el actual presidente de Colombia, anunció la convocatoria a una Asamblea Constituyente, cuya elección popular se produjo, después de muchos avatares y al impulso de la juventud universitaria de la época, bajo el gobierno del presidente César Gaviria, que propició y animó con todo interés el proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La discusión sobre el contenido de la nueva constitución no se llevó a cabo solamente en el seno de la Asamblea, sino que previamente, en su gestación, tuvo lugar una discusión amplia y abierta desde lo más profundo de Colombia, con mesas de discusión destinadas a acopiar todo tipo de sugerencias, con participación de actores tradicionales, innovadores, revolucionarios de salón, exguerrilleros, juristas, economistas, sociólogos y estudiantes creativos, con el ánimo de contar con un texto constitucional que fuese patrimonio de la nación colombiana y no un etéreo “canto a la bandera” o algo de lo que se deban ocupar solamente juristas, políticos y gobernantes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la nueva Carta se estableció un Estado social de derecho guiado por principios democráticos y garante de una amplísima gama de derechos individuales y colectivos, así como de medidas de protección ambiental, y garantías y deberes para todas las personas, sin que importe cuál sea su etnia, condición, creencia religiosa, orientación sexual o identidad de género. Y aparecieron mecanismos de protección de esos derechos, como la acción de tutela, y todo un catálogo de medios de defensa ciudadana, e instituciones como la Defensoría del Pueblo. Además, se adoptaron principios relacionados con la paz como valor, principio y derecho fundamental colectivo, con la obligación estatal de garantizarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó una estructura del Estado con auténtica separación de poderes propia de una democracia avanzada. De manera que los presidentes no pueden considerarse omnipotentes, ni intérpretes únicos e indiscutibles de la voluntad popular, ni tomadores exclusivos de las decisiones públicas.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó la posibilidad de Moción de Censura por parte de las corporaciones públicas contra ministros y otros funcionarios, cuando la gestión de los asuntos a su cargo sea deficiente, o cuando no acaten las citaciones para responder inquietudes de control político.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se fortaleció la independencia de la Rama Judicial, con administración y autoridad de disciplina propias, y apareció, como modelo para muchos otros países, una Jurisdicción Constitucional encargada de mantener la integridad y darle vida a la constitución política, a través de interpretaciones de su contenido que profundicen el sentido de sus principios en el ámbito de la vida real de nuestra sociedad. Se creó además la Fiscalía General de la Nación, encargada de darle vida y efectividad al sistema penal acusatorio, para luchar de manera más efectiva contra el delito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para conseguir una descentralización efectiva del poder y del ordenamiento del territorio, se ratificó la elección popular de alcaldes, hasta entonces la principal transformación de la democracia colombiana, adoptada en 1986, y se estableció la elección popular de gobernadores. Además, se estableció el voto programático como exigencia de cumplimiento de sus programas de campaña a alcaldes y gobernadores, para que sometan a la decisión popular proyectos realizables y respondan por su ejecución.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron los Territorios Indígenas como entidades territoriales, a la par de Municipios, Distritos y Departamentos. Y se abrió la posibilidad de que existan nuevas entidades territoriales como las Provincias, que agruparían varios municipios, y las Regiones, que agruparían varios departamentos. Además, se refinó el sistema de irrigación de recursos hacia todas esas entidades.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otra cosa es que las comunidades indígenas no hayan logrado ponerse de acuerdo sobre la forma de organizarse como Entidades Territoriales, ni ha habido partido ni gobierno capaz de ayudarles a conseguir ese propósito. Tampoco ha habido, salvo intentos de avance como el de los departamentos del Caribe, quien tenga la audacia de aprovechar el espacio constitucional para la creación de Provincias y Regiones, que facilitarían una gestión más adecuada del territorio y una mejor protección de nuestros recursos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por todos lados aparecen en el texto opciones verdaderas de participación democrática, desde las instancias de la planeación del desarrollo hasta el control ciudadano de los actos de la administración del Estado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se dejó atrás el bipartidismo, que había animado con exclusividad la vida política, para abrir espacios a nuevos partidos y movimientos, que deben funcionar conforme a principios democráticos. También se abandonó el confesionalismo y se dejó espacio para la coexistencia de diferentes creencias y religiones.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se establecieron reglas y garantías para el ejercicio de la oposición, anteriormente desprotegida, como factor indispensable de una controversia civilizada y además leal con los principios constitucionales y los propósitos que ellos representan para la nación colombiana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se adoptó el sistema de Banca Central para el manejo de la política monetaria, como en los países más avanzados, en busca de que se pueda disfrutar de moneda sana y estabilidad monetaria. De manera que ese crucial asunto no quede en manos del gobernante de turno, que puede ser proclive al retrógrado caudillismo latinoamericano en el que un cacique adopta a su gusto y conveniencia medidas monetarias y después se larga dejando endeudada a la nación, cuando no se perpetúa en el poder para obrar como padrecito bondadoso de millones de menesterosos a los que, con ayuda de la represión, mantiene ilusionados con algún discurso pseudo-poético que garantice su fidelidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para garantizar la conversión límpida de la soberana voluntad popular en poder conferido a servidores públicos elegidos, se estableció una Organización Electoral autónoma, por fuera de las Ramas del Poder Público. De manera que la Registraduría Nacional del Estado Civil, organizadora de todos los comicios, no depende para nada del gobierno de turno, ni éste tiene facultad de aprobar o rechazar los resultados electorales, porque no es de su incumbencia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una nación del Siglo XXI, que cuenta ya con un ordenamiento constitucional tan refinado que otros países estudian cuando sienten la obligación de ponerse al día en materia de derechos, separación de poderes, controles adecuados, manejo monetario responsable y elecciones libres, tiene que sentir preocupación ante los anuncios enredados y nebulosos de llamado a una constituyente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Semejante llamado resulta preocupante, pues el concepto de asamblea constituyente significa que el cuerpo colegiado que se ocupe de ella tendría plenos poderes para cambiar la constitución en su totalidad, y reemplazarla por una con orientación completamente diferente. Y es que, en medio del entusiasmo enigmático de los promotores de la idea, se ha omitido la distinción fundamental entre una “asamblea constituyente”, que es la que piden, que permitiría la abolición de la del 91, y una “asamblea constitucional”, que conceptualmente es aquella que se reuniría para realizar unos pocos cambios puntuales.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">De manera que el riesgo resulta justificado, porque no es que carezcamos de principios y mucho menos de derechos y organización estatal democrática, ni de controles a los gobiernos, ni de garantías para nadie por diverso, ni opositor que sea, ni de medios para defender el medio ambiente, ni de controles al Estado, ni de libertades de acción en el campo que se quiera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No se sabe a ciencia cierta qué es lo que desean cambiar los promotores de una constituyente, en pausa ahora por la conveniencia electoral de no insistir en el tema.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por si acaso, pensar en “asamblea constituyente”, con todo lo que ello implica, para cambiar el sistema de salud o el de pensiones, es huir hacia adelante ante la impotencia política para impulsar esos cambios en uso de las opciones que existen dentro de la constitución que tenemos. Salvo que se busque en su momento armar una algarabía para obtener el giro de un cheque en blanco que permita a quienes han demostrado sobresaliente insuficiencia en el respeto por las instituciones y el manejo del gobierno, echar por la borda lo que tenemos y producir una chapuza que cambie radicalmente el ordenamiento constitucional, que el mismo M19 ayudó en su momento a adoptar.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia no es una nación desgraciada, aunque no faltan quienes insisten en convencernos de lo contrario. Mientras ellos insisten, con un discurso importado que nos pone a la par de países que llegaron al concierto de las naciones libres muchas décadas después de nosotros, aquí se han hecho esfuerzos enormes, a veces desordenados, otras veces infructuosos, pero la mayoría de un éxito asombroso, por salir adelante. De manera que el panorama de la Colombia de hoy no se puede comparar con el de hace medio siglo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo importante es que los protagonistas de esos esfuerzos y de esos éxitos hemos sido los colombianos, y no ha sido obra de ningún jefecito iluminado. La gente que aquí acostumbran todavía a llamar “de a pie”, como en la época colonial. Esos millones de familias que, lideradas por madres o padres heroicos, han sabido salir adelante en toda circunstancia, en nuestro territorio y por todo el mundo, y hoy viven una realidad mucho mejor que la de sus abuelos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevamos el lastre de una desigualdad que no es solo posible sino obligatorio desmontar. Para eso tenemos a la mano los elementos reales y además los propósitos y mandatos de la solidaridad, la dignidad humana, el trabajo, los deberes sociales del Estado y la prevalencia del interés general, consagrados en los dos primeros artículos de la Constitución de 1991.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La “apertura económica”, adoptada por la misma época de la Asamblea Constituyente del 91, nos sacó de una típica tradición latinoamericana de andar dando tumbos y nos metió de frente, con realismo audaz, en el difícil y azaroso mundo del capitalismo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esto vino a servir de base para que el país supiera afrontar, mejor que otros en nuestra América, la realidad de un modelo hegemónico en todo el mundo, que, como lo reconoce la socialdemocracia, es navegable con voluntad, creatividad y esfuerzo. De manera que todo dependa de una ciudadanía visionaria, que haga uso de su ADN de luchadora, en lugar de declararse vencida y esperar que sus enemigos la socorran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto de ninguna manera exime al Estado de obligaciones ineludibles en materia económica y social, que no puede dejar en manos de particulares que obran con una lógica diferente de la del servicio público. Porque en muchos escenarios de un país enorme y variado, multicultural y afectado en ciertos parajes por injusticias ancestrales, no se puede dejar todo a un juego abierto que profundice diferencias y abusos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la cabeza del Estado requerimos de alguien que comprenda todo esto y llegue a cumplir el juramento que hacen los presidentes de defender la constitución y las leyes, que son parámetros de la vida social y no asunto de especuladores bizantinos. De alguien que gobierne para todos y no para favorecer caprichosamente a sus amigos y perjudicar a sus enemigos. Alquien que no llegue al poder a ejercer la oposición desde dentro del sistema, para degenerarlo y crear las condiciones de un desmonte, gradual o explosivo, del país que tenemos, que es el único que tenemos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No merecemos un caudillo del siglo antepasado que llegue a dictar su voluntad “inspirada”, ni un lector de discursos que nos obligue a devolvernos a propósitos y modelos fracasados de hace sesenta años. Debemos tener un presidente que presida y al tiempo contar con un equipo amplio de facilitadores honestos para que esta nación de emprendedores, desde fabricantes de empanadas y repartidores en motocicleta que se meten por todas partes, hasta empresarios de nivel internacional, pueda dar rienda suelta a su creatividad y su deseo de progreso, con una actitud optimista que nos sacaría adelante si todos la asumiéramos, en lugar de actuar innecesariamente con el odio y el resentimiento de quien se está ahogando en la inmundicia y desea que alguien lo saque con helicóptero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para que todo esto sea posible, el voto del 21 de junio servirá de manifestación de apoyo a la constitución Política de 1991, que se adelantó a su tiempo para establecer las bases de un país democrático del Siglo XXI. Del respaldo que obtenga, a través de ese voto, la institucionalidad allí consagrada, depende en gran medida la claridad de nuestro futuro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez si estuviera vivo Gabriel García Márquez, el escritor colombiano más grande de todos los tiempos, podría decir, desde la altura de su centenario, como solía decirlo respecto de gente que era excelente, pero obraba como caminando a tientas: “ustedes son unos berracos y no se han dado cuenta”.&nbsp;&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Eduardo Barajas Sandoval</author>
                    <category>Destellos de un mundo en mutación</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=130087</guid>
        <pubDate>Sat, 06 Jun 2026 17:00:02 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Por el respaldo popular a la Constitución del 91]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Eduardo Barajas Sandoval</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Colombia: un herbario en el Putumayo une ciencia y saber ancestral para defender el territorio</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/colombia-un-herbario-en-el-putumayo-une-ciencia-y-saber-ancestral-para-defender-el-territorio/</link>
        <description><![CDATA[<p>La placenta de Ángela Jhoana Jacanamejoy está enterrada en la cocina de su casa, justo bajo la tulpa o el&nbsp;Shinyak: el fogón que mantiene el fuego en el que tradicionalmente los&nbsp;kamëntšá&nbsp;han cocinado sus alimentos en el departamento amazónico de Putumayo, al sur de Colombia. Es bióloga de corazón y de profesión,&nbsp;artista, artesana, tejedora e integrante [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>En Mocoa, Putumayo, un herbario etnobotánico resguarda más de 22 000 muestras de plantas, junto a las cuales se recopilan referencias del conocimiento local de comunidades indígenas y campesinas.</em></li>



<li><em>Desde iniciativas de monitoreo comunitario, pueblos indígenas siona, inga y kamëntšá han identificado especies en riesgo y realizado estrategias de restauración, como la propagación de árboles maderables amenazados.</em></li>



<li><em>El proyecto se ha consolidado como una herramienta para la defensa territorial, al aportar información científica y ancestral frente a proyectos extractivos como la minería de cobre que puedan afectar al medioambiente.</em></li>



<li><em>Pese a su importancia, el espacio enfrenta dificultades como la falta de sede permanente, recursos limitados y ausencia de personal estable para su funcionamiento.</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La placenta de Ángela Jhoana Jacanamejoy está enterrada en la cocina de su casa, justo bajo la tulpa o el&nbsp;<em>Shinyak</em>: el fogón que mantiene el fuego en el que tradicionalmente los&nbsp;<em>kamëntšá</em>&nbsp;han cocinado sus alimentos en el departamento amazónico de Putumayo, al sur de Colombia. Es bióloga de corazón y de profesión,&nbsp;<a href="https://www.instagram.com/jashnan_" target="_blank" rel="noreferrer noopener">artista</a>, artesana, tejedora e integrante de la comunidad indígena&nbsp;<em>kamëntšá</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jacanamejoy vive constantemente interactuando con aquel valle donde nació, con las montañas y las distintas tonalidades de verde que inundan el paisaje, los sonidos de los ríos, el olor a humedad y con las plantas de su territorio. Aquellas que poco a poco las comunidades han registrado en el&nbsp;<strong><a href="https://ipt.biodiversidad.co/sib/resource?r=itp_colectas-epifitas" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Herbario Etnobotánico del Piedemonte Andino-Amazónico&nbsp;<em>Jajen Saima’a</em></a>&nbsp;de la Institución Universitaria del Putumayo,</strong>&nbsp;que se encuentra en Mocoa, capital del departamento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/05/inteligencia-artificial-aliada-clave-conservar-biodiversidad-america-latina/">La inteligencia artificial se convierte en aliada clave para conservar la biodiversidad de América Latina</a></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este particular herbario es una biblioteca de plantas secas, “que&nbsp;<strong>guarda también el conocimiento en torno a su uso y manejo por parte de las comunidades indígenas, campesinas, afro</strong>&nbsp;o comunidades humanas que habitan un territorio en particular, en este caso, el departamento del Putumayo y el piedemonte andino-amazónico”, explica&nbsp;<a href="https://www.umakiwemadretierra.com/post/jorge-contreras-el-guardian-de-un-bosque-que-se-volvi%C3%B3-biblioteca" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Jorge Contreras</a>, coordinador del herbario, biólogo con maestría en ciencias de la Universidad Nacional, quien ha dedicado su vida a la botánica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A este enfoque de estudio de las interrelaciones que establecen los seres humanos con las plantas se le llama etnobotánica. Y para este caso, se hace referencia a un lugar que recopila&nbsp;<strong>más de 22 000 muestras, que representan cerca de 1500 especies recolectadas</strong>&nbsp;en el departamento del Putumayo y el piedemonte andino-amazónico y en otras regiones del país.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273051"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170125/11052026-2-768x512.jpg" alt="Ángela Jhoana Jacanamejoy en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273051" /><figcaption class="wp-element-caption">Ángela Jhoana Jacanamejoy en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mocoa es una ciudad que se ubica justo en una zona de transición entre las regiones andina y amazónica. Cuenta con una población cercana a los 45 000 habitantes, entre los que se encuentran los pueblos indígenas originarios del piedemonte como cofán, siona, inga, kamëntšá, coreguaje, mientras que, en el resto del departamento, que supera los 350 000 habitantes, también habitan pueblos como los murui y los kichwa, además de comunidades nasa, pasto, embera y awa que llegaron al territorio. Actualmente,&nbsp;<strong>las comunidades enfrentan tensiones por el avance de proyectos de cobre.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">La biblioteca de saberes ancestrales</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La historia del herbario se desarrolla&nbsp;<strong>entre la investigación científica y la reivindicación de los saberes ancestrales del Putumayo</strong>.&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=zi36uFYk05E" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Nació</a>&nbsp;oficialmente a partir del proyecto&nbsp;<a href="https://www.naturamazonas.org/guardianes-del-conocimiento-botanic" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Guardianes del Conocimiento Botánico</a>, realizado entre 2018 y 2022, y que formaba parte del programa Natura Amazonas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este programa fue liderado por Conservación Internacional Colombia en alianza con Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia), el Instituto Tecnológico del Putumayo (que pasó a ser una institución universitaria), Parques Nacionales y la Corporación Autónoma Regional del Cauca (CRC).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La iniciativa surgió por la voluntad de un grupo de investigadores e investigadoras, liderado por Contreras,&nbsp;</strong>quienes buscaron crear un espacio que no solo recolectara plantas bajo criterios científicos occidentales, sino que integrara los nombres y usos tradicionales dados por las comunidades, contando con el apoyo en primera instancia de dos personas visionarias como José Vicente Rodríguez-Mahecha director científico de Conservación Internacional Colombia y Luis Alexander Mejía-Bustos, director de Corpoamazonia en ese momento, quien facilitó el espacio físico para su inicio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ángela Jhoana Jacanamijoy realizó su tesis de pregrado sobre&nbsp;<strong>el conocimiento de las plantas para el cuidado de la mujer desde la niñez hasta la menopausia</strong>&nbsp;y esto motivó a Contreras y su equipo, quienes ya venían trabajando en el herbario etnobotánico, a impulsar junto a ella y otras personas de diferentes comunidades del Putumayo a fortalecer el herbario.&nbsp;“¿Por qué no nos integramos?”, le preguntó. Así se empezó a consolidar este proyecto y, en 2022, el entonces Instituto Tecnológico del Putumayo emitió un&nbsp;<a href="https://itp.edu.co/web2016/phocadownload/Acuerdos/ConsejoDirectivo/2022/Acuerdo%20018%2023agosto2022%20Creaci%C3%B3n%20Herbario-ITP.pdf">a</a><a href="https://itp.edu.co/web2016/phocadownload/Acuerdos/ConsejoDirectivo/2022/Acuerdo%20018%2023agosto2022%20Creaci%C3%B3n%20Herbario-ITP.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">cuerdo&nbsp;</a>con el cual se creó formalmente el herbario.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273046"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170105/11052026-15-768x512.jpg" alt="En el trabajo de campo, los monitores comunitarios aprenden a medir el Diámetro a la Altura del Pecho (DAP) de los árboles maderables, un dato técnico vital para calcular el estado de salud de los bosques del piedemonte. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273046" /><figcaption class="wp-element-caption">En el trabajo de campo, los monitores comunitarios aprenden a medir el Diámetro a la Altura del Pecho (DAP) de los árboles maderables, un dato técnico vital para calcular el estado de salud de los bosques del piedemonte. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Después, algunos sabedores y taitas que vinieron a conocer el espacio, al comienzo estuvieron un poco molestos porque veían que guardábamos las plantas secas y se preguntaban: ‘¿Para qué? Ya no tienen vida’. Entonces, se les explicó que&nbsp;<strong>en algún momento ese conocimiento, no solamente de nombre científico, sino de usos, podría servir como herramienta de conservación para la defensa del territorio</strong>”, recuerda Contreras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia (<a href="https://biodiversidad.co/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">SIB Colombia</a>), en Putumayo se registran 5826 especies de plantas, de las cuales 316 son endémicas, es decir, que solo existen en esta zona del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el herbario, todos los conocimientos son válidos y están al mismo nivel, tanto los de la ciencia occidental como los indígenas. Esto es una postura ética que se integra en un enfoque diferencial para reconocer y proteger la diversidad biocultural del Putumayo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contreras explica que “antes venían los investigadores al territorio y no se asumía una posición de respeto con las comunidades, sino que se les imponía sumisión. Ahora es diferente y&nbsp;<strong>se parte de un reconocimiento de esa transversalidad como sabedores y como investigadores del territorio</strong>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/custom-story/2026/05/mineria-de-carbon-y-consultas-previas-con-indigenas-yukpa-colombia/">Colombia: el largo camino judicial de los indígenas yukpa para resarcir los impactos de la minería de carbón</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Construcción compartida del conocimiento</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El herbario funciona como un puente o canal donde se intercambian experiencias.&nbsp;<strong>Mientras los científicos y académicos como Contreras aportan técnicas de taxonomía y secado, la comunidad aporta la historia, el uso y el nombre en lengua materna de la planta</strong>. Para Jacanamejoy, esta biblioteca viva es una forma de «activar los genes ancestrales» y reconocerse en el territorio a través de lo que guarda.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273045"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170101/11052026-10-768x512.jpg" alt="El monitoreo etnobotánico también ha permitido registrar fauna asociada a los bosques del territorio, como jaguares (Panthera onca), dantas (Tapirus terrestris) y borugas o guaguas (Cuniculus paca). Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273045" /><figcaption class="wp-element-caption">Cada muestra es guardada y requiere de un deshumidificador y aire acondicionado para mantener las condiciones y así evitar que la alta humedad amazónica genere hongos que destruyan la colección. Profesora Laura Clavijo de la Universidad Nacional revisa ejemplares del herbario durante su visita a las instalaciones. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este conocimiento sobre lo que hay en el territorio, ya sean especies endémicas, medicinales o sagradas,&nbsp;<strong>permite a las comunidades tener argumentos científicos y ancestrales</strong>&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/05/guardianas-alto-putumayo-desafian-monocultivos-ganaderia-vias/">para oponerse</a>&nbsp;a actividades extractivas como la megaminería de cobre, que ha venido instalándose en la región y que, aseguran los pobladores, degrada sus fuentes de vida y puede afectar el medioambiente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El herbario se ha consolidado mediante proyectos de investigación, monitoreo comunitario y educación ambiental.</strong>&nbsp;Entre los más relevantes se destaca la publicación de un libro bilingüe, en español y maicoca (la lengua indígena materna del pueblo Zio Bain) sobre 25 plantas de importancia cultural, el cual fue liderado por Conservación Internacional Colombia y la comunidad Siona de Buenavista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 2022 también se realizó Mocoa Biodiversa, una iniciativa de ecología urbana orientada a la formación ambiental de niños, niñas y jóvenes. Posteriormente en 2023 se continuó apoyando este tipo de propuestas educativas con el&nbsp;<a href="https://open.spotify.com/episode/5PEgAWIeF6GBRotyL26xXG" target="_blank" rel="noreferrer noopener">proyecto Nacederos</a>, centrado en los vínculos entre vegetación y fuentes hídricas del territorio. Uno de sus logros fue la creación de&nbsp;<strong>cartillas didácticas que permitieron identificar aquellas plantas que actúan como guardianas naturales de los nacimientos de agua.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Luis Felipe Mora, ingeniero ambiental y miembro de la&nbsp;<a href="https://www.cntindigena.org/el-pueblo-cofan-tres-decadas-de-lucha-por-el-territorio-ancestral-en-el-putumayo/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">comunidad indígena Cofán</a>, cuenta, por ejemplo, que investigadores de la Universidad de los Andes&nbsp;<strong>están estudiando sobre el cacao en el Putumayo con apoyo del herbario</strong>: “Estamos trabajando con variedades originarias de esta planta aquí en la región. Porque ya se está acabando, la gente no la cultiva. Entonces, tuvimos charlas y les fuimos a hablar sobre la importancia, con el fin de prevenir su pérdida”.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273044"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170056/11052026-8-768x512.jpg" alt="Las fibras vegetales utilizadas en artesanías tradicionales también hacen parte de los conocimientos documentados por comunidades indígenas y campesinas en el Herbario Etnobotánico Jajen Saima’a, donde se registran los usos culturales de las plantas del Putumayo. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273044" /><figcaption class="wp-element-caption">Las fibras vegetales utilizadas en artesanías tradicionales también hacen parte de los conocimientos documentados por comunidades indígenas y campesinas en el Herbario Etnobotánico Jajen Saima’a, donde se registran los usos culturales de las plantas del Putumayo. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Para las comunidades étnicas de la Amazonía colombiana el cacao nativo es un pilar de nutrición y medicina ancestral</strong>. “Sirve para el sistema cardiovascular, para el estrés, es alimento y además es muy nutritivo. Los abuelos dicen que antes lo preparaban para las mujeres durante y después del embarazo”, dice Mora. Asimismo, el ingeniero ambiental recuerda Árboles Semilleros, proceso mediante el cual se identificaron 71 tipos de árboles y se diseñaron métodos de propagación enfocados en la restauración forestal. Un proyecto liderado en su momento por la ingeniera Ligia Estela Peñafiel de Corpoamazonia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/05/frailejones-drones-inteligencia-artificial-monitoreo-incendio-paramo-berlin-colombia/">Con drones e inteligencia artificial monitorean la huella de un enorme incendio en los frailejones del Páramo de Berlín, Colombia</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Monitoreo participativo y comunitario</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Juliana Torres Jiménez, del resguardo inga de Yunguillo, ubicado en el área rural de Mocoa, habla con entusiasmo sobre el río Caquetá, que recorre su territorio y al que niños y niñas van a divertirse y a bañarse desde la mañana hasta el atardecer. “Tenemos sitios sagrados y ya no se caza como antes, ya somos más conscientes», dice.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Torres forma parte de&nbsp;<strong>una estrategia de monitoreo de biodiversidad implementada por las comunidades inga de Yunguillo para construir conocimiento</strong>&nbsp;en alianza con el herbario: “Clasificamos las plantas entre medicinales, ornamentales, artesanales, espirituales y las que son alimenticias tanto para nosotros como para los animales” comenta.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273043"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170052/11052026-13-768x512.jpg" alt="Expertos y comunidades indígenas y campesinas utilizan la información que se ha recolectado en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273043" /><figcaption class="wp-element-caption">Expertos y comunidades indígenas y campesinas utilizan la información que se ha recolectado en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Han identificado las especies más vulnerables, entre las que destacan especialmente los árboles maderables: “En 10 años ya no vamos a tener árboles como, por ejemplo,&nbsp;<strong>el granadillo (<em>Platymiscium pinnatum</em>), quedan ya muy poquitos</strong>&nbsp;y en partes más bajas y medias está totalmente intervenido”, cuenta Torres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otro de los árboles escasos es el caimo de monte, conocido como cascabel (<em>Chrysophyllum venezuelanense</em>). Torres cuenta que es “una semilla artesanal y de gran importancia espiritual y cultural». «<strong>En nuestro territorio del resguardo indígena de Yunguillo, de 26 480 hectáreas, sólo hay ocho</strong>, por lo cual se adelantaron procesos de restauración de esta especie”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del territorio de Yunguillo&nbsp;<strong>han participado en este monitoreo 16 personas</strong>, entre ellos sabedores y sabedoras, profesionales y jóvenes. “Recolectábamos las muestras, las limpiábamos, las dejábamos en un lugar muy adecuado para que no se nos fueran a infectar y a dañar, después las traíamos al laboratorio del herbario donde las muestras se deshidratan y se catalogan”, relata Torres.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273047"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170109/11052026-14-768x512.jpg" alt="El Instituto SINCHI considera que el herbario llena un vacío histórico de documentación botánica en el sur de Colombia. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273047" /><figcaption class="wp-element-caption">Los profesores Julio Betancurt y Julián Aguirre Santoro, acompañados por el&nbsp; investigador del herbario, David Hoyos, en expediciones y recorridos de recolección de material vegetal. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este proceso también se hace de la mano de personas sabedoras del territorio y jóvenes de las comunidades para que haya un diálogo y un intercambio de conocimientos.&nbsp;<strong>Quienes pertenecen a estos resguardos indígenas son coinvestigadores que aportan su conocimiento</strong>&nbsp;sobre los ciclos de floración, fructificación y ubicación de las especies según la ecología local. El registro se hace en español y en lengua materna.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta investigación sobre la flora, apoyada por el Ministerio de Ciencias, les ha permitido conocer también la fauna que habita en la zona: “<strong>Con el monitoreo etnobotánico también han encontrado especies de animales</strong>: borugas (<em>Cuniculus paca</em>), armadillos (<em>Dasypus novemcinctus</em>), dantas (<em>Tapirus terrestris</em>), jaguares (<em>Panthera onca</em>) y ocelotes (<em>Leopardus pardalis</em>)”, expresa Torres.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2026/05/vivero-guarderia-de-frailejones-en-paramo-de-colombia/">La guardería de frailejones “bebés” que busca restaurar los páramos del Parque El Cocuy en Colombia</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading">Desafíos y amenazas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mocoa está atravesada por ríos y ha estado históricamente expuesta tanto a desastres socioambientales como a presiones derivadas de economías extractivas que pueden afectar los ecosistemas de la zona. En respuesta,&nbsp;<strong>se han fortalecido procesos organizativos de&nbsp;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=BJ4iaL0LurE" target="_blank" rel="noreferrer noopener">defensa territorial</a>&nbsp;que buscan proteger el agua y los bosques frente a la expansión de proyectos mineros</strong>, principalmente de&nbsp;<a href="https://elcuartomosquetero.com/mineria-verde-la-paradoja-que-amenaza-a-la-naturaleza-en-mocoa-colombia/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">cobre</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, Libero Cobre, una de las compañías interesadas en explotar el mineral, estima que&nbsp;<strong>en los suelos de Mocoa puede haber&nbsp;<a href="https://www.juniorminingnetwork.com/junior-miner-news/press-releases/2126-tsx-venture/lbc/143932-libero-copper-provides-update-on-projects.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">más de dos millones de toneladas de cobre</a></strong>, un metal apetecido para la transición energética, ya que con él se fabrican turbinas eólicas, paneles solares y baterías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La empresa posee&nbsp;<a href="https://www.anm.gov.co/sites/default/files/DocumentosAnm/AUTO_GSC_ZO_000047_FJT-141_06-12-2023.pdf" target="_blank" rel="noreferrer noopener">cuatro títulos mineros</a>&nbsp;en esta capital amazónica, que abarcan cerca de 7800 hectáreas. El 6 de abril de 2022, Corpoamazonia, la autoridad ambiental en este departamento,&nbsp;<a href="https://conflictosambientales.unal.edu.co/oca/assets/doc/Corpoamazonia%20Auto%20DTP%20202%20de%2006-ABR-2022%20-%20DTP-196%20-%20DTP-292%20-%20Med%20Preventiva%20-%20LiberoCobre.pdf">ordenó la suspensión preventiva de las actividades de la empresa</a>&nbsp;en Mocoa, al evidenciar que la exploración se realizaba en una zona de alta amenaza por movimientos en masa, con antecedentes de deslizamientos, según el Servicio Geológico Colombiano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La medida, que a la fecha sigue vigente, prohibió temporalmente cualquier uso o afectación de recursos naturales en los títulos mineros, hasta que la empresa subsanara supuestas inconsistencias administrativas y ambientales, entre ellas la ausencia de estudios de impacto ambiental, posibles afectaciones a fuentes hídricas y ecosistemas sensibles, y fallas en la documentación presentada.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>El Cuarto Mosquetero</strong>&nbsp;buscaron a Libero Cobre para saber el estado del proceso y si se subsanaron las presuntas inconsistencias administrativas y ambientales, pero hasta el momento de la publicación no se ha obtenido respuesta.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273055"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27172118/WhatsApp-Image-2026-05-27-at-11.48.12-768x512.jpeg" alt="Carpa de Resistencia en Pueblo Viejo, Mocoa en el marco del año de la manifestación pacífica contra la minería de cobre. Foto: cortesía Paola Silva @LaMingaKiwe" class="wp-image-273055" /><figcaption class="wp-element-caption">Carpa de Resistencia en Pueblo Viejo, Mocoa, en el marco del año de la manifestación pacífica contra la minería de cobre. Foto: cortesía Paola Silva @LaMingaKiwe</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Es en este contexto en donde cobra gran importancia el herbario etnobotánico. Como dice Contreras, “<strong>si van a hacer alguna obra extractiva o alguna afectación en el territorio de las comunidades indígenas, ellas pueden respaldarse con la información que existe</strong>, con nombres científicos, porque hay plantas amenazadas o con algún criterio de amenaza reportado en los libros rojos de especies o en la Lista Roja de especies de la UICN, por lo cual tienen alto interés en conservación”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, y a pesar de su importancia,&nbsp;<strong>el herbario actualmente no tiene una sede fija</strong>. Antes se ubicaba en las instalaciones de Corpoamazonia, pero desde finales de 2025, la entidad pidió parte del espacio físico, por lo cual las colecciones tuvieron que dividirse: una parte está en las instalaciones de la Institución Universitaria del Putumayo y la otra continúa en la sede de la autoridad ambiental.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esta dificultad se le suma la&nbsp;<strong>limitación de recursos financieros y la precariedad laboral</strong>: Contreras, quien ha liderado el espacio históricamente, en la actualidad no cuenta con un contrato laboral que lo vincule a la institución universitaria y el proyecto no cuenta con una persona de planta que se dedique a su conservación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Miguel Ángel Canchala, vicerrector académico de la Institución Universitaria del Putumayo, plantea una serie de alternativas y compromisos: reconoce que se encuentra actualmente en un sitio inadecuado y temporal y que “para solucionar esto, la universidad está trabajando en la adecuación de unas instalaciones».</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Se espera que este sitio definitivo, más pertinente para el manejo de la colección, esté listo en un plazo aproximado de dos a tres meses</strong>”, agrega.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otro lado, el vicerrector se comprometió a trasladar a la universidad los armarios compactadores y otros equipos especializados que aún permanecen en Corpoamazonia por falta de presupuesto. Además,&nbsp;<strong>se pretende crear la figura de responsable o curador de planta.</strong>&nbsp;“Esta propuesta ya ha sido presentada a la nueva rectoría con el fin de contratar a una persona que no solo dirija el herbario, sino que actúe como gestora de proyectos para fortalecerlo”, expresó, y añadió que se ha contemplado dejar asignado un presupuesto anual dentro de los recursos de la universidad para garantizar el funcionamiento del herbario.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273034"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27162834/8-ok.jpeg" alt="Una de las muestras del herbario: flor andino amazónica. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273034" /><figcaption class="wp-element-caption">Una de las muestras del herbario: Marantaceae. Arbusto en rastrojo. Flora andino amazónica. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En esta institución, según indicó el funcionario,&nbsp;<strong>estudian 740 personas pertenecientes a comunidades indígenas.</strong>&nbsp;Además, dijo que el herbario fue vital para que el centro educativo pasara de instituto tecnológico a institución universitaria, y&nbsp;<strong>es un espacio importante para programas académicos como el de biología</strong>, que está en proceso de consolidación, y ofrecerá un enfoque diferencial dirigido a la protección de los vínculos entre las comunidades humanas y la naturaleza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (SINCHI), el investigador Nicolás Castaño, biólogo, botánico y magíster en ecología tropical, resalta que&nbsp;<strong>este herbario cumple una función vital al llenar un «vacío de información» en el sur de Colombia</strong>, una región que carecía de un centro de documentación botánica de tal magnitud.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Castaño subraya que este espacio es un ejemplo único de «sincretismo» entre la ciencia y el saber ancestral,&nbsp;<strong>destacándose probablemente como el único herbario en el país con un enfoque etnobotánico tan profundamente marcado</strong>. Más allá de la catalogación de especies, el experto enfatiza en la importancia de este centro para fortalecer la autonomía regional, permitiendo que la juventud se capacite en su propio territorio y contribuya a la conservación y la integridad del bosque.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre plantas secas que guardan memorias vivas y comunidades indígenas que nombran el territorio en múltiples lenguas,&nbsp;<strong>el herbario se consolida como una apuesta por cuidar la vida desde los conocimientos científicos y ancestrales.</strong>&nbsp;En un contexto de actividades extractivas que pueden afectar el medioambiente, su existencia no solo preserva especies, sino que sostiene una forma de habitar y defender el Putumayo, donde la ciencia y la sabiduría étnica se entrelazan.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_273048"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/05/27170113/11052026-5-768x512.jpg" alt="Miles de hojas y tallos se conservan en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía de las comunidades inga y kamentsa" class="wp-image-273048" /><figcaption class="wp-element-caption">Miles de hojas y tallos se conservan en el herbario etnobotánico. Foto: cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>*Imagen principal:</strong> el herbario etnobotánico registra información botánica en español y también en lenguas indígenas. <strong>Foto:</strong> cortesía Jorge Contreras / Herbario Etnobotánico</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por </em><a href="https://es.mongabay.com/by/simon-zapata-alzate/">Simón Zapata Alzate</a> <em>en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/05/colombia-herbario-putumayo-une-ciencia-saber-ancestral-defender-territorio/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129809</guid>
        <pubDate>Mon, 01 Jun 2026 16:06:10 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/06/01110426/Proyecto-nuevo-49.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Colombia: un herbario en el Putumayo une ciencia y saber ancestral para defender el territorio]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Mongabay Latam</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Votaré por Iván, el hijo filósofo de Yira y Manuel</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/votare-por-ivan-el-hijo-de-yira-y-manuel/</link>
        <description><![CDATA[<p>Un tipo decente, eso es Iván Cepeda; lo dicen, incluso, sus detractores. Razones de por qué depositaré mi voto y mi confianza en el hijo de dos periodistas y su vice, Aida Quilcué.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>&#8220;Cada  individuo debe llevar su vida de tal forma que los demás puedan respetarla y admirarla&#8221;:</em> Michel Foucault, filósofo francés. </strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Antono Gramsci dijo: <em>“Hay dos tipos de políticos: los que luchan por la consolidación de la distancia entre gobernantes y gobernados y los que luchan por superar esta distancia”.</em> Cepeda, con sus más y sus menos, pertenece a la segunda clase.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puede que no sea el candidato más carismático, pero es una persona auténtica, no un personaje prefabricado para el espectáculo electoral. Porque una elección presidencial no es el reinado de Miss Simpatía. No grita en los mítines, porque entiende que tampoco se trata de una competencia de decibeles, ni se le ve desesperado lanzando globos al aire. Es reflexivo, dicen sus detractores y yo les creo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Necesitamos un presidente que conozca la historia de este país y que el país todo le quepa en la cabeza, no en la bragueta de Abelardo, el candidato que inauguró la <em>sexpolítica</em> como estrategia electoral en Colombia y a costa de humillar a las mujeres en público; no sabemos si en privado también. Si Cepeda no gana en primera vuelta y Sergio Fajardo logra una votación importante (supongamos un millón de votos o más), aun perdiendo podría inclinar la balanza en segunda vuelta a favor del candidato del Pacto Histórico, porque Fajardo ya advirtió como muchos otros que la democracia peligra si gana De La Espriella.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Iván Cepeda es él y su historia personal y familiar, que se resume en los dolores de una nación atribulada: persecución, exilio y, finalmente, el asesinato infame de su padre en 1994. Iván tenía 31 años y era profesor de filosofía en la Universidad Javeriana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Como senador, tuvo el valor civil de pararse en la raya ante un intocable como Álvaro Uribe</strong>, hasta casi ponerlo tras las rejas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con todo, ha demostrado que tiene las condiciones para llegar a acuerdos con el distinto ideológicamente. Así lo reconoció, por ejemplo, José Félix Lafaurie, esposo de la senadora María Fernanda Cabal, personajes del establecimiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y en eso consiste el pluralismo y las libertades: en escuchar lo que piensa el otro, en tender un mismo puente para que dos contrarios pueden atravesarlo, sin que ninguno caiga al río. Lo demás se llama autoritarismo: gobernar para unos como si los demás no existieran.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fue lo que pasó con la izquierda durante todo el siglo anterior. La quisieron borrar del mapa; no pudieron, pero a muchos de los suyos los mataron y otros se refugiaron fuera de Colombia para salvar el pellejo.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong><em>“La historia enseña pero no tiene alumnos”:</em> Antonio Gramsci, filósofo italiano.</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como político, su labor no se ha limitado a una silla en el Congreso. A través del <a href="https://movimientodevictimas.org">Movice </a>(Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado), asumió como propias las causas ajenas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con su posible llegada a la Casa de Nariño—en primera o segunda vuelta—, Cepeda reivindica la memoria de los que murieron en el intento. Reclamando justicia para su padre, se puso de parte de las otras víctimas tras el infame exterminio de la Unión Patriótica. Perdió amigos en ese genocidio político; entre ellos, el candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa.  Aunque el país da por superado ese episodio de guerra sucia, de vez en cuando aparece alguien prometiendo destripar (otra vez) a la izquierda. Hoy se hace un matoneo digital sistemático contra el progresismo en la figura de Cepeda, incluso desde ciertos medios de comunicación afines al <em>establishment</em>, como <em>El Colombiano</em>, <em>Semana</em> o <em>El Heraldo</em>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el sepelio de Manuel Cepeda, en el Cementerio Central de Bogotá, la gente comentaba que cuatro años atrás (1990) se vio una romería semejante cuando un adolescente de dieciséis años acribilló a Bernardo Jaramillo dentro del aeropuerto El Dorado y en presencia de los 16 escoltas del DAS, que el gobierno le había asignado al candidato presidencial de la UP. Los otros dos magnicidios corresponden a Jaime Pardo Leal (1987) y Carlos Pizarro (1990). <a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/asi-asesinato-jaime-pardo-leal/266191-3">A <strong>Pardo Leal lo mataron dentro de su vehículo</strong></a>, cuando regresaba de su finca a Bogotá, delante de sus hijos y su esposa Gloria; cayó baleado sobre el hombro de ella. <strong><a href="https://centrodememoriahistorica.gov.co/carlos-pizarro-35-anos-de-preguntas-sin-respuesta-sobre-su-asesinato-en-pleno-vuelo/">A Pizarro lo acribillaron en pleno vuelo</a></strong> dentro de un avión de Avianca que cumplía la ruta Bogotá-Barranquilla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi voto por Cepeda es un voto por los que quisieron gobernar pero no pudieron. Y no pudieron porque los quitaron del camino a las malas. También es un voto por los sobrevivientes, como mi amiga Gladys y su hija que, 40 años después, aún siguen esperando que alguien les diga dónde está el cuerpo de su padre y abuelo, Faustino López, víctima de desaparición forzada en 1984.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="1005" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29093522/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-IVAN-CEPEDA-CONJUNTO-1024x1005.jpg" alt="" class="wp-image-129685" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29093522/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-IVAN-CEPEDA-CONJUNTO-1024x1005.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29093522/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-IVAN-CEPEDA-CONJUNTO-300x294.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29093522/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-IVAN-CEPEDA-CONJUNTO-768x754.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29093522/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-IVAN-CEPEDA-CONJUNTO.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph" style="font-size:13px"> <em>Iván Cepeda creció en el conjunto residencial Banderas (localidad de Kennedy en Bogotá). Muy cerca de allí mataron a su padre, el periodista Manuel Cepeda, en agosto de 1994, un mes después de asumir como senador de la República.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes critican a la izquierda <em>porque no sabe gobernar</em>, deben saber que nunca había gobernado en Colombia. Si gana, Cepeda tiene el reto de corregir todo lo que hizo mal Gustavo Petro y honrar lo que salió bien. Alrededor de un 30% de colombianos se declaran hoy de izquierda, progresistas o socialdemócratas. El Pacto Histórico tiene por delante el reto de aumentar el número de conversos. Dos siglos después, la izquierda ya no es la convidada de piedra.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mi voto por Cepeda es un voto por la paz;</strong> no pensando en quienes vivimos una vida relativamente tranquila en la ciudad, sino en los millones de colombianos que en los territorios están <em>a la buena de Dios</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cepeda tiene el sentido común de las cosas: </strong>toca sentarse a negociar con los criminales para acallar el lenguaje de las balas o ¿hasta cuándo nos vamos a seguir matando? Lo que es un decir, porque los muertos y las lágrimas los ponen otros. Es simple: la paz se hace con los malos, no con los buenos. La paz se hace también por aquellos que no han nacido. Merecen que se les ofrezca algo mejor, o mejor no traerlos a sufrir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al candidato del Pacto Histórico lo critican por leer papelitos. Y cuando lee las hojitas, que son varias hojas, transmite la serenidad de quien escribe discursos religiosamente a las 4:00 de la mañana. Sí, es un bicho raro, porque ya nadie escribe discursos. Los políticos de ahora van diciendo lo primero que se les cruza por la cabeza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es sereno hasta cuando lo insultan tratándolo de guerrillero, sin serlo, ni hoy ni ayer. Alguien a cuyo padre mataron a plena luz del día y que perdió a su madre, Yira Castro, (ella tenía 39 años, Iván 18), a causa de un tumor inoperable, sabe que en la vida hay cosas peores que un insulto. Ambos eran periodistas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="674" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29092749/Foto-IVAN-CEPEDA-EN-PLAZA-1024x674.jpg" alt="" class="wp-image-129683" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29092749/Foto-IVAN-CEPEDA-EN-PLAZA-1024x674.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29092749/Foto-IVAN-CEPEDA-EN-PLAZA-300x198.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29092749/Foto-IVAN-CEPEDA-EN-PLAZA-768x506.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/29092749/Foto-IVAN-CEPEDA-EN-PLAZA.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda mide sus palabras. No sufre de incontinencia verbal como otros candidatos. Luce tranquilo en la tarima, alejado de vanidades y banalidades; en medio de tanto show mediático, esa es su virtud. En su discurso prima el rigor sobre la emoción, sin pecar de superioridad intelectual.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es verdad que ninguno de los tres candidatos punteros tiene experiencia gobernando antes, pero también es verdad que Cepeda representa mejor que nadie a esa Colombia excluida. Creció en barrios populares, allá donde se crían los que han pasado necesidades, el país de los que malviven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cepeda se comporta como ese profesor que escucha y deja hablar a los demás; con esa genuina sensibilidad, podría llevar a Colombia hacia un nuevo contrato social entre ricos y pobres como primer remedio contra la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cepeda es filósofo como Paloma, pero a él se le nota más.</strong> De hecho, siendo empático, tiene más de filósofo que de político. Pero somos un país demasiado superficial para tomarnos en serio a los filósofos. Su revolución ética, con la verdad y los pobres como su centro de gravedad, nos habla de la conversación pendiente en el país de la trampa y el <em>cómo voy yo ahí.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando hablan de Cepeda como el heredero del continuismo, significa que es el único que puede continuar las reformas sociales que emprendió Petro con relativo éxito, sin riesgo a que la clase trabajadora pierda los beneficios que les entregó este gobierno, como un aumento generoso del salario mínimo y la restitución de derechos laborales. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En un perfil sobre Cepeda, Juanita León, directora de La Silla Vacía usó la frase de una fuente para describir al candidato: “Su cuerpo amenaza ruina”, pero luego la eliminaron del texto, quizás porque, tarde, cayeron en la cuenta de su carácter odiosamente ofensivo. Y así, muchas cosas se dicen sobre él para descalificarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lo llaman comunista sin ser comunista.</strong> No reniega de su pasado como militante de las juventudes comunistas y ya aclaró porqué dejó de serlo. A quién no conozca la biografía de Iván Cepeda, le recomiendo <strong><a href="https://casamacondo.co/perfiles/el-dedo-acusador-de-ivan-cepeda/?srsltid=AfmBOoqPk_s_wGFMAUN7Wm5VYOVtiq3XL5KzGsXhwfaydbK-hg0LLO1-">este perfil</a> </strong>del portal Casa Macondo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“…dejó atrás el socialismo —y mucho más lejos al comunismo— para pasar a un progresismo democrático en el que lo público debía conversar con lo privado. En la intimidad de su familia, aquel cambio de arquetipo fue una rebelión frente al padre, una época de separación silenciosa en el plano de las ideas, pero que jamás derivó en un distanciamiento físico”,</em> escribe Pacho Escobar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo votaré por él y por Aída Quilcué, una viuda de la guerra como tantas, la mujer que nos recuerda que indios somos todos, porque está en nuestra sangre, así esté mezclada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El domingo votaré por defender derechos, no privilegios.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No conozco a Iván Cepeda, pero estoy seguro de que nunca —ni de niño, ni de joven, ni ahora de adulto—, soñó con ser presidente. De ser él el escogido este domingo o después, podrá decirse que no buscó el poder, pero el poder terminó encontrándolo.  </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129664</guid>
        <pubDate>Sat, 30 May 2026 12:21:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Votaré por Iván, el hijo filósofo de Yira y Manuel]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Álvaro Uribe le cortó las alas a su &amp;#8220;hijita&amp;#8221; Paloma Valencia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/alvaro-uribe-le-corto-las-alas-a-su-hijita-paloma-valencia/</link>
        <description><![CDATA[<p>La derecha y la ultraderecha colombianas no han querido entender el hastío de un país con los excesos cometidos durante los regímenes de mano dura, como el de Álvaro Uribe en este siglo. Razones de por qué la candidata del Centro Democrático llevaría a Uribe a una (otra) derrota segura, como auguran las encuestas.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Álvaro Uribe con su pupila, la candidata presidencial Paloma Valencia.</em> <em>Imagen creada con IA.</em></p>



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<h2 class="wp-block-heading"></h2>
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<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia suma y suma iglesias cristianas a su campaña, pero baja y baja en las encuestas. ¿Qué pasa, Diosito?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Prefiero la hojita que lee Cepeda, que a la hijita de Uribe. Después de dos siglos de gobiernos patriarcales, Colombia se merece una mujer presidenta, claro que sí, pero no es Paloma Valencia, por muchas razones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con los pésimos resultados en las encuestas, que la ubican de tercera (en la de Invamer se descolgó del 19% al 14%), su candidatura desafía las lógicas de una sociedad machista como la colombiana y la de su propio partido, el Centro Democrático, que ni siquiera ve con buenos ojos a Juan Daniel Oviedo, su vicepresidente diverso. Recuerden que al principio, el de Uribe era un hombre, Miguel Uribe hijo, no una mujer. Y antes de él, fue Andrés Felipe Arias (Uribito). La doctora Paloma vendría siendo la primera <em>Uribita</em> de la historia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la abogada y filósofa hay cosas que no cuadran: ni el tono de sus palabras: a veces alza la voz para parecer una caricatura de Uribe, su papá, y a veces baja el tono, como queriendo posar de conciliadora. Ayer veíamos a través de las redes sociales a una Paloma disfrazada de mujer&nbsp;paisa, con carriel y poncho al hombro, voz impostada y pésima dicción, queriendo&nbsp;remedar a Uribe, quizás sintiéndose obligada —a lo mejor, guiada por algún estratega—, a demostrar que es su hija legítima —políticamente hablando—, y negando de paso su caucanidad y su bogotaneidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>“Van a conocer lo que es la mano dura de una mujer colombiana”,</em>&nbsp;vociferó en la tarima. “Conmigo que vayan buscando escondedero, porque yo no necesito chaleco antibalas ni esa urna de cristal que usan los cobardes”, dirigió su sablazo al candidato Abelardo De la Espriella. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es un personaje creíble porque no ha sido construido del todo y sus discursos también parecen a medio hacer, lo mismo que su carácter. Después de tres periodos en el Congreso (12 años) es pobre su gestión legislativa (según balance que presenta&nbsp;<em>La Pulla</em>) y le faltó entereza para echarse al hombro los problemas de su departamento, el Cauca, quizás porque se siente más bogotana que el ajiaco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Le critican su primer apellido, el Valencia de su abuelo expresidente, Guillermo León (quien, borracho, orinaba en los muros del palacio presidencial, según cuenta Daniel Pécaut en el libro “En busca de la Nación colombiana”), pero poco se habla de los Laserna, su segundo apellido, que nos remite casi siempre a su abuelo Mario Laserna Pinzón, fundador de la Universidad de los Andes y a Juan Mario Laserna, su tío, el exsenador conservador. Arropada por una vida de privilegios, no es raro que se sienta más cercana a los empresarios que a los trabajadores. En política es difícil servirles a dos dioses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una jugada suya consistió en desviar, en 2018, el debate sobre el escándalo Odebrecht (que conecta a gobiernos de derecha con hechos de corrupción alrededor de la llamada Ruta del Sol, como lo desempolvó un episodio del podcast&nbsp;<em>Huevos revueltos con arroz),&nbsp;</em>con el fin de enlodar al hoy presidente Gustavo Petro en un asunto de dineros supuestamente mal habidos. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que el problema de Paloma Valencia, además de ser ella misma como candidata, son sus asesores, que en vez de ayudarla, parecen más empecinados en enterrarla viva.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, para apelar a las emociones de la gente, era innecesario exponer a su hija Amapola. Eso salió mal como lo analizaron los columnistas Ana Cristina Restrepo, en <strong>El Espectador</strong>, y Guillermo Pérez Flórez, en El País de España (edición Colombia); recomiendo ambas lecturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Un abismo separa la maternidad como acto político de resistencia de la maternidad como teatro de la política electoral”, dice Restrepo, reivindicando a las madres buscadoras de la Comuna 13 de Medellín, cuyos hijos fueron enterrados en fosas comunes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según la candidata, su hija pronunció la siguiente frase:&nbsp;“Yo no elegí esto. No quiero que mi vida cambie. Y no quiero ser parte de esta familia”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribe el columnista Guillermo Pérez: <em>“El episodio de Amapola amerita algunos comentarios, porque muestra hasta dónde están dispuestos a llegar los políticos con tal de hacerse con el poder. Hay varias conductas que merecen reproche ético. La primera tiene que ver con la trivialización de la angustia de la niña. Según dice la candidata, Amapola experimentaba una angustia genuina, al extremo de no querer ser parte de la familia. Pero la madre, en lugar de consolarla, descarga sobre ella   un agobio mayor: la posibilidad de perder las elecciones y que por ello el país se acabe. Eso revela que Amapola ha sido objeto de un adoctrinamiento político que la obliga a creer que la responsabilidad histórica de su madre es salvar la nación y que, si no gana, “se acaba todo”. Es un doble sacrificio: primero, para que su mamá no pierda; segundo, para que Colombia no se hunda”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Con mi hija no se metan”, le respondió Valencia a De La Espriella, que la cuestionó por usar a la pequeña con fines proselitistas.&nbsp;“Doctora Paloma,&nbsp;<strong>rechazo cualquier intento de instrumentalizar a los niños</strong>&nbsp;en la batalla política”,&nbsp;le dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por cada asesor que lance al aire una <em>ideota </em>en campaña presidencial<em>,</em> debe haber cuatro capaces de medir las consecuencias de aquella lumbrera. Por ejemplo: ¿Quién le propuso un “debate” rocambolesco en el que aparece y desaparece del escenario el candidato Iván Cepeda con ayuda de la IA? Muy tarde, la campaña se dio cuenta de que su enemigo (de cara a la primera vuelta) es <em>El Tigre</em>, no Cepeda, con un píe seguro en la segunda vuelta y posibilidades de ganar en primera, según pregona el Pacto Histórico. Tampoco le ayuda a la candidata el apoyo de personajes que representan lo más añejo de la política colombiana, como Ingrid Betancourt o el expresidente César Gaviria, quien hace campaña en favor de Paloma Valencia a través de su hija María Paz Gaviria, quemada en las urnas el 8 marzo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es justamente el real problema de su candidatura: lo mal rodeada que está. No siempre uno más uno son dos. Aquí uno más uno puede significar cero votos. Si bien a De La Espriella lo rodean los de siempre, ha sido hábil en ocultarlo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pasará si Paloma no pasa a segunda vuelta? Pues pasará lo que siempre pasa con la derecha: Nos sentaremos a contar las horas para ver la imagen en que Paloma, victoriosa en su derrota, alzará las garras de&nbsp;<em>El Tigre</em>&nbsp;(las uñas no le alcanzaron para arañarlo), del mismo modo que Vicky Dávila, victoriosa en su derrota, se le metió a Paloma al atril para, enloquecida, gritar&nbsp;<em>“Tenemos que ganar en primera vueltaaaaaa, vamos derrotar a Cepedaaaaaa”,&nbsp;</em>y solo hasta hoy nos venimos a enterar de que se refería a Abelardo, no a Paloma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras Paloma habla maravillas de Vicky, Vicky no solo dio un portazo a la tal&nbsp;<em>Coalición por Colombia</em>, sino&nbsp;que hoy trata con desdén a la candidata de Uribe, después de comprometerse, como los demás, a apoyarla como ganadora de la consulta del 8 de marzo. Dávila enseñó que en la palabra de un político no se puede confiar&#8230; y en la de algunos periodistas tampoco. Como dice un amigo,&nbsp;<em>con los políticos toca todo de contado.</em>&nbsp;Mejor dicho,&nbsp;<em>plata</em>&nbsp;en mano y&#8230; cuidado con las palabrotas en campaña.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="684" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-1024x684.jpg" alt="" class="wp-image-129408" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-1024x684.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-300x200.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art-768x513.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/22150209/Paloma-pop-art.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">El problema con el uribismo no es el qué sobre la&nbsp;<em>Seguridad Total</em>&nbsp;que propone Paloma Valencia, sino el cómo. Porque hoy nos levantamos con la noticia de que los falsos positivos de la era Uribe no fueron 6.402, sino&nbsp;7.837, reportado&nbsp;por la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los colombianos no podemos repetir esa historia espeluznante que le costó la vida a gente inocente, llevada como ganado al matadero. La política “Seguridad Democrática” manchó el legado de Uribe, si lo hubo. Elegir a Paloma es devolver al país a una época de terror que creemos ya superada y exponerlo a que acaben con la JEP, ese tribunal que está arrojando verdades dolorosas sobre sesenta años de conflicto interno colombiano. Acabarlo, quitarle recursos o si quiera pretender reformarlo, es herir de muerte al Acuerdo de Paz de 2016, desconocer el trabajo serio de unos jueces y magistrados respetables, y premiar la impunidad, pues hoy militares y guerrilleros están reconociendo culpas. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sí, le tengo miedo a Paloma, más que por ella, por el expresidente que está detrás de ella. Mirémonos en el espejo de arriba: los gringos están pagando caro –y por ahí derechito el resto del mundo- la segunda oportunidad otorgada a un Donald Trump que regresó a la Casa Blanca más vengativo que nunca. Frente a ese pasado de excesos de la fuerza pública y violaciones a los derechos humanos, los ciudadanos no podemos ser irresponsables en las urnas. “… yo no olvido que en tiempos de Uribe, tiempos de mano dura, el establecimiento político se decía: <em>´Hay que dejar que hagan el trabajo sucio, y después nos encargamos de ellos</em>”, recuerda el intelectual William Ospina, en <strong>El Espectador.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Si a muchos les molesta Cepeda porque lee en plaza llena lo que escribe en hojitas a las 4:00 de la mañana, a mí me asusta la hijita de Uribe, cuando habla, por ejemplo, de militarizar vías (ya dijo que aumentará en 60 mil los hombres del ejército y la policía), o de crear más cárceles para 40 mil nuevos reclusos, como si divisara que durante su gobierno aumentarán los crímenes. Con ese dinero se podrían construir colegios y hospitales donde no los hay. Y en vez de reducir impuestos a los empresarios, como propone ella, se les debería pedir chequeras con sensibilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ponderado de encuestas indica que sería De la Espriella, no Valencia, quien enfrentaría a Cepeda en caso de segunda vuelta, que es casi seguro que habrá. La izquierda desea con el corazón salir de ese chicharrón el 31 de mayo, pero ese es un&nbsp;<em>pajazo mental,</em>&nbsp;sobre todo porque el candidato del Pacto Histórico tiene no uno sino dos rivales a la diestra, que en esencia representan al establecimiento y defienden las mismas causas. La única diferencia entre Paloma y Abelardo es que el segundo no ha reclamado (todavía) la paternidad de Uribe; últimamente, se les ve incluso distanciados; ya veremos cuántos&nbsp;aguardientes en el Ubérrimo mediarán en&nbsp;esa enemistad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Paloma Valencia creyó que con invocar a Uribe sería suficiente para dispararse en las encuestas, pero Uribe es hoy una figura desgastada, cargando sobre sus hombritos el sambenito de los escándalos propios y los de la familia, léase hermano y primo, y para rematar vinieron luego la salida de María Fernanda Cabal y de papá Miguel (Uribe Londoño) del Centro Democrático, lo que demuestra que, además, el expresidente ha ido perdiendo el respeto de los suyos. El destino de Álvaro Uribe como expresidente será, indefectiblemente, el mismo de los muebles viejos: un día nadie sabrá dónde ponerlo.&nbsp;Es el destino de las personas de la tercera edad, que en este país terminan arrumadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si Paloma Valencia pierde, ya sin puesto en el Senado, será otra desempleada más, con tiempo de sobra, eso sí, para cambiar de lugar los muebles de su lujoso apartamento. Pero será también la segunda derrota consecutiva de Uribe y su salida de la política por la puerta de atrás.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=129381</guid>
        <pubDate>Sat, 23 May 2026 12:18:42 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Álvaro Uribe le cortó las alas a su &#8220;hijita&#8221; Paloma Valencia]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
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        <title>“Seguimos siendo un país de dos Colombias que muchas veces ni siquiera se escuchan.” Raquel Bernal</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/las-palabras-y-las-cosas/seguimos-siendo-un-pais-de-dos-colombias-que-muchas-veces-ni-siquierase-escuchan-raquel-bernal/</link>
        <description><![CDATA[<p>Vi El Juego de la Vida y salí con una sensación difícil de sacudirme: la de haber visto una película que en realidad habla de un país incapaz de decidir si quiere corregir sus desigualdades o simplemente administrarlas. Porque el documental no retrata únicamente la pobreza ni la movilidad social; retrata algo más incómodo: la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Vi <em>El Juego de la Vida</em> y salí con una sensación difícil de sacudirme: la de haber visto una película que en realidad habla de un país incapaz de decidir si quiere corregir sus desigualdades o simplemente administrarlas. Porque el documental no retrata únicamente la pobreza ni la movilidad social; retrata algo más incómodo: la manera en que en Colombia el destino sigue dependiendo demasiado del lugar donde se nace.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La película, dirigida por Andrés Ruiz Zuluaga y por estos días en salas de cine del país, sigue durante 14 años la vida de varias familias colombianas en distintas regiones. Basada en una investigación de la Facultad de Economía de Universidad de los Andes sobre pobreza y movilidad social, el documental tiene algo perturbador: el tiempo. Ver pasar más de una década frente a la pantalla obliga a entender que la desigualdad no es un accidente momentáneo ni una cifra abstracta. Es una estructura que se hereda, se reproduce y, muchas veces, se naturaliza.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hay algo especialmente interesante —y también revelador— en el origen mismo de la película. Que una investigación sobre desigualdad nazca desde una universidad históricamente asociada al privilegio en Colombia abre preguntas necesarias sobre el papel de la academia en un país tan fragmentado socialmente. ¿Cómo se estudian las brechas sociales desde instituciones que también hacen parte de esa realidad? ¿Hasta dónde el conocimiento académico logra traducirse en transformaciones concretas y no solamente en diagnósticos distantes sobre el país?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mientras veía el documental pensaba constantemente en eso. En la distancia entre los papers, las estadísticas y las vidas reales que aparecen en pantalla. En cómo durante décadas Colombia ha producido diagnósticos brillantes sobre pobreza, violencia y exclusión, mientras las brechas siguen ahí, casi intactas, cambiando apenas de forma.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso terminé visitando la rectoría de Raquel Bernal. Quería entender qué ocurre cuando una economista acostumbrada a trabajar con datos termina enfrentándose a las historias concretas detrás de esos números. Y también quería hablar con la primera mujer rectora en la historia de Los Andes sobre algo más amplio: la relación entre conocimiento, poder y desigualdad en Colombia.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La conversación rápidamente dejó de ser una entrevista sobre cine. Terminó convirtiéndose en una discusión sobre las dos Colombias que siguen coexistiendo sin tocarse del todo: la urbana y la rural, la privilegiada y la excluida, la que habla de innovación e inteligencia artificial y la que todavía no tiene acceso digno a educación o salud básica.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Y quizás ahí está la mayor fuerza de <em>El Juego de la Vida</em>: en recordarnos que la desigualdad no es solamente un problema económico. También es una forma de acostumbrarnos a que millones de personas vivan vidas mucho más difíciles dependiendo únicamente de la cuna que les tocó.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Muchas gracias, rectora Raquel, por esta entrevista. Quiero comenzar por ese ejercicio de llevar la universidad y la academia a un espacio más público, más cercano al cine y al documental, como una forma de salir un poco de ese lugar donde a los académicos siempre se les imagina encerrados en un cubículo. ¿Este documental hace parte de algo más grande que usted está intentando impulsar desde la Universidad de los Andes?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí, totalmente. El documental es apenas una parte de un propósito mucho más amplio. En las universidades pasan cosas maravillosas: producimos conocimiento, hacemos investigación, emprendimiento, proponemos soluciones de política pública. Pero creo que cada vez tenemos más la responsabilidad de demostrarle a la sociedad el valor que agregamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las universidades, especialmente en el norte global, están viviendo una crisis de legitimidad. En Estados Unidos, por ejemplo, el endeudamiento estudiantil es enorme y, además, muchos jóvenes ya están enfrentando dificultades para encontrar trabajo por los cambios tecnológicos y el impacto de la inteligencia artificial. Entonces, aunque las universidades generan muchísimo valor, no siempre sabemos comunicarlo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa es una de mis grandes preocupaciones. Aquí tenemos una densidad de capital humano impresionante: el 76% de nuestros profesores tienen doctorado, muchos formados en universidades de altísimo nivel. Todo eso debería traducirse en mejoras concretas para el país, para las comunidades, para la democracia, para las empresas y para las organizaciones sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estamos tratando de encontrar maneras de sacar ese conocimiento fuera del campus. El documental es una de esas formas, pero no la única. Lo importante es que lo que ocurre dentro de la universidad también beneficie a Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Uno de los temas que más ha marcado su trayectoria como investigadora ha sido la desigualdad. Y es interesante porque la Universidad de los Andes ha producido muchísimos estudios sobre desigualdad, especialmente desde la Facultad de Economía, y al mismo tiempo es vista como una de las universidades más privilegiadas del país. ¿Cómo entiende usted esa relación?</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="500" height="690" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/11163023/juego-de-la-vida.jpg" alt="" class="wp-image-128971" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/11163023/juego-de-la-vida.jpg 500w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/11163023/juego-de-la-vida-217x300.jpg 217w" sizes="auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Primero habría que preguntarse qué significa exactamente “privilegiada”. Si hablamos de que históricamente ha atendido a estudiantes de altos ingresos, sí, eso ha sido cierto. Pero también es importante contar cómo ha cambiado la universidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde el programa Ser Pilo Paga, por ejemplo, la composición estudiantil cambió dramáticamente. Llegamos a tener cerca de un 40% de estudiantes de estratos 1, 2 y 3. Eso transformó profundamente la experiencia universitaria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cambió la manera de aprender y de convivir. Los estudiantes no becados comenzaron incluso a modificar sus patrones de consumo para incluir a sus compañeros becados: escoger restaurantes donde todos pudieran ir, pensar de otra manera la vida cotidiana. La universidad se convirtió en una especie de laboratorio de igualdad y de convivencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso fue muy poderoso. Claro, para los estudiantes becados el cambio era enorme, pero también transformaba a quienes venían de contextos más privilegiados. Les permitía cuestionar sesgos de clase y entender mejor el país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la desaparición de ese programa, esa diversidad social ha ido disminuyendo y esa es una de mis mayores preocupaciones como rectora. Porque comprobamos que el aprendizaje es mucho más significativo cuando dentro del campus está representada la sociedad real.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy la universidad invierte recursos importantes en becas, cerca de 140.000 millones de pesos al año entre operación y filantropía, pero sigue siendo insuficiente. Tenemos 18.000 estudiantes de pregrado y los becados siguen siendo una proporción pequeña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, justamente porque tenemos ciertos privilegios institucionales, creo que tenemos la responsabilidad de estudiar la desigualdad y de proponer soluciones. El conflicto armado, los millones de víctimas y buena parte de los dolores de este país están profundamente ligados a la desigualdad socioeconómica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces sentimos la obligación de usar nuestras capacidades para entender esos problemas y producir políticas públicas que ayuden a transformarlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Y ahí hay algo interesante: la universidad que representa ciertos privilegios también se convierte en un lugar donde se estudia cómo romper esas barreras.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí, y creo que hay algo muy importante en el modelo educativo de Los Andes. Nosotros nacimos inspirados en la educación liberal estadounidense, y eso no tiene nada que ver con partidos políticos. Se trata de formar para la vida, para la ciudadanía y para la democracia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí nos importa muchísimo que los estudiantes no solo sean buenos ingenieros, abogados o economistas, sino buenos ciudadanos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso existe un componente compartido del currículo donde estudiantes de todas las carreras toman cursos sobre temas muy distintos: cine, ciencia, historia, género, democracia. Queremos que entiendan el país en el que viven y se pregunten cuál es su lugar dentro de él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esa formación más amplia es fundamental en un país tan desigual como Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Hablemos del documental. Más allá de lo que ya se ha dicho públicamente, me interesa saber qué le pasó a usted cuando lo vio terminado. Porque una cosa es hacer investigación, escribir papers, analizar estadísticas, y otra muy distinta es ver esas historias en pantalla.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Fue muy fuerte. Yo llevo más de 20 años investigando desde la econometría, trabajando con datos, estadísticas y modelos. Siempre detrás de un computador analizando información de personas reales, pero sin ver necesariamente sus rostros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando veo el documental y aparecen las historias, los sueños, las frustraciones, los dolores, me doy cuenta de que a mi investigación le faltaba algo muy importante: corazón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno no puede interpretar los datos plenamente si no entiende las vidas que hay detrás. Y eso me transformó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde que empezó este proyecto —la Encuesta Longitudinal Colombiana, la ELCA— comenzamos a documentar también visualmente a las familias. Andrés, el periodista de la Facultad de Economía, nos seguía con fotos y videos. Al principio parecía simplemente un registro de archivo, pero poco a poco entendí que esas imágenes mostraban dimensiones humanas que los números no alcanzaban a capturar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso cambió mi manera de investigar. Empecé a hacer más trabajo cualitativo, a conversar más con las familias, a visitar territorios, a acompañar programas en terreno.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi área de investigación es primera infancia, y durante muchos años diseñábamos intervenciones desde Bogotá creyendo que entendíamos perfectamente las realidades del país. Después entendí que había que escuchar mucho más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También cambió mi relación con el Estado. Antes llegaba como la académica que venía a decir qué había que hacer. Ahora trabajo más desde la pregunta: “¿Qué necesitan ustedes de mí? ¿Cómo puedo ayudar?”</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso implica construir conjuntamente, reconocer que el conocimiento no está solo en la universidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Es decir, pasar de una universidad que habla desde arriba a una universidad que escucha.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Exactamente. Creo que la academia a veces ha sido muy pedante. Aquí se producen cosas extraordinarias, tenemos científicos e investigadores increíbles, pero eso no significa que tengamos siempre la respuesta correcta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy para mí es muy importante trabajar desde la coconstrucción: con comunidades, con el Estado, con organizaciones sociales. No llegar diciendo “yo sé”, sino preguntar “cómo podemos construir juntos”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es mucho más difícil, porque implica negociar, ceder, escuchar, cambiar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero creo que esa es la universidad que Colombia necesita.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Hay algo muy potente en el documental y es la presencia de las mujeres. Las madres, las abuelas, las cuidadoras. Mujeres que sostienen la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso me lleva inevitablemente a preguntarle por usted como primera rectora mujer de la Universidad de los Andes. ¿Cómo ha sido ocupar ese lugar?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>El documental muestra algo que me impresionó muchísimo cuando lo vi completo: las mujeres aparecen casi como superheroínas. Son las cuidadoras, las que sostienen a las familias, las que hacen sacrificios enormes para que los hijos puedan salir adelante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso conecta también con mi propia experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo crecí en un hogar muy progresista. Mi papá siempre me dio alas. Crecí sintiéndome igual a mis hermanos, jugando lo mismo, creyendo que podía hacer cualquier cosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después entré a la economía, que históricamente ha sido una disciplina muy masculina, y ahí sí tocó empezar a abrir espacios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero curiosamente el momento en el que más he sentido el machismo ha sido ahora, llegando a la rectoría.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>¿Más ahora que antes?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí. Porque es llegar al cargo más alto que he tenido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los órganos de gobierno universitario siguen siendo mayoritariamente masculinos y de generaciones mayores. Y aunque trato de entender que vienen de otras épocas y otras formas de ver el mundo, sí siento que la vara con la que me miden es distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y además existen también los micromachismos, incluso desde otras mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso ha sido duro. Yo nunca había sentido algo tan evidente hasta llegar aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>¿Como una resistencia a una mujer en el poder?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Más que resistencia, yo diría que hay miedo o desconocimiento. La universidad tuvo 23 rectores hombres antes que yo. Había una idea muy clara de cómo se comporta un rector. Y de pronto aparece una mujer que lidera distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y yo he tomado una decisión muy consciente: no quiero transformarme para encajar. No quiero volverme una versión masculina del liderazgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero liderar desde quien soy. Desde mi sensibilidad, desde mi manera de reaccionar, incluso desde la vulnerabilidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces lloro. A veces respondo distinto. Y creo que eso desconcierta porque rompe ciertas expectativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero para mí es importante hacerlo, porque también siento que esta rectoría puede ser un mensaje para muchas mujeres en Colombia. Como decirles: sí es posible.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Y además le toca liderar en un momento de transformación enorme para las universidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí, estamos viviendo cambios profundísimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La inteligencia artificial, las transformaciones tecnológicas, la crisis de la democracia, el cambio climático, las tensiones geopolíticas… todo eso está cambiando la educación superior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además tenemos retos locales muy complejos: menos financiación para las universidades privadas, transición demográfica, cambios en el mercado laboral.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada vez es más claro que las personas tendrán que aprender durante toda la vida. Ya no existe la idea de estudiar una carrera y ejercerla igual durante cuarenta años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas tendrán que reinventarse constantemente, adquirir nuevas habilidades, adaptarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces la universidad también tiene que transformarse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso implica cambiar la forma de enseñar. Ya no podemos tener clases de dos horas leyendo diapositivas. Hay que trabajar más con comunidades, con empresas, con proyectos reales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El reto es que no existe un punto final. No sabemos exactamente hacia dónde vamos. Lo único seguro es que debemos seguir cambiando.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>¿Y usted usa inteligencia artificial en su trabajo?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Todo el tiempo. Ya es una herramienta indispensable.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mis hijos la usan con total naturalidad. Para ellos será tan normal como la electricidad o internet.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Claro, dentro de las universidades todavía hay debates. Hay profesores que piensan que es una moda y otros que creen que debemos incorporarla de inmediato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no tengo duda de que transformará completamente la educación.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Quiero preguntarle por la educación en Colombia hoy. ¿Cómo ha visto este gobierno en esa materia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Con mucha preocupación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siento que la educación desapareció del gran debate nacional. Y no hablo solamente del gobierno; en general, cuando uno escucha discusiones públicas o foros empresariales, la educación ya no ocupa el lugar central que debería.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es gravísimo porque la educación de calidad sigue siendo el principal motor de movilidad social.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo lo veo todos los días con estudiantes becados. Jóvenes que nacieron en contextos de enorme vulnerabilidad y cuya vida cambia radicalmente gracias a la educación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este gobierno, además, se abandonó en gran medida la política de primera infancia, y eso me duele profundamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque si uno invierte de verdad en los niños pequeños, las brechas sociales podrían reducirse desde el origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los niños no votan, y eso hace muy difícil políticamente priorizarlos. Es más visible inaugurar un colegio que fortalecer la calidad educativa o el desarrollo infantil temprano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También ha habido una relación muy ideologizada con lo privado. Y en educación superior Colombia históricamente ha funcionado gracias a un sistema mixto: universidades públicas y privadas ampliando cobertura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy no veo que estén aumentando suficientemente los cupos ni en el sistema público ni en el privado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso es especialmente grave cuando tenemos millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque esos jóvenes serán los líderes del país dentro de diez o quince años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Si tuviera que ponerle una calificación al gobierno en educación, ¿qué nota le pondría?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Cuatro sobre diez.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Eso es perder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí, es perder.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Quiero volver al tema de la desigualdad. Usted ha dedicado gran parte de su vida a estudiarla. ¿Qué cree que estamos pasando por alto cuando hablamos hoy de desigualdad en Colombia?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Creo que a veces olvidamos que, aunque el país ha mejorado en muchos indicadores, las brechas profundas siguen intactas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hemos mejorado en escolaridad, en salud infantil, en acceso a educación superior, en mortalidad infantil. Incluso el coeficiente de Gini venía mejorando antes de la pandemia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero las diferencias entre quienes nacen en contextos privilegiados y quienes nacen en pobreza siguen siendo enormes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hay una fractura que para mí es central: la distancia entre lo urbano y lo rural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahí se cruzan casi todos los problemas del país: desigualdad, conflicto armado, ausencia del Estado, falta de oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que muestra el documental es precisamente esa “lotería de la cuna”. El lugar donde uno nace sigue definiendo buena parte de su destino.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si una persona nace en un territorio sin acceso a salud, educación de calidad, seguridad o empleo, tiene muchísimo más difícil construir un proyecto de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso no solo afecta a esas regiones. También afecta a las ciudades, a la democracia, a la convivencia nacional.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Seguimos siendo un país de dos Colombias que muchas veces ni siquiera se escuchan entre sí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso creo que necesitamos un gran acuerdo nacional sobre el país que queremos construir en veinte años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Vamos a apostar por empleos verdes? ¿Por industrias basadas en biodiversidad? ¿Por tecnología? ¿Por minería? ¿Cuál es el horizonte común?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque sin un proyecto colectivo es muy difícil que la educación, la política pública y las instituciones trabajen hacia el mismo lado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y además necesitamos volver a escucharnos. Ese es quizá uno de los mayores problemas del país hoy: no estamos hablando realmente entre nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Hay una idea que atraviesa el documental y también muchas de sus respuestas: la sensación de que en Colombia la vida depende demasiado del lugar donde uno nace. ¿Usted cree que todavía tenemos margen para cambiar eso o ya hay una especie de resignación colectiva?</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Yo creo que sí hay margen, pero necesitamos una conversación mucho más honesta como país. A veces hablamos de meritocracia como si todos arrancáramos desde el mismo lugar y eso no es cierto. Hay niños que nacen rodeados de libros, con buena alimentación, con padres que tuvieron educación superior, con redes de apoyo, con estabilidad emocional. Y hay otros que nacen en territorios donde ni siquiera hay presencia básica del Estado. Entonces claro, el punto de partida importa muchísimo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y eso no significa negar el esfuerzo individual. El esfuerzo importa, por supuesto. Lo veo todos los días en estudiantes que hacen cosas extraordinarias. Pero también tenemos que reconocer que hay desigualdades estructurales enormes que condicionan las oportunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso me preocupa cuando en Colombia simplificamos tanto las discusiones. Decimos “el que quiere puede” y no siempre es así. Hay gente que quiere muchísimo y aun así tiene obstáculos gigantescos. Entonces, si queremos una sociedad más justa, tenemos que empezar por reconocer esas diferencias de origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Diego:</strong><br>Y ahí el documental funciona casi como una prueba emocional de eso.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Raquel Bernal:</strong><br>Sí, porque el documental logra algo muy difícil: ponerle rostro humano a fenómenos que normalmente vemos en tablas o estadísticas. Cuando uno habla de movilidad social o desigualdad, muchas veces la conversación se vuelve técnica, distante. Pero aquí aparecen las emociones, los miedos, los sacrificios familiares, las pequeñas decisiones que terminan cambiando una vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí me impactó mucho ver cómo las familias toman decisiones durísimas para que los hijos tengan oportunidades. Madres que renuncian a todo, abuelos que sostienen hogares completos, jóvenes que migran solos a ciudades donde no conocen a nadie. Ahí uno entiende que detrás de cada cifra hay historias profundamente humanas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también entendí algo importante: la desigualdad no solamente limita ingresos. Limita imaginación. Hay personas que ni siquiera pueden imaginar ciertos futuros porque nunca han visto esos caminos posibles cerca suyo. Entonces, cuando alguien logra entrar a una universidad, viajar, aprender otro idioma o acceder a ciertos espacios, no cambia solamente su ingreso futuro; cambia también su manera de pensar el mundo y de pensarse a sí mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso sigo creyendo tanto en la educación. Porque la educación amplía horizontes. Y cuando una persona amplía sus horizontes, también transforma la vida de quienes vienen detrás.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Diego Aretz</author>
                    <category>Las palabras y las cosas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=128969</guid>
        <pubDate>Mon, 11 May 2026 21:30:32 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/11162936/raquel-bernal.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[“Seguimos siendo un país de dos Colombias que muchas veces ni siquiera se escuchan.” Raquel Bernal]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Diego Aretz</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>¿Es Abelardo De La Espriella una copia defectuosa de Laureano Gómez?</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/es-abelardo-de-la-espriella-una-copia-defectuosa-de-laureano-gomez/</link>
        <description><![CDATA[<p>PERFILES DE LOS PRESIDENCIABLES (1) El nieto del expresidente que prometió hacer “invivible la República” respaldó la candidatura presidencial del hombre que prometió destripar a la izquierda. ¿Reencarnó Laureano Gómez en Abelardo De La Espriella? ¿Debemos preocuparnos?  </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Abelardo De La Espriella y Laureano Gómez, expresidente colombiano. </em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-235cd3a8a136bfd9a7b1107937543de1 wp-block-paragraph"><strong><em>“Quien actúa en público, por más sencillo que sea, suele valerse de artificios que deforman su íntima personalidad”. (Frase del libro “Laureano Gómez: Psicoanálisis de un resentido”, de José Francisco Socarrás).</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El Tigre </em>no es como él se pinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Yo soy de la derecha pura y dura”, dice Abelardo De La Espriella en una entrevista. Traducidas, esas palabras lo sitúan en la llamada extrema derecha. Empezando el año <a href="https://elpais.com/america-colombia/2026-01-15/el-candidato-abelardo-de-la-espriella-se-aproxima-a-la-ultraderecha-global-para-arrebatarle-espacio-al-uribismo.html">se reunió con la ultraderecha de España</a>, el partido Vox. Lo delata además el lenguaje virulento que usa para descalificar a quienes no se parecen a él, no piensan como él y no tienen tanto dinero como él.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esencia, es un costeño burgués, el petimetre de traje impecable, accesorios de marca y bebedor de ron fino y buen vino; eso que en otros tiempos llamaban <em>metrosexual</em>. &nbsp;Quiere ser presidente de la República sin experiencia en lo público, salvo sus apariciones públicas en el pasado como defensor de clientes en los estrados judiciales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><a href="https://www.elespectador.com/politica/elecciones-colombia-2026/asi-fue-el-choque-entre-abelardo-de-la-espriella-y-vicky-davila-por-las-elecciones-presidenciales-2026">“Tú, Abelardo, defiendes criminales; yo los he denunciado”,</a></em> le gritó no hace mucho tiempo Vicky Dávila a través de las redes sociales, esa alcantarilla moderna por donde insulto va, insulto viene.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Vicky ya no es la misma: anda suavecita con él. Derrotada en su aspiración presidencial, regresó a <em>Semana</em> como entrevistadora y, de manera simultánea, a las redes sociales con sus arengas contra Iván Cepeda, quien gana en todas las encuestas. Se la ve estresada tratando de convencer a Paloma Valencia para que le cargue la maleta a <em>El</em> <em>Tigre</em>, en caso de que sea él y no ella quien pase a segunda vuelta para enfrentar al candidato del Pacto Histórico.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Semana </em>parece celebrar a través de sus titulares: &#8220;Paloma Valencia se desploma en Polymarket y llega al 16%, mientras Abelardo de la Espriella se dispara y registra 40%&#8221;. Más osado, o quizás más ingenuo, el exsenador Rodrigo Lara le dijo a María Isabel Rueda: &#8220;De la Espriella puede ganarle a Cepeda en primera vuelta&#8221;. Si <em>El Tigre </em>pasa a las finales, es seguro que una derecha vergonzante respaldará su candidatura, empezando por la propia Paloma Valencia, la candidata del uribismo, que por ahora ocupa el lugar de las princesas en todas las encuestas: es tercera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo es el mismo personaje que a la hora del desayuno habla de sus enemigos (<em>“entre esa gente y yo no es una cuestión de dinero, es una cuestión de gustos, porque plata la puede tener cualquiera, pero ellos no tienen el gusto para entender las cosas buenas de la vida”),</em> y en el almuerzo se autoproclama el candidato de los pobres. Pobres que consumen changua, plato que él detesta lo mismo que el ajiaco (“potaje carcelario para presos” lo llama).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Candidato con fama de “pelar gatos”, porque cuando era <em>una &nbsp;inocente criatura</em> les ponía voladores para hacerlos volar: los gatos no volaban pero sí explotaban. <em>“Ya la Sociedad Protectora de Animales no puede denunciarme porque eso fue hace veinte años”, </em>dijo en el programa <em>The Susos Show (2019).</em></p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
<iframe loading="lazy" title="Abelardo de la Espriella asesino de gatos | Confiesa como mataba los gatos con voladores de pólvora" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/L_jh-gnvT6g?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe>
</div></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Adorador de Nayib Bukele, aquel que volteó la Constitución de El Salvador para reelegirse en 2024 con ayuda de la Corte Suprema de Justicia, Abelardo se autodenomina <em>El Tigre</em> aunque todavía no se le ven los colmillos con los que prometió destripar a la izquierda. <em>“Yo la tengo clara: en la casa soy un gatito domado y en la calle soy una fiera insaciable”, </em>dijo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su posible llegada a la Casa de Nariño podría significar la <em>costeñización </em>del poder y lo que sea que eso signifique en el país político, aunque aclaremos que Bogotá, siendo sede del poder central, sabe a Caribe hace rato.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La derecha no lo ve como un digno candidato suyo para derrotar a la izquierda (<a href="https://www.infobae.com/colombia/2025/10/01/mauricio-cardenas-llamo-fantoche-a-abelardo-de-la-espriella-y-critico-su-precandidatura-no-veo-ese-conocimiento">“fantoche” lo llamó Mauricio Cárdenas</a>), pero ya es muy tarde, porque <em>el enano se les creció, </em>y es innegable que de plan B pasó a ser Plan A tras el fiasco de Vicky Dávila.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay preguntas que nadie le está haciendo al candidato de <em>Defensores de la Patria:</em> ¿Quiénes integrarían su gabinete? ¿Cuánto vallenato y cuánto ron se consumiría en Palacio durante los próximos cuatros años? ¿Habría un alto cargo en la administración para el joven Polo Polo y la señora Marbelle, dos de sus más entusiastas admiradores?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Costa es una región que ha querido poner presidente otra vez y proclamar su independencia. No ha logrado (todavía) ni lo uno, ni lo otro. No hubo durante el siglo XX un solo presidente costeño en Colombia. La historia nos remite, en el siglo XIX, a dos figuras: Juan José Nieto Gil, atlanticense, y Rafael Núñez, cartagenero. Gustavo Petro es más bien un costeño atípico, criado y educado desde muy joven en el interior del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, con pinta de presidenciable, ha tenido más ganas que perrenque. Lleva años insistiendo en <a href="https://www.larepublica.co/economia/se-radicara-proyecto-de-ley-para-fortalecer-la-descentralizacion-de-la-region-caribe-4225570">la autonomía territorial de la Región Caribe</a>, por la vía de un referendo. Y aunque parece un señor serio y con juicio, esas se volvieron virtudes sobrevaloradas. Porque la mesura desapareció cuando aparecieron las redes sociales.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="723" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/08164533/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-TURCIOS-BAJA-723x1024.jpg" alt="" class="wp-image-128807" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/08164533/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-TURCIOS-BAJA-723x1024.jpg 723w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/08164533/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-TURCIOS-BAJA-212x300.jpg 212w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/08164533/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-TURCIOS-BAJA-768x1088.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/08164533/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-TURCIOS-BAJA.jpg 1072w" sizes="auto, (max-width: 723px) 100vw, 723px" /></figure>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Ilustración de Omar Figueroa, Turcios, especial para este blog.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Abelardo De La Espriella podría ser una caricatura -o la copia al carbón- de un personaje que la historia recuerda con desdén: Laureano Gómez, aquél al que llamaban <em>El Monstruo, </em>el político conservador que en 1940 arengaba con fiereza: <em>“… llegaremos hasta la acción más intrépida y el atentado personal…, y haremos invivible la República”. </em>La frase está recogida en el libro “Discordia y progreso”, del historiador Carlos Roberto Pombo. El autor cuenta además que en aquel tiempo, jóvenes conservadores hicieron apología de Hitler y Mussolini, y el propio Laureano Gómez se declaró partidario de Francisco Franco, el dictador español que descuartizó a España durante Guerra Civil española, apoyado por la Alemania Nazi y la Italia fascista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se preguntarán qué tienen que ver Laureano y Abelardo. Nada distinto a que un nieto del primero, Enrique Gómez Martínez, —un frustrado excandidato presidencial, recién elegido senador—, le puso alas a la candidatura del segundo desde el Movimiento de Salvación Nacional. Un evento en el Movistar Arena de Bogotá selló este matrimonio político. La candidatura fue avalada por 5.049.855 firmas, pero la Registraduría anuló el 62% de éstas, por lo que al final solo una de cada tres resultó válida (en total, 1.978.000 firmas), <a href="https://www.youtube.com/watch?v=EGxlX2SMn0k">de acuerdo con lo reportado por Caracol Radio</a>.</p>



<p class="has-text-align-right has-small-font-size wp-block-paragraph"><em>Enrique Gómez (1968), nieto de Laureano Gómez y sobrino de Álvaro Gómez, y Abelardo De La Espriella (1978) Foto tomada de las redes sociales de la campaña.</em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="576" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/10074804/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-128909" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/10074804/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-1024x576.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/10074804/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-300x169.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/10074804/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO-768x432.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/05/10074804/ZETA-ZETA-ZETA-ZETA-ABELARDO.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Entre los dos, Enrique y Abelardo, están empeñados en buscar el ábrete sésamo de la presidencia de la República, y lo hacen con camándula en mano y prometiendo mano dura: <em>“A Dios rogando y con el mazo dando”</em>, decían los abuelos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Nada de lo que debemos extrañarnos, porque desde tiempos bíblicos, donde hay tropel ahí está Dios, quizás contra su voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, Abelardo ya propuso sacar a Fecode de la enseñanza y <a href="https://www.infobae.com/colombia/2025/10/02/de-la-espriella-propuso-meter-a-dios-en-las-clases-y-sacar-a-fecode-de-la-ensenanza-no-quiero-gente-con-cartones-que-no-produzca">“meter a Dios en las clases”</a>; así que toca recordarle al <em>inflamable </em>candidato que en Colombia existe la libertad de culto –y eso incluye el derecho al ateísmo y el agnosticismo-, a partir de la separación de Iglesia y Estado en la primera mitad del siglo XX, y luego mediante la Constitución del 91, la cual reafirmó a la nuestra como una sociedad secular. Lo que significa que el gobierno no se rige por creencias religiosas y por tanto la religión no tiene un rol oficial en la política ni en la vida pública. Pero se entiende la presencia divina en campaña cada cuatro años: Dios es moneda de cambio para juntar votos en elecciones. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las palabras envalentonadas de De La Espriella nos recuerdan que así de bravucón era Laureano Gómez, el mismo que mandó a cinco mil colombianos a pelear en la Guerra de Corea (1950-1953), un conflicto ajeno, pero que al papá del doctor Álvaro Gómez Hurtado le sirvió para congraciarse con los gringos y su cruzada anticomunista. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fíjense que la historia es un continuo reciclarse a sí misma: Abelardo promete derrotar el comunismo y defender al ejército. Con tanto conflicto bélico en el mundo, ojalá no esté pensando en poner a soldados colombianos de estratos bajos como carne de cañón en tierra ajena. Muchos se preguntan si prestó el servicio militar para que ahora esté usurpando el saludo de los verdaderos defensores de la Patria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habla como si fuera un soldado más y poco le ha faltado para compararse con el gran Julio César. Ya lo dijo: <em>“Hay que imponer la paz romana. No hay que negociar con nadie”.</em> Y como Santos logró esa paz negociada, tras décadas de plomo que solo han dejado muertos y dolor, recordemos la advertencia que le hizo al expresidente: <em>“Santos no se puede ir de este mundo sin pagar lo que le ha hecho a Colombia”.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">En el lenguaje del jurista, que de “pelagatos” se convirtió en <em>tigre</em>, es difícil encontrar una palabra amable que apele al comportamiento del buen cristiano. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Volviendo a Laureano Gómez, en <a href="/BLOG/mabricenoc,+687.pdf">“Psicoanálisis de un resentido”</a><strong>,</strong> considerado el primer libro sobre psicoanálisis en Colombia, (editorial Siglo XX, 1942 y editorial Planeta, 1994), el doctor José Francisco Socarrás revela rasgos tremendos de la personalidad del político conservador. Por tratarse de una pieza exquisita y valiente, casi literaria, publicada hace más de 80 años, aquí condenso una parte de su prólogo, el cual desempolvé tras una visita a la biblioteca Luis Ángel Arango.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-3088fbafad19a48655159f9e6bde21f0 wp-block-paragraph"><em>“Socarrás desarrolla la tesis de que Laureano Gómez representa una forma específica de perversión de La Violencia colombiana, aunque confía en que esta sea un fenómeno pasajero: ´el nervioso ejerce atracción sobre los nerviosos´. Gómez ejercía la oposición al liberalismo como parlamentario y director del periódico conservador El Siglo. (…) Laureano Gómez es un ´inquieto´ (hoy diríamos un hiperactivo) que no concluyó nada y sueña con descansar en el campo; un ingeniero que nunca ejerció porque lo que buscaba era destruir; un político que desprecia el poder en la medida en que le exige construir; un periodista, cuyos principales talentos son la meledicencia y la doble moral indiscriminada, es decir, la permisiva para él y la restrictiva para los demás.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-55cd1f3efaab1ba637624ba09def880d wp-block-paragraph"><em>´Furor sagrado´ y ´pugnacidad demoníaca´ caracterizan los discursos de Gómez, su principal expresión de afectividad. Allí es emotivo en el sentido de que ´toma a pecho asuntos sin importancia´, sobre todo los que se refieren a su propio ego; se exalta con facilidad, desconfía de todo el mundo y tiene el don profético de anunciar desgracias de las que, por supuesto, son responsables sus enemigos. La afectividad de Gómez es destructiva sin mayor discriminación: ´Pero hay algo más; y es la propensión de Gómez a los chismes sobre homosexualismo. No hay hombre público en Colombia a quien no le haya colgado el sambenito de tal aberración…´.</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-0bc6dcb4604397a4b8794c1144b64049 wp-block-paragraph"><em>(…) para Socarrás, Gómez es un resentido, es decir alguien cuya pasión dominante es ´el odio indiscriminado, una forma de compensación del sentimiento de inferioridad´. La pasión destructiva de Gómez estaría mostrada antes. ´¿Por qué se engendró el sentimiento de inferioridad en Gómez? Bastante hincapié hice sobre su debilidad constitucional, manifiesta en los rasgos feminoides de su niñez y su adolescencia´. Rasgos feminoides de tipo físico de Gómez, apodado “San Luis” al final de su adolescencia son, por ejemplo, la tersura de su piel y lo lampiño de su rostro; “rasgos feminoides” psicológicos serían la timidez y su manifestación más visible: ´El Monstruo se ruboriza como una colegiala´.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>&nbsp;(…)</em></p>



<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color wp-elements-17b2db0ed6929caccdca4fd03bb3edcd wp-block-paragraph"><em>“Más de medio siglo de perspectiva histórica nos permiten enumerar las circunstancias en que el país terminó siguiendo a Gómez, sobre todo en La Violencia. Gómez “sabe” de las reacciones que suscitan sus discursos, de la misma manera que “sabe” de su conflicto latente entre “una perversión sexual inconsciente y una moral postiza”. Cuando se ve enfrentado a ese “saber” desplaza su responsabilidad a otros (mala fe) y/o proyecta su propio conflicto en otros”…</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Corresponde a los psicoanalistas modernos diseccionar la personalidad del candidato Abelardo De La Espriella a partir de sus frases, gestos y atuendo. Sin embargo, no creo que el estilo y la buena vida, de lo que tanto presume en las redes sociales, sean “virtudes” suficientes para conducir a una nación. O tal vez sí… si hablamos de la posibilidad de conducirla al abismo, como <em>la República invivible</em> de Lauareano. </p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
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        <pubDate>Sun, 10 May 2026 12:56:04 +0000</pubDate>
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